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Flor de tierra

Es una revista literaria con publicación cuatrimestral Año I • Número I Enero-Abril 2012 Fundada y dirigida por Fari Rosario Consejo de redacción Fari Rosario Bartolo García Molina Ramón Emilio Reyes Luis Beiro Juan Manuel Acosta Administración y encargadas de Redacción Mónica Trejo/Andrea Alcántara Correctores de estilo Luis Beiro, Bartolo García Molina, Ramón Emilio Reyes. Diagramador Ludwig Medina González Colaboradores Ramón Emilio Reyes, Bruno Rosario Candelier, Luis Martin Gómez, Miguel Ángel Fornerín (Puerto Rico), Violeta Rojo (Venezuela), Christian Ibarra (Puerto Rico), Lauro Zavala (México), José Miguel Oviedo (Perú), Sara María Rivas (Puerto Rico, EE. UU.), Carlos Ardavin Trabanco (Texas), Jorge Mustonen, Basilio Belliard, Pedro Ovalles, Ruth Kostner (Italia), José Enrique García, Luis Beiro, Rvdo. Jesús Hernández Disponible en las siguientes librerías y lugares de Santo Domingo Mateca, La Trinitaria, Thesaurus, Amengual, PhiloBiblia, Multicentro La Sirena, Megacentro, La Cafetera RD$100.00 /US$3.00 Síganos en facebook: facebook??? Para suscripción: escríbanos a Email: farirosario9@hotmail.com Imprenta: SOTO IMPRESORA, S.A.

contenido 4

Pedro Ovalles

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DEFENSA DE LA POESÍA: DEFENSA DE LA VIDA

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POESÍA DOMINICANA ACTUAL 1981-2011: TRANSGRESIÓN Y TRADICIÓN

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LA TRADICIÓN Y SUS VOCES

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POESÍA DE EXPLORACIÓN

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Ángela Hernández

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Lissette Ramírez

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Giuseppe Ungaretti

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EVENTOS SOCIALES Imagen de portada: © Ada Balcácer


editorial

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FARI ROSARIO

Les damos la más efusiva bienvenida a todos nuestros lectores. Saludamos el año número doce del siglo XXI, con el nacimiento y la puesta en circulación de nuestra revista Flor de Tierra. Esta revista literaria nace en medio de esta Isla flotante, nace como una diminuta alga junto a la orilla del río Ozama. Desde hacía mucho tiempo tenía el interés de “lanzar” una revista. Creo en el potencial catalizador y renovador de este tipo de publicación. De hecho, hace unos años cayó en mis manos una revista que no solo me permitió conocer el género de la minificción, sino que también me sirvió de inspiración. Esta publicación tiene un soporte impreso, pero los tiempos posmodernos nos exigen insertarnos en el mundo digital, así que la misma tendrá doble soporte. No está de más decir que esta revista es fundada y dirigida por Fari Rosario. Flor de Tierra quiere constituirse en una publicación cuatrimestral: cual si fuere una estación que cambia de color y matiz cada cuatro meses. Nuestro propósito es único y peculiar: estimular el desarrollo de las letras y describir los derroteros del acontecer artístico-literario de República Dominicana. En otras palabras nuestro radio de acción implica un movimiento

que opera y procesa informaciones con el fin de dinamizar la difusión de nuestras letras, motivar la reflexión, el espíritu humanístico y los valores literarios y estéticos. Las revistas –no deberíamos olvidarlo– han jugado un papel fundamental en el desarrollo y el consecutivo dinamismo de las letras en Hispanoamérica. Pensemos, por ejemplo, en la Revista Sur, fundada en 1931, en Argentina, por Victoria Ocampo y que después de numerosos volúmenes publicados desaparece en 1992; pensemos en Orígenes, aquella notable revista fundada por Lezama Lima y que tuvo la osadía de implantar la modernidad literaria en Cuba; en ese mismo tenor están Plural y Vuelta, las dos ambiciosas revistas fundadas en México por Octavio Paz. En tiempo más reciente hay que destacar la aparición de la revista Letras Libres, fundada en México por Enrique Krauze. Este, indudablemente, es en un caso fenomenal, pues la revista supera los 20,000 ejemplares, una tirada excepcional para una publicación literaria. O qué decir de Zona de Carga y Descarga, aquella vanguardista revista fundada en Puerto Rico por Rosario Ferré en la década del setenta, eso tan solo por mencionar algunos casos.

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3 Nuestro país atraviesa por una crisis económica y moral y está bajo la sombra de un largo eclipse cultural, como lo he denominado. Han desaparecido, lamentablemente, los suplementos literarios y los proyectos culturales de envergadura. Este fenómeno es un lastre social que impide comprender la manifestación de lo que realmente enriquece y eleva las naciones. Esta ausencia de epifanía cultural es el mismo programa que legitima la miseria moral, la desigualdad, la corrupción y la ausencia de una recia y sostenida voluntad cultural. Nuestra revista, como el entramado donde se empalma y se originan el pensamiento y el arte, es un espacio plural para sembrar pensamientos e ideas. Es un proyecto íntimo para “lectores de intimidad” –como decía Ortega y Gasset en una nota preliminar de 1916. Y como tal se desvela como un proyecto imparcial, objetivo, sin fines de lucro y sin banderas, sin insignias partidistas o ideológicas. Esta tierra americana, caribeña, es múltiple y mestiza en sus expresiones. Desde su fundación han predominado las devastaciones, los gritos libertarios ante la opresión, la emancipación territorial y espiritual… De pronto nuestro arte se manifiesta como esa diminuta flor –hija de los páramos y el desierto espiritual– que se expande más allá de nuestro límite territorial. Esta flor ha crecido junto a los problemas del hombre (aunque a veces crece sobre la tumba de un poeta) pero lo cierto es que en su presencia laten el dolor, el grito y los sueños de una patria rota; en suma, los problemas cotidianos del hombre dominicano y su búsqueda de libertad. Cada número de esta revista estará dedicado a diversas expresiones artísticas (ya que hoy en día más que de géneros se habla de expresiones o estilos artísticos). Así que el primer número está dedicado a la poesía; el segundo a la narrativa (el cuento), el tercero al fascinante mundo de la novela; la cuarta entrega versará sobre el ensayo

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y el pensamiento dominicano; la quinta entrega la dedicaremos a la expresión del teatro en Santo Domingo. ¡Y luego se repite el ciclo estético! Este número de nuestra revista está dividido en tres secciones: 1) Pasajes y constelaciones conceptuales, 2) La voz de ultramar, 3) Los eventos sociales. ¿Por qué comenzar con la poesía? Contrario a lo que sucedió en la famosa boda judía en Caná, hemos decidido abrir el banquete sirviendo el mejor vino. Esta es una tierra de poetas. Está de más decir que ningún género ha florecido y ha alcanzado en nuestro país tantos laureles como la poesía. La tierra es la que engendra el canto, los mitos y las jugosas posibilidades del lenguaje simbólico. La representación estética de nuestros universos poéticos –Yelidá, por ejemplo– nos revela la poesía como el vivo manifiesto de la máxima voluntad creadora. Ella es la fuente que no seca, el ave que ha sobrevivido a las grandes hambrunas de la humanidad, a la hecatombe, a la desintegración de átomo, a las grandes crisis sociales y políticas del hombre. Esta manifestación estética se nos revela como un asidero, como una catarsis meridional en una era que se caracteriza por el desarraigo, lo mediático, el hiperconsumismo, la hipermoda, la mirada superficial y la concatenación de todas las banalidades que exhibe del hombre moderno. Este es el rostro de la “era del vacío” como la denominó Gilles Lipovestky. Solo la poesía nos aproxima a ese susurro que nace en la garganta de los arrecifes durante las noches largas: a esa “agua tan pura” –como la llamó Manuel del Cabral– que atraviesa el río de nuestras vidas. Agradezco, finalmente, la actitud mostrada por un eficiente equipo de personas que generosamente ha decidido apoyar este proyecto, para hacer justicia voy a mencionarles: Nelson Soto, Rvdo. Jesús Hernández, Luis Martín Gómez, Bartolo García Molina, Ludwig Medina, Mónica Trejo, María V. Rosario, entre otros.


PAISAJES Y CONSTELACIONES CONCEPTUALES

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Pedro Ovalles. Moca, 1957. Su libro más reciente es El color de la eternidad (2011).

Pedro Ovalles

Ficción 4 Es cierto que el polvo sube hasta mi edad, que no puedo tumbarlo de mi soledad. En soledad está desde antaño. Por eso desde milenios y milenios de años yo estoy en este instante que es todos los instantes. Desde que la tierra es tierra me filtré por entre la respiración del polvo para buscar el otro polvo que hizo posible éste que soy. Desde que se arrastró el primer lagarto y se empolvó de noches, y más luego se bañó de tibieza cuando la primigenia aurora se confundió con su mirada, desde esos entonces el polvo es polvo y su voz no se oye porque su timbre es oscuro como su origen. He cavado muy hondo e innumerables veces en todos los caminos y el polvo que surge solamente logra taparme los ojos de angustia. Aun así lo veo retorcerse de dolor porque a su edad no sabe que es polvo. Yo, que cuando alzo un puñado de tierra y me ensucio la sonrisa, de una vez siento que ya no tengo los pies en el suelo, que no soy de este tiempo porque a todos los tiempos pertenezco. Alguien, con manos tan suave como la nieve y la voz tan limpia como el primer día, con los

pies afincados en la eternidad, me sube a una nube y me dice al oído el polvo de su ser. Me dice cosas que al instante se vuelve polvo eterno, porque polvo perpetuo es todo pensamiento que es más que pensamiento. Es cuando entiendo que, tanto aquí aferrado al barro como allá arriba en los cielos, alejado de la ceniza, después de tocar la dulce luz en lo alto, pues no soy más que soplo, brisa que se interroga a sí misma, viento que no se cansa de buscar el viento que hizo posible que yo tuviera alas para hoy como ayer estar en otra dimensión interactuando con la voz que emana de las cosas. Por eso digo que soy más que polvo porque escucho lo que no se oye, aquello que está más allá del tiempo, más alto que las nubes; aquello que le da alma al trueno, que hace que la luz sea luz, que la tierra sea tierra, que la madera esconda algún aliento en sus adentros, y yo logre ser más que materia, y poder escuchar y hablar con el propio polvo, no con el que se escurre por entre mis dedos, sino con ese que me dice que yo fui mucho antes que él, el mismo que me incita ir más allá de las cosas y, asimismo, consiga presenciar el color que tiene la eternidad.

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Ficción 13 La tierra tiene algo que se parece a la mirada. Aún dentro del sarcófago seguimos mirando la gran noche que se hace perpetua, y el día que ya es un montón de gusanos. Seguimos viéndonos en nuestra tersura tomando el autobús para regresar a casa, la misma que dejamos cuando tomamos el camino: rocas y piedras, flores y gruesas pisadas, y a veces desde las orillas casas y ventanas abiertas, y distantes fantasmas que somos nosotros mismos como en la mítica ciudad de Comala en Pedro Páramo. Y la tierra es testigo de ese eterno viaje, de ese éxodo perpetuo. Y nos da abrigo. Y es nuestro destino. Por la tierra llegamos a otra tierra, y ella misma es la mirada que nos delata, el pasadizo por donde nos vamos a otro mundo donde seguimos mirando la gran noche que se hace perpetua.

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Ficción 5 El silencio es el pudor de los grandes caracteres. José Martí Yo he aprendido del silencio todo lo que sé. Si sé amar fue porque aprendí a callar cuando los besos como las olas van y vienen y sólo el chasquido de su mudez lo revelan. Cuando he tenido que romper el aire a gritos, aun así he sabido callar para que mis labios se cierren y digan más que lo que quiero decir a través del viento que comprime sus alas. He aprendido que cuando estoy solo es cuando lo tengo todo, y es así que el Todo habla por mí. Hacia mí se dirigen todas las cosas: es precisamente cuando creo que sólo yo existo. Como el mar entrando por mi boca, así mismo siento que todo el universo entra por mis ojos. Entonces es cuando me bifurco como las arenas. Aprendo que soy uno y todos a la vez. Sé que si hablo el día me va a quitar la máscara. Sólo así puedo quedar atrapado por un eterno arrebato y creer que soy agua, arena, tierra, árbol, luz, sombra, silencio, o grito. He aprendido que el silencio es el universo de donde yo vengo, y de él está hecha mi palabra, que por ser también sordina, dice más que el viento, porque aire es la mudez de la eternidad; ignota soledad donde convergen el Todo y el Uno: mutismo donde yo he aprendido todo lo que sé.

PAISAJES Y CONSTELACIONES CONCEPTUALES

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José Mármol. República Dominicana, 1960. Su libro más reciente es La maravilla del furor (2008).

DEFENSA DE LA POESÍA: DEFENSA DE LA VIDA JOSÉ MÁRMOL

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a poesía es un acontecimiento radicalmente estético, específicamente lingüístico; pero, sobre todo, visceralmente humano, plural, multívoco. El lenguaje es su esencia, su naturaleza, su materia y forma. La poesía va desde el lenguaje hacia el lenguaje mismo, y en ese trayecto, a todas luces simbólico, tiene lugar su entroncamiento con la vida y con la realidad, con la sociedad y con la historia, con el tiempo y el pensamiento, más allá de los fideísmos, manifiestos y modismos de toda laya. Es en la preeminencia verbal de la poesía donde se encuentra su valor cultural y desde allí se hace posible su condición de entidad capaz de transgredir los límites de la realidad misma, capaz de conmover la conciencia y el espíritu. Superación verbal del mundo llamaba George Bataille a esa facultad propia de la creación poética. De ahí que la poesía haya aparecido, en más de una época crucial de la historia humana, como senda clarísima hacia el amanecer de una nueva cosmovisión, una nueva sensibilidad, un nuevo entendimiento entre los hombres. Como lo proclamó Hölderlin, ante todas las demás ciencias y artes solo la poesía sobrevivirá. Es el poder dialógico, en cuanto que entidad de pensamiento y lenguaje, el que imprime a la poesía un valor trascendente. Por ello sugería José Martí, que era tonto quien creyera que

no era la poesía un bien tan importante para los pueblos como la economía u otra forma de sustento material. La poesía es un componente básico en el alimento espiritual de las naciones y culturas del mundo. De ahí que llevar poesía a los hombres, tarea con la que se contentó Pavesse con absoluta humildad, se convierta en una finalidad ulterior en la vida de un ser humano. Porque la poesía, dada su naturaleza de lenguaje y pensamiento, está facultada para trascender las circunstancias y el tiempo del sujeto mismo que la escribe, como también, su contexto histórico, ideológico y social. La vigencia de la poesía como manifestación artística se sitúa más allá de la relevancia del tema, las pretensiones filosóficas, las aspiraciones emocionales o la tendencia ideológica o doctrinaria a que pretenda responder o servir. Es en una ética específica, la que Paul Eluard llamó ética de la forma, donde radica el auténtico compromiso de la poesía con los individuos, con la sociedad y con la historia. Esta ética define la identidad de la poesía como un acto de enunciación, como un hecho de lengua-cultura en cuya génesis se articulan el sujeto que enuncia, su lengua, sus costumbres y creencias, su cosmovisión y su tiempo. Ahora bien, en el acto de trascender cada uno de esos componentes,

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sin dejar de hacerlos suyos, es donde radican la vigencia de la poesía y la ética de su forma. La poesía se rebela ante las injusticias y ante la escena dantesca de autodestrucción y odio que convierten el presente en un vergonzoso drama humano. Sin embargo, se atrofia la trascendencia intrínseca de la poesía cuando se le imponen mancuernas ideológicas y grilletes doctrinarios que la reducen a una función de propaganda. Cuando la poesía enaltece su especifidad de lengua y pensamiento, de símbolo y sentimiento, de experiencia y verdad, entonces, se transforma en defensa de la vida y de la auténtica libertad. Antes que atada a una función ideológico-partidaria, la poesía va de la mano con una misión social y humana que la convierte en un bien espiritual e intelectual con carácter testimonial perdurable, dado que ha-

bita en el lenguaje la condición de instrumento fósil de un tiempo y una cultura. Defiendo la vigencia de la poesía porque, además de ser la expresión más alta de las posibilidades estéticas de una lengua, hay en ella un hálito de trascendencia que se nutre de la más simple de las realidades, aquella que expresa cada día la voluntad del ser humano en reafirmar la belleza de la vida, a pesar de los horrores del mundo en cada una de sus nefastas representaciones. De ahí que no haya podido el hombre vivir sin poesía. Y si no fuese más que el fracaso el destino final del hombre, tengamos presente que solo la poesía sobrevivirá. Defensa de la poesía, porque es mi mejor y más comprometida forma de defender la libertad y la vida.

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José Contreras esq. Abraham Lincoln (frente al Parque Galicia) Santo Domingo. Teléfonos: 809-535-0981 / 809-533-9338 / 809-923-7419 info@libreríamateca.com

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Basilio Belliard. Moca, República Dominicana, 1966. Su libro más reciente es Oficio de arena (2011).

POESÍA DOMINICANA ACTUAL 1981-2011: TRANSGRESIÓN Y TRADICIÓN BASILIO BELLIARD

Historia La historia de la literatura dominicana es la historia de las generaciones poéticas. Desde el Vedrinismo hasta la Generación de los 80, la tradición literaria nuestra ha estado determinada por la presencia hegemónica de la poesía. Las características formales, los temas, los registros de época y las técnicas han variado de un grupo a otro y de una generación a otra. Esta dinámica ha normado el quehacer literario en República Dominicana. Los signos y los actores de ese accionar han experimentado transformaciones estéticas, en sintonía con las corrientes de vanguardia  de Hispanoamérica. La influencia de la poesía francesa ha estado mucho más presente que la norteamericana o que la de cualquier otra lengua. De ahí que la presencia del surrealismo tenga más hondura en la temática del erotismo y la muerte, o el Modernismo y Darío en los “poetas sorprendidos”, que cualquier otra tendencia poética. El hecho mismo de que en nuestro país, en una media-isla de apenas 48 mil 442 kms/2, ha habido más movimientos literarios que en Estados Unidos, se explica en que la cocina de

nuestras letras se ha condimentado en los mismos espacios y lugares, que van de la cafetera El Conde y el Palacio de la Equizofrenia hasta la Universidad Autónoma de Santo Domingo. En los últimos 25 años, el escenario ha cambiado un tanto, con el movimiento cultural de los dominicanos en Estados Unidos, Europa y Puerto Rico, y con los autores de provincias. Y más aún, con la Internet y otros medios electrónicos, lo que ha permitido la eliminación de las barreras espacio-temporales. Mientras que en USA conocemos el Imaginismo, el Trascendentalismo y la Beat Generation, en República Dominicana conocemos el Vedrinismo, el Postumismo, los Independientes del 40, la Poesía Sorprendida, los Nuevos, el Contextualismo, el Interiorismo, la Metapoesía, y ahora el Efluvismo, sin contar las generaciones y las promociones del 48, 60, 70, 80 y 90. Como se observará, todos los últimos han sido fundados en el interior del país, o por autores nacidos en provincias como Moca, La Vega, San Francisco de Macorís o Azua, respectivamente. Frente a este panorama de las letras actuales, los autores más jóvenes se desentienden de

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las experiencias grupales y procuran nuevas vertientes expresivas y formales, y un distanciamiento de los elementos ideológicos y políticos que, antes de la década de los 80, normó el temperamento de los intelectuales y los creadores literarios. De ese modo, podría decirse que nuestras letras gozan de buena salud, pues están en sintonía y en diálogo permanentes con el orbe hispano, cuyo signo más elocuente lo constituye la comunicación virtual y simultánea con escritores de todas las latitudes, venciendo todo tipo de fronteras lingüísticas, geográficas y culturales. La literatura dominicana vive un proceso de inserción y diálogo con la literatura que se escribe en el Caribe hispánico, pero sigue de espalda al Caribe anglófono y francófono. La literatura haitiana está muy alejada de la nuestra. Hay un silencio y un diálogo de sordos, si es que existe. La literatura nacional tampoco es conocida en el vecino país, debido a las barreras lingüísticas y a la ausencia de una industria de la traducción en dos vías. La difusión de la producción literaria de nuestros autores apunta hacia una diversidad de las expresiones culturales. Las influencias de las teorías literarias de corte norteamericano y francés en el ámbito académico está cada vez menos presente en los creadores, quienes están más abocados a la lectura de textos de ficción, que a la lectura de teorías literarias y al estudio de preceptivas literarias, las cuales tienen mayor consumo en las esferas académicas que en las extraacadémicas. De ahí que haya un divorcio entre la crítica, la teoría y la creación; o entre los estudios literarios, la crítica literaria y la crítica periodística. En la actualidad novosecular, la poesía dominicana se fundamenta en la búsqueda individual, al margen de la ansiedad de las generaciones y los grupos poéticos, tras los hallazgos de nuevos y arriesgados meandros expresivos. Digresión en múltiples direcciones estéticas, estos poetas

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postulan la ironía y la sátira a la tradición más inmediata: desaparición de los grupos de vanguardias y advenimiento de los destinos individuales y las aventuras estéticas personales, y al consumo de múltiples lenguajes artísticos visuales y sonoros. Cada individualidad busca un registro, un pulso expresivo y creativo, así como una dicción, en armonía con la sensibilidad y la experiencia estética. De ahí que, a pesar de la coetaneidad generacional, Homero Pumarol sea distinto a Frank Báez, Rita Indiana Hernández y “Nerolessa” (así, sin apellido), a Pablo Reyes y Gregorio Espinal, Rosa Silverio y Jesús Cordero, a Juan Dicent y Lissette Ramírez, Víctor Saldaña y Alejandro González, a Noé Zayas y Paul Alvarez,  por citar algunos ejemplos. La ideología que nimbó el imaginario de los poetas de postguerra y el pensamiento de los poetas ochentistas, desaparece en los poetas novoseculares dominicanos, a quienes no les interesa la historia, ni la filosofía, ni la lingüística, sino la experiencia cotidiana, al margen del poema como hecho del lenguaje. En los noventa, la ruptura ochentista experimenta –a mi juicio– una continuidad de la ruptura, como generación continuadora, de una obra en gestación que se prolonga en algunos casos y, en otros, se distancia de sus epígonos: grupos en tránsito, archipiélago de sujetos poéticos y experiencias de soledad. Desde el poemario irónico, desenfadado y no menos satírico contra los mitos de la cultura popular dominicana, los poderes sagrados y estatales que instaura Homero Pumarol, con su poemario Cuartel Babilonia (2000), y su conocido poema, Jack Veneno ha muerto, hasta Postales (2009), de Frank Báez y La pelota de Paul Alvarez, sin mencionar las piruetas del habla citadina de Rita Indiana Hernández, en sus narraciones y poemas, hasta llegar al canto a la ciudad de Santo Domingo en los poemas conversacionales con cierto dejo de humor de Juan Dicent, para arribar a Noctambulario (Memoria de

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10 una prostituta) de Gregorio Espinal, con el que obtuvo el Premio Joven de la Feria del Libro. Esa ruptura interviene aquí como su poética esencial en sustitución de la ideología; es, pues, una actitud ante el hecho literario, ante la vida y ante el oficio escritural, y una crítica a un lenguaje, a una realidad vital y a una tradición lineal. Estos poetas de la primera década del siglo [XXI] escriben una poesía que es crónica del presente citadino, y cuyo fundamento es la anécdota cotidiana, como se observa en la poesía de Juan Dicent, cuando dice: Y la gente se va a las playas en Semana Santa. Desde el jueves el éxodo del peaje. 3 días de romo y sol y mar y merengue. Por allá se enamoran, se divorcian, sueñan, caen presos, y los más afortunados mueren. Los otros regresan a la ciudad. La escritura de estos poetas parte de la anécdota y la transfiguración en materia del poema, en un vértigo testimonial. Del asombro reflexivo de José Mármol hasta el desasosiego del nihilismo lírico de Plinio Chahín, la poesía ochentista entra en un estado de purgatorio, en los albores del siglo, con la ironía y la oralidad torrencial de la nueva promoción de novísimos poetas, que se nutren de la experiencia autobiográfica y usan el humor como diapasón y crítica a la tradición, desarticulan así los códigos de la representación histórica. Fundan una escritura poética exenta de conceptualización, que huye de la filosofía para refugiarse en el paisaje de la anécdota y la experiencia de lo vivido. De la reflexión óntico-metafísica del lenguaje de los poetas ochentistas hasta la tensión narrativa de la anécdota de los poetas del Nuevo Siglo, estos últimos treinta años de poesía dominicana (1981-2011) han oscilado entre ese cruce de caminos, en tensión de angustias e influencias, que motorizan la combustión del verso y el drama de la escritura poética. Los registros del

habla poética de los jóvenes se distancian de la estructura rígida del verso, cincelado en un ritmo silencioso, como se observa en la generación anterior. En los poetas actuales o posochentistas, el eje narrativo de la estructura poética funciona como estrategia técnica, que permite que fluya la historia personal del yo biográfico que describe, donde el tono de la anécdota acusa la nostalgia del verso que cuenta. En tanto que en los poetas de los 80, el lenguaje nace del pensamiento y el conocimiento, en los poetas del Nuevo Siglo, el lenguaje surge de la calle, de la vida cotidiana y de la experiencia común, como ironía a la vida política y social. De una poesía apolínea a una dionisíaca, de los 80 al 2000 y más allá, hay una línea expresiva que se inaugura en los 80 con los libros Mar abierto (1981), Manicomio de papel (1981) y Poemas malos (1985) de GC Manuel (hoy Manuel García Cartagena), con cierto cariz surrealista; otro de temblor ontológico, de un lirismo negativo, típico de algunos miembros de su generación, como fue el de Dionisio de Jesús, Axiología de la sombra (1984); asimismo, Iniciación final (1984), también de estirpe surrealista, de José Alejandro Peña, y el otro pertenece a José Mármol, El ojo del arúspice (también de 1984) que, según Plinio Chahín, “inaugura una nueva órbita textual”, de una escritura desestabilizadora, de una sintaxis que rompe la lógica lineal de las palabras, y pone en tela de juicio nuestra tradición, hasta la aparición, en 2000, de Cuartel Babilonia, de Homero Pumarol, y luego, en 2009, cuando Frank Báez obtiene el Premio Nacional de Poesía, con su libro Postales, en el cual encontramos esbozos de anécdotas, nutridas por un humor negro, que destilan sus frases poéticas. Ambos instauran un discurso poético de lo inmediato, que reivindica la crónica doméstica de lo espontáneo, frente a un mundo poético precedente, que ahonda en el pensamiento filosófico y las posibilidades reflexivas del lenguaje.

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cada palabra es una flor que aborrece su forma y su olor desprecia. cada flor es una voz. un lenguaje abierto a la piedad. al amor. al tedio, un cosmos reunido en una breve mancha nacida para el aire. tímido latido del inmenso letargo celestial esa flor. un vagido tal vez de algún dios corrompido. por la estirpe de barro soplado y su alfabeto. cada palabra es una flor que aborrece su forma y en el instante queda. Jardines colgantes que se definen como prolongación de la generación ochentista en la década de los 90 lo conforman los poetas Nan Chevalier, José Acosta, Julio Adames, Fernando Cabrera, Alejandro Santana, Eloy Alberto Tejera, Frank Martínez, César Sánchez Beras, Basilio Belliard, Enegildo Peña, Ramón Peralta, Orlando Cordero, Puro Tejada, Gerardo Castillo, Jorge Pina, Claribel Díaz e Yky Tejada, quienes se revelan como promoción continuadora de la atmósfera fundada como una estela lírica por los poetas de los 80, surgidos o no del taller César Vallejo de la UASD o provenientes de las provincias.

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De la poética del pensar a la poética del cinismo. 30 años de poesía La poesía nace del mundo y la naturaleza, y el poeta es el amanuense que retorna la palabra de la tribu a la naturaleza, en un rapto mimético. La poesía oscila, pues, de un corazón alado a una mente incandescente, en una lectura de un presente, que se disemina en sus veleidades y virtualidades. Tradición y lenguaje cotidiano, orden y caos, lo libresco y la calle, ironía a la tradición en contrapunto con lo establecido, la poesía del Nuevo Siglo acusa los relieves de la evasión rebelde y la transgresión cínica. Buceo en los lugares comunes, recuperación del tono de la Beat Generation norteamericana y lo neo-testimonial, esta novísima poesía dominicana rechaza la tradición ochentista, como ésta rechazó la generación del sesenta y la de postguerra. (…) Es decir, evaden la teoría y la investigación para asumir el compromiso con la creación pura. Ese desinterés por lo intelectual se resume en una pasión por captar el lenguaje coloquial urbano, nocturno y diurno, por percibir la respiración de la ciudad, en sus avatares y tragedia cotidiana. Oigamos a Pumarol, en su primer libro Cuartel Babilonia, y quien funge como puente entre la promoción del 90 y del 2000: El muchacho de Gazcue que camina borracho Por la zona universitaria a las tres de la mañana De pronto es asaltado por un par de policías Por la sencilla razón de caminar borracho Por la zona universitaria a las tres de la mañana. El muchacho al que sólo le quitan Cincuenta pesos de uno de los bolsillos, Una cartera vacía, cigarros, unas llaves y un encendedor. El muchacho que no encontró a nadie Que lo llevara de vuelta a casa Y que decidió regresar caminando Aunque el trecho es largo y oscuro,

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La generación poética de los 80 escribe una poesía aguijoneada por la reflexión filosófica del lenguaje poético, que asume la sordidez de una época, desde una visión estética del arte literario, con sentido de universalidad y trascendencia, pero con vocación de ruptura, y en defensa de la reivindicación de los movimientos poéticos locales, como el Vedrinismo, el Pluralismo y la Poesía Sorprendida. Oigamos, la voz de José Mármol, como expresión de su propuesta estética generacional:


PAISAJES Y CONSTELACIONES CONCEPTUALES

12 Porque a pesar de todo la ciudad Por todos lados es larga y oscura Y porque a pesar de todo le gusta Tambalearse solo en la oscuridad Donde no necesita cigarros, ni llaves, Ni cincuenta pesos, Ni cartera, ni sobriedad, ni documentos, Ni nada más que las piernas que le mecen Y que a pesar de todo ahora no siente, Donde grita por encima del ojo roto Y por encima de los cristales rotos en el ojo roto Y por encima de las dos heridas en la cara y en la espalda rotas En tanto que Franz Báez prolonga el imaginario poético de Pumarol, en clave también irónica, en su libro Postales. La suya, como la de Pumarol, acusa ribetes de una poesía desnuda, descarnada, despojada de metáforas, con un tono narrativo y versos vertiginosos. La metáfora ya no es, pues, la piedra angular de la arquitectura del poema. Por el contrario, construyen una obra performática, más escrita para ser escuchada que leída, y que refleja el drama social urbano, de la violencia citadina. Poesía autobiográfica, de autorretratos, despojada de retórica, artificios sintácticos y de tropos, y que tiene como leit motiv una oralidad plagada de humor negro, que crea un estilo nuevo y fresco, ideal para la recitación en alta voz. La revolución en el lenguaje poético es la expresión de un individualismo hedonista, irónico y cínico, que se legitima en una aptitud poética y estética: predominio de una voluntad de un tiempo futuro que se disipa en la trascendencia del presente instantáneo. La noción del futuro no se identifica con el progreso ni con la utopía, sino con el vacío. Opacidad y vacuidad vienen a reemplazar la ideología de las masas, el porvenir social y la transformación revolucionaria, en aras del héroe y del sujeto individual. Estos signos penetrarán el ideal finisecular. “Huérfanos de trascendencia, descentrados y desencantados, los escritores y los artistas miran hacia

todos lados, pero sólo escuchan los latidos de su propia subjetividad”, ha dicho, sabiamente Soledad Álvarez.

Narratividad y fragmentación Dos líneas expresivas conforman la poesía de los últimos 30 años: la “estética del fragmento” y la “poesía narrativa”, para decirlo con palabras del ensayista y poeta uruguayo, Eduardo Milán. La fragmentación de la masa poética encarna el espíritu de la época, del derrumbamiento y la bancarrota de los grandes discursos totalizadores o “grandes relatos” –como diría Jean Francois Lyotard– y que se expresa en la desaparición de los poemas extensos de largo aliento, típicos de la tradición hispanoamericana, como Trilce, Piedra de Sol, Altazor, Alturas de Machu Picchu, etc., o en nuestra tradición poética: Vlía, Hay un país en el mundo, Círculo, Rosa de tierra o Compadre Mon. La narratividad se ha impuesto como una necesidad histórica, y que coincide con la tesis del “fin de la historia” de Francis Fukuyama, o con la clausura de los “grandes relatos”, ese fin de las utopías y, en especial, de la utopía socialista. El golpe más demoledor a la tradición lírica en América Latina se lo propinó el movimiento Neobarroco (…) Esa vertiente neobarroca está minada por el amaneramiento retórico, el juego de palabras, el humor, el retorcimiento sintáctico y la manipulación verbal, que pone en jaque a los lectores desprevenidos y no avezados. De esta poética son herederos, en la generación de los ochenta nuestra, León Félix Batista, en su obra total, y Plinio Chahín, en sus últimos libros Narración de un cuerpo, Ragazza incógnita y Hechizos de la hybris. En contrapunto con esta vertiente, está toda la obra poética de Tomás Castro, lastrada por la antipoesía de Nicanor Parra, y la poesía conversacional y epigramática de Ernesto Cardenal; o la “poética del pensar”, reflexiva y ontológica de José Mármol, Plinio Chahín, Médar Serrata, Dionisio de Jesús, César Zapata, entre otros. Esta búsqueda de un sentido primario y oculto, a través del juego lingüístico, genera una

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exploración en el tono, la dicción y el ritmo poético, y es lo que hacen Chahín y Batista, y que tienen en nuestra tradición los referentes en Vigil Díaz, Zacarías Espinal, Manuel Rueda, Alexis Gómez Rosa, Enrique Eusebio, Luis Manuel Ledesma, Pedro Pablo Fernández y Cayo Claudio Espinal. Como generación continuadora o promoción generacional, y en una segunda etapa del taller César Vallejo de la UASD, de miembros o no del dicho taller, se produce una nueva eclosión de poetas en la década del 90, con autores como César Sánchez Beras, Nan Chevalier, Eloy Alberto Tejera, Julio Adames, Basilio Belliard, Jorge Piña, Claribel Díaz, Amable Mejía, Félix Betances, Frank Martínez, Orlando Cordero, Alejandro Santana, Modesto Acevedo, Gerardo Castillo, Petra Saviñón, Fernando Cabrera, José Acosta, Juan Gelabert, Rannel Báez, Pedro Ovalles, etc. Además, de un puñado de nuevos poetas que aparecen al despuntar la década del 2000, y fines de los 90, como Orlando Muñoz, Fari Rosario, Carlos Reyes, Valentín Amaro, Pedro Ortega, Felipe Jiménez, Eladio de los Santos, Augusto Bueno, © Ramón Oviendo

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Hermes de Paula, Félix Villalona, Leoni Disla, Loraine Ferrand, Farah Hallal, Rosalina Benjamín, etc. cuyo talento poético y constancia en el oficio les auguran un horizonte promisorio. La historia poética dominicana se funda en la mirada a las vanguardias europeas y a sus movimientos poéticos. Hasta la generación de los 80, la nuestra es una poesía que valoró la tradición. La actual promoción, en cambio, bebe de la calle, del discurso oral: testimonia el lenguaje coloquial del presente e ironiza con el poder; pero hay un divorcio con la tradición hispánica y occidental, más bien, repercuten los tambores líricos de la poesía norteamericana, en una tematización de lo cotidiano, y algunos giros provenientes de la Antipoesía de Nicanor Parra. Ese solipsismo que se expresa en un cinismo a la tradición, al orden jurídico-político-cultural y al poder tiene como corolario un autismo poético, que se manifiesta en una escritura neo-testimonial, reivindicatoria del discurso de la marginalidad y la barbarie cotidiana y el vértigo de la modernidad. Junio de 2011

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LA TRADICIÓN Y SUS VOCES

Aída Cartagena Portalatín

(Moca, República Dominicana, 1918. Obra poética completa: (1944-1984). Santo Domingo. Colección Biblioteca Nacional: 2000).

De entero cuerpo HUNDIDA en la sangre sin motivo, Raíz al aire como ceiba anciana o arbusto hoyando el muro que te viste. Así tú me verás de entero cuerpo sumergida en tu savia, Poesía, buscando el tema que motiva Lo que te hace eterna: vida angustiada o catedral, agua que rompe, nube de fuego, rosa y amor, o el paraíso perdido donde habita el último sentido de la vida.

Manuel Valerio

(Moca, República Dominicana, 1918. Coral de sombras. Poesía completa. Santo Domingo. Ediciones de Cultura: 2011).

Cataclismo del hombre Mi silencio está lleno de grillos taciturnos, y llueven constelaciones de cenizas en un rugir de sangres. El viento caracolea en mí Cavando surcos para germinar tu nombre; Ya tu adiós es un grito hecho carne en mi tierra. Mi continente está poblado de seres ausentes y voces lejanas Con un perfume de silencio anidado en mis pulsos. ¡Mis llantos serán estrellas para iluminar distancias!

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Yo estoy aquí: clavado en un segundo del tiempo Esperando tu hora, Porque ya todos mi relojes han muerto en el rosal de tu ismo. Mis cayenas se harán riberas para acunar tus playas; diez polos desfallecientes están muriendo en la sal de mis brazos, como diez agonías que buscan tus perfiles lejanos, esfinges que claman pirámides ancladas en tu pecho, cometas suicidas que llaman. Mis labios gimen tras un afán de coloras olvidadas en tu tierra.

© Manuel Toribio

Yo estoy aquí… En este continente que tus palabras tocan. Hemisferio de papel olvidado en las manos pequeñas de un pedazo de sol entre tus ojos.

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Coral de sombras Te llevo entre mis manos como destello invisible de un coral de sombras. Me iré sobre tu vida como un remar de campanas. Vengo con una aureola púrpura para lanzarme al vacío. En las vendimias siderales de mi vida, recogeré mis cantares para ceñirlos a tu cuello.

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Manuel del Cabral

Santiago de los Caballeros, 1901. Permanencia Inmaterial: obra poética completa. Santo Domingo. Ediciones de Cultura: 2011).

Poesía No conozco mejor definición de la poesía que este poema de Cabral. Paul Eluard Agua tan pura que casi no se ve en el vaso agua. Del otro lado está el mundo. De este lado, casi nada… Un agua pura, tan limpia que da trabajo mirarla.

Piedra tierna Mientras las manos de Chinchina se ahogan en el estanque; mientras la anciana del cielo se le deshace en los dedos, me pongo a oír el cuerpo mío; y siento que el armazón de mi carne tiene un rumor, un secreto primitivo. Yo lo sabía pero procuro no alarmar a Chinchina: la veo tan lejana, tan pura, tan indefensa. Entonces converso con alguien… sí, contigo, piedra; tú que vienes rodando desde la montaña, tú que ya te echaste a descansar sobre el camino… nadie podrá entenderte, sólo la tierra empinada, la que te vio rodar hasta el valle entre las sílabas de agua y el viento. Ya lo comprendo, piedra; lo sé antes de que me lo dijeras y me lo contara el camino, este largo camino sin tierra… Pero piedra: enséñame a ser tierno… tú eres de algodón… Ahora estás en las manos de Chinchina.

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Fotografía de una reina

Ramón Emilio Reyes

(Santo Domingo, República Dominicana, 1937. Invitación profunda (Obra poética). Santo Domingo. Academia Dominicana de la Lengua: 2011).

Invitación profunda (fragmento) Por el secreto pasadizo del amor no hay otro puerto, no hay otro, amigo. Habría que multiplicar cielos empezando de nuevo por la curva del mundo y regresar a este como niño feliz tiernamente dormido. Pues más allá del mar, el sol, los astros, solo estamos nosotros reflejados: damos forma de hecho a las palabras, dimensiones al eco del deseo como era en el principio y será siempre en la eterna extensión del calendario.

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A Sofía

Oro mediterráneo era su frente. Mirando yo desde la tierra dulce el mágico intermedio de las luces trajo hasta mí su majestad ausente. Sobre sius ojos la humildad silente no opacaba el amor de su alma cumbre. Cual un hechizo convertido el lumbre escuchaba su voz desde mi ambiente. La reina era sencilla en su reflejo de mar en calma y corazón sincero y en la sabiduría de su nombre los que la contemplábamos de lejos leíamos la bondad –en blanco y negro– particular de su corona noble.

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Fari Rosario. Moca, República Dominicana, 1981. Su libro más reciente es El columpio de los sonámbulos (2010).

POESÍA DE EXPLORACIÓN FARI ROSARIO

D

icen que el poeta latino Horacio Flaco inventó la “facilidad y la dulzura poéticas”. Y no está lejos de serlo, pues su notable y difundida Ars poetica se resumía en el siguiente lema: “La poesía es arte dulce et utile”. Lo cual vendría a significar, en buena lengua cervantina, que la poesía es divertimento y conocimiento a la vez. Y esto es importante y digno de retomarse y analizarse por dos razones fundamentales: El poema divierte, o sea, nos comunica una emoción estética y ligera… El poema sub-vierte el orden y el movimiento del universo de los sentidos y la realidad. Esto se hace acentuando la flor del poema que nace como posibilidades reales del lenguaje; como experiencia de lenguaje fundante. Esta última tendencia moderna es, en realidad, la que ha gozado de más adeptos y defensores en el mundo occidental. Algunos poetas defienden esta tendencia, apoyándose en las posibilidades y los conocimientos de prestigiosos lingüistas, tales como A. Humboldt, quien sostenía que “explorar el lenguaje es explorar el mundo”, entre otros no menos destacados lingüistas deudores todos del estructuralismo y el formalismo, tales como R. Jakobson, Barthes, entre otros.

Pero ¿dónde radica el problema tendencial? En esta segunda tendencia tan difundida y conocida puede arrastrar una falacia en su premisa originaria, pues subvertir el orden de los significados y los significantes no siempre significa escindir o verter la maravilla y el misterio del mundo en una fórmula escrita. Lo escrito es un signo muerto, arbitrario, que no redime si no trasciende la espesura de lo físico y el terreno de la invocación o la designación. De ahí que no basta solo con el lenguaje, con las lentejas o los suculentos banquetes que nos brindan sus orfebres y sus magos, aun cuando resulte ser un lenguaje machacado y pigmentado con los aderezos de la modernidad y sus jugosas posibilidades lúdicas. El poema no solo es una entelequia lingüística; no podría vivir únicamente del lenguaje como nos han hecho creer muchos, y esto es así porque, en esencia, el poema no es un acto de imantar el pensar con la mejor imagen del mundo. Visto así tendríamos que acentuar el hecho –parafraseando al crítico estadounidense Archibal McLeish– de que “el poema no solo es significado”, sino también experiencia y exploración del mundo. Enfocado así tenemos el poema como escalera de Jacob, como conocimiento verdadero del mundo y que, dicho sea de

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© Manuel Toribio

paso, no puede darnos la ciencia o la religión, sino tan solo la poesía. De ahí que podamos decir que el fundamento de la poesía no es el lenguaje, ni siquiera la polisemia lingüística, sino ese extraño ímpetu o el espíritu creador que escapa a toda definición. Es preciso traspasar o trascender el límite de las palabras. El poeta chileno, Vicente Huidobro, orilló –al igual que O. Paz–, todos los caminos de la poesía y, con razón decía: “¡Por qué cantan a la rosa, oh poetas, háganla florecer en el poema!”. Y esto es lo que queremos resaltar en este artículo: este tipo de poesía, que bien podríamos llamar poesía explorativa, en cuanto que explora el mundo real y el mundo del saber, roza levemente los límites del misterio, del vacío y la angustia y los bordes sinuosos de la soledad que, como diría Unamuno, es el único problema del hombre. El mundo nos abruma. Es voluntad huidiza y demoledora, es representación real, según Arthur Schopenhauer. ¡Oh, el mundo! Y después nos dirá algún predicador trasnochado

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que “cada cabeza es un mundo”… Suena hasta lindo… Pero no. (Solo existe el mundo cuando se ha intuido o surge del cálido nido de la voluntad creadora: como jugoso marco de posibilidades para el vuelo de la imaginación). Desde el gran Dante Alighieri el poeta sabe que vive en un mundo ajeno, prestado y hostil, y que al fin y al cabo, quizá no sea su mundo. PERO el poieta con raíces sabe que no basta con cantar el mundo, sino que es preciso crearlo. Y en definitiva, esta es la misión o la vocación de todo poeta verdadero. Así pues, los temas y los bordes de una poesía de exploración recaerían sobre la espesura, el tiempo, el espacio, la memoria, el mundo, la contingencia, el mal, el pensamiento, la idea, la energía, la muerte, la soledad, la miseria, el hombre y las grandes metáforas de la experiencia humana. No buscamos una expresión, sino una poesía que sea reunión y ritual de los espacios. Explorar esos espacios diversos y ecuménicos es la tarea de la poesía de nuestro tiempo.

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Ángela Hernández. Jarabacoa, República Dominicana, 1954. Su libro más reciente es Metáfora del cuerpo en fuga (2006).

Ángela Hernández

Alitas celestes. Pax Que un pájaro entre mientras sueñas con rejas, es cosa improbable, pero no imposible. Pero si ese pájaro es muy azul y es lo primero que ves, clarinada en tierra extranjera, entonces urge averiguar, porque quizás encarne encrucijada. Y si al emprender vuelo –tú o el pájaro– reparas en que las alas más bien son silencio y extensión. Y si estas alas generan un sinnúmero de pájaros idénticos, candente sombra dirigiéndose hacia el sur… Entonces, preguntar por sentidos será vano. Viras el rostro hacia el nordeste, y justo entre el sol y tu mirada, cuaja un mándala rutilante que en vísperas fue follaje, y ahora podría deshacerse como cualquier desmesurada mariposa. Dos días después del sueño, viajas a medianoche hacia una isla en el Caribe. Te recibe una asombrosa pareja. Un guerrero nostálgico, él; efusiva académica, ella. Negra belleza, él; clara belleza, ella. Te toman de los brazos y te guían

hacia una montaña neblinosa, en cuya cima, en una casa de huéspedes llamada Pax, contigua a un monasterio benedictino, te alojan. Sacias tu hambre con bocadillos de pan e hierbas y antes de irte a la cama, vislumbras por la ancha ventana la ciudad por conocer, tranquilamente dormida junto al mar. Al alba, abres los ojos, bañados por ligeras ondas. Hay un árbol de grandes flores parecidas a la fuga, de cuyo follaje brotan animados pájaros muy azules, que se lanzan al cielo como puñado de invaluables monedas. Tus pupilas respiran, olfatean, escuchan. En un rato, discurrirás sobre el “realismo sórdido” en la literatura regional. Pero por sensato acatamiento a los insinuados secretos de este sitio, deberías contar el sueño precedente al viaje y tu fresca experiencia con pájaros azules y gigantes mariposas (mándalas por puro arte de la visión). Pero resuelves ceñirte a lo convenido, porque si refieres el sueño, y la experiencia empapada de sueño, enhebrados por pájaros, precisamente azules, y enormes mariposas, precisamente anaranjadas, te obligarían a razonar con déjà vu o torpor o tiempo larvario o metamorfosis cíclicas o resarcimientos neuronales… (A este momento, llevas tus dedos a la cabeza y recuerdas que no te ha dolido por años).

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De optar por la vía poética, rozarías a Samuel Taylor Coleridge (si soñarás que estás en el paraíso…) o a Jacques Prévert (Cuando el pájaro llegue/ Si llega/Observar el más profundo silencio). O más terrible aún, dada la pertinencia de la originalidad, parecerías que exprimes a Maurice Maeterlinck para que te ceda su pájaro azul, cuyo pico diamantino podría quebrar a picotazos la cáscara que cubre la imaginación, dejando expuesta tu médula, existencia. Pasado el mediodía, luego de la disertación sobre “el realismo sórdido”, llevada a cabo según lo convenido, me conducen a un restaurante en la luciente playa. A unos diez metros de la orilla, sobre un regio armazón de madera, se levanta la construcción, cuyo diseño imita un velero colombino. Los anfitriones me obsequian unos pendientes de coral vivo. Dicen que en esta isla (santuario) han encontrado refugio todas las aves amenazadas. Entretanto, un servicial mozo ha puesto ante nosotros el antipasto: picantes alitas azules.

El orden de lo finito Estoy soñando contigo, dice una voz en la noche. Camino sobre un espejo lívido. Tal vez la mar. Monstruo indefenso. Pueblo tierno de césped. Ronronea. En cercanía, luciérnagas, brevísimas piedras, hunden la oscuridad. Del otro lado surgen filamentos de hierba. En el cielo un relámpago, sonrisa de enigmática presencia. Estoy soñando contigo Fíjate en las flores de las cañas. Sedosas. Fluctuantes. Flotantes. Velos en mi sangre soplados por tu boca. Dice una voz en la noche Hay un grano de polvo, un rosal que levita en nuestro patio.

–¿Conoce usted un lugar que contenga todos los lugares del universo? –Sí… –¿Y cómo es ese lugar? –Es un lugar que contiene ríos, continentes, montañas de pensamientos: allí están todos los saberes y las maravillas del Universo. Ese lugar se llama BIBLIOTECA ANTILLENSE.

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BAS

Biblioteca Antillense Salesiana Calle San Juan Bosco No. 27-A Santo Domingo, República Dominicana Apartado Postal 222 Teléfono: 809 685 7667 Email: biblantisal@codetel.net.do / chuysdb@hotmail.com

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Lissette Ramírez. San Francisco de Macorís, República Dominicana, 1986.Su libro más reciente es Círculo diurno (2007).

Lissette Ramírez

el beso

alquimista Se cierra una puerta y se abre otra, entras y ves a tus padres en la pupila de tus ojos ante el espejo, ese espejo que revela la imagen heredada de los ancestros. Vuelves a tener el sueño del búho: el primerizo, el iniciado, el legendario… despiertas estremecido y sudado, recuerdas la mano con ojo y los amuletos que aún te guardan y te pesan… sigues en la mañana a la maquinaria, ahora la más moderna y transmutada de todos los tiempos; te guardas en sus memorias y haces círculos de edades de hombres, herramientas y objetos vivos, ya despiertos y luego mensajeros. ¿Cuál mañana me tocará el implacable, el tiempo de los desaparecidos? ¿Cuántos han muerto ya? sigues preguntándote… sabes que todo está previsto de esa magia y es preciso que tus propias respuestas revelen lo más cercano de la vida, de tu vida, alquimista!

Escucho, es el corazón estremecido por la velocidad. Todo cuanto el camino de esta noche nos muestra lo hemos visto; incluso ese desfile de mujeres y hombres disfrazados de lo que quisieran ser, si es que no lo son: tigres, roba la gallina, indios, diablos, gitanas, travestis, tigres… Indudablemente no podría disfrazarme en ningún carnaval, ya que estar desnudo es eventual, y además que acompaño a un caballo; perdón, un hombre vestido de caballero. ¿Me pregunto si aún es permitido tumbar alguna bruja chupa muchachitos? No, cero heroísmo, simplemente nos detendremos en la empinada aquella a mirar la ciudad ardiendo en su propio infierno. Y no tengo que pedirlo, me besa sin apresuramientos, y yo correspondo sin el remordimiento de amores pasados; me besa y libera esa burbuja de pasión que sujetaba mi corazón, el cual salta de alegría, de amor…

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ojos grandes de pantalla Ojos grandes de pantalla los de María Verte, que cuela un café de películas. Hoy en la noticia del asesino tiroteado por todos los costados publicaron en el periódico: “Diez balazos certeros, aún así no le matan”. Imágenes vistas por ella con sus ojos de radio ochentero que miran los grises ojos de la tarde en que reza y rinde

tributo a la noche que sueña lo que soñamos, la tarde de primavera donde conocimos a Vertte, quien cuela un café de punta. Ella es serena casi alcoba dormida, de piel transparente pero no llega a rana, así que tose mucho si fuma mentolados, en cambio con el café se reanima y le da un color a sus ojos como de lunas verdes y perdidas en el Sahara… ojos graves de planicies los de María Vertte.

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LA VOZ DE ULTRAMAR

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Giuseppe Ungaretti. Italia, 1888-1970. Vita d´ un uomo: tutte le poesie. Milano. Mondadori Editore: I Meridiani Collezione: 2005.

Giuseppe Ungaretti

Soy una creatura Valloncello di Cima Quattro il 5 agosto de 1916

Quizá nace Existe la niebla que nos mata Quizá nace un río allá arriba Escucho el canto de las sirenas Del lago donde estaba la ciudad. (Traducción: Fari Rosario)

Como esta piedra Del S[eñor] Miguel Así de fría Así de dura Así de estancada Así de refractaria Así desanimada totalmente. Como esta piedra Es mi llanto Que no se ve. La muerte Se recompensa Viviendo. (Traducción: Fari Rosario)

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LA VOZ DE ULTRAMAR

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Š Manuel Toribio

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EVENTOS SOCIALES

[PUESTA EN CIRCULACIÓN]

La brevedad de la vida y otros demonios en Retratos: palabras sobre lienzo de Fernando Valerio Holguín Por Dra. Sara María Rivas (Puerto Rico, Profesora Asociada Georgetown College) Pensar que la tristeza, la melancolía, la zozobra y el desdén de amantes fortuitos son celadas de la vida, es ignorar que para Fernando Valerio-Holguín tales estados de ánimo son una suerte de alimento y motor que lo impulsan a navegar y subvertir experiencias de un mundo imperfecto y frívolo. Enemigo de etiquetas y formalidades impuestas por la sociedad y la academia, Valerio Holguín nos entrega su más reciente producción literaria: Retratos: palabras sobre lienzo, un texto híbrido en términos temáticos y estructurales. La intertextualidad y referencias específicas trascienden y multiplican sus posibilidades de análisis reafirmando, así, su valor literario. El libro se divide en cinco apartados: Ars Poetica, Trópico de Muerte, Rapsodia, Vita Brevis y Retratos y Autorretratos. En estos mosaicos, el autor, en su heteroglosia, crea voces entretejidas con ilación que culminan con la propuesta de una salvación que sólo se alcanza a través de la poesía, la música y “nuestros muertos”. A manera de advertencia les anuncio que estamos ante un yo poético en total dominio de sus emociones y eventualmente de las emociones del lector. No es un emisor poético ingenuo. La construcción del yo poético se inicia en el primer apartado del libro: Ars Poetica En este encasillado, establece el enunciante lírico la importancia vital que tienen la poesía y la palabra en su vida. Y la vasta realidad del poema me habita incesante en el consuelo. En la promesa de lo tangible en mí. En la certeza de quien soy en la palabra (p. 12). En “Poet Neighborhood”, se presenta al poeta como un ser perseguido: La policía establece retenes para determinar si huelen a sexo las bocas, si hay rastros de sílabas en las encías.

Barrio de poetas. Francisco es arrestado por posesión de palabras controladas. Jon es acusado de excesivo sarcasmo. Neus, la muchacha joven que inscribe cada día un poema en su piel. Condenada a la pena de vida. Campo de concentración. Reclusorio. Manicomio. Desde mi arresto domiciliario, Deberé reportarme al Oficial de Libertad Condicional. Barrio de Poetas. (pp. 15-16) Establece que la salvación es individual; la poesía es personal y la sociedad condena ayuntamientos de poetas. Termina este apartado con el concepto de condena que de alguna manera encuentra eco en el segundo mosaico: Trópico de Muerte. Desde mi perspectiva este fragmento del poemario es en el que la voz poética seduce de manera determinante al lector. Esta voz enunciante, en constante contradicción, se torna vulnerable y en lugar de acudir a la poesía para salvarse, negocia con Dios su propia muerte. Inicia el poema “Libera Me” con esta plegaria: “De la muerte eterna, ¡Líbrame Señor!”. Esta última parte del verso está escrita en letras mayúsculas y entre signos de exclamación, lo cual denota desespero, desamparo y urgencia ante lo desconocido, lo fugaz, lo imprevisto. La primera instancia en que hizo uso de letras mayúsculas fue con la palabra muerte y ahora Señor, entonces se enardece su religiosidad ante la eminente muerte que lo acecha y ante la cual se siente vulnerable aunque la haya burlado anteriormente. Intenta diseñar su muerte porque al final, Huidobro, quizás tenía razón, el poeta es un pequeño Dios pero no para crear palabras, sino para diseñar su propia muerte y así lo establece en su poema “Libera Me”

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Yo solo quiero una muerte breve, fugaz una muerte parecida al sueño, y resucitar a la mañana siguiente asomado al día luminoso tomando café entre amigos De la muerte imprevista, Libérame Señor! Si tan solo tuviera tres días de plazo para ordenar mi corazón y hacer las maletas para despedirme de los que tanto amo. (pp. 23-24). En el tercer apartado, Rapsodia, en su poema “Insomnio” su pesar y malestar ya no proceden de ser poeta o del miedo a la muerte sino del avasallador paso del tiempo del cual no se tiene control: Yo regreso incesante a la vida con mi cadáver de anoche, envejecido y gris, y, entonces, tardo tanto en morir, que no me basta el insomnio. Este poema representa la tristeza suprema del ser en donde convergen todos los sufrimientos y temores. Culmina la sección con el poema “En nombre de nadie”. En este poema quedan democráticamente todos: narrador y amigos igualmente malmirados o minimizados. Parece una continuación del poema anteriormente señalado, “De casas y fantasmas”, por su desprecio no a personas que construyen castillos de papel sino a la mediocridad en

general. Es el epítome de la irreverencia y desapego a todo lo sagrado: incluyendo a los amigos que anteriormente deseara tomar café en la otra vida: “no hay ninguno del que pudiera sentirme precisamente orgulloso.” En la cuarta parte del libro: Vita brevis retoma este descontento en el poema “El palacio de la nada” y apunta: “Uno mismo es su propio silencio y su propia nada.” Así mismo, en el poema “Homenaje a Guillaume Apollinaire”, el yo lírico enfatiza su deseo de estar solo, consigo mismo: “En mi casa tengo…a veces amigos sin los cuales podría vivir.” Inicia pues su retorno a la poesía, la retoma y en lugar de ser tabla salvadora la transforma en arma blanca de defensa en el poema “El tren de Fort Collins”. Me atrinchero en mi cuarto tras los libros calo la bayoneta en la palabra esgrimo un verso y entonces disparo a quemarropa. Mientras sigue reformulando su fin culmina el poemario con su último mosaico titulado Retratos y autorretratos que da la sensación al lector de estar ante un mapa semántico circular ya que culmina con una visión apocalíptica del ser y el desgaste del tiempo especialmente en sus autorretratos de sus 46, 49 y 50 años en donde el deterioro anímico y físico son permanentes e irreversibles. De esta manera concluye nuestro escritor el poemario Retratos: palabras sobre lienzo. Y como les anunciara al inicio de mi análisis, el poeta, a través de esta antología, subvierte mediante su yo lírico, conceptos universales y sagrados para la sociedad, llevándonos por esos “patios de manicomio” dando, en ocasiones, la sensación de que formamos junto a él, una comunidad imaginaria a la que aludiera Bennedict Andeon y como un pequeño Dios, la desintegra para recordarnos que tanto la salvación como la condena son procesos y experiencias individuales. Le agradecemos a Valerio Holguín, por evidenciar con acritud los sinsabores de la vida y su insoportable brevedad en su justa perspectiva: es efímera, pasajera, fugaz y solo perdura la palabra, el arte y “nuestros muertos”. Presentación realizada en el Colegio Dominicano de Artistas Plásticos 17 de agosto de 2011

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EVENTOS SOCIALES

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III Festival Internacional de Poesía de Santo Domingo El miércoles 19 de octubre de 2011, a las siete y treinta pasado meridiano se inauguró el III Festival Internacional de poesía de Santo en el Palacio de Bellas Artes. El lema del evento fue: «¡De este lado del mar…la poesía florece!». Estuvo dedicado a uno de los más grandes poetas de nuestro país: Manuel del Cabral. El evento contó con un programa dinámico e itinerante, pues el festival se extendió hasta Santiago de los Caballeros y las voces de los poetas recorrieron varias escuelas de Santo Domingo y otras regiones del país. Al terminar el evento, tantos los poetas dominicanos como los extranjeros, alzaron sus voces para proclamar la defensa y el elogio de la poesía. A continuación reproducimos dicha proclamación. Proclama de los poetas reunidos en el III Festival Internacional de Poesía de Santo Domingo, celebrado del 19 al 23 de octubre de 2011. Los poetas representantes de Latinoamérica, el Caribe, España e Italia congregados en el III Festival Internacional de Poesía de Santo Domingo, que honró la memoria del poeta Manuel del Cabral (1907-1999), celebrado con el respaldo del Ministerio de Cultura, y luego de haber llevado a cabo un amplio y fructífero programa de trabajo entre los días 19 y 23 de octubre, que colocó la poesía en un primer plano de interés cultural en diferentes lugares e instituciones de las ciudades de Santo Domingo, Santiago de los Caballeros, San Pedro de Macorís y San Cristóbal, con una importante participación del público y amplia difusión en los medios de comunicación, clausuran el festival firmando, por conducto de su Comité Organizador, la siguiente Proclama: Alzamos nuestras voces y proclamamos: La defensa de la poesía como ejercicio de libertad y como un valor esencial en la sociedad, la educación y la cultura. La defensa de la poesía como un aporte de sus creadores a la memoria histórica de los pueblos del mundo. La defensa de la poesía como un atributo de la democracia y como estandarte de denuncia del totalitarismo en cualquiera de sus manifestaciones ideológico-políticas o étnico-culturales. La defensa de la poesía como la más alta expresión estética del espíritu y como vía, mediante el derecho fundamental a la educación integral de los

individuos, para alcanzar la equidad y vencer los obstáculos de género, creencia, pensamiento, lengua o cultura. La defensa de la poesía contra el individualismo salvaje y contra la guerra como pretexto para hacer prevalecer el interés individual, grupal o de una nación poderosa contra el interés general de la sociedad y sus aspiraciones de un mejor futuro para la humanidad. La defensa esencial de la poesía como mecanismo de comunicación entre los hombres y pueblos frente a la uniformidad que la manipulación interesada de los medios de comunicación quiere imponer. La defensa apasionada de la poesía como respuesta a la inseguridad ciudadana y en procura de la paz entre naciones, pueblos e individuos. Dado en Santo Domingo, República Dominicana, a los 23 días del mes de octubre del año 2011. Poetas internacionales y nacionales que asistieron al evento: Alan Mills (Guatemala), Alex Fleites (Cuba), Aleyda Quevedo (Ecuador), Alfonso Quiñones (Cuba), Anthony Phelps (Haití), Carlos López (Guatemala), César López (Cuba), Claribel Alegría (Nicaragua), Claudio Daniel (Brasil), Coral Bracho (México), Eduardo Chirinos (Perú), Eleanora Requena (Venezuela), Emanuele Bettini (Italia), Héctor Hernández Montecinos (Chile), Hernán Bravo Varela (México), Hugo Mujica (Argentina), Joaquín Morales (Paraguay), José Ramón Ripoll (España), Jotamario Arbeláez (Colombia), Juan Carlos Orihuela (Bolivia), Juana Goergen (Puerto Rico), Lila Zemborain (Argentina), Luis Chaves (Costa Rica), Luis García Montero (España), Marco Martos (Perú), Mariella Nigro (Uruguay), Néstor Barreto (Puerto Rico), Zingonia Zingone (Italia), Ángela Hernández (Rep. Dominicana), Cayo Claudio Espinal (Rep. Dominicana), Dionisio De Jesús (Rep. Dominicana), Federico Jóvine Bermúdez (Rep. Dominicana), Fernando Cabrera (Rep. Dominicana), Jesús Cordero (Rep. Dominicana), Juan Carlos Mieses (Rep. Dominicana), Pedro José Gris (Rep. Dominicana), Rafael Hilario Medina (Rep. Dominicana), Soledad Álvarez (Rep. Dominicana), Yky Tejada (Rep. Dominicana), Basilio Belliard (Rep. Dominicana), José Mármol (Rep. Dominicana) y León Félix Batista (Rep. Dominicana).

enero-abril 2012 / Flor de tierra



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