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ORESTES, EL VIEJO Armando Trasviña Taylor


Orestes no bien había enfocado la vida a sus cosas y costos, a sus giros y trápalas, cuando ya se hizo viejo, arqueológico y fósil, y daba la impresión que los años, calendarios que pasan, no cruzaban por él, se archivaban, se hospedaban y holgaban, y no gratuitamente, sino con alta tarifa, con los agravantes que tiene quien viaja por la vida con el carcaj averiado en una tartana que tiene mil y un estertores que parecen que vive o que muere. Esto no es nada fácil, aunque parezca sencilo, porque hay que montar solo y valerse de sus propios arreos para mover cada año aquellos que porta. Hay que habituarse y curtirse y constatar con los hechos lo que el libro asegura y la vejez corrobora como rasgo científico que te obliga a historiar y a pensar con anales y el jugo. Hace que los tiempos que estudias no sean ya suficientes para contar lo que vives o lo que sientes y opines. Hay que aportar cierto ingenio y sentido cromático para crear incentivos singularmente innovados. Yo no tengo bielas para eso ni para volver a la escuela o revisar lo leido y presentarlo boyante como auto del año, emperifollado y suntuoso y, por qué no, de domingo, hasta el último rizo, como la chica que al verse en el espejo se atusa y se viste elegante. Ya no tengo edad para eso, ¿amueblar lo inmueblable?, no, y acicalarlo, menos, nada de eso. Con anzuelo pretendes que extraiga el arenque escurridizo y movible, además, de lo lábil que es y se evade, ¡imagínate! Pero, la edad que enumeras y es ya estratoférica, tiene pocas ventajas y prerrogativas ninguna, hacen la existencia precaria y puede ser que optimista, aunque muy pocos lo sientan y quieran y busquen. Deja de ser coruscante cuando la serenidad se apersona con la amplitud de los años. La impavidez, la ternura, la tranquilidad, la entereza y la paz campesina que los años conquistan, son medallas de oro en la olimpiada de la vida que otra edad no consigue ni con la fuerza del bíceps ni con la luz que fulgura, conjeturando que exista y que deslumbra y rutila.

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Es cierto, todos lo saben, empezamos a andar mucho más lento, sosegados, cachazudos, pero el juicio y el tino, después de muchos barbechos, fertilizantes y riegos, está más que maduro. Nos fatigamos de todo, por todo y con todo, es verdad, y eso y más, pero la calma y la flema no descansan ni duermen y hacemos lo mismo que antes hacíamos como dócil y apta rutina, pero la reflexión y la idea nos renuevan y alientan, y lo otro, nos afectan los males, pero nos alivia el aplomo, la mesura y la pausa y hay una serie de cosas que ahora olvidamos y relegamos a veces, pero los recuerdos nos quedan y con firmeza lo asientan y puntualmente aparecen. Repetimos lo mismo como viejo estribillo, una y otra vez, pero, el juicio lo graba y lo registra en la cinta; nos ponemos sensibles más blandos que tiernos como pan recién hecho, pero el cerebro que usas y sabes emplear, lo forma y lo mide, sabe mucho de precios y mucho de aprecios como bazar de la vida que vende y registra. Son muchas las cosas que encaramos y vemos, se los juro, y no identificamos la más de las veces; nos marea el desvarío y la justicia lo afianza, sabemos que, como la ley y la norma, con la báscula actúan. Así es el lado opuesto de la juventud que se fuga y al vigor de los años que como hijos pretenden comenzar y seguir. Así es la vida, ¡y que vida!, y cuando bien la interpretas, la entiendes mejor y con la ciencia la vives, conjugas los verbos sentir y pensar y el participio adjetivo de ellos. -Creen, los que asi deducen, que somos seres con vida, pero sin pila y voltaje, gastados, curtidos, raídos, como timbres caducos y de antigua materia, gnomos vetarros o hobbits cansados que como buenos decrépitos, de pretérito origen, somos nomás de cascajo y de guijo. Al volver la vista al amigo lo encontró desfasado, irritado y molesto, hecho un basilisco por lo que dijo y no dijo, un casual exabrupto o una frase que dio el descargo o

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motivo para su súbito eclipse, ese fue el argumento que, quizá, utilice cuando se ofrezca y convide. Tuvo que reanimarlo: -¡Válgame, Orestes, no te enojes, ¿no sabes de bromas? y con tantas calles que llevas recorrridas y vistas y de no fácil asfalto por el que ahora transitas. En la existencia precaria, el carril antañoso está más que machucho, tiene facha de ser una vía circulada por tramos sinuosos buscando siempre las rectas y las rutas confiables, no secundarias ni bruscas, porque, como ayer se decía y, quizás, ahora se diga: El camino más corto entre puntos opuestos, es la recta, sin siquiera arriesgarse por curvas y brechas que son sendas de aprietos y avenida con trances. Son caminos de riesgo y de honda asechanza como diente que muerde y mastica frenético. -¡Ay, Sixto, a otra cosa, pues. Los grandes hombres que hicieron esta vida que rueda troceada y esquiva y de brincos colmada, donde diablos quedaron o donde diablos se fueron estos hombres lucerna para que nos den una mano y un empujón que requiere este mundo tartufo que mortifica y acucia por su denso galope en la senda que cansa. ¡Qué desbarajuste, caramba, tan bien hecho y tan bien acabado! -Oyes, ¿por qué piensas eso… y ahora? -Estoy exagerando, Orestes. Ye ves, extremo que es uno... pensaba que... Ambos, Sixto y Orestes, grandes amigos y de ochenta y pico de años y una sarta de meses que cada quien neutraliza, sólo los separan los meses y unos pocos de días, que, como la tortilla maicera, comprimen a ambos y tuestan de postre. Egresados los dos de la universidad ateniense, la Kapodistríaca, en arqueología, de la generación treinta y tantos, poseen rasgos afines que han compartido y moldeado y en su ocasión 4  


ponderado. Han laborado por años en universidades diversas y colegios científicos, siempre juntos y ladrándose y bufoneando por días, que, como lapas unidas, atracados al muelle del hacer y decir, siempre juntos han ido. Ha sido siempre ese trato y un convenio entre ambos para marchar el camino, nada coherente a veces. Cada quien en lo suyo, se desuniforman y siguen. Sixto, hoy viudo, y sin par, con tres hijos casados, vive sólo en su piso desde hace ya mucho tiempo, y Orestes, soltero, por inmencionable suceso, reside hoy con su hermana, Carmen, desde hace ya muchos lustros y como toros de lidia se aproximan y juntan en la obvia barrera que los cobija y avala, según dicen. Pensionados los dos y con vocación definida de pariente camisa, Sixto ha escrito siete libros de ensayo y consulta para la carrera de “archaios” y que son, entre otras: “La Arqueología y la Ciencia”, “Los Retos Arqueológicos” y el “Glosario Arqueológico”, y Orestes lee y relee con pasión desmedida y está dispuesto a agotar la biblioteca Ptoloméica y la de Cervantes, incluso. Pues bien, Orestes, ya llegaste a los 8 más 0, como ave en barrena cuando no lo esperaba y ni siquiera estimaba, pero de roces y riscos y un montón de calillas tiene el alma colmada y llena de abrojos y espinas. Lo evidenció la ruquez que sigue enfrentando con resistencia y valor, con brío de troyano y arrojo de Ulises. Estando a bordo del barco que estaba a punto de irse por la aguada marina, resistía un tanto medroso ese viaje obligado de la vida de cruces, ¡qué hacemos! –decía- y pensó en moderarse como católico que era y que sabe estacionarse en una calle nutrida y de azares adversas, acostumbrado a torear contingencias y albures distintos y graves porque rejonear sus desgastes, es desgastarse y sufrir. Igualito a su padre de cauto y remiso, y a su madre discreta, mesurada y juiciosa, idéntico a ella, que como calca repite no sólo en sus hábitos, sino lo que heredó desde niño y en su adolescencia non grata donde pensó en los empeños de elevada estatura que podrían permitirle 5  


adquisiciones y holganzas y un día seguir con aquello que lleva con recia estatura y define como bien que se usa y comparte con todos y todas que quieran. Lo que empieza, concluye, y lo que acaba, empezó: cuando llegó a los cuarenta y la crisis y trances fueron su par, y además, las primeras, se ancló frente al muelle de ese viaje tortuoso y estando advertido para ello, como dijo el anónimo: El que a los cuarenta no atina y a los cincuenta adivina, a los sesenta, desatina. La memoria sin goma comenzó a amalgamarse y se miraba venir, la temía, lo esperaba y la vela apagaba de un intento primero. Era otro rasgo visible de los años que tiene sin pagar el arriendo, ni renta, ni en abono siquiera, es un retal que los limpia, anula y deroga su mente deleble para nada precisa. Lo escrito se esfuma y lo importante se borra y renuncia a pegar los recuerdos que arriban, sean gratos o ingratos, y por comodidad los suprime y, en efecto, abandona, pero, por secula seculorum, se divierte con ello y disfruta más. Ayer, o el domingo, o el lunes, acaso, se olvidó de la cena y ni se abrumó ni abatió. Cualquier médico diría de esa mala adherencia que como tal arribó, se pierde y malogra su látex corriente que lo reciente evapora y lo lleva a la amnesia: El hombre comienza a perder las neuronas y su cuerpo reduce la elaboración de las mismas, substancias químicas que, en su total, se requieren para hacer que todo ser muriente, subsista o fallezca. Mientras más viejo se encuentre, más puede afectar la memoria y a las partes adláteres, sobre todo el ahora de la mujer o el varón en que es progresiva la marcha hasta el fin. La memoria a distancia, la lejana o la extrema, no es afectada por esa única razón de los años que sobran, pero la reciente sí, se daña, se atrofia y reduce el engrudo que pega, puede verse dañada y a su vez suprimida como si fuera pizarra que el maestro suprime. Se pueden olvidar mil detalles de hogaño, personas actuales o cosas afines, pero la lejana, no, esa no. Las reminiscencias que alberga el pasado inmediato se tachan de todo y en forma inconsciente, sin excepción alguna, pero la reciente, no. Son cambios normales que ni el

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tune up los repara. Y hay quienes pretenden sanear la memoria con hierbajos y plantas, brebajes domésticos que alguna seño receta con la aleación de potingues o untando pomadas en la calva desnuda que hace tiempo dejó sin pelo y gomina y sin pena ni gloria. O como dice el astrólogo: Puede ser que sí, o tal vez, no, a lo mejor, quizá. No, no pueden ser los mejunjes ni caldos, ni grasas, no es posible nada de eso, la gimansia mental como práctica es sabia y logrera, además, porque lo que bien se repite, se entrena y aplana, puede ser rescatable y se piensa optimista, se logra anexar con deporte y recreo, con entrenamiento y maniobra, no con enjuagues ni eso. -Oye, vino a buscarte... este... este... ese fulano, ese, el que arregló tu carcacha. Y en este caso solemos decir: -No va a pegar nada de eso. ¿Qué guarda, pues, la memoria, la del gorro o la gorra?, ¿cacharros, trebejos, cachivaches, chismes, chirimbolos o bártulos? -El zapatero de enfrente se va... se va...¿se va a qué? -Sí, sí, ya lo dijiste, van cuatro veces con esta. -Pues, se casa, de veras. -Cinco –dijo Orestes. Somos, como rasgo de ex-jóvenes y descascarados maíces, más lentos y tardos que la ciruela y la pera que se supone que laxan con fatal pedorrera y de final exitoso. Si retáramos –no falta quien- a la tortuga o gusano cien metros en pistas, de seguro, nos ganan. Los dolores y penas, que no son nada gratos, nos sacuden y tunden, se apoltronan y quedan como huéspedes tiesos que no pulsan ni el timbre y de oportunos no tienen ni la O del inicio. Si no los tenemos, como excepción o rareza, nos resta cerebro para crear sustitutos que como tales se asientan, porque el viejo no puede –ni podrá- ser arriero y jamelgo y llegar a la meta con la cauda de años colgados del brazo y marchando al unísono. Como apunta el axioma, ser viejo es ser, cuando menos, pendejo 7  


y viejo... todos lo dicen, y que disculpen aquellos que la sapiencia anteponen como si fuera maestría cum laude o la otra en la universidad de la vida, ¿a poco, no? Los fósiles somos, como tú, o como yo, y como muchos, poco sensibles a las muestras de afecto que la familia antepone. Son muchas las cosas por las cuales padece el que es flor del pasado, porque mete la esa, entre otros extremos, y la mete hasta el fondo, hasta el hueco del meollo. Lo observamos ahora, ayer y anteayer, casi siempre. La depresión, la tristeza, la carencia de amigos, la salud estropeada y las valías que escasean, son perlas que engarza la aguja del hoy, cuenta por cuenta, la ancianidad estremece y no hay nada que actúe contra ese miembro pernil, como no sea la huesuda con sus tibias y fémures fríos y rígidos. Y el corredor en el que ahora marchamos, trastabillando

o

errando –o

trompicando- es una cerca o vallado que no sólo divide, resta o aparta, es limitancia que aisla. En cuanto pienses –o eres- una piedra en la puerta o un estorbo en la vía, es atado que duele y un mueble que impide, intercepta y evita la prisa ambulante. Es, como dijo Ricardo Galli, el hispano, sonriendo: Pienso, luego estorbo. -Pero, tú no estás viejo, Orestes. -¡No, qué va! -Viejos los cerros... Por más viejo que seas –y ya lo dijo Einstain- puedes ser más joven que todos y tods -agregó. La senectud o vejera –como quieras llamarla- son gangas que muestran las baratas de ahora, saldos u ofertas en la vida que pasa y está a punto de irse Son ganchos de ahora que disminuyen y restan al ciudadano que porta tal cadena de años con horario en exceso, o más bien se concibe como un ser acotado por su actuar reducido, no digamos de mente, jubilado de por vida, en donde la edad y los tiempos son los bultos

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que enseña, se reúnen y charlan y muy pocos se alegran. Nadie lee en ese libro de hoy y mañana y si lo hacen folleto, nadie consulta. Es material de saberes muy poco estudiado y caduco de todo y por todos y todas. No hay quien lo repase y lo marginan completo porque es ser de repisa y está al borde del cesto y a punto de abismo, y lo que es más, no lo precian ni aprecian en el bazar de retazos y la realidad lo golpea y como mago se evade, se escapa, se esfuma y se hace impalpable. Como ser que concluye y muestra su letra vencida y premiosa, pasa a cuentas perdidas o a saldos sin cobro. Orestes tiene, como ser pre-histórico, incompletas medidas, y ochenta y pico de empujes y relaciona calillas como kilos de enjambre de un panal atestado de miel y de agruras: colesterol, hipertensión, glucosa, arritmia, prostatitis, triglicéridos, y lo que el tiempo acumule y agregue de más, ¿qué te dicen qué?, ¡ah, claro!, tu dolor y tu mengua lleva marca de origen, nombre y epíteto, epíteto justo: ¡viejo pendejo, podrido, fósil, ruco inútil, viejo cochi!, tienes que aprender a vivir de reuso o segunda. Orestes, con la edad que deambulas, somos resto y sobrante de un pretérito propio, un ser desnatado que por hilacho conocen los que a él se refieren con desdén y repulsa: ¡Retazo de viejo!, pero, no te preocupes, Orestes, tienes dos ojos que miran, dos piernas que marchan, dos brazos que lanzan y un cerebro que piensa ganoso y constante para hacer lo que quieras y no hacer lo que debes, somos croquis de hombre que se va y se disipa: muy pronto estarán y ojalá sean todos, de uniforme de ruco, los que ahora te vejan, ofenden y ultrajan, donde estamos ahora, estarás todos ellos y con buena suerte, el vetarro, el abuelo, se revertirá, no lo dudes, ve tranquilo y sosiégate, anda, trastorna, da lata, fastidia, encabritate. No es venganza ni tirria, ni cobro o desquite, nada de eso, es la fusta que azota el espaldar de la vida, el metrómetro y ritmo, más que otra cosa. Lo que nos pasa, pasó, y ha pasado siempre, invariablemente así. Si no decimos ahora lo que hoy nos ocurre por el costal de los años, otro vendrá y lo dirá, no te asombres. El que no

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sepa y conozca a esa dama embozada que existencia la llaman, que la admire en oferta que ni de saldo se vende. No lo dudes, Orestes, ve tranquilo y sosiégate. La vejez se interpreta como un tranco a lo otro y te desplazan y apartan como trapo pringoso para limpiar el presente. Eso creen, pero rememora y medita: vive y deja vivir, deja en paz a tu encono y encarece lo tuyo, lo senil es un hecho y es un hecho tangible que los cubos recogen lo que la noria regresa. No te enfrasques, Orestes, ya no. Mira a la noria – repito- cómo llena los vasos y arroja el exceso. Analiza. Es filosofía de la buena. Ya nadie nos mira como antes miraba, como ayer nos veían porque el tiempo de ahora es distinto al de antes, se ha reducido. Ya es esquela que espera que se entregue en el quicio de la puerta hogareña, somos seres translúcidos, no visibles, yertos que miran y fiambres que oyen, morimos antes de ser difuntos y momias, somos punto del mundo que con tiza se resta y que el viento lo vuela y esparce en la calle. -Mira, cierta vez, cuando fui a pagar el recibo del teléfono móvil que estaba a punto de ida en la ventanilla de la empresa, tomó la empleada el recibo, lo registró en el teclado, entregué el efectivo, regresó el excedente y me extendió la constancia, y ya, ¿y sabes qué?, nunca me vio, ni por asomo siquiera, llevé el recibo y cobró, nada más, valió la factura y no el contratante. ¿No me hago sentir? Por eso pienso que somos unos seres sin rostro, incorpóreos, sin vida, sin la V de la vista e imperceptibles las veces que sufrago puntual, esas veces continuas que como hoy testifican y hacen sentir lo que valen la recaudación de los años. El interés y el esmero son para el bien de los otros, los de buen vestir y amueblados, y ¿sabes qué?, a nosotros nos ven, no nos miran, excluidos de la atención de los otros y el respeto lo llevan los que manejan la vida, no los que vamos a bordo del buque ya a punto y soplamos las velas sin viento. No nos ven ni nos oyen, la invisibilidad nos rodea, nos persigue, y el rechazo se observa cada vez que

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enfrentamos la avenida o la calle y la gente, dondequiera que esté, con desaire nos mira. Es tan obvio y fatal como el agua que corre y que canta en su salto musical y sinfónico . Ya llegarán, Orestes, déjalos, ya llegarán. La productividad de los años es la sustracción que incorpora o el cero que suma y los que diez conseguimos con la brega y esfuerzo y con harta frecuencia, nos empachamos de ello. Pero, hay algo grave, gravísimo, a despropósito, Orestes, menos mal que no estás con los ojos de lupa hacia el ojo del cíclope: la televisión como vicio que es para muchos catarro, pretende ser informada y más bien manipula, es sed y apetito, es hartazgo voraz en donde se dan las noticias debidamente rumiadas, por demás devoradas y sutilmente cernidas. Pero hay algo a trastienda que vuelve con creces lo otro y que es pago a cambio, es algo importante, una opción y un elenco magno y magnífico: Hay que elegir como amigos al cerebro que piensa y hace libro de todo y a sus laudos que logray que nos donan cultura, artes y ciencias, y no estás ahí de primate domesticando tu ego, poco, mucho, o a medias, pero mansamente instruidas. -Tío, dice mi ´amá que ya está lista la cena –interrumpió un chicuelín de muy pocos septiembres y de ojos risueños que lanzó una sonrisa y una cauda de estrellas con ella eneguida. -¿Qué si desean cenar –dijo a ambos. -Gracias, muchas gracias, los dejo ahora, Orestes, nos vemos mañana para ver el crepúsculo de nuevo, vengo en la tarde, temprano, a las cinco, buen provecho, y no te preocupes, caramba, serénate y cambia, ahí llévalo. -Qué te vaya bien, Sixto, nos vemos mañana, te espero. Se despidió de los hijos y de la madre que estaba con el sartén escalfando con una frase gastada y diciendo adiós con la mano. -Buen provecho.

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-Sí, adiós, qué estés bien, Sixto, hasta pronto. -¡Pobre, Orestes!, está enfadado con tanta y tanta insolencia y descato en su todo y el poco afecto que marcha frente a él y a los otros, y a un lado y atrás, y a donde quiera que vaya, camine y observe: a los súper, a las fiestas, a la iglesia, a las tertulias, a los paseos, a la calle, entre el mar del gentío que tropieza y empuja sin recato y prudencia. Le entorpecen los años y esto lo colma, relaciona lo que afuera sucede con la respuesta social que revuelve y reduce a piltrafas a muchos, no se vale así: los adultos mayores lo sienten a diario, a tiro por viaje, la discriminación cotidiana por demás ofensiva es recurrente y maligna. Por ejemplo: es común encontrar a un auto aparcado frente a la rampa de acceso del garaje con claro declive y estorbando, además, atravesado cual leño sin dejar caminar y rodeando por la calle. O cuando vas por la acera con el tropel de viandantes en trote frenético, no falta quien te codee o te empuje de lado con la cadera o el hombro y ni disculpas te ofrecen, ¡tarambanas! Y si vas en la silla de ruedas por la acera moteada de alturas dispares y con huecos de luna, inclinada y abrupta, te vence la cuesta por el peso del cuerpo, y al bajar al arroyo los autos te embisten y te obligan a ir por abajo con riesgos fatales porque te pasan rozando y cedes el paso ante tanta batida con seria aventura: es arbitrariedad manifiesta y descortés rebeldía, irrespeto flagrante cuando por ahí te manejan. O si vas en el coche y buscas la zona para gentes inválidas, Para Discapacitados, pues, no falta quien lo encañone, rubia o mocete, que lo ocupa por ser, no sólo impedido, sino inepto mental cien por ciento lisiado de la mente y conducta, consideración y respeto. Tantas cosas, caramba, tanto crótalo suelto en la turba selvática. Tiene razón Orestes: cualquiera se siente impotente con tanto ser que deambula por esas rúas urbanas que, aún siendo privadas para autos y motos, sienten que son exclusivas solo para ellos y se abalanzan con todo, ¡cabezas de zote!, ¡majaderos!, que tratan al viejo con tanto despego e indiferencia cretina como quien va

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por la vida y debe mostrar su epitafio para acreditar lo que viene e identificar su lo que está a punto. Van con acoso y aprieto en las jaulas urbanas en donde se exponen y arriesgan. La vejez es un virus que hasta Apolo contagia y hacen fila los años que se visten de décadas y se duermen con lustros. Si se trata de gente de ochenta, o de más, que se atrevan y crucen, es preferible halagar la recámara misma y no anticipar lo que es y más tarde será un recuerdo y retrato de pared y alcayata. Y si acaso en la tarde se enciende el crepúsculo para el que años le sobran, el añoso o la añosa, y aplazan la hora quienes se emboban, no deben tardar mucho tiempo porque en el ocaso lo bello se convierte en deceso y sin reparo postergan lo que es ya impostergable. El crepúsculo tiene mensaje directo y hay que entenderlo, no es guardable ese fin porque como tal se derrumba y se borra a la vez con la sombra. Uno es un rato y el otro es de horas. El atardecer se parece a la agonía del humano que todo abandona por secula seculorum. El que está en la lista se alista y el que está en la puerta se aporta a un señor colorido que todos contemplan y que concluye en oscura escena. Orestes, el aliado de Sixto, con quien corrió más senderos que millas y leguas, montó a pelo por montes, valles y brechas hace ya medio siglo, o mejor dicho, almanaques que se apilan y que están a punto de irrse y ya casi se fueron y todo acabó en esta vida. Sólo apunto un detalle con respecto a la edad que los dos poseemos: No marchó de conscripto porque es poco mayor que su amigo, uno es el fin de diciembre y el otro en enero, al principio, sólo dìas escasos, pero en año distinto. La vida es experta, equilibra y alinea, computa los años y agrega los días. Pero, Orestes y yo, ahí la llevamos, días más, días menos, y por días marché hasta el año siguiente. Orestes tiene de santo lo que yo de labriego, pero, con razón o sin ella, borrosa u oscura, lo que a la cabra encabrita es cuando alguien pretende enderezar su cornamen que no está para ello. ¡Ah, qué Orestes!, tiene cientos de hazañas y once mil peripecias

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y está hoy conturbado, molesto de más, con las velas al viento y sin un soplo de aire que oree. Regresa la cinta, Orestes, hoy la vida nos narra lo que la oreja quiere escuchar, la mía, al menos! ¡Qué tendrá, Orestes, caramba!, padece gran desaliento y un severo desánimo, su pesimismo es... no… no quiero estimar... es pesimismo nomás. Lo desconozco, de veras. Es de pocos amigos que no pasan de cinco y yo estoy entre ellos como el más veterano o de apariencia notoria. He sido, por la amistad y la brega, más leal y constante que otros que fueron y ya se extinguieron. Rubricó sus andanzas por las cinco áreas del mundo, con exclusión de la luna y de otros astros adjuntos. El afecto los une y la vida los liga, los alberga y ampara. Los dos caminaron como arqueólogos natos hasta el fémur de tierra y la tibia del mar, se distinguieron por eso y algo más que por eso: intrépidos, bravos, enérgicos, firmes, como héroes del western. Bueno… y lo otro… y lo otro… acaba de llegar y estoy cavilando, meditndo con lupa gigante… voy... voy… voy a estudiarlo, lo pienso... lo juzgo… lo estoy repensando y analizo con tiento y puntería imprescindible... estoy velando la idea de un quehacer periodístico y le doy vueltas y vueltas y no paro y le sigo, debo hacer seis relatos, o quizá siete, o tal vez, ocho, o nueve, para una revista local y es un proyecto magnífico de sabores verídicos de todo lo humano que nos ha acontecido a este par de ambulantes por el mundo con prisa. Me pidió el director de la revista “Relieves” que escribiera todo eso y con quien hablé por teléfono y convinimos el precio y empezamos de nuevo pujando: -Señor director, ¿cinco textos nomás?, ¿o seis o siete o diez? -No, siete u ocho, a 500 pesos cada uno. -Bueno, le voy a hacer un descuento de 800 pesos y ya, ¿sale?

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-Sí, sí, adelante. -Reflexionaré cada artículo y voy a ver con prismáticos, tal vez 8 ó 9, “piedras para leer” como llaman, que elabore mensualsualmente, y si me apesadumbro y agoto, los lanzo al infierno con todo y maligno y familia coadjunta. Me doy un período de, ¿qué será?, tres o cuatro semanas. Voy a escribir los relatos y ya tengo el primero en pijama y alcoba, retratos hablados de Orestes y el mío y de bien andados arqueólogos por las caderas del orbe. Sixto ha enarcado las cejas y ha puesto el dedo en la llaga con índice estricto y no menos directo. Le gustó para tendedero. Nada fue preparado, simplemente surgió de la nada o del todo que está a punto de irse. Al cabo nadie imagina, ni los nombres registra como actores de ellos y de estos hechos insólitos de convivencia y realismo. ¡Quién va a sospechar lo ocurrido! Hablarán truculencias de prestidigitación literaria en el mejor de los casos. Quiere el director publicar un folleto con eso y deben ser de atractivo y de magia escondida, seis, siete, ocho, ¿o nueve? relatos que sean los best seller del año o de lector imantado. Pero, disfrazaré el contenido y escribiré mejor con pseudónimos y así no sabrán los lectores que piensen y arañen. Al fin que, como liebres corridas, sólo hasta aquí llegaremos como toros de lidia que a la barrera se arriman. Bien, voy a pensarlos y a crear esos cuantos con sazón de sorpresas y carne de auténticos, habré de empezar hasta entonces, poco a poco, y será un texto que vibre y una pluma que evoque la carrera de ambos como buenos consocios, trotamundos seriales de afectos y apegos y mutuo ligamen, y de lo que de ellos recuerde y nazcan de adentro para escarbar y expresarlo. Seguro, he de hacerlos. Van en curso. De normal no tendrán ni la N primera ni la segunda que sigue. Voy a pensar. Hasta mañana.

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El primer relato comienza sin navaja ni chaira que corte o seccione, que ablande o suavice, y podría maquillar y tratarlo, pero voy a darme una tregua para cocinar y adobarlo, dos semanas más y dos horas al día... o tres… así lo haré. Cierta tarde, que no de mañana, porque es propiedad de la alcoba y de la cómoda almohada como bien reservado, después de haberlo pensado y transformarlo en historia o en especie de ensayo, lo remití encarpetado en diez hojas cerradas con tipo Arial y 12 puntos y en negrilla vistosa. Se llama... En Cecropia, antiguo nombre de Atenas en el siglo XVI a. C. en recuerdo de Cécrope I, el rey, y hombre-serpiente, los dos estudiantes quisieron viajar a una isla pequeña que tenía de refajo el enigma y lo oscuro y un pretérito único que por certísimo daban. Diez años después de haber egresado de la escuela de la Hélade, con la obsesión presionada, logramos hacer, por fin, aquel alto propósito. Llegaron los dos al archipiélago griego que no era tarde para eso, a Mikonos primero, a l8 millas de lejos en un barco que llaman hidrofoil velocísimo con la hélice arriba como avión de los mares y en él arribamos a Rafina, en la costa de Grecia, a 45 kilómetros de Atenas, la capital más antigua de Europa. Nuestro interés se centraba, entre otros grandes lugares, en el sitio de Ano Meros, ¿qué significa?, y el monasterio de Tourliani, y en unas aguas de sueño llamadas Platis Gialos que era un magno balneario todo hecho de vidrio donde Adán se bañaba con Eva, su amiga, y si no lo intentaron, debieron, paradisíaca isla y balneario exquisito. Además de la otra, la isla de Delos, de exhuberancia arqueológica y a otra milla de lejos y arrimada al Oriente de aquí para el lado. Orestes será Erasmo y Sixto será Nick. Y aquí empieza el relato que envié a la revista sin debut ni festejo y que llamaré...

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VIAJE CON MAGIA

Fue en el mes de septiembre del año que a nadie le importa cuando programamos el viaje a la casa marina de las islas Ciclades donde hay en sus lomas cultura de siglos de la Edad baja de Bronce, lejana sin duda, pero inmensa, en el mar de Grecia, entre las islas Espóradas y la isla de Creta, con una antigüedad calculada entre el 3000 y 2000 años, antes a Cristo. Las islas que así se denominan por su círculo estrecho (“ciclos” es “círculo”) están cerca de Delos a la que“Isla Sagrada” llaman porque ahí nace Apolo, símbolo de la belleza masculina, y su hermana, Artemisa, gemela de él. Las islas Cicladas o Cíclades son 220 islas pequeñas, y de las cuales, y ocho de ellas son mayores por su extensión e importancia: Mikonos (la mayor), Paros, Milo (o Milos), Sifnos, Amorgos, Tinos, Serifos (o Serfanto) y Santorini, y otras que son pequeñísimas en donde Delos destaca por ser una ínsula breve en la que apareció una cultura de dos mil años, antes da Cristo, y mucho antes también que las tallas en mármol que la isla de Paros produce, otra isla minúscula entre el enjambre de ellas con tareas afines, en espeial, femeninas. -¡Obtuviste diez en Historia del Arte! –dijo Erasmo. -El saber no ocupa espacio –dijo Erick, sonriente, recordando las aulas del ayer y otros tiempos seguramente mejores. -¿Recuerdas también cuando fuimos a la isla de Delos? –preguntó Nick. -¡Vaya que recuerdo!, ¡cómo que fue ayer mismo, como película! –replicó Erasmo, ensombrecido y zarandeando la cabeza. -Cuando llegamos a Delos, ¿recuerdas?, por barco, y a media hora de trayecto después de Ano Meros y de las aguas hialinas de Platis Gialos, dedicamos el día a esa

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ísla bellísimla, de orden turístico, como seres paseantes de plácido recreo y como buenos “archaios” y “logos” de facto. -¡Qué desolación de la isla que está al centro del grupo de las llamadas Ciclades, y qué horno de páramo, es ardiente y llameante!, y sólo explorada la menor parte de ella de 3 kilómetros de anchura y que es un cofre de ruinas para el saber de Occidente. -Hacen bien el calor aquí –bromeó Erasmo, desabotonando la camisa y abanicando las manos. -¡Y pensar que fue el centro mayor y el más importante del territorio de las islas! –expresó Erick. Pero, veamos los mapas que son los que enseñan, ¡que novedad que me vine con ellos!, ¿verdad?

Rafina

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Las islas como las que hoy observamos y que nos aturden, son conchas de nácar que sembradas y fértiles en un mar sin vestido y bajo un cielo azulado, se mostraron simpáticas como flores de magia desde el asiento en que íbamos, siempre alertas, son como gemas preciosas que al valor se encaminan, pero que bien hermosean porque son astros fúlgidos del aposento celeste ahora encendido. Dos islas quedaron en el mar salpicadas de las 4 ó 5 que vimos, visitamos y hurgamos con las cuales pudimos, no sólo admirarlas, sino conocer su pasado de siglos solemnes que anonadaron la vida de los investigadores científicos y con ellas pensamos haber visto completo el archipiélago helénico que conmovió nuestro espíritu y agitó. Se quedaron ahí para siempre como monumentos testigos.

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Por lo menos, de las 2 mil islas que hay en el Mar griego Egeo y de las 220 habitadas, hemos conocido sólo algunas, y eso es ya meritorio. Si consideramos las islas que visitamos ahora en ese Mar Mediterrano que son vastísimas, miles de ellas, entre grandes y chicas (más de 12 mil de 10 km2 cada una), no hemos visto ninguna. Pero, lo intentamos. Y conocer y admirar a la isla de Delos y a sus hondas raíces incógnitas y bellas, es imagen de siglos y poder cultural y eso es ya demasiado. Recorrimos la isla repleta de ruinas y piedras quemadas con el ánimo en alto y todo ahito de dudas en ese añejo dominio, tan alejado y de gloria, y además, de suma importancia, es interesantísimo y bello. Así es Delos. Observamos los templos de Apolo y Artemisa, su hermana, enteramente sinónima, la palmera en donde ambos nacieron y el pasaje feroz de los leones al iniciar la jornada que son bestias bravías en forma de asecho que vigilan atentas desde el siglo VII, antes de Cristo.

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Además, el templo de Isis y Osiris, las escaleras de mármol, las calles deshechas y la grandeza inmutable de esos bellos inmueble ahora pretéritoss: el teatro, el drenaje, los pozos pluviales, el acueducto, la vía sacra, las estatuas, los mosaicos y otros más en donde estuvieron griegos, romanos, egipcios, judíos y sirios y, a pesar de las razas y tantas culturas, no se han localizado restos humanos hasta ahora en el área, según dicen. Desanduvieron el tramo con el ¡clic! de las cámaras y los ¡rrrrrr! de vídeos junto a otros viandantes que observaban los restos de estos sitios recónditas, y al caer de la tarde, reposaron tranquilos en las piedras frontales a manera de bancas ante al grupo de leones en vigilancia perenne.

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En tanto los dos que observaban enjugaban el sudor de las sienes bien alambicadas y clavaron, sin pensar ni saber, la mirada en los rostros de rasgos leoninos con sus fauces abiertas en línea todos, como fieles guardianes y cancerberos pacíficos, nos vigilaban severos. Mantuvieron los ojos de fijo, atentos y graves, sin parpadear ni moverse, escrutando la mirada que hería y perforaba hasta el ánima misma y exploraban adentro en lo intenso de ellas, y algo secreto vivieron en esa estática pausa, convivieron y araron y observaron los tiempos de la historia de entonces, de gloria y ventura, de ese antes rentable al que conocieron su abismo y costura pretérita. En algo pensaban que taladraban la vista y quizá algo decían, musitaban, cavilaban, siete siglos pasaban por esas fieras indómitas que el atrás enseñaban desde el rostro rupestre que conversaba como interlocutores silentes y semblantes devotos de un pasado florido de civilizaciones remotas que dialogaban y oían, farfullaban algo y se comunicaban entre ellos. Erasmo y Nick, como estatuas vivientes, charlaban con ellos con los ojos cerrados, ambos sonreían y sus bocas movían sin hacer ruido alguno, en silencio absoluto, alteraban los labios y charlaban 22  


conscientes, conversaban joviales –parecía- y plácidos estaban y se miraban atentos. El tiempo pasó y no pasó sin sentirlo, y no en vano estuvieron tiesos y firmes, absortos e inmóviles por tres días y noches, muchas días horas, como la roca de aquellos que quedaron eternos sin sentir que pasaban las horas y días y la historia total. Eso pasaba entre los dos dialogantes y la multitud se reunía por centenas en derredor de la dupla que inertes estaban y de roqueña apariencia. Al tercer día de estar como entes con vida y sin vida, ahí estaban los dos en coloquio perpetuo, palique arrobado, abrían sus labios y hablaban, se azoraban, y el gentío del entorno se encontraba impactado en derredor de la dupla que se mostraba de hielo. Vieron mover las cabezas de los pétros viajantes con los músculos tensos y el cuerpo inactivo e inanimados de todo. Se incorporaron, de pronto, admirados y rígidos, observaban al público adusto y curioso y a los tres policías que sus vidas velaban. Invitaron los guardias a visitar la oficina de ese cuerpo custodio en la ciudad de Mikonos para explicar el suceso jamás observado y no acontecido hasta ahora en la isla enigmática e incógnita. Con aspecto embobado y con los ojos bulbosos, se dejaron llevar ante el ciento de gentes que observaban pasiva, unas tras otras, y vitoreaban y palmeaban con júbilo atònito. Abordaron la lancha con los tres vigilantes en calidad de guardianes que protegían el lugar y al arribar a la isla en donde estaban los jefes con el hecho en periódicos y en revistas locales, estaba turnado a los jefes que aguardaban afuera y condujeron a ambos a la oficina privada en donde ocuparon dos sillas frente al amplio escritorio. Un misterio gigante y un sigilo insondable, se desplegaba ahora. Empezó el funcionario confundido y obtuso y enfundado en su negro y formal uniforme con los galones de grado y solicitó: -¿Pueden presentarse, empezó, cuadriculando la mano a los dos visitantes, señalando el documento que exigían:

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-Erick Cabrera, arqueólogo, egresado de la universidad ateniense. Erasmo, a su vez, señaló a su congénere con los mismos informes que antes expuso: -Arqueólogo Erasmo López, mexicano también, egresado de la universidad ateniense y trabajando en México, D. F. Se impresionaron los jefes al escuchar el origen y el grado académico de ambos paseantes y recompusieron su porte hasta entonces severo y de orden castrense. -¿Nos pueden decir algo acerca de su visita a esa isla? -Bueno, recorrimos el área durante el día y la tarde y al ocurrir el crepúsculo reposamos tranquilos ante los leones sentados que están al inicio, y de pronto, según dicen, después de tres días y noches, despetramo. Al observar el entorno que rodeaba a las piedras con ellos, ya era tiempo de sol y no de luces nocturnas que al aposentarnos había. Al advertir el gentío que palmoteaba y gritaba, preguntamos, ¿por qué? -Tenían tres días ahí, y así se quedaron. -¿Cómo...?, ¿tres días? -Mostraban la traza de dos seres de roca con tono grisáseo y la piel renegrida como efigies hieráticas, como si fueran de mármol. -Eran de piedra maciza y estaban sentados frente al hilo de fieras, asentó el policía. Y, además, conversaban y sus bocas movían, o hacían como que, y los labios sonreían y se enseriaban también -remató. -Nos sorprende lo que dice, señor policía –exclamó Erick, extraño- concluía la visita, y en efecto, pero, no sabemos más de eso -dijeron- les ruego disculpen, no entendemo nada, quizá, dormitábamos.

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-Tenemos prueba de ello de que se hallaban sumidos como moles rupestres desde hace 3 días con sus 3 noches. Sus camisas desgarramos y ni se movieron siquiera -agregó el funcionario. Erick y Erasmo se levantaron camisas y, en efecto, estaban ambas rasgadas. -Señor comisario: no tenemos explicación para ello, somos arqueólogos y admirábamos el área con interés específico, nada más. Estamos en el hotel Aesthens Delta en el centro de Atenas, pueden verificarlo, si gustan, aquí están ambas llaves. Y aportaron detalles y múltiples hechos todos fehacientes y obvios, tan claros como el agua, toda clase de informes, interpretaciones y datos, hasta agotar lo ocurrido, lo que todos sabían y no sabían más que los hechos. Al parecer convencieron a los dos comisarios que, por su parte, exploraban el hecho, virgen de todo. Se trataba de profesionales maestros que exploraban lo antiguo, no hay delito a la puerta, ninguno, nada confirmado. Se persuadieron, al fin, y con excusas y efugios, se despidieron de ambos y solicitaron informes de su dependencia y colegio donde su clase exponían . -Nada tiene explicación, señores, han estado petrificados, nada más, como bloques de piedra frente a la ristra de leones igual de rocosos. No hay delito en todo eso, en nada que hicieron, se absorvieron nomás y nada al parecer ocurrió, perdón, pueden retirarse. Nomás dejen teléfonos y de pasaportes los números, domicilio y escuela y ciudad donde viven y de la institución en que laboran. Muchas gracias. Y regresaron a Atenas en un océano de dudas y nuevas preguntas se hicieron sin conocer las respuestas ni las razones de ello. Pero, algo había. Un entorno de encuestas rodeaba la isleta y muchos traumas hirientes consternaban y herían y asombraban a ellos. Ya a bordo del barco en que ambos volvieron, precisaron el todo o

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a medias situaron. Con prevista cautela de lo que estaban seguros y lógicamente pasmados, estimaron: -Tal vez los leones lo sepan y son los que han estatuado a los dos, sólo eso, no hay respuesta que valga. -No digas nada, Erasmo, ¡shhht!, vamos, vámonos, con prisa –bisbiseó Erick, cauto, entre dientes, más sombrío que la noche y más noche que sombrío y advirtió nuevamente: -No digas nada, nada, hay demasiada gente, sígueme, rogó hacerlo. Delos y Apolo en ese mítico viaje se confabularon con ellos, sólo así. -¡Shhht...!

AMOR SIN ORILLAS

Al concluir los estudios en la universidad de la Hélade en el año en que más requería de estudio y esfuerzo de Erasmo, su amigo, ¿qué creen que pasó?, se enamoró como efebo de una bella francesa, Emma Rouald, como Cyrano a Roxana, su prima, de quien sólo sabía la atracción literaria que entre ambos había. Ese amor repentino de Erasmo y de Emma, una mujer campesina de la granja de Berteaux, en Francia, era insólito y único en plena etapa de exámenes últimos. Cuando estaba a punto de hacer rebanadas su mente y migajas su alma, debiendo estar entregado a su carrera de arqueólogo, que aparece un doctor de linaje aristócrata que con chuecas argucias la atrapa y embauca. Pide la mano a su padre que, sin pensar, la concede con evidente premura por la ilusión obsesiva de aleación cortesana con el médico y noble. Ella accede pensando en un hogar de boato y de gran señorío, y Erasmo, al enterarse de

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aquello del galo galeno y de la mujer de sus sueños, se ensimismó tanto el... arqueólogo... que cerró su candado y dio vuelco a sus penas y a su pasión sin orillas. Le afectó tanto esa alianza que comprimía su vida que de milagro estudiaba si lo hacía, hasta que ocurrió lo indecible, penosamente funesto, aunque no es bueno recrearse con las penas ajenas, pero lo que ocurrio con Erasmo lo sacó del abismo en que estaba sumido hasta el fondo de su ánima. No debo pensar así, no, no, no es de hombre de altura, pero lo impensado ocurrió y ocurrió como impacto y de altura, como fin de una pausa infel y pagana en el país donde estaba. Emma era, en efecto, una chica de cromo y de oro en certamen, de concurso y trofeo a sus 13 años de vida, y su padre, el señor Rouault, la internó en un convento que para entonces colmaba la prisión de sus sueños y en donde sería luz y linterna de un cielo lumínico, esplendor al cuadrado y de la mayor eminencia. Al salir egresada de esa casa devota y disponer de un hogar en forma libérrima, se volvió autoritaria, cacique y tirana. Rechazó las labores del agro por zafias y burdas considerando que amar y vivir y casarse en su medio de su comodidad y molicie, era un triunfo para ella de cuatrocientos quilates que desde niña tenía ese empeño creciente que circundaba su mundo estirado y dilecto. Cuando su padre sufrió la fractura en la pierna ¿derecha? que requería de galeno, escalpelo y cuidados de forma inmediata, llamaron al médico Carlos quien entonces vivía en el área cercana a ella y al padre, y este, que pronto acudía, conoció la presencia de esa bella criatura en su primera visita y se quedó derretido por esa hermosura de lindo moblaje de quien se enamoró con sólo mirarla. Con motivo del miembro que requería de atenciones, volvía y volvía y con frecuencia de más. El doctor regresaba con la intención de admirar a la hija de cielo y, de paso, a la pierna, y disfrutar a esa dama de estampa divina hasta que, después de tantos encuentros por

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razones de oficio, y por haber enviudado, tras un plazo prudente, pidió la mano de ella que el padre otorgó con notorio anticipo pensando en el medio en que Emma caería y socialmente encumbraba. Aceptó así el compromiso. Carlos no era precisamente un galán o una joya para el estuche de Emma o para otra cualquiera, ni la luz del hogar que tanto anhelaba con pasión sin medida porque la trataba con frío y no dejaba ventana para el calor que llegaba. Emma se desencantó a la primera por la apatía descarada y, además, por la suegra que terciaba seguido en la casa de ella y contrariaba y turbaba como silla mal puesta en la casa no suya. Erasmo estaba seguro, de principio a fin, que Carlos sería el vaso y la sed que Emma aspiraba para regar su desierto soleado, era su amador y la amaba. Después supo –y no sin angustia- que ella iba a residir a otra parte de ahí con su esposo y doctor y en el fin de este mundo, porque su salud, (no muy buena) se invertía y su ánimo no muy bienvenido en ese sitio rural le produjo el retiro después de haber compartido ese rango ostentoso hasta el tope en la rancia y podrida estatura de la sociedad exclusiva y personalísima. Emigró entonces a Tostes desde el núcleo de Younville, mucho más espacioso y a instancias de Carlos, su esposo e Hipócrates, para desatar su cadena que la torturaba. Erasmo veía que el doctor, su marido, consultor y su apoyo, condescendía a caprichos y no observaba en su alma los turbios contornos que ella poseía y era presa de grandes roturas y simas. Era torpe, mediocre, engreído, enmadrado y muy poco sensible y no sabía de intuitivo ni pensaba ser, ni podía. En la otra ciudad encontraba de nueva cuenta que tampoco era el sitio apropiado y gentil que ella esperaba, era más bien del esposo, otro lapsus del día en que Erasmo caía sin siquiera sospechar ni intuir, un madero sobre otro. Volvía de nuevo a lo mismo como parte de su ínfimo y abúlico cosmos, estrecho y maltrecho, y da

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así bienvenida a su hija primera que Bertha nombraron. Y es hechizada Emma por el amor de un pasante de notario llamado, León Dupuiss, con artimañas poéticas que la maren y la atontan, y luego Rodolfo, otro amante, Rodolfo Boulanger que la seduce y arropa, y después un tenor operístico que lejos estaba, muy lejos de ser lo que ella aspiraba: Prender su recóndito cirio y alumbrar con él su existencia, era mucho, muchísimo, según parece en su mundo. Y no sólo era uno, sino dos la colmaban y al unísono ambos, lo mismo León que Rodolfo, y se encontraba endeudada hasta las puntas del árbol que estaba frente al castillo con el color de la imagen que adentro negreaba, abrumaba y cedía. La insatisfacción la asediaba. -¡Soy Erasmo, mi Emma, soy el hombre que buscas!, deliraba el arqueólogo en total descalabro. No podía ser de otro modo, estaba adentro, cautiva, y debía confesar sus desvíos y su viva quimera, garantizar igualmente que era la parte que ella en su futuro buscaba no bien integrado y llenar su tarro de miel de su vida un tanto amarga y avieso, no encontraba el lugar para su ardor y constancia de vehementes matices en que ella soñaba. Le faltaba reloj para su hora feliz y para su tic hacedero que no lograba tener ni rehacer su modelo de un timbre que vibre, llamee y asolee la techumbre de su alma deseosa y amante, que amojone el ahora que tanto persigue. Que llene el abismo y sus pilas de ensueños con la mejor de las ansias que conforrnan los grados del cobertor de su alcoba y veinte y cuatro delirios que su mente merece y percibe que falta y que tanto carece, tanto, tanto, tanto, ya no es posible. Espera el delta del río y la corriente impetuosa y la presencia del hombre con H mayúscula, ¡qué carencias, Dios mío!, así soy y seré, siempre he sido. -Somos dos, mi Emma, mi Emma querida, somos dos, y yo soy ese otro que aguardas. No sólo lo creo, estoy seguro, que con dos que se inflamen, la pasión explosiona, no dudes de ello, mi Emma, tu rompecabezas está aquí. Voy por ti.

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En el momento preciso de tomar decisiones y dirigirse hacia ella, el ser bienamado, al huronear sus impresos y hojear los capítulos del libro afamado, observó luego el final y ¡oh, sorpresa!, dos lágrimas gruesas se conviertieron en perlas en un océano de mares y se lanzaron tras Emma perdido: Con ello dio cierre a ese párrafo límite y a la frase final que fue todo su nunca. Se acabó al cabo y leía: “Y Emma se echó a reír, con sonrisa atroz, frenética, desesperada, creyendo ver en la cara espantosa del desgraciado que surgía de las nieblas eternas como un espanto”. Y luego: “Una convulsión la derrumbó de nuevo sobre el colchón. Todos se acercaron. Ya había dejado de existir”. ….. Antes, el día anterior, Emma amaneció desmejorada, y el esposo leyó la misiva que había en su íntima alcoba donde informaba que había ingerido arsénico y que a nadie, nadie en el mundo, se juzgara por ello. Decidió con apremio escribir un mensaje al autor de este texto que dejaba su alma deshecha y podrida, hecha garras, añicos y ciscos, con un ciento de tiras deshilachadas y sucias. Y decía así: “Señor Gustave Faubert: Lamento mucho que haya usted arribado a esta no hábil maniobra e impensada estrategia, e imprevista también, por lo que expreso a usted mi disenso e inconformidad manifiesta, desencanto y tremenda censura por ello. Yo tenía –debo decir- opinión muy distinta y mucho mejor de su pluma y de su alma cimera y de su gran estatura, y no el acento final con que ocluyó su novela y mi amor aparcado frente a esa tragedia de tan bella heroina.

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¡Cómo se le ocurre a usted, después de tantos extremos, hacer eso, caramba!, la personalidad de Emma de cielo y ternura, su sensibilidad la levanta y no era para eso y destruirla así, así nada más, no es creible, ¿no halló, usted, acaso, un recurso mejor para auparla? Podía haberla secuestrado. ¡Qué va!, no me explico. Atentamente. Erasmo López.

CONGRESO CON SALDO

Erick y Erasmo han sido invitados al Congreso de Kiev, en Ucrania, sobre Arqueología e Historia convocado por la universidad del país y la Comisión de Antropología de la propia escuela. Los alojaron en el hotel Radisson Blue en el margen derecho Oeste de Kiev, muy céntrico, cerca de la catedral de San Volodimir (madre de la iglesia ortodoxa), el Teatro de la Opera, la Puerta Dorada cuyo original data del 1037, y la Catedral de Santa Sofía, que es patrimonio mundial de la UNESCO desde 1990, y a 10 minutos de la universidad convocante llamada Taras Shevchenko, poeta ruso, y el lugar del evento donde se reunirían por lo menos 4 días. Tengo un deseo especial y quizá a Erasmo le agrade, estoy seguro, querrá conocer a la famosa Ooparts Esfera Negra, un ovoide pequeño de 8 centímetros de diámetro localizado en 1975 y que ha causado estupor en el medio científico, especialmente el ruso, con desbordantes hipótesis como las demás Ooparts que han despiertado excepcional atractivo. Lo leí en el libro “La Trastienda de la Ciencia”, de Cristina Torre Sáenz, periodista española. Ooparts es un acrónimo que en inglés significa Out of Place Artifact, (O-O-P-ARTS) y en español, “objeto fuera de lugar”. 31  


¿Será, acaso, extraterrestre, en efecto, como según señalan?, ¿antimateria?, ¿globo minúsculo de comunicación extrasensorial y de pretérito insólito?, ¿tiene, en verdad, diez millones de años?, ¿es una esfera minúscula fuera de serie como la pintan? Chi lo sa. Es asombroso ese Ooparts que quiero conocer y admirar en estos días en Kiev, deseamos de hecho los dos, Erasmo y yo, estoy seguro. Es un misterio arqueológico y necesitamos estudiar meticulosamente a él ahora que la opotunidad se nos abre. Al siguiente día, como a las 8, temprano, al salir del hotel junto a otros colegas que portaban el dossier con las mesas de trabajo y el programa respectivo, por lo menos 80 de ellos salían del hotel R. Bleu de diversos países por la pluralidad de las lenguas que escuchábamos ahora, y se disponían a abordar autobuses con las mantas y el logo de la universidad ucraniana y del archipiélago Hidropark que ostenta el balneario de la isla llamada Veneciana que está a un lado de Kiev y con dos puentes que la enlazan: El Puente del Metro y el Puente Susanivka, a derecha e izquierda de la ínsula esa. Después de indagar esto y más, Erasmo y yo, ya formados en la fila de asistentes que nos conducirían al Congreso, pasó algo inusual que derivó en consecuente extrañeza. Circunstancia fortuita o circunstancia inhabida en este mundo matraca, pero, fue. En ese momento cruzó por la acera en que estábamos formados una moza ucraniana, adorable criatura, con atributos de más y de especial magnetismo, una hermosa kievita que lanzó sobre Erasmo su anzuelo aguzado y de sus ojos bajó un discreto saludo con inclinación de la testa, provocante y sentido. -¿Y eso?, palideció Erasmo, y se dirigió tras sus pasos y con prisa se fue. Antes de entrar a la empresa en donde ella laboraba, con radiografías exactas y en su izquierda y derecha, y a dos cuadras del autobús, le dio alcance y hablaron, hablaron y

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hablaron, y quedaron de verse con cita acordada, hora y lugar, para hoy por la tarde y a mediodía, también. Al regresar con Erick, sólo Erasmo anunció: -Se llama Iryna y veré hoy a comer y después a cenar. -Te desconozco, Erasmo, ¿no eras tan... tan... tan arrojado? -Me impresionó –repuso. Al estudiar el programa del Congreso al que iban, se dio cuenta que estaba incluida la visita al Monasterio de las Cuevas en el margen Oeste del río Dniéper, en una zona boscosa donde se alojaban ayer los monjes del período Neolítico y otros más en el siglo XI d. de C. -Veré a Iryna a las 7 en que sale de su oficina, y al mediodía comeremos entre las 12 y las 13, advirtió el Romeo y se refería a su Julieta, perdido ya, sin remedio, irremisiblemente impactado. -Tienes muy comprometido tu tiempo, sonrió irónico Erick, también hay Congreso, ¿sabías? El Congreso corrió como aceite en el piso, lubricado y untado, como todo simposio y con mucho extranjero como estaba previsto, y el romance de Erasmo prosiguó por la pista de los autos veloces y mantenía su vanguardia con tórrido avance, cada vez más fogoso, formal e importado. Tres horas al día asistiría Erasmo al Congreso, el Monteschi extraviado. Fue un disparo certero, tele-dirigido y de súbito. Cupido hizo lo suyo como acostumbraba a centrar sabiamente y versado: conquistó y se marchó. ¡Vaya, hombre, ya treintañeabas! Y al visitar el Monasterio de las Cuevas, aquí, y los templos del área, no concurrió, por supuesto, Erasmo Montesco, estaba incorpóreo, enfatizó Nick. -Viajará Iryna a México para conocer a mis padres y si lo hace así en dos meses habrá nupcias y todo, y en la luna de miel viajaremos a visitar a los suyos a Odesa, al

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sur del país, “la más europea de las ciudades rusas”, como dijo Puchkin, donde hay un Museo Arqueológico que, por cierto, te invito, Erick, está interesante, de veras, vamos, ¿me acompañas? La desesperación se hizo prisa, como todas las aves que vuelan con vértigo e imponen récord y presumen de serlo, además. La prisa se hizo así y al rato, como liebre asustada, se volvió ágil y enérgica. Se hizo esperanza y ganó luego en delirio y sueños totales. Pasaron los meses, no precisamente pacíficos, sino con gran diligencia, prestos y urgentes. Estando a punto de arribo el avión Boeing a la urbe paterna de Erasmo y fmilia, llegó el momento de ir al aeropuerto por ella y la indecisión se movía de izquierda a derecha, sin cesar, inquietante, de un lugar para otro, con turbación manifiesta porque al inquirir por su estancia le aseguró Iryna no precisa aún que… -Uno o dos meses, quizá, confirmó ella, y el segundo sería de bodorrio seguro, pensó Erasmo, y la fecha de arribo es hoy, ojalá no demore, a las tardanzas le temo porque aplazar significa retrasar ilusiones, felicidad en la cuerda, pero floja, y con riesgo de más. Y anteriormente inquirió: -¿Sabes la fecha?, ¿ya?, preguntaba a larga distancia, todo intranquilo. ¿Cuánto tiempo vendrás?, repreguntó, ¿no has decidido aún?, ¿serán dos meses?, lo que equivalía a decir, ¿nos casamos?, ¿o lo postergamos?, no quería ni imaginarse siquiera ahora. -Llegando te digo, repetía. En fin. En otra fecha confirma que puede ser hoy o maħana, porque hoy es su día de arribo y que espera, patalea. Se hizo síntoma grave de un mal que volvía, de un gozo gigante y de un amor en picada resuelto y lanzado. El categórico SÍ lo esperaba,

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impaciente y nervioso, para echar los badajos al aire y repicar a rebato, sonar las campanas y aturdir los oídos a cuanta gente escuchara y se atarullara con ello. De tanto pensar y pensar y dar vueltas al eje de su simétrica esfera, los nudillos estaban como globo en espera y de tanto desear que llegara su Iryna, que suenan, de pronto, las llantas del monstruo con frenos chirriantes y el ulular de turbinas se hizo fragor y bramido. La carta lacrada o a punto de abrirse del hondo desorden que había en su contorno, el desbarajuste y el caos se hizo luego, leyóse enseguida en el rostro de Erasmo el apuro y ahogo, todo impaciente y urgido. Viene, vendrá, ya viene, el pandemónium me ahorca, ya llega, hela ahí, ya llegó, ¡hurra, hurra! -Hello, good morning, ¿how was your trip? ... ¿ok?... I am mentally disturbed person now, ¿one or two months? ... tell me. -¡Ja, ja, ja!, two months, unbelieving! -Perfect, thanks, thanks very much, we married, ¿yes? Luego vino el saludo y la presentación a los padres de él, a los hermanos y primos, a los sobrinos y amigos, a parientes y a otros, entre los que se encontraba Erick, su socio, y socio en todo. Y ¡salud! repitieron. Celebró a la par su alegría y el infaltable regalo por encontrarse en esta ciudd y por vez primera. Aparecieron, de pronto, los bebestibles propicios de los tres paîses, a saber: la malta de Escocia, el elixir de Francia y el aguarras mexicano. Se repetía ¡salud! con carretonadas de risas, chistes y todo, decibeles altísimos, befas y bromas de un kilómetro de altura y con brincos bailaban, brincaban por todo y blandían expresiones de grueso calibre que inauguraban la dicha y el contento mayúsculo de ambos futuros. Sin faltar, como fondo, “La Barca de Guaymas”, “La Negra” y “La Cúcara, Mácara”, y todos los sones que nadie imagina ni podrá imaginar y eran trompos danzantes.

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El padre de Erasmo, el más sereno de todos que temperaba el jaleo… ¡qué va a temperar!... en compañía de las damas, propuso un brindis conjunto para la nueva inquilina del patronímico López que pronto, muy pronto, ingresaría a su milicia. Y expresó su alegría: -I want to make a toast... by Iryna... ¡welcome to family Lopez!, ¡Salud, Iryna! Y levantaron las copas y se abrió el griterío que a borbollones paseaba sin cuento ni drama, y se repetía, ¡salud!, ¡salud!, ¡salud!... Iryna lo hizo igual y admiraba el ambiente que no conocía ni esperaba conocer ni en esta hora ni nunca, ni presentía. El país del alegre y hoy prometido galán, se explayaba afectuoso el corrillo ruidoso. -Thanks to all –respondió Iryna- levantando la copa y degustando enseguida la variedad de antojitos en circulares charolas que pasaban. Así daba el pitido ese tren de tan alegre de tan amigable familia que muy pronto sería de la nueva consorte del benjamín de los López... Iryna de... suena bien. Y pasaron las horas, más o menos así, y el trato y el brindis de las copas viajeras y de cascos lo mismo, precedieron al diablo efusivo y locuaz, en tanto el relajo y las bullas tronantes, interminables y largas, se dieron cita metódica hasta agotar el jaleo que fue inacabable y larguísimo de millas y leguas de danza. Y al día que seguía, la limpieza devino como escoba puestísima y con reglamento a la puerta en lo comprendible y asible que, entre muchas tareas, el lavado de trastos, era uno; el trapazo a los mismos, era otro, el barrido de casa y el recoger todo muerto que bien muerto quedaba (“muerto”, botella vacía) y la gruesa resaca que con tres ambarinasas bien helodias se agota de súbito y si se exceden, retoman. La casa tomó su cadencia y el equilibrio se puso así de guapérrimo, e iniciaron de nuevo las prisas y vueltas para el acto de bodas que era el punto cimero de la gran batahola y la soga civil que ya

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venían venir, ambos novios firmarían en la casa colmada y rebosante de amigos que un majo como él estaba apuntadísimo. Al final, no fue en casa ni… Los documentos que Iryna debía de exhibir como novia extranjera, es llenar el formato que daba la anuencia, presentar el pasaporte en original y la copia y el pago correspondiente y nada más... ¡estaba listo!, y al cabo de días, el Registro Civil estaría a su servicio con la invitada protagónica. Celebración apoteósica. Tramitada y cubierta la expedición de papeles y de datos afines, todo estaría funcionado para el ahorque y la soga que los vincularían. Llegó el día, por fin, de las nupcias y todo, y se entregaron doscientas y más participaciones a familiares y amigos para el banquete suntuoso en un lugar amueblado de sillas y mesas y otra más hacia el centro que frente al grupo estaría novio y novia. Todo listo. Se preparaba ya y estaba en camino. Iryna fue por la tarde a la casa de Erasmo y conversaron tranquilos, apacibles y dulces, él estaba radiante y ella serena y paciente, o más bien, conmovida y esquiva se observaba. No opinaba y sabía que es común todo aquello que de nervios se ataba, se estremeciera y turbara. Y no pocos lo sientían. Porque contraer matrimonio y los pasos que siguen es un todo completo, completísimo y diestro, radicalmente se alteran, se afectan y cambian toda clase de cosas, y si el sol se apagara o la luna se fuera, mañana vendrían y entonces zanjaban lo zanjable de uso. Se despidieron temprano con un... ¡buenas noches!... y se encomendaron, mejor dicho, se encomendó él a su Dios y con fe parecía que el Kakratoa erupcionaba. -I wait an hour before eleven o´clock. En la mañana siguiente, a las 10 sin minutos, ahí estaba él de guindilla, de traje Erasmo, y en el hotel de su Iryna, el atavío formal para asistir al evento del Registro Civil con banquete y mariachi en una sala alquilada y no en el hogar de los padres

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como hubieran deseado, por el tropel de invitados que ya no cabían ni ajustados podían. Llegó a la administración del hotel y marcó el teléfono de ella –estaba pálidoal cuarto 18: -Ring, ring, ring!, no contestaba. Y otra vez: -¡Ring, ring, ring!, debe estar indispuesta, postrada o enferma, tal vez, ni lo mande Dios, que no sea así, ¡carajo! -Señor camarero, ¿podría abrirme la habitación 18 para ver a la usuaria que es mi esposa futura?, debe estar con molestias. Es mi novia, y más tarde será mi enlace ahora mismo. El empleado encargado de la llave maestra subió al piso primero con Erasmo, intrigado, y dio vuelta a la pieza que atarugaba el postigo y abría la cancela. Entró el novio primero, vio el vestido de ella que portaría en la cita sobre la cama acolchada, todo solo, y una carta en donde escribía –conjeturaba- la razón de su ausencia, totalmente impensada. Leyó Erasmo descompuesto:

-Erasmo, I love you, but I'm going now, you're happy, you deserve it, not look for me, plis, Erasmo. Goodbye. Iryna

(-Erasmo, te quiero mucho, pero, me voy ahora, que seas feliz, te lo mereces, no me busques, por favor, Erasmo. Adiós. Iryna.)

Erasmo fue desde entonces un hombre entoldado, y esas nieblas cubrieron gran parte de él y se volvió inasible, cerrado y obtuso, inconcluso y borroso. Nunca más volvió a ser como era.

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REENCUENTRO SIN NIÑO

¡Erick, Erick, deja decirte algo!, llegó Matilde Rivera, la Mati, ¿te acuerdas?, con su nieta menor, Matildita, de Guadalajara, ¿sí?, le decían la Quilica, ¿por qué?, ¡quién sabe, no averigüemos ahora! Viene por pocos días y quedé en verla mañana a las diez a. m. en la casa en que vive Nora, la prima, que tiene aquí ya hace tiempo, ¿me acompañas?, dije que estabas aquí y que acá residías y me pidió saludarte, se acuerda mucho de ti y sólo viene por muy pocos días, ¿vamos? Hace... 60 años… que no nos miramos y ni por retrato siquiera, vino hace tiempo, pero no estábamos aquí, ¡mala suerte! Siento como alas que vuelan y que se mueven aprisa alderredor de Matilde, que suben y alean, desde la escuela primaria no nos miramos, ¡qué caray!, sorpresa que habrá de tener -kinder, primaria y secundaria- de aquel tiempo que ha sido y no volverá ni por el cambio siquiera, nunca más, sólo nos quedan recuerdos de ella hace ya muchos años, ese recuerdo que lleva a momentos sublimes, imperecederos de toda estatura que nos abanican de lleno, ¡qué de cosas, caramba! y, además, cuántos buenos amigos que fueron y conformamos la época y que la memoria reúne. Fue una etapa que no regresará ni con grúa ni nada, ni con la palanca de Arquímedes, no volverá tampoco. Se eterniza el pasado y se atirantan los años y los avatares regresan con la memoria del ayer que cabalga dispuesta si aún algo se engoma: allá está Pepe, Ramón, Sebastián, la Blanca Torres, el Tomate, la Güera Luisa, Pablo, el Pechugas, Ramona, el Pascual Roberto, Felipe... tantos... tantos… son más los que olvido que los que ahora recuerdo, ¡qué vida aquella y qué época tierna aquella!, ¿dónde estarán esos grandes y buenos amigos pasados?

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-Con gusto, Erasmo, iremos juntos allá, o llegaré por ahí, pero, un poco después, no a esa hora, un compromiso familiar me detiene y estanca, te alcanzaré mejor por allá. Evocaremos con ella aquellos tiempos mejores que el entonces movía en la estancia paterna y que ahora tratamos de reintegrar sin fortuna en la posada del alma y en el techo casero que no construimos, sino más bien testereamos y constatamos al hojear el libro de estelas, de evocación y nostalgia cuando juntos formamos esos campos y patios tan serenos ayer y tan rebeldes hoy y que ahora se centran en un nimio rectángulo y un ordenador, cuando mucho, que a los chicos emboban y paralizan su juicio y a la vez hipnotizan, por no decir idiotizan e insensibilizan su paso y a la pasividad consecuente entumece su estar y a su ser por adentro en ese espacio electrónico que, si se les hinchan los ánimos, con el infierno comparan y con el purgatorio, su hijo, que dondequiera aperturan y prostituyen y degradan al nautaciber sediento. Hoy voltean calendarios los que anidan el cambio del ayer por el hoy donde hay, casi siempre, si no diferencias extremas, desigualdades horribles, añoranzas que duermen y que roncan felices en los tiempos de antes con esos juegos que hoy enumero: la matatena, los yecsis, el balero, el papalote, el trompo, las canicas, las catotas, “la pelegrina” y tantos otros, ¿te acuerdas?, el cani, cani y las escondidas, el “engarróteseme´ai”, ahora ya trasnochados y todos disueltos en el aire que inhalamos, a la vez que, claramente envarados, evaluamos por metros y largos kilómetros su acinesia fatal. Sólo hoy entretiene el quehacer digital en este campo que corre con una sola palabra que cibernético llaman y los juegos que son una real mezcolanza de argucias y amaños porque los demás se perdieron y partieron felices al desuso y cesiones. Con la habilidad del esculque y que Matusalem lo consiente, todo es pretérito ya y es puerta expedita al futuro de otro ciclo que llega a la expansión renovada, en

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tanto el púber y el joven que ayer convivían con ingenua postura y por “merecedores” se daban, rodaban llantas usadas por no decir vejestorios y que aprovechaban los míseros de conducta y monedas, o como antes decíamos, se endomingaban. ¡Ah, y los novios!, que Juan pretende a Paulina, que Julio a la Rosa, que Berta a Fulano o Quien-Sabe a Zutana, en donde la novia misma ignoraba el acecho y el padre y la madre también, eran siempre los últimos en saber el suegrazgo que los etiquetaban sin ser, (¿qué eres novio de Eva?... sí, sí... pero, no lo digas, porque no lo sabe ella aún) enredo que impuso el que busca la infancia con amores ingenuos que componían los días con el buril antañoso y la ceguera de los fósiles. Fue un edén todo aquello que se grabó con mucílago lo que entrenábamos todos, ¡felices años!, ¡cuántas cosas invocaremos con la Mati de ahora, porque en la escuela de párvulos, la primaria o la otra, fueron de oro los juegos, la distracción de diamante, los novios de plata y la existencia de bronce, plataforma e impulso inviolable. ¡Lo reviviremos con Mati, esa franja de años que el pospretérito oculta, tiene el sabor y el aroma de las cosas que fueron y hoy apenas palpitan o muy poco de ellas se ocultan, ese tiempo se ha ido de esos años de lucen y que la memoria registra tan malamente erigida. El encuentro será, estoy seguro, con reminiscencias abiertas del pasado inmediato, mañanero y jocundo, que no bien sabe el mozo. No será, júrenlo bien, de dolencias y achaques ni de menguas o daños que la vida amplifica, no, no será, no es materia que curse el dolor que atolondra ni el pesar que lastima o aflicción que conduela o se jacte de ser un porrazo que enseña y aplica bien su enseñanza. Dan ganas de decir: el valor no es decirlo ni el pudor es callarlo, la dolecia es al viejo lo que el agua a la lluvia y hay que temer a esa flora porque poco se riega y cuando se empapa se muere, porque no viene sola y como Platón exclamó y decía bien, ¡para qué desear lo pasado, si ya pasó!

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Cuando está la boca decrépita y hablar de desgastes y de insuficiencias mayores, no es nada raro y difícil y resumir las dolencias como rasgo común de la edad caminera, es cosa corirente y de hábitos diarios, lo bueno es decirlo y lo malo es tenerlo: que daños hepáticos, que colesterol y glucosa, que triglicéridos altos, que hipertensión sensorial, que prostatitis aguda, que infección en el alma, que en el espíritu, cáncer, o diarrea en el cerebro, todo de eso hablaremos y de eso con tacto o no comentaremos. Cuando los años escarban, remueven y atizan, menoscaban y ofenden, y eso mejor ni tocarlo. La enfermedad y los años van los dos de la mano. Dice el adagio, ¿son los años de más o los años de menos? Es peor lo segundo. Quien los tiene lo sabe. Nada de eso charlaremos, nada Matilde, te lo juro. Cuando llegó el día del encuentro y la hora pactada, como súbdito inglés estuve presto a la puerta, dejé para luego deberes y engorros, porque si el tiempo me sobra, lo reservo mejor para Mati, para luego lo dejo, y estaré ahì muy prendido con diez minutos, o antes, a las 9.50, para acudir al reestreno de esa cinta caduca, olvidada y remisa. Llamé a un taxi cercano y ni perez ni tardo me encaminé a casa de Nora, la prima de Mati, ubicado en Juárez y Adargas, ¡siempre listo!, como cuando era boy scout, ¡siempre listo! Y llegué a las calles que forman esa esquina del centro, diez minutos previos, como el reloj aquel del cu cu que retrasaba. Su lema tenía algo de inglés: Si pretendes ser puntual y acercarte a cualquiera, llega a tiempo y a punto. Incorregible el ex-joven. Ser puntual significa estar siempre a la hora con el reloj de pulsera o ganarle al cronómetro exacto, ¿cómo le hago, pues?, tengo un omega en las sienes y no para. -Me enfrentaré a esa puerta y... ¡toc, toc, toc...! -¡Mmmm...!, no contestan, otra vez: ¡toc, toc, toc! -Tampoco.

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-¡Nñññ, ñññ! -Sólo se oye un niño que llora, hay alguien. -¡Ña, ña, ñaaaa! -Debe haber gente postrada, decía, me preocupaba por él. Y el llanto volvía y volvía con angustia: -Ña, ñaa, ñaaaaa!, inconsolable plañía el niñito. Tocó otra vez, y ya por último, y regresó el alarido con hambre o con sed o con ropas mojadas o con pavor al encierro o con el sueño pesado de alguien que posa, reposa y abusa, yace y con vela o cansancio de más. -¿Y la madre? –pensó- la nieta o las hijas u otras personas, ¿no escuchan, acaso?, es un terco berrido multiplicado por diez, criatura en la cama o griterío en la cuna, ¡pobre chiquillo! -Bueno, ya pensé mucho, ya me iré y volveré. Sí, me voy, vendré más tarde, soy demasiado oportuno y siempre terco y maniático. ¿Adargas y Juárez? ¿Me habré equivocado? Al volver la vista a la acera, encontré un taxi aparcando que bajaba de él el pasaje y salía el saludo, más que vigente, quizá 10 minutos después, y ahora gritaba, ahora: -Erasmo, mi amigo, eres puntual como siempre, relojito de porra, debí suponerlo, venimos de misa y nos demoramos un poco, pero, ¡pasa, pasa! Y se encontró con los besos y viejos abrazos que palmoteaban los años que ya muchos sumaban, uno tras otro, y con la vista clavada como escrutando a Matilde el semblante de aquella antes de ahora, de tiempo atrás, de mucha distancia, examinaba y volvía a escudriñar de nueva cuenta.

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-Pero, ¿eres tú, de veras?, es que estás igualito al que ayer conocí hace 70 años, pero con años mejores. He de verme yo así en tu retina. Está mal el espejo, ¿no? -¿Y Erick?, preguntó Erasmo. -¿El de compromisos a última hora? Ahora viene. Traspusieron la puerta y acapararon la sala y desenrrollaron la cháchara que estaba bien amarrada. Te presento a Nora, mi prima, de la que hablé con Erick. Y mi nieta. Es un placer conocerlas, mucho gusto. Y a las poltronas cayeron como caldo a la olla, reconocíéndose ambos, catorce lustros miraban de frente y soslayo y de un lado hacia otro, eran remanentes pésimos. -¿Cómo has estado, Matilde, hay mucho tiempo en ese bello semblante y en tu larga figura. -Sí, ocho siglos después, rió Mati, alborozada. -Por cierto, lloraba el niño al llegar, tiene hambre el chiquillo, tal vez, porque mucho lloraba. -¿El niño?, preguntó Nora, ¿cuál niño? -El que está en su cunita, supongo, señaló Erasmo. -No hay niños aquí, no hay ya nadie en casa, por ahora, mis hijos no están y hace tiempo se fueron y sus parientes también, están en Tijuana, y la nieta de Mati es aún jovencita, está en la Prepa apenas y no es casadera aún, exclamó Nora. -¿No hay niño en la casa? -extrañóse Erasmo. -No, reafirmó Nora, hace mucho tiempo que nadie solloza, no llora aquí, y un chiquillo menos, los de casa están viejos y hace años... -Es un niño de meses y lloró mucho, de veras, lo hizo tres o cinco veces más antes que ustedes llegaran, contestó anonadado Erasmo.

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-¿Lo escuchó llorar?, preguntó Nora. -Sí, tres o cinco veces, confirmó el amigo atónito, dudando ahora. -No hay niños aquí, pues –corroboró Nora- pero, no es extraño que ocurra, me lo han dicho ya. Erasmo quedó como efigie y no pudo integrarse, de una sóla pieza quedó como bulto apretado. -Pero, ¿no hay niño, de veras?, y el que...

DESCONCIERTO SIN PUERTO

Aun cuando mi primo y compadre, Daniel, “El Espeso”, con quien solía establecer charla cualquiera con sensible embeleso, conversábamos plácidos de todo y de nada y era más que frecuente hacer eso por horas, enfrascadísimos siempre. Le dedicábamos tiempo y con fervor chachareábamos sin agenda ni horario, ¡qué guacamayas nos veíamos! -¿Por qué llaman “El Espeso” a tu compadre? -No sé, pero lo llamamos así desde que el mar sabe sal. Confirmamos al hijo que tuve con mi amada suplente, Merce, en los tiempos en que se habituaba tener de padrino al padre biológico para enmascarar el depósito y cobrar intereses sensibles sin temor a prejuicios. Es un caso especial porque Merce no era mi esposa, pero el chilpayate, sí, si era parte de mi vida misma, desde luego, el que ambos tuvimos y convinimos en llevar ante el señor obispo para disfrazar el encargo y el timbre de envío porque tiene el rostro calcado con papel carbón y facsímil a mis pobres costillas, está enterito el mocoso.

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Es una buena medida de Merce a quien los chismes le valen poco menos que un pelo de arriba porque engendrar era parte de esa acción compartida que ambos pactamos en papel invisible y con tinta deleble, de tal manera que, a la misma vez, era padre y padrino y con copia al carbón, igualito al padrino. La comadre y la madre, que era una a la vez como autora del niño y la del nombre también, expresó la frase y la idea para esa ardua tarea que, por supuesto, ya esperaba a medias, y no podía ni debía contrariar el acuerdo entre ambos. -¿Vamos haciéndolo? ¿El chamaco? -Sí, te convierto en padre y padrino al mismo tiempo y mecenas por años, por la ley y la colcha y cuando quieras el otro practicamos el émbolo con propósito claramente definido. Yo lo crío y tú apoquinas, ¿sale? -¡Qué se va a hacer! Nos llevábamos mejor como amigos, que como esposos o amantes, porque ella era así, una gente sui géneris, enemiga de escrúpulos, naderías y de sesgos que alteraran o hirieran nuestra alianza y jamás ventilaran al aire parentesco alguno, siempre tenía su reserva ella. ¿Y quien soy yo para enfrentarla y contradecirla? No, pues, no, y acepté el convenio. Y así nació el ahijadito, y si le quitas letras, el hijito. ¡Buena historia, compadre, para que alguien la invente y complazca pareceres, ¡ji, ji, ji! ¡Ah, qué compadre!

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Ese día en que los dos intimamos al tintinear de las copas con bebida de dieta, más cubitos de hielo de garrafón bien hervido, retomamos la charla con otro tema ahora si verídico: -Fíjese, compadre, le decía, que ayer me encontré con... con... ese... ese cuate... ¿cómo se llama?... -Mmmm… -Hace...¡uyyy!, mucho tiempo, y tuvimos la charla que ahora le cuento, paso por paso, y con menudencias. -Hace años que no lo miraba y arropé en un abrazo a... a... a ese… a ese amigo... ¿cómo se llama, pues?... ¡me dio gusto saludarlo! y por lo menos hace veinte años tenía de no tratarlo, ¿cómo diablos se llama?... a aquel que... ¿te acuerdas?, ¡qué memoria, compadre! -No, no recuerdo. -¡Sí, hombre, es compañero del Chivi!... el Chivi, ¿qué?... ¡no pego nada, caramba!... Pues, sí, ese es, el Chivi, ¿lo recuerdas? -No. -Bueno, el amigo con quien estaba en la escuela primaria y de la cuadra 40, y desde entonces, desde ese tiempo, no veía ni por asomo... ¡y a qué ni sabes!, ¿qué crees?, ¡no me reconoció el Chivi, tarado!, le dije que era amigo de Pedra, su hermana, y de... de...del fulano del primo. -No tengo ninguna hermana que se llame Pedra, me dijo, y de primos tengo siete u ocho o nueve, ¿cuál de todos? -Acuérdate, Chivi, reprobamos historia y estudiábamos juntos en el patio trasero para el examen final del último grado en que íbamos. -Pero, pero, no puede ser, yo nunca reprobé esa materia y no me dicen el Chivi.

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-Verás, espera, ¿no eras el novio de Mary? -Sí, durante años, y me casé con ella al preñarse dos veces. -¿Ya ves?, ¡bravo!, ¡ya estás precisando!, María Ortiz fue mi amiga y mi compañera de curso. -Pero, no es Ortiz, mi señora, es Estrada. -¿Y no recuerdas que fuimos a la playa cercana y le picó una mantaraya a Juan, el Torote? -¡Ah!, sí, ¿a Juan Cruces? -No, a Juan Luna. -¡Ah, a ese Juan...!, ¿el Pajarito?... -¿Le decían así?... -¿No era del D.F.? -No, de Santiago. -Acuérdate, hombre, el que declamaba Garrik y se le olvidaba siempre que lo hacía y recitaba también La Chacha Micaila, El Seminarista y otros más que no vienen al caso… ¿no te acuerdas? -No, no recuerdo. -Pero, tú eres el Chivi, ¿no? -¿Yo?, yo soy Pedro López. -Pero, recuerda, Chivi, estábamos todos con el maistro Pérez, al que llamábamos...el…el… el tartamudo... ¿cuál es su nombre?... el que jugaba básquet y se casó con la profe de quinto año en primaria a la que apodaban... ¡la de lentes!, ¿ya te olvidaste?... La Directora del plantel que regañaba a Poro, el de la moto, no debes olvidarlo.

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-No, Erasmo, estás confundido, ya te enmadejan los años y son un reguero de ellos, son muchos ya. -Sí, es cierto, debo estar enredado, ¿no eres, el Chivi, pues? -No, soy Pedro López, tu sobrino, el hijo de Carmen, tu hermana, con la que hoy resides, y no soy tu amigo, ni compañero ni cómplice, ni compinche ni nada, soy tu sobrino y voy ahora a sumirme a ese monstruo viandante vestido con coches como seres que corren. Me voy, tío, mucho gusto de verte, nos vemos después que aterrices y te caiga el veinte, me conoces mucho, pero estás embrollado, que te vaya bien, y soy tu sobrino, no lo olvides, Pedro López, adiós. -¿Mi sobrino?, ¿Qué no...? -¿Has visto a un amigo que en falso calumnie o a un sentimiento que engañe? Dicen la verdad y no son falsedades. -¿Sobrino?... ¡mmmm!... hace tiempo no veía. Cuando Erasmo llegó a casa de Carmen, que le cuenta el hallazgo un poco asombrante ocurrido hoy: -Hoy vi a Jesús, tu hijo menor, el del retrato enmarcado en el muro de arriba y saludé como siempre. -Se llamaba Pedro. -¿Pedro? -Erasmo, por favor, hace diez años de eso, el accidente que tuvo, y aún me acongoja, no juegues, por favor. -Carmen, no es broma, ¡qué va!, ¿Cuándo has visto a un hermano que engañe o o a un sentimiento que burle? –dijo Erasmo, retomando la frase de… de… ese... -¡Erasmo...! -Pero, era igualito a tí, lo reconocí enseguida, no tengo duda.

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Cuando me comunicó Erasmo la anécdota como hacer fantasioso y especialmente de chanza y de cien carcajadas, dije entonces hace años: -Algún día la escribiré. Pero, me acalora y enferma porque eso no es verídico, es ficción nada más, son utopías, reconvino alguien. Ya está hecha.

FECHAS CON FICHAS

1930. -¡Plap, plap, plap!... ¡Ña, ña, ñaaaaaa! -¡Ohhhh... mmmjjj!... ¡ufff!... al fin pasó esta criatura que me ha dejado partida y arrollada por auto sin uso y gasóleo, verdaderamente así, ¡oh!, siento que venía transversal con el cordón umbilical enrollado y se atoró de repente, ¡pobre, pequeño, qué pavor!... y en las que me he visto… 1940 -Ya cumplí los diez años y ando cargando los once, casi doce, y en cualquier día cumplo los trece, y cuando cumpla los esos, seré mayor de edad, ¡ah, no!, me faltarán 5 nomás y no me di cuenta de ello. 1950 La edad de conscripto la pasé sin fijarme a los 18 años que cumplí y hace dos años de eso en que no facturé ni firmé compromiso alguno, permanezco virgen aún y soy adulto ya, casi anciano, y no dependo de nadie ni nadie depende de mí, ni Eva, ni Adán, ni nadie -y a propósito- ¿no tendrán pensado ofrecerme desayuno este día de

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cumpleaños?, tengo hambre de huérfano. ¿Para qué independizarme si estoy bien así? Me faltan dos años para terminar mi carrera, ¿o tres?... ¿y luego?... ¿qué haré con mujer y con hijos que aún ni conozco y que tampoco los hallo, ni busco ni quiero?... ¿trabajar?... ¡mmm!... a veces amanece uno dado a bromas ingenuas, ¿no? 1960 Ya cumplí los cuarenta y no he querido casarme ni pienso ni quiero, no… no… después del aquello... no… pero, ¡cómo he disfrutado la vida hasta mis pocas.. ¿o muchas?... patadas!, ¿he conseguido propósitos?, ya bogué medio océano y espero llegar al que sigue a los ochenta o noventa que tengo y que gozo, ¿es depresión lo que siento con mis déficits graves, quizás no tan graves, pero, medianones, sí? Incorporarme al esfuerzo y sobreponerme al futuro, ¿eso es lo que cuenta?, siento mi torre ladeada que me aturde y marea, y no es la torre de Pisa que su magia posee, sino el campanario de Suurhusen, al norte de Alemania, que supera todo y de eso más. 1970 ¿Tener cincuenta años y no haber concluido de recorrer el globo terráqueo, fisgoneado y arando, eso está bien?, ¿localizada la nuez y la almendra de Adán y la de Eva?, ¿estás, además, satisfecho?, ¿estoy? No. Encontré al ser que deseaba y lo extravié para siempre y es lo que me tiene escamado. 2000 Tener pesadillas, pesares y duelos, es el dolor que padece quien el amor extravió y es parte del peso que pisa y que posa y que pasa paseando, empuja pujando y rebaja lijando. La corneta, el trombón, la flauta o la tuba, es parte orquestal que soplo y resoplo, pero, nunca me acoplo.

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2010 ¿Cuándo?, ¿quién?, ¿alguien cumplió años en este siglo de crisis hinóspita y cruda y de bruscos ardides? -Felicidades, Erasmo, cumples años. -Pero, fue de hilaridad si consigo algo de eso.

-¿Sabes Erasmo lo que significa tu nombre de pila? Es de origen helénico y quiere decir “el amable, el deseable” y su voz latina es Desiderio. San Erasmo, patrón de Gaeta (puerto occidental de Italia) es conocido en el Lacio como Sant Elmo de donde se deriva el vocablo Telmo. El fuego de San Telmo lleva ese nombre en honor de San Erasmo de Fornia, muerto en el año del 303 y es el santo patrón de los marineros y violinisas. De modo que llevas el nombre del fulgor tan temido por navegadores intrépidos que llevan velas y vergas y que cuando se enfrentan a tiempos de tormentan terrribles, se observa un color azul y blanco en lo alto de ellos producto de los rayos eléctricas, ¿qué te parece? -¿Cómo sabes tantas cosas? -Tú me dijiste.

HECHOS SIN LÓGICA

Me falta algo... algo… y creo que ese algo conlleva otro algo que frota un algo más. Además de virtudes, de dones y dotes que son como pecas del alma que por largo acarrea, pensamos los tres al unísino sobre esa madre admirada, pero nos 52  


distrajimos tanto hasta el fondo del ánima en que estábamos todos, que, a cambio de eso, nos preguntamos: ¿puede haber voces antiguas que evocan instantes que fueron felices a través de incidencias que todo ser parangona, verifica y atiende, y se reencuentran de nuevo, pero ya pisando la tierra, sus piedras y lodo, dedujimos: No, desgraciadamente, no. ¿O sí? He pensado en eso . Apercíbete, Erasmo, haz algo por ti y procura rehacerte y encaramarte sobre algo, ese algo que buscas, no me gustaría verte hecho un basilisco y un violento titán, prevente, Erasmo. -No te preocupes, Erick, no muerdo ni ladro ni espanto a la gente. -Pero, lo otro que me desasosiega. Suele decir cierta gente que lee o que se informa, desde hace tiempo ya, que la reflexión y la injundia son butacas del alma y de buena conducta, así como de una conciencia uniforme, no reacia y opuesta, y significa llevar el buen jucio hacia arriba para estar con él de por vida, ¿cómo no se puede ser humano así? Y este es un ejemplo nomás. He aquí un caso que me tira y me jalonea: ¿cómo calificas al hombre, mujer o vetusto, niño o niña, que cruzan la calle espaciosa o estrecha, avenida o calzada, en forma oblicua y no en la forma correcta, perpendicular o por ángulo recto, o por los pasos de cebra que no son franjas de lujo u ornato o aliño? Es de hombres indóciles y de peores viandantes que no respetan los tramos y sólo acatan algunos que por excepción los trasponen. Observarás a transeúntes con apremio o cachaza y corroborás lo que digo que jamás de los nunca lo hacen de esquina sobre todo en arroyos colmado de autos, autobuses y motos y con seria asechanza. Si lo hacen, acaso, por el trecho indicado, ya es de exclusión o descarte porque deben hacerlo así siempre el cruce al pasar las arterias porque esa es la norma fijada, además, no sólo en forma esporadica, sino por simple costumbre e invariable el

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hacerlo por las líneas rayadas, de tal manera que, como Euclides lo dijo, “la distancia menor entre dos puntos, es la recta”, pero, pienso, ¿han encontrado ustedes a personas que lo hagan en la forma exigida, como debe ser, y no como lo hace la gran mayoría? Que atravisan, sí, pero hay que ver cómo lo De manera sesgada, muchos, pero, por los tramos, sólo algunos, y a veces, ni algunos. A unos cuantos que piensan y que preservan la norma y la vida y el físico. Pero, muchos más desatienden y cruzan como hombres valiéndoles o ya les valió o les valerá. ¿Qué le pasa, pues, al cerebro que no interpreta lo urbano y trasgrede la regla en forma continua? Haciéndolo mal incrementan riesgos y miedos y no en la forma ladeada que el uso previene por los tramos pintados con seguridad incluida que son de buen recaudo. Además, ¿vale caca… huate a los otros?, ¿qué ocurre con los centros nerviosos cuando el hombre se atesta de hábitos pésimos, aún siendo lo opuesto y flagrantes?,

la mente recibe

informes que impiden los riesgos que deben de preservarse, ¿por qué pasan sin tiento y en diagonal exponiéndose?, ¿se enfrentan a autos de carreraje excesivo y aventuran cruceros y vidas indóciles que imitan a otros que a propósito lo hacen?, ¿es fenómeno avieso hacerlo en forma torcida y de manera atrevida? ¡No me explico, caray!, y con tanta frecuencia que lo hacen y tan grave que resulta tales graves zancadas y de tan alta osadía! Cosas de esas se observan cuando la edad escasea, o los años se arrojan, y es que, para el azar y los riesgos, cuando no se montan en jucios que son los que enmiendan, se colisiona todo. -¡Mmmm! –rezongó Erasmo- pero, te decía, te digo, te diré, tengo algo que pudiera… algo… algo, –no elaboro aún- algo que hormiguea y ma da picor y me rasco, me fricciono y me... -Erick, anoche soñé con mi madre que venía a visitarnos con un cesto cubierto con paños de tela con los que suelen cubrir los panes y bollos, ¿y sabes que eran?,

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¡chimangos, Erick, chimangos! Mi madre era única y siempre socorría con algo o con que a los tres nos faltara y que generalmente era lo que a la tercia escaseara, era gran protectora que cubría con la sábana, la colcha y la almohada el bienestar de los días con acervo inmedible de espiritualidad incorpórea y de amparo y cobijo y con muchos ceros al lado cuando alguien le instaba apoyos facibles. Era el amor cuesta arriba y la bondad en la cima y no puedo decir que otorgaba a uno más que a los otros, no, porque éramos pares todos, idénticos o exactos, de la misma factura y sin distingo que hiriera a alguien o al otro. Los tres hermanos sabíamos, no de desigualdades que hubiera en casos excépticos, sino de imparcialidad y justicia, porque éramos hijos iguales ante ese ser bonancible que velaba siempre y atendía y ofrecía con esmero y cariño, éramos yunta y arado, sobre todo en los óbolos que oportunamente otorgaba y con montos idénticos. Ella sola lo hacía, y éramos todos el árbol que casi a diario regaba. En navidad, cuando entonces vivía, nos obsequiaba puntual el apoyo a la tercia, para todos y todas: un proyecto académico, una estancia en playa, un hotel de turismo, un viaje lejano, y si la tríada buscaba un cometa o galaxia, meteorito o satélite, si no lo envolvía, ella misma entregaba. Nos ajuaraba a los tres con lo que más carecíamos con un ropero diverso o un closet análogo con ropa de invierno, de verano, o de entre tiempo. ¡Era misericordiosa, clemente y altruista a la que tanto adorábamos y hoy extrañamos con una tina de lágrima! Cuando los tres egresamos de la universidad a la que íbamos con carrera y diploma y hubo quien con cum laude, si en bodorrio pensaban los dos de la tripla, se alejaban de casa, se iban, pero siempre, siempre, juntos con aquella madre por Internet o teléfono, por carta o mensajes, y cuando a alguien faltaba soportes o avales que alguna tienda exigía, estaba ahí con la pluma y para tres rubricaba. Por razones como estas, mantenían a todos coaligados, a los tres de la casa, aunque lejos estábamos,

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pero, en contacto directo y en unión permanente. Luego -y eso al final- cuando se hizo retrato, quedó el marco en la sala y la foto concéntrica de esa madre indecible a la que siempre añorábamos y quisimos tanto en ausencia como cuando estaba en vida, la admirábamos tanto. He pensado –dijo Erasmo- en un sueño fantástico de un propósito que espero que sea viable, aunque doy por sentado lo irrealizable y utópico, sólo es un juego en PC y es un sueño mirífico que pretende recrear mi digital comertura y sobre todo y ante todod, cuando el ocio me deje y con deseos lo emprenda, he pensado, tal vez, no estoy seguro, pero, puedo hacer el intento como tantas veces lo hicimos lo que ahora procuro: es decir, una carta a mi madre que quizás la reciba por e-mail e Internet, y si no lo consigo, el intento lo vale, sin esperar planta ni frutos, sólos erá una jugada, pero ¿qué tal si lo logro? Lo haré, lo haré, es una buena chunga, podría ser, y lo sopeso, lo pienso y repienso, tal vez mañana, mañana, quizás, lo manufacture y envíe por la red. Sólo si el cielo cambiara de azul a café, lo conseguiría… y tal vez. -¡Estás roncando, Erick, caramba!... ¡Erick, Erick! -¡Ohhhhh! –bostezaba, adormilado, como queriendo despertar, o casi. -Y de repente le dice: -Te decía que ayer soñé con mi madre y nos traía un canasto bien lleno de ricos y tetrágonos chimangos, fragantes y aéreos... ya ves que mi madre era un ser complaciente, y a decir bien, al cuadrado, un extremo en la vida y, además, un ser de agasajo y vocación desprendida, se desvivía en halagar tanto a uno como al otro, porque era igual para el trío de hermanos y hermana, homogénea y tadiante. -¡Sí, ¡cómo no!, la recuerdo bien, era un don en tu madre complacer a los hijos en todo y a todos, era óptima y magnánima, buena madre y señera, era mamá Noel

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rediviva, humanitaria y filántropa, y mostraba afecto especial para todos ustedes que procuraba respaldo efectivo y sonante, expresó Erick. -Bueno... deja decirte, es una broma –te digo- y que podría realizar si el sol se bañara, ¿y si le pregunto algo que pienso y vislumbro, allà, a muchas millas? ¿qué pasaría?, ¿qué pasará? -Pero, ¿cuál es la broma, pues? -Mira, organizamos el juego y suponemos que lo hace, nos quedamos helados, forrados y ricos, o como Creso, el rey de Libia, con su riqueza cuantiosa. ¿Qué pierdo?, si gano, gano, y si pierdo, me divierto, lo intentaré en mis ratos de ocio o cuango tengas ganas de hacerlo, pero lo haré. Mira: Si Cristóbal Colón no se hubiera atrevido surcar en La Pinta a su océanico viaje, lo desheredaba la historia: ¡al abordaje, pues! -¿Qué te parece? -Pero, dime, ¿qué es lo que harías? -Por Internet le enviaría a su e-mail de costumbre una súplica atípica de apoyo en metálico como antes lo hacía suplicando esa ayuda con las cifras que mande y que guste a su ex-vida. ¿Qué piensas? -Hazlo, buen intento, divertido y ameno, nada pierdes con ello, y si no te entretienes, te refocilarás, de seguro, como payaso de pista. -Entonces, voy con mi trinche:

Señora de Ortiz. Domicilio Conocido. El Cielo. Muy distinguida señora:

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Justifico mi arrojo para molestar sus tareas por el tráfago edénico para expresarle un proyecto que tengo y que hago a su bella persona de una inquietud que entreveo y que considero asequible y que usted favorezca, no lo dudo ni tantito. Lo expongo a usted sin reserva: Si tiene a bien, y a la mano, algún cajero celeste, le rogaría depositar a este hijo modesto una suma mensual que, mientras más ceros contenga, le agradecería más y reconocería. El ingreso a la cuenta que usted sabe que tengo en el Banco de siempre con el fin de ayudar a los hijos de Carmen que tanto quiero y protejo y con quienes vivo sin pagar alquiler -y debería- porque no alcanza la cuota de la pensión que recibo y que apenas me sirve como usted bien conoce. Muy agradecido, señora y madre querida, le envío un ciento de abrazos y uno más para el sitio que su alma destine. Erasmo, su hijo.

-¡Ji, ji, ji!... ¡Quien quita y, en verdad, se consiga! Si se sazona la idea, me rayo de veras, ¡ji, ji, ji! (Risa nerviosa) A los cuatro días pasados de esta broma inocente que no hacía mal ni dolía a nadie ni a nada, se remitía con amor y ternura y algo de eso intuía, se había analizado algo en la cuenta bancaria con más ceros al lado que significaba la gran bonhomía de esa madre tan pródiga, pero, no, no debe ser, miré mal, no lo creo, no, no, por supuesto, vi mal, me equivoqué. Pero, ahí estaba, lo observaba. -¡Órale, ¡qué es eso!, ¡cómo es posible!, ¿cómo qué...?, ¿y en efectivo?, ¡Dios de los cielos, tengo que conjeturar y comunicar a mi hermana y a los tres hijos de ella como manda del año de esa madre y abuela, ¡es la cornucopia visible y seguía siendo hasta ahora! Pero, dejen decirles de ese inviable suceso que es insólito y raro y de

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último grado. La algarabía se hizo entre cinco o seis personas, ¿quien más?, lo veía como guasa, no puedo verlo de otra manera, pero, al parecer era real, positivamente veridica, así caeremos los cinco y de topetazo estruendoso. La vida, como siempre ha sido la vida, siguió como siempre invariable, consuetudinaria y corriente, a veces y pocas, y por ordinaria, común, por común, ordinaria, seguía la pendiente extremosa que para entonces caía con sofoco y penurias, de cincho apretado y estrangulaba la cholla. El sonar el cu cu fantasioso, estaba justo y al día y al explorar el cajero, ahora si con cuidado, me jalaba una oreja y a la otra apenas llegaba, pero ahí estaban, ¡ahí!, y si tendría, o tendríamos, que vivir en esa forma, enfermaríamos de contento. Al final de ese mes, treinta días como adustos guardianes, lo desahogaba el arribo de esa cuenta cargada con tan grande incremento que todo treinta (el jubilado lo acecha) observaba puntual. Cerró con tiento la puerta y apareció la sospecha que estaba blanca de cera con todos los bordes y grietas de un hogar floreciente que entreveía apenas, no por falta de hábito, sino por falta de débito. Y cual va siendo el mayor sobresalto de un millón y medio de veces de asombrto y espanto al revisar de nuevo el cajero en donde la pensión siempre mínima, acumulaba una hilera de ceros más ceros, ¡un millón quinientos mil pesos!, más del salario de un año. ¡Virgen María Purísima!, ¿y esto?, ¿qué es?, ¿por qué tanto ahora?, ¿será aquello que hice y que inverosímil creía?, irrebatible es ahora. No puede ser, pero, es. No tiene Internet allá arriba en que pueda indagar y depositar cada mes ¿es cosa posible? Bueno, eso creo o creía. -Pero, veré aún más y comprobaré, razonaba Erasmo. No quería creer, pero veía. ¿Es que…? Y sopesaron, calcularon, consideraron y concluyeron que –les cayó el veinte por fin- aquello era sólido. Lo solicitado a la madre era eso, y debía ser, porque si, no,

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¿qué sería. Agradecieron también, porque a alguien teníamos que agradecer, el millón y medio de ruegos que encubiertamente imploramos para que fuera y así y no de otro modo, ni un juego con jaranas ni un recreo con bullanga. Concluyeron, al fin, que era de su madre y ya: -Mamá, abuela, te enviamos doble, triple, cuadrúple y quintuplo agradecimiento por cada cero que enviaste, no sabes cuánto, de veras, cuánto estimamos el aliento con que ahora disfrutamos, gracias, madre, gracias, nos metiste el hombro, de veras, dijeron Carmen, los hijos y Erasmo, desconcertados. Y la situación se movió de un polo a otro polo. Pasaron los meses y siguieron los años, uno y tras otro, y luego los lustros, uno tras otro, y sanseacabó. Erasmo compró a cada hijo de Carmen, su hermana, que a los suyos reemplazaban y que a diario se hablaban, un auto compacto a cada uno de ellos para ir a la escuela de grado y que habían henchido a su vida, además de una beca de 3,000 pesos mensuales con la obligación de obtener 8 ó 9 de promedio porque, de lo contrario, su abuela sabría, y en consecuencia actuaría con el rigor que brotaba de su bondad impertérrita. El resto del monto que en cajero se hallaba, no era inquietud para nadie porque hasta para ahorrar les servía. La familia estaba, si no con jotas, de jauja completa. La situación económica se alteraba de todo y fue cuando entonces los cinco supieron de miel y de abeja, curando, no solo los males, sino engordando los miles que en plazo fijo inauguraron. La abuela pasó a constituir, no solamente la santa que en el altar del hogar presidía, sino la educadora dilecta que a diario enseñaba y calificaba el avances de los tres que estudiaban. Una santa que estaba de pie en cada uno de los nietos y un tanto arriba de santos y vírgenes, carísimos ellos. Erasmo compró sus lecturas y sin pensarlo dos veces, adquirió libros de Carlos Ruiz Zafón y Carlos

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Fuentes, de Saramago y de Borges, sabiendo, primero, que la almendra contiene en su cáscara de adentro lo que la colma y deleita, son manjares que llenan y postres que endulzan, tan deseados y preferidos que son de exigencia para el espíritu hambriento. Los libros son así. Era una suma mensual que excedía las quimeras todas porque alcanzaban para todos, pero, especialmente, para vivir con decoro la vida total y pacífica. Resolvía y permitía resolver los problemas de diario para no caminar sin aceite. Un día recibió la llamada del Banco acreedor que operaba la cuenta de débito pidiéndole a Erasmo una cita para dos funcionarios del Banco del Departamento Jurídico que exploraban la procedencia del monto mensual que sin falta llegaba con puntualidad y rareza. Cuando arribaron los dos enfundados y adustos funcionarios bancarios, ocuparon la sala en los muebles que había. -¡A sus órdenes!, dijo Erasmo, con ochenta y pico de ganas de enviarlos al diablo. -Deseamos hacer unas preguntas concretas con respecto al depósito que mensualmente registran –dijo alguno de ellos. -Sí, dígame, dijo Erasmo, y empezaron los otros el cuestionario que traían y se dirigió al de la casa. -Usted recibe una suma mensual en nuestro Banco, ¿no es así?, ¿por cuánto? -Un millón y medio de pesos –confirmó el arqueólogo. -¿Desde cuándo? –siguieron aquellos. -Desde hace seis años –afirmó el preguntado. -¿Y quién hace el depósito? –volvieron a la carga. -Mi madre.

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Duplicaron la órbita de los ojos los dos que indagaban al observar la cuenta de años que había en Erasmo, su cliente. -¿Y donde reside? -No reside –Orestes sabía lo que los dos exploraban. -¿No reside aquí? -No. No reside. Está en el lugar donde todos iremos allá o, como ustedes irán sin duda alguna. Dejó una disposición nada más para ello. Pero, dígame, ¿ha faltado efectivo? -¡No, no!, agregaron perplejos, es una cuenta que nunca se altera, es invariable y automáticamente registra. -¿Algún problema, entonces? –quería concluir Erasmo. -No, no, muchas gracias, es investigación rutinaria. Con el permiso de ustedes, hasta luego, nos retiramos. Y salieron los dos con el rostro hecho sombras y la expectación extendida como pocas había. -¡Ah, qué Banco tan molesto! –concluyó Erasmo. ….. (Como anécdota, pasa, pero, como historia, lo dudo.)

INVITACIÓN SIN AVISO

-Leí esto, Erasmo, ¿lo sabías ya? -Para nada, Erick, debe ser de alguien que tú sabes bien de quien se trata. -Y para mañana… no son camotes, ni papas, ni nabo, ni nada, ni tampoco la charla.

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-Pero, por la forma de hacerlo, debe ser él, ¿quién más?, ¡que cabrilla! -¿Y cómo dice?... Lee, por favor. Invitación sin aviso. El Colegio Civil de Arqueología, A. C. se permite invitar a ustedes a una charla imprevista que habrán de ofrecer los arqueólogos Erasmo López y Erick Cabrera sobre un miembro de la fauna pterosaurica llamado QUETZALCOATLUS en el centro fulano a las ocho de la noche, si van, mañana viernes. Su asistencia esperamos como siempre. El Colegio Civil. -¿Te acuerdas cuando dialogamos de aquel tema aquí y con veinte minutos antes nos comunicaron del acto y del tema a tratar, fueron por ambos a casa para transportarnos, ¿recuerdas? Es el mismo de ahora. Entonces, ya sabes quien organiza. -Sí, pues, iremos. El Centro, como todo espacio que luce, atrae y convoca, estaba hasta la sien de invitados, con mesa al frente, agua aparte y lámpara anexa, ¡ah! y el micrófono. En este caso, dos. Cuando ingresamos al foro donde estaba un estrado de 30 ó 40 centímetros de altura, el aplauso devino y como agua se fue por el cauce proscénico con aspecto de tromba y al salir hacia el Este se acurrucó en la marea feliz… ¡caramba, cuánta agua! Al hacerse el silencio en la sala repleta por docenas de público, advertí que debía, o debíamos los dos, inciar el coloquio con un exordio causal, y al ataque nos fimos, y allá vamos ahora: -Señoras y señores: Agradecemos, de veras, este amable encuentro y trataremos de hacer lo que todos aguardan y empezamos diciendo que: ERASMO: Como ustedes saben, el arqueólogo estudia civilizaciones antiguas y testimonios de todas hasta la época actual inclusive, pero de dinosaurios antiguos, que

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no es nuestro oficio, hemos ahondado sobre ellos y por estudios concretos a petición de estudiosos, así, de esta forma, justificamos la plática. Analizaremos ahora, de manera suscinta, desde los Pterosaurios arcaicos, de los Pterodactyloidea, de los Pterodactylus, de los Dsungaripterus, de los Pteranodon y el Quetzalcoatlus, en especial, que hoy comentaremos en forma específica porque es el caso que nos pidieron tratar. Pero, acreditémonos, nosotros dos estudiamos arqueología en la universidad ateniense de Grecia, no paleontología, pero nos aficionamos a los saurios por el conjunto de fósiles encontrados a la mitad de la Peloponesia, en la península Egea. Por eso estamos aquí y nos aventuramos a ello a desmigajar a estos seres. ERICK: Veamos, pues, al Quetzalcoatlus, que es un miembro importante de la familia de los azdárquidos, es decir, de la clase dinosauria y de talla mayor: Deinos: terrible y sauros, lagarto. Bien, estamos hablando de una familia antiquísima de hace 90 millones de años que existió en el norte de México y desapareció por consecuencias fatales, pero los fósiles hablan y hablan bien de los deinos y de los sauros pretéritos. Por cierto, y retrocediendo al origen, los chinos fueron los primeros que estudiaron a estos primero dinosaurios, que no llamaron así, en el siglo III d. C. en la región central de la China llamada Wucheng donde hay gran presencia de fósiles que ellos llamaron “huesos de dragón”, y así consideraron

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Pero, vayamos, pues, al caso que nos ocupa y Quetzalcoatlus, llamaron. Helo aquí:

ERASMO: Tiene el nombre este saurio que vuela y que asedia por el dios azteca Quetzalcóatl conocido como serpiente emplumada, y que es uno de los seres volátiles y prehistóricos más grandes que hayan existido hasta ahora con 14 metros de largo y con un peso aproximado de 70 y l00 kilogramos que vivió en América del norte y México incluido. Es del cretácico tardío de hace 70 ó 65 millones de años en lo que hoy es México y Estados Unidos, lo que quiere decir que convivio con el Tyrannosaurus y con el Triceratops que son los grandes archosaurios de esta zona norte americana. En el Museo del Desierto de Saltillo (México) se encuentran tres esqueletos del Tiranosaurio rex, del Hadrosaurio y del Quetzalcoatlus que se localizaron en la zona del desierto de Coahuila, México, pero de él hablaremos despues al concluir esto primero que comentaremos hoy.

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Los primeros fósiles del Quetzalcoatlus se encontraron en Texas, USA, a un lado de este país, con 68 millones de años por un estudiante del área en un animal que debió de tener 10 metros de longitud. Más tarde se halló un siguiente sitio de edad idéntica y cerca de 40 kilómetros del resto anterior entre 1971 y 1974 y enseguida exhumaron tres esqueletos de saurios parecidos, pero mucho menores. En la zona, poco tiempo después, se hallaron más Quetzalcoatlus, o semejantes a él, menores de edad y tamaño. ERICK: Finalmente, el Quetzalcoatlus vivía en zonas de lagos como hábitats propios porque se alimentaba de peces, pescados, restos y crías de dinosaurios que habían fallecido en la zona. Era un animal de peso enorme y poseía alas extensas y tenía los huesos vacíos, huecos y fofos, y apoyaba su peso sobre las extremidades de atrás. Este animal despegaba dando un salto hacia arriba y con las cuatro patas se impulsaba pudiendo estar en el aire como una semana y recorrer 45 mil kilómetros de trayecto continuo. Tenía el pico alagado y atrapaba las presas y las devoraba enseguida. Tenía los huesos del cuello solidamente unidos, un cráneo de 1.2 metros y contaba con patas traseras muy cortas. ERASMO: Era enorme su ojo que de diámetro tenía 10 centímetros lo que le daba una agudeza visual muy exacta, 4 veces mayor que la de ser humano y permitía localizar así fácilmente a sus presas. Los fósiles detectados del Quetzalcoatlus son de un largo de casi 16 metros y un peso de 70 kilogramos, cuando el largo promedio era de diez metros que ya había sido estudiando. En el año 2000 estimaron estudios que llegan a tener otros más de 200 kilogramos de peso.

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Los primeros restos se hallaron en 1971 en Texas, USA, frontera con México, y los llamaron así por el tamaño mayúsculo que detentaban: Quetzalcoatlus. ERICK: Ahora si, vayamos a tratar sobre el Museo del Desierto de Saltillo, Coahuila, México, en forma muy breve. Este Museo se alimenta de la zona arqueológica de Coahuia y tiene vestíbulo y 4 pabellones y los guías son niños mayores de 12 años con videos que explican las caracteristicas escenciales de los desiertos del norte del país. La sala primera se llama “El Desierto Viviente”. En esta área está un esqueleto de un Quetzalcoatlus cuyos fósiles fueron localizados en esa misma zona del norte del país. La sala segunda se llama “El hombre y el Desierto” con muy bellas pinturas del contexto rupestre y de los habitantes primeros de 2 mil años atrás de culturas antiguas. La sala 3 se denomina “Mamíferos del Desierto” donde un 40 % de las especies vivientes ahí son seres de mamas. La sala 4 se llama “Ecosistemas del Desierto Chihuahuense” en donde, en una bóveda gigante, establecieron un jardín botánico donde hay una diversidad vastísima de cactus que se pueden adquirir y desarrollados ahí “in vitru”. Los asistentes pueden observar ahí una amplia colonia de perritos de la pradera, especie en extinción de ese desierto mencionado. En el herpentario (herpentón, serpiente) se pueden admirar víboras del desierto mismo de Chihuahua, México. La mayoría de los fósiles de esta era mezozoica fueron localizados en Coahuila y la mayor parte de las piezas que se exhiben, son de uno de los sitios más importantes de la paleontología mundial, dice el director del Museo. Y hemos terminado. -¡Perdón, perdón, una pregunta! -Sí, adelante.

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-¿Hay vestigios del drogapteródáctilo aún? -Si, y es el ser más peligroso del mundo civilizado y de todos los siglos de los siglos, son, ¡que ni veas! El infierno tiene un perro que mascota lo llaman y es más feroz y temido que el mismísimo demonio y no te arrimes a él porque te atrapa, ¡deténte, corre, escóndete y huye de sus malignos encantos que es como la dama que liga y después te factura. ¡Vete, ya, disuélvete, vas bien por la vida y no coquetees con ese! Hace tiempo que ese zurriago quiere quitarle la H a la humanidad y no lo conseguirá si todos luchamos. -Muchas gracias a todos. Esperamos que haya sido de provecho esta charla somera, pero del droga…ese… ¡olvídense! Terminamos la exposición y esperamos que haya sido de alguna forma servible. Con su permiso. Adiós.

INVITACION CON AVISO

Al concluir el palique de los dos investigadores sobre el deinos y el sauros, salió Erasmo a casa casi corriendo en donde tenía cita con alguien no dicho, y estando solo y sin él, llegó Pedro, un compañero, e introdujo a otro que, por mejor seña, era suizo, de nombre Kurt y apellido Vex, y paleontólogo él. Al presentar, Pedro, al acompañante suizo, habla bien español, dijo, y, segundo, desea invitarte a Suiza para reexaminar los períodos Cretácico y Juársico y charlar sobre saurios especialmente los localizados al noroeste de Helvecia que son notables por su número. -Mucho gusto, colega –dijo Kurt- sé que conoces bien a estas especies y, en particular, las Jurásicas, y me agradaría tener contigo una encuentro académico con una

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peña que existe en la ciudad de Délemont, en Jura, con quienes nos congregamos cada mes en reuniones para comentar sobre aquellos que en este cantón son diversos con un buen número de ellos y de importancia de altura. Soy paleontólogo y coordino a ese grupo del noroeste de Suiza, aunque los demás, la gran mayoría, son de especialidades distintas y con profesiones diversas, pero un afán los congrega en la investigación sobre ellos y cada mes, al reunirse, tienen como invitado a algún versado sobre estos seres magnéticos para la hornada prosélita. Me encantaría que aceptaras. -Muchas gracias, Kurt, con mucho gusto, tengo tiempo ahora y puedes indicar la fecha en que nos traslademos. -Sí, yo te informaré los próximos días. Muchas gracias. .Muy bien, Kurt, estaré esperando. Al llegar por la tarde a la casa de Erasmo después de cumplir con ese ignoto invitado, al arribar le comenta sobre el viaje ese que llegó de sorpresa: -Me han invitado a Suiza y en unos cuantos días más partiremos allá con un paleontólogo que estuvo en la charla de hoy y es de ese país. -¿Te acuerdan cuando estuvimos allá, en Jura? -Sí, cómo no, ¿el del parque Jurásico de la película? -Sí, Erasmo, y ese nombre de Jurásico, como lo sabes bien, dijo Erick, es por Jura, el Cantón al que voy, en la parte norocccidental de Suiza, y de grandes zonas fosilifícas, sedimentarias y carbonatadas en la zona baja de los Alpes helvéticos, los que se despliegan en un largo paréntesis entre el lago de Leman y el Lago Constanza y de 750 metros de altura promedio, evocó Erick. Y continuó recordando: Y ahí está la sierra Jurásica. De los 26 cantones que existen en ese breve país, uno de ellos es Jura y se constituyó en 1979 en el área francesa con capital en Délemont y con más de 70 mil habitantes en su espacio, pero, es más conocido por sus múltiples rastros de origen

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mezosoico y por la fabricación de relojes que es en ello célebre y cúspide a la vez, contando, además, con una zona abundante donde se han encontrado vestigios enormes de grandes dinosaurios y otros seres similares. Jurásico, pues, deviene de Jura, para magnificar la presencia en forma masiva de la significación de esa zona. Pero, son centenares de huellas –prosiguió- encontradas en los bajos relieves de ese cantón pequeñísimo, con más de 150 millones de años. Un hallazgo reciente se hizo cerca de Chevenez, una comuna pigmea en el cantón referido a poco menos de un kilómetro donde se encontraron un millar de vestigios hace poco más de un año, ¡imagínate! Fueron –renudó- 582 huellas de saurópodos de 4 metros de altura y 25 metros de largo y que pesaban más de 10 toneladas y decenas de terópodos de 40 centímetros de alto y más de 5 metros de largo, particularmente pequeños. Bueno, pero no anticipemos vísperas.

Aquí está Jura en el mapa suizo. -Ya informé de ello a Suiza –telefoneó Kurt, dos días después de la plática- y acordarán la fecha que te comunicaré luego. -Bien, Kurt, estaré pendiente.

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Dinosaurios de Helvecia. Pero, hay algo más que no dejaré en el tintero. Se ha dicho –recordó Erick- que esos miles de restos, fósiles antiguos, han sido situados en la misma área de Jura por eso es una de las zonas más grandes del mundo con tales revelaciones. Eso lo sabes. Erasmo y yo nos chamuscamos oreja y media escarbando, desmenuzando reptiles, no de un sólo sitio, sino de vetas contiguas que contienen memoria de mesozoicas criaturas, como las que vimos en Courtedoux, también en Jura, e hicimos los dos un ensayo que ni por chunga editaron. Mira, aquí nos alojamos, ¿te acuerdas?

Courtedoux

Los restos localizados en ese sitio pequeño (menos de mil habitantes) de la fausta Suiza –por su desarrollo y futuro- y por sondeos diversos -recordaba Erick a Erasmo- contienen más de 14 mil huellas de carnívoros y otros herbívoros que habitaron esa parte jurasina con evidencia de que tales reptiles tenían más de 30 metros de altura. Además, se identificaron fósiles de tortugas, cocodrilos y moluscos que han integrado la zona, su clima y entorno. El proyecto Paléojura y el Museo de Ciencias Naturales de 71  


Porrentruy (segunda ciudad de Jura) nos lleva más adentro de estos magnos hallazgos de la era mesozoica de 186 millones de años.

Porrentruy, Suiza

En la comuna de Frick, en el cantón de Aargau, en donde está el Museo de los Dinosaurios, hay un esqueleto de un Plateosaurus, el más completo que existe y el único en Suiza con tales dimensiones. Fue encontrado en una mina de arcilla de Gruhalde, cerca de Frick, ademàs de otros que hallaron de esas épocas Triásica y Jurásica. Puede verse ahí una película con los descubrimientos que hicieron de ese sitio nutrido de restos que está al norte del país, evocaba Erick con Erasmo, paladeando los días. Cuando transcurrieron cuatro días de ese encuentro con Kurt, el paleontólogo suizo, la fecha estaba concertada, y ambos saldrían dos días antes que aquella propuesta con itinerario de México-Paris-Basel. Todo listo. Cuando la fecha llegó, ambos volaron allá tras 13 ó 15 horas hasta el aaeropuerto de Mulhouse, en Francia, y muy cerca de Basel, donde desembarcaron y se acomodaron en el centro mismo de la ciudad basiliense. Y reposaron. Días después, y con invitaciones impresas que circularon profusas por el ámbito de Basel, incluso Jura y alrededores, la exposición se efectuó con cuestiones diversas al término de ella en donde Erick obtuvo, no el 10 que esperaba, sino el doble o el triple de ello. Bien de todo. 72  


La orgnización de los 100 y más interesados de los tres o cuatro cantones sobre el tema de los saurios estauvo integrada por profesionistas distintos, sin profesiones algunos, y hasta madres y padres, artistas y médicos y deportistas y técnicos, y muchos otros proclives a esta Era Secundaria. Los últimos hallazgos que se lograron hacer en esta àrea de Jura, vecina a Basel, entre 4.000 a 5.000 vestigios en los años recientes, dan la idea de la enjundia que tiene esta faja de paleontológicas muestras. Y visitaron todos el área, y Erick, pensando en lo ingente que es el campo de fósiles con que Jura enumera, los llevó a recorrer los vestigios, aún solos y huecos, y a admirar los depósitos de esa zona de huellas, y citó ahí a su grupúsculo como acto final sobre la falda jurasina donde se han encontrado saldos antiguos de dinosaurios diversos y que a la zona ha salpicado, inclusive un saurópodo que es una infraorden que existió en el Triásico Superior hace 210 millones de años. Y allá se congregó con su equipo.

Vestigios en Jura.

¡Y asómbrate! Cuando se hizo el periplo por diez o más corredores de esa franja de restos, de pronto, estando en plena obserancia y con hondos análisis y con 73  


silencio de muerte, que se escucha: ¡grrrr!, ¡grrrr!, ¡grrrr! y se conturbaron todos, se convulsionaron jocosos. -¿Será un estegosaurio?, no faltò quien dijera, u otro de la misma hermandad que se emplazaba, guaseándose. Y Erick sonrió. -¡Calma, calma!, salió el de la voz que calmaba, amortiguando cábalas. Era un pleito de perros entre 4 mastines, encolerizados e idos. Nada más. Sólo es eso. -¡Ufff!, se abonanzaron riéndose todos.

EPÍLOGO CON DOLOR

Insustituibles lectores: Todo lo que empieza, concluye, y por desgracia o desdicha nada es eterno, ni la malvarrosa emoliente ni la milamores sedante, que de perennes conservan lo que la adustez a la broma o la tragedia a la risa. Todo, todo se va, como el aroma a la rosa o el vendaval a la nube o el rostro al sollozo que encubre la desazón y la murria o como la mano que emboza el agobio dolientee que hoy llora y lamenta y con multa se duele porque plañe la pérdida de una presencia ahora concluida. Se ha ido por siempre. Salió, se ha fugado. ¿Dónde? Nadie lo sabe. Orestes fue, no solamente el amigo, un hermano querido, el arqueólogo ilustre y el gran consejero que las puertas abría y amasaba el mortero de la amistad y el afecto con la solidaridad y el amor que son de oro y diamante para el corazón que enriquece y la amistad que conlleva y es aliada con brillo, que biencría y consiente como buena amiga que es, en donde el paso que sube a la grada que cuenta es la escala que

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asombra. No deja ni suelta a la ausencia que gime que es la soga que aprita al espíritu en alto sin dejar de soslayo a la bondad y ternura que son como raudas baquetas que ensordecen el atabal de la vida. Fue mi amigo y cofrade, aliado y compinche, colega y adlátere, y si tuviera que dudar de alguien como él, de su apostura o talante, no me imagino en tal brete. Siempre fue para mí la verdad sin costuras como él la llamaba e interpretaba con juicio. Fue un hombre que tuvo como bastón la pilastra y a la verdad por pareja porque conllevan a la autenticidad como socia y lo que empató con lo honesto fue una frase de Fuller, el escritor de las islas sajonas con quien compartió de por vida y practicó como acólito lo que el autor asentaba: “La astucia puede tener mil vestidos, pero la verdad va siempre desnuda”. No portó traje de nupcias por lo que ocurrió aquel día y maltrató su alma benévola, dado que nunca dio pávulo a falsedades y engaños, a falacias y embrollos, a ardides y trampas que despidió de su casa por falaces y sucias desde que era estudiante y antes de ello, también, cuando llegó a ser de su vida su festón y su emblema. Pero, yo debí saber y no lo hice, me siento culpable, yo debí de haber olfateado su empeño y su rumbo, presentir e intuir cuando aquello que dijo y puso ruedas veloces a la intención y a la excusa. Sí, debí imaginarlo, ¡qué ingenuo me he visto! La primera vez que alguien se fio –dice el refrán- es culpa de él, pero la segunda ocasión, es sólo mía nomás, ¡qué inocente me he visto!, pero, fue la primera que lo hizo y no volverá a repetirse ni podrá ser tampoco. Inapreciables lectores: Cuando cesa la causa cesa el efecto, “causa sessante, cessat effectus”, asienta Aristóteles, o sea que, con Erasmo fugado, cero relatos, y no vuelvo a escribir los que

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ahora se quedan como flor en su tumba, se esconderán tras la pluma que lo extraña y aflije. Este es el último. Lo esotérico, lo oculto, lo oscuro, tiene algo que ver con el fin de esta serie que pudo ser de ocho o de nueve, y el escape de Erasmo, el simétrico, el cálido, queda aquí registrado. Todos conmigo: Pater Noster, qui es in caelis, sanctificétur nomen Tuum... ….. Insustituibles lectores: Voy a decir la palabra que debe estar excluida del diccionario que usamos y si alguien, acaso, la busca o pretende encontrarla, debe estar tras la sombra del crepúsculo exiguo que como dogma admirábamos, el que llegó y conmovió a ese espíritu alto, el que vuelve mañana, y regresa y asombra y rutila a lo lejos, pero este no volverá nunca más. Él, como el ocaso se fue. No vuelve ya, no retornará, se ha ido hoy. Es el punto final que ahora da término a esta serie de opúsculos con la letra y la música del hoy que escuchamos de un maestro sin título que ahora se ha ido. Aquí dejo el epílogo: Fin. FINIS Cuando voy a casa de Orestes, me da gusto expresarlo ahora, pero, me ha destripado como mosca, quiero decir que en los juegos que él y yo compartimos con la piel de felices: el dominó, la malilla, al póquer, las damas chinas y el ajedrez, siempre me ha destripado como buena pareja que es de ese señor Birján, lo que quiere decir que juega bien el maldito y con ciertos rasgos de suerte, porque al derrotar en otras jugadas

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y por mera excepción, hoy ha tomado el esquite y me partió lo impartible. Ayer, cuando obtuve ciertos triunfos, y muy pocas, por cierto, y derrotas inúmeras, conocí lo que sabe el acero fundido y, con esos triunfos, y cantidad de derrotas, disfruté los encuentros entre ambos, pero, hoy, lo que antes hacíamos con suerte o sin ella, volvió de nuevo a imponerse y dio vueltas a todo. Ha querido decirme algo que luego almacena, algo, algo, y no lo dice ni opina hasta que se ha madurado, fabrica lo suyo y con juicio recrea lo que en su mente posee, o en tu terca manía, lo pica y tritura hasta que lo hace minucias y pone a fuego lento, y luego juzga y enjuicia, siempre pensando, analiza y compara lo que crea y recrea y vuelve a procrear nuevamente. Ya van tres veces que lo hace y se queda en la orilla logrando que lo que ocultan sus labios es algo que piensa y ahora vislumbra y ve todo palmario ¿qué será? -He pensado... ¡mmmm!... algo... algo... te diré luego, vuelve a decir y se mantiene enigmático. Algo teje y desteje. Y ayer, sin que nada mediara o intercediera, se decide y me espeta y me deja azorado con un propósito nuevo que manifiesta impertérrito, muy seguro de si y confiado de más, al anticiparme: -Antes que la edad me enmohezca, quiero ir a Teotihuacan, a san Juan, por vez última, iré en autobús y he reservado en el hotel de las Villas Arqueológicas en el centro del área. Una semana, nomás. -¡Vaya, hombre!, ¡qué bueno!, ¿y cuándo te irías? -El sábado próximo. -Me traes un fósil pisa-papel y si es auténtico, no importa. -Sí, desde luego.

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A partir del proyecto de efectuar este viaje y fisgonear el enclave de las viejas pirámides no en balde llamadas “La Ciudad de los Dioses”, licuó y combinó la molienda, bien majada y condimentó como sabe, con templanza y saber, todo ello bien mixturado como él sólo sabe hacerlo. Él es así y siempre lo ha sido, siempre ha sido el amigo de esa forma y estilo. Batidillo de análisis. Teotihuacan es un lugar en donde se hallan palacios, tumbas y dioses como el Quetzalpapálotl, entre otros, uno de tantos vestigios e innúmros murales que describen la forma de interpretar el universo, su cosmos indígena y, además, una serie de hechos que produjeron el cisma que es de enigma y misterio así como muchos factores que incurrieron en ese hecho en la octava centuria después del Mesías. Recuerden, hay muchos libros sobre eso que amontonan versiones que ahí se forjaron, muchísimos. ¡Qué espleandor, qué riqueza! Cuando Orestes arribó al hotel de las Villas, después de cruzar el canal del océano Pacífico a Mazatlán, llegó a México primero y luego al lugar al que iba, San Juan Teotihuacan, a 45 kilómetros de la capital, y en llegando, tomó hospedaje y tendió su cuerpo molio, en donde empezó a instrumentar el plan de cada etapa por una quinta parte del área que cada vez recorrería. Bien traqueteado cenó su cuenco de frutas y durmió como ex-héroe extendido, le dolían los kilómetros y torturaban las millas en el tórax y espalda por el letargo en que vino repantingado y dormido como tantas veces lo hizo cada vez que que iba a ese centro. Al día siguiente, muy temprano, salió a recorrer la Calzada de los Muertos, ese largo pasaje muchas veces trotado, y se fue estacionando por la Vía espaciosa y que metro a metro conoce de 4 kilómetros de largo, teniendo al punto noroeste la Pirámide del Sol de 63 metros de altura y la de la Luna, a 45, las dos aledañas al pueblo que cuida de 25 mil habitantes. Por la holgada calzada de 4 metros, y más, recordaba el enigma que señalaban los libros que decían con frialdad “desapareció en forma misteriosa” ese

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“lugar donde fueron hechos los dioses”, de acuerdo al origen lingüístico del perímetro náhuatl, Teotihuacán, que quiere decir ciudad de los dioses¨. Le rebotaba aquello de “lugar misterioso” que aludía a la Calzada y a las pirámides, así como a las tumbas menores y a los muros rupestres y a todo el resto solemne del entorno vetusto. Recorrió la avenida al terminar el almuerzo, contemplaba el lugar y regresaba al hotel entre las 2 ó 3 de la tarde, ordenaba comida y dedicaba esa pausa para relajar y alargarse en el sofá de su cuarto como osezno en invierno y reparaba el agobio y disminuía su fatiga. Visitó los sitios vecinos en las fecha siguientes, los que paladeaba de lejos y que de cerca veía en forma precisa: los palacios, los murales, el Templo de Quetzalcóatl, las pirámides, el Palacio de Quetzapapálotl, el Patio de los Jaguares, la Plaza de la Luna, los bajorrelieves, las fachadas de las serpientes, los motivos acuáticos, las representaciones de Tláloc, las serpientes emplumadas, los adoratorios, las edificaciones, toda eso: la Ciudadela entera. Cuando fue Sixto a indagar a casa de Carmen por la fecha de arribo de Orestes, su amigo, ya estaba sentada en su vida la desesperación y la duda. -¿Ya llegó Orestes? –indagó Sixto, sesgado, por demás inseguro. -No, una voz cariacontecida e inquieta le dijo simplemente: -Debió haber llegado anteayer, como dijo. -¿Reconfirmó? -No, no ha hablado aún. -Teotihuacan reserva tantos lugares que son de interés para él y para otros incluso, por más de un mes si se quiere, para gentes como Orestes que conoce el entorno, todo es poco. Nos vemos mañana. No se aflijan.

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Al siguiente día lo misno, fue de tensos silencios e inestable trayecto, y la desazón se hizo pena y de palabras exactas. -Dejen preguntar, ¿no dejó el teléfono? -No, quedó en llamar, repitió. -Verán –leyó el directorio telefónico y buscó el hotel aquel - aquí está, aquí lo tengo. Hablaré al lugar en que estuvo y discó los diez números, uno a uno: -Perdón, ¿es el hotel de las Villas? ¿No está el arqueólogo Orestes, Orestes López? -No, déjeme ver, no tengo anotado a nadie con tal nombre, ni semejante siquiera, y está lleno el hotel. -Hace una semana que está ahí. -Déjeme revisar de nuevo... no... no hay ningún López en esas fechas ni en otras de la semana pasada. -Es persona mayor, octogenaria, fue a visitar el perímetro de la zona arqueológica. -No, no lo he visto, y yo soy de este turno. -Le enviaré una foto por e-mail, y me dice usted si reconoce, se lo ruego, muchas gracias. Y escaneó la imagen y remitió con urgencia. Esperó diez minutos y volvió a interrogar: -¿Recibió la foto? -indagó. -Sí, recibí la foto, pero no he visto a nadie con esa imagen. Debe haber ido a otro lugar. -Muchas gracias. Inquiriré en los otros.

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Habló Sixto a siete, a ocho, a nueve hosterías, y nada, nada, no informaban sobre él. Se apoyó en la policía local y después de expresar su nombre, la edad y la foto, fue en vano todo: no habían visto a nadie con tal físico y nombre. La preocupación y la angustia comenzaron a aumentar y se convirtieron en llanto, en dolor y temores, los ruegos se hicieron fila y la esperanza, rosario, y se alargaba de nuevo, apisonada de todo. El desasosiego quitó las aldabas y abrió los postigos de todos y cada uno de los sitios y, en verdad, era más que inquietante. Investigó Sixto el horario del omnibús en que partió el sábado pasado, y no hubo nadie con tal catadura, ni identificaron la foto con los datos que ofrecieron. Los operadores del bus de la vìa Mazatlán-México, y México-San Juan, no reconocieron a él. Los periódicos del área y de la capital del país publicaron la nota que decía: ARQUEOLÓGO QUE SE VUELVE OJO DE HORMIGA. En el pueblo de San Juan Teotihuacán se dio a conocer como persona extraviada con las fotos adjuntas, lo investigaban los cuerpos de seguridad estatal, la policía local y la federal de los estados del centro y de la capital del país. Cartelearon la zona con la foto y señales. Ciertas gentes de ahí parecieron detectar a alguien por esa Calzada, pero no aseguraban. Según la familia, el recorrido puntual a través de la rúa en forma diaria y segura, era a las 9, era la ruta seguida siempre que iba. Las fotos de lado y de frente se publicaron en órganos de ese lugar y en los vecinos de los estados del área se colocaron gráficos solicitando el apoyo y proporcionando el teléfono de Sixto y familia.

Se extendió a capitales de las 5

entidades colindantes y nada de nada. La policía federal, conjuntamente con Carmen, la hermana, y los hijos de ella, ofrecieron recompensa de un millón de pesos a la persona que diera la información que llevara a la pista de él. Incluso Sixto, con un grupo de amigos, salió a rastrear las pisadas por los lugares vecinos y aún distantes del ahí y nada

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otra vez. Se descartó el extranjero porque su pasaporte se encontraba vencido y no actualizado aún. Resultados, cero. Después de un año de búsquedas por el norte y el sur, por el este y oeste, se consideró de extravío por la policía local y la del contorno también. Se volvió polvo en el aire y polvareda en la tierra, y en el cementerio civil donde fue su nacencia, su puerto natal y ciudad, se construyó un féretro hueco y flores de todas como un occiso cualquiera con la lápida fría y llena de lágrimas y de salmos diversos. Su hermana, sobrinos y amigos, como Sixto y otros, participaron el óbito. -Arqueólogo impar este Orestes, ¿dónde estará?, ¿dónde está?, clamó Sixto, más que dolido, áspero y lóbrego. -¿Se lo llevó la mm mm ju?

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Orestes,el viejo  
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