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Ventana sobre la memoria (III) ¿Un refugio? ¿Una barriga? ¿Un abrigo para esconderte cuando te ahoga la lluvia, o te parte el frío, o te patea el viento? ¿Tenemos un espléndido pasado por delante? Para los navegantes con ganas de viento, la memoria es un puerto de partida Eduardo Galeano


2


AGRADECIMIENTOS

A una bella casualidad que me puso a colonizar esperanzas por un buen tiempo en el Guaviare Al Guaviare por su r铆o, sus noches, sus estrellas y paisajes A los hombres y mujeres gigantes y valientes que me abrieron las puertas de sus casas, sus corazones y sus historias A mi padre por los tiempos que comparti贸 con ellos y conmigo escuchando y pasando al papel las conversaciones y relatos A mi madre, c贸mplice incondicional en tiempos de incertidumbre A Diego y Lucy, por su confianza A los amigos y amigas lectores: Francy, Sandra, Milena, Diana y Alvaro A Bibiana por su motivaci贸n A Adrian Serna por los tiempos y la paciencia en el proceso

3


4


CONTENIDO

1.

INTRODUCCIÓN .........................................................................................7

2.

UNA MIRADA AL ESTADO DE LA CUESTIÓN: ELEMENTOS PARA

ARMAR UN MAPA .............................................................................................9 2.1 Desplazamiento Forzado .........................................................................9 2.2 Ciudadanía............................................................................................. 18 2.3 Subjetividad ........................................................................................... 26 3.

CONSTRUYENDO EL LENTE: EL JUEGO DE LOS CONCEPTOS.......... 33 3.1 Del desplazamiento Forzado como Destierra......................................... 33 3.2 De la Ciudadanía como Identidad Política y su relación con lo Público .. 36 3.3 De los Núcleos Constituyentes de la Subjetividad: Memoria, Experiencia y Utopía ........................................................................................................ 40

4.

TRAZANDO LA RUTA: PERSPECTIVA METODOLÓGICA ...................... 43 4.1 Los Relatos de Vida como Opción Metodológica ................................... 43 4.2 Los Relatos de Vida y las Preguntas de Interés ..................................... 46 4.3 Referencias de los y las Protagonistas de la Investigación .................... 49

5.

RELATOS DE DESTIERRO ...................................................................... 53 5.1 La Ruptura de Relaciones y Espacios ................................................... 53 5.2 La Reconstrucción de Espacios y de Relaciones ................................... 70

6.

RELATOS DE CIUDADANÍA DESDE EL DESTIERRO ............................. 81 6.1 Articulación de las Posiciones Subjetivas............................................... 83 5


6.2 El Nosotros/Ellos: la Comunidad Política ............................................... 96 6.3 La Respublica o Mundo Público: Vínculos Éticos que Articulan el Intercambio ................................................................................................... 99 7.

DE LA SUBJETIVIDAD............................................................................ 105 7.1 La Memoria .......................................................................................... 106 7.2 La Experiencia ..................................................................................... 110 7.3 La Utopía ............................................................................................. 114

8.

REFLEXIONES FINALES ........................................................................ 117

9.

BIBLIOGRAFÍA........................................................................................ 123

6


1.

INTRODUCCIÓN

El documento que se presenta a continuación es el resultado de un proceso de investigación que pretende reflexionar a propósito de la experiencia organizativa

de un grupo de personas

que han sido víctimas

del

desplazamiento forzado en Colombia. El objetivo era comprender los modos en los cuales se produce una reinvención de la ciudadanía desde la experiencia del destierro, y las formas en las cuales memoria, experiencia y utopía como núcleos constituyentes de la subjetividad operan en este proceso. En coherencia con lo anterior, el documento va mostrando los momentos del proceso de investigación. En primer lugar, una revisión teórica de los ejes temáticos generales que se abordaron: el desplazamiento forzado, la ciudadanía y la subjetividad. En este ejercicio se identificaron las perspectivas de análisis propuestas por cada uno de los autores, así como los conceptos que daban cuerpo a sus trabajos. Producto de estas discusiones iníciales se fueron identificando y apropiando conceptos claves que permitieran avanzar en la consecución del objetivo y que al mismo tiempo le dieran preponderancia a la perspectiva de los protagonistas, a sus experiencias particulares; en este sentido, la investigación se estructura a partir de los relatos de vida como apuesta metodológica que permite acceder a los mundos y apropiaciones 7


subjetivas que los sujetos hacen de su experiencia. Estas discusiones son abordadas en los tres primeros capítulos. A la luz de las discusiones conceptuales y de las voces de los protagonistas se construyen los tres capítulos siguientes que exploran por un lado, la experiencia de la destierra como lugar en el que se entretejen memorias y movimientos contradictorios que fluyen entre la pérdida y la reconstrucción. Posteriormente se evidencian los referentes claves desde donde los sujetos construyen y recrean su identidad política, el mundo público y los vínculos que reconfiguran la comunidad política en medio de los avatares propios de la exclusión. Adicionalmente se presenta una discusión en torno a los sentidos construidos y a las formas en las que memoria, experiencia y utopía van delineando sus trayectos vitales marcados por las huellas de la guerra y el desarraigo. Por último se presentan una serie de reflexiones en torno al proceso de investigación en donde se busca delinear puntos de llegada y puntos de partida en la construcción de una memoria cada vez más compleja, incluyente y diversa

que coadyuve en la visibilización de miles de historias negadas y

reducidas a las versiones homogéneas que parecen inundar hoy al país.

8


2.

UNA MIRADA AL ESTADO DE LA CUESTIÓN: ELEMENTOS PARA ARMAR UN MAPA

De acuerdo con los intereses puestos en juego en esta investigación es necesario construir un ejercicio de revisión de estudios y conceptualizaciones desarrolladas sobre los ejes de desplazamiento forzado, ciudadanía y subjetividad, de tal manera que sea posible ir tejiendo relaciones significativas entre uno y otro, tanto a nivel teórico como metodológico. De esta forma se presenta a continuación un breve recorrido sobre cada uno de las categorías mencionadas. 2.1

Desplazamiento Forzado

Los estudios desarrollados sobre desplazamiento forzado se concentran principalmente en dos aspectos, por un lado en comprender las implicaciones psicosociales que viven las familias y comunidades víctimas de esta situación, y por otro lado en explicar el fenómeno en el contexto del conflicto armado en el que se produce y las múltiples conexiones que tiene con áreas de la vida social, económica, política e histórica del país. A continuación se presenta un ejercicio que permite evidenciar las distintas lecturas y miradas que en el ámbito académico se han producido al respecto. 9


Gloria Naranjo (2000) plantea que el desplazamiento forzado es producto de un estado de guerra cuasi permanente con su correlato de soberanía en vilo, que ubica a sus habitantes en condición de liminalidad, y genera la reinvención de identidades culturales y políticas a partir de los nuevos procesos de colonización urbana y de luchas por el reconocimiento del derecho a la ciudad o a la nación. La autora plantea que los estados de guerra ocurren, en sus palabras: “cuando el pueblo de la nación no ha sido pacificado y desarmado, cuando el Estado en tanto que representante de la nación, no ha logrado constituirse en principio de orden y organización, aceptado y/o impuesto a un conjunto de población desposeído de los recursos de la fuerza; cuando no se han consolidado de manera razonable los monopolios que definen el estado moderno: el de las armas, el de los tributos, el de la cultura y el de dominio territorial, predominando, por el contrario, la voluntad de disputar con las armas en la mano el dominio del estado o la de resistir, con las armas en la mano también, sus intentos de control y dominación” (Naranjo 2000: 86). Según la autora, en estas condiciones la soberanía se mantiene en disputa, incidiendo en la conformación de los territorios, las tramas de sociabilidad, las mentalidades y sentidos comunes que proveen elementos constitutivos de la identidad y del sentido de pertenencia regional, produciendo en la población una condición de liminalidad; esta última es definida por Naranjo, como el vivir siempre en el borde de ordenes colectivos que permanecen en disputa y que prefiguran el desplazamiento forzado. A su vez, la autora remite a los procesos de colonización urbana como una tensión de inclusión- exclusión que se produce en la cotidianidad, en la gama de intercambios, negociaciones y transformaciones subjetivas que transcurren por la conquista e inserción en la ciudad y que convierte a quienes viven el desplazamiento, en coproductores de 10


procesos urbanos, de economías informales, de culturas populares y de organizaciones comunitarias de diversa índole. En estas dinámicas, el desplazamiento forzado desactiva identidades previas y las reemplaza por pertenencias imputadas bien, por los actores armados o por los sectores sociales con los que se encuentran en las ciudades; pero a su vez configura el entramado de una historia colectivamente vivida de pérdidas y desarraigos similares, afectando la autoestima, el auto respeto y la autovaloración; son estas condiciones las que motivan la lucha por la integridad personal, la dignidad humana y la justicia social, que son, lo que la autora identifica, como la lucha por el reconocimiento del derecho a la ciudad o a la nación. Martha Nubia Bello (2002) plantea que el desplazamiento forzado es, o implica un proceso de desestructuración y reconstrucción de la identidad que depende de la dimensión de las experiencias vividas, de las características de la red familiar y social que la soportó y del tipo de comunidades a las que ingresan, de las posibilidades y oportunidades que se encuentren en el nuevo medio y de las transacciones que en él se realicen. Para dar cuenta de ello retoma el concepto de identidad y lo define como: “Un proceso complejo de articulación y de relación de la memoria (reconstrucción del pasado), con la práctica social (apropiación del presente), con la utopía (apropiación del futuro) y con la representación que el sujeto tiene de este proceso gracias a su conciencia” (Bello 2002: 121). Posteriormente, en otro texto Bello (2004) refiere que el desplazamiento forzado es un fenómeno social en el que se evidencian procesos de exclusión que combinan factores estructurales y coyunturales del devenir histórico, social, económico, político y militar del país. Según la autora, es un proceso de 11


exclusión porque afecta principalmente a grupos sociales que aún antes de la situación violenta que los expulsa, viven en situaciones de extrema vulnerabilidad, marginados no sólo de los beneficios económicos de los modelos de acumulación, sino excluidos de la participación política e invisibilizados culturalmente. Es la combinación de factores estructurales (la concentración de la tierra y su uso a favor de intereses privados; con la represión, la impunidad

y la criminalización de expresiones políticas de

oposición a las hegemónicas, las situaciones de pobreza extrema, el desconocimiento de la diversidad cultural y la ausencia del estado) y coyunturales (la consolidación del narcotráfico, los ajustes al modelo neoliberal, el surgimiento de nuevos actores armados y las políticas hemisféricas de seguridad) lo que reproduce y afianza estos procesos de exclusión. Para Jaime Zuluaga (2004), el desplazamiento forzado es una consecuencia de la guerra interna que libra el país desde la segunda mitad del siglo XX, y de los altísimos niveles de degradación que ha alcanzado en la actualidad. El autor usa el concepto de guerra interna como un enfrentamiento armado, sostenido por grupos armados organizados que persiguen objetivos políticos diferentes y que están en situación de asimetría (2004: 33 y 34); y a partir de allí explica como algunas de las dinámicas1 que presenta el conflicto colombiano han desencadenado en su intensificación y degradación, en tanto los actores involucrados no respetan el Derecho Internacional Humanitario dando lugar a una vulneración sistemática de los derechos humanos, dentro de

1

Relacionadas por ejemplo con su desarrollo en tres épocas distintas (la guerra fría, la postguerra y la lucha contra el terrorismo), las formas en las que la economía del narcotráfico lo ha atravesado y transformado, la regionalización de la guerra, la existencia de tres actores –paramilitares, guerrillas y fuerzas del estado- y dos orillas -quienes operan en contra del aparato estatal o a favor del mismo-, y su intensificación y expansión a la mayor parte del territorio nacional (Zuluaga 2004)

12


las cuales está el desplazamiento forzado como una de sus más graves manifestaciones. Por su parte, Harvey Suarez (2004) explica el desplazamiento forzado como: “un campo de conocimiento y de poder, de pensamiento y acción individual, colectiva, institucional y social, constituido por una serie de discursos y prácticas referidos al desplazamiento forzado como proceso, objeto de conocimiento y realidad vivida por diversos sujetos” (Suarez 2004:167). El autor utiliza entonces el concepto de campo social para analizar el fenómeno, y lo define como una compleja red de intercambio de relaciones de saber y de poder entre agentes sociales2; es precisamente este intercambio el que determina los contenidos, las reglas de juego y los procedimientos de legitimación de la producción, distribución y apropiación desigual de bienes y recursos materiales, socio culturales y simbólicos en los que se desarrollan los trayectos y discursos del desplazamiento forzado como campo social. Flor Edilma Osorio (2004) considera que el desplazamiento forzado entreteje procesos de ruptura y de reconstrucción de la identidad que se produce en una relación de articulación compleja y dinámica con el territorio y la acción colectiva por medio de los recursos materiales y simbólicos que se crean y se recrean. En este sentido, la identidad es entendida como la representación que tienen los sujetos o grupos de la posición distintiva en el espacio social sobre sí mismos y sobre los demás, que se construye de manera dinámica en la relación con otros, y que por lo mismo es el fundamento de las prácticas de 2

El autor define como agentes sociales a las personas, grupos o instituciones con capacidad de acción individual o colectiva para movilizar recursos en procura de sus intereses, necesidades, expectativas y creencias (Suarez 2004: 168)

13


sociabilidad en cualquier contexto humano. El territorio como uno de los recursos compartidos cobra significación, en tanto es apropiado por medio de la interacción, es decir de las sociabilidades necesarias entre las personas y con el lugar que habitan; y la acción colectiva es una práctica de sociabilidad anclada en los recursos simbólicos y materiales compartidos que se evidencia en tres ámbitos, los discursos (textos explícitos y ocultos), los repertorios (el conjunto de estrategias o mecanismos empleados para relacionarse con otros buscando unos resultados) y los propósitos (los referentes identitarios que permiten la configuración del “nosotros”). Es a partir de estos conceptos como la autora explica los procesos de ruptura y de reconstrucción que se tejen de manera discontinua y diversa en los tiempos y espacios en que se vive el desplazamiento forzado. Para Donny Meertens (2006), el desplazamiento forzado es un proceso multidimensional, que implica rupturas tanto en las condiciones materiales como en las subjetividades. Es multidimensional puesto que aborda diferentes tiempos y lugares, así como procesos complejos de rupturas y continuidades en la vida personal y colectiva; la autora hace referencia al concepto de subjetividad como proyecto vital, es decir como una elaboración del futuro personal y colectivo a partir de los legados del pasado que permanecen en la memoria. Ulrich Oslender (2006) plantea que el desplazamiento forzado es un proceso de des-territorialización y re-territorialización que se produce por la construcción de geografías del terror. El concepto de territorialización hace referencia por un lado al sentido de lugar, es

decir a las percepciones y

sentimientos que se generan en y con un lugar; y por otro, a las Prácticas 14


espaciales rutinarias referidas a la movilidad y a la organización material y simbólica del espacio. Con los prefijos des y re quiere significar los procesos de pérdida y de recuperación o apropiación de territorialidades que tienen lugar en el desplazamiento forzado. Con el concepto de geografías del terror hace referencia a los lugares y regiones en que se produce el desplazamiento forzado y que han sido transformadas en paisajes de miedo, a través de la aplicación continua de terror, estableciendo articulaciones sistemáticas entre miedo y paisaje que rompen de manera dramática, y frecuentemente imprevisible, las relaciones sociales, locales, y regionales. Pilar Riaño de Alcalá (2006) da cuenta del desplazamiento forzado como un proceso que implica tanto experiencias de ruptura y pérdida del lugar, como de reconstrucción que se producen en el marco de la violencia y el terror como dispositivos de control por el territorio. La autora introduce el concepto de “destierra” o desterrados para dar cuenta de ese proceso, enfatizando: “una relación y una ubicación: la de la pérdida y la ausencia en tanto lugar de memoria (incluyendo la memoria traumática) y en tanto referente desde el que se habita el mundo, la de la ausencia de un lugar fijo en el sentido espacio-temporal” (Riaño 2006: 198). El concepto de destierra señala tanto la pérdida y el lugar del pasado, como todas las estrategias, movimientos y contradicciones desde donde la vida continua en un nuevo espacio, recreando y reconstruyendo la identidad. Son importantes además los conceptos de lugar que define desde una perspectiva antropológica como una locación y experiencia particular que incluye lo sensorial, la memoria y la vivencia encarnada, y de espacio como:

15


”El producto de las relaciones sociales y como resultado tripartito de procesos históricos y políticos: el espacio construido –producto del diseño arquitectónico y la construcción-; el espacio regulado por las políticas públicas y la planeación urbana, y el espacio apropiado, es decir, vivido y vivenciado por personas y grupos” (Riaño 2006: 187). De acuerdo con la revisión conceptual lograda hasta el momento se evidencian puntos

de

encuentro

y

referentes

de

contexto

importantes

que

se

complementan. En el caso de Gloria Naranjo, explora el desplazamiento forzado como un producto del estado de guerra que vive el país, y en este sentido dedica sus análisis a los trayectos que asume el desplazamiento en la ciudad, generando las luchas por el derecho a la ciudad y los nuevos procesos de colonización urbana. Si bien esta mirada resulta útil en tanto permite precisamente indagar o reconocer los impactos en la ciudad, así como los impactos en los estilos de vida de estos nuevos habitantes, deja de lado elementos de la experiencia traumática del desplazamiento en la identidad y en las dinámicas sociofamiliares, así como en la reconstrucción que surge no sólo en el espacio urbano. Mientras que Martha Nubia Bello explora tanto los impactos en la identidad, como los factores estructurales y coyunturales que caracterizan las situaciones de desplazamiento forzado, logrando en alguna medida una mirada integral, sin embargo no logra construir relaciones entre los ámbitos macro y micro sociales. Por otra parte, Zuluaga ubica en las dinámicas de guerra interna y por lo mismo en los actores armados que participan en ella, el análisis del fenómeno especialmente a la luz de la vulneración de los derechos humanos. Aunque el contexto en el que se produce el desplazamiento forzado es de vital importancia para su comprensión, el autor deja de lado la forma en la que esta experiencia se cristaliza y se despliega en la vida de los grupos humanos que habitan el territorio y que deconstruyen desde lo cotidiano la guerra. 16


Suarez intenta conectar diversas tramas de realidad que convocan el fenómeno del desplazamiento forzado, desde el concepto de campo, lo cual resulta una perspectiva de gran utilidad para abordar y comprender sus niveles de complejidad y asumir una posición epistemológica frente a los análisis que de allí, se desprenden; sin embargo, para esta investigación resulta de mayor interés un concepto que permita reconocer la multiplicidad de significados e intercambios que se producen desde los sujetos protagonistas de la experiencia, pensando en cómo van configurando uno o varios campos de significación y de intercambio social en los distintos momentos en los que viven el desplazamiento forzado. Donny Meertens refiere igualmente a los procesos de construcción y de reconstrucción en las condiciones materiales y subjetivas de los sujetos, no obstante se considera oportuno abordar a profundidad el concepto de subjetividad como un eje independiente, con el fin de comprender cómo la experiencia impacta a los sujetos en su proceso de constitución. Oslender introduce los conceptos de territorialización y de geografías del terror para entender de manera amplia las afectaciones de los sujetos en esa relación imprescindible con el territorio, logrando ubicarlo en el contexto de la guerra; sin embargo cae en una mirada que se reduce a las transformaciones que unos agentes producen sobre otros, dejando de lado las formas en las cuales

esos

sujetos

evidentemente

afectados,

producen

modos

de

sobrevivencia afectando igualmente las dinámicas o los contextos en los que construyen la vida. Definitivamente el concepto de “destierra” utilizado por Pilar Riaño, recoge de manera significativa los procesos macro y micro sociales en los que se desarrolla el desplazamiento forzado, ubicándolos en las experiencias de vida de los sujetos que cargan consigo, actualizan y 17


transforman las realidades dolorosas de pérdida y de sobrevivencia que asumen, remitiendo al territorio como el lugar subjetivo que articula espacios y tiempos que se significan y se experimentan en la cotidianidad. Por lo tanto el concepto reúne, a mi modo de ver, tejidos y trayectos en los que se anuda, la identidad, el territorio y las relaciones sociales de una manera pertinente con las preguntas e intereses de esta investigación y que buscan comprender los modos en los que los sujetos víctimas del desplazamiento forzado, viven y organizan la experiencia de la destierra. 2.2

Ciudadanía

Otro de los ejes conceptuales que interesa en esta investigación tiene que ver con la ciudadanía, puesto que tiene directa incidencia en las dinámicas de inclusión-exclusión que se producen con el desplazamiento forzado. Sin desconocer la amplitud y complejidad de los debates académicos y políticos en torno a la ciudadanía, se presenta a continuación una lectura de los conceptos o de las reflexiones que movilizan el campo académico, haciendo énfasis en

aquellas comprensiones

que privilegian la dinámica histórica,

cultural y política que le dan forma, y que intentan ir más allá de la ciudadanía como un estatus jurídico que permite a los individuos insertarse en una comunidad política; no se trata de desconocer o negar esta condición básica del contrato social, sino más bien, de dar prioridad al carácter procesual y constituyente de la ciudadanía como una lucha habitada y por habitar. Para Chantal Mouffe (1999), la ciudadanía es entendida como una identidad política que se crea y recrea a partir de la identificación con la 18


respublica. El concepto de identidad que plantea la autora parte de reconocer al sujeto social como descentrado, en permanente construcción a partir de una multiplicidad de posiciones subjetivas cuya articulación procede de prácticas o posiciones hegemónicas; la identidad es precisamente ese principio de articulación entre las diferentes posiciones subjetivas del agente social cuya condición de existencia es la afirmación de una diferencia, la determinación de otro, un exterior que le constituye. De la misma forma introduce el concepto de la política definiéndola a partir de dos dimensiones, la primera tiene que ver con el antagonismo y hostilidad que está presente en todas las relaciones humanas, y la segunda con el establecimiento de un orden que facilite la coexistencia humana y que siempre es conflictivo; en este sentido la identidad política como la construcción de un nosotros/ellos se da necesariamente en condiciones de diversidad y conflicto, y en el marco de la democracia radical debe propender por la transformación del antagonismo (relación con el enemigo) en agonismo (relación con el adversario), como su condición de existencia. Por último la autora remite al concepto de respublica entendido como el vínculo ético que configura la comunidad política, el nosotros/ellos, haciendo referencia al reconocimiento de autoridad frente a unas condiciones que orientan la acción, el intercambio civil y que es el producto de una hegemonía dada, es decir de la expresión de relaciones de poder. Es precisamente la identificación con esas condiciones de intercambio civil lo que crea una identidad política, o mejor, en palabras de la autora: “una forma moderna de comunidad política (que) no se mantiene unida por una idea sustancial de bien común, sino por un vínculo común, una preocupación pública. En consecuencia, hay una comunidad sin forma ni identidad definida y en continua reactivación” (Mouffe 1999: 98).

19


José Rubio Carracedo (2000), al ocuparse del problema de la integración y la diferenciación político social en el marco de la democracia, plantea como alternativa la construcción de una ciudadanía compleja, entendiéndola como una identidad común dentro de la legítima diferenciación étnico-cultural como individuos y como grupo con identidad propia e irrenunciable. Con el fin de operar este proceso de integración y diferenciación el autor supone que lo común a la identidad ciudadana se construye sobre la base de los derechos humanos, en tanto patrimonio universal y legado de la revolución democrática a la humanidad. Adicionalmente el autor introduce los conceptos de participación y pertenencia. Define la participación como una actitud socio política que implica la aceptación y la integración en una estructura institucional para el cumplimiento de las obligaciones cívicas y el ejercicio de los derechos ciudadanos. La pertenencia por su parte, es entendida como una categoría psicosocial que hace referencia a la propia identidad etnocultural como individuo y como grupo, lo que conlleva a una lealtad profunda al grupo, así como la asunción de obligaciones hacia el mismo, haciendo énfasis en la obtención de reconocimiento pleno de los derechos civiles. Julio Alguacil Gómez (2003) entiende la ciudadanía como un proceso que construye síntesis entre la condición de ser (coexistencia) y la condición de estar (convivencia), vinculada necesariamente a un lugar, a un espacio: la ciudad, la nación o el Estado. Como proceso evoca la idea de cambio y movimiento de la dinámica histórica y social, y como síntesis se refiere a la mediación siempre inacabada entre múltiples dimensiones y necesidades humanas de muy diversa índole, relacionadas por un lado con la convivencia, es decir con las tramas de sociabilidad o aquello que el autor llama estar; y por otra parte, la coexistencia de identidades, es decir el ser. Este proceso de 20


construir síntesis es conflictivo y se produce necesariamente en la ciudad como el lugar en el que se re- producen las relaciones sociales y se configura la identidad a través de la alteridad, constituyéndose en un espacio común que hace posible la experiencia compartida. Joaquín Herrera Flores y Rafael Rodríguez Prieto (2003), proponen entender la ciudadanía como una técnica o instrumento de la democracia que se inserta en espacios y tiempos diversos, regulados a través de la o las legalidades que subyacen a esos tiempos y espacios. En este caso, los autores cuestionan la existencia del Estado- nación como el único espacio en el que se desarrolla la ciudadanía, y por lo tanto el hecho de supeditarla al estatus que otorga la legalidad del mismo. Desde esta perspectiva subrayan el concepto de espacio como “una construcción social de relaciones… como el marco físico, social, político, económico y simbólico donde se establecen las relaciones con los objetos y las acciones” (Herrera y Rodríguez

2003: 48). De la misma

manera el tiempo es definido como la duración social de las relaciones entre los objetos y las acciones que recrea el espacio e impone ritmos, afectando a su vez, las relaciones entre objetos y acciones que se dan en el mismo. Por otra parte, la legalidad es desde el punto de vista de los autores: “el mecanismo de la acción social que marca el tiempo de los fenómenos insertos en un espacio estableciendo los cauces, procedimientos y ritmos bajo los cuales van a determinarse las relaciones entre los objetos y las acciones” (2003: 48). El concepto de técnica -en tanto constituye una medida del tiempo y, establece el ritmo de la relación entre los objetos y las acciones- es usada para explicar

21


cómo la ciudadanía permitiría construir o profundizar espacios de pertenencia y acción en el marco del proyecto democrático3. Jesús Martín Barbero (2007) considera que la identidad como posibilidad emancipatoria juega un papel central en el surgimiento de nuevas formas de ciudadanía, lo cual evidencia cambios en el sentido de la política y el surgimiento de un nuevo sujeto político, que a su vez convergen en una profunda transformación de lo público. La identidad entendida como la expresión de lo que da sentido y valor a la vida del individuo, produce cambios en el sentido de la política, en tanto se cuestiona la tradicional concepción racionalista que opone la vida pública y la vida privada, y evidencia el surgimiento de un nuevo sujeto político, porque reconoce la existencia de una multiplicidad de identidades en pugna que se configuran en la negociación del reconocimiento por los otros, y que hablan de un sujeto descentrado. Sin duda es el concepto de lo público lo que le permite al autor explicar las múltiples dinámicas de tales transformaciones. Así, entiende lo público como la articulación entre el interés común, el espacio ciudadano y la interacción comunicativa; el interés común circula en lo público a partir de discursos diversos configurando la opinión pública; lo ciudadano tiene que ver principalmente con el “reconocimiento recíproco” (derecho de informar y ser informado, hablar y ser escuchado) que implica existencia social, así como un nuevo modo del ejercicio político de los derechos; y la interacción comunicativa está mediada fundamentalmente por las imágenes y las tecnologías comunicativas, que a su vez se convierten en mediadoras de la trama de imaginarios que configuran la identidad, vehiculan la multiculturalidad y 3

La Democracia es definida por los autores como el uso de medios políticos (jurídicos, sociales, institucionales, económicos y personales) que crean cauces, condiciones y ritmos que tienen como fin el autogobierno de la ciudadanía (Herrera y Rodríguez 2003: 48)

22


presionan la producción o emergencia de otras racionalidades, otros ritmos de vida y otras relaciones con el mundo. Jorge Enrique González (2007) plantea que la ciudadanía, adscrita a la idea de nación, se ha debilitado como consecuencia de los cambios estructurales de las sociedades contemporáneas, obligando a forjar y expresar nuevos referentes identitarios fincados en la producción cultural, que por lo tanto implican una ciudadanía intercultural. Utiliza el concepto de nación como comunidad imaginada que garantiza legitimidad a la fusión de unidad política y unidad cultural enfatizando en valores universales que promueven la igualdad jurídica, y que producto de los cambios sociales, políticos, económicos y culturales ha perdido vigencia como referente identitario de ciudadanía; más bien, se configuran referentes identitarios basados en la producción cultural, que según el autor, hacen referencia a la construcción del sujeto desde la perspectiva de la vivencia y la experiencia cotidiana, la producción de sentido, y los procesos, mediaciones e instituciones sociales en que se desarrolla. Propone entonces una ciudadanía intercultural como la perspectiva desde la cual se construye lo político, entendido como: “Acuerdos transitorios en los que se respeta la alteridad, se construyen consensos a partir de la diferencia, y se mantiene el horizonte del disenso como opción para el surgimiento de nuevas subjetividades políticas” (González 2007: 70). Adrian Serna Dimas (2007) plantea que la configuración de la ciudadanía tiene una relación de interdependencia con el mundo público, mediada por los agenciamientos de la memoria que contradictorios y conflictivos, constituyen el escenario en el que se hace posible la coexistencia social. El autor explica esta relación a través de los conceptos de ciudadanía, mundo público y memoria. 23


Entiende la ciudadanía como una identidad política universalizada para el conjunto de identidades ubicadas en un mismo espacio social que les permite “coexistir en condición de autonomía, igualdad y soberanía, con mínima exacerbación de los conflictos y violencias” (2006: 221). El mundo público constituye el horizonte existencial y experiencial de la vida cotidiana compartida y está sometido a luchas materiales y simbólicas que acometen fuerzas sociales diversas; es allí en donde se hace posible ejercer un tipo u otro de ciudadanía como identidad política universalizada. Uno de los objetos que los conecta es la memoria, entendida como una práctica que hace circular, resignificar y actualizar el magma de representaciones del pasado; éste se produce en el marco de relaciones de fuerza ejercidas por los agentes sociales que participan en el mundo público y que entonces, redefinen de manera permanente la vocación y los mecanismos para representar el pasado, de tal manera que éste ofrezca los referentes éticos, políticos, estéticos y culturales para la alteridad como condición fundamental de esa identidad universalizada y compartida que es la ciudadanía. De la revisión teórica lograda, interesan los conceptos de identidad política en tanto coinciden de manera importante autores como Mouffe, Serna, Barbero, y Carracedo. Mientras Mouffe define la identidad política como la articulación entre las diferentes posiciones subjetivas del agente social que se construye en el marco de la diferencia con el otro; Serna la define como una entidad universalizada en la que confluyen diversas identidades culturales y sociales que les permitiría la coexistencia legítima y con mínima exacerbación de los conflictos. Para Barbero, la identidad es lo que da sentido a la vida del individuo y por lo tanto, obliga al reconocimiento del otro en la diversidad; finalmente, Rubio Carracedo define la identidad política como lo común en 24


medio de la diversidad étnico- cultural que se construye sobre la base de la universalización

de

los

derechos

humanos.

Desde

la

pluralidad

de

concepciones interesan los planteamientos de Chantal Mouffe, puesto que implica una mirada polisémica del sujeto, o mejor de su capacidad de construir múltiples sentidos, identificaciones y posibilidades de articulación en el marco de la política, entendida ésta en su doble condición: como antagonismo y como construcción de órdenes posibles de convivencia, que se configuran en y a partir del poder y sus formas de circulación. Otro concepto que aparece de manera importante se relaciona con lo público o la respública a la que se refiere Mouffe. Así entonces, mientras que Barbero circunscribe lo público al interés común, el espacio ciudadano que implica reconocimiento del otro, y a la acción comunicativa en donde aparecen las tecnologías comunicativas y las imágenes. Serna por otra parte, define lo público como el horizonte existencial y experiencial de la vida cotidiana compartida, lugar de luchas y conflictos entre los agentes sociales. Mouffe, remite la respublica al vínculo ético, al reconocimiento de la autoridad y a las condiciones que orientan el intercambio civil, y que configuran precisamente la identidad política. En este sentido, se consideran valiosas las perspectivas de Mouffe y Serna en tanto hablan de la configuración de lo público en el universo social de lo cotidiano y en la relación con el otro, como el lugar en el que los agentes sociales ejercen el poder y construyen ordenes hegemónicos o los subvierten. Conceptos como el que plantea Alguacil cuando se refiere al proceso que construye síntesis entre la condición de estar y de ser, si bien es importante remite a la nación o el Estado como los únicos referentes en los que es posible 25


construir ciudadanía, y desconoce otros ordenes espaciales que construyen legitimidad en la vida social de grupos y agentes sociales. Se opone a esta concepción, la mirada de Herrera y Rodríguez, quienes hacen una lectura compleja que reconoce la multiplicidad de tiempos y espacios como construcciones sociales que habitan los sujetos y que por lo tanto generan distintos ordenes de convivencia social; sin embargo los autores usan el concepto de técnica para definir la ciudadanía, imprimiendo una mirada instrumental a la misma y olvidando la multiplicidad de trayectos y objetivaciones que ésta va configurando. Por último, resulta pertinente el concepto de producción cultural propuesto por González como referente para la construcción de la ciudadanía y del mundo público, precisamente porque refiere a la experiencia cotidiana, a la producción de sentido y a los procesos, mediaciones e instituciones sociales en que se desenvuelven los sujetos. 2.3

Subjetividad

Se trata de un concepto complejo que implica una reflexión concienzuda del papel que hoy tiene en las ciencias sociales el sujeto en sus procesos de configuración social, histórica, cultural y política; es una preocupación que trae consigo preguntas éticas y políticas frente a las dinámicas complejas sobre las que se tejen las relaciones y la institucionalidad misma. En razón a las diversas miradas que hoy se construyen sobre la subjetividad, será necesario ir abordándolas de a poco, con el fin de revisar sus utilidades metodológicas y epistemológicas en el proceso de comprensión que aquí nos ocupa, y que busca reconocer, visibilizar y comprender las formas a través de las cuales, los sujetos sociales reconstruyen sus sentidos de vida y sus lugares en el mundo, aún siendo objeto de acciones que buscan marginarlos e incluso aniquilarlos. 26


Hugo Zemelman (1997) habla de la subjetividad social constituyente como un proceso de articulación de tiempos y espacios diversos, que es históricocultural, en tanto pone en juego la experiencia, la necesidad y la visión de futuro. Los conceptos de experiencia, necesidad y visión de futuro serían desde el punto de vista del autor, procesos sociales que se configuran precisamente en articulaciones de multiples tiempos y espacios, posibilitando o potenciando la emergencia de sentidos y la construcción o transformación de la realidad. Zemelman define la necesidad como el modo en que se materializa la relación entre lo micro-cotidiano-individual con el contexto o espacio en el cual se produce y que al configurarse como carencia, es al mismo tiempo uno de sus desafíos; estos contextos o espacios son lo que el autor define como los nucleamientos de lo colectivo, espacios en los que se constituyen las fuerzas capaces de determinadas construcciones sociales. Por otra parte, la experiencia es definida por el autor como vivencia que se despliega en el presente partiendo de distintos parametros de tiempo y espacio, contruyendo trayectorias diversas o reiterando las pre-existentes. Igualmente la visión de futuro hace referencia a trayectos vitales posibles e imaginados. En este sentido, los tres conceptos se articulan desde la praxis como opciones de construcción de lo social, que para el autor serían dimensiones fundamentales para comprender el complejo proceso de constitución de la subjetividad. Ema León Vega4 (1997) define la subjetividad como un concepto o categoría que da cuenta del proceso de constitución de los sujetos sociales y que dado su carácter polisémico, tiene por lo menos dos implicaciones. La primera es que se trata de un proceso constante de historización; y la segunda 4

El trabajo desarrollado por la autora toma parte de las reflexiones que trabaja con Hugo Zemelman.

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señala los distintos niveles de densidad social (individual, colectiva, societal, civilizatoria, etc) en los que se encarna y que están vinculados con el plano de las prácticas y acciones sociales concretas. La autora propone que la memoria, la experiencia y la utopía, son los núcleos constituyentes de la subjetividad. El proceso de constitución de la subjetividad es siempre inacabado, en la medida en la que hay, dice la autora: “…flujos y reflujos, continuidades y rupturas, puntos de llegada y de partida en que se dibujan y se desdibujan sus contornos... en consecuencia, el proceso de constitución es uno de construcción de las realidades que determinan a los sujetos como tales, en el interior de un movimiento de definición y realización de trayectorias históricas posibles. De ahí que los mecanismos constitutivos de los sujetos sean para nosotros una salida para elaborar lecturas procesuales de las construcciones sociales” (León 1997: 52). Como proceso de constitución, la subjetividad es polisémica en tanto alude a la producción y reproducción de significados y sentidos que son historizados, es decir, son ajustados y apropiados por los sujetos a partir de la comunicación, el lenguaje y la intesubjetividad; la historización, desde el punto de vista de León, apunta precisamente a las formas en las cuales se articulan diferentes espacios y ejes temporales produciendo sentidos y objetivaciones diversas; así, el tiempo y el espacio son construcciones sociales que se estructuran de acuerdo a los movimientos constitutivos de los sujetos, “en la medida que vinculan y ponen en copresencia realidades cuyas trayectorias ajustan y son ajustadas por los sujetos, para dar sentido (como contenido y dirección) a sus prácticas y proyectos vitales” (León 1997: 40). Por otra parte, la autora entiende el concepto de práctica como un proceso cargado de sentidos que conectan al sujeto con su pasado y su futuro, 28


generando las condiciones para reproducir o transformar su realidad. Considera además que los mecanismos o núcleos constituyentes de la subjetividad son la memoria, como el dispositivo a través del cual los sujetos reapropian, reconstruyen y resignifican el pasado traduciéndolo o condensándolo en formas de representación de sí mismos y del mundo, cosmovisiones, sistemas de creencias y significados que operan en el presente. La visión de futuro o utopía en o a través de la cual se mezclan deseos, proyecciones y expectativas dibujando los trayectos vitales que construyen o transitan los sujetos, y que están anudados con su apropiación del pasado. Esta visión de futuro incluye no solo la dimensión racional e instrumental, sino que además está atravesada por valoraciones, significados y emociones que trazan un horizonte de sentido. Por último, la categoría de experiencia constituye una mediación en la que se pone en juego el presente, cargando con las acumulaciones, objetivaciones y significaciones del pasado, así como en palabras de León, con “el carácter transitivo del devenir y el porvenir”; en ella, se reconstruyen y potencializan los sentidos y las prácticas sociales delineados en los trayectos vitales y en las realidades sociales que se producen y se transforman de manera permanente. Memoria, experiencia y utopía son núcleos constituyentes en la medida en que “aluden a la articulación y presencia de ejes temporales y planos espaciales que

dan

sentido,

es

decir,

contenido

y

dirección,

potenciales,

al

desenvolvimiento de un sujeto social” (León 1997: 68) Para Griselda Gutiérrez (1999) la subjetividad es un proceso de configuración precario, no- suturado, que articula posicionalidades en el orden del discurso generados en la dinámica relacional y antagónica de la vida social. Para la autora el concepto de articulación tiene que ver con “toda práctica que establece una relación tal entre elementos, que la identidad de éstos resulta 29


modificada como el resultado de esa práctica” (1999: 128). Tales prácticas articulatorias se producen en el marco de relaciones siempre conflictivas y antagónicas, por lo que se constituyen además en actos de poder. El concepto de posicionalidades en el orden del discurso es definido como la identidad o unidad precaria de identificaciones a través de las cuales el sujeto se incorpora al orden simbólico y configura sentidos que no son fijos. En esta misma dirección, la autora propone la comprensión de los procesos de subjetivación o de configuración de los sujetos a partir de la lógica del discurso, puesto que “no habría nada que constituya al sujeto que no esté atravesado por el sentido y por ende por el discurso” (Gutiérrez, 1999). Desde este punto de vista, ella misma define el discurso como el horizonte de constitución de todo objeto con sentido, es decir de todo objeto social que se produce precisamente en el entramado sistemático de relaciones diferenciales que es lo que entiende por discurso; en palabras de la autora: “El discurso no se concreta a ser un conjunto sistemático de diferencias, esas diferencias, los términos con la relación que se enfrentan, las relaciones de los términos entre sí y con el resto del conjunto, son construidas y su contextura es simbólica… la coherencia de un discurso estaría dada por la regularidad en la dispersión, y no por la coherencia lógica de sus componentes” (Gutiérrez 1999: 148-150). Fernando González Rey (2002) define la subjetividad como un sistema complejo de configuraciones subjetivas o de sentidos subjetivos que se producen y expresan tanto a nivel individual como en los diferentes espacios de la vida social del sujeto. El autor define la subjetividad como sistema, en tanto forma de organización compleja, dialógica y dialéctica, que está en evolución constante; además, al estar en relación con otros sistemas, la subjetividad “actúa en su doble condición de constituyente y constituido… donde los 30


distintos procesos y contenidos que lo integran no se afectan entre sí, fuera de la organización general del sistema” (González 2002: 207- 210). La unidad constitutiva de la subjetividad -tanto en el plano social como individual5- es el sentido subjetivo, definido como una construcción social que involucra dimensiones simbólicas y emocionales de la experiencia vital, y que expresa, configura y reconstruye la o las realidades sociales, organizándolas. Es en esta misma dirección que el autor usa el concepto de configuración subjetiva, entendiéndola como las formas de organización y de integración de sentidos de manera más o menos estable en la organización subjetiva de cualquier experiencia. Considerando el recorrido conceptual logrado hasta el momento, es importante mencionar que los planteamientos de Hugo Zemelman frente a la subjetividad social constituyente como una construcción histórico cultural que articula tiempos y espacios a partir de la experiencia, la necesidad y la visión de futuro resultan bastante significativos, en tanto que alude al sujeto como producto y como productor de sí mismo y de las realidades sociales que le constituyen. No obstante y en la misma dirección explicativa del autor, León construye una comprensión más amplia tanto de lo constituyente y la historización, como de las prácticas y los sentidos que articula en relaciones múltiples, y que para nuestro análisis reportan mayor utilidad conceptual y metodológica. Así pues, la complejidad de la subjetividad como categoría de análisis y como proceso de configuración de los sujetos -en sus referentes social, individual y colectivo- a partir de la memoria, la experiencia y la utopía 5

Desde este punto de vista el autor define la subjetividad individual y la subjetividad social como sistemas en interrelación dinámica y permanente que actúan como constituidos y constituyentes el uno del otro. Ambos serían comprendidos desde la producción y la configuración de sentidos subjetivos y que se construyen en las redes relacionales y en los espacios sociales de los que los sujetos participan.

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como sus núcleos constituyentes, permiten visibilizar y comprender al sujeto en tanto potencia y producto. Mientras que Gutiérrez ubica la producción de la subjetividad en el horizonte del discurso como lugar en el que se forjan todos los objetos con sentido, visibiliza el carácter conflictivo de este proceso y reconoce en la identidad una unidad inacabada que fija sentidos transitorios; deja de lado sin embargo, otros registros como los de espacio y tiempo en los que se teje la identidad. Por otro lado, González alude de igual manera a la producción de sentidos y a las formas en las que éstos se organizan configurando la subjetividad desde una perspectiva sistémica, e Integra de manera interesante la dimensión emocional en la producción de sentidos subjetivos, que de todas formas quedan recogidos de manera amplia en los conceptos

de

historización,

proceso

constituyente,

experiencia y utopía que se recogen en esta investigación.

32

práctica,

memoria,


3.

CONSTRUYENDO EL LENTE: EL JUEGO DE LOS CONCEPTOS

De acuerdo con la revisión y discusión alrededor de los ejes de desplazamiento forzado, ciudadanía y subjetividad, corresponde ahora la construcción y el desarrollo de conceptos desde los cuales, ponderando los intereses de la investigación y la investigadora, se abordará la pregunta central de éste ejercicio, que tiene que ver con los modos en los cuales se produce una reinvención de la ciudadanía desde la experiencia del destierro, y las formas en las cuales memoria, experiencia y utopía como núcleos constituyentes de la subjetividad operan en este proceso. 3.1

Del desplazamiento Forzado como Destierra

De acuerdo con la revisión de los estudios realizados frente al fenómeno del desplazamiento forzado, parece pertinente asumir el concepto de “destierra” o desterrados que Pilar Riaño introduce para dar cuenta de ese proceso, y que desde su punto de vista enfatiza: “una relación y una ubicación: la de la pérdida y la ausencia en tanto lugar de memoria (incluyendo la memoria traumática) y en tanto referente 33


desde el que se habita el mundo, la de la ausencia de un lugar fijo en el sentido espacio-temporal” (Riaño 2006: 198). El concepto de destierra tal y como lo plantea Riaño, da cuenta tanto de las relaciones como de las ubicaciones o espacios que transitan y construyen los sujetos. En cuanto a las relaciones, el concepto remite a aquellas que los sujetos construyen con el espacio, con la familia, con los vecinos, la producción o el trabajo y en general con los miembros de la comunidad, las instituciones y organizaciones que hacen parte de sus entornos de procedencia y de arribo,,y que se rompen a raíz del desplazamiento y de los hechos o situaciones que le acompañan. Esta pérdida de las relaciones conlleva igualmente a pensar en los rituales de encuentro cotidianos, las formas de organización formales e informales, los vínculos, así como las redes de significados compartidos frente al otro y a los modos de existencia social. Esta ruptura relacional implica entonces no sólo la ausencia física de los otros o de los espacios, sino que tiene una multiplicidad de connotaciones de orden subjetivo y emocional que transforman al sujeto en sí mismo; es decir a sus formas particulares de ver el mundo y de reconocerse, de vivir en medio de la incertidumbre, de la extrañeza y de buscar mecanismos que le permitan salvaguardar su integridad. Los vínculos de confianza, de solidaridad e incluso de conflictividad, así como las prácticas de interacción se transforman de manera paulatina y procesual, terminando en el rompimiento definitivo con el desplazamiento forzado. Aunque en algunos casos, el rompimiento y la transformación de las relaciones se produce de manera intempestiva con la salida, esta pérdida o transformación continua elaborándose y reelaborándose en distintos momentos del desplazamiento. De hecho aparecen, de muchas

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maneras como referentes implícitos y explícitos en las relaciones que los sujetos reconstruyen en los espacios que transitan. La destierra no sólo hace referencia a las pérdidas, sino también a las estrategias y mecanismos que los sujetos crean durante los momentos críticos, y que les permite reconstruir, refundar las relaciones consigo mismos, con la vida y con los mundos que encuentran, de muchas maneras extraños, y que les retan en todos los sentidos. Las relaciones creadas o recreadas en la reconstrucción pasan por la conflictividad y por la contradicción, pues al tiempo que están cargadas con los eventos y significados del pasado, afrontan el presente desde la incertidumbre, desde el lugar del despojo real y simbólico, pero también desde las conquistas cotidianas, y desde la esperanza que se rehace. El concepto de destierra alude de igual manera a los espacios o los lugares que los sujetos transitan, con los que se ven forzados a deconstruir relaciones, prácticas y sentimientos. Esos lugares que habitan en la memoria, que se recrean y se mantienen en el imaginario, constituyen el legado con el cual hacen su incursión física y simbólica en aquellos territorios ajenos que van apropiando y transformando. Este proceso se da de múltiples formas y con ritmos discontinuos y diversos; allí los sentidos frente a las experiencias de dolor y miedo, así como los modos de tramitarlos, en conjunto con las posibilidades o retos que ofrecen esos nuevos lugares, serán los hilos con los que los sujetos tejen nuevos trayectos vitales. Es en este sentido que el concepto de destierra significa o señala el lugar simbólico, el lugar de la experiencia y de la memoria desde el cual los sujetos, 35


en situación de desplazamiento, habitan y reconstruyen nuevos mundos y nuevos lugares de existencia. Ese lugar está signado por la tragedia, por el arrebato de aquello que representaba la posibilidad de existir, pero también de las gestas, de las luchas libradas en lo cotidiano y de la supervivencia. Desde este lugar de ausencia fáctica y de presencia emocional y simbólica en la memoria, los sujetos construyen nuevos trayectos vitales, dotan de sentido esos nuevos mundos, los transforman y reconstruyen redes relacionales, que les permiten reconstruir su identidad. La destierra señala entonces, por un lado el movimiento de ruptura y reconstrucción que viven los sujetos, y por otro, las relaciones y los espacios en y desde donde se produce este movimiento, que es discontinuo, contradictorio y conflictivo; supone un tejido que se construye desde los significados que otorgan a sus experiencias, y que anclan en la memoria como referente desde el cual se producen los trayectos vitales e identitarios. 3.2

De la Ciudadanía como Identidad Política y su relación con lo Público

De la revisión teórica lograda en el estado del arte frente al eje de ciudadanía, queda una premisa fundamental que define la ciudadanía en primera instancia, como un proceso de configuración social e histórica en el cual se evidencian fuertes procesos de luchas o tensiones sociales que implican un movimiento de inclusión- exclusión en las dinámicas políticas, económicas, culturales y territoriales. Reconocer entonces su configuración social e histórica, pone en entredicho su valor universal y de conexión exclusiva con el o los regímenes legales establecidos. Sin embargo, para esta investigación es válido y 36


necesario profundizar en el tema desde las relaciones entre ciudadanía y democracia como el régimen político que posibilita la producción de movimientos significativos hacia la inclusión y la diversidad. En consecuencia, son significativos los conceptos de identidad política desarrollada por Mouffe, el concepto de respublica de la misma autora y el de mundo público de Serna, puesto que son útiles para comprender o explorar la ciudadanía como proceso de configuración social y cultural. El concepto de identidad política de Mouffe parte de reconocer al sujeto social como descentrado; por ello la identidad política es definida como articulación entre las diferentes posiciones subjetivas del agente social, cuya existencia está vinculada a las relaciones de diferenciación con un otro que le constituye, y que por lo mismo, potencia o define la construcción de un nosotros/ellos. Este proceso se da necesariamente en condiciones de diversidad y conflicto, en el marco del antagonismo y a partir de prácticas hegemónicas, es decir de las relaciones de poder. La identidad política como articulación de las posiciones subjetivas del sujeto permitiría configurar el sentido de un nosotros/ellos, como comunidad política que nunca es definitiva, más bien está abierta permanentemente al cambio y la transformación en la medida en que se mueve en la diversidad; es decir en la lucha o tensión entre la inclusión- exclusión de los agentes sociales, quienes de acuerdo a la posición que ocupan y a las estrategias de relación y de intercambio que ponen en juego, transitan en el conflicto, ejercen el poder de diversas maneras generando posiciones hegemónicas siempre transitorias.

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Pero desde el punto de vista de Mouffe, la identidad política surge también en relación con la respublica que define como el vínculo ético que configura la comunidad política, el nosotros/ellos; este vínculo hace referencia al reconocimiento de autoridad y de sentidos compartidos configurando las condiciones que orientan la acción en el intercambio civil, y que es el producto de una hegemonía dada, es decir de la expresión de relaciones de poder. Los vínculos éticos que configuran la identidad política y que orientan el intercambio civil, se construyen y legitiman en lo cotidiano de acuerdo a los dispositivos y prácticas de poder que los actores ponen en circulación; desde allí, se promueve el desenvolvimiento de relaciones entre enemigos o entre adversarios, es decir de lo que Mouffe denomina el antagonismo y el agonismo. De esta forma, una ética que valida el uso de mecanismos de eliminación del otro como práctica hegemónica o de ejercicio del poder y de homogenización; o más bien el uso de dispositivos que reconocen la diversidad y buscan garantizar la coexistencia social en medio del conflicto, serían pues, dos puntos extremos que dibujan o posibilitan una gran cantidad de trayectos de ciudadanía posibles. En este punto, es pertinente y complementaria la referencia de Serna frente al mundo público, que entiende como el horizonte existencial y experiencial de la vida cotidiana compartida y que está sometido a luchas materiales y simbólicas que acometen fuerzas sociales diversas. Es decir, lo público hace referencia a los vínculos que producen el reconocimiento de unas formas de autoridad y que orientan el intercambio civil en lo cotidiano, legitimando unos modos de existencia social y cultural, los cuales se crean, reproducen y transforman en el orden de relaciones de poder. 38


Lo público entonces como horizonte existencial y experiencial conlleva no sólo a las formas concretas de convivencia que se desarrollan en lo cotidiano, sino también y necesariamente a los ideales o búsquedas existenciales que los grupos sociales definen como derroteros alcanzables en el proceso de coexistencia social, y que aunque están permanentemente debatiéndose por alcanzar posiciones hegemónicas, ponen a circular en las instituciones y demás dispositivos culturales que así lo permitan. Es por esta razón que para comprender las formas en las cuales se construyen los vínculos y los horizontes existenciales y experienciales de la vida cotidiana, es significativo el concepto de producción cultural de González, que remite a la construcción del sujeto desde la perspectiva de la vivencia y la experiencia cotidiana, la producción de sentido, y los procesos, mediaciones e instituciones sociales en que éste se desarrolla. En consecuencia, la ciudadanía como proceso social e histórico es entendida como identidad política que tiene una relación dialógica con lo público; en el sentido de que esta identidad política se configura desde lo público, pero a su vez, lo público es constituido desde esa unidad precaria e inacabada que es la identidad política. Esta relación entre la identidad política y lo público esta fincada, como lo diría González, en la producción cultural, que refiere esos procesos o trayectos relacionales, así como sus objetivaciones, a través de los cuales fluyen y se recrean los vínculos éticos que orientan los sentidos y prácticas de intercambio civil.

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3.3

De los Núcleos Constituyentes de la Subjetividad: Memoria, Experiencia y Utopía

Con relación al eje de subjetividad, tal y como quedó señalado en el capítulo anterior, son los planteamientos de Ema León Vega6, los que parecen de mayor utilidad, en tanto define la subjetividad como proceso de constitución de los sujetos; proceso que es polisémico y está siempre abierto a la transformación, pues implica movimientos y articulaciones permanentes de planos espaciales y temporales diversos que van definiendo o delineando trayectorias de vida posibles. Por lo tanto son sus mecanismos o núcleos constituyentes los que permitirían aproximar lecturas complejas de la misma. Es decir, interesan esos núcleos constituyentes o procesos de subjetivación precisamente porque en palabras de León: “aluden a la articulación y presencia de ejes temporales y planos espaciales que dan sentido, es decir, contenido y dirección, potenciales, al desenvolvimiento de un sujeto social” (León 1997: 68); porque permiten reconocer y visibilizar los modos en los cuales opera la historización en la configuración de los sujetos sociales. Son entonces la memoria, la experiencia y la utopía las categorías que permitirían dar cuenta de los procesos de subjetivación o de constitución de la subjetividad, así como de los modos en los cuales la subjetividad produce y es a la vez, producida por los sujetos sociales; las formas en las cuales se 6

Como ya se mencionó antes, la autora en cuestión desarrolla sus planteamientos en la misma dirección y de manera conjunta y complementaria con Hugo Zemelman.

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entretejen y potencian la configuración de múltiples sentidos y construcciones de realidad que se concretan o mejor, se evidencian en las prácticas de los sujetos, en sus trayectos y en las redes relacionales que hacen emerger mundos y modos de existencia posibles. La memoria es un proceso de apropiación del pasado que se construye a partir de las formas en las cuales los sujetos elaboran y dotan de sentido sus experiencias y realidades. En este proceso juega un papel preponderante la dimensión simbólica y emocional; no se trata sólo de un recuento cronológico de situaciones vividas, sino de las perspectivas valorativas y emocionales a través de las cuales los sujetos interpretan y crean realidades, al igual que de las objetivaciones o condensaciones de estas experiencias valorativas que se traducen en sistemas

de valores, creencias, rituales,

instituciones y

representaciones de sí mismos y del mundo que se crean, recrean y circulan en las relaciones sociales del universo cotidiano. Se trata de una construcción compleja, lo cual implica reconocerla como proceso dinámico capaz de materializarse en distintas producciones y que, simultáneamente circula en las prácticas sociales, es decir en las relaciones cotidianas de los ámbitos o contextos en los que los sujetos participan. Por esto mismo es o representa una tensión permanente entre el pasado y el presente, porque se actualiza desde el presente como dimensión temporal y espacial reconstruida en el marco de la sociabilidad. Lo anterior, evidencia la imposibilidad de pensarla como una unidad estática y definitiva, por el contrario es flexible y se rehace a partir de las formas en las cuales se significa, apropia y reconstruye el pasado, el presente y el futuro.

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La visión de futuro o utopía está relacionada con una realidad imaginada, con el deseo y la expectativa más que con una serie de metas organizadas. En este sentido, la utopía pasa por dimensiones cognitivas, simbólicas, emocionales y afectivas; pone en juego la potencialidad de la reflexividad y la práctica, entendida esta última más allá de la instrumentalidad, como proceso cargado de sentidos. Se trata entonces de la tensión permanente entre el pasado y el futuro desde donde los sujetos transitan y transforman su mundo social. La utopía o la visión de futuro posibilita la reestructuración de la vida en múltiples trayectos; es decir, ella misma es diversa e implica en los sujetos acción con sentido. Orienta la práctica y se alimenta de ella, imprime direccionalidades posibles que son contradictorias, conflictivas y por lo tanto comprometen de manera significativa la dimensión afectiva y emocional de los sujetos. Por último, la experiencia como núcleo constituyente de la subjetividad supone tiempos y espacios presentes que están mediados por el pasado y el futuro, de maneras diversas. Es la vivencia en la cual se actualizan, recrean y reproducen los sentidos apropiados del pasado; pero al mismo tiempo suponen la posibilidad de romperse, transformándose, moldeándose de cara a lo deseado, al porvenir imaginado. La experiencia transita entre el pasado y el futuro, concretándose en opciones y trayectos existenciales que se despliegan en el mundo social, y moviliza posibilidades de cambio y de reproducción.

42


4.

4.1

TRAZANDO LA RUTA: PERSPECTIVA METODOLÓGICA

Los Relatos de Vida como Opción Metodológica

Con el fin de explorar y reconocer los modos en los cuales se produce una reinvención de la ciudadanía desde la experiencia del destierro, y las formas en las cuales memoria, experiencia y utopía como núcleos constituyentes de la subjetividad operan en este proceso, resulta de gran utilidad ubicarse en una perspectiva metodológica que permita acceder a las formas en que los sujetos representan, reelaboran y resignifican sus vivencias del pasado y las formas en las que estas reelaboraciones les permiten trazar diversos trayectos vitales para reconstruir la vida. En este sentido resulta pertinente acudir a la construcción de relatos o historias de vida puesto que, es a partir de las narraciones provocadas en el ejercicio de investigación que emergen las formas en las cuales los actores sociales reconstruyen sus experiencias vitales y les otorgan sentido. El relato o historia de vida como dispositivo metodológico parte de reconocer el acontecimiento como proceso historizado en el que confluyen los diversos planos espaciales y temporales desde donde los sujetos sociales asumen, apropian y transforman sus realidades. 43


Producir historias o relatos de vida implica una relación entre entrevistador y entrevistado, en la que cada uno participa de manera activa desde sus propios marcos de referencia, en la que se afecta la relación y por su puesto a cada uno de los actores que la configuran. La producción se realiza a partir de una intención: la de elaborar la memoria personal y colectiva del acontecimiento, superando la búsqueda de una verdad lineal organizada cronológicamente para dar paso a los sentidos, a las formas en las que se apropian y significan, a los modos en los que se dibujan y desdibujan los trayectos vitales. Los relatos o historias de vida evidencian una clara postura política y ética que quiere promover y visibilizar las versiones y vivencias del sujeto como protagonista y co-creador de la historia social; por lo tanto, abre posibilidades que diversifican los discursos hegemónicos, ampliándolos y complejizándolos. Desde este enfoque metodológico se plantea la emergencia de lógicas, saberes y modos de existencia social y cultural diversos, contradictorios que coexisten en el universo social. Desde esta perspectiva se otorga valor y sentido a las voces y saberes de los sujetos sociales en la cotidianidad, se reconoce que los sujetos sociales son productos y productores de la historia y por lo tanto, que la realidad y el conocimiento de la misma se construye con los otros. La construcción de relatos busca precisamente producir los significados en el ejercicio de la narración; ella misma exige reflexividad, es decir la organización con sentido de la acción y de la vida misma; por lo tanto, es un escenario privilegiado que permite acceder a la configuración de la subjetividad, a sus múltiples trayectos y a las formas en que se articulan. Es una estrategia que permite comprender las realidades sociales en distintos niveles. Un nivel 44


autobiográfico desde donde los sujetos hacen una reestructuración permanente de su historia, permitiendo una comprensión y una resignificación de la misma. En este nivel, los sujetos incorporan nuevos significados o nuevas comprensiones de sus experiencias vitales que les permite relacionarse de manera distinta con las y los otros en los espacios en los cuales participan. Un nivel intersubjetivo o contextual que permite comprender cómo se tejen las relaciones sociales en un contexto social determinado y en ellas la producción de sentidos. Y finalmente, un nivel estructural, que permite aproximarse a los códigos simbólicos y las formas en las cuales funcionan las instituciones sociales en la reproducción y transformación de los sujetos sociales. En la medida en que los relatos se producen en un contexto espaciotemporal distinto a aquel en que se vivieron los hechos, lo que se busca es acceder a los significados, las representaciones sociales y las prácticas culturales desde las cuales los sujetos sociales comprenden el mundo social, más que a la reconstrucción cronológica y verídica de los hechos. Es decir, a los modos como los sujetos sociales apropian e interpretan el acontecimiento, develando las formas en que construyen y deconstruyen la realidad a través de sus valores, creencias, símbolos e imaginarios. Las narraciones corresponden a situaciones sociales instauradas en la memoria de los actores sociales, que son re-creadas en la distancia espacio temporal y que están mediatizadas por la interpretación y subjetividad de sus protagonistas. De acuerdo a lo anterior, las historias o relatos de vida permiten entender las formas en las cuales los sujetos se relacionan y construyen realidades, a través de lo que hacen en la cotidianidad (practicas socio-culturales), de los significados e imaginarios que atribuyen a los otros, a sí mismos, a las 45


situaciones y objetos del mundo social; además de comprender el contexto histórico y cultural desde donde se constituyen en interacción con los otros inmediatos y con la institucionalidad. Por otra parte, apunta a fortalecer la construcción de sentidos, de identidad y de reconocimiento que los actores sociales hacen de su realidad. Hace posible acercarse, comprender y valorar la diversidad socio cultural que se evidencia en la coexistencia de otras lógicas de pensamiento, otras éticas y estéticas, así como de otros saberes. En este sentido, pretensiones como la verdad objetiva, la exhaustividad o totalidad de la vivencia pierden valor, en tanto se reconoce el carácter procesual y creador de sentidos propio de la memoria, su dimensión siempre inacabada y en permanente reelaboración; los olvidos, lo que no se nombra, tanto como lo que se repite hacen parte de la configuración de la identidad, señalan formas particulares de organizar la experiencia y de reconstruir la subjetividad. De acuerdo con lo anteriormente expuesto, los relatos de vida se construyeron en distintos grados de profundidad, con algunos de los actores sociales partícipes de esta investigación, en razón a los valores y significados que cada uno ha construido de su experiencia de destierra y de ciudadanía, y a las formas en las que tales acontecimientos se anudan desde la memoria, experiencia y utopía para dibujar trayectos vitales posibles. 4.2

Los Relatos de Vida y las Preguntas de Interés

En cuanto al proceso de destierra, los relatos de vida permiten acceder a las formas en las que cada uno y cada una ha experimentado la ruptura y la reconstrucción, tanto en las relaciones como en los espacios transitados. La experiencia narrada en primera persona, evidencia las dimensiones imaginarias 46


y emocionales desde donde se explica y asimila la pérdida y las formas en las cuales ésta aparece con distintas intensidades en sus representaciones del mundo y de sí mismos. De igual forma, permite reconocer las estrategias de sobrevivencia que se pusieron en juego en el destierro, los nuevos actores y universos que aparecen en el proceso, y aquellos que haciendo parte de espacios y tiempos pasados, reaparecen para rehacer vínculos. Los relatos hablan sobre los nuevos y viejos rituales de encuentro, de las formas de organización que se rescatan o se diversifican, de los conflictos, y de los significados que cada uno y cada una desde su vivencia ha construido. Así mismo, recrean los lugares transitados y que habitan la memoria, en donde se tejió y se teje la vida. Igualmente los relatos co-producidos dan cuenta de la o las identidades políticas, de las representaciones e identificaciones construidas con las comunidades locales de las que hicieron parte, así como de aquellas que emergieron en los contextos de la reconstrucción y del exilio. Las diversas posiciones ocupadas en las redes de poder, los trayectos colectivos que se construyeron y que ahora desde el destierro se resignifican; así como las formas en las cuales éstas se han mantenido y/o transformado para generar o no lugares de inclusión en las redes de poder hegemónico y contra hegemónico que proponen los nuevos territorios transitados. Así mismo, los relatos visibilizan los conflictos y las prácticas a través de las cuales han ido construyendo espacios significativos y formas de ejercer el poder, de reconfigurar un nosotros que de sentido a los tipos de vinculación con los otros y con los espacios. En y a través de la narración que crean, los sujetos dan cuenta de lo público como una construcción social y cultural que se 47


produce desde lo cotidiano, desde las luchas existenciales transitadas y producidas que han dado forma a múltiples modos de convivencia, de relación intersubjetiva con ritmos propios, marcada por valoraciones frente a la legalidad y a la institucionalidad que provienen de la experiencia y que aunque particular, es de manera simultánea compartida por quienes configuran el nosotros/ellos, la comunidad. La elaboración de la memoria es o constituye la dimensión fundamental de la producción de los relatos de vida. Allí aparecen, como se ha dicho, las perspectivas valorativas y emocionales a través de las cuales los sujetos interpretan y crean realidades. Es por esta razón que la co-construcción de relatos o historias de vida en el marco de la investigación social es considerada también, una forma de promover la reconfiguración de la subjetividad, en la medida en que el ejercicio de la narración provoca la reflexión, la reinterpretación de un pasado que se narra de múltiples maneras, develando el o los sentidos que orientan la acción y la vida misma de los sujetos que se cuentan a sí mismos, y que a su vez, cuentan desde diversas versiones y posiciones subjetivas la historia social. Por lo tanto, los relatos hablan de los sistemas de valores que han marcado la vinculación política y la vinculación con los espacios, los rituales y el intercambio con las instituciones. Así mismo, aparecen las lecturas del mundo y del sí mismo que hacen los sujetos y que están atravesadas por el imaginario. En los relatos se explora la utopía como dimensión o proceso de subjetivación, y entonces los sujetos hablan de sus sueños, de los que se rompieron, así como de las formas en que éstos se rehacen y se concretan en la práctica. En sus relatos aparece el deseo y la expectativa que se mantiene 48


quebrada o que se renueva fortaleciendo trayectos vitales o trazando otros distintos. Este narrar se construye desde la reflexión, del significado y la emocionalidad que el ejercicio de historización activa posibilita. Finalmente aparecen en las historias narradas las vivencias actuales, la experiencia del presente, aquella desde donde se narra y se vive el día a día y en donde se actualizan, recrean y reproducen significados de vivencias pasadas, al tiempo que evidencian rupturas y transformaciones de acuerdo al porvenir imaginado. 4.3

Referencias de los y las Protagonistas de la Investigación

Los relatos de vida se recogieron principalmente a través de entrevistas, para las cuales se organizó un guión general estructurado a partir de los conceptos y de los objetivos de la investigación, que permitiera de manera efectiva explorar aspectos relacionados con la experiencia de destierro, vinculando los ejes de memoria, utopía y experiencia, así como las identidades políticas construidas y reinventadas a partir de la destierra. No obstante, las conversaciones fluyeron de manera espontánea a partir de la primera pregunta o de la apuesta explícita que perseguía el ejercicio, evidenciando las tramas y significaciones del lugar de la destierra que cada uno de los actores mantiene vivas en su cotidianidad. Con este propósito, se realizaron entrevistas y se produjeron relatos con cuatro mujeres y cuatro hombres que pertenecían a una asociación de personas desplazadas, y que mantenían cierto liderazgo, continuidad y permanencia en el proceso organizativo. Todos los y las participantes de la investigación, habían sido desplazados del Departamento del Guaviare en el suroriente del país entre el año 2002 y 2005, luego de que el conflicto armado 49


se agudizara en la región. Durante el año 2005 y a partir del reencuentro que se s procedentes de la va dando en Bogotá de líderes, lideresas y otras personas ada del Guaviare – región, deciden crear la Asociación de población desplaza ASPODEGUA- reuniendo o aproximadamente a

80 familia as y cerca de 320

personas. La Asociación funciona de manera específica en Bogotá, aunque reúne familias desplazadas que residen de manera tempo oral o más o menos definitiva en el Departame ento del Meta. Su objetivo más imp portante es lograr un proceso de retorno “con dignidad, d seguridad y garantías de manera grupal y no individual”; adicionalmente e, la Asociación promueve procesos de promoción de derechos entre sus mie embros, así como acciones de in nterlocución con la institucionalidad y con otrras organizaciones a nivel local y nacional con el fin de hacer incidencia en la política de atención y reparación a la población desplazada, entre otros. e datos de la Asociación, es posible e identificar algunas Según las bases de tendencias o característiccas poblacionales generales.

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Se calcula además que cerca del 30% son niños y niñas menores de 12 años, el 17% adolescentes menores de 18 años, el 11% está entre los 19 y 25 años; el 8% entre los 26 y los 35 años, el 12% entre los 36 y los 45 y el 9% entre los 45 y los 60 años, y finalmente un 11% es mayor de 61 años.

En su mayoría se trata de campesinos y campesinas que se ocupaban de labores agrícolas en la zona expulsora o tenían negocios comerciales. Algunos y algunas de ellas eran líderes políticos o sociales, y otros participaron de las administraciones

municipales

en

distintos

momentos.

Después

del

desplazamiento forzado perdieron sus tierras y formas de producción, quedando en situaciones de precariedad y exclusión. Aunque no hay información exacta sobre la ocupación actual (al momento de las entrevistas), al parecer la mayoría de hombres y mujeres se encuentran desempleados. Cuando los hombres logran acceder a puestos de trabajo lo hacen principalmente de manera informal y en el sector de construcción; las mujeres 51


en cambio se vinculan a los oficios dom茅sticos. Existen pocos casos de mujeres j贸venes que por contar con estudios de bachillerato completo y por tener alg煤n antecedente de trabajo formal en la administraci贸n del Municipio expulsor, se han vinculado a empresas en cargos de tipo administrativo.

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5.

RELATOS DE DESTIERRO

Como se ha señalado a lo largo del documento, la experiencia del desplazamiento forzado es vivida por los sujetos de maneras diversas que ponen de relieve la complejidad de significados y reestructuraciones que implica para ellos y ellas. En este sentido, el concepto de destierra que introduce Pilar Riaño es pertinente en tanto hace referencia según se ha mencionado antes, a los movimientos de ruptura y de reconstrucción que viven los sujetos, y por otro lado, a las relaciones y los espacios en y desde donde se producen tales movimientos, configurándose en referentes para habitar el mundo y reinventar la vida. Es a la luz de estos procesos que se hace una relectura e interpretación de las experiencias narradas por los y las protagonistas de la investigación a partir de los relatos de vida provocados en el marco de la misma. 5.1

La Ruptura de Relaciones y Espacios

Los procesos de ruptura se viven y reelaboran de manera permanente desde el lugar del destierro; y hacen referencia a los espacios habitados y transitados, así como a las relaciones construidas en y con estos lugares que se rompen de manera abrupta. Desde allí, el lugar ausente aparece tejiendo los paisajes con

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los sueños que se hicieron realidad y que no sólo fueron truncados, sino que fueron violentados, usurpados y destruidos por la fuerza de la guerra. La verdad es que por allá en la década de los ochenta, una vez después de haber laborado en ferrocarriles Gales, siendo sindicalista y miembro de la subdirectiva, fui despedido. Llegué con las maletas pero cargado de ilusiones al norte de la Amazonía; me ubiqué en un pueblo pequeño: Calamar. Es que, los primeros colonos que llegaron a Calamar, llegaron fue con la idea de hacer pequeñas fincas, no grandes hatos, sino pequeñas fincas donde fueran autosuficientes; era el arroz, el plátano, la yuca, el maíz la base de esa economía, con los cerdos, las gallinas y la vaquita de leche, pero esto después de que hubo ilustraciones por el mercadeo que hacía el Gobierno a través del otrora IDEMA, entonces fueron apareciendo los cultivos ilícitos; a pesar de todo, nosotros empezamos a luchar con unas fórmulas de cambiar ese modelo económico originado por el monocultivo de la hoja de coca y fue así como veíamos en los servicios ambientales algo grande y aún miramos, porque en más del 95% de Calamar aún está en pie la selva, entonces empezamos a hacer esas propuestas como alternativas de paz y estábamos recuperando cuencas, microcuencas, recuperando praderas degradadas, pero queríamos hacer un Municipio autosuficiente, producir energía y que fuera un Municipio que pudiera vivir en paz; la verdad es que todos estos sueños fueron creciendo, fueron teniendo eco Nacional e Internacional, todo hasta el año 2002 cuando empezaron a derrumbarse las cosas (Relato de vida 1) Este proceso de reelaboración incluye la producción de una memoria frente a los hechos que desencadenaron el abandono del lugar de procedencia, así como los significados y referentes existenciales construidos allí. Se trata no sólo del despojo material de los bienes e inmuebles, sino del despojo de un proyecto de vida personal, familiar y colectivo construido con esfuerzo a lo largo de varias décadas. Desde la perspectiva del protagonista, esos referentes existenciales remiten a una profunda relación con la tierra, con la selva de la Amazonía que logró insertarse en los discursos y acciones de desarrollo local, 54


trascendiendo a ámbitos de políticas nacionales e internacionales en torno a la protección del Medio Ambiente. El lugar que se recuerda, es también un lugar imaginado desde la nostalgia y la añoranza, marcado por lo que fue, por lo que no pudo ser y por lo que se reclama como posible desde el deseo de un nosotros, de un colectivo, de una comunidad con rostros, decires y haceres, quienes en este caso se encontraron con el deseo de adoptar y ser adoptados por esa tierra, de construir en ella un lugar apropiado para la vida en paz, lo que sugiere trayectos previos de exclusión y desarraigo que marcan la historia de colonización propia de la región. ¿Qué cuánto hace que llegué a Calamar? yo manejo las cosas con un poco de memoria, yo llegué el 8 de enero del 82 (…) cuando yo llegué a Calamar llegué por desplazamiento, o sea que la cosa sale en verso, llegué por desplazamiento de Villavicencio porque no conseguía trabajo; pero entonces yo llegué a Villavicencio por desplazamiento de Bogotá porque yo no conseguía trabajo, pero resulta que yo llegué a Bogotá por desplazamiento de la Virginia donde fui dirigente sindical, porque se me acabo el trabajo, entonces es una ola de desplazamientos; entonces desde ese punto de vista es que hay que enfocar, porque si lo enfocamos desde el último desplazamiento perdemos la cadena de la historia; ya al llegar a ese desplazamiento del cual fui víctima, por culpa de la persecución militar, hablemos la que se dio en Vistahermosa en 1977 y 1978, 1979, 1980 hasta el 11 de abril, siendo yo dos veces concejal y presidente del concejo municipal de Vistahermosa, por culpa del estatuto de seguridad del presidente Turbay Ayala, que fue presidente entre el 78 y el 82, y luego llegar desplazado a Calamar, esto lo estoy aclarando y reiterando, para que no vayamos a caer en el discurso de que nosotros sólo somos desplazados desde cuando salimos de Calamar, no. Yo llegué desplazado aquí a Calamar, muy diferente es que ahora sea desplazado de Calamar acá, fíjese la diferencia. Entonces al llegar allá el 8 de enero del 82 desplazado (…) llegué por fortuna con esa inquietud, con ese carisma a construir procesos, procesos sociales (Relato de vida 10) 55


Una colonización orientada por la pobreza, la falta de oportunidades laborales y productivas, y por la guerra que aunque nuestro protagonista remite a los años setenta, en décadas atrás se habían generado ya movimientos poblacionales importantes relacionados con la violencia bipartidista de mediados del siglo XX, y que habrían potenciado la inmigración hacia las zonas de frontera agrícola y forestal de los llanos y la Amazonía7. En los relatos, los protagonistas develan una ruptura no solo con el lugar habitado, sino con el lugar en el que trazaron y construyeron una apuesta por la vida en común, el sentido de la esperanza, de encontrar en ese espacio la posibilidad de rehacerse con otros y de trazar un modo de existencia social que permitiera su desarrollo. Es esto lo que sustenta la persistencia y la resistencia al embate de la guerra que ha precedido por largos periodos de tiempo su existencia. Llevo 15 años, si 15 años viviendo en Calamar (…) Nosotros veníamos de la Uribe; yo viví en el Meta harto tiempo en distintas partes, tuvimos una finquita y de allí nos tocó salir, nos fuimos para la Uribe pero como mis hijos fueron creciendo entonces se vinieron para Calamar (…) yo me sentí muy sola allá en la Uribe, entonces le dije a mi marido que nos viniéramos y que dejáramos la finquita allá porque era muy pequeñita, pero como de todas maneras ya éramos los dos solitos, nos fuimos y nos encontramos con los hijos en Calamar y ahí nos organizamos con los hijos a trabajar, gracias a dios, porque luchamos mucho, yo me puse a hacer rifas, a lavar ropas ajenas, yo duré 10 años lavando ropas ajenas (…) Nosotros vivimos en el casco urbano; fue con mucha lucha que nos conseguimos esa casita, como le digo trabajando mucho, lavando ropa ajena, yo hacía rifas, mi hora de descansar era de doce de la noche a las seis de la mañana, porque no podíamos con tanto trabajo y mi marido, él 7

Para profundizar en la historia de la colonización del Guaviare, se recomiendan los textos de Alfredo Molano: Selva Adentro (1992) y Siguiendo el corte (1989).

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hacía casitas por ahí en construcción con mis dos hijos, pero cuando menos pensamos se nos vino de que nos conseguimos un lotecito y ahí hicimos una casita en el pueblo; cuando ya entró por primera vez el ejército, eso para nosotros fue durísimo porque eso eran esas balaceras, muy horrible... No, cuando nosotros recién llegamos, entró el ejército pero ellos no duraron harto, ellos salieron, cuando ya fue la dura, fue ahorita en el 2002 que ahí sí nos tocó salir; bueno como le iba diciendo, conseguimos esa casita y a mí no me duele decir ni me da pena decir que esa casa la hicimos con cositas que a mí me regalaban, yo le pedía a la gente, regáleme estas tablitas – esas que tumbaban de las casasentonces me regalaban las tablitas viejitas, me iba, las lavaba, las colocaba en el patio, apenas se secaban las pintábamos con eso que llaman neme, quedaban negritas, así se les tapaba lo feo, así fue que hicimos esa casita; eso fue cuando hubo el paro de lo de la coca, sí, mis hijos y mi marido se vinieron para el Retorno para apoyar el paro, pues no podía dejar la casa sola, me quedé con una nuera allá y así fue que empezamos la lucha para tener la casita (…) eso fue esa historia berrionda para nosotros, haber perdido todo, una casa que en el tiempo que vivimos allá, era en madera pero era un lote muy grande, era muy bonita porque como a mí me gusta tener tanto jardín, la casa la tenía era llena de jardín, mi casa me la envidiaban mucho allá por todo ese jardín, por la amplitud, por todo; nos tocó darla en dos millones quinientos, en eso tocó vender (Relato de vida 2) El lugar abandonado abruptamente está relacionado con múltiples luchas que se libraron en lo cotidiano; remite a la pérdida de bienes materiales, y de manera significativa, a las historias que hay detrás de ellos, los esfuerzos y dificultades sorteados que de muchas maneras representan actos heroicos, símbolos del trabajo y del ciclo vital personal y familiar que se construyó aún en medio de la guerra, hasta que fue imposible hacerle frente. Estas historias están cargadas de significados y emociones, a veces contradictorias: la tristeza y la nostalgia, el miedo y el valor de resistir, el cansancio y la alegría de reconocer en cada esfuerzo los frutos de un largo proceso.

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Los relatos mezclan y superponen diversos tiempos y espacios transitados y signados por la guerra, frente a la que se responde con la huida o la resistencia. Lo anterior señala varios elementos que es importante subrayar. En primera instancia la experiencia del destierro corresponde no sólo a un momento del ciclo de vida de los sujetos, sino que permanece o mejor, hace parte de sus trayectos vitales; aparece de manera recurrente a lo largo de su historia personal coincidiendo con la historia social de un país que se ha debatido en el curso de diversas expresiones de violencia social y política8. De hecho, son eventos de guerra los que usan para clasificar épocas o acontecimientos de la vida personal, familiar y social. No madre, la última vez si estuve allá por la muerte de mi esposo y porque allá estaban mis hijos, pues porque el finadito se murió; cuando estuvo enfermo dijo “déjeme que voy a despedirme de mis hijos”; él me pidió que lo llevara a donde mis hijos, pues claro yo me vine del Castillo Meta, sí señora, allá perdimos la finca y allá salimos para donde la otra hija (…) la hija vivía aquí en el bajo Meta al pie de San José del Guaviare, entonces me vine ahí para donde la hija con él enfermo, lo trajeron y entonces ahí también se prendió la mecha, tocó dejar todo (…) antes me fui para allá, de aquí del lado de Vistahermosa, del tropezón, si señora, allá también lo que me dieron los hijos allá quedó todo, todo si señora, lo mismo tener y no tener, todo se perdió; tocó salir corriendo y eso porque una señora me dijo, abuelita váyase p’onde sus hijos; entonces le dije al mandadero “por mí, si usted se va por allá, yo me voy” (…) Nosotros llevamos cinco desplazamientos casi seguidos, nosotros fuimos desplazados del Tolima a Cundinamarca, de Cundinamarca al Llano, del Llano al Guaviare, del Guaviare otra vez al Meta y del Meta otra vez a Cundinamarca, eso llevamos en el tiempo que ellos llevan con nosotros pequeños y con los nietos; mi papá fue preso político, lo tuvieron para el lado Araracuara (…) mi mamá fue presa política con nosotras pequeñitas, con tres hijos pequeñitos; en Ambalema nos tuvieron a nosotras presas 17 meses y a mi papá lo tuvieron 28 meses, todo eso hemos sufrido 8

Bello, M (2004); Tovar, H (2001) han señalado ampliamente como las migraciones forzadas por factores estructurales de pobreza, de modelos económicos excluyentes y de violencia han configurado la historia social, demográfica y cultural en el país.

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desde esa época hasta este momento que no hemos tenido paz, todas las veces hemos perdido todo, mi papá perdió dos fincas en esas épocas, nosotros hemos perdido fincas, ahora mire desde cuando yo tenía 6 años, me acuerdo que hemos sido desplazados desde la guerra de Rojas Pinilla, nos tuvieron presos por política nada más, él porque era liberal y los otros porque eran conservadores, eso fue desde la época de liberales y conservadores hasta esta época, siempre ha sido así. (Relato de vida 6) Como lo plantea la protagonista, la vida se ha desarrollado en medio de diversas violencias de orden político en las cuales el Estado ha tenido un papel protagónico. Es la historia de la pacificación que implica el uso de la fuerza para controlar territorios y para imponer un orden social, político y económico que excluye de manera sistemática a las y los campesinos y a la oposición que representa intereses divergentes del poder hegemónico. La persecución y la represión política han sido herramientas constantes que el Estado a través de distintos gobiernos, interpone en contra de la población civil, expropiando tierras de manera violenta y quebrando los procesos sociales y comunitarios construidos. La pérdida y el desarraigo con todas las cargas de dolor que implica para los sujetos configuran un lugar de destierra casi permanente, que trastoca de manera inevitable los sentidos de lugar, los sentidos de la tierra, de los afectos y de la vida misma. Las luchas y las pérdidas quedan en suspenso, en una deuda que se actualiza y se acumula en el presente del desarraigo cotidiano. Por otra parte, los trayectos o rutas del desplazamiento señalan generalmente la escogencia de zonas rurales, de municipios pequeños, de acuerdo con su vocación campesina no sólo en lo productivo sino en la construcción de redes sociales y simbólicas que les permitan insertarse y facilitar el ejercicio de recomenzar. Cuando no queda más que la ciudad, el sentido de la pérdida, del dolor y la devastación cobran valor y resonancia en las narraciones. 59


La destierra como lugar desde el cual se habita y reconstruye el mundo queda en evidencia cuando las y los protagonistas enuncian y describen el lugar que abandonaron desde el presente; es decir, aún viven Calamar desde la distancia espacio- temporal. El tiempo de la enunciación es mucho más que una negación psicológica de la pérdida, corresponde al referente desde donde viven la cotidianidad, generan resistencias y rehacen sus proyectos y sus relaciones. Estábamos capacitados para vivir en un ambiente lleno de flora, fauna, de agua dulce; para venirnos a esta parte llena de hormigones. Es muy difícil porque no estábamos preparados para acá, nosotros veníamos paulatinamente haciendo un proyecto sostenible ambiental en nuestro medio y nos traen para acá y nos encontramos con algo muy agreste y es así como hoy la mayoría de los desplazados nos encontramos en una situación caótica. Ahorita tengo un hermano que llegó desplazado del Meta, tenía quinientas reses, es un hombre de sesenta años que desde niño trabajó; con sus hijos y su mujer le tocó dejar todo el ganado allá, se lo robaron; a él lo amarraron y lo iban a matar, se salvó de milagro. En Villavicencio vive en un rancho hecho de plástico y unos palos de madera, y ahí vive con un machetito limpiando solares y jardines, por ahí se gana diez o quince mil pesos para sobrevivir, pero él está a punto de enloquecer, él perdió todo el fruto de su trabajo, lo que nos pasa a todos, él no siente tanto la pérdida de sus quinientas reses, eso pasa, él siente más la pérdida de sus paisanos, sus amigos de toda la vida; él siente más la fuente de agua que cuidaba todos los días, a él le hace falta ese concierto de pájaros que le despertaban, a él le hace falta el vecino, el trabajo de la finca, el clima. Él allí se conforma, él dice que donde a él le dieran miles de millones no quedaría contento si no le devolvieran su tierra. (Relato de vida 1). Las relaciones con la tierra y el universo de la naturaleza están presentes en las narraciones, señalando la pérdida de una forma de vida, de un mundo social, material y simbólico que implicaba un modo de existencia, una historia y un 60


saber representado en redes relacionales y productivas, en rutinas y rituales de encuentro que tenían sentido en la vida cotidiana compartida. La casa, la finca, las flores, los animales, la huerta, las calles y caminos, los árboles se convierten en referentes simbólicos y emocionales de un estilo de vida y de una historia que les fue arrancada y a la que se aferran en la memoria, idealizando, soñando y añorando. El lugar del destierro señala las contradicciones de los mundos que se ven obligados a habitar y que confrontan de manera radical sus creencias, imaginarios, sentidos y prácticas. Los saberes, los lenguajes y demás acumulados simbólicos necesarios en la vida social, pierden significado generando una doble exclusión, la que produce el desplazamiento forzado con la pérdida de bienes e historias y la identidad. La destierra señala además las formas y los tiempos en los cuales se va configurando la pérdida y el destierro; es decir la transformación paulatina del territorio y las prácticas para habitarlo, el quebrantamiento de las relaciones vecinales, la desconfianza, los señalamientos, el miedo. La vida cotidiana va quedando marcada por las dinámicas de la guerra, y quienes lo viven intentan, exploran diversas opciones que les permitan “adaptarse”, permanecer antes de emprender la huida. Nosotros estábamos en Calamar, el problema era que a diario se mantenían diciendo que a Calamar iban a mandar un batallón, entonces el ejército si venía pero esporádicamente, pero cada vez que entraba y salía había problemas porque esa otra gente por ahí a los alrededores, había problemas, entonces eso era un problema muy delicado (…) Ellos [el ejército] llegaron a un sitio que era para el lado del cementerio y del aeropuerto más arriba del cementerio había un sitio que eran unas piscinas, ellos se quedaron en ese lado sentados y nosotros en el Pueblo; 61


No había una vez que nosotros saliéramos al campo que de pronto no los encontráramos y preguntaran ¿para dónde van? ya después dijeron que ellos se tenían que tomar el pueblo fuera como fuera, eso fue la zozobra, la angustia de tenernos que salir, cuando empezaron ese problema de que nos teníamos que salir. Desde ahí empezó el problema más delicado, porque ya uno no podía salir a la calle después de las siete de la noche, después de las seis uno tenía que quedarse encerrado, fuera de eso venían y le tiraban pata a las puertas a preguntar quien estaba adentro, eso fue un proceso de unos nueve meses así; ya no se vendía igual porque ya la gente del campo no salía y si de pronto salían les quitaban los platanitos, las gallinas, el mismo ejército -a veces se los pagaban y otras no les pagaban y así- ese fue un problema, ese fue el proceso más largo; en esas yo mandé el pelao, lo mande yo para acá porque el otro hijo mío, el que está preso, ya no podía venir a la casa porque si él salía, él supuestamente ya era que lo cogían porque él ya era guerrillero. Entonces empezaron a hacer retenes a las orillas de la carretera, a las orillas del río para darle a uno un número, un número donde usted supuestamente certificaba que entraba y salía, usted tenía que decir el número suyo como una cédula; según el número, uno decía yo soy el número cuarenta y estoy afiliado de tal día y así mismo lo buscaban, le indagaban a qué horas va y a qué horas vuelve; iba en la canoa, le pasaba lo mismo, le esculcaban la canoa a ver que traía y que llevaba y así, por lo consiguiente eso era un proceso y si se demoraba en la finca dos o tres , cinco u ocho días y no pasaba el aviso ya era objeto militar y entonces la vida fue muy desesperante (…) cuando la toma que hicieron ellos [el ejército], que eso lo hicieron cuando ya tomaron el pueblito, ellos duraron todo el día bombardeando a los alrededores, con los helicópteros y un avión que le dicen el marrano, ese botaba unas bombas muy grandes, eso hacía estremecer el suelo, cuando ellos empezaron a volar así dijimos “algo va a suceder”, cuando ellos se tomaron esa noche como a las doce o una de la mañana se tomaron el pueblo, eso sonaban tiros por todas partes, increíble, todo mundo metido debajo de las camas, entre los baños (Relato de vida 3) Paulatinamente se pierde el control de la propia vida y los sentimientos de miedo y angustia crecen desbordándose cada vez más; la vida permanece en vilo esperando, soportando y franqueando límites insospechados de la propia subjetividad. La guerra impone nuevos ritmos y somete a múltiples mecanismos 62


de vigilancia y control. Las entradas y salidas, las conversaciones, las transacciones comerciales, los movimientos, el cuerpo, la ropa, todo queda sometido a la sospecha, a la pregunta que juzga y amenaza. La casa, el negocio, la finca, los lugares de encuentro y recreación, la emisora, el hospital, la escuela, las calles y los caminos transitados van transformándose por el miedo y por las huellas de terror que dejan los actores armados. La disputa por el control del territorio implica la puesta en escena de prácticas de vigilancia excesiva que somete a los sujetos a la incertidumbre y el terror, generando el silencio y el sometimiento por parte de los habitantes de la zona. La lógica de la guerra se va instalando por encima de la vida y de la dignidad, convirtiendo a la población en botín de guerra. En este sentido, el desplazamiento forzado es una estrategia misma de la guerra que los actores armados usan para obtener el control físico, social, político, militar y cultural del territorio9. El sentido de lugar, es decir el conjunto de percepciones, significados, usos y sentimientos que los sujetos han ido construyendo con el territorio se transforma radicalmente; se convierten en objetivo militar, en zonas de riesgo, en cárceles improvisadas, en el lugar que señala la muerte o la desaparición del vecino o del líder de la junta de acción comunal, en caminos prohibidos. Los tiempos, los horarios de colegio y del trabajo, de la pesca, los días de mercado quedan suspendidos en la incertidumbre y regidos por el ritmo de los combates, de los bombardeos, de la guerra. De igual forma la ruptura o rupturas que subyacen al destierro, refieren a la pérdida de un capital productivo y 9

Autores como Bello (2004), Zuluaga (2004), Murcia (2004), entre otros han señalado en sus investigaciones que el desplazamiento forzado además de constituir una vulneración de los derechos humanos, es en sí mismo una estrategia de guerra que sirve a diversos intereses de los grupos armados y a quienes los financian.

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económico de las familias que fueron construyendo paulatinamente, y que en el momento del abandono representaban recursos de sostenimiento significativos. Yo había sido maquinista en los ferrocarriles; me dieron una cesantía por doce años; en 1981 con $400.000 que me dieron de cesantía, yo me fui y los invertí en Calamar. En ese tiempo era harta plata, mi papá me dejo una herencia en Mariquita, también la invertí, el trabajo con mi esposa, el trabajo de mi familia, el patrimonio de la familia nos permitió montar un negocio muy próspero en Calamar donde teníamos casas rentando, teníamos tres casas que nos pagaban arriendo, teníamos casa de habitación, teníamos una finca, todo eso; las casas las vendimos, algunas casas que valían cuarenta millones, las vendimos a seis millones y algunas no nos las han pagado y la finca también la perdimos. (Relato de vida 1) En algunos casos, los recursos económicos con los que contaban sustentaban en parte un lugar o estatus de reconocimiento en la comunidad local, además de una vida cómoda y prospera económicamente. Cabe resaltar que tales recursos trasladados al contexto urbano pierden valoración en sí mismos; la casa amplia de madera, bonita porque tenía un jardín lleno de flores, ubicada en el centro del pueblo, se traduce en una cifra que nada tiene que ver con lo que representaba emocional, simbólica y socialmente. Por otra parte, el destierro trae consigo rupturas en los vínculos filiales y de sociabilidad construidos a lo largo de la vida, no sólo por la separación de familias y de los vecinos: los que se quedan y los que tienen que huir; sino porque se quiebran vínculos de afecto, confianza y de solidaridad. El miedo, el terror que imponen los actores armados a partir del asesinato selectivo, las desapariciones forzadas, las amenazas, los combates, las redes de informantes, los señalamientos y detenciones masivas e injustificadas, activan y

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agudizan conflictos cotidianos que conducen al deterioro de las relaciones sociales, a la desconfianza y a la sospecha entre hermanos y vecinos. A las personas que trabajaban allá ¿qué hicieron con esas personas? ¿qué hicieron con otras personas? ajusticiarlas, las metieron a la cárcel, algunas han pagado 8, 13, 18 meses de cárcel y todos, a la mayoría que han cogido les han dado la libertad ¿Por qué? por falta de pruebas y simplemente los acusadores que han acusado a esas personas, ¿qué han hecho? sacarle plata al Estado, sacarle plata al gobierno, lucro personal no más, por sus tales recompensas y sus tales cosas que dice el gobierno que les dan y ¿por qué motivo? utilidad propia, porque en el momento de la captura mía, me cogieron y me llevaron para San José, lo primero que hizo un man, no me recuerdo el nombre, un mayor allá me ofreció ocho millones de pesos, ocho millones de pesos! y me mostró un marco donde habían solo casas -esas pertenecían a distintas ciudades, Bogotá, Cali, Medellín, etc.- me dijo: “le doy una casa de esas y ocho millones de pesos por cada persona que usted me entregue como miembro de la guerrilla en Calamar”, yo llegué y le dije, yo sagradamente le hablé muy claramente, le dije: “hagamos un negocio, deme los ocho millones de pesos, cuántas personas usted necesita en Calamar Guaviare y nos vamos para allá y me saca la familia”, me dijo: “listo ya le mando traer la familia y empiece a dar nombres,” yo le dije “no, yo voy y le señalo allá, ¿a cuántas necesita?” y de una vez por eso me pego, me dijo que yo con quien estaba tratando y me aporreo, le dije: “deme los ocho millones de pesos”; entonces me dijo: “¿usted si sabe quiénes son?” “a no, yo no sé quiénes son, usted me está diciendo quiénes son, si usted quiere, yo le muestro o le señalo medio pueblo, pero eso sí yo no sé”, por eso me golpeó, me empapelo y mandó a la fiscalía empapelado automáticamente; por eso hoy este testimonio es solamente con personas a las que se les nombra plata y debido a eso, más de uno está en la cárcel, más de uno han estado y las personas que hagan esto es porque este Estado corrupto empieza a ofrecerle plata a cualquier persona, por cualquier información que dé sea cierta o no, la fichan y listo y va para allá. (Relato de vida 5) Los vínculos de solidaridad, de respeto y reconocimiento se rompen dando lugar al aislamiento, al silencio, a la culpa y a la delación como posibilidad de salvaguardar la propia vida. Los líderes políticos y de las distintas 65


organizaciones sociales, gremiales y comunitarias son los primeros en sufrir la represión impuesta por los actores armados que entran en disputa territorial. En el caso de Calamar es la Fuerza Pública y los paramilitares quienes entran en disputa territorial con las FARC- EP, quienes han hecho presencia y han ejercido el control por más de 30 años10 y en este proceso, no sólo se juega el control del territorio, sino y principalmente el control de la población y de la producción económica, social y política. La guerra no sólo tiene que ver con los permanentes combates entre las distintas fuerzas armadas, sino que implica de forma esencial el control por medio de la violencia de la población, de sus formas de vida, y en este sentido, el desplazamiento forzado es una de las estrategias claves. El mensaje es claro, el castigo es ejemplar para quienes han protagonizado procesos de organización y desarrollo social, político y comunitario. Las opciones de supervivencia implican la invisibilización y la negación de cualquier vínculo con estos procesos o con quienes los lideraron; y además hay que cuidarse de todos, no se sabe quién es quién, cualquiera es ahora un posible enemigo. La lógica de la guerra con la que se ha convivido por años también se transforma y las acciones de prevención y de protección que antes funcionaron para desarrollar una vida en armonía dejan de ser funcionales. 10 Bello en su texto El desplazamiento forzado en Colombia: acumulación de capital y exclusión social (2004), señala que los territorios de expulsión de población desplazada son zonas con valor estratégico, bien por la ubicación de megaproyectos económicos y de desarrollo; o por configurarse en corredores claves para el tráfico de armas, contrabando y otros ilícitos, para la movilización de ejércitos o el repliegue de los grupos armados; además de la presencia de recursos minerales y energéticos de gran importancia; en muchos casos, los factores mencionados confluyen con la disputa por el control territorial y poblacional en zonas que por la presencia histórica de algún actor armado pueden convertirse en objetivo militar de su contraparte. Se trata entonces de “escenarios que convocan diversos intereses y que se convierten inicialmente en zonas de disputa y luego en territorio de dominio del ejército que haya logrado imponerse” (Bello, M: 2004; pp. 24).

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Valorar el momento preciso para huir es distinto para cada familia y para cada persona, pasa por diversas valoraciones que dependen de los significados que van atribuyendo a los hechos y que se relacionan más con la lectura que hacen de la guerra, con los rumores, con la incertidumbre del futuro, que se teje con la esperanza de no perderlo todo. Al día siguiente cuando ellos ya empezaron a abrir las puertas de las residencias y de todas las casas a patadas y gritando “sálganse o los matamos o les ponemos una bomba” -eso eran los soldadosinmediatamente el que abría la puerta: “si bien pueda” y se entraban adentro, sacaban a los hombres, a las mujeres, a los niños estuvieran como estuvieran los sacaban a la calle, enfermos o no enfermos, los niños y las mujeres en pijama y a los hombres en calzoncillos (…) yo fui una de las que me escondí debajo de una cama y a mí no me encontraron, y si no tal vez no estuviera viviendo porque el decir, el comentario que había era que yo era auxiliadora de la guerrilla y que ahí mantenía mucho la guerrilla; como les dije yo a ellos mismos: “uno en una finca o en un pueblo pequeño, el que llegue es bienvenido; si le piden a uno un sorbo de agua hay que darlo, si le piden un pan regalado o vendido hay que facilitarlo como sea, porque ahí estamos sin armas” (…) Entonces yo me quedé debajo de la cama como hasta las dos de la tarde, a las dos de la tarde (…) hicieron que prendieran la planta, metieron los números de las cédulas al computador y a los que supuestamente no les encontraron nada los soltaron, y los que no se los llevaron y los que no desaparecieron; así por lo consiguiente fue esa vida, y entonces a mí no me sacaron, entonces una muchacha como a medio día me dijo: “yo voy a cerrar y me voy a ir, usted verá qué hace”, entonces me llevó un tinto donde yo estaba, después yo me salí por detrás de la casa de una señora, una vecina; le pedí permiso para salirme por ahí, me dijo: “no, no, nosotros creíamos que usted no estaba viva” “¿por qué?” “porque a usted la están preguntando” “¿por qué me preguntan?” “porque usted supuestamente tiene que ver con la guerrilla y aquí están buscando a la guerrilla”, entonces le dije yo: “bueno pues a la de dios”; yo me pasé allá para donde ella -pero sin ella estar muy contenta- con un maletincito donde llevaba una muda de ropa y mis papeles y ahí me estuve hasta las tres de la tarde en esa casa; mi mamá desesperada llorando, esperando a 67


ver qué pasaba con los hijos porque a esas horas nadie respondía, a esas horas vino un amigo mío y una señora me dijo: “si usted se quiere salir yo la llevo para donde su mamá, por allá frente al hospital”, yo le dije: “yo no tengo miedo, yo no tengo nada, yo no debo nada, el que nada debe nada teme” y ahí mismo yo me fui en medio de todo el ejército que había, mujeres, hombres, militares, policías con armas, así yo me pasé por medio de todos ellos y me fui para donde mi mamá. Cuando yo llegué a donde mi mamá ella estaba en un solo llanto, ella me preguntó: ¿Mija no le pasó nada?” “no mamá ¿por qué?”, “porque el comentario es que usted no la encontraban”. Entonces el hijo mío y mi esposo desesperados en la finca sin saber donde estaba yo (…) mandaron a un muchacho que no sabía manejar y le dijeron: “usted es capaz de ir al pueblo a rescatar a mi mujer y a mi mamá”, entonces él ni corto ni perezoso dijo: “yo soy capaz”, tomó un motor sin saberlo manejar y llegó a buscarme, llegó al pueblo y entró y me dijo: “gracias viejita que usted está viva”, dije yo: “no mijo yo estoy bien; ¿usted es capaz de irse conmigo?”, “sí, yo me voy, yo no debo nada”. Cuando íbamos ahí más abajito le dijeron a él: “los papeles”, entonces él se bajo de la canoa, les pasó los papeles -cómo sería el problema y la angustia tan desesperante que ni él sabía cómo me llamaba yo ¡el susto fue tan grande!- pero a mí no me daba miedo, yo no debo nada, si me mandan para la cárcel pues me voy y si me matan pues ya llegó la hora, qué vamos a hacer; entonces le dijeron: “esa señora que lleva allá quién es”, entonces dijo: “esa señora es la dueña de la finca donde yo trabajo”, entonces le dijeron: “bien pueda váyase” (…) así salimos y nos fuimos; cuando ya íbamos volteando ahí más abajo iban dos canoas llenas de gente desesperados -una cosa horrible- que también se fueron (…) Después yo pensaba: pero yo para perder todo y sin tener nada que hacer, qué hacemos ¿voy al pueblo o no voy? entonces el hijo me decía: “no mamá que se pierda todo”, pero era que yo no había llevado ropa, yo dejé mis cosas en el pueblo y no tenía a quien dejárselas, entonces yo me arriesgaba, yo seguí yendo a la casa del pueblo, iba a la casa y donde el hijo en la finca -llevando la contrariahasta que a lo último los que yo tenía ahí en la casa me dijeron, “sabe que viejita, mejor no venga más porque a usted la preguntan, pero ya los que la preguntan son de civil y dicen que son de las AUC”, entonces yo dije, bueno el ejército no me está preguntando (…) ¿pero qué hago? -es que uno perder todo y no tener nada, pero bueno no he perdido mis hijos, es el único consuelo que yo tengo- (…) ya de tanto tiempo allá sin tener yo nada, entonces mi mamá me sacó las cosas en una zorra y las llevó para donde ella vivía, pero no todo porque ella sola, unas cositas poquitas (…) entonces de ver ese problema así me vine para el pueblo desde la finca 68


con la maleta y llegué a la casa donde mi mamá y empecé a vender un televisor y una nevera que tenía para poderme venir -porque no tenía plata, no tenía como venirme-, para pagar el vuelo, así como pude fue que yo vendí un televisor y con eso me vine (Relato de vida 3) Cuando llega el momento de huir definitivamente de la región, ya se han explorado y ensayado múltiples alternativas; la esperanza se mantiene hasta el último momento. La vida es valorada más allá de la integridad física, pues tiene que ver con la historia, con el territorio habitado y apropiado, con el hogar, los afectos, las luchas, los vecinos y amigos, con las maneras de verse a sí mismos y de relacionarse con el mundo. Es la vida misma la que se está abandonando, y por ello queda anclada en la memoria; cada detalle de los últimos días aparece en las narraciones dibujando y transmitiendo el dolor de la pérdida, la rabia, la impotencia y la incertidumbre. Esos sentimientos y experiencias del pasado aparecen, se mezclan y actualizan con los mundos y situaciones que enfrentan ahora constituyéndose en el lugar del destierro; un lugar en el cual confluyen diversos espacios y tiempos, y que les permite paradójicamente reconstruir la vida, volver a empezar, apropiar y construir nuevos sentidos, habitar nuevos espacios que por mucho tiempo seguirán siendo transitorios y ajenos; no sólo por las luchas que emprenden por la inclusión y la supervivencia, sino porque el terror sigue vigente en sus cuerpos, en sus silencios obligados y en las nuevas persecuciones reales y simbólicas que enfrentan permanentemente en un país atravesado por la guerra.

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5.2

La Reconstrucción de Espacios y de Relaciones

Es necesario reiterar aquí que los procesos de ruptura y reconstrucción son movimientos que se producen durante todo el proceso del desplazamiento. Es decir, aparecen y se mezclan en los trayectos vitales de los protagonistas de maneras diversas y complejas, marcados por las circunstancias y experiencias que viven tanto en el lugar de procedencia en donde se agudizan las condiciones de existencia por la radicalidad y degradación de la guerra, como en los territorios hacia los cuales migran. Por lo mismo, es un movimiento lleno de contradicciones que parte de aquello que quedó anclado en la memoria sobre la experiencia de pérdida y de dolor. Los relatos muestran diversas rutas y destinos transitorios. Algunos de ellos buscan redes familiares en otras zonas del país: Villavivencio, Ibagué, Medellín, Bogotá. Otros llegan a ubicarse con vecinos y amigos de la región que han salido anteriormente y que ofrecen hospedaje transitorio en medio de condiciones adversas. Otros continúan el éxodo hacia pueblos pequeños en Cundinamarca, Huila, buscando condiciones más cercanas a su vocación campesina. Comenzando la organización de la salida, yo salí primero; debido a eso entonces ella se quedó allá cobrando una plata que nos debían, vendiendo unas cosas que teníamos; yo me vine primero como quince días antes, llegué hasta Ibagué donde la familia, de ahí de Ibagué, ya se vino ella; nos comunicamos con ella porque no teníamos ninguna comunicación, vine y la recogí aquí en Bogotá, de aquí nos fuimos para Ibagué para donde la familia; muy bien los primeros días -traíamos algo de plata, hice alguna remesa, pagué un arriendo, porque llegamos donde una hermana- pero cuando empezaron a acabarse las cosas, nada de 70


trabajo; el trabajo era lo más importante y no conseguía trabajo por falta estudio, entonces me vine para Bogotá porque ya había declarado aquí en Bogotá. Lo de la declaración me la rechazaron por la sencilla razón de que yo declaré en la defensoría del pueblo y la secretaria de la defensoría del pueblo me preguntó que cuánto tiempo en la región llevaba yo, yo le dije: “nosotros llevamos en la región trece años” y ella llegó y escribió tres años, debido a eso de una vez me la rechazó; después me tocó pasar un derecho de petición, mandé lo de salud total, los carné de salud donde constaba todo el tiempo que yo llevaba, la certificación del señor alcalde de allá, bueno, muchos papeles, hasta que me aceptaron y fui admitido en el registro único de población desplazada. (Relato de vida 5) La pérdida total y abrupta de los recursos de sostenimiento traen consigo transformaciones importantes en la estructura y dinámica familiar, así como en la auto imagen y el auto concepto de todos sus miembros. La imposibilidad de trabajar y garantizar la supervivencia contrasta con situaciones de dependencia y de mendicidad, con la estigmatización que encuentran en los nuevos vecindarios de la ciudad, y con la competencia en cuanto a recursos del Estado11. Soy desplazada del Guaviare, estoy viviendo aquí en el barrio (…) y llevo tres años, ocho meses de estar aquí en Bogotá. Estoy desplazada con mis hijos; para mí ha sido un problema muy delicado, lo perdí todo y fuera de eso tengo un hijo detenido hace más de un año. La dificultad ha sido muy grande por tener ese problema. Económicamente estamos muy mal, esperando siempre las ayudas que nos da el gobierno pero han sido muy pocas, porque en lo que hace que estamos desplazados, recién que llegamos acá, las poquitas ayudas que nos dieron fueron mínimas, pues la comida que nos daban no era la suficiente; dijeron que nos pagaban el arriendo, no lo han dado, la ropa tampoco, también hace un año y seis meses tengo a mi mamá a mi lado y estamos viendo por ella con miles de dificultades, entonces ese es un problema muy delicado que tenemos porque la situación ha sido muy difícil (…)Yo tenía una casita que la arrendaba, tenía en ella tres apartamentos para arrendar, los arrendaba 11

Bello, M (2002) describe estas mismas experiencias en su texto: Identidad y desplazamiento forzado. http://www.uasb.edu.ec/padh/revista8/articulos/martha%20bello.htm#exigencias

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uno por $ 400.000 otro por $ 300.000 y el otro por $ 250.000, esa era mi renta para el sustento mío -tenía, como pobre tenía todo- tenía una panadería que de esa sobrevivía y mis hijos estudiaban todos y mi esposo vivía en una finca, el de ahí traía y nos sosteníamos y estábamos más o menos bien, lo perdimos todo. (Relato de vida 3) Los relatos evidencian las múltiples dificultades que ofrece la ciudad para la reconstrucción, no sólo por la carencia de oportunidades laborales, sino porque la inserción en el mercado productivo exige unos perfiles y unas condiciones con las que no cuentan. La edad, la educación y la especialización en oficios técnicos, la historia laboral previa y demás requisitos se convierten en dificultades que por otro lado, contrastan de manera permanente con el lugar ausente, con los niveles de independencia y “solvencia” económica que habían construido. Las opciones de soporte social y económico pasan por las redes familiares; no obstante, en ocasiones estas relaciones quedan atrapadas en las dificultades propias de la exclusión y la pobreza, deteriorándose con la desconfianza y los reproches más o menos explícitos, generando un mayor aislamiento. En muchos casos las alternativas se reducen a la oferta estatal de programas de ayuda humanitaria que no sólo son insuficientes, sino que se traducen en relaciones de dependencia y mendicidad que transforman significativamente su identidad. Los relatos señalan además eventos de persecución y represión policial que se mantienen aún en el destierro y que agregan o mantienen vigente la desestructuración de la familia y de la identidad. Los eventos que produjeron el desplazamiento y las situaciones de detención posterior, están relacionadas con el lugar de procedencia y con las filiaciones políticas de los protagonistas. 72


Vengo desplazada de Calamar Guaviare hace año y medio, vengo con mi hijo y mi esposo pero mi esposo está preso; ya lleva trece meses preso y pues injustamente porque uno viene de una parte, pues, que era zona roja; hubo un tiempo que le decían calafarc, entonces a todos nos veían como guerrilleros; nos decían que no somos gente de bien, que somos delincuentes aunque nosotros sabemos que no somos así. Estamos aquí bregando a sacar a nuestros hijos adelante y pues allá dejamos dos fincas y la casa en el pueblo; se nos adueño un señor de la casa y pues allá tengo a mi mamá y todo eso, pero ellos también están pensando en venirse porque la situación allá está muy difícil, muy dura, muy crítica. Ahorita bregando mucho, bregando a ver si mi esposo sale; estamos buscando probar la inocencia de él aunque nosotros sabemos que él es inocente, pero hay muchas personas que se aprovechan porque saben que nosotros venimos de allá, entonces empiezan a acusarnos de algo que no somos y así está pasando con mi esposo. Una señora que vivía allá tiene cuatro niños y ella se está haciendo pasar por guerrillera, porque la gente que la conocemos sabemos que era una madre de familia llevada, más de uno la ayudamos, aquí varios le ayudaron, mi hermana también, la ayudaron llevándole remesa allá, ahora ella dice que es guerrillera y señala a mi esposo, señaló aquí al señor también, a Fulano y a muchas personas que venimos desplazados de allá… (relato de vida 9) . No obstante, en medio de las circunstancias adversas se va rehaciendo la vida y en este proceso se generan nuevos aprendizajes que permiten reconocer la ciudad, recorrerla, ubicar lugares que puedan ofrecer alternativas. Se construyen relaciones de diversa índole con los nuevos vecinos y arrendatarios, con las instituciones y con otras personas en situaciones de desarraigo similares. Por supuesto, las experiencias previas les permiten fortalecer habilidades de gestión y construir nuevas redes, nuevos vínculos para soportar y afrontar las situaciones y afanes del día a día. La fuerza y el valor que está presente en las narraciones se evidencia nuevamente en los detalles cargados de emociones; desde allí reaparece el sentido del trabajo, de lo productivo y de la lucha por el buen vivir. 73


…A él le tuvieron denuncia por allá y él pensó que lo iban a matar (…) pero entonces ya él salió de allá porque lo largaron y me dijo que ya nos tocaba era salirnos de allá. Esa finca nos tocó venderla regalada, esa finca estaba avaluada en cuarenta millones de pesos y nos tocó darla en doce millones y nos dieron un ganado viejo (…) pero ya cuando íbamos a salir se arrimaron los paras y le quitaron la plata, o sea que nosotros quedamos fue sin plata, ya nos vinimos por acá fue prácticamente a llevar del bulto (…) Nos vinimos para Bogotá porque los hijos nos dijeron que eso allá en Villao estaba muy feo (…) Nosotros llegamos a Kennedy a la casa del dueño del carro que nos trajo de Calamar acá -a nosotros nos pasaron muchas cosas- esa noche llegamos a las once de la noche y llegamos a una olla por allá como por Juan Rey, por allá; el señor del carro dijo: “no, aquí en esa olla yo no los dejo, vámonos para la casa y allá tienen la posada mientras consiguen para donde irse” y sí, allá duramos un mes y al mes conseguimos vivienda y nos fuimos. Yo ahí la pasaba muy aburrida, yo lloraba, me acordaba de la finca, me acordaba de los gatos, de las gallinas ¡uy no! y eso ahí era muy frío (…) entonces buscamos allí en las lomas y ahí me amañé harto, ahí duramos 16 meses. (…) Una vez por aquí en Santa Ana me encontré con una señora muy buena gente, yo me iba a ir por una remesita allí a Villa Javier pero yo no sabía dónde era villa Javier y entonces me fui a pie buscando y preguntando; en esas le pregunte a un señor y él me dijo, me explicó y me dio las indicaciones (…) entonces iba pasando una señora y me dijo: “yo voy para el 20 de julio, si quiere camine” y nos fuimos y por allá me preguntó que a qué iba yo, yo le dije: “es que yo soy desplazada y me van a regalar una remesa” -a mí no me dieron nada ¡uy perdí toda esa caminada!- entonces ella me dio el número del celular y me dijo que la llamara para regalarme algunas cositas y yo la llamé como a los tres días, entonces me dijo que fuera y que le ayudara y que ella me pagaba a $20.000 día y que me fuera para allá; así fue que yo todas las mañanas me iba, pero al otro día yo miré que ella hacía ropa interior, yo le dije que yo no le cobraba la hecha del trabajo pero que me enseñara, entonces ella me dijo que sí; así fue que ella empezó a cortar, yo le hacía todo el oficio hasta la una de la tarde, después de almuerzo me sentaba al pie de la máquina, “eso se corta así”, ella iba sacando los moldes que aquí los tengo y me los iba dando y me decía: “este es un interior de talla tal”, me los iba dando por tallas y así fue que aprendí. (…) Entré por “Opción Vida” a un programa que le dan a uno dizque incentivos. (…) Lo que pasa es que cuando uno es desplazado le dan la carta, entonces una vez llamaron 74


a mi marido para que fuera por las tres primeras remesas y el arriendo que le dan a uno, entonces ahí lo anotan a uno y ya lo tienen en cuenta que uno ya no tiene trabajo y quiere trabajar, mi marido como ya tiene 68 años, ¡imagínese! qué trabajo nos van a dar a nosotros, yo tengo 60 años (…) Entonces yo fui y pasé la hoja de vida allá a “Opción Vida” y una vez lo llamaron a él como a las siete de la noche que si él quería trabajar, “¡uy sí! quiero que me pongan a hacer algo”, pero pobrecito ¡él que! lo único es eso de construcción y él ya no está para eso, entonces le dije yo: “pues vamos juntos”; eso eran como a las cinco, a las siete de la noche estábamos en esa reunión y un aguacero y entonces dije yo: “el proyecto que yo voy a hacer es hacer esas tangas” y me preguntaron qué cuánto se me iba y entonces yo puse que la máquina de esas pequeñitas, una mesita para cortar, que las telitas, ese proyecto quedó como en dos millones de pesos, entonces sí, lo pasé; como a los ocho días me llamaron que tenía que ir a unas reuniones, me tocó ir como a cuatro reuniones y entonces me salió la plata, me salió un millón, me fui, eso sí con papeles hasta con lo que usted no se imagina (…) ya con esa idea que me dieron y con esa plata que me dieron me compré esta fileteadora y ya empecé (…) me tocó ir por allá hasta Engativa, en villa madrigal; allá fui y compré la máquina; la mesita, mi marido me dijo: “eso yo mismo hago la mesita y ahí ahorramos”, el señor de la casa nos hizo la maqueta, luego llegaron a visitarme y a ver qué compré porque no podíamos gastar un peso en el arriendo, como dos o tres meses sin arriendo, ¡ay virgen santa! (…) y empecé. Cuando ya me rendía más empecé haciendo dos docenitas, pero al principio me demoraba mucho, las tangas me quedaban torcidas ¡ay dios mío! entonces ya iba donde la señora y ella me explicaba (…) entonces mi marido fue y vendió dos docenitas y me dijo haga otras dos docenitas (…) él se llevo esas dos docenas y las vendió (…) una vez que estábamos necesitados y teníamos un poco de tangas mal hechas -todo lo del principio- entonces él cogió esas tangas mal hechas y se fue, por allá consiguió un saldista en la plaza España y las vendió todas, cogimos para comida y surtido (…) como ya él es de edad le dijeron: “abuelo para que usted venda esta tanga bien, haga la tanga así y le dieron la muestra”, él se vino y me dijo: “nos va a ir bien”, la desbaratamos, cogimos el molde y miré bien como iba la costura y se dijo a hacer tangas; pues ahora en el momento estamos vendiendo semanal sesenta docenas de tangas y eso que no alcanzamos (…) todo eso lo sé hacer porque la ley de la vida le va enseñando a uno, esas máquinas para manejarlas, yo no recibí un curso, esta máquina me hacía llorar, yo no sabía nada, llegaba y me acostaba sudando de luchar con la máquina y entonces una vez llamé a una señora que trabaja allá donde compré la 75


máquina, le dije: “señora ayúdeme, yo le pago, yo le doy veinte mil pesitos” y se vino y me enseñó (…) pero entonces dije: “es que yo necesito otra máquina, necesito la plana”, entonces me metí en un préstamo al banco de la mujer, pero duré mucho tiempo rogándole a esa gente para que me hicieran ese préstamo para esa máquina y no había dios posible, que no porque necesitaba yo tener más de un año el taller, que no podían, pero les dije yo: “cuál es el banco de la mujer, si yo soy desplazada y necesito trabajar y quiero trabajar para no estar pidiendo por ahí las limosnas que le dan a uno, yo necesito trabajar”, entonces me le tiré a la gerente y le dije: “vea, es que yo necesito trabajar, hágame ese préstamo, qué tanto es prestarme ochocientos mil pesos”, y bueno, me dijo que le llevara los papeles -yo ya los había llevado pero me botaron esos papeles- me dijeron: “pero esos papeles ya no están aquí porque como no se le iba a prestar nada”; dije: “bueno yo los traigo otra vez”, me vine, saqué otra vez ese poco de papeles y ya vinieron y me visitaron, no tenía sino la maquinita familiar que aquí la tenemos -todavía no tenía ésta- ¡ay dios mío! yo ruegue por esa máquina, entonces sí, cuando a los tres días me visitaron y al otro día me llamaron que sí, que fuera por los ochocientos del préstamo (…) bueno ya seguimos así, yo seguí haciendo la tanga en una maquinita viejita -no en ésta todavía- en esa viejita, y me hacía seis docenas diarias de seis de la mañana a diez de la noche y mi marido los sábados iba y las vendía y pagué en el Banco de la mujer; entonces yo ya dije: “espérese y verá, yo ya necesito esa otra máquina barata de segunda mano que vale dos millones quinientos -porque nueva vale como cuatro millones- y yo sin esa máquina no me rinde, mientras aquí me saco seis docenas en el día ahí me saco veinte” (…) me metí a la Caja Social y allá me prestaron para la bendita máquina millón cuatrocientos (…) para hacerme a la caja social fue muy duro, eso es duro meterse a un crédito y uno desplazado y sin tener nada, pero ya para el banco yo ya tenía esta máquina y una familiar, ya tenía dos y dije: “me voy a rogarle” -llegué al Restrepo, porque en esos días estaba la propaganda del banco de las oportunidades, yo fui y me hice inscribir y a mí no me salió nada, entonces me metí a la Caja Social del Restrepo- yo cuando digo voy a hacer una cosa yo la hago, me levanté y le dije a mi marido: “me voy a conseguirme una plata mijo, yo necesito comprar esas máquinas” ¡uy yo qué hago! yo desesperada y entonces me fui, me entré al Restrepo y dije: “yo necesito un crédito pero ¿cómo es qué se dice? que no sea para algo específico sino de libre inversión -alguien me había dado cartilla que tenía que ser así (…)- no tengo casa ni tengo nada pero quiero trabajar, además de una vez les voy a decir para que no me pongan tanto problema, no tengo nada, soy una mujer desplazada pero 76


quiero trabajar (…) yo tengo un tallercito pero necesito una máquina, necesito dos millones” (…) se comunicaron con otra entidad que me quedara más cerquita, ya me pidieron bien los datos, entonces ya me dijeron que esperara que al otro día iba una muchacha y al otro día fue la muchacha -una famélica- y me dijo: “¿usted si puede pagar?” -ya me habían metido mi número de cédula por allá y se dieron cuenta que yo debía en el banco de la mujer- me dijo: “¿cómo hace usted para pagar otra cuota?” y yo les dije: “yo puedo pagarla (…) yo puedo pagar mensual trescientos mil pesos”, “¿pero usted no va a quedar mal?”, “¡como se le ocurre! Sí yo quedo mal en uno de mis créditos ¿entonces? todo quiero, menos perder mis créditos, yo necesito es mis créditos, no necesito más”, entonces a los tres días me llamaron de allá y me volvieron a preguntar para qué necesitaba los dos millones de pesos, cuando les dije que para comprarme una máquina collarín me preguntaron que con el préstamo del banco de la mujer qué había comprado, entonces yo no fui pendeja, les dije: “compré la fileteadora señor, la niña que vino a visitarme la miró, me compré la fileteadora y ahora pues necesito más plata pues usted sabe que estoy trabajando y usted sabe que uno necesita la plata”, al otro día llegó la muchacha con una papelería y que firmara, que firme aquí, que firme allá ¡yo más contenta! pero no me prestaron todo y dije yo: “bueno el todo es tener ese crédito” me dieron ahí mismo la tarjeta (…) pero no me alcanzaba, quedaba ajustada ¡ay yo he sido cumplidisima, uy no! y entonces en la Caja Social ya me prestaron ese millón quinientos y yo les dije: “pero es que a mí no me alcanza esa plata para esa máquina”, me dijeron: “mire a ver qué hace”, fui donde el señor que me había vendido aquella y le dije: “¿usted no me puede fiar el excedente?” y me dijo: “pues vengase a ver” y me fui ¡yo más contenta! me fui donde el señor y me mostró las máquinas, hicimos la letra y me vine contentísima con esa máquina, yo me sentaba en esa máquina y no me provocaba pararme de ahí (…) ya entonces con esa máquina pusimos un plazo de un mes para el excedente que eran quinientos y estábamos tan mal, tan mal; ese día, hacía como diez días había sacado lo de la máquina y le entregué todo al viejo, pues estábamos sin plata y mi marido preocupado; cuando recibo una llamada, iba a llevar unas tanguitas para el centro cuando me llaman de Reiniciar, me dijeron que mi marido tiene una plata en el banco, ¿si y cuánto es? millón quinientos y entonces me puse a pensar, pago donde don Alfonso y hago una remesa y yo ¡ay gracias a dios ahí nos desvaramos! con esa plata pagué y así nos hemos ido bandeando ¡ha sido mucho sufrir! no sólo en comida porque uno la comida se la levanta, pero moralmente sufre uno harto, uno de la noche a la mañana contando con un plante para la vejez, para uno que ya está viejo y que de un 77


momento a otro lo pierda, eso es muy berriondo resistir eso (…) y gracias a dios no nos ha faltado la comida, la droguita que uno necesita (…) yo tengo un enlace, por mi forma de ser, tengo un enlace con mucha gente desplazada; por ejemplo tengo un enlace con un muchacho que es una belleza de hombre, es un político el berraco sino que lo sacaron del Huila; él está todo tiroteado por aquí, y me hice amistad con él; él me dijo: “mija no se me vaya a perder que yo fui ayer y ya me dieron las convocatorias” y como iba a saber yo si no lo pasaron por televisión, entonces él me llamo y me dijo: “córrale para que no tenga que hacer tanta cola, vengase al cafam de la floresta, coja un bus que diga avenida sesenta y ocho” y ahí mismo me fui yo sin conocer, pregunté: “¿dónde cojo el bus que vaya por cafam de la floresta, por la sesenta y ocho?” (…) me fui a la floresta y de una vez, que el formulario, si señora véalo aquí, entonces llegué y ¡tan! lo llené; yo no lo llené bien, sino que ya fui y puse una crucecita mal puesta donde no era y esa crucecita quería decir que yo renunciaba al subsidio que da el gobierno (…) bueno a los quince días de haber llenado el formulario me llamaron que había un error allá que había que cambiar y ya los formularios están donde deben estar (…) entonces estamos esperando, yo le digo a él: “yo tengo mucha fe que la casa nos va a salir, pero en caso tal que la casa no salga, yo estoy muy aburrida para largarme de aquí, porque mire esa humillación” (…) Una vez en la otra casa donde estábamos el señor trató muy mal a una amiga desplazada también del Guaviare que vivía cerca y a veces me visitaba (…) parece que aquí en Bogotá no les gustan las visitas y que a uno lo visiten, en parte ese fue el problema que nos motivó a cambiarnos de casa, porque eso es muy incómodo. (…) Nosotros donde vamos a arrendar y nos pidan papelería nosotros no arrimamos, en las lomas que duramos 16 meses, muy bella gente ellos, nosotros llegamos allí y dijimos: “vea señor nosotros no tenemos aquí quien nos dé una recomendación o algo personal, pero nosotros trabajamos de cuenta personal (…) porque nosotros hace dos o tres meses vivimos aquí”, dijo el señor: “bueno”, ese no nos pidió nada, aquí no nos pidió nada ¡pero donde nos pidan nosotros ya! ahora, lo que pasa es que cuando un dueño de casa ve que uno es desplazado a uno no lo miran bien, inclusive a nosotros nos han arrendado porque nosotros no hemos dicho que nosotros somos desplazados; en los talleres sicosociales nos han dicho, quítense el desplazamiento de acá, no carguen con eso, tienen es que andar con la frente en alto y no que son desplazados, ustedes lo que son es unos luchadores, entonces eso lo ha aprendido uno; sí, la gente cuando se da cuenta que uno es desplazado a uno no lo miran bien… Cuando decidimos entrar a la asociación, me encontré con todos los antiguos 78


amigos… con todos los de la asociación me he reencontrado, con la señora de don Pepito, con don Pepito, con todos…. y por ejemplo cuando vivía allá en las lomas cerca de otras personas de allá de Calamar… fue por pura casualidad que llegué a vivir allá, las encontré así de una, entonces ya empezamos a contarnos nuestras cosas, entonces nos preguntamos, donde vive usted, yo vivo allí donde don Walter, entonces yo vivo aquí, fulanita vive allá, entonces ya salíamos y el encuentro más duro que me dio a mí, que me llenó, ese encuentro fue cuando me encontré con la familia de don Pepito y con una familia que hace años se había venido, doña Juana, doña Fulana, ese fue un encuentro que me llenó de mucha alegría, con todos mis compañeros (…) yo me sentí el día que nos citaron a una reunión en el Policarpo, yo me sentí, las primeras personas que como si fuera la primera vez que los viera, muy contenta. (Relato de vida 2) La reconstrucción se produce en medio de la diversidad y la experiencia traumática aparece y se reelabora en medio de los afanes cotidianos por la supervivencia. Surgen y se fortalecen habilidades para crear nuevas redes de apoyo y de confianza con las instituciones locales, con las ONG’s, con redes productivas informales y con los viejos y nuevos habitantes de la ciudad. En cada caso las versiones sobre sí mismos, sobre su experiencia y sobre el destierro se editan de maneras diversas de acuerdo a las lecturas y los imaginarios que circulan en cada espacio social en el que participan. De igual forma, los roles tradicionales tanto generacionales como de género se trastocan, profundizando la discriminación histórica de las mujeres y aumentando sus responsabilidades en el ámbito familiar y social, pero a su vez, se redefinen nuevas solidaridades y espacios de interacción. Simultáneamente las experiencias previas de liderazgo social y político juegan un papel preponderante en la reestructuración. No obstante las experiencias de lucha y de supervivencia en la ciudad se mezclan permanentemente con el lugar que se abandonó, es el lugar de la destierra en el que si bien es posible reinventar 79


trayectos vitales deja en suspenso un pasado con el que a煤n se tienen cuentas pendientes, y que constituye el patrimonio simb贸lico que reconfigura su identidad.

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6.

RELATOS DE CIUDADANÍA DESDE EL DESTIERRO

En este proceso de investigación, es definitivamente importante explorar la construcción y reconstrucción de la ciudadanía como proceso de identidad política en y a partir de la experiencia del destierro. Para tal efecto, su abordaje y comprensión se hace desde la propuesta de Chantal Mouffe (1999) sobre la identidad política como la articulación de las posiciones subjetivas del agente social que se producen a partir de la respublica o del vínculo ético que configura la comunidad política, la construcción de un nosotros /ellos que está siempre abierto y en proceso de reconfiguración. Implica además comprender el mundo público como el escenario existencial y experiencial que produce y es producido por la comunidad política en la vida cotidiana, como lo sugiere Serna (2007). Cabe precisar que en el caso de las y los protagonistas, la ciudadanía es o constituye un eje de vital importancia en sus relatos, en tanto es una apuesta que atraviesa sus proyectos vitales, y es esta misma apuesta la que sustenta el destierro como experiencia de exclusión y desarraigo y como vulneración de todos sus derechos. Pero al mismo tiempo, hace parte del proceso de reestructuración y reconstrucción del cual se viene dando cuenta. Pues no alcancé a ser concejal porque cuando nosotras sacamos la plancha por la Unión Patriótica para nosotras las mujeres como organizadas allá, sacamos una plancha solamente de mujeres cívicas y 81


logramos ganarla, pero en esas llegó la guerrilla y nos tocó dejarla porque pues en esa época no iban a aceptar ni alcaldías ni nada; seguimos trabajando siempre en la organización de izquierda de la UP; entonces por ese motivo a nosotros nos cogieron entre ojos como políticos pues siempre esto ha sido políticamente ¿por qué? por ser de izquierda o por ser de la Unión Patriótica, a nosotros no nos han querido -hablémoslo claramente- el sistema, entonces por eso nosotros allá fuimos amenazados del Ejército; los mismos militares nos decían: “nosotros no les hacemos nada pero los que vienen más atrás si los matan y no sé qué”, entonces de todas maneras eso es un atropello político contra nosotros. Yo por ejemplo abandoné la casa, allá está abandonada, han amenazado que la queman, que nos la quitan, la finca pues la misma cosa; también dijeron que nos la quitaban porque eso lo que la izquierda tenía, eso nos lo daba la guerrilla; eso es falso porque nosotros conseguimos nuestras propias cosas; yo por ejemplo aquí tengo con que atestiguar porque la finca se la compré a un señor don Fulano, él está aquí en Bogotá y la casa también se la compré a otro señor, yo tengo todos esos papeles; pero la gente lo acusa a uno. (Relato de vida 4) En el caso de los protagonistas de esta investigación, es su identificación política con la UP, o su lugar de liderazgo en organizaciones comunitarias en la zona, lo que ocasionó en primer lugar la persecución política promovida por el Estado con detenciones masivas y abusos de autoridad, y en segundo lugar amenazas y acciones directas por parte de paramilitares12. Sin embargo, los niveles de degradación de la guerra se fueron profundizando, generando todo tipo de vulneraciones y abusos por parte de los actores armados a la población civil. El terror supera cualquier lógica de supervivencia en medio de la guerra, las reglas impuestas por los actores armados se transforman de manera arbitraria y abrupta, convirtiéndose en una amenaza que sugiere como única salida el destierro. 12

A lo largo del 2002 y el 2003 fueron detenidas y encarceladas aproximadamente 30 personas en el Municipio de Calamar, Guaviare; y múltiples denuncias sobre desaparición forzada, ejecuciones extrajudiciales, entre otros crímenes de lesa humanidad se han realizado ante diversas entidades y comisiones de derechos humanos.

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A partir de las últimas denuncias que se hacen sobre la masacre cerca del río Unilla (…) es más, a esas personas no las mataron por ser de la Unión Patriótica, ni por comunistas, ni por ser izquierdistas, sino las matan por robarles una plata ; entonces es difícil navegar dentro de un cauce lleno de intereses, porque ya no es tanto lo político sino lo psicológico. Entonces vemos que las garantías no son para ningún habitante del pueblo, mucho menos para nosotros que hemos sido pensadores y los que hemos sido dirigentes de esos pueblos, en el caso de Calamar, entonces nos toca que venirnos pero ya la policía no nos presta ninguna atención, el ejército tampoco, antes se sienten lastimados por las denuncias que hacemos. (Relato de vida 1) 6.1

Articulación de las Posiciones Subjetivas

La identidad política entendida como la articulación de las posiciones subjetivas de los agentes sociales que se forjan en medio de relaciones de poder y del conflicto, plantea en el contexto Colombiano la superposición de planos o escenarios locales, regionales y nacionales que han estado atravesados por la guerra13, y que por lo mismo, afectan de manera importante la configuración de identidades políticas. En el caso de quienes han sido víctimas del desplazamiento forzado, que en muchos sentidos han sido vulnerados en su dignidad como sujetos de derechos cabe preguntarse por las formas en las cuáles los actores sociales han construido las condiciones de posibilidad de una ciudadanía en medio de regímenes legales diversos y opuestos, que han socavado sutil y abiertamente sus derechos fundamentales. La experiencia desarrollada en un Municipio de la Amazonía Colombiana surcado por la guerra contra el narcotráfico y la subversión, en donde la 13

Como lo ha señalado Gloria Naranjo (2004) el país vive un estado de guerra que pone en vilo su soberanía interna y el poder institucional, expresándose en ámbitos como el territorio, la comunidad política imaginada, los referentes institucionales y la formación de burocracias.

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cotidianidad evidencia la presencia de las FARC-EP a lo largo de más de dos décadas, así como la economía de cultivos ilícitos contrasta con la existencia de una democracia formal y representativa, con la fuerza de organizaciones sociales y comunitarias promovidas desde un sector de la izquierda que sobrevivió a los embates de los años 80 y 90, y que se constituyó en una fuerza democrática con poder político local legítimo que puso en marcha procesos de desarrollo social y alternativo en coherencia con sus necesidades y condiciones particulares, relacionados con el sostenimiento ambiental y el fortalecimiento institucional a partir de la participación y la multiplicidad de experiencias culturales que promovían y visibilizaban la diversidad14. Son precisamente estas condiciones del contexto, las que generaron, suscitaron y agudizaron la situación de exclusión y destierro forzado de las y los protagonistas de esta investigación, en el marco de la política de seguridad democrática expresada en el plan Colombia y el plan patriota15, con la consecuente vulneración de derechos civiles y políticos, la ruptura abrupta de redes simbólicas e institucionales de poder construidas en el marco de un proyecto social hasta entonces legítimo y reconocido a nivel nacional e internacional.

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En el año 2000 la administración Municipal de Calamar Guaviare, recibió el premio Nacional Ambiental convocado por la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca como reconocimiento al conjunto de acciones emprendidas en defensa del ecosistema amazónico y la biodiversidad. Adicionalmente, en el mismo año el municipio de Calamar fue condecorado con el premio Mejor Gestión Institucional en el Encuentro Internacional de Expoambiental 2000 (http://colombia.indymedia.org/news/2003/07/4824.php).

15 En el marco del plan Colombia y el plan patriota, comenzaron las detenciones masivas y arbitrarias por parte del Estado a líderes sociales, comerciantes y dirigentes políticos: 21 de noviembre de 2002, 11 de agosto de 2003 y 15 de diciembre de 2004; todos ellos han sido liberados y declarados inocentes de los cargos imputados. Muchos de ellos fueron protagonistas de los procesos inicialmente mencionados. (Conflicto armado y crisis humanitaria sostenida en Colombia: Desplazados en el limbo. Codhes: Informe 2004)

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Antes que Calamar fuera Municipio yo participé como edil de la junta administradora pues me correspondió por un decreto del presidente Barco ser personero de ese corregimiento; después participamos como concejales, concejales del Municipio de San José del Guaviare porque hasta 1991 en el Guaviare no había sino un solo municipio que era San José, lo que era el Retorno, Miraflores y Calamar eran corregimientos; luego participé como concejero comisarial porque el Guaviare tampoco era Departamento; a partir de la constitución del 91 se crean los nuevos Departamentos de los antiguos territorios nacionales, entre ellos el Guaviare; como concejero comisarial pasamos a ser elegidos diputados a la asamblea en representación de la Unión Patriótica, sacamos la votación más alta de la época y logramos crear los Municipios, y ahí empieza un trabajo bastante grande por la corrupción que ya pululaba en el Guaviare, la corrupción mezclada con dineros de mala procedencia y las mismas costumbres de lo que era en ese entonces el bipartidismo liberalconservador. Nosotros en Calamar fuimos creando, haciendo de las organizaciones una fortaleza muy grande, nos distinguíamos por ser muy consultivos, ser muy participativos, democráticos, fue así como Calamar se fue distinguiendo a nivel Nacional ya por sus trabajos ambientales. (…) Entonces así fue que nosotros fuimos llevando todo eso, lo aprendido y lo practicado en Calamar hacia la parte norte del Departamento, hacia el lado del Guayabero, hacia el lado de Charras, hacia el raudal de Mapiripan y así mismo hacia Miraflores, El Retorno (…) no había dirigentes que no tuvieran algo que ver con Calamar; Calamar se convirtió en un pueblo insignia (…) nosotros como que estábamos predestinados porque aquí nos fuimos encontrando una cantidad de dirigentes y nos fuimos formando, y a través del tiempo nos curtimos en las ideas, nos curtimos con lo que es la transparencia en el manejo de los recursos, las ideas ambientalistas, en el buen rescate de la comunidad indígena (…) en 1996 cuando se producen las marchas campesinas, es precisamente desde Calamar y Miraflores donde desde el doce de julio de 1996 empiezan las marchas y ese grito de alerta contra los fungicidas, contra la química internacional que degenera y envenena tanto las selvas y las aguas de nuestro ecosistema; lo lanzamos desde Calamar pero lo hacíamos a conciencia porque nosotros somos muy estudiosos de los daños ecológicos colaterales que hacen estos venenos mortales, y allí empezaron estas machas campesinas y nosotros desde allí venimos siendo muy estigmatizados; en 1997 participamos en las elecciones y logramos llegar a la alcaldía y así hicimos la alcaldía entre 1998 y 2001; pero antes habían estado haciendo una buena alcaldía otros compañeros, a uno lo desaparecieron (…) y esa alcaldía se convirtió en modelo, con 85


esfuerzo especial que confundía a planeación nacional, que confundía a hacienda nacional, hacíamos el ejercicio bien hecho en el manejo de los recursos, entonces con las políticas ambientales y políticas de paz (...) en ese momento nos convertimos como en los consentidos de muchas ONG’s, de muchos gobiernos, de muchas entidades gubernamentales y fue así como recibimos premio nacional e internacional por gestión ambiental en Bogotá, dejamos una alcaldía con una mezcla cultural muy alta, una alcaldía con mucho respeto por las etnias y el rescate de todas esas culturas étnicas y así mismo una alcaldía manejada con transparencia; entonces era el trabajo de todo un equipo que traía un acumulado de más de veinte años, entonces a nosotros nos empezaron a ver no tanto porque fuésemos subversivos, sino porque teníamos esparcido nuestro pensamiento organizativo no solo a nivel departamental sino también a nivel nacional e internacional, pues ahí nos fueron inventando las cosas, nos hicieron los paquetes y a partir del año 2002 nos dictan orden de captura a distintas personas que habíamos trabajado en la administración municipal, llegamos y durante trece meses estamos privados de la libertad. Después cuando tratamos de volver ya encontramos que todos los espacios los han arrebatado grupos, como el grupo centauros del bloque Guaviare y fuera de eso la insurgencia decía que nadie podía participar en política, entonces nosotros nos vimos frustrados porque si no se tiene una representación política en un país tan violento es difícil pedirle al mismo Estado que le dé garantías policivas para resguardar la vida de todos los dirigentes y desde luego de todos los militantes; la gente ha ido saliendo paulatinamente y hoy por hoy de esos 9.000 habitantes, unos 5.000 son nuevos, gente que va de las grandes ciudades como desplazados, aburridos de tanto pedir dádivas y de estar esperanzados que el gobierno les dé; la verdad es que el pueblo campesino colombiano, sobre todo el pueblo del Guaviare no está acostumbrado a pedir prebendas, sino a trabajar y a ganarse lo propio, esa cultura de mendicidad, de paternalismo no va con nosotros (…) en diciembre de 2003 nosotros salimos en libertad, salimos absueltos porque nos endilgaban el delito de rebelión, salimos y encontramos un pueblo donde desaparece la gente, a los mismos amigos, a los conductores de los carros, a los canoeros , a los panaderos y así, todos los días se pierde alguien o asesinan a alguien, entonces nosotros tratamos como siempre de defensores de derechos humanos que hemos sido, lanzamos un discurso de no agresión, tanto para los unos como para los otros, porque allí decimos que si es la mamá de un paramilitar, la mamá de un soldado, un policía o de un insurgente no tiene porque írsele a hacer daño (…) entonces ese discurso no lo respetan durante cuatro meses, luego hacen 86


una masacre atroz a orillas del río Unilla, a cuatro personas les abren los cuerpos, les echan arena, luego los cosen, les amarran unos sacos con tierra, luego los arrojan al río Unilla; en esos días el río merma, los cadáveres quedan semiflotando y pues hay unas denuncias donde está comprometida la policía, el ejército y un grupo de paramilitares; la verdad es que esto, me amenazan y eso coincide con una comisión, desde luego hay muchas comisiones que se solicitan para que vayan, sobre todo las de derechos humanos y van, pero cuando van esconden a los victimarios, todo lo ven como normal, pero luego vienen las amenazas y nos toca que salir uno por uno, uno por uno, un día una, a los dos días otra y así nos vamos encontrando en la capital de la república de Colombia (…) hasta que en el año 2005 creamos la asociación de desplazados del Gaviare. (Relato de vida 1) El relato del protagonista devela como en medio de la disputa por el control territorial, la identidad y el proyecto político se convierten en objetivo militar, en tanto constituyen un obstáculo para el avance de un modelo político, económico, social y cultural excluyente y homogenizante, en el que confluyen intereses de sectores hegemónicos del contexto nacional e internacional. En el proceso de desarticular y desestructurar tales propuestas, los líderes visibles son los primeros en sufrir la violencia a partir de medidas ejemplarizantes que vulneran los acumulados simbólicos, históricos y políticos de una comunidad local. Son estos antecedentes en la construcción de una identidad política que hacen referencia a la organización y la participación social, los que permiten en el destierro promover nuevas articulaciones en torno a la asociatividad y a la reconstrucción de vínculos con los antiguos vecinos y pobladores de Calamar, Guaviare, quienes intentan canalizar la experiencia política del pasado para afrontar su situación actual de vulnerabilidad y exclusión.

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y de ahí que nosotros en todo ese proceso, cuando vino ya el desplazamiento, vino ya el despojo del espacio político, del espacio cultural, del espacio medio ambiental, del espacio administrativo, del espacio social y de todos los espacios que habíamos construido, nos los arrebataron a través de la cárcel, del desplazamiento, de la sangre, del sacrificio, de la desaparición y de todos los medios de la guerra sucia (…) nos encontramos nuevamente aquí en Bogotá y Villavicencio, dijimos: “no podemos perder ese espacio y no podemos perder la identidad de región” y por esa razón nos reunimos los más esclarecidos en todo ese proceso único y dijimos: “vamos a construir, a reconstruir el capítulo Guaviare en Bogotá, en Villavicencio y en donde podamos para que esa gente siga pensando y luchando como Guaviarenses” (…) en la idea que es el concepto, en la consigna ideológica más que política, más que reivindicativa, más que economicista, es la de que algún día hay que conquistar, reconquistar el espacio que nos fue arrebatado por todos esos medios y poder regresar a la región con dignidad y sobre todo con las garantías y con el espacio que se nos quitó; esa es, más o menos toda la experiencia y por esas razones es que tenemos la organización acá, por esa razón es que continuamos luchando (...) como nos tocó salir y enfrentarnos a otra forma de accionar, como fue la de reorganizar a toda la gente que salió dispersa (…) por eso el primero de octubre, se dio la primera reunión y trazamos la consigna de fundar esta organización y si no estoy mal fue el veintiuno de octubre, el veintitrés de octubre, pero el día que trazamos la consigna fue el primero. La primer consigna que nosotros fijamos ahí era la de agruparnos, o agrupar a todas esas familias ya que para todo el mundo debe ser claro de que cuando una persona o una familia llega a una ciudad sin ninguna orientación, llega completamente desconcertada, sin saber qué hacer y a los quince, veinte días, uno o dos meses después o como sea cambia su forma de pensar, pierde la identidad de región y simplemente se acuerda de esa región como un mal momento que le pasó; en el caso mío lo digo por experiencia, a pesar de que siempre donde me traslade fue por orientación del partido comunista al cual pertenezco desde el primero de febrero de 1973, pero ay de aquellas personas que no están orientadas por ningún partido, ni por un sindicato, ni por una cooperativa y tienen que salir en desbandada a una selva de cemento que es muy diferente de aquella selva de los árboles frondosos, de la montaña, de la lapa, del gurre, del cachirre, de la serpiente que a veces nos asusta, pero al fin de cuentas es la naturaleza, pero entonces en este momento la primer consigna fue esa, la primer consigna tiene un carácter social, un carácter sicológico porque no llamarlo cultural, ese fue el carácter de la primer 88


consigna, la segunda a partir de eso, es que la gente llega con unas necesidades inmediatas, que dónde va a vivir, que qué va comer, que dónde va a trabajar, que quién le va a dar la aspirina, que su niño dejó el estudio y ahora quién le va a enseñar, que tiene unas reivindicaciones inmediatas y esas también quedaron consignadas allá, pero seguidamente tenía que ser la otra pelea, que es la pelea de reparación, que es la pelea jurídica por distintas cosas, distintos derechos, pero la final de todas y eso sí lo pusimos con letras en alto relieve, y ojalá que los compañeros que han estado más de frente no se les olvide (…) en el sentido de que la pelea nuestra así la persona como tal no vuelva, el problema es un núcleo de centenares de familias que las han desplazado, entonces la consigna central es el rescate del espacio que les robaron; a menudo porque a mí me gusta ir más allá, de pronto soy más radical, yo escucho acá las consignas del retorno con dignidad, yo a veces lo veo como un poquito abstracto, el retorno aquí lo pueden montar aquí en un camión y volquetearlo allá como cuando uno carga gravilla en una volqueta, la levantan aquí y la botan allá, para mí eso es muy abstracto, con dignidad de pronto se la pueden ofrecer a uno, pero en la práctica no se la dan, pero cuando uno dice rescate del espacio que nos robaron, eso tiene una significación mucho más grande, entonces nosotros le metimos como ese aditamento. (Relato de vida 10) La identidad política es entonces reconstruida en la destierra desde la condición de víctimas del desplazamiento forzado buscando no sólo la supervivencia material y la reparación, sino la reivindicación de un estatus y un proyecto político que han sido quebrantados con la acción protagónica del Estado Colombiano. Pero además aparece la necesidad de reconstruir la identidad cultural como un derecho fundamental en el ejercicio de la ciudadanía; aparece la necesidad de evidenciar, de visibilizar la experiencia de persecución y represión política como causa del desplazamiento. y nosotros le hemos dicho a toda la gente del país, que bueno fuera que ante ese gran desplazamiento de todos los departamentos, cada región organizara su capítulo, capítulo Antioquia, capítulo Tolima, capítulo Valle y los organizara en las partes donde la gente se desplace, como quiera que en su mayoría se desplazan a Bogotá, entonces organicemos todos esos 89


capítulos sin meter gente en una forma de mezcolanza, porque esa mescolanza no funciona, esa mezcolanza se vuelve burocrática, se enfrenta entre ella misma y se convierte en un feudo que de pronto algunos vivos vivan de eso, que nosotros no hacemos eso, lo que nosotros agrupamos en ASPODEGUA se llamará siempre Guaviare, con la identidad del Guaviare, para que vamos a meter tolimenses, si no sabemos cómo se desarrolló su propia experiencia, la experiencia de persecución que se dio allá. (Relato de vida 4) La reconstrucción de la identidad política pasa por el acumulado cultural y de pertenencia a una región con una historia particular que ellos y ellas mismas escribieron y que surge en el destierro como un derecho y como parte de sus raíces. Se trata entonces de un proceso en el cual reconocen la experiencia compartida con miles de familias y de personas que al igual que ellos viven el destierro, pero que a su vez diferencian en razón de las condiciones sociales, culturales y políticas de los contextos de los que fueron expulsados violentamente

y

de

las

situaciones

específicas

que

provocaron

su

desplazamiento forzado. Aparece la necesidad de reconstruir y visibilizar su propia historia y con ella la de un territorio que los convoca. En este sentido, se observa la importancia de reconocer la diversidad cultural como parte de la identidad política Nacional, y de visibilizar las historias de configuración social de las regiones; se trata de un proceso de reconstrucción de la identidad que se forja en la relación con los otros, fijando fronteras transitorias entre el nosotros- ellos. De igual forma, los relatos evidencian profundas reflexiones y reinterpretaciones de las experiencias vividas, que les permiten comprender su situación actual, reinventar sentidos en medio del desarraigo y reconstruir posiciones de poder.

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La organización les permite reencontrar su sentido y su fortaleza en tanto reconocen en ella la posibilidad de interlocutar con las instituciones del orden nacional y distrital, de protegerse mutuamente frente a posibles situaciones de riesgo

y

amenaza,

de

encontrarse

con

otras

organizaciones

no

gubernamentales y con otras organizaciones de personas en situación de desplazamiento; de generar alianzas, sin olvidar su lucha por lograr el reconocimiento y la valoración de una historia de genocidio político de la que son sobrevivientes y en donde la amenaza sigue latente. En eso hay que valorar mucho el esfuerzo de los compañeros que han estado acá al frente del trabajo que son los dirigentes y que son su propia base, que han logrado fincarse, que han logrado el reconocimiento total, porque al principio se tomó la idea de que nosotros veníamos a hacer paralelismo y ahí quedó como la mirada de mal gusto de muchas organizaciones de tipo Nacional, tanto en el orden de ONG’s, como del orden sindical, como del orden político, porque creyeron que nosotros veníamos a hacer paralelismo o una organización más y a pesar de que la selva en medio de sus bejucos, de sus palos frondosos donde están los indígenas, donde están los buenos micos (…) creen que somos un poquito ignorantes, pero logramos demostrar que nosotros no veníamos a hacerle daño a ninguna organización, sino a fortalecer los vínculos de un Departamento marginal en el propio Bogotá, y hoy en día, ahora que regreso acá, me da mucho gusto que ASPODEGUA figura en todas las organizaciones de tipo Nacional (…), en cualquier convocatoria cada que van a hacer el listado ahí figura ASPODEGUA y yo sigo pensando de que nosotros vamos a tener que ser un poquito más reiterativos en el sentido de lograr que los demás departamentos acojan la idea de los capítulos de cada departamento para que no se pierda la identidad, para que peleemos la consigna central de regreso, más que regreso, rescate, que rescate es volver allá por lo que nos quitaron, a volver a ejercer lo que nos quitaron y una cosa más de que todas estas organizaciones no se les olvide la principal consigna, si nosotros hemos sido desplazados por acción del conflicto social y armado que vive el país, pues yo creo que no podríamos pedirle al gobierno que por acción de la guerra acabe con el conflicto, porque por acción de la guerra no se acaba el conflicto, sino por acción del diálogo, entonces tenemos que pedir que haya el diálogo entre 91


la insurgencia y el gobierno y eso no puede ser una consigna marginal (…) sino que tiene que ser una consigna global del pueblo, que es sujeto activo del conflicto armado puesto que sufre las consecuencias, nosotros somos sujetos activos del conflicto social (...) entonces tenemos que participar dentro de esa exigencia para que algún día ese mal endeble que afronta el país se solucione por la vía negociada y si se soluciona por la vía negociada, posiblemente no habrá más desplazados y el que se quiera quedar en Bogotá se queda y los que nos queramos regresar, seguramente tendremos todas las garantías de poder alguna vez vivir felices. (Relato de vida 4) En el proceso complejo de reconfigurar una identidad política, se reconocen como parte de la población colombiana afectada por el conflicto armado y víctimas del desplazamiento forzado; se sitúan frente al Estado y a la sociedad civil para reivindicar y visibilizar su situación, para exigir sus derechos; no obstante, reconstruyen un lugar que les permite diferenciarse como actores sociales con una historia particular; desde allí generan relaciones y se insertan en las redes de poder tanto institucionales como de otras organizaciones sociales que les permiten posicionar sus propuestas, discursos y acciones. Se ven y se reconocen como actores sociales y políticos, para desde allí, hacer lecturas y propuestas que recogen sus necesidades fundamentales como población desplazada, y que simultáneamente las trascienden con una mirada crítica y propositiva frente al conflicto armado. Se devela entonces, una postura clara frente a la solución negociada del conflicto armado y el papel activo que deben asumir como víctimas del mismo. Esta posición manifiesta en los discursos, constituye una de las prácticas que va a definir nuevas articulaciones subjetivas, nuevas alianzas con otros y otras, y por supuesto nuevos antagonismos con el poder hegemónico.

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Por otra parte, viven las implicaciones de la estigmatización y de la exclusión que la sociedad les impone; viven el día a día construyendo alternativas que les permitan insertarse en el ámbito productivo, conseguir un lugar de vivienda, rehacer la vida familiar y protegerse de nuevos riesgos y amenazas. Es entonces que se producen nuevas articulaciones subjetivas que les permitan pasar desapercibidos, silenciar sus posiciones políticas y garantizar su supervivencia en medio de una sociedad polarizada, en la que ser minoría es también peligroso. Así nos vamos encontrando en la capital de la república de Colombia, una ciudad muy inhumana, dura, donde todo es costoso, donde es más fácil darle un bocado de comida a una persona que darle posada, donde para arrendarle a uno una habitación le piden miles de requisitos; nosotros acostumbrados a vivir en amplitud, en medio del aire, en medio del agua, de la tierra y de la gran floresta, nos encontramos en una ciudad llena de requisitos, llena de unos muros, unos muros tan difíciles de traspasarlos que en medio de esos deambulares, nos vamos encontrando todos los ¡ay! que produce el desplazamiento (…) aquí nos encontramos en esta ciudad que no tenemos donde vivir y nos piden requisitos y si tenemos unos pocos pesos no nos arriendan porque dicen que nosotros somos del Guaviare y que necesitamos fiadores con finca raíz, entonces nadie le va a fiar a un desplazado (…) nos encontramos con algo muy agreste y es así como hoy la mayoría de los desplazados nos encontramos en una situación caótica, una situación de que el desplazado se le mira con mucho estigma, el desplazado puede ser peligroso, el desplazado ya se le dio, al desplazado hay que darle, el desplazado tiene tierras pero no hay las garantías para regresar (…) porque la verdad es que muchos de nuestros compañeros y sus familias de desplazados viven en corredores de casas, donde muchos tienen que dormir al lado de una taza de sanitario, porque no hay donde más darles posada, otros tienen que irse a bañar a un baño público porque no tienen a donde hacer sus necesidades fisiológicas, otros salir a vender alguna cosa por ahí a la calle con el objeto de que pueden ser objeto de vejaciones, de capturas por sospecha, de estigmatizaciones y hasta de pronto de amenazas de muerte (…) Pues uno se vuelve un mendigo, ante ellos uno es un mendigo, uno es un ser al que hay que darle ayuda que hay que darle un tratamiento especial, lo 93


ven como un mendigo, desde luego, eso se vuelve una rapiña porque 800.000 personas pidiendo unos auxilios y que le den por ahí cada dos años un mercado de $300.000 pesos más o menos, que le den una ayuda para el arriendo por ahí para tres meses, a la hora de la verdad sería mejor que no le dieran nada, que le ayuden a buscar a uno un empleo, porque ahí se vuelve uno paternalista, pedigüeño y con esas dadivas el país no va a hacer nada y nosotros mucho menos. Eso se vuelve como el complejo del hermano menor, entonces ya unos desplazados se sienten incómodos porque a una le dieron un poquito más, le dieron algo mejor, o si efectivamente le dieron, entonces eso se vuelve una guerra y el único que está por encima del bien y del mal es el gobierno nacional; el presidente Uribe se vuelve como un benefactor que a través de la miseria del pueblo le den un mercado, hay una fotografía, hay un espectáculo, hay un show, se dice: “mire, a los desplazados si se les cumple, se les da un montón de mercado”, ese mercado es para tres meses, ese desplazado tiene que durar dos, tres y hasta más, incluso morir por el hambre, la desnudez, entonces eso que se hace es hacer montajes a favor de quien está en el poder. (Relato de vida 1) La situación del desplazamiento e incluso las políticas y programas que se promueven desde el Estado para su atención, replantean profundamente la relación con los actores sociales, amenazando e incluso negando su ciudadanía. Las nuevas condiciones de la relación entre el Estado y los ciudadanos están atravesadas por la desigualdad, la injusticia y la dependencia que los actores reconocen como de mendicidad. Lo anterior supone un contexto complejo que limita de muchas maneras a los actores sociales para transformar esta relación; es decir, están sujetos a las condiciones extremas que supone la supervivencia y que plantea como alternativa acceder a este tipo de vínculo. Sin embargo, simultáneamente construyen escenarios y prácticas que les permitan reconstruirse como sujetos de derechos, desde lugares de poder que buscan ganar con la presión jurídica y con acciones de hecho.

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Sí la identidad política es el producto de articulaciones de las múltiples posiciones de los sujetos; y si tales articulaciones son el producto de prácticas hegemónicas, de actos de poder que van configurando un sentido y un orden precario e inacabado, es posible comprender entonces las formas en las cuales los protagonistas reconstruyen procesos de ciudadanía en los que confluye la diversidad y el conflicto. Es decir, se trata de un proceso de articulación y rearticulación de las posiciones de los sujetos que para nada niegan las diferencias que les subyacen como fuerza social: los desplazados. Todo lo contrario, en tales configuraciones se evidencia la heterogeneidad y la pluralidad tanto como las identificaciones y los puntos de encuentro en la intersubjetividad. Es precisamente este proceso el que legitima para ellos y ellas, la participación en escenarios diversos, la interlocución con las instituciones locales y nacionales, tanto del orden gubernamental como no gubernamental, la posibilidad de generar acciones y alianzas más o menos transitorias, más o menos permanentes, pero nunca definitivas. Es lo que les permite crear vínculos con una o varias organizaciones en el espacio político y de manera simultánea construir relaciones más o menos estables con los vecinos, con otros en el ámbito productivo y en la cotidianidad bajo referentes de anonimato y de silencio que les permitan insertarse en otros mundos sociales, evitando la estigmatización y la desconfianza de esos otros y otras con quienes conviven cotidianamente16. 16

En este sentido, Flor Edilma Osorio señala que existe una tendencia importante entre las personas que viven el desplazamiento forzado, a construir versiones sobre sí mismos entre los siguientes extremos, que no son necesariamente excluyentes: la diferenciación y la asimilación. Se refiere a la identidad diferenciadora como un referente que se convierte en carta de presentación y de visibilidad como actor social, que implica un ejercicio de resignificación de la categoría de desplazado como víctima y a la vez como sujeto de derechos; este proceso de empoderamiento se genera principalmente a partir de procesos colectivos y es significativamente promovido o reforzado desde

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6.2

El Nosotros/Ellos: la Comunidad Política

En consecuencia con lo anteriormente expuesto, la comunidad política como referente que se reconstruye en el destierro se evidencia en los lazos de pertenencia que aunque contradictorios y conflictivos, heterogéneos y en permanente transformación, emerge de las continuidades y regularidades que van apareciendo en medio de la diversidad. Como se observa a lo largo de sus relatos, el nosotros/ellos que van configurando es complejo, en tanto se reconocen como víctimas del desplazamiento forzado en Colombia y como sujetos de derechos que reconstruyen su dignidad. No obstante, en esta categoría hacen visible una serie de condiciones que particularizan su experiencia de despojo y de destierro, asumiendo posiciones, discursos y prácticas desde los cuales construyen vínculos e interactúan con el gobierno local, Nacional y con sus instituciones, señalando con claridad los

antagonismos y accionando

dispositivos de poder a partir de la organización y de diversas prácticas de exigibilidad de sus derechos como ciudadanos.

ámbitos institucionales. “Pese a que las acciones colectivas constituyen una evidencia de la identidad diferenciadora, con frecuencia y de manera simultánea se busca la asimilación de los otros, hablamos entonces de una identidad integradora” (Osorio 2004: 181). Este referente identitario se asocia a la búsqueda del anonimato como dispositivo de protección frente a la discriminación y otras amenazas implícitas en su condición, “se genera así una dinámica de asimilación a los otros, en la cual su situación y su condición de desplazado se mantienen en reserva, de una manera casi vergonzante, asumiendo otros referentes menos peligrosos, como ser desempleado o migrante común (Osorio 2004: 181). El proceso de integrarse o diferenciarse como desplazados genera la producción y recreación constante de su identidad, a través de múltiples y complejas narraciones de sus historias individuales y colectivas con el objetivo de protegerse y de construir espacios relacionales significativos que posibiliten “volver a empezar”; a partir de “la memoria se anudan los lazos de sociabilidad y de solidaridad, de conflicto y de controversia. De allí surgen los elementos para justificar y legitimar su existencia como actores sociales.

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Ayer hizo dos años, les ganamos la pelea jurídica y política al régimen y por eso en el día de hoy, a propósito, hemos interpuesto la demanda a través del colectivo de abogados y esperamos esta vez ganar la pelea política, la pelea económica y todo tipo de peleas que se puedan dar en este proceso, tanto en el tribunal administrativo, en el concejo de estado y finalmente en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y por último en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, de la OEA, para que ojalá tengamos una vez más un fallo, el primero en el estrado judicial y el segundo en la reparación de todos los daños que nos han causado .(Relato de vida 10) Como se ha mencionado antes, se ubican en el amplio y diverso contexto de los desplazados como fuerza social que denuncia, visibiliza su experiencia y reconstruye su ciudadanía; sin embargo, en este mismo espacio o categoría social reclaman su pertenencia al Guaviare y de manera específica a Calamar; posicionan su trayectoria y experiencia política, avanzando en la reconstrucción de un nosotros: Guaviarenses y ellos: Tolimenses, Antioqueños, etc; nosotros: víctimas históricas del establecimiento, y ellos: víctimas también pero con sus propias condiciones y experiencias de vulneración; nosotros: con una tradición y experiencia de organización social y política específica y ellos: con sus modelos y prácticas de organización distintas. No obstante, en diversos momentos se promueven alianzas y acciones colectivas en conjunto con esos otros, a partir de referentes comunes, de necesidades e intereses que les permitan luchar por el acceso a bienes y servicios, por el derecho a ser reconocidos y a exigir la restitución de derechos. Primero analizamos que tenemos que formar parte de una organización civil, es así como se forma ASPODEGUA; esta asociación donde hay más de 80 familias desplazadas la mayoría del Guaviare y gran número de ellas de Calamar; entonces al ver esto, lo grave de las denuncias, lo grave de la rapiñas que se producen para poder dar algunas dádivas de lo que queda del presupuesto Nacional y Distrital de aquí de Bogotá, entonces nos encontramos con que la situación económica es difícil, es 97


cuando decidimos participar en la invasión de unas casas (…) Nosotros nos encontramos con otras organizaciones, nosotros participamos allí porque la verdad es que muchos de nuestros compañeros y sus familias de desplazados viven en corredores de casas, donde muchos tienen que dormir al lado de una taza de sanitario, porque no hay donde más darles posada (…) entonces nosotros al ver esa situación decidimos participar. El gobierno nacional, el gobierno Distrital hasta este momento no nos ha cumplido; hoy dos años después de la toma de las casas de Rivera de Occidente (…) Nosotros encontramos esas casas como bienes llenos de monte, las encontramos llenas de heces fecales, eran ollas donde fumaban bazuco, consumían droga, tomaban aguardiente, cerveza, hacían orgías en medio de la maleza, las ratas, las cucarachas y otras alimañas, eso estaba abandonado y ahí mismo se escondían algunas personas que salían de noche o en pleno día a atracar; nosotros empezamos a darle orden a eso, a hacer limpieza, a hacer sahumerios para sacar los mosquitos, a limpiar y entonces cuando ya vieron que nosotros podíamos mejorar eso, entonces ya dijeron que esas casas eran para otras personas que las iban a evacuar de otras zonas de alto riesgo, la verdad es que si las personas que viven cerca de los barrancos, cerca de los ríos, a las fuentes de los arroyos están en alto riesgo, nosotros estamos en más alto riesgo, porque estamos es en la calle; esto quedo el alcalde Luis Eduardo Garzón comprometido que en seis meses iba a organizar e implementar un proyecto, pero la verdad que ésto no se dio, se dieron fue antes algunos seguimientos de la policía, las políticas policivas en contra de algunos de nosotros, origino que algunos se hayan ido para el exterior (…) por ejemplo el caso mío, me tocó irme para lejos, para el exterior, pero desde allí sigo siendo más desplazado con ganas de volver pero al Guaviare, no a la capital de Colombia, que aquí no encontramos el proyecto de vida que soñamos, deseamos y organizamos durante más de veinte años. (Relato de vida 1) La comunidad política supone entonces la diversidad y complejidad que habita la experiencia del destierro. Posibilita un entramado de relaciones que se forjan en el conflicto y en la confrontación de las ideas, invita a las alianzas y a la construcción de referentes simbólicos que les permiten transitar y configurarse como una fuerza social frente a otros sectores de la sociedad civil, otros actores sociales que viven situaciones de exclusión y marginalidad. 98


Se evidencian luchas permanentes por la inclusión en la ciudad, por sus derechos fundamentales, por lograr reconocimiento por parte del Estado y de la sociedad en general como actores sociales, por reconstruir la ciudadanía en condiciones de dignidad. Son múltiples los significados e interpretaciones que hacen con relación a los logros o fracasos de estas iniciativas que van delineando nuevas prácticas y nuevos trayectos vitales; en algunos casos el nomadismo, el desplazamiento continúa más allá de las fronteras nacionales, buscando no sólo mejores condiciones para la reconstrucción de la vida, sino para una vida con dignidad. 6.3

La Respublica o Mundo Público: Vínculos Éticos que Articulan el Intercambio

De otro lado y como se ha evidenciado a lo largo del capítulo, la reconstrucción de la ciudadanía plantea una fuerte conexión de interdependencia con el mundo público. Tal y como lo plantea Serna (2007), el mundo público hace referencia al horizonte existencial y experiencial del mundo cotidiano compartido, y que está sometido a luchas simbólicas y materiales que ponen en juego los actores sociales. Además como lo sugiere Mouffe (1999), remite a la respublica (la cosa pública), es decir a los vínculos éticos que articulan el intercambio social. En este sentido y en el contexto de la investigación, es innegable que lo público como horizonte existencial y experiencial, se encuentra fragmentado y por lo tanto en permanente proceso de reestructuración. El mundo público que aparece en los relatos de los protagonistas, se reconfigura desde la marginalidad social y política que experimentan desde el destierro y que está 99


atravesado por las dinámicas del conflicto armado que vive el país, así como por los imaginarios frente al mismo, que circulan en los escenarios sociales en los que participan. Este proceso de reconfiguración pasa por diversas contradicciones, entre ellas la redefinición permanente de referentes simbólicos que permitan habitar el mundo social y político de la ciudad, que tiene sus propias redes de poder y códigos de interacción con las instituciones, tan distintas de las construidas en un Municipio de la Amazonía Colombiana. Las dinámicas organizativas se transforman a partir de las distancias, de los afanes de supervivencia cotidianos, y de las precarias condiciones económicas que por supuesto afectan los rituales de encuentro, los vínculos y las prácticas de participación, comunicación e interacción. Yo diría que de todos modos el problema es que la política continúa, lo que pasa es que de todas maneras pues si nosotros nos estamos quietos mal y si nosotros nos ponemos activos también mal, entonces una mira a ver que consigue pero la situación económica es la que no deja que las personas hagan algo en este sentido, por lo menos ahí está el festival de Bosa ayer, así tuviéramos nosotros el deseo de ir, cómo vamos si lo uno, una boleta vale trece o catorce mil pesos, lo otro (...) transporte, entonces nosotros los desplazados aquí en Bogotá, estamos realmente, no es que no queramos participar, nosotros queremos participar pues aquí se inscribieron las cédulas y en las elecciones vamos a participar con el voto, pero eso de estar uno allí, que la manifestación, que vamos a ir allí a la caminata, que vamos a ir a un festival como ese, que la reunión, claro porque eso es importantísimo (…) pero es que realmente nosotros no podemos, en esta casa el único que está trabajando es Fulano y eso sin seguro y sin nada, por lo menos el día que se les dé la gana de echarlo, dura quien sabe qué tiempo sin trabajo y en esta casa la cantidad de personas que vivimos, no estamos todos porque faltan niños y personas adultas, ahí como vio usted (…) entonces esa es la situación que tenemos nosotros acá para participar en política (…) pero no ve que para eso se necesita plata, así vaya una sola persona, vea yo le digo extremadamente, que yo soy la única que salgo y hay veces yo le digo al 100


conductor del bus, lléveme por quinientos pesos y lo dejan pasar a uno pero ya con niños es a otro precio, yo salgo con mil pesos y con el tinto que me tomo aquí con ese vuelvo; no es el caso para nosotros poder participar, la participación política está ahí quieta, de conocimiento y pensamiento vamos a participar, vamos a votar, que es el máximo esfuerzo que nosotros podemos hacer (Relato de vida 6) Las conversaciones cotidianas que identificaban y fortalecían los vínculos de la comunidad, son remplazadas por la telefonía celular, por el internet, que de todas formas limitan la participación y la cohesión social. Quedan atrapados en las lógicas del consumo que parecen habitar y condicionar la participación social y política, reduciéndola al plano electoral. Es en medio de estas condiciones que la organización cobra fuerza en tanto les permite reacomodarse y crear nuevas prácticas de encuentro, mantener la cohesión y abrirse espacios marginales en los que van emergiendo trayectos de resistencia. Además se hace necesario superar el miedo y la desconfianza que se han situado en la experiencia de vida, producto de la persecución que parece castigar la ciudadanía crítica, activa y propositiva, esa misma que ellos y ellas construyeron y ejercieron y que fue estigmatizada, reprimida, generando finalmente el abandono de su lugar vital. Yo no quise contactarme de inmediato con la asociación porque yo tenía desconfianzas; sí, desconfiaba. Yo duré tres meses sin nada, inclusive me encontré, nos encontramos con una amistad allí en el Policarpo y yo me sorprendí mucho, seguro estaban por ahí reunidos, yo me asusté mucho, yo ahí mismo le dije a él vámonos que ahí viene la buseta (…) Yo tenía miedo y así fue que le dije a mi marido: “yo no quiero tener más problemas”, porque esto fue muy duro; yo duré tres años corriendo en el monte con la maleta aquí, corra para allá y para acá, eso fue muy duro y horrible, ellos están muy contentos porque estamos aquí (…) Sí, lo que 101


pasa es que con mi marido hablamos, él siempre ha sido un luchador y que nosotros con toda esa lucha de tiempo atrás, eso no se olvida de la noche a la mañana, eso era por el resentimiento que nosotros teníamos al ver todo esto, todos estos talleres sicosociales que nos han dado y el apoyo de los hijos y todo, ya uno va viendo que no, que las cosas no es así como uno las pensaba, que la gente que está aquí desplazada en ASPODEGUA lo mismo que nosotros, que es la vida, que la vida es así (…) Hay que apoyar todo esto de los desplazados, hay que apoyar para que nos den vivienda a todos los desplazados y si uno apoya, si no nos apoyamos los unos a los otros, nunca vamos a ir a ninguna parte, porque de todas maneras nosotros como organizados que siempre hemos sido y con la situación que vivimos, sí nosotros no nos unimos, no vamos a salir adelante, entonces sí, nos toca cada día unirnos más y estar más apegados los unos a los otros, estar mirando, esta persona es desplazada a ver en que le podemos colaborar, porque sino. (Relato de vida 2) Es un proceso complejo y lento el de recuperar la confianza perdida, el de superar la culpa provocada por las situaciones que hicieron que en algún momento quisieran olvidar y negar sus propias historias de liderazgo social, de identidad política y de ciudadanía. Sin embargo, los afectos y trayectos compartidos, la convicción acerca de la solidaridad es lo que permite el reencuentro, favoreciendo la reconstrucción del vínculo y del sentido de pertenencia a una comunidad que es capaz de reinventarse a pesar de las dificultades que ahora tienen que sortear en el destierro. En los relatos se evidencia permanentemente una preocupación y una lectura sobre el fenómeno del desplazamiento, sobre las causas estructurales y coyunturales que lo provocan y sobre la insuficiencia de las políticas y acciones públicas que se ponen en marcha. Es muy difícil porque lo que es el mandatario de una ciudad no tiene mucho qué decir, que todo tiene que ir en planeación; la verdad es que el desplazamiento lo planificaron, pero cuando éste se produjo nadie estaba 102


preparado para irse hacia otras regiones, el tratamiento al desplazado tiene que ser un tratamiento y una asistencia inmediata, no se tiene planificación para ayudar al desplazado, porque el desplazado es de momento a momento que tiene hambre, que tiene desnudez, que tiene frío, que tiene falta de asistencia, el desplazado le hace falta su tierra en todo momento, eso no puede ir en la planeación después de cinco o diez años, es que los ordenadores de los gastos dicen: “es que esto tiene que ir en el departamento de planeación y tiene que ir cronológicamente, paso por paso”, pero la verdad es que para practicar unas políticas de tierra arrasada y sacar millones de personas, miles de familias de los diferentes cuatro vientos de Colombia hacia los centros urbanos, el gobierno no está preparado, ni los gobiernos que han ayudado por ejemplo con el plan Colombia, el plan patriota de los Estados Unidos y algunos gobiernos europeos, ellos no previeron; sí dejaron algún porcentaje mínimo para la asistencia social, esos porcentajes ante la corrupción que hay en los diferentes estamentos se dilapidaron, no se hizo buen uso, no fue suficiente y no es suficiente para atender a la población desplazada. (Relato de vida 1) Esta situación que por un lado evidencia la poca credibilidad frente a las instituciones, confluye con la búsqueda activa de espacios de diálogo interinstitucional, de alternativas que pasan por la participación crítica y democrática con estas mismas instituciones. Sin embargo son los vínculos previos, aquellos que configuraron la comunidad política local, los que convocan y promueven el reencuentro; es el afecto, la credibilidad y la solidaridad construida la que vuelve a dar forma a la organización como espacio, como dispositivo de poder que facilita la inserción en el mundo público del que previamente han sido expulsados. Primero que todo me incluí en ASPODEGUA porque ahí me sentí como en familia, porque todos venimos del mismo pueblo, todos perdimos, todos llegamos aquí desplazados, todos hemos sufrido; entonces uno llega allá se encuentra con todos y uno se siente como en familia y segundo porque uno, ahí sí como el dicho, una sola golondrina no hace 103


llover, entonces entre todos podemos formar proyectos, entre todos podemos hacer cosas buenas y salir adelante y todo, es por eso. (Relato de vida 5) La organización es entonces el escenario que promueve la reconstrucción de vínculos, de sentidos de pertenencia y de solidaridades compartidas, pero adicionalmente es el espacio en el que se producen lecturas e interpretaciones complejas de la experiencia de la destierra, del pasado traumático compartido que se constituye ahora en el patrimonio que facilita la reconstrucción, la inserción en la ciudad, y la reinvención de la ciudadanía.

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7.

DE LA SUBJETIVIDAD

Hablar de la subjetividad o desde la subjetividad implica remitirse a la producción y reproducción de sentidos y por lo tanto visibilizar su carácter polisémico e histórico o historizante como lo plantea Emma León Vega (1997). Es precisamente en esta dirección que resulta pertinente centrar la mirada en la configuración de la subjetividad, es decir en los mecanismos a través de los cuales el sujeto construye trayectos de vida, articulando realidades espaciotemporales diversas, reinterpretándolas y a su vez, siendo interpretado por ellas. Tales mecanismos o núcleos que van dibujando los contornos de la subjetividad son la memoria, la experiencia y la utopía. Reconociendo que se trata de un proceso sujeto a permanentes transformaciones resulta fundamental preguntarse por las formas en las cuáles éste es afectado, interpretado o reinventado en condiciones de destierra, que suponen el uso del terror como una forma de eliminación simbólica y real de la existencia del sujeto como producto y productor de sentidos. No obstante, es un recorrido avanzado en los capítulos anteriores en la medida en que los relatos y las preguntas que coadyuvaron a producirlos, han ido develando las realidades vividas por los protagonistas y en especial las organizaciones y re105


estructuraciones que han ido construyendo y delineando la reinvención de sus trayectos vitales. Por lo anterior, este capítulo busca construir relaciones entre la destierra y la ciudadanía a partir de la memoria, la experiencia y la utopía, con el fin de desentrañar los sentidos y prácticas desde los cuales los sujetos recrean su visión de sí y del mundo. 7.1

La Memoria

La memoria como construcción compleja que se materializa en los patrimonios simbólicos y se actualiza en las historias oficiales y subalternas que circulan en la cotidianidad, suscita principalmente relaciones entre el pasado y el presente, en la medida en que las narraciones sobre lo vivido se hacen desde el lugar del ahora, y que en el caso de los protagonistas está marcado por el antes y el después del desplazamiento forzado; en este sentido es el acontecimiento el que marca la distinción entre el antes y el ahora suspendido en el proceso de reconstruir la vida, y en el lugar-tiempo de la destierra. No obstante, la relación del futuro imaginado desde el pasado aparece también de manera significativa en la memoria, evidenciando huellas de dolor con relación a esas utopías que se dibujaban en las prácticas y proyectos personales y colectivos, afianzando significados frente a la pérdida, que se actualizan en las relaciones e identidades construidas con los actores que aparecen ahora en la destierra.

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La reelaboración de los relatos evidencia de manera recurrente referentes identitarios de configuración política. Estos aluden a la organización social y comunitaria como el espacio en el que se gestaron procesos y acciones que en su momento, posibilitaron la satisfacción de necesidades básicas (la carretera, la escuela), la creación de espacios y condiciones de reconocimiento como actores sociales (las marchas campesinas, los sindicatos, la representación pública) y finalmente la configuración de propuestas de un orden social, en el cual integraban la sostenibilidad ambiental y la diversidad cultural con avances importantes para su inclusión y reconocimiento como actores políticos a nivel regional, nacional e internacional (los discursos y acciones de protección y renta del oxigeno y la biodiversidad de la Amazonía). La organización aparece como el eje vital que configura su identidad política, construye la comunidad y promueve los vínculos de cohesión y pertenencia en ese lugar que abandonaron y que reconstruyen en sus relatos. Fue este el espacio de la participación, del diálogo con instituciones del orden local, de la reordenación del territorio y de la construcción de puentes de inclusión que promovían el reconocimiento de identidades primordiales relacionadas con el género, la edad, y la condición de procedencia de regiones diversas; desde allí se crearon y dinamizaron procesos culturales en las que confluía la diversidad de expresiones y al mismo tiempo se configuró la colonización como uno de los puntos de encuentro, de identificación y de articulación de las posiciones subjetivas de los agentes sociales. La organización como proceso social y como poder local aparece en los relatos, mostrando los lugares transitados y ocupados en ellas; como conquistas que constituyen la objetivación de la identidad política y del proyecto 107


construido. El sindicato de agricultores del Guaviare, la asociación de juntas de acción comunal, la Unión Patriótica, las elecciones populares que les permitieron acceder a la asamblea departamental, el concejo y la alcaldía del Municipio. El festival de la balsa dorada, la emisora comunitaria Chiribiquete estéreo, y demás acciones en las que participaron y fueron artífices. La colonización como punto de encuentro, como sentido existencial aparece en las formas en las que describen el territorio habitado y expropiado violentamente, las luchas cotidianas a nivel productivo que se materializaron en la casa y la finca, los jardines, los animales domésticos, los negocios, los sueños y proyectos personales, tanto como las rutinas y prácticas de territorialización. Las redes de producción material y simbólica remiten a relaciones de proximidad, de vinculación afectiva y de confianza, basada en el encuentro cotidiano con los vecinos y las instituciones en el marco de una profunda relación con el territorio, y que paulatinamente en el marco del conflicto armado se desdibujan y resquebrajan. En la memoria aparecen los contornos de ese territorio existencial reconstruido ahora desde la nostalgia que imagina, desde la pérdida que enfatiza el valor de lo que ya no está y desde el dolor de quienes han sido expropiados no sólo de los bienes materiales y simbólicos compartidos, sino de la historia, de la identidad y de la dignidad. Los actores armados negaron y ultrajaron esa historia y esa identidad, remplazándola con la de terroristas. Un rótulo que los llevó a la cárcel, a la amenaza, a la estigmatización, a la huida y a la destierra.

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Por ello la memoria que rehacen en sus narraciones está cargada con detalles de las tragedias vividas, de las formas en las que resistieron hasta optar por el abandono y la huida, configurando el tránsito al lugar de la destierra. El lugar de la exclusión violenta reaparece en la organización de la experiencia, cobrando vigencia en los sentidos y trayectos vitales que se reconstruyen;

la

pérdida,

el

desarraigo,

la

vulneración

de

derechos

fundamentales y el volver a empezar aparecen de manera reiterativa en distintos momentos de la existencia. De igual forma, el lugar de la exclusión confluye con múltiples identidades asignadas e impuestas por otros y por las circunstancias que viven como extraños en un mundo social ajeno, que reta de manera radical los modos de existencia y de supervivencia, así como las representaciones de sí mismos y del mundo. En este sentido la memoria, o mejor la articulación de diversos espacios y tiempos aparece dibujando una nueva posición en el mundo, que es la exclusión por el desplazamiento forzado. Desde allí anudan sentidos que explican su marginación social y política; hacen lecturas de la experiencia vivida y construyen trayectos y articulaciones que les permitan posicionarse como víctimas y a la vez, visibilizarse como actores sociales con el derecho y el poder de rehacerse. Este proceso no está exento de dificultades y contradicciones, en tanto el mundo en el que procuran rehacerse implica distintos niveles de realidad social. Por ello, aparecen diversas maneras de articulación que como se planteó en el capítulo cinco dependen de los espacios y redes sociales en los que intentan insertarse. En estos espacios circulan percepciones e imaginarios frente al desplazado que se traducen en prácticas de exclusión y estigmatización que 109


amenazan su dignidad. En el mundo cotidiano de la ciudad aparecen posiciones diversas e incluso contradictorias, que asumen y construyen en torno a las condiciones de posibilidad que se presentan en las nuevas relaciones. 7.2

La Experiencia

La experiencia es un mecanismo o categoría mediacional que hace referencia al presente como el espacio-tiempo en el que se articulan y rearticulan trayectos vitales del pasado-presente, del pasado-futuro, del presente- futuro y que generan una diversidad de direcciones o sentidos a las prácticas y proyectos que se asumen. Es el espacio- tiempo presente entendido como el plano en el que se realizan, actualizan o reconstruyen procesos de apropiación del mundo, se producen nuevas objetivaciones del sentido a través de las prácticas, que están conectadas con el pasado y el futuro; en este caso con el horizonte de futuro que se rehace de acuerdo a las condiciones de posibilidad de las nuevas situaciones y contextos en los que se desenvuelven. En este sentido los relatos van develando las diversas maneras en las que los sujetos reconstruyen y habitan el mundo desde ese lugar de la destierra. En primer lugar, reaparece con fuerza el sentido de la organización, de la asociatividad; es desde allí, que se buscan nuevas redes, se crean nuevas relaciones y aparecen los reencuentros, la reconfiguración de los vínculos arrebatados por la guerra, vínculos que se fortalecen desde la solidaridad, pero fundamentalmente desde el afecto y la confianza, así como 110


desde la identificación de situaciones de ruptura y de pérdida que comparten ahora en la destierra. Es precisamente a partir de las nuevas relaciones construidas, de su asomo a organizaciones preexistentes en la ciudad, que emerge un proceso de resignificar y valorar la experiencia organizativa construida a lo largo de 20 años, formalizándose y objetivándose en ASPODEGUA: “el capítulo Guaviare desde Bogotá”, como lo señala uno de los protagonistas. La práctica de organizarse y asociarse ahora como población desplazada del Guaviare, está imbuida de sentidos diversos que confluyen allí con intensidades y duraciones variables, dentro de los que es posible identificar de manera explícita por ejemplo, la necesidad de reagruparse, de rehacer el tejido social; la construcción de escenarios de interlocución con el Estado para la solución de necesidades apremiantes y básicas; la reparación y restitución de los derechos vulnerados; la recuperación de los espacios políticos, culturales y sociales arrebatados; la visibilización de sí mismos y de su experiencia como actores sociales y políticos; la construcción de espacios significativos en las redes de poder político locales, regionales y nacionales. Otros sentidos implícitos en los relatos tienen que ver de manera fundamental con los afectos desde donde reconstruyen micro redes de apoyo mutuo para la supervivencia, para el acceso a información relevante y el soporte de situaciones cotidianas relacionadas con el trabajo, la vivienda, la llegada de nuevos familiares y vecinos a la ciudad. Además de la reconstrucción de vínculos significativos con la región evidenciados por ejemplo en su participación en eventos que tienen que ver con los cultivos ilícitos, con 111


las políticas de seguridad democrática y la situación de derechos humanos en la zona, entre otras. La organización representa una posibilidad de resignificar el lugar de víctimas y de reconstruir la dignidad para posicionarse como sujetos de poder frente al Estado y frente a la sociedad de formas más o menos seguras. Por otra parte, es un espacio simbólico de vital importancia para trazar nuevos horizontes de futuro que implican tanto su posición de actores sociales víctimas del desplazamiento, como de las condiciones de conflicto armado que atraviesa el país. Adicionalmente, los protagonistas crean vínculos con otras instituciones y organizaciones desde su subjetividad individual; es decir, ASPODEGUA constituye uno de los escenarios para la interlocución y gestión, pero en muchos casos se evidencian relaciones significativas creadas en los límites de la asociación. Esto promueve y enriquece los significados, prácticas y proyectos personales desde la organización creando espacios de apertura que retroalimentan el ejercicio de la participación. El sentido de la participación emerge desde la destierra y en razón de éste los y las protagonistas van generando espacios que les permitan actuar a partir de distintas modalidades, que van desde su inserción en contextos formales como las mesas de concertación de desplazados o el partido político del polo democrático alternativo, hasta en protestas sociales y acciones de hecho que hacen parte del repertorio simbólico que promueven en por lo menos tres direcciones: la búsqueda de soluciones efectivas a necesidades básicas, la denuncia y la visibilización de la situación de desplazamiento forzado, y la 112


creación de lugares de reconocimiento como actores sociales frente al Estado y frente a la sociedad. Por otra parte, en medio de las luchas cotidianas de la supervivencia que implican relaciones cara a cara con nuevos vecinos, relaciones de intercambio en las redes productivas que la ciudad les ofrece y que fundamentalmente tienen que ver con el sector informal, o de relaciones comerciales vinculadas con la vivienda aparece el sentido de invisibilidad, anonimato y silencio. Estas situaciones los enfrenta cotidiana y permanentemente con identidades impuestas por los imaginarios y percepciones que circulan en estos ámbitos, y con las experiencias de dolor y pérdida que han vivido en el pasado. Allí, el sentido del trabajo y de la autonomía devienen con fuerza contrastando con situaciones en las cuales se ven o se sienten obligados a asumir prácticas “de mendicidad” y dependencia de otros que pueden ser miembros de la familia o de las instituciones públicas con las que interactúan, y en condiciones acentuadas, por la competencia con otros sectores sociales marginados por la pobreza. Estas circunstancias son o representan rupturas con la dignidad y en este sentido trazan trayectos vitales que buscan en el exilio con cargas simbólicas que precisamente apuntan a su reconstrucción. No vuelvo a vivir en Colombia si no es en Calamar, tiene que ser en Calamar porque es allá donde nosotros tenemos un trabajo; volver allí, porque es ahí donde hay un trabajo que se hizo y no se puede desperdiciar todo lo que se hizo allí, lo que se formó, los canales que se abrieron allí para la lucha por el medio ambiente, por nuestro encuentro con nuestros hermanos y hermanas de sangre, con todas esas etnias que hay, los tucanes y toda esa gente tan buena que son los indígenas porque de ellos hemos aprendido, tenemos que volver a la balsa dorada, a tomar chicha con los indígenas, tenemos que volver a montar en cicla por esas 113


trochas, caminar, sentir el sol que allí alumbra, que pesar de que el sol es uno solo pero allí se siente. (Relato de vida 1) 7.3

La Utopía

La utopía hace referencia básicamente al futuro imaginado desde el deseo, desde la carencia y el sentido que como se ha observado implica en sí mismo un entramado complejo de tiempos y espacios diversos; en él se conjugan el pasado, el presente y el futuro para configurar posibles trayectos vitales en los ámbitos, personal, familiar, social y colectivo. Es el horizonte de sentido en donde la construcción y transformación de las realidades sociales aparece como potencia que imprime a las prácticas y trayectos ciertas direcciones. Parte necesariamente del presente y del pasado, de la historización de los sujetos y de sus realidades; es decir, está anclada en los vacios propios de una época, de una condición y de un contexto social y cultural, y al mismo tiempo en la posibilidad de imaginar y de transformar la realidad, que se condensa de maneras diversas en la voluntad y reflexión de los sujetos sobre el pasado, el presente y el futuro. Es una configuración compleja en la que convergen diversas maneras de combinar lo que existe con la creación de nuevas propuestas. En este punto, es necesario reiterar que la destierra, el proceso de desarraigo violento, rompe y destruye el horizonte de sentido construido por una comunidad, que si bien aparentemente se remite a lo local, representaba para el conjunto de la nación y el mundo un patrimonio simbólico de vital importancia, en tanto estaba anclado en la protección de la Amazonía, el desarrollo sostenible y la búsqueda de alternativas a los problemas ambientales 114


que la afectan, incluyendo por supuesto el tema de los cultivos ilícitos, el conflicto armado y las fumigaciones. Es claro que como utopía, como horizonte de sentido generó acciones y propuestas que alcanzaron visibilidad y reconocimiento a nivel nacional e internacional. Adicionalmente, la pérdida se relaciona también con la construcción de una propuesta de ciudadanía democrática participativa local que lograba dibujarse y legitimarse en medio del conflicto, y que representaba como muchas otras experiencias periféricas en el país, la posibilidad de enriquecer y aportar a la construcción de una democracia pluralista que crece en y a partir del conflicto y del agonismo, como lo plantea Mouffe (1999). Tal vez es en este sentido que los y las protagonistas comienzan a reconfigurar, a reconstruir una visión de futuro desde la destierra, que pasa por procesos de inclusión e inserción en la ciudad, por la reivindicación de sus derechos, por la reparación, y por el retorno con dignidad, o parafraseando a uno de los protagonistas por el rescate del espacio social, político, medioambiental, cultural y económico que la guerra les usurpó. Este último sentido de futuro o de utopía representa en últimas la búsqueda de espacios de reconocimiento de sí mismos como actores sociales y políticos, que construyeron una ciudadanía crítica, reflexiva y dinámica. La búsqueda de la equidad, de la justicia y de la visibilización de una historia que incluya la multiplicidad de versiones hasta el momento marginadas, silenciadas y negadas.

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Es a partir de esta utopía que aparece en sus discursos y prácticas la organización como el espacio propicio para particularizar su experiencia y su historia, para construir lugares de poder en las redes institucionales y en el entramado de organizaciones sociales y políticas que existen en la ciudad; además de la reconstrucción de vínculos, del tejido social que ahora propone como reto nuevas estrategias de cohesión y de comunicación permanentes que deben sortearse en medio de las dificultades y dinámicas propias de la ciudad y de la distancia geográfica que algunos de ellos y ellas han trazado.

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8.

REFLEXIONES FINALES

Las lecturas y análisis que presentan los distintos autores con relación a cada uno de los ejes temáticos de la investigación permitieron enriquecer y delinear los objetivos y preguntas de la misma, además de profundizar en la complejidad de cada uno de ellos. Con respecto al desplazamiento forzado son variadas y complementarias las miradas que se hacen sobre el mismo, puesto que unas están dirigidas a revisar los efectos psicosociales del desplazamiento forzado y otras a analizar las causas estructurales del mismo. Sin embargo, ambos enfoques permitieron ir delineando una ventana conceptual que integrara ambas perspectivas desde una lectura política renovada que visibiliza el carácter procesual y simbólico del fenómeno, no sólo a partir del concepto de destierra, sino de la vinculación necesaria y pertinente de la ciudadanía como derrotero que orientara la revisión de la experiencia de las y los protagonistas del proceso de investigación. Con relación a la ciudadanía, no sólo los enfoques son variados, sino los debates epistemológicos que le subyacen. Las opciones más pertinentes en este campo fueron los planteamientos de Mouffe (1999) y Serna (2007) con respecto a la identidad política y el mundo público, en tanto aludían a un proceso de construcción abierto y en transformación permanente que se 117


deshace y reinventa en la cotidianidad de las relaciones sociales, y en donde los agentes sociales tienen un papel activo y dinámico. Por último, las discusiones en torno a la subjetividad como categoría de análisis de la configuración de los sujetos, ofreció desde las distintas perspectivas la oportunidad de crear conexiones fundamentales entre la experiencia de la destierra y la ciudadanía, no como entidades separadas sino como parte de un proceso que afecta a los sujetos en su identidad individual y colectiva, es decir, como dimensiones de un proceso que alude de maneras diversas y complejas a la historia de un sujeto, de una comunidad y de un país. Por otra parte, la construcción de relatos de vida como perspectiva metodológica constituye un importante aporte en el proceso de investigación, en tanto remite de manera permanente a las voces de las y los protagonistas y a las formas en que elaboran y resignifican su experiencia. De la mano de su voz y de su historia se evidencian las reinvenciones que hacen de la destierra como lugar ausente de un universo social arrancado por la guerra, de las realidades que provienen de la exclusión, y que en su calidad de sujetos sociales y políticos confrontan y transforman. Por supuesto, la propuesta metodológica plantea de manera clara un compromiso y una apuesta ético- política que busca crear espacios que permitan diversificar y ampliar las versiones tradicionales que circulan frente al desplazamiento forzado y todo el conjunto de acciones que vulneran y atentan contra la dignidad humana y contra la democracia. Adicionalmente, los relatos de vida que se produjeron en el marco de la investigación son en sí mismos el patrimonio de una historia social y colectiva llena de contradicciones y de complejidades que permanentemente es silenciada y negada por un poder 118


hegemónico que sustenta su fuerza en la homogenización y la exclusión. Constituyen parte de la memoria de una comunidad periférica y minoritaria, que en el contexto de una sociedad que se pretende democrática debe incluir en sus relatos y garantizar su existencia en medio del conflicto, la oposición y la diversidad. Los resultados de la investigación no son en ningún sentido definitivos; sin embargo permiten evidenciar las formas en las cuales factores de orden estructural e histórico confluyen y afectan comunidades concretas, seres humanos que han sobrevivido a las violencias que atraviesan el país a lo largo de más de 50 años. La destierra para muchos de ellos y ellas ha constituido el lugar casi permanente desde el cual reinventan el mundo y construyen lugares de poder desde la periferia. Se evidencia además, el poder que surge del dolor y la exclusión y que se transforma en esfuerzos permanentes que van más allá de la supervivencia material; un poder que se la juega en el día a día de múltiples formas y en especial que lucha por el reconocimiento, por la reconstrucción de la dignidad como valor que atraviesa sus nostalgias y sus acciones cotidianas. En sus relatos se evidencian las contradicciones propias de una sociedad que de forma mayoritaria busca condiciones dignas para la vida, y de manera paradójica estas contradicciones configuran en parte los sentidos de la reconstrucción que hacen de sí mismos como sujetos políticos y de los mundos que habitan. De otro lado, una de las reflexiones más importantes que surge de este proceso de investigación está relacionada con el reconocimiento de los y las 119


protagonistas como sujetos políticos que rehacen su historia, su experiencia y sus trayectos vitales a partir de la identidad política que han construido desde los márgenes, desde la periferia. Se evidencia a partir de este ejercicio la necesidad de abordar y comprender el fenómeno del desplazamiento forzado como el conjunto de pérdidas que afecta no sólo a los sujetos en cuanto a sus dimensiones individuales, familiares o comunitarias, sino a la sociedad en general. Es decir, parece fundamental calcular y comprender las implicaciones sociales, políticas y democráticas que la guerra deja a la sociedad colombiana en la necesidad de construir una comunidad política que solo puede crecer y fortalecerse en la medida en que respete, garantice e incluya la diversidad y el conflicto. La eliminación simbólica y real de propuestas de desarrollo social, económico y político que crecen en la periferia implican para la sociedad nacional la negación de su diversidad y complejidad, aumentan y profundizan la crisis de sentido y la fragmentación. Por ello, y a partir de este proceso de investigación se abren preguntas necesarias para seguir comprendiendo y apuntalando reflexiones en el ámbito académico y político sobre las ciudadanías posibles en medio del conflicto que vive el país, puesto que el desplazamiento forzado no sólo arrasa con los proyectos vitales de personas y familias, sino y fundamentalmente con procesos activos de organización y desarrollo que se han forjado desde los márgenes, desde la periferia. Por lo tanto, una pregunta clave para las y los investigadores tiene que ver con el rastreo y la reconstrucción de esas experiencias locales de organización social, política, económica, cultural y territorial, y por supuesto con las implicaciones de su exterminación violenta para una sociedad que intenta en medio de la diversidad y el conflicto configurar un proyecto político incluyente. Esta pregunta se extiende al campo 120


de la justicia, la verdad y la reparación, trascendiendo el ámbito de lo jurídico, para revisar cómo es posible reparar el daño causado a la sociedad colombiana frente a la pérdida de procesos que durante años intentaron consolidar apuestas de autonomía y de autogobierno en el marco de la democracia. Igualmente, los relatos de los protagonistas hacen emerger la pregunta por el retorno como posibilidad de reparación o de restitución de derechos; es decir, se trata de problematizar estos procesos frente a la pregunta por los sentidos de lugar, los vínculos, los proyectos y sueños colectivos, el sujeto y la comunidad política que han sido vulneradas, quebrantadas. Finalmente, el proceso de reconfiguración de la subjetividad que se produce en el contexto de la destierra, muestra en el caso de los y las protagonistas la fuerza de la dimensión ciudadana, de la dimensión política, y es precisamente a partir de la memoria, la experiencia y la utopía que se rehacen los trayectos vitales de los sujetos. Los sentidos del pasado, del presente y del futuro son la impronta de una subjetividad marcada por la guerra y la exclusión, y que en medio de resistencias simbólicas que aparecen en la cotidianidad, poco visibilizadas y valoradas se configuran desde la esperanza y el afecto. En esta dirección, parece pertinente explorar a profundidad cómo esas experiencias casi permanentes de destierra, de desarraigo y exclusión que aparecen resignificadas en la colonización o en un nomadismo moderno, constituyen en sí mismos enclaves de resistencia y de fuerzas vitales que permiten rehacer la esperanza y la dignidad.

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9.

BIBLIOGRAFÍA

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