PISAGUA; VERAS UN SENDERO DE AGUA

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Verás un mar de piedras Verás margaritas en el mar Verás un Dios de hambre Verás el hambre Verás figuras como flores Verás un desierto Verás el mar en el desierto Verás tu odio Verás un país de sed Verás acantilados de agua Verás nombres en fuga Verás la sed Verás amores en fuga Verás el poco amor Verás flores como piedras Verás sus ojos en fuga Verás cumbres Verás margaritas en las cumbres Verás un día blanco Verás que se va Verás no ver Y llorarás

Diálogo con Chile Raúl Zurita


ÍNDICE:

PRESENTACIÓN COMUNIDAD NORTE CENTRO SUR CIERRE




Hace 6 años un grupo de pobladores del sector Agüita de la Perdiz de la ciudad de Concepción se acercó para invitarme a realizar un trabajo, se trataba de la confección de un lienzo que recordara la figura de un miembro significativo de las Juventudes Comunistas y que era originario de aquel sector. Cuando me relataron su historia me dieron a entender que su imagen era muy importante dentro de la lucha por encontrar la verdad y la justicia a los miles de crímenes perpetrados en el período de la dictadura cívico-militar, su nombre era Manuel Sanhueza, aunque todos lo conocían como el Choño Sanhueza. El Choño fue el primer cuerpo encontrado en las fosas clandestinas del antiguo cementerio de Pisagua y su imagen recorrió el mundo como ejemplo de la barbarie cometida durante los tiempos más oscuros de Chile, desde ese momento me sorprendió la historia de este horrendo lugar, un lugar que sólo podía asociarlo a muerte y miseria. El año 2018 dentro del Programa Red Cultura de Residencias de Arte Colaborativo del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio se abrió la posibilidad de llegar a ese territorio y decidí tomarla. Mi pensamiento, al igual que la mayoría, era simplemente llegar al lugar donde la tragedia se hizo patente y en donde lo inhumano marcó para siempre a toda una geografía y a su gente. Cuando arribé a Pisagua, en julio del 2018, pude ver los restos de muchos fragmentos de una historia extensa y comencé a observar y a comprender el lugar en el que había decidido trabajar. Luego conocí a su gente, sus actividades, sus historias y logré establecer confianzas que en un comienzo no había predispuesto, pensé que sería mucho más difícil. Con el pasar de los meses comencé a mirar este lugar desde otra perspectiva, las historias de los habitantes, el paisaje, los sitios arqueológicos, de la memoria, etc… así fui configurando un guión que fue socializado con cada persona con la que nos reunimos. También fuimos mirando el entorno desde la perspectiva actual y escribiendo a partir de las narrativas que nos fueron compartiendo los pobladores de Pisagua, quienes se sienten estigmatizados por la mancha viscosa de la dictadura y sus horribles crímenes. No obstante, aquello no nos detuvo para comenzar a escribir una nueva historia que no pasara por alto, en lo posible, ninguno de los trascendentales episodios que tuvieron que vivir. Esta publicación contiene esa historia, un relato levantado por las voces de los habitantes de esta caleta de buzos, sus historias las hemos perpetuado para que no se siga hablando de un sitio de muerte, si no más bien, de un sitio rico en vida, historias y ejemplos. En este trabajo de residencia participamos todos, entregando un pequeño espacio de tiempo para escribir lo que vimos y vivimos. Pisagua me enseñó a mirar y a escuchar detenidamente, a ser pausado y a entender cómo nos hemos ido construyendo a pesar de las tormentas. Pisagua está en medio de un sendero que conduce al agua, en medio de la búsqueda por la subsistencia y arraigo por la vida… eso es lo que aprendimos. Claudio Bernal A.





“EL TRABAJO QUE LOS PISAGÜEÑOS PLANTEARON EN ESTA RESIDENCIA” El trabajo que planteamos para esta residencia comprendió, en un principio, la vinculación estrecha con una comunidad apática en un territorio olvidado, que carga un peso abrumador. El compromiso fue entonces dar valor a lo desvalorizado, entregar herramientas y configurar mancomunadamente un plan que aportara a escribir una nueva historia de Pisagua y sus actuales habitantes. Comenzamos a delinear estrategias y en este ejercicio comprendimos que la tarea debía ser pausada, logrando establecer confianzas y buscar apoyo en propuestas efectivas y contundentes, fue así que pedimos la colaboración de dos artistas con los que trabajaríamos compenetrados, Walter Blas y Alejandro Delgado, serían nuestros ejes para lograr definir y ejecutar el objetivo que nos habíamos propuesto, los vecinos de Pisagua seríamos el motor que daría sentido a este plan. El día 20 de noviembre llegó a Pisagua Walter Blas, quien nos ayudó a retratar una gran cantidad de personas de la caleta y con ello comenzamos a conformar un álbum fotográfico que fuimos construyendo en conjunto con los vecinos. La magia del ejercicio fotográfico visto y experimentado por la comunidad resultó una buena forma de congregar y reconocernos. Walter utiliza variadas técnicas de fotografía análoga y para ello ha construido sus propias cámaras, las que fueron presentadas y explicadas en una reunión con algunos interesados que luego se fueron transformando en muchos colaboradores activos. El entusiasmo por parte de los vecinos para ser retratados y poder retratar a sus familias, amigos o compañeros nos permitió establecer nuevos vínculos, desde el reconocimiento de nuestras propias imágenes, de nuestros rostros, nos fuimos comprendiendo y entregando sabidurías, confianzas e historias de vida. Cada imagen que fuimos recopilando, es un vestigio reciente de la vida e historia de quienes, al parecer, no podemos escapar de un pasado traumático, pero que seguimos escribiendo nuestro propio y actual relato. Los vecinos perpetuamos nuestras historias por medio de estos vestigios que portan recuerdos, intentando instalar nuestra propia historia, la historia que hemos ido construyendo y no aquella impuesta a la fuerza en forma de castigo.


El relato nuevo, el relato de los que vivimos y construimos hoy, ese es el trabajo que los pisagüeños fuimos planteando en esta residencia. Las historias que comenzamos a compartir, a partir de la relación de las imágenes con nuestras vidas, trazaron un vehículo de integración que no se había logrado ni con reuniones, encuentros o estrategias cínicas de valoración mutua. Las imágenes, los registros tangibles de nuestros recuerdos fueron las llaves que entregamos para configurar y mostrar el verdadero rostro de Pisagua. Con la llegada de Alejandro Delgado, el artista que colaboró en la segunda etapa de esta residencia, comenzamos a diferenciar estas percepciones. Para algunos la importancia de rescatar las ruinas de un apogeo que nunca volverá se convirtió en un ejercicio de integración más allá de la comunidad misma. La valoración de los elementos que constituyen una identidad definida por el trabajo es el ejercicio que nos propuso el Sindicato de pescadores de la caleta, nos insisten en reparar la antigua grúa manual que data de los tiempos del salitre y convertirla en un nuevo monumento, el objeto enaltecido que les da valor como trabajadores del mar, el objeto que identifican como propio, el elemento que les da una identidad y que aprendieron a manejar, es la herencia de los que estuvieron hace muchos años acá, del esplendor, de la explotación del trabajo a cambio de fichas, es la herencia del salitre, es la herencia que les queda a los buzos y que se encuentra arruinada esperando ser rescatada. La tarea que nos encomiendan es grandiosa, sin embargo, no tenemos tiempo. Nos piden que comencemos con la gestión de recursos, pero esos recursos no existen. Lo único que podemos entregar son sus propios relatos, sus imágenes y su trabajo que nos han compartido durante todo este tiempo, la mirada se invierte, es tiempo que los trabajadores organizados del mar comiencen a mirarse. Por otro lado, los habitantes más jóvenes de Pisagua perciben el entorno y reconocen su importancia por medio de la representación del contexto, los lugares significativos y que consideran relevantes en la historia que comienzan a contar. Los más pequeños reconocen su entorno desde este ejercicio, no existen los prejuicios que la mayoría le otorgamos a este lugar, la carga dolorosa que soporta aún no es asimilada por los nacidos


en las últimas décadas, para ellos la caleta es el lugar donde viven, juegan o estudian y las imágenes con las que ellos reconocen su lugar son las que han marcado su propia historia. La subjetividad de nuestra mirada está condicionada por nuestra historia, los elementos que rescatamos están ordenados según la importancia que nosotros mismos les hemos otorgado desde nuestro aprendizaje y desde el acercamiento con el contexto en que crecimos. El ejercicio que Alejandro Delgado propuso en nuestro encuentro con los estudiantes de la Escuela G-49 estuvo concentrado en este rescate, las imágenes limpias de quienes están comenzando a escribir y a vivir en un lugar que nosotros no podemos dejar de asociar con lo más oscuro de nuestra historia país. Por último la mirada externa, la contemplación de Alejandro reconociendo un lugar que le es ajeno, pero que, poco a poco, lo fue incorporando como parte del guión pre-establecido. Las tres miradas constituyen aquello que desde el comienzo fuimos intentado revelar por medio de las confianzas logradas en tres meses de trabajo. Cuando propusimos este trabajo, intentamos establecer la relación con la historia y cómo se fue construyendo todo lo que hoy vemos en ruinas, el paisaje lo miramos como el depósito de toda una inmensa carpeta de imágenes desoladas y que no es más que la relación que mantenemos con este lugar. Si el trabajo con Walter Blas nos permitió el acercamiento necesario, reconociéndonos desde nuestra visión a través del retrato fotográfico, el trabajo con Alejandro Delgado nos hizo cuestionar la forma en que mirábamos Pisagua, comenzamos a observar la forma en que nos vinculábamos con toda esta historia, sus restos y la forma en que un visitante se vincula con todos los prejuicios traídos a cuestas. Comenzamos a escuchar y a mirar. Los niños de la escuela representan su lugar desde sus hitos más cercanos y afectivos, los adultos varones desde su relación con el trabajo, el mar es su territorio, ellos dedican su faena al mar y todo lo que involucra esta labor. Se sienten olvidados, pero eso no es lo importante, lo importante es lo que ellos valoran y que el tiempo y la tierra han ido sepultando.





























NORTE


El ex puerto salitrero y hoy caleta de Pisagua está ubicada en la bahía que lleva su nombre y está delimitada por dos puntos importantes. En el extremo norte se encuentra la punta de Pisagua Viejo, lugar que cobijó desde tiempos prehispánicos los primeros asentamientos de comunidades Chinchorro, la cultura más antigua de la que se tiene registro, que rinde culto a sus muertos, alrededor de 8.000 a 11.000 años A.C. Las ruinas del antiguo poblado hispánico aún se pueden encontrar mirando de frente la cuenca de la quebrada de Tiliviche y que durante el llamado invierno altiplánico, entre los meses de enero a marzo, permiten fluir el escaso recurso que le da el nombre quechua a Pisagua (lugar de poca agua). Llegar a este lugar es transportarse a otro tiempo, el sonido del viento pampino que baja por la quebrada, el constante chillar de las aves y el oleaje lejano es lo único que perturba la tranquilidad de este inhóspito lugar. En la cima de esta punta aún se pueden encontrar los vestigios de su pasado bélico ya que fue un centro importante en las estrategias militares que en definitiva permitieron anexar este territorio, antiguamente peruano, a Chile en la llamada Campaña de Tarapacá en la Guerra del Pacífico. Cruzando esta punta y caminando hacia el sur, el cementerio de Pisagua es un punto relevante y en cierta forma marca a esta localidad y a sus habitantes, las fosas clandestinas con detenidos desaparecidos asesinados en la última dictadura cívico


- militar, hoy se demarca con un memorial solitario que mira hacia las tumbas y nichos de los antiguos habitantes de este ex puerto. Lo siguen en este sendero los restos de un lazareto, hospital y refugio de los enfermos de peste bubónica de la época salitrera. Además, un monolito recuerda el primer desembarco anfibio de la historia moderna con el cual se da inicio a la Campaña de Tarapacá y a la ocupación chilena del otrora puerto peruano. Una antigua fábrica española de procesamiento de pescado y la cancha de futbol que sirvieron de campo de concentración provisorio en la dictadura cívico-militar y, por último, los restos agónicos de la estación de ferrocarril de la pampa que recibía el preciado sulfato que otorgaba la riqueza al país y que hoy se ha sustituido por el cobre. El camino trazado desde Pisagua Viejo hacia el sur tiene como objetivo restablecer el sendero que conducía a los antiguos habitantes de este territorio en la búsqueda del sustento por la vida, el trazado es de alrededor de 15 a 20 km hasta llegar al asentamiento de Pisagua N o Punta Pichalo por el sur, donde los antiguos pueblos changos se instalaron recolectando y viviendo de los recursos que el mar les proveía. En medio de este sendero se ubicó el actual poblado de Pisagua, uno de los lugares más reconocidos de esta geografía, pero que se mantiene en un estanco temporal y soportando aún los traumas impuestos por el sinsentido irrepresentable de la tragedia. Este primer capítulo es el comienzo de nuestro recorrido.



































CENTRO


El lugar es aquél espacio en el cual intercambiamos experiencias, construimos relaciones, escribimos historias y compartimos una memoria que resiste desaparecer. Los no-lugares en cambio son aquellos espacios carentes de arraigo, espacios de tránsito, sin historias ni construcción de relaciones, un espacio sin amor. Las historias de Pisagua son historias vividas por personas que hemos llegado o hemos vivido por muchos años en esta caleta, buscando recursos o arribando por distintas circunstancias, intentando construir una nueva historia de este lugar, desprendernos del estigma del abuso y del sufrimiento que dejó la dictadura. Son historias de años y que han forjado un contexto particular donde todos nos conocemos. Hoy en día la población es mayoritariamente adulta y gran parte de ella son personas que han llegado desde otros lugares costeros de Chile. Son pocos los que han nacido en esta caleta y los que quedan son personas de avanzada edad, ellos poseen las historias desde los tiempos del salitre, las primeras prisiones y vivenciaron el trauma de la dictadura. Los mayores son muy esquivos, desconfían de los forasteros. Oscar Wong es el habitante más antiguo de Pisagua, fue el conductor de la ambulancia y hoy posee una botillería, lugar donde nos relató todas esas historias que los habitantes más jóvenes solo hemos oído de los más viejos. El chino Oscar, nos relató sobre la decadencia de la industria salitrera, la ley maldita, la dictadura y los nacimientos que asistió. También, nos contó sobre la vida de este lugar y su gente, sobre el cementerio y sobre el lugar donde está sepultado su padre, su hijo y su hermana. Oscar Wong nos trasladó a otro Pisagua, el que hoy intenta sacarse el estigma que le otorgó la tragedia política. Uno de los lugares más sobresalientes en el centro del poblado es el antiguo teatro, este se construyó en el período más floreciente de la industria salitrera, el período en que grandes industriales británicos y americanos podían levantar, gracias a sus abundantes ganancias, lugares para su divertimento, lugares símiles a salones europeos donde grandes artistas y compañías representaban obras de distinto tenor. Pisagua tiene un teatro que muchas otras ciudades lo quisieran tener, este es el lugar donde miles de personas confluyeron bajo la convocatoria artística de la representación del mundo.


Entrar a este lugar hoy, es entrar en aquella representación bárbara del mundo que no queremos vivir, los palcos polvorientos, los rayos de sol colados por las fisuras de su gran techo pintado por Sixto Rojas el pintor que sobrevivió a la matanza de la Escuela Santa María de Iquique, un telón pesado siguiendo el vaivén del viento marino, la representación ruinosa de un sistema afincado en el abuso. El segundo piso es aun más brutal, encontramos la representación del país en que vivimos, allí se puede ver lo que no quisieron mostrar, aquello que intentaron borrar, eso aún queda y está registrado en los muros anaranjados con papeles murales rasgados, lámparas de cristal sufrientes, pisos carcomidos que vieron a muchas mujeres sufrir el horror del teatro convertido en prisión femenina y que la reutilización del espacio como edificio público no pudo borrar. Otro hito destacable es el antiguo hospital, declarado Monumento Nacional en 1990, ochenta y un años después de su edificación. El hospital es una construcción imponente, quizás la más imponente luego de la cárcel construida la misma época y que desde el mar se ve como el edificio más prominente. Su apariencia actual es fantasmagórica, las salas interiores son espacios amplios, vacíos, polvorientos y abandonados, sus muros inclinados anuncian un inminente desplome, un edificio enfermo, pero recuperable. Algunas familias vivieron en este espacio hasta mediados de la última década, fueron desalojados por los vecinos y las autoridades que supuestamente no poseen las herramientas para salvar este monumento que encierra un acervo histórico dramático de la época salitrera. El maltrato y el descuido de sitios patrimoniales hoy en día también repercute en la población que pierde día a día una historia valiosa y una identidad adquirida e indiscutible. Estos dos ejemplos son sólo un pequeño recuento de los más de veinte lugares y edificaciones patrimoniales que se encuentran en el trazado urbano. Esta cantidad nos hizo pensar en la frágil estructura que sostiene un patrimonio desechado, una historia que para algunos no resulta trascendente en la construcción de nuestro relato actual, el poblado es el retrato de un lugar sobreexplotado y abandonado que hoy no representa un punto rico en recursos materiales. Pisagua al igual que el ángel de la historia, avanza mirando hacia su pasado y los escombros que dejó el progreso en beneficio de un solo interés, el capital.



























SUR


El pueblo de Pisagua está hecho desde el mar, todo confluye hacia él y para conocerlo hay que hacerlo desde este punto. Todo lo que a simple vista no está en la superficie del desierto de Atacama, está en su profundidad marina, los bosques, la biodiversidad, el alimento, la historia, el trabajo, la memoria. El desierto de Atacama es el desierto mas árido del planeta, su extensión abarca a un cuarto de la superficie total de Chile y es una de las zonas más desoladas de la Tierra. En este lugar es muy difícil encontrar vegetación o animales como en otros lugares del país, sin embargo, su interior guarda millones de riquezas minerales que el hombre ha sabido sobreexplotar por cientos de años. La población en el desierto es muy escasa y desde la cordillera a los grandes e imponentes abismos de la costa del Pacífico la sensación de estar en otro planeta es recurrente. Se dice que el desierto hace millones de años fue parte del lecho marino y esto se puede evidenciar en la gran cantidad de vestigios de aquello, los grandes acantilados de la costa bajan abruptamente extensas distancias hasta el fondo del mar, fondo que a diferencia de la superficie esconde toda la vida que en el desierto ya no podemos ver a simple vista. Los antiguos habitantes de este sector del continente sabían de este tesoro y fueron los primeros en adentrarse buscando el sustento y aprendiendo de la naturaleza, los pueblos costeros prehistóricos de América fueron los primeros exploradores submarinos de este continente y la actividad que descubrieron en la búsqueda por su subsistencia repercute hasta el día de hoy.


Los buzos cazadores y mariscadores de Pisagua somos reconocidos por tener estas destrezas, poseemos y ejercemos un patrimonio que hoy se ve amenazado por distintos factores, los jóvenes buscan nuevas alternativas porque el buceo, para ellos, no es una alternativa viable. En el sector sur del poblado se encuentra Punta Pichalo, una saliente geográfica de roca, quizás la más notoria y extensa en el extremo norte de Chile, según lo describe el arqueólogo norteamericano Junius Bird, en esta punta se encuentra uno de los puntos arqueológicos más impresionantes de la cultura Chinchorro, el punto denominado Pisagua N (Núñez 1970). En este punto existen alrededor de 25 vestigios de construcciones habitacionales, un cementerio y una explanada de conchales que permitía el descenso al mar directamente. Se encuentra ubicado frente a una lobería y a depósitos de moluscos y peces que le otorgaban sustento, este asentamiento está estratégicamente situado frente a la desembocadura del río Tana Tiliviche flanqueado por la bahía de Pisagua, desde donde los antiguos habitantes podían divisar la bajada del río en los meses lluviosos del invierno altiplánico. Este sector le otorga valor identitario e idiosincrasia a la caleta, es un punto rodeado por el mar, rico en recursos marinos, biodiversidad y donde termina el sendero trazado por los primeros habitantes de Pisagua. Desde aquí comienza la historia de un pueblo que hoy es el reflejo de lo que podríamos ser nosotros mañana y es aquí donde finaliza nuestro recorrido.














CIERRE Desde un comienzo seguimos un trazado que nunca varió, ese trazado ha perdurado por miles de años, la ruta del Sendero de Agua que comienza en la punta norte de Pisagua Viejo y se extiende hasta la punta sur de Pichalo y que en nuestro cometido permaneció inalterado. Nuestro trabajo estableció este recorrido y lo hemos dividido en tres sectores. Comenzamos por el norte, la base del río Tana Tiliviche, el único lugar que provee de agua dulce a una extensa región del desierto de Atacama y que gran parte del año permanece árida. Desde la punta contraria, Pichalo, se puede divisar esta desembocadura fluir, llenando la cuenca de la quebrada, manchando el mar y advirtiendo a los antiguos habitantes que el momento de recorrer el sendero había llegado. Los asentamientos Chinchorro del sector Pisagua N en Punta Pichalo acudían en los meses lluviosos de febrero a abril en búsqueda de este elemento, subiendo por la quebrada hasta llegar a puntos demarcados con geoglifos donde podían intercambiar con otros pueblos los distintos productos que extraían del mar. En este recorrido se generó un sendero, el sendero que los surtía de agua, en medio de éste, surgió un poblado que fue creciendo en la medida que el recurso líquido iba perdiendo importancia frente a los recursos de la industrialización moderna, el guano y el salitre. Pisagua se transformó en un puerto importante y próspero durante el siglo XIX y comienzos del XX, posteriormente la sustitución de los recursos minerales y la decadencia que conllevó comenzó a repercutir en el norte desértico hasta dejarlo despoblado. Entonces Pisagua se transformó en un buen lugar para la impunidad, lo inhóspito de su costa, el paredón


de rocas y el inmenso mar fueron testigos de la brutalidad humana, el puerto ya no era puerto y solo comenzaron a quedar restos, algunos visibles, otros ocultos entre la tierra y el mar. La dificultad de su geografía fue utilizada más tarde como excusa para recluir a comunistas, homosexuales o a contrarios a los ideales instalados. Pisagua se transformó en la herida abierta en un país lleno de cicatrices, lo inhumano y lo peor del ser humano quedaron enterrados entre la chusca (polvo) y el fondo marino, esta herida aún permanece abierta y sus habitantes deben cargar con el peso instalado por aquellos que nunca han asumido sus crímenes. Pisagua hoy es la radiografía de este país, un país que arrasa con recursos finitos y que va dejando ruinas desoladas, miseria y aturdimiento en un sistema nefasto para la vida y que utiliza la represión y el odio como herramientas. Ese odio y deshumanización es lo que marcó a este puerto como un campo de muerte hasta hoy, sin embargo, la vida de este lugar es impresionante y sus habitantes lo saben. El lugar de poca agua está lleno de vida. Así elaboramos nuestro plan, separamos al pueblo de Pisagua en tres capítulos: Norte, Centro y Sur al igual que nuestro país y compilamos la información en este libro elaborado con relatos, imágenes, trazos y representaciones. También es nuestro guión, pues todo este exquisito material ha sido montado y editado en una pieza audiovisual, nuestro trabajo ha comenzado a recorrer los 16 kilómetros que separan a Punta Pichalo de Pisagua Viejo, lugar donde Pisagua se convierte en el centro en que converge un extenso período y que va saltando en lapsus temporales que nos representan social, política y culturalmente.





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