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Resistencia, jueves 5 de enero de 2012

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Opinión

La muerte de Soria, el progresismo K y las contradicciones Por Carlos Martínez (*) La noticia se concentra en la historia de Soria reciclándose a lo largo del tiempo pero se diluyen las leyes que impulsó en Río Negro (ajuste estatal y uso de cianuro en minería) con el acompañamiento del Frente Grande. Si se está a favor de esta clase de “profundización del modelo” se corre el riesgo de perder el rumbo, los principios progresistas y la credibilidad social. La muerte en circunstancias violentas del gobernador de la provincia de Río Negro, Carlos Soria, ha conmovido la escena política nacional de principio de año. Cierto también es que la noticia, por lo impactante, tiende a concentrarse sobre el perfil de Soria como producto reciclado del justicialismo (hasta su deceso, neokirchnerista y antes menemista y duhaldista), su polémica con Verbitsky (respecto de la amistad del extinto con el nazi Erich Priebke), su responsabilidad (evidente en lo político-penal) en los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Dario Santillán, sus “aprietes” al juez Garzón y a la Justicia Federal de la Capital Federal y otras facetas para nada positivas de su dura personalidad. Quedan así algo diluidos en la visibilidad dos iniciativas del occiso aprobadas por los votos de los 30 legisladores del Frente Para la Victoria (FPV) integrantes del bloque mayoritario de la Legislatura rionegrina: la declaración de emergencia que prevé el despido de 4500 empleados estatales y el pase a disponibilidad de otros 20 mil durante un año, y la derogación de la ley del año 2005 que prohibía la actividad minera a cielo abierto (con la utilización del cianuro como principal y contaminador elemento). Estas medidas, más emparentadas con el viejo y conocido “ajuste” neoliberal fueron, sin embargo, acompañadas por el voto de los siete legisladores del Frente Grande que integran, junto con otros veintitrés justicialistas, la bancada del FPV. En este aspecto, esos legisladores del Frente Grande rionegrino no se diferenciaron en mucho de sus pares de La Cámpora, quienes fueron, al principio, los más los entusiastas partidarios del proyecto de ley impulsado por el gobernador Peralta en Santa Cruz para declarar la emergencia económica y la reforma previsional (eufemismos del ajuste), teniendo en este tema posiciones más a la derecha que la de sus pares justicialistas. Por supuesto que ante la resistencia de los trabajadores estatales santacruceños tuvieron que retroceder, incluso anunciando su “abandono” del Gobierno, sin impedir que los sindicatos los individualizaran (a los de La Cámpora) como los principales gestores del ajuste. La observación del comportamiento práctico de los llamados “sectores progresistas” del kirchnerismo a mediados de diciembre de 2011 en el Congreso Nacional nos revela también el hecho que desde la excelente pedagoga Adriana Puiggrós (Frente Grande) hasta Sabattella (Partido Nuevo) pasando por Rivas (Socialista “K”), Heller, hasta llegar a los diputados de La Cámpora como Larroque y otros, apoyaron a mano alzada y sin debatir la denominada “Ley Antiterrorista”, pergeñada y motorizada por los organismo financieros internacionales para la represión del conflicto social, tal como lo reconocen funcionarios cercanos al Gobierno, como Zaffaroni, o periodistas simpatizantes del proyecto “K”, como Horacio Verbitsky. En estas escasas y poco más que tres semanas de inauguración del nuevo gobierno de Cristina Fernández y sus sucedáneos de igual signo en las provincias, los espacios que se

referencian como progresistas al interior del kirchnerismo han tenido ocasión de fijar posición sobre el ajuste y los despidos en el sector público, la reforma previsional “regresiva”, la minería a cielo abierto y la denominada “ley antiterrorista”. En todas estas ocasiones, lejos de discutir o plantear alternativas en dirección a “profundizar el modelo” (en sentido progresista), tal y como lo habían prometido, acompañaron, fueron activos partícipes y hasta a veces entusiastas partidarios de las medidas más regresivas y antipopulares impulsadas por su aliado principal, el justicialismo, tanto en la nación como en los distritos. Y en alguna de ellas se produjeron verdaderas “simbiosis” políticas, como en el caso de Alberto Weretilneck, Vicepresidente 1º del Frente Grande a nivel nacional y gobernador de Río Negro tras la muerte de Soria, quien se refirió a este último como “mi gran amigo” (¿?). ¿Puede ignorar Weretilneck la amistad de Soria con el nazi Priebke (asesino de presos políticos italianos en las Fosas Ardeatinas durante la segunda guerra mundial) o su responsabilidad en los asesinatos de Kosteki y Santillán? O dicho de otro modo: ¿se puede ser progresista y tener “semejante” amigo? Semanas atrás, y mientras fijaba postura respecto al veto de Capitanich a la ley de descanso dominical sancionada por nuestra legislatura, tuve un intercambio de opiniones vía red social (que luego trascendiera a la prensa escrita) con el ex diputado provincial y actual Secretario General del Partido Frente Grande en el orden nacional, Daniel San Cristóbal. Sintéticamente mi planteamiento en ese debate fue que las fuerzas progresistas no deben ser furgón de cola de las grandes estructuras del bipartidismo y que el problema principal no radica en que los sectores consecuentes no deban (en algunas especiales coyunturas) hacer alianzas que incluyan algún nivel de contradicciones sino que se debe tener el sumo cuidado de que estos acuerdos y contradicciones no signifiquen la pérdida de principios de las fuerzas progresistas, que es su razón de ser en la política actual. Cuando San Cristóbal en su nota plantea que hay que ver como uno “se hamaca” o se “acomoda” a una política que nada tiene que ver con los principios partidarios, se está peligrosamente adoptando un lenguaje justificador de un pragmatismo que no le hace nada bien a una fuerza política con la cual, con nuestras coincidencias y diferencias, hemos recorrido algunos caminos juntos en la provincia. Para finalizar, si se está a favor del despido de miles de empleados estatales (profundizando la precarización laboral), si se consiente la minería a cielo abierto (atentando contra los recursos naturales y el ambiente), si se votan leyes como la denominada “antiterrorista” (que acabará criminalizando el conflicto social), es evidente que no sólo no se “profundiza el modelo” sino que se corre el riesgo cierto de perder el rumbo y los principios progresistas. Y sobre todo, se pierde la credibilidad ante la sociedad, que en política es lo mas difícil de recuperar.

(*) Diputado provincial del Bloque Libres del Sur, en el Frente Amplio Progresista

Año diferente Señor Director: Amigo, hermano, reciba todo el amor y misericordia sobre usted, su familia y amigos. No se preocupe por el año calendario que termina, cualquiera fuera el resultado de su balance. Porque le aseguro que hay algo mucho mejor por delante. Dios nos promete a través de la Biblia, Su Palabra; realizar en cada ser humano sus Planes Admirables. Solo depende si usted acepta que se cumplan en su vida. Nos cuenta el sagrado escritor en Lucas 4: 1819 “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me a consagrado para llevar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar libertad a los presos y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a anunciar el año favorable del Señor”. Desde el comienzo de los tiempos de la humanidad, la vida física se mide por años, meses, días. Sin embargo hay un tiempo más importante, es el Año de la Gracia de Dios, que comenzó con el nacimiento de Cristo en la tierra y solo terminará el día que El vuelva a buscar la Iglesia Verdadera, llena del Espíritu Santo. El año calendario y el Año del Señor, no se miden con los mismos tiempos. Por ejemplo: si a usted le dicen que debe soportar un problema 365 días, le parecerá algo imposible de lograr; sin embargo si le dicen que en un año se soluciona, usted piensa que llegará. Le están diciendo lo mismo,

pero en su mente se elabora de otra forma. Como Dios es misericordioso y lo ama; inauguró un tiempo diferente, que se maneja a través de la fe, donde todo es posible. En este pasaje habla de Jesús, quien lleno del Espíritu Santo se movió por esta tierra haciendo milagros, maravillas y prodigios; entregó su cuerpo en sacrificio para salvación y perdón. Después resucitó y está sentado a la derecha del Padre intercediendo por usted y por mí, para que lleguemos un día a vivir con él. Esa tarea maravillosa de anunciar las buenas nuevas del evangelio, se la encomendó a Su Iglesia, quien la realiza usando hombres y mujeres comunes, con errores; los cuales tratan de seguir el ejemplo de Cristo. Entre estas personas llamadas por Dios me incluyo y por eso sigo firme compartiendo con usted las bendiciones y enseñanzas de la Palabra de Dios. Quiero alentarlo a entrar a ese tiempo de oportunidades, de esperanzas, donde el Poder de Dios se manifiesta a cada instante. No es difícil ni imposible transitar por él; solo es necesario abrir su corazón y permitir que Cristo maneje desde allí todo su ser. De esa manera usted caminará hacia el Éxito seguro en todo lo que emprenda. ¡Anímese!.

Juan Tito Ferrando Pastor

Sintonía fina, trabajo y reservas, los objetivos prioritarios de este año Por Ricardo Delgado (*) La crisis de la Unión Europea y sus réplicas en los Estados Unidos, China y Brasil alcanzarán en 2012 a la economía argentina. ¿A partir de cuándo? Probablemente desde abril. El verano sostendrá un buen ritmo de crecimiento y no habrá efectos importantes del estancamiento global sobre el consumo. ¿Cuán intensos serán estos efectos después? Todavía es difícil precisarlo. El escenario más probable en el mundo es que la UE pase por una recesión de al menos dos trimestres, que el crecimiento estadounidense siga siendo lento, que China desacelere por su dependencia exportadora con el mundo desarrollado (pero creciendo al 8%) y que Brasil crezca poco (3%). Bajo este contexto, la Argentina aún puede seguir aumentado su PIB en 2012, aunque menos que el año pasado: entre el 4 y 5%. Una reflexión: diez, 15 años antes, las crisis (todas generadas en el mundo emergente, como el sudeste asiático, Brasil o Rusia) asolaban la actividad y el empleo argentinos. Hoy, incluso un evento de la magnitud de la Gran Recesión de 2008-2009 nacida en los Estados Unidos o el que está gestándose en la UE, muestran impactos más acotados sobre la economía real. Recordemos: en la última crisis el desempleo creció apenas un punto, del 7,3 al 8,4%, y luego volvió a bajar. En los años noventa, en cambio, el desempleo abierto rozaba los 20 puntos en los peores momentos. Este previsible menor impacto relativo de la crisis externa, sin embargo, no significa que las políticas públicas no deban prepararse para un cuadro global de menor demanda en 2012. Los objetivos para adecuarse son básicamente tres: la “sintonía fina” planteada por la presidenta, la protección del trabajo y el cuidado de la caja en dólares. La “sintonía fina” asume el reacomodamiento de algunos precios clave, como los salarios, el dólar, las tasas de interés, el gasto público y los precios al consumidor, a variaciones menores durante este año.

La señal de no ceder a las presiones devaluatorias del peso en noviembre indica que el gobierno, correctamente, sabe que el proceso debe ser ordenado. Una devaluación sin red hubiese complicado las discusiones salariales y el objetivo de sostener los puestos de trabajo en 2012. La decisión de reducir los subsidios energéticos a sectores medios y altos de la Ciudad de Buenos Aires y el GBA, por su lado, liberará recursos fiscales para financiar más asistencia social y programas de protección del trabajo, que en 2011 sumaron $ 3200 millones (un 0,7% del Presupuesto) y que en caso de crisis, como en 2009, irán a subsidiar salarios en pymes (los Repro), aumentar las ayudas por desempleo y mejorar los programas de capacitación. La protección del empleo estará también presente en las discusiones comerciales, con Brasil por ejemplo. Siempre las crisis en la Argentina fueron originadas en la falta de dólares. Reservas en caída libre eran la antesala de megadevaluaciones y caos político. Leyendo la historia, el gobierno seguirá con la lógica de usar reservas sólo para pagar vencimientos de deuda (no hay espacio real para salir a los mercados externos), manteniendo el superávit comercial en niveles similares a los de 2011 (US$ 11 mil millones) y los controles fiscales a las compras de divisas. La cuenta cambiaria dependerá en gran medida de los precios de las commodities, en particular la soja: por el momento puede proyectarse un piso cercano a US$ 400 la tonelada, abriéndose algún interrogante por la sequía que afecta a buena parte de las zonas agrícolas. El dólar se moverá gradualmente en el año, y el desafío pasará por reducir la fuga de capitales. Lejos de que la crisis externa cambie el rumbo original, las políticas económicas activas seguirán diciendo presente. Es una buena noticia. (*) Economista y director de Analytica Consultora

Primera Linea 3291 05-01-12  

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