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Agradezco a Dios por la maravillosa oportunidad de experimentar una vida llena de Jesucristo, a mi familia que siempre apoya mis sueños, a la comunidad de amor en la que vivo, que siempre tiene los brazos abiertos para mí, a Juan Manuel Isaí Martínez por haber proporcionado todo el contenido del libro, y finalmente a usted, a quien lee este recopilado de ideas, de sentimientos pero mayormente de verdades acerca de la ALABANZA, la expresión del cuerpo de Cristo.


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Introducción Las alabanzas a Dios forman parte integral de la vida cristiana, sosteniendo que Dios es un ser supremo digno de alabanza, o adoración. El libro bíblico de los Salmos es una colección de himnos y poemas que en su mayoría alaban a Yaveh, o hacen reflexiones sobre la actuación de Dios en la Historia. Algunas otras veces la palabra puede tener otro significado, ya sea describiendo a Dios o dando un testimonio sobre lo que Dios ha hecho.

Una alabanza puede ser una expresión interna o externa, la cual puede tomar diversidad de formas: canto, oración “interior” o “exterior”, baile, pensamiento. Lo que este libro aborda son verdades bíblicas acerca de la alabanza, de cómo inicia en Dios, de cómo nuestros ojos al ser abiertos nos mueven para alabar a Dios y de cómo alabamos a Dios como Iglesia. Esperamos que este libro ayude a la Iglesia a tener un panorama más acertado acerca de la alabanza como columna vertebral de la vida victoriosa en Jesucristo.

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índice Cap. 1: ¿Quién es Dios?.................Pág. 1 Los atributos de Dios.................................Pág. 3 Dios creador...............................................Pág. 8 Cap. 2: ¿cómo veo a dios?.........Pág. 13 ¿Qué dice la Biblia acerca de los ojos?......Pág. 20 Cap. 3: ¿Cómo alabo a Dios?....Pág. 25 Las fiestas de adoración.............................Pág. 29

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1. ¿Quién

es Dios?

“Algunas personas alaban a Dios únicamente por lo que Él ha hecho, lo cual no es totalmente incorrecto, ya que la Biblia nos invita a alabarlo por sus obras maravillosas.”

en quién es, entonces se vuelve un tema de interés personal. Se corre el gran riesgo de volver la alabanza un asunto de nosotros y no de Dios.

La alabanza se trata de Dios, la estructura que sostiene la alabanza es quién es él. Si quitásemos a Dios de la alabanza, entonces nos quedamos con algo hueco, sin fundamento, sin estructura. Algunas personas alaban a Dios únicamente por lo que Él ha hecho, lo cual no es totalmente incorrecto, ya que la Biblia nos invita a alabarlo por sus obras maravillosas. Sin embargo, debemos saber que todo lo que él hace tiene su origen en quién es él. Cuando alguien está motivado a alabar a Dios únicamente por lo que ha hecho, sin meditar

¿Por qué? Porque muchas, pero muchas veces, Dios no hará lo que nosotros queremos, pedimos, o esperamos; y si nuestra alabanza tiene su origen solamente en lo que Él ha hecho, nos encontraremos ante la tragedia fantasma de no tener razones para alabarle. Sin embargo, la Biblia nos enseña, qué más allá de lo que él hace y mucho más grandioso que sus obras es Dios mismo. Y absolutamente todas sus obras apuntan hacia nuestro Dios y su grandeza. Los cielos nos cuentan acerca de su gloria, y nos invitan a verlo a Él y no a simplemente quedarnos asombrados de la belleza del firmamento. Alguien podría preguntarse ¿cómo es posible que dos hombres encarcelados y torturados físicamente, alaben a Dios? (Hechos 16:23-25) En medio del dolor y la frustración, levantaron alabanzas al Dios Soberano, Creador, Santo,

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Eterno… En lugar de quejarse por su situación, o a reclamar sus derechos, empezaron a entonar himnos de alabanza. Por supuesto que sabían que Dios era suficientemente poderoso para liberarlos de su situación, sin embargo, no fue hasta después de ser liberados que ellos le alabaron, sino mientras aún no había sucedido. Es decir, lo que él es les permitía confiar en lo que él iba a hacer, pero si aún Dios no hacía, eso no restaba que él es y seguirá siendo. Entonces, si queremos alabar a Dios, debemos conocerlo a fondo. Una de las partes más desafiantes de la Biblia es Jeremías 9:23-24, en la que Dios lanza un desafío a su Pueblo: “Así dice el SEÑOR: «Que no se gloríe el sabio de su sabiduría, ni el poderoso de su poder, ni el rico de su riqueza. Si alguien ha de gloriarse, que se gloríe de conocerme y de comprender que yo soy el SEÑOR, que actúo en la tierra con amor, con derecho y justicia, pues es lo que a mí me agrada —afirma el SEÑOR—.”

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En otras palabras, Dios les dice: ¿quieres que te den gloria a ti? Muy bien, cuando logres esto podrás recibir alabanzas como yo. Esto podría parecer osado de parte de Dios, pero una persona realmente consciente del desafío diría como Pablo dijo (Rom. 11:33-36):

“ Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios!,¡Qué indescifrables sus juicios e impenetrables sus caminos! «¿Quién ha conocido la mente del Señor, o quién ha sido su consejero?» «¿Quién le ha dado primero a Dios, para que luego Dios le pague?» Porque todas las cosas proceden de él, y existen por él y para él. ¡A él sea la gloria por siempre! Amén. Por lo tanto, Dios no es uno de muchos temas en la alabanza, es el Tema y el Contenido de la misma. Conocer a Dios no es una opción para el que quiere alabarle, es una demanda que constantemente debemos suplir.


Los atributos de Dios Por “atributo” divino entendemos toda la perfección característica de Dios, que la Biblia nos presenta como perteneciente al Ser divino y capaz de ser manifestada a Sus creaturas. Para conocer la naturaleza de algo, intentamos definirlo. Sin embargo, “definir” es un vocablo derivado del latín, que significa establecer los precisos límites. Por tanto, sólo se puede dar una definición propia cuando se puede clasificar algo con precisión dentro de un determinado género y especie, mediantes una característica que lo diferencie de los demás. Por esta razón no podemos dar una definición sintética de Dios, sino sólo aproximada y descriptiva. Por esto, conocer a Dios no es un acto de puntual, sino una jornada de toda la vida. Ni siquiera a una persona normal podemos conocer en una sola plática, sino que necesitaríamos una vida para poder hacerlo, ¿cuánto más conocer al Eterno? Necesitaremos la eternidad para poder hacerlo

completa y perfectamente. Presentamos una pequeñísima lista y descripción de algunos atributos de Dios. Esto con dos intenciones, la primera es mostrar los atributos básicos de Dios que todo cristiano debe conocer, y la segunda es incentivar a estudiar mucho más las Escrituras para seguir conociendo a nuestro Dios.

a. Dios es absoluto “(…) Centremos nuestra atención en la forma en que Dios se identifica a sí mismo en Éxodo 3: 1415. (…) Dios llama a Moisés y lo envía a Egipto para que saque a su pueblo de la esclavitud. Moisés se siente asustado ante esta misión, y presenta la objeción de que él no es la persona correcta para hacer esto.

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Dios le responde diciéndole: «Yo estaré contigo» (Éxodo 3: 12). Entonces Moisés le pregunta: «He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?». La respuesta de Dios es una de las revelaciones más importantes que se le hayan hecho jamás al ser humano:

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“…y respondió Dios a Moisés: Yo SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: Yo soy me envió a vosotros. Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos” (Éxodo 3: 14-15).


En otras palabras, Dios mismo indicó que el grandioso nombre central de Jehová que se le da en la Biblia tiene sus raíces en las palabras «Yo soy el que soy». Diles que Aquel que es de una manera simple y absoluta es el que te envía. «Diles que lo esencial con respecto a mí, es que Yo SOY». (…) ¿Acaso no nos arde el corazón cuando oímos a Dios decir: «Mi nombre es “Yo soy el que soy”»? La condición absoluta de la que goza la existencia de Dios cautiva la mente: Dios que nunca tuvo un comienzo, nunca tendrá un final, nunca se convertirá en nada distinto, nunca tendrá que mejorar, sino que estará simple y totalmente presente para que nos relacionemos con Él de acuerdo a sus condiciones, o no nos relacionemos en absoluto.”

b. La Unicidad de Dios No hay más que un solo Ser infinitamente perfecto y Hacedor de cuanto existe (Deut. 6:4, Is. 44:6; Jn 5:44; 17:3; 1ª Cor. 8:4; Ef. 4:6; 1ª Tim. 1:17; 2:5). El orden de Universo supone un Solo Supremo Hacedor. Aun en el caso de que pudiéramos imaginarnos dos Infinitos Seres perfectamente

sincronizados en Su santa libertad y acción soberana para ordenar el Universo, su existencia sería un absurdo, puesto que en la genuina noción del Ser Supremo no sólo incluye que sea independiente, sino que todo lo demás dependa de Él. En otras palabras, un Dios que no fuera único viera su independencia limitada por la independencia de su “colega”.

c. Dios el Creador En sentido estricto, crear equivale a “sacar de la nada”. Esta frase puede ser mal entendida, como si la nada fuese una especie de materia prima de donde salen los seres. Su verdadero sentido es: sacar a la existencia algo que no preexistía ni en su forma, ni en su constitución molecular, ni en su masa atómica: algo que no era. Por tanto, crear significa producir el ser, la sustancia misma de las cosas. El ser humano puede hacer cosas de una materia preexistente; solo Dios puede crear el mismo ser. Génesis dice que Dios lo creó todo, este es un hecho que debe ser admitido por fe (Hebreos 11:3)

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d. Dios es Santo Si pudiera definirse a Dios por medio del algún atributo, sin duda que el de “santo” lo definiría. “Santo, Santo, Santo” clamaban los serafines en la visión que Isaías tuvo de la gloria de Dios en el templo, en contraposición a la “inmundicia” del pueblo de Israel y del propio Isaías. La santidad consiste en una “majestad infinita”, por la que el Ser de Dios es inaccesible en Su perfección absoluta, totalmente libre de adherencia, impureza, cambio y limitación; y como una bondad infinita, infinitamente buen en Sí e infinitamente bueno para todos, no compartiendo con nadie ni con nada la Gloria de ser el único Salvador necesario y suficiente.

e. Dios es Justo El concepto mismo de justicia se ilumina mejor a la vista del lugar que este atributo ocupa en las cualidades del Ser Divino. Por eso, canta el Salmista (Sal. 89:14) dirigiéndose a Jehová: “Justicia y juicio son el cimiento de tu trono”. Pero para comprender bien el sentido bíblico de la justicia de Dios es preciso

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añadir el contexto del mismo versículo: “Misericordia y verdad van delante de tu rostro”. Por eso, la justicia divina no es un mero “dar a cada uno lo suyo”, ni solamente “no hacer daño a otro”. La justicia implica un aspecto altamente positivo, pues incluye, la compasión, la ayuda al prójimo, el amor. La justicia de Dios no puede dar lugar a la mera indulgencia, esperar que la misericordia de Dios acallará, al final, las exigencias de Su justicia es un error que muchos cometen.

f. La Gracia de Dios La palabra “gracia” es usada algunas veces en la Biblia para designar simplemente un favor que una persona hace a otra. Es una versión del hebreo “hanán” y del griego “kharis”. Como atributo divino, siempre indica un favor inmerecido, o sea, la concesión de un favor, de un don o de un poder, a los que se tiene ningún derecho. “Más aún, teniendo en cuenta el estado del hombre pecador, la gracia es un favor desmerecido, por ser concedida a un enemigo (Rom. 5:5-10) “


Esta gracia de Dios es la fuente de todas las bendiciones celestiales, desde el mensaje que sembró la Palabra salvífica en nuestros corazones hasta la glorificación final. De tal manera que nuestra vida presente y futura depende únicamente de esta gracia de Dios.

g. La Misericordia de Dios Siendo también otra de las manifestaciones de la bondad de Dios, la misericordia se diferencia de la gracia en que, mientras ésta es un favor desmerecido en relación con el pecador culpable ante Dios, aquella es el atributo que tiene su base en la miseria del hombre caído. Esta misericordia de Dios no se opone a Su justica, ni la disminuye. Dios se compadece del sufrimiento, del dolor y la debilidad humana. Se identifica con la necesidad y escasez del hombre.

“Sublime Gracia del Señor que a un infeliz salvo Fui ciego mas hoy veo yo perdido y El me halló (...)” Extracto del himno “Sublime Gracia” por John Newton

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2. ¿cómo veo a dios? “ ( ... ) no se trata de leer la biografía de Dios o su currículum, sino de tener un encuentro personal e íntimo con la persona misma de Dios” Hemos mencionado algunas características de Dios, que explican quién es él. Pero leer un par de veces estas características no significa que he conocido a Dios. Es más, alguien podría leer toda la Biblia, y esto no necesariamente significa que le ha conocido. Al pensar en la alabanza, y Dios mismo y conocerle es el elemento central, no debemos pensar únicamente en términos teóricos y didácticos, sino en experiencias. Debemos experimentar a Dios. En otras palabras, no se trata de leer la biografía de Dios o su

currículum, sino de tener un encuentro personal e íntimo con la persona misma de Dios Hay más de un tipo de visión. De otra manera Jesús no habría dicho: “Viendo no ven” (Mt. 13:13). Es posible ver en una forma y no ver en otra. La diferencia que la Biblia describe es afirmando que tenemos dos tipos de ojos: Los del corazón y los de la cabeza. El apóstol Pablo oraba “para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos” (Ef. 1:17-18). Así que existe algo que podemos llamar ojos del corazón. Y hay un tipo de conocimiento o de visión que llega a través de esos ojos que es diferente de lo que se ve a través de los ojos de la cabeza.

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Otros pasajes de las Escrituras vinculan también el corazón y los ojos. Moisés se lamentó de que “hasta hoy Jehová no os ha dado corazón para entender, ni ojos para ver” (Dt. 29:4). Ellos aun podían ver con los ojos físicos. Dios no había dejado ciega a toda la nación. Pero no podían ver con los ojos del corazón. Ver lo que ellos no veían. Así sucedió en los días de Ezequiel: “Hijo de hombre, tú habitas en medio de casa rebelde, los cuales tienen ojos para ver y no ven” (Ez. 12:2). Y Jeremías también se entristeció por esta ceguera espiritual: “pueblo necio y sin corazón, que tiene ojos y no ve” (Jeremías 5:21). El salmista describió la conexión entre esta ceguera interior y la idolatría.

“Los ídolos de las naciones son... obra de manos de hombres. Tienen... ojos, y no ven ... Semejantes a ellos son los que los hacen, y todos los que en ellos confían” (Sal. 135:15-18).

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Haga un ídolo ciego, confíe en él, y estará ciego. Aplique este principio al mundo moderno y piense en los ídolos actuales.

¿Qué hacemos y en qué confiamos? Cosas, juguetes, tecnología. Y de esa forma nuestro corazón y nuestros afectos son moldeados por estas cosas. Ellas comprimen el vacío en nuestro corazón y le dan forma como de juguetes. El resultado es que somos fácilmente motivados e impresionados por cosas: Computadoras, autos, equipos electrodomésticos y de entretenimiento. Ellos parecen acomodarse a las formas en nuestro corazón. Se sienten bien en los diminutos espacios que han hecho. Pero en esta buena disposición para recibir placeres de las cosas, nos malformados para Cristo. Él parece irreal, sin atractivo. Los ojos del corazón se hacen más torpes. Pablo dijo lo mismo acerca del pueblo de Israel en sus días, citando al profeta Isaías:

“el corazón de este pueblo se ha engrosado...y sus ojos han cerrado, Para que no vean con los ojos ...y entiendan de corazón” (Hch. 28:27).


“El cambio se produce cuando nos volvemos a Cristo. Aquí se levanta el velo del corazón en tinieblas.” En otras palabras, el corazón y los ojos no están cumpliendo con la tarea que les fue señalada. En el libro de Apocalipsis, Jesús advirtió esta situación en la iglesia de Laodicea, que pensaba que no necesitaba nada. Él le dijo a esta iglesia: “tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”. Y a continuación le dice: “yo te aconsejo que... [unjas] tus ojos con colirio, para que veas” (3:17-18). Por este “colirio” divino era que oraba Pablo en Efesios 1:18-19 cuando pidió al Señor que los ojos de nuestro corazón fueran iluminados para conocer nuestra esperanza, herencia y poder. Sin la intervención de nuestro omnipotente Cirujano Ocular interno permaneceríamos ciegos e incapaces de ver. ¡Oh, cuánto necesitamos el don de la visión espiritual! Cualquier gozo que experimentemos sin esta visión no será gozo espiritual. No sería una respuesta espontánea al ver la belleza de Cristo. Y por lo tanto no daría

honor a Cristo. Sería algo superficial y efímero. Pero esto puede cambiar y debemos batallar para cambiarlo con todas nuestras fuerzas. Nuestro corazón puede cambiar de modo que cuando el desierto florezca como una rosa “[vean] la gloria de Jehová, la hermosura del Dios nuestro” (Isaías 35:2). El cambio se produce cuando nos volvemos a Cristo. Aquí se levanta el velo del corazón en tinieblas. Lo que Pablo dijo del pueblo judío es verdad para nosotros, sea que leamos la Biblia o el libro de la naturaleza: “el entendimiento de ellos se embotó... les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado... cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará” (2 Co. 3:14-16). La salvación es la adquisición y la provisión de visión para el ciego. Dios envió a Cristo al mundo a morir por nuestra ceguera espiritual, pagar su castigo, tomar para sí la ira que merece y proveer una perfecta justicia imputada a

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todo el que cree. Esta es la muestra más maravillosa de la gloria de Dios que se haya visto y se verá. La gloria divina que podemos ver mediante la redención se muestra más maravillosamente en la propia redención. Su vida, muerte, resurrección y reino actual en el cielo son tanto los medios por los que nosotros los pecadores recobramos nuestra visión como la más alta gloria, para ver la cual hemos sido salvos.

¿POR QUÉ LA CEGUERA SE ELIMINA SOLO EN LA PRESENCIA DE CRISTO? Este es el por qué Dios ha designado que volverse a Cristo es la vía para que recobremos nuestra visión. El objetivo de la restauración de la vista al ciego es que pueda ver y disfrutar la gloria de Cristo. Esta es la razón por la que tenemos ojos, tanto físicos como espirituales. Por lo tanto contradeciría el propósito mismo de ver si Dios restaurara nuestra visión por algún otro medio aparte de la revelación

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de la gloria de Cristo. Si se nos dieran ojos para ver y no hubiera Cristo que ver, entonces el gozo de nuestra visión no glorificaría a Cristo. Pero el Espíritu que despierta nuestra visión interior fue enviado para glorificar a Cristo. Jesús dijo: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él... me glorificará” (Jn. 16:13-14). Por lo tanto el Espíritu abrirá los ojos del ciego solo en la presencia de la gloria de Cristo.

¿CÓMO VER EN EL PRESENTE LA GLORIA DE CRISTO? Pero ¿cómo puede ser esto si Cristo está en el cielo y la gloria de su obra redentora ocurrió hace siglos? La respuesta la ofrece el apóstol Pablo en uno de los pasajes más importantes de la Biblia: “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. Porque Dios, que mandó que de

las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. (2 Co. 4:3-6)” Aquí Pablo define la conversión -la cual Satanás trata por todos los medios de impedir- como el resplandor de “la luz del evangelio de la gloria de Cristo” (v. 4). Lo dice en forma diferente en el versículo 6: Es el resplandor en nuestro corazón “para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”. Estas descripciones de la conversión implican dos cosas. Una es que el evangelio es la proclamación del “conocimiento” de Cristo de forma tal que su gloria pueda verse con los ojos del corazón. La otra es que esta visión es la obra de Dios: “[resplandeciendo] en nuestros corazones” de la misma forma que lo hizo el primer día de la creación cuando dijo: “Sea la luz”. En otras palabras, ver la gloria de Cristo en el evangelio es un don. Por lo tanto cuando dije anteriormente que el Espíritu abrirá los ojos del ciego en la presencia de la gloria de Cristo, quise decir, solo al escuchar el evangelio de Cristo es que Dios dice al corazón: “Sea la luz”. Por medio de la gloria de Cristo en el evangelio y por causa de la gloria de Cristo en el evangelio, Dios restaura

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nuestra visión solo en la presencia de Cristo en el evangelio. De esta forma, cuando nuestros ojos se abren y la luz resplandece, es a Cristo a quien vemos, disfrutamos y glorificamos. El relato del evangelio de la muerte de Cristo por nuestros pecados y su resurrección (1 Co. 15:1-4) es volver a presentar la gloria de Cristo una vez revelada en la historia. En aquel tiempo el apóstol Juan dijo: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” Juan 1:14. En otras palabras, el “Verbo” eterno --el Hijo de Dios- entró en la historia y reveló “la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”. De modo que ahora cuando se predica la Palabra de Dios (el “evangelio de la gloria de Cristo”), la misma gloria (la “iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”) resplandece. Llegar a ser cristiano significa ver su gloria cuando escuchamos el evangelio. Juntos, esta visión espiritual de Cristo y el disfrute de

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Él-o este sentido espiritual de su belleza y el correspondiente placer en el alma- se refieren a lo que Pablo llama “conocer” a Cristo. Pablo ora en Efesios 3:19 para que podamos “conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento”. Y dice en Filipenses 3:8:

“estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor”. Este conocimiento no es mera percepción intelectual. El diablo tiene tal conocimiento y tiembla (Santiago 2:19). Este conocimiento “sobrepasa todo entendimiento”. Este conocimiento incluye el gustar y el ver. Es el conocimiento de la miel que solo usted tiene cuando la lleva a su lengua y prueba que es dulce. Por lo tanto, conocer a Cristo de esta forma significa verle tal y como Él es y disfrutarlo por encima de todas las cosas. Por lo tanto, el reto profético: “conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová” (Oseas. 6:3), es el mismo reto hoy: Luchemos por ver; prosigamos en la lucha por ver y disfrutar la gloria de Cristo.


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3. ¿Cómo alabo a Dios? “Entonces, alabar a Dios ya no solamente es una reacción natural, ni tampoco es opcional, sino que es un mandato divino para su pueblo.” La alabanza se convierte, entonces, es la respuesta “natural” que precede al milagro de haber visto a Cristo, de haberle contemplado en el espíritu, que los ojos del entendimiento hayan sido alumbrados para ver la gloria y magnificencia del Rey. Todo verdadero cristiano ha visto a Cristo, por lo tanto, todo verdadero cristiano debe alabarle. En este momento nos encontramos con un punto de conflicto, porque si bien la alabanza es una reacción “natural”, debemos reconocer que no respondemos con esta naturalidad siempre. Esto debido a que nuestra carne normalmente se opone a lo que es correcto.

mandato por medio de Su Palabra: ¡Alaben al SEÑOR los que le temen! ¡Hónrenlo, descendientes de Jacob! ¡Venérenlo, descendientes de Israel! Sal. 22:23 NVI Entonces alabar a Dios ya no solamente es una reacción natural, ni tampoco es opcional, sino que es un mandato divino para su pueblo La alabanza y la adoración tradicionalmente, dentro del contexto evangélico, se entendió que alabanza eran todas las canciones con ritmos alegres y de gran intensidad, y la adoración las canciones más lentas y reflexivas. Sin embargo, esta concepción no es del todo correcta.

Por esto, el SEÑOR no asume que Su pueblo le alabará con tal naturalidad, y establece un

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¿Qué es la alabanza? Es toda expresión externa de una persona o una comunidad, que anuncia y exalta el carácter de Dios y sus obras, sea en forma de canto, grito, ovaciones, aplausos, u otras expresiones artísticas como la danza, la pintura, el drama, la poesía, entre otros. (Sal. 30:4; 33:2; 64:10; 67:3; 68:26; 69:34) La Biblia enseña que la creación exalta y alaba al Creador, es decir, da a conocer el poder de Dios. (Sal. 19:1)

¿Qué es la adoración? La adoración es central a nuestra fe en Cristo. Las implicaciones para el verdadero discípulo abarcan un círculo mayor, porque la adoración es mucho más que un acto del domingo por la mañana, llega a ser un estilo de vida. La verdadera adoración se revela toda la semana, dando forma a alternativas, determinando perspectivas, ofreciendo un vaso de agua fría, amando a los difíciles de amar, practicando fidelidad, y muchas

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otras acciones y actitudes íntegras. Estos atributos pueden, en realidad, ir contra nuestra cultura. Porque el cristiano que procura adorar a un Dios santo perseguirá una forma de vida santa como derivado natural. En su análisis, Graham Kendrick relaciona la «adoración» y la «disciplina», dos palabras que la mayoría de las personas casi nunca piensan que van juntas. Sin embargo, para abrazar la esencia de la norma bíblica con mayor claridad, uno debe practicar la disciplina al adorar a Dios. Como seres humanos somos naturalmente falibles. Aunque pequemos, nuestro Dios es santo y sin pecado. Por consiguiente, sabia y regularmente buscamos perdón para poder tener comunión con El. Eso es disciplina. Conforme maduramos, el pecado manifiesto desaparece, pero como somos sensibles analizaremos con regularidad al hombre interior para impedir cualquier cosa que interfiera con nuestra adoración.


“puede existir una persona o una congregación que alabe a Dios sin adorarle, y esto es un caso trágico.”

¿Qué tipo de problemas potenciales necesitamos vigilar en la búsqueda de un estilo de vida biblico y basado en la adoración?

¿La alabanza es adoración? Debería serlo. La alabanza que es verdadera, centrada en Dios, potenciada por el Espíritu Santo, confiada en la obra de Cristo, se convierte en un acto de adoración a Dios.

Considere, por ejemplo, la falta de perdón, la queja, el chisme, la omisión del diezmo, la falta de oración así como una vida incierta.

Sin embargo, como existen personas que adulan a otras personas, también hay personas que adulan a Dios. En otras palabras, que dicen muchas cosas buenas a Dios o acerca de Dios, pero su mente y “corazón” están lejos de Él mismo.

La Biblia dice: «Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren» (Jn 4.24). ¿Cómo afirmar mi seriedad en cuanto a adorar a nuestro Señor «en verdad» siendo sincero respecto al pecado que descubro en mi corazón? Decidamos ahora mismo desembarazarnos de tales obstáculos. Busquemos perdón y, cuando sea necesario, restituyamos.

Este acto no sólo resulta infructuoso, sino ofensivo para Dios, porque él conoce lo profundo de nuestro ser. Dios rechaza la alabanza que proviene de labios de personas que no son sinceras, que realmente no están experimentando su canto o su oración, o que no están completa y verdaderamente rendidas a él. (Is. 29:13; Mt. 15:8; Mar. 7:6)

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“Para que nuestra alabanza sea verdadera adoración, ésta debe nacer de una vida sumergida en admiración y obediencia a Cristo .” Esto quiere decir que puede existir una persona o una congregación que alabe a Dios sin adorarle, y esto es un caso trágico. Cuando la alabanza a Dios se vuelve una forma de tapar o disimular la adicción a la televisión o la pornografía, la violencia intrafamiliar, la mentira, la pereza, lascivia, borracheras, etc., se vuelve un acto despreciable para Dios. Por tanto, para que nuestra alabanza sea verdadera adoración, ésta debe nacer de una vida sumergida en admiración y obediencia a Cristo y sus mandamientos, que vive en constante arrepentimiento y búsqueda de Su presencia. Que el Señor nos ayude por su gracia, en el poder del Espíritu de vida.

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Las Fiestas de adoración Cuando los discípulos de Jesús, el pueblo de Dios, nos reunimos en santa asamblea, ésta debe ser una verdadera fiesta de adoración. ¿Puede imaginarlo? Aquellos que han visto a Cristo, y están asombrados por su majestad, rendidos a su Palabra, convencidos de obedecer sus mandamientos, agradecidos por su obra de redención, absortos por la obra del Espíritu Santo manifestada con poder en sus vidas cotidianas de trabajo, estudios, diversión, etc. se reúnen para rendir honor al Rey de sus vidas. Esto debe ser una explosión de adoración.

6. Escuchamos con reverencia la Palabra expuesta 7. Celebramos con pasión, reverencia y discernimiento la Comunión (Santa Cena o Cena del Señor) 8.Servimos a otros con nuestros dones y talentos para la edificación.

Le honramos al reunirnos cuando:

Robert Webber escribe: «El foco de la adoración no es la experiencia humana, ni una conferencia, ni un entretenimiento, sino Jesucristo: su vida, muerte y resurrección». Bob Sorge complementa ese pensamiento, afirmando: «El objeto de nuestra adoración debería ser que lleguemos al punto en el que no veamos a nadie ni a nada a nuestro alrededor, sino que nos dejemos absorber totalmente por Dios. Ese es el objetivo supremo de la adoración: ver solo al Señor». Ese es el acto de la adoración. Además, en el acto, hay un proceso de adoración.

1. Asistimos con puntualidad a la convocatoria 2. Disfrutamos de la comunión unos con otros 3. Exaltamos con devoción a Dios por medio de la alabanza 4. Nos detenemos asombrados por su majestad por medio de la contemplación 5. Ofrecemos con un sentido profundo de pacto, bondad, compasión y generosidad, nuestros diezmos y ofrendas.

La adoración es un acto y un proceso. En el acto de la adoración nos reunimos para honrar y reverenciar a Cristo a través de ciertos patrones y tradiciones.

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Dicho en una forma más sencilla, esto se refiere a nuestro discipulado: la etapa de la madurez, en la cual pasamos del egocentrismo al Cristocentrismo.

Expresiones de nuestra alabanza La alabanza es un parte importante de nuestras fiestas de adoración, porque anuncian el carácter de nuestro Rey y nos hacen contemplar su carácter y obra. Entonces, ¿cómo se expresan de Dios aquellos que le han visto? ¿Cómo anuncian los adoradores las grandezas del carácter de su Dios?. Deseamos enlistar algunas de estas expresiones de alabanza verdadera, como una invitación abierta, y una exhortación amorosa para todos los discípulos de Cristo a obedecer su Palabra:

“ Canten al SEÑOR, ustedes sus fieles; alaben su santo nombre. Porque sólo un instante dura su enojo, pero toda una vida su bondad. Si por la noche hay llanto, por la mañana habrá gritos de alegría. Sal. 30:4-5 NVI 1. Estar de pie. Normalmente, dentro de la práctica de la reunión, en ciertos

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momentos estamos de pie. Esto no debe ser tomado como un simple acto repetitivo y hueco. Cuando una persona importante entra a un lugar o a una asamblea, la audiencia suele ponerse de pie para honrar a la persona, apuntando a su importancia y relevancia en tal asamblea. Ponerse de pie es un acto que anuncia la importancia y relevancia de la Presencia de Cristo en medio de nosotros, usted debe hacerlo con un sentido verdadero de respeto, admiración y alabanza (Gen. 18:8, 22; Lev. 9:5; 19:32, Isa. 49:7)

2. Postrarse. Postrarse es un acto externo que señala a una actitud y realidad interna de sumisión y entrega total al SEÑOR. El sentido bíblico es arrodillarse y poner el rostro en tierra. Es una acción humillante, que demuestra nuestra convicción que estamos rendidos por completo a Dios. (Sal. 29:2; 96:9; 97:7) 3. Alzar las manos. Es levantar las manos hacia el cielo. Es una expresión bíblica que implican exaltación, pero también dependencia. El pueblo de Israel alzaban sus manos hacia el templo o al cielo


cuando oraban, simbolizando la esperanza que Dios había dicho que escucharía sus oraciones. Como un niño extiende sus manos a su padre cuando busca protección, consuelo, ayuda o amor (Sal. 28:2; 44:20; 63:4; 68:31;77:2; 88:9; 119:48; 134:2)

4. Cantar himnos. Normalmente la Biblia llama himnos a cantos predeterminados que se entonaban en ocasiones específicas. Estos cantos eran los que los salmistas habían creado y en especial aquellos que eran creación de David. Debe hacerse con júbilo y con inteligencia (Sal. 47:7; 1 Cr. 16:9; Sal. 9:11) 5. Tocar música. La música siempre ha estado presente en las celebraciones del pueblo de Dios. Él mismo nos llama a alabarle con música, con instrumentos de diferentes tipos. Eso sí, pide que se haga bien. (Sal. 33:2-3, 43:4; 49:4; 57:8; 98:5; 150) 6. Canto nuevo. El Salmo 33:3 nos invita a levantar una canción nueva a Dios. Esto significa que debe ser un canto fresco que surja de la vivencia actual de nuestra relación con Dios. Normalmente luego de cantar una canción ya conocida, la música queda sonando, y cada discípulo levanta una canción nueva, que exprese lo que en su corazón hay para Dios, entona un canto “inventado”, compuesto por cada creyente (Sal. 40:3; 96:1; 98:1; 144: 9; 149:1)

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7. Danza. La danza es una respuesta natural del cuerpo a la música (melodía, armonía y ritmo) Es armonizar los movimientos del cuerpo con la música. Expresa alegría y regocijo. La felicidad que Cristo nos da, debe expresarse, la danza es una forma de hacerlo. En ocasiones es una danza coreografiada, preparada con antelación, pero también la congregación pueda hacerlo sin una coreografía preparada, cuidando del orden y la prudencia al hacerlo. El Adversario ha querido desvirtuar el valor de la danza, convirtiéndolo en una expresión de la carne y los deseos desordenados, sin embargo, la danza es una idea de Dios (ya que él nos creo con ritmo) para que expresemos nuestro gozo y satisfacción en él (Sal 149:3; 150:4, Jer. 31:13, Lam. 5:15)

8. Alzar la voz. Los gritos están asociados al anuncio. Los profetas debían alzar la voz para anunciar lo que Dios estaba diciendo. Las Escrituras nos invitan a alzar la voz para celebrar el carácter y las obras de Dios. Algunas personas se pueden ofender con un grito, sin embargo, Jesús mismo defendió a aquellos que gritaban alabanzas cuando iba entrando a Jerusalén (Lucas 19:37-40; Sal. 98:4; Is. 13:2)

9. Aplaudir. Los aplausos celebran, aprueban, reconocen, ensalzan, honran, elogian al que recibe los aplausos. Debemos “hacer bulla” con las manos, es lo que nos invita la Bliblia (Sal. 47:1) 10. Reflexión y contemplación. El Salmo 63:2 nos dice que debemos contemplar a Dios, mirarle fijamente, examinar, percibir a Dios. Esto es un acto de admiración y profundo respeto. En ocasiones solamente callamos y reflexionamos en la grandeza y trascendencia de Dios, nos paramos frente a él asombrados, maravillados. Debemos aprender a contemplarle. (Hab. 2:20; Zac. 2:13) Preparándonos para la fiesta de adoración Hoy es un nuevo día, y están surgiendo adoradores vibrantes por todas partes. La adoración de corazón fluye de una comprensión del sacerdocio real y una disposición a concentrarse, a involucrarse y a disciplinarse durante el acto de la adoración. Como Jack Hayford ha dicho, hoy el Espíritu Santo «está dirigiendo nuestro destino a una adoración sacerdotal que despeja el avance del Reino». A medida que nuestra respuesta aumenta en los cultos de adoración, concentrándonos en Jesús y su gloria, llegamos a armonizar.

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En un ambiente unánime y de común acuerdo, el Señor se mueve con libertad, tanto entre nosotros como a nuestro favor. Los adoradores, una vez renovados, reciben poder para desbordarse en el nombre del Salvador. Sin embargo, tenemos una función para abrir este mundo de posibilidades. Necesitamos negar cualquier perspectiva casual y abrazar con fervor nuestra responsabilidad particular como sacerdotes en cada culto de adoración al que entremos. Debemos planear con anticipación —llegar con un cuadro mental característico—, al lugar que liberará nuestro recién hallado papel como sacerdotes reales.

¿Cuál es la función y la responsabilidad del creyente, como congregante, cada vez que el acto de la adoración se efectúa? Es fácil articular el papel del pastor o líder de adoración. El predicador llega al culto de adoración con una palabra de Dios para la gente.

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Ha orado, estudiado, preparado y está listo para nutrir, amonestar, edificar y/o aumentar la visión. También el líder de alabanza se prepara. El o ella, con los músicos, arregla el ambiente musical, lo ensaya y lo prepara en comunión con el Señor. Como fruto natural de su preparación, el pastor y su equipo se afinan para entrar en alabanza y adoración. Pero, ¿qué expectativas pudieran hacerse de la congregación, de usted y de mí cuando nos reunimos con el rebaño? Cada creyente es responsable de prepararse para adorar a Dios en cada asamblea. La Fiesta de adoración debe ser planeada por cada creyente, en oración y meditación del a Palabra.

Le exhortamos a que hagamos de cada convocatoria de reunión una verdadera Fiesta de Adoración al Rey.


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Alabanza. La expresión del cuerpo de Cristo