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Resistencia, domingo 19 de enero de 2014

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ntes: un patrimonio que se restaura en soledad cipal ventaja a la hora de encontrar rasgos de un pasado de miles de años y así, ahondar en las preguntas que muchos se hicieron pero que pocos pueden contestar a través de la ciencia. ¿Cuándo y por qué se extinguieron estos animales? ¿Qué ocurría con el clima en ese entonces y qué datos nos pueden servir para nuestros días? ¿Qué podemos interpretar a través de estos restos con relación a los cambios de la naturaleza que más de una vez nos sorprenden? Este adulto de los glyptodontes tenía alrededor de 2 metros de longitud, por 0,70 cm de ancho y 0,60 cm de alto. Habría pesado alrededor de 400 kilos cuando se desplazaba en esta región hace aproximadamente 8 mil años. Lo que se pudo hallar y extraer hasta el momento es la mitad del cráneo, parte de la cola, algunos molares y el caparazón que está prácticamente completo. “El caparazón está en buenas condiciones, no hay material desplazado, si bien falta la parte superior y esa faltante puede ser un dato importante para la investigación y la ciencia, creemos que puede haber sido producto de los carroñeros. Una gran parte del cráneo y la cola están, puede que dentro del caparazón se encuentre parte del esqueleto que podría tener aproximadamente 8 mil años”, fue lo primero que relató el investigador. Después refirió que existen claros en la ciencia arqueológica o antropológica sobre la ocupación del

hombre en este espacio, ya que aducen que esta zona no tenía aptitud para ser ocupada, pero puntualizó que los fósiles “muestran que había un escenario apto para ser ocupado”.Y entonces viene la cuestión: ¿los hombres no llegaron o no lo encontraron? Porque si existía megafauna que podía ser alimento al hombre y estos animales vivían, quiere decir que había aptitud en el ambiente para reproducirse. Por eso, esto no es un hallazgo casual, nos da idea de que este espacio era apto”. Hay estudios que demuestran que en la llanura chaqueña habitó el hipopótamo antiguo y se encontraron además, restos de mastodontes, animal asociado con el mamut o el elefante, hay citas de ello en Castelli. Resta aparecer el Toxodon, un animal que habitó en el mismo período, que tenía una dimensión superior al hipopótamo actual. Al momento de hablar de este tipo de hallazgos se debe tener en cuenta que existen tres niveles donde aparecen los restos: el nivel A, a partir de un metro de profundidad en adelante; el nivel B o intermedio, y el nivel C donde se trabaja sobre los tres metros y medio de profundidad. Luego de la extracción del caparazón del gliptodonte que aún resta, González seguirá con la restauración a la espera de que la información que pueda aportar, sea evaluada por un paleontólogo de la Universidad de La Plata o de la UBA que brindará la clasificación del ani-

mal, pero con quien posteriormente consensuará un resultado general de los estudios. Claro que finalizado ese proceso, como en cada hallazgo de fósiles, algunos irán a exposición y otros a evaluación y estudio. “No estamos buscando siempre sino que se va observando para no perder”, afirma el director del museo. “A la ciencia no le interesa que el animal esté completo sino que establezca un reto: saber a qué animal pertenece. Esto sirve para poder rearmar la fauna extinguida y poder interpretar las condiciones climáticas que había en esa época. Si bien le pusimos una fecha estimativa ya que es la más reciente, a través de la datación, estos restos pueden superar ampliamente la estimación y llevarlos a 40 mil años de acuerdo a los sedimentos en los que está depositado, ya que a veces no se tiene en cuenta la profundidad sino el sedimento, que es el indicativo de una formación de un tiempo establecido”, explicó. Además, aclaró que si bien hace tiempo que viene observando en lo que se denomina una tosquera (donde continuamente se extrae sedimento), los gliptodontes eran animales comunes en la región chaqueña “hasta ahora decimos que había una superpoblación de glyptodontes de acuerdo a los registros de fósiles, ya que se encontraron no solo en Charata sino también en Las Breñas, General Pinedo o San Bernardo. Esto nos hace

pensar que eran animales comunes, pero no por comunes los dejaremos deteriorar, sino que cada animal que vamos levantando nos da información. Lo primero es poder interpretar estos restos para que sean aportes a la ciencia para conocer el pasado y lo que puede pasar”, dijo.

Un vacío legal Los restos fósiles, arqueológicos o antropológicos son patrimonio del estado y existe una ley de protección que así lo confirma. Claro que lo importante radica en el cumplimiento de la misma. En este sentido, cabe destacar que el Estado debe resarcir al particular que encuentre restos en su propiedad, por el tiempo perdido a partir de un hallazgo que determine un patrimonio para la provincia. “La mayoría de las actividades de movimientos o sedimentos las hacen las empresas o particulares y a veces no hacen la denuncia para que Estado o la Justicia no entorpezca su obra. Porque el Estado al no tener participación, debe pagar el tiempo que se pierde y en esta forma nos encontramos con que se mata el patrimonio, ya que nadie denuncia estos casos justamente por la pérdida que puede significar. Hoy se están realizando obras de trascendencia como el segundo Acueducto y con toda seguridad que las retroexcavadoras están digiriendo nuestra historia. Tenemos una comisión de fósiles pero nadie supervisa y perdemos nuestro patrimonio, por eso siempre

N C R AMA

me pregunto: ¿cuándo vamos a empezar a ser conscientes sobre este tema?”, analizó.

Una meta iguala un sueño Un recordado músico inglés, dijo una vez: “Seré un soñador, pero no soy el único” y parece que por estos días, tampoco Oscar Gonzales es el único que sueña con poder contar con mejores recursos y apoyo, aunque más no sea mínimo, para reconstruir nuestro pasado mediante disciplinas como la paleontología, arqueología o antropología. Como símbolo de lo que ignoramos, fueron muchos los curiosos pero pocos los que asumieron el compromiso desde que se conoció el hallazgo en una ciudad próxima a cumplir su centenario. Ante la inevitable carencia, el investigador tuvo que recurrir a algunos compañeros de la carrera de Historia para que juntos arremangaran la voluntad y unos pocos recursos para dejar a Charata y la región, un legado de aproximadamente 8 mil años. Tal vez este episodio no sea más que otra noticia que muere con la agenda del día, pero sirvió para que Oscar y sus colaboradores, vuelvan a soñar despiertos con que “alguien”, “alguna vez”, tenga la capacidad y decisión para que en Charata, se establezca un Museo Paleontológico regional y un espacio de trabajo científico. Confiemos en que esa, es una especie que aún no se ha extinguido.

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Extra 19 01 14  

Diario Primera Línea

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