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Porque yo soy un niño y usted, un adulto. Me han enseñado a respetar a los adultos. Pero mire, ¡Qué tarde se me ha hecho! Me he demorado lo suficiente. Ha comenzado el crepúsculo y me aterra la idea de deambular entre penumbras y personas extrañas. Mi oferta sigue en pie, Carlos. Un chocolate caliente no te caería nada mal, llamaré a tus padres y te mandaré en taxi. He de tomarle la palabra, señor, aunque hace bastante calor como para beber un chocolate “caliente”. ¿Quieres que cargue la caja? Ha de estar muy pesada. No. gracias. Es verdad que es pesada, pero yo soy el único que puede hacerlo. ¿Cuántos años tienes, Carlos? Si me permites saber. Tengo siete. ¿Y usted? Veintiséis, cumpliré veintisiete el mes próximo. Mire. A la persona que busco también tiene veintiséis y el mes próximo, cumplirá veintisiete. Qué casualidad. ¿No? ¡No! ¿Por qué? Digo, ambos cumpliremos veintisiete el mes próximo. Es sencillo, señor: ni las coincidencias, ni las casualidades van de la mano; pues ambas, son como una torpe quimera. Además, siempre he pensado que las casualidades, no son más que la fuerza de nuestros deseos y la vehemencia de nuestras pasiones. Eres demasiado pequeño para pensar de una manera tan madura e increíble.

La madurez de una persona, no tiene nada que ver con la cantidad de arrugas que posea en la cara o la cantidad de canas que pueda tener en el cabello. Yo he conocido a hombres viejos y son más beocios que los mozos. Mira. Esta es mi casa. Luce un poco lóbrega, lo sé, pero es que no he tenido el tiempo suficiente para dedicarme a ella, arreglar el jardín, siquiera. Y por qué no. Siempre hay tiempo suficiente para todo. Soy escritor, sabes. No. No me lo ha dicho. ¡Bueno! Ahora lo sabes y como veras, el único tiempo que tengo es para escribir. ¿Y qué escribe? Prosa, pero ahora estoy arriesgándome con un poemario. Quiero ir en busca de nuevos horizontes. Exprimir la belleza que existe en un objeto y otro. Demostrarle al mundo lo hermoso que puede llegar a ser el simple pétalo de una rosa. El dolor inefable que existe en una lágrima. Sentir las texturas de las rocas u oler al viento. Porque el viento tiene olor, sabes. ¿Poesía? Sí, ¿Te gusta la poesía? Me gusta leerla y trato de comprenderla, también, pero en ocasiones, me es difícil. Siempre he pensado que para crear poesía, uno no puede tener una vida común como cualquier ser viviente. ¿Ah, no? Claro que no. ¿Y por qué lo piensas? Digamos, señor; que para escribir poesía, hay que vivir más de una vida. Conocer el delatripa: narrativa y algo más

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Revista delatripa no 10  

Ya puedes leer el número 10 de la revista delatripa.

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