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soy un Ă­ndice


soy una editorial


El mito y el absurdo en Warren Sanchez (Armino) Hace unos días, mientras esperaba en la cola del supermercado (lugar donde los mitos y los absurdos suelen verse juntos), escucho la charla de una mujer por celular, quien comenta con su interlocutor lo siguiente: “No sabés lo que me pasó el otro día!?!, entró una gitana a mi local a comprar!!. La atendí, todo bien, rara la señora, pero viste como son … gitanas, con polleras y pañuelos y esas cosas de ellas. La cuestión es que compró, pagó y luego me invitó a una charla en la iglesia!!. Raro!! Y la miré asombrada, y la gitana me dijo “Ves como es la vida? Antes predecíamos la suerte y hoy te invitamos a la iglesia” …. Re-loco!!! Bah! Me pareció linda la reflexión de la señora” Decir que toda la escena me resultó de sobremanera absurda sería comenzar en algo. Así que me dispuse a des\menuzar la cuestión. En principio, la comunicación telefónica de una mujer caucásica de clase media-alta argentina denotó ciertas contradicciones. La mayor de todas fue, creo, el cambio sufrido a través del relato, pues al principio era una “gitana” para finalizar la charla con un “linda la reflexión de la señora”, quien antes era “gitana”!!. Quizá eso me despertó toda una cadena la conversación de la mujer, caucásica clase media-alta, me basaré en la versión actuada y youtubeada que cité anteriormente, y no tanto en la versión escrita

pues, creo que los énfasis son más evidentes. En algún lado de internet se dice “Sinopsitis: Les Luthiers nos presentan a Warren Sánchez, Hermano Principal de una secta, y a sus fieles seguidores. Según ellos, ante cualquier problema o duda que surja, siempre es bueno tener a mano el libro “Warren tiene todas las respuestas”. Únase a Warren, salvación garantizada. Si se muere y no se salva, le devolvemos su dinero”. Hermosa sinopsitis … pero, como dijo barrocutina, vamos al grano!!. En la obra se pude ver a dos polos, por así decirlo: el predicador (Marcos Mustock) y los seguidores de Warren que apoyan incondicionalmente las enseñanzas del predicador (o sea, el resto de los Les Luthiers, el público y yo). Esta diferencia entre el predicador y nosotros se remarca, por ejemplo, en el minuto 5:15 cuando nos habla de “la oración” y al preguntarle a la banda de músicos seguidores “que es la oración?”, los músicos se hacen terriblemente los giles para patear la pelota al lateral. Queda entonces clara la “importancia” del predicador para “transmitirnos” las enseñanzas, incluso si ya las hemos comprado en el hall de la entrada!!. En el puesto de venta en la entrada al teatro se pueden adquirir textos, discos y otros menesteres (por ejemplo: 15:08). En este puesto de venta se puede adquirir numerosas enseñanzas cuasi-divinas de Warren que


prometen “la luz, la verdad y la solución a todos los problemas!” (01:16). El arte y la sabiduría de Warren se fusionan en la música del disco “Buscando el sendero” (03:26), donde espero que esté ese hermoso salmo a la ayuda al prójimo (07:05), el jingle para ahorrar con la lotería semanal de Warren Sánchez (10:50) o los efectos sonoros que me anuncien la presencia del demonio (09:54 y posteriores). El demonio tiene muchos nombres pero, por suerte para nosotros, el predicador sabe interpretarlos y reconocerlos!!. Parece ser que el predicador, a veces, llega a ser más importante que Warren, porque también nos explica la “verdadera forma de entender” las enseñanzas del maestro Warren. La mejor interpretación, me parece, es la que hace el predicador en torno a lo expresado en el versículo XXV (08:20), sobre cómo interpretar el “ió que sé” del sentido de la vida. Pero entre tantos absurdos me río y me

pierdo … Al final, quien es el importante acá?? El mito de las enseñanzas de Warren, los materiales que nos venden sus seguidores o el tipo que me dice cómo “debo” entender el mito?. Retomando al absurdo inicial, ¿qué me causó mayor asombro en la conversación del supermercado? Que la señora de clase mediaalta dejara de llamar “gitana” y la llame “señora” porque coinciden con ella en el mismo mito?? Quizá porque “pagó y luego me invitó a una charla en la iglesia”?? O por la reflexión de la señora gitana ante el cambio histórico entre predecir la suerte en antaño y “hoy te invitamos a la iglesia”???. Al final, no llego a nada como siempre. Todo me asombró y me asombra en esa especie de necesidad de “controlar” el significado del mito y evitar las acechanzas del travesti disfrazado de Mefistófeles (13:35).


Los pormenores del mito en la modernidad La ultima pregunta de Isaac Asimov “Mientras haya un fuego habrá una historia que aguarda ser contada. Entonces abriremos bien grande la boca y nos tragaremos todo lo que podamos de la noche. Y comenzará por primera vez la misma canción”

Luis Sagasti

“La significación es el mito mismo”

Roland Barthes

La tendencia de la razón, o para decirlo en otros términos de la racionalidad técnica instrumental, de ocupar el centro de toda atención es un hecho histórico en sí pero no es un acontecimiento que se haya generado de un día para el otro: “La progresiva racionalización también deja a toda religión a merced de la crítica. Max Weber vio justamente en el desencantamiento del mundo de la ley del desarrollo de la historia que conduce necesariamente del mito al logos, a la imagen racional del mundo” (Gadamer, G: 1999. Pág.14) Podríamos pensar en una doble relación, o en un doble movimiento, entre la secularización del cristianismo y la racionalización del mundo moderno. Paradójicamente el cristianismo, junto con el iluminismo y el siglo de las luces, ha preparado el terreno para que la ciencia tome su lugar en la moderni-

dad. El mito sufre transformaciones a lo largo de la Historia, de su naturaleza primigenia se transforma en cuento de hadas (o cuento tradicional) en la edad media y, desde la óptica de Isaac Asimov, la s.f es el equivalente al cuento de hadas de la modernidad y en la actualidad. El hombre moderno se distancia de lo sagrado y del mito como sostiene Elíade: “Las sociedades modernas se definen como tales justamente por el hecho de que han llevado bastante lejos la desacralización de la vida y del cosmos” (Elíade, Mc: 1953. Pág. 12) Pero esto no quiere decir que lo sagrado y que los mitos no puedan sobrevivir a la luz de la modernidad. Surge la inquietud de si el mito: “… como modelo ejemplar del comportamiento humano, no sobrevive todavía, bajo una forma más o menos


disminuida, entre nuestros contemporáneos. Porque el mito, tanto como los símbolos que pone en juego, no desaparecen jamás de la actualidad psíquica: cambia de aspectos y disimula sus funciones” (Elíade, Ma: 1991. pág11) Para Mircea Elíade los relatos míticos adquieren nuevas formas, se resemantizan y se actualizan bajo una nueva estructura simbólica. Ahora, si bien es cierto que el hombre ha perdido su horizonte espiritual todavía siente la necesidad de una experien-

cia sagrada y la Ciencia Ficción, como una instancia de fijación de creencias, retoma esa experiencia pero desde otro lugar. La última pregunta es un relato que bordea el problema de la finitud no sólo del Hombre sino de todo el universo. El concepto que atraviesa la totalidad del texto literario es la entropía. Es una narración que parte del interrogante: ¿cómo resultaría posible revertir la entropía en el cosmos? La interrogación es un dispositivo


narrativo. Recordemos que la Ciencia Ficción es un género que narra el futuro pero bajo las modalidades del pasado, o de nuestro presente. El núcleo del cuento se construye a partir de la presencia de Multivac, una super computadora, que época tras época procesa la información necesaria para revertir el proceso de la entropía, hasta que un día encuentra la respuesta, frente al fin de los tiempos, decide, performativamente, re-comenzar con la historia de todas las cosas. El mito es un relato que: “… cuenta cómo, gracias a las hazañas de los Seres Sobrenaturales, una realidad ha venido a la existencia, sea ésta la realidad total, el Cosmos, o solamente un fragmento: una isla, una especie vegetal, un comportamiento humano, una institución”(Elíade, M a:1991. pág6) El principio de verificabilidad en el mito no abarca un saber de tipo proposicional sino que a la inversa del razonamiento científico lo real está presente desde un comienzo para demostrar el carácter verdadero de la historia contada. Leer el cuento de Asimov implica hacer una re-lectura del génesis no exclusivamente como un texto evangélico sino como un modelo cosmogónico, es decir: una historia que explica cómo se ha creado el mundo en sus componentes más elementales. La última pregunta plantea una superación de las convenciones del género, no se detiene en los tópicos relacionados con la anticipación, con las presencia de aliens, robot, cyborg, naves espaciales o viajes en el tiempo. Nos invita a pensar en la

naturaleza misma de las narraciones que ancestralmente contribuyeron a edificar nuestra identidad en el mundo. Y además nos invita a pensar en el modo en que le otorgamos a ciertas narraciones una significación que trasciende su inmanen cia y desde la cual decidimos organizar nuestra experiencia histórica.

ACA VA FRUTA QUE TODAVÍA NO DIBUJÉ


Mitologías. Una reseña crítica BARTHES, Rolland. Mitologías. Siglo Veintiuno Editores, México, 1994. Págs.216

Valentín Plastino

En este libro, el semiólogo Roland Barthes analiza el mito moderno como función esencial de la cultura de masas, dedicándole parte a la ciencia ficción (CF) representada por las novelas de Julio Verne, autor –dice- “de CF «naturalista»”, pero enfocándose en este sentido también sobre la paranoia generada en torno de las invasiones extraterrestres y los platos voladores en el contexto de la Guerra Fría, a partir de lo cual era postulaba la existencia de una supra naturaleza a nivel del cielo, a su parecer, como campo figurativo de una muerte atómica, y se daba lugar con ello a una especulación antropológica llevada al extremo, derivada en la elaboración de hipótesis subyacentes propias de los relatos de CF, a las que el autor denomina “mitologías”, y a las cuales atribuye en cierto medida la aparición de este género en el escenario de la cultura de masas, en ese preciso contexto socio histórico. Recuérdese cómo en su momento, por ejemplo, ligada a la imagen del astrónomo Carl Sagan y al impulso cobrado por el proyecto SETI, de búsqueda de inteligencia extraterrestre; fue muy divulgada desde Estados Unidos, una ecuación matemática por medio de la cual se logra establecer probabilísticamente la existencia de otros mundos como el nuestro, bajo la misma lógica especulativa expuesta en su libro por Barthes, excepto que carente de la ironía con la que

lo hace el pensador francés; así como de un inminente “contacto”, como prueba de los fabulosos extremos a los que habría de llegar más adelante la imaginería capitalista y sus ambiciones de colonización, en momentos en que la demanda de recursos y energía necesaria para enviar un hombre tan solo a la Luna, resultaba inaceptable para la clase media norteamericana, y la llamada “crisis del petróleo” comenzaba a asomarse ya como marco para los relatos y filmes de terror de la época. Todo mito, sostiene así Barthes, tiende fatalmente a un antropomorfismo estrecho y, lo que es peor, a lo que podría llamarse un antropomorfismo de clase, de ahí que en la CF, Marte no sea solamente una representación refractaria de la Tierra, sino de “la Tierra pequeñoburguesa, el cantoncito de pensamiento cultivado (o expresado) por la gran prensa ilustrada”; para lo cual vale de ejemplo la aparición durante aquellos años de las famosas Crónicas marcianas, de Ray Bradbury, en donde Marte es representado como el reverso de la Tierra, literal y metafóricamente, sirviendo de escenario para casi cualquier conflicto “humano”, desde una colonia penal a la que son deportados los ciudadanos negros de Estados Unidos, hasta la localización geográfica del Paraíso cristiano. Para Barthes, el misterio de los platos voladores ha sido además, ante todo,


totalmente terrestre. Ya esa forma de mito contenía en germen su desarrollo planetario; pues si el OVNI, de artefacto soviético se volvió tan fácilmente artefacto marciano –dice-, es por que, en realidad, la mitología occidental atribuyó al mundo comunista la alteridad de un planeta: la URSS era, de esa manera, un mundo intermedio entre la Tierra y Marte, a la vez que la apelación mítica a una mirada celeste, lo bastante poderosa como para intimidar a ambas partes; todo lo cual se halla minuciosamente elaborado por la CF, cuyos planteos eran retomados literalmente por la psicosis marciana de ese entonces, y abonada por la cultura de masas y sus superhéroes, como señalaría a su vez Umberto Eco en su célebre libro Apocalípticos e Integrados, quien ve en el fenómeno de Superman, no por casualidad surgido durante los años ’30, la reelaboración del mito del superhombre nietzscheano; que sin ser de origen marciano, es de igual manera extraterrestre, antropomorfo, todopoderoso y volador. En cuanto a la simbología de las naves, estas se hallan representadas por los barcos en las novelas de Verne, en donde la misma clase de peripecias que en los relatos de CF se encarga de imprimir al mundo una especie de estado elástico o de juego con las distancias cósmicas, para probar de manera maliciosa el poder del hombre sobre los espacios y los horarios. Barthes asevera que el barco además, ese ícono tan importante en la literatura de Verne, bien puede ser símbolo de partida; pero más en profundidad, es la “cifra de la clausura”, pues el navío,

que es un fenómeno vinculado a la vivienda más que un medio de transporte, cumple siempre en las novelas de Verne la función de perfectos “rincones hogareños”; haciendo del Nautilus, por caso, una especie de “cueva adorable”, por esa costumbre que tienen las clases y los grupos de reconstruir en el destierro, en plena era victoriana, su entorno social, y tal vez, como acota también, por una intención expansionista o conscientemente imperialista por parte de su autor, propia a su vez, quizás, del género cultivado. Un ejemplo actualizado de ello lo constituiría la máquina del tiempo del filme Volver al Futuro, recreada con un automóvil Delorean, como auténtico símbolo de confort antes que proeza técnica de la industria automotriz estadounidense: “Si iba a inventar una máquina del tiempo -dice allí el personaje de Christopher Lloyd-, ¿por qué no hacerlo con estilo?”. Puede verse allí, desde el particular punto de vista de Barthes; cómo al igual que las naves de Verne, el Delorean de Spielberg no es un medio de transporte, tanto como el bastión de un cierto estilo de vida y de la clase que lo sustenta.

ACA VA FRUTA QUE TODAVÍA NO DIBUJÉ


San Jacinto, caminando por su tierra Es extraño pensar en la música de alguien como Peter Gabriel. Alguien que nunca se puso por delante de nadie, alguien que experimentó tanto con su talento que hasta creó un mundo lleno de asombros, alguien que justamente nunca se olvidó de ella: la música. Me atrevo a decir que quizás sea difícil encontrar algún otro trotamundos como él, yendo y viniendo entre el mundo musical y el mundo teatral. Exquisito narrador de fábulas e historias míticas, característica no menos importante a la hora de analizar sus letras. Ya desde su etapa en Genesis se pueden encontrar en su poesía grandes influencias de lo mitológico. Me detengo ahora en una canción en particular de su carrera solista, que, para muchos, es una de las mejores que podría haber compuesto, y cuya letra nos lleva a empaparnos del sudor de un aborigen que lucha por sobrevivir, perdido en la cima de un monte de Arizona: San Jacinto. Peter estaba de gira por Norteamérica y se puso a hablar con el portero del hotel donde se hospedaba. En la mitad de la conversación el portero se enteró que su departamento se estaba incendiando. Estaba muy tranquilo y lo único que quería saber es si su gato estaba con vida. Peter se ofreció a llevarlo a su hogar. Cuando llegaron, el portero logró cruzar la valla de los bomberos y salvar a su gato. Esa noche hablaron durante horas. El porte-

ro le contó que era un nativo americano, un originario de Arizona y que a los catorce años había hecho el ritual de iniciación Apache: el anciano brujo de la tribu lo llevó a la cima de un monte; en su vieja bolsa llevaba una serpiente de cascabel, la sacó y la dejó cerca del brazo del joven hasta que lo mordió, depositando así todo el veneno en sus venas; pasó dos semanas abandonado, sufriendo alucinaciones; si regresaba del monte con vida se convertiría en un guerrero Apache. Esta es la historia que inspiró a Peter Gabriel a reflejar, en una canción, una práctica milenaria de tribus con creencias míticas. San Jacinto se convirtió en un emblema del rock progresivo, quizás por la poderosa historia que narra, o por su carácter experimental en el terreno musical, o tal vez por como su autor interpreta en sus recitales a este aborigen Apache, vistiéndose de sus creencias y mitos para crear conmociones y reacciones. Canción que caracteriza y alimenta a este mundo sensible creado por uno de los mejores referentes del rock progresivo. Es necesario volver a este mundo de vez en cuando, para dejar que su música nos haga sentir vivos.



Destiempos 3//12