Page 9

Miércoles, 22 de mayo de 2013

DESPERTAR DE OAXACA

EDITORIAL Columna invitada

Columna invitada

El PAN y su hoguera de vanidades

La izquierda también está dividida por el Pacto

Jorge Fernández Menéndez

E

l verdadero origen de la crisis interna que está viviendo el Partido Acción Nacional (PAN), no es el Pacto por México, tampoco el apoyo o no, a ciertas medidas de parte de ese partido. El verdadero problema es mucho más añejo y se relaciona directamente con la forma de entender y ejercer el poder dentro del partido, en la relación con las demás fuerzas políticas. Incluso más allá: se trata de definir qué tipo de partido es y debe ser Acción Nacional. El panismo nunca terminó de sentirse un partido en el poder. Para el PAN, siempre fue más sencillo estar en la oposición, incluso cuando estaba en el gobierno. Pero todo indica que después de 12 años de indefiniciones, ahora, tampoco se sabe acomodar en su nueva realidad opositora. No nos engañemos, el PAN desde hace años tiene acuerdos y negocia con otras fuerzas. Si pudo llegar a la Presidencia de la República fue porque logró, entre 1989 y 1994, establecer una amplia agenda de acuerdos con el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que dieron como fruto varias de las reformas más importantes que ha tenido el país, pero que también, permitieron una acumulación de espacios de poder que el panismo jamás había tenido con anterioridad y que supo explotar adecuadamente hasta el triunfo electoral de 2000, aunque esa victoria, paradójicamente, tuvo más que ver con la figura de su candidato que con su potencialidad como partido. En 2006, también fue evidente que la victoria de Felipe Calderón, además de un trabajo de equipo que no acompañó todo el partido, de ahí la ruptura con Manuel Espino y otros, estuvo amalgamada por el voto de rechazo a López Obrador. Precisamente por eso, el partido, en 12 años de ejercer el poder, no logró fortalecerse. Incluso, se debería ir más allá, el PAN ha tenido un número importante de gobernadores desde 1989, además, de cientos de legisladores, presidentes municipales, líderes de partido, pero, ¿cuántos de ellos se transformaron realmente en figuras públicas, nacionales? La pregunta es por qué. El hecho es que el PAN tiene que definir rumbo y encontrar liderazgos. El lugar del PAN está en el centro derecha, en ser un partido que pueda compaginar, como lo hizo en sus orígenes y luego en los 90, su vertiente liberal con la socialcristiana, alejándose, por lo menos en su accionar político cotidiano, de sus gru-

pos fundamentalistas. Para eso, se requiere claridad mental, pero también liderazgos. ¿Cuál fue la diferencia, por ejemplo, del PRI que compitió en 2006 con los peores resultados de su historia y el que ganó la Presidencia seis años después? Muchos, de los de entonces y ahora, son los mismos hombres y mujeres. Su línea tampoco ha cambiado demasiado. Para el 2006, el PRI se dividió, peleó internamente y tuvo un voto diferenciado en temas como la reforma fiscal y la energética, supo cómo relacionarse con el gobierno y tuvo en Roberto Madrazo un dirigente que era cuestionado por muchos sectores y que llevó a la ruptura, en aquellos años, con Elba Esther Gordillo; en 2012, el PRI asumió la campaña con la certidumbre que da el pensar seriamente en ganar la elección: apostando a un candidato y una línea, pero también aceptando disidencias que se enmarcaran en las reglas internas del juego. Un ejemplo: buena parte de la reforma política que ahora se presenta desde el gobierno, fue el proyecto que, desde 2009, por lo menos, impulsó públicamente Manlio Fabio Beltrones, entonces en el Senado. El equipo de Peña, en aquel momento no la hizo suya, entre otras razones porque, legítimamente, Beltrones, conservaba aspiraciones de ser el candidato, pero ni uno ni otro rompieron a pesar de que ello generó tensiones. La reforma de Beltrones no salió para los comicios de 2012, pero está en la agenda del actual gobierno y su impulsor encabeza hoy la Cámara de Diputados. Supieron trascender ese período difícil sin romper y con objetivos comunes. Hoy, se ve al PAN más cercano a aquel PRI que a duras penas sobrevivió a la derrota electoral de 2000 que al que recuperó la Presidencia en 2012. Con mayores ganas de ajustar cuentas que de llegar a acuerdos, con traiciones y dichos inverosímiles, con demasiados rencores acumulados y con poca claridad respecto hacia dónde se quiere ir. El problema no es el Pacto por México ni las reformas, donde el espacio de acuerdo es muy amplio con el gobierno y con otras fuerzas políticas. El verdadero problema es cómo se llega a esos acuerdos y para qué se quieren utilizar. Y es, un tema personal, porque a diferencia de lo que diría el personaje de El Padrino, y como decimos en nuestro programa de televisión, en el poder y en la política todo, absolutamente todo, es personal. Y la hoguera de las vanidades lleva demasiado tiempo encendida.

Leo Zuckermann

N

o estoy hablando del grupo de López Obrador, que abandonó el Partido de la Revolución Democrática (PRD) para irse a formar un nuevo partido. Me refiero a los perredistas que, como los panistas, también están divididos por el Pacto por México. Recordemos que fueron las bancadas del Partido Acción Nacional (PAN) y PRD en el Senado las que presentaron una propuesta conjunta de reforma política independiente de la que se estaba negociando en el Pacto. Esto precipitó la destitución del coordinador del PAN en el Senado. Más enterradas fueron las fracturas que se evidenciaron desde la izquierda perredista. Al respecto, ayer entrevisté al senador por el PRD, Manuel Camacho, uno de los autores de la reforma política presentada en el Senado. “Mayorías cooptadas”, así definió el papel de los opositores que participan en el Pacto: “las oposiciones están jugando un papel bastante penoso. No están negociando. Están sacando la agenda del Presidente en los tiempos del Presidente, y con el respaldo de la máquina de publicidad que tiene la Presidencia en México. Y eso lo vamos a ver pronto en las elecciones. Ahí están ya las primeras encuestas. Ya vi una en donde resulta que, de la gente que opina a favor del Pacto en este momento, el 50 por ciento dice que es obra del Presidente y del Partido Revolucionario Institucional, el 9-10 por ciento, que es del PAN y el 6 por ciento del PRD. Entonces, nosotros no estamos haciendo una negociación. Una negociación es entre pares donde la oposición dice éstas son mis demandas, el gobierno dice éstas son mis demandas, y partir de eso se define una estrategia y un calendario. Aquí, el calendario es el que le ha convenido al gobierno. Pero es todavía peor”. Camacho aseguró que ellos, desde el Senado, no van a abandonar su “responsabilidad constitucional. Nosotros vamos a legislar. No vamos a aceptar que en el tema de la reforma política democrática nos manden, como ya estaba ocurriendo, una reforma de pedacería, totalmente cosmética, y que además viene tan embalada, tan respaldada por la propaganda gubernamental, entonces, el margen de acción que va a tener el Senado es verdaderamente mínimo. Lo que les molestó en extremo es que pudiera haber una iniciativa distinta al Pacto en esta materia, o en la que fuera, desde luego que las impor-

tantes, y que pudiera tenerse un número importante de votos que la respaldaran. Eso fue lo que causó un enojo enorme entre los dirigentes de los partidos. ¿Por qué? Pues, porque entonces resulta que no controlan totalmente a sus bancadas. Consecuencia que había quién podía hacer una mejor negociación. No le gustó para nada al gobierno porque la agenda no es de la simpatía de quien tiene una visión de centralización del poder político y de presidencia autoritaria”. Sobre el papel específico del PRD, Camacho considera que “para la izquierda fue una acción precipitada haber firmado el Pacto en los términos que lo firmaron. Lo dijimos desde el principio. ¿Por qué? Porque van a haber temas en los que no vamos a estar de acuerdo”. El senador presumió haber aprobado reformas como la educativa y de telecomunicaciones. “Pero si nosotros vemos que ahora van a empezar a verse los temas de la reforma política, que nos mandan una reforma limitadísima, pero además si vemos que en la mesa del Pacto, después de lo que les hicieron en los estados, se vuelven a sentar a validar sin llevar estos temas a la mesa, como condición sine qua non para seguir en una negociación, cuál es nuestra conclusión: no sólo no estamos de acuerdo con el contenido, sino con la eficacia en la negociación”. Su postura es tener “una agenda y una definición política” propia. “Si los líderes de los partidos la quieren tomar, entonces que la fortalezcan. Ahora, si de lo que se trata es de allanarle el camino al presidente de la república, entonces que se vayan al PRI, que se sumen a esa posición, porque esa no es la posición de la oposición”. Después de que se presentó la reforma política en el Senado, Guadalupe Acosta Naranjo, político cercano a Jesús Zambrano, presidente del PRD, hizo declaraciones muy duras sobre Camacho. Afirmó cosas como: que su postura era retrógrada, que quizá padecía Alzheimer y que no le confiaría “ni un saco de alacranes”. Le pregunté a Camacho, qué pensaba de esto. Me contestó que no tenía importancia. Que Acosta había estado al servicio de Calderón, luego del candidato del PRI en Nayarit y ahora de Peña Nieto. Terminó invitando a los líderes de los partidos al Senado a discutir la reforma política, que es lo “más importante de todo”.

9

Despertar 22 mayo 2013  

Diario Despertar de Oaxaca, Información, Noticias

Despertar 22 mayo 2013  

Diario Despertar de Oaxaca, Información, Noticias

Advertisement