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Núm. 166 Colima, Col., martes 26 de mayo de 2014

Vuelo

Se abre la puerta del bosque, recorro su camino sinuoso, su cuerpo color a vino que se bebe de un solo sorbo.

Solo el sonido de manos ajenas me obligan a retornar a tierra, toco el suelo, pero mis pies se deslizan ante la realidad.

Pisadas que alucinan su destino, y que miran la mano del reloj avanzar sin voltear, evocando a un juego de niños sin reglas al jugar.

¡Qué dolor y tristeza! El arrancarme del silencio que guarda palabras en la vigilia de mi pensamiento. El monstruo se ha comido mis sueños de sal, dejando solo hojas de laurel en mi cabeza.

Miro caer hojas, que traen escritas la nostalgia del crepúsculo. Miro el cuerpo del bosque, agitándose ante mi soñadora voz.


Semblanza

Daniel Tadeo Velázquez*

Contenido

Soy Daniel Tadeo, me gusta transmitir y captar momentos con mi mejor amiga: la cámara fotográfica. Me considero muy afortunado, pues muchas veces estoy justo en el momento exacto, en el lugar indicado. En mi trabajo fotográfico me gusta rescatar aquellos pequeños detalles que normalmente pasan desapercibidos; soy de la idea que todo en este mundo tiene su lugar y su importancia, desde el inmenso atardecer por detrás de los volcanes hasta la milimétrica hormiga que carga una hoja hasta su casa.

Espejo de agua Nadia Contreras (p. 3) Insomnio Vimarith Arcega (p.3 Mis días sin ti Samantha Isaís Ochoa (p. 3)

*Estudiante de Comunicación.

De hierro a la casa Juventino Gutiérrez (p. 3) El albur como fenómeno lingüístico cultural del español mexicano Mario Antonio Rodríguez Bautista (p.4) El poder por el poder Greñas de Aparato Viejo(p. 5) Martes Miguel Ángel Araujo (p.6) Deseos peligrosos (última parte) Martín Alejandro Ibarra Ceja (p. 7-8)

Universidad de Colima Director: Carlos Ramírez Vuelvas Consejo Editorial: Ada Aurora Sánchez, Hilda Rocío Leal Viera, Víctor Gil Castañeda, Gloria Vergara, Krishna Naranjo, Fernanda Fernández Coordinación: Abelina Landín, Nélida Sánchez Diseño: Karina Sánchez, César Avila, Paola Buenrostro. Fotografía: Daniel Tadeo Velázquez.

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Impreso en el periódico “El comentario” Daniel Peláez Carmona Director ePágina webf destellosfalcom.blogspot.mx eFacebookf Destellos Falcom eColaboracionesf destellosfalcom@hotmail.com La opinión aquí expresada es responsabilidad de los autores


Espejo de agua (Poema 3)

Insomnio

Nadia Contreras*

Vimarith Arcega*

El día siguiente de las caricias y de la emoción aguda como el eco. Has abierto mis oídos a la sonoridad que desciende del cielo y vuelve espejo el universo de la ola.

[El dolor aúlla, se extingue. Y lo que quiebra desde dentro].

Éste insomnio me dura hasta mañana, la duda termina hoy. Mis manos a los costados caen vencías, perdidas. La noche da un giro. El agua en el asfalto desaparece. El silencio se plaga de ruidos que crecen, que están vivos. *Estudiante de Letras Hispanoamericanas.

Inmersos en el gozo, su danza, caminamos la dulzura. La pasión, semejante al viento de las playas, abre la furia de otro abismo. Y no se acaba. Las olas disimulan mis muslos abiertos. *Licenciada en Letras y Periodismo.

Mis días sin ti Samantha Isais Ochoa* No me dejes sola entre tinieblas. No me dejes, que aún tengo suficiente amor para los dos. No me dejes con mis manos ansiosas por tocarte, por sentir cada parte de tu cuerpo. No me dejes con mis ojos llenos de sueños y esperanzas, que ya son lágrimas, que ahora han muerto. No me dejes, pues he esperado por ti mil noches desde siempre, noches de angustia y duda, soy muy débil y no soportaría el frío, me basta ya con el frío de tu corazón.

De hierro a la casa Juventino Gutiérrez* Dicen que las casas padecen las emociones de quien las habita. Yo no sé por qué los muros de nuestra casa no se han caído de tristeza si mi madre muchas veces hizo rodar, por la cocina sus nudos de garganta. Yo no sé por qué ninguna de las láminas —pobremente clavadas— no se embriagan para perderse tras el fuerte viento, si mi madre al beber extravía sus pasos en casas ajenas. Yo no sé por qué, nuestra casa, sigue firme como las montañas, sin prisa, sin miedo a ser devorada por tantas emociones. *Estudiante de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

*Estudiante de Letras Hispanoamericanas.

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El albur como fenómeno lingüístico cultural del español mexicano Mario Antonio Rodríguez Bautista*

El lenguaje de los albures es alegórico, secreto y erizado de filos” Jorge Mejía Prieto Aún sigue siendo un misterio cómo y dónde se originó, sin embargo, la práctica del albur ha permanecido viva hasta nuestros días. Se presume que ya en la época colonial se podía escuchar a los obreros del área del actual Pachuca hacer uso de los albures, extendiéndose, más adelante, a distintas partes de la región centro de México. Respondiendo a un por qué, Mejía Prieto (1985) señala: “no es aventurado suponer que […] aparecieron como […] forma de reto y disimulo frente a las normas de obediencia y cortesía impuestas por una sociedad gazmoña y opresiva” (p. 12). Estas prácticas han sido relacionadas a personas de nivel sociocultural bajo, ya que se aúna al uso de un lenguaje soez y vulgar, sin embargo, una de las “reglas” principales de este juego de palabras es evitar el uso de altisonancias. Y a propósito de reglas y niveles: ha sido mediante la constancia y el existir de esta costumbre, al grado de ser parte importante del español mexicano, que se han formado ciertas convenciones alrededor de esta práctica, en la que, dice Octavio Paz (1950), “el vencido es el que no puede contestar, el que se traga las palabras de su enemigo”, además su uso no es propio de una determinada clase social, ya que son usados sin importar a qué estrato pertenezca el usuario. Antes de aventurarnos más a fondo en el mundo del albur, considero pertinente precisar algunas definiciones dadas sobre qué es. Una definición breve, dada por la Real Academia de la Lengua Española, enuncia que es un juego de palabras de doble sentido; otra, según el Diccionario de Mexicanismos (p. 17), sugiere que es un “juego de palabras, ágil, por lo general de alusión sexual, en el cual alguien es ridiculizado”, al cual, Mejía Prieto añade que “es un recurso de la picardía popular de México […] para cuyo ejercicio acertado se requieren gran destreza de palabras e imprescindible agilidad mental”. Ahora bien, el albur y su empleo en México es sinónimo de destreza, desafío y agilidad, tanto mental como verbal, práctica que cobró auge en la década de los años veinte “gracias a los duelos verbales sostenidos entre los cómicos de carpa, de teatro y el público asistente a esos lugares”, sin embargo, agrega 4

el autor que “es notorio que el albur ha perdido terreno […] a no dudar, al cambio en las costumbres y a la mayor libertad de lenguaje que hace innecesarios del doble sentido y el disimulo”. Cabe resaltar que, esta aseveración se hizo en 1985; hoy, 29 años después, valdría cuestionarse ¿el albur es una costumbre cercana a la extinción? El español mexicano se caracteriza, entre otras cosas, por “ser sexista, machista, alburero y querendón”, y son precisamente estas características las que le han valido el rechazo de las nuevas generaciones, calificando esta costumbre como despectiva y denigrante, la cual, la corriente feminista califica como “la confirmación del odioso machismo mexicano”, además de ser “un mecanismo de la homosexualidad latente”, sin embargo, en contraparte a este último argumento, Paz enuncia que “el homosexualismo masculino es tolerado, a condición de que se trate de una violación del agente pasivo”. Mejía invita a considerar que el albur “se trata de una saludable diversión semántica”, además, me atrevo a agregar, es parte de ésa peculiar costumbre de reírnos de todo. Incluso, se puede hacer una clasificación en contraposición: el albur “atrevido”, que agrede y ofende, versus albur “fino”, un “juego lúdico, creativo y filosófico" del cual participa cualquiera, sin importar su nivel sociocultural, ocupación, edad o género, siendo, aparte, objeto de interés de filósofos, psicólogos, antropólogos, estudiosos de la cultura, etc., habiendo diversas obras que, si bien el albur no es el tema central, la temática que circunscriben está relacionado directamente a éste. El albur como fenómeno lingüístico cultural del español mexicano ha formado parte de nuestra identidad como comunidad, prácticamente desde antes de ser México un país ‘independiente’ (dentro de lo que cabe el uso del término), y ha permanecido vigente hasta nuestros días, tal vez considerando que se ha perdido su práctica debido a las nuevas ideas y el cambio en la forma de pensar de las nuevas generaciones como lo señala Mejía Prieto, pero que se ha extendido más allá del género, la edad, el nivel socio-económicocultural, incluso, más allá de las fronteras, puesto que la globalización ha logrado que el albur se extienda a países cercanos al nuestro, aún del “otro lado del charco”, y señalo, como algo que me llama la atención, y una de las primeras cosas que entiende un extranjero, caso particular de no hispanohablantes, es el uso


El poder por el poder En opinión de..

de los albures (incluso hay quienes fácilmente llegan a dominarlo). Está presente en diferentes ámbitos, desde la música hasta la literatura, pasando por las producciones cinematográficas y televisivas nacionales e incluso en la realización de concursos de albur. Encierra, además, la realidad sociocultural que envuelve al mexicano, quien haciendo uso de su ingenio juega verbalmente con toda situación, desde un chascarrillo entre compañeros de trabajo o amigos, incluso, hasta de acontecimientos de ‘actualidad’ como el desliz de algún actor político, por ejemplo. Sin duda alguna, el albur es un rasgo característico del mexicano y su propia variante del español, ese español “sexista, machista, alburero y querendón” (según señalan en una ocasión miembros de la Academia Mexicana de la Lengua) del cual todos somos participes, de forma consciente o inconsciente, ya que es una característica muy arraigada a nuestra identidad, con los que los partícipes (y concluyo citando una vez más a Mejía Prieto) deben “afilar su pícaro ingenio al máximo y aprender a clavar sus dardos verbales con rapidez y habilidad asombrosas”. *Estudiante de Lingüística.

Greñas de Aparato Viejo* El poder es lo que el hombre quiere desde guerra que no termina. Se pone entonces los siempre, nos cuenta Orwell, en su novela 1984. objetos de amor y odio: Gran Hermano, para Más allá del dinero y la comodidad, es el poder amarse, y Goldstein, para odiarse. No hay más, proporcionado por el control. Este control es instintos y sentimientos, tan artificiales que son basado en el miedo. aterradores y falsos. En la novela de Orwell todos los Entonces surge el personaje, el que personajes saben que el sistema en el cual está rompe las ataduras sociales. Los tentáculos del inmersa la clase media podrido y es horrendo. poder no toca a este espíritu libre. Pero el camino Alfo está mal pero no se concreta exactamente del transgresor, es el más oscuro y espinado. lo que es, o tal vez, en realidad lo tiene claro Es un sendero muy temido, que no cualquiera, pero lo ignoran. Ignoran el malestar perpetuo por no decir, casi nadie, puede transitarlo. Es el de la vigilancia siempre allí, en los muros de miedo a la libertad del que habla Erich Fromm. todas las casas, en los caminos de todos los El poder debería ser lo más temido. campos. Esa ambición por tenerlo todo y nunca estar Todos los habitantes de la clase media, conforme, presente sólo en el ser humano, siempre la clase protagonista, se encuentra en representado en la novela 1984, podría ser la una rutina asfixiante y aburrida, regidos por causante de gran parte del malestar. Desde mitos horarios infranqueables y alimentados con más antiguos se pueden constatar, que el poder porquerías frugales. En la distopía de Orwell, corrompe el corazón más puro. Un ángel que ha triunfado el hombre ambicioso, manteniendo cae queriendo tomar el lugar de su señor; y en una red de control imposible de romper, lugar de huir de él, el poder es lo más buscado. consiguiendo el poder sobre todas las mentes. ¡Vaya cosa! Lo puro y divergente en las *Estudiante de Comunicación. reflexiones del espíritu humano, mediante las representaciones de los personajes, dentro de la novela, son reprimidas, para ser encausadas a un mundo reducido, el mundo del Gran Hermano y Goldstein, en la lucha eterna, y la

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Martes Miguel Aruajo Cortés * No perderemos el tiempo en describir al astro rey, luce igual que ayer, cuántas más sin haberse pensado han sido, por eso, hay historias que ¿lo recuerdan?, luminoso, enorme, amarillo, así, hermoso, inalterable, jamás se han de escribir. caluroso, el cielo es el mismo del jueves pasado, quizá aquellas nubes Ahí va, Tiago, con paso lento pero sin calma, sabemos en lo que no sean las mismas, y con seguridad no son las mismas que pasaron piensa y demasiado tarde ha decidido hablar, sólo para decir, “ojala te por aquí el viernes, ¿pero eso a quién le importa?, las nubes terminan, llames Ivonne”. Ahí arriba el cielo se ha despejado, ya no hay leviatanes siempre, siendo todo menos lo que son, elefantes, dragones, dinosaurios, y el sol luce igual, ¿lo recuerdan?, luminoso, enorme, amarillo. diablos y gatos, y yo digo hoy que son leviatanes blancos y no habiendo *Estudiante de Comunicación. ningún capitán Ahab que pueda sacarme de mi error, imaginemos todos que eso son. Es un cielo digno de un miércoles, nada parecido al de los lunes, pero hoy es martes, y podríamos decir que es 17, pero si nos encapricharemos en ponerle nombre al día también respetaremos la debida numeración y hoy es 23, pero dejemos al cielo y bajemos la mirada que ya comienza a cansar la postura y lo resiente el cuello. Fijemos la atención en este hombre, que no ha mirado el cielo desde que despertó, quizá porque sepa que es similar al que se presentó el jueves, con la única diferencia de que ahora son leviatanes y no dragones las figuras blancas que parecen nubes, podríamos llamarle Juan o Raúl, no habría diferencia, pero le diremos Tiago porque ése es su nombre. Y ahí va Tiago, con paso lento, pero sin calma, distraído y envuelto en sus pensamientos, alguna cuestión de importancia lo mantiene ausente y no ha notado que el tiempo, como es costumbre en él, se mantiene indiferente ante las cuestiones de los hombres, y no se detiene, sigue avanzando, pues tiene prisa por llegar, ¿a dónde?, no lo sabemos y si le preguntamos sólo perderemos el tiempo. Pero Tiago, después de un largo suspiro decide alzar la mirada, quería postrarla en el cielo y buscar ahí arriba a ése que es tan indiferente ante los hombres como el tiempo, y no hablamos del sol, pero se encontró, Tiago, con un impedimento en la trayectoria de su mirada, benditas las mujeres, que sólo con ellas a nuestro lado podemos mostrarnos indiferentes ante el tiempo y ese otro que se dice eterno, y gracias a ésta que se encuentra aquí, puede Tiago olvidar aquella cuestión que resultó ser no tan importante. Hierve la sangre y golpea el corazón en el pecho de Tiago, tiritan sus labios y se arremolinan un montón de pensamientos, medias palabras y frases incongruentes en su cabeza, “es hermosa, es única, es tan linda, es, es, es así”. La observa, de pies a cabeza, recorre con precaución las curvas de su cuerpo, se hunde en su piel color canela, suave como la arena del mar, imagina su sonrisa, y el sabor de sus labios, el sonido de su voz cuando le diga “Yo también te amo, Tiago, y si tan sólo hubieses dicho alguna palabra cuando me devorabas con tu ansiosa e imprudente mirada aquel martes en que el sol brillaba como lo hace los viernes y domingos y en el cielo viajaban leviatanes blancos en forma de nube, quizá un “hola”, o alguna frase trillada como “eres hermosa”, o un poco incongruente tal vez, entonces yo te hubiese dicho -Mi nombre es Ivonne y puedes invitarme un café que con gusto aceptaré, pero no lo hiciste”. La mujer se ha ido, ha tomado su transporte y se ha marchado, ¿a dónde?, quizá el tiempo o el de arriba sepan, pero ya sabemos que no obtendremos respuesta si les preguntamos, y nunca sabrá Tiago que la voz de la mujer era en verdad una dulce melodía, pero no le recriminemos nada, no sabe él que el pensamiento no basta, cuántos no se engañan pensando ser, será verdad que el pensamiento es producto del existir, pero el pensar no es existir, de ser así existiríamos aquí y allá, y cuántas cosas no han podido ser por sólo haberse pensado y 6


Deseos peligrosos (continuación)

A la noche del siguiente día regresé al Churruca. Pasé a la sección del restaurante y estuve parado un rato buscando con la vista entre las mesas. Vi a lo Von Shaftwerr, pero no me apeteció cenar con ellos. En el lugar miré a personas de varias etnias, mexicanos y extranjeros compartiendo la mesa como si nada. Estuve a punto de pedir una mesa solo cuando encontré aquella melena roja resaltando entre el mar de gente. Le pregunté al capitán mientras señalaba la mesa si aquella familia había solicitado una mesa compartida. Buscó en su libro y con una sonrisa dijo que sí. Me llevó con ellos y nos presentó; el padre, un hombre como de cuarenta, de pelo castaño y piel bronceada se llamaba Roberto Chapman; su esposa, una mujer bella de cabello rojo y piel blanca se llamaba Margaery y al final su hija, se llamaba Isabella, una muchacha de 17 años, con una voz dulce y con unos ojos… sus ojos, sus ojos eran azules como los de su madre, pero en el iris izquierdo tenía una gran mancha café lo cual daba la ilusión de tener ojos de diferente color, como los de un gato. El señor Chapman me contó con un marcado acento ibérico que eran ingleses, aunque él descendía de españoles y se encontraban en Colima rumbo a Querétaro por motivos de trabajo. A diferencia de su padre, Isabella hablaba con suavidad y sin acento alguno. Cuando acabamos de cenar me di miss mañas para convencerlos de ir al salón y bailar un rato. Bailé con una chica de local para disimular mis intenciones, luego con la señora Chapman cuando Roberto sacó a Isabella a bailar algo más moderno. Ella era encantadoramente tímida, se la había pasado viéndonos bailar, pero no había pasado por alto que me miró de manera fija por un buen rato. –Usted es un buen bailarín. –me dijo Margaery en inglés. Le agradecí el cumplido y me sorprendió lo que me dijo a continuación. –Le gustaría bailar con Isabella? –Si no le molesta a usted y a Roberto, con todo gusto. – dije en el mejor inglés que pude. Terminamos de bailar y ella se dirigió a donde su esposo bailaba con su hija. Noté mi argolla y me la quité lo más disimulado posible. Margaery le susurró algo al oído Roberto y luego le dijo otra cosa a Isabella mientras me señalaba. Aunque él y ella sonreían me entraron los nervios, al final Isabella me lanzó la más bella sonrisa que he visto. El corazón me latía de manera agitada en el pecho a medida que se acercaba. Traté de disimular mi ansiedad y volteé a donde se encontraba la multidisciplinaria agrupación la cual cambiaba de instrumentos. La suave melodía del oboe inundó lentamente

Martín Alejandro Ibarra Ceja* el lugar a medida que ella se acercaba a mí. Lo supe en cuanto oí la canción, era el Danzón número 2, de Arturo Márquez, la misma pieza que bailé con mi esposa en nuestra primera salida a un salón de baile allá en Guadalajara. Aquél recuerdo me pareció de una manera muy triste tan lejano, pero la sensación era la misma. Cuando llegó a donde estaba le pregunté si sabía bailar danzón. –No. –me contestó con una sonrisa. La negativa que más he anhelado escuchar. Le di unas rápidas instrucciones, tomé una de sus manos y coloqué la otra sobre mi hombro. Comenzamos a movernos con el inicio de los violines. Pasos de prueba. Aceleramos cuando lo hicieron las cuerdas y en el momento en que irrumpen todos los instrumentos estábamos en el a misma frecuencia, conectados mediante la mirada. Cuando el oboe calmó el ritmo reímos con complicidad. De ahí en adelante fueron los mejores diez minutos de mi vida. En cada pico y descenso en el ritmo viví una historia de pasión distinta. El salón se redujo a nosotros dos. La entregué a su padre al terminar la canción, no quería levantar sospechas. – ¡Macho, que deberías daros lecciones! –me dijo Roberto cuando llegamos a donde estaba él. Bailé con otras muchachas antes de volver con ella, incluso con su padre, lo que desató la risa de Isabella, pero todo el tiempo sabía que sus ojos, sus hipnóticos ojos dispares me miraban. La velada pasó y antes de retirarnos acordamos encontrarnos otra vez la noche siguiente para despedirnos antes de partir cada quien a su destino. Feliz me dirigí a la barra y ordené un vaso con whisky y agua mineral, de verdad el lugar era tan increíblemente barato como había dicho don Polo. Me coloqué la argolla y bebí mi trago. Note que el cantinero vio cuando saqué el gastado anillo del bolsillo y lo ponía en mi dedo. Él sólo dijo con una sonrisa acusatoria: –Parece que se divirtió esta noche, señor. –y siguió limpiando una copa. (Continúa en la siguiente página)

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A la noche siguiente llegué al Churrucas, me quité mi argolla, me encontré con Isabella y sus padres, conversamos, se aparecieron los Von Shaftwerr y se los presenté a los Chapman. Los seis pasamos un rato a la mesa, cenamos y luego fuimos a bailar. Logré conseguir un momento a solas con Isabella ya entrada la noche. Fuimos a la sala de la entrada. Traté de buscar las palabras indicadas para la situación que ella y yo sabíamos cuan complicada era. Entonces Isabella habló primero: –No quiero irme a Querétaro. –¿Por qué? –pregunté sólo por la masoquista razón de comprobar si su respuesta era la que yo creía. –Quiero estar contigo. –y lo fue. –No quieres eso. –¿No quieres estar conmigo? –preguntó con una muy notoria tristeza en el rostro. No podía dejar de verla, su vestido estampado, el listón azul que rodeaba su cintura, el naranja que se perdía en se pelo rojo, su tez perlada, su ojo azul y su ojo casi café. Todo en ella me invitaba a gritos decirle: Sí, quisiera pasar la eternidad contigo. –Tú quieres lo mismo que yo, vivir este momento para siempre, nada más. Sus ojos se humedecieron, si estaba actuando era la mejor interpretación de tristeza que haya visto. ¿Por qué dije eso? Quería anular mis palabras y decirle que la amaba, pero no lo hice. Metí mi mano en el bolsillo de mi saco y sentí mi argolla de matrimonio ahí. Katy, pobre Katy, siempre solo, preocupada por un esposo que está solo y lejos siempre. -Tal vez, –dije. – nos topemos en el futuro y si nos reconocemos podamos revivir estos días con una amena charla y un café. –Tal vez. –dijo mientras se secaba las incipientes lágrimas y esbozaba una sonrisa. –Además, tengo cuarenta y tres años, se me cae el pelo cada vez más, ya casi no me quedan cualidades positivas— –Sabes bailar. –me interrumpió. Reímos con complicidad por última vez. –Bueno, ¿Quieres una última pieza para despedirnos? –ella sólo asintió con la más bella sonrisa en su rostro. Regresamos al salón y bailamos al compás de la banda sinfónica del Churrucas que tocó con divino oportunismo Shake it out, una bella canción para ponerle punto final a esta historia. Y se fue. Fui a la barra y no ordené nada, sólo saqué mi argolla, me la puse otra vez y la miré por un largo rato en silencio. No recuerdo si el cantinero estaba ahí pero, de repente puso un vaso con whisky frente a mí. Le di las gracias y saqué mi cartera para pagarlo, él dijo: “Va por la casa”. No pude evitar ver aquella fotografía, vieja y gastada que tenía doblada en mi cartera. La saqué y vi a Katy retratada en ella. Le di la vuelta y leí aquella dedicatoria casi borrada por el tiempo: “Para Luis, para que nunca olvides que no importa cuán solo estés, siempre me tendrás a mí. Katy.” –Parece que tiene un dilema, señor. –dijo el cantinero. –Estuve a punto de echar a la basura casi 20 años de mi vida tan solo por dos días muy extraños. –Aquí en Colima siempre suceden cosas fuera de lo común, señor, pero, si me permite adivinar, hubiera querido que esos dos días duraran para siempre. –Todo lo contrario. Desearía que nunca hubieran ocurrido, jamás haberla conocido. Así no tendría los recuerdos que ahora tengo y que me harán cuestionarme si valió la pena luchar por lo que tengo o si era mejor flaquera ante la tentación. –Cuidado con lo que desea, señor, pudiera hacerse realidad. 8

Bebí de un sorbo el whisky y salí del local con la idea fija de ir directo al hotel, preparar mis maletas y esperar a la mañana para regresarme a Guadalajara, a mi vida… y dejarla una vez más para engañar a pobres incautos a nombre de un cerdo codicioso. Al atravesar la puerta un terror me invadió. Salí a otro mundo. Los portales se veían nuevos, habían desaparecido algunos edificios modernos y resurgieron de sus escombros los más antiguos. Di uno pasos hacia la calle y un carro a caballos casi me atropelló. La placa donde se presumía la estadía del cura Hidalgo ya no estaba donde la recordaba. La gente vestía con ropa típica de la región, de esa que se ve en los anuncios culturales; ropa de manta, cintos de tela roja, huaraches, vestidos floreados y sombreros de palma. Un grupo más pequeño vestido con fracs negros y ostentosos vestidos de noche daban vueltas a lo largo del jardín, se detuvieron cuando notaron mi presencia la cual parecía que les extrañaba. Al borde de la histeria le pregunté a un arriero que guiaba a un par de mulas en el frescor de la noche qué día era. –Es el 17 de marzo, patrón. –De qué año. –pregunté al borde del grito. –De 1914, patrón. –y siguió su camino. *Estudiante de Letras Hispanoamericanas.


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