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DE-SOcIAL nº 03 / 2014

ObjETIvO InDIScRETO Las 5 fases de la calvicie gAfAS gRADUADAS Gonzalo García Pelayo LEnTES DE AUMEnTO Corrupción en Miami DIccIOLEnTES Top Ten Horror Films 1970s


SUMARIO Rincón gafapasta 22

10 LENTES DE AUMENTO Corrupción en Miami

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LA mirada torcida 12 Homo Rocieris

fotografía: antonio pérez

Charli, 25 años golfeando

IMAGEN DE TEMPORADA 7 OBJETIVO INDISCRETO

15 GAFAS GRADUADAS Gonzalo García Pelayo

LA LUPA DESCREIDA

Él vino en un barco

20 DICCIOlentes El público de lo privado

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EDITORIAL

Si algo MÁGICO hay en De-Social son las inauditas historias que número tras número aportan nuestros colaboradores

Si algo ÚNICO tiene De-Social es poder sobrevivir gracias a vuestras aportaciones

Si algo QUIERO en De-Social es a vosotras y a vosotros por seguir apoyando este proyecto colaborativo que me hace la vida cada vez más feliz

Si algo FASCINANTE tiene DeSocial es este tercer número, que nos trae tantas nuevas cosas escritas e ilustradas

Si algo FALTA en De-Social son mujeres que expresen sus opiniones a pesar de invitarles a subirse a este barco.

Si algo BELLO tiene De-Social es toda esa gente que nos lee y nos anima para seguir con rumbo fijo y con fuerza para no desestabilizar este vuestro barco

Si algo EJEMPLAR tiene De-Social es destinar el dinero recaudado a su publicación en papel

Si algo EXTRAORDINARIO tiene De-Social son las mentes privilegiadas de quienes ilustran los textos

Si algo NECESARIO tiene De-Social son vuestras aportaciones económicas para seguir deambulando por las mentes ciudadanas Luis Navarro Ardoy desocialfanzine@gmail.com FB: De-Social Fanzine @desocialfanzine

De-social nº 03 / 2014 - Publicación según disponibilidad económica Dirección: Luis Navarro Ardoy Colaboración: Jorge Molina , LuisFer Navarro , César Romero, Manuel Pérez Yruela, Víctor Sánchez, Santi Reviejo, Jaime del Hoyo, Moncho Alvedro, Federico Pozo, Jose L. Ordóñez, Mariola Fernández, Tony Lara, Rubén Martín, Julia Javelin, Daniel Salado, Elena Piñanago, David Sagasta, Antonio Pérez Diseño y maquetación: María Sabater Impresión: Publidisa S.A.


objetivo indiscreto DE LA NEGACIÓN AL ORGULLO: LAS CINCO FASES DE LA CALVICIE “Antes de recorrer mi camino, yo era mi camino” / Antonio Porchia Rubén Martín Gimeno / Ilustración María Sabater

Al principio entras en la clásica fase de la negación. Un día te levantas y sin querer miras a la almohada y ¿qué ves?: un montón de pelos. ¿Desde cuándo lleva pasando? Ni idea, pero allí están. Pero no te preocupas, te dices a ti mismo cosas como “estamos en otoño, es normal que se caiga más”, “es porque lo llevo largo, mañana voy al peluquero a sanearmelo” ó “le diré a mi madre que dejé de comprar la mierda de champú del Dia”. El autoengaño tiene un poder infinito. Supongo que para los jóvenes de ahora todo se acelerará. Se irán corriendo al ordenador y meterán en Google: “Pelos en la almohada”-“Voy a tener suerte”Resultados: “Estás jodido” (“You are fucking”). Pero en mi caso el proceso fue más lento. Después de hacer durante meses un censo diario de pelos en la almohada, me di cuen-

ta de que la cosa iba a peor. En ese momento ocurrió algo para lo que ningún calvo en esta fase puede estar preparado: la gente se empezó a dar cuenta. La primera vez que me pasó fue con un compañero de la facultad. Saludo de coleguita y ¡zas!, frase lapidaria: “Joder tío, te estás quedando cartoniano”. Desde ese momento van creciendo las bromas de los colegas y tu preocupación. Así que empiezas a plantearte que no estaría de más buscar algo de ayuda. Fue así cuando entré en la segunda fase: la fase de confirmación. Un día se lo dije a mi padre que me contestó: “Vamos al dermatólogo y a ver que te dice”. Así que entramos los dos en la consulta y le dije al médico: “Pues mire doctor, que últimamente se me está cayendo un poco el pelo (¿un poco? mentira y de las gordas; a esas alturas la fuga de pelos de mi cabeza parecía el gran éxodo de ñues del Serengeti). El dermatólogo frunció

el ceño, se quedó pensando y tres segundos después empezó una pequeña conversación que nunca olvidaré: ¿Este señor es tu padre? Sí doctor. ¿Y él es calvo, verdad? Pues sí doctor. Pues mírale bien: él es tu espejo. ¡Qué cabrón! En ese momento entré en modo flash back y todo empezó a tener sentido: ¿mis abuelos?, calvos; ¿mi padre? calvo; ¿muchos de mis tíos? calvos también. Desde tiempos inmemoriales toda una trama genética se había ido construyendo a mis espaldas y aunque había estado delante de mis narices, no había querido verlo. La frase del dermatólogo al principio me hundió: no se puede luchar contra el peso de los siglos. Sin embargo, en la vida siempre hay algo o alguien que te devuelve la esperanza; y que mejor que ese alguien sea un profesional, alguien


en quien confías por dilatada experiencia en el mundo del cabello: tu peluquero. Un día, cortándome el poco pelo que me iba quedando, me dijo: “¿Se te cae mucho el pelo, no? Pues tengo un producto que es la hostia”. Justo lo que necesitaba oír. Y así es como entré en la tercera fase: la lucha imposible. El enemigo era fuerte, así que decidí armarme hasta los dientes para combatirlo: masaje, champú, loción, hierbas… cualquier producto valía. Y cuanto más exóticos sonasen mejor. Mi máxima inversión fue un champú con extractos de una planta del Amazonas: cero por ciento de calvos entre los nativos de esa zona, y todo gracias a las cataplasmas

que se ponían de esa planta en la cabeza. Pero rápido te das cuenta de que nada funciona y de que además de perder el pelo, estás perdiendo otra cosa: la pasta. El desencanto te lleva a relativizar, y poco a poco, aquello que parecía un drama, se convierte en algo con lo que se puede convivir. Entras así en la cuarta fase, la aceptación. Empiezas a aceptarlo, pero todavía queda pendiente vencer algunos miedos. Por ejemplo, piensas que siendo calvo ¡no vas a volver a estar con una tía en la vida! Pero de nuevo vuelve la esperanza. Siempre recordaré aquel día que me encontré en un bar con una chica que me gustaba desde hacía tiempo. Le conté mi situación y me dijo: “Pues a mí me parece que los calvos tienen su puntito”. Pequeñas frases como esta pueden cambiarte la vida: ¡brindo por aquella mujer y por todas las que padecen “calvofilia”!

Así que pasado el tiempo, pues como que fui pillando el punto a eso de ser calvo. Un día mirándome al espejo antes de salir de casa me sorprendí pensando: “¡Qué bonita está hoy mi calva, joder!”. Entré sin darme cuenta en la última fase a la que puede llegar un calvo: el orgullo de ser calvo. Pero tengo que aclarar que no todos los ca a fase, igual que no todos los budistas pueden llegar al Nirvana o no todos los guerreros de “Bola de Dragón” pueden alcanzar el máximo nivel de evolución. Sólo alcanzan esta fase aquellos que se dan cuenta de una cosa: que en este camino han aprendido a ser más tolerantes y comprensivos con las imperfecciones de los demás. Así que amigos que estáis perdiendo el pelo, ahora que iniciáis el duro viaje hacia la calvicie, no os preocupéis. Lo que cae no volverá, pero dentro de vosotros pueden crecer otras cosas más valiosas, y esas, ya nunca dejarán de estar con vosotros. The Doors. People Are Strange

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Él vino en un barco... Jaime del Hoyo / Ilustración María Sabater

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oy una persona tradicional (antes se decía ‘de orden’) y pienso que sólo los integrantes de dos colectivos están autorizados a llevar tatuajes: los legionarios y los marineros. Bueno, vale, caben excepciones como Sergio Ramos o tipos con un pasado turbulento como el director de este fanzine. Y se acabó. En un cuerpo bien moldeado ya queda mal un tatuaje, pero ¿no se han horrorizado al contemplar en sus frecuentes excursiones a Matalascañas o Chipiona lo mal que quedan estos dibujitos en las carnes fofas y blancuchas? Ha llegado el momento de enseñar a nuestros jóvenes que, lo mismo que no deben perder el conocimiento en las botellonas, jamás han de ceder a la tentación de hacerse un tatuaje. Es una simple cuestión estética. Advierto, además, de que aún más caro y doloroso resulta borrarse el nombre de quien después te puso una buena cornamenta, por lo que los numerosos arrepentidos llevan en el pecado la penitencia.

“No soy de tatuajes”, dijo el gran Rafa Nadal tras ganar su noveno roland garros; “no se os ocurra volver tras las vacaciones con un tatuaje o un piercing”, previno el entrañable e inolvidable entrenador Juan Naranjo a sus adolescentes baloncestistas de la Alameda de Hércules. No son necesarias más citas de autoridad. Pero como De-Social tiene un afán práctico y didáctico (lo mismo te enseña a ligar con una moderna que denuncia la persecución que padecen los calvos), voy a concluir mi exhortación con un consejo: si insisten en ir de macarras, al menos, no se graben nombres propios que quizás algún día resulten duros de sobrellevar. También en esto de los tatuajes lo más aconsejable es el clásico ‘Amor de madre’. Salvo que seas Tony Soprano, nunca te va a fallar. Summertime girl. Los Íberos


imAgen de temporada Texto Manuel Pérez Yruela / Ilustración Víctor Sánchez Cidoncha

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a visita de la Abuela Terrorista a Carmina León, según la constancia que de ella ha dejado quien con su pluma ha inmortalizado el encuentro, me parece un encuentro lleno de significados. La visita es un gesto de reconocimiento de la Abuela a una mujer cuya biografía refleja la dura experiencia de quien ha sido superviviente en un entorno hostil y despiadado, que deja poco margen para la poesía y la belleza. Un reconocimiento de quien en otras viñetas de su vida se rebela ante las injusticias sociales y lucha por erradicarlas, a una colega que se ha plegado a vivir en el infortunio conviviendo con él sin rebelarse como si de un destino fatal se tratara. El cenicero rebosante de colillas, y ambas mujeres con un cigarro en la mano, refleja la complicidad de las dos en un acto de rebeldía ante un hábito hoy socialmente postergado,

café que la mantenga despejada ante la experiencia que está viviendo para no perder su espíritu rebelde ante el conformismo que ella comprende en este caso pero que no comparte. Por eso le deja un libro sobre feminismo que la ayude a abandonar esa actitud.

que a la postre es una opción por la libertad de los deseos frente al dictado de la razón o de las modas, que ambas comparten, pero que las ha llevado por caminos diferentes. Las separa la bebida que tienen delante. La de Carmina, fiel a su costumbre de aligerar con el alcohol los malos ratos. La de la Abuela, un

Paco León dijo en una entrevista que la vida de Carmina que él recogió en “Carmina o revienta” no era una vida ejemplar, para que nadie la imitara, pero que sintió la necesidad de filmar las historias que tanto le impresionaron oír de pequeño para dejar constancia de la dureza de la vida de algunos supervivientes, que por el mero hecho de haber sobrevivido ya tienen algo de bello. Así lo entendió la Abuela y por ello quiso reconocerlo, tratando de ofrecer una ayuda que Carmina no tuvo cuando la necesitaba, sabiendo que ya era tarde pero pensando, como a ella le gusta, que nunca es tarde.

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LA LUPA DESCREIDA Charli, 25 años golfeando en el escenario Santiago Fernández Reviejo

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uan Carlos Molina, Charli, Tony Luz son los nombres de una misma persona, tres en un solo ser verdadero: cantante, detective y golfo cabal, de los de antes, amén de padre de tres hijos de 5,7 y 27 años. El es el fundador, líder y único superviviente del originario The Vagos, la banda de rock más antigua de Sevilla -porque las de Semana Santa son mucho más viejas, creo-, después de Los Reincidentes. No tiene estudios universitarios, pero siempre ha trabajado. Se las sabe casi todas. ¿Qué es para ti un golfo, Charli? Es una palabra a la que le tengo mucho cariño. Algo así como una simbiosis de juerga, jarana y ‘vicios’, todo junto, con buena onda y de buena persona, no de escaqueo o choriceo. Esto hay que llevarlo con dignidad. Lo más absurdo es negarlo. Charli, que es el nombre por el que le conoce casi todo el mundo, nació en Jerez hace 47 años, pero vive en Sevilla desde que tiene nueve. Y ya muy pronto, a los 14, empezó a transformarse, cuando la ronda de circunvalación era aún la de María Auxiliadora y la ciudad vivía de espaldas a la Cartuja, oculta tras el muro que tapaba las vías del tren, y a casi todo lo que no fueran cirios y castañuelas. De la mano de su amigo Luis Soliño, que vino un día de Londres cargado con nuevas tendencias juveniles y musicales de la City, se convirtió en uno de los primeros mods de la capital andaluza. Poco tiempo después, ya había un centenar como él vistiendo parca, chaqueta y corbata, rivalizando con otras tribus urbanas incipientes, desconocidas hasta entonces en la tierra de María santísima, y vagando por bares ya desaparecidos

como ‘el 23’, el ‘Flash’ o los tugurios de la calle Arfe. Pero, musicalmente, Charli no se desvirgó hasta 1986, año en el que creó junto a otro mítico personaje sevillano, Pacoco (Helio, 091) el grupo Reacción Psicótica, de estética y sonidos mods. La aventura duró dos años y luego, en 1989, fundó The Vagos, la banda que acaba de cumplir un cuarto de siglo y por la que han pasado cerca de 30 músicos y un solo cantante: Toni Luz, el sobrenombre con el que Charli se sube al escenario, disfrazado como el resto del grupo de jipis de los 60 con un toque puramente burlesco. ¿Qué significan Los Vagos, Charli? Para mí, es como un órgano más de mi cuerpo. Creo que es un grupo histórico en esta ciudad, que en el futuro será recordado como un grupo de culto, quizás. Aportamos un punto de locura, de transgresión, cuando aquí no se hacía nada parecido a lo que nosotros hacíamos. Ahora, la estética y la puesta en escena ya no sorprenden tanto, pero entonces sí que era la caña. Pero ya ves, hay gente que nos venía a ver hace años y que ahora le dice a sus hijos que vengan a nuestros conciertos. The Vagos siempre ha salido a tocar con el mismo disfraz: camisas floreadas, pelucas, pantalones de campana, paquetes apretados y caras pintadas, pero ha pasado por etapas muy diferentes, algunas absolu-


tamente disparatadas, sobre todo la de la segunda mitad de los años noventa, cuando Charli y el guitarrista Carlos ‘Mondrigón’ formaron un dúo delirante sobre el escenario. Fue la época de la gira del ‘Niño pota’, número que consistía básicamente en que Tony Luz vertía sobre la espalda desnuda de un jovenzuelo voluntario del público el contenido de un tubo de cerveza pimplado de un solo trago.

Recuerdo las fiestas en Plaza de España con un radiocasette, la movida en ‘el 23’... Era más permisivo todo

que antes había más libertad para hacer cosas en la calle. Recuerdo las fiestas que montábamos los amigos en la Plaza de España con un radiocasette, la movida en ‘el 23’... Era más divertido, más permisivo todo. Son modas, también. Cambios de ciclo. Quizás, tendremos que pasar por otra fase de más represión para que vuelva a haber una nueva eclosión, otra ruptura como la que vivimos en aquellos años.

Esa fue la época más punqui -reconoce Charli-. Una vez me partí la pierna en un concierto en Lebrija de la que montamos en el escenario. Y recuerdo otro día en el bar Chile, donde me reventó la nariz el novio de una chica al que no le gustaron mucho las cosas que yo hacía.

Y en el plano musical, ¿cómo ves la ciudad, Charli? Parece que aquí estamos malditos. Tú vas a Cádiz, a Granada, a Málaga y puedes escuchar muy buena música en los bares. Aquí está todo apagado. No sé qué pasa. Y después está también lo mal que pagan a los grupos. Nosotros, hace unos años, teníamos un caché de mil, mil quinientos euros, y ahora casi únicamente te contratan cobrando por lo que se saque de taquilla. Esto es un desastre para todo el mundo.

Los conciertos eran una fiesta. El público coreaba las letras pornoroqueras de Albondigirl, Yo no soy gay, pero me cabe el ave o I love you pisha, y disfrutaba de la música, la jerga genuinamente golfa de Tony Luz y las bromas descaradas de alguien que no parece haber conocido la vergüenza. Luego, Carlos ‘Mondrigón’ dejó el grupo y eso provocó una pequeña depresión en la banda, por la pérdida de un alma gemela a la que Charli parecía haber esculpido a su imagen y semejanza. Pero finalmente se repuso y The Vagos siguió tocando. Llegaron otros músicos (Raúl, Roque, Manuel), nuevos discos y la celebración de un 25 aniversario que muy pocos grupos de rock consiguen alcanzar en nuestro país.

Pero Charli no sólo ha llegado al cuarto de siglo con la música. También ha cumplido 25 años en su otra faceta profesional, la de detective, una labor que, curiosa- mente, requiere de todo lo contrario de lo que él despliega sobre el escenario, aunque, tal vez, por eso mismo sale a cantar disfrazado, para que no le conozcan sus perseguidos.

¿Ha cambiado mucho Sevilla desde que empezasteis a tocar? ¡Tela! Ha cambiado en cosas para mejor y en otras, para peor. Yo creo

Así que ya lo sabes. Si la versión de Charli que más ves a menudo es esta última, ponte a cubierto. Yo de ti, iría mejor a sus conciertos.

¿Qué es lo que más se persigue en Sevilla, Charli? Antes había muchos asuntos de infidelidades de parejas y eso, pero ahora sobre todo tenemos casos laborales, temas de bajas, fundamentalmente, y los que llamamos personales, por las pensiones de hijos que no se pagan a la expareja, por herencias...

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lentes de aumento Miami Vice / Corrupción en Miami César Romero, el Funcionario Rockero / Ilustración Julia Javelin

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mágenes de flamencos, playas soleadas, palmeras gigantescas, tías buenas en bikini, coches de lujo, jugadores de cesta punta, música trepidante. Sí, esa era mi serie, la que me volvía loco loco, allá por los 80: Miami Vice. Ésta era, sin lugar a dudas, una de mis series preferidas de esa década. Yo, púber adolescente, tan influenciable, quedé fascinado desde la emisión del primer capítulo. Me encantaba, flipaba con cada uno de los episodios. Disparos por aquí, acción a raudales, buenos y malos, chicas despampanantes; lo tenía todo.

Y qué personajes aparecían. El guapo y prota Sonny Crockett, policía de Miami, que con su sueldecito de agente del orden se había comprao, ¡atención!: un ferrari testarossa, la ostia de coche pa la época; un yate, donde vivía y se llevaba a las chatis que se ligaba; y en el yate, no os lo perdáis, tenía el colega como mascota, no un perrito o un lindo gatito como todo el mundo, sino un caimán. ¡Ahí está el tío!. Y no se os olvide tampoco la ropa que gastaba el menda. Él no se compraba la ropa en el Cortefiel de turno ni iba nunca de rebajas; qué

va. Su fondo de armario no bajaba de Armani o Versace. Además, era listo el joío. Acordaos que cuando iba de infiltrao, cambiaba sólo su apellido pero no su nombre; Sonny Burnett se hacía llamar. Yo creo que lo hacía pa no equivocarse si alguno de los malotes le llamaba por su nombre de pila. Él pensaría: si me pongo de nombre falso Johnny, Charly o Ricky, cuando me llamen o me digan algo y no mire, se van a dar cuenta que soy de la poli y se va a liar parda. Mu fino, sí señor.

que gastaba siempre, tenía que dar mu buenos premios. Seguro que cuando terminaban de grabar el episodio, era de los que soltaba a los compis “oye, ¿os echáis unas beers, que he quedao con el abogao?”. A lo que respondería algún despistao “¿qué abogao?”. Y Tubbs soltaría eso de “el que tengo aquí colgao”. Fijo.

¿Quién no se acuerda del Teniente Castillo, con su cara picada y tan serio siempre? ¿Qué le daban de desayunar pa que no sonriera nunca?

Aparte de Sonny, también estaba su compi de correrías, Ricardo Tubbs. Éste era otro bueno: elegante, simpático, ligón como Crockett; un tío con estilo, vaya. Se llevaba bien con todo el mundo; ahora, no le tocases muchos los cataplines, que era de armas tomar. Cuando se enfadaba, repartía unas guantás de no te menees; de agárrate los machos que viene una buena. Por otro lado, pa mí que, aparte de graciosote y apañao, por esa sonrisita irónica

Siguiendo con el repaso de personajes. ¿Quién no se acuerda del Teniente Castillo, con su cara picada y tan serio siempre? ¿Qué le daban de desayunar a ese hombre pa que no sonriera nunca? La cosa es que el tipo se mostraba siempre con una carapalo que echaba pa´tras al más osado. De hecho, cada vez que llamaba a alguno de sus subalternos al despacho, iban todos con una carita de acojonaos que daba penita verlos. Según fueron transcurriendo los capítulos de la serie, me enteré que esa cara de pocos amigos no era producto de un mal de almorranas o algo parecido, sino que estaba siempre tan


serio porque unos chicos muy malotes se habían cargado a su chica; y eso, claro está, le cambia el carácter a cualquiera. Bueno, ¿y las chicas, qué? Gina se llamaba una y la otra Rosie. Aunque tuvieran nombre de pilinguis, éstas eran dos profesionales de la policía de Miami, perfectas compañeras y amigas fieles de Sonny, Ricardo y el Teniente Castillo. Estaban bien jaquetonas, las joías. Lo suyo no era una macicez tipo “vigilante de la playa” ni una belleza sofisticada a lo Ally McBeal. No. Ellas desprendían una sensualidad mu de andar por casa, mu de vecina del quinto. Eso les daba un encanto especial a la par que cercano. Aparte de otros personajes secundarios -el poli gordito y el poli flaquito, que siempre iban sospechosamente juntos; el confidente

repostería o a la apicultura; ni de coña. Por cojones, todos narcotraficantes. Ahí es cuando uno se preguntaba si en Colombia, los chavales en vez de matricularse en derecho o mecánica cuántica, tenían que estudiar cosas tales como “Máster en diseño y distribución de papelinas” o “Grado Superior en cocaína, anfetas y éxtasis líquido”.

de medio pelo; y otros que no recuerdo-, estaban los malos... los colombianos. Vargas, Mendoza, Montoya, daba igual el apellido, mientras sonara latino, automáticamente ya sabías que ahí estaban los malos malotes. ¡Qué cruz!, no se salvaba ni uno. Si eran colombianos, no se podían dedicar a la

Creo que a día de hoy, si volviera a ver la serie, seguramente mi entusiasmo no sería el mismo; igual ya ni me gusta. Qué más da. Lo único que sé, es que cada vez que por un casual escucho su sintonía de cabecera, un movimiento de caderas frenético se apodera de mi cuerpo, y me imagino pertrechado a la moda ochentera - hombreras incluidas- a velocidad de crucero sin saber que próxima aventura me deparará el destino. Jan Hammer. Miami Vice Theme

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mirada torcida HOMO ROCIERIS Jorge Molina / Ilustración LuisFer Navarro

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l homo rocieris ha dado pasos fundamentales en su evolución. En un principio, cuando algún pequeño de la familia estaba enfermo, lo llevaban a la ermita de la virgen del Rocío para que lo curase, pero en esta época ya lo trasladan al hospital Virgen del Rocío. Sin embargo, todavía resta el paso final en esa evolución: que cuando el enfermo sane se lo agradezcan a los médicos, y no a la virgen del Rocío.

Aparecen espejismos, sensaciones extrañas al pasear las calles de Sevilla sabiendo que todos los rocieros se han ido Escribo en junio y salen a manojos estos ciudadanos de la capital, camino de la gigantesca aldea almonteña. Su marcha hace desaparecer de Sevilla un característico olor a sudor, caballo y frito variado. Una ristra de vehículos, que en condiciones normales no podrían circular, compone las expediciones, aunque los fotógrafos sólo apuntan a los caballistas. Estos se pueden clasificar entre los postine-

ros, dadas sus acaudaladas rentas, o peticionarios de un crédito bancario, que le conceden en la sucursal ya a regañadientes. Todo tipo de remolques, de adornos, vajillas (papel, plástico o poliuretano), vestimentas, acentos y actitudes se encaminan dejando salves ro-

cieras al paso por cuarteles y conventos, entre aplausos de jubilados, amas de casa y militares en la reserva activa, que no se les puede catalogar técnicamente como jubilados, aunque ciertamente no trabajan nunca y nada. El rociero deja a la ciudad sin algo que le es propio. Todos sabemos qué es sin saber definirlo. Todos coincidimos en que se respira de otra manera, que el sonido ambiente cambia, que el paisanaje se dulcifica y aparecen espejismos, sensaciones extrañas al pasear las calles de Sevilla sabiendo que todos los rocieros se han ido. Hasta que, oh cruel sorpresa, se escucha una salve rociera dentro de un bar, cantada por un grupo con gesto contrito a un azulejo o un poster colocado en la pared, el vaso de tubo en la mano, el pecho al descubierto mostrando la medalla de la virgen semisumergida en una hirsuta pelambrera pectoral. En todo sevillano anida la semilla rociera, dicen los periódicos hispalenses de una u otra manera. Seguramente llevan razón, y yo soy el sieso de guardia. Eumir Deodato. Thus spoke Zarathustra


LA VOZ Daniel Salado

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uando era muy niño, Ramón creía que su voz era normal. Para sus compañeros del colegio, era un torrente monstruoso. Ramón era un crío con cuerpo de niño casi desnutrido de posguerra, borracho de Calcio 20, pero con una voz de ultratumba. Las palabras más comunes chocaban en las paredes de su boca de tal forma que generaban un latigazo metálico, incomparable con cualquier sonido natural. Casa no era casa, sino algo así como “CAUSAU”, pero con eco, o sea, “CAAAUUUSSSAAAUU”. Le apodaban “suspiro del infierno”, “garganta borrascosa” o, simplemente, “el Espectro”. Algunos también lo llamaban Frank Sinatra, con cruel ironía. No le molestaban mucho estos motes de tres al cuarto, pues eran ampliamente superados por los de al menos una docena de niños con singularidades menos notorias que la suya. Estaban “el pequeño gran hombre”, “cara coño”...y no se escapaba el profesor de inglés, que tenía dos: “Polla nose” y “Ass no”.

placablemente al ritmo de sus irresistibles golpes de pelvis. Antes de tener que abrir la boca ya estaba en el callejón oscuro de turno o en uno de aquellos sofás llenos de lamparones en plena y trepidante acción sexual. Apuraba al máximo estos momentos, consciente de que cualquier esperanza de futuro se esfumaría tan pronto como dijese su propio nombre: “RAAAUUUMOOONNN”. Había visto correr despavorida a más de una después del resfregón. La adolescencia de Ramón transcurrió así, con pena y con una gloria efímera.

Su vida social no era la de un DJ de Ibiza, pero se defendía bien. Era listo y, mientras no hablase, tenía bastante atractivo. Se acostumbró a seducir a las chicas en silencio

Apoyado en su tenacidad, Ramón creció sorteando con habilidad las dificultades cotidianas para hacerse entender y respetar. Su vida social no era la de un DJ de Ibiza, pero se defendía bien. Era listo y, mientras no hablase, tenía bastante atractivo. Se acostumbró a seducir a las chicas en silencio. Se aplicó mucho en aprender a bailar solo, ensayando con Queen delante del espejo. Después, en la semioscuridad de la Discoteca, seleccionaba a una chica, desplegaba sus movimientos más sensuales, y la seducía im-

Pronto empezaron a escasear las salidas; sus amigos empezaban a emparejarse y Ramón comenzó a sentir el peso de la soledad. A veces salía solo a la caza de su rollete silencioso, de su celda sexual de una noche, para acabar con la desagradable e inevitable escena final: la chica corriendo, tan guapa y tan desesperada, en busca de la policía. Su suerte cambió un sábado. Había quedado para celebrar el cumpleaños de su mejor amigo, Ricardo. En el otro extremo de la mesa estaba otro más de sus proyectos truncados: una morena que le miraba con unos ojos verdes refulgentes, como el mar agitado de la tarde. Nunca la había visto antes pero sabía que era amiga de la novia de Ricardo, y

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A veces salía solo a la caza de su rollete silencioso, de su celda sexual de una noche, para acabar con la desagradable e inevitable escena final: la chica corriendo, tan guapa y tan desesperada, en busca de la policía

también sabía que se había enamorado. De pronto, la chica se levantó, sin dejar de clarvarle la mirada, y se dirigió directamente hacia él. Ramón temblaba de emoción y de pánico a la vez. Ni siquiera tenía a mano la tabla de salvación de la pista de baile. Pensaba a toda velocidad, disponía de medio segundo para inventar cualquier cosa y salir pitando. Miró al baño y había una cola inmensa; derramarse la copa encima no evitaría tampoco tener que hablarle. “Piensa en algo, estúpido”, pensó, sin darse cuenta de que con la tensión, las palabras se escaparon y rebotaron como un torrente en la sala: “¡PIIIEEENSSAAA EEUUUNNN AALGGOOOUU SSTUUUPIIIDOOOO!” El vozarrón metálico paralizó la fiesta. De repente, todo el mundo le estaba mirando angustiado, incluso aquellos amigos que conocían su voz desde pequeños estaban extrañados de que Ramón gritase de ese modo sabiendo que podía ser su perdición para toda la noche.

La morena de ojos verdes se le quedó mirando con ojos entre sorprendidos y cariñosos, cada vez más verdes, cada vez más agitados y salvajes. Sin decir nada cogió a Ramón y se lo llevó. A su casa. Por primera vez hizo el amor en una cama con una chica que había escuchado antes su terrible voz. La noche fue una fiesta del sexo. Ramón fue poco a poco abandonándose y acabó liberando su torrente de voz: “¡EESSTTOOOYYY MUUYYY CAALLLIIEENTEEE!”...”SIIGUEEE AASSIII!”... sin temor a estropear ese momento en el que por primera vez hacía el amor con audio.

Cuando abrió los ojos por la mañana, Ramón tenía esa cara de estúpido que se les queda a todos los hombres que han triunfado. Luchaba en vano contra la ilusión, después de todo, esta podía ser algo más, “esta vez me he enamorado de alguien que me quiere como soy”, pensaba, hipnotizado por la visión del cuerpo dormido de la chica, que se ondulaba con el suave oleaje de la respiración. No dejaba de preparar mentalmente las palabras que le diría cuando ella despertase. “Hablar no es mi fuerte, quizás sea mejor escribirle, eso es...”. Su divagación fue cortada por los primeros movimientos que anunciaban el despertar de la muchacha. Cuando sus ojos se abrieron buscaron los de él. Ella sonrió y se le quedó mirando un rato, feliz. Ramón cayó entonces en que ni siquiera sabía el nombre de su amada. Cogió papel y boli y le escribió “¿Cómo te llamas?” Ella sonrió y respondió: -¡VAANEEUUUSSSAAAAA!” I was born to love you. Freddie Mercuri


gafas graduadas Gonzalo García-Pelayo, cineasta, productor musical y profesional del juego Moncho Alvedro, pinchadiscos / Fotografía Elena Piñanago y David Sagasta

Residente en Madrid desde hace varias décadas, ultima ahora el estreno en Viena de la que constituye su séptima película, Niñas. Igualmente intenta también a contrarreloj presentarla a concurso (si lo logra sería la primera vez que acude a dicha sección) en la próxima convocatoria del Festival de Cine Europeo de Sevilla, y posteriormente en el CGAI Filmoteca de Galicia (A Coruña).

CINE CINE CINE CINE El director, en plena expansión internacional de su obra cinematográfica, vive una segunda juventud a sus 67 años.

Las protagonistas de dicho largometraje, producido por Javier García-Pelayo (quien fue también el narrador en Alegrías de Cádiz), son en total 11 sobrinas, sobrinas nietas y nietas del cineasta. En la cinta, que dura alrededor de 70 minutos, asimismo interviene otro de sus hijos, Óscar, además participante destacado en la penúltima película de su filmografía. En su nuevo proyecto profundiza en su cine íntimo y único en España, a juicio de un número incipiente de reconocidos críticos nacionales y extranjeros.

Gonzalo García-Pelayo, (Madrid, 1947), vive el momento de más éxito en una carrera que cada vez conoce menos fronteras. Lo que coincide paradójicamente con una de las mayores crisis en la historia del cine español. El director, productor musical y profesional del juego considera a Sevilla su ciudad natal, “me siento sevillano”. De hecho, su familia es andaluza, él vivió a caballo entre Sevilla y Jerez desde los 5 hasta los 22 años, y conserva aún su acento del sur.

Desde su amplia experiencia personal y profesional Gonzalo GarcíaPelayo afirma que “Vivir en Sevilla (1978), se ha convertido en la película clave de mi trayectoria, la que me rescató del olvido. En mi carrera representó el cambio radical debido a la consecución de una clase y estilo cinematográfico propio. Su recuperación sostenida ha provocado la revisión de toda mi filmografía. También ha sido mi película que ha recibido más y sobre todo mejores críticas. En ella muestro la urbe

“Vivir en Sevilla” me rescató del olvido

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de la transición, dura, marginal y bohemia, no la turística”. The New York Times, Liberation, Le Monde, la revista británica de crítica cinematográfica Light and Sound, El País y El Mundo, entre otros medios internacionales de prestigio, han publicado extensos reportajes dedicados a uno de los directores más internacionales del cine español actual. Mientras que la totalidad o parte de su obra se ha proyectado también durante los últimos años en la Filmoteca Española (Madrid), Filmoteca de Cataluña (Barcelona), CGAI, Festival de Cine Europeo de Sevilla, Viena, París y en más ciudades. MÚSICA MÚSICA MÚSICA MÚSICA El sello Gong lanzó los primeros álbumes de Triana y Lole y Manuel.

a Movieplay) a finales de 1974. Los primeros discos se editaron en el año siguiente, y algunas de sus canciones se incluyeron en la banda sonora sobresaliente de su primera película, Manuela (Lole y Manuel, Triana, Goma, Hilario Camacho y Gualberto García Pérez, entre otros). María Jiménez, Carlos Cano, José Antonio Labordeta y Amancio Prada igualmente forman parte de esta relación inicial de artistas, todos ellos producidos por él.

“El guitarrista Fernando Arduán es el mejor cantautor que hay actualmente en España”

A corto medio plazo el director comenzará a desarrollar el proyecto de una película de ficción sobre la historia y geografía de la copla como género de la pasión española. Sus primeros pasos se encaminarán a encontrar a los productores.

Gonzalo García-Pelayo precisa que “Gong abarcó tres categorías principales: flamenco, rock y cantautores. Mi prioridad fue reunir a los intérpretes de mayor valor artístico en esa década en España. Asimismo fuimos los distribuidores de música sudamericana, fundamentalmente cubana y chilena, entre ellos Pablo Milanés, Silvio Rodríguez y Quilapayún”.

Gonzalo García-Pelayo se incorporó merecidamente a la historia de la música moderna española al fundar el sello Gong (perteneciente

El productor considera que “María Jiménez, Cantando por Sabina (ambos de esta misma cantante); Triana, (también conocido como El


patio); más Lole y Manuel constituyen los álbumes todavía vigentes en la actualidad. El guitarrista Fernando Arduán, el segundo protagonista en Alegrías de Cádiz, es el mejor cantautor que hay ahora mismo en España. Igualmente de la actualidad escucho a Fito y Los Fitipaldis, Joaquín Sabina y a Miguel Poveda en el flamenco”. JUEGO JUEGO JUEGO JUEGO Inventor de cálculos de sistemas, probabilidades y estadísticas, únicos en el mundo. Gonzalo García-Pelayo lidera el equipo de juego profesional Los Pelayos, que integran sus hijos Iván, Banessa, Óscar y Pablo, su mujer Carmen, junto a sus sobrinos Jaime, Marcos y Christian desde 1991. Él precisa que “el juego desempeña un papel protagonista en mi vida diaria y también la del resto de mi familia. Todo ello fue posible gra-

cias a que fui el descubridor de los cálculos de sistemas, probabilidades y estadísticas, únicos a nivel mundial”. Sin embargo, el juego no ha constituido la fuente de financiación principal de sus proyectos cinematográficos y musicales. En este grupo hay que citar a su amigo íntimo Alfonso Balón, el protagonista de la película The Pelayos, dirigida por Eduard Cortés (distribuida por Sony Pictures durante 2012). Por su parte, History Channel produjo la serie de 13 capítulos Desafiando a Las Vegas: Golpe a la ruleta, de los cuales 12 se dedicaron a jugadores profesionales norteamericanos, y como algo especial uno sólo a extranjeros. El prestigioso canal vino a rodar este último episodio a Madrid para conocer el día a día de esta familia española. Mientras que la novela La fabulosa historia de Los Pelayos, editada primero por Plaza & Janes y por De Bolsillo en la actualidad, está coescrita por Gonzalo e Iván García-Pelayo.

Filmografía La cinematografía de García-Pelayo está compuesta por siete películas, la última de ellas cuyo estreno se lleva a cabo en breve en Viena. Manuela, (1975) Vivir en Sevilla, (1978) Frente al mar, (1979) Corridas de alegría, (1982) Rocío y José, (1982) Alegrías de Cádiz, (2013) Niñas, (2014)

Precisamente 2012 figura como el año clave, en el cual también echa a andar la recuperación y sobre todo reivindicación de su filmografía. Mientras que la década ganadora de los 90 arranca primero con la ruleta y a continuación el póquer, triunfando en los casinos más conocidos de América, Europa y Oceanía. Finalmente surgen las apuestas deportivas, especialmente carreras de caballos a partir del 2010.

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dicciolentes TOP TEN HORROR FILMS 1970s Jose L. Ordóñez / Ilustración Mariola Fernández

1. El diablo sobre ruedas (1971) Juntas el talento del brillante escritor Richard Matheson con un joven y hambriento de gloria Steven Spielberg y sale la mejor tv movie de la historia. Y todo por un camionero con muy malas pulgas. En España se estrenó en cines. 2. Frenesí (1972) Ese plano secuencia que nos saca del edificio mientras el asesino de corbatas hace su obsesivo trabajo y el macabro humor del tercer acto son pinceladas de maestría en la penúltima obra del genio Hitchcock. Gloriosa. 3. El exorcista (1973) Batidos de frutas inolvidables, consoladores revolucionarios, saltos por la ventana sin paracaídas y escaleras eternas con un


Mike Olfield exuberante poniendo música de fondo. Ah, y sale Max Von Sydow. Pero, ojo, hace de bueno.

La matanza de Texas nos hizo ver las motosierras y los ganchos de forma diferente: dejaron de ser amigos que nos ayudaban en labores artesanales para transformarse en instrumentos sádicos útiles para asesinos 4. Hermanas (1973) Violenta, salvaje, perturbadora, pesadillesca y con pantalla partida al más puro estilo setentero. Brian De Palma desplegando su talento visual y sus obsesiones en igual medida. Nadie la recuerda, pero es cojonuda. De verdad. Lo prometo. 5. La matanza de Texas (1974) Esta película nos hizo ver las motosierras y los ganchos de forma diferente: dejaron de ser amigos que nos ayudaban en labo-

res artesanales para transformarse en instrumentos sádicos útiles para asesinos. 6. Tiburón (1975) Obra maestra del terror y la aventura que consagró a Spielberg, capaz de provocar el miedo global ante un inocente baño en la playa. Ya nunca sería lo mismo meterse en el agua. John Williams, con su minimalista y terrorífica banda sonora, tiene gran parte de culpa. 7. La profecía (1976) Al bueno de Gregory Peck no se le ocurre otra cosa que adoptar al hijo del diablo, y, claro, después pasa lo que pasa: suicidios, ahorcamientos, decapitaciones y otras formas variadas de estirar la pata por voluntad del infante maligno.

Al bueno de Gregory Peck no se le ocurre otra cosa que adoptar al hijo del diablo, y después pasa lo que pasa suicidios, ahorcamientos, decapitaciones

8. Halloween (1978) Obra maestra del gran John Carpenter, una lección de clasicismo narrativo y una banda sonora mítica. Donald Pleasance revigorizó su carrera y Jamie Lee Curtis se convirtió en la scream-queen por excelencia. Nunca el oficio de canguro tuvo tanto riesgo. 9. Phantasma (1979) El Hombre Alto, bolas voladoras que se hunden en frentes humanas, y extraen de ella un líquido amarillento, y una siniestra pieza musical ayudaron a que esta película provocara pesadillas en toda una generación. 10. Alien (1979) John Hurt protagoniza una de las secuencias más terroríficas e impactantes de la historia del cine. Y sí, al final vemos a Sigourney Weaver en ropa interior en una mortal coreografía amorosa con el monstruo. Junto a Los Duelistas y Blade Runner se forma la trilogía de obras maestras de Ridley Scott. ‘Mr. Sandman’. The Chordettes

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EL PÚBLICO DE LO PRIVADO (Miradas a ras de palabra) Federico Pozo Cuevas / Ilustración Tony Lara

C

onvertir en lentes al diccionario es una operación sencilla. Al fin y al cabo se trata de tener un poco de curiosidad, asomarse a cualquier léxico y ver qué significa esa palabra o aquella expresión que utilizamos a menudo, tan a menudo que quizá ya no estemos siendo fieles a su significado original. Más que nada, por aquello del poco respeto a las formas (algunos dirían del asco) que reina allí donde hay confianza. La cuestión es que, de vez en cuando, es bueno pararse en alguna palabra. Hacerlo así, de pronto, como si lo hiciéramos en mitad de la calle. Ver qué sucede con esa baldosa de la lengua. Prestar atención a cómo pisamos y pasamos sobre ella. Pensar un poco y, si llegamos a alguna conclusión, que puede que no, atrevernos a contarla en público. Público, eso llama el diccionario al conjunto de personas que participan de unas mismas aficiones o preferencias o que han concurrido a un determinado lugar para participar de algo, un espectáculo o una charla por ejemplo. En este sentido, cualquier cosa, cualquier persona puede contar con él. Eso es lo que le pasa a la palabra privado, que hace ya mucho tiempo que tiene su público, algunos dirían que uno cada

vez más numeroso. Pero, si lo pensamos bien, resulta un poco raro que eso pase. Sobre todo si tenemos en cuenta que privado significa (www. rae.es) lo que se hace a la vista de muy pocos, lo particular y personal de cada individuo. Cuesta entender que lo, por definición, reservado sepa congregar a tanta y pública (es decir notoria, manifiesta, común, conocida por todos) afición. La cosa sucede en el terreno de lo público por excelencia, esto es, en el de la política y, parti-

Eso es lo que le pasa a la palabra privado, que hace ya mucho tiempo que tiene su público algunos dirían que uno cada vez más numeroso cularmente, en el de las ideas sobre cómo debe ser y conducirse la sociedad. Ahí, las palabras público y privado forman una pareja con significados demasiado maleables (lo que quiere


decir que se les puede dar formas distintas sin llegar a romperlos y no que se los pueda volver malos… ¿o tal vez sí?). Resulta clásico (en el romano sentido de la palabra) recurrir a la dicotomía público-privado para referirse al estado (con poder y mayúsculas), por un lado, y a los particulares, a los ciudadanos, por otro. El tiempo y el liberalismo encumbraron tanto al individuo y sus cosas (con acento en lo posesivo) que se acabó considerando fundamental preservar lo privado de lo público y pensar en este último como un espacio mandón, siempre al acecho, amenaza constante para lo que el individuo tiene (literalmente tiene, ontología la precisa) cuando se le deja atender libremente a aquello que le interesa (en su vertiente contable). Así quedó la buena sociedad de los individuos frente al estado. Y así se quedó este sospechoso de ser socialista, y socialista por voraz de sociedad hasta la saciedad y la suciedad. Es cierto que esa visión estuvo largo tiempo contenida y hasta reducida por otra donde la palabra social se adhería en positivo a la palabra estado. En la creencia de que ambas cosas forman una sola, lo público, y que con esa suma los individuos salen ganando bienestar privado

y colectivo. Pero, con los años, nos hemos o nos han vuelto más descreídos y hemos acabado desatando a la más individualista de las versiones ciudadanas que llevamos dentro. Y, seamos o no liberales, queramos o no reconocer lo que

Quizá ese diccionario que todos tenemos en algún rincón de casa nos ayude a pensar en la palabra público. A lograr que el patio de la casa de todos no sea particular, que no les llueva ni que se mojen los que se quedan de más... el liberalismo tuvo de bueno en sus comienzos y hasta que algunos le pusieran el neo por montera (o por pasamontañas, dado el natural atracador y guerrillero que han mostrado la prenda y la palabra), ahora todos estamos de acuerdo en que lo que somos de verdad es lo que y como somos en privado. Porque el público es un territorio mentiroso, porque en público nos vemos arrastrados, obligados a ser de una forma y eso no, que yo soy así y así seguiré y a quién le importa lo que yo diga y a quién le importa lo que yo haga… Y mientras andamos encantados de entrar y salir de cada uno de nuestros armarios,

y de gritarlo, o de esconderlo, o de pelearlo a los ciento cuarenta vientos, en la plaza pública lo privado se va haciendo con un espacio cada vez más grande. Echándole la culpa a lo público de todo tipo de inoperancias e insaciables retorcimientos. De todas formas, no hay que asustarse. Quizá baste con que dejemos de magrear y ensuciar la palabra público (por acción u omisión). Con que no seamos un público tan indolente cuando entregamos la escena pública a los que actúan para que sean sus públicos particulares y no el resto quienes acaparen el espectáculo, ocupen los mejores asientos, escriban el guión en privado y encima cobren las entradas. Quizá ese diccionario que todos tenemos en algún rincón de casa nos ayude a pensar en (y con) la palabra público. A lograr que el patio de la casa de todos no sea particular, que no les llueva ni que se mojen los que se quedan de más… Bueno vale, quizá la cosa no esté para llenarla de barricadas, pero tampoco para mirar para ese otro lado donde están nada más nuestras cosas particulares. Lo que hay que evitar es que dejen la plaza pública toda llena de privadas (en el escatológico sentido de la palabra).

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RINCÓN GAFAPASTA MENSAJES EN BOTELLINES Cuestionario entrevista urgente: 1. ¿Ser de Móstoles le ha perjudicado en su carrera? 2. El de Móstoles ¿nace o se hace? 3. La empanadilla ¿de atún o de carne? Por favor, razone su respuesta. 4. ¿Le hace gracia Millán sin el feo que se parece a la ministra Báñez? (el que realmente ha hecho famosa la empanadilla de Móstoles) 5. Cita cinco aportaciones de Móstoles a la humanidad sin incluir entre ellas ninguna de las mencionadas en las preguntas anteriores. Respuesta: soy de Móstoles porque el mundo me ha hecho así. LOS DISCOS ESENCIALES DEL POP ESPAÑOL Jesús Ordovás. Muy interesante y apasionante aunque en su lista de imprescindibles echamos de menos a Leño (increíblemente apenas se menciona), y sólo selecciona básicamente a Burning, Rosendo, Extremoduro y alguna banda más entre los rockeros, mientras aparecen Camilo Sesto, Raphael y hasta Julio Iglesias (¿?¿?¿?). Claro que para gustos… colores.

SUGERENCIAS SOBRE VINOS FACTORES A CONSIDERAR EN CASO DE QUERER CALCULAR LA PROBABILIDAD DE LIGAR EN LA ALAMEDA * Endógenos (dependen de ti): cantidad de alcohol, drogas y combinaciones varias de sustancias posicoactivas; grado de atractividad (guapo, guapa, feo, fea, horrible); habilidades personales; ingresos económicos; edad; nivel de experiencia el arte de ligar... * Externos (no dependen de ti): ubicación del bar; tipología (cafetería, bareto, pub, discoteca, after); grado de aglomeración; hora de llegada; tipo de música según mayor o menor roceteo... * Variables perturbadoras (difíciles de controlar): presencia de otras personas con tu mismo objetivo; tiempo (lluvia, sol…); presencia de un mayor o menor número de parejas y, en consecuencia, número de mujeres y de hombres con predisposición al tonteo…

Mientras suena Professor Longhair (del álbum No but, no maybes, 1949-1957 Recordings), es el turno de algunas sugerencias sobre vinos vía Moncho Alvedro: Tintos Riojas: Bustinza; Comportillo. Vinos Tintos Ribera del Duero Crianzas: Abadía Mantrús. Vinos Tintos Riojas Crianzas: Verjus. Vinos Tintos Rioja Reserva: San Millán. Vinos Tintos Gran Reserva: Señorío de Los Llanos. Vinos Blancos Ribeiros Cosecheros: Caravel; Vacelay; Lumieira; Abrente; Cumio. Vinos Blancos Albariños Cosecheros: Charquiño; Raiolas D’ Outono; Cantarciño; ANAE. Vinos Blancos Godellos Cosecheros: Alma; Atalaya do Mar.


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