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02 SOSTENIDO – NARRACIÓ LITERÀRIA PARTINT D’UN ELEMENT DONAT NARRACIÓ GRÀFICA I IL•LUSTRACIÓ UB – FACULTAT DE BELLES ARTS

Era una mañana de verano de 1922, Kansas. Como cada mañana, Pepis, una gallina de una granja de las afueras de Kansas City, se disponía a continuar su habitual ritual de acompañar la salida del sol de cada amanecer con su agudo cacareo. Pero aquella mañana en especial, su particular grito tuvo un pequeño matiz. Gritó, pero lo que realmente exteriorizaba era un grito de desesperación, pues el amor de su vida, había huido y no precisamente con ella. Aquella misma mañana descubrió que Don Juan, un caballo de pura raza, el cual poseía un magnetismo que encadilaba a toda aquella yegua que se le cruzara por el camino con sólo poner sus negros ojos sobre ella, había huído con Pinkie, una cerda con la que manteía un idilio estrictamente secreto, ya que ambos no eran partidarios de que la totalidad de la granja juzgara un romance de aquella singularidad, impropio de unos animales tales como ellos. Pepis y Don Juan, por otra parte, también se relacionaban de forma habitual, pues mantenían una amistad incluso más allá de ser simples amigos o compañeros de granja. Ambos se esperaban al final del día para contarse lo sucedido durante la jornada de trabajo. Pepis por una parte se encontraba cansada de tener que aparearse con gallos por el simple hecho de tener que obedecer las órdenes del granjero que los custodiaban. La total desproporción del número de huevos exigidos no hacía más que acrecentar sus ganas de abandonarlo todo e ir en busca de otro tipo de aventuras. Por otra parte, Don Juan también poseía un espíritu rebelde que le hacía soñar con ir más allá del establo y los campos que él cada día y de forma extenuada tenía que cruzar cientos de veces con el propósito, también, de cumplir con su cometido. A parte de aquello, comentaba con Pepis, su visión de cómo veía él, su condición de semental. Relataba que le cansaba tener que aparearse con yeguas que sólo veía en aquel momento, que buscaba algo más que un simple acto de emparejamiento forzado. En el fondo, lo que él buscaba era un animal con el cual poder enamorarse. Con todas aquellas historias laborales, ambos poco a poco iban acrecentando su amistad hasta tal punto que por parte de Pepis, la cosa cumplía con unos acercamientos que Don Juan no era capaz de ver. Por su lado y a su vez, Don Juan mantenía otra relación con Pinkie, cuya presencia en el mismo lado de la granja, hacía que cada mañana, al salir del establo, se fijara en ella, con sus andares porcinos. Don Juan parecía haberse enamorado de ella incluso con una simple conversación que tuvieron. Él y ella mostaban una sintonía especial. Compartían tantas semejanzas que él la veía a ella como un punto para poder escapar y poder tener una relación que por otro lado, en la granja no sería más que un tema escandaloso. El tema era bastante complicado para Don Juan, tenía a dos hembras enamoradas, aunque no lo supiera ciertamente de una de ellas. De pronto, a Pinkie no se le ocurrió mejor idea que escapar junto a Don Juan una de las noches para así poder tener una libertad que ambos soñaban. Primero fue él quien pudo escapar para poder ayudar a Pinkie a saltar la valla dada la poca movilidad que tenía. Una vez fuera los dos, se apresuraron a buscar el agujero del cerco que hizo Don Juan al final de uno de los campos. Pudieron salir sin que nadie les pudiera ver y así pudieron contemplar una vida sin restricciones y junto al animal que ellos amaban. Don Juan fue listo y aquella misma noche, antes del intento de huída, dejo un mensaje escrito a a Pepis para que una vez se levantara ella, la primera cada mañana, pudiera leer ese texto, el cual decía: “Estimada Pepis, Sabes que nos conocemos desde hace tiempo y tú has sido a la que cada noche he explicado todo cuanto se me pasara por la cabeza, pero hay algo que no te he podido confesar. Estoy enamorado de Pinkie y si esta mañana no me ves, es porque he huído con ella. Te doy mis más sinceras disculpas por no explicártelo debidamente, pero creía conveniente no hacerlo por el miedo que tenía a que alguien más lo supiera. Te doy las gracias por todos los momentos que he pasado contigo. Espero que tú tmabién puedas escapar algún día como lo he hecho yo. Te esperaré más allá del cerco... Don Juan”

01/10/13 DENNIS ZANDRO IMPOC OBAG

Relato Ilustrado  
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