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CIUDANÍA: EL ROLL DE LA RESPONSABILIDAD Por Devinso Jiménez Sierra / Docente CUN

Hoy, estamos frente a una situación única en la historia de la Humanidad; mientras los avances tecnológicos nos permiten alcanzar estados de confort, desarrollo y altos niveles de vida,

al mismo tiempo tenemos la más alta capacidad bélica jamás

alcanzada de exterminarnos unos a otros. Según el tratado de no proliferación de armas nucleares existen en el mundo aproximadamente 12.000 cabezas nucleares activas y 25.000 creadas en reserva, sin mencionar a los países que no han firmado el tratado (Váldez, 1998). Ello supone una pregunta ¿Somos conscientes del grado de responsabilidad

al que estamos llamados a asumir desde nuestro estatus de

ciudadanos? El concepto de ciudadanía en torno al cual gira el Estado Social de Derecho es el de ciudadanía social, en donde, es ciudadano aquél que en una comunidad política ve protegidos sus derechos civiles, políticos y sociales asumiendo con responsabilidad el ejercicio de sus deberes civiles. Ser tratado como ciudadano o ciudadana equivale a reconocer a alguien la plena capacidad para asumir los mismos derechos y obligaciones que los demás miembros de una comunidad (Cortina, 2001). En principio el estado social de derecho surgió con el compromiso de proteger a los ciudadanos. Pero ¿qué sucede con aquellas personas, que por la condición limitada del Estado, se les violan sus derechos, qué sucede en una sociedad global en la que las naciones pierden su protagonismo? Las clases menos favorecidas entran a formar una cadena de pobreza y hambre que desdibuja el llamado ideal de progreso, en donde las élites económicas se hacen a los monopolios del marcado y crean brechas de desigualdad difícil de salvar. Bajo esta exigencia del contexto social actual el concepto de ciudadano no lo podríamos entender sin el de responsabilidad. Pero ¿Cuáles son las características de la responsabilidad ciudadana hoy? Me apoyare en tres ideas para dilucidar la cuestión:


1. No se entienden los derechos sin asumir responsabilidades 2. Ciudadanía como responsabilidad global: ‘cosmopolitismo’ 3. A mayor poder, mayor responsabilidad personal e institucional

NO SE ENTIENDEN LOS DERECHOS SIN ASUMIR RESPONSABILIDADES La declaración de los derechos humanos de 1948 a las que se ha adherido principios y actores vulnerables como los derechos de niños, la mujeres, el adulto mayor y otros que tienen que ver con los condicionamientos de un mundo cambiante, orquestada por la Organización de Naciones Unidas (ONU) es una herramienta fundante que exige a las distintas Naciones el cumplimiento de las condiciones mínimas de estado de derechos y protecciones a los ciudadanos, pero puede estancarse en un mero código en el que cualquier persona puede legitimar oralmente sus derechos. Sin embargo, sino se relaciona que actores deben asumir esa responsabilidades la declaración de DDHH puede quedar en sólo intenciones o excelentes piezas literarias de alto valor altruista. Entonces, no deben ser tomados cómo derechos sólo los que pueden llegar a satisfacerse, de tal suerte que las naciones se limitarían a desarrollar unos valores a un nivel de la ciudadanía que pueda alcanzarla y no a la totalidad de ella. “Hablar de “derechos humanos” supone apreciar de tal modo el desarrollo de determinadas capacidades para llevar adelante una vida humana que entendemos que todo ser humano ha de poder desarrollarlas” (Cortina, Ética de la empresa, 2000). Para tomarse el tema de los derechos en serio deben asignarse responsabilidades para que se den esas condiciones mínimas en la que cualquier ser humano, sin distinción de su condición social, religiosa y política pueda desarrollar su potencial y activo estatus de ciudadano. Aterrizando el problema a una esfera micro, la comunidad, Soy responsable cuando asumo mi papel de actor incluyente de mi comunidad, no sólo cuando denuncio irregularidades administrativas o describo desigualdades o falencias de condiciones mínimas, soy responsable cuando actuó y propongo soluciones razonables frente a los problemas de mi comunidad, cuando asumo una aptitud eco-amigable con el medio ambiente, cuando reconozco a los demás como personas diferentes con los mismos


derechos y posibilidades. Asumo mi responsabilidad cuando trasmito mis saberes, mi noción de mundo en pro de la convivencia y la protección de los más vulnerables.

CIUDADANÍA COMO RESPONSABILIDAD GLOBAL: ‘COSMOPOLITISMO’ Debido a la creciente deformación del concepto de nación por un amplio espectro de la vida globalizada de los grandes tratados comerciales, los avances técnicos y tecnológicos el concepto de ciudadanía se convierte en ambiguo. “el referente territorial que lleva consigo la ciudadanía parece ampliarse progresivamente, tanto que llegará un día en que cada ciudadano sea, al mismo tiempo, sujeto político de su ciudad, (…) y de una Comunidad Mundial” (Martinez, 2007). Tras este advenimiento de lo global surge el denominativo ciudadano cosmopolita, una persona social de derecho más allá de los condicionamientos limítrofes del territorio, un ciudadano del mundo que exige no sólo el cumplimiento de los derechos y responsabilidades en las llamadas naciones democráticas, sino que su acampo de acción es mundial. Este nuevo estatus cosmopolita también nos hace trascendentes, ya no estoy sujeto a comportarme (actuación civil) responsablemente sólo en mi territorio natal sino en toda parte del mundo, más allá de códigos particularizados entramos en el dinamismo de una responsabilidad mundial. Esta concepción de un nuevo mundo ya empieza a tener un soporte jurídico tras la constitución de la Corte penal Internacional CPI y su visión global de justicia, habrá que repensar nuestra actuación micro cósmica por una visión cospolita.

A MAYOR PODER, MAYOR RESPONSABILIDAD PERSONAL E INSTITUCIONAL Actualmente se habla de responsabilidad social empresarial, entendida como la retribución de las empresas, llámese públicas o privadas, de los beneficios económicos o sociales que reciben de la sociedad, cuanto más potentes los medios, tanto más urge responsabilizarse de ellos y encauzarlos hacia buenos fines. Ello implica la correcta toma de decisiones en el ámbito familiar, profesional en las instituciones y organizaciones a las que estamos vinculados. Debe entenderse que las organizaciones


responden a conceptos propios de su razón social en el que tiene que estar denominado su ‘Ethos’ la manera como concibe y promulga los valores dentro de la organización y hacía fuera de ésta para lograr crear un hábito de lo justo dentro de las voluntades de sus miembros. De ahí que, desde el último tercio del siglo XX, se vengan reforzando las éticas aplicadas. “Justamente bajo la idea de responsabilidad. La ética de la información (infoética), de la economía y la empresa, la Bioética y la Genética, la ecoética, la tecnoética, la ética de las profesiones que intentan aplicar responsablemente” (Martinez, 2007). Las organizaciones están mayormente a responder y reforzar el concepto de responsabilidad de sus miembros que a su vez son ciudadanos de razón. Estas tres características de la responsabilidad civil son en su gran medida proyecciones o propósitos que las sociedades, en procura de valores de justicia, busca infundir a todos los seres humanos, esta tarea no es posible sin el factor transversal de la educación, el canal de transmisión de los fines de la ciudadanía. Es en la formación académica

donde se da la comprensión de

los fundamentos gnoseológicos, la

comprensión de los valores axiológicos aplicados al mundo social. La educación viene a complementar los procesos de formación inicial que se da en la familia “Si se trata de aprender la Constitución con sus derechos y procedimientos, dicen unos, su lugar es el aula; si se trata de educar en actitudes, afectos y emociones su lugar es la familia” (Roca, 2007).

Bibliografía Cortina, A. (2000). Ética de la empresa. valladolid: trotta. Cortina, A. (2001). Ciudadanía Cosmopolita . Praxis , 71 - 84. Martinez, E. (21 de marzo de 2007). fundación de investigaciones educativas . Recuperado el 8 de mayo de 2012, de http://www.emiliomartinez.net/pdf/Compromiso_Ciudadania.pdf Roca, J. G. (2007). Educación para la ciudadanía. Barcelona: CRISTIANISME I. Váldez, F. A. (1998). Armas nucleares: La incertidumbre de la no-proliferación y el desarme. Santiago, chile: FLACSO.



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