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Editorial

2009, un año difícil 2009, a difficult year ■ Es probable que a estas alturas del año todos nos hayamos enterado ya de que celebramos el segundo centenario del nacimiento de Charles Robert Darwin (1809-1882). Asunto del que se ha ocupado profusamente la prensa científica y especializada, sin mencionar la cantidad de libros que se han editado acerca de este biólogo inglés —al que dicho sea de paso le resultó inaguantable el estudio de la medicina— o las reediciones que se han hecho de sus obras. Es digno de mención, aunque mejorable en algunos aspectos, el esfuerzo de compilación realizado por el portal The Complete Works of Charles Darwin Online (www.darwin-online.org.uk) para agrupar todas las obras del naturalista. Desde estas páginas hemos querido también recordar a Darwin no tanto centrándonos en su persona o sus publicaciones, sino mostrando el alcance e importancia en tantos órdenes de la vida, la ciencia, la economía o la moral, de la teoría de la evolución de las especies por la selección natural. Por un lado, incluimos un artículo del polémico filósofo australiano, Peter Singer, conocido por ser uno de los adalides del “Proyecto gran simio” y reclamar (desde sus publicaciones e intervenciones públicas) una extensión del igualitarismo moral. En dicho artículo explica por qué el progresismo ha rechazado en sus estrategias políticas las teorías darwinianas y por qué dicha posición no se puede mantener durante más tiempo. Para él ha llegado el momento de que la izquierda política revise y extraiga sus propias conclusiones del conocimiento científico actual acerca de la naturaleza humana y que emana, a su vez, del concepto de selección natural. Y es que a los seguidores del progresismo, en opinión de este autor, no les queda otra salida que comprender mejor (a la luz de tales teorías evolucionistas) los cambios sociales y económicos si quieren lograr sus objetivos sociales y políticos. Además, recuerda cómo las enseñanzas de la moderna teoría de la evolución, en particular, las tocantes a la cooperación, pueden ser de utilidad para esta corriente de pensamiento. En cierto modo, el escrito de Singer incluido en este número debe verse como una sinopsis del ensayo A Darwinian Left: Politics, evolution and cooperation publicado en 1999 con motivo del 190 aniversario del nacimiento de Darwin. Por otro lado, Emiliano Aguirre, a quien con justicia se puede considerar el padre de la paleoantropología moderna en España e iniciador del estudio de los yacimientos pleistocenos de la Sierra de Atapuerca (Burgos), ha intentado resumir el conocimiento científico actual sobre los orígenes del Homo sapiens en un detallado artículo. Pues año tras año, gracias a los restos fósiles de sus cuerpos Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:1-2

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o a productos y trazas de sus actividades y de los ambientes en que vivieron, se va sabiendo más de nuestros antepasados remotos y de los cambios que la naturaleza ha obrado en ellos en el devenir de las edades de la Tierra. Así, este texto empieza con los primeros seres que podemos calificar como miembros de la familia zoológica humana, que se distinguen de los demás mamíferos del Orden Primates, coloquialmente conocidos como “monos”, con los que estamos más próximamente emparentados. Y llega hasta la repartición del territorio en la península Ibérica entre los individuos de nuestra especie y los últimos representantes de los neandertales, hace tan solo 25.000 años. Pero, lastimosamente, este año de 2009 también está siendo conocido por la crisis económica mundial en la que nos hallamos inmersos. Por eso hemos creído conveniente acercar a nuestro lector al punto de vista que sobre la situación económica actual tiene el último premio Nobel de Economía, Paul R. Krugman. Curiosamente, lo que llama la atención de este profesor de la Universidad de Princeton es que crea que la depresión actual, o como queramos llamarla, se deba en buena medida a la falta de control del Estado sobre la actividad mercantil y financiera. Desde luego, en España las razones, si queremos buscarlas, tendrán que ser otras. Si echamos la vista atrás, digamos una década, el número de funcionarios públicos no ha hecho otra cosa que crecer; la promulgación de leyes, normas, controles y prohibiciones por parte de la UE, las Cortes generales y los parlamentos autonómicos se ha erigido en una actividad fabril que llega hasta cada rincón de la iniciativa privada (incluso se ha legislado el reparto paritario entre sexos en los consejos de administración), y el grado de información que tiene el ministerio de Hacienda sobre la economía de los ciudadanos —como comprobamos cada año— roza lo inquietante. Por último, nuestros amables lectores habrán notado que la cabecera de la revista ha cambiado. Se ha sustituido “Ars Medica” por “Dendra Médica”, lo que se debe a que la editorial Ars XXI, SL, que ha estado editando esta revista desde su primer número (junio de 2002), ha tenido que cerrar. Ello nos ha obligado a cambiar, parcialmente, la cabecera de esta revista. Mientras que los contenidos y formatos, como podrá comprobarse, se mantienen igual. Como no puede ser de otra manera, agradecemos a Ars XXI el servicio que nos ha brindado a lo largo de estos años, a la vez que lamentamos que, por causa de las actuales circunstancias en las que se encuentra el mercado, haya tenido que cesar en su actividad. *** Al igual que siempre, los que hacemos esta Revista de Humanidades agradecemos a los amables lectores sus comentarios y a nuestra benefactora, la Fundación Pfizer, el apoyo incondicional con el que nos distingue. Hasta el próximo mes de noviembre. José Luis Puerta jl_puerta@yahoo.com

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2009, un año difícil 2009, a difficult year ■ Es probable que a estas alturas del año todos nos hayamos enterado ya de que celebramos el segundo centenario del nacimiento de Charles Robert Darwin (1809-1882). Asunto del que se ha ocupado profusamente la prensa científica y especializada, sin mencionar la cantidad de libros que se han editado acerca de este biólogo inglés —al que dicho sea de paso le resultó inaguantable el estudio de la medicina— o las reediciones que se han hecho de sus obras. Es digno de mención, aunque mejorable en algunos aspectos, el esfuerzo de compilación realizado por el portal The Complete Works of Charles Darwin Online (www.darwin-online.org.uk) para agrupar todas las obras del naturalista. Desde estas páginas hemos querido también recordar a Darwin no tanto centrándonos en su persona o sus publicaciones, sino mostrando el alcance e importancia en tantos órdenes de la vida, la ciencia, la economía o la moral, de la teoría de la evolución de las especies por la selección natural. Por un lado, incluimos un artículo del polémico filósofo australiano, Peter Singer, conocido por ser uno de los adalides del “Proyecto gran simio” y reclamar (desde sus publicaciones e intervenciones públicas) una extensión del igualitarismo moral. En dicho artículo explica por qué el progresismo ha rechazado en sus estrategias políticas las teorías darwinianas y por qué dicha posición no se puede mantener durante más tiempo. Para él ha llegado el momento de que la izquierda política revise y extraiga sus propias conclusiones del conocimiento científico actual acerca de la naturaleza humana y que emana, a su vez, del concepto de selección natural. Y es que a los seguidores del progresismo, en opinión de este autor, no les queda otra salida que comprender mejor (a la luz de tales teorías evolucionistas) los cambios sociales y económicos si quieren lograr sus objetivos sociales y políticos. Además, recuerda cómo las enseñanzas de la moderna teoría de la evolución, en particular, las tocantes a la cooperación, pueden ser de utilidad para esta corriente de pensamiento. En cierto modo, el escrito de Singer incluido en este número debe verse como una sinopsis del ensayo A Darwinian Left: Politics, evolution and cooperation publicado en 1999 con motivo del 190 aniversario del nacimiento de Darwin. Por otro lado, Emiliano Aguirre, a quien con justicia se puede considerar el padre de la paleoantropología moderna en España e iniciador del estudio de los yacimientos pleistocenos de la Sierra de Atapuerca (Burgos), ha intentado resumir el conocimiento científico actual sobre los orígenes del Homo sapiens en un detallado artículo. Pues año tras año, gracias a los restos fósiles de sus cuerpos Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:1-2

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o a productos y trazas de sus actividades y de los ambientes en que vivieron, se va sabiendo más de nuestros antepasados remotos y de los cambios que la naturaleza ha obrado en ellos en el devenir de las edades de la Tierra. Así, este texto empieza con los primeros seres que podemos calificar como miembros de la familia zoológica humana, que se distinguen de los demás mamíferos del Orden Primates, coloquialmente conocidos como “monos”, con los que estamos más próximamente emparentados. Y llega hasta la repartición del territorio en la península Ibérica entre los individuos de nuestra especie y los últimos representantes de los neandertales, hace tan solo 25.000 años. Pero, lastimosamente, este año de 2009 también está siendo conocido por la crisis económica mundial en la que nos hallamos inmersos. Por eso hemos creído conveniente acercar a nuestro lector al punto de vista que sobre la situación económica actual tiene el último premio Nobel de Economía, Paul R. Krugman. Curiosamente, lo que llama la atención de este profesor de la Universidad de Princeton es que crea que la depresión actual, o como queramos llamarla, se deba en buena medida a la falta de control del Estado sobre la actividad mercantil y financiera. Desde luego, en España las razones, si queremos buscarlas, tendrán que ser otras. Si echamos la vista atrás, digamos una década, el número de funcionarios públicos no ha hecho otra cosa que crecer; la promulgación de leyes, normas, controles y prohibiciones por parte de la UE, las Cortes generales y los parlamentos autonómicos se ha erigido en una actividad fabril que llega hasta cada rincón de la iniciativa privada (incluso se ha legislado el reparto paritario entre sexos en los consejos de administración), y el grado de información que tiene el ministerio de Hacienda sobre la economía de los ciudadanos —como comprobamos cada año— roza lo inquietante. Por último, nuestros amables lectores habrán notado que la cabecera de la revista ha cambiado. Se ha sustituido “Ars Medica” por “Dendra Médica”, lo que se debe a que la editorial Ars XXI, SL, que ha estado editando esta revista desde su primer número (junio de 2002), ha tenido que cerrar. Ello nos ha obligado a cambiar, parcialmente, la cabecera de esta revista. Mientras que los contenidos y formatos, como podrá comprobarse, se mantienen igual. Como no puede ser de otra manera, agradecemos a Ars XXI el servicio que nos ha brindado a lo largo de estos años, a la vez que lamentamos que, por causa de las actuales circunstancias en las que se encuentra el mercado, haya tenido que cesar en su actividad. *** Al igual que siempre, los que hacemos esta Revista de Humanidades agradecemos a los amables lectores sus comentarios y a nuestra benefactora, la Fundación Pfizer, el apoyo incondicional con el que nos distingue. Hasta el próximo mes de noviembre.

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El Canal de Panamá y los avances en Salud pública The Panama Canal and the advances in Public Health ■ Mª. Teresa Hernández* Resumen El canal de Panamá es una obra civil que permite la navegación entre el Océano Pacífico y el Mar del Caribe. De todos los proyectos de ingeniería realizados es uno de los más arduos, con enormes repercusiones no solo en la navegación, sino también en la Salud pública.

Palabras clave Canal de Panamá. Carlos Finlay. William Gorgas. Fiebre amarilla. Malaria. Salud pública.

Abstract The Panama Canal is a ship canal which joins the Caribbean Sea and the Pacific ocean. One of the most difficult engineering projects ever undertaken, it had an enormous impact not only on shipping between the two oceans, but also on Public Health.

Key words Panama Canal. Carlos Finlay. William Gorgas. Yellow fever. Malaria. Public Health.

■ El Canal de Panamá es considerado como uno de los más grandes proyectos de ingeniería de la humanidad y que más contribuyeron al desarrollo y progreso mundial. * La autora es Licenciada en Veterinaria y ha trabajado en la Oficina regional de la Organización Panamericana de la Salud (Paho) en la Ciudad de Panamá, dentro del Programa Global Health Fellows de Pfizer.

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Figura 1. Vista panorámica del Río Chagres de Panamá (cortesía de la autora).

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La complejidad del istmo de Panamá, con sólo 80 kilómetros en su punto más angosto, con una complicada geología de fallas y núcleos volcánicos, su impenetrable jungla y su climatología e hidrología con continuas inundaciones, lluvias torrenciales, altas temperaturas y humedad, hizo de esta obra un verdadero reto para sus primeros expedicionarios. Sin embargo, además de una gran obra de ingeniería, su construcción no sólo contribuyó al progreso sanitario de aquella nación sino también al desarrollo de planes de salubridad en todo el mundo.

Historia del Canal Cuatrocientos años antes del inicio de esta magna obra, los exploradores españoles ya concibieron la idea de crear un pasillo que uniera los océanos Atlántico y Pacífico. En 1513, Vasco Núñez de Balboa fue el primer europeo que con sus naves comenzó a explorar aquel territorio, buscando la posibilidad de encontrar un paso hacia el océano desconocido, el Pacífico, al que llamó Mar del Sur. Pero fue Álvaro Saavedra, en 1529, quien propuso al emperador Carlos V, la idea de crear una vía que conectara ambos mares. En 1534, Carlos V ordenó al Gobernador regional de Panamá la búsqueda de una ruta hacia el Pacífico siguiendo el Río Chagres y éste fue el primer estudio que se realizó para hacer un canal que atravesara el continente americano acortando el camino a las Indias Orientales. Curiosamente, aquellos primeros esbozos seguían un trazado similar al actual del Canal de Panamá, pero las dificultades de una obra de tal envergadura para aquellos tiempos y la mayor preocupación del monarca por sacar provecho de los tesoros de ultramar hicieron que aquella iniciativa fuera abandonada. Algunos, tentados por el atractivo de llevar a cabo una empresa de tanto prestigio para la Corona española, siguieron intentándolo. Contrariamente a lo que podría suponerse por la vasta expansión geográfica durante su reinado, Felipe II rechazó el plan, ya que por su carácter religioso profesaba la idea de que la voluntad del hombre no debería “modificar aquello que existía por voluntad de Dios”. En décadas posteriores las caravanas cargadas de oro eran transportadas por mulas a través de un camino similar al que existe hoy en día. Sin embargo, los corsarios y bucaneros que aguardaban en el Mar de las Antillas encontraron en estas caravanas una presa fácil para obtener oro y piedras preciosas. En consecuencia, poco después aquel camino fue totalmente abandonado. Pero, pese a todo, y sin llegar a concretarse en ninguna empresa, durante siglos se continuó hablando de la posibilidad de atravesar el istmo. La “fiebre del oro” del año 1849 fue determinante para convencer a todos de la necesidad de construir una vía que permitiera la comunicación entre continentes. Y así, a pesar del clima, las enfermedades y las penurias que hicieron estragos entre los obreros, entre 1850 y 1855 fue construido el primer ferrocarril transcontinental del mundo y, poco después, en 1869, los franceses comenzaron a forjar la idea de llevar a cabo un canal que permitiera esta grandiosa empresa. Por entonces Panamá era una provincia de Colombia y el gobierno colombiano concedió a Francia la autorización para realizar las obras. Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:3-15

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Figura 2. Bóvedas de la Plaza de Francia de la Ciudad de Panamá donde se recoge la historia del Canal (cortesía de la autora).

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El canal en la época francesa La Société de Géographie de Paris organizó en 1876 un comité para promover la cooperación internacional y realizar estudios con el objetivo de construir un canal interoceánico. El comité, una compañía limitada, la Société Civile Internationale du Canal Interocéanique de Darien, estuvo presidida por Ferdinand de Lesseps. Después de estudiar diferentes posibilidades, finalmente se pensó que el canal debía discurrir a nivel del mar. La ruta correría casi paralela al Ferrocarril de Panamá y habría requerido construir un túnel de 7.720 metros para atravesar la Cordillera Continental en Culebra.La Société de Géographie de Paris envió invitaciones para el Congrès International d’Études du Canal Interocéanique con el fin de legitimar el proyecto y conseguir suficiente apoyo financiero. En este congreso se presentaron catorce propuestas, entre las que se hallaban la del Barón Godin de Lépinay y la de Gustav Eiffel, ambos partidarios de un canal de esclusas. De Lépinay proponía la construcción de represas y la creación de un lago artificial que reduciría los peligros de inundaciones del río Chagres, estimando que la obra podría ser concluida en seis años. Este plan requeriría, sin embargo, un menor volumen de excavación y además evitaría los problemas derivados de las teorías de la época, que sostenían que el origen de algunas de las enfermedades tropicales más devastadoras se debía a las emanaciones tóxicas de la tierra recién excavada y expuesta al aire. No obstante, el diseño de De Lépinay no recibió muchos apoyos. De Lesseps defendió la ruta que ya se había seleccionado para desarrollar el ferrocarril transcontinental de Panamá y un canal a nivel, como el de Suez. La resolución fue aprobada con 74 votos a favor y 8 en contra, entre los que estaban los de De Lépinay y Eiffel. El primero de enero de 1880 tuvo lugar la ceremonia especial para sacar la primera palada de tierra en la desembocadura del Río Grande, entrada del futuro canal en el Pacífico. De Lesseps, diplomático de carrera, asumió el control financiero y la búsqueda de financiación y encomendó a su hijo Charles la supervisión de los trabajos. Por su parte, la Comisión Técnica Internacional creada al efecto se encargó de las tareas de exploración, determinación de la ruta definitiva, diseño de los procedimientos más apropiados para la excavación y preparación de los planos para el trabajo. Esta Comisión Técnica consideró que no se encontrarían grandes dificultades para la excavación a través de la Cordillera Continental en el tramo conocido como “Corte Culebra”, y estimó que la obra llevaría aproximadamente ocho años. Una vez finalizadas las prospecciones y determinada la ruta, se inició la construcción de los edificios de servicios auxiliares y las viviendas para los obreros. Toda la maquinaria necesaria, desde lanchas, excavadoras, camiones volquetes y grúas hasta telégrafos y equipo telefónico, procedía de Europa y los Estados Unidos. La mayor fuerza laboral contratada por los franceses llegó a sobrepasar los 19.000 hombres en 1884, obreros que en su mayoría procedían de las Antillas, principalmente de Jamaica. En el “Corte Culebra” los trabajos de excavación progresaban y se llegó a prever que terminarían en 1885. Sin embargo, la inestabilidad de los taludes, los Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:3-15

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deslizamientos de tierras y la falta de maquinaria adecuada incrementaban las dificultades en los trabajos. Los sistemas de eliminación de la tierra extraída acrecentaban los peligros, ya que los depósitos de desecho estaban demasiado cerca de los lugares de trabajo y con las lluvias, el material dragado volvía a depositarse en el cauce. Todo ello, añadido a la adherencia del lodo en la maquinaria y en las palas, hacía cada vez más laboriosas las labores de excavación. Todas estas dificultades ponían cada vez más de relieve que un canal a nivel era inviable y que sólo un canal de esclusas, con elevación sobre el nivel de ambos mares, podría aumentar las posibilidades de éxito. El Comité Consultivo Superior emitió un informe en octubre de 1887 por el que se decidía abandonar el proyecto inicial de un canal al nivel del mar y se reemplazaba por el desarrollo de un canal de esclusas. Los trabajos del nuevo proyecto se iniciaron el 15 de enero de 1888 y Gustave Eiffel se encargaría de diseñar el juego de esclusas. Muchos de los aspectos del diseño eran similares al que finalmente construyeron los estadounidenses en 1914. El proyecto ideaba un canal de esclusas con lagos sobre el nivel del mar para elevar las naves y hacerlas atravesar la Cordillera Continental. Las esclusas se constituirían en cámaras paralelas, en diferentes partes de su recorrido (véase figura 3) y las presas del Río Chagres crearían lagos artificiales que contribuirían al control de inundaciones y permitirían la producción de energía eléctrica.

Figura 3. Esclusas de Miraflores en el Canal de Panamá (cortesía de la autora).

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Llegados a este punto comenzaron los problemas de financiación y De Lesseps solicitó una suscripción pública, que no fructificó. En su última reunión en enero de 1889, los accionistas decidieron disolver la Compagnie Universelle. En Francia, la presión popular sobre el Gobierno en relación con lo que se conocía como el “Caso de Panamá”, llevó al enjuiciamiento de funcionarios de la Compañía, entre ellos Ferdinand y Charles de Lesseps, quienes fueron acusados de fraude. Ante la desastrosa situación económica y los problemas derivados de enfermedades como la fiebre amarilla y la malaria, a la compañía francesa le quedaban pocas alternativas: abandonar o vender el proyecto. Sus directores decidieron proponer un trato a los Estados Unidos, dado que era conocido su interés por la construcción del canal. El 2 de diciembre de 1899, el Presidente William McKinley recibió a los funcionarios de la Compañía y con ellos una propuesta tentadora para la transferencia de los derechos. Tras el asesinato del presidente McKinley, Theodore Roosevelt se convirtió en el nuevo presidente de la nación norteamericana y consideró el proyecto como algo vital e indispensable para la idea de EEUU como potencia mundial. Poco después, el 3 de noviembre de 1903, Panamá declaró su independencia de Colombia y un nuevo tratado otorgaba a los Estados Unidos la concesión de la construcción del Canal junto con la cesión a perpetuidad de una zona de 10 millas de ancho (ocho kilómetros a cada extremo de la línea del Canal) para su desarrollo y sobre la cual ejercería su soberanía. Recordemos que el interés de los Estados Unidos por este tema ya había surgido mucho antes, en la época de la fiebre del oro. El presidente Ulysses S. Grant había demostrado un interés personal cuando, siendo capitán del Ejército en 1852, atravesó el Istmo de Panamá. Su destacamento cayó víctima de una epidemia de cólera que se cobró las vidas de hombres, mujeres y niños, y Grant escribió más tarde: “Los horrores del camino en la época lluviosa van más allá de lo descriptible”.

La fiebre amarilla y la malaria Una de los grandes desafíos en la construcción del Canal de Panamá fue la lucha contra enfermedades endémicas entre los trabajadores y la población. Al mismo tiempo que se incrementaba la fuerza laboral en la construcción del canal por los franceses, aumentaban las enfermedades y la muerte, produciéndose la primera muerte por fiebre amarilla entre los empleados del canal en junio de 1881. En el istmo, la Compagnie Universelle estableció servicios médicos, organizados por las Hermanas de San Vicente de Paúl. El primer hospital con 200 camas se estableció en la ciudad de Colón en la costa atlántica en marzo de 1882 y el 12 de septiembre de 1882 se inauguraba L’Hôpital Central du Panamá, en las faldas del actual Cerro Ancón. Este hospital contaba con 500 camas distribuidas en varios pabellones separados entre sí, con amplia ventilación y levantados del suelo por medio de pilares. Siguiendo un concepto muy similar al de nuestros días, los enfermos eran distribuidos por salas según sus síntomas y diagnósticos. Además, se crearon ambulatorios en varias localidades a lo largo de la ruta del ferrocarril. Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:3-15

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Asimismo, en la Isla de Taboga se creó un centro con 25 camas para convalecientes que mantuvo durante muchos años un índice de ocupación del 100%. Junto a ello, la construcción de hospitales llevó a Panamá a tener cubiertas las necesidades de atención médica para los pacientes, pero no así la parte preventiva. Posteriormente, tras la llegada de los norteamericanos, el Hospital Central se constituiría sobre la base del asentado sobre el Cerro Ancón. Con 1.500 camas llegó a ser el mejor centro científico fuera de los Estados Unidos. No habiéndose descubierto aún la conexión entre los mosquitos y la transmisión de la fiebre amarilla y la malaria, los franceses cometieron involuntariamente una serie de errores funestos. Así, en los alrededores de los hospitales se construían canales de agua para evitar que los insectos acabaran con la vegetación plantada y dentro de los mismos se ponían palanganas con agua bajo las patas de las camas para mantenerlos alejados e impedir que subieran a las camas. Ambos métodos demostraron ser excelentes criaderos para los mosquitos Stegomyia fasciata y Anofeles, transmisores de la fiebre amarilla y la malaria, respectivamente. Muchos pacientes que llegaban al hospital por otras razones, a menudo terminaban contrayendo estas enfermedades en los propios hospitales. La pérdida de vidas humanas aumentaba, llegando a su máximo en 1885. La malaria continuó cobrándose aún más vidas que la fiebre amarilla. Sin embargo, resultaba difícil precisar el número de defunciones, ya que incluso los enfermos evitaban los hospitales por su reputación de propagar estas enfermedades.

Las teorías previas En 1881 el doctor Carlos Finlay ya se había convencido de que la fiebre amarilla era transmitida por un tipo de mosquito específico, el Stegomyia fasciata (que más tarde se conocería como Aedes aegypti). Carlos Juan Finlay y Barrés, nacido en Camagüey (Cuba) en 1833, defendió que entre un sujeto infectado y otro sano había un agente independiente que la transmitía y, al identificar al Aedes aegypti como el vector biológico, descubrió el agente transmisor de la fiebre amarilla. Finlay aplicó dicha teoría en sus investigaciones sobre la propagación de esta enfermedad en Cuba, donde se había producido un considerable número de víctimas. Por un lado, ensayó la reproducción de formas atenuadas de la enfermedad en 10

Figura 4. Dr. Carlos Finlay y Barrés (1833-1915).

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seres humanos, lo que permitió el estudio de los mecanismos inmunológicos de las enfermedades infectocontagiosas; y, por otro, formuló las reglas básicas para la erradicación del vector. Defendía que el mosquito propagaba la enfermedad por picadura de un individuo previamente infectado y la transmitía a través de la picadura a uno sano. Pero, cuando intentó probar esta teoría transmitiendo la infección a voluntarios sanos, falló. Ello se debió a que utilizó mosquitos que sólo habían estado infectados unas pocas horas, sin tener en cuenta el periodo necesario de incubación en el propio insecto. Se necesitarían más años para completar totalmente esta teoría. Mientras tanto, llegó a la Habana procedente de los Estados Unidos una comisión de cuatro expertos en fiebre amarilla, bajo la dirección de Walter Reed, médico militar. Éste y William C. Gorgas fueron quienes comprobaron estas teorías y pusieron en marcha planes de erradicación del mosquito que propagaba la enfermedad. Su descubrimiento hizo que todas las ideas previas sobre la transmisión y propagación de la enfermedad a través de los fomites fueran descartadas. Gorgas, quien había sobrevivido a la fiebre amarilla y, por lo tanto, era inmune a la enfermedad, sugirió a Reed probar la teoría de Finaly para erradicar al Stegomyia fasciata de la Habana y observar los resultados. Reed hizo construir dos edificios revestidos de tela metálica en una zona en la que se tuvieron en cuenta estrictas medidas de protección contra estas enfermedades. Con el fin de comprobar la teoría de los fómites, en la primera colocó siete voluntarios no inmunes a quienes hizo dormir 20 noches seguidas con sábanas y ropas usadas por pacientes con fiebre amarilla. Nadie se contagió. En la segunda edificación puso dos voluntarios aislados de los vectores infectados por medio de tela metálica. Tampoco desarrollaron la enfermedad. Por último, expuso a un voluntario durante tres días consecutivos a los mosquitos infectados. Al cuarto día, éste presentó signos de fiebre amarilla. Gorgas y Reed estudiaron los hábitos de reproducción del Stegomyia y el Anopheles y comprobaron que la eliminación del mosquito vector de la malaria era más complicada que la del Stegomyia. Además, Gorgas recordaba con frecuencia que aquélla era mucho más peligrosa que la fiebre amarilla y que había causado muchas más muertes en los años de la construcción francesa del Canal. (Los síntomas de la malaria eran más sutiles que las de la fiebre amarilla; pero a pesar de ello, es probable que la malaria del istmo, relativamente rápida y mortal, se cobrara más víctimas que la fiebre amarilla).

Gorgas y el saneamiento en el canal americano Un Congreso científico (The Eleventh International Sanitary Conference) celebrado en París en 1903 aceptó que los trabajos de Reed y sus colaboradores ponían de manifiesto que la transmisión de la fiebre amarilla era producida por el mosquito Aedes aegypti y lo proclamó como un “hecho comprobado científicamente”. William C. Gorgas, coronel médico, fue nombrado jefe de Sanidad del Canal y desde 1904, tras haber erradicado la fiebre amarilla en La Habana, se esforzó por implantar sus conocimientos en el territorio panameño. Así, pasó dos Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:3-15

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años estudiando los problemas sanitarios propios de la construcción del canal en América Central, una región que por entonces era un foco de enfermedades contagiosas, peste, malaria y fiebre amarilla que atacaban, sobre todo, a los forasteros. Ésta fue su reflexión: “Si pudiéramos proteger a los obreros que han de participar en la construcción del Canal, como hemos protegido a los habitantes de La Habana, podríamos construirlo sin las enormes pérdidas de vidas que sufrieron las fuerzas francesas. Opino que los métodos que tan buenos resultados han obtenido en La Habana podrían aplicarse con éxito también en el Istmo” (Gorgas, 1924, p. 137). Para Gorgas, la erradicación del mosquito era un tema prioritario a resolver antes de que llegaran nuevos empleados y se infectaran por falta de inmunidad. Por entonces ya había comprobado que las dos enfermedades se comportaban de manera diferente: la fiebre amarilla confería inmunidad; pero no así la malaria, cuyos ataques repetidos eran frecuentes y los infectados podían transmitirla a otros durante años a través de la picadura del mosquito anofeles. Gorgas consideraba que la mayor parte de las 12.000 personas que vivían a lo largo de la zona del Canal podían ser portadoras de la infección y a finales de 1904, cuando comenzaba la epidemia de fiebre amarilla, escribió: “En cuanto a la fiebre amarilla, el problema no me parece tan difícil como lo fue en La Habana, pero la malaria en el Istmo y la malaria en La Habana son cosas muy distintas... Tenemos un canal muy largo bordeado de unos 20 poblados y alrededor de 12.000 habitantes dispersos en un territorio de casi 50 millas de longitud. Sabemos que la mayoría de estos habitantes pueden transmitir la malaria a cualquier forastero que se instale en su medio... que prácticamente toda hembra de anéfeles que pique a un habitante de la zona del canal se infecta y... que los anofeles abundan” (Gorgas, 1905, p. 162). En febrero de 1905, Gorgas ya estaba preparado para emprender una obra de saneamiento como la realizada en La Habana. La labor sanitaria se inició con sistemas de drenaje y limpieza de todas las calles. Se protegieron contra el mosquito todos los barriles de agua recogida de la lluvia; se comenzó a desechar o tratar cisternas y otros tipos de recipientes de agua, a derramar aceite en los depósitos de agua estancada y a fumigar los domicilios donde hubiera pacientes que desarrollaran la enfermedad. Todo ello a la vez que se elaboraban proyectos para proveer de agua potable a la ciudad de Panamá, Colón y otras poblaciones. Después de haber iniciado las medidas de saneamiento de la zona, la verdadera erradicación se dirigió a los mosquitos causantes de la fiebre amarilla y de la malaria. El mosquito anofeles, transmisor de la malaria, es menos selectivo que Stegomyia fasciata en cuanto al sitio de deposición de huevos, ya que no busca recipientes artificiales y tiene predilección por las aguas limpias y fres12

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cas con abundantes hierbas y algas. El anofeles es habitual en zonas pantanosas y Panamá es un país con abundantes pantanales. Sin embargo, los anofelinos no son buenos voladores y suelen permanecer cerca del lugar donde han nacido, lo cual facilita las medidas de control de la malaria. En consecuencia, se limpiaron las zonas en los alrededores donde vivía y trabajaba la gente. Los equipos de sanidad drenaron más de 160 km cuadrados de pantano, construyeron aproximadamente 1.600 kilómetros de zanjas de tierra, 300 km de cunetas llenas de rocas, otros tantos de drenajes con losa y cortaron cientos de hectáreas de vegetación. Las labores de limpieza se llevaron a cabo por brigadas de fumigación en las ciudades de Panamá y Colón, en ocasiones dificultadas por el propio rechazo de la población que impedía la entrada en sus viviendas. Además, puertas y ventanas fueron cubiertas con mallas de alambre de cobre para prevenir la entrada de los mosquitos y de esta forma impedir que transmitieran la enfermedad. Otras brigadas que jugaron un papel importante en las tareas de erradicación fueron las que utilizaban cloroformo para “anestesiar” mosquitos; de esta forma se podían capturar para estudiarlos al microscopio y determinar si estaban o no infectados. Un hallazgo positivo provocaba la búsqueda de posibles contagios con el fin de lograr el aislamiento y evitar la propagación de la enfermedad. Los regadores de aceite eran otro grupo de importancia en el saneamiento de las ciudades próximas al canal. Algunas imágenes de la época recuerdan cómo este grupo de trabajadores, con recipientes a las espaldas, esparcían el líquido oleoso por charcos, pozos o letrinas. Los huevos y larvas de los anofeles también fueron eliminados introduciendo peces, reptiles y arañas a los que servían de alimento; o mediante el cultivo de plantas acuáticas que bloqueaban la llegada de los rayos del sol necesarios para su desarrollo. Por otra parte, para afrontar el problema del control sanitario y de la prevalencia de estas enfermedades, Gorgas puso un jefe de inspectores al frente de la organización. El inspector de cada distrito recibía periódicamente instrucFigura 5. William C. Gorgas (1854-1920). ción y orientación en cuanto al Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:3-15

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mantenimiento de las medidas de salubridad y del uso de quinina. Se llevó un control exhaustivo de los resultados en los 17 distritos creados. Un médico en cada distrito enviaba a la oficina central un informe diario con el número de casos locales de malaria y el número y porcentaje de trabajadores del canal que habían contraído la enfermedad. Los informes, que se revisaban periódicamente, daban una idea aproximada de la situación local. Si en un distrito se observaba un aumento de la tasa de incidencia de malaria, los inspectores acudían allí y trabajaban localmente a fin de descubrir la causa y corregirla. La campaña comenzó a dar resultados según fue implantándose el conjunto de todas estas medidas. A su vez, el Departamento de Salud trazó los puntos iniciales de trabajo: eliminar los lugares de crecimiento de los mosquitos, acabar con los mosquitos adultos y tratar los enfermos mediante estrictas medidas profilácticas y de control. La quinina fue también dispensada entre los habitantes tanto en el aspecto curativo como preventivo de la malaria, administrándose 3 gramos diarios para todos los pacientes. Como resultado de las medidas de Gorgas, se redujo drásticamente el número de los casos de fiebre amarilla (de 1.400 casos conocidos en 1900 a sólo 37 en 1901), comunicándose el 11 de noviembre de 1905 el último caso de fiebre amarilla en la ciudad de Panamá. Las tasas de muertes debidas a la malaria entre los empleados de la construcción disminuyeron desde el 11,59 por 1.000 en noviembre de 1906 a 1,23 por 1.000 en diciembre de 1909. A su vez, la mortalidad por malaria entre la totalidad de la población pasó desde un máximo de 16,21 por 1.000 en julio de 1906 a 2,58 por 1.000 en diciembre de 1909. Sin duda, los planes de Gorgas fueron acertados y sirvieron de ejemplo para otras medidas preventivas y de erradicación de enfermedades contagiosas, como la peste bubónica o la disentería. Obviamente hubo un coste en vidas humanas. Según los registros de la época se perdieron 5.609 vidas por enfermedades y accidentes durante la construcción del canal por los estadounidenses. Si sumamos las muertes ocurridas durante la época francesa, el total llegaría a unas 25.000, según las estimaciones del propio Gorgas. Sin embargo, el verdadero número es difícil de calcular, ya que los franceses sólo documentaron las muertes ocurridas en los hospitales. En 1908 Gorgas fue elegido presidente de la Asociación Médica Americana y años más tarde su obra sería descrita como “el mayor logro jamás visto en el mundo en el campo de la salud pública”.

Bibliografía • Anónimo. A Century of Public Health in the Americas. Perspectives in Health Magazine (Paho). Vol 7, nº 1, 2002 (Disponible en: www.paho.org/English/DPI/Number13_ index.htm). • Chaves-Carballo E. Ancon Hospital: an American Hospital during the construction of the Panama Canal, 1904-1914. Mil Med. 1999 Oct;164(10):725-30. • Gorgas MD, Burton JH. William Crawford Gorgas: His Life and Work. Garden City, NY: Garden City Publishing Co. 1924. • Gorgas WC. Sanitary conditions as encountered in Cuba and Panama, and what is being done to render the canal zone healthy. Med Record. 1905;67(5):161-163.

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Otras Referencias: • • • • •

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Memoria nostri durabit... El sepulcro de Don Juan de Austria Memoria nostri durabit... The tomb of Don Juan of Austria ■ Santiago Prieto-Pérez* Resumen Recordamos en estas páginas una obra escultórica magistral y a algunos escultores españoles de primera magnitud poco conocidos por el gran público. La obra a la que hacemos referencia sirve, a su vez, para redescubrir la figura de Don Juan de Austria y revivir algunos momentos de una época de nuestra Historia que fue grande por personajes como él.

Palabras clave Don Juan de Austria. Ponciano Ponzano. Escultura. Siglo diecinueve. Giuseppe Galleotti.

Abstract These pages are written in memory of a masterful sculptured work, so as of some Spanish sculptors of the first order unnoticed to the public. At the same time, the work to be reminded here will be of help in stating the personality of Don John of Austria, and to bring back to life some moments of a big era, which splendour became a reality due to him and to some other figures whose grandeur remains unequalled within the Spanish history.

Key words Don John of Austria. Ponciano Ponzano. Sculpture. Nineteenth century. Giuseppe Galleotti.

■ Es verano, mediodía en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. En el exterior, el Sol aprieta y un olor a resina impregna el aire. *El autor es doctor en Bellas Artes.

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Dentro, el granito atenúa el calor. Descendiendo por unas escaleras estrechas, la temperatura es agradable, fresca incluso. Los peldaños nos conducen hacia una puerta abierta. Sobrepasado el dintel, la escalera se bifurca a izquierda y derecha, descendiendo un pequeño tramo, igual a ambos lados, hasta un corredor común suavemente iluminado por grandes y espaciados ventanales a la altura del patio interior del monasterio, por encima de nuestras cabezas. A la izquierda, el Panteón de Reyes; a la derecha, el Panteón de Infantes. Siguiendo el pasillo a nuestra diestra, guiados por la tenue luz procedente del muro, y apenas recorridos unos pasos, damos en una estancia. Mármoles negros, rojos y blancos visten la sala, extraordinariamente pulcra. Silencio y penumbra. Tumbas de mármol blanco de Carrara, sencillas, con el nombre de los difuntos en broncíneas letras mayúsculas y el escudo de armas de sus respectivas Casas, cubren las paredes en forma de U, dejando en el centro dos sepulcros. Una figura yace horizontal, sobre un arca a un metro del suelo. Una luz suave desvela sutilmente su forma, como si los rayos del Sol acariciasen la piedra. Representa a un caballero armado, la cabeza y las manos desnudas. Activos los sentidos, el visitante contiene la respiración, preservando el silencio y percibiendo, acaso rememorando, un sabor extraño raras veces experimentado: el sabor de la Historia. Se acerca despacio intentando grabar cada detalle, temeroso de perturbar el sueño del soldado. Un soldado a cuyos pies puede leerse: JOHANNES AVSTRIACVS CAROLI V FIL. NATURALIS.

Figura 1. Mausoleo de Don Juan de Austria. Panteón de los Infantes (Monasterio de San Lorenzo de El Escorial).

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Ahora bien: ¿quién fue Juan de Austria? ¿Quién ideó y realizó su sepulcro? En este artículo se pretende responder a estas cuestiones y a algunas otras que, tal vez, se suscitarán al curioso lector.

Juan de Austria. Sus primeros años Don Juan de Austria, de acuerdo con la mayoría de los textos consultados, muy probablemente nació en febrero de 1547 (y no en 1545 como señalan algunas fuentes), año del gran triunfo de Mühlberg, cuarenta y siete años después de que viniese al mundo el vencedor de aquella batalla, su padre, el emperador Carlos I de España y V de Alemania. Hijo del citado y de una mujer alemana de dieciocho años, Bárbara Blomberg, hermosa y de bella voz, parece que vino al mundo en la ciudad de Ratisbona. Después del nacimiento del hijo del emperador, Bárbara se casó con Jerôme Pyramus Kegel, comisario de la Corte de María de Hungría en Bruselas, debido a lo cual, el muchacho empezó a ser conocido como Jeromín. Muerto Jerôme, en 1550 Carlos decidió que un músico flamenco de la Corte y su mujer española Ana de Medina, acogieran a Jeromín en España, viviendo así sus primeros años en el madrileño pueblo de Leganés. En 1554 el emperador mandó que Jeromín pasase a cargo de su consejero y confidente, Luis de Quijada, y de su mujer Magdalena de Ulloa, viviendo con ellos en su castillo, en Villagarcía de Campos. Del interés de Carlos I por la educación de su hijo da cuenta esta carta a Quijada: “que pudiéndose buenamente enderezar que de su libre y spontánea voluntad él tomase el hábito en alguna religión de frailes reformados, á lo cual se encamine, sin hacerle para ello premio ni extorsión alguna. Y no pudiendo esto guiar assí, y queriendo él más seguir la vida y estado seglar… le sean asignados treinta mil ducados en el reyno de Nápoles”. En 1558, con 11 años, Jeromín fue llamado a Yuste por el envejecido emperador y, aunque conocida ya su ascendencia por su hermano y legítimo heredero al trono, Felipe, la paternidad de Jeromín no fue reconocida hasta la muerte del emperador. Cumpliendo su voluntad, Felipe reconoció a su hermano en su primer encuentro, en 1559, cambiando su nombre por el de Juan, en honor de otro hermano precozmente difunto. A partir de entonces, Juan de Austria se educó en la Corte y en la Universidad de Alcalá de Henares con sus sobrinos Don Carlos y Alessandro Farnese (Duque de Parma), dos años mayores. Pero, como ya previó su padre, Juan se vio pronto encaminado a la vida seglar, fugándose en 1565 para embarcar en la Armada reunida en Barcelona para el socorro de Malta. Felipe II, su hermano y nuevo emperador, conociendo este hecho, autorizó que Don Juan y Don Carlos empezaran a asistir a las sesiones del Consejo de Estado.

Los méritos de Juan de Austria Como se ha señalado, a la educación procurada por el emperador Carlos se sumó la natural valía libremente encauzada por su hijo, pareciendo que encar18

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nase al perfecto príncipe cristiano descrito por Saavedra Fajardo (p. 173): “en el príncipe son convenientes aquellas virtudes heroicas propias del imperio, no aquellas monásticas y encogidas que le hacen tímido en las resoluciones, retirado del trato humano, y más atento a ciertas perfecciones propias que al gobierno universal. La mayor perfección de su virtud consiste en satisfacer a las obligaciones de príncipe que le impuso Dios”. En 1568 Juan fue nombrado Capitán General de la Mar y aunque nunca fuese tratado como “Alteza” sino como “Excelencia”, en desdoro de su sangre real, pronto sus actos le otorgarían lo que los títulos no pudieran: su lugar en la Historia. Así, en 1569 acaudilló la Guerra contra los moriscos de Granada, sofocando completamente su revuelta en las Alpujarras. En 1571 comandó la flota de trescientas naves que venció a los turcos en el golfo de Lepanto, deteniendo la expansión musulmana en el Mediterráneo, conquistando la seguridad de las costas y asegurando el comercio europeo con el norte de África1. En 1573 tomó Túnez y en 1576 fue nombrado Gobernador de los Países Bajos, obteniendo en enero de 1578 la gran victoria de Gembloux (a orillas del río Orneau, en la Bélgica actual), poco antes de morir, a los 31, el primero de octubre del mismo año.

La ambición de Juan de Austria Se ha insistido mucho en la presunta ambición de Don Juan, incidiendo en su insatisfacción o sugiriendo cierto resentimiento hacia su hermano. Se ha aludido, por ejemplo, a su incomodidad por el trato hacia su persona en ceremonias públicas, delante de los Grandes pero detrás de la Familia Real. O se ha dado un crédito excesivo a las intrigas aventadas por Antonio Pérez. Sin embargo, si algo ha consignado la glosa de sus actos ha sido su absoluta fidelidad al Emperador y a la empresa de la Corona Hispana. Así, siempre consultó con Felipe II la conveniencia de las numerosas y tentadoras ofertas que recibió: desde la propuesta albanesa de hacerle su rey, hasta la papal de reconocerle rey de Túnez. Pasando por aquel episodio en que un enviado de la reina Isabel I de Inglaterra sondeara la posibilidad de un matrimonio con Don Juan. En tal sentido, si bien podría deducirse algún resquemor hacia su hermano Felipe por sus reiteradas negativas, éstas fueron entendidas y aceptadas. A ello hay que sumar un elemento crucial que desmiente cualquier duda al respecto: la falta de cálculo de Don Juan; su arrojo y empeño en las campañas que dirigió. Así, en las Alpujarras recibió un balazo de mosquete en el casco; en Lepanto fue herido en un pie y su desgaste personal en todas sus campañas fue más que evidente. No en vano, su dureza y sacrificio, ciertamente espartanos, quedaron de manifiesto en sus larguísimas marchas a caballo, que sin 1

Conviene recordar que los turcos penetraron en Europa en 1521, ocupando Serbia, Bulgaria, Albania y Montenegro. En 1529 sitiaron Viena y ocuparon casi toda Rumanía, Hungría y Austria. El levantamiento del sitio de Viena en 1532 gracias al emperador Carlos al mando de noventa mil hombres, y la victoria de Lepanto pusieron freno a las ambiciones otomanas.

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duda contribuyeron a un deterioro fatal de su salud por el agravamiento de sus hemorroides. De todo lo dicho se infiere la característica esencial en Don Juan de Austria: su férrea voluntad. Pues fueron su resolución, capacidad de liderazgo, mando y organización, las cualidades que le llevaron al éxito, y su carácter lo que le impelió a acometer sus empresas sin cuartel hasta la victoria. Recordemos que Lepanto costó la vida a 8.000 cristianos frente a 25.000 turcos (a la vez que supuso la liberación de 12.000 galeotes cristianos) y que Gembloux significó unas 10.000 vidas protestantes. Lo cual nos lleva de la mano a una reflexión necesaria. Se ha sugerido que esta voluntad, a veces temeraria, estaba guiada por una fe sin fisuras, por la creencia en una empresa sagrada. De hecho, Don Juan, en Gembloux, mandó añadir al estandarte que él mismo había llevado en Lepanto, la leyenda: In hoc signo vici Turcos, in hoc vincam haereticos. Como escribe el hispanista inglés Geoffrey Parker (p. 220): “El servicio en el extranjero, y en particular el servicio entre los herejes y rebeldes de los Países Bajos, puso de manifiesto el innato sentimiento de superioridad nacional que existía entre los españoles. Ellos eran las tropas selectas, los Úbermensch, el pueblo elegido”. Sin duda, Don Juan creía que su causa era la de Dios, pero es que quizás sólo por la fe de aquellos imbuidos por tal espíritu, fue posible el Imperio Español —y la misma existencia de Europa—. Y debe advertirse que mientras vivió Don Juan, la voluntad del rey de España, por el poder de sus ejércitos invictos, fue ciertamente incontestable. No otra cosa hizo común en la Italia del siglo XVI la frase: “Dios se ha hecho español”. Fue también Don Juan hombre de Estado, como manifiestan tres hechos principales: El primero, ya mencionado, de supeditar su ambición a la voluntad del emperador. El segundo, vinculado a su disciplina y sacrificio, nos presenta a un hombre vital y activo que jamás subestimó la empresa del gobierno; vivo ejemplo, una vez más, de aquellas virtudes que nuestro sabio diplomático Saavedra Fajardo glosaría entre las propias de un príncipe cristiano: “entre tan gran número de príncipes, muy pocos salen buenos gobernadores; no porque les falten partes naturales, pues antes suelen aventajarse en ellas a los demás, como de materia más bien alimentada, sino porque entre el ocio y las delicias no las ejercitan” (p.185). Don Juan, desde luego, no perteneció a aquéllos que a la molicie se abandonan. En tercer lugar, su inteligencia para rodearse de los mejores. Siendo evidente que a su indudable valentía sumaba una notable inteligencia, supo contar siempre con los más avezados generales: en Lepanto le acompañaron Álvaro de Bazán, Luis de Requesens —a quien sustituiría en el cargo de Gobernador de los Países Bajos— o el célebre marino italiano Andrea Doria. Casi siempre tuvo a su lado a su amigo y gran estratega el Duque de Parma, con quien rivalizó en fama. Y supo ganarse el respeto de los hombres bajo su mando. De hecho, las tropas sentían por él una admiración que en ocasiones se tradujo en actos verdaderamente únicos, como aquel en que, llamando Don Juan a 20

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los Tercios Viejos, éstos, al mando de Lope de Figueroa, recorrieron los 1.100 kilómetros del Camino Español, ¡en tan sólo treinta y dos días!2. Por otro lado, es fácil desmontar aquellas visiones deformadoras que nos presentan a Juan de Austria como un guerrero impulsivo incapaz de otra cosa sino luchar. La tenacidad de los hechos lo desmiente, siendo así que siempre veló por el éxito global de las empresas a su cargo, sin concesión alguna al ciego ímpetu que pudiera dominar a un espíritu joven. Supo negociar con el Habaquí cuando la campaña granadina se enquistó en mayo de 1570, antes de expulsar definitivamente a los moriscos —en febrero de 1571 Felipe II firmó el decreto de expulsión forzosa—. Se mostró conciliador a su llegada a Flandes, en una situación precaria por el Edicto Perpetuo, para revertir la situación en poco tiempo. Y a él debemos el plan para la invasión de Inglaterra, concibiendo un golpe maestro por más que a la postre resultase maldito.

La muerte de Juan de Austria De su integridad y valía dan fe también el temor y odio que inspiraba a nuestros enemigos de entonces. No en vano, Juan sobrevivió a un intento de asesinato promovido por Inglaterra y el Príncipe de Orange, encargado a Edmond Radcliffe que fue descubierto y ejecutado. Y en el mismo sentido se puede interpretar la teoría del envenenamiento de Don Juan, alentada precisamente por el Príncipe de Orange, y recogida por Baltasar Porreño (1565-1639) en Historia del Serenísimo Señor D. Juan de Austria, hijo del Invictíssimo Emperador Carlos V, Rey de España y por Lorenzo Van der Hammen y León (1589-1664) en su Don Ivan de Austria (publicado en 1627). Sin embargo, en la mayoría de textos biográficos relativos a Juan de Austria se asume su muerte por tifus. Una causa que, como veremos, tampoco es tan sencilla o evidente. Recuérdese que el tifus fue identificado en el mismo siglo XVI por Girolamo Fracastoro (1478-1553) quien por primera vez lo distinguió de la peste. Es seguro que una epidemia de “tifus” asoló Flandes en el verano de 1578 y que las tropas españolas fueron afectadas, como Don Juan y algunos de sus comandantes. En principio, Juan pudo padecer tanto el tifus por salmonela como el llamado tifus exantemático o “tabardillo”, enfermedades diferentes que

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Sin duda y como diría el clásico: Verba movent, exempla trahunt (“las palabras mueven, los ejemplos arrastran”). Del 22 de febrero al 27 de marzo de 1578, 5.000 hombres cargados con armas y pertrechos, recorrieron a pie el Camino Español, de Lombardía a Namur, a un ritmo infernal. Casi treinta y dos kilómetros al día en un trayecto que, de media, se cubría en cuarenta y ocho jornadas. Lope de Figueroa (1536-1597), Maestre de Campo, participó con su Tercio, llamado de Granada o de La Liga, en Italia, Túnez, la Goleta, Flandes, Granada, Lepanto, Flandes de nuevo, Portugal y en las Azores. Inmortalizado en El alcalde de Zalamea por Calderón de la Barca, tuvo bajo su mando a Cervantes en Lepanto y a Lope de Vega en San Miguel de las Azores.

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el profano funde en una3. En los grandes acantonamientos de tropas —recuérdese que Namur, a orillas del Meuse, era el punto de llegada de los Tercios— las condiciones eran propicias para el contagio. De hecho, se podían dar ambos tipos: tanto el tifus exantemático, transmitido por los piojos de la ropa, como el tifus por la salmonela de aguas encharcadas. Gregorio Marañón se decanta por el tifus exantemático, así como Vander Hammen y Lynch, basándose en las manchas cutáneas o exantema. Sin embargo, según describió el doctor Ramírez, médico y amigo de Juan de Austria, la evolución progresiva de la enfermedad (seis semanas de principio a fin), con fuertes dolores abdominales, rechazo de alimentos, vómitos y diarreas sanguinolentas permiten deducir un tifus por salmonela. Dicho lo cual, no obstante, los autores de un estudio reciente (Seoane y cols.), señalan como causa final de la muerte de Don Juan una mala praxis vinculada a una dolencia previa, dando crédito a lo apuntado por el doctor Dionisio Daza Chacón, su médico en Lepanto, en su libro Práctica y teórica de Cirugía (Valladolid, 1580). Al describir el tratamiento de las hemorroides dice: “El remedio de las sanguijuelas es mejor y más seguro que rajarlas con lanceta pues algunas veces se hacen llagas muy corrosivas y de abrirlas con lanceta lo más común es quedar con fístula y alguna vez causa de repentina muerte, como acaeció al serenísimo Juan de Austria el cual después de tantas victorias vino a morir miserablemente a manos de médicos y cirujano. Consultaron y decidieron darle una lancetada en una almorrana. Dieron la lancetada y sucedióle un flujo de sangre tan bravo que pese a hacerle todos los remedios posibles en cuatro horas dio el alma a su creador, cosa digna de llorar y de gran lástima. Si yo hubiera estado aún a su servicio no se hiciera un yerro tan grande como se hizo”. Un testimonio al que se ha concedido escasa importancia. Quizá considerado como un episodio de disputas profesionales, toda vez que Daza no se hallaba presente en el lugar. O acaso por temer que tan infortunado motivo pudiera enturbiar de algún modo la idealizada imagen de Don Juan. De cualquier modo, al texto mencionado de Daza, se suma el relato de Baltasar Porreño, quien indica que “hacía más de un año que Don Juan no purgaba la sangre de sus almorranas”. Parece, pues, plausible considerar esta última entre las causas concurrentes en la muerte de Juan de Austria.

Ponciano Ponzano. El escultor Ponciano Ponzano nació en 1813 en Zaragoza, la tierra que en el mismo siglo viese crecer a Francisco de Goya, Félix de Azara y Mariano Lagasca. 3

Vélez de Guevara L. El diablo cojuelo... Op. C. (p. 79): “que se le han subido los consonantes a la cabeza, como tabardillo”.

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Ponciano, hijo del conserje de la Academia de San Luis de Zaragoza, fue llevado a Madrid con trece años por el escultor José Álvarez Bouquel, quien, haciendo impecable seguimiento de la voluntad de su padre, José Álvarez Cubero (1768-1827) lo acogió bajo su protección y lo alojó en su propia casa como discípulo y ayudante. A Álvarez Cubero, discípulo de Canova, le debemos, entre otras, la obra titulada Defensa de Zaragoza, que preside la entrada de la ampliación del Museo del Prado. Ponzano, destacado estudiante, en 1832 logró la pensión de estudios para ingresar en la Academia de Roma, merced al relieve titulado “Episodio de la infancia de Alfonso XI de Castilla”, que aún se conserva en la Academia de San Fernando. En Roma estudió y trabajó con denuedo, siendo tal su voluntad que, suprimidas todas las becas en 1833, se quedó solo en la capital italiana para seguir estudiando, donde conoció a numerosos escultores europeos, entre los cuales Thorwaldsen y Tenerani le influyeron profundamente. En tan difícil situación e impresionado por su talento, el Conde de Toreno (José Mª Queipo del Llano) decidió mantenerle costeando su estancia en Italia y encargándole obras. Obras que, como El Diluvio universal, debido a la fatalidad se han perdido para siempre. Nombrado profesor de la recién fundada Escuela de Bellas Artes de Madrid, ya bajo la protección de la reina Isabel II, trabajó como Escultor de Cámara, realizando dos obras conocidas por todos los españoles: el frontón de las Cortes y los leones en bronce que presiden las escaleras de entrada. Sin embargo, a Ponzano se deben también la decoración del paraninfo de la Universidad Central, el tímpano de la Iglesia de San Jerónimo y magníficos bustos en mármol como los de la reina Isabel II o de la infanta Luisa Fernanda, ambos en el Palacio Real de Pedralbes, en Barcelona; los retratos del Doctor Eusebio Lera, hoy en el Museo de Zaragoza, o el del insigne pintor D. José Madrazo, en el Casón del Buen Retiro. Así mismo, a él se debe el muy cuestionado Panteón de Infantes del Real Monasterio de El Escorial y el sepulcro de D. Juan de Austria, que motiva este artículo. En este punto deben aclararse algunos detalles relativos a la autoría de una obra que se atribuye tanto a Ponciano Ponzano como a Giuseppe Galeotti. Y es que por curioso que parezca, la obra corresponde a ambos aunque el único escultor sea Ponzano. Y nos explicamos: el título de escultor, en una época en que existía una nítida separación entre el artista y el artesano, no se aplicaba al oficial especializado, al margen de su virtuosismo. Así, conviene apuntar aquí que aunque Ponzano conoció sin duda los secretos de su oficio, como escultor al servicio de la corona contaba con un taller de ayudantes especializados que le ayudaban en la ejecución de las obras. Así, su trabajo como escultor consistía en el diseño de la obra, la realización de dibujos y en la plasmación de la idea a través del modelado en barro. A continuación, bajo su supervisión, otros especialistas realizaban el vaciado del modelo, consistente en su registro mediante la elaboración de un molde, compuesto por varias piezas de escayola que permitían sacar una réplica de la obra modelada. Obtenida la réplica en escayola de la obra en barro, se procedía a su traslación a otro material, en la misma escala o en otra, mediante el proceso conocido como sacado de puntos. Este método permitía una aproximación exacta, semejante al traslado por coordenadas, de las medidas originaDendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:16-31

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les en el material definitivo. Esta tarea, así como el tallado final del material, correspondía a otro especialista; marmolista en el caso del trabajo del mármol.

Giuseppe Galeotti. El marmolista Giuseppe Galeotti o José Galeotti, contra lo que habitualmente se asume, no nació en Italia sino en Madrid acabando el siglo XVIII. Hijo del marmolista de la Corte Juan Bautista Galeotti, quedó huérfano junto a su hermano Domingo muy tempranamente, siéndoles asignados “tres mil reales de vellón a cada uno para su educación por tesorería general”, según refiere en una carta fechada el cinco de octubre de 1819 el Contador general de la Real Casa, Ignacio Pérez, “aumentándoles (el rey Carlos IV, el 24 de abril de 1800) hasta 300 ducados a cada uno […] hasta que se les colocase o se proporcionase su subsistencia por medio de la profesión que eligiesen”. Giuseppe decidió ejercer el oficio de su padre Juan Bautista, quien a su vez había seguido los pasos del suyo, Don Domingo, llamado por el rey Carlos III a Madrid en 1760 para trabajar en el Palacio Real. Su labor, extensa aunque poco conocida, queda expresamente documentada en una carta que reproducimos a continuación. Escrita por el mismo Galeotti, ya viejo, el dos de julio de 1896 y dirigida al Exmo. Señor Duque de Medina Sidonia, Mayordomo Mayor de la Real Casa, dice así: “Don José Galeotti, domiciliado en esta Corte, calle de S. Marcos, nº 4, que ha tenido la honra de trabajar bajo las órdenes de D. Ponciano Ponziani por diez años por la R. Casa, ejecutando el D. Juan de Austria, los heraldos y los adornos de las urnas de los infantes en los Panteones de los R. Sitios de S. Lorenzo de El Escorial, además de muchas obras como el frontón de las Cortes, estatuas de la fachada del Museo de Pintura, el S. Fernando y el S. Luis del Palacio de S. Telmo de Sevilla, etc., etc. Suplica a V.E. se le conceda la plaza de restaurador de escultura en el R. Sitio de S. Ildefonso en La Granja, conformándose en todo a las condiciones que por la R. Intendencia sean propuestas. Seguro del apoyo de V.E. por un anciano artista, con todo agradecimiento, ruega que D.G.V.E. [Dios guarde a Vuesa Excelencia] muchos años”. Téngase en cuenta que en la época que tratamos no existía una asignación oficial, por ley, para la jubilación, por lo que se deduce que el destino solicitado en su misiva debía ser lo más parecido a un retiro dorado.

El sepulcro de Juan de Austria El sepulcro de Juan de Austria fue realizado en mármol de Carrara. En el costado izquierdo (vista la figura desde sus pies) del sarcófago, dos escudos de

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la Casa de Austria, con corona ducal y dos áncoras cruzadas, enmarcan la leyenda: FVIT HOMO MISSVS A DEO CVI NOMEN ERAT JOHANNES (“Fue enviado por Dios un hombre que tenía por nombre Juan”). A sus pies JOHANNES AVSTRIACVS CAROLI V FIL. NATURALIS (Juan de Austria, hijo natural de Carlos V). INMORTALIS EST ENIM MEMORIA ILLIVS (Inmortal es su memoria) reza en su costado derecho; CHRISTVS VINCIT, CHRISTUS REGNAT, CHRISTVS IMPERAT bajo su cabeza. Llaman la atención sus manos y cabeza, engolados puños y cuello, talladas tan sutilmente que pareciesen de carne y hueso. La cabeza de Juan de Austria reposa sobre unos almohadones que desmienten su naturaleza pétrea. Su rostro, joven, sereno, proporcionado, enmarcado por largos y ondulados cabellos. Las manos, elegantes, pobladas de distintos anillos — hasta dieciséis— que nos anuncian las damas que cautivó, sobre la espada que le valió fama universal y que invoca simbólicamente, en sus distintas partes, las cuatro virtudes cardinales (el pomo, la fuerza; el puño, la prudencia; el áliger o guarnición, la templanza, y la hoja, la justicia). Una espada, copia de la original que se conserva en la Real Armería de Madrid, con gavilanes rectos, formando una cruz sobre el pecho de Don Juan, protegido a su vez por un peto sobre el que descansa el Toisón de Oro, y cruzado por una banda que nos habla de su grado de Capitán General de las Fuerzas Reales. El resto del cuerpo está cubierto por una armadura, réplica de la más hermosa que luciese el emperador Carlos, fechada en 1525, obra del famoso orfebre ausburgués Colman Helmschmid (1471-1532), y que hoy puede contemplarse en la Real Armería. Hombreras y bufa4 bellamente adornadas; guardabrazos, codales, escarcelas5, quijotes, grebones y escarpes visten hasta los pies al guerrero muerto. Los guanteletes, a ambos lados de Don Juan, informan que murió de forma natural y no en combate. A sus pies, un león vela su sueño eterno. El sepulcro de Juan de Austria se inscribe en el marco de una antigua tradición funeraria que se remonta varios siglos atrás. Una tradición cristiana fuertemente vinculada a la representación del difunto, con una acotada variedad de elementos y símbolos, que asume algunas influencias exteriores y que involucra a distintos artistas en un vasto período de tiempo. En primer lugar, la disposición de don Juan es sencilla; la figura yacente con las manos sobre el pecho y la cabeza reposando sobre dos almohadones es convención presente en sepulcros dedicados tanto a caballeros como a religiosos. Común, por ejemplo, al sepulcro de Don Pedro González de Alderete, del siglo XV, obra de Gaspar de Tordesillas, en la iglesia de San Antolín, en 4

Pieza de la armadura, en este caso circular, con que se reforzaba la parte anterior del guardabrazo; generalmente el izquierdo, aunque Don Juan de Austria luzca una en cada lado. 5 Piezas que protegen la cintura y la parte alta de los muslos, guarnecidos a su vez por los quijotes. En la obra analizada, bajo las escarcelas asoman unos gregüescos que cubren parcialmente los quijotes. Los grebones defienden la pierna por debajo de la rodilla y los escarpes protegen los pies.

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Tordesillas (Valladolid), o al del religioso Pedro López de Mendoza, del siglo XVII, en la iglesia del Salvador, en Oña (Burgos), atribuida a los hermanos Leoni. De hecho, podemos hallar semejante disposición horizontal junto al recurso de los dos cojines ya algún siglo antes de los citados ejemplos; como en el sepulcro del caballero Día Sánchez de Rojas, primitiva tumba en madera del siglo XIV situada en el monasterio de Santa María la Real de Vileza, en Villarcayo (Burgos). En cuanto a la posición de las manos, aferrando la espada sobre el pecho, es atributo del noble y el guerrero, norma repetida y observable en numerosos casos por toda España. Atendiendo a su significativa analogía con el sepulcro de Juan de Austria en todos sus elementos estableceremos una comparación. Del mismo modo que el singularísimo sepulcro de Martín Vázquez de Arce, obra atribuida a los talleres de Sebastián de Almonacid, en Guadalajara, hacia 1492, más conocido como El Doncel de Sigüenza inspiró decisivamente a Juan Bautista Vázquez el Viejo (¿?-1589)6 para inmortalizar al célebre inquisidor Antonio del Corro, en la Iglesia de Santa María de los Ángeles, en Cantabria, podemos apreciar la notable similitud entre el sepulcro de Juan de Austria y el de Pedro González de Alderete. Pues si bien existe una importante diferencia en la ornamentación del sarcófago, el de González de Alderete es más rico en elementos, frente al muy austero de Don Juan, la posición y atributos militares de ambos guardan un paralelismo indiscutible. Una magnífica oportunidad, por cierto, para apreciar en sus más pequeños detalles la evolución de la armadura de una época a otra. En cuanto al material, el empleo del mármol en el arte funerario se remonta a los romanos, como atestigua el sepulcro de Doña Sancha, esposa del Conde de Castilla Fernán González, y cuyo sarcófago, romano reutilizado se encuentra actualmente en la Iglesia de San Cosme y San Damián (sede del Museo de la Colegiata de Covarrubias, Burgos) conserva la decoración original de estrígiles (dibujos e inscripciones en forma de espiral). El mármol de Carrara, concretamente, será muy solicitado para este fin a partir del siglo XV. Por otra parte, al analizar la obra de Ponzano, es menester llamar la atención sobre la presencia de un elemento secundario y simbólico largamente utilizado en la escultura funeraria mucho antes del siglo XIX: la figura del león, situada a los pies del hijo de Carlos V. Así, Ponzano es deudor de Bartolomé Ordóñez (1480-1520) y de Gil de Siloé (¿?-1503), no ya como insoslayables referencias de la escultura hispana7, sino más específicamente como los señalados autores

6 Escultor español, principal introductor y difusor de la escuela manierista de Sevilla. Se cree que nació en Ávila, formándose como artista en Florencia y Roma. A él se deben, entre otras obras, los retablos de la catedral de Sevilla (1562-1563) y de las iglesias de Santa María de Carmona (1563-1564), San Mateo de Lucena (1572-1584) y Santa María de Medina-Sidonia (1575-1584). 7 Ordóñez pertenece, junto a Alonso Berruguete, Diego de Siloé (hijo de Gil de Siloé) y Pedro Machuca, al grupo de “las águilas” del Renacimiento español; término recogido ya en 1548 por el sabio portugués Francisco de Holanda (1517-1585) en su obra Da Pintura Antiga.

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de los sepulcros de Juana de Castilla y Felipe el Hermoso, por una parte, y de Juan II e Isabel de Portugal por la otra. Reyes que reposan en la Capilla Real de Granada y en la Cartuja de Miraflores, en Burgos, respectivamente y a los que hacen acompañar por una leona y un león a sus pies según fuesen reina o rey. Aunque, como se ha señalado, tampoco debemos considerar estas influencias aisladamente, pues en Europa no es desacostumbrado situar un león velando al difunto, fuera éste religioso o seglar. Como sucede con el sepulcro del cardenal Gil de Albornoz en la catedral de Toledo; con la tumba del gran senescal de Borgoña, Philippe Pot, en la iglesia de SaintBenigne de Dijon, atribuida a Antoine de Moiturier; o con Felipe II “el atrevido”, también en Dijon, obra de Claus Sluter y Claus de Werve. Finalmente, se suele asumir que la fiera que acompaña a Don Juan representa la toma de la Goleta, plaza que precedió la conquista de Túnez en 1573. Sin embargo, conviene no olvidar el carácter simbólico más genérico de una figura cuya compañía invoca la fortaleza y la virtud. No en vaFigura 2. Galera española del siglo XVI como las usadas en la no, el león es el Batalla de Lepanto. animal más repreDendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:16-31

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sentado en la escultura funeraria europea y no siempre y necesariamente acompañando a reyes, o a los pies de los difuntos. Así, el sarcófago de Vasco de Gama en el monasterio de los Jerónimos de Lisboa descansa sobre los lomos de seis leones tumbados, como el del Doncel de Sigüenza; y tres leones sustentan el sepulcro de Santo Domingo en Silos (Burgos).

La figura de Juan de Austria en la pintura del siglo XIX El siglo diecinueve es el siglo de oro de la pintura de Historia. En España es el siglo de Casado del Alisal, Pradilla Ortiz, Moreno Carbonero, Eduardo Rosales, Ignacio Pinazo, Marceliano Santa María… Es también una época en que se lucha por un concepto nacional y en que se pierden finalmente las colonias de ultramar. Un siglo que mira continuamente a su pasado buscando rescatar su espíritu glorioso. En este sentido, uno de los períodos preferidos por aquellos pintores fue aquel en que el Sol siempre iluminaba nuestros dominios. Y una de las figuras más atractivas de aquel tiempo fue sin duda Juan de Austria. Figura que motivó numerosas obras, algunas auténticamente brillantes. En primer lugar, debe citarse una conocida obra de Eduardo Rosales (18361873) titulada Presentación de Juan de Austria a Carlos V en Yuste, de1869. Obra de gran formato, composición magistral y atmósfera sutil. Así mismo, merece ser destacado el lienzo titulado Batalla de Lepanto de Juan Luna y Novicio (1857-1900), espectacular recreación del combate naval que se pensó para el Salón de Conferencias del Senado y hoy en el CESEDEN (Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional, antigua Escuela Superior del Ejército). Y por último, un pequeño lienzo, de apenas 27 x 35 cm, episodio posible e imaginado por Eduardo Cano de la Peña (1823-1897) y titulado Don Juan de Austria visitando a Cervantes, actualmente en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Obras que resumen la vida y el legado de Juan de Austria y a las que cabría añadir un cuadro, hoy en manos particulares, de José Villegas (1848-1921) que lleva por título Última entrevista de Juan de Austria y Felipe II.

La huella de Juan de Austria en la literatura La figura de Juan de Austria ha sido un motivo literario muy señalado desde el mismo día de su fallecimiento. De hecho, ya en 1580 Fernando de Herrera escribió una Canción a Don Juan de Austria, vencedor de las Alpujarras; y no mucho después, Juan Rufo (1547-1620), apellidado Gutiérrez, aunque utilizó Rufo en honor al sobrenombre de su padre (“Rofos”), le dedicaría su célebre poema épico titulado Austríada (1584).

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Rufo, que acompañó a Juan de Austria tanto en Granada como en Lepanto fue alabado por Cervantes y por Góngora. Y el mismo Cervantes hace al menos dos menciones a Lepanto en el Quijote. Una, en primera persona, en el prólogo de la segunda parte: “Lo que no he podido dejar de sentir es, que me note de viejo y de manco, como si hubiera sido en mi mano haber detenido el tiempo, que no pasase por mí, o si mi manquedad hubiera nacido en alguna taberna, sino en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros… que si ahora me propusieran y facilitaran un imposible, quisiera antes haberme hallado en aquella facción prodigiosa que sano ahora de mis heridas, sin haberme hallado en ella.” Y otra en boca del cautivo Don Quijote: “…y aquel día que fue para la cristiandad tan dichoso, porque en él se desengañó el mundo y todas las naciones del error en que estaban, creyendo que los turcos eran invencibles por la mar…” (I, 39). Por su parte, Lope de Vega también concedió el talento de su pluma (Arcadia) a Don Juan: “Llamóme la dura muerte/ en lo mejor de mi vida;/ lloró España la caída/ de una columna tan fuerte./ Hízome eterno Lepanto;/ mozo he muerto, viejo fui,/que al mundo en un tiempo di/ lástima, envidia y espanto” (p. 244). Además, obviados otros ya mencionados en este texto, y sin ánimo de ser exhaustivos, con posterioridad muchos otros escritores españoles situaron a Juan de Austria en el centro de sus obras. Unos, desde el punto de vista del historiador, como el ingeniero y geodesta Carlos Ibáñez de Ibero (18251891), en Don Juan de Austria. Político e innovador. Y otros, como Larra en la comedia titulada Don Juan de Austria, o la vocación (1886), o Luis Coloma (1851-1915) en Jeromín (1902) tomando la figura sin un afán rigorista. Con todo, la fama de Juan de Austria también le ha hecho objeto de estudio más allá de nuestras fronteras. Así, al escocés Sir William StirlingMaxwell debemos Don John of Austria. Passages from the history ot the sixteenth century, publicado en 1883. Y por supuesto, Chesterton (1874-1936) quien situó a Juan de Austria en el centro de su famoso poema Lepanto, fechado en 1915.

Razones de un inmerecido olvido Con Ponzano sucede como con muchos otros grandes artistas que el siglo XIX nos legó: sencillamente han sido objeto del olvido. Olvido deliberado que a lo largo del siglo XX se tragó la memoria de la centuria anterior. Nombres borrados del imaginario artístico en un activo y activista seguimiento de aquellas vanguardias que se definieron como negación de la Academia. No es extraño para nadie que hoy se asuma sin rubor que las generaciones jóvenes no conozcan absolutamente nada de nuestro segundo siglo de oro. Y

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es que el desdén de algunos por nuestra propia Historia precisa de la proscripción de aquéllos que tan magistralmente la ilustraron. Su mayor delito, recordarnos que existió un Arte basado en el conocimiento. Que hubo un tiempo “anormal” en el que el artista no era ni podía ser analfabeto. Un tiempo en que los farsantes no eran aplaudidos por el pueblo ni subvencionados y adulados por sus gobernantes. Qué gran obstáculo, sin duda, aquellos hombres, académicos, cuyo “ejemplo pernicioso” impedía el vuelo de un arte “auténticamente libre”. “Gracias” a los que redujeron las academias a sus cimientos, y a los que desde su patética impunidad aún avalan ese “arte nuevo”, transitando una senda que reiteradamente ha conducido y conduce a la vacuidad. Sin duda, merecen ser recordadas aquí las palabras de Plinio el Joven: Impensa monumenti supervacua est; memoria nostri durabit, si vita meruimus (Epistulae 9, 19, 6). O lo que es lo mismo: “El gasto del sepulcro es inútil; nuestro recuerdo perdurará si lo hemos merecido por nuestra vida”. Y en el caso de Juan de Austria, como también en los de Ponzano y Galeotti, es seguro que su recuerdo pervivirá.

Agradecimientos En este punto, es tan grato como obligado expresar mi agradecimiento a Don Antonio Bonet Salamanca, amigo, erudito doctor en Historia del Arte y director de la revista “Pasos de Arte y Cultura”, por su siempre amable ayuda y consejo; a Don Juan Carlos de la Mata, Director de Actuaciones Histórico-Artísticas de Patrimonio Nacional en el Palacio Real de Madrid; a Don Álvaro Soler del Campo, conservador de la Real Armería y a Don Antonio Alonso Zimmerli, técnico de Archivos del Palacio Real de Madrid.

Bibliografía • Bennassar B. Don Juan de Austria, un héroe para un imperio. Madrid: Ediciones Temas de Hoy, 2002. • Bicheno H. Crescent and Cross. The battle of Lepanto, 1571. Londres: Ed. Cassell, 2003. • Elliott JH. Imperial Spain, 1469-1716. London, 1963. • González E. La vida y hechos de Estebanillo González. Colección Clásicos Castellanos. Espasa Calpe, S.A. Madrid, 1946. • Hurtado de Mendoza D. Guerra de Granada. Madrid: Clásicos Castalia, 1970. • Ibáñez de Ibero C. Don Juan de Austria. Político e innovador. Madrid: Ed. Afrodisio Aguado, 1944. • Luján N. De qué murió Juan de Austria. JANO, Dic. 1985, vol.29, Nº 667. • Parker G. El ejército de Flandes y el camino español, 1567-1659. Barcelona: Ed. RBA, 2006. • Porreño B. Historia del Serenísimo Señor D. Juan de Austria, hijo del Invictíssimo Emperador Carlos V, Rey de España. Madrid: Sociedad de Bibliófilos Españoles, 1899. • Rincón garcía W. Ponciano Ponzano (1813-1877). Colección Mariano de Pano y Ruata, nº 22. Zaragoza: Caja de ahorros de la Inmaculada de Aragón, 2002. • Saavedra Fajardo D. Idea de un príncipe político-cristiano, representada en cien empresas. Madrid: Espasa Calpe, S.A., Colección Clásicos Castellanos, 1959.

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La carrera evolutiva del ser humano The evolutionary course of human being ■ Emiliano Aguirre Enríquez* Resumen La paleontología comenzó en el siglo XIX con el descubrimiento del hombre de neandertal y las pruebas que apuntaban la existencia de lo que se llamó hombre de las cavernas. Desgraciadamente, existe un número pequeño de hallazgos fósiles que puedan considerarse relevantes, pero cada nuevo hallazgo da la oportunidad de reinterpretar los datos existentes. El propósito del presente escrito es revisar lo que hoy sabemos sobre la evolución humana.

Palabras clave Paleoantropología. Evolución humana.

Abstract The field of paleoanthropology began in the 19th century with the discovery of Neanderthal man, and with evidence of so-called cave men. Unfortunately, there is a relatively low number of relevant fossil finds, but new finds often create an opportunity for reinterpreting the existing data. The aim of the present text is to examine the current state of knowledge on the human evolution.

Key words Paleoanthropology. Human evolution.

■ Año tras año vamos sabiendo más de nuestros remotos antepasados y de los cambios que la naturaleza fue experimentando en ellos a lo * Al autor (Ferrol, 1925) se le debe, entre otros reconocimientos, ser uno de los indiscutibles fundadores de la paleoantropología moderna en España y el inicio del estudio de los yacimientos pleistocenos de la Sierra de Atapuerca (Burgos), que dirigió desde 1978 hasta su jubilación en 1990. Ha sido catedrático de Paleontología en las Universidades de Zaragoza (1977-79) y Complutense de Madrid (1982-1984), y Profesor de Investigación del CSIC (1984-1990). Recientemente ha publicado: Aguirre E. Homo hispánico. Madrid: Espasa Calpe, Espasa Forum, 2008.

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Figura 1. Tomado de la obra de Thomas Henry Huxley Evidence as to Man´s Place in Nature (1863).

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largo de las edades de la Tierra, gracias a los restos fósiles de sus cuerpos o a productos y trazas de sus actividades y de los ambientes en que vivieron. Intentamos resumir el conocimiento científico actual de este historial y de los documentos paleontológicos y arqueológicos en que se basa; en sus etapas más salientes, desde los primeros que podemos considerar miembros de la familia zoológica humana, o sus inmediatos antecesores, que los distinguen de los demás mamíferos del Orden Primates, corrientemente conocidos como “monos”, con los que estamos más próximamente emparentados. Así, distinguiremos cuatro etapas por los cambios evolutivos más notables que resaltan en esta documentación paleontológica y arqueológica. Empezamos por lo que se conoce del origen del andar de pie y erguidos. Bastante más tarde viene la distinción segunda, por el desarrollo de funciones cerebrales como ayuda a sobrevivir en tiempos y ambientes más áridos. El tercer cambio trajo un desarrollo tecnológico, cognitivo y social, favorecido por la prolongación de las edades inmaduras de infancia, adolescencia y juventud, y con él la primera expansión humana en tierras fuera de África. Ya más cerca de nosotros se va conociendo más de los humanos “modernos”, como nosotros en lo biológico, capacidades y producciones artísticas, concepto e influjo de lo trascendente, y en lo tecnológico el relevo pocos milenios después de la caza y recolección, por el pastoreo, la agricultura y la cerámica; luego, los metales, los impuestos, las escrituras, los imperios.

1. Primeros bípedos. Diversos homínidos en el Plioceno Dentro del muy diverso Reino Animal, los humanos y nuestra Familia Homínidos (Hominidae) pertenecemos al Orden Primates. Es éste uno de los más primitivos en su origen entre los mamíferos placentados, pues es conocido por fósiles de edad cretácica superior, hace más de 70 millones de años (Ma) cuando también se desarrollaban los Insectívoros y los antecesores de los Quirópteros. El éxito evolutivo de estos últimos puede atribuirse a sus capacidades de percibir el color y el espacio tridimensional y moverse en él con la trepa o el vuelo como tenían también las primitivas aves, y de poder alimentarse de insectos que reinaron desde la expansión de las Angiospermas, las plantas con flores, en el Cretácico. Eran ya diversas las familias de primates y afines en el paso a la Era Cenozoica (antes llamada Terciaria) hace 65 Ma, y una nueva ramificación de los primeros ocurrió a comienzos de la Serie Eoceno hace 55,8 Ma. Son de este período diversos Adapiformes, antecesores de los actuales lemures y lorísidos, y los Tarsiiformes. De éstos no sólo descienden los tarsios de hoy, sino todos los demás primates actuales, separados en Platirrinos y Catarrinos desde el Oligoceno hace unos 33,9 Ma. Estos últimos florecen, se diversifican y se expanden por Eurasia ya desde el comienzo del Mioceno hace unos 23,03 Ma. Durante el Mioceno, en África Oriental se constata una activa evolución de los primates catarrinos con tendencia al aumento de talla: los Hominoideos. En el Mioceno Inferior, hace entre 23 y 16 Ma, se registran tres géneros de éstos: Proconsul, Afropithecus, Ugandapithecus, además de otros catarrinos. En el 34

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Mioceno Medio temprano, otros tres nuevos géneros: Kenyapithecus, Equatorius y Nacholapithecus. De la primera parte del Mioceno Superior, coincidiendo con el principio de la regresión del Tortoniense y con la edad de mamíferos Vallesiense, se renovarán allí los hominoideos con los Samburupithecus (entre 10 y 9 Ma) y el recién descubierto Nakalipithecus nakayamai en el centro-norte de Kenya, al sudeste del Lago Turkana, entre 9,88-9,80 Ma. Tiene éste semejanzas con el casi contemporáneo de Europa Ouranopithecus macedonensis (9,6 Ma) y todo apunta a que el hominoideo griego deriva del kenyata y no al contrario. Quienes han estudiado y puesto nombre al Nakalipithecus ven en él un presumible antecesor común de los gorilas, los chimpancés y los antecesores del “clado” o rama humana. Puede añadírseles otro fósil descubierto hace poco en Chorora (Etiopía). De los anteriores se han comparado los ambientes deducidos por las paleofaunas y paleofloras acompañantes y otros rasgos funcionales relacionados con la dieta como el desgaste dentario, y resulta un paisaje de selva en el entorno de Nakali, más abierto y árido para el uranopiteco de Grecia, e intermedio alrededor de Samburu. No es de extrañar esta diversidad, pues la hemos constatado en el Vallesiense de la Península Ibérica. De algunas de estas ramas evolutivas de grandes catarrinos quedan hoy en distintas partes del mundo familias de Hominoideos, con diferente representación de su historia evolutiva en fósiles conocidos. Los gibones, no muy grandes, veloces trepadores y hábiles saltadores con largos brazos, Familia Hylobatidae, de origen africano, hoy conocidos en el extremo sureste de Asia. Los orangutanes o Póngidos, grandes, arborícolas, sin cola, con tendencia a erguirse y con potentes extremidades anteriores, actualmente confinados en selvas de Sumatra y Borneo, tienen antecesores en el Mioceno de toda Eurasia: Sivapithecus en Asia, hace unos 12 Ma; contemporáneo suyo, el Pierolapithecus catalaunicus conocido por gran parte de un esqueleto en Hostalets de Pierola; y ampliamente extendido en Europa y en el tiempo desde hace más de 14 Ma, y en el Vallés (Cataluña) hasta hace menos de 10 Ma, el driopiteco (género Dryopithecus). Se estima que una aproximación de cortezas continentales de Eurasia y Afro-Arabia pudo producirse entre hace 16 Ma y 15 Ma, y que ello facilitara la salida de África de estos grandes hominoideos. Hace cerca de 14 Ma comenzaron sucesivas regresiones del nivel de los océanos y enfriamientos seguidos de aridez. Estos deterioros fueron pronunciados en el Vallesiense, hace unos 10 Ma. En el interior de la Península Ibérica se registraba un ambiente más de sabana con la fauna del Cerro de los Batallones (Madrid) y en las clásicas de la provincia de Palencia, mientras que en las cuencas catalanas subsistían selvas húmedas durante el Vallesiense. La aridez se agravó y globalizó en el Aragoniense, desde hace poco menos de 9 Ma, y el enfriamiento fue extremo en el crítico estadio Messiniense, hace entre 7,246 y 5,332 Ma, en que comenzó el Plioceno, con calor y trasgresión marina. En este tramo ocurrieron levantamientos tectónicos de cordilleras y altiplanos y hundimientos como el Rift africano; conexiones entre continentes con intercambios de fauna, dos máximos fríos con un intermedio benigno en que se registraron mosaicos vegetales y faunísticos al norte de un consumido Mediterráneo, y empezó a formarse un extensísimo casquete de hielo en la Antártida. En África se constató Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:32-55

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Figura 2. Registro fósil de la evolución homínida entre hace poco más de 6 Ma. y poco menos de 2 Ma.

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un grave retroceso de la selva húmeda, al tiempo que se extendía la sabana de gramíneas y en los relieves cundía gran variedad de vegetaciones montanas. El deterioro ambiental fue escalonado desde el Mioceno Medio, hace casi 16 Ma, pero tremendo al llegar al final del Plioceno, hace casi 2,6 Ma, en que comenzó la nueva Edad del Hielo cuaternaria: no se conoce otra desde el Pérmico, hace más de 250 Ma. En los primates grandes, con capacidades diversas de locomoción, para trepar –cada vez más difícil por el peso y la talla– y para apoyarse más en las extremidades posteriores al desplazarse por el suelo, hubieron de influir los cambios no sólo en el clima sino también en el relieve y en la vegetación de la mencionada Crisis Messiniense. Desde hace más de veinte años he venido señalando esta edad como la decisiva para el origen de la bipedestación erguida en locomoción y postura habitual, que distingue al ser humano actual junto con sus próximos antiguos conocidos por los fósiles de australopitecos, agrupados como Familia Homínidos. El cambio postural y de locomoción no tenía que ser instantáneo. En los últimos ocho años se han conocido grandes primates fósiles en África de la edad o “piso” Messiniense, difíciles de clasificar pues presentan rasgos parecidos a humanos, junto con otros más primitivos o parecidos a los primates no humanos con probables hábitos trepadores. Uno es el llamado Sahelanthropus tchadensis, de Toros-Menalla en la cuenca del entonces extenso Lago Chad, con una edad aproximada de más de 6 Ma por correlaciones de la fauna acompañante, que indica un mosaico vegetal perilacustre próximo al desierto; otro, el Orrorin tugenensis de Lukeino en los altos de Tugen, centro-noroeste de Kenya fechado entre 6 y 5,65 Ma; y con ellos, el Ardipithecus ramidus kadabba, del Awash Medio, en el centro-noreste de Etiopía. Del sahelántropo se conocen un cráneo, media mandíbula, parte de una sínfisis, un incisivo, un colmillo y una muela. El rostro corto, el neurocráneo alargado, un saliente supraorbitario ancho y continuo, colmillos cortos casi molariformes y otros rasgos dentarios lo separan de póngidos y pánidos y lo acercan a humanos. El Orrorin se conoció por más de 12 fósiles hallados en tres lugares próximos: dos partes de mandíbula, medio húmero, casi todo un fémur y parte de otro, una falange y dientes sueltos. Los fémures indican bipedia habitual; el húmero y la falange, hábitos trepadores; el esmalte molar es grueso, el pequeño tamaño de las muelas es propio de homínidos primitivos y los dientes anteriores se parecen a los de hembras de chimpancé. La edad del ardipiteco kadabba es amplia, entre 5,8 y 5,2 Ma; sus fósiles se recuperaron en varias localidades del Awash Medio con un paleoambiente montano: en Alayla, media mandíbula incompleta, cuatro dientes, una ulna casi completa y parte de un húmero; en otra, un húmero incompleto y un diente; en otra, tres dientes y media clavícula; una falange de mano incompleta en un cuarto sitio y en el dato más reciente una falange proximal de pie completa. De todo ello se infiere bipedia, proximidad con homínidos más modernos por sus rasgos dentarios, salvo el agudo canino inferior, por lo que es considerado próximo a la separación y a los antecesores comunes de los clados de chimpancé y humano. El Plioceno es la época de la Escala Estratigráfica Global que transcurrió hace entre 5,332 Ma y 1,806 Ma si sigue incluyéndose en esta edad el piso o edad Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:32-55

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Gelasiense, o bien termina hace 2,588 Ma si el Gelasiense pasa a incluirse en el Pleistoceno, primera parte del Periodo o Sistema Cuaternario, como se ha propuesto en la Comisión Internacional de Estratigrafía. Fue una época de unos tres millones de años, que pasó de una fase muy calurosa y con un nivel muy alto del mar, a la última y actual Edad del Hielo con los dos casquetes polares permanentes y fuertes oscilaciones térmicas. En estos cambios críticos se sucedieron novedades decisivas en la evolución humana que se van conociendo en detalle gracias al hallazgo de un número importante de fósiles. Cerca del comienzo se hallan los primeros ciertamente bípedos y erguidos, clasificados como Homínidos (Hominidae), y al final los más antiguos del género Homo. Hay tramos en que los fósiles de homínidos son escasos y eventos en que las formas y especies se presentan más diversas. Los fósiles de primates presumiblemente bípedos que se conocen del Plioceno Inferior son denominados como especie Ardipithecus ramidus y fueron recuperados en el valle medio del Awash. Hemos mencionado el sitio más reciente de la subespecie messiniense Ar. ramidus kadabba, AME, con dato de 5,2 Ma, cerca de la base del Plioceno. Posteriores son los de la subespecie-tipo, Ar. ramidus ramidus, con datos de 4,4 Ma y no menos de 4,2 Ma, en Aramis, Awash Medio (Etiopía). En torno a la mitad del Plioceno, desde hace menos de 4,5 Ma hasta hace poco menos de 3 Ma, se conoce un buen número de sitios en el Este, Noreste, Centro y Sur de África con fósiles de homínidos de varias especies del género Australopithecus, y algunos de un par de nuevos géneros. El Australopithecus anamensis (de Anam, “lago” en turkana) comprende fósiles de yacimientos en la antigua cuenca del río Omo, que transcurrió desde la meseta de Etiopía, por lo que hoy es el Lago Turkana, hasta la costa kenyata del Océano Índico, durante todo el Plioceno y parte del Cuaternario. Sitios con el australopiteco de Anam, hace entre 4,2 y 3,9 Ma, son: a) Allia Bay, con mandíbulas y dientes humanos, próximos a fósiles de peces, cocodrilos e hipopótamos del antiguo cauce del Omo con algunos colobinos y de antílopes, lo que sugiere una banda de arbolado próxima al río y sabana en el entorno; b) Kanapoi, al SO del actual Lago Turkana, de donde proceden un fragmento de húmero, dos mandíbulas, un maxilar, dos partes de tibia, pequeños fragmentos craneales y dientes sueltos; y c) de Sibilot, de donde se conoce un radio completo. Las mandíbulas tienen parecidos con las de chimpancés, los caninos son pequeños y el esmalte de los dientes grueso, la infancia era corta; del radio se infiere capacidad trepadora y de la tibia un andar erguido. De un tramo de cerca del millón de años, hace entre 3,9 y 3 Ma, y de una extensión desde el norte de Etiopía hasta Tanzania, son los muchos sitios con fósiles del australopiteco “de Afar”, Australopithecus afarensis, al que se atribuye un documento no indicativo sino real, grabado, del andar bípedo: los 30 metros de senda con huellas de los pies de tres caminantes en Laetoli (Tanzania), conservadas y consolidadas en cenizas volcánicas con buen dato cronométrico de 3,6-3,7 Ma. De hace 3,9 Ma es el sitio de Belohdelie, y 3,4 el de Maka, en el Awash Medio (Etiopía), con varios restos de mandíbulas y dientes. De los muchos yacimientos que han proporcionado varios cientos de fósiles de este australopiteco en niveles sucesivos de la Formación Hadar en Etiopía, debe38

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mos mencionar un húmero robusto y con gruesa cortical entre los de AL 137 con 3,38 Ma; el 70% conservado del esqueleto de “Selam”, una niña en Dikika de hace 3,3 Ma; a su vez, 3,25 Ma es la edad de AL 417 con fragmentos de basicráneo, un maxilar y una mandíbula incompleta; de AL 333 son partes de otros trece esqueletos con dato de 3,2 Ma; de 3,1 Ma es el esqueleto (un 40%) femenino, llamado “Lucy”, de AL 288; y más recientes, con poco menos de 3 Ma, los fósiles de miembros superiores de AL 438 y el cráneo de AL 444. De este mismo tramo de tiempo se han descrito el Australopithecus bahrelghazali, de Bahr-el-Ghazal (Chad) por media mandíbula con esmalte dental fino y primeros premolares trirradiculados, datado en 3,4 Ma, y más de 50 fósiles de media docena de sitios; y al oeste del L. Turkana, con datos alrededor de 3,5 Ma otros, clasificados como Kenyanthropus platyops, entre los que destaca el cráneo de Lomekwi, diferente entre australopitecos y parántropos. En la Brecha gris de las canteras de Makapansgat, Sudáfrica, se hallaron un fragmento de bóveda craneal y una mandíbula infantiles, que no se clasifican con seguridad entre los australopitecos ya que se parecen a los parántropos, de los que hablaremos a continuación. Su edad, por métodos indirectos estaría próxima a los 3,2 Ma. Notemos que, tras el óptimo climático con alto nivel y extensión de océanos y mares, en la primera mitad del tiempo Plioceno se registraron pérdidas de nivel hace poco menos de 4 Ma. Esta bajada del nivel del mar se acentuó hacia los 3,5 Ma, recuperándose hace poco más de 3 Ma. La humedad del ambiente y la cubierta vegetal mejoraron hacia los 3,4 Ma y la aridez se agravó a partir de hace 3 Ma.

2. Últimos australopitecos y nuevos homínidos al final del Plioceno Una nueva etapa de la evolución de la Familia humana arranca de hace unos 3 Ma. Recordábamos que hace unos 2,9 Ma se registraba el último australopiteco afarense conocido. Ninguno de los otros homínidos conocidos con más de 3,3 Ma se vuelve a encontrar en estratos con menos edad. Quedan dos nuevas especies de australopiteco: en Sudáfrica, el A. africanus, con cientos de fósiles de entre 2,8 y 2,4 Ma en la cueva de Sterkfontein, Johannesburgo; y en Etiopía el A.

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Figura 3. Excavación en una de las paredes de la trinchera del ferrocarril. Atapuerca (Burgos).

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garhi, de Bouri, de hace entre 2,5 y 2,4 Ma. No se conocen especies más modernas de este género. En cambio, han aparecido dos nuevos géneros de homínidos en el intervalo: Paranthropus y Homo. El primero se conoce con certeza desde hace 2,7 Ma con la especie P. aethiopicus; el segundo, desde hace no menos de 2,5 Ma. El cambio, pues, ha sido importante desde hace más de 3,2 Ma a hace 2,8 Ma, aunque es casi nulo el registro de fósiles humanos en este intervalo; al final se conoce una segunda crisis, no muy distante pero más decisiva que la de hace 3,5 Ma, y que culmina hace alrededor de 2,5 Ma con la sustitución de los últimos australopitecos por la rápida expansión de los dos nuevos géneros Paranthropus y Homo. El parántropo etíope, Paranthropus aethiopicus, es conocido por buen número de fósiles de diversos sitios en Etiopía y otros más al sur en el Rift. De Lomekwi, en Kenya, al NW de Lago Turkana, es un cráneo muy completo, ancho y pesado en la base y la parte facial, con el arco zigomático ancho, alto y hasta muy delante en el rostro, marcando unas depresiones entre el saliente nasal y los bordes infraorbitarios. Los dientes yugales, incluidos los premolares, son grandes y anchos; los incisivos y caninos, pequeños. A una gran potencia y volumen de la musculatura masticatoria correspondía también la extensión y relieve de su área de inserción superior que se extendía sobre los parietales hasta una elevada cresta sagital. Contemporáneos del parántropo etiópico son los primeros fósiles conocidos atribuidos al género Homo, pero bien diferentes de aquellos. Sorprende que se citen en cinco regiones distintas y distantes de África Oriental en un intervalo de menos de doscientos mil años: en el norte de Etiopía, región de Afar, sitio AL 666, un maxilar; en varios niveles de Omo-Shungura, sur de Etiopía, entre 2,3 y 2,4 Ma, varios dientes aislados y una mandíbula incompleta; al oeste del L.Turkana, un hueso temporal en Chemeron también con más de 2,3 Ma; al este del Turkana, Kenya, al norte de la Toba Burgi de hace 2,58 Ma, y un cuerpo mandibular al que faltan los incisivos y ambos últimos molares, MM3, en la colina Uraha, en el margen noroeste del Lago Malawi, con dato indirecto, por correlación, próximo a 2,5 Ma. Además, se han hallado sencillos utensilios líticos artificiales, del Modo 1 elemental u Olduvayense, en los niveles con fósiles de Homo de AL 666, de Chemeron de Omo-Shungura y en Kada Gona, Etiopía, con datos de 2,6 Ma. La diversidad de sitios mencionados y los datos citados refuerzan la verosimilitud de un origen del género Homo con antigüedad superior a este último dato. En estos fósiles los premolares no son muy anchos, ni molariformes como en los parántropos; sus caninos son más grandes que los de éstos, pero menos que los de homínidos primitivos; en el maxilar se observa escaso prognatismo subnasal y paladar ancho, así los arcos dentales, y las ramas mandibulares son divergentes hacia atrás, rasgos propios del género Homo, como otros observados en el temporal de Chemeron. La anchura del basicráneo parece conforme con el desarrollo del encéfalo propio y distintivo de la estirpe humana, que conocemos mejor en fósiles con datos más próximos a 2 Ma; pero también concuerda con la falta de otras especializaciones adaptativas en diversos homínidos y la singularidad de la ventaja para alimentación y defensa en las funciones cerebrales que son necesarias para la tecnología productora de los utensilios de piedra. 40

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En torno a 2,3 Ma el parántropo etiópico es sustituido por el de Boise, Paranthropus boisei, conocido por un elevado número de fósiles en distintos yacimientos de Etiopía, Kenya y Tanzania, con datos de unos 2,4 Ma y 1,4 Ma. Sus premolares son molariformes y muy anchos, y más aún los molares; en cambio los incisivos y caninos son pequeños y en agrupación rectilínea. Los pómulos más expandidos, sin fosas canina ni suborbitaria y adelantados al saliente nasal, hacen un rostro voluminoso y un plano de perfil recto e inclinado hacia delante y muy ancho en vista frontal. Los Paranthropus robustus de sitios kársticos de Sudáfrica se conocen desde hace cerca de 2 Ma, el de Kromdraai KBE, y más tarde en sucesivos niveles de la cueva de Swartkrans, con abundante registro fósil y rasgos menos exagerados que los del P. boisei. También son del género Homo numerosos fósiles de las formaciones de Koobi Fora e Ileret, al este del Lago Turkana, Kenya. Notemos aquí como próximos al dato de 2 Ma, los que yacían bajo la Toba KBS de hace 1,87 Ma y por encima de una gran discordancia sobre la Toba Burgi de hace 2,58 Ma. Fueron clasificados con los H. habilis del área de Olduvai, Tanzania, y entre éstos el cráneo OH 24 fragmentario, próximo a 1,9 Ma. Más tarde se ha dividido este conjunto con la introducción de una nueva “especie”, H. rudolfensis. Por lo que respecta a los nichos ecológicos en el intervalo entre 2,8 y 2 Ma, debemos recordar que el nivel del mar bajó mucho entre hace 2,9-2,8 Ma y quedó muy bajo hace 2,7-2,5 Ma. Todavía hace 2,85 Ma se constataban temperaturas altas en superficie oceánica en altas latitudes y en los bosques antes de pasar a tundra. Pero en otras latitudes también se registraron notables cambios faunísticos con extinciones y novedades en ese tramo entre 2,85-2,5 Ma, y eventos migratorios en mamíferos terrestres hace unos 2,6 Ma. Además, los enfriamientos globales se habían ido pronunciando desde hace 3,5 Ma. El dato de 2,6 Ma es el de una glaciación, la primera de una nueva Edad del Hielo, como no hubo otra en la Era Terciaria ni en toda la Mesozoica desde hacía 250 Ma. Aún no hemos salido de ella, aunque ocurren fases interglaciales. Desde hace 2,6 Ma permanece helado el Casquete Polar Ártico. Con esta crisis nació y creció la Humanidad.

3. Cambio crítico en el clado humano y salidas a Eurasia (cerca de 2 Ma antes del presente) Se ve florecer la rama humana hace alrededor de 1,9 Ma con una nueva “especie”, el Homo ergaster, conocida por numerosos fósiles en África Oriental hasta hace menos de 1,4 Ma. Los H. rudolfensis y H. habilis dejan de ser citados desde hace 1,8 y 1,7 Ma, respectivamente. Los H. ergaster se distinguen sobre todo por una bóveda craneana más alta y con capacidad creciente. El máximo volumen encefálico que conocemos de un australopiteco es el medido en el cráneo de AL-333, 500 cc, algo mayor de la media en los gorilas actuales. Dos o tres entre siete parántropos medidos alcanzan y otros tres superan ese

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volumen; otros siete medidos de Homo habilis y/o H. rudolfensis varían entre los 500 cc y 750 cc; seis clasificados como H. ergaster estaban entre más de 600 y 900 cc, pero cinco de ellos superaban los 750 cc, aproximándose así a la media estimada de 1200 cc entre los humanos actuales. El método SLA, que analiza y reproduce experimentalmente los utensilios líticos de la Prehistoria y sus efectos, ha permitido un conocimiento científico de secuencias operativas, sus variaciones, y una capacidad selectiva conforme con la eficacia respecto a los resultados deseados. Con ello se pueden inferir pasos en el desarrollo de capacidades y operaciones mentales de nuestros remotos antepasados con cuyos fósiles se hallan asociados tales utensilios. El llamado Modo 2 en el SLA está definido por utensilios de gran formato (GF; en inglés heavy duty) con talla bi o trifacial: bifaces, hendedores y picos triédricos, y apareció en África hace 1,6 Ma; pero el que llaman “Modo 1 evolucionado”, sin los GF, designa conjuntos instrumentales de muy diversas formas, filos y aplicaciones, así como de secuencias y estilos operativos en cada fase, y sugiere también un mundo nuevo en operaciones mentales, consciencia y actividad social. Tales conjuntos se conocen en niveles estratigráficos de hace algo más de 1,8 Ma, tiempo ya del H. ergaster. Los estudios de comparación de los ritmos en la secuencia de erupciones sucesivas y mudas de dientes en muestras de mandíbulas fósiles cotejadas con estadísticas actuales, han llevado a inferir una notable prolongación cronológica de las edades inmaduras de Homo ergaster, comparable a las conocidas histórica y recientemente en la especie humana actual. Si los ergásteres tuvieron la decena o más de años de crecimiento con infancia y adolescencia, no les faltó tiempo para aprender de sus mayores, conocerse, conocer su entorno natural y social, hacerse conscientes y artífices. A este respecto nos hacemos dos preguntas. Una: si en el tiempo en que vivieron próximos los “ergásteres”, los “hábiles” y los “rodolfenses” se produjeron tales diferencias en rasgos anatómicos, de capacidades y desarrollos, ¿hasta cuándo pudieron ser consideradas sólo diferencias individuales, de tribus o de razas, y desde cuándo deben ser considerados como especies distintas? La otra: aunque nos separen casi dos millones de años y las maravillas de la tecnología actual, ¿no es ésta descendiente de aquélla y nosotros linaje de los ergásteres, por lo que pudiéramos incluirnos en una misma especie evolutiva, aun con diferencias, como subespecies: Homo sapiens sapiens y Homo sapiens ergaster? No queda en esto la revolución, más que evolución, de nuestra estirpe hace alrededor de 1,9 Ma. Hasta aquí hemos hablado de fósiles, productos y ambientes, todos de un solo continente: África. Se han buscado y estudiado fósiles del género humano, Homo, fuera de África, tratando de conocer los más antiguos; y en las últimas décadas se ha escrito sobre los primeros humanos que salieron de allí: quiénes, cuándo, por qué y por dónde. Los fósiles de humanos más antiguos que se conocen fuera de África tienen dato de más de 1,8 Ma, lo que apunta a una salida próxima a 1,9 Ma. La localidad es Dmanisi, una población en Georgia, al sur del Cáucaso. Desde 1990 se 42

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han recuperado allí fósiles de mamíferos y humanos: los más notables de éstos son cuatro cráneos y otras cuatro mandíbulas. La primera de éstas, D-211, era muy parecida a las de Koobi Fora ER 730 y ER 992 de H. ergaster, la primera de entre 1,9-1,7 Ma. Dos cráneos hallados pocos años más tarde, D-2280 y D-2282, de alrededor de 1,7 Ma; el primero con 780 cc de capacidad y el segundo femenino, se parecen también a los de H. ergaster ER 3733 y ER 3883. Otra mandíbula, excavada el año 2000, completa y de gran tamaño, difiere de las de H. ergaster y va más con H. habilis o rudolfensis. Todavía años después se descubren dos cráneos y sus respectivas mandíbulas. El cráneo D-2700 muy completo tiene grandes incisivos centrales y los caninos prominentes, 600 cc de capacidad, pocos rasgos lo asemejan a H. ergaster, en cuya mayor parte son característicos de H. habilis; la mandíbula D-2735, que yacía a pocos centímetros, encaja bien con él y sus rasgos se asemejan a las de H. habilis o de H. rudolfensis. Por ello, se creó para los humanos de Dmanisi un nombre de nueva especie, Homo georgicus. Pero, por lo dicho previamente, vemos que en Dmanisi se encuentran en una población y en un lugar restringido los dos morfotipos distintos dentro del mismo lapso de tiempo, entre 2 y 1,8 Ma, que se conocen separados pero próximos en una amplia extensión de África. Lo más verosímil es que los morfotipos habilis, rudolfensis y ergaster corresponden a mutantes, variantes intraspecíficas que no habían llegado a separarse como “especies” antes de que alguna o algunas tribus salieran de África. Eso sí, dicho tiempo pudo ser corto, y en este caso la tribu que dejó África por Eurasia con uno y otro genotipos, lo habría hecho muy cerca de la aparición y primeros progresos de la raza ergaster, o sea en dato muy próximo a 1,9 Ma. Queda presentar el último cráneo, D-3444, con unos 650 cc de capacidad, de un individuo adulto, y su mandíbula, excavada hace media docena de años. Uno y otra totalmente desdentados, sin alvéolos, con los huesos reabsorbidos y exostosis en el cierre alveolar. Llevaría, pues, muchos años sin dientes, con gran dificultad para alimentarse, por lo que necesitó ser ayudado largo tiempo. Ayuda y selección con molienda del alimento indispensables, que obligan a inferir un sentido social y familiar e invención de recursos que no se habían presentido en antepasados tan antiguos. El porqué aquella tribu se decidió a abandonar el continente africano puede explicarse por la crisis de aridez y los descensos térmicos que allí se produjeron hace unos 2 Ma, con una máxima sequía, según análisis polínicos, y cambios faunísticos, hace unos 1,8 Ma. A su vez, las crisis faunísticas en Eurasia ocurrieron entre 2 y 1,8 Ma. El progreso en inteligencia e invención tecnológica, junto con la pobreza de recursos nutritivos pudo dar lugar a insuficiencia de los territorios para sostener las poblaciones y animar a algunas a cruzar la zona desértica de Suez y buscar paisajes al otro lado del Mar Rojo. Los utensilios líticos excavados en los niveles fértiles de Dmanisi, no pocos en proximidad a los fósiles humanos, evidencian una mayor diversificación tecnológica con respecto al Modo 1 u Olduvayense primitivo. Ello también parece confirmar el momento crítico inicial de la evolución biológica del grupo humano en que se produjeron su explosión técnica y cultural y la primera gran expansión geográfica, todo en menos de cien mil años, hace cerca de 1,9 Ma. Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:32-55

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4. Un millón de años con escasos y distantes registros La evolución del grupo homínido transcurre con un ritmo menos acelerado entre 1,8 Ma y el final del Pleistoceno Inferior hace 0,78 Ma, o sea 780 Ka (1Ka = mil años). Además, hace entre 1,3 y 1,1 Ma es un período casi sin fósiles humanos con muy escasas excepciones, varias de éstas en España, prolongándose esta ausencia hasta hace 0,9 Ma salvo en Indonesia. Entre hace 900 Ka y 800 Ka se han hallado en pocos sitios, buen número de ellos en Java, y más en el Estrato Aurora de Atapuerca, en España. Se han conservado fósiles de Paranthropus robustus: en varios niveles de rellenos kársticos en Sudáfrica, como Swartkrans, Johannesburgo, desde la unidad estratigráfica Swk-I, hace menos de 1, 9 Ma, hasta Swk-III hace menos de 0,9 Ma. En Swartkrans I y II, también en Makapansgat con menos de 1,5 Ma; y en Sterkfontein 5, con menos de 1,8 Ma, se han recuperado fósiles del género Homo, los más antiguos referidos a H. habilis y los de Swartkrans II a H. ergaster. En Tanzania se conoce el parántropo de Boise (P. boisei) desde la unidad de Olduvai I, con menos de 1,9 Ma, hasta niveles superiores de Olduvai II con cerca de 1,3 Ma. De Etiopía se tienen fósiles de este parántropo en el mismo intervalo, y de Kenya con la última cita próxima también a 1,3 Ma, en Chesowanja. Los primeros fósiles que se describieron con el nombre de Homo habilis, OH 7, OH 8 y OH 10, se hallaron en el Miembro Olduvai I; los últimos con este nombre específico son OH 13 y OH 15 de Olduvai II inferior, con cerca de 1,6 Ma entre las tobas II A y II B. Al este del lago Turkana se conoce el Homo ergaster por varias mandíbulas, ER-992, ER-820 de subadulto, ER-730 junto con otras partes de un esqueleto, los cráneos ER-3733 y ER-3883, y otro esqueleto parcial y patológico: ER-1808. Un tercer esqueleto, mejor conservado, de subadulto es el de Nariokotome, al otro lado del Turkana, WT-15000, que da nombre al primero de los paleodemos de F. C. Howell, uno de los últimos ergásteres, con cerca de 1,5 Ma. Se refieren también a este demo una mandíbula completa de Konso-Gardula y varios dientes de Olduvai, OH 15. A fines del siglo XIX se identificaron en Indonesia fósiles de humanos primitivos, los Homo erectus, inicialmente llamados “pitecántropos”, Pithecanthropus, por considerarlos intermedios entre el hombre y su primate antecesor. Hoy día se conocen unos 70 fósiles de este grupo en la isla de Java, entre ellos un buen número de cráneos y mandíbulas. Éstas son gruesas, con series molares crecientes, el primer premolar con corona y raíces complejas. También en los cráneos dominan los rasgos primitivos: poco elevados, frente muy huida, occipital prolongado en ángulo, volumen encefálico bajo, y faltan otros más modernos que ya se ven en ergásteres africanos y en Dmanisi, como son mayor altura y capacidad del cráneo, y series molares decrecientes. Tienen, pues, más de H. habilis que de H. ergaster. De aquí se infiere que descienden de una tribu que también salió de África, pero distinta de la antecesora de los de Dmanisi aunque partieran en tiempos muy próximos y en las mismas crisis evolutivas y ambientales. Se han señalado diferentes datos cronológicos para estos fósiles con obvias diferencias en la talla y otras proporciones, por lo que se les aplicaron diversos nombres “específicos”: Pithecanthropus u Homo erectus, mojokertensis, primigenius, 44

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dubius, Meganthropus palaeojavanicus… F. C. Howell los agrupó en tres de sus variantes sin prejuicio taxonómico que llamó “paleo-demos”, y pueden considerarse subespecies, o razas. Su cronología es discutida, pues, aunque no faltan volcanitas bien datadas entre sus niveles sedimentarios de procedencia, éstos suelen ser problemáticos, ya que hasta hace pocos años tales fósiles eran extraídos o encontrados en superficie por los lugareños y vendidos a los científicos. Los esfuerzos de identificación más fiables son los de un equipo de geólogos japoneses e indonesios, que los sitúan entre hace poco más de 1,1 Ma y unos 0,76 Ma. Su origen está en África, sin duda, en las crisis de hace 2 Ma y no es de extrañar que los descendientes de aquellos emigrantes tardaran algunos cientos de milenios en llegar hasta el que hoy es Mar de la Sonda, tierra emergida hace menos de 1,8 Ma y paso de diversos mamíferos. En los cientos de milenios del Pleistoceno inferior también se expandieron alguna o algunas tribus en el interior de Asia. Se conocen fósiles humanos de China: dos cráneos en Quyuanheku, de hace 0,85 Ma, y otro en Gongwangling, de Lantian (Shaanxi) en torno a 0,8 Ma, y dos dientes sueltos de Yuanmu. En Donggutuo y en su entorno, norte de China, se datan en 1,1 Ma numerosos utensilios líticos, y en Riwat, Pakistán, industria del Modo 1, de más de 1 Ma. Más al oeste y al pie del Altai, en Tayikistán, se encuentran utensilios líticos típicos del Modo 1 en estratos del Pleistoceno Inferior, de hace 0,85 Ma. Y en el Próximo Oriente, cerca del istmo de Suez, un yacimiento en el Monte Ubeidiya contenía tres dientes fósiles humanos y utensilios líticos de gran formato, de hace 1,3 Ma, evidencias de una nueva salida de África o contactos repetidos. A su vez, la fauna adjunta es mezcla de especies eurasiáticas, norteafricanas y del Rift. Mirando al otro extremo del continente eurasiático y al racimo de penínsulas que constituyen Europa, hay diversos sitios con industria lítica primitiva en el Pleistoceno Inferior. Pero es en su extremo sudoeste, en la Península Ibérica, donde además se han excavado y estudiado algunos fósiles humanos de gran antigüedad, contemporánea de los últimos que veíamos en África Oriental. En una acumulación de restos de mamíferos carroñeados por hienas, la de Venta Micena, en Orce, Granada, un pequeño fragmento de cráneo infantil VM-O fue publicado como humano por J. Gibert en 1983, atribución muy debatida en los años siguientes. Comprendía la parte postero-axial de ambos parietales unidos por suturas aún no cerradas y con un fragmento superior del occipital y osículos womerianos. Fue difícil, pero su cuidadosa restauración y la limpieza de la cara interna dejó ver relieves negativos de circunvoluciones y senos venosos, y junto a un surco centro-lateral más profundo, el relieve de una cresta interna. En ésta se apoyó la opinión negativa a que se tratara de un fósil humano, aunque expertos como D. Campillo y Ph. Tobias no veían razonable el excluirlo. Al estudiarse hace pocos años un esqueleto infantil de la necrópolis de época romana de Francolí, cerca de Tarragona, un fragmento craneal análogo al de Orce, mostraba una cresta y surco muy parecidos a los de VM-O, lo que confirma la atribución de este fósil a un humano. La edad que se le atribuye, mediante estudios de la fauna acompañante correlacionada con otras de Europa datadas cronométricamente y de la estratigrafía del entorno, es cercana a 1,3 Ma. La presencia y actividad humana en esta región y edad está aseDendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:32-55

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gurada también por la evidencia indirecta de conjuntos paleolíticos en niveles de Fuentenueva y de Barranco León. El fragmento de Orce no es el único fósil humano en España y resto de Europa con una antigüedad superior a un millón de años. Excavaciones recientes en la sierra y municipio de Atapuerca incluyen una cata por debajo del suelo de la antigua trinchera de ferrocarril desmantelado en busca de los niveles basales del corte llamado “Sima del Elefante”. En esa cata se han descubierto capas muy ricas en fauna que permite datarlas con criterio de correlación. Algunas contienen artefactos de industria lítica y, además, en el nivel TE 9 se han encontrado la parte anterior de un cuerpo mandibular humano en 2007, un premolar en 2006, y una primera falange del 5º dedo de la mano izquierda en 2008. Su dato biocronométrico es de al menos 1,2 Ma. Es, pues, de notar este registro plural de ocupaciones humanas en la Península Ibérica, desde cuencas intrabéticas al sur, al paso entre la cuenca del Ebro y la Meseta norte que marca la Sierra de Atapuerca. Por otra parte, es dudosa la pertenencia a un humano de una segunda falange de mano recogida entre materiales erosionados y redepositados, o caídos de un complejo relleno antiguo, de más de 1 Ma, en Cueva Victoria, La Unión, Murcia. Muy singular y algo más tardío, hace unos 0,8 Ma, es el registro de otra cavidad en el conjunto de Atapuerca, la llamada Gran Dolina, en su Estrato Aurora, parte superior del nivel o Unidad TD 6. Por hallarse en la mitad del relleno, cerca de 10 m bajo su techo y cerca de 10 m sobre la base, no ha llegado todavía a su nivel la excavación en extensión, que aún va por niveles superiores. Pero una cata de prospección, extendida sólo al margen del talud y a un rincón residual del antiguo portal destruido por la excavación de la trinchera, han proporcionado, además de copiosos restos de fauna y actividades litotécnicas, más de 100 fósiles de unos 10 individuos distintos de un grupo humano que ha sido clasificado como especie Homo antecessor. Los restos craneales, mandibulares y de huesos largos son todos fragmentarios. Destacan un fragmento craneal con gran parte del frontal ATD6-15, otro con un yugal, maxilar y premaxilar con dientes ATD6-69, dos medios cuerpos mandibulares ATD6-5, dientes aislados, clavículas, escápula, vértebras, costillas, varios huesos largos y de manos y pies. El cráneo y la dentadura conservan rasgos primitivos. Clark Howell los clasificó como uno de sus 25 paleo-demos fósiles humanos, con el nombre de “Demo de Atapuerca-Gran Dolina”. Sin ningún fundamento se proclamó a este “antecesor” como antepasado común de neandertales y modernos, error que se sigue transmitiendo en cuadros con pretendidas líneas de descendencia filogenética. Los rasgos faciales conservados contienen apomorfías netamente modernas y que se conocen en fósiles del Pleistoceno de China, y en los análisis biostadísticos llaman la atención las proximidades con los de Zhukudian. Por ello venimos proponiendo se tome en consideración el escenario de expansión al este y al oeste de una población eurasiática del Pleistoceno Inferior descendiente de los primeros salidos de África. El Estrato Aurora en la Unidad TD6 de Gran Dolina representa un episodio cálido que sigue a tres oscilaciones muy frías, glaciales. El relleno progresivo de la amplia cavidad había llegado al nivel de la antigua entrada, por donde se accedía al habitable interior. En la franja y la cata expuestas y excavadas hay abundan46

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tes fósiles de la fauna contemporánea, restos de comida, utensilios, restos de talla y bloques pétreos traídos de fuera aún sin tallar, evidencias de ocupaciones de cierta duración y diversas actividades en el sitio. Los fósiles humanos, fragmentarios, están concentrados donde se amontonan los de grandes herbívoros y los utensilios. En la mayoría se reconocen señales de fractura artificial y de cortes con filo agudo, sugerentes de prácticas caníbales. Los estudios de estas evidencias y sus contextos sugieren que se trata de un canibalismo dietario y cultural sobre todo de menores accidentados y en algún caso eutanásico. Otro fósil humano del Pleistoceno Inferior en Europa es el neurocráneo fragmentario y recompuesto de Ceprano, Italia, con dato impreciso alrededor de 0,9 Ma. Es ancho, con frontal muy huido tras inflexión sobre la glabela del toro superciliar robusto y saliente, y perfil occipital agudo. No se conocen contextos de fauna ni de industria lítica. Sí se conocen utensilios paleolíticos en localidades europeas: Kozarnika, Bulgaria; Tetoiu, Rumanía; Korolevo, Ukrania; Beroun, República Checa; Neuligen 11, Deutch-Altenburg y Kärlich, Alemania; Pakefield, Gran Bretaña; Solihac, Les Valerots, Le Vallonnet y Sinzelles, Francia; Monte Poggiolo, Casa Frata, Imola y Farnetta, Italia, en torno a 1Ma.

5. Diversidad, movimientos y progresos desde el Pleistoceno Medio El “piso” estratigráfico, o “edad” Pleistoceno Medio comienza hace 781 Ka y da paso al Pleistoceno Superior hace 126 Ka. Este tramo comprende siete grandes oscilaciones térmicas registradas por isótopos del oxígeno en fondos oceánicos: desde el enfriamiento y glaciación del OIS 18, hasta el calentamiento interglacial tras el episodio glacial OIS 6. La primera mitad de este piso es dominantemente fría, con máximo glacial en el OIS 16, hace unos 620 Ka y termina con otro en el OIS 12, hace más de 420 Ka. Entre estas glaciaciones pasó el interglacial OIS 17, breve y tibio, hace unos 690 Ka; el del episodio OIS 15, más cálido que el actual, hace poco menos de 600 Ka, y el no tan caliente OIS 13 alrededor de hace 500 Ka. Con el dominio de los fríos también prevalecieron en este intervalo niveles del mar de bajos a muy bajos, favoreciendo el paso de un continente a otro a través de actuales estrechos. No obstante, los fósiles humanos en este tramo son muy escasos, y los utensilios líticos suelen aparecer alterados y desplazados del sitio en que fueran depositados. Esto puede explicarse por el hecho de que en tierras emergidas predomina la erosión sobre la sedimentación, y ésta es sobre todo de alta energía y rápida, dando lugar a depósitos de cantos rodados o gravas gruesas, adversos a la conservación de fósiles. En Sudáfrica se conoce un diente en Gladisvale, con dato de hace 660 Ka. Más antigua es la edad que se asigna a dos mandíbulas, BK67 y BK8518, la última más robusta y con sínfisis muy gruesa, además algún diente y piezas poscraneales de las capas altas de Kapthurin, Kenya, cerca del Lago Baringo y por tanto del ecuador terrestre actual. En el Miembro IV de la Quebrada de Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:32-55

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Olduvai, Tanzania, la mandíbula OH 22, próxima a los 780 Ka, con cuerpo corto, grueso, bordes alveolar y basal paralelos; el fragmento de cráneo OH 28, un fémur incompleto OH 12, fragmento de coxal y otras pocas piezas; poco más tarde en la unidad Masek Beds de hace entre menos de 600 y más de 400 Ka, la mandíbula OH 23 parecida a OH 22. En el norte de África, se data en unos 700 Ka el yacimiento de Argelia llamado Ternifine por su descubridor, después llamado Palikao y ahora también Tigheniff. Contenía dos medias mandíbulas humanas, más una completa, un parietal y otros fósiles menudos, con restos de fauna asociados e industria lítica del Modo 2 como bifaces, hendedores y picos triédricos. En estas tan antiguas poblaciones humanas se aprecian notables diferencias entre esas mandíbulas, lo que sugiere una notable variabilidad intraspecífica, incluso intratribal, y no sólo dimorfismo sexual y trayectoria de edades. Los análisis multivariantes de las dentaduras cuadran con lo obtenido en la muestra actual de TD 6 del Estrato Aurora de la Gran Dolina de Atapuerca. Dos inferencias se presentan como posiblemente válidas: o bien en los tamaños relativos de los dientes humanos ocurren evoluciones independientes en linajes separados en que se dan coincidencias homoplásicas, o alguna tribu de la raza eurasiática extensa del “antecessor” se extendió hacia el oeste por tierras al sur del Mediterráneo. El cráneo de Bodo, Etiopía, hace entre 640 y 550 Ka, es un buen testigo de la diversidad de razas que en la estirpe humana se estaba produciendo en África por entonces. Con el frontal huido, la bóveda baja y ancha en la base, toro supraorbitario ancho, grueso, prominente y continuado con ligera inflexión sobre la glabela muy ancha, presenta órbitas redondeadas; el complejo malar sin entrantes o fosas bajo el pómulo que es alto, da al rostro un aspecto abultado y adelantado, que poco más tarde veremos en la raza de Kabwe, sobre todo en Sudáfrica y en los preneandertales y neandertales europeos. Por este mismo tiempo, hace unos 600.000 años, ocupantes del Rift Valley dejaron señales de su ocupación del territorio en Olorgesailie, sur de Kenya, con una notable densidad de utensilios, entre los que destacan grandes bifaces del Modo 2 evolucionado con filos rectos y talla blanda. De China es una curiosa mandíbula, de Chenjiawo, en Lantian (Saanxi) con no mucho más de 600 Ka, la más antigua que se conoce de un individuo adulto que careció de los dos últimos molares. Pero, sobre todo, el que fuera el mejor registro fósil humano en este intervalo, el de Zhoukoudian I en el norte de China, un cerro muy karstificado, en el cual la excavación de un relleno en ancha sima comparable con el de la Gran Dolina de Atapuerca dio unos cien fósiles humanos entre 1924 y 1939: 6 cráneos, 11 mandíbulas, pocos huesos de miembros, dientes, además de fauna, utensilios líticos y señales de uso de fuego. Los fósiles humanos se perdieron al quererlos trasladar durante la Segunda Guerra Mundial; no obstante su conocimiento es un valioso y claro capítulo de la Ciencia, porque fueron bien estudiados, figurados y replicados en moldes. La cronología de Zhukudian ha tenido varias versiones. Se distinguen hasta 17 niveles, numerados del superior o más moderno al más remoto, basal, el 17, de hace más de 730 Ka. Presentaron fósiles humanos desde el nivel 11, con más de 620 Ka. Del conjunto de niveles 9-8, entre hace 462 Ka y hace más 48

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de 400 Ka, procedían los cráneos G1, K1 y M1. Destacan el occipital anguloso y toro supraorbitario recto, sin inflexión, sobre la glabela, en lo que se parecen a los “erectus” de Java; el frontal más elevado, la bóveda craneana más alta y capaz; el ala maxilo-malar retraída, como los modernos. En el Próximo Oriente, se cita el sitio Gesher Benot Ya’acov (Israel) con dos fémures humanos y dato incierto entre bastante más y bastante menos de hace 600 Ka, por hallarse en situación derivada y en un nivel afectado por actividad tectónica. Un parietal se conoce de Nadaouiyeh (Aín Askar, Siria), de hace entre 500 y 450 Ka, más parecido a los de Zhukudian que a otros de ese tiempo. Pocos fósiles humanos se conocen de Europa en este intervalo. De hace alrededor de los 500 Ka es la mandíbula de Mauer, en terraza del Rhin cerca de Heidelberg (Alemania), de ahí el nombre de “Homo heidelbergensis”, caracterizada por su cuerpo óseo grueso, más bien alto, sin mentón, ancho hacia detrás como el arco dentario y ramos articulares anchos y poco altos. En Italia se conocen de Fontana Ranuccio algunos dientes de hace 458 Ka, y de Cava Pompi, cerca de 450 Ka, fragmento de cráneo, un cúbito y una tibia. De Francia es un canino de Vergranne con menos de 500 Ka, y otro excelente yacimiento kárstico bien excavado y estudiado, la gruta o Caune de l’Arago, cerca de Tautavel, en el sur. Sus ochenta fósiles humanos, que ilustran el demo de Mauer, son en su mayoría de cráneos y mandíbulas. Los primeros, fragmentarios, muestran una bóveda baja, frente huida, toro supraorbitario grueso con silla glabelar, frontal estrecho, rostro prognato, molares macizos sin fosa canina, órbitas rectangulares y entre ellas una ancha glabela, 1100 cc estimados de capacidad craneana: rasgos ya vistos en Bodo, y otros intermedios entre éste y los neandertales. Las dos mandíbulas más completas ARAGO 2 y ARAGO 13 muestran un notable dimorfismo sexual: la primera más corta y grácil; la segunda con el cuerpo robusto, largo y bajo, la sínfisis huida y sin mentón en ambas, los ramos ascendentes anchos, no altos, verticales, sin apenas escotadura sigmoidea, como Mauer. Hay una pelvis, huesos largos con cortical gruesa y dientes aislados de al menos diez individuos. Los estudios del contexto y tafonómicos han llevado a deducir diversos usos de la cueva por humanos en varios niveles, prácticamente todos en el complejo estratigráfico medio (CM), subdividido a su vez en tres fases. Ocupaciones de larga duración y actividades diversas en el suelo Q del CM I, con 550 Ka, y en el CM III suelo G, de 450 Ka, el más fecundo en restos humanos; ocupación estacional en el suelo J del CM II, c. 500 Ka, y en el suelo F del CM III, de 440 Ka; altos ocasionales y de paso en el suelo L y otros del CM I, y entre los suelos F y G. En los intermedios, no faltan evidencias de ocupaciones por carnívoros, sobre todo osos. El número de yacimientos y de fósiles humanos hoy día registrados crece notablemente en la segunda mitad del Pleistoceno Medio, esto es, hace entre 420 Ka y 126 Ka. Los sitios registrados son más de 60, y los fósiles humanos más de 6.000. Podemos subdividir este tramo cronológico en tres bandas o fases artificiales: la primera entre hace alrededor de 420 Ka y más de 300 Ka; la segunda hace entre alrededor de 300 Ka y más de 200 Ka; y la 3ª entre hace unos 200 y 126 Ka. De la primera fase son, en China, el cráneo H1 de Zhukudian I; dos cráneos de Halu; fragmentos craneales y dientes de Yiyuan, y dientes aislados de otras Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:32-55

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cinco localidades, que F. C. Howell reúne en el paleo-demo de ZKD (Zhukudian). En Sudáfrica está el cráneo incompleto de Elandsfontein, cerca de la Bahía de Saldanha, del paleo-demo de Kabwe. En el norte de África, los fósiles de la Cantera Thomas en Sidi Abderrahman, en cuevas, con industria del Modo 2 y fauna, y también en Marruecos el cráneo incompleto de Salé, descubierto en superficie por erosión eólica. De Europa se conocen: una mandíbula y dientes sueltos de Visogliano, un fémur en Venosa-Notarchirico y varios poscraneales en Pofi, Italia; una decena de dientes aislados, gran parte infantiles en varios estratos del episodio OIS 9 con industria lítica y evidencias de estancia prolongada, en la cueva de Orgnac, y partes de un esqueleto infantil en Pech-de-l‘Azé, Francia; un occipital y dos dientes en Vértesszöllös, Hungría; partes de cráneo en Bilzingsleben, Alemania; una diáfisis de tibia en Boxgrove, Gran Bretaña, y en España, los fósiles de la cueva del Estrecho del Río Quípar (Murcia) y los de la Sima de los Huesos (SH) en la Cueva Mayor, Ibeas de Juarros (Sierra de Atapuerca, Burgos); F. C. Howell los reúne todos en el demo “Petralona/Atapuerca-Sima” de preneandertales. El sitio SH es absolutamente singular por habernos facilitado hasta ahora más de cinco mil fósiles humanos que yacían envueltos en arcilla roja, más o menos rotos y revueltos: cráneos, mandíbulas, todas las partes esqueléticas están representadas, incluso los osículos del oído. Todas están siendo estudiadas en los aspectos descriptivos, biométricos, comparativos, tafonómicos, patológicos e identificación de edad y sexo. Se han estudiado también los patrones de crecimiento, no sólo en el tamaño y proporciones del hueso sino también en las modificaciones del tejido óseo interno con microscopio confocal. La variación intrapoblacional y aun tribal que se aprecie tiene valor, pues se trata de un grupo contemporáneo de al menos (MNI) 28 individuos, fallecidos todos en el mismo sitio y en el mismo tiempo por accidente. Iban juntos y se refugiaron en el portal de una cueva ante un violento chaparrón; pero éste causó un corrimiento de tierras y desplome en la ladera que taponó la entrada, dejándolos sin aire. Poco después, al bajar un poco el cono de derrubios, algunos carnívoros olieron los cadáveres y no pocos fósiles conservan huellas de sus mordiscos. Los cadáveres flotaron en el lodo, que los llevó por gravedad hasta la sima vertical en que se hundieron. Esto ocurría un verano del interglacial en el episodio oceánico OIS 9, hace más de 320.000 años. La segunda fase, entre alrededor de 300 Ka y más de 200 Ka se encuentra representada en África y Europa. El tipo del demo de Kabwe es el cráneo antes llamado “de Rodesia”, Homo rhodesiensis, hallado junto a otros dos fragmentos craneales y varios poscraneales. Sus rasgos distintivos se parecen a los de preneandertales europeos, y unos y otros han encontrado un precedente común en el cráneo de Bodo. Otro cráneo, más al sur, en Sudáfrica, que comparte rasgos distintivos con éstos y con el de Saldanha o Elandsfontein, es el de Florisbad, datado en 259 Ka. En el Norte, en Marruecos, se conoce la mandíbula de Kebibat, cerca de Rabat, en yacimiento de superficie con dato de cerca de 250 Ka, y otra hemimandíbula, acompañada con industria de Modo 2 evo50

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lucionado en la Cueva de Littorina, sobre la Bahía de Sidi Abderrahman, y datada alrededor de 200 Ka. En el Este, con datos alrededor de 300 Ka, contamos el cráneo de Olduvai OH 11, en los Ndutu Beds, y otro en varios fragmentos del Lago Eyasi, en Tanzania; en Kenya el cráneo ER 3884 y el fémur ER 999 de Ileret: todos éstos se incluyen por Howell en el paleo-demo de Kabwe, y les añade 3 dientes y un fémur de Laynyamok con el mismo dato aproximado. Al cráneo L18 de Laetoli, Tanzania, otro de Eliye Springs, de Kenya y un maxilar con molares y premolares de Oued-Dagadlé, Djibuti, los tres con dato impreciso entre hace 250 y 200 Ka, se les reconocen rasgos de humano “moderno”. El cráneo de Petralona, Grecia, sirvió para caracterizar la estirpe europea antecesora más próxima de los Neandertales, que Howell definió conjuntamente con la Sima de los Huesos. Se les añaden fragmentos de cráneo y poscraneales de Castel di Guido de hace unos 300 Ka; parte de otro cráneo en Casal de Pazzi, entre 300-250 Ka; un fémur de Ponte Mammolo y varios poscraneales de Sedia del Diavolo de unos 250 Ka, y la pelvis de la Grotta del Principe de entre 250 y 200 Ka, todos éstos de Italia. Se añaden en Francia las partes del cráneo más dientes sueltos de Biache-Saint-Vaast; en Alemania el cráneo, recompuesto, de Steinheim, que puede tener unos 225 Ka aunque se le atribuyen más de 300 Ka, y de Ehringsdorf, en el episodio cálido OIS 7, restos craneales y poscraneales de varios individuos, que ya tenían muy avanzados los rasgos típicos de Neandertal. De Inglaterra se conoce la bóveda biparietal de Swanscombe, también muy próxima a las neandertalenses, en terraza del Támesis, con abundante industria del Modo 2 y atribuida al OIS 9 aunque pudiera ser más joven, y de Gales los de Pontnewidd, entre 251-195 Ka. Añádense también un fragmento de parietal y uno mandibular en la Galería de Atapuerca, con unos 300 Ka o menos, y un húmero femenino en el nivel VII de la cueva de Lezetxiki, Mondragón, Guipúzcoa, con dato alrededor de 240 Ka según se infiere de datos seguros del nivel superior. Finalmente, la fase última de esta segunda mitad del Pleistoceno Medio, entre cerca de 200 Ka y los 126 Ka, ya del interglacial OIS 5, base estratigráfica del Pleistoceno Superior, encuentra un copioso y diverso registro en China que Howell clasifica en 3 paleo-demos. Son: el primero, Demo Dali, definido por el cráneo conocido por este nombre, hallado en Tianshuigou, de hace unos 200 Ka, que conserva rasgos de los precedentes con otros modernos, en proporciones de la bóveda y conformación del rostro; se le añaden el cráneo fragmentario de Chaoxian o Yanshan, con menos de 200 Ka, y otros fósiles de Walongdong (provincia de Changyang), con dato de 195 Ka, Dingcun próximo al límite de 126 Ka, y de la cueva de Yanhuidong (Tongzi) con dato incierto de c. 150 Ka. Segundo es el demo de Jinniushan, localidad de un esqueleto femenino con el cráneo completo y edad próxima a 200 Ka, al que se añaden fósiles de Miaohoushan de entre 220-140 Ka y otros del Pleistoceno Superior, más restos de 3 esqueletos con sus cráneos en los que se ven, con buena variabilidad intrapoblacional, conjuntos de rasgos netamente modernos, datados entre 170130 Ka, en la localidad 4 de Zhoukoudian, una cueva en nivel superior de esta extraordinaria colina a los que acompañan copiosos artefactos líticos y de Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:32-55

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hueso y residuos de hogares. Tercero, Demo “Maba/Hathnora”, por las dos localidades conocidas hasta ahora: una en China con un cráneo incompleto en un relleno de fisura en la colina Shizi cerca de Maba con dato de aproximadamente 130 Ka, la segunda con otro cráneo parcial cerca de Hathnora, en el valle de Narmada, India, con industria del Modo 2 evolucionado; se distinguen por presentar rasgos primitivos y otros apomórficos que comparten; algunos, como las órbitas redondas, los hacen parecerse a los neandertales. En el sudoeste de Asia, el fragmento de cráneo de Zuttiyeh, Galilea, con dato incierto entre 157 Ka y 106 Ka y varios rasgos modernos. Próximos en dato cronológico del episodio OIS 6, o finales del Pleistoceno Medio son: dos fémures incompletos, uno de Tabun, en el Monte Carmelo nivel Eb; otro, junto con partes del esqueleto axial, en la cueva Karain (sur de Anatolia), y otros restos humanos fragmentarios en la cueva de Sel’Ungur, Kirgizia (Asia Central). Los rasgos derivados de estos fósiles no han permitido clasificarlos como especie ni subespecie, ni unirlos a los llamados “modernos”. De Sudáfrica, se cita una mandíbula de la Cave of Hearths en un nivel de 200 Ka. En África Oriental, el cráneo incompleto de Omo-Kibish 2, sur de Etiopía, con rasgos “modernos”, y otro incompleto también, de Singa, Sudán, ambos datados alrededor de 150 Ka. En Europa, el registro de esta fase, dominantemente fría, incluye: la Grotta del Poggio, Italia, c. 200 Ka; las cuevas Apidima I y II, en Grecia, con dato también cerca de 200 Ka la primera, de la que proceden dos cráneos parecidos a preneandertales, mientras que en Apidima II se hallaron partes de un cráneo con rasgos más parecidos a neandertal. De Francia son los sitios de Le Lazaret, con dos dientes y un parietal inmaduro y patológico datado en unos 160 Ka; partes de un cráneo adulto, otro infantil con su mandíbula, y dientes aislados en La Chaise-Grotte Suard, con cerca de 130 Ka, y la mandíbula de Montmaurin, con dato dudoso entre Pleistoceno Medio y Superior, bien conservada, y en todos sus rasgos más parecida a los preneandertales que a los neandertales. Posiblemente también sean de finales del Pleistoceno Medio un metatarsiano y una vértebra cervical de la Cueva del Congosto, en Alcorlo, Guadalajara, hallados en sedimentos derivados posiblemente de un comedero de hienas. Como resultado, vemos que desde hace 400.000 años la diversidad racial humana creció en Asia y África, acercándose más a los conjuntos morfológicos modernos. Entre los humanos de África se distinguen bien “modernos arcaicos” de los de Kabwe, y en Europa parece haber más singularidad en los preneandertales, si bien se notan claras variantes morfológicas entre los cráneos de una misma tribu o grupo familiar como el de Sima de los Huesos. Por otra parte, el volumen cerebral creció más en todos los grupos geográficos, con sólo ligeras diferencias entre ellos. Registros también del progreso mental, un tanto diacrónico al comienzo, más aproximado después en los continentes, son los conjuntos de utensilios, restos de talla y marcas de uso. El Modo 2 con industrias de gran formato, iniciado en África hace 1,7 millones de años, no se ve en Europa hasta hace 0,7 Ma (700 Ka) y en China es muy escaso. En ese intervalo se le ve alternando con el Modo 1 evolucionado en sitios próximos de Etiopía, y aun en la secuencia estratigrá52

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fica de un mismo sitio, lo que indica una capacidad optativa de técnicas según las necesidades. El Modo 2 evolucionado, con uso de percutores blandos y formas más lisas, se conoce en África de hace 600 Ka en Olorgesailie y en Europa no antes de hace 400 Ka. Por este mismo tiempo, desde hace más de 300 Ka es patente el empleo ocasional de nuevas técnicas, más refinadas y complejas, que serán dominantes en los Modos 3, paleolíticos medios, o MSA de Sudáfrica, en el Pleistoceno Superior.

6. Neandertales y modernos en el Pleistoceno Superior De hace menos de 130 Ka se conocen en China una docena de sitios con fósiles humanos, que dejan ver diversidad racial, varios con rasgos de chinos modernos. En Java, los 12 cráneos del “hombre de Solo” en Ngandong y otros en Sambungmacan, muestran parecidos con australianos modernos. En Australia los sitios, próximos a 50 Ka, de Willandra Lakes, tienen evidencia de prácticas funerarias. En el Próximo Oriente son bien conocidos Es Skhul y la Cueva de Yebel Qafzeh con diez y más esqueletos de humanos ya modernos, sepultados, de entre 100 Ka y 90 Ka; un registro más largo en la cueva de Tabun con varios tipos humanos y niveles entre unos 130 Ka y 80 Ka con industrias líticas del Modo 3. En Amud y Shanidar con datos más recientes se hallaron fósiles con rasgos de la raza Neandertal. Contemporáneos con los últimos de la raza de Kabwe, se conocen otros con rasgos netamente modernos: así los dos cráneos de Omo-Kibish (sur de Etiopía) de hace alrededor de 130 Ka. Otros de la Boca del Río Klasies (KRM), de Border Cave entre 90-50 Ka y las cuevas de Kelders y Equus en Sudáfrica, el Abrigo Mumba en Tanzania con más de 110 Ka, Singa en Sudán entre 127-94 Ka, Taramsa de 80-50 Ka, y Nazlet Khater en Egipto, Dar-es-Sultan y Temara en Marruecos. Son también humanos modernos los que llegan y colonizan las Américas desde hace menos de 30 Ka. En Europa domina el demo de Neandertal en numerosos yacimientos durante casi todo el Pleistoceno Superior, hasta hace unos 40 Ka, en que se extienden rápidamente los modernos de la raza Cro-Magnon desde Rusia y los Balkanes hasta la Península Ibérica. En ésta subsisten los últimos neandertales hasta los 27 Ka en el litoral portugués y el Peñón de Gibraltar. Hoy no se duda la ocupación contemporánea de neandertales y modernos en áreas próximas, y algunos admiten mestizajes entre ambas razas. Las dos avanzaron en tecnología lítica del Modo 3 hacia el Modo 4, y se encuentran fósiles de una y otra con fases culturales de transición, en diversas partes del mundo, entre hace más de 40 Ka y menos de 29 Ka. El predominio de culturas modernas, incluidas las ideas trascendentes, con fósiles humanos de razas modernas en muchos yacimientos, es global con tecnologías de Paleolítico superior desde hace alrededor de 28 Ka en África del Norte y del Sur, en Europa, en China, en Sri Lanka, y con progresos en la última Glaciación. En ésta, tras los altibajos térmicos descendientes desde hace 40 Ka, dominan los frentes fríos extremos hace más de 25 Ka con una notable mejoría hace 15 Ka, hasta el rápido cambio cerca de 10 Ka con que Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:32-55

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empieza el Interglacial presente y el periodo Holoceno. Próximas a este dato son las invenciones independientes de la agricultura, el pastoreo y la cerámica (en África, Europa, Asia y las Américas), seguidas de los metales, las ciudades, las escrituras, los imperios y la discriminación social.

Conclusión Hace alrededor de 6 millones de años, aparece en el Centro y Este de África un grupo de monos catarrinos de gran talla y con la facultad de andar de pie y erguidos. Ésta se ve favorecida como adaptación a los nuevos ambientes quebrados con vegetación montana debidos a la actividad tectónica, al cambio en los átomos de carbono y al clima. Hace unos 4,5 Ma se halla establecida en África la estirpe de bípedos erguidos, los Australopitecos, sin notable expansión del cerebro. Hace entre 3 y 2,5 millones de años, con crecientes enfriamientos hasta la primera glaciación de la nueva Edad del Hielo, se diversifican los bípedos: duran poco los últimos del género Australopithecus; tienen éxito los nuevos Paranthropus en África Oriental, con muy potente aparato masticador, sin aumento del cerebro, y los primeros humanos, género Homo, con cerebro crecido, débil aparato dentario, y elaboración de sencillos utensilios de piedra cortantes y punzantes (Modo 1). Hace entre 2 y 1,8 millones de años se diversifica la nueva estirpe humana, en tiempo de severa aridez. Aparece el tipo llamado “ergaster” con cerebro más voluminoso e infancia y adolescencia prolongadas. En este intervalo progresa la industria lítica con mayor diversidad y complejidad e integración operativa, y al mismo tiempo se producen las primeras salidas de África y comienza la expansión de humanos por Eurasia. Entre los que quedan en África aparece el Modo 2 paleolítico con utensilios de Gran Formato, hace 1,6 millones de años, y poco más tarde desaparecen los humanos primitivos, Homo habilis, quedando sólo el H. ergaster, o Demo Nariokotome. En el intervalo entre 1,5 millones de años y 0,8 millones (800.000 años), con escasos registros fósiles, se constata mayor aumento del cerebro que rebasa los 1.000 cc, y diversidad racial entre demos de Java, de Asia continental y Europa, y lo poco que se conoce de África. Hace unos 700.000 años se habrían producido nuevos viajes entre continentes y hasta islas, cruzando estrechos menguados por el descenso del nivel del mar. Desde entonces se conoce en Eurasia el Modo 2, y no mucho después en África el Modo 2 (o Achelense) evolucionado. En África se diversifica el Demo de Bodo-Kabwe, del que descienden los preneandertales europeos de Mauer, Arago y Sima de los Huesos. En China florece el Demo ZKD (Zhukudian) con progreso muy peculiar en industria lítica. Desde hace 400.000 años se multiplican los registros fósiles humanos. Aumenta en ellos la diversidad racial, sobre todo a partir de hace alrededor de 300.000 años con los llamados “modernos arcaicos” entre otros. Pero son homólogos con muy ligeras diferencias cronológicas los progresos en telencefa54

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lización, así como en técnicas instrumentales con introducción de temas operativos que cuajarán más adelante en los Modos 3. Hace ya unos 125.000 años se encuentran formadas las razas actuales o “modernas” en el Próximo Oriente con el Demo de Skhul y Qafzeh, en Sudán con el de Singa y en Sudáfrica con el de Klasies River Mouth (KRM). Al mismo tiempo se conoce en Europa y zonas limítrofes la raza bien definida de Neandertal. Ésta pudo salir al sur en fases frías y tener mestizos en YebelIrhoud, Marruecos, hace cerca de 100 Ka; y más tarde, cerca de 70 Ka, en tierras del sudoeste asiático: Shanidar, Amud, Tabun, los conocidos como Neandertales de Levante. Los modernos entran en Europa hace poco más de 40.000 años, y se extienden rápidamente con técnicas más complejas del Paleolítico Superior. En Iberia se reparten el terreno desde cerca de ese dato con neandertales. Los últimos de éstos se registran en la costa portuguesa y en Gibraltar, hace menos de 25.000 años. Cerca de este tramo cronológico, con la última Glaciación, se produjo la llegada y extensión de la especie humana a América desde Asia. Desde el Pleistoceno Superior, con la doble glaciación de los episodios OIS 4 y OIS 2, se ocuparon extensamente tierras siberianas más al norte del paralelo 60º, adonde habían llegado con cultura de Paleolítico Inferior algunos descendientes de los establecidos en esa latitud, junto al río Lena en el Pleistoceno Medio. Finalmente, no se han podido datar las salidas con navegación, dirigida o casual, a islas de los océanos Índico y Pacífico, pero se sabe algo más de archipiélagos mediterráneos y aun atlánticos. La llegada a Australia se conoce en el Pleistoceno Superior ya avanzado.

Lecturas • Aguirre E. Evolución humana. Debates actuales y vías abiertas. Madrid: Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, 2000. • Aguirre E. Homo hispánico. Madrid: Espasa-Calpe, 2008. • Baquedano E. (Ed.). El universo Neanderthal I. Madrid: Ibersaf Industrial, S.L., 2007. • Benítez-Burraco A. La evolución del volumen cerebral y la aparición del lenguaje: aspectos moleculares. Revista española de Antropología, 2008;28:1-17. • Carbonell E (Coord.). Homínidos: las primeras ocupaciones de los continentes. Barcelona: Ariel, 2005. • Cela-Conde CJ, Ayala FJ. Senderos de la evolución humana. Alianza editorial, Madrid. 2001. • Howell FC. Paleo-demes, species clades, and extinctions in the Pleistocene hominin record. Journal of Anthropological Research. 1999;55:191-243. • Tattersall I. Becoming Human: Evolution and Human Uniqueness. New York: Harcourt Brace and Co., 1998. • Tobias PV, Raath MA, Moggi-Cecchi J, Doyle GA (Eds.). Humanity from African Naissance to Coming Millenia. Firenze: Firenze University Press, 2001. • VVAA. Zona Arqueologica, 4 (tomos 1-4). • Walker A, Shipman P. The Wisdom of the Bones: In Search of Human Origins. New York: Alfred A. Knopf, 1996. • Wolpoff MH. Paleoanthropology. Boston: McGraw-Hill, 1999. • Wu X, Poirier FE. Human Evolution in China: A Metric Description of the Fossils and a Review of the Sites. Oxford: Oxford University Press, 1995.

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El retorno de la economía de la depresión y la crisis de 2008 The Return of Depression Economics and the Crisis of 2008 ■ Paul Krugman* ■ La economía mundial no se encuentra en depresión, probablemente no experimentará ninguna depresión en un plazo de tiempo corto. Pero, aunque la depresión en sentido propio no ha vuelto, la economía de la depresión —los tipos de problemas que caracterizaron buena parte de la economía mundial en los años treinta, pero que no se han visto desde entonces— se ha instalado de una forma pasmosa. Hace cinco años era difícil que alguien pensara que los países modernos se verían obligados a soportar recesiones apabullantes por temor a los especuladores monetarios; que un gran país avanzado podría verse con persistencia incapaz de generar el gasto suficiente para mantener el empleo de sus trabajadores y de sus fábricas; que incluso la Reserva Federal se preocuparía por su capacidad para contener un pánico del mercado financiero. La economía mundial se ha convertido en un lugar mucho más peligroso de lo que imaginábamos. ¿Cómo se ha convertido en peligroso el mundo? O lo que es más importante, ¿cómo podemos hacerlo más seguro? En este libro (véase nota a pie) he contado muchas historias, ahora es tiempo de intentar extraer algunas moralejas. ¿Qué es la economía de la depresión? ¿Qué quiere decir que la economía de la depresión ha vuelto? Esencialmente significa que, por primera vez en dos generaciones, los fallos de la economía por el lado de la demanda —gasto privado insuficiente para uti* El autor (Albany, Nueva York, 1953) es profesor de Economía y divulgador. En 2004 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales, y en 2008 fue galardonado con el Premio Nobel de Economía. En la actualidad es profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton, y desde 2000 escribe una columna en el periódico The New York Times. El presente artículo —que se publica con las debidas autorizaciones— constituye el décimo capítulo de su reciente libro: Krugman P. El retorno de la economía de la depresión y la crisis actual. Barcelona: Editorial Crítica, 2009. (La traducción es de Jordi Pascual y Ferrán Esteve).

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lizar la capacidad productiva disponible— se han convertido en la limitación, clara y actual, de la prosperidad para una gran parte del mundo. Nosotros —me refiero a los economistas, pero también a los responsables de la política y al público culto en general— no estábamos preparados para esto. El conjunto específico de ideas absurdas que ha reivindicado el nombre de “economía de oferta” es una doctrina excéntrica, que tendría poca influencia si no apelara a los prejuicios de los editores y de los ricos; pero durante las últimas décadas ha habido una continua tendencia a desplazar, en el pensamiento económico, el énfasis que se ponía en el lado de la demanda, trasladándolo al lado de la oferta de la economía. Esta tendencia fue en parte el resultado de discusiones teóricas dentro de la economía, las cuales —como suele ocurrir a menudo— trascendieron gradualmente, en forma algo mutilada, para introducirse en un discurso más amplio. En pocas palabras, la causa de las discusiones teóricas era ésta: en principio, los déficit de la demanda total sólo se remediarían por sí mismos si los salarios y los precios disminuyeran rápidamente ante el desempleo. En la historia de la cooperativa de canguros* que padece una depresión, la única manera de que la situación hubiera podido resolverse por sí misma habría sido que disminuyera el precio de una hora de canguro en términos de cupones, de manera que el poder adquisitivo de la oferta de cupones existente habría aumentado, y la cooperativa habría vuelto al “pleno empleo” sin otra acción por parte de su dirección. En realidad, esto no sucede o, si sucede, requiere un tiempo muy largo; pero los economistas han sido incapaces de ponerse de acuerdo sobre la causa exacta. El resultado ha sido una serie de amargas batallas académicas que han hecho de todo el tema de las recesiones y de cómo se producen una especie de campo de minas profesional, que pocos economistas se arriesgan a pisar; y el público ha llegado naturalmente a la conclusión de que esos economistas no comprenden las recesiones, o que los remedios por el lado de la demanda se han desacreditado. La verdad es que la nueva macroeconomía de la demanda, aunque de estilo antiguo, tiene mucho que ofrecer en la difícil situación que estamos atravesando; pero sus defensores carecen de toda convicción, mientras que sus críticos están llenos de pasión.

* Nota de la Redacción.- A Krugman le gusta explicar el funcionamiento de una economía mediante el ejemplo de la “cooperativa de canguros”; por cierto, muy criticado por algunos de sus colegas. Según este modelo, cada pareja miembro de la cooperativa presta sus servicios de canguro a otras parejas y, a cambio de su servicio, recibe un vale que le da derecho en el futuro a solicitar que otra pareja de la cooperativa cuide de sus hijos. Ésta última pareja recibirá, a su vez, un vale para pedir el mismo servicio. Con este elemental esquema, Krugman explica la recesión. Ésta ocurre cuando el número de vales en circulación se reduce. Por ejemplo, algunas parejas deciden acaparar vales con el objetivo de poder disfrutar de un canguro en el futuro, de manera que empieza a racionar el uso de los vales para ocasiones que juzgan importantes y, por tanto, no salen con la misma frecuencia a cenar o al cine para no tener que consumir sus vales. Si no hay parejas que gasten, las otras parejas no podrán adquirir nuevos vales, de suerte que cada vez la demanda de canguros se hace más exigua y, por tanto, también la oferta (más información al respecto puede encontarse en la página 20 y ss. de la obra antes mencionada).

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Paradójicamente, si la debilidad teórica de la economía de la demanda fuera una razón no estaríamos preparados para la vuelta de los temas relacionados con la depresión; sus éxitos prácticos son otros. A lo largo de las décadas en las que los economistas han discutido si la política monetaria puede utilizarse realmente para sacar a una economía de una recesión, los bancos centrales fueron por delante y la llevaron a la práctica; y lo hicieron con tanta eficacia que la idea de una depresión económica prolongada debida a una demanda insuficiente se convirtió en algo inverosímil. Seguramente la Reserva Federal y sus homólogos en otros países podrían reducir siempre los tipos de interés en la medida suficiente para mantener el gasto a un nivel elevado; excepto a muy corto plazo, pues la única limitación para los resultados económicos era la capacidad de una economía para producir, esto es, el lado de la oferta. Incluso ahora, muchos economistas consideran todavía las recesiones como un tema menor y su estudio como un asunto ligeramente vergonzoso; el trabajo de moda ha estado totalmente relacionado con el progreso tecnológico y el crecimiento a largo plazo. Éstas son buenas e importantes cuestiones, y a largo plazo son las que realmente importan; pero como señaló John Maynard Keynes, a largo plazo todos estaremos muertos. Entretanto, a corto plazo el mundo está dando tumbos de crisis en crisis, y todas ellas implican decisivamente el problema de generar una demanda suficiente. Japón se está encontrando con que las políticas monetarias y fiscales convencionales no son suficientes. Si esto le puede pasar a Japón, ¿cómo podemos estar seguros de que la economía europea o incluso la todavía próspera economía de EEUU no se verán atrapadas en la misma trampa? México, Tailandia, Malasia, Indonesia, Corea, Brasil; uno tras otro, los países en vías de desarrollo han experimentado una recesión que por lo menos temporalmente anula años de progreso económico, y se encuentran con que las respuestas políticas convencionales no hacen más que empeorar las cosas. Una vez más, la pregunta de cómo mantener la demanda adecuada para hacer uso de la capacidad de la economía se ha convertido en una pregunta decisiva. La economía de la depresión ha regresado.

¿Qué hacer? Cómo enfrentarse a una emergencia Lo que el mundo necesita ahora mismo es una operación de rescate. El sistema global de crédito se encuentra en un estado de parálisis y, mientras escribo estas líneas, la depresión global está cogiendo impulso. Es fundamental resolver las debilidades que propiciaron esta crisis, pero eso es algo que puede esperar. Ante todo, tenemos que enfrentarnos a los peligros evidentes que nos amenazan. Para ello, los políticos del mundo han de hacer dos cosas: conseguir que el crédito vuelva a fluir y fomentar el gasto. La primera tarea es la más ardua de las dos, pero hay que acometerla y hacerlo cuanto antes. Prácticamente a diario tenemos noticias de algún nuevo desastre debido a la congelación del crédito. Mientras redactaba el esbozo de este capítulo, por ejemplo, se nos anunciaba la caída de las letras de crédito, el 58

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principal instrumento de financiación para el comercio mundial. De repente, los compradores de importaciones, sobre todo en los países en vías de desarrollo, no pueden cumplir con sus compromisos y los barcos están parados: el índice seco del Báltico, un indicador muy utilizado para medir los costes de envío, ha caído este año un 89%. La asfixia del crédito se debe a la combinación de una pérdida de confianza y al descenso de capitales en las instituciones financieras. La gente y las instituciones, incluidas las instituciones financieras, no quieren hacer negocios a menos que dispongan del capital suficiente para cumplir sus promesas, y la crisis ha privado de capital a todas las partes implicadas. La solución obvia consiste en inyectar más capital. De hecho ésa es una respuesta habitual en las crisis financieras. En 1933, la Administración Roosevelt empleó la Empresa de Financiación de la Reconstrucción para recapitalizar los bancos comprando acciones preferentes —acciones con un mayor peso que las acciones comunes a la hora de cobrar dividendos—; cuando Suecia experimentó, a principios de los años noventa, una crisis financiera, el gobierno intervino y proporcionó a los bancos una inyección adicional de capital equivalente al 4% del PNB del país —unos 600.000 millones de dólares actuales— a cambio de convertirse en copropietario; cuando Japón salió al rescate de sus bancos en 1998, compró más de 500.000 millones de dólares en acciones preferentes, el equivalente en términos de PNB de una inyección de capital de dos billones de dólares en EEUU. En cada uno de estos casos, la llegada de capitales sirvió para que los bancos recuperaran la capacidad para conceder préstamos y se descongelaran los mercados crediticios. En la actualidad, EEUU y otras economías avanzadas han puesto en marcha un plan de rescate financiero similar que, sin embargo, ha tardado en materializarse, a causa en parte del sesgo ideológico de la Administración Bush. En un primer momento, después de la quiebra de Lehman Brothers, el Departamento del Tesoro propuso comprar a bancos y demás instituciones financieras hasta 700.000 millones de dólares en activos tóxicos. No obstante, nunca quedó claro cómo iba a ayudar esta medida a la situación. (Si el Tesoro pagaba el precio de mercado, poco estaría ayudando a los bancos en términos de capital, mientras que si pagaba un precio por encima del de mercado, se le acusaría de estar despilfarrando el dinero de los contribuyentes.) Da lo mismo, después de tres semanas de vacilaciones, EEUU siguió el camino que habían emprendido primero Gran Bretaña y posteriormente los países de la Europa continental, y convirtió el proyecto en un programa de recapitalización. Aun así, no parece que esto vaya a bastar para revertir la situación, al menos por tres razones. En primer lugar, incluso si la totalidad de los 700.000 millones de dólares se destinan a la recapitalización (por el momento, sólo se ha empleado con ese fin una parte), seguirá siendo una cifra pequeña en relación con el PNB si la comparamos con el rescate bancario que llevó a capo el gobierno japonés (y es discutible que la gravedad de la crisis financiera en EEUU y Europa pueda equipararse hoy a la que vivió Japón). En segundo lugar, sigue sin saberse qué parte de esa cantidad se destinará al plan de rescate del sisteDendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:56-63

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ma bancario en la sombra, el núcleo del problema. En tercer lugar, no está claro que los bancos vayan a estar dispuestos a mover los fondos en lugar de conservarlos para sí (un problema al que ya tuvo que enfrentarse el New Deal hace setenta y cinco años). Me atrevería a pronosticar que la recapitalización tendrá que acabar siendo mayor y abarcar a más instituciones, y que, en última instancia, éstas deberán admitir, a su vez, un mayor grado de control por parte del gobierno; en efecto, la situación se asemejará a una nacionalización temporal total de una parte importante del sistema financiero. Entendámonos, no se trata de un objetivo a largo plazo, ni de apoderarse de las altas esferas económicas; habrá que volver a privatizar las finanzas en cuanto sea seguro hacerlo, del mismo modo que Suecia devolvió la banca al sector privado después de aquel sensacional rescate de principios de los años noventa. Por ahora, sin embargo, es importante hacer que el crédito vuelva a fluir como sea, sin dejar que las ataduras ideológicas limiten nuestra actuación. No habría nada peor que no hacer lo que es preciso porque salvar el sistema financiero podría parecer una decisión “socialista”. Otro tanto podemos decir de otro de los enfoques que se pueden adoptar para resolver la contracción del crédito: hay que hacer que, durante un tiempo, la Reserva Federal preste dinero directamente al sector no financiero. La predisposición de la Reserva Federal a comprar instrumentos negociables es un gran paso en este sentido, pero es probable que haya que seguir avanzando en esa dirección. Es preciso coordinar todas estas actuaciones con otros países desarrollados, y hacerlo porque las finanzas están globalizadas. Una de las consecuencias positivas del rescate estadounidense del sistema financiero es que puede servir para facilitar el acceso al crédito en Europa, una de las consecuencias positivas de los planes de rescate en europeos es que pueden servir para liberar el crédito al otro lado del Atlántico. Así las cosas, todos deberíamos estar haciendo más o menos lo mismo. Todos estamos en el mismo barco. Una cosa más, el contagio de la crisis financiera a los mercados emergentes hace que la solución a la crisis pase, en parte, por idear un plan de rescate global para los países en vías de desarrollo. Al igual que sucede con la recapitalización, en el momento de escribir estas páginas ya se habían tomado algunas medidas en este sentido; el Fondo Monetario Internacional estaba ofreciendo préstamos a países con economías con problemas, como Ucrania, sin caer tanto en el discurso moralista ni insistir tampoco en la necesidad de unas políticas austeras, como sí hicieron durante la crisis asiática de los años noventa. Entretanto, la Reserva Federal ha puesto a disposición de los Bancos Centrales de varios mercados emergentes líneas de cambio, y les ha ofrecido la posibilidad de tomar prestado tanto dinero como les sea necesario. Al igual que sucede con la recapitalización, todas estas iniciativas parecen ir, por el momento, en la buena dirección, pero se han revelado insuficientes, así que habrá que tomar más medidas. Aun cuando el rescate del sistema financiero empiece a devolver a la vida a los mercados crediticios, seguiremos enfrentándonos a una depresión global 60

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que está cogiendo impulso. ¿Qué debemos hacer al respecto? La respuesta es, casi con total seguridad, recuperar los viejos estímulos fiscales keynesianos. EEUU ya recurrió a principios de 2008 a los estímulos fiscales; tanto la Administración Bush como la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes calificaron el plan como un programa para ayudar a poner en marcha de nuevo la economía. Con todo, sus frutos fueron, a decir verdad, decepcionantes. En primer lugar, el estímulo era escaso, y solamente representaba un 1% del PNB. El siguiente plan debería ser mucho más ambicioso; por ejemplo, del 4% del PNB. En segundo lugar, la mayoría del dinero de aquel primer paquete cobró la forma de devoluciones fiscales, que en muchos casos supusieron un ahorro para el contribuyente en lugar de un gasto del ejecutivo. El nuevo plan debería centrase en mantener y ampliar el gasto del gobierno; mantenerlo ofreciendo ayuda a gobiernos federales y locales, y ampliarlo destinando fondos a carreteras, puentes y otras infraestructuras. La objeción más frecuente que se hace al incremento del gasto público en tanto que estímulo económico es que tarda demasiado en dar sus frutos y que el aumento de la demanda llega cuando la crisis ya ha terminado. Sin embargo, no podemos decir que, a día de hoy, ésta sea una de nuestras mayores preocupaciones; es muy difícil asistir a una rápida recuperación económica, a menos que una nueva burbuja sustituya a la inmobiliaria. (Un titular del periódico satírico The Onion recogía perfectamente el problema: “Un país asolado por la recesión pide una nueva burbuja en la que invertir”.) Mientras el gasto público se mantenga a un ritmo razonable, debería haber tiempo de sobra para que resulte útil, y esta solución presenta dos grandes ventajas, si la comparamos con las amnistías fiscales. Por un lado, el dinero se gastaría; por otro lado, se crearía algo de valor (por ejemplo, unos puentes que no se hundieran). Algunos lectores podrían objetar que ofrecer un estímulo fiscal por medio del gasto en obras públicas es lo mismo que hizo Japón en los años noventa, y así es. Sin embargo, incluso en Japón, el gasto público posiblemente evitó que una economía débil cayera en una depresión real. Además, hay motivos para creer que estimular la economía por medio del gasto público funcionaría en EEUU mejor de lo que funcionó en Japón, a condición de que se haga cuanto antes. No en vano, todavía no hemos caído en la trampa de las expectativas deflacionistas en la que cayó Japón después de años de unas políticas demasiado tibias. Y Japón esperó demasiado a recapitalizar su sistema bancario, un error que, afortunadamente, nosotros no repetiremos. Lo importante aquí es que debemos encarar la crisis actual convencidos de que haremos lo que sea necesario para dar la vuelta a la situación; si no basta con lo que se ha hecho hasta ahora, habrá que hacer más y hacer las cosas de otro modo, hasta que el crédito empiece a fluir y la economía real comience a recuperarse. Y cuando la recuperación se haya puesto en marcha, habrá llegado el momento de tomar medidas preventivas: reformar el sistema para que la crisis no vuelva a estallar. Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:56-63

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Reforma financiera “Tenemos problemas en el magneto”, dijo Keynes al principio de la Gran Depresión; la mayor parte del motor económico estaba en buen estado, pero un componente vital, el sistema financiero, no funcionaba. También dijo: “Estamos sumidos en un desastre colosal; la hemos pifiado a los mandos de una máquina delicada, cuyo funcionamiento no acertamos a comprender”. Ambas sentencias son tan ciertas hoy como ayer. ¿Cómo llegamos a este nuevo desastre colosal? Tras el fin de la Gran Depresión, rediseñamos la máquina de modo que pudiéramos comprenderla, al menos lo suficiente para evitar grandes catástrofes. Los bancos, las piezas del sistema que tan mal habían funcionado en los años treinta, pasaron a estar sujetos a una estrecha regulación y respaldados por una red de seguridad resistente. Al mismo tiempo, también se limitaron los movimientos internacionales de capital, que habían tenido un papel negativo en los años treinta. El sistema financiero era algo más aburrido, pero también mucho más seguro. Sin embargo, las cosas volvieron a ponerse interesantes y peligrosas. El aumento de los flujos internacionales de capital preparó el terreno para la devastadora crisis monetaria de los años noventa y para la crisis financiera mundial de 2008. El crecimiento del sistema bancario en la sombra no se vio acompañado de la extensión correspondiente de las regulaciones, preparó el terreno para los recientes pánicos bancarios a gran escala. En estos pánicos no ha habido muchedumbres histéricas ante las puertas cerradas de las entidades bancarias. Aunque esta vez el frenesí se ha materializado en la presión nerviosa del botón del ratón, no por ello los pánicos han tenido un efecto menos devastador del que tuvieron en el pasado. Es evidente que vamos a tener que aprendernos de nuevo las lecciones que la Gran depresión enseñó a nuestros abuelos. No intentaré exponer aquí los detalles de un nuevo régimen regulador, pero ha de quedar claro el nuevo principio básico: todo aquello que deba ser rescatado durante una crisis financiera porque desempeña un papel esencial en el mecanismo financiero debe estar sujeto a regulación cuando no hay una crisis, para evitar así que incurra en unos riesgos excesivos. Desde los años treinta, se ha exigido a los bancos comerciales que dispusieran del capital adecuado, que tuvieran unas reservas de activos líquidos que pudieran convertir rápidamente en dinero y que limitaran el tipo de inversiones que hacían, todo ello a cambio de garantías federales para cuando las cosas fueran mal. Después de haber visto que una gran variedad de instituciones no bancarias ha desencadenado lo que ha acabado siendo una crisis bancaria, hay que someter a muchos otros elementos del sistema a una regulación similar. También habrá que reflexionar a fondo sobre cómo enfrentarse a la globalización financiera. Después de la crisis asiática de los años noventa, hubo quien propuso restricciones a largo plazo en los flujos internacionales de capital, y no sólo someterlos a controles temporales en tiempos de crisis. En su mayoría, estos llamamientos se desestimaron en favor de una estrategia destinada a dotarse de unas grandes reservas de divisas extranjeras que habían de servir para 62

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sortear futuras crisis. Hoy parece que esta estrategia no ha funcionado. Para países como Brasil y Corea, debe de ser una pesadilla; después de todo lo que han hecho, vuelven a estar inmersos en la crisis que ya vivieron en los años noventa. Todavía no está claro cómo ha de ser la nueva respuesta que demos, pero es evidente que la globalización financiera ha acabado siendo más peligrosa de lo que nos figurábamos.

La fuerza de las ideas Como habrán intuido los lectores, no solo creo que estamos en una nueva era de la economía de la depresión, sino también que John Maynard Keynes, el economista que comprendió la Gran Depresión, es hoy más relevante que nunca. Keynes cerraba su obra maestra (Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero) con una célebre reflexión sobre la importancia de las ideas económicas: “Tarde o temprano, son las ideas, y no los intereses creados, lo que resulta peligroso, para bien o para mal”. Podemos discutir si siempre es así pero, en tiempos como los que vivimos, no cabe duda de que sí. La sentencia económica por antonomasia reza: “No hay comidas gratis”; viene a decir que los recursos son limitados, que para tener más cantidad de una cosa debemos aceptar menos de otra, que nada llega sin esfuerzo. La economía de la depresión, sin embargo, es el estudio de las situaciones en las que sí hay comidas que salen gratis, a condición de que encontremos la manera de meterles mano, porque hay recursos que no están siendo empleados y que se podrían poner a trabajar. En el mundo de Keynes —y en el nuestro—, lo que realmente escaseaba no eran los recursos, ni siquiera la virtud, sino la comprensión. Sin embargo, no alcanzaremos el grado de comprensión necesario a menos que estemos dispuestos a reflexionar claramente sobre nuestros problemas y a seguir nuestros pensamientos allá donde nos lleven. Hay quien dice que nuestros problemas económicos son estructurales y que no tienen solución a corto plazo, pero yo creo que los únicos obstáculos estructurales importantes para la prosperidad del mundo son las doctrinas obsoletas que pueblan la cabeza de los hombres.

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Artículo especial

Una izquierda darwinista A Darwinian Left ■ Peter Singer* ■ La izquierda necesita un nuevo paradigma. Los partidos socialistas democráticos han abandonado el tradicional objetivo socialista de la propiedad pública, y esto, junto con la caída del comunismo, ha dejado a la izquierda sin las metas que anheló durante los dos siglos en que alcanzó una posición de gran poder político e influencia intelectual. Me ocupo aquí no tanto de la izquierda como una fuerza política organizada, sino de la izquierda como un amplio cuerpo de pensamiento, un espectro de ideas en torno a la consecución de una sociedad mejor. En tanto tal, la izquierda necesita urgentemente de ideas nuevas. Quiero proponer como fuente de tales ideas una aproximación al comportamiento humano basada firmemente en la comprensión moderna de la naturaleza del hombre. Ya es tiempo de que la izquierda tome en serio el hecho de que hemos evolucionado desde otros animales; llevamos las pruebas de esta herencia no sólo en nuestra anatomía y en nuestro ADN, sino en nuestros anhelos y en la manera en que muy probablemente tratemos de satisfacerlos. En otras palabras, ya es tiempo de desarrollar una izquierda darwinista. ¿Podría la izquierda adoptar a Darwin y, aún así, seguir siendo izquierda? Depende de lo que se considere esencial. Permítaseme responder de manera personal a esta cuestión. El año pasado hice un documental para la televisión y también un libro sobre Henry Spira. Para la mayoría de la gente este nombre no significará nada, pero Spira es la persona más extraordinaria con la que jamás haya trabajado. Cuando tenía doce años, su familia vivía en Panamá. Su padre tenía una pequeña tienda que no marchaba del todo bien; para ahorrar dinero, la familia aceptó la oferta de un acaudalado amigo que les propuso vivir en su casa. La casa era una mansión que ocupaba una manzana entera de la * El autor (Melbourne, 1946) es en la actualidad profesor de Bioética en la Princeton University (EEUU). En 1975 publicó su obra más famosa, “Liberación Animal” (Madrid: Trotta, 1999), en la que propuso una ética que supere el antropocentrismo e incluya al resto de los animales. La moral práctica de Singer, sin duda, muy polémica, abarca temas, además del mencionado, como el aborto, la eutanasia, la distribución de la riqueza o la zoofilia, y ha sido cuestionada por otros filósofos (por ejemplo, en España por Fernando Savater). Este texto se publica con la autorización del autor. La traducción es de Marianela Santoveña y ha sido cedida por la revista hispanomejicana “Letras Libres” (www.letraslibres.com).

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ciudad. Un día, dos hombres que trabajaban para el dueño de la propiedad le preguntaron a Henry si quería acompañarlos a cobrar las rentas. Henry lo hizo y vio cómo se financiaba la lujosa existencia del benefactor de su padre: se dirigieron a las barriadas, donde la gente pobre fue amenazada por los cobradores armados. En aquella época Henry no tenía ningún concepto de “la izquierda”, pero de ese día en adelante formó parte de ella. Más tarde, Spira se mudó a Estados Unidos, se volvió trotskista, trabajó como marinero, formó parte de las listas negras durante la era de McCarthy, fue al sur para apoyar a la gente negra, dejó a los trotskistas porque habían perdido contacto con la realidad y dio clases a niños de los guetos de Nueva York. Y como si esto no fuera suficiente, en 1973 leyó mi ensayo Liberación animal y decidió que había aún otro grupo de seres explotados que necesitaba ayuda. Con el tiempo, Spira llegó a ser Figura 1. Peter Singer. (©Denise Appleel activista más empeñoso del moviwhite, cortesía del autor). miento por los derechos de los animales en Estados Unidos. Spira posee la habilidad de plantear las cosas de manera simple y llana. Cuando le pregunté por qué había pasado su vida defendiendo todas esas causas, me dijo sencillamente que estaba del lado de los débiles, y no de los poderosos; de los oprimidos, y no del opresor; de la montura, y no del jinete. Spira me habló de la inmensa cantidad de dolor y sufrimiento que existe en nuestro universo, y de su deseo de hacer algo para disminuirlo. Y esto, según creo, es de lo que se ocupa la izquierda. Si nos encogemos de hombros frente al sufrimiento evitable de los débiles y los pobres, de los que son explotados y despojados, entonces no somos de izquierda. La izquierda quiere cambiar esta situación. Existen muchas ideas diversas sobre la igualdad que son compatibles con esta imagen amplia de la izquierda. Y en un mundo en el que las cuatrocientas personas más ricas poseen conjuntamente una riqueza neta mayor a la del 45 por ciento de la población mundial situada en la base de la pirámide, no resulta difícil encontrar puntos comunes en el camino hacia una distribución más equitativa de los recursos. Hasta aquí sobre la izquierda. Pero, ¿qué hay de la política del darwinismo? Una forma de responder a la pregunta consiste en invocar la distinción entre hechos positivos y valores normativos. Puesto que “ser de izquierda” quiere Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:64-73

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decir tener ciertos valores, y puesto que la teoría de Darwin es una teoría científica, la imposibilidad de deducir valores a partir de hechos significa que la evolución no tiene nada que ver con la izquierda ni con la derecha. Por lo tanto, tan fácilmente puede existir una izquierda darwinista como una derecha darwinista. Sin duda, ha sido la derecha la que más ha retomado el pensamiento darwiniano. Andrew Carnegie, por ejemplo, recurrió a la evolución para sostener que la competencia económica nos conduciría a la “supervivencia del más apto”, y haría mejorar así la vida de la mayor parte de la gente. También se invoca el pensamiento darwiniano en la afirmación según la cual las políticas sociales podrían contribuir a la supervivencia de los “menos aptos” y tener consecuencias genéticas nocivas. Esta afirmación es sumamente especulativa. Su base fáctica es más sólida en lo que respecta a la prestación de tratamientos médicos a personas con enfermedades genéticas; sin tratamiento, estas personas morirían incluso antes de poder reproducirse. No cabe duda de que hoy existen muchas más personas que nacen con diabetes prematura debido al descubrimiento de la insulina. Pero nadie propondría seriamente retirar la insulina a los niños con diabetes a fin de evitar las eventuales consecuencias genéticas que comporta el surtir dicha sustancia. Hay un aspecto más general del pensamiento darwiniano que sí se debe tomar en serio. Es la afirmación según la cual comprender la naturaleza humana, a la luz de la teoría evolutiva, puede ayudarnos a estimar el precio que habremos de pagar por lograr nuestras metas sociales y políticas. Esto no quiere decir que cualquier política social sea incorrecta por ser contraria a las ideas darwinianas; antes bien, deja en nuestras manos la evaluación ética y se limita a proporcionar datos relevantes para poder tomar una decisión. El núcleo de la concepción izquierdista del mundo es un conjunto de valores; pero también existe una nebulosa de creencias fácticas que se suelen asociar con la izquierda. Debemos preguntarnos si estas creencias fácticas se oponen al pensamiento darwiniano y, si lo hacen, cómo sería la izquierda sin ellas. En términos generales, la izquierda intelectual, y sobre todo los marxistas, se han mostrado entusiastas ante el relato que Darwin hace sobre el origen de las especies, siempre y cuando las implicaciones que tenga para los seres humanos se limiten a la anatomía y la fisiología. La teoría materialista de la historia, según Marx, implica que no existe una naturaleza humana definida. La naturaleza humana cambia con cada nuevo modo de producción. Ya ha cambiado en el pasado —del comunismo primitivo al feudalismo, y del feudalismo al capitalismo— y podría cambiar de nuevo en el futuro. La creencia de que la naturaleza humana es maleable ha sido importante para la izquierda, porque le ha proporcionado fundamentos para tener la esperanza de que un tipo distinto de sociedad es posible. La verdadera razón por la cual la izquierda rechazó el darwinismo es porque éste destrozaba el gran sueño de la izquierda: la perfectibilidad del hombre. La idea de construir una sociedad perfecta había estado presente en la conciencia occidental incluso antes de la República de Platón. Desde que la izquierda existe, ha buscado una 66

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sociedad en la que todos los seres humanos vivan en armonía y cooperen los unos con los otros, en paz y libertad. Para Darwin, en cambio, la lucha por la existencia, o al menos por la existencia de la propia prole, es interminable. En el siglo XX, el sueño de la perfectibilidad del género humano se convirtió en las pesadillas de la Rusia estalinista, de la China de la Revolución Cultural y de Camboya bajo el régimen de Pol Pot. La izquierda despertó ofuscada de estas pesadillas. Se han registrado intentos por crear una sociedad nueva y mejor con resultados menos terribles —la Cuba de Castro, los kibbutzim israelíes— pero ninguno ha sido un éxito rotundo. Tenemos que dejar atrás el sueño de la perfectibilidad y eliminar así una barrera más para una izquierda darwinista. Pero, ¿qué hay de la maleabilidad de la naturaleza humana? ¿Qué queremos decir por maleabilidad y qué tan esencial resulta para la izquierda? Dividamos el comportamiento humano en tres categorías: aquel que varía en gran medida de cultura a cultura; aquel que muestra algo de variación de cultura a cultura, y aquel que presenta poca o ninguna variación. En la primera categoría, mostrando una inmensa variación, incluiría las distintas formas en que producimos nuestro alimento: recolectando y cazando, criando animales domésticos o sembrando. A estas diferencias corresponden diferencias en los estilos de vida —nómada o sedentario— así como en el tipo de comida que ingerimos. En esta primera categoría también incluiría algunas estructuras económicas, prácticas religiosas y formas de gobierno, pero no —y esto resulta significativo— la existencia de alguna forma de gobierno, que parece ser casi universal. En la segunda categoría, como comportamiento que muestra ligeras variaciones, incluiría la sexualidad. Los antropólogos victorianos quedaron muy impresionados por las diferencias en la actitud que su propia sociedad y las sociedades que eran objeto de su estudio mostraban hacia la sexualidad; por ello, tendemos a exagerar el grado en que la moral sexual es relativa a cada cultura. Por supuesto, existen diferencias importantes entre las sociedades que permiten a un hombre tener una esposa y las que autorizan a los hombres tener más de una esposa; pero casi toda sociedad cuenta con un sistema de matrimonio que implica restricciones a las relaciones sexuales fuera de la institución. Además, mientras que a los hombres se les permite una esposa o más, según la cultura, los sistemas de matrimonio en que se permite a las mujeres tener más de un marido son escasos. Sean cuales fueren las reglas del matrimonio, y sin importar cuán severas sean las sanciones por infringirlas, la infidelidad y los celos sexualmente motivados parecen ser elementos universales del comportamiento humano. En esta segunda categoría también incluiría la identificación étnica y sus contrarios, la xenofobia y el racismo. Vivo en una sociedad multicultural con un nivel relativamente bajo de racismo, pero sé que existen sentimientos racistas entre los australianos y que los demagogos pueden azuzar estos sentimientos. La tragedia de Bosnia ha demostrado cómo el odio étnico puede resurgir entre pueblos que han convivido pacíficamente durante décadas. El racismo se puede aprender y se puede olvidar, pero el hecho es que los demagogos racistas elevan sus antorchas sobre un material sumamente inflamable. Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:64-73

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En la tercera categoría, como un comportamiento que muestra poca variación de una cultura a otra, contaría el hecho de que somos seres sociales preocupados por los intereses de nuestra estirpe. Nuestra presteza para establecer relaciones de cooperación y para reconocer obligaciones recíprocas es igualmente universal. Aunque de manera más controvertida, agregaría que la existencia de una jerarquía o un sistema de rangos es una tendencia casi generalizada. Existen muy pocas sociedades humanas sin distinciones de estatus social; y cuando se hacen intentos por abolir dichas distinciones, estas tienden a reaparecer muy pronto. Finalmente, los roles de género también presentan variaciones muy ligeras. Las mujeres casi siempre desempeñan el papel principal en el cuidado de los niños, mientras que los hombres, más que las mujeres, suelen involucrarse en el enfrentamiento físico, tanto en el interior del grupo social como en la guerra entre distintos grupos. Además, los hombres tienden a desempeñar un papel desproporcionado en el liderazgo político del grupo. Por supuesto, la cultura influye para agudizar o atenuar las tendencias más profundamente enraizadas en la naturaleza humana. Y puede haber variaciones de individuo a individuo. Nada de lo que he dicho se contradice con la existencia de personas que no se preocupan por su estirpe, o de parejas en las que el hombre cuida de los niños mientras que la mujer trabaja en el ejército. También debo subrayar que mi clasificación general del comportamiento humano no conlleva matices valorativos. No estoy diciendo que si el predominio masculino es característico de casi todas las sociedades, esto signifique que es bueno, o aceptable, o que no deberíamos tratar de cambiarlo. No intento deducir el deber ser a partir del ser, sino evaluar el precio que tendríamos que pagar por la consecución de nuestras metas. Por ejemplo, si vivimos en una sociedad cuya jerarquía se basa en una aristocracia heredada y abolimos dicha aristocracia, como lo hicieron los revolucionarios franceses y estadounidenses, probablemente nos topemos con que una nueva jerarquía emerja, basada quizás en el poder militar o en la riqueza. Cuando la revolución bolchevique en Rusia abolió tanto la aristocracia hereditaria como la riqueza privada, se desarrolló sin demora una jerarquía fundada en el rango y la influencia dentro del Partido Comunista; esto se convirtió en la base de toda suerte de privilegios. La tendencia a constituir jerarquías puede verse en toda clase de conductas mezquinas dentro de las corporaciones y las burocracias, en las que la gente otorga una enorme importancia a cuán grande es su oficina y cuántas ventanas tiene. Nada de lo anterior significa que la jerarquía sea buena, o deseable, o incluso inevitable; pero sí que deshacerse de ella no será tan fácil como los revolucionarios de antes pensaban. La izquierda debe aceptar y comprender nuestra naturaleza de seres producto de la evolución. Pero hay distintas maneras de lidiar con las tendencias inherentes a la naturaleza humana. La economía de mercado se funda en la idea de que los seres humanos pueden trabajar duro y mostrar iniciativa sólo si, al hacerlo, les es dado alimentar sus propios intereses económicos. Para satisfacer nuestros intereses lucharemos por producir bienes mejores que los de nuestros competidores, o por producir bienes similares a un menor costo. Así, 68

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como dijera Adam Smith, los deseos egoístas de una multitud de individuos se conjuntan, como por obra de una mano invisible, para trabajar en beneficio de todos. Garrett Hardin resumió este punto de vista en The Limits of Altruism, cuando escribió que las políticas públicas debían basarse en “una adhesión inquebrantable a la regla cardinal: nunca le pidas a una persona que actúe contra sus propios intereses”. En teoría —esto es, en una teoría abstracta, libre de cualquier suposición sobre la naturaleza humana—, un monopolio estatal debería ser capaz de proporcionar los servicios públicos más baratos y eficientes, y también el transporte y, para el caso, el suministro de pan; a decir verdad, dicho monopolio tendría enormes ventajas en materia de escala y no estaría obligado a generar ganancias para sus propietarios. Sin embargo, cuando tomamos en cuenta la suposición popular de que el interés —más específicamente, el deseo de enriquecerse— impulsa a los seres humanos a trabajar bien, el panorama cambia. Si la comunidad es dueña de una empresa, los gerentes no se benefician de su éxito. Sus intereses económicos personales y los de la empresa apuntarían en direcciones distintas. El resultado es, en el mejor de los casos, la ineficacia; en el peor de los casos, la corrupción generalizada y el robo. Privatizar la empresa asegurará que los propietarios tomen las medidas necesarias para recompensar a sus gerentes de acuerdo con su desempeño; a su vez, los gerentes tomarán las medidas necesarias para asegurar que la empresa opere tan eficazmente como sea posible. Esta es una manera de ajustar nuestras instituciones a la naturaleza humana, o al menos a una cierta concepción de la naturaleza humana. Pero no es la única. Incluso en términos de la regla cardinal de Hardin, aún debemos preguntarnos qué queremos decir con “interés propio”. La adquisición de riquezas materiales, más allá de un nivel relativamente modesto, tiene poco que ver con el interés en el sentido biológico de maximizar el número de descendientes que uno deja atrás como futuras generaciones. No existe razón alguna para suponer que el crecimiento de la riqueza personal deba ser, ya sea consciente o inconscientemente, la meta que la gente se fije. A menudo se dice que el dinero no puede comprar la felicidad. Esto puede sonar trillado, pero implica que estamos más interesados en ser felices que en ser ricos. Entendido de manera adecuada, el interés va más allá del interés económico. La mayoría de la gente quiere que sus vidas sean felices, satisfactorias o significativas, y reconocen que el dinero es, como mucho, un medio para lograr algunos de estos fines. Las políticas públicas no deben fundarse, pues, en el interés, entendido éste en un estrecho sentido económico. El pensamiento darwiniano moderno abarca tanto la competencia como el altruismo recíproco (un término técnico para la cooperación). Al enfocarse en el factor de la competitividad, la economía moderna de mercado tiene sus premisas en la idea de que nos mueven deseos de adquisición y competencia. Las economías de mercado libre están diseñadas para canalizar nuestros deseos adquisitivos y competitivos de manera tal que operen en beneficio de todos. Sin duda, esto es mejor que una situación en la que dichos deseos operaran sólo para el beneficio de algunos. Pero incluso cuando las sociedades de consumo competitivas trabajan de la mejor manera posible, no constituyen la única vía para armonizar Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:64-73

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nuestra naturaleza con el bien común. En lugar de ello, deberíamos buscar el fomento de un sentido más amplio del interés individual, una concepción de interés por la que tratemos de construir sobre la faceta social y cooperativa de nuestra naturaleza, antes que sobre la faceta individualista y competitiva. El trabajo de Robert Axelrod sobre el dilema del prisionero nos brinda una base para la construcción de una sociedad más cooperativa. El dilema del prisionero describe una situación en la que dos personas pueden escoger entre cooperar o no cooperar la una con la otra. El inconveniente es que a cada una le va mejor en el nivel individual si no coopera; pero si ambas toman esta misma decisión, a ambas les irá peor que si las dos hubieran optado por cooperar. El resultado de las decisiones a la vez racionales e interesadas, por parte de dos o más personas, puede hacer que a todos les vaya mejor que si hubieran actuado sólo por interés personal. Actuar motivados sólo por intereses individuales puede ser contraproducente en el ámbito colectivo. La gente que a diario acude al trabajo en automóvil se enfrenta cada día a esta situación. A todos les iría mejor si, en lugar de estar sentados en medio del intenso tráfico, abandonaran sus automóviles y usaran los autobuses, que entonces viajarían sin demora por las calles despejadas. Pero a ningún individuo le interesa cambiar su auto por el autobús, ya que mientras la gente continúe usando un automóvil propio, los autobuses siempre serán más lentos que los automóviles. A Axelrod le interesaba saber qué tipo de estrategia —si la cooperativa o la no cooperativa— genera los mejores resultados para las partes que se enfrentan una y otra vez a situaciones de este tipo. ¿Deben cooperar siempre? ¿Deben dar siempre la espalda, como la estrategia de no cooperación lo sugiere? ¿O deben adoptar alguna estrategia mixta, que de alguna manera pase de cooperar a dar la espalda? Axelrod invitó a la gente a proponer estrategias que dieran los mejores resultados a la persona que las adoptara, si es que esta se hallaba repetidamente en situaciones similares al dilema del prisionero. Cuando recibió las respuestas, Axelrod comparó, con ayuda de una computadora, cada una de ellas con todas las demás unas doscientas veces a través de un torneo. La ganadora fue una estrategia simple llamada tit for tat*. Cada vez que daba inicio un certamen contra un nuevo jugador, el ejecutante de esta estrategia comenzaba por cooperar. Después de esto, simplemente hacía lo que el otro jugador había hecho en su turno anterior. Así que, si el otro cooperaba, entonces él cooperaba, y seguía haciéndolo a menos que el otro le diera la espalda: entonces, también daba la espalda y seguía haciéndolo hasta que el otro jugador cooperaba de nuevo. Tit for tat también ganó un segundo torneo organizado por Axelrod, incluso aunque esta vez la gente que proponía estrategias sabía que tit for tat había ganado el torneo anterior. Los resultados de Axelrod, respaldados por trabajos posteriores en este mismo campo de estudio, pueden servir como base para una planificación

* Nota de la traductora. La estrategia tit for tat, en la teoría de juegos, consiste en dar a cambio lo mismo que se recibe, y puede entenderse como una versión del “ojo por ojo” o “represalia equivalente” en materia de cooperación.

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social que debería ser atractiva para la izquierda. Cualquier persona de izquierda debería darle la bienvenida al hecho de que la estrategia con mejores resultados comience por una acción cooperativa, y de que nunca sea la primera en abandonar la idea de cooperar o de intentar explotar la “bondad” de la otra parte. Aunque los miembros de la izquierda más idealista podrían lamentar que tit for tat no siga cooperando pase lo que pase, una izquierda que comprenda a Darwin debe darse cuenta de que esto resulta esencial para el éxito. Al ser reactiva, tit for tat genera una espiral virtuosa en la que la vida se vuelve más difícil para los abusivos, y en la que, por ende, hay menos de ellos. En palabras de Richard Dawkins, si hay “bobos”, entonces hay “abusivos” que pueden prosperar aprovechándose de los primeros. Al rehusar ser tomado por un bobo, el estratega de tit for tat puede lograr que las partes que cooperan obtengan mejores resultados que los abusivos. Una izquierda no darwinista culparía a la pobreza o a la falta de educación o al legado de formas retrógradas de pensamiento por la existencia de los abusivos. Una izquierda darwinista se daría cuenta de que, aun cuando todos estos factores inciden en el nivel a que llegan los abusos, la única solución permanente consiste en modificar los resultados finales de manera tal que los abusivos no prosperen. La cuestión que debemos abordar es: ¿bajo qué circunstancias la estrategia tit for tat sería una estrategia exitosa para todos? El primer problema es de escala. Tit for tat no puede funcionar en una sociedad de extraños que nunca se encuentren los unos con los otros. Esta es la razón por la cual la gente de las grandes ciudades no siempre muestra la consideración hacia los demás que resulta común en asentamientos rurales, donde la gente se conoce de toda la vida. Necesitamos encontrar estructuras capaces de sobreponerse al anonimato de las sociedades en que vivimos, sociedades enormes, sumamente móviles, y que al parecer no harán más que seguir creciendo. El siguiente problema es aún más difícil. Si nada de lo que tú haces cambia de verdad algo para mí, tit for tat no funcionará. Así que, aun cuando la estrategia no necesita la igualdad, una disparidad muy grande en materia de poder o de riqueza eliminará el incentivo de la cooperación mutua. Si dejáramos a un grupo de personas tan fuera de la riqueza social mancomunada que no tuvieran nada con qué contribuir, las estaríamos enajenando de las prácticas sociales y de las instituciones de las que forman parte, y casi sin duda estas personas se convertirían en adversarios que representarían una amenaza para dichas instituciones. La lección política del pensamiento darwiniano del siglo XX es totalmente diferente de la del darwinismo social del siglo XIX. Los darwinistas sociales consideraban que, si los menos aptos eran abandonados en el camino, esto no era más que la forma en que la naturaleza descartaba a los débiles: un resultado inevitable de la lucha por la existencia. Tratar de superar esto les parecía inútil, si no es que claramente dañino. Una izquierda darwinista que comprende las condiciones para la cooperación mutua, así como sus beneficios, luchará por evitar las condiciones económicas que generan marginación. Permítaseme entretejer algunas líneas de pensamiento. ¿Qué distingue a una izquierda darwinista de las versiones anteriores de la izquierda? En primer Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:64-73

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lugar, la izquierda darwinista no negaría la existencia de una naturaleza humana, ni insistiría en que la naturaleza humana es intrínsecamente buena, ni infinitamente maleable. En segundo lugar, esta izquierda no pretendería poner fin a todo conflicto y toda lucha entre los seres humanos. En tercer lugar, no supondría que todas las desigualdades se deben a la discriminación, al prejuicio, a la opresión o al condicionamiento social. Algunas se deberán a estos factores, pero no todas. Por ejemplo, el hecho de que entre los directores ejecutivos haya menos mujeres que hombres puede deberse a que los hombres están más dispuestos a subordinar sus vidas e intereses personales a sus metas profesionales; las diferencias biológicas entre hombres y mujeres pueden ser un factor en la medida en que puede haber entre los primeros una mayor disposición a sacrificar todo con tal de llegar a la cima. ¿Y qué hay de aquello que una izquierda darwinista sostendría? En primer lugar, esta izquierda reconocería que hay algo llamado naturaleza humana, e intentaría saber más sobre ella, de manera tal que lograra fundarse en la mejor evidencia disponible sobre lo que los seres humanos son. En segundo lugar, anticiparía que, aun bajo sistemas sociales y económicos muy distintos, mucha gente actuará de manera competitiva para afianzar su estatus, ganar poder y alimentar los intereses de su estirpe y los propios. En tercer lugar, la izquierda darwinista esperaría que, sin importar el sistema social y económico en que viva, la mayoría de la gente responderá positivamente a una invitación a involucrarse en formas de cooperación que resulten en el beneficio mutuo, siempre y cuando la invitación sea genuina. En cuarto lugar, esta izquierda promovería estructuras que fomentaran la cooperación antes que la competencia, e intentaría canalizar la competencia hacia fines socialmente deseables. En quinto lugar, reconocería que la manera en que explotamos a los animales es el legado de un pasado predarwiniano que exageró el abismo entre los humanos y otros animales y, por ende, trabajaría en pos de un estatus moral más alto para los animales. Y en sexto lugar, la izquierda darwinista sustentaría los valores tradicionales de la izquierda poniéndose del lado de los débiles, de los pobres y de los oprimidos, pero pensando muy cuidadosamente qué opciones sí funcionarían para beneficiarlos de verdad. En algunos sentidos, esta es una visión mucho más modesta de la izquierda, en la que se sustituye sus ideas utópicas por una visión realista y desapasionada de lo que puede lograrse. Sin embargo, en el plazo largo, no sabemos si nuestra capacidad de razonar nos puede llevar más allá de las restricciones darwinistas convencionales sobre el grado de altruismo que una sociedad puede fomentar. Somos seres racionales. Una vez que comenzamos a razonar, podemos sentirnos impulsados a seguir una cadena de argumentos hasta una conclusión que no habíamos anticipado. La razón nos permite reconocer que cada uno de nosotros es sencillamente un ser entre otros, otros que tienen deseos y necesidades que les preocupan, de la misma manera en que nos preocupan nuestros deseos y necesidades. ¿Podrá esta concepción sobreponerse algún día a la fuerza de otros elementos en nuestra naturaleza evolucionada que actúan contra la idea de velar imparcialmente por todos los demás seres humanos o, lo que sería aún mejor, por todos los demás seres que sienten? 72

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Un defensor del darwinismo como Richard Dawkins, ni más ni menos, sostiene la posibilidad de “cultivar y alimentar deliberadamente un altruismo puro y desinteresado, algo que no tiene lugar en la naturaleza, algo que nunca ha existido antes en la historia entera del mundo”. Aunque “estamos construidos como máquinas de genes”, nos dice Dawkins, “tenemos el poder de oponernos a nuestros creadores”. He aquí una verdad importante. Somos la primera generación que comprende no sólo que hemos evolucionado, sino también los mecanismos por los cuales hemos evolucionado. En su épica filosófica, la Fenomenología del espíritu, Hegel esbozaba el fin de la historia como un estado de sabiduría absoluta, en el que la mente se conoce a sí misma tal como es y de esta manera obtiene su propia libertad. No tenemos que aceptar la metafísica de Hegel para darnos cuenta de que algo parecido ha sucedido durante los últimos cincuenta años. Por primera vez desde que la vida surgiera del caldo primigenio, hay seres que entienden cómo han llegado a ser lo que son. En un futuro más distante, que apenas alcanzamos a vislumbrar, esto podría ser un requisito para una nueva forma de libertad: la libertad de moldear nuestros genes para que, en lugar de vivir en sociedades limitadas por su origen evolutivo, podamos construir esa sociedad que consideremos la mejor de todas.

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Doce artículos para recordar Twelve Articles for Remember

Entre la miríada de artículos científicos publicados en los últimos meses, la Redacción ha seleccionado los doce que siguen. No “están todos los que son”, imprudente sería pretenderlo, pero los aquí recogidos poseen un rasgo de calidad, sencillez, originalidad o sorpresa por el que quizá merezcan quedar en la memoria del amable lector.

Gehring J, Kerlinger P y Manville AM. Communication towers, lights, and birds: successful methods of reducing the frequency of avian collisions. Ecol Appl. 2009;19:505-514. Se calcula que cada año miles de aves, sobre todo migratorias, se matan o dañan irremediablemente al chocar, en especial durante la noche y al amanecer, contra torres de comunicación. En este artículo, los autores, del Departamento de Biología de la Universidad Central de Michigan, comunican los resultados de sus trabajos sobre la influencia que los diferentes tipos de iluminación de esas torres poseen sobre la incidencia de muertes de aves en vuelo. Durante dos períodos de 20 días seguidos, coincidiendo con los picos migratorios, observaron el número de accidentes sufridos en 21 torres de 116 a 146 metros de altura y tres mayores de 300 metros, y compararon la influencia de las luces estroboscópicas blanca y roja, la luz roja continua y en destellos y luces incandescentes continuas. No hallaron diferencias en la influencia del tipo y color de la luz, pero sí que las luces intermitentes, tanto la blanca como la roja, reducían más de un 50% (3,7 frente a 13) el número de aves muertas en cada ciclo de 20 días. En consecuencia, proponen eliminar las luces continuas de señalización y sustituirlas por luces intermitentes. No parece muy oneroso llevarlo a la práctica. 1

Mozaffarian D, Kamineni A, Carnethon M, Djoussé L, Mukamal y Siscovick D. Lifestyle risk factors and new-onset diabetes mellitus in older adults. Arch Intern Med. 2009;169:798-807. Durante diez años, los autores de estas páginas, de varios hospitales de Boston, Seattle y Chicago, estudiaron en 4.883 personas de más de 65 años cómo ciertos factores exógenos influían en la aparición de diabetes. Observaron que en ese período aparecieron entre ellos 337 casos de esta enfermedad y que algunos hábitos, cada uno por sí solo, guardaban relación con ella. Así, su incidencia fue un 35% menor en aquéllos que realizaban una actividad física regular y que las dietas pobres en grasas 2

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saturadas poseían un efecto similar. Sin embargo, el hábito tabáquico, la ingesta alcohólica excesiva y la obesidad incrementaban significativamente el riesgo de desarrollarla también en este grupo de edad “madura”. Si ya se conocía cómo esos hábitos facilitan la aparición de diabetes en niños y adultos jóvenes, este artículo nos viene a recordar que no está de más conservar las “buenas costumbres”.

Huber-Wagner S, Lefering R, Qvick LM, Kay MV, Pfeifer KJ, Reiser M, Mutschler W y Kanz KG. Effect of whole-body CT during trauma resuscitation on survival: a restrospective, multicentre study. Lancet, 2009;373:1455-61. La incorporación del escáner “helicoidal” a principios de los noventa significó una revolución en la radiología diagnóstica, una revolución que se completó en 1998 con el CT “multicorte”, ocho veces más rápido y la misma precisión de las imágenes. Por ello no sorprende que muy pronto se incorporara a los departamentos de urgencias traumatológicas como un método de valoración global del paciente. Aunque su coste y exposición a radiación son significativos, su rentabilidad es muy superior. Los autores de este artículo, de hospitales de Múnich y Colonia, comunican que el uso precoz del CT multicorte de cuerpo entero permitió, en un grupo de 1.494 pacientes politraumatizados, precisar el diagnóstico y la gravedad de las lesiones internas, y con ello incrementó significativamente sus probabilidades de supervivencia. Si queremos saber adónde debemos ir, siempre conviene saber de dónde partimos. 3

Van Mooy BAS, Fredricks HF, Pedler BE, Dyhrman ST, Karl DM, Koblizek M, Lomas MW, Mincer TJ, Moore LR, Moutin T, Rappé M y Webb EA. Phytoplankton in the ocean use non-phosphorus lipids in response to phosphorus scarcity. Nature, 2009;458:69-72. El fósforo es un elemento esencial para la estructura y crecimiento de todos los organismos y en el caso del plancton marino se halla en cantidades importantes en los fosfolípidos de su membrana y en los ácidos nucleicos. Sin embargo, y aunque parecería imprescindible para la biología de ese fitoplancton disponer de cantidades suficientes de fósforo en agua del mar, no es así. Los autores de este artículo, de Massachussets, Maine, Honolulu, Trebon y Nove Hradí (Chequia), Saint George (Bermudas), Marsella y Los Ángeles, comunican su observación de cómo la depleción de fósforo en el mar no conlleva la muerte del plancton. En el Mar de los Sargazos, en el que la concentración de fósforo es menor de 10 nmol/L (frente a más de 100 nmol/L en el Pacífico Sur), el plancton reduce sus necesidades celulares de fósforo, sustituyéndolo por lípidos con azufre y nitrógeno, que pasan a formar parte de su membrana en lugar de fosfolípidos. Todo un ejemplo de adaptación al medio. 4

Choi HK, Gao X y Curhan G. Vitamin C intake and the risk of gout in men. Arch Intern Med. 2009;169:502-507. La hiperuricemia y la gota no sólo son una causa significativa de artritis en el hombre, también predisponen al daño vascular y cardíaco. Además de los tratamientos farmacológicos para 5

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reducir las tasas de ácido úrico en plasma, las medidas dietéticas poseen una innegable utilidad. Medidas entre las que después de leer este artículo, deberemos incluir la vitamina C. Los autores, de Vancouver y Boston, observan que esa vitamina posee un efecto uricosúrico por el que disminuye las concentraciones plasmáticas de ácido úrico: el aporte de 500 mg diarios de vitamina C durante dos meses redujo tales concentraciones y con ello el riesgo de crisis de gota. Como una humilde naranja aporta unos 50 mg de esta vitamina y 70 mg un kiwi, no quedará más remedio que aportar un suplemento diario en forma de comprimidos o sobres de 500 mg a esos pacientes. Será una de las pocas situaciones en que estará justificado el empleo de preparados comerciales de vitamina C.

Lee SM, Pippel E,Gösele U, Dresbach C, Qin Y, Vinod Chandran C, BräunigerT, Hause G y Knez M. Greatly increased toughness of infiltratated spider silk. Science, 2009;324:488-492. El campo de la investigación en biomateriales rinde cada vez resultados más sorprendentes... y potencialmente útiles. Así, se ha observado cómo la incorporación de minúsculas cantidades de metales a las proteínas de algunos componentes o secreciones de insectos o gusanos, incrementa notablemente su resistencia. Los autores de este artículo, de distintos Institutos y Departamentos de investigación de Halle (Alemania), lo confirman. Comunican cómo, con su técnica de infiltración de la seda de la tela de la araña con metales como zinc, titanio o aluminio mediante pulsos de vapor a presión, la resistencia de aquélla puede llegar a multiplicarse por diez. Al comprobar el depósito de los metales en la seda mediante resonancia magnética nuclear descartan que ello se deba a factores espurios. Si la seda de la araña ya posee una resistencia intrínseca enorme en proporción a su masa, es fácil imaginar la utilidad de esta técnica en la industria o en la fabricación de materiales para biomedicina. El Hombre araña ya habrá tomado nota. 6

Guan N, Fan Q, Ding J, Zhao Y, Lu J, Ai Y, Xu G, Zhu S, Yao C, Jiang L, Miao J, Zhang H, Zhao D, Liu X y Yao Y. Melamine-contaminated powdered formula and urolithiasis in young children. N Engl J Med. 2009;360:10671074. La melamina, o triaminotriacina, es una sustancia cristalina incolora que pertenece a la familia de los compuestos orgánicos heterocíclicos y que se utiliza para la fabricación de resinas sintéticas y barnices. La popular formica es el nombre comercial de algunos productos laminados basados en resinas de melamina. Esta sustancia, con un 66% de su peso en nitrógeno, además es bastante más barata que la leche en polvo... En este artículo, los autores, de dos hospitales de la Universidad de Pekín, nos recuerdan el grave problema sanitario que en septiembre de 2008 han tenido en China con el uso fraudulento de melamina en la fabricación de 22 marcas de leche en polvo “reforzada en proteínas”. De 421 niños menores de tres años que habían tomado esas leches, y en especial los que habían nacido prematuros, 112 sufrieron urolitiasis y de ellos el 9,8% desarrolló insuficiencia renal. No queda claro en este artículo cuántos niños murieron como consecuencia de ello, pero nos ha recorda7

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do demasiado nuestro “síndrome multisistémico por aceite de colza desnaturalizado”, que se cobró más de 500 vidas y dejó a más de 1.000 individuos con graves secuelas, al que asistimos en los años 80. Imaginando someramente el grado superlativo que puede alcanzar la codicia del hombre, es fácil deducir lo que hay que hacer para evitar que se repitan situaciones semejantes.

Rodgers CT y Hore PJ. Chemical magnetoreception in birds: the radical pair mechanism. Proc Natl Acad Sci USA. 2009;106:353-360. Las aves migratorias recorren cientos, a veces miles de kilómetros, cada año en busca de los puntos más adecuados para su alimentación, reproducción y desarrollo de sus crías. Para orientarse en tan grandes distancias sin error, poseen la capacidad de percibir el campo magnético terrestre, un sistema de percepción que actúa como una brújula de gran precisión. Ahora bien, ¿cómo funciona esa brújula? Los autores de este artículo, del Laboratorio de Física y Química Teórica de la Universidad de Oxford y el Centro de Investigación en Resonancia Magnética Clínica del Hospital John Radcliffe de la misma ciudad, demuestran que esa orientación posee una base química. Así, demuestran que el criptocromo, una proteína presente en el ojo de las aves actúa como un fotorreceptor capaz de detectar variaciones de tan sólo 50 microteslas en la energía del campo magnético terrestre. Tan pequeñas variaciones se transmiten al llamado “par radical” o pares de radicales transitorios originados simultáneamente en moléculas como el criptocromo con un número impar de electrones (y por lo tanto con un spin electrón que puede hallarse en uno de los dos estados del spin:  o ). ¿Alguien pensó alguna vez que las aves llegan puntuales a su destino sólo por casualidad? 8

Zhang P, Zhong L, Struble EB, Watanabe H, Kachko A, Mihalik K, VirataTheimer ML, Alter HJ, Feinstone S y Major M. Depletion of interfering antibodies in chronic hepatitis C patients and vaccinated chimpanzees reveals broad cross-genotype neutralizing activity. Proc Natl Acad Sci USA. 2009;106:7537-7541. Aunque hayan producido anticuerpos específicos contra él, la mayoría de los pacientes infectados por el virus C de hepatitis no llegan a eliminarlo nunca. Por ello pueden desarrollar cirrosis hepática o hepatocarcinoma y, aunque el tratamiento habitual con interferón y ribavirina lleva a la curación de la mitad de los infectados, hoy seguimos sin disponer de ningún sistema de protección en forma de vacuna o anticuerpos exógenos. Los autores de este artículo, de varios centros de investigación de Bethesda, comunican la razón por la que el virus C persiste y escapa de la protección de los anticuerpos. Se debe a que el virus posee dos epítopos, I y II, frente a los que el sistema inmune desarrolla los anticuerpos. Pero, mientras que el anticuerpo frente al epítopo I neutraliza el virus, el anticuerpo frente al epítopo II altera y llega a anular la combinación del primero con el virus C. Por lo tanto, aunque en plasma se detecten abundantes anticuerpos anti-virus C, un subtipo de ellos está interfiriendo el efecto protector del otro. Aprovechando que el chimpancé desarrolla anticuerpos frente a este virus, crean un modelo experimental en el que bloquean la producción de anticuerpos frente al epítopo II. Observan que así, 9

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el subtipo de anticuerpos frente al epítopo I conserva su capacidad neutralizadora del virus C. Tal vez no esté tan lejos el día en el que podamos disponer de inmunoglobulinas capaces de bloquear los deletéreos efectos de ese virus.

Keyak JH, Koyama AK, LeBlanc A y, Lang TF. Reduction in proximal strength due to long-duration spaceflight. Bone, 2009;44:449-453. Uno de los problemas médicos más serios que sufrieron los astronautas en los primeros vuelos espaciales prolongados, fue la rápida pérdida de mineral óseo y la urolitiasis debida a la hipercalciuria por la excesiva reabsorción del esqueleto secundaria a la falta de gravedad. Conociéndolo, y a pesar de seguir en el espacio un enérgico programa de ejercicios para mantener la carga mecánica sobre el esqueleto, los tripulantes de la estación rusa MIR y la ISS (Estación Espacial Internacional) pierden un 1,06% mensual de su masa ósea en columna vertebral y un 1,6% al mes en la cadera. En este artículo, los autores, de diferentes Departamentos de la Universidad de California y de Houston, estudian mediante tomografía volumétrica cuantitativa, la densidad y el volumen óseo de los astronautas una vez de regreso a la Tierra tras meses en el espacio. Comprueban que los ejercicios no logran anular el efecto de la ingravidez y que la densidad de los huesos, el grosor de su cortical y su volumen disminuyen simultánea y significativamente. Además, aunque el volumen tarda en recuperarse aproximadamente un año, al cabo de ese tiempo la resistencia del hueso sigue siendo menor de lo que era antes del viaje. El problema no es pequeño y parece confirmar que el esqueleto necesita tener los pies en el suelo. 10

Odd DE, Lewis G, Whitelaw A y Gunnell D. Resuscitation at birth and cognition at 8 years of age: a cohort study. Lancet, 2009;373:16151622. La hipoxia u otros problemas surgidos durante el parto no sólo pueden causar la muerte del feto, también pueden llevar a defectos neurológicos sutiles e inadvertidos que sólo se manifiestan años más tarde cuando el niño crece. Incluso, se ha observado que un número significativo de niños con un bajo índice de Apgar (método de evaluación del estado físico en función de frecuencia cardíaca, dificultad respiratoria, tono muscular, respuesta a estímulos y color de la piel) al nacer y sin una encefalopatía evidente, muestran en la adolescencia un bajo coeficiente intelectual. Los autores de este artículo, de la Universidad de Bristol, estudian un conjunto de 11.981 niños nacidos entre el 1 de abril de 1991 y el 31 de diciembre de 1992 que habían precisado medidas de reanimación avanzada al nacer, y analizan su coeficiente intelectual al cumplir los ocho años. Comprobaron que tanto los que habían presentado una encefalopatía sintomática, como los que no habían llegado a presentar síntomas, mostraban un cociente intelectual inferior a 80 en el 3,4% y el 1,2% de los casos, respectivamente. Parece obvia la importancia del llamado “parto normal”, pero no lo es menos la observación precoz de los niños nacidos con dificultades y la colaboración de obstetras, neonatólogos, padres y pediatras. El diagnóstico y la estimulación precoces son esenciales. Hay temas que no se pueden dejar para mañana. 11

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Dalcanton JJ. 18 years of science with the Hubble Space Telescope. Nature, 2009;457:41-50. El autor de este artículo, del Instituto de Astronomía Max Plank (Heidelberg), nos recuerda cómo este telescopio espacial, puesto en órbita por la NASA en 1990, ha cambiado muchos campos de la astronomía. Cómo su posición más allá de las turbulencias y perturbaciones de nuestra caótica atmósfera, le ha permitido proporcionarnos un sinfín de imágenes de gran precisión y con ellas un enorme caudal de conocimientos. Desde facilitar a los estudiosos una escala de distancias a los objetos astronómicos, hasta entonces sólo aproximada; conocer el ciclo vital de las estrellas, desde su nacimiento y expansión hasta su muerte; saber que las mismas explosiones que conducen a las supernovas y la explosión de rayos X también pueden conducir a la formación de agujeros negros; cómo se forman y crecen las galaxias; o la edad, estructura y evolución del Universo; hasta algo tan aparentemente nimio como saber dónde hay gas en el Universo y cómo ha cambiado a lo largo del tiempo. Todo ello gracias a quienes, tras décadas de trabajo, lo imaginaron, crearon y situaron donde está. Las imágenes de televisión nos han mostrado estos días cómo ha sido retocado para repararlo, mejorarlo y ampliar su tiempo útil. Ojalá esa labor haya tenido éxito. Larga vida al Hubble. 12

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François Truffaut: el cine de las emociones François Truffaut: The emotion films ■ Juan Pando* De crítico insobornable a director aclamado, la trayectoria de François Truffaut (1932-1984), impulsor de la Nouvelle Vague, el movimiento que innovó el cine francés hace medio siglo, fue la de un hombre honesto con sus sentimientos, que prefirió el cine a la propia vida. *** “Si he elegido los libros y el cine, desde la edad de once o doce años, está claro que es porque prefiero ver la vida a través de los libros y del cine. Siempre he preferido el reflejo de la vida a la vida misma”. Hijo de madre soltera y padre desconocido, con el desamor como triste memoria de infancia y una juventud marcada por la rebeldía, los reformatorios y la prisión militar, François Truffaut, desde muy pequeño, encontró en el cine el mejor refugio frente a un mundo que le era hostil. La gran pantalla, en la oscuridad del patio de butacas, le hizo el mejor regalo que ninguna persona incomprendida puede imaginar: un universo de ilusiones y sentimientos que, a diferencia de la propia existencia, se podía controlar a placer. Entró en un cine por primera vez, según el mismo recordaba, en 1939, cuando tenía siete años y en Europa había estallado la Segunda Guerra Mundial. A sus penas infantiles se sumaba la tragedia de un continente entero. En la pantalla proyectaban una película, “El paraíso perdido”, del gran Abel Gance, sobre la Primera Guerra Mundial y las desventuras de un joven enamorado que se alista para combatir. En la sala, los soldados que pronto partirían al frente lloran acompañados de sus novias y amantes. El pequeño Truffaut siente la magia del momento y se deja llevar por lo que llama “unanimidad emocional”. Ha descubierto un lugar a la medida de los sentimientos que se agolpan en su corazón. La experiencia le convierte en un auténtico adicto al cine. Entre 1946 y 1956 ve más de 3.000 películas. Hasta tres al día, con entrega absoluta. “El cine en

* El autor es periodista y escritor especializado en información cinematográfica.

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este periodo de mi vida”, reconoció años después, “actuaba como una droga, hasta el extremo de que el cine-club que fundé en 1947 llevaba el pretencioso pero revelador nombre de “Círculo cinémano”. No era raro que viese el mismo filme cinco o seis veces en el mismo mes sin ser capaz de contar luego correctamente el argumento, porque en un instante preciso, una música que subía el volumen, una persecución nocturna, el llanto de una actriz, me emborrachaban, me arrebataban y me arrastraban más allá de la pura trama”.

Cinéfilo clandestino Todo ese bagaje quedó patente en las veinticinco películas que dirigió (incluidos sus tres primeros cortometrajes: “Une visite”, “Les mistons” y “Une historie d’eau”), desde 1955 hasta su súbito fallecimiento en 1984. Algunas, clásicos como “Los cuatrocientos golpes” (1959), su opera prima; “Jules y Jim” (1962); “Fahrenheit 451” (1966), o “La noche americana” (1973). Rastreándolos, es fácil hallar la influencia de los directores que admiraba. Sobre todo de dos: Jean Renoir, “el cineasta más grande del mundo”, y Alfred Hitchcock, a quien dedicó uno de los mejores libros de cine que se hayan escrito jamás: “El cine según Hitchcock”, publicado en España por Alianza Editorial. Su filmografía revela también la otra gran pasión de su vida, pareja al cine: la lectura. La hereda de su madre y su abuela, llegando a devorar tres libros por semana. En sus películas abunda la letra impresa en sus formas más diversas. Desde cartas y diarios personales a telegramas, noticias de prensa, informes, anónimos e incluso pintadas. Rinde, además, homenaje al libro en la citada “Fahrenheit 451”, su primer rodaje en inglés, a partir de la fábula futurista de Ray Bradbury sobre Figura 1. Portada de la obra “Truffaut. Le cinéuna sociedad en la que los libros ma et la vie” de Dominique Robourdin (Ed. Mille están proscritos, y en “El amante et une nuits, colección Les petits libres, 1997). del amor” (1977), sobre un mujeDendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:80-87

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riego empedernido, alter ego de él mismo, en el que reflejó el mundo de la edición. Por si no fuera bastante, recurrió con frecuencia a las adaptaciones literarias, aunque haciendo suyo el resultado a través de su reinterpretación en la fase de escritura del guión. Lo mismo que tocó géneros cinematográfico clásicos, pero subvirtiendo sus reglas en la mayoría de los casos. Dos características que sumadas a su predilección por los relatos de misterio dieron cintas como “Tirad sobre el pianista” (1960), a partir de la novela negra de David Goodis, o “La novia vestía de negro” (1967) y “La sirena del Mississippi” (1969), ambas basadas en sendas obras de William Iris, protagonizadas, respectivamente, por Jeanne Moreau y Catherine Deneuve. La diferencia entre su afición a la lectura y al cine es que esta segunda la practicaba en su infancia de modo clandestino. Se escapaba del colegio o de casa y entraba en las salas sin pagar, por las salidas de emergencia o por las ventanas de los aseos. El robo de una máquina de escribir (reflejado en “Los cuatrocientos golpes”) para saldar las deudas de su cine-club le llevaron a la cárcel, de la que le sacó André Bazin, uno de los críticos y teóricos más influyentes del cine, que se sintió conmovido ante el entusiasmo y desamparo del muchacho, a quien había conocido en el circuito de cine-clubs. Era sólo trece años mayor que él, pero se convirtió en la figura paterna y mentor que tanto echaba en falta y añoraba Truffaut.

Crítico temido “No suelo mirar al cielo mucho tiempo seguido porque cuando vuelvo a mirar hacia abajo el mundo me parece horrible”, escribe desconsolado el cineasta, cuyas desventuras no han concluido. Su padrastro lo ingresa en un centro para menores delincuentes de Villejuif. Luego, una decisión irreflexiva le lleva a alistarse tres años como voluntario en el ejército y lo destinan a Alemania. Comprende su error y deserta, lo que le lleva de nuevo a la cárcel. Intenta suicidarse, contrae la sífilis, alterna la celda con un hospital mental y sobrelleva el encierro leyendo. Bazin acude de nuevo en su ayuda, media para que lo licencien (lo hacen por “inestabilidad de carácter”) y le busca trabajo. El futuro director llevaba ya algún tiempo escribiendo de cine pero después del incidente castrense, y de que lo despidan de algún trabajo, se centra en el ejercicio de la crítica cinematográfica en las revistas Arts y Cahiers du Cinema. El artículo “Una cierta tendencia del cine francés”, que publica en esta última, en enero de 1954, levanta ampollas por su ataque feroz al cine galo y a varios de sus directores más reputados. Nuevos textos se ensañan con Rene Clement, Jean Delannoy (le dedica su artículo: “El reinado del cerdo pagano ha terminado”) y Claude Autant-Lara (“grosería, rabia, mezquindad, chabacanería y delirio son palabras esenciales para entenderlo”). Sus detractores le apodaron “el sepulturero del cine francés”. Sus partidarios, le vitoreaban. “En pocos años Françoise Truffaut se ha convertido en el crítico joven de cine más famoso”, aseguraba en 1958 su amigo Jacques Doniol82

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Valcroze, otro crítico que se hizo director, como él. “Lo que muchos se contienen de decir”, añadía, “él lo pregona. Le ha dado una buena patada en el trasero al conformista cine francés”, El propio interesado reconoció en su libro “Las películas de mi vida”, publicado en 1976, su enorme satisfacción al debutar como crítico: “Entonces fui feliz por primera vez. Veía películas, hablaba de ellas y, sobre todo, ¡me pagaban por hacerlo!”. De expresar opiniones pasó a liderar la Nouvelle Vague o Nueva Ola, el movimiento que renovó la cinematografía francesa a partir de 1959, hace justo medio siglo. Movimiento que surgió del rechazo al academicismo en boga, que consideraba al guionista como autor del filme. Un cine con diálogos literarios, a partir de novelas de prestigio, rodado en estudio, con fotografía relamida y repartos estelares. Los jóvenes realizadores defendían, en cambio, un cine influido por el Neorrealismo italiano, con el director como autor. Películas sobre la vida cotidiana, con emociones próximas al espectador, escenarios naturales, diálogos coloquiales y actores casi desconocidos o no profesionales.

Surge la Nouvelle Vague El grueso de la generación, Truffaut, Jean Luc Godard, Claude Chabrol, Jacques Rivette, Eric Rohmer, Doniol-Valcroce y el montador Alain Resnais, se habían formado viendo cine en la Cinemateca Francesa, fundada en 1935 por Henri Langlois, y ejercían la crítica en la revista Cahiers du Cinema, creada en 1951 por André Bazin. Nunca llegaron a formar una escuela, ya que defendían postulados y perseguían metas distintas, pero les unió el ser jóvenes, debutar casi a la vez y compartir su rechazo al cine que se hacía en Francia. El fuego lo abrieron “El bello Sergio” (1958), de Chabrol; “Hiroshima Mon Amour” (1959), de Resnais, y “Los 400 golpes”, de Truffaut (1959). Fue esta última película, inspirada en la juventud rebelde de su creador y protagonizada por el niño Jean-Pierre Léaud, la que dio carta de naturaleza a la Nouvelle Vague, al ganar el premio al Mejor Director en el Festival de Cannes y lograr la nominación al Oscar a Mejor Guión. Un éxito sorprendente porque los responsables de Cannes habían vetado a Truffaut dos años antes, en 1957, hartos de sus críticas aceradas contra el certamen. Perlas del calibre de: “Cannes, un fracaso dominado por el compromiso, las intrigas y los errores de bulto”. Él había seguido asistiendo, aunque firmaba sus crónicas: “Francois Truffaut, el único crítico no invitado al festival”. Tenía entonces veintisiete años y había alcanzado el triunfo. La fiebre provocada por la Nouvelle Vague llevó a que en Francia casi bastara con ser joven y tener un guión para hacer cine. En 1959, veinticuatro directores hicieron su primera película; en 1960, fueron 43. Truffaut aprovechó su éxito para impulsar las carreras de sus amigos. Jean-Luc Godard (quien le atacará de forma cruel en el futuro) escribió el guión de “Al final de la escapada” (1960), su brillante opera prima, a partir de una sinopsis escrita por él, quien le produjo, además, “Dos o tres cosas que sé de ella” (1967). Lo mismo que produjo “París nos pertenece” (1960), el debut de Jacques Rivette. Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:80-87

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Truffaut, a diferencia de sus colegas, gozó de una libertad privilegiada porque disponía de su propia productora, Les Films du Carrosse (llamada así por “La carroza de oro”, el clásico de su admirado Renoir). Su boda con Madeleine, hija de Ignace Morgenstern, influyente productor y distribuidor de la época, jugó un papel esencial en su salto a la dirección. Conoció a su futura esposa en 1956, en el Festival de Venecia, y se casaron un año después, con dos testigos de excepción: André Bazin (que no llegó a ver el éxito de su protegido porque murió cuando éste rodaba “Los cuatrocientos golpes”) y Roberto Rossellini, padre del Neorrealismo, de quien Truffaut había sido ayudante.

Director de mujeres y niños Su suegro financió su primer cortometraje, “Les mistons” (1957), pero le impuso la condición, que el tiempo demostró una bendición para él, de crear su propia empresa para controlar la producción. Su matrimonio se quebró en 1965, cuando Madeleine, con quien había tenido dos hijas, Eva y Laura, en 1959 y 1961, solicitó el divorcio. Las tres seguirán jugando un papel muy importante en su vida, lo mismo que las mujeres. Si hay algo presente en sus filmes es la dificultad que plantea la relación de pareja (por ejemplo, en “La piel suave”, 1965) y las posibles alternativas a ésta, que tocó en dos títulos complementarios: “Jules y Jim” (1962) y “Las dos inglesas y el amor” (1971). No suele destacarse, pero Truffaut fue un director de mujeres, con una sensibilidad especial para crear personajes femeninos memorables y obtener lo mejor de sus actrices. Algo que respondía a una necesidad psicológica derivada de la relación de admiración/rechazo que mantuvo con su madre, por quien nunca se sintió querido. Fue, además, un hombre enamoradizo, que tuvo romances con muchas de las protagonistas de sus películas. Mujeres tan fascinantes como Jeanne Moreau; Catherine Deneuve (tras romper con ella cayó en una profunda depresión) y su hermana, Françoise Dorleac; Leslie Caron; Jacqueline Bisset, y Fanny Ardant, su última pareja, madre de su tercera hija, Joséphine, nacida un año antes de fallecer él. “Las piernas de las mujeres son compases que miden el planeta en todas las direcciones, dándole equilibrio y armonía”. Poética frase que puso en boca de uno de los personajes de “El amante del amor”. El protagonista de este filme, un trasunto del propio Truffaut, compartía con él un fetichismo que se remontaba a sus primeros años de cinéfilo. Cuando con doce años, durante la ocupación, se reunía los domingos con un amigo cuya madre trabajaba en el inmenso cine Gaumont-Palace, para recoger la ropa interior femenina olvidada tras la última sesión. “Aquellas sesenta bragas semanales”, reconoció, “nos llevaban a soñar en una dirección que tenía poco que ver con el arte del cine”. Junto a la mujer, el otro gran tema de su cine fue la infancia, que tocó de modo conmovedor en su cortometraje “Les mistons”, en su opera prima “Los cuatrocientos golpes”, y en títulos como “El pequeño salvaje” (1969) o “La piel 84

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dura” (1976). “La infancia es el mundo que mejor conozco”, explicaba. “Me siento mejor con un niño que con un adulto. Las personas están demasiado impresionadas por un papel social para ser sinceras. Las desgracias de los adultos me dejan insensible. Me parece que corren riesgos estúpidos. Viven en una jungla, pero es culpa suya, porque la han creado ellos. Yo, como la mayoría de las mujeres, soy sensible a las desdichas de los niños”.

Cine muy biográfico Pocas infancias tan desdichadas como la suya. Parisino, nacido el 6 de febrero de 1932, no supo hasta los 35 años quién había sido su progenitor. Aprovechó los contactos que había hecho con agencias de detectives privados para documentar “Besos robados” (1968) y encargó a una de ellas que investigaran su identidad. Llegaron hasta Roland Lévy, dentista judío. La información no le ayudó a superar su dolor. Ese mismo año murió su madre. La herida provocada por su origen no cicatrizó jamás. “He tenido una infancia penosa y guardo un mal recuerdo de mi juventud”, confesó. “No me gusta el modo como se trata a los niños. Si no hubiera elegido este oficio sería instructor”. La confusión entre su vida y la ficción que imaginó fue tal que creó un alter ego cinematográfico, Antoine Doinel, personaje encarnado por Jean-Pierre Léaud, protagonista de cinco películas a lo largo de veinte años: “Los cuatrocientos golpes”, “Antoine et Colette” (1962) (episodio de “El amor a los veinte años”), “Besos robados”, “Domicilio conyugal” (1970) y “L’amour en fuite” (1979). Un Doinel que nació siendo un fiel reflejo de Truffaut, para tornarse en cada nuevo filme en un personaje cada vez más ficticio. Léaud, a quien el cineasta había descubierto de niño, fue su actor fetiche, y lo dirigió también en “Las dos inglesas y el amor” y en “La noche americana”. Esta última película, que debe su título al truco técnico para filmar de día pareciendo que es de noche, narra los pormenores de un rodaje y es uno de los homenajes más hermosos dedicados al cine. No sólo ganó el Oscar a Mejor Película de Habla no Inglesa y fue nominada a los de Mejor Director y Mejor Guión, sino que, además, Truffaut interpretó en ella un papel protagonista (de director de cine), por segunda vez en su filmografía. Había encarnado antes al médico de “El pequeño salvaje” (1969) y repitió experiencia más tarde en “La habitación verde” (1978), filme en el que se enfrentó a su obsesión con la muerte y abordó, de nuevo, el fracaso de la relación de pareja. De sus incursiones como actor, por lo general apariciones breves en sus películas, cabe destacar el papel de científico francés experto en ovnis que le ofreció Steven Spielberg en “Encuentros en la tercera fase”. Al principio dudó si aceptarlo, pero acabó por decidirse, lo que le mantuvo en Estados Unidos la primavera y el verano de 1976, siendo testigo de la mecánica de una gran producción de Hollywood. “Me parece muy atractivo contemplar a otro director mientras trabaja, y, al margen de enormes diferencias, descubrir las reacciones comunes”, comentó. “Esta película sobre platillos volantes es muy importante para él porque es la realización de un sueño infantil”. Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:80-87

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Figura 2. Fotograma de la película Jules y Jim (1962).

Cineasta apolítico Trabajador infatigable, mantenía un ritmo laboral frenético y mientras rodaba una película tenía varias más en distintas fases de preparación. Comía más por necesidad (muchos bocadillos) que por placer, coleccionaba réplicas de la torre Eiffel, le encantaba la música popular (también coleccionaba discos) y la televisión (era fan de la serie Dallas), donde descubrió a actrices como Isabelle Adjani y Fanny Ardant. “No me aburro nunca”, escribió. “Leo periódicos, libros, veo la televisión. En mi mesa hay siempre un montón de libros. Soy un ‘activista’. El reverso es que no sé divertirme, tomarme unas vacaciones o estar sin hacer nada. No puedo pasar un día sin leer, sin escribir. Por eso mis personajes son también así, se parecen a su autor”.

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Los personajes son el eje de su cine, por encima de la trama. Está mucho más interesado en observar sus reacciones ante lo que les pasa que en la narración lineal de lo que les ocurre. Su objetivo son las emociones mostradas por medio de las imágenes (contó en nueve de sus películas con el gran director de fotografía español Néstor Almendros), más que los diálogos, el virtuosismo técnico o los mensajes de tipo intelectual. “Siempre me interesará”, aclaraba, “el terreno afectivo, es decir, todo lo concerniente a los sentimientos: las relaciones de los padres con los hijos, de los enamorados y de las personas que se quieren. Nunca haré una película de acción pura”. Algo que no le inspiró nunca fue la política, una actitud que le hizo blanco de multitud de críticas. “Si uno se siente atraído por la política”, sostenía, “debe abandonar el cine y presentarse a las elecciones o incluso dedicarse a poner bombas. Pero hacer una película para decir que hace falta poner bombas, eso no me va”. Una sola vez en su vida se movilizó por una causa, en 1968, para protestar por el cese de su admirado Henry Langloise al frente de la Cinemateca Francesa (que había fundado), y junto a cineastas de todo el mundo logró que lo reintegraran en su puesto. Sólo aceptó un cargo en su vida, la Presidencia de la Federación Internacional de Cine-Clubs. Sus dos últimas películas, “La mujer de al lado” (1981), en la que ofreció su visión más pesimista de la pareja, influido por su ruptura con Catherine Deneuve, y “Vivamente en domingo” (1984), una intriga con tema conyugal de fondo, las protagonizó la seductora Fanny Ardant, diecisiete años más joven que él y la última compañera de su vida. Tras el estreno de ésta, le diagnosticaron un tumor cerebral del que falleció el domingo 21 de octubre de 1984, en el Hospital Americano de Neuilly. Tenía 52 años, la misma edad a la que murió su madre. Sus cenizas reposan en el Cementerio de Montmartre, en París.

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Ambrose Bierce (1842-¿1914?) Nota de la Redacción Ambrose Bierce (1842-¿1914?). Editors´ note ■ Ambrose Gwinnett Bierce, miembro de la reducida y desperdigada lista de ilustres norteamericanos cultores del relato breve, nació en Horse Cave Creek, condado de Meigs (Ohio), el 24 de junio de 1842. Fue el décimo de los trece hijos del matrimonio calvinista de Marcus Aurelius Bierce, agricultor de la variedad contemplativa, y Laura Sherwood, mujer a la que el duro trabajo intra y extramuros agrió el carácter. Su padre, más aficionado a la lectura que a las labores campestres, además de poner nombres empezados por A, desde Abigail a Aurelia, a todos sus hijos, también fue capaz de hacerse con una notable biblioteca de clásicos grecolatinos. En ella y un ambiente rico en estrecheces y peleas conyugales, el asmático, solitario y ávido lector Ambrose navegó desde muy pronto. Existen pocos datos fiables de esta etapa de su biografía, pero sí se sabe que a los quince años ya se había traslado al vecino estado de Indiana y que trabajaba como aprendiz en el diario Northern Indianian, adalid del abolicionismo de la esclavitud. Allí permaneció hasta que, acusado falsamente de haber robado dinero, fue despedido. Tenía 17 años, una fundada desconfianza en sus semejantes y motivos para no volver al hogar familiar, así que, tras algunos trabajos de poca monta, en 1859 se inscribió en la Escuela Militar de Kentucky, donde destacó en Táctica y Topografía. Y poco después de estallar en 1861 la Guerra Civil Americana, el espigado mozo Ambrose Bierce acudía a la llamada de Abraham Lincoln y se alistaba en el “Noveno Regimiento de Voluntarios de Infantería de Indiana”. Sirvió con brillantez como topógrafo y al cabo de un año ya era teniente de Infantería. Participó en primera línea en las cruentas batallas de Shiloh, Murfreesboro, Chickamauga, Nashville, Missionary Ridge y Rich Mountain, en la que se jugó el pellejo bajo el fuego confederado para rescatar a un soldado herido, y en la de Kennesaw Mountain, en la que un fragmento de metralla le hirió gravemente en la cabeza obligándole a convalecer varios meses. Cuando se licenció en enero de 1865 conocía bien la sangre aún húmeda en los campos de batalla, el infinito sufrimiento de los heridos, las mezquindades de la retaguardia y la irremediable insensatez de la muerte de miles de hombres jóvenes. Recuperada la salud fue contratado por el “Departamento del Tesoro para la Reconstrucción del Sur”, organización tan sobrada de buenas intenciones sobre 88

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el papel como de corrupción en muchos de sus funcionarios. No sorprende que Bierce, asqueado del mefítico ambiente, volviera transitoriamente al Ejército en 1866, esta vez como ingeniero topógrafo con el rango de mayor a las órdenes del general Hazen, para inspeccionar los puestos avanzados en la frontera con Méjico y trazar mapas del Lejano Oeste. Ello le llevó al año siguiente a San Francisco donde, descreído y sobrado de experiencias, decidió recalar con la intención de hacerse escritor. Pero, antes de dar a la luz su primera columna aún debió emplearse un año largo como guarda nocturno en la Casa de la Moneda, puesto que durante el horario laboral le permitía cultivar el dibujo y devorar Figura 1. Ambrose Bierce (J. H. E. Partington, fecha una amplia biblioteca que iba desconocida). de Juvenal a Swift, pasando por Voltaire, Tackeray, Pope y Twain. A finales de 1868 publicaba sus primeras columnas en The California Advertiser, The Californian y el semanario San Francisco News Letter, páginas desde las que sorprendió su estilo, pulcro, original y cáustico, aplicado a las crónicas sobre la ciudad y la sátira política y que muy pronto le llevaría a ser conocido en toda California y el resto de los EEUU. El éxito le llegó enseguida y, tras un breve noviazgo, en 1871 contraía nupcias con Mary (Mollie) Day Ellen, cristiana practicante e hija de un rico prohombre de la ciudad que costeó sin pestañear el viaje de novios de la pareja a Londres. En la ciudad del Támesis fue muy bien acogido y no tardó en publicar artículos y ensayos en Figaro y The Fun, a la vez que mantenía la página satírica The Town Crier en News Letter. Allí, el premier William A. Gladstone elogió en público su talento y sentido del humor y se editaron sus artículos recopilados como libros: “Pepitas y polvo” (1872), “El placer del demonio” (1873) y “Telaraña en un cráneo vacío” (1874). El momento cumbre de ese período fue cuando, junto a Mark Twain, fue homenajeado durante una cena en el White Friars´ Club. En Inglaterra nacieron sus dos primeros hijos, los varones Day, en 1872, y Leigh, en 1874, que crecieron sin la presencia de un padre obsesionado con las Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:88-93

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publicaciones. Parece lógico que poco después, Mollie, otra vez embarazada, decidiera volver con ellos a San Francisco; si bien Bierce, en un rasgo de responsabilidad, retornaría al hogar familiar unos meses más tarde, poco antes de nacer Hellen, en 1875. Pero, si la situación económica en EEUU estaba aún bajo los efectos de la Depresión de 1873 y muchos diarios habían cerrado, el ambiente doméstico de Bierce tampoco era idílico ya que su suegra convivía con el matrimonio, enredaba todo lo que podía y con frecuencia se refería a él como “ese miserable escritorzuelo camorrista”. Así que hubo de volver transitoriamente a su empleo en la Casa de la Moneda, hasta que Frank Pixley, un adinerado ultraconservador y racista radical, fundó un nuevo semanario, The Argonaut, como lanzadera de su propia carrera política y le empleó como escritor de prestigio. Bierce se volcó en la empresa y con una columna denominada “La charla” y unas definiciones de términos que serían la base de su futuro “Diccionario del diablo”, logró que alcanzara rápidamente una notable tirada. Sin embargo, sus diferencias ideológicas con Pixley eran tan profundas que no tardaron en saltar chispas entre ellos. Así, mientras el dueño repartía sus odios a partes iguales entre chinos, judíos y negros, él escribía en su columna: “la Humanidad es estúpida y malvada, independientemente de su estatura, raza o religión”. La relación duró hasta que Pixley amenazó con deshacerse de la publicación y Bierce, por su currículum como topógrafo durante la Guerra Civil y el libro de mapas que había llegado a publicar en 1877, recibió la oferta de dirigir una explotación minera en Black Hills, Dakota del Sur. Y hacia allí partió en la primavera de 1880. Sin embargo, la Black Hills Placer Mining Company, un caos en cuanto a organización, pronto tuvo bastantes más acreedores que capital y en un año quebraba sin haber pagado un solo dólar a Bierce. Amargado, volvió a San Francisco, donde Pixley, todo un amigo, no le readmitió en The Argonaut porque le consideraba “acabado” y “tenía otros cien escritores mejores que él”. Con un asma que reaparecía con frecuencia, un hogar en el que paraba lo menos posible y sin un ochavo en el bolsillo, malvivió hasta que en 1881 se incorporó a The Wasp, donde se llevó la columna de “La charla”, desde la que fustigó a tirios y troyanos, con una notoria predilección por políticos, banqueros, funcionarios, clérigos y jerarquías de todo tipo, y prosiguió con sus definiciones satíricas de términos y conceptos. Dos años después dirigía el periódico, que fue rentable hasta que en 1887 Bierce recibió la económicamente irresistible oferta de William Randolph Hearst de incorporarse a The San Francisco Examiner, el diario con mayor influencia en el Oeste de EEUU. Precisamente, la gran mayoría de críticos y estudiosos de su obra, coinciden en que con su columna, artículos y ensayos en el Examiner, Ambrose Bierce llenó durante veinte años uno de los períodos de mayor calidad literaria del periodismo americano. Pero, poco después de llegar a esa tribuna, Bierce sufrió la concatenación de tres hechos de los que hacen tambalear cualquier espíritu. Así, en 1889 moría su hijo mayor con apenas 17 años en un duelo a pistola por un estúpido lío de 90

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faldas; en 1890 descubría por azar las cartas cuidadosamente guardadas que un admirador enviaba a su esposa y, aunque ésta negó cualquier infidelidad, Bierce abandonó el hogar familiar para no volver; y, en 1891, su hijo Leigh, también antes de cumplir los 18, moría de una neumonía cuando acababa de publicar su primer artículo en un periódico de Nueva York. Y si hasta entonces su pluma había sido satírica hasta lo cáustico pero salpicada con gotas de humor, pasó a ser cada vez más sombría y rayana en lo macabro, hasta recorrer esos turbadores territorios de la imaginación que en América también exploraron Poe y Hawthorne. De entonces surgió su lema: “Nada importa” (Nothing matters), que no significaba, ni mucho menos, la sequía de su tintero. Precisamente en 1891 publicaba en San Francisco “Cuentos de soldados y civiles”, compendio de 36 notables relatos inspirados o ambientados en la Guerra Civil americana, entre los que destacan “Suceso en el puente sobre el riachuelo del búho”, “Parker Adderson, filósofo y hombre ingenioso” y “La ventana tapiada”. El año siguiente salía de la imprenta su libro de poemas “Escarabajos negros en ámbar”, obra fallida que le llevó a reconocer sin ambages que “no era un poeta”; y, en 1893, “El monje y la hija del verdugo”, novela corta basada en un manuscrito medieval alemán, publicada por entregas en el Examiner, y “¿Pueden suceder esas cosas?”, 42 cuentos en los que se mezclan lo onírico, lo terrorífico y lo fantástico, y entre los que cabe subrayar “El clan de los parricidas”, “La muerte de Halpin Frayser” y “Una lucha tenaz”. Cuánto dolor y desesperanza debía haber en un espíritu capaz de crear tales historias. A principios de 1896 Bierce marchó a Washington enviado por Hearst para ocuparse de un asunto tan poco edificante como repetido en el campo de la macroeconomía: la connivencia de las grandes empresas con los poderes públicos y siempre con el mismo pagano como denominador común, el contribuyente. Así, las compañías de ferrocarriles Figura 2. Ambrose Bierce (1892, autor desconocido). Central Pacific y Union Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:88-93

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Pacific habían recibido una enorme suma, ciento cincuenta millones de dólares de la época, en forma de créditos “blandos” para construir el First Transcontinental Railroad, gran obra desarrollada entre 1863 y 1869 y que unía California con Utah. Curiosamente Collis P. Huntington, presidente del consorcio de empresas constructoras, “había convencido” a algunos congresistas para que aprobaran de manera discreta en el Congreso una ley que exonerara de su deuda a ambas compañías. Sin embargo, la información llegó a Hearst, y Bierce utilizó la demoledora artillería de su prosa para desenmascarar la operación, sus beneficiarios y colaboradores necesarios. El San Francisco Examiner publicó en primera plana sus crónicas enviadas desde Washington, la opinión pública se calentó de costa a costa y el enjuague se fue al traste. Incluso, parece ser que Huntington llegó a interpelar en público a Bierce sobre cuál era su precio, a lo que el escritor, agudo a la hora de improvisar, contestó: “Por supuesto… Mi precio son ciento cincuenta millones de dólares. Cuando los haya reunido espere a que yo esté lejos de Washington y envíelos a mi amigo, el Tesoro de los Estados Unidos”. A finales de 1896 Bierce volvió a San Francisco donde fueron frecuentes los desencuentros con Hearst. Partidario de principios como la veracidad en la información y calidad en la redacción, desaprobaba el tipo de periodismo que representaba el que sería conocido como Ciudadano Kane. En una carta escribió al respecto: “Si alguna vez nacieron dos hombres para ser enemigos, fuimos él y yo. Siempre mantuvimos posiciones opuestas con respecto a casi todo, pero también es cierto que no llegamos a chocar definitivamente… No sé si por motivos congénitos o sencillamente por perversidad, en su cabeza no cabían conceptos como afecto, desinterés o generosidad”. En 1899 publicaba “Fábulas fantásticas”, 245 textos de unas pocas líneas a una página de extensión, con un tono agridulce, burlón o francamente corrosivo, que recuerdan muy lejanamente a Esopo, La Fontaine o Samaniego, pero, por supuesto, sin una brizna de afán moralizante. Ese mismo año, con más problemas y enemigos poderosos de los que hubiera deseado, abandonaba San Francisco para ir a la ciudad de los rascacielos. Allí escribió con regularidad en The New York American, Cosmopolitan y The New York Journal, a la vez que mantuvo su colaboración en el Examiner. Tenía por entonces la grata experiencia de ver cómo George Sterling, su amigo de San Francisco y gran poeta en ciernes, recopilaba sus artículos y ensayos de veinte años y los publicaba en 1903 bajo el título “Modelado en arcilla”. Su esposa, Mollie, de la que se había divorciado oficialmente el año anterior, moría en 1905 en Los Ángeles sin haberle reclamado un céntimo ni dedicado una sola palabra de reproche, algo que probablemente le hizo recapacitar y reconocer lo injusto de su comportamiento. (Por cierto, la suegra aún vivió algunos años más.) La prestigiosa Doubleday & Page, de Nueva York, editaba en 1906 “Vocabulario de un cínico”, colección de 500 definiciones de términos publicados en distintos diarios a lo largo de más de dos décadas, base de su obra más conocida y tal vez más representativa, “Diccionario del diablo”, con más de mil entradas en su versión definitiva de 1909. 92

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En 1906, veía cómo en San Francisco se publicaba una selección de sus ensayos titulada “La sombra en la esfera del reloj” y en 1908, tras una agria discusión, renunciaba a la colaboración con Hearst. Bierce, cansado y achacoso, ya sabía entonces que había traspasado esa sutil línea que en el escritor marca el declinar si no del oficio sí de la energía y la originalidad, y aceptaba la oferta de colaborar con su amigo y futuro biógrafo Walter Neale en la recopilación de sus textos. Los doce volúmenes fruto de tan ingente tarea salían a la luz en Nueva York y San Francisco en 1912 con el título de “Obras Completas de Ambrose Bierce” (Neale Publising Co). Y con ello su pluma guardó silencio. *** A principios de 1913 visitó a su hija Hellen en Illinois, a la que dejó algunos papeles personales y, previendo su final lejos de allí, cedió los derechos sobre su tumba en California. Dedicó el resto del año a recorrer las ciudades en que había vivido y los campos de batalla de sus viejos tiempos de soldado. Quizá por su retina volvieron a pasar las imágenes del horror que nunca pudo olvidar y en sus oídos tronaron de nuevo los lamentos de los heridos y resonó el murmullo de las armas de fuego que siempre llevó en su memoria. En diciembre se reunió en una cena en San Antonio (Tejas) con los viejos camaradas a los que anunció su deseo de incorporarse a la Revolución mejicana. Desde San Antonio fue, ya en Méjico, a Laredo y de ahí a El Paso y a Juárez. Aquí, con 71 años, se unió, probablemente como observador o cronista, al ejército de Pancho Villa y con él llegó a Chihuahua. De Chihuahua partió su última carta, enviada a Hellen el 26 de diciembre de 1913. En ella le comunicaba su intención de viajar al día siguiente a Ojinaga, ciudad que fue sitiada por el ejército regular el uno de enero de 1914 hasta caer el día once. Los muertos se contaron por centenares y los cadáveres fueron incinerados en grandes piras para prevenir epidemias. Su rastro se pierde ahí y todo lo que se ha escrito sobre su final no pasa de la categoría de hipótesis. Si Bierce cayó entre los sitiados y su nunca identificado cuerpo fue incinerado con ellos, o si, como se ha apuntado, fue fusilado por el propio ejército revolucionario; o si falleció más tarde de muerte natural, es algo que no se supo ni se sabrá con certeza. Lo que sí parece es que, tal vez, con su salida buscó su liberación, y que muy probablemente así cumplió su ambición de doblar la última vuelta del camino sin hacer ruido ni ser una carga. Al fin y al cabo, quien con humor había definido las ligas como “bandas elásticas destinadas a impedir que una mujer salga de sus medias y devaste el país”, y la sátira como “especie de composición literaria en que los vicios y locuras de los enemigos del autor son expuestos sin demasiada ternura”, no incluyó en su Diccionario términos como ostracismo… o jubilado.

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Parker Adderson, filósofo y hombre ingenioso Parker Adderson, Philosopher and Wit ■ Ambrose Bierce* (†) ■ —Prisionero, ¿cómo se llama usted? —Ya que voy a perderlo mañana al amanecer, no creo que valga la pena ocultar mi nombre: Parker Adderson. —¿Graduación? —Más bien humilde. La existencia de los oficiales de carrera es demasiado valiosa como para ser expuesta al peligroso asunto del espionaje. Soy sargento. —¿De qué regimiento? —Le ruego me disculpe, pero supongo que si le contestara podría darle información sobre las fuerzas que tiene enfrente. Me he introducido en sus líneas para obtener información, no para facilitársela a ustedes. —No le falta chispa. —Si tiene usted la paciencia de esperar, mañana me verá bastante apagado. —¿Cómo sabe que usted va a morir mañana por la mañana? —Eso es lo que se acostumbra a hacer con los espías capturados durante la noche. Es una de las amables reglas de la profesión. El general, dejando a un lado la dignidad propia de un oficial confederado de alta graduación y renombre, sonrió. Pero, nadie que hubiera caído bajo su poder o disfavor podría deducir de su gesto ningún feliz augurio ni signo externo de aprobación. Tal expresión no era benévola ni contagiosa y no se dirigía a ninguno de los que tenía delante: el espía capturado que lo había provocado y el centinela armado que lo había llevado a la tienda y que ahora se mantenía a cierta distancia vigilando a su prisionero bajo la luz amarilla de una vela. Entre los deberes de aquel guerrero no figuraba el sonreír y tenía presentes otros objetivos. Se reanudó la conversación. En esencia se trataba de un juicio por un delito capital. * Relato publicado por primera vez en el San Francisco Examiner el 22 de febrero de 1891 con el título de Parker Adderson, Philosopher and Wit, e incluido en “Cuentos de soldados y civiles” (Tales of soldiers and civilians), apareció en 1892. Traducción de Amparo Pérez-Gutiérrez.

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—Por lo tanto, admite que es un espía que ha penetrado en mi campamento disfrazado con el uniforme de un soldado confederado con el objeto de obtener información secreta sobre el número y disposición de mis tropas. —Especialmente sobre su número. Su disposición ya la conocía. Es más bien perversa. El general volvió a sonreír. El centinela, con un sentido más riguroso de su responsabilidad, acentuó su adusta expresión y permaneció aún más erguido que antes. El espía, haciendo girar su sombrero gris sobre el dedo índice, miraba con calma a su alrededor. Era un lugar bastante sencillo. La tienda era la típica “tienda de campaña” de aproximadamente ocho por diez pies iluminada por una humilde vela de sebo enclavada en el mango de una bayoneta, a su vez encajada en una mesa de pino a la que se sentaba el general, quien ahora escribía afanosamente y parecía no prestar atención a su involuntario huésped. Una vieja alfombra cubría el suelo de tierra; un baúl de cuero aún más viejo, una segunda silla y un rollo de mantas era todo lo que contenía la tienda. Bajo el mando del general Clavering la sencillez y la carencia de toda “pompa y circunstancia” habían alcanzado su máximo desarrollo. De un gran clavo hundido en el mástil a la entrada de la tienda, colgaba un cinturón con un sable, una pistola en su cartuchera y, algo bastante absurdo, un cuchillo de monte. Cuando se refería a ese arma nada militar, el general solía explicar que se trataba de un recuerdo de los pacíficos días en que era un civil. Era una noche tormentosa. La lluvia caía a chorros sobre la lona con ese ruido monótono y parecido al redoble de tambor tan familiar a los que viven en tiendas. Bajo las ráfagas atronadoras la frágil estructura temblaba, se mecía y tensaba las cuerdas y estacas que la fijaban. Una vez hubo terminado de escribir, el general dobló la hoja de papel y se dirigió al soldado que vigilaba a Adderson: —Acérquese, Tassman. Tome esto, llévelo al ayudante mayor y vuelva después. —¿Y el prisionero, mi general? —dijo el soldado con una mirada de interrogación dirigida a aquel desgraciado. —Haga lo que le digo, —replicó el general con brusquedad. El soldado cogió la nota, bajó la cabeza y salió de la tienda. El general Clavering volvió su noble rostro hacia el espía federal, le miró a los ojos no sin amabilidad y dijo: —Es una mala noche, muchacho. —Para mí sí lo es —contestó el espía. —¿Adivina lo que acabo de escribir? —Espero que sea algo digno de leerse. Y, quizá sea presuntuoso por mi parte, pero me arriesgaría a suponer que soy mencionado en ese papel. —Sí; es el memorando de una orden para ser leída a las tropas tras el toque de diana sobre su ejecución. También incluye unas notas dirigidas al jefe de la policía militar para que disponga los detalles del acto. —Espero, general, que el espectáculo será preparado adecuadamente, porque yo asistiré en persona. —¿Quiere usted hacer alguna disposición especial? Por ejemplo, ¿desea ver a un capellán? Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:94-99

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—No quisiera concederme un descanso tan largo privándole a él de una pequeña parte del suyo. —¡Pero, por Dios, muchacho! ¿Piensa usted ir a su muerte sin otra cosa que bromas en los labios? ¿No se da cuenta de que se trata de algo muy serio? —¿Cómo puedo saberlo? En toda mi vida nunca he estado muerto. He oído que la muerte es un asunto serio, pero no por parte de nadie que haya pasado por la experiencia. Por un momento el general guardó silencio. El muchacho le interesaba; quizá, incluso, le divertía. Era un tipo de hombre con el que nunca se había encontrado antes. —La muerte, dijo, como mínimo es una pérdida. Una pérdida de esa felicidad que poseemos y de más oportunidades de ser feliz. —Una pérdida de la que nunca seremos conscientes se puede soportar con serenidad y por lo tanto puede ser aguardada sin temor. General, usted habrá observado que de todos los hombres muertos que ha tenido el placer marcial de ir sembrando en su camino, ninguno ha dado señales de pesar. —Si estar muerto no es un estado lamentable, al menos el paso de la vida hacia la muerte —el acto de morir, en suma— sí parece que debe ser muy ingrato para aquél que no ha perdido la capacidad de sentir. —El dolor es desagradable, sin duda. Nunca lo he sufrido sin un malestar más o menos grande. Pero el que más vive está más expuesto a él. Lo que usted llama morir no es sino el último sufrimiento. En realidad, morir es algo que no existe. Por ejemplo, suponga que intento escapar. Usted levanta el revólver que con tanta delicadeza disimula sobre su regazo y... El general se ruborizó como una muchacha, después rió quedamente dejando ver su brillante dentadura, hizo una leve inclinación de su hermosa cabeza y no dijo nada. El espía prosiguió: —Usted dispara y yo paso a tener en mi estómago algo que no he deglutido previamente. Caigo, pero no estoy muerto. Lo estoy tras media hora de agonía. Pero en cada uno de los momentos que componen esa media hora yo habré estado o vivo o muerto. No hay un período de transición... Cuando me ahorquen mañana por la mañana sucederá exactamente lo mismo: mientras esté consciente, estaré vivo; cuando muera, inconsciente. Parece que la Naturaleza hubiera dispuesto las cosas en función de mis intereses... Tal como yo mismo las hubiera ordenado. Es así de sencillo, añadió con una sonrisa, que podría decirse que apenas importa que le cuelguen a uno. Después de estas palabras se produjo un largo silencio. El general permanecía sentado imperturbable, escrutando el rostro del hombre, aparentemente sin haber oído lo que había dicho. Era como si sus ojos vigilaran al prisionero mientras su mente se hallara concentrada en otros asuntos. Al momento respiró larga y profundamente, se estremeció como si se acabara de despertar de una terrible pesadilla y exclamó con voz apenas audible: —¡La muerte es horrible! Este hombre es carne de cañón. —Era horrible para nuestros salvajes antepasados —dijo el espía con gravedad— porque no tenían la suficiente inteligencia como para separar la idea de conciencia de la idea de las formas físicas en que la muerte se manifiesta. E, 96

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incluso, con un nivel inferior de inteligencia como, por ejemplo, el del mono, se podría ser incapaz de imaginar una casa sin moradores, o ante una cabaña en ruinas cabría figurarse un ocupante herido. Para nosotros es horrible porque hemos heredado la predisposición a considerarla así y nos explicamos esa tendencia por quiméricas teorías sobre otro mundo; al igual que los nombres de los lugares dan lugar a leyendas que los explican y una conducta irracional lleva a filosofías que la justifican. General, usted me puede ahorcar, pero ahí acaba su nocivo poder; usted no me puede condenar al cielo. El general parecía no haber oído; las palabras del espía habían llevado sus pensamientos por un camino no habitual, pero una vez en él continuaron independientes hasta llegar a sus propias conclusiones. La tormenta había acabado y algo del solemne espíritu de la noche se había incorporado a sus reflexiones, dándoles el sombrío matiz de un pavor sobrenatural en el que, tal vez, había un elemento de presciencia. —No me gustaría morir, dijo. —Esta noche no. Fue interrumpido, en el supuesto de que quisiera seguir hablando, por la entrada de un oficial de su plana mayor, el capitán Hasterlick, jefe de la policía militar. Ello hizo que su aire ausente desapareciera del rostro del general y volviera en sí. —Capitán —dijo devolviendo el saludo al oficial—, este hombre es un espía yanqui que ha sido capturado dentro de nuestras líneas con papeles que le incriminan. Ha confesado. ¿Qué tiempo hace? —La tormenta ha pasado, señor, y la luna brilla. —Bien; tome un pelotón de hombres, llévelo ahora mismo al campo de maniobras y fusílelo. Un grito agudo salió de los labios del espía, que propulsó su cuerpo hacia delante con el cuello tenso, los ojos fuera de las órbitas y los puños cerrados. —¡Dios mío!, clamó con voz ronca, casi sin articular las palabras. —¡Usted no ha querido decir eso! ¡Olvida que no debo morir hasta mañana! —No he dicho nada de mañana, replicó el general fríamente. Eso ha sido cosa suya. Usted morirá ahora. —Pero, general, le pido... le suplico que recuerde. ¡Debo ser ahorcado! Llevará algún tiempo levantar el patíbulo... dos horas... una hora. Los espías son colgados; la ley militar me da ciertos derechos. ¡Por Dios!, general; considere lo poco que... —Capitán, cumpla mis órdenes. El capitán desenvainó su espada y dirigiendo su mirada al prisionero le indicó la salida de la tienda. El espía vaciló; el capitán le tomó del cuello y con cuidado le empujó hacia delante. Cuando se halló cerca del mástil de la tienda, el desesperado saltó hacia allí y, con la agilidad de un gato, agarró el mango del cuchillo de monte, lo arrancó del cinturón, dio un empellón al capitán y se lanzó sobre el general con la furia de un loco, tirándole al suelo y cayendo de cabeza sobre él. La mesa se volcó, la vela se apagó y los dos hombres lucharon a ciegas en la oscuridad. El capitán saltó como un resorte en ayuda de su superior y cayó entre las formas que combatían. Del batiburrillo de cuerpos y extremidades partían maldiciones y gritos inarticulados de dolor y rabia. La tienda Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:94-99

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se desplomó sobre ellos y, bajo el impedimento de sus pliegues, la lucha continuó. El soldado Tassman, al volver de hacer su recado e imaginando vagamente la situación, tiró su fusil y, agarrando al azar la ondulante lona, trató inútilmente de separarla de los hombres que se hallaban debajo; y el centinela que iba y venía delante de la tienda, no atreviéndose a abandonar su puesto aunque los cielos se desplomaran, optó por disparar su fusil. El estampido puso en alerta al campamento; los tambores redoblaron y las cornetas llamaron a reunión, provocando que un enjambre de hombres a medio vestir bajo la luz de la luna, corrieran a las concisas órdenes de los oficiales a ponerse en filas mientras terminaban de vestirse. Se hizo como era debido y los hombres alineados quedaron dispuestos. Estaban armados, mientras la plana mayor del general y los hombres de su escolta ponían orden en la confusión, levantaban la tienda caída y separaban a los actores, ensangrentados y sin aliento, de aquella extraña pelea. Sin embargo, lo que se dice sin aliento sólo había uno. El capitán estaba muerto. El mango del cuchillo asomaba en su garganta, hundido tan hondamente bajo su mentón que su punta llegaba hasta el ángulo de la mandíbula y la mano que había asestado la cuchillada no había podido retirar el arma. En la mano del capitán estaba su espada, aferrada con una energía que desafiaba la fuerza de los vivos. Su hoja estaba manchada de rojo hasta la empuñadura. El general se puso de pie, pero volvió a caer con un quejido y se desmayó. Además de contusiones tenía dos profundas heridas de espada: una le había atravesado el muslo y la otra el hombro. El que había salido mejor parado era el espía. Salvo el brazo derecho roto, sus heridas sólo eran las que hubiera podido sufrir en un combate corriente con armas corrientes. Pero estaba muy aturdido y apenas parecía darse cuenta de lo que acababa de pasar. Se separó de los que le atendían, se acurrucó en el suelo y murmuró quejas ininteligibles. Su rostro, hinchado por los golpes y manchado de gotas de sangre, sin embargo estaba blanco bajo su desordenado pelo, tan pálido como el de un cadáver. —Este hombre no está loco —dijo el cirujano, mientras preparaba vendas y contestaba a una pregunta. —Está enfermo de miedo. ¿Quién es y qué hace aquí? El soldado Tassman empezó su explicación. Era la ocasión de su vida. No omitió nada que de una u otra forma pudiera acentuar la importancia de su relación con los acontecimientos de la noche. Cuando terminó su relato y estaba dispuesto a repetirlo de nuevo, nadie le prestó ninguna atención. El general acababa de recuperar el conocimiento. Se apoyó sobre un codo, miró a su alrededor y, viendo al espía vigilado y acuclillado junto a una fogata, simplemente dijo: —Lleven ese hombre al campo de maniobras y fusílenlo. —La mente del general está trastornada —dijo un oficial que se hallaba próximo. —Su mente no está trastornada, —afirmó el ayudante mayor. —Yo tengo su memorando respecto a este asunto. El general había dado la misma orden a 98

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Hasterlick, dijo con un movimiento de la mano dirigido hacia el cadáver del jefe de la policía militar. —Y, ¡por Dios!, será cumplida. Diez minutos después, el sargento Parker Adderson, del ejército federal, filósofo y hombre con ingenio, arrodillado bajo la luz de la luna y suplicando incoherentemente por su vida, era fusilado por veinte hombres. En el momento en que sonó la descarga en el cortante aire de la medianoche, el general Clavering, que yacía pálido y tranquilo a la luz roja de la hoguera, abrió sus grandes ojos azules, miró con amabilidad a los que se hallaban a su alrededor y exclamó: —¡Cuánto silencio! El cirujano miró al ayudante mayor con un gesto grave y significativo. Los ojos del paciente se cerraron despacio y así permaneció unos momentos; después, con el rostro iluminado con una sonrisa de inefable dulzura, dijo con voz débil: —Supongo que esto debe ser la muerte. Y así se marchó.

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El Canon de Medicina Interna del Emperador Amarillo The Yellow Emperor´s Inner Canon ■ José Luis Puerta ■ Entre los textos más antiguos y clásicos de lo que conocemos como Medicina tradicional china, sin duda, el más importante es el Canon de Medicina Interna del Emperador Amarillo o Huángdì Nèijīng (escrito en pinyin o chino simplificado); o, como frecuentemente se transcribe en los textos en español, Nei Jing Su Wen o Nei-King Su-wen, cuya primera composición se atribuye al emperador Huang-Ti (Huángdì, en pinyin) o Emperador Amarillo. Éste pertenece al grupo de los gobernantes mitológicos de China, formado por los Tres augustos y los Cinco emperadores, que fueron anteriores a la Dinastía Xia, que es de la primera que existen referencias en el texto histórico chino más antiguo, Recuerdos del gran historiador (Shiji, en pinyin), redactado entre los años 109 y 91 a.C. A esos personajes mitológicos, que no sabemos si existieron de verdad, la tradición les atribuye la fundación de la civilización china y la creación de sus instituciones sociales, culturales y económicas. Posiblemente estas leyendas tengan su origen en personajes reales, jefes tribales que vivieron en el III milenio a.C. De acuerdo con esta tradición, Huang-Ti —uno de los Cinco emperadores— reinó entre el 2698 y el 2598 a.C. La concepción original del Canon de Medicina Interna del Emperador Amarillo data de esa época, pero al haber sido ampliado posteriormente existe cierta discordancia entre los historiadores acerca de las aportaciones de los compiladores de la obra y las épocas en que se llevaron a cabo. Son muchas las ediciones que se han hecho del Nei Jing, algunas extraviadas, desconocidas otras. Sin embrago, todos los estudiosos del tema coinciden en ver en la figura del médico chino Wang Ping o Wang Bin (Maestro que descubre los misterios) al compilador y revisor más importante del tratado, cuya labor realizó en el s. VIII d.C. y compiló en una enciclopedia de 24 volúmenes de 81 capítulos cada uno, y que sirvió de base para las sucesivas ediciones “imperiales”. Éstas vieron la luz por primera vez el año 1053 y constituyen la versión canónica (Chong Guang Bu Zhu Huangdi Neijing Suwen, que puede traducirse al español como Nei Jing Su Wen: extensamente corregido y anotado). La obra consta de dos partes, el Su-wen (“Preguntas sencillas”) y el Ling-chu (“Clásico de la acupuntura”), ambas redactadas en forma de pregunta-respuesta, pues se trata de un diálo100

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Figura 1. Médico tomando el pulso a una paciente de acuerdo con los principios semiológicos de la Medicina tradicional china (ilustración de Fernando Ordoñez Pascual). go entre el Emperador Amarillo y su ministro Chi’i Po. De manera sumaria y siguiendo a la historiadora de la medicina Ilza Veith puede decirse que el tratado está impregnado de tres conceptos filosóficos o, si se prefiere, metafísicos: a) Tao; b) yin y yang, y c) la teoría de los cinco elementos y, en estrecha conexión con ella, un sistema de números, en el que predomina el cinco, que se impone sobre el universo y el hombre. Tao, que en su forma más prístina significa “Camino”, nos señala que el Universo sigue un curso inalterable que, entre otras formas, se manifiesta a través del día y la noche o la sucesión de la estaciones. La única manera que tiene el hombre de seguir el “Camino” (correcto), Tao, es emulando el curso de la Naturaleza y ajustándose a ella. No puede extrañar, por tanto, que la longevidad y la salud dependan sobremanera del esfuerzo de cada cual por amoldar su experiencia biográfica al “Camino”. Las alusiones al Tao en el Nei Jing Su Wen son frecuentes, pero casi siempre unidas a los dos poderes “antagónicos” del Universo: yin (la cara oscura de la Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:100-106

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montaña) y yang (la cara luminosa de la montaña). También puede pensarse en yin y yang como las dos orillas de un río: la que recoge la sombra y la que recibe los rayos del Sol. Pero escuchemos lo que nos dice el tratado:

Figura 2. Mercado de productos para uso en la Medicina tradicional china (©Vberger). “Tao es seguido por los sabios y admirado, aunque no practicado, por el pueblo ignorante. El sometimiento a las leyes de yin y yang significa la vida; ignorarlas conduce a la muerte. Los obedientes viven en armonía; mientras que los desobedientes se hallan perdidos en el desorden y la confusión” (p. 105 de la edición de I. Veith)... “El Emperador Amarillo dijo: Yin y yang constituyen el principio básico del Universo entero. Son el principio de todo en la creación; son el origen de todas las transformaciones, así como la raíz y la fuente de la vida y la muerte, encontrándose incluso en los templos de los dioses. Para tratar las enfermedades se debe indagar el origen (de su influjo). El cielo fue creado por una acumulación de yang, que es el elemento de la luz. La Tierra de una acumulación de yin, que es el elemento de la oscuridad. 102

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Yang significa paz y serenidad; yin inquietud y agitación. Yang significa destrucción y yin conservación. Yang produce evaporación y yin da forma a las cosas. El frío extremado produce calor intenso (fiebre) y el calor intenso, frío extremado (escalofríos). El aire frío genera suciedad y corrupción; el aire caliente, claridad y honradez. Si el aire sobre la tierra es claro, el alimento se produce y consume de modo adecuado. Si el aire en la zona superior es sucio, se originan hinchazones hidrópicas. A través de estas interacciones de sus funciones, yin y yang, principios negativo y positivo de la Naturaleza, son responsables de las enfermedades que afectan tanto a los rebeldes a las leyes naturales, como a los que se adaptan a ellas. El elemento claro y puro de la luz representa el cielo; el elemento turbio de la oscuridad, la tierra. Cuando los vapores de la tierra ascienden se forman nubes y cuando los vapores del cielo descienden se forma lluvia. Así pues, la lluvia parece ser el clima terrenal y las nubes parecen ser el clima celestial. El elemento claro y puro de la luz se manifiesta en los orificios superiores del cuerpo y el elemento turbio de la oscuridad en los inferiores. Yang, elemento de la luz, se origina en los poros. Yin, elemento de la oscuridad, fluye en el interior de las cinco vísceras. Yang, elemento lúcido de la vida, está representado verdaderamente por las cuatro extremidades; yin, turbio elemento de la oscuridad, restaura la fuerza de los seis tesoros de la Naturaleza. El agua es yin y el fuego yang. Yang crea el aire y yin los sabores que pertenecen al cuerpo. Cuando el cuerpo muere, el espíritu etéreo retorna al aire, produciéndose así una metamorfosis completa. El espíritu etéreo recibe su sustento del aíre y el cuerpo de las flores...” (p. 115-116). Así, pues, la concepción acerca de la salud y la enfermedad descansan sobre la dualidad: yin (negativo, frío y húmedo) y yang (positivo, cálido, seco). Dicha concepción da por supuesto que ambos principios se distribuyen por todo el cuerpo a través de unos canales, distintos de los vasculares y los nerviosos, cuyas alteraciones en su flujo producen las enfermedades. Para restaurar la salud perdida es preciso restablecer la correcta relación de ambos principios, y uno de los medios para lograrlo es la acupuntura. Técnica que, como es sabido, consiste en introducir agujas de un diámetro muy pequeño en determinados puntos de los canales por los que fluyen yin y yang. La medicina tradicional china atribuye a los metales blancos (yin) como la plata, cromo o zinc la cualidad de calmar o dispersar el poder; mientras que los metales amarillos (yang), como el oro o el cobre, tienen la propiedad de vivificar, estimular, el poder. Veamos lo que nos dice el Canon sobre los métodos para recuperarse de las enfermedades: Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:100-106

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“Chi’i Po explicó lo siguiente: El método de la aguja (acupuntura) está al alcance de todo el mundo, pero el vulgo solamente sabe cómo vivir y no entiende la forma de aplicar los cinco métodos para recuperarse de sus enfermedades. El primer método cura el espíritu; el segundo enseña cómo nutrir el cuerpo; el tercero revela los verdaderos efectos de los venenos y los medicamentos; el cuarto explica la acupuntura y la utilización de la aguja pequeña y grande; el quinto nos dice el modo de examinar y tratar las entrañas y las vísceras, la sangre y la respiración. Estos cinco métodos están enlazados, de suerte que cada uno de ellos se encuentra precedido por otro” (p. 215). Con relación a la importancia de los números, trascribimos esta curiosa descripción, tomada también del Canon, sobre las edades de la mujer que se basa en el número siete: “El Emperador Amarillo preguntó: Cuando la gente se hace anciana no puede engendrar niños: ¿Esto se debe a que han agotado su fuerza por la depravación o a causas naturales? Chi’i Po explicó lo siguiente: Cuando una niña alcanza los siete años, las emanaciones de los riñones se hacen abundantes, empieza a cambiar los dientes y sus cabellos crecen con generosidad. A los 14 años comienza la menstruación, puede quedarse embarazada, y los movimientos de su pulso se perciben vigorosos... Cuando llega a los 21 años las emanaciones de los riñones se hacen regulares y tiene su aparición el último diente, culminado completamente su desarrollo. A la edad de 28 años sus huesos y músculos son fuertes, el cabello alcanza la máxima longitud y su cuerpo es lozano y fértil. A los 35 años el pulso en (la zona de) la “puesta del sol” se deteriora, en la cara se perciben arrugas y empieza a perder cabello. A los 42 años, el pulso en las tres zonas del yang en la parte superior del cuerpo se descabala, toda la cara se llena de arrugas y el pelo empieza a blanquear. Al llegar a la edad de 49 años ya no puede quedarse embarazada y su pulso ha menguado. La regla se pierde y los orificios de la menstruación quedan cerrados para siempre” (p. 98-99). La Medicina tradicional china también desarrolló la exploración física de los pacientes, destacando de manera muy especial el análisis del pulso. Todas las demás técnicas exploratorias, que casi quedan relegadas a la palpación, están subordinadas o en estrecha relación con él. La teoría sobre el pulso descansa sobre los efectos de yin y yang, y sobre la relación de los cinco elementos o movimientos o fases (Wu Xing, en pinyin): madera, fuego, tierra, metal y agua, que se hallan en constante encadenamiento entre sí. Por ejemplo, la madera alimenta el fuego, éste crea la tierra (cenizas) y ésta produce los metales que, a 104

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su vez, transportan (en un recipiente o por condensación) el agua. El aprendizaje de esta técnica exploratoria reviste cierta complicación; pues hay que tener en cuenta, por un lado, datos como el sexo del paciente, la estación del año, la influencia de las constelaciones, qué víscera se quiere examinar, etcétera; y, por otro lado, cuando se palpa el pulso en la localización deseada, hay que saber interpretar datos como volumen, vigor, debilidad, ritmo, pausas o relación con los movimientos respiratorios. Los párrafos siguientes están tomados del Nei Jing Su Wen: “El Emperador Amarillo preguntó: ¿Cuál es el fundamento del tratamiento médico? Chi’i Po explicó lo siguiente: El fundamento del tratamiento médico es obrar siempre de la misma forma. Debe realizarse al amanecer, antes de que yin haya comenzado su movimiento y de que yang se haya dispersado; cuando no se han ingerido ni líquidos ni alimentos... Hay que comprobar si el pulso se mueve o no, y observarlo con atención y pericia. Debe examinarse si los cinco colores y las cinco vísceras padecen por exceso o por carencia y determinar si las seis entrañas se encuentran fuertes o debilitadas. Hay que indagar si la apariencia del cuerpo es floreciente o decadente. Utilizando estas cinco exploraciones y combinando sus resultados será posible juzgar acerca de la vida y la muerte. El pulso es el almacén de la sangre. Si los latidos son largos y llenos, el estado del pulso está bien regulado; si los latidos son cortos y sin volumen, el estado del pulso está trastornado. Cuando el pulso es rápido y tiene seis latidos en cada ciclo respiratorio indica trastorno cardíaco; pero si el pulso es grande, la enfermedad se agrava. Cuando el pulso superior es abundante indica que el impulso vital es fuerte; pero, en cambio, cuando el pulso inferior es abundante indica flatulencia. Cuando el pulso es irregular y tembloroso y sus latidos aparecen a intervalos irregulares, el impulso vital está debilitado; cuando el pulso es muy débil —aunque todavía perceptible y tan delgado como un hilo de seda— el impulso vital es pequeño. Cuando el pulso es pequeño y fino, lento y breve, como un arañazo con un cuchillo en el bambú, nos dice que el corazón está irritado y dolorido” (p. 159). *** La medicina occidental no llegó a China hasta el siglo XVII de la mano de los miembros de la Compañía de Jesús que, formados como médicos, promovieron la atención a los pacientes autóctonos con prácticas occidentales. Por otro lado, la medicina china se empezó a conocer en Europa en el siglo XVIII gracias sobre todo a la escritora y aristócrata inglesa, Lady Mary Wortley Montagu (16891762), quien difundió la inmunización preventiva contra la viruela (variolización). Conocimiento que sirvió de base a E. Jenner para idear la vacunación contra la viruela y a nuestro compatriota Francisco Javier Balmis para su Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:100-106

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memorable Real Expedición Filantrópica de la Vacuna cuando alboreaba el siglo XIX. El Huángdì Nèijīng, obra de la que he reproducido algunos pasajes con sus correspondientes comentarios a lo largo del presente artículo, tiene un significado parecido a nuestros textos hipocráticos, pero con una substancial diferencia: las enseñanzas allí recogidas todavía sustentan la práctica de la Medicina tradicional china. Su primera traducción al inglés se debe al esfuerzo de la médica, políglota y profesora de Historia de la Medicina, Ilza Veith, y salió de la imprenta en 1949. La última edición disponible es de 2002, de donde he vertido directamente al español las mencionadas citas del Canon. La doctora Veith, en la actualidad profesora emérita de la Universidad de California (UCSF), nació en Ludwigshafen (Alemania) en 1915 y estudió Medicina en Ginebra y Viena. En 1937 emigró a EEUU, al igual que en esa década lo hicieron otros importantes historiadores de la Medicina del pasado siglo, como Henry Sigerist, Ludwig Edelstein y el matrimonio formado por Lilian y Owsei Temkin. Todos ellos en algún momento de su vida profesional estuvieron relacionados con el Institute for the History of Medicine de la Universidad Johns Hopkins. Aunque en los últimos años han aparecido otras traducciones al inglés, al parecer más exactas que la realizada por la doctora Veith, el análisis de tales cuestiones excede el alcance de este artículo y, por supuesto, los conocimientos de su autor. Sin embargo, lo más importante, y que justifica estas líneas, es resaltar la vigencia de este tratado en la práctica de la Medicina tradicional china. Por este motivo, el Canon a través de sus reflexiones y enseñanzas nos acerca a la concepción que, actualmente, cientos de millones de personas tienen sobre la salud y la enfermedad. Concepción que, aunque es muy diferente de la imperante en el llamado mundo occidental, la creciente e imparable hegemonía China (su PIB, por ejemplo, solo es superado por el de EEUU) justifica ir conociendo mejor a ese importante desconocido.

Bibliografía • Huang Ti Nei Ching Su Wen: The Yellow Emperor’s Classic of Internal Medicine (trad. y notas de Ilza Veith). Berkeley: University of California Press, 2002. • Huard P, Wong M. La medicina china, en: Laín Entralgo P (dir.). Historia universal de la medicina. Barcelona: Salvat Editores, vol. I, p. 159-196. • Magner LN. A History of Medicine. New York: Marcel Dekker, Inc., 1992, p. 37-62. Para los interesados en el tema, aunque nada puedo decir de la calidad de las ediciones, apunto estas traducciones al español: • García Lozano J (ed.). Su wen, Canon de medicina interna del Emperador Amarillo (preguntas sencillas). Madrid: JG Ediciones, 2005. • García Lozano J (ed.). Ling shu: Canon de medicina interna del Emperador Amarillo (canon de acupuntura). Madrid: JG Ediciones, 2009. • Su wen (Primera parte): Huang di Nei Jing So Ouenn. Madrid: Editorial Dilema, SL, 2003. • Su wen (Segunda parte): Huang di Nei Jing So Ouenn. Madrid: Editorial Dilema, SL, 2003.

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Mario Benedetti, acaso... Mario Benedetti, perhaps... ■ S. Prieto ■ Un colega y amigo común, a quien nunca estaré suficientemente agradecido, nos presentó en mayo de 2001. Acababa de ingresar en el hospital para reparar algunos desperfectos de su anatomía y pronto fue evidente que nos hallábamos ante un espíritu no habitual. Estaba solo, tenía 80 años largos y una mala situación general, pero atendía y entendía. Hablaba bajo, preguntaba poco y contestaba con una sorprendente precisión. Nos contó que le gustaba pasar las primaveras y veranos en Madrid para, al llegar nuestro octubre, volver a la primavera y verano de su “paisito”. Pocas veces nos ha sido tan fácil hacer una historia clínica compleja. Aquella primera entrevista y las charlas que siguieron fueron un privilegio para quien, con pesar, escribe hoy estas líneas. Sencillo y cercano, sabía estar y tratar a los que se le acercaban. Aguantó estoico el dolor (“uno aprende a amordazar la queja”) y de sus labios no salió un reproche ni un lamento. Inspiraba y prodigaba respeto. Las enfermeras que aplicaron los tratamientos y las auxiliares que cuidaron su maltrecho cuerpo le trataron con veneración y alguna llegó a velar su sueño. No es exagerado decir que a todas cautivó. Por entonces Visor acababa de publicar El mundo que respiro, quizá su mejor libro de poesía y, ya recuperado, antes del alta hubo de firmar la dedicatoria de algunas docenas de ejemplares. Las revisiones en consulta y dos ingresos posteriores fraguaron una amistad que creció con el tiempo. No había tenido hijos. Hablaba poco de sí, pero no rehusaba hacerlo cuando el diálogo nos llevaba por esos derroteros. Escribía poesía sin parar y cuando le preguntábamos cómo podía hacerlo, una vez nos contestó: —Usted me lo aconsejó. En parte, escribo por prescripción facultativa. Era autodidacta. Tenía pocas necesidades y antes de que la literatura le hubiera permitido vivir con cierto desahogo, había recorrido diez trabajos y conocido más de una estrechez. Dedicaba poca atención al aliño indumentario. Sabía quién era. No entendía de dogmatismos y tenía interlocutores, no oyentes. —Don Mario, ¿por qué cree que La Tregua ha tenido tanto éxito en tantos y diferentes países? —Porque es una novela que trata de la clase media. Hay clases medias en todos los sitios... Dendra Médica. Revista de Humanidades 2009; 1:107-110

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Pocos placeres nos han sido tan gratos como las conversaciones con Benedetti. Cómo no recordar una tarde en el VIPS de Clara del Rey en que, tomando un café, empezamos hablando de la obra de amigos suyos como Cortázar y Onetti; seguimos por Cela (“era terriiible”), Mújica Láinez, Gelman y Sábato (“era muy celoso. En Buenos Aires, un día que yo estaba firmando ejemplares en una librería y él me vio desde la calle, entró y se sentó en una mesa cercana a hacer lo mismo...”); pasamos por futbolistas uruguayos como Enzo Francéscoli y Hernán Crespo; nos contó cómo había actuado en una película haciendo de oficial de la Marina Alemana, y que incluso pronunciaba en ella alguna frase en la lengua de Goethe que había estudiado de niño; nos detuvimos en la admirada Marlene Dietrich y el gran Ettore Scola; y casi era de noche cuando acabábamos recordando a nuestro querido Cervantes. Aún me queda algo del largo apretón de manos en el portal de su casa al despedirnos. Era fiel a sus principios, pero no fanático. Sencillo y cercano, poeta de lo cotidiano, ningún tema para él estaba proscrito. Sobre su obra: “A veces pienso que he escrito demasiado...” O sobre política, en que pronto quedaba claro que no soportaba a los gobiernos de EEUU. —Don Mario, muchos médicos estamos agradecidos a la ciencia que nos llega de allí. Hemos aprendido mucho de ellos. La medicina se escribe en inglés... —Será así, y no lo dudo si usted lo dice, pero tal vez la miseria de los pueblos no entienda de ciencia. ¿No le parece? En 2003 todavía no se había dado cuenta, o quizá no había podido aceptarlo. Hasta que un día no pudo más: “Luz tiene olvidos”. Era difícil orientar mejor un diagnóstico con tres palabras. Su Luz, su esposa, la compañera desde la adolescencia. La mujer otrora vivaz, crítica precisa y firme aliento intramuros de su obra, tenía “olvidos”. La luz se le iba de los ojos día a día. El diagnóstico era tan evidente como triste. El viaje de vuelta a Montevideo fue precipitado y esta vez sin retorno. Después, las llamadas telefónicas y los correos electrónicos. Siempre amable, siempre cordial e interesado por las cosas de España. No era hombre de añoranzas. Seguía escribiendo poesía y tal vez ya sólo la poesía le sostenía. En dos ocasiones esta Revista de Humanidades contó con su inolvidable colaboración: en noviembre de 2002, el bello relato Echar las cartas, cuyo manuscrito nos dio en persona y que, cómo no, conservamos; y Cuatro poemas, ya recibido por Internet, en mayo de 2005. La marcha definitiva de Luz en 2006 le llegó cuando ya era muy difícil readaptar los esquemas vitales: “... a esta altura es muy poco lo que espero/ pero prosigo con tu muerte a cuestas”. Aun así dio a la imprenta otros dos libros de poesía que, como el resto de su obra, dedicó a Luz y hoy estará siendo reimpresa a toda prisa. Una obra que deliberadamente no hemos querido glosar, porque ahora que amanece en Madrid sólo cabe recordar al hombre enfermo y al amigo. En este domingo de mayo, cuando se cumplen ocho años de su primer ingreso, las agencias de noticias han comunicado a los cuatro puntos cardinales que la pluma de Mario Benedetti ha guardado silencio definitivamente. Su biografía y su obra ocupan páginas enteras en los periódicos, y en las radios y televisiones se recitan sus versos y repiten sus entrevistas. 108

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Pero, es sabido que la biografía de un escritor como él no acaba en su certificado de defunción. Porque cada vez que un lector abra sus libros, en él se activarán los sentimientos aún vivos o revivirán los olvidados y en cada línea volverán a resonar sus palabras. —Una vez, en la Feria del Libro de Madrid, se me acercó un matrimonio ya maduro. Querían darme las gracias porque cuando iban a divorciarse habían leído un libro mío y al acabarlo se dieron cuenta de que aún estaban enamorados. Tal es el privilegio de los grandes poetas. Como remate de estas líneas y sólo como un mínimo homenaje a quien ayer doblara el último recodo, nos permitimos traer aquí dos caprichos que una recordada mañana surgieron como una broma; algo parecido al intercambio de un incruento desafío. El primero es sólo eso, un homenaje que pretende ser legible. El segundo es la transcripción de un poema, hasta ahora inédito, de Benedetti. Descanse en paz.

Mario Benedetti, acaso...

Hospital

Mitad sereno mitad cansado navega en un mar ensimismado Usa lentes de contacto y en el gesto hay algo de pícaro y bigote republicano Lleva en el mirar dos policarpos y en su tintero late un fuego largamente alimentado Acaso machadiano sin saberlo tal vez sartriano sin pensarlo quizá picassiano sin quererlo y desde antaño inmortal sin esperarlo Es latino hasta los huesos y a la mujer ama y admira y ellas de devuelven (maestro ¿vos qué las das?) más que amor

(Para el Dr. Santiago Prieto) Vienen las enfermeras/ las que saben mi sangre las espera como siempre el hospital es un hogar inmenso con media humanidad en los pasillos la cirujía enciende los dolores y uno aprende a amordazar la queja lo mejor es después cuando el alivio nos propina su abrazo de consuelo la noche del hospital tiene su gracia la oscuridad respira tose gime a veces suelta un estertor de risa que surge del delirio de un sufrido la cama del hospital tiene su historia el médico conoce sus capítulos y se le nota alegre cuando llega a revelarnos que nos da de alta M. Benedetti (Madrid, junio de 2002)

(continúa en página siguiente)

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Mario Benedetti, acaso...

idolatría Acaso tiene más fes de las que piensa y algunas mitologías y utopías inciertamente ciertas dudas desesperanzas de las que todo espera y quizá algún credo de los que no se rezan Sabe de urentes soledades paraísos perdidos afectos que ya son huecos silencios compromisos desencuentros uno dos tres exilios tormentas y calmas y muñones escondidos en los recovecos del alma Nómada sedentario pronto volverá a su mar incierto ensimismado caminando con su Luz la vida ese retornar a un mínimo y fugaz punto de partida Y en su navegar prolífico sin calendario trazará mil poemas y nuevos cuentos que firmará al dedicarlos quizá algo cansado sencillamente: “Mario”. S. Prieto (Madrid, junio de 2002)

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Dendra Medica / Ars Medica Vol. 8, Num. 1  

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