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| Jueves 17 de noviembre 2011 ■

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reportajes ‘Puertas abiertas al narco’ El flujo “normal” de entrada de ilegales desde República Dominicana en yolas a Puerto Rico “ha disminuido significativamente en comparación a años anteriores”, ha dico Jeffrey Quiñones, portavoz de la División Aérea y Marítima de Aduanas y Protección de Fronteras (CBP, por sus siglas en inglés), quien sostuvo que las mismas organizaciones “están trayendo drogas e indocumentados por esa ruta”. Las consideraciones están contenidas en un reportaje publicado por el diario puertorriqueño El Nuevo Día, la semana pasada, que da cuenta de los serios problemas que enfrentan las autoridades boricuas para poder proteger sus fronteras –todas marítimas, debido a que Puerto Rico es una isla- a lo que atribuyen un incremento alarmante de la entrada ilegal de drogas, armas e indocumentados. Dice la investigación de El Nuevo Día, firmada por el periodista Eugenio Hopgood, que la asistencia norteamericana de seguridad fronteriza se concentra en la zona sur –para tratar de controlar entradas ilegales desde las costas caribeñas de Sudamerica, específicamente Colombia y Venezuela, desde donde parten los principales cargamentos de cocaína- lo que habría llevado a desatender otras áreas de la isla. El siguiente es el reportaje publicado por El Nuevo Día:

U

na razón principal por la cual el gobierno federal no logra detener la entrada incesante de contrabando de drogas, armas e indocumentados por las costas de Puerto Rico es porque concentra los recursos de la Patrulla Fronteriza en la frontera sur de Estados Unidos y desatiende la Isla, denunciaron dos agentes de esa agencia federal. Los dos funcionarios, ambos puertorriqueños, dijeron, en entrevistas separadas, sentirse frustrados por el pobre desempeño, la falta de personal y el bajo nivel de motivación de muchos de los agentes y oficiales. Hablaron de forma confidencial con este diario, y aludimos a ellos como “Agente Uno” y “Agente Dos”. Su denuncia fundamental es que la Patrulla Fronteriza apenas tiene 70 agentes para toda la Isla, que solo pueden ofrecer vigilancia en las zonas suroeste, oeste y noroeste, y el resto de la Isla bási-

Libre el acceso

La costa Sur de Puerto Rico es la que tiene mayores controles de seguridad, debido a la droga que llega desde Sudamérica.

La falta de vigilancia en gran parte de las costas de Puerto Rico ha dejado una ‘vía libre’ para el transporte de cargamentos ilegales de armas, drogas e indocumentados

camente está a su suerte. Si bien hay otras vías de introducción de drogas a la Isla, como en furgones de carga marítima y por vía de aeropuertos, las autoridades han reconocido que la mayoría de la droga entra al país por las costas, principalmente en lanchas privadas. “Tenemos unos

70 agentes en la isla”, cuenta el Agente Uno. Pero entre los que se ausentan por diversas licencias y por las rotaciones que hacen a Arizona por períodos de tres meses, “lo común es que salgamos tres agentes por turno para vigilar toda la costa desde Lajas hasta

Arecibo. Eso es ridículo”, reclamó el Agente Uno. El oficial aseguró que en un puesto de la frontera suroeste con México en el que estuvo destacado tenían 800 agentes en una ciudad del tamaño de Bayamón. “Mi responsabilidad era vigilar un área de media milla”, recuerda sobre una de sus misiones en esa frontera, “pero aquí tengo que vigilar la costa de cuatro municipios”, sostuvo. Explicó que los agentes van por la costa en sus vehículos, con equipo especial de visión nocturna y largo alcance, para tratar de detectar cualquier lancha sospechosa. Cuando detectan algo, gestionan apoyo, que puede incluir naves de la División Aérea y Marítima de Aduanas y Protección de Fronteras (CBP, por sus siglas en inglés), de la Guardia Costera o de las Fuerzas Unidas de Rápida Acción (FURA) de la Policía de Puerto Rico. “El guardacostas se tarda mucho. FURA es el que más nos ayuda con los pocos recursos que tiene”, sostiene. La Patrulla Fronteriza vigila las costas entre Arecibo y Lajas, consideradas las áreas de mayor tráfico de indocumentados. La vigilancia de todas las demás costas está a cargo de efectivos de las agencias incluidas en el Grupo Interagencial de la Frontera Caribeña, que incluye a entidades como FURA, la Guardia Costera y la misma CPB, agencia a la cual está adscrita la Patrulla Fronteriza. Esta vigilancia se hace mayormente en embarcaciones y aeronaves, explica.

En sus entrevistas por separado, los agentes federales Uno y Dos estimaron que de tres a cinco lanchas o yolas logran entrar “diariamente” a Puerto Rico con drogas, armas o indocumentados. Uno plantea que hasta dos de estas tienen las características de haber introducido cargamentos de drogas, porque los canes adiestrados así lo alertan, la embarcación es de mejor calidad y no hay muchas botellas de agua y restos de comida que caracterizan a las yolas del contrabando humano. En su estimado de tres a cuatro desembarcos, el Agente Dos incluye los reportes de sus fuentes sobre embarcaciones que llegan, dejan su carga y regresan al mar antes de que lleguen las autoridades. Jeffrey Quiñones, el portavoz del CBP, agencia a la cual está adscrita la Patrulla de Fronteras, discrepó del estimado de los agentes. “De las estadísticas a las que tengo acceso, no me consta de tres a cinco desembarcos exitosos”, indicó el portavoz, quien solo ofreció cifras de detención y procesamiento de indocumentados. “El flujo normal de República Dominicana a Puerto Rico ha disminuido significativamente en comparación a años anteriores”, agregó Quiñones, quien sostuvo que las mismas organizaciones están trayendo drogas e indocumentados por esa ruta.

Por su parte, el director de FURA, que es la división aérea y marítima de la Policía de Puerto Rico, el teniente coronel Edwin Rosado, sostuvo que sus cifras son de unas 70 embarcaciones recuperadas que lograron introducir drogas o indocumentados en todo el año. “Pero puede que ellos tengan otra información”, agregó. “Nosotros hemos ocupado 1,300 kilos de cocaína este año”, acotó Rosado. La semana pasada se anunció que un avión del CBP “detectó una yola” en el canal de la Mona y una embarcación de la Guardia Costera la detuvo. Incautaron 173 kilos de cocaína, valorada al detalle en unos $4.2 millones, y arrestaron a dos tripulantes dominicanos. “Eso fue por inteligencia que se había recibido. Se sabía que había que estar pendiente de una yola sin luces en esa área. Con un poco de esfuerzo se hizo algo bueno. Pero si hubiésemos dependido solo del patrullaje normal, esa yola entraba como siempre”, dijo.

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