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Las aventuras de

Paula la princesa


La princesa Paula era la hermana mediana de dos hermanas. Sandy la mayor, y Claudia la pequeña. Su padre era el rey Jose. Rey del reino y un famoso artesano constructor de muebles. Jose vivía felizmente casado con Marisi, la reina. Ella era conocida por su generosidad y por dar trabajo a todo aquel que lo necesitase. A Paula le aburría estar siempre en el castillo y pasaba las tardes dando largos paseos por el bosque. Allí se había hecho amiga de zorros, ciervos y liebres. Le encantaban los animales. Se pasaba las tardes jugando con ellos. Haciendo carreras y saltando riachuelos.


Una tarde llegó y notó a sus amigos asustados. Un zorro se acercó dándole con el hocico en la pierna y empezó a correr mirando hacia atrás con la intención de que la princesa Paula lo siguiera. Paula no lo hizo esperar y corrió tras él. El zorro la condujo hasta un ciervo herido. Que permanecía tumbado el suelo. La princesa se agachó rápidamente acariciando su cabeza mientras observaba la herida en su pata trasera. Una luz fosforita cruzó por delante de la cabeza de la niña y fue moviéndose hasta que desapareció en el interior de la herida. Esta empezó a sanar milagrosamente y a los pocos segundos el ciervo se puso en pie y volvía a caminar con normalidad. Del cuerpo del ciervo se escapó aquella misteriosa luz. Revoloteó por la zona como queriendo llamar la atención de la princesa. La princesa empezó a seguir la luz movida por la curiosidad. Fue tras ella.


Caminó y caminó a través del bosque. Era un bosque gigante, de esos que ya casi no quedan. Siguió caminando hasta que el bosque terminó en la llanura arrasada. Los árboles estaban talados y a lo lejos, en el fondo se veían en construcción nuevas murallas del reino del ladrillo. La princesa Paula quedó horrorizada. La luz que la había guiado hasta allí empezó a parpadear y a aumentar de tamaño hasta convertirse en una visible hada del tamaño de la palma de la mano. La princesa quedó asombrada. Pues había oído hablar de las hadas como una leyenda, pero no conocía a nadie que las hubiera visto. -Hola princesa amiga de la naturaleza. - Dijo la hada. - Soy Lucía, la reina de las hadas de este bosque. -Empezaba a creer que no existíais- Le comento la niña.


-Tenemos prohibido intervenir en los asuntos de los humanos. Me estoy saltando las normas hablando contigo, pero necesitamos ayuda para proteger el bosque. - Le explicó la hada. -¿En que os puedo ayudar?. -Están acabando con los árboles. El bosque es cada vez más pequeño. Debes detener la construcción de esas murallas. Si no, acabarán con nuestro hogar. - Dijo Lucía -Mi padre es amigo del rey del ladrillo. Es una persona razonable, seguro que hablando con él detendremos esta locura. - Le explicó la princesa -Todo el bosque quedará muy agradecido, princesa Paula. -Pues no hay tiempo que perder entonces. Volveré al castillo a hablar con mis padres. Al terminar de decir eso, dejó a la hada atrás. La princesa Paula corría de vuelta a casa.


Cuando la princesa Paula llegó al castillo se encontró a un mensajero del reino del ladrillo entregando una invitación a sus majestades. Cuando se marchó enseguida la princesa se interesó. -Hija nos han invitado a una fiesta en la corte del reino vecino - Dijo la reina Marisi -Perfecto porque del reino del ladrillo venía a hablaros, están acabando con el bosque. -Les dijo Paula. -¿Como que están acabando con el bosque? -Se interesó el Rey. -Si papa. Esta tarde lo he visto. Están cortando los árboles y construyendo nuevas murallas. -Hija. eso no es algo que yo pueda detener. Sin duda hablaré con él. Pero el bosque esta en su territorio.


-Pero esta mal que haga eso - replicó la Princesa -Pero no puedo interponerme. interponerme podría provocar una guerra. Eso es mucho peor. -Prométeme que hablaras con él e intentaras que detenga la destrucción del bosque. -Insistió Paula -Si hija mía. Prometo que lo haré. -Terminó por decir el rey Jose La niña abandonó el salón donde estaban para ir a su habitación. Allí se quedó pensando que por la noche irían al castillo del ladrillo. Ojalá su padre lograra convencer al Rey.


La noche llegó y toda la familia real se presentó en el castillo del reino del ladrillo. Un gran banquete reunía a toda la gente del reino. Unos espectaculares fuegos artificiales iluminaban todo el cielo nocturno. A Paula le encantaban pero apenas se paró a mirarlos. Estaba concentrada en los problemas con el bosque. Cuando entraron en el interior del castillo. Se sentaron en una larga mesa. El Rey del reino de los ladrillos se alzó con una copa en la mano. Pidió silencio, y comenzó a dar la bienvenida con un pequeño discurso. -Amigos míos. Os he invitado a todos aquí porque estamos de celebración. Hace ya años que acabaron las grandes guerras y todos nos acordamos de lo que sufrimos en ellas. Pero hoy estamos de celebración porque no voy a permitir que los ciudadanos del reino vuelvan a sufrir. En el futuro se conocerá al reino del ladrillo como “el reino de las mil murallas”. Una defensa impenetrable que ya se ha empezado a construir.


La princesa Paula se asustó al oír sus palabras. “¿Mil murallas?. Eso acabará con el bosque entero”, pensó. Miró a su padre y este le dijo. -El reino del ladrillo sufrió mucho en las guerras. Entiendo que quiera proteger a su pueblo. La princesa Paula entendió por estas palabras que no iban a poder detener al Rey del ladrillo. Se marchó enfurecida de la mesa. Huyendo de la situación. La Princesa abandonó el castillo. Corrió buscando el refugio del bosque. Único lugar que lograba tranquilizarla. Se adentró por él buscando a la hada Lucía. La llamaba desde la oscuridad. No tardó mucho en encontrarla. Pronto apareció ante ella con su brillo fosforito iluminando el lugar.


-Hola princesa, He notado tu presencia. Dime, ¿hay noticias nuevas?. -Preguntó el Hada. -Si y no son buenas. El Rey del ladrillo no se detendrá hasta construir mil murallas. - Le dijo la Princesa -Eso es una muy mala noticia, ¿No has podido hacer nada más? -No, si pudiera traer a la gente aquí. Si vieran lo hermoso que es esto y lo que los árboles y animales sufren, seguramente detendrían esta locura. El Hada quedó pensativa. tras unos segundos de reflexión dijo. -Quizás no puedas traerlos aquí. Pero si ellos no van a venir, nos tocará ir a nosotros. -¿Como vamos a conseguir que eso suceda?. -Preguntó la princesa Paula curiosa.


Hay una forma de dar vida a los árboles. Existen unas semillas mágicas que haciendo un pequeño agujero en el tronco y introduciéndolas en su interior, consiguen que el árbol cobre vida. Y no solo eso, también logran que se puedan comunicar con los humanos. -Entonces vamos a darle vida a todo los árboles del bosque. - Dijo Paula -No tan rápido. Solo tengo ocho de esas semillas.Tendrás que hacerte oír con solo 8 árboles. -Serán suficientes- Dijo la Princesa decidida y esperanzada. Tal como le había explicado la Hada, dieron vida a ocho de los árboles del bosque. Cuando comenzaron a moverse no tuvieron que explicarles nada, pues ya lo habían escuchado todo. y comenzaron a andar tras la princesa. En el castillo seguían con el gran banquete cuando la puerta se abrió de golpe. Por ella apareció la pequeña princesa seguida por los ocho árboles.


La gente quedó boquiabierta. Todos le prestaron atención en silencio. La princesa Paula caminó hasta la mesa donde estaba el Rey del ladrillo, en el lugar más alto de la zona. Desde allí empezó a contarles a todos lo que el bosque está sufriendo con su destrucción. Los árboles se paseaban por las mesas. Contaban cómo habían perdido a sus hermanos, mientras algunas lagrimas salian de sus ojos. La gente sintió una terrible pena. El Rey ordenó a sus guardias que echaran a los árboles de castillo. Tras conseguir que se marcharan, suspendió la fiesta.


Con el paso de los días el Rey se negó a detener las obras. Estaba empeñado en completar su plan de las mil murallas. Los habitantes del reino, cuyos corazones habían sido cautivados por las historias de los árboles. Empezaron a abandonar sus casas, abandonando ese reino al que ya no querían pertenecer. Buscando cobijo en el bosque.


Un dia la Princesa cruzó las puertas del castillo del reino del ladrillo. Toda la ciudad estaba vacía. En el salón principal del castillo encontró al Rey triste en su trono. -Eres la primera persona que veo en varios días. - Le dijo. -El reino del ladrillo se ha convertido en un reino desierto.- Dijo la princesa Paula. -Me obsesioné con proteger a los habitantes de mi reino, y ahora no queda nadie a quien proteger - Se lamentaba el Rey. -Entonces haz que vuelvan, la idea de protegerlos era buena, pero no a costa de acabar con el bosque. Las personas se equivocan.


En el bosque la gente vivía incómoda, acostumbrados a la comodidad de su hogar. Vivian juntos, compartiendo lo poco que tenían. De fondo vieron como se acercaban la princesa Paula junto al Rey del ladrillo. El Rey cargaba con un enorme saco a sus espaldas. Cuando llegaron, el Rey dejó caer el saco en el suelo. Metió la mano en su interior y sacó un puñado de semillas. -Amigos, ayudarme a arreglar lo que he destrozado. La multitud se acercó a abrazarlo como muestra de perdón. La gente volvió al reino al que pertenecían. Las murallas se echaron a bajo y devolvieron todo el terreno al bosque. Plantando nuevos árboles y plantas. Los habitantes del reino del ladrillo aprendieron a convivir en armonía con el bosque. Y los seres del bosque vivieron en paz desde entonces.


Ilustraciones - Araire Texto - Sr. Crispy www.delascapas.blogspot.com



Las aventuras de la princesa Paula