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Alan García miente Sabíamos de las prácticas intimidatorias que Alan García suele emplear cuando trata de silenciar temas noticiosos que él percibe que dañan su imagen. Una variopinta ‘fauna’ de dizque representantes suyos han tratado en estos días de acallar una denuncia que, por lo demás, no debería haber revestido la magnitud, que el silencio y posterior mentira presidencial han terminado por amplificar. Por nuestra parte, casi 30 años en el oficio nos inmunizan, por cierto, frente a tales amenazas, que en su expresión más patética e inocua ha consistido en enviar decenas de carros de seguridad del Estado a comprar la mayor cantidad de ejemplares del diario. Siempre le repetimos a los periodistas jóvenes que recién se inician en el oficio: “a quien no le guste el calor que no trabaje en la cocina”. Pues para el caso, si a alguien le incomoda ser amenazado, presionado o intimidado, o que se dedique a un periodismo light o que busque ‘chamba’ en otros rubros profesionales. No deja de sorprendernos, sin embargo, la aquiescencia de varios medios de comunicación, que, no creemos que por obra y gracia de alguna política editorial, han decidido soslayar la denuncia de la agresión presidencial. Salvo que estemos totalmente despistados, que un Jefe de Estado golpee a un ciudadano es noticia aquí y en cualquier parte del mundo. Pero, en fin, solo dejamos constancia de ello. No somos dueños de los medios ni de los miedos que algunos colegas puedan sentir. No sabíamos, eso sí, cuánto pesaba una llamada palaciega para tergiversar el mandato básico de un periodista, que es informar con verdad sobre hechos noticiosos. ¿Qué es lo que le ha causado tanta irritación al Presidente para tratar de silenciar lo ocurrido? ¿Qué la gente recuerde los diversos momentos en los cuales ha mostrado poco control de sus impulsos? Falso temor nos parece, sinceramente. No está entre los activos personales del Primer Mandatario precisamente ese rasgo de personalidad. Aparentemente, García piensa que el incidente puede afectar la imagen de estadista ubicado por encima de las cosas mundanas y terrenales, con la que quiere irse del poder el próximo 28 de julio. Lamentablemente, se irá ahora con el sambenito de la impostura y la mentira. Sobre un hecho que, además, si bien es noticioso, resultaba, pues, políticamente inocuo. No estábamos frente a una denuncia de corrupción presidencial ni mucho menos. Si hoy reviste la gravedad, que creemos ha alcanzado, es por obra y gracia exclusiva de la torpe reacción palaciega. Bastaba un reconocimiento del hecho y las disculpas consecuentes y asunto acabado. Lamentablemente, no se impuso la razón sino el afán matonesco de querer ocultar un hecho que ratificamos -por los testimonios coincidentes de media docena de personas, sumados al del propio joven agredido- que es absolutamente verdadero. *JUAN CARLOS TAFUR


Columna del director