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PRÓLOGO

—No veo ninguna mesa, — dijo Carolyn, mirando por encima del concurrido restaurante al aire libre. —Podemos sentarnos en el bar, — dijo su amiga, Bethany, con un encogimiento de hombros. Cuando Carolyn frunció el ceño, ella rodó sus ojos, la agarró del brazo para arrastrarla hacia la barra, y agregó, —Vamos a pasarnos a una mesa tan pronto como se libere una. Además, sólo vamos a estar aquí hasta que llegue Genie y nuestra mesa está justo al lado de la puerta de todos modos. —Correcto, — suspiró Carolyn y se deslizó en el taburete al que Bethany la dirigía. A continuación, miró por encima de su hombro tímidamente, su mirada se deslizó sobre la joven multitud que ser reía y la rodeaba. A pesar del sol poniente, todavía hacía calor y la mayoría de los clientes vestían de manera informal con pantalones cortos y vestidos de verano. Este era el restaurante más informal en el complejo con mesas de madera desnudas llenas de gente en la terraza con barandilla y música del Caribe apenas cubriendo el sonido de la conversación y la risa. En comparación, el restaurante cubierto de al lado, donde ella, Bethany y Genie habían ido a comer, era de cuatro estrellas, con mesas adecuadas, precios manteles, cubiertos y luz de velas. Se habían vestido de acuerdo a lo que dejaba que Carolyn se sintiera como si sobresalieran entre la multitud relajada. Eso no era lo único que la hacía sentir incómoda, sin embargo. También era la clientela de aquí. La mayoría de la gente parecía tener la mitad de su edad, aunque había algunas personas mayores. Pero sin importar su edad, todos parecían estar emparejados. Ella y Bethany eran las únicas mujeres solteras, o solas, hasta donde podía notar. Todos los demás eran parte de una pareja. Probablemente en su luna de miel, pensó Carolyn con tristeza al notar todas las sonrisas y los besos íntimos suaves que se intercambian alrededor de ellas. La visión la hizo suspirar y girar sus ojos hacia delante para mirar a las botellas de licor que recubrían la parte posterior de la barra mientras se preguntaba si eso no había sido un enorme error. —¿Qué puedo hacer por estas dos hermosas mujeres esta noche? Carolyn parpadeó cuando su visión fue bloqueada de repente por un sonriente camarero. El hombre vestía una camisa blanca y pantalones oscuros. Sus ojos bailaban y sus dientes parecían increíblemente blancos contra su oscura piel cuando él les sonrió felizmente. Allí todo el mundo parecía estar feliz y sonriente, notó.


Debe ser algo en el agua, pensó Carolyn y forzó una sonrisa. —Un vaso de vino blanco, por favor. —Lo mismo para mí, — anunció Bethany. —Y dos chupitos de tequila, también. —¿Tequila?— Preguntó Carolyn cuando el camarero se alejó. —Sí, tequila. Los tragaremos en el momento en que lleguen, y luego pediremos más, — dijo Bethany con firmeza. Carolyn vaciló. Ella realmente no estaba interesada en tragos de tequila, así que simplemente preguntó, —¿Estás segura de que tu estómago puede manejarlo? Bethany había estado quejándose de su estómago, puesto que había comido la cena del avión. Carolyn había comido pollo gomoso, pero Bethany había optado por salmón y había estado maldiciendo desde entonces que había estado malo. —Espero que el tequila mate todos esos desagradables y pequeños parásitos que el salmón tenía creciendo en él, — dijo Bethany. —En su defecto, me hará vomitar y los sacaré de mi sistema. De cualquier manera, voy a recuperarme más rápido que sin él. Carolyn le dio una risa incrédula. —Sí, bueno, no creo que... —Bien, no deberías estar pensando,— interrumpió con firmeza Bethany. —Te he traído aquí para que no pensaras, ¿recuerdas? Y para que te relajaras y disfrutaras por primera vez en Dios sabe cuánto tiempo. Y vas a relajarte, Carolyn Connor, aún si tengo personalmente que verter en tu garganta hasta la última gota de alcohol que haya en Santa Lucía. —Estoy relajada, — protestó ella a su vez. Bethany soltó un bufido. —Cariño, eres como un reloj, y lo has sido durante dos años. Y, como tu amiga, voy a verte relajada aún si esto nos mata a ambas. Carolyn la miró fijamente, y luego sintió la tensión irse de sus hombros. Una pequeña sonrisa reclamó sus labios y dijo, —¿Qué haría yo sin ti? —Encerrarte en tu casa, dejarla sólo para ir a trabajar, y morir sola, vieja y amargada, — dijo Bethany rápidamente. Carolyn se echó a reír, pero era un sonido hueco, porque la triste realidad era que Bethany tenía probablemente razón. Si no fuera por Bethany, estaría encerrada ya, en su casa o en su oficina, con la cabeza enterrada en los negocio mientras se esforzaba por olvidar los últimos diez años y fingir que no tenía el corazón destrozado y, sí, amargo. —Así que ...— Bethany enarcó una ceja. —La Tía Bet curará tu salud y te devolverá


la felicidad. Te prometo que vamos a tener muy buenos momentos en este viaje. Te vas a reír y divertir, e incluso echar un polvo. Será el momento de tu vida. —Correcto, — dijo Carolyn secamente, algo de su tensión volvió. Lo último que quería en ese momento era involucrarse con otro hombre. He estado allí, he hecho eso, tengo el abogado del divorcio para demostrarlo, pensó sombríamente, y luego miró al camarero que regresaba con dos copas de vino y dos vasos, ambos con líquido dorado en ellos. —Gracias, — dijo Bethany alegremente, empujando uno de los chupitos hacia Carolyn y luego levantando el otro mientras se daba la vuelta en el taburete de la barra hacia ella. —Entonces... Hizo una pausa y esperó intencionadamente. Carolyn cogió el vaso de chupito con resignación. —Por un buen tiempo en Santa Lucía, — dijo Bethany con firmeza y apuró su trago. Carolyn se llevó el pequeño vaso a los labios, bebió un sorbo e hizo una mueca cuando el líquido quemó su paso a través de su lengua. Bethany dejó su vaso sobre la mesa con un suspiro, miró a Carolyn y frunció el ceño cuando vio su vaso lleno. —Termínalo, — dijo con firmeza. —Órdenes de la Dra. Beth. —Pero... —Termínalo, — repitió Bethany empujando el vaso a sus labios. Carolyn jadeó y tosió cuando el líquido quemó su garganta y se estrelló contra su estómago. —Esa es mi chica, — dijo Bethany con aprobación. Golpeando su espalda con una mano, tomó el vaso vacío con la otra y lo puso delante del camarero, diciendo, —Dos más. —Beth, — soltó Carolyn, con su voz ronca, —No he bebido en años. Yo... —No has hecho un montón de cosas en años, — interrumpió Beth mientras el camarero volvía a llenar los vasos. —Y vamos a hacerlo todo aquí. Así que ni siquiera trates de luchar contra ello. Confía en mí, sé lo que es mejor para ti. Carolyn negó con la cabeza, pero aceptó el trago cuando el camarero lo empujó hacia ella. Bet chocó sus copas y dijo, —Por la libertad.


Carolyn bajó el trago sin preguntar esta vez y esperó a que el ataque de tos siguiera, pero sospechaba que su garganta todavía estaba aturdida por el primer disparo. Éste bajó sin problemas, y sólo tuvo que aclararse la garganta un poco después. Dejó el vaso en la mesa y señaló, —No estoy libre todavía. —Semántica. — Bethany hizo un gesto al camarero para llenar otros dos vasos. —Lo peor ya pasó. Ahora es sólo cuestión de esperar a que los tribunales hagan lo suyo. —Sí,— murmuró Carolyn cuando otro trago apareció ante ella. Elevando la copa, Bethany dijo, —Aquí esperaremos a que sean más rápidos sobre esto de lo que fueron con todo lo demás. Carolyn bebió, pero mientras vaciaba el vaso de nuevo, dijo, —Realmente no me importa. No tengo prisa. Bethany frunció el ceño cuando ella hizo un gesto al camarero otra vez. —Te lo juro, cada vez que dices eso envías un escalofrío por mi espalda. Me hace pensar que no deseas el divorcio en absoluto. Que recién cuelgas el teléfono y que quieres que vuelvan a estar juntos. —No, — le aseguró Carolyn solemnemente. —Ese no es el caso en absoluto. Pero tampoco estoy ansiosa por correr a una nueva relación. De hecho, he decidido que el matrimonio no es para mí. Entonces, ¿qué me importa si toma algo de tiempo resolver lo anterior? —Correcto.— Ella sonrió. —No importa. Tienes todo lo que querías. Carolyn resopló. —Lo que quería era un matrimonio feliz. De no ser así, quiero un acuerdo de divorcio justo. —Entonces, ese es nuestro próximo brindis, — dijo Bethany alegremente. —Por el increíble Larry Templeton, extraordinario abogado que va a conseguir todo lo que te mereces y mucho más. Carolyn levantó su vaso, pero le costaba sonreír. Bethany estaba tratando de levantarle el ánimo y asegurarse de que disfrutaba esas vacaciones, pero ella simplemente no estaba de ánimo. Carolyn tenía el corazón herido, golpeado, desilusionado, y, francamente, deprimido. Sospechaba que estar en ese centro turístico en el Caribe no iba a ayudar. Obviamente, era un lugar popular para los recién casados. Todo el mundo estaba sonriente y feliz y lleno de amor y esperanza. Era un contrapunto deprimente de su propio estado de divorciada y viajando con una amiga. Con sus cuarenta y dos años, era vieja. O por lo menos se sentía vieja. Cristo, nunca se había sentido tan vieja en su vida, reconoció Carolyn con tristeza; vieja, negativa, golpeada y derrotada. ¿Cómo había llegado a eso?


—Oh. Carolyn empujó sus menos agradables pensamientos lejos y bajó su vaso para echar un vistazo a Bethany. Sus cejas se juntaron al ver una mirada incierta en su rostro y la forma en que estaba repentinamente agarrando su estómago. —¿Estás bien?— Preguntó, inclinándose hacia ella con preocupación. —No creo que el tequila haya matado a los bichos como yo esperaba, — murmuró Beth. Carolyn se mordió el labio. —¿Quieres volvamos a nuestra villa? Podemos saltarnos la cena esta noche y sólo... —No, no, se supone que nos encontraremos con Genie aquí, — interrumpió Bethany, luego su mirada se alejó de Carolyn y se iluminó. —Oh, mira, una mesa se ha desocupado. ¿Por qué no llevas las bebidas mientras yo voy a vomitar? Carolyn miró instintivamente por encima de su hombro para ver a una pareja dejar una mesa del piso inferior con vistas a la playa. Entonces, giró su mirada de vuelta cuando la última palabra de Bethany se hundió en ella, pero Beth ya estaba fuera de su taburete y abriéndose camino a través de la multitud en dirección a los baños que estaban entre el bar/restaurante al aire libre y el elegante comedor de al lado. —Llevaré sus bebidas, — anunció el camarero, recogiendo las dos copas llenas y llevándolas. Cuando empezó a dar la vuelta alrededor de la barra, ella se puso de pie, pensando que reclamaría la mesa, pero si Beth tardaba más de un par de momentos, iría a ver cómo estaba. Carolyn comenzó a caminar, pero se mordió el labio cuando el cuarto se movió un poco a su alrededor. Parecía que el tequila ya la golpeaba. Genial, pensó, siguiendo cuidadosamente al camarero que se abría camino a través de la multitud. Cuando se detuvo de repente, echó un vistazo sobre su hombro para ver que una pareja se había acercado a la mesa por la dirección opuesta. —Está bien, — dijo Carolyn al camarero. —Podemos esperar en el bar. —No, no, no, — dijo él sonriendo de ella a la pareja. —La mesa es de cuatro. Pueden compartir y hacer amigos. —Oh, no, está bien, — dijo Carolyn, encogiéndose ante la sola idea mientras su mirada se deslizaba sobre la joven pareja. Ellos parecían estar en sus veinticinco años más o menos. El hombre era de cabello y ojos oscuros, con el buen aspecto moreno de un italiano. Él también estaba sonriendo levemente, con un brazo posesivo alrededor de la mujer, una curvilínea


belleza de cabello castaño rojizo, que estaba mirando a Carolyn con un interés desconcertante. Definitivamente de luna de miel, pensó con tristeza. —No seas tonta. — La mujer sonrió de repente. —Estaríamos felices de compartir. Sólo estamos esperando a que nuestra mesa en el restaurante de al lado se habilite. —Lo mismo ocurre con esta bella dama y su amiga, — anunció feliz el camarero, colocando los vasos y moviéndose para sacar una silla para Carolyn incluso cuando el otro hombre sacó una para su esposa. Carolyn se rindió y dijo, —Gracias, — mientras se deslizaba en la silla. Después de preguntar a la pareja lo que querían, el camarero se escabulló a por su orden. —Bueno, esto es precioso, — dijo la mujer con un pequeño suspiro satisfecho y entonces le tendió la mano. —Soy Marguerite Argeneau. —Argeneau-Notte, — corrigió el hombre con suavidad, pronunciándolo Ar-ge-neau-No-tte; la mujer parpadeó y luego se rió con vergüenza. —Marguerite Argeneau-Notte, — admitió con ironía, y explicó, —Es nuevo. No estoy acostumbrada a ello todavía. Carolyn consiguió esbozar una sonrisa y aceptó la mano que le ofrecía mientras la mujer continuaba. —Y este es mi maravilloso esposo, Julius Notte. —Carolyn Connor. — Ella se aferró a su sonrisa cuando el hombre tomó su mano en un agarre firme y tibio, luego se echó atrás y se aclaró la garganta. —¿Luna de miel? —Sí, — rió Marguerite entre dientes. —Pero hemos estado casados durante semanas. Ya debería haberme ajustado al cambio de nombre. —¿Han estado aquí durante semanas?— Preguntó Carolyn con interés. —Oh, no. Sólo llegamos hace un par de días, — dijo Marguerite. —Tuvimos algunos asuntos familiares que atender en Canadá antes de empezar nuestra luna de miel. —Oh.— Carolyn parpadeó. —¿Eres canadiense? —Lo soy. — Marguerita sonrió. —¿Tú? —Sí, de Toronto.— Carolyn levantó su copa a sus labios, pero se detuvo y la bajó de vuelta al pensar que tal vez sería mejor cambiar a agua o Coca-Cola Light. Ella


realmente no era una gran bebedora, y no quería acabar en el cuarto de baño junto a Bethany. Ese pensamiento le hizo girar su mirada hacia la dirección en la que su amiga había desaparecido mientras se preguntaba si debería ir a comprobarla. —Qué pequeño es el mundo. También soy de Toronto, — dijo Marguerite felizmente, reclamando su atención. —¿Lo eres?— Preguntó Carolyn girándose. Marguerite asintió, luego sonrió a su marido, se apoyó en el brazo que él había colocado a lo largo de la parte de atrás de su silla, y agregó, —Pero Julius es de Italia, por lo que vamos a dividir nuestro tiempo entre Canadá e Italia por ahora a pesar de que su negocio y familia están en Italia. —Echarías de menos a tu familia si nos quedamos sólo en Italia, cara. Quiero hacerte feliz. Carolyn logró dibujar otra sonrisa cuando Julius inclinó la cabeza para presionar un suave beso en los labios de Marguerite, pero sólo apenas. Era realmente doloroso para ella ser testigo de su amor y felicidad. Girando la cabeza, miró de nuevo en la dirección que Bethany había tomado, pensando que definitivamente debía comprobarla. ¿Y dónde estaba Genie? Su reserva era para las siete y media y ya casi era hora. —¿Estás de vacaciones? Carolyn volvió a mirarla, aliviada al ver que Marguerite se había enderezado, poniendo distancia entre ella y su marido. —Yo... sí. Levantó la copa a su boca para ocultar la mueca que reclamaba sus labios. Un momento de silencio pasó mientras bebía su vino, pero fue sólo un sorbo. El tequila parecía estar revolviendo su camino a través de su cerebro, dejándola confusa y deprimida. El alcohol no es una cura para la depresión, pensó Carolyn, y se prometió que no dejaría a Beth instar más en ella. Bajó el vaso y miró hacia arriba para encontrar a Marguerite mirándola solemnemente, su expresión concentrada. Sentía como si la joven mujer estuviera mirando a través de ella y viendo el fracasado páramo de su vida. —Tal vez debería ir a comprobar a Beth.— Carolyn empujó hacia atrás su silla y se paró, pero se detuvo cuando Genie apareció de repente y la agarró de un brazo. —Oh, Dios mío, lo siento mucho. Quería estar aquí hace media hora, pero justo


cuando salía de la oficina, recibí una llamada de que la banda que había contratado para la próxima semana tuvo que cancelar. Se suponía que comenzarían mañana por la noche, pero hubo una muerte en la familia del batería.— Soltó a Carolyn y se giró para dejarse caer en la silla vacía junto a la suya. —He estado haciendo llamadas desesperadas desde entonces, intentando reemplazarlos, y luego vi la hora y pensé que lo mejor sería venir hasta aquí y explicarlo. Carolyn se sentó en su silla cuando Genie agarró el vaso de vino de Bethany y bebió un largo trago. Carolyn miró a sus compañeros de mesa. —Ella es Genie Walker, una amiga nuestra de la universidad, y la razón por la que decidimos pasar nuestras vacaciones aquí. Genie, ellos son Marguerite y Julius Notte. —Hola, espero que estén teniendo una estancia agradable, — dijo Genie, su cara profesional cayendo de nuevo en su lugar mientras dejaba el vaso de Bethany. —Sí, preciosa, — le aseguró Marguerite. —¿Trabajas aquí, entonces? —Ella es la coordinadora del entretenimiento del complejo, — dijo Carolyn. —A poco de ser ex coordinadora de entretenimiento si no encuentro una banda de reemplazo que pueda estar aquí mañana por la noche, — se quejó Genie y se levantó. —Lo siento, Caro, me tengo que ir. Me encontré con Beth de camino aquí. Se dirigía de regreso a la villa. Dice que está bien, pero quiere acostarse. Le prometí que te haría compañía en la cena, y lo haré, pero realmente necesito encontrar una banda sustituta. Volveré y me uniré a ti en el momento en que encuentre una. Pero podría tardar un rato. Yo... —Está bien.— Carolyn se puso de pie también. —Volveré a la villa y pediré por el servicio de habitaciones. Podemos cenar mañana por la noche. —Siéntate,— ordenó Marguerite. Carolyn se puso rígida por la aguda orden, pero se encontró de inmediato hundiéndose de nuevo en su asiento, aunque no recordaba decidirlo. Genie también se había sentado otra vez, notó que la preocupación y la confusión comenzaron a moverse dentro de ella, pero tan pronto como empezó a aumentar se retiró, dejándola tranquila y relajada. —Ustedes dos se unirán a nosotros para cenar, — anunció Marguerite con una sonrisa. —Acabo de encontrar la banda para ti. Al menos eso fue lo que Carolyn pensó que quería decir, porque la banda había sonado como el hombre. Pero claro, el tequila estaba pateándola para ese entonces, por lo que probablemente había oído mal. —¿Carolyn?— Preguntó Julius y Carolyn le miró, pero él estaba mirando a Marguerite.


Asintiendo, la mujer le sonrió. —Christian tiene que venir. Julius levantó las cejas y se giró para mirar a Carolyn con un nuevo interés, luego sacó un teléfono móvil de su bolsillo y comenzó a teclear los números.


1 ―Así que... ¿qué crees que tu madre está tramando? Christian Notte arrancó su atención de los acantilados que bajaban hasta el mar y miró por encima del hombro a su primo. A pesar de la pregunta, Zanipolo estaba mirando por la ventana de la camioneta del complejo, con sus ojos pegados a un escenario que no veían normalmente… al menos no a la luz del día. Miró al hombre brevemente, notando que se había puesto las gafas de sol y había dejado su pelo negro fuera de su usual cola de caballo para que su rostro estuviera parcialmente cubierto, ofreciéndole más protección contra el deslumbrante sol que pasaba por las ventanas. Su mirada se deslizó a los otros pasajeros de la camioneta. Giacinta compartía asiento con Zanipolo, que estaba sentado justo detrás de Christian. Sus ojos estaban positivamente comiéndose el paisaje que pasaba a través de las enormes gafas de sol que lucía, con su pelo largo y rubio ofreciéndole un poco de protección también. Detrás de ellos estaba sentado Santo. El batería había sido el primero en entrar y sentarse inmediatamente, reclamando el asiento de atrás, extendiéndose y frotando con cansancio sus dedos anillados por encima de su cabeza rapada mientras los otros se acomodaban. Estaba tomando el sol por los tres lados, sin pelo para proteger su cabeza, lo que probablemente era la razón por la que había reclamado el asiento trasero, pensó Christian sombríamente. Santo siempre tomaba lo peor, la posición más incómoda, y dejaba los mejores lugares para los demás. Esa era su manera... y nunca dejaba de molestar a Christian. ―¿Y bien? ― Preguntó Raffaele, atrayendo la mirada de Christian al hombre que estaba sentado en el primer asiento, junto a él. El último miembro de la banda, Raffaele, tenía el cabello oscuro al igual que los otros dos hombres ― o lo tendría igual que los otros dos hombres si Santo no se afeitara la cabeza, ― pero su cabello era corto. Él también tenía los ojos negros con manchas de plata como todos los Notte. ―No me preguntéis, ― dijo, acomodándose en su asiento y girando la mirada hacia el paisaje marino que pasaban. ―Dijo que la banda programada tuvo que cancelar y que seríamos perfectos para reemplazarlos. ―Uh-huh, ― dijo Zanipolo con una sonrisa. ―Porque toda pareja quiere que su hijo, su sobrina y sus sobrinos vaguen alrededor de ellos en su luna de miel.


―Es posible, ― dijo Raffaele pensativo. ―Marguerite no habría permitido que Christian estuviera lejos de su lado desde que le encontró a él y a Julius de nuevo. Antes de que Christian pudiera hacer comentarios, Giacinta dijo, ―Le ha encontrado una compañera. Las palabras fueron pronunciadas con una certeza que no admitía discusión y Christian tuvo que resistir la tentación de echar un vistazo atrás y preguntar si ella realmente lo creía. Lo había sospechado por sí mismo cuando tuvo que hablar por teléfono con sus padres. Su padre había sido quien le llamó. Julius Notte simplemente le había dicho, ―Tu madre te quiere aquí. Reúne a la banda y volad a Santa Lucía. Christian se había endurecido por la autocrática orden mientras Marguerite tomaba el teléfono y comenzaba a balbucear sobre la cancelación de la banda, y que el complejo necesitaba una banda que los reemplazara, y que estaba tan orgullosa de él, que le había puesto el video que tenía suyo en su iPhone a la coordinadora de entretenimiento, y que la mujer había pensado que eran geniales también. Que todo el mundo los adoraría, le aseguró. Además, extrañaba a su guapo hijo, y... Bueno, en realidad, para el momento en que había terminado con el torrente en su oído, a Christian le habría resultado muy difícil rechazar a su madre. Madre. Sonrió ante la palabra. Christian había vivido más de quinientos años sin una, soñando tener una madre y un padre igual que sus primos, imaginando lo que sería. Como sería su vida. Y ahora lo estaba descubriendo. Era incluso mejor de lo que había imaginado. Marguerite Argeneau-Notte era la mujer más libre de prejuicios, y la más adorable que jamás había conocido. Bañaba a quienes cuidaba con un amor y una calidez que se deslizaba a su alrededor como una manta suave, caliente, como un cojín para el resto del mundo. ―¿Y bien? ― Dijo Raffaele, dándole un codazo cuando Christian se quedó callado. ―Bien, ¿qué? ― Preguntó, apartándose de sus pensamientos. ―¿Crees que te ha encontrado una compañera de vida? ―No lo sé, ― dijo, y reflexionó sobre la posibilidad. Desde que sus padres se habían encontrado otra vez, Christian había pasado gran parte de su tiempo en Canadá, conociendo a su madre y a sus otros hermanos. Y cada uno de estos hermanos estaba recientemente emparejado. Mientras que disfrutaba llegando a conocerlos, también encontraba que era casi doloroso estar cerca de tanta felicidad y alegría, mientras él todavía estaba solo. La idea de unirse a sus filas era... bueno… ― Sacudió la cabeza.


Una compañera de vida. Había estado solo tanto tiempo que era difícil incluso imaginar la idea de tener una compañera de vida para él. ―Es una compañera, ― anunció Giacinta con firmeza. ―No hay duda. En esta ocasión, Christian miró hacia atrás y preguntó, ―¿Por qué estás tan segura? ―Porque esa es la única razón en el mundo por la que tu padre le permitiría buscarte en su luna de miel, ― dijo encogiéndose de hombros. ―Sí, ― Zanipolo estuvo de acuerdo. ―Tiene razón... que cabrón con suerte. ―No tengáis esperanzas, ― gruñó Santo desde de la parte posterior. ―¿Qué pasa si te equivocas, Gia? ―Bueno, supongo que lo sabremos muy pronto. Ya estamos aquí, ― anunció Raffaele, dirigiendo su atención a los alrededores mientras la camioneta desaceleraba frente a un gran cartel con el nombre y el logo del complejo turístico. Giraron por una calle curva y Christian miró a su alrededor. No había mucho para ver al principio y luego el camino por delante se abría y notó edificios y villas escalando la montaña a su izquierda. A la derecha, era plano y lleno de lo que parecían ser tiendas y comercios. Un gran edificio principal esperaba delante, y había un camino entre éste y las tiendas de la derecha. A través de esa apertura se podía vislumbrar la playa y el mar azul y entonces estaban girando en círculo en la parte frontal del edificio principal y deteniéndose. Christian siguió a Raffaele fuera de la camioneta cuando el conductor abrió la puerta. Trató de darle propina al hombre, pero el conductor sonrió y rechazó su dinero, asegurándole que todo estaba cubierto mientras se acercaba a hablar con alguien de camisa blanca y pantalón oscuro con un sujetapapeles y una etiqueta con su nombre. ―¿Dónde está nuestro equipaje? ― Giacinta se asomó por el camino por donde habían venido. ―Estoy seguro de que llegará, ― dijo Christian ligeramente, pero no pudo resistirse a mirar la segunda camioneta por sí mismo. No tenían sólo su equipaje, sino también las neveras con la sangre que necesitarían mientras estuvieran allí. ―Oh, sí, está llegando. ― Su conductor estaba repentinamente junto a ellos otra vez, y comenzó a dirigirlos hacia otra camioneta, explicando, ―No puedo conducir hasta vuestra villa, pero ellos los llevarán. Christian miró hacia la nueva camioneta con el logo del complejo, y supuso que los


vehículos exteriores no eran permitidos en las carreteras privadas. ―Les llevaran su equipaje cuando lleguen, ― añadió el hombre mientras los instaba a la nueva camioneta. ―Que tengan una estancia agradable. Antes de que alguien pudiera responder, él había cerrado la puerta y se había quedado sonriendo y saludando a la camioneta que se alejaba lentamente de la entrada. ―Ustedes son la nueva banda. Christian desvió la mirada de su antiguo conductor hacia adelante y hacia el nuevo, tomando nota de la camisa blanca y los pantalones oscuros. ―Sí. ―Soy Adam. Genie estará aliviada de que ya estén aquí, ― dijo el hombre, con una amplia sonrisa hacia ellos en el espejo retrovisor. ―¿Genie es la coordinadora de entretenimiento? ― Preguntó Christian, recordando a su madre mencionar el nombre. ―Sí. Deben ser famosos para estar en las fincas villa. Por lo general, las bandas deben permanecer en las habitaciones menores o buscar su propio alojamiento, pero ustedes estarán en una de las villas grandes. ―¿Una de las villas grandes? ― Preguntó Christian con el ceño fruncido. ―Oh, sí. Son hermosas, con su propia piscina y chef. La suya tiene cuatro dormitorios. ―¡Eso es! Nuestra propia piscina, ― dijo Zanipolo. ―Sumergidas a la medianoche después del concierto. Impresionante. Los otros sonrieron, pero Christian frunció el ceño, sabiendo que su padre lo había arreglado. No es que no estuviera contento de estar en una villa en vez de una de las "habitaciones menores", pero lo habría arreglado por sí mismo y no estaba contento de que su padre lo hubiera arreglado él mismo y no estaba contento de que su padre pagara en su lugar. El hombre tendía a olvidar que estaba crecido y que ahora era un hombre. Bueno, iba a pagar por ellos, decidió mientras la camioneta se arrastraba a lo largo de la estrecha curva de la carretera privada que serpenteaba por la ladera de la montaña. Los caminos inferiores atravesaban largos edificios de dos pisos con balcones corriendo por sus longitudes. Supuso que se trataba de las suites individuales o de las habitaciones menores. Al final de la primera calle, dieron la vuelta en un pequeño giro y avanzaron hacia atrás, tomando un camino superior hacia otro giro que los llevó hacia otro conjunto de gigantes edificios. Dos giros más los llevaron a un camino donde las villas se establecían a un lado y al otro,


aferrándose a la montaña como la hiedra. Después de dos giros más se cruzaron con más villas por delante. No había espacio suficiente para dos vehículos en las estrechas calles y Christian se preguntaba qué pasaría si un vehículo se acercaba a otro mientras iba subiendo cuando un vehículo apareció en el camino por delante. Su chofer ralentizó, pero el otro conductor lo vio, se detuvo inmediatamente y retrocedió, apretándose a un lado de la carretera en cambio. Esperó allí hasta que ellos habían pasado y entonces se deslizó hacia atrás y por el camino, saludando alegremente a su paso. ―Hombre, ya veo por qué no dejan que nadie conduzca su vehículo hasta aquí, ― murmuró Zanipolo mientras las dos camionetas pasaban a un suspiro una de la otra. Christian gruñó pero no dijo nada, y se quedó en silencio al pasar por dos giros más, todos ellos miraban con curiosidad la vegetación tropical de ambos lados. Las plantas verdes y los arbustos floridos se derramaban entre los edificios y a lo largo de la carretera. Era bastante exuberante, hermoso y se empaparon con ello, sabiendo que sería la única vez que verían la luz solar. Ninguno perdería la sangre que se necesitaba para salir durante el día y verlo todo de nuevo. En su lugar, tendrían que arreglárselas con disfrutar de sus alrededores por la noche. No lo estarían viendo ahora si no hubiera sido una lucha juntarlos a todos, hacer las maletas y llegar hasta allí. Llegar con la luz del día había sido inevitable. ―Aquí estamos. Christian miró hacia la casa blanca de dos pisos delante de la cual el hombre había detenido la camioneta. En el momento en que había seguido a Raffaele fuera del vehículo, Christian transitó a lo largo del camino más allá de la villa para poder ver más lejos, hacia la montaña. Era hermosa, toda verde salpicada por casas blancas con techos de color salmón, extendiéndose todo el camino hacia el mar. El sol brillaba sobre el azul Caribe como si estuviera lleno de diamantes. Christian simplemente se quedó allí sumergido en eso. ―Hombre, los caminantes diurnos tienen lo mejor de ambos mundos, ― dijo Giacinta con un suspiro, llamando su atención al hecho de que ella lo había seguido y se había puesto a su lado. ―Pero sólo por un corto período de tiempo, ― señaló Santo, frotándose el desnudo cuero cabelludo con una expresión de dolor. ―Debemos entrar, ― dijo Christian a regañadientes. Todos se giraron al unísono, y luego hicieron una pausa mientras la camioneta pasaba como un relámpago, con su conductor sonriendo y saludando.


―¿A dónde va? ― Preguntó Zanipolo con alarma. ―¿Y las llaves? Él no nos dio las llaves. Antes de que nadie pudiera comentar algo, una segunda camioneta rodó y se deslizó hasta detenerse frente la villa. La puerta se abrió y una sonriente mujer en un traje de falda azul marino saltó fuera de él. ―¿Christian Notte? ― Preguntó, mirándolos interrogante. Christian avanzó, consciente de que los demás lo estaban siguiendo. ―Soy Bellina, ― anunció, sonriendo mientras tomaba su mano en un apretón firme. ―Voy a ser su coordinadora social durante su estancia aquí. Vengan, dejen que les enseñe su villa. Alejándose, los condujo por el sendero hasta la puerta principal, la abrió, y rápidamente les condujo al interior. Christian la siguió y sintió que una tensión de la que no se había dado cuenta se deslizaba de sus hombros a medida que ingresaban en una fresca y sombreada entrada. La mujer mortal, Bellina, charlaba mientras los llevaba a través del edificio, llevándolos por un gran salón abierto, una grande y bella cocina/comedor con una bandeja de frutas y botellas de vino esperando, luego les mostró la terraza y la piscina. Pero él no le prestaba mucha atención. Christian seguía en silencio, con su tensión regresando mientras su mirada se deslizaba sobre las blancas paredes, las ventanas y los generosos tragaluces multitudinarios. Su mente gritaba que este definitivamente no era un lugar hecho para los inmortales. No fue hasta que llegaron a la planta superior y a los dormitorios, que empezó a relajarse de nuevo. ―El señor Notte dijo que les resulta difícil conciliar el sueño después de terminar un set y quería estar seguro de que tenían cortinas oscuras mientras dormían; y las tienen, ― dijo Bellina alegremente, cruzando el dormitorio principal a oscuras para llegar hasta las cortinas. ―Las cerramos para que vieran lo bien que funcionan, pero una vez que se despierten… Ella tiró de las cortinas y se giró hacia ellos sonriendo radiante. Christian instintivamente retrocedió, con una mano subiendo para protegerse la cara mientras giraba la cabeza lejos de la brillante luz del sol que inmediatamente se derramó. Él casi se rió cuando vio que todos sus primos habían reaccionado de la misma manera. Se podría pensar que realmente los quemaba o algo por la manera en que reaccionaron, pensó con irónica diversión. Sacudiendo la cabeza ante su reacción instintiva, bajó la mano y se obligó a volver. Al ver la expresión de


sorpresa en el rostro de Bellina, sonrió y caminó hacia adelante. ―Lo siento, ha sido un largo día para nosotros luchando para organizar todo y luego el vuelo hasta aquí, ― dijo, excusando su comportamiento mientras la tomaba del brazo instándola a salir de la habitación. ―Oh, sí, por supuesto. Deben estar agotados, ― dijo ella, sonriendo con simpatía. ―Sí. Y tenemos que tocar esta noche por lo que una siesta probablemente sería buena. ―Por supuesto. No queremos que se queden dormidos en el escenario. ―No, ― él estuvo de acuerdo con ironía mientras empezaban a bajar a la planta principal de nuevo. Ella asintió. ―Todavía hay mucho que explicar sobre su chef personal y demás, pero puedo hacer eso más tarde. Tal vez si me llama cuando despierten, pueda regresar, ― sugirió. ―Gracias, ― dijo Christian. Estaban a mitad de las escaleras cuando vio a dos hombres esperando pacientemente al lado de su equipaje pulcramente apilado en la entrada. ―Si les dice dónde poner el equipaje, lo distribuirán por usted, ― dijo Bellina. ―No es necesario, ― le aseguró a medida que bajaba la escalera. ―Tomaremos nuestro equipaje nosotros mismos. ―Muy bien. ― Ella hizo un gesto a los hombres, que inmediatamente abrieron la puerta y salieron. ―Llame al edificio principal cuando deseen bajar y una camioneta será enviada por ustedes. Llámame si tiene alguna pregunta. Hay mucho que hacer mientras estén aquí, y sólo van a estar tocando tres horas una noche, así que tendrán tiempo para disfrutar de las actividades. ―Sí, gracias, ― dijo Christian, acompañándola en su salida hacia la puerta, pero ella se detuvo en el escalón de la entrada y se giró. ―Casi se me olvidan sus llaves, ― dijo con una sonrisa, sacando cinco sobres del bolsillo y sosteniéndolos fuera. Christian aceptó los sobres, asintió, sonrió una vez más y luego cerró la puerta con alivio cuando ella se alejó hacia la camioneta que la esperaba. ―Sangre, ― gruñó Santo. Christian se apartó de la puerta para ver que los demás lo habían seguido y estaban tirando de las neveras lejos del equipaje.


―Debemos apilarla en el frigorífico ahora, ― dijo Christian. ―Hace el suficientemente calor aquí como para que la sangre se ponga mala si la dejamos fuera demasiado tiempo. Las neveras fueron llevadas inmediatamente a la cocina, y todos menos una fue vaciada. Dejaron varias bolsas en la última y se la llevaron con ellos a medida que se dirigían a la habitación principal. En la parte delantera del grupo, Giacinta se apresuró a cerrar las cortinas que Bellina había abierto. Santo llevó la nevera a la cómoda y la colocó allí. Mientras él la abría, Christian miró alrededor de la habitación, su mirada se deslizó sobre los muebles de buen gusto, y haciendo una pausa en la cama tamaño rey mientras tomaba nota de las flores y de las batas dispuestas sobre el edredón. Las batas habían sido atadas por la cintura, y se extendían fuera como ángeles de nieve, mientras que las flores y las hojas habían sido dispuestas para deletrear ―Bienvenidos‖ sobre el edredón. ―Sorprendente, ― comentó Raffaele, apareciendo a su lado para entregarle una bolsa de sangre. ―Hmm. ― Christian abrió la bolsa con sus colmillos ya descendidos, sólo para fruncir el ceño cuando un timbre sonó en su bolsillo. ―Teléfono, ― señaló Raffaele con diversión. Había estado a punto de hacer estallar su propia bolsa con los dientes, pero arqueó una ceja y preguntó, ―¿Quieres que lo conteste? Christian sacó el teléfono del bolsillo, leyó el identificador de llamadas, y negó con la cabeza. A continuación, pulsó el botón y se lo llevó a la oreja, gruñendo una versión de hola. ―Christian Notte, ¿estás hablando con la boca llena? ― La voz de Marguerite lo amonestó suavemente. Christian encontró sus labios curvándose en una sonrisa alrededor de la bolsa en su boca mientras murmuraba un sí alrededor de la obstrucción, pero la palabra que salió fue "iii". ―Oh, lamento interrumpir tu alimentación, entonces, querido. Sólo quería estar segura de que tú y tus primos estaban dentro. ¿Va todo bien ahí? Christian dijo "iii" otra vez y luego arrojó la bolsa lejos con alivio cuando se dio cuenta de que estaba vacía. ―Es hermoso. Aunque un poco soleado, ¿no te parece?


―Bueno, esto es el Caribe, cariño, ― señaló ella con una risa. ―Está bien, sin embargo. Las cortinas hacen un buen trabajo manteniendo el sol fuera mientras estás durmiendo y es una maravilla por la noche. ―Hmm. ― Christian miró a su alrededor cuando Santo silbó. Cuando su primo inmediatamente le lanzó una segunda bolsa, Christian la cogió, pero se limitó a sostenerla mientras hablaba. ―¿Se hará Padre cargo de la villa? ―Sí, querido. Sintió que ya que nos estáis haciendo un favor al venir aquí, todos debéis estar cómodos. Además, si no lo hubiera hecho, Gia habría sido la única en tener su propia habitación; los chicos tendríais que compartir y eso no sería bueno. ―Y por qué, dime por favor, ¿por qué no sería bueno? ― Preguntó Christian con interés. ―Oh, bueno, recuerdo lo mucho que te disgustaba cuando estábamos en Inglaterra y tú y los chicos compartíais allí, ― dijo a la ligera. ―Uh-huh, ― dijo él con incredulidad. ―De todos modos, debo dejarte. Probablemente estés agotado después del vuelo y quieras dormir, y queremos que estés bien descansado y alegre para esta noche. ―¿Por qué? ¿Qué pasará esta noche? ― Preguntó a su vez. ―Bueno, porque tocarás, por supuesto, ―dijo en una carcajada. ―Genie está tan agradecida de que estuvierais dispuestos a reemplazar a la banda que canceló, que viene al espectáculo de esta noche y se ofreció para comprarnos todas las bebidas durante tus vacaciones. Así que asegúrate de unirte a nosotros entonces. ―Correcto, ― dijo Christian. ―Dile a Padre que pagaré por la villa. ―Christian… ― empezó Marguerite. ―Voy a colgar, mamá. Duerme bien, ― la interrumpió Christian y comenzó a colgar, pero se detuvo cuando escuchó a su padre decir, ― ¿Marguerite? ¿Qué te pasa, cara? ―Me ha llamado mamá, ― le oyó decir Christian con voz llorosa. ―Ah, bella, ― canturreó Julius Notte. Hubo un susurro y la línea murió. Christian sonrió y apretó el botón para finalizar la llamada; entonces, dejó su teléfono sobre la mesita de noche y miró a su alrededor. ―¿Supongo que tomarás este cuarto? ― Preguntó Zanipolo, sacando una bolsa de sangre de sus colmillos. ―Acertaste, ― dijo Christian con sequedad.


El otro hombre asintió y miró a su alrededor a los otros. ―Eso deja tres habitaciones y cuatro de nosotros. Gia rió ante sus expresiones y se dirigió a la puerta. ―Bueno, hay otra habitación con una cama doble. Las otras dos tienen gemelas, así que me quedaré con la cama matrimonial y dejaré que vosotros luchéis por las otras dos. ―Compartiré con alguien, ― ofreció Santo. Zanipolo hizo una mueca. ―Sin ánimos de ofender, primo, pero roncas como un gallo. No hay manera de compartir contigo. ―Supongo que eso significa que Zani y yo compartiremos y te dejaremos tu propia habitación, Santo, ― anunció Raffaele, saliendo con Zanipolo a sus talones. Santo los siguió con la mirada sorprendida. ―Yo no ronco, ¿no? ― Él frunció el ceño. ―¿Pueden los inmortales roncar? ―Tú no roncas, ― le aseguró Christian. ―Así es. ― Santo frunció el ceño. ― ¿Entonces por qué…? ―Tú gritas, te retuerces y chillas, ― le dijo con calma. Santo se puso rígido, con su expresión congelándose. Entonces asintió, pasó una mano por su cabeza calva y salió de la habitación. Christian vio salir a Santo, luego golpeó la bolsa de sangre contra sus dientes y empujó la puerta para cerrarla. Estaba agotado y no podía ni siquiera molestarse en ir a buscar su maleta. Moviéndose hacia la cama, Christian rápidamente movió la bata y las flores a un lado y se acostó. Se quedó mirando al techo mientras esperaba a que la bolsa se vaciara, y se preguntó si su vida estaba a punto de cambiar o no. Sospechaba que Gia tenía razón y Marguerite había encontrado una posible compañera para él. Sospechaba que era la coordinadora de entretenimiento que seguía mencionando. ― Genie, ― murmuró, tirando de la bolsa vacía de sus dientes; luego cerró los ojos y se quedó dormido.


2

―¿Caro? ―¡Aquí! ― Carolyn puso su cepillo a un lado en el mostrador del baño y se dirigió a la puerta de su habitación, haciendo una pausa al ver a Bethany de pie en la puerta de la sala en la bata de seda rosa, su pelo oscuro en una cola de caballo. ―No estás lista. ―No. ― Bethany hizo una mueca. ―¿Te importaría si no voy? Carolyn frunció el ceño y empezó a cruzar la habitación. ―¿Pensé que te sentías mejor? ―Lo estaba cuando me desperté de mi siesta de esta tarde, pero ahora no es así, ― dijo ella con una mueca. ―Estoy pensando que podría ser mejor quedarme aquí y sólo descansar esta noche. Esperemos, si lo hago, estaré bien para mañana para que podamos disfrutar el resto del viaje... y desde que Genie estará allí esta noche para que te haga compañía, pensé que simplemente sería mejor descansar esta noche. ― Ella vaciló y luego añadió, ―Bueno, a menos que te moleste. Quiero decir que sé que te arrastré aquí, así que si quieres que te... ―No, no, ― dijo Carolyn rápidamente, aunque realmente quería que Bethany fuera, pero si no se sentía bien... logró una sonrisa y se encogió de hombros. ―Como dices, Genie estará allí. Además, quiero que te sientas mejor para el resto del viaje también. Bethany sonrió. ―Te prometo que voy a hacerlo por ti. Mañana vamos a hacer algo divertido, tal vez un tour o algo así, y luego regresamos aquí, fiesta desenfrenada, un par de hombres y a estremecer su mundo. ―Teniendo en cuenta que todos los hombres solteros aquí parecen estar en su luna de miel, no creo que sea probable, ― dijo Carolyn con diversión, moviéndose hacia el armario para sacar los zapatos. Llevándolos a la cama, se sentó para ponérselos, pensando en que estaba realmente contenta de que este fuera el caso. Ella sinceramente dudaba de que pudiera "estremecer" el mundo de alguien, y tampoco realmente quería "enfrentar" su "fiesta". La noche anterior había sido más que suficiente para ella de fiestas. Carolyn hizo una mueca al recordarlo. Gracias a los tequilas de los que Bethany le había hecho tomar, había pasado la noche intentando desesperadamente no enredar sus palabras, en primer lugar en el salón y luego en el restaurante donde


Marguerite y Julius habían insistido en que ella y Genie se unieran a ellos. A decir verdad, parecían una pareja de jóvenes muy buena, pero sólo el hecho de que estaban en su luna de miel había dejado un poco a Carolyn pérdida y evitando preguntas personales. Lo último que necesitaban los recién casados era oír acerca de su divorcio. Sobre todo, Carolyn se sentó y escuchó como Genie y Marguerite parloteaba sobre la banda que iba a venir y varios eventos en la isla, al tratar de ignorar la manera extrañamente intensa de Julius al mirarla. No había nada sexual en la forma en que el hombre la había mirado, más como si la estuviera dimensionando por algo. Había sido un poco raro y la hacía sentir incómoda. Carolyn se había alegrado cuando la comida terminó y había sido capaz de usar la excusa de comprobar a Bethany para escapar. Por supuesto, después de regresar a la villa y encontrar el sonido de la otra mujer dormida, Carolyn se había metido en su propia cama, y pronto fue a la deriva también. Había sido una noche temprana, pero entonces había tenido un largo día con el vuelo y eso. Viajar siempre agotaba a Carolyn. ―Tal vez todos los invitados están en su luna de miel, pero hay otros centros turísticos con restaurantes y bares, ya sabes... por no hablar de algunos clubes en la ciudad. Además, las personas que trabajan aquí no están todos en sus lunas de miel o incluso casados. Ese conductor que nos llevó a nuestra villa era mono, ― dijo Bethany con una sonrisa, mientras Carolyn terminaba con los zapatos y se puso de pie. ―Y creo que le gustaste. Te siguió llamando hermosa dama. ―¿Quién? ¿Adam? ― Preguntó Carolyn, y no pudo evitar el escándalo de su voz. Bethany enarcó una ceja. ―¿Tienes un problema porque no es blanco? Carolyn resopló. ―No, tengo un problema porque es un bebé. Adam tiene que ser veinte años más joven que yo, ― señaló ella con una sonrisa. Carolyn estaba segura de que Bethany estaba burlándose de ella, así que estaba un poco sorprendida cuando Bethany enarcó una ceja y dijo, ―¿Y? Los hombres lo hacen todo el tiempo. Los hombres ricos y exitosos siempre están deshaciéndose de sus esposas por dulces cosas jóvenes. Ella se encogió de hombros. ―Eres una divorciada rica. ¿Por qué no tienes un juguete de niño? ―Oh, no lo sé, ― dijo ella con sequedad. ―Tal vez porque el tiempo que estuviera con él tendría que resistir la necesidad de cambiarle los pañales y sacarle los gases. Bethany se echó a reír. ―Cariño, si Adam se bajara los calzoncillos delante de ti estoy segura que la última cosa que estarías pensando sería en pañales.


―Beth, él nos llamó a ambas mujeres bonitas, y lo mismo hizo el camarero. Sospecho que los trabajadores de sexo masculino aquí lo hacen con todo el mundo. Es probable que consigan grandes propinas. Y odio tener que decirte esto, pero si tus planes para animarme me incluyen teniendo una cita sórdida en una pequeña cabaña con un chico, vas a estar muy decepcionada en este viaje. ― No tiene que ser uno de los chicos que trabajan aquí, necesariamente. ¿Qué pasa con los chicos de la banda que vienen esta noche? ― Preguntó Beth, mientras Carolyn tomaba su bolso y se acercó a la puerta. ―Son italianos, ¿verdad? Bueno, los hombres italianos se suponen que son sementales. ―Y las bandas tienen a groupies muy jóvenes persiguiéndolos a su alrededor, ― señaló Carolyn cuando cruzaba el vestíbulo. ―Casi no estarían interesados en una vieja como yo. ―Muy bien, encontraremos un compañero adulto entonces. ― Beth la arrastró hasta la puerta principal. ―Pero creo que estás cometiendo un error. Los hombres más jóvenes tienen una resistencia mucho más que los hombres de nuestra edad. Ellos llegaron a su pico sexual de los dieciocho hasta los veinticinco o algo así, mientras que las mujeres no somos máquinas de sexo hasta los cuarenta. En realidad, es casi como que la madre naturaleza quiere que juguemos con los más jóvenes. Carolyn se limitó a sacudir la cabeza y abrió la puerta principal mientras cantaba, ―Buenas noches, Beth. ―Que te diviertas, ― instruyó Bethany mientras Carolyn cerraba la puerta. ―Que te diviertas, ― murmuró Carolyn, comenzando a caminar hacia la carretera de montaña Wending. ―Sí, claro. Sinceramente, cuanto más tiempo estaba aquí más lamentaba Carolyn haber venido... y sólo habían sido un poco más de veinticuatro horas. Pero hasta ahora tenía una comida incómoda con Genie y con unos extraños, se había ido a la cama temprano, se había levantado temprano, y se sentó en la playa a solas con un libro... sobre todo en la sombra porque todo el mundo sabía que el sol no es bueno para uno. No estaba leyendo el libro, pero básicamente lo pretendía, manteniéndolo apoyado en su pecho mientras veía la gente a su alrededor, al amparo de sus gafas de sol. Había sido un ejercicio deprimente, pensó Carolyn cuando empezó la larga y oscura vereda. Viendo toda esa publicidad y susurros a su alrededor mientras se sentaba sola, sin siquiera la compañía de Bethany. Se encontró yaciendo allí preguntándose qué estaba mal con ella. Estaba bien con la apariencia de una cara agradable, pelo rubio largo hasta los hombros, y... Bueno, está bien, podría perder unas cuantas libras, pero era normal. ¿Pero por qué no tenía a alguien que la quisiera también? Por supuesto, entonces la persona que interrumpe, la voz en su


cabeza sonaba como su ex marido, tenía amablemente enumerados todos sus defectos. Era una lista interminable que había tomado la mayor parte del día. ―Deprimente, ― murmuró Carolyn, pasando automáticamente a la orilla del camino cuando oyó un vehículo que se aproximaba por detrás. Desafortunadamente, se movió muy lejos a un lado, los tacones rápidamente se hundieron en el borde de la cubierta de hierba y casi la envió de cara al suelo. Controlando para mantenerse en pie, haciendo un pequeño baile que llevó a su pie derecho fuera del zapato, Carolyn suspiró y se inclinó para sacarlo de la tierra. Luego maldijo en voz baja, cuando el bolso rápidamente se deslizó de su hombro y cayó al suelo. ―Bella dama, ¿Qué está haciendo caminando sola? Debería haber llamado para un paseo. Vamos, entre, tenemos espacio. Carolyn se congeló con esa voz y no necesitó mirar para ver que el transportista de huéspedes estaba teniendo una hermosa vista de su parte trasera. Simplemente tenía que ser el caso. Era su tipo de suerte. Suspirando, liberó el zapato, agarró su bolso, y lo colgó de nuevo por encima del hombro mientras se enderezaba y se volvía hacia la camioneta para encontrarse a Adam sonriéndole desde el asiento del conductor. Eso imaginaba. Con las palabras de Beth sonando en su oído la última persona que quería ver era la primera. ―¿Alguna vez dejan que te vayas a casa, Adam? ― Preguntó Carolyn, esbozando una sonrisa. ―Dos conductores están enfermos. Estoy trabajando horas extras. Las horas extras las pagan bien, ― dijo él con una sonrisa. ―Vamos, entra. Te llevaremos. Puedes sentarte delante conmigo. Carolyn dudó, pero luego salió cojeando en torno a la furgoneta hacia la puerta del lado del pasajero, con uno de los zapatos puesto y el otro no. Llegaría un poco tarde y llegaría más rápido con un paseo. Eso sí, iba a ser incómodo tener una pequeña charla con Adam mientras las palabras de Bethany sonaban en su cabeza. Dios mío, realmente no se veía mayor de veintiuno o veintidós. Sacudiendo ese pensamiento lejos, abrió la puerta y subió, sonriendo a Adam cuando lo hizo. ―Aquí, ¿ves? Todo está bien, ― dijo Adam alegremente, poniendo la furgoneta en movimiento de nuevo tan pronto como ella se había acomodado en el asiento y tiró de la puerta. ―Sí, gracias. ― Carolyn rápidamente se deshizo de su zapato, se lo puso de nuevo y lo hizo sólo para fruncir el ceño, mientras su tacón de inmediato se salió de nuevo.


Ella lo miró sin comprender, lentamente se dio cuenta de que su pie no se había quedado fuera del zapato, sino que la correa de la sandalia se había roto en realidad. ―Maldita sea, ― murmuró ella. ―Esta bella señora es Caro, ― anunció Adam a la camioneta en general, y luego añadió, ―Caro, esta es la banda, los NCs. Significa los Cuginos Notte. Notte es su apellido y dicen que Cugino significa primo. Estoy llevándolos al edificio principal para que puedan actuar. Carolyn brevemente se olvidó de su zapato, y miró a su alrededor con sorpresa, con los ojos patinando sobre las caras sombrías de las otras cinco personas detrás de ella. Era difícil ver mucho. Los caminos no estaban exactamente bien iluminados, todo lo que realmente podía ver era lo que pensaba que uno de ellos podría ser una mujer. Tal vez dos, pensó mientras observaba el pelo largo del que estaba en el asiento directamente detrás de ella. Aunque, sí que era una mujer, era condenadamente una mujer grande. Una risita llegó de la más pequeña, de la que había pensado que era una mujer y Caro la miró con curiosidad. ―Di hola, ― ordenó Adam con alegría. ―Hola, ― murmuró Carolyn aún cuando los ocupantes en la parte de atrás hacían lo mismo. Por lo menos, la mayoría lo hizo, el que estaba en la parte de atrás que tenía la luna reflejaba en su cabeza calva permaneció en silencio y lo miró con curiosidad, preguntándose si se afeitaba la cabeza como una especie de moda, o se estaba quedando calvo, e intentaba ocultarlo afeitándose la cabeza. En realidad, ese tipo de cosas no engañaba a nadie, pensó. A pesar de que él parecía tener la cabeza con muy buen aspecto, el corte iba bien con el estilo. ―Caro es una amiga de Genie, ― anunció Adam y luego la miró y le preguntó, ―¿Estarás sentada esta noche con Genie para verlos tocar? ―Sí, ― dijo ella, sonriendo mientras se acomodaba en su asiento. ―Genie y una joven pareja en su luna de miel, Marguerite y Julius. Adam asintió con la cabeza, pero la tensión repentina en la parte trasera de la camioneta era en realidad palpable, y Carolyn recordó que Marguerite y Julius habían hecho arreglos para que la banda viniera aquí. Se mordió el labio, preguntándose si debería decir algo que reconociera eso, pero no tenía la menor idea de lo que debía decir. ―Estamos todos relacionados con Marguerite y Julius.


Carolyn se volvió en su asiento de nuevo para ver que la hembra más pequeña se había sentado adelante... y era sin duda una mujer. No es que Carolyn pudiera verla mejor, pero la voz de la mujer era un hermoso, sonsonete ronco que sólo podía ser de una mujer. ―¿En serio? ― Preguntó ella con una sonrisa. ―¿Cómo están relacionados? ―Raffaele, Zanipolo, Santo, y yo todos somos sobrinos y sobrinas, ― dijo ella, señalando a cada personaje oscuro, a su vez. A continuación, hizo un gesto a la segunda figura con el pelo largo, la posiblemente muy grande mujer, y añadió, ―Y Christian aquí es su... ―Su hermano, ― interrumpió el llamado Raffaele. ―Julius es su hermano, ― coincidió la mujer, y luego codeó a Christian en el hombro y se burló, ―Pon tu cabello en una cola de caballo, cugino. ¿Seguramente te das cuenta de que podrías confundirte con una mujer así? ―¿Qué? ― Preguntó el hombre, mirando sobre su hombro, con lo que parecía ser confusión, a pesar de que era difícil decir en este sentido. La mujer se inclinó para susurrarle algo al oído y luego se echó hacia atrás con una sonrisa mientras Christian murmuraba en voz baja. Se volvió para mirar hacia Carolyn entonces y ella le devolvió la mirada con curiosidad, deseando poder verle la cara. Al igual que la chica, tenía una bonita voz, aunque era sin duda la de un hombre. La creciente incomodidad ante la mirada del hombre, hizo que deslizara su mirada a los demás, señalando que cada uno de ellos parecía estar mirando de él a ella y de regreso, casi expectante, con la cabeza eran siluetas cuando se giraban una y otra vez, a continuación, otra vez. Encontrando todo un poco extraño, Carolyn comenzó a volver a su asiento de nuevo, pero paró cuando un gran hombre en la parte de atrás retumbó, ― Desde que ella nos nombró a todos excepto a sí misma, yo lo haré. La chica es Giacinta. ―Giacinta, ― murmuró Carolyn el extraño nombre con interés. Nunca lo había oído antes. ―Todo el mundo me llama Gia, ― dijo la mujer ausente, con la mirada en Christian, y luego sonando un tanto asombrada, dijo, ―No la puedes leer, ¿verdad? Carolyn fue alzando las cejas a la extraña pregunta, cuando Santo gruñó, ―Gia, ― en señal de advertencia. ―Aquí estamos, ― anunció con alegría Adam y Carolyn miró a su alrededor para


ver que se estaban acercando a la parte frontal del edificio principal. ―Gracias, Adam, ― dijo ella, mientras él detenía la camioneta. ―No hay problema, ― dijo Adam cuando la banda comenzó a amontonarse. ―Debes llamar para el siguiente paseo. Es un largo camino por recorrer y no está nivelado. Estamos encantados de recogerte. ―Gracias, ― repitió Carolyn con una sonrisa y abrió la puerta. Se dio la vuelta en el asiento para salir, sólo recordando que su zapato se rompió cuando se quitó el tacón y se ladeó antes de que pudiera plantarlo en el suelo. Carolyn inmediatamente se agarró a la puerta para no torcerse el tobillo o tropezar y se quedó boquiabierta de sorpresa ya que fue sorprendida repentinamente alrededor de la cintura y alejada en volandas de la camioneta. Apretando los brazos para sujetarla, miró al hombre joven que la llevaba, notando su cabello largo y castaño rojizo; rasgos cincelados; y luego sus amplios, profundos ojos negros con manchas de un color más claro en ellos. Ojos como los de Julius Notte, pensó distraídamente, sin embargo los de este hombre eran más grandes, con forma de almendra. ―Coge el zapato, ― gruñó él, sin apartar los ojos de ella, y fue cuando oyó su voz que se dio cuenta que era el que se llama Christian. Ruborizándose bajo su mirada intensa, Carolyn miró por encima del hombro a tiempo para ver a un hombre con cabello corto de color negro, recoger su zapato y siguiéndolos, y entonces Christian la colocó en el suelo. Él no sólo la depositó, sino que la colocó en el suelo, sujetándola cerca para que sus cuerpos se frotaran uno contra el otro en una larga y lenta caricia que la dejó enrojecida y sin aliento y desconcertada por completo. Sus pies, finalmente aterrizaron en la baldosa fría dándole una especie de sacudida y liberándola, entonces la dejó para sentarse en un pequeño bulto en el banco donde él la había colocado en frente. ―Gracias, ― respiró Carolyn, mirando a todas partes, excepto a él. Su mirada se deslizó sobre los miembros de la banda, teniendo en cuenta su semejanza con los demás y sus diferencias. Zanipolo tenía el pelo largo como Christian, pero el suyo estaba recogido en una cola de caballo; también era negro como el de Raffaele, cuyo pelo era más corto. Ella sospecha que el pelo de Santo sería negro y si se lo dejara crecer; por lo menos las cejas eran negras, notó, llevando anillos de metal gruesos en cada una de sus manos cuando pasó una mano sobre su cabeza calva. Los anillos se parecían más a una especie moderna de nudillos de bronce de plata


que joyería actual. Su mirada se deslizó a Giacinta, una guapa rubia, menuda y la única del grupo que no estaba vestida de negro. Su traje era una falda corta de color rojo y un top blanco con una blusa blanca abierta encima. Localizando su zapato en la mano de Raffaele a medida que se acercaba, Carolyn le tendió la mano, pero Christian lo tomó para examinarlo. ―Está roto, ― dijo él con el ceño fruncido. ―Sí. ― Carolyn corrió el riesgo de mirar en su dirección, y sintió otra subida de color a través de ella. Se mordió el labio, apartó la mirada y pensó brevemente tomar el automóvil de regreso a la villa por zapatos nuevos. Pero ya era tarde, y en realidad, estaba tan nerviosa y avergonzada que lo único que quería en ese momento era alejarse del hombre que sostenía su sandalia. Eso dejaba una opción, decidió Carolyn, y rápidamente se quitó la sandalia en buenas condiciones. Se puso de pie, arrebató la sandalia rota de los dedos de Christian, murmuró, ―Gracias, ― y se alejó a través del edificio principal con los pies descalzos, consciente de que todos los miembros de la banda la vieron marcharse. Podía sentir sus ojos ardiendo en su espalda. Probablemente pensaban que era una loca por salir corriendo descalza, pero eso no le importaba. Ella... ―¿Carolyn? Resbalando para detenerse, Carolyn miró a su alrededor para ver a Marguerite y a Julius cruzar el vestíbulo hacia ella. ―Estoy tan contenta de que lo hicieras. Estaba empezando a preocuparme, ― dijo Marguerite, dándole un abrazo en señal de saludo. Ella entonces le dio la vuelta hacia la parte frontal del edificio diciendo, ―Íbamos a comprobar y a ver que Gia y los chicos estuvieran bien al bajar. ―Ellos están bien. Bajé con ellos, ― dijo Carolyn, resistiendo su tirón. ―Oh. ― Ella sonrió. ―Pues bien, vamos, y te los presentaré. ―Oh, no, Yo... ― Carolyn hizo una mueca y levantó los zapatos. ―Mi correa se rompió y no los puedo llevar puestos y realmente prefiero sólo ir a sentarme. Además, ya se presentaron, ― añadió en un murmullo, que empezó a retroceder. ―Iré a sentarme. Vosotros dos... ― Ella hizo una pausa y asintió con la cabeza mientras una sensación muy extraña pasó por su cabeza. Entonces forzó una sonrisa. ―Iré a apartar una mesa para nosotros. ―No seas tonta, ―dijo Marguerite, de pronto radiante. ―Todos vamos a bajar juntos. Podemos hablar con Christian y los otros en su descanso. O tal vez incluso antes de empezar.


―Correcto, ― murmuró Carolyn, de repente consciente de que probablemente tendría que conocerlos a todos de nuevo si se pegaban a Marguerite y a Julius. La idea le molestó ridículamente y se encontró con el ceño fruncido y tratando de encontrar una razón para irse. Estaban casi en el bar al aire libre cuando de repente se dio cuenta de que tenía la excusa perfecta. ―Sabes, ― dijo ella, llegando a una parada, ―Creo que probablemente debería regresar a la villa y cambiar mis zapatos rotos para... ―No seas tonta, Caro. Ya estás aquí, ― dijo Marguerite con una sonrisa suave. ―Todo estará bien. Carolyn la miró en silencio mientras su afán de escapar de la posibilidad de tener que enfrentarse una vez más Christian se aliviaba y una calma tranquilizante se deslizaba sobre ella. Luego sonrió y asintió con la cabeza y permitió que Marguerite la guiara al bar al aire libre, preguntándose qué diablos era todo el alboroto que había realizado. Christian le había ayudado después de que su zapato se rompió. Ella estaba haciendo una montaña de un grano de arena. Todo estaría bien. ―Ella es su compañera, ― dijo Raffaele en voz baja. Christian apartó la vista del vestíbulo, mientras sus padres y Carolyn eran tragados por las multitudes. Girándose, él consideró que el grupo lo miraba en silencio, sus primos y compañeros de banda. Se conocían de toda la vida, pero sólo habían tocado juntos los últimos diez años. ―¿Y bien? ― Preguntó él. ―¿Qué estaba pensando? ―Ella pensó que eras una mujer grande al principio, ― dijo Zanipolo con diversión. ―Sí, lo sé, ― dijo Christian con sequedad. ―Gia se rió de eso en mi oído. Es por eso que traté de leerla. ―Estaba oscuro en la furgoneta y no tiene nuestra vista, ― dijo Raffaele con dulzura. ―Todo lo que podía ver era el pelo largo y un gran cuadro. ―Ella pensó que eras muy guapo, una vez te vio la cara, ― dijo Giacinta, acariciando su brazo como si necesitara la tranquilidad. Entonces ella se mordió el labio y añadió, ―Lo cual la horrorizó. Christian frunció el ceño. ―¿Por qué? Gia arqueó las cejas como si esto fuera obvio. ―Tiene cuarenta y dos años.


Los ojos de Christian se abrieron como platos. Él habría colocado a Carolyn en sus mediados años treinta. Ella llevaba su edad muy bien. Sin embargo, él no consiguió el punto de Giacintia. ―¿Y? ¿Tiene cuarenta y dos? ―Bueno, te ves alrededor de veinticinco o veintiséis años, ― señaló ella con suavidad. ―No he sido tan joven durante mucho tiempo, ― dijo Christian sombrío. ―Pero si te ves muy joven, ― señaló Gia y cuando él la miró sin comprender, añadió, ―Ella es mortal. Piensa que eres lo suficientemente joven para ser su hijo y se siente mal al tener sentimientos sexuales hacia alguien que piensa que es tan joven. ―¿Ella tiene sentimientos sexuales por mí de verdad? ― Preguntó con una sonrisa. Gia alzó las manos con exasperación. ―¡Uomini! ¡Idiota, non essere cosi stupido! Christian parpadeó ante la diatriba explosiva de ―¡Hombres! ¡Eres un idiota, no seas tan estúpido! ― y luego se aclaró la garganta. ―¿Tengo entendido que esto es un problema? ―Sí, cugino, è una problema, ―dijo Gia secamente. ―La leí. No es el tipo de mujer que se sentiría cómoda teniendo una aventura con un hombre más joven. Ahora te evitará para evitar esos sentimientos incómodos. Christian frunció el ceño. No era un problema que él hubiera considerado cuando había contemplado la posibilidad de que su madre le había encontrado una compañera. ―No te preocupes, te ayudaremos con ella. Y estoy seguro de que la tía Marguerite te ayudará también, ― retumbó Raffaele y luego golpeó una mano en el hombro y lo empujó al edificio. ―Ahora vamos a ir a buscar a nuestro equipo y a ponernos en marcha. Cuando llamaste a Bellina, dijo que Genie mantendría nuestros instrumentos a su cargo hasta que llegaramos, ¿sí? ―Sí, todos menos la batería y el teclado. Los tienes colocados en el escenario. ― Las palabras fueron dichas ausentes, la mente de Christian estaba en el problema de Carolyn, y la garantía inquietante de que su madre y sus primos le ayudarían a cortejarla. Caramba, pensó con tristeza al imaginar ese escenario. ―Espero que tu amiga Bethany se recupere pronto, ― dijo Marguerite con una sonrisa simpática. ―Yo también, ― le aseguró Carolyn. Estaban sentados en una de las mesas en el borde de la cubierta más baja, la playa de arena lo suficientemente cerca como para


tocarla si deslizaba su pie un poco, lo cual había hecho ya varias veces, hundiendo sus dedos de los pies descalzos en la fría arena y permitiendo que se deslizara alrededor y entre ellos. ―Y estoy segura que lo hará. Marguerite asintió con la cabeza. ―Bien, estamos aquí para hacerte compañía esta noche, por lo que no habría elegido un mejor momento para recuperarse. Carolyn sonrió, pero sacudió la cabeza. ―No seas tonta. Vosotros dos estáis en vuestra luna de miel. No necesitáis que yo ande por aquí. Además, tengo a Genie. Tan pronto como llegue aquí pasaremos a otra mesa para que vosotros dos podáis estar solos. ―Cara, ― dijo Marguerite con diversión. ―Nos gusta tenerte aquí, querida. Carolyn sonrió irónicamente, resultaba extraño que Marguerite siempre se las arreglara para hacerla sentir como una niña cuando tenía veinte años probablemente más que esa mujer. Su mirada se deslizó a Julius entonces notó la expresión solemne de su cara mientras él la miraba, y Carolyn se preguntó si él o Christian era el mayor. Los hermanos parecían que podría ser aproximadamente de la misma edad, pero su instinto le dijo que Julius era probablemente el más viejo, aunque no podía decir por qué a ciencia cierta, excepto que era algo sobre los ojos. ―Oh, aquí están, ― dijo Marguerite feliz, y Carolyn siguió su mirada al escenario donde la batería y el teclado habían sido colocados. Genie estaba llevando a los miembros de la banda al escenario y tomó el micrófono para presentarlos mientras ellos se acomodaban en sus lugares. Santo se acomodó tras la batería, Raffaele se puso detrás del teclado y comenzó a mirar las cosas, Zanipolo y Giacinta ambos llevaban guitarras y Christian estaba cargando un... ―¿Violín? ― Dijo Carolyn con sorpresa. ―¡Sí! ― Marguerite sonrió. ―¿No es inteligente? ―Eh... ― Carolyn se quedó mirando. Todos los hombres vestían de negro, camisetas y pantalones vaqueros ya fuera negro o pantalones de cuero, por lo que Gia destacaba en su color rojo y blanco. El pelo de Gia engominado ahora y salvaje alrededor de su cabeza mientras que el pelo de Raffaele estaba de punta brillando con todo, como un puerco espín. Luego estaba la cabeza calva de Santo, y Zanipolo y Christian de pelo largo, aunque Zanipolo se había dejado su cola de caballo, mientras que Christian se lo había echado para atrás. En todo parecía una banda de rock... excepto por el violín. ―Christian se formó en violín clásico, pero prefiere el rock duro, ― dijo Marguerite, que sonaba más como una orgullosa madre que una nueva cuñada. ―Rock duro de violín, ― murmuró Carolyn, un poco aturdida.


Ella nunca había oído hablar de tal cosa. Le gustaba la música moderna, pop, hip-hop, alternativa, y algo de rock duro, pero nunca había oído hablar de rock duro hecho con un violín. Esto debía ser interesante, pensó dubitativa. ―Espera a escucharlo, ― sonrió Marguerite. Carolyn sonrió dubitativa mientras Genie terminaba la presentación y se bajaba del escenario para correr a su mesa. ―Oh, Dios mío, están tan calientes, Marguerite, ― dijo efusivamente Genie al caer en la silla junto a Carolyn. ―No mencionaste que todos eran magníficos. ―Te mostré el video, ― señaló Marguerite con una sonrisa. ―No les hace justicia en absoluto, ― le aseguró Genie y luego miró de nuevo al escenario. Suspirando, murmuró, ―Si solo tuviera veinte años menos. No creo que ninguno de ellos esté interesado en una aventura con una mujer mayor. Marguerite se echó a reír, ―¡Oh! A Christian le gustan las mujeres mayores. Pero por lo general las prefiere rubias. ―Eso me deja fuera entonces, ― dijo Genie con un suspiro y luego dio un codazo a Carolyn. ―Pero eso significa que podrías tener una oportunidad. Carolyn casi escupió el vino que acababa de sorber. Tragando de forma rápida y tratando de no ahogarse, miró a Marguerite para encontrar a la mujer que le sonreía alentadora. Carolyn podía sentir la sangre corriendo por su cara avergonzada. Sacudió la cabeza y se volvió rápidamente al escenario cuando Gia se acercó al micrófono central. La joven se quedó allí durante un minuto entero, atrayendo la atención de todos en la sala, y luego abrió la boca y lanzó una nota alta y limpia que atravesó el silencio. Su mano se desplomó sobre las cuerdas de la guitarra eléctrica que sostenía y la banda cobró vida, todo movimiento y sonido. El cuerpo de Santo vibró cuando batió su batería hasta la muerte. Zanipolo estaba manejando su guitarra eléctrica como un cruce entre un amante y una metralleta. Raffaele golpeaba con fuerza sus teclados, su cabeza balaceándose a la música. Gia estaba alternando entre haciendo el amor a su guitarra eléctrica con rasguños largos, y cantando en el micrófono con una claridad que Carolyn nunca había encontrado antes. Y Chrisitian... Carolyn se quedó mirando a los músculos de sus brazos y el pecho ondulado bajo su camiseta negra mientras su arco rozaba tan rápidamente las cuerdas de su violín que esperaba ver chispas volando y sacando humo. Tenía los ojos cerrados, su rostro embelesado mientras la música se trasladaba a través de él. Ella no era capaz


de apartar la mirada de él mientras tocaba una canción tras otra... y luego sus ojos se abrieron de repente y se encontró con los suyos. Carolyn sentía como si alguien hubiera atiborrado una inyección de adrenalina en su corazón. Estaba segura de que dio un vuelco cuando sus ojos se abrieron, pero cuando atrapó su mirada y no la soltó, su corazón empezó a golpear una vez más, cargando directo a una velocidad aterradora que la dejó sin aliento y casi mareada. La música terminó tan abruptamente como había comenzado. Por lo menos eso le pareció a ella. Seguramente no hubiera pasado una hora y media ya, pensó vagamente cuando la banda de repente empezó a poner sus instrumentos a un lado y se movieron fuera del escenario. ―La hora del descanso, ― anunció Genie sobre el micrófono y Carolyn parpadeó. Ni siquiera había sido consciente de la mujer que se levantaba de la mesa. ―¿No son geniales? ― Preguntó Genie a la audiencia. ―Estarán de vuelta en quince minutos. No puedo esperar. ¿Y vosotros? El bar estalló en aplausos y vítores, pero los ojos de Carolyn seguían estando con Christian mientras él llevaba a la banda hacia su mesa. Ni siquiera había mirado hacia otro lado mientras dejaba su violín, y la intensidad de su mirada la hizo sentir como una gacela que es atacada por un tigre. Lo que quedaba de su inteligencia la señaló que estaba haciendo el ridículo, pero sus instintos chillaban en su huida. Antes de que entendiera muy bien lo que estaba haciendo, Carolyn se puso de pie, apartó la mirada de Christian, murmuró algo sobre el baño de mujeres y huyó en esa dirección general en una corta carrera huyendo de la muerte. ―Te dije que te evitaría, ― dijo Gia cuando Christian vio a Carolyn huir. Sus instintos le decían darle caza, correr hacia ella para triturarla como una pantera con su presa. El problema era qué hacer con ella una vez la cogiera. Sabía lo que quería hacer, pero era completamente un comportamiento inapropiado en un lugar público. Christian negó con la cabeza con el último pensamiento registrado. Él realmente la quería, lo reconoció en un suspiro. En el momento, dentro de la camioneta, cuando se había dado cuenta de que no podía leerla, inmediatamente había sentido curiosidad. Y sintió un aleteo extraño y un cosquilleo cuando la había tocado al salir de la furgoneta, el cuál había crecido cuando la había llevado al banco. Era lo que le había instado a dejar que deliberadamente su cuerpo se deslizara por el de él cuando la había sentado, el cual sólo había aumentado esas sensaciones. Pero cuando la había sentido mirándolo mientras estaba en el escenario y abrió los ojos...


Él había sido cautivado por las emociones que revolotean en su cara. Había reconocido el sobrecogimiento, aprecio, soledad y la cruda necesidad y eso había llamado a respuestas similares en sí mismo. En el momento en que había terminado la actuación había estado pensando en llegar a la mesa para reclamarla. Christian no había sido claro sobre cómo había intentado hacer eso. En realidad, no había estado pensando con claridad en nada, su sangre estaba actuando, y sospechaba que podría haber sido algo bueno que ella hubiera huido. ―Iré por ella y la traeré de vuelta, ― ofreció Gia al llegar a la mesa. ―No, es mejor que no vuelva hasta que él esté de vuelta en el escenario, ― dijo Marguerite a la vez, y cuando Christian la miró con sorpresa, sonrió como disculpándose. ―Tus pasiones están muy vivas ahora mismo. Si las llevas a cabo, mientras estás pensando en cómo jugar, la asustarás. Es por eso que no le impedí irse. ―Yo no estaba pensando en eso, ― dijo Christian rápidamente. ―Cariño, esa era la mayor clasificación G que estabas pensando, ― dijo Marguerite con suavidad. Christian enrojeció mientras sus primos se reían entre dientes, pero no podía negarlo. Realmente no había pensado en llevársela, pero las imágenes de eso y mucho más habían estado corriendo por su mente. Con una mueca, se dejó caer en una silla en la mesa. Marguerite le palmeó la mano, y luego miró a Gia y dijo, ―Podrías ir a hablar con ella. Calmarla y asegurarte que vuelve a la mesa una vez estéis todos de nuevo en el escenario. Creo que la gustas, Gia. ―Está bien.― Gia comenzó a girarse, pero se detuvo cuando Santo la tomó del brazo. ―Necesitas agua, ― dijo él, al ver a un camarero cerca y se concentró en él brevemente. ―Yo no bebo agua, ― dijo Gia con el ceño fruncido. ―Pero no tenemos eso que bebes aquí y no hay tiempo para alguno de nosotros haga una carrera de regreso a la casa para conseguirlo. El agua se ocupará de la deshidratación de la presentación por el momento. Gia chasqueó la lengua con impaciencia, pero cuando el camarero apareció de repente con varias botellas de agua fría con la condensación goteando, aceptó una y


se alejó en la dirección del servicio de señoras. ―Así que... ― Christian aceptó la botella que Santo le pasó. ― ¿Cómo voy a cortejarla si no puedo estar cerca de ella? ―No creo que debas... esta noche por lo menos. Creo que deberías dejarnos trabajar en ella primero, ― dijo Marguerite pensativa. Christian se puso rígido ante la sugerencia. ―Madre, no me confundas con Papá. A diferencia de él yo sé cómo cortejar a una mujer. ―Discúlpame, yo sé cómo cortejar a una mujer. ― Julius deslizó su brazo alrededor de Marguerite, acercándola mientras añadió, ―Y aquí está la prueba. Christian asintió con la cabeza. ―¿Qué técnica de cortejo crees que lo hizo? ¿Cuándo la atacaste tú y Tiny, en ese hotel? ¿O cuando la tiraste encima de tu hombro y te arrastraste de vuelta a la casa en York? ―¿Qué? ¿Él hizo eso? ― Preguntó Raffaele con sorpresa cuando los ojos de Julius se estrecharon. ―Sólo estoy preguntando para no usar la técnica equivocada en Caro, ― dijo Christian, sosteniendo la mirada de su padre y haciendo caso omiso de Raffaele por ahora. Con los labios crispados, añadió, ―Tal vez podrías enseñarme la forma de hablar con ella. ¿Debería practicar en mi cabeza? ―Oh hombre, me estoy perdiendo algo aquí, ― murmuró Zanipolo. Julius repentinamente se relajó. ―Adelante y ríete, hijo. Pero estás en el asiento caliente ahora. ― Con expresión solemne, añadió, ―Y Carolyn no es inmortal, con la comprensión de un inmortal de un compañero de vida. Ella también ha sido herida y tiene una resistencia natural a involucrarse con los hombres en este momento, por no hablar del absoluto horror ante la idea siquiera de sentirse atraída por alguien que cree que es tan joven como tú. Ella será difícil. Acepta la ayuda de tu madre. Christian frunció el ceño ante la idea de que alguien había hecho daño a Carolyn, pero lo dejaría ir por el momento y miró a su madre. ―¿Qué sugieres? Marguerite se relajó, aunque sospechaba que fue el breve intercambio verbal entre su hijo y esposo lo que la había puesto tensa, para empezar. Ahora dijo, ―Bueno, creo que debemos ver cómo Gia habla con ella. Entonces Genie puede ayudar. ―¿Genie? ¿La coordinadora de entretenimiento? ― Preguntó con desconcierto. Marguerite asintió con la cabeza. ―Ellas son amigas y parece abierta a la idea de un romance de vacaciones para Carolyn. Al igual que su otra amiga Bethany. ―No estoy interesado en un romance de vacaciones, ― gruñó Christian.


―Sí, querido, lo sé, ― dijo Marguerite con paciencia. ―Pero es un comienzo. Tienes que trabajar sobre esto. Él se movió con impaciencia, pero sabía que tenía razón. ―Está bien, así que ¿cómo puede ayudar Genie? ―Con la correcta insistencia, estoy segura de que ayudará a convencerla, ― le aseguró Marguerite. ―Pero, mientras tanto, no creo que incluso debas hablar con Caro de nuevo hasta mañana. ―¿Mañana? ― Christian se incorporó bruscamente. Caramba, la quería ahora. Esperar hasta mañana era... ―Has esperado durante quinientos años. Un día, no te va a matar, ― dijo Marguerite, dándole palmaditas en la mano con dulzura. ―Además, realmente no será mañana. Cuando dejó mostrar su confusión, ella sonrió. ―Sueños compartidos. ―Oh, hombre. ― Zanipolo golpeó a Christian en el brazo. ―Los sueños compartidos se suponen que son calientes. ―Con suerte, hablar con Gia, el ánimo de Genie, y los sueños compartidos podría estar más dispuesta a pasar por alto la diferencia de edad. Christian sospecha que no sería tan fácil, pero simplemente preguntó, ―¿Está lo suficientemente cerca para tener sueños compartidos? ―Está en la villa debajo de la tuya, ― dijo Marguerite con una sonrisa. ―Nosotros arreglamos eso. ―Gracias, ― murmuró él. ―No nos lo agradezcas. No la hemos ganado para ti todavía, ― dijo Marguerite, y luego advirtió, ―Y sospecho que no importa lo que hagamos, todavía huirá con el tiempo. Cuando Christian se quedó inmóvil, se encogió de hombros. ―Todos los compañeros de vida de tus hermanos corrieron en algún momento u otro, ― dijo en voz baja. ―Es una perspectiva aterradora para un mortal. Ellos no sólo tienen que aceptar nuestra existencia, sino confiar en los nanos, algo que ni siquiera sabían antes de conocer a un ser inmortal. Christian alzó la vista cuando Genie apareció de repente en la mesa, sonriendo


ampliamente. ―Oh, sois muy buenos. Todos con los que he hablado os adoran, ― anunció ella con alegría, y luego preguntó, ―¿Dónde está Gia? ¿Y Carolyn? ― Agregó cuando observó que su amiga había desaparecido también. ―Están en el baño de mujeres. Estoy segura de que ambas estarán de regreso pronto, ― respondió Marguerite. ―Hablando de Carolyn, Christian estaba preguntando por ella, pero no la conozco tan bien como tú. ¿Tal vez podrías responderle a sus preguntas? Las cejas de Genie se elevaron mientras su mirada pasaba a él. ―Por supuesto. ¿Qué quieres saber? Tomando referencia de su madre, Christian sonrió y dijo, ―Todo.


3 Carolyn salió de la cabina y se dirigió a los lavabos, frenando sus pasos al reconocer a la rubia de cabello esponjoso recogido delante del espejo. ―Oh, hola, ― saludó con timidez cuando se encontró con la mirada de Gia en el espejo. De repente, incómoda, hizo un gesto de pérdida y murmuró, ―Yo estaba justo… er… ―¿Haciendo uso de las instalaciones? ― Sugirió Gia con diversión. Carolyn asintió y avanzó al lavabo para lavarse las manos, reprendiéndose a sí misma en silencio por ser una idiota. Era culpa de su atracción por Christian y la forma en que había huido de él lo que le había hecho decir que necesitaba el baño, como un pretexto para levantarse de la mesa. Gia se rió entre dientes, y Carolyn la miró insegura. ―Lo siento, pero debías ver tu expresión, ― dijo Gia divertida ―Te ves tan culpable como un niño atrapado con la mano en el tarro de las galletas. Carolyn miró de nuevo al espejo, mientras se lavaba las manos. Cuando se movió para secarse las manos, Gia preguntó, ―¿Así que la directora de entretenimiento, Genie, es amiga tuya? Carolyn sonrió. ―Desde la universidad. Y también lo es Beth. Ella vino aquí conmigo, pero ha estado enferma desde nuestra llegada, ― explicó. ―Lo qué es una pena ya que esta es la primera vez que nosotras tres hemos estado juntas desde que compartimos habitación en la universidad. ―¿Las tres fueron compañeras de habitación? ― Preguntó Gia curiosa ―¿En el campus? ―No, alquilamos una casa con otro amigo. Brent. ―Brent. ― Sonrió Gia. ―Un hombre y tres mujeres. Eso debe haber sido interesante. Carolyn se rió entre dientes. ―Brent era más como una de las chicas. Los ojos de Gia se redujeron y luego murmuró, ―Gay.


―Sí, ― respondió Carolyn, aunque no había sido realmente una cuestión. ―Pocos en la escuela lo sabían sin embargo. Todavía estaba en el armario en aquel entonces. Sus padres eran mayores y no creía que lo aceptasen si se enteraban. ― Ella sonrió débilmente. ―Lo curioso es, que me arrastró a casa como su "novia" durante años para evitar que sus padres se enteraran, y cuando finalmente salió del armario, su madre no se sorprendió en absoluto. Ella supo todo el tiempo que yo era sólo su barba. Gia dio la espalda al mostrador, lo sopesó para sentarse en él, y cogió una botella de agua que había estado descansando a su lado. Ella miró a Carolyn cuando la abrió y tomó un sorbo, luego lo bajó y le preguntó, ― ¿Barba? ―Es una novia falsa en el fondo, para que la gente no sepa que la persona es gay, ―explicó, preguntándose cuál era el equivalente italiano. Marguerite había dicho que los italianos miembros de la banda eran todos familiares de Julius. Miró hacia la puerta, pero dudó, no quería regresar, mientras que Christian pudiera estar todavía allí. Carolyn tenía miedo de hacer el ridículo babeando por el hombre o de otra manera revelando su atracción por él. Le parecía mejor evitarlo. Ella iba a volver después de que él subiera al escenario y luego escaparía antes de que el segundo set terminara y evitar el salón hasta que la banda saliera, decidió. ―Siéntate conmigo, ― sugirió Gia, palmeando el mueble a su lado. Cuando Carolyn pareció indecisa, ella sonrió con ironía y dijo, ―Se supone que debo relajarme durante las pausas, pero si regreso, los clientes querrán hablar conmigo y entonces no me relajaré. Hablar contigo es relajante. Carolyn no quería volver de todos modos, por lo que se acercó y se sentó en el mostrador junto a ella. ―Por lo tanto, ¿no te importaba ser la barba de tu amigo? ― Preguntó Gia a la vez. ―No, en absoluto. Brent era un amor y un gran amigo. Todavía lo es. Además, me preocupaba por él. Realmente tuvo problemas con su sexualidad en aquel entonces. Él quería ser recto para complacer a su familia y básicamente encajar, pero no se sentía atraído por las mujeres. Lo tuvo difícil allí por un tiempo. Yo estaba feliz de ayudar, ― le dijo encogiéndose de hombros. ―Mi cugino tiene el mismo problema, ― anunció Gia mientras Carolyn miraba a la


puerta otra vez. Carolyn se volvió insegura. ―¿Cugino? ―Primo, ― tradujo Gia ―Él es gay, pero… así, Italia es terrible con todo el machismo, y en especial en nuestra familia, por lo que lo mantiene para sí mismo. Soy la única que lo sabe. ―Oh, eso es terrible. Debe ser difícil para él, ―dijo con simpatía, recordando las conversaciones nocturnas con Brent sobre el tema. Realmente había luchado con él y no parecía justo para ella. Ella no entendía el enfado y la rabia que causaba la homosexualidad en algunas personas. Algunos actuaban como si pensaran que el individuo se despertaba un día y decía: Bueno, creo que voy a mear fuera del universo hoy y cambiar mi preferencia sexual. No era una experta en la materia, pero parecía pensar que una persona podía elegir el género por el que se sentía atraído como se puede elegir lo que prefiere para comer. Unos prefieren el chocolate sobre la vainilla, y otros prefirieren la vainilla al chocolate, no era una opción, sino una cuestión de gusto y lo que hizo un llamamiento a su paleta. ¿Por qué la preferencia sexual sería diferente? ―Sí, ― asintió Gia con la cabeza, tristemente. ―No fue tan mal durante un tiempo, tenía un… ¿cómo lo dices? ¿Una barba? ― Cuando Carolyn asintió con la cabeza, ella continuó, ―Tenía una barba de años. Eran buenos amigos y ella iba a las funciones de la familia y esas cosas con él. Sin embargo, se casó el año pasado y no ha tenido una barba desde entonces. Todos en la familia lo están molestando sobre traer a casa otra novia, y tiene miedo que algunos estén empezando a sospechar. Especialmente Julius y los otros chicos de la banda. ―¿Este primo es uno de los chicos de la banda? ― Preguntó Carolyn sorprendida, indagando cuál podría ser. Estaba bastante segura de que no era Christian o Santo, y Raffaele no parecía probable. Eso dejó a Zanipolo. Por supuesto, podría estar completamente equivocada. No era como si pudiera saber con tan sólo mirar. Bueno, a veces podía, supuso, pero no siempre, y definitivamente no si todavía estuviera en el armario. ―Sí pudieras ayudar, ― dijo Gia ahora, y Carolyn la miró sin comprender. ―¿Yo? ¿Ayudarle? ¿Cómo? ― Preguntó con asombro. ―Podrías ser su barba, ― dijo Gia con una sonrisa. ―Si piensan que está teniendo


una aventura contigo, puede que dejen descansar sus sospechas por el momento y aliviar la presión que tiene encima por un rato, incluso después de este viaje. ―Oh, Gia, no sé... ― comenzó a decir consternada. ―Oh, pero es perfecto, ― dijo Gia a la vez, moviéndose para abrazar su manos. ―Lo has hecho antes, así que sabes cómo ser una barba. Él será capaz de relajarse contigo y no preocuparse porque intentes arrastrarlo a la cama, o de ser herido o de que te quejes porque no te arrastra, porque ya sabes que no puede estar interesado. ―Pero soy mucho más vieja que todos vosotros, ― señaló, elevando la voz junto con su alarma. ―No, no lo eres. Nosotros no somos tan jóvenes como parecemos, ― aseguró Gia. ― Sólo tenemos que mantener la imagen juvenil para estar en la banda. Y nuestra familia envejece, ― añadió cuando Carolyn estrechó sus ojos en ella, en busca de las patas de gallina o cualquier otro signo revelador de que la mujer podría ser más vieja que los veinticinco más o menos que aparentaba. ―Además, su antigua… er… barba era de tu edad, y todo el mundo pensaba que prefería a las mujeres mayores debido a eso. No lo dudarán en ningún momento. ―Gia, me gustaría ayudar, pero no creo que… ―Sería de beneficio mutuo, ― interrumpió Gia persuasiva. ―Es un compañero inteligente, divertido y bueno… quizás, tal vez no divertido, ― murmuró ella con el ceño fruncido. ―En realidad, es un poco serio, pero estoy segura que eso es sólo porque siempre está preocupado de que los demás y la familia sepan de su desviación. Es buena compañía sin embargo, y podría ser tu escolta y compañero, mientras que tu amiga, Beth, esté enferma. ―Yo no lo sé… ― murmuró Carolyn, cada vez más tentada en de decir que sí. Ella odiaba la idea de que alguien sufriera como Brent. Y sería bueno tener compañía mientras que Beth estuviera enferma. ―Y me estarás haciendo un gran favor, ― dijo Gia solemnemente. ―Me preocupo por él. Ha estado de tan mal humor sobre todo, que me temo que se haga daño. Pero si actuaras como su barba y sacaras la presión fuera de él, no tendría que preocuparme tanto. Los ojos de Carolyn se abrieron como platos. ―¿Es tan malo?


―Nuestra familia es muy machista, ― le dijo con solemnidad. Carolyn se mordió el labio. Realmente era muy tentador. De hecho, lo único ahora, si estaba de acuerdo, era la constatación de que probablemente tendría que estar alrededor de la banda, al menos en ocasiones, lo que significaba estar cerca de Christian, y con la atracción ridícula que sentía por él, no parecía una buena… ―Y sé que Christian estaría agradecido, ―dijo Gia y Carolyn se quedó inmóvil, luego levantó los ojos muy abiertos hacia la rubia. ―¿Christian? Le vino el nombre en un chillido. Querido Dios, pensó cuando la chica asintió con la cabeza. Ella había estado codiciando al pobre y él era gay. ¡Qué triste es esto! ¿Y dónde diablos estaba su Gaydar1? Siempre había pensado que sus más de veinte años de amistad con Brent la había afilado en una punta fina. Al parecer, no. ―Dios, ― murmuró. ―¿Y? ¿Lo harás? ― Preguntó Gia, a continuación, parpadeando, añadió, ― Puedes tomar un montón de fotos tuyas, y de Christian y enviarlas al e-mail de tu ex-marido para que piense que estás teniendo un tiempo con un joven semental apasionado. Carolyn se echó a reír ante la idea, y luego la miró con sorpresa. ―¿Cómo sabes que tengo un ex marido? ―El dedo. ― Ella asintió con la cabeza hacia su mano y Carolyn miró hacia abajo con un suspiro cuando vio la marca de su anillo de bodas en la izquierda. Era como una marca de clase, pensó con disgusto. Puede ser que en realidad después de irse, pudiera tomar su anillo de bodas y quitárselo ahora que había dejado a Robert, pero lo había llevado tanto tiempo que ni siquiera había pensado en él hasta que Bethany le había insistido que se lo quitara al salir en este viaje. ―Tú estás soltera. Anúncialo, ― dijo. ―No es realmente mi ex marido, sin embargo, ― admitió Carolyn miserable. ―El divorcio no ha terminado. El abogado dice que faltan otros tres meses para llevarlo a cabo, pero en este momento todavía está en proceso. ―Hmm. Bueno, entonces definitivamente debes tomar fotos tuyas y de Christian y 1

Radar gay


enviárselas a él. Carolyn se echó a reír ante la idea, pero sabía que no lo haría. No tenía interés en ningún tipo de contacto con Robert, con excepción de firmar el decreto final de divorcio. ―¿Y? ¿Puedo decirle a Christian que lo harás? ― Preguntó Gia. Carolyn vaciló. A ella le gustaría ayudarlo, y la idea de compañía, mientras Beth estuviera enferma era sin duda una tentación, y estaba bastante segura ahora que sabía que era gay, que su atracción por Christian iba a morir de muerte natural. El problema real sólo era lo que los otros especularían. Todos pensarían que era una especie de puma, jugando con alguien veinte años menor que ella. Ese pensamiento le molestaba y dijo, ― Me gustaría ayudar, Gia. Pero estoy un tanto incómoda con la idea de llevar a todos a pensar que estoy teniendo una aventura con alguien mucho más joven que yo. ―Bueno, ni Marguerite, ni Julius, ni desde luego nadie en la banda pensaran nada de eso, ― razonó pacientemente. ―Como he dicho, todos piensan que Christian prefiere a las mujeres mayores. Pero aparte de eso, las mujeres en Europa acostumbran a tener personas más jóvenes como pareja todo el tiempo, al menos en nuestro pueblo. Nadie pensará nada de eso, ― dijo encogiéndose de hombros. ―Y siempre puedes decirles a Genie y a Bethany la verdad, siempre y cuando ellas no se lo digan a nadie. En cuanto a los demás, ¿quién se preocupa por ellos? No es probable que te encuentres con alguien aquí de nuevo, esa es la belleza de unas vacaciones… Vamos, ― engatusó ella. ―Será divertido vagar con la banda. Carolyn dudó, pero luego soltó una exhalación, ―¡Qué diablos! Sí, lo haré. ―¡Esta es la chica! ― Dijo Gia con una sonrisa. ―Te prometo que no te arrepentirás de ello. ―Esperemos que tengas razón, ― murmuró Carolyn, ya con dudas. ―Esa es mi señal. ― Gia se deslizó por el mostrador cuando el sonido de una guitarra puesta a punto la alcanzó. ―Tengo que volver a trabajar. Debes regresar a la mesa y disfrutar del resto del concierto. ―Sí, supongo que sí. ― Carolyn se bajó también. Parecía que había poca razón para evitar más a Christian.


Era evidente que había estado imaginando las chispas que parecían volar entre ellos cuando la había mirado fijamente. Probablemente se había estado preguntando si podía persuadirla para que fuera su barba. Ahora que sabía de su posición en la tierra, Carolyn estaba casi avergonzada por los pensamientos salvajes que habían pasado por su cabeza. Sacudiéndola, siguió Gia a la puerta. ― Caro, querida, ¿puedes ordenar otra bebida para Julius y para mí si la camarera vuelve una vez más, por favor? ― Preguntó Marguerite cuando ella se paró. ―Nosotros sólo vamos a ir a ver si Gia y los chicos van unirse a nosotros o no. ―Por supuesto, ― dijo Carolyn mientras la pareja se levantaba y se dirigía hacia el lugar en el que la banda estaba acomodando los cables y guardando los instrumentos. ―Dios, cada uno de ellos está caliente, ― dijo Genie, comiéndose con los ojos a toda la banda mientras se movían por el escenario. ―Incluso Gia. Me cambiaría de equipo si tuviera una oportunidad con ella. Carolyn se echó a reír. ―Claro que lo harías. ―Bueno, tal vez no lo haría, pero lo consideraría seriamente. Carolyn sacudió la cabeza y miró hacia la banda de nuevo. ―Entonces, ¿qué pasa con ese Christian? ― Preguntó Genie. ―¿Qué pasa con él? ― Los ojos de Carolyn encontraron al hombre agachado mostrando el trasero mientras guardaba su violín en su estuche. ―Él me estaba haciendo un montón de preguntas sobre ti. Puede que tengas suerte allí, ― dijo, dándole un codazo. ―Brent tendría más suerte que yo, ― le aseguró Carolyn. Genie parpadeó. ―¿Qué? Carolyn asintió con la cabeza. ―Estuve hablando con Gia en el baño durante el descanso. La familia es muy machista sobre esas cosas y él es gay, pero se mantiene firme dentro del armario, y me pidió que fuera su barba. ―No. Dios, ¿por qué los buenos siempre son gay? ― Gimió Genie, moviendo sus ojos de nuevo al escenario. ―¿Vas a hacerlo?


―Sí, ― admitió. ―No me importa ayudar a sacarlo, y tendré compañía mientras Beth está enferma. ―Verdad. ― Genie miró de nuevo al escenario. ―Te puedes hacer la mala de ojos dulces cuando él te haga compañía. Por supuesto, cada mujer soltera aquí va a envidiarte como el infierno y te odiarán hasta las tripas. Carolyn se rió de la sugerencia, con su mirada en Marguerite y Julius, que llegaban con la banda. ―¿Y bien? ― Preguntó Christian, inclinándose para besar a Marguerite en la mejilla. ―Eres brillante, ― le aseguró ella, sonriendo. ―Estamos muy orgullosos. Christian se sonrojó, pero sonrió y admitió, ―Me refería a Carolyn. ¿Debo volver y tratar de dormir con ella ahora? Marguerite se mordió el labio y miró a Gia. ―¿No se lo has dicho todavía? ― Gia sacudió la cabeza. ―¿Supongo que me leíste? ―Sí, querida, y eso fue una brillante idea de tu parte. Absolutamente brillante. ―Gracias, tía Marguerite, ― dijo Gia, radiante bajo la alabanza. ―¿Que es genial? ― Preguntó Christian a la vez. Marguerite se mordió el labio, lo que no parecía bueno, pero definitivamente le preocupó cuando sugirió, ― ¿Por qué no vamos a alguna parte más privada para hablar de ello? ―Tenemos que guardar los instrumentos en la oficina de Genie, ― retumbó Raffaele. ―Se puede hablar allí. ―No si Genie… ―Ella nos dio la clave, ― interrumpió Christian. ―Bien, entonces lo haremos, ― decidió ella.


Christian miró hacia la mesa, mientras seguía a los demás fuera del escenario, con la mirada en busca de Carolyn. Para su sorpresa ella le dio una sonrisa tentativa cuando sus ojos se encontraron y Christian sintió que algo se aflojaba un poco en su pecho. Él había estado muy preocupado por cómo cortejarla desde que había huido de la mesa ante su mirada. Sería imposible cortejarla si ella no estaba allí para hacerlo. Sin embargo, parecía que la brillante idea de Gia estaba funcionando. No podía esperar para escucharla. Desafortunadamente, él parecía ser el único ansioso por llegar a la oficina. Todo el mundo se movía a paso de tortuga. Cuando Marguerite se derramó en elogios sobre su desempeño, Christian se obligó a ser paciente. Había esperado a Carolyn durante quinientos años, otros cinco minutos no iba a matarlo… con suerte. ―Está bien. ― Christian cerró la puerta de la oficina de Genie y se volvió a mirar de su madre a Gia. ―¿Cuál es esa brillante idea? Cuando Marguerite y Gia intercambiaron una mirada, sintió un temor arrastrándose hasta por su columna vertebral y entrecerró los ojos. ―¿Y bien? ― Gruñó. ―Ahora, querido, sólo quiero que tomes todo en consideración antes de reaccionar, ― advirtió Marguerite, y su temor aumentó. ―Tienes que pensar en cómo está la cabeza de Carolyn. ―Ella estaba súper sorprendida al sentirse atraída por ti, ― dijo Gia solemnemente. ―Quiero decir, en serio, estaba-lista-para-correr-y-no-regresar-más-al-salón-de-nuevo-por-el-susto. Christian frunció el ceño, pero no estaba terriblemente sorprendido. Esto de no envejecer era un verdadero dolor de alguna manera, pero se suponía que sería más fácil después de quinientos años. Entonces ella no quería darle un segundo vistazo. ―¿Y? ― Solicitó él, cuando ninguna de las mujeres continuó. Gia miró a Marguerite. Cuando esta asintió, Gia se aclaró la garganta. ―Así que tuve que hablarle intentándolo desde otro ángulo. Era obvio que tratar de convencerla de que pasara por alto tu edad y que te diera una oportunidad no iba a funcionar. Ella no es el tipo de mujer que se siente cómoda con un niño como juguete. ―¿Un niño como juguete? ― Él se atragantó, y luego frunció el ceño cuando su


padre soltó una risita. ―Sí, bueno eso es lo que estaba pensando de ti, Christian, ― dijo, y luego señaló, ―La hice pensar que parecemos mucho más joven de lo que somos. ―Correcto, ― gruñó. ―¿Y? ―Bueno. ― Ella se detuvo a lamerse los labios. ―La hice hablar de ella y de sus amigos... Genie, Bethany y… er…Brent. Christian se puso rígido, con los ojos entrecerrados. ―¿Brent? ―Sí, es… er… así, él era su compañero de habitación en la universidad. En realidad todos eran compañeros de cuarto. Compartían una casa, ― agregó rápidamente cuando él empezó a fruncir el ceño. ―Brent era un buen amigo. Y ella amablemente era como su novia. Christian parpadeó. ―¿Era como su novia? ―Sí, bueno, ya ves… er… Brent es gay, ― explicó. Christian se relajó. Eso estaba muy bien. Había comenzado a preocuparse de que Gia iba a decirle que Carolyn tenía alguna, larga vida de amores no correspondidos con el hombre. ―Está bien, así que tiene un amigo gay, ― dijo, no llegó a donde esto iba. Gia miró a Marguerite una vez más y cambió sus pies. ―Bueno, mira, él no era abiertamente gay, estaba en el armario, y ella solía fingir que era su novia de vez en cuando para ayudar a que se quedara allí. Eso se llama ser una barba, al parecer. Christian esperó. Gia se movió nerviosamente de nuevo, y esta vez se dio cuenta de que estaba arrastrando los pies un poco lejos de él. Cuando sus ojos se estrecharon, continuó, ―Y entonces se me ocurrió. Ella era muy amable con este Brent. Eran buenos amigos y se sentía mal por la lucha que él tenía y así sucesivamente… ― Ella hizo una pausa y se arrastró un poco más lejos de él antes de decir impulsivamente, ― Así que le dije que eres gay. Christian parpadeó una vez, dos veces, y luego una tercera vez y chilló, ―¿Qué? ―Ahora, Christian, acaba de escuchar por un momento, ― dijo Marguerite, dándole


palmaditas en el brazo. Christian miró a su madre, pero hizo una pausa mientras sus ojos atrapaban a su padre riéndose en silencio detrás de ella. Él miró al hombre, pero le dio un vistazo a Zanipolo cuando dijo, ― Espera, espera. ¿Estás hablando en serio? ¿Le dijiste que era gay? ―Parecía la solución perfecta, ― dijo Gia en un suspiro. ―¿Qué diablos quiere decir que parecía la solución perfecta? ― Preguntó Christian con incredulidad. ―¿Le dijiste que soy gay? ― Sí, pero mira… ―¿Y ella te creyó? ― Preguntó con horror. ―Sí, por supuesto. ¿Por qué pensaría que mentiría sobre algo así? ― Preguntó con exasperación. ―Julius, ― dijo Marguerite, con suavidad cuando su padre dio una carcajada sorda. ―Lo siento, cariño, pero me dio tanta lata por mi cortejo que no puedo dejar de pensar que esto es divertido, ― dijo Julius, deslizando su brazo alrededor de Marguerite. ―No es divertido, ― gruñó Christian. ―Le dijo a mi compañera de vida que soy gay. Zanipolo soltó una carcajada. ― Y se lo creyó. Christian frunció el ceño al hombre, teniendo en cuenta la violencia hasta que Gia dijo, ―En realidad, al principio le acaba de decir que mi cugino era gay y no le dije quién. Ella pensó que tenías que ser tú antes de que le dijera que era Christian. ―¿Qué? ― Exclamó Zanipolo. ― ¿Por qué iba a pensar eso? ¿Me veo gay? Christian gruñó con impaciencia, y se volvió hacia Gia. ―No veo cómo tu idea de que soy gay se supone que va ayudar. ―Es mi cabello lo que le hizo pensar que era gay, ¿no es así? ― Preguntó Zanipolo de repente. ―Tal vez debería cortarlo. ―Podría ser, ― dijo Santo, mirándolo pensativo.


―No. Christian tiene el pelo demasiado largo, ― señaló Raffaele. Christian frunció el ceño, pero luego miró de nuevo a Gia cuando ella anunció, ― Le dije que estabas en el armario y no salías por temor de que la familia se volviera contra ti. ―¿Qué? ― Preguntó sin comprender. ―Nunca se volverán contra ti, Christian, ―murmuró Marguerite, acariciando su brazo. ―Gay o no, te amamos. ―Yo no soy gay, ― apuntó, alzando la voz una octava, y oyó otra carcajada de su padre. ―Bueno, no querido, por supuesto que no, ― dijo Marguerite rápidamente. ―Pero si… aún te amaría. No tendrías que esconderte en el armario con los viejos zapatos apestosos. ―No es literal, Madre. En realidad nunca me esconderé en un armario. Eso jamás sucederá, ― murmuró y se volvió hacia Gia. ―¿Cómo demonios mi condición de gay en el armario se supone que…? ―Ella está de acuerdo en ser tu barba, ― le interrumpió ella con rapidez. ―No quiero una maldita barba, ― espetó Christian. ―Quiero que sea mi compañera de vida. ―Tal vez debería dejarme crecer la barba. Tal vez eso me haría parecer menos gay, ― murmuró Zanipolo, frotándose la mejilla. Gia no le hizo caso. ―Sé que la quieres como compañera de vida, no como tu barba, Christian, pero de esa manera no se va a sentir incómoda pasando tiempo contigo. Así podréis llegar a conoceros el uno al otro sin el riesgo de que se fugue, debido a su atracción por ti. ―Porque ella piensa que soy gay por lo que no se sentirá atraída, ― señaló él con tono grave. ―Ahora, Christian, ser gay no afectará la atracción entre vosotros, ― dijo Marguerite con dulzura. ―Yo no soy gay, ― le espetó, con el ceño fruncido a su padre cuando él lanzó otra carcajada.


―No, por supuesto, querido. Ella sólo cree que lo eres, ― estuvo su madre de acuerdo. ―¡Pero no lo soy! ― Rugió. ―¿Y cómo diablos se supone que debo acercarme a ella cuando piensa que lo soy? ―Christian, ― comenzó Marguerite con preocupación. ―Permíteme, cara. ― Julius tomó el brazo de Christian y le pidió que se alejaran del resto del grupo. No sirvió de mucho ya que todos inmediatamente fueron detrás de ellos, pero los ignoraron cuando Julius puso su brazo alrededor de Christian y le dijo, ― Deja de pensar en la parte de ser gay, y piensa en ella siendo tu barba. Eso es una falsa novia, ¿verdad? Él frunció el ceño, pero asintió con la cabeza. ―Pero, tienes la oportunidad de pasar tiempo con ella, llevarla a cenar, hablar, llegar a conoceros el uno al otro, y… ― añadió Julius con firmeza. ―Podrás sostener su mano, colocar tu brazo alrededor de ella, bailar con ella, y así sucesivamente, como lo hace un novio. Qué esperas. Al menos en público, ¿no? Christian asintió lentamente, teniendo en cuenta esto. ―Incluso puedes asegurarte de que te permitirá darle un beso, ― agregó Julius. ―¿Cómo vamos a hacer eso? ― Preguntó Marguerite con interés. Christian frunció el ceño. ―Yo no quiero que la controléis y… ―Esa es tu belleza, ― lo interrumpió Julius. ―No vamos a tener que controlarla para que haga algo. Todo lo que tengo que hacer es decir algo así como: vosotros dos nunca os besáis ni nada, no creo que estáis saliendo, y eso te obligará a besarla y a ella dejarte para defender su posición como barba. ―Oh, Julius, eres tan inteligente, ― lo elogió Marguerite. ―Pero si ella piensa que soy gay, apenas se sentirá atraída por mí y no querrá que la bese, ― dijo Christian tristemente. ―Que piense que eres gay no va a afectar su atracción hacia ti, ― dijo su padre con


firmeza. ―Nada puede afectar eso. Los nanos de alguna manera lo controlan. Ella te querrá, no importa lo que piense que eres. Todo este negocio del gay y la barba se hará para lograrlo. No tengas miedo de estar atraído por ella. Así que no temas el tener que lidiar o hacerle frente a una atracción que ella siente que es inadecuada. Ella no tendrá ninguna razón para correr. Eres libre para atraerla. Christian podía ver la forma en que esto podría ser útil. Sin duda era mejor que tenerla evitándolo y no llegar a pasar tiempo con ella en absoluto. Sin embargo… ―Está bien, pero ¿qué pasa entonces? ―¿Qué pasa cuando? ― Preguntó Julius inseguro. ―Bueno, una vez que a ella le guste y haga que me conozca, ¿cómo haré después para darle la vuelta a lo de que soy gay? ― Preguntó él con sequedad. ―Oh. ― Julius le quitó el brazo con un encogimiento de hombros. ―No tengo ni idea. ―Estoy segura de que la naturaleza seguirá su curso, querido, ― dijo Marguerite de una vez. ―Lo importante es que esto te permite comenzar por lo menos el proceso de cortejo. Christian suspiró y asintió con cansancio. ―No es mi ropa, ― dijo Zanipolo con certeza. ―Mi ropa no es diferente de la que usáis vosotros. ―Ahora, ― murmuró Marguerite, haciendo caso omiso de los quejidos de Zanipolo. ―Les dije a las chicas que íbamos a ver si os uniríais a nosotros. ¿Y tú? Cuando Christian vaciló, sin saber si estaba listo, e incluso si sabría actuar como un hombre gay, agregó Marguerite, ― Si es así, puedes pedirle que vaya a dar un paseo, y hablar lo que te dijo Gia que accedía a ser tu barba, que lo aprecias y luego dar el golpe. He invitarla a cenar mañana por la noche, tal vez. Christian vaciló. ―No tengo que hablar una octava más alto o empezar a caminar o comportarme afeminado, ¿verdad? ―¿Mi forma de caminar es afeminada? ― Preguntó Zanipolo de repente. ―No es que me haya dado cuenta, ― le aseguró Santo. Zanipolo parecía relajarse cuando él añadió, ―Pero entonces realmente nunca me he fijado en como caminas, cugino.


―No tienes que caminar o actuar afeminado, ― dijo Gia con exasperación. ―Hay todo tipo de hombres gay, algunos más afeminados, otros un poco más varoniles, y algo más promedio que la perfección. Son como todos los demás, por amor de Dios. ―Correcto, ― murmuró Christian. ―Sólo sé tú mismo, ― advirtió Marguerite. ―Correcto, ― repitió Christian. ―Vamos a ir a por ella, hijo, ― dijo Julius alegremente, dándole una palmada en el hombro. ―Quiero estar rebotando a tus bebés en la rodilla en nueve meses más o menos. ―Oh, ― dijo Marguerite con un pequeño suspiro frotando los brazos de Christian. ―Mi bebé tendrá bebés. ―Tengo más de 500 años de edad, mamá. Ya no soy un bebé. ―Siempre serás un bebé para mí, ―le aseguró ella, inclinándose hasta darle un beso en la mejilla. Christian negó con la cabeza y se volvió hacia la puerta, pero la oyó murmurar en voz llorosa, ―¿Has oído, Julius? Me ha llamado Mamá de nuevo. ―Sí, cara, y también lo eres, ― dijo su padre suavemente. ―Sí, pero me perdí gran parte de su crecimiento, ― dijo en un suspiro cuando Christian abrió la puerta. ―Lo hiciste, ― Christian escuchó decir a su padre solemne. ―Tal vez debamos tener otro para compensar eso. ―No va a compensar por todo lo que me perdí, ― susurró ella. ―Pero estaría bien. ―Entonces vamos a empezar a trabajar en ello esta noche, ― murmuró Julius. ―Vosotros dos habéis estado trabajando en eso desde que os encontrasteis, ― señaló Christian secamente. ―Sí, lo hacemos, ― coincidió Julius, comenzando a atravesar el vestíbulo. ―¿Celoso?


―Demonios, sí, ― murmuró Christian. No le importaría estar "trabajando en ello" con Carolyn. Pero no era probable que sucediera durante un tiempo porque ella pensaba que era gay. ¡Dios!


4 ―Oh, aquí vienen. Carolyn miró a su alrededor por la advertencia de Genie. ―Vienen todos, no sólo Julius y Marguerite, ― señaló Genie. Como si se pudiera haber perdido ese hecho, pensó Carolyn secamente. Caramba, los hombres eran un muro de carne masculina que prácticamente engullía a las dos mujeres más pequeñas. Eran tan altos que era como ver a través de un bosque. ―¿Crees que Gia tuvo la oportunidad de decirle que aceptaste ser su barba? ―No lo sé, ― murmuró Carolyn, de repente nerviosa. ―Supongo que lo averiguaremos pronto. Chica, eres tan afortunada. No me importaría ser su barba. Llegar colgada de su brazo, acurrucarme con él y esas cosas. ―¿Qué? ― Carolyn parpadeó ante sus palabras. ―Bueno, tendrás que hacerlo convincente, ― señaló Genie. ―No te puedes sentar allí como un tronco. Brent normalmente tenía su brazo alrededor de ti todo el tiempo. Él sostenía tu mano y besaba tu frente cuando tú no lo estabas haciendo por él. Sí, lo hacía, se dio cuenta Carolyn consternada. ¡Dios mío, había olvidado toda esa parte! Con Brent lo había hecho parecer natural, por el afecto fraternal y no por algo malo, pero en ese entonces ella nunca deseó a Brent, pero a pesar del hecho que sabía que Christian era gay, aún lo encontraba malditamente atractivo. ―Estoy segura de que Christian lo espera, ― señaló Genie. ―Quiero decir que se supone que tenéis que convencer a todos de que tenéis una aventura. Carolyn estaba empezando a hiperventilar con ese pensamiento, cuando Genie añadió, ―Por supuesto, aún no se supone que tengáis una aventura todavía, así que esta noche probablemente solo estéis intercambiando miradas, sonrisas y esas cosas. Pero no te olvides de hacerlo. ―Bien, ― murmuró Carolyn, calmándose un poco. Podía con las miradas y las sonrisas. Mañana se preocuparía de tener que tomarse de las manos y de los otros asuntos. Y tal vez al llegar a conocerlo, sus sentimientos se desplazarían al afecto


fraternal como el que sentía por Brent… Bien, pensó mientras sus ojos se deslizaban sobre Christian y a su camiseta negra ajustada, y sus aún más estrechos pantalones vaqueros negros. Era un hombre hermoso. Gay, gay, gay, se dijo con gravedad. No era agradable codiciar a un joven hombre gay, no importa lo sorpréndete que fuera. Demonios, no debería desear a nadie a su edad, para empezar. ―Estás dentro, ― susurró Genie justo antes que el grupo llegara a la mesa, y luego observando la expresión del rostro de Carolyn, murmuró, ― Voy a llamar a la camarera y pedir un trago. Un agradable trago frío. ―Gracias. ― Carolyn sospechaba que lo necesitaría cuando pegó una sonrisa a sus labios. Christian estaba al frente del grupo, con los ojos fijos en los de ella otra vez, y al momento en que ella sonrió, sus labios se curvaron en respuesta. Él también se movió alrededor de la mesa, sus dedos acariciaron a lo largo de su espalda por encima de la silla al pasar por detrás y reclamar la silla a su izquierda. La sonrisa de Carolyn se volvió tensa cuando luchó contra el escalofrío que trató de subirle por espalda por el toque casual. ―Dos margaritas con lima, ― dijo Genie cuando la camarera apareció en su mesa. Mirando a su alrededor, preguntó, ―¿Qué más? ―Quiero lo mismo. ― La profunda voz de Christian sonó en el oído de Carolyn, y ella se volvió con un sobresalto para ver que él se había vuelto hacia un lado y tiraba de la silla más cercana. También había puesto una mano en el respaldo de la silla y la otra sobre la mesa delante de ella. Haciéndola sentirse rodeada. Ella comenzó a mirar nerviosa a lo lejos, pero se detuvo cuando él se inclinó para susurrar en su oído. ―Gia ya me lo dijo. Gracias. Carolyn no podía detener el temblor que la reclamaba en ese momento en que su aliento rozó su oído. Trató de cubrir su reacción con un movimiento de cabeza, pero pensó, caramba, ¿qué se me ha metido aquí dentro? ―Sé que lo dije antes, pero chicos estuvisteis muy bien, ― anunció de pronto Genie y Carolyn se volvió hacia ella con gratitud.


―Sí, muy bien, ― admitió ella, frunciendo el ceño cuando su voz salió más ronca de lo habitual. Tal vez había cogido el virus de Bethany, se mintió Carolyn desesperadamente a sí misma. ―¿Cuál fue tu canción favorita? ― Preguntó Christian, reclamando su mirada de nuevo. Con sus ojos soñadores añadió, ―La tocaré sólo para ti mañana por la noche. Los ojos de Carolyn se abrieron como platos, pero lo único que logró salir fue un débil. ―Er… ―Christian puede ejecutar cualquier cosa, del siglo XVI en adelante, ― anunció Gia, atrayendo su atención. ―Él es muy talentoso. ―El resto de nosotros no se queda atrás tampoco, pero Christian es el prodigio de la familia, ― dijo Zanipolo en una voz muy profunda que no recordaba del autobús. Tal vez estaba haciendo frío, pensó. ―¿Tocas algún instrumento? ― Preguntó Christian, buscando su mirada renuente a volver a encontrarla, inclinándose más cerca, con su cara a escasos centímetros de distancia. Carolyn no podía manejar un "Er" y esta vez se limitó a negar con la cabeza. ―Pero ama la música. Y le encanta bailar, ― anunció Genie alegremente. ―A Christian también le encanta bailar, ― dijo Gia a su vez. ―Debemos encontrar un club nocturno en la ciudad después del espectáculo de mañana por la noche y salir a bailar. ―Oh, esa es una idea brillante, Gia, ― dijo Marguerite a la vez. ―Me encantaría ir a bailar. Vosotros dos venís, ¿verdad, Carolyn? ¿Genie? ―Claro que lo haremos, ― dijo Genie por las dos. ―Eso espero, ― murmuró Christian en su oído. Carolyn giró la cabeza para mirarlo y casi le dio un beso al hombre que estaba apoyado tan cerca. Sintió su aliento en los labios y tragó saliva. ―Oh, bueno. Aquí están nuestras bebidas, ― anunció Genie brillantemente. Carolyn se volvió con alivio.


La camarera regresó con una bandeja de bebidas. Cuando la mujer dio a los otros sus bebidas, Genie tomó un margarita de la bandeja y se la entregó a Carolyn diciendo, ―Sólo pásalo. Carolyn automáticamente la cogió y se volvió hacia Christian, pero se detuvo cuando su mano se cerró sobre la de ella, sus dedos acariciaron los suyos brevemente antes de que pasara a tomar la copa. ―Gracias. ―Er, ― murmuró Carolyn y rápidamente volvió a tomar el segundo margarita de Genie que ahora estaba sosteniendo. Levantándola hacia su boca, tomó un gran trago. Un dolor agudo inmediatamente se disparó a través de su cabeza. ―¿Qué te pasa? ― Preguntó Christian con preocupación cuando ella dejó el vaso y alzó los dedos sobre el puente de la nariz. ―¿Cerebro congelado? ― Preguntó Genie. Cuando Carolyn asintió, dijo, ― Frota tu lengua en la parte superior de tu boca y ahueca la mano sobre ella y la nariz, después expulsa el aire caliente dentro de esta. Eso siempre me ayuda. ―Aquí. ― Christian tomó su barbilla y volvió su cara hacia él, luego puso sus propias manos alrededor de su boca y nariz, soplando su cálido aliento en la cueva que había hecho. Tenía un aliento agradable, pensó ella vagamente, mirándolo con los ojos muy abiertos mientras él soplaba de nuevo. ―No te olvides de frotar la parte superior de su boca con la lengua, primo, ― se echó a reír Zanipolo. Apartándose, Carolyn se volvió para girarse bruscamente a su bebida. Casi se tomó otro trago, pero se contuvo. Sorbos lentos, se dijo con firmeza. El cerebro congelado era doloroso, y su cerebro ya era lo suficientemente inútil. Maldición era bueno en esto. Creía que casi estaba interesado. Los hombres gay no deberían ser tan sexys. Genie de repente murmuró en su oído, ― El maldito es bueno en esto. Casi me creo que está caliente por ti y sé que es gay. Ya que ella acababa de tener el mismo pensamiento, las palabras de Genie no deberían haberla afectado, pero por alguna razón eso deprimió como el infierno a Carolyn, y sus hombros cayeron un poco mientras levantaba su copa hacia sus labios para otro trago.


Una reducción repentina en el calor a su lado hizo que Carolyn mirara alrededor, y observó a Christian inclinándose hacia Marguerite mientras ella le susurraba algo al oído. Cuando él empezó a enderezarse, volvió la mirada rápidamente de vuelta a su bebida y tomó otro sorbo. Pero ahora se daba cuenta del calor que irradiaba. Parecía picarle a lo largo de su costado como una corriente eléctrica. ―La luz de la luna en el agua es preciosa de noche, ― dijo Christian con voz ronca. ―¿Quieres dar un paseo conmigo? Carolyn parpadeó ante la petición, y sus ojos se dispararon hacia su cara. Cuando no hizo otra cosa que responder mirándolo con los ojos muy abiertos, él le tomó la mano y empezó a ponerse de pie. ―Ven. No vamos a ir lejos y te traeré de vuelta. Carolyn a regañadientes soltó la copa mientras él la ponía de pie, luego pasó por delante de él en su insistencia de liderar el camino a través de las separaciones de las mesas hacia la abertura en la barandilla desde donde podían bajar a la arena. Era muy consciente de su mano sobre su espalda mientras caminaban, consciente también de que la mesa se había quedado en silencio detrás de ellos. Carolyn estaba bastante segura de que todos los miraban, incluso la gente por las mesas que pasaban los estaban mirando, y de repente se sintió auto consciente cuando sus ojos se deslizaron de ella al hombre detrás de ella... un hombre obviamente más joven. Christian se movió a su lado y le tomó la mano una vez llegaron a la arena. ―¿Qué hay de malo? ― Le preguntó en voz baja cuando se detuvo. ―Nada, sólo estoy sobre la arena con mis sandalias. Pensé en quitármelas, ― dijo ella, y no era una completa mentira, pero también le permitió tirar de su mano y liberarse. El alivio inmediatamente corrió a través suyo, pero se convirtió en consternación cuando él se arrodilló a sus pies y comenzó a quitar sus sandalias antes de que pudiera doblarse y hacer la tarea ella misma. ¡Dios mío, estaba jugando al Príncipe Azul de Cenicienta! ―Fijas tus zapatos, ― le dijo con sorpresa. ―En realidad no. Genie los llevó a su oficina y les puso grapas y cinta para mantenerlas en su lugar. Es una solución temporal, pero está funcionando por


ahora. ― Se mordió el labio mientras sus dedos rozaron contra la piel desnuda de sus pies mientras trabajaba. ¡Caramba! ¿Desde cuándo eran sus pies una zona erógena? Carolyn se preguntó consternada cuando su toque envió un pequeño hormigueo por su pierna. Había pasado demasiado tiempo, sin duda cuando el toque de un hombre sacándole los zapatos la ponía así, pensó, apretando los dientes y sólo absteniéndose de agarrar sus hombros para mantener el equilibrio mientras sus rodillas se debilitaban. Carolyn se las arregló para mantenerse en pie hasta que terminó, pero estuvo cerca, y no pudo evitar soltar un suspiro de alivio cuando se enderezó. Ella le tendió la mano por sus zapatos, en su lugar él la tomó y la atrajo hacia delante, agarrando sus zapatos con su otra mano. Carolyn se puso a caminar, pero estaba pensando que esto había sido una muy mala idea y que tal vez no podía hacer esto después de todo. Estaba tratando de pensar en una manera de decirlo cuando de repente él dijo, ―Gracias. Carolyn lo miró con incertidumbre. ―¿Por qué? ―Por estar de acuerdo en ayudarme, ― dijo como si fuera algo obvio, y ella suponía que lo sería si no hubiera estado tratando de encontrar una manera de zafarse de su promesa. Como ella permaneció en silencio, él añadió, ― Realmente lo aprecio. Mi familia no lo entendería. ―Todos parecen gente encantadora, ― murmuró, y luego casi añadió, ― estoy segura de que serían más tolerantes de lo que piensas. Christian sacudió la cabeza con firmeza. ―No. Son muy pasados de moda. No sólo me habrían desheredado, básicamente me habrían repudiado si se enteraran. Carolyn frunció el ceño. Era difícil creer que Marguerite y Gia le darían la espalda. Estaba menos segura de Julius y los demás, sin embargo. ―Así que realmente aprecio tu voluntad al ayudarme con esto, ― continúo Christian. ―Intentaré hacerlo más fácil para ti. Bueno, como iba a quitarle su apoyo ahora, supuso Carolyn. Se sentiría una completa canalla si lo hacía. No será tan malo, se aseguró. Se tomarían de las manos de vez en cuando, tal vez le pasaría el brazo alrededor un par de veces, y ella lo vería todo sexy y encantador mientras le hablaba. Podía manejar eso, se aseguró. No era como si fueran a estar cerca de su familia todo el tiempo, y cuando no lo estuvieran ambos podían relajarse y ser naturales... lo que fuera que eso fuera.


―Esto es bonito, ― dijo Christian de repente, deteniéndose en el borde de las olas mirando hacia el agua moteada por la luz de la luna. ―Sí, ― estuvo de acuerdo ella, notándolo por sí misma. En realidad, era el lugar perfecto para una luna de miel. Deseaba estar allí con alguien que estuviera realmente interesado en ella y no… ―¿Puedo darte un beso? Carolyn se volvió bruscamente para mirarle. ―¿Qué? ―Toda la mesa nos está mirando. Ellos lo esperan, ― explicó con ironía, con la mirada deslizándose hacia un lado como si estuviera mirando hacia la mesa. Carolyn comenzó a girar la cabeza, pero él le agarró la barbilla y deslizó su mano dentro de su cabello para detenerla. ―Vas a demostrarles que sabemos que están mirando, ― le advirtió en voz baja. ―Y Julius está sospechando. También lo hace en este momento. Creo que alguien le ha estado llevando cuentos. Carolyn frunció el ceño. ―Está bien si no quieres que te bese, ― dijo él con comprensión. ―Sería útil, pero sé que es mucho pedir. ― Vaciló y luego agregó, ―Yo sólo podría besarte la oreja. Eso sería suficiente para satisfacer a Julius. ―El oído, ― dijo ella rápidamente, pensando que seguramente tendría menos efecto que si besara sus labios. Indudablemente tendría menos posibilidades de hacer algo estúpido como corresponderle el beso y mostrarle su atracción por él. Carolyn pensó que sonreía, aunque no estaba segura desde ese punto de vista, y luego su cabeza descendió. Deslizó su mano en su pelo, separándolo de la cara y el oído, sosteniéndola para que inclinara la cabeza hacia arriba y ligeramente hacia un lado. Luego, su boca estaba allí y sus ojos se abrieron a un mundo completamente nuevo de sus zonas erógenas abiertas que la tragó en conjunto. Querido Dios, pensó con el estómago hecho un nudo. Algo se movió dentro de ella, y luego no era más que una masa de sensaciones mientras sus labios, dientes y lengua exploraban su oído. Carolyn era apenas consciente de llegar a sus brazos para mantener el equilibrio, o de que su cuerpo se movió instintivamente más cerca de él, y cuando él le susurró, ―Gracias‖ en la oreja y se enderezó lentamente, estaba más decepcionada de lo que había estado sobre cualquier cosa en su vida.


―Cristo, tengo que echar un polvo. ― Las palabras se deslizaron fuera antes de que se diera cuenta de que iba a decirlas, y Carolyn se golpeó con una mano la boca y lo miró con horror. No podía creer que hubiera dicho eso. Ni siquiera podía creer que lo hubiera pensado. No era muy sexual. Robert siempre había dicho que era frígida. Ella nunca… había seguido a alguien con la mirada hasta que apareció Christian, apartó la mano de su boca y dijo rápidamente. ―No contigo, por supuesto. Quiero decir… que ha sido un largo tiempo desde que…. no puedo creer que aún… ― murmuró ella con un gemido. ― Han pasado siete años desde que tuve relaciones sexuales y ni siquiera he querido nada de nada. Yo… Se detuvo tratando de balbucear una manera de salir de aquel atolladero, pero él la atrajo a su abrazo y le dio unas palmaditas en la espalda con dulzura. *** ―Todo está bien. Entiendo. Ha sido un tiempo largo para mí también, ― gruñó Christian, pero estaba pensando, ¿habían pasado siete años desde que ella había tenido relaciones sexuales? Estaba seguro que Marguerite había dicho que Carolyn y su marido se habían separado hacía sólo dos años. ¿Pero no había tenido relaciones sexuales en siete años? ―¿En serio? ¿Ha sido un largo tiempo para ti? ― Preguntó ella, apartándose hacia atrás con sorpresa. ―¿Es por eso que tienes que ser tan cuidadoso? Quiero decir, Brent parecía estar siempre revoloteando con un nuevo amante antes de conocer a Stanley. Christian la soltó y dio un paso atrás, tanto como lamentaba tener que hacerlo y sintiéndose aliviado de lograrlo al mismo tiempo. Ese pequeño interludio le había afectado mucho más de lo que había esperado. Era el placer compartido. Definitivamente, no había ninguna duda de que Carolyn era su compañera de vida. Sólo los compañeros de vida sentían el placer compartido como acababa de experimentar. Cada roce de sus dientes, y cada lametón de la lengua por la oreja habían enviado un placer en cascada a través de su propio cuerpo como si en realidad se lo estuviera haciendo él mismo. Eso era algo que Christian nunca había experimentado antes, así que no se había dado cuenta del gran desequilibrio que conllevaría.


Christian se había detenido sólo cuando tuvo que hacerlo porque había estado a un paso de bajarla a la arena y mandar a volar su cubierta de gay. En realidad había tenido que detenerse a sí mismo de hacerlo. Pero cuando ella espetó esas palabras sobre la necesidad de tener sexo... bueno, ahí fue cuando la verdadera lucha tuvo lugar. La había tomado en sus brazos para no seguir adelante con el primer impulso. Sin duda iba a tener que ser más cuidadoso en el futuro. Lo haría, tenía que mantener cierta distancia entre ellos, o por lo menos no romper esa distancia a menos que estuvieran cerca de los otros, cuya presencia le ayudaría a frenarse. ―Brent, ― Christian murmuró el nombre del hombre y dio un paso atrás para darles a ambos un poco de espacio. No pudo resistirse a coger su mano en la suya mientras la instaba a caminar otra vez, pero era mejor mantenerse en movimiento. Habría menos tentación de besarla si no la miraba. ― ¿Brent es el amigo del que Gia me habló? ―Sí, ― dijo ella sintiendo que algo de su tensión escapaba. Ya fuera porque estaban caminando de nuevo, o simplemente porque estaba pensando en su amigo, no estaba segura. ―Háblame de él, ― le exhortó. ―Bueno, es de mi edad, ― dijo ella lentamente. ―¿Cómo es él? Una sonrisa afectuosa vino a sus labios y, a pesar de sí mismo, Christian sintió los celos rasgar a través de él. No le gustaba el hecho de que otra persona fuera el destinatario de un afecto que aún no podía reclamar. ―Bueno, probablemente te gustaría en realidad, ― dijo Carolyn, y su sonrisa se amplió. ―Es inteligente, divertido, y ciertamente no carece de belleza. Es casi tan alto como tú, con cabello oscuro y una sonrisa agradable. ― Carolyn sonrió y bromeó entonces. ―Si todavía estuviera solo lo llamaría y le sugeriría que volara hasta aquí para poder presentaros. Le gustan los pelirrojos. ―No soy pelirrojo, ― murmuró Christian, intentando no mostrar su horror ante lo que pensó su compañera de vida, una mujer a la que había esperado más de quinientos años, que quería establecerlo con su amigo gay de la escuela. ¡Dios mío! No había esperado esto cuando había recibido la llamada de Marguerite de que le quería en Santa Lucía.


―Tienes rojo en tu cabello, ― dijo Carolyn, llamando su atención de nuevo. ―Es un castaño oscuro precioso con reflejos rojos. Castaño oscuro, supongo. Christian lanzó un gruñido. Era el pelo. Nunca había pensado mucho en él, a no ser por el hecho de que obviamente lo había heredado de su madre. La mayoría de los Nottes tenía el pelo negro, a menos que se lo tiñeran como Gia. ―De todos modos, Brent y yo estábamos especializándonos en negocios cuando nos conocimos, pero ambos queríamos derecho empresarial. Tuvimos un par de clases juntos, y descubrimos que teníamos mucho en común, y empezamos a salir. ― Ella se encogió de hombros. ―Nos convertimos en los mejores amigos. ―¿Gia dijo que eras su barba? ― Preguntó Christian con curiosidad. La cuestionó concretamente. ―Sí. Eso sólo sucedió. Como ya he dicho, era bien parecido y no afeminado en absoluto, así que naturalmente llamaba mucho la atención de las chicas en la universidad. Pero cuando comenzaron a vernos estudiar y dar vueltas juntos, dieron marcha atrás. ― Carolyn sonrió con ironía. ―Nos tomó un tiempo, pero luego nos dimos cuenta que debido a que siempre estábamos juntos, la gente suponía que éramos pareja. Luego, nos mudamos a un apartamento juntos en nuestro segundo año, y todos pensaron que en realidad éramos pareja, ― dijo ella con diversión. ―Lo que funcionó muy bien. Mantenía a las lobas a distancia. ―Mantuvo a los hombres lejos de ti también, sin embargo. Carolyn se encogió de hombros. ―Yo no tenía tiempo para ellos de todos modos. Estaba con una beca. Tenía que mantener mis calificaciones. ―¿Tus padres no podían permitirse el lujo de pagar la escuela? ―Padre, ― corrigió Carolyn tranquilamente. ―Mi madre era la única familia que he tenido y como madre soltera tenía dos empleos para poder subsistir. Siempre había mucho amor, pero no mucho dinero. Supe bastante joven que tendría que ganar una beca para ir a la universidad y trabajé duro hasta la secundaria. En la que era una completa friki, ― admitió ella con ironía. ―Siempre estudiando, siempre trabajando por un crédito extra. Pero mamá estaba orgullosa de mí por eso. ―¿Y dónde está tu madre ahora? ― Preguntó Christian, con la preocupación deslizándose a través de él. Si solo estaban ellas dos, probablemente serían muy cercanas. Él fácilmente podía ver que ella amaba a su madre.


Carolyn sopló, con la tristeza deslizándose por su rostro. ― Ella trabajó, hasta que enfermó para criarme, y luego murió justo antes de graduarme. Christian se quedó en silencio durante un momento, teniendo en cuenta todo lo que había aprendido, sonaba como que, gracias a todo su estudio y trabajo duro en la escuela secundaria y en la universidad hubiera perdido una gran cantidad de la experiencia sexual que los mortales experimentaban durante su adolescencia y los veinte. ―¿Así que pasaste tus años universitarios trabajando duro y saliendo con Brent? ― Preguntó él por fin, tratando de averiguar hasta qué punto se había perdido y lo que hizo en su momento. Carolyn sonrió débilmente. ―Y con Genie y Bethany. Éramos todos compañeros de cuarto. ―Y sigues siendo amiga de todos ellos, ― murmuró Christian, algo sorprendido. De lo que él entendía, los amigos de la universidad tendían a separarse cuando la vida los llevaba por caminos diferentes, pero Carolyn asintió con la cabeza. ―La especialidad de Genie son los viajes y el turismo, y después de graduarse, consiguió un trabajo en un Complejo en Puerto Vallarta. Pero ella y yo estábamos bastante cerca para mantenernos en contacto a través de cartas y correos electrónicos. Hemos mantenido comunicación todo este tiempo y ella ha pasado de un empleo a otro. ―¿Y Bethany? ― Preguntó él. ―Hubo una especie de distanciamiento entre Bethany y yo después de la graduación. Nos hemos vuelto a conectar hace sólo tres años, cuando mi marido y yo vendimos una casa. Ella es agente de bienes raíces ahora, ― explicó Carolyn. ― Y cuando comencé a buscar una y vi su nombre, la llamé por impulso. Tomamos café una vez o dos, pero entonces Robert, bueno, él desaprobaba a mis amigos de fuera, ― admitió ella con malestar y se precipitó sobre ello, ―Pero cuando nos separamos y pusimos la casa en venta por el divorcio, ella lo manejó y fue una roca, un gran apoyo. Nuestra cercanía ha crecido de nuevo desde entonces. Christian se quedó en silencio mientras absorbía sus palabras. Con ese poco le había hablado mucho de su matrimonio. El único tipo de hombre que desalentaba a los amigos de fuera era el abusivo. Les gustaba aislar a sus víctimas para que no tuvieran apoyo y fueran menos propensas a dejarlos. Dejándolo ir, por ahora, le preguntó, ―¿Y Brent?


―Ah, entonces estás interesado en él, ― bromeó ella. Christian forzó una sonrisa, pero no dijo nada. Él estaba interesado, pero no de la manera que ella quería decir. Si Genie, Bethany y su madre se habían ido todos a finales de la universidad, entonces Carolyn había estado sola a excepción de Brent. ―Brent y yo tomamos puestos de trabajo en la ciudad. Posiciones Junior, por supuesto, tanto mal pagados como con exceso de trabajo para comenzar. Pero unimos nuestro dinero y tomamos un apartamento juntos. ― Carolyn se echó a reír. ―Es increíble la cantidad de diversión que puedes tener con un poco de dinero. Ayudó a que ambas compañías se hicieran grandes reuniones familiares y hubo numerosas cenas y fiestas donde se alentó a una cita o un cónyuge a asistir. Iba como su cita, y nos salvamos mutuamente y… ―¿Aun así eras su barba? ― Preguntó Christian con el ceño fruncido. ―La firma de abogados donde consiguió un puesto era un poco conservadora, ― explicó. ―Él estaba preocupado por no conseguir hacerse socio si sabían que era gay. Y era más fácil llevarme. ― Ella se encogió de hombros. ―No me importó, sin embargo, porque eso significaba que tendía que ser mi cita para las funciones de mi empresa. Todo salió bien. ―¿Y sus novios estaban de acuerdo? Carolyn se movió incómoda. ―Eso no importaba. ―¿Y el tuyo? ― Preguntó Christian entornando los ojos mientras su malestar crecía. Por último, admitió, ―Yo no salía mucho. Ambos trabajábamos largas horas y cuando tenía tiempo libre, no había mucho dinero. Podíamos ir a un bar a tomar una copa de vez en cuando, a veces a un bar gay, a veces directamente, pero... ― Pareció incómoda. ―No hay una gran cantidad de hombres heterosexuales en los bares gay, y en barras rectas la gente pensaba que estábamos juntos. Y no es que eligiera a un tipo en el bar de todos modos, ― añadió Carolyn irónicamente. ― Creo que estoy pasada de moda. Los dos estaban en silencio, y luego ella admitió en voz baja, ―O tal vez es que soy socialmente inepta o algo así. No estoy a gusto con mucha gente durante mucho tiempo, al menos no en situaciones sociales. Soy un genio en el trato con la gente en el trabajo, pero me pones en un contexto social y me dirijo como una imbécil sin cerebro. Pierdo la capacidad de hablar con cualquier tipo de inteligencia y franqueza, a menudo comienzo a sentir como si me estuviera ahogando.


―No tuviste la oportunidad de practicar mucho, ― dijo él suavemente cuando ella se quedó en silencio. ―Tú estabas ocupada ganando la beca cuando la mayoría de los chicos aprenden a socializar. Carolyn balanceó la cabeza, pero no hizo ningún comentario y Christian la miró en silencio. Ella había evitado cualquier tipo de vida social en la escuela secundaria y trabajó su culo para obtener la beca, y luego había seguido evitando los enredos sociales en la universidad para mantenerla. Sin duda, con su madre, Genie, y Bethany lejos después de la graduación, se había aferrado a Brent como su único amigo, y probablemente como lo más cercano a una familia que tenía. Pero había impedido cualquier posibilidad de una vida social. ―¿Cuánto tiempo compartisteis apartamento? ― Preguntó él bruscamente. Ella levantó la cabeza y miró a lo largo de la playa, entrecerrando los ojos. ― Vamos a ver, fueron cuatro años para obtener mi título de licenciatura, y luego tres para el título de abogado, por lo que se mudó al apartamento cuando tenía veinticinco años y se trasladó al oeste cuando tenía treinta y un años, así que seis años me imagino. ―¿Él se mudó al oeste? ― Preguntó Christian, pensando que la habían dejado completamente sola. Carolyn asintió. ―Le ofrecieron un puesto con la promesa de ser asociado junior en dos años, si todo salía bien y se trasladó a la Columbia Británica. Pero todo fue para mejor sin embargo. El jefe de la empresa era abiertamente gay, lo que hizo las cosas más fáciles para él, y finalmente se juntó con Stanley allí. Consiguieron casarse y han estado juntos durante... guau, son diez años, ― dijo con sorpresa y luego murmuró, ―El tiempo vuela cuando estás ocupado. ―¿Y tú qué hiciste cuando se fue? ― Preguntó Christian en voz baja, imaginándola sola en la gran ciudad. ―Bueno, por suerte, en ese momento estaba ganando más dinero y podía pagar el alquiler de nuestro apartamento por mi cuenta, así que me quedé allí. ―Me refería socialmente, ― dijo Christian con paciencia. ―Suena como que Brent era a la vez familia y amigo hasta entonces. ¿Cómo lidiaste con su perdida? ―Oh. ― Carolyn se movió incómoda. ―Bueno, lo echaba de menos, por supuesto.


Ese fue, sin duda, el eufemismo del siglo, pensó Christian con gravedad. ―Mis cuentas de teléfono fueron una enorme locura el primer año y también lo fueron las suyas... Pero entonces conoció a Stanley y yo conocí a Robert y... ― Ella sacudió la cabeza y dijo con ironía, ―El matrimonio no es un antídoto para la soledad. Christian se volvió a mirar hacia la playa. Él sospechaba que su marido había sido su único amante, o al menos uno de los pocos... y al parecer no había sido su mejor amante. Si ella tenía treinta y dos años cuando se conocieron, tendría cuarenta y dos ahora y no había tenido relaciones sexuales durante siete años, y el sexo no se había detenido bruscamente, sino que había disminuido al mínimo y luego a un goteo, ― Dios mío, ― pensó, no era de extrañar que estuviera horrorizada ante la perspectiva de una aventura con él al que ella creía que era un hombre más joven. La idea de una aventura probablemente le dio palpitaciones con la poca experiencia que había tenido. El plan de Gia se dio cuenta, probablemente era la única manera para que él pudiera llegar a conocerla. Ahora sólo tenía que tratar de mantener las manos quietas, pensó sombríamente. Lo que definitivamente no iba a ser fácil. Los compañeros de vida no tienen una gran cantidad de control alrededor del otro, pero sospechaba que era vital mantenerlos fuera del dormitorio por un tiempo si quería ganarse su confianza y ganársela. Suspirando, él dijo, ―Hábleme de tu marido. ―No. ― La palabra fue aguda y Christian la miró para ver que su expresión se cerraba. Sentía como si una puerta se cerrara justo en su cara, y estaba más decepcionado que sorprendido cuando ella se detuvo y dijo, ―Tenemos que volver. Hemos caminado bastante lejos y se estarán preguntando dónde estamos. Carolyn se volvió sin esperar a ver si él la seguía, y no quería responder a sus comentarios y preguntas después de evitar el tema de su matrimonio. Obviamente, se trataba de un asunto del que se mantendría alejado en el futuro si quería pasar tiempo con ella.


5 Genie no estaba en la mesa cuando Carolyn llevó de vuelta a Christian. Ella miró inquisitivamente a Marguerite cuando le quitó sus zapatos a Christian y se instaló en su asiento. ―¿Dónde está Genie? Marguerite sonrió. ―Dijo que tenía que levantarse temprano para trabajar, pero que hablaría contigo en el desayuno. ―Oh. ― Carolyn se concentró en ponerse de nuevo sus sandalias, y luego miró su margarita. Se derritió, mientras se había ido, notó, y luego se puso rígida cuando Christian apoyó su brazo en el respaldo de la silla, con su mano ahuecándole el hombro. Su piel estaba caliente sobre la de ella, enviando pequeñas corrientes de electricidad que le hicieron cosquillas en la piel. Había sido difícil manejar su cercanía antes de su paseo por la playa, pero ella simplemente no podía soportarla ahora. Carolyn no estaba segura si esto era porque la acarició en la playa, o por todo lo que le había revelado mientras hablaba con él... o tal vez estaba demasiado cansada para hacer frente a su atracción por él, pero no lo podía manejarlo ahora. ―Creo que será mejor que me vaya a la cama también si quiero levantarme para desayunar con ella, ― dijo Carolyn, levantándose repentinamente. Ella captó la sorpresa en el rostro de Christian por el rabillo del ojo, pero él inmediatamente estuvo de pie también. ―Te acompañaré de vuelta a tu villa. ―No seas tonto. ― Ella se escabulló por delante de su silla. ―Quédate con tu familia. Estaré bien. ―Yo misma estoy un poco cansada, ― dijo Marguerite. ―Entonces creo que nos uniremos a ti en el viaje de regreso, ― anunció Julius, ayudando a Marguerite a ponerse en pie. ―Y nosotros, ― anunció Gia. Carolyn frunció el ceño cuando toda la mesa se levantó. Ella miró las bebidas sobre la mesa. Los vasos de Marguerite y Julius eran los únicos que estaban vacíos. Todos los demás se veían todavía llenos, y dijo desesperadamente, ―Pero no habéis terminado vuestras bebidas.


―Tampoco tú, ― le dijo Gia con una sonrisa, y se movió alrededor de la mesa deslizando su brazo a través de ellas. ―Vamos. ―Te ves cansada. Todos vamos a viajar juntos. Carolyn suspiró, pero no discutió más. Estaba solamente agradecida de que fuera Gia quien la condujera fuera y no Christian, aunque podía sentirlo a su espalda. Él debía de estar casi en sus talones para que pudiera sentir su calor, pensó cuando Gia la condujo fuera del bar y alrededor de la piscina hacia el edificio principal, charlando aparte. ―No creo que todos vayamos a caber en una camioneta, ― dijo Carolyn al llegar a las camionetas que esperaban. ―Por qué no seguís adelante en la primera y yo sola tomo esta otra, ― dijo, empezando a moverse hacia la segunda camioneta, pero Gia tiró de ella. ―No seas tonta. Podría estar un poco apretado, pero cabremos todos, ― dijo ella, instándola hacia la primera camioneta. ―Santo, tú eres el más grande. Toma el asiento delantero, ― le ordenó Julius cuando se deslizaba a la puerta lateral para abrirla. ―Eso dejará más espacio para el resto en la parte posterior. En el momento en que Santo avanzó hacia la puerta del pasajero de delante Julius añadido, ― Zanipolo y Raffaele, vosotros en la parte posterior. No queremos que ninguna de las damas tenga que arrastrarse todo el camino allí atrás en sus vestidos y zapatos de tacón alto. Ninguno de los hombres vaciló, e inmediatamente se subieron dentro para maniobrar su camino alrededor de los dos asientos delanteros hacia el de atrás. En el momento en que estaban fuera del camino, Julius condujo a Marguerite hacia adelante, diciendo, ―Tomaremos el segundo asiento y vosotros tres pueden tomar el primero ya que Carolyn tiene que salir primero. Christian tú estarás cerca de la puerta y te encargarás de ella. Las palabras hicieron suspirar a Carolyn, pero obedeció al igual que el resto. Julius era como un sargento, pensó mientras seguía a Gia dentro de la camioneta. Ella se acomodó en el asiento junto a la otra mujer y se apretó contra ella para dejar sitio a Christian. Los asientos realmente estaban hechos sólo para dos, decidió cuando Christian cerró la puerta y se apretujó a su lado. Fue un ajuste muy apretado, y él levantó su brazo para descansarlo a lo largo del respaldo del asiento detrás de ella para hacer


más espacio. ―Fuera de la sartén y al fuego, ― murmuró ella. Esto era peor que sólo su mano ahuecando su hombro. No sólo era su brazo aún alrededor de ella, si no que ahora estaba pegada a su costado, así con sus cuerpos tocándose desde el hombro hasta la rodilla. ―¿Qué fue eso? ― Preguntó Gia. ―Nada, ― suspiró Carolyn. ―El asiento es demasiado pequeño para vosotros tres, ― dijo Marguerite cuando la camioneta arrancó. ―¿Christian, por qué no sientas a Carolyn sobre tus rodillas? Habrá más espacio. ―Oh, no, eso es… Carolyn contuvo su protesta y se aferró a sus brazos cuando él de pronto la tomó en su regazo. ―Relájate, ― dijo él en voz baja, colocando sus brazos alrededor de su cintura. ―Te tendremos de vuelta en tu Villa en un minuto. ―Pero… los cinturones de seguridad, ― ella se atragantó, agarrándose con esperanza a la excusa. ―¿Existen los cinturones de seguridad en estas camionetas? ― Preguntó Zanipolo desde atrás. ―No he notado ninguno. Carolyn tampoco los había notado, y si los hubiera, nadie se molestó con ellos. Las camionetas precisamente no iban rápido en los caminos de la colina. ―¿Cuáles son tus planes para mañana, Carolyn? ― Preguntó Marguerite. ―No estoy segura, ― admitió ella, tratando de sonar tranquila. ―Depende de Bethany y si se siente mejor. Ella… Carolyn hizo una pausa con un jadeo cuando golpearon un bache, la acción de rebote en el regazo de Christian hizo que su brazo accidentalmente chocara con la parte inferior de sus pechos. ―¿Qué decías? ― Preguntó Julius.


―Er..., ― murmuró Carolyn débilmente. ―No lo sabe. Depende de Bethany y de si se siente mejor, ― dijo Christian por ella mientras sus dedos regresaban de vuelta a su cintura. ―¿Tenéis tú y Bethany algún viaje reservado mientras estáis aquí? ― Preguntó Marguerite. ―Er... yo... er... ― Carolyn hizo una pausa y cerró los ojos, tratando de calmarse, y de repente ya estaba tranquila. Algo se deslizó a través de ella como agua fresca, liberando su lengua. Tomando un respiro, dijo, ―Se supone que un día haremos un recorrido en barco a Soufriere por mar, otro conduciremos para ver un volcán y una plantación de cacao, y otro día hay un viaje en transbordador a los mercados. Hay un par de otras cosas más, pero no las recuerdo en este momento. Bethany hizo la mayor parte de las reservas, ― terminó, sólo agradecida de pronunciar las palabras. ―¿Pero nada mañana? ― Preguntó Marguerite. ―No que yo sepa. Sólo íbamos a relajarnos en la playa los primeros días. ― Sus ojos se posaron en el rostro de Christian. Él estaba mirando hacia ella, con la cabeza inclinada hacia arriba, y mirando sus ojos… Ella miró los suyos, como se ensanchaban y capturaban el brillo, como los ojos de un gato en la oscuridad. ―La playa parece agradable y relajante, ― dijo Marguerite, y Carolyn apartó la mirada de Christian para mirarla, notando que sus ojos también parecían capturar y reflejar la poca luz que había en la camioneta oscura. Carolyn miró a los otros entonces y vio lo mismo. Sacudió la cabeza. Debía ser un truco de la luz. No había notado esto en la camioneta antes. Ella misma probablemente se veía de la misma forma decidió. ―Aquí estamos, ― anunció el conductor, deteniéndose frente a su villa. Carolyn inmediatamente intentó levantarse, pero Christian la sostuvo en su lugar con un brazo alrededor de su cintura mientras abría la puerta. Sólo entonces la liberó. ―Te acompaño hasta la puerta, ― le oyó decir cuando ella salió a toda prisa de la camioneta. ―Oh, no, eso es…


―Un hombre siempre acompaña a su compañera a su puerta, ― interrumpió Julius desde el interior de la camioneta y Carolyn cerró de golpe la boca, sólo para dejarla caer abierta cuando él agregó, ―Además, no lo privarías de un beso de buenas noches, ¿verdad? Christian estaba fuera de la camioneta para entonces y suavemente cerró su boca presionando un dedo bajo su barbilla, luego cogió su mano y tiró de ella hacia el camino de piedra de su villa. ―No creo que me guste tu hermano, ― murmuró ella. ― Creo que tienes razón, probablemente no se tomaría la noticia bien sobre lo que eres. Parece un tipo de dictador autocrático, al que le gusta dominar a la gente alrededor y… Sus palabras terminaron en un jadeo cuando Christian se volvió de repente, tiró de ella de su mano hacia delante para que cayera sobre su pecho, y luego bajó la cabeza y colocó una mano sobre ella. Cuando los besos llegaron fueron bengalas y cohetes. Carolyn se olvidó por completo que estaba jugando un papel aquí y se fundió contra él con un pequeño gemido, deslizando los brazos alrededor de su cuello. Gimió otra vez cuando las manos de Christian moldearon su cuerpo al suyo, entonces sintió que la levantaba, pensó que giraban y luego sus pies pisaron el suelo nuevamente y él rompió el beso. Carolyn parpadeó hacia él confundida y luego miró hacia abajo cuando sintió su mano en su pecho, pero él solamente estaba tirando de la tarjeta-llave del bolsillo de su camisa. Ella supuso que él la sintió mientras se besaban, o había visto el contorno antes esa tarde y la reconoció por lo que era. Con un brazo todavía alrededor de su cintura, alcanzó con el otro a desbloquear y abrir la puerta. Él la llevó los últimos pasos, se dio cuenta, cuando él se enderezó y deslizó la tarjeta llave de nuevo en el bolsillo de su camisa. Cuando la soltó, Carolyn retiró lentamente sus brazos de alrededor de su cuello. Christian sonrió débilmente y rozó un dedo cariñosamente por su nariz. ―Pa… Julius es un dictador autocrático. Es la cabeza de una gran corporación y acostumbra a dar órdenes a las personas de alrededor. También le gustas. ―¿Lo hace? ― Preguntó insegura cuando él apretó sus hombros y la giró hacia la puerta. ―Mmm-hmm. Su respiración agitaba su cabello cuando él la instó a entrar en la villa. ―De lo


contrario no se habría asegurado de que te diera un beso de buenas noches. El sonido de la puerta cerrándose marcó la frase y Carolyn giró de nuevo para mirar el panel de madera. Entonces cambió de lado para ver por la ventana como Christian corría ligeramente de vuelta a la camioneta. Le vio entrar y luego la camioneta se fue, se volvió lentamente sólo para hacer una pausa cuando vio a Bethany de pie en la parte superior de la escalera en su bata. ―¿Quién era ese? ― Preguntó Bethany, con los ojos muy abiertos. ―Yo... er... Oh, es una larga historia. ― Ella pasó una mano con cansancio por su pelo. ―Bueno, entonces será mejor que empieces a hablar, niña. No puedes recibir un tonto beso de un apuesto joven como ese y pensar que puedes escapar sin decirme cada pequeño detalle. ―No hay nada que decir, ― dijo Carolyn tranquilamente. ―Él es gay. Bethany se quedó inmóvil y luego negó con la cabeza. ―Carolyn, los chicos gay no besan a las chicas así. ―Lo hacen cuando están en el armario y su familia está observando y quieren convencerlos de que son heterosexuales, ― le aseguró ella. ―¿Y cómo viste el beso de todos modos? Estábamos afuera. ―Estaba en la ventana, observando como una madre ansiosa, ― dijo con ironía. ―Oí la camioneta y vine para recibirte, pero cuando vi a ese tipo casi violándote en el umbral, tuve miedo de que lo trajeras dentro, así que empecé a correr fuera de la vista, pero me detuve cuando él sólo te empujó por la puerta y se marchó. ―Oh, ― murmuró Carolyn. ―Por lo tanto, empieza a hablar. Quiero saber todo, ― dijo Bethany con firmeza. Carolyn se dirigió a la cocina diciendo, ―Muy bien, pero necesito un trago. Bethany la siguió, y esperó pacientemente a que Carolyn abriera una botella de vino y se sirviera un vaso. El hecho de que la otra mujer rehusara una copa le dijo a Carolyn que todavía no se sentía bien. Bethany nunca despreciaba una copa de vino. Carolyn tomó un largo trago del líquido carmesí, y luego dejó el vaso y le explicó todo.


―Así que estás jugando a ser barba otra vez, ¿esta vez para este chico del grupo? ― Preguntó en voz baja Bethany. Carolyn asintió. ―Es Brent una vez más. ― Bethany estaba empezando a sonar enfadada. ―No exactamente como Brent, ― murmuró Carolyn incómoda. ―Sí, ninguna mierda, Sherlock. Brent nunca hizo más que besarte en la frente. Él nunca te empujó por la puerta mirándote del modo en que él lo hizo en ese momento, ― dijo ella con gravedad, y luego la acusó, diciendo, ―Estás enamorándote de él, ¿no? Sabes que es gay, y estás tontamente enamorándote de él de todos modos. Carolyn se estremeció e inclinó su cabeza sin responder, sobre todo porque estaba definitivamente lujuriosa por el tipo, Bethany espetó, ―¿En qué piensas? ―Al parecer, no lo estoy, ― admitió ella con frustración. ―No era mi intención entrar en esto en primer lugar, y no sé qué demonios estoy haciendo. Yo solo... ―Dile que no puedes hacerlo, ― dijo Beth con firmeza. Por alguna razón, la idea misma causó pánico en Carolyn y espetó, ―No puedo. Él cuenta conmigo. ―¿A quién le importa? ― Dijo Beth con exasperación, y luego se le quedó mirando duramente. ―Estás enamorándote de un chico al que le gustan los chicos... ¿Y le dejas meter su lengua hasta tu garganta para que su familia no lo sepa? ― Ella chasqueó la lengua con disgusto. ―Si ese beso no les convenció de que no es gay, nada menos que te folle en frente de ellos lo hará. Déjalo libre. Dile que vaya a meter su lengua hasta la garganta de alguna chica más joven. Carolyn se estremeció, las lágrimas pusieron vidriosos sus ojos, y Beth suspiró. ―Lo siento, cariño. No es mi intención ser tan dura, pero no me siento bien y... me preocupo por ti. A este ritmo vas a terminar como alguna vieja loca con un centenar de gatos, o una señora vieja y sucia, con Gigolós-para-usted en la marcación rápida. Carolyn medio sollozó, medio sonrió y limpió las lágrimas de sus ojos. ―Eso no va a suceder. Bueno, tal vez los gatos, pero no los gigolós en la marcación rápida. Beth se apartó del taburete en el que se había asentado. ―Voy a vomitar otra vez y


luego iré a la cama. Podemos hablar más por la mañana. Carolyn frunció el ceño. ―¿Todavía no retienes nada? ―Creo que es gripe más que intoxicación alimenticia, ― murmuró Bethany con tristeza. ― Figúrate que había bajado con eso en mi primer día de vacaciones. Ve a la cama, Caro. Estoy bien. ―Bien, ― murmuró Carolyn y miró a lo largo de la encimera, luego caminó hacia la entrada para mirar por ahí también. ―¿Qué estás buscando? ― Preguntó Beth siguiéndola. ―Mi bolso. Tengo que configurar la alarma de mi teléfono para encontrarme con Genie para el desayuno. ―No tenías tu bolso cuando entraste. ―Debía tenerlo. Me lo llevé conmigo, ― dijo Carolyn aún cuando comprendió que no había estado sosteniendo otra cosa que a Christian cuando él la había besado. No lo había tenido en la camioneta tampoco, se dio cuenta, recordó estrechar sus brazos cuando la había levantado a su regazo. No pudo haber hecho eso y sostener un bolso también. Carolyn chasqueó con impaciencia. ―Debí haberlo dejado en el bar. Beth enarcó las cejas. ―¿Quieres que llame al bar y ver si alguien lo encuentra? ―No, gracias. ― Carolyn se movió con cansancio a la puerta. ―Caminaré y lo buscaré. Puedo hacer ejercicio y el paseo me agotará y me ayudará a dormir. ―Bueno, no olvides tu tarjeta llave. Me voy a acostar y no podría oírte llamar si la olvidas. ―Entendido, ― le aseguró Carolyn, acariciando el bolsillo de su blusa de seda sólo para asegurarse mientras abría la puerta. ―Entonces buenas noches, ― dijo Beth, dirigiéndose a su habitación. ―Buenas noches, ― Carolyn se deslizó fuera de la villa. Hizo una pausa sobre el umbral brevemente para limpiar sus ojos otra vez, pero entonces dejó caer las manos y empezó a subir el camino. ―Bueno, ¿qué te parece, mamá? ― Susurró ella, levantando los ojos a las estrellas en


lo alto. ―¿Cuánto más de un lío puedo hacer de mi vida? Probablemente no mucho, Carolyn decidió por sí misma cuando no hubo respuesta. Lo había fastidiado bastante bien hasta ahora por lo que podía decir. A punto de divorciarse y deseando a un hombre que no sólo era demasiado joven, sino que no tenía ningún interés en los miembros de su sexo. Sacudiendo la cabeza, dio un paso hacia el camino. El aire de la noche era más fresco de lo que había estado todo el día, pero todavía se sentía caliente después del aire acondicionado en la villa. También estaba oscuro. La única luz era la de las estrellas en lo alto y las villas que iba pasando, dejando el estrecho camino ensombrecido haciendo que Carolyn deseara haber cambiado sus sandalias planas para la caminata. Aparte del hecho de que no podía ver bien y que era probable que tropezara con algo y se rompiera el cuello, se rompió una sandalia, la reparación había sido solo temporal. Con su suerte esto provocaría que se cayera a mitad de la montaña y se rompiera el cuello de esa manera. De cualquier forma, tendría el cuello roto, y estaba viendo todo eso poco atractivo en ese momento en que consideraba todas las cosas, pensó con tristeza, y luego miró a su alrededor cuando oyó un ruido en la vegetación detrás de ella a la derecha. Al no ver nada, Carolyn se volvió y siguió caminando. No estaba demasiado preocupada por lo que había oído. Este era un complejo privado, después de todo, con sólo recién casados y personal corriendo alrededor. Pensó que estaba lo suficientemente segura, pero miró a su alrededor de nuevo cuando el crujido llegó una vez más, esta vez detrás de ella a la izquierda. Por lo que podía decir no había nadie en el camino, o en los matorrales junto a él, pero estaba oscuro. La imaginación de Carolyn se puso en acción. ¿Hay animales salvajes en Santa Lucía? Si es así, ¿qué tan grandes eran y si eran carnívoros? La muerte de repente no parecía tan atractiva, después de todo. Mordiéndose el labio, Carolyn consideró brevemente regresar a la villa y solicitar una camioneta, pero eso significaría caminar de vuelta hacia lo que hacía los sonidos que había oído. Respirando lentamente, escuchó durante otro momento, sus oídos esforzándose por el sonido detrás suyo. ―¿Cara? Carolyn se dio la vuelta, haciendo una pausa cuando vio la figura oscura en las sombras por delante. Quienquiera que fuera, era alto, grande y aparentemente había llegado simplemente alrededor de la esquina en la vuelta. Lo miró indecisa hasta que el hombre se acercó. Estaba a un pie de distancia antes de que ella reconociera a Christian.


―Oh. ― Ella se relajó aliviada, e inmediatamente después se tensó de nuevo. Realmente, él era la última persona que quería ver en este momento. Estaba confundida y había hecho el ridículo bastante esta noche, como caer sobre él cuando la había besado, y Dios, él olía bien. ¿Cuál era esa colonia que llevaba? Cuando se detuvo frente a ella, se aclaró la garganta y le preguntó, ―¿Qué estás haciendo aquí? ―No podía dormir. ― La tomó del brazo, instándola a caminar de nuevo. ―Probablemente, el cambio de horario, ― murmuró Carolyn, deseando que él soltara su brazo. Olía condenadamente bien y a ella no le gustaba el hormigueo que su toque enviaba a través suyo. O para ser más honestos, le gustaban mucho. ―Estoy seguro de que es el desfase horario, ― Christian estuvo de acuerdo cuando giraron la esquina y comenzaron a bajar la siguiente calle. ―Pensé que un buen paseo me relajaría y me ayudaría a dormir. ¿Y tú? ―Antes me dejé el bolso en el bar, ― admitió ella. ―Estoy bajando a buscarlo. ―Debiste haber pedido la camioneta. ― Sonaba como si estuviera frunciendo el ceño. ―Sí, bueno, pensé que estaría bastante segura en la propiedad del complejo, ― murmuró Carolyn. ―Hoy pocos lugares son seguros para una mujer sola, sobre todo a esta hora, ― dijo él solemnemente. Carolyn hizo una mueca. En la ciudad, nunca se habría arriesgado a dar un largo paseo a esta hora, pero era fácil de olvidar tales precauciones integradas en este paraíso. Caminaron en silencio durante un rato, Carolyn preocupada se mordió el labio mientras trataba de pensar en algo que decir. Desafortunadamente, lo único que parecía capaz de pensar en aquel momento era en el beso. Y su reacción a él. Y lo tonta que era. ―Me alegro haberme topado contigo, ― dijo Christian de pronto, y luego demostró que había estado pensando en ese beso también cuando agregó, ―Quería


disculparme por la forma en que te besé antes. ―¿Disculparte? ― Repitió ella con incertidumbre. No había esperado eso. ―Sí. Aprecio tu ayuda en esta difícil situación, y que tuvieras la amabilidad de consentirlo, pero me doy cuenta que el beso instaba a un poco más. Te tomé por sorpresa y te pido disculpas si al besarte así te hice sentir incómoda. ¿Incómoda? ¿Eso era lo que pensaba de su reacción? Por Dios, no conocía a las mujeres en absoluto si confundía su respuesta con incomodidad. Pero entonces, supuso Carolyn, realmente no le había respondido en absoluto además de aferrarse como si él fuera un bote salvavidas en un mar agitado. No era como si le hubiera devuelto el beso o comenzara a toquetearlo, se dio cuenta Carolyn. La había tomado por sorpresa. Ese beso había encrespado los dedos de sus pies. Había sido mejor que cualquier beso que hubiera experimentado en su vida, en realidad. Le afectó más que nada de lo que su marido hubiera hecho. Y Christian era gay. Se preguntó que decía eso sobre ella. O quizá esto decía más acerca de las habilidades de su próximamente ex-marido en esa área. Robert no había sido un gran besador. Si no hubiera visto su lengua agitándose dentro de su boca a lo largo de los años cuando él la había sermoneado o la había insultado... bueno, habría estado en dificultades para decir con seguridad que tuviera una. Ciertamente, nunca había salido de su boca para entrar en la de ella. ¿En qué otras áreas no había estado a la altura? Carolyn se preguntó. ¿Qué se había estado perdiendo? Si otros hombres por ahí besaban como Christian... bueno, le pareció que había estado perdiéndose mucho. Tal vez no era realmente él a lo que ella había respondido, pensó Carolyn, sintiéndose un poco mejor acerca de todo el asunto. Tal vez había algún hombre que ella encontrara atractivo y la besara con la misma habilidad... bien, tal vez ellos provocarían la misma reacción. La idea era interesante, porque a ella definitivamente no le importaba experimentar esa pasión embriagadora de nuevo... aunque con alguien que lo sintiera también.


―Creo que podemos evitar situaciones como esa en el futuro, ― continuó Christian. ― No quiero tomar ventaja de tu generosidad al ayudarme. Traducción: No quería intercambiar más saliva, pensó, y no pudo evitar pensar que era probablemente algo bueno. Mientras que ella quería experimentar más de esa pasión que él le había mostrado, preferiría hacerlo con alguien heterosexual. Demasiado del asunto de trompitas con él solamente la confundiría, estaba segura. Era probablemente demasiado nueva para este negocio de poder separar la respuesta natural de su cuerpo de sus emociones. ―Mi familia no pensará nada de eso si nos escapamos para estar solos, tal vez en salidas, o salir a cenar y eso. Sólo asumirán que queremos estar solos. De esa manera podríamos evitar la necesidad de tales acciones y llegar a conocernos mejor. ―Buena idea, ― dijo ella alegremente, sintiéndose mucho mejor acerca de todo esto. Ahora se sentía positiva, no había sido por él por quien había estado reaccionando en absoluto, sino a su habilidad. Y siendo tan experto, él obviamente tenía mucha experiencia. Por supuesto, esa experiencia era con otros hombres, pero aún así era experiencia. Él podría ser capaz de ayudarla con esto de las relaciones sexuales. Darle algunos consejos y sugerencias. Ella obviamente tenía mucho que aprender, y Carolyn había sido capaz de hablar con Brent sobre casi cualquier cosa. En realidad nunca habían discutido mucho de sexo, excepto él para sermonearla sobre la necesidad de salir, divertirse y tener sexo, de lo cual ella siempre se reía. Pero se sentía cómoda hablando de sexo con él. Él había sido más como la novia de un amigo varón. Probablemente porque era gay y por lo tanto no le interesaba. Esto bajó muchas barreras masculinas/femeninas a la hora de hablar. Debería ser lo mismo con Christian, una vez que llegaran a conocerse un poco mejor, pensó ahora. Entonces podría interrogarlo sobre besos y otras cosas que podría haberse perdido, o sobre cómo se suponía que era. Sospechaba que lo que había experimentado en su breve matrimonio no era del modo que tenía que ser. ―Me alegro. Me gustaría que fuéramos amigos, ― dijo Christian, atrayendo su mirada. No es que ella pudiera ver mucho en esa luz o por la falta de ella. ―También me gustaría, ― le aseguró, acariciando su brazo. ―Me vendría bien un amigo. ―¿No son Bethany y Genie tus amigas? ¿Pensé que habíais sido amigas desde la universidad? ―Sí, pero…


Carolyn hizo una pausa y frunció el ceño, sin saber cómo explicarle la situación. El hecho era que mientras que Beth era su amiga, nunca hablaría de sexo con ella. Esto significaría revelar partes de su matrimonio que eran simplemente demasiado humillantes de admitir. Y mientras que ella le había revelado todo a Genie en correos electrónicos en los últimos dos años, ya sabía que cualquier mención de Robert o de lo que había sucedido en su matrimonio era probable que hiciera enfadar a la otra mujer. No quería tener que abrirse paso a través del malestar de Genie por ella, para poder hablar de lo que quería. Christian parecía la solución perfecta. Él tenía experiencia, no sabía nada de su matrimonio, no se enfadaría, y no estaba interesado por lo que podría ser como una novia. Era casi demasiado perfecto. ―Hay algunas cosas con las que simplemente no me sentiría cómoda hablando con ellas, ― le dijo finalmente ―¿Cómo…? ― Apuntó él. ―Sólo cosas, ― dijo ella vagamente, no lista para comenzar a hablar con él sobre cosas así aún.


6 Christian miró a Carolyn con curiosidad. Hacía sólo unos pocos minutos que él había estado de pie en su terraza mirando hacia su villa, allá abajo. Se suponía que debía estar tratando de dormir para compartir los sueños que llegarían, pero el sueño lo había eludido, se vistió nuevamente y salió al exterior para simplemente mirar la villa iluminada mientras su mente imaginaba lo que iba a hacer con ella una vez que superaran todo esto y fueran compañeros de vida. Sus fantasías, definitivamente no habían estado dentro de la categoría homosexual, pero se habían interrumpido cuando la vio salir de la villa para comenzar a caminar por la carretera. Christian no había podido quedarse en aquella terraza aún si sus pies hubieran estado pegados a las baldosas. Había saltado por la barandilla y corrido hasta el camino por la pendiente de la colina entre las vides y la vegetación, y luego continuó corriendo más allá de su villa, hasta el siguiente camino para poder pasar frente a ella como si el encuentro fuera casual. Hay cosas que voy a necesitar para llegar a conocerte mejor antes de que me sienta cómoda discutiendo esto, añadió Carolyn en su mente, regresando a la conversación que habían tenido. Christian murmuró sin comprender pero se preguntaba a qué "cosas" se refería ella, aunque no se lo preguntó. Él sospechaba que estaba en un terreno inestable en ese momento. En el minuto en que la había dejado en su casa, Christian había comenzado a preocuparse por el hecho de que el beso pudiera haberla asustado. Estaba caminando por una línea delgada al utilizar la fachada de la homosexualidad para que ella no lo evitara y poder así construir una relación y ganarse su confianza, al mismo tiempo que luchaba contra la atracción que sólo iba a aumentar entre ambos. No se le escapaba la ironía de que estaba mintiéndole para ganar su confianza. A pesar de que en realidad no había sido él quien había dicho la mentira, había sido Gia. Pero él la había mantenido y fomentado. En cuanto a la atracción cada vez mayor, eso iba a ser la parte más difícil. Incluso ahora estaba luchando para no atraerla entre sus brazos y besarla de nuevo. Ese beso en la puerta lo había conmocionado aún más que cuando antes rozó su oreja con la nariz. Había pasado mucho tiempo desde que había experimentado el deseo y no podía manejarlo con algo de ecuanimidad. Habían pasado siglos desde la última vez que había estado interesado en el sexo. Eso no era inusual entre su gente.


A menudo se cansaban de la comida y el sexo después de un siglo o dos. Ambos se convertían en una molestia más que en un placer, y por lo general, los inmortales dejaban de preocuparse por ellos. Su interés por la comida había terminado cuando estaba a punto de cumplir un siglo y medio de vida, y el sexo, aproximadamente por la misma época. Ambos parecieron perder poco a poco su sabor y su emoción. Pero desde que había encontrado a Carolyn, su deseo muerto hacía tanto tiempo, era como un león en sus entrañas, bostezando despierto y hambriento después de un largo sueño. Si no hubiera sido consciente de todos lo que estaban esperando y mirando en el autobús, Christian no estaba seguro de que hubiera podido terminar ese beso de buenas noches como lo había hecho. Desde luego, no había querido hacerlo, habría querido arrancarle la ropa y... diablos, seguir sus instintos. Christian no estaba seguro de tener la fuerza de voluntad para llevarla al interior, él pudo haberla forzado a tener sexo allí mismo contra la puerta o contra la piedra fría del camino. Definitivamente necesitaba mantener sus manos y su boca fuera de ella cuando estaban solos, reconoció Christian sombrío. Sólo esperaba poder hacerlo. Hizo una mueca ante la idea, y regresó de nuevo a la voz de Carolyn mientras ella hablaba sin parar sobre Santa Lucía. Ella estaba mucho más relajada que la primera vez que la había encontrado. Eso le reafirmó que había elegido la táctica correcta al expresar una disculpa y mencionar la excusa de que evitaba a los otros para eludir la necesidad de besarla de nuevo. Si la pasión de su beso la había asustado, sus palabras obviamente la habían tranquilizado. ― Me fastidió mucho cuando llegamos aquí y vi a todos esos recién casados por los alrededores, ― estaba admitiendo ella ahora. ― Y luego, con Bethany, fuera de servicio... bueno, esto realmente se estaba poniendo deprimente. Será bueno tener un compañero para andar por ahí. ¿Compañero? Christian hizo una mueca, pero mantuvo la boca cerrada. Primero sería su amigo, después su amante, luego le contaría la verdad y la


convencería de transformarse y ser su compañera de vida, se recordó a sí mismo con disgusto el plan. ― Pero es un lugar encantador, ― continuó Carolyn. ―Incluso por la noche. ― Sí. ― Él miró a su alrededor. Era encantador, pero dudaba que ella pudiera ver lo encantador que era con su vista mortal. Él podía darle el don de la visión nocturna. Le gustaría ver su reacción una vez que tuviera ojos inmortales. ― Ah, Dios, el bar sigue abierto, ― dijo Carolyn mientras caminaban a través de la edificación principal varios minutos más tarde. Christian miró hacia adelante y pudo ver las luces del bar que titilaban entre los felices huéspedes. ― Espero que mi bolso siga allí, ― dijo Carolyn impaciente. ― No puedo creer que lo dejara allí. Creo que estaba un poco distraída. Christian supuso que se había distraído en su afán por escapar de él. Estaba seguro de que esa era la razón por la que había decidido irse después de volver de la playa. Él supo que ella se había disgustado cuando le preguntó por su marido, pero no se había dado cuenta de cuánto le había molestado hasta que regresaron a la mesa. Definitivamente debía alejarse del tema durante un tiempo, por lo menos hasta que estuviera seguro de no ahuyentarla de nuevo. ― Vaya, no está ahí. Christian siguió la mirada de Carolyn a la mesa donde se habían sentado antes. Ahora estaba ocupada por una pareja de unos treinta años que estaban sonriendo y besándose, pero pudo ver que no había ningún bolso en la mesa. ― Oh, ¡Hermosa dama! Christian se volvió con el ceño fruncido hacia el barman que la había llamado y fue tras Carolyn mientras ella se dirigía hacia allí. ― Usted olvidó esto. ― El hombre sonrió ampliamente y metió la mano bajo la barra para sacar un bolso negro pequeño. ― ¡Oh, gracias! ― Carolyn corrió los últimos metros para recuperarlo, se rió y volvió a relajarse. ― Tenía miedo de haberlo perdido para siempre cuando no lo vi allí.


―No, yo lo vi cuando fui a recoger la mesa y lo traje aquí. Sabía que volvería a buscarlo, ― le aseguró el barman. ― Gracias. ― Carolyn abrió su bolso. ― Permítame que le dé una propina. ― No, no, usted compre un trago y yo tomaré la propina, pero de otro modo, no es necesario. ― Oh. ― Carolyn frunció el ceño. ― Vamos a tomar una copa entonces, ― dijo Christian, su ceño fruncido había desaparecido cuando sin darse cuenta el hombre le ofreció la oportunidad de pasar más tiempo con Carolyn. ― Oh, pero tengo que levantarme temprano para reunirme con Genie para el desayuno antes de que ella comience a trabajar, ― dijo renuente. ― Un trago, ― insistió Christian. Carolyn vaciló y luego asintió con la cabeza, ― Está bien, pero no puedo quedarme mucho tiempo. ― De acuerdo. Vamos a hacerlo rápido, ― le aseguró Christian. Carolyn se volvió hacia el barman y sacó su dinero. ― Voy a tomar una copa de vino blanco por favor y lo que él quiera. Christian tomó su mano y la obligó a bajarla. ― Yo pagaré. ― Pero... ― Yo le daré la propina, además quiero comer algo. No he comido en mucho tiempo. ― Desde hace unos tres siglos y medio, añadió en silencio mientras su atención quedaba atrapada en una camarera que pasaba con una bandeja de algo que emitía los olores más deliciosos. ― Oh, ― dudó ella. ― Ve a buscarnos una mesa. Yo llevaré las bebidas. ― Christian vio que Carolyn se volvía para buscar una mesa disponible, cuando comenzó a alejarse, sacó su billetera y le preguntó el barman. ― ¿Qué hay de bueno?


― Nuestros burritos son muy populares, ― respondió él a su vez. ― Entonces que sean dos, por favor, y... Hizo una pausa, porque no tenía ni idea sobre lo que pedir para beber. Había pasado mucho tiempo desde que se hab��a dado un gusto. Sonriendo irónicamente le dijo, ― Cual sea tu bebida más popular. El barman asintió con la cabeza, tomó el dinero y le dijo, ― Vaya a sentarse. Yo les llevaré las bebidas y el cambio. ― Nada de cambio. Sólo las bebidas, ― dijo Christian y se volvió a seguir el camino que Carolyn había tomado. Ella había encontrado una mesa en la esquina a lo largo de la barandilla con vistas a la playa y estaba observando la arena y el mar cuando él se unió a ella. ― Es hermoso, ¿no? ― Dijo ella suspirando. ― Sí, ― coincidió él sin molestarse en mirar. Ella era la cosa más hermosa que existía. Y estaba allí para que él la viera. Su compañera de vida. Para él, eso la hacía más preciosa que los diamantes y más bella que la más bella flor. Carolyn se dio vuelta y le sonrió. ― Así que dime cómo te metiste en la música. Christian vaciló y frunció el ceño. Ella tenía que llegar a conocerlo para confiar en él. El problema en este área, al igual que en la mayoría de las otras, es que tenía que tener cuidado. Él no podía decirle que había nacido en el siglo XV, etc., etc. ― Lo de siempre, ― dijo él finalmente, decidiendo que sólo evitaría ahondar en los detalles. ― Me gustaba la música, así que mi padre me sugirió que intentara con varios instrumentos. Mostré tener aptitud para el violín, así que mandó buscar a un profesor que me diera la formación clásica. ― ¿Formación clásica? ― Dijo Carolyn regocijada. Christian esbozó una sonrisa. Ese era el único tipo de formación que podía recibirse en ese entonces, pero supuso que ella se había sorprendido porque él tocaba en una banda de rock. ― Sí, clásica. Contrató al mejor en el país para que me enseñara. Creo que estaba esperando que me convirtiera en un Johannes de Sarto italiano... Sarto era un compositor franco/flamenco que fue muy popular hace mucho tiempo, ― le explicó cuando ella no registró el nombre.


― Ah. ― Ella asintió y sonrió con ironía. ― ¿Aunque puedo suponer que tus intereses no se encuentran en ese área? ― Lo hicieron durante un tiempo, pero me aburrí tocando las mismas canciones una y otra vez. Así que en vez de eso, dejé el violín y me puse a trabajar para la familia, y luego lo volví a tomar y lo dejé una y otra vez. Supongo que esta es una de mis fases de tómalo. ― ¿Violinista de rock duro? ― Preguntó Carolyn con una sonrisa. Christian se echó a reír. ― Gia me arrastró a eso. Ven a tocar con nosotros, me dijo. Lo hice y... ― Se encogió de hombros. ― Me gusta. Es más interesante. La música se mete en tu sangre. He estado tocando con la banda durante diez años y todavía no estoy aburrido. Los ojos de Carolyn se abrieron como platos. ― Debiste haber sido un niño prodigio. Él se encogió de hombros. ― Tenía cinco años cuando empecé a tocar. ― Ah. ― Ella asintió con la cabeza. ― Y cuando Gia te arrastró a la banda, ¿qué era? ¿Una banda escolar que tocaba encima del garaje de alguien? ― Oh, Dios no. Estábamos bien fuera de la escuela cuando empezamos, sin duda éramos lo suficientemente grandes como para saberlo bien, ― agregó él con una sonrisa que se desvaneció cuando vio la forma en que ella lo miraba. ― ¿Qué? ― Hace diez años no pudiste haber tenido más de quince o dieciséis años, ― dijo ella lentamente. ― Y tú dijiste que dejaste el violín y trabajaste para la empresa varias veces antes de eso, pero... ― Soy más viejo de lo que parezco, ―la interrumpió él en voz baja. ― Gia también dijo eso, ― murmuró Carolyn, mirándolo más de cerca. Él había pensado que estaba siendo cuidadoso, pero obviamente tendría que vigilar cada palabra que decía. Carolyn no era una mujer estúpida. Para su alivio, el barman llegó con sus bebidas para distraerla. Christian cogió su bebida y trató de rebuscar en su mente una manera de mantenerla distraída de su desliz. Pero hizo una mueca y dejó la copa sobre la mesa después de probarla. Era demasiado dulce. Él prefería mucho más la bebida que


había probado antes, el aguanieve verde que Genie había ordenado y que él también había pedido. Esa había sido dulce y ácida, más a su gusto. Debería haberlo pedido de nuevo si hubiera pensado en ello. ― ¿No está buena? ― Preguntó Carolyn con simpatía. ― Prefería la bebida que tomé antes, ― murmuró. ― Pero el barman dijo que ésta era la más popular. ― A mí también me gusta lo dulce y ácido de los margaritas de limón, ― dijo ella con ironía. ― Una bebida dulce no demasiado dulce. ― No. ― Christian repitió margarita de limón en su cabeza varias veces para asegurarse de recordarlo la próxima vez. Al no haber consumido nada más que sangre durante siglos, era difícil saber lo que le gustaría y lo que no si se trataba de comida o bebida. Todo era nuevo para él ahora. ― ¿Qué edad tenías cuando...? ― Oh, mira, la comida está aquí, ― la interrumpió Christian aliviado cuando la camarera se acercó con dos platos. Carolyn miró a su alrededor y los dos se reclinaron hacia atrás mientras la camarera apoyaba los platos en la mesa. ― Gracias, ― dijo Christian, y luego levantó su copa. ― ¿Podrías llevarte esto y traerme uno de esos margaritas de limón medio derretidos? Ella tomó la copa con una sonrisa. ― Por supuesto. Voy a descontarlo de su cuenta. ― Oh, no, eso no es necesario. Yo... ― Las palabras de Christian decayeron. La mujer simplemente se había ido con la bebida. Carolyn se echó a reír al ver su expresión molesta. ― Eso no se carga a la cuenta. ― Pero yo lo ordené, ― señaló él. ― Por recomendación del barman y no te gustó, ― argumentó ella. ― Ella no lo sabía. ― Sí, pero todos están en el servicio aquí y teniendo en cuenta los precios, pueden permitirse el lujo de hacerlo, ― dijo ella encogiéndose de hombros. Christian la miró en silencio. Era un lugar caro y eso le hizo preguntarse cómo


podía afrontarlo. Ella había empezado su vida como pobre y trabajó duro para obtener un título y un buen trabajo, ¿pero tanto había cambiado su situación económica gracias a su arduo trabajo? ¿O acaso se casó con alguien de dinero? Por desgracia, no podía preguntárselo sin tocar el tema de su matrimonio, que era un tema que tenía que evitar para impedir que se fuera de nuevo. O al menos, tendría que acercarse a ella como cuando se desarma una bomba, con delicadeza y una oración en los labios. ― ¿Qué es esto? ― Preguntó Carolyn con curiosidad, examinando el sándwich envuelto junto a las patatas fritas en el plato. ― El barman lo llamó burrito. ―Puedo ver que es un burrito, ― dijo ella divertida. ― ¿De qué clase es? ― Oh. ― Él vaciló pero luego hizo una mueca. ― No estoy seguro. Él dijo que era la especialidad de la casa y que era muy popular, así que ordené uno para cada uno, ― respondió Christian, y luego sonrió irónicamente y señaló, ― Eso sí, teniendo en cuenta la falta de éxito de su bebida recomendada, esto podría ser un error. Carolyn se rió entre dientes, pero sacudió la cabeza. ― No lo sé, huele delicioso. Christian tuvo que aceptar que el burrito parecía más prometedor que lo que había resultado ser la bebida. Su estómago, aparentemente estuvo de acuerdo, privado de cualquier otra cosa que no fuera sangre durante siglos y no conforme con eso antes de esto, produjo ahora un ruido estruendoso lo suficientemente fuerte como para que Carolyn lo escuchara. Ella se echó a reír al ver su expresión avergonzada. ― Es mejor que alimentes a la bestia o trepará por tu garganta y lo hará en tu lugar. Christian sonrió débilmente y tomó una de las dos mitades del burrito. Atisbó con curiosidad el extremo abierto tratando de averiguar lo que había en su interior. Parecía ser pollo, arroz, chícharos y otras verduras. ― Mmmm. ― Esa exclamación de Carolyn hizo que levantara su mirada y vio que ella había dado un mordisco al suyo y ahora estaba poniendo los ojos en blanco con evidente placer. ― Pruébalo. Está bueno. Christian no necesitó preguntar más. Le dio un mordisco y de inmediato cerró sus ojos mientras el sabor empapaba su lengua. Comida. ¡Querido Dios! Habían pasado siglos desde que le habían atraído los alimentos, pero incluso cuando él comía, no recordaba haber probado nada tan bueno.


― Bueno, ¿eh? ― le preguntó Carolyn divertida. Christian abrió los ojos y la miró fijamente, sabiendo que ella era la única razón por la que el sabor del burrito le había parecido tan bueno. Ella no sólo volvió a despertar todos sus apetitos, sino que les añadió un toque extra de emoción... y todo ello por el simple hecho de su existencia. En realidad, eso era más bien desconcertante, pensó Christian. No tenía ni idea del modo en que los nanos elegían a los compañeros, o cómo su madre parecía darse cuenta de cuando alguien era un posible compañero para un inmortal... y en realidad, Carolyn era la compañera de vida menos probable que hubiera podido imaginar. Era un pájaro herido. Pero eso es lo que él había sido hasta hacía poco más de un año atrás, tal vez no tan herido como Carolyn, pero igualmente herido. Un hijo sin madre hasta que Marguerite volvió a entrar en su vida. Y Carolyn era una mujer sin familia, él podía darle eso. Parientes políticos, abuelos, e incluso hermanos y hermanas y una sobrina, así como todos los primos, tíos y tías que nadie pueda desear. Probablemente más familia de lo que cualquiera en su sano juicio pudiera desear para que interfiriera en su vida, pensó con ironía. ― ¿Por qué estás sonriendo? ― Preguntó Carolyn con curiosidad. ― Mi familia, ― admitió él con honestidad, y cuando ella levantó las cejas, él se encogió de hombros. ― Tú me haces pensar en ellos. Ella parpadeó y luego se echó a reír. ― Si fueras heterosexual, creo que me sentiría insultada. Afortunadamente, no lo eres, así que... ― Ella se encogió de hombros. ― Creo que lo entiendo. También me haces pensar en Brent y él es lo más cercano que tengo a una familia. Genial, pensó Christian suspirando. Él le recordaba a su amigo gay. Guau, ¿eso era sexy o qué era? ―No me di cuenta de lo mucho que lo he echado de menos hasta ahora, ― dijo Carolyn de repente. ― ¿Lo ves seguido? ― Dijo Christian. ― Oh, por supuesto, voy a BC2 por lo menos una vez al año y Stanley y él han 2

Columbia Británica.


venido a Ontario dos o tres veces al año para ver a su familia y entonces nos reunimos. Christian quería preguntarle lo que Brent había pensado de su marido, pero sabía que era mejor no abordar ese tema. La camarera llegó entonces con su margarita, le dio las gracias y tomó un trago, sintió alivio al comprobar que era tan bueno como lo recordaba. Comieron en silencio durante un rato y luego Carolyn le preguntó, ― ¿Viajas mucho con la banda? Christian tomó un trago para aclararse la garganta y negó con la cabeza. ― Tocamos sobre todo a nivel local. Esta es la primera vez que hemos tocado fuera de casa. ― ¿En serio? ― Ella no ocultó su sorpresa. ― Sois muy buenos. Yo habría pensado que os reclamaban por todas partes. Christian se encogió de hombros. ― Hemos tenido peticiones para hacer conciertos más lejos, pero siempre las rechazamos. ― ¿Por qué? ― Debido a que todos tenemos trabajos de los que no podemos alejarnos. ― ¿En serio? ― Eso le causó curiosidad. ― ¿Qué haces durante el día? ― Trabajo para la empresa constructora de la familia. La mayoría de nosotros lo hacemos, ― añadió Christian. Por eso pudieron tomarse este tiempo libre tan fácilmente. Marguerite quiso que vinieran aquí, así como también Julius, su padre y jefe, les había dicho que vinieran. Christian también se desempeñaba ocasionalmente para el Consejo como ejecutor de la ley, pero no podía decirle eso. ― Puedo verte en la construcción, ― decidió Carolyn, mientras su mirada se deslizaba sobre sus hombros y el pecho. El cuerpo de Christian reaccionó como si ella lo hubiera tocado físicamente. Inclusive sus pezones se endurecieron, algo que no creía que otra cosa aparte del frío pudiera causar. Bueno, al menos no en un hombre. Eso ciertamente nunca le había ocurrido anteriormente, o al menos no se había dado cuenta. ― Puedo verte trabajando con un martillo neumático o lanzando un martillo, ― dijo ella asintiendo con la cabeza y tomando un sorbo de su vino.


Christian se echó a reír. ― Nada de trabajo físico. Básicamente soy capataz. Superviso los lugares de construcción, me aseguro de que esté cumpliéndose con la fecha prevista y manejo cualquier problema que surja en los sitios de trabajo. ― Oh, ― suspiró ella fingiendo decepción. ―Bueno, eso destruye tu imagen sexy con un casco, sin camisa y sudoroso. Los ojos de Christian se abrieron con incredulidad. ¿Ella estaba coqueteando con él? Eso había parecido un coqueteo. Por otro lado, ella pensaba que él era gay, por lo que probablemente se sentía segura al coquetear con él ahora. Esto definitivamente iba a ser un reto, decidió él. ― Entonces, ¿qué es lo que te gusta más? ― le preguntó Carolyn mientras sorbía un trago de vino de su copa. ― ¿Te refieres a la construcción o la música? ― Preguntó él, y cuando ella asintió con la cabeza, él meditó brevemente la pregunta. ― La música. ― Entonces, ¿por qué no renuncias a tu trabajo diario y te dedicas a la música a tiempo completo? ― Porque ninguno de nosotros está interesado en la fama y la fortuna, y como están las cosas, podemos tocar nuestra música sin tener que preocuparnos tanto. ― Pensé que todo músico quería ser famoso, ― dijo Carolyn sorprendida. Christian se encogió de hombros. ― Tal vez lo hacen. No lo sé. Estoy seguro de que hay algunos que no están interesados en eso y sólo quieren hacer lo que adoran. Tal vez quieran que su música sea aclamada, pero dudo que alguien quiera el tipo de fama que afecta a los artistas ahora. Desde luego que nosotros no lo queremos. El tener sus rostros expuestos por todas partes dificultaría mucho sus vidas. Tal vez no de inmediato, pero esa clase de fama hace que sea difícil mantenerse en el anonimato y ocultar lo que ellos eran, ya que no envejecían. ― Está bien, pero ¿qué pasa con la fortuna? ― Preguntó ella. ― Todos nosotros ya tenemos fortuna o estamos en camino de tenerla, ― dijo él con desinterés. Por alguna razón eso hizo que Carolyn continuara. ― ¿En serio? ― Exclamó ella evidentemente asombrada.


Christian asintió con la cabeza y dio otro mordisco a su burrito, preguntándose qué era lo que ahora había causado esa extraña expresión en su cara. Ni siquiera estaba seguro de lo que significaba esa mirada, una especie de asombro, pero con algo más, algo similar al anhelo, pero sin llegar a serlo. Por último, preguntó, ― ¿Qué? Carolyn sacudió la cabeza y esbozó una sonrisa de soslayo. ― Nada. Eso es más que suficiente para hacer que una chica desee que tengas quince años más y seas heterosexual. ― Estás detrás de mi dinero, ¿eh? ― Bromeó él sin poder creerlo por un momento. No sabía cómo lo había conseguido, pero ella tenía dinero. Sus ropas y las pocas piezas de joyería que llevaba así lo indicaban, por no mencionar el hecho de que se estaba quedando en una villa. Puede que Genie fuera su amiga, pero él no creía que pudiera conseguirle a Carolyn un descuento de amiga, por el precio de la villa en la que estaba y sabía que no era barato. Había hecho los arreglos necesarios para pagar la factura de su villa antes de que fueran al bar y el precio le había hecho levantar sus cejas. ― Sí, esa soy yo. La divorciada ávida de oro, en busca de su próxima víctima. Christian la miró en silencio. Había algo en su tono de voz que sonaba casi como amargura. Eso le hizo plantearse preguntas, que no podía hacerle sin tocar temas demasiado cerca de su matrimonio. ― Julius es tu hermano mayor, ¿verdad? ― Preguntó Carolyn de repente. Christian vaciló. No quería mentirle, pero ella no le creería si él afirmaba que Julius Notte era su padre. Finalmente le dijo, ― Julius es mayor que yo. ― Y la compañía de construcción, ¿es la empresa familiar? ― Preguntó ella. Él asintió con la cabeza. ― Así que, ¿qué pasó con tus padres? ¿Se jubilaron? ― Carolyn tomó un sorbo de vino. ―Mis padres están actualmente gozando de unas largas vacaciones, ― dijo él cuidadosamente. No era una mentira, una luna de miel podía ser considerada como unas vacaciones... ¿no? ― ¿Tienes otros hermanos además de Julius? ― Preguntó ella.


― Tres hermanastros y una hermanastra, por el lado de mi madre. ― Una sonrisa curvó sus labios mientras pensaba en los familiares con los que recientemente se había familiarizado. ― Guau, entonces sois una familia grande, ― dijo ella con envidia. ― ¿Cuáles son sus edades? Supongo que Julius es el mayor si dirige la empresa. ¿Cuántos años hay entre vosotros? Christian maldijo en silencio. No había manera de responderle sin mentir, por lo que hizo la única cosa que se le ocurrió, se llenó la boca con comida mientras trataba de encontrar una manera de desviar la pregunta. ― Hey, vosotros dos, ― dijo Gia resplandeciente apareciendo de repente en la mesa. ― Gia, hola. ― Carolyn le sonrió a su prima mientras ésta se unía a ellos. Christian se limitó a gruñir y siguió masticando, pero sabía que Gia acababa de salvar la situación. Él no tenía ninguna duda de que su madre había enviado a la mujer para que estuviera atenta en caso de que él necesitara ayuda. Christian se preguntaba durante cuánto tiempo y exactamente por dónde había estado merodeando a su alrededor. No la había visto acercarse. ― ¿No podías dormir? ― Carolyn apartó su sándwich a medio comer. ― El jet lag es una perra, ― dijo Gia en forma irónica. ― Me hace feliz el no tener que viajar mucho. ― Sí, Christian me decía que sólo tocáis a nivel local, ― dijo Carolyn. ― ¿Tú también trabajas para la empresa familiar? ― No, soy cazadora, ― respondió Gia y Christian se congeló. Cuando la expresión de Gia también se congeló, él se dio cuenta de que ella se había dado cuenta del desliz, pero antes de que cualquiera de ellos pudiera reaccionar, Carolyn dijo, ― ¿Una caza-ejecutivos de empresas? Christian se relajó mientras Gia asentía rápidamente con la cabeza. ― Sí, una cazadora de ejecutivos de empresas. ― ¿En serio? ― Carolyn sonrió. ― Yo los utilizo todo el tiempo. ¿Trabajas sólo en Europa o también en Canadá y los EE.UU.?


― Sobre todo en Europa, ― murmuró Gia. ― Es una lástima. No he estado muy contenta con la empresa que usualmente contratamos. Si trabajaras en EE.UU. y Canadá me gustaría contratar a tu empresa la próxima vez. ― Ella se echó a reír y añadió, ― Ya sé que puedes ser convincente para conseguir que alguien asuma una tarea que no estaba dispuesto a hacer. Gia y Carolyn se rieron entre dientes y Christian sonrió de forma forzada, sabiendo que Carolyn hablaba de que Gia la había convencido para que ella fuera su supuesta pareja. ― Bueno, ― dijo Carolyn, echando un vistazo a su reloj de pulsera. ― Es bueno que hayas aparecido, puedes seguir haciéndole compañía a Christian. Tengo que volver a la villa y dormir un poco. Christian devoró rápidamente su comida y se levantó. ― Caminaremos de regreso contigo. ― No seas tonto. Quédate y termina tú... Oh. ― Ella se quedó mirándolo fijamente mientras él cogía el resto de su sándwich y se lo metía en la boca. ― Creo que lo ha hecho, ― dijo Gia divertida. ― Supongo, ― dijo Carolyn secamente, mirándolo masticar y tragar el bocado de mamut que había tomado. ― No olvides tu bolso, ― dijo Christian en voz baja cuando Carolyn comenzó a alejarse de la mesa. Ella se detuvo abruptamente y volvió para recogerlo. ― Eso hubiera sido bueno. Sobre todo porque esa fue la razón por la bajé en primer lugar. Christian siguió a las mujeres fuera del restaurante. Escuchó sin decir nada su parloteo feliz todo el camino hasta la camioneta, y luego abrió la puerta y las hizo entrar. A continuación, cerró la puerta y se sentó en la parte delantera, en el asiento del acompañante, dejándolas solas en el primer asiento. Era mejor de ese modo, menos tentador. Estaba decidido a llevarla de vuelta a su casa sin besarla o tocarla. En el momento en que la camioneta se detuvo, él estuvo fuera abriendo la puerta para ella. ― Gracias. ― Carolyn tomó la mano que él le ofreció para que descendiera. Cuando


la soltó, ella se dirigió hacia el camino de piedra de su villa, diciendo, ― Buenas noches. ― Buenas noches, ― dijo Christian en voz baja mientras cerraba la puerta. La observó mientras ella se alejaba caminando. En el momento en que ella se deslizó al interior de la villa, el conductor arrancó y Christian se obligó a relajarse en su asiento. ― ¿Vas a intentar dormir de nuevo? ― Le preguntó Gia mientras caminaban desde la camioneta hasta su propia villa momentos más tarde. Christian hizo una mueca. ― He dormido toda la tarde. No creo que ahora duerma. Es por eso que estaba despierto y la vi dirigirse al bar antes. Gia asintió con la cabeza. ― Tus padres te vieron salir. Marguerite me llamó y me pidió que os vigilara y me asegurara de que no necesitabas ayuda. ― Ella tiene mucha fe en mis habilidades, ―dijo él irónicamente, abriéndole la puerta a Gia. Gia se echó a reír mientras entraba. ― Ella estaba preocupada sólo porque no puedes controlar o borrar la mente de Carolyn y temía que ella pudiera preguntarte algo que tendrías dificultades para responder con honestidad... tal como lo hizo, ― señaló ella secamente. ― Sí. ― Christian la siguió al interior. ― Gracias por intervenir. ― Oye, tú eres mi primo favorito, ― dijo ella a la ligera, golpeándole el brazo con su hombro, y luego añadió con una sonrisa, ― Bueno, uno de ellos. ― Correcto, ―dijo él sonriendo. ― Entonces, ¿qué vas a hacer? ― Preguntó ella, mientras cerraba la puerta. ― Esperar al amanecer y luego buscarla mañana por la mañana, pasar el día con ella y ganarme su confianza. ― ¿Afuera, a luz del sol? ― Preguntó ella inquieta. ― ¿Y cuándo vas a dormir? ― Voy a dormir mañana por la noche. Para ese entonces caeré inconsciente. Y no veo ninguna otra alternativa que salir durante el día. Entre los espectáculos de noche y su horario mortal, es la única manera en la que pueda pasar más de un par de horas al día con ella. Lo necesito para ganarme su confianza.


Gia asintió muy seria. ― Bueno, tú también deberías estar con nosotros. Tal vez puedas lograr que Zanipolo se calle sobre el hecho de que Carolyn piense que él es gay. Está cuestionando el por qué ella debería pensar eso desde su regreso. Ahora está decidido a cortarse el pelo y dejarse crecer la barba para parecer más viril. Christian se rió y la siguió desde el vestíbulo.


7

Un chillido y una risa hizo a Carolyn mirar hacia la derecha, las gafas de sol que llevaba ocultaban el hecho de que estaba viendo a una pareja joven juguetear en la costa. Una pelirroja joven era al parecer reacia a entrar en el agua y un joven hombre de cabellos oscuros la había agarrado por la cintura desde atrás, levantándola en vilo. Sin duda, recién casados, decidió Carolyn cuando vio al joven llevar a la mujer riendo hacia el mar. Tan jóvenes, tan felices, tan enamorados, pensó con tristeza, viéndolos y queriendo llorar. No creyó alguna vez haber estado en todas esas cosas. Oh, ella había sido joven una vez, y feliz de vez en cuando, pero no feliz como ellos, y aunque había pensado que estaba enamorada de Robert, resultó que el hombre al que había amado ni siquiera había existido. Su estadio en el amor había sido muy corto y sobre todo consciente de sí mismo mientras se esforzaba por complacer a un hombre que nunca podría estar satisfecho. Haciendo una mueca ante los malos recuerdos, levantó su libro otra vez y fingió leer, pero siguió echado vistazos alrededor bajo la cobertura ofrecida por sus gafas de sol. Carolyn se había despertado esa mañana con sonidos de arcadas provenientes del cuarto de Beth. Bethany estaba todavía enferma, definitivamente algún tipo de insecto y no intoxicación alimentaria, que era una preocupación con su diabetes. Cuando Beth se unió a ella en la cocina unos momentos más tarde, Carolyn había sugerido ver si había un médico en la isla, pero Beth se había negado. Sólo necesitaba más horas de sueño, había insistido. Carolyn debía ir a desayunar con Genie y luego ir a la playa. Se reuniría con ella después. Como si eso fuera probable, pensó Carolyn con un suspiro. Parecía que estaba destinada a pasar las próximas dos semanas sola, rodeada por felices recién casados, cuya alegría era un contrapunto a su propia situación. Eso o pasar el rato con su amigo gay, Christian. Ese fue un pensamiento cruel, se dijo en cuanto se deslizó en su mente. Christian parecía un buen tipo. Además, sin él para hacerle compañía al menos una parte del tiempo, ella podría estar tentada a hacerse daño a sí misma. En serio, todas esas parejas de enamorados la hacían sentir... Bueno, francamente, se sentía herida. Un monstruo. Seguía mirando a su alrededor, preguntándose por qué no tenía a alguien que la quisiera. Por qué Robert no la había amado. ¿Qué estaba mal en ella? Era desalentador estar rodeada de todas esas


parejas jóvenes. Había algunas parejas mayores, e incluso una o dos mujeres sobre las que pensaba que ella era más atractiva. Sin embargo, todos tenían éstas felices, sonrientes, enamoradas parejas, mientras que ella estaba sola... como de costumbre. Pero claro que Carolyn se había sentido sola la mayor parte de su vida. Había sido una niña cuya madre trabajaba que sabía que la quería mucho, pero que, debido a las circunstancias, había pasado la mayor parte de su tiempo en el trabajo, y entonces... Bueno, ella nunca había sentido como que pertenecía a ninguna parte ni que tenía una familia real. Carolyn hizo una mueca ante sus pensamientos egoístas. Había tenido mucha suerte de tener a su madre. Por lo menos había sabido que era amada. Algunos niños ni siquiera tenían eso. Forzó la mirada hacia su libro otra vez, tratando de encontrar el lugar donde se había quedado, entonces se puso rígida por la sorpresa cuando alguien se dejó caer en la arena al lado de su tumbona. —Buenos días. Carolyn reconoció la voz de Christian antes de realmente girar la cabeza para mirarle. Tenía una voz profunda y sexy, muy particular y difícil de olvidar. Ella le sonrió, su alivio por no estar sola le añadía calidez a la misma. —Buenos días, — dijo, y frunció el ceño al notar las ojeras debajo de sus ojos. —¿Dormiste algo? —No mucho. Me quedé hasta el amanecer.— Cuando la preocupación tironeó en su cara, él se encogió de hombros. —Sólo significa que voy a dormir bien esta noche. Carolyn sonrió con ironía. —Para el caso, yo también debería. Me desperté al amanecer. —Ah, eso lo explica,— murmuró él y ella arqueó una ceja. —¿Explica qué? —Por qué te ves tan cansada,— dijo rápidamente. —¿Qué te despertó? —Beth. Se levantó para tomar un trago y dejó caer un vaso en la cocina. Para cuando la envié a la cama y limpié todo, estaba completamente despierta. Intenté volver a dormir, pero renuncié después de permanecer allí durante una hora. Christian cabeceó. —¿Cómo está? —Creo que es gripe y debe ver a un médico, pero ella insiste en que mientras tome grandes cantidades de líquido y duerma, estará bien,— dijo Carolyn, arqueando las cejas mientras miraba hacia sus vaqueros negros y camiseta. —Esa no es exactamente ropa de playa.


—Tengo algo de alergia al sol, — se excusó. —¿Por qué estás aquí entonces?— Preguntó ella con preocupación. —Mientras estemos en la sombra, estoy bien. —Hmm. No vas a estar cómodo aquí en pantalones vaqueros y camiseta, sin embargo. Hace demasiado calor. Tal vez deberíamos... Su voz se apagó abruptamente cuando él se levantó y rápidamente se quitó la camiseta. Sus ojos se abrieron ampliamente. Ella había pensado que sus apretadas camisetas prácticamente delataban cómo su pecho se vería desnudo, pero se había equivocado. Él se veía bien en camiseta, pero era un condenado Adonis sin ella. Cuando Christian se desabrochó los pantalones y comenzó a empujarlos por sus caderas, ella intentó apartar la mirada, pero era imposible. Miró con avidez mientras él salía de ellos para revelar un par de sueltos y negro pantalones de natación. Sus piernas eran tan impresionantes como su torso. El hombre tenía la constitución de un atleta, todo músculos ondulantes y tersa piel olivácea. Debía de ser popular en los bares gay, pensó Carolyn, pero frunció el ceño al notar que su improvisado striptease había atraído a cada ojo femenino en unos cientos de metros. —Maldita sea, Christian, es muy probable que causes un alboroto en la playa haciendo eso, — dijo con disgusto. —¿Qué?— Preguntó, mirando a su alrededor con sorpresa. —No importa. — Carolyn miró a su alrededor otra vez para notar que algunas mujeres estaban mirándola con envidia. Si tan sólo supieran. —Deberías haber agarrado una tumbona antes de quitártelos. ¿Quieres que te traiga una? Cristiano sacudió la cabeza, y desplegó una larga toalla de playa al lado de su silla. —Estoy bien. —Hmm. — Lo vio extenderse en ella. Cuando giró la cabeza y sonrió, automáticamente le devolvió la sonrisa y luego volvió la mirada a su libro, pensando que era una lástima que nunca hubiera salido con alguien tan atractivo como él cuando era más joven. Toda mujer debería llegar a disfrutar de tal belleza masculina por lo menos una vez en su vida. Su boca se torció. En realidad, había sido invitada a salir por un hombre, una vez en la universidad. Bueno... el término ―invitada a salir‖ era un poco engañoso, supuso. Él se había acercado y había empezado a hablar con ella en una de las raras


ocasiones en las que habían sido sólo las tres chicas. Asombrada de alguien tan apuesto –traducción: chico—caliente–le prestara atención, había colgado en sus palabras durante los tres minutos que le habían llevado decir, —Me encantaría desayunar contigo. ¿Tu casa o la mía? —Carolyn se había encogido ante la oferta como la virgen que había sido en su momento, pero ahora se preguntaba cómo podría haber sido su vida si hubiera aceptado. Podría haber acabado diferente, o podría haber terminado de la misma manera, supuso Carolyn. En realidad, los remordimientos eran una pérdida de tiempo. Simplemente no se puede cambiar el pasado. El presente y el futuro eran todo en lo que tenía que trabajar. —¿Qué estás leyendo? Carolyn miró a Christian. Estaba tumbado de espaldas, con las manos bajo su cabeza y sonreía con tranquilidad. Giró la tapa para que la leyera. —Es muy popular en este momento, pero lo estoy encontrando un poco lento, demasiado sobre la política alemana; al menos al principio. Esperemos que la historia arranque pronto. —Déjame saber si lo hace. Lo tengo en casa en mi pila de TBR3,— admitió. —¿En serio?— Preguntó ella, sus ojos muy abiertos. Él arqueó una ceja y preguntó, —¿Por qué tanta sorpresa? ¿Creías que lo único que podía leer era música? Carolyn se echó a reír. —Bueno, eres un rockero. Pensé que todo lo que hacéis era tocar y tener relaciones sexuales. Christian soltó un bufido. —Te sorprenderías. Ha pasado un largo tiempo para mí, y ni siquiera puedo recordar la última vez que Santo y Raffaele tuvieron una amante. —¿Y Zanipolo y Gia?— Preguntó ella. —Gia no lo ha tenido en mucho tiempo tampoco. Zanipolo, por otro lado, es una especie de puta, — le informó. Carolyn sonrió. —¿Lo es? —Sí, — le aseguró Christian, y se echó a reír. —Y estaba muy molesto al saber que él fue el primero en el que pensaste como el homosexual en la banda cuando Gia 3

Para ser leído


estaba hablando contigo. Carolyn se acalló. —Yo no le dije a Gia quién sospechaba que era gay. La sonrisa de Christian se quedó inmóvil, y entonces se relajó y se encogió de hombros. —Tal vez estaba burlándose de él entonces. Carolyn frunció el ceño. Debía de ser el caso, por supuesto, porque ella no había dicho en voz alta sus pensamientos... aun así... Aún así ¿qué? No era como si Gia pudiera leer su mente. Ella debía haber estado bromeando con Zanipolo. Fue una coincidencia, pensó, y luego, dándose cuenta de lo que Christian había dicho, le preguntó, —¿Así que Zanipolo sabe que eres gay? Su mirada vaciló. —Zanipolo conoce mis preferencias sexuales. —Oh. ¿Hay alguien más? En lugar de responder, él se sentó bruscamente y miró a su alrededor hasta que sus ojos se encontraron con una pequeña caseta de bebidas en el medio de la playa llena de gente. —¿Quieres un trago? Tengo sed. —Tengo un poco de sed, — admitió. Christian inmediatamente excavó por su billetera en el bolsillo de sus vaqueros y trotó lejos a través de la arena. Saliendo hacia el sol, observó, preocupada por su alergia. Afortunadamente, estuvo sólo un breve momento en el puesto antes de volver rápidamente con dos margaritas. —Es un poco temprano para el alcohol, ¿no te parece?— Preguntó Carolyn mientras él se inclinaba para darle una de las bebidas. Suponía que aún no era el mediodía. Tal vez las 11 am. —No sabía qué otra cosa era buena, — dijo Christian con un encogimiento de hombros mientras se acomodaba en la arena junto a ella. —Uno no debería hacernos daño. —No debería, no— estuvo ella de acuerdo. —Pero probablemente me dormiré. —Teniendo en cuenta que ninguno de nosotros tuvo una noche completa de sueño, eso no parece ser algo malo. Una pequeña siesta a la sombra suena bien para mí. Ella se encogió de hombros y le dio un sorbo a su bebida. Estaba realmente buena; fría, amarga y refrescante, la bebida perfecta para un día caluroso y soleado con un libro. —¿Crees que Beth se sentirá mejor esta noche?— Preguntó Christian, tomando de su propia bebida.


—Probablemente no. ¿Por qué? —Julius quería saberlo para las reservas, — explicó. —¿Las reservas?— Preguntó Carolyn con incertidumbre. —Para la cena.— Al ver su expresión en blanco, le recordó, —Cena y baile esta noche. ¿Cena antes de que toquemos, baile en la ciudad después? —Oh, claro.— Había olvidado ese asunto de la noche anterior. Pero ahora supuso que eso significaba que debía esperar besos y caricias esta noche para convencer a su familia de que eran testigos de una historia de amor floreciendo. La idea le hizo levantar su copa, pero recordó el cerebro congelado en el último momento y sólo tomó un sorbo de la bebida. —Es sólo una noche, — dijo Christian en voz baja. —Reservaré excursiones y cenas durante el resto de la semana para asegurarme de que no vuelva a ocurrir. Carolyn asintió con tranquilidad y tomó otro sorbo de su bebida. —¿Alguna excursión en la que estés particularmente interesada?— Preguntó. Carolyn negó con la cabeza. —Ni siquiera sé lo que está disponible. Sé que tenemos reservado un transporte comercial y Bethany reservó para pasar el día navegando por la costa y viendo un volcán y una plantación de cacao. Pero aparte de eso, no tengo ni idea cuando o lo que está disponible. Christian bebió el último trago de su margarita rápidamente y se tendió junto a ella otra vez. —Voy a agarrar un folleto cuando vayamos a comer y podremos echar un vistazo a lo que está disponible mientras comemos. Carolyn asintió y bebió lo último de su propia bebida, luego dejó el vaso vacío en la arena junto a su asiento y se echó hacia atrás para abrir su libro de nuevo. Pero estaba sonriendo ahora, notó. Era una sonrisa cómoda y relajada. Ella no estaba sola. —¿Cara? —¿Hmmm?— Murmuró soñolienta, parpadeando sus ojos abiertos para encontrar que se había girado sobre su estómago en la tumbona. El sol se había movido en el cielo y la sombra había desaparecido. Ahora estaba tendida a la intemperie, el sol caía sobre ella. Estaba caliente y sudorosa, la piel de su espalda bajo el candente sol del mediodía. —Vas a arder. Necesitas loción. La voz de Christian a su otro lado la hizo levantar la cabeza y girarse para mirarlo.


Él estaba sentado, con una cadera encaramada en el borde de su sillón, y todavía estaba en su traje de baño, pero ahora había una botella de loción en su mano. Abriendo la botella, roció un poco en sus palmas y luego dejó caer la botella a la arena. —¿Debería poner un poco sobre ti?— Preguntó, frotándose las manos para extenderlo entre sus dedos. Carolyn abrió la boca para decir que no, que ella lo haría, pero el pequeño sonido se apagó aún antes de que se hubiera formado lo suficiente cuando él se inclinó para deslizar sus manos por su espalda. La forma en que masajeaba la crema en su espalda y hombros debería haber sido tranquilizadora. Estaba bastante segura de que lo hubiera sido con alguien más, pero simplemente no lo era con él. Su piel se estremeció por todos los lugares por los que sus manos se movían y en vez de relajarla, se encontró cada vez más tensa bajo su toque. Se mordió el labio, cerró los ojos y trató de obligarse a relajarse, pero era imposible. Gay o no, él era un chico guapo, sexy y olía condenadamente bien. —Estás obteniendo una línea de bronceado.— Él se inclinó hacia adelante para hablar, su pecho desnudo presionándose cálido y duro contra su espalda igualmente desnuda; su suave aliento contra su oído. —¿Debería deshacer la parte superior de tu traje de baño? Carolyn parpadeó sus ojos abiertos con alarma ante la sugerencia, y luego se preguntó con confusión cuando se había quitado la camiseta y los pantalones cortos para revelar el traje de baño que se había puesto debajo. Había sido demasiado tímida para hacerlo cuando había llegado, pero ahora sus ropas habían desaparecido y su traje de baño era su único abrigo. Un tirón en la cuerda de su espalda arrastró su atención de ese asunto a otro cuando su traje de baño superior cayó como agua en la tumbona a ambos lados de ella, dejando su espalda completamente desnuda y sus costados completamente expuestos. No era indecente ni nada, sus pechos estaban aplastados por debajo de ella en la tumbona y ocultos, pero la hacía sentir extrañamente vulnerable, y entonces Christian se inclinó hacia adelante para susurrarle al oído de nuevo. —Hai la pelle bella, cosi dolce.— Su voz era ronca y suave, sus manos recorrían su espalda, deslizándose hacia la parte inferior de su traje de baño. —Buon Ritiene sotto le mie pasador —¿Hmm?— Murmuró Carolyn con confusión, sin entender lo que supuso era italiano. —Tienes una piel hermosa, muy dulce,— tradujo él, con sus manos masajeando y amasando su cintura baja. —Se siente bien bajo mis dedos.


Carolyn se congeló por la sorpresa, pero se mordió el labio mientras sus manos se deslizaban a sus costados. Sus manos estaban contra sus lados, pero las puntas de sus dedos se curvaron debajo de su cintura justo por encima de su traje de baño inferior y se deslizaron hacia arriba. Ella se quedó sin aliento cuando rozó la parte inferior de sus pechos, luego los lados de estos mientras sus manos seguían arrastrándose hacia arriba y a lo largo sus dedos. Carolyn no respiró hasta que sus manos se deslizaron hacia abajo. Ella dejó escapar un pequeño suspiro de alivio cuando se mudaron a su cintura de nuevo, pero entonces Christian se desplazó y sus manos se saltaron su traje de baño inferior para encontrar la carne de sus muslos. Seguramente, él tenía que detenerse y conseguir más loción ahora, pensó Carolyn, casi desesperada por un momento sin sus manos en ella. Su cuerpo hormigueaba por todas partes donde él tocaba, pero también en lugares que no tocaba mientras sus dedos cruzaban hasta sus pantorrillas y tobillos. A continuación, pasó las dos manos a su pierna izquierda para que viajaran hacia arriba, con una mano fuerte y firme en el interior de su tobillo, la otra fuera, con sus pulgares deslizándose hacia arriba por la parte posterior, mientras sus manos se abrían paso hasta su pantorrilla. Carolyn se sintió tensarse. No le importaba si él era gay, simplemente no había manera de permanecer inmóvil e insensible con sus manos viajando por su cuerpo. Quería pedirle que se detuviera, pero no creía poder hablar aún para salvar su alma cuando sus manos se movieron hacia la cima de sus muslos. Estaba apretada como un reloj de cuerda, y Carolyn se mordió el labio casi lo suficiente como para extraerse sangre mientras luchaba por no retorcerse. Para su alivio, Christian se detuvo justo antes de la parte superior de su pierna, y entonces sus manos pasaron a la otra pierna para viajar lentamente hacia abajo por ella. Esta vez, sin embargo, en su camino hacia arriba les permitió viajar hasta el final, y su respiración la abandonó en un jadeo cuando la mano en el interior de su pierna rozó ligeramente contra su traje de baño entre las piernas. —Christian,— se atragantó ella en señal de protesta mientras su cuerpo respondía al tacto, y entonces sus manos estaban en su espalda de nuevo, deslizándose desde su columna vertebral hacia los costados. Carolyn dejó escapar su aliento lentamente, girando su cabeza para mirar hacia la playa, extendiéndose para ver que ahora estaban solos, la playa llena de nada más que tumbonas vacías. La vista la confundía. ¿Dónde había ido todo el mundo? Estaba cerca de la hora del almuerzo, ¿pero seguramente no se habían levantado en masa para golpear los restaurantes? —Esa piel pálida,— murmuró Christian cuando sus dedos se deslizaron a lo largo de sus costados, moviéndose hacia arriba. —Tan hermosa.


Las palabras sonaban en su oído, su aliento caliente contra su carne acalorada; ella empezó a girar su cabeza hacia él y entonces se congeló cuando de repente su lengua se deslizó por el borde exterior de su oreja antes de reclamar su lóbulo con los labios. —Pero tú eres gay,— se atragantó ella con confusión cuando él empezó a chupar su lóbulo, enviando una nueva oleada de estremecimientos a través de ella. Sus manos hicieron una pausa a mitad de sus costados, él soltó su lóbulo y gruñó, —No, no lo soy.— Y entonces, mientras ella luchaba por aceptar eso, sus labios se arrastraron a su cuello, mordisqueando y besando, enviando escalofríos a través de su cuerpo mientras sus manos ascendían por sus costados de nuevo. —Dame tus labios,— susurró Christian mientras sus manos se detenían, los lados de ellas rozando la parte inferior de sus pechos. —Christian, no creo que esto sea una buena... Sus palabras murieron en un jadeo cuando sus manos de repente se curvaron debajo de sus pechos. Él apretó suavemente, y entonces la alzó de la tumbona para poder alcanzar y cubrir su boca con la suya. Carolyn gimió cuando su lengua se deslizó entre sus labios y la besó con la misma pasión que ella recordaba de la noche anterior cuando la había visto en la puerta. Esto atrajo la misma respuesta demoledora en su cuerpo ahora, causando una pequeña explosión de pasión y necesidad que se derramó sobre ella como chispas de fuegos artificiales. Gimiendo de nuevo desde el fondo de su garganta, se retorció en sus brazos, sus pechos escapando de sus manos cuando ella se movió de nuevo. La boca de Christian se aferró a ella y al segundo estaba de vuelta, deslizando sus brazos alrededor de su cuello, sus manos encontrando sus pechos de nuevo. Sus dedos se cerraron sobre la carne tierna, apretando y amasando, trayendo jadeos y gemidos de ella mientras su lengua empujaba varias veces contra su boca. Carolyn nunca había experimentado tanta pasión. Parecía estar cabalgando a través de ella en oleadas que hacían juego con el ritmo de las olas del mar que golpeaban la orilla, corriendo sobre ella, una tras otra, incansable como el propio mar. Ella gimió su nombre cuando su boca dejó la de ella, entonces jadeó cuando cayó a su pecho. Tiró de su pezón, rozándola con sus dientes, y ella gimió y se retorció en la tumbona. Cuando su mano se deslizó hacia abajo y entre sus piernas, Carolyn gritó, apretando los dedos en su pelo. —Bella cara, gime para mí, — susurró él contra su pecho mientras sus dedos comenzaban a acariciarla a través de la fina tela... y Carolyn gimió, su cuerpo entero temblaba ante el tacto.


Levantando la cabeza, Christian reclamó su boca una vez más, sus labios moviéndose sobre los de ella mientras sus dedos agitaban sus pasiones. Esta vez, cuando su lengua empujó en su boca, dejó a la suya moverse tentativamente para unirse a su danza. Cuando su boca se separó de la de ella otra vez, ella lanzó un grito de protesta, pero sus dedos continuaron agitando sus pasiones y él se echó a reír; entonces mordisqueó su oreja, susurrando —Tócame. Carolyn inmediatamente sacó una mano de su cabeza para obedecerle, sus dedos deslizándose por su pecho, y luego bajando a buscarlo a través de su traje de natación. Lo encontró duro y Carolyn se quedó inmóvil, con los ojos desorbitados y abiertos por la sorpresa. Christian se detuvo y levantó la cabeza con preocupación. —¿Qué pasa, cara? —Yo... er ... eres demasiado grande, — dijo con vergüenza. Él parecía confundido y negó con la cabeza. —No, no lo soy. Carolyn lo miró con incredulidad. —Pero Robert... —Yo no soy Robert, — dijo solemnemente. —Y te aseguro que estoy sólo en la parte alta del promedio, así que si te parezco mucho más grande que él, debió haber tenido un pene molto molto piccolo. Carolyn no le preguntó la traducción. Sospechaba que acababa de decir algo del largo de Robert habiendo obtenido un piccolo por pene o algo así, pero, francamente a ella no le importaba mucho. Christian había quitado de repente su mano de entre sus piernas. Ella se esforzaba por ocultar su decepción, y se lamentaba por no haber dicho nada cuando sintió un tirón repentino en el lazo del traje de baño en la cadera. Carolyn miró hacia abajo, Christian estaba tirando del otro lazo. Sus ojos se dispararon hacia su cara y su boca cubrió la de ella otra vez, y entonces sintió que su mano dejaba a un lado el trozo de tela de la parte inferior de su vestido de baño y lo reemplazaba por la mano. Carolyn gritó dentro de su boca mientras sus dedos se sumergieron entre las piernas, buscando y deslizándose sobre su piel cálida y resbaladiza. Por un momento, ella era todo sensación, y ningún pensamiento, y una mano apretó desesperadamente su cabello, mientras que la otra se apretó alrededor de su erección.


Cuando fue recompensada con un gemido de Christian y sus caricias y besos se hicieron más exigentes, ella inmediatamente lo puso en libertad para que encontrara la parte inferior de su amplio bañador. Ella deslizó su mano hasta una pierna para encontrarlo de nuevo sin ropa y su carne estaba caliente, y aún más dura de lo que estaba hacía un momento. Carolyn empezó a mover los dedos sobre él, deseosa de aumentar su placer. La respuesta de Christian fue muy gratificante, él calmó su fuerte latido un segundo y luego gruñó en su boca, su lengua empujando casi castigándola. Sus caricias también cambiaron, dejando el pulgar en el meollo de su excitación, deslizó un dedo dentro de ella. Las caderas de Carolyn se arquearon en la tumbona, gritando su nombre mientras rompían su beso. Christian continuó lo que estaba haciendo, pero llevó su boca a su pezón y luego, su boca empezó a succionar con fuerza hasta que ella liberó su erección y retiró la mano para tirar nerviosamente de su traje de baño. Para su alivio, él respondió de inmediato, liberando sus manos para que pudiera ponerse de pie y rápidamente salir de su traje de baño. Al momento siguiente, él estaba sobre ella, instando sus rodillas a separarse. Carolyn llegó con entusiasmo por él, sus manos tirando de su cabeza hacia la suya una vez más mientras se acomodaba entre sus muslos. Él no entró de inmediato. Mientras que reclamaba sus labios y metió su lengua en su boca, él simplemente se aplastó contra ella, frotando su dureza con firmeza a través del centro de su excitación. Carolyn gimió y envolvió sus piernas alrededor suyo en respuesta, su beso era cada vez más desesperado. Sus manos cayeron para agarrar su trasero, cavando con una demanda que no estaría satisfecha por medias medidas. Sin embargo, Christian se contuvo, su boca en la de ella devorando brevemente antes de que de repente se empujara en ella. Carolyn apartó su boca, en un grito cuando él la llenó, y luego en pequeños jadeos, que venían de sus labios mientras su cuerpo luchaba por aceptar una invasión a la que no estaba acostumbrada. — ¿Cara? —Preguntó con incertidumbre, sin moverse, y ella parpadeó abriendo los ojos. Viendo la preocupación en su rostro, ella bajó la cabeza. Reclamó sus labios, sus caderas instintivamente se movieron para instarlo a que continuara, y se moviera de nuevo, retirara su cuerpo y luego empujara de nuevo en ella. Su boca cogió sus gemidos y lloró cuando dirigía a ambos al borde de un precipicio y luego la intrusión del sonido de un teléfono, haciéndola fruncir el ceño contra su boca. — Ignóralo, — jadeó Christian, metiéndose en ella de nuevo, pero al segundo


timbrazo Carolyn parpadeó, sus ojos abiertos y mirando con incertidumbre en torno a lo que en un principio parecía una escena rara. Ella estaba en su tumbona en la playa como se esperaba, pero aún en la sombra. La playa estaba llena de risas y charlas de parejas. Su camiseta y pantalones cortos estaban de vuelta en su lugar sobre su traje de baño, su libro sobre su estómago donde había caído al parecer cuando se había quedado dormida, y Christian estaba recostado en la arena al lado de su silla. Entonces ella notó que, sus ojos se abrían y se lanzó a sus pies. Luego, estaba corriendo por las olas, aparentemente ansioso por un chapuzón. Carolyn miró detrás de él, su cerebro poco a poco calmándose a partir de su estado de agitación y aceptando que todo había sido un sueño. Por supuesto, había sido un sueño. Sólo en sus sueños Christian estaría duro e interesado en ella. El timbre del teléfono sonó otra vez, y Carolyn miró su cartera en la arena. Dando una sacudida con la cabeza para tratar de aclararse, se inclinó hacia un lado, se enganchó la correa y tomó la bolsa. Luego lo tiró sobre su regazo y revisó rápidamente el interior para encontrar su teléfono. El timbre sonó por última vez justo antes de que Carolyn golpeara el botón para contestar, lo apretó contra su oído y dijo, — ¿Hola? — ¿Caro?— Dijo Bethany. — Sí. — Se sentó, enviando su libro a la arena. — ¿Te sientes mejor? ¿Vas a venir a la playa? — No. Sólo quería ver cómo estabas. Me siento tan mal por dejarte por tu cuenta. — No te preocupes por mí, — dijo Carolyn con un suspiro. — Estaré bien. Tú eres quien está enferma. — Sí, bueno, me preocupo por ti. Insistí en arrastrarte a Santa Lucía y luego, básicamente, te abandono. Me siento muy mal. — No lo hagas. Estás enferma. No hay nada que podamos hacer al respecto. Pero vas a estar mejor en un par de días y todavía tendremos un montón de tiempo para divertirnos. — Bien—, murmuró Bethany. —Los chicos de la banda no están merodeando para molestarte, ¿verdad? — Yo... no. — Él no está cerca, — dijo Carolyn, sus ojos encontraron a Christian mientras nadaba de manera constante hacia el mar. No era una mentira, se dijo. Christian


estaba en ninguna parte cerca ella en el momento. — Bien, — dijo Beth con firmeza. — Si él aparece, dile que vas a tomar una caminata. No necesitas perder tus vacaciones jugando a la coartada para otro Brent. No, porque sentados en su propia condenada luna de miel estaría mucho mejor, pensó Carolyn, pero sólo murmuró sin comprometerse. — ¿Hay algo que quieres que te lleve cuando regrese? — Umm... bueno... si no te importa, ¿podrías parar en esa pequeña tienda al otro lado del edificio principal y ver si tienen algún ginger ale, — preguntó Bethany. –Y ¿tal vez algunas galletas? Eso ayudará a calmar mi estómago. — Por supuesto, — dijo Carolyn. — Voy a llevártelos ahora. — No. Sigue adelante y obtén primero tu almuerzo. Puedo esperar hasta que hayas comido. — Está bien, — murmuró Carolyn, recordando que Christian había dicho algo sobre mirar por encima los panfletos durante el almuerzo. — ¿Y Carolyn? — ¿Sí? — Ella miró a su vez a Christian hundiendo su cabeza de nuevo. — Todo va a estar bien. Si viene de mal en peor, siempre podríamos convertirnos en amantes lesbianas y envejecer juntas. Quién necesita a los hombres, ¿no? — Bien, — murmuró Carolyn, no encontrando su vieja broma remotamente divertido. — Que te diviertas. Y no tengas prisa en volver. Simplemente disfruta de la arena y las olas. No hay prisa para el ginger ale y las galletas. Voy a descansar y dormir un rato de todos modos. — Está bien. — Carolyn colgó, su mirada sobre Christian mientras nadaba los últimos tres metros a la orilla. Era un muy buen nadador, señaló distraídamente, pero si era alérgico al sol, pensó que probablemente no debería estar ahí fuera en el agua. Ella se dejó caer sobre el sillón, pensando que los esfuerzos de Bethany para fomentar su resistencia habían tenido el efecto contrario y que estaba deprimida ahora. O tal vez era el hecho de que al parecer había tenido sueños húmedos sobre su compañero gay por lo que estaba deprimida, pensó Carolyn sombríamente. Ella casi se sentía como si debiera pedir disculpas al pobre por haberlo violado en su sueño. Haciendo una mueca, empujó sus gafas de sol con más fuerza por la nariz, y


observó caminar a Christian, goteando, saliendo de las olas. Era un hombre joven y bello... y ella no podía dejar sus sueños, se dijo. Además, el sexo del sueño había sido más caliente que todo lo que había experimentado en la vida real. Era también lo más divertido que había tenido hasta ahora en este maldito viaje. Y ella era la única que sabía sobre él, nadie había sido herido por ella. Sólo tenía que recordarse a sí misma, con firmeza, que todo había sido un sueño y que nunca iba a suceder en la vida real. Christian era gay, y era lo que era. Él nunca la querría. Nunca.


8 —Así que Bethany te ha reservado un tour de compras y un día para andar por Soufriere, — murmuró Christian, mirando a través de los folletos. —Estoy bastante segura de que ella nos mencionó a las dos. Pudo haber reservado para los demás, pero si es así, no recuerdo que me dijo. Christian asintió. —Bueno, parece que estamos de suerte esta tarde. La mayor parte de los tours comienzan por la mañana. —Probablemente porque es más fresco entonces.— Se acercó más a leer la descripción del tour en Jeep, por la selva. Eso sonaba interesante, se detendrían en una plantación de plátanos, habría algunos caídos y otras cosas así también. La aventura de tirolesa parecía interesante también, pasar a través de los árboles a 150 pies sobre el suelo para ver el bosque desde un ángulo inusual. Tenían también la vista de un pájaro volando, incluso de las aves. Al menos eso es lo que el folleto decía. —Hmm. — Christian frunció el ceño, y señaló, —Eso solo deja lanzarse a las compras esta tarde. Carolyn se echó a reír al ver su expresión. —Te ves muy emocionado. —Sí. — Él sonrió torcidamente. —No estoy interesado en lo comercial. —Bueno, no tenemos que hacer nada esta tarde, — señaló ella con diversión. —Tengo que tomar un poco de ginger ale y galletas y verificar a Beth. Entonces podríamos pasear alrededor de la playa durante un rato. Quiero decir, ya pasan de la una y la comida ni siquiera ha llegado todavía. En el momento en que regrese de comprobar a Beth probablemente serán las 2 o las 3, podríamos estar por aquí, leer o hablar, luego, después alistarnos para la cena y... —Ella se encogió de hombros.—El resto de la noche bien podríamos pasarlo hablando. —Sí. — Él arqueó las cejas. —¿Te importaría? —No. Bethany y yo planeamos relajarnos sólo el primer o segundo día de todos modos,— le aseguró ella que era cierto, que habían planeado relajarse y recuperarse de los cuidados del mundo. Suponía que si Beth tenía que enfermarse, había escogido el mejor momento para hacerlo. Seguramente cuando se recuperara harían todos esos tours. —Está bien, pero realmente creo que deberíamos hacer la aventura en tirolesa o la excursión en Jeep mañana, — sugirió. —Suena como un plan, — admitió ella, contenta de que sus intereses parecían coincidir con su dueño. Luego se echó hacia atrás cuando la camarera llegó con la


comida. Carolyn suspiró con placer hacia la hamburguesa puesta delante de ella. Sabía que no debería comérsela, que había estado tratando de cuidar su peso desde que dejó a Robert, pero estaba de vacaciones, ¿qué mejor momento para comer una? Y Christian había pedido lo mismo. —Mmm, esto está bueno, — anunció con la boca llena de hamburguesa. Carolyn negó con la cabeza, divertida. —¿No me digas que no tienen hamburguesas en Italia? —Estoy seguro de que sí, pero nunca he comido una, — dijo él, cogiendo una patata haciéndola estallar en su boca. —¿Nunca? —Preguntó con sorpresa y luego sonrió. —Supongo que comes un montón de pasta por allí. Parece que es por lo que Italia es conocida. Christian lanzó un gruñido, pero tenía la boca llena de hamburguesa y volvió su atención a su propia comida. Pasaron unos momentos antes de que ninguno de los dos hablase, fue Christian quien dijo, —Entonces, ¿qué hace un abogado de negocios exactamente? Carolyn sonrió con ironía y cogió una patata frita, admitiendo, —Realmente no uso mi grado para nada. Alzando sus cejas, se encogió de hombros. —Mi tipo de vida dio un giro en una dirección inesperada hace varios años. —¿Ah?— Preguntó Christian con curiosidad. Ella asintió con la cabeza y contempló su plato, pero luego decidió que no había ninguna razón para no contárselo. No era probable que afectase su amistad en ciernes y eso era todo lo que siempre había querido. —¿Recuerdas que dije que mi madre era mi única familia? Él asintió con la cabeza. —Bueno, resultó que no era del todo cierto. Parece que tenía un montón de familia. Ella no se atrevía a acercarse a ninguno de ellos por miedo a que mi padre la encontrara. Christian hizo una pausa en su masticación, entrecerrando los ojos. —¿Abuso conyugal? No se sorprendió terriblemente por haberlo imaginado. ¿Qué otra razón podría hacer que una mujer huyera de su marido y familia y criar a un hijo sola en la miseria?


—Sí. Supongo que era fácil con los puños. Me dijo que casi me perdió cuando la echó abajo por las escaleras mientras ella estaba embarazada. —Ella hizo una mueca. —Mientras estuvo con ella solo le pego, pero cuando yo tenía cuatro años comenzó conmigo. —¿Eso es de él?— Preguntó Christian. Carolyn hizo una pausa por la confusión, pero luego se dio cuenta que se estaba frotando la pequeña cicatriz en forma de gota bajo su ojo derecho. Apartando la mano, cogió la hamburguesa, pero luego se detuvo. —Sí. Creo que tenía mis codos sobre la mesa. La expresión de Christian se ensombreció. —¿Y por eso te marcó de por vida? Carolyn se encogió de hombros. —Tengo entendido que él tenía mal genio. Además, fue una especie de accidente, supongo. Quiero decir, que al parecer me golpeó y me envió volando un vaso, jarra o algo sobre la mesa. Fue el vaso lo que me cortó, no él, pero el hecho de que me hubiese golpeado tan fuerte fue suficiente para ella. Tenía miedo de que no fuese la última vez, así que me tomó y echó a correr. Ella cambió nuestro nombre por su apellido de soltera, Johnson y trabajó en una serie de horribles trabajos de baja paga para evitar dejar rastros de papel y que nos pudiesen encontrar. —¿Y os buscó?— Preguntó Christian. Carolyn asintió. —Al parecer, contrató a varias agencias de detectives privados y los mantuvo trabajando durante diez años antes de darse por vencido. —¿Nunca se le ocurrió buscar bajo su nombre de soltera? — Preguntó Christian. Carolyn sonrió. —Johnson es casi tan común como Smith. Podría haber buscado hasta entre las vacas de cada casa y no nos hubiera encontrado. Además, ella estaba trabajando debajo de la mesa4 , — le recordó. —Así es.— Christian cabeceó. —¿Y cómo descubriste esto? —De algo de esto me enteré cuando mamá estaba enferma, justo antes de morir. El resto lo supe cuando me encontraron, — admitió en voz baja. —Antes de que mamá enfermara, pensaba que mi padre había muerto antes de que yo naciera. —¿Cuándo te encontraron?— Preguntó. —¿No fuiste a buscarlo? —Claro que no, — dijo Carolyn con diversión. —Quiero decir, no era más que un nombre y por lo que mi madre describió, difícilmente alguien de quien quisiera saber. 4


—¿Así que, qué le hizo empezar a buscarte de nuevo? —Cáncer, — respondió ella al mismo tiempo. —Nunca se volvió a casar, no tuvo más hijos, tenía cáncer y decidió que era el momento de intentar encontrarnos de nuevo. Sólo que esta vez se imaginó que estaría trabajando por lo que me tuvo que buscar a mí. —Se metió una patata en la boca, masticó y tragó, luego continuó, —Eso llevó un tiempo, pero tuvo la suerte de no encontrar nada. Casi me cambié el nombre legalmente a Carolyn en un punto. —¿Carolyn no es tu verdadero nombre?— Preguntó con sorpresa. —Sí, bueno, es mi segundo nombre. —¿Y tu nombre?— Preguntó. Carolyn sonrió. —Adivina. Él parpadeó ante la sugerencia. —¿Cómo podría siquiera comenzar a...? —Es Christiana,— interrumpió ella con diversión. Christian parpadeó y luego levantó las cejas. —¿Estás bromeando? Carolyn se rió de su expresión. —Mi nombre de nacimiento era Christiana Carolyn Carver. Mis padres pensaron en la aliteración, supongo. Christian se dejó caer en su asiento y se rió en voz baja, pero continuó, —De todos modos, fui por la vida como Carolyn Johnson, mi segundo nombre y el apellido de soltera de mi madre. No sé cómo se las arregló para eso. Pensé que necesitaban certificados de nacimiento o algún tipo de identificación para registrar a un niño en la escuela, pero si es así, debió haber comprado algunos documentos de identidad falsos. —Carolyn reflexionó brevemente, tratando de imaginar a su madre trabajadora y erguida frente a los tipos del mercado negro para comprar identificaciones falsas. Fue muy difícil de imaginar. Aun así debió estar asustada, supuso. —A pesar de que aparentemente no le importaba usar cosas falsas para mis estudios, ella usó mi verdadero nombre y certificado de nacimiento para obtener para mí un número de seguro social cuando era adolescente. Pero ella insistió en que no gastara mi energía mientras estudiaba y nunca me dejó buscar un trabajo temporal para ayudarla, así que realmente nunca lo utilicé hasta que me gradué en la universidad y comencé a trabajar. —Carolyn se echó a reír.— Fue realmente bastante extraño tener que aprender a firmar todo como Carver. Y cada vez que alguien me llamaba Chris o Christiana, no tenía ni idea de a quien le


estaban hablando. Todavía era Carolyn. —¿Y te ha encontrado? ¿A través de tu número de seguro social?— Preguntó Christian. —Con el tiempo,— ella estuvo de acuerdo. —Pero Rob... Hizo una pausa, apretando la boca y luego simplemente dijo, —Me llevó un tiempo. En el momento que su detective privado me localizó mi padre estaba en las etapas finales del cáncer y en las últimas. Christian se quedó en silencio durante un momento, sus ojos solemnes y ella sabía que él quería preguntar lo que había empezado a decir de Robert. No estaba dispuesta a responder a eso y estaba tensa ante la idea de hablar de su crianza, pero preguntó simplemente, —¿Cómo estaba tu padre? La tensión de Carolyn se relajó y torció los labios. —Arrepentido. ¿Pero no lo está todo el mundo cuando sabe que está a punto de conocer a su creador? Las cejas de Christian se alzaron por las palabras y sonrió irónicamente. —¿Por qué tan sorprendido al escuchar eso? —Supongo que simplemente no pareces del tipo tan cínica, — admitió en voz baja. Carolyn miró hacia abajo. Él tenía razón. Ella siempre había sido un poco cínica de acuerdo con Beth y Brent, pero había aprendido mucho el último par de años. Sin embargo, Christian no la había conocido en su tiempo, así que fue una sorpresa que ya lo hubiese averiguado. —De todos modos, — dijo. —Él estaba lleno de disculpas y lamentos, tanto por lo que había hecho para que mi madre pusiera distancia como por la dura vida que había tenido por eso. Quería compensarlo dejándome su negocio y su fortuna. Cuando las cejas de Christian se levantaron, sonrió con amargura. —Parece que mi madre dejó mucho para mantenerme a salvo. Papá era rico como el infierno, con un par de empresas y un montón de tierras. Es por eso que ella temía que él nos cazara, tenía los fondos para hacerlo, — dijo secamente. —¿Y te lo dejó todo a ti? Carolyn asintió. —Las empresas tienen su sede en Quebec. Vendí un par y trasladé la sede social que mantengo a Toronto y me hice cargo de cuidarlo en su muerte. —¿En qué negocio te mantienes?— Preguntó con curiosidad. —Una agencia de publicidad, — admitió con una sonrisa humilde. —No sé la razón


por la que opté por mantener esa. No sé absolutamente nada sobre publicidad, o no lo hacía. Pero al principio me concentré en el personal y el material creativo, después me concentré en el fin empresarial de las cosas y ahora mucho más que antes. —¿Así que ni siquiera utilizas tu título de abogada? —Bueno, yo, supongo. Cuando se trata de contratos soy un genio. Es muy útil allí,— admitió Carolyn, luego bajó la vista a su plato al ver que había terminado su comida. Cuando vio que Christian había terminado el suyo también, suspiró y miró su reloj. —Supongo que debería obtener el ginger ale y las galletas saladas y regresar a la villa. Christian asintió con la cabeza y la condujo fuera del restaurante. La que había elegido estaba en la pequeña franja al otro lado del edificio principal y Carolyn miró con curiosidad por las ventanas de las pocas tiendas pequeñas a lo largo del paseo marítimo a su paso. Cuando vio la selección de camisetas en una ventana, se detuvo. —¿Quieres entrar?— Preguntó Christian. Echó un vistazo a su oscura camiseta y vaqueros y asintió. Era una tienda pequeña, llena de adornos y ropa, Carolyn tejió su camino a través del lugar hasta llegar a la sección de ropa donde una selección de pantalones cortos y camisas esperaban. Su mirada se deslizó sobre un grupo de impresiones tipo hawaiano, pero no se detuvo. Ella no veía a Christian usándolo. Sonriendo ante la idea, continuó a las camisetas y recogió una blanca con el logotipo de veraneo en el lado derecho del dobladillo. —¿Qué te parece?— Preguntó Carolyn, volviéndose para sostenerlo frente a Christian. Él negó con la cabeza. —No necesito nada. —Uh—huh, — dijo con incredulidad. —¿Así que hay algo en tu maleta que no sea negro? —¿Qué pasa con el negro? —Preguntó con el ceño fruncido. —Nada. Y te ves bien en él, —aseguró ella. —Pero hace demasiado calor aquí para eso. Necesitas pantalones cortos también. —Yo no uso pantalones cortos, — le aseguró Christian con gravedad, con la nariz agrandándose y Carolyn se echó a reír. Se inclinó para susurrar en su oído, bromeó, —Sabes muy poco de moda para ser


un hombre gay. —Me alegra oír eso, — dijo secamente, con la mano llegando a rozar su espalda antes de caer a sus pies. Sacudiendo la cabeza, se dio la vuelta para recoger un par de pantalones cortos de tela para mirar por encima a Christian, inmediatamente hizo una mueca. —Caro, no voy a usarlo. —¿Por qué no? Tienes buenas piernas. También debes mostrarlas. —Jesús, Carolyn. No soy Beth. Los hombres no tienen buenas piernas, — dijo con disgusto. —Quiero decir buenas piernas de chico, — dijo rápidamente. —Todo musculoso y sexy. Christian parpadeó, su molestia dando paso a una sonrisa, le preguntó con interés, —¿Así que crees que mis piernas son sexy? Carolyn se ruborizó. —Estoy segura de que sabes que lo son. Sólo hay que ver si tienen una habitación para cambiarte y todo resuelto. Me pone caliente sólo mirar a otros de negro. Sus cejas se levantaron, su sonrisa se amplió. —Entonces, ¿estás diciendo que te pongo caliente? —No quise decir… — comenzó con alarma, consciente de que estaba balbuceando. Sin embargo, capturó el brillo de sus ojos, sacudió la cabeza y dijo con exasperación, —¿Quién sabría que podrías ser un culo-inteligente? —Me llevaré la camiseta, — reconoció entre risas, la tomó de ella, luego se abrió camino hacia la caja. Supuso que era mejor que nada. Se detuvieron en la tienda de comestibles para comprar el ginger ale y las galletas saladas y luego subieron por la colina a pie, conversando por el camino. —¿Cuánto tiempo necesitas antes de regresar a la playa?— Preguntó Christian mientras se acercaba a la casa que compartía con Beth. Carolyn titubeó. Solo dejaría las cosas y se iría, sólo iba a necesitar un minuto. Sin embargo, pensaba que debía quedarse un momento para ver a Bethany. —¿Me das una hora? Él asintió con facilidad. —Me dará tiempo para ducharme, cambiarme y alimentarme.


—Tu italiano se está mostrando, es comer no alimentarse, — dijo con diversión. Cuándo Christian se tensó con lo que ella pensaba que debía ser vergüenza, lamentó burlarse de él. Era realmente muy bueno con el inglés. —Además, acabas de comer. ¿Cómo puedes tener hambre ya? Christian se relajó y se encogió de hombros. —Así soy. —Hmm, todavía debes estar creciendo entonces, — decidió. —Cara, estoy mucho más allá de la etapa de crecimiento, — dijo con firmeza. Carolyn ignoró el cariño italiano. Parecían usarlo bastante libremente. También ignoró sus palabras y simplemente subió el pie hasta su casa diciendo, —Te veo, ah, dentro de una hora entonces. La villa estaba fresca y en silencio cuando ella entró. Carolyn llevó la bolsa a la cocina y almacenó el ginger ale en la nevera, a continuación, colocó las galletas en el mostrador y salió en busca de Bethany. La encontró profundamente dormida en su cuarto, y con cuidado abrió la puerta cerrada. Después de una vacilación, se dirigió a la cocina para escribir una nota que decía que había llegado y se había ido y que la llamara si necesitaba algo más, o si sólo quería compañía. Entonces Carolyn salió de la villa de nuevo y se dirigió por el camino. Casi había llegado al giro cuando el sonido de los pies golpeando hizo que mirara por encima del hombro. Al ver correr a Christian hacia ella, hizo una pausa y sonrió. —Llegas temprano,— dijo él cuando se detuvo a su lado. —Estaba durmiendo,— dijo Carolyn con un encogimiento de hombros. —Además, tú también. —Te vi salir y pensé en ponerme al día,— admitió él. —¿Qué pasa con la ducha y comer?— Preguntó ella con sorpresa, preguntándose como la alcanzó tan rápido... y no estaba en lo más mínimo sin aliento. —Tomé un bocado,— dijo Christian fácilmente. —Y decidí que por qué tomar una ducha cuando puedo tomar un baño en el mar otra vez. Carolyn lo miró y luego miró de nuevo la calle, las villas, la de ella y luego la suya en el nivel superior. Era difícil para ella creer incluso que había conseguido volver a su villa con tanta rapidez, solo comer algo y volver a bajar.


—Tenemos que parar en la tienda de comestibles en el camino de vuelta a la playa,— anunció Christian de repente. —Lo sabía,— dijo Carolyn, comenzando a caminar de nuevo. —No quisiste regresar de nuevo a la villa y obtener el antojo. —Sí, lo hice, yo…— empezó a decir, y luego cambió la marcha y dijo, —Tal vez, pero ellos tenían un estante de novelas allí. Pensé en buscar si había algo para leer. Riéndose de haberlo pillado, ella asintió con la cabeza. —Me parece bien. No me importaría algo para reemplazar el libro que estoy leyendo de todos modos. Es demasiado lento para mi estado de ánimo. Lo leeré en otro momento. Charlaron sobre los libros que habían disfrutado mientras caminaban, y Carolyn se encontró realmente lamentando que Christian no fuera más viejo y directo. Él estaba interesado en las mismas salidas que ella, la misma comida, y ahora ella se enteró que tenían el mismo maldito gusto cuando llegó a la lectura. Eso la hizo pensar que tal vez la madre naturaleza lo había estropeado y se suponía que ella debía ser un hombre gay. A su juicio, brevemente, pero negó con la cabeza. No podía imaginarse encontrar divertido firmar su nombre en la nieve con la orina. ¿Qué era eso de todos modos? ******* —Ese era uno de la banda de chicos, ¿no? Carolyn se congeló y se volvió con aire de culpabilidad para a encontrar Beth de pie en la puerta de la cocina, la expresión sombría y los brazos cruzados como una madre disgustada. Forzando una sonrisa, preguntó, —¿Encontraste las galletas y el ginger ale? —Sí, gracias,— dijo Bethany. —Y no cambies el tema. Lo vi. Era el chico de la banda que te acompañó hasta la puerta. Carolyn giró los ojos, preguntándose por qué se sentía como una adolescente atrapada jugando un poco con el chico malo local. —Su nombre es Christian. Y es muy agradable. —Te está usando, Caro,— dijo Bethany con exasperación. —En realidad, hoy en día yo lo estaba usando,— dijo Carolyn secamente, pasando por delante de ella para llegar a la nevera y tomar una botella de agua. —Él me hizo compañía.


—Mientras tú jugabas a ser su barba,— dijo Beth con gravedad. —Yo no estaba jugando a ser su barba. No había nadie alrededor. Solo anduvimos y almorzamos juntos,— dijo con firmeza, abriendo la botella y rápidamente derribó la mitad. Mientras habían evitado el sol toda la tarde, el calor era suficiente para deshidratar a alguien. Necesitaba agua. Beth se trasladó a recuperar un ginger ale de la nevera, y luego recogió una copa antes de preguntar, —¿Vas a verlo de nuevo? —Nos reuniremos en una hora para cenar antes de su espectáculo,— admitió a regañadientes y luego agregó, —Y entonces todos iremos a bailar después. —¿Todos siendo su familia también?— Preguntó Beth con gravedad, empujando su vaso contra la barra del despachador de hielo. Cuando Carolyn asintió con la cabeza, ella preguntó, —¿Así que esta noche serás su barba otra vez? Carolyn suspiró. —¿Cuál es tu problema? No me importa, ¿por qué debería importarte a ti? —Porque he visto esto durante años con Brent. Tú evitabas enredos con hombres heterosexuales colgando de él todo el tiempo. Ahora lo estás haciendo de nuevo,— dijo ella, impaciente, abriendo el ginger ale y vertiendo un poco en la copa. —¿Cómo diablos se supone que voy a conseguir que te sitúes si tienes la banda b…? Christian,— se corrigió secamente cuando Carolyn frunció el ceño. —¿Cómo se supone que te asentarás si tienes previsto a Christian dando vueltas, asustando a todos los clientes potenciales? Carolyn suspiró y se acercó para darle un abrazo. —Sé que estás preocupada, pero realmente no estoy lista para una relación de todos modos. —Bueno, ¿cuándo vas a estar lista, Caro?— Preguntó Bethany en voz baja. —Tienes cuarenta y dos años y habéis estado separados durante dos años. No te estás haciendo más joven y cada vez es más difícil a medida que creces.— Beth negó con la cabeza y levantó su copa para beber un sorbo, y luego lo dejó de vuelta con un suspiro. —Bueno, ve a prepararte. No quieres llegar tarde a tu cita. Carolyn hizo una mueca, pero simplemente se volvió y se dirigió a su habitación. ******* —¿Y? ¿Cómo te fue?


Christian se giró para cerrar la puerta, con una sonrisa tirando de sus labios. —Bien. Hablamos mucho y bromeamos y…— se encogió de hombros, —está empezando a relajarse a mi alrededor. Gia había estado mirando fijamente a su frente mientras hablaba y continuó durante un momento después. Él sabía que ella estaba buscando sus recuerdos mientras hablaba... eso era malditamente, realmente molesto. Pero él sabía que los nuevos compañeros de vida eran leídos fácilmente y simplemente esperó su evaluación. Se sintió extrañamente aliviado cuando ella asintió con la cabeza. —Es la falta de presión sexual,— dijo Gia con una lenta sonrisa. —Está funcionando. Siempre y cuando no te estés poniendo en los movimientos amante latino con ella, ella se relajará. Todavía está atraída, puedo verlo por tus recuerdos, pero puede dejarlo de lado y sólo disfrutar de tu compañía.— Ella sonrió y saltó por el vestíbulo para darle un abrazo rápido y duro. —¡Esto va a funcionar, Christian! —Sí, creo que podría,— admitió él con una sonrisa. Lanzando su brazo afectuosamente por sus hombros, él la impulsó hacia la cocina. Necesitaba sangre. Se había sentado en la sombra la mayor parte de la tarde, pero entre carreras a la tienda de bebidas y los paseos de arriba y abajo de la colina, estaba bajo y necesitaba una dosis adicional. —Pero probablemente deberíamos despedir el negocio de amante latino por un tiempo para permitirle que se quede tranquila,— murmuró Gia mientras lo veía recuperar una bolsa de sangre. Christian frunció el ceño. Él no quería despedir los "negocios amante latino", como lo había llamado Gia. La tarde había sido a la vez agradable y un infierno para él. Había disfrutado hablando con Carolyn y cómo ella se abría a él, pero él también había tenido que luchar constantemente el impulso de tocarle la mano o el brazo, y besarla cuando habían charlado. Él la quería, y verse muy bien controlado y fresco a su alrededor era duro como el infierno. La única manera de que lo había logrado durante toda la tarde fue la promesa que se hizo sí mismo de que esta noche al menos podría tomarla de la mano, poner su brazo alrededor suyo y abrazarla en la pista de baile, con sus cuerpos deslizándose junto a la música del Caribe. —Gia tiene razón. Christian bajó la bolsa que acababa de levantar y echó un vistazo a la puerta para ver a Marguerite entrando con Julius a sus talones. —¿Cuánto tiempo has estado


aquí? —Unos quince minutos. Estábamos en la sala de estar cuando entraste,— respondió ella, deteniéndose a su lado para besarle la mejilla. Christian frunció el ceño mientras la abrazaba, preguntándose cómo no los había notado en la sala de estar. El vestíbulo se abría a él. —Y creo que Gia tiene razón sobre intentar mantener la presión fuera un poco,— dijo Marguerite cuando Christian hizo estallar la bolsa de sangre en la boca. —No debería ser difícil sin embargo. Vamos a cenar esta noche en el restaurante de lujo. Nadie esperaría que te cayeras sobre su silla. Entonces podrás estar en el escenario durante el espectáculo.— Hizo una pausa y frunció el ceño. —Haré que Genie esté allí, entonces haré que ella se siente a un lado de Caro durante el espectáculo y yo tomaré la silla a su otro lado así no podrás sentarte a su lado durante tu descanso. Christian frunció el ceño cuando vio sus oportunidades de tocarla y besarla estrechándose. —¿Y el baile?— Preguntó Gia. —Se supone que debemos ir a la discoteca para bailar después. Christian comenzó a sonreír alrededor de la bolsa en la boca. Podía soportar el mismo comportamiento para la primera parte de la noche si podía esperar a sostenerla en sus brazos en la pista de baile. Podría recorrer sus manos por su espalda, moldeando su cuerpo al suyo, y girar la cabeza para inhalar su aroma dulce cuando él acariciara su oído y… —Abajo, muchacho,— dijo Julius, sacando a Christian de su imaginación. —Si Gia y tu madre creen que no debes bailar con ella, no debes. Iremos a una discoteca que toca sobre todo música rápida. —Incluso esos tocan canciones lentas ocasionalmente,— señaló Gia con el ceño fruncido, sin darse cuenta que aumentaban las esperanzas de Christian de nuevo. —Entonces los chicos bailarán con Carolyn para que Christian no pueda,— dijo Julius con firmeza. Christian arrastró la bolsa vacía de sangre irritado de sus dientes. —¿No creéis que será sospechoso si ocurre eso? Además, no estamos trabajando ahora. No podéis obligar a los chicos a bailar con ella.


—Lo haré,— anunció Zanipolo, haciendo notar su presencia, y Christian volvió a fruncir el ceño al hombre. Los hombres, se corrigió mientras su mirada se deslizaba sobre sus tres primos. Habían entrado al parecer a la cocina mientras él estaba distraído y ahora estaban descansando en la mesa del comedor, los tres estaban asintiendo con la cabeza, aparentemente felices de bailar con su mujer. —Y ella no sospechará si te quejas y tus primos hacen parecer que están deliberadamente torturándote,— dijo Julius con un encogimiento de hombros. Christian maldijo y se volvió hacia la nevera por una segunda bolsa de sangre. —Es lo mejor, cariño.— Marguerite se acercó a su lado para frotar una mano hacia arriba y abajo por su espalda mientras golpeaba la segunda bolsa en sus dientes. —Y todavía puedes tener un beso de buenas noches. Eso se espera. Tu padre se asegurará de eso otra vez, ¿no querido?— Preguntó ella, mirando a su marido. —Por supuesto. Estoy encantado de ayudarte a conseguir a tu mujer,— dijo Julius con generosidad, y Christian entrecerró los ojos. El hombre estaba disfrutando esto demasiado. Supuso que se lo merecía sin embargo. Él le había dado más bien un mal rato por sus habilidades románticas cuando se trataba de Marguerite. Suspirando, sacudió la cabeza, su mente giraba sobre la promesa de un beso de buenas noches por venir. Por lo menos se le permitía eso. No era gran cosa comparado con lo que quería, pero era algo, supuso. —No pasará mucho tiempo, Christian. Un poco de paciencia ahora hará toda la diferencia,— le aseguró solemnemente Marguerite. Arrancando la bolsa vacía de su boca, murmuró, —Correcto,— y se volvió a recuperar otra. —Si sigues mirándola así, ella no seguirá creyendo que eres gay. ******* Christian frunció el ceño ante las palabras de Santo, pero no apartó los ojos de Carolyn. Al parecer no podía. La forma en que se movía con la música era hermoso a la vista, no había inhibición en ella ahora. Obligándose tensamente, encajonó a la mujer que era todo fuego y pasión cuando ella bailaba... justo como había sido en


sus brazos en su sueño. Había llegado con vida entonces, como si despertara de un sueño en vez de ir a la deriva en uno, y por la tarde cuando habían estado a solas y él había estado luchando tan duro para comportarse, ella había revelado un perverso sentido del humor que había elaborado varias risas asustadas de él. Christian se fue dando cuenta de que la verdadera Carolyn estaba escondida del mundo exterior detrás de lo conservador con el que ella se presentaba. Ya fuera que se mantuviera por miedo o simple auto-conciencia y ella no lo sabía, pero era una bella durmiente esperando a ser despertada y él se estaba muriendo por despertarla. Sus ojos se estrecharon cuando un hombre mortal insinuó su camino hacia el cuarteto de mujeres, deslizándose a bailar entre Genie y Carolyn. Él vio que ella vaciló a su paso, y la incertidumbre destelló a través de su cara cuando fue forzada de cualquier mundo al que se había escabullido cuando había bailado. El mortal también lo vio, y como un depredador que huele a un miembro débil en la manada, empezó a intentar a aislarla, dando la espalda a Genie, Gia y Marguerite, centrándose en Carolyn mientras comenzaba a moverse hacia adelante, haciéndola retroceder y alejándola de ellas. Christian podría haber controlado al mortal y haberle enviado en su camino, pero en realidad, estaba tan frustrado sexualmente en ese momento que una respuesta física le atrajo, y entre una respiración y la siguiente estaba en la pista de baile. Había utilizado una velocidad que su especie por lo general debía ser cuidadosa para evitar llamar la atención, por lo que se sorprendió cuando llegó sólo para encontrar a su padre y primos todos allí también, moviéndose para rodearlo, una pared de carne dura. —Vuelve a tu asiento,— dijo su padre con firmeza. Christian frunció el ceño, deslizando su mirada más allá de él para ver que su madre o Gia habían tomado el control del mortal y ya le enviaba lejos. Carolyn se movía hacia atrás para volver al sitio que habían hecho en la pista de baile desde que llegaron al club hacía media hora. Ella había perdido también esa incertidumbre una vez más, su cuerpo se movía al compás sin el interés de la auto-conciencia que el mortal había causado. —Ahora,— dijo Julius con gravedad. Sabiendo que sus primos sólo lo arrastrarían allí si no iba de buen grado, Christian se dio la vuelta y regresó a la mesa. Se dejó caer de nuevo en su asiento, ignoró a los


otros hombres y luego fijó la mirada de nuevo en Carolyn y permaneció allí mientras imaginaba que ella estaba bailando para él. Él le pediría que bailara para él, una vez que fueran compañeros, decidió... desnuda. Quería verla desnuda, sus caderas pulverizándose, y sus pechos… —Estás atado muy tenso,— dijo Julius con gravedad mientras se acomodaba en su propio asiento y dejaba que sus ojos se deslizaran de nuevo a las mujeres. Christian lanzó un gruñido. —¿Te sorprende? —No, yo lo estaría también,— admitió. —Pero tienes que bajar el tono de la intensidad antes de que ella regrese a la mesa. La aterrorizarás estando así. Ella no está preparada para esto. Cuando Christian frunció el ceño fuerte, suspiró y añadió, —Hijo, Caro no ha experimentado ningún tipo de pasión antes de ti. El nivel que los nanos inducen va a… —¿Ninguno en absoluto?— Interrumpió Christian con asombro, finalmente logrando apartar la mirada de Carolyn. Sabía que ella no había tenido relaciones sexuales durante siete años, pero había pensado que seguramente debió haber habido algo de pasión al principio de su matrimonio. Julius dudó, y luego dijo, —Su mente es un libro abierto, y su relación con su marido… —Ex marido,— espetó Christian. —Ella es mía. —Pronto a ser ex marido,— dijo Julius en voz baja. —Y ella no será tuya si no me escuchas en esto. Él apretó los dientes, pero asintió con gravedad. —Adelante. —Su matrimonio está en su mente mucho por ti,— dijo solemnemente. —Ella lo está comparando contigo en todos los sentidos, y él está subiendo muy poco,— añadió cuando Christian comenzó a conseguir irritarse de nuevo. Se relajó un poco por la noticia, y se mordió la lengua para que su padre continuara. —Su marido estaba detrás de su dinero. Él le sirvió palabras dulces y besos tímidos y un romance en un matrimonio rápido. Incluso se mantuvo durante un tiempo después, pero con el tiempo fue demasiado esfuerzo y él comenzó a descuidarla, y luego a insultarla y abusar de ella.


—Pero dijiste que no había experimentado ninguna pasión,— le recordó Christian. —Ella no lo hizo,— dijo secamente. —En su mente, sus besos eran agradables cuando él hacía el primer esfuerzo, y el sexo no era horrible. Christian hizo una mueca. ¿El sexo no era tan horrible? No había mucho de una aprobación de las habilidades de Robert en el dormitorio, pensó, y luego comenzó a sonreír. Carolyn era una sorpresa gigantesca. Había muchas cosas que podía darle: familia, pasión... mucha pasión. Demonios, tendrían suerte si no entraban en coma después de la primera vez en lugar de sólo desmayarse si ella tenía tan poca experiencia con la pasión. —Sí, bueno, no vas a llegar a mostrarle nada si no lo marcas ahora,— dijo su padre con sequedad, obviamente leyendo sus pensamientos. —Y es mejor que trates de controlarte en el momento de darle un beso en la puerta también. Christian maldijo, y se movió impaciente en su asiento. —¿Supongo que quieres que no duerma cuando ella podría estar dormida y evitar sueños compartidos en el futuro también? —No,— dijo Julius inmediatamente y cuando Christian le echó un vistazo sorprendido, él se encogió de hombros. —Eso es tentarla sin el temor añadido y la preocupación por lo que piensa que es tu diferencia de edad. No está totalmente cómoda con el sueño que compartisteis esta tarde. Ella sufrió algo de culpa por eso, pero no sabe que tú lo compartiste. También lo disfrutó lo suficiente como para pasar por alto su culpa y decirse a sí misma que no era culpa suya por tenerlo. Además, la pasión en los sueños es muda. Tal vez la mitad de la pasión que podemos experimentar de verdad. Es como un aperitivo, mientras que el verdadero negocio es el aperitivo, una comida de cuatro platos y postre, todo en uno. Las cejas de Christian se levantaron. Si eso fue silenciado y sólo el aperitivo… —Infiernos, —murmuró en voz baja, y casi no creyó en su padre. Pero entonces recordó el beso que habían compartido en su puerta y cambió de opinión. Ese simple beso lo había perforado tanto como el sueño completo y lo había abandonado con fuerza y dolor. Y eso había sido sólo un beso sin las caricias y... —Infiernos,— murmuró de nuevo, con los ojos muy abiertos. Julius asintió solemnemente. —Si alguna vez quieres disfrutar de la oferta de la


comida completa sugiero que te pongas bajo control... y ahora,— añadió con una expresión sombría, —está sonando una canción lenta. Las mujeres están regresando a la mesa. Christian se volvió bruscamente al ver que este era el caso y fue capturado de inmediato por el pánico. Su intensidad no ha bajado en absoluto. En todo caso, todo lo que había aprendido lo había incrementado varias muescas. —Infiernos,— murmuró por tercera vez, y esta vez había un borde de pánico en la palabra. —Sala de hombres,— ordenó Julius, cogiendo su brazo y poniéndole de pie. —Zanipolo baila con Carolyn,— ordenó lo suficientemente alto para que las mujeres escucharan mientras arrastraba a Christian a buscar los baños.


9 Carolyn se detuvo a mirar como Julius arrastraba a Christian lejos, y luego miró a su alrededor por un toque en su brazo. Ella parpadeó hacia el rostro solemne de Zanipolo, luego, recordando la última orden que le dio Julius, le aseguró, ― Oh, no tenemos que bailar. ― No seas tonta, siempre es un placer bailar con una mujer hermosa, ― dijo Zanipolo, tirando de ella hacia la pista de baile. ― Oh, ― murmuró en un suspiro. Una canción lenta estaba sonando, y Carolyn no estaba acostumbrada a bailar con música lenta. Robert siempre se había negado a bailar, y ya habían pasado años desde que había acompañado a Brent a las funciones de negocios con baile, por lo que se sentía incómoda y rígida cuando Zanipolo la tomó en sus brazos. ― Relájate, ― advirtió él. ― Soy un buen bailarín, bailo mucho... con las mujeres. Porque me gustan las mujeres. Una gran cantidad. Carolyn lo miró sin comprender. ― Ah. Bueno, eso es bueno. Supongo. ― Lo es, ― le aseguró, y preguntó, ― ¿Te gusta mi nuevo corte de pelo? Carolyn miró su cabello. Ella se había dado cuenta de que ahora lucía un corte tipo cepillo. De hecho se veía bien en él, sin embargo, asintió. ― Es muy agradable. ― Muy varonil, ― señaló. ― No es gay en absoluto. ― Ah. ― Carolyn se mordió el labio para no reírse cuando se dio cuenta de que aún estaba molesto por el hecho de que ella había pensado que era el homosexual en la banda. Relajada por completo ahora, ella le dio unas palmaditas en el brazo. ― No te preocupes, Zanipolo. Gia sólo te estaba tomando el pelo. Yo nunca dije que pensaba que eras gay, ― le aseguró, y luego agregó, ― Ni siquiera estoy segura de cómo sabía lo que pensaba. No lo dije en voz alta. Zanipolo había comenzado a relajarse después de sus primeras palabras, pero se veía herido por la última, y Carolyn podría haberse pateado a sí misma al darse cuenta de lo que había dicho. ― Quiero decir. No hagas caso de esa última parte. Yo estaba... ― Sin saber qué decir para reparar el daño, ella despejó su garganta, y le preguntó, ― ¿Por qué Julius salió corriendo y arrastró a Christian? Zanipolo vaciló, y luego de repente se iluminó y dijo, ― Julius le pilló guiñándole el


ojo a uno de los camareros. No hay duda de que está exigiendo una explicación. ― Oh, Dios, ― sopló Carolyn, mirando ansiosamente hacia los sanitarios. ― No, esto podría ser bueno, ― le aseguró Zanipolo. ― Christian dirá la verdad y entonces no tendrás que pasar por todo esto y hacerte sentir más incómoda. Carolyn frunció el ceño, sintió por una parte alivio ante la idea y por otra parte simplemente preocupación hacia Christian, y cómo iba a reaccionar Julius si él salía del armario. Caramba, si era realmente tan homofóbico como todo lo que... al menos sería desagradable, pero era posible que los dos hombres llegaran a las manos. ― Detente, ― le dijo, ― Tienes que ir a ver a Christian. ― Julius dijo que bailara contigo. Carolyn chasqueó la lengua con exasperación. ¿Qué control tiene Julius sobre estas personas que todos obedecen sus órdenes? Se preguntó con irritación. Dejando caer sus brazos, ella dijo, ―Bueno, puedes decirle a Julius que me negué. ― Yo no, ― le aseguró con firmeza. ― Ahora, anda a ver a Christian o voy a ir al baño de hombres y veré cómo está. ― Está bien, iré, pero sólo porque tengo buenas noticias que comunicar, ― anunció Zanipolo cuando empezó a dar la espalda a la mesa. Ella no se molestó en preguntar cuál era la buena noticia, se limitó a sonreír, agradeciendo que Christian tuviera apoyo en la relación con su hermano. *** ― Si la pasión es tan fuerte, seguramente no será capaz de resistirse, ― dijo Christian, paseándose por el cuarto de baño, con su mente trabajando a toda marcha, mientras buscaba excusas para salir y arrastrar a Carolyn directamente de vuelta al complejo. Sin embargo, el complejo estaba muy lejos, pensó con tristeza. Tiene que haber hoteles más cercanos donde se pueda ir. Sí, un hotel serviría. Incluso un hotel barato, uno sucio, si era necesario con tal de que estuviera cerca. Sólo necesitaba estar a solas con ella, tenerla desnuda y mostrarle lo que podrían tener juntos. ― Una vez que ella vea lo que le puedo ofrecer, no podrá huir de mí. Ella me querrá. Ella me querrá. Ella…


Se detuvo en seco ya que el agua fría repentinamente salpicó a través de su ingle. Se puso de pie luchando por un segundo, pero levantó la cabeza, la boca abierta cuando vio que su padre tenía los grifos abiertos en el lavabo, y tomó su mano bajo el grifo para enviar un chorro del líquido hacia él. ― ¿Qué estás haciendo? ― Exclamó, dando un paso rápido hacia un lado. ― Apagar el fuego. ― Julius, simplemente giró su mano para que siguiera fluyendo el chorro de agua. ― Tus pantalones estaban a punto de empezar a echar humo. ― ¡Cristo!― Christian se quebró, y se puso en marcha. ― Deja de hacer eso. ― En un minuto, ― dijo con calma. ― Estás a mitad de camino para recuperar la salud humana de nuevo. ― ¿A mitad de camino a humano? ¿Qué demonios? ― Christian se movió de nuevo, sólo para ser seguido una vez más, pero él comenzó a entender lo que el hombre estaba diciendo cuando vio el bulto en sus pantalones vaqueros. Había estado medio-erecto desde que había empezado a ver a Carolyn bailando al llegar aquí. Pero la charla con su padre y los pensamientos que tuvo como resultado se agitaron en él, probablemente llevándolo a una erección completa antes de que el primer chorro de agua lo tocara. Sin embargo, ya iba retrocediendo ahora. ― Eso está mejor, ― anunció Julius alegremente, cerrando los grifos. ― Buena conversación, hijo. Vamos a regresar y unirnos a las mujeres. Cuando Christian se quedó allí goteando y frunciendo el ceño, suspiró. ― Tu pene estaba pensando por ti. Pero estoy seguro de que estás un poco más lúcido y puedo ver que puedes seguir el plan establecido. ― No, no lo veo, ― gruñó Christian. ― Ella ha tenido suficiente tiempo para llegar a conocerme. Ahora somos amigos. Ella no me quiere…. Hizo una pausa por la sorpresa cuando su padre lo abofeteó en la parte posterior de la cabeza. ― ¡Sal con ella! ― Rugió Julius. ― ¡Sólo han pasado veinticuatro horas, Cristo! ― ¿Qué?― Preguntó Christian con asombro, y luego protestó con vehemencia, ― No lo he hecho. ― Ja, ― dijo Julius a la vez, y luego suspiró y señaló, ― Sólo la conociste ayer por la noche antes de la función, hijo. Christian parpadeó varias veces, su mente retrocedió hasta los acontecimientos. Lo


sentía como meses, pero sabía que no era el caso. ¿Aun así, seguramente hubiera sido más tiempo que veinticuatro horas? ― Se siente como si hubieran pasado meses, porque la adrenalina ha estado en alto y tus emociones y las hormonas te han vuelto loco, ― dijo Julius en voz baja, al parecer, leyendo su mente. ― Pero ha sido sólo un día. ― Jesús, ― murmuró Christian, decaído con la derrota. ―Entonces, ― dijo Julius después de un momento. ― ¿Crees que puedas controlarte el resto de la noche? Christian asintió con cansancio. Había que hacerlo. ― Bien. ― Julius le dio unas palmaditas en la espalda, y luego miró sus pantalones y murmuró, ― Tal vez deberías estar bajo el secador de manos un poco o algo así. Te ves mojado... mucho. Christian lo miró. ― ¿Y de quién es la culpa? Julius sonrió, pero antes de que pudiera responder la puerta del baño se abrió. Su sonrisa fue reemplazada de inmediato con un ceño fruncido cuando Zanipolo entró. ― ¿Qué estás haciendo aquí? Te dije que bailaras con Carolyn. ― Lo hice, pero luego quiso parar y ella insistió en que viniera a ver a Christian, ― explicó cuando la puerta se cerró detrás de él. ― ¿Por qué necesitas comprobarme? ― Dijo Christian. ― ¿Qué pasó? ― Preguntó Zanipolo en lugar de responder a la pregunta. ― Te ves como mojado. ― Zanipolo, ― exclamó Julius. ― ¿Qué has hecho? Christian miró a su padre con sorpresa. A juzgar por su expresión, estaba leyendo la mente de Zanipolo y se horrorizó por lo que él había encontrado allí. ― Uh. ― Zanipolo miró a Julius a los ojos con recelo y luego miró a Christian y le dijo, ― Yo te estaba ayudando. ― ¿Ayudando? ― Preguntó Julius con incredulidad. ― Eso no le está ayudando idiota. ― ¿Qué hiciste? ― Dijo Christian, mientras una sensación de alarma comenzaba a trepar por su espina dorsal.


― Uh, bueno, ― Zanipolo empezó a parecer preocupado. ― Carolyn me preguntó si estabas bien por la forma en que Julius te arrastró. ― Y le dijo a Carolyn que le habías guiñado el ojo a un camarero y te arrastré aquí para una explicación, ― dijo Julius en gran medida. Christian hizo una mueca, pero se relajó un poco. Ella ya lo consideraba gay, decirle que había guiñado el ojo a un camarero no era genial, pero no podía ver realmente cual era el problema. Podía explicarlo cuando revelara todo más tarde. ― Y entonces le dijo a Carolyn que esto podría ser lo mejor y que si salías del armario no tendrías que andar encima de ella nunca más. ― ¿Qué? ― Graznó Christian. ― Pero de esta manera no tienes que darle un beso y esas cosas. Puedes mantener la distancia y acabar de ganarte su amistad y confianza, ― dijo Zanipolo rápidamente. ― Quiero decir, pensé que los besos y tener que controlarte a ti mismo estaba demostrando ser un problema. ― Miró a Julius con alarma. ― ¿No es por eso que lo arrastraste hasta aquí? Christian gruñó profundo en su garganta y se dirigió a Zanipolo, con violencia física en su mente, pero Julius lo cogió del brazo. ― Podemos arreglar esto, ― le aseguró rápidamente cuando Christian se volvió hacia él. ― ¿Arreglar qué? ― Preguntó Zanipolo con confusión. ― Ella ya pensaba que eres gay. Ahora sólo piensa que tú lo debes saber. ― Lo que significa que no necesita una barba, ― espetó Julius. Zanipolo frunció el ceño. ― Bueno, sí, pero se están convirtiendo en amigos y… ― No nos podemos confiar, ― gruñó Julius. ― Sólo han pasado veinticuatro horas. Se trata de una amistad muy provisional, en el mejor momento. En caso de que la compañera de habitación de ella se despierte por la mañana sintiéndose mejor y lista para divertirse, Carolyn podría no querer pasar ningún momento con Christian. ― Oh, ― dijo Zanipolo, con consternación. ― No lo hice. Quiero decir, pensé… Hizo una pausa cuando Christian comenzó a gruñir de nuevo y suspiró. ― ¿Cómo puedo solucionar esto?


Julius pensó brevemente y luego dijo, ― Una orquídea. Encuentra una y… ― ¿Dónde voy a encontrar una orquídea? ― Interrumpió Zanipolo con el ceño fruncido. ― No me importa. Roba una florería, si es necesario, pero si lo haces, deja el dinero en el mostrador, ― añadió Julius con el ceño fruncido. ― Pero encuentra una orquídea, o algo igualmente exótico y que el camarero se la traiga a ella junto con una tarjeta que diga que ella es tan hermosa y genial como la flor. Christian se aclaró la garganta, y le preguntó, ― ¿Cómo es que eso va a arreglar…? ― Porque tú vas a decirle que la explicación que me diste cuando te traje aquí, fue que le habías pagado al camarero para ir a buscar la flor para ella. Que él te haría un guiño para hacerte saber que había encontrado una flor y que le devolviste el guiño para indicarle que lo entendiste. Y, por supuesto, le dijiste a Zanipolo lo de la flor para defender la mentira. ― Correcto, ― murmuró Christian en un suspiro. Honestamente, nunca había pensado que iba a encontrarse a sí mismo diciendo mentiras para que su compañera de vida pensara, de todas las cosas, que él era gay. Fue sólo... bueno, él no sabía qué diablos era. Estaba tan confundido que no sabía que pensar. ― Está bien, ― dijo Julius. ― Zanipolo, ve a buscar esa flor. Christian vuelve a la mesa. ― ¿Significa esto que puedo bailar con ella y….? ― ¡No! ― Sus ojos se estrecharon. ― ¿Es necesario que te traiga de vuelta al lavabo? Christian frunció el ceño y pasó junto a él para salir de la habitación en caso de que el hombre decidiera salpicarle de nuevo. Una vez en la sala, sin embargo, le preguntó, ― Entonces, ¿cómo se supone que voy a decirle todo esto en la mesa con todo el mundo? Julius se detuvo bruscamente y maldijo. Pensó brevemente, y Christian estaba despertando sus esperanzas cuando de pronto se relajó. ― No tienes que explicar nada. Ella no va a pedirte explicaciones delante de todos y una vez que la flor llegue, le explicaré que casi arruiné la sorpresa cuando vi que tú y el camarero os comunicasteis a través de la sala con los ojos y malinterpreté todo. ― Él asintió con la cabeza. ― Eso deberías hacerlo bien. ― Eso debe hacerlo bien, ― dijo Christian con tristeza.


― ¿Puedes encargarte del beso de buenas noches? ― Preguntó Julius de repente. ― ¿O debo hacer los arreglos…? ― Lo puedo manejar, ― espetó Christian. Caramba, no había manera de que estaban tomando demasiado. Julius asintió con la cabeza, pero le dio unas palmaditas en el hombro y le dijo, ― Bueno, si te encuentras perdiendo el control, sólo recuerda que tienes dulces sueños que esperamos con interés. Christian asintió con la cabeza y se abrió camino por el pasillo. Zanipolo se separó, dirigiéndose a la salida, por la que salió a la sala principal, pero apenas se dio cuenta Christian. Carolyn estaba en la mesa, con cara de preocupación. Le ofreció una sonrisa tranquilizadora y se encontró a sí mismo aumentando la velocidad para llegar a su lado. En el momento en que se instaló en la silla contigua a la suya, se volvió hacia él, con la mano en la rodilla cuando se inclinó para preguntar en su oído, ― ¿Va todo bien? ― Bien, ― le aseguró, pero Carolyn no estaba prestando atención. Su mirada se había reducido y ahora estaba sintiendo su camino hasta la pierna, él aspiró su aliento mientras sus dedos se deslizaban hacia arriba, pero no se movió para detenerla hasta que él vio que su padre lo estaba mirando. ― Christian, estás todo mojado. ¿Qué…? ― comenzó, pero se detuvo y miró con sorpresa cuando le tomó la mano. ― Me tiré todo encima, ― gruñó él, su voz no era lo único afectado por su toque. Cristo, en este caso, su padre estaría vertiendo su copa en su regazo, pensó con disgusto. ― Oh. ― Carolyn miró hacia otro lado, pareciendo avergonzada. ― Lo siento. Yo…. ― Es agua, ― agregó él con suavidad, liberando su mano. ― Hay un problema con los grifos en el baño. ― Oh. ― Ella hizo una mueca. ― Odio cuando eso sucede. ― Yo también, ― dijo Christian con sequedad, lanzando a su padre una mirada con el ceño fruncido.


― ¿Qué? ― Preguntó Julius con inocencia. ― No tuve ningún problema. Fuiste tú quien no podía manejar los grifos. ― Yo podía manejar mis pulsaciones muy bien, ― gruñó Christian. ― No lo vi de esa manera, hijo, ― dijo Julius y cuando Marguerite le dio un codazo, añadió, ― Brillo. Luz del sol. Christian rodó los ojos en un esfuerzo por cubrir el resbalón, y vio a Carolyn mirando a su hermano con supuesta confusión. ― Vamos Caro, ― dijo Gia de repente, poniéndose de pie. ― Están tocando música rápida otra vez. Vamos a bailar. Carolyn miró indecisa a Christian. ― ¿Vas a estar bien? ¿Está todo bien? Obviamente, el enfrentamiento de la última hora entre él y Julius la había preocupado de que las cosas no fueran tan delicadas como él había reclamado. Él esbozó una sonrisa forzada. ― Sí. Adelante. Que os divirtáis. ― ¿No vas a bailar? ― Preguntó ella, que siguió dudando. ― Yo no bailo música rápida, ― dijo a la vez. Una risa de sorpresa escapó de los labios de Carolyn y ella negó con la cabeza. ― Eres tan raro para ser un gayyyy... ― bajó la voz, sus ojos se abrieron con horror cuando se dio cuenta de lo que estaba diciendo y luego rápidamente frenó con un ―… mer. ― ¿Gamer? ― Julius se rió entre dientes, como si no notara el deslizamiento. ― Christian me ha estado hablando de su amor por ese juego de vampiros de su hermano, Etienne ¿Cómo es? Algo de sangre, ― le preguntó a Christian. ― ¿No será tu hermano también, Julius? ― Preguntó Carolyn. Christian suspiró, todo el mundo se quedó inmóvil, y dijo con calma, ― Julius y yo tenemos diferentes madres. ― Al menos eso era cierto. ― Y Etienne, los otros y yo compartimos la misma madre y distinto padre. Carolyn frunció el ceño. ― Así que tú y Julius tenéis el mismo padre y diferentes madres, y tú y Etienne y los demás tenéis la misma madre y diferentes padres.


― Es muy complicado, ― intervino su madre. ― ¿Por qué no bailáis ahora? ― Espera un minuto. ¿Etienne? ¿Con un juego que se llama algo de sangre?― Preguntó Carolyn con asombro. ―¿No es Etienne Argeneau del juego Blood Lust? ― Oh, ¿has oído hablar de él? ― Preguntó Marguerite y Christian tuvo que esconder su sonrisa mientras su madre lo arreglaba con orgullo. Ella estaba orgullosa de todos sus hijos. ― Por supuesto, ― dijo Carolyn a la vez. ― Mi agencia de publicidad está lanzando ideas para la campaña publicitaria para su más reciente versión del juego. ― Caramba, ¡qué mundo tan deliciosamente pequeño! ― Dijo Marguerite sonriendo, y Christian entrecerró los ojos hacia su madre, pero ella lo ignoró. ― Estoy segura de que lo persuadirá y ganarás el contrato, Caro. Hablaremos a favor de ti. ― Oh, no, no es tonto, ― dijo Carolyn a la vez. ― Si le gustan las ideas es una cosa, pero… ― Tonterías, los hombres lo hacen todo el tiempo con el viejo asunto del club de muchachos. Podemos iniciar un club de chicas, ― dijo Marguerite, deslizando su brazo a través de Carolyn alejándola hacia la pista de baile con Gia y Genie. Christian las observó hasta que fueron tragadas por la multitud, y luego se acomodó en su asiento, esperando a que volviera a aparecer en la pista de baile para poder ver la danza de Carolyn de nuevo. ― Toma el asiento de Gia, Christian, ― dijo Julius de repente. Miró a su alrededor con sorpresa. ― ¿Por qué? ― Porque no quiero tener que llevarte de vuelta al cuarto de baño para una segunda ronda con los grifos antes de dirigirnos al complejo, ― dijo Julius secamente. Christian frunció el ceño, pero cambió los asientos de manera que estaba de espaldas a la pista de baile. Él no era feliz sin embargo, y de repente se dio cuenta de que iba a ser una muy larga noche para él. ― Vamos a salir tan pronto como vuelva Zanipolo con la flor, ― dijo Julius en voz baja. Christian asintió en silencio.


*** ― Gracias por la flor. Quiero decir, sabía que era sólo para cubrir los fines… Christian la agarró del brazo y la detuvo al llegar a la puerta de su villa. Ella había estado charlando con nerviosismo desde que la había ayudado a salir de la furgoneta. Era una diferencia notable de la mujer relajada con la que había pasado el día y cenado. Ella se puso un poco tensa cuando los demás se les habían unido para la cena, pero como la noche había avanzado sin un beso o poniendo su brazo alrededor suyo, se había relajado de nuevo. Ahora, sin embargo, sólo el pensamiento de que la besara la tenía con un gorgojeo y lo ponía triste el verla así. No podía esperar al día en que estuviese relajada con él todo el tiempo, bueno, a excepción de cuando ella estuviera emocionada, pensó con ironía y luego suspiró mientras observaba la forma en que lo miraba. ― Voy a darte un beso, ― le dijo solemnemente. Ella asintió con la cabeza, pero hizo una mueca que en realidad no era muy halagadora, o no lo sería si no supiera la pasión que se agitaba en su malestar y vergüenza en su mayoría porque tenía miedo de que él se diera cuenta de que ella se sentía atraída por él y se sintiera ofendido. ― Sé que no te sientes atraída por mí, ― mintió, ― pero te agradecería si pudieras tal vez cerrar los ojos y fingir que soy alguien que realmente te gustaría besar. ― Él sonrió y sugirió, ― Piensa que prácticas para cuando encuentres a alguien que desees besar. ― ¿Practicar? ― Carolyn se hizo eco de la mirada vacía. ― Bueno, dijiste que habían pasado siete años desde que habías tenido relaciones íntimas con alguien. Sospecho que solo serás un manojo de nervios al respecto. Pero practicar un poco antes de estar con alguien que te interese, hará que sepas que no vas por mal camino, y si vas más lejos podría tranquilizarte. Ella parpadeó ante la sugerencia y le sonrió de repente. ― Sabes, tal vez sí. Por alguna razón, la reacción envió un tiro de alarma a través de Christian, pero asintió con la cabeza, la tomó en sus brazos, bajó su boca a la suya... e inmediatamente entendió la razón para alarmarse. Había querido que ella se relajara y puso un rápido y suave beso en sus labios para dejarlo... ser lo que resultó que era, un tonto. Dudaba de lo que había logrado, incluso si él no había calmado los nervios de Carolyn al principio, pero por sus palabras ahora sabía que ella no se sentía atraída por él y el que pensara en él como práctica sin sentir la preocupación


de ir más allá... así, parecía haber liberado a Carolyn de alguna manera. En el momento que sus labios tocaron los suyos, abrió la boca para él y se acercó. Le sorprendió bastante que se detuviera brevemente, pero luego deslizó su lengua más allá de sus labios y deslizó sus manos hasta enrollarse en su cuello. La decisión hizo que ella levantara los pechos y él la apretara contra su pecho. También sus caderas a la suyas, frotando su suavidad contra su repentina dureza. Después, tentativamente golpeó la lengua con la suya, sólo lo perdió. En el siguiente latido, Christian tenía una mano en su parte inferior, presionándose sobre ella y por otro lado deslizando su otra mano por su top hacia su pecho. Cuando Carolyn jadeó y gimió, su cuerpo se estremeció a su contacto, por lo que la apoyó contra la puerta, y utilizó su mano en su culo para levantarla inmovilizándola después con sus caderas de manera que sus dos manos estaban libres. Su segunda mano inmediatamente se unió a la primera en su parte superior, tirando de su sostén, tratando de tirar de él a un lado para liberar la generosidad que había encontrado. Casi lo había logrado, cuando un dolor repentino y agudo en el oído le hizo romper su beso. Al volver la cabeza, Christian siseó, descubrió sus colmillos antes de reconocer que era su madre la que le había agarrado por el oído. ― Uh, lo siento, ― murmuró, retirando sus colmillos. Marguerite asintió con la cabeza, pero se aferró a su oído y le dijo, ― Libérala. Suspirando, Christian cerró los ojos brevemente, y luego, lentamente, se volvió para mirar a Carolyn. Estaba quieta y en silencio, con los ojos vacíos. Su madre había tomado el control de ella. Christian recuperó lentamente sus manos de debajo de su camisa y juntó los brazos para bajarla al suelo. A continuación, dio un paso atrás y se quedó en silencio cuando su madre se concentró en la frente de Carolyn. Después de un momento, Carolyn se volvió, abrió la puerta de la villa y se movió en silencio en el interior antes de cerrar detrás de ella. ― Oculté sus recuerdos lo que pasó para que piense que fue sólo un muy agradable beso y esté a gusto con eso. ― Su madre cambió para mirar detenidamente por la ventana al lado de la puerta, arrastrándolo con ella. ― Gracias, ― dijo Christian incómodo. ― ¿Crees que podrías dejar mi oído, mamá? ― Llamarme mamá no va a disminuir mi enfado contigo, Christian Notte. ― Anunció con gravedad, sin dejar de mirar por la ventana. ― No puedo creer que pusieras en peligro todo tu futuro por un minuto de placer. ―Estoy seguro de que habría sido más de un minuto, ― murmuró Christian, pero se


sintió ruborizado. Se sentía como si tuviera doce años de edad. ¿Cómo le hacían esto sus padres? ¿Cómo le hacían sentir a un hombre de quinientos años, como un adolescente atrapado en el estacionamiento con su novia? ― No te hagas ilusiones, ― replicó Marguerite, y finalmente, le liberó la oreja. ― He leído tus pensamientos mientras me acercaba. Estabas a punto de tirar sus piernas alrededor de tus caderas, las manos por debajo de la falda, tirar de sus bragas a un lado, y entrar en la casa. Un latido de corazón después los dos seríais un montón inconsciente en la piedra. Christian no trató de negarlo. Pero, en realidad, era muy vergonzoso tener a su madre hablando con él sobre este asunto. ― No me importa si es vergonzoso, ― dijo con exasperación. ― Tengo que decirlo. Y así con mucho gusto, soy yo. Tu padre iba a intervenir, pero me las arreglé para convencerlo de que me dejara hacerlo. Christian miró a la furgoneta en la que cinco pares de ojos estaban mirando. El único que no abría las ventanas era el conductor de la camioneta. ― Tu padre le controla, ― anunció Marguerite. ― Enviaré a Carolyn a la cama. Será mejor que vuelvas a la villa para que puedas hacer lo mismo. Y la primera vez que entres en el sueño con ella, te sugiero que la muevas hacia el frente de la villa por lo menos para un rapidito, para que si mi velo de sus recuerdos no se logra sostener, ella sólo crea que esos recuerdos son de un sueño. ― Correcto, ― Christian estuvo de acuerdo, de repente con ganas de ir a la cama. ― Sin embargo, Christian, ― dijo solemnemente, ― Tienes que tomar esto como una advertencia. Tienes que controlarte a ti mismo. Si algo como esto sucede cuando uno de nosotros no esté para intervenir podrías enviar a tu candidata a las colinas. ― Correcto. ― Él asintió con la cabeza otra vez. ― Controlarme. Marguerite sacudió la cabeza y emprendió el camino de vuelta a la furgoneta.


10 Christian siguió a Carolyn de la escalera a la plataforma. Cuando miró por encima de la barandilla, él la siguió, fijándose que la tierra parecía un largo camino hacia abajo. En el folleto decía que medía 150 pies de alto. Su mirada se deslizó sobre la belleza de la naturaleza que les rodeaba y luego a la pálida cara de Carolyn y preguntó con preocupación, ― ¿Estás segura que quieres hacer esto? Ella le miró y le soltó una risita. ― ¿Por qué? ¿Me veo con miedo? ― Un poco, ― admitió con cuidado. Sonriendo, ella se encogió de hombros. ― Estoy nerviosa porque nunca he hecho esto antes. Estaré bien una vez que me ponga en ello, ― le aseguró ella, y se acercó al guía que le permitiría colocar su arnés en el cable. Christian escuchó distraído como la guía le decía que se sentara y fijara sus piernas estiradas frente a ella. A continuación, le dio instrucciones para mantener su brazo derecho detrás de la polea, y ligeramente agarrar el cable con su mano enguantada para ayudar a mantenerse estable. Carolyn estaba asintiendo con la cabeza, pero aún estaba pálida y Christian estaba a punto de volver a preguntarle si estaba segura de querer hacer esto cuando la guía de repente la liberó y Carolyn empezó a zigzaguear lejos. Él esperaba que ella chillara a voz en grito a todo lo ancho, por lo que se sorprendió cuando escuchó un feliz "weeee" que duró la totalidad de diez segundos antes de llegar a la siguiente plataforma, Christian se relajó y se encontró sonriendo mientras daba un paso adelante para su turno. Su mujer lo había sorprendido una vez más. Había más de Christiana Carolyn Johnson Carver Connor de lo que había visto por primera vez con sus ojos, pero tal vez debería haber esperado tanto de una mujer que llevaba tantos nombres, pensó mientras estaba de pronto navegando a través del cielo hacia la plataforma donde lo esperaba. ― ¿No es una maravilla? ― Gritó Carolyn, saltando arriba y abajo junto a él mientras el guía trabajaba para librarla del cable. ― Oh, Dios mío, tenemos que hacer esto otra vez. Christian se rió de su entusiasmo, mientras era liberado. ― Lo haremos. Hay algo así como ocho o nueve plataformas más. ― Sí. Pero quiero decir otro día, incluso, ― dijo ella rápidamente. ― Todos los días. Tenemos que hacer esto todos los días que estemos aquí.


Christian se echó a reír y le instó a seguir el resto de su juego, pero se detuvo cuando ella dijo, ― Esto es mejor que el sexo. Eso fue condenadamente insultante, teniendo en cuenta que habían tenido sexo tres veces durante el sueño ayer por la noche, y él pensó que había sido condenadamente caliente. Siguiendo las instrucciones que le habían establecido de que el sueño se mudara a su porche y felizmente había repetido lo que había sucedido en la vida real, pero aún más feliz había acabado más o menos en la forma en que su madre le había sugerido que lo hiciera, pero tardó un poco más y se preocuparon por él. ― Bueno, excepto por el sexo del sueño. Christian apenas captó el murmullo y se apresuró a preguntar, ― ¿Qué? ― Nada, ― dijo sonrojada, pero la había escuchado y le calmó su ego herido, y su buen estado de ánimo regresó para el resto de la aventura en rapel. *** ― Creo que lo intentaré con la pechuga de pollo con costra de pistacho. Christian alzó la vista de su menú por las palabras de Carolyn y sonrió. Era después del mediodía, cuando regresaban de lanzarse en rapel y habían decidido alquilar un coche y volver a la ciudad para el almuerzo. Genie había enviado a buscar un coche para ellos y le preguntaron al conductor sobre los restaurantes durante el viaje. Los había dejado aquí, en este encantador pabellón al aire libre en la playa con obras de arte llenas de bancos y colmado de almohadas. ― Suena bien, ― decidió Christian, colocando su menú a un lado. ― Siempre pides lo que ordeno, ― dijo Carolyn en una carcajada. Christian se encogió de hombros. ― Y siempre me gusta. ― Hmm,― dijo con regocijo. ― Bueno, si tenemos espacio para el postre, hazme un favor y ordena pastel de plátano de chocolate. Él arqueó una ceja. ― ¿Por qué? ― Porque yo voy a pedir el pastel de manzana, pero quiero probar el de plátano con chocolate también. Podemos compartir. ― Suena bien, ― repitió Christian, haciéndola reír y movió la cabeza hacia el camarero. Sirvió a cada uno un vaso de agua helada, tomó su orden y se escabulló,


Carolyn se echó hacia atrás sobre la almohada en su asiento con un satisfecho suspiro. Miró a su alrededor en sus pintorescos alrededores, luego se volvió y exclamó, ― Beth quiere que tenga un romance mientras estoy aquí. Christian alzó una ceja y se burló, ― ¿Aquí? Los bancos parecen cómodos, pero no creo que los otros clientes del restaurante no lo aprecien. Carolyn parpadeó, se sonrojó, y luego le tiró la servilleta. ― Aquí no, aquí. En Santa Lucia, sabelotodo. ― Oh, ― él arrastró las palabras con una sonrisa y luego preguntó, ― ¿A propósito, cómo está ella? ― Bueno, no estaba vomitando esta mañana, para variar, así que creo que se puede recuperar pronto, ― dijo Carolyn, y luego hizo una mueca y añadió, ― Espero sinceramente que se recupere ya que el crucero a Soufriere es mañana. Christian asintió con la cabeza ligeramente, esperando que ella no se recuperara. Si Bethany se recuperaba se irían en el crucero lo que significaba que no iba a ver Carolyn en todo el día. Ya había revisado para conseguir un billete en el crucero, pero le habían dicho que estaba completo. Era al parecer, un crucero popular. ― De todos modos, ella me ha estado molestando sobre esta cosa de la aventura de vacaciones, ― dijo Carolyn, volviendo al tema que había traído. ― ¿Y cómo te sientes al respecto? ― Le preguntó. Ella parecía querer hablar de ello. ― No estoy segura, ― admitió, mordiéndose el labio. ― Al principio estaba totalmente en contra de ello. Sus ojos se estrecharon. ― ¿Y ahora? ― Bueno, he estado pensando en lo que dijiste anoche... ― ¿Lo que dije? ― Preguntó él con incertidumbre. ― Ya sabes, ¿cuándo me besaste? Y dijiste que pensara en ello como práctica para cuando conociera a alguien a quien quisiera para una pareja o lo que sea. Christian sólo parpadeó. Ella estaba completamente relajada sobre su beso de la noche anterior el cual fue bastante inesperado teniendo en cuenta sus reacciones en la primera noche. Su madre le había dicho que había encubierto las cosas y le hizo pensar que fue un beso agradable para que ella se sintiera cómoda con él, pero él no esperaba mucho consuelo. ¿Qué demonios había hecho Marguerite? Se preguntó y luego recordó que Julius le había dicho a Carolyn que no había experimentado la verdadera pasión y que en su mente los besos de su marido habían sido agradables.


Caramba, pensó, levantando su vaso de agua, su madre había hecho del recuerdo de su beso un evento de tostadas con leche. ― ¿Cómo beso? Tomado por sorpresa, Christian se atragantó con el agua que estaba bebiendo y la escupió a todo el mundo durante el ataque de tos que le siguió. ― Oh, Dios mío. ¿Es tan malo? ― Preguntó Carolyn secamente, ayudándole a limpiar el desorden que había hecho, cuando finalmente él dejó de toser. ― No, por supuesto, ― le espetó y luego se recostó en su asiento para mirarla. ― ¿Qué demonios tiene eso que ver con que Bethany quiera que tengas una aventura? ― Bueno, como dijiste, besar era una práctica. Pero también ese sería el asunto. ― Cuando él abrió los ojos incrédulo, se echó hacia adelante, ― Quiero decir, no tengo una gran cantidad de experiencia y con cinco años de rechazo sexual de mi marido… ― Pensé que tenías siete años, ― interrumpió él con el ceño fruncido. ― Desde hace siete años no he tenido relaciones sexuales. Hemos estado separados durante dos años, sin embargo, ― señaló ella. ― Sí, claro, ― murmuró Christian. ― De todos modos, exactamente no me dejó con mucha confianza en mi atractivo o habilidades en esa área, ― le dijo con una mueca. ― Quiero decir, francamente, hasta ahora no lo he hecho, incluso estoy considerando no involucrarme nunca con un hombre nuevo. Pensé en solo trabajar y conseguir un gato como compañía o… cien, ― murmuró ella con un auto-desprecio que él no entendía. ― Y esperar a que envejezca y muera, supongo. Christian frunció el ceño ante la depresión que se apoderó de ella, queriendo tranquilizarla diciéndole que definitivamente no envejecería sola ni con nada más que gatos. Joder, si se transformaba, no sería vieja en absoluto. Pero no podía decirle nada de eso, por supuesto, por lo que se mordió la lengua y esperó. Sin embargo se sorprendió cuando, de repente, ella se iluminó y dijo, ― Pero ahora estoy pensando que tal vez no tiene por qué ser así. ― ¿Ah, sí? ― Preguntó él con cautela. Ella asintió y se inclinó hacia adelante con entusiasmo. ― Creo que he llegado a la menopausia precoz.


Christian parpadeó varias veces. ― ¿Huh? ― Tengo esos sueños por la noche, ― reconoció Carolyn, sonrojada. ― ¿Ah, sí? ― Dijo él, con una ceja levantada. Él sabía exactamente de qué sueño estaba hablando, pero se suponía que no. Además se veía medio avergonzada y medio impaciente… y adorable por completo y sólo quería oírla admitir que tenía sueños sexuales. ― ¿Qué tipo de sueños? ― Er... ― Su color se profundizó, pero enderezó los hombros y admitió en un susurro, ― Sueños húmedos, y en realidad son... eh... calientes, ― admitió con un aún más brillante color rojo y luego dijo disparada, ― Y nunca los he tenido antes por lo que debe ser la menopausia, ¿no? ― Calientes, ¿eh? ― Dijo Christian. Aún no terminaba de irse el vapor en él, porque había sido caliente como el infierno. Pero abriendo sus ojos inocentemente, preguntó, ― ¿Quién estaba en ellos? ―Er, ― dijo ella otra vez, luego bajó la mirada y agitó la mano vagamente. ― ¡Oh!, sólo algunas clases de celebridades. ― ¿Cómo Brad Pitt? ― Preguntó, sintiéndose mal por hacerla sentir incómoda y pensó ofrecerle una mentira fácil, pero ella retrocedió horrorizada ante la sugerencia. ― ¡Oh, buen señor, no! Él no es caliente. Quiero decir, supongo que lo es, pero no es tan caliente como… Y es rubio, ― dijo, alzando la voz, pero ella misma se cortó. ― Ah. ― Christian se mordió el labio. Ella pensó que él era más caliente que Brad Pitt. Gia decía que todas las mujeres en el planeta habían querido a Brad Pitt. Pero él era más caliente para Carolyn. Dios, la amaba. La idea resonó como un gong en el silencio repentino en su cabeza. ¿Cristo, realmente acababa de pensar él en eso? Sí lo hizo, reconoció Christian, pero se suponía que no debía sorprenderse. Ella era su compañera de vida. Era inevitable que llegara a amarla. Pero hasta ahora sólo había estado pensando de forma lujuriosa, confirmó en sus pensamientos. No esperaba que estos sentimientos más suaves llegaran a él con tanta rapidez. ― De todos modos, más allá de los sueños creo que voy a tener sofocos. ― Las palabras de Carolyn llamaron su atención.


― ¿Sofocos? ― Le hizo eco con incertidumbre. Ella era demasiado joven para tener bochornos, ¿no? No lo sabía. No era algo que se discutiera a menudo en medio de la gente, pero estaba en las noticias de vez en cuando y siempre había pensado que sería más tarde. ― Sí, ― dijo Carolyn con un suspiro. ― Por lo menos eso creo. Me desperté anoche con un sudor terrible y... er... toda trabajada. Bueno, eso explicaba el abrupto final del tercer sueño sexual y el último que habían compartido anoche, pensó. Se había despertado bruscamente, sacándolo de su sueño y dejándolo demasiado frustrado y terminó durmiéndose otra vez. ― Yo estaba temblando bastante, con un poco de pánico, ― dijo Carolyn con el ceño fruncido. ― Fue un poco de miedo, en realidad, pero mejoré después de que me levanté y busqué algo para comer. ― Ella hizo una mueca al recordarlo. ― De todos modos, creo que debe haber sido un sofoco, aunque no recuerdo haber leído nada acerca de la ansiedad y la agitación con oleadas de calor. ― Entonces, ― dijo Christian y se detuvo cuando su voz salió con un gruñido ronco, se aclaró la garganta y lo intentó de nuevo. ― ¿Así que, teniendo estos sueños... er... sofocos hizo que te decidieras, tal vez a querer tener una aventura? ― Bueno, están tus besos también, ― dijo ella con una risa avergonzada. ― ¿Mis besos? ― Preguntó él con interés. Con expresión solemne, asintió con la cabeza. ― Sé que eres gay, y que serías demasiado joven para mí, incluso si no lo fueras, Christian. Y sé que no me siento atraída por ti, ni nada. ― Er, ― murmuró, sin saber cómo se suponía que debía responder a eso. ― Pero eres un muy buen besador, ― le aseguró Carolyn. ― Er, ― dijo él de nuevo, pero estaba sonriendo esta vez. ―Y he decidido que me gusta besar, y quiero más, ― anunció. Christian siguió sonriendo hasta que volvió a hablar. ― Pero con un hombre heterosexual de mi edad, por supuesto. Quiero decir que te conozco y probablemente tendrás que besarme de nuevo mientras estás aquí, por el amor de tu hermano, y a mí sinceramente no me importa. Es una buena práctica, como has dicho, pero me hace pensar que puede ser que desee encontrar otra persona para darle un beso también. ― ¿Qué? ― Christian frunció el ceño.


― Bueno, no mientras te estoy ayudando, por supuesto, ― ella lo tranquilizó. ― Quiero decir, no es que me vaya a encontrar a nadie en el infierno como una luna de miel de todos modos. Pero estoy pensando que después de que los chicos se vayan, Bethany y yo deberíamos mudarnos a otro complejo, uno donde haya más hombres solteros, y entonces pueda practicar besos y otras cosas. ― ¿Qué otras cosas? ― Le preguntó, indignado. ― Bueno... ya sabes, ― dijo ella, con una mueca. ― Otras cosas. Christian le frunció el ceño a la sugerencia, pero ella no estaba prestando atención. Estaba mirando pensativamente hacia arriba, varias expresiones revolotearon en su rostro. ― Aunque, ya sabes, ahora que lo pienso, tal vez no tengamos que esperar hasta el fin de semana. ― ¿Qué? ― Preguntó consternado. ― Bueno, piensa en ello, ― dijo ella alegremente, con la mirada vuelta hacia él. ― Si Bethany y yo nos vamos a otro complejo, podrías decirles que vas a ir a verme y podríamos ir a los clubs nocturnos y recoger chicos juntos. ― ¡Recoger chicos juntos! ― Gritó, y luego miró a su alrededor cuando ella le hizo callar. Varias personas estaban mirando en su dirección. Él frunció el ceño brevemente, pero se volvió hacia atrás y bajó la voz. ― Vamos a ver si lo entiendo... un día o dos atrás no estabas interesada en una aventura, pero después de un par de sueños y sofocos más tarde estás lista para salir y… ― Bueno, son sueños muy calientes, ― dijo Carolyn casi disculpándose. ― Quiero decir, lo que es real no es ni la mitad de agradable, está muy por delante de cualquier cosa que haya experimentado. Hizo una pausa y luego admitió, ― No creo que Robert fuera muy bueno en eso. Significa que probablemente no tenía ni idea. Quiero decir algunas de las cosas en los sueños... Ella se sonrojó y agitó la mano delante de su cara. ― No sé ni por dónde vinieron. Quiero decir, tú… Se detuvo bruscamente, mirándolo alarmada, y luego se aclaró la garganta. ― Quiero decir, el tipo en los sueños parecía saber realmente su negocio. Pero, por supuesto, esa era mi mente. ― Suspiró. ― Tiene que venir de los libros que he leído


o algo así. Suelo pasar las escenas de sexo, pero debo de haber retenido un par de cosas de los pocos que he leído. ― Carolyn lo miró. ― Pero, aun así, un sueño es una cosa y la realidad es otra. ― Exactamente, ― dijo Christian con firmeza. Sintió alivio, hasta que ella agregó, ― Entonces, me pareció mejor tener una aventura por primera vez aunque sea estresante y embarazosa, o doce con alguien a quien probablemente nunca encuentre de nuevo. Christian se quedó boquiabierto. Había creado un monstruo. No es que ella quisiera explorar su sexualidad lo que la hacía un monstruo, pero se suponía que ella debía querer explorarla con él, maldita sea. Por supuesto, eso era imposible ya que ella pensaba que era gay, supuso. ¿Jesús, que había hecho su familia con él? ¿Y qué demonios estaba haciendo al discutir esto con él de todos modos? ¿Ella no se sentía cómoda queriéndolo, pero estaba alegre acerca de la menopausia, los sueños húmedos y tener una aventura o doce con un tipo al que ni siquiera había considerado aún? Obviamente, ella lo había aceptado totalmente como gay. Él había reemplazado completamente a su amigo, Brent, con quien una vez había dicho que podía hablar de cualquier cosa. Una vez más, ¿qué hizo su familia con él? ― ¿No te parece? ― Preguntó Carolyn, sacándolo de sus cada vez más agitados pensamientos. ― No, no, ― le espetó. ― ¿No lo crees? ― Preguntó ella, con los hombros caídos con desilusión, pero luego dijo, ― Espera, ¿qué no te parece? ¿Él qué debería trasladarme a otro complejo? ¿O que deba tener una aventura? ― Ninguno, ― gruñó. Al menos, no con nadie más que él, y entonces ya no sería una aventura. Él la quería para la toda vida. ― Bueno... ― Carolyn se sentó parpadeando, y luego casi se quejó, ― ¿Por qué no? Christian frunció el ceño. No podía decirle la verdad, y no tenía ni una sola maldita buena razón para darle. Entonces se le ocurrió, la calma lo inundó, y su agitación lo dejó cuando le dijo, ― Carolyn, es obvio que no eres el tipo de mujer que tiene que andar con aventuras. ― Pero puedo cambiar. Quiero ser ese tipo de mujer, ― dijo ella a la vez. ― ¿Qué clase de mujer exactamente quieres ser? ― Preguntó manteniendo la calma.


― Confiada, sexy y agradable, ― dijo Carolyn a la vez. ― El tipo de mujer que tiene relaciones sexuales en una playa, o contra una puerta o en la piscina infantil o en la barandilla de una terraza bajo la luz de la luna. Sí, eso había sido bastante caliente, el pensamiento de Christian llegó con un pequeño suspiro. La luz de la luna brillaba sobre su cara llena de pasión como Christian recordaba. Sacudió la cabeza, y se aclaró la garganta para decir, ― Eso es pasión, no confianza o estar a gusto con uno mismo. ¿Y realmente crees que te encontrarás con un extraño en un club nocturno? ― Bueno, ¿por qué no? Incluso te las arreglas para remover algo de pasión en mí y eres gay, ― dijo ella con gravedad. ― Debe haber algo en mí en alguna parte. ¿Seguramente un hombre recto podría avivarla aún más? Christian apretó los dientes, seguro de que ella mencionaría otra vez que supuestamente era gay una vez más, él… ―Pechuga de pollo con incrustaciones de pistacho para los dos. Christian escuchó el anuncio, y de inmediato se echó hacia atrás para que el camarero colocara sus platos. Una vez que el hombre se había ido, él sugirió, ― ¿Por qué no dejas de lado esta conversación para otro momento y disfrutas de la comida? Carolyn no protestó, pero su mandíbula estaba apretada cuando cogió el tenedor y comenzó a tomar su comida. Estaba enfadada y decepcionada por su falta de apoyo, se dio cuenta Christian, y de repente estaba preocupado. Mientras ella estuviera dispuesta a hablar con él sobre ella, tendría algún tipo de aviso si la pasión entre ellos crecía, sin hablar de su frustración sexual, la impulsaría a hacer algo estúpido... y no podría impedir que hiciera algo de lo que se arrepentiría. Sin embargo, si ella estaba tan molesta no compartiría sus pensamientos y planes, no tendría esa oportunidad. Christian consideró el asunto mientras comían su plato principal, y cuando se llevaron los platos, dijo, ― Lo siento. Eres adulta, y sabes lo que quieres. Sin embargo, me preocupa que puedas precipitarte cuando ir lento podría ser más fácil para ti. Quiero decir, tú misma has dicho que crees que la primera vez serás torpe y estarás nerviosa y no creo que estés pensando en eso. No es probable que experimentes mucha pasión en ese estado. Ella frunció el ceño, pero estaba escuchando, y Christian continuó, ― Quiero decir, obviamente estás cómoda conmigo... y sabiendo que no es probable que trate de empujarte a la cama, te relajas, por eso es que permites que tu cuerpo reaccione como lo hace. Y luego, en tus sueños no estás en control, ― más o menos, añadió


para sí. ― Tu amante ideal no haría nada para hacerte sentir incómoda o adelantarse a... er... finalizar sin provocar que tú lo hagas primero. ― Por lo menos sabía que era verdad. Carolyn estaba definitivamente con él en todos los paso a paso en sus sueños, incluyendo el orgasmo... bien, cuando no eran interrumpidos, pensó, y se preguntó si ella estaba creyendo algo de esto. Era difícil decirlo por su expresión. ― Entonces, ¿no sería mejor que esperaras hasta que te sientas cómoda con alguien y no salir corriendo a recoger al primer chico que se te aparece en un bar? Carolyn, se echó hacia atrás con un suspiro. ― Supongo. Christian casi se derritió en su asiento, su alivio era muy fuerte. Pero entonces miró a un lado mientras el camarero aparecía con sus postres. Cuando el hombre se fue de nuevo, Carolyn y Christian dispusieron sus platos en el centro de la mesa, entre ellos y los compartieron. ― Entonces, ― dijo Carolyn en un suspiro cuando ella cogió un trozo de pastel de manzana. ― ¿Qué vas a hacer mañana mientras Bethany y yo estamos en el crucero? Si ella se siente bien, ― añadió, poniendo los ojos en blanco. Christian se relajó y sonrió. No estaba enfadada. Ese conocimiento movió un alivio en él como ninguno que jamás había experimentado. *** Carolyn cerró la puerta de la villa y volvió a llevar sus maletas a su habitación, pero se detuvo bruscamente cuando vio a Bethany en la parte superior de las escaleras en un traje de baño. ― Estás levantada, ― dijo ella sorprendida. ― Y obviamente sintiéndote mejor. ― Sí. ― Bethany sonrió, avanzando para ayudarla con sus maletas. ― Creo que finalmente está hecho. ― Bien, bien, ― dijo Carolyn con una sonrisa. ― ¿Por qué no vas a vestirte? Es casi la hora de cenar. Podríamos… ― Oh no, no quiero presionarte y correr el riesgo de que no estés lista para el crucero de mañana, ― dijo Bethany a la vez, abriendo el camino a la habitación de Carolyn con la mitad de las bolsas. ― En cambio, estaba pensando que podíamos pedir servicio de habitaciones y comer aquí, tomar un vaso de vino en la piscina, y tal vez un baño bajo las estrellas. Relájate un poco. Entonces nos podríamos dormir temprano, así las dos estaremos


bien descansadas para el crucero de mañana. ― Oh, ― dijo Carolyn con sorpresa, y se mordió el labio mientras seguía a Bethany para guardar las bolsas que llevaba. ― Estoy muy contenta de sentirme mejor, ― dijo Bethany cuando se sentó en un lado de la cama. ― He estado sola tanto tiempo que creo que estoy lista para empezar a subir por las paredes. ― Oh, por supuesto que sí, ― dijo Carolyn, sintiendo culpa inmediatamente por su reclamo. Dio vueltas, se agachó para abrazarla, diciendo, ― Cariño, lo siento, me he debido de quedar y hacerte compañía. Yo… ― No seas tonta, ― se rió Bethany. ― Te ofreciste, pero yo no me sentía lo suficientemente bien para tener compañía. Quiero decir, no es como si hubiera podido hablar de todos modos, mientras estaba colgada sobre el inodoro, ― señaló ella con una mueca. ― Sin embargo, estoy lista para la compañía ahora... ¿si no te importa tener una noche tranquila? ― No, por supuesto que no me importa, ― le aseguró Carolyn. ― Eso suena encantador. ― Bueno, ― Bethany se levantó. ― Entonces vamos a mirar el menú del servicio de habitaciones y podrás mostrarme lo que compraste mientras esperamos que la cena aparezca. ― Adelántate, ― dijo Carolyn, moviéndose hacia el cuarto de baño. ― Estaré afuera en un momento. ― Está bien, pero date prisa, ― dijo Bethany alegremente. ― Sospecho que va a tomar un tiempo que la cena llegue aquí. ― Lo haré, ― Carolyn cerró la puerta del baño detrás de ella. Haciendo una pausa entonces, dejó escapar un suspiro y sacó su teléfono. Había hecho planes para cenar a solas con Christian y luego sentarse con Marguerite y Julius mientras la banda tocaba. Tendría que llamar y cancelarlo. Carolyn se sintió mal por ello, pero ¿qué podía hacer? Había venido aquí con Bethany. Christian y los demás eran nuevos amigos. Ella le debía lealtad a Beth... aún cuando ella prefiriera salir o no, pensó con tristeza, llamó al edificio principal y pidió que lo pusieran con la villa de Christian.


Carolyn se paseaba por el cuarto de baño, mientras esperaba a que alguien tomara el teléfono, y sintió una extraña sensación de alivio cuando reconoció la voz de Gia diciendo hola. ― Hola, Gia. ¿Cómo estás? ― ¡Caro! ― Saludó Gia. ― Estoy bien, pero Christian está en la ducha. ¿Quieres que vea si él…? ― No, no, está bien, ― dijo Carolyn rápidamente. ― Me temo que sólo estaba llamando para explicar que Beth se siente mejor. ― Oh, eso es genial, ― dijo Gia alegremente. ― Se lo diré a Christian cuando salga de la ducha. Él puede llamar y añadir a otra persona en su reserva. ― Uh, bueno, ― Carolyn vaciló, pero finalmente dijo, ― En realidad, no, no tiene nada que ver que… Bethany quiere una noche agradable, tranquila, y acostarse temprano para que podamos descansar para el crucero de mañana. Hubo una pausa, y luego Gia dijo, ― ¿No entiendo, si no va a unirse por qué…? ― Bueno, esta es la cosa. Ella se siente muy bien, quiere compañía, por lo que sugirió pedir al servicio de habitaciones y relajarse aquí, ― dijo Carolyn tranquilamente. ― Ah, ― murmuró Gia. ― Así que le estás cancelando a Christian. Carolyn suspiró mientras una oleada de culpa la asaltó, pero dijo, ― Me temo que sí. ― ¿Así que no te volveré a ver hasta mañana por la noche? ― Preguntó Gia. ― Uh, bueno... ― Carolyn hizo una mueca. ― Tendré que llamar de nuevo para eso. En cierto modo depende de Bethany. Quiero decir que vine con ella y no puedo simplemente dejarla pasar el rato alrededor con nuevos amigos. Sobre todo cuando ella ha estado tan mal. ― Correcto, ― respiró Gia. ― Bueno, que tengas una buena noche. Te echaremos de menos. ― Gracias, ― murmuró Carolyn y colgó. Dejando escapar el aliento lentamente, se miró en silencio en el espejo del baño, preguntándose por qué estaba de repente tan deprimida. *** Christian fue silbando suavemente para sí mismo mientras se dirigía a la cocina


para conseguir una bolsa de sangre. Él había cogido dos para llevarse con él a la ducha, pero había tenido que tomar otra durante el día por el calor de los pedacitos de sol aquí y allá y pensó que necesitaba un par más antes de irse a recoger a Carolyn para la cena. Su silbido murió lentamente y sus pasos vacilaron hasta la mitad de la nevera cuando vio a todos de pie alrededor con aspecto sombrío. Christian levantó las cejas mientras su mirada se deslizaba sobre sus padres y primos. ― ¿Qué pasa? ― Carolyn ha llamado, ― dijo Marguerite en voz baja y algo en su tono solemne le hizo preocuparse. ― ¿Qué ha pasado? ― Le preguntó bruscamente. ― ¿Se encuentra bien? ― Sí, está bien, ― dijo Marguerite rápidamente, y luego añadió a regañadientes, ― De hecho, ha llamado con buenas noticias... Parece que Bethany está mejor. Los ojos de Christian se estrecharon cuando las implicaciones lo golpearon una tras otra. Sus pocos días de tenerla para sí llegarían a su fin. O sería él, Carolyn y Bethany, o sería Carolyn y Bethany y él quedaría fuera. ― Me temo que es la última, ― dijo Julius, obviamente leyendo su mente. ― Al menos por esta noche y mañana. Ella llamó para cancelar la cena. Bethany se siente mejor, pero quiere que las dos permanezcan en la villa, y acostarse temprano para prepararse para el crucero de mañana... Carolyn siente que tiene que hacerlo. Christian maldijo y volvió a tirar de la puerta de la nevera abierta. ― Está bien, Christian, podemos hacer frente a esto, ― le aseguró Marguerite. ― ¿Cómo vas a lidiar con eso, madre? ― Le preguntó bruscamente, recuperando una bolsa de sangre. ― Carolyn no es el tipo de persona que abandona a una amiga que está de vacaciones con ella. Va a quedarse esta noche, y luego zarpará mañana y… Cristo, ― murmuró, de pronto cerrando la puerta y, volviéndose hacia ellos con alarma. ― Bethany la animará a continuar con ese plan disparatado de dormir con el primer hombre que le guiñe un ojo. ― ¿Qué? ― Preguntó Gia con sorpresa. ― ¿Qué plan? ― ¡Dios mío! ― Murmuró Marguerite, su mirada se centró en su cabeza, tirando de la información sin que fuera necesario decirlo. ― No había pensado que algo como esto podría pasar. Nadie preguntó de qué estaba hablando. Todo el mundo se centraba en su cabeza,


sin duda recuperando sus recuerdos de la conversación del almuerzo. Sin duda estaban en la superficie para que pudieran encontrarlos, pensó sombríamente. ― Oh, hombre, ― murmuró Gia. Marguerite dijo, ― Todo está bien. Podemos manejar ambos problemas muy fácilmente. ― ¿Cómo? ― Le preguntó Christian con gravedad. ― Bueno, Bethany es una simple distracción. Contaremos con uno de los chicos para que la conquiste y la mantenga ocupada, liberando a Carolyn para estar contigo, ― señaló Marguerite, sonriendo. ― Lo haré, ― ofreció Zanipolo a la vez. Nadie estaba terriblemente sorprendido. Aún mantenía relaciones sexuales con los mortales y algo con una puta que Christian había dicho. Pero Marguerite negó con la cabeza. ― Gracias, Zanipolo, pero creo que Santo sería la mejor opción. ― ¿Yo? ― Preguntó Santo con sorpresa. ― ¿Por qué yo? ― Tienes esa cosa de hombre misterioso… silencioso, todo masculino y viril. Definitivamente distraerías a cualquier mujer. ― Soy viril, ― protestó Zanipolo a la vez. ― Sí, querido, ― Marguerite le dio una palmadita tranquilizadora. ― Tengo otra tarea para ti. ― ¿Cuál es? ― Preguntó de repente cauteloso. ― Tienes que encontrar una oportunidad para besar a Carolyn. ― ¿Qué? ― Graznó Christian. ― Bueno, matará cualquier noción ridícula que tiene que cualquier hombre puede agitar la pasión en ella, ― señaló ella, moviendo el brazo para acariciar a Christian ahora. ― ¿Qué? ― Lloró Zanipolo. ― Soy un buen besador. ― Estoy segura de que lo eres, ― dijo Marguerite, volviéndose hacia él para acariciarlo de nuevo. ― Pero el hecho de que Carolyn cree que perteneces a la banda, que eres homosexual, sugiere que te encuentra menos atractivo, por lo que…


― ¿Qué? ― Interrumpió Zanipolo tristemente. ― Pero ¿por qué? Les gusto a las mujeres. ― Sí, querido, por supuesto que sí. Eres muy gracioso. ― ¿Gracioso? ― Preguntó Zanipolo con horror. ― De una manera encantadora, ― le aseguró rápidamente. ― A las mujeres les gustan los hombres divertidos. ― Él no la besará, ― dijo Christian con gravedad. ― Ahora, Christian, ― dijo Marguerite, volviéndose hacia él para acariciarlo de nuevo. ― Zanipolo… ― No va a ponerle un dedo encima a mi mujer, y mucho menos su sucia boca, ― espetó. ― ¿Sucia? ― Zanipolo se volvió hacia él con indignación. Marguerite empezó a acariciarle de nuevo. ― Estoy segura de que Christian no quiso decir… ― Con un infierno que lo hice, sus labios deben haber estado en más mujeres de las que han muerto de cáncer en toda la historia. Y no sólo sus malditos labios. No la va a besar. ― Ahora, Christian, ― empezó Marguerite a recurrir de nuevo a él, pero Julius dio un paso hacia adelante y le agarró del brazo. ― Me estás mareando, ― murmuró, separándola. Luego frunció el ceño a los dos hombres jóvenes. ― Zanipolo, podrás besar a Carolyn. Pero ni lengua, ni pasión. Y Christian, lo dejarás. Una vez que ella vea como cojean sus besos y los compare con los tuyos, renunciará a esa tontería de tener un amante. ― ¿Cojo? ― Zanipolo se quedó boquiabierto. ― Yo no soy un besador cojo. ― Julius sólo quiso decir que los nanos no están allí con pasión compartida por lo que serás cojo, ― dijo Marguerite rápidamente. ― Él no va a darle un beso, ― repitió Christian. ― ¿Preferirías que bese a algún mortal al azar? ― Preguntó Marguerite. ― Ella no va a besar a nadie más que a mí, ― dijo con gravedad.


― Estamos tratando de ayudar aquí, Christian, ― dijo Julius con impaciencia. ― Es tu condenada ayuda la que causó esto en primer lugar, ― le espetó. ― Diciéndole que soy gay, y todas esas cosas. Debería ir allí ahora mismo y decirle la verdad sobre todo. ― ¿Crees que está lista para eso? ― Le preguntó Julius en voz baja. ― Puede ser, ― murmuró Marguerite, sorprendiendo a todos. Cuando Christian la miró, ella dijo, ― Ella se sintió lo suficientemente cómoda con él como para hablar sobre sexo, ― Ella frunció el ceño. ― Por supuesto, eso puede ser sólo porque ella piensa que es gay y por lo tanto está segura, pero creo que si no está lista está muy cerca... Desafortunadamente, cerca no es suficiente. Preferiría esperar un poco más de tiempo para estar seguros, hijo. Christian sacudió la cabeza. ― Quiero contarle todo y correr el riesgo. ― ¿Frente a Bethany? ― Exigió Julius. ― No, por supuesto que no, le pediré a Carolyn que salgamos. ― ¿Y le hablarás de entrada sobre los inmortales, los compañeros de vida y que ella es la tuya? ― Preguntó él con sequedad. Christian frunció el ceño con frustración. ― ¿Y qué vas a hacer si ella corre? ― Preguntó Julius. ― Perseguirla, ― dijo Christian sin dudarlo. ― Puedes perseguirla, pero no puedes tenerla si ella no está dispuesta. Tendremos que limpiar sus recuerdos de ti, y nunca podrías acercarte a ella de nuevo. ― ¿Qué? ― Christian abrió la boca con horror. ― Es lo que se hace, ― dijo Marguerite en voz baja. ― No podemos correr el riesgo de que ella repita lo que le has dicho. Te pondría en peligro no sólo a ti, sino a todo nuestro pueblo. ― Pero tú dijiste que las mujeres de Lucern, Bastien y Etienne no huyeron, ― dijo con desesperación. ― Sí, pero Kate, Terri y Jackie ya los amaban y se habrían arrancado el corazón antes de hacerles daño. ― Ella ladeó su cabeza y preguntó, ― ¿Ya amas a Carolyn?


Christian frunció el ceño. Se había dado cuenta hoy de que la amaba, pero... ― ¿Quieres correr ese riesgo? ― Le preguntó. Christian suspiró derrotado y sacudió la cabeza. Todavía no. No quería arriesgarse y perderla. ― ¿Por qué no duermes esta noche y esperas a ver qué pasa mañana? ― Sugirió Julius con simpatía. ― Y si Bethany viene a cenar con nosotros, Santo puede iniciar sus movimientos con ella y actuar como una distracción. ― Haz la jugada, ― Santo se hizo eco dubitativo. ― Y podrás tener más tiempo a solas con Carolyn. Si tu madre tiene razón, ella ganará confianza, y le gustarás. Quizás el amor no se quede atrás. ― Bien, ― murmuró Christian, y finalmente perforó la bolsa de sangre con los dientes.


11

— El capitán quiere que te sientes a su lado. Reduciendo el agua de la botella que había estado bebiendo, Carolyn parpadeó ante el hombre grande frente a ella. Luego miró su rostro para ver la sonrisa del capitán y su movimiento de cabeza, su cabello castaño hasta los hombros moviéndose con la brisa. Poniendo el tapón a su agua, Carolyn se deslizó de su bolsa y vacilante empezó a moverse hacia la proa, deseando incluso mientras lo hacía que sólo pudiera bajar del barco y regresar al hotel. Se había sentido muy bien cuando había despertado, pero no se sentía tan caliente ahora. Estaba temblorosa, pasando de frío a calor, y extrañamente fuera de equilibrio. Pero había estado así toda la noche y sospechaba que se iba a venir abajo con lo que fuera que Bethany tenía. Si fuera así, este viaje iba a ser un incidente largo y tortuoso. Carolyn hizo una mueca pensando en Bethany. Después de cenar, Beth se había ido temprano a la cama dejándola sola. Carolyn se había paseado por la villa durante un rato, pero luego se había ido a la cama también. Sin embargo, no había dormido bien. Su noche había sido un sueño erótico tras otro, todos con Christian Notte. Y cada sueño parecía ser interrumpido antes de finalizar con un caso grave de sudores que la enviaban a la cocina en busca de comida o zumo. Ella debía de haber estado de arriba para abajo como cinco veces, pensó con un suspiro. Y cada vez que se quedaba dormida, se encontraba protagonizando otra porno con Christian. Sin embargo, aparte de estar un poco cansada, había estado bien a primera hora de la mañana, así como Bethany. Aunque, Carolyn había estado hecha un manojo de nervios por despertase tarde, no se había dado cuenta realmente más que para preguntar cómo se encontraba Bethany mientras se preparaba para estar lista y apresurarse a bajar al barco con ella. Sin embargo, en el momento en que llegaron al edificio principal y corrieron hacia Genie, Carolyn empezó a sentirse mal de nuevo, un poco mareada con sofocos y extrañamente desorientada. No quería arruinar la primera salida de Bethany, no obstante, mantuvo su estado cada vez más alarmante para sí misma mientras Genie las apresuraba al muelle y al barco esperando. Genie las había seguido a bordo para hablar con el capitán. La forma en que gesticulaba varias veces hacia ellas no hizo difícil darse cuenta de que le estaba dando instrucciones especiales para asegurarse de que lo pasaran bien. Genie no se fue hasta que el último de los huéspedes subió a bordo y el capitán encendió el motor. La tripulación estaba desenganchando el barco cuando Bethany de repente


se puso de pie, murmurando, —¡Oh Dios mío, voy a vomitar, — y corrió fuera del bote. Carolyn había mirado fijamente detrás de ella, sus pensamientos demasiado confusos para comprender lo que estaba ocurriendo en un principio. En el momento en que se dio cuenta de lo sucedido y se movió para seguir a Bethany, el barco se deslizaba fuera del muelle. —¡No! ¡Ve! ¡Que te diviertas! Dejé la nevera con agua y la loción bronceadora allí. Asegúrate de utilizar ambas, —había gritado Bethany, agitando su espalda mientras Carolyn veía que la distancia era cada vez mayor entre el barco y el muelle, tratando de resolver si podía manejar el salto. Incluso podría haberlo intentado rápidamente a pesar de la creciente distancia, no había nadie de la tripulación que la tomará del brazo y la apartara con un movimiento de cabeza. Frunciendo el ceño, y un poco confundida en cuanto a cómo de repente había terminado completamente sola en un crucero lleno de recién casados, Carolyn regresó a su asiento. Parecía, sin embargo, que el capitán estaba tomando un interés especial gracias a Genie, pensó Carolyn mientras se dirigía inestablemente al timón donde el capitán la observaba con los ojos entrecerrados. Iba a sentarse a su lado como la mascota del profesor en clase, pensó mientras lo alcanzaba. Bien. — ¿Caro o Beth? — Preguntó el capitán, instándola a la silla de al lado con la cabeza. — Caro. — Carolyn se subió al taburete con resignación. —Yo soy Jack, — anunció. —Capitán Jack— asintió con la cabeza y sonrió con ironía. —Como el pirata. Él sonrió simplemente, pero dejó caer un collar de flores sobre su cabeza, anunciando, —Esto te hace la mascota del barco. Tenemos una en cada viaje. Traducción: caso de caridad, pensó Carolyn mientras él le hacía señas al tipo grande y musculoso que la había traído. Él era, obviamente, un miembro de la tripulación, a pesar de que podría haber pasado por un huésped. No llevaban uniformes, todos a bordo llevaban pantalones cortos y camisetas, incluyendo ella. La señal era aparentemente para traer una bebida cuando se dio cuenta, cuando el hombre apareció ante ella con un vaso de plástico con lo que parecía ser zumo de naranja. —Su vitamina C de la mañana para asegurar que tenga un buen día, — dijo el


capitán Jack mientras aceptaba la bebida. —Bébelo rápidamente, estamos a punto de golpear agua agitada. Carolyn miró hacia el agua, percatándose que adelante estaba efectivamente agitada. Supuso que iban a pasar los arrecifes de coral. No estaba segura, pero creía que estos conservaban las olas un poco bajas. Cualquiera que fuera el caso, bebió rápidamente el zumo que parecía lo más inteligente si no quería tirarlo, bebió la mitad de un solo trago, sólo para jadear. —Lo siento, debería de haberte advertido que pusimos un poco de aguardiente para mantener tu sangre arriba, — dijo el capitán Jack con una carcajada, golpeando su espalda mientras ella comenzaba a toser. —Son las siete y media de la mañana, — pudo decir, su voz rasposa y conmocionada. —Sí, pero parecía que lo podrías utilizar para ayudarte a mejorar tu estado de ánimo, — dijo con un encogimiento de hombros. Carolyn hizo una mueca. —Estado de ánimo ¿para qué? —Diversión. Genie dijo que te hiciéramos pasar un buen rato y eso es lo que vamos a hacer, ¿verdad chicos? Carolyn miró a todos los hombres que estaban sonriendo y asintiendo con la cabeza. Eran un equipo ecléctico. Mientras el capitán Jack era un hombre blanco y tostado que parecía estar en lo último de sus treinta y tantos años, el rango de edades de su tripulación comprendían desde jóvenes hasta los últimos veintitantos años, con un hombre grande y musculoso que podría estar a mitad de sus treintas. Ellos también iban con una pelirroja pecosa con un par de hombres que eran evidentemente nativos de la isla. —Tómatelo, — dijo el Capitán Jack, señalando a su todavía medio lleno vaso. —Te ayudará a relajarte. No te puedes divertir estando tan tensa como una virgen cuando está a punto de ser sacrificada. Además, no quiero que todos los demás se enteren de que hay alcohol a bordo. Ellos también querrían un poco y se supone que no hay hasta que estemos de regreso en casa. Carolyn hizo una mueca, pero el zumo de naranja en realidad había aliviado un poco su mareo. Y estaba bastante segura que otro trago más no le haría daño, así que se encogió de hombros y se bebió el resto de la bebida.


—Buena chica. — El Capitán Jack tomó su vaso vacío para tirarlo, y se volvió hacia el timón, pero luego la miró por encima. —Así que tu amiga se fue. ¿Enferma? Carolyn asintió. —Desde la noche que llegamos. Pensamos que era por intoxicación alimenticia, pero creo que no debería durar tanto tiempo. —Probablemente sea gripe, — dijo. —Ha estado pasando por la isla. —Hmm. — Carolyn hizo una mueca. Si se trataba de gripe, probablemente ella sería la siguiente. —¿Algunos otros amigos por aquí? — Preguntó el Capitán Jack, ajustando un poco el rumbo. —Genie, — respondió Carolyn. Él asintió con la cabeza, su mirada fue a la deriva hacia su mano. —¿Y no estás casada pero lo estuviste? Carolyn se frotó la reveladora señal de su dedo anular. —Es una historia muy larga, de dos años de divorcio. —Dos años… así que todavía en la etapa de metedura de pata. ¿Lista para salir con citas? Carolyn se echó a reír por lo exagerado que sonó. —No creo que Genie quisiera que fueras tan lejos para asegurarte de que pasara un buen rato. —Estoy seguro de que no lo hizo, — estuvo de acuerdo con una sonrisa. —Pero tú eres una mujer soltera y muy bonita y yo soy un hombre guapo y soltero, todo el mundo sabe que los capitanes son los mejores amantes. Sabemos cómo enardecer. —Oh, — se quejó. —Ese es un juego horrible de palabras. Él arqueó una ceja. —¿Sabes lo que significa ―enardecer‖? —Navegando cerca del viento. — Lo había leído en un libro tan sólo hace un par de semanas.


—Maldita sea, — suspiró. —Estoy impresionado. Normalmente tengo que explicar esa broma. A veces, después de una bofetada. Sus palabras le hicieron reír como ella sospechaba que él había previsto. —Tienes una risa agradable, deberías hacerlo más a menudo hace que tus ojos brillen, — dijo con una sonrisa. —Entonces ¿durante cuánto tiempo vas a estar aquí? —Otra semana y media. —Bien. Eso nos da un montón de tiempo para llegar a conocernos, — anunció. —Vine aquí por una semana hace diez años. Ha sido una semana muy larga. —Yo diría que sí, — coincidió Carolyn con una sonrisa, preguntándose por qué no se sentía incómoda con sus elogios y coqueteo. Ella sospechaba que era porque sabía que estaba bajo las órdenes de Genie. El hombre no estaba realmente interesado en ella. Él solo estaba haciendo su trabajo, haciéndole pasar un buen rato, y luego dejarla en tierra al finalizar el viaje y no dejarla tener otro pensamiento. El Capitán Jack miró hacia atrás otra vez y se enderezó. —Parece que estamos a punto de golpear las olas que he mencionado. No me importa estar un poco distraído hasta llegar a nuestro destino. Puedes sentarte allí y verte hermosa mientras yo te impresiono con mi dominio naval. Carolyn sonrió. —Si tú lo dices. —Eso es Ale-ale, Capitán para ti, pequeña, — dijo a la ligera, volviéndose para colocar ambas manos en el timón. Carolyn negó con diversión y se preguntó qué diablos tenía el trago mientras el Capitán Jack se concentraba en montar las olas hacia su destino. Generalmente no estaba a gusto con alguien así de rápido, y no sabía cómo manejar la atención de los hombres normalmente. No es que la recibiera con frecuencia, pero en las raras ocasiones cuando lo hacía, tendía a estar nerviosa e incómoda y hacer todo lo posible para escapar de la situación. —Derecho a, —dijo Jack momentos más tarde cuando el barco comenzó a balancearse un poco. —Esto no durará mucho tiempo. Se calmará conforme vayamos llegando a nuestro destino.


Carolyn asintió y sacó su agua del bolso para tomar un trago. Luego la guardó y se volvió a su asiento para mirar hacia la proa mientras se movían por el agua agitada. —Como digo, va a ser menos duro una vez lleguemos, — repitió el capitán Jack, mirando hacia ella cuando subió el acelerador para enviarlos a moverse más rápido. Ella no entendía el motivo de estar repitiendo lo que ya le había dicho hasta que él le preguntó, —No te mareas con el mar, ¿verdad? —No que yo sepa. Esta es mi primera vez en un barco, — dijo. Sus ojos se abrieron ante la admisión. —¿Estás bromeando? —No. —Bueno, diablos, mujer, ¿dónde vives? ¿En el desierto? Carolyn se echó a reír y sacudió la cabeza ante la sugerencia. —Toronto, Canadá. —¿Sí? — Él sonrió. —Tengo familia allí. —¿Eres canadiense? — Preguntó con sorpresa, y cuando él asintió con la cabeza, murmuró, —Sigo corriendo a ellos aquí. —No estoy sorprendido. St. Lucia era una colonia británica como Canadá y nuestros dos países tienen una buena relación. Un buen número de turistas que vienen aquí son canadienses y británicos. Ella asintió con la cabeza y se aferró a su asiento cuando el paseo se puso desigual. Cuando se dio cuenta de que el Capitán Jack la miraba con preocupación, ella levantó las cejas en cuestión. —Te ves pálida. ¿Cómo está tu estómago? Carolyn titubeó. Estaba mareada de nuevo, pero también se sentía ruborizada y temblorosa, como lo había estado antes con la bebida. En su pecho, su corazón también estaba acelerado como si hubiera corrido un maratón. Había estado experimentando estos síntomas desde ayer, sin embargo, ahora parecía un poco peor. No creía que fuera un mareo, y se preguntaba incluso si era gripe ahora. No se sentía como cualquier gripe que había tenido. Recordando que la bebida había ayudado aunque sólo temporalmente, y sospechando que era el zumo de naranja,


ella negó con la cabeza. —Estoy bien, creo que sólo necesito un poco de zumo o algo así. —¿Diabética? —Le preguntó con el ceño fruncido. —No, me salte el desayuno y… Se detuvo mientras él se volvía y hacía un gesto a uno de los tripulantes de nuevo. Un instante después el tipo grande, voluminoso estaba delante de ella con otro vaso y una gran sonrisa. Ella lo miró con recelo. —Es sólo zumo esta vez, ¿no? —Lo siento, todo el zumo ya está mezclado en el ponche, — dijo Jack en tono de disculpa. —Sólo tómatelo y ve si te ayuda otra vez. Carolyn hizo una mueca, pero se tomó la bebida. Dándose cuenta de repente que la preocupación de Jack parecía haberse profundizado, levantó las cejas. —¿Qué? —Tu mano está temblando, — dijo con gravedad, luego se volvió y comenzó a buscar a través de un pequeño estante abierto a la altura de su cadera. Enderezándose un momento después, se volvió y le entregó una barra de chocolate. —Prueba con esto. Carolyn dejó la copa entre sus rodillas para liberar ambas manos para abrir la barra de chocolate, frunciendo el ceño cuando advirtió que era tarea una exigente. Aparte de desorientada, estaba de pronto muy torpe. Daba un poco de miedo en realidad, y se sintió aliviada cuando pudo abrir la envoltura. Suspirando, le dio un mordisco. —Si se trata de azúcar baja en la sangre te tomará un par de minutos sentirte mejor, — dijo Jack mientras se terminaba la barra momentos más tarde. Carolyn asintió e hizo una bola con el envoltorio, colocándolo en la mano de Jack cuando apareció ante ella. —Gracias, — dijo ella mientras él lo tiraba en una pequeña bolsa en el estante abierto. —El placer es mío. Se quedaron en silencio durante varios minutos, y Carolyn recuperó su copa y continuó sorbiendo de ella, pensando que al agregar azúcar le ayudaría. Pero estaba


al pendiente de la mirada de Jack que seguía cambiando varias veces al agua por delante a ella y podía sentir su preocupación. Sin embargo, después de un rato empezó a sentirse mejor. —Tu color esta mejor, — dijo de pronto, extendiendo su mano hacia su copa vacía. —Me siento mejor, —admitió, entregándosela para desecharla mientras se levantaba. Ella se apoyó en el taburete y miró hacia el agua mientras decía, —Gracias. —Como he dicho, mi placer, — le aseguró y luego mirando al agua por delante, añadió, —¿Sabes lo que eso significa, verdad? —¿Qué? —Preguntó con incertidumbre. —Bueno, te he colmado de flores, comprado bebidas y chocolate… ahora estamos prácticamente en una relación estable. Carolyn parpadeó y luego se echó a reír. —Eres un seductor terrible, Capitán. —En realidad, soy un seductor maravilloso, — le aseguró. —Soy encantador como el infierno. —Sí, lo eres, — estuvo de acuerdo con diversión. —Pero pareces ser inmune, — dijo coloquialmente. —¿Es el niño? —¿El niño? —Preguntó Carolyn con incertidumbre. —Entré en el bar hace un par de noches, después del crucero de la medianoche y estabas con hombre joven. Ambrose detrás de la barra dijo que era de la banda. —Oh, ¿te refieres a Christian? — Carolyn se rió de repente y negó con la cabeza. Divertida no había pensado en él de inmediato. Mientras ella lo había visto como un niño para sí misma cuando se conocieron por primera vez, cuanto más tiempo pasaba con él, Christian le parecía menos joven para ella. —Sólo somos amigos. —¿Buenos amigos? — Preguntó significativamente. —No, él es ga…— Carolyn se interrumpió bruscamente y cerró su mano sobre su boca mientras se daba cuenta de lo que estaba diciendo. —¿Gay? —Preguntó el Capitán Jack con sorpresa.


—No, — dijo ella a la vez, pero luego frunció el ceño y añadió, —No se lo digas a nadie, prometí no decirlo. — Sacudiendo la cabeza, murmuró Carolyn, —Y yo diciendo que Bethany era la habladora. ¿Qué diablos tenían esas bebidas? Jack sonrió. —Azúcar y especias y todo lo posible para aflojar los labios de una chica. —Hmm, —dijo Carolyn, mirando crispada hacia el agua. —Así que el joven macho es una señorita, — se maravilló Jack. —¿Quién lo hubiera pensado? Carolyn gimió y él le dio unas palmaditas en el hombro con dulzura. —Su secreto está a salvo conmigo… por cierto más seguro de lo que está contigo, — bromeó. —¿Te dije que eras encantador? — Preguntó con una mueca. —No, yo lo dije, tu solo estuviste de acuerdo, — le aseguró. —Debí de haber estado borracha. El capitán Jack se echó a reír, pero luego su risa se desvaneció y le preguntó seriamente, —Entonces, ¿qué pasa con todo eso de tomarse de las manos y tener su brazo alrededor de ti? —Él no estaba tomando mi mano ni nada, cuando estábamos solos en el bar, — dijo con el ceño fruncido. —Tal vez, lo he notado más de una vez el último par de días, — dijo con un encogimiento de hombros. Las cejas de Carolyn se alzaron. —¿Y? —La instó, cuando ella permaneció en silencio. —Su familia no lo sabe, por lo que su prima me pidió que fuera su cita mientras estuviera aquí, — admitió en voz baja. —Ah. — Él asintió con la cabeza. —Es bueno saberlo.


—¿Por qué? —Preguntó a la vez. —Eso significa que todavía estás en el mercado, — dijo a la ligera y le sonrió. Carolyn negó con la cabeza y se acomodó en su asiento, su mirada deslizándose sobre las dos docenas de pasajeros. Cada persona era parte de una pareja, por supuesto, a excepción de ella misma y la tripulación. ¿Qué deprimente era eso? —¿Así que esto es siempre el centro de la luna de miel? —Preguntó bruscamente. El capitán Jack se encogió de hombros. —Es esa época del año. Desde San Valentín hasta junio, por lo general tenemos una gran cantidad de recién casados. — Se fijó en su expresión, y luego dio un paso del timón y le tendió la mano. —Ven aquí. La mascota tiene que dirigir el barco durante un tiempo en estos cruceros, está en las reglas. Carolyn titubeó, pero luego decidió ¿por qué no? Era mejor que estar sentada ahí mirando a las parejas y murmurando a su alrededor. *** —Ahí vienen los autobuses para el viaje. Cristian siguió la mirada del conductor a los tres mini autobuses acercándose a ellos. Después de una noche increíblemente erótica, pero frustrante con sueños interrumpidos, Christian se había levantado y quedado mirando por las ventanas hasta que había visto a Carolyn y a Bethany salir de su villa a bordo de una de las furgonetas del complejo. Se había retirado e ido al baño para echarse agua en la cara y cepillarse los dientes, saliendo diez minutos más tarde para ver cuando la furgoneta estacionaba nuevamente enfrente de la villa colina abajo. Frunciendo el ceño, se detuvo, mirando con sorpresa como Bethany había salido y se apresuraba a entrar. Christian se había preguntado brevemente por qué la mujer no estaba en el crucero, y donde estaba Carolyn, encontrándose a sí mismo después poniéndose la ropa y corriendo hacia el edificio principal. Había encontrado a Genie casi al mismo tiempo y se enteró de que Bethany había regresado por su cuenta, dejando a Carolyn sola en el barco. Cuando ella le ofreció transferirle el billete y pedirle un coche para llevarlo a Soufriere para reunirse con el grupo, inmediatamente había aceptado. —Ahí está el barco, — dijo el piloto ahora, llamando la atención de Christian a un


bote grande con una multitud de gente en él. Todavía estaba a cierta distancia, pero dio las gracias a su chofer, le dio una propina, y salió a caminar hacia donde el barco iba a atracar. Le llevó un momento localizar a Carolyn, sobre todo porque había empezado a buscarla entre los pasajeros. Al no encontrarla allí, dirigió su atención hacia el timón. Sus ojos se abrieron y luego se estrecharon cuando la vio al volante, riéndose de algo que un mortal de pelo lanudo estaba diciendo. Christian frunció el ceño cuando el chico de cabello lanudo se acercó por detrás de Carolyn, sus brazos encerrándola mientras estrechaba la rueda alrededor de su cuerpo. El humor y la expresión de Christian no mejoró mucho cuando Carolyn se echó a reír y se agachó por debajo del brazo del hombre para escapar del íntimo abrazo. Ella no se movió muy lejos, sólo al asiento al lado y ella parecía estar pasando un buen momento. A Christian tampoco le gustó la forma apreciativa con que él capitán la miraba. Un gruñido atrapó su oído, y Christian miró a su alrededor antes de darse cuenta de que no había nadie cerca y que el sonido provenía de su propia garganta. Obligándose a relajarse, intentó una sonrisa casual, mientras esperaba al barco en el muelle. *** —¿No es ese el chico de la banda? Carolyn bajó la botella de agua para echar un vistazo alrededor de donde el Capitán Jack estaba mirando, sus ojos se abrieron cuando vio Christian en tierra. —No se ve feliz. —Él toca en una banda, dudo que sea una persona a la que le guste la mañana, — murmuró Carolyn al notar que mientras Christian estaba sonriendo, era más bien una revelación de dientes, y tensión en cada línea de su cuerpo. —Me pregunto qué está haciendo aquí. —Participar en el tour sería mi conjetura, — dijo Jack. —Debe haber perdido el barco. El coche que está partiendo es del complejo. Carolyn miró hacia el coche ahora rodando lejos del muelle, observando el logotipo del hotel. —Bueno, al menos sé que vas a tener una novia para que te haga compañía en tierra en esta parte del paseo, — comentó Jack.


Carolyn se volvió y le frunció el ceño. —Eso significa... —No. — Él sonrió. —Eso es un alivio porque no tengo que preocuparme por la competencia de un joven que está construido como un maldito modelo masculino. Carolyn se limitó a sacudir la cabeza, sin tomarlo en serio. Ese hombre realmente estaba flirteando, y sólo estaba haciendo lo que Genie le había pedido y asegurarse de que ella realmente disfrutara, pensó mientras su mirada se deslizaba de nuevo a Christian. Él realmente estaba bien constituido, alto, de hombros anchos reduciéndose a unas caderas delgadas. Su camiseta era lo suficientemente apretada como para poder ver la curva de sus pectorales y su estómago paquete de seis. —Deberías divertirte en el paseo, — comentó Jack. —Te estaremos esperando, el regreso es mucho más divertido. Para entonces todo estará soleado y caluroso, y repartiremos el ponche a todo el mundo para aflojarlos para los concursos. —¿Concursos? —Preguntó ella, forzando la mirada lejos de Christian y a él de nuevo. —Espera y verás, no quiero arruinarte la sorpresa. — La inclinación perversa de su sonrisa era un poco preocupante, especialmente cuando añadió, —Como mascota del barco se espera que te unas, así que ahorra algo de energía. —Uh huh, — dijo Carolyn, estrechando los ojos por el brillo de los ojos de él. Sospechaba que no le iban a gustar estos concursos. —Hablando de la mascota del barco, es mejor que tengas esto de vuelta. No la quiero echar a perder mientras este en tierra. Carolyn se quitó el collar de flores y levantó las cejas a modo de pregunta. ¿Dónde lo pongo? El Capitán Jack sonrió y sacó una mano del volante para girar hacia ella. Cuando él bajó la cabeza, ella se deslizó de su asiento y se inclinó para levantarlo por encima de él, sus ojos se abrieron cuando sintió su mano en su cintura. —Estás pálida otra vez, — dijo en voz baja, su mano se deslizó por su espalda, estabilizándola cuando ella tropezó contra él. —¿Necesitas otra barra de chocolate? Carolyn dejó caer el collar alrededor de su cuello y se volvió con un suspiro, pero él


no la soltó y en parte estaba nerviosa por ese hecho y agradecida parcialmente. Estaba temblorosa e inestable de nuevo y su sujeción le impedía ir dando tumbos como una idiota borracha. El mareo había regresado también, pero a pesar de eso ella negó con la cabeza, no quería ser una molestia. —Voy a estar bien. Comeremos en la plantación de cacao. —Hmm. — Él la miró en silencio, y luego dijo, —Sujétate al timón durante un minuto. — Cuando ella se acercó para colocar una mano sobre él, él de inmediato se volvió para buscar a través de su plataforma otra barra de chocolate. —Toma esto de todos modos, por si acaso. Es un largo camino a Fond Doux. —Gracias, — murmuró Carolyn. Deslizó la barra de chocolate en su bolso y se instaló en su asiento una vez que él tomo el volante. —Fond Doux es la plantación de cacao, ¿verdad? Jack asintió con la cabeza, pero tenía la mirada puesta delante y entrecerró los ojos. —Sí, el chico de la banda no es una persona que le guste la mañana definitivamente. Carolyn miró de nuevo al muelle. Christian estaba caminando, con los brazos cruzados y con el ceño fruncido en su rostro mientras los observaba acercarse. Ella no hizo ningún comentario, simplemente miraba con curiosidad a Christian mientras Jack echaba para atrás el acelerador. En el momento en que dirigió el barco hasta el amerizaje, la tripulación entró en acción, tomando las líneas de cuerda y saltando para sujetar el barco en su lugar. —No te muevas, — ordenó Jack cuando Carolyn comenzó a deslizarse fuera de su asiento para unirse a los otros pasajeros haciendo fila para desembarcar. —Estando así de temblorosa es probable que te des un chapuzón con la bebida de alguien mientras estás bajando. Carolyn hizo una mueca, pero se recostó en su asiento. Sobre todo porque ella sabía que él tenía razón. No era feliz haciéndolo aunque ahora que habían atracado, quería bajarse… y no tenía absolutamente nada que ver con un deseo repentino de hablar con Christian, se aseguró. Después de todo, él era gay, ¿cierto? —Está bien, — dijo Jack por fin, e inmediatamente después la cogió del brazo cuando ella saltó de su taburete y perdió el equilibrio casi cayendo de cara. Frunció el ceño y dijo con firmeza, —Deberías haber comido esa barra de chocolate. Y creo que deberías hacerte la prueba de hipoglucemia cuando regreses a Canadá. —¿Hipoglucemia? —Preguntó con sorpresa.


Él asintió. —Tengo una tía con eso y te comportas como lo hace cuando su azúcar en la sangre es bajo. — La condujo a través de la embarcación. —No es algo con lo que te quieras meter. Habían llegado a un lado del barco, y Carolyn se quedó sin aliento por la sorpresa cuando de repente Jack la cogió por la cintura para levantarla más allá de la brecha entre el barco y el muelle. Christian estuvo allí inmediatamente, abrazando su cintura por encima de las manos de Jack, con los pulgares justo debajo de sus pechos mientras intentaba llevársela, pero Jack no la soltó y ella colgó brevemente sobre el agua entre los dos hombres cuando él dijo, —Ella sigue palideciendo, se pone temblorosa y un poco desorientada. Creo que el azúcar en su sangre es bajo. Mantén un ojo en ella y asegúrate de que se coma la barra de chocolate de su bolso. El ceño fruncido en el rostro de Christian cambió un poco, reemplazado por la preocupación mientras miraba fijamente a Carolyn. —Me salté el desayuno, — murmuró ella con vergüenza, deseando que la bajaran. Ella no quería particularmente tomar un baño en el agua y era muy consciente de que estaba justo debajo de ella. Christian la miró durante un momento, su mirada se deslizó sobre su cara, y luego miró a Jack, su voz dura cuando dijo, —Gracias por cuidar de ella. —No me des las gracias, — se rió Jack, finalmente liberándola. —Me gustó mucho. Me alegro de que tenga un amigo que la pueda cuidar en tierra. Estaría decepcionado si enfermase y no estuviera en el viaje de regreso. Carolyn sintió que el calor subía por su cara y no estaba segura si era una broma de Jack o el hecho de que los lados de los dedos pulgares de Christian estaban frotando la parte inferior de sus pechos mientras él la bajaba al muelle. Ella se apartó de él tan pronto como sus pies tocaron la madera, y luego suspiró mientras se balanceaba y Christian la tomaba del brazo inmediatamente. —Espera. — Jack volvió al timón. No se sorprendió cuando volvió con otra barra de chocolate. —Agárrala, —dijo él. —Una de repuesto. Asegúrate de comer una tan pronto como estés en el autobús. Y come una gran comida en la plantación. —Te vas a quedar sin chocolate a este ritmo, — dijo Carolyn mientras se inclinaba hacia adelante para tomar la oferta. Las manos de Christian fueron inmediatamente a sus caderas para evitar que


perdiera el equilibrio y se sumergiera en el agua y Carolyn sintió que se sonrojaba de nuevo. Jack sonrió al ver su expresión avergonzada, y negó con la cabeza. —No. Me voy a comprar otra caja, mientras no estás. Entonces te daré flores, chocolate y bebidas en el camino de vuelta y volveremos a estar estables. Carolyn se ruborizó de nuevo y murmuró, —Gracias, — luego se enderezó y miró a su alrededor con sorpresa cuando algo como un gruñido salió de Christian. —Los autobuses nos están esperando, — dijo con gravedad, instándola a moverse, con las manos todavía en sus caderas. —Diviértete, muchacha, — dijo Jack alegremente y Carolyn consiguió esbozar una sonrisa y decirle adiós por encima del hombro antes de que Christian dejara su dominio sobre su cintura para en su lugar tomar su brazo y comenzó a moverse tan rápido que tuvo que ver hacía dónde iba o arriesgarse a caer sobre su cara. No es que pudiera pasar, él estaba sosteniendo su brazo con demasiada fuerza para eso. Dolorosamente bien, en realidad, observó con el ceño fruncido. Antes de que pudiera pedirle que la soltara, tropezó. Christian ni siquiera perdió el ritmo, la levantó en sus brazos y continuó rápidamente hacia los autobuses.


12 ―Puedo caminar, ― murmuró Carolyn avergonzada mientras pasaban junto a los dos primeros minibuses que estaban llenos en dirección al tercero. ― No lo suficientemente rápido, ― dijo él en forma abrupta. Carolyn frunció el ceño, pero se mordió la lengua mientras la llevaba hacia el autobús. Deseaba haber insistido más cuando vio las miradas curiosas que estaban incitando. Él la condujo hasta el único asiento vacío en la parte de atrás a la derecha y la sentó en su regazo. ― Er... ― murmuró Carolyn, un poco perdida. Todo el mundo estaba mirando y... bueno, ella estaba en su regazo, por amor de Dios. Ya era bastante malo que la hubiera cargado hasta allí, pero podría haberla dejado en el asiento. En vez de eso, él la estaba sosteniendo en su regazo como si fuera una niña herida... o una amante, pensó mientras su olor la envolvía ahora que no se movían. Él olía como la selva en un día lluvioso, un olor ligeramente almizclado que le hizo olvidarse de la gente que estaba mirando. También le hizo estar repentinamente consciente del calor de su pecho presionando a lo largo de su costado y la dureza de sus piernas debajo de ella. Carolyn se mordió el labio, levantó la cabeza y abrió sus ojos cuando lo miró a los ojos y se encontró mirando unos ojos más plateados que negros. Plateados. No grises. Ella nunca había visto algo tan hermoso... o imposible. ― Tus ojos, ― susurró ella confundida mientras empezaban a acercarse, casi como si su cabeza estuviera bajando hacia él, pensó con perplejidad. Christian se calmó de inmediato y luego pasó a sentarse en el asiento junto a ella. Por extraño que pareciera, si bien era lo que ella quería hasta hacía unos momentos, ahora sentía una punzada de decepción. ― Cómete el chocolate, ― gruñó él. ― Pero tus ojos, ― dijo ella, moviéndose en el asiento para tratar de volver a verlos. ― Lentes de contacto de color, ― dijo él muy serio. ― Cómete el chocolate. Carolyn frunció el ceño ante la forma en que él estaba fustigándola, pero se acomodó en su asiento para desenvolver su barra de chocolate. La maldita envoltura parecía haber sido sellada con pegamento. No podía abrirla pero se quedó sin aliento por la sorpresa cuando Christian maldijo y se la arrebató de sus


manos torpes. Su rostro lucía sombrío, la mandíbula estaba apretada y abrió la envoltura en forma impaciente para ella. ― Ya está. Come, ― gruñó, empujándola hacia ella. Cuando ella no la agarró de inmediato, su mirada se dirigió a su cara y frunció el ceño. ― ¿Qué tiene de malo? ― Eso es lo que estoy preguntándome, ― dijo ella con cansancio. ― Me estás fustigando como si te hubiera robado tu juguete favorito. Christian desvió la mirada y suspiró, volvió a mirarla y le ofreció una disculpa sonriendo a medias. ―Lo siento. No soy una persona madrugadora. Carolyn se relajó un poco y tomó la barra de chocolate murmurando, ― Jack dijo que probablemente a eso se debía que nos miraras con el ceño fruncido desde el muelle. O tal vez fui yo quien lo dijo, ― añadió ella con el ceño fruncido. Era difícil recordarlo en este momento. Uno de ellos lo había dicho. ― Cómete el chocolate, ― dijo Christian, pronunciando cada palabra con cuidado. ―Tus manos están temblando tanto que me sorprende que puedas sostenerlo. Carolyn desvió su atención hacia sus manos, observando distraída que verdaderamente estaban temblando. También estaba completamente sudada de nuevo y su corazón latía como si hubiera estado corriendo. Además de eso, se le estaba haciendo difícil pensar. Cuando Christian se apoderó bruscamente de la mano que sujetaba la barra de chocolate y la llevó hacia su cara, ella pensó que iba a darle un mordisco, pero en lugar de eso, él dio la vuelta a su mano y apoyó la nariz en la parte interna de su muñeca. Carolyn sólo abrió la boca mientras él inhalaba profundamente, luego maldijo y rápidamente llevó la mano hacia ella hasta que el chocolate tocó sus labios. ― Come, ― gruñó Christian. ― ¿Qué pasa con mi perfume? ― Le preguntó ella con el ceño fruncido. ― ¿Qué? ― Preguntó él ahora confundido. ― Tú me olfateaste y maldijiste, ― explicó ella. ― ¿Qué tiene de malo...? Las palabras de Carolyn murieron mientras él le metía el chocolate en la boca


abierta. Parecía que ella comía o que él lo empujaba hacia abajo por su garganta. Frunció el ceño, miró la barra y le dio un mordisco y se sintió aliviada cuando él la soltó. ― No hay nada malo con tu perfume, ― dijo Christian sombrío mientras ella masticaba. Se puso de pie, murmurando, ―El problema es la sangre. Carolyn se le quedó mirando asombrada mientras masticaba. Él caminaba lentamente por el pasillo, su mirada se deslizaba sobre las personas que estaban a su paso en el autobús. Había tragado y estaba tomando un segundo bocado cuando él de pronto se detuvo y se volvió hacia una pareja mayor a su derecha. No vio que sus labios se movieran, pero de pronto la mujer levantó una botella de un líquido color naranja hacia él. Christian la tomó y de inmediato fue hacia ella, moviéndose mucho más rápido. ― Toma. Ella se quedó mirando fijamente la botella de zumo de naranja mientras él la abría y la tendía hacia ella.― ¿Cómo....? ― Bebe, ― insistió él en voz baja. ― El azúcar entrará más rápido en tu sistema que el chocolate y lo necesitas, cara. El nivel de tu azúcar en la sangre está tocando fondo. Carolyn parpadeó. Su ira parecía haber desaparecido ahora, reemplazada por la preocupación y el cuidado. ― Bebe, ― repitió él, apretando la botella contra sus labios. Ella la sostuvo y abrió la boca para permitir que el líquido se vertiera en su interior, era fresco y dulce y lo bebió rápidamente. En el momento en que bajó la botella vacía, Christian la tomó de nuevo, volvió a taparla y la puso en el asiento entre ellos. Luego hizo un gesto hacia la barra de chocolate y la contempló en silencio mientras ella continuaba comiendo. Se quedó allí sentado mirándola como si fuera una niña y tuviera que estar seguro de que se comía la barra y no la escondía al costado de su asiento o algo así. ― Deja de mirarme, ― murmuró ella. ― Eres tan malo como el Capitán Jack. Eso hizo que su boca se retorciera con disgusto y una expresión molesta se arrastró por su rostro reemplazando en parte a la preocupación. Su voz era agria cuando dijo, ― Parecía que te habías hecho amiga del Capitán Jack. Él estuvo sobre ti todo el tiempo en el barco.


Carolyn arqueó las cejas al oír su tono irascible y lo miró en silencio mientras se metía el último bocado de chocolate en su boca. Si ella no supiera que él era gay, habría pensado que estaba celoso del hombre. Pero él era gay, así que no había razón para esa reacción. A menos que... Christian se sintió incómodo bajo su mirada penetrante, le quitó de la mano la envoltura de chocolate, la estrujó y miró a su alrededor, preguntándose si había un cubo de basura en la parte delantera del autobús. Su mirada se encontró en la mujer de pie junto al conductor. Ella había estado con su cantinela durante un par de minutos sobre los aspectos más destacados de Soufriere y su historia. Él no había captado ni una sola palabra de ello. ― Tú estás celoso. Esa acusación de Carolyn hizo que la mirara incisivo por la sorpresa. Era cierto. Los celos lo habían estado carcomiendo como el ácido desde que la había visto reír y charlar con el capitán del barco. Pero verdaderamente lo habían devorado cuando el hombre había puesto su brazo alrededor de Carolyn mientras ella le ponía un collar de flores alrededor del cuello. Había querido retorcerle el cuello y probablemente lo habría hecho si no hubiera estado en un barco. Ella era su compañera de vida. Ningún hombre debía tocarla. La reacción de Christian había sido igualmente visceral cuando el hombre había levantado a Carolyn y la bajó del barco. Él no pudo moverse lo suficientemente rápido como para sacarla de sus manos y cuando el hombre se resistió a entregársela, él había visto rojo. Christian había estado a punto de sucumbir a sus pensamientos cuando el hombre dijo algo acerca del azúcar en la sangre. Entonces Christian se obligó a relajarse, pero había sido toda una lucha. El capitán estaba demasiado cómodo tocando a su mujer. Y Carolyn tampoco había protestado, pensó sombrío. Pero claro, no tenía ni idea de que ella era suya. Ella pensaba que él era gay y por eso se sorprendió cuando ella se dio cuenta de que estaba celoso. ― Está bien. ― Ella ahora le acariciaba la mano. ― Lo entiendo. Él es un bombón. Todos esos músculos tan abultados y la cabellera de pirata. Christian apretó los dientes y consideró retorcer su cuello en lugar de hacerlo con el del Capitán Jack. ¿Cómo se atrevía a pensar que el hombre era un bombón? Y, ¿qué estaba haciendo al notar que sus músculos eran abultados? Ella era suya, maldita sea, lo supiera ella o no.


― No es mi tipo, ― prosiguió ella. ― Quiero decir, parece una buena persona y todo eso, y probablemente sea muy divertido, pero por alguna razón, simplemente no hubo chispa. Mientras Carolyn fruncía el ceño, aparentemente perpleja por eso. Christian sintió que se relajaba e incluso comenzó a sonreír al oír esas palabras. Ella no se sentía atraída por el Capitán Jack, ni por sus músculos abultados, ni su cabellera de pirata. ¡Ja! Exhalando un suspiro, ella dijo más alegremente, ― La buena noticia es que sólo estaba coqueteando conmigo porque Genie le dijo que me hiciera pasar un buen rato, así que quién sabe, todavía puedes tener suerte. Él también podría ser gay. ― Parecía dudoso incluso cuando lo decía, pero luego añadió en forma alentadora, ― O al menos, tal vez sea bisexual. Christian parpadeó mientras poco a poco caía en la cuenta de que ella pensaba que él estaba celoso de ella más que del capitán Jack. ¡Dios mío! ― Oh, mira, nos estamos deteniendo. Christian miró a su alrededor y vio que se habían detenido junto a una fila de puestos al aire libre que ofrecían artículos de joyería de la isla y objetos similares. Todo el mundo en el autobús comenzó a prepararse para descender, pero cuando Carolyn lo hizo, él frunció el ceño. ―Debes esperar aquí, tu azúcar en la sangre... ― Estoy bien ahora, el zumo y el chocolate hicieron maravillas, ― le aseguró ella luchando para pasar por encima de sus piernas para salir. Christian se estiró para detenerla, pero se detuvo cuando de repente el trasero de ella pasó por delante de su rostro. ― Maldita sea, ― suspiró y casi agarró los dos bultos redondos que estaban delante suyo, pero entonces ella ya había pasado y caminaba impaciente por el pasillo detrás de los otros. Christian negó con la cabeza y se levantó para seguirla, sabiendo que era un error aún cuando lo estaba haciendo. Había corrido para llegar al barco por la mañana así que no había pensado en alimentarse, y mucho menos en ingerir varias bolsas extras para compensar la exposición a la luz solar. Lo último que necesitaba era estar al sol, pero no podía dejar que Carolyn se fuera por su cuenta. Sus síntomas físicos le habían estado preocupando bastante, pero cuando él había olido su muñeca, el olor de su sangre le indicó que el capitán Jack había tenido razón. Su nivel de azúcar en la sangre había estado tocando fondo.


Christian apretó lo labios y salió a la luz del sol para seguir a Carolyn hasta el primer puesto mientras todos se dispersaban para mirar las mercancías que ofrecían. Él la siguió en silencio de puesto en puesto, sus ojos iban y venían con cautela del sol a su cara feliz ―Oh, mira Christian, éste es encantador. Haciendo una pausa detrás de Carolyn, Christian miró por encima del hombro el collar que ella había recogido. Estaba compuesto de hileras de pequeñas piedras negras pulidas separadas por pequeñas cuentas de plata. ― ¿Qué te parece? ― Le preguntó ella. ―Lindo, ― murmuró él, imaginándolo contra su piel desnuda. ―Me lo llevo, ― le dijo Carolyn a la mujer y luego cogió uno que tenía un puñado de piedras de color rosa entre algunas negras y dijo, ― Este también. Para su gran alivio su guía puso un alto a la salida de compras y entonces todo el mundo se congregó para volver al autobús. Christian se acomodó en su asiento suspirando cuando el autobús empezó a moverse de nuevo. La guía inmediatamente comenzó a hablar del paseo por el volcán, donde sería su próxima parada, pero su atención se desvió hacia Carolyn cuando ésta de repente puso en su mano el collar negro y plateado. ―Toma, sujeta esto. Christian automáticamente cerró los dedos alrededor del collar y vio que ella abría el cierre del collar de piedras rosadas y se lo ponía. Ella inclinó la cabeza, tratando de verlo, pero luego se encogió de hombros y cogió el collar que él tenía. Él la miró en respuesta y levantó las cejas cuando ella también comenzó a desabrochar el cierre. ― ¿Vas a usar los dos? ― Le preguntó él divertido. ―No, ― dijo Carolyn alegremente, y luego se arrodilló en el asiento junto a él y extendió la mano para colocar el collar negro y plateado alrededor de su cuello. Christian se congeló cuando ella se inclinó hacia delante para mirar alrededor de su cuello para cerrar el broche, su cuerpo de pronto se despertó y estuvo alerta cuando ella accidentalmente se apoyó contra él. Ella le había preguntado antes si pasaba algo malo con su perfume.


La respuesta era absolutamente nada. Era como flores silvestres, picante y embriagador como el infierno. Cerró los puños y luchó físicamente contra el impulso de deslizar los brazos en torno a ella, para acercarla aún más y enterrar la cara en su cuello sólo para inhalar más profundamente. ― No, ― dijo ella, tirándolo hacia atrás para mirar su garganta. Christian se quedó mirándola mientras ella miraba su cuello. Al principio pensó que no se encontraba afectada por la cercanía lo que dejaba casi en el traste de residuos a su propio autocontrol, pero entonces notó que las mejillas de ella estaban sonrojadas. También evitaba sus ojos y su sonrisa parecía un poco forzada. Y su corazón estaba acelerado de nuevo. Podía oírlo, pero esta vez no era por una caída del azúcar en su sangre, estaba seguro de eso. ― Es perfecto, ― declaró Carolyn. ― Gracias. ― Las palabras salieron como un gruñido mientras la miraba acomodarse de nuevo en su lado del asiento. ― Te lo devolveré cuando regresemos al complejo. ―No lo harás, ― dijo ella a la vez, con el ceño fruncido. ― Lo compré para ti. Combina con tus ojos. Además, como siempre dice Brent, necesita adornos bonitos para atraer a los machos de las especies. Tal vez puedas captar la atención del capitán Jack en el camino de regreso. Christian hizo una mueca. ― Aunque, me temo que también vas a atraer a algunas mujeres, ― añadió Carolyn con diversión, echando otra mirada hacia su cuello y pecho. ― Entonces es bueno tenerte para que me ayudes a mantenerlas alejadas, ― dijo él en voz baja. Ella sonrió ligeramente y luego volvió la mirada hacia el paisaje que pasaba mientras el autobús subía la colina. Eso permitió que Christian estuviera libre para mirarla. Su color era bueno otra vez, el zumo y chocolate habían hecho el truco, lo que sugería que Jack había estado en lo cierto y ella era hipoglucémica. No debería ser un problema una vez que él aclarara todo y ella se transformara, pero tendría que vigilarla hasta entonces, para asegurarse de que ella no... ― No puedo esperar a ver el paseo por dentro del volcán. ― Carolyn de repente se dio la vuelta sonriendo.


Christian asintió con la cabeza e hizo lo posible por lucir como si no hubiera estado mirándola. ― Tengo esta imagen de la carretera que entra en una cueva y continúa a lo largo de la pared al costado de ese enorme caldero de lava burbujeante y luego sale a través de una cueva al otro lado. ― Hizo una pausa, frunció el ceño, y luego dijo, ― ¿No crees que será peligroso inhalar los vapores, verdad? Apenas había formulado la pregunta cuando ella negó con la cabeza. ― Estoy segura de que Jack nos habría dicho algo. Christian frunció el ceño ante la mención del nombre del hombre. ―Y Genie no nos habría dejado venir, ― añadió ella. ― Hablando de eso, ¿qué te dijo cuándo te presentaste esta mañana para conseguir un billete? ― Transfirió el billete de Bethany para mí, ― dijo él, obligándose a eliminar el ceño. ― ¿En serio? ― Preguntó ella sorprendida. Él asintió con la cabeza. ― Ella también consiguió un coche para que me llevara hasta Soufriere para que pudiera alcanzarte. ― Eso fue muy bueno de su parte, ― murmuró Carolyn con una sonrisa. Christian estuvo de acuerdo. Genie se preocupaba por Carolyn. Lo había leído en su mente mientras esperaba a que terminara de transferirle el billete. También había leído algunos de sus sentimientos con respecto a él y parecía que ella estaba deseando que él fuera heterosexual y estuviera interesado en Carolyn, pensaba que ella se merecía algo de alegría después del mal momento que había tenido. Genie pensaba que él sería la solución perfecta si fuera heterosexual y mayor, como pensaba Marguerite. ― Entonces... ― Carolyn inclinó la cabeza con curiosidad ―... ¿viniste porque sabías que iba a estar sola? Él asintió con la cabeza y se arriesgó a admitir, ― Por eso y porque me gusta pasar el tiempo contigo. Ella sonrió y le dio unas palmaditas en la mano. ― También me gusta estar contigo. Eres un buen amigo Christian.


Era un comienzo, se dijo él. Un buen comienzo, en realidad, para siempre era un tiempo largo. Un compañero de vida tenía que ser tanto un amigo como un amante. ― ¿Por qué nos detenemos? ― Preguntó Carolyn mirando con curiosidad a su alrededor mientras estacionaban en una zona donde varias furgonetas y minibuses estaban estacionados. ― Pensé que el paseo por el volcán era lo siguiente. Christian miró hacia el frente del autobús mientras su guía les explicaba que debían seguir a pie desde aquí y comentó, ― Creo que en realidad no vamos a ir al paseo después de todo. ― Hmm. ― Parecía decepcionada y él tenía ganas de besar el puchero de sus labios, pero simplemente se levantó y se dio la vuelta en dirección a ella para permitir que saliera del asiento, y luego la siguió mientras ella iba a la zaga de los otros en el autobús. Él mismo estaba bastante decepcionado. Caminar significaba otra ronda bajo el sol abrasador, algo de lo que podría prescindir. ― Debes estar hirviendo dentro de esos pantalones vaqueros negros, ― dijo Carolyn mientras seguían al grupo que se alejaba de los autobuses. ― Sé que eres alérgico al sol, pero podrías haberte vestido con la camiseta blanca que compraste el otro día y tal vez unos pantalones de un material menos grueso para que fuera soportable. ― Estaba corriendo y no pensando. ― Christian la tomó del brazo para guiarla a lo largo del camino. Era cierto, había estado corriendo y no pensando, o habría tomado sangre. ― ¿Es horrible admitir que estoy un poco decepcionada? ― Preguntó Carolyn momentos después, cuando se unió a los otros que se asomaban mirando por encima del paseo al volcán. Christian se echó a reír al ver su expresión y sacudió la cabeza. ― Tu visión era mucho más emocionante. ― Sí. ― Ella suspiró y miró hacia el campo humeante delante de ellos. ― Es parecido a una especie de campo de cenizas... excepto por el vapor. Pero esas rocas son bastante bonitas. Christian asintió con la cabeza mientras su mirada se deslizaba sobre las rocas veteadas de negro, amarillo y blanco. ― Huele bastante, ― murmuró Carolyn, arrugando la nariz. ― Azufre, ― dijo, deslizando su mirada a la guía que explicaba que, si bien se


permitía que los turistas caminaran hasta el final de los pozos de alquitrán, ya no era permitido porque un guía turístico local había caído a través de la corteza y sufrió quemaduras de tercer grado en la mayor parte de su cuerpo. La historia hizo que Christian empujara a Carolyn hacia atrás alejándola del borde de la plataforma. Lo último que quería era perderla ahora que la había encontrado. ― ¿Estás bien? ― Le preguntó Carolyn momentos después cuando empezaron a caminar por el camino hacia los Manantiales de Azufre. ― Sí, ¿por qué? ― Murmuró él, aliviado de ver que el camino los conducía hacia la selva que estaba por delante. ― Estás pálido ahora, ― dijo ella preocupada. ― ¿Quieres mi otra barra de chocolate? Christian sacudió la cabeza. El chocolate no le iba a ayudar. ― Estoy bien. Guárdala en caso de que la necesites más adelante, ― dijo él y lentamente suspiro de alivio mientras la vegetación se cerraba a su alrededor, proporcionándole sombra. ― Tengo demasiada agua. ― Ella le ofreció su botella de agua medio vacía. Christian se limitó a sacudir la cabeza. Eso tampoco le ayudaría. Lo que necesitaba era sangre, pero él no iba a tener la oportunidad de conseguirla a corto plazo. ― ¿Estás seguro? ― Le preguntó ella con el ceño fruncido. ― En realidad no te ves bien. ― Estoy bien. Bébela tú. ― Él hizo que se moviera a un costado para dejar espacio a la gente que venía por el camino en sentido contrario. Carolyn se encogió de hombros, abrió la botella y bebió un trago. Ella estaba colocando de nuevo la botella vacía en su bolso cuando salieron al espacio abierto. ― Oh, ― dijo Carolyn sin aliento mientras veía las cascadas. ― Esto sí es impresionante. Christian asintió con la cabeza, pero casi suspiró cuando él la siguió fuera de la sombra. Era bonito, pero difícil de disfrutar. Toda esa luz del sol estaba empezando a afectarle. Su estómago estaba empezando a sufrir calambres y todos sus sentidos estaban empezando a concentrarse en las fuentes de sangre a su alrededor. Podía oír cada latido de corazón de todos los turistas que viajaban con ellos, podía oír la


sangre latiendo en sus venas más fuerte que las mismas cascadas, en realidad podía oler la sustancia metálica corriendo por debajo de su piel. Sus colmillos trataron de deslizarse hacia afuera en respuesta y Christian apretó la mandíbula, concentrándose en mantenerlos en el interior. ― Tal vez deberíamos volver al autobús. Christian parpadeó. Carolyn se paró frente a él, la preocupación estaba reflejada en su rostro. ― En realidad no te ves bien. ― Estoy bien, ― dijo él con firmeza y ella resopló ante su protesta. ― No, no lo estás. Te ves como si estuvieras a punto de desmayarte. Vamos. Tú me cuidaste y ahora yo voy a cuidar de ti.― Ella le agarró la mano y pasó a su lado, arrastrándolo de nuevo por el camino por dónde habían venido. ― De verdad, estoy bien, ― le aseguró a ella, una nueva preocupación reclamaba su atención. Necesitaba desesperadamente sangre y lo último que quería era estar encerrado en un minibús con ella donde el olor de su sangre podría obligarlo a hacer algo estúpido. La tentación de morderla sería insoportable. Diablos, estar de nuevo en el autobús con una docena de corazones mortales latiendo y bombeando toda esa gloriosa sangre por sus venas sería aún peor. Tenía que alimentarse. Su mirada se deslizó hasta Carolyn, concentrándose en su cuello. Ahora veía consternado que su cuello estaba desnudo y vulnerable. ― ¿Cuándo te recogiste el pelo? ― Le preguntó alarmado. ― Mientras caminábamos por la selva, ― dijo ella sin mirar a su alrededor. ― ¿No me viste? Estabas justo detrás de mí. ―No, ― murmuró él, incapaz de apartar los ojos de su garganta. Supuso que había estado demasiado distraído pensando en su necesidad de sangre y cómo conseguirla. ―Tengo otro pasador de pelo en mi bolso si también quieres retirar tu cabello hacia atrás, ― le ofreció ella mirándolo por encima del hombro. Christian se obligó a dejar de mirar su garganta y con un poco de esfuerzo la miró al rostro y frunció el ceño. Ella se había puesto pálida otra vez y tenía los ojos un poco vidriosos. Se dio cuenta de que una vez más, el azúcar en su sangre debía haber bajado. Cristo, qué pareja eran, pensó él, cogiéndola por el codo cuando ella


se tropezó. Habían llegado al final de la ruta sombreada y tenían que cruzar un área grande y abierta, pero Carolyn ahora se movía casi arrastrándose. Sin azúcar no tenía energía. Les tomaría una eternidad volver al minibús a este ritmo y cada minuto de eso estarían bajo el sol brillante. Christian apretó los dientes y la levantó en sus brazos. ― Christian, puedo caminar. Yo... ― Ella cerró la boca de golpe mientras él empezaba a trotar, estrechándola entre sus brazos. ― Tu nivel de azúcar en sangre está bajo otra vez, ― dijo él con tono firme, moviéndose un poco más rápido mientras su olor flotaba hasta su nariz. Por desgracia, no podía escapar de su perfume cuando la estaba cargando. La gente se quedaba boquiabierta mientras pasaba a su lado corriendo con Carolyn, pero no le importaba. Necesitaba llevarla al autobús, sentarla, hacerla comer su barra de chocolate y luego ir a buscar un donante de sangre. Esta era una situación de emergencia. No podía arriesgarse a que su necesidad le hiciera hacer algo estúpido. Christian no se detuvo hasta que llegó al autobús y encontró la puerta cerrada. Frunció el ceño y miró a su alrededor, viendo que el conductor estaba con otros dos hombres, que supuso que eran otros conductores. Pero inclusive mientras sus ojos se posaban en el conductor, el hombre ya estaba avanzando hacia ellos para dejarlos entrar. ― Suéltame, ― susurró Carolyn ahora que el riesgo de morderse la lengua había desaparecido. ― Tu nivel de azúcar está bajo, ― dijo él sombrío cuando el conductor abrió la puerta. ― Sí, bueno, si me dejas bajar voy a sacar la otra barra de chocolate y.... ― Abandonó la discusión con un suspiro de exasperación mientras él subía corriendo por las escaleras y la llevaba de vuelta a su asiento donde la bajó. ― Cómete el chocolate, ― le ordenó Christian, que se enderezó y retrocedió un paso para evitar la tentación. ― Deja de dar órdenes a mi alrededor, ― le espetó Carolyn irritada, abriendo su bolso para sacar la barra de chocolate. ― Ya no soy una niña. Diablos, tú eres el niño aquí. Estoy... ¡mierda! ― Maldijo ella cuando la barra de chocolate se deslizó de sus manos torpes y cayó al suelo del bus.


Ella empezó a inclinarse para buscarla, pero él estuvo allí antes, agachado en su asiento y estirándose por entre sus piernas para llegar al asiento de enfrente. Sus piernas desnudas. Maldición eran blandas y suaves, pensó mientras su mejilla rozaba una. Olía a luz del sol y coco. Supuso que era el protector solar, pero olía lo suficientemente bien como para lamerla y le costó mucho esfuerzo no girar la cabeza y saborearla antes de que sus dedos se cerraran sobre la barra. ― ¿No la encuentras? ― Preguntó Carolyn. ― Sí, yo... Las palabras murieron en su garganta cuando él levantó la vista y se encontró con que ella se había inclinado hacia delante. Su rostro estaba a pocos centímetros del suyo, sus labios estaban suaves y húmedos como si se los hubiera lamido o mordido. Su mano se tensó sobre la barra de chocolate mientras observaba que los de ella se dilatan. Él podía oír que su ritmo cardíaco se había elevado y olía su atracción por él mientras su cuerpo liberaba hormonas y adrenalina en un potente cóctel. Cuando ella se lamió los labios nerviosamente y comenzó a retroceder, Christian reaccionó instintivamente, el depredador en él tomó el control. Su mano estuvo en la parte de atrás de su cabeza, impidiendo su retirada antes de que él se diera cuenta de que esa era su intención, y entonces fue levantándose sobre su asiento, su boca reclamó la de ella y la obligó a reclinarse de nuevo contra el asiento mientras él se acomodaba en el asiento a su lado. Carolyn aún estaba inmóvil, conteniendo el aliento y él dejó caer la barra de chocolate en el asiento y llevó su mano a la cintura de ella. La deslizó por su costado deteniéndose en la parte inferior de su pecho y luego se pasó la lengua por los labios antes de permitir que su mano se arrastrara hasta cubrir su pecho. Cuando ella se quedó sin aliento por la sorpresa, él apretó la suave carne que había reclamado y metió la lengua en su boca. La resistencia de ella fue destrozada, la repentina doble sensación que experimentaba le indicó que estaba sintiendo el placer de ella, así como el suyo propio, y la combinación fue un golpe doble que impactó directamente en su ingle, lo que hizo que se endureciera y se pusiera pesada con la sangre. Christian perdió la cabeza y luego toda apariencia de control. Él la atrajo hacia sí y la sentó a horcajadas, con su boca inclinándose sobre la de ella


una y otra vez, mientras sus manos vagaban libremente y se deslizaban sobre sus pechos y luego bajaban deslizándose por debajo de su camiseta para volver a encontrarlos a través de la tela suave de su sujetador. Cuando él apartó de un tirón las copas para tocarla sin impedimentos, Carolyn rompió su beso con un gemido y dejó caer la cabeza hacia atrás, moviendo su trasero contra su creciente erección. Privado de su boca, Christian dejó que sus labios se movieran por encima de su cuello, lamiendo y mordisqueando la carne caliente mientras le pellizcaba suavemente los pezones. Él quería sacarle la camisa y cerrar su boca sobre esos nudos duros, de uno en uno, pero no era capaz de apartar la boca de su cuello. Era tan suave y olía tan bien. Él sólo quería hundir sus dientes en... Christian se congeló horrorizado mientras los colmillos salían de improviso de sus encías y raspaban su piel. El sudor estalló en su frente mientras luchaba contra la tentación de morderla. No podía. Ella no estaba en condiciones de perder sangre y él no podía hacer que lo olvidara si la mordía. Carolyn no estaba lista para enterarse de lo que él era. No podía arriesgarse a perderla. ― ¿Christian? ― Murmuró ella insegura. Maldiciendo entre dientes, él sacó las manos de sus pechos, le puso el sujetador en su lugar y rápidamente la movió, y realmente casi la arrojó en el asiento a su lado. A continuación, él se lanzó fuera del asiento y corrió por el pasillo, desesperado por alejarse de la tentación que ella representaba antes de hacer algo tan estúpido que fuera irreversible. Christian se detuvo delante del autobús, su mirada escrutaba la zona. Había baños públicos a lo largo de la zona de aparcamiento, observó y miró por encima de las pocas personas que se movían alrededor de los vehículos antes de posarse sobre los conductores que todavía estaban congregados junto al primero de los tres autobuses. La mirada de Christian fluctuó brevemente sobre los seleccionados antes de decidirse por un tipo calvo y robusto. Se deslizó en la mente del hombre y le ordenó dirigirse hacia los baños incluso mientras él mismo se dirigía a ese lugar. La cena estaba servida.


13

Carolyn lentamente dejó escapar el aliento, con los ojos abiertos como platos mientras veía desaparecer a Christian en el baño de hombres. Entonces ella solo se sentó allí, su mente tan inundada con una confusión de emociones que apenas podía pensar. Lo único que le pasaba por la cabeza era un estribillo. ¿Qué demonios había pasado? Ella no estaba muy segura; recordaba inclinarse hacia adelante, y encontrarse a sí misma mirando sus labios y pensando en sus besos. No recordaba decidir besarlo, pero la expresión horrorizada de Christian mientras la había sacado de su regazo estaba fresca en su mente, y pensó que podría haber atacado al pobre, gay, demasiado joven para ella, Christian. Atacado y casi devorado vivo. Al menos eso es como lo había sentido. Ella nunca había estado expuesta a tal primaria necesidad y hambre en su vida como había explotado sobre ella mientras se habían besado. Había querido meterse dentro de su piel y fundirse con él por completo. Caramba, si él no la hubiera dejado cuando lo había hecho, podría haber sacado sus pantalones cortos, haberle quitado sus pantalones, y montarlo allí mismo, en el autobús. Carolyn no creía que ella hubiera tenido la presencia de ánimo para recordar que estaban en público. Y mucho menos importaba que él fuera demasiado joven para ella, ni siquiera que él era gay y lo último que le interesaba. ¿Y esos sueños que había pensado eran tan calientes y apasionados? Bueno, no era nada cercano a la realidad, o al menos la pequeña muestra de la realidad que había tenido. Y ella quería más, reconoció. Y no debería. ¿Qué demonios le estaba pasando? Se dejó caer temblando de nuevo en el asiento, y miró abajo con el ceño fruncido cuando oyó un crujido. Al ver la barra de chocolate al lado de su cadera, ella la miró sin comprender, luego instintivamente la alcanzó, haciendo una pausa cuando vio cómo su mano estaba temblando. Correcto, de acuerdo con Jack tenía el azúcar bajo en la sangre, recordó lentamente. Nunca había tenido problemas de este tipo antes de este viaje, pero las barras de chocolate y el zumo habían parecido ayudar antes. Carolyn cogió la barra, consiguió abrirla a pesar de su torpeza y temblores. Ella empezó a comer de forma automática, con la mente todavía luchando con lo que había hecho.


Para cuando había terminado el chocolate, había empujado su culpa y humillación a un lado y se había trasladado a lo que debería hacer ahora. Varias posibilidades se le ocurrieron. Todas ellas tenían que ver con evitar a Christian. Le debía una disculpa, pero estaba demasiado avergonzada de sí misma para enfrentarse a él en estos momentos. De hecho, la idea agitó una ansiedad cercana al pánico, y comenzó a buscar en su mente la manera de evitarlo. Saltar del autobús y encontrar un camino de regreso al complejo era su solución favorita, pero los autobuses eran la única salida. Sin embargo, definitivamente no podría soportar pasar el resto del viaje como compañera de asiento de Christian. Si él incluso estaba dispuesto, pensó con un suspiro. Arrugando la envoltura de chocolate en la mano, se deslizó fuera del asiento y se apresuró a bajar del autobús. *** Christian terminó limpiando la mente del conductor, le envió en su camino, y luego se trasladó a los lavabos para abrir los grifos. Se echó agua fría en la cara varias veces, y luego se enderezó para mirarse. Él tenía un poco más de color ahora, pero no había tenido suficiente sangre. No había estado dispuesto a arriesgarse a debilitar al conductor a cargo de un microbús de turistas. Pero había tenido suficiente por lo que al menos estaba pensando un poco más claro, y lo que Christian estaba pensando era que él había hecho un infierno de lío de las cosas. Suspirando, apoyó las manos en el mostrador y cerró los ojos brevemente mientras trataba de descifrar qué demonios se suponía que debía decirle a Carolyn cuando regresara al autobús. Pero su mente seguía volviendo a la forma en que ella había sacudido su mundo. Christian había experimentado más pasión en esos pocos minutos en el autobús que lo que había pasado en todos sus 500 años. La mujer era una llama para su dinamita, o tal vez ella era la dinamita. No podía decirlo, pero era algo. Todavía tenía una maldita erección. Incluso tener que pararse cerca del pequeño conductor sudoroso con los dientes hundidos en su cuello no lo había calmado, lo cual era bastante sorprendente cuando considerabas lo bajo que había estado de sangre, probablemente ni siquiera debería haber sido capaz de conseguir una erección. Haciendo una mueca, Christian cerró el grifo y salió del baño. Sus compañeros habían vuelto y estaban abordando los microbuses.


Christian se unió al final de la fila de pasajeros en el tercer autobús, su mano tocando nerviosamente su pierna. Estaba de pie al sol directo de nuevo, pero apenas se dio cuenta, su mente estaba sumida por la preocupación sobre cómo lo saludaría Carolyn. Su fachada estaba dañada ahora, y ella definitivamente no lo creería gay ya, pero tal vez esos cuantos besos y caricias habían sido suficientes para tentarla a ignorar lo que pensaba era su diferencia de edad y dejarle acercarse a ella después de todo. Christian se aferró a esa esperanza justo hasta que finalmente se subió al autobús y vio que el asiento que había compartido con Carolyn estaba vacío. Deteniéndose bruscamente, se volvió hacia el conductor, pero antes de que él incluso hubiera hablado, el hombre sonrió y dijo, — Tu amiga se trasladó al bus delantero. — ¿Pensé que no habían asientos en los otros autobuses? — Dijo en voz baja. — Sólo uno en cada uno, con el guía de turismo, — dijo el conductor. — Correcto, — murmuró él, dándole la espalda para seguir a su asiento. Al parecer, los besos no habían sido suficientes para tentarla. Ella estaba corriendo. *** — ¡Caro! Finalmente has vuelto. Carolyn se rió ante el saludo del capitán Jack mientras él tomaba su mano para ayudarla a subir. Al montar en la parte delantera del primer autobús con la guía, ella había sido la primera en bajar y así fue la primera a bordo del barco. — ¿Dónde está el chico de la banda? — Preguntó Jack. — Está de vuelta por ahí en alguna parte, — dijo ella vagamente mientras la conducía hacia el frente, dejando a su equipo ayudar a los demás a subir. — Ah. Tenías tantas ganas de verme que te adelantaste corriendo, — dijo con una sonrisa. Carolyn sólo se rió y negó con la cabeza mientras él la llevaba hacia el asiento al lado suyo de nuevo.


— Sus flores, muchacha, — anunció, agarrando el collar de flores del timón y colocándolo alrededor de su cuello. Él no se alejó entonces, sino que cogió su cara entre las manos y la levantó para su inspección. Después de un momento, asintió con satisfacción. — Tu color es bueno y tus ojos están claros. Déjame ver tus manos. Carolyn arrugó la nariz y le tendió sus manos. — Firme como una roca. Conseguí la segunda barra de chocolate en Sulphur Springs, pero no he tenido problemas desde entonces. Y tuve una segunda porción de comida en la plantación. Estoy bien. No más preocupaciones, — le aseguró. — Bien. Pero hazme un favor y hazte algunas pruebas de sangre cuando vuelvas a casa, — dijo seriamente. Carolyn asintió. La experiencia de hoy la había asustado lo suficiente para que ya intentara conseguir un examen físico completo cuando llegara a casa. Fue sólo después de comer en la plantación que realmente había empezado a sentirse como ella misma de nuevo. También fue cuando había empezado a darse cuenta de lo débil y desorientada que había estado antes. Ella estaba culpando de eso a todo el episodio en el autobús. No era de las que corren por ahí atacando a los hombres. Toda la horrible escena se había repetido a través de su cabeza repetidas veces por la tarde. El beso, de alguna manera terminar en su regazo, no estaba muy segura de lo que había sucedido. Todo era una especie de remolino borroso de miseria y necesidad y de repente había estado en su regazo y sus manos habían estado en sus pechos y… Esa parte debió haberla dejado confundida también. Por lo menos hasta que había recordado que Christian no había estado del todo bien, por entonces. Él había estado pálido, con sudor goteando de su frente, y por todo lo que sabía había estado febril y alucinando que ella era George Michael. Desde luego, había vuelto en sí con la suficiente rapidez. El horror en su rostro mientras él la había tirado al asiento y huido la había perseguido desde entonces. Carolyn se había preocupado de que él la abordara tan pronto como llegaron a la plantación y, o bien exigido una explicación o explicar educadamente que él era gay. Y qué podía decir ella, lo siento. ¿He estado teniendo esos sueños húmedos contigo y por un minuto allí creo que sólo los confundí con la realidad? Ella bufó ante la sola idea. Christian había mantenido su distancia. Él también la había visto con una cautela que le hizo preguntarse si tenía miedo de que ella fuera a saltarle de nuevo. Bueno, él estaba a salvo. Se estaba sintiendo más ella misma y tenía toda la intención de hacerle saber que estaba a salvo. Carolyn no tenía las pelotas para caminar y decir


simplemente, estás a salvo, hijo. No voy a atacarte de nuevo, así que iba a tener que mostrarle. De alguna manera. — Aquí tienes. Carolyn miró a Jack mientras se presentaba ante ella con un vaso lleno. — ¿Aguardiente? —Preguntó ella, aceptándola. — Nada menos para la mascota, — dijo con una sonrisa. Sonriendo débilmente, ella tomó un sorbo, y luego levantó las cejas cuando él le tendió una barra de chocolate. Tragando, ella negó con la cabeza. — Te lo dije, estoy bien. — Se trata de precaución,— dijo él, y luego sonrió. — Además, te prometí flores, bebidas y chocolate a tu regreso. — Hmm.— Carolyn aceptó la barra y bromeó, —No estoy segura de sí estoy lista para mantenerme estable todavía. — Estoy dispuesto a ir despacio,— le aseguró. Esta vez no había bromas, ya fuera en su voz o cara. Los ojos de Carolyn se abrieron como platos. Era la primera vez que no había estado segura de que su coqueteo fuera sólo por diversión, y de repente empezó a preguntarse si estaba interesado. Si era así, él podría ser la respuesta a todos sus problemas. A ella le gustaba y se sentía a gusto con él. ¡Podría ser su primera aventura! La cual evidentemente necesitaba aunque sólo fuera para proteger a aquellos a su alrededor. Su cuerpo parecía estar pidiendo a gritos sexo. Darle algo podría arreglarlo todo. Por supuesto, tenía el pequeño asunto de Christian gustándole Jack, pensó ella y suspiró. Sin embargo, si el hombre era heterosexual, Christian no tenía una oportunidad de todos modos, y ella realmente necesitaba hacerse cargo de este problema suyo antes de que hiciera algo peor que el pequeño episodio de hoy. Carolyn se puso rígida cuando la parte de atrás de su cuello empezó a picarle. Ella miró por encima de su hombro, no muy sorprendida al ver a Christian subir a bordo, los ojos en ella y la expresión sombría. Había sentido ese mismo picor varias


veces hoy, y cada vez que había mirado alrededor se encontraba a Christian mirando. — El chico de la banda es el último. Es hora de zarpar,— dijo Jack, atrayendo su atención mientras se movía hasta el timón y arrancó el motor. Echando un vistazo hacia ella, él sonrió y le preguntó, — ¿Quieres guiarnos fuera de aquí? Ella soltó un bufido. — ¿Buscas conseguir un barco nuevo o algo así? Jack se echó a reír y le hizo señas a la tripulación para hacer sus cosas. Ambos guardaron silencio mientras él se concentraba en dirigirlos hacia fuera de la ocupada bahía. Carolyn aprovechó la oportunidad para echar un vistazo alrededor para ver donde se había acomodado Christian. Ella lo encontró parado solo, bajo la sombra de la lona en los asientos del centro, y frunció el ceño ante lo solo que parecía. Pero cuando él se encontró con su mirada, rápidamente se dio la vuelta y tomó un sorbo de su bebida. — Espero que hayas traído tu traje de baño,— dijo Jack mientras pasaban fuera del puerto en aguas abiertas. — Nos detenemos para un chapuzón en Anse Cochon en el camino de regreso. — Sí. Genie me advirtió. Lo llevo puesto bajo mi camiseta y pantalones cortos. — ¿En serio?— Preguntó él, meneando las cejas. — Siéntete libre para desvestirte entonces. Estamos siempre felices de permitir que las señoras tomen el sol a bordo. Incluso tengo bronceador si lo necesitas. Y me han dicho que soy excelente en su aplicación. — Excelente, ¿eh?— Preguntó ella con diversión. Jack asintió con la cabeza. — Soy meticuloso en asegurarme que cada centímetro de piel desnuda sea untado con el material resbaladizo. Carolyn sonrió y negó con la cabeza ante su broma, pero ella tuvo la tentación de quitarse la camiseta por lo menos. Era media tarde y súper caliente. La mayoría de los hombres ya estaban con el torso desnudo, y varias de las mujeres, incluso ahora estaban quitándose sus camisetas para revelar debajo los trajes de baño. — Vamos, ¿dónde está tu buen y viejo valor canadiense?— Se burló Jack. — Sácatela. Sé que quieres.


Carolyn se encontró con su mirada burlona, y rápidamente se tragó lo último de su bebida y le entregó el vaso vacío. Entonces se quitó la guirnalda y se la dio también. En el momento en que él la tomó, ella agarró el dobladillo de su camiseta y rápidamente tiró hacia arriba y sobre su cabeza. — Que chica,— se rió entre dientes. — Un par más de estos y te tendremos bailando en la cubierta. Carolyn volvió a dejar su camisa sobre el respaldo de su silla y lo encontró sosteniendo un vaso fresco de aguardiente. — ¿Cómo lo conseguiste así de rápido?— Preguntó ella con asombro, ignorando la picazón a lo largo de su costado que era la mirada de Christian deslizándose sobre su cuerpo. — Tristán se dirigía con esta en el momento en que te vio por primera vez,— dijo él, haciendo un gesto hacia el gran hombre que había traído sus bebidas a la salida. Carolyn enarcó las cejas. — ¿Tratas de emborracharme para asegurarte que baile en la cubierta? Jack se echó a reír. — Los muchachos tienen órdenes de mantener las bebidas repuestas en el camino de regreso. Ayuda a que todos se relajen lo suficiente como para participar en los concursos, que a su vez hace que sea más divertido, y eso es para lo que están aquí. — ¿Cuáles son exactamente estos concursos?— Preguntó ella con suspicacia. Sonriendo, él agitó un dedo debajo de su nariz. — Ah-ah-ah. No se puede echar a perder la sorpresa. — Hmm… bueno, no puede ser bueno si tienes que hacer que la gente beba para participar. — No borracho, relajado,— corrigió él y cuando ella lo miró dudosa, se rió y admitió, — Bueno, uno o dos se emborrachan, pero la mayoría de la gente es lo suficientemente sensible como para tomarlo con calma. Además, sólo hay algo de ponche. Una vez que se acabe, se acabará su suerte. No es suficiente para que todo el mundo se emborrache.— Su mirada se desvió por encima de sus hombros desnudos brevemente, y luego dio un paso atrás del timón y lanzó una mano. — Ven, toma el timón.


Carolyn se deslizó de su asiento y se trasladó a tomar el timón. En el momento en que ella lo hizo, lo soltó y señaló delante de ella a una brújula en el salpicadero. — Mantén la aguja entre esos dos puntos. Ella asintió con la cabeza. Era una orden que le había dado a la salida, y había quedado impresionada con lo bien que lo había manejado. Jack se inclinó a su alrededor para buscar a través de su cajón de golosinas al lado de su cadera, pero pronto se enderezó parándose detrás de ella. Cuando sus manos, entonces, se acomodaron sobre sus hombros y empezó a echar loción caliente a través de ellos, Carolyn se tensó y lo miró con sorpresa. — Tu piel es demasiado pálida para este sol, necesitas loción o serás una langosta hervida,— dijo seriamente. Cuando ella vaciló, sonrió. — Relájate. Vamos a mantenernos estables. Está permitido. Carolyn soltó una risa nerviosa y se volvió para mirar la brújula. Estaba condenadamente incómoda, mientras sus manos se deslizaban por su piel. Él era perfectamente profesional al respecto, si pudieras ser profesional sobre cómo aplicar la loción. Sus manos se movían con elegancia sobre sus hombros y subían y bajaban por sus brazos, no perdiendo el tiempo o a la deriva. Aun así, ella se puso más tensa por momentos, ya que luego se movió a la espalda y los lados. — No has salido con nadie desde tu divorcio,— dijo él de pronto. Carolyn empezó a mirar a su alrededor, pero se contuvo. Ella no quería ver a Christian mirarla de nuevo y podía sentir sus ojos quemando agujeros en la parte posterior de su cabeza. Sabía que él se sentía atraído por Jack, pero se estaba viendo cada vez más que el capitán era heterosexual, y ella no podía evitarlo. —Puedo decirte que no has tenido las manos de nadie sobre ti por un tiempo,— continuó Jack conversando. — Estás tan tensa como un gato sobre el agua. — Lo siento,— murmuró Carolyn, pero pensó que había tenido manos sobre ella, y muy recientemente. Esos pocos momentos en el autobús se levantaron en su memoria, y sintió que sus pezones se endurecían mientras su cuerpo parecía hincharse con la pasión recordada. Cuando las manos de Jack de repente desaceleraron, Carolyn guardó los recuerdos en su mente y respiró hondo. Posiblemente no podía ver sus pechos desde atrás, pero la piel de gallina había estallado en su piel y un escalofrío había corrido por su espalda ante la avalancha de recuerdos, y sospechaba que él había notado su


respuesta física y confundido la fuente. Demostró estar en lo cierto cuando de repente él se acercó un poco más, el calor de su cuerpo irradiaba a lo largo de su espalda mientras sus manos se movían para agarrar su cintura. — Bueno, eso es alentador,— susurró en su oído. — Estaba empezando a pensar que eras completamente inmune a mis encantos. Carolyn sólo se mordió el labio, sin saber qué hacer ni qué decir. — ¿Me atrevo a esperar que hay suficiente interés para que quieras cenar conmigo mañana por la noche? Carolyn volvió la cabeza para mirarle, y luego dio un chillido de sorpresa cuando se encontró con una amplia masa negra a su lado. El pecho de Christian, se dio cuenta ella y levantó la cabeza para verlo frunciéndole el ceño. — Si puedes manejar el arrancarte de las manos grasientas del capitán por un momento, me gustaría hablar contigo,— dijo él fríamente. Su boca cayó abierta y ella sintió a Jack tensarse detrás de ella, y luego cerró la boca de golpe y salió de delante de Jack, murmurando, — Ya vuelvo. — Estaré esperando,— le aseguró, tomando el mando de nuevo, pero sus ojos entrecerrados estaban fijos en la cara de Christian y su expresión no era amable. Suspirando por la testosterona volando de repente a su alrededor, Carolyn cogió el brazo de Christian y lo arrastró a la barandilla en la parte posterior de la embarcación. Deteniéndose allí, se volvió y frunció el ceño. — En primer lugar, eso fue grosero. Christian soltó un bufido. — ¿Grosero? Él estaba todo sobre ti. — Sí, pero…— Ella hizo una pausa y luego negó con la cabeza. — Lo siento. Sé que estás interesado en él, pero yo no estaba acercándome ni nada, y no puedo hacer nada si es heterosexual. Él frunció el ceño, y ella soltó, — Siento lo del autobús. — ¿Lo del autobús?— Preguntó sombríamente Christian, cada sucinta palabra.


Carolyn hizo una mueca. — Mi única excusa es que no me estaba sintiendo bien y… bueno… tú eres atractivo,— dijo ella sin poder hacer nada. — Sólo me confundí por un momento. Lo siento porque te besé. Pero no me estabas apartando, y sé que probablemente estabas distraído y pensando que era Elton John o alguien, pero no sirvió de nada. Cuando él solo se limitó a mirarla, su boca colgando abierta, ella suspiró y añadió, — Francamente, estoy empezando a pensar que tenía razón y debería… er… bueno, ya sabes. Su boca se cerró y luego dijo con voz sedosa, — No, no lo sé. ¿Por qué no me lo dices? Carolyn lo miró con recelo. — Acerca de lo que hablamos en el restaurante. — Hablamos de muchas cosas,— dijo él con gravedad. — Se más específica. Mierda, iba a hacerla decirlo claramente, pensó con fastidio. — Bueno, estoy pensando que debería empezar algo con Jack. Sus ojos se entrecerraron, su expresión adusta y ella se adelantó, — Tienes razón, no soy de la clase que sólo escoge a un tipo en un club, pero he pasado un poco de tiempo con Jack, y él está bien. Y yo no lo apresuraría. Me está invitando a cenar. No hay nada malo con que acepte y tal vez dejarlo besarme a ver cómo va. Cuando él se quedó como petrificado, se encontró balbuceando, — Obviamente tengo alguna grave necesidad de atención. Ya era bastante malo cuando empecé a tener sueños eróticos por todo el lugar, pero si voy a correr por ahí atacando a mis pobres amigos gay…— Ella cerró los ojos y levantó una mano para frotarse la frente, murmurando con desaliento, — Dios, lo siguiente será besar a Bethany o algo así. Ella dejó caer la mano y dijo, — Obviamente, he estado mucho tiempo fuera y necesito cuidar de ciertas necesidades biológicas para mantenerte a salvo. — ¿Qué?— Preguntó él con incredulidad. — ¿Estás sugiriendo que planeas dormir con él por mí? — Valoro tu amistad, y voy a hacer lo que sea necesario para mantenerla a salvo,— dijo ella con firmeza, y luego se ruborizó y admitió, — Dios, me retuerzo cada vez que pienso en el horror en tu cara mientras salías del autobús. Me sentí como si te hubiera violado o algo así, y luego están los sueños. Me siento como si estuviera violándote en los sueños cada vez que los tengo y ni siquiera sabes de ellos. Bueno,


no lo sabías,— añadió con el ceño fruncido, y luego disparó, — tengo que mantener esto bajo control. Quiero decir que estaba buscando en línea anoche y no estamos diseñados para ser célibes. El sexo es natural, y creo que realmente debo estar acercándome a esa cosa de la menopausia con las hormonas añadidas y la calentura. Estaré follando con los camareros pronto si no hago algo. Yo… — Cara,— la interrumpió él con firmeza, tomando sus brazos. — Estás exagerando aquí. No hay necesidad de recurrir a… — No estoy exagerando,— insistió, alzando la voz. — Nunca ni una vez ataqué a Brent así… o a cualquier otra persona. Pero estoy actuando como una loca, saltando sobre ti y… es simplemente mejor si me ocupo de las cosas. Ella dejó escapar un suspiro y añadió, — Además, a menos que quiera pasar el resto de mi vida sola, tengo que volver al juego de las citas con el tiempo. También Puedo practicar con alguien a quien probablemente nunca vuelva a ver. Al menos de esa manera, si hago el ridículo no tengo que volver a verlo,— señaló. — Cara,— dijo en voz baja. — No.— Ella le dio unas palmaditas en su brazo y negó con la cabeza. — Está bien, ya sé que estás enfadado conmigo, y tienes todo el derecho a estarlo después de mi comportamiento. Y sé que probablemente te molesta lo de Jack también ya que te gusta. Quiero decir, los amigos no salen con los tipos que otros amigos quieren. Pero no hay muchas opciones en el infierno de luna de miel, y él es agradable, y obviamente está interesado en mí. También es heterosexual. Así que, si te molesta o no, voy a salir con él.— Ella le palmeó el brazo de nuevo. — Sé que probablemente querrás un poco de tiempo para procesar todo así que te dejaré en paz por un tiempo. Pero seguiré siendo tu amiga y todo. Estoy segura de que a Jack no le importará, sabe que eres gay. Él prometió que no le diría nada a nadie,— añadió rápidamente. — Y espero que con el tiempo llegues a perdonarme por atacarte así. Realmente no puedo explicar esta extraña atracción que siento por ti, pero te prometo que no lo volveré a hacer. Pasando antes de que él pudiera responder, ella se apresuró a regresar a la parte delantera de la embarcación. — ¿Está todo bien?— Preguntó Jack, su voz extrañamente seria, para variar. Carolyn suspiró. — Sí. Él solo está un poco celoso. Le gustas y cómo estás prestándome atención a mí, lo tiene fuera de quicio. Jack parpadeó y luego la miró con sorpresa. — ¿Es a mí a quien él…?


— ¿Qué? ¿Pensaste que tu encanto sólo funcionaba con las mujeres?— Preguntó Carolyn con diversión. — Esperaba que sólo funcionara con las mujeres, más bien,— murmuró Jack, volviendo la mirada hacia el mar otra vez, y luego sacudió la cabeza y gruñó. — Y aquí yo que estaba pensando que para ser un tipo gay estaba actuando muy celoso de ti. Carolyn sonrió y negó con la cabeza, pero no podía evitar desear que fuera así. Lo cual la hizo sacudir la cabeza. Ella, obviamente, todavía no estaba pensando con claridad. — Por lo tanto, creo que te estaba invitando a cenar antes de que nos interrumpieran,— dijo él, sus ojos nunca dejando el horizonte. Carolyn titubeó, deslizando su mirada hacia Christian de nuevo. Él parecía molesto, con el ceño fruncido en su rostro, pero aún tan condenadamente guapo que sintió que su corazón brincaba. Apretando la boca, se dio la vuelta y sonrió. — Y creo que yo estaba a punto de decir que sí. Su cabeza giró, revelando los ojos brillantes y una sonrisa. — ¿Sí? — Sí,— dijo, y luego espetó, — Pero soy de algún modo todavía inexperta cuando se trata de citas. Yo… Sus palabras murieron cuando él quitó una mano del volante para deslizarla por su cintura y atraerla hacia adelante. Carolyn tenía miedo de que él fuera a besarla y no pudo evitar tensarse, pero sólo la acercó para susurrarle al oído, — Está bien. Hablaba en serio cuando dije que estaba dispuesto a ir despacio. Algunas cosas valen la pena esperar. — Gracias,— respiró ella con alivio, manejando una sonrisa cuando le dio un rápido beso en la frente y la soltó. Luego miró a su alrededor con sorpresa cuando una bebida apareció frente a ella: Tristán con otra oferta de aguardiente. Ella empezó a negarse, pero vio a Christian sobre el hombro del hombre, todavía frunciendo el ceño ferozmente desde el fondo de la barca, y la culpa que la impregnaba inmediatamente la hizo cambiar de idea. Tomó la copa. Carolyn sospechaba que la necesitaría si no quería congelarse como una doncella de hielo cada vez que Jack la tocaba o se burlaba de ella, y estaba decidida a preocuparse de esto.


Saldría con él y dejaría que la besara y… bueno, si tenía la misma reacción a sus besos que tuvo con los de Christian, las cosas deberían estar bien. Sólo necesitaba relajarse y que no la inundara el pánico en el intento. Por desgracia, la misma idea de hacer algo de eso la tenía hecha un manojo de nervios. Dios, soy tan patética, pensó Carolyn con disgusto, levantando el vaso a sus labios.


14 ― Dios ha sido divertido, ¿no? ― Preguntó Carolyn saltando a su lado, mientras ellos se ponían en marcha hacia el muelle. Christian lanzó un gruñido lo que podría haber sido tomado como un de acuerdo a las alegres palabras de Carolyn, pero no lo era. No había sido divertido en absoluto para él. Estar parado en la parte posterior del barco mirando como el Capitán Jack había embutido bebida tras bebida a Carolyn "para relajarla‖ mientras tomaba cada oportunidad para tocarla había sido más que una tortura. Él sabía lo que el hombre había estado haciendo. Christian no se había perdido cómo ella se había tensado y se veía incómoda cada vez que Jack la había tocado. El hombre obviamente quería que ella se acostumbrara a su toque haciéndolo de forma no sexual, no amenazante tanto como le fuera posible. Había sido bastante malo en el barco, pero cuando se detuvieron en Anse Cochon a nadar había sido diez veces peor. Todo el mundo se había puesto sus trajes de baño, incluyendo Carolyn. Se había deslizado fuera de sus pantalones cortos, dejando al descubierto la parte inferior del bikini morado oscuro que combinaba con la parte superior que Christian había confundido con un sostén debajo de su camiseta. Se había puesto de manifiesto también su figura curvilínea y sus bien torneadas piernas al interés de los ojos del capitán. Jack inmediatamente insistió en que necesitaba más bronceador y procedió a "ayudarle" a aplicarlo a pesar de la vergüenza y la incomodidad obvia de ella. Entonces el hombre había propuesto relajarla jugando con ella en tierra, salpicándola y divirtiéndola antes de agarrarla por la cintura, amenazando con lanzarla al agua mientras él retenía su espalda casi desnuda en su pecho desnudo. Christian había visto esto severo desde el barco, resistiendo el impulso de saltar por la borda, nadar hacia el hombre y arrancarle el corazón por atreverse a tocarla. Sólo los destellos de malestar en el rostro de Carolyn, y la forma en que ella seguía tensa con el contacto de Jack le había impedido hacerlo. Ella no había reaccionado así a él en el autobús. Y no había estado medio ebria esa vez. El chico no tenía ninguna posibilidad. ― No puedo creer que haya ganado el concurso ―menea-tu-bote‖, ― se rió. Christian volvió a gruñir, con la mandíbula ahora apretada y rechinando los dientes. Eso fue diez minutos que tardaría en olvidar. En el momento que los


"concursos" habían iniciado, la bebida había comenzado a tener su efecto y Carolyn se había unido alegremente cuando la tripulación había sacado un equipo de sonido y se alinearon una docena o así de mujeres que iban en la excursión en el paseo del barco, para informarles de que tenían que menear su bote y que los hombres escogerían el ganador por los aplausos. Después de haberla visto bailar la noche anterior, Christian no había estado en absoluto sorprendido de ver que ella cerró los ojos, dejando que la música fluyera a través de ella y empezara a sacudirlo y oprimirlo como una profesional. La mujer era pura sensualidad cuando la música sonaba, y él no había sido el único en darse cuenta. Ella había ganado fácilmente. Muchas de las otras mujeres, que no habían bebido tanto como ella lo habían hecho, pero no se habían sentido tan cómodas haciéndolo y lo había hecho rápidamente o habían sido demasiado rígidas y no tuvieron votos. Tres mujeres eran retiradas en cada ronda, hasta que sólo habían quedado Carolyn y otras dos mujeres. Luego habían votado por el primer, segundo y tercer lugar. Carolyn debía vencer a una novia joven de veintitantos años y una mujer de unos treinta años para llevarse el premio, la corona de flores que había estado usando todo el día, y que todavía llevaba puesta. ― Deberías haberte unido en cuando los chicos lo hicieron. Apuesto a que tú puedes agitar el bote también, ― dijo ella con una sonrisa, saltando a su lado cuando entraron en el edificio principal. Christian volvió a gruñir. Tan pronto como Carolyn había sido nombrada ganadora, los hombres habían sido alineados para el mismo concurso con el voto de las mujeres. Christian no se había unido. Tampoco se había molestado en mirar a los otros hombres agitándose sin convicción sobre el barco. Sus ojos se habían centrado en Carolyn mientras el capitán la felicitaba, dejando caer la corona de flores sobre su cabeza, y dándole un rápido beso de felicitación que la hizo sonrojarse y agachar la cabeza. El hombre había colgado luego su brazo alrededor de su hombro posesivamente para ver a los hombres hacer lo suyo y Carolyn se había estado mordiendo el labio y viéndose incómoda pero determinada. Era su mirada de determinación lo que le molestaba. La mujer estaba al parecer convencida firmemente de tener un romance con el capitán Jack, sin importar si realmente quisiera o no, ya que sus reacciones apenas indicaban algún indicio de su parte. Y eso fue todo para cuidar de lo que ella pensaba que era calentura pre-menopáusica y preservar su amistad "salvándolo" a él de sus "atenciones no deseadas". ¡Dios mío! Él no había perdido la ironía en eso.


― Así que, ¿vamos a cenar esta noche? ― Preguntó ella mientras abordaban una furgoneta para el camino a la colina. Christian parpadeó mientras se acomodaban juntos en el asiento delantero al darse cuenta de que con Bethany enferma otra vez Carolyn sería libre para cenar con él esta noche. ― Porque si no, debería volver corriendo al barco después de cambiarme. Jack se llevará a la gente fuera en un crucero de noche y me invitó que fuera, pero le dije que no, porque te prometí jugar a tener una cita contigo. ― Sí, vamos a cenar, ― gruñó Christian a la vez. No había una maldita manera de que la dejara de cualquier forma cerca de Jack otra vez. Él se había metido en su cabeza. La determinación de ella por dormir con Jack por su bien era una locura... y él no se lo permitiría. Tal vez no se podía arriesgar a decirle lo que era y acerca de su gente todavía, pero iba a decirle que no era realmente gay. Entonces la besaría tontamente, la desnudaría, buscaría cada centímetro de su piel donde el capitán la había tocado y pondría sus propias manos allí para borrar la memoria del hombre antes de hacer el amor con ella hasta que no pudiera respirar. Cuando saliera el sol por la mañana, Carolyn nunca más sería lo suficientemente absurda como para imaginarse a otro hombre haciéndola sentir como él lo haría. Demonios, realmente solo debería arrastrarla hasta la villa ahora y poner sus planes en acción. Y lo haría si no fuera por el hecho de que su necesidad de sangre se había acercado a un punto crítico una vez más: sus emociones estaban por todo el lugar y su control casi inexistente. Ni siquiera se atrevía a correr el riesgo de sostener su mano hasta que él hubiera bebido un par de bolsas de sangre. ― Está bien, te veré en el salón, ― dijo ella alegremente. ― No. Yo te recojo, ― dijo Christian a la vez. Iba a ser una cita apropiada para variar. Él no la iba a encontrar en ninguna parte. Él la recogería y la llevaría a cenar, entonces… ― Oh, pero… ― ella comenzó. ― Te voy a recoger, ― le dijo con firmeza mientras la furgoneta desaceleraba frente a su villa, luego, rápidamente abrió la puerta y la condujo hacia fuera.


― Pero, ― Carolyn intentó otra vez mientras él saltaba de nuevo a la furgoneta. ― Una hora, ― la interrumpió él con firmeza y cerró la puerta a nuevas protestas. Carolyn se quedó mirando la furgoneta consternada, y luego se volvió caminando hacia la puerta de la villa. Ella no quería que él la recogiera. A Beth le daría pena, y realmente no quería otra conferencia sobre la barba. Eso arruinaría totalmente su estado de ánimo meloso del momento, y ella estaba melosa. Bueno, eso era un eufemismo, Carolyn admitió mientras se tambaleaba en el camino. Estaba ebria. De hecho, había tenido dificultades para caminar en línea recta seriamente en el camino desde el muelle hasta la furgoneta y no estaba segura de como lo había logrado en absoluto. Puede que se hubiera tambaleado un poco aquí o allá, pero afortunadamente, Christian no lo había notado. Él había mirado hacia adelante, con una expresión sombría todo el camino. Carolyn nunca había sido una gran bebedora, sólo alguna ocasional copa de vino con la cena. De hecho, había bebido más en este viaje que lo que probablemente había bebido en toda su vida, y la mayoría de eso hoy. Había sido deliberado, en un esfuerzo desesperado para obligarse a relajarse. No había funcionado tan bien como había esperado. Todavía se estresaba un poco cada vez que Jack la había tocado, pero había comenzado a pensar que tenía más que ver con el hecho de que Christian había estado con el ceño fruncido todo el tiempo. Tal vez si él no hubiera estado allí, viéndose todo guapo y sexy viendo como robarle un chico que a él le interesaba, ella se hubiera relajado más con Jack. Eso era lo que esperaba de todos modos. Carolyn suponía que lo iba a descubrir al final mañana en su cita para cenar, y pensó que tal vez debería tomar un par de cócteles antes de que él la recogiera. Ella trataba de empujar lejos la preocupación por el momento mientras llegaba a la puerta y se esforzaba por conseguir meter la tarjeta llave en la ranura. En ese momento tenía otras cosas de qué preocuparse. Como ducharse, vestirse y subir la colina de la villa de Christian antes de que él fuera a recogerla. Ella realmente no necesitaba la charla que Bethany le daría si sabía que iría a cenar con Christian de nuevo. Hablando de eso, pensó de pronto, ¿y si Bethany se sentía mejor y quería cenar con ella? Esa preocupación fue hirviendo en el interior de su cabeza mientras forcejeaba con la puerta, pero como vio después, realmente no llegaría a ser un problema. Al parecer, al oírla en la puerta, Bethany vino a abrirle, le echó una mirada, y sólo se


quedó boquiabierta durante un minuto entero antes de acusarla de ser una borracha. Luego la siguió hasta su habitación, haciéndole todo tipo de preguntas acerca de lo que había bebido y así sucesivamente. Carolyn murmuró en su mayoría respuestas incoherentes mientras se tropezaba en su cuarto de baño y abría la ducha. Se sintió terriblemente aliviada cuando Bethany le dijo que estaba demasiado ebria para tener incluso sentido, y anunció que se iba a la cama. Luego añadió con firmeza que Carolyn también debería irse a la cama después de la ducha. Que podría pedir algo al servicio de habitaciones cuando se despertara, si le daba la gana, porque era probable que si comía ahora vomitaría. Bethany la dejó sola en el baño, diciendo que iba a buscar algo de agua y la puso sobre su mesa de noche. Ella debería beberlo antes de dormir. El agua ayudaba a prevenir resacas y no quería a Carolyn con resaca en el recorrido al centro comercial del día siguiente. ― Gracias, ― había murmurado Carolyn, aliviada por la manera en que las cosas habían resultado. Ella se podría duchar y pretender que se acostaba, pero se vestiría y saldría de la villa por la puerta de su terraza en su lugar. No habría charlas. Bethany no sabría que se había ido. Carolyn se había desnudado y metido en la ducha, agarrando los grifos para evitar caerse mientras graznaba cuando el agua de repente se puso fría. Abrió los grifos, sin darse cuenta, después de un rato bajo el agua helada, rápidamente los ajustó de nuevo. Cuarenta y cinco minutos después estaba seca, vestida y deslizándose a través de las puertas de su terraza. Se sentía como una adolescente escapando a escondidas cuando cayó en la tierra. Otra cosa que se había perdido mientras crecía, pensó Carolyn con una risita, y se preguntó si todas las mujeres actuaban como idiotas púberas cuando la menopausia llegaba. Ella debió de ser capaz de decirle que iba a cenar con Christian. Y si Bethany comenzaba con sus charlas, Carolyn debería ser capaz de decirle que era adulta y que podía hacer lo que quisiera y no apreciar esas charlas. Sin embargo, esto era más fácil, y de hecho, divertido, pensó con una sonrisa mientras arrojaba sus zapatos sobre la barandilla de la terraza y luego subía para caer sobre la hierba al otro lado. Recogiendo sus zapatos, sonrió para sus adentros mientras se apresuraba alrededor de la villa y por el camino con los pies descalzos. Carolyn no se detuvo para ponerse los zapatos, hasta que casi había llegado a la terraza de piedra alrededor de la villa. Deteniéndose a unos pocos metros de la misma, se deslizo rápidamente sus sandalias, se las ajustó, y se enderezó para alisar


su falda antes de continuar. Pero con el primer paso, la correa se rompió y el pie se le torcido hacia un lado de la sandalia de tacón alto. Carolyn se tambaleó hacia un lado, tratando de no caer, sintiendo que el suelo llegaba a ella, dijo con voz entrecortada sorprendida, ― Oh, ― mientras caía. *** ― ¿De verdad crees que es sabio, hijo? ― Preguntó Marguerite preocupada mientras lo seguía a la puerta principal. ― ¿Me estás escuchando en absoluto? ― Preguntó Christian con disgusto mientras miraba a ver si la furgoneta que había pedido ya había llegado. Regresó de nuevo a la villa, había bebido sangre, se había duchado, cambiado y salido de su habitación para encontrar al resto de la banda y a sus padres allí. Se había pasado la última media hora contándoles su horrible día y lo que Carolyn había decidido hacer, pero no parecían estar tomando sus planes en serio. ― Está decidida a tener una aventura ―para salvarme.‖ Y no puedo permitir que eso suceda. ― Estoy segura de que no va a llevar a cabo nada, ― dijo Marguerite a la vez. ― Él no puede haberla afectado tanto como tú. ― Eso no va a hacer una pizca de diferencia. Ella ni siquiera se siente atraída por el chico. Ella dijo que no hay chispa, pero está determinada. ¿Dónde diablos está la furgoneta? ― Agregó en un murmullo, y abrió la puerta para caminar afuera. ― Estoy seguro de que ella no haría… ― ¿No es Carolyn? ― Preguntó Santo. Christian miró a su alrededor para ver lo que había arrastrado a todos hacia fuera. Luego siguió la mirada de Santo para ver a Carolyn en el camino, jugueteando con sus zapatos. A pesar de que él la vio, ella se enderezó, se alisó la falda, dio un paso hacia adelante y de pronto se fue de lado, con los ojos y la boca haciendo una perfecta O en su cara de sorpresa. Maldiciendo, él echó a correr, pero su corazón casi se detuvo en su pecho cuando el borde de la colina cedió bajo ella y se volcó, cayó al suelo, e inmediatamente comenzó a rodar por la ladera de la montaña. Christian ya conocía, por haberlo atravesado él mismo, que la inclinación daba paso a una caída recta de cinco a seis metros donde las próximas dos calles abajo habían sido excavadas en la ladera de la montaña. Cambiando su ángulo, hizo una explosión de velocidad y se lanzó hacia adelante para atrapar sus piernas justo al


llegar al borde de esa caída. Christian quedó colgando. Cayó boca abajo sobre las piernas de ella, su cabeza en su regazo y su zapato atascado en su ingle. No era un recuerdo que olvidaría pronto, decidió, un gemido de dolor escapó de sus labios. ― Oh, ― exclamó Carolyn. ― Bueno, eso fue emocionante. Christian levantó lentamente la cabeza de su regazo al ver que ella se había sentado y estaba parpadeando como si acabara de caerse de la cama sobre una alfombra suave. ― Hola, ― dijo ella, y tuvo la osadía de sonreírle. ― ¿Estás bien, querida? ― Marguerite estaba de repente de rodillas a su lado, apartando el cabello de Carolyn de su cara con preocupación. ― Tuviste una buena caída. ― Oh, estoy bien, ― le aseguró con una sonrisa. ― Realmente no caí lejos, principalmente rodé. Fue un poco divertido. ― Está ebria, ― dijo Gia con una carcajada. ― Es probablemente la única razón por la que no está herida, ― dijo Santo en voz baja. ― Demasiado ebria para tensarse en la caída. ― Te dije que estaba ebria, ― dijo Christian tristemente, levantándose de ella con una mueca de dolor. Maldita sea, tenía suerte si no cantaba como un soprano. ― Sí, pensé que tal vez un poco achispada o algo así. Pero está totalmente ebria, ― dijo Gia con otra risa, ayudándolo a sacudirse mientras se enderezaba. Christian miró a Carolyn. Su madre la ayudaba a levantarse y estaba revisándola ahora si tenía heridas. Al parecer, no encontrando ninguna, volvió su atención a la cara de Carolyn, frunció el ceño y murmuró, ― Oh Dios. ― ¿Qué es? ― Preguntó Christian, cogiendo el brazo de Carolyn para impedir que instintivamente diera un paso hacia atrás de la montaña cuando ella arrastró los pies. ― ¿Se golpeó la cabeza? ― No. ―Su madre suspiró, y luego admitió, ― Pero en este estado, puede que tengas razón. Podía hacer algo increíblemente estúpido.


― Te lo dije, ― gruñó Christian. Marguerite se volvió a Gia. ― Querida, llévala a la villa y encuentra alguna otra cosa que ponerle. Su vestido está muy arruinado. Gia asintió con la cabeza y empezó a conducir a Carolyn lejos, pero se detuvo cuando Julius dijo, ― Santo cárgala de vuelta a la villa. Ella no está muy firme sobre sus pies. ― Yo la cargo, ― gruñó Christian, pero su padre lo agarró del brazo. ― Deja que Santo lo haga, ― le dijo en voz baja. ― Tenemos que discutir este plan tuyo. Christian vaciló, pero no protestó cuando Santo inmediatamente recogió a Carolyn en sus brazos y se dirigió hacia la colina. Su ceño se profundizó cuando Carolyn le sonrió a Santo y dijo alegremente, ― Guau, eres muy fuerte. ¿Levantas pesas? Christian y los demás comenzaron a seguirlos mientras Santo movía la cabeza. ― No. Sólo levanto señoritas ligeramente achispadas, pero encantadoras. ― Yo no soy joven, ― se rió Carolyn y luego le palmeó el pecho y confesó, ― Pero me sentí joven esta noche cuando me escapé de la villa. ― ¿Por qué te escondías? ― Preguntó Gia. ― ¡Oh! ― Carolyn miró a la otra mujer y agitó una mano salvajemente, la acción la hizo girar suavemente en los brazos de Santo con una pierna hacia arriba. ― Así Bethany no me atraparía y me aleccionaría sobre la barba de nuevo. A Bethany le gusta dar lecciones, ― anunció ella con disgusto. ― Ella siempre estaba dándome lecciones en la universidad. Tengo que hacer esto. Debo hacer eso. Debería echar un polvo. Bla, bla, bla. Ella suspiró de repente y luego admitió, ― Pensándolo, probablemente debería haber echado un polvo. Pude no haberme casado con ese abusivo, pedazo de mierda si hubiera tenido más experiencia con los hombres. Los ojos de Christian se abrieron con incredulidad ante sus palabras, simplemente no era muy Carolyn, o por lo menos no la Carolyn que conocía. Al parecer, ellos tenían a la Carolyn desinhibida por el exceso de bebida. El alcohol había soltado definitivamente su lengua si hablaba con tanta facilidad sobre su matrimonio. Ella se había negado a permitir que incluso el tema saliera antes de esto.


― No importa, sin embargo, ― dijo Carolyn, con su alegría de regreso. ― Voy a conseguir esa experiencia ahora. Es más, a los cuarenta no se es demasiado vieja para convertirse en una puta, ¿qué te parece? ― Preguntó y luego miró a sus pies que se agitaban al otro lado de los brazos de Santo y le dijo, ― ¿Dónde está mi zapato? Christian miró a sus pies para ver que mientras uno tenía una muy sexy, zapatilla de tacón alto del mismo tono azul que su vestido, la otra blandía alrededor desnudo. ― ¿Zanipolo? ―Dijo Julius detrás de él. ― Zapato. Estoy en ello, ― respondió el joven tecladista de vuelta. ― Entonces, ― dijo Gia, divertida, llamando la atención de Christian al trío enfrente de él de nuevo. ― Estás considerando putear más, ¿verdad? ― Bueno, no es como dormir con todo lo que se mueva ni nada, ― le aseguró Carolyn. ― Pero he empezado a sospechar que el sexo puede ser más divertido de lo que era con Robert, y creo que definitivamente debo averiguarlo, ¿no? ― ¿Tu ex no era bueno en esa área? ― Preguntó Gia, incitándola. ― ¡No! ― Carolyn soltó un bufido. ― Y no se trataba sólo de que lo tenía pequeñito tampoco. ― ¿Pequeñito? Santo se ahogó y ella se volvió hacia él, asintiendo. ― Era como un lápiz corto al lado del pepino de Christian, ― le informó. Christian se quedó boquiabierto de horror ante ese anuncio, cuando ella añadió, ― Por lo menos, Christian tenía un pepino en mi sueño. No sé si lo tiene en la vida real, ya que es gay y no me lo mostraría a mí si le preguntara, quiero decir, no significa que le preguntaría ni nada, ― le aseguró rápidamente, luego frunció el ceño y murmuró, ― Se supone que no debo decirte que es gay. O ¿es que tú también lo sabes Zanipolo? ― ¿Así que tú marido tenía un pene pequeño? ― Preguntó Gia rápidamente para distraerla, y Carolyn rodó un poco en los brazos de Santo de nuevo para mirarla.


― Eso significa pene, ¿no? ― Preguntó Carolyn y cuando Gia rió y asintió con la cabeza, ella asintió también. ― Oh, sí. Pero supongo que ese no era el verdadero problema. Quiero decir, dicen que no es el tamaño, sino lo que hacen con él, ¿verdad? ― Correcto, ― se rió Gia. ― Bueno, él no hacía mucho con él, ― le aseguró Carolyn con un suspiro triste. ― O con cualquier otra cosa, para el caso. A él ni siquiera le gustaba besar. Y he descubierto que me gusta besar. Christian es un besador realmente bueno, ― anunció. ― Él es muy caliente. Realmente es una lástima que sea gay y todo. Podría besarlo hasta que las vacas vuelvan a casa. Christian escuchó a su padre preguntar con confusión, ― No hay vacas aquí, ¿verdad? ― Es sólo una expresión, querido, ― murmuró Marguerite. ― Significa mucho tiempo. ― Bueno, ― decidió Julius. ― Van a estar juntos mucho tiempo. ― Apuesto a que Christian no lo tiene pequeñito en la vida real tampoco, ― dijo Carolyn de repente. ― Yo diría que no. Él tiene mis genes, ― murmuró Julius detrás de él. ― No lo parecía cuando vino a nadar el otro día, ― anunció Carolyn, y rápidamente agregó, ― No es que yo, ya sabes, estuviera mirando o nada. Pero su traje de baño se apretaba a él y… Ella hizo una mueca y confesó, ― Oh, está bien, estaba mirándole, pero no miro normalmente los paquetes de los hombres. Sólo lo hice esta vez porque aún estaba dándole vueltas al sueño que Bethany interrumpió. Él estaba haciendo algunas maravillosas cosas deliciosas en ese sueño, y… Ah, claro, lo siento de verdad con eso, Gia, pero creo que he tenido el sueño de violar a tu pobre primo gay. No a propósito ni nada, por supuesto, pero… ¿Estás bien, Santo? ― Se volvió para mirar con preocupación al hombre que la llevaba a la villa cuando empezó a hacer sonidos como de ahogarse. Cuando Santo no respondió, pero continuó con lo que Christian sospechaba era una risa sofocada, Carolyn se volvió para mirar a Gia. ― ¿Está bien? Gia estaba riendo tan fuerte que no podía responder. Pero Christian no se reía


mientras era arrastrado detrás de ellos, y él miró a su madre cuando le agarró del brazo para detenerlo de ir en pos de ellos escaleras arriba. ― Que se vayan, ― dijo Marguerite. ― Santo la va a llevar al cuarto de Gia y ella la ayudará a vestirse mientras hablamos en la cocina. Suspirando, Christian asintió, pero miró al trío desaparecer en el cuarto de Gia antes de moverse de nuevo. ― Anímate, ― dijo Raffaele, dándole una palmada en la espalda. ― Por lo menos sabes que le gustan tus besos... y otras partes. ― Ja, ja, ― murmuró Christian cuando se abrió camino a la cocina. ― Correcto, ― anunció Marguerite cuando entró. ― Una vez que Gia le haya ayudado a cambiarse todos iremos a cenar. ― ¿Todos? ― Él frunció el ceño. ― Se suponía que íbamos a estar solos esta noche. ― Sí, pero Carolyn está muy ebria en este momento, querido, ― señaló. ― ¿Y? ― Preguntó, mirando hacia la puerta cuando entró Santo. ― Así que en tu estado actual, no creo que sea una buena idea que puedas estar a solas con ella hasta que esté un poco más sobria, ― dijo Marguerite, llamando su atención de nuevo. Rígidamente, preguntó, ― ¿Qué diablos quieres decir en mi estado? ― Creo que se está refiriendo a tu pepino... el cual es bastante prominente en este momento, ― dijo Santo calmadamente, y luego parpadeando, añadió, ― No es que normalmente mire los paquetes de los hombres. Christian rápidamente se sentó en la mesa, mientras su madre y Raffaele dejaban caer sus miradas a su entrepierna. Los comentarios de Carolyn acerca de las deliciosas cosas que le había hecho en su sueño compartido le había traído de vuelta los recuerdos rugiendo a su mente. Tenía una semi-erección. ― Bueno, en realidad no me había dado cuenta de su pepino, prominente o no, ― dijo Marguerite remilgadamente. ― Me estaba refiriendo a sus pensamientos. ― Mis pensamientos están bien, ― insistió.


― Dime que no estabas pensando en seguirlos escaleras arriba, arrastrar a Carolyn a tu habitación y saltar adelante con tu plan de inmediato, ― lo desafió ella. Christian hizo una mueca. Está bien, quizás el pensamiento había pasado por su cabeza. Ahora que había decidido seguir adelante con su plan y encamarla, se encontró menos paciente para iniciarlo. Tomando su expresión como una admisión, Marguerite continuó, ― Y si en la cena Carolyn continúa con la evaluación más franca de tu actuación en el sueño compartido, no confío en que vosotros dos no terminéis desmayados en la playa, o en el baño público más cercano. Christian lanzó un gruñido, alegrándose de estar sentado debajo de la mesa cuando una cierta parte de su cuerpo respondió a esa sugerencia. En la playa, en un baño público… Demonios, incluso en los arbustos al lado de la carretera, cualquiera de ellos sería, siempre y cuando se incluyera una Carolyn desnuda y el finalmente hundiéndose en su cuerpo cálido y acogedor. ― Muestra un poco de clase, Christian, ― replicó Julius. ― Se te crió mejor que hacerlo con tu compañera de vida por primera vez en los arbustos, por el amor de Dios. Christian se puso rígido, y luego lo miró para leer su mente, y dijo, ― Oh, claro, porque en el retrete de un tren de camino a York es de mucha más clase. ― No lo hice allí, ― respondió Julius a la vez. ― Por los recuerdos en tu cabeza cuando los dos salisteis del cuarto de baño, no fue por falta de intentarlo, ― dijo Christian con sequedad. ― Chicos, ― dijo Marguerite con voz dolorida. Mirando por encima, Christian la vio ruborizarse avergonzada e inmediatamente se sintió mal. Mientras él había estado dirigiéndose a su padre, la había, por supuesto, avergonzado, sin intención. ― Lo siento, mamá, ― murmuró. ― Como estaba diciendo, ― dijo ella pesadamente. ― Además de garantizar que no terminéis desmayados fuera y vulnerables en un lugar público, sospecho que la cena ayudará a poner sobria a Carolyn. En el momento en que tú termines en el


salón, ella debe estar lo suficientemente lúcida para que no puedas ser acusado de aprovecharte de su estado de ebriedad. Christian se calmó cuando se dio cuenta de que en realidad lo iba a hacer sin darle tiempo a la sobriedad en primer lugar. ― Correcto, ― dijo en una expulsión de aire. Él y Carolyn cenaban con su familia. Su madre asintió con aprobación, pero agregó, ― Christian, aunque estoy de acuerdo que puede ser mejor que admitas que no eres gay y atraerla a la cama para que pueda experimentar lo que es ser un compañero de vida... Bueno, podría no funcionar, ― advirtió. ― Todavía no creo que ella vaya a estar a gusto con alguien que cree que es mucho más joven que ella. Eso puede hacerla correr. ― Entonces voy a perseguirla, ― dijo con firmeza. ― Pero no sabrá de nosotros y lo que somos, por lo que nadie podrá borrar sus recuerdos, ¿cierto? ― Bien, ― ella estuvo de acuerdo con dulzura. Él se relajó un poco, y añadió, ― Y que podría funcionar por otro lado. Podría aumentar sus sentimientos por mí. Antes de que pudiera responder, Zanipolo entró, sosteniendo el zapato que le faltaba a Carolyn. ― Me tomó un tiempo encontrarlo. Sobre todo porque lo estaba buscando en la parte inferior de la colina y estaba en la parte superior. La correa está rota. Creo que es la razón por la que se cayó. Christian tomó el zapato, murmurando, ― Uno de sus zapatos también se rompió la noche que llegamos. ― Eso es extraño, ― dijo Marguerite. ― Carolyn tiene dinero, no es probable que compre zapatos baratos. ― Hmm. ― Se asomó a la puerta mientras el clic de los tacones altos advertía que las mujeres se acercaban. ― Aquí estamos, ― dijo Gia alegremente mientras conducía a Carolyn por la habitación. La mandíbula de Christian casi cayó al suelo cuando recibió su primera visión de la transformada Carolyn. Gia tenía una selección completa de ropa que llevaba en el


escenario, toda ella apretada, con faldas cortas y escotes de corte bajo. Pero él nunca se había dado cuenta de lo apretado, corto, o de corte bajo que eran. Estaba notándolo ahora. Querido Dios. No estaba seguro de cómo Gia lo había hecho, porque de alguna manera había exprimido a Carolyn, quien era mucho más curvilínea, en un traje de cuero negro que llegaba a tal vez una pulgada por debajo de donde sospechaba sus bragas se detenían. En cuanto a la línea del escote, no era bajo sino era inexistente. El vestido era sin mangas, sin tirantes y rodaba a través de sus pechos para caer entre ellos lo suficientemente bajo como para mostrar que no tenía sostén. No es que él no lo pudiera decir por la forma en que sus pechos estaban prácticamente saliendo de las copas en forma de pétalo que los cubrían. O tratando, estaba seguro que había un toque de rosa que se asomaba de una de las copas. ― ¿Es eso un pezón? ― Preguntó con un graznido. Carolyn miró y murmuró, ― Oh. A continuación, comenzó a tirar de la parte superior del vestido, explicando, ― Quería usar mi sujetador. Mis pechos son demasiado grandes y siempre uso un sostén, pero Gia dijo noooo. ― Las correas se veían, ― señaló Gia, ayudando con un tirón del cuero para cubrirlo mejor. Ella dio un paso atrás y asintió, satisfecha de que había hecho el truco. ― ¿Ves? ― Dijo Carolyn con un encogimiento de hombros. ― Ella se mantenía diciendo eso arriba también. Christian hizo un sonido ahogado. Su encogimiento de hombros había destruido todos sus esfuerzos para controlar su pecho en su lugar. Ahora bien, había una media luna color rosa por encima de ambas copas. ― Me gusta, ― dijo Zanipolo con una sonrisa. ― Deja de mirar, ― le espetó Christian, resistiendo el impulso de correr y cubrirla. Él frunció el ceño a su madre. ― Ella no llevará eso en público. Ella… ― Podemos ponerle cinta de pegar, ― dijo Marguerite suavemente, moviéndose para ayudar a Gia a reajustar el vestido de nuevo. ― ¿Cinta? ― Preguntó Christian con incredulidad. ― ¿Para qué?


― ¿Tienes cinta para pegar ropa, Gia? ― Preguntó Marguerite, haciendo caso omiso de él. ― Si no, tengo algo en mi villa, yo puedo… ― Tengo algo. ― Gia se dirigió a la puerta. ― Debería haber pensado en lo mismo. Christian se quedó en silencio, su mirada deslizándose sobre Carolyn de nuevo. Gia le había puesto medias negras y zapatillas. Las zapatillas tenían tacones de diez centímetros y las medias se detenían un par de pulgadas por debajo de la falda, dejando una franja de tormentoso muslo pálido a la vista. Gia las había llamado de muslo alto cuando se había burlado una vez de que sus medias no llegaban hasta el final. Christian no recordaba haber pensado que las medias de muslo alto parecía especialmente sexys en Gia, pero maldita sea... Carolyn tiene piernas finas, pensó. ― Tienes razón. Ella definitivamente tiene un buen conjunto de piernas, ― coincidió Zanipolo. ― Nadie los llama conjunto de piernas ya, ― espetó Christian. ― Y sal de mi cabeza. Zanipolo sólo se rió entre dientes. Christian lo miró y luego se volvió hacia las mujeres. ― Madre, ella no puede ir así. ― ¿Por qué no, amor? ― Preguntó Marguerite con interés. ― Porque yo soy demasiado vieja para usar una vestimenta como esta, ― dijo riendo Carolyn con un encogimiento de hombros que sugería que debería ser obvio... y desacomodó su vestido de nuevo. ― No lo eres, ― le espetó él. Maldición, la mujer tenía una fijación con su edad, pensó y siguió adelante, con la intención de cubrir sus pechos. No había dado un paso antes de que su padre le agarrara del brazo. ― Tu madre puede manejar esto, ― dijo Julius con diversión mientras Marguerite se volvía a mover para ajustar el vestido de Carolyn de nuevo. ― ¿Y por qué no puede ir así? ― Debido a que los tacones son condenadamente demasiado altos. Se va a caer otra vez en su estado. ― Supuso que tenía más peso eso que admitir que no quería que


otros hombres la miraran en ese vestido. ― Probablemente, ― admitió Carolyn en una carcajada. ― No soy muy grácil. Christian la miró con asombro. Había visto su baile. ¿Cómo diablos podría pensar que no era grácil? ― Robert siempre dijo que era torpe, ― anunció ella, rodando sus ojos. ―Era su idea de ternura. ― Robert parece un hombre muy desagradable, ― dijo Marguerite. Carolyn asintió con la cabeza, y ambas tiraron de la parte superior de su vestido, y ella dijo en tono conversacional, ― Sabes, Marguerite, él realmente lo era... y tenía un temperamento vil también. Muy impredecible. Daba un poco de miedo, en realidad. Estaba tan contenta de dejarlo. La vida es mucho mejor sin él alrededor insultándome todo el tiempo. Él no pensaba que yo podía hacer algo bien. ― Encontré mi cinta, ― anunció Gia, volviendo a la habitación y uniéndose a Marguerite enfrente de Carolyn. Christian frunció el ceño y estiró el cuello, tratando de ver lo que estaban haciendo. ― Ahí está, ―dijo Marguerite con satisfacción mientras daba un paso atrás. ― Perfecto, ― declaró Gia. ― Entonces deberíamos irnos, ―dijo Zanipolo. ― La furgoneta llegó justo cuando encontré el zapato. Yo… ― Vaciló, deslizando su mirada a Carolyn antes de decir con cuidado, ―Lo convencí de que nos esperara. Controlado su mente, Christian tradujo en su cabeza, moviéndose para tomar el brazo de Carolyn llevándola a la puerta. ― Oh, qué bien, estoy muerta de hambre, ― dijo Carolyn alegremente, y luego miró a Gia. ― No dejes que se me olvide agacharme o algo. ― ¿Por qué no puede agacharse? ― Preguntó Zanipolo, siguiéndolos fuera de la cocina. ― Porque se ven las bragas, ― adivinó Christian en un gruñido, imaginándoselas en su mente y se preguntándose de qué color eran.


― No, no lo harán, ― dijo Carolyn alegremente. ― No llevo ninguna. Gia no me dejó. ― ¿Qué? ― Se volvió hacia su prima, horrorizado. ― Estaban rotas, ― dijo Gia a la defensiva. ― No podía usar bragas rasgadas con ese vestido. ― ¿Y tú pensaste que ninguna podría ser mejor? ― Preguntó con incredulidad. Ellos no podían irse. Tendría que llevarla a su habitación ahora. ― Au, Christian, me haces daño, ― murmuró Carolyn, tratando de liberarse de su repentino apretón. Él la soltó de inmediato, sorprendido de que la hubiera apretado con tanta fuerza, pero miró a su padre inquisitivamente cuando él le cogió del brazo y tiró de él a un lado. ― ¿Qué? ― Tengo que decirte algo, ― dijo. ― Santo, acompaña a Carolyn a la furgoneta. Santo inmediatamente tomó el brazo de Carolyn para llevarla, y ella inclinó la cabeza atrás para mirar hacia él con asombro. ― Guau. Eres muy alto, ¿eh, Santa? ― Ella lo llamó Santa arriba, también. Lo estaba volviendo loco, ― dijo Gia riéndose entre dientes mientras los seguía. ― ¿Qué quieres decirme? ― Le preguntó Christian a su padre con impaciencia mientras los demás salían en tropel. ― Color carne, ― anunció Julius, y tomó el brazo de Marguerite para llevársela. Christian se le quedó mirando fijamente, tardando en darse cuenta de lo que estaba hablando. Entonces recordó que él había preguntado de qué color serían las bragas de Carolyn antes de que supiera que no llevaba ninguna. Color carne era la respuesta. Pero ya sabía eso. Su padre solo estaba frenándolo para evitar que arrastrara a Carolyn a su cuarto. Gruñendo, se adelantó, con la intención de decir algo grosero a su padre, pero él ya estaba fuera y frenó cuando escuchó a su madre decir, ― No sé por qué vosotros dos parecéis estar en tanta contradicción, Julius. Pero me gustaría que no lo molestaras así.


― No estamos en desacuerdo, ― le aseguró Julius mientras caminaban. ― Christian está frustrado y asustado de perder a su compañera de vida por lo que la está tomando conmigo. ― Y cuando él no lo está, tú estás deliberadamente sacando su fuego, ― sugirió. Julius se encogió de hombros. ― Es más seguro para él volver su ira contra mí que en otras partes. Definitivamente más seguro a que lo tome contra Carolyn o haciendo otra cosa que enrede más todo. ― Eres un buen padre, Julius Notte, ― dijo Marguerite cuando se acercaban a la furgoneta, y luego añadió con tristeza, ― Me gustaría que todos mis hijos hubieran tenido tanta suerte. Christian hizo una pausa mientras su padre se detuvo en la furgoneta y volvió su cara para mirarla. ― Ellos te tuvieron, Marguerite. Estoy seguro de que estarían de acuerdo de que compensaste más la falta de su padre. Marguerite le dedicó una sonrisa. ― Te amo, Julius. ― Y yo te amo, cara. ― Le dio un beso en los labios, y luego la levantó a la furgoneta. Haciendo una pausa, miró de nuevo a Christian. ― Bueno, ahora que ya has espiado, ¿vas a cerrar la puerta? ¿O tengo que hacer eso también al igual que conseguirte a tu mujer en mi luna de miel? Christian miró por encima del hombro. En su furia, había dejado abierta la puerta de la villa cuando había salido tras ellos. Esa rabia había desaparecido y gran parte de su frustración y miedo con ella. Él no estaba solo. Tenía un respaldo. Si había una manera de reclamar a Carolyn, sus padres le ayudarían a encontrarla... en su luna de miel, nada menos. Volviendo hacia atrás, sonrió y dijo, ― Entra en la furgoneta, viejo. Yo lo haré. Julius sonrió. ― Sólo fíjate en no tropezar con tus propios pies mientras lo haces, cachorro. ― Tú estarías ahí para atraparme, ― dijo Christian con confianza. Su padre asintió solemnemente. ― Y si es posible, siempre lo haré. ― Gracias por eso, ― dijo Christian en voz baja y regresó para cerrar la puerta.


15

—¿Cómo te sientes, querida? Carolyn apartó la mirada del escenario en el que Christian estaba tocando su corazón fuera —bueno, Christian y el resto de la banda, supuso, aunque no podías decirlo por ella. Apenas había mirado al resto de la banda en toda la noche. Lo cual demostraba que era una idiota total, pensó Carolyn con un suspiro, girando su mirada a Marguerite. —Bien, gracias, — respondió cortésmente, aunque no era cierto. Le había costado una gran comida que sólo recordaba vagamente, una docena de tazas de café, y unas cinco horas, pero estaba sobria. Lo que realmente no era algo bueno, decidió Carolyn, moviéndose incómodamente en el borde de su asiento y tirando de la falda corta del vestido que llevaba. Estaba sentada en el borde de la silla, porque la falda era tan corta que no cubría su trasero del todo cuando se sentaba y no quería poner su culo desnudo en el asiento. ¿En qué había estado pensando al permitirse a sí misma vestirse con esa cosa? Bueno, esa era una pregunta un poco ridícula, supuso. En verdad, no había pensado en absoluto. Era probablemente una buena cosa que nunca le hubiera dado a la bebida. Ella, obviamente, no manejaba bien el alcohol, decidió Carolyn y tiró de la falda de nuevo, agradecida de estar en la esquina trasera de la terraza donde nadie podía ver sus muslos desnudos colgando en la parte delantera del asiento. Al menos, esperaba que nadie pudiera, pensó Carolyn y miró nerviosamente a su alrededor para estar segura, sólo para congelarse, abriendo ampliamente los ojos, cuando vio al Capitán Jack entretejiendo su camino a través de las mesas en su dirección. —¡Dios mío!— Murmuró, preocupada de que él olvidaría que se suponía que ella era la barba de Christian y diría algo para arrojar lejos el juego. —¿Qué pasa, cara?— Preguntó Marguerite. Carolyn apenas notó el cariño al que estaba tan acostumbrada de ese grupo. Honestamente, los italianos debían ser las personas más cariñosas que jamás había conocido. Cada uno de ellos había sido muy dulce y acogedor desde el principio, pensó distraídamente mientras observaba con recelo a Jack acercarse. —¿Carolyn?— Dijo Marguerite. Miró a su alrededor con sobresalto, y se sonrojó. —Oh ... eh ... eh ... — balbuceó, la misma elocuente de siempre cuando entraba en pánico. —Carolyn, ¿no es así?


Ella giró la cabeza hacia atrás al oír la voz de Jack, sus ojos muy abiertos cuando vio que había llegado a la mesa y le sonreía burlonamente. —Yo... er... —Es Carolyn, ¿no es así?— Preguntó con incertidumbre fingida. —Estabas en el crucero Soufriere hoy con tu novio. ¿Christian era su nombre? —Oh, sí,— respiró ella con alivio, sonriéndole con gratitud al darse cuenta de que iba a proteger su posición como barba de Christian. —Me lo imaginaba, — dijo Jack, sonriendo. —Acabamos de llegar del crucero nocturno y se me ocurrió tomar una copa, te vi y pensé en venir a felicitarte por ganar el concurso de sacude- tu-botín. No tuve la oportunidad de hacerlo a bordo del barco. —¿Has ganado un concurso?— Le preguntó Marguerite con interés. Carolyn se ruborizó. Ella sólo recordaba vagamente el concurso y sospechaba que no tenía ganas de recordarlo mejor, pero asintió débilmente. —Venció a una docena de otras mujeres al tomar el premio,— les dijo Jack con orgullo. —¿Qué es exactamente un concurso de sacude-tu-botín?— Gruñó Julius. Carolyn le miró nerviosamente, sus ojos como platos al ver la frialdad con la que estaba mirando a Jack. —Estamos pensando en tomar el tour a Soufriere nosotros mismos, — explicó Marguerite, suavizando las cosas. —Sería bueno averiguar más sobre él. Actuando como si fuera una invitación, Jack inmediatamente sacó la silla al lado de Carolyn y se sentó para explicarlo. Marguerite escuchó con atención, sin hacer caso a la grosera mirada de su marido mientras Jack charlaba con encanto. En cuanto a Carolyn, ella se sentaba tensa y nerviosa, su mirada deslizándose de Jack, a Marguerite y Julius, a Christian una y otra vez, como un iPod serpenteando. Y todo el tiempo, ella estuvo silenciosamente deseando que se fuera. Jack era un buen chico y ella seguía teniendo la intención de tener una aventura con él y todo, pero en realidad esto estaba más allá de los nervios. Julius estaba mirando, Christian estaba frunciendo el ceño, y ella estaba sentada allí con su trasero colgando de la silla, por el amor de Dios. —...importaría bailar? Carolyn giró su cabeza de Christian para mirar a Jack sin comprender. —¿Eh? Él se echó a reír al ver su expresión estupefacta. —Dije, ¿te importaría bailar? —Es rock duro, — dijo con asombro.


—Es una balada de rock duro, — señaló Jack suavemente. —Y hay un montón de gente bailando. Estoy seguro de que Christian querría que bailaras al ritmo de su música. Carolyn siguió su gesto hacia la pequeña pista de baile en frente de la banda, donde las parejas arrastraban sus pies según la balada. —Oh... eh... yo…— murmuró Carolyn, pero él ya había cogido su mano y la levantó, llevándola consigo mientras se dirigía hacia la pista de baile. No tenía más remedio que seguirlo, pero tiró nerviosamente de la falda con la mano libre mientras avanzaba, rogando a dios que nadie viera su trasero. Los ojos de Carolyn se deslizaron a Christian cuando llegaron a la pista de baile, pero luego apartó la mirada rápidamente. Si las miradas pudieran matar, ella y Jack serían cadáveres en el suelo, pensó con un suspiro, y empujó un poco hacia atrás cuando Jack la atrajo con fuerza contra su pecho. —Marguerite y Julius están mirando, — murmuró ella en tono de disculpa. —Lo sé, — suspiró. —Y no debería haber venido, pero no me pude resistir cuando te vi con este vestido. Te ves increíble. Carolyn se sonrojó y desvió la mirada, susurrando, —Gracias. Es de Gia. Me caí por la colina y arruiné el vestido que llevaba puesto, así que ella me puso esto. —¿Gia?— Preguntó Jack. —Prima de Christian. La cantante, — murmuró, asintiendo con la cabeza hacia el escenario. —Ah. — Apenas escatimó en Gia un vistazo. —Bueno, ella te hizo justicia. Estás más caliente que el infierno y el infierno es muy caliente según deduzco, — añadió con una sonrisa. Carolyn sonrió de mala gana, pero desvió la mirada de nuevo. —Y tú no estás en absoluto cómoda viéndote de esta manera, ¿verdad?— Le preguntó con suave diversión. Carolyn negó con la cabeza con un suspiro. —Es un poco sexy para mí. —Caro, nada es demasiado sexy para una mujer que sacude su botín como tú lo haces, — dijo solemnemente y por alguna razón la hizo reír. Sin embargo, su risa murió cuando él la atrajo más cerca otra vez, sus manos deslizándose a la curva en la parte superior de su trasero mientras añadía en serio, —Dame la semana y media que estarás aquí y haré que te des cuenta de eso y que te sientas tan cómoda en ese vestido que será como una segunda piel.


Carolyn lo miró con los ojos ampliamente abiertos y luego miró a su alrededor con el fuerte roce de las patas de la silla en el suelo de madera. Julius se movía hacia ellos, su expresión tensa. Y entonces el hecho de que el sonido era audible la golpeó y llevó su mirada alrededor para ver que la banda había terminado su serie. Los otros estaban guardando sus instrumentos, pero Christian estaba agarrando su violín como un bate mientras bajaba del escenario y se dirigía hacia ellos, con la cara como un trueno. —Es hora de que te vayas,— murmuró Carolyn en estado de pánico, tirando de sus brazos. —Correcto,— dijo Jack secamente, pero luego frunció el ceño. —¿Vas a estar bien? Ella asintió rápidamente. —Te llamaré mañana para concretar los arreglos para la cena, entonces. Carolyn no respondió. Jack se había deslizado lejos ya, moviéndose hacia el bar. Lo cual era un alivio, sólo que ahora estaba sola en la pista de baile con dos toros cargando hacia ella. Mierda, pensó. Jack había hecho esto, y realmente debería haber hecho que se quedara para hacerle frente a la música antes que enviarlo lejos. Christian fue el primero en llegar hasta ella. Le cogió la mano sin decir palabra, y la arrastró detrás de él mientras caminaba hacia Julius. Los dos hombres se detuvieron cuando se encontraron y Carolyn se asomó por detrás de Christian tratando de ver lo que estaba sucediendo. No hablaban, sólo se miraban el uno al otro. Cuando Christian se relajó de repente, Julius asintió con la cabeza y tomó su violín, y luego Christian se movió hacia delante de nuevo, tirando de ella a sus espaldas. Carolyn se quedó en silencio mientras él la conducía fuera del salón y alrededor de la piscina del edificio principal, sobre todo porque no tenía ni idea de qué decir. Ella sabía que Christian tenía que actuar celoso por Julius, pero sospechaba que no había sido un acto y él estaba celoso de Jack. Ella no sabía qué decir, así que se mordió la lengua a medida que se metían en la furgoneta y se ponían en camino por la montaña. Pero cuando la furgoneta cruzó justo por delante de su villa y tomó la curva para seguir adelante, miró a su alrededor con alarma. —¿Por qué no se detuvo? —Porque le dije que nos llevara a mi casa. Tenemos que hablar, — añadió en voz baja antes de que ella pudiera protestar. Carolyn intentó distinguir su expresión en la oscuridad. No podía ver mucho, pero sonaba muy tranquilo, por lo que se dejó caer en su


asiento y simplemente esperó. Christian se bajó y se giró cuando la furgoneta se detuvo, pero en vez darle la mano para que bajara como ella esperaba, él la agarró por la cintura y la levantó, dejando que su cuerpo se deslizara hacia abajo del suyo como lo había hecho la noche en que se habían conocido. Esto causó exactamente los mismos estragos en Carolyn; contuvo el aliento sobresaltada y lo mantuvo hasta que sus pies tocaron el suelo. Sin embargo, no podía dejar de pensar que no había sentido el mismo caos cuando Jack la había presionado contra sí. Maldita sea, pensó Carolyn mientras él la soltaba para girarse y cerrar la puerta. Esto simplemente no estaba bien. ¿Por qué no reaccionaba así con Jack? Él era honrado y una pareja más apropiada para ella, pensó con auto-disgusto cuando Christian le cogió la mano y la condujo a la villa. —¿Quieres un trago?— Le preguntó mientras cerraba la puerta detrás de ellos. —Agua, por favor, — respondió ella, pensando que ciertamente no necesitaba alcohol nunca más. Además, tenía un vago recuerdo de Bet diciendo que el agua ayudaría a prevenir resacas y dolores de cabeza, como había empezado a insistir cuando ella había comenzado a recuperar la sobriedad. Tal vez el agua podría ayudar. —Ve a la sala de estar, voy a conseguirla, — dijo Christian, moviéndose a la cocina. Carolyn se trasladó a la sala de estar, sus pies llevándola a la pared de cristal con vistas a la ladera de la montaña. Bajó la mirada hacia el mar y luego alzó su mano para masajear sus sienes con cansancio. —¿Dolor de cabeza?— Preguntó Christian apareciendo a su lado con una botella de agua abierta y un vaso. —Un poco, — reconoció ella, tomando la botella, pero negando con la cabeza hacia el cristal cuando se lo ofreció. Él se alejó para volver al cristal, y ella inclinó la botella a sus labios, bebiendo rápidamente la mitad de la misma. Hizo una pausa para tomar aliento, y luego hizo lo mismo otra vez. Ella oyó pasos acercándose y retrocediendo mientras terminaba la botella y miró a su alrededor a tiempo para ver a Christian deslizarse nuevamente dentro de la cocina. Carolyn se apartó de la ventana y comenzó a dirigirse a la cocina para deshacerse de la botella. Christian tenía la puerta de la nevera abierta y estaba sacando otra botella de agua cuando ella entró.


—¿Por dónde...? Carolyn se detuvo con sorpresa cuando Christian repentinamente cerró la puerta de la nevera y la miró con una expresión casi culpable. —Te estaba buscando más agua, — explicó. —Vi que habías terminado la primera, así que pensé que querrías otra. Carolyn sintió sus cejas subir. Para Christian, esto era balbuceo nervioso, y luego se movió hacia adelante y cambió su botella vacía por una llena. Lanzando la vacía al fregadero, él la acompañó fuera de la cocina y de regreso a la sala de estar, lo que sólo le hizo preguntarse qué era lo que no quería que ella viera en la nevera. Probablemente drogas, pensó. ¿Estaban todos los músicos en las drogas? Christian no parecía de ese tipo, pero ¿quién sabía? Uno de los otros miembros de la banda podría estar utilizándolas, pensó, pero dejó ir el asunto y se trasladó de nuevo a la ventana. —¿El agua ayuda a tu dolor de cabeza?— Preguntó Christian. —Todavía no.— Carolyn miró por encima de su hombro para verle moverse hacia el centro de la sala de estar. Mientras le miraba, encendió el sistema de sonido y puso un CD en el reproductor. Cuando la música comenzó a tocar suavemente, ajustó el volumen un poco, luego se enderezó y se acercó a ella. Carolyn se giró hacia la ventana, y se encontró deslizando la puerta y saliendo a la terraza. La brisa nocturna era relajante, y caminó alrededor de la piscina hacia la barandilla mientras quitaba el tapón de la botella de agua y se lo llevaba a los labios. Oyó los pasos de Christian detrás de ella mientras bajaba. Cuando sus manos se asentaron en sus hombros, miró hacia atrás en pregunta. —Puedo ayudar, — dijo él en voz baja. Asintiendo, Carolyn se giró hacia la barandilla, con sus ojos evitando las villas de abajo para deslizarse sobre el mar salpicado de estrellas, mientras sus manos comenzaban a masajear sus hombros, moviéndose hacia su cuello. Ella supo de inmediato que había cometido un error. Esto era casi como su sueño en la playa y su cuerpo estaba reaccionando de la misma manera en que lo había hecho entonces, su tacto enviaba un hormigueo a través de ella. Pero esto no era un sueño. Carolyn se mordió el labio. —Tal vez no deberías... Sus manos se detuvieron. —No soy gay. Carolyn se quedó allí, parpadeando hacia el mar. Esto también era como su sueño,


pensó con confusión. —Pero Gia... —Gia pudo ver cómo nos atraíamos el uno al otro y lo incómoda que eso te ponía. Ella quería que me conocieras para que me dieras una oportunidad, así que mintió y te dijo que era gay. —¿Pero no eres gay?— Preguntó Carolyn con incertidumbre. —No. Con sus ojos fijos en el mar, pero sin verlo, Carolyn dijo, —¿Así que ser tu barba...? —Fue sólo para poder pasar tiempo contigo. —¿Por qué?— Preguntó con asombro. En respuesta, su mano derecha de repente se movió desde la base de su cuello, para deslizarse alrededor de su garganta y acariciar su barbilla. Cuando utilizó su agarre para girar su cabeza hacia un lado y hacia atrás, Carolyn se encontró mirando sus ojos y parpadeando al notar que eran de plata fundida de nuevo, brillando en la oscuridad. Lentes de contacto coloreadas, recordó y luego bajó la cabeza. Carolyn estaba completamente inmóvil mientras sus labios se movían sobre los suyos, casi aterrorizada de que si se movía todo eso de repente se fracturaría y demostraría ser sólo otro de sus sueños eróticos. Ella parecía estar teniendo un montón de ellos, y todos parecían reales hasta que el teléfono o la alarma sonaban, entonces despertaba en un frustrado baño de sudor. Por favor, Dios, no dejes que despierte esta vez, pensó, y luego tomó aliento sorprendida cuando su mano izquierda se desvió hacia abajo desde la base de su cuello para recorrer a lo largo de la parte superior de su vestido sobre las curvas de sus pechos. Carolyn casi podía creer que el vacío de su aliento contenido había sido por la lengua de Christian tomando aire, porque estaba de repente deslizándose por sus labios y llenando su boca. Un torrente de pasión inmediatamente se levantó dentro de ella, y gimió en torno a su lengua cuando él de repente empujó hacia abajo el cuero de su pecho izquierdo, sustituyéndola con su mano. Ambos gimieron mientras él amasaba el suave globo y entonces su mano derecha salió de su garganta para despegar el cuero de su otro pecho y hacer lo mismo. Carolyn le besó desesperadamente y dejó caer la botella de agua para cubrir sus manos y alentarlo brevemente, para luego dejar que se deslizaran de nuevo entre ellos para hallar sus pantalones vaqueros. Lo encontró duro y presionando con entusiasmo contra la gruesa tela. Al apretarlo suavemente, envió un escalofrío de placer a través de ella que la dejó sin aliento. Christian inmediatamente arrancó su boca con una maldición, y liberó sus pechos para poder girarla y hacer que lo mirara. Luego instó su espalda hasta que su


trasero chocó contra la barandilla, murmurando, —Dios, te quería. Carolyn respondió buscándolo y apretándolo de nuevo, pero se detuvo cuando el toque envió otra oleada de placer casi insoportable a través de su propio cuerpo. Echó un vistazo hacia él con confusión, y vio algo como comprensión cruzando su rostro, y entonces él urgió su mano lejos, la cogió por la cintura para levantarla, la sentó en la barandilla y tapó su boca con la suya. En el espacio de tiempo que le tomó a las manos de Christian encontrar sus pechos de nuevo, ese extraño momento había dejado su mente, expulsado por la pasión que él traía de vuelta a la vida resurgiéndola en su interior. La siguiente vez que ella se extendió hacia él, sujetó sus manos y las mantuvo a ambas en su espalda; entonces rompió el beso para arrastrar su boca hasta su garganta, por encima de su clavícula y luego a uno de sus pechos. Carolyn gritó y tiró de sus manos mientras sus labios se cerraban sobre su pezón, pero él tenía un agarre firme y la sostuvo mientras tiraba del duro capullo. Cuando dejo ir su primer pezón para girarse y asistir al otro, ella tiró más fuerte y jadeó, —Christian, por favor. Le soltó las manos entonces, pero se deslizó entre sus piernas, presionándose contra ella mientras volvía a besarla. Carolyn inmediatamente envolvió sus brazos alrededor de su cuello, su cuerpo arqueándose para presionar sus senos contra su pecho mientras él la besaba. Pero entonces ella sujetó su camiseta y comenzó a tirarla hacia arriba. Suspiró con una mezcla de decepción y alivio cuando él dejó de besarla para ayudarla a eliminarla. En el momento en que la habían dejado a un lado, él volvió a besarla y ella se arqueó hacia él de nuevo, gimiendo cuando los gruesos cabellos de su pecho le hicieron cosquillas en los pezones antes de apretarse firmemente contra él. Christian respondió tirando de ella hacia delante sobre la barandilla con una mano en su cadera, moliéndola contra ella, y entonces sintió la otra mano deslizarse hacia arriba por su muslo. Rasgando su boca de la de ella, Christian comenzó a mordisquear su camino de vuelta hacia su pecho, murmurando contra su piel, —Has estado volviéndome loco toda la noche porque no tenías bragas. La respuesta de Carolyn fue tirar la cabeza hacia atrás con un grito mientras su mano llegaba a lo que sus bragas podrían haber cubierto. El movimiento casi la hizo perder el equilibrio y lo habría perdido si Christian no hubiera levantado rápidamente las manos a su cadera para sostenerla. Maldiciendo, la apretó con fuerza contra su pecho. Su oído estaba contra su atronador corazón, pero ella le oyó murmurar, —Habitación. — Entonces, él la agarró de las piernas, las atrajo alrededor de sus caderas, y la cogió por la cintura


para levantarla de la barandilla. Carolyn inmediatamente cruzó sus tobillos, aferrándose a él mientras la llevaba al otro lado de la terraza. Las suaves cepas de la música llegaron a sus oídos mientras la llevaba a la casa y Carolyn levantó la cabeza para mirar hacia el equipo de música. Cuando ella miró hacia Christian lo encontró mirándola fijamente en lugar de viendo por dónde iba. Ella apenas había tomado nota de eso cuando él bajó la cabeza y la besó de nuevo, sus pasos más lentos. Tenía una mano todavía en su parte inferior, ayudando a sostenerla, pero la otra encontró su pecho, y gimió junto a ella mientras pellizcaba suavemente su pezón. Empezó a caminar de nuevo entonces, pero se sentó un segundo más tarde, acomodando sus piernas para que ella estuviera a horcajadas sobre él. Carolyn rompió el beso para mirar alrededor con confusión. Estaban de nuevo en la sala, en el sofá. Ella apenas había registrado eso cuando su boca se cerró sobre el pezón que había estado pellizcando y su mano se deslizó entre sus piernas. El doble asalto envió emoción y necesidad a través de ella en un sorprendentemente y crudo golpe doble. Carolyn gritó y casi se alzó de su regazo, pero la mano en su cadera la mantuvo en su lugar mientras los dedos de la otra mano se deslizaban sobre su piel resbaladiza, y luego empujaban dentro de ella. —Te necesito. Ahora,— gruñó Christian, dejando a su pezón deslizarse de su boca. —Sí,— jadeó Carolyn, montando su mano. Él soltó su cadera y ella sintió su mano acariciar la cara interna de su muslo mientras se desabrochaba los pantalones, liberándose a sí mismo, y entonces sus manos se movían para abrazar sus caderas, urgiéndola hacia abajo y empujando dentro de ella, caliente y duro. Carolyn se aferró a sus hombros, y encontró su mirada, sus ojos muy abiertos mientras la llenaba. Él parecía mucho más caliente, más fuerte... y bueno, tan sólo mucho más de lo que había parecido en sus sueños. O sus otros sueños, si es que ese se trataba de uno, pensó débilmente mientras su cuerpo se expandía para cerrarse a su alrededor como un guante apretado. Robert definitivamente tenía un pito pequeño, pensó en un jadeo cuando Christian la llenó hasta la empuñadura. Podría jurar que podía sentirlo presionándose contra su vientre. Él estaba presionándose contra algo de todos modos, pensó débilmente, y entonces parpadeó abiertos los ojos que no había notado haber cerrado cuando él deslizó una mano hacia abajo para tocarla mientras su boca encontraba su pecho una vez más. Gimiendo, Carolyn envolvió sus brazos alrededor de su cabeza y empezó a moverse, usando sus piernas para subirse y bajarse a sí misma. El movimiento combinado con todo lo demás comenzó una cadena inmensa de ondas dentro de ella; gimió e instintivamente comenzó a moverse más rápidamente mientras las olas de placer se construían a niveles insoportables, montando uno por encima del otro


y estrellándose contra su cabeza hasta que pensó que se ahogaría en el placer. Ya no podía oír la música. Sus oídos estaban llenos de rugidos. Su visión estaba borrosa con puntos de luz. Y entonces los rugidos se hicieron atronadores y los puntos explotaron y Carolyn gritó, casi sin oír rugir a Christian mientras lo que habían estado persiguiendo los encontraba y la empujaba hacia abajo. Christian abrió los ojos con un sobresalto para encontrar a Gia mirándolo desde detrás del sofá. —Realmente deberías haberla llevado a la habitación,— dijo ella suavemente. —Va a estar muy molesta si sabe que los chicos la vieron así. Christian miró bruscamente hacia Carolyn. Ella todavía estaba a horcajadas sobre sus caderas, su pecho apretado contra el suyo, vio con alivio. Al menos no se mostraba nada. Levantando la cabeza, miró a su alrededor. —¿Dónde están? —Los envié a la cocina hasta que esté despejado, — dijo Gia solemnemente. —Gracias,— dijo Christian con gratitud. Gia se encogió de hombros. —Me cae bien. Ella y yo vamos a ser buenas amigas. Christian sonrió y simplemente dijo, —Eso espero. —Oh, lo haremos, — le aseguró ella. —Siempre y cuando no la cagues en esto. Christian frunció el ceño. —¿Cómo manejaste el placer compartido de parte de ella?— Preguntó Gia, su mirada deslizándose a Carolyn. Él la miró y admitió, —Olvidé todo acerca de eso al principio. —¿No dejaste que te tocara?— Preguntó Gia, la preocupación desplazándose a su cara cuando él asintió. —Pero la distraje inmediatamente después. No creo que vaya a recordar. —Esperemos que no, pero no dejes que te toque otra vez. Podría plantearte preguntas que no puedes contestar en estos momentos. Christian frunció el ceño. —Bueno, estoy tratando de no hacerlo, pero es un poco difícil sin atarla. —Entonces átala,— dijo Gia a su vez y sonrió ante su expresión. —Te gusta la idea, ¿verdad?— Riendo, se alejó hacia las escaleras, diciendo, —Tengo algunas hermosas bufandas de seda que serán perfectas. Voy a buscarlas. Christian miró hacia ella mientras comenzaba a subir, y luego giró su mirada hacia


Carolyn cuando murmuró soñolienta y se movió contra él. El pequeño sonido hizo doler su corazón por alguna razón y él simplemente la miró fijamente durante un momento, preguntándose cómo se había deslizado en su corazón con tanta facilidad y rapidez. No era el sexo, que reconoció había sido cien veces más poderoso que el de los sueños que habían compartido. Eso había sido... Bueno, francamente alucinante. Ciertamente, había freído sus circuitos y lo había noqueado mejor que un buen golpe en la parte posterior de su cabeza. Pero eso no era lo que ella había deslizado por debajo de su piel. Había ocurrido antes del sexo. Fue por eso que el pánico había arañado su garganta todo el día. Su padre tenía razón, él había estado frustrado y preso del pánico. Ahora sólo estaba preso del pánico. Todavía podía perderla. Christian acomodó a Carolyn cuidadosamente en sus brazos y se puso de pie, agradecido cuando sus pantalones no cayeron de inmediato alrededor de sus tobillos. Bajándola para que descansara junto a la cintura de sus vaqueros, asegurándose de que éstos no cayeran en un momento inoportuno, se dirigió a las escaleras, reuniéndose con Gia en la cumbre. Ella dejó un grupo de coloridas bufandas en el pecho de Carolyn y luego se movió más allá, murmurando, —Que os divirtáis. Carolyn no se movió otra vez hasta que él llegó a su habitación y la dejó sobre la cama. Ella se movió dormida en el momento en que la soltó, moviéndose sin cesar sobre un lado, su mano extendida como si le buscase a él. Christian sonrió y se giró para cerrar la puerta, luego se quitó los pantalones vaqueros mientras regresaba a la cama, sus ojos moviéndose con avidez sobre Carolyn con su vestido de cuero arrugado. Ella estaba de lado, las copas de cuero todavía por debajo de sus pechos de cuando él las había bajado, dejando a la colorida variedad de bufandas de seda como la única cubierta de la parte superior de su cuerpo. Su falda estaba hasta ahora alrededor de sus caderas desde su unión baja, dejándola al descubierto para su placer. Su mirada se deslizó hacia las bufandas, y decidió que no la iba a atar mientras ella dormía. No quería que despertara y se encontrara a sí misma atrapada sobre la cama e indefensa. Pero lo haría una vez estuviera despierta y si no protestaba. La idea le hizo sonreír. Christian estaba erecto antes incluso de arrastrarse sobre la cama y comenzar a sacar las bufandas.


16 Carolyn se agitaba en su sueño con un profundo gemido, arqueando su espalda para presionar su cuerpo en algo caliente, levantando sus senos en algo más cálido como la pasión despertando en ella. Jadeando mientras el placer barría su pecho y todas las partes de su cuerpo, abrió los ojos y miró hacia abajo a la mano jugando con su pezón. ― ¿Christian? ― Dijo con incertidumbre. Él se rió, mordiendo su oreja suavemente. ― ¿Quién más podría ser? Antes de que pudiera responder, él había soltado su pezón y deslizado su mano entre sus piernas y Carolyn se apretó contra él con un grito ahogado. Sintiendo la dureza presionando contra su trasero, ella instintivamente se removió para encontrarlo. Pero Christian dejó de tocarla para coger su mano antes de que ella pudiera. ― No me toques o te voy a atar a la cama, ― gruñó. Carolyn se echó a reír sin aliento y terminó en un grito de asombro cuando su mano se deslizó entre sus piernas de nuevo. ―Pero yo quiero tocarte, ― gimió ella, cuando llegó detrás de ella otra vez. El momento que ella temía, Christian dejó de acariciarle para cogerla la mano. Le dio la vuelta sobre su espalda, luego pasó sobre ella, con su boca ahogando su queja forzando su mano por encima de su cabeza. Cuando sintió algo suave deslizándose alrededor de su muñeca y tirando con fuerza, Carolyn rompió el beso para echar un vistazo sorprendida. Una bufanda de seda se colocaba en un poste de la cama y ahora sostenía su muñeca. Carolyn se volvió para mirarlo con asombro, pero su atención estaba en la otra mano cuando él la levantó y colocó otra bufanda alrededor de ella también. Bajando la cabeza la miró y le preguntó, ― ¿Todo bien? Ella lo miró fijamente y luego le susurró con incertidumbre, ―No lo sé. ― Di la palabra y me detendré, ― le prometió Christian pasando por su cuerpo, con sus labios al fin sobre su piel, deslizándose primero en un lugar, luego en otro, deteniéndose para aguijonear aquí y succionar a su paso. Carolyn se mordió los labios, sus manos instintivamente agarrándose a las ataduras que la detenían mientras hacían de ella una comida, él mordisqueo su clavícula, lamiendo el camino hacia abajo entre sus pechos, dejando la parte inferior de cada uno antes de succionar sus pezones.


Carolyn abrió la boca, dividida entre la incertidumbre y el placer, Christian continúo hacia abajo, subiendo el vestido de cuero reuniéndolo alrededor de la cintura para encontrar y seguir el hueso de su cadera, haciendo que ella se retorciera como algo entre las cosquillas y el placer que corría a través de ella. ― Oh, ― jadeó ella mientras sus labios se perdían más abajo en su forma. Ella levantó la cabeza y lo miró, con los ojos muy abiertos, cuando empezó a agacharse entre las piernas. ― ¡Oh...! er... ¡Ohhhh! ― Gritó Carolyn, tirando fuerte de sus ataduras y arqueándose en la cama cuando el placer se disparó a través de ella como una bala, llegando a sentir cada nervio de su cuerpo. Carolyn no era consciente de que trataba de cerrar sus muslos, pero sentía a Christian presionándola y sosteniéndola de nuevo. Ella no tuvo mucho conocimiento después, a excepción de la presión que se construía en ella. Tenía un mar excitado, ondas golpeando contra la orilla de su cerebro después de estrellarse contra las olas, provocando que ella no pudiera pensar en otra cosa que no fuera lo que estaba experimentando. La dejó jadeando y sin poder recuperar el aliento, luego la levantó, y tomó sus caderas en sus manos para levantarla de la cama y empujarse a sí mismo en ella. Carolyn tiró frenéticamente de los lazos, gritando cuando él la empujó sobre el borde donde el agua profunda de la oscuridad se cerraba sobre su cabeza. Carolyn abrió los ojos a una habitación fresca iluminada sólo por la luz que llegaba del cuarto de baño a través de la puerta entornada. Ella sabía dónde se encontraba y a la vez se quedó inmóvil por un momento, disfrutando el calor del pecho de Christian a su espalda y su brazo alrededor de ella hasta que la necesidad de aliviarse a sí misma la obligó a salir de debajo de su brazo y bajarse de la cama. Se detuvo entonces y miró hacia él, admirando su belleza. Fuerte, apuesto, su rostro sin problemas, tan condenada y desgarradoramente joven en la penumbra. Se mordió el labio, Carolyn se dio la vuelta y entró de puntillas al cuarto de baño. Se deslizó en el interior, cerró la puerta, y luego se enfrentó a su propio reflejo en el espejo. Se detuvo en seco, olvidando su necesidad de orinar mientras se miraba a sí misma. Todavía llevaba el vestido de cuero de Gia, aunque era más bien un ancho cinturón de cuero alrededor de su cintura en ese momento, dejando al descubierto los pechos que no eran tan vivos como lo habían sido a la edad de Christian y los muslos en los que ella juraba que podía ver celulitis. Pero el verdadero horror estaba del cuello para arriba. Su cabello era un desastre revuelto en torno a un rostro que parecía horrible a la luz cruda. Su máscara de pestañas le había dejado marcas oscuras debajo de cada ojo, su constitución estaba


endurecida en algunos lugares, y faltaba en otros en los que se había corrido, y su lápiz de labios, una parte en ellos y la otra mitad sobre la piel manchada alrededor de ellos. Se veía... como una vieja vagabunda, se juzgó severamente. ― ¿Qué estás haciendo aquí? ― Le susurró Carolyn a su reflejo y vio sus ojos vidriosos, formando una fina capa de lágrimas hasta que su visión se tornó borrosa. Con la respiración entrecortada, se trasladó al lavabo, abrió los grifos, agarró una toalla, la humedeció y se lavó la cara con saña hasta dejar su piel roja por el esfuerzo. Luego echó la toalla a un lado y cerró los grifos antes de arriesgarse a verse de nuevo. Ella no se había lavado con un milagro el paso de los años. Sólo parecía vieja y manchada ahora a su dosis de cinismo. Carolyn se dio la vuelta y comenzó a tirar del vestido de Gia, tirando de las copas con cinta en su lugar y la falda hacia abajo. Una vez que se cubrió tan decentemente como pudo, hizo una pausa para tomar aliento y miró con cautela a la puerta, escuchando los sonidos de la otra habitación. Cuando el silencio llegó a su oído, contuvo el aliento y se movió en silencio para abrir la puerta. Christian todavía dormía, donde lo había dejado, pero Carolyn no contaba con que continuara haciéndolo por mucho tiempo. Esta era la primera vez que en realidad había estado despierta antes que él. Cada una de las cinco veces que él había despertado antes, ella era traída a la conciencia por medio de palabras dulces y caricias suaves, cuando él la tomaba y otra vez la llevaba a tales extremos de placer que se desmayaban al final. No habían hablado nada más que con jadeos y gemidos después de la primera vez que se habían despertado cuando él la ató, y apenas había hablado entonces. No tenía ni idea de lo que él quería de ella, o de qué se trataba todo esto, y tenía miedo de averiguarlo. Carolyn salió del cuarto de baño y cruzó de puntillas hasta la puerta del vestíbulo. Ella escuchó brevemente, pero cuando no oyó nada, abrió la puerta, echó un último vistazo a Christian cuando murmuró dormido en la cama, luego se deslizó, corrió a lo largo del pasillo y bajó las escaleras como si todos los perros del infierno estuvieran en sus talones. No se molestó por sus zapatos o por cualquier otra cosa, pero se dirigió directamente a la puerta principal y estalló en una carrera que no detuvo hasta que llegó a la vuelta y comenzó a bajar el camino hacia su propia villa. Retrocedió a un trote entonces, pero siguió adelante, deslizándose alrededor de la parte de la terraza y por las puertas francesas de su habitación. Sus ojos se posaron en la puerta del baño mientras se deslizaba dentro de su habitación, y Carolyn se acercó a un rápido ritmo. Entró, empujando la puerta que se cerró detrás de ella mientras se apresuraba hacia adelante. En el momento en que llegó a la taza del baño, se agarró el estómago y simplemente se dejó caer de rodillas


y comenzó a vomitar mientras Bethany llamaba y llamaba a la puerta del dormitorio. *** Christian rodó sobre su costado en la cama y buscó a Carolyn, entonces abrió los ojos con el ceño fruncido cuando no la encontró de inmediato. Él tenía la mirada perdida en el espacio vacío a su lado, luego se sentó, sus ojos giraban alrededor de la habitación. Vio la puerta del baño entre abierta, se levantó y caminó hacia ella, pero cuando la abrió, la habitación estaba vacía. Había pruebas de que ella había estado allí, sin embargo, notó la toalla manchada de maquillaje en el suelo. Con una mala sensación subiendo por su espalda, cruzó la habitación para salir deprisa a la sala. Sin embargo, pudo ver a simple vista que estaba vacía, y el silencio que se instaló en torno a él al momento en que dejó de caminar le dijo que nadie se movía. Maldiciendo, se apresuró a regresar a su habitación para arrastrarse en sus pantalones vaqueros y una nueva camiseta, luego se apresuró a regresar a la carrera a las escaleras hasta la puerta principal. Pero al momento en que sus pies tocaron el paseo de piedras calientes, Christian se dio cuenta que había olvidado los zapatos, pero no regresaría por ellos. Tenía que ver a Carolyn, hablar con ella. Él debía asegurarse de hablar con ella antes de esto, se reprendió. Pero cada vez que había despertado para ver su cuerpo suave y cálido junto a él en la cama, su hambre por ella había vuelto a la vida y hablar había sido la última cosa en su mente. Sin duda, ahora estaba al frente de sus pensamientos, sin embargo. Y estaba acompañado de un pánico embriagador. ― Ella no corrió, ― se aseguró Christian cortando a lo largo de la terraza y dirigiéndose rápidamente por la ladera de la montaña. ― Fue a su casa para cambiarse o algo así y no quiso despertarme. La tranquilidad sonaba hueca a sus oídos, y el pánico de Christian agarró su camino hasta su garganta, cuando saltó al borde de la carretera en la ladera de la montaña. No debió haberlo hecho, y Christian lo sabía. Era mediodía según suponía. Si alguien la había visto… Pero a él no le importaba. Tenía que llegar a Carolyn. Esa era la única cosa en que su mente podía concentrarse, mientras se apresuraba por el sendero de su villa y tocaba el timbre. Oyó el sonido de la campana en el interior, el golpeteo de los pasos y se relajó. Ella estaba aquí. Hablarían. Iban a estar bien, pensó antes de que la puerta se abriera para revelar a una de las camareras del complejo, con un manojo de sábanas usadas en sus brazos. ― ¿Sí? ― Le preguntó cortésmente. Christian casi pasó junto a ella dentro de la villa, pero se contuvo, y dijo, ― Necesito hablar con Carolyn.


― Las mujeres que alquilaron esta villa están fuera, ― le dijo cortésmente y comenzó a cerrar la puerta, pero él la atrapó antes de que cerrara. ― ¿Dónde está? ― La camarera se volvió con sorpresa. ― No lo sé. En un recorrido a lo mejor. ― ¿Pero ella no se ha marchado? ― Dijo Christian sombríamente. ― No, todavía se hospeda aquí, ― dijo ella, comenzando a mirarle con recelo. ― Ellas están fuera ahora mismo, creo. ― De acuerdo, ― murmuró Christian, lo que le obligó a relajarse. ― Gracias. Él cerró la puerta y se volvió para caminar de regreso por el sendero. Carolyn estaba todavía en el complejo. Ella no estaba de momento. Y tampoco estaba Bethany. Probablemente habían bajado a almorzar o algo así. Ella no había huido... todavía. Se iría a duchar, a cambiarse de ropa y luego iría a encontrarla. *** ― ¿Seguro que no quieres regresar a la villa? ― Preguntó Bethany con preocupación. ― Te ves terriblemente pálida. ― No, estoy bien, ― dijo Carolyn a la vez, pero era una mentira total y absoluta. Se sentía como el infierno. Su dolor de cabeza desde la noche anterior había regresado, junto con las náuseas y la vibración que la había acosado el día anterior en el barco y la noche antes de estar en la cama. Pero luego supuso que ella se lo había hecho a sí misma al solo tomar café en el desayuno antes de subirse al autobús para el tour de compras, y luego simplemente recoger desinteresadamente su almuerzo. Lo que realmente quería era regresar a la villa y meterse en la cama. Sin embargo, Christian sería capaz de encontrarla allí. Si él la estaba buscando, pensó Carolyn con tristeza. No estaba segura de que sería peor, que no fuera en su busca en absoluto, o que en un futuro la buscara. La idea de tener que enfrentarse a él después de todo lo que habían hecho la noche anterior... o, en realidad, de lo que le había hecho ella, pensó con el ceño fruncido. Él no le había permitido tocarlo en absoluto después de la primera vez en la terraza, pero la ató y la inmovilizó, llevando sus manos sobre su cabeza cuando él mismo se metió en ella. Pero él la había desatado después de cada ronda. Se había despertado y encontrado a sí misma entre sus brazos y no aprisionada cada vez. Gracias a Dios, Carolyn pensaba, o de lo contrario, la última vez que despertó primero no habría podido


escapar. A pesar de que tenía ese pensamiento, una parte de su cerebro se estaba riendo de ella. La parte que sabía que Carolyn realmente deseaba no haberse despertado la primera después de todo, de lo contrario aún estaría ahí con él. Habría sido feliz si no hubiera despertado primero y salido de su cama. ― Bueno, si estás segura, ― dijo Bethany. ― Vamos a ir a buscar esas tiendas por ahí. Ese vestido en el escaparate uno se ve bien. Podrías comprarlo en caso de que tengas suerte y tengas una cita. ― Bethany se dirigió hacia la tienda, pero sus palabras habían hecho que Carolyn se detuviera abruptamente cuando el horror se apoderó de ella. El comentario inocente, ―en caso de que tengas suerte‖ la había azotado como un latigazo. Ya había tenido suerte, más suerte de la que nunca había imaginado. Pero fue la parte de conseguir una cita la que estaba causando su horror. Se acordó que ya tenía una cita. Esta noche. Con Jack. El hombre con el que tenía la intención de tener un romance. Carolyn se quejó. La sola idea ahora la hacía sentirse con náuseas de nuevo. No sabía lo que estaba pasando entre ella y Christian. Parte de ella quería arrastrarse de vuelta a su cama, pero otra parte estaba de pie atrás y jadeando con horror al hecho de que se había acostado con alguien mucho más joven que ella, una vez. Más bien, en seis ocasiones, se corrigió, y se preguntó si contaba como una o seis veces si pasaba en la misma noche. Carolyn negó con la cabeza por la ridícula preocupación. Eso no importaba, ni lo que hizo, si bien ella no sabía qué hacer al respecto de Christian, sabía condenadamente bien que no estaba preparada para sumergirse de su cama a la de Jack. ― Carolyn, vamos, ― dijo Bethany, sonando irritada y luego levantó las cejas cuando el teléfono de Carolyn empezó a sonar desde el fondo de su bolso. ― Ve delante. Probablemente sea de la oficina, ― dijo Carolyn, hurgando en su bolso. ― Me pondré al día. ― Bethany asintió con la cabeza y se dirigió a la tienda primero mientras Carolyn buscaba su teléfono. Pulsó el botón de respuesta y lo apretó contra su oído, suspirando, ― ¿Hola? ― ¿Caro? ― ¿Jack? ― Exclamó Carolyn con asombro, abriendo los ojos con una especie de horror. Era como si al pensar en él hubiera provocado que la llamara. ― Sí, ― sonrió. ― Genie me dio tu número de móvil cuando le dije que teníamos una cita esta noche y no pude encontrarte en la villa. ¿Ella dijo que estabas de compras con Bethany, la que se apresuró fuera del barco ayer por la mañana?


― Yo… Sí, ― susurró, con los ojos pasando automáticamente por la tienda en la que su amiga había desaparecido. ― Bueno, no te pierdas al volante. Ya que tendría que dirigir mi barco hasta allí para buscarte de nuevo para nuestra cita. Carolyn le dio una risa nerviosa y cerró los ojos, tratando de encontrar la manera de manejar esto. No era exactamente algo con lo que tratara a menudo. Bueno, nunca había manejado nada como esto antes. ¿Que se suponía que tenía que decir? Vaya, Jack, eres muy dulce, pero Christian me folló ayer por la noche tontamente y me siento un poco incómoda al salir contigo ahora. ― Uh… oh, los turistas están de vuelta. Tengo que bajar, pero… ― ¿Los turistas? ― Le interrumpió ella. ― ¿Estás en el crucero ahora? ― En Soufriere otra vez, ― respondió. ― No es nada divertido sin ti por el camino. Carolyn hizo una mueca. ― Si estás en el barco, ¿cómo conseguiste mi número con Genie? Jack se rió entre dientes. ― Con algo que se llama teléfono móvil. ― Por supuesto, ― murmuró Carolyn, sintiéndose estúpida, pero probablemente era una estupidez por el momento. Azúcar en la sangre, recordó. Tenía todos los síntomas otra vez de nuevo: la desorientación, torpeza y, al parecer, la disminución de la inteligencia. ― Me tengo que ir, hermosa. Sólo quería asegurarme de que sabías a qué hora me esperabas. Voy a recogerte a tu villa a las seis, ― anunció, y luego colgó con un alegre ― ¡Diviértete con las compras! ― Antes de que ella pudiera decir nada. Carolyn aparto el teléfono de su oreja y lo miró sin comprender. A continuación, comprobó sus llamadas recientes, pero se encontró con un número desconocido en el teléfono. No podía volver a llamarlo para cancelar, se dio cuenta, con una consternación que se arrastraba sobre ella. *** ― ¿Qué quieres decir con que se había ido cuando te despertaste? ― Marguerite arrastraba a Christian a la cocina mientras se dirigía a la nevera. ― Justo lo que dije, ― le espetó, atrapando una bolsa de sangre. ― Me desperté y ella se había ido. ― Bueno, ¿fuiste tras ella? ― Preguntó Marguerite con preocupación mientras perforaba la bolsa con sus colmillos.


― Ha ido a la villa por lo menos una docena de veces, que yo sepa y ha estado haciendo lo mismo las últimas dos horas, ― contestó en voz baja Gia, llamando la atención de Marguerite. ― Pero aunque ella ha estado fuera todo el día. Sus cosas todavía están allí, sin embargo. ― Entonces no se ha ido, ― dijo Marguerite con alivio y se volvió hacia Christian. ― ¿Qué te dijo cuándo hablaste con ella? Hizo una mueca alrededor de la bolsa en su boca y fue su padre quien respondió. Entrecerrando los ojos en su rostro, Julius gruñó, ― Él no ha hablado con ella. ― ¿Qué? ― Ella se quedó sin aliento y se volvió con sus penetrantes ojos por la revelación hacia Christian. Él se quedó allí y a su manera dejó el control de sus pensamientos y recuerdos, estaba demasiado cansado para cuidarlos hasta que ella gritó, ― ¡Idiota! Sorprendido, Christian miró sobre su bolsa. ― Lo siento. Te amo y no eres idiota, ― dijo a la vez, y luego caminó un par de pasos antes de girarse de nuevo para añadir, ― Pero eres un idiota. Christian sólo parpadeó. Él no era idiota, ¿pero lo era? Bien. Gracias, mamá, pensó. ―Lo siento, ―repitió ella, moviéndose hacia atrás para acariciar su hombro. ― Quiero decir que no hablar con ella fue una idiotez. Christian, esto es demasiado importante como para estropearlo así. Podrías perderla. Necesita… ― Lo sé, ― interrumpió él, apartando la bolsa vacía de sus colmillos. ― Debí haber hablado con ella. Y quise. Simplemente... ― Hizo una mueca. ― Se me escapó. No me esperaba que fuera tan... ― Traté de advertirle, ― dijo Julius solemnemente. ― Cuando se reúnen los compañeros de vida es como una bomba atómica yendo del cuerpo al cerebro. Te conviertes en un idiota. ― Sí, ― Christian se volvió hacia la nevera por otra bolsa. ― Voy a hablar con ella esta noche. Me dirigiré de nuevo a su villa después de que termine de comer. Ella tiene que volver algún día. ― ¿Cuándo hiciste la última visita? ― Preguntó Marguerite, moviéndose a la ventana del comedor para mirar hacia la villa de abajo.


― A las cuatro en punto, ― respondió él, agarrando una segunda bolsa de sangre y empujando la puerta cerrada. ― Luego me quedé dormido durante un par de horas. ― Hace dos horas, ― murmuró Marguerite. ― Ella debe haber vuelto entre entonces y ahora. Christian se puso tenso. ― ¿Ella está ahí? ― Ella se va, ― dijo Marguerite, y mientras corría a su lado, agregó, ― Con esa persona que parece un capitán. ― ¿Ese hijo de puta lujurioso? ― Gritó con indignación Julius, tras los talones de Christian. ― Él no es lujurioso, ― dijo Marguerite en voz baja, cuando Christian vio a la pareja entrar en una furgoneta de veraneo en la carretera de abajo. ― ¡Ja! Si pensaras que no lo es no hubieras leído sus pensamientos, ayer por la noche cada vez que miraba a Carolyn, ― murmuró Julius, con el ceño fruncido. ― Sus pensamientos eran mucho menos calificación X que los de nuestro hijo, ― señaló Marguerite. ― Sí, pero se supone que tiene pensamientos de ese tipo, ―argumentó Julius otra vez, y luego frunció el ceño. ― ¿Pero qué diablos no te molesta que la compañera de vida de nuestro hijo está saliendo con otro hombre?. ― Él es un hombre honorable y no la está forzando, ―dijo Marguerite con un encogimiento de hombros, y luego añadió, ― Y después de la última noche con Christian... Carolyn no ve ningún avance... esta agitada. Eso puede ser algo bueno. ― ¿Algo bueno? ―Preguntó Julius dubitativo. ― Los besos del Capitán Jack serán como agua al lado del mejor champán en comparación con los de Christian. Será bueno para ella ver eso. Christian se puso rígido, apretando los dedos alrededor de la bolsa de sangre con el mismo pensamiento del Capitán Jack besando a Carolyn. ― El agua sacia la sed, ― gruñó Julius. ― Entonces vamos a tener que esperar que no tenga sed, después de anoche, ― dijo Marguerite con firmeza y miró a su alrededor con inquietud cuando la bolsa en la mano de Christian cedió a la presión, salpicando sangre por todas partes. *** ― ¿Es mi imaginación o tu amiga parece... eh...?


― ¿Enfadada? ― Sugirió Carolyn con ironía cuando Jack vaciló. Ella no se sorprendió por la pregunta, al igual que había esperado tanto tiempo para hacerla. Habían conversado a brazos cruzados sobre su crucero de un día y su viaje de compras por la unidad en el pintoresco restaurante que había elegido, y luego a través de las bebidas y la primera parte de la cena antes de que finalmente hubiera hecho la pregunta sobre Bethany. ― Sí, enfadada, ― admitió con una sonrisa. ― No estoy acostumbrado a que las mujeres me odien a primera vista. ― No eres tú. Estaba enfadada conmigo por no habérselo contado antes, ― le aseguró Carolyn, y pensó que era algo así como un eufemismo. Bethany estaba furiosa de que no le hubiera hablado sobre su coqueteo con Jack y de su cita. Al ver la forma en que las cejas de Jack se habían levantado, Carolyn murmuró, ― Yo estaba un poco achispada, cuando volví de la embarcación. ― Un poco, ― admitió él. ― Pero fue culpa mía. Yo estaba un poco agresivo con el punzón. En mi defensa, ― agregó rápidamente, ― no tenía la intención de aprovecharme, sólo quería relajarme y disfrutar. ― No me obligaste, ― dijo Carolyn, absolviéndolo de la culpa y luego continuó, ― De todos modos, cuando vio la forma en la que estaba, inmediatamente insistió en que me acostara, por lo que no llegué a hablarle de ti después. ― ¿Y después de que te habías acostado? ― Preguntó Jack. Carolyn tenía una sonrisa forzada. Ella no había estado realmente abajo, pero estaba bien con su suposición, por lo que simplemente dijo, ― Entonces estaba con Christian y su familia. Y… ― añadió con ironía, recordando su malestar cuando se había aparecido en la mesa. ― ¿Y luego? ― Preguntó Jack. Carolyn se encogió de hombros sin poder hacer nada, sintiendo su rostro sonrojarse al recordar lo que había estado haciendo con Christian después de salir de la sala la noche anterior. Agachando la cabeza, cogió su vaso de agua para evitar encontrarse con su mirada. ― ¿Así que cuando le hablaste de mí? ― Preguntó al cabo de un momento. Carolyn suspiró y admitió, ― Alrededor de una hora antes de tu llegada. Cuando él no respondió en un primer momento, miró de mala gana hasta verlo mirándola con los ojos entornados especulativos. Sin embargo, ella no estaba preparada para que él le preguntara, ― ¿Y qué pasó con el chico de la banda después de que te sacaron de la sala?


Carolyn se le quedó mirando, sintiendo la sangre en su rostro y luego de nuevo diluvio, espetó, ― Me dijo que no era gay. Jack se hundió en su asiento, con la decepción deslizándose por su rostro. ― De acuerdo. Así que sus celos eran sobre ti después de todo. ― No lo sé, ― murmuró, bajando los ojos. ― Sí, lo sabes, ― dijo con una sonrisa. ― Si él me hubiera podido castigar severamente antes de salir de Soufriere ayer, lo habría hecho. ― Cuando Carolyn permaneció en silencio, le preguntó, ― ¿Dijiste que su prima te dijo que era gay? ― Gia, ― admitió, incómoda. ― ¿Por qué? ― ¿Importa? ― Preguntó ella, de repente impaciente. ― Es demasiado joven para mí. ― Y ese hecho no me dice exactamente lo que no quiero oír, ― dijo en un suspiro. Cuando sus ojos se abrieron por la sorpresa, él sonrió con ironía. ― Cariño, te has enamorado del chico y lo único que te detiene es su edad. Creo que su prima sabía que sería un problema para ti y te dijo que era gay por lo que ibas a llegar a conocerlo y no correr. ― ¿Qué te hace pensar que habría corrido? ― Preguntó Carolyn con asombro. Mientras ella le miraba, no le gustaba la idea de que otros pudieran ver a través de ella tan fácilmente. ― Cara, soy del tipo que sólo tiene que beber para relajarme y que me conozcas, ― dijo con una sonrisa. ― Mujer, has corrido escribiendo todo sobre ti. Cuando ella se hundió sintiéndose desgraciada, dijo, ― No se necesita más de un momento en tu compañía para saber que eres buena, una mujer de buen corazón que no tiene mucha experiencia y que se quemó ganando la poca experiencia que tiene. Ahora sé que corres antes de arriesgarte a hacerte daño de nuevo... ― Pero no quiero que me guste Christian. ― Ella apretó la boca cerrada cuando se dio cuenta de cómo sonaba al quejarse. Suspirando, tomó una respiración profunda. ― Prefiero que me guste alguien como tú. Y lo hago, ― añadió rápidamente. Los labios de Jack se contrajeron, y luego dijo con regocijo, ― Te das cuenta que la mayoría de las mujeres no me creerían una opción mucho mejor que un chico que forma parte de una banda, ¿verdad? Quiero decir, objeto el dar saltos y dejar responsabilidades de mi vida en Canadá para hacer crecer mi cabello y holgazanear en un barco en el Caribe. Mi vida está hecha de sol, diversión, punzón y un desfile interminable de mujeres. ― Carolyn parpadeó.


― ¿Un desfile? ―Se echó a reír para su sorpresa. ― ¿No parezco del tipo de playboy para ti? ― Bueno... Es sólo que quiero decir... bueno, eres bueno, ― señaló ella sin poder hacer nada. ― ¿Esperabas que los playboys fueran idiotas? ― Preguntó divertido. ― Mi esposo lo era, ― murmuró. ― Ah, ― dijo Jack, y asintió con la cabeza. ― Quemada. ― Carolyn hizo una mueca y lo miró con solemnidad. ― ¿Por qué el interés en mí? ― Ella alzó las cejas con sorpresa. ― Quiero decir, me haces sonar como un ratón, huyendo alocadamente. ¿Por qué a ti o a cualquier otro hombre que le interesará…? ― El nerviosismo es parte de tu encanto. Y el hecho de que es probable que corras lo convierte en un reto, ― dijo Jack en voz baja. ― A los gatos le gusta la persecución. ― Cuando su boca se abrió, él sonrió y se encogió de hombros. ― No tiene sentido una conquista si las mujeres se lanzan sobre ti. ― ¿Así que Christian esta sólo interesado en mí porque soy una conquista? ― Preguntó con consternación. Si era así, había coqueteado ayer por la noche y, probablemente, la había dejado poco antes de que le diera el arranque, pensó, y entonces se dio cuenta de que Jack estaba sacudiendo la cabeza. ― Oh no, ― dijo cuando tenía toda su atención. ― El chico de la banda no es un gato, los gatos no miran a las mujeres de la manera en que él te mira, o se arrastran por el suelo con la emoción apenas contenida, como la que bullía en él cuando te sacó de la pista de baile. Estas en él para ganarte a largo plazo. Él quiere todo de ti... tu cuerpo y tu alma. Apostaría mi vida en ello, ― le aseguró solemnemente. ― Pero es… ― Demasiado joven, ― finalizó Jack secamente y luego se encogió de hombros. ― Bien. Entonces, estoy todavía en el juego. Ahora termina la cena y vamos a pedir el postre. Carolyn hizo una mueca a su plato medio vacío. No tenía hambre, pero se puso a comer de todos modos. Ella casi se había caído por las escaleras de la nave de regreso al complejo esta tarde, y no habría creído que el conductor no la vio en su vaivén en la parte superior de la escalera y la agarró cuando ella empezó a caer. Carolyn no se saltaría otra comida otra vez hasta que no tuviera azúcar en la sangre.


Por extraño que pareciera, al momento en el que terminaron de comer, Carolyn y Jack estaban charlando como si el sujeto Christian no hubiera sido mencionado. Ella estaba realmente impresionada con la forma en que lo logró en realidad. Después, caminaron a lo largo del puerto, discutiendo los lugares que ambos conocían en Toronto, y en los lugares en que habían estado aquí en Santa Lucía, así como los lugares que él pensaba que debería ver. A continuación, se detuvieron para tomar una copa antes de regresar. En el momento en que regresó a la villa eran casi las 11:30. Ella esperaba que él terminara de dejarla e irse, pero él la acompañó hasta una de las furgonetas, anunciando que la vería volver a su puerta.


17 —Oh. — Carolyn se quedó mirando a la furgoneta irse con alarma. —Le dije al conductor que volvería caminando. Es bueno para mí, — dijo Jack con una suave sonrisa. —Además, no lo quería sentado allí mirando cuando intentara que me dieses un beso de buenas noches. Carolyn se sonrojó y se giró rápidamente hacia su puerta, de repente se puso nerviosa, mientras trataba de encontrar la manera de evitar el beso. Hizo una pausa a mitad de camino, sin embargo, cuando él empezó a reír. Volviéndose, ella le miró con incertidumbre.—¿Qué es tan gracioso? —Estás corriendo de nuevo,— dijo con regocijo. —A pesar de que sabes que me gusta la caza. Sus ojos se abrieron. —No, yo… Deteniéndose frente a ella, Jack deslizó sus brazos alrededor de su cintura. Miró hacia abajo en silencio por un momento y luego dijo, —Eres una mujer hermosa, Caro. ¿Christian te besó después de decirte que no es gay? Los ojos de Carolyn se abrieron como platos y empezó a sacudir la cabeza, pero él simplemente le tomó la barbilla y levantó su cara hacia arriba, diciendo con ironía, —Eso sería un sí. Suspirando, ella asintió con la cabeza. —De acuerdo. Pero es demasiado joven. Por lo tanto,— le sugirió, atrayéndola un poco más cerca. —¿Cómo te sientes sobre dejarme besarte? Si soy tan bueno o mejor que él ...— Él sonrió. —Entonces no necesitas preocuparte por él o su edad más y puedes empezar a preocuparte por mí. Carolyn se quedó en silencio durante un minuto, su mente acelerada. A ella le gustaba Jack, no tanto como Christian, pero tal vez con un poco de tiempo... También era guapo, y cercano a su edad. Ciertamente, no sería algo malo si ella disfrutaba de sus besos tanto como los de Christian. Tal vez sería igual que con muchos hombres y ella estaba perdiendo la cabeza y enamorándose por la total falta de experiencia. Carolyn parpadeó mientras el pensamiento se deslizaba a través de su cabeza. ¿Perder la cabeza y enamorarse? Qué, era renuente incluso a pensar en algo tan ridículo como eso, se forzó a sí misma a relajarse, llevó su mano hacia arriba alrededor del cuello de Jack e inclinó su cabeza para besarlo.


Carolyn estaba preparada para fuegos artificiales. Después de todo, a ella le gustaba, él pensaba que era atractiva, y al parecer tenía bastante experiencia por lo que no cabía duda sobre que él sabía lo que estaba haciendo. Realmente pensó que esto resolvería todos sus problemas. Pero en lugar de los fuegos artificiales ella tuvo bengalas. Oh, un calor lento, perezoso pasó a través de ella cuando sus labios se movieron sobre los suyos, y el calor la instó a abrir sus labios para permitir la entrada de su lengua. Ella incluso suspiró y se acercó un poco más cuando sus manos la instaron a ello. Pero no fue cohetes y fuegos artificiales como con Christian, y sintió una profunda decepción cuando él rompió el beso y levantó la cabeza para mirarla fijamente. —¿Y bien? –Preguntó, con voz áspera. Carolyn sonrió. —Fue muy agradable. —¿Agradable? —Preguntó con incredulidad.—Cariño, eso hizo que se me cayeran los calcetines. —¿Lo hizo?— Preguntó Carolyn con sorpresa. —Bueno, eso no es un cohete en mi bolsillo presionándote,— dijo secamente. —Y por lo general no respondo con tanto entusiasmo a un beso. —Lo siento— murmuró, repentinamente consciente de la presión de su no-cohete en su contra. Jack frunció el ceño y la miró lentamente. —Tus pupilas están dilatadas, tu respiración más pesada, y tus pezones están erectos. A ti también te gustó. Carolyn enrojeció ante la franca evaluación pero le aseguró rápidamente. —Me gustó. Fue… —Agradable,— terminó, con una mueca cuando ella se cortó. La insatisfacción cruzó su rostro, y luego negó con la cabeza, alejándose de ella, y se volvió para irse, sólo para inmediatamente volver atrás. —En una escala del uno al diez, ¿qué valor le das a este beso? —Diez,— respondió Carolyn honestamente, porque en realidad había sido agradable. No había sido besada solo por Robert, aunque no por montones de hombres. Pero no había habido el coqueteo ocasional en la oficina de las fiestas de Navidad o semejantes. En esa escala, Robert había sido un uno, pero algunos de los otros habían alcanzado quizás cinco o menos. Jack era definitivamente un diez en comparación con ellos.


Él asintió con la cabeza como si hubiera verificado algo, y luego preguntó, —¿Y los besos del chico de la banda qué valor tuvieron? Carolyn suspiró. —No puedo compararlos, son ...— Ella movió la cabeza sin poder hacer nada, y admitió, —Cuando me besa el mundo se desvanece. No puedo escuchar o ver o respirar nada más que a él, y mi cuerpo estalla con un placer tan abrumador que yo… —Jesús, mírate,— murmuró con fascinación, volviendo a examinarla más de cerca. —Ardes de sólo pensarlo... y estás temblando. Carolyn tragó saliva y bajó la cabeza, luego la levantó de nuevo y exclamó, —Él hizo más que darme un beso la pasada noche. —Él durmió contigo. — Jack no parecía en absoluto sorprendido. —Seis veces,— admitió Carolyn temblorosa. —Y cada vez me desmayé al final. Fue demasiado abrumador y correcto todas y cada una de las veces... ¿Qué estás haciendo? — Preguntó con sorpresa cuando le agarró la mano y de repente se volvió para arrastrarla por el camino. —Hacerte un favor, — dijo sombríamente. —¿Dónde se está quedando? —¿Por qué? —Preguntó con cautela. —En la villa encima de la tuya, ¿no?— Preguntó Jack tirando de ella por el camino. —¿Cómo lo sabes?— Se quedó sin aliento por la sorpresa. —Debido a que no dejabas de mirar hacia allí antes y después de que te besara,— dijo secamente. Carolyn hizo una mueca. Ella había mirado varias veces, pero no había nada para ver. La villa estaba a oscuras. —Él no está allí. Y yo no entiendo lo que estás haciendo de todos modos. —Como dije, estoy haciéndote un favor. —¿Qué favor? —Exclamó, dando tumbos detrás de él. Hizo una pausa y se volvió bruscamente, la capturó en sus brazos para sostenerla cuando estuvo a punto de estrellarse contra él. Mirando hacia abajo con solemnidad, Jack dijo, —Cariño, he estado con más mujeres de las que puedo contar y nunca se acercaron a lo que acabas de describir. De hecho, fue el beso más caliente que he disfrutado y no fue nada como eso. Y...— en gran medida, agregó, — Yo nunca, nunca he oído hablar de sexo tan poderoso que la mujer se desmayara o se desvaneciera. Si tienes eso con él, entonces debes estar con él, no importa quién sea,


qué sea, o qué edad tenga. —Él se desmayó también,— murmuró Carolyn con desconcierto y levantó la vista con sorpresa cuando él maldijo y gruñó, —Afortunado hijo de puta,— cuando se volvió la continúo arrastrando. —Pero él no está allí, — protestó una vez más mientras giraban hacia el camino de Christian. —Oh, está ahí, — le aseguró Jack. —Estoy bastante seguro de que estaba allí de pie con un montón de otras personas observando desde las ventanas cuando te ayudé a entrar en la furgoneta cuando nos fuimos antes. —¿Él nos ha visto? —Preguntó con consternación. —Sí. Es probable que esté sentado allí guisando y a la espera de que regreses desde entonces, —dijo.— Además, podía sentir su ceño ardiente en la parte de atrás de mi cuello mientras te besaba. Carolyn se mordió el labio, pero preguntó, —¿Una especie de salpullido hasta la parte posterior de tu…? —Sí. Eso es. Lo sentí cada vez que te toqué en el barco también. Es por eso que lo reconocí. —Maldita sea,— respiró Carolyn, y luego comenzó a tirar de su mano en serio. Si Christian la había visto besándose... —No puedo ir allí. —Mujer, no es momento para ser cobarde,— dijo Jack con firmeza, arrastrándola hacia delante. —Lo que tenemos aquí es una cosa de una vez en la vida, tal vez una vez en cada mil vidas. Y te garantizo que nunca lo encontrarás de nuevo. —¿Pero y si él no me quiere? —Oh, confía en mí, él te quiere,— le aseguró. —¿Una mujer que hace que te desmayes? Es suficiente para hacer que un hombre adulto llore de envidia. —Pero si nos vio besarnos… —Él lo hizo. Y sin duda me vio arrastrándote aquí también. Vas a estar bien. —Pero… —Cállate, Caro,— dijo Jack con gravedad. —Podría arrastrarte a mi casa y disfrutar de un poco de la pasión que probé hace sólo unos minutos. Tal vez para toda la vida sería bueno. Pero yo siempre sabría que no podría competir con lo que él podría darte. Estoy haciendo esto por ti, idiota.


Su boca permaneció bien cerrada mientras llegaban a la villa de Christian. Hizo una pausa y tocó el timbre, la empujó delante de la puerta y se volvió para alejarse. —¿Sólo vas a dejarme aquí?— Gritó Carolyn, girando detrás de él. —¿En la puerta, como un bebé abandonado? Jack se detuvo a mitad de camino por el sendero y se volvió. —Me gustas cariño, y estoy haciendo esto por ti. Pero me gustas demasiado y no me importaría ver el amanecer, así que… ¡oh mierda! Carolyn se tranquilizó, tuvo la certeza sin girarse de que la puerta se había abierto detrás de ella y de que Christian estaba allí. Podía sentir su calor. —Ella te quiere a ti no a mí,— dijo Jack bruscamente. —No puedo hacer que se sienta como tú lo haces, y lo hizo muy obvio. Pero ella tiene un problema con la diferencia de edad por lo que tienes que… Jack se detuvo y Carolyn jadeó mientras su mano fue agarrada de repente y ella fue sacudida con fuerza a los brazos de Christian. Tenía la boca sobre la de ella al mismo tiempo, devorándola y establecimiento esos cohetes que había perdido cuando Jack la había besado. Carolyn creyó oír a Jack terminando con un irónico, —Funciona,— pero las manos de Christian se movían sobre ella ahora, moldeando su cuerpo y luego ahuecándose detrás de ella tumbándola en el suelo. Carolyn gimió en su boca, incluso cuando sus cuerpos se deslizaron juntos. Le pareció oír a Jack murmurar, —Eso es como un jodido incendio forestal,— ella le dejó ponerla sobre el suelo y echó los brazos alrededor del cuello de Christian y las piernas alrededor de su cintura. Ella se aferró mientras se volvía para llevarla lejos de la puerta. —Uh... os voy a abrir la puerta, ¿de acuerdo?—Exclamó Jack. — ¿Y pondré tu bolso aquí en el suelo? Por lo menos ella pensó que él dijo eso. Era difícil que se preocupara mucho con una de las manos de Christian ahuecándole el trasero y apretando, presionando con más fuerza contra él, mientras que la otra encontró uno de sus pechos y apretó mientras subía las escaleras. Su mano izquierda estaba en su pecho, cuando llegaron a la cima de las escaleras, y Carolyn se estremeció cuando sintió que la cremallera de su vestido se deslizaba por su espalda, y luego él la llevaba a través de su habitación, directamente al baño. Sentía el azulejo frío bajo sus pies cuando él la bajó, y cuando se rompió el beso miró a su alrededor, la confusión fue a través de ella cuando vio que estaban en la ducha.


—¿Qué...?— Comenzó con incertidumbre y se quedó boquiabierta cuando Christian abrió los grifos y el agua fría cayó sobre ellos. —Puedo olerlo en ti,— gruñó, tirando del vestido sobre sus hombros mientras el agua se calentaba. —Él me dio un beso,— murmuró Carolyn y se quedó boquiabierta cuando él tiró de ella hacía sus brazos para besarla de nuevo. Sintió el chasquido de su sujetador al soltarse, y cuando lo dejó caer al suelo Christian empujó hacia abajo sus bragas. En el momento en que las tuvo fuera de sus caderas, el material húmedo se deslizó hacia abajo a la piscina que su vestido había hecho alrededor de sus tobillos. De inmediato la sacó de ella y la atrapó entre su cuerpo y la pared, le rodeó con sus piernas contra sus pantalones húmedos. Christian luego cogió el jabón y comenzó a frotarlo entre sus manos. —Christian, yo… Sus palabras terminaron en un grito de sorpresa y cerró los ojos cuando se le cayó la barra de jabón y comenzó a recorrer con sus manos enjabonadas su cara y su garganta. A continuación, las deslizó hacia arriba y hacia abajo por sus brazos y más para cubrir sus pechos. Aferrándose a sus hombros, Carolyn exclamó, —Oh,— y se arqueó en sus manos mientras la enjabonaba. A continuación, se dejó caer con un pequeño suspiro, mientras sus manos se alejaban para curvarse sobre la piel alrededor de ellos, y por sus lados. Estaba siendo tan metódico como cuando Jack había estado a punto de aplicar la loción bronceadora. —Él sólo me dio un beso,— le susurró Carolyn, empezando a sentir como si estuviera tratando de lavar una mancha. —Él no me tocó. Tú eres el único que me ha tocado en siete años. —Él te tocó en el barco cada vez que podía,— murmuró Christian, y ella alcanzando su cara, le obligó a mirarla. —Pero no como tú lo haces, y él no me hizo sentir como tú lo haces cuando me tocas, —dijo con firmeza. —No creo que nadie pudiera. Christian la miró en silencio y luego su rostro se relajó y la tensión se alejó de su cuerpo. Sus manos comenzaron a moverse de nuevo, deslizándose lentamente ahora en la curva detrás de ella y levantándola un poco más alto contra la pared. Sin embargo, buscando su mirada, a continuación, llevó una mano alrededor y la metió entre sus piernas abiertas. Carolyn abrió la boca y la empujó con fuerza contra las frías baldosas, con las piernas apretando alrededor de sus caderas mientras sus jabonosos dedos se


deslizaban. —Gime para mí,— susurró, con los dedos bailando a través de su carne. — I vostri gemiti sono musica. Cantano per me,— tus gemidos son música. Canta para mí. Ella jadeaba ahora, luchando contra el placer, pero Carolyn negó con la cabeza y esbozó una sonrisa torcida, cuando le desafió. —Hazme hacerlo. Sus ojos se abrieron con incredulidad cuando de pronto se encendieron de color plata brillante. Luego inclinó la cabeza hacia atrás contra la pared de azulejos fríos y gritó mientras sus dedos se deslizaban entre sus pliegues, para que el pulgar pudiese rozar el corazón de su excitación hasta que un dedo se deslizó dentro de ella. A continuación ese dedo se retiró, y ella se quejó, entonces el dedo volvió. —Hermoso,— jadeó Christian con voz ronca. Carolyn inmediatamente bajó la cabeza y le besó con fuerza. Cuando de pronto los volvió contra el chorro de agua, simplemente cerró los ojos herméticamente mientras el agua lavaba la espuma de su cuerpo que giraba y se retorcía bajo su toque. Carolyn era vagamente consciente de que el agua se detuvo de súbito, y con un movimiento Christian la colocó sobre una superficie suave. La cama, vio al abrir los ojos. Estaban en la habitación ahora, y luego sus ojos se dirigieron de nuevo a él mientras retiraba la mano de entre sus piernas y se enderezaba para quitarse los vaqueros mojados. —No te vayas nunca, mientras yo estoy durmiendo,— murmuró, instando a sus piernas. —Promete que no te irás esta vez hasta que hablemos… —Yo… Carolyn jadeó cuando él la arrastró a la orilla de la cama y se deslizó dentro de ella. —Prométemelo,— insistió mientras se retiraba. —Lo prometo,— jadeó mientras se deslizaba hacia adentro y luego lo repitió con cada embestida. —Lo prometo. Te lo prometo. Te lo prometo. Christian abrió los ojos, instantáneamente alerta, el pánico aferrándose a él cuando vio la amplia extensión vacía de la cama a su lado. Se lo había prometido, pensó con tristeza y luego se dio cuenta del calor en la espalda y miró por encima de su hombro. Carolyn. Christian se relajó. Se sentó y tuvo una mejor visión. Su espalda estaba hacia él y ella estaba de lado en el mismo borde de la cama. Si se movía lo más


mínimo era probable que se cayese. Él era un cerdo en la cama, Christian se dio cuenta con consternación y llegó hasta ella, con la intención de moverla del borde de la cama, pero entonces dudó. Si la tocaba, no sería capaz de parar, y luego no hablarían de nuevo y... Christian hizo una mueca. Ya se había abalanzado sobre ella una vez sin hablar. No era una buena idea hacerlo de nuevo. Tenía que convencerla de que tenía una relación con él. Tenía que hacerla enamorarse y confiar en él, porque él la necesitaba. Un murmullo somnoliento le llamó la atención, se centró en Carolyn de nuevo mientras se giraba sobre su espalda con un suspiro, la sábana se deslizó hacia abajo para revelar un pecho. Christian se encontró frente a la pequeña loma pálida, perfecta con su areola rosada. Él se humedeció los labios y de inmediato se inclinó hacia ella, pero se contuvo justo antes de tomarla en su boca. Tenían que hablar. Tenía que no tocarla para poder hablar, se recordó con severidad y comenzó a levantarse, pero se detuvo de nuevo cuando vio que su pezón se había puesto erecto, cada vez más prominente. ¿Su respiración había hecho eso? Se preguntó con fascinación, y luego Carolyn se movió de nuevo dormida, la sábana se deslizó de su otro pecho también. Ahora estaba frente a una fiesta de dos platos. Maldita sea, no estaba haciendo esto fácil para él. Su mirada se deslizó de un pecho al otro, haciéndole ver que no estaba erecto al igual que el primero. Parecía un poco desequilibrado, decidió. Realmente debería equilibrar eso para ella. Inclinado sobre él, sopló el segundo pezón, y luego se levantó un poco para comparar con el primero. Maldita sea, ahora el segundo estaba mucho más grande que el primero, un soplido aparentemente causaba más excitación que la simple respiración. Hum, mejor arreglar eso, pensó, y volvió su atención hacia el primer pezón. Él tenía la intención de solo soplar, pero en realidad una rápida lamida podría funcionar igual de bien. Podía resistir después de una rápida lamida, se aseguró y deslizó su lengua por el pezón, apretando los ojos cerrados cuando una rápida mano de placer se deslizó a través de él. Maldita sea, había olvidado del placer compartido. Todo era nuevo para él, y Christian no estaba muy seguro de cómo funcionaba, pero al parecer tenía que estar


en contacto físico para experimentarlo, porque no lo había sentido cuando había respirado o soplado sobre ella ... y eso le dio una idea. Deslizándose de la cama, cruzó la habitación y salió al pasillo dándose prisa hacia el cuarto de Gia. La casa estaba en silencio. Todavía era temprano, aunque, bueno, probablemente para los de su clase. El concierto en el salón había terminado a las once, y los demás habían ido a una discoteca en la ciudad, dejándolo solo a esperar el regreso de Carolyn. Había pasado el tiempo hasta que ella llegó caminando a lo largo de la pared con ventanas, mirando a la villa, mientras maldecía por lo bajo y murmuraba para sí mismo como un loco. Al final, había sido sólo media hora antes de que la furgoneta se detuviese y vomitara a Jack y Carolyn, pero se había sentido como horas para él. Se había sentido como el infierno... por lo menos hasta que había tenido que ver con impotencia como Jack rodeaba con sus brazos y besaba a Carolyn, a continuación, había descubierto lo que era un verdadero infierno. Christian había querido bajar la montaña y arrancar la espina dorsal del hombre por su espalda, y todavía no estaba seguro de cómo se había controlado lo suficiente como para no hacer eso. Pero entonces, Jack parecía estar a punto de irse, se volvió, la pareja había hablado unas pocas palabras, y de repente Jack arrastraba a Carolyn por la montaña como un padre arrastrando a casa a una niña traviesa después de capturarla haciendo algo que no debería. El hombre se la había entregado a él, aunque la quería para sí... porque Carolyn sabía lo que quería. Increíble, pensó Christian, mientras se deslizaba en la habitación de Gia. Él nunca se la daría... sin importar el porqué. Si sus esfuerzos para convencerla de aceptar una relación con él fallaban y ella huía, él la seguiría a Canadá, o a los confines de la tierra, si fuese necesario. Habría comprado o alquilado una casa o apartamento cerca de ella, lo haría de modo que no pudiese evitarlo, y perseguirían su sueño juntos hasta que la combinación la convenciese. No la podía perder. Era tan simple como eso. Haciendo una pausa en el armario, abrió la puerta, sus ojos se deslizaron sobre la ropa de Gia. Ella tenía algunos trajes muy salvajes, y algunos accesorios interesantes también: bufandas, guantes, cadenas y plumas, entre otras cosas. Era el de plumas el que había venido a buscar. Podía recorrer el cuerpo de Carolyn sin que el placer compartido le abruma. Pero la idea de los guantes de Gia de repente le hizo hacer una pausa. Si los llevaba puestos... ¿podría tocarla sin sentirse abrumado por el placer compartido?


Por supuesto, las manos de Gia eran mucho más pequeñas que las suyas. Los guantes no le valían. Pero siempre se podía comprar guantes. Y le valdrían a Carolyn. Si el trozo de tela le impidía experimentar el placer compartido, podía dejarla tocarlo usandólos. Era un pensamiento. No iba a permitir que evitara tocarlo para siempre. Mientras que ella no había parecido darse cuenta de que él le había impedido tocarlo esta noche, había estado creciendo su impaciencia con su negativa a permitírselo al final de su primera noche juntos. Tenía que intentar algo. En este momento, sin embargo, él quería plumas. ¿Dónde demonios guardaba Gia las cosas como esas? *** Carolyn se agitó soñolienta y abrió los ojos mientras se estiraba en la cama. Dios, se sentía bien. Cálida, feliz, satisfecha. El último pensamiento la hizo sonreír y su mirada buscó a Christian, o donde se esperaba que estuviese, pero él no estaba allí. Sorprendida, ella se sentó y luego se deslizó de la cama para cruzar al cuarto de baño. Carolyn encontró la habitación vacía y empezó a alejarse, pero luego se detuvo, bajó la cabeza y la giró hacia atrás. Se mordió el labio, dudó un momento, luego, lentamente, levantó los ojos a su reflejo en el espejo, y dejó escapar un lento suspiro. Bueno, eso no era tan malo, decidió Carolyn. Estaba desnuda, sin vestido de cuero alrededor de su cintura. Supuso que sus senos todavía eran firmes, no tanto como lo habían estado a sus veinte años, y ella no era exactamente esbelta, pero podía vivir con eso. Lo que realmente hacía la diferencia era que esta vez no había ningún maquillaje entreverado en su cara o los ojos manchados del negro rímel. Christian le había lavado la cara en la ducha. Se veía bien... así... bien, aunque no genial. Ella podía mejorarlo con un poco de lápiz labial y rubor tal vez, pero no se veía tan mal como lo había hecho la última vez que había despertado aquí. Entregándose una sonrisa irónica, Carolyn se fue del baño, haciendo una mueca, cuando vio su vestido; un montón húmedo en el suelo de la ducha. Luego regresó al dormitorio y miró a su alrededor. Christian aún no había regresado y cuando vio la camiseta negra, tirada en una silla, se acercó a agarrarla. Carolyn se la puso por la cabeza, murmurando de placer mientras inhalaba su aroma. Dios, siempre olía tan bien. La camiseta se detuvo debajo de su trasero, decidió que era lo suficientemente


bueno, sacó su pelo de la nuca y se acercó a la puerta. La casa estaba en silencio mientras ella se deslizaba fuera de la habitación y se dirigía hacia las escaleras. Christian no estaba en la sala de estar. Pudo ver que estaba vacía mientras descendía por las escaleras, por lo que giró a la izquierda en el último descansillo para entrar en la cocina y miró su entorno a la expectativa, mientras se deslizaba en su interior. Él no estaba allí y la decepción de inmediato la reclamó cuando se preguntó donde había ido. Por lo que ella sabía las otras habitaciones eran sólo otros dormitorios. ¿Habría dejado la villa? ¿Después de hacerla prometer no irse antes de que hablasen? Ella frunció el ceño otra vez, pensando que no iba a regresar. Fue rápido seguido por la preocupación de que lo haría, y comenzó a preocuparse por la forma en que la saludaría, cómo le daría la bienvenida. Esta era otra situación a la que no estaba acostumbrada. Suspirando, Carolyn se acercó a las ventanas del comedor. Mirando a la noche, ausente, estiró el cuello de la camiseta que llevaba y acercó la nariz para poder respirar su aroma una vez más. Por alguna razón el olor de él la tranquilizó y la hizo sonreír. Christian tenía un olor celestial. Sus besos también eran celestiales, y su tacto y... Sintió comenzar en su cuerpo un cosquilleo al pensar en qué tan celestial eran sus besos y sus caricias, Carolyn tuvo un escalofrío y se abrazó a sí misma, apenas capaz de creer que él la quería. A la pequeña y aburrida Carolyn Connor. Y sin duda ella lo quería. No había manera de que él fingiese la pasión que le mostraba. ¿Por qué no? Robert lo había hecho, le susurró la persona que interrumpía en su cabeza. Pero ella había sido bastante inexperta entonces, Carolyn discutió con ella misma. Además, Robert la había engañado con palabras dulces y besos que no se podían comparar incluso con los de Jack, no le llegaban ni a la suela de los zapatos a Christian. Y Robert nunca había hecho el amor con ella seis veces en una noche, o hecho todo las cosas deliciosas que Christian le había hecho... No, se aseguró Carolyn, Christian no estaba fingiendo su pasión. Él la quería. El problema era, que no sabía lo que él quería de ella. Jack había dicho que Christian


quería algo a largo plazo, que quería su cuerpo y su alma, pero tenía miedo de dejarse llevar por sus esperanzas. Porque tenía un miedo tonto de enamorarse de él. Carolyn dejó caer la camiseta de nuevo en su lugar con un suspiro y trató de ordenar sus sentimientos. Había pasado mucho tiempo con Christian durante los últimos días, la mayor parte del tiempo con él, en realidad. Se habían relajado juntos, hablaron mucho, y se divirtieron. Ella disfrutaba mucho de su compañía. De hecho, disfrutaba de su compañía más que de la de Bethany. Pasar tiempo con Beth siempre parecía sacarla de su depresión y sentimiento de desesperanza por alguna razón. Tanto es así que Carolyn había estado en realidad bastante decepcionada cuando había regresado a casa para encontrar que su amiga se sentía mejor. Sobre todo porque eso significaba que no sería capaz de pasar tiempo con Christian. Ella disfrutaba más de su compañía, tenía más diversión con él, se echaba a reír con él. Él la hacía feliz. Pero eso no era todo. De alguna manera había llegado a confiar en él. Carolyn no estaba segura de cómo había sucedido. Pero lo hizo. No le habría dejado atarla a la cama ayer por la noche si no hubiera confiado en él. También había confiado en él para cuidar de ella en el crucero de ayer. Carolyn no creía que hubiera bebido tanto como había hecho si no hubiese sabido que Christian la estaba mirando desde la parte trasera de la embarcación. A pesar de su cólera, había estado segura de que iba a estar allí al final del viaje para ver que estuviese segura en el barco y de vuelta en la villa. Como lo había hecho. Pero ¿qué quería de ella? ¿Qué era exactamente lo que Jack había querido decir cuando dijo que sabía que Christian quería algo a largo plazo? ¿Y estaba él, incluso en lo cierto? Carolyn cambió su peso de un pie al otro con frustración. Ella no sabría las respuestas a todo esto hasta que hablara con Christian. Pero la idea la dejaba con la boca seca y nerviosa. Haciendo una mueca, se volvió y se dirigió al otro ambiente cocina/ comedor, y se deslizó alrededor de la isla a la nevera. Tenía sed y sabía que había agua embotellada aquí. Christian había conseguido sus dos botellas anoche.


Carolyn pensó que no le importaría conseguir otra mientras esperaba, y tiró de la puerta de la nevera abriéndola y luego se limitó a mirar. Había agua. Varias botellas en una misma fila en los estantes de la puerta de la nevera. Aunque fue la parte principal la que la hizo detenerse. Estaba llena de lo que tenía que ser más de medio centenar de bolsas de líquido rojo, todas apiladas una encima de la otra, y se parecían sospechosamente a sangre. El sonido de voces en la otra habitación había terminado súbitamente así que rápidamente cerró la puerta de la nevera y se movió de allí sintiéndose culpable. No tenía ni idea de que estaba haciendo allí la sangre. Christian había mencionado una alergia al sol, pero nunca había mencionado hemofilia o algo así. Aunque, no estaba segura de que los hemofílicos llevaran a todas partes bolsas de sangre con ellos, e incluso si lo hacían, ¿seguramente no necesitarían tantas? Frunció el ceño y se dirigió hacia la puerta y luego se detuvo. Obviamente, el resto de la banda había regresado, y mientras ella estaba cubierta y relativamente decente, ella... bueno... prefería no ser vista dando vueltas en nada más que una camiseta de Christian. Dios, que todos sabrían que ella… que ellos…querido dios, pensó con un suspiro. —¿Caro? Carolyn miró hacia la puerta para ver a Gia allí, con el resto de la banda detrás de ella y de inmediato sintió que su rostro se calentaba. En realidad, lo sintió en todo su cuerpo, sospechaba que se estaba sonrojando todo el camino hasta sus pies. —Hola, — dijo débilmente, tirando de la parte inferior de la camiseta de Christian, que de repente parecía muy corta ante sus miradas. —¿Dónde está Christian? — Preguntó Gia. —Eee... en realidad... no estoy segura. Vine aquí buscándolo,— admitió, y a continuación, al no ver esperanza para el caso, cuadró sus hombros y se dirigió con rapidez hacia delante, murmurando, —Creo que voy a volver a su habitación ahora mismo. Carolyn estaba bastante segura de que su rubor se estaba oscureciendo, y que probablemente se parecía a un tomate con piernas mientras se apresuraba hacia adelante, pero para su alivio, Gia se hizo a un lado y los hombres se apartaron para dejarla pasar. Murmurando un avergonzado —Gracias,— pasó junto a ellos, se acercó a la escalera y se escabulló hacia la planta de arriba.


18 ― ¿Christian? ¿Qué estás haciendo? Pasando del armario, Christian encontró de pie a Gia en la puerta y respiró con alivio. ― Gracias a Dios que has vuelto. ¿Me prestas…? Se detuvo, sorprendido cuando ella de repente cruzó la habitación para tomar una de las dos túnicas dispuestas en la cama y tiró de él. ― Cúbrete, ― le dijo con disgusto cuando él la agarró. ― Te quiero, cugino, pero no lo suficiente como para verte agitando las joyas de la familia en mi cara. ― Lo siento, ― murmuró, tirando de la túnica. ― ¿Y qué es lo que quieres pedir prestado? ― Preguntó Gia una vez que estuvo decente. ― Oh, sí. ¿Me prestas una pluma? ¿Y tal vez un par de guantes? ― ¿Por qué quieres...? ― Sus palabras se desvanecieron mientras se concentraba en su frente, y luego dijo, ― Ewww. No. No puedo. Christian estaba hundido en la decepción cuando ella añadió, ― Puedes tener el par de guantes y la pluma, pero no los quiero de vuelta. Nunca. Christian sonrió ante su expresión de disgusto mientras ella se movía hacia el tocador. ― Sólo estás celosa porque he encontrado a mi compañera de vida y tú no lo has hecho. ― Sí, ― ella estuvo de acuerdo, buscando los elementos deseados. ― Esperemos que puedas aferrarte a ella. ― Yo. Yo no voy a dejar ir a Caro, ― le dijo con gravedad, tomando la pluma roja y los guantes negros que le tendió. ― Entonces será mejor encontrar una buena excusa para lo de la sangre en la nevera, ― dijo Gia en voz baja. Christian se puso rígido. ― ¿Qué? ¿Por qué? Ella no sabe nada… ― Ella se despertó y fue a buscarte. En la cocina, se detuvo por una botella de agua y halló la sangre.


Se sintió palidecer. ― ¿Y qué hizo ella? ― No te preocupes, ― dijo Gia con dulzura. ― Carolyn realmente no sabe qué hacer con eso en este momento. Hemofilia cruzó por su mente, pero no tuvo mucho tiempo para pensar al respecto. Porque entonces volvimos, ella nos oyó y cerró la puerta de la nevera. Estaba de pie en el centro de la cocina mirándonos con culpabilidad cuando entramos, por lo que leí en su mente, ― explicó Gia, y luego añadió, ― Y descubrí que ella te ama. Christian sintió que su corazón tartamudeaba en su pecho. ― ¿En serio? Gia asintió solemnemente. ― Tal vez deberías ir a decirle que la quieres mucho. Por lo menos, deberías distraerla de pensar en la sangre. Christian cabeceó, pero vaciló y frunció el ceño. ― ¿Cómo diablos voy a explicar lo de la sangre si me pregunta sobre eso? ― Dile que es sangre falsa para el espectáculo. Christian se volvió a mirar hacia la puerta por el retumbar de Santo. El hombre estaba de pie apoyado en el marco de la puerta, con los brazos cruzados. Alzando las cejas, Christian le preguntó, ― ¿El espectáculo? Santo se encogió de hombros. ― Las bandas de rock hacen todo tipo de cosas raras, muerden cabezas de murciélagos y esas tonterías. Dile que Zanipolo quería usarla en el espectáculo, pero que el resto de nosotros lo rechazó. ― ¿Por qué Zanipolo? ― Preguntó Gia divertida. ― Porque esta lo bastante loco como para hacer algo así, ―dijo Santo secamente. ― Bien. Esa es buena, Santo, ― dijo Christian, asintiendo con la cabeza mientras se movía hacia él. ― Gracias, ― dijo Santo torciendo irónicamente los labios y apartándose para dejarlo pasar. ― De vez en cuando hago más con la cabeza que solo afeitarla. ― Y me alegro de que lo hagas, ― dijo Christian con ironía mientras se movía hacia el pasillo. ― Porque nada venía a mi mente para explicarlo. Oyó gruñir a Santo cuando él se apresuró a volver a su habitación.


Christian se encontró a Carolyn en el baño usando una de sus camisetas y colgando su vestido en la puerta de la ducha para dejar que se secara. Él la observaba en silencio, tratando de encontrar la forma de sacar el tema de la sangre en la nevera. Él no sabía que sabía ella. ― Oh, ― murmuró Carolyn sorprendida cuando se volvió y le vio. Un rubor repentino se deslizó lentamente sobre su piel, y sonrió. ― Lo siento, no estabas aquí cuando desperté, fui a buscarte… De pronto hizo una pausa azotando la mano que sostenía los guantes y la pluma detrás de su espalda. Era mejor que ni siquiera pensara en el tema hasta que hablaran, de lo contrario nunca llegaría a la conversación. Al ver la pregunta en el rostro de Carolyn, concluyó, ― Una sorpresa. ― ¿Ah? ― Carolyn se quedó dónde estaba, pareciendo insegura. ― Espera aquí. ― Christian se volvió para abrir la cómoda de su habitación y guardar las cosas prestadas, luego gritó, ― ¿Cara? ― ¿Sí? ― Ella apareció en la puerta del cuarto de baño. ― ¿Tienes sed o hambre? ― Le preguntó inocentemente. ― Sed, ― admitió Carolyn tranquilamente. Asintiendo con la cabeza, Christian agarró uno de los dos trajes que habían caído al suelo antes, cuando había llevado a Carolyn a la cama y se lo tendió a ella. ― Vamos. Iremos a por un trago y a ver si el servicio de habitaciones está disponible. ― Oh... eh... tus primos están de vuelta, ― dijo ella incómoda. ― Es por eso que te estoy dando la bata, ― le dijo divertido. ― Sí, pero... Sus cejas se levantaron cuando notó la vergüenza y la incomodidad en su rostro y dijo suavemente, ― Cara, no hay razón para sentir vergüenza por mi familia. Ellos entienden la situación. ― ¿En serio? ― Preguntó ella con incertidumbre. ― Porque yo no…


Christian volvió a lanzar la bata a la cama. La charla sobre ellos sería antes que la de la sangre entonces. Obviamente no estaba tan preocupado por la sangre que tenía en la nevera, mientras no se tratara de lo que estaba pasando entre ellos. Pensó que tenía que ser algo bueno. Mostraría un poco de confianza, ¿no es así? Ella no saltaría a conclusiones locas y que de repente se preocupara de que fuera un monstruo o algo así. Volviéndose, vio una mirada de anhelo y miedo en su rostro antes de que rápidamente bajara la cabeza, y sintió su corazón apretarse. Gia dijo que lo amaba, y esa mirada le hizo sentirse bastante seguro de que Gia tenía razón. Pero ese amor no iba a tranquilizarla sobre lo que ella pensaba respecto a la diferencia de edad. Él podría tranquilizarla bastante rápido con sólo decirle todo, pero sus sentimientos eran demasiado nuevos y tenía miedo de lo que pasaría si no era lo suficientemente fuerte como para soportar lo que tenía que decirle. Tenía que trabajar con lo que sí podía decirle. ― Te amo. Su rostro se acercó, con los ojos muy abiertos, y entonces ella comenzó a negar con la cabeza. ― Sé que me quieres. Por lo menos estoy bastante segura de que no has estado fingiendo, pero ¿amor? ― Sí, amor, ― dijo Christian con firmeza y luego frunció el ceño. ― Carolyn, sé que tu marido hizo un número en ti. Eso obviamente te dejo sintiéndote… ― Vieja, fea, inútil e indigna de amor, ― dijo Carolyn con voz apagada. ― Bastardo, ― respiró Christian, luchando con la furia cuando vio sus ojos vidriosos por las lágrimas. Si alguna vez se encontraba con el hombre… Cortó sus propios pensamientos. La ira no serviría de nada. Necesitaba que le hablara de él, y le suplicó, ― Ayúdame a entenderlo. Háblame de él. La lucha comenzó en su cara y, por un momento, temió que no confiara en él lo suficiente como para hablar de ello todavía, pero entonces ella comenzó a hablar. ― Me encontré con Robert en una cafetería, en una soleada tarde de domingo. Literalmente tropecé con él. Me aparté de la barra con mi café y me estrellé contra él derramando el café sobre los dos. Estaba avergonzada y molesta, por supuesto, pero él fue muy dulce y agradable, al asegurarme que todo era culpa suya... ― ella tenía la boca apretada. ― Resultó que todo había sido culpa suya. Que había planeado todo el asunto.


Sus ojos parecían lejanos con una combinación de ira y pesar, pero Christian no hablaba, tenía miedo de respirar siquiera y poner fin a sus revelaciones. Finalmente estaba hablando de su matrimonio, y aunque sabía que el hombre no la había tratado bien, no conocía todos los detalles, y sospechaba que necesitaba saberlos para poder manejar las cosas. ― En fin, ― dijo Carolyn con un suspiro. ― Lo siguiente que supe era que me había comprado otro café, me acompañó a una mesa y estaba charlando conmigo... ― Ella hizo una mueca y dijo, ― Brent se había ido hacía casi un año, y yo estaba sola, por eso había ido a la cafetería en primer lugar. Allí había gente, ruido y... Ella se encogió de hombros. ― Nos acabamos quedando allí toda la tarde. ― Era encantador y dulce, y deslumbró con todo, con la atención, las miradas de admiración, las bonitas felicitaciones, y todo lo que era ese hombre inteligente y exitoso de negocios. ― Ella soltó un bufido. ― Me dijo que era vicepresidente de finanzas en una gran empresa internacional, con sede en Toronto. Más tarde supe que también era mentira. Pero que también lo era todo lo demás, ― dijo con cansancio y se quedó en silencio brevemente antes de admitir. ― Después, en un raro momento de honestidad le dejé, Robert me dijo cuán patéticamente fácil había sido para él hacer que lo quisiera. Se jactó de ello en realidad. Apenas había tenido que trabajar en ello en absoluto. Poco encanto, algunos cumplidos, un par de citas y besos, flores y… ―como él lo puso― un poco de tonterías acerca de cómo nuestro feliz accidente debió ser el destino que nos empujara a estar juntos, y ya con eso me convenció fácilmente de volar a Las Vegas para una boda rápida. Él lo mataría, decidió Christian con calma. Cazaría al hombre al menos y… ― Luego volamos de vuelta a casa para encontrar al abogado de mi padre en la puerta de mi apartamento. ― Te volviste de pronto en alguien casada y rica, ― dijo él en voz baja. Carolyn asintió con la cabeza y dijo con amargura, ―La chica más afortunada del mundo: un nuevo esposo encantador, y ahora una herencia inesperada de la que ninguno de los dos sabía, es decir, yo no sabía de ella, así que, ¿cómo podría saberlo él, verdad? Carolyn negó con la cabeza y dijo con gravedad, ―No importa cómo se comportó y lo que dijo, yo tenía la certeza de que me había casado por amor y no por dinero y todo lo que podría resultar de ello.


Ella puso los ojos en blanco, como si eso fuera lo más estúpido para creer en el mundo, y continuó, ― Él fue tan increíble con todo. Así que me apoyó mientras veía morir a mi padre, tan ansioso por ayudarme a resolverlo todo, porque era mucho lo que tenía que manejar. Por supuesto, él renunció a su cargo de vicepresidente de finanzas de esa corporación imaginaria para convertirse en vicepresidente de la mía. ― ¡Qué amable de su parte! ― Dijo Christian con sequedad. ― Sí. ― Suspiró ella. ― Bueno, con todo lo que pasaba, no reparé de inmediato en el hecho de que mi matrimonio era casi una farsa. Ya teníamos habitaciones separadas en los primeros meses, pero era por mi culpa. Mis ronquidos le molestaban, lo soportó una docena de veces, pero una noche me despertó y me dijo que estaba roncando. ― Tú no roncas, ― le dijo Christian con gravedad. Carolyn se encogió de hombros. ―Me lo he preguntado desde entonces, pero en ese momento me sentía muy mal de que mis ronquidos perturbaran su sueño y me mudé a mi propia habitación para que pudiera obtener su descanso. El sexo luego fue prácticamente inexistente. No es que me importara, ― añadió con ironía. ― Pero no todo era tan maravilloso de todos modos. Quiero decir, no era sin duda nada como... eh... Ella se sonrojó y desvió la mirada. ― ¿Tan bueno como cuando hacemos el amor? ― Dijo él suavemente. Carolyn inclinó la cabeza y se precipitó a decir, ― No es que no crea que podría ser tan bueno con nadie de todos modos, pero… ― Él no se molestaba en complacerte, ― adivinó Christian en silencio cuando ella vaciló. Ella suspiró y luego dijo sin rodeos, ― Que si él sabía que tenía pechos o cualquier otra cosa además de un agujero entre las piernas, no podría decirlo. A él ni siquiera le gustaba besarme una vez que nos casamos. El sexo con él era frío y, a veces incluso doloroso a pesar del hecho de que… er… yo no era buena… er… o creada para ciertas áreas, ― murmuró ella, con los ojos bajando de su ingle hasta más lejos. Christian frunció suavemente los labios divertido por su obvia vergüenza, pero sus manos la apretaban por los costados mientras imaginaba la cama matrimonial donde la había estafado.


― De todos modos, el sexo se detuvo por completo después de un par de años. No estoy segura de por qué ahora me molesta si fue hace tanto tiempo, pero por mucho que no me importara, me sentí muy mal cuando se detuvo. Era defectuosa también en esa zona, y estaba segura que lo del sexo era mi problema. Estaba demasiado colgada arriba y era frígida. ― Tú no eres frígida, ― dijo él con firmeza. Ahora sus labios se curvaron en una sonrisa breve. ― Sí, he descubierto eso gracias a ti. ― Su sonrisa se desvaneció antes de casi haberse formado en su totalidad y agregó, ― Pero le creí cuando me dijo que lo era. Y también creí todo lo demás cuando su acto amable ― agradable murió y él comenzó a criticarme. Que era estúpida, fea, torpe, inútil… Básicamente no había nada bueno o valioso en mí, y que en realidad tuve mucha suerte de que me aguantara… como pasó con mi dinero. ― Ella se encogió de hombros. ― Captas la idea. Oh, sí que se le ocurrió la idea muy bien. El hombre se había fijado sistemáticamente en engañarla para casarse con ella por su dinero y luego mantenerla como su fuente de ingresos, asegurándose de hacerla creer que nadie más la querría. Realmente fue bastante increíble que fuera capaz de salir de eso por sí misma, pensaba Christian ahora. Ella no tenía ni familia, ni amigos, ni ningún sistema de apoyo en absoluto. Nadie para contrarrestar los insultos y abusos de Robert. ― ¿Cómo supo lo del dinero antes que tú? ― Le preguntó él bruscamente. ― Trabajaba para la agencia de detectives privados que contrató mi padre la última vez para encontrarme. Era un gañan de oficina que estaba detrás de un ordenador y que tenía aspiraciones de ser Magnum IP5, ― dijo con una risa seca. ― Él fue a quien pusieron en la tarea de encontrarme por medio de mi número de seguridad social. Y me encontró, y luego con la magia del ordenador encontró un poco más, y se enteró de que estaba sola. ― Deduzco que esta información le hizo considerar un cambio de carrera. Millonario era mucho más atractivo que ser IP, ― dijo ella con gravedad. ― Así que retuvo la información de que me había encontrado y les dijo que no había un número SIN registrado para Christiana Carolyn Carver. Christian parpadeó, aún no se acostumbraba a la idea de que su primer nombre era la versión femenina del suyo. 5

Investigador Privado


― Robert tomó un permiso de dos meses de ausencia, alegando que su padre tenía cáncer, y voló a Toronto para averiguar más, ― continuó Carolyn. ― Él descubrió muy pronto que estaba sola en el mundo, que era solitaria y estuvo dispuesto a ―chocar‖ conmigo. ― A continuación, una vez que lo hizo, mandó por correo electrónico su renuncia y un tímido reconocimiento a su jefe, de que por la preocupación por su padre, no había sido cuidadoso en la búsqueda de mi SIN y que tal vez quisiera que alguien más lo hiciera de nuevo. ― Que amable, ― dijo Christian con sequedad. ― ¿Y cómo supiste todo eso? ― Un accidente feliz en realidad, ― dijo ella con una leve sonrisa. ― La agencia de investigación que me encontró, contrató a nuestra agencia de publicidad para un trabajo. Jason Conroy, el propietario, quería un nuevo sitio Web con más fuerza, algunos anuncios en las revistas, la radio y, posiblemente, un comercial de televisión, aunque no estaba muy seguro del cómo. Y estaba muy preocupado por el tono adecuado, sin embargo, y voló a Toronto para reunirse conmigo y con el jefe del departamento creativo para discutir sugerencias. Robert salía de mi oficina cuando llegó Conroy. Robert se detuvo frente a mi puerta y se puso pálido. Nunca lo había visto así. Conroy parecía sorprendido de verlo también, y le preguntó cómo estaba, pero Robert se encontraba en tal estado de pánico que sólo murmuró y se apresuró a salir de la oficina. Ambos Conroy y yo nos quedamos sorprendidos, entonces mi cabeza creativa apareció y nos trasladamos a la sala de reuniones para hablar de su campaña. ― Todo iba bien, pero me di cuenta de que Conroy estaba distraído durante la reunión. ― Ella sonrió con tristeza. ― Él añadió cosas. Fue el último trabajo de Robert para la empresa. Él ya era mi vicepresidente. Y mi nombre ahora era Connors. ― Pero no eras ya Connors cuando su compañía te encontró, ― dijo Christian con el ceño fruncido. ― Robert no les envió el correo electrónico, sino hasta después de que nos fuimos a Las Vegas. ― Pero se llevó a cabo en Las Vegas. Había que registrarlo en Canadá, y tuve que solicitar una nueva identificación. Y no hice nada de eso cuando volamos de vuelta. De hecho entre la muerte de mi padre y lo demás, pasaron meses antes de que estuviera hecho, y luego Robert se encargó de eso. Aún legalmente era Christiana


Carolyn Carver cuando me encontraron. Christian asintió y ella continuó, ― A medida que me temblaban las manos después de la reunión, Conroy me dijo: ―Tu apellido ahora es Connors. ¿Te casaste?‖ Le dije que sí, que en realidad Robert era mi esposo, y que me di cuenta de que parecía que se conocían. Entonces él se quedó allí, sosteniendo mi mano, con expresión inmóvil durante un minuto, luego me preguntó se podía hablar conmigo. Le llevé a mi oficina y comenzó a hacer lo que pensé que eran preguntas muy extrañas, ¿Cómo y cuándo había conocido a Robert? Lo que me dijo sobre sí mismo y así sucesivamente… luego se quedó en silencio durante un largo rato. Pero, finalmente, comenzó a hablar… ― Él te dijo que Robert había trabajado para él, y que había estado en tu caso, ― dijo Christian en silencio y pensó que ese encuentro realmente había sido un accidente feliz. Sin él, Carolyn aún podría estar casada con el hijo de puta. Y ella nunca habría llegado aquí, y su madre no podría haberla conocido y él no la habría encontrado. ― Él me dijo más que eso, ― dijo ella con gravedad. ― Parece que Robert había mentido sobre su edad también. Era diez años más joven que yo, pero me había afirmado ser de la misma edad. ― Su rostro está arrugado, lo que lo hace parecer viejo para su edad, pero también se tiñó el pelo de gris en las sienes para mantener la mentira. Cuando lo dejó ir y comenzó a llevarlo más natural, pensé que en realidad había comenzado a teñirse para parecer más joven, ― admitió ella con fuerza. ― Algo más para reírse de mí cuando lo enfrenté. ¿Cómo no había hecho esas preguntas sobre él cuando vi su fecha de nacimiento en el certificado de matrimonio cuando lo firmé? Porque aún no lo había visto, porque lo firmé rápidamente y di un paso atrás. Para ese entonces era muy confiada y crédula, me dijo. ¿Cómo podía haber imaginado que alguien tan guapo y viril como él estaría interesado en alguien tan vieja y aburrida como yo? ― ¿Viril? ― Murmuró Christian, pero estaba pensando que no solo había sido el Robert cazafortunas abusivo, que él era diez años más joven y que eso lo había usado en su contra al final… con lo que supuso explicaba muchas de las actitudes de Carolyn. ― Él piensa que es viril, ― dijo Carolyn y sonaba más divertida que enfadada ahora. ― Y yo lo creía también en ese momento, pero luego las demás mujeres parecían estar de acuerdo, ― agregó y le explicó, ― Él persigue a las mujeres como un perro persigue coches. Incluso no puedo contar el número de asuntos en los que le atrapé mientras estábamos casados. Por supuesto, en cada ocasión se disculpó, explicándome que los tenía solo porque estaba muy fría con él, pero que me amaba


y no quería dejarme, y que esa era la mejor solución. Dejé de preocuparme de él hace mucho tiempo, ― agregó, ― Pero desde que te conocí a ti… ― ¿Qué? ― Preguntó Christian en voz baja. Carolyn se ruborizó, pero luego levantó la barbilla desafiante y admitió, ― Me he imaginado diciéndole que ni siquiera sabe lo que es ser viril. Que tiene piernas de pollo, barriga, el pecho de una niña de doce años, y que no tiene nada de qué hablar respecto a las joyas de la familia, por no hablar de la poca habilidad para usarlas. Y si no fuera por su cara bonita y su facilidad de palabra, dudaría que alguna vez echara un polvo. Le diría que probablemente era así que obtenía las cosas, porque las mujeres con más experiencia que yo no caerían tan rápidamente… Entonces le mostraría una foto tuya y le diría lo que es ser viril. Christian frunció los labios, divertido. ― Entonces eso es lo que vamos a hacer. Carolyn parpadeó y luego se sonrojó al pensarlo y negó con la cabeza rápidamente. ― Oh no, nunca haría eso. ― ¿Por qué no? ― Le preguntó con curiosidad. ― Sería demasiado, ― dijo ella simplemente. Christian levantó las cejas. ― ¿Estás preocupada por lo que piense un pedazo de mierda como ese? Carolyn le miró solemnemente. ―No se trata de él. Se trata de mí. Tal vez se lo merece, pero yo no voy a ser quien lo haga. No me voy a rebajar a su misma condición. Además ¿Por qué voy a gastar energía de más en él de la que ya se ha cobrado? La vida es demasiado corta como para desperdiciarla en una venganza mezquina y malvada. ― Ella se encogió de hombros. ― El divorcio no es fácil en Canadá. Va a costarme la mitad de todo lo que la agencia de publicidad y las inversiones han recaudado en los últimos años para deshacerme de él. No es tanto como él espera, porque no puede tocar la herencia original, pero aun así es una fortuna, yo quería pelear, pero mi abogado me dijo que no. Que vale la pena para poder librarme de él. ― Por supuesto, ― añadió ella con ironía, ― eso no significa que sea estúpido. Él trató de agarrar más, alegando que era frígida y así sucesivamente, por eso es que el divorcio ha tomado tanto tiempo. ― Por eso él no deja de vomitar excusas de porque debe obtener más, amenazándome con obligar a los tribunales si no están de acuerdo, y sabe que yo lo


quiero evitar. ― Tenía la boca apretada. ― Es bastante humillante saber que se casó conmigo por mi dinero, pero ¿tener que ir a la corte? ¿Para qué así todo el mundo se entere de lo que he tenido que aguantar todo este tiempo? ― Ella negó con la cabeza. ― Así que mi abogado se ha mantenido respondiéndole con rechazos y esforzándose por resolverlo. Pero, finalmente hace un mes, ya no pude soportarlo más. Quería irme. Así que le dije: ―Esta bien. Vamos a ir a la corte… y traeré a Conroy‖. De pronto él dio marcha atrás y ahora es solo cuestión de papeleo haciendo su camino por la corte, para entonces realmente me libraré de él. Carolyn hizo una pausa y se encogió de hombros con cansancio. ― Ahora que lo sabes todo. Ya sabes lo estúpida y patética que realmente soy. ― ¿Patética? ― Preguntó Christian con incredulidad y cruzó la habitación para tomar su cara entre las manos, obligándola a mirarlo. Entonces él le dijo solemnemente, ― Cara, una mujer más débil habría caído en el alcohol o las drogas. Incluso podría haberse suicidado por una década de abusos sistemáticos. Él hizo todo lo posible para que te sintieras completamente sin valor. Y estabas sola, sin ningún tipo de apoyo emocional. No eres patética, ― le dijo con firmeza. ― Eres inteligente y hermosa, y es obvio que tienes un núcleo de fuerza interior que la mayoría de la gente sólo podría desear, porque a pesar de todo, él no te aplastó. Tu espíritu está ahí, se asoma a veces cuando no estás en guardia, y eso me encanta de ti. Me encanta tu bondad, tu ingenio, tu sentido del humor y tu fuerza. Eres más valiosa que el oro para mí. La incertidumbre cruzó su rostro y trató de apartar la cabeza otra vez, pero él no se lo permitió y le dijo solemnemente, ― Yo te amo. Y no tengo ninguna necesidad o deseo por tu dinero. Incluso transferiré todos mis bienes a tu nombre, e insistiré en un acuerdo pre-nupcial para demostrarte… ― ¿Acuerdo prenupcial? ― Chilló ella con alarma, tratando de liberarse de su agarre. ― No voy a casarme contigo, Christian. Acabo de conocerte. No voy a dejarme llevar a otro matrimonio y ¡Diablos, ni siquiera estoy divorciado todavía! ― Lo sé, lo sé, ― dijo Christian rápidamente, presionándola contra su pecho mientras añadía con dulzura, ― No será de inmediato. Sólo estoy diciendo que mis atenciones no son fugaces y que cuando llegue el momento voy a hacer lo que sea necesario para demostrar que te quiero por lo que eres y no por tu dinero. ― Para su alivio, ella dejó de luchar. ― No necesito tu dinero. Y no hay ninguna razón para mentirte o engañarte. Nunca miento. Y nunca lo haré. Ella echó la cabeza hacia atrás para poder decirle, ― Ya lo hiciste. Con lo de que eras


gay, ¿recuerdas? ― Esa fue Gia. Ella te dijo que yo era gay, ― respondió Christian a su vez, presionando de nuevo su cabeza contra su pecho cuando él admitió, ― Y yo estuve bastante angustiado en ese momento, y quería que te dijera la verdad, pero convenció a mi madre de que dejara reposar la mentira para que te acostumbraras a mí. ― ¿Tu madre? ― Carolyn ya estaba fuera de sus brazos tan rápido que no tuvo la oportunidad de detenerla, y entonces él se quedó mirándola con sorpresa, cuando retrocedió graznando. ― ¿Tu madre sabe de nosotros? Christian parpadeó, dándose cuenta de lo que había dicho, pero entonces su mirada se dirigió a ella de nuevo cuando comenzó a caminar y a retorcerse las manos murmurando, ― ¡Oh mi Dios, tu madre lo sabe! Probablemente no sea mucho mayor que yo. Ella pensará que soy una asalta cunas. Una puma devoradora de hombres, que se está devorando a su bebe varón. ― Como un torbellino de repente, gritó con angustia, ― ¿Cómo pudiste hablarle a tu madre sobre nosotros? Christian levantó sus manos, con las palmas hacia fuera como si tratara de calmar a un caballo salvaje. ― Cara, todo está bien. Ella está muy bien con lo nuestro, está feliz por mí. ― ¿Cómo va a estar bien con lo nuestro? ― Preguntó Carolyn con incredulidad. ― ¿Ella sabe que soy por lo menos veinte años mayor que tú? ― No eres veinte años mayor que yo, ― dijo él con firmeza. ― Y ella sabe tu edad, y está muy bien con eso. ― ¿Cómo podría estar de acuerdo con eso? ― Preguntó ella con incredulidad patente. ― Ella… ― ¿Cuántos años tiene tu madre? ― Le interrumpió Carolyn, y luego se alejó, murmurando, ― Ella probablemente ronda los cincuenta años o algo así. Está más cerca de mi edad que tú. ¡Dios mío, yo…! Ella se dio la vuelta. ― ¿Qué edad tiene? Christian la miró sin comprender. Él acababa de prometerle no mentirle. Había estado tratando de no hacerlo antes de eso de todos modos, diciendo cosas como “Zanipolo conoce mi preferencia sexual" cuando ella le preguntó si Zani sabía que él era


gay, pero no había manera de no mentirle si respondía esa pregunta. ― ¿Y bien? ― Preguntó ella. ― ¿Cuántos años…? ― Ella es mucho mayor que tú, ― le dijo él finalmente, y luego añadió, ― Tengo sed. ¿Tienes sed? Vamos a tomar un trago. Agarrando su mano, se dirigió hacia la puerta, arrastrándola detrás de él. Era una manera de distraerla, por supuesto, pero de repente se le ocurrió que ya no podría mentirle sobre la sangre en la nevera. Pero, de nuevo, no podría decirle la verdad tampoco. Era mejor si tenía un respaldo para esta conversación, Gia y los otros le ayudarían y la distraerían cuando fuera necesario.


19

Carolyn tiró su mano, intentando liberarse mientras Christian la arrastraba fuera de la habitación, pero no pudo soltarse de su agarre. — Christian,— murmuró ella finalmente. —No quiero ir a la planta baja. Tenemos que hablar… — Vamos a seguir hablando,— prometió él. — Sólo quiero tomar un poco de agua en primer lugar. Carolyn abrió la boca para protestar de nuevo, pero se detuvo al recordar las bolsas de sangre en la nevera. Se había olvidado de eso entre una cosa y otra. Supuso que si ella realmente debía averiguar eso ahora, también, aguantaría su lengua, curiosa por ver si él le permitiría ver la sangre o trataría de ocultarla. Eso le diría mucho acerca de cuanto realmente podía confiar en él, supuso ella y dejó de intentar liberarse. Cuando Christian miró por encima de su hombro, ella se encogió de hombros y dijo, — Tengo sed, también. Él de inmediato se relajó y bajó la velocidad, aflojando el agarre en su mano a medida que comenzaron a bajar. A medio camino, le ofreció, — ¿Puedo pedir comida también si tienes hambre? — No, gracias,— murmuró Carolyn. Ella tenía un poco de hambre, pero si iba a estar desnuda alrededor de Christian, parecía una buena idea tratar de deshacerse de algunas de esas curvas suyas, pensó con un suspiro. Se quedaron en silencio el resto del camino hacia abajo. Carolyn no tenía ni idea de lo que él estaba pensando, pero su mente estaba girando un poco, rebotando entre el hecho de que su madre sabía de ellos, mortificándose, y que él tenía una nevera llena de sangre lo que parecía un poco extraño al menos. A pesar de que ella estaba segura de que había una buena explicación. Solo que no podía imaginar cual podría ser. Su mirada se deslizó hacia Christian y notó que parecía sumido en sus pensamientos, con una expresión preocupada. Se preguntó en qué estaba pensando, y para entonces ellos se estaban acercando a la cocina y miró hacia delante para detectar a Gia, Santo, Raffaele y Zanipolo reunidos alrededor de la mesa de la cocina.


Carolyn inmediatamente recordó que estaba en nada más que una camiseta y de nuevo estaba tratando de tirar de su mano para liberarla de la de Christian, pero entonces notó que en el grupo de cuatro personas cada uno tenía lo que parecían ser bolsas de sangre pegadas a la boca. La de Gia y la de Santo estaban llenas, pero las bolsas de Zanipolo y Raffaele estaban vacías o casi, e incluso mientras se daba cuenta de eso, Zanipolo arrancó la bolsa vacía de su boca y ella captó un destello de colmillos antes de volverse para tirar la bolsa a la basura. Carolyn inmediatamente paró en seco. Sacado de sus pensamientos, Christian la miró interrogante. — ¿Cara? ¿Qué…— Se detuvo bruscamente y liberó su mano moviéndola delante de ella para levantar su cara de preocupación. —Te has vuelto mortalmente pálida, cara. ¿Te sientes mal otra vez? Carolyn sólo lo miró con una especie de horror y empezó a retroceder. — ¿Cara?— Repitió, su preocupación más profunda. — ¿Qué… Carolyn no esperó más; su terror repentinamente había dado lugar al pánico, y se dio la vuelta sobre sus pies, antes de dirigirse a la salida más cercana, la puerta principal. Ella sabía que él la estaba siguiendo, pero su miedo le dio alas y juró que sus pies apenas tocaban el suelo mientras corría hacia la salida. Estaba pasando las escaleras cuando la puerta delantera de repente se abrió y Marguerite y Julius entraron en la villa. Carolyn inmediatamente cambió de dirección, cargando hacia las escaleras en su lugar. — ¿Christian? ¿Qué está pasando?— Escuchó preguntar a Julius. — No lo sé,— le gritó él, y en verdad ella podía sentir su aliento en la nuca. Carolyn estaba segura de que él la agarraría en cualquier momento, pero se limitó a escoltarla a lo largo de la sala, permaneciendo cerca, pero no la detuvo, y Carolyn comenzó a darse cuenta de que él no tenía ni idea de lo que había visto. No lo había visto. Había estado perdido en sus pensamientos. Si tan sólo pudiera aclarar su cabeza, podría salir de esto, se dijo mientras se apresuraba a través de la puerta del dormitorio. — Cara, ¿qué es?— Repitió Christian mientras cerraba la puerta detrás de ellos. — ¿No te sientes bien? — No,— murmuró ella, aferrándose a la excusa, y se volvió hacia el cuarto de baño.


— ¿Qué quieres para cenar?— Le preguntó, a continuación. — Yo…— Ella se detuvo bruscamente en la puerta y se volvió para levantar una mano para detenerlo. — Creo que voy a vomitar. Su preocupación se profundizó. — Entonces te daré un paño frío y húmedo y sostendré tu cabeza mientras lo haces. Carolyn parpadeó ante la oferta. Su madre solía hacer eso cuando era niña, pero nadie desde entonces. La idea de Robert de cuidarla había sido decir, — Te ves como el infierno. Ve a acostarte, así no tengo que mirarte. Sus pensamientos estaban distraídos cuando Christian de repente le cogió la mano levantada. — Estás temblando, y fría como el hielo. ¿Es tu nivel de azúcar bajo otra vez? Cuando ella lo miró fijamente, maldijo y levantó en brazos para llevarla a la cama. Él la depositó suavemente, y tiró de las mantas hasta cubrirla, y luego apartó el pelo de su cara, frunciendo el ceño cuando vio las lágrimas acumulándose en sus ojos. — No llores. Voy a correr hacia el edificio principal y conseguirte un poco de zumo. Te sentirás mejor pronto,— le aseguró, acariciando su mejilla. — Pero no te levantes de la cama hasta que yo vuelva. No quiero que te caigas y te lastimes. Te quiero demasiado como para perderte ahora. ¿De acuerdo? Cuando ella solo miró, él se inclinó para darle un beso tierno en los labios, luego se enderezó y se alejó, prometiendo, — Seré tan rápido como pueda. Por un momento, Carolyn no se movió. Su mente estaba llena con la preocupación y el cuidado en su rostro, la ternura que había mostrado y su promesa de amor. Estaba segura de que él se preocupaba por ella. Tal vez había una explicación. ¿Para la sangre en la nevera y los colmillos? Preguntó su voz amigable secamente. Claro que la hay. Has caído en un foso de vampiros y estás en el menú. ¿Seguramente no es casualidad que de repente desarrollaras un problema de sangre después de conocerlo? ¿Es azúcar baja en la sangre o solo baja de sangre? Carolyn se incorporó bruscamente. ¿Seguramente que él no se había estado alimentado de ella? De inmediato comenzó a revisar sus brazos y piernas por marcas de mordidas, entonces palpó su cuello, pero no había nada que pudiera encontrar. Estaba


relajándose cuando su voz sugirió, ―Tal vez te mordió donde no puedas verlo. La parte posterior del cuello o entre las piernas, él parecía gustarle allí cuando te ató y eso explicaría por qué seguía desmayándose al final.‖ Carolyn saltó de la cama, pero entonces sólo dio vueltas en círculo mientras se le ocurrió que había tenido la cosa de azúcar baja en sangre en el barco, antes de que siquiera hubieran tenido relaciones sexuales. No podía ser porque él la había mordido. O tal vez esos sueños eróticos no eran sueños en absoluto, sugirió su voz. Tal vez ha estado viniendo a ti en tu sueño, como Drácula le hizo a Lucy. Arrastrándose en tu ventana y haciéndote cosas mientras te chupaba hasta secarte. La voz dejó que eso penetrara y luego agregó, Jack dijo que pensaba que Christian te quería, en cuerpo y alma. Él sólo probablemente no sabía cuánta razón tenía. Carolyn estaba en las cortinas, haciéndolas a un lado y saliendo por las puertas francesas antes de que ese último pensamiento hubiera terminado. Se apresuró a bajar las escaleras que conducían a la piscina, segura con cada paso que alguien la capturaría y la detendría. *** — ¿Christian? ¿A dónde vas? Se detuvo impacientemente en la puerta principal para mirar hacia atrás mientras su madre llevaba a Julius fuera de la cocina. — Abajo al edificio principal. El azúcar en la sangre de Carolyn está baja de nuevo. Tengo que conseguirle un poco de su zumo. — Bueno, no vas a ir así,— dijo Julius secamente. — Mueve tu culo arriba y ponte unos pantalones. Y necesitas tu cartera si vas a comprar algo. Christian miró, asombrado al descubrir que sólo llevaba la bata. Murmurando entre dientes, corrió de vuelta hacia las escaleras. — Gia y los otros se estaban alimentando cuando llegamos aquí,— anunció Marguerite, de repente delante de él. — Eso está bien,— dijo Christian con desinterés y obligándole a dar la vuelta a su alrededor. — ¿Carolyn los vio alimentándose?


La pregunta lo hizo mirarla con sorpresa. — No, por supuesto que no. ��� ¿Así que ellos no se estaban alimentando cuando les visteis en la cocina mientras os acercabais? Él parpadeó. — No. Quiero decir, no creo… yo nunca los vi, estaba preocupado con mis pensamientos, y Carolyn se detuvo de repente y la miré y… — Él frunció el ceño mientras recordaba su expresión. Había estado distraído por su palidez, pero su expresión había sido… Maldiciendo, Christian se dio la vuelta y corrió escalera arriba, consciente de que sus padres estaban siguiéndolo. En la puerta de la habitación siseó, — Iros,— y luego entró y echó un vistazo a la cama. Cuando la encontró vacía, cruzó rápidamente al baño y miró dentro. También estaba vacío. Su vestido estaba todavía allí, sin embargo, colgando de la puerta de la ducha, y él lo agarró antes de salir del cuarto. — Se fue,— dijo Marguerite con tristeza, llamando su atención sobre el hecho de que sus padres le habían seguido a la habitación. — Debe de haber escapado por este camino.— Julius corrió las cortinas a un lado para revelar que las puertas francesas no estaban completamente cerradas. Christian se limitó a gruñir y se acercó para pasar. Julius no se movió, sin embargo, y pacientemente dijo, — Pantalones. No puedes correr por los alrededores así. Vas a llamar demasiado la atención. Maldiciendo, volvió a la habitación y aceptó el pantalón que su madre ya estaba sosteniendo. Sin soltar el vestido, se los puso y rápidamente se quitó la bata. Pero él no se molestó con una camiseta o zapatos, y simplemente se dirigió hacia las puertas francesas de nuevo. — Vamos a ir contigo,— anunció Marguerite. Él se detuvo bruscamente y se volvió a negar con la cabeza. — No, yo me encargo de esto. — No puedes controlarla,— señaló Julius. — No necesito controlarla. Sólo voy a explicarle las cosas y… ella lo aceptará. Ella me ama. Gia lo dijo,— agregó y no le gustó el canto desesperado en su voz.


— ¿Y si ella no lo acepta?— Preguntó Marguerite. — Madre,— comenzó con seriedad, y luego se obligó a calmarse y dijo, — podéis. Esta es mi vida, mi compañera de vida. Tengo que hacer esto por mi cuenta. — Pero te puedo ayudar,— dijo Marguerite, y avanzó, suplicando, — Déjame ayudarte, hijo. Te extrañé mucho. No estuve allí para ti durante mucho tiempo. Deja que te ayude. Christian sonrió torcidamente, y se acercó para abrazarla con fuerza, diciendo, — No tienes nada que compensar, ya lo sabes. No es tu culpa que no estuvieras allí para mí estos últimos quinientos años. No te culpo por ello, y necesitas dejar de sentirte culpable por eso.— Separándose, agregó, — Y tú ya me has ayudado. Me has traído a ella y te aseguraste de que consiguiéramos pasar tiempo juntos. Ahora, me toca a mí. Puedo hacer esto,— añadió con firmeza. — Tengo que hacerlo. Ella vaciló, y luego dio un paso atrás, pero dijo, — Si necesitas ayuda estamos aquí. Y no hay vergüenza en pedírnosla. Ayudé a tus hermanos y hermana con sus compañeros de vida. Estaré más que feliz de ayudar con la tuya. Los dos lo estaremos,— añadió mientras Julius se movía para deslizar su brazo alrededor de ella. — Gracias,— dijo Christian en voz baja, y se deslizó a través de las puertas francesas. *** — ¿Caro? ¿Qué diablos?— Jadeó Bethany, agarrando su bata cerrada y mirando boquiabierta a Carolyn cuando abrió la puerta para encontrarla en el umbral con solo una camiseta. — Lo siento, te desperté,— dijo Carolyn mientras se deslizaba pasándola en la villa. — Yo no tenía mi llave. — Eso no es todo lo que no tienes,— replicó Beth, dando un portazo. — ¿Dónde está tu ropa? ¿Y tu bolso? ¿Has tenido sexo con ese capitán? — Te lo explicaré más tarde,— murmuró Carolyn, en dirección a su habitación. —No lo creo, chica.— Bethany la tomó del brazo mientras alcanzaba la puerta de su habitación. — No puedes venir de una cita viéndote…— Ella hizo una pausa y


luego simplemente señaló sus pies descalzos y las piernas y dijo, — Viéndote así y sin explicarte. ¿Qué demonios ha pasado? — Yo… es… — Ella abandonó sus esfuerzos y echó una mirada atormentada a la puerta cuando la campana sonó. Supo de inmediato que era Christian, y cuando Beth se trasladó a la puerta, gritó, — ¡No contestes! Demasiado tarde, Bethany estaba ya tirando de la puerta abierta. Christian estaba en el porche, con el arruinado vestido en su mano. Apenas dirigió una mirada a Beth antes de ubicar a Carolyn. Cuando se dirigió hacia ella, se giró con un chillido y se apresuró a su cuarto. Él estaba allí antes de que pudiera cerrar la puerta y cuando ella se apartó, sus ojos buscaron desesperadamente un escape a medida que él avanzaba en la habitación. — ¿Carolyn? ¿Debería llamar a seguridad?— Preguntó Bethany, apareciendo en la puerta, el teléfono inalámbrico de la villa en la mano. Christian se volvió y la miró en silencio. Después de un momento, la cara de Bethany se quedó en blanco. Luego colocó el teléfono sobre la mesita de noche y se retiró, cerrando la puerta detrás de ella. Carolyn miró a la puerta cerrada, pero luego retrocedió mientras Christian empezó a avanzar de nuevo. — ¿Qué hiciste con ella? — Tomé el control de su mente, la hizo relajarse, y la envié a la cama pensando que todo estaba bien. Se quedará allí hasta mañana no importa lo que oiga. Sus palabras la detuvieron en seco y respiró, — Oh, Dios, realmente eres un vampiro. — No, no soy un vampiro,— dijo él solemnemente. — Estás mintiendo,— dijo ella de una vez. — Te amo. Te prometí que no te mentiría, cara. Y no lo estoy haciendo. No soy un vampiro,— dijo Christian con firmeza mientras sus manos se cerraban sobre sus brazos. Fue solo entonces que Carolyn se dio cuenta que había dejado de dar marcha atrás. Obligando al pánico que trataba de reclamarla a retroceder, se quedó totalmente inmóvil y dijo con gravedad, — Vi la sangre en la nevera y los colmillos de Zanipolo. Yo…


— Hay una explicación si sólo me escucharas,— dijo él en voz baja. — Por favor, cara. Déjame explicarte. Carolyn estuvo tentada, pero dijo, — Muéstrame tus dientes. Christian vaciló, y luego abrió la boca para revelar los dientes perfectamente normales. Sin incisivos largos que podían perforar las bolsas y la piel. — Tú no tienes colmillos.— Ella se apoyó en él con alivio y sus brazos se cerraron alrededor de ella mientras balbuceaba, — Oh, Dios mío. Pensé… yo estaba… Cuando los vi a todos en la cocina y la sangre y… estaba dispuesta a tomar el primer avión de regreso a Canadá,— admitió ella con horror, y luego miró a su cara. — ¿Era una especie de broma? O… Carolyn se detuvo porque mientras ella realmente, en verdad quería creer que era una broma, se le había ocurrido de pronto que nunca había notado que Zanipolo o los otros tuvieran colmillos antes de esta noche tampoco. No es que ella hubiera visto colmillos en los otros, pero habían tenido bolsas en sus bocas también… Y Christian había controlado a Beth, recordó. ¿Cómo podía haber olvidado que él había controlado a Beth? — Por favor, déjame explicarte,— dijo Christian, al parecer viendo la creciente comprensión en su rostro. — Muéstrame tus colmillos,— dijo ella con gravedad. Para su gran sorpresa, aunque no parecía muy contento, él abrió su boca de nuevo. Sólo que esta vez sus incisivos de repente se deslizaron suavemente hacia abajo de las encías para mostrar dos puntas finas. Carolyn las miró y gritó, — Dijiste que no eras un vampiro. Sus dientes se deslizaron hacia atrás y él se apresuró a decir, — No lo soy. Soy un inmortal. Carolyn frunció el ceño, sin tener ni idea de lo que era eso otro pero que sonaba mucho mejor que un vampiro, pero su mente volvió a sus preocupaciones en la villa y le preguntó bruscamente, — ¿Has estado alimentándote de mí? — No, nunca te he mordido ni una vez,— le aseguró Christian, pero agregó en tono de disculpa, — aunque, estuve muy cerca esa vez en el autobús… y luego de nuevo cada vez que te he hecho el amor ha sido una lucha para no morderte también.


Sonaba dolido por admitirlo, pero ese mismo hecho le había hecho creerle, y le preguntó, — ¿Por qué? Quiero decir, tienes toda esa sangre en bolsas, ¿por qué morder a alguien? — Nosotros no lo hacemos,— le aseguró. — Excepto en casos de emergencia o… er… por mutuo acuerdo. La situación en el autobús habría encajado bajo la rúbrica de emergencia. Yo estaba bajo de sangre, el sol me estaba afectando, y casi te mordí. Pero no lo hice,— añadió rápidamente, y explicó, — Ese es el por que te dejé y salí corriendo del autobús. El horror en mi cara no era porque sentía como si me estuvieras violando, como tú imaginabas. Te besé, y no al revés. No pude resistirme. Olías tan dulce y te veías muy hermosa, y luego una vez que me di por vencido y te besé, no pude resistir tocarte, pero eso sólo lo puso peor. Quería arrancarte la ropa, empujarte hacia abajo en el asiento y hundir mis dientes en ti mientras te reclamaba con mi cuerpo y yo sólo… Carolyn sintió que su cuerpo respondía a sus palabras y el recuerdo de ese día. Eso y el recuerdo de la súbita explosión de pasión que había rodado sobre ella, entonces, ahora combinado con el cuadro que él pintaba de lo que había querido hacer y se hizo eco de esa pasión rodando a través de ella. Ni siquiera estaba intimidada por la idea de él mordiéndola mientras hacía el amor con ella, se dio cuenta Carolyn con consternación, y alejó los recuerdos para preguntar, — Y estabas bajo en sangre anoche y de nuevo esta noche, cuando nosotros... — No,— le aseguró Christian, y luego se aclaró la garganta y admitió, — Yo estaba solo sobreexcitado. — ¿Sobreexcitado?— Preguntó ella con incertidumbre, sin saber lo que eso tenía que ver con morder. Con expresión dolorida, admitió, — Cuando estoy contigo, cara, solo lo pierdo. Quiero tocarte, lamerte y besarte en todas partes, y quiero hacer el amor contigo en todas las posiciones, en cada lugar en esa villa… Diablos, en cada lugar en el mundo. Pero la pasión de compañeros de vida rueda sobre mí y pierdo el control y nuestros cuerpos se funden, y nuestros sentidos se agrupan, y es una verdadera lucha para no hundir mis dientes en ti y fundirme contigo en la sangre también. — Dios mío,— respiró Carolyn. Sus palabras solo estaban haciendo que el deseo que había estado deslizándose a través de ella se volviera más fuerte. O tal vez fueron sus brazos alrededor de ella, y su olor la envolvía, o la creciente erección contra su vientre, pensó Carolyn, y entonces se dio cuenta de que sus ojos eran más plata que negro como había visto en varias ocasiones. — ¿No estás usando lentes de contacto de color, verdad?


Christian sacudió la cabeza. — Mis ojos se encienden de color plata cuando necesito sangre. — ¿Así que necesitas sangre ahora?— Preguntó ella con incertidumbre. — No, agarré varias bolsas mientras esperaba que regresaras de tu cita de anoche,— le aseguró, y luego se aclaró la garganta y admitió, — También se vuelven plateados cuando te deseo. Carolyn parpadeó y preguntó con incredulidad, — ¿Así que es como una erección ocular? Él soltó una risa sorprendida, pero asintió con la cabeza. — Básicamente, sí, supongo que sí. — Ah,— murmuró ella mirándole a los ojos, y moviéndose contra él, lo que sólo pareció aumentar la emoción brillando a través de ella. — ¿Cara? — Hmm,— preguntó ella, moviéndose de nuevo. — Tienes que dejar de hacer eso, o no vamos a terminar nuestra conversación,— dijo Christian con voz dolorida. — ¿Dejar qué?— Preguntó ella con sorpresa, cambiando de nuevo para inclinarse un poco hacia atrás. — Eso,— dijo él con gravedad, alcanzando sus caderas para sostenerla en su lugar, así dejaría de frotarse contra él. — Oh.— Carolyn sintió que se ruborizaba. Pero cada movimiento había enviado escalofríos de placer a través de ella y era terriblemente consciente de que estaba en sus brazos en nada más que una camiseta, y que él tenía una erección tanto ocular como de pene y… Caray, acababa de descubrir cómo de bueno podía ser el sexo. — Ummm… ¿Christian? — ¿Sí? Carolyn levantó la cabeza otra vez, profundizándose su rubor. — ¿Tal vez podríamos hablar en la cama?— Sugirió, y luego respiró, — Vaya,— mientras la plata tomaba completamente sus ojos y se fundía. Esto fue acompañado


por un crecimiento definitivamente considerable contra su vientre, también. Christian gruñó, apretando sus brazos alrededor de ella y bajando la cabeza hacia la suya, y de repente saltó alejándose como si hubiera sido quemado. — No,— gruñó él, y luego suavizó el rechazo diciendo, — Créeme, quiero, pero tenemos que hablar primero. No quiero ser abrumado por la pasión y luego despertar sólo para encontrar que tuviste pánico y huiste. Tengo que explicarte todo para que lo entiendas y te sientas segura. — Me siento segura,— le aseguró Carolyn, sintiéndose desnuda ahora que sus brazos ya no estaban a su alrededor. — Eres un ser inmortal, no un vampiro. Bebes sangre empaquetada, nunca me has mordido, y realmente, realmente me quieres,— dijo Carolyn, sonriendo mientras una sensación de poder que nunca había experimentado antes la atravesó. Se sentía deseable, hermosa incluso. Querida. Los ojos de este hombre magnífico estaban brillando para ella, su cuerpo endurecido. No tenía ni idea de cómo o por qué lo afectaba tanto, pero sólo el hecho de que ella lo hiciera era infernalmente excitante. La haía querer probar sus nuevos poderes. — Caro,— gruñó Christian en advertencia. — ¿Qué?— Preguntó ella inocentemente. Sus ojos se estrecharon. — Tienes una mirada muy traviesa en tu cara. Lo que estés pensando hacer, no lo hagas. Necesitamos tener esta conversación. — ¿Traviesa?— Preguntó ella con una risita gutural. — Sí,— dijo él con firmeza. — Traviesa. — Y si hiciera algo travieso, ¿me darías una cateada en el culo?— Preguntó ella con interés. — Caro… — Y ¿que se considera travieso? ¿Agarrar tu camiseta sin permiso sería travieso?— Preguntó. — Probablemente lo es. Debería devolvértela. Carolyn vio sus ojos abrirse con entendimiento, pero ella ya estaba tirando de su camiseta por la cabeza y caminando hacia él. Christian inmediatamente comenzó a retroceder. Cuando la parte de atrás de sus piernas golpeó la cama, se dejó caer con desaliento para sentarse en ella. Su voz era


torturada cuando dijo, — Cara, tenemos que hablar. No puedo arriesgarme a perderte. Te amo y te necesito demasiado. Eres mi compañera de vida. — No me vas a perder.— Ella dio un paso entre sus piernas y deslizó sus dedos en su pelo. Cuando él levantó la cabeza para mirarla a los ojos, ella dijo, — Inmortal o incluso vampiro, no me importa lo que eres. Yo también te necesito demasiado. Me haces reír y sonreír y feliz. Y me haces sentir hermosa y deseable, y nunca me había sentido así en mi vida. Nunca he disfrutado de tanta pasión o placer. Mi vida era un desierto antes de ti, y ahora es una orgía de placer. No me doy por vencida fácilmente,— le aseguró. — Te quiero por todo eso y mucho más. Estás atrapado conmigo. Tendrás que echarme de tu vida cuando te canses de mí, y entonces probablemente te acecharé como una mujer loca. Pero voy a hacer que funcione. — Tú eres mi compañera de vida, cara, nunca me cansaré de ti,— prometió él, con las manos levantándose para estrecharla por la cintura y colocándola sobre la cama. — ¿Qué es un compañero de vida? *** Christian parpadeó abriendo los ojos para encontrar a Carolyn inclinada sobre él, con el pelo enmarcando su rostro. Sonriendo con ironía, dijo, — Buenos días a ti también. — Son sólo las tres y media, no de mañana todavía,— le aseguró. — ¿Qué es un compañero de vida? Me has llamado eso dos o tres veces. — Un compañero de vida es la única persona a la que no podemos leer ni controlar, quién puede ser un compañero adecuado para nosotros. Con ellos podemos disfrutar de sueños compartidos, placer compartido y pasión sin medida, pero también podemos relajarnos y no guardar nuestros pensamientos de ellos,— respondió él solemnemente. — ¿Y yo soy eso para ti?— Preguntó Carolyn con sorpresa. Él asintió con la cabeza. Ella consideró eso y luego frunció el ceño. — ¿Cómo lo sabes? Quiero decir, ¿qué pasa si tienes a la chica equivocada?


Christian sonrió ante su preocupación. — ¿Te acuerdas en la playa cuando unté crema en tu espalda y comencé a hacer el amor contigo en la tumbona antes de que Beth llamara para interrumpirnos? Sus ojos y boca rodaron, y entonces ella se quedó sin aliento, — Pero eso fue un sueño. — Un sueño compartido,— corrigió él. — ¿Quieres decir que tú y yo…? Él asintió con la cabeza. — Como lo fueron los otros sueños. Es un signo de un compañero de vida, como es comer de nuevo, no ser capaz de leer sus mentes o controlarlos. Así como el placer compartido. — ¿Placer compartido?— Preguntó ella. — Cuando te hago el amor puedo experimentar tu placer como mío,— dijo en voz baja. — Y así sentirás el mío. — No recuerdo sentirme… — Cuando me tocaste en la terraza,— dijo él, y el entendimiento lentamente cayó en su cara. — Yo te distraje entonces y he tratado de evitar que me toques porque no podía explicarlo sin decirte todo y me preocupaba que no estuvieras preparada para ello.— Él no le había dado la oportunidad de tocarlo esta noche todavía. Su admisión de amor lo había excitado bastante más temprano y había sido una muy corta y apasionada sesión antes de que ambos hubieran estado gritando y desmayándose. Sus pensamientos se dispersaron mientras él sentía sus dedos deslizarse por su pecho hacia su ingle. La mirada de Christian saltó a la suya, pero a sabiendas de que estaba probando el placer compartido, él simplemente observaba su rostro mientras sus dedos encontraban y se cerraban alrededor de su repentinamente despierto miembro. Los ojos de ella se abrieron al primer toque, pero luego se cerraron cuando cerró su mano alrededor de él y la deslizó a lo largo de su longitud creciente. Sus propios ojos se cerraron, por lo que Christian fue tomado completamente por sorpresa cuando de repente ella se subió a horcajadas sobre sus caderas. Parpadeando con los ojos abiertos, se encontró a sí mismo mirando con asombro.


Ella estaba sonriendo. Carolyn sabía exactamente cómo le estaba afectando y se deleitaba con ello. Disfrutando del poder que ella ejercía, sonrió con malicia y se sentó, tomándolo en ella misma de una manera lenta y tortuosa que le hizo apretar los puños para evitar agarrar sus caderas y tomar el control. Un gemido de alivio se deslizó de sus labios cuando él finalmente estuvo enterrado dentro de ella hasta la empuñadura, pero su tortura no había terminado, todavía. Sonriendo ampliamente, Carolyn se inclinó hacia delante para darle un beso en los labios, luego lentamente comenzó a moverse, aparentemente decidida a volverlo loco con su lento tormento. Era sexy como el infierno. *** — ¿Por qué nos desmayamos cada vez? Christian abrió los ojos, esperando que Carolyn se inclinara sobre él de nuevo, pero esta vez ella se acostó sobre su costado junto a él, la cabeza en su mano levantada mientras esperaba a que él le explicara por qué se desmayaban al final de cada sesión de hacer el amor. Él vaciló, su cerebro lento para despertar completamente, y entonces respondió, — Eso pasa con los compañeros de vida durante el primer año más o menos. — ¿Todos los compañeros de vida experimentan esto?— Preguntó ella, pasando los dedos ligeramente a lo largo de su brazo. Christian levantó el brazo y la atrajo hacia su pecho antes de bajarlo de nuevo. Pasando sus propias manos por su espalda, admitió, — Sólo he oído de una pareja para la que no sucedió de inmediato. Cuando ella inclinó la cabeza preguntándose, él la besó en la frente y murmuró, — Mi primo Vicent y su compañera de vida, Jackie. Ella arqueó las cejas. — ¿No eran compañeros de vida, entonces? — Sí, pero Jackie tuvo una mala experiencia con un ser inmortal cuando fue adolescente,— explicó él, su mano encontrando su pecho. El placer se deslizó a través suyo a la vez y su voz se volvió un poco áspera mientras continuaba, — Mi madre cree que la experiencia causó una desconfianza arraigada que la hizo construir una muralla natural, que no permitiría que sus mentes se fusionaran completamente hasta que ella aprendió a confiar en él completamente. Luego de un par de semanas al parecer comenzaron a desmayarse también.


— Oh,— dijo en voz baja Carolyn, arqueándose hacia su caricia, y luego murmuró, — Tienes un montón de primos. — Más de los que puedes imaginarte, cara. Y serán tuyos también,— le aseguró él, tirando de ella a horcajadas sobre sus muslos mientras se sentaba.


20 Christian se agitó perezosamente y abrió los ojos. Una sonrisa se asomó en sus labios cuando su mirada cayó sobre Carolyn, que dormía a su lado. Me he despertado antes que ella esta vez, pensó, y comenzó a acercárse, pero luego recuperó su mano y se levantó de la cama en su lugar cuando su vejiga se quejó por la necesidad de alivio. Rápidamente cruzó la habitación y se metió en el cuarto de baño para atender el asunto. Carolyn no estaba en la cama cuando regresó y se detuvo, pero se relajó cuando la vio junto al armario. Ella debió oír la puerta cuando se abrió, porque entonces se volvió y sonrió. ― ¿He mencionado lo increíblemente guapo y sexy que te ves a primera hora de la mañana con todo el cabello despeinado así? ― Preguntó mientras su mirada se deslizaba sobre él, luego sus ojos se dirigieron de nuevo a su cara y añadió secamente, ― Y tan joven. ― Ya te lo he dicho, no soy tan joven como parezco, ― dijo él, dirigiéndose hacia ella. Ella inclinó la cabeza. ― ¿Cuántos años tienes? ― Nací en 1491, soy del cinco. Él rompió a correr hacia adelante cuando las rodillas de Carolyn se doblaron y comenzó a deslizarse hacia el suelo. La atrapó antes de que golpeara la alfombra, Christian se la llevó a la cama y se paró a un extremo de ella. Luego se enderezó y dijo con ironía, ― Bueno, no lo tomaste también como el resto. Ella se limitó a mirarlo y él se movió incómodo. ― Te dije que no era más joven de lo que tú eres, ― señaló, luego se aclaró la garganta y dijo con preocupación, ― Sé que tienes un problema con tener un amante más joven, pero ¿cómo te sientes acerca de uno más antiguo? Carolyn se limitó a mirarlo. Christian se pasó una mano cansada por la parte trasera de su cuello. Parecía ir bien antes de esto, pero ahora... bien su edad aparentemente había tirado de algo y no sabía que decir para hacerlo bien de nuevo. También era muy difícil pensar con ella sentada allí desnuda a los pies de la cama.


― ¿Cuál es la diferencia entre un vampiro y un inmortal? Christian exhaló. Al menos ella parecía no estar peor después de su conmoción. Bueno, ella estaba hablando de todos modos. ― Los vampiros son criaturas míticas, fabulosos, están malditos y no tienen alma, ― respondió rápidamente. ― Los inmortales son el resultado de los avances científicos. Tenemos nanos en nosotros que matan las enfermedades y todo tipo de cáncer, y así sucesivamente, y reparan el daño hecho al cuerpo por el sol o el envejecimiento. Carolyn absorbió eso y luego dijo, ― Es por eso que estás vivo y pareces... ¡Dios mío! Tienes más de cinco siglos de antigüedad, ― suspiró ella. ― Sí. ― Él hizo una mueca. ― Y algunos días siento cada uno de esos siglos. ― Al igual que ahora, se decidió y no sería irónico pensar, que después de negarse a estar con él porque era demasiado joven, ahora se negara porque era demasiado ¿viejo? ― ¿Y la sangre? ― Preguntó Carolyn de repente, sacándolo de sus pensamientos. ― ¿Por qué tú…? ― Los nanos utilizan la sangre para impulsarse y replicarse a sí mismos, ― explicó Christian. ― También la utilizan en las reparaciones. Pero se necesita una gran cantidad de sangre, más de la que un cuerpo humano puede producir. Los inmortales necesitan una fuente externa de sangre, aparte de la que pueden producir. ― Hizo una pausa, y luego añadió, ― No iniciamos con colmillos. Los nanos alteraron a mis ancestros para ayudarles a conseguir lo que necesitaban. ― ¿Los nanos te dieron colmillos? ― Preguntó ella con sorpresa. Christian asintió. ― Y otros beneficios. Somos más rápidos que los demás seres humanos, más fuertes, y vemos mejor por la noche... entre otras cosas. ― ¿Otras cosas como controlar a Bethany y lograr que haga lo que quieras? ― Christian asintió sin pedir disculpas. ― ¿Así que ahora os alimentais de sangre empaquetada…? ― No siempre tenemos esa opción, ― dijo en voz baja. Ella pareció aceptar eso, y luego preguntó, ― ¿Así que eres un extraterrestre?


Él sonrió débilmente. ― No. Somos humanos como vosotros... y serás inmortal como yo cuando te transforme. Carolyn se calmó. ― ¿Qué? ― Si quieres, ― añadió Christian rápidamente. ― Yo nunca te transformaría sin tu permiso. No está permitido, pero aunque lo fuera no lo haría. Yo… Christian hizo una pausa y suspiró, luego se trasladó para sentarse a su lado en la cama. ― Carolyn, ― dijo él, tomándole las manos. ― Eres mi compañera de vida, y eso es algo muy precioso. Yo también te amo, lo que es inevitable entre los compañeros de vida. Los nanos eligen a la pareja perfecta, y… ― Se detuvo, dándose cuenta de que sonaba casi tan romántico como comida para perros. Y lo intentó de nuevo. ― El punto es, que tú eres mi compañera de vida. Nunca te engañaré, nunca dejaré de amarte, y preferiría arrancarme mi propio corazón antes de herirte... Y quiero pasar el resto de mi vida contigo. Y no hay vuelta, te reclamaré como mi compañera de vida durante tanto tiempo como ambos vivamos. Carolyn frunció el ceño, vaciló, y luego preguntó, ― ¿Así que no tendré nunca más edad? ¿Siempre me veré de cuarenta y dos, y tú de veinticinco? Antes de que él pudiera responder, ella añadió con ironía, ― Que supongo es mejor que verme de sesenta y dos y tú de veinticinco si nos hubiéramos encontrado más tarde. Aun así, me parece injusto que para el resto de… bueno… sin importar el tiempo que vivamos, todo el mundo vaya a pensar que soy una mujer mayor con un niño como su juguete, aún cuando tú seas mayor que yo. ― Ella negó con la cabeza y la apoyó contra su hombro, gimiendo, ― ¿Por qué no nos encontramos hace veinte años? En ese entonces tendríamos la misma edad. ― No tendría cuarenta y dos, ― dijo ella en voz baja, mientras el alivio bajaba a través de él. Ella estaba dispuesta a cambiar. ― Te vas a ver de entre veinticinco y treinta años de edad. Carolyn se puso rígida y lentamente levantó la cabeza. ― ¿Qué? ― Te lo dije, los nanos reparan los daños, ― le dijo suavemente. ― Sí, como el sol, la enfermedad, y…


― Y el envejecimiento, ― concluyó, ― Ellos están programados para mantener a su huésped en óptimas condiciones. Se reparará todo, incluyendo los daños que el envejecimiento ha hecho. Ella parpadeó y luego graznó, ― Eso no es reparar, eso es dar marcha atrás. ― Sí, eso supongo, ― reconoció Christian. ― Bueno... ― Carolyn frunció el ceño. ― No sé si quiero verme de veinticinco para siempre. Por amor de Dios, nadie respeta a alguien de veinticinco años de edad. Ni siquiera yo. He pensado en ti todo este tiempo como un puñado de jóvenes punks antes de conocerte. Bueno hasta que llegué a saber algo de ti por lo menos, y… Dejó de hablar y frunció el ceño cuando Christian de repente se echó a reír. ― ¿Qué es tan gracioso? ― Tú, ― le dijo suavemente. ― Lo que estamos hablando es discriminación por edad. Y ocurre sin importar la edad. A los veinte años de edad, que los adolescentes no saben nada, a los treinta años pasa lo mismo que con los adolescentes y los jóvenes, y así sucesivamente. ― Él arqueó una ceja y preguntó, ― ¿De veras crees que con cincuenta o con sesenta años de edad al mirarte no sentirían lo mismo? Carolyn frunció el ceño ante la idea. ― Y no es mejor entre los inmortales. Mi hermano Lucern tiene más de seiscientos y trata a cualquier persona menor de 400 años como si fueran jóvenes punks. ― Hizo una breve pausa y luego dijo, ― Y yo odio señalar esto, pero la mayoría de las mujeres estarían encantadas con la idea de estar en su edad pico y tener esa condición física para el resto de sus vidas... siempre joven, siempre saludable y vibrante. Carolyn suspiró. ― Siempre he sido rara. Él sonrió. ― Es parte de tu encanto. ― Hmm, ― dijo, y luego se puso rígida de repente. ― ¿Voy a tener que beber sangre? ― No lo beberás, no. No necesitas ni siquiera probarla, ― le aseguró rápidamente, sospechando que podría ser un problema. ― Si perforas la bolsa con tus colmillos, ellos pasaran la sangre directamente al sistema sin que nunca pase por tu lengua. Pero tendrás que alimentarte para permitir que los nanos hagan su trabajo y mantenerte en óptimas condiciones.


Ella pensó por un momento y luego preguntó, ― ¿Mantenerme en la cúspide? ― Sí. ― Christian la miró con curiosidad. ― ¿Eso significa pechos turgentes y nada de celulitis? Las cejas Christian se levantaron. ― No he notado ninguna celulitis, y me gustan tus pechos. ― Sí, sí, yo también te amo, ― murmuró Carolyn, obviamente pensando que sólo lo estaba diciendo por amor. ― Pero, ¿los nanos…? ― Sí, ― le aseguró él con paciencia. ― Oh. ― Suspiró y dijo, ― Bueno, por lo menos. Ella lo hizo sonar como un premio de consolación. Él frunció el ceño y dijo, ― Cara, yo… ― ¿Cómo se supone que se lo voy a explicar a mis empleados? ― Preguntó de repente. ― Ah. ― Christian frunció el ceño. ― Bueno, eso… ― Supongo que podría hacerles pensar que es por liftings y esas cosas. ― Er... ― Pero probablemente tendría que vender la agencia de publicidad y hacer otra cosa después de un par de años, ― continuó ella, con el ceño fruncido. ― Quiero decir, finalmente, se darían cuenta de que no envejezco. ― Sí, ― dijo él con alivio, contento de que ella llegara a la conclusión por su cuenta y de que no había tenido que decirle lo que sucedería. ― De hecho, probablemente sería mejor si lo hiciera antes de transformarme de todas maneras, ― murmuró. ― Quiero decir, tú vives en Italia... Yo no creo que pueda soportar estar sin tus brazos alrededor mío durante semanas y meses, y… Se detuvo en un jadeo cuando de pronto él la tomó en su regazo. ― Nunca pasarán semanas o meses sin mis brazos alrededor tuyo, ―le aseguró.


Carolyn sonrió y deslizó sus brazos alrededor de su cuello. ― Eso va a hacer que valga la pena entonces. Christian se la quedó mirando por un momento, luego sacudió la cabeza y dijo en voz baja, ― Dios, tú eres la criatura más extraña... y te amo más que a la vida misma. Él captó el brillo de las lágrimas en sus ojos, entonces ella descendió la cabeza y se estaban besando cuando la puerta se abrió. ― Carolyn, si queremos hacer el desayuno… ¡Oh, Dios mío! Christian levantó la cabeza y se volvió hacia la puerta donde Bethany ahora estaba boquiabierta, pero miró con sorpresa como Carolyn casi se cayó de su regazo, en su pánico por levantarse. Él la tranquilizó rápidamente, y luego miró de vuelta a Bethany cuando comenzó a chillar. ― ¿Qué demonios estás haciendo? Anoche estabas medio desnuda en una cita con ese tipo, el capitán, y hoy estas atornillada con este chico gay? ¿Qué demonios? Se supone que eres frígida y suicida, ¡no que andes revoloteando por ahí como una Mata Hari! Christian comenzó a entrecerrar sus ojos en la mujer, pero Carolyn se puso delante de él. Cuando Christian la miró, Carolyn le dio una advertencia con el ceño. Había reconocido su mirada concentrada de anoche. Había estado a punto de controlar a Bethany y controlarla de nuevo como entonces, pero no era necesario. Ella sabía cómo manejar esto. No iba a permitirle controlar a sus amigos. Carolyn esperaba que Christian asintiera con la cabeza y se relajara, luego fue a recoger su descartada camiseta. ― Christian no es gay. Obviamente, ― le dijo ella mordaz mientras se ponía la camiseta. ― Y no estoy revoloteando alrededor. Y no me acosté con Jack, ― le dijo apoyando las manos en sus caderas, agregando, ― Y tú eras la que me decía que debía tener una aventura, por lo que… Ella se detuvo de repente y entonces gritó, ― Frígida ¿Quién diablos dijo que yo era frígida? ― Nadie, ― murmuró Bethany, frunciendo el ceño hacia ella.


Carolyn la miró en silencio. Ella nunca le había hablado a Beth sobre su matrimonio, y sabía que Genie no lo había hecho. Entonces… ― Fue Robert, ¿no es cierto? Cuando Bethany evitó su mirada, frunció el ceño y Carolyn añadió con voz en aumento, ― ¿Y qué quieres decir con que soy suicida? ― Ella ha estado tratando de conducirte al suicidio, ― dijo Christian en voz baja. ― ¿Qué? ― Carolyn miró en su dirección con asombro. Su mirada se centró en Beth. La estaba leyendo, se dio cuenta, pero ¿seguro que era algo tan malo? ― Eso no es cierto, ― dijo Bethany a la vez, pero Christian continuó. ― Ella te trajo aquí con la esperanza de que al estar rodeada de recién casados mientras estabas en medio de un divorcio sólo te sumaría en la depresión que te ha rodeado desde que tu matrimonio se vino abajo. Luego te hizo sentir enferma para asegurarse de que estuvieras sola para agregar una sensación de fracaso y te sintieras como una perdedora. ―E... eso es ridículo, ― balbuceó Bethany. ― Ella te ha estado suministrando su medicamento para la diabetes en el agua embotellada para que te sintieras enferma y añadir eso a tus problemas. Aunque no le habría importado que sufrieras un accidente mientras te sentías mal y desorientada. Incluso se metió con varios de tus zapatos para ayudar en el esfuerzo. ― ¿Cómo sabes eso? ― Preguntó Beth, pálida y temblando de horror. Carolyn sintió una quemadura lenta desde su intestino. ― ¿En serio, Beth? ― Yo… Beth negó con la cabeza, con la confusión y el horror en su cara, luego todo quedo bajo la ira cuando ella gritó, ― Bueno, ¿qué esperabas? Has hecho de la vida de Robert un infierno desde hace diez años, y ahora, estás tratando de quitarle todo por lo que ha luchado para que valga la pena. No eres más que una buscadora de oro, frígida y el… ― ¿Que soy una buscadora de oro? ― Preguntó Carolyn con incredulidad. ― ¿Cómo


puedo ser una buscadora de oro, cuando el dinero es mío? ― Oh, no me vengas con esa mierda, ― gruñó Beth. ― Tú eras pobre como un ratón de iglesia en la universidad. Además, Robert me lo contó todo. Cómo le negaste el sexo y le echaste de tu cama. Como le arrebataste su herencia, como si fuera agua, y que él está tratando de solucionar el problema. Nosotros, vamos a casarnos tan pronto como el divorcio termine, pero lo sigues arrastrando, tratando de sacarle más con ese abogado de fantasía tuyo. Carolyn estaba temblando de pies a cabeza en ese momento cuando Bethany terminó, pero se calmó cuando sintió la mano de Christian en su pierna. Se apoyó en sus piernas y le preguntó en voz baja, ― ¿Desde cuándo? ― ¿Desde cuándo, qué? ― Preguntó Bethany con resentimiento. ― ¿Cuánto tiempo has estado durmiendo con Robert? Los dientes de Bethany crujían, luego dijo, ― Nos enamoramos cuando me contrató para vender la primera casa. Pero no somos amantes. Él se niega a ser infiel. ― A excepción de la docena de mujeres que se ha follado y con las que aún no lo ha hecho, ― dijo Carolyn secamente. ― Eso es mentira. Él siempre ha sido fiel, a pesar del hecho de que no le mereces, ya que no te acuestas con él. ― Correcto, ― dijo Carolyn con cansancio. ― ¿Y de quién fue la idea de traerme a Santa Lucía? ― De él… yo… Bethany se sonrojó y palideció por turnos, y fue Christian quien respondió por ella. ― Suya. Él sugirió las vacaciones aquí y ella quería matarte, pero no se atrevía a hacerlo. Lo mejor que podía hacer era tratar de hacerte sentir lo más miserable posible y esperar a que te suicidaras. Los medicamentos contra la diabetes fueron lo único que estuvo dispuesta a hacer, porque pensaba que simplemente te harían sentir mal y te acercarían al suicidio. Su conciencia podía lidiar con eso. Carolyn asintió solemnemente. Miró a Beth por un momento, y luego dijo lentamente, ― Así que él te tiene tan enamorada que estás dispuesta a matar por él. ― No, yo nunca mataría a nadie, ― protestó Beth a su vez, con el horror en su rostro.


― No te engañes Beth, al conducirme al suicidio me estabas matando tanto como si me hubieras dado una sobredosis o me cortaras las muñecas, ― dijo Carolyn con frialdad, luego cogió los pantalones vaqueros de Christian y se los entregó a él antes de volver a agarrar el teléfono. ― ¿Qué estás haciendo? ― Preguntó Beth con alarma. ― Hacerte un favor, el último y mejor favor que nunca voy a hacer por ti, ― dijo Carolyn cuando dio un puñetazo sobre los números. El teléfono sonó dos veces y luego se escuchó la voz de Genie, agradable y profesional. ― Genie, soy Carolyn. ― Oh, hola, cariño, ― dijo Genie alegremente. ― ¿Cómo fue la cita? ―Ya te hablaré de eso más tarde, lo prometo. Pero ahora mismo necesito un favor. ― Está bien, no hay problema. ¿Qué es? ― Preguntó Genie a la vez. ― Voy a entregarle el teléfono a Beth y me gustaría que le dijeras todo lo que sabes acerca de mi matrimonio con Robert, ― dijo en voz baja. ― ¿Todo? ― Preguntó Genie con sorpresa. ― La situación, la herencia, Conroy... todo, ― dijo Carolyn firmeza. ― Ella cree que está enamorada de él. ― ¿Qué? ― Graznó Genie. ― ¡Oh, Dios mío, pon a esa idiota al teléfono! Carolyn pasó el teléfono a Beth, y se volvió hacia Christian. Al ver que se había puesto los pantalones, le tendió la mano. Cuando la tomó, lo sacó de la habitación. ― Si hubieras muerto... ― comenzó Christian, ya en el vestíbulo. ― Yo no he hecho testamento. Como mi marido, Robert habría conseguido todo, ― dijo, y luego hizo una mueca. ― Supongo que tendré que hacerlo ahora para disuadirlo de volver a intentarlo, pero al menos esto me dio un mano a mano. ― No vamos a llamar a la policía acerca de esto, ¿verdad? ― le dijo mientras lo estaba formulando como una pregunta, que en realidad no lo era. Aun así, Carolyn negó con la cabeza y frunció el ceño. ― ¿No les vas a permitir que se salgan con la suya?


Carolyn se encogió de hombros con indiferencia. ― ¿Salirse con qué? No pasó nada, excepto que no me sentí bien durante un par de días. Además, Bethany está básicamente en el mismo lugar en el que yo estaba hace diez años. Ella es tan incauta con Robert como yo. Bueno, excepto por el deseo de verme muerta, ― agregó secamente. Sacudiendo la cabeza, Carolyn hizo una mueca. ― Supongo que si Bethany hubiera tenido éxito en hacer que me suicidara, ella sería su siguiente víctima. Ella es buena en lo que hace y hace un maldito montón de dinero. ― Sonrió con ironía y agregó, ― Además creo que le debo algo de alguna forma. ― ¿Le debes? ― Preguntó él con incredulidad. ― ¿Por qué? ― Si no hubiera caído a medias con su sugerencia, podría haber intentado matarme de otra manera, una que podría haber tenido más éxito. Al menos ahora sé que tengo que cuidar mi espalda, ― le señaló. ― Tu regreso será visto por muchos, ―aseguró él solemnemente. ― Ahora tienes toda una familia, Cara. ― Y ésa es la verdadera razón por la que se lo debo, ― respondió Carolyn. ― Porque si no me hubiera traído aquí, nunca te hubiera conocido. Cuando se detuvo, sonrió débilmente. ― No habías pensado en eso, ¿o sí? Christian sacudió la cabeza, con una mirada un poco aturdida en su rostro. Ella miró con curiosidad su expresión. ― ¿Qué estás pensando? ― Me acabo de dar cuenta que eres muy parecida a mi madre, ― dijo con asombro. ― Er... ― Carolyn frunció el ceño, sin saber si eso era bueno. Por último, preguntó, ― ¿Cómo es eso? ― Ella puede ver más allá del dolor y el sufrimiento, pero el bien también, ― le dijo él solemnemente. Carolyn sonrió. ― El lado positivo. Lo aprendí de mi madre. Ella siempre encontraba el lado positivo. Así es cómo sobrevivió al peor de los casos. Cómo yo también. ― Vas a tener que enseñarme eso. ― La levantó y la llevó hasta la puerta.


― ¿Vamos a tu casa? ―Dijo Carolyn, abriendo automáticamente la puerta para que él lo hiciera. Ninguno de ellos se preocupó por cerrarla. Cuando el asintió, ella señalo, ― Voy a tener que volver por la ropa en algún momento. ― Gia y Madre probablemente serían felices de hacerlo si deseas evitar a Beth en el futuro, ― le ofreció. Carolyn se puso rígida. ― ¿Tu madre está aquí en Santa Lucía? ― Ah. ― Christian hizo una mueca. ― En realidad, sí, y tú no tienes que conocerla. Sus ojos se abrieron. ― ¿No tengo? ― Hizo una pausa y se quedó mirando, observando su color de pelo y la forma de sus ojos con una sensación de hundimiento. ― No, ¿Marguerite? Él asintió con la cabeza como disculpándose. ― Pero yo… Ella… ― Ella ofreció trer la banda para sustituir a la que canceló porque reconoció que eras mi compañera de vida, ― le explicó suavemente. Ella lo miró sin comprender. ― Entonces, Julius es tu... ― Padre, ― concluyó él. ― Oh, Dios mío, ―susurró ella. ― No se ven más viejos que tú. ― Todos nos vemos alrededor de la misma edad, ―le recordó en voz baja. ― Sí, por supuesto, ― murmuró ella, y no pudo resistirse a preguntar, ― ¿Qué edad tienen tus padres? ― Mi madre es un par de cientos de años mayor que yo. ― ¿Eso es todo? ― Preguntó Carolyn con voz débil. ― Y mi padre nació en el 534 A.C. ― ¿A... A.C.? ― Tartamudeó ella. ― Pero eso es… Eso es más de 2.500 años de antigüedad, ― dijo con incredulidad. ― Considerablemente más de 2.500, ― él estuvo de acuerdo fácilmente.


― Pero... ¿quién ha creado los nanos? Quiero decir, no puede ser ese tipo de nueva tecnología… Bueno, ni siquiera se conocía hace 500 años, mucho menos hace 2.500. Eso no es posible. Christian dudó, pero luego decidió que lo mejor sería explicárselo ahora, porque una vez regresaran de vuelta a la Villa no estarían hablando mucho durante un tiempo. Dado que uno de sus brazos estaba debajo de sus piernas desnudas, y el otro alrededor de su espalda, su mano estaba apoyada en la curva de su pecho a través de la camiseta, y su olor inundaba su nariz mientras caminaban. Como era de esperar su cuerpo estaba respondiendo. Pasaría un tiempo antes de que pudieran estar en compañía del otro sin querer desnudarse. Lo mejor era proporcionarle todas las explicaciones como pudiera, así lo decidió y le preguntó, ― ¿Has oído hablar de la Atlántida?


Bajo la luna de un vampiro