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Ciudad CiudadGuayana, Guayana, Martes 16 17 de Agosto Enero de Jueves de2012 2012

La magia en la escritura de Laura Antillano David Figueroa González “La madurez del hombre es volver a encontrar lo serio de cuando se era niño”.

Nietzsche

Desde que tengo uso de razón he sido un apasionado de la lectura, quizás, por el amor que mis viejos le imprimieron a mi aprendizaje, o tal vez, a una mezcla de varios factores, como diría Miguel Ángel Cornejo: “el éxito es el fruto de la preparación, la oportunidad y de la suerte”. Claro está que en mi infancia esos elementos estuvieron presentes. Alimentado por mis padres educadores que me dieron la luz de la lectura desde temprana edad. Tenía una biblioteca en casa, surtida de títulos diversos y un clima siempre lluvioso que me mantenía alejado de la calle para evitar recaídas asmáticas, por lo que mi único mundo y escape para la diversión estaba justo en las páginas de esos textos que mi papá escogía para mí. Siempre he visto a los educadores como seres mágicos, alquimistas del saber enviados de los dioses para exorcizar las almas y llevar luz al corazón y es que ellos comparten sus conocimientos como Cristo su cuerpo, sin ningún ápice de egoísmo. Así vemos como desde Andrés Bello y Simón Rodríguez hasta José Martí o desde Gabriela Mistral y Cesar Vallejo pasando por Luis Beltrán Prieto Figueroa hasta Orlando Araujo, han dejado plasmado en sendos trabajos sus apreciaciones filosóficas, poéticas y políticas, e incluso, hoy día son citados tanto en las escuelas como universidades, lo que los convierte en referentes de comunión para los aman-

tes de la palabra. Laura Antillano es una escritora prestada a la docencia o una docente entregada a la escritura. Probablemente quien sólo pueda descifrar este acertijo sea ella misma u otro mago de luz. Sin embargo, podemos afirmar que es una mujer tenaz, entregada a la literatura desde diversos abordajes o trincheras, pues, ha sido periodista, escritora para niños, ensayista, poeta, narradora, promotora de la lectura, tallerista, entre otros. Tuve la oportunidad de conocerla personalmente en el FILVEN Caracas 2012, y es en verdad un ser incansablemente comprometido con el hecho literario infantil. De ella se expresa el escritor cubano Enrique Pérez Díaz: “Laura es una activa y entusiasta persona que siempre tiene más de un proyecto bailándole a flor de labios y entre sueños.” Muestra de ello, es el Encuentro internacional con la literatura infantil y juvenil en Venezuela, que ella organiza anualmente, y las diversas actividades que la mantienen rodando y volando por Venezuela y el exterior. Recuerdo con un afecto especial el primer libro que leí de Laura Antillano en el año1982, y digo especial porque el título Un carro largo se llama tren, me hacia volar la imaginación trasladándome a mi primer viaje en tren cuando aún era infante. En esta obra hay un relato en particular “Carta de Otoño” que me conecta con ese texto, ya quela misma es un viaje a la infancia, donde la autora crea una atmósfera con sabor autobiográfico, y a la par nos regala un canto a la figura paterna, con cierta correspondencia entre el

La escritora Laura Antillano.

hogar, el amor y la autoridad paternal. La propia escritora nos dice: “creo que cuando escribo para niños comienzo por ponerme en el lugar de la niña o niño, y eso significa retomar a la niña que fui y parece andar todavía por allí.” En tanto, en este cuento disfrutamos: “Papá me llevaba en ese entonces a las librerías y escogíamos juntos tomos de cuentos de Hans Christian Andersen y los Hermanos Grimm, cuentos Orientales y Africanos, cuentos Escandinavos, yo gozaba con esas historias de castillos y caballos, duendes y gnomos; después me dio libros más serios, como Robinson Crusoe, Invanhoe, Moby Dick, La Madre de Máximo Gorki, y era mejor quedarse en casa con ese librero que salir por ahí, una que era tan tímida y costaba hablar o jugar ladrón y policía o cualquier cosa.” En ese mismo orden de ideas el escritor e ilustrador Leo Lionni establece en su trabajo Ante las imágenes que: “Un buen libro para niños describe esos momentos remotos cuando nuestra vida todavía no había sido sometida a las imposiciones y a las exigencias del mundo adulto, y cuando cada experiencia personal, no importa cuán especifica fuera, adquiría sentido universal. De manera que un buen libro para niños es, inevitablemente, autobiografía” La narrativa infantil de Laura Antillano está compuesta por varios elemen-

tos que la distinguen, entre ellos: su autenticidad bañada de imaginación y su magia educativa impregnada de anhelos y a la vez de verdad. Estas características le imprimen a sus trabajos cualidades específicas de expresión que la nutren, permitiéndole florecimiento y acción. Para lograr ese objetivo se vale de un lenguaje llano, directo y el uso racional del diminutivo, que mucho más allá que la disminución de tamaño implica ternura, afecto o humildad. En el cuento “La luna no es pan de horno,” del libro La luna no es pan de horno y otras historias, disfrutamos de esos elementos: “Pasar a la cocina para inventar algo rápido, de manera que al llegar las niñitas y los demás ya tuviera la mesa a medio montar; la fregada de los platos le tocaba a otro, y en la tarde continuaba la batalla campal a la hora de mandarlas al baño; no se imagina lo que costó convencerlas de que hay que bañarse todos los días; por fin descubrí una insólita treta: el champú de fresa, les gustó tanto el olor que era como si lo comieran, después el baño era la aventura de lavarse la cabeza con champú de fresa, y todos quedábamos contentos.” También podemos apreciar un enfoque sociológico que engrana el devenir histórico, político y religioso donde interactúa el ser humano, hecho que facilita la simulación de lo cotidiano en el desarrollo de la trama, particularidad ésta que junto a la anécdota le confiere a los escritos de Laura Antillano esa cercanía con los niños que los introduce en el mundo de la lengua, así en el cuento La Tuna de mar perteneciente

al libro del mismo nombre, la narradora nos traslada en el tiempo: “No tengo conciencia del número de horas, minutos o segundos que duró aquello. Desde el inicio mismo ya sabíame víctima final, y me encomendaba a la Virgen de la Chiquinquirá haciendo acto de contrición con todos mis pecados a cuestas. Entre gritos y ovaciones me recuerdo caer al piso, cuerpo reptante, el Olonés sobre mí, en su mano fuerte y firme la daga cortante, cerré los ojos.

El Olonés habló entonces, me perdonaba la vida, me condenaba a seguirle, pero debía castigarme de manera que yo no olvidara nunca mi cometido, despojándome de una parte de mí mismo que yo sustituyera con su propia presencia, entonces mutiló mi mano izquierda” En algunos relatos la autora es la madre que reafirma en las niñas y los niños la invitación a un comportamiento moralmente correcto que habla del amor y el respeto por los seres vivos, de la esperanza y la tolerancia, ya que el aprendizaje de todo ello junto a la seguridad en

sí mismo llevará al triunfo cuando alcancen la madurez; de esta manera, el narrador Mark Brauner afirma: “los mejores narradores son los realistas, aquellos que mantienen contacto con la vida, los que saben luchar por que sus relatos lleguen a ser realidad.” De este modo, el docente e investigador universitario Román López Tamés afirma: “Es necesario conformar al niño en las experiencias de la vida sin necesidad de cuentos de hadas.” Por lo que pudiésemos denominar “realismo socialista” a la obra “El aquelarre de la señora muelas y la señora Morcilla” de la Antología de cuentos venezolanos para niños Leer a la orilla del cielo, así que en la siguiente narración con la que culminamos estas breves anotaciones,apreciamos: “Por fin se va la señora Muelas, da vuelta a su cabeza y con el mismo ritmo con el que entró a casa sale, diciendo algo bajito que ni siquiera entendemos, enseguida cruza la calle y se acerca a la reja de la señora Morcilla quien ya la esperaba, y allí se quedan las dos en su concierto de siseos de siempre. Voy hasta donde esta mi mamá y le pregunto: — ¿Qué paso? –Nada, mi amor, nada, alguna gente a quien no le gusta la vida de las plantas, ni de los niños, ni de los pájaros, y quieren que todos seamos parecidos a ellos. Yo me agarro de una pierna de mi mamá y desde allí veo el cielo, con un Sol grande para todos, y las nubes que parecen un dibujo a su alrededor”. Fuente: Blog invisible”.

“La

tinta

Las metáforas de amor son ridículas Marco Aurelio Rodríguez Cuando Novalis señala que la metáfora pretende conceder a lo cotidiano la dignidad de lo desconocido no sólo ratifica la utopía del arte —cuyas insinuaciones nos dan una sensación de libertad, de plenitud, de algo vano— sino que también alude a la penosa repulsa en la asignación de sus órganos. Y utilizo la metáfora vital (la del amor, la de la descomposición, la de los órganos) para confirmar la imposibilidad de los actos humanos que pretenden la categoría de símbolos, aun cuando éstos —los simulacros, las vanidades, la transparencia de las cosas— se vayan adueñando de nosotros por capricho casi mefistofélico. Twiteados, photoshopeados, clonados, escenificados en

ausencia, La Pequeña Lulú es más real que la mujer que yo amo. ¿Debo entonces poseer a La Pequeña Lulú, la intrusa? ¿Cómo llegar a odiarla para traspasarle mi voluptuosidad, mis contravenciones, mis hartazgos? Muchas veces pienso en Borges atrapado por los atardeceres, por el oro violento de los tigres, por la escritura de Dios y la caligrafía de su madre que le impuso el remate de alguno de sus cuentos (La intrusa). La metáfora es un error, es un engaño. Implica reprobación, censura. Cuando Borges se refiere al río que es tiempo y a la vida que es sueño, resta, distrae la inconmensurable soledad de vivir, nos deja solos, desvalidos frente

a las cosas del mundo. Leer El Aleph; allí hay atisbos de la mujer que amó. Si La Comedia del Dante es la metáfora final de la literatura, Beatriz es el reparo, la condena que anuló a su autor pero no al amor que —por eso y por otras pequeñeces—más de alguno confundió con redención. Virgilio es la Trotaconventos, la madre de Borges, la intrusa. Infinitamente existió Beatriz para Dante; Dante muy poco, tal vez nada, para Beatriz,

advierte Borges como burlándose de sí mismo. Beatriz vivió, Dante creó su propia representación enfebrecida por los ojos de una niñita-mujer (algo parecido le pasará a Lewis Carroll y a nadie más, que yo sepa). La mujer, en general, es más feliz que el hombre, dicen, porque todavía es naturaleza. La mujer está mal hecha festeja una cumbia colombiana. La mujer en el futuro será capaz de engendrar sin varón. La capa de ozono, en todo caso, se romperá implacablemente y no quedará mujer ni mundo. ¿Los ojos de Dios nos escudriñarán como a tebeos? La metáfora del ciego que atisba como Borges, como Homero que —según dicen— jamás existió.

Sophie von Kühn, la prometida de Novalis, murió de tisis a la edad de quince años. El poeta alemán de prematura existencia y cuya poesía gira en torno a la (inútil) salvación de su amada, murió tres años luego, en 1801, aquejado igualmente de tisis: “Me aferraba con inmenso dolor a la vida que se me escapaba y se extinguía. He aquí que vino de las lejanías azules, de las cimas de mi antigua bienaventuranza, un tembloroso fulgor. Y súbitamente la atadura del nacimiento, la cadena de la Luz se rompió. Desapareció el resplandor terrestre y con él el dolor. La melancolía se fundió para crear un mundo nuevo e inefable” (Himnos a la noche). Edgar Allan Poe —más allá de que todas las mujeres a las que amó

murieran prematuramente— entrevió un “amor que es más que amor”: “I was a child and she was a child, / In this kingdom by the sea; /But we loved with a love that was more than love- /I and my Annabel Lee”. Las cartas de amor (ahora los mails) son ridículas porque sencillamente el amor es ridículo. Inefablemente humano. Quedan sólo metáforas. Beatriz (a la que Dante conoció cuando era una niña de nueve años y que no volvió a ver hasta nueve años después) es Virgen (en el sentido de “no tocada” por Dante) de algún Paraíso que es la literatura. Ulrica es el único relato de amor que publicó Borges (sic). La Pequeña Lulú sigue siendo virgen a pesar de Tobi.

jueves 16-08-12  

diario el venezolano

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