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GOBIERNO DEL ESTADO DE MICHOACÁN DE OCAMPO

Silvano Aureoles Conejo Gobernador de Michoacán

Salvador Ginori Lozano Secretario de Cultura

J. Guadalupe Escamilla Bedolla Secretario Técnico

Gabriel Rojas Pedraza Director de Promoción y Fomento Cultural

Alejandra Gabriela Ayala Quiyono Delegada Administrativa

Raúl Casamadrid Jefe del Departamento de Literatura y Fomento a la Lectura


Gobierno del Estado de MichoacĂĄn SecretarĂ­a de Cultura


ENCUENTRO NACIONAL DE POETAS JÓVENES CIUDAD DE MORELIA 2016 Primera edición, 2016 © Leonarda Rivera © Daniel Wence © Blanca Villalpando dr © Secretaría de Cultura de Michoacán Isidro Huarte 545, Col. Cuauhtémoc, C.P. 58020, Morelia, Michoacán Tels. (443) 322-89-00 www.cultura.michoacan.gob.mx

Coordinación editorial: Raúl Casamadrid Diseño de portada y editorial: Jorge Arriola Padilla

ISBN:En trámite

Impreso y hecho en México


índice Presentación 

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León Plascencia Ñol

9

Jorge Ortega

21

Carlos Adolfo Gutiérrez Vidal

29

Alejandro López Urquiza

35

Rafael Calderón

41

Ricardo Cázares

47

Daniel Bencomo

57

Leticia Cortés

63

Saúl Ordóñez

71

Diana Del Ángel

77

Nadia Escalante

83

Horacio Warpola

89

Alejandra Quintero

95

Lorena Huitrón

99

Javier Taboada

105

Fernando Carrera

111

Manuel Becerra Salazar

117


José Enrique Ramírez Aguilar

121

Luis Téllez–Tejeda

129

Verónica G. Arredondo

133

Gustavo Íñiguez

139

Armando Salgado

145

Ingrid Bringas

149

Amaury Estrada

155

Rosario Loperena

161

Esther M. García

167

Yelitza Ruiz

175

Arturo Loera

179

Tania Carrera

183

Miguel Fuentes Granados

189

Yolanda Segura

195

Mario Antonio Frausto Grande

203

Xel-Ha López Méndez

207

Erik Moya

211

Jesús González Mendoza

217

Kevin Alan González Sánchez

221


Presentación La presente antología reúne una muestra de la obra de 36 poetas mexicanos nacidos en distintas décadas, desde mujeres y hombres de obra muy consolidada y representativa en México hasta jovencísimos michoacanos que comienzan su quehacer poético. Este libro, igual que el Encuentro Nacional de Poetas Jóvenes, se abre como un espacio para el diálogo y el tejido de voces que nos permite identificar, en buena medida, el rumbo que toma la poesía mexicana actual, y reconocer las preocupaciones discursivas y estéticas de los creadores. En 2013, el Encuentro Nacional de Poetas Jóvenes nació de la iniciativa de dos ciudadanos morelianos preocupados por el quehacer poético del Estado, como una búsqueda donde los jóvenes locales encontraran un espacio de reunión con poetas de toda la república, tomando como ejemplo a otros michoacanos de mayor trayectoria y solidez. La edición 2016 está dedicada a Homero Aridjis, originario de Contepec, nacido en 1940, en reconocimiento a la representatividad y fuerza de su obra, como una de las más importantes de nuestro país. Leonarda Rivera Daniel Wence Blanca Villalpando

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León Plascencia Ñol ( Jalisco, México, 1968)

Poeta, narrador, editor y artista visual. Hizo estudios de teatro y cine en la U. de G. Dirige Filodecaballos, editores. Fue director de la revista literaria Parque Nandino, de la revista de arquitectura y diseño México design y de la revista La zona. Becario del FONCA en dos periodos; disfrutó de residencias artísticas otorgadas por el Ministerio de Cultura colombiano (2004) y el Instituto de Traducción de Literatura Coreana (2007 y 2012). Entre sus premios se encuentran el Nacional de Cuento Agustín Yáñez 2008, el Nacional de Literatura Gilberto Owen 2005 y el Álvaro Mutis (México-Colombia) 1996. Algunos de sus libros son Enjambres (FCE, 1998); El árbol la orilla, (Canadá-México, Écrit des forges. Canadá-México, 2003); Apuntes de un anatomista de ciudades (2006); Zoom (Aldus 2006; Ángeles de Hierro, República Dominicana, 2010; IVEC, 2013); Satori (CONACULTA, 2009; Era 2012); Seúl es una esquina blanca (El equilibrista, 2009), Tratado sobre la infidelidad (CONACULTA, 2010), Revólver rojo (Bonobos 2011), Polaroids de grullas volando bajo un cielo naranja (Filodecaballlos, 2013) y El lenguaje privado (Filodecaballlos, 2014). Realizó con Rocío Cerón y Julián Herbert la antología El decir y el vértigo. Panorama de poesía Hispanoamérica 1965-1979, (Filodecaballos, editores). Ha sido guionista de televisión, articulista, editor de cultura de periódicos. Obtuvo el Premio Iberoamericano de Poesía Jaime Sabines para obra publicada 2010 por Satori. Está traducido parcialmente al francés, inglés, coreano y portugués. Es miembro del Sistema de Creadores de Arte de México.


La voz es la raíz del cielo A veces la música es puro dolor pero al fin y al cabo eso no parece tener importancia Sánchez Mejías

Le dije: esta realidad es otra pero eso no parece tener importancia. Ella: un bel morir tutta la vita… ¿sabes de dónde proviene? A veces la música es puro dolor, etcétera. Leía en ese entonces Praga mágica de Ripellino. Quería ver el Moldava, un poco de gris un poco de gris no los rostros, no el perfil de la extrañeza. ...pero al fin y al cabo, etcétera ↓ hay un tiempo transparente. Fue un vuelo Madrid-Lyon-Praga. Los pasajeros de al lado beben como enfermos. Todo es una representación. Pensemos es un código y en una mujer escribiendo una carta: Un bel morir tutta la vita…, ¿sabes de dónde proviene?, etcétera. una nube, las montañas blancas Hrabal hablaba de gatos y usaba una camisa a rayas.

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Blanca y verde.

El paisaje es verde.

Hubo una historia trunca, la voz es la raíz del cielo. A veces la música ↓ puro dolor Le dije: esta realidad I.

Deberías leer el libro de Sebald que cargaba en la maleta.

II. Un poco de aire. III. Ferdydurke te recuerda algo? IV. Un cuchillo no es una moneda. V. Quisiera mencionarte un poema de Ovidio. VI. …las montañas (shan) y los ríos (shui) son el paisaje

espiritual del hombre, un espacio sagrado que permite reencontrar una supuesta armonía originaria y el propio yo. El hombre, el minúsculo, ha de afrontar los picos sobre los que se sostiene el cielo (wu yue), superar una serie de pruebas y de seres mitológicos para acceder a un estadio superior, a otro nivel de sabiduría. (Octavi Martí, Babelia.) VII. Ellos: la playa. VIII. Porque la realidad podría ser. IX. Ella escribía hermosas cartas. Beijos, decía. X. Una noche pasó eso.

Era Alina. Arvo Part y la noche.

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Ellos: Sí, Arvo Part. ¿Tú qué crees? ↓ la música es blanca, puro dolor, pero al fin y al cabo. Todos amanecerán a merced de la felicidad, Un poco adrede, sí, la calle Karlova. Le dije: ¿Dónde habré de cruzar si este cielo es medio río? (Revólver rojo, 2011).

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Escritura y descripción

. En ese punto negro está este poema que no ha sido escrito. O mejor: está a punto de escribirse. Hay una palabra que sobresale. Pájaros. No es contemplativo porque es contemplativo. Es un jardín zen, es una montaña nevada y cerezos; también el Cañón de Colorado y una frágil autopista. Pájaros, dice. La primera condición, etc. ( Juan de Yepes, dixit.) Pájaros. Por la mañana una cita de Chômei (1212 después de J.C.): “Considera la vida de los pájaros y de los peces. Jamás el pez se cansa del agua; pero no siendo pez, nunca podrás saber lo que el pez siente. Jamás el pájaro se fatiga del bosque; pero, no siendo pájaro, nunca comprenderás sus sentimientos. Igual sucede con la vida religiosa y la vida poética: si no las vives, nada comprenderás jamás de ellas.” Motivo de estudio: reflexionar sobre los pájaros, sobre ese punto negro. (Revólver rojo, 2011).

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Revólver rojo “Parece que perder no es un arte difícil: los muertos de verdad de uno son víctimas amadas de los vivos.”1 Parece / dijo “Perder”, dijo “un arte difícil” / parece entonces que el caracol, la anémona, son víctimas “amadas”, la mujer sentada en el borde de la banqueta, este aire nocturno y helado / “víctimas” de no sé qué situación, de qué carencia. Carezco de mis muertos amados. / Hay esquirlas, una sensación de pesadumbre. / Parece que los ojos se vacían de uno o de simple ausencia / y dices que es un “arte difícil” la trayectoria / el vaivén de las hojas fue un cambio ya planteado desde antes: los muertos, la secoya, la letra de ese dolor en el costado. / No sé qué prefieras, si el aturdimiento, o el fulgor de las cosas que son alas / un descenso individual en las extensiones del hielo, el amarillo digno de una sola antena que sobresale desde la ventana

Tenuemente lo perdiste todo, dices,

el oro y el instante, el viento en el boulevard. De qué sirve / “es difícil” / “perder” / tan sólo equívocos. 1  Mirta Rosenberg. 14


Podemos hablar más de la luz del sol que del lenguaje, pero el lenguaje y la luz se ayudan mutuamente…2 Hay un efecto ante las pérdidas: el pensamiento sucumbe, y quizá no importe / pero el pájaro emigra a otra tierra de un cielo parecido a este cielo. Todo podría ser igual: la pérdida, el arte difícil de nombrar, y poco importa la garra de esa ave detenida en el olmo / “amadas víctimas”, el nivel del agua del estanque, una garza extraviada en el lenguaje ajeno. “Parece que perder no es un arte difícil.” / Toda catástrofe es piedraUna avenida, un patio solar, la mesa en la casa de tu madre para tomar el té, el gorjeo herido del gorrión y las verduras, dice, son “amadas víctimas” / el auto que asciende es una mañana y arrayanes y olvido, dice, aunque es difícil encontrar una frazada frente a mi cuerpo repleto de anestesia. / “La luz del sol”, “el lenguaje”; la luz del sol en el acantilado y en mi espalda podría ser otro cielo, una ”víctima amada”: sí se desvanece el aliento y hay perdigones en la pérdida, dice. Hay un símbolo en el muelle, 2  Marianne Moore. 15


en ese pozo de caballos y de sombras. / Perder significa un revรณlver rojo en la respiraciรณn del hundimiento. (Revรณlver rojo, 2011).

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Frente a un grabado de Katsushika Hokusai (Tu definición mejor) No iré a ningún lado hay rastros de espuma una parvada de pelícanos uno se lanza como dardo al fondo del mar en busca de comida ah que tú escapes en el instante en el que ya habías alcanzado tu definición mejor no hay líneas formales trazos de Oriente nunca te amé en Tokio la arena finísima se extiende una oriental con rasgos de oriental un beso había un grupo de japoneses frente al Rothko aquel perro negro Trocadero una cama minúscula el asma no iré a ningún lado no es una novela negra una línea de coca para mi amigo tirado en una cama blanca la caspa del diablo la voz a ras de las olas los gritos las nubes como fondo en la bahía no iré me dices basta el salvavidas es un ancla no iré al fondo de las cosas una muchedumbre casi desnuda en mi playa cuánta algarabía aguasmalas aguasmalas volveré entonces a caminar por una calle tokiota adolescentes como un río fragmentado frente a un cuadro de Rothko alguien saca un cuchillo no es una novela negra dispara dices no callo el sol es un reflejo de estupor aquel perro negro persigue a un grupo de pelícanos no iré camino por mi playa

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ya no está aquí el caimán una boca estupor sí demasiado ruido volveré por ti me perdí en el metro Tokio es un reflejo un espejismo está bien dices me pica la arena recuerdas mi cuadro favorito es humo se está haciendo humo hace frío es tarde podrías volver al túnel dos peñas en mi playa la arena finísima se extiende hace frío no entiendo voy a otro sitio alguien juega en la playa volverás a Tokio nunca te gustó la película de Kitano recuerdas a la japonesa de piernas largas del Palais Royal no vuelvo mi playa está destruida una grieta hay muchedumbre estruendosa algo sucede con la visión de fondo no es un relato policíaco es la voz asmática de Lezama su girasol callando una habitación Trocadero una cama minúscula el asma el asma mi playa no volveré Tokio es una postal la voz silente no hubo silencio respiro con dificultad no iré a Tokio como el mulo en el abismo la muchedumbre reflejos de reflejos dijo aquella voz casi invisible mientras el barco se aleja en el horizonte La Habana diré algo más unas mulatas frente al Rothko quisiera hablar con dios dice la mujer de la hamaca lentamente balanceándose aquí no hay nadie sólo una muchedumbre un perro blanco que persigue una pelota volveré dices quiero beber algo una línea de coca para

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mi amigo tirado en una cama blanca la caspa del diablo la voz asmática de Lezama ah que tú escapes en el instante en el que ya habías alcanzado tu definición mejor los pelícanos aguasmalas aguasmalas no iré a Montego amé los escaparates tokiotas una lenta procesión la muchedumbre se sepulta ya no es mi playa ni Tokio la película de Kitano tiene una voz Lezama una forma esplendente iguanas deformes agua casi pura escucho voces demasiadas voces en la que fue mi playa ya no hay nada la voz de Lezama ah que tú escapes en el instante en el que ya habías alcanzado tu definición mejor me voy. (El lenguaje privado, 2014).

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Jorge Ortega (Mexicali, Baja California, 1972)

Poeta y ensayista. Doctor en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha publicado más de una docena de títulos de poesía y ensayo en sellos editoriales de México, Argentina, España y Estados Unidos, entre los que destacan Ajedrez de polvo (tsé-tsé, Buenos Aires, 2003), Estado del tiempo (Hiperión, Madrid, 2005), Catenaria (Pen Press, Nueva York, 2009), Bedouins (Molossus, Los Ángeles, 2014), selección bilingüe español-inglés de su obra poética, El ancla y el arado. Apuntes sobre poesía iberoamericana y otras afinidades (Centro Cultural Tijuana, 2014) y Guía de forasteros (Bonobos / CONACULTA, 2014). Poemas, reseñas y artículos suyos han aparecido en diversos medios literarios y culturales de Iberoamérica, tales como Crítica, Ínsula, Letras Libres, Mandorla, Nexos, Quimera y Revista de Occidente, así como en otros del mundo anglosajón: Bulletin of Hispanic Studies, The Black Herald, The Bitter Oleander, Structo y Skidrow Penthouse. Su trabajo poético forma parte de variadas antologías de poesía mexicana reciente, entre las que se encuentra la Antología general de la poesía mexicana (Océano, Barcelona, 2014). En 2010 su libro Devoción por la piedra (Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez, 2011) mereció el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines. Desde 2007 es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México.


Pastoral de privados Vuelve el peso del verdor. Vuelve a florecer el peso. Vas acercándote al centro, un meollo en que las plantas cantan su pigmento a todo aquel que escucha con los ojos o sabe callarse para ver. Las hojas no se cimbran en la boscosidad surcada por el ímpetu del tren. Es la rara quietud antes de la tormenta o la vaga señal de algún revelamiento: sumido en la frecuencia de un historial sin fechas qué logra perturbarlo allá en la gruta de lo intransitable, en el cañón ignoto donde los cascabeles del envés son un licor acústico que mece a la conciencia. Es el vagón que tiembla, a lo sumo, con la gota de escarcha

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que se precipita de una corola a otra sin vaporizarse. Algo inaudito estรก por suceder pero puede que no nos enteremos.

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Zona franca La magia y el ensueño liman los barrotes. Altazor, I, 295.

Abres la celda de tus entretelas, esa jaula. Sale, allá va el pájaro, la húmeda flecha de las tribulaciones. Cuál tensión ahora que el vacío, ahora que un respiro absuelve la materia, libera los contrarios o dispersa el ágora y te deja solo contigo en el hangar de un silencio amplio y luminoso. Tus dentros son ya un nicho depurado de sombras alargadas y jarrones hipnóticos, el vano de una arcada en la que se pasean 24


los aromas del puerto, un espacio desnudo que se rinde al precipicio de las confidencias. El hierro fue vencido por la brisa que lustra los pulmones, afina el organismo y baja a la raĂ­z de las arterias y sube a rastrillar el pensamiento difundiendo en la sangre el don de la intemperie.

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Laudas Piedra forrada de verde. La congelada explosión de la dureza se ha visto atajada por la ortiga. Hay jardines casi secretos larvando en las fisuras, inesperados huertos donde el helecho desova el asta de su primicia. Quién hubiera dicho que en el friso acantonaban las esporas, impávida coraza de tiempo perturbada con el vaho de lo que calla y fluye. Quién habría dado un quinto por tal quincallería, ese menhir de cascos fragmentados que por inercia o milagro mantiene su verticalidad. Una brizna de pasto despega las junturas de una pilastra, las comisuras de una fachada selladas con el polvo de los jubileos. Trabajo de la hormiga, minuciosa y perenne cruzada del insecto empecinado en traspasar un sillar con la paciencia de los fósiles. He ahí el abrazo de la enredadera en las pirámides del trópico, carne firme y efímera sobre un cuerpo añoso y perdurable. He ahí la maleza disuadiendo lápidas y pedestales, cenotafios; socavando contrafuertes como una lenta saliva de vapor, una lava rastrera que se disemina morosamente bajo los pies. El olvido alarga sus extremidades, se desborda en sus arborescencias, comienza a abonar sus primeros frutos de abandono sin que nadie lo advierta. Tarde es ya para impedirlo.

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Noticia sobrenatural Todo un día he comido el aire. Tomás Segovia

He probado la escarcha estando enfermo, la santa levadura de los campos que absorben el diluvio de la luz. El viático ha caído en tierra aciaga. Yo mismo he cometido el sacrilegio aportando la boca y su molino, los ácidos de adentro y la aspereza de mis desfiladeros interiores. Pero qué alivio preña los tejidos poniendo a flote el alma, qué frescura asciende de la entraña a la cubierta o, como un ave, baja de la atmósfera a capturar la presa. Así la escarcha con su levitadora incandescencia, entrando hasta el fogón de la sequía.

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Carlos Adolfo Gutiérrez Vidal (Mexicali, Baja California, 1974)

Es poeta y académico. Doctor en Estudios del Desarrollo Global, maestro en Estudios y proyectos Sociales, y licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Baja California. Ha publicado Sarcófagos (1993), Nortes (1994), Befas (2000), Berlín 77 y otros relatos (2003), Toros (2005), Endechas (2007), Meridianos/ Divergencias. Ensayos sobre literatura, arte y comunicación (2011) y Perlas (2015). Ha sido becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Actualmente es director del Colegio de Comunicación de la Universidad del Claustro de Sor Juana.


Suplica Procusto Viajero, sé tú el centinela de mi amado, no puedes evitar bien conocerlo pues lleva púrpura calzado. Dile que hace tiempo la noche me alimenta de otros labios, que mi carne se ha hermanado al estío, que alguien sembró una plegaria en mi hombro izquierdo. Y dile que de tanto traspié he desaprendido el siglo, y que lecho incompleto no me falta pues me han clavado la espléndida pezuña del delirio. Sé tú el centinela de mi amado, no puedes evitar bien conocerlo pues lleva púrpura calzado.

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Antes que el cielo nos ampare Mi lecho se ha cubierto de polvo y el corazรณn recuerda la tierra que lo abrasa. Del mismo modo en que la soga purifica la muerte y el olvido, las espinas ordenan la subversiva negaciรณn de su forma. Mi lecho se ha cubierto de polvo y no quedan techos ni puertas, acaso una canciรณn ahogada en un resquicio. Desfigurada nota errante. Mi lecho se ha cubierto de polvo y lo que era un recinto se ha vuelto isla.

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Hombría Recitas la Canción de las tres gargantas de Badong, ahí donde el cauce se confió una vez al vértigo, y el pecho trasciende su armadura y un grito busca asilo en algo parecido a una bacanal. Recitas porque sabes que nada puede honrar al cuerpo, ni la rudimentaria dificultad que mengua su secreto, y que cuando la voz es letra y marca se traba en servidumbre, y que con sangre se pagan las cuentas del espíritu cuando se ha trascendido la piel. Y cantas, y la marca esplende, y no queda más alivio que una flecha atravesando la infancia. Cantas y sabes que sólo el dinero te convierte en hombre, que la impureza ha encontrado en ti su vocación y que con un dedo puede ocultarse aquello de sobra conocido. Recitas la Canción de las tres gargantas de Badong e intuyes el terremoto que se encarna en la hierba: fábula corrupta. Exilio inscrito en las ofrendas.

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En el décimo round Whatever is dependent on another entity, Its selfhood is not appropriate. It is not tenable that what lacks a self Nagarjuna

Justo cuando el engaño diluye lo previsto y las fieras contrapuestas entierran los temores de su duelo, una pausa en el juego cobija la caricia de tres manos: una para solventar las dos mitades de la herida, otra para dejar que el agua cumpla su oficio, y una tercera, casi fábula, que acaricia como cal encarnada. Y en un instante muerde el muchacho la forma de su rostro; cubiertos los ojos, la lengua convexa en un palacio que no alumbra alfabetos ni perpetúa a los muertos. Entre las voces se conforma con su exilio y oficia el pecado y el insomnio bajo los silbidos, mientras esgrime el puño y la piel se abre extranjera. Ahí donde lo ajeno precede a la torpeza, ahí donde se enarbola el hastío y un golpe purifica la vista para trocar el vértigo en lucidez, y ajar las máscaras del cuerpo; se enfrenta sonámbulo, ya desconocida su silueta, porque todo apartamiento ilumina lo improbable, y nada queda en un suspiro de la lágrima y el choque.

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Alejandro López Urquiza (Zitácuaro, Michoacán, 1974)

Estudió leyes. Es autor de Contares y tentativas poéticas editado por la sociedad cultural Miguel Hidalgo en el año 2006; ha participado en ediciones internacionales colectivas de poesía e incluido textos suyos en revistas y periódicos locales. Su segundo libro Descripcionario se encuentra en revisión. Actualmente trabaja en su tercer libro que pretende titular Por qué no se van los lobos.


Corbata No existe mejor representación de un eufemismo que la corbata. Ese objeto formado por metros de tela que en doblez se empalman para darle color a nuestra imagen lleva, en su hechura, el emblema de las castas, de los blasones, es, en sí mismo, el análisis mudo del ser y

el pertenecer. Accesorio

delator. Sus hilos, sus colores, cada una de las rayas o motas tejidas o estampadas le revela al mundo nuestra propia historia, qué decir de su etiqueta. Tataranieta de la soga, que ahora sofisticadamente abraza nuestro cuello, siempre se adelanta a nuestras presentaciones formales. Encantadora instructora en las artes del verdugo. Su nudo nos deja saber qué tanto hemos avanzado en la técnica de la inmolación. Es la conciencia que calla nunca, es la herida auto infligida que recrea el grado de nuestro masoquismo. La corbata es un eufemismo perfecto. La reminiscencia cotidiana y suave del castigo.

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*** ¡Tan, aún, amada mía! Hoy clamo por tus cúbicos momentos Tu presencia inmediata –imposibleInmensurable, cuántica. Y este espacio habitacional De mi cuerpo resulta ínfimo ¡ah, tu generosidad inmensa! ¡Amada mía, aún, tan odiada mía! Connotémonos por contraparte, Mi zona simpática se acurruca Y duerme embriagada en tus delirios. (No esperas de mí sino el olvido) Llórame una noche entera ¡Para que me amanezcas húmedo! en un concierto sin finales sin flores inmarcesibles y remembranza intacta, de vitalidad etérea. (No quiero de ti más que el recuerdo) ¡Amada a cientos! Regrésame los metros de tu desdicha para hacerme una sábana que cubra la muchedumbre aérea de tus olores, tus pasos Amada, tu realidad se disipa a la distancia y yo me desvanezco, amada mía. en tu mortalidad.

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Decantos Uno sigue (canto al hombre), Con la cosa vital (canto a la muerte), Y no se sabe (canto a la existencia), Derramar la sangre ( canto del dolor), Y se pierde peso (canto nostĂĄlgico), Recordando que se quiso (canto a la misericordia), Pero alguna vez se ama (canto a la locura), Y otras se olvida (canto hipĂłcrita), Pero hay algo (canto al inconsciente), Y no todo sale ( canto a lo evidente), Porque no se sabe nada, nada (canto a la agonĂ­a), Pero dan ganas de volver (canto de la vida).

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**** Eras aquella tarde que se filtraba en tus ropas, el importuno viento remozado en tu costado Eras esa mañana en música de Strauss, en camisones largos La serenidad de otrora aflorando en tus senos. Eras aquel medio día Impasible fuente de vida, el golpeteo de tus sandalias en el agua esquilrla. También la noche eras, el deseo moribundo, incontenible, fantástica esmeralda luzdeluna Eras —tal como siempre— Una cita en mis sueños A las tres de la mañana.

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***** Su exquisito canto de nostalgia marítima confirma el exilio que vive entre nosotros, pero no sabe de dónde le vino la virtud, nadie le ha dicho nunca que fue mascota arrebatada a las sirenas. Sus notas, son siempre añoranza de su cuerpo orgánico aunque su eco ya no rompa el agua. Tiene memoria de las melodías porque sus apéndices se fosilizaron abrazando las partituras. Esqueleto ancestral que encontró en sus propios restos la forma de perpetuar su lamento. Le compadecemos hipócritamente porque respira la miseria de su identidad y desconoce de su transfiguración, más los tonos que reproduce nos embelesen a la vez que demuestran nuestro parentesco. El violín es la momia de un cetáceo enano que en su estado vivo ahuyentaba la compasión de sus amos, por eso aún espira vibraciones de violencia.

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Rafael Calderón (Morelia, Michoacán, 1976)

Ha publicado poemas y ensayos en periódicos y revistas del estado de Michoacán. Es autor de Rayo de luz en tierra ajena (2002); La región de las sombras ( Jitanjáfora, 2008) y la antología personal Los nombres del silencio (2009). Recientemente publicó toda la poesía de Concha Urquiza con el título Nostalgia de lo presente. Poemas 1921-1945 ( Jitanjáfora, 2013) y El reposo del fuego (y otros poemas) de José Emilio Pacheco (SECUM, 2014).


La hoja de oro: temas y variaciones En el verde laurel que decora la frente, que besaron los sueños y pulieron las horas… Rubén Darío

I Algo más que lo anunciado. Estoy llamado a guardar silencio. Las palabras salen de la boca y el meneo de la lengua tiene vivacidad y de estas palabras brota un lenguaje y son el sonido de la rebeldía.

Estoy llamado a guardar silencio. La palabra suceda para el sábado, el domingo, o todos los días. Mi voz ha impuesto silencio y mi mano no deja de escribir. Esto puede suceder mañana, o sucederá otro día. El preludio es casi igual: el silencio vive entre variaciones. Estoy llamado a guardar silencio por el sol o la luna, y miro las palabras

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porque el lenguaje es y porque por la tarde escribo para decir la muerte segura. Digo…

II Algo más que lo anunciado. Para viajar por las aguas del océano debía tener en mis manos un barco de papel, los sueños como un pensamiento, el recuerdo de la bella dama que por su cuerpo reconozco como si fuera la última noche de toda una vida, pero sabiendo que la perdí su nombre. Para viajar por las aguas del mediterráneo en mi diario llevaría escrito su nombre o la palabra antigua: ¿Roma? Sé que duerme desnuda y que el manto para tu desnudez es mi cuerpo cubriéndole apenas de esas aguas que son la llegada del amanecer. Para viajar por las aguas del atlántico dijo que estaría contigo como una sombra fiera y así me llevaría a los recuerdos del lugar donde nací

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y extraerte de aquella sombra raptada, o reconocer que un buen día perdí su presencia aunque después volviera solo para decir su nombre. Lo mejor será viajar por aguas cristalinas y decir que ya está en el mar. Es la sombra de su nombre y quiero decirlo para saber que sí la perdí.

III Algo más que lo anunciado. Estaba casi muerto y en total silencio y todo terminaba; oí la palabra mágica. Esa noche volví la mirada hacia atrás y reconocí su presencia con un saludo. Fue terrible: no la encontré viva ni muerta: apenas una sombra y alcancé a reconocer algo parecido a su rostro. Supuse esto por su voz que en mi infancia era mágica: desperté al instante y lo que parecía una muerte segura, dio un giro, y todo cambio. Muy pronto aquella noticia de sueños terminó. Seguramente estabas ella esperando mi llegada al mar. Sucedió algo muy distinto. Las sílabas de esa voz

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anónima tuvieron vida y sí hablé al oído y desde ese día, otra, fue tu sonrisa. Era novedoso ver tu nombre en aquella hoja. Por mi parte, e había salvado –como dice la voz popular– de una muerte segura.

IV Algo más que lo anunciado. Lo que quiero es conservar la máscara secreta. Escribir por un instante esa edad inmóvil vista con la luz de la luna y puesta en otra ciudad. Sabiendo que tu rostro me parecía real y asimismo era una máscara. Durante años estuve buscándote para encontrar que en esa hoja de oro tu nombre está escrito. ¿Quién será el que escribió ahí tu nombre?

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Ricardo Cázares (Ciudad de México., 1978)

Autor de los libros (Palas) (premio de poesía Joaquín Xirau 2014), Es un decir y Drivethru. Dentro de su trabajo como traductor destacan la primera versión completa al español del extenso poema Los poemas de Maximus y Poemas de Maximus IV, V, VI, de Charles Olson, así como Maleza de luz, una amplia antología del poeta Ronald Johnson, los libros Pedazos de Robert Creeley (en colaboración con José Luis Bobadilla), Recordando a William Carlos Williams de James Laughlin, Polvo y conciencia de Truong Tran, y la antología poetica Renacimiento de la poesía inglesa. Es coeditor y miembro fundador del proyecto editorial Mangos de Hacha, y editor de la revista de arte y literatura Mula Blanca.


De ÓSS, fragmento inédito del 2º volumen del poema

(Palas)

a living limb from Winesap tree

long dead

will produce Winesap from memory

in any unknown root

nobody knows how

Joel Felix, Winesap (Apple)

Del irminsul brotó una semilla

palabra raíz, arborescencia del fresno familiar

esencia última de Fál

pene de piedra

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columna erguida para Nerthus

para Njörðr y Freyr

y Freyja

que cabalga el jabalí


y a él vinieron hombres a ser dioses

vino Wōden de la tribu

de Vanir

a dispersar cien mil esporas

sobre el lecho atmosférico en féeries

palabra magia de Juanele en Gualeguay

espiga-rama que se hunde

en el vientre insondable de la síntesis del todo

(lo vio Carlomagno en Paderborn

y ordenó que el tronco infiel

fuera talado)

entonces vino la noche del hombre in gyrum imus nocte et consumimur igni

cárcel de fuego

capicúa cartesiano

larga noche del método que fue

palabra griega, alambrada

del camino imaginado

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en Roma y Languedoc continuaría

la celosa inquisición

de toda inconsecuencia

palabra mínima, mayor

larga noche para el método pagano

atmen blasen sawol incandescencia de la mente

(el relámpago maduro

que desata el nudo negro de las nubes

como si el sol

o el aire mismo que se escapa por la boca

nos permitiera recordar

algún patrón de tela sucia y desgastada para en él hilar de nuevo

la impostergable implosión termonuclear

que impacienta a las estrellas)

quien con-sidera

la palabra rotación

palabra-idea que nos brama un mu desierto

en la cabeza

adivina

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el vacío cuántico del orden


palabra rígida, se quiebra

(así el colapso paulatino de esto aquí

esta galaxia hecha palabra elipsoidal

-mo-le-cu-li-za-ción-

del pensamiento

palabra-problema

Ultima Thule de la lengua

que congela o evapora a conveniencia

el agua verde del Avernus

(para Virgilio, no la boca del volcán

donde los pájaros perecen, sino

la transubstanciación de la materia

en caligo tenebrosa)

dos palabras latinas de profeta

(+ amen, que es hebrea o aramea)

quien mire el cielo y considere esas palabras

quizá pueda apreciar la alteración

de las partículas de H

y de He

palabra sol, iluminada como el flan

de la corteza prefrontal

cuando se miente con conciencia

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pulso

impulso

propulsión

de todo caos

palabra terca, que no admite artículo antepuesto

para hacerse verdadera

(si es verdad

que el lenguaje de dios

no conoce gramática

pues sólo es nombre

o ha de serlo)

he ahí la uniforme soledad

de almas y de almejas

palabra atea aunque contenga la esperanza

de algo hermoso y permanente

como el brillo de las perlas

del Irminsul brotaron atmen blasen sawol

palabras viejas, herederas del proceso

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a través del tenue filtro

del azar

rezuman sílabas matrices

la poesía proyectiva en el modelo

de James Watson, Francis Crick

al desnudar nuestras cadenas

palabra de hombre-animal, naturaleza

UNO DE ELLOS nunca duerme

como no duerme nunca caza

ni pelea

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como no duerme apenas come

pues sólo come aquel que mata

o que guerrea

como no duerme no conoce a la mujer

aunque una vez pudo frotarse

con la pierna de su madre

como no duerme casi siempre

está solo con el fuego

y la piedra de tallar

sus hermanos van al bosque

y le arrojan los pellejos

como no duerme los demás le dicen lobo

lengua de lobo que hace formas

en la noche

y pronuncia palabras imposibles

como no duerme él conoce el firmamento

y pronostica el embate de las aguas

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de las tormentas que supuran de la luna

como no duerme sabe ver

que las estrellas van bajando como un río

hasta mojarle el espinazo a los barrancos

y sumergir las sepulturas

y atiborrar las ramas altas de animales


como no duerme ve las aguas desbordar

ve el aluvión del valle blanco

donde duermen los que cazan

y se arriman

oye a los pájaros que vuelven al calor

como las hembras cuando gozan y se hinchan

oye gemidos que lo agitan

que desordenan las estrellas

y entonces talla de nuevo su piedra

como no duerme talla a solas una runa

talla su vientre y sus piernas y su miembro

que enloquece y nadie más tallará

hasta que aúlle de nuevo

y su voz anuncie el viento y la hojarasca

y su piel vista el pelaje de los ciervos

como no duerme

por la noche las mujeres van a él

y él se harta de su carne y de labrar el valle húmedo

porque ya sabe que los fríos arrasarán

toda la carne y la madera

cuando no se ven las estrellas

funde un puñado de grasa

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y derrama la flama en el cuenco

asĂ­ ilumina la noche

y cosecha las palabras

asĂ­ se queda tranquilo aunque no duerma.


Daniel Bencomo (San Luis Potosí, 1980)

Su libro más reciente es Espuma de bulldog (2016, Luzzeta Editores). Es autor de Alces, Rejkyavik (2014, Libros Magenta-DGP). Del alemán ha traducido poemas de diversos autores como Hugo Ball o Hans Arp y los libros Canon previo a la huida de Tom Schulz (2015, Cuadrivio-DLSLP) y La calma entre el cero y el uno de Björn Kuhligk (2015, Bonobos Editores). Lleva el blog Mnemosyne Bar: cactusverbal.blogspot.mx


Ver a louise brooks en una ventana del piso 24 ≈ Sentir como el gorrión que teje la pantalla del éter a través de los hilos menos visibles de un químico en mixtura —composito de plata, de hueva de antimonio, de plata de mezcal— creado por un grupo de ardillas roijalbas en el fondo de la nuca. ≈ El ave tira de un color imposible en la curva de la retina. En las líneas del tiempo las protestas toman forma de muñón esmerilado con saliva de búfalo. ≠ Y una fuerza muy distinta a lo porno cobra dimensiones de vista panorámica abrazando los hechos. Las cadenas de oruga impulsan a la médula con el giro de la ouija más potente de otro cuerpo.

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≈ Como el mito mĂĄs anestesiado podemos tener alas y pezuĂąas blanco y negro que embisten por reflejo.

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Un ojo de buey en australia El cielo no se abría en modo caleidoscopio. Era un diorama, océano sin definir a golpe catalejo de nosotros que abrimos el volumen del color bajo el control remoto de una ninfa. Entonces comenzaba a comprender el Nosotros no como una orilla peligrosa, sino como un coral cuando observa que se avecina un barril de petróleo caído por error desde algún barco bodega. Era una fiesta observar los pólipos ondear evanescentes abrir la contrachapa en un azul tan bondage hasta golpear la espuma en una playa australiana. Ahí los encontró un aborigen que medirá una constelación a través de sus poros:

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tal es la impresión que pervive de tu no-tú de mi no-mí: pues al final no somos sino un par de jabalíes que toman el camino de regreso justo por en medio de la carretera. para C.

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Coleridge La fuga es perceptible. Un vástago bombea realidad con realidad. El mar, a miles de sueños de distancia, apareció. Fueron a nado hasta su centro: pusieron una flor de dinamita. En onda concéntrica brotó una liebre, y la liebre, ama bondage del murciélago, tatuó sus fotogramas en mi espalda. La espalda no veía las consignas políticas. Sólo echaba hacia adelante. Preguntando por las rastas de la noche, por el petróleo robado de la noche, algo escupió. Alguien mordió el cogollo explosivo. Su índice nutricional marcó un exceso de amor. Saña de osos polares que eructan un salmón (De: Espuma de bulldog, Luzzeta Editores, 2016).

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Leticia Cortés (Guadalajara, Jalisco, 1980)

Poeta y promotora cultural. Ha publicado los libros de poesía Lámparas de sueño (2006), De tu ausencia y mis pérdidas (2012) y Habitar la muerte (2016). Ha sido apoyada por el PECDA en el año 2006 con su proyecto Aeropuertos y en el 2011 por el CECA con su libro De tu ausencia y mis pérdidas.


Cuando a papá le anunciaron que tenía cáncer él ya lo sabía: estaba empezando a morir. Pero ese tipo de muertes son de esas difíciles de aceptar porque, por supuesto, uno siempre va a querer salir librado de ella.  Imposible, no? A papá le dieron quimioterapia, radioterapia, coloterapia, musicoterapia, doloterapia y todas las terapias: Papá quería vivir. Pero quién quiere vivir en medio de tumores, de tráqueas quemadas por el vómito, de músculo ausente y piel delgada? Quién quiere verse las venas picoteadas, llenas de agujeros con líquidos venenosos? Quién quiere vivir sabiendo que sólo postergamos lo que inevitablemente va a suceder. Papá estuvo cuatro años así.  Y exactamente a los cuatro años y nueve días papá se levantó a desayunar. Pidió algo de fruta y después un chocolate. Hacía planes para comer algo y después dijo “veo una luz...” - Una luz? como cuando te vas a desmayar? Con la cabeza negó y sus pupilas empezaron a dilatarse - No, una luz muy grande... todo se está iluminando Papá empezó a agonizar.

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Corrí a mamá de casa. Mamá gritaba, llamaba a las ambulancias mientras papá agonizaba. Cuáles son las últimas palabras que se llevan los muertos? Qué es eso que se escucha mientras se voltean los ojos? Qué se ve? - Papá, qué estás viendo? Pero papá veía esferas, veía pequeñas burbujas por todos lados, veía algo en donde yo no veía nada. Trataba de decir algo pero no decía nada. Se señaló por última vez el estómago: el origen de su cáncer. - Todo estará bien, papá Y papá murió. Trato de recordar ese rostro que agonizaba, esos ojos horrorizados pero no puedo. El psicólogo ha dicho que la mente bloquea ciertos recuerdos para protegernos del terror. ¿Qué puede ser más terrible que olvidar aquello? Y entonces el estado catatónico. Me recetaron píldoras “escribe, escribe, dile algo a papá” Y yo, callada. Nada. Pensar: Lo mejor de su enfermedad fue su muerte. Píldora. Escribir.

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Nada. Hace un par de días alguien vino a visitarme. Se sienta frente a mí mientras pienso en esas pequeñas plumas de aves que caen de un lugar. Plumas que caen de un lugar que nadie más ve. Se sienta frente a mí, me agarra el rostro. Lo volteo a ver y entonces me dice anda, cuéntame cómo es que conociste a Nacho. Y yo sonrío. Cuéntame... Y entonces volví a las calles de Gijón, a la Playa de San Lorenzo. A Cimadevilla. Me vi caminando hacia la Lloca. Me di cuenta de que, a pesar de todo, tristemente sigo viva. Y que Él, con su extraña tristeza, me ha hecho volver.

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A Picho Torres

Conocí hace tiempo a un hombre que sabía  un poema de Baudelaire. Me lo dijo de memoria entre una  cortina de luces y de humo.  Luego me habló de su Gato  y hablamos de los gatos de Charles.  De las mujeres que los odian  y terminan matándolos  y luego no saben qué hacer  con los pobres animales. Lo conocí cuando apenas  entraba el invierno. Nos hablábamos como conocidos  nos besábamos como conocidos  Hicimos el amor como conocidos  Aunque éramos dos personas que acababan de conocerse.  Conocí a un hombre que después se hizo fantasma. Desapareció entre humo de sonidos  y ráfagas de cigarros. Solo tengo algunos  de sus cuentos acústicos,  imágenes en jpg y un número en whatsapp. 67


Mensajes que nunca se contestan Citas que nunca se cumplen.  En fin. Somos desconocidos  que se conocieron con las miradas  en una sola noche. Pero suelo enamorarme  de las desapariciones. De los ojos brillosos de los fantasmas.

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Hay una palabra persistente. Un fantasma con arquitectura corporal. Esqueleto que se adecúa a lo permanente. Un cuerpo en exploración. Con quién hablas mamá.  Y tu cuerpo se convierte de a poco en ataúd. En caja inexplorada. Tu torso es un panal: avispa negra tus labios.  Y la calle es una curva que no se anuncia. Un jardín adherido a la mano que contiene otro jardín: benzodiacepinas.  Grieta en donde lo visible apenas es visible. Algo persiste en el canto del hueco. Una pared líquida. Apenas es visible lo visible:  Inmutación en la sangre que converge.  Estoy segura que te propagas con el viento. Que dejarás de ser fantasma para ser un espectro. Y tu cabeza de agua ahora será de leche materna. Amamantarás al silencio  Y tu hijo será un útero lleno de fantasmas. No habrá líquido amniótico.  Veneno en las arterias y el corazón. Todo infecto. Nivel proláctico alto. Tan alto que jamás florecerá algo en ti. Alguien lo advirtió desde tu niñez. Nadie quiso que tú fueras madre.  La calle se corona con una nube que no es nube ni dragón. La calle se cubre de una ceniza parecida a tu ropaje.

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Un árbol de almendros viste la calle desconocida. Sustancia que persiste en la sangre. El ave hace sonidos raros: no de canto, sino como de muerte. ¿Has visto cómo se voltean sus ojos al morir? ¿Cómo quedan, Señor, durmiendo los suicidas? ¿Has contado las aves que mueren al estrellarse en las ventanas / que nunca abriste?  Mamá. Abre la ventana. Voy a morir si no la abres. Tengo un tumor en mi canto. Tengo más enfermedad y locura que palabras. Tengo más olvido. Me ahogan mis huesos. Mamá. 

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Saúl Ordóñez (Toluca, México, 1981).

Ha publicado los poemarios Relación de viaje, en el volumen colectivo Egogonías (2001), Museo vivo (2009), Jeffrey (obra negra) (2011, Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 2011), Variaciones sobre un tema con algo de Lope para Coral Herrera (2011), Entre heces y orina (2013), petite maman (2015) y Libro de memoria (2015).


Alejandra Pizarnik i Dibujo con tiza la palabra pan y tengo hambre; la palabra agua y tengo sed por no poder beber la palabra agua. Dibujo con tiza la palabra árbol-alejandra y de mi cabeza crecen ramas; enramada, laberinto en donde quien busque debajo de la palabra-alejandra me hallará, niña perdida, muerta, guijarro, huevo –yo sólo vine a ver el jardín. ii Llueve. Alejandra es una muñeca de papel. Una muñequita de papel en la lluvia. La guardo bajo el suéter. La aprieto contra el pecho. El agua cala. De Alejandra no me quedan sino girones mojados.

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Cindy Sherman Tanto he perfeccionado mi arte, que soy una pizarra en blanco. Tantas veces reescrita y borrada, que devora todo lo que pongo en ella. Un agujero vomita estos papeles. Debajo del maquillaje, los vestidos, las pelucas; detrรกs del attrezzo, hay nada. Cindy no existe.

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Juan Gelman ay/ juan/ si tus manos/ también las tuyas/ chorrean sangre de miles torturados/ desaparecidos/ moridos/ tuyos que cargás en la conciencia qué cargás en la conciencia dónde está tan grande ternura con que a la mundo corazonas.

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Julio Cortázar y de repente —no la mosca en la sopa, ni un universo paralelo ni, mucho menos, una caja de bombones. ¿Quién da a luz a su muerte y es su hijo (de la muerte, se entiende)? Y te quedas mirando fijamente una línea en la pared.

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Diana Del Ángel (Ciudad de México, 1982)

Poeta, ensayista y defensora de Derechos Humanos. Ha sido becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas de 2010 a 2012 y del FONCA, en su programa de residencias artísticas. Barranca, su segundo libro, se hizo acreedor a una mención honorífica por parte del Premio Nacional de Poesía Dolores Castro 2013. Desde el 2012 participa en el Taller de Poesía y Silencio. Ha publicado Vasija (2013) y artículos sobre literatura en revistas como Tierra adentro, Este país, Cuadrivio, Casa del tiempo, Círculo de poesía y Artetipos. Actualmente realiza un Doctorado en Letras, cuyo título de su tema de investigación es El cuerpo propio y ajeno en la obra poética de Rosario Castellanos, Margarita Michelena y Enriqueta Ochoa.


Colibrí Te nombro y tú no vienes chupamirto, picaflor, huitzilitzin, chuparrosa, tzintzuni. nombres, nombres, y ninguno te aprehende. Pájaro mínimo, pájaro insecto, pájaro solo vas del geranio al alhelí. Pájaro mudo, pájaro zurdo, mítico y breve pájaro pulso, corazón verdemar. Pájaro inmóvil, vuelo puro, rutilante, espina del sol te nombro y ya te has ido.

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Canción para cantar de nuevo Un misterioso baile hay en el mundo de lo que nace y muere ¡ay! tan profundo. Se marchitan las flores mas su perfume se conserva en el fruto del sol de octubre. Los pájaros emigran en el invierno vuelven en primavera rasgando el cielo. La luna mece el agua de un lado a otro mi sangre sube y baja ¡feliz retorno! Serán polvo mis huesos caerá la sombra germinará en la tierra la bella aurora.

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Y al olor de la gleba humedecida a danzar nos impulsa la nueva vida.

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Músico callejero Me envolvió el violín con su contento con su nota improvisada de huapango, me llevó por subidas y bajadas del camino, por encima de esta vida burda, por debajo de dolores que me pesan, más que un muerto; más veloces que el ciclón subimos la pendiente del pueblito clavado en plena sierra. Me llevó su canto alegre hasta la cocina de tía Lola, a la dulce vecindad del fuego y del metate, al eterno ir y venir de echar tortillas. Respiré y el aire supo a mayo, a monte fértil de sonidos y tórrido hasta el cielo, al humo de la leña y al café, a milpa bulliciosa. Se me enredó su hilo musical muy cerca de la aorta y al compás del bejuquito recordé que sin hendidura Dios me dio la vida. Me llenó de amor el día por la tierra materna en la huasteca, savia que surge de mis labios, cántaro de carne y verso me vi, completa y sin heridas escuchaba todo, tan de todo y tan de pronto en una nota.

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Nadia Escalante (Mérida, Yucatán, 1982)

Ha publicado los libros Adentro no se abre el silencio (CONACULTA, 2010. Colección “La Ceibita”) y Octubre. Hay un cielo que baja y es el cielo (Textofilia, 2014). Poemas suyos han sido traducidos al inglés y al alemán. Fue becaria del FONCA en 2012-2013 y en la Fundación para las Letras Mexicanas en 2008-2010). Ahora prepara su tercer libro.


Aurora Los escuchaste mientras dormías, en la carretera hacia Tampico. Detuvieron el autobús de madrugada, lo desviaron de su ruta; no creíste en la premonición de que el sueño a veces amenaza. El ruido blanco del monte, los somníferos que tomaste para el viaje los ocultaron en la niebla, pero escuchaste el contorno de sus voces, las líneas duras del metal permanecieron a tu lado. Te despertó una época en que es difícil regresar a casa hacia el norte por la carretera del Golfo. Las noches, antes, eran sólo eslabones viejos y oxidados, lentos para abrirse al día. Ahora te ha alcanzado lo real y se ha encadenado a tu sueño con argollas de voces, acentos familiares que ordenan descubrir rostros, contestar preguntas y abandonar el viaje.

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Uno tiene un solo sueĂąo para resguardarse, pero ahora vigilan los caminos. Uno tiene un solo cuerpo a donde regresar en la vigilia. Un cuerpo oscuro y precario parecido a otros miles que han dado la cara, forzados, al ruido blanco del monte. Bajaron a diecisĂŠis para dejarlos tirados sobre su propia sombra, lo supiste cuando en Tampico escuchaste las noticias.

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Puerto nuevo Comimos langosta, de espaldas al mar, sobre un tapanco. (Yo no conocía aquel sitio ni había comido langosta.) Éramos los únicos comensales. Los músicos para turistas se ofrecían. No quisimos. Tú no parabas de hablar. Dividimos la langosta —una mitad para cada uno— y las tortillas de harina de las que no hacen en el sur. (Yo nunca había comido esas tortillas.) Bajamos a la playa; la brisa acariciaba una herida fresca. Tirados frente al mar y con los codos en la arena, nos dividimos la brisa y la música para turistas a lo lejos; también dividimos

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una separación que se acercaba —una mitad para cada uno— y el sonido de las olas para no tener que hablar.

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Horacio Warpola (Querétaro, 1982)

Publicó junto a Gerardo Arana y Antonio Tamez Neónidas 2006–2008 (Herring Publishers México). Ha aparecido en las antologías Besar de Lengua (Fondo Editorial de Querétaro), Poets for Ayotzinapa (Mexico City Lit) y Últimos coros para la tierra prometida: 40 poetas jóvenes del Estado de México (Consejo Editorial del Estado de México), entre otras. Actualmente coordina el proyecto Cine Panorama y es editor de la revista de ilustración y poesía Gus Ultramar. Ha publicado los libros de poesía Lago Corea (Herring Publishers México), Física de Camaleones (Fondo Editorial de Querétaro), METADRONES (Centro de Cultura Digital-Libros Malaletra) y Triste suerte de los peces voladores (DaSubstanz-NewHive). Hizo para Mamá Dolores Cartonera la selección y edición de Embutido de Poetas - Muestra de Poesía Mexicana Actual y Mis primeros dientes: Antología de Escritores Queretanos Nacidos en los 90. Ha sido, con distintos seudónimos, colaborador en revistas, periódicos, suplementos, blogs y exposiciones de arte. Escribe constantemente en warpola.tumblr.com, imparte talleres a jóvenes escritores y es becario del PECDA 20152016 en la categoría de creadores con trayectoria.


De Badaud Electrónico

Los árboles las plantas los conejos las hojas los troncos las orejas La piel se arruga Se vuelve complicado abrir una lata de guisantes arrojar una semilla cultivar una flor brincar por el patio soñamos con el primer brote de púrpura soñamos con la tierra húmeda de las Islas Salomón soñamos con un bosque de tréboles a veces nos caemos y abrimos nuestros cráneos Todo el tiempo soñamos con la muerte dejamos que nuestras raíces quiebren el concreto que germine un tallo con una flor de fuego que los orines se vuelvan veneno No importa quién seas como semilla como átomo como mineral resurgirás de la brea

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Conocí un niño fantasma usaba pantalón de mezclilla y playera negra habitaba un cuarto del Hotel Feregrino me quedé allí alguna vez me inyectaba bebía ron lloraba frente al espejo y después me iba La primera vez que lo vi él estaba sentado en la orilla de la cama intenté girar pero no tenía las fuerzas más tarde reventé en un bar de la avenida Fabia sentí una uña encajándose en mi pecho De la oscuridad apareció él indicó hacia dónde tenía que dirigirme

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Leyes atómicas La semilla germina hasta la primavera siguiente Pasto crece donde antes no había pasto Con los nuevos pastos la población crece Los predadores crecen con el pasto Los biólogos crecen con los predadores Sin gente, los incendios no son problema

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Auto de los corazones que se han dejado llevar en el camino Me autonombro el rey de las moscas que se acumulan en la fruta Reina de los cirros y de las partículas subatómicas Príncipe de los algoritmos Presidente de las abejas que perdieron un ala Ministro de los abedules deformados por los huracanes Generalísimo de las escenografías imaginarias Gobernador de las palabras que salen de mí como torrente de pixeles Coronel del spam Basura automática A la medianoche Cuando matan a las palomas y a los indigentes A los perros callejeros Tráfico en la deepweb Toque de queda en la periferia de los mapas de papel Rey de los misterios acuáticos A la medianoche No quería romperte el corazón Príncipe de los amortiguadores No quería matarte a tiros No quería moler tu sangre Tu sangre regma Súbdito de los plásticos Donde tu autocondenación es la libertad

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El bosque Tu propio árbol Tu propia núcula Presidente de las hojas de otoño en Santa Bárbara Autoflagelación del lenguaje Donde la verdad histórica es un pixidio De palabras

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Alejandra Quintero (Morelia, 1982)

Directora del Colectivo Paracaídas, organizadores del Encuentro Nacional de Letras Independientes por siete años. Ha publicado en revistas, suplementos culturales locales y nacionales. Aparece en varias antologías, entre las cuales están: Antología Los nombres y las letras. Muestra de la poesía contemporánea en Michoacán 1965 2007, Morelia ( Jitanjáfora y SECUM, 2007). Antología El brillo de la yerba húmeda. Antología de mujeres poetas en Michoacán. (2015) Morelia: Secum (2011) y Plexoamérica. Poesía y gráfica de Morelia-Valparaíso, Grupo Casa Azul-Ediciones Universitarias de Valparaíso, 2013. Beneficiaria de Coinversiones para producción artística dentro del período 2010-2011, para la edición de la Antología del Encuentro Nacional de Letras Independientes 2006-2011. Tiene una plaquette titulada Bitácora de asfalto, SECUM, 2009.


Tigre sin rayas La noche hunde su prestigio de tigre muerde al sueño y al cuerpo el tigre de la noche en el agua. Amparo Dávila

I La noche en su penumbra arrasa con los objetos a su paso los destruye con sus colmillos atroces desaparece los gestos las líneas de las manos incluso los murmullos que apenas percibo y salen de tu boca. Mañana vendrá de nuevo con sus garras amenazantes a rondar la habitación con la gratuidad de sus extremidades que trepan los muros de la nostalgia y dan saltos mortales al recuerdo. Regresará a envolver la pesadumbre a simular la ceguedad. Buscaré un pretexto endeble que dé nombre a las cosas que reconstruya la mirada 96


la que rompió con la violencia del amor de las separaciones universales innombradas incalculables. Quizá nos demos cuenta por fin que este lugar ya no es mío ni tuyo que ya no le pertenece siquiera a este tigre oscuro silencioso que nos acecha dentro de la casa. II El sonido rasposo de la voz labios distorsionados en fluorescente taquicardia malentendida trémula provocada por los ruidos que se transforman en presencia en una especie de bálsamo que calma la ferocidad del recuerdo y convierte el acto de desnudar que sólo es comprendido por tus manos. Los paisajes a esta hora pertenecen al otoño los arboles de colores cobrizos contrastan la media luz de una mañana que no termina de caer que silencia este paraje insólito del corazón.

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III Tu deseo es una pantera incendiada que camina cautelosa por los límites de la ropa hace equilibro en las bardas frágiles de la memoria. Esconde entre sus garras el sonido de un arpa cayendo a destajo desafinando en contorsiones empalidece las tonalidades del negro con sus cuerdas el contraste absurdo de la melancolía. IV Las paredes blancas aíslan el tiempo que transcurre a velocidades inverosímiles. Los labios rozan tu taquicardia. El estallido de los colores, mezclados con aullidos de emoción y ternura el tono exacto que lleva al punto del encuentro. V En el cielo se apagan las hogueras las nubes desprenden humo desencantado

que divide el ahora del ya nunca.

La soledad es el símbolo —intrascendente, por cierto— de la miseria absoluta de un olvidado

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Lorena Huitrón (Xalapa, Veracruz, 1982)

Estudió Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad Veracruzana. Ha sido beneficiaria del Programa de Estímulos a la Creación Artística en el Estado de Veracruz (PECDAV) en las categorías de poesía (2009-2010) y novela (2013-2014). En 2008 obtuvo el primer lugar en el XXIX Concurso de Poesía del Colegio Mayor Isabel de España en Madrid y en 2015 el Premio Nacional de Poesía Experimental Raúl Renán. Algunos de sus poemas han aparecido en revistas impresas y electrónicas. Ha publicado dos libros: Parábola del desconocido (Fondo Editorial Tierra Adentro, Colección la Ceibita, 2012) y Erigir una Fortaleza (Instituto Literario de Veracruz, 2013).


Un depósito, tal vez una cuba de paredes de vidrio de óxido de níquel, retumba para agotar su concierto. En frecuencia infrasónica no puede comunicarse. Se sabe que ningún hombre puede escucharse por debajo de los veinte hercios. Menor a esa frecuencia, sólo puede sentirse. Algunos llaman a esa región presencias, manifestaciones o fantasmas. Pero es probable que sólo se trate de una música muy mal entendida, algún algoritmo ignoto, o tan sólo una persona que está consciente de su propia cirugía y debe permanecer quieta para no hacer jirones de sus ojos.

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Tommaso Campanella hablaba de una Ciudad del Sol “una imagen completa del mundo, en estrecha dependencia con respecto a las estrellas”, trazaba un territorio en siete círculos nombrados como siete planetas. En un orificio pequeñito someten al ojo a examen, la pantalla se vuelve azul, verde, una mancha de acuarela se abalanza sobre las letras. El ojo se concentra, Z, V, L, N, O, P, A,

se mueven en la mancha azul, están en una alberca, hacen buzos, no hay Ciudad del Sol ni orden del mundo sino una luz azarosa, la vista es una rampa que da al abismo, el mundo es un balón, se resbala.

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Para Giordano Bruno la luz es el camino en que se imprimen en el mundo interior las imรกgenes y los signos divinos. No es la misma que lleva las impresiones normales a los ojos. Estรก atada a la contemplaciรณn.

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En el quirófano te dan pelotitas anti estrés mientras el ojo se atraganta de colirio y radiaciones. Como si le metieran una serie de luces navideñas y el enchufe cayera hasta el fondo del estómago y dejara pasar su tintineo por todo el organismo aunque el iris sea al final en el que todo recaiga: el odio hacia la luz, la gana posterior de seguir atrapándola como grillo en una cajita de cartón, la necesidad de tener a esos grillos y hacer de ellos un amasijo de canto vivo que perdure porque así es el sentido de la vista y nadie lo quiere perder.

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El ojo es un solárium; la luz, su tralla.

Los 3600 metros por segundo es un vómito malva que se derrama en cámara lenta sobre la córnea. Se resiste, los nervios quieren medir su fuerza con la luz, pero el ojo se sabe de agua y hule. En él un bisturí que parece de juguete nada, choca contra él de nariz. La respiración se aísla porque al enfrentarse la córnea puede traicionarlo. También el cuerpo.

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Javier Taboada (Distrito Federal, 1982).

Maestro en Letras Clásicas por la UNAM, institución donde realiza estudios de doctorado. Traductor del inglés y del griego antiguo, ha traducido a Alceo de Mitilene (Poemas y Fragmentos, 2010), y a Jerome Rothenberg (Un poema de Milagros y Un Testigo Más, de próxima aparición), entre otros. Es autor de Poemas de Botica. Su trabajo ha sido publicado en revistas nacionales e internacionales.


Poemas de Botica: Crac Un joven de quince años pidió un gotero de cristal para bajarle a su bebé la temperatura. Mejor uno de plástico que el vidrio es peligroso si el niño tiene dientes. No lo quiebra

no lo rompe.

Y besó una cruz que hizo con los dedos. Fui por su jarabe y me dejó hablando solo con la medicina. Nunca había visto a un tipo tan flaco. ***  La piedra el fumado en papel en lata de refresco o gotero de cristal es un tizón de sesenta pesos llaga que arde viva entre labios y garganta. Hay que jalarle duro fumarse hasta las burbujas oír el crac en la piedra y sentir cómo pega en putiza. 106


*** Pasadas las diez de la noche chupando la mugre de las uñas por si algo sobra los muchachos del crac ángeles de cera sobre una flama salen a la calle con todas las palabras en la manguera de la lengua el sexo de fuera y erecto. El barrio cierra sus ventanas tapia sus puertas porque los muchachos del crac aúllan y se rascan para quitarse los piojos que inundan su piel pues es mejor dejarla en carne viva a que se la coman los gusanos. Los muchachos del crac ejército de cadáveres sin camisa pubertas embarazadas caminan a ninguna parte juegan volados o rayuela cantan

bajo la pequeña luz del encendedor

y miran de reojo buscándose el cuchillo. Luego caen uno por uno bajo los dedos del alba. 107


*** Al abrirse las puertas del metro los muchachos yacen en el piso como pan con hongos arcada del ebrio viejo al que chupรณ el diablo.

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Nacencia: XIX para Emilio

hacia el vacío toda palabra: un paso un crear mundo hacerse cuerpo * un ciclo la palabra de mi boca: su cotidiana resurrección * la transmisión: paradoja de los nombres que damos a las cosas * el estruendo del rayo la sordera de la muerte: azules rojos la llave de lo oscuro el fuego que asciende y su abertura: todo sentido se desvanece apenas pronunciado * en tus oídos un mundo: no tu mundo

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* ser nombrado: dar nombre: luz acaso mĂĄs radiante: silencio que deforma por fin restituido * una nueva traducciĂłn o la misma: la mariposa de oro a travĂŠs del invierno del mundo | K. Kraus siempre sometida a su propio tiempo de nacer y morir.

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Fernando Carrera (Guadalajara, México, 1983)

Es autor de los libros de poesía Expresión de fuego (Mantis Editores-Sec. de Cultura, 2007) y Donde el tacto (ICA-CONACULTA, 2011; Là où le toucher/ Donde el tacto segunda edición bilingüe, Mantis Editores-Écrits des Forges, 2015). Recibió el Premio Nal. de Literatura joven Salvador Gallardo Dávalos 2010. Recibió Menciones honoríficas en el Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén 2009 y en el Premio Nal. de Poesía Efraín Huerta 2006. Becario del Programa de estímulo a la creación y al desarrollo artístico, del CONACULTA y la Secretaría de Cultura de Jalisco en 2008-2009 y en 2010-2011. Publicado en diversas antologías (El viento y las palabras, Renovación poética, escritores de 1980-2000, Diez y nota, Poesía viva de Jalisco, entre otras) y en medios impresos y electrónicos a nivel nacional e internacional, tales como: Revista Crítica, Confabulario-Suplemento del Periódico El Universal, Periódico de poesía de la UNAM, Revista Armas y Letras, Revista Tierra Adentro, Revista Punto de partida, Revista Luvina, Suplemento La Jornada semanal, La Siega-Revista cultural de la Universitat de Barcelona, Portal Letras s5.com de Chile, Panorama Cultural de Suecia, entre otros. Libros y poemas de su autoría han sido traducidos al francés y albanés.


Última nota

VIENTO del sur, algo ha cambiado, un gesto una palabra, el viento se me nota. El mar está, llama de frente y a veces se me olvida, de pronto se me vuelve sangre en las manos, detrás de la piel esconde lo que la furia Quisiera no ser más el que aúlla en pleno mediodía, por algo que no sabe, apenas presiente El mar estalla, ama de frente a lo que ha sido orilla: lo que lo mira desde arena. Adivino el pasado

Es

oficio

de quien busca robarle al silencio tu voz y comerla hecha fruto de la espera: tocarla en su sabor, al fin, definitivo y rojo. Éste, el aliento robado a tanto gris tejido, nuestro nombre, en el aire se volvió pez, trazo en el hondo bajo fondo de una noche extendida hasta el cansancio de las cosas: hasta la mueca de una cama, siempre ruina, con el rostro destendido y honesto de los paisajes abandonados

Le-

vanto un brazo, entrego al viento mi mano abierta, llena de vacío y tacto. La alcoba es horizonte siempre incierto para quien hace las preguntas correctas. Soy apetito que no se resigna, metal ardiente en el centro de la duda: he jurado hundirme con mi barco. O descansar de nuevo, triunfante, en el color en la luz de tu saliva, de tu secreto hecho boca y música del mar, esta llama En mi frente una sola isla, un solo nombre

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Revelación de Tláloc

Cuerpo que vas a la deriva, cuerpo. Espíritu en la mano, a flor de piel la luz nos existe. No soy el Dios de la lluvia: es la lluvia de fuego que al caer forma a quien ama, el que engendra, soy. La doble serpiente en la mujer, el cuerpo sin rostro que domina al tiempo Miras tus ropas extendidas en la cama, vacías: sabes que el azar no tiene geometría, ni el recuerdo. Así, evocas el agua que fue agua en tu boca; el café y el verde compartidos en la mirada; en el olor desprendido de tu cabello y el árbol; en el mar volviéndose, de pronto, tierra Templo de la doble efigie, no soy la lluvia, no soy el fuego. El cuerpo que gira en el centro del aire, la caricia en la mujer desmembrada, soy. Cuánto dolor la sangre en la piedra, amor de estas garras que son rostros: gesto inicial de lo creado En tus manos hay una línea nueva “¿Podremos caminar sobre esta cuerda, juntos?” dices y me tocas, como quien mira el mar por la tarde. Nunca fuimos tan poderosos, tan plenos como en esta luz que es cielo de todo: sobre la hierba donde extendimos alimentos y vino (siempre el rojo que amanece), hacemos el amor -el fuego que así se nombra- y derivamos mínimos, fugaces como río que se escucha, viento que se huele, al fin nombre que se besa En mi rostro el hambre de los siglos, primera voracidad en la mirada, la bocanada de aire en la desolación de los hombres al nacer;

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los colmillos que ves, la incisión de la luz en tu nuca cuando el sol no puede ser ignorado. Cuerpo que guardas el sabor y el tacto que será, el poder en sí mismo posible. Todos los sentidos y la lluvia responde, el fuego y la tierra germinan: cuerpo mujer que es hombre y mar. En el rostro de la piedra mira el reptil definitivo, el águila que soy

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Ciertas cifras Un ángel me turba en los números, en ciertas cifras -una luz secreta, verdadera, conforma la ansiedad que nos supone. Si la premonición es calor, la hoguera en mis ojos es camino: nueve son 18, el día en que la primera mueca, el estruendo del primer diluvio me hizo hambre: hombre, tal vez, el que escribe en sus nueve, son 27, 36, 45 los años en la voz de este palabral que recorre, ahora, el misterio

Arriba / abajo » Ir / volver » Atrás / delante » Cielo

/ tierra » Dentro / fuera: dos son las caras de la moneda que en pleno vuelo (alas bien abiertas) fulge “¿quién tira los dados?” Prefiero el tres: el pez llega en marzo: la tercera puerta. No viene con el sol ni con los gestos gastados de la estación primaria: viene con la cifra, la tercera, que es la vencida, dicen En mí la derrota

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Manuel Becerra Salazar (Ciudad de México, 1983)

Poeta. Es autor de Cantata Castrati (Colibrí, México, 2004. Segunda edición, Colibrí, Colección As de oros, 2006), Los alumbrados (Estado de México, 2008); Canciones para adolescentes fumando en un claro del bosque (Universidad Autónoma de Zacatecas, 2011), Instrucciones para matar un caballo, (CONACULTA/FONCA, 2013) y La escritura de los animales distintos (próximo a publicarse). Ha sido galardonado con el Premio Nacional de Poesía Enrique González Rojo Arthur 2008, el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 2011, el Premio Nacional de Poesía José Francisco Conde 2013 y el Premio Nacional de Poesía Enriqueta Ochoa 2014. Ha colaborado para varias revistas de México y del extranjero y ha sido invitado a encuentros nacionales e internacionales de literatura como el XII Festival de Poesía en La Habana, Cuba, en 2007 y el Festival International de la Poésie de Trois-Rivières en Canadá, 2015. Obtuvo la beca Artes por todas partes de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México por los proyectos de Spoken Word, “Los alumbrados” y “Sinfonía de cabaret” en 2006, y la Beca para formación de jóvenes escritores de la Fundación para las Letras Mexicanas en la especialidad de poesía durante el periodo 2009-2010. Actualmente es el director editorial de la revista Calavera canario.


Carlos Oquendo de Amat Capaz de iluminarme entre los muladares, nací por los valles de Puno. La tristeza como oficio me vino del padre: viejo ágil en detener la hemorragia y virtuoso era en el arte del embalsamamiento. Madre, bisnieta de virrey, construiste una aldea a orillas de la barranca que aún sube como un encanto indeciso entre el cielo y los reinos de Lima. La mañana que vendría me hallaría viviendo contigo para toda la muerte. Después conocí el mundo. Caí embrujado por el despeñadero que se da en el alma de los hombres contra el Sena. Quizá nunca vi la nieve. Quizá la nieve, como el rayo, sólo se puede mirar en el recuerdo. Conozco sus dominios ilimitables. Llega al hombre por el sueño, su zafiro oriental, su Japón. Después ya desmemoriado y de vuelta al mundo sabe que el invierno es un recuerdo. Pude conocer el mar de México y haber desembarcado en esos puertos como en una lengua natural. Debí haber escuchado la jarana, la mandíbula del asno. Yo, Carlos Oquendo de Amat, iluminado y muerto de tuberculosis, escribo.

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Carta de mareo La marea es sencilla y es certera. A su lado la violencia del hombre se pierde igual que un cuerpo bajo el agua. Por la mañana arroja a los turistas entre despojos y estrellas de mar. Es una máquina de hacer caballos. Trabaja, como tú, con el abismo, perturba con cada una de sus tablas el pulso con el que empuñas la pluma, y sin embargo es sencilla y certera. Mientras escribes en tu sitio, aquí un par de jóvenes cazan moluscos. Abren su carne blanda sin asombro. Las mujeres del trópico caminan. con un conocimiento de rosa contemplada. —Cada una le ha puesto, en el momento, un nombre a la tormenta que se acerca— Viven para siempre en el puerto. Comen de la agonía de las langostas. Lo hijos tienen hijos que no nacen. Los aldeanos hacen el amor por las mañanas. Duermen sin separarse ni un instante: las manos siempre enlazadas, como las nutrias, para no perderse. Fotografían en la playa a un pez diablo mientras se pudre bajo al sol.

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No piensan en fantasmas, como tú mientras escribes y ordenas papeles como un pequeño ángel de oficina. Aquí el mar se contonea sin pensamientos ni ley rigurosa. La marea es sencilla, créeme: Detén por un momento la escritura, y escribe lo inmortal sobre la arena.

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José Enrique Ramírez Aguilar (Zamora, Michoacán, 1983)

Poeta y pintor autodidacta. Ha publicado en periódicos de Zamora. Figura en las Antologías del XIV, XV y XVIII Encuentro Internacional de Poetas Zamora, Michoacán, en 2010, 2011 y 2014 respectivamente. Publicado en la revista Red Door Magazine de Nueva York. Publicado en la revista Sequoya Virtual. Difundido en XTASY radio. Es parte del blog poético mispoetascontemporaneos. Ha publicado el libro de poesía Misterio del árbol, 2014. Publicó el libro de bolsillo Pornografía para ángeles, Honda Nómada Ediciones, de la colección Pase de Abordar. Es creador de la versión de Pornografía para ángeles como libro de artista, ejemplares limitados escritos a mano y totalmente pintados por el autor. Como pintor exposición individual en la Casa de la Cultura de Zamora en 2005. Arte conceptual para el cortometraje 5 minutos presentado en la Primer Muestra de Cortometrajes Zamoranos Aquí en corto en el Colegio de Michoacán. Arte para las jornadas de Psicologia UNIVA Zamora. Exposición en la semana cultural de la UNIVA, Uruapan 2009.


Misterio del árbol Todo comienza con un árbol. Un árbol es un rayo-relámpago que emerge de la tierra. Un rayo-relámpago es un árbol que cae del cielo. Cae en fulmíneos trazos o se eleva. O la caída es una elevación del árbol luz, del árbol Abadón, del árbol tiniebla, del árbol Malebolgia. O solamente es del árbol proxenia divina. La forma arbórea siempre se conserva. La forma arbórea que Bóreas gusta estilizar desde el norte de la vida, desde el bosque de la voz que bosqueja el etéreo sur rómbico-triangular. Cipariso, roble, bonsái, ceiba, baobab, todo árbol tiene nombre; pero cómo nombrarlos a todos en uno solo. ¿Acaso bajo la sombra del árbol porfirogenésico, bajo su cuerpo cósmico, bajo sus hojas planetarias, o bajo el árbol que aún no ha sido plantado? El árbol que no se incendie es el Dios bajado del cielo, bajado del seno bajado del celo, de piernas cortezas abiertas. 122


El árbol invertido es el hombre, reflejo, desvarío, delirio-laberinto-rama-raíz-cuerpo, es el árbol de cabeza, penetrado y penetrante, entrante, saliente, creciente, agonizante. Es el sonido (el nido), el signo (lo ígneo), el libro (el himen), el libro del árbol, el árbol del libro, que se hace hojas, que se hace hijas-hijos, que se hace ojos, que sea un libro por hoja por hija, por hijo, por ojo, por árbol, por ti. Siempre por ti. Todo comienza con un árbol, recuérdalo, con un árbol. UN CANTO DENSO

Un canto denso alimentado por el embrión p ir am idal del insecto.

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Un roce de ángeles siento árboles crucificados en mi carne puestos los del derrumbe de la caricia del cuerpo, abiertos en el mar árbol líquido del tiempo; el priste salvaje de mi sexo enhiesto horada las horas de las hadas del encantamiento; tomo para mí sus códigos fantástico-genéticos. Soy inmortal pero sangro árboles, es cierto. De la hoja salta el árbol a la raíz del viento. Y viento, viento es tu pubis hojeando Biblias y palimpsestos. Viento de las piraustas, hálito del incendio. Crepitar de azules libélulas de azules movimientos. Si la mujer barco surge del Lago de Camécuaro será mi árbol de vapor su aposento. Un canto denso alimentado por la pirámide e m r a b i a n r

o i

del insecto. Un golpe de vida yo suelto y Dios cae noqueado, inconsciente en mis versos. 124


Atra Agua clara en la oscuridad bebo. Claridad de subterráneos cielos. Torva de aves pétreas. Hálito dactilar de ojos que tocando saben arborecer las huellas de la identidad del Excelso. Saben triangular cuerpos movedizos en azules libélulas de circulares vuelos. La cascada va en almadías metálicas cabalgando en las arrugas del agua del tiempo, en queltehues sube la lluvia su canto estival y siento este mar claro, que cuelga de mis lentes inmenso. Carámbano del hiperbóreo de mi antípoda. Estalactitas: colmillos de Dios en su holoedro. Íbur intenta detenerme, pero soy demasiado árbol, demasiado misterio. Pero aquí siempre es demasiada raíz en el infinitamente multiplicado reloj de los cuerpos. La raíz cuadrada, cúbica, púbica de mi melancolía, acierto, es igual a siete ángeles concatenados eyaculando cristalinas crisálidas de ámbar milenario y viento.

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Sudor de mi árbol atrabiliario. Escarabajo hialoideo bajo la piel creciendo. Geómetra de mis círculos planetarios. Soledad de cumbres espumosas a las orillas de mi templo. Marejada del cuerpo atómico. Anatómica sed del silencio nuclear en movimiento. No crear agua clara en la oscuridad debo. Prismas genésicos, vapor del comienzo. La luz no es consecuencia de una orden. La luz es luz sin que nadie diga luz ¡silencio! Agua clara en la oscuridad bebo. Acá, en la montaña, sólo una edelweiss arranca cada mañana, increíble, la sonrisa de mi oscuro cuerpo.

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Niebla Puedo ver la sombra tempestiva de los cuerpos líquidos. Líquenes de los sitibundos y los mundos del lejano crómlech. Leche pétrea y sagrada de la que beben, ya manumitidos, los amilobácteres de Dios, en la vía velada de las esferas sinfónicas de las circunvoluciones. Esa música de los espacios inasibles en lo alto suena-sueña. Acá b a j o tu cuerpo viste lencería de árboles entre la n i e b

l

a.

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Luis Téllez–Tejeda (Naucalpan, Estado de México, 1983)

Ha estudiado y hecho teatro, estudió Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Escribe poesía, crónica y ensayo. Desde hace más de diez años lee, critica y analiza los libros infantiles que llegan a él, los reseña y recomienda en cursos y talleres para niños y adultos. Actualmente da clases de creación literaria. Es autor de Busca otro amor. Poemas de norteños y de ruptura.


Transposición de hechos Según nota del Sol de México del 19 de septiembre de 2009, una tarde antes, al interior de la estación Balderas, en el andén dirección Indios Verdes de la línea tres del Sistema de Transporte Colectivo Metro, un sujeto identificado como Luis Felipe Hernández del Castillo desató una balacera que mantuvo en vilo a usuarios y personal de seguridad de dicha dependencia del gobierno capitalino. Armado con un revólver 38 especial, el sujeto realizaba una pinta en las paredes de uno de los pasillos de la estación, el reloj de las videocámaras de seguridad marcaba las 17:14. El policía Víctor Manuel Miranda Martínez, llamó la atención de Hernández del Castillo, quien forcejeó con el uniformado, tras nueve segundos de jaloneos, el civil sacó su arma y la disparó contra quien le había reconvenido su actitud. Tras este primer enfrentamiento y debido al estruendo del balazo, el caos y el pánico se apoderaron de los pasajeros que se abordaban el convoy que recién había llegado al andén mencionado. El albañil Esteban Cervantes Barrera, que viajaba en el tren, al percatarse del balazo, se enfrentó al, ya en ese momento, asesino, aunque impidió que el agresor disparara hacia el resto de los pasajeros, no logró evadir la bala que Hernández del Castillo finalmente le asestó.

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A veces, la vida es poética. O la muerte, acaso. No fue en Bondojito. Ni en Camarones. Fue en la Estación del Metro Balderas. 25 años antes de la balacera citada, circuló una grabación en casette de la canción compuesta por Rockdrigo González, el metro Balderas, para 2009, era ya una tonada de desamor, porque esta es la ciudad del desamor y su metro, lo es de la muerte. Un día después de los hechos, algunas decenas de flores colmaron el pasillo de correspondencia entre la línea uno y la línea 3 en la estación del metro Balderas. No eran para Cervantes Barrera, ni para Miranda Martínez, eran, sólo, el memento mori por el compositor de Metro Balderas, cegada su vida 24 años atrás, cuando el edificio de la colonia Roma, donde vivía, se desplomó con él dentro. https://www.youtube.com/watch?v=FurkQUo_0GI (deje correr el audio mientras lee el siguiente párrafo, no ponga pausa hasta que concluya la pista)

Flores en el subterráneo para el cantor, una cruz para los baleados, una canción para la ciudad cuyos amores se pierden y se mueren en la estación del metro Balderas.

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Verónica G. Arredondo (Guanajuato, México, 1984)

Doctorante en Artes por la Universidad de Guanajuato, Mtra. en Filosofía e Historia de las Ideas por la Universidad Autónoma de Zacatecas. Autora de Ese cuerpo no soy (2015), Verde fuego de espíritus (2014), Desparpajados (libro de artista, reedición 2014); Voracidad, grito y belleza animal (2015) (tesis de maestría editada por el Proyecto Editorial de Investigación y Posgrado de la UAZ). Ha publicado en el Periódico de Poesía de la UNAM, Radiador Magazine, El Síncope, Dédalo Laberinto, G_olfa, entre otras. Imparte talleres de creación de libro de artista y de poesía. Ha participado en encuentros literarios dentro y fuera del país. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 2014 y el Premio Dolores Castro de Poesía 2014 (Poesía y Narrativa escrita por mujeres). Finalista en el 2do Concurso Internacional de Libro de Artista 2014. Sus poemas se han traducido al francés.


la bestia me jaló por los pies aferrada a mis uñas trepada en su lomo me dijeron: no duermas pero nadie dijo: no sueñes recordé a mi padre él jugaba a ser mi caballo y yo a ser el viento con mi cabello sonreíamos aquel vaivén no podía ser otra cosa que la felicidad el triturador de vísceras me jaló por los pies como la bruja

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mariposa extraviada a Valeria Reyes

entramos a una tienda. había hilos de colores brillantes y yo los veía bordarse entre sí. le dije: «quiero tejer un conejo». «no puedes hacerlo. tú nada más las alas; lo pincharías y moriría desangrado. serás la bordadora. detrás de la cortina cambiarás tu traje, una mujer te maquillará y seguirás sonriendo». no me gusta cómo mira mis alas, si intenta vestirme tendrá que arrancarlas y moriré desangrada. «sabes bien que las hadas se vuelven insectos y que son inmortales, no discutas y vámonos». le pregunté su nombre. dijo: «soy salvador, el salvador, como el país». él tenía el rostro de aquellos que lo saben todo. me tomó la mano, caminamos; no sé de historias donde, en cabañas, el leñador o la abuela son devorados. para mí, en la moraleja hay un árbol de hilos que borda pájaros y hojas.

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the black dahlia hollywood queda muy lejos de los coleccionistas de identidades. una mañana en la av. norton, l.a., se encuentra el maniquí destrozado de una mujer de tez blanca, cabello azabache y ojos del color de los lagos del ártico. desparpajada, en un lote baldío, con las manos arriba como asaltada por el cielo, cortada a la altura del torso cual revista de modas. lleva la sonrisa maquillada con una navaja, de oreja a oreja. un tatuaje en su muslo izquierdo, una flor negra extraída en forma de triángulo e introducida en su vagina. the black dahlia, elizabeth short, tenía veintidós años, originaria de boston, massachusetts, actriz de películas de «serie b», fue aclamada por los medios locales por su belleza, el luto en su vestimenta y su sed de luz y escenario. hubo quienes, amontonados por incriminarse, afirmaron cada uno ser el que la había tirado al fin a la fama, el que alteró y colocó su rostro y cuerpo con dedicada estética. a la dahlia pudo morirla cualquiera, excepto el anonimato.

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lo que pensé esta mañana al salir del spinning cuando evalué si mis caderas son lo suficientemente anchas y mis glúteos orgullosamente firmes si así fuera sería llamada la kim kardashian de la poesía mexicana mi cintura mediría centímetros menos mis senos dos tallas más grandes mis glúteos también más grandes necesitaré dinero ganaré el premio internacional manuel acuña de poesía en lengua española valuado en cien mil dólares equivalente a un millón y medio de pesos de acuerdo al cambio pediré un préstamo recomendaciones de cirujanos (no quiero ser irreconocible como uma thurman o renée zellweger) quiero algo sutil en la cara no cuchillo aquí cuchillo allá implante aquí botox allá obvio después de una temporada en l. a. dos meses de recuperación volveré hecha una diva no con el cuerpo de una sirena sino de una diosa con mucha carne bien puesta al caminar verán en mi silueta el contoneo de un reloj de arena de una pera jugosa de una guitarra de rumba española

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de una coca-cola de vidrio tengo ambiciones lo sé no me conformaré con quedar como jlo y presumir cuerpazo con mis amigas cantar en el karaoke “carcacha poco a poquito” cada verso que escribo me acerca al premio mayor con ese cuerpo tendré un seguro médico una inversión a largo plazo abandonaré la poesía me gusta pensar que las bulímico-anoréxicas hoy somos cosa del pasado

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Gustavo Íñiguez (Valle de Guadalupe, Jalisco, 1984)

Es licenciado en Turismo por la Universidad de Guadalajara. Textos de su autoría han aparecido en diversas publicaciones periódicas. Dirigió la revista literaria Quiescencia. Autor de un cuaderno de poesía bajo el título de Dromedario (2008) y participante con el poemario Incisión (Ediciones El Viaje, Guadalajara, 2009). En 2013, con el apoyo del CECA Jalisco, publicó el libro de poemas Espantapáramos. Becario del PECDA en 2015. Junto a Luis Armenta Malpica es compilador de Equinoccio. 50 poemas ecuatorianos del siglo XX. Coordinador editorial y editor adjunto de Mantis editores. Autor de la columna crítica “Muérdago”, de publicación semanal. Una parte de su libro Vocación animal se traduce al alemán para su publicación bilingüe en una muestra de poesía mexicana reciente (traducción de Rike Bolte). Este mismo libro se traduce al francés (por Françoise Roy) y será publicado por Écrits des Forges, Mantis editores y Secretaría de Cultura de Jalisco en este mismo año.


El fuego en la brújula El poema se cubrió de niebla. Entré y me quedé dormido en la ceniza: escucho a un cardenal. Enciende su cuerpo al presentarse

llamarada viva entre las púas

que separan al animal de la vigilia. Detrás de la bruma se ve pasar

el fuego a la brújula

el amor a la carne

el corazón al pájaro

que incendia el cielo con sus alas esfera iluminada de sangre que es luna lámpara y tambor en el ritual que busca unificar las púas con el fuego y la neblina un solo cardenal que prenda a trinos la cáscara reseca del sueño de la vida del poema.  

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• Cardenal se la brújula el tambor y el nombre contra el parche: redoble y rumbo que retumba. Señor de la niebla del fuego y la ceniza se lámpara del cuerpo y luz en la voz de mi padre disipa la bruma que llega hasta aquí por las aristas de mal unir las tablas en la casa del poema. Cardenal lleva la voz rumorosa de los robles a la sangre al instinto a la escritura. Irradia el ritmo y el ritual del camino las hojas que se parten en las ramas de los robles. Señor de los deseos guía del extraviado en los excesos pájaro y corazón del aire purifica mi tacto hasta que surjan rojas las sílabas de la clemencia. 

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• La niebla dio paso a la nevada en palabras que eran árboles sobre la nieve. Pisé las hojas de los robles y se comunicaron:

Las sombras y los sueños tienen el mismo peso3

dijeron con la voz quebrada y

el crujir nos fue hablando en el lenguaje

de las hojas al romperse.

Padre miraba y oía con desconfianza

para él éramos desconocidos

yo

la nieve

y el paisaje. Todo le parecía el lomo interminable de la oveja que alguna vez vio en sueños. Eran la estación y los copos la copia de sus canas : por el robledal

íbamos hablando el mismo idioma

levantado del crujir

oponiéndolo a los copos

que empezaban a caer en mi cabeza: 3  Las citas corresponden al libro Principio y fin de la nieve de Yves Bonnefoy. 142


Todo ahora

bien tibio

bajo tu abrigo leve

casi sólo de bruma y de bordado

nieve, Señora misericordiosa.

• Escucho la voz de mi padre al otro lado de la yerba: Jala un poco la hoz cuando alcance el tallo del zacate. Es un niño quien pregunta y veo en sus ojos un temblor. Escucho su voz metiéndose en la mía: Justo cuando el acero dé contra los tallos. Inclinamos la espalda y elevamos la hoz. Levantamos un puño con las varas. Nos vamos a otro lado adonde sea más alta la yerba de los sueños. Mi padre y yo somos dos niños cada vez más alejados del hielo aprendiendo lecciones de filo en el instante que da contra el poema. 

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• Vienes cuando viene el olor recién cortado de la yerba. Un cardenal se posa encendido en las púas de mi cabeza. Y nos elevamos abrazados dejando un trazo frío en una de las caras de la piedra.

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Armando Salgado (Uruapan, Michoacán, 1985)

En poesía ha publicado los libros Hontanar (2015) Cofre de pájaro muerto (2014), Fiebrerías (2014), Estancia de ánimas (2013) Azogue Suite (2013) Corvus Suvroc (2012) y Liturgias (2011). En narrativa ha publicado Casa de adobe (2015) y Variaciones de una vida rota (2011). Ha obtenido numerosos premios, como el Nacional de Literatura Ignacio Manuel Altamirano en Poesía, 2016, el de Obra Publicada Joaquín Xirau Icaza 2015, convocado por el Colegio de México, los nacionales de poesía joven Francisco Cervantes, en 2013 y Salvador Gallardo Dávalos, en 2012, el de Poesía Alonso Vidal en 2011, y el Nacional de Narrativa Mariano Azuela, en 2014, entre otros. Actualmente se dedica a la docencia en la ciudad de Morelia. Miembro de la Sociedad de Escritores Michoacanos.


Contar del miedo la belleza. Christian Peña Un dolor de pueblo que cada día se ahonda. Rosamaría Romero (Para ella y Carlos Razo)

El mar ¿Tendrá el mar un cementerio de perros ahogados? ¿No llegarán de la alcantarilla ni los arrastrará el río? Son barcos de hueso en depresión: creencias hundidas. Teo López es amigo de Kelly Slater. Surfean. La espuma de las olas es flor de nube, desbaratándose, disgregada por la orilla de la playa. Teo vive en el Sauzal de Rodríguez en Ensenada, Baja California. Por la boca del mar cruzan el cilindro de la vida. La segunda ola más grande del mundo está en San Juanico, Comondú, en la Bahía Escorpión. En este lugar la melancolía y las ballenas cruzan por el ojo de la aguja. El color turquesa en la arena es huella del mar que anda descalzo todos los días. ¿El miedo crece en las entrañas del mar? ¿Es un tiburón blanco leñando la sombra de los peces? ¿Tendrá cobalto esparcido en su coraza? No es miedo, es la mordida de un perro.

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La ola más grande del mundo está en Dungeons, Sudáfrica. Los tiburones son pesadillas que llegan muertas a la costa de Ciudad del Cabo. Mastico una crásula y siento cómo el otoño se enrosca en mi lengua para florecer, entonces, mis dientes caen uno tras otro como tiburones desprendidos de un árbol de jade. Los cuento. Son los mismos surfistas que está mañana encontraron sin vida en la costa. Sus cuerpos incompletos tenían el cielo gris y la mordida de una blanca tempestad.

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¿El mar es un perro con rabia? ¿Un potro desbocado, perseguido por la niebla? El rastro de sus pesadillas son legañas en los ojos de la muerte. Teo López nos dice que Mike Parsons logró montar la ola más grande de la historia, midió 23.4 metros. También nos contó que estudió Oceanografía en la UABC. Su padre fue pescador. Sufrieron juntos el embargo atunero que impuso Estados Unidos en 1980 y 1990. El mar es una cicatriz en las viejas calles del Sauzal. A pesar de que las cortes internacionales de La Haya apoyaron a la industria atunera de México, el bloqueo económico y la difamación fueron arpones diestros. Teo ha surfeado junto a delfines. Sabe que ellos no tienen pesadillas y que ningún pescador de su pueblo les provocó daño alguno. Algún día estará en la costa de Sudáfrica. Recordará los desechos de los barcos y la forma en que un tiburón devora a su presa, tan fácil. Tenemos que vivir, nos dice antes de romper los huesos del océano —al surfear con su tabla— en la bahía de El Vizcaíno De Cofre de pájaro muerto (Ediciones de Punto de Partida, UNAM, 2014)

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Ingrid Bringas (Monterrey, N.L, México, 1985)

Colabora con poesía en diversas revistas impresas y digitales tales como Cuadrivio, Síncope, Hysteria, Errr Magazine, Periódico de Poesía de la UNAM, así como en el periódico la jiribilla de Veracruz. Parte de su obra ha sido publicada en editoriales cartoneras en Sudamérica, España y Francia. Publicaciones: Antologia de Escritores por Santa Catarina (CONARTE, 2014). Antología Extática de poesía femenina ( SaltoMortal, 2015). La Edad de los Salvajes ( Editorial Montea , 2015). Es creadora y editora del fanzine Cosmonauta.


Objetos enterrados Cada parte de mi cuerpo habla los pezones mis muslos de barro cada ojo que será un féretro cada parte que tu pides mía tu pides un trozo mío y ese habla llora en coro cada parte de mi cuerpo es una aparición en este mundo ábreme cada parte como un revólver quiero aquí conservar todos mis cabellos y recuerdos para los hombres desempolvar cada parte que de mi vientre amanezcan los lobos y vengan a tocarme el pelo.

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Líbranos Yo rehúyo de tus ojos espejo invisible de mi alberca del encuentro fugaz hombre minotauro hombre hermafrodita morir en la matanza de tus ojos buen invento hombre corazón de cerdo rehúyo del amor y digo : sí yo lo entiendo yo no le reprocho nada la lluvia es comprensiva al tacto de tus ojos catarro tiene el amor pulmonía rehúyo del silencio de los crueles instantes.

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La memoria del fuego Antes no sabíamos volar teníamos los ojos llenos de arena dios creo el insomnio terrible los murciélagos hay lugares que recuerdan lo que somos cérvix galope de caballo desconozco así su gesto su canto sereno antes de aprender a volar aprendimos las grandes palabras que otros hablaban y nos bastaba la premura del amor y del vuelo.

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Anatomía en extinción No me muerdas la carne con esos dientes de pájaro mi carne podrida tu canto de fuego de pájaro en el incendio mi clima extraño el paisaje de mi cuerpo no lo muerdas.

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Amaury Estrada (Morelia, 1985)

Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas y es egresado del Programa de Escritura Creativa de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Ha publicado Tremolina y Albaricoque, mismos que le merecieron premios estatales de poesía y cuento.


Una cortina de 1970 Una cortina de 1970. Una cortina de 30 años y colores ambiguos. Una cortina con la edad de mi hermano. La ventana del cuarto de mi hermano: un cuarto vacío de una casa de 1930. Un matrimonio: el aniversario de bodas: y otro y otro: Un baile y una cortina. Una casa de 70 años. Una cortina de 70 centímetros, sin radio: afuera todo es diámetro. Una ventana muy vieja debajo de la cortina: encima de la calle al lado de todos estos años. Y un aniversario de bodas más: sin boda sin bailes sin vestidos. Tuvimos un día una ventana (no es posibilidad) sin un árbol. Tuvimos un día un libro de conceptos una enciclopedia comprada a plazos forzosos: un adorno una carpeta, una alfombra tejida a mano:

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un suéter. Que viva el barroco de nuestras abuelas. El rococó en la entrepierna del abuelo. El concepto de la vida es un pájaro que escapa a la ventana debajo de la cortina todos los años de matrimonio que son lo que no son: un concepto de la vida que no estaba en los libros de la repisa comprados en abonos antes aún que el colchón antes que el primero de los hijos. Una cortina de 1970. Un vestido diseñado por un arquitecto que no, que siempre no quiso llegar a los conceptos. Una sala de estar diseñada para ser sólo un paso rápido: (una pedrada de quien esconde la mano) porque el matrimonio siempre sí es una casa sin diseño. Levantarse en la mañana con la espalda descubierta: un beso de buenos días sin conceptos. Una cortina de 1970 ahora que ya casi-casi. Porque también se puede llegar tarde a casa: porque la hora exacta también es el poema de todas las horas

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que ya no serán: por eso una muchacha que llega tarde es también la orilla ay, una orilla ay, una muchacha por la que se han dado un par de pasos

hasta la línea ay, una muchacha.

La gente que se cita para matarse: ¿cómo saber? ¿cómo no saber

si este es el último paso?

Tuve un perro: las cabriolas las horas de espera. Tuve una muchacha pero no tuve tiempo: ay, la hora exacta ay, el retraso el retardo, el atraso: ay, el retroceso. El cuerpo también es todas las veces que llegamos tarde: las orillas: ay, lo que nunca fuimos.

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Porque a alguien si no cómo le vino a los ojos al gusto a la punta de

este lado

de la lengua: la imagen de la canela molida el sabor del licuado de la infancia (de este lado puro recuerdo) el beso materno el golpe del hermano mayor y su ropa vieja dejada

para después

de este lado de la ventana: una cortina de 1970. Ser hijo único, apenas y casi-casi. Tener abiertas todas las ventanas para poder decir que se ha vuelto a casa y no dejar a medias el golpe, la distancia. Como si la cortina sostuviera una vieja casa. Un limonero y un granado donde aparece de vez en cuando

(el tres de mayo) (la señal de la cruz) el fantasma de García Lorca.

Viejas monedas perdidas en las ranuras del sofá de la abuela. El ruido de dos canicas que chocan entre ellas:

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sólo quien ha perdido la infancia sabe a qué sabe el cobre de las viejas monedas de veinte. La infancia en silencio. La casa entera por volar y desplomarse. El derrumbe también es la presencia (afuera) de mamá y papá como padresnuestros. Como andar en bicicleta que no se te olvide que no se te pase la medicina a las cuatro regar el limonero nunca olvides, nunca cierres las ventanas. La garganta se llena de albahaca de estrellas la tarde, como el sol el fantasma de García Lorca el hijo único de todos nosotros. “Hay hombres a los que les crece un árbol en el estómago, entre las muelas”. Es posible. Hay hombres a los que se les olvida como andar en bicicleta abrir las ventanas los padres los hermanos: la estación dónde había que esperar hace ya bastantes años. 160


Rosario Loperena (México, DF., 1985)

Escribe. Hace fotografías. Colabora en revistas. Este año publicó el libro electrónico Alfabeto Visual. Mantiene un blog: www.chikipunk.tumblr.com. Es autora del libro Cajas.


Fórmula alquímica para preparar cielos Fase primera A veces me venía la sensación de comprender un trozo de mundo Fase segunda Un día te invité a mirar lo violeta de la bóveda del parque. Ese día te enseñé brotes que no sabía adentro de mi boca. Ese día pronunciaste mi nombre con una R de más y me diste un desierto blanco todo en un pequeño perfumero. Ese día bebimos cardamomo en exceso y soñamos el sueño del otro. Fase tercera El miedo se quedó sin ojos y sin lengua y ahora pide monedas en los semáforos en rojo. Salgo a pasear y entre mis costillas se aloja un pequeño zorro hambriento. Anoche dijiste, el amor es hambre. Te miro de lejos y todo lo que digo lleva dientes afilados por debajo. Y te desgarra. Te escucho de lejos y todo lo que dices lleva un viento que punza en la cabeza. Me atraviesa. Miro niños que hacen mándalas y luego los pisan. Miro madres que sangran entre la leche y sonríen. 162


Miro como si todo se quedara en el ojo solamente No transita la imagen hacia adentro. Vino el tiempo a mi casa y me mostró en sus pupilas la belleza No puedo concebir lo bello dije Me mostró su mandíbula hecha de lenguaje No puedo concebir lo bello dije Me mostró su mordida sobre el yeso No puedo concebir lo bello Acabó su té y azotó la puerta. Fase cuarta Junté el llanto en una taza. O era un tubo de ensayo. Vacié el desierto todo. El grano con el agua más salada. La mesa fue mundo entero ahora. Con la mezcla argenta endurecida construí un iglú sobre el plato porcelana. Arranqué estrellas de los tenedores. Planté abedules mondadientes entre el mimbre en los manteles. Te invité y preguntaste cómo cabríamos en esa miniatura. Dije:

Entramos.

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Teoría sobre la falsedad de los números y el engaño de su secuencia: I. La primero es un finísimo pelo de gato. Un pelo de gato volando a contra luz por encima de la mesa. Casi invisible. Sin necesidad. Lo primero es la necesidad. Flotando. Casi invisible. Como el pelo del gato sobre una rebanada blanca de pastel. Sobre la crema. Se hunde y desaparece. Lo primero es la necesidad de caer. De vaciar los pulmones de sonido. Pelo de gato incrustado en el gusto del azúcar. La lengua ahora está preparada para otra primera vez. Para la falla. Con las propiedades misteriosas del pelo. I. La lengua repetirá como si fuera. Porque la lengua no sabe mirar. De hacerlo. Sorpresa. Mira. La lengua sólo sabe disolver miel. El pelo de gato no se diluye. Lo minúsculo del gato será tragado. Un destello de mirada será asimilado. La primero es una mirada. Una mirada asimilada antes de sí misma. Miro cómo me miras porque te amo. La primera luz es una cortina japonesa. La cortina japonesa es casi una máscara. Una máscara para mirar sin ojos. Miras como te miro. Miras cómo lo haces porque el gato te dejó la mirada de gato en el ojo. Como la primera vez que será idéntica a la última. Para que descubras la dulzura detrás. La dulzura de la falla. Repetir. Como dar de comer. Como la virgen. Que la primera vez estaba menos limpia.

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I. La primero es primero cada vez que se repite. Como la virgen que me invitó a cenar. A su casa de árbol blanco. Vacía. Como la crema del pastel sobre la que cae el pelo del gato. Con el instinto por debajo. Como el pelo. Como ella. Que mientras más se repite más se purifica. Hasta la luz de la repetición viva. Detrás del celo. Con el destello en el ojo detrás de una cortina. Como la primera vez. Que cada que volteo a mirarla es otra. I. La virgen es una máscara. Para envolver el tacto y recibir. Como la primera vez cada vez hasta la náusea. Hasta el espanto vivo de lo rosa. Hasta que su velo se llena de astros. Como en lo primero. Cuando ella no era ella. Y se fue haciendo ella con cada primera vez que repetía. Hasta lo blanco. Y los astros del velo le estallaron. Me lo contó en la mesa. Ella horneó pastel. Para enseñarme. A mirar con mi máscara de ojos tus lunares. Al otro lado. De la cortina japonesa. Tus ojos son de lince recién parido. Destello. Dijo. Los hechos son piedras calizas. Me miraste como me miras. Con azúcar en la punta de los dedos. Como la primera vez. Que te amo. Que no tiene conjugación. Como la virgen. Que come piedras después del sexo. Para escucharse. Y me enseñó. Como la caída. Casi invisible. Con la liviandad del pelo. Su vuelo. De brazo que no es ala. Mi vuelo de felino. Disolviendo. El vuelo primero que es vuelo antepenúltimo. Su peso. La caída. Repita la caída. Repita. Repita. La caída. Sobre el blanco.

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I. La virgen me miró con pena. Por no entender. Por no entender lo que es pureza. Por conjugar. Que sí. Que si es. Que si la vida. Punzón que se repite. Como la lengua. Punzón caliente la embestida. Que enrojece. Como la mirada con la que me miras. Ella acuclillada. Destello. Lo inmaculado. Que permanece solo por lo abierto. Como la crema blanquísima manchada en sus entrañas. Como ella. Que hinchó la mancha hasta la luz de hueso. Que por más revolcarse se blanqueaba. Que entre más polvo la repetición pulía. Como yo. Que soy trozo de impureza mirando por mi máscara. Impureza en bruto. Escuchando el consejo de mis piedras. La impureza se pule cuando canta. Que de canto fue gemido. Como la virgen. Como tú que me miras como me miras. Con destello. Como yo que te miro que te amo. En vuelo. Como el pelo que el gato dejó en el ojo. Como la primera vez. Que no soy bastante impura. Aún. Repitiendo. Como el árbol blanquísimo de fondo. Con la liviandad de no saber. Que te amo. Que se tiene necesidad. De disolver la necesidad. De disolver. Entre la lengua. Como la virgen. Hasta desaparecer. Entre el polvo. Caer. Hundirse. Hasta desaparecer. Como el pelo del gato. Flotando. Entre lo blanco. Como la primera vez. Hasta desaparecer. En la caída.

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Esther M. García (Cd. Juárez, Chihuahua, 1987)

Licenciada en Letras Españolas. Publicó los siguientes libros: La Doncella Negra (La Regia Cartonera, 2010), Sicarii (El Quirófano Ediciones, 2013, Ecuador), (IMCS, 2014); La Demoiselle Noire (Babel Cartonera, 2013), (Kodama Cartonera, 2015), Bitácora de mujeres extrañas (FETA/CONACULTA, 2014) y el libro de cuentos Las tijeras de Átropos (Editorial U. A. de C., 2011). Parte de su obra ha sido antologada en Los Nuevos Perros Románticos (Ediciones digitales Ohcultos, Perú, 2010), México lindo y querido. Reunión actual de poesía mexicana con causa (Acequia va de nuez/ UANL, 2011), Three Messages and a Warning (Small Beer Press, EU, 2011), Antología binacional de poesía sobre la violencia México-Colombia Espejo de doble filo (Atrasalante, 2014), La piel del animal acorralado /Antología personal, (SEC, 2014), Poesía Ahora, Nueva poesía coahuilense (Atemporia, 2014), Los reyes subterráneos -20 poetas jóvenes de México-, (La Bella Varsovia, 2014). En el 2004 ganó la mención honorífica del Premio Estatal Julio Torri “¿Porqué es mi consentido?”, en el 2008 ganó el Premio Nacional de cuento “Criaturas de la noche”, en el 2012 el Premio Estatal de Cuento “Zócalo” y el Premio Municipal de la Juventud 2012, en el área de cultura. En el 2014 ganó el Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal. Ha sido traducida al inglés, al francés y al portugués. Actualmente es becaria del PECDA, Coahuila 2015, en el área de Creadores con Trayectoria.


Mujer devorando al hijo Elena Ramírez García (Monclova, Coah. 1971 – Tampico, Tamps.)

Esta es la historia de una mujer cuya soledad la mordía noche y día como un perro salvaje Ella para salvarse de la feroz dentellada hacía lo mismo para con su hijo comía un poco de su vida de su alegría de la niñez en la que él todavía estaba sumergido como un tibio pez tornasol en agua dulce Se comía con calma y placer aquél menudito cuerpo y su hambre se engordaba más Un fuego interno la supuraba el hambre se hacía más ardiente Ella la dolorosa rosa del amor la sufrida El tierno monstruo llamado madre con una luz oscura y amarga brillándole en los ojos acaricia a su hijo a su niñez de leche y estrellas titilantes y da un último mordisco a su cuello tibio para así poder espantar al perro negro que siempre en las horas más negras la acecha 168


Mujer Maquila Alina Orozco Gutiérrez (Chihuahua, Chih., 1954 – El Paso, Txs., 2008)

La tristeza es un animal muy grande que se asoma en los ojos de ella mientras fuma en silencio un Malboro rojo y espera a que suene la campana que anuncia el tercer turno Mantiene cinco hijos limpia la casa hace de comer llega a la fábrica y empaqueta cajas y más cajas (no sabe cuántas) pero sí sabe que tras doce horas continuas de mover mecánicamente el cuerpo el alma se esfuma la espalda no es sino un caparazón hinchado doliente La cara se volvió un mapa surcado marcado cargado de los estragos de vivir de los pagos por hacer de los turnos por cumplir Para ella el sonido de la maquinaria se ha vuelto su música preferida Las historias de las demás operarias a la hora de la comida son su novela favorita

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Para ella ya no hay Dios Todo es Deus ex machina Vive esperando por la vuelta de tuerca que cambie su vida (un pequeño cáncer aflorándole en el pulmón) mientras sigue fumando mientras sigue esperando a que suene la campana para comenzar a empaquetar

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La cantora La boca es esa carne prohibida donde nace el cáncer del lenguaje Ella lo sabe lo ha sabido siempre y por eso calla Dentro de su boca las palabras son ligas que se tensan maderas que crujen y se quiebran como vasos rotos hiriéndole la lengua Ella canta por el dolor producido Las palabras emergen como las notas de un piano desafinado y perecen se ahogan en la imprecisión de quien ha compuesto una bella melodía y ha manchado con su sangre los últimos acordes de la canción

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Suicide girls La noche tiene la forma de los ojos de un muerto las suicidas lo saben y bailan alacranes en sus venas Las suicidas miran la noche florecer en los espejos en donde no ven ya sus ojos sino las cuencas vacías Las suicidas no aman por amor sino por el dolor que éste produce: un veneno que recorre la médula de los huesos un aroma que hace dura la víscera del corazón Las suicidas no caminan flotan entre las personas que jamás las miran Ellas tienen hambre de algo pero no saben qué por eso van de un beso de un cuerpo a otro como moneda entre los huecos de las manos Las suicidas ven al mundo florecer mientras ellas se marchitan Huelen a orquídeas secas pasto quemado por el sol de los días Las suicidas no tienen rostro su cara es un museo de objetos inanimados La sonrisa es un soplo húmedo la mirada una noche de neblina 172


En ellas no canta el pájaro de la esperanza Grazna el cuervo levanta sus patas el caballo salvaje afila sus uñas negras la pantera de la muerte Las suicidas acumulan lágrimas porque nadie nunca les enseñó cómo llorar ¡Ah esas mujeres avaras! Siempre reservándose el dolor el grito el golpe la furia de una garganta adormecida por eso las suicidas no hablan escriben por eso son amantes irascibles de la noche palabra por palabra la besan la adoran la acarician la escriben Toda su sangre se derrama en los cabellos de la niña oscura Las suicidas se avergüenzan de amar el rostro pálido de una niña muerta y caminan de un lado a otro dejando detrás suyo una estela a almendras (Tres poemas del libro Bitácora de mujeres extrañas/ FETA 2014).

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Yelitza Ruiz (Acapulco, Guerrero, 1987)

Abogada, estudió la maestría en estudios de arte y literatura, está incluida en la antología Reunión de nuevas voces guerrerenses (2012), Poesía de vanguardia (2008), en la Antología Jóvenes Creadores, del FONCA, Antología XV años, del Premio María Luisa Ocampo ( editorial Mantis 2015), aparece en la Antología de poesía para niños Triángulo del sol (Praxis 2015). Publicó el poemario Abril en Casa (Mirando la pendiente, 2011) Catografía del tren (Praxis-SECUG, 2013) , el ensayo Juan José Arreola, el narrador que se revela en el poema (Editorial De otro tipo 2015). Premio Estatal de Poesía en Morelos (2012), Premio de Literatura Joven en la categoría de Ensayo Literario (2012), Premio de Poesía María Luisa Ocampo (2012) convocado por la Secretaría de Cultura a través del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Premio al Mérito Juvenil en la categoría de actividades artísticas 2013, beneficiaria del Programa Jóvenes Creadores del FONCA en el área de Poesía 2013-2014. Directora del Encuentro Nacional de Jóvenes Escritores Acapulco barco de libros.


Brevísimo mito Plinio no juzgues a la muchacha que traza la sombra de su novio, déjala que delinee el contorno vacío, quizá la sombra es la memoria de lo claro. La gente hace de todo para retener extremidades ajenas a las suyas, lo cierto es que todos hablan de la luz pero nadie del extremo; nadie ve la pincelada que hace bulto, nadie juzga las formas del trazo. Plinio, para hablar de la sombra, antes debes de quitártela porque no vale en prenda, no es un traje que le vaya a los muertos. * A Plinio no le gusta abrir las latas de sardina, piensa que son el cadáver de alguna sirena. No se ve en esa exhumación, participe del abrelatas, prefiere almacenarlas, rellenar su pan con ayuno, antes de irrumpir su vigilia. * Suponemos que Plinio entra a la fonda a rayar el contorno de la mesera. Lo que en realidad hace es copiar el menú y la receta del día:

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sopa de pasta, carne seca, y café de olla. Antes de que pida la cuenta se detiene a la orilla de la mesa para mirar la luz que entra por el cancel; para ser atravesado por la soledad de los cafés vacíos, de las barras desalineadas, de los moteles de paso, para poblar de ácaros las siluetas que no termina. * Hace algunos años Plinio construyó un breve mito sobre la sombra. Así se fundaron provincias de color sobre los óleos. Así como yo que despierto a diario para construir sobre estos tabiques la mañana, levantar los muros de la tarde, sosteniéndome con las manos hasta que la inercia explote. Por algo se debe iniciar, lanzarse al río, tumbar la voluntad en cada salto, naufragar en velero hasta que llegue el juicio. Así como Plinio; que no le teme a la luz en plena selfie.

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Arturo Loera (Chihuahua, 1987)

Estudió la licenciatura en Letras españolas en la Universidad Autónoma de Chihuahua. Fue delegado de su universidad en la Red Nacional de Estudiantes de Lingüística y Literatura 2011-2012. Es autor de El poema vacío (2013), y de la plaqueta Cruz y ficción (2011). Premio de poesía “Editorial Praxis” 2013 por el libro Cámara de Gesell (Praxis 2014). Poemas suyos han sido publicados en revistas como Radiador, Punto en línea, Palabras malditas, La cigarra y Círculo de poesía, entre otras. Fue coordinador del taller de poesía “Nellie Campobello” en la Facultad de Filosofía y Letras de Chihuahua. Miembro del taller de poesía “Alí Chumacero”, dirigido por Enrique Servín. Actualmente es becario de la Fundación para las Letras Mexicanas.


Dinosaurio (Cacería a tres voces) Protégeme, poema Sano sólo me queda este odio a la desdicha Félix Grande

(Verde) Yo no te quiero verde, Federico. Yo no te quiero ver en el follaje de los nogales, muerto como mi padre que en un suspiro se perdió entre burócratas colores. Yo no te quiero ni a las cinco en punto de la tarde, jugando entre poemas y granadas: infiernos de cáscara blanda. No te quiero a ti ni a mi padre en esta noche. Mas he de volver, lo aseguro y lo sabes, porque Nueva York y los gitanos nada tienen que ver con el desierto, padre inexistente, que murió entre las piedras acongojadas de Chihuahua.

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(Blanco) Aquí no hay Paz. Este blanco no es el Blanco evocador de otras virtudes. Esta ausencia de color es sólo mía. Es mi padre. Blanco, no ausencia, blanco. ¿Servirá que lo mencione? ¿Servirá decir que me he postrado en las intenciones del perdón? ¿Qué perdón? ¿Qué intenciones? (Soñé que el infierno era una pared enorme y mi deber era pintarla toda de blanco sólo para mirar hacia abajo y entender que no había pintado un solo centímetro. Soñé que el infierno era posible y me alegré mucho y dormí tranquilo porque si bien algo que no existe habita lo que no existe entonces el infierno es una cucaracha, el cielo, una flor.) 181


(Rojo) El otro día anduve en Chihuahua. Quien no ha ido a                Chihuahua no ha ido a las estrellas… Gonzalo Rojas

¿Viste a mi padre, Gonzalo? Chihuahua no es muy grande, seguro lo viste de traje, esquivando palomas, lo viste abandonado a su escritorio, otra vez como abandonado el lecho de mi madre, como abandonada la concepción del núcleo social de una mesa repleta. (No traigas la política a la mesa, dice mi madre pero no se da cuenta de que la mesa se vacía por la política.) ¿De qué color es el mar rojo, Gonzalo? ¿De qué color era mi padre? Mi padre diputado, mi padre vencedor, mi padre muerto hace años. Nada hay en su figura y su sombra que yo pueda reconocer como mío. Padre poesía, aléjalo y que muera por fin con estas palabras.

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Tania Carrera (Ciudad de México, 1988)

En 2006 obtuvo el apoyo para jóvenes creadores del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Morelos en el área de poesía. Fue becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas, ganadora del Premio Jaime Reyes 2010 de la UACM; y beneficiaria del sistema de Jóvenes Creadores del FONCA. Durante el 2013 organizó el Primer encuentro sobre publicación electrónica, en el marco del programa educativo de la Fundación Pedro Meyer. Actualmente colabora como asistente de Carlos Amorales. Ha publicado Espejos (2013) y Un Dios Lubricante (www.undioslubricante.com, 2015).


Cautiverio Fronda cubierta, envuelta en gasas como herida. No es una floresta, es una sola fronda, es un globo perdiendo volumen, una triste fronda sola en medio de un lago. Una nube con la corteza sutilmente endurecida. Tu fronda tiene corteza y se cubre se piensa a sí misma trabajando. No eres una Venus, no eres una floresta. Eres una sola fronda sola y seca, seca de tan cubierta, seca en medio de un lago. Eres aún vieja, un sillón cubierto por mantas, una casa olvidada en el campo. Eres un árbol lleno de arañas en medio de un lago en Pakistán. Eres un barco y tejen sobre ti las velas. Fronda, arañas, corteza no van a ningún lado, no hay cómo crucen la frontera, no significan sexo. Y sexo no significa un árbol cubierto por telarañas en Pakistán. Aunque para ti, signifiquen lo mismo. Tu fronda endurecida no debe llamarse fronda. Vamos a llamarla corteza. Más piel que costra, pero endurecida. Tampoco hay culpa en esa planta vieja que alimentas poco. No es que olvides regarla, es que estás probando su resistencia. Estás amarrando un vínculo, confirmando la complicidad, porque te pertenece. Denominemos tus pequeñas torturas, tus campos abiertos en el cautiverio de un nombre. Vamos a hacer un inventario de tu reino

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amplificado y mediocre aún, de tu sueño de casa negado y promovido. Vamos a cazar arañas: arrinconarlas guardarlas todas en un frasco alejarlas de sus velas ver cómo sus patas se van doblando con los días; para ver cómo resisten porque también, como tu fronda, son tuyas, eres tú, te pertenecen.

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Tengo un jardín a medias Marchar en círculos, borrarlos nuevamente y nuevamente hasta que sean una sola línea, segura de su pleonasmo de círculo: una casa, 20 mil pesos al mes para la carne. Sólo para la carne. El corte más grueso y jugoso es la virtud de inaugurar un sentido de opulencia. La virtud esto es mío, nadie me lo dio, sólo yo puedo quitármelo excitada por la posibilidad de presenciar una catástrofe. Te quedas ahí, mirando las líneas viejas que se forman en tus manos, como si la naturaleza tuviese otro significado más, como si no fuera suficientemente desbordado. Filoso, quiero decir. Significar es una costumbre que no forma carácter.

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Precipitación Oír el compás de algo aplastándose. Silbar para no escuchar los pasos, para no medir las distancias. Silbar para no hablar. Para encontrar ese agudo perdido en la voz, para vaciar un poco; para dejar de sentir los pulmones, la sangre en la nuca a golpes pidiendo la renta. Ambigüedad: la prisa y la distracción. Un vagón sin carne viaja todos los días en dirección a casa. Vinagrillos construyen canciones de guerra con sus chasquidos, con sus ballestas caminan sobre mis huesos. Perdí los pasos. Silban mis huesos. Es el clima, no ha llovido aún, la humedad se concentra en los rincones. Armónicos enterrados en los dientes surgen. Sudan armónicos las cosas, golpes. Agudos que solo suenan dentro. Las cosas anuncian golpes desde cada esquina, sudan como las palmas esperando pesos insostenibles que deben sostenerse: los golpes sin ritmo de la gravedad. Las manos tocan su instrumento. Estoy puliéndome las palmas para que las manos de otros se deslicen con gracia sobre ellas, para que las cosas se deslicen con gracia sobre ellas hasta olvidarlas y dejarlas caer. Llego a casa para que nuevas líneas se formen entre nosotros, entonar otra red espesa que se forma. Me voy llenando de melodías para silbar cada uno de los caminos posibles, para hacer de este lugar una provisión, una palabra cabalgando entre las definiciones que queramos darle. Silbar para que el paisaje se detenga, para dejar de ser temporal. Un monumento que mira un ciclorama. Que la escalera eléctrica se llene de pasto, silbe su óxido y se detenga. Que el olor del otro no entre en mí. Exhalar todo el camino para que dejes de ocupar

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las manos cuando haya llegado. Tu lenta humedad construye una flema que anunciará algún día precipitación. Silbar porque ensordece el eco de tu bondad en todos los que te conocen. Para no escucharme y esperar a que la convulsión del día nos canse y nos deje dormir. Silbar para poder dormir contigo. Para poder dormir. Silbar para silbar mañana. Publicados en: www.undioslubricante.com 2014

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Miguel Fuentes Granados (Huiramba, Michoacán, 1986)

Escritor y maestro de danza folclórica. Obtuvo el primer lugar en los Juegos Florales de Jiquilpan 2008, el Premio Sahuayo de Literatura 2009, el primer lugar en los Juegos Florales Encarnación de Díaz 2010, el Premio de Poesía Carlos Eduardo Turón 2012 y el Premio Nacional de Poesía Lázara Meldiú 2013, entre otros. Fue becario del Programa de Estímulos a la Creación y Desarrollo Artístico de Michoacán (PECDAM) 2014, en la categoría de Jóvenes Creadores. Publicó el libro de poesía La historia secreta de los árboles (SECUM, 2012).


Los árboles tienen una vida secreta que sólo les es dado conocer a los que se trepan a ellos… Reinaldo Arenas

1 Mi casa es un árbol de raíces profundas, oscura, secreta, como las cuevas de Lascaux. Tal vez por eso nunca viajo. Tal vez por eso me dedico a escribir mientras mis alas reposan colgadas como hojas de un árbol situado junto al río. Enclaustrado en la mesa miro pasar los días. A veces me rebelo contra la noche, contra la lluvia gruesa y contra el silencio. Este lugar está sellado por miedos y fantasmas. En este lugar escribo la memoria perdida de las cosas.

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2 Tengo un ojo enfermo, por eso no viajo. A veces la noche se desliza sobre él, y yo creyendo nombrar otra cosa asiento dulcemente tan terrible designio. Los pájaros ciegos no van a ninguna parte. No hay parvada que los acepte en su curvatura errante del silencio. Los pájaros ciegos no viajan, podrían dividir la parvada, hacer un cambio no -natural en el orden del vuelo. Así que se vuelven pájaros de otra especie, deciden amar locamente su ciudad, y hacer de ella una dulce jaula.

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3 Un puñado de pájaros sabios avanzaba velozmente hacia mí. Agitaban sus alas y sus cuadernos. Me quedé paralizado ¿Las palabras se parecen a los pájaros? Lenguas de fuego. Yo también quiero escupir lenguas de fuego. Escribir es hurgar entre las venas; enloquecer de tanto silencio acumulado. De tanta pesadez habiendo nacido pájaro.

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El mar de cada quién 1 Había que decir dónde estaba el mar. Pero el mar no estaba en ninguna parte. Cuando era niño el mar era un espejo, una fotografía en blanco y negro donde mi abuelo portaba un uniforme naval. El mar era sólo una hermosa palabra que mis hermanos y yo oíamos pronunciar a los hombres que venían de lejos y luego se iban. Quizás el mar venía secretamente por ellos. Los marineros decían que el “mar era muy grande”, que tenía costas, playas, vertederos; yo me imaginaba un animal salvaje que se estiraba y cabía en la palabra “mar”, aunque en el fondo sabía que la palabra era más grande que la cosa, por eso ellos podían nombrarla en diferentes idiomas.

2 Yo en el fondo creo que el mar se asemeja a nosotros. El que no puede reconocerse en sus olas es porque algo terrible ha hecho.

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Una vez leí sobre un hombre que había matado a otro hombre y lo había arrojado sobre un muelle. Nunca lo descubrieron. Pero a sus setenta y tantos años él terminó arrojándose en el mismo lugar. Su alma era un espejo negro alimentándose de la noche.

3 De niño no conocí el mar.

Sabía sin embargo de sus poderes.

Había escuchado que al primo de Hipólito se lo había llevado el mar, una ola con crestas como nubes se lo había tragado. El mar podría ser entonces el otro nombre del monstruo que dormía bajo mi cama.

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Yolanda Segura (Querétaro, 1989)

Estudió la maestría en Letras Latinoamericanas en la Universidad Nacional Autónoma de México y realizó una estancia de investigación en la Universidad de Buenos Aires. Su trabajo ha sido publicado en Border Senses, Periódico de Poesía, la antología Poetas Parricidas (Cuadrivio, 2014) y en diversos medios electrónicos. Fue miembro del consejo editorial de Enter Magazine. Actualmente es profesora en la Universidad Autónoma de Querétaro.


Sucesión breve de mapas rojos Hay numerosos términos médicos relacionados con problemas que pueden confundirse: es la ausencia de. es sinónimo de. es la disminución anormal, pero con intervalos normales. es el aumento anormal o de la duración, pero con intervalos normales. es sinónimo. es la irregular y patológica procedente con independencia. es el trastorno caracterizado por un intervalo excesivo. es la frecuente y profusa, por aumento de la cantidad y acortamiento del intervalo. es sinónimo. es el trastorno caracterizado por un intervalo excesivamente corto. es sinónimo.

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La sangre proporciona una oportunidad ideal para el estudio de la variación humana, sin prejuicios culturales. El mapa que se muestra a continuación despliega la distribución de los diferentes tipos de sangre alrededor del mundo. [ ] todos los mapas señalan [ ] la misma ausencia. Yo estaba allí tendida; yo, con los ojos abiertos. Tenía en cada mano una caverna para mirar a Dios, y un reguero de hormigas iba desde su sombra hasta mi corazón mi cabeza y un reguero de hormigas y mi corazón y mi cabeza y un reguero de hormigas y mi corazón y mi cabeza y un reguero de hormigas y mi corazón y mi cabeza y mi caverna y mi reguero de hormigas y mi cabeza y mis ojos y un reguero de cabezas y un reguero de corazones y mis hormigas y mis ojos y mi sombra y mi reguero de sombras y mi cabeza de hormigas y mis manos y mis hormigas y mis corazones y mi reguero de hormigas y un yo y mis hormigas y mi yo y mis ojos y mi reguero y mis yo regados y mis cabezas y mis hormigas y mis ojos y mi caverna de hormigas y mis cavernas y mis manos y mis dios y mis corazones y mis ojos

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Al buscar evidencia de sangre se debe tener en mente las siguientes interrogantes: 1. ¿Es sangre?

2. ¿Es humana o animal?

3. ¿A cuál clasificación pertenece?

4. ¿Cuál es la edad de la mancha?

5. ¿De qué parte del cuerpo es?

hormiga, gota de sangre coagulada, modelo de mis viajes en las exploraciones imposibles, hormiga como sangre que cae a sobresaltos, sangre insensata, sangre peligrosa, mi sangre de sonámbula a punto de caer. paciencia inacabable de la hormiga, el cansado letargo de la sangre. pesado sitio donde mi sangre encuentra a cada hora una misma extensión sin haber encontrado su lugar, no es tiempo aún de convertir la sangre en piedra de memoria, tampoco podemos morir entre

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su sangre, hormigas, fragmentos de panteones no disueltos. entre los laberintos de su sangre, hebra de sangre desolada:

otra gota de sangre

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Muchas dudas muchas interrogantes muchas4 obviamente siempre están las preguntas a. qué pasó   b. por qué entre mis múltiples respuestas me encontraba que /lo tenía borrado en el cassette, eh, lo tenía pero borrado/ eso también lo recordé hace poco/ que una vez la encontré que estaba rompiendo fotos           y así tenía como                                         las estaba rompiendo y quemando fue una imagen muy violenta      y pregunté así muy angustiado a. qué haces  b. por qué las quemas  y me decía           no           lo           que           pasa           es que seguramente      ya pronto      me voy           a morir                     y yo           no      quiero                     que      las      fotos                     anden                     ro 4  Este texto está formado a partir de un fragmento del documental Buscando a Larisa (2012), del director. Andrés Pardo. 200


dan                                                 do                                                                  por                               cualquier lado buscar alimento. pensar en el cuerpo que no el alimento. buscarlo. una cuchara. hay en el pensamiento ciertas frutas. el alimento. cuando tibio. ajo canela sal hay ciertas frutas que. pero luego. decir no: esto no es: deseo hay ciertas frutas. tú por ejemplo. una conjugación que no un nombre que no comunicación///contraste\\\hasta dónde un hilo una línea una especie de

vacío

en nuestra lengua

aquí

los cilios de un higo que abro. despeino el alimento. el goce. el gusto. la falta están ciertas frutas.

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Mario Antonio Frausto Grande (Aguascalientes, 1991)

Licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Actualmente labora como profesor en la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Además, ha colaborado como apoyo técnico en investigación en el Departamento de Letras de la misma, realiza trabajos de traducción de forma independiente y asiste en la edición y corrección de estilo de la revista El Cuento en Red. En lo respectivo a creación literaria ha participado en una emisión del Encuentro de Poetas del Mundo Latino, y ha ganado dos emisiones del concurso talentos universitarios, una con primer lugar en 2010, y la segunda en tercer lugar en 2013. Ha publicado en las revistas Tierra Baldía y Parteaguas, y asimismo ha participado en talleres donde destaca el impartido por el poeta Saúl Ibargoyen.


Bienaventurada indiferencia Las aves no supieron de la inflación del euro o la caída del dólar, estaban absortas en su bienaventurada indiferencia lamiendo los cielos o esperando una limosna de migajas. Para ellas no hay burocracia o tarifas fijas, tampoco filas de mediatarde o intereses cobrados. ¡Bendita su ignorancia que vuela y sus picos que sin rogar encuentran la gloria! Para ellas vivir de sobras es bendición, para nosotros es sinónimo de muerte.

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Ars poética al desnudo Hacen falta menos metáforas, algo así como una retórica menos compungida que omita el maquillaje, que nos permita ver el tuétano y no sólo la piel, algo que nos deje ser más honestos que haga a un lado artilugios y faramallas, algo como los cuerpos que se enganchan olvidando las prendas y que al consumarse encuentran la definición de lo que son, no ropa ni zapatos caros, no corbatas ni botargas de etiqueta, sólo sinceridad de manos y piernas que respiren sin antifaces y emprendan el vuelo. Así quiero escribir. Así quiero escribirte.

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Xel-Ha López Méndez (Guadalajara, 1991)

Estudió Letras Hispánicas. Forma parte del consejo editorial de la revista Metrópolis. Es cofundadora de los proyectos La jardinera guarrior, La cigarra y En esta esquina fanzine. Es ganadora del Premio Nacional de Poesía Jorge Lara 2012 y ex Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 2014. Publicó a mis nuevos amigos inmortales. Antología personal (El viaje, 2015) y Cartas de amor para mi amigo cerdo (Letour 1987, España, 2015). Ha colaborado en varias antologías, revistas y blogs impresos y en línea. Tiene un gato y un tumblr: jaboncitorosavenus.tumblr.com


Acariciando a charly miau después del trabajo Mi gato y yo odiamos la riqueza escribimos una nota para que se mueran los ricos para que se les reviente la mano bajo la máquina textil de unos chinos bajo la máquina infernal de una marca bonita odiamos a los ricos porque viven en los bosques como los lobos como las princesas y se comen los frutos buenos y el aire bueno no queremos defender a nadie nosotros también odiamos a los pobres que se comen la sombra del fruto malo y el aire malo y siempre enseñan una mano sucia y nadie los entiende mi gato y yo velamos por nuestro tazón lleno he dicho lleno para que quede claro ni desbordado ni vacío he dicho velamos porque los pobres se roban la tranquilidad del gato y los ricos nos roban por las noches algo más que el sueño odiamos la miseria pedimos que a los ricos se los coman los gusanos desde las tripas vivas pedimos a los ricos que se acerquen y que les duela algo que jamás se les quite pedimos que a los ricos les duela algo alguna cosa distinta en el cuerpo alguna vez. 208


Marlon Brando es tan guapo Todos quisiéramos un Marlon Brando adornando la sala quisiéramos tener padre para todos los eventos de la escuela para todos los hermanos y todas las mitades Marlon Brando en la casa ruborizaría el exceso de luz nuestra madre es el exceso de luz Si papá fuera una película amar la tele cobraría sentido todos los silencios cobrarían sentido: todos los silencios son tres en una mesa cuadrada fumaríamos juntos a través de su cigarro Marlon Brando sería las flores enlacortinadeflores que nos salva de la calle la calle es horrenda: todos están más vivos que nunca y se siente un broche que nos estira la cara: buenas tardes Todo sería distinto nos rescataría del mundo un casanova me sentaría en sus piernas y pediría un deseo y desearía como las niñas saludables que besan paredes y espejos como las niñas que se pintan la cara con el pulso de rescatar un héroe para toda la vida Todos quisiéramos un Marlon Brando cuando se va la luz el exceso de luz y uno se queda con esos tres vacíos alrededor de la mesa la calle cruje como pisando los huesos de los vivos entonces uno necesita que alguien venga enorme como la ventana y separe el mundo. 209


Todas las manifestaciones son inútiles, Elvis Habíamos sido así de irreverentes, corazón, contestatarios y violentos como nuestras mezclillas roídas por la moda, como nuestros obreritos roídos por las mezclillas, como nuestros cielos roídos por escupitajos de mis fábricas. Las negras cicatrices de los cielos, porque son dos cielos, siempre, y para nosotros nunca hay tiempo de mirar el nuestro, aunque esté ahí, aunque nos pertenezca. Éramos rebeldes y erasmistas y verdugos de la comida rápida y de la comida y de lo rápido, porque el que no trabaja solo tiene hambre, eso es lo que tiene el que no trabaja, y aunque miré el cielo suyo o el del otro, los dos cielos, «el aire no alimenta» «la literatura no alimenta», pero no te vayas, yo tengo siempre algo, lo guardo para que no me lo quiten, pero yo tengo siempre algo, aunque sea solo vacío en el estómago, aunque sea solo vacío, y tengo de vez en cuando una cerveza fría para cuando llegues ofrecerte algo que no sea mi vacío, porque entiende, es lo único que tengo. Éramos, mi amor, un discurso, y a pesar de los gritos del mundo tenía oídos para ti, y los estruendos venían desde muy cerca hasta muy dentro, pero escucha: yo ponía sobre el pecho de una puerta mi oído izquierdo y no tenías corazón, tenías en su lugar una serie de versos para cambiar el mundo, pero no tenían ritmo, eran lentos y hermosos como nada.

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ERIK MOYA (Zamora, Michoacán, 1994)

Poeta y videoasta independiente. Estudiante de Letras Hispánicas en la UMSNH. Ha colaborado en diversos proyectos de videoarte y publicidad. Desde hace tres años hace el diseño de imagen del Gran Reto de Aguas Abiertas Michoacán. Su documental En Aguas Ajenas se presentó en El II Festival de Cine de Paracho y la II Muestra Internacional de Cine michoacano. Obtuvo Mención Especial en el 13° Festival Internacional de Cine de Morelia por su guion Fin del Mundo. Gracias a su disléxia puede leer cosas increíblemente fantásticas en cualquier texto.


Los niños Por el momento máquinas angustiadas fabrican niños roca cristal, perros gatos virtuales, centrífugas conciencias guardadas en una USB, pequeñas casas que se incendian cada cinco minutos, comida al instante que prepara una niñera mal pagada. Los niños mastican veneno con sabor a verduras comen raciones de tortilla paliducha, rancheritos y un poco de cáncer carne al pastor. Niños desnutridos viven sin rasparse las rodillas. Se caen, parten su cuerpo roca cristal y dejan de existir. Esos niños débil roca tocan la pantalla y sienten que existen hablan débilmente por Facebook mandan fotos, videos, emojis felices y la soledad de su cuerpo. Carcajean frente a la ventana web. Se pelean:  pierden amigos:

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pierden un like: se deprimen. Los niños curiosos cuales gatos se les va la virginidad por el teclado, les entran por los ojos la machihembra de actores porno. En el futuro muchos niños serán padres aun siendo niños, su débil roca pa         sa                   rá a convertirse en una nueva semilla aún más débil. El suelo tragará placentas infantiles. Otros niños  irán a la escuelita: generaciones completas  de llameantes ingenieros y  ningún poeta a la vista porque ellos serán parte  de la nueva cantidad  de estudiantes  d e s a p a r e c i d o s.

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Forastero Mi padre es forastero. Pilotea la nave de los padres forasteros. Deja de existir por semanas, meses, años. Resucita cuando la soledad se ha comido parte de sus testículos. Para ensamblar las partes que le faltan levanta el teléfono y llama a nosotros sus dos hijos. Los dos hijos encajan: mi hermano en el testículo derecho y yo en el izquierdo y vuelve a su nave de padre forastero. Nos aniquila y nos expulsa en baños públicos, en la tela de sus calzones o en la pared vaginal de no sé qué pinche prostituta. Por eso mi madre le regaló las llaves de su nave y le dijo que se llevara lejos a su espíritu forastero. A ella la he colocado en un pedestal le limpié la sangre de aquellas semanas, de aquellos meses, de aquellos años. Mientras se fabrican hijos no se piensa en cuantas veces morirán por culpa de ellos.

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Nacimiento

Nací con la muñeca en el suelo los dedos dentro del culo  dos manos sin nudillos, un muslo torcido un testículo izquierdo donde va el corazón. Nací hombre con treinta y tres años sin sexo las uñas se me llenaron de hongos los talones de edificios. El pecho hundido  come llantas de pesero. Los pulgares sostienen una cámara de fotos que alivia la ceguera. A veces tengo un pene, a veces tengo dos. Sueño con un pubis hambriento  y la vagina que me estornuda.

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Jesús González Mendoza (Coalcomán, Michoacán, 1994).

Estudia Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Letras de la UMSNH. Ha publicado en distintas revistas literarias y en las antologías Se oyen voces en el pasillo (UANL / Resortera, 2015) y Un siglo de pura sombre (H. de Chihuahua, 2015). Lleva la columna “Cabezas de repuesto” en la revista Marabunta. Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas, en colaboración con la Universidad Veracruzana, en el Séptimo Curso de Creación Literaria para Jóvenes (2015) con sede en Xalapa. Participó en el Encuentro Nacional de Escritores Jóvenes Jesús Gardea (2015).


1 Varias veces me rompí la cabeza con rocas diminutas Otras veces me metí en una botella y me lancé desde lo más alto esperando a que alguien me atrapara

2 Guardo el cuerpo de mi madre en un cajón Lo saco en las noches y lo armo le aprieto los tornillos y lo enciendo En el fondo del cajón están las manos y los pies y el torso y los pechos de mi madre Algunas noches saco las piezas y las armo pero otras me da miedo y sólo tomo lo necesario una pierna o una mano

la cadera o la cabeza

Guardo el cuerpo de mi madre en un cajón Todas las noches lo saco y lo pongo sobre la cama le cuento de mi día y le pido que me deje dormir con ella

3 Debajo de la cama hay un hombre despedazado me molesta su respiración en las noches Tiene pesadillas: escucho sus gritos

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Debajo de la cama un hombre despedazado no me deja dormir He querido mandarlo en el primer sesto que salga al basurero pero sus llagas me detienen me pide que meta los dedos en su costado y sienta cómo se desangra El hombre despedazado suele ser hermoso y no tendría ningún problema con él si me dejara dormir No lo saco de la habitación porque sé que también me llegará el momento de estar debajo de otra cama 4 Hay pájaros en mis córneas picotean para salir pero cierro los ojos y se estrellan como excremento contra el cristal

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5 Dicen que detrás de la puerta

hay un muerto

pero no sé cuál es el frente si éste

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o el otro


Kevin Alan González Sánchez (Morelia, Michoacán, 1996)

Estudiante de ingeniería industrial en el Instituto Tecnológico de Morelia. Ha escrito el libro inédito de poesía Sus consecuencias. Dirige el blog: sus consecuencias. Ha participado en el Concurso Estatal de Poesía Carlos Eduardo Turón 2015, y en el Concurso Troje de diablos de la editorial Diablura Ediciones.


11 Soy fruto de una semilla podrida, penitencia grata para el vientre que con paciencia me formó y alimentó; que hizo de mis primeros pasos eternos y de su abrazo motivo de vida, mi futuro tan lejano para mí que en su esperanza apenas me reconozco. Me volví un árbol crecido con la mitad de agua, y que, ahora, soporta más la ventisca, los vendavales, la llovizna y el frío, no se permite cortar por las otras vidas que sin tregua la otra mitad de agua sembraba; quieren entrar en este crecimiento. Repleto de soledades y emociones, pero recto, sin esas ansias febriles de lo que nunca tuvo.

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19 Me gusta tu espalda como playa donde habito, no como náufrago sino como turista casual enamorado de este lugar donde se encontró, por fin, a sí mismo y donde gustoso regresa en cada oportunidad, en cada beso y paseo de caricias a buscar esa parte de sí mismo, que por siempre se quedó ahí, que emocionado sólo visito.

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Se terminó de imprimir en marzo de 2016 en los talleres gráficos de Impresora Gospa ubicados en Jesús Romero Flores no.1063, colonia Oviedo Mota, C.P.58060 en Morelia, Michoacán, México. La edición consta de 1,000 ejemplares y estuvo al cuidado del Departamento de Literatura y Fomento a la Lectura. Correción de estilo Raúl Casamadrid. En su composición se utilizaron las familias tipográfica Garamond Premier Pro y Georgia.


ENCUENTRO NACIONAL DE POETAS JÓVENES  

Ciudad de Morelia 2016

ENCUENTRO NACIONAL DE POETAS JÓVENES  

Ciudad de Morelia 2016

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