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l’independent

6 de juny de 2014

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‘Cuentopsia. Antologia de Relatos y Poesía Aula de Escritores’ Com cada curs, l’escola-taller Aula de Escritores, presenta una nova antologia de relats i poesia. Segons aquesta entitat gracienca, Cuentopsia (editorial Hijos del Hule), neix del compromís que guarden cap als seus alumnes i la voluntat de fomentar la literatura i els nous talents. L’obra també conté una secció especial de poesia per ajudar a que “les ments volin”. I com diu la prologuista del llibre, Ana Marín Urdapilleta, s’ha d’utlitzar amb moderació. PRÓLOGO Bienvenidos, queridos lectoras y lectores, a esta nuestra clase magistral de Cuentopsia. Tal como ha ocurrido año tras año, los alumnos de Aula de Escritores lanzan al mundo una nueva serie de relatos que, sin duda alguna, serán causantes de risas, llantos, sufrimientos, estremecimientos, sobresaltos e, incluso, noches de insomnio, sea porque queremos seguir leyendo un cuento detrás de otro o porque no podemos dejar de pensar en alguno de ellos en concreto. Nuestras investigaciones preliminares arrojan algunas luces respecto a los hechos: los escritores del Aula, que ya han nacido con un cierto talento para estos menesteres, no se conforman con lo primero que se les ocurre ¡No, de ninguna manera! De la mano de sus profesores dedican horas y horas a perfeccionar sus relatos hasta que obtienen esa pieza capaz de atrapar al más indiferente. Tenemos que llegar al fondo de este asunto, es un tema de interés general, y por eso hemos decidido realizar esta Cuentopsia, a ver si nosotros, especialistas en lectura, somos capaces de descubrir cuál es la causa de que el mundo se desvanezca a nuestro alrededor cuando uno de estos

relatos nos alcanza. Establezcamos, pues, cuál es el modus operandi de este grupo... Comenzaremos con un examen visual. El índice, como podemos comprobar, ya tiene muestras de hechos sumamente interesantes. Pocos podrán resistirse a devorar estas páginas, pero seguro que tiene que haber algo más. Miraremos, a través del MICROSCOPIO, los rastros de humor que se han dejado los autores. Seguramente nuestros hallazgos serán muy útiles. Aunque nos será difícil reprimir la risa. ¡Quedáis avisados! Procederemos a hacer una incisión con el ESCALPELO, y estoy segura que a ninguno de vosotros, especialistas reconocidos, os molestará ver un poco de sangre. Es necesario si queremos llegar al fondo. Pero no podemos parar ahí, hemos de extraer el contenido y usar las BALANZAS, donde se nos descubrirá que no todo es tan desagradable como puede parecer a primera vista. Y tal vez, solo tal vez, entonces seremos un poco más capaces de desentrañar (nunca mejor dicho) el secreto de los escritores del Aula. Las PINZAS nos ayudarán a verlo todo con mucha claridad, sin deformaciones. Advertencia a las almas sensibles: la realidad puede ser más cruda que nuestras peores pesadillas. Para preservar las evidencias obteni-

das, utilizaremos el FORMOL. ¡Mucho cuidado! Está comprobado que, cuando de cuentos se trata, esta sustancia puede trasladarnos a otros mundos. Atentos si no queréis acabar como los otros. Desde luego, somos profesionales y no podemos dejar todo de cualquier manera, así que utilizaremos las GRAPAS para unir lo que se ha separado previamente. Quiero advertir que es bastante frecuente que ocurra justo lo contrario. Ese es el problema con los escritores, nunca sabemos lo que puede pasar… Una última acotación: los pasos explicados no tienen que seguir necesariamente ese orden. Sí, ya sé que eso no tiene mucho sentido, pero os recuerdo que estamos buscando el origen de un fenómeno que ya es inexplicable de por sí. Una vez concluida la intervención, será necesario “limpiarnos” un poco. Que nadie se preocupe, al final de esta Cuentopsia ofrecemos una sección especial de POESÍA que ayudará a vuestras mentes a volar en otras direcciones. Úsese con moderación. El abuso de la sustancia lírica puede producir adicción. Una vez concluida esta breve introducción, es hora de comenzar con la Cuentopsia. Y si al final termináis enganchados a la lectura de estos relatos (o a la poesía),

como le ha ocurrido a tanta gente, no os sintáis mal, al fin de cuentas, los alumnos del Aula de Escritores han dedicado muchas energías para ello, son contrincantes feroces. En ese punto lo mejor es dejarse llevar y disfrutar... Ana Marín Urdapilleta

CAMBIO Y LARGO Luisa Redondo Pérez —Me dirás que es una tontería que me ponga así, que hay cosas mucho más importantes. Y seguro que sí, pero como lo prioritario es subjetivo, pues yo considero primordial lo que me da la gana. Y si lloro es porque realmente me ha afectado. Y te confieso que desde entonces no soy la misma, que me falta algo. Y estoy harta de que me falten cosas, de perderlas de un día para otro. No me adapto bien a los cambios, ya lo sabes, nunca lo he hecho. Lo que para muchos es una diversión, para mí es un castigo. Estoy cómoda en la inmutabilidad. Cualquier alteración la considero un duelo. ¿No te das cuenta? Da vértigo si lo piensas. Desde el mismo momento en el que nacemos, ya te lanzan a la vida sin paracaídas. Eres sólo un bebé y todo son cambios. Consigues con esfuerzo mantenerte sentado, y cuando lo logras, te apremian a gatear; cuando ya gateas, debes caminar. Si tu boquita, que únicamente succionaba leche, ya se ha acostumbrado a la papilla, ahora toca masticar. ¿Y el primer día de colegio? Es horroroso. Te lanzan allí, solo, con un adulto que no has visto en tu vida y que te exige aprender cosas, 10

y con niños que no conoces y que te retan a diario. No te queda más remedio que adaptarte. Lo haces, consigues acostumbrarte a pasar horas fuera de casa, incluso haces amigos, pero en el momento en el que te confías, ya toca cambiar de clase, porque eres más mayor, con niños nuevos, profesores nuevos, y así, sucesivamente. Sin tiempo para recomponerte. —Marisa… —No, no, no acaba nunca. Cambios, cambios. Sin apenas darte cuenta se revolucionan tus hormonas y te vuelves imbécil. Horrible pubertad. Te crecen las tetas, tu cara es un cráter, nadie te entiende y sientes que no encajas en ningún sitio. Empiezan las primeras veces. La primera vez que te fumas un cigarro a escondidas y tu abuela, al olerte los dedos, te pregunta si has tostado pan; tu primera borrachera; tu primer beso; tu primera decepción; tu primera menstruación…, oh, dios, la primera vez es lo peor. Cuando tu transformación física se estabiliza, los problemas llegan por otra parte. Debes buscar un trabajo, independizarte, tienes obligaciones,

fobias, inseguridades, y te sientes como una trapecista sin red. Encima te enamoras y te rompen el corazón. Luego te vengas y los rompes tú, hasta que, si tienes suerte, encuentras a alguien que soportas y que te soporta. Buscas un piso, haces mudanza, te sientes en casa, se queda pequeño el piso, te vuelves a mudar. Convives con alguien. Te adaptas a sus manías y costumbres. Pierdes independencia e intimidad, pero sigues adelante. Un día te miras al espejo y cuesta encontrarte. Tu cuerpo se ha transformado, tu cara no es la misma, tú no eres la misma, ya no haces cosas que antes sí hacías, pero te vas habituando. No queda otra. —Pero Marisa, cariño, que sólo eran unas galletas. —¡Pero eran mis galletas! Las comía desde hacía mucho tiempo, me sentaban genial. Tenían el toque justo de canela y el tamaño perfecto; eran dulces pero livianas, con pequeños trocitos de naranja confitada… Y ya no las tengo, así, sin más, han desaparecido. Que no, que ya no las venden, que no saben qué ha pasado, pero que ya no las tiene el proveedor, dicen. ¡¿Qué voy a hacer ahora?!

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