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Un mordisco para recordar

Argumento

Regla nº 1: Jamás involucrarse con alguien que no esté a tu lado cuando salga el sol.

La detective privada Jackie Morrisey ya terminó escaldada una vez y no está dispuesta a que le suceda de nuevo. Puede que Vincent Argeneu sea el tío más atractivo y ardiente que haya visto en su vida, vivo o muerto, pero su misión es evitar que un asesino convierta a este vampiro en polvo… no saltar a su cama a las primeras de cambio.

Regla nº 2: Jamás besar a un vampiro... puede provocarte dolor de cuello.

Vale, así que Vincent ha tenido cuatrocientos años para perfeccionar sus habilidades a la hora de besar, y resulta muy tentador cuando se pasea por la casa sin camisa. Además, es encantador, protector... ¿he mencionado ya que sabe besar?

Jackie necesita estar en guardia, o de lo contrario tendrá que pensar en una nueva regla: Si vas a enamorarte de un vampiro, asegúrate de que antes haya un mordisco que puedas recordar para toda la vida.

Vincent Argeneau ha tenido que suspender su última producción cinematográfica porque teme que algún miembro del equipo resulte muerto ante la serie de sabotajes que han venido sufriendo: algunos han resultado heridos, otros han abandonado el proyecto, y todos han sido víctimas de una misteriosa anemia. Su primo, Bastien (protagonista de Tall, Dark and Hungry), preocupado por su seguridad, decide enviarle a la detective Jackie Morrisey.

Jackie, harta de los vampiros por una anterior relación con uno de ellos, no quiere saber nada de Vincent, pero ha visto que él está en peligro, así que decide ayudarle. Pero Vincent, al conocer a la


bella detective, se ha dado cuenta de que es la compañera que le está predestinada y comenzará un juego de tira y afloja para poder conquistarla.

Sin embargo, todo se complicará cuando Jackie es capturada por el saboteador —que resulta ser un vampiro— y, en su defensa, le muerde accidentalmente la muñeca... comenzando su transformación hacia la inmortalidad.

Capítulo 1

—¿Vincent? ¿Estás ahí? ¡Si estás ahí coge el maldito teléfono! Vincent Argeneau obligó a sus párpados abrirse y miró fijamente la oscuridad del cuarto. —¿Vincent? —¿Sí? —incorporándose, echó un vistazo a su alrededor para hallar al dueño de esa voz, la cual provenía del contestador automático del escritorio. Sacudiendo la cabeza, Vincent consiguió ponerse de pie y tropezó atravesando el cuarto. Arrebató el teléfono inalámbrico y, dejándose caer en la silla del escritorio, gruñó—: ¿Bastien? —¿Vincent? Siento despertarte. Esperé tan tarde como me fue posible antes de llamar. Vincent gruñó y se declinó hacia atrás en la silla, pasando una mano a través de su rostro. —¿Qué hora es? —Las cinco de la tarde aquí en Nueva York. Supongo que deben ser cerca de las dos allí en Los Ángeles —dijo Bastien apológicamente. —Las dos —murmuró Vincent. No maravillado, sino agotado. Había estado levantado hasta las nueve de la mañana ocupándose de las llamadas telefónicas y luego había acomodado las cortinas


para que no entrara la luz en su habitación en la que se encontraba un sofá que usaba en vez de una cama. Lo último que quería era la llamada del señorito Bastien. —¿Estás despierto? —Sí —Vincent restregó su cara otra vez para luego encender la lámpara de su escritorio. Cuando la luz creció, dijo—: Estoy despierto. ¿Fuiste capaz de encontrar la compañía de ese detective privado que dijiste que era tan bueno? —Ése es el motivo por el que no podía llamarte más tarde que esto. Ellos están en camino. De hecho, su avión estaba programado para aterrizar en LAX hace quince minutos. —¡Jesús! —Vincent se sentó abruptamente—. Eso es rápido. —Jackie no pierde el tiempo. Le expliqué la situación y ella reservó un vuelo enseguida. Afortunadamente para ti, ha acabado un importante trabajo para mí y delegó todo lo que tenía en la agenda. —Wow —murmuró Vincent, pero frunció el ceño cuando se dio cuenta de lo que Bastien había dicho. —¿Ella? ¿El detective es una mujer? —Sí, y es buena. Es realmente buena. Rastreará a tu saboteador y tendrá el asunto aclarado en un santiamén. —Si tú lo dices… —dijo Vincent lentamente—. Gracias, Bastien. Aprecio esto. —No hay problema. Estoy feliz de ayudar. Vincent abrió la boca para hablar pero se silenció cuando escuchó de fondo la sofocada voz de una mujer. Entonces comenzó a hacer muecas. —¿Esa es Terri? —Sí. Ella dice que te diga hola y que te advierta que… —se detuvo brevemente para despejar su garganta—. Errr… Mamá también está en camino hacia allí. —¿Qué? —Vincent se enderezó precipitadamente. Las noticias eran algo impactantes. Tía Margarite no había visitado su casa en décadas. Generalmente, era él quien la visitaba en Canadá. Ella había elegido la peor época posible para visitar la muy asoleada California—. ¿Por qué? —Errr… eso es algo realmente divertido —dijo Bastien, dejando escapar una risita nerviosa—. Al parecer, ha llegado a la conclusión de que estás muy solitario y depresivo. —¡Qué! —bramó Vincent al teléfono.


—Sí. Ella piensa que deberías estar aquí en Nueva York y sostiene que lo que Terri y yo tenemos juntos, al igual que mis hermanos con sus compañeros, puede estar trastornándote porque estás solo y todo eso. Parece pensar que necesitas levantar esos ánimos y cree que ayudará que examine la situación más de cerca. —Dios querido… —murmuró Vincent, enterrando la mano en su cabello. —Sí, pensé que te sentirías así —comentó Bastien con simpatía—. Traté de disuadirla para que no fuera, pero… tú sabes cómo es mi madre cuando algo se le mete en la cabeza. —Dios querido… —repitió. —Salió en el vuelo tardío —informó Bastien—. No llegará hasta las seis, y ya ha arreglado el alquiler de su coche, así que no tendrás que recogerla. —¿Sabe lo que está sucediendo aquí? —No —respondió Bastien—. Y, a menos que tú quieras que interfiera, te sugiero que no se lo digas. Vincent largó una risita. Decir que interferiría era una subestimación. Si Margarite Argeneau supiera que alguien estaba saboteando el negocio de su sobrino, se determinaría ella misma a rastrearlos y ponerlos en su lugar. Era muy sobreprotectora con quienes amaba y él era muy afortunado por encontrarse en esa categoría. —Dios querido —dijo disgustado. —Sólo asígnale una habitación de invitados, dale unos folletos turísticos y déjala entretenerse sola —sugirió Bastien—. Se aburrirá y, eventualmente, se irá. Vincent hizo una mueca, pensando que eso era demasiado fácil. Nunca nada era demasiado fácil. —Estoy suponiendo que tampoco tenía que recoger a esta Jackie y… —se detuvo brevemente, intentando recordar el segundo nombre que Bastien había mencionado. —Tiny —completó Bastien—. No, ellos también tienen uno alquilado. Sino, habrían llamado hace mucho. —De acuerdo. Vincent suspiró. —Deduzco que tienes media hora antes de que lleguen ahí. Imaginé que era el tiempo necesario para que estuvieras listo. —Sí —convino Vincent. —Bien. Te dejaré para que te despiertes como es debido antes de recibirlos.


—Sí. De acuerdo. Hey, dile a Terri… —se detuvo instantáneamente y echó un vistazo al vestíbulo al oír un golpe en la puerta principal. Frunció el ceño y se dirigió fuera de la oficina, llevándose el teléfono con él—. Espera. Hay alguien en la puerta. —Eso es, probablemente, el paquete que envié para mamá —dijo Bastien—. Si lo es, tendrás que ponerlo en el refrigerador enseguida. —Debe ser agradable tener tus comidas preparadas y el delivery a tu disposición —comentó secamente mientras atravesaba el pasillo. —Dejaremos eso para más adelante, primo —dijo Bastien tranquilamente, y Vincent sintió una punzada de culpabilidad por su ironía. Bastien había ordenado a sus científicos trabajar en la cura para su problema durante años. Si aún no la había, no estaba de más seguir intentándolo. —¿Es la sangre? —inquirió su primo, mientras él abría la puerta principal. —Umm… no —respondió. Su mirada estaba fija en el par que estaba en el escalón de mármol delante suyo. Vincent nunca había visto a una pareja tan… dispareja. La mujer era rubia, el hombre era moreno. Ella era extremadamente pequeña y curvilínea, mientras que él era un enorme mamotreto bien erguido sobre sus seis pies de altura. La mujer estaba vestida con un traje negro de negocios con una delicada blusa blanca y él con unos sencillos pantalones de algodón y un jersey claro. Ambos podrían ser considerados como material de estudio en lo que a contrastes se refería. —¿Vincent Argeneau? —preguntó la mujer. Cuando asintió, ella extendió su mano. —Soy Jackie Morrisey y él es Tiny McGray. Asumo que Bastien le ha contado sobre nosotros. Vincent miró fijamente su mano pero, antes de tomarla, cerró la puerta y volvió a poner el teléfono en su oído. —¡Bastien, es una mortal! —¿Le acabas de cerrar la puerta en la cara a Jackie? —indagó Bastien con la voz llena de asombro —. Acabo de escuchar el golpe, Vincent. ¡Jesus! No seas tan malditamente grosero. —¡Hoooolaaaa! —dijo impacientemente—. Es una mortal. Ya era suficientemente malo que fuera una mujer, Bastien. Necesito a alguien que sepa sobre nuestra situación especial para ocuparse de este problema. Ella… —Jackie lo sabe —interrumpió Bastien en tono seco—. ¿Pensaste que te mandaría a un insignificante mortal? Tenme un poco de fe —un suspiro le llegó a través del teléfono—. Mira, su


padre comenzó con la agencia de detectives Morrisey e hizo muchos trabajos para nosotros. Ella ha sabido de nuestra existencia desde que era una adolescente y siempre ha guardado el secreto. Jackie dirigió la compañía desde que su padre murió. Somos sumamente amables en las remuneraciones, pero es la mejor en el negocio. Así que ahora abre la bendita puerta a la mujer. —Pero ella es una simple mortal y…una chica —volvió a señalar Vincent, no muy feliz con la situación. —Voy a colgar, Vincent —y colgó. Vincent frunció el ceño al teléfono y estuvo a punto de volver a marcar, pero pensándolo mejor, se dio la vuelta hacia la puerta. Necesitó recordar al saboteador que quería arruinarlo. De acuerdo, les daría a la señorita Morrisey y a su gigante una oportunidad. Si ellos arreglaban el lío, bien por él. Sino, podría echárselo en cara a Bastien por siglos. Sonriendo ante la idea, Vincent alcanzó el picaporte.

—¡Joder, hombre! —Jackie frunció el ceño hacia la puerta que acababa de cerrarse de golpe en su cara. Con lo agotador que había sido el vuelo, ese recibimiento era lo que ella menos había esperado. Sobre todo, cuando habían volado únicamente para ayudar a Vincent Argeneau. —No es la bienvenida más cálida que hemos tenido —acordó Tiny. Su voz era tan profunda y poderosa como el desplazamiento de una montaña. Jackie resopló ante la obviedad. Entonces le lanzó una mirada curiosa cuando el gigante se movió hacia un lado de la entrada de mármol, inclinándose debajo del pórtico de la mansión de dos pisos. Levantó una ceja a modo de pregunta cuando lo vio espiar fijamente una de las estrechas ventanas que se encontraban a un lado de la entrada, pero en un segundo fue distraída por los murmullos que se escuchaban amortiguados al otro lado de la oscura puerta de roble. Frunciendo el entrecejo, Jackie se inclinó hacia delante y apoyó una oreja en la madera, tratando de oír lo que Vincent Argeneau decía. Sus ojos se estrecharon con irritación cuando la protesta de que ella era una mortal y, además, una chica, llegó hasta sus oídos. La puerta se abrió tan repentinamente como se había cerrado, y Jackie se enderezó precipitadamente. El rubor cubrió su rostro al ser cogida in fraganti con el oído pegado en la puerta, y eso la enfadó aún más. La puso a la defensiva. Antes de que él pudiera decir una palabra, ella escupió toda la información que había estudiado de los archivos en el avión:


—Naciste en 1592, hijo de Victor y Marion Argeneau, ambos vampiros, o inmortales, como tú prefieras llamarlos. Marion era una buena amiga de su cuñada, Margarite Argeneau y tú, de hecho, naciste dos meses después que su hijo, Bastien. Los dos pasaron mucho tiempo juntos mientras crecían y eran tan cercanos como hermanos. Tu madre murió en 1695 quemada con una estaca mientras estaba embarazada del que habría sido tu hermano. Tu padre ha estado recluido desde entonces, pasando su tiempo actuando como un guardián del consejo. Por lo cual, lo ves muy poco. Tomó una bocanada de aire antes de continuar: —Decidiste convertirte en actor cuando conociste a Shakespeare a los diez años. Has viajado mucho por el mundo, sin permanecer en un lugar por más de diez años antes de moverte a través del mundo para comenzar nuevamente. Estuviste en California ocho años, diez años en Inglaterra antes que eso y, mucho antes, en Rusia, España y Francia. Tienes acciones en las empresas Argeneau pero también posees una propia, V. A. Inc., la cual se expandió en varias raíces. Una de ellas, es tu propia compañía que, actualmente, no está produciendo nada debido a los serios eventos de sabotaje que te han forzado a cortar y cerrar todos y cada uno de los proyectos de producción. Jackie se quedó en silencio y observó con gran satisfacción todo detalle expresado en el rostro de Vincent Argeneau. Él parecía contrariado. Eso le serviría de lección. Ella estaba ahí sólo como un favor hacia Bastien. Tenía otros casos en los cuales trabajar, ¿pero ese sujeto lo tenía en consideración? ¿Huh? No, por supuesto que no. Él sólo le estampó la puerta en su cara para lloriquearle a Bastien que era una bendita mortal y una chica. Jackie estaba acostumbrada a que la gente la juzgara por su sexo y su tamaño. Eso la molestaba a veces pero, por lo general, podía tratar con ello. Sin embargo, que la maldijeran si fuera a tolerar esos endemoniados perjuicios para con ella y su especie. Era una humana, y, malditos sea, muy orgullosa de serlo. Algunos de estos “alimentadores nocturnos” eran unos absurdos engreídos en su opinión. Dormían todo el día, bebían sangre empaquetada por las noches y, después, actuaban de lo más superiores porque era imposible que pescaran un resfriado y tenían una salud perfecta. Ese pensamiento le recordó a Jackie un punto que había pasado por alto. —Heredaste la disposición genética de tu padre que no permite que te alimentes de sangre empaquetada como el resto de tu especie. Si siguieras una dieta alimentándote con bolsas de sangre, pasarías hambre hasta la muerte. Estás forzado a cazar tu alimento y tomarlo de donantes vivos —ella arqueó sus cejas y añadió—: Tiny y yo no estamos en el menú. Si muerdes a alguno de nosotros, tomaremos el próximo vuelo a Nueva York. ¿Entendido? Jackie no esperó una respuesta. Decidiendo que ya había pasado bastante tiempo en el umbral, pasó a su lado sin hacerle el menor caso hacia el interior de la casa con Tiny pisando sus talones.


—Tu seguridad aquí es inexistente —informó Jackie, echando un vistazo a cada sitio que atravesaba por el pasillo—. Tu puerta delantera está abierta de par en par. Tanto como nosotros pudimos entrar, cualquiera podría hacerlo. —La seguridad de mi casa no está incluida en la cuestión —Vincent Argeneau sonaba irritado, notó, aparentemente recuperado del shock que le había causado al relatarle toda su vida hasta la fecha. —Lo estará, créeme —anunció Jackie, y después precisó—: Ahora que has estancado el trabajo de las productoras, tu saboteador ha perdido su blanco original. Buscará otro, y tu hogar es el primer lugar que le vendrá en mente. Jackie echó un vistazo al final del pasillo, alcanzando el otro extremo y no se sorprendió al verlo mirar fijamente con una sombra de preocupación la puerta principal. No había oído el susurro de la cerradura cuando él la había cerrado hacía unos momentos. Él ahora se volvía nuevamente a la cerradura y ella se sonrió a sí misma mientras empujaba la puerta de la cocina. Tiny esperaba dentro de la habitación abriendo y cerrando puertas de armarios, mientras Jackie atravesaba todo el lugar, esperando a que Vincent la alcanzara. Ella miraba fijamente el refrigerador vacío cuando él entró apresuradamente en el cuarto. —Tienes demasiado vidrio en esta casa —comentó—. Puertas francesas, puertas de vidrio desplazables y ventanas de lujo. Dime que, al menos, tienes un sistema de seguridad en alguna de ellas. La vacilación que percibió en sus facciones fue suficiente respuesta. —¿Qué es lo que buscas? —preguntó Vincent, en lugar de admitir que no tenía ningún sistema de alarma. Jackie se encogió de hombros. —Si Tiny y yo vamos a permanecer aquí tengo que saber lo que necesitaremos. Según lo esperado, no tienes nada de alimento en esta casa, sin mencionar los platos, los cubiertos y demás —agregó secamente. Cerrando la puerta del refrigerador, ella dio un vistazo a su ayudante. —Lo mejor será que comiences a hacer una lista, Tiny. Escribe todo lo que necesitamos. —¿Van a quedarse aquí? —soltó Vincent, horrorizado. —Si no hubieras parado la producción, estaríamos alquilando en alguna parte y tomando posiciones en alguno de los puestos como agentes encubiertos para analizar los alrededores. Pero, puesto que cancelaste todos los trabajos e hiciste lo que quisiste con los puestos disponibles,


tendremos que permanecer aquí y conseguir una tapadera diferente —ella se dio la vuelta para ubicarse frente a él—. Tengo entendido que no tienes asistente personal, ¿la tienes? —No —contestó Vincent renuente. —Ahora la tienes —informó ella. Gesticuló algo a Tiny y luego añadió—: Y también tienes a un nuevo cocinero y ama de casa. Vincent la miró fijamente y después echó un vistazo a Tiny que cabeceó solemnemente. Dándole tiempo para adaptarse a los cambios que iban a realizar en su vida, Jackie se dirigió hacia la puerta de la cocina. —Voy a hacer algunas llamadas. Doy por hecho que puedo usar el teléfono de tu oficina, ¿no? —Sí, por supuesto —las palabras sonaban casi automáticas mientras él trataba de asimilar todo lo que estaba ocurriendo. —¿Quieres que desempaque? —le preguntó Tiny cuando pasó a su lado. —Sí, por favor. Y también necesitaré mi cartera que está en el coche. Después de que haga las llamadas, pasaré por las habitaciones del segundo piso. Si no estoy en la oficina, me encontrarás arriba. —Entendido, jefa —murmuró Tiny al tiempo que ella salía de la cocina. Vincent no la observó esta vez, y Jackie dejó caer sus hombros mientras iba por el pasillo.

—Fuiste muy dura con él —comentó Tiny una vez que alcanzaron la puerta que ella, anteriormente, había espiado a través de la oficina. Jackie se encogió de hombros. —Ese hombre necesitaba una llamada de atención. Cuando llegan a cierta edad, creen que son indestructibles. Éste lugar es el sueño de un ladrón. Es una verdadera suerte que no le hayan robado, o atacado… Y ahora hay alguien ahí afuera que está persiguiéndolo. No tenemos el suficiente tiempo para manejarlo con guantes de seda. Tenemos que asegurar este lugar lo más rápido posible para poder centrarnos en el rastreo del saboteador. —Y él era el grosero por cerrar la puerta en nuestras caras —agregó Tiny secamente, haciendo que sus labios se curvaran en una sonrisa. El gigante raramente la dejaba mentirse a sí misma. —Sí —admitió Jackie—. Fue un grosero. Y puso en duda que yo pudiera hacer bien mi trabajo. Lastimó mi orgullo y me aseguré de que se replanteara esa cuestión.


—¿Crees que la está replanteando? —preguntó Tiny. —Creo que está deseando no haber llamado nunca a Bastien para pedirle que encontrara a un asistente que lo ayudara con este problema —respondió con una sonrisa satisfecha. —Si él está disgustado, entonces nuestro trabajo está hecho —dijo Tiny solemnemente. —Supongo —convino Jackie con voz cansina, pero riendo suavemente entre dientes mientras que Tiny salía en busca del coche y ella se dirigía a la oficina. La capacidad del gigante para bromear con ella sin ninguna expresión era inestimable, y le había agradecido a Dios muchas veces por tal compañero. Jackie sospechó que iba a necesitar mucho, mucho tiempo antes de pasar de este trabajo. Suspirando, se dejó caer en la silla del escritorio y miró fijamente el teléfono. Era inalámbrico, y ahora que lo observaba, el receptor estaba vacío. Jackie recordó que Vincent había estado hablando por teléfono cuando abrió la puerta. Lo que significaba que aún tenía el teléfono. Sacudiendo su cabeza, se irguió otra vez y estudió el escritorio, deteniéndose brevemente cuando Vincent Argeneau apareció repentinamente con el teléfono en la mano. Después de una leve vacilación, Jackie se adelantó y lo alcanzó, pero él la sostuvo antes de que pudiera tomarlo. —Me disculpo por mi rudeza al cerrarte la puerta en la cara. Me temo que recién me había despertado y no estaba completamente conciente… y, según la información que Bastien me había dado, aún contaba con otra media hora antes de que llegaran. —Nuestro vuelo salió con buen tiempo. Aterrizamos más temprano —explicó Jackie. Vincent Argeneau asintió. —Bien, me sobresalté al saber que estaban en camino, y después me asusté aún más al ver que eres mortal. Bastien no me había advertido y asumí que uno de los nuestros se ocuparía de la situación. Jackie dudó, pero luego relajó los hombros y asintió. —Disculpa aceptada. —Grandioso. Entonces quizás podamos comenzar otra vez —lanzó el teléfono y levantó su mano con una sonrisa conciliatoria—. Hola, mi nombre es Vincent Argeneau. Tú debes ser la asombrosa Jackie Morrisey que mi primo ha mandado para salvar mi bacón. Es un placer conocerte. Agradecería cualquier ayuda que puedas brindarme sobre este asunto. Bienvenida a mi casa. Jackie automáticamente le dio la mano. Al sentir el contacto entre sus dedos, una corriente de estremecimientos la sobresaltó. Asustada, tiró rápidamente de su mano para romper el contacto. Las palabras salieron tan rápido de sus labios que ella no pudo contenerlas:


—Quisiera que alguien viniera para instalar un sistema de seguridad apropiado. Te costará mucho dinero. Si tienes algún problema con eso… —su voz fue desapareciendo cuando él asintió. —Si lo consideras necesario, sin ninguna duda, arréglalo. Descartando eso, quizás puedas concentrarte en mi saboteador. Me doy cuenta ahora de que he sido algo flojo con esas cosas. Supongo que soy afortunado al no haber sido robado o atacado. Gracias por la llamada de atención. Jackie se puso rígida en cuanto reconoció las palabras que le había dicho a Tiny y, recordó tardíamente, que Vincent tenía un sentido del oído excepcional. También podían leer mentes, se recordó severamente. Tendría que tener cuidado estando cerca de él, e intentar esconder sus pensamientos. Ese era un truco que ella había aprendido hacía años. Su gente podía leer mentes, pero —afortunadamente— sólo si tú pensabas en algo. Mantener la mente en blanco o recitar una tonta rima de niños era suficiente para obstaculizarlos. Tendría que recordar eso cada vez que estuviera cerca de ese hombre. —Te dejaré con tus llamadas telefónicas para darme una ducha y vestirme. Sus palabras llamaron la atención de Jackie hacia su pecho desnudo y ella parpadeó sorprendida, preguntándose cómo no había notado eso antes. El hombre estaba allí, su cabello oscuro revuelto de manera somnolienta, y usando nada más y nada menos que unos pantalones de pijama azul oscuro. Eso la dejó noqueada, pálida ante la visión de su pecho. Jackie había estado tan enojada por su comportamiento en la entrada que, incluso, no había notado su estado de desnudez. O la belleza de los cincelados rasgos de su cara y sus ojos entre plateados y azules. Sorprendente, pensó con incredulidad. —Una vez que acabes con el personal de seguridad, te llevaré a ti y a Tiny a comprar las cosas que necesitarán en la cocina durante su estancia —anunció él—. Ahora, si me disculpas… Girando sobre sus pies, Vincent Argeneau dejó la habitación. Jackie se transladó hasta la puerta y lo examinó. Su mirada se deslizó con interés sobre la musculatura de su espalda y las partes inferiores que ocultaban los pantalones de su pijama, mientras él subía las escaleras. Dándose cuenta de lo que estaba haciendo, sacudió su cabeza y dio la vuelta rápidamente para volver al escritorio. —No vayas por ahí —se reprendió Jackie a sí misma, mientras buscaba en la guía telefónica los números de las agencias de seguridad locales—. Lo último que necesitas es sentirte atraída por un vampiro. Sigue por ahí, has eso y tendrás cicatrices para probarlo. —Hablándote a ti misma otra vez. Esa siempre es una mala señal para un trabajo. Jackie iba a dirigirle unas palabras a Tiny, pero al verlo permanecer en el umbral, sosteniendo una larga caja en sus manos, preguntó:


—¿Qué es eso? —Una entrega de A.B.B. El delivery lo dejó justo cuando yo salía del coche. —¿A.B.B.? —Jackie hizo una mueca, sabiendo que sería la sangre que Bastien había enviado del banco de sangre Argeneau para que su madre pudiera alimentarse mientras estuviera allí. Le había advertido que Margarite Argeneau volaría para atender a Vincent, ya que ella aseguraba que se encontraba solo y deprimido, pues contemplaba en solitario cómo sus primos habían encontrado a sus compañeros de vida. Jackie no pensó que estuviera deprimido pero, por otra parte, apenas conocía a ese hombre. Tiny se movió, y cuando ella le echó un vistazo, él sostuvo su mirada. Luego ella examinó la caja, la cual no cabía duda de que era un refrigerador lleno de bolsas de sangre, decidiendo que ese trabajo, probablemente, iba a ser un ensayo. Ellos, normalmente, no tenían que vivir próximos a los inmortales, ni presenciar sus hábitos alimenticios. Dudaba de que lo quisiera realmente. Suspirando, Jackie encontró el número de una agencia de seguridad en la agenda y comenzó a marcar. —Ponlo en la cocina para que él sepa que está aquí. Que haga con eso lo que quiera. Asintiendo con la cabeza, Tiny abandonó el cuarto mientras ella esperaba a que la atendieran.

Dos horas después, Allen Richmond de Richmond Security repasaba todas las mejoras que tenían que ser hechas, todos los artículos que iban a ser instalados para hacer de la casa de Vincent Argeneau, un lugar seguro. Con cada punto que él mencionaba, Jackie ponía en marcha un cheque mental con cada artículo detallado en una lista en su cabeza. Ése era el tercer hombre que había inspeccionado la casa las pasadas dos horas, pero el primero que no decía cualquier cosa. Esta era la compañía con la que trataría. —¿Puede hacerlo hoy? —preguntó cuando él finalizó. —Le costará —advirtió el hombre mayor, pasando una mano por su corto pelo gris—. Tendré que interrumpir otro trabajo, también usar el equipamiento de otro trabajo. Mis hombres tendrán que trabajar horas extras y… —él se detuvo brevemente y comenzó a hacer un plano en el cuadernillo en el que había estado haciendo notas, mencionando las refacciones de la casa y dando un presupuesto que dejaría pálidas a la mayoría de las personas. De todos modos, no era más de lo que ella había esperado, y Jackie miró a Vincent quien se había unido al final del paseo. —¿Puedes permitírtelo? —cuestionó Jackie, francamente. Vincent frunció el ceño como si lo hubiese ofendido, y después gruñó:


—Hazlo. Jackie se volteó hacia Allen y asintió. —Hágalo. —Llamaré a la oficina y tendré a los hombres y al equipo aquí dentro de una hora —Allen Richmond fue hacia su camioneta, sacando un teléfono celular de su bolsillo. —Bien… —Vincent frunció el ceño—, supongo que eso cambia los planes de ir de compras. —Yo puedo mantener vigilada la casa mientras usted y Jackie van a comprar —gruñó Tiny cuando se unió a ellos debajo del pórtico. Jackie frunció el entrecejo ante la sugerencia. La última cosa que deseaba hacer era ir de compras con Vincent Argeneau. Desafortunadamente, eran pasadas de las cuatro de la tarde y pronto la hora de la cena. Necesitaban comida… y café. Ella vivía de ese líquido negro y no podría estar toda la noche sin él. Dejando escapar un suspiro, dijo: —Iré por mi billetera. —Debo advertirte, Jackie odia ir de compras —le informó Tiny a Vincent cuando ella fue hacia la casa. Jackie rodó sus ojos al escucharlo, pero no tuvo oportunidad de decir ningún comentario. El teléfono estaba sonando cuando abrió la puerta. —Yo iré —Vincent pasó a su lado rápidamente, dirigiéndose a la oficina. Jackie lo siguió y tomó su billetera del escritorio al tiempo que él tomaba el teléfono y decía “hola”. Apenas se había dado la vuelta para salir de allí cuando él dejó escapar un “¿Qué?” con una señal tan grande de auxilio que ella se detuvo brevemente y se dio vuelta con preocupación. El hombre parecía atontado y horrorizado.


Capítulo 2 HYPERLINK \l "inicio" Índice —¿Entonces la llamada era de tu ayudante de producción, diciéndote que ha habido un imprevisto, y que la obra que, se suponía, se estrenaba esta noche se ha cancelado y ya no se puede volver a poner en marcha? —Sí —Vincent contestó fatigosamente, su mirada fija sobre la carretera. Jackie conducía, pero él, como se suponía, debía dirigirla a algún sitio donde poder comprar utensilios de cocina. No tenía ni idea de dónde compraba la gente tales cosas. Él no se lo había dicho, sin embargo, esperaba encontrar una tienda antes de que ella se diera cuenta de ello. —Tenía la impresión de que aplazabas todas tus obras hasta que se descubriera quién las sabotea. —No exactamente —murmuró Vincent y se preguntó lo que Bastien le habría contado antes de enviarla aquí. Antes de que él pudiera formular la pregunta, Jackie contestó, diciendo: —Bastien no fue muy específico en los detalles. Sólo dijo que alguien saboteaba tus obras. Esperaba que tanto Tiny como yo pudiéramos sentarnos contigo más tarde para que nos pusieras al tanto de los detalles, pero quería primero ocuparme de los asuntos más urgentes. —Asuntos urgentes como asegurar mi casa e ir de compras — murmuró Vincent, una débil sonrisa curvó sus labios al haber hecho una perspicaz observación aprovechando la oportunidad. —Tú podrás ser capaz de vivir y funcionar sin alimentarte, pero nosotros no podemos —dijo Jackie a la defensiva—. Y, sinceramente, yo no puedo funcionar sin café. — Desde luego que no. No lo había considerado —le aseguró rápidamente—. Es de sentido común ocuparse primero de las necesidades básicas. Un techo seguro y alimento, sin duda alguna, es lo esencial. —No para ti. Al menos el alimento —advirtió Jackie. Antes de que él pudiera decir algo, ella de repente frenó y se desvió en el camino de entrada a la calle peatonal. —Lo siento, supongo que iba distraído —murmuró, echó una ojeada a la enorme zona comercial que se abría ante él. —No te disculpes — dijo Jackie mientras aparcaba—. Casi me metí en la zona peatonal y eso que prestaba atención. Vincent simplemente gruñó y se deslizó fuera del coche para seguirla al interior de una tienda. Esperó que fuera algo molesto y aburrido, pero pronto descubrió que no era así. Cuando se concentró en seleccionar artículos para la cocina, Vincent vio cómo su malestar se alejaba.


—No sé por qué no te gusta ir de compras — Comentó Vincent mientras arrebataba la cafetera de plástico blanca más barata que había cogido Jackie, y la dejaba de nuevo en la estantería. Entonces, cogió la cafetera de cromo de color negro, el modelo más caro, y la depositó en el carro. No sabía con certeza qué sería necesario en la cocina, Vincent simplemente había estado recogiendo uno de cada cosa; un mezclador, una licuadora, una olla crockpot, un exprimidor, etcétera. Él le habría preguntado a Jackie lo que pensaba que sería necesario, pero Tiny no había estado de broma cuando había dicho que ella odiaba ir de compras. Había estado en tensión y gruñendo hasta que ellos habían llegado. Él consideró que era sexy. Jackie se parecía a un pequeño chihuahua cuando gruñía..., pero mucho más sexy. —Por favor, no me digas que eres uno de esa gente. Jackie sonaba disgustada e hizo que él vacilara cuidadoso. —¿Qué gente? —Los compradores compulsivos —dijo ella secamente, recogiendo una tostadora. —No lo sé. Aunque parece que me relaja —admitió Vincent. Cogió la tostadora de ella y la cambió por otra. —¿Me equivoco con ésta? –preguntó ella bruscamente. —Ésta es mejor —dijo Vincent con un encogimiento de hombros cuando puso la suya en el carro —. Ésta es de cromo y de color negro, y hará juego con el resto de electrodomésticos. —Pero era la que estaba más a mano —indicó ella con impaciencia. —Ya, pero ésta es más bonita y puede tostar cuatro rebanadas a la vez —respondió Vincent. Jackie hizo rodar sus ojos. —Sólo somos dos. No necesitamos tostadoras de cuatro rebanadas. —Perdona, pero seremos cuatro. Te olvidaste de mi tía y de mí —le recordó Vincent. —Tú no comes —dijo ella con exasperación. —Lo hago —corrigió Vincent. No a menudo, reconoció, pero comenzaría a comer más mientras ella estuviera aquí. Su mirada se fijó sobre un aparato en el siguiente pasillo, y aclaró: —Ah, mira, una máquina para hacer galletas. He tenido galletas. Estaban buenas. Vincent empujó el carro a lo largo del pasillo para mirar el aparato.


—¿Qué quieres decir con que comes? —la pregunta explotó de Jackie como ella se apartó después de él. Algo de su malestar fue sustituido por la confusión de la pregunta —Tu clase no come, chupáis sangre. Vincent sonrió a una señora mayor que empujaba un carro un poco más allá en el pasillo. Las palabras de Jackie habían hecho que ella se quedara congelada y les mirara atónita. —Estamos practicando nuestros diálogos para una obra —mintió con una sonrisa encantadora. La mujer se relajó y sonrió con incertidumbre, después comenzó a moverse otra vez. Vincent esperó hasta que ella hubiera dejado el pasillo, antes de girarse con una ceja arqueada hacia Jackie. Él no tenía que haberse molestado, y ella estaba roja de vergüenza por su indiscreción. —Lo siento —refunfuñó, tomando la máquina de hacer galletas de las manos de Vincent y colocándola en el carro. Luego insistió—, pero tú no comes. Ninguno de vosotros come... Excepto Bastien. Él solía comer en reuniones de negocio, imagino que para ser cortés. Ha vuelto a comer últimamente, pienso que tiene algo que ver con Terri. —Pues sí, como —la informó Vincent. —¿Entonces por qué en tu cocina no hay ningún alimento? —preguntó Jackie maliciosamente. —Porque como mucho fuera —refunfuñó Vincent. Se alejó dejándola sola para que digiriera esto. Se movió más lejos hasta el siguiente artilugio, una máquina para hacer helados—¿Te gustan los helados? Vincent le echó un vistazo a Jackie y encontró que su expresión gruñona se había ido. Ella miraba la heladera con una expresión cercana al deseo. Cuando se dio cuenta de que él la miraba, cambio su expresión por una de indiferencia y se encogió de hombros. —El helado es aceptable. No logró engañarle. Sonriéndol, Vincent metió la heladera en el carro. —Creo que tenemos de todo. Deberíamos irnos. Todavía tenemos que conseguir comestibles —le recordó Jackie. —Pero hay un pasillo más, deberíamos… —Confía en mí Vincent, creo que tienes casi todo lo que venden aquí. No creo que puedas necesitar nada más —dijo Jackie con impaciencia. Jackie se detuvo brevemente y frunció el ceño cuando vio la manera en que él se había detenido y le sonreía. Su voz había sido amable cuando ella le había hablado. —¿Qué? —Me encanta la manera en la que dices mi nombre. Tan sobrio, tan conciso.


—Tan molesto —dijo Jackie con exasperación. Y agregó: —Tenemos de todo. Has cogido uno de cada electrodoméstico que había en la tienda. —Supongo que tienes razón —admitió Vincent, sintiéndose asediado—. Creo que ya podemos irnos de aquí. Él empujó el carro al frente de la tienda y luego hizo una pausa, su mirada fija se movía sobre las cajas, hasta que descubrió al gerente radiante que le señalaba una caja al final donde sus otros dos carros ya habían sido descargados sobre la cinta transportadora. Vincent realmente quedó bastante impresionado por esta tienda. Una vez que el primer carro había estado lleno de mantelería, platos, y la vajilla de plata, había buscado un sitio para poder dejarlo mientras llenaba el segundo. El gerente había tomado el carro de él y había enviado alguien para vigilar a una distancia discreta mientras ellos llenaban el segundo carro. Cuando estuvieron listos, un trabajador de la tienda había aparecido con otro carro vacío y lo había cambiado con él. —Un servicio excelente —dijo Vincent, admirado cuando el gerente y el empleado comenzaron a ayudarle a descargar. —¿Casa nueva? —preguntó el gerente con una sonrisa. —Buena deducción —alabó Vincent, podría estar de acuerdo o no, pero a el hombre le gustó. —No ha habido mucho que deducir —el encargado se rió entre dientes—. Tiene que ser una casa nueva. La única cosa que no ha comprado aquí ha sido un microondas. Vincent se paró y girando culpó a Jackie. Jackie suspiró, lanzó sus manos al cielo y giró para dirigirse de nuevo a la sección de electrodomésticos. Media hora más tarde, Jackie miraba impacientemente cuando el último de los aparatos estaba siendo apreciado, incluyendo un microondas de cromo negro. —No tendremos sitio en el coche para todo esto —precisó—. Y todavía tienen que conseguir la comida. —Me encantaría hacer que uno de nuestros empleados le llevara sus compras a su casa —dijo el encargado servicialmente. —¡Oh, perfecto! —dijo Vincent y Jackie intentó no rodar sus ojos. Decidió que a él le gustaba ir de compras. El hombre había estado relajado y alegre durante las dos horas extenuantes que habían pasado en el almacén. A ella le habría gustado coger una cafetera y platos de papel, pero a Vincent no.


Vincent había dicho que ya que iban a hacerlo lo harían bien, y había continuado tomándose su tiempo escogiendo el modelo de vajilla, así como el estilo de la cristalería que iban a usar para beber, y luego había insistido en la armonía del color en todos los utensilios. Jackie sacudió la cabeza. ¿Quién se preocupaba si la tetera era de plástico blanco, la máquina de cappuccino de cromo, o la olla para cocinar al vapor era azul? Vincent lo hacía. Él quería todo en negro y cromo, para que hiciera juego. Suspirando con impaciencia, cambió sus pies de sitio cuando Vincent entregó su tarjeta de crédito. —El hombre que se encuentra en casa se llama Tiny. Si la puerta está cerrada y tienen que llamar, sólo dígale que ésta es una entrega autorizada por Jackie —le explicó Vincent. —Le llamaré para advertirle de que van ustedes para allá —dijo Jackie impacientemente— ¿Podemos irnos ya? —Ella es muy perspicaz —advirtió Vincent al encargado—. Acaba de llegar de Nueva York. Usted ya sabe cómo son los neoyorquinos. —Oh… Sí —el encargado cabeceó solemnemente, le miró como si quisiera ofrecerle sus condolencias por tener que tratar con ella. Encontrando el asunto exasperante, Jackie dio media vuelta y se dirigió hacia las puertas automáticas. —¡Vuelvan otra vez! –dijo el gerente encantado cuando Vincent la siguió. —No vamos a hacer esto en el supermercado —dijo Jackie con gravedad cuando arrancó el motor del coche de alquiler—. No vamos a comprar todo el supermercado. Eres un vampiro, se supone que no comes. —Y tú una mujer. Se supone que debería gustarte ir de compras —respondió Vincent suavemente —. Pienso que las cosas, no siempre son lo que parecen ¿No crees? En su impaciencia, Jackie logró calar el motor del coche. Sintió cómo su cara se enrojecía debido a la vergüenza, apretó los dientes y trató de arrancar de nuevo el motor. Haciendo una pausa, tomó una profunda aspiración para estabilizarse. —Debe de ser el cansancio del viaje —refunfuñó en un susurro bajo cuando sacó el coche del aparcamiento. —Sin duda —dijo Vincent. —¿Es que estás condenado a estar siempre contento? —preguntó ella con irritación. —Habitualmente, siempre —él le aseguró con una amplia sonrisa.


Jackie expulsó el aire hacia fuera en un suspiro. —No te pareces nada a Bastien. Él es… —¿Serio? ¿Sobrio? ¿Solemne? ¿Y todas las otras eses? —Vincent sugirió divertido. —Muy maduro — dijo ella secamente. —Él es un hombre de negocios. Yo soy actor —le indicó Vincent como si esto lo explicara todo. Jackie frunció el ceño. Lo había olvidado, pero él era también un hombre de negocios, con su propia empresa. Esto hizo que se maravillara de su comportamiento alegre, era fácil empresa para el teatro. —¿Tienes la lista de Tiny? —preguntó Vincent cuando caminaban dentro de la tienda de alimentos unos diez minutos más tarde. Jackie metió la mano en su bolsillo y sacó el trozo de papel. Tiny se la había dado en el camino hacia la puerta. Ella lo desdobló, leyó una palabra sola en la parte superior, parpadeó y se echó a reír. Con curiosidad, Vincent cogió la lista de ella. Sonrió débilmente. —Bien, realmente le hiciste escribir «todo» en la lista. —Sí —Jackie estuvo de acuerdo con un suspiro, admitiendo que no sabía cómo iba a agradecerle que no fueran a hacer la compra rápido aquí tampoco. Necesitaban de todo; la casa de Vincent carecía de cosas básicas, como la sal o la pimienta. —Aquí —Vincent metió la mano en su bolsillo y sacó un poco de dinero. Dándoselo, señaló al extremo del almacén—¿Por qué no vas a por un par de bebidas para nosotros y comenzamos a comprar? Jackie siguió el dedo de Vincent hasta el letrero de cafetería al final de la tienda y movió la cabeza con alivio. Una dosis de cafeína lo haría todo soportable. —¿Cómo quieres tu café? Vincent parpadeó con la pregunta. —¿Normal? Jackie arqueó sus cejas. Su respuesta le dedcía que él normalmente no bebía café. Sin embargo, ya que le daba un respiro con las compras, lo pasó por alto y simplemente se dirigió a la cafetería. Diez minutos más tarde ella había bebido la mitad su cappuccino y se había sentido aproximadamente cien veces mejor. Aún no le importaba que Vincent quisiera mirar todo lo que había sobre los estantes. El hombre prácticamente estaba salivando cuando miró las fotos de la


comida impresa sobre las cajas y latas. Sus reacciones la hicieron pensar que ella tenía razón y él normalmente no comía como había sospechado. Lamentablemente, cuando ella se lo dijo, Vincent solamente se encogió de hombros y mencionó los restaurantes en los que le sirvieron cosas como estas. Jackie, suficientemente madura por su inyección de cafeína, dejó ir el asunto por ahora, pero todavía estaba segura de que él no había comido. Las compras de los artículos de cocina habían llegado a casa y Tiny había guardado en su sitio a la mayor parte de ellos en lo que tardaron en regresar. Esto todavía dejaba a los comestibles. Jackie y Vincent ayudaron al gigante a guardarlos en su sitio antes de que ella trajera su cartera y la pusiera sobre la mesa. Recuperando un cuaderno de notas y la pluma, la cerró y puso la cartera en el suelo, luego se sentó y echó un vistazo a los dos hombres. Vincent y Tiny trataban de entender cómo usar la heladera... sin molestarse en leer las instrucciones, notó Jackie, y sonrió interiormente. Esto era típico de los machos. Uno casi podría olvidar que el hombre era un vampiro. El pensamiento hizo que frunciera el ceño. La última cosa que Jackie quería hacer era olvidar eso. Él era atractivo y encantador y... un vampiro. Tenía que guardar la última parte en su mente y no hacer caso del resto. Era por su propio bien. Cerró la boca, Jackie miró a los dos hombres por otro minuto, y luego dijo: —¿Vincent? —¿Sí? —él levanto la mirada al oír que le llamaban. —Bastien me dio un informe muy breve de lo que está pasando aquí, pero, como ya sabes, no es mucho —ella estaba demasiado cansada para molestarse en ocultar su descontento—. Tiny y yo tenemos que reunirnos contigo para saberlo todo. —Hora de trabajar —dijo Tiny con pesar, dejó la heladera a un lado —. Podéis empezar. Haré café y empezaré a hacer la cena. Puedo escuchar mientras cocino. Jackie se sentirá mejor una vez haya comido. Siempre que está baja de azúcar se pone de mal humor. Jackie apretó los dientes ante el comentario. Ella no estaba de mal humor. Considerando todas las cosas, pensó que reaccionaba bastante bien. Eran pasadas las siete de la noche, por el amor de Dios. Había pasado la mayor parte del día en aeropuertos y aviones, comiendo comida asquerosa y bebiendo el peor café, luego habían llegado aquí para ir de compras. Ella... Bien, entonces la cena estaría bien. —Haré algo rápido —dijo Tiny y fue hacia el frigorífico. Sonriendo, Vincent se movió hacia ella, su mirada fija se movía curiosamente de la pluma al cuaderno de notas sobre la mesa.


Jackie se resistió al impulso de tapar sus apuntes y aclaró su garganta. —Como mencioné, de lo que Bastien me dijo, entendí que habías decidido cerrar los teatros debido a las tentativas de sabotaje. —Sí y no. Ninguno de ellos está funcionando ahora, y los eché el cierre, al menos temporalmente, pero no de repente, y ésta no era mi opción —refunfuñó Vincent, lamentándose cuando tomó asiento al lado de ella, luego explicó: —Una por una tuve que retrasar el comienzo de cada obra, y, temporalmente, posponer las que estaban ya empezadas. —¿Por qué? Bastien mencionó accidentes y siniestros de menor importancia. —Sí —Vincent pasó lentamente una mano por su pelo, mientras pensaba en los acontecimientos que habían ocurrido durante las últimas semanas—. Hemos sufrido un par de pequeños incendios en dos de nuestros teatros, un accidente donde la pintura fue derramada sobre el vestuario de otra de nuestras obras. —Para, para, más despacio —dijo Jackie con el ceño fruncido. Había empezado a tomar apuntes cuando él comenzó a hablar, pero iba demasiado rápido para que ella pudiera seguirle—. Quizás deberíamos tratar los incidentes uno a uno. ¿Cuál crees que pudo ser el primer accidente de todos? —Aquí, en Los Ángeles. Una lata de pintura cayó desde un estante en el cuarto de vestuario, salpicando cada uno de los vestidos que se hallaban allí —apretó la boca al recordarlo y continuó —. Nadie sabe cómo llego allí la lata de pintura, ni quién la destapó, o quién la tiro. Jackie consideró el asunto, pensando que bien podría haber sido un accidente. —El siguiente accidente fue un incendio en uno de los teatros en Canadá —siguió Vincent—. Un pequeño fuego. El teatro, en sí, no sufrió muchos desperfectos, pero nuestra representación se echo a perder, entonces me pareció un simple accidente, tal vez un cigarrillo mal apagado tirado a la basura. No fue hasta que comenzaron estos sucesos, cuando comencé a pensar que los dos incidentes no habían ocurrido sin relación. Cuando Jackie simplemente cabeceó, él siguió. —Después, hubo otro incendio, éste aquí en Los Ángeles. Éste fue más grande que el de Canadá. Jackie arqueó una ceja. —¿Hubo que lamentar daños personales? —No, por suerte el edificio estaba vacío en aquel momento, pero el fuego destruyó el teatro por completo, y quemó todo el vestuario y los decorados —dijo Vincent lúgubremente.


Jackie tomó otro apunte en su cuaderno de notas. —El siguiente acontecimiento tuvo lugar durante la representación de la segunda obra en Canadá. Un cable suelto se rompió y una parte del decorado cayó a plomo sobre una de mis actrices — Vincent torció el gesto—. Ella se rompió el brazo. Tuve que substituirla. Jackie frunció el ceño y tomó nota, entonces puso un asterisco al lado de ella. — Entonces, un actor de otra obra aquí en Los Ángeles se cayó desde una escalera rompiéndose una pierna. Yo aún pensaba que sólo era una racha de mala suerte — admitió Vincent con una mueca y sacudió la cabeza—. Dan Henson, el actor, denunció que alguien le había empujado, pero no le creí hasta ayer. —¿Por qué? —dijo ella. —Él era bebedor y aquel día había bebido —Vincent se encogió de hombros—. Pensé que sólo fue… —Un accidente —terminó Jackie por él secamente— ¿Cuándo comenzaste entonces a sospechar que estos accidentes no eran tales? —Cuando en el casting de la obra de Nueva York todos enfermaron y tuve que abandonar al caer enfermo debido a una anemia contagiosa. Jackie le miró fijamente con incredulidad. —¿Anemia contagiosa? —Sí —él sonrió—. Creo que mi familia pensó que me había alimentado de mis actores, evidentemente. —¿Lo hiciste? —preguntó Jackie. Vincent se puso rígido, luego giró con una mirada fría en su cara. —No. No me alimento de mis actores ni de mi reparto. De hecho, no me alimento de la gente que conozco o de mis empleados. Por lo general —añadió secamente, como si pudiera estar dispuesto a hacer una excepción con ella. Jackie se encogió. Ella había tenido que preguntar. —En cuanto su compañía comenzó a caer enferma con la anemia, cerraste el espectáculo y volviste volando a California. —No tenía otra opción, necesitas una compañía para poder hacer una obra —Vincent se encogió de hombros y luego continúo con pesar—. Odié hacerlo, aunque esto fue un gran golpe. Jackie le miró fijamente, dudando.


—Creo que Bastien dijo que la obra de Nueva York se titulaba Drácula, El Musical. —Sí —suspiró—. Estaba bien. El siguiente Rocky Horror Picture Show. —Correcto —Jackie no se molestó en ocultar su duda—¿Qué pasó para hacer que cerraras todos los teatros? ¿Fue sólo la combinación de accidentes? Vincent torció el gesto, entonces de mala gana. —Me avergüenzo de decirlo, pero no. He estado en el negocio mucho tiempo, estas cosas pasan. No muy a menudo, pero pasan. Sé tratar con estos acontecimientos y manejamos cada emergencia cuando se origina. —¿Entonces qué te hizo cerrarlos todos?— Vincent frunció el ceño, y comenzó a tocar el violín con la esquina de su cuaderno de notas. —Los actores y actrices me hicieron cerrarlos. En cada teatro al menos una o dos veces, los actores o actrices y sus suplentes de repente se marchaban. Todos con papeles protagonistas. Tuvimos que pelear para sustituirlos y empezar con retraso, o cerrar temporalmente para permitir a los suplentes aprender sus papeles. Jackie consideró esto brevemente y luego preguntó: —¿Cuántos teatros han sido afectados por actores o actrices que se han ido? —Todos ellos. Dos en Nueva York. Dos aquí en California. Y dos en Canadá. —Seis —dijo ella con el ceño fruncido—¿Y los actores o actrices se fueron de repente? —Sí. —¿Tenían contrato en vigor? —Sí. El ceño de Jackie se hizo más profundo. —Supongo que estos contratos tienen alguna clausula o condiciones legales, para prevenir justo esto ¿No? —Por supuesto —dijo él con una risa áspera—. Podría demandar a cada uno de ellos y sumirlos en la pobreza para el resto de sus vidas, pero ninguno de ellos parece preocuparse. No es que esto importe, demandarlos no me ayuda a poner en marcha los teatros y el rodaje mientras tanto. —¿Y ahora uno de los suplentes, así como su suplente, se ha ido también? — murmuró Jackie, pensando en la llamada telefónica que él había recibido antes.


—Sí. Uno de los dos estaba aquí en California y era el primero de los seis que fueron contratados para volver a abrir. La actriz suplente y su suplente se marcharon esta mañana —dijo lúgubremente. —¡Um!... ¿Puedo suponer que sea una coincidencia? —No —Vincent silbó la palabra entre sus dientes apretados y luego añadió—. He estado en el negocio durante cuatrocientos años. Tener que cerrar porque un actor y el suplente han hecho huelga es bastante raro, pero que sean seis de repente —él sacudió su cabeza—. Definitivamente no es una coincidencia. Alguien quiere arruinarme. Jackie se mordió el labio, mirando su mano garabatear de manera inconsciente mientras pensaba con preocupación intentando ver una pista. Finalmente echó un vistazo por encima de su hombro y preguntó: —¿Intentaste leer sus mentes para ver qué los hacía abandonar? —Sus mentes estaban en blanco con respecto a este tema. Sólo sabían que tenían que irse. —Piensas que sus recuerdos fueron borrados —dijo Jackie secamente —. Eso quiere decir que tu saboteador es otro vampiro... o alguien con un vampiro a su servicio. Aunque ya suponía que la anemia contagiosa hizo esto obvio. Vincent asintió lúgubremente. De algún modo, el hecho de que uno de su propia especie estuviera detrás del sabotaje, lo hizo parecer mucho peor que si hubiera sido un mortal. Jackie se reclinó cómodamente en su asiento con un suspiro. Consideró la escalada de acontecimientos. Accidentes contra la propiedad, incendios intencionados, accidentes personales, luego alimentar a la gente, y ahora controlándolos y haciéndolos dejar el trabajo. Parecía como si los incidentes estuvieran sucediendo con mayor rapidez. —¿Cuánto tiempo pasó entre el fuego y el accidente del cable dónde tu actriz se rompió el brazo? —Una semana —contestó Vincent con expresión curiosa. —¿Y entre el tiempo entre este último y el actor que fue empujado por la escalera? Se paró a pensar. —Cerca de cinco días. —¿Y luego entre este y la primera persona con anemia? —Tres o cuatro días, tal vez, pero luego empezaron a caer como moscas, uno tras otro. Jackie asintió e hizo otra anotación.


—Cada vez han sido más seguidos, con menos tiempo de intervalo entre uno y otro —observó Vincent. Jackie siguió su mirada. —Y más graves. —De bienes materiales, a la lesión —Observó Vincent, a raíz de su pensamiento. —Sí —Asintió Jackie de acuerdo, entonces se pusó en pie, y salió de la cocina. Intuyó que Vincent la había seguido. El hombre se movió en silencio, como una sombra. Ella encontró Allen Richmond en la sala de estar, supervisando el trabajo que estaban haciendo en las ventanas y puertas allí. —¿Cuánto tiempo va a tardar en terminar el trabajo?—preguntó Jackie bruscamente cuando se paró al lado del técnico de seguridad. —La mayoría estará terminado esta noche. Al menos la planta baja. Vamos a tener que volver mañana para terminar el piso superior —respondió con prontitud. Jackie asintió. —¿Y la puerta? —Ya está terminada —aseguró el técnico. —¿Está cerrada y bloqueada? Allen Richmond hizo una pausa, entrecerró los ojos, evidentemente, cayendo en la cuenta de que las preguntas no eran sólo charla informal. —Tuve que dejarla abierta para que los hombres pudieran entrar y salir. Satisfecha, Jackie se giró y condujo a Vincent fuera del cuarto, cuando de pronto Tiny abrió la puerta y los miró detenidamente. —La cena está lista —anunció el gigante. Asintió, Jackie logró no echar a correr hacia la cocina. Estaba absolutamente muerta de hambre y estaba muy contenta de que Tiny pudiera cocinar. Él había comenzado a trabajar para su padre el mismo verano que ella y su padre los había puesto juntos desde el principio. La mayoría de la gente pensó que el tamaño de Tiny había sido el factor decisivo y Edward Morrisey habría esperado que el gigante mantuviera segura a su hija. Pero Jackie sabía que esto no era cierto. La personalidad de Tiny había sido el factor clave. Tiny, a pesar de su gran tamaño, o quizás debido a él, era el individuo más relajado y tranquilo sobre el planeta. Un gran contraste; Jackie era casi hiperactiva, impaciente, las cosas las tenía que conseguir al instante, demostrándose siempre


cosas a sí misma. Él era su roca, la calmaba cuando perdía la paciencia, y era gentil cuando se ponía difícil. Eran amigos, y mientras ella ahora era su jefa en vez de su compañera de trabajo, él todavía le hacía saber cuándo se comportaba como una tirana. Era algo que ella sabía que necesitaba. —Oh Tiny, esto parece maravilloso —elogió Vincent cuando suguió a Jackie a la cocina y vio la comida en la mesa. —Tan sólo son unas judias negras reogadas —dijo Tiny modestamente—. Es rápido y fácil. —Hmm —Vincent sacó una silla para Jackie—. Bueno, huele delicioso. Jackie miró con sospecha cuando él se sentó a la mesa. Vincent le sostuvo la mirada. Ella todavía no creía que el vampiro comiera normalmente. El hombre ni siquiera había tenido una cuchara en su cocina, pero parecía como si fuera a comer ahora. Vincent se sentó en frente, Jackie se hecho una buena cantidad de verduras reogadas y ternera a la plancha en su plato. A continuación, le ofreció la bandeja con una pequeña serie de cuencos que contenían alimentos. Vincent tomó el alimento y se lo sirvió antes de pasárselo a Tiny cuando el gigante se les unió a la mesa. Tanto Tiny como Jackie miraban como Vincent se servía con el cucharón, pinchaba el alimento y se lo llevaba a la boca. Su expresión era cínica, Tiny estaba expectante. La sorpresa fue la primera reacción de Vincent cuando cerró sus labios alrededor del trozo de comida. La emoción brilló en su cara y luego dio paso al placer. —Esto esta bueno. Tiny se relajó en su asiento, Jackie sólo sacudió su cabeza. El hombre normalmente no comía en absoluto. Ella apostaría su vida por ello, pero no lo comentó y simplemente se concentró en comer. Realmente estaba bueno. Jackie terminó de comer primero, precipitándose con la comida igual que se precipitaba por la vida, siempre metiendo prisa para ponerse a la siguiente tarea. Tiny, desde luego, comía como vivía, saboreando cada momento y con calma, disfrutando de ello. Vincent estaba en algún sitio intermedio, engullendo rápido al principio, luego yendo más despacio cuando sin duda se había llenado. Si él no había comido durante décadas, como ella sospechaba, su estómago seguramente se habría encogido, pensó Jackie, pero de nuevo no dijo nada. Era él quien había insistido en comer, podría vivir con las consecuencias. Jackie agradeció a Tiny la comida cuando estuvo en pie, luego llevó su plato y lo aclaró antes de introducirlo en el lavaplatos. Su mirada se fijó entonces en la cafetera y se alegró al ver la jarra llena del líquido negro.


—Ah Tiny, eres un sueño —dijo Jackie con una sonrisa mientras tomaba una de las nuevas tazas y vertió en ella el oro negro—¿Alguien quiere uno? —Yo quiero uno, por favor —dijo Tiny cuando terminó de cenar—. Hice helado para el postre. —¿En serio? —Preguntó ella con interés, mirando alrededor hacia la heladera. —Yo lo serviré —insistió Tiny, moviéndose al fregadero para aclarar su propio plato—. Tómate el café en la mesa. Dejandole, Jackie llevó los cafés. Vincent no había pedido café, por lo que ella no le llevó uno. —Aquí tienes —dijo Tiny colocando un pequeño plato de postre delante de ella, y anunció: —Chocolate con cerezas. Jackie cogió la cuchara y tomó un poco de helado,cundo este golpeó sus papilas gustativas, un gemido de placer escapo de sus labios. —¿Está bueno? —preguntó Vincent con interés. Jackie asintió y siguió comiendo, y a continuación, le recriminó: —No hay postre hasta que termines la cena. Sinceramente, parecía como si al hombre le hubieran afectado sus palabras, como si se tratara de un niño, bajó la cabeza y continuó comiendo con determinación. —Él no tiene por qué terminar la cena. Comió demasiado —Tiny cambio el plato de Vincent a medio terminar y lo sustituyó por helado—. Come. Vincent sonrió resplandeciente al hombre y se puso a trabajar en el helado. Jackie hizo una mueca cuando él suspiró con placer. —Sra. Morrisey. Ella se levantó de su asiento y miró sobre su hombro a Allen Richmond, cuando éste introdujo su cabeza en el cuarto. —Un coche siguió a uno de mis hombre a través de la puerta cuando regresaba de su descanso. Hay una mujer que busca al Sr. Argeneau.

Capítulo 3


HYPERLINK \l "inicio" Índice Jackie permaneció de pie investigando a la mujer que buscaba a Vincent, solamente se detuvo cuando una morena alta y curvilínea exhortó a Allen Richmond a salir fuera del camino y se encaminó a la cocina. Jackie miró fijamente. La mujer era hermosa. También parecía sumamente amistosa. Sin embargo, Jackie no comprendía por qué hasta que Vincent se adelantó diciendo: —¡Tía Marguerite! Ésta era la madre de Bastien, Marguerite Argeneau y la tía de Vincent. Había una pintura de ella en la sala del departamento en Nueva York donde Bastien se quedaba cuando estaba en la ciudad. Jackie se había encontrado allí con él una vez o dos con el paso de los años y siempre encontró a la mujer en el retrato fascinante con su traje medieval y apariencia distante. Era mucho más hermosa en la vida real y—a pesar de saber tanto como lo que ella sabía sobre inmortales—Jackie todavía encontraba difícil aceptar que la mujer tenía más de setecientos años. Aunque Marguerite Argeneau era más vieja que Vincent, todavía era muy joven de acuerdo a los estándares de los inmortales. Su historia se remontaba desde antes del principio de la historia escrita, a la existencia de Atlántida y—de acuerdo con los archivos de su padre—en realidad había por lo menos un puñado de inmortales que habían huido de la caída de Atlántida. La región mítica había existido realmente, y había sido tecnológicamente avanzada como algunas personas sugerían. Tan avanzada, a decir verdad, que habían sido capaces de combinar la nano tecnología con la bioingeniería para crear nanos especializados. Estos nanos, luego de introducirse en un cuerpo, usaban la sangre del anfitrión para reparar los tejidos dañados por enfermedad y heridas así como para regenerarse a sí mismos. Habían sido programados para apagarse y desintegrarse una vez finalizado con su trabajo. Sin embargo, el cuerpo humano estaba constantemente bajo ataque de la luz del sol, el ambiente, o el simple envejecimiento. Siempre había reparaciones que hacer y por tanto los nanos no se apagaron, pero continuaron regenerándose y reproduciéndose para mantener a su anfitrión en su máxima condición. Esos nanos eran el equivalente a beber de la fuente de la juventud. Desafortunadamente, había algunas desventajas. Los nanos usaban más sangre que la que el cuerpo humano podía producir y por lo tanto los nanos modificaron a sus anfitriones para permitirles conseguir la sangre que necesitaban. Hicieron de sus anfitriones el depredador perfecto, dándoles fuerza incrementada, velocidad y colmillos para obtener la sangre necesaria. Y porque la luz del sol deshidrató el cuerpo e incrementaba la necesidad de los inmortales de comer, les había dado una visión nocturna asombrosa con el propósito de que también pudieran vivir y cazar por la noche para evitar los rayos perjudiciales del sol convirtiéndolos, en efecto, en vampiros. —Gracias, Allen —murmuró Jackie mientras Vincent daba la bienvenida a su tía.


Asintiendo con la cabeza, el hombre regresó a la cocina, permitiendo que la puerta se cerrara detrás de él. —¿Cómo estuvo tu vuelo? —preguntó Vincent mientras los dos se alejaban. — Muy bien, muy bien. Tuvimos una demora de dos horas, sin embargo, por eso es que llego tan tarde. —¡Oh! Sí. Bastien dijo que tu avión aterrizaba a las seis —murmuró. Jackie echó un vistazo a su reloj de muñeca. Eran pasadas las ocho. Obviamente, se habían olvidado de su tía. El hecho de que la madre de Bastien estuviera volando a California se había borrado de su mente completamente. Desearía que se hubiera borrado de la mente de la mujer. Jackie no había considerado su visita un problema hasta que Bastien había sugerido que no mencionara qué estaba ocurriendo aquí a menos que quisiera la interferencia de Marguerite. Jackie no era aficionada a la interferencia de nadie, pero nunca sería descortés con la madre de Bastien. Lo mejor era no decirle nada. Sólo esperaba que Vincent tuviera el juicio de mantener también su boca cerrar sobre el tema. —Y ¿quiénes son ellos? Jackie se sacudió sus pensamientos y forzó una sonrisa cuando Marguerite giró sus brillantes ojos, curiosos hacia ella y Tiny. —¡Oh! —la sonrisa de Vincent era formal cuando los presentó—. Esta es Jackie, mi P.I. — P.A. —corrigió Jackie rápidamente, echándole una mirada significativa. Sonrío entonces intensamente y sujetó su mano—. Encantada de conocerla, Sra. Argeneau. —Gracias, querida. Encantada de conocerte también —dijo, tomando su mano—. Llámame Marguerite. La sonrisa de Jackie se congeló cuando sintió que alguien intentaba hurgar en su mente. Sus defensas se pusieron en funcionamiento inmediatamente y pensó en una pared de ladrillo y luego empezó a recitar—Itsy Bitsy araña—en su cabeza por si acaso, en un esfuerzo de mantener a la mujer afuera de sus pensamientos. Los ojos de Marguerite se ensancharon brevemente para luego convertirse en dos ranuras, pero Jackie sólo forzó una sonrisa más amplia. Si la mujer se sentía rechazada, era una lástima. En su opinión, era algo descortés entrometerse en los pensamientos de las personas. Aunque la mayoría de las personas ni siquiera se habrían dado cuenta de que lo estaba haciendo. Marguerite siguió sondeando en las periferias de su mente durante unos momentos, entonces soltó su mano y se volvió hacia Tiny. —Y este es mi... Eh... Cocinero, Tiny —añadió Vincent con una expresión de disgusto.


Jackie miró a Tiny, relajándose cuando vio sus labios empezar a moverse mientras estrechaba la mano de Marguerite. Estaba recitando —Little Bo Beep. Por lo menos eso era lo que una vez le había dicho a ella que hacía cuando pensaba que un vampiro estaba tratando de hurgar en sus pensamientos. Sus esfuerzos podrían haber mantenido a Marguerite fuera de sus cabezas; Jackie no podía estar segura. Desafortunadamente, el solo hecho de que lo hicieran tenía el efecto secundario adicional de hacer recelar a la tía de Vincent. Jackie podía ver la emoción cruzar por su expresión mientras deslizaba su mirada de uno a otro. Después de un momento de tenso silencio, la vampiresa se dirigió repentinamente a Vincent. —¿Bastien envió un paquete por adelantado como prometió? —Sí, llegó esta tarde —le aseguró. Entonces se dio cuenta—. Oh… por supuesto. Debes estar hambrienta después del vuelo. Vincent se dirigió al refrigerador que se encontraba al otro lado de la habitación y lo abrió, revelando sangre en bolsa acumulada prolijamente dentro entre el queso y los vegetales. —¿Una o dos bolsas? Marguerite se tensó al ver la sangre a la vista de todos. Su mirada se deslizó de Jackie a Tiny, incluyendo sus expresiones inescrutables antes de responder. —Dos, por favor. Las tomaré en mi habitación —añadió, aparentemente a disgusto con la idea de alimentarse frente a ellos. Vincent agarró un par de bolsas y luego la escoltó fuera de la habitación. —Es bonita —comentó Tiny mientras se recostaba en la mesa para recoger su cuchara y cavar en su helado otra vez. —Es vieja —respondió Jackie con seriedad—. Una anciana. Aproximadamente setecientos años demasiado vieja para usted. —Sí —suspiró—. Supongo que probablemente me ve como un pequeño gamberro. —Probablemente —estuvo de acuerdo Jackie, parpadeó entonces y se preguntó repentinamente si así era cómo Vincent y otros vampiros la veían... Como a una joven gamberra. No le gustaba la idea, pero supuso que explicaría la arrogancia que a veces intuía en ellos. Era quizás más bien un aire de superioridad; la paciencia divertida del viejo con la juventud exuberante. Por otro lado, pensaba que aunque pudieran pensar en ella como una joven gamberra, que todavía la llamaban cuando tenían un problema.


—Así que ¿quiénes son Jackie y Tiny? —preguntó Marguerite mientras seguía a Vincent hasta uno de los cuartos de huéspedes. —Mi P.A. y mi cocinero —respondió rápidamente, pero tuvo que voltearse para esconder su expresión mientras ponía su maleta sobre la cama. Tía Marguerite siempre había sido capaz de darse cuenta cuando mentía. —Uh—huh —no parecía convencida—. Y ¿cuándo empezaste a comer? Vincent ni siquiera intentó afirmar que siempre había comido. Mientras Jackie y Tiny no lo conocían y no podían estar seguros que no había lo hecho siempre, Marguerite lo conocía. Se había alojado en su departamento mientras estaba en Nueva York y no había comido nada siempre que había estado allí. Esa idea le recordó una conversación que había tenido con el hijo de Marguerite, Lucern, en la boda del hombre con su editora, Kate, hacía un par de semanas y mejoró. —Lucern me dijo que había descubierto que comer lo ayudaba a fabricar su propia sangre con el propósito de tener que comer menos. Pensé en hacer un intento. No era una mentira. Lucern le había dicho que por eso es que comía cuando el resto de ellos no lo hacía. Lo ayudaba a mantener el volumen de cuerpo tanto como a fabricar sangre. Vincent en realidad había considerado comer además de alimentarse para ver sí así podía reducir la cantidad de veces que debía alimentarse en el día, pero entre una cosa y otra, no había tenido tiempo de probarlo. Hasta ahora. —Y ¿cómo están al tanto de nosotros tu cocinero y tu P.A.? — preguntó Marguerite deteniéndose junto a la cama y girando para atravesarlo con sus ojos. —¿Cómo lo saben tu ama de llaves y su marido? —se encogió de hombros—. Se les dijo. Me evita tener que perder mi tiempo fingiendo cuando estoy en casa. La boca de Marguerite se comprimió. —¿Y estos hombres que se deslizan por toda la casa? —Están instalando un sistema de seguridad. El crimen es común aquí. No puedes tener la suficiente precaución. Vincent esperó su próxima pregunta. Era obvio que su tía no creía ni una sola cosa de lo que estaba diciendo y Vincent deseaba simplemente poder decirle que es lo que realmente pasaba, pero la última cosa que necesitaba era a su tía metiendo su nariz en ese asunto. —¿Ya has tratado de leerla? Las cejas de Vincent se alzaron con sorpresa. Esa pregunta no es lo que había esperado.


—No —admitió. Vincent no leía a menudo a los seres humanos a su alrededor. A él le parecía una intrusión y no le interesaba entrometerse en los pensamientos de sus amigos. En cuanto a sus no —amigos, la ambición y el empuje podían influir en todos los que se movían en el mundo del teatro a gran altura. Después de la centésima vez en enterarse que la dama bonita que coqueteaba con uno solo era tan encantadora porque estaba interesada en lo que uno podía hacer por su carrera... Bien, simplemente le parecía mejor no molestarse en leerlos. Por eso ni siquiera lo había intentado con Jackie. Más aún, no había tenido ninguna razón para leerla y no se había preocupado por eso. Marguerite simplemente asintió con la cabeza. —Pienso que desempacaré y tomaré una ducha. Entre la espera en el aeropuerto y el aire reciclado en el avión, siempre me siento arenosa después de viajar. —Está bien. Ven abajo cuando estés lista y te daré un recorrido por la casa — dijo Vincent, dejándola sola. Jackie y Tiny estaban todavía en la cocina cuando entró. Vincent se sentó en su sitio, recogió su cuchara y frunció el ceño al ver el charco derretido en su tazón. —Yo lo limpiaré. Tiny tomó su tazón y se puso de pie para llevarlo al sumidero. Vincent no pudo evitar notar que Jackie fruncía el ceño por el hombre y supuso que no le gustaba que Tiny lo sirviera. El título de cocinero / ama de llaves era sólo su tapadera después de todo. No dijo nada al hombre grande, sin embargo giró hacia Vincent y preguntó: —¿Qué es lo que hiciste para enfadar a uno de tu propia clase? Parpadeó ante la pregunta. —¿Qué quieres decir? —Bien, debes haber hecho algo. Hay una razón para que te estén saboteando de este modo. —No tiene que ser un inmortal —dijo Vincent con resentimiento. Jackie arqueó una ceja. —No, por supuesto. Tal vez fuera una coincidencia que el elenco entero de tu obra dramática repentinamente quedara anémico. Aunque, hasta donde yo sé, realmente no hay nada semejante a la anemia contagiosa. Los hombros de Vincent se hundieron.


—Sí. Eso parece indicar que uno de mi clase está detrás de ello —reconoció con un suspiro. Entonces admitió: —Sin embargo es posible que un mortal fuera el que contratará, o consiguiera alguna ayuda de un inmortal. —¿Importa realmente? —preguntó silenciosamente—. De cualquier manera un inmortal está involucrado y seguramente normalmente no se ponen de parte de mortales contra inmortales. —No —estuvo de acuerdo—. Y he tratado de pensar en quién puede estar detrás de eso, o siquiera involucrado, pero realmente no puedo pensar en nadie. —Hmm. Jackie se recostó, un gesto fruncido se estableció en su boca cuando Tiny regresó para colocar una bola de helado ante Vincent. —Bien, piensa en eso un poco más. Si tienes a alguien, déjamelo saber. Vincent asintió, preguntado luego, —Por eso, ¿qué vamos a hacer primero? Los ojos de Jackie se estrecharon. —No estamos haciendo nada. Usted va a continuar en su empresa. El saboteador es un problema que nos corresponde a Tiny y a mí —empujó su silla y se puso de pie—. Vamos a comprobar cómo están instalando el sistema de seguridad. Vincent la miró marcharse, su mirada fija con interés en la petulancia que mostraba al dejarlo atrás. —Jackie tiene razón. Es mejor dejar el trabajo de detección a los Detectives —dijo Tiny llamando su atención—. Y le dejaremos la actuación a usted. Vincent gruñó y tomó una cucharada de helado, saboreando el postre frío y dulce y preguntándose por qué había dejado de comer hacía todos esos siglos. ¿Realmente se había convertido en algo aburrido? No parecía aburrido ahora. —Así que —dijo Vincent después de un minuto—. Cuéntame sobre Jackie. Tiny levantó sus cejas y luego se encogió de hombros. —Es lista, afilada y algo despreciativa. Es también mi jefa. Lo último fue añadido como una advertencia de que sería leal y Vincent asintió con la cabeza dejándole saber que respetaba eso.


—Bastien dijo que su padre empezó la compañía. —Ted — estuvo de acuerdo Tiny—. Era un verdadero duro noser legítimo. Esperaba mucho de los demás... Incluyendo su hija. Y Jackie nunca lo decepcionó. —¿Nunca? —Nunca en los diez años que la he conocido —dijo Tiny seriamente. Vincent consideró eso brevemente y luego preguntó: —¿Su padre está muerto? —Sí. El cáncer —dijo Tiny con gravedad—. Hace dos años. —¿Así que ha estado dirigiendo la compañía durante dos años? —Tres —corrigió—. Ted estuvo demasiado enfermo el último año. Jackie se hacía cargo de todo mientras el permanecía sólo como una figura decorativa. Vincent asintió con la cabeza. —Debe haber sido difícil. Quiero decir que en un negocio de Detectives uno supone simplemente que el que está a cargo siempre será un hombre. Supongo que la mayoría de los hombres querrían a un Detective masculino. Tiny sonrío débilmente. —No tanto en la actualidad. Las mujeres están a cargo en cada campo y más a menudo ahora. En realidad —añadió con diversión—, frecuentemente, los únicos a los que se les hace difícil aceptarlo es a los de tu clase. Vincent levantó sus cejas con sorpresa y Tiny se encogió de hombros. —Muchas inmortales son más viejos; de un tiempo en que las mujeres no ocupaban puestos de mando. No siempre están cómodos con ella a cargo. Como usted no lo estuvo cuándo le cerró la puerta en la cara. Jackie trabaja a menudo dos veces tan duro para ganar su respeto. Vincent frunció el ceño, avergonzado por haberla hecho pasar por una situación difícil. —No Bastien, sin embargo —siguió Tiny—. La trata con el mismo respeto que dio a Ted. E intercederá si uno de su clase la hace pasar mal... O lo intenta. De todos modos Jackie a menudo no admite su ayuda. Vincent podía creer en eso. Jackie era del tipo terca y testaruda, determinada a hacerlo todo sola. Supuso que había tenido que serlo. A pesar del lo que Tiny dijo, sabía que todavía existía sexismo en el mundo de los negocios de hoy y no solo entre los de su clase.


Vincent bajó su cuchara en su tazón, y lo encontró vacío. Había terminado el helado. —Esto sabía muy bien, Tiny. Gracias. Poniéndose de pie, llevó el tazón al sumidero y lo enjuagó antes de colocarlo en el lavavajillas como había visto que hacían Jackie y Tiny. Luego Vincent se dirigió hacia la puerta de cocina. —Tengo que salir. —¿Afuera? ¿A solas? —Tiny frunció el ceño, obviamente nada contento. —Afuera —repitió Vincent firmemente—. A solas. —¿Crees que deberías? Si el saboteador ha centrado su atención en ti... puede que debieras decirle a Jackie… —Jackie dijo que continuara con mis asuntos. Desafortunadamente, tengo que alimentarme dos o tres veces al día. Así que, me voy a encargarme de mis asuntos —dijo de manera sencilla. Tiny vaciló, luego asintió y preguntó: —¿Qué le digo a tu tía si viene buscándote? Vincent se detuvo con su mano sobre la puerta, como si estuviera meditando al respecto. —Supongo que mejor voy a ver si quiere ir conmigo. Sería descortés dejarla sola en su primera noche aquí. La llevaré a un par de clubes, le mostraré la vida nocturna. No deberíamos estar de regreso demasiado tarde. —Se lo diré a Jackie. Diviértete —murmuró Tiny cuando Vincent se retiró de la cocina.

—Son cuatro minutos después de las diez —anunció Tiny—. Dos minutos más tarde que la última vez que verificaste la hora. Jackie forzó sus a ojos a alejarse del reloj y miró con el ceño fruncido a su amigo y compañero de trabajo. Al verlo, uno habría pensado que Tiny estaba totalmente absorto en lo que estaba haciendo en la computadora portátil sobre la mesa de la cocina. Sin embargo estarían equivocados. Por lo menos, Tiny no estaba tan absorto como para no notar la forma en que sus ojos no dejaban de mirar el reloj para verificar la hora. —Está bien —le garantizó Tiny Se puso de pie entonces y caminó para empezar a abrir y cerrar las puertas de la alacena. Añadió: —El saboteador no lo atacó directamente en ninguno de los ataques previos.


—El saboteador se estaba centrando en su empresa entonces. Vincent se ha llevado esos blancos cerrando sus obras dramáticas. Él y su casa son las únicas metas que les ha dejado al saboteador —señaló Jackie—. Además, no estoy preocupada por él, simplemente estoy... Interesada. Ella frunció el ceño ante la admisión, luego preguntó con irritación: —¿Qué estás buscando? —Estoy comprobando para ver qué ingredientes tenemos. Hay una receta que quiero probar. Jackie dio vueltas sus ojos y empezó a golpetear sus uñas sobre la mesa, entonces se dio cuenta de lo que estaba haciendo y cerró su mano para acabar con el movimiento. Luego de un momento se puso de pie repentinamente. —Me voy a acostar. —Solo son poco más de las diez —señaló Tiny con sorpresa. Jackie nunca se acostaba antes de las once de la noche. —Será justo después de las diez aquí —estuvo de acuerdo—. Pero en Nueva York —donde nos levantamos esta mañana— es justo después de la una. —¡Oh! Cierto —asintió con la cabeza y regresó para cerrar la puerta de la alacena—. Bien, no estoy cansado aún, voy a hornear algunos muffins para el desayuno. Debería tomar solamente una hora, luego probablemente me acostaré también. Jackie se detuvo en la puerta y echó un vistazo hacia atrás para verlo ponerse el delantal de—¡soy el cocinero!—que Vincent había insistido en comprar ese día. La visión de él en esa cosa ridícula hizo que su irritación empeorara. —No tienes que cocinar, Tiny. Es su tapadera, no tu trabajo. —Lo sé —respondió tranquilamente—. Me gusta cocinar. Me relaja. —Bien —murmuró Jackie y sabía que era verdad. Tiny había tomado un curso gastronómico hacía muchos años y lo había atrapado a menudo hojeando revistas femeninas con el paso de los años, mirando recetas. Sospechaba que Tiny era una mujer muy pequeña en el cuerpo de un hombre grande, lo que era probablemente el por qué se llevaban tan bien. Su padre había afirmado siempre que ella era un tipo grande y fuerte en el cuerpo de una mujer pequeña. —Qué par —farfulló Jackie por lo bajo mientras se dirigía al living, luego hizo una mueca por lo alta que había sonado su voz en la casa silenciosa. Los hombres de seguridad habían terminado con la planta baja y partido hacía más de una hora. Allen Richmond había prometido que estarían de regreso a primera hora de la mañana para empezar el trabajo en el segundo piso. Jackie había estado contenta con su garantía de tiempo, pero se había dado cuenta de que eso podría no ser


demasiado conveniente ahora. Marguerite y Vincent eran vampiros. Dormían durante el día y lo que menos desearían sería tener a los hombres trabajando en sus habitaciones a primera hora. Frunciendo el ceño ante tal problema, caminó arriba y echó un vistazo a lo largo del pasillo contando en silencio las habitaciones, el dormitorio principal, su habitación, la habitación de Marguerite, la habitación de Tiny y dos cuartos de huéspedes más, actualmente sin usar. Con ella y Tiny levantados supuso que eso daría a los hombres cuatro habitaciones en las que trabajar hasta que Marguerite y Vincent se levantaran. Tendría que advertirles que trabajasen silenciosamente para que no despertaran a Vincent y su tía. Era la cosa más profesional para hacer, pero una parte de ella se resentía por la necesidad de hacerlo. Jackie nunca estaba muy cómoda trabajando con vampiros. Bastien le bromeaba diciéndole que tenía una mala actitud con respecto a los de su clase y él no estaba equivocado. Afortunadamente, Bastien Argeneau conocía el origen de su actitud y la comprendía lo suficiente como para pasarla por alto. Jackie se preguntaba ahora si Vincent sería tan comprensivo. Sospechaba que lo sería. Parecía inteligente, atractivo, afectuoso... También se llevaba bien con Tiny, en cuyo criterio siempre había confiado. Estaba también esa preciosa sonrisa matadora y sus sexis ojos de un pálido color azul. Es un vampiro, se recordó Jackie. Era algo que no podía olvidar... No debía olvidar. Tenía miedo del momento en que ocurriera, en que fuera lo suficientemente estúpida para que comenzara a gustarle el tipo de una manera más que profesional, y a lo que ello la llevaría otra vez. Jackie había aprendido su lección cuando joven con Cassius, y la había aprendido bien. Sus dientes se inmovilizaron ante el solo recuerdo del vampiro con el que estuvo involucrada a los diecinueve. Una imagen de él se formó en su mente: un metro noventa y cinco de estatura, con su cabello color oro largo hasta el hombro. El hombre había sido tan hermoso como un dios griego. Jackie empezó a empujarlo de su mente instintivamente pero luego se detuvo y dejó que los recuerdos afloraran. No tanto como un castigo, sino con la esperanzas de que al revivirlos la salvaran ahora de hacer, once años después, alguna tontería. Jackie sospechaba que lo mejor que podía hacer era reflexionar sobre la lección que había aprendido, especialmente ante el hecho de que estaba viviendo en la casa de un vampiro que encontraba muy atractivo. —¡Ahí! Lo has admitido —dijo Jackie con un pequeño suspiro mientras entraba en su habitación y cerraba la puerta—. Encuentras a Vincent Argeneau atractivo. Eso era lo que asustaba a Jackie y la había hecho sentirse vulnerable inmediatamente. No había sentido nada más que un tibio desdén y la cólera hacia un vampiro desde Cassius. Jackie había sido una buena estudiante y una hija cumplidora hasta el verano que conoció a Cassius. Había sido una ingenua y una tonta... Pero se había creído una mujer. Había conocido el vampiro cuando había visitado su casa para ver a su padre respecto a un caso en el que él estaba trabajando. Había sido un dios pálido y rubio ante sus ojos, lo había visto como un Adonis.


Anonadada con su belleza en el momento en que había llamado a la puerta, Jackie lo había venerado con los ojos cuando había dicho tartamudeando que su padre no estaba aún en casa. Todavía podía recordar la sonrisa divertida que había curvado sus labios en ese momento. Jackie no lo había comprendido entonces, pero lo hacía ahora. El hombre había estado riéndose en silencio de su tímida adoración. Jackie apenas había sido capaz creer en su suerte cuando había preguntado si podría esperar a su padre. Ruborizándose y sonriendo y parloteando, lo había sentado en la sala y se había excusado para hacer té, demasiado nerviosa y anonadada para recordar que los vampiros no bebían té. Algo que había sabido desde que tenía dieciocho y empezó a trabajar en la compañía de su padre. Ted Morrissey había estado excitado y deseoso cuando había conseguido el primer llamado de Bastien Argeneau para un trabajo que quería encargarle. Su compañía había sido pequeña entonces y la carta de recomendación de otro cliente para la cabeza de una compañía multinacional tan grande había sido como ganar la lotería. Sin embargo, fue poco después que su padre había dejado de hablar de sus casos, por lo menos aquellos que involucraban a Argeneau o a cualquiera conectado con ellos. Jackie no había comprendido por qué hasta su primer día de trabajar para su padre cuando la había llevado a su oficina, se lo había presentado a ella y le había dicho que lo que estaba a punto decirle no podía ser revelado a nadie... los vampiros existían. Joven y ávida de creer en lo increíble, había superado rápidamente la conmoción y había utilizado el primer par semanas de su aprendizaje registrando cada archivo que su padre tenía sobre cada uno de los inmortales. Antes de cumplir diecinueve y confrontar con el apuesto Cassius, se había considerado una especie de experta sobre los inmortales. ¡Oh! la arrogancia de la juventud, pensó Jackie tristemente. Había estado preocupándose demasiado por la bandeja de té en la cocina cuando Cassius se habían reunido con ella allí. Le había dicho que no debía molestarse, luego había presionado una mano suavemente en su mejilla y mirado fijamente en sus ojos. El aliento de Jackie se había paralizado en su garganta y su boca se había secado repentinamente. Todavía podía recordar el temblor que había empezado en su cuerpo, dejándola trémula y débil por lo que había tenido que reclinarse contra la encimera para permanecer sobre sus pies. Cuando la había besado, su mente se había llenado con más pasión de la que nunca había soñado; una ola de necesidad y anhelo que había amenazado con consumirla. Jackie había estado perdida. Cassius había roto el beso cuando escucharon la puerta principal abrirse. Antes de que su padre los encontrara en la cocina, Jackie había terminando nerviosamente con la bandeja del té y Cassius se había sentado en la mesa, pero Ted Morrisey había echado el ojo a la situación de una forma que le dijo que sospechaba que algo había estado pasando. No dijo nada, sin embargo, no en ese momento. Dijo a Jackie que se olvidarse del té e hizo pasar a Cassius a su oficina. Jackie había caído contra el mostrador una vez estuvo a solas con una mano apretada sobre su corazón. Había sentido como si latiera directamente fuera de su pecho. Estaba segura que había


conocido al hombre de sus sueños y había estado horrorizada cuando partió y su padre se acercó y le dijo que se alejara de Cassius. No era bueno para ella. La obediencia de Jackie había terminado allí. Cuando Cassius llamó para invitarla a salir, mintió y salió a hurtadillas para verlo, resentida con su padre por no comprender el amor de la juventud. De algún modo, las mentiras y el andar a hurtadillas sólo lo hicieron todo más excitante, si fuera posible. Cassius la habían llevado a restaurantes finos y a obras dramáticas. Jackie se había sentido muy sofisticada de su brazo, y aunque al principio había estado nerviosa y preocupada cuando había empezado a hacerle el amor en la limusina en el camino en casa, pronto había cedido paso a la pasión sin sentido. Para el momento en que dejó la limusina, Jackie estaba segura que estaba enamorada. Cassius había parecido igualmente prendado de ella. Parecía incapaz de mantener sus manos alejadas de ella, había empezado cosas en los lugares más inapropiados; besarla e incurrir con sus manos bajo su falda en restaurantes con solo la mesa para esconder lo que estaba haciendo, jalándola a callejones y haciendo el amor con ella contra la pared del edificio con solamente la noche para mantenerlos ocultos, y haciendo el amor con ella en su palco en el teatro dónde cualquiera podía verlos. Jackie era siempre reservada cuando iniciaba estos encuentros, pero pronto se encontraba abrumada por la pasión y ansiosa por complacerlo. Era semejante a una droga y ella una heroinómana que no podía conseguir controlarse. Muy pronto su padre se enteró de que estaba viendo a Cassius a sus espaldas. ¿Cómo no hacerlo? Aunque mentía y salía a hurtadillas, sus citas eran siempre en público y alguien se lo mencionó al final. Jackie volvió a casa de lo que sería su última cita ser enfrentada por su padre. Tuvieron una pelea terrible que culminó con Jackie gritando que lo odiaba, que vería Cassius si así lo deseaba y que no había nada que pudiera hacer al respecto. Había salido corriendo y tomado un taxi directamente hacia el departamento de Cassius. Había llamado por el interfono de su departamento y la puerta fue liberada inmediatamente para ella, pero cuando había llegado al departamento lo había encontrado lleno de desconocidos. Cassius estaban teniendo una fiesta, cualquiera podía haberle abierto con el interfono, probablemente no sabía ni siquiera que estaba ahí. Forzando una sonrisa, había dado la bienvenida a todos como si hubiera estado al tanto de la fiesta y sido invitada mientras quedaba sin aliento en su camino por las habitaciones llenas de gente, buscando a Cassius. Su oficina fue el último lugar en que Jackie miró, y también había parecido vacía al principio. Confundida y desesperada por encontrarlo, estaba dando marcha atrás cuando una risa la hizo detenerse y volver a mirar. Solamente entonces Jackie notó que la puerta que conducía al balcón estaba abierta. Dándose cuenta de que debía estar ahí, había cruzado la habitación hasta la puerta, deteniéndose entonces cuando vio que no estaba solo. Jackie no había reconocido a los dos hombres con él, pero el brillo de sus ojos en la noche le dijo que eran inmortales como Cassius.


Jackie se había acercado a la puerta para abrirla aún más y dejarle saber estaba ahí, pero uno de los hombres había dicho algo que la hizo detenerse. —Te has estado viendo mucho con la pequeña Jackie. —Hmm. Si —había admitido Cassius, luego se había en cogido de hombros—. Pero me estoy aburriendo. Es demasiado simplona. Su adoración fue divertida al principio, pero está se poniendo molesta —sonrío débilmente—. Sin embargo me gusta hacerle hacer las cosas que no quiere hacer. Su mente es tan influenciable como la arcilla y tan fácilmente controlable. Apenas tengo que esforzarme para entrar en sus pensamientos y convencerla de que realmente quiere que yo la joda en mi palco del teatro dónde cualquiera podría venos. —Me sorprendes, Cassius — comentó uno de los hombres—. Habías dicho que se estabas cansando del sexo y… —Esto no es sobre sexo —había dicho impacientemente—. Aunque es bastante más interesante cuándo sabes que la estás haciendo hacer cosas que están contra su moralidad —se había encogido de hombros—. Pero me estoy aburriendo del juego y pienso terminarlo pronto. Sólo tengo que determinar cómo quiero terminarlo. Algo magnífico. Quizás irrumpir en una de las reuniones de la empresa de Ted Morrissey y joderla en la mesa de la sala de juntas enfrente de clientes importantes. Imagina su humillación cuando chille como una puta en celo. —Jesús, Cassius, sabía que no te gustaba Ted, pero esto es simplemente… —No me muestra el debido respeto —Cassius arrojando un mordisco y exhibiendo una cólera que Jackie nunca había atestiguado en él—. Actúa como si fuera tan bueno como nosotros y no lo es. Ninguno de ellos lo es. Son todos niños candorosos de los que comemos y podemos controlar cuando deseamos y tiene que comprender eso. Entumecida con la conmoción, y repentinamente muy, muy temerosa de ser descubierta allí, Jackie se había alejado de la puerta y salido rápidamente de la habitación. Había echado un vistazo con preocupación por sobre su hombro cada medio segundo mientras escapaba, sabiendo que si Cassius la veía antes de que saliera, habría problemas. Leería su mente y sabría que había escuchado todo... No la habría dejado partir sabiendo lo qué sabía. Habría tomado el control de su mente, como al parecer había estado haciendo y la hubiera retenido con él hasta que la hubiera hecho hacer algo que se humillaría a ella y a su padre públicamente. El miedo de Jackie había disminuido en cuanto estuvo en un taxi camino a casa, pero no se había ido completamente. Cassius la habían estado controlando y lo haría otra vez si le daba la oportunidad. Y a ella le había parecido que lo mejor era asegurarse de que no pudiera hacerlo. Una Jackie mucho más humilde se había acercado a su padre al regresar a casa. Le había contado todo, y como había esperado, había sabido qué hacer. Había llamado a Bastien Argeneau inmediatamente y el vampiro había ido a su casa para discutir el tema.


Jackie había estado muy avergonzada en ese momento, pero mirando atrás, Bastien había sido sumamente amable. Le había asegurado que no todos los de su clase despreciaban a los mortales como Cassius lo hacía, y que no había sido tonta o estúpida, que Cassius habían usado sus habilidades para controlar su comportamiento y no debía sentirse avergonzada por algo que pudiera haber bajo esa influencia. Entonces le había asegurado que no necesitaba temer que Cassius consiguiera la oportunidad de controlarla otra vez. La enviarían lejos durante un tiempo para mantenerla segura mientras se las arreglaba con el tema. Jackie se había encontrado en un avión a Europa a la mañana siguiente. Había ido a la universidad en Oxford por un año antes de regresar para tomar un trabajo en la compañía de su padre otra vez. Nunca había preguntado qué habían hecho sobre Cassius. Por lo que Jackie había podido deducir con el paso de los años, sabía que repentinamente había estado deseoso de trasladarse fuera de Nueva York repentinamente. También sabía que le había sido advertido que nunca volviera a molestar a ella y su padre otra vez.

Jackie cayó en su cama con un suspiro. Los recuerdos de esas pocas semanas en su breve vida le habían causado más dolor que cualquier otra cosa en su vida. Había estado aplastada, angustiada, adolorida y humillada mientras trataba de ordenar cuales de sus pensamientos y pasiones le habían pertenecido y cuales habían sido plantados por Cassius. Estaba más que segura de que su atracción inicial por él había sido legítima. Incluso ahora podía reconocer que Cassius era un hombre apuesto. Pero sus palabras la habían hecho dudar de todo lo demás que había experimentado. ¿Nada de la pasión abrumadora había sido suya? ¿O la había puesto en su mente, controlándola con ella? Hasta el día de hoy, Jackie no conocía la respuesta para esa pregunta. Todo lo que sabía era que los vampiros eran un grupo peligroso, capaz de subvertir la voluntad de un mortal. Y había gastado muchos años en luchar por reforzar su mente contra sus habilidades de leer sus pensamientos, sabiendo todo el tiempo que al final, si quisieran hacerlo realmente, derribarían sus defensas fácilmente y no sólo leerían sino que también controlarían su mente. Esos conocimientos la hicieron temerles instintivamente y a la vez hacerla enfadar. Bastien Argeneau era el único vampiro al que Jackie se había acercado y confiado desde ese entonces. Pero él siempre la había tratado con un cálido respeto y aún ahora estaba comprometido con una mortal. Jackie creía que realmente no despreciaba a su gente. Estaba menos segura sobre el resto de su clase, sin embargo, siempre manteniéndose a la defensiva con todos ellos. Sólo sabía que era la forma más segura de hacer las cosas. Y, decidió Jackie, continuaría manejándolo así. Tenía que mantener altas sus defensas, especialmente ahora que estaba viviendo en la misma casa que Vincent. No se arriesgaría a otra


humillación como la que había sufrido con Cassius. Jackie tenía que afianzar su corazón contra Vincent. Era un simple tema de autoprotección.

Capítulo 4 HYPERLINK \l "inicio" Índice Vincent rodó de costado, abrió los ojos y miró detenidamente al reloj de cabecera, frunció el ceño cuando vio la imagen digital que le regresaba. Once, cuarenta y ocho. Mi querido Dios, ni siquiera era mediodía. Normalmente dormía hasta las seis o más para evitar la luz del sol todo lo que fuera posible. Once cuarenta y nueve, notó Vincent que la lectura digital había cambiando. Obviamente algo lo había despertado. Su mente somnolienta estaba intentando ordenar qué podría ser cuando el sonido de voces llegó amortiguado por su puerta de dormitorio. Frunciendo el ceño, dobló para mirar con atención hacia ella. Eran las voces de dos hombres, haciéndose más fuertes mientras los hablantes se acercaban. Se puso tenso cuando alcanzaron su puerta, entonces siguieron aparentemente pasillo abajo porque las voces empezaron a perder intensidad otra vez. —¿Qué diablos? Tirando sus mantas y sábanas a un lado, Vincent deslizó sus pies fuera de cama y se levantó. No se molestó en vestirse, pero se trasladó a la puerta y la abrió para mirar con curiosidad, sus ojos se


abrieron desmesuradamente al ver a media docena de hombres moviéndose dentro y fuera de las puertas del pasillo. Dejando su habitación, Vincent empezó a avanzar, echando un vistazo por cada puerta abierta que pasaba. Había solamente una puerta sobre el piso superior que todavía estaba cerrada, la puerta a la habitación donde dormía su tía Marguerite. Preguntándose cómo podía seguir durmiendo con todo ese alboroto, Vincent tomó las escaleras, sus ideas se dispersaron cuando llegó al piso principal y lo encontró inundado de luz. Cada ventana en la casa estaba cubierta de una pesada cortina protectora que protegía de la luz y la hacía segura para desplazarse por ella durante el día si era necesario. Actualmente, cada una de esas cortinas parecía haber sido abierta para admitir la luz del sol que se derramaba plenamente sobre los pisos de madera dura. Gruñendo, Vincent fue hacia la cocina, esperando encontrar a Tiny allí, pero el hombre era conspicuo en su falta. Alejándose de la cocina vacía, empezó avanzar por el pasillo, echando un vistazo en cada habitación que pasaba, buscando a Jackie y una explicación para el pequeño ejército de hombres que se habían encargado de su residencia. Vincent encontró tanto a Jackie como a Tiny en su oficina. —Buenas —saludó Tiny descubriéndolo y luego volteó a mirar a Jackie que estaba en el teléfono. —Ya he explicado quién soy. Soy la nueva asistente personal del Sr. Argeneau y me pidió que llamara y me encargara que le enviaran esta información. Sólo saque los archivos y envíeme la lista por fax —Jackie parecía impaciente, sin apreciar la resistencia que aparentemente demostraba la persona con la que estaba hablando. Vincent observó que su expresión se contraía mientras escuchaba un momento más, luego Jackie cloqueó con irritación y chasqueó los dedos—, acaba de entrar en la oficina. Espere un momento, por favor. Inclinándose hacia adelante, presionó el botón para poner la llamada en espera y miró con el ceño fruncido a Vincent. —Tu ayudante de producción está siendo difícil. Por favor dile que envíe por fax la lista de empleados en la producción de Nueva York —chasqueó los dedos, presionó el botón de llamada en espera otra vez y le pasó el teléfono. Vincent vaciló, no estaba acostumbrado a que le ordenaran, pero suspiró y luego tomó el teléfono. —¿Lily? —¡Oh! Sr. Argeneau, esta mujer afirma que es… —Sí, sí —interrumpió Vincent, luego utilizó un tono más agradable cuando dijo—, sí, Lily. Jackie es mi nueva asistente personal y le pedí que se contactara contigo. Sólo transmite todo aquello que te pida y cualquier otra cosa que necesite en el futuro. ¿Está bien? Gracias.


Vincent entregó el teléfono a Jackie sin esperar el acuerdo, escuchó luego impacientemente mientras repetía las órdenes que obviamente ya había dado varias veces. Una vez terminado, Jackie colgó. —Gracias. Cuando la boca de Vincent se tensó, Tiny consideró su cara exhausta y luego anunció: —Creo que iré a controlar el almuerzo. Jackie observó al gigante irse y luego dijo: —Realmente te lo agradezco. Tu Lily estaba siendo un dolor en el culo. Vincent estaba por reprenderla duramente por el ruido que estaban haciendo los hombres, pero la curiosidad en él pudo más y en su lugar preguntó: —¿Cómo encontraste su número? —No fue difícil; lo pusiste bajo la A de ayudante de producción en tu Rolodex, —señaló Jackie con diversión. —Encontrarla no fue problema, conseguir hablar con ella lo fue. Cuando la llamé a la oficina, la centralita me dio su número de teléfono domiciliario. Debo haber llamado veinte veces antes de que respondiera. —No tenía porque responder —masculló Vincent entre dientes—. Lily no empieza el trabajo normalmente hasta que yo lo hago. —Lo cuál me recuerda, ¿qué estás haciendo tan temprano? —preguntó con un gesto fruncido—. Esperaba que durmieras por lo menos hasta la cena. Su pregunta le recordó a Vincent que estaba enojado y frunció el ceño. —¿Qué están haciendo en mi casa todos estos hombres? Jackie pareció sorprendida ante la pregunta. —Sabes muy bien qué están haciendo aquí estos hombres. Son el equipo de seguridad. Están terminando la instalación del sistema de alarma y las cámaras sobre las ventanas y las puertas de arriba. Sí, sabía eso, solamente... —¿No podían haber venido más tarde en el día? Me despertaron. Jackie se recostó con un suspiro.


—Cuanto más temprano vinieran, antes podían tener el lugar completamente cubierto y en funcionamiento. Vincent frunció el ceño, pero era incapaz de criticar su razonamiento. Desafortunadamente. —Les pedí que trataran de no hacer ruido —añadió en tono apenado—. Les hablaré otra vez con el propósito de puedas dormir un poco más. —No, no. Estoy despierto ahora. Vincent se movió impacientemente sobre sus pies, su mirada sobre Jackie, notando que llevaba otro traje de oficina, éste gris con una blusa roja bajo él. Muy fino, muy bonito sobre ella, pensó mientras su mirada resbalaba por la amplia extensión de garganta que quedaba al descubierto gracias a la apertura de los dos primeros botones. Se encontró mirando la cremosa carne blanca con fascinación. Para él, era el equivalente a agitar una pizza bajo la nariz de un hombre hambriento. Sin pensar en ello ni siquiera, Vincent se acercó un paso más, deteniéndose solamente cuando sus muslos chocaron contra el borde del escritorio. —¡Por el amor de Dios, deja de mirarme cómo el almuerzo! —dijo Jackie con irritación cuando se puso de pie—. Y, ¿Tienes que recorrer la casa en paños menores? Vincent parpadeó y echó un vistazo abajo, solamente llevaba puesto un par de pantalones de pijama de algodón. Aparentemente, encontraba su estado de desnudez angustioso, notó y echó un vistazo a Jackie para pescarla mirando fijamente su pecho. Sus ojos bajaron deslizándose sobre sus pectorales a su estómago plano en una caricia que casi pudo sentir. Vincent se encontró con el impulso repentino de estirarse y mostrar algunos de esos músculos a los que estaba echando el ojo con tal interés, pero antes de que pudiera, Jackie parpadeó como si despertara de un sueño y desvió sus ojos hasta su cara. Se ruborizó y su piel se cubrió de un brillante tono rosado al ser atrapada mirándolo boquiabierta, luego vio que su boca se tensaba y habló rápidamente para prevenirle se quejarse otra vez. —Así que ¿qué es todo esto entonces? Jackie vaciló, echó un vistazo a las pilas de papeles sobre su escritorio. Suspirando, empujó una mano a través de su pelo dorado y se relajó visiblemente. —Este es su correo, Sr. Argeneau. —Hmm. Correo. Vincent hizo caso omiso del regreso al trato formal y asintió con la cabeza cuando echó un vistazo por encima de las pilas. Nunca abría su correo. Sólo lo apilaba sobre la mesa en su pasillo hasta que la mesa no podía contenerlo más, entonces lo colocaba en una caja y se deshacía de él. —Tenía el equivalente a tres meses de correo en el pasillo —le informó con seriedad.


—Sí, bien… —Lo abrí y lo ordené todo, apilándolo por orden de fecha con el más viejo encima —continuó Jackie, haciendo caso omiso de sus esfuerzos de explicarse—. Esta primera pila es sólo recibos de facturas. ¿Deduzco que tienen débito directo para todas sus facturas? —Sí —Vincent respondió a su mirada distraídamente, escapando de la pila en cuestión hasta la cremosa carne crema de su garganta y quedándose allí antes de forzarse a retirar la mirada. Jackie asintió con la cabeza. —Los archivaré más tarde hoy si usted indica dónde se guardan tus archivos. —Generalmente sólo los tiro en una caja y los lanzo a ese ropero —admitió Vincent, haciendo un gesto a una puerta a su derecha. Los ojos de Jackie se abrieron incrédulamente en estas noticias. —¿Y qué hace cuando llega el momento de las declaraciones de impuestos? —Envío las cajas a mi contador personal —respondió Vincent—. La mayor parte son cosas que no necesita, pero lo dejo ordenarlas. —Eso es…eso… —Jackie se detuvo, limpió su garganta y luego dijo—, 1os contadores cargan horas por clasificar tales cosas. Vincent se encogió de hombros, no muy interesado. El dinero no era un asunto importante para él. Entre sus acciones en las empresas Argeneau, junto a sus propios intereses en la compañía e inversiones hechas durante los pasados cuatrocientos años, no estaba apestando de rico, pero era lo suficientemente rico. —Qué va —dijo definitivamente con un encogimiento de hombros—. Los pondré en la caja. —Sí —su mirada se deslizó a su garganta otra vez. Tenía que retirarse de allí y realmente ponerse a investigar acerca de la comida—. ¿Qué es el resto de esto? Jackie señaló la siguiente pila. — Esta es toda la correspondencia de los admiradores. Es más que obvio no responde a sus fan. Podía escuchar la desaprobación en su voz y propulsó la conversación hacia adelante otra vez haciendo una seña a las últimas dos pilas. —¿Qué son éstas entonces? —Esta pila son todas cartas comerciales —respondió Jackie, destacando la pila más grande—. Cartas de su agente, directores de obras, etcétera…


Se detuvo entonces y sospechó que Jackie se estaba mordiendo su labio para comentar sobre el hecho de que no se hubiera molestado en abrir un correo tan importante. Limpiando su garganta, señaló la última pila. —Esta pila es la importante. Es lo que estaba buscando cuando abrí su correo en primer lugar. —¿Qué son? —preguntó Vincent, recogiendo la primera carta. —Son cartas de admiradores anormales y cartas desagradables de empleados enfadados por haber sido despedidos y actores y actrices disgustados por no haber sido elegidos para un papel. Son posibles sospechosos. Vincent lanzó un gruñido y leyó la carta que había recogido. Era solamente un par de renglones. Lo leyó, se detuvo, luego lo releyó olvidando repentinamente su hambre.

Sé quién eres. Sé qué eres.

Frunciendo el ceño, echó un vistazo al sobre que Jackie había engrapado a él. La cancelación postal era local y databa de hacía poco más que dos meses, la dirección de retorno era la suya. Cambió la carta y el sobre a la parte inferior del paquete y leyó el siguiente y el siguiente. Los primeros varios iguales a la primera. Cortos. Simples.

Sé quién eres. Sé qué eres.

Entonces en uno se leía:

¡Ay! Alguien tendrá un accidente.

Vincent se endureció y echó un vistazo al sobre. Estaba fechado el día anterior al accidente en el set en dónde una actriz se había roto el brazo. Frunciendo el ceño, lo puso en la pila y miró al próximo. Se leía:

¡Ay! Alguien tropezó.


Vincent supo qué encontraría antes de mirar ni siquiera el sobre, pero verificó de todos modos y su boca se convirtió en una línea de cólera cuando vio que había sido enviada el día después de que Dan Henson se rompiera la pierna. —¿Estos son de él? —dijo Vincent, cambiando esa carta a la parte inferior para revelar la próxima.

Alguien estaba sediento.

No era sorprendente descubrir que la estampilla era de Nueva York y estaba fechada en el tiempo en que la mitad de los miembros de su elenco habían sufrido de anemia contagiosa. —Sí, parecería que sí —dijo Jackie, tomándolas de él—. Pero podrían no serlo. Son escalofriantes, pero no son más que amenazas. Y son enviadas al otro día de todos los acontecimientos. Simplemente podría ser alguien con un nauseabundo sentido del humor. Cuando Vincent resopló ante la posibilidad, se encogió de hombros. — No quiero saltar a conclusiones precipitadas. Podría ser que ninguna de estas otras cartas fuera de él. Tiny y yo las investigaremos todas. Vincent asintió y luego preguntó: —¿Por qué querías la lista de empleados? —Tendré que investigar a todos los que trabajan para usted, pero quiero empezar con la obra que estaba ensayando en Nueva York. —¿Por qué especialmente esa? —Cuatro de las obras ya estaban abiertas con las actrices o los actores que tropezaron ocurriendo los incidentes y cualquiera podría haberse acercado. Pero ese no es el caso con dos de ellas, una en Canadá y una en Nueva York. No había dado a conocer quién protagonizaría Drácula, el musical, ¿o sí? —preguntó. —No. Todavía estábamos en el ensayo y preparando la puesta en escena, pero no habíamos dado a conocer ninguna información aún —admitió. Jackie asintió con la cabeza. —Los ataques en Nueva York tendrían que haber sido llevados por alguien con acceso a los sets y los actores. Para haber estado mordiendo a su elenco, tuvieron que saber primero quién estaba en


su elenco. ¿Presumo que los ensayos no estaban abiertos a cualquiera que quisiera entrar de la calle a verlos? —No —suspiró Vincent—. Había guardias de seguridad en las puertas en el teatro que estábamos usando en Nueva York para estar seguros que nadie entrara… Jackie señaló que: —Por supuesto, uno de su clase podía haber controlado las mentes de los guardias de seguridad para que le permitieran entrar en los sets. Si ese es el caso, las listas no ayudarán. Sólo tendremos que esperar que asumiera un trabajo en el set para facilitarse el acceso. Por lo demás, tendremos dificultad de estar al día con él. Cuando Vincent frunció el ceño, añadió: —Nos preocuparemos sobre eso después de que acudamos a las personas de la lista, que haremos al minuto en que su ayudante de producción las envíe por fax. —frunció sus labios—. Eso podría tardar un rato. Esta Lily tiene que ir a la oficina y luego encontrar los archivos. Recogiendo la primera pila de cartas, Jackie rodeó el escritorio, pasando a Vincent camino al ropero. Él la aspiró cuando pasó y sus ojos se cerraron brevemente ante el olor a especias y a su propia piel. ¡Dios mío! Olía tan bien. Y estaba tan hambriento. Vincent estaba siempre hambriento cuando se levantaba, pero esto iba más allá de eso. El simplemente permaneció de pie mirando y oliendo a Jackie, lo que solo lo puso más hambriento, hasta el punto de estar ahora casi insoportablemente hambriento. Si no salía de allí pronto terminaría haciendo algo imprudente, lo cual nunca era una buena cosa. Su gente aprendía a temprana edad que el comportamiento imprudente podía ser el comportamiento mortal. Forzándose a abrir los ojos, Vincent vio que Jackie abría de par en par las puestas del ropero y se inclinaba mascullando entre dientes y agitando la cabeza mientras se doblaba para hurgar en la gran caja de correo que descansaba sobre el piso. Su mirada se arrastró sobre su engreído culo cuando su falda gris se elevó por detrás y comenzó a lamerse los labios cuando se imaginó avanzando, deslizando sus dedos por esas lujuriosas curvas, dejando que sus manos ascendieran y se deslizaran alrededor de su cintura cuando se enderezara con sorpresa al sentirlo. Vincent casi pudo escuchar su pequeño gritito de sorpresa cuando sintiera su ingle contra su trasero. Abrazándola en esa posición, habría dejado que sus dedos subieran sobre su estómago, abriendo su chaqueta para abarcar sus pechos llenos a través de la seda de su top rojo. Él los sujetaría cuando ella se arqueó ante la caricia, entonces la urgió a retirar a un lado su largo cabello rubio, enseñando su cuello. Comenzaría a recorrer su cuello con besos y entonces… Vincent detuvo repentinamente sus pensamientos cuando sintió que sus dientes se deslizaban hacia afuera. Parpadeó entonces con sorpresa cuando se dio cuenta de que esa no era la única parte de su cuerpo que había respondido a sus fantasías. Estaba luciendo una erección muy próspera que formaba una carpa en sus pantalones del pijama de algodón. Pero lo más


sorprendente era que mientras Vincent había imaginado qué haría, sus pies lo habían llevado a ubicarse detrás de Jackie. Estaba lo suficientemente cerca para oler su dulce perfume y esa suerte de tortura solo incrementó su hambre, las dos. Dándose una sacudida mental, Vincent retrocedió sobre sus pasos, volteó girando sobre sus talones y se trasladó a la puerta. Tenía que comer. Ahora. Echó un vistazo hacia Jackie cuando abrió la puerta, pero todavía estaba ocupada en el ropero. Dejándola con ello, Vincent se deslizó en silencio fuera de la habitación.

Jackie miró las cajas del correo apiladas en el ropero de la oficina y agitó la cabeza. Cómo pudo hacer dinero ese hombre era algo que escapaba a su comprensión, ni siquiera miraba sus cartas comerciales, y su contador debía estar cobrándole fortunas por revisar el montón en su ropero. —Necesita un Ayudante, Argeneau. Es un desperdicio increíble de dinero que pague a su contador por adentrarse entre estos cachivaches y… Jackie se calló y frunció el ceño cuando giró para encontrar la oficina vacía. El hombre se había deslizado tan silenciosamente como un ladrón mientras le daba la espalda. Frunciendo el ceño, se trasladó a la puerta y la abrió para mirar con atención el pasillo, solo para ver a Vincent parar a uno de los tipos de seguridad cuando bajaba por las escaleras. Ella entrecerró los ojos cuando notó que le hablaba al hombre y luego arreaba al trabajador por una de las puertas más alejadas del pasillo. Y arrear era la única palabra para eso. Jackie describió al pobre hombre como una oveja siendo llevada a la masacre. Claro que no pensaba que Vincent lo mataría. Sólo iba a alimentarse de él, estaba segura. Jackie se escabulló de la oficina y se desplazó pasillo abajo rápidamente para detenerse fuera de la puerta por la que los dos hombres habían desaparecido. Echó un vistazo rápidamente por todas partes para asegurarse que no había nadie más en el pasillo, presionó una oreja en la madera de la puerta y contuvo la respiración mientras esperaba. Ningún sonido venia desde la habitación. Ni una palabra. Ni un murmullo. Nada. Después de otro titubeo, su boca se apretó en un gesto grave y Jackie abrió la puerta para deslizarse en la habitación y mirar. Descubrió a Vincent y el trabajador casi inmediatamente. El hombre de seguridad estaba de pie al otro lado de la habitación, mirando fijamente afuera de la ventana. Vincent estaba detrás de él, sus dientes hundiéndose en el cuello del hombre. —¡Ah, ah! —gimió Jackie mientras cerraba la puerta de golpe tras ella. Vincent se endureció y luego giró para mirarla, tenía culpabilidad sobre su cara y una gota de sangre por la comisura de su boca. El trabajador no reaccionó en absoluto.


—¡Pensé que dijiste que nunca te alimentabas de tus empleados! —refunfuñó Jackie con las manos apoyadas en las caderas. La boca de Vincent se rizó hacia abajo con un gesto de desagrado. —Y no lo hago. No es mi empleado. —¡Oh! Eso solo es cuestión de semántica —protestó—. Es empleado de una compañía que trabaja para ti. Que lo hace tu empleado, aunque más no sea indirectamente. Vincent abrió su boca para responder, se detuvo entonces y regresó a su cena. El trabajador empezó a moverse inmediatamente. Su cara completamente sin expresión, dio media vuelta y cruzó la habitación. Sabiendo que Vincent lo controlaba y que probablemente lo estaba enviando de regreso a la habitación a la que pertenecía, Jackie abrió la puerta y la mantuvo abierta para que él se retirarse, pero giró para levantar una ceja en la dirección de Vincent antes de cerrarla. El vampiro hizo caso omiso de la pregunta en su mirada por algunos momentos, su atención completamente puesta sobre el trabajador. Sabía que estaba cambiando los recuerdos y pensamientos del hombre, esperó por eso pacientemente hasta que deslizó su mirada hacia ella y asintió con la cabeza. Jackie cerró la puerta tan rápida y tan silenciosamente como le fue posible y luego esperó a que Vincent hablara. No la mantuvo esperando mucho tiempo. —Estaba hambriento. —¿Y eso qué? —preguntó con incredulidad—. ¿Es todo lo que tienes que decir en tu defensa? Vincent se encogió de hombros. —Estaba hambriento así que comí. ¿Qué haces tú cuando estás hambrienta? —No es la misma cosa —gruñó Jackie. —¿Por qué? ¿Porque tú te alimentas de pequeñas y esponjosas vacas bebé y pollos y yo me alimento de mortales? Jackie solo pudo lanzar una mirada furiosa en respuesta. —Por lo menos cuando me alimento no necesito la muerte de mi comida elegida —señaló Vincent seriamente. Jackie solo parpadeó varias veces en respuesta a ese comentario. Se había quedado sin palabras. Ningún argumento estaba llegando en su ayuda y por un momento la frustración se alzó dentro de ella, pero luego se dio cuenta de que simplemente no había un argumento para eso. Ella y sus “amables mortales” mataban para comer. Su gente no tenía que matar para sobrevivir. En efecto, los inmortales le hacían mucho menos daño a su comida que los mortales, notó ella, y


repentinamente sintió que caminaba sobre terreno escabroso cuando la mayor parte de su ultraje pasó de la misma manera que humo. Antes de que Jackie pudiera reunir sus defensas, empezó a avanzar, continuando: —Estaba hambriento. Siempre me despierto hambriento, y tú olías tan bien como las galletas caseras de Tiny. Sin embargo, tú y Tiny están prohibidos para morder así que mordí a uno de los trabajadores de la compañía de seguridad. Se encogió de hombros. —Como viste por ti misma, se fue de aquí. No fue dañado excesivamente y no recordará la ocasión. Estoy satisfecho por ahora y ningún daño fue hecho excepto quizás a tu delicada sensibilidad. Jackie tuvo que forzarse a no dar un paso atrás cuando él se detuvo directamente frente a ella. Vincent estaba tan cerca que podía olerlo, podía sentir el calor de su pecho descubierto, podía tocarlo si decidiera hacerlo y parte de ella realmente, realmente quería hacerlo. En vez de ello, Jackie gritó: —¿Mi delicada sensibilidad? Se las arregló para arrancar sus ojos de su muy amplio pecho y miró con el ceño fruncido a Vincent. —¿Es esa alguna clase de insulto? Vincent elevó una ceja, pareciendo tan arrogante y condescendiente como alguien de su especie podía ponerse. —Nada de eso. Solo estoy sorprendido que alguien que sabe tan bien qué somos, y ha trabajado con nosotros durante tanto tiempo, se sienta tan escandalizado e indignado cuando nos ve hacer lo que está en nuestra naturaleza. —Hacer lo que está en su naturaleza —repitió Jackie con gravedad. Por alguna razón las palabras la recordaron la vieja fábula sobre el escorpión y la rana. El escorpión convenció a una rana de que le diera un paseo al otro lado de un río, pero la hirió a medio camino. Cuando la rana empezó a hundirse bajo la superficie del río, llevando el escorpión con ella, preguntó por qué y el escorpión simplemente respondió—está en mi naturaleza. Jackie supuso que ese era un buen recuerdo. Nunca debía olvidar que Vincent era un inmortal, un vampiro con la naturaleza y actitudes de un vampiro. Ella y Tiny —y cada otro mortal con el que se encontrara—no eran probablemente para él nada más que una cena andante. Aún así, su irritación la exhortó a recordarle:


—Los otros de tu clase beben sangre de una taza, o incluso directamente de la bolsa, pero en realidad tú eres el único que muerde a las personas. —No soy el único —dijo Vincent con un encogimiento de hombros que llamó su atención de regreso a su pecho desnudo—. Solamente el único que conoces. Jackie sabía que eso era verdad, pero estaba encontrando muy difícil pensar con el hombre de pie tan cerca de ella. —Más aún —señaló con el dedo—. No tendrías que haberlo visto sino te hubieras entrometido y no me hubieras seguido hasta aquí. Eso, desafortunadamente, era también verdad. Lo había seguido aquí esperando atraparlo con las manos en la masa, había querido hacerlo, pero ésta era su casa y realmente era asunto suyo. Desafortunadamente, Jackie sentía mucha curiosidad sobre su forma de alimentarse. Inclinando su cabeza hacia un costado dio rienda suelta a esa curiosidad. —¿Prefieres hombres o mujeres? —preguntó y luego —cuando se puso rígido, añadió apresuradamente— para morder. Vincent se relajó y se encogió de hombros. —¿Prefieres carne de una vaca macho o hembra? —No hay diferencia —dijo confusa—. Un filete es un filete. —Es igual conmigo. Cuando estoy hambriento, eso no tiene importancia. Busco lo que esté más a mano o lo que sea más fácil acceder; sin importar si es sangre de un hombre o una mujer. —¡Oh! —aunque era capaz de comprender que la sangre era sangre, Jackie todavía encontraba sorprendente que—para él—la alimentación fuera sólo alimentación. Ninguno de los archivos había explorado en profundidad en sus hábitos de alimentación. La mayoría había sido llenado con datos sobre la historia de su gente, la historia individual de cada uno, etcétera. Lo único que sus archivos decían sobre sus hábitos alimenticios es que podían vivir de sangre sin comida, pero no de comida sin sangre. Que fueron restringidos por sus Concejos a dejar de alimentarse de anfitriones vivos excepto en casos de emergencia, o de necesidad como en los casos de Vincent y su padre, Víctor. Y las únicas excepciones eran los llamados mordiscos de amor, el mordisco entre un inmortal y un amante consintiente mortal o inmortal. Jackie tenía un poco de experiencia con la última regla. Había accedido a dejar que Cassius la mordiera mientras estaban saliendo y siempre había sido una experiencia increíblemente erótica. A decir verdad, eso era lo que hacía difícil para ella imaginar que la alimentación no fuera siempre esa sensación increíble y sexi que atravesaba la totalidad del cuerpo en una intensa oleada de placer que había conocido. No estaba dispuesta a hablar de Cassius con Vincent, sin embargo, así que tan sólo dijo:


—Supongo que he sido influida por libros y películas con el paso de los años. Lo retratan siempre como mucho más… bien, parece algo... Íntimo y sensual, y tú lo describes como algo tan inocuo como sentarse y comer un sándwich. —Puede ser ambos —reconoció Vincent—. Aunque frecuentemente es como sentarse a comer un sándwich. Estoy hambriento así que como. —¿Siempre muerdes desde atrás? —preguntó. —Prefiero acercarme a los hombres desde atrás; eso hace más fácil modificar su memoria. Pueden mirar la televisión o el paisaje y puedo poner en su mente el recuerdo de que continuaron mirando la T.V. o el estado de descuido del jardín, mientras yo estaba en medio de alguna diatriba horriblemente aburrida. Cuando Jackie parecía perpleja ante su explicación: —El hombre es más visual por naturaleza y rara vez escuchan una conversación que encuentran aburrida. Sus mentes vagan y se concentran en otra cosa, generalmente el lo que están viendo. Simplemente aprenden a responder de una forma que parece apropiada a los cambios tonales. Los labios de Jackie temblaron, ella lo sabía—a menos que estuvieras hablando del trabajo, o los deportes, o algo que encontraban interesante—hombres se convertían en—zona ausente—y sólo respondían con inclinación de cabeza o murmullos afirmativos cuando su voz se tornaba interrogante. —¿Y las mujeres? —preguntó Jackie, curiosa por su punto de vista sobre el sexo femenino. —Las mujeres prestan más atención a la conversación. La comunicación es más importante para ellas, así que—mientras los hombres estarán satisfechos con un recuerdo vago de mí diciendo tonterías sobre algún tema aburrido—las mujeres se preocuparían por no recordar de qué trataba dicha conversación. Es más fácil acercárseles cara a cara y abrazarlas cuando las muerdes, y entonces darles el recuerdo vago de un momento apasionado. Mientras Jackie podía estar de acuerdo en que los hombres eran menos verbales que las mujeres, la idea de que mujeres eran menos proclives a recordar la actividad física le parecía rara. —Puedo creer que las mujeres encuentren la conversación más importante, pero seguramente también es así con la pasión, si es sólo un recuerdo vago, ¿no se preocuparían por eso también? —Curiosamente, no. La mayoría de las mujeres parecen menos preocupadas por los detalles profundos sobre lo que ocurrió, dónde fueron tocada, etcétera y cuidan sólo de recordar cómo se sentían y la pasión que disfrutaron. Jackie quería argumentar sobre ese punto, pero cuando trató de recordar a su último novio y evocar sus besos y caricias, todo estaba algo borroso. Tenía un recuerdo vago de una posición contra la mesada en su cocina y lo incómoda que se sentía contra su culo cuando la besó, pero


aparte de eso lo demás era una memoria borrosa de las impresiones y las reacciones de su cuerpo. Ahora la hizo preguntarse si los hombres lo recordaban más claramente, de la misma manera que un comentario jugada a jugada en un partido del fútbol americano. Aunque tenía gran curiosidad al respecto, no tuvo el descaro de preguntar a Vincent al respecto y se calmó con la promesa de preguntarle a Tiny algún día... puede que sí. Encendiendo y apagando sus ideas, continuó mirando fijamente el pecho de Vincent. Su mirada se deslizó por su superficie, incluyendo la perlada carne blanca que rara vez, sino nunca, había sido vista por la luz del sol. En esta época de adoración al sol y los salones de bronceado, debería haber parecido poco saludable y hasta poco atractivo para ella. No lo era. En su lugar, era hermoso, casi de la misma forma que una estatua de mármol a la que se hubiera dado vida. Sus ojos siguieron toda su amplitud y luego se desplazaron por sus pectorales y un abdomen admirablemente plano hacia la cintura de sus pantalones del pijama de algodón. Estaban holgados y cómodos, pero ¿no había allí lo que definitivamente parecía un boyante paquete? Estaba en medio de esas disquisiciones cuando otra pregunta se le ocurrió. —Dijiste que le das recuerdos de... Eh... Momentos apasionados. ¿Eso quiere decir que no haces el amor con ellas—en realidad? —Jackie se detuvo repentinamente cuando la leve protuberancia en sus pantalones del pijama se hizo más perceptible y se dio cuenta de que no sólo estaba mirándolo groseramente, sino que lo que estaba preguntando era increíblemente descortés y entrometido también. Arrastrando sus ojos de la parte inferior de su cuerpo, Jackie echó un vistazo hacia su cara para ver que Vincent había arqueado una ceja ante su impertinencia. Empezó a retroceder inmediatamente mientras sentía el rubor inundando su cara. —Sólo quiero decir, seguramente… aunque no lo hagas obviamente todo el tiempo—a veces podrías sentirte tentado...? Continuó mirándola en silencio y Jackie cambió de posición sobre sus pies, enfadada consigo misma por ser tan estúpida. Luego de un momento, sin embargo, llegó a la conclusión de que era su culpa. Él era el que estaba allí medio desnudo, dándole esas ideas. Moviéndose impaciente, se giró ausente y camino a la puerta. —¿Adónde vas ahora? —preguntó Vincent, siguiéndola por el pasillo. —El almuerzo —respondió Jackie bruscamente—. Tiny se puso a hacer chili esta mañana y prometió que estaría listo para el almuerzo. — ¿Chili? —preguntó con interés, manteniendo su paso cuando ella lo único que deseaba era alejarse de él y el efecto abrumador que estaba teniendo sobre sus pensamientos normalmente sensatos. Jackie le echó un vistazo por el rabillo del ojo y agitó su cabeza.


—No quiero ser descortés, Argeneau, pero si te estás reuniendo con nosotros para almorzar, debes ponerte algo de ropa. No puedo pensar en algo menos apetitoso que tu lamentable y blanco pecho mirándome fijamente al otro lado de la mesa. Vincent frunció el ceño y dejó de caminar. Dejándolo lanzar una mirada furiosa tras ella, caminó hacia la cocina y dejó que la puerta se cerrara entre ellos. Vincent permaneció allí, de pie, durante varios minutos, frunciendo el ceño hacia la dirección en que había desaparecido, entonces recordó la manera en que sus ojos se habían deslizado sobre su pecho cuando había entrado en la oficina la primera vez. Su tensión empezó a disminuir inmediatamente. Jackie podía afirmar que su—lamentable y blanco pecho— era poco atractivo, pero sus ojos habían estado diciendo algo completamente diferente antes... como si quisiera decir que no lo quería medio desnudo al otro lado de la mesa por otra razón, como que tal vez lo encontraba demasiado atractivo y distrayente. Bien, decidió Vincent, simplemente tendría que sufrir su pecho lamentable y blanco mirándola fijamente al otro lado de la mesa hoy. A decir verdad, tal vez podría rondar a su alrededor de ella en paños menores más a menudo. Constantemente, incluso. Sonriéndose, siguió hacia la cocina. Vincent repentinamente con un tremendo apetito por comer chili.


Capítulo 5 HYPERLINK \l "inicio" Índice Jackie bajó su mirada hacia su chili y apretó sus dientes. Estaba segura de haber convencido a Vincent de ponerse algo de ropa cuando se había detenido en la sala ante sus insultos. Aparentemente había sido un error. Ya que el hombre la había seguido, momentos más tarde, hasta el cuarto, alegre como podía estar…y aún medio desnudo. Maldito hombre, pensó irritadamente. Vincent era magnífico y él lo sabía. Había estado estirando y flexionando sus pectorales durante todo el almuerzo, haciéndole difícil concentrarse en lo que estaba comiendo. Por lo que sabía, todo podía haber sido aserrín. —Jackie, ¿es ésa la única taza que compramos?— Ella miró a Vincent mientras señalaba la única taza en el mostrador. Jackie se asomó mirando inexpresivamente y luego, volviendo su mirada hacia él, contestó: —Sí, por supuesto que lo es. — —Oh. Supongo que con esta luz sólo parece diferente. —Vincent lentamente retrocedió su mano y se encogió sus hombros, deslizando su mirada por su pecho mientras se movía. Jackie observó el movimiento de sus músculos y entonces comprendió lo que estaba haciendo, subiendo sus ojos de un tirón hacia el sonriente rostro de Vincent. El irritante vampiro sabía exactamente qué efecto tenía en ella, comprendió. Sus ojos se redujeron fríamente, pero antes de decir algo que luego lamentaran, pasaron por la puerta de la cocina y Marguerite los dirigió hacia el cuarto. — ¡Buenas tardes! —habló. Ella estaba sonriente y alegre, pero Jackie frunció el ceño y se disculpó, —Lo siento, Marguerite. ¿Le despertaron los hombres? Se figuraba que ellos trabajarían más calladamente, pero...— —No, no, —le interrumpió ella. —Nadie me despertó, puse mi alarma para el medio día. Quise levantarme temprano para ayudarte. — — ¿Para ayudarme? — preguntó Jackie, con las alarmas sonando.


—Sí. El ave madrugadora captura al saboteador, tú sabes. — Jackie giró su cabeza de un tirón hacia Vincent, con una afilada acusación en su rostro. —Mientras estuvimos fuera anoche, ella leyó mi mente. —le murmuró a la defensiva. —Vincent nunca podrá mentirme. — le anunció Marguerite, con una pequeña sonrisa. Jackie apretó sus dientes y se forzó a sí misma a contar hasta diez. Su primer instinto era protestar con vehemencia. Desafortunadamente, Marguerite era la madre de Bastien Argeneau, y—por esa única razón—Jackie nunca podría tener la oportunidad de ofender a la mujer. Tenía que manejar esto con delicadeza. Su mente corrió brevemente y luego, repentinamente, ideó un plan para mantener a ambos inmortales fuera de su camino mientras ella y Tiny trabajaban. —Bien, este trabajo lo haré amablemente. —anunció, y en nada ayudó el percatarse de la repentina estrechez en los ojos de Marguerite y del rostro de Vincent girándose con sospecha. Ignorando sus reacciones, dijo —Estaba pensando esta mañana que podría estar bien que Vincent saliera y hablara con los actores que hicieron huelga ayer en el teatro, sólo por si acaso el saboteador hubiera sido negligente en limpiarme la mente tan eficientemente como a los otros. Sin embargo, no quise que fuera solo, en caso de que el saboteador realmente girara la atención hacia él. Pensé que debería ir con él y que nosotros fuéramos a revisar las cartas para eliminar a tantos como podamos. De esta forma, pensé, usted puede ir con él y Tiny y yo quedarnos aquí y revisar las cartas. — —Encantadora.— emitió Marguerite y Jackie sólo estaba comenzando a relajarse, cuando ella añadió —Sin embargo, como dices, el saboteador puede volver su atención hacia él ahora que ya no son el objetivo y , si ese es el caso, quizás él debería estar aquí y revisar las cartas contigo mientras Tiny me acompaña.— Los ojos de Jackie se agrandaron consternados. Había esperado librarse de ambos, no quedarse sola con Vincent. —Oh, yo—— —Además, lo mejor sería que evitara la luz del sol. Apenas puedo dar una palmada a una bolsa de sangre en mis dientes. Vincent no puede. — Marguerite señaló y Jackie sintió sus hombros caer derrotados. Aparentemente, reconociendo la victoria cuando la veía, la mujer se movió para deslizar su mano en el brazo de Tiny. —Ven, Tiny. Alquilé un pequeño coche deportivo. Puedes manejarlo como gustes. — Tiny miró a Jackie dudando, pero, relajándose, le permitió a Marguerite llevárselo del cuarto mientras asentía fríamente. —Buen intento, pero Tía Marguerite siempre consigue lo que quiere. O la mayoría de las veces. — dijo secamente Vincent cuando observó la puerta cerrarse detrás de la pareja. Jackie le frunció el ceño al hombre. —Si no le hubieras dicho a ella——


—Me pegué a la historia de la cubierta. — Vincent la interrumpió para asegurarselo. —Ella leyó mi mente anoche mientras estuvimos afuera. — —Bien, ¿no puedes detenerla para que no haga eso?— contestó ella con exasperación. — Seguramente los inmortales pueden mantener a otros inmortales fuera de su mente.— —Sí, si nos concentramos en mantener nuestros pensamientos protegidos, podemos mantener a otros inmortales alejados de nuestras mentes, — admitió Vincent, pero antes de que Jackie pudiera usarlo en contra, él añadió: — sin embargo, nadie puede estar en guardia todo el tiempo. Ella sabía que le estaba mintiendo y al minuto que bajé la guardia, ya estaba adentrándose en mis pensamientos. — Jackie agitó su cabeza disgustada. —Suena a disconformidad el vivir constantemente en guardia con los demás para que no lean tus pensamientos. —Así es, —reconoció. —Es por eso que muchos de nosotros, por naturaleza, somos solitarios, hasta que encontramos nuestras compañeras de vida. Una vez alcanzamos la edad adulta, la mayoría tenemos hogares donde podemos relajarnos después del trabajo y no estar constantemente en guardia. — Jackie lo observó con curiosidad. — ¿Después del trabajo? ¿Trabajas principalmente con inmortales entonces? — —La mayoría de los actores y actrices son mortales, pero una gran parte del personal de producción y empleados de oficina en la compañía son inmortales. —contestó. Jackie frunció el ceño. Estas noticias eran más sospechosas de lo que había esperado. Suspirando, llevó su taza al fregadero. Vincent siguió su ejemplo y Jackie oprimió la boca cuando, al enderezarse frente al fregadero, captó su olor. Él olía bien y no era la colonia. El hombre aún no se había duchado, ni vestido. Lo que olía era él…Y le gustaba. Alejándose de él lo más rápido que pudo, Jackie se encaminó hacia la puerta. —Estaré en la oficina. —Me duchare y vestiré y luego me reuniré contigo. —Vincent le dijo lo que tenía en su propia mente. —En realidad no necesito que me ayudes con las cartas. —dijo rápidamente Jackie, deteniéndose en la puerta. —Puedo hacerlo por mí misma. — —Estoy seguro de que puedes, pero será más rápido si somos dos —argumentó Vincent con facilidad, mientras se volvía hacia la fuente de agua a su lado.


Jackie se volvió rápidamente, alejándose de la sala cuando observó el cuerpo acercándose. Casi corrió mientras salía de la sala y se deslizaba dentro de la oficina antes de que la puerta de la cocina se abriera detrás de ella. Jackie cerró la puerta aliviada y miró alrededor de la oficina. Era de buen tamaño, pero la idea de estar atrapada horas allí sola con Vincent hacía que su mente se encogiera. Cruzando el suelo, frunció el ceño ante la pila de cartas sobre el escritorio, luego alejó del tope el resto que no tenían nada que ver con el caso y las archivó en la caja del armario. Se sentó en el escritorio y retornó su atención a las cartas para decidir cuales eran posibles sospechosas. Tenían que buscar en cada persona y comenzar a eliminar sospechosos. Por supuesto, los ochos o el escritor anónimo que sólo se mantiene diciendo Yo sé quién eres. Sé qué eres, podría ser difícil la eliminación. Ésas no tenían firma, ni la dirección del remitente, pero ella al menos podía ir eliminando a los otros. Su padre siempre le había dicho: circula entre todos los sospechosos, elimina todos los que puedas, y quien quede probablemente sea el culpable. Por supuesto, estoy asumiendo que puedes eliminar a cada uno como el culpable, no siempre era el caso. Suspirando, se puso a trabajar y así estaba cuando Vincent entró. Ella paró luego de decirle a él qué hacer y entonces regresó a trabajar, dirigiéndolo, ignorando su presencia…casi. Era como tratar de ignorar un elefante en su pecho, pero hizo lo posible.

Trabajaron en las cartas durante la tarde y obtuvieron la suficiente información de la mitad de las cartas como para eliminar posibles saboteadores. Eran cerca de las cinco cuando Vincent anunció que iba a buscar una bebida y salió del cuarto. Jackie continúo trabajando otro par de minutos antes de detenerse a bostezar un poco. Este tipo de trabajo era el lado aburrido de ser un investigador privado. Esperanzada en que un poco de aire fresco la reviviría, Jackie se puso en pie y abrió una de las puertas francesas. Su mirada se movió sobre la carretera cuando un coche llegó a su vista. Jackie observó el vehículo, segura de haber escuchado el timbre anunciando un coche ante el garaje. Observó el coche estacionarse detrás del de Allen Richmonds SUV. La puerta inmediatamente se abrió para permitir a dos mujeres bajarse y moverse hacia la casa. Ambas eran delgadas y rubias, pero una tenía un completo cuerpo curvilíneo, mientras la otra era delgada, el cuerpo larguirucho de una joven. —No sé por qué no pudiste enviar el fax aquí, Sharon. Ella me dijo que los enviara. —dijo la delgada muchacha y Jackie comprendió que ella debía ser la asistente de producción, Lily. Querido Dios, la muchacha no parecía lo suficiente mayor como para no estar en la secundaria.


—Porque si le enviabas el fax, no hubiéramos tenido una excusa para venir y ver a esta Jackie en persona. — le dijo Sharon dirigiéndose a Lily. — ¿A quién le importa?— Lily rió. —Yo no quiero conocerla. — —Bien, a mí sí. — contrarrestó Sharon. —Como secretaria de Vincent, debo mantenerme al tanto de estas cosas. Además, si realmente no te importa y no querías conocerla, ¿por qué no me diste los papeles para traerlos yo? —señaló, y Jackie se encontró a sí misma examinándose de la cabeza a los pies. Sharon parecía estar a finales de los veinte y principio de los treinta. Ella era hermosa y vestía un vestido corto, de falda negra y blusa blanca. —Únicamente los envío por ella. Si ellos vienen, me aseguraré de que lo hagan. — Lily dijo gravemente. En contraste con la otra mujer, Lily usaba mahones y una camiseta de Planet Hollywood. Una Asistente de Producción elegante, supuso Jackie. La pareja pasó, tan ocupadas en la charla que ninguna notó las puertas francesas abiertas, o a Jackie de pie detrás de la puerta cerrada. Alejándose del lugar, se movió hacia la sala y abrió la puerta del frente justo cuando Sharon pulsaba el timbre. Ambas mujeres, calmadas y boquiabiertas, estaban tan soprendidas que no sabían qué decir en primer lugar. —Sharon y Lily. — El saludo de Jackie sólo pareció sorprenderlas aún más. Las dos mujeres se miraron entre sí, luego la miraron en silencio. Jackie de repente sintió un roce en el borde de su mente. Inmediatamente en alerta, proyectó un muro en su mente y comenzó un silencioso recitar —pequeño Jack Horner. — Ella observó más cerca a las mujeres. Lily tenía hermosos ojos avellanos. Por lo tanto no era un vampiro. Todo inmortal tenía un brillo metálico en sus ojos, plata o bronce. Tenía algo que ver con el incremento de la visión nocturna y ésa era su característica más elocuente. Su mirada se deslizó por Sharon y los ojos de Jackie se angostaron. La secretaria tenía plateados ojos verdes, definitivamente era un vampiro…y, presuntamente, la que trataba de adentrarse en sus pensamientos. Continuando con su silenciosa recitación, Jackie extendió su mano hacia Lily sonriendo cuando dijo, — ¿Ésta puede ser la lista de los empleados por la que te llamé?— Lily asintió. —Lily tuvo que esperarme en la oficina mientras buscaba donde estaban archivados, — Sharon excusó su tardanza. —Y ella no sabe conducir, así que la traje. — —Hmm. — A pesar de escuchar las razones de que estuvieran aquí, Jackie no hizo comentarios. Simplemente esperó pacientemente con su mano extendida por los papeles que Lily sostenía. —No sabía que Vincent había contratado un P.A. — dijo Sharon cuando el silencio se extendió. —Ni yo hasta que me contrató. — dijo Jackie placenteramente.


Sharon frunció el ceño. —Usualmente me hace llamar a agencias para que envíen personal cuando quiere contratar a alguien. Así es como contrató a Lily y Meredith y a cada uno que ha contratado. — —Qué interesante. — dijo Jackie suavemente, pero apretó sus dientes a medida que continuaba con los roces al borde de sus pensamientos. Estaba comenzando a encontrar irritante la insistencia de la mujer. No encontrando satisfacción en esta línea de preguntas, Sharon intentó con una nueva. —No sé por qué Vincent quería la lista de empleados. Pensé que la obra había terminado para bien. ¿Está pensando en comenzar de nuevo?— —No tengo idea. — Jackie mintió con facilidad. —Pero no es mi trabajo preguntar. Sólo hago lo que me dice. — añadió ella cuidadosamente, luego miró hacia la joven muchacha. — ¿Puedo tener las listas, Lily?— —Oh, sí. Lo siento. — Lily se las entregó y luego miró a Sharon. Jackie tuvo la sensación de que la chica estaba solicitando silenciosamente marcharse. Si era así, la respuesta de Sharon fue un no rotundo cuando se giró y dijo, —Bien, Meredith. Meredith en contabilidad, ella maneja la nómina. —explicó. Ella no había escuchado sobre usted. — —Estoy segura de que el Sr. Argeneau se encargará, eventualmente, de eso. — dijo Jackie calmadamente, pero se hizo una nota a sí misma sobre esos deslices. —Cubro sólo los trabajos que son creíbles. —Bien, debe asegurarse de que él se fije si quiere un cheque el día de pagos. — Sharon estaba convirtiéndose en una mujer importuna. Estaba curiosa y determinada a satisfacer esa curiosidad. —Haré una nota para mencionárselo a él. — murmuró Jackie. — ¿Harás una nota sobre qué?— preguntó repentinamente Vincent detrás de ella, y Jackie casi saltó fuera de su piel, sorpendida. Volviéndose y haciendo una mueca le dijo: —Sharon sólo estaba informándome de que aún no me has incluido en nómina. — Vincent amplió sus ojos y luego forzó una sonrisa. —Eso es porque se te pagara fuera de la cuenta de la familia. Como a Tiny. — — ¿Quién es Tiny?— preguntó curiosamente Sharon. —Mi nueva ama de llaves. — contestó Vincent. Las cejas de Jackie se elevaron y ella notó que había dejado de lado la parte del título de cocinero. Ignorando su mirada, Vincent dijo, —Gracias por los traer los archivos, señoras.


Él, aparentemente, había decidido hacerlas volver sobre su camino, pero Jackie necesitaba saber una cosa más. — ¿Hizo alguien sonar el timbre de la puerta? No escuché el timbre. — —Tengo un control. — anunció Sharon. —Sharon a menudo tiene que traerme cosas y es más fácil que tenga un control. — dijo Vincent ante el silencio que siguió a sus palabras. —Por supuesto. — Jackie sonrió placenteramente. — Si me disculpan.— Dejando a Vincent a cargo de las mujeres, Jackie se alejó hacia las escaleras para buscar a Allen Richmond. Lo encontró en el cuarto de Vincent, supervisando el trabajo que se hacía allí. Mientras esperaba a que terminara de darle instrucciones a uno de los hombres, Jackie deslizó su mirada sobre el cuarto. El día anterior, cuando había subido, había echado un rápido vistazo, ahora miraba más atenta alrededor. Vincent Argeneau tenía un gusto por lo decadente. El cuarto era enorme y estaba decorado en bronce con profundos rojos. Allí había un gran sistema de entretenimiento con una enorme televisión y su buen equipo de estéreo, pero la cama tamaño King era el eje central. Era un océano de sabanas rojas que brillaban por sí mismas, sugiriendo alguna mezcla de satén. Quizás satén. — ¿Srta. Morrisey? ¿Puedo ayudarle?— Jackie dejó de examinar el cuarto de Vincent y volvió su mirada hacía Allen Richmond cuando éste se acercaba. Se irguió. — ¿Cuando fijó la puerta, usted no cambió el código, no?— —No. Usted no lo solicito. — Jackie asintió. — ¿Puede cambiarlos?— Él subió sus cejas con sorpresa. — Sí. ¿Hay algún problema?— —Me temo que alguien tiene un control que no debería. — le explicó Jackie. —Puede que sea más económico pedir un nuevo control y sólo cambiar el código. — le señaló Allen. —Sabía que estarías aquí. — dijo secamente Vincent cuando entró en el cuarto. —No hay necesidad de cambiar el código ni el sensor de la puerta. — — ¿Puedo obtenerlo de vuelta?— preguntó Jackie, volviéndose hacia él. —Yo podría. — dijo él suavemente. Obviamente no le satisfacía la idea. — ¿Estarías dispuesto?— preguntó Jackie, obteniendo un punto. Cuando Vincent hizo muecas ante la idea, ella asintió y se volvió hacia Allen. —Cambien ambos, el código y el sensor, y consígale uno nuevo a Vincent. —


—Pero Sharon podría ofenderse por ello—— comenzó a protestar Vincent. —Sharon nunca lo sabrá, sólo hasta que intente usar nuevamente el control, y luego simplemente le dices que tuviste que reacondicionar todo el sistema de seguridad y olvidaste decirselo. — dijo ella razonablemente. Suspirando, él asintió hacia Allen Richmond. —Hágalo. — —No hay problema. Todo lo que el cliente quiera. — dijo Allen, divertido, saliendo del cuarto. Jackie se apresuró a seguirlo. Ahora se sentía incomoda estando en el cuarto con Vincent allí. —Tiny y Tía Marguerite regresaron, — le anunció Vincent siguiéndola. —y el café que puse ya debe estar listo. — Jackie recordó que él había ido a buscar algo para tomar antes de que las mujeres llegaran, y supuso entonces que él había estado haciendo café. —Me sorprende que no insistieras en obtener el control de Sharon. —admitió repentinamente Vincent mientras bajaban las escaleras. —Sharon no parece ser la más comprensible de las mujeres. — dijo Jackie suavemente. —Y no hay nada que pueda crear más molestias para una secretaria que un jefe molesto. Lo último que necesitamos es una escena de estragos. Cambiar el sensor y el código es la solución más sencilla para todos. —Buen pensar. — murmuro él. —Sharon puede llegar a ser un poco irritante. — ¿Por qué la mantienes entonces?— Vincent dudó, luego suspiró. —Era la esposa de un amigo. Cuando él murió, se quedó sin nada y tuvo que empezar de nuevo. — Se encogió. —Ella necesitaba trabajo y yo una secretaria. No es posible despedirla. — Jackie miró rápidamente su hermoso rostro y suspiró. El hombre era también malditamente bueno por mitad. Desafortunadamente, lo último que ella quería era que él fuera bueno. Era difícil que no le gustara. Jackie frunció el ceño y recordó a Cassius cuando llegaron al final de las escaleras y se encaminaron hacia la sala. Forzando una sonrisa, empujó la puerta de la cocina encontrándose allí a Tiny y Marguerite. Como había dicho Vincent, habían regresado. Tiny estaba sacando algo del refrigerador para meter en el horno y Marguerite parecía que iba de salida hacia el cuarto, pero se detuvo en cuanto ellos entraron. —Oh, aquí estas. Estaba por ir a buscarte. —


—Estábamos arriba hablando con Allen, — explicó Jackie y luego preguntó — ¿Encontraste algo? — —Nada. — respondió Tiny, enderezándose frente al horno con una mueca. —El cerebro de la mujer estaba como una pizarra vacía. — —En más de una forma. — añadió secamente Marguerite. Jackie sonrió ligeramente. —Bien, a nosotros nos fue un poco mejor. Eliminamos al menos a la mitad de las cartas de la lista de sospechosos, y la asistente trajo la lista de empleados. — — ¿Ella la trajo?— preguntó Tiny con interés. —Sí. La trajo en lugar de enviarla por fax como le pedí. — dijo secamente. —La secretaria de Vincent quería comprobarme. — —No, no quería eso. — contrarrestó Vincent con diversión. —Después de irte, Sharon me explicó que el fax estaba roto. Lily no sabe conducir, así que ella se ofreció a traerla. Es buena en resolver problemas. — — ¿Eso fue lo que te dijo?— preguntó Jackie con sequedad. —Bien. Odio arruinarte la ilusión de una secretaria preocupada, pero las escuché hablar cuando pasaron por la oficina, y claramente escuché a Sharon decirle a Lily la razón de haberlo traído. Y era porque quería comprobarme. — Cuando Vincent la miró sorprendido por esa información, Jackie comentó, — Estoy sorprendida de que te mintiera, cuando tú puedes leer su mente y saber si está mintiendo. — —Te lo dije, sólo podemos leer a otro inmortal si no tienen protegidos sus pensamientos. — murmuró Vincent con tristeza. —Y de todos modos no voy alrededor de mis empleados leyéndolos. No leo a nadie. Es grosero e intruso. —Vincent aún es joven, — dijo Marguerite casi defensivamente. —Después de otro par de años, le será más fácil usar sus habilidades. Leer mentes a través de pequeños retazos causa malos entendidos. — Jackie se mordió el labio al comprender que Marguerite estaba pensando que era grosero leer las mentes, aun abogando por la lectura de Vincent en la mente de Sharon, como cuando Marguerite estaba leyendo a la actriz. Parecía que ella tenía algunas reglas establecidas. —Esta secretaria, Sharon, ¿es una inmortal?— preguntó Tiny con curiosidad. —Si. —dijo Jackie, feliz por la distracción, y luego añadió, —Y una barracuda. —No, no es así. — dijo Vincent con sorpresa. —Ella es fina. — —Ella es insistente, entrometida y grosera, — dijo Jackie irritada. Doble estándar o no, si Sharon había tratado de leer su mente más de una vez, había fallado.


Vincent estaba frunciendo el ceño. —Esto no suena como la Sharon que conozco. — —Esto es Hollywood. Todos son actores aquí. — dijo Jackie con un ademán. El comentario tanto para ella como para él. Era un recordatorio. Tenía que dejar de pensar en que Vincent era bueno. Él era un inmortal de nacimiento como Cassius, y un actor de carrera. No debía olvidar ese hecho. Pero ningún detalle cambia el hecho de que él es agradable por naturaleza. Vincent es un buen hombre. Jackie miró bruscamente hacia Marguerite cuando aquellas palabras navegaron a través de su mente. La mujer había proyectado sus pensamientos. Había leído su mente y silenciosamente había enviado una respuesta, así el hombre no podría escucharla. Jackie quería estar enojada, pero al instante tuvo miedo. Marguerite parecía estar animándola con Vincent y lo último que ella necesitaba era aliento.Ya tenía problemas luchando contra la forma de ser de él. ¿Por qué luchar contra ello entonces? Jackie apretó sus dientes cuando la pregunta flotó a través de su cabeza. — ¿Cómo era la asistente de producción?— preguntó Tiny repentinamente y Jackie se volvió hacia él, aliviada por ocupar su mente en algo más que las palabras de Marguerite. —Lily parecía del todo bien. — dijo ella. —Es joven, parece una adolescente. —Lily es más vieja de lo que parece. — dijo Vincent. —Eso es bueno saberlo, porque parece de doce. Sabe sobre las leyes de nuestros hijos, ¿no? —Lily está sobre los dieciocho, apenas una niña. — le aseguró Vincent, sonaba molesto. —Él — murmuró Jackie dudosamente. —no puede esperar resolver esto con el resto del personal. — ¿El resto de ellos?— Vincent parecía asustado. — ¿Por qué necesitas conocer a mi personal? —Cualquiera en tu compañía pudo haber tenido acceso a la lista. — le señaló Jackie, gesticulando hacia los papeles que le dio Lily y que aún tenía. — ¿Entonces? —Entonces, significa que alguien en tu compañía pudo haber averiguado quién estuvo en Nueva York. Los hace sospechosos. —Mi personal no pudo. —Vincent. — ella lo interrumpió pacientemente. —Alguien lo suficientemente enojado como para causarte problemas. Parece que están tratando de arruinarte. Él no parecía feliz, pero dijo, —Sí, pero nunca he lastimado a nadie deliberadamente en mi vida.


—Tienes sobre cuatrocientos años, es posible que hallas rechazado a alguien, o roto el corazón de alguien de tu personal hace doscientos o trescientos años y no lo recuerdes. — Creo que esto no se trata sobre rechazar a alguien hace doscientos o trescientos años. —dijo tiesamente. —Nunca le he roto el corazón a nadie. No pude estar en ello — ¿Entonces de qué se trata?— preguntó Jackie afiladamente. Vincent sacudió su rostro con la frustración fijada en él. —No lo sé. —Entonces, es algo que habrás olvidado porque es insignificante para ti. — dijo ella críticamente. Su boca se frunció. —No soy un asno, Jackie. Yo no olvidaría algo que hubiera hecho tanto daño a alguien como para hacer esto. Jackie se encogió. —Asno. Inmortal. Cualquier cosa. — ¡La cena está lista!— Tiny caminó a través de su resplandor y colocó un servicio de pollo sobre la mesa. Jackie parpadeó ante la comida. — ¿Cuándo tienes tiempo para cocinar? —No estaba en nuestro candelario, así que cociné esta mañana mientras el chile estaba cocinándose. Lo puse a calentar cuando caminamos. —le explicó y luego añadió firmemente, — Está caliente. Come. Jackie mordió su labio cuando asintió ante su severa expresión. Tiny obviamente sentía que se estaba sobrepasando y siendo ruda. Él quería que tomara una pieza de pollo en su boca y se callara. Consciente de haber sido grosera con la pasada grieta sobre los inmortales y los asnos, Jackie suspiró y se sentó en una silla a la mesa, mientras su mente buscaba las palabras adecuadas para disculparse sin hacer gran cosa de ello. Nunca tuvo la oportunidad. Mientras la nariz de Vincent temblaba por el delicioso aroma de la carne asada, dijo, —Gracias, Tiny. Se ve delicioso. Sin embargo, no tengo hambre. Tiny suspiró cuando el vampiro salió del cuarto, luego se volvió hacia Jackie. —Él no es Cassius. Ella retrocedió de golpe ante la sorpresa. — ¿Cómo...? Tú... —Tu padre me habló de Cassius durante el último año que estuvo enfermo. — admitió Tiny calladamente. —Temía que el prejuicio que sentías por los inmortales pudiera algún día causarte problemas, que podía ser que juzgaras mal un caso, o algo similar. Pensó que si sabía sobre ello, podría ayudar en lo que está pasando.


—Ya veo. — dijo Jackie con dificultad, sus emociones eran un caos. Estaba enojada con su padre por decirselo a Tiny, al igual que avergonzada de que su amigo supiera que había sido controlada y usada por Cassius. — ¿Dices que mi experiencia pasada está haciendo que juzgue mal el caso? No creo que un vampiro saboteara a Vincent. —Oh, pienso que tienes razón sobre que el saboteador no es un inmortal, — le aseguró. — ¿Entonces qué? —Pero creo que estás juzgando mal a Vincent, — añadió enfatizando. —Ese cabrón hijo de perra. —dijo Tiny sin rodeos. —Y esto no es como tú. Aún cuando absolutamente detestes a alguien, eres fríamente cortes y profesional. Pero tú no estás con Vincent. Creo que es porque te sientes atraída por él y te asusta por tu experiencia con Cassius. Y creo que estás siendo desagradable en un esfuerzo por mantener distancia. Jackie lo miró, sintiéndose vulnerable y expuesta. Antes de poder decir algo, captó, por el rabillo del ojo, un movimiento que llamó su atención, para ver la puerta cerrándose detrás de Marguerite. Jackie gruñó internamente al comprender que la mujer había escuchado todo y, probablemente, también había leído el resto de sus pensamientos. Ella no los había mantenido protegidos exactamente. Éste no era su día y ahora deseaba nunca haber tenido este caso. De una forma u otra, Jackie estaba segura de que terminaría herida. —Me temo que no tengo hambre, Tiny, — dijo Jackie perezosamente—Creo que me ducharé y me pondré algo más cómodo, luego trabajaré un poco. Tiny suspiró observando la comida que había preparado, pero no dijo nada para disuadirla de que no saliera de la cocina. Vincent estaba andando a lo largo de la sala y su mente era un alboroto cuando se encontró a Marguerite. Ella, con su mirada fría, le preguntó — ¿Aún no has intentado leer a Jackie? Vincent descartó la pregunta con irritación. —No. Como dije en la cocina, no me gusta leer los pensamientos de las personas. —Bien, tendrás que superar tu resistencia y leer a Jackie. — dijo Marguerite firmemente. —Hay algo en su pasado que hace que desconfie de los inmortales y pienso que ayudará que tú lo sepas. Vincent se sintió frustrado. — ¿Ella no confía en nosotros? —Ella no confiaba en ningún inmortal con sangre en las venas. — dijo Marguerite calladamente. — Quizás con excepción de Bastien e incluso hasta la fecha confía.


Vincent frunció el ceño. — ¿Por qué? —Trata de leer su mente y averígualo. — sugirió Marguerite. —Si no, tendrás que leer a Tiny. — ¿Tratar de leer su mente?—preguntó y luego sus ojos se ampliaron cuando Vincent le recordó a Bastien diciendo que Marguerite había venido a él porque ella pensaba que estaba solo y que necesitaba que le animaran, e incluso consideró la situación. —Oh, no, — dijo él lamentablemente. —No, no, no, no. No iras allá. — ¿Ir a dónde?—preguntó ella inocentemente. —No comenzarás el juego de casamentera. Trataré de leer a Jackie, ni siquiera lo he intentado. Ella no es mi compañera de vida. —No lo sé, Vincent. La he visto en cuatro ocasiones en este par de años. Hay cierta química entre los compañeros de vida y vosotros dos parecéis tenerla. —Tía Marguerite. — dijo él con la advertencia pintando su voz. —Así, demuéstrame que estoy equivocada. Intenta leerla. — le desafió ella. La mente de Vincent corría. Una parte de él estaba entusiasmada con la idea de que Jackie fuera su compañera de vida. La otra parte estaba absolutamente horrorizada. Había vivido por más de cuatrocientos años. Y cuatrocientos años era mucho tiempo vagando por la tierra buscando a su compañera, y eso era lo que había estado haciendo. Vincent deseaba una compañera de vida. Quería compartir sus esperanzas y sueños e incluso sus dolores con alguien. Sus padres habían tenido mucho amor, apoyo y cuidado. Ellos habían sido unos verdaderos compañeros de vida, unidos e inseparables hasta la muerte de su madre. Quería eso. Quería que alguien riera y llorara con él y esperara la oscuridad de la noche y la luz del día. Ésa era la razón de haber viajado hasta ahora y durante toda su vida. Había estado buscando su compañera de vida. Durante sus primeros trescientos años, Vincent había ganado una reputación con las mujeres porque había tratado de conseguir tantas como pudiera. No fue hasta los últimos cincuenta años, más o menos, que se había cansado de cazar y había empezado a pensar que nunca podría encontrarla. No todos los inmortales lo hacían. Ahora, su tía estaba manteniendo la esperanza y él estaba asustado. Curiosamente, no era sólo que pudiera leer la mente de Jackie, lo que significaría que ella no era su compañera de vida, pero también temía no poder leerla, lo que sería una segura señal de ella era su compañera de vida. A Vincent le gustaba Jackie, la encontraba inteligente, graciosa y sexy e incluso fuerte y ligeramente dura. Su madre había sido una mujer fuerte y quería ese tipo de mujer para él. Pero...


—Trata de leerla, — dijo Marguerite calladamente. —Si puedes leerla, no habrá nada de qué preocuparse o por lo qué sentir miedo. Si no puedes…—Ella se encogió de hombros. —Entonces comenzarás a considerar las posibilidades. Vincent asintió lentamente, luego se encaminó hacia la cocina. Él trataría de leer a Jackie. Si podía, nada cambiaría. Si no podía…Todo lo haría.

Capítulo 6 HYPERLINK \l "inicio" Índice Vincent estaba decepcionado cuando volvió a la cocina para encontrar que Jackie ya se había marchado. Su decepción fue equilibrada por el alivio, pese a todo. Tenía poco tiempo para adaptarse a la posibilidad de que ella podría ser su compañera. Era el tiempo que él podría usar. — Ah, ¡eh!, — Tinny rió y se puso a sus pies cuando él entró. — Si tienes hambre, ha quedado mucho pollo .— Vincent abrió su boca para decir — no gracias, — pero entonces se corrigió. En realidad, estaba hambriento. Él no había sentido hambre por algo más que sangre durante mucho tiempo, pero ahora estaba experimentando un tormento de hambre real ante el pensamiento del olor del delicioso pollo que Tinny había traído antes. Leyendo correctamente la expresión de Vincent, Tinny se dirigió al refrigerador para sacar el pollo.


— Gracias, Tinny, — murmuró Vincent mientras Tinny llenaba un plato con el pollo y luego añadió alguna ensalada. Tomando el plato de él, se dirigió hacia la mesa y se colocó frente a Tinny, y comenzó a comer. Vincent dio un mordisco al primer pedazo de pollo y suspiró cuando el robusto sabor golpeó su lengua. —Mmmm. Si alguna vez decide dejar las investigaciones para comenzar su propio restaurante, avísame y lo financiaré .— Tinny simplemente se rió ante el elogio mientras comía su propia comida. Los dos comieron en silencio un ratito, entonces Vincent dijo: — Así que, sí yo te preguntara ¿cuál es el problema de Jackie con los inmortales?, supongo que no me lo dirías— Tinny estuvo silencioso por un tiempo, Vincent había comenzado a pensar que él no contestaría, entonces preguntó: —¿Qué piensas de Jackie hasta ahora?— Vincent consideró la pregunta antes de admitirlo, — Creo que ella es hermosa, inteligente e interesante. Parece resistente como uñas, pero sospecho que no es tan dura como aparenta.— Vaciló, discutiendo si revelar que Marguerite creía que Jackie podría ser su compañera de vida, pero al final solamente dijo: — Y por primera vez en muchísimo tiempo he encontrado a una mujer que me gustaría llegar a conocer mejor.— Tinny cabeceó, pero permaneció callado por un momento. Terminó su comida antes de finalizar el refrán, — ella es hermosa, inteligente, e interesante. Y no es tan dura como hace creer a cada uno de nosotros. Desde luego, hay una razón para su difícil actitud, pero yo posiblemente no podría decírselo. Esto sería traicionar a un amigo, y yo no podía traicionarla como aquel ... incluso aunque fuera por su propio bien.— Desilusionado, Vincet estaba por reclamarle a Tinny, cuando éste agregó: — Me gustas. Creo que eres un buen hombre. Creo que eres el tipo de hombre que podría hacer feliz a Jackie.—


Vincent levantó sus cejas, pero permaneció callado a la espera. Su paciencia fue recompensada cuando Tinny añadió: — Cuando encontramos a los primeros inmortales, Jackie y yo estabamos siempre en guardia ante la posibilidad que ellos tratarán de leer nuestras mentes. Jackie está así debido a una experiencia que yo posiblemente no podría divulgar sin traicionar su confianza., sin embargo, tiendo a relajar mi guardia si viniera como ... inmortal como lo hago contigo.— Vincent parpadeó, preguntándose si Tinny le sugería lo que creía que él estaba pensando. — Desde luego, sí tu leyeras mis pensamientos y supieras cosas sobre Jackie así, yo no traicionaría nuestra amistad, — dijo suavemente. — sin embargo, sí tu hicieras esto, esperaría que nunca jamás admitirías tal cosa, porque entonces yo debería sentirme mal sobre reservarme apropiadamente mis pensamientos.— Vincent sintió una risa tirar en sus labios ante la inteligencia del hombre. — Ahora, siénte allí y come silenciosamente. Pasaré unos momentos considerando la difícil razón que tiene Jackie — para los inmortales cuan triste es que ella lo haga.— Vincent impidió reírse él mismo, mordiendo un pedazo fresco de pollo. Mientras masticaba, limpió su mente y comenzó a sondar en los pensamientos que Tinny le ofrecía. — Me sorprende que no le haya hecho instalar una pared más alta a Allen Richmond y hacerle pasar el cable eléctrico a lo largo sobre la cima, — le tomó el pelo Tinny, mientras caminaban a través del perímetro del patio, siguiendo la alta pared de ladrillo que recorría la propiedad de Vincent. Jackie rió, pero seriamente consideró la posibilidad. Esto no sería una mala idea ahora que ellos sabían que el saboteador definitivamente había girado su atención hacia Vincent. Frunció sus labios mientras pensaba en la carta que había llegado hoy. Jackie la había encontrado cuando volvía de tomar una ducha y cambiarse. Había descubierto el pequeño montón de correo fresco sobre la mesa de pasillo cuando pasaba. Entendiendo que Tinny y Marguerite debían haber recogido el correo al regresar, había tomado el pequeño montón y hojeado los sobres mientras se dirigía a la oficina. Había dos resúmenes bancarios, un resumen de cuenta de la tarjeta de crédito, la factura de la electricidad y una nueva carta de la que sospechaba, era del saboteador. Jackie se había puesto rígida cuando vio la dirección del remitente. Era la misma dirección de entrega. Rápidamente la había abierto y leyó:

¿Listos para jugar?


De pronto el pelo al dorso de su cuello se le había puesto de punta al final y la adrenalina se había disparado por ella como una fría bala. Agarrando la nota, Jackie había dado vuelta hacia la puerta y se había apresurado a la cocina, sólo para encontrar a Tinny allí solo. Vincent y Marguerite se habían marchado diez minutos antes para dar una vuelta por los clubes. Jackie había pasado un buen rato hablando de las implicaciones de esta carta con Tinny. Esto era un cambio de estrategia. Las cartas anteriores habían sido datadas todas el día siguiente en que ocurriera cada acontecimiento , provocando a Vincent después de cada acontecimiento. Éste parecía implicar una amenaza de algo por venir. Esto tenía a Jackie preocupada y sabía que Tinny estaba preocupado también, pero no sabían sobre qué deberían estar preocupados. No tenían ni idea de cuales eran los proyectos del saboteador. Después de discutirlo por un rato, Tinny había sugerido caminar alrededor del perímetro de la casa de Vincent. Jackie sabía que esto era solamente una excusa para desahogarse un poco de la tensión y la ansiedad que había causado la carta en ambos. Realmente no esperó encontrar algo de interés pero siguieron la alta pared de ladrillo que recorría la propiedad de Vincent. —Dudo que una valla más alta o el cable eléctrico fuera mucho mejor, — dijo ella ahora. – Los inmortales puede saltar más alto que nosotros, ¿pero quién sabe cuanto más alto? – —Hmm.— Tinny miró la pared con consideración. — y sin duda ellos pueden subir árboles también. Hay muchos de aquellos a ambos lados de la pared.— Jackie cabeceó. — La verdadera seguridad está en las cámaras con sensor de movimiento y las alarmas sobre la casa en sí mismas. Espero que esa ayuden. —Dijo Tinny gruñendo y se callaron. Cuando él habló otra vez, cambió de tema. — Marguerite es una mujer interesante. Ella se preocupa mucho por Vincent – —¿Eh?— — Ella parece pensar que él está solo, — añadió Tinny y Jackie le echó un vistazo con un principio de sorpresa. — ¿Solo? – —

Sí. Marguerite piensa que él está perdiento el interés a la vida. Interpreta

cada vez menos papeles y piensa que él pasa más tiempo en casa. Marguerite dice que ella piensa que no ha estado alimentándose bastante tampoco, que había notado que él había perdido peso desde que ella lo vio en Nueva York.—


Jackie había pasado bastante tiempo alrededor de inmortales para saber que el aburrimiento era su peor enemigo. Cuando ellos perdían la pasión por comer y se alimentaban menos se recluían, esto podría conducir a la indiferencia y la depresión, el comportamiento entonces era autodestructivo. No le gustó la idea que Vincent podría hundirse en la depresión. Sus pensamientos se dispersaron cuando Tinny de pronto tomó su brazo para girarla a la izquierda. Jackie echó un vistazo alrededor para encontrar que ellos habían alcanzado la puerta en el camino de entrada y él la impulsaba hacia la casa. Las luces sobre la planta baja brillaban intensamente, pero Vincent y Marguerite aún no había vuelto. Jackie no estaba contenta de que él estuviera lejos de la seguridad de la casa en este momento, sentía que iban a comenzar a suceder cosas muy pronto. — Tienes el sentimiento de hinky, — Diminuto comentado. Jackie rió apenas por el término que ellos habían acuñado cuando sentían que algo estaba a punto de pasar. — Se nota , ¿no es verdad? – — Estás a punto de salirte de tu propia piel a causa de la tensión. Esto es por lo general es un signo bueno de que tienes esto hinky feeling.— Ella cabeceó y soltó su aliento en un suspiro.— —

Lo hago y el paseo no me ha ayudado a aliviarlo mucho.—

— ¿Por qué no vas a nadar? – sugirió Tinny. — Podría hacerlo..., — murmuró Jackie. — ¿En la piscina o en el mar? — preguntó él . Aún cuando la casa estaba sobre la costa del océano principal, había también una piscina exterior con agua caliente. Exceso en Hollywood. — La piscina , — decidió. Exceso o no, Jackie había visto Tiburón por televisión en una edad impresionable. No sería capaz de relajarse en el océano si ella buscara en el horizonte aletas de tiburón y saltara cada vez que un pescado se frotara contra ella. —

¡Si nadas en la piscina, me uniré a ti!.—

— ¿Vistes Tiburón cuando eras un niño también, huh? — preguntó Jackie con entretenimiento. — Ah sí. No me sumergí hasta el fondo en la piscina local durante una semana después de eso.—


Rieron juntos en silencio mientras entraban en la casa, luego se separaron para ir a sus cuartos a cambiarse, estando de acuerdo en encontrarse en la piscina. Jackie se quitó rápidamente sus ropas y se vistió con su bañador rojo de una sola pieza. Bajó y entró en la cocina para encontrar que había dejado a Tinny rezagado detrás. Haciendo una pausa en el panel de seguridad, Jackie tecleó el código de seguridad para liberar la puerta de la cocina de modo que se abriera sin que sonaran las alarmas. Entonces apretó el paso en el patio sólo para vacilar. El aire era todavía caliente del calor del día, pero la noche era oscura fuera y ella brevemente discutió si habría que encender las luces de la piscina. Al final, Jackie decidió que la luz que brillaba de las ventanas de la cocina iluminaban bastante bien. No era tan brillante como la luz del día, pero la luz era suficiente para que pudieran nadar con la cabeza bajo el agua, lo cual era suficiente para ella. Los azulejos de patio estaban fríos bajo sus pies desnudos. Jackie dejó caer la toalla ,que había traído con ella en una de las sillas de hierro alrededor de la mesa de patio, luego se había atropellado para sentarse sobre el borde de la piscina. Colgó sus pies en el agua y se inclinó atrás para mirar detenidamente encima el cielo estrellado, sus pensamientos vagaban brevemente. Después de un momento, Jackie echó un vistazo con impaciencia hacia la casa, preguntandose que tomaba a Tinny tanto tiempo. Estuvo a punto de ir a buscarlo cuando se abrió la puerta de la cocina y Tinny salió, llevaba puestos unos pantalones de nadar holgados con el gato Sylvester estampado en ellos. Jackie sonrió abiertamente con entretenimiento y sacudió su cabeza. El tamaño del hombre asustaría a la mayoría de la gente tonta, pero no asustaría a nadie si ellos conocieran al verdadero hombre. O quizás sí, Jackie decidió. Tinny tenía tanto coraje como sentido común y era más fuerte que un oso. — ¿Que estás esperando? – preguntó Tinny mientras cruzaba el patio – Te mueres por zambullirte, anda ve – Riendo en silencio suavemente, Jackie se marchó, jadeando cuando el agua la envolvió. Podría estar caluloroso, pero el agua estaba más fría que la temperatura de su cuerpo. Rápidamente se zambulló bajo la superficie mojándose por todas partes y así acelerar el ajuste de su cuerpo a la temperatura. Cuando salió a la superficie otra vez y echó un vistazo alrededor, Tinny estaba en el agua, nadando . Jackie se relajó un ratito, solamente pataleando con sus pies, entonces también comenzó a nadar braceando. Fueron unos buenos veinte minutos más tarde cuando ella notó el movimiento a un lado de la piscina. Parando bruscamente, Jackie miró detenidamente , relajándose cuando vio que era Tinny. Él había salido del agua y ahora se secaba cerca de la piscina. — ¿Te vas? — preguntó Jackie.


— Estoy aquí. Continúa nadando, — le aseguró Tinny mientras se sentaba con la toalla alrededor de sus hombros. Cabeceando, Jackie siguió braceando. Cuando después ella paró, Tinny no estaba ya en la silla y Jackie echó un vistazo alrededor bruscamente para ver donde estaba. Entonces vio una forma moverse hacia ella por el agua y le dio un poco de risa. Un latido del corazón más tarde, su entretenimiento cedió el paso a la confusión y aún al temor cuando comprendió que la figura que se movía por el agua era demasiado pequeña para ser Tinny. Justo entonces, Jackie estuvo a punto de emprender el camino hasta el borde de la piscina, el nadador emergió delante de ella y parpadeó cuando la cabeza y los hombros de Vincent y hicieron estallar el agua a su alrededor. — Estás en casa .— Como saludo dejó bastante que desear, pero fue el primer pensamiento que reventó en la cabeza de Jackie. Vincent rió en silencio ante su sorpresa. —Llegamos a casa hace un par de minutos . Cuando comprendí que estabais aquí fuera nadando, me cambié y vine para unirme a vosotros.— Jackie cabeceó y echó un vistazo hacia la casa. —¿Adónde fue Tinny? – — Fue a secarse y cambiarse, ahora que no te dejaba sola. – — Oh.— Jackie se movió en el agua. Mientras que ella no había estado lista para salir cuando estaba Tinny , ahora que Vincent estaba allí en cambio, todo en lo que ella podría pensar era en escapar. De repente se sintió en peligro , como si ella de pronto hubiera descubierto que nadaba con un tiburón. Jackie se dirigió a la escalera, pero entonces recordó las palabras de Tinny antes, sobre su miedo y que Vincent no era Cassius. A Tinny le gustaba Vincent y Jackie confiaba en el juicio de su compañero de trabajo. Ella decidió sacarlo y tratar de ser agradable a pesar de sus miedos y preocupación. Podría manejar esto, se aseguró , y determinadamente no hizo caso de los mecanismos de defensa que le gritaban que escapara, o insultarlo, o hacer lo que era necesario para conseguir salir de su esfera de influencia. Como sí sintiera su incomodidad, Vincent comenzó a nadar lejos de ella, dándole espacio. Jackie miró, encontrándose admirando su golpe eficiente. — Estoy sorprendido que decidieras nadar en la piscina en vez del océano, — comentó él. La mirada fija de Jackie parpadeó mirándolo, entonces lentamente nadó a un lado mientras decía: — Me gusta que estés aquí en el agua conmigo. –


Vincent rió en silencio suavemente. — Entonces ¿te gusta nadar en el océano de noche? – preguntó ella. — Sí. Raras veces uso la piscina.— Ellos se callaron durante un minuto, entonces él preguntó, — ¿Está frío el mar para nadar durante el día?— Antes de que ella pudiera contestar, dijo,— Supongo que lo es ¿verdad? – — ¿Nunca has nadado durante la luz del día? – preguntó Jackie. — No, nunca, — contestó Vincent . — ¿Es más agradable que nadar de noche?— Jackie frunció el ceño mientras lo consideraba. — No más agradable, solo diferente, — decidió ella . —¿Perdiste la libertad de salir a la luz del sol cuando lo deseas? – —

No se puede perder lo que nunca has conocido, — dijo él simplemente.

Su respuesta la maravilló, no porque Vincent lo hubiera perdido, sino porque no lo había conocido. Ella trató de pensar en las cosas que eran actividades estrictamente de día, pero se encontró con que no le surgía ninguna. Jackie trabajaba de día y no había mucho que ella hiciera en sus días libres que fácilmente pudiera ser hecho de noche. La natación, la pesca, barbacoas ... todos ello podría ser hecho de noche. Suponía que tomar baños de sol leyendo un libro quedaba fuera, pero de cualquier manera los especialistas afirmaban que el sol causaba cáncer en la piel. —¿Cómo es vivir tanto tiempo? – preguntó Jackie de repente. Vincent dejó de nadar y se movió a un lado de la piscina para agarrarse al borde mientras consideraba su pregunta. Después de un momento, él sacudió su cabeza. —Yo no sé que decir. Es todo lo que conozco, no tengo ningún modo de compararlo a una vida corta.— Él echó un vistazo pensativamente a la distancia, y Jackie pensó que sería el final de su respuesta, pero entonces Vincent habló otra vez. — Al principio, fue muy divertido y compadecí a los mortales que veían marchitar su juventud y belleza con cada año que pasaba mientras yo permanecía jóven y saludable.— Cuando él hizo una pausa, Jackie se encontró diciendo: — Aunque debe ser increíble . Viajar por el mundo, viendo épocas diferentes, conocer gente como Shakespeare.— Vincent rió apenas. — Si sólo supieras lo grandes que erán cuando te los encuentras.


Ella levantó sus cejas. — ¿ Qué significa eso? – — Bien, ahora, cuatrocientos años más tarde, Shakespeare es "el bardo", pero en aquel entonces él era solamente otro dramaturgo, uno acertado, pero todavía solamente un dramaturgo. Cuando lo encontré, no tenía ni idea que yo estaba en presencia de alguien que sería históricamente así de importante .— sonrió abiertamente. – si lo hubiera sabido, podría haberlo tratado con más respeto. — Eras un niño cuando lo conociste, — advirtió Jackie. —Era un mocoso inútil, — corrigió Vincent, y sacudió su cabeza. — El archivo que la empresa de mi padre ha compilado sobre tí dice que tu encuentro con Shakespeare te convenció de hacerte un actor.— Había bastantes archivos sobre los inmortales en los gabinetes de la agencia, todos contenían un poco de información compilada a través de los años. Vincent se rió. — Entonces el archivo se equivoca. No fue mi encuentro con él sino la visión de todas las bonitas damas que frecuentaban el teatro y admiraban a los actores. También ayudó en esto que la iglesia se levantara en armas contra los teatros , llamándolos inmorales e indecentes. Esto solamente lo hizo más atractivo.— — La juventud rebelde, — dijo Jackie con entretenimiento. — Quizás, — asintió él . — Pero yo siempre apoyaba al desvalido y sin el apoyo de la realeza y los nobles, el teatro podría haber sido destruído por la iglesia. Vincent apoyó su espalda atrás contra el borde de la piscina y permitió a sus pies que flotaran justo bajo la superficie, pataleando con cuidado los pies en el agua. — El detrás del teatro era especial entonces, tanta energía y excitación.— — ¿Y ahora? – preguntó ella. — ¿Ahora? .—Él frunció el ceño. — Ahora hay mucha fría ambición y búsqueda del dólar todopoderoso. Muy poco parece nuevo y nada más creativo , sobre todo en Hollywood donde — más que crear nuevas escrituras brillantes y shows — solamente repiten viejos éxitos o traen a la pantalla videojuegos. Jackie frunció el ceño. Vincent realmente parecia cansado y cínico y ella se preguntó si los miedos de Marguerite no estaban justificados después de todo. — ¿Si piensas tan poco de Hollywood, por qué vives aquí ? ¿Por qué no vivir más cerca de tu familia? –


He estado preguntándome lo mismo, últimamente, — admitió, luego se rió.

Para decirte la verdad, yo sospecho que he estado rebelándome.—

¿Realmente? – preguntó ella con la sorpresa.

— Bueno, tu sabes, que los padres quieren que sus hijos sigan sus pasos.— —Y los hijos a menudo se rebelan, — dijo Jackie con una risa débil, pero su risa era descolorida cuando ella añadió, — Tu padre es un enforcer para el consejo.— Vincent levantó una ceja y ella sabía que había mostrado un poco de su cólera en su voz. El consejo era el consejo de administración para inmortales, y los enforcers era el equivalente de su policía. Jackie siempre se había sentido resentida de que los inmortales se vieran por encima de las leyes humanas y tuvieran sus propios derechos y vigilantes. Por otra parte, ella sabía que la policía mortal no podía hacer cumplir leyes mortales sobre ellos. La idea era ridícula. Si Vincent, u otro inmortal, fuera parado por exceso de velocidad, todo lo que él tenía que hacer era deslizarse entre los pensamientos del oficial y convencerlo que él no había estado apresurándose, y, de hecho, que el oficial nunca lo había visto. Era bastante lo mismo para cada ley. Habiendo experimentado el tener controlada su mente y que ellos podrían hacerles hacer a los mortales lo contrario. Jackie sabía cuan temerosas eran sus habilidades. Uno de su especie podría matar a otro probablemente en una habitación llena de testigos y hacer que hasta la última persona olvidara lo que había visto. Sus vigilantes eran necesarios. Como su propio juego de leyes, mientras Jackie deseaba que ellos tuvieron que seguir todas las leyes mortales, entendió que los inmortales estuvieran tan diseminados que los vigilantes posiblemente no podrían mantener y hacer cumplir cada ley. Así que, ellos habían decidido las leyes que eran importantes para ellos como la restricción de la sangre empaquetada y no alimentarse de mortales excepto en casos de urgencia y en los casos de cuestiones médicas que requirieran donantes vivos. La mayoría de las leyes restantes parecían ser simplemente una forma de prevención ante la posibilidad de una sobrepoblación en la tierra, restringiéndolos a tener un niño cada cien años y permitir convertir a un solo mortal en toda su vida. Jackie sabía que estas leyes se hacián cumplir con la muerte, y no una muy agradable tampoco. Según los archivos de su padre, el último inmortal en intentar convertir a otro, a demás que al asignado, había sido cazado aquí en California. Había sido estacado fuera bajo el sol todo el día, luego decapitado en la puesta del sol. La decapitación probablemente había sido la acción más amable. Al dejarlo fuera en el sol todo el día, él se deshidrató y entonces sus nanos comenzaron a comer sus órganos en busca de la sangre que necesitaban , lo que fue su verdadero castigo. De acuerdo con Bastien, no había peor tortura para uno de su especie y el hombre debía estar agradecido cuando llegara la decapitación. — ¿Cuantos vigilantes hay?. – Preguntó Jackie de pronto. Este era un tema del que siempre se había sorprendido.


— No estoy seguro – admitió Vincent , él trató de adivinar – Quizás una docena o algo así aquí en Norte America.— — ¿Cuantos de tu gente hay? El sacudió su cabeza — Si te digo la verdad, no estoy seguro sobre eso tampoco. Supongo que serán como quinientos aquí en Norte America.— — ¿Y en Europa?— — Más – dijo él solemnemente. Jackie asintió. Ella sabía que los inmortales Europeos estaban regidos por un concejo diferente al de Norte America y que había habido fricciones entre ambos por siglos. Sucedió cuando uno de los primeros inmortales se mudó a America, escapando de Europa por los cazadores de brujas. El consejo Europeo había sentido que la inmigración sería la respuesta para ellos, pero las familias de los inmigrantes tenían diferentes costumbres y sentían que el consejo Europeo estaba fuera de contacto con sus necesidades. Ellos querían sus propias leyes y policias. De acuerdo con Bastien, la batalla que había sobrevenido de algún modo había sido paralela a la batalla por la independencia, pero a mucha menor escala. Al final el consejo europeo se había lavado las manos de su propia gente en el nuevo mundo. No habían tenido realmente una oportunidad. No estaban en America para imponer su control. Jackie dirigió la conversación para salir del tema de los consejos y preguntó algo que ella había estado queriendo saber desde que llegara a California. — ¿Cuanta sangre nececitas por día? – Vincent vaciló, luego dijo: — Más de tres o cuatro bolsas al día. Algunos días necesito más. Varía. — — ¿Y tú? – preguntó ella — ¿cuantas personas necesitas morder al día? – —

Ahora, solo una o dos al día. –

¿Por qué necesitas menos sangre?

— No es que nececite menos, pero... – se encogió de hombros indiferentemente. – Solo me alimento lo suficiente para mantenerme.— — Lo suficiente para mantenerte, — repitió Jackie, recordándo lo que Tinny le dijo sobre lo que pensaba Marguerite de que vincent había perdido peso desde que ella lo viera en Nueva York. Obviamente, alimentarse – lo suficiente para mantenerse – no era suficiente.


¿Por qué?

Vincent no pretendía no entender lo que ella le estaba preguntando, pero rehuyó su mirada mientras decía, — Comienzo a encontrar el acoso una terrible molestia. – —

¿Una molestia? – preguntó Jackie con interés, seguro esto estaba mal.

— Todo parece ser una molestia estos días, — admitió el con insatisfacción – tienes razón. No comía antes de que tú y Tinny llegaran aquí. Dejé de comer cerca de trescientos años atrás. No debería haberlo hecho, porque me ayudaba a fabricar mi propia sangre y reducir la cantidad de alimento que necesito, pero tener que comer comida tan buena como cazarla se convirtió en una molestia. Alimentarme se volvió aburrido, y no valía la pena el problema.— — ¿Alimentarse se volvió aburrido? – Jackie lo miró con sus ojos desmesuradamente abiertos, seguro que el estaba de broma. Nunca se hubiera imaginado un fastidio como razón para que un vampiro dejara de comer, y tenía dificultad para creerlo. ¿Cómo podría alguien pensar que comer era aburrido?. Vincent se rió entre dientes ante su reacción. —

Sí –

Asi que tu dejaste de comer eventualmente porque ¿te aburrías?.—

El vaciló, luego dijo, — Algunos dejan de comer y algunos no. Mi primo Lucern nació doscientos años antes que yo, durante un tiempo cuando la altura y la fuerza no eran importantes. El era un guerrero, alto y musculoso. Le tomó mucho tiempo mantener su masa muscular. Siempre había comido buen alimento, y cuando se cansó de comer, continuó solo como una necesidad, para mantener su masa muscular. Por otro lado, mi prima Lissianna, como mujer, no tiene tales reparos. Cuando se cansa de comer, simplemente para… aunque ella ha comenzado a comer de nuevo desde que conoció a Gregory. —

¿Y tú no estás preocupado por tu masa muscular? Preguntó Jackie.

Vincent sonrió abiertamente y le ofreció sus brazos. – En la época en que nací, la habilidad era más importante que la fuerza en cualquier combate que emprendiéramos. Nosotros nos enfrentábamos con espadas, o usábamos pistolas . No necesité la misma masa muscular que Lucern necesitaba para manejar su gran espada y nunca he deseado tenerla. Así que cuando crecí y me cansé de comer, simplemente dejé de hacerlo.— Jackie inclinó su cabeza y lo miró. Él lo hizo sonar como que él era un pequeño tipo flaco, pero no lo era. Él no tenía tanto músculo como Schwarzenneger, pero tenía hermosos y anchos hombros y un físico musculoso igualmente. Ella sacudió su cabeza.


— Todavía me resulta difícil creer que puedas encontrar aburrido el alimentarte.— Vincent rió en silencio por su expresión. — Muchas cosas se hacen aburridas después de unos cientos de años.— — ¿Como qué? — Vincent levantó sus cejas. — ¿Qué quieres decir?.— — ¿Qué más se te hace aburrido? ¿Qué más has dejado de hacer porque parece más problema del que vale? – explicó ella. —

El sexo.—

La respuesta la asustó y Jackie sintió su rubor en la oscuridad. —

¿El gato te comió la lengua? – Le tomó el pelo Vincent cuando ella permaneció callada.

— No sé que decir, — admitió ella.— Sospecho que encuentro un tanto sorprendente que el alimento pueda ser aburrido.— — Sí, — suspiró él – Yo también estoy bastante sorprendido. Solía disfrutar mucho el sexo. Yo era muy bueno también.— Jackie realmente no sabía que decir a esto. Vincent lo dijo tan despreocupadamente, el no hecho de jactarse, solo declaró un hecho como alguien más podría decir que eran buenos resolviendo crucigramas. Era difícil de no creerlo de verdad. Por otra parte, ella suponía que todos los hombres pensaban que ellos eran buenos en el sexo, lo fueran o no. Habiéndose cansado de sacudir el agua, Jackie dejó su posición en el centro de la piscina y nadó al borde un poco más abajo de él. Se sostuvo de uno de los bordes mientras él dejaba descansar sus brazos y piernas mientras hablaban. — Suficiente de hablar sobre mí —, dijo Vincent de pronto. — Sé que tu padre comenzó la agencia policíaca. ¿En cuanto a su madre? ¿Qué hizo ella? – — Mamá murió cuando yo tenía cuatro años, — admitió Jackie.—No recuerdo mucho sobre ella. Ella era secretaria en la empresa de mi padre antes y después de que yo naciera.— —Entonces ¿te crió tu padre?.— Cuando ella cabeceó, Vincent preguntó, — Así que ¿eras una chica traviesa o una chica femenina?— Jackie rió por la graciosa pregunta, luego parpadeó con sorpresa cuando el dijo, —

Apuesto a que eras traviesa.—

¿ Por qué? — preguntó con cautela.


Vincent se encogió de hombros. – Eras hija única, criada por tu padre y probablemente impaciente por lograr su atención. Esto por lo general conduce a que la muchacha trate de ser el hijo que él nunca tuvo para ganar su aprobación.— Jackie comprendió con sorpresa que él tenía razón, ella temblaba. De todos modos ella casi rechazó su mano, pero entonces suspiró y le alcanzó su mano. Vincent cogió sus dedos y de pronto ella estaba parada goteando sobre los azulejos mojados del patio. Él la había sacado con una sola mano y sin esfuerzo en absoluto. Casi antes de que hubiera terminado aquella acción, él ya había recogido su toalla y la había puesto alrededor de ella. Jackie no debería haberse sorprendido, pero siempre encontraba alarmante como de fuertes y rápidos eran realmente los inmortales. Ella había decidido hace mucho, que la mayor parte del tiempo estos seres se movían en lo que debe parecer una tarifa inactiva para ellos, probablemente en un esfuerzo para aparecer normales entre los mortales alrededor de ellos. Sus pensamientos sobre su velocidad y fuerza se dispersaron cuando Vincent usó una punta de la toalla que él se había puesto alrededor de ella para barrer las gotas del agua de su cara. Esto comenzó como una acción casi maternal, pero luego sus manos se detuvieron y ella se dio cuenta que sus ojos se habían fijado en su boca y se habían quedado allí. Su expresión calmada, se puso seria. Era una expresión que Jackie no acostumbraba a ver en Vincent Argeneau. Como un uniforme, él generalmente estaba de buen humor y era entretenido, pero ninguna de aquellas máscaras estaba sobre su cara ahora. Su expresión era solemne, sus ojos comenzaban a brillar de plata azul con un hambre que ella no creía que tuviera algo que ver con la sangre. Jackie se encontró conteniendo el aliento. El cuerpo de él estaba a un suspiro del suyo y si ella se inclinara hacia delante sólo un poco, sus pechos barrerían su pecho. La idea le hizo sentir que un temblor de anticipación corría hacia abajo por su espalda y esto le hizo aVincent parpadear y fruncir el ceño. — Vamos, la noche se esta enfriando y tu estás helada.— Vincent liberó su toalla y tomó su brazo para impulsarla hacia la puerta de la cocina. — dentro está caliente.— Jackie cabeceó y caminó delante, diciéndose a ella misma que estaba aliviada de que él no la hubiera besado. En general, este encuentro había sido relativamente indoloro, agradable aún. Ella no había sentido su tentativa de leer sus pensamientos, y él no había tomado el mando para hacerla hacer algo que ella no quería hacer. Quizás ella había permitido que sus viejos miedos la hubieran hecho tratarlo injustamente. Tal vez él era tan agradable como Bastien. Y quizás no todos los inmortales despreciaban a los mortales, pensando que estaban allí para usarse y los hería como lo había hecho Cassius. Fue una admisión enorme esta que hacía Jackie, sacudió las bases del sistema de defensa en el que ella había vivido por años.


Capítulo 7 HYPERLINK \l "inicio" Índice — Cronometraje perfecto— anunció Tiny cuando Jackie y Vincent entraron en la luz y la tibieza de la cocina—. Recién estoy sacando la primera tanda de galletas. Antes de que puedan cambiarse estarán lo suficientemente frías para comer. Jackie sonrío a Tiny y agitó su cabeza mientras sacaba una fuente de galletas fuera del horno. ¡El hombre llevaba joggings color crema y zapatillas granates con un delantal que decía Yo soy el cocinero! El delantal otra vez. Un tipo de dos metros cinco y ciento veintiséis kilos de domesticidad recorriendo la cocina en un mandil rosa y guantes para el horno floreados. Y era su mejor amigo en el mundo entero, se recordó Jackie cuando el olor a galletas con trocitos de chocolate recientemente horneadas le llegaba. —Tiny, vas a hacerme engordar cinco kilos durante este trabajo si sigues cocinando así—se quejó, apretando su toalla más fuertemente a su alrededor. —Es tu culpa—dijo Tiny con un encogimiento de hombros—. Tu presentimiento me puso nervioso y… —La cocina te relaja— terminó Jackie divertida.


—¿Qué presentimiento es ese, querida?— preguntó Marguerite, atrayendo la mirada de Jackie a donde la mujer estaba sentada hojeando una de las revistas femeninas llenas de recetas de Tiny. Sentada en la mesa, era un fuera de combate en el vestido negro pequeño que había llevado para irse con Vincent antes y no parecía tener más de veintinueve o treinta años. “¡Maldita sea!”, pensó Jackie. Realmente ser inmortal tenía algunos beneficios. —Jackie tiene estas premoniciones, a veces—explicó Tiny mientras ponía a enfriar las galletas en un estante—. Una especie de tensión y preocupación justo antes de que algo grande ocurra. Lo tuvo esta noche. —¿Antes de que algo ocurra?—preguntó Marguerite con interés. —Generalmente algo malo—farfulló Tiny mientras usaba una espátula para deslizar las galletas de la bandeja al estante de enfriamiento antes de que empezaran a pegarse. —¿Cuán malo?—preguntó Vincent frunciendo el ceño. Tiny hizo una mueca. —Lo tuvo cuando me dispararon. —¿Dispararon?—preguntó Marguerite con alarma. Tiny asintió con la cabeza. —Estábamos trabajando con Bastien. Sospechaba que alguien estaba robando papeles y muestras de algunas de las medicinas milagrosas en las que sus científicos estaban trabajando. Jackie hizo una mueca cuando recordó la ocasión de la que Tiny estaba hablando. Argeneau Enterprises estaba muy avanzada en investigación médica. Podía ser un campo muy lucrativo, especialmente si ahorrabas costos robando las ideas e investigación de otra persona. Eso había estado ocurriendo en la Argeneau y la agencia Morrisey había sido llamada para investigarlo. Esto había ocurrido al principio de la enfermedad de su padre, cuando había empezado a delegar los casos más importantes en Jackie. Ella y Tiny había llevado adelante el trabajo. —Bien—continuó Tiny—. Lo habíamos reducido a dos sospechosos y estábamos siguiendo a uno de ellos después del trabajo cuando Jackie tuvo su presentimiento funesto. Aparcó en un gran estacionamiento público y partió a pie, aparcamos y lo seguimos. Nos llevó por un callejón y Jackie empezó a ponerse realmente ansiosa, pero el hombre estaba muy delante de nosotros así que estaba seguro que estaríamos bien—agitó su cabeza—. Entonces, de repente, dos tipos saltaron desde atrás los contenedores y nos dispararon.

Tiny frunció el ceño.


—El bastardo sabía que estábamos siguiéndolo y usó su teléfono celular para llamar a sus amigos para tendernos una trampa antes de llevarnos a la playa de estacionamiento. —¿Fuiste gravemente herido?—preguntó Vincent con un gesto fruncido, pero Jackie notó que su mirada se había deslizado a ella en busca de posibles heridas de bala. —Nah, sólo fue una pequeña herida—les aseguró Tiny—. Pero siempre desde entonces, cuando Jackie empieza a tener sus presentimientos, me pongo nervioso. —¿Alguna vez se ha equivocado?— preguntó Marguerite. —Nunca— respondió Tiny seriamente mientras acababa con las galletas horneadas y se movió para empezar a aplastar pequeñas bolas de masa sobre la bandeja ahora vacía. —¡Oh!— Marguerite consideró eso y luego frunció el ceño cuando vio a Jackie temblar—. Te estás poniendo de color azul, hija. Mejor que te apures a ir arriba y te cambies. —Tiene razón—dijo Vincent, exhortándola hacia la puerta—. Ve a cambiarte. Jackie no necesitaba mucha insistencia. Estaba helada y lista para salir de su traje de baño mojado. Lanzando una sonrisa agradecida a la figura de Vincent, salió apresuradamente del salón, y luego empezó a trotar hasta su habitación. Con la idea de galletas recientemente horneadas espoleándola, Jackie hizo verdaderamente un trabajo rápido en cambiarse y pasar un cepillo por su pelo todavía húmedo. Vincent estaba en la oficina cuando bajó. Podía escucharlo hablar por teléfono cuando llegó a la planta baja. A pesar del aliciente de las galletas, se desvió para ver qué estaba ocurriendo. Estaba colgando cuando llegó a la entrada. —Ese era Bastien. Vincent se puso de pie tan rápido que no pudo ver el movimiento. Llevaba vaqueros ajustados y una camiseta sin mangas. Jackie asintió con la cabeza. —¿Todo está bien? —Muy bien. Sólo estaba comprobando cómo estaban yendo las cosas aquí con Tía Marguerite— Vincent caminó alrededor del escritorio, dirigiéndose hacia ella—. Ofrecí llamarla al teléfono, pero justamente estaba dirigiéndose a la cama y me pidió que la saludara por él. Jackie sonrió ante la diversión que podía ver en cara que presuponía que el verso de irse a acostar era solo una excusa del hombre para evitar a su madre. Los comentarios de Bastien con el paso de los años indicaban que Marguerite podía ser un poco entrometida en la vida de sus hijos. Habiendo perdido a su propia madre cuando era joven, a Jackie no le hubiera molestado tenerla


aunque se inmiscuyera un poco, pero supuso que la hierba era siempre más verde en el campo ajeno. Abrió su boca para preguntar si había habido algún mensaje de su firma del que tuviera que estar al tanto, pero se detuvo cuando su mirada se posó en el ordenado escritorio. —¿Qué pasa?—preguntó Vincent, observando su silencio repentino. —¿Cambiaste de lugar los papeles que estaban sobre el escritorio?—preguntó, caminando más allá de él. —No. No había ningún papel sobre el escritorio cuando entré—dijo, siguiéndola. —Estoy segura de haber dejado la lista de empleados en el escritorio esta noche. Planeé trabajar en ellos mañana al alba— Jackie se quedó paralizada otra vez cuando su mirada cayó en los ventanales. Uno no estaba muy bien cerrado. Giró hacia Vincent—. ¿Apagaste la alarma cuando volviste a casa? —No, por supuesto que no—le garantizó, añadido luego—, no estaba conectada. —¿Qué?—preguntó con asombro. —Pensé que tú la habías apagado mientras estabas afuera en la piscina—dijo Vincent frunciendo el ceño. —No. Solamente liberé la puerta de la cocina—Jackie regresó hacia el pasillo para llamar a gritos a Tiny y se adelantó rápidamente para cerrar y trabar las los ventanales. —¿Qué pasa? Tiny entró rápidamente en la habitación con Marguerite sobre sus talones. —Los ventanales estaban abiertos y falta la lista de empleados—dijo Jackie lacónicamente mientras empezaba a registrar el escritorio rápidamente, verificando los cajones para estar segura de que no la hubiera puesto allí sin darse cuenta, verificando el suelo luego en caso de que los papeles simplemente se hubieran caído. Sabía que aunque registrara todo solo estaría perdiendo el tiempo. Jackie recordaba claramente haber dejado los papeles en el centro del escritorio con el propósito de que fueran la primera cosa que viera por la mañana. —¿Por qué la alarma no sonó?—preguntó Tiny con un gesto fruncido, deteniéndose al lado de Vincent sobre el lado opuesto del escritorio. Marguerite se quedó en la puerta, una expresión preocupada sobre su cara. —Eso es lo que quiero saber—Jackie se enderezó tras registrar el piso bajo el escritorio—. Vincent dijo que la alarma estaba desconectada cuando él y Marguerite volvieron. —Imposible—dijo Tiny firmemente—. Lo estaba cuando regresamos de caminar.


—Sí, lo estaba—dijo ella con gravedad—. Y aparentemente uno de nosotros la apagó entre que volvimos y cuando Vincent y Marguerite regresaron. —¿Uno de nosotros?—preguntó Tiny con asombro—. Imposible, ninguno de nosotros la apagaría. —No, siendo nosotros mismos, no—estuvo de acuerdo—. Pero podríamos haber sido controlados y nuestra memoria borrada. Jackie era extremadamente consciente de cómo afectó a todos su comentario. Los tres quedaron callados. Las cejas de Marguerite saltaron con sorpresa, Vincent parecía como si se hubiera convertido en piedra y Tiny sólo se veía incrédulo. Abandonando el intento de encontrar los papeles, recorrió los alrededores del escritorio y los paneles junto a la puerta principal. Tiny la siguió, mirando con atención por sobre su hombro a la alarma. —No, no solo está apagada, el sistema entero está abajo—dijo con consternación. —¿Qué significa eso?—Vincent se unió a ellos frente a los paneles. — Quiere decir que tiene que ser vuelto a conectar—dijo Jackie entre dientes—. Y voy a ponerme a trabajar en ello. Vincent la miró por un minuto y luego miró hacia Marguerite. La mujer lo había seguido, pero permanecía fuera del camino. —Bastien llamó. Dejó saludos. —Gracias—murmuró Marguerite. Terminando con la alarma, Jackie giró para ir a la oficina. —¿Qué estás haciendo ahora?—preguntó Vincent, siguiéndole el paso. —Llamar a la compañía de seguridad. Monitorean las cámaras. Nuestra mejor esperanza es que las cámaras hayan atrapado a nuestro saboteador en película cuando se acercaba a la casa—explicó, recogiendo el teléfono. Jackie colgó con las disculpas del gerente nocturno todavía resonado en sus orejas diez minutos después. —¿Ninguna cinta?—adivinó Vincent con gravedad mientras se sentaba en la silla del escritorio con un suspiro. Él, Tiny y Marguerite habían escuchado el final de la conversación, por supuesto y se las arreglado para captar lo suficiente como para comprender todo eso. —Ninguna cinta— afirmó—. El director piensa que de algún modo se olvidaron poner discos en las máquinas.


Tiny hizo una mueca ante tal posibilidad y preguntó: —¿El saboteador? Jackie asintió con la cabeza. —Estábamos demasiado lentos. Después de salir de aquí, debe haberles hecho una visita, quitado los discos y cualquier copia de la computadora, luego limpiado los recuerdos de los hombres. Todos permanecieron en silencio por un minuto, entonces Jackie se puso de pie. —Esas galletas ya se deben haber enfriado, Tiny. ¿Hay café para acompañarlas? Tiny asintió con la cabeza en silencio, pero luego su cara repentinamente se cubrió de horror. —¡El segundo grupo!—lloriqueó y salió corriendo de la habitación. Jackie, Vincent y Marguerite le siguieron más despacio. Llegaron a la cocina para encontrar a Tiny se deshaciéndose de una bandeja de galletas ennegrecidas en el lavabo y agitando sus manos como guantes de béisbol frente al horno para intentar disipar el humo en el aire. Mientras Marguerite se acercaba rápidamente para calmar al gigante perturbado, Vincent se precipitó a abrir la puerta para dejar salir el humo. Jackie había empezado a seguir a Marguerite al lado de Tiny, pero se quedó paralizada cuando la alarma sonó repentinamente en respuesta a la apertura de la puerta por parte de Vincent. La casa se llenó de un chillido ensordecedor. —Bien, ¡por lo menos sabemos que funciona!—gritó Vincent cuando Jackie giró sobre sus talones para subir rápidamente hacia los paneles de seguridad.

—¿Qué pasa ahora?—preguntó Tiny cuándo todos finalmente se establecieron en la mesa. Jackie, Tiny y Vincent tenían galletas y café. Marguerite había pasado de las galletas y estaba bebiendo sangre en vez de café. Alegaba que la cafeína golpeaba más duro a los inmortales que a los mortales. La advertencia no había disuadido a Vincent. Jackie tomó un sorbo del café, suspirando cuando sus músculos empezaron a relajarse finalmente. Los últimos minutos habían sido un poco estresantes cuando trataba de concentrarse en recordar el código de seguridad con las alarmas resonando en sus orejas y el teléfono que sonaba. Vincent había respondido al teléfono para decirle gritando a la compañía de seguridad que todo estaba bien y darles la palabra clave que probaba que era realmente él y que todo estaba bien, pero Vincent no había sido capaz escucharlos sobre el sonido de la alarma. En cuanto Jackie había conseguido finalmente callar la alarma, había tomado algunos momentos tensos por sus mentes aturdidas para recordar la palabra en clave que Allen Richmond les había dado. Lo habían recordado al mismo momento, Vincent gritándolo en el teléfono incluso mientras Jackie lo decía a su lado.


Aliviado, habían colgado y habían vuelto a poner la alarma otra vez antes de regresar a la cocina donde Tiny había retirado las pruebas de sus galletas quemadas. Había vertido el café y puesto un plato lleno del primer grupo de galletas sobre la mesa. Ahora, estaban sentados alrededor de ella, los cuatro se veían tristes. —Ambos vamos a relatar todo lo que ocurrió después de que regresamos de recorrer el perímetro hasta que encontré a Vincent en la piscina—anunció Jackie. —¿Por qué?—rugió Tiny. —Para ver si nuestros recuerdos corresponden a los eventos—dijo Jackie—. Si uno de nosotros—o ambos—perdimos algún momento en algún sitio, para saber cuánto tiempo le llevó al saboteador hacernos apagar la alarma, coger los papeles y partir. La cabeza de Tiny tembló, obviamente todavía no creía que cualquiera de ellos pudiera haber sido controlado de ese modo. Jackie lo comprendía. Como seres humanos, dependían de sus mentes, contando con sus impresiones y cálculos día tras día. El concepto de la mente que te abandona era difícil de aceptar. —Empezaré—anunció, esperando hacerlo más fácil para él—. Está bien, lo que recuerdo es que estábamos hablando de la película Jaws cuando volvimos. Abrí la puerta y marqué la clave para evitar que la alarma sonara mientras tú cerrabas con llave la puerta. Tiny asintió, pero Jackie sólo continuó repasando los detalles sobre ella cambiándose, etcétera, regresando entonces abajo. Recordó cada minuto que pudo recordar hasta que dejó de nadar para encontrar a Vincent en la piscina. Paró entonces y tomó un sorbo del café, frunciendo concentrándose en los puntos en dónde podría haber tiempo faltante. —Tu memoria parece intacta—comentó Marguerite, pero Jackie agitó su cabeza. —Hay algunos lugares donde mis recuerdos podrían ser falsos—dijo con un suspiro y luego echó un vistazo a Tiny—. Tu turno. —Mis recuerdos son muy parecidos los tuyos—Tiny dijo con un gesto fruncido—. Recuerdo decirte sobre no nadar en la piscina local después de ver Jaws... Jackie frunció el ceño cuando Tiny continuó narrando lo que recordaba. Estaba escuchando atentamente, pero pensando que esto era inútil. Ellos nunca podrían saber cuál de ellos había apagado la alarma y no importaba realmente quién lo había hecho de todos modos. El hecho era que había sido hecho y ahora la lista de empleados no estaba. —Esperad un minuto—dijo repentinamente, deteniendo el recuerdo de Tiny—. Di eso otra vez. Cuando Tiny la miró con aire vacilante, Jackie apuntó. —Tú bajaste...


—Bajé y caminé por la cocina, salí y tú estabas… —Retrocede de nuevo—interrumpió Jackie otra vez—. Quiero que vayas despacio y digas exactamente qué recuerdas. Saliste de tu habitación, cerraste tu puerta y bajaste... —Salí de mi habitación—repitió Tiny despacio—. Cerré mi puerta, giré entonces y me dirigí a las escaleras. Bajé por las escaleras y caminé por la cocina y fuera… —¿Cómo llegaste a la cocina?—preguntó Jackie. Tiny la miró sin comprender. —¿Recuerdas caminar de las escaleras a la puerta de la cocina?—dijo más específicamente—. Siempre pasas por alto eso. El gigante se recostó despacio, un gesto fruncido empezando a jalar su cara. —Recuerdo caminar abajo...—la voz de Tiny perdió intensidad mientras luchaba por recordar el trayecto desde la base de las escaleras a la puerta a la cocina. Después de un momento con las manos apretadas las arrancó pareciendo disgustado, Jackie extendió la mano y cubrió una de las suyas. —Está bien. —No recuerdo caminar de las escaleras a la puertadijo Tiny conmocionado. —Está bien, Tiny—dijo Jackie suavemente. —Lo dejé entrar—dijo el gigante horrorizado por haber perdido por unos minutos todo control sobre sí o sus acciones. Jackie comprendía ese horror. Era lo que había sentido cuando se había dado cuenta de lo que Cassius le había hecho. —No me había dado cuenta de que no mencionó recorrer el camino de las escaleras a la puerta— dijo Vincent con admiración. —No, tampoco lo hice yo—admitió Marguerite. Jackie se encogió de hombros. A pesar de que sus pensamientos habían estado vagando, había estado previendo la caminata mientras Tiny había hablado, reviviéndola tal como la había experimentado. En su mente ella había llegado al fondo de las escaleras y entonces Tiny estaba diciendo que estaba cruzando la cocina. Había sido como una película pasando por alto una escena en su mente. —Lo dejé. Apagué la alarma—Tiny miró a Jackie—. Lo siento, Jackie. No sé… —No hay nada por lo que estar apenado, Tiny— le garantizó suavemente—. Créeme que lo sé— enfatizó la última palabra, su mirada firme sobre la suya, entonces sólo dijo—. Cassius.


Tiny apoyó su espalda en su asiento, asintiendo despacio con la cabeza. Comprendía. Había estado ahí. Suspiró. —Así que, supongo que esto nos dice que el nombre del saboteador debe haber estado entre los empleados de la lista. Jackie permaneció en silencio, sus pensamientos dando vueltas sobre lo que su falta podía representar. —¿No lo hace?—preguntó Tiny cuándo no estuvo de acuerdo inmediatamente. —Puede que sí—reconoció. Vincent frunció el ceño. —El nombre debe estar en la lista. ¿Por qué más la tomaría? —Para enviarnos en esa dirección—murmuró Jackie pensativamente. —¿Qué?—se incorporó Marguerite—. No comprendo. —La lista pude ser reemplazada fácilmente—apuntó—. Sólo tenemos que pedirle a Lily que nos envíe por fax otra copia por la mañana. Así que, si el saboteador tomara la lista porque su nombre estaba en ella, es un desperdicio del tiempo y apenas disminuye nuestra velocidad. Pero hay otro asunto aquí. —¿Qué asunto?—preguntó Vincent. —¿Cómo sabía que la lista estaba aquí?—preguntó Jackie. Tiny se enderezó en su asiento. —Es alguien en la oficina. —¿Qué?—Vincent frunció el ceño. —Hay solamente dos posibilidades aquí— señaló—. Las únicas personas que podían saber posiblemente que Sharon y Lily trajeron la lista de empleados hoy son el personal de tu oficina. El saboteador es alguien de tu oficina, o el saboteador entró por la fuerza por otra razón y sólo vio accidentalmente la lista de empleados allí con su nombre sobre ella y aprovechó la oportunidad de robarla. Jackie frunció sus labios, entonces dijo: —La segunda alternativa es posible, pero dudosa. Pone mucha oportunidad y suerte sobre la cabeza del saboteador.


—Supongo que esto quiere decir que debemos pasar por la casa y se asegurar que nada más falte, o haya sido revisado—indicó Tiny de mala gana. —Sí—coincidió Jackie con un suspiro, su mirada deslizándose al reloj sobre la pared. Era casi la una de la mañana. Antes de que terminaran de registrar la casa... No quería especular siquiera respecto a cuán tarde sería. —Registraré la casa—dijo Vincent, habiendo captado su mirada en el reloj—. Tú y Tiny sólo verifiquen sus habitaciones y luego acuéstense. Verificaré el resto. Soy probablemente el único aquí que sabe qué pertenece a cada lugar de todos modos. —Vincent tiene razón—estuvo de acuerdo Marguerite—. Ya es tarde para ustedes. Yo puedo ayudarlo a verificar la casa. Cuando Jackie vaciló, Vincent le aseguró: —Te despertaré si encontramos algo extraño. Jackie parecía que estaba eludiendo una responsabilidad, pero asintió con la cabeza y se puso de pie. —Entonces iré a verificar mi habitación y a acostarme. Tiny vaciló y luego también se puso de pie. —Entonces supongo que yo también. Murmurando buenas noches, los dos salieron de la cocina y se dirigieron arriba. —¿Jackie?—dijo Tiny mientras caminaban a la planta alta. —¿Hmmm?—preguntó. —Lo siento. —Ya te lo dije, no es tu culpa, Tiny—dijo firmemente—. Lo sé. He estado ahí. Cassius me controló del mismo modo. —Lo sé. Y no estoy arrepentido de apagar la alarma. Bien, sí lo estoy—se corrigió a sí mismo—. Pero cuando dije lo siento no era por eso. Lamento lo que dije más temprano hoy, sobre Cassius y Vincent y esas cosas. No me daba cuenta de cómo debió ser para ti. He pensado muchas veces en eso con el paso de los años, tú no podías controlarlo y tampoco podías dejar que Cassius te derrotara por eso. No comprendí cómo el hecho de no tener el control podía ser lo más dañino de todo. La forma en que tu propia mente te traiciona. Cómo te abandona. Algo puede haber pasado entre mi recuerdo de bajar la escalera y cruzar la cocina. No sé siquiera cuánto tiempo falta. Realmente es algo que me aterra.


Jackie permanecía en silencio cuando terminaron de subir las escaleras, sólo le respondió cuando alcanzaban el descanso superior. —Sí, es aterrador. Pero no estabas equivocado cuando dijiste lo que dijiste hoy. Estaba juzgando a cada inmortal por Cassius y eso está mal. Me hiciste un favor hoy dándome una reprimenda. Vincent no es Cassius y estaba siendo descortés, mala y ladina con él. Lo estaba castigando por lo que Cassius me hizo. Y no se lo merecía. Tenías razón sobre Vincent también, pienso que es un tipo atractivo. Y me siento atraída hacia él y estaba atemorizada por eso, es lo que me hizo reaccionar tan mal. Jackie abrazó a Tiny. —Tienen destreza y habilidades que nosotros no tenemos y en algunos aspectos eso nos deja en una desventaja si las usan contra nosotros. Pero sólo porque las tienen ellos no quiere decir que todos van a usarlos contra nosotros. Eso significaría que debería creer que porque tú eres más grande y físicamente más fuerte que yo, vas a usarlo contra mí. Debería pensarlo más antes de dictar tales sentencias generales. Tiny asintió con la cabeza pensativamente. —Así que, ¿me estás advirtiendo que no les tema como tú lo has hecho siempre? —Básicamente, sí—Jackie se río entre dientes y regresó a su habitación—. Dulces sueños Tiny, te quiero descansado para mañana. Vamos a la compañía de Vincent para atrapar a un saboteador.


Capítulo 8 HYPERLINK \l "inicio" Índice —¿Dónde está Jackie? —Vincent hizo la pregunta entre mordiscos a un panecillo de arándano que Tiny le había dejado con un café cuando había entrado a la cocina momentos antes. Era solo un poco después de las tres, temprano para que el estuviera despierto, pero estaba despierto, sintiéndose bien descansado y optimista aun cuando no estaba acostumbrado a estar de pie a esas horas. —Dormida en el sofá de la oficina —Tiny contestó relajándose en la esquina de la mesa de Vincent con su propio panecillo y café. Vincent dejo de masticar y miró inexpresivamente hacia el hombre. La respuesta se escucho tan diferente a la profesional y trabajadora mujer que el había llegado a conocer, que apenas podía creerlo. —¿Dormida? —preguntó Vincent, solo para asegurarse que no fuera un malentendido. Tiny sonrió y admitió, —Lo encontré bastante chocante para mi mismo, pero no creo que ella durmiera bien anoche. Se levantó como lo hace usualmente cada mañana, pero con enormes bolsas bajo sus ojos y con una mirada gruñona de no haber dormido lo suficiente, así es que he aprendido a andar de puntillas a su alrededor. —¿Cómo la tratas cuando ella tiene esa apariencia? —Vincent preguntó con diversión. —Le pongo un café y un panecillo frente a ella, y mantengo mi boca cerrada hasta que se ve mas descansada, o se despierte normalmente y siga su camino —dijo encogiéndose de hombros—. Exactamente eso fue lo que hice, y entonces le dije que le habías dejado una nota en la oficina y se fue a la oficina. Tiny tomó un sorbo de su café antes de decirle. —Jackie estuvo hablando por teléfono la mayor parte de la mañana. Almorzamos y entonces esta tarde se recostó en el sofá para pasarse revisando lo último de las cartas, pero cuándo entré a ver si necesitaba alguna ayuda, se había quedado dormida allí. Parecía que lo necesitaba, así es que


apagué la luz y la dejé durmiendo. Además, no es como si estuviésemos trabajando las horas normales por aquí ¿verdad? No vi ninguna razón para molestarla. Vincent asintió. Sus horas solo aseguraban que trabajarían después de un día normal laboral. No tenia problema alguno con que Jackie estuviera en ese estado de letargo, era una sorpresa que ella lo estuviera. —La despertaré una vez que termines con tu panecillo y estés listo para ir —anunció Tiny—. Se supone que los tres iremos a tu compañía productora hoy. Vincent hizo desapareció lo último de su panecillo en su boca y se puso de pie. —Iré a darme una ducha y a vestirme, entonces podría tener luego otro panecillo mientras tú la despiertas. Dejando la cocina, Vincent se dirigió hacia las escaleras, pero a última hora se encontró saliéndose de curso hacia la oficina. Solo quería ver por su cuenta si la seria Srta. Morrisey dormía ligeramente en mitad del día. Alcanzando la oficina, empujo la puerta y se deslizó dentro, entonces silenciosamente la empujó cerrándola otra vez, mientras sus ojos buscaban sobre el sofá. Las cortinas estaban totalmente cerradas, bloqueando el sol de mediodía. Incluso con la habitación en completa oscuridad, Vincent tenía la visión nocturna excepcional de la que su clase disfrutaba, y no tuvo problemas cuando cruzo la habitación oscura sin chocar con cualquier cosa. Al lado del sofá, se detuvo y miró con atención hacia la durmiente figura de Jackie. Ella llevaba puesto otro traje oscuro aunque no podía decir qué color era con tan poca luz, pero la blusa que llevaba puesta, le parecía blanca. Sus ojos viajaron sobre ella otra vez y casi suspiró en voz alta. Nadie debería lucir tan sexi, mientras dormía. La cara de Jackie era suave en la durante el sueño, sus defensas bajas. Tenia colocado su brazo atrás, por encima de su cabeza, el otro yacía fuera hacia un lado y pendiendo fuera del sofá. Su blusa ajustada sobre sus senos en esa posición, lo que permitió que otro botón se escabullera por el ojal, dejando un espacio abundante de piel cremosa en exhibición. Incluso podía ver el encaje de su sostén asomándose por debajo de la seda de su blusa. Era una escena que ponía ideas en la cabeza de un hombre y Vincent se encontró preguntándose como sería pasar su lengua a lo largo de la línea de ese encaje y sumergirse entre las curvas abundantes de sus pechos. Podía imaginarse cómo estaría suave y caliente su piel si deslizaba hacia abajo el encaje, a fin de poder reemplazarle con sus manos. Serian llenos y maduros en sus palmas, los pezones duros como guijarros, estaría ansioso para lamerlos y amamantarse. Jackie suspiró y cambió de posición en su sueño y Vincent alejo a la fuerza su mirada fija de esa tentadora área para dejar que sus ojos se movieran más abajo de su cuerpo. Una de sus piernas yacía recta a lo largo del sofá, el otro estaba medio doblado en la rodilla y su falda se encogía


tentadoramente a gran altura, alrededor de sus muslos, revelando la parte superior de sus medias y más piel blanca y cremosa por encima de ellas. Vincent tragó espesamente, fascinado por la vista. Tuvo un deseo repentino de dejarse caer de rodillas e inclinarse hacia adelante para recorrer con su lengua a través de la piel suave, a lo largo de la parte superior de su media. Casi podía saborear la carne salada en su lengua y podía imaginar el temblor que pasaría a través de sus músculos urgiéndole separar sus piernas y recorrer con su lengua más arriba de su muslo... Antes de que a le aburriera el sexo, Vincent solía gustarle alimentarse de la vena de los muslos de sus mujeres. A le gustaría hacerlo ahora. Le gustaría besar y acariciar a Jackie. Le gustaría descender y levantar su falda sobre sus caderas y agachar la cabeza entre sus piernas. Disfrutaría de darle placer a ella mientras la sangre cantaría en las venas junto a sus oídos, abalanzándose sobre el lugar al que él le prodigaba atención. Entonces, mientras ella gritara de placer, él voltearía su cabeza y hundiría sus dientes profundamente, clavándolos en la vena y derramar su placer en su mente del mismo modo que él tomaría de ella. Jackie gritó y se arqueó en el sofá y Vincent alejo sus fantasías para mirar con atención hacia ella. Su aliento iba en pequeños y excitados jadeos, su pecho ascendiendo y cayendo rápidamente, sus manos arrugando la tela del sofá. Sin embargo, sus piernas estaban extendidas como si él ciertamente se hubiera arrodillado entre ellas, urgentemente separadas, y su espalda arqueada, con los ojos, como si él realmente estuviese haciendo las cosas que había imaginado. Vincent parpadeó por la sorpresa y comenzó a alejarse del sofá, su respiración comenzó a desacelerarse y su cuerpo a relajarse. Sabía exactamente lo qué había ocurrido. ¡Demonios! La mente de ella había estado abierta mientras dormía y los pensamientos de él, en cierta forma se habían deslizado hacia su mundo de sueños. Ella había experimentado todo aquello como si él en verdad lo hubiera hecho. ¡Infierno! Su cuerpo había reaccionado como si realmente hubiera ocurrido. Tenía la madre de todas las erecciones erguida desde el fondo del pijama como si fuera una tienda de campaña. Estaba en un estado que no había gozado por mucho tiempo. Todo eso era algo que nunca había experimentado antes. Había puesto pensamientos y memorias en las mentes de personas por supuesto, pero nunca había intentado, estar conectado con ellos en sus sueños. Un poco desconcertado y aturdido mentalmente, Vincent se deslizo fuera del cuarto y subió por las escaleras. Iba a tomar una ducha fría, decidió.

—No creo que Tiny este muy contento por quedarse atrás. Jackie recorrió con la mirada a Vincent y entonces siguió su mirada fija fuera de la ventana mientras ella echaba a andar el auto de alquiler. Tiny estaba enmarcado por la leve luz de la puerta principal de la casa de Vincent, entre la creciente penumbra. Con la leve iluminación a sus


espaldas, su cara proyectó una sombra y eso hizo imposible ver su expresión, pero Jackie no tenia que verla para saber lo que era. Su rígida posición en el portal le decía que estaba descontento. Negando con la cabeza, ella giro el coche en movimiento y lo guío a través del camino de la entrada de coches. —Sí, lo sé, y al principio yo planee su venida, pero entonces me percaté de que Sharon y Lily ya habían sido informadas de que él era su amo de llaves. No hay razón para que tú llevaras a tu amo de llaves a la oficina de la agencia de producción. ¿Su asistente de producción? Sí. ¿Marguerite? Ella también. Pero no su cocinero. —Me doy cuenta de eso —Vincent reconoció—. Pienso que él también lo hace, pero aun no está feliz con eso. —Tiny es una persona que se preocupa mucho —dijo ella con indiferencia—. Se preocupará hasta que regresemos. Siempre lo hace. —A él le importas mucho —Marguerite hizo el comentario desde el asiento trasero. —Sí —Jackie sonrió débilmente mientras detenía el coche para esperar, mientras la entrada de seguridad en el borde de la acera se abría. Ella y Tiny habían sido socios por largo tiempo y eran buenos amigos. Más que eso, él era la cosa más cercana a familia que tenía desde la muerte de su padre. Vincent cambió de posición en el asiento junto a ella y Jackie le miró una vez más para observarle, lucia relajado y descansado en el asiento del pasajero. Se permitió contemplarle y discurrirse en él rápidamente—entonces recordó que Marguerite estaba a sus espaldas y podía verle observando a su sobrino—regreso su atención otra vez hacia los portones de acceso que terminaron de abrirse hacia el camino. Un pequeño silencio se plegó alrededor de lo tres, mientras ella manejaba sobre la calle y Jackie estaba contenta porque dejaron que condujera. Como había esperado, Vincent y Marguerite no habían encontrado nada perdido o fuera de lugar en la casa durante su búsqueda la pasada anoche. Vincent le había dejado una nota a con ese efecto en el escritorio de su oficina así ella no se quedaría para preguntar hasta que él se despertara. En verdad, Jackie se había olvidado completamente de la búsqueda hasta que había leído la nota. Había tenido problemas para dormir la noche anterior. Su mente estaba ocupada revisando todo lo que había dicho y hecho desde que había conocido a Vincent Argeneau. Y no para fines comerciales. Ahora que había reconocido que era agradable y no como Cassius, sus defensas habían sido gravemente debilitadas. No parecía pensar mucho, además del hombre y lo apuesto que era.


Al final, Jackie solo había conseguido cuatro horas como máximo antes de que su alarma se hubiese apagado esa mañana. Sintiéndose como muerta, había tropezado con el cuarto de baño y trató de ducharse para despertar. Gran parte de la irritación de Jackie, cuando finalmente se obligo a bajar las escaleras fue el encontrar a Tiny en la cocina, completamente despierto y alegre como el infierno cuando le había colocado una taza de café y un panecillo sobre la mesa frente a ella. Había tragado el café, pero había pasado del panecillo. Jackie siempre se sentía ligeramente nauseabunda cuando no había dormido lo suficiente y esta mañana no había sido ninguna excepción. Tiny. Reconociendo los anillos bajos sus ojos y su estado de ánimo por no había dormido lo suficiente—mantuvo una conversación al mínimo, limitándose a decir que tenía una nota en la oficina. Gruñendo lo que ella consideraba ser las gracias, Jackie se sirvió otro café y se fue a la oficina para encontrar la nota. No le había sorprendido que la investigación demostrara que nada en la casa había sido alterado o tomado la noche anterior. Era lo que ella esperaba. La lista de los empleados había sido el objetivo entonces… o se hizo el objetivo cuando su saboteador lo había visto estando allí. Eso la volvió impaciente por llegar a la oficina de producciones y colocar sus manos en la otra copia. Lamentablemente, había tenido que esperar a que Vincent despertara para hacerlo. Jackie había pasado parte de la mañana al teléfono con la oficina de Nueva York, obteniendo información actualizada sobre los casos en curso de allí, se había sentado en el sofá con algunos papeles del trabajo y rápidamente cayo dormida. Si quedarse dormida en el trabajo no fuera lo suficientemente malo, ella había procedido a tener sueños húmedos con Vincent Argeneau. Simplemente recordar eso era suficiente para que hormigueara su piel. —¿Entonces que excusa les doy a todos por venir a la oficina hoy? La pregunta de Vincent condujo los pensamientos de Jackie hacia sus recuerdos del sueño acalorado del que había disfrutado momentos antes. Protestando contra ella misma en pos de mantener sus pensamientos sobre el trabajo, miró hacia el camino cuando aparcaba el auto en el gran edificio blanco que albergaba V.A. producciones. —¿Qué quieres decir con qué excusas vas a dar? —preguntó sorprendida—. Es tu compañía. ¿Seguramente ya habías venido? —Bueno, si ——dijo él, logrando parecer dudoso—. ¿Pero por qué las traje a ti y a Marguerite? —Soy tu asistente personal y quieres que me familiarice con todos los aspectos de tu empresa — Jackie respondió rápidamente, recordándole su propia cubierta en este caso—. Y Marguerite pidió venir porque ella nunca ha visto tu compañía —encontró los ojos de la mujer en el espejo retrovisor—. ¿No lo has hecho, verdad? —No —le aseguro Marguerite—. Está también es mi primera visita.


—Bueno —Jackie abrió su puerta del auto y salió, entonces caminó alrededor del auto para encontrar a Vincent y a su tía cuando descendían del otro lado. Caminaron juntos, Vincent entre las dos mujeres. Jackie sabía que Vincent tenía dinero. Eso había sido obvio en su casa: grande, hermosa y con una decoración costosa, lo mismo con algunos bienes raíces de primera. Todos querían vivir en el agua aquí afuera. Aun así, ella supuso que debía asumir que era un nivel de rico medio y quizás había comprado hace años. Tres pasos al interior de las puertas del gran edificio blanco que albergaba su empresa de producción, no obstante, le dijeron que el hombre era rico, era excesivamente rico. Jackie esperaba que el edificio fuera la central de otras empresas, aparte de la suya. No lo era. El edificio completo era la central de V.A. Producciones y solo eso. La entrada conducía a un gran vestíbulo con dos recepcionistas y a un guardia armado. Los tres eran mortales, observo, mirando cara a cara y tomando nota de sus ojos. Y los tres miraron hacia ellos con un escrutinio respetuoso cuando Vincent introdujo a las mujeres por la puerta frontal. Sus expresiones se apresuraron a cambiar del shock, sin embargo, reconocieron al V.A. de V.A. Producciones. El shock todavía estaba en sus rostros mientras conducía a Jackie y Marguerite pasando la recepción al interior del ascensor. —¿Por que tengo la sensación que no vienes a menudo? —preguntó Jackie secamente cuando Vincent pulso el botón de la planta superior y las puertas se cerraron sobre las tres caras aturdidas. —¿Me reconocieron, lo hicieron no? —dijo Vincent encogiéndose de hombros. Jackie arqueo una ceja ante el comentario, pero Vincent no lo noto. Su atención se fijo en el panel del ascensor sobre las puertas, observando cómo se encendía la luz de los pisos cuando añadió— . Además, nunca he estado aquí tan temprano y los guardias tienen diferentes turnos a los de nuestros trabajadores. Ellos cambian turnos a las siete PM en lugar de a las seis como el resto del edificio. Seguridad lo sugirió de modo que ellos no cambiaran guardias cuando todos llegan o van. —Ingenioso —Jackie comentó con aprobación, entonces olvidó todo cuando el ascensor dio un tilín y las puertas comenzaron abrir. Este era obviamente el piso ejecutivo, vio como salían a un mundo de alfombra de felpa y música baja. Otra recepción les esperaba aquí, esta también tenía dos recepcionistas y un guardia armado. Al igual que en la entrada, los recepcionistas eran un hombre y una mujer y ambos humanos. Y como con los de abajo, estas tres personas miraron sorprendidos por ver a Vincent Argeneau entrar, pero ninguno de ellos hizo más que asentir en señal de saludo al pasar. Jackie espero hasta que avanzaron por un extenso vestíbulo antes de acercarse a Vincent a preguntar


—¿Tú seguridad nocturna es también humana? —No, inmortal —Vincent le aseguro. —Me sorprende que inmortales tomen esta posición —comentó Jackie. Entre los humanos, los guardias de seguridad estaban entre los trabajos menos respetados y peor pagados. Ella no entendía por qué. Después de todo, la seguridad era básicamente la primera línea para que nada sucediera. También eran responsables de mantener a todos a salvo en el edificio, pero aun así el trabajo era considerado el más bajo de los trabajos. Y en su experiencia, los inmorales eran demasiado arrogantes para tomar lo que se consideraba que no era el mejor trabajo por la mayoría de la gente. —Les pagamos bien —explico Vincent—. Sin embargo, el puesto es usualmente ocupado por recién nacidos o nuevos cambiados. Jackie asintió ausentemente, pero preguntó. —Entonces tienen tres turnos de seguridad, de siete p.m. a tres a.m., de tres a.m a once a.m. y de once a.m. a siete p.m. verdad? —Sí. —Y los guardias humanos de once a.m. a siete p.m., pero los inmortales de siete p.m. a tres a.m. ¿Quién está el en turno de las tres p.m. a once a.m.? —Humanos. Jackie asintió. No esperaba más. —Entonces tendremos que hablar con tu jefe de seguridad. Necesitan cambiar algunas cosas. —¿Por qué? —pregunto Vincent con sorpresa. —Porque aunque es ingenioso escalonar los turnos de seguridad de modo que no cambien mientras los otros trabajadores están, los turnos necesitan ser reorganizados —murmuró Jackie, procesándolo rápidamente en su cabeza— . Los turnos de seguridad necesitan cambiar una hora antes en lugar de una hora después. Los tres turnos deberían ser de cinco p.m. a una a.m., una a.m. a nueve a.m. y de nueve a.m. a cinco p.m. y necesitas poner inmortales tanto a las cinco p.m. a una a.m. y en el turno de una a.m. a nueve a.m., o dividir los grupos de modo que cada uno tenga un inmortal y un humano. En la forma que están, un inmortal no tendría problemas en moverse antes de las siete p.m. a tres a.m. el cambio de inmortales comenzaría y en cualquier momento después de que finalice. —Tienes razón —dijo Vincent en un suspiro—. Nunca nos hemos preocupado por inmortales irrumpiendo aquí. La seguridad es para mantener a los ladrones mortales a tope, o para manejar a los mortales enojados que no consiguieron funciones o trabajos y evitar que causen problemas, no


para defenderse contra los inmortales. Nunca ha habido razones para temer que los inmortales causen problemas. —Esto es ahora —señaló Jackie. —Sí —reconoció con un pequeño suspiro que habló de su descontento bajo el conocimiento de que su saboteador fuese uno de los suyos. Jackie le lanzo una mirada comprensiva, pero no dijo nada cuando de repente la tomó del brazo y también a Marguerite dirigiéndolas hacia la última puerta del final del pasillo. —¡Vincent! —Sharon casi saltó de su asiento cuando ellos entraron a la que era obviamente su oficina. Tú hubieras pensado que la mujer había sido sorprendida con un impacto, pues se levantó rápidamente. —Hola Sharon. Recuerdas a Jackie. Y ella es mi tía, Marguerite Argeneau —Vincent saludó cuando hizo una pausa ante el escritorio de la mujer. —Ah, Sra. Argeneau, hola —Sharon barboteó, apresurándose alrededor de su escritorio para ofrecer su mano. Jackie no pudo menos que notar que su presencia era totalmente ignorada. Vincent pareció notarlo también, pese a todo. Al menos, pensó ella, que el rictus alrededor de su boca podría ser debido a la grosera exclusión de su presencia. Él no hizo ningún comentario, lo que hizo inmediatamente fue juntar en manada a Jackie y su tía Marguerite hacia la puerta interior y lejos de la adulación de la mujer a su tía. —¿Hay algún café por aquí? —preguntó él mientras caminaba, y después añadió de manera significativa—. Jackie podría gustar de un café. Yo también. ¿Que tal usted, tía Marguerite? —No, gracias —Marguerite murmuró cuando llegaron a su oficina. Sharon no tuvo tiempo de responder a tiempo a sus comentarios, pues cuando ya había terminado de hacerlos, él mismo cerró la puerta de la oficina. Jackie echó un vistazo alrededor de la grande y lujosa oficina cuando lo siguieron hasta el escritorio. Haciendo una pausa delante de las dos sillas, se dio entonces ella la vuelta lentamente, su fija mirada vagaba por toda la habitación. Todo lo que podía pensar en cuanto al toque de la gran mesa de mármol y la opulenta decoración era que el hombre tenía gusto caro. O quizás era su decorador quién sí, Jackie decidió cuando tomó en cuenta el duro interior en blanco y negro. La oficina no era como su casa, donde los bajos colores neutros habían sido compensados por accesorios vistosos, como alfombras, almohadas, velas y pinturas de ricos y vibrantes colores. —¿Debo entender que realmente no vienes aquí muy seguido? —Jackie preguntó con diversión cuando Vincent caminó alrededor del escritorio para dejarse caer en la silla detrás. —¿Qué es lo que te hace pensar eso? —le preguntó con expresión cautelosa.


—Oh, no lo sé —dijo divertida—. Quizá la conmoción aparente por tu estancia aquí… y el polvo sobre tu escritorio —Jackie añadió previniendo que él saliera de allí—. Yo nunca estuve aquí esta mañana —comentó de nuevo. —Ella tiene razón, querido —comentó Marguerite—. Está bastante polvoriento. Pienso que necesitas a un nuevo servicio de limpieza. Vincent solo hizo una mueca y dijo: —Me temo que prefiero actuar, en lugar de los fines de negocios… o solía —reconoció con creciente hastío su pasión por actuar, con una infeliz expresión— También tiendo a viajar mucho con la actuación del momento, así que tengo un vice—presidente que se encarga de todo lo aburrido de la empresa. —¿Humano o inmortal? —preguntó Jackie con curiosidad. —Ambos —Vincent contestó—. En realidad tengo a dos vice—presidentes. Un humano para asuntos de día, y un inmortal quién maneja todo de noche. Neil y Stephano Notte, tienen bastante para encargarse de todo entre ellos dos, solo contactan conmigo en algunas ocasiones para estar seguros de que estamos de acuerdo en las cosas. —Ah, sí, los hermanos Notte —Marguerite murmuró, instalándose en la silla a un lado de Jackie frente al escritorio—. Bastien los ha mencionado. Dijo que habías hecho una sabía decisión en emplearlos —Jackie levantó las cejas ante ese comentario. Luego dijo: —Déjenme adivinar: Stephano es inmortal y Neil es mortal. —¿Por qué dices eso? —preguntó Vincent. —Porque Neil es agradable, normal, un nombre de tipo mortal, y todos ustedes inmortales parecen ser exóticos, o tener nombres del tipo… —contestó ella secamente. —¿Nombres exóticos? —preguntó Vincent aturdido. —Sí, tú sabes, como Bastien. Exóticos nombres en lugar de los normales que otros peatones tienen hoy en día —explicó ella. —En realidad, Bastien era un nombre común cuando se lo dí —Marguerite murmuró con aturdimiento. —Sí, así fue el mío —añadió Vincent. Jackie hizo una mueca.


—Sí, ese es mi punto. Los vampiros viejos tienen nombres antiguos, que ya no son de uso común. Como Stephano. —En realidad, creo que Neil es inmortal y Stephano humano —Marguerite anunció con deserción, luego levantó la vista a Vincent—. ¿O no tengo razón? Él asintió y los ojos de Jackie se agrandaron con sorpresa. —¿Están de broma? —No. Ella lo considero brevemente, luego suspiró y se recargó en su silla. Justo cuando pensaba que tenía bien entendidos a esos tipos, estos le sacaban una buena. Los inmortales generalmente tenían nombres extraños o exóticos y ojos metálicos. Los miró como si la parte metálica fuera la única cosa con la que podría contar. —Así que... —Vincent arqueó una ceja— ¿qué hacemos primero? ¿Conocer a todos los empleados para darles de una vez? ¿O conseguir una lista de todos los empleados de Drácula, el Musical? —Ambos —decidió Jackie—. Sharon puede resumir la lista mientras usted me muestra los alrededores, entonces llevaremos la lista a casa y Tiny podrá ayudar a ir sobre él. Vincent asintió con la sugerencia y ya había comenzado a empujar su respaldo cuando de pronto la puerta se abrió de golpe, haciendo que ellos voltearan a verla. Sharon entró llevando una bandeja con dos cafés, leche y azúcar sobre ella. —Ah, gracias, Sharon —dijo Vincent, poniéndose de pie. La secretaría dejó la bandeja sobre el escritorio y explicó. —Yo no sé hacer café. Afortunadamente había unos remanentes del turno de la mañana. —Eso está bien —Vincent le aseguró, luego echó un vistazo a Jackie antes de añadir—. He traído a Jackie hoy para que se encuentre con todos y se familiarice con su trabajo. La tía Marguerite deseó venir ya que nunca había venido aquí. Jackie mordió su labio para ocultar su diversión, cuando él repitió casi literalmente lo que ella había sugerido. Esa era la trampa. Sharon se relajó y sonrió cuando dijo: —Desde luego. ¿Hay algo en que les pueda ayudar? Vincent deslizo su mirada hacia Jackie, y luego dijo: —En realidad, sí existe. Vamos a necesitar una copia de tu lista de empleados y de la de Lily a lo largo del día de ayer.


—¿Otra copia? —ella frunció el ceño, pero dijo—. Claro. Voy a juntar los papeles del trabajo y fotocopiarla de nuevo. —Gracias —dijo Vincent cuando ella los dejó, luego de pie se inclinó sobre el escritorio para mirar detenidamente la bandeja de café. Jackie se puso de pie también y ambos se movieron para cada uno tomar una taza. Vincent fue por el azúcar y Jackie a por la crema, pero ambos hicieron una pausa e hicieron una mueca cuando Jackie derramó la crema en la taza más cercana y el líquido resultó de un gris oscuro. Este café era terrible, viejo e insoportablemente fuerte. No cabía duda de que era imbebible. —Hay una cafetería abajo —Vincent anunció, retrocediendo el azúcar sobre la bandeja—. Podemos pararnos e ir allí y tomar una taza en nuestro tour introductorio. —Buena idea —Jackie reestableció la crema sobre la bandeja y se enderezó, cuando él caminó alrededor del escritorio. Parecía que salían de inmediato, y eso estaba bien para ella. Jackie y Marguerite lo siguieron a la puerta. Cuando él la abrió para ellos, cruzaron la oficina de Sharon, después hicieron una pausa al sonido de voces ligeramente levantadas que venía de una puerta abierta detrás del escritorio de la secretaria. —¿Qué quieres decir con qué eran los originales? —la voz de Sharon parecía sobresaltada. —Te dije cuando tú insististe en dirigirme más —la voz de Lily contestaba con exasperación—. Yo supuse que habría más copias de fax, pero insististe en tomarlos personalmente, y cuando dije que yo haría más copias, dijiste que no, tomaríamos solamente los que yo tenía. Bien, aquellos eran los originales, nuestras copias. No tenemos más de ellos. —Bien, yo no entendí que esos eran los originales —dijo Sharon brevemente. —Tú los tenías, Sharon. Los tomaste del cajón de tu propio escritorio e insististe en tomar esos — Lily sonaba completamente desconcertada con las palabras de la otra mujer. La mirada de Jackie se dirigió a Vincent cuando él se movió para acercarse a la puerta abierta. —¿Cuál es el problema, señoritas? —preguntó él cuando Jackie y Marguerite siguiéndole miraban sobre su hombro para echar un vistazo al reducido cuarto de archivos. —Tengo miedo de que nosotros le trajéramos la lista original de empleados de ayer —Sharon anunció con una mirando en la dirección de la desdichada Lily—. No tenemos copias. ¿Espero que no sea demasiado importante? —la mirada de Jackie se estrechó sobre la mujer. La secretaria no parecía lamentar terriblemente dar tal anuncio. De hecho, había un destello de satisfacción en sus ojos cuando miró detenidamente en dirección de Jackie. Vincent miró hacia atrás a Jackie con preocupación, pero antes de que él pudiera decir algo, Lily habló.


—Todavía lo tenemos en el ordenador, Sharon. Solamente podemos tirar sobre el archivo e imprimirlo. —Oh… claro —no pareciendo terriblemente contenta con la idea del trabajo suplementario, Sharon se deslizó por delante de todos ellos y caminó a su escritorio. Acomodándose en su silla, se conectó a su ordenador. La secretaria echó un vistazo con una sonrisa un poco rígida a los cuatro, Vincent, Jackie, Marguerite y Lily, se movió alrededor de su escritorio para esperar. Después no hizo caso de ellos y comenzó a pulsar lejos con su ratón, hasta que el ordenador terminó de pasar su ciclo de encendido. Pulsó varias veces, luego hizo una pausa repentina y frunció el ceño. —¿Hay algo mal? —Vincent preguntó, estrechando su mirada. —No, no —aseguró ella, pero la secretaria fruncía el ceño cuando añadió—. No aparece donde pensé que estaba. Debo de haberlo salvado en una carpeta diferente. Jackie sintió la preocupación apretar su estómago. Comenzaba a sospechar que los archivos habían sido eliminados. Tenía perfecto sentido que el saboteador pudiera haber hecho su camino hasta allí después de adquirir los de la casa. Y eso debió de haber ocurrido la pasada noche. Esto quería decir, que podrían haberse dirigido primero aquí y haber conseguido los papeles… a menos que el saboteador hubiera ido primero a la oficina. No estaba del todo sorprendida cuando Sharon miró con obvia frustración y admitió que el archivo parecía haber desaparecido. Lily y Sharon tornaron entonces sus amplios ojos sorprendidos a Vincent, pero él y Marguerite miraban a Jackie. Al principio no supo que responder, pero estaba ocupada examinando asuntos. Poseyendo su propia empresa, sabía que había otros departamentos que podrían tener la información. Vestuario, que habría tenido que tener una lista de al menos los actores, junto con sus medidas para vestirlos. Los de seguridad podrían tener una lista de los que habrían sido utilizados en la seguridad. Cada departamento sería una fuente para el que fuera contratado en cada área, pero no había un apartamento que debiera tener la información de todo el mundo en la producción. Aunque cualquier persona que hubiera desempeñado un trabajo se había ganado un cheque por el tiempo en ella, lo que significaba que contabilidad debería tener una lista de todos los individuos. —Contabilidad debería tener una copia —Lily soltó de repente, la productiva mente de la asistente obviamente corría a lo largo de las misma línea que la de Jackie. Avanzó ahora diciendo—. Iré a preguntar a Phillip si él la tiene. —Phillip está de vacaciones —Sharon puntualizó. —Oh —Lily se detuvo, vaciló y luego dijo—. Pues a su secretaria, Meredith, ella debería ser capaz de tirar de ellos para nosotros. —Tienes razón, Lily —Vincent sonrió a la asistente de producción. —Voy a preguntarle si ella…?


—No, no —Vincent palmeó su hombro—. Quiero presentar a Jackie de todos modos. Pasaremos por allí primero y se lo pediremos a Meredith. Sin embargo, buena idea. Gracias. Cuando Jackie añadió su sonrisa de aprobación a la de Vincent y la chica rió tímidamente en respuesta, se encontró sacudiendo la cabeza cuando ella se dio la vuelta para volver a la oficina. Francamente, la chica no se miraba de más de doce o catorce cuando rió así. Jackie casi esperó ver brackets brillantes sobresalir de ella. Sin embargo, la muchacha era simpática y al menos intentada ser de provecho, a diferencia de Sharon. —¿Quieres encabezar la marcha directo hacia contabilidad, o prefieres encontrar a la gente a lo largo del camino? –Vincent preguntó cuando las condujo a lo largo del pasillo. —De cualquier manera —respondió—. No importa. Vincent le dirigió entonces una fija mirada interrogante a Marguerite, pero ella solamente sacudió la cabeza. —Yo debo seguir solamente aquí. Sin embargo a ti te gusta eso, Vincent. Asintiendo, se detuvieron en la primera puerta que llegaron, cediéndoles el paso. —Sr. Argeneau —la rubia detrás del escritorio ocultó su sorpresa detrás de una risa de bienvenida practicada—. Mr. Notte no me dijo que usted vendría el día de hoy. —Stephano no lo sabía, Amelia —Vincent le aseguró cuando introdujo a Jackie y Marguerite a través de la oficina—. ¿Está él? Quiero presentarle a mi tía y a Jackie. —No, me temo que no. Vincent se detuvo a mitad del camino a la puerta interior y se dio la vuelta con obvia sorpresa. —¿No está? Pero él siempre está aquí en la tarde. Se queda para informar a Neil cuando llega. —Bueno, él está aquí en algún lugar, pero salió por un momento —la mujer explicó, luego frunció el ceño cuando añadió—. Debería volver pronto. De hecho me estaba preguntando qué era lo que lo estaba reteniendo por tanto tiempo, cuando usted entró. Tiene boletos para una obra esta noche y tiene previsto salir temprano. —Oh. Bien, estoy seguro que volverá dentro de poco, entonces —dijo él y añadió—. Bueno mantendremos un ojo sobre él en nuestro tour, pero si regresa sin encontrarnos, dile que no se preocupe por ello. Podemos cogerlo otro día, no hay ninguna necesidad de salir tarde —Amelia asintió, mirando aliviada que no estaba alterado. —Si él vuelve le diré que usted estuvo aquí. —Gracias —Vincent dijo cuando las condujo fuera.


No fueron muy lejos, justo al lado de la sala. —Esta es la oficina de Phillip —explicó mostrando el camino hacia dentro. —El contable que está de vacaciones —Jackie murmuró cuando hicieron una pausa delante del escritorio vacío en la oficina externa—. ¿No estará su secretaria mientras él se encuentre fuera? —No lo creo. Sharon habría mencionado si también Meredith estuviera lejos —Vincent dijo, entonces miró hacia la puerta de la oficina interior. Después de seguir su fija mirada, Jackie descubrió la rajada puerta abierta y levantó sus cejas. —Quizás ella está allí. Vincent se movió a la puerta y la empujó abriéndola. Miró el interior, y después se quedó terriblemente paralizado. Era como si alguien hubiera empujado un poste en su espalda. Ella no fue la única en notarlo. —¿Qué es? —preguntó Marguerite con preocupación cuando Jackie se reunió con él en el umbral. A primera vista todo parecía en orden… hasta que Jackie notó las piernas que sobresalían detrás del escritorio, las piernas de un hombre con zapatos de vestir y pantalón de traje. Aquellas piernas no se movían. Haciendo a Vincent a un lado, Jackie cruzó del espacio y se movió alrededor del escritorio, parándose en seco al momento en que fue capaz de ver completamente al hombre. Sabía que no era Phillip, el contable. Estaba de vacaciones. Quienquiera que fuera, sin embargo, estaba vestido como contable, el traje de negocios, la corbata agradable, los zapatos de vestir caros… de hecho, la única cosa que arruinaba la imagen del exitoso hombre de negocios rico era el cuchillo en su pecho.


Capítulo 9 HYPERLINK \l "inicio" Índice —¿Debo suponer que este es Stephano Notte?— preguntó Jackie, incapaz de dejar de mirar al hombre pálido e inerte. El mortal vicepresidente de la compañía que había estado ausente de su oficina. —Sí —la voz de Vincent era casi un susurro y ella lo miró. A primera vista, uno podría ser disculpado por pensar que él no estaba afectado. Su rostro era una fría máscara de indiferencia, pero no sus ojos. Estaban brillando con una mezcla de tonalidades azul—plata y confusos


sentimientos de dolor y furia y lo que ella pensó que podría ser culpa. Jackie sospechó que él temía que el saboteador estaba detrás de esto y se culpaba a sí mismo por ello. A ella le hubiera gustado decirle que ese, probablemente, no era el caso, pero el sobre sencillo pegado en el bolsillo de la camisa del hombre negaba su teoría. La dirección del remitente era todo lo que se mostraba, pero era suficiente; era la dirección de Vincent. —Está vivo. Jackie alejó su mirada de la figura sin vida y miró sorprendida a Marguerite. —¿Qué? —Está vivo, —repitió, quedándose junto a la puerta, pero cerrándola después de una nerviosa mirada a la oficina exterior—. Puedo oír su corazón latir. Jackie se giró de nuevo hacia el hombre, se arrodilló y buscó su pulso. Estaba segura de que no encontraría ninguno, parecía como si hubiera sido apuñalado en el corazón. Seguramente él no habría sobrevivido eso, ¿o sí? —Deben haber fallado al apuntar al corazón, —dijo Marguerite, aparentemente leyendo su mente —. Puedo oírlo latir. Es lento y no muy fuerte, pero está latiendo. —También puedo oírlo —Vincent se arrodilló abruptamente al otro lado justo cuando Jackie encontró su pulso. Era débil, pero estaba ahí, se dio cuenta con asombro. Stephano Notte no estaba muerto. Aún. —Necesitamos llamar a una ambulancia, —dijo Jackie apresuradamente, enderezándose y moviéndose en dirección al escritorio. —No sobrevivirá lo suficiente como para eso —anunció Vincent—. Está muriéndose mientras hablamos. —Tenemos que intentarlo, —dijo ferozmente, mientras levantaba el teléfono. —Vincent, ¿Qué estás haciendo? La pregunta cortante de Marguerite hizo que Jackie parara y se girara para ver a Vincent enrollando su manga. —Cuando diga ahora, saca el cuchillo, —ordenó Vincent mientras abría la boca de Stephano Notte. —No, ¡no puedes! —protestó Marguerite, apresurándose hacia adelante—. Déjame a mí. Jackie frunció el ceño. Su mano apretando el teléfono mientras trataba de entender qué estaba pasando. Marguerite se apresuró para llegar al lado de Vincent, pero no fue lo suficientemente rápida como para impedir que mordiera su propia muñeca. Era una mordida profunda y debió


haber sido dolorosa, pero ni siquiera parpadeó. Giró la sangrante herida sobre la boca abierta de Stephano y dejó que la sangre goteara dentro, justo cuando su tía llegaba a su lado. Marguerite había conseguido atrapar su hombro para detenerlo físicamente de lo que estaba haciendo, pero ahora se derrumbó derrotada a su lado. Con las piernas débiles de repente al entender lo que estaba pasando, Jackie se dejó caer contra el escritorio, con el teléfono aún apretado en su mano. Veía fascinada cómo Vincent deslizaba su mano libre bajo el cuello del hombre y lo levantaba ligeramente para facilitar el descenso del líquido. —Oh, Vincent, —Marguerite lloró las palabras, con una pesada tristeza en sus ojos mientras ella —por alguna razón— miraba fijamente de él a Jackie, y luego de vuelta y sacudía su cabeza. Perturbada por la reacción de la mujer, pero sin entenderla, Jackie colgó de nuevo el teléfono y se movió temblorosamente para detenerse al otro lado de Stephano mientas Vincent lo giraba. Al menos, eso pensó que estaba haciendo. —Saca el cuchillo —las palabras de Vincent fueron un siseo a través de sus dientes apretados. Mirando su pálido rostro con preocupación, Jackie se arrodilló automáticamente para hacer lo que le pedía. Ni siquiera lo pensó, simplemente lo hizo, su mano se cerró alrededor de la empuñadura de metal y tiró hacia arriba. No fue sino hasta que encontró resistencia, que su mente se dio cuenta de que estaba halando un cuchillo fuera del pecho de un hombre. Una oleada de repulsión la recorrió, seguida por una de conmiseración, mientras el cuchillo finalmente se liberaba y se deslizaba fuera de la herida. En el momento en que el arma de metal liberó la carne de Stephano, Vincent quitó su muñeca de la boca del hombre y permitió que la última gota de sangre que salía de su muñeca cayera en la herida abierta del pecho del hombre. —¿Funcionará? —preguntó ella, mientras la herida de Vincent dejaba de sangrar y él acostaba al hombre en el suelo. —No lo sé. Podríamos haber llegado demasiado tarde —dijo con tristeza. Marguerite sacó un pañuelo de su bolso y se lo entregó, y Vincent rápidamente lo envolvió alrededor de su muñeca. Metió el final del pañuelo dentro para sostenerlo en su lugar, y luego se dobló de nuevo para levantar los párpados de Stephano y mirar a sus ojos. —Funcionará —dijo Marguerite, y el arrepentimiento en su voz hizo que Jackie la mirara súbitamente. Le tomó un momento darse cuenta de por qué la inmortal estaba tan molesta por el giro de los eventos, y entonces Jackie recordó la regla de sólo convertir a un mortal en toda la vida. La mayoría de los inmortales guardaban esa oportunidad para convertir a sus compañeros de vida. Vincent había usado la suya para salvar a su vicepresidente. Si él encontraba a su compañera de vida, no sería capaz de convertirla.


Sus ojos regresaron lentamente a él. Su expresión era rígida, su rostro pálido mientras miraba al hombre por el cual había sacrificado tanto, y ella sintió las lágrimas picándole en los ojos. ¿Había pensado realmente que los inmortales eran seres egoístas y arrogantes que sólo veían a los mortales como una cena andante? Santo Dios, el hombre acababa de entregar la oportunidad de alguna vez tener a alguien con quien compartir su larga vida para salvar a un mortal. —Lo hecho, hecho está, —murmuró Marguerite de una manera fatalista, atrayendo la mirada indefinida de Jackie de regreso. Luego preguntó—: ¿Qué hacemos ahora? Jackie miró a la nada, sin una sola idea formándose en su mente. Fue Vincent el que dijo: —Él necesita sangre, y mucha. Pero necesitamos sacarlo de aquí sin que nadie se dé cuenta de que sobrevivió. Alejando la incertidumbre, Jackie tomó un momento para entender por qué creía que nadie debía pensar que Stephano había sobrevivido al ataque, pero entonces se dio cuenta de que él había sido apuñalado de frente, él debía haber visto a su atacante. Si el saboteador supiera que él había sobrevivido, intentaría matarlo otra vez para evitar que revelara quién era. Estaba impresionada de que Vincent hubiera captado eso de inmediato. Sus pensamientos estaban trabajando mucho más rápido que los de ella en ese momento. Sin embargo, ahora que estaba enfrentada con un problema, su propio cerebro comenzó a funcionar de nuevo. —¿Por qué apuñalarlo? —preguntó súbitamente. Cuando Vincent la miró con la expresión en blanco, ella explicó—: Stephano es un mortal. Si el saboteador es un inmortal como estamos asumiendo, ¿por qué no borró simplemente su memoria? ¿Por qué apuñalarlo? —La madre de Stephano era mortal cuando ella lo tuvo —explicó Vincent—. Así como su padre. Ella enviudó cuando él era aún muy joven y se volvió compañera de vida de un inmortal. Por supuesto, la señora Notte se convirtió en inmortal y tuvo a su hijo Neil quien también es inmortal. Ella quería convertir a Stephano también, pero él no se lo permitía. —Stephano creció como el único mortal en una familia de inmortales —se dio cuenta Jackie. —En situaciones como esta, el mortal muchas veces aprende a bloquear algunas de nuestras habilidades —dijo Marguerite—. Como tú lo has hecho. Es una simple autodefensa. —¿Así que el saboteador no podía controlarlo completamente? Es posible. O tal vez no pudo borrar su memoria completamente —sugirió Marguerite—. Y en lugar de tomar el riesgo de que él lo recordara lo mató. O pensó que lo hiciera. Asintiendo, Jackie se adelantó para agarrar la carta pegada en el bolsillo de la camisa de Stephano, solo para detenerse cuando vio el cuchillo aún firmemente sujeto en su mano. Era, de hecho, un abridor de cartas, no un cuchillo. Tensándose, lo puso en la alfombra a su lado, y entonces tomó la carta del bolsillo y la abrió. Todo lo que decía era:


¿Un amigo tuyo? Me temo que él estaba en medio. El próximo será alguien que tú elegiste.

—¿Qué dice? —preguntó Vincent. Jackie le entregó silenciosamente la carta, sus pensamientos ocupados en el significado de las palabras. La primera parte era obvia. Stephano debió haber interrumpido al saboteador mientras estaba haciendo algo y sólo había sido asesinado por interponerse en su camino. La última parte era la que le preocupaba. —El próximo será alguien que tú elegiste, —leyó Vincent en voz alta—. ¿Qué demonios significa? —Supongo que significa que ahora que él se convirtió en asesino pretende continuar en esa línea, —murmuró Jackie, su mirada cayendo al hombre en el suelo. Stephano Notte aún podía morir, y aun si no lo hiciera, eso sería sólo porque él había sido convertido. El saboteador había intentado que muriera, y había trabajado con la premisa de que lo había hecho. —Sí, pero, ¿qué quiere decir con eso de que será alguien que yo escoja? —preguntó Vincent con ansiedad. —Escogiste. Tiempo pasado —corrigió Jackie con el ceño fruncido y negando con su cabeza—. No estoy segura qué quiere decir con eso. Aunque tenía algunas ideas, se reconoció Jackie a sí misma. Pero ninguna de ellas era lo suficientemente buena y preferiría que no ocurrieran. —¿Cuánto tiempo pasará hasta que sepamos si él va a sobrevivir a la conversión? — preguntó. —Sobrevivirá —le aseguró Marguerite—. He visto gente en peor forma sobrevivir a ella. —De acuerdo —dijo lentamente, su mirada deslizándose de nuevo al hombre en el suelo. Estaba pálido y muy quieto, y a ella no le hubiera sido difícil creer que estaba muerto, excepto que la herida en su pecho parecía más pequeña de lo que había sido cuando liberó el abrecartas. —¿Cuánto tiempo toma una conversión? —preguntó. Esa era una cosa de la que había muy poca información en los archivos de la agencia. —Lo peor de ello se hace normalmente entre las primeras veinticuatro y cuarenta y ocho horas, aunque puede tomar un poco más, dependiendo de la extensión de los daños o enfermedades que tengan —le respondió—. Despertará después de eso, pero la conversión no estará completa hasta unas semanas más tarde.


Jackie asintió. Era la parte del despertar en la que ella estaba interesada. En el momento en que Stephano despertara, ellos podrían obtener el nombre del saboteador, lo atraparían, y evitarían que alguien más saliera herido o muerto. Frunció el ceño. Muchas cosas podrían pasar de veinticuatro a cuarenta y ocho horas. —De acuerdo —Vincent se puso de pie abruptamente—. Necesitamos sacarlo de aquí y regresar la casa para comenzar a darle sangre. —Y necesitamos hacerlo sin que nadie sepa que sobrevivió, —agregó Jackie, poniéndose de pie a su vez. —Una ambulancia es la mejor apuesta, —anunció Marguerite. Cuando Jackie y Vincent miraron en su dirección, ella se encogió de hombros— Stephano era mortal. Debemos llamar a una ambulancia. Y a la policía. Ellos deberían llevarse el cuerpo. Jackie asintió. Si ellos simplemente se lo llevaban del edificio, el saboteador podría sospechar que él no había muerto. Pero... — ¿Cómo manejamos a los paramédicos? —Pues tía Marguerite o yo mismo podríamos controlar a los operadores de la ambulancia — sugirió Vincent—. Viajar con ellos y dejar a Stephano en mi casa. Y entonces borrar los recuerdos de los paramédicos. —Yo lo haré —se ofreció Marguerite—. De esa manera tú te puedes quedar aquí y manejar a la policía cuando ellos vengan, entonces veremos si el saboteador se las arregló para obtener información que nosotros estamos buscando o no. —Gracias, tía Marguerite, —murmuró Vincent mientras Jackie se movía hacia el teléfono para llamar a los servicios de emergencia. Mantuvo la llamada vaga, diciendo solamente que necesitaba una ambulancia y a la policia en V.A. Productions. No quería decir nada por lo que pudiera interrogársele después. Marguerite podía poner la idea en la cabeza de los paramédicos de que sólo era una herida menor a uno de los trabajadores y Vincent podía hacer lo mismo con la policía, pero no si ella llamaba diciendo que alguien había sido apuñalado. —Están en camino, —anunció Jackie mientras colgaba. Vincent asintió y entonces miró a su tía. —¿Cuánta sangre tienes en casa? —Suficiente para atenderlo durante un día o así, al menos —dijo Marguerite. —Haré lo necesario para obtener más, —murmuró y entonces los tres giraron bruscamente hacia la puerta cuando se abrió de repente y un hombre llenó la entrada.


Alto, delgado, en un traje oscuro y con un cabello intensamente negro, el hombre les sonrió a forma de saludo. —Pensé que había oído voces aquí. —Neil. —Vincent sonó impactado y Jackie supuso, como ella misma, que él había olvidado todo acerca del hermano de Stephano y el hecho de que él llegaría pronto. —Acabo de llegar, —admitió Neil Notte, aún sonriendo— Amelia me dijo que tú estabas aquí con tu tía y otra dama. Dijo que estabais buscando a Stephano. ¿Lo habéis encontrado? Su boca se abrió cuando su mirada encontró al hombre en el suelo. Palideció y la alarma inmediatamente llenó su cara, entonces se apresuró adelante. Jackie se movió a cerrar la puerta que él había dejado abierta, y luego se giró para verlo arrodillado al lado de Stephano. Vincent se arrodilló a su lado, hablándole suavemente, pero había confusión en la cara de Neil y él continuaba diciendo, —¿Qué?— una y otra vez, haciendo a Vincent repetir las mismas cosas. Jackie los observó silenciosamente por un momento, y entonces se revolvió incómodamente y se giró hacia la puerta. —Voy a ir a esperar a la ambulancia y a la policía para traerlos aquí. Tratad de no dejar entrar a nadie más. Sin esperar respuesta, se deslizó fuera de la oficina y cruzó la oficina de la secretaria hacia la recepción.

Era cerca del amanecer cuando Jackie llevó a Vincent a la cocina de su casa. Tiny y Marguerite estaban sentados en la mesa jugando al póker, pero detuvieron su juego y comenzaron a reunir las cartas cuando ellos entraron. Aparentemente, el par había estado pasando el tiempo hasta que ellos volvieran. —Se tomaron mucho más tiempo del que esperaba. Estaba comenzando a preocuparme, —dijo Tiny en una voz profunda mientras se ponía de pie—. ¿Tienes hambre? Jackie sacudió su cabeza. —Comí en la cafetería en la oficina. Tiny asintió. —¿Café? —Sí, por favor, —murmuró Jackie mientras Vincent sacaba una silla para ella. —Te prepararé café fresco, —dijo Tiny, y se acercó al mostrador para emparejar acciones con sus palabras.


—¿También comiste, Vincent? —preguntó Marguerite, fijándose en su cara pálida con preocupación mientras él se sentaba junto a Jackie. —Comí algo en la oficina —respondió Vincent bruscamente. Jackie ignoró la mirada que lanzó en su dirección y se pasó una mano por el pelo. Vincent no había tenido oportunidad de salir y alimentarse antes de que ellos salieran a su compañía de producción, algo que Jackie no había pensado siquiera antes de que salieran. No había pensado en eso hasta la mitad de la noche cuando se dio cuenta de que él no estaba solamente terriblemente pálido, sino que su quijada estaba firmemente apretada y había líneas de dolor en sus ojos. Dándose cuenta de que él necesitaba alimentarse, y sabiendo que Vincent no dejaría lo que estaba pasando en la compañía para ocuparse del asunto, fue Jackie quien había sugerido que se alimentara de uno de sus empleados humanos. Ella no sabía cuál de ellos había estado más impactado por la sugerencia, pero después de cerrar su boca abierta, Vincent había rehusado la sugerencia, recordándole que él no se alimentaba de sus empleados. Sin embargo, una vez que hizo la sugerencia, Jackie reconoció la practicidad de la misma. Ella necesitaba a Vincent completamente fuerte y pensando claramente en el momento, lo cual quería decir que él necesitaba alimentarse. Así que ella había insistido hasta que él cedió. Eso no quería decir que él estuviera feliz haciéndolo, y por la mirada que lanzó en su dirección, Vincent parecía culparla por lo que había hecho. —Necesitas más —el tono de Marguerite era poco comprometedor—. Los dolores de la deshidratación ya han comenzado. Jackie miró a Vincent bruscamente y frunció el ceño. Aunque él se veía pálido, ella no vio las líneas de dolor alrededor de sus ojos que había notado antes, pero Marguerite sonaba tan segura que Jackie no pudo dudar de ella. Supuso que eso quería decir que él realmente había estado sufriendo para cuando había notado su necesidad. —Saldré después —Vincent quiso aliviar su preocupación, y entonces intentó cambiar de tema— ¿Cómo está Stephano? —Neil está con él —respondió Marguerite—. Le he dicho varias veces que yo me sentaría con Stephano y le daría un descanso, pero no quiere alejarse de él. Vincent asintió a las noticias, aparentemente sin sorprenderse. —¿Tuviste algún problema con los paramédicos? —No. Todo fue muy bien. Neil manejó a uno mientras yo tomaba al otro. —Bien, bien. —Vincent pasó una mano cansadamente a través de su cabello, luego preguntó—: ¿Todo lo demás ha estado bien aquí? ¿No hubo problemas?


Marguerite dudó, y luego suspiró profundamente cuando Tiny le envió una mirada significativa a la cafetera y se aproximó a la mesa. Sin decir nada, el vampiro más viejo buscó al lado, recogió un periódico, lo desdobló y lo puso sobre la mesa. Vincent levantó sus cejas, pero miró a la primera plana abierta. El rostro de una mujer llenaba un cuarto de la primera y él frunció el ceño a la granulosa foto de una bonita joven rubia por varios momentos antes de hablar. —Se ve familiar —comentó Vincent, sus cejas se juntaron y Jackie se acercó para leer el pie de foto. Cuerpo de hermosa y joven actriz encontrado en las colinas. —Ella estaba en el club al que me llevaste la noche que llegué, —dijo Marguerite suavemente. Los ojos de Vincent se abrieron cuando él la reconoció. —Me alimenté de ella. Marguerite asintió. Preocupada, Jackie haló el periódico más cerca y leyó el artículo rápidamente. Parecía que la mujer se había perdido anoche temprano mientras Vincent y ella habían estado manejando a la policía en V.A. Productions. Su cuerpo, mutilado y drenado de sangre, había sido encontrado en las colinas alrededor de las diez en punto. Jackie estaba sorprendida de que la noticia hubiera llegado a salir en el periódico de la mañana. Debían haberse apurado a meterla, aunque no había mucha información; apenas la fotografía y un párrafo con los datos de la historia. —La próxima vez será alguien que tú escogiste —Vincent murmuró las palabras que estaban pasando actualmente por la propia mente de Jackie. —Ese fue el primer pensamiento que tuve también —admitió Marguerite. Todos estaban en silencio. Esto era malo. Esta mujer era alguien a quien Vincent había escogido para alimentarse. Quería decir que el saboteador había tenido que seguirlo esa noche... y aún podría estar haciéndolo. Ahora que el saboteador le había agregado al juego la muerte, cualquiera del que Vincent se hubiera alimentado... él podría estar marcándolos para morir. Jackie miró a Vincent. Ella vio la admisión de esto en el horror de su cara y frunció el ceño. Se veía aún más pálido de lo que había estado. En ese momento, ella supo sin ninguna duda que él se negaría a salir y alimentarse de nadie más hasta que todo esto estuviera resuelto... pero él tenía que alimentarse. Él moriría horrible y dolorosamente si no lo hacía. —Tiny, pide una pizza, —dijo ella rígidamente. —Pensé que no tenías hambre —dijo el gigante, sorprendido—. Puedo preparar algo de... —Pizza —dijo Jackie firmemente—. Pídela para que la entreguen…


En el momento en que Tiny asintió y se movió para levantar el teléfono, Jackie alejó el periódico de Vincent y lo puso a un lado. —No te preocupes por esto. Está hecho. No hay nada que puedas hacer sobre ello. —Jackie tiene razón —dijo Tiny mientras terminaba de ordenar la pizza y colgaba—. No hay nada que puedas hacer al respecto ahora. ¿El saboteador había borrado la lista de la oficina del contador? —De la oficina del contador y de cada oficina del edificio. La obra entera —junto con sus empleados— ha sido borrada de los archivos de los computadores en la compañía. De cada departamento. Así como los archivos físicos —anunció malhumorada, mientras veía al gigante traer tres tazas de café y moverlas en dirección a la cafetera, con la intención de servir hasta la última gota de café. Después de ver a Stephano, Marguerite, y Neil fuera con los paramédicos, Vincent había manejado a la policía. Los había llevado a la oficina de Phillip para controlar sus mentes y poner la historia más inofensiva en sus pensamientos antes de ponerlos en camino también. Entonces ambos habían completado la ronda por el edificio, parando en su oficina primero, para decirle a Sharon que Stephano había sido asesinado. Dejándola para repartir la noticia, habían ido a revisar cada cuarto de archivo y computador del edificio buscando por información de la obra Drácula, el Musical. No habían encontrado nada. El saboteador había llegado primero... de nuevo. La boca de Tiny se tensó mientras servía el café en las tazas. —Así que, el saboteador sí entró buscando los papeles esa noche.... Él es muy cuidadoso. —Sí, —dijo Jackie, incómoda. Los criminales a veces son estúpidos, pero aun los inteligentes a veces cometen un desliz, dejando una pista para seguir. Este hombre no era ni estúpido, ni cometía errores. Al menos, ninguno que ella hubiera encontrado aún. —¿Qué hacemos ahora? —preguntó Vincent. Jackie frunció el ceño. —Hay una posibilidad de que Stephano no sea capaz de decirnos quién lo atacó. Por lo que Marguerite dijo antes, él podría ser difícil de leer o borrar, pero el saboteador podría habérselas arreglado. Él podría simplemente no haber estado seguro del lavado de memoria y lo apuñaló para asegurarse de que no podría decirle a nadie quién era él. Vincent se puso serio ante esa posibilidad. —Así que, nosotros deberíamos proceder como si él no pudiera decírnoslo. —¿Cómo? ¿Qué hacemos?


Jackie abrió su boca para hablar, entonces hizo una pausa cuando el timbre sonó, anunciando a alguien en la puerta. Tiny se paró y se movió al panel de al lado de la puerta que guiaba al garaje. Encendió el monitor y Jackie no se sorprendió cuando resultó ser la entrega de la pizza. Vio al gigante apretar el botón para abrir la puerta, y buscó en su bolsillo un billete de veinte dólares, el cual le entregó a Vincent. —¿Para qué es esto? —le preguntó con un gesto de enojo en su cara. —Para que le pagues al chico de la pizza —le dijo ella dulcemente. —¿Por qué le pagaría al chico de la pizza? —le preguntó, sorprendido. —Porque no es para mí, es para ti, —le explicó Jackie pacientemente. Cuando él la miró con una expresión neutra, ella suspiró y se volvió para comentarle a Marguerite— Bastien una vez me contó que tu hija era una hemofóbica. —Sí, pero ella ahora está curada —le aseguró Marguerite, evidentemente complacida de hacer el anuncio. Jackie asintió. —Sí, él también me dijo eso. Pero, yo deduzco que ella sólo puede alimentarse mordiendo, y que había ocasiones cuando podías ordenar una pizza para alimentarte con la sangre de los repartidores. —Ah —Marguerite sonrió con un placer sorprendido—. Chica lista. Ambas se giraron para mirar a Vincent, el entendimiento se apoderaba de su expresión. Por un momento, hubo lucha en su rostro, pero entonces apretó su boca y sacudió su cabeza. —No puedo alimentarme de él. Si el saboteador... —¿Alguna vez has ordenado pizza para saciar tu hambre con el repartidor de pizza? —le preguntó pacientemente. Cuando él sacudió su cabeza, Jackie asintió con satisfacción. Ella había sospechado que no— Entonces el saboteador pensará que la pizza es para tus huéspedes humanos, ¿no es cierto? Lo cual deja al chico de la pizza a salvo de ser marcado a muerte por tu saboteador. — espero, agregó silenciosamente, su mirada deslizándose hacia la cocina mientras sonaba el timbre de la entrada. La mirada de Vincent se levantó hacia la puerta de la cocina, pero no hizo ningún intento por levantarse. —Vincent, necesitas alimentarte, —le dijo suavemente—. Esta es la comida más segura que puedo ofrecerte. Por favor, ve a recoger la pizza. Cuando él continuó dudando, Marguerite se puso de pie y salió por la puerta.


—Dejaré entrar al chico y lo llevaré a la oficina. Jackie la miró ir, y entonces se volvió hacia Vincent. —Ve. Aliméntate de él y dale una buena propina para acallar tu conciencia si quieres, pero aliméntate. Y hazlo rápidamente. Si él sale rápido, hay menos posibilidades de que el saboteador considere la posibilidad de que te alimentaste de él. Los ojos de Vincent se ampliaron abruptamente y él se puso de pie. Rechazando el dinero que ella le ofrecía, buscó su propia billetera y se apuró fuera de la habitación. Jackie se recostó en su asiento con un suspiro de alivio. El problema de alimentarlo había sido resuelto... al menos por esta noche. —Eso se ocupa de esta noche, ¿pero qué haremos acerca de su necesidad de alimentarse mañana? —preguntó Tiny en un gruñido insatisfecho, sus pensamientos corriendo en la misma línea que los de ella—. No creo que él vaya a salir y alimentarse si podría estar marcando a alguien como el blanco del saboteador. Necesita alimentarse. —Lo sé —dijo Jackie igual de insatisfecha y empujó una mano por su cabello en un gesto cansado —. Tendré que pensar en algo. Tiny asintió y entonces cambió de tema. —Neil está agradecido por lo que Vincent hizo convirtiendo a Stephano, pero no parece pensar que su hermano lo estará. Jackie lo miró, sorprendida. —¿Por qué? —Dice que cuando su madre se casó con su esposo, y la convirtió en inmortal, ella ofreció usar su derecho para convertir a un inmortal en Stephano, para que fuera inmortal como el resto de la familia, pero él se negó. Dijo que tomaría la mano que el destino le había asignado. Jackie consideró eso, preguntándose cómo se sentiría ella si fuera convertida sin su permiso. Se consideraba una prohibición convertir a alguien sin su consentimiento, a menos que fuera una emergencia y que su consentimiento no pudiera ser obtenido. Había sido el caso de Stephano. —Sabes que Vincent ya no puede convertir a su compañera ahora, —dijo Tiny suavemente. —Sí, fue muy desinteresado de su parte convertir a Stephano como lo hizo, —dijo Jackie en un suspiro, mientras Marguerite regresaba. Vincent estaba, presumiblemente, con el repartidor—. Esperemos que su desinterés sea recompensado y su compañera de vida, cuando él la conozca, ya sea una inmortal. —Ya la conoció, y ella no lo es, —dijo Marguerite rígidamente, y Jackie la miró, sorprendida.


—¿Ya la conoció? —preguntó Jackie y por alguna razón esta noticia le envió un disparo doloroso a través de su pecho. Reconociendo el sentimiento como celos, lo ignoró, diciéndose a sí misma, que era lo mejor. No se haría ilusiones ahora y no sería lo suficientemente tonta como para permitirse caer por un tipo aún más fuerte de lo que ya había caído… —Sí, él ya lo hizo —anunció Marguerite, pero antes de que pudiera decir nada más, Vincent entró en el cuarto. Se veía mejor que antes. Ya no estaba tan pálido, pero aún se veía cansado y afectado por los eventos del día. —Deberías descansar —le dijo con preocupación—. Todos deberíamos. Comenzaremos con esto a primera hora de la mañana. —Quiero revisar a Stephano primero —murmuró Vincent—. Entonces iré a la cama. Murmurando un buenas noches, dejó la cocina de nuevo, y Jackie se encontró a sí misma ceñuda mientras lo miraba salir, dándose cuenta de lo que había hecho salvando la vida de Stephano. Vincent tendría que ver cómo su compañera envejecía y moría, y luego tendría que continuar sin ella. Si es que acaso podía lograr eso, pensó Jackie. Ella sabía, que si fuera ella, no querría eso. Ella no querría amar y estar con un hombre que continuara viéndose de veinticinco a treinta años de edad, mientras ella envejecía, se arrugaba y su cabello se volvía blanco. Estaría bien por un tiempo, hasta que ella llegara a los cuarenta, y entonces ella se vería más vieja con un joven semental. Para los cincuenta o así la gente comenzaría a confundirla con su madre, y para los setenta con su abuela. Ella suponía que ellos podrían evitar eso no saliendo demasiado en público, pero estaba aún el hecho de que mientras su cuerpo permaneciera joven y bello, el de ella envejecería. Ella sabía que los compañeros de vida creaban lazos, pero ¿habría suficiente vínculo para que él siguiera encontrándola atractiva cuando su cuerpo empezara a aflojarse y arrugarse? ¿O tendría la mujer la valentía para dejarlo verla así? Jackie no pensaba que ella pudiera. Era más posible que ella lo dejara libre y esperara a que él encontrara a otra. No querría que él mirara su cuerpo y salud desintegrados y a su último aliento dejar su cuerpo. Ella no podía ser tan egoísta.


Capítulo 10 HYPERLINK \l "inicio" Índice Jackie presionó el botón para abrir la puerta de acceso a la calle, se movió a la puerta frontal, la abrió y esperó impacientemente. Un gesto de disgusto contrajo sus labios mientras miraba el pequeño vehículo de reparto blanco subir por el camino de acceso, y su irritación solamente se intensificó cuando el carro aminoró la velocidad hasta detenerse frente a la casa. —Llegas temprano— le soltó, mirando al hombre joven en el uniforme de la farmacia, que caminaba perezosamente hacia la puerta—. Le dije a la chica que no me enviara la orden hasta las dos y media de la tarde. Es la una y media. El tipo no estaba ni un día más allá de los veinte y tenía el cabello demasiado largo, ahora cepillado hacia atrás, lo que le daba un aire falso mientras le ofrecía una sonrisa encantadora. En la etiqueta de su nombre se leía Darryl. —Pasaba por aquí, así que pensé que me detendría y vería si usted estaba temprano. Aquí está. Así que aquí estoy. Darryl sostuvo frente a ella la pequeña bolsa de medicamentos, su expresión era ansiosa, pero Jackie continuó mirándolo enojada mientras su mente sopesaba todas sus alternativas. Ella se había pasado la noche sopesando alternativas para traerle comida a Vincent. Justo cuando lo había descartado para ir a dormir, se le había ocurrido esta. Jackie tenía una receta para control de natalidad que ella no se había molestado en parar después de romper con su último novio. Estaba muy cerca de necesitar una nueva receta. Había decidido enviar por fax la prescripción a la farmacia local del vecindario y había pedido que se la entregaran… a las dos y media de la tarde. Vincent usualmente se despertaba entre las tres y las cuatro, pero Jackie tenía la intención de despertarlo un poquito más temprano para que se alimentara. Estaba confiando en que el saboteador hubiera estado vigilando lo suficiente para saber que lo más temprano que Vincent se levantaba eran las tres. Si era así, él podría no estar vigilando cuando su pedido fuera entregado. Si él estaba afuera en algún lado vigilando, ella esperaba que pensara que era una simple entrega


para ella. Jackie podía asegurarse de que Vincent se alimentara y salvar a alguien de ser marcado para morir al mismo tiempo. Brillante. O lo habría sido, si Darryl, el chico del reparto, no hubiera decidido pasar tan temprano. Ahora no estaba segura de lo que debía hacer. ¿Despertaba a Vincent para alimentarlo o se deshacía del tipo y encontraba alguna otra manera de alimentarlo después? Jackie debatió el asunto brevemente, pero parecía haber poco que debatir. Si ella no levantaba a Vincent, una perfecta oportunidad de alimentarse se desperdiciaría. —Entra— suspiró con irritación, y se giró para guiarlo todo el camino hasta la sala—. Tengo que buscar mi bolso. Sígueme. Hubo un momento de silencio, pero entonces ella escuchó el ruido de los pies y la puerta cerrándose. —¿Quiere que la espere aquí?— le preguntó Darryl, inseguro de si seguirla mientras ella comenzaba a subir las escaleras. Jackie lo miró sobre su hombro. —Dije que me siguieras, ¿O no? Así que sígueme. —De acuerdo— Darryl se apresuró a alcanzarla, la bolsa colgando en sus dedos mientras se apresuraba a alcanzarla. Maldiciendo por lo bajo, Jackie sacudió su cabeza y continuó subiendo las escaleras, sabiendo que Tiny no saldría de la cocina para ver qué estaba pasando. Él ya lo sabía. Ella ya se lo había comentado antes de hacer las llamadas necesarias para ver el asunto en movimiento. Jackie había necesitado saber su opinión al respecto, queriendo estar segura de que él no pensara que era repugnante que ella estuviera arrastrando a tipos mortales que no tenían ninguna sospecha, para alimentar a un vampiro. Ella misma encontraba difícil de creer lo que estaba haciendo. Afortunadamente para su conciencia, Tiny simplemente se había encogido de hombros, y luego le había murmurado: —Él tiene que alimentarse. Piensa en ello como si estuvieran haciendo donaciones de las que no saben nada al banco de sangre. Inteligente Tiny, pensó Jackie, y sintió algo de su tensión e irritación apartarse de ella mientras recordaba sus palabras. Ella había necesitado que dijera exactamente que hacerlo estaba bien. —Así que..., déjeme adivinar, su bolso está en su habitación, ¿cierto? Jackie dio una ojeada sobre su hombro al oír el comentario malintencionado de Darryl y lo encontró mirándola por atrás mientras la seguía escaleras arriba.


¡Genial! Pensó Jackie con rabia. Ahora el tipo se había hecho una idea completamente equivocada. Aún así, decidió que eso haría las cosas más fáciles, así que le siguió la corriente, forzando una sonrisa en su rostro cuando finalmente lo miró y le dijo: —De hecho, sí, lo está. No te molesta, ¿cierto? Había intentado poner una entonación sexy en su voz, pero sospechaba que había sonado más como un gruñido. Jackie no era del tipo de mujeres que se andan con juegos, especialmente cuando ella no tenía la intención de hacerlo. Era un defecto de su personalidad que podía afectar a su trabajo en algunas ocasiones. —No cariño, no me molesta— le aseguró Darryl con una mirada lujuriosa—. Enséñame el camino a tu cuarto del amor. Jackie se las arregló para no girar sus ojos hasta que su cara no estuviera viendo al frente de nuevo, entonces ella dejó sus ojos rodar. Hombres, decidió, especialmente hombres jóvenes, podían ser los idiotas más egocéntricos del planeta, cuando olían la posibilidad de sexo. Sinceramente. Deteniéndose en la puerta de la habitación de Vincent, Jackie giró para mirar hacia el repartidor y se congeló. Su boca—que había abierto para hablar—se quedó así, colgando abierta mientras veía que Darryl había comenzado a desnudarse. El paquete de la farmacia ahora estaba en la mesa del borde de las escaleras. Su camisa estaba en el suelo, varios pasos atrás y ya estaba trabajando con el cierre de sus vaqueros. Cerrando su boca con fuerza mientras el cierre bajaba, Jackie se giró completamente y abrió la puerta de Vincent sin tocar. Estaba desesperaba por entregarselo a Vincent antes de que el idiota se desnudara completamente. El cuarto estaba completamente oscuro, lo que la tomó por sorpresa. Jackie no estaba segura de lo que había esperado, pero no había esperado la absoluta oscuridad. Moviéndose cuidadosamente, siseó el nombre de Vincent en un susurro bajo y se movió en la dirección en la que ella recordaba que estaba su cama el día que había venido en busca de Allen Richmond y lo encontró en la habitación de Vincent. Jackie inmediatamente se quedó quieta, mientras el pequeño rayo de luz que entraba desde el corredor se extinguía cuando Darryl se paró en el dintel de la puerta, cortándolo. —Oh, te gusta oscuro, ¿eh? —¿Vincent?— siseó Jackie, ignorando al hombre mientras ella sentía el borde de la cama golpear su rodilla. —No bebe, mi nombre es Darryl. Aunque puedes llamarme Vincent si tú quieres— agregó rápidamente, como si temiera que ella podría cambiar de parecer si él no le seguía el juego.


La mente ligeramente en pánico de Jackie simplemente había registrado el hecho de que la voz de Darryl sonaba más cerca cuando él, súbitamente, cayó sobre su espalda, empujándolos a ambos sobre la cama. —Oh, bebe. Ahí estás— se rió Darryl frotándose contra su espalda mientras Jackie rápidamente luchaba para salir de debajo de él. Se las arregló para hacerlo, rodando a su lado, solo para encontrarse con que se puso encima de ella, de forma que ahora estaban cara a cara. Jackie se congeló mientras ella sentía sus piernas desnudas rozando las suyas. Entonces bajó las manos, buscando la forma de empujar su estómago, pero se equivocó y se encontró a sí misma con las manos llenas de las joyas de Darryl. No había nada que contarle a nadie sobre eso. —Santo cielo, ¡estás completamente desnudo!— chilló, preguntándose cómo lo había hecho tan rápido. Cielos. Él tenía que ser alguna clase de artista del desnudo rápido, pero bueno, tal vez la mayoría de los muchachos calientes lo eran. Liberando las menudencias colgantes de Darryl, Jackie lanzó su mano al lado y golpeó la cama. —Maldición ¡Vincent! ¡Despierta! Para alivio suyo, su mano golpeó algo duro. Una rodilla o el hueso de la cadera era lo que podía adivinar mientras un sonido gutural sonaba en el borde de la cama. —Confía en mí, bebe. Estoy despierto. Jackie chilló con frustración mientras las manos de Darryl comenzaron a vagar sobre su cuerpo. Buscando en la oscuridad, ella golpeó con su puño el lugar de la cama que había golpeado antes. Esta vez, en vez de un sonido entre dientes, hubo un —¡Oye!— con la voz pastosa por el sueño, y entonces las luces se encendieron. Jackie parpadeó ante el intenso brillo aparecido de repente, y se encontró a sí misma mirando a Vincent, quien estaba ahora sentado en la cama y parpadeando mucho, devolviéndole la mirada. Él miró sin entender a Darryl, quien tenía sus manos cerradas sobre sus pechos, entonces su mirada cayó a su cara, mirándola sin entender nada, Jackie cerró sus ojos un momento, y dijo a través de sus dientes apretados: —¿Lo controlarías, por favor? —¿Qué?— preguntó Vincent, aparentemente aún no muy seguro de lo que estaba pasando. —¡Contrólalo!— le soltó Jackie bruscamente. Ella tomó ventaja de la confusión de Darryl, se lo quitó de encima y rodó rápidamente más cerca de Vincent para susurrarle—. Deslízate en su mente y bórrala. —Oye, ¿sabes?, no estoy interesado en tríos con otros tipos— dijo Darryl frunciendo el ceño—. Tal vez si tu amigo fuera una chica…. Podríamos hablar, pero no estoy en el mundo gay, tengo…


Jackie se hundió en la cama, mientras el hombre joven de repente se quedó quieto y su cara se puso pálida. —¿Qué está pasando?— preguntó Vincent confundido—. ¿Por qué está desnudo? —El pensó que lo estaba provocando a venir aquí por sexo y se desnudó mientras subíamos las escaleras— le explicó Jackie renuentemente, mientras se ponía de pie al lado de la cama. —¿Y lo hacías? Para darle a cada quien lo que era suyo, Vincent obviamente no estaba completamente despierto aún. Aún así Jackie se encontró a sí misma tensándose, ofendida. Girándose lo miró y le soltó: —Aliméntate. —¿Aliméntate?— Vincent no se veía menos confundido con la instrucción que con todo lo que demás que estaba pasando en ese momento. —Si, aliméntate— le repitió Jackie claramente—. Aliméntate, entonces borra su memoria, vístelo y mándalo a que siga su camino. Ella comenzó a ir hacia la puerta, entonces se detuvo abruptamente y regresó. —Casi lo olvido. Toma. —¿Qué es esto?— preguntó Vincent mientras ella le entregaba algo de dinero. —Es para la prescripción— le explicó—. Con una gran propina. Dásela cuando hayas terminado. Jackie se giró de nuevo y pasó al lado de Darryl, pero entonces se detuvo para patearlo en la pierna. —Esto es por manosearme. Sé que te dejé pensar que eso era lo que yo quería, esa es la única razón por la que realmente no te lastimo— le dijo Jackie al tipo con la expresión en blanco y entonces se precipitó fuera de la habitación, rodeando a Marguerite, quién había aparecido en la puerta. Vincent miró fijamente a Jackie con una sonrisa lenta cruzando su cara, mientras su mente nublada entendía finalmente lo que estaba pasando. Jackie lo estaba alimentando. Ella le había traído al repartidor de la farmacia aquí arriba para alimentarlo, justo como había ordenado pizza anoche para que él pudiera alimentarse. Ella lo estaba cuidando... lo cual tenía que significar que ella lo quería… Al menos un poco. La idea lo hizo calentarse por dentro. —Te tomó mucho tiempo despertarte.


Vincent miró en dirección a su tía, mientras ella atravesaba el cuarto para poner lo que él sospechaba que era la ropa del repartidor al pie de la cama. Marguerite arqueó una ceja en asombro ante la cara de Vincent y se encogió de hombros. —No podía creer que tuvieras un sueño tan pesado. Yo desperté cuando estaban a medio camino de las escaleras. Estaba comenzando a pensar que tendría que venir personalmente a intervenir cuando ella finalmente pudo golpearte. —Tuve problemas conciliando el sueño esta mañana— le explicó Vincent con un gesto de disgusto. Eso era una forma de decirlo. Había ido a hablar con Neil, discutido la situación del saboteador con él, entonces había venido a la cama, pero se había quedado acostado y despierto repasando el ataque del día y preocupándose por el hecho de que si él salía e intentaba alimentarse, él podría estar marcando a quien fuera que escogiera para morir… algo que él no haría. Debió haber sido después del mediodía cuando finalmente lo había podido dejar y sumirse en el sueño, por lo cual le había costado tanto despertarse. —Después del mediodía— murmuró Marguerite, obviamente leyendo su mente. Ella sacudió su cabeza—. Lo cual explica por qué te ves aún tan confundido. Vincent asintió. —Aliméntate— le sugirió Marguerite—. Cuando hayas terminado, borraré su memoria y me aseguraré de que se vaya. Vincent casi protestó a su tía por cuidarlo, pero se rindió. Estaba cansado y, aunque debería tener demasiado orgullo para impedir que dos mujeres lo cuidaran, se sentía tan bien que estaba dispuesto a dejarlo pasar. Nadie se había preocupado tanto por él desde la muerte de su madre, hace trescientos años, pensó, y entonces reconoció que eso no era absolutamente cierto. Tía Marguerite y sus primos siempre habían cuidado de él, o lo habrían hecho si él no los hubiera evitado tanto con el paso de los años. Vincent había encontrado doloroso estar cerca de ellos y ver la familia unida y cariñosa que eran, cuando su propia relación con su padre se había roto con la muerte de su madre. No había sido capaz de lidiar con su cariñosa tía hasta ahora. De todas formas, con Jackie tratando de cuidar de él también, se veía diferente. Le hacía sentirse bien en vez de triste. Le hacía sentirse querido de una manera especial, en vez de como un primo huérfano, pobre y digno de lástima. —Tú nunca fuiste un primo huérfano, pobre y digno de lástima, Vincent— dijo Marguerite suavemente—. Tú eras de la familia. Ahora, aliméntate. Vincent se bajó de la cama y caminó hasta el repartidor.


Hizo un trabajo rápido con su comida, después dejó a Darryl a los tiernos cuidados de su tía y fue al baño de su habitación a ducharse. Estaba de un humor excepcionalmente bueno, e incluso se encontró a si mismo silbando los temas de programas de televisión en la ducha. Si alguien le preguntara por qué estaba tan contento, su respuesta podía haber sido una sola palabra. Jackie. A decir verdad, Vincent no debería estar tan feliz como estaba. Un saboteador estaba afuera intentando arruinarlo, la gente a su alrededor estaba siendo herida e incluso asesinada, y ahora él temía alimentarse y arriesgar a la gente de la que lo hiciera. En efecto, Vincent debería sentirse miserable. Y probablemente lo haría, si no fuera por una cosa... Jackie. Tanto como él podía decir, Bastien había estado en lo correcto al enviarle a Jackie. Vincent tenía plena confianza en su habilidad de resolver rápidamente el problema del saboteador. Pero eso no era por lo que se encontraba a sí mismo sonriendo mientras se lavaba el cabello y cantaba, —Voy a lavar a ese saboteador de mi cabeza,— tomándose libertades con las letras de las canciones mientras lo hacía. Vincent estaba sonriendo por lo que Jackie acababa de hacer. Y anoche, ella había ordenado la pizza con la intención específica de asegurarse de que se alimentara. Él sabía que esto iba contra su propia naturaleza y creencias. Esta era la mujer que se había ofendido cuando lo pescó merendándose a uno de sus trabajadores, aún así, cuando su tía había comentado que él necesitaba alimentarse, ella inmediatamente se había girado a Tiny y le había ordenado que pidiera una pizza. Estaba muy sorprendido de que Jackie se estuviera permitiendo a sí misma cuidar de él, sabiendo por Bastien que tenía una cierta indisposición a los inmortales, y habiendo sabido acerca de Cassius leyendo la mente de Tiny. Pero él estaba feliz de que ella lo hiciera. Mientras más sabía sobre ella, más le gustaba, y más se encontraba atraído por ella.

Después de ducharse y ponerse unos jeans y una camiseta, Vincent trotó escaleras abajo y entró a la cocina muy contento. —¡Buenas tardes!— dijo brillantemente al trío sentado a la mesa mientras hacía su camino hacía la cafetera. Una olfateada al aire le dijo que había café recién hecho y suspiró con placer. Vincent sospechaba que se estaba volviendo adicto a la bebida y no le importaba. Cargando su café de vuelta a la mesa, se sentó en la silla frente a Jackie, le sonrió ampliamente, y entonces se las arregló para poner su expresión más solemne y dijo— ¿Y bien? ¿Pasó algo mientras estaba durmiendo? ¿Y que vamos a hacer hoy? Jackie abrió su boca para hablar, pero antes de que pudiera decir ni siquiera una palabra, Vincent agregó:


—Gracias por mi desayuno, por cierto. Fue realmente muy dulce. Nadie nunca me había traído comida antes. Siempre he cazado por mí mismo. Bueno, excepto cuando era un niño, por supuesto, nosotros teníamos enfermeras entonces, pero nadie me había traído comida desde que empecé a cazar por mí mismo, y esto fue aún más especial, trayéndome el desayuno a la cama así. Jackie parpadeó con sus palabras, comenzó a sonrojarse y Vincent sonrió. Ella se aclaró la garganta y dijo: —Lamento haberte despertado. Le pedí a la farmacia que enviaran a alguien a las 2:30. Llegó temprano. No estaba segura de qué hacer cuando llegó, y entonces decidí que sería mejor para ti alimentarte mientras él estaba aquí. Siempre podías volver a dormirte después de eso. —Oh no, no más sueño. Estoy levantado ahora, y muy despierto. He dormido lo suficiente— le aseguró, provocando una clase de ronquido de su tía. Afortunadamente, Jackie no pareció oírlo. Sonriendo, y con un humor mucho mejor del que había tenido después de su incidente con el chico del reparto en su habitación, ella asintió. —Bien. —Así que, ¿qué hacemos ahora?— preguntó Vincent, poniéndose de pie mientras vislumbraba los panquecitos en el mostrador de la cocina. Tiny había hecho panquecitos de mora azul. Dios, amaba al enorme tipo. Era un excelente cocinero y siempre estaba preparando las cosas más deliciosas. Moviéndose hacia el mostrador, Vincent agarró uno y miró a los de la mesa para preguntar: —¿Alguien más quiere uno mientras estoy levantado?— Él esperó hasta que todos habían dicho, —No, gracias,— y regresó a la mesa. —Ese chico no estaba drogado o algo así, ¿cierto?— le preguntó Jackie a Vincent mientras este se sentaba y empezaba a quitarle el papel de hornear del fondo. Vincent parpadeó con sorpresa. —No. ¿Por qué podrías pensar eso?— —Te ves, este, bastante... feliz— dijo ella finalmente. Vincent abrió su boca para decir que sí, que lo estaba, pero entonces recordó que no debería estarlo. Tenía que cerrar sus obras, gente estaba muriendo. Stephano, un buen amigo y un excelente vicepresidente, había sido atacado. El hecho de que a él le gustara Jackie y que tal vez a ella pudiera gustarle él no debería anular ese hecho, se sermoneó a sí mismo. Y no lo hacía, se dió cuenta. Pensar en Stephano y en la pobre chica muerta de la cual él se había alimentado se las arregló para empapar un poco de su alegría.


Frunciendo el ceño, miró hacia la puerta y comentó: —Debería ir y ver a Stephano. ¿Está Neil aún aquí? —Si. Está trabajando desde el cuarto de Stephano. Hizo que le trajeran su portátil y movió el fax y la impresora desde tu oficina— le anunció Jackie—. Stephano no se ha despertado aún. Vincent recibió la noticia con seriedad, pero no estaba realmente sorprendido. Habían pasado veinticuatro horas desde que había iniciado la conversión, y Stephano había sido seriamente herido. —Tú ve y revisa a Stephano y habla con Neil— le sugirió Jackie—. Quiero agarrar otra libreta y lápiz. Tuve una idea mientras estábamos esperando que bajaras. Vincent consideró preguntarle cuál era esa idea, pero decidió que lo averiguaría muy pronto, así que simplemente se levantó y salió de la habitación. Fue una visita corta. Stephano no estaba despierto aún y Neil no estaba de humor para charlar. Su voz fue brusca cuando le anunció que no había sido capaz de contactar a su madre en Europa y Vincent sabía que él estaba preocupado porque ella oiría la noticia de que su hijo había muerto antes de que él pudiera explicarle la verdadera situación. De todas formas, Neil no quería dejar tales noticias en un contestador, así que simplemente había dejado un mensaje de que lo llamara a la casa de Vincent. Neil lo tomó por sorpresa entonces, preguntándole si debería preparar un funeral. Cuando Vincent lo miró sorprendido, él le señaló que si Stephano estuviera realmente muerto, él prepararía un funeral para él, y como ellos querían que el saboteador pensara que él estaba realmente muerto, ¿no deberían hacerle uno falso? Neil casi había perdido a su hermano una vez, y no estaba dispuesto a arriesgarlo de nuevo. Él haría lo que fuera para impedir que el saboteador cazara a Stephano y terminara el trabajo. Vincent había acordado que esto probablemente sería una buena idea, pero dijo que hablaría primero con Jackie al respecto. Si ella estaba de acuerdo, harían las llamadas para hacerse cargo. Vincent, por supuesto, cubriría los costos. Entonces él se puso serio, y agregó que hablaría con Jackie acerca de que Neil al menos considerara entrevistar reemplazos para el puesto de vicepresidencia diurna de Stephano. Esto, también, sería algo que ellos harían si él estuviera muerto. No fue sino hasta que él estaba por salir y volver abajo cuando a Neil súbitamente se le salió: —Gracias, Vincent. Sorprendido, él se detuvo en la puerta que estaba apunto de abrir para mirar atrás. —¿Por qué?


—Por salvar a Stephano— su expresión era solemne—. Me doy cuenta de a lo que has renunciado por convertirlo. Vincent se quedó quieto mientras las palabras de Neil penetraban en su mente. Me doy cuenta de a lo que has renunciado por convertirlo. Fue sólo en ese momento cuando Vincent se dio cuenta de lo que había hecho. Había sido instintivo. Stephano había estado muriendo, atacado por un saboteador que estaba tratando de lastimar a Vincent. Había sido su culpa. Él había hecho lo que había hecho para salvarlo... sin pensar por un momento en las posibles consecuencias. Él podía convertir sólo a uno. Él había convertido a Stephano. —¿Vincent?— preocupado, Neil se movió a su lado, agarrando su brazo como si pensara que necesitaba estabilidad—. ¿Estás bien? —Sí— dijo débilmente, pero no estaba completamente seguro de que eso fuera verdad. Vincent no lamentaba lo que él había hecho y lo volvería a hacer en un parpadeo, pero era terriblemente doloroso aceptar lo que sus acciones significaban para él... para su futuro. Si él podía leer a Jackie o no, si ella era su compañera o no, él nunca podría convertirla. Él podría haber encontrado al fin a la mujer con la que estaba destinado a vivir su vida y ella estaba ahora para siempre fuera de su alcance. O, al menos, lo estaría en sólo un latido de corazón, un pequeño momento de los muchos siglos que su vida probablemente durara. Vincent se giró a la puerta y la abrió. —Yo... este... Tengo que irme— murmuró, y se apresuró fuera del cuarto, desesperado por estar solo. Neil no trató de detenerlo y Vincent caminó de prisa fuera del cuarto, y luego a lo largo del pasillo al borde de las escaleras, donde se detuvo y cerró sus ojos. Su mente estaba girando. Una enorme bola se había cerrado dolorosamente en su garganta, su pecho dolía, sentía nauseas. Todo lo que Vincent alguna vez había deseado en toda su vida era su propia compañera y ahora nunca podría tener una. —¿Vincent? Abriendo sus ojos, miró al pie de las escaleras. Jackie aparentemente había regresado de buscar su libreta y lápiz, y estaba mirándolo en la parte superior de las escaleras. Estaba mirándolo con preocupación. —¿Estás bien? Vincent forzó una sonrisa y comenzó a descender. —Sí, solamente estaba pensando.


—Debieron haber sido unos pensamientos muy malos. Te ves molesto— le comentó mientras llegaba a su lado—. ¿Stephano está bien? —Sí— le respondió, y sintió algo de su tensión aliviarse. Stephano estaba vivo. Él estaba vivo. Jackie estaba viva. Y donde había vida, había esperanza. Su sonrisa se volvió un poco menos forzada, tomó su brazo y la llevó de vuelta a la cocina donde Tiny y Marguerite esperaban. Vincent les contó la sugerencia de Neil acerca del funeral y de poner anuncios para un vicepresidente para reemplazar al supuestamente muerto Stephano y mientras lo hacía, el dolor en su garganta comenzó a ceder. Sin embargo, no el de su pecho. Él sospechaba que nunca lo haría. —Él esta en lo correcto— dijo Jackie lentamente cuando él terminó—. Neil debería, al menos, arreglar el funeral hasta que Stephano despierte y sepamos si él recuerda quién lo atacó. Y tú tienes razón sobre correr la voz de que se necesitará un vicepresidente diurno. Ambas cosas deberían verse si Stephano estuviera realmente muerto. Golpeó el lápiz sobre la libreta que había recogido mientras él estaba en el piso de arriba y entonces asintió. —Tendremos que comenzar los preparativos para el funeral. Si Stephano no puede nombrar a su atacante, podría ser una buena idea llevarlo a cabo. El atacador seguramente será una de las personas que asistan. —¿Por qué estas tan segura de que asistiría?— le preguntó Marguerite con curiosidad. —Por las cartas. Parece estar disfrutando el cazar a Vincent con lo que él está haciendo. Yo creo que querrá ver cuánto lo ha perturbado que él haya matado a Stephano. Vincent frunció el ceño, de nuevo buscando en su mente por alguien, cualquiera que hubiera lastimado, aún sin intención. Pero no había nadie en quien él pudiera pensar que posiblemente quisiera herirlo de esta manera. Empujando esos frustrantes pensamientos a un lado, miró a la libreta que ahora estaba sobre la mesa. —¿Qué vamos a hacer ahora? Jackie atrajo la libreta más cerca y dijo: —Pedí al genio informático que uso normalmente en Nueva York que recuperara los archivos que el saboteador borró. Desafortunadamente, no puede viajar hasta pasado mañana. Pero, estaba pensando, mientras no podemos acceder los archivos del computador, podemos comenzar la lista de otra manera. —¿La lista de empleados de la obra Drácula?— preguntó Vincent. —Sí.


Marguerite hizo un gesto de disgusto. —Pero no necesitaremos la lista si Stephano puede decirnos quién fue su agresor. —Si él puede— concordó Jackie—. Pero no hay garantías de que él sea capaz de hacerlo, y yo preferiría no desperdiciar tiempo simplemente sentándonos a esperar que se despierte, y entonces darnos cuenta de que él no puede recordar. Vincent asintió, entendiendo. No tenía ganas de sentarse a esperar tampoco. Tener algo que hacer haría pasar el tiempo más rápidamente. —¿Cómo podemos trabajar en la lista? —Tú nómbrame a todas las personas que puedas recordar que estuvieran en la obra y entonces iremos a verlos a ver a quien recuerdan ellos y así sucesivamente. Podríamos, de hecho recuperar la lista antes de que mi genio informático llegue aquí. —Tal vez deberías llamar y cancelar que venga aquí entonces— sugirió Tiny—. Puede ser bastante costoso. Jackie sacudió su cabeza. —No. Quiero estar segura de que tenemos a todos los listados. Además, Vincent necesitará los archivos para trabajar de todas maneras, así que él tiene que recuperarlos. —Tienes razón— Vincent estuvo de acuerdo—. Necesitaremos esos archivos de vuelta. Pero esta lista es una buena idea. Jackie sonrió ligeramente, entonces recogió su lápiz y comenzó a hacer columnas en la página. —Así que, veamos. Imagino que podemos empezar listando los departamentos. Seguridad, producción, actores…— detuvo sus trazos en la libreta para mirarlo—. ¿Deberíamos empezar con la seguridad? Vincent asintió. —Max Kunstler encabezaba la seguridad. —¿Max Kunstler? ¿El jefe de seguridad en V.A Productions?— preguntó Jackie sorprendida. Ella había conocido al hombre el día anterior, yendo de departamento en departamento con Vincent en busca de archivos que el saboteador pudiera haber dejado ir. Vincent asintió de nuevo. —Ajá. A menos que haya un problema, realmente no hay mucho que hacer en la compañía de producción la mayor parte del tiempo. Max programa a los tipos de seguridad, y así sucesivamente pero además de eso…— se encogió de hombros—. A Max no le gusta sentarse de brazos cruzados,


así que, a menudo él mismo supervisa la seguridad para las obras. Va al teatro, decide qué se necesita hacer y cuántos hombres deberían estar allí, anda por ahí un par de semanas, hasta que se asegura de que todo está funcionando perfectamente, y entonces vuelve a la compañía a tomar las riendas ahí de nuevo. —Oh— Jackie escribió su nombre, entonces miró a Vincent y dijo— Así que ¿él sabía acerca del sabotaje antes de que habláramos con él? —Él lo sabía, pero no creyó que fuera sabotaje. Las cejas de Jackie se alzaron. —¿Por qué? —Las mismas razones por las que yo no lo creía. El actor que se rompió una pierna estaba ebrio, la actriz lastimada cuando el escenario cayó parecía tener mala suerte todo el tiempo, los incendios parecían accidentales...— se encogió de hombros. —¿Y cuando la “anemia contagiosa” se diseminó?— preguntó Jackie, arqueando una ceja—. ¿Él no se pregunto si podrían haber sido más que accidentes? —Oh sí— dijo Vincent secamente. —Él sabía que no era un accidente. Él pensó que ese era yo. —Bueno, seguramente le explicaste que ese no eras tú, que no los habías estado mordiendo— le preguntó con un gesto de molestia. —Si, por supuesto que lo hice— le aseguró, y luego agregó, —Eso no quiere decir que él me creyera. Jackie comenzó a frotar sus dedos en la frente, y entonces sacudió su cabeza. —No me gusta mucho Max. Hasta que no fuiste firme con él, parecía... —¿Arrogante? ¿Mandón? ¿Irrespetuoso?— le sugirió Marguerite. —Eso apenas lo cubre— la voz de Jackie sonó seca—. Lo conocías de antes, ¿cierto? —No. Nunca he conocido a Max o a nadie más que trabaje para Vincent— Marguerite miró en dirección a su sobrino brevemente, y cuando él no protestó explicó—. Sin embargo he visto su actitud en otros. Temo que la condición de Vincent hace que algunos de nuestra clase se sientan superiores a él. —¿Superiores?— preguntó Jackie lentamente. Marguerite asintió. —A los inmortales les gusta pensar en ellos mismos como perfectos. Salud perfecta, fuerza máxima, habilidades intelectuales superiores...— ella se encogió de hombros—. Y algunos


equivocadamente creen que esa anormalidad genética que le impide a Vincent alimentarse de sangre embolsada—como el resto de nosotros—sugiere que él no es completamente perfecto.— Jackie se quedó en silencio por un minuto, entonces sacudió su cabeza. —Pero esta anormalidad no se habría mostrado a sí misma hasta hace cincuenta años atrás, cuanto todos se cambiaron a la sangre embolsada. —Sí— Marguerite asintió. —Así que, hasta este punto, ¿todos aceptaban que él era un inmortal excelente, igual?— le preguntó. —Sí. —Entonces, cuando ustedes cambiaron a la sangre empaquetada y él y su padre encontraron que no se podían alimentar de esa manera, algunos de los otros... —Comenzaron a despreciarlos y a considerarlos inferiores— terminó Marguerite. Vincent escuchó la rabia en la voz de su tía, pero él estaba acostumbrado a ello. A ella le molestaba más de lo que le molestaba a él. Vincent tenía suficiente confianza en sí mismo y no le importaba lo que los demás pensaran de él. Excepto Jackie, se reconoció a sí mismo en ese momento. Vincent estaba muy interesado en su reacción. Que ella hubiera lanzado una mirada compasiva en su dirección lo hubiera molestado. En vez de eso, ella lo miró meramente confundida y se giró a preguntarle: —¿Por qué conservarías a alguien como ese tipo trabajando para ti? Vincent sintió cómo se relajaba. Sonriendo ligeramente, él se encogió de hombros. —Si me negara a contratar a nadie con esa actitud, no tendría a inmortales trabajando para mí. Es bastante común. Además, Max es bueno en su trabajo, y él nunca me presiona demasiado. Jackie asintió en un lento reconocimiento a eso. Ella se había dado cuenta de que, aunque Max se había mostrado un poco arrogante y se veía algo mandón y solo un poco irrespetuoso, él no había sido lo suficientemente tonto como para hacer ninguna de esas actitudes terriblemente obvias. Por otro lado, también había notado que algo del buen humor natural de Vincent y su actitud relajada habían estado ausentes en la oficina, reemplazadas con una sangre fría que ella no le había visto antes. —De acuerdo— dijo finalmente—. Así que, Max estaba ahí. ¿Quién más estaba en seguridad? —Estaban un Bob, un Tony, un John, y un Francis. Jackie mordió su labio, escribió sus nombres, y entonces preguntó:


—¿Debo suponer que no captaste sus apellidos? —No, lo lamento— se tensó—. No necesitaba saber sus apellidos. Jackie apartó su disculpa a un lado. —Podemos obtener la lista de la otra gente de seguridad de Max. Vamos a movernos a producción. Imagino que llevaste a Lily, ella… —No— Vincent sacudió su cabeza. —¿No?— le preguntó, sorprendida—. Pero ella es tu asistente de producción. —Sí, pero ella estaba de vacaciones en ese momento— le explicó, —Así que lleve a Sharon en vez de ella. Jackie parpadeó. —Pero Sharon es una secretaria, ¿por qué la llevarías a ella como asistente de producción? —Realmente no necesitaba una asistente de producción. Yo era el actor principal, así que teníamos un productor diferente en la obra. Lo que realmente necesitaba era más una asistente personal y Sharon podía manejar eso fácilmente. —Ya veo— murmuró ella, pasando una línea sobre el nombre de Lily y poniendo el de Sharon en su lugar. Jackie levantó su cabeza y dijo—. ¿Por qué no comienzas listando a todos aquellos en los que puedas pensar y yo los anoto? Entonces nos meteremos en los cerebros de esta gente y veremos a quién pueden recordar.

Capítulo 11 HYPERLINK \l "inicio" Índice


La discoteca estaba ruidosa, oscura y llena de gente. Jackie movía nerviosamente el pitillo de su Coca Cola dietética, su mirada se movía lentamente sobre la gente sentada, circulando y bailando alrededor de ellos. Jackie estaba teniendo ese presentimiento de nuevo. Estaba segura de que el saboteador estaba ahí en medio de la multitud, en alguna parte; mirándolos y esperando una oportunidad para hacer su próximo movimiento. Ahora que el saboteador había subido el nivel del juego, entrando al asesinato, lo que sea que viniera no podía ser bueno. —Relájate, Jackie. Él no va a golpear en medio de una discoteca— Vincent habló cerca de su oído, y aún así tuvo que gritar para ser oído sobre la cacofonía de sonidos alrededor de ellos. Forzándose a sonreír, ella dejó su sondeo de los alrededores y miró alrededor de la mesa, notando que mientras Tiny se veía tan tenso y alerta como ella, ambos, tanto Vincent como Marguerite se veían relajados. Esto simplemente venía a probar que Marguerite era una actriz tan talentosa como Vincent, porque Jackie sabía que los dos inmortales no estaban tan relajados como hacían parecer. O, al menos, ella no creía que pudieran estarlo. Habían pasado dos días desde que Jackie había despertado a Vincent con el desayuno Darryl de la farmacia. Desde entonces, habían pasado el tiempo recopilando una lista de nombres de los empleados de la obra Drácula, el musical. Primero, habían escrito a todos los que Vincent había recordado, y luego habían ido a entrevistar a Max y Sharon—las únicas personas en la compañía que estaban en la lista—para ver qué recordaban. Max había estado ocupado, interrogando a todos en V. A. Productions acerca de lo que ellos habían oído cuando ocurrió el ataque a Stephano—o asesinato, como ellos habían hecho a todos creer. Sin embargo, él se había tomado el tiempo para ayudarlos con la lista y había sido muy útil, recordando aún más nombres que Vincent. Sharon, por otra parte, no había sido útil en lo absoluto. La secretaria no había sido abiertamente difícil, ella simplemente había declarado tener mala memoria, y al menos en lo que tocaba a los mortales. Mientras que ella había sido capaz de nombrar a los inmortales trabajando en la obra con mucha facilidad, cuando era respecto a los mortales, Sharon recordaba solamente algunos, — pequeña mortal rubia— o —algún rudo pequeño mortal. Jackie había estado entrevistando a la mujer sola y sospechaba que si Vincent hubiera estado con ella, la mujer habría sido más útil. Sin embargo, habíahabido al menos una docena de personas en la compañía con pánico de hablar con él desde los eventos del día anterior, y ella había sugerido que lidiara con ellos mientras ella hablaba con Sharon. Algunas de las personas en la lista que ellos habían sido capaces de componer, habían trabajado para la compañía antes, o estaban trabajando para ellos ahora en alguna capacidad, y otros estaban en expedientes. Jackie había recogido estos últimos, y hecho copias de todos antes de llevarlos a la casa de Vincent. Dejando a Tiny para comenzar con la investigación de la gente que


hasta ese momento estaba en la lista, ella y Vincent habían continuado compilándola, yendo hacia cada persona listada a ver si algunos otros nombres podrían ser agregados. Esto había tomado la mayor parte de los últimos dos días. Lo cual podría haber parecido un desperdicio de tiempo si consideraban que su experto en computadores se suponía que llegaba hoy, pero resultó que le había explotado el apéndice. Estaba acostado en un hospital en Nueva York y no les sería de ninguna utilidad. En el momento en que ella había recibido la noticia esta mañana, Jackie había comenzando a hacer conexiones con expertos en computadores aquí en California, para que los ayudaran con el asunto. Mientras tanto, sin embargo, ellos tenían su propia lista con la que trabajar. Habían trabajado en esa lista con todo el tiempo que tenían disponible en los últimos dos días, deteniéndose sólo para comer. La primera noche, ellos comieron comida china para llevar, y Vincent se merendó al tipo de los envíos, despachándolo antes de que Jackie y Tiny disfrutaran de la propia comida a domicilio. Al día siguiente, Jackie había hecho los arreglos para la limpieza de la piscina de Vincent, y él se desayunó al limpiador de la piscina, al despertarse a las 4 de la madrugada. Habían ordenado pizza esa noche. Todos ellos estaban demasiado ocupados con la lista, demasiado ocupados para tomarse el tiempo de cocinar. Además, alimentarse de los que traían las cosas era la forma más segura que tenía Vincent de hacerlo de momento. Hoy, Jackie había llamado a un servicio de limpieza para limpiar las ventanas. Vincent había desayunado. Ella había estado tratando de encontrar otra manera cuando Tiny había señalado que el saboteador pronto se daría cuenta de que Vincent se estaba alimentando con los tipos de entregas y los otros si él no caía en una discoteca pronto, su usual terreno de caza. En pánico ante la idea de estar marcando a alguien a morir porque ella lo hubiera traído a la casa, Jackie había decido que deberían salir a un club esa noche. Una decisión que había sido apoyada por el hecho de que Stephano Notte aún no se había despertado. Ambos, Vincent y Marguerite se estaban comenzando a preocupar más y más por el giro de los eventos. Parecía que esto no tenía precedentes, o al menos ninguno que ellos hubieran oído, ni Neil, aparentemente. La conversión era normalmente un evento doloroso, por el que el convertido gritaba y sufría en el proceso, pero este no era el caso con Stephano. Él había yacido en silencio y quieto todo el tiempo, y no estaba despertando como ellos esperaban. Los tres inmortales estaban preocupados y esa preocupación se había pasado a Jackie y Tiny. La casa se había convertido en un lugar oscuro y depresivo para estar. Siendo ese el caso, Vincent fácilmente había concordado con la sugerencia de Jackie de visitar las discotecas, pero le había advertido que no tenía ninguna intención de alimentarse. Jackie entendió. Ella estaba incluso contenta de que no lo hiciera. Sin embargo, estaba esperando que si ellos hacían que fuera lo suficientemente difícil seguirles el ritmo, el saboteador pensaría que Vincent se había alimentado y él se lo había perdido. Para ese fin, ellos habían estado saltando de club en club durante las últimas horas. Ellos habían conducido al primer club, se habían


quedado por media hora, salido, tomado un taxi hasta otro club, permanecido media hora y luego habían tomado otro taxi. Estaban en el cuarto club ahora, y Jackie se encontró a sí misma inspeccioando las caras a su alrededor, esperando reconocer a alguien de alguno de los otros clubs en los que habían estado esa noche, o de la gente que estaba en la lista de empleados de la obra de Nueva York. Habían hablado con casi todos los de la lista para entonces. Al menos a todos los que estaban viviendo aquí, en Los Angeles. A pesar de ello, hasta ese punto, habían estado concentrados solamente en hacer la lista, no en interrogarlos realmente acerca de lo que habían visto u oído que pudiera ayudarlos a deducir quien era el saboteador / asesino. Jackie no había reconocido a nadie en el club aún, así que estaba comenzando a esperar que el saboteador no hubiera sido capaz de seguirles el rastro y los hubiera perdido en algún punto, o pensara que mientras él estaba intentando encontrarlos, Vincent se hubiera escapado para alimentarse. —Ven. Un poco de baile te ayudará a relajarte— Vincent le gritó en el oído, y tomó su mano y la arrastró a la pista de baile. Jackie comenzó a protestar, pero se rindió porque Vincent no estaba escuchando de todas formas. Además, ella podía ver a mucha más gente desde la pista de baile que desde la mesa. —¿Mencioné que te ves encantadora en ese vestido? Jackie tropezó con sus propios pies mientras Vincent murmuraba el cumplido en su oído. Sus manos se clavaron inmediatamente en su hombro y mano en un esfuerzo por evitar que perdiera el equilibrio, y entonces ella miró bruscamente a su cara. —No, ¿eh?— preguntó Vincent divertido, mirando su expresión impactada en su rostro—. Eso fue una verdadera negligencia por mi parte. —Oh— Jackie se aclaró la garganta, pero no se le ocurría nada más inteligente que eso que decir, mientras su mano se movía sobre su espalda, acercándola. —Te ves increíble de rojo— agregó Vincent, que aparentemente no había terminado con sus cumplidos. —Oh— Jackie tragó, terriblemente consciente de sus manos moviéndose en la parte baja de su espalda. Adonde su mano se movía, un rastro de fuego la seguía, despertando su carne. —Tengo que agradecerte los últimos días, Jackie— le dijo solemnemente, bajando su cabeza para hablarle al oído—. Sin ti, habría permanecido en un terrible estado. No es divertido sentir crecer el hambre, pero para uno de mi clase, puede ser una tortura. —Oh, bueno, es mi trabajo— murmuró, avergonzada.


Jackie trató de bajar la cabeza para evitar su escrutinio cuando él la haló de nuevo, pero él detuvo su mentón con una mano. Forzando su cara a encontrar su solemne mirada, Vincent sacudió su cabeza y dijo firmemente: —No, no lo es. Ambos lo sabemos. Y sé acerca de tu actitud hacia los de mi clase, lo cual lo hace aún más especial. Gracias. Jackie se las arregló para liberar su rostro y mirar lejos sólo porque él la dejó. Averiguó por qué cuando sus labios rozaron su oído con la ligereza de una mariposa mientras él susurraba, — Gracias.— Entonces ellos vagaron sobre sus propios labios y él le sopló como un aliento dentro de su boca, —gracias— una vez más antes de besarla. Esta vez no hubo una sensación suave de mariposas; la boca de Vincent era firme en la suya y le mostraba cuán agradecido estaba. Jackie—siempre la profesional consumada—inmediatamente se alejó... o lo habría hecho si su cuerpo estuviera cooperando. Desafortunadamente, su cuerpo tomó el control y venció a su mente, y en vez de eso, ella se derritió sobre él como chocolate en un camino caliente. Un pequeño suspiro de reconocimiento de la entrega de su cuerpo salió de sus labios mientras su boca se abría bajo la suya para permitirle a su lengua colarse entre los labios. Un gemido se deslizó por su garganta cuando el deseo despertó en su vientre y Jackie dejó sus brazos rodear su cuello, de repente una firme creyente del viejo refrán —Si no puedes vencerle, únete a él. —Oh, lo lamento. Jackie y Vincent se separaron al ser empujados por otro bailarín. Ella se volvió y miró para ver quién había sido, pero quien quiera que fuese ya había desaparecido entre la multitud. Suspirando de nuevo, miró de nuevo a Vincent y sacudió su cabeza cuando él se movió para tomarla de nuevo entre sus brazos. —Baño de Damas— le dijo como una excusa por su entrega, y entonces se giró y se encamino rápidamente fuera de la pista de baile, yendo hacia los baños. Jackie miró atrás una vez que ella había alcanzado el pasillo que llevaba fuera del área principal, sólo para estar segura de que Vincent había vuelto a la seguridad de su mesa. Al verlo reclamar su asiento, se relajó y se movió a lo largo del pasillo, sermoneándose firmemente a sí misma sobre ética de negocios. —Uno no anda por ahí besando a sus clientes—se regañó—. Un buen detective privado nunca se permite a sí mismo involucrarse —y por ende distraerse del propósito principal de proteger—al cliente. Dios, él es un buen besador. Reconociendo la última parte como un esfuerzo de su mente para descarrilar sus bien intencionadas autorrecriminaciones, Jackie suspiró y abrió la puerta del baño. Vincent era un vampiro, se recordó, sacando lo que debieron haber sido las armas grandes. Desafortunadamente, su mente estaba menos impresionada, recordándole que, aunque Vincent


era un inmortal, él no era nada como Cassius y tal vez los vampiros no eran tan malos. Al menos, Vincent definitivamente encajaba en la categoría —no un mal vampiro—. El pensamiento que finalmente la hizo tener algún control sobre sus rebasados deseos, fue el recuerdo de Marguerite diciéndole que Vincent había encontrado a su compañera, y que ella no era inmortal. Deteniéndose frente al lavamanos, Jackie miró al espejo y vio la confusión de su cara reflejada. Si Vincent había encontrado a su compañera, ¿por qué la estaba besando a ella? El reflejo no tenía una respuesta, pero su mente comenzó a trabajar el problema. Marguerite había dicho que la compañera de Vincent no era una inmortal y ella comenzó a listar todas las mujeres mortales que conocía en la vida de Vincent. Estaba Lily... y ella misma. Jackie parpadeó a su reflejo. Lily era dulce y joven, pero aunque ella los había visto juntos y no estaría sorprendida de saber que la joven asistente de producción estaba enamorada de Vincent, ella no creía que él estuviera interesado en la chica. Al menos, ella nunca había visto ninguna señal de interés de su parte… no como besarla, como había hecho con ella justo ahora. Los ojos de Jackie cayeron a su propia boca en el espejo. Su lápiz de labios faltaba, pero sus labios aún estaban rojos y ligeramente irritados por sus besos. Aunque ella había sido besada muchas veces antes, nunca había sido con el calor y el deseo crudo que había explotado entre ella y Vincent... aún los besos de Cassius con el uso de su habilidad telepática de inmortal para poner deseo en la otra mente no había sido tan sexy. Si ellos no hubieran estado siendo perseguidos por alguien, ella perfectamente podría haber trepado sobre Vincent justo como en una bicicleta, justo ahí, en la pista de baile. —No— dijo la palabra suavemente, negando la conclusión a la que su mente parecía estar dirigiéndose. Ella no podía ser la compañera de Vincent. ¿Podría el destino ser tan cruel? Una puerta se abrió tras ella y Jackie rápidamente se inclinó sobre el lavamanos antes de salpicarse agua en la cara con la esperanza de aclarar sus ideas. Ella vio a la morena joven y alta salir y unirse a ella en la línea de lavamanos. Pero le prestó poca atención excepto por el hecho de que era delgada y con pelo café, corto. No fue hasta que ella cerró el grifo del agua, y la morena se movió a su lado con una pequeña toallita de papel marrón extendida, que Jackie notó que la mujer la estaba mirando. Los ojos de la morena se estaban moviendo lentamente sobre el cuerpo de Jackie en el vestido de cocktail corto que se había puesto para la excursión de la noche. Ella murmuró un gracias mientras aceptaba la toallita, se giró al espejo, incómoda e hizo su mejor esfuerzo para ignorar a la mujer mientras secaba su rostro. —Tienes un cuerpo increíble.


Jackie parpadeó a su reflejo en el espejo, su mirada viajando de su propia figura hacia la otra, de la mujer más alta y más delgada. A decir verdad, Jackie no creía que hubiera nada de increíble acerca de su cuerpo. Ella era bajita y no importaba cuán a menudo hiciera ejercicio o cuán saludablemente comiera, ella parecía no poder deshacerse de las quince o veinte libras extra de las que ella estaba segura debía deshacerse para verse mejor. En el borde de la edad de treinta, sin embargo, ella había llegado a la conclusión de que lo mejor sería acostumbrarse. Era así como iba a quedarse. Insegura de qué más decir, Jackie murmuró —Gracias,— y arrugó la toalla de papel que había usado para secar su cara. Pero la mujer no había terminado. Mientras Jackie se movía para arrojar la toalla de papel a la basura, la chica agregó: —Me gustaría lamer cada pulgada de él. Nada en la verde tierra de Dios podía haberla detenido de mirar a la cara de la chica con una mirada de horror e incredulidad. Jackie casi barboteó, ¿Te parezco gay? Antes de detenerse ella misma, pero fue su primer pensamiento. Uno estúpido, reconoció. No podías decir las preferencias sexuales de alguien por su apariencia. Jackie abrió la boca para educadamente decirle a la mujer que no andaba en su misma vía, pero se detuvo y tensó cuando la morena se le acercó y le pasó una mano, bajando ligeramente por su brazo y agregó: —¿Por qué no vamos a algún otro lado y hacemos una fiesta? Jackie abrió su boca y la cerró varias veces, pero nada salía. Su cerebro parecía estar temporalmente desconectado. Esta era una de esas situaciones en las que ella no tenía absolutamente ninguna experiencia manejando. Era la primera vez que era abordada por otra mujer. Aparentemente, tomando su silencio como un buen signo, la chica tomó su mano y empezó a empujarla hacía la puerta. —Sé de un lugar donde podemos... El resto se perdió para Jackie cuando la morena abrió la puerta del baño. La música alta inmediatamente llenó sus oídos, ahogando el resto de lo que ella estaba diciendo. La única razón por la que Jackie no tiró de su mano para liberarse y regresar a la morena al baño para decirle que no estaba interesada, fue porque la chica la tomó por sorpresa, llevándola a la parte trasera del club en vez de llevarla de vuelta al área de baile y de sentarse. El cerebro de Jackie inmediatamente comenzó a recorrer líneas diferentes. Vincent necesitaba alimentarse. Él se había alimentado solamente una vez hoy. Él le había asegurado que estaría bien perdiéndose una comida, y tal vez él no moriría por eso, pero ella sabía que le causaba dolor. ¿Y qué si ellos no eran capaces de encontrar una manera de alimentarlo mañana?


La chica siguió hablando todo el tiempo mientras arrastraba a Jackie hasta el fondo del edificio. Al menos la boca de la morena se estaba moviendo cada vez que miraba atrás. Tranquilizada por sus muy humanos ojos verdes, Jackie decidió esperar y ver a dónde la llevaba, esperando que ellos fueran capaces de usar esto de alguna manera para ayudar a Vincent. Podría ser una oportunidad que ellos pudieran usar. Al menos, eso esperaba. La morena la apresuró en un pasillo, girando en otro y luego, apurándola a través de una puerta dentro de una cocina. El cuarto era grande, impecablemente limpio y actualmente vacío. Era lo suficientemente tarde como para que ya no se ofreciera comida. —…nunca he hecho esto antes, en realidad. Siempre fantaseé sobre ello pero yo…— el nervioso parloteo de la chica fue de súbito claramente audible mientras la puerta se cerraba tras ellas, reduciendo la ensordecedora música a un murmullo que les llegaba a duras penas a través de la puerta. —Espera— le dijo Jackie rápidamente. Ahora que la chica sería capaz de oírla, ella tiró de su mano, tratando de liberarse, pero la mujer era más fuerte de lo que parecía y simplemente la apretó más, diciendo—. Es justo aquí. A través de esta puerta. Jackie comenzó a halar su mano de nuevo, pero se detuvo cuando ellas pasaban a través de otra puerta. Estaban ahora en una pequeña bodega, delineada por estantes que sostenían tamaños industriales de latas y jarros de comida, pepinillos, salsa de tomates, sopas... Jackie se movió más lejos dentro del cuarto y se giró para tener de espaldas la puerta, su mirada moviéndose sorprendida entre los anaqueles hasta que completó el circuito y su mirada volvió a la morena de nuevo. La confianza que ella había tenido cuando se le había insinuado a Jackie en el baño definitivamente estaba ausente ahora. De hecho, la chica se veía nerviosa, entonces, ella hizo una inspiración profunda, como reuniendo valor. Una mirada determinada entró en sus ojos, y ella se adelantó un paso hacia Jackie, una mano adelantándose para tocarla. —De acuerdo, espera— Jackie retrocedió un paso, con una mano levantándose para detenerla mientras trataba de pensar si podía usar eso o no. Si el saboteador estuviera vigilando a Vincent y ella fuera a traerlo para alimentarse con la chica, entonces ella cerraría la puerta con llave desde adentro, y podría hacer que Vincent la manipulara de forma que se quedara dentro encerrada con llave por al menos media hora, o incluso más, antes de irse. Había una buena oportunidad de que el saboteador nunca supiera que la morena estaba ahí. Podría incluso pensar que Vincent se había alimentado de la propia Jackie si ellos entraban solos y se iban solos. La chica estaría a salvo... Miró a la morena, considerando el asunto, y entonces sintió su tirón de conciencia al notar la expresión de incertidumbre de la chica. En esta luz ella podía ver que la morena no era tan mayor como había pensado en un principio. Jackie suponía que ella tenía tal vez diecinueve o veinte, una muchacha en realidad. ¿Qué demonios hacía esta niña haciendo proposiciones a mujeres en los baños y arrastrándolas aquí, a esta bodega? Ella había captado las palabras de la chica acerca de que esta era una fantasía, algo que nunca había hecho antes, pero…


—Yo…— Jackie se tensó y giró cuando sintió una mano rozando ligeramente la parte de atrás de su cabello. Ella se encontró a sí misma mirando a un hombre alto, de cabello amarillento, en sus cuarenta. Vestía jeans y una camisa que se había dejado abierta hasta casi el ombligo para revelar una cadena de oro alrededor de su cuello. Él también estaba mirándola lujuriosamente. Despreciable, Jackie lo catalogó de inmediato. Despreciable tratando de contrastar su crisis de la edad madura vistiéndose con un estilo demasiado joven, usando montones de oro en sus dedos, muñecas y cuello, y divirtiéndose con una novia que era lo suficientemente joven para ser su hija. Por otro lado, pensó Jackie, ella acababa de ser besada por un tipo de cuatrocientos años en la pista de baile. ¿Quién era ella para criticar las elecciones de las personas? — ¡Trevor!— la morena sonaba ansiosa—. Se suponía que debías esperar hasta que estuviéramos en eso y entonces… —Cállate, Shell— dijo él, sonando casi aburrido—. Tú no ibas a estar en eso. Ella obviamente es tímida. Solamente pensé que le dejaría saber que yo era parte del paquete también, a ver si tal vez estaría interesada después de todo. Los intentos de Jackie por ser generosa murieron en el momento en el que escuchó cómo se dirigía Trevor a Shell. Ella era joven, obviamente admiraba a la gran bola de manteca, y ella —se calló— como él la había ordenado, con una mirada infeliz en el rostro. Jackie de repente comenzó a replantearse las cosas. —¿De dónde saliste?— le preguntó, tomando un cauteloso paso atrás de Trevor. Él no había estado ahí cuando ella había visto el cuarto la primera vez. Trevor sonrió presuntuosamente, y entonces se movió alrededor del estante que estaba en la parte de atrás del cuarto, haciéndole señas para que lo siguiera. Jackie no lo hizo, quedándose a una distancia de un brazo lejos de él y viendo mientras se movía hacia el muro. Era de madera, un panel tosco y a primera vista no tenía idea de qué quería que viera, entonces presionó el panel y éste se deslizó, abriéndose. Una puerta estaba escondida en el panel, aunque eso no podía ser deliberado. Entre la pobre luz y el hecho de que la puerta era de la misma madera que el muro, la puerta era invisible a primera vista. —Mi oficina— le anunció Trevor con una sonrisa, haciendo un gesto en dirección al cuarto atrás—. Soy el gerente aquí. Jackie miró la decoración cara, su mente estaba corriendo. Esto era perfecto, casi a prueba de tontos. Se giró, y caminó atrás hacia el estante en el cuarto de almacenamiento, sus pensamientos apilándose en su cabeza. Su mirada se detuvo en Shell y le sonrió. —Trevor estaba equivocado, no me estaba poniendo tímida.


Shell no se vio tan feliz acerca de las noticias al principio, y entonces súbitamente esbozó una sonrisa que se veía decididamente forzada. Una mirada sobre su hombro le mostró a Jackie que Trevor estaba regresando del estante y ella finalmente entendió. Esta no era una fantasía, al menos no una fantasía de Shell, esto era todo para hacer feliz a Trevor. Él quería un trío, así que Shell—desesperada por mantenerlo contento—acordó hacer un trío. —¿Así que sí estas interesada?— Trevor hizo una pausa detrás de ella, sus manos deslizándose alrededor de su cintura y moviéndose sobre su estómago, buscando sus senos. Jackie capturó su mano, terminando con un brusco alto su exploración. Ignorándolo, le dijo a Shell: —Te paré porque necesito darles a mis amigos una excusa por mi desaparición, de otra manera se volverían locos. Esa chica que fue encontrada en las colinas era amiga nuestra y nos ha puesto a todos nerviosos. —Oí sobre eso— dijo Shell encogiéndose de hombros—. ¿Era amiga tuya? —Si— mintió Jackie, moviéndose hacia la puerta—. Dame cinco minutos para decirles que tengo quien me lleve a casa, para que no se preocupen. Entonces tendremos todo el tiempo del mundo. —Ella no va a volver— la voz de Trevor era desagradable e irónica. Jackie se paró en la puerta y miró atrás. —Sí, lo haré. Él sacudió su cabeza. —Te estás escapando de nosotros. Jackie frunció el ceño. Si él realmente creía que ella estaba escapando, podría llevarse a Shell e irse mientras ella no estaba. Dudando, ella se miró a sí misma, tratando de pensar qué podría dejar para convencerlo. Su bolso estaba en la mesa, todo lo que tenía era lo que tenía puesto. Expirando con fuerza, Jackie se sacó los zapatos, los pateó al centro del cuartito y arqueó una ceja. —¿Me crees ahora? Trevor asintió, sus labios abriéndose en una sonrisa que era toda dientes. —Te veo pronto. Jackie abrió la puerta y salió del cuarto. Se las arregló para regresar al pasillo fuera del baño de damas y entonces continuó hasta la mesa. —Estaba comenzando a preocuparme—le gritó Vincent al oído. Se había puesto de pie cuando ella se apresuró a llegar a la mesa.


Jackie vio un gesto de extrañeza cruzar su rostro cuando se enderezo después de gritarle en el oído, y ella supuso que había notado la diferencia de su estatura cuando su mirada se deslizó a sus pies. Sus cejas se juntaron inmediatamente. —¿Qué le pasó a tus zapatos? —Eso no importa— le explicó. Se apoyó sobre la mesa, diciéndole a Marguerite y Tiny—, ya volvemos. Esperen aquí. Los ojos de Marguerite se entornaron y Jackie supo que estaba preocupada y tratando de leer sus pensamientos. Ella no trató de bloquearla, sino que dejó que la tía de Vincent leyera qué estaba pasando, imaginándose que sería más fácil que explicarlo verbalmente. Cuando Marguerite se relajó y se recostó en su asiento, asintiendo, Jackie se enderezó. Tiny aún se veía preocupado, pero Jackie sabía que Marguerite le explicaría todo, así que ella simplemente se giró para tomar la mano de Vincent y comenzó a llevarlo de regreso por donde ella había venido. —¿A dónde vamos? Jackie oyó su pregunta y lo llevó a la pista de baile, pero no respondió. Entonces se dio cuenta de que no podía llevarlo así en frío, sin conocimiento de lo que estaba pasando. Deteniéndose en el centro de la pista de baile, se acercó a él y le dijo: —Lee mis pensamientos. Vincent la miró solemnemente, y ella pensó que había tristeza en sus ojos, entonces su mirada se enfocó en su frente. Ambos se quedaron quietos y Jackie esperó el mareo que le diría que él estaba leyendo su mente, pero nunca llegó. —No puedo,— él habló tan suavemente que ella no pudo oírlo, pero pudo leer las dos palabras en sus labios y vio el dolor que reconocerlo le causaba. Jackie lo miró fijamente. Bastien una vez le había dicho que no ser capaz de leer a alguien era una señal de un verdadero compañero. La confusión que ella había experimentado en el baño trató de volver, pero la apartó despiadadamente. Más tarde consideraría las ramificaciones de todo y el desastre en el que parecían estar, por ahora, ella se aseguraría de alimentarlo. —Mientras estaba en el baño de damas una chica me hizo una propuesta, ya sabes— le dijo abruptamente y Vincent jadeó sorprendido. —¡No! ¿Una mujer?— una sonrisa incrédula se asomó en el borde de sus labios, removiendo algo de su tristeza. Jackie asintió, y entonces se acercó más para continuar. —Sí, entonces ella me arrastró a esta bodega.


Vincent hizo un sonido y Jackie se detuvo y lo miró de nuevo. Se veía como si se hubiera tragado la lengua. —¡No pasó nada!— le dijo rápidamente, entonces continuó explicando lo demás antes de agregar —, podrías alimentarte con seguridad. Si el saboteador está mirando, todo lo que él vería sería a nosotros entrando y saliendo. Y, después de eso, podrías hacer que Trevor y Shell se deslizaran por la puerta de su oficina, cerrar con llave por ese lado y dejarlos ahí, de forma que, aunque el saboteador revise la bodega, no encuentre a nadie ahí— se detuvo y levantó las cejas cuando él le sonrió—. ¿Qué? —Me gusta tu cerebro— le dijo Vincent con una sonrisa—. Tú ves una oportunidad y la tomas. Una superviviente completa. Lo harías muy bien como uno de nuestra clase. Ambos se quedaron quietos, tensos, con estas palabras y ella vio el dolor cortar abruptamente su pecho, reflejándose en sus ojos al darse cuenta de que ella nunca podría ser una de su clase ahora. —Jackie, yo...— comenzó él con arrepentimiento, pero ella sacudió su cabeza. —No. No ahora.— Halando sus brazos, capturó su mano y lo guió por el pasillo que llevaba a los baños. —¿Así que ella realmente te propuso algo?— le preguntó Vincent en el oído, su pecho frotándose contra su espalda mientras lo hacía. Aparentemente, él estaba dispuesto a dejar el otro tema por ahora y pretender que todo estaba bien. O intentarlo. Para ser un actor, estaba teniendo problemas ocultando la tristeza que estaba experimentando. Sin embargo, estaba haciendo su mejor esfuerzo—. ¿Qué hizo? —Dijo que tenía un buen cuerpo— Jackie se paró para gritarle al oído. —Lo tienes—le aseguró Vincent rápidamente—. Pero ese es sólo un cumplido. Eso difícilmente se podría considerar… —Y ofreció lamer cada pulgada de él— agregó ella secamente. —Ohhhhhhh.— Vincent se quedó callado por un momento y entonces gimió en voz alta. Ella arrastró sus ojos de nuevo a su cara. Una mirada fue todo lo que necesitó para saber que se lo estaba imaginando... y que le gustaba. —Hombres— murmuró con disgusto mientras seguía de frente de nuevo. ¿Por qué la idea de dos mujeres juntas siempre parecía gustarles tanto? —Jackie, podríamos tener un problema— le gritó Vincent, su pecho rozando de nuevo su espalda mientras ella giraba por otro pasillo. Ella se detuvo y miró atrás de él para asegurarse de que nadie los estaba siguiendo, entonces preguntó:


—¿Qué clase de problema? —Podría tener problemas controlando a dos a la vez— admitió Vincent cuando ella lo llevaba dentro de la cocina. —¿Qué?— Jackie se detuvo totalmente y se giró para encararlo—. Pero he visto a Bastien controlar a más de un humano a la vez. —Bueno, sí, el no tendría ningún problema. Mientras más viejos somos, mejores en todo y Bastien tiene más de cuatrocientos. —Tú también— le señaló Jackie, bajando su voz de forma que no fueran oídos por la pareja de la bodega. —Sí, pero ha pasado mucho tiempo desde que intenté controlar a más de uno. Esto es como una habilidad, mientras más practicas, mejor eres y yo no...— se detuvo y se puso ceñudo ante la expresión alarmada de ella. Entonces la palmeó en la espalda, calmándola y le dijo—. No estoy diciendo que no pueda hacerlo, sólo que puede ser un poco difícil. ¿Puedes distraer a uno mientras yo controlo al otro? Una vez que uno haya caído, me meteré en la mente del segundo también. —Oh— Jackie dudó, insegura de cómo haría eso, pero finalmente asintió—. Sí, bien. Distraeré a la chica. Trevor es un idiota, contrólalo primero. Vamos. Jackie lo llevó a la puerta de la bodega.


Capítulo 12 HYPERLINK \l "inicio" Índice La bodega estaba vacía cuando Jackie abrió la puerta, y, por un horrible momento, ella temió que la pareja se hubiera ido. Entonces, escuchó voces y se dio cuenta de que simplemente se habían movido a la oficina. Girando, le susurró a Vincent que cerrara con llave la bodega. La última cosa que necesitaban era que el saboteador intentara seguirlos y descubrir lo que ella tramaba. A pesar de que Trevor no le gustaba, no lo quería muerto. Dejando a Vincent para seguir cuando él terminó con la puerta, Jackie recogió sus zapatos del lugar en el que los había dejado y caminó rodeando el estante para entrar en la oficina. —Pensé que me habíais abandonado —dijo Jackie ligeramente, entrando. Trevor estaba sentado en la silla del escritorio a su derecha y Shell estaba sentada en un sofá de cuero grande, contra el muro a su izquierda en la oficina gris y negra. —No, sólo pensamos que este cuarto sería más cómodo —anunció Trevor, con sus ojos viajando sobre ella.


Asintió y se movió pasando a Shell en el sofá, sentándose en el lado más alejado de la puerta para alejar su atención del área de la bodega. Como ella había esperado, Shell se movió en el sofá, girando ligeramente, de forma que se miraran cara a cara, dándole la espalda a la puerta. —Bueno —Jackie forzó una sonrisa, sus ojos pasando de Shell a la entrada y viceversa. Vincent sólo estaba aproximándose, moviéndose con cuidado hacia adelante mientras sus ojos ubicaban a todos en el cuarto. Jackie comenzó a estrujarse el cerebro, tratando de pensar en algo qué decir para distraer a Shell cuando Trevor se pusiera de pie. —¿Qué estás esperando, Shell? Tú... Cuando él se calló repentinamente, Jackie miró en su dirección, notando con alivio que su rostro tenía la expresión en blanco. Entonces, fue distraída por Shell, que no se había dado cuenta del repentino silencio de Trevor y había tomado su primera pregunta como una orden. Ella se había arrodillado y se estaba inclinando en dirección a Jackie con la intensión de besarla. Eso era un poco más de distracción de la que ella estaba dispuesta a dar. Sus ojos asustados miraron a Vicent, suplicándole que la ayudara cuando él miró en su dirección. Sus cejas se levantaron mientras Shell se acercaba, entonces concentró su mirada sobre la chica. Jackie regresó su atención a la morena en el momento exacto en que colapsó hacia adelante, contra su pecho. Jackie liberó una lenta expiración, y entonces miró de Trevor, parado rígidamente y aún tras su escritorio, a Shell, que yacía laxa contra ella. —¿Qué le hiciste a esta chica? —Nada. Sólo me deslicé en su mente y la vacié —dijo Vincent encogiéndose de hombros. —¿Porqué está tan... —Jackie sacudió la cabeza hacia la aparentemente inconsciente chica—... Trevor no lo está y ninguno fue complicado. —Ella es fácil —dijo Vincent simplemente. —Ja—Ja —le dijo Jackie secamente, mientras él mordía sus labios, posiblemente, para evitar reírse. —Te dije que había pasado tiempo. Simplemente usé un poquito más de fuerza de la que era necesaria —le explicó, moviéndose adelante en el cuarto—. Ella estará bien. —Oh, bueno, bien —dijo Jackie con un suspiro—. Así que adelante, muérdela. Vincent tomó el brazo de la chica que caía desanimadamente y la levantó para acostarla en el sillón. Su mirada vagó por su cara inexpresiva.


—Ella realmente se propasó contigo, ¿eh? —Sólo alimentate, Argeneau —dijo Jackie secamente. —Hmm. Sé que estoy en problemas cuando comienzas a llamarme Argeneau —él sonaba más divertido que preocupado, pero entonces dudó y dijo: —No puedo contigo viendo. —¿Qué? —preguntó ella sorprendida. —No estoy acostumbrado al público —le explicó, sonando adolorido—. Date la vuelta. Jackie sacudió su cabeza, pero se paró y fue a la puerta. Se apoyó en ella, dándole su espalda al cuarto, poniéndose los zapatos de nuevo mientras esperaba. Después de un momento de silencio, Vincent dijo: —Haz ruido. —¿Qué? —miró sobre su hombro. —Tararea —le pidió—. No quiero que escuches. —¡Oh, por todos los cielos! Eres como una mujer a la que le da vergüenza mear con gente en el baño del lado escuchándola. Honestamente —ella lo miró, pero no tuvo efecto. Él sólo esperó pacientemente. Suspirando, Jackie le dio la espalda y comenzó a tararear, sintiéndose estúpida. Entonces se detuvo y le dijo: —Voy a ir a ver si hay alguien en la cocina. Reúnete conmigo cuando hayas terminado aquí. Deslizándose a la bodega, haló la puerta hasta casi cerrarla, y entonces caminó alrededor del estante y cruzó el cuarto hacia la puerta de la cocina. Presionó su oído en la puerta y escuchó. Cuando no escuchó ningún sonido proveniente de la cocina, Jackie dudó, entonces quitó el cerrojo de la puerta y la abrió un poco para poder espiar afuera. La cocina parecía vacía, aunque ella no la podía ver completamente desde ahí. Jackie consideró salir y ver todo el cuarto, pero algo la detuvo. Su vieja sensación de presentimiento estaba bailando en toda su columna, haciendo que se le erizaran los pelos de la nuca. Jackie siempre escuchaba sus presentimientos, así que, en vez de salir, sostuvo el aliento y escuchó a ver si percibía cualquier sonido que pudiera delatar la presencia de alguien cerca en una parte de la cocina que ella no pudiera ver. Como ya no pudo aguantar la respiración, y aún no había oído nada, Jackie cerró la puerta de nuevo y tomó un profundo respiro al cerrar con llave de nuevo. Suspirando, apoyó su frente contra la puerta y silenciosamente rezó por que no hubiera cometido un error. Ella había estado segura de que Trevor y Shell estarían a salvo si Vincent cerraba con llave la puerta entre la oficina y la bodega, y luego se escapaba por otra puerta que llevara de la oficina al pasillo, pero estaba


comenzando a preocuparse de nuevo. Su sensación de presentimiento siempre quería decir que algo iba a pasar, y ella no quería que estas dos personas murieran por una de sus brillantes ideas. Jackie suspiró infeliz con ese prospecto, y entonces casi saltó hasta el techo cuando unas manos se deslizaron por su cintura desde atrás. —Puedo sentir tu preocupación —le dijo Vincent suavemente—. Todo estará bien. Jackie se giró para verlo y preguntó en un susurro: —¿Terminaste? Él asintió, permitiéndole a sus manos unirse en su espalda. —Borré sus recuerdos, le ordené a Trevor que se encerrara cuando yo saliera, y entonces tomara a Shell y volviera a la pista por medio de la puerta de la oficina. Todo estará bien. Jackie liberó su aliento en un suspiro bajo. —De acuerdo. Ellos seguro estarán bien. —Si, así es —concordó Vincent, y entonces la acercó más a él y rozó sus labios dulcemente sobre los de ella—. Gracias. De nuevo. Jackie se quedó quieta mientras él la besaba apropiadamente. Vincent podría ser tranquilo por naturaleza, pero no en cuanto a los besos. Él mostraba su lado experimentado, magistral, sus manos deslizándose por su cabello y sosteniendo su cabeza donde la quería mientras su lengua se deslizaba dentro de su boca. Jackie jadeó y gimió mientras sus sentidos se sobrecargaban. El hombre olía bien, se sentía bien, sabía bien, y besaba como un sueño. Estaba temblando, con los ojos bien abiertos cuando el terminó el beso y la abrazó con más fuerza. —Maldición, Jackie, no culpo a Shell por querer lamer cada pulgada de tu piel. Yo estaría feliz haciendo exactamente eso. Ella cerró sus ojos con las imágenes eróticas que llenaron su mente, y entonces se forzó a sí misma a separarse y decir débilmente: —Deberíamos volver a la mesa. Dándose la vuelta antes de que él pudiera convencerla de lo contrario, Jackie abrió la puerta y marchó frente a él fuera de la bodega.

—¿A alguien le gustaría tomar café? —preguntó Tiny mientras entraban a la casa, una hora más tarde.


—Eso suena bien —Jackie se movía hacía arriba del pasillo para no bloquear la entrada, cuando Marguerite, Tiny, y Vincent la siguieron adentro de la casa. Ellos habían ido a un par de clubes más antes de regresar, y era tarde, pero se sentía renuente a terminar la velada. Los pensamientos que la esperaban para abrumarla no eran felices. —Me voy a poner algo más cómodo —anunció, mientas Vincent se detenía para cerrar la puerta con llave—. Revisaré la máquina contestadora cuando regrese. —Prepararé una cafetera llena y tal vez algunos bocadillos de alguna clase para picar —dijo Tiny cuando iba frente a Marguerite por el pasillo. Agregó: —¿Hay alguien interesado? —Yo —dijo rápidamente Jackie. —Yo también —dijo Vincent mientras se movía hacia el panel de seguridad a escribir el código para mantener la alarma encendida—. Voy a cambiarme también, y a revisar cómo está Stephano, pero supongo que yo tampoco tardaré mucho. Jackie comenzó a subir las escaleras, apresurándose para no quedarse sola con Vincent. Si él comenzaba a besarla de nuevo... Ella tembló por la sola idea, pero entonces cerró su mente a esa posibilidad. Había muchísimas complicaciones involucradas en cualquier posible relación entre ellos. Empezando, no sería profesional mientras ella estuviera trabajando para él. Y estaba, además, todo este asunto de la compañera de toda la vida y el poder convertir sólo a uno. No quería contemplar ninguna de estas alternativas en ese momento. Jackie se quitó los zapatos con los pies cuando entró a su cuarto, se quitó la ropa rápidamente y se puso un traje negro para trotar, y entonces salió de nuevo. Se preguntó cómo estaría Stephano cuando pasó frente a su puerta. Vincent podría decírselo cuando llegara a la cocina. Había alcanzado el pie de las escaleras cuando recordó que no había revisado la contestadora. Neil había estado en casa por la noche. Pero si alguien quisiera retenerlo habría llamado a su móvil. Vincent le había dicho que no se preocupara por el teléfono y que dejara que la contestadora tomara el mensaje cuando ellos estuvieran fuera. Sólo revisaría y vería si había mensajes antes de ir a la cocina, decidió. Con ese pensamiento, regresó en dirección a la oficina. Una parte de su mente se sorprendió cuando vio que la puerta estaba cerrada. Nunca estaba cerrada, a menos que hubiera alguien dentro. Cuando una brisa fresca se deslizó sobre sus pies al detenerse ante la puerta de madera, la mano de Jackie se congeló en el tirador. Recordando la noche en que la lista de los empleados se había perdido y el hecho de que una de las puertas francesas había sido dejada abierta, Jackie miró alrededor del panel de seguridad y vio que no estaba activado. Vincent aparentemente había presionado el código para prevenir que la alarma se apagara, pero no reaseguró el sistema. Un sonido suave de adentro del cuarto atrajo su


atención, y Jackie, instintivamente, abrió la puerta. Llegó justo a tiempo para ver una figura oscura deslizándose fuera del cuarto por medio de la misma puerta francesa que había dejado abierta la última vez. —!Oye! —dijo Jackie, apresurándose a alcanzarla.

—Aquí estamos —dijo Tiny, encendiendo la cafetera—. El café estará listo en unos pocos minutos. Mientras tanto, voy a ponerme mis pantalones para trotar. Estos pantalones de vestir son demasiado ajustados. —De acuerdo —le dijo Vincent, con la mitad de su cabeza dentro del refrigerador, intentando conseguir comida. Se había cambiado, había visto que Sthepano estuviera bien y encontró al hombre herido acostado, quieto en la cama, y a Neil cabeceando en su silla al lado de la cama. Dejándolos en paz había bajado, sorprendido de haber llegado antes que Jackie. —¿Puedes traerme una bolsa de sangre mientras estás ahí, Vincent, por favor?—preguntó su tía. —Claro —Vincent sacó la bolsa y se enderezó a tiempo para ver a Tiny saliendo del cuarto y entonces deslizó su mirada hacía su tía—¿En un vaso o de la bolsa? —La bolsa estará bien, gracias —murmuró Marguerite. Le llevó la bolsa, se la entregó, tomó asiento y sacudió su cabeza. —¿Qué ocurre? —le preguntó Marguerite, llamando su atención. —Sólo estaba pensando. He tenido esta casa por casi diez años y ni una sola vez había usado la cocina hasta la semana pasada, más o menos, y ahora parece que la usamos todo el tiempo. Marguerite sonrió ligeramente. —Esa no es la única cosa que ha cambiado desde que Jackie llegó aquí. Vincent asintió para mostrar su conformidad, su mirada moviéndose alrededor de la acogedora estancia. Siempre le había parecido, de alguna manera, funcional y fría antes de que Jackie y Tiny llegaran. Ellos la habían llenado con sonido, calidez y un delicioso olor a comida cocinándose. De alguna manera, ellos habían convertido esa casa en un hogar. —¿Has tratado de leer a Jackie? —le preguntó Marguerite de repente. —Sí, intenté leerla esta noche y no pude —admitió suavemente y entonces bajó su mirada a sus manos unidas sobre la mesa. Su mente estaba confusa. A Vincent le gustaba Jackie, y disfrutaba de su compañía. A él, incluso algunas veces, le gustaba que fuera tan mandona. Y luego lo de esta noche, cuando ellos habían bailado... Vincent nunca se


había sentido tan en paz en su vida. Se había sentido como quien ha encontrado su lugar, su hogar. En cuanto a lo que había sentido cuando la había besado... ¡Dios! No había sentido tal pasión en siglos. Su anterior falta de interés en el sexo había desaparecido definitivamente esta noche. De hecho, si tenía que ser honesto consigo mismo, tendría que admitir que había revivido mucho antes de esta noche. Desde el día en su oficina, cuando él se había deslizado en los sueños de ella, Vincent se había pasado horas de cada mañana antes de poder dormir, imaginándose desnudarla, acostándola en varias superficies planas y deleitándose con cada pulgada de su cuerpo. Pero todo parecía estar pasando tan rápido. Él había tardado en tratar de leer a Jackie, y averiguar si ella era realmente su compañera de vida, para permitirse a sí mismo habituarse a la posibilidad de que finalmente hubiera encontrado a su compañera, tanto como para darle tiempo a ella de conocerlo. Los inmortales sabían que cuando encontraban a la persona correcta, no podían leerla. Ellos lo aceptaban muy fácilmente. Para los mortales, era algo diferente, generalmente necesitaban tiempo para acostumbrarse. Su deseo estaba ahí, y el enlace ocurría, pero la parte lógica de su mente insistía en un cortejo. Desafortunadamente, la demora de Vincent le había hecho perder cualquier oportunidad con Jackie. Él no podría convertirla ahora. Si no hubiera sido tan cobarde y no se hubiera tardado tanto, si la hubiera convertido de inmediato... Vincent sacudió su cabeza. Si hubiera hecho eso, Stephano estaría muerto, aunque no estaba seguro de que el hombre no pudiera morir. Se enfadó consigo mismo, preguntándose por qué el hombre no había despertado aún. Estaban todos comenzando a preocuparse terriblemente. —Jackie no tiene familia, nada que la retenga en el mundo mortal —dijo Marguerite súbitamente, trayendo su atención de nuevo el tema a la mano—.Ella lo haría muy bien como una de nosotros, Vincent. Será una buena compañera de vida para ti. Te complementa perfectamente. —Ella no será una compañera —dijo Vincent suavemente. —Es tu compañera de vida, Vincent. Tu mitad faltante. Él se puso tenso con la irritación y le gritó la verdad que no había querido revelar antes. —No puedo convertirla. —Pero yo sí puedo —le señaló. —Tú —Vincent se detuvo abruptamente y miró a la puerta cuando ésta se abría, no quería que Jackie oyera lo que estaban hablando. Sin embargo, no era Jackie la que entró. Él miró con la expresión inescrutable al hombre que estaba parado en la puerta de la cocina. Alto, al menos de su propio peso o más, el hombre tenía el cabello castaño, largo, atado en una cola de caballo. Estaba vestido de negro y lo observaba con los ojos fríos y tensos.


—¿Quién demonios eres? —le preguntó Vincent, poniéndose de pie. El extraño permaneció en silencio, su mirada paseándose sobre Marguerite, sólo volviendo a él cuando se puso protector frente a ella. —¿Y bien? —preguntó Vincent. El hombre arqueó una ceja, se veía ligeramente divertido por su reacción ante su presencia. Finalmente dijo: —Christian Notte. —El primo europeo de Neil y Stephano —se dio cuenta Vincent y su postura se relajó. Obviamente, Jackie había dejado entrar al hombre y lo había enviado a la cocina. —¿Cuándo llegaste a California? —Hoy —admitió él—. Llamamos cuando aterrizamos en el aeropuerto, pero no obtuvimos respuesta. —Estábamos fuera más temprano, haciendo rondas en los clubes. Acabamos de regresar a casa hace quince minutos. Le dije a Neil que no se molestara en contestar el teléfono —le explicó Vincent. Su mirada se deslizó a la puerta como si se preguntara dónde estaba Jackie, pero él suponía que aún estaba en la oficina y que estaría con ellos pronto. Miró alrededor en la cocina, pero no tenía idea de qué decir o hacer, finalmente suspiró y dijo: —Siento mucho lo de Stephano. Es un buen hombre, un amigo. Christian Notte asintió lentamente, pero estaba serio y preocupado cuando preguntó: —¿Estabais fuera esta noche y acabais de regresar? —Sí —las cejas de Vincent se juntaron ante su expresión. Preocupado porque el hombre se sintiera ofendido porque ellos parecieran estar de fiesta tan pronto, luego del ataque de Stephano, dijo rápidamente: —Era necesario. No estábamos fuera para divertirnos—él dudó, y entonces agregó: —Tengo que alimentarme de donantes vivos por una condición genética. —Neil me explicó eso —le interrumpió Christian—. Él dijo que tu último donante fue asesinado después del ataque a Stephano. —Sí —asintió Vincent—. Bueno, he estado evitando salir a alimentarme en los últimos días y he estado alimentándome de los chicos de reparto, pero Tiny señaló hoy que el saboteador se daría cuenta pronto de lo que estaba haciendo, si no parecía al menos que estaba yendo a los clubes de nuevo. La última cosa que quería era que alguien más fuera asesinado, así que salimos, y fuimos


rápidamente de un club a otro, con la esperanza de perder a mi saboteador por el tiempo suficiente como para que él pensara que me había alimentado mientras trataba de alcanzarnos. Christian asintió. —Probablemente, es lo mejor. Si él no creía que te estabas alimentando de la gente de los pedidos, probablemente asumiría que lo hacías de tus detectives, y los habría marcado. Vincent sintió a Marguerite parándose tras él, entonces ella tocó su espalda. —Vincent, él podría haber pensado eso mismo cuando te metiste en esa bodega con Jackie esta noche. Si estaba viendo, podría pensar que te alimentaste de ella. Vincent se preocupó ante la sugerencia. Era algo que él no había pensado. No quería marcar a nadie para morir alimentándose de ellos, pero definitivamente no quería que ningún riesgo se cerniera sobre Jackie… o Tiny, agregó en un pensamiento posterior. A decir verdad, Jackie era su principal preocupación. —Tendré que hablar con Jackie sobre esto —murmuró, pasando una mano entre las hebras de su cabello. Enfocó su mirada en Christian y le preguntó: —¿Regresó a la oficina después de que te dejó entrar? —Nadie me dejó entrar. Vincent parpadeó. —¿Qué? —El panel del final del camino de la entrada estaba roto, así que no pude tocar el timbre para que me abrieran la puerta. Dejé a mi primo en el carro, vine al muro y entré a la casa, para abrir la puerta para que él pudiera entrar. Es por eso que me sorprendí cuando me dijiste que acababan de llegar a casa. No hay manera de que hayas pasado por el panel roto sin darte cuenta. Está destruido, con los cables afuera. Vincent se tensó por las noticias, y su rostro se contrajo por la preocupación. —¿Qué dijo Jackie cuando se lo contaste? Christian levantó su cabeza y preguntó: —¿Jackie es uno de los detectives privados que tu hermano Bastien te envió desde Nueva York para ayudarte con lo de este saboteador? Vincent asintió. Él le había contado todo a Neil. Había sentido que le debía el ser honesto acerca de por qué su hermano había sido atacado.


—No he... —comenzó Christian, pero entonces paró cuando la puerta de la cocina se abrió de nuevo. Ellos se giraron a ver, esperando ver a Tiny o a Jackie entrar. Ninguno de los mortales lo hizo. En vez de eso, otro hombre se detuvo en la puerta. Con abundante cabello, y también vestido de negro, miró a la gente dentro de la cocina. Su mirada se movió con falta de interés sobre Vincent, pero se detuvo con una mirada de lo que podía ser admiración sobre Marguerite, para finalmente llegar a Christian. Una ceja se levantó, interrogativa. —Te dije que esperaras en el coche, Marcus —dijo Christian con irritación. —Te estabas tomando demasiado tiempo —dijo el hombre, encogiéndose de hombros—. Vine a curiosear y encontré las puertas francesas abiertas, así que entré y seguí las voces. —¿Las puertas francesas están abiertas? —preguntó Vincent. El pelo de su cuello comenzaba a erizarse. Marcus asintió. —Así es como entré —anunció Christian—. Cuando venía a la casa, vi que las puertas francesas estaban abiertas. Entre eso y el panel frontal roto, pensé que podría haber un problema, así que vine y seguí sus voces hasta la cocina. Marguerite se giró y se agarró de su brazo. —Vincent, si el saboteador piensa que te alimentaste de Jackie esta noche y ella es un blanco... Jackie iba a ir a revisar los mensajes en la oficina. Vincent sintió que la sangre se le iba a los pies. Jackie nunca habría dejado las puertas francesas abiertas. —Veré si está arriba cambiándose. Vincent escuchó las palabras de su tía y la vio apurándose a salir de la cocina, pero su mente parecía haberse dejado poseer por el pánico. Todo se estaba moviendo a cámara lenta delante de él. Se dio a sí mismo una sacudida mental, miró de un hombre a otro en la cocina, y lentamente siguió el camino que su tía había tomado fuera de la cocina. Ella ya había desaparecido en el segundo piso, pero Tiny estaba bajando ahora y sus cejas se levantaron ante la visión de los dos hombres siguiendo a Vincent fuera de la cocina. Él suponía que el hombre estaba un poco alterado. Dudaba que Tiny viera a menudo hombres que fueran de su propio tamaño y ver a dos de ellos parecía dejarlo impresionado. —No está en su cuarto —Marguerite no se molestó en esconder su preocupación cuando reapareció en el borde de las escaleras. Tiny miró de Marguerite a Vincent.


—Tal vez aún está revisando la máquina contestadora. Girando, Vincent siguió por el pasillo hasta la oficina. Abrió la puerta y su mirada voló sobre el cuarto vacío, con los papeles caídos del escritorio, que seguían cayendo por el viento que entraba por las puertas francesas, aún abiertas. —Estaba así cuando yo entré —anunció Marcus, haciéndole ver a Vincent que le habían seguido. Vincent miró fijamente a la oscuridad más allá de las puertas abiertas. Su corazón parecía haberse detenido en su pecho mientras el pánico se apoderaba de él. Imágenes surgieron, frente a sus ojos, de una Jackie pálida, con el cuerpo retorcido y sin sangre. Él la había hecho su blanco sin proponérselo. Ahora podía perderla. Ella era su mejor oportunidad para la felicidad en el futuro. Y aún había esperanza para ellos. Vincent no estaba seguro de si él le permitiría a su tía convertirla y renunciar a su propia esperanza de convertir a su propio compañero de vida si ella lo encontraba en el fúturo, pero eso le recordaba que la madre de Stephano siempre había deseado convertir a su hijo. El papá de Neil era su compañero de vida, ella podría estar dispuesta a convertir a Jackie por él. Pero aún si no lo hacía, cincuenta años, o algo así, de felicidad con Jackie eran mejor que nada. Vincent se apresuró a cruzar el salón y se adentró en la noche, rezando silenciosamente por encontrarla a tiempo.

Los pies de Jackie estaban fríos. Era lo suficientemente tarde para que el rocío se hubiera formado en el césped y ella arrastrándose con los pies descalzos a través de las hojas empapadas. Deseaba al menos haberse puesto zapatillas. También deseaba haber pedido ayuda antes de salir a perseguir al intruso que había visto deslizarse desde la casa. Correr tras el intruso había sido instintivo, pero había sido un mal instinto. Estaba sola, una mortal desarmada siguiendo entre la penumbra a un inmortal fuerte y rápido. ¿Qué tan estúpido era eso? Ella miró al lado mientras corría atrás de la casa. La luz se derramaba de la ventana de la cocina en un ancho cuadrado que iluminaba el patio entre la casa y la piscina. En ese cuarto iluminado, Vincent, Tiny, y Marguerite la estaban esperando para que se reuniera con ellos a tomar café. Jackie consideró gritarles, pero decidió no hacerlo. El instruso ya estaba lo suficientemente lejos y no parecía posible que ella lo alcanzara. Su mejor esperanza en este punto era seguirlo, descubrir cómo había entrado en la propiedad y, a lo mejor, prevenir que usara esa misma táctica de nuevo. Y sólo tal vez, pudiera darle una mirada a la placa de su vehículo mientras se alejaba. Si llegaba a tiempo para, incluso, ver lo que estaba conduciendo, pensó Jackie tensa, mientras la figura oscura delante de ella se deslizaba entre los árboles y subía por lo alto de la cerca que separaba el prado de la arenosa playa. Estos inmortales eran condenadamente rápidos. Apretando


sus dientes, Jackie aceleró y corrió por el angosto camino de madera que bordeaba la parte posterior de la propiedad. Las ramas sonaron bajo sus pies y Jackie tembló, sabiendo que el factor sorpresa había desaparecido, si es que había estado ahí alguna vez. El saboteador ahora sabía definitivamente que estaba siendo perseguido. Aunque, a decir verdad, probablemente lo había sabido antes de esto, reconoció. El oído de los inmortales era excepcional. Ella se detuvo y miró el alto muro que rodeaba la propiedad de Vincent y observó a lo largo en ambas direcciones. No había señal de nadie a la vista. Una de dos, o el saboteador había saltado la cerca, o estaba escondido. Jackie dudó, y entonces miró bruscamente arriba de los árboles, donde las ramas sonaron. Apenas había vislumbrado la figura en las ramas sobre su cabeza, antes de que se balanceara a sí mismo y saltara el muro. Apenas había escuchado el peso aterrizar al otro lado, cuando ya estaba trepando el árbol más cercano. Haría que alguien cortara las malditas cosas a la mañana siguiente, y limpiaría las rampas de acceso para que nadie pudiera esconderse, decidió Jackie mientras trepaba. Los árboles podrían verse más atractivos que un muro sencillo, pero la seguridad era más importante que la estética. Desafortunadamente, Jackie era una detective de ciudad. Correr por callejones, trotar escaleras arriba, persecuciones a través de estaciones de metro… esas cosas las podía manejar sin dificultad. Sin embargo, no había mucho trabajo para escaladores de árboles en Nueva York. Se las arregló para subirse al árbol y encontrar un camino entre las ramas, pero ahí fue donde se le acabó la suerte. Escuchó el sonido de la rama al romperse, cuando ésta colapsó de repente bajo ella. Jackie trató de agarrarse salvajemente de las ramas por las cuales iba pasando mientras caía, pero fue inútil. Aterrizó en algo duro y sólo se dio cuenta de que era el intruso cuando escuchó un — Auuuchhh!— mientras ambos chocaban contra el suelo. Su pánico inmediatamente se incrementó. Jackie había sido entrenada en artes marciales desde que era una niña pequeña, su padre había insistido en ello, y, aun así, no se enfrentaría a un inmortal desarmado. ¿Uno, dos, tal vez tres mortales? No había problema, pero ¿inmortales? Definitivamente no. No sola, sin armas de ningún tipo y sin respaldo. No era solamente que ellos fueran más fuertes y rápidos. Ellos no parecían sentir dolor como los mortales tampoco. Los nanos bloqueaban algo del dolor mientras estaban en la batalla, para permitirles seguir luchando. Eran tremendamente difíciles de derribar. Sobre matarlos, ni hablar. A menos que uno tuviera algo para cortarles la cabeza, algo como una espada o una granada, no iba a ganar. Sin embargo, habiendo caído sobre el intruso, no tenía muchas alternativas. Jackie estaba en la batalla ahora, y reaccionó automáticamente, su cuerpo estaba preparado para hacer cualquier cosa que fuera necesaria para sobrevivir. Fue una lucha muy breve y desesperada. Dándose cuenta


de que no iba a sobrevivir si insistía, Jackie se las arregló para tomar al intruso por sorpresa y rodar para ponerse de pie en un solo movimiento. Tenía una vaga conciencia de la arena fría y áspera metiéndose entre sus dedos, cuando fue tomada con brusquedad en el aire por un abrazo oscuro. Jackie soltó el aire de su pecho cuando éste chocó contra el del intruso, y aspiró con brusquedad cuando su cabeza fue empujada hacia un lado y hacia atrás. Entonces él la apretujó, como una serpiente a su presa, con su cabeza acercándose y acercándose al cuello que él había expuesto. De repente, tan paralizada como un gato tomado por la parte superior del cuello, ella gimió por el dolor cuando su garganta fue desgarrada y abierta por afilados colmillos invisibles. Entonces, miró fijamente las estrellas sobre su cabeza, mientras el olor a sangre emanaba de su herido cuello y la rodeaba, junto a los sonidos de succión que llenaban sus oídos. Supo que la vida estaba siendo succionada de su cuerpo. Jackie no supo si fue la pérdida de sangre o el horror, pero después de varios interminables momentos, el dolor y los sonidos comenzaron a desvanecerse en la nada, y las estrellas comenzaron a parpadear y a desaparecer. —¡Jackie! Escuchó el grito con alguna parte difusa de su mente, pero no entendió lo que quería decir hasta que su atacante, de repente, se quedó quieto y su cabeza se alejó de su garganta. La mente de Jackie luchó para regresar de la desesperanza, y el impacto que se había apoderado de ella, gracias a una pequeña chispa de esperanza, repartió vida dentro de su alma. —¡Jackie! —esta vez reconoció la voz de Vincent. También vio un nebuloso movimiento detrás de su atacante, e inmediatamente entendió que la salvación se aproximaba. Vio el brillo del metal mientras su atacante la soltaba bruscamente. Alguna parte de su mente estaba terriblemente alerta, ciegamente, y el instinto la hizo agarrar el arma, alejándola de donde apuntaba en dirección a Vincent, tratando de sostenerla con las dos manos, pero estaba débil por la pérdida de sangre y no pudo sostenerla. Fue la desesperación y el instinto lo que hizo que Jackie hundiera los dientes en la muñeca del saboteador. Si ella no podía impedir que su atacante levantara el arma hacia Vincent, lo forzaría a soltar la maldita pistola. Era su único pensamiento. Tenía que salvar a Vincent. La sangre se diseminó en su boca mientras Jackie mordía la muñeca del tipo, pero, simplemente, tragó el líquido salado para prevenir el ahogarse y lo sostuvo, como un bulldog, gracias al terror y la rabia que le dieron fuerza para sostenerlo. Una palabrota llegó a sus oídos, y entonces el atacante presionó una mano en su frente para alejarla de él. Jackie sintió más sangre entrar a su boca mientras sus dientes arrancaron la carne a la que se aferraban. Entonces, la fuerza con la que se sostenía de desvaneció, y fue tumbada de


espaldas en la arena. Gimió cuando su espalda se golpeó contra el suelo, entonces se enroscó de lado y se quedó quieta, mirando indefensa cómo su atacante se giraba hacia Vincent. Para su gran alivio, sus esfuerzos habían sido útiles, después de todo. Vincent había visto el arma en la mano que ella había luchado por sostener y ahora había sido pateada fuera de ella. Vio el cuchillo volar en la oscuridad y también a los dos comenzando a pelear. Con el corazón palpitándole en la garganta por el susto y las manos apretadas en su cuello sangrante, Jackie se enrolló hasta hacerse una bolita en la arena fría y miró a las figuras que se movían en la oscuridad. Era difícil ver algo, ya que estaba débil y aturdida. —¡Argeneau! Los ojos que Jackie no se había dado cuenta de haber cerrado, se abrieron sorprendidos por el grito. No reconoció la voz del hombre. Sin embargo, sí reconoció a Marguerite y a Tiny cuanto gritaron a los otros dos, y el alivio la llenó cuando sus gritos se acercaron. No fue la única en oír los gritos, notó Jackie, cuando el atacante dejó la pelea con Vincent y huyó. Vincent ni siquiera lo dudó; ignorando rápidamente a la figura que desaparecía, se apresuró a ir a su lado. —¿Jackie? —su voz era profunda, cargada de preocupación, cuando la acostó sobre su espalda para revisarla. —¿Argeneau? Jackie vio a las dos formas salir del portal detrás de Vincent. Parpadeó tratando de enfocar a los dos hombres. Ambos eran lo suficientemente grandes como para ser Tiny, pero ella no creía que ninguno de los dos lo fuera. Vincent ni siquiera miró en dirección a ellos, su entera atención estaba centrada en Jackie, atrayéndola entre de sus brazos. —Se fue por allá —Vincent hizo una señal con la cabeza en la dirección en la que el atacante había huido. Dejando a los dos hombres para perseguir al saboteador, pasó con Jackie por el portal que había en el muro. —¿Vincent? —Marguerite se apresuró con Tiny pisándole los talones, mientras Vincent comenzaba a cruzar el prado—¿Va a estar bien? ¿La encontraste a tiempo? —No lo sé —su voz estaba tensa, notó Jackie, mientras se balanceaba en el borde de la inconsciencia. —Su garganta —la voz de Tiny era un débil sonido de desesperación. —Abre la puerta, Tiny —gruñó Vincent, sonando terriblemente perturbado, y la mente de Jackie, comenzando a delirar, consideró que era la cosa más tierna del mundo. Él realmente la quería,


pens贸 ella, entonces solt贸 un peque帽o suspiro y permiti贸 que la inconsciencia se apoderara de su cuerpo.


Capítulo 13 HYPERLINK \l "inicio" Índice —Ponla en la mesa. Vincent frunció el ceño ante aquella orden de Christian Notte cuando el apurado hombre pasaba hacia la cocina y quitaba las tazas vacías del día anterior. Apilándolas fuera de la mesa con manos rápidas, se las dio a Tiny para que las pusiera en algún lugar, después regresó. —¿Por qué no estás persiguiendo a su atacante?—le preguntó Vincent súbitamente furioso. —Marcus fue tras él. Me quedé para ver si podía ayudar— contestó el hombre concisamente–. Ponla en la mesa. Vincent dudó, entonces se movió hacia la mesa y puso suavemente a Jackie sobre ella. Él la habría llevado arriba y la habría puesto en la cama, pero suponía que tenían que limpiarla primero. Parecía haber una horrible cantidad de sangre. Frunció el ceño cuando la colocó y se enderezó para mirarla. Un montón de sangre, notó aturdidamente, su corazón estaba hundiéndose. —Dios Mío— susurró Tiny con un hilo de voz, su rostro palideció suavemente cuando Christian movió gentilmente el rostro de Jackie para examinar la herida de su cabeza. No era una mordedura, era un rasgón. Su garganta fue rasgada abriéndola con el vicioso intento de asesinarla. Vincent no podía examinar la cantidad de sangre que ella había perdido. Giró alejándose hacia el fregadero y tomó una de las nuevas toallas que habían comprado para la cocina. Humedeciéndola, Vincent se apresuró a su lado y comenzó a limpiar ineficientemente la sangre. Estaba en su cuello, bajando por su pecho, empapando el algodón blanco de la camisa que ella llevaba bajo su chaqueta de correr. El sonido profundo de la voz de Tiny hizo que mirara alrededor. El mortal estaba hablando por teléfono. —Necesito una ambulancia— dijo urgentemente.


Vincent bajó su mirada hacia la herida de Jackie. Una ambulancia no llegaría a tiempo para salvarla. –Cuelga, Tiny. El gigante lo miró con sorpresa. –Pero ella… —Mírala. No podemos salvarla— dijo gravemente. —¿Qué estás haciendo?— le preguntó Christian con gravedad cuando Vincent comenzó a soltar los botones de su manga. —Voy a convertirla— dijo calmadamente Vincent sabiendo por la expresión del hombre que no era la respuesta que esperaba. —¿Vincent?— dijo Tiny inciertamente, pero no se movió a detenerlo y colgó el teléfono. Vincent supuso que estaba tácitamente de acuerdo y alegre. No deseaba discutir con el hombre, o querer tomar posesión de su mente para mantener a Tiny fuera de su camino mientras hacía lo que tenía que hacer para salvar a Jackie. —Neil dijo que le salvó la vida a Stephano convirtiéndolo— dijo suavemente Christian. Vincent se encogió con indiferencia. Él no se preocupaba por las reglas o leyes. Se preocupaba por Jackie. —El sangrado ha disminuido a un hilo— dijo Marguerite, y Vincent se giró para encontrarla sobre Jackie, mirando su garganta mientras ella gemía y cambiaba sobre la mesa. —Muévete, Tía Marguerite. Tengo que convertirla— Vincent comenzó a enrollar su manga. Marguerite lo ignoró, su mirada fija sobre la herida de Jackie, entonces observó su rostro y preguntó desconcertada: —¿Por qué su rostro está cubierto con sangre? Vincent bajó su mirada sobre el rostro de Jackie, notando la sangre alrededor de su boca, pero solo repitió: —Muévete, Tía Marguerite. —No tienes que convertirla, Vincent— dijo rudamente—. Si ha de convertirla alguien, puedo ser yo. Ahora… Vincent se movió impacientemente. —Ella intentó ayudarme. Mordiéndolo.


La mirada de Marguerite se agudizó. —¿Ella lo mordió? Vincent frunció el ceño molestándose con sus preguntas en un momento como ese. —Él tenía un cuchillo. Lo mordió en su muñeca para evitar que lo usara en mí cuando los alcancé. Le dieron la vuelta a Jackie cuando gimió nuevamente, más fuerte esta vez, entonces, repentinamente, comenzó a convulsionar en la mesa. —¿Qué está pasando?— preguntó Vincent con pánico. Él se encaminó nuevamente hacia la mesa, sosteniendo por los hombros a Jackie sobre el tope de la mesa mientras convulsionaba. —¿Pudo haber obtenido suficiente sangre mientras mordía el asesino como para convertirla?—le preguntó Christian. —Eso es posible— dijo Marguerite suavemente–. Pero nunca vi a nadie convulsionar durante la conversión. No tan pronto— frunció el ceño–. Aunque ha perdido mucha sangre. Podría ser por eso. —¿Qué haremos?—preguntó ansiosamente Tiny. Marguerite vaciló, entonces ordenó: —Rasga una bolsa de sangre, Tiny. El gigante se apresuró hacia la nevera inmediatamente, regresando con una bolsa. Marguerite la abrió con su uña, entonces la sostuvo sobre la boca de Jackie. Vincent inmediatamente se movió para levantar su cabeza de modo que el líquido pudiera deslizarse por su garganta y llegar a donde necesitaba llegar. —¿Tienes suficientes sangre aquí para verla convertirse? Vincent frunció el ceño y miró sobre su hombro para preguntarle a Christian. Esto era algo en lo que no había pensado y ya sabía la respuesta antes de que su tía lo dijera: —No. Para su alivio, Christian meramente asintió y dijo: —Trajimos algunas con nosotros. Enviamos algunas antes al hotel. Enviaremos a Marcus por ellas cuando regrese. —Llamaré a Bastien y traerá más sangre mañana para reemplazarla— murmuró Marguerite. Añadió—: Necesitaremos una IV también, conseguiremos una. —¿Por qué?— preguntó Christian sorprendido.


—La usamos mientras convertimos a otros. Viene siendo bastante práctico—explicó Tía Marguerite. —¿Cuántas veces has tenido que supervisar una conversión?– preguntó curiosamente Christian. —Cuatro veces en los últimos tres años— dijo ella con indiferencia. —¿Cuatro?— preguntó con sorpresa. —Las compañeras de mis hijos— explicó–. Aunque hubo otros en los seiscientos años de mi vida— añadió Marguerite con indiferencia–. Podemos con esto, pero necesitaremos más sangre y una IV. —Encontraremos una IV, también— le aseguró Christian, entonces calló cuando Marguerite removió la bolsa vacía y Vincent acomodó de nuevo a Jackie en la mesa. Todos se apiñaron alrededor de la mesa, mirando la palidez, aún en su rostro. —Las convulsiones se han detenido—dijo Tiny con esperanza. Vincent asintió lentamente, entonces miró de Jackie a su tía cuando ella movió la cabeza de la mesa y usó sus dedos para abrirle los párpados a Jackie y buscar sus pupilas. Vincent no vio nada, pero ella debía hacerlo, porque asintió con satisfacción y se enderezó. –Está empezando. Será mejor que la lleves arriba, Vincent. ¿Tienes una soga? —¿Soga?—preguntó confundido. —Necesita estar atada para que no pueda herirse a sí misma— le explicó Marguerite. —También la conseguiremos. Yo…— Christian pausó cuando la puerta de afuera de la piscina se abrió y el rubio Marcus entró en la cocina, con expresión austera en su rostro. Cuando Christian levantó su ceja en pregunta, Marcus agitó su cabeza. Vincent sabía lo que significaba eso. El saboteador se había ido. Por un momento sintió rabia de que el atacante hubiera escapado, pero luego lo dejó ir, más preocupado por Jackie. —Llévala arriba, Argeneau— dijo severamente Christian. Le hizo un gesto a Marcus para que se acercase y dijo—: Necesito que consigas unas cosas para la pareja, Marcus. Vincent no llegó a escuchar el resto. En cambio, él tomó a Jackie en sus brazos y la llevó fuera de la cocina. Justo antes de dejar el cuarto vio a Tiny tratar de seguirlo y a Marguerite detenerlo. Escuchó que ella comenzó a murmurar palabras bajas y consoladoras al gigante, luego Vincent salió de la cocina y se dirigió a las escaleras. Jackie estaba completamente quieta en sus brazos mientras la llevaba y estaba preocupado por si estaba convirtiéndose o no. Tía Marguerite podría haber cometido un error. Ella no podía haber tomado suficiente sangre del saboteador como para facilitar el cambio.


Pero apenas puso Vincent a Jackie en su cama antes de que ella comenzara a gemir. Poco después comenzó a agitarse en la cama. Extrañamente suficiente, esto lo tranquilizó. Esto era como le había descrito Marguerite. Esto era por lo que la calma de Stephano lo había inquietado. La conversión era un proceso doloroso, no era algo como dormir apaciblemente a menos que se esté bien drogado. Para el momento en que su tía llegó al cuarto, Jackie estaba moviéndose continuamente y ruidosamente en la cama. Marguerite frunció el ceño cuando se acercó a la cama. –Este es rápido. Me pregunto si habrá tomado más sangre del asaltante de la que pensamos. —¿Qué significa eso?—preguntó con ansiedad Vincent. —Nada— le aseguró Marguerite, entonces observó a través de la puerta frunciendo el ceño–. Espero que Christian sea rápido. —¿Christian se fue con Marcus?— preguntó Vincent. —No. Estaba preocupado por dejarnos solos con el saboteador todavía afuera y con Jackie así. Está buscando la soga. Vincent frunció el ceño, nada cómodo con la idea de atar a Jackie. Cambió de idea momentos después cuando ella comenzó a agitarse, su cuerpo retorciéndose y doblándose, brazos y piernas agitándose viciosamente cuando ella comenzó a gritar de dolor. Vincent y Marguerite estaban esforzándose por sostenerla todavía para que no se hiriera a sí misma cuando Tiny entró apresuradamente al cuarto. —¿Qué está pasando? ¿Por qué está gritando?— gritó Tiny alarmado, mientras se apresuraba a la cama. —Es el cambio— dijo tiernamente Marguerite, entonces miró hacia la puerta con alivio cuando Christian se apresuró entrar. —Encontré una soga— anunció, cuando era innecesario decirlo ya que ellos podían ver la soga colgando de su mano mientras se apresuraba a la cama. Les llevó a los cuatro veinte minutos conseguir atar a Jackie. Una vez hecho, Marguerite sacó a Tiny del cuarto, murmurando promesas. Christian los siguió, silenciosamente austero y Vincent se preguntó si el hombre había visto antes una conversión. Él mismo esperó no verlo nunca de nuevo. Jackie parecía estar en agonía. Intentó tranquilizarse repitiendo el mantra cuando terminó. Ella podría ser inmortal como él y ellos podrían ser verdaderos compañeros de vida, pero no parecía ayudar mucho. Odió verla sufrir así.


Repentinamente, Vincent tomó la silla de la mesa colocándola al lado de la cama y se sentó. Allí no había nada que pudiera hacer para aliviar el dolor, pero podría soportarlo con ella. Jackie era su ahora. Por siempre. Mientras ella lo aceptara, agregó irónicamente. Ella era su verdadera compañera de vida. Sólo tenía que hacérselo ver. Vincent pasó el resto de la noche y toda la mañana siguiente tratando de deducir una forma de salir mientras miraba a Jackie. Marguerite pasó la mayor parte del tiempo haciéndole compañía, dejando el cuarto cada hora o buscando otra bolsa de sangre en la cocina. Hicieron turnos para cambiar las bolsas hasta que se retiró a su propio cuarto a tomar una pequeña siesta a media mañana. Vincent cabeceaba fuera de la silla cuando ella regresó en la tarde con una fresca bolsa de sangre en la mano. —¿Cómo está?— preguntó, moviéndose hacia la cama para mirar a Jackie. —Bien. Ahora está tranquila— dijo Vincent cuando Marguerite removió la bolsa de sangre vacía en la IV del lado de la cama y la reemplazó por una fresca, llena de líquido rojo. Vincent no tenía ni idea de dónde había encontrado Marcus la IV y no se preocupaba por preguntar. Era suficiente con que hubiera encontrado una mientras sacaba sangre extra del hotel y Christian había planeado quedarse en él. Supuso que el hombre lo consiguió del hospital, o de una tienda de equipos médicos, pero no se lo preguntó demasiado. Vincent no había hablado mucho con el hombre desde que Jackie había comenzado el cambio. Le habían dicho que estaban cerca en caso de que el saboteador regresara a terminar con el trabajo que había comenzado. Todos parecían pensar que la casa sería ahora el objetivo, al menos Tiny, Marguerite, y Jackie. Habían llegado a la conclusión que parecía que el saboteador estaba decidido a herirlo. Mientras tanto, Vincent tuvo que admitir que era así como se veía ahora, no podía imaginarse qué podía haber hecho para que alguien lo odiara tanto. —Gracias a Dios que paró de pelear y gritar– murmuró Marguerite cuando finalizó su trabajo con la IV y removía la bolsa de sangre vacía–. Pienso que Tiny no podrá soportarlo mucho tiempo. El pobre hombre esta terriblemente molesto. Él ama a Jackie, como una hermana y mientras él la vea viva, está preocupado por lo que todo esto significará y por cómo tomará el cambio. Vincent asintió. –Lo sé. Gracias por mantenerlo ocupado fuera de aquí. —Esto era lo mejor— dijo Marguerite con indiferencia–. Está cocinando abajo una tormenta. También se come la comida tan rápido como la cocina. Pienso que es una forma de consuelo. —Te encariñaste con él— dijo Vincent. —Sí. Tenerlo alrededor es como estar teniendo una segunda hija.


Vincent pestañeó ante el comentario, entonces soltó una pequeña sonrisa. Seis pies, doscientas ochenta libras Tiny… ¿una segunda hija? Él agitó su cabeza. Marguerite regresó al lado de Jackie y deslizó un dedo sobre su mejilla suavemente. –Ella está mucho más pacífica ahora. Debe haber pasado lo peor. —Podemos esperar—dijo calladamente Vincent—. ¿Cuánto tiempo más estará así? Marguerite agitó su cabeza. –Es difícil decirlo. En mi experiencia, usualmente solo toma uno o dos días, pero con Stephano tomó tres. —Cuatro— corrigió Vincent. —¿Qué?— Marguerite lo miró inexpresivamente. —Fueron cuatro días y aún no despierta… ¿no?— añadió Vincent cuando captó la expresión de su rostro. —Lo siento— dijo en un suspiro–. Él despertó poco después de que Jackie fuera atacada anoche. Quise decirte, pero cuando regresé, Jackie estaba gritando y agitándose y lo olvidé. —¿Despertó?— preguntó Vincent, sentándose con asombro. Marguerite asintió. —¿Dijo quién lo atacó? Ella agitó su cabeza. –Su mente está limpia. Él no podía recordar nada sobre la puñalada, aunque había fragmentos del episodio en su mente, ninguno de ellos revelaba al intruso. Sospecho que aquellos fragmentos son por lo que el saboteador sentía que era necesario asesinarlo. Él probablemente temía que recobrara la memoria. Y él puede– añadió alentadoramente–. Estaba intentando ordenarlo todo ahora. Vincent inclinó hacia atrás su silla, retornando su mirada en Jackie. Por un breve momento él había esperado que Stephano pudiera decirles a ellos quién era su atacante y esta prueba pudiera acabarse. Estaba en un terrible desacuerdo de que su problema persistiera. Tenía hambre, pero no se atrevía a comer. —Allen Rickmond terminó de arreglar el panel de la puerta— le anunció ella. Vincent asintió con poco interés. Marguerite había mencionado antes que Christian había hecho que Tiny llamara a la compañía de seguridad por el panel del frente roto en la mañana. Parecía que ya estaba reparado.


—Y ordené pizza. Está aquí— añadió ella. —¿Por qué?— preguntó con desconcierto Vincent–. Dijiste que Tiny estaba cocinando una tormenta. —Ordené pizza para ti— le explicó con firmeza–. Tiny puede preparar la pizza para todos los que cuido, pero puse la entrega del hombre en tu oficina para ti. —Yo no…— Vincent comenzó a negar que estaba hambriento, pero eso era una mentira. Su cuerpo continuaba necesitando sangre tanto si quería como no–. Gracias, Tía Marguerite, pero yo… no puedo. ¿Y si el saboteador… —Pienso que no hay de qué preocuparse, Vincent. Es medio día— señaló–. El saboteador puede estar en su casa durmiendo y teniendo dulces sueños sobre lo que piensa hacer. Probablemente este es el momento más seguro para que comas. Vincent asintió suavemente, viéndole sentido a lo que ella decía. Éste, probablemente, era el momento más seguro para comer. Suspirando, se puso en pie y se movió hacia la puerta. –No tardaré. —Ya le pagué, pero si deseas darle una propina...— dijo Marguerite cuando él se deslizaba fuera del cuarto. Vincent no se encontró con nadie de camino a su oficina. Después de terminar con el hombre de entregas, le deslizó veinte dólares en su bolsillo, entonces observó cuando este salía de la casa. Después de cerrar con llave la puerta detrás de él, se volvió para encontrarse a Tiny en la sala. —¿Cómo está Jackie?— le preguntó el gigante preocupado. El mortal se veía horrible: pálido, exhausto, y demacrado, con una ansiedad en su rostro de buldog. Vincent forzó una sonrisa. –Ella ya no está golpeando y gritando. Está descansando más tranquilamente. Pienso que lo peor ha pasado. Tengo la esperanza de que pronto despierte. Los hombros de Tiny disminuyeron con alivio. –Gracias. He estado preocupado. Vincent palmeó el hombro de éste con entendimiento. –Ella estará bien– le aseguró y estaba aliviado de poder decirlo. Por un tiempo, Vincent no había estado seguro de que Jackie pudiera sobrevivir al cambio. Había perdido mucha sangre en el ataque… Pero sobrevivió a lo peor y ahora estaba bien. Eso esperaba él.


—¿Puedo verla?— preguntó–. Quise hacerlo más temprano, pero los Italianos no me dejaron. —¿Los Italianos?— preguntó Vincent, entonces comprendió que quiso decir Christian y Marcus. Marguerite le había dicho que ellos estaban en la cocina, interrogando a Tiny sobre todo lo que había pasado con la esperanza de sacar conclusiones y detener al saboteador antes de que alguien saliese herido. No dudaba ni por un minuto que la retribución era parte de eso también. Stephano era su primo después de todo. Como si hubieran estado hablando con ellos, la puerta de la cocina se abrió repentinamente y Christian y Marcus aparecieron. Sus pasos disminuyeron cuando descubrieron a Vincent allí. —¿Como está?— preguntó Christian. —Lo peor ya pasó— admitió Vincent–. Sobrevivirá. —Bien— asintió Christian ante las noticias, entonces dijo—: Marguerite dijo que no reconociste al atacante. —No— Vincent sintió que sus hombros caían con la derrota cuando admitió eso. Había estado tan oscuro y todo había pasado tan rápido… Entonces también, el tipo había estado vestido todo de negro y con una media máscara sobre su rostro, dejando sólo la boca libre para rasgar la garganta de Jackie–. Conseguí una vaga impresión de su tamaño, pequeño y fibroso. Aparte de eso… Christian asintió de nuevo cuando la voz de Vincent bajó de volumen. Su mirada se deslizó a Tiny y después a él antes de decir: —Hemos estado despiertos todo el día, tomaremos unas cuantas horas de sueño. Dante y Tommaso vigilarán la casa hasta que despertemos. —¿Dante y...?— la pregunta de Vincent murió cuando el recientemente reparado timbre sonó, anunciando que alguien estaba en la verja. Las cejas se elevaron cuando Christian asintió, Vincent se movió hacia el panel y preguntó quién era. Él no estaba sorprendido por escuchar los nombres de Dante y Tommaso. Presionó el botón para abrir la verja y se giró al captar a Tiny asomándose cautelosamente ante los dos inmortales. Esto hizo preguntarse qué amenaza había usado el hombre para mantener a Tiny abajo y lejos de Jackie. Vincent retornó su mirada hacia Christian y Marcus. —¿Dante y Tommaso? —Mis primos. Gemelos— explicó Christian–. Puedes confiar en ellos. Vincent no había determinado aún si podía confiar en Christian, no estaba muy seguro del todo, pero lo dejó ir. —¿Qué cuartos quieres que usemos nosotros?– preguntó Christian.


—Los primeros dos a la derecha aún están vacíos— anunció Vincent—. Si todos ustedes se quedan, tú tendrás que doblar arriba. Christian asintió aceptando, entonces un golpe en la puerta atrajo la atención de Vincent. Volviéndose, abrió la puerta para encontrarse un hombre vestido en cuero y otro aún más grande que Tiny atrás. Vincent se las arregló para esconder su reacción de sorpresa por su tamaño. Cabeceando en un saludo, dio un paso afuera para que él pudiera entrar, notando que el segundo hombre, su gemelo, también era grande y estaba cubierto desde la punta de los dedos de cuero negro. Ambos hombres tenían el pelo largo y negro. Vincent cerró la puerta detrás de ellos cuando Christian sacudió un par de oraciones en italiano. Después añadió en inglés: —Vincent estará a cargo hasta que despierte. Las cejas de Vincent volaron ante el anuncio, pero Christian ya estaba subiendo las escaleras con Marcus y las dos montañas que eran Dante y Tommaso estaban volviéndose expectativamente hacia su camino. Él no sabía qué decir, o qué órdenes darles. —Este es Tiny— dijo finalmente. Preguntó—: ¿Coméis? Ellos le parecían jóvenes. Vincent no podía decir qué era lo que le hacía pensar que eran jóvenes, algo en sus ojos. Él había conseguido ser bueno juzgando la edad de otros inmortales durante siglos y estos dos parecían ser lo suficientemente jóvenes, ya que aún podían comer. Claro, ellos también eran grandes, como Lucern, y por lo general comían tanto comida, como sangre para mantener su masa muscular. —Comemos— dijo Dante solemnemente. Vincent asintió. – Hay pizza en la cocina. Cuando los dos hombres simplemente lo miraron, él comprendió que ellos no sabían dónde estaba la cocina. Volviéndose impacientemente, se dirigió a la cocina, diciendo sobre su hombro: —Adelántate y ve a ver a Jackie si quieres, Tiny. Marguerite esta allá. Tiny estaba ya a medio camino antes de que Vincent terminara de hablar. Él llevó a los gemelos a la cocina y entonces los observó inciertamente. Él no sabía nada de ellos o de su estatus médico. Era probable que ellos pudieran alimentarse de sangre empaquetada, la mayoría de los inmortales podía, pero sólo por si acaso dijo: —Tiny es mortal. No morderlo.


Dante y Tammaso intercambiaron una mueca que sugirió que ellos fueron insultados al decir él aquello, pero ambos asintieron cuando se movieron para sentarse a la mesa. Dante acercó la caja de pizza y la abrió para inspeccionar su contenido. Aún estaba completamente intacta. —¿No anchoas?— preguntó Dante. —Lo siento— dijo Vincent, entonces miró cuando Tommaso rasgó la tapa de la caja de pizza, alzando la mitad de la pizza, y la dejó caer en la tapa, usándola como un plato. Dante señaló la mitad de la caja al frente de él, aparentemente reclamando la otra mitad de la pizza. —Tal vez deba ordenar más— murmuró Vincent, girando su cabeza fuera de la cocina. —Anchoas en dos de ellas— llamó Dante detrás de él. Vincent entró en su oficina para hacer la orden de cuatro pizzas, dos con todo, incluyendo anchoas. Él regresó a la sala y asomó su cabeza en la cocina. —Me dan un grito cuando lleguen las pizzas y bajaré a pagarlas— les instruyó, pensando que él podría conseguir otra mordedura mientras pudiera–. Estaré arriba si me necesitan. Ambos, Dante y Tommaso gruñeron en respuesta, concentrándose en la pizza que llevaban a sus bocas. Agitando su cabeza, Vincent se encaminó hacia arriba. Él no había dormido desde el ataque y estaba cansado, pero no había intentado dormir hasta estar seguro de que Jackie estuviera fuera del bosque. Marguerite parecía pensar que ella ya estaba, pero él no podría estar seguro hasta que abriera sus hermosos ojos y hablara.

Jackie se sentía como el infierno. Ese fue su primer pensamiento y estuvo acompañado por un gemido cuando se movió en la cama. Su cuerpo le estaba doliendo y estaba débil. Obviamente, había sido golpeada, tenía moretones negros y azules y la habían dejado para que se recuperase, o tenía un infierno de gripe. Apenas había pensado eso cuando sus recuerdos volvieron y los eventos de la pasada noche llamearon en su mente, duros y rígidos. Inspirando, alcanzó su garganta, casi esperando sentirla desgarrada y cubierta con sangre. No la sentía así. Su piel un poco levantada, pero allí no había sangre, y aún más sorprendente, ningún vendaje o dolor. Su mirada se deslizó a un lado y vio a un hombre dormido en la silla al lado de su cama. Vincent. Era un oscuro contorno en la luz débil. Obviamente era medianoche y su cuarto podría haber sido completamente negro, pero la luz del baño había sido encendida y la puerta crujía abierta para permitir a alguien salir. Con esa poca luz, ella pudo ver que tenía sus ojos cerrados, su cabeza posicionada sobre su pecho.


Jackie miró su sueño, recordando cuando vino a rescatarla en la playa. Él la había defendido sin miedo, arriesgándose por ella. Sonrió suavemente en el recuerdo mientras sus dedos jugaban sobre su garganta nuevamente. ¿Dónde estaba la herida? Preocupada por su ausencia, ella apartó las sábanas a un lado y se acomodó en una posición sentada, sobresaltada de lo difícil que fue. Estaba tan débil como un bebé. Moviendo sus piernas fuera de la cama, Jackie se las arregló para empujarse ella misma sobre sus pies, pero sus piernas temblaron cuando se puso en pie, y se tambaleó un poco. Usando la pared como agarre, logró encaminarse al baño, mirando hacia atrás en dos ocasiones para asegurarse de que Vincent no había despertado y notado su ausencia. Se deslizó a través de la puerta abierta, entonces la cerró totalmente y se movió hacia el mostrador frente al espejo. Jackie se miró asombrada, la herida del cuello brevemente olvidada. Parecía estar tan mal como se sentía, su cutis pálido, su cabello en pedazos larguiruchos alrededor de su cabeza, su rostro casi aceitoso mirándolo con el sudor que lo cubría. Un pequeño gemido se deslizó por sus labios al pensar en Vincent, que la había mirado mientras ella se veía así, entonces Jackie lo dejó ir con un suspiro y retornó su atención a su cuello. Su garganta estaba sana. No totalmente. Estaba marcada gravemente con cicatrices, pero parecía una lesión de un mes, y Jackie estaba segura de que el ataque no había sido hacía meses. Ella no pudía haber dormido en ese cuarto por meses. Así que, ¿qué había pasado? Fuiste convertida, alguna parte de su mente susurró la respuesta, pero Jackie agitó su cabeza. No. Imposible. ¿Seguro que no? No. Pensó con firmeza. Si ese fuera el caso, ella sería esbelta y hermosa como Marguerite, pero ella era igual de vieja, llevando quince o veinte libras de más como para ser considerada una belleza en Hollywood. Solo el pensar en su peso le hizo comprender a Jackie lo hambrienta que estaba, realmente hambrienta, y terriblemente sedienta. Girando la pluma, se agachó ante el fregadero y ahuecó un poco del frío líquido en su mano, luego la alzó hasta su boca para sorber un poco antes de que éste corriera entre sus dedos. Hizo esto varias veces, pero apenas logró conseguir un poco, ciertamente no lo suficiente para satisfacer su sed. Abandonó el esfuerzo de beber de su palma, en cambio salpicó agua en su rostro y cabeza, luego corrió sus dedos a través de su cabello tratando de ordenarlo antes de girar la pluma para cerrarla. Se enderezó y se movió hacia la puerta. Vincent aún dormía en la silla, observó Jackie con alivio al abrir la puerta. Realmente no quería que él la viera de esta forma. Demasiado sedienta para perder el tiempo vistiéndose, se decidió por una camiseta grande, tendría que ser una camiseta lo suficientemente voluminosa para bajar con ella y conseguir un vaso de agua…o diez. Tenía resaca, su boca esta desagradablemente algodonada y blanca.


Jackie cruzó el cuarto con piernas inseguras y se sintió aliviada al abrir la puerta. Para su alivio, la sala estaba vacía. Suavemente, se encaminó hacia las escaleras y comenzó a bajarlas con determinación. La determinación se hizo polvo a medio camino. Aferrándose con debilidad a la barra, deseó haber despertado a Vincent después de todo. Suspirando, descansó un momento, luego se forzó a sí misma a continuar. Jackie estaba increíblemente aliviada cuando finalmente pudo llegar al suelo de madera de la sala. Al menos si sus piernas fallaran, ahora ella no caería lejos. —Jackie. ¿Qué estás haciendo?– Tiny se apresuró hacia la sala desde la cocina y ella sonrió con alivio. —Estoy sedienta— admitió Jackie cuando él llegó. —Y hambrienta, sin duda— él retumbó, deslizando un brazo alrededor de ella tomando algo de su peso. Jackie abrió su boca para contestar, pero en cambio pausó e inhaló profundamente cuando él la urgió a su lado. —Hueles bien— murmuró ella con sorpresa. Tiny la miró agudamente, obviamente sobresaltado por el comentario que Jackie había hecho. Él frunció el ceño. —¿Estás bien? Tus ojos están dilatados. Jackie se encontró apoyándose en él, inhalando profundamente. Él olía tan bien. Incluso delicioso. Podría morderlo. Sobresaltada por el pensamiento, Jackie lo empujó, perdiendo el equilibrio. Tiny apretó su agarre rápidamente, manteniéndola derecha, entonces ambos se calmaron y miraron hacia la sala cuando la puerta de la cocina se abrió y un gigantesco hombre salió. El miedo ondeo a través de ella, Jackie inmediatamente se acercó más a Tiny. —Está bien— le aseguró Tiny dándole golpecitos en su brazo–. Él es Dante, uno de los hombres de Christian. —¿Christian?— preguntó desconcertada Jackie, entonces se olvidó de la pregunta cuando sus ojos aterrizaron en su garganta. Su cabeza se giró a mirar al hombre grande, la vena de Tiny corría tensa a lo largo de su garganta y ella ahora podía verla pulsando con calor, sangre que daba vida. —Christian es el primo de Neil y Stephano. Él esta aquí para ayudar y trajo a sus hombres para mantener un ojo en las cosas y ayudar también— le explicó Tiny. Todo le sonaba como –blah, blah, blah sangre —para ella. ¿Había dicho Tiny algo sobre sangre? O estaba el pensamiento susurrando a través de su cabeza, Jackie se sorprendió vagamente cuando


inhaló profundamente, respirando su esencia. Esto era algo extraño. Su olor estaba haciéndole la boca agua, como el olor de la pizza recién horneada. Ella observó el pulso golpeando en la base de su cuello, y sintió una extraña sensación de desplazamiento y presión en su mandíbula. —¡Mal! Jackie miró al lado para encontrarse el largo, cabello oscuro de Dante. Gritó con sorpresa cuando fue recogida repentinamente en sus brazos y llevada a la cocina. —No morder— dijo firmemente Dante cuando se acercó a ella. —Pero tengo hambre— se quejó Jackie, entonces parpadeó en sorpresa al comprender lo que había dicho. Estaba hambrienta, y sedienta como el infierno, pero Tiny no podría asociarse con eso. Tal vez era porque era quien cocinaba todo el tiempo, razonó vagamente. —Sangre, Tommaso— dijo Dante mientras llevaba a Jackie dentro de la cocina con Tiny siguiéndolos. Jackie observaba con asombro al segundo hombre cuando él se puso de pie y se movió hacia la nevera. Era una réplica exacta del que la cargaba. Alto, musculoso, y guapo, de ojos oscuros, cabello oscuro, estilo italiano. —¿Son ustedes dos…? —Gemelos— Dante la sentó a la mesa y Jackie buscó en su rostro cuando se enderezó. No eran azul plata como los de Marguerite y Vincent. Eran negros con franjas plateadas. Entonces, definitivamente vampiros, decidió. —Abre la boca. Jackie empezó a mirar al lado y encontró al llamado Tommaso parado allí, esperando pacientemente con una bolsa de sangre en cada mano. —¿Qué vas hacer con eso?— preguntó cautelosamente ella. —Abre— insistió él, colocando una bolsa en la mesa. Jackie dudó, entonces abrió su boca. —Dientes afuera. —Ella aún no tendrá control sobre ellos, Tommaso— Dante señaló hacia afuera y—para su sorpresa—sacó su cuchillo y lo usó para abrir la junta al final de su dedo. Ella observó con horrible fascinación cuando una perla de sangre burbujeó en la superficie, luego él se apresuró y luego la movió al frente de su nariz. Jackie comenzó a encogerse, pero pausó e inhaló profundamente cuando un pequeño olor a sangre llegó hasta su nariz.


—Oh— respiró Jackie, sorprendida de lo agradable que era el olor, entonces parpadeó en sorpresa y de nuevo sintió el desplazamiento de la presión a lo largo de su mandíbula. —Abre— repitió Tommaso. Jackie frunció el ceño y abrió su boca para preguntar por qué, solo se encontró con la bolsa de sangre repentinamente en el camino. Peor aún, apareció de alguna forma en sus dientes, comprendió. —Solo relájate. Necesitas esto— le instruyó Tommaso. En el momento en que la bolsa estuvo vacía, se reemplazó por la segunda llena. Cuando ésa también se acabó, la retiró y la miró expectativamente. —¿Más? Jackie trató de fruncirle el ceño a él sobre la bolsa, pero se distrajo cuando comprendió que la bolsa estaba comenzando a disminuir su dolor y calambres. Jackie miró, su mente en alboroto cuando movió su lengua casi con miedo a través de sus dientes. Algo afilado rozó su lengua y repentinamente se quedo quieta en el asiento, apresurándose hacia la única superficie de espejo en el cuarto. La tostadora. Jackie se observó en la reflectante superficie y vio unos ojos verde plata igualitos atrás. Ella parpadeó, sorprendida de no haberlos visto cuando se miró en el espejo de las escaleras. Allí estaban ellos… Sus dientes… Pero con una diferencia. Un par de caninos estaban ahora sobresaliendo a ambos lados de sus incisivos.

Capítulo 14


HYPERLINK \l "inicio" Índice Fue un grito lo que despertó a Vincent. Se sentó con confusión en la silla al lado de la cama de Jackie, su mirada inmediatamente la busco. Su corazón se detuvo cuando vio que la cama estaba vacía. Entonces repentinamente despertó y de un salto estuvo sobre sus pies. Estaba seguro que el largo grito que había escuchado era de Jackie, y provenía de abajo. Vincent escuchó puertas abrirse detrás de él, pero no se molesto en mirar. El grito término en el momento en que comenzó a bajar las escaleras, pero no se detuvo en lo más mínimo. Prácticamente voló sobre sus pasos, su pies apenas tocando la superficie. Entonces estaba golpeando en la sala. Vincent vio a Dante y Tommaso parados en la sala, sus corpulentos brazos cruzados en su pecho parados hombro con hombro frente a la puerta de la cocina, pero realmente no creía que trataran de detenerlo para conseguir llegar a Jackie…hasta que llegó ante ellos y no conseguía moverlos del camino. —Muévete, —gruñó, tratando de pasar más allá, pero allí no había espacio entre ellos para pasar y no se movieron. — ¿Dante? ¿Tommaso? ¿Qué está pasando? —la voz de Christian hizo que Vincent mirara atrás para ver a Marcus y Christian caminando por la sala hacia ellos. Aparentemente el grito también los despertó. —Tiny y Marguerite están hablando con Jackie, —contesto Dante. —Marguerite dijo que nos mantuviéramos afuera, —añadió Tommaso, frunciendo el ceño mientras Vincent intentaba una vez más pasar entre ellos. Christian dudo, entonces tomó a Vincent por los hombros. —Dile que se muevan, —Vincent se giró ante la presión del hombre. Antes de que Christian pudiera responder, Marguerite abrió la puerta de la cocina, asomándose sobre los hombros de los dos grandes hombres frente a la puerta y dijo, —Vincent, espérame en la sala. Te llamaré cuando puedas venir. — Vincent abrió su boca para argumentar, pero Marguerite estaba cerrando la puerta. Frunciendo el ceño, se paseo de un pie al otro, entonces giró y se encaminó de regreso a la sala, consciente de que Christian y Marcus estaban siguiéndolo. Dante y Tommaso aparentemente se quedaron en la puerta como un par de gárgolas, Vincent comprendió que no lo estaban siguiendo. — ¿Qué piensas que está pasando?—preguntó Marcus cuando los tres se encaminaron a la sala. —Creo que no se tomo bien la idea de ser uno de nosotros, —dijo Christian secamente.


Vincent frunció el ceño ante la sugerencia. No había pensado sobre como Jackie podría tomar la conversión. Su principal preocupación había sido que ella sobreviviera al ataque, que no podía dejarla morir. Pero él había olvidado ese pequeño hecho. A pesar de lo bien que lo había conseguido a lo largo de los pasados días, Jackie odiaba a los inmortales desde su experiencia con Cassius a los diecinueve. —Cassius, —murmuró Christian y Vincent giró su cabeza fuertemente para encontrarse los entrecerrrados ojos de él. Había estado leyendo su mente. Aún cuando el abrió su boca para decirle sus propios pensamientos, Christian dijo con sorpresa, —Ella odia los inmortales. — —Tú no odias los inmortales, — Dijo Tiny firmemente por tercera vez. —Lo hago, —Jackie frunció el ceño ante al gigante. Él estaba siendo molestamente calmado y tranquilo sobre todo esto. — ¿Cómo pudiste dejarles hacerme esto?— —Porque te amo y no te quería muerta, —dijo tristemente Tiny. Jackie parpadeo ante la cruda expresión en su rostro y repentinamente se percato de lo demacrado y exhausto que se veía. Parece obvio que no has dormido desde el ataque. —Y tú no odias los inmortales, Jackie, —dijo calladamente Tiny. –Tú les tienes miedo. Hay una diferencia. — Jackie cerró la boca y se sentó cuando reconoció la verdad de ello. Les tenía miedo desde Cassius, miedo a su habilidad para controlarla. Pero ahora ella también era inmortal. ¿Eso significa que no tiengo razones para temerles más? Tiny froto sus ojos con cansancio y Jackie frunció el ceño preocupada. —Puedes irte a la cama, Tiny. Apuesto a que no has dormido ni un par de minutos en toda la noche o hoy. — —No, —reconoció. –No. — Jackie asintió. –Vete a la cama. — Él dudo, luego la miró con preocupación, — ¿Vas a estar del todo bien?— Jackie hizo una mueca y río. –Soy una inmortal ahora, Tiny. Soy perfecta. — —Puedes sentarte con ella, Tiny, —murmuró calladamente Marguerite, recordándole a ellos su presencia. La tía de Vincent todavía estaba sentada en silencio en la mesa, y Jackie había olvidado del todo que estaba allí. Tiny asintió solemnemente, entonces se movió al lado de Jackie. Doblándose por la cintura, la abrazo rápidamente, apretando. –Eres mi mejor amiga y la otra noche pensé que te había perdido. Siento que no estés feliz por ser vampiro, pero me alegro que estés viva, vampiro o no. —


Enderezándose, se alejó abandonando el cuarto. Jackie le observo irse, luego suspiró y se sentó. Ella y Marguerite estuvieron en silencio por varios minutos, entonces Jackie preguntó, — ¿Fue Vincent?— Marguerite se tomo un largo momento para responder, a lo que finalmente Jackie se giró para observarla. Al momento contesto Marguerite, — ¿Recuerdas haber mordido a tu atacante? Vincent dijo que estabas tratando de prevenir que te atacara con un cuchillo. — Jackie parpadeo, recordando el momento en cuestión. –Estaba demasiado débil para sostenerlo con mis manos, así que trate de morderlo, forzándolo con la esperanza de soltara el cuchillo. — —Tragaste sangre. — —Mínimo dos bocados, —dijo ella con una mueca, entonces parpadeo. –Crees, ¿Qué él me convirtió? — Marguerite asintió. Jackie bajo la mirada a sus manos, insegura de como sentirse sobre esto. —Tú misma te convertiste, Jackie, —dijo calladamente Marguerite. –Y yo, por mi parte, me alegro. Los verdaderos compañeros de vida son raros y cosas maravillosas. Vincent pudo haber sido un miserable sin ti. — Jackie bajo lentamente la cabeza. — ¿Perdón?— Marguerite inclino su cabeza y considero examinarla, antes de preguntar, — ¿Sabes sobre los verdaderos compañeros de vida?— Jackie asintió con su cabeza lentamente. Verdaderos compañeros de vida inmortales, un compañero que no podrá leer, ni controlar, pero que esto tenía que ver con ellos. O eso creían ellos. Jackie gimió un poco cínica. Había inmortales unidos con verdaderos compañeros de vida y estaban satisfechos. También había inmortales que por cualquier razón habían sido unidos a la persona equivocada, como Marguerite y su esposo Jean Claude. Y allí estaba una vasta diferencia entre los tres tipos de inmortales. Los no compañeros ( sexualmente no compatibles) tendían a ser duros, arrogantes, y usualmente fríos. A veces podían ser auto destructivos. Aquellos compañeros unidos equivocadamente tendían a ser los peores: amargos, controladores, e incluso crueles. Jean Claude Argeneau había sido uno de ellos. Su padre le había dicho una vez que el hombre se había casado con Marguerite Argeneau por una mala razón, que él la quiso porque ella le recordaba a su anterior esposa, que había muerto años antes de unirse a Marguerite. Marguerite no solo fue una buena compañera de vida para Jean Claude. Él podía leerla y controlarla y se había convertido en amargado, tirano y cruel por siglos.


En comparación, aquellos inmortales reunidos con Jackie parecían haber encontrado sus verdaderos compañeros de vida y estar más en paz, de alguna forma suaves y sumamente felices. —Él no puede leerte, Jackie, —dijo firmemente Marguerite. –Y yo puedo leer sus pensamientos y lo siente por ti. Tú eres su verdadera compañera de vida. — Ella sacudió su cabeza suavemente, incapaz o poco dispuesta a aceptar esta noticia. Jackie estaba fascinada con Vincent…bien, su beso la había enviado sobre el fuego. También le gustaba y respetaba al hombre, pero para ser compañeros de vida…Estar predestinado a estar con un inmortal…Era difícil aceptar eso. Por otro lado, también era difícil aceptar que ella era uno de ellos ahora. Podría vivir por cientos de años, nunca envejecer, nunca enfermar, nunca— — ¡Hey!—Jackie inclino su cabeza, con rostro fruncido hacia Marguerite. — ¿Porque no soy delgada ahora?— Marguerite parpadeo ante el cambio de tema. — ¿Qué?— —Pensé que los nanos nos hacían perfectos, una condición optima y todo eso, — ella señaló, entonces gesticuló hacia ella misma. –Sigo siendo igual que antes. ¿No debería ser más delgada? — Marguerite sonrió en cambio, entonces sacudió su cabeza. –Los nanos te hacen estar en condiciones óptimas, así, que si no has perdido algún kilo, este peso es tu óptima condición. Es el peso saludable para ti. –Ella inclinó su cabeza. –Y para mí tu peso es perfecto, cariño. Me asusta tu creencia en que ser atractiva sea estar coloreada por el tipo de figuras de Hollywood Twiggy (publicación donde las modelos son por así decirlo, demasiado delgadas, rozando la enfermedad). Ese no es el peso natural para muchas mujeres…Incluyéndote a ti. — —Tú eres más delgada que yo, — señaló Jackie. —En realidad, lo soy, —contestó Marguerite, y se encogió de hombros. –Me temo que te veas más grande. — Cuando Jackie comenzó a agitar su cabeza ante la posibilidad, Marguerite se movió a sentarse a la mesa diciendo. —De acuerdo a mi hija Lissianna, la mayoría de la mujeres se ven así misma más grandes de lo que son. En uno de los cursos de psicología que tomo en la universidad, hicieron un estudio donde había personas, de ambos sexos, les dieron a observar fotografias de cuerpos de distintos tamaños y formas. Tenían que mirar cada una de ellas pensando cual era la que los representaba a ellos. Según las conclusiones, las mujeres tendían a elegir una figura un tamaño o dos más grande de su tamaño real, mientras que los hombres elegian una figura un tamaño o dos menor. Temo que las mujeres tienen una muy pobre opinión de su imagen en general. Supongo que eso te incluye a ti. —


Jackie se sintió un poco más relajada cuando Marguerite había dicho lo de los centimetros. Si los nanos aseguraban que estuviera en óptima condición y ella estaba del mismo peso que antes de ser convertida, entonces se suponía estaba en óptima condiciones. Eso explicaba él porque nunca perdería esos cuatro kilos de más a pesar de todo esfuerzo. Suspirando, Jackie sacudió su cabeza. Aquí estaba ella, repentinamente una inmortal, con Marguerite afirmando que era la compañera de vida de Vincent, ¿y sobre que estaba intranquila? De su peso. ¿De que material era ella? —Marguerite, —dijo calladamente Jackie. –No estoy segura en este momento, pero— —Lo sé, —le interrumpió calladamente la mujer mayor. –Y no espero que en este momento corras y le jures amor eterno a Vincent. Necesitas tiempo para acostumbrarte. Comprender esto. Pero después de observar a mis cuatro hijos y sus compañeros, llegaras a la conclusión de que quizás solo es mejor ir directo allí pra que lo veas. Este camino puedes seguir mientras piensas en como aceptar lo que te ha pasado. — Jackie lentamente exhalo. –Muy bien. Lo tendré en cuenta. — Marguerite asintió, aparentemente satisfecha. –La buena noticia es que sabes más de nosotros que cualquiera de mis nueras o yernos cuando fueron convertidos, así que no tenemos que explicarte que no somos demonios o que no tenemos alma. —No. Eso no es necesario, —acordó Jackie irónicamente. Tomando un profundo suspiro pregunto, — ¿Qué hicieron con el saboteador?— Marguerite se quedó callada un momento, Jackie supo entonces que las noticias no eran buenas. Aún así, la sorpresa le sobrevino cuando ella suspiro y admitió, —Se fue. — —Maldición, —Jackie suspiro en desacuerdo y pondero lo que esto podría significar. ¿Puede el saboteador regresar a terminar el trabajo? Puede que no sea tan malo. Ella podría ser el cebo. El saboteador no se daría cuenta de que había sido convertida. Y ella era uno de ellos ahora, así que podría ser más fuerte, rápida, y segura de controlarlo. ¿O podría ser ella? Jackie no sabía. Ella había escuchado historias del matrimonio de Marguerite y Jean Claude Argeneau de como él había sido capaz de controlar su mente y leer sus pensamientos. Quizás no estaba tan segura como esperaba. Frunciendo el ceño, Jackie se mordió su labio, entonces preguntó, —El que sea uno de vosotros no necesariamente significa que este segura de no ser controlada, ¿no es así?— Marguerite tomo las manos de Jackie en sus manos y las acaricio suavemente. –No podrás leer y controlar tan fácilmente como podrías con un humano, pero si, hasta que seas más fuerte y tengas más habilidad para controlar tus pensamientos y mente, eres muy vulnerable. Incluso una vez aprendes a usar tus nuevas habilidades, aún serás vulnerable para los viejos inmortales.—


—Como tú cuando estabas con tú esposo, —murmuró Jackie frunciendo el ceño y Marguerite se pusó rigida. Por un momento, su rostro estaba en conflicto, entonces ella se sentó con un suspiro. —No tan malo como eso, —dijo ella calladamente. –A mi esposo le gustaba controlarme, así que lo que hizo fue mantenerme alejada de reuniones con otros de nuestra clase que pudieran enseñarme a protegerme de sus habilidades. No dejaré que eso pase contigo. Te enseñare todo lo sé Jackie. Lo que me tomo cientos de años aprender, lo sabrás desde el principio. — —Gracias, Marguerite, —murmuró Jackie apretándole su mano. Marguerite apretó su espalda, entonces se puso de pie abruptamente. Será mejor dejar pasar a los hombres antes de que les mate la curiosidad, además pueden ayudar.— —Esperen, esperen, esperen, —Dante gritó, observando cómo Jakie abrió y cerró la boca cuando Tommaso continuó agitando bajo su nariz un vaso de cristal con sangre. Jackie apretó sus dedos, clavándolos en sus palmas con determinación concentrándose en luchar ante la respuesta automática que su cuerpo tenía por el olor a sangre. Sus dientes querían deslizarse en busca del alimento que su pequeña nariz olía, pero ella los forzó a retroceder, manteniéndolos en su lugar por lo que parecía una eternidad cuando Dante y Tommaso le gritaron a Marcus que miraba el reloj. Los tres hombres habían pasado toda la noche tratando de controlar sus dientes. Mientras Vincent, Christian, y Marguerite estaban ayudando a Tiny con el caso en el que estaba trabajando. Los otros cuatros se habían ido a entrevistar a las personas que habían trabajado en el teatro de New York. Jackie había tratado de insistir que ese era su rabajo, pero rápidamente le señalaron que no podían arriesgarse a llevarla en público hasta que ella no controlará sus dientes. Podría ser malo si sus colmillos decidían salir mientras hablaba con un humano. Reconociendo la verdad, Jackie lo había aceptado. Sabía que Tiny podría hacer el trabajo y estaba segura que la presencia de los otros no podría lastimarla. También reconoció que tenían razón sobre lo de mostrar sus dientes. — ¡Cinco minutos!—anunció repentinamente Marcus, señalando los pensamientos de Jackie. — ¡Lo hiciste!— — ¡Esta chica! –Dante brincó de su silla con regocijo y se dirigió hacia la cocina. Jackie gimió con sorpresa, entonces suspiro cuando Dante la pasó a Tommaso, quien hizo lo mismo. —Tenemos que celebrar, —anunció Dante y Jackie observó justo a tiempo para ver el intercambio de miradas con su gemelo, entonces guiño hacia la puerta. Ella miró hacia Tommaso y captó su anchura, una impía sonrisa antes de girar hacia la puerta del patio de atrás.


— ¡No!—Jackie gritó comenzando a gritar, pero era demasiado tarde; antes de que terminara de decir las palabras, Dante había arrojado la puerta abriéndola. La sirena sonando cuando Tommaso comenzó a salir por la puerta. Esto no lo detuvo. Ella no podía escuchar la risa sobre la alarma, pero sentía su pecho vibrando a su lado cuando él la cargaba hacia la piscina, entonces era llevada a través del aire. El agua estaba fría, pero también fue un beneficio añadido ya que esta había minimizado las alarmas. Jackie se dejó llegar al fondo, luego empujo en el suelo de la piscina, catapultándose a sí misma de regreso a la superficie. Entonces al borde de la piscina estaban situados Dante, Tommaso y Marcus, riendo. Moviendo su rostro a ellos, sacudió su cabeza y subió por la escalera para salir de la piscina. Dante y Tommaso inmediatamente se movieron a la escalera, para ofrecerle su mano. Jackie subió medio camino antes de tomar las manos de ambos hombres, entonces se detuvo abruptamente y miró hacia la casa cuando la sirena fue silenciada. Sus ojos se ampliaron cuando vio Vincent en la puerta mirando hacia la piscina, manos en su cadera y una expresión de enojo en su rostro. Jackie sonrió ligeramente, luego con la ayuda de las manos de ambos hombres dio otro paso para subir la escalera. Entonces se detuvo y tiró hacia atrás, tirando con sus manos. Tomados por sorpresa, ambos Dante y Tommaso volaron hacia delante, cayendo con ella dentro de la piscina. Jackie llegó a la superficie y rápidamente subió la escalera, luego se revolvió cuando los hombres aparecieron, pulverizando y maldiciendo detrás de ella. Riendo de su indignación, ella se apresuró a pasar a Marcus, hacia la casa. El hombre estaba tan ocupado riéndose de los gemelos, que no estuvo preparado para cuando ella llegó y lo empujó. Jackie no miró atrás, pero lo escucho chillando un momento antes de caer en el agua. Trasmitiendo una amplia sonrisa, se apresuró hacia Vincent. — ¡Lo hice! —Retuve mis dientes por cinco minutos, —anunció Jackie orgullosamente cuando ella patinó hacia él. — ¡Déjalo ir! —La felicito Tiny, captando su atención en la cocina donde estaba parado con Marguerite y Christian. Jackie sonrió brevemente antes de volver su mirada hacia Vincent. Ella frunció el ceño ante su expresión. — ¿Cual es el problema?— —Estaba abriendo la puerta cuando la alarma se activo repentinamente, —dijo calladamente Vincent. Jackie parpadeo, luego dijo en su defensa —Oh. Si. Bien, Dante y Tommaso pensaron que deberían tirarme en la piscina para celebrarlo. —


—Estaba aterrado de que hubiera pasado algo, —explicó, entonces forzó una sonrisa. –Me alegra que estés bien. — Jackie deslizó su mano en la suya, dándole un apretón. Realmente parecía estar muy pálido. Obviamente la alarma lo había desesperado. — ¿Cinco minutos?—preguntó Christian cuando Dante, Tommaso, y Marcus se dirigían hacia la casa. El agua chorreando por su ropa y chapoteando con cada paso que daban. Jackie los observó moviéndose con diversión. Ella también estaba empapada, pero mientras ella vestía ropa deportiva, ellos vestian de cuero y ahora iban silenciosos en cada paso. Los tres hombres asintieron ante la pregunta de Christian, ninguno de ellos estaba contento después de haberla arrojado a la piscina. —Gracias por ayudarme a aprender a controlar mis dientes, chicos. –Jackie les sonrió suavemente, luego se volvió caminando hacia la casa, añadiendo, —debo secarme y cambiarme. — Jackie se deslizó pasando a Christian y a los otros, luego se detuvó en la puerta de la cocina y se dirigió hacia Tiny. — ¿Cómo van las entrevistas?— Tiny se encogió de hombros. –Pensé que eliminaríamos algunas personas más, pero nadie gritó culpable. — Ella asintió. –No tardaré mucho tiempo en cambiarme y entonces puedes hacerme resumen. — —Voy hacer café, —anunció Tiny y Jackie sacudió su cabeza y sonrió cuando salió de la cocina. El gigante siempre estaba haciendo café y buenos bizcochos. Era como tener un panadero alrededor, aunque entonces solo habría sido té y buenos bizcochos. Jackie fue rápida en cambiarse los pantalones de correr y la camiseta y la primera en regresar a la cocina. El momento llegó, Tiny le entregó una taza de café, entonces los cinco se sentaron alrededor de la mesa mientras Tiny le daba un resumen de las entrevistas que había hecho. Christian, Marguerite, y Vincent añadieron comentarios de aquí y allá, pero Tiny era él más que estaba hablando. Marcus se unió a ellos durante la reunión y tomó asiento en la última silla de la mesa. Como no había sillas cuando llegaron los gemelos, se recostaron contra la pared, de brazos cruzados sobre el pecho escuchando. Para ser cuidadosos, Jackie había querido incluir algunos humanos en las entrevistas. Las probabilidades eran que era un inmortal, pero los humanos podrían haber visto algo que les ayudara. De todos modos, ninguno había estado de acuerdo con ella. Los ataques a Stephano y a ella señalaban a un inmortal, como al inicio –anemia contagiosa—en el molde del juego, así que habían insistido en entrevistar solo inmortales. Aparentemente habían intercambiado sus mentes durante la tarde y habían entrevistado a un par de mortales a lo largo del camino.


Sin embargo, su principal interés había sido alimentar a Vincent cada vez que se detenía en las entrevistas y poco había hecho en el camino con el verdadero interrogatorio. Jackie pensaba que estaban equivocados al descuidar a los humanos, pero, siendo ella minoría, tenía que encogerse de hombros y dejarlos hacer lo más oportuno. Ella incluso había esperado que ellos estuvieran bien y poder regresar a mirar sobre alguien que pareciera sospechoso. Sin embargo, ese no era el caso. Marguerite era setecientos años más vieja y Christian quinientos. Entre ellos dos, capaces de leer la mente de los inmortales mientras Tiny y Vincent los habían distraído con preguntas. Y todavía, ellos no habían sido capaces de eliminar de la lista a la mitad de los inmortales. Los otros habían tenido mejor control sobre sus pensamientos, o sus pensamientos habían sido tal revoltijo que ni Marguerite ni Christian habían sido capaces de darles sentido. —Bien, — dijo Christian que comenzó el interrogatorio, —si lo hacemos aquí, los chicos y yo debemos movernos. Tía Elaine y Tío Roberto están esperándonos para cenar. — —Los chicos lo mencionaron mientras se iban, — comento Jackie. Christian estaba hablando de Elaine y Roberto Notte. Elaine era la madre de Stephano y Neil. Roberto era el padre de Neil y padrastro de Stephano. La pareja había volado de L.A. para Italia en el momento que regresaron a la casa de un viaje de negocios para escuchar las noticias de las lesiones y el cambio de Stephano. Vincent había invitado a la pareja a quedarse en la casa, pero ellos decidieron que no había sufuciente espacio para todos y se fueron a un hotel, tomando una suite de modo que Neil y Stephano pudieran quedarse con ellos, mientras Stephano completaba y se ajustaba al cambio. Christian y los chicos habían decidido continuar quedándose en la casa. Christian observo de Jackie a Vincent y reaccionó levantando una ceja. – Ahora que los chicos le habían enseñado a mantener sus dientes dentro, tal vez mientras ellos se fueran, Vincent podría enseñarle a cómo conseguirlo llevarlos afuera.— — ¿Cómo consigo sacarlos?—preguntó Jackie con sorpresa. –Ellos salen por cuenta propia. O trato de, —ella añadió, puesto que ahora aprendí como forzarlos a retroceder y no a extenderlos. —Solo cuando estés extremadamente hambrienta o el olor a sangre este alrededor, —señaló Christian. –Debes alimentarte cuando sientas que lo necesitas. Necesitas ser hábil en sacar tus dientes fuera a voluntad para que puedas manejar tu alimentación alrededor de tú vida, en lugar de manejar tú vida alrededor de tú alimentación. — —Por ejemplo, —dijo él, —despertarás con hambre, como los mortales, y en ocasiones, probablemente solo el ver bolsas de sangre podrán ser suficientes para extraer tus dientes. ¿Pero y si tienes vigilancia o algo que? Querrás alimentarte antes de salir, así que no necesitas tener sangre contigo. ¿Pero y si no estás hambrienta? En este punto, tus dientes no se deslizaran solos fuera cuando lo deseen. ¿Lo entiendes? —el preguntó, entonces levantando un ceja. –Intenta extraerlos para nosotros. —


Jackie dudo, entonces recorrió con su lengua el largo de sus dientes y se concentró en conseguir extraerlos. Nada paso, y ella frunció el ceño. — ¿Cómo?— —Eventualmente, serás capaz de sacarlos y mantenerlos dentro a tú voluntad, — le aseguró Marguerite. —Como con mantenerlos fuera, hacerlos salir es una tarea que tienes que apreder. — —Hasta entonces, — dijo Christian, —Ahí tres cosas que hacer con tus dientes. La vista –o algunas veces solo pensar—en sangre cuando estés extremadamente hambrienta. — —Como con Tiny cuando vino la primera vez después del cambio, —murmuró Jackie, fundida en la vergüenza y mirada defensiva. Christian asintió. —Entonces esta el olor a sangre que trabaja aún cuando no tengas hambre. — — ¿Y la tercera cosa que es?— preguntó Jackie. —Sexo— — ¿Sexo?— repitió con nerviosismo. Christian sonrió, poniéndose de pie y rodeando la mesa. Parandose a su lado, sostuvo su mano. Jackie dudo, después la tomó y le permitió ponerla en pie. Su fija mirada deslizándose hacia Vincent cuando ella lo hizo. Él se veía rígido, su expresión llana cuando la miraba con los ojos entrecerrados. Le pareció que él sabía que era lo que Christian estaba haciendo y no estaba feliz con ello. Jackie no tuvo oportunidad de analizarlo más cuando repentinamente Christian la giró en sus brazos y la beso. Christian era un gran besador, todo un maestro en la técnica y empuje de la lengua. Desafortunadamente, Jackie era muy consciente de la audiencia para apreciarlo mucho. Ella estaba de pie rígida y todavía en sus brazos, consciente de los ojos de Vincent perforándola en la parte de atrás de su cabeza. Incluso pensó que había escuchado un gruñido en esa dirección, pero entonces Christian rompió el beso y retrocedió, frunciendo el ceño. —Tus dientes no están saliendo, —comentó él frunciendo el ceño. Él acababa de hacerla un examen meticuloso como un dentista para asegurarse, aunque él lo había hecho con su lengua. —Relájate, —le instruyó Christian, con su voz suave, luego él la beso de nuevo, esta vez jugando con sus labios brevemente, antes de profundizar el beso. Estaba bien hecho y Jackie estaba convencida de que él era el segundo mejor besador que había conocido. Desafortunadamente, Vincent era el mejor y estaba sentando a tres pies de distancia. Ella ahora estaba segura que el constante sonido bajo que escuchaba era a él gruñendo. Era solo una distracción para permitirse relajarse con Christian como había solicitado. —Esto no está funcionando. –Christian sonó desconcertado cuando rompió el beso.


—Quizás Vincent debería intentarlo, —sugirió suavemente Marguerite. Vincent estaba sobre sus pies y había girado a Jackie lejos de los brazos de Christian hacia los suyos tan rápido, ella jadeo con sorpresa cuando su cuerpo repentinamente choco contra el suyo. De nuevo, Vincent probó que mientras ella era dulce sobre muchas cosas, besarla no era una de ellas. Él bajo su mirada hacia ella por un momento, sus ojos intensos. Jackie no sabía cuál era su expresión, probablemente simple desconcierto, pero lo que vio le hizo relajarse y que su expresión se suavizara. Luego, él bajo su cabeza, permitiendo a sus labios rozar cada ojo, besarlos hasta cerrarlos, entonces besó el tope de su nariz ligeramente antes de presionar sus labios en ella. Su boca fue suave al principio, buscando, entonces bruscamente comenzó a ser firme mientras deslizaba su mano entre su cabello y le inclinaba la cabeza en el ángulo que él quería. Jackie gimió y jadeo cuando él urgió su boca a abrirse y pilló sus profundidades húmedas. Esta vez, ella se olvido de tener audiencia, su mente y cuerpo enfocados en el entusiasmo y quería que Vincent se hundiera en ella. Presionándola en un abrazo más cercano, ella deslizó sus brazos alrededor de su cuello, tirando de él solo tan persistentemente como él la sostenía. No fue hasta que su propia lengua lo atrapo en uno de sus colmillos y ella retrocedió con sorpresa que ellos recordaron estar en la cocina y que habían personas observándolos. — ¿Estás bien?—preguntó Vincent preocupado a romper el beso. Él obviamente había probado un poco de sangre por el mordisco de su lengua. Jackie estaba respirando fuertemente, pero asintió. —Bien, —dijo secamente Christian. –Me parece que Vincent podría ser el mejor maestro para esta lección. — Jackie miró al hombre y sintió ruborizarse. Casi quiso pedir disculpas por que no hubiesen salido sus dientes cuando la beso, pero logró evitar hacerlo. —Es lo mejor de todas formas. Tendremos que ir a ver a Elaine, —Christian pasó, mirando a Marcus y los gemelos. Los tres hombres inmediatamente se movieron para dejar la habitación y Christian los siguió, diciendo, —Regresaremos rápidamente tan pronto podamos. Llamen a mi móvil si hay algún problema. — Vincent parecía molesto ante las palabras del hombre, pero no hizo ningún comentario. Jackie sabía que los cuatros hombres estaban en la casa con la esperanza de evitar cualquier nuevo ataque a alguno de ellos, o quizás con la esperanza de estar alrededor para capturar al saboteador si hubiera un futuro ataque. Marguerite fue la siguiente persona en moverse. Levantándose de la mesa, anunciando, — Toda la lectura de mente esta noche me ha dejado un dolor de cabeza. Pienso que estoy bajo una mentira y conseguire deshacerme de ella.


—Estoy listo para irme a la cama, — anunció Tiny, comenzando a levantarse. Jackie miró de una persona a la otra con un toque de pánico. Ella estaba de repente temerosa de quedarse a solas con Vincent después de lo que había pasado. Tomando la salida del cobarde, ella se deslizó fuera de los brazos de Vincent y se movió hacia la puerta, diciendo, —Debo ir a la oficina a hacer una llamada y ver si alguien necesita mi atención. — Ella salió fuera de la cocina por delante de Marguerite y Tiny. No fue hasta que Jackie había llegado a la oficina que comprendió que había usado la excusa más estúpida. En California es medianoche. Solo 3 AM en New York. La oficina no puede abrirse aún. —Cobarde, —murmuró Jackie para sí misma cuando se detuvo ante el escritorio y sopló su cabello hacia arriba cuando este estaba sobre sus labios. Y ella sabía que era cierto, por Dios había estado del todo dispuesta a subir con Vincent como una perra en celo cuando sus colmillos habían aparecido y arruinado todo. Se había olvidado completamente de la audiencia. Y ahora se encontraba avergonzada de su propio comportamiento. Apoyándose contra el escritorio, Jackie observo con desinterés sobre los papeles y mensajes en la gran superficie y preguntándose si Marguerite le había mencionado su teoría de compañeros de vida a Vincent. Y si fue así, ¿qué pensaba él sobre eso?. El sonido de la puerta de la oficina abriéndose interrumpió sus pensamientos y Jackie se volvió para encontrarse a Vincent de pie ante la puerta, con una bolsa de sangre en la mano.


Capítulo 15 HYPERLINK \l "inicio" Índice —Pensé que podrías tener hambre, —dijo Vincent mientras cerraba la puerta. —Tengo hambre, —admitió Jackie. Los chicos le habían dicho que necesitaba controlar sus dientes mientras tuviera hambre, que esta sería una verdadera prueba de control, por lo que no había comido en toda la tarde. Ahora estaba hambrienta, como había estado distraída, Jackie no se había dado cuenta hasta que se volvió y vio la bolsa de sangre en la mano de Vincent. —¿Estás lo suficiente hambrienta que con solo verla extraerás tus dientes? ¿O necesitas algo de ayuda? —le preguntó, parándose ante ella. Jackie movió la lengua sobre sus dientes. Sus colmillos habían retrocedido durante su vergüenza después de aquel beso, y — a pesar de su hambre — no parecieron empujarse hacia fuera al ver ahora la sangre. Se ruborizó cuando comprendió que necesitaría la ayuda. —Lo siento, —comenzó con vergüenza—. Pero creo que necesitaré ayuda. Una lenta sonrisa curvó los labios de Vincent mientras colocaba la bolsa de sangre sobre el escritorio, luego deslizó sus brazos alrededor de ella. —Créeme, no tienes que pedir disculpas por ello. Seguramente, puedo decirte que estoy contento de ayudarte con esto. Jackie parpadeó cuando él presionó sus caderas y sintió la prueba de su feliz ayuda. Obviamente, no era la única afectada por sus besos. Sin embargo, mientras que sus dientes se habían deslizado por la vergüenza que siguió, parecía que su erección no. Ese conocimiento creó una piscina de excitación entre sus piernas y sintió la presión y el cambio a lo largo de su mandíbula superior. Sin ni siquiera pensarlo, Jackie usó la habilidad que acababa de dominar y forzó a sus dientes a retroceder. Fue una acción subconsciente, pero una que su cuerpo aprobó totalmente, lo que significaría que ella disfrutaría más de sus besos.


—Más que feliz por ayudar, —dijo Vincent suavemente mientras su boca bajaba a la suya. En esta ocasión no hubo besos tentativos sobre sus ojos y nariz, ni el lento trabajo de un beso prometedor. Vincent la reclamó como ganador del botín, su beso fue agresivo y hambriento. Jackie gimió arqueándose y se encontró a sí misma contra él, sus brazos alrededor de sus hombros y sus manos enterradas en su cabello mientras abría su boca y hacía su propia demanda. Hasta reunirse con Vincent, nadie había sido capaz de competir con Cassius cuando la excitaba. Aunque sabía que su mente había sido del todo controlada y que le había impuesto su excitación, aún le parecía haberlo sentido como una verdadera pasión y Jackie había decidido hacía tiempo que la pasión real nunca sería capaz de competir con aquella. Aunque, Vincent podría, y lo hacía, y bajando sus manos ella sabía que él no estaba colocando pensamientos o sentimientos en su cabeza. Su cuerpo simplemente se encendía ante su toque, enviando jugos cálidos a algunas regiones intentando sofocar su fuego, pero sólo lo empeoraba. Jackie estaba presionada contra él, tratando de acercarse lo máximo posible. Cada pulgada de su cuerpo dolía por sentirlo, pero sus ropas aún estaban en el camino. Afortunadamente, Vincent parecía sentirse igual, por que comenzó a quitarse sus ropas. Jackie murmuraba contra su boca y temblaba en sus brazos mientras trababa de subirse la camiseta. Sus dedos a lo largo de su estómago, luego sobre sus pechos a través del sujetador. No era suficiente y ella rompió el beso brevemente para ayudarle a quitarle la camiseta del todo. Cuando se la quitó y voló a una esquina de la oficina, Vincent cubrió su boca de nuevo y comenzó a trabajar en su sujetador. Para su alivio, éste se fue en segundos. Jackie jadeó y se estremeció cuando sus cálidas palmas se cerraron sobre sus erectos pezones. Ella murmuró en su boca, luego anudó sus manos en su cabello, sus besos cada vez más desesperados y amasando sus pechos. Al momento, ella estaba sin aliento y jadeando, su deseo disparándose como un rayo. La excitación creciendo intolerablemente, dejó su cabello y dejó caer sus manos entre ellos comenzando a trabajar en los botones de su camisa. Jackie quería su cuerpo desnudo contra el suyo, quería sentirlo. Cuando tuvo problemas con los botones, Vincent dejó de acariciarla para ayudarla, después de desabrocharla la empujó fuera de sus hombros. —Dios, Jackie, —Vincent suspiró contra su boca cuando se reunieron de nuevo, esparciendo el pelo sobre sus pechos erectos, cepillándolos. La besó una vez, duro, luego comenzó a trabajar en el nudo de los pantalones de correr, murmurando, —¿Recuerdas cuando te dije que creía que el sexo a lo largo de los años era aburrido? —Uh—huh. —Jackie empezó a trabajar en su cinturón. —Bien, no me encuentro para nada aburrido, —le informó Vincent cuando finalmente soltó el nudo y comenzó a bajarle los pantalones.


—Gracias a Dios por eso —suspiró Jackie. Vincent hizo bajar los pantalones por sus rodillas, luego aparentemente creció impaciente con la tarea, la agarró por la cintura para colocarla sobre el escritorio. Su trasero apenas asentado en el escritorio, cuando bajó de todo los pantalones y se situó entre sus piernas para besarla de nuevo. Jackie suspiró en su boca, luego mordió agresivamente su labio inferior mientras su cuerpo se enyesaba a sí mismo y su dureza se apretaba contra ella a través de sus pantalones vaqueros. Sus dientes estaban fuera, pero ambos lo ignoraron hasta que Jackie —que no usaba colmillos— hizo muecas de nuevo y un rastro de sangre entró en el beso. Vincent se detuvo inmediatamente y Jackie casi gruñó en alta decepción. No quería dejar lo que estaba haciendo. Aparentemente, tampoco Vincent, ya que solo agarró la bolsa de sangre, y la puso en sus dientes. —Sostén la bolsa, —le instruyó Vincent y Jackie se hizo cargo de sostener la bolsa en sus dientes. En el instante en que lo hizo, él la recogió del escritorio y la llevo hacia el sofá. Cuando la colocó en el sofá, la bolsa ya estaba vacía. Vincent la arrojó a la basura del lado del sofá mientras se arrodillaba entre sus piernas. Los ojos de Jackie se ampliaron con incredulidad cuando él la tomó por debajo de sus rodillas. Usando el borde del sofá para sostenerla, ampliando sus piernas, luego comenzó a trazar un camino de besos hasta sus muslos. Era como el erótico sueño que había tenido el otro día en esta sala, Jackie no podía creerlo. Luego olvidó del todo el sueño y se enfocó firmemente en el aquí y ahora cuando Vincent llegó a su centro y se puso manos a la obra para conducirla a la locura. Consciente de no estar solos en la casa, Jackie intentó controlarse y tratar de no hacer mucho ruido. Pero al final, tuvo que agarrar uno de los cojines del sofá. Presionándolo sobre su boca para amortiguar los gritos de placer cuando Vincent demostró de una vez por todas que la verdadera pasión realmente podría vencer el falso placer que Cassius le había plantado en su mente todos aquellos años. Jackie estaba retorciéndose y sollozando, jadeando y esforzándose, y luego gritando sobre el cojín mientras su cuerpo se apretaba con el orgasmo. Ella estaba tan débil y blanda como un paño húmedo al momento en que Vincent se elevó entre sus piernas. Y como ella sólo se había bajado los pantalones hasta la mitad, los desabrochó y se los quitó del todo. Vincent se deslizó directamente en ella. Por un momento, Jackie se sintió segura de que no podía plantar cualquier interés en ella para el plato principal después de haberse saciado con el aperitivo, pero se equivocó. Sólo le tomó dos toques para que su cuerpo reviviera en interés, y luego agarró a Vincent por los hombros y se agarró a la vida querida cuando él la llevó de nuevo a la cima del placer. Esta vez, llegó con ella, y ambos gritaron, ninguno pensó en silenciar los sonidos. Luego se derrumbaron sobre el respaldo del sofá.


—Dios Mío, —suspiró Vincent un momento después. —Mmmm, —gimió Jackie. Cada músculo de su cuerpo estaba temblando y no parecía encontrar la energía para murmurar nada más que su conformidad. Vincent comenzó a enderezarse y Jackie —que aún estaba alrededor de él como una lapa— se fue con él. Él sonrió suavemente sobre su cabello y besó su mejilla antes de levantarla y trasladarse al sofá más largo con Jackie de medio lado y la mitad sobre él. Después, Vincent tiró del respaldo del sofá y ambos se tumbaron sobre él. Jackie se abrazó contra él, anidando la cabeza en su hombro y una sonrisa curvó sus labios cuando se derrumbó para dormir en sus brazos. No había dormido mucho tiempo. Jackie abrió más tarde un poco los ojos y se encontró sobre el pecho de Vincent subiendo ante sus ojos. Se recostó por unos minutos más, luego se encontró bajando su mirada sobre su cuerpo, un cuerpo que antes le había dado un enorme placer. Vincent era un amante increíble, apasionado y dadivoso, todo lo que una mujer podría querer. La idea de pasar la eternidad —o lo más cerca a la eternidad que los inmortales conseguían— con él no era únicamente poco atractivo. Era encantador, guapo, e increíblemente sexy. También era inteligente y divertido, simplemente interesante. Pero era diferente a ella en muchos aspectos. Jackie tendía a tomar todo en serio, mientras él parecía tomar las cosas más a la ligera. Y ella no podía más que pensar que era algo muy bueno. Tal vez podría haber un equilibrio entre ambos. Él podía ayudarla a disfrutar más de la vida y ella…bien, Jackie no quería decir que podría disfrutar menos de él, pero ella podría ayudarle a ver donde necesitaba ser más prudente, y más consciente de su seguridad. Eso sonó tan aburrido, comprendió Jackie desafortunadamente. Su mirada se deslizó sobre lo que podría ver desde donde estaba su cabeza sobre su pecho. El hombre le había dado un gran placer. Sin nada más, quería devolverle algo de ese placer. Aguantando el aliento, Jackie salió del sofá, agradecida por su posición, luego se puso de rodillas y se asomó a ver la dureza de él. Era larga, delgada y hermosa de mirar. El hombre tenía un cuerpo bello. Perfecto. Podría comérselo, ¿pero por dónde empezaba? Sonriendo ligeramente ante sus propios pensamientos, se inclinó y comenzó a presionar besos a lo largo de su pecho y estómago. Jackie sonrió ampliamente cuando los músculos de su estómago se agitaron bajos sus caricias, él murmuró adormecido y movió sus piernas inquietamente. No despertó hasta que sus labios llegaron hasta su cadera, entonces ella murmuró su nombre con confusión. Jackie volvió su mirada hacia el rostro de él y se encontró con su mirada. —¿Qué estás…?


La pregunta murió en su boca con un gemido cuando ella lo tomó en su boca. Vincent estaba solo medio erecto cuando lo hizo, pero cada vez aumentaba cuando sus labios se cerraron alrededor de él. Sus caderas brincaron con las íntimas caricias y siseó gruñendo cuando lo resbaló en su boca, entonces su mano agarró su pelo y trató de obligarla a alejarse. Jackie lo ignoró y continuó moviendo su boca sobre su erección, sus manos deslizándose sobre su estómago y muslos mientras lo hacía. —Oh Dios, —murmuró Vincent y ella podía jurar que lo dijo a través de sus apretados dientes. Jackie bajó su mirada hacia sus pies y casi sonrió cuando los vio curvearse. Eso tenía que ser una buena señal. Apenas había terminado cuando repentinamente Vincent dejó de tirar suavemente de su cabello. Pensó que iba a conseguir su trabajo sin distracciones, pero él se levantó del sofá, tomándola de los brazos, la arrastró sobre él cuando se quedó atrás. —Pero no hice…—Jackie comenzó a protestar, solo para ser silenciada cuando Vincent arrastró su boca a la suya. Colocó una mano en su cabeza, pero la otra moviéndose sobre su cuerpo, suavizando bajo su espalda, las nalgas y apretando brevemente antes de llevar su mano entre sus piernas y acariciarla. Arrastrando sus dedos sobre su sensible carne mientras empujaba su lengua en su boca y Jackie gimió en respuesta, sus piernas al instante trataron de cerrarse alrededor de su mano. Vincent no tenía nada de eso, sin embargo. Recuperando su mano, la uso para tomar su pierna a un lado y ponerla sobre el sofá. Uso su otra mano para mover la otra pierna del otro lado también, de modo que Jackie se sentara a horcajadas sobre él. Vincent entonces cogió su cabeza con una mano para impedirle levantarse, mientras él deslizaba otra mano entre ellos y comenzaba a acariciarla otra vez. Jackie gimió en su boca cuando sus dedos se arrastraron sobre ella cálidamente, la carne temblando, luego esquivando su caricia mientras él separaba su carne húmeda y deslizaba un dedo dentro. Esto no era lo que había querido, ella había querido darle placer, pero él no cooperaba. Llegando entre ellos, tomó la erección de Vincent con su mano y comenzó a dirigirlo hacia ella, pero Vincent la detuvo de nuevo. Moviéndose bruscamente, él de repente cambió, sentando del todo derecho y forzándola con él. Jackie dejó lo que ella había estado tratando de hacer y se agarró a sus hombros para impedir que se cayera cuando Vincent se levantó de repente. —¿Qué? —preguntó desconcertada, sus piernas instintivamente envolviendo su cintura. Vincent la silenció de nuevo mientras cruzaba la sala. Con una mano bajo su trasero para sostenerla, abrió la puerta de la oficina con la otra, luego pasó a través de la sala hacia las escaleras, besándola por todo el camino. No fue hasta que estuvieron a mitad de camino que Jackie comprendió que no estaban solos en la casa. En ese momento, era demasiado tarde para preocuparse por ello, pero cerró sus ojos con fuerza y oró porque Christian y los muchachos no vinieran repentinamente a la casa, o que


Marguerite o Tiny salieran de sus cuartos. Se alivió cuando llegaron al cuarto de Vincent sin ser descubiertos. Él abrió la puerta, se adentró y empujó la puerta para cerrarla con un pie, dejándolos en completa oscuridad. Lo que no parecía ser un problema para Vincent, ya que cruzó el cuarto en la oscuridad sin tropezarse o caer sobre algo, luego la bajó a la cama y cayó sobre ella. —Mmm, —Jackie suspiró y se arqueó cuando su boca se cerró más en su pezón y cuidadosamente lo amamantó. Luego gimió cuando él comenzó a hacer rodar el otro pezón entre el pulgar y el índice. Deslizando sus manos sobre su cabello, ella se retorció bajo él ante el ritmo de su lactación, luego extendiendo sus piernas, levantó sus rodillas de modo que ella pudiera empujar hacia abajo con sus talones, levantando sus caderas para frotarse contra él. Vincent gruñó inmediatamente, el sonido vibrando sobre su pezón mientras él lo volvía a empujar. —Te quiero dentro de mí, —susurró ella—. Por favor, Vincent. Te quiero dentro de mí. Elevándola, Vincent la silenció con un beso. Tomando sus manos en las suyas las sostuvo al lado de su cabeza mientras entraba en ella. Jackie gritó en su boca, envolviendo las piernas a su alrededor, instándolo con los talones a que la llevara de nuevo a las alturas del placer.

Jackie estaba hambrienta cuando despertó. Suponía que realmente no debería ser una sorpresa. Incluso como mortal, se levantaba con hambre en las mañanas y Marguerite le había advertido que ella necesitaría al principio mucha sangre, mientras su cuerpo continuara con el cambio. Parecía que el cambio no sería rápido y aunque tuviera ahora dientes, todo lo que iba a cambiar, aún no lo hacía. De acuerdo con Marguerite, su visión nocturna aumentaría cada noche, junto con su audición, fuerza física, velocidad, y muchas otras cosas. Limpiando el sueño de sus ojos, Jackie echó un vistazo alrededor. Aún estaba en el cuarto de Vincent, en la cama de Vincent. Ellos habían dormido otra vez después de que él la hubiera llevado hasta su cuarto y le hubiera hecho el amor por segunda vez. Se había levantado un poco más tarde para encontrarse besos y caricias. Vincent le había hecho el amor varias veces durante las últimas horas de la noche y bien entrada la mañana, hasta que ambos se derrumbaron en el agotamiento. Su mirada se deslizó hacia el reloj digital sobre la mesita de noche y gimió. Eran más de las tres de la tarde. No era muy tarde teniendo en cuenta la hora en que se habían dormido, pero sumamente tarde cuando lo comparaba con las horas que solía usar. Su conciencia no había la alcanzado hasta el cambio de la situación y se sintió culpable por dormir hasta tan tarde. Supuso que se adaptaría con el tiempo. Jackie miró al hombre dormido a su lado. Vincent había encendido la luz del cuarto de baño en algún momento de la noche y había dejado la puerta entreabierta para que el cuarto no estuviera


tan oscuro como la boca de un lobo. Ella estaba agradecida. La luz era suficiente como para ver su rostro. Él estaba aún dormido y sonrió por lo adorable que se veía. Vincent tenía el pelo enredado, su cincelado rostro suavizado por el sueño y sin su habitual sonrisa, sustituida por una expresión pacífica, pero neutral.

Jackie se encontró extendiendo la mano y deslizando un dedo ligeramente debajo de una mejilla, deseaba tocarlo, pero no deseaba despertarlo. Él había tenido una larga noche y merecía un descanso. Vincent lo había demostrado la noche pasada, repetidamente, no había estado jactándose cuando le había dicho que era bueno en el sexo. Aunque, había minimizado sus proezas. Vincent era un amante increíble. Suspiró en su mente. Y era todo suyo…tal vez. Mordiendo su labio, Jackie retiró su mano y miró detenidamente al techo. No habían hablado mucho en toda la noche, no sobre su estatus o sobre si estaba de acuerdo con Marguerite de que ellos eran ahora verdaderos compañeros de vida. No tenía ni idea de si él la aceptaba, o incluso si la quería como su verdadera compañera de vida. Hablando de eso, Jackie tampoco estaba segura de aceptarlo como un verdadero compañero de vida, aunque la pasada noche se había apurado en acercarse más. No había experimentado tal pasión en sus treinta años, pero todo parecía estar ocurriendo tan rápido, que tenía miedo de cometer un error. Un calambre la apuñaló en su estómago, Jackie disminuyó sus pensamientos y se impulsó a levantarse y alimentarse. Moviéndose cuidadosamente, se deslizó fuera de la cama, luego se detuvo, recordando que sus ropas aún estaban en la oficina donde Vincent le había ayudado a quitárselas. Frunció sus labios, mirando alrededor del cuarto vio sobre la silla, al lado de la cama, la túnica. Jackie la recogió y se deslizó en ella, sonriendo por estar envuelta en el olor de Vincent. Se encontró levantando la solapa en varias ocasiones y presionando su nariz en el suave algodón e inhalando mientras salía del cuarto camino a bajar las escaleras. Era media tarde, Jackie esperaba encontrar a Tiny en la cocina, pero el cuarto estaba vacío. Preguntándose dónde estaría él, se movió hacia la nevera y tomó una bolsa de sangre, luego miró inexpresivamente alrededor cuando comprendió que tenía un pequeño problema. A pesar de la declaración de Christian de que solo viendo sangre despertaría lo suficiente como para extraer sus dientes, en ella ese no era el caso. Parecía que ver a Tiny tan cerca cuando había despertado, había sido suficiente para sacarlos por causa de la pérdida de sangre y el cambio. Esta tarde, su hambre no era suficiente para extraerlos. Se quedó de pie durante varios minutos, mirando la bolsa de sangre en su mano y tratando de averiguar qué hacer. Jackie consideró brevemente cortar la bolsa y abrirla para poner los dientes, pero realmente no creía poder tener estómago para beber el líquido de un vaso. Una cosa era dejar sus dientes salir fuera, otra era tragarlo como un zumo de naranja sin más ni más. De hecho, la misma idea le hizo sentir náuseas, lo que significaba que si la perforaba para obtener el aroma de la sangre para


conseguir extraer sus dientes, podría perder por completo la bolsa de sangre, porque no era capaz de abrirla con los dientes. Todo lo que conseguiría, sería hacer un auténtico desastre, estaba segura. Gimiendo, Jackie pasó brevemente de un pie al otro, luego se dirigió con un suspiro al cajón en busca del cuchillo. Parecía que el breve pinchazo en el dedo de la mano de Dante aquel primer día había sido un remedio. Aquella pequeña gota de la sangre había sido suficiente para extraer los dientes y poder trabajar ahora. Eso esperaba. Jackie seleccionó un pequeño cuchillo en el cajón, luego lo cerró con un empuje de su cadera y colocó la bolsa de sangre sobre el mostrador. Después, la sujetó con la mano izquierda y se preparó mentalmente…y se preparó un poco más…y un poco más. —Caray, —murmuró—. Sólo es un pequeño pinchazo. Puedo hacerlo. —¿Por qué molestarse si no puedes hacerlo? Jackie saltó con sorpresa cuando Vincent deslizó sus brazos repentinamente alrededor de ella a su espalda. Había estado tan concentrada tratando de convencerse de realizar la tarea, que no lo había oído entrar. —Hola —ella suspiró cuando sus manos se aliviaron camino en su túnica. —Buena días, —murmuró Vincent. Usando su barbilla para quitarle el pelo de su cuello, colocando un beso allí—. No tienes que cortarte. Te ayudaré a extraer tus dientes. —¿Sí? —preguntó Jackie, apoyándose contra él y permitiendo a sus ojos cerrarse cuando sus labios se arrastraron sobre su cuello, y sus dedos acariciaron sus pechos. —Sí, —Vincent alejó una mano de su pecho y Jackie se estremeció, mientras él bajaba por su vientre, luego presionó su espalda contra él cuando su mano continuó bajando. Cuando se deslizó entre sus piernas, ella jadeó e inclinó su cabeza hacia atrás, arqueando su cuerpo. Jackie estaba lo suficientemente distraída como para no sentir que sus dientes salían. De hecho, no fue consciente hasta que Vincent tomó su pecho con su otra mano, tomando la bolsa de sangre sobre el mostrador y la hizo reventar sobre los dientes de ella. Asustada, Jackie casi cerró su boca sobre la bolsa con sorpresa, pero entonces la cogió, y levantó sus manos para encargarse de ella. Al momento de hacerlo, Vincent la giró para afrontarlo y tiró su túnica cerrándola, ató el cinturón fuerte por su bien. Cuando Jackie levantó sus cejas en sorpresa, una risa sardónica cruzó sus labios y él cabeceó hacia la puerta. —Tenemos compañía. Con la bolsa aún en sus dientes, Jackie se volvió hacia la puerta mientras se abría y Tiny entró.


—Oh, hey. Hola, —el gigante le sonrió y Jackie se encontró sonriéndole alrededor de la bolsa medio vacía en su boca. —Buenos Días, Tiny, —dijo Vincent por ambos, luego se volvió y gesticuló hacia la cafetera casi llena—. ¿Es fresco el café? —Sí. Solo vine a ver si estaba hecho, —admitió, entonces miró a Jackie y añadió—. Estaba al teléfono con Nueva York. Pensé en llamar y verificar las cosas por ti. Todo está bien allá. —ien, acias, —dijo Jackie alrededor de la bolsa casi vacía. Era difícil pronunciar las consonantes con una bolsa en la boca. Moviéndose a un lado, consiguió salir del camino cuando Tiny se unió a ellos en el mostrador, ella observó cuando Vincent buscó tazas y las colocó para que Tiny sirviera el café. Entonces prepararon cada uno su propio café, Jackie trabajando con una mano hasta que la sangre se fuera y pudiera tomar la bolsa y lanzarla lejos. Así lo hizo, entonces moviendo el café, lo llevó a la mesa. Se quedaron sentados en silencio por un momento, solo disfrutando de sus cafés, entonces comenzó a discutir sobre el saboteador con Vincent. Aún seguían haciéndolo cuando Christian llegó a la cocina y se unió a ellos. A diferencia de Vincent, Christian no se molestaba por la comida humana o bebidas… nunca. Ignorando la cafetera, buscó un par de bolsas en la nevera y las pegó en sus dientes. Una vez que acabó, la reemplazó con la nueva bolsa, después lanzó las dos bolsas vacías a la basura y se unió a ellos en la mesa. —Bueno, hoy podrías trabajar en extraer tus dientes, —comentó él, entonces miró a Tiny antes de añadir. —Podrías también aprender a entrar en los pensamientos de los mortales y controlarlos. Necesitarás ser capaz de ambas cosas para alimentarte. —Pero alimentarse de mortales está prohibido, —dijo Jackie con confusión—. Solo a personas con condiciones médicas como Vincent se les permite alimentarse de donantes vivos. —Y cualquier inmortal que se encuentre en un caso de emergencia, —corrigió Christian—. Tienes que aprender cómo, en caso de encontrarte en una emergencia donde tu vida sea amenazada si no te alimentas. —Preferiría morir antes que alimentarme de… — comenzó Jackie. —Puedes pensarlo ahora, —dijo Christian— pero una vez que tu vida sea amenazada será otra historia. Además, no es solo por nuestro bien individual que tenemos que sobrevivir. Jackie frunció el ceño. —¿Qué quieres decir? —Digamos que te encuentras en un accidente de auto, —sugirió Christian—. No estás discapacitada o con alguna amenaza a tu vida, pero estás lo suficientemente herida como para


perder mucha sangre y estás débil, demasiado débil como para conseguir salir de la escena sin alimentarte. El conductor del otro vehículo está vivo, bien e ileso. Jackie frunció el ceño con desagrado, sabiendo adónde iba con esto. —Si no te alimentas del conductor, estarás allí cuando llegue la policía y la ambulancia. La ambulancia te recogerá, te llevará al hospital y ellos harán todo tipo de pruebas, lo que será una amenaza para el resto de nosotros. Amenaza que podría fácilmente haberse evitado si sólo te hubieras alimentado del conductor. Jackie suspiró con derrota, sabiendo que era verdad. —Así que, —continuó Christian— practicarás con Tiny y… —Oh, no, —le interrumpió Jackie firmemente—. Bien, veo la necesidad de aprender cómo leer los pensamientos y controlar a las personas, y reconoceré que puede llegar el momento cuando necesite morder un mortal, pero no usaré a Tiny de esa manera. —Está bien, Jackie, —dijo Tiny dulcemente—. No me importa. —Bien, a mí sí, —dijo gravemente—. Hemos sido amigos por mucho tiempo, para mí entrometerme en tus pensamientos es como, usarte como un alfiler. —Entonces, ¿con quién te gustaría practicar? —preguntó Christian secamente—. Tiny es el único mortal alrededor. Además, al menos él te está dando el permiso para leer su mente, así no podrías introducirte en los pensamientos de alguna persona inocente. Jackie frunció el ceño ante su argumento. Era una de las cosas que no le gustaban de los inmortales, cuando trataban de leer los pensamientos de alguien más. Pero Tiny le estaba dando permiso. Si ella practicaba con cualquier otra persona, lo podría estar haciendo sin permiso. Suspirando infelizmente, ella le proporcionó un guiño. —Bien, practicaré en leer y controlar las mentes y en extraer mis dientes, pero lo haré cuando quiera. Ahora tenemos que capturar al saboteador. —Ahora tienes que preparar un funeral, —dijo Vincent. Cuando Jackie volvió su rostro en blanco, él le recordó—, el falso funeral de Stephano. Pensaste que sería buena idea hacer uno. —Oh, sí, —murmuró Jackie. Habían iniciado los preparativos con miras de mantener en secreto el hecho de que Stephano había sobrevivido hasta que él pudiera despertar y decirles quién lo había atacado. Sin embargo, cuando él despertó y no pudo decirles, ella había decidido que sería bueno hacer un falso funeral. Esperaba que el saboteador se presentara y se revelara a sí mismo…o que intentara atacarla de nuevo. Aunque era necesario que continuara manteniéndolo con vida. No le importaba ser la carnada, pero no podía poner a Stephano en esa posición.


—Vamos. —Vincent se puso en pie, tomó su mano y la levantó—. El funeral es a las seis. Aún tenemos un par de horas. Puedes tomar un baño en mi tina. Te frotaré la espalda. Jackie sonrió a pesar del rubor de sus mejillas ante la oferta y le permitió moverla hacia la puerta. —Doblé tu ropa y la puse sobre tu cama, —le anunció Tiny mientras atravesaban la puerta y Jackie gimió internamente mientras cerraba la puerta detrás de ellos. Había olvidado las ropas dejadas esparcidas alrededor de la oficina. Y él había visto que no estaba en su cama cuando fue a llevar las ropas a su cuarto. —Tiny lo sabe, —murmuró ella con vergüenza. —Todos lo saben. Nosotros no fuimos muy silenciosos anoche y esta mañana. —murmuró Vincent gentilmente, deslizando un brazo a su alrededor mientras caminaban hacia las escaleras—. ¿Te importa? Jackie se encontró con su mirada preocupada, entonces sacudió su cabeza. Estaba un poco avergonzada, pero no le importaba si todos sabían qué estaban haciendo. Solo deseaba saber qué estaban haciendo ellos.

Capítulo 16 HYPERLINK \l "inicio" Índice —Neil debe haber cerrado la oficina para que todos puedan asistir —dijo Jackie asomándose al interior de la funeraria. —Lo hizo —reconoció Vincent—. Quería asegurarse de que el saboteador asistiera. Está esperanzado en que el hombre se muestre y que, de algún modo, se dé a conocer. Jackie asintió, pero pensó que el problema ahora podría ser que, aunque el saboteador viniera y decidiera decir algo, había demasiadas personas en el funeral para que ellos pudieran encontrarlo. —Actualmente, Neil tiene más confianza en nosotros —comentó Christian—. Stephano lo está volviendo loco. Siente que ahora está bien, aunque un poco irritable ante la idea de poder ser atrapados en el hotel. —Irritable no es la palabra —comentó Neil con sequedad, marcando su presencia cuando se les unió en la esquina donde tomaban posición para observar la habitación—. Mi hermano está tan mal humorado como el infierno. Quiere volver a trabajar. —Eso es comprensible —comentó Vincent. Neil arqueo su ceja y añadió:


—También quiere fotos. Jackie parpadeó. —¿Fotos? —Hmmm —frunció sus labios y gimió—. Quiere ver quiénes asistieron, quiénes están molestos y si el funeral es agradable. Cuando los demás lucharon por mantener expresiones solemnes ante las noticias —uno no se ríe en los funerales—Jackie mordió un poco su labio y dijo: —Bien, en ese caso, Tiny está haciendo fotos. Stephano puede tener copias. Todos miraron entonces hacia Tiny, sin duda en busca de una cámara. —¿Habéis notado que él usa gafas? —preguntó ella con diversión—No son para ver. Tiny tiene una visión perfecta. La cámara está en la pieza de la nariz. Los hombres estaban obviamente impresionados. —Hace frío —dijo Dante con sorpresa. —Yo quiero un par —decidió Tommaso. Tiny simplemente sonrió. Le encantaba su cámara espía. Los niños y sus juguetes, pensó Jackie, intercambiando una divertida mirada con Marguerite. Sacudiendo la cabeza, se asomó alrededor de la habitación una vez más, y su mirada cayó sobre Elaine y Roberto Notte. Era la primera vez que veía a la pareja. Jackie se encontraba en medio de su cambio en el momento que ellos llegaron a la casa de Vincent. Su mirada se deslizó sobre Elaine Notte. Era delgada con cabello rubio corto y, por como miraba a los hombres a su alrededor, no era mucho más alta que la misma Jackie. Roberto Notte era sólo un par de centímetros más alto que su mujer, con una constitución sólida. No grueso. Los inmortales simplemente no engordaban, pero era grande, tenía el cuerpo de un trabajador. Por supuesto, ninguno de ellos aparentaban ser lo suficientemente viejos para tener hijos adultos. —Supongo que debemos ofrecer nuestras condolencias —comentó Marguerite. Jackie asintió. —Parecería extraño no hacerlo. —Ven —dijo Neil—. Te presentaré. Vincent tomó su brazo y siguió a Neil, quien les llevó por la habitación. Inmediatamente Tiny tomó a Marguerite del brazo para escoltarla, dejando que el resto de los hombres caminaran detrás.


Jackie reconoció a dos personas de V.A. Productions, que estaban ofreciendo sus condolencias a la pareja cuando llegaron. Los dos hombres asintieron respetuosamente hacia Neil y Vincent, luego se movieron hacia el ataúd cerrado. Jackie no tenía idea de cuál fue la explicación que el hombre dio para mantener el ataúd cerrado, pero no había habido otra opción. Stephano tendría que esperar, y ellos sentados en silencio por horas, mientras las personas presentaban sus respetos ante el ataúd. —Mamá, papá, éste es Vincent Argeneau; su asistente personal, Jackie Morrisey; su tía, Marguerite Argeneau; y Tiny McGraw. —Vincent —Elaine Notte amplió sus ojos, luego sus ojos se llenaron de lágrimas cuando entrelazó las manos. Su voz temblando con emoción dijo: —Gracias por la vida de mi hijo. —Mamá —dijo Neil alarmado, recordándole a ella la situación, y que Stephano, supuestamente, no estaba vivo. Jackie apenas lo notó. Su mirada se movió entre el grupo con sorpresa. Mientras estuvo inconsciente cuando la pareja había llegado a casa de Vincent, ella pensó que él había atendido a los padres de Stephano, pero no había sido él. —Vincent no se alejó de tu lado durante el cambio —susurró Marguerite en su oído, aparentemente leyendo su mente confusa—. También es la primera vez que él los ve. Jackie asintió entendiéndola, y luego forzando una sonrisa cuando los padres de Neil giraron su atención para agradecerles a ella y a los otros. —Srta. Morrisey —dijo Roberto con un fuerte acento Inglés. Su ascendencia italiana era muy evidente—. Es un placer conocerte. ¿Encontrarás al hombre que hizo esto, verdad? —Daré lo mejor de mí —murmuró Jackie, pensando que la cuartada de la historia se habría ido al infierno si cualquiera estuviese escuchando lo suficiente. Vincent murmuró algo entonces, unas cuantas palabras amables que se había perdido por completo, luego se encontró mirando en la distancia. —No creo que nadie escuche —le aseguró Vincent atravesando la habitación. Jackie asintió, pero sus pensamientos estaban en la promesa que le había hecho al padre de Neil. Haría lo imposible para capturar al saboteador, pero todavía no parecía haber llegado muy lejos, y eso la molestaba. Había estado tan distraída por su atracción hacia Vincent, que no estaba haciendo todo lo posible por capturarlo. Jackie no tenía pistas, ni ideas. Normalmente, cuando cogían un caso, tenían un rastro a seguir, o alguna idea de cuál era el motivo, pero con este caso, se sentía como si estuviera dando palos de ciego. Vincent no tenía idea de quién podría causar tal dolor, y el único camino era dejar que se convirtiera en un saboteador sangriento.


Como si estuviera leyendo sus pensamientos, Vincent apretó su brazo y dijo con firmeza: —Estás haciendo todo lo que puedes. Sé que es así. Pero no era suficiente, pensó Jackie y agradeció la distracción cuando Neil y los otros se reunieron con ellos. Escuchaba vagamente cuando los hombres estuvieron hablando un poco, pero su mirada se movía alrededor de la habitación, deslizándose sobre cada rostro, buscando en cada expresión algo que pudiera destacar. Desafortunadamente, no había en la frente de nadie escrito asesino o saboteador. Dio un pequeño suspiro, y dejó que su mirada se deslizara nuevamente hacia los padres de Neil. Como si sintieran su mirada, Elaine Notte repentinamente miró hacia ella. La mujer sonrió débilmente, luego su rostro fue tapado por un hombre que se interpuso entre ellas para ofrecer sus condolencias. Jackie estaba a punto de continuar examinando a las otras personas, cuando el hombre giró su cabeza para hablar con Roberto Notte y capturó una imagen de su perfil. Inmediatamente Jackie jadeó conteniendo su aliento, luego sacudió su cabeza. No. No podía ser. —¿Jackie? —preguntó Tiny en un suspiro y ella fue vagamente consciente de su cercanía, pero no respondió. Su atención estaba totalmente enfocada en el hombre a través de la habitación, esperando ver mejor su rostro. Le pareció haber esperado una eternidad, entonces el hombre se giró para mirar alrededor de la habitación y ella sintió una sacudida de horror deslizarse a través de ella. —Cassius —el nombre le salió en una conmocionada explosión, pero Tiny, Vincent, y los demás la escucharon y giraron los ojos hacia ella —¿Cassius? —dijo Tiny con un gesto de disgusto—¿Aquí? —¿Dónde? —preguntó bruscamente Vincent. Jackie parpadeó con sorpresa por la dureza en su voz y lo miró confundida. No le había hablado a él de Cassius, pero su expresión era firme e inmediatamente se movió hacia ella de forma protectora. Vincent vio la pregunta en su rostro y dudó, entonces suspiro y admitió: —Sé todo sobre él. Leí la mente de Tiny. Jackie calló, pero vio crecer su ira ante las noticias. Antes de poder responder, Tiny le apretó su brazo. —No te enfades con él —dijo Tiny—. Yo dejé que me leyera la mente. Pensé que debía saber sobre él. Jackie dirigió su mirada hacia la pareja, transfiriendo su ira inmediatamente hacia él.


—Y yo le he leído la mente a Vincent —anunció Christian, aprovechando su furia hacia Tiny. Añadió: —Sin su permiso. —Yo también lo hice —anunció Marcus. Jackie estaba frunciendo su ceño a los dos hombres cuando Dante dijo: —No hemos leído a nadie. Cuando ella miró a los gemelos, Tommaso añadió: —Escuchamos la conversación en la cocina, pero por casualidad mientras protegíamos la puerta, y sé que de alguna manera te habían hecho daño y por eso te asustaban los inmortales. Jackie encogió sus hombros y dio un pequeño suspiro. Al parecer todos lo sabían, o al menos sabían que Cassius le había hecho algo. Excepto Neil, comprendió ella cuando éste habló. —¿Hay algún problema? —preguntó el vicepresidente con el ceño fruncido—. Cassius trabaja para Vincent. —¿El qué? —Vincent parecía sorprendido ante las noticias, pero Jackie estaba frunciendo el ceño por la información. Vincent había estado con ella de oficina en oficina buscando información de quiénes habían trabajado en el teatro, en New York. Había pensado que los habían reunido a todos. —En ocasiones le consultamos sobre cuestiones de contratos —explicó Neil—. Actualmente trabajaba en el Departamento Legal de V.A. Incorporated, no en el área de producción de la propia compañía. —No por mucho más tiempo —dijo Vincent apesadumbrado. Jackie apretó su mano. —No puedes despedirle por algo que sucedió hace años. —Al infierno que no puedo. Mando a la calle a quien quiera —dijo él arrogantemente—. Son mis empresas. —Sí, pero tenemos leyes laborales —le señaló—. Además, ¿Por qué molestarse? —Te hizo daño —dijo simplemente Vincent—. Y los mortales tienen leyes laborales. Los inmortales no. No quiero trabajando para mí alguien de su clase. —¿Sr. Notte?


Jackie miró alrededor, reconociendo la voz de la secretaria de Vincent, Sharon. Ella no le podía ver, sin embargo, el hombre estaba en camino. —Sólo quería decirle cuánto lamento lo de Stephano. Él... —Oh, Vincent —Sharon parpadeó hacia su jefe cuando Neil se movió y la presencia de Vincent se hizo presente, luego deslizó su mirada en Jackie y la sorpresa cruzó por su rostro—. Jackie. La mujer estaba obviamente asustada de verla allí. Ella no era la única. Lily estaba a su lado, mirándola igual de sorprendida ante su presencia. —¿Algo anda mal, Sharon? —preguntó Jackie tranquilamente. Como la secretaria la miraba con ojos sorprendidos, Lily forzó una sonrisa y dijo delicadamente: —Sólo está sorprendida. No creyó que conociera a Stephano Notte. Jackie estaba en silencio. Sospechaba que era más que eso. Después de todo, la última vez que lo había visto era mortal. Ahora una mirada a sus ojos y ambas serían capaces de decirle que había sido convertida. —No —dijo finalmente Jackie—. Nunca tuve el placer de conocer a Stephano mientras estaba vivo. Estoy aquí por respeto a Neil y su familia. —Sí, por supuesto —murmuró Lily, luego observó a Sharon cuando la secretaria regresó a ofrecerle sus condolencias al vicepresidente de V.A. Productions. Una vez que la atención se alejó de ella, Jackie se volvió para mirar hacia Elaine y Roberto Notte. Cassius se había movido y Max Kunstler estaba ahora allí, hablándole solemnemente a la pareja. Jackie comenzó a desplazar su mirada alrededor buscando a Cassius, entonces tomó una profunda respiración cuando vio que él se estaba dirigiendo hacía allí, pero con sus ojos fijos en Neil. No tenía duda de que venía para ofrecer sus condolencias, y repentinamente deseó estar en cualquier otro sitio, pero muy lejos de allí. Jackie sintió a Vincent acercarse, su brazo deslizándose alrededor de su cintura. Al mismo tiempo, Tiny se movió a su otro lado, luego el resto de los hombres también se le acercaron, en actitud protectora. Parecía que también ellos le habían estado prestando atención a todo lo que hacía Cassius. Repentinamente todo el grupo estaba rígido y tenso. Tú ya no tienes diecinueve años. Las palabras flotaron a través de su mente y Jackie giró su mirada hacia Marguerite. La mujer estaba de pie a su lado, mirando a los hombres con diversión. Cuando su mirada llegó a Jackie, la expresión de Marguerite llegó a ser solemne y ella asintió significativamente. Y ahora tú eres también inmortal. Enderezando sus hombros, Jackie se volvió de espaldas cuando Cassius se detuvo al lado de Neil. Le miró curiosamente, notando que no era tan atractivo como siempre había recordado. Su


cabello era rubio como recordaba, pero cuando tenía diecinueve años le parecía que brillaba como un hilo dorado y ansiaba tocarlo. Ahora, sólo le parecía un rubio sucio. Como el cuerpo de Adonis que ella siempre recordó que tenía, era esbelto y fuerte, y no especialmente alto. Suponía que un metro ochenta. Cada hombre a su alrededor era al menos entre diez y quince centímetros más alto que él. Jackie volvió su atención hacia su rostro, inspeccionándolo más cerca. Sus labios eran más finos, su nariz recta, sus ojos ni grandes, ni pequeños. Él parecía ser normal. Sólo el color de sus ojos no era normal, al menos comparadolos con los ojos mortales. Eran de un brillante marrón bronce, increíbles al lado de ojos normales, mortales, pero no tan hermosos como los ojos azul plata de Vincent, o tan interesantes como los ojos morados negro plata de Nottes. Jackie sacudió su cabeza con confusión. No había en Cassius nada absolutamente significativo. O sus gustos habían sido sumamente diferentes a los diecinueve años, o el hombre la había controlado en el momento que ella había abierto la puerta aquel día hacía poco más de diez años. Jackie sospechaba que había sido lo último. Cassius había venido a su casa con la intención de seducirla y avergonzarla ante su padre. Él se había hecho a sí mismo irresistible ante su mente. No había tenido ninguna oportunidad, comprendió Jackie. Durante años se había sentido culpable, pensando que si ella no hubiera sentido la atracción hacia Cassius y se hubiera revelado lo suficiente como para no ir a su primera cita con él, nunca habría sido capaz de controlarla. Pero no creía que ése fuera el motivo. Él la había hecho pensar que era atractivo. Incluso, quizás, había sido su rebeldía en incumplir los deseos inculcados de su padre y reunirse a escondidas con él. Cassius había establecido su control desde el principio. Probablemente había llegado a la casa cuando sabía que su padre no se encontraba para hacerlo. Finalizando con su deber, Cassius recorrió con su mirada al grupo expectante, obviamente esperando ser presentado. Jackie se quedó rígida cuando su mirada se deslizó hacia Sharon, Lily, Vincent, luego a ella, pero sus ojos continuaron hacia Tiny sin detenerse. Su expresión era cortés y curiosa. No la había reconocido. Neil comenzó a hacer la presentación por Christian, Marcus, Dante y Tommaso. Los cuatro Italianos lo miraban con ojos fríos, ninguno de ellos aceptó la mano que ofrecía en saludo. Neil levantó una ceja con curiosa insolencia, luego le presentó a Vincent: —Y éste es Vincent Argeneau. El V.A. en V.A. Incorporated y V.A. Productions. Inmediatamente la actitud de Cassius cambió a una molesta sumisión. El hecho de que se comportara así con Vincent y no con Neil, decía que se consideraba un igual al vicepresidente de V.A. Productions. Pero entonces, supuso Jackie, él podría no sentirse amenazado por Neil, como si no valiera el esfuerzo impresionarlo. Neil era el vicepresidente de V.A. Productions, no de V.A. Incorporated, donde trabajaba. Vincent, por otro lado, era el dueño de ambas, y repentinamente Cassius estaba básicamente olfateando su bronceado, diciéndole cuán placentero sería conocerlo y lo mucho que lo admiraba.


Vincent miraba al hombre con abierto desagrado y, como con Christian y los otros, no aceptó la mano que él le brindó esperando el saludo. Al instante, se hizo cargo de presentarlo entonces. Le presentó primero a Tiny, quien reaccionó exactamente igual que Christian y los otros, mirando con ojos fríos bajo su nariz al hombre más bajo. —Y ésta es Jackie Morrisey —dijo Vincent, pero incluso el nombre no trajo reconocimiento alguno al rostro de Cassius. Jackie sintió su estomago encogerse con el disgusto. Había pasado los últimos diez años detrás de este hombre, agonizando por lo que él le había hecho, lo que él pudo haber hecho…y ni siquiera la reconocía. Aparentemente, él la había olvidado tan pronto ella había salido de su vida y, sin embargo, se había torturado todos estos años por sus acciones. Jackie sintió el apretón de Vincent a su lado y le ofreció una rígida sonrisa para que él supiera que estaba bien. Él la apretó nuevamente, luego se giró hacia Cassius. —Su padre era Ted Morrisey. Es posible que usted lo conozca. Él hizo unos trabajos para mi primo Bastien en New York. Usted vivió allí, ¿no es así? Cassius se quedó quieto y se volvió lentamente a mirar a Jackie. El reconocimiento estaba ahora en su rostro, cuando su mirada registró a Jackie. La mirada decía que estaba recordando lo que ella le había parecido desnuda años atrás. Una pequeña sonrisa lasciva asomó inmediatamente a sus labios y sus ojos se iluminaron. Jackie fue consciente de que ambos, Tiny y Vincent, se le acercaron aún más. Cada uno estaba custodiándola a cada lado. Creyó haber escuchado un pequeño gruñido de uno de la familia italiana también, pero no miró a su alrededor ante el airado sonido. Fijó su mirada en Cassius hasta que él finalmente notó sus ojos. Dibujó una pequeña sonrisa en sus labios cuando comprendió que ahora ella también era inmortal. —Hola, Cassius —dijo Jackie dulcemente, luego inclinó su cabeza y comentó—. No eres tan alto como recordaba. No habrías estado utilizando el control mental sobre mí todos estos años, ¿verdad? —Yo... — Cassius miró nerviosamente hacia Vincent. —Apuesto que lo hiciste —comentó ella con fingida diversión—. Esto hace que me pregunte qué otra parte de ti es más pequeña. Jackie escuchó el suspiro de diversión proveniente de la familia italiana y fue consciente de la repentina tos en Tiny disimulando una sonrisa. Su atención, sin embargo, se enfocó en Vincent. Él no se estaba divirtiendo. Había una tensión en cada línea de su cuerpo cuando miraba a Cassius. Aun así, se llevó una completa sorpresa cuando Vincent anunció: —Jackie es mi compañera de vida, Cassius.


Jackie se congeló cuando aquellas palabras se abrieron paso a través de su cerebro. Se volvió abruptamente hacia Vincent y éste bajó su mirada hacia ella, la gran tensión en su rostro dio paso inmediatamente a una leve sonrisa. Él deslizó su mano por su mejilla, acariciándola suavemente. Sus ojos irradiaban tranquilidad y, pensó ella, amor. Ella esperaba que fuera amor. Los labios de Jackie subieron en una sonrisa y se apoyó en él, luego giró hacia Cassius. Al contrario, él no había conseguido reponerse de la conmoción por el anuncio de Vincent tan rápidamente como ella, y se notaba en su rostro la sorpresa. Mientras ella lo miraba, Cassius pareció recuperarse. Volviéndose finalmente hacia ella, su boca se abrió, pero lo que fuera a decir murió en su garganta cuando ella le sonrió, destellando sus colmillos. Media hora antes de salir para el funeral había logrado finalmente manejar la habilidad. Cassius cerró su boca fuertemente, murmuró una excusa y rápidamente se movió para desaparecer entre la muchedumbre. Jackie sintió que ese capítulo de su vida finalmente había culminado, cuando lo vio alejarse caminando… y fue gratificante sentirlo. Se relajó por el abrazo de Vincent. —No nos dijiste que habías dominado tus dientes —comentó Christian a cada uno relajado—. Bien hecho. Jackie sonrió y asintió ante el reconocimiento de elogio. —Tenéis que decirme de qué va todo esto. Parezco la única persona aquí que no tiene idea de lo que acaba de pasar —comentó Neil. —No eres el único —murmuró Sharon, recordándole a Jackie la presencia de la otra mujer. Sharon y Lily habían permanecido todavía allí, calladas, y ella se había olvidado de que estaban allí. —Os lo explicaremos —dijo Christian mientras miraba hacia el frente de la habitación—. Pero luego. Parece que ahora el servicio va a comenzar. Christian tenía razón, y ellos se movieron para buscar asientos. Jackie, Vincent, Tiny y Marguerite se sentaron cerca, en la parte de atrás de la habitación donde podrían observar a todo el mundo. Sharon y Lily se sentaron juntas y Neil y los otros se encaminaron al frente de la habitación, donde se encontraba la familia. El resto del funeral pasó sin incidentes, pero Vincent estuvo a su lado en todo momento. También pasó la mayor parte de su tiempo observando la parte de atrás de la cabeza de Cassius. Vincent dijo que despediría a Cassius, pero Jackie sospechaba que el hombre podía estar agradecido de que Vincent sólo hiciera eso. Consideró decirle a Vincent que no era necesario despedirlo, pero no se molestó. Cassius se lo había buscado, era lo que había cosechado durante tanto tiempo. Quizás necesitara recordar que cada acción tiene consecuencias, y que una persona puede ser hoy débil, y mañana más fuerte. Incluso los mortales, con sus cortas vidas, olvidaban esta lección.


El servicio era muy similar al de un funeral humano, pero el entierro era diferente. Dentro de la bien iluminada funeraria, había sido fácil olvidar que fuera era de noche, pero ante el cementerio esto no era posible. Aquí, la noche invadía todo alrededor de ellos, todos en silencio iniciaron el camino hacia la tumba. Jackie se sorprendió ligeramente de que ellos no se molestaran en iluminar el camino, pero la mayoría de los asistentes al funeral no parecían necesitarlo. Jackie se recordó a sí misma que los inmortales eran cazadores de la noche por naturaleza, y que sus ojos plateados no eran sólo un color bonito; ellos les permitían ver en la oscuridad. Pocas personas en el funeral tenían problemas para moverse en la noche; a ella aún le costaba un poco, aunque no mucho. Parecía que su visión nocturna había mejorado. Tiny, por otro lado, tenía dificultad en seguir el camino. Jackie sabía que no veía como el resto de los inmortales a su alrededor. Marguerite le había explicado que sus nuevas habilidades y destrezas estaban aún en la etapa de la infancia, y aumentaban con el paso del tiempo. La visión nocturna era obviamente una de las habilidades que podría continuar mejorando, pero todavía era un poco frustrante. Pasó el tiempo en la tumba examinando a los demás asistentes, buscando expresiones que le dieran signos de satisfacción, y deseando que su visión estuviera ya al cien por cien para poder hacerlo. Neil se había preparado para despertar en su casa, para seguir el funeral, y Jackie se preguntó si todos los funerales de inmortales eran tan similares a los entierros humanos. O si era porque Stephano era mortal y se había unido a esta cultura, pero fue Tiny quien realizó la pregunta mientras se dirigían a casa de Neil. —¿Todos los funerales inmortales son como éste, o es porque Stephano es mortal? —su voz baja zumbaba un poco porque venía de la oscuridad del asiento trasero. Hubo un breve silencio, luego Vincent aclaró su garganta y dijo: —No lo sé. Yo nunca he asistido a un funeral de un inmortal. Jackie parpadeó hacia él con sorpresa. —¿Nunca? Vincent asintió, sin apartar su atención del tráfico mientras conducía. —¿Pero seguramente conoces a otros que murieron? —preguntó ella con asombro—¿Y qué pasa con tu madre? —Ella se quemó en la hoguera —le recordó él calladamente—. Allí no había nada que enterrar. Mi padre buscó entre las cenizas, pero no encontró nada. Jackie lo miró inexpresivamente, mientras encontraba imposible de creer que en los tiempos medievales ellos hubieran usado un fuego tan caliente que incluso había consumido los huesos. ¿No había quedado nada?


—¿Y qué pasa con Jean Claude? —preguntó Tiny, y Jackie miró hacia el asiento trasero esperando que Marguerite contestara. —Otro fuego —señaló Marguerite—. Allí tampoco había nada de Jean Claude para enterrar. —Pero qué... Quiero decir, es raro que un fuego arda tanto que incinere hasta los huesos. Incluso en la cremación quedan pedazos sólidos…¿No? —añadió Jackie, porque ella no estaba del todo segura de que esto fuera cierto. —Bastien piensa que los nanos alimentaron el fuego de algún modo, haciendo que el fuego ardiera más. Aparentemente, somos bastante inflamables —dijo Marguerite susurrando. —¿Entonces cómo sabes que Jean Claude murió de verdad? —preguntó Tiny, y Jackie jadeó sorprendida. Este pensamiento no se le había ocurrido a ella. —Su anillo estaba entre las cenizas —contestó Vincent. —Y lo sentí morir —dijo Marguerite silenciosamente. Cuando los ojos de Jackie la miraron abruptamente a ella, dijo: —Él era mi señor. Compartía sus nanos conmigo. Estábamos conectados. Sentí su muerte, se sentía, y supe que era por el fuego. Jackie se giró lentamente hacia su asiento y miró a Vincent. Él no se había girado a ella, pero, en su excitación mientras hacían el amor, se habían mordido una o dos veces y habían compartido sus nanos. ¿Podría ella sentir incluso la muerte de él? Como si sintiera su solemne mirada y sus pensamientos, Vincent tomó el volante con una mano y con la otra tomó la suya para darle un apretón tranquilizador. Todos se mantuvieron en silencio el resto del camino a casa de Neil, y así siguieron una vez en la casa. Jackie bebió vino y escuchó las bajas voces a su alrededor, mientras continuaba observándolos de cerca, pero su mente ahora estaba en lo que había aprendido de su conexión con su señor. Se preguntó cómo era ahora la conexión entre ella y Vincent ¿Y cuál era la causa exactamente? ¿Era esto compartir su sangre, sus nanos, con ella? Si esto era causado por compartir sus nanos, era posible que ella tuviera ahora una conexión con el saboteador también. Al fin y al cabo, había tragado su sangre. La idea no era nada atractiva. Necesitaba hablar sobre esto con Marguerite o Vincent. Jackie tenía que saber lo que la conexión podría causar, cómo la afectaría... y si Marguerite pensaba que ella tenía suficiente sangre del saboteador en su organismo como para tener una conexión. Con todas aquellas preocupaciones en su mente, Jackie se sintió aliviada cuando Vincent decidió que era el momento de irse. Dejó de hablar con Christian y Marcus, luego regresó, anunciándoles a los otros que podían quedarse hasta más tarde, pero tendrían que seguirlos después.


—Voy a llamar a mi hija para asegurarme de que todo en casa está bien —anunció Marguerite, entrando en la casa un rato después. Parecía evidente que el funeral, a pesar de ser una farsa, la había trastornado, pero los había trastornado a todos, sospechó Jackie. Se sintió terriblemente sorprendida cuando Tiny caminó penosamente por el pasillo hacia las escaleras, diciendo: —Me voy a la cama. Los funerales me agotan. —Bien, supongo que sólo quedamos tú y yo —murmuró Vincent, deslizando sus brazos alrededor de ella cuando se quedaron solos en la sala. —Hmmm —Jackie se arrojó a sus brazos y le besó suavemente en los labios. Entonces dijo: —Tu tía puede venir en cualquier momento. —Uh—uh —Vincent sacudió su cabeza—. Si está llamando a Bastien, podría ser verdad, pero llamar a su hija, Lissianna, significa que tiene ganas de hablar. Será una buena hora, al menos. —¿Sí? —preguntó Jackie con diversión. —Sí —Vincent la besó en la punta de la nariz, luego cogió su mano y se dirigieron hacia las escaleras corriendo.


Capítulo 17 HYPERLINK \l "inicio" Índice —Más despacio, — Jackie reía mientras Vincent la subía por las escaleras. Ella no tenía idea si era más rápida o más fuerte que antes, pero él era definitivamente mucho más rápido. Ella no podía seguirlo y temía que él tropezara sobre sus pies en su tentativa de hacerlo. Vincent no solo disminuyó la velocidad, se detuvo sobre sus pasos y regresó para barrerla en sus brazos. Jackie logró contener un grito de sobresaltado. Ella lo aferró por los hombros y simplemente se sostuvo con todas sus fuerzas cuando él se apresuró a subir las escaleras a lo largo del pasillo hasta su cuarto. Vincent dejó que ella resbalara sobre sus pies hasta para así poder abrir la puerta, luego, con un brazo alrededor de su cintura la acorraló para que entrara en el cuarto. Vincent ya la tenía en sus brazos y la besaba antes de que la puerta terminara de cerrarse detrás de ellos, moviéndose a través de la oscuridad hacia la cama. Jackie sonrió en su boca cuando él la urgió a abrirla, entonces, sin aliento, su risa murió cuando una de sus manos encontró su pecho. Ella no sabía si eran los efectos secundarios del funeral o qué, pero Jackie estaba repentinamente desesperada por tenerlo dentro de ella, por sentirse viva. Extendiendo la mano entre ellos, desabrochó el cinturón de sus pantalones de etiqueta, luego rápidamente deslizo también la cremallera. Abriendo sus pantalones y deslizándolos con facilidad hacia el suelo. Vincent impacientemente los pateo lejos, sus propias manos trabajando en remover sus ropas mientras continuaba conduciéndola hacia la cama. El vestido negro que usó en el funeral salió por sobre su cabeza al momento de desabrocharlo. Su sujetador rápidamente lo siguió. Jackie se encontró a sí misma solo con sus bragas, medias y zapatos de tacón cuando tropezó con la cama y perdió el equilibrio sobre ella riendo. No podía ver nada, pero era obvio que Vincent no tenía ese problema. Él se volvió para tomar uno de sus pies en el aire y comenzar a trabajar en desamarrarle el zapato.


—Dios, eres la mujer más increíble que he visto nunca, —murmuró y repentinamente se detuvo tratando de deshacerse del zapato. Dejándolo a un lado regresó a ella y agarró sus bragas. Las deslizó con un rápido tirón y luego cayó sobre ella, tomo su cabello en su mano y la beso nuevamente. Este beso era tan frenético con lo fue el primero y Jackie respondió a la vez. Unos pocos gemidos y grititos entrecortados escaparon de sus labios mientras se arqueaba y se acomodaba debajo de él. —Te necesito, — murmuro Vincent, rompiendo el beso. —Sí, — suspiro Jackie, era el mejor esfuerzo que podía hacer en ese momento. Su mente no era capaz de largas conversaciones. Ella lo necesitaba adentro, necesitaba sentirse viva como solo él podría hacerla sentir. Ella lo necesitaba. Incapaz de verbalizar todo esto, extendió su mano entre ellos, lo capturó y lo guío hacia ella. Al momento en que Vincent comprendió lo que ella estaba haciendo, se hizo cargo, empujándose en ella con un gemido finalizando con un suspiro. Jackie se movió debajo de él, arqueándose y empujando su espalda, urgiéndolo con pequeños gemidos y murmullos de placer. Fue cuestión de solo unos pocos momentos para que ambos gritaran de tanto placer. Vincent la llenó con un último empuje, luego permaneció allí hasta que derramarse en ella.

Vincent roncaba. Jackie escucho el sonido y comprendió lo que era antes de estar totalmente despierta. Parpadeando para abrir sus ojos, miró su perfil a través de una pequeña rendija de luz que se deslizaba por la puerta del baño y sonrió débilmente. Ella nunca lo había escuchado roncar antes, pero buen Dios, lo hacía fuerte. Habían hecho el amor esa noche de forma casi desesperada. Era como si el pensar y hablar de la muerte causada por un falso funeral y el entierro hubiera despertado en ellos un impulso de reafirmar la vida. No habían perdido demasiado tiempo en preludios, ambos desesperados por unirse, y habían terminado derrumbándose en la cama en un montón sudoroso. Aparentemente, sin embargo, se habían movido durante el sueño. Jackie ahora estaba tumbada a su lado, con mano en su pecho. Vincent estaba durmiendo sobre su espalda, un brazo sobre su cabeza, el otro sobre su estomago y estaba cerca de levantar el techo con un ronquido detrás de otro. Haciéndola sonreír, riéndose luego entre dientes muy bajito. No dudaba que en unos cien años o algo así el ruido podría llegar a molestarla como el infierno y ella terminaría dándole un ligero codazo a él, diciéndole que se volviera sobre su costado para silenciar el ruido. Pero por ahora la hacía sonreír y querer besarlo. Colocándose sobre un codo, Jackie observó su rostro durmiente y retiró con sus dedos su cabello alejándolo de su frente, luego frunció el ceño al notar lo pálido que estaba. La piel de Vincent era


casi blanca, casi brillando en la oscuridad. Ahora que lo notaba, Jackie comenzó a notar otras cosas, como la mano reposando sobre su estomago moviéndose ligeramente, como si se frotara porque le dolía. Ella observo más de cerca su rostro, deseando que el cuarto tuviera un poco más de luz para así poder ver su expresión. De lo que Jackie podía ver, parecía como si él estuviera haciendo una ligera mueca. Ella comprendió que Vincent no se había alimentado aún hoy. Se habían levantado tarde, él se había unido a ella en el baño y habían hecho el amor, luego se habían separado por poco tiempo para ir al funeral antes de enseñarle como desplegar sus dientes y tratar de eliminar a más personas de la lista de empleados que trabajaban en el teatro de New York. Ella se había alimentado dos veces, agarrando una bolsa de la nevera y clavándole los dientes una y otra vez hasta que finalmente aprendió a desplegarlos y luego lo había hecho una vez más antes de ir al funeral, pero Vincent no había comido en absoluto. Y ella ni siquiera lo había notado, comprendió Jackie inmediatamente se sintió culpable. Ahora entendía lo que significaba para él tener hambre. Ella lo había experimentado e incluso los ligeros calambres, pero ahora sabía que Vincent estaba sufriendo y era el dolor lo que perturbaba su sueño. Vincent gimió y se movió en la cama, volviéndose de lado y encogiendo sus piernas casi en posición fetal. Él tenía que alimentarse, decidió Jackie. Solo se sentiría peor si pasaba más tiempo. Deslizándose de la cama, recogió sus ropas del suelo y caminó de puntillas hacia el baño. Vincent aún estaba dormido cuando ella salió varios minutos después. Jackie se detuvo al lado de la cabecera de la cama por un minuto, luego salió del cuarto y se encaminó hacia abajo. Estaba a un pie en la escalera cuando escucho un murmullo de voces provenientes de la cocina. Sabiendo que Marguerite era la única que todavía estaba en pie y despierta, Jackie frunció el ceño, luego se movió hacia la puerta de la cocina y la empujo para abrirla. Sus cejas se levantaron cuando vio a Marguerite y Tiny sentados a la mesa. —Pensé que te habías ido a la cama, —le dijo a Tiny con sorpresa y él levanto sus grandes hombros con sorpresa. —No podía dormir. —Oh, —ella dudó, luego dijo: —Vincent aún no ha comido hoy. Pediré comida para llevar. ¿Tienes hambre? Tiny consideró la pregunta, luego asintió. —Podría comer algo. — ¿Alguna preferencia? Él sacudió su cabeza. —Lo que consigas. Probablemente a esta hora de todos modos te limites a una pizza.


Frunciendo el ceño, Jackie miró su reloj para ver la hora. Eran las 3 AM. Él tenía razón, sus opciones eran limitadas a esta hora. Jackie dejó que la puerta se cerrara y se dirigió a la oficina. Agarrando una guía telefónica, se sentó en el escritorio para mirar a través de las páginas amarillas y buscar una pizzería que pudiera estar abierta a esa hora. Encontró una que sabía hacia entregas de algo más que pizzas, pero no estaba segura que otras cosas estaban en el menú. Encogiéndose de hombros, marcó el número y esperó sentada a que ellos contestaran. Una pizza estaría bien. Era el único alimento que confortaba a Tiny y ella sospechaba que necesitaba el consuelo de la comida esta noche. Los funerales eran un asunto deprimente. Terminando de hacer el pedido, Jackie colgó y se reclinó en la silla del escritorio, su mirada se deslizó hacia el sofá. Ver el gran sofá de cuero le recordó la primera vez que Vincent y ella habían hecho el amor…y se había sentido como amor. Había sentido como él apreciaba su cuerpo, algo que ella nunca realmente había experimentado antes de Vincent. Y anoche, en la funeraria, él la había presentado ante Cassius como su compañera de vida. —Compañera de vida, — susurró Jackie en alta voz. Sus sentimientos sobre el asunto habían fluctuado a lo largo de los días pasados desde que despertó convertida. Marguerite le había dicho que después de observar a sus hijos y compañeras dando vueltas a su alrededor, había decidido que sería simplemente mejor decirle a que era la compañera de vida de Vincent, así podría tenerlo en mente y comenzar a aceptarlo. Jackie lo había tenido en mente, todo bien. La posibilidad no había estado lejos de su mente por más que un momento en todas las horas pasadas. Una verdadera compañera de vida, destinada a estar con él, significaba el equivalente a vivir varias vidas con su compañero y amor y pareja. ¿A quién no le gustaría serlo? Los compañeros de vida no se divorciaban y Vincent la había reclamado como suya esta noche. ¿Eso era lo que habría querido decirle él? ¿O meramente la había presentado a Cassius como tal? Jackie pensó en qué es lo que había querido decir realmente, sus ojos ciertamente le habían parecido llenos de amor cuando la había mirado entonces, pero esta noche no le había dicho nada una vez que estuvieron solos en su cuarto. Vincent no le había dicho que la amaba, ni siquiera murmurado que realmente sintiera lo que había dicho. Jackie había querido subir y preguntarle sobre ello, pero no había tenido el coraje para hacerlo. Luego ella se dejó llevar por la pasión y lo había dejado ir. Deseó haber tenido el coraje para preguntar. Deseó haber tenido el coraje para decirle que lo amaba, que él era muy listo y gracioso y un perfecto bálsamo para su alma herida. Ella lo amaba. — ¿Jackie? Alzó la mirada sorprendida cuando Tiny se adentró en el cuarto.


—Cuando no volviste comencé a preocuparme, — dijo él moviéndose al escritorio para mirarla. Jackie sonrió débilmente, luego se encogió de hombros. —Solo estaba pensando. —Preocupándote quieres decir, sobre Vincent, y el caso, y… Él se detuvo brevemente parpadeando mientras sus cejas se alzaban en señal de interrogación. — ¿Qué pasa? Jackie lo miró por un momento, empapada en la culpa, luego admitió. —No estaba pensando en el caso. Debería haber sido eso. Es por eso que estamos aquí, pero en cambio, estaba sentada aquí pensando que amo a Vincent y preocupándome por si él me ama. Tiny dudo, obviamente debatiéndose sobre qué tema tratar primero, luego se acomodó en la esquina del escritorio y dijo: —Sí, él te ama. Sabía que cuidaría de ti desde el principio, pero la noche en que te atacaron era obvio que te amaba. Vincent estaba tan molesto, y determinado a salvarte. Él sacudió su cabeza. —Y esta noche te presentó como su compañera de vida. Vincent te ama, Jackie. Jackie sentía el asomo de una sonrisa en sus labios. Conocía a Tiny desde hacía diez años. El hombre era experto en juzgar a las personas, tanto a mortales como inmortales. La tranquilizó pensar que Vincent la amaba. —En cuanto a pensar sobre el caso… Continuó Tiny, y Jackie se sintió ponerse rígida cuando comprendió cuan rápidamente su preocupación había cambiado de la culpa sobre no pensar en el trabajo al alivio de que Vincent pudiera amarla. ¿Qué es lo que pasaba con ella? —Pienso que deberías relajarte un poco, Jackie, —continuó Tiny—. Te atacaron y apenas hace un par de días casi mueres. Tu cuerpo ha pasado por cambios importantes desde entonces y aún lo hace. Y por primera vez en tu vida estas sintiendo el amor. —Pero Bastien me pidió que viniera a ayudar a capturar al saboteador. Ese es mi principal trabajo. Lo demás son solo distracciones…—Tu vida, —insertó Tiny secamente—. Podemos capturar al saboteador, pero tú también eres importante. Jackie abrió la boca para responder, luego se detuvo y miró a la puerta cuando el timbre sonó. —Esa puede ser la pizza.


Tiny comenzó a ponerse en pie, pero Jackie le indico que regresara a la silla mientras ella se encaminaba hacia la puerta. —La traeré. Jackie se movió al panel y deslizó el monitor para ver quien estaba estacionado ante el portón. Cuando ella vio el nombre del repartidor de pizzas sobre la capota del vehículo, presionó el botón para abrir la puerta y dijo: —Adelante. Luego se giró para apoyarse en el marco de la puerta de la oficina mientras esperaba por la pizza. —Tenemos solo dos o tres inmortales en la lista que no hemos eliminado. Tiny la miró solemnemente y por un minuto ella temió que él no estuviera de acuerdo con el cambio de tema, pero al final él asintió. Relajándose un poco, Jackie suspiro y corrió su mano a través de su cabello. —No pienso que alguno de ellos sea el saboteador. Comienzo a pensar que el robo de la lista solo fue como una capota roja ante un toro. —Lo mencionaste como una posibilidad en el momento, — murmuró Tiny y frunció el ceño—. ¿Pero seguramente el saboteador no se tomaría todo el problema del robo de la oficina y atacar a Stephano solo para enviarnos sobre el camino incorrecto? — ¿No lo haría? — le preguntó ella con tristeza—. Nos mantuvo buscando en otras direcciones y al mismo tiempo tuvo la ventaja de alterar a Vincent. Tiny parecía perturbado ante la posibilidad, luego ambos callaron ante el sonido de un golpe en la puerta. Enderezándose, Jackie giro y se movió para responder.

Vincent estaba teniendo una pesadilla. Estaba estirado sobre el frío suelo al lado de la piscina y un pequeño y feo demonio le había cosas con unos extremadamente afilados dientes sobre sus muslos y pecho. Había abierto su estomago y estaba dándose una parranda con sus tripas. Se trataba de un sueño más que desagradable sueño y terriblemente doloroso, y aún en el sueño él no estaba gritando, Jackie lo estaba. Vincent podía escuchar sus gritos aterrorizados, pero no podía verla. Trató de levantar su brazo para tirar de la pequeña criatura de su pecho, intentando levantarse y buscar a Jackie, pero no podía mover su brazo, ni siquiera podía mover un dedo. — ¡Vincent! ¡Vincent! Vincent parpadeó para abrir los ojos y empezó a vislumbrar la figura de alguien sobre él. Regresando de la pesadilla en que había estado sumido, casi tropieza con la figura, pero se alegró de que no haberlo hecho cuando reconoció la voz de Tiny.


— ¡Despierta! ¡Ellos tienen a Jackie! — ¿Qué? Se sentó abruptamente, finalmente completamente despierto ahora. Su mirada se deslizo automáticamente al lado de la cama donde Jackie debería haber estado, pero Vincent podía ver por la luz que venía del baño y las puertas de los cuartos que ella no estaba allí. — ¿Donde está ella? — preguntó preocupado. —Eso es lo que trato de decirte, —gruño Tiny con tristeza—. Ella ordenó una pizza. Creo que quería que comieras. El tipo de la pizza tocó el timbre y ella abrió el portón, luego hubo un golpe en la puerta, ella fue a buscarla y… —Tiny sacudió la cabeza—. Estaba sentando en el escritorio de la oficina. No hubo gritos, ningún aviso, nada. Solo silencio, pero comencé a sentirme inquieto por Jackie. Estaba demasiado callada, supongo. —Fui a la sala a ver qué estaba pasando, pero no había nadie. Abrí la puerta del frente y ella estaba caminando hacia el carro de las entregas de pizza. Allí había un hombre joven ante el volante, mirando adelante como si estuviera en trance y Jackie caminaba hacia el automóvil con una mujer. — ¿Una mujer? —Vincent se desplazó fuera de las sabanas y comenzó a tomar sus ropas—. ¿Por qué? ¿Qué hicieron una vez llegaron al coche? ¿Qué paso? Tiny sacudió la cabeza, su expresión era derrotada. —No sabía que estaba sucediendo. No hice nada, —se lamentó, obviamente sintiéndose culpable —. Pensé que el saboteador era un hombre. ¿No fue un hombre quien la ataco en la playa la noche en que fue convertida? —Si… Vincent se detuvo. Todo había pasado tan rápido esa noche y él estaba en tal estado de pánico… —Podría haber sido una mujer, —admitió Vincent, sintiéndose como si le hubieran golpeado en el estomago. Frunciendo el ceño, le gruñó—. ¿Qué pasó? ¿Dices que alguien se la llevo? —Ella se acomodó en el asiento del frente del carro, pero caminaba gracioso, casi como un robot, tiesa y con el rostro blanco. La mujer consiguió adentrarse en el asiento trasero y el hombre de las pizzas salió del carro y se fue. — ¡Jesús! Vincent tomó sus pantalones y agarró una camisa poniéndosela por la cabeza mientas salía de la cuarto. Rápidamente la estiró sobre su cuerpo y se encaminó a bajar las escaleras. Marguerite estaba en la sala, mirando dentro de la oficina cuando llegó al final de las escaleras.


— ¿Has visto a Jackie y Tiny? —le preguntó observándolo—. Jackie quería ordenar pizza y Tiny la siguió para decirle algo y ellos nunca regresaron—oh, —Marguerite se interrumpió a sí misma cuando Tiny llegó al tope de la escalera y se apresuró a bajar detrás de Vincent. Frunció el ceño ante su expresión—. ¿Qué está pasando? —Alguien tiene a Jackie, —dijo bruscamente Vincent. — ¿Quién? — preguntó Marguerite alarmada. Vincent caminó a media sala y se giró para enfrentar a Tiny. — ¿Cómo se veía la mujer? —Ella era una de las mujeres que estuvieron antes que Cassius en el funeral, — dijo Tiny—. La pequeña que parecía tan joven. Vincent lo miró inexpresivamente, finalmente dijo con incredibilidad: — ¿Lily? ¿La delgada, la pequeña rubia que parecía sobre los catorce? Tiny asintió, luego frunciendo el ceño con comprensión y dijo: —Pero los ojos de Lily eran normales en el funeral. Ellos no eran metálicos como el resto de ustedes. Ella no pudo haber controlado a Jackie y hacer que manejara el coche. Ella no pudo haber sido el atacante. La confusión cubría su rostro y añadió: —Pero Jackie no se habría ido así como así tampoco. Tal vez hubiera alguien más en el carro. —Lily es una inmortal, — dijo Vincent suspirando y se movió a su oficina. — ¿Por qué haría todo esto? — preguntó Marguerite, siguiéndolo. —No estoy seguro. Agarró su Rolodex del escritorio y comenzó a buscar la tarjeta de Lily con su dirección en ella. — ¿Que estás haciendo? — preguntó Marguerite—. Ella difícilmente llevará a Jackie a su casa. —Podría llegar a hacerlo, — argumentó Vincent y esperó desesperadamente que así fuera. Era el único lugar en que se le ocurría pensar buscarla. —Marguerite tiene razón, — dijo Tiny—. Esto no ha sido su patrón. Ella atacó a Stephano en la oficina, asesinó a una mujer en las montañas y ataco a Jackie aquí en la playa. No la llevara a su casa.


Vincent los miraba, sintiéndose completa y totalmente desamparado. Su mente corría en círculos, el pánico le quitaba su habilidad para pensar. ¿Dónde podía tenerla Lily? ¿Por qué Lily haría esto? ¿Dónde estaba Jackie? Su mente lo hacía ver como un estúpido, como un ratón en una rueda que no conseguía llegar a ningún lugar... y entonces su teléfono sonó. —Quizás sea Jackie, —dijo esperanzadamente Tiny cuando Vincent sacó el teléfono de su bolsillo y lo abrió. — ¿Vincent? Sus hombros cayeron cuando reconoció la voz de Christian. La voz de Vincent sonó apagada cuando dijo: —Sí. —Nos detuvimos en el semáforo de la esquina a dos cuadras de la casa. Hay un carro de entregas de pizzas detenido en el carril contrario y Jackie está en el asiento del frente conduciendo con una cara de niña con granos. ¿Qué está pasando? — ¿Había alguien más en el carro? — preguntó bruscamente Vincent, saliendo de la oficina hacia la sala. —Sí. Parece que en el asiento trasero hay una rubia. Solo puedo ver su cabeza en el asiento del frente…se parece a tu asistente de producción. Vincent gimió y su mano apretó el teléfono. No era que él no hubiera creído en Tiny, era solo que le era difícil aceptar que la pequeña Lily estuviera detrás de toda esta locura. Ella había trabajado para él por seis meses y ni siquiera había estado en la obra en New York. En ese momento había estado de vacaciones. Aunque. Como había dicho Tiny, Jackie no podía estar solo paseando. Alguien la había controlado y parecía ser que Lily era ese alguien. ¿Pero estaba haciéndolo por ella misma, o por alguien más? — ¿Hacemos que se detengan? —preguntó Christian. Vincent dudó, inseguro de qué decir. Si Lily estaba trabajando con alguien más, Jackie podía estar segura si él hacía que Christian y los chicos detuvieran el coche de algún modo. Pero, si Lily era el saboteador que estaba intentando hacer su vida miserable, deteniendo el automóvil podría conseguir que matara a Jackie en el acto. Él quería capturar a Lily si ella era el saboteador, pero se preocupaba más de que Jackie se mantuviera con vida. —La luz cambio a verde, ellos nos están pasando, —anunció Christian—. ¿Qué está pasando, Argeneau? ¿Qué hacemos aquí? —Ya sea que Lily sea el asesino, o retenga a Jackie para el asesino, — dijo gravemente Vincent—. Necesito que las sigan, pero no los dejes que te descubran. —Da la vuelta, ¡Marcus! — gritó Christian al otro lado de la línea, luego dijo en el teléfono—, ¿Qué vas hacer?


—Nosotros te seguiremos, — anunció firmemente Vincent. —Bien. Me llamas una vez estés en el camino y te diré donde estamos, — le instruyó Christian. La boca de Vincent se apretó cuando el aparato murió en su mano. Cerrándolo de golpe se dirigió a la puerta de la cocina para salir al garaje. — ¿Qué está pasando? ¿Qué dijo? — Marguerite estaba sobre sus talones cuando tomó las llaves del gancho de la puerta y se apresuró a dirigirse al garaje. —Christian va a seguirlas. Llamaremos una vez que estemos en camino, —anunció Vincent, caminando hacia el coche. Sentándole en el asiento del frente pulsó el control remoto para abrir la puerta del garaje mientras Marguerite se deslizaba en el asiento del pasajero a su lado, luego puso en su mano el teléfono celular y encendió el motor mientras Tiny se sentaba en el asiento trasero—. Llama a Christian para ver qué está pasando. — ¿Como lo llamo?— preguntó Marguerite, mirando el teléfono con incertidumbre mientas Vincent conducía fuera del garaje. —Dámelo, Marguerite. Yo lo haré, —gruñó Tiny desde el asiento trasero. Vincent era consciente de que su tía había entregando el teléfono a Tiny, pero se concentró en conducir como un corredor de carreras. La puerta del garaje se cerró y Vincent golpeó impacientemente con sus dedos el guía esperando que esta abriera. Su mirada se deslizó por el espejo retrovisor mientras Tiny buscaba el número del teléfono de Christian entre las llamadas recibidas y discadas. Tiny puso el teléfono en su oreja al mismo tiempo que él terminaba de abrir la puerta del garaje. Vincent golpeó con sus dedos impacientemente el guía y se detuvo al salir a la calle, inseguro de qué dirección tomar. — ¿Christian? — La voz de Tiny retumbó y Vincent volvió su cabeza abruptamente hacia el asiento trasero. —Pregúntale como salimos a la carretera, — ordenó Vincent. Tiny asintió y preguntó para obtener respuesta. Escuchó brevemente, luego levantó la cabeza y gritó: —Derecha. Vincent giró el volante hacia la derecha tan rápido que los neumáticos chillaron. — ¿Aún tienen el coche? ¿No la perdieron, verdad? —Ahora están siguiéndola, — respondió Tiny luego de una pausa durante la cual escuchó a Christian.


—Dile que no los pierdan, —siseó Vincent. —Gira a la izquierda, —le ordenó Tiny un momento después y Vincent lo hizo. —Christian dice que están en la autopista, —anunció Tiny. Apretando los dientes Vincent asintió y siguió las direcciones que Tiny continuo dándole. Iba a exceso de velocidad y el miedo hacía que le sudara la espalda. No podía creer que fuera Lily: la dulce, sonriente Lily. Mataría a la pequeña perra si lastimaba a Jackie, pensó fríamente. — ¿Vincent? —preguntó Tiny repentinamente y Vincent lo miró a través del espejo retrovisor para encontrarse con la atribulada expresión en su rostro—. Si Lily es una inmortal, ¿Porque sus ojos no son plateados?

Capítulo 18


HYPERLINK \l "inicio" Índice Si Lily era inmortal, ¿Por qué tenía los ojos avellanos? Aquella pregunta seguía corriendo a través de la cabeza de Jackie mientras manejaban a lo largo de la carretera. Esta, no era la cosa más importante que podría preguntar entonces, pero era lo que más le fastidiaba. El día que Sharon y Lily habían ido a la casa con la lista y ella había visto los ojos normales de Lily, color avellana, Jackie había asumido que ella era mortal. Chico, se había equivocado. Jackie intentó quitar el control que Lily tenía sobre su mente, pero no le sorprendió que no pudiera hacerlo. Se había concentrado en aprender a retraer sus colmillos, a extraer sus colmillos, e incluso intentó leer la mente de Tiny una o dos veces, pero aparte de eso aún no había aprendido las habilidades que Marguerite quiso enseñarle y que la podrían haber mantenido segura esta noche. Aquellas habían sido lo siguiente en la lista de las habilidades por aprender. Desafortunadamente, parecía que la lección había sido demasiado larga. Comprendió que, cuando abrió la puerta esa noche, Lily había tomado el control de sus pensamientos. Incluso Jackie no había tenido oportunidad de gritarle a Tiny o Marguerite por ayuda. Abrió la puerta, parpadeando con sorpresa al ver a Lily, y luego se encontró a sí misma como un títere. Todo el control de su cuerpo había desaparecido y se había encontrado saliendo de la casa, cerrando la puerta calladamente, y caminando calmadamente hacia el carro de entregas de pizzas que estaba en el camino. O, al menos, parecía calmada en el exterior, estaba segura. Ciertamente, Jackie no se había sentido calmada en su interior, y aún no lo estaba. Jackie había intentado luchar contra el repentino control que Lily había tomado sobre su mente, pero había sido inútil. Por lo que podía decir, Lily no parecía estar teniendo más problemas que Cassius para controlarla, como cuando había tenido diecinueve y aún era mortal, y Jackie se prometió que si sobrevivía a esta noche, haría que le enseñaran cómo evitar ser controlada. Dios, esperaba sobrevivir. Jackie no quería morir. Había un millón de cosas que quería hacer antes de morir. Pero entonces, supuso que pocas personas estaban listas cuando llegaba su hora. No podía hacer otra cosa, Jackie miró hacia al frente, y oró en silencio por que Tiny hubiera despertado a Vincent cuando comprendiera que algo estaba mal. Se preguntaba cuánto tiempo le habría tomado a Tiny percatarse de que algo estaba mal. Probablemente, solo momentos, adivinó. Esperanzadamente, al momento de verla entrar al carro de entregas. Jackie intentó girar sus ojos instintivamente hacia la izquierda para ver al conductor de entregas y, de hecho, lo logró. Lily debió haberle facilitado el control, comprendió. Pero entonces, Jackie supuso que debía ser mucho el esfuerzo para ella mantener el control de dos a la vez. Vincent le había dicho que lo había hecho. Eso podría darle una oportunidad a medias, comprendió, y se preguntó por qué Lily se arriesgaría teniendo que controlar a dos personas a la vez.


Un momento después, Jackie recordó el día que Sharon y Lily habían llevado la lista a la casa. Sharon le había dicho que Lily no conducía. Jackie supuso que eso significaba que ella no había tenido más alternativa que involucrar a otra persona. Podría haber obligado a Jackie a que manejara a donde quería llevarla, lo más probable era que no fuera a regresar. Alguien tenía que conducirla allá, así tendría a alguien que la llevara de vuelta. Lily había secuestrado la mente de alguien más para llevar a la mujer de la que Vincent se había alimentado a las montañas, se imaginó Jackie. Si era así, esperaba que la muchacha no estuviera consciente y asustada en el momento. Su mirada se deslizó fuera de la ventana, y Jackie no estaba segura de si eran buenas o malas noticias que Lily no fuera a llevarla a las montañas. Estaban yendo en la dirección incorrecta. —Puedes hablar ahora. Jackie giró su cabeza con sorpresa ante el comentario de Lily, luego parpadeó mientras comprendía que era capaz de moverse así como sus ojos. Lily había aliviado su control considerablemente. Jackie intentó mover otras partes de su cuerpo, pero parecía que le había devuelto solo el control sobre su boca y cabeza. —Eres una inmortal —dijo Jackie abruptamente. —Guau. Puedo ver por qué te contrató Vincent, tus poderes de deducción son brillantes —dijo Lily secamente. Jackie ignoró el sarcasmo y dijo: —Tus ojos no tienen el brillo metálico de los inmortales. Supuse que eras mortal. Lily rio. Era una risa desagradable, ficticia. —Mis ojos son verde plata. —Son avellanos —dijo Jackie. —Mírame. Jackie se giró ante la orden y miró a Lily mientras inclinaba su cabeza y levantaba un dedo sobre cada ojo. Parpadeó con sorpresa cuando Lily removió algo, entonces levantó su cabeza para revelar el hermoso mar verde plata de sus ojos. —Lentes de color —suspiró Jackie, sintiéndose increíblemente estúpida. Una de las secretarias de su propia compañía usaba lentes de contacto de color. Algunos días venía con los ojos verdes, otros, eran azules. Aunque Jackie nunca había considerado los lentes de color. Dios, para un detective, era una idiota, nunca había considerado que un inmortal podría desear ocultar sus hermosos ojos detrás de lentes de contacto—. ¿Por qué? —Muchos de nosotros los usamos. Teniendo ojos plateados llamamos la atención.


—No he conocido nunca otro inmortal que los use —argumentó Jackie. —¿Sabrías que son inmortales sin sus ojos plateados? —preguntó Lily arrogantemente, entonces rio nuevamente—. Probablemente has conocido muchos inmortales y no los has reconocido porque no has visto sus ojos plateados o del color del bronce. Jackie suspiró lentamente, sabiendo que Lily podría tener razón. —A los inmortales que no tienen que interactuar mucho con los mortales no les preocupa, pero para algunos que quieren mezclarse con los mortales, lo mejor es cambiarlos. —No lo sabía —murmuró Jackie. Bastien nunca había mencionado esta tendencia y su padre nunca lo había anotado. Quizás su padre no lo sabía, y quizás simplemente Bastien no lo había pensado. Estaba segura de que Bastien nunca usó lentes de contactos. Tampoco alguien que trabajara para él, que ella supiera, pero entonces Argeneau Enterprises estaba llena en su mayoría de inmortales. —Gastas demasiado esfuerzo mental en el color de mis ojos —dijo Lily con un movimiento de cabeza, haciendo evidente que estaba leyendo la mente de Jackie—. Había pensado que me preguntarías algo más importante. —¿Por qué robar la lista de empleados de Nueva York cuando ni siquiera estabas en ella? — preguntó Jackie, y la pregunta provocó otra sonrisa en el rostro de Lily. —No, yo no estaba en la lista —admitió Lily con diversión—. Cuando pasó, estaba de vacaciones, primero en Canadá, luego en Nueva York. —El fuego del teatro en Canadá —comprendió Jackie. Lily tendría que haber estado allí para lograrlo. Y luego ella siguió a Vincent a Nueva York para sabotear el teatro allí también. —Sí —dijo Lily, haciéndole ver que estaba leyendo sus pensamientos—. Planeé todo de antemano, y no quise correr el riesgo cuando repentinamente hubo sospechas del caso de anemia alrededor de Nueva York. Así que pedí tiempo para vacaciones. Volé a Canadá, provoqué un pequeño problema, luego viajé a Nueva York antes que Vincent y tomé un puesto en el personal de limpieza como un joven llamado Bob. Me puse pantalones y una gorra de béisbol y casi desaparecí para todos. Fue increíblemente fácil. —sonrió débilmente—. Pero para responder a tu pregunta, me robaron la lista en el área que llega al jardín. —su sonrisa se amplió—. Y tú seguiste todo tan fácil. Jackie sintió apretar su boca. Preguntándose por la noche en que los papeles se habían perdido, pero habían tenido que buscar de todos modos en la lista. Por supuesto, había habido razones para hacerlo cuando las listas desaparecidas habían aparecido en la oficina y Stephano casi había muerto. —Fue un gran esfuerzo para nosotros no dejar pistas; eliminar la lista de cada oficina y luego atacar a Stephano.


—Sí, pero valió la pena —le aseguró Lily, luego añadió—, aunque nunca pensé en matar a Stephano. Hasta entonces todo fue terriblemente fácil. Simplemente fui a trabajar temprano, mientras todos los mortales aún estaban de turno, y les borré los archivos de los ordenadores mientras los copiaba. —Contabilidad fue la última oficina, —dijo Lily frunciendo sus labios—. Ya había hecho todas las demás. La secretaria humana del día aún estaba allí cuando llegué, pero se estaba haciendo tarde. Meredith, la muchacha del turno de noche llegaría pronto. —Como ya había hecho todas las demás oficinas, tuve a la muchacha de día para borrar los archivos de los ordenadores, pero luego le dije que se fuera y entré a la sala de copias para tomar las copias impresas yo misma. Estaba saliendo de la sala de copias cuando Stephano Notte entraba. —Y lo mataste, —dijo Jackie cuando se detuvo y gruñó ante el recuerdo. —No de inmediato, —contrarrestó Lily—. Él estaba en un apuro. Aparentemente, había tenido alguna cita caliente esa noche, pero necesitaba alguna información de los archivos de Phillip antes de irse. Me pregunto qué estaba haciendo allí, por supuesto le dije que necesitaba un archivo para Vincent, pero que Meredith estaba saliendo de la oficina cuando llegué y que me dijo que me sintiera libre de tomarlo por mí misma. ¿Había algo que pudiera hacer por él? Ella frunció el ceño. —Sabía que probablemente tendría que matarlo, pero no podía hacerlo allí en la oficina donde cualquiera pasara y pudiera ver. —Así que lo engañaste para que entrara en la oficina, —dijo Jackie. La boca de Lily se cerró con molestia. —No me apresures. Te lo estoy contando. Jackie se mordió el labio y esperó a que ella continuara. Molesta, Lily se tomó su tiempo, sus ojos mirando afuera de la ventana mientras la hacía esperar. Jackie se tomó la oportunidad para mirar alrededor del frente del asiento del carro por sí misma. Necesitaba un arma, algo con lo que defenderse de ellos cuando llegaran a donde iban. No tenía duda alguna de que, cuando llegaran, Lily intentaría terminar lo que había comenzado la otra noche, y aunque fuera más difícil de matar ahora, ella podría morir. Ser inmortal era realmente inapropiado, pensó cuando Lily continuó finalmente. —De todos modos, le pregunté si había algo en lo que pudiera ayudarle… ¿o si quería esperar a la secretaria del turno de noche? —Lily hizo una mueca—. Él vaciló, pero ganó su impaciencia. Los hombres siempre son impacientes, no importa si son humanos o inmortales, —añadió en tono de maestra—. Así que me senté en el escritorio de la secretaria e hice como que estaba buscando el


archivo que deseaba imprimir, pero en realidad estaba asegurándome de que el archivo por el que le pregunté a la muchacha del turno de día había sido borrado. Estaba borrado. Así que luego puse un pie contra la extensión bajo el escritorio y usé el otro para tirar el enchufe. —Stephano vio el parpadeo del ordenador y preguntó qué había sucedido, fruncí el ceño con confusión y luego dije: “Oh sí, por eso fue que Meredith se fue. Ella había ido a ver a Sharon, mencionó que estaba teniendo problemas con su ordenador y quería saber a quién llamar para arreglarlo.” Fruncí el ceño con gracia, luego sonreí y dije: “el ordenador de Phillip debería trabajar bien. ¿Quieres que lo intente, o esperas por Meredith? —Una vez más, su impaciencia selló su destino. Stephano se volvió y se encaminó hacia la oficina de Phillip. Caminó hacia el escritorio, luego hizo una pausa y se volvió haciéndome un gesto hacia la silla para que hiciera el trabajo duro por él. Lily sonrió con desprecio. —El Señor sabe que el gran vicepresidente no se bajaría a hacer el trabajo del tipo de una secretaria. Así que, él hizo una pausa educadamente y retrocedió gesticulándome para que me adelantara, sólo que yo había tomado el abridor de cartas del escritorio de Meredith cuando él se había dado la vuelta para señalarme el camino hacia la oficina interior, y al momento en que él se volvió para afrontarme en la oficina de Phillip, le enterré el abridor de cartas en su corazón — sonrió—. Se apagan las luces. —Intenté limpiar y deslizarme en su memoria antes, —le anunció Lily repentinamente, como si eso marcara una diferencia—. Mientras caminábamos hacia la oficina. Resbalé en sus pensamientos y traté de limpiarlos, pero como digo, él tenía alguna capacidad para bloquearnos y no estaba segura de haberlo hecho. No podría arriesgarme a que recordara que estuve allí. Puede que nos hubieran ubicados juntos —se encogió de hombros—. Así que él tenía que morir. Jackie logró impedir mostrar cualquier tipo de emoción en su rostro ante la forma en que habló la mujer, como si ella le estuviera anunciando que se le había roto una uña y que la tuvo que cortar. Sin embargo, era difícil. En su imaginación, ella veía a Stephano Notte yaciendo pálido y aparentemente muerto en el suelo de la oficina, y el trastorno de Neil ante el estado de su hermano, así como la mirada ausente y con lágrimas en los ojos de Elaine mientras le agradecía a Vincent por salvar a su hijo. Controló su expresión bastante bien, aún así, Lily estaba dentro de su cabeza y podía leer sus pensamientos. Su rostro se empañó repentinamente con la ira. —¡Él está vivo! Jackie parpadeó cuando la rubia escupió las palabras. Todos sus esfuerzos para mantener seguro a Stephano acababan de ser arrojados por la ventana.


—Debí haberle cortado la cabeza, —rugió—. Si él hubiera sido un inmortal lo habría hecho, pero él era mortal, pensé… —pausó repentinamente y frunció el ceño—. Si él está vivo, ¿por qué no viniste a mí en el momento en que te dijo que lo apuñalé? Jackie intentó no pensar en nada en absoluto, pero sabía que había fracasado cuando Lily rompió en una repentina sonrisa. —Oh, eso es hermoso, —cantó—. No pudo recordarme. Tuvo la limpieza después de todo — sonrió suavemente, luego dijo—: Hmm... Tal vez le deje vivir, después de todo. Jackie sintió su boca apretarse. Miró a la mujer que tomó tan descuidadamente la vida de un buen hombre, hermano e hijo, como si no significara nada. Y ella suponía que no significaba nada para Lily. Ninguno de ellos significaba nada para ella; excepto el alterar a Vincent, ¿pero por qué? Antes de poder formular la pregunta, el carro comenzó a frenar, y miró bruscamente alrededor para ver dónde estaban. Ya no estaban en la carretera. Aparentemente, la habían dejado mientras estuvo distraída escuchando a Lily. Parecía como si hubieran salido por completo de la ciudad. Ahora estaban en una carretera que parecía raramente transitable. Había, de vez en cuando, una casa, pero sobretodo había árboles y la ocasional vista del océano a través de los huecos del bosque de al lado. Era una carretera costera, comprendió con confusión, y se preguntó qué estaría haciendo allí. Jackie dudó que hiciera la diferencia el que no estuvieran en las montañas. Mientras Lily asesinaba a la mujer de la que se alimentó Vincent y dejaba el cuerpo en las montañas, ni por un minuto había pensado que, porque se encontraran en la playa en lugar de las montañas, la asistente de producción tuviera diferentes planes para ella. Al parecer Lily había decidido cambiar el entorno y matar a Jackie en la playa. Apropiado, supuso, ya que el primer ataque había tenido lugar también en la playa. Lily se había quedado en silencio. Jackie la miró para ver que ella estaba concentrada en su lado de la carretera, aparentemente en busca de algo. Cuando la mujer se quedó rígida y sus ojos se volvieron de golpe hacia la parte posterior de la cabeza del conductor, Jackie volvió sus ojos hacia el lado de la carretera, su corazón se hundió cuando vio el camino de tierra aproximarse. Ahora su mirada deslizándose sobre el conductor para verlo, el rostro de Jackie se quedó en blanco. Él era joven, quizás de dieciocho, con pelo corto castaño y rostro largo. —¿Te llevó a todas tus escenas de asesinatos? —la seca pregunta se había deslizado de la boca de Jackie antes de que comprendiera que lo había preguntado. Lily volvió su dura mirada hacia ella, entonces sonrió suavemente.


—No. Para el otro tomé el control de un taxista. Nunca había visto al joven hombre, hasta esta noche, cuando se detuvo en la puerta y sonó el timbre. Me deslicé en el coche mientras él esperaba a que se abriera la puerta. —¿Cómo sabías que abriría la puerta yo y no Marguerite o Vincent? —Porque fue tu voz la que contestó cuando sonó. Además, sabía que serías tú o Tiny quien abriría la puerta. Ni Marguerite ni Vincent podrían ordenar pizza. Jackie supuso que Lily no se había imaginado que habían estado alimentando a Vincent con repartidores en un esfuerzo por evitar que alguien más fuera marcado por la muerte. Al menos, ella había hecho algo bien, pensó Jackie lúgubremente, luego comprendió que no debía pensar ese tipo de cosas. Lily podría leerla y entonces ir después sobre la personas de entrega. Afortunadamente, ella parecía distraída controlando al conductor. Para mantener aquellos pensamientos fuera de su cabeza, Jackie preguntó: — ¿Y qué pasaría si hubiera sido Tiny quien respondiera a la puerta? —Entonces sería él quien estaría sentado aquí esta noche y te habría mantenido para otro momento, —dijo Lily con facilidad. Jackie sintió su estómago revolverse ante la noticia. Tiny era también su objetivo y si Lily lograba matarla esta noche, Tiny tenía sus días contados. Si ese era el caso, había poca esperanza para él, especialmente después de que Lily no figurara en la lista de las personas en el teatro de Nueva York, ellos habían concentrado sus esfuerzos en esa dirección. A menos que Tiny la hubiera visto entrar en el carro con Lily, se recordó Jackie. Si él la hubiera visto… Frunció el ceño preocupándose por sí misma. Era posible que no lo hubiera hecho. —¿Qué estabas haciendo en la casa la noche en que te atrapé en la oficina? —preguntó ella repentinamente. Lily la miró con diversión. —Tú no me atrapaste en la oficina. Me seguiste fuera de ella y caíste sobre mí al saltar la verja. Jackie no se alteró ante la descripción. La hizo quedar como una completa incompetente. Cuando ella no mostró ninguna reacción a sus palabras, Lily se encogió de hombros y dijo: —Te había seguido esa noche, pero te perdí después de tu pequeña cita en el cuarto de almacenaje con Vincent —inclinó su cabeza y preguntó—: ¿Es buen amante? Presumo que ustedes dos fueron allí para tener relaciones. Jackie comenzó a recitar —Itsy Bitsy Spider— en su cabeza. No iba a revelar nada personal… o que pusiera en peligro a cualquiera.


La boca de Lily se apretó con disgusto cuando aparentemente Jackie logró bloquearla, entonces dijo: —Después te perdí, quise regresar a la casa a esperar que regresaras. Cuando saliste, traté de seguirte a pie. Furtivamente, tomé el control remoto de Sharon de su bolso y tenía planeado abrir la puerta y esperarte arriba, pero el control remoto no funcionaba. —Cambiamos el sensor y el código, —dijo Jackie con satisfacción. Añadió— ¿Pero por qué romper el panel? No conseguiste entrar. —Estaba molesta, —dijo Lily con irritación. Frunciendo el ceño dijo— Si no me hubieras seguido, nunca me habrías atacado esa noche. Solo iba a dejarle un mensaje a Vincent para que supiera que no estaba tan seguro como creía estarlo. Pero entraste a la oficina antes de poder hacer algo. Intenté salir cuando te escuché llegar, pero estabas descalza; para cuando te escuché no logré salir lo suficientemente rápido. Jackie sospechó que estaba diciendo la verdad. Realmente, no había razón para que Lily mintiera en esta etapa del juego. Sus pensamientos se esparcieron cuando el conductor bajó por el camino que Jackie había notado hacía un momento. El automóvil se sacudió y golpeó sobre la duna repleta de suciedad, mientras seguía un camino entre los árboles y Jackie sentía su corazón hundirse. Parecía que ya habían llegado. Capítulo 19 HYPERLINK \l "inicio" Índice —Tú también puedes dejar de fingir. Sé que puedes ver por dónde vas— le dijo Lily a Jackie cuando tropezó y cayó de rodillas por segunda vez en el camino desigual. Jackie apretó sus dientes y empujó sobre sí misma para colocarse de pie. Ella había estado fingiendo ceguera durante la noche desde que abandonaron el coche en un esfuerzo de reducir su progreso y tener oportunidad para concluir una idea de fuga. Lamentablemente, Lily estaba dentro de su cabeza y conocía con exactitud qué era lo que estaba haciendo. Era increíblemente frustrante. Incluso cuando tenía una idea, Lily podría conocerla en el momento que ella lo pensara. Jackie miró hacia atrás en dirección por donde habían venido, comenzando a avanzar de nuevo. Abandonaron el coche de reparto y al conductor al borde del bosque, justo fuera de la vista de la carretera. Lily había hecho algo para dejar al joven hombre inconsciente, desplomándose en su asiento cuando ellas salieron. Jackie no tenía duda de que Lily desharía cualquier cosa que hubiese hecho cuando regresara al coche. Solo esperaba que le permitiera irse después de terminar con él. Él era solo un niño, demasiado joven para morir.


—No está mucho más lejos— anunció Lily a Jackie cuando se dio cuenta del sonido del océano. Aumentaba en fuerza con cada paso que daban. Todo esto le recordaba la noche en que ella había regresado dándole una definida aversión de la playa. —¿Por qué la playa?– se preguntó Jackie a sí misma para distraerse de lo que venía. —Tu muerte aquí será simbólica— anunció Lily. —¿Simbólica cómo? ¿Por qué estás haciendo todo esto?— preguntó Jackie con frustración. —Por nada. La respuesta hizo que Jackie se detuviese y volteara su cara hacia la mujer. —¿Qué? Lily se rio de su expresión. –Voltéate y camina bajo tu propia voluntad, o tomaré de nuevo el control. Jackie vaciló, entonces girando bruscamente, siguió caminando. No se le había ocurrido que Lily debía haber cedido de alguna forma el control sobre ella para haber sido capaz de tropezar y caer una o dos veces. Pero entonces, sus pensamientos debieron estar un poco distraídos, supuso. El hecho de que al parecer tenía de nuevo el control de su cuerpo, le hizo preguntarse qué haría Lily si ella de repente huyera hacia el bosque. —Tomaría todo el control de ti y eso pondría fin a todas tus preguntas. Lily respondió como si hubiese hecho la pregunta en voz alta, recordándole que ella estaba en sus pensamientos. –Estoy segura de que te gustaría saber por qué está sucediendo esto, ¿verdad? ¿Te gustaría saber por qué vas a morir? —Sí— murmuró Jackie con disgusto. La tierra debajo de sus pies comenzó a cambiar con cada paso, indicándole que habían llegado a la arena. Deberían estar fuera de los árboles pronto. No deseosa de saber qué ocurriría entonces, preguntó a Lily: —Entonces, ¿qué es lo que vas hacer conmigo y por qué? —Voy a estacarte en la arena y a dejarte allí durante el día— anunció Lily–. Luego regresaré y te decapitaré al ocaso. Jackie miró hacia el cielo con este anuncio. Los árboles habían disminuido mientras más cerca estaban de la playa y ahora podía ver el cielo a través de las ramas. Ya no estaba completamente


oscuro, el amanecer no estaba muy lejos. Estaban en algún lugar del tiempo entre las 4 y 5 de la mañana. La luz del sol ascendería al cielo en menos de una hora o algo así. Estacada en la arena durante el día, luego decapitada, pensó Jackie tristemente. Así era cómo castigaba el consejo a los inmortales que rompían una de sus importantes leyes. Hasta donde ella había escuchado era una de las más desagradables formas de morir. Su cuerpo se deshidrataría, los nanos comenzarían a comer sus órganos en desesperación de sangre… sufriría horriblemente antes que el sol lo terminara. —¿Por qué?– preguntó, deteniéndose bruscamente cuando de pronto llegaron al final de los árboles y de la playa que se extendía ante ellas. —Por mi William– Lily no se molestó en decirle que se moviera, simplemente tomó de nuevo el control sobre ella. Jackie se encontró a sí misma a unos buenos 3 metros fuera de los árboles antes de que su cuerpo se detuviera y volteara su cara hacia Lily. —¿William?– preguntó Jackie, conservando su habilidad para hablar. Lily desvió su mirada hacia el océano, su voz sonando muy distante cuando dijo: —Ellos lo mataron, ¿sabes? Ellos lo estacaron afuera, en el sol y luego lo decapitaron al ocaso. —¿Quién lo hizo?— preguntó Jackie tristemente. —Lucian Argneau, Michael Moreau y el padre de Vincent, Víctor. —Bien— dijo Jackie lentamente–. Entonces, el padre de Vincent y otros dos hombres mataron a tu William. ¿Por qué persigues a Vincent por eso? Él no tuvo nada que ver. —Lo sé– Lily suspiró tristemente–. Cuando tomé la decisión de buscar venganza por William, perseguí primero a Michael Moreau. Lo aceché, lo atrapé, lo estaqué afuera, al sol y lo abandoné allí todo el día, disfrutando de sus gritos desde una pequeña y encantadora cueva cercana. Entonces lo decapité al ocaso. Lily frunció el ceño. –No sentí ninguna satisfacción en absoluto. Esperaba ganar alguna paz de eso, pero no. Entonces comprendí que él realmente no había sufrido como debía. Por supuesto, él pasó por el mismo sufrimiento que mi William, pero eso fue sólo un día de agonía. Yo he sufrido por cien años desde que aquello sucedió. Entendí, que para ganar una verdadera satisfacción, tenía que hacerlos sufrir como yo lo hice. No puedo solo matarlos, debo atormentarlos torturando y matando a alguien que ellos amen. —Entonces, Vincent sufrirá y eventualmente morirá como hizo su padre, Víctor, sufrirá por lo que él le hizo a tu William— dijo Jackie lentamente, tratando de seguir su razonamiento. Entonces


sacudió su cabeza–. Si es a Víctor a quien deseas hacer sufrir, ¿por qué atormentas a Vincent? ¿Por qué no solo estacas a Vincent al sol y lo decapitas? —Porque su padre no está aquí— dijo Lily con irritación–. Pensé que si comenzaba a sabotear el trabajo de Vincent y así sucesivamente, llamaría a Víctor. Él está en el consejo y debió haber sido llamado para ocuparse de las cosas, especialmente cuando comencé a lastimar humanos. En cambio, el idiota te llamó a ti para manejarlo. El tonto arruinó todo. Jackie arqueó sus cejas por su frustración, entonces dijo discretamente: —Según tengo entendido, Víctor ha estado depresivo y recluido desde que su compañera de vida fue estacada y quemada en Inglaterra. Vincent raras veces lo ve. No pienso que él alguna vez lo llame por esto, si es eso lo que estás esperando. La boca de Lily fue una línea firme de furia cuando dijo: —Llegué a esa conclusión por mí misma. Entonces, en vez de morir, él tiene que sufrir la pérdida que yo padecí en lugar de su padre. Tú morirás al igual que William, y él agonizará por ello por siglos. Jackie consideró aquello y se preguntó si eso significaba que si ella dejaba a Vincent solo, ¿él seguiría después de esto? ¿Podrían Tiny y él estar a salvo después de que ella muriera? —Tiny es un mortal, no es más que un amigo para Vincent. No me molestaré con él— dijo Lily, obviamente leyendo sus pensamientos–. Pero he estado pensando que trataré después con Margarite. Lucian Argneau, como se dice, es muy cercano a su cuñada. Su muerte de esta manera debería trastornarle a ambos, a él y a Vincent. Por supuesto, preferiría un compañero de vida o un niño en el caso de Lucian, pero, él no tiene ninguno. Tendré que conformarme con Margarite ahora y con el compañero de vida o el niño más tarde, si es que alguna vez tiene. Mientras tanto, te tengo a ti. —Cierto— Jackie suspiró. —Obviamente, si fueras mortal, estacarte sería una pérdida de tiempo, pero es perfecto ahora que Vincent te ha convertido. —No lo hizo— dijo Jackie. —¿No hizo qué?— preguntó Lily divertida–. ¿Tratarás ahora de convencerme de que ahora no eres inmortal? He visto tus ojos y a diferencia de mí, no llevas contacto. Además puedo leer tu mente, Jackie. Tú eres un inmortal. —Yo soy inmortal, pero Vincent no me convirtió. Lo hiciste tú— dijo Jackie solemnemente.


—¿Piensas que yo creeré esta estupidez?— preguntó Lily, pero había incertidumbre sobre su cara, ya que se concentró en Jackie. Aparentemente preocupada por algo que estaba leyendo allí, murmuro—: Yo sabría si te hubiese convertido. —Sí, pues, debería decir que me convertí a mí misma entonces— dijo Jackie cuidadosamente—. Cuando te mordí, tragué un poco de tu sangre, suficiente para iniciar la conversión. Es por eso que no sangré hasta morir antes de que ellos me regresaran a la casa. Lily miró hacia abajo a su propia muñeca y Jackie vio que estaba perfecta ahora. No había marca sobre ella la otra noche, había sanado completamente. —Duele como el demonio en el momento– murmuró Lily, y luego se rio–. Esto es perfecto. Te convertiste a ti misma. Tendré que ver eso en el futuro— ella sacudió su cabeza, y entonces dijo—: No importa quién te haya convertido. Él afirmó que tú eras su verdadera compañera de vida. —Solo para mandar a la mierda a Cassius— aseguró Jackie–. Cassius y yo tenemos una historia. Vincent y los otros sabían sobre ello. Es la razón por la que todos estaban muy fríos con él cuando se acercó a nosotros en el servicio esta noche. Es por eso que Vincent alegó que era su compañera de vida. Le quiso dar un susto a Cassius. Los ojos de Lily se estrecharon y Jackie dejó sentir sus sentimientos por el espectáculo de Vincent, junto con sus miedos de que él realmente no pensara en ella como su compañera de vida. Fue lo mejor que podía hacer con la habilidad de Lily de leer sus pensamientos, pero la mujer sacudió su cabeza. –Lindo intento, pero lo he visto contigo. Él ha estado comiendo desde que llegó. ´Wl está todo el tiempo sonriendo, riendo. —Según los archivos de la agencia, Vincent es despreocupado y siempre sonriente– interrumpió Jackie con sorpresa–. Eso difícilmente prueba que él piense que yo sea su verdadera compañera de vida. Lily resopló. –Solo cerca de su familia. Alrededor de ellos, es el señor sonrisa, pero el resto del tiempo...— ella se encogió–. No creo que él sea un vampiro muy feliz. De hecho, antes de que tú llegaras, pensé que él podría dirigirse hacia aquel terrible estado de autodestrucción que algunos vampiros pasan. Pero entonces llegaste y comenzó a sonreír y a reír. Fue como si hubiese encontrado una nueva vida. —De hecho, yo realmente debería agradecerte. Antes de ti, atacando sus negocios, la gente a su alrededor le molestaba, pero no tanto como yo deseaba. Entonces tú viniste y lo despertaste y ahora todo es importante para él, pero especialmente tú. Jackie se quedó en silencio, pero esperando que lo que dijo Lily fuera verdad. Ella esperaba haber hecho feliz a Vincent, hacerle hecho reír y que encontrara de nuevo placer en la vida. Él


ciertamente le había mostrado cómo disfrutar de la vida, algo que ella pareció haber perdido a los diecinueve. Los años desde entonces habían parecido algo descolorido hasta que vino a California y se reunió con Vincent. Pero todavía quedaba mucho que quería hacer con él. Jackie deseó haberle dicho que lo amaba anoche cuando tuvo la oportunidad. Deseó hacer el amor con él una vez más, así podría tener una noche de nado con él, reír, abrazarlo y besarlo. Jackie supuso que debería estar agradecida por tener la oportunidad de conocerlo en absoluto y probar la felicidad que pudo haber tenido con él. Pero eso no era suficiente, ella quería más y esta mujer que se veía como un niño planeando cómo asegurarse de que aquello no sucediera. Jackie frunció el ceño. –¿Por qué te ves tan joven? —¿Qué?— Lily pareció sorprendida por la pregunta. —Los nanos elevan tu salud al máximo, fuerza, velocidad, etc– indicó. —Aun así pareces una niña y eres increíblemente delgada. Ser delgada no puede ser tu salud máxima. Una repentina rabia cubrió la cara de Lily cuando dijo: —Yo no tenía a nadie para cuidar de mí cuando ellos mataron a mi William. A nadie para enseñarme. Yo no sabía qué podía o no podía hacer. Pensé que siendo un vampiro ya no podría comer más, entonces dejé de comer alimentos. Pero, sin nadie que me brindara donantes de quien alimentarme, casi morí de hambre. —Sufrí calambres por la debilidad de la deshidratación cada minuto del día durante los veinte primeros años. Nunca conseguía bastante sangre en ese entonces. Yo no sabía cazar. Vivía en las calles, royendo ratas y a veces de los niños cuando tenía oportunidad, corriendo de oscuridad en oscuridad lejos del sol durante el día. No tenía ni idea de lo que podía o no podía hacer. Jackie elevó sus cejas. Era evidente que Lily se había convertido antes de los bancos de sangre, pero eso no explicaba por qué William no le había dicho que podía comer. ¿Habría muerto justo después de convertirla? Nada de lo que decía tenía sentido. —Lily tenía sólo doce años en el momento de su conversión. Lily y Jackie giraron bruscamente ante las palabras para encontrar a Marguerite de pie en la boca de la ruta a través de los árboles. Ella estaba sola, con una expresión de lastima cuando miró a Lily. Gruñendo, Lily agarró inmediatamente a Jackie, sosteniéndola entre ellas y miró airadamente a Marguerite. —¿Qué quieres decir?– preguntó Jackie—. Pensé que no se permitía convertir a nadie tan joven.


—William era un pedófilo— dijo Marguerite silenciosamente— le importaban poco cualquiera de las leyes. Le gustaban sus mujeres jóvenes. Niños, realmente. Él los desde los diez, los mantenía como sus mascotas, los alimentaba con solo sangre y muy escasamente. Para asegurarse de que no se desarrollaran correctamente. Se podría decir que no fuiste alimentada correctamente, esto confunde a los nanos, ellos se atrofian y se vuelven delgados y jóvenes como Lily. Jackie miró de nuevo a la muchacha, horrorizada de que alguien deliberadamente hubiera hecho eso con ella. Lily parecía una joven adolescente… y al parecer siempre lo sería. —Él los mantenía hasta que se cansaba de ellos y entonces usualmente los mataba y convertía a otra— añadió con disgusto Marguerite. —¿Por qué nadie lo detuvo?— preguntó Jackie horrorizada. —Nadie podía probar lo que estaba haciendo— dijo Marguerite con un encogimiento de hombros. —Como he dicho, los mantenía como mascotas. Hasta Lily, ninguno de ellos vio la luz después de ser convertido. Los mantuvo en su propiedad familiar en Inglaterra. Ellos dormían con él en una cripta durante el día y permanecían ocultos durante de la noche. Luego cometió el error de convertir a Lily. Ella era la nieta de su ama de llaves. La mujer había trabajado para él durante cincuenta años y había visto a dos de los niños que había hecho. Cuando convirtió a Lily ella se enfureció lo suficiente para acercarse a alguien del consejo Europeo. Cuando fueron a inspeccionarlo, él supo de donde venían, mató a su familia y huyeron en un barco a América. —Mientes— Lily gruñó y Jackie podía sentir el temblor de la rabia en la mano de la mujer–. Él no mató a mi familia. Y fue la primera vez que se volvió tan joven. Él solo lo hizo porque él me amaba mucho. Marguerite la observó con lástima. –Él mató a su abuela, su madre, su padre y sus dos hermanas menores. Aniquiló a toda su familia antes de que te llevara al barco, Lily. Aunque no me sorprende que no te lo hubiese dicho. —¿Cómo puedes saberlo?— Lily se quebró. —Lucian— dijo Marguerite con un encogimiento–. Los escuché por casualidad a él y a mi marido, Jean Claude, hablando de ello en aquel tiempo. –Bueno, entonces mintieron– dijo Lily furiosamente–. Todos ellos mintieron. Él no habría hecho eso y yo fui la única a la que él convirtió tan joven. Él me amaba. –Tú estabas lejos de ser la única a la que convirtió tan joven– gruñó una voz profunda. Jackie se retrajo por el dolor, ya que los dedos de Lily se clavaron en su brazo, cuando ella hizo que ambas giraran, a fin de poder ver a Marguerite y al segundo orador a la vista.


Christian estaba de pie aproximadamente a diez pies a la izquierda de Marguerite, Jackie miró con sorpresa. Él y el resto de hombres habían estado en casa de Stephano cuando Lily la había raptado. O ella había asumido que estaban ahí, aunque era lo suficientemente tarde como para que hubieran estado de regreso y en sus habitaciones. ¿Estaban los demás aquí?, se preguntó. –Yo fui uno de los miembros del consejo que enviaron por este asunto– dijo Christian, atrayendo la atención de Jackie de regreso a la conversación. –Así como yo– anunció Marcus, apareciendo repentinamente diez pies a la izquierda de Christian. Él se quedó en silencio, mientras Lily se aislaba atrás, obligando a Jackie en un esfuerzo de poder vigilar a las tres personas en un instante. El trío formó una medialuna delante de ellas. Lily estaba ansiosa y aterrorizada. –Estábamos ahí, cuando los cuerpos fueron descubiertos en la cripta– explicó Marcus–. Había un gran ataúd vacío que sospechamos que era el que William compartía contigo durante el día, luego cuatro pequeños ataúdes, cada uno, con dos o tres cuerpos. En total, había diez jovencitas decapitadas entre las edades de diez a doce, a juzgar por sus tamaños. Si tu abuela no le hubiera delatado, tú habrías sido el undécimo cuerpo, una vez que él se hubiera cansado de ti. –¡Mentiroso!– gritó Lily. –Pero entonces, él mató a tu familia y escapó contigo a América– Christian asumió la explicación otra vez–. Eso estaba fuera de nuestra área. Nosotros no podíamos seguirles, pero avisamos a América en otro barco, advirtiéndole al consejo de aquí, lo que él había hecho y comenzaron a cazarle. –Seguirle la pista y matarle probablemente salvó tu vida– habló repentinamente Dante, dando a conocer su presencia. –¡Mentiras, todas son mentiras!– gritó Lily, volteándose otra vez para incluirlo en su vista. – La historia de lo que William hizo, es bien conocida en Europa. Jackie no se asombró en lo más mínimo, cuando Tommaso habló fuertemente. Ella nunca había visto a los gemelos el uno sin el otro. Ellos ahora formaban casi un círculo completo, alrededor de ellas. Era imposible para Lily verlos a todos a la vez. –Los dos pudieron esconderse aquí, por casi un el año, antes de que les siguieran la pista. ¿No es cierto?– preguntó Tommaso. Lily no habló, ya sea para negar, o afirmar. Jackie tomó eso como uno sí. –Y aún en ese año él nunca se molestó en enseñarte a alimentarte– señaló Tommaso–. Te mantuvo dependiente de él, te alimentó, te mantuvo alejada de la comida, la cual te habría dejado madurar normalmente, y no te enseñó cualquiera de las habilidades que necesitabas saber para sobrevivir.


–¡Él me amaba! ¡Él se encargó de mí!– protestó Lily. –Te mantuvo completamente dependiente de él, Lily– dijo Vincent tranquilamente detrás de ellos y Lily se volteó bruscamente, arrastrando a Jackie con ella. Él se quedó con la mirada fija en Jackie brevemente, enviándole un mensaje de tranquilidad, entonces volvió su mirada a Lily y dijo–: Y se aseguró de que tú permanecieras de esa manera. Mírate. ¿Has visto a otro como tú en los cientos de años desde que fuiste convertida? –Cállate– Lily se quebró–. Tú no sabes nada acerca de mí. –Lo sé– contrarrestó Vincent–. He sabido quién eras desde el día en que te contraté. Me imaginé que no querías hablar de ello y ese era tu negocio. Cuando la mirada cortante de Jackie se fijó en él, se pregunto por qué él no le había mencionado este pedazo de historia cuándo ella le había preguntado si alguien podría tener algo en contra de él, él agregó: –Nunca imaginé que tú rondabas las calles odiándome y cualquier otra persona se llevaría muy bien con los hombres que le salvaron de él. –¡Salvarme!– gruñó Lily con furia–. Mataron a mi creador y me dejaron sola para mantenerme a mí misma. –Fui informado de que escapaste– dijo Vincent quedamente y Lily bufó. –Por supuesto que escapé– gruñó—. Ellos mataron brutalmente a mi amante. No sabía lo que harían conmigo. –Te habrían enseñado cómo mantenerte– dijo Marguerite suavemente, y Jackie recorrió la mirada para darse cuenta de que ella se había movido más cerca. –Seguro que lo harían– dijo Lily amargamente—. Después de que ellos me estacaran en el sol por un día y también me hornearan. William me dijo que lo harían. Vincent dio un paso adelante y esta vez Lily se percató. Ella repentinamente azotó una daga de debajo de la parte trasera del grueso suéter que llevaba puesto y lo sujetó en la garganta de Jackie. Todo el mundo se mantuvo quieto. –Déjela ir– dijo Vincent cuidadosamente–. Jackie no te ha hecho nada. –No– Lily estuvo de acuerdo–. Pero tú la amas y te lastimaría si la mato. –Mátame en su lugar– propuso Vincent y Jackie le miró con ceño ante la sugerencia.


–No quiero matarte– dijo Lily–. Quiero que sufras como yo lo he hecho, durante siglos, que tu compañera de vida se haya ido y te quedes solo, tratando de salir adelante lo mejor que puedas. Jackie rodó sus ojos en el estribillo repetido y chasqueó: – Te estás poniendo aburrida. Lily se movió un poco ante el aparente shock, la hoja cortó una delgada línea a lo largo de la garganta de Jackie. –¿Qué?– preguntó con incredulidad. –Ya me oíste. Me aburres– repitió Jackie, sin importarle que tenía una daga sobre su garganta–. Todas estas tonterías sobre nada. –¿Nada?– repitió Lily–. ¡Mataron a mi William! ¡No tenía a nadie! Nadie para alimentarme, nadie para… –Lily, cien años atrás no había bancos de sangre. Nadie alimentaba a nadie–dijo Jackie secamente–. Todos ellos tenían que cazar. –William solía alimentarme. Él traía a los hombres para mí y controlaba sus mentes mientras yo me alimentaba de ellos. –Entonces es con él con quien tendrías que estar furiosa–chasqueó Jackie impacientemente–. Él tuvo un año para enseñarte cómo sobrevivir, antes de que los del consejo os atraparan. ¡Un año! Vincent y los demás me enseñaron a cuidar de mí misma en días. Tu William te dejó deliberadamente dependiente e indefensa. Él quería a una niña, un niña dependiente e indefensa que podría controlar y abusar, porque era un malintencionado y enfermo pedófilo… –¡Cállate! ¡William me amaba! Lily ahora estaba furiosa y Jackie se percató de que había ido demasiado lejos. Por otra parte, había sentido un retroceso por parte de Lily, quien estaba condenadamente enojada como para prestarle importancia. Bufó con burla a su pretensión, entonces dijo: –Crece. William no te amaba. Si te hubiera amado, te habría enseñado lo que necesitabas saber como Vincent me enseñó. Habría querido asegurarse de que pudieras cuidar de ti misma... Vincent no intenta controlarme o hacerme dependiente de él. Eso es el amor– repitió y en el momento que las palabras salieron de su boca, supo que todo era cierto. Vincent la amaba. Y ella le amaba. Y demonios, ella no podía morir aquí hoy. Fue hecha para ser la víctima. Lily estaba todavía en sus pensamientos y no se dio cuenta de inmediato de las intenciones, pero ya era muy tarde. Por instinto más que cualquier otra cosa, Jackie agarró la hoja con su mano, ignorando la forma en que se cortaba su piel, mientras la alejaba de su garganta. Sus dedos se


curarían, todo se curaría, pero la decapitación. Consciente de eso, sujetó la hoja firmemente y golpeó con su codo muy fuerte en el pecho de Lily. La pequeña mujer tropezó atrás, pero sostuvo su daga. Jackie se estremeció por cómo eso cortó profundamente en su mano antes de que ella la dejara ir y saltara hacia atrás del camino ella misma. En el momento en que ella estaba libre, Vincent ya estaba a su lado, arrastrándola a una distancia segura, mientras Christian y los demás fueron hacia Lily. En unos segundos la habían desarmado y sujetado firmemente entre Dante y Tommaso. Lily gritó y luchó furiosamente, pero fue en vano. –¿Qué van a hacer con ella?– preguntó Jackie mientras observaba a los gemelos arrastrarla hacia el camino guiándola a través de los árboles hacia la calle. –Precederá ante el conSejo. Decidirán su destino– contestó Christian. Jackie frunció el ceño, sabía que eso no era bueno para Lily. Por otra parte, la chica había sido como un perro rabioso. Había matado a personas inocentes y habría echado a perder más. Su tiempo con William obviamente había tergiversado su mente. Además, se recordó a sí misma, que mientras Lily se parecía a una joven, en realidad tenía encima cien años de edad y se había dicho a sí misma que ella había mordido niños en cada oportunidad que había tenido. –Dame tu mano. Jackie lanzó una mirada hacia el lado, sorprendiéndola cuando Tiny apareció con un botiquín de primeros auxilios. –Me hicieron esperar en el bosque– le dijo con obvia repugnancia, cuando comenzó a atar su mano sangrante–. Dijeron que sería más seguro allí. Jackie le sonrió débilmente ante su decepción y palmeó su brazo apaciguadoramente, entonces fijó la mirada en Vincent. Él observaba con preocupación cómo trabajaba Tiny. Jackie clavó los ojos en él por un minuto, entonces barbulló: –Te amo. Vincent parpadeó, entonces respiró: –Gracias Dios– doblando su cabeza, él presionó sus labios amablemente en un beso, y susurró–. También te amo. –Eso es todo– anunció Tiny, terminando con su mano. Levantando su cabeza y sus ojos solemnemente–. Me alegra que estés bien. –A mí también– dijo Marguerite uniéndoseles. Ella sonrió y dijo–: Bienvenida a la familia, amor.


–Gracias– murmuró Jackie tímidamente. –Pues bien...– Marguerite arqueó la ceja hacia Vincent–. Pienso que ya puedes poner en marcha tus obras teatrales otra vez. Él se encogió de hombros. –Stephano y Neil pueden tomar esa decisión, me importa poco. Ya no estoy realmente interesado en el teatro. Cuatrocientos años son suficientemente largos en una carrera. Pienso que es hora para un cambio de carrera. Jackie levantó sus cejas. –¿Qué harás? Él contesto lentamente: –La verdad, me encuentro más interesado en lo que vas a hacer tú. Ser un detective privado parece interesarte. Jackie le miró con sorpresa, y antes de que ella pudiese hacer algún comentario, Marguerite estuvo de acuerdo: –A mí también. Lo encontré desafiante, como un acertijo. Con Jean Claude ausente y los niños casados e iniciando a sus propias familias, he estado intentando decidirme por algo para hacer como una carrera y ahora sé lo que puede ser– le sonrió a Jackie–. Podría ayudar a Tiny. –¿Ayudar a Tiny?– Jackie parpadeó–. ¿Por qué Tiny necesita ayuda? –Pues bien, aún tienes bastantes habilidades que aprender en un corto tiempo, cariño, para la supervivencia así como para controlar mentes, etcétera. Mientras más rápido aprendas, mejor. Deberías concentrarte en eso–apuntó Marguerite amablemente–. Además, si lo dos se van a casar, tú querrás una luna de miel. Dejarás a Tiny sin un socio. Estaría encantada de ser su socio y ayudarle a manejar su compañía. Me dará un propósito. –¿Harías un trabajo en Europa?– preguntó Christian repentinamente, mientras Jackie aún miraba boquiabierta a Marguerite. Parpadeo, cerró su boca y le miró con confusión. –¿Europa? –Sí. Si lo haces, tengo un trabajo para ti allí. –¿Qué clase de trabajo es?– preguntó Marguerite curiosamente. Christian vaciló y entonces dijo:


–Averiguar quién es mi madre. –¿Tu madre?– repitió Jackie inexpresivamente. El inmortal tenía encima más de quinientos años de edad. Christian asintió con la cabeza. –¡Oh, yo podría hacer eso!– Marguerite se veía excitada mientras buscaba la mirada de Tiny. Ella añadió–: Podríamos, ¿verdad que podríamos, Tiny? Ella no esperó a que le contestaran, pero deslizó su brazo a través del de Christian y comenzó a conducirlo hacia el camino a través de los árboles. –Debes de decirme todo lo que sabes– dijo ella. Giró hacia atrás y dijo–: Venga Tiny, tú tienes más experiencia en esto que yo. Tú sabes más acerca de la clase de preguntas que deberíamos hacer. Tiny vaciló brevemente y buscó la mirada de Jackie. Cuando ella se encogió de hombros impotentemente, él suspiró y corrió tras la pareja. Jackie les observó irse y negó con la cabeza. –¿Cómo podría alguien solucionar ese misterio? No es como si se conservaran buenos recuerdos, de quinientos años atrás. Seguramente su padre le podría decir quién fue. Marcus y Julius se acercaron, y entonces añadieron: –Se ha rehusado a hablar de eso por quinientos años, Marguerite es la mejor persona para este trabajo. –¿Por qué?– preguntó curiosamente. Marcus solo sonrió, entonces empezó a seguir a los demás. Jackie buscó la mirada de Vincent en duda, pero él no pareció comprenderles más que ella. –Te amo– Vincent susurró, distrayéndola. Jackie sonrió mientras se apoyaba en su brazo. –Yo también te amo. –Entonces, serás mi compañera de vida– Vincent deslizó sus brazos alrededor de ella. –¿Estás seguro de esto?– Jackie miró hacia él inciertamente. Ella sabía cómo se sentía, estaba tan asustada de equivocarse. –¿No lo estás tú?– preguntó quedamente.


– Sí– dijo solemnemente–. Te quiero más de que lo que alguna vez pensé que era posible amar a alguien. Pero–vaciló ella, luego farfulló–: Sé la historia de Marguerite y qué tan horrible puede resultar escoger equivocadamente a tu compañero de vida y yo nunca querría hacerte infeliz. Vincent sonrió y pasó un dedo suavemente a través de su frente, sacando la preocupación de ella. –Jackie, he estado vivo para más de cuatrocientos años. He conocido a millones de mujeres y he dormido con miles. He tenido mucho tiempo para descubrir la clase de mujer que puede hacerme feliz y con quien podría gastar mi eternidad– ahuecó su cara en sus manos y miró con atención solemnemente a su cara mientras añadía–: Tú eres esa mujer. Jackie sintió cómo las lágrimas fluían de sus ojos, y cómo su corazón le dio una punzada en su pecho. Ahora comprendió la frase, cómo amar a alguien demasiado podía doler. Poniéndose de puntillas, ella presionó sus labios en los de él y le besó con todo el amor que sentía. Vincent le correspondió, pero se apartó demasiado pronto. –Entonces, la boda– dijo, girándola para seguir a los demás–. Pensaba en Las Vegas. –¿Las Vegas?– preguntó con sorpresa. –Sí– él sonrió–. Y una imitación de Elvis como ministro, yo en un traje de diamantes falsos y zapatos azules de piel. Tú en…– él hizo una pausa, las cejas ascendieron cuando Jackie comenzó a reírse–. ¿Qué? No tienes familia y esto suprime la larga espera de una gran boda. –Cierto– ella asintió con una sonrisa cuando la instó a caminar de nuevo. –Y podemos tener una gran recepción luego en Canadá con la Tía Marguerite. Ella ya ha ofrecido su casa. Traeremos a Tiny y tus otros amigos— le prometió, y luego sonrió y dijo–: Entonces tendremos una luna de miel en... Jackie levantó sus cejas cuando él vaciló. –¿Sí? –Pues bien, ¿pensaba tal vez en Disneyland?– dijo esperanzadamente y Jackie sólo le pudo besar ya que él se veía tan adorable. – Nunca he ido a Disney–dijo ella con una sonrisa abierta, entonces negó con la cabeza–. La vida va a ser interesante contigo, ¿verdad, mi amor? –La eternidad va a ser interesante para ambos–le reconfortó Vincent, y se detuvo a besarla otra vez.

Un mordisco para recordar