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DERECHO PROCESAL Y CINE: PHILADELPHIA

Trabajo realizado por: Claudia García Pedraz


1. SINOPSIS DE LA PELÍCULA: Philadelphia es una película americana ambientada en la ciudad que le da nombre durante la década de los noventa. Se escoge esta ciudad porque es en la que tuvo lugar la firma de la Declaración de Independencia, y se consagró por lo tanto como la cuna de la libertad e igualdad de los hombres, y símbolo de los derechos humanos. Su protagonista, Andrew Beckett, es un joven y brillante abogado que trabaja para la destacada firma Wyant, Wheeler, Hellerman, Tetlow & Brown, que resulta despedido tras ser diagnosticado como enfermo de SIDA, y cuya defensa lleva a cabo Joseph Miller, un abogado de poca monta experto en casos de responsabilidad civil.

2. TEMÁTICA JURÍDICA: Al comenzar la película el talento de Beckett queda patente durante una vista en la que representa a una compañía constructora cuyas obras afectan negativamente a los habitantes de los barrios vecinos, a quienes defiende, por su parte, el abogado Joseph Miller, experto en Derecho de Daños. Debido al éxito con el que se desenvuelve, el bufete en el que trabaja Beckett decide encomendarle un caso de gran relevancia, que consiste en representar a Sistemas Sanders, aparentemente acusado por presunta violación de derechos de autor de la parte demandante; Highline. Resulta interesante destacar que en la escena durante la cual se comunica a Beckett que llevará este caso, Charles Wheeler, le pregunta directamente quién le gustaría que saliera victorioso, a lo que Beckett responde que Highline, pues es una compañía emergente y prometedora cuyos derechos de autor efectivamente parecen haber sido lesionados por la actuación de su cliente. Asimismo, es importante mencionar que durante esta reunión con los directivos, uno de ellos, Walter Kenton, observa que el protagonista tiene una curiosa mancha junto al nacimiento del pelo. Al comentárselo, Beckett responde que tan sólo se trata de un hematoma por un golpe durante un partido de squash. Con absoluta profesionalidad y gran entusiasmo, Beckett procede a trabajar sin descanso durante las siguientes semanas, realizando parte de las tareas desde el hospital y desde su casa, notificando a la secretaria el paradero de los documentos que va terminando. Un día que se encuentra trabajando en su vivenda, mientras unos amigos suyos le maquillan para disimular las manchas de su piel, sufre un repentino malestar por el que es llevado a urgencias. Estando en el hospital, recibe varios avisos al busca desde el despacho, y al llamar para ver de qué se trata, la secretaria, desesperada, le comunica que la


demanda que había redactado y que supuestamente había dejado sobre la mesa de su despacho no aparece, así como la copia guardada en el disco duro de su ordenador, y se alude a una Ley de prescripción que vence en setenta y cinco minutos, por lo que disponen de apenas una hora para encontrar dicho documento. Lo siguiente que ocurre es que Beckett, visiblemente deteriorado, acude a la oficina de Joseph Miller, que recientemente ha sido padre de una niña, para pedirle que le represente interponiendo una demanda contra la firma para la que trabajaba, por despido improcedente. Le explica que tras el incidente del extravío de la demanda, que se solucionó en el último momento sin que se ocasionase perjuicio alguno, fue convocado a una reunión con los directivos, que primero le recuerdan que está “no entre amigos; entre familia”, y posteriormente le despiden por el grave riesgo que entrañó el mencionado incidente, alegando que últimamente habían notado en él un cierto estupor, un problema de actitud. No obstante, Beckett considera que se le despidió en realidad por estar infectado con SIDA, hecho que sus superiores pudieron conocer, pese a que él lo había ocultado, por el hallazgo de la mancha en su frente que uno de ellos había hecho el día que le encomendaron el caso Sanders. Beckett explica a Miller que uno de los directivos había trabajado con una mujer que también estaba enferma de SIDA, y mostraba igualmente las sintomáticas manchas en la piel, por lo que no era surrealista presumir que los socios podían haber llegado a la conclusión de que él estaba infectado con la terrible enfermedad. Según Beckett, no quisieron despedirlo por tener SIDA, y de ahí que le hicieran parecer incompetente y le despidieran por la supuesta desaparición de la demanda. Miller rechaza el caso y nada más irse Beckett, llama a su médico de cabecera para preguntar si es posible que haya resultado contagiado tras la reunión con éste. Al llegar a casa, habla con su esposa de la entrevista con Beckett y queda reflejado que tiene una actitud ciertamente homofóbica. Declara “Tengo prejuicios y no me gustan los homosexuales”. Tiempo después, Miller está en la biblioteca consultando jurisprudencia, cuando se percata de que en una mesa próxima se encuentra Beckett, con peor aspecto que la vez anterior, preparando su propia defensa. El bibliotecario le intenta convencer de que utilice una sala privada, a lo que éste se niega reiteradamente, mientras la gente le observa con aprehensión manifiesta. Miller, que al principio había levantado una torre de libros para no ser descubierto por Beckett, finalmente opta por levantarse y ayudarle. Andrew le cuenta que ha encontrado jurisprudencia en la que apoyar sus fundamentos materiales; una Sentencia del Tribunal Supremo en la que se establece que la Ley prohíbe la discriminación por minusvalías o enfermedades a las personas que sean capaces de llevar a cabo su trabajo. La sentencia hace una alusión expresa al SIDA,


puesto que se trata de una grave enfermedad “que produce la muerte social de la persona antes de que tenga lugar la muerte real”. Miller finalmente acepta representarle y él mismo entrega la citación judicial en mano al antiguo superior de Beckett, Charles Wheeler, durante un partido de baloncesto y en presencia de un jugador profesional. Wheeler habla posteriormente con sus socios, y diseña rápidamente una estrategia basada en obtener toda la información posible sobre la vida privada de Beckett (“los trapos sucios, los tugurios que frecuenta, las organizaciones depravadas a las que pertenece”). Uno de los socios propone hacer una oferta de arreglo razonable y olvidar el asunto, a lo que Wheeler contesta “Andy trajo el SIDA a nuestras oficinas, a nuestros lavabos y hasta a la cena anual”. Otro socio interviene entonces, preguntando “¿Y vuestra compasión?”, pero Wheeler se mantiene en sus trece alegando que el demandante no comunicó su enfermedad a sus superiores. Entonces interviene un hasta entonces silencioso directivo, comentando que podría apreciarse que existe causa, pues él si había notado la degeneración física de Beckett, pero tiene que recular cuando los demás socios le avasallan a preguntas intimidatorias sobre si sabía él que el demandante estaba enfermo de SIDA antes de despedirle. De tal manera que comienza el pleito entre el demandante, Andrew Beckett, representado por Joseph Miller, contra la firma de abogados Wyant, Wheeler, Hellerman, Tetlow & Brown, por despido improcedente.

3. PALABRAS JURÍDICAS CLAVE Y COMENTARIOS SOBRE LAS MISMAS: 1) Abogacía rapaz: Al comienzo de la película se hace referencia a ésta expresión durante la vista en la que se enfrentan Beckett y Miller, aludiéndose a las demandas sin fundamento interpuestas de manera masiva para perder tiempo y alargar el proceso de forma que se induzca a confusión y aumenten las probabilidades de vencer. 2) Acuerdo de conciliación: Se menciona durante la reunión en la que se encomienda a Andrew Beckett el caso Sanders, pues éste menciona que sería la mejor alternativa. La conciliación, transacción y mediación son métodos alternativos de resolución de conflictos que, como vimos en clase, habitualmente proporcionan mayor grado de satisfacción de las pretensiones de ambas partes de un proceso civil. La vía judicial, sin embargo, es la guerra, si se me permite la expresión; pues en el ámbito jurisdiccional civil, en el cual rigen los principios de oposición, justicia rogada, etc.; ambas partes poseen a su disposición todos


los medios que deseen y les sea posible emplear para defender su posición, y sus representantes diseñarán estrategias legales que, en conjunto, diluyen el núcleo del asunto y desemboca en una notable falta de satisfacción de las pretensiones de las partes. Tiene, además, como inconveniente, que suele alargarse bastante la consecución de la resolución que ponga fin al conflicto (salvo en procesos monitorios, verbales, etc.) y ello conlleva una elevación de los costes del pleito. 3) Demanda por injerencia indebida con presuntas implicaciones económicas: es la que opta finalmente por entablar puesto que el acuerdo de conciliación queda descartado. Se entabla una demanda por intromisión ilícita del demandado en los asuntos del demandante, siendo resultado de dicha intromisión un perjuicio económico. 4) Acción antimonopolista: Charles Wheeler acusa amistosamente de ello a Beckett cuando éste le responde que le gustaría que venciera Highline contra Sistemas Sanders. Los monopolios consisten en que una única entidad se reparte la totalidad del mercado de un determinado producto o servicio. En algunas ocasiones no queda más remedio (por ejemplo, en aquellos casos en que ninguna empresa quiere asumir el riesgo de desarrollar la actividad económica en cuestión y el Estado se hace cargo, como Renfe). No obstante, los monopolios suelen impedir por su propia naturaleza la libre competencia, por lo que a veces se deben llevar a cabo actuaciones que los impidan. 5) Violación de derechos de autor: es el principio legal implicado en ese caso de Sanders contra Highline. Los derechos de autor son la piedra angular de la Propiedad Intelectual. 6) Despido improcedente: Andrew Beckett considera que es víctima de uno. Es aquel que se lleva a cabo al margen de los límites legales establecidos por el Estatuto de los Trabajadores, Convenios Colectivos y Contrato Laboral, que por tanto, despliegan a favor del trabajador un derecho de indemnización. 7) Discriminación: la temática de la película se desenvuelve alrededor de este concepto, puesto que es el presupuesto fáctico real que da lugar al conflicto; el propio Joseph Miller define la discriminación como la formulación de opiniones sobre otros no basadas en sus méritos particulares, sino en características supuestas.

4. ASPECTOS PROCESALES: Los presupuestos fácticos: Los hechos que originan el conflicto son:


PRIMERO: A Andrew Beckett se le diagnostica el SIDA y decide omitir esta información a sus superiores, y continúa con sus labores habituales en el bufete de abogados en el que trabaja: Wyant, Wheeler, Hellerman, Tetlow & Brown. Debido a su rebosante talento e inteligencia, los directivos de la firma deciden ponerle al frente de un caso supuestamente de enorme relevancia. SEGUNDO: La noche de la encomienda del mencionado caso, el abogado socio del bufete, Walter Kenton, detecta una mancha oscura similar a un hematoma en la frente de Andrew Beckett, y le pregunta por ella; a lo que responde Beckett que se trata de un cardenal ocasionado por un golpe con una pelota de squash. TERCERO: El día que debía presentar la demanda, encontrándose Andrew Beckett bajo ingreso hospitalario, recibe la noticia de que el documento, que él afirma haber dejado sobre su mesa en el despacho con copia del mismo en el disco duro de su ordenador, ha desaparecido. CUARTO: Andrew Beckett es despedido bajo el argumento de su incompetencia plasmada en el riesgo en que puso la operación encomendada, materializado en el supuesto extravío temporal de la demanda. Calificación jurídica: Lo que persiguen Andrew Beckett y su abogado, Joseph Miller, es que se declare que ha habido un despido improcedente por parte de los demandados, motivado por una fuerte actitud discriminatoria hacia el demandante por su enfermedad y la asociación de la misma a su orientación sexual. Las alegaciones de ambas partes: El letrado Joseph Miller, actuando en representación legal del demandante, Andrew Beckett, considera que se ha incurrido en despido improcedente por parte de los demandados, el bufete Wyant, Wheeler, Hellerman, Tetlow & Brown, a quienes acusa además de haber actuado de forma discriminatoria desde que tuvieron conocimiento de la enfermedad que afectaba a su representado (algo que si no puede probar, si se puede presumir razonablemente puesto que el socio que señaló la mancha de Beckett había coincidido en su entorno laboral previamente con una empleada enferma de SIDA, que sí había informado de este hecho, y que exhibía las mismas máculas sobre el cutis). Miller sugiere que la supuesta pérdida de la demanda, oportunamente transitoria, fue un montaje por los miembros del prestigioso bufete para alegar la paulatina incompetencia de Beckett y despedirle en base a la misma. Los demandados, efectivamente, sostienen que el motivo del despido fue la progresiva pérdida de actitud adecuada para desempeñar su trabajo del demandante, que desembocó en un incidente que, si bien fue salvado en el último momento, pudo tener consecuencias catastróficas para el bufete.


Alegan además, que puesto que el demandante ocultó su enfermedad, no es posible que fuera ésta la causa, aún encubierta, del despido. Se apoyan en el hecho de que Beckett omitiese la información relativa a su enfermedad para acentuar su falta de credibilidad. Afirman que quien mintió fue él y no ellos, al contrario de lo que el demandante declara. El petitum: El demandante reclama una indemnización por los daños y perjuicios derivados del despido improcedente del que fue víctima; habiéndole causado éste no sólo la pérdida de su empleo con el estatus, prestigio y perspectivas de futuro que entrañaba el mismo; sino que además le convirtió en el blanco una serie de humillaciones, especulaciones y acusaciones morales relacionadas con su homosexualidad y la forma en que contrajo la enfermedad. Se habla, por tanto, de daños patrimoniales; como el lucro cesante y pérdida de oportunidad, y morales; como las humillaciones que sufrió y el daño al honor y a su imagen. Los sujetos que intervienen en el proceso que se sigue: Intervienen en el proceso, como partes del mismo, por un lado el demandante, Andrew Miller, asistido por el letrado Joseph Miller; y por otro lado los demandados, Wyant, Wheeler, Hellerman, Tetlow & Brown, asistidos por su correspondiente representante legal. Se trata de un proceso desarrollado al amparo del orden jurisdiccional civil, que tiene lugar en el juzgado de primera instancia, con jurado, como institución procesal destacable. Los medios de prueba utilizados: Principalmente, la práctica de la prueba en este caso consiste en declaraciones de múltiples testigos. En primer lugar, se llama a testificar a un antiguo cliente de Andrew Beckett, a quien Joseph Miller pregunta cómo calificaría los servicios prestados por el demandante en 1990. El testigo responde que los declararía satisfactorios, lo cual sorprende al abogado, quien responde entonces que en la declaración jurada que había prestado el testigo con carácter previo a la vista, los calificaba de excelentes y admirables. El juez no considera, sin embargo, que el testigo haya cambiado su declaración, sino que ha ampliado la respuesta. La segunda en testificar es la trabajadora enferma de SIDA que había coincidido con el directivo del bufete Walter Kenton, a quien la representante de la parte demandada pregunta cómo contrajo la enfermedad. Al contestar ella que la causa fue una transfusión de sangre, la abogada de los demandados comenta “Osea, que no tuvo usted la culpa”.


A continuación, Joseph Miller interroga como testigo a una pasante que afirma que notó que Andrew Beckett en el período de tiempo inmediatamente anterior a su despido parecía muy cansado aunque trabajaba sin parar. Miller le pregunta también si se sintió discriminada por los miembros de la firma en alguna ocasión, y la respuesta es afirmativa, declarando la testigo que la secretaria del socio Charles Wheeler le hizo saber que a éste le desagradaban los pendientes que la pasante utilizaba, por ser demasiado étnicos. Le hizo llegar, asimismo, la petición de que los cambiase por otro complemento más “pequeño y americano”. La representante de los demandantes le pregunta si la han ascendido recientemente, como es el caso, y a continuación le pregunta cómo es posible que así haya sido si en el bufete se practica la discriminación. Concluye sugiriendo que los antecedentes discriminatorios de los que la pasante afirma haber sido víctima son tan sólo exageraciones acerca de malentendidos. La siguiente en ser llamada a testificar, por la parte demandada, es la secretaria del demandante. La representante de la firma la interroga acerca de la actitud de Andrew Beckett el día en que ocurrió el incidente de la desaparición de la demanda. La testigo afirma que éste “no dejaba de chillar” y que “estaba como drogado”. Narra también que la demanda apareció finalmente en el archivo central. Joseph Miller le pregunta entonces cómo consideraba el trabajo de Beckett como abogado, a lo que ella responde “Y yo qué sé; sólo he trabajado para él”. Miller pregunta a continuación si fue ella consciente de los grandes problemas que los socios tenían con la forma de trabajar del demandante antes del supuesto extravío del documento, y la respuesta es negativa. También es llamado a testificar un abogado miembro del bufete, que responde negativamente a la pregunta efectuada por Miller sobre si le parecía que Beckett era la clase de abogado que extravía documentos importantes, así como a la pregunta de si tuvo él algo que ver con el extravío. También pregunta Miller si considera que el extravío de importante documentación sería una buena forma de hacer parecer incompetente a un abogado, y responde el testigo que no entiende por qué los miembros de la firma harían algo así. Entonces, Joseph Miller pregunta de súbito al abogado si es homosexual, y al pedirle entonces el Juez que explique el objeto de su pregunta, Miller afirma que el caso gira en realidad en torno al temor hacia los homosexuales, declarando que ese clima de aprehensión fue el que propició el despido de Andrew Beckett. El Juez habla en ese momento: “Letrado, en esta sala la justicia es ciega en lo referente a raza, color, ideología, credo, religión o inclinaciones sexuales”, y Miller responde “Con el debido respeto, Señoría, no vivimos en esta sala”. El siguiente en testificar es Walter Kenton, el miembro del bufete que descubrió la mancha en la faz de Beckett. También en este caso las preguntas realizadas por Miller son de índole sexual, desconcertando a la sala. Interroga a


Kenton acerca de su época como miembro de la Marina, particularmente sobre si sucedió en aquel tiempo algo de connotación homosexual. Kenton responde afirmativamente, y con hilaridad narra cómo entre varios marinos “dieron una lección” al sujeto en cuestión. Cuando se le pregunta sobre la empleada infectada con SIDA, afirma que siente por ella una gran solidaridad, pues contrajo la enfermedad sin tener la culpa. También se interroga al propio demandante, siguiendo la línea estratégica planeada por la defensa de la parte demandada, acerca de su vida sexual, tratando de hacerle parecer depravado y responsable inequívoco de su propia enfermedad. La representante legal de los demandados pregunta a Beckett: “Dice usted que las manchas sobre su rostro eran perfectamente visibles, ¿no es así? En este momento, ¿tiene usted alguna mancha en la cara?” El demandante responde que así es, pero que no es del mismo tamaño que las que tenía por aquel entonces. A pesar de ello, la letrada le pide que, teniendo presente en todo momento que se halla bajo juramento, le diga si es capaz de ver la mancha de su cara reflejada en un espejo que coloca a un metro de distancia. Beckett responde que no. Joseph Miller entonces le pregunta si tiene en ese momento alguna mancha en otro lugar de su cuerpo, similar a las que tenía en el momento anterior a ser despedido. Al ser así, le pide que se quite la camisa (por hallarse dichas manchas sobre su torso) y que repita la prueba. En esta ocasión, las manchas son perfectamente visibles no sólo para el propio Andrew, sino para todos los que se encuentran en la sala. Se llama a testificar al socio del bufete, Charles Wheeler, a quien Miller pregunta por qué le ascendió e inmediatamente después le despidió. Wheeler responde que se debió a que Beckett era prometedor y una inversión, pero que traicionó sus expectativas. Por último, presta testimonio otro abogado de la firma, que declara que sí notó cambios a peor en el físico de Andrew Beckett durante el período de tiempo anterior a su despido, y confiesa que sospechó que tenía SIDA, pero que jamás compartió esa impresión con nadie. El veredicto del Jurado: Por mayoría, se muestran a favor de la causa del demandante. Acuerdan una indemnización, por salarios atrasados y pérdida de beneficios, de 143.000 $; por angustia mental y humillaciones sufridas, de 100.000 $, y por daños punitivos (típicos del sistema jurídico anglosajón; los punitive damages) 4.782.000 $. La primera categoría es en concepto de daños patrimoniales, la segunda daños morales, y la tercera, inexistente como tal en nuestro ordenamiento jurídico,


daños punitivos (tiene una función sancionadora por el hecho de haber cometido la acción constitutiva del daño). El veredicto se archiva y se declara concluido el proceso. La parte demandada, no obstante, habla de llevar a cabo una apelación.

5. PREGUNTAS OBJETO DE DEBATE: 1. ¿Tiene sentido reclamar una compensación económica por un daño moral? 2. ¿Es realmente el que se plantea un asunto de discriminación? 3. ¿Qué opinión merecen los daños punitivos, especialmente en relación con la cuantía a la que asciende la indemnización por los mismos en este caso? 4. ¿Qué opinión merece la estrategia seguida por la parte demandada? 5. ¿Qué se quiere decir con la expresión “Sin justicia, no hay paz”? 6. ¿Por qué cree usted que gana la parte demandante? 7. ¿Qué opina sobre la política profesional de Joseph Miller (el abogado de Andrew Beckett)? 8. ¿Considera que el protagonista hizo mal en omitir su afección a sus superiores? 9. ¿Qué le parece que la solución a un conflicto se alcance por un Jurado? 10. ¿Por qué considera que Joseph Miller acepta el caso?

6. COMENTARIO PERSONAL: Creo que la película plasma extraordinariamente el desarrollo de un proceso. Se aprende a distinguir entre la verdad y la verdad procesal, las cuestiones morales y las legales y las múltiples perspectivas desde las que se puede enfocar un hecho para obtener ventajas en un proceso civil. En mi opinión, es una película muy dura y tiene un alto componente moral y acusador, que concretamente se centra en la homosexualidad, aunque ello no impide que la calidad del film como material de trabajo sea excepcional, pues los ámbitos de lo ético y lo jurídico están bien delimitados, de tal forma que el espectador no necesariamente tiene que compartir la ideología moral o social que se presenta en la trama para disfrutar de la misma.


Lo cierto es que desarrollar este trabajo ha sido una experiencia muy positiva.

7. ESCENAS QUE QUISIERA DESTACAR: “Sin justicia no hay paz”: este mensaje aparece escrito en la puerta del juzgado, y me pareció un guiño muy interesante en relación con lo visto en clase; se ha hablado más de una vez de que los pleitos muchas veces son la peor opción para los ciudadanos, mientras que los acuerdos (la transacción, mediación, conciliación y otros medios de solución de conflictos) son enormemente más satisfactorios para ambas partes. “Fe”: durante la reunión celebrada entre el protagonista y los socios del bufete, tras haber anunciado al primero que se le iba a colocar al frente de la importante operación, éste se dirige a Charles Wheeler para agradecerle que haya depositado su fe en él. Wheeler responde “La fe es creer en algo de lo que no tenemos ninguna evidencia. Ésta no es la ocasión”. Me sorprendió la sutil alusión a las creencias ideológicas o religiosas en una película de trama eminentemente jurídica. “Si no le consigo compensación económica, no le cobro”: Lo afirma Joseph Miller durante la entrevista con un cliente que precede a Andrew Beckett. Me llamó mucho la atención que se presenten dos figuras tan diferentes, prácticamente antagónicas, constituidas por la gran firma de abogados “rapaces” que manejan astronómicas sumas y llevan casos de gran relevancia y resonancia social; y el abogado de poca monta con un spot publicitario y relativamente ingenuo, que busca ante todo que se haga justicia y ayudar y representar a quien nadie más quiere. “Somos más que tus amigos; somos tu familia”: La escena del despido es ciertamente buena e impactante, sobre todo si se contrasta con la escena descrita anteriormente en la que Beckett es ascendido y felicitado en el mayor clima posible de paternalismo y camaradería. En esta otra, Beckett es invitado a tomar asiento a metros de distancia de los directivos y despachado sin miramientos. Es comúnmente sabido que el mundo del Derecho es uno de los entornos laborales más hostiles, especialmente en los grandes despachos como Wyant, Wheeler, Hellerman, Tetlow & Brown. “El mejor piloto”: En la escena durante la cual el Jurado se ha retirado a deliberar, uno de sus miembros comparte sus inquietudes y reflexiones con el resto, centrándose particularmente en el hecho de que la parte demandada sostenga que el motivo por el que encomendaron al demandante un caso de gran importancia apenas semanas antes de proceder a despedirle, fue porque la encomienda de dicho caso era una prueba. El miembro del Jurado no se lo explica, y pone a sus compañeros el siguiente ejemplo: “Si yo tengo que enviar a alguien a territorio enemigo en un avión que cuesta millones de dólares, ¿a quién


enviaría? ¿Al piloto debutante y prometedor o a mi mejor piloto, que ha cosechado múltiples éxitos y tiene la preparación y experiencia necesarias?”. Me gustaría añadir, por último, dos discursos que me parecen de enorme valor e interés en relación con la asignatura: El primero es la introducción que realiza Joseph Miller al Jurado nada más comenzar el juicio: “Señoras y señores del Jurado: olvídense de todo lo que han visto en la televisión; no va a haber ningún testigo sorpresa de última hora, ni se desmoronará nadie en la tribuna con una confesión lacrimógena. Se les van a presentar los hechos escuetos: Andrew Beckett fue despedido. Ustedes escucharán dos versiones de por qué fue despedido: la nuestra y la de ellos, y a ustedes corresponde tamizar la verdad capa por capa hasta que decidan por sí mismos qué versión les parece la más cierta. Hay algunos puntos que debo aclararles. Punto número uno: Andrew Beckett era; es, un magnífico abogado. Punto número dos: Andrew Beckett, afectado por una enfermedad debilitante, tomó la comprensible, personal y legal decisión de guardar para sí mismo el hecho de su enfermedad. Punto número tres: sus patronos descubrieron su enfermedad; señoras y señores del Jurado, la enfermedad a la que me refiero es el SIDA. Punto número cuatro: sintieron pánico. Y al sentir pánico, hicieron lo que la mayoría de nosotros haría con el SIDA: mandar la enfermedad y a todos los que la tengan lo más lejos posible de nosotros. El comportamiento de los patronos de Andrew Beckett quizá les parezca lógico. A mí también. Al fin y al cabo, el SIDA es una enfermedad mortal incurable. Pero al margen de cómo juzguen ustedes a Charles Wheeler y a sus socios según los términos éticos, morales y humanos, el hecho que importa es que al despedir a Andrew Beckett porque tenía SIDA, infringieron la Ley.” El otro discurso es de Andrew Beckett cuando es interrogado por Miller sobre las circunstancias en que ingresó en la firma: “Estaba entusiasmado. Era una gran firma con un brillante porvenir, y me impresionaron sus socios directivos, especialmente Charles Wheeler. Era la clase de abogado que yo quería llegar a ser: dotado de un conocimiento enciclopédico del Derecho, un pleiteador implacable, capaz de extraer lo bueno de las personas y de esclarecer hasta el concepto jurídico más complejo a cualquiera que pasara por la calle. (…) Soy un abogado excelente. Me encanta el Derecho y me encanta ponerlo en práctica. Lo que más me gusta del Derecho es que, de cuando en cuando, uno puede participar en el hecho de hacer justicia. Y cuando eso ocurre, es emocionante.”

Philadelphia