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CULTURA

VIERNES 9 DE MARZO DE 2018

La historia de Sosita y su perro Falucho Continuando con el ciclo organizado por el Centro Ciudad de Rafaela en el marco del programa Escena Santafesina impulsado por el Ministerio de Innovación y Cultura de la Provincia, se presenta esta noche el actor, director y dramaturgo de la ciudad de San Jorge Héctor Vázquez con "Sosita, un áperca al olvido", una obra que ya ha recorrido diez provincias argentinas. La Sala Luis Remonda, más conocida como "La L" sigue recibiendo a los mejores espectáculos de teatro independiente de la provincia. En este caso, desde la ciudad de San Jorge llega un espectáculo que a seis años de su estreno sigue movilizando espectadores de muchos lugares del país. "Sosita, un áperca al olvido" de Héctor Vázquez y Raúl Saggini, una historia real, la historia de Ramón o Román Sosa, llegado a San Jorge en los años 50, un hombre que de peón de estancia pasó a ser un boxeador amateur. Este trabajo de Sosita "lo escribimos junto a Raúl Seggini, él me dirigió, yo actué y hace seis años que estamos en carrera con esta obra que por allá por el 2013 estrenamos y que muy pronto va a cumplir cincuenta funciones", cuenta Héctor Vázquez protagonista de la obra. La idea empezó a dar vueltas en tiempos en que "habíamos hecho un trabajo anterior que tuve la oportunidad de escribirlo que contaba un poco de un circo que había pasado por la ciudad. Esto tuvo mucha repercusión, entonces la idea con el director era contar mitos urba-

nos, de cuestiones propias, sin dejar de pensar en la posibilidad de poder ir a otros lados". El personaje del linyera "es un común denominador en muchas localidades. Entonces es normal que al terminar la función la gente se acerca y me dice: nosotros tenemos un personaje igual en mi pueblo", remarca el actor.

Un personaje real A Sosita lo conocieron casi dos generaciones "porque estuvo cerca de treinta años en la calle, o sea que lo conocíamos desde que éramos pibes…él deambulaba permanentemente. Cae en la indigencia en la década del sesenta como consecuencia del tratamiento de electroshock", detalla. "Venía de Córdoba. Empezó trabajando como peón de estancia en un lugar donde se hacía crianza de toros y a su vez despuntaba un poco el vicio con los amigos entrenado boxeo. A partir de allí empezaron a tejerse historias. Algunos dicen que sufrió un golpe que le dejó una secuela. Los médicos argumentaban que tenía una vena tapada en la cabeza y que lo más

saludable en esa época era el tratamiento con electroshock ya que no existían sicofármacos ni nada parecido". Hoy día en depresiones muy severas "están autorizados tres al año. Al él le hacían dos por semana. Hay que decir que la principal consecuencia del tratamiento con electroshock es el aislamiento social. Después de ese tratamiento que le hicieron comenzó a aislarse del centro de la ciudad, se fue a vivir a un monte de eucaliptos que había al lado de la vía y ahí fue armando su vida. Primero armó una choza con ramas de eucaliptos, después el gobierno municipal en esa plaza donde él estaba hizo unos parrilleros así que se apropió de uno e hizo su casa debajo de uno de los parrilleros. Durante el día deambulaba por el pueblo buscando su ración diaria de comida". Como consecuencia del tratamiento "tuvo la epilepsia, también por momentos se ponía violento por lo que venía la policía lo detenía, lo llevaban al hospital, lo curaban y cuando mejoraba un poco, se escapaba y volvía a la calle, que era su lugar", continúa diciendo.

En la década del noventa "un grupo de gente busca sacarlo de la calle y ordenar un poco su vida. Lo llevan a un asilo de ancianos de donde también se escapa. A decir verdad esta gente que lo llevó a la calle después intenta sacarlo de ella no para regenéralo sino porque daba mala imagen al pueblo. Tiempo después comenzaron a suministrar sicofármacos que lo mantuvieron de hogar en hogar hasta que falleció en 2011".

La construcción Se fue trabajando con un disparador "que fue un texto de Cortazar que es Torito, que está en Final de Juego. Así empezamos a trabajar y después fuimos incorporando historias que nos fueron contando gente que estuvo con el mucho tiempo que fueron sumando anécdotas que fueron enriqueciendo la obra, buscando la mayor teatralidad posible y el texto mismo se fue generando en los ensayos con improvisaciones y juegos escénicos que íbamos planteando desde el personaje", dice Vázquez.

Historia teatral Este año "cumplo veinte años de labor ininterrumpida. Por allá por 1998 comenzamos con un grupo de teatro vocacional de la ciudad de San Jorge. Allí nos subimos al camino del teatro, amen de nuestros trabajos

particulares. Pero el teatro es lo que uno siente y lo que tiene ganas de hacer, es como un cable a tierra, así que se fue haciendo cada vez más carne, eso nos llevó a seguir estudiando, a seguir perfeccionándonos tomando cursos", cuenta Héctor. En los comienzos "trabajamos con un director de San Jorge donde hicimos las primeras armas y después empezaron a sumarse directores que venían de Rosario. Apartar del 2006 empezamos a trabajar con Raúl Seggini, una persona con mucho renombre, fue dos veces director de la Comedia Rosarina, este año ingresó como jurado del Instituto Nacional del Teatro". Tiempo después "junto a mi mujer, que también es teatrista, nos propusimos abrir una sala de teatro independiente que allá por el 2007 la inauguramos y cumplimos diez años en el mes de diciembre pasado así que estamos muy contentos con esto también". Además cada mes de octubre, "desde hace nueve años, organizamos un festival de teatro en el cual tenemos una amplia convocatoria con elencos de todo el país de donde están llegando en unas ochenta carpetas de los cuales con un equipo de trabajo de esta ciudad seleccionamos entre seis y ocho elencos para que participen del festival cada año".

Diario Castellanos 09 03  

Edición del viernes 09 de marzo de 2018 de Diario Castellanos

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Edición del viernes 09 de marzo de 2018 de Diario Castellanos

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