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DiarioLibre.

Sábado 19 de noviembre de 2011

Noticias LECTURAS

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mientos con cada vez menos protagonistas originales. Si la memoria me es fiel, el último sobreviviente británico de la Primera Guerra Mundial se rindió hace un par de años a la inexorabilidad de la biología. Recordar a los veteranos y resaltar el papel del uniforme en el asentamiento del respeto a los derechos y las libertades es pasaje totalmente desconocido para los dominicanos. No para los caribeños, porque Puerto Rico es otra historia como territorio estadounidense y sus aportes de soldados para las grandes guerras y el episodio bélico en Corea. El respeto y sentimiento nacional de identificación con aquel Regimiento 65 de Infantería que sucumbió en esa península asiática no encuentra parangón en nuestras tradiciones. Cada año, antes del Memorial Day, en Francia y los países de la Mancomunidad de Naciones, y el Día de los Veteranos, en este lado del mundo, millones de personas lucen una amapola. Rescatada de la mitología e historia grecorromana, la flor de rojo intenso es un símbolo de respeto a los muertos y se usaba como una ofrenda a quienes habían partido para

siempre. Un tipo de amapola se da silvestre en toda Europa, y los campos engalanados regalan una dosis visual de color subido a quienes recorren las carreteras. Una semana antes de la conmemoración, el 11 de noviembre, las amapolas de papel sobresalen en las vestimentas de hombres y mujeres, e incluso en los uniformes escolares. En los debates parlamentarios y en la televisión, todos llevan ese homenaje silencioso, ese recuerdo simbólico de quienes ofrendaron sus vidas en los campos de batalla de una Europa ahora unida y de la que han desaparecido las fronteras. La reverencia ante el uniforme como institución es material casi exclusivo de políticos en la Europa de hoy. La conscripción es cuestión del pasado en la mayoría de los países y los héroes militares ocupan más espacio en los libros de historia y los monumentos en las plazas que en el quehacer cotidiano. Como un ritual, el primer ministro británico rinde homenaje en el tiempo de preguntas parlamentarias a los soldados caídos en Afganistán, y es secundado de inmediato por el líder de la oposición. En Norteamérica, la tradición, usos y costumbres son

La reverencia ante el uniforme como institución es material casi exclusivo de políticos en la Europa de hoy. La conscripción es cuestión del pasado en la mayoría de los países y los héroes militares ocupan más espacio en los libros de historia y los monumentos en las plazas que en el quehacer cotidiano. otros. Hay un esfuerzo evidente para colocar al soldado en un aparte ciudadano, acreedor del reconocimiento público y sacrificado servidor del bien colectivo. En los aeropuertos, por ejemplo, de tiempo en tiempo se escucha un anuncio público que invita al militar en uniforme a disfrutar de lugar preferencial en las colas para abordar los aviones y cumplir los requisitos de seguridad. Algunas aerolíneas los aceptan gratuitamente en las salas para viajeros importantes. Las campañas de reclutamiento resaltan el valor de los militares y siembran la idea de que el uniforme viste a seres extraordinarios de quienes depende el resto del colectivo. Hay pegatinas en los coches a

tono con el ritual de elevación de lo castrense, y aunque los conflictos sean objeto de las más variadas interpretaciones y críticas, quienes los viven armas en mano están por encima del error en la decisión de enviarlos al peligro por causas que la mayoría ciudadana estima estériles. Hasta el liberal New York Times, crítico de la participación militar norteamericana en el corazón asiático, publica fervorosamente el nombre y rango de los militares caídos. Es curioso el número de horas que canales especializados dedican a reportajes sobre las guerras mundiales, la estrategia y armamentos empleados. Los expertos e historiadores discuten esos conflictos como si

fuesen acontecimientos recientes. Una y otra vez se revive la ofensiva norteamericana en el Pacífico, el desembarco en Normandía y la marcha de los blindados hacia el corazón industrial de la Alemania nazi. Basta mirar con asiduidad esos canales para convertirse en erudito sobre la guerra en el espacio aéreo europeo, la versatilidad del Spitfire, Meserschmitt, Focke o el Zero japonés. El libro sobre un corredor olímpico sobreviviente de la guerra aérea en el Pacífico y los campos de concentración japoneses bate récords de venta desde el año pasado. Unbroken (Indomable), de Laura Hillenbrand y en verdad un libro extraordinario, lleva exactamente 52 semanas en la lista de éxitos editoriales en Estados Unidos. Y así es el mundo. Una lección a cada paso, y verdades que son de otros y el respeto a ellas, nuestro.

Cualquier opinión sobre este artículo favor dirigirse al autor: aespinp@gmail.com Bibliografía consultada y recomendada: Historia de la Teoría Económica y de su Método por Robert B. Ekelund; Economía por Paul Samuelson; Historia de la Economía por John Kenneth Galbraith.

Saudades

LA ADOLESCENCIA ES UNA ÉPOCA DE CAMBIOS LIGIA MINAYA Escritora

D

icen que la palabra adolescencia viene de cambios, de carece o no tener suficiente madurez y otras facultades para pensar y actuar como un adulto con experiencia. Es aquí donde a los menores entre 11 y 18 años se les presentan rápidas transformaciones físicas, mentales y emocionales. Hasta rechazan todo lo que se les ha enseñado de pequeños. Y esto, lejos de ser negativo, es un paso necesario siempre que se les marque los límites donde el respeto debe prevalecer sobre todo lo demás. En esta etapa se les hace difícil lidiar con cierto tipo de problemas con sus compañeros de escuela y con la familia, pueden

perder a su mejor amigo, recibir presión de quienes le rodean, les asedia la inseguridad y pueden adoptar un desarrollo social inadecuado. Incluso caer en la negativa obsesión que los lleve a ejecutar actos delictivos. Por eso, toca a los padres, a los maestros, a la familia, a la sociedad en general, ayudarlos en esta fase. De la adolescencia a la adultez hay un paso. Si no se les educa en lo que pueden o no deben hacer, lo que sería correcto o incorrecto, en cada paso a dar en la vida, lo positivo y lo negativo, tendremos adultos inmaduros. Si no se le protege y se le explica de manera adecuada y positiva y sin violencia, lo que es hacer y lo que es no hacerlo, y cómo cada unas de sus actitudes influirá en su vida, tendremos lo de hoy: adolescentes vio-

De la adolescencia a la adultez hay un paso. Si no se les educa en lo que pueden o no deben hacer tendremos adultos inmaduros.

lentos, asesinos y ladrones. Y es que una sociedad tiene sus raíces en los niños, en los adolescentes y como última instancia en unos adultos bien o mal criados. Ahora, nosotros los dominicanos, tenemos las raíces podridas. Y cuando un árbol pierde sus raíces hay que cor-

tarlo. Pero no cortar las ramas, no. Lo que hay que hacer es cortarle esa parte podrida. O sea, esa etapa sin educación. Esa parte en que los aplaudidos, “honorables” y “respetados” son los políticos corruptos, los policías asesinos, y también, cabe decir, los padres irresponsables. Esa es la raíz de hoy de nuestra sociedad. Y eso es lo que ven nuestros adolescentes. Si queremos cambiar la sociedad, los adultos deben ser los primeros en cambiar, para bien, por supuesto. Ahora con la nueva ley que impone muchos años a los adolescentes delincuentes, no se va a lograr lo que es correcto y necesario. Diez, quince años de cárcel, más como son las cárceles nuestras, es lo peor que puede pasar. Seguirán en su mismo trayecto, encontrarán

aliados, cómplices y pasaremos de mal a peor. Es que el adolescente tiene que tener educación correcta, que alguien le inculque honestidad, saber que lo mal hecho tiene consecuencias para toda la vida, que la honradez es fundamental, que el estudio y el trabajo es la meta. Pero no, con estos políticos que tenemos, esos que hacen leyes, y esa familia que ya no es familia, los niños solo ven lo mal hecho y creen, por la impunidad y la irresponsabilidad, que es lo bueno y lo correcto. Y lo peor de todo es que eso no solo afecta a los de abajo, sino que perjudica también a los de arriba. Ese Código del Menor, sin procurar una buena educación para adolescentes prisioneros, será negativo para todos. A Dios que nos coja confesados. Denver, Colorado

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Sábado 19-11-2011

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