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LA ESCUELITA COPPEL Y ALGO DE HISTORIA (Cortos Reflexivos) Por: Oswaldo del Castillo carranza1 Lucía Cereceres Gutiérrez

INTRODUCCIÓN Decíamos en uno de los cortos reflexivos pasados que Coppel, con su modelo de la “escuelita”, ha logrado reproducir la ideología de sus líderes organizacionales para formar a sus actores y establecer entre ellos y el cliente una relación de persona a persona. Pues bien, saber que los modelos organizacionales se construyen, en más de las veces, sin ninguna premeditación, es dar cuenta de una realidad que muchas veces se desconoce y/o se oculta. Sabemos que la misma actividad comercial de la empresa se convierte en la exigencia cotidiana que los obliga a cambiar. Los modelos organizacionales que se conocen en la actualidad son un constructo que pueden explicarse sólo con el tiempo y en el tiempo. Aseverar a pie juntillas que los modelos son productos de “ensayo y error” sería también apostar a la mera causalidad de las cosas. Ya con lo anterior estamos en condiciones de afirmar que los modelos organizacionales con los que se cuenta en la actualidad tienen esos dos aspectos: es una construcción histórica y son causales. El aspecto humano con el que se arropa Coppel, tiene que ver con un pensamiento humano, pues nada podría ser más importante para transformar algo que sentir que lo que se hace, es para alguien. Recordemos que la administración científica se centra más en el aspecto racional y pocas veces en la parte humana pues sabemos que es considerada, bajo esta perspectiva, la parte sustantiva en los procesos de transformación. Sabemos también que los actores son indispensables para lograr lo que llamamos “utilidades”, pero cuando digo que la parte humana es poco considerada nos referimos a la parte sensible del actor. Debemos aceptar que no todo lo de la administración científica es reprobable, y esto debido a los impulsos de cambio que trajo este movimiento. Recordemos que en gran medida la teoría clásica de la administración impulsó el modelo burocrático de la organización. Este pensamiento del orden, sistematización, profesionalización, etc. en la organización, se sustenta en la racionalidad de la metáfora de la máquina; esto quiere decir que al diseñarse los componentes de una máquina éstos están hechos de tal manera, que se logre un movimiento armonioso. Además, en el caso de que alguna pieza falle, ésta sea fácilmente localizable y sustituible, pues el todo se vería afectado por el defecto de la pieza en cuestión: El reemplazo de los elementos que fallan cobra vigencia y se extiende en la actualidad llevándolo al ordenamiento humano. Pero vayamos a entender el motivo de esta reflexión, el caso que nos ocupa es el de hablar de un modelo organizacional que es exitoso y que presenta rasgos de ser un modelo que fue construido por hombres que sabían lo que estaban haciendo, que eran expertos en el pasado en teorías que en la actualidad son moda y causan asombro cuando 1

Doctores en Estudios Organizacionales y Profesores e Investigadores de Tiempo Completo Titular “B” de la Facultad de Contaduría y Administración de la UAS. Miembros del Cuerpo Académico “Desarrollo de las Organizaciones”. Publicado en la revista Visión Empresarial No. 112, enero de 2006.

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se ven en operación: las estrategias, el modo de dirigir, de planear, de controlar, en pocas palabras de hacer la gestión exitosa. Nos vamos a permitir decirles algo que poco se sabe y es, contestando la siguiente pregunta: ¿de dónde viene el apellido Kopel? ALGO DE HISTORIA El modelo de la “escuelita” nace muchos años antes, esto es con la llegada de un hombre que tuvo la visión de ver las cosas en forma distinta y que en esos tiempos pensar así no era algo generalizado en los hombres de negocios. El Sr. Enrique Coppel Tamayo, fundador de empresas Coppel y descendiente de una familia empresarial desde la llegada de Isaac Coppel Kolchezki al continente americano, no ha hecho otra cosa que erigir empresas bajo la filosofía humana: “servir y más servir”. Pues sabemos que la fuerza de Enrique Coppel Tamayo puede entenderse históricamente debido a sus raíces. La familia venida de Polonia, de la ciudad de “Blaszki situada a 100 kilómetros al oeste de Varsovia en el distrito de Poznan, entonces bajo el dominio ruso, significó por lo antes dicho un territorio hostil para aquellos inmigrantes” (Coppel, 1998: 23). La pareja de donde empezara el clan tiene su origen en aquella latitud, León Kopel quien naciera en 1794 y Hanna Kolchezki en 1815 contrajeron nupcias en el año de 1835. El 2 de junio de 1836 nació su primer hijo, Isaac Kopel Kolchezki (Yitzak) quien emprendería el viaje a Mazatlán, México. Este hombre rubio, de nariz grande y de ojos profundamente azules, simpático y alegre, inquieto y de espíritu aventurero, cumpliría 18 años en 1854 (Cfr. Coppel, 1998: 27). Nacionalizado americano el 4 de septiembre de 1855, dejó California y llegó al pueblo de Arizpe, Sonora. Propietario de una mina de oro y plata, denominada “La Chispa”. Allí conoció a Florentino Vázquez, platero y fabricante de vasos sagrados, quien tenía una hija de nombre Encarnación, una joven recién enviudada, de escasos veinte años quien contrajera nupcias con Isaac en 1860. Tuvieron su primer hijo en 1861 con el nombre de su padre Isaac, después vinieron Enrique en 1862 y Elena en 1866. Isaac, viudo de Encarnación el 26 de enero de 1885, conoció a María Vidal de Fuentes, quienes procrearon a Ángela y Sara Coppel Vidal. Viudo de vuelta con 52 años conoce a Carmen Marini García en 1888 vecina de Mazatlán, hija de Santiago Marini, quien había venido de Italia, su tierra natal, y Genoveva García, originaria del poblado Del Verde, Sinaloa. Se casaron el 10 de junio de 1888. En 1889 nació el primogénito de Carmen e Isaac, Guillermo; posteriormente serían Alfredo, Rodolfo, Santiago, Isaac, Ana, Carmen, María Luisa y Roberto. Isaac Coppel Vázquez se casó Rosa Marini, hermana de Carmen en el año de 1890. Enrique Coppel Vázquez contrajo matrimonio un poco después con Isabel Rivas Bustamante, hija de Luis Rivas y Margarita Bustamante, oriundos de Culiacán. Para entonces el patriarca Isaac Coppel Kolchezki, mejor conocido como “Papá Polón”, hacia 1898 ya contaba con 62 años de edad. Enrique Coppel Vázquez e Isabel Rivas tuvieron once hijos: María Isabel, Luis Enrique, Luis Isaac, María Asunción, Elena, Francisco, Margarita Guadalupe, Esther, Carlos Alberto, María Elvira y Raúl Coppel Rivas. En solo 30 años la población mexicana de los Coppel pasó de uno a casi cuarenta (Coppel, 1998: 52). El 12 de junio de 1920 murió Isaac Coppel Kolchezki después de haber vivido intensamente sus 84 años de edad; con él moría la religión judía de los Coppel. Ahora los

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líderes de la familia eran sus hijos, que en muy diferentes actividades y empresas se afanaban para continuar prosperando en un medio ambiente poco favorable para la economía. INICIOS DEL MODELO Enrique Coppel Tamayo nació en Culiacán, Sinaloa en 1922, sus padres Luis Coppel Rivas e Inés Tamayo; cursó sus estudios de primaria en Culiacán. Posteriormente su familia se mudó a Mazatlán y en esa ciudad Enrique, a los 17 años instaló junto con su hermano Luis una tienda llamada “El Regalo” (Coppel, 1998: 78). Todo parece indicar que la familia Coppel tiene una larga tradición comercial, pues desde el final siglo XIX había opiniones favorables del trabajo de ellos. Así tenemos a J. R. Southworth ciudadano norteamericano –conocedor de la actividad comercial mazatleca- comentaría: “la empresa Coppel Hermanos tiene siempre el surtido más grande en la plaza de vaquetas para suelas y talabartería en general. Sus ventas divididas entre Sinaloa, Sonora, Baja California, Tepic, Chiapas, Durango y Chihuahua la hacen sumamente conocida y estimada” (Coppel, 1998: 53). Por lo que suponemos que dentro de esa tradición la familia ha estado siempre influenciada para emprender cualquier tipo de negocios. Las cualidades de Enrique Coppel Tamayo pueden ser mejor entendidas por la sensibilidad para acercarse a realizar proyectos comerciales y su capacidad para tratar con la gente, lo que lo hicieron ser un hombre con un gran sentido empresarial. Observo lo que el propio Enrique, hijo, dice: Que él se fijaba mucho en la competencia, los observaba y les copiaba muchas cosas que hacían bien y así fue mejorando su negocio. Luego abrió una 3ª y 4ª tienda, hasta llegar a siete tiendas en la misma ciudad. Sentía que si ahí había mercado y cosas por mejorar para atender a su clientela, no necesitaba abrir en otra ciudad. Además cada tienda le traía una clientela nueva (Decisión 89-D, en Circular V de octubre. Martes 30 de octubre de 2001, dato documental, subrayado del texto). La observación de Enrique Coppel Tamayo lo hacía sentir que había oportunidad comercial que tenía que ser aprovechada, la confianza, el trabajo, la perseverancia, la claridad, etc., son evidencias que demuestran la capacidad con que contaba. Haber explotado su virtud de confiar en la gente le dio beneficios que hasta la fecha han sido utilizados, no en el sentido comercial, sino por las virtudes que se muestran en los valores que la firma Coppel ha convertido en cultura corporativa y que no escatima esfuerzo ni dinero para socializarlas con sus colaboradores y conformar un único lenguaje en toda la organización. El comparar sus tiendas con la competencia, lo hacía observar las diferencias y tomar lo que podía explotar de una mejor manera. Modelar sus estructuras organizacionales era una estrategia que él fue puliendo con el tiempo, dando más valor a lo que realizaba. De esta forma, el prestigio de Enrique Coppel iba en aumento, pues el negocio dirigido a las clases populares que no contaban con recursos suficientes para hacer las compras de contado y que la innovación del crédito en la forma en que él lo daba, le fue dando la consistencia y la credibilidad de un comerciante honesto. Al principio le daba crédito a los conocidos, luego a los no tan conocidos. Con el tiempo a todo el mundo. Se dio cuenta que la gente de menos recursos

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pagaba mejor y era más agradecida que la clase alta, así que se enfocó más a este mercado. Muy rara vez usaba a un abogado para cobrar una cuenta. Normalmente si alguno no podía pagar, le pedía el artículo de vuelta. Se usaba que todos dieran aval, pero el aval nunca pagaba, sólo ayudaba a localizar el cliente en caso de que se extraviara. La gente humilde pagaba bien, era más cumplida y responsable, nadie les daba crédito. Y se convertían en clientes de crédito de por vida, ya que les era muy difícil ahorrar para comprar de contado. La disciplina del ahorro era escasa. No pedía requisitos, confiaba en las personas y probaba a ver si pagaban bien (Decisión 89-D, en Circular V de octubre. Martes 30 de octubre de 2001, dato documental, subrayado del texto).

A MANERA DE CONCLUSIÓN Las bases de la actual organización se estaban construyendo: primeramente el mercado “popular”, luego el crédito, posteriormente el no cobrar las deudas por ningún motivo bajo presión de abogados y finalmente, no exigir requisitos para otorgar el crédito. Estos elementos y el enorme deseo de prosperar fueron las bases de una estructura basada en la confianza como valor fundamental, aderezada con la disciplina, el trabajo, la organización y la perseverancia, entre otros. Bibliografía 1. Castillo, Carranza, Oswaldo Del, (2003) Modelos de cultura Organizacional reapropiados: el caso de Coppel S. A. de C. V., tesis doctoral en Estudios Organizacionales, Culiacán Sinaloa. 2. Coppel, Kelly, Ernesto (1998) El camino a la tierra prometida, Sestante, Mazatlán, Sinaloa, México.

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La Escuelita Coppel y algo de Historia no 112 enero de 2006  

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