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Vilcabamba donde la gente vive mĂĄs de 100 aĂąos

Dr. Morton Walker


La Tierra de la Longevidad

Era 1981, en el remoto paraíso tropical del sur de Ecuador, acurrucado en un valle a 1500 metros de altura, rodeado por la cordillera de los Andes, la que se eleva a más de 6 mil metros, donde yace el pueblito de Vilcabamba. Una de las cosas sorprendentes de este pueblito era que de una población de 814, aproximadamente un 15 por ciento de la gente tenían más de 80 años. Doce de ellos eran centenarios, y uno de estos vilcabambenses era la persona viviente de más edad en el hemisferio occidental. En ese tiempo él también era un miembro activo del Club de Leones de Vilcabamba. Mi esposa y yo visitamos el valle sagrado de Vilcabamba, Ecuador como parte de una expedición científica investigativa para buscar los secretos de la longevidad, y qué mejor sitio para realizar nuestras investigaciones que una localidad en el mundo donde la población habitualmente vive el total complemento de los años de la humanidad – donde reciben el máximo del código genético humano. Llegamos a nuestro destino después de un viaje de once horas por avión desde la ciudad de Nueva York, a Guayaquil, Ecuador; un emocionante viaje de 45 minutos en una avioneta Apache a 3500 metros de altura, volando entre cimas de montañas que se elevaban sobre nosotros al doble de esa altura; un viaje en taxi sobre un camino muy bachoso por dos horas después de salir del aeropuerto; y montar en burros para cruzar las montañas. Luego caminamos en medio de vegetación selvática, cortando camino con machetes, para finalmente llegar a nuestro destino.


José María Roa, 132 años de edad

Conocimos a un cierto centenario, José María Roa, en su terreno ubicado a un lado de una montaña, subiendo unos 900 metros. Era un hombre ágil, pequeño—apenas superaba 1,50m, con pelo blanco, y lleno de humor y buena voluntad. La subida desde su cabaña, a pesar de que yo me consideraba en una condición física excelente, me cansó. A mi esposa Joan y a mí, nos demoró casi dos horas cubrir esa distancia. José María Roa hacía ese ascenso todos los días, y luego le daba ocho horas a la vigorosa labor de sacar troncos de la tierra, cortar leña, aporcar su maíz a la mano, cultivos de frejol, caña de azúcar, cafetos y árboles frutales, y realizando un sinfín de otras tareas que hacían de él un agricultor exitoso. Era un trabajo duro el cual Roa había realizado por más de 100 años. José María Roa tenía 132 años cuando nos conocimos; estaba casado en terceras nupcias con una mujer que en ese entonces tenía 66 años, y quien había dado a luz al hijo menor de Roa, 24 años antes. El gobierno ecuatoriano verificó estos datos, y los intérpretes del castellano que nos había asignado el Ministerio de Salud, presentaron la partida de nacimiento de Roa, el cual indicaba que él nació en 1850. Además, su nombre está tallado en la piedra cimiento de la iglesia del centro de Vilcabamba; Roa colaboró en la construcción de esa iglesia en 1866.


El Club de Leones

Fue al regreso a la cabaña de adobe de Roa cuando me entere que él pertenecía al Club de Leones de Vilcabamba. Yo revelé que yo había sido miembro del Club de Leones de mi pueblo por 26 años, y Roa decidió hacer una reunión, algo especial a realizarse en mi hotel. La mayoría de los Leones de Vilcabamba asistieron. El Club de Leones de Vilcabamba prestaba su ayuda al público casi con un fervor religioso. Este era un grupo de gente bastante espiritual, quienes combinaban las obras caritativas, las creencias religiosas y los principios del Leonismo en sus varias labores benéficas. Los miembros, por ejemplo, distribuyeron más de mil pares de zapatos de manera gratuita durante las dos semanas antes de Navidad. Los Leones adquirieron y colocaron grandes letreros plásticos en las calles principales-- que en realidad son senderos utilizados bastante por burros—y en los sectores agrícolas aledaños indicando la distancia y la manera de llegar al recién construido hospital municipal. José María Roa estaba presente, entregando los zapatos y colocando los letreros.


Los Viejos

Los ancianos de Vilcabamba, conocidos como Los Viejos, se mantienen jóvenes y activos hasta el momento de la muerte. Sencillamente, ellos se mueren jóvenes a una edad muy avanzada; los centenarios logran esto porque llevan un estilo de vida en extremo saludable, comparado a las poblaciones de los países industrializados. Como prueba, hay sólo una persona sobre los 100 años en cada 1.7 millones de estadounidenses; en Vilcabamba, hay uno en cada 68. Esta gente vive largas vidas por varias razones. Ellos hacen ejercicios vigorosos todos los días, ya que la única manera de ganarse la vida es mediante la agricultura. Ellos no tienen contaminación en el aire. Los burros y los bueyes son bestias de carga, pero la gente realiza una tremenda cantidad de trabajo físico, y sus cuerpos les agradecen por ello.


La Vegetación

Comen solamente frutas y verduras frescas. A pesar de que el valle sagrado está casi exactamente sobre la línea ecuatorial, no es caliente porque Vilcabamba está ubicada a cierta altura. Hay bastante lluvia y sol, y la vida vegetal crece en abundancia. Uno sólo necesita estirar su mano para cosechar banano, mango, papaya, uvas, limones, naranjas, manzanas, piñas, manzanas silvestres, y bayas de toda clase. Una variedad de verduras crece en todas partes sin cultivar; hay aguacate, zuquini, leguminosas, papas, arroz, todos los granos, tomate, col, berenjena, zapallo, y mucho más. Nunca se utiliza alimentos enlatados. La carne casi no se come sino una vez al mes en días festivos cuando se mata un chancho. No hay refrigeración. Los alimentos se consumen frescos.


El Agua

Quizás, más que cualquier otra cosa, lo que cuida la vida de los centenarios para que lleguen a los 100 años es el agua que beben. El agua de Vilcabamba baja desde las alturas de las montañas. Se recoge de la lluvia en los lagos, fluye hacia abajo en riachuelos, se acumula en los ríos, y la gente local la saca cavando pozos. El agua de Vilcabamba contiene minerales que son llevados por los riachuelos al correr sobre piedras metalíferas. Los minerales del agua son agentes de quelación natural que cuidan que las arterias no se taponeen. Un quelador es un mineral que atrae una sustancia y la ata a sí, y por tanto, por ejemplo, jala del agua lo que sea que no se quiera, dejando al agua en un estado de verdad altamente purificado.


La Gente

Los ancianos de Vilcabamba, conocidos como Los Viejos, se mantienen jóvenes y activos hasta el momento de la muerte. Sencillamente, ellos se mueren jóvenes a una edad muy avanzada; los centenarios logran esto porque llevan un estilo de vida en extremo saludable, comparado a las poblaciones de los países industrializados. Como prueba, hay sólo una persona sobre los 100 años en cada 1.7 millones de estadounidenses; en Vilcabamba, hay uno en cada 68. Esta gente vive largas vidas por varias razones. Ellos hacen ejercicios vigorosos todos los días, ya que la única manera de ganarse la vida es mediante la agricultura. Ellos no tienen contaminación en el aire. Los burros y los bueyes son bestias de carga, pero la gente realiza una tremenda cantidad de trabajo físico, y sus cuerpos les agradecen por ello.


Vilcabamba en el Nuevo Milenio Entiendo que en tiempos más recientes los turistas han estado comprando propiedades, los precios han subido, hay más uso de alcohol y tabaco, y me imagino, mas refrigeración también. Algunos nativos de Vilcabamba dicen que la paz y la sencillez de sus vidas se han perdido, y que con el tiempo ellos piensan que esto afectará las tasas de longevidad. Bueno, tendremos que esperar y ver. Solo puedo comentarles sobre lo que nosotros vivimos y atestiguamos. Desde mi visita a Vilcabamba, como científicos hemos andado un buen trecho al dar reconocimiento al valor del contenido de antioxidantes de las frutas y las verduras, y el agua y el aire de Vilcabamba, que de manera natural contienen iones negativos. Solo puedo aconsejarles que se traten bien a ustedes mismos, y coman alimentos ricos en nutrientes, beban agua altamente mineralizada, y visiten Vilcabamba: para que Vivan esta Fuente de la Juventud mientras aún existe como tal.

Edición y diseño: Periódico El Huilco Traducción: Lucía Gallardo


Dr. Morton Walker