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Club de Cuentos presenta:

Aventuras Viajeras 2012


Las aventuras de Perla y sus amigas Por Giuliana Aprea Esta es la historia de tres sirenas que luchan contra Mugre Marina, otra sirena muy mala y muy fea. Las acompaĂąan sus amigos Cracky, Angelito, Abuela Spot, MandĂ­bulas y Fulgor. Les presentamos a los protagonistas de esta gran aventura:


Perla Es una gran amiga. Es lĂ­der de su grupo de amigas. Es humilde y muy lista. Defecto: A veces se mete en problemas en que no debe meterse. Color favorito: Celeste. Actividad favorita: Jugar con sus amigas y compaĂąeras.


AcuĂĄtica Es una integrante del grupo de amigas sirenas. No es muy lista y no sabe muchas cosas para su edad. A veces cuando hace algo mal, sus amigas la aconsejan, pero ella no reacciona sobre su error hasta que sucede algo malo. Defecto: Es dislĂŠxica. Color favorito: Verde. Actividad favorita: Nadar muy rĂĄpido, y mucho.


Olivia Es otra amiga de Perla. Cuando un problema se presenta, es la primera en ponerse nerviosa. Nunca se enoja con una amiga, es muy tranquila. Defecto: Es demasiado preocupada. Color favorito: PĂşrpura. Actividad favorita: Leer cuentos de hadas.


Cracky Es un cangrejo feliz y amistoso. A pesar de sus enormes pinzas tiene muchos amigos. Defecto: Sus pinzas que rompen todo. Color favorito: Rojo. Actividad favorita: Ayudar a sus amigos usando las pinzas.


Angelito Es un pez รกngel dulce pero valiente, le gusta mucho estar con sus amigos, pero le gusta mรกs estar solo y leer los libros de la biblioteca. Defecto: Se siente demasiado cรณmodo cuando estรก solo. Color favorito: Amarillo. Actividad favorita: Leer cรณmics.


Abuela Spot Es una tortuga sabia y aventurera al mismo tiempo. Casi siempre estรก en su casa cosiendo abrigos para sus nietos. Defecto: Es muy sobreprotectora. Color favorito: Rosa. Actividad favorita: Coser.


Mand铆bulas Es uno m谩s de los amigos de las sirenas. Es un tibur贸n vegetariano: come algas y otras plantas marinas, pero esto no significa que sea muy aceptado. No tiene amigos ya que es un brabuc贸n. Defecto: Resuelve los problemas a los golpes. Color favorito: Azul marino. Actividad favorita: tranquilos.

Disfrutar

de

sus

momentos


Fulgor Es un amigo lejano de las sirenas, solo lo visitan cuando los marineros se van de viaje. Es un pez luz valiente y audaz. Defecto: A veces se piensa que es el lĂ­der y se pone mandĂłn. Color favorito: Naranja. Actividad favorita: Estar con amigos. Las sirenas son sus Ăşnicas amigas y no lo visitan frecuentemente.


Mugre Marina Es la villana del cuento. Tiene dos anguilas eléctricas (Furia y Horror) y un asistente que es un tipo de araña acuática (Boris). La última vez, Mugre Marina trató de devorarse a los humanos con sus malvados poderes de sirena, pero por suerte, las sirenas estaban ahí para salvar el día. Defecto: Todo en ella. Color favorito: Rosa. Actividad favorita: Hacer infelices a los demás.


La casa de Mugre Marina Era una vez unas amigas sirenas: Perla, Acuática y Olivia. Estaban enamoradas de un grupo de marineros, mientras que una malvada sirena llamada Mugre Marina planeaba dominar el planeta. Pero primero tenía que comerse a todos los de la superficie. Se extendió el rumor y ellas se enteraron. Así, las tres sirenas fueron a enfrentarse con Mugre Marina. ―¿En serio crees que la venceremos? ―le preguntó Acuática a Perla. ―En realidad sí, porque ella tiene la fuerza, mientras nosotras tenemos la inteligencia. ―Chicas, tengo la sensación de que algo va a pasar―dijo Olivia. De repente, dos anguilas eléctricas salieron de la casa de Mugre Marina para electrocutarlas. Ellas nadaron y nadaron hasta llegar a una cueva abajo del mar. Cuando salieron encontraron una piedra gigante y con ella taparon la salida de la cueva para que las anguilas no salieran. Luego escaparon a sus casas y empezaron a idear otro plan. Al día siguiente, pensando y pensando, descubrieron cuál era su punto débil: el maquillaje. Entonces, las


sirenas llamaron a sus amigos: Cracky, el cangrejo, Angelito, el pez ángel, la abuela Spot, la tortuga y su arma secreta, Mandíbulas, el tiburón vegetariano. Fueron a la casa, lanzaron unos huesos y las anguilas fueron tras ellos. Así tuvieron la entrada despejada. Luego Angelito entró a ver si no había nadie en la sala. Después las sirenas entraron con Mandíbulas mientras Spot y Cracky aseguraban las habitaciones. Cracky entró al cuarto donde estaba Mugre Marina y le pellizcó la nariz para distraerla. Entonces las sirenas le robaron el maquillaje y se lo tiraron a un precipicio sin fin. Mugre Marina sin su maquillaje nunca volvió a salir de su casa. Las sirenas les avisaron a las autoridades que Mugre Marina estaba en su hogar. Entonces convirtieron la casa en una especie de cárcel por querer devorarse a todos los de la superficie. Así, nadie tocó los terrenos de Mugre Marina y todo fue muy tranquilo el mar.


Aventura en la isla de los dinosaurios Las sirenas se iban a una isla a acompañar a sus marineros, ellos estaban a punto de embarcar. ―Chicas me está costando un poco empacar―dijo Acuática. ―¿No sabes que llevar?―preguntó Perla. ―No, no logro que todo entre―respondió ella. ―Deberías sacar algunas cosas―dijo Olivia. ―No, me niego, estas cosas las necesito mucho―negó Acuática. Entonces todas salieron de viaje a las antiguas islas pero después de unas horas Acuática se cansó por llevar tantas cosas pesadas y de a poco se fue hundiendo. Perla y Olivia se dieron cuenta cuando ya la oscuridad del fondo del mar la cubría por completo. Cuando la habían rescatado y la subieron a la superficie el barco de los marineros no se veía por ningún lado. Las sirenas buscaron y buscaron lo que pudieron pero estaban perdidas y nadaban en círculos. ―¡Ay, no! ¡Estamos perdidas! ―gritó Olivia. ―Tranquila, preguntemos a alguien―dijo Perla.


Entonces las tres se fueron a lo profundo del mar a buscar a alguien pero en esas oscuras aguas no había nadie hasta que de una tenebrosa cueva salió un pez luz que les dijo que cerca había una isla pero que tuvieran cuidado. Las sirenas nadaron hasta cansarse y encontraron una isla pero al ver lo que había allí las tres gritaron de horror porque estaba repleta de dinosaurios. ―¡Oh no! ¡Lagartijas gigantes! ―gritó Acuática. ―¡No nena! ¡Son dinosaurios! ―dijo Perla. ―Bueno, tampoco la vas a culpar, recuerda que era disléxica en la escuela ―la defendió Olivia. ―Prefiero no revivir esos momentos ―dijo Acuática. De repente apareció el pez luz que las había ayudado hacía poco. Entonces se presento para volver a ayudarlas. ―Soy Fulgor supuse que estarían en problemas― dijo. ―Pero, ¿dónde estamos? ―preguntó Acuática. ―Están en la isla de los dinosaurios― explicó ― es un lugar peligroso, hace poco unos marineros llegaron a esta isla y se sorprendieron tanto como ustedes. ―¿Dónde están? ―dijo Olivia. ―En una cueva dentro de la isla ―respondió.


―¿Cómo sabes eso? Si están dentro de la isla― preguntó Perla. ―Es que debajo de esta isla hay otra cueva que conduce hacia allí ―dijo― yo las guío. Entonces bajaron hasta estar debajo de la isla, pero de pronto vieron dinosaurios marinos. ―No dijiste nada de dinosaurios aquí abajo― se quejó Acuática. ―Síganme ―dijo Fulgor. Así, gracias al pez luz esquivaron a todos los dinosaurios, luego entraron a la cueva y nadaron y nadaron. Luego de unas horas llegaron a donde estaban los marineros. Se alegraron de ver a las sirenas y que los hubieran rescatado. ―¿Y cómo salimos? ―dijo uno de los marineros. ―Esa planta de ahí ―dijo Fulgor― harán que respiren bajo el agua. Entonces todos se fueron de nuevo. Salieron de la cueva y subieron a la superficie. Los marineros abordaron el barco, se despidieron de Fulgor y las sirenas se fueron con los marineros.


La venganza de Mugre Marina Las sirenas se reunieron en la sala de estar de Olivia. Parecía la biblioteca de su escuela porque era enorme. Perla miraba los libros de la estantería, Acuática leía una revista que había traído y Olivia, una novela. ―Me estoy aburriendo, ¿vamos a pasear? ―preguntó Acuática. ―Bueno ―dijeron Olivia y Perla a coro. Salieron de la casa de Olivia y se fueron nadando hasta salir de la ciudad sirena. Entonces se encontraron con un enorme precipicio que formaba una cueva. Era idéntica al lugar donde habían lanzado el maquillaje de su antigua enemiga Mugre Marina, pero sólo que estaba cubierto de corales y plantas acuáticas y tenía un aspecto antiguo y aterrador, como si hubiera existido hacía siglos. Las sirenas se quedaron calladas por la repentina escena. Después, un extraño canto se oía desde adentro del precipicio. Y, como si las hubiera hipnotizado, las sirenas avanzaron lentamente hacia allí. Duró muchos días, pero finalmente llegaron al fondo: era un pasillo oscuro y desierto. Justo ahí, las sirenas reaccionaron y fueron deshipnotizadas. Así,


apareciendo en la oscuridad, estaba la reina de la maldad y mayor enemiga de las sirenas: Mugre Marina. ―Hola, sirenas ―dijo Mugre Marina con voz escalofriante y ahogada. Las sirenas se impresionaron. ―¡Mugre Marina! ―dijo Olivia. ―¿Qué haces aquí? ―preguntó Perla. ―Muy simple, no podía estar sola en mi casa, sin hacer maldades, sin comida y con mi incompetente sirviente. Así que pasé años haciendo un túnel debajo de mi casa hasta llegar al fondo del precipicio sin fin. Y recuperé mi maquillaje. Pero no salí del precipicio por dos razones: porque estaba cansada y porque estaba planeando una venganza contra las sirenas que me encerraron. Y adivinen a quién traje conmigo… De la oscuridad salió una ráfaga de luz y las dos anguilas mascotas de Mugre Marina. ―Hola, mis mascotas. Furia, persigue a las sirenas. Horror, cubre la salida ―ordenó la malvada sirena. Las sirenas quisieron salir de ahí pero una de las anguilas eléctricas les impidió el paso. ―Ahora pueden ser mis sirvientas o morir aquí atadas por la ausencia de comida. Las sirenas se quedaron pensando.


―¡Mamma mía! ―gritó Acuática― bueno, bueno, yo soy sirvienta. ―¡Acuática! ― le gritaron sus amigas. ―Buena decisión―dijo Mugre Marina apartándola de Perla y Olivia. ―Está bien ―se rindió Olivia― si ella es prisionera, yo también. Entonces, Perla, con las amigas del lado de la mala, se rindió, y prefirió ser sirvienta antes que morir de hambre. ―Perfecto― dijo Mugre Marina―WAJAJAJAJA!!!!!!!!! Entonces trabajaron para Mugre Marina todo un día. A la noche, cuando todos estaban durmiendo, las sirenas escucharon un susurro que las llamaba. Eran sus amigos Spot, Mandíbulas, Angelito, Cracky y Fulgor, su amigo lejano de otras aguas. Ayudaron a las sirenas a escapar, pero entonces... ―¡Ahhhhhhhhh!- era el grito de Acuática: Mugre Marina la había agarrado al intentar salir de la cueva. Pero Fulgor fue en su ayuda y le mordió la mano a Mugre Marina. Al estar libre todos salieron, incluyendo a esta malvada, que no se rindió de una mordida. Al salir, las sirenas vieron que había tiburones comesirenas merodeando, pero ahí Mandíbulas


colaboró con sus amigos carnívoros, pidiéndoles que no se coman a sus amigos y además en otra cosa... Mugre Marina salió exhausta y, como sus anguilas dormían, estaba indefensa ante los tiburones que la comieron viva. Nuestras amigas sirenas otra vez lo lograron, vencieron por siempre a esta malvada. Ahora tal vez nunca vuelvan a oír de ellas ya que las sirenas se esconden de los humanos, excepto si miran debajo del agua con simpatía y oyen el hermoso canto de una sirena.


Black Dragon: La venganza de dos almas


Black Dragon: La venganza de dos almas Por Facundo Campos Cajal Ilustraciones: Dante Castelao Black Dragon era un dragón malvado muy grande que tenía poderes hipnóticos. Vivía en una cueva en la cima de la Montaña de la Muerte, arriba de la Cordillera de la Perdición y justo en el lugar del Foso sin Fondo. Los caballeros sufrían ataques de dragones continuamente, pero no podían distinguir entre los dragones malos y los buenos, y mataron a los dos hijos de Black Dragon por accidente. A partir de entonces, Black Dragon odia a los humanos. Durante años se limitó a atacar a los caballeros que se adentraban en su territorio, pero un día planeó un ataque sorpresa y consiguió destruir el castillo y el pueblo matando a todos sus habitantes. Cierto día, el padre de Dani, Edon Byrne, el capitán de la guardia del rey Averiyil Demonian III, tenía que cruzar el bosque para cumplir una misión. Lo estaba atravesando iluminado por la luz de la luna cuando una oscura sombra cayó sobre él. Era una bestia negra como el ébano, con unos ojos rojos. El capitán sacó su espada y la blandió frente a la bestia que lo miraba a los ojos. De repente sintió cómo sus miembros dejaban de


obedecerle. Vio cómo la criatura sonreía mostrando sus afilados dientes. Entonces alzó su espada y la clavó en su propio corazón. Lo último que vio antes de morir fueron los rojos ojos de la bestia que ahora identificaba como un dragón. Dani estaba destrozado por la muerte de su padre y juró que lo vengaría matando a la bestia que lo había asesinado. Entonces, abandonó el castillo para ir al bosque que estaba al principio de la Montaña de la Muerte. Mientras avanzaba, vio que el dragón negro volaba hacia el castillo. Dani volvió presuroso para avisarles a sus amigos pero cuando llegó solo encontró las ruinas del palacio destruido. Dani se volteó para ver la sombra de dragón negro alejarse entre la destrucción que había causado. Dani gritó de rabia e impotencia que, sin importar lo que le costara, él vengaría a todos. El monstruo se volvió para mirarlo y Dani escuchó estas palabras: “Entonces te estaré esperando, caballero”. Dani estaba enterrando a los que habían muerto en el ataque del dragón. Cuando vio el bosque incendiándose, supo al instante quién lo estaba causando. Montó en uno de los caballos que habían sobrevivido y se fue galopando hacia allí con rapidez. Cuando llegó, vio al dragón alejándose. De repente, de la maleza salieron dos centauras y un caballero pájaro.


Dani se sorprendió ya que pensaba que el dragón los había asesinado a todos. Se acercó a ellos y les preguntó quiénes eran. Ellos le dijeron sus nombres: Diego, Sofí y Martu. Dani les preguntó si habían visto al dragón. Ellos dijeron que sí. Dani les contó su historia y ellos decidieron acompañarlo en su aventura. Dani y sus amigos estaban llegando a la Cordillera de la Perdición. Cada tanto, creían ver una sombra o escuchar una voz. De repente, aparecieron esqueletos tirados por el suelo. Retrocedieron un poco, ya que no se lo esperaban. Entonces, Dani caminó con cuidado hacia el esqueleto más cercano. Tenía un puñal en la mano y había una inscripción en la piedra que tenía al lado:


Este lugar está maldito. llevo días y días caminando y parece que nunca salgo del mismo camino de piedra en el que me adentré. Cada vez veo más cerca mi muerte. La veo como si ella misma me estuviera hablando al oído. Ahora, a punto de fallecer, Escribo esto para recomendarle al pobre viajero que me encuentre que se detenga, que no siga, ya que lo que le aguarda es peor que la muerte. Una antigua maldición recorre este lugar y condena a los pobres desamparados que mueren aquí a pasar el resto de la eternidad como almas errantes. Éstas son las últimas palabras en vida de Tim Berk, guerrero del rey.


Dani retrocedió y se puso a hablar con sus compañeros. ―Esto ya se está poniendo peligroso, creo que deberíamos volver ―dijo Sofi. Dani la miró y dijo: ―Yo vengaré a mi padre aunque eso me cueste la vida. Si quieren, regresen. Martu, que se había acercado a examinar los huesos, dijo: ―He estudiado los huesos y he determinado que este cadáver lleva aquí aproximadamente unos diez meses. No puedo especificar de qué murió pero por la inscripción en la piedra, deduzco que fue de hambre y de sed. ―Otra razón por la cual deberíamos volver ―Dijo Sofi. Entonces, Diego intervino diciendo: ―Pero nos quedan mucha fruta y varios odres de agua. No es necesario que nos preocupemos por eso. Además, seguro que debe haber manantiales y animales más adelante. ―¿Pero qué hay con eso de la maldición que aparece escrito ahí? ―Preguntó Sofi. Dani la miró y dijo:


―Por lo que determinó Martu, puede ser que ese hombre se haya vuelto loco de hambre y sed y por eso inventó eso de la maldición. ―¡Pero parecía muy convencido! ―Argumentó Sofi. ―Mirá ―Dijo entonces Dani, un poco frustrado ―Si te hace sentir mejor, avanzaremos en grupo y con las armas en alto. Eso tranquilizó un poco a Sofi y accedió a seguir. Después de horas caminando y de ver varios esqueletos más, se encontraron con un hombre. Estaba en el medio del camino, caído de rodillas. Lo gastado de sus zapatos y la forma en la que respiraba les indicaba que había estado caminando pero que se había desplomado de cansancio. Diego se acercó y le preguntó: ―Señor, ¿se siente bien? El hombre, sorprendido, se dio vuelta. Tenía una mirada rota y vacía que se tiñó de terror cuando vio al grupo. Sin levantarse del piso, se arrastró con las manos y los pies gritando: ―¡Alejaos, espectros, alejaos! ¡Tal vez dominaste las mentes de mis compañeros, pero jamás dominaréis la mía!


Dani ya salía con las manos en alto, tratando de calmar al hombre. ―Cálmese, señor, no somos espectros ―Dijo Dani. ―¡Eso es lo que siempre decís! ―Dijo el hombre. Entonces, Martu se adelantó y lo agarró por el brazo. El hombre se sorprendió ante el contacto. ―¿Ve? ―Dijo Martu― Lo estoy tocando. Eso demuestra que no soy un espectro, y mis amigos tampoco. El hombre se tranquilizó y de repente se echó a llorar. Cuando terminó, Dani le preguntó: ―Señor, ¿qué está haciendo ahí? Entonces, el hombre empezó a narrar su historia: ―Mis amigos y yo éramos comerciantes. Viajábamos por todo el reino comerciando todo lo que podíamos. Hasta que un día nos internamos en esta cordillera. Al poco tiempo, empezaron a ocurrir cosas extrañas. Algunos de mis hombres se levantaban gritando que tenían sueños extraños en los que aparecían fantasmas. Otras veces, nuestras cosas desaparecían o no estaban en el lugar donde las dejábamos. Un día, mis hombres empezaron a desaparecer. Nadie sabía dónde iban. Solamente cuando nos dormíamos y nos despertábamos había desaparecido uno, o cuando uno


se quedaba rezagado e íbamos a buscarlo, no lo encontrábamos. Al poco tiempo, solo quedábamos cuatro. Yo me había quedado despierto toda la noche. Vigilaba el campamento viendo qué les pasaba a mis hombres. De repente lo vi: se acercaba una mujer muy hermosa por el camino. Caminaba con los pies descalzos pero no parecían molestarle ni los pedruscos ni la tierra. Era casi como si flotara. Fingí estar dormido para ver qué pasaba. Entonces la mujer se acercó a uno de los hombres. Éste despertó de repente y miró a la mujer un poco asustado pero después embelesado por su belleza. Ella, con su encantadora sonrisa le dijo que la siguiera. Entonces vi que ella se acercaba al precipicio pero seguía caminando y empezó a flotar. En realidad no estaba flotando, simplemente caminaba como si hubiera un piso en lugar de aire bajo sus pies. El hombre continuó siguiéndola hasta que cayó por el abismo. La mujer tenía una sonrisa malvada y unos ojos rojos que jamás había visto antes. De repente, en un breve fogonazo, la mujer desapareció. Ahí lo entendí todo: la razón por la que desaparecían mis hombres era que los espectros se los estaban llevando. Al día siguiente, cuando se lo conté a mis amigos, me miraron horrorizados e insistieron en que debíamos regresar. Pero yo les dije que no podíamos, ya que habíamos avanzado muchos días hasta llegar donde nos


encontrábamos y que los espectros nos capturarían antes de llegar. Uno de ellos no lo pudo soportar y salió corriendo colina abajo, intentando llegar al principio de la cordillera, pero yo sabía que los espectros lo atraparían antes de que lo consiguieran. Cuando me fijé en mi otro hombre, me di cuenta de que quería hacer lo mismo, pero lo convencí de que no lo hiciera, que era una locura. Continuamos avanzando. No nos detuvimos para nada, ni siquiera para dormir, hasta que un día no pudimos mas de cansancio y nos tumbamos a descansar al costado del camino. Cuando me desperté, no fue una sorpresa averiguar que mi último hombre había desaparecido. Cuando terminó de hablar, mirándonos esperanzado, dijo: ―¿No tendréis agua? Diego le alcanzó un odre lleno de agua, al tiempo que le preguntaba: ―¿Cómo ha sobrevivido usted entonces? El hombre dejó de tomar agua y mirando a Diego dijo llevándose la mano al cuello: ―Con un crucifijo bendecido. Cada día que veía que ya no me quedaban fuerzas, tomaba el crucifijo en mi mano, lo ponía en mi pecho y así cada vez que los espectros venían por mí, se los mostraba y ellos con


una muestra de odio retrocedían. Pero recientemente lo perdí, por eso me encontraron arrodillados en el piso ya que pensé que los espectros me matarían. Entonces Sofi dijo: ―Les dije que teníamos que regresar… ¡Ven lo que pasa por no escucharme! ―Tampoco es para tanto, Sofi, nosotros podemos con un par de tontos espectros. ―Dijo Dani. Y Diego, mirando a Dani, dijo: ―Estamos hablando de espectros, es decir, seres que no podemos tocar… Nuestras espadas no sirven contra ellos. Martu entonces le preguntó al hombre: ―¿Y cómo es que usted se enteró de la maldición? ―Porque cuando morí, otros espectros me lo dijeron. El grupo se quedó mirando atónito al hombre. Éste empezó a sonreír al tiempo que se levantaba. Dani avanzó con la espada en alto para clavársela al hombre. Pero tan pronto como se acercó, él despareció. Siguió escuchando su voz que decía: “la maldición la crea una estatua maldita que hay en una cueva que está cerca de ustedes. Si quieren llegar al final alguna vez, tienen que destruirla así todos los que estamos bajo su hechizo seremos libres”.


El grupo empezó a avanzar entrando ya a la cueva de la que el hombre les había hablado. Pronto vieron la estatua. Estaba en un altar pequeño de piedra en medio de la caverna. Dani avanzó diciendo que esto iba a ser muy fácil. Sin embargo, apenas lo dijo, cientos de manos fantasmales empezaron a salir del piso. Dani intentó retroceder pero no podía: las manos lo jalaban para abajo. Entonces Diego se lanzó prácticamente volando hacia Dani para rescatarlo. Logró agarrarlo por las manos y lo sacó. Pronto, del piso salieron fantasmas. Eran cientos, por no decir miles. Eran prácticamente humanos excepto por sus ojos. O más bien o porque no tenían ojos: donde debían estar sólo había cuencos vacíos. Sofi y Martu empezaron a lanzarle flechas a la estatua, pero ésta tenía un campo de fuerza. Dani, viendo esto, le ordenó a Diego que lo llevara a allí. Con un grito, clavó su espada en el altar. Viendo que el campo de fuerza desaparecía, Martu tiró una flecha que destruyó la estatua. Los espectros respiraron aliviados, y desparecieron con un gracias. Entonces ellos vieron la salida de la cueva, y al avanzar hacia ahí salieron a la Cordillera de la Perdición. Después de mucho andar, llegaron a la guarida de Black Dragon. Estaba cubierta de huesos. Cuando llegaron a


la entrada, un rugido atroz les indicó que el dragón sabía que estaban allí. Dani dijo: ―Sabe que estamos aquí. Diego, mirándolo, dijo: ―Decime que tenés un plan. ―Sí, tengo uno. Sofi y Martu, vayan para ese lado de la cueva, y cuando el dragón salga, Diego y yo intentaremos inmovilizarlo. Oportunidad que ustedes usarán para lanzarle flechas a zonas vitales para matarlo. Dani dijo: ―Preparate, Diego. En cuanto a vos, escondete detrás de esa roca, que ahora voy con vos. Dani se puso de pie delante de la cueva y gritó: ―¡Salí de una vez, bestia inmunda! He venido a matarte tal como lo prometí. Se escuchó una risa que dijo: ―Ssí que por fin has venido ―dijo el dragón empezando a caminar a la entrada de la cueva. En cuanto salió el dragón, Dani y Diego salieron a la carga, Dani por la izquierda, Diego por la derecha. El dragón intentó aplastar a Diego con su mano, pero gracias a la agilidad del caballero-pájaro no lo


consiguió. Dani aprovechó esa oportunidad para clavarle la espada del dragón en la pierna. El dragón chillaba de dolor y de un violento coletazo derribó a Dani. Sin que lo notase, Diego se había puesto en la cabeza de Black Dragon e intentó clavarle la espada, pero la piel del dragón era demasiado dura. Gracias a eso descubrió una debilidad del dragón: el sonido. Ya que cuando la espada de metal de Diego chocó con la escama del dragón, se produjo un ruido que hizo que el dragón se tapara los oídos y gritara. Sin embargo, el dragón se recuperó rápido e intentó sacar a Diego sacudiéndose, pero entonces Dani tomando una cuerda le ató las patas al dragón, dejándolo inmovilizado. ―¡AHORA! ―le gritó Dani a Sofi y a Martu que le empezaron a disparar flechas. El dragón escupió una bocanada de fuego y estuvo a punto de calcinar a Dani, pero éste lo esquivó justo a tiempo. Diego consiguió estropear las alas del dragón que ya no podía volar. Entonces Dragon Black, muy cansado, cayó al piso. Dani sacó su espada y se le acercó a punto de clavársela en el corazón. Sin embargo, con un último resto de fuerza movió su cola para intentar aplastar a Diego. Pero entonces Martu galopando velozmente sacó a Diego del camino de la


cola que se estrelló contra el piso. Sin fuerzas, el dragón miró a Dani: ―Caballero, cumple tu venganza, total yo no tengo ninguna razón para vivir. } ―¿Qué significa eso? ―Hace mucho tiempo yo era un dragón bueno, no me gustaba lastimar nadie y tenía dos lindos hijos que cuidar. Sin embargo, tus amigos caballeros entraron a mi cueva y yo, estando fuera de cacería, no pude defender a mis crías. Ésa es la razón por la cual odio a los caballeros. ―Ambos perdimos muchas cosas. Yo no sabía nada de tus crías, pero ahora veo que sos tan desdichado como yo, que perdí a mi padre. Vení conmigo. Tal vez ya no tengas un objetivo en tu vida, pero yo te puedo dar uno. Vení a mi pueblo, ayudame a reconstruirlo y así reparar las vidas que destruiste. El dragón, mirando a Dani, aceptó. Y así los cuatro amigos y el dragón negro volvieron a construir el pueblo en el que con nuevos habitantes vivieron felices para siempre.


Sr. Abrazos


Sr. Abrazos – Parte Uno Por Dante Castelao En el planeta Badidiun había una guerra entre el bando rojo y el azul, donde luchaban hombres y mujeres. En un momento ganó el bando rojo y dijeron: “vamos a matar a todos los del bando azul”. Entonces, una familia del bando azul decidió mandar al bebé al planeta Wor con una carta que explicaba todo lo que había pasado. Cuando iban a darle un abrazo al bebé, los del bando rojo mataron a sus papás y la nave salió volando. Cuando el bebé llegó al planeta Wor, Ortem y Tem lo criaron e hicieron de cuenta que eran sus padres. Dejaron la carta en secreto, pero un día, cuando ya era grande, le dijeron lo que había pasado, y se fue a buscar abrazos. Le fue a pedir a una viejita y le dijo: “Si me ayudás a llevar la carne cruda a mi casa”. Lo hizo, y le dio un abrazo. Después fue al pueblo y vio a una mujer que tenía un bebé recién nacido y le pidió un abrazo a la mamá. Ella dijo: “Si me buscás unas ovejas para comer”. Él trajo las ovejas, y ella le dio un abrazo. Luego fue con un adolescente y le dijo: “¿Me darías un abrazo?”. Y el adolescente le respondió: “Bueno, si me ganás en una carrera”. Él ganó, y el adolescente le dio


un abrazo. Hasta que un día fue por el pueblo y vio a una chica de su especie. Se enamoraron los dos a primera vista, se hicieron novios y tuvieron un huevo. Era varón. El Sr. Abrazos le dio un abrazo a su bebé y a su esposa, y sintió que ése era el verdadero abrazo.


Sr. Abrazos – Parte Dos Por Dante Castelao Habían pasado muchos años desde el abrazo verdadero del Sr. Abrazos con su esposa y su hijo. El sol se estaba destruyendo. Su hijo, Abracitos, ya grande, en un momento sintió una especie de ola de calor. Dijo: “No es nada”. Volvió a su casa, prendió el televisor y vio que decía: “¡ALERTA ROJA! ¡ALERTA ROJA!”. Leyó en su Manual de Alertas que la alerta roja significa que va a explotar el sol. Le fue a avisar a su papá, el Sr. Abrazos y a su mamá, la Sra. Caricias. Se fueron en una nave de la familia Abrazos y en un momento el Sr. Abrazos le dijo a Abracitos: “¿Podés ir al fondo de la nave a buscar comida?”. Como seguían cerca del sol, en un momento explotó y salieron unas cuchillas del sol que cortaban todo. Una de ésas le dio a la nave y se cortó a la mitad. Por suerte, nadie murió: los papás de Abracitos salieron en una cápsula de escape para un lado y Abracitos salió en una cápsula de escape para el otro. Pasaron días y días hasta que la cápsula de escape de Abracitos llegó a un nuevo planeta. Bajó de la cápsula y encontró a un ser vivo. ―¿Vio volar a una cápsula espacial, además de la mía? ―Preguntó Abracitos.


―Sí, pero me tenés que dar algo ―Respondió el desconocido. ―¿Querés un poco de metal? ―Bueno, si me das tres monedas de oro, te doy una nave ―Le propuso el ser. ―Dos, y listo. ―Bueno. Abracitos se fue para el lado que le dijo el ser con su nueva nave. Pasaron planetas y planetas, pero en un momento se detuvo en uno porque necesitaba algo para comer. Entró a un bosque, agarró comida pero un monstruo de barro lo agarró y lo tomó como esclavo. Abracitos trabajó por tres días en una mina con otros seres vivos. Allí, los monstruos de barro les pegaban para que trabajaran. Pero una noche se escapó de la mina, todo con moretones y sangre. Voló, voló y voló con su nave hasta que encontró un planeta con todos sus amigos, familiares y personas de su antiguo planeta. Bajó con su nave y debajo de un árbol estaba el Sr. Abrazos y la Sra. Caricias. Él se acercó muy contento, y el Sr. Abrazos y la Sra. Caricias le mostraron tres bebés recién nacidos en un huevo. ¡Estaba tan feliz! Miró a su familia y dijo: “Qué bueno que superé todos los obstáculos, encontré a mis papás y tuve algo más… Tres hermanitos”. Como festejo, el Sr. Abrazos


dijo: “Propongo un abrazo”. Y dijo Abracitos, cuando se daban el abrazo entre sus papás y los hermanitos: “Es el día más feliz de mi vida”.


Terror en la mansi贸n


Terror en la mansión Por Dante Castelao Un día, la Sra. Fabiana Blood se puso a buscar hoteles en la montaña y encontró una mansión en alquiler muy barata. Lo consultó con su marido, el Sr. Juan Blood, y estuvieron de acuerdo. Les dijeron a sus hijos, Mara y Pablo, que prepararan todo para el viaje. Esa misma noche, la familia Blood se fue de vacaciones. La casa en la montaña era ideal para descansar por algunas semanas. Les gustaba el contacto con los animales y la naturaleza. Cuando llegaron, después de un largo viaje, se encontraron con que la mansión estaba llena de murciélagos y parecía embrujada. Como a los chicos les gustaban mucho las historias de terror, entraron corriendo a la casa. Escucharon una risa pero siguieron de largo. Estaban muy cansados. Se fue cada uno a su cuarto y se durmieron. A la medianoche se escuchó un ruido de la habitación del papá y se despertaron. Todos fueron a ver qué pasaba y cuando entraron se dieron cuenta de que estaba muerto. Tenía un cuchillo en la garganta. Al ver el cadáver, empezaron a llorar. De repente, escucharon


una risa. No sabían de dónde venía. La mamá dijo: “Chicos, hay que salir rápido de acá”. Cuando trataron de hacerlo, no pudieron. La puerta estaba cerrada. De la nada, apareció una flecha en dirección a Mara. Sin pensarlo, Fabiana saltó para protegerla. La flecha dio en su cabeza y cayó muerta. Otra vez escucharon esa risa. ¿De dónde venía? Los chicos estaban muy asustados. Entraron a la habitación del papá. Vieron que detrás de su cadáver decía: “Los próximos son ustedes”. Los chicos se asustaron mucho más, porque se dieron cuenta de que pronto estarían muertos. Entonces, Mara tuvo la idea de salir por la ventana. Pero cuando intentaron hacerlo, una flecha casi les da en la cabeza. Miraron hacia el lugar de donde venía y vieron una sombra. Pablo recordó que en las historias de terror llaman a la policía para salvarse y siempre salen vivos. Entonces, agarraron el celular del papá y, cuando iban a llamar, una flecha le dio al teléfono y lo rompió. En la mesita de luz había otro. Trataron de ir rápido y lo lograron. La policía estaba en camino. Los chicos estaban muy asustados y llorando. Se abrió la puerta y vieron esa misma sombra que habían descubierto cuando casi los mata una flecha saliendo


por la ventana. Detrás de la puerta, salió una mano monstruosa que sostenía un cuchillo. A punto de morir, Mara dijo: “Esto no es como las historias de terror”. Pasaron, pasaron, pasaron los minutos hasta que llegó la policía. Encontraron al papá con el cuchillo, la mamá con la flecha y los dos chicos degollados con un palo en la habitación. Los oficiales se asustaron. Entonces empezaron a investigar. Uno de ellos salió a ver si había alguna pista y escuchó un ruido y una risa. Cuando volvió a entrar, estaban todos muertos. Entonces el policía vio una sombra. Cuando se acercó, vio al monstruo con un cuchillo ensangrentado. Lo miró a los ojos y le preguntó: “¿Tenés miedo de morir?”. El policía le respondió que no, y el monstruo le dijo: “Veamos”.


El sue単o de Happy


El sueño de Happy Por Mora Quiroga Happy era una chica distinta a sus compañeras, amigas, y prácticamente a cualquier chica que conozcas. Estaba en desacuerdo con sus papás y no quería ni pensar en trabajar en la famosa empresa de “plástico” cuando fuera grande. Pallen se llamaba esa porquería (por lo menos, como lo pensaba Happy). Ella no veía la hora de ser grande y viajar por el mundo. Un día, una compañera se le acercó y le preguntó qué quería ser cuando fuera grande. Ella se acordó de su sueño de las palmeras al viento. Cuando se dio cuenta, ya estaba sola y su compañera estaba con las otras (seguramente diciendo que estaba loca). A ella no le importaba lo que dijeran las demás: ella con su sueño era feliz, muy feliz. Una noche, Happy pidió a sus papás si podía ir directamente a dormir porque estaba cansada. Antes de quedarse dormida vio pasar una estrella fugaz. Antes de pensarlo dos veces, pidió su deseo y cayó dormida. Cuando despertó, se dio cuenta de que no estaba en su cama y se paró para ir a investigar. A cada paso que daba, iba reconociendo que ésa era la playa de sus sueños. La reconoció por las palmeras altas, cada una


con sus cocos, la playa grande y hermosa y el mar azul claro, todo como ella lo había imaginado. Después de un rato de caminar, se encontró con un mago que le preguntó: ─¿Vos sos Happy? ─Sí. ¿Y quién es Usted? ─Soy el mago que cumple tu deseo. ─¿Qué deseo? ─preguntó Happy. ─Ayer a la noche me pediste que te trajera aquí. ─¿Esta es la isla de los sueños? ─Sí, pero te advierto que si pasás una semana en la isla, no podrás volver a tu casa. Happy escuchó esto y se puso a explorar el lugar. Cuando le quiso hacer otra pregunta al mago, éste ya había desaparecido. Happy no le dio mucha importancia y siguió explorando. Después de mucho andar, encontró un pueblo chiquito y humilde. De casas de paja y lianas de la selva. A Happy le sorprendió todos los materiales que usaban: paja, liana, barro, escombro, madera, tronco, corteza de los árboles, y en ocasiones también caracoles. Se le ocurrió acercarse.


─Hola, ser de muy lejos ─dijo, tratando de comunicarse con un chico que encontró por ahí. Pero para sorpresa de Happy, le respondió: ─Hola, ¿todo bien? Happy quedó paralizada y se puso roja: ¡no sabía qué decir! ─Perdón, no sabía que hablaban español. El chico no paraba de reírse. “¿Cómo se puede reír si acabo de tratarlo como a un extraterrestre?”, pensó Happy. ─No importa, a cualquiera que no es de acá le pasa lo mismo. ─¿Cómo? ¿También leen el pensamiento? ─Pensó en voz alta. ─No, me di cuenta por la cara que pusiste. ─Ah. Se hizo un silencio incómodo. ─¿Querés que te muestre la isla? ─¡¡¡¡Síiiiii!!!! ─Dijo Happy, entusiasmada. De todos los lugares hermosos que había visto, el que le gustó fue una pequeña olla de agua fría y fresquita en el medio de un campo de flores.


Después de cinco largos días, empezó a extrañar a su mamá y a su papá, a su familia y hasta un poco a la escuela. Una noche se decidió. Sacó una canoa que había hecho el día anterior. Le dio mucha lástima tener que dejar al chico solo, ya que se habían hecho grandes amigos. Así que se le ocurrió dejarle una carta que decía: Mi querido amigo: Me tuve que ir. Extrañaba demasiado a mis padres y en verdad a todos. Sé que cuando me vaya también te voy a extrañar a vos. Tu amiga Happy ¡Estaba lista! Agarró la canoa y la metió en el agua. Después de remar y remar una hora seguida, se cansó y dejó de remar. De repente se acordó de lo que había dicho el mago: si no lograba llegar a su casa antes de que pasaran siete días (y ya iba por el sexto), Happy se largó a llorar y le pidió al mago desde el fondo de su corazón que la dejara volver a su casa. De repente, apareció el mago:


─Seguro que estás arrepentida de haber deseado irte de tu casa, ¿no? ─Preguntó. ─¡Síiii! ¡Por favor! Quiero volver a casa. ─Contestó Happy entre sollozos. ─Está bien. Pero nunca vuelvas a pedir algo así. ─Lo prometo. De repente, Happy apareció en su cama y salió corriendo a buscar a sus papás. Encontró a su mamá preparando el desayuno. ─¡Mamáaaaaaa! ─Gritó Happy con alegría─ Te extrañé muchoooo. ─Pero si nos vimos ayer… ─Dijo la mamá, un poco asustada. En ese momento, Happy se dio cuenta de que todo había sido un sueño. Happy respiró hondo y abrazó a su mamá. Sólo había sido un sueño.


Viajeros de Club de Cuentos 2012


Giuliana Lena Aprea nació el 9 de octubre de 2001. Dio sus primeros pasos en su primer cumpleaños. En febrero de 2004 nació su hermano Valentino. A los tres años ingresó al jardín. En el año 2005 se mudó al barrio de Balvanera, donde comenzó sus estudios en el Colegio Nuestra Señora del Huerto. Le gusta mucho leer y escribir, así que empezó un taller literario. Actualmente cursa 5º grado con muy buenas calificaciones y lleva escritos varios libros y cuentos. Este año participó en un concurso literario donde recibió una mención especial y su cuento quedó en la biblioteca del lugar.


Facundo Ignacio Campos Cajal nació el 7 de octubre de 1999 en Buenos Aires. Dio sus primeros pasos a los dos años. Fue al jardín 913, su primera escuela. A los seis años le empezó a gustar la lectura. A los siete años empezó a ir a la escuela Santa Rosa de Lima. Allí cursó la primaria. Actualmente cursa primer año de la secundaria y sus notas son buenas. Tiene muchos amigos. Va a Taekwondo y a natación. Lo que más le gusta leer son las historias de fantasía y aventura.


Dante Castelao nació en Buenos Aires, Argentina y tiene 11 años. Cuando tenía un año y medio se fue a vivir a Italia. Hizo el jardín de infantes allí y sigue conservando sus amigos. Cuando tuvo seis años regresó a Argentina. Actualmente juega al básquet en el Club De Amigos, va al colegio Armonía y está en 6to grado. Le gusta leer comics, le gusta el helado de dulce de leche y le gusta dibujar. Su comida favorita es la milanesa con papas fritas a caballo. (Sigue vivo)


Mora Quiroga tiene once años. Le gustan mucho los libros, en especial los de María Inés Falconi, lo de Pescetti y algunos de Elsa Bornemann. Este año empezó a escribir. Desde ese momento no paró de imaginar historias.


¥Gracias por viajar con nosotros! Los esperamos siempre con mås aventuras‌

siempredeviaje.com.ar siempredeviajepoesia.blogspot.com



Aventuras Viajeras 2012