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Cuentos para aprender economía

INTRODUCCIÓN:

La economía y la vida no son lo que nos cuentan

Cristina Carrillo presenta Cuentos para aprender de economía.

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uando tenía dieciocho años llegó el momento, programado por mis padres desde que estaba en fase de embrión, de entrar en la universidad. Fue una época de gran crisis familiar, porque la hija perfecta (o sea, yo) eligió ese preciso momento para rebelarse. Decidí que mi impecable


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expediente escolar no me aportaba ninguna emoción y que quería ser actriz. Después de muchos lloros, gritos y portazos, un inspirado profesor del instituto encontró la solución perfecta (para mis padres): “Como no sabe lo que quiere, mejor que estudie Economía y, ya puestos, también Derecho, que hace juego”. Y así pasé seis años estudiando algo que no me interesaba ni lo más mínimo. Para ser sincera, había algunas cosas divertidas. Por ejemplo, me encantaba el libro Macroeconomía, de Dornbusch y Fischer, con las curvas de oferta y demanda moviéndose de un lado a otro de los ejes a medida que se modificaban la renta, la inflación, los impuestos y demás cosillas sin importancia. Es cierto que no veía para qué podría servirme todo aquello (de hecho, no me ha servido para nada), pero debo reconocer que era bastante entretenido. Con dos títulos universitarios tan apropiados para las supuestas demandas del mercado laboral, era sólo cuestión de tiempo encontrar un buen trabajo (arcaico concepto que los más jóvenes sólo conocerán por referencias de sus mayores). Para no perder la costumbre de cumplir a rajatabla con las expectativas de los demás, empecé a trabajar en una firma de auditoría que aún sigue existiendo… a diferencia de otras que encontraron algún que otro Enron en su camino y pasaron a mejor vida. Después de tres años de analizar balances bancarios, y muy necesitada de nuevos horizontes, me lancé de cabeza a lo que


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sin duda es el sueño de casi todos los progenitores: trabajar para el Estado. ¡Albricias! A los veintiséis añitos, ya tenía el futuro asegurado, prácticamente hasta la jubilación, en la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) de España. En los dieciocho años que pasé allí hice grandes amigos, aprendí muchas cosas y descubrí que existen, por lo menos, dos tipos diferentes de Economía: la académica/profesional… y la de las personas normales. La economía académica y profesional requiere mucha fórmula matemática, mucha jerga en inglés y hablar de manera que nadie te entienda, para que se note que tú eres un iniciado y los demás no. En cambio, la segunda no sólo está al alcance de todos y tiene innumerables aplicaciones prácticas para la vida, sino que es tan inevitable e imprescindible como el aire. Forma parte de nuestras experiencias diarias y condiciona la mayor parte de las decisiones que tomamos, tanto si somos conscientes como si no. A este segundo tipo de Economía me dediqué desde el 2002, desarrollando esa actividad que, con muy poco criterio comercial, ha dado en llamarse “educación financiera”. Aunque casi nadie me hace caso, llevo años insistiendo en que ese nombre es la forma más segura de que la gente ponga rápidamente el cerebro en modo off. ¿A quién le puede apetecer la idea de ser “educado” sobre algo tan remoto y con tan mala prensa como las finanzas? Dejando al margen la denominación, gracias a la educación financiera me reconcilié con mi pasado académico. Después


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de todo, ¡resulta que la economía y la vida real sí están relacionadas! Aunque en un principio mi trabajo era proporcionar orientación a los inversores, como corresponde al organismo supervisor de los mercados, en 2008 se amplió el ámbito de actuación, con la firma del acuerdo entre la CNMV y el Banco de España para poner en marcha el Plan Nacional de Educación Financiera. Ya no se trataba de explicar finanzas más o menos complejas, sino de facilitar a las personas la gestión de su economía diaria. Tal vez no todo el mundo esté interesado en invertir pero, ¿quién no necesita entender mejor la realidad económica que nos rodea? Al fin y al cabo, la forma en que utilizamos nuestros recursos determina el modo en que vivimos nuestra vida.

Humor y transparencia En el momento más inesperado, mi “yo” rebelde, que había entrado en estado vegetativo el día que puse el pie en la universidad, decidió resucitar. Empecé a pensar que en mi ordenada vida faltaba algo de adrenalina y, como no me llamaban la atención ni el parapente ni los saltos en paracaídas… en 2011 me marché de la CNMV, para dedicarme a la educación financiera como agente libre. Así empezó a gestarse Addkeen Consulting. Junto a Verónica Deambrogio, una maravillosa amiga e incansable guerrillera

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Cuentos para aprender economia nautebook 2 paginas  

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