Issuu on Google+

Taller Reportaje


20 aĂąos sin

Freddie Mercury Recordamos al lĂ­der de Queen y su legado

Pere Francesch Rom


Murió de una bronconeumonía complicada por el SIDA el 24 de noviembre de 1991, sólo un día después de comunicar oficialmente que padecía esta última enfermedad. En 2006, la revista Time Asia lo nombró como uno de los héroes asiáticos más influyentes de los últimos sesenta años y continúa siendo votado por la gente como uno de los mejores cantantes en la historia de la música popular. Pese a que la voz de Mercury al hablar recaía en el rango de barítono, usualmente cantaba en el registro de tenor. La soprano española Montserrat Caballé, con quien Mercury grabó un álbum, dijo que “la diferencia entre Freddie y la mayoría de las estrellas de rock es que él vende la voz”.


Una vida dedicada a gozar, a ejercer el hedonismo. Así fue la existencia de Freddie Mercury. Nacido en Zanzíbar el 5 de septiembre de 1946 bajo el nombre de Farrokh Bulsara, las autoridades del archipiélago tanzano siguen hoy sin reconocer la figura de su hijo más ilustre. Puesto que la homosexualidad atenta contra los preceptos morales islámicos, en la ciudad natal de Mercury, Stone Town, ni siquiera hay una placa que evoque su figura. En 2006 el dueño de un bar local decidió organizar un homenaje a Freddie para conmemorar el sexagésimo aniversario de su nacimiento, pero los gobernantes se lo prohibieron. “Asociar a Mercury con Zanzíbar degrada nuestra isla”, razonó entonces Abdallah Said Ali, responsable de la Asociación para la Movilización y Propagación Islámica.
A los siete años, el pequeño Bulsara fue investido oficialmente miembro de la confesión parsi o zoroastra, una comunidad procedente de Irán que cuenta con no más de 100.000 seguidores en todo el mundo. Paradójicamente, Queen es uno de los pocos grupos occidentales no censurados por el régimen islámico de Ahmadineyad, tan intolerante con los gays. Bulsara, al norte de Irán, es, de hecho, una de las ciudades sagradas de este credo.
Los parsis son de talante hedonista y aplican las llamadas Torres del Silencio. Según este precepto, los cuerpos de los fallecidos deben depositarse sobre unas rocas para que las aves carroñeras los devoren. De esta manera, los restos mortales no contaminan ninguno de los cuatro elementos básicos: agua, aire, fuego y tierra.

Un mito rodeado de misterios

La versión oficial sostiene que las cenizas de Mercury fueron derramadas en noviembre de 1991 sobre el lago suizo de Saint Montreux, pero solo una persona sabe con exactitud si eso fue así. Y esa persona es Mary Austin, expareja de Freddie en la primera mitad de los setenta, su mejor amiga y la depositaria de gran parte de su herencia. Austin y Mercury se conocieron en la boutique Biba, templo de la moda londinense, donde ella trabajaba y él compraba ropa siempre que podía. Se fueron a vivir juntos a una diminuta habitación de Victoria Road que alquilaban por diez libras a la semana. El baño y la cocina, de hecho, los compartían con otra pareja de inquilinos. En 1975, el cantante conoció a David Minns, ejecutivo de Elektra Records, y comenzó a llevar una vida abiertamente gay. Pero su amor por Mary no decreció. “Aparte de ella, no tengo ningún amigo de verdad. Solo dos seres me han dado tanto amor como yo a ellos: Mary Austin y nuestro gato, Jerry”, declaró.   En la segunda mitad de los setenta, ante las primeras insinuaciones sobre su auténtica sexualidad, manifestó: “Vivo la vida plenamente. Mi instinto sexual es enorme. Duermo con hombres, mujeres, gatos. Mi cama es tan grande que en ella caben cómodamente seis personas”. Solo en la siguiente década se permitió ser más explícito sobre sus preferencias: “Sí, soy gay. He hecho todas esas cosas. Soy tan gay como un narciso, queridos”.

Siempre supe que era una estrella, ahora parece que el mundo está de acuerdo conmigo.


Revista Shock - Diciembre 2012 - 128 Mercury se refirió a sí mismo como «gay» en una entrevista de 1974 con la revista NME., pero hay claras evidencias de que era bisexual. También dijo ser «bisexual» en una ocasión. En una encuesta realizada por el diario Clarín, Freddie Mercury fue elegido como «el gay más valiente al hacer su homosexualidad pública». Brian May comentó sobre esto que considera que «llamarlo gay es algo muy simplista, esto sucede por darle demasiada importancia a su vida personal».

Los grandes amores de Freddie

Varios fueron los hombres relevantes que pasaron por la vida del artista. El joven chef Joe Fanelli (al que apodaba “Liza”) fue su novio entre 1978 y 1979, y tras la ruptura lo convirtió en su cocinero personal. Peter Freestone (“Phoebe”) también fue amigo y asistente personal tras un periodo de noviazgo. Freddie se consideraba una persona dominante y posesiva, aunque advertía: “Mimo muchísimo a mis amantes. Me encanta hacerles regalos maravillosos y caros, por mucho que al final acaben pisoteándome”.
Tampoco anduvo nunca escaso de autoestima nuestro protagonista. En cierta ocasión se descolgó ante un periodista con esta afirmación descacharrante: “Por cierto, no hay ninguna botella de cola metida aquí abajo, queridos míos. Mi manguera es de cosecha propia. ¡Es toda mía!”. Inmerso en una espiral de drogas y sexo durante los primeros ochenta, Mercury terminó sintiéndose tan

triunfador e imparable como irremisiblemente solo. “El éxito me ha proporcionado millones de libras y adulación en todo el mundo, pero no eso que todos necesitamos: una relación amorosa”, se lamentaba.   “Fueron años en que solo era una vieja puta que se levantaba cada mañana, se rascaba la cabeza y se preguntaba con quién quería follar ese día”. Fue también entonces cuando adoptó su célebre bigote, inspirado en el del líder de Village People, Glenn Hughes.
Freddie Mercury no encontró el sosiego sentimental hasta que en 1984 conoció a Jim Hutton, el que sería su pareja ya hasta el final. Jim y sus muy allegados (probablemente, Mary Austin y los otros tres integrantes de Queen) fueron los únicos a los que Mercury informó, en la primavera de 1987, de que era seropositivo. Su enfermedad solo se hizo pública un día antes de su muerte. En los últimos meses, tal vez desalentado, Freddie dejó de tomar la medicación contra el sida que le llegaba desde Estados Unidos, a bordo del hoy extinto Concorde. Su muerte nos privó de un genio y dio paso al mito.   Supuso el fin de Queen (aunque en 1995 todavía se rescatasen grabaciones a medio concluir para el disco Made in heaven) y frustró dos grandes sueños de Mercury: escribir un musical y promover una película sobre su vida. Freddie nos abandonó sin descendencia, aunque puede que este aspecto, en cambio, le importase bien poco. Obsérvese: “No me veo casado.


Revista Shock - Diciembre 2012 - 129

Me gusta el ballet. Es teatro (...) Hice una especie de ballet simulado y sabía que por entonces introducir una pizca de ballet en el rock’n’roll era algo intolerable. (...) Pero pensé: ‘Cantaré mis canciones con un tutú puesto, no me importa’; porque, básicamente, era una manera de indignar y escandalizar. Y si quisiera hijos, me iría a Harrods [los grandes almacenes londinenses] y me compraría uno. Sí, eso estaría bien. Iré a Harrods y lo compraré. ¡Si compras dos, de regalo te dan una niñera!”.

Últimas maniobras antes del adiós

Freddie Mercury tenía prisa en grabar más canciones. Estaba extasiado, pero eso no parecía importarle, quería seguir grabando hasta que le abandonaran las pocas fuerzas que le quedaban. Su voz inmortal seguía sonando con fuerza a pesar de la dura enfermedad que afectaba su debilitado cuerpo. Así dio vida a “These are the days of our Lives” o “The show must go on” incluidas en el álbum Innuendo de Queen. Como la ópera más triste y trágica jamás escrita, sus palabras no huían del inevitable final que le esperaba. En sus dos últimos videoclips “These are the days of our Lives” y “I´m going slightly mad” vemos a un Mercury con un aspecto marcado por la enfermedad y aferrándose a lo que le quedaba dejando sus últimas canciones en forma de réquiem.   “You can´t turn back the clock you can´t turn back the tide / Ain´t that a shame / I´d like to go back one time on a roller coaster ride / When life was just a game / No use in sitting and thinkin´ on what you did / When you can lay back and enjoy it through your kids / Sometimes it seems like lately - I just don´t know / Better sit back and go with the flow / Cos these are the days of our lives / They´ve flown in the swiftness of time / These days are all gone now but some things remain / When I look and I find no change”, cantó en “These are the days of our lives”. El tema fue escrito por el batería Roger Taylor, a pesar de que fue firmado por todos los miembros de Queen de mutuo acuerdo para mostrar la unidad que impregnaba la banda en esos nostálgicos días. En el fantástico documental “Queen: Days of our lives”, el mismo Taylor habló de lo emotiva que fue la grabación de esta canción con todo el significado que tenía que la cantara Freddie. En un claro mensaje para sus fans y a todos sus amigos, en el último momento del videoclip Mercury mira sonriente a la cámara para decir que “Si algo es verdad es que te quiero”.

La última lucha de Freddie Mercury

Meses después de estas grabaciones se rumoreaba entre la prensa sensacionalista inglesa, siempre brutal y despiadada, sobre su enfermedad e incluso publicaron unas repudiables fotografías de Freedie Mercury con un aspecto deteriorado por el SIDA. Los otros miembros de Queen recordaron con amargura esa etapa y

el papel jugado por algunos medios de comunicación, que no le dejaron respirar. El cantante siempre lo había negado, pero llegó el momento en que la mentira ya no se podía aguantar más. “Respondiendo a las informaciones y conjeturas que sobre mí han aparecido en la prensa desde hace dos semanas deseo confirmar que he dado positivo en las pruebas del virus y que tengo el SIDA. Es hora de que mis amigos y mis fans de todo el mundo se unan a mí, a mis médicos y a todos los que padecen esta terrible enfermedad para luchar contra ella”, dijo Mercury en un comunicado. 24 horas después fallecía en su casa de Kensington en Londres por una bronconeumonía.   Hacía unos tres años aproximadamente que le habían comunicado su enfermedad, pero lo mantuvo en secreto y sólo lo compartió con pocos amigos. La soprano Montserrat Caballé, estrecha amiga de Mercury, explicó lo que le dijo sobre su enfermedad: “Mira Montse, cada uno en la vida tiene su camino y lleva su equipaje donde están todas las cosas que tenemos que cargar con ellas. Yo llevo mi equipaje y sería inútil tirarlo, sino que tengo que llevarlo”. “Siempre es triste perder un amigo”, dijo. “Le admiraba y admiro su honestidad al admitir que estaba enfermo de sida”, manifestó Phil Collins. Hace ahora tan solo dos meses, en septiembre, Brian May admitió que había contemplado el suicidio tras la muerte de Mercury: “Me consideraba como una persona totalmente enferma. Estaba herido y hecho pedazos. Entré en una depresión grave. Estar de gira hace que pongas a los amigos y a la familia en un lugar aparte y sólo pienses en la banda. Cuando esto termina, estás en el limbo. Y la banda terminó, por lo que fue una terrible sensación de pérdida. Me di cuenta que el grupo era mi familia. Habíamos perdido a Freddie y mi padre murió casi al mismo tiempo. Sentía que había perdido todo por completo”. También contó que “lo triste es que, si todo eso hubiera ocurrido doce meses más tarde, seguramente se habría recuperado debido a la combinación de drogas que apareció, pero él estaba débil y decidió suprimir todos los medicamentos, aparte de los analgésicos. Freddie amaba la vida. La vivió al máximo. Y en el final, cuando se dio cuenta que ya no era divertida, decidió dejar la medicación ya que estaba sufriendo, y por desgracia no había manera de salir de ahí”.   Aquél que dijo un día que no sería una estrella del rock sino una leyenda se había ido, pero como el mismo gritó expresamente “The show must go on”. Continuó sí, pero ya nada sería lo mismo.


No serĂŠ una estrella de rock.

SerĂŠ una leyenda.


Revista Shock - Diciembre 2012 - 132


Taller Reportaje