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Benemérito Instituto Normal del Estado “Gral. Juan Crisóstomo Bonilla” LICENCIATURA EN EDUCACIÓN PRIMARIA QUINTO SEMESTRE”B”

Reflexión sobre los textos producidos por los alumnos. La escuela trabaja todo el tiempo con texto escrito; los niños leen textos, producen textos y estudian textos. La producción de texto escrito en la escuela se vuelve una tarea común, obligatoria e incluso reiteradamente aburrida. El texto libre es la estrategia más utilizada en las aulas, los chicos escriben, los profesores corrigen, devuelven el escrito corregido y, algunas veces, el texto se publica y/o se pasa a limpio con finalidades académicas. Las tareas son relativamente simples, el muchacho escribe el texto por indicación del maestro, se escribe en casa o en la escuela, el único problema que los alumnos se plantean es sobre la extensión (una hoja, media hoja, hoja y media...). La mayoría de alumnos no tiene nada que decir en aquel momento, pero necesariamente han de hacer los deberes. En la clase todos (o algunos) leen su texto, esta lectura se puede convertir en una sesión densa, tupida y dispersa, cada alumno lee su texto, la lectura de algunos es defectuosa; otros no entienden lo que han escrito; la mayoría no escucha la lectura de los otros; siempre hay alguno bueno, los de siempre, los que ya saben escribir. Los otros textos son aburridos, sin ideas novedosas; textos sin organizar, la clase se dispersa y nadie escucha. Una vez leídos, hay que corregirlos en general, únicamente se corrigen las faltas de ortografía y el profesor se pasa el tiempo corrigiendo devuelve los textos y los alumnos “buenos” miran con detalle el texto con la intención de mejorarlo los otros giran la hoja para no ver el papel lleno de correcciones rojas, a estos alumnos se les hace difícil aprender alguna cosa entonces no hay capacidad para poder “construir” todas las normas ortográficas, quedan bloqueados, sin posibilidades saben perfectamente que casi “siempre” (nos referimos a un tiempo escolar) cometerán las mismas faltas (o al menos algunas). Los procesos de producción escrita parten de situaciones descontextualizadas y los muchachos no llegan a comprender la utilidad de la escritura, escribir es un deber escolar y en las clases escriben para demostrar que saben escribir, sin pensar en el contenido, el único destinatario es el profesor, y éste no actúa como tal, sino como corrector de aspectos formales, escriben para repetir contenidos que el profesor (destinatario) ya conoce, en estas situaciones es difícil la comunicación verdadera y no hay que olvidar en este punto que la lengua es un vehículo de comunicación. A lo largo del primer ciclo de primaria los muchachos alcanzan y consolidan su aprendizaje de la lengua escrita poco tiempo después se acaba la intencionalidad de enseñar a escribir y se inicia el aprendizaje a partir del texto escrito. Al mismo tiempo, los profesores recibimos una gran cantidad de información los investigadores nos dicen lo que tenemos que hacer y lo que no es recomendable hacer nos

Denisse de Montserrat Villegas López


Benemérito Instituto Normal del Estado “Gral. Juan Crisóstomo Bonilla” LICENCIATURA EN EDUCACIÓN PRIMARIA QUINTO SEMESTRE”B”

lo demuestran prácticamente y nos lo contextualizan teóricamente, pero la práctica no cambia, la lengua se sigue trabajando descontextualizadamente y la ortografía es la única medida de la calidad de un texto. Los muchachos y las muchachas, protagonistas del proceso de aprendizaje de la lengua escrita, no se suelen tener en cuenta sus problemas, sentimientos y los pensamientos cuentan poco, hay que reconsiderar el papel de los alumnos y que su aportación es de vital importancia: los alumnos “saben” y pueden aportar su bagaje al colectivo que aprende. Esta aportación será diferente en cada caso y es esta diferencia la que enriquece el colectivo, las aportaciones de todos generan conocimientos, aprender a escuchar a los alumnos y aprender de ellos es un reto del actual sistema educativo. A partir de lo que sabe el alumno podemos hacerle progresar, cada uno a su ritmo, cada uno desde sus posibilidades, cada uno al máximo de su rendimiento posible. Finalmente, una última consideración: para escribir un texto hay que pensar mucho y bien, las actividades que se desarrollan en la escuela son unidireccionales: pregunta-respuesta, lo saben o no lo saben no es necesario matizar, puntualizar, expresar ideas diferentes, parece como si el alumnado careciera totalmente de conocimiento (muchas veces implícito), estas prácticas unidireccionales cierran el pensamiento, la escuela práctica poco el pensamiento si pensamos poco, tenemos poca cosa que decir, para comunicar “cosas” interesantes tenemos que pensar mucho no es suficiente la imaginación o la tan mal utilizada motivación, motivar es dar razones, y la escuela no da razones para escribir y para escribir hemos de tener una buena razón, y las buenas razones se encuentran pensando, después de pensar, podremos escribir, leer, hablar o escuchar. Estas cuatro habilidades (leer, escribir, hablar y escuchar) se han de trabajar en las escuelas coordinadamente ya que las cuatro trabajan con el pensamiento; o el pensamiento trabaja con ellas. La mejora en una de ellas tiene que producir una mejora en las otras, siempre, y que éstas se trabajen explícitamente.

Denisse de Montserrat Villegas López

Reflexión sobre los textos producidos por los alumnos  

actividad de producción de textos escritos lep

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