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DespuĂŠs de la tormenta

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Despu茅s de la tormenta

Daymelis R. Edici贸n y correcci贸n: Mireya R.C.

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Titulo original: Despues de la tormenta Autor: Daymelis R. Del texto: Daymelis R. 2014® Correccion y edición: Mireya R.C Diseño:Cassandra Castillo Editorial Raining Words ® Número de registro: https://www.safecreative.org/work/1406141231010-despues-de-latormenta-por-daymelis-r Facebook: http://www.facebook.com/editorialRWOficial -Twitter: https://mobile.twitter.com/EditorialRW -Correo Electrónico: editorialrainingwords.contacto@gmail.com -Blog: http://editorialrainingwords.blogspot.mx/?m=1 -Tumblr: http://editorial-raining-words.tumblr.com/ -Wattpad: http://w.tt/1h1TzT8

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"Algunas caídas son el medio Para levantarse a situaciones más felices". William Shakespeare.

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Después de la traición de su mejor amigo, Ciara Aldridge es la persona más insegura y temerosa del mundo. Aún triste y decepcionada, escapa del instituto sin saber que el destino pondrá en su camino al enigmático y atrevido Trenton Lombardi. A pesar de vivir en mundos distintos y con personalidades desiguales, la química y atracción que surge entre ellos es espontánea y tan potente que ambos se ven abrumados por la intensidad de sus sentimientos; sin embargo, el miedo y la inseguridad de Ciara no le permite abrirse al verdadero amor. Acorralados por sus propios sentimientos, ambos jóvenes deberán aprender el significado del amor, sobre todo, cuando el malvado futuro alcalde de Detroit, amenaza con cumplir una venganza en contra de la familia Aldridge, además de que el mismo oculta un oscuro y estremecedor secreto que puede separar a ambos protagonistas, sin haber consumado su amor. ¿Podrá la obsesión de un hombre ser más fuerte que el amor de Ciara y Trent? Cuando encuentras a la persona que te da razones para amar... ¿qué harías con tal de evitar su sufrimiento? Ciara siempre se sintió carente de algo; no obstante, cuando conoció a Trent estuvo completa; pero lo que ella no sabe es que el destino podría arrebatarle a su otra mitad por medio de una enfermedad que también amenaza con quitarles lo que han construido dentro de sus corazones desde que se vieron por primera vez.

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¿Jamás te has permitido sopesar el tiempo que te queda en este mundo? ¿Tu vida ha sido lo suficientemente tranquila como para pensar en que tal vez en el futuro te esperan situaciones tan difíciles que, posiblemente, te dejen en medio de una encrucijada? A menudo él se lo pregunta, cuando su alma se siente como la más solitaria que puede existir sobre la faz de la tierra. Y, mientras observa fijamente el suave y grueso papel perfectamente blanco, que serviría para plasmar su obra mientras escoge qué hacer a continuación. No necesita dibujar a una chica, pues la musa que tanto anhela y espera no ha llegado a su desastrosa y nada ordenada vida, aunque quizás jamás llegue; por lo tanto, el muchacho de ojos llamativamente verdes, decide trazar un hermoso y apacible paisaje de la ciudad de Florencia. Mientras trabaja, los recuerdos invaden su mente, causando que un intenso hueco aparezca en su pecho al recordar la manera en la que perdió a su hermano, la persona que éste solía ser antes. Trenton se encuentra en un avión con destino a los Estados Unidos, donde aspira construir una nueva vida, alejándose finalmente de su madre, quien no merece los dolorosos acontecimientos que se acercarán dentro de poco. Ella no lo sabe, no tiene ni idea que está a punto de perder a su segundo hijo; Trenton, con el ceño fruncido, mira a su madre y se pregunta internamente si ella lo echará de menos, o lo dejará quedarse en aquella ciudad sin mirar atrás. Desde hace años, Theodore se marchó de casa, decidido a tomar un rumbo distinto al que su difunto padre había pensado para él, dejándose llevar por el egoísmo y la ambición que estaban incrustados en lo más profundo de su ser; Trenton antes comenzaba a ser así, por eso él sopesa en lo que hubiera ocurrido si seguía a su hermano y se convertía en la réplica del mismo. Sin embargo, la idea de aquello no dura mucho en su mente, sólo se limita en continuar dibujando, mientras que numerosas preguntas invaden su mente. ¿Por qué su madre tiene que ir a asistir a Theodore, cuando éste tiene millonarios jefes que no tardarían en sacarlo de la cárcel tan sólo con un chasquido de dedos? Su madre es tan ingenua que ni siquiera se pregunta aquello, sólo viaja con la idea de ser la salvadora de su hijo, alcahueta de sus fechorías, sin importarle los errores que él cometa. La madre de Trenton siempre ha sido así con Theodore. ¿Qué pasará cuando Theodore le diga que no pretende regresar a Milán?


Ella va a desmoronarse; no obstante, no tardará en perdonarlo. Su madre siempre ha sido así, no importa cuántas veces su hijo le rechace, ella no se deja influenciar por aquello. Ella espera, pacientemente, que su hijo la adore sólo ella y no al dinero, las estafas o a las prostitutas. Trenton ha estado enterado de esto desde hace muchísimo tiempo, pero, intenta no importarle. Con todo, el chico ni siquiera se atreve a sentir celos, quiere a su madre, y aunque a ésta poco le importen las decisiones que él tome en su vida, él la respeta, y se comporta como el hijo que ella necesita, aunque ella esto no lo note la mayoría de las veces. Quizás no lo note jamás. Mientras sigue transando líneas que definen su dibujo, Trenton no puede evitar preguntarse el porqué de muchas cosas. ¿Por qué recibir noticias malas en los mejores momentos de tu vida? ¿Por qué? ¿Es el precio de soñar no poder hacer los anhelos realidad? ¿O es que su sueño es tan estúpido que el mismo destino le grita que no vale la pena seguir de pie en esa nube suya? Él siempre estuvo rodeado de problemas, peleas, discusiones, desastres, fue tan rudo a veces que en ocasiones se odiaba a sí mismo por no saber manejar su carácter; fue tan impertinente, siguiendo el ejemplo de su hermano pues en ocasiones para Trenton él era un héroe. Entonces, cuando cambia y decide recuperar su vida y hacer las cosas por el camino del bien, el karma se encarga de él. Trenton sabe que ha hecho cosas horribles. Quizás lo que está ocurriendo se lo merece. Cuando había decidido dejar la universidad de periodismo y lanzarse de lleno en la aventura del arte, estudiando por fin lo que más anhela, una terrible notica cae sobre sus hombros, una que cambia todo, una que lo deja sin aliento, que le dice: «te queda poco tiempo» y que grita: «¡es demasiado tarde para enmendar tus errores!» y le susurra en voz más baja, casi confidencialmente: «lo que sembraste, ha traído finalmente sus frutos» mentalmente asiente, porque es cierto, quizás para otras personas les sirva aquello de arrepentirse, intentar enmendar sus errores, para después borrar su pasado y comenzar desde cero, construyendo un maravilloso futuro, limpio e inmaculado, sin ninguna cicatriz de los errores que alguna vez se cometieron; mas, para él está claro que no ocurrirá lo mismo, y quizás no es a la primera persona que le ocurre, sus errores le perseguirán por el resto de su vida, sólo por ser el hermano, y la sombra de un delincuente. Siempre ha sido sometido a comparaciones. Ser el hermano de un delincuente es una mierda.


—No repudies a tu familia —le dijo un profesor una vez—. No vaya a ser que tu familia te reniegue a ti. Pero él no puede hacer lo contrario cuando sabe todo el daño que le ha hecho Theodore a su madre. Y a él también. Y, aunque gran parte de lo que más le preocupa no es culpa de Theo, no puede evitar odiarlo, y odiarse a sí mismo y odiar al destino, al karma, a sus propias acciones; sin embargo, mientras continúa dibujando en su cuaderno de bocetos, descubre que el odio no le servirá de nada. El odio sólo hará que se pierda a sí mismo, convertirá su enfermedad en algo más fuerte, y luego, su vida se esfumará, se irá de sus manos, porque el odio causa aquello, te destroza la vida, como el cáncer. Y quizás Trenton muera, quizás su vida se vaya, quizás se está yendo en este mismo instante mientras sopesa sobre lo que hará futuramente; más, Trenton sabe que no será el odio el que se llevará su vida, quizás tampoco el cáncer, lo que se llevará, posiblemente su vida, será la lucha. Si va a morir, morirá luchando. Si va a morir, morirá después de vivir. Su madre lo mira, y le dedica una sonrisa tensa, que va cargada de las más intensas preocupaciones que una madre puede sentir por su hijo preferido. ¿Si ella supiera lo que está atravesando su hijo menor, qué haría? Lo único que Trenton considera es el bienestar de su madre, y es mejor que ella no sepa que, con cada respiración, el cáncer que padece se vuelve más fuerte, si ella no se entera jamás lo que sufre su hijo, y no lo acompaña en la lucha dolorosa contra una enfermedad que está destinada a deteriorar, sufrirá menos. Y así lo decide, nadie va a enterarse de su osteosarcoma. Ni su madre, ni su tío, ni su primo. Lo único que tiene que hacer es llegar a Detroit, buscar un trabajo, tratar de sobrellevar las circunstancias, pero no condenar a su familia al sufrimiento y la desdicha, pues nadie lo merece. Seguiría viviendo como está acostumbrado a hacerlo, a lo mejor con más intensidad de la necesaria, ¡si va a morir tiene que celebrar la vida! Entonces, con un suspiro trata de recomponerse a sí mismo, infundiéndose ánimos, aunque su subconsciente le grita «me voy a morir, me voy a morir, me voy a morir». Él sólo es un chico de diecinueve años, no sabe lo que le depara el destino, no se imagina ni por un santiamén que sus planes se verán arruinados desde el momento en que salga del aeropuerto. El amor nos alcanza a todos, hasta en los peores momentos, y cuando pensamos que lo que necesitamos es soledad para intentar resolver los contratiempos que la vida nos


imponga, la realidad nos golpea con fuerza, gritándonos con brío que lo único que necesitamos es el amor. El amor da fuerzas, da vida, da esperanzas.


—¡Lunática! —grita un hombre que va conduciendo un Miata1 de color rojo brillante. Su dedo corazón es lo único que veo cuando doy un respingo ante el sonido de su bocina. Corro hacia la acera pues acabo de pasar la calle al otro lado, percatándome de que me encuentro en una de las zonas más abarrotadas de gente en la ciudad; sin embargo, no es aquello lo que me desconcierta, sino que, definitivamente, no sé dónde carajos estoy. Es tan sorprendente la magnitud del orgullo en el ser humano. Por el orgullo me encuentro aquí, en este lugar, pues huí como una cobarde de una escena que aún no decido si me pareció dolorosa o humillante. Suspiro mientras observo a los lados, tratando de descubrir algún indicio que me diga dónde estoy o a dónde me puedo dirigir, porque lo cierto es que estoy perdida, como Tarzán en Nueva York. El cielo grisáceo y el clima nublado me indican que debería buscar un refugio rápido, porque quizás, la llovizna se avecina; no obstante, me quedo en mi sitio, murmurando sobre mi estupidez ante la mirada estupefacta de las personas que pasan por mi lado. Quizás sea mejor que llames a Flavius, pienso, y cuando hago el intento de buscar mi pequeño bolso rosa, ¡me percato de que no está! Observo a los lados desesperada, mis ojos oscuros recorren cada centímetro de la calle. Busca algo rosa, busca algo rosa, ¡allí está! Abro los ojos como platos cuando descubro que el bolso ridículamente rosa lo ha tomado entre sus manos un atractivo chico alto y casi emito un grito cuando veo cómo comienza a revisar mis pertenecías deliberadamente. Él se ríe, y aunque esté al otro lado de la calle, puedo estar segura de cuán varonil y musical es su risa. Veo sus hombros sacudirse, y me pregunto qué demonios habrá encontrado en mi bolso. Yo aprieto mi mandíbula con fuerza cuando intento atravesar la calle y reparo en el montón de autos que pasan frente a mí a una velocidad considerable, por lo cual emito un gruñido al mismo tiempo que observo al chico comenzar a alejarse, ¡y con mi bolso! La espalda ancha del chico alto es lo único que veo, él viste una holgada

Es un automóvil deportivo con carrocería descapotable.

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camiseta blanca, que muestra sus anchos y proporcionados músculos, los cuales pueden verse cómodamente en la distancia. Entonces comienzo a seguirlo cuando tengo la oportunidad de atravesar la calle sin que nadie me atropelle. Él voltea un par de veces conforme yo me acerco a él, decidida a quitarle mi bolso, agradecerle por no robarlo y largarme; mas, mi timidez es tan gigantesca que no posee limites. Y vamos, con un chico como ese, al hablarle, estoy segura que saldría corriendo como una gatita asustada. En síntesis, lo sigo sin saber cómo proceder, y como no tengo algo mejor que hacer en esta mañana... ¡lo sigo hasta que sea capaz de hablarle! Lo cierto es que soy lo más cercano a una lunática. Cojo un periódico y finjo leerlo cuando vuelvo a notar como el atractivo chico observa hacia mi dirección con una expresión burlona. Casi me quedo sin aliento al ver su rostro perfecto de perfil: con rasgos varoniles, mandíbula ancha, labios carnosos, y un lunar cerca de su mejilla que invita a ser besado..., su cabello es castaño con algunos mechones dorados rebeldes; su andar varonil y despreocupado causa que mis rodillas tiemblen; a pesar de la distancia que nos separa, esta persecución trae efectos desconocidos para mí: un hormigueo incontrolable cuando sus ojos verdes como un resplandeciente jade se clavan en los míos. Recuerdo la razón por la que huí del instituto e intento recomponerme, retirando mis ojos de los de él. La verdad es que si me preguntas cuántos hombres hermosos y extremadamente sexys he conocido, te respondería sonrojada que muchos, pero, ninguno como este Dios griego que se burla de mí a carcajada suelta mientras reanuda su marcha. Estoy a punto de armar un berrinche cuando recuerdo lo que ha acontecido con mi bolso, así que opto por continuar siguiéndolo mientras me indico mentalmente que sólo debo pedirle mi bolso y regresar a mi perfecta vida, donde debo aprender a ser valiente y enfrentar a mi ex novio y ex mejor amigo. Nunca debí huir. Aquello es la estupidez más grande que he cometido pues sabía que en todo el instituto se burlaban de la estúpida y mojigata Ciara Aldridge que ha sido engañada vilmente por su primer amor y mejor amigo; la misma que ha sido burlada, destrozada y lastimada de la forma más malvada y cruel. Apenas tengo diecisiete años, sí, quizás soy muy joven y tonta, pero todos tenemos un poco de orgullo dentro, y el diminuto que me quedaba se vio destrozado cuando vi a Eric Sanders y a Stella Miller juntos, en el almuerzo, besándose apasionadamente en mis narices. Dime tonta e ingenua, di todo lo que quieras, pero, la forma en que todos se burlaron de mí en el almuerzo, el gesto de lástima que apareció en el rostro de mi hermano Andrey y en algunos otros chicos destrozó el poco orgullo que me quedaba. Ciara Aldridge ha sido humillada una vez más.


Eric Sanders había sido mi mejor amigo desde que nacimos; sin embargo, hace aproximadamente diez meses que todo entre nosotros cambió, y en un determinado tiempo él y yo habíamos manifestado sentimientos diferentes el uno por el otro. Él supo deslumbrarme con su enorme sonrisa y su belleza extraordinaria, acompañada sutilmente con sus delicados modales dignos de un chico nacido en una cuna de oro, y con el mundo a sus pies, él me escogió a mí de entre muchas. Te juro que aquello fue demasiado para mi débil corazón, y aquellos diez meses se convirtieron en los mejores de mi vida... hasta el verano. En el verano caí de aquella nube, golpeándome de lleno en mi pecho, mientras manifestaba mi primera desilusión amorosa, de la mano de quien fue mi mejor amigo durante toda mi vida. Soy muy joven para asegurar que no me enamoraré nunca más, pero lo cierto es que no pretendo hacerlo en estos momentos, aunque la tentación se encuentre tan cerca. Yo sé que tengo prioridades más relevantes, y el ballet se ha apoderado de mí completamente, y en Brazil decidí, en circunstancias difíciles, que me dedicaría plenamente al baile, para entrar a Julliard, aquello es lo que necesito —por ahora— para ser feliz. Ensimismada en mis propios pensamientos mientras asecho al atractivo chico como la psicópata y obsesiva admiradora de éste, me sobresalto al percatarme en dónde rayos me he metido por seguir con mi tontería de perseguir a un desconocido y no pedirle mi monedero como una chica normal. Por alguna razón las calles están más desiertas en esta parte de la ciudad, además las calles son más estrechas y desaliñadas; las personas visten de forma más humilde y los pocos autos estacionados, a un lado de un restaurante de dudosa categoría, están maltrechos y viejos. Me escondo cuando veo que el chico se ha detenido frente a un establecimiento de comida rápida, mientras ayuda amablemente a una anciana a atravesar la calle. Antes de que siga con su camino, sus ojos se encuentran con los míos y de un momento a otro, él me guiña y continúa andando hasta que lo pierdo de vista. ¡¿Y ahora cómo demonios voy a regresar a mi casa?! Mi madre se caerá de bruces cuando se entere de esto. Doy unos cuantos pasitos tímidos hacia adelante, desconcertada por la manera en la tierra pareció tragarse al chico sin yo darme cuenta y, antes de que tenga la oportunidad de mirar hacia los lados y sopesar mis opciones, una mano fuerte y callosa, atrapa la mía, causando que yo suelte un chillido de pánico y posteriormente mis pulmones se queden sin aliento al encontrarme con una mirada profunda y caliente que ocasiona que mis piernas se debiliten y tiemblen como gelatina. ¡Madre mía, él está tan cerca!


Oh. Dios. Mío. Mandíbula cuadrada. Sonrisa infantil y destellante. Ojos jade. Mi corazón comienza a latir velozmente mientras yo observo cómo su mano está rodeando la mía. Su tacto es suave y varonil a la vez, y me percato de la sonrisa burlona que aparece en sus labios hinchados y rojizos, que contrastan deliciosamente con su rostro varonil y joven. Es más apuesto de lo que pensaba. Y él está aquí, mirándome, a sabiendas de que yo le he estado persiguiendo por casi todo el camino, quizás sabiendo también que soy la dueña del monedero que ha guardado dentro de su mochila. Sin lugar a dudas a este chico, con un maldito cuerpo de infierno con músculos por doquier a pesar de su delgadez, se está divirtiendo con este juego. Sin embargo, son sus ojos los que ocasionan que mi corazón de un vuelco desconcertante para mí. La hermosura, el brillo, el sentimiento que transmite su intensa, potente y penetrante mirada deposita una emoción desconocida en mi pecho. —¿Se puede saber qué intentas hacer persiguiéndome desde que llegué a este lugar? — inquiere, con un suave acento que no reconozco. Su sonrisa jamás abandona su rostro, y yo siento el mío arder por la vergüenza—. ¿Esto es lo que acostumbran hacerle a los extranjeros? ¿Intentas secuestrarme? Porque créeme, no voy a resistirme, cariño. —Me guiña un ojo. Sacudo la cabeza, alejándome de su mirada. ¡Pequeño idiota! ¡Él sabe que sólo quiero mi monedero! Aunque... su belleza atrayente ha deslumbrado mis ojos y la curiosidad crece cada vez más. Jamás me había ocurrido algo similar, a pesar de verme rodeada de figuras importantes y reconocidas, este chico es como un diamante exótico que atrajo mi atención desde que puse mi mirada sobre él por primera vez, sin contar con la electricidad que recorre mi mano en la que él ha colocado la suya para detenerme. —N-no... y-yo... —No tengo palabras, a pesar de que la mayor parte del tiempo que gasté en seguirlo ensayé arduamente para cuando fuera el momento de enfrentarlo; sin embargo, aquello de nada sirve cuando tienes a un hombre como él frente a ti. —Eres la acosadora más deprimente que he conocido en mi vida —dice riéndose de mi expresión desconcertada—. Me quedaría hablando contigo, pero supongo que debes terminar bien tu trabajo y seguirme por el resto del camino. —Sonríe ampliamente, al


mismo tiempo que deja mi mano libre, y reanuda su marcha, y cuando abro la boca para decirle algo, me percato de que ha entrado a un establecimiento moderno, con un cartel por encima de la entrada que reza: “Lombardi GYM”. Pero no es el cartel lo que me detiene a continuar siguiéndolo. Es el desorden. El ritmo de la música se adueña de casi todo el barrio donde me encuentro. Una multitud de adolescentes están recargados en sus autos cercanos a Lombardi GYM. Observo mis ropas con el ceño fruncido, comparando mi atuendo con el de ellos pues está claro que no encajo en este lugar. Chicas de piel morena —mucho más oscura que la mía—, visten cortitos shorts que muestran sus torneadas piernas, largas y bronceadas; sus cabellos largos y rizados caen en cascada por su espalda. Caminan de aquí para allá como dueñas del lugar y yo no encuentro la manera de salir de aquí, ¡qué idiota! Menuda estupidez he hecho el día de hoy, todo lo que consigo es obtener la atención de todo mundo. ¡Mierda santa! ¡Tengo que salir de aquí! Un gigante hombre me señala con su barbilla, por lo cual yo me enderezo e intento mirar hacia otro sitio e incluso fingir que espero a alguien; sin embargo ya todo está hecho, yo estoy aquí, y ellos ya me han notado. Entonces advierto en que todos han dejado de bailar, que las chicas de piernas largas me miran y sonríen de oreja a oreja, con esa sonrisa de tiburón que tanto miedo me ha dado; algunos chicos están serios y me evalúan en silencio, otros silban por lo bajo y otros simplemente sonríen. ¡Vamos, Ciara! ¡Corre, corre! —Bueno, ¿qué tenemos aquí? —pregunta una chica con cejas tatuadas, cuya sonrisa burlona no pasa desapercibida. Creo que mi segunda humillación se avecina. —¿Qué quieres, niña? —me interroga alguien con el mismo acento del chico de ojos verdes. Se trata de un chico alto y fortachón, con algunos tatuajes en la parte baja de su cuello. El joven me sonríe, y debo admitir que es apuesto, aunque no tanto como el atractivo y juguetónn dueño de aquel cuerpo de infarto inolvidable—. Creo que estás perdida, ¿no es así?


Aunque es amable, no puedo evitar temblar ligeramente de miedo al verme rodeada de tantos extraños con aspectos desaliñados y la notable diversión plasmada en sus rostros. —Eh… yo… —Balbuceo sin sentido alguno—. Yo… ¿Qué rayos puedo decirle? En realidad yo puedo decirle la verdad: que me escapé de clases, perdí mi monedero, un chico encantador lo consiguió, y yo no pude arrebatárselo, sino que se me ocurrió la maravillosa idea de perseguirlo como una lunática; mas, no puedo confesar esto, se burlarían de mí y lastimarían el poco orgullo que me queda. Por eso miento. —He quedado con alguien… pero al parecer… al parecer me he equivocado. —Todos me miran por unos segundos y me incomodo porque pocas veces soy sometida a un escrutinio como este; ellos son alrededor de quince adolescentes rebeldes y fieros, parecidos a una manada de lobos hambrientos que olisquean a su presa antes de mordisquearla. Y después de un instante, todos se mofan de mí por medio de estruendosas carcajadas que resuenan en mis oídos. —Ella miente —grita alguien al fondo del grupo. —¡Oh, pero por supuesto! —exclama el chico del tatuaje. Observo con el rostro hirviendo de vergüenza al muchacho de unos veinte años, fortachón, de piel morena y cabello rizado. Sus ojos color marrón alegres se entrecierran un poco y añade—: es realmente obvio que no eres de aquí, chica. ¿De donde has venido? ¿Estas interesada a entrar al GYM? Aunque yo juraría que te entrenas muy bien… —Me mira de pies a cabeza y sonríe, cruzándose de brazos mientras continúa analizándome. —Me he perdido —explico con un hilo de voz. El moreno muchacho alza sus cejas antes de responder: —¿Cómo es posible? —La desconfianza plasmada en sus palabras causa que mi corazón se acelere. El chico se acerca sigilosamente hasta mí, y con un tono de voz muchos más bajo, dice—: mira, yo sé quién eres, y créeme que de verdad es absurdo que estés en un sitio como éste. —Sacude la cabeza, está desconcertado—. ¡Te has metido en la boca del lobo! ¡Alguien puede reconocerte e intentar secuestrarte! ¡Madre mía!


Miro a los desconocidos que están muy interesados en la plática que el muchacho moreno y yo intercambiamos. Algunas chicas me miran y ríen, dando a entender que mi aspecto es lo más gracioso que han visto en su vida. Frunzo el ceño, lo cierto es que debería irme, ¡pero necesito mi dinero y mi móvil! —¡Es la hora Gioele! —exclama alguien desde el interior del GYM—. ¡Lombardi ya está preparado para patear tu maldito trasero! Gioele me observa con preocupación plasmada en sus marrones ojos. Después de unos segundos, perdido en sus pensamientos, suspira y toma mi mano, halándome al interior del establecimiento mientras susurra cerca de mi oído: —¿Cómo es que te llamas? No logro recordarlo. —Ci… —Me quedo sin aliento al ver el interior del lugar al que me han metido en contra de mi voluntad. —Bien, Cici —me dice burlescamente, colocando sus enormes brazos sobre mis hombros—, es mi deber decirte que si apareces sola en este lugar estás realmente jodida, así que mi deber también es protegerte, ¡pero tienes que hacer lo que yo te diga! —habla como si le explicara algo a una niña de tres años—, es peligroso, y no es agradable que te encuentren temblando de miedo, pues pensarán que cargas millones de dólares encima, ¡y ambos sabemos que tu familia es tan rica que transpira billetes verdes! Me muerdo el labio mientras asiento con la cabeza. Lombardi GYM es un lugar tan gigante y modesto a la vez que me deja paralizada. El aspecto desaliñado que puede admirarse desde afuera no es para nada parecido al interior. Mis ojos revolotean por todo el sitio, también estudiando a las pocas personas que han reparado en mi presencia. Ya no hay forma de huir, a mi lado se encuentra Gioele, sin soltar mi mano y cerca de él está una chica pequeña, de cabello corto y rojizo, sus ojos son de un suave color gris; primeramente me parece una chica tierna, pero al ver su mueca de fastidio en su rostro dejo de observarla. Evidentemente no soy de su agrado. A mi izquierda hay una serie de máquinas típicas de un gimnasio, y aunque el lugar no se encuentra atestado de personas, puedo percibir los diferentes murmullos de voces que me hacen retroceder y preguntarme si alguien a parte de Gioele me ha reconocido. Mi padre es uno de los hombres más influyentes de Detroit, dueño de una cadena hotelera reconocida mundialmente, una constructora, y también dueño y fundador de una de las empresas automotrices más destacadas del país. Y, por supuesto, el resto de la familia es tan reconocida como él, mi hermano Andrey algún día se hará cargo de la presidencia de la


empresa, mi madre es una respetada dama de la sociedad y yo aspiro convertirme en una de las bailarinas más relevantes de Julliard. —¡Oye! —Chillo en cuanto noto cómo Gioele comienza a marcharse de mi lado—. ¿A dónde vas? ¡No puedes dejarme aquí! —Él sólo sonríe y me hala de la mano hasta que me sitúa frente a un enorme ring de boxeo, el cual causa que mis extrañas se retuerzan, al verme rodeada de un gran número de hombres sudorosos, musculosos, ¡y que me están mirando de pies a cabeza! Santo Dios, líbrame de esta pesadilla, te lo ruego. —Estate quieta, joder, estos tipos no saben nada de ti, sólo quédate dónde estás y cuando gane esta mierda te llevaré a tu casa. —Me hizo saber Gioele, gesticulando graciosamente. Él señala el ring con su pulgar mientras se encoge de hombros—. Ahora tengo que irme, o seré un cobarde por el resto de mi vida, ¡y no te muevas de aquí, Cici! Y se marcha. Se saca su camiseta negra hasta que su pecho queda completamente desnudo frente a mí, ¡mierda! Gioele tiene un cuerpo de infarto, pero igualmente me encuentro suspirando al recordar los pectorales de otro chico. Suspirando por la mirada que me ha brindado y la intensidad que me ha transmitido a pesar de que es la primera vez que nos vimos. El ambiente se vuelve más denso a mi alrededor cuando Gioele sube al ring al mismo tiempo que otro chico de un metro ochenta se sitúa frente a él, y al mismo tiempo que mis ojos se posan en ese rostro, tengo la certeza de que este día jamás podré olvidarlo, porque una cosa es mirarlo a los ojos, sentir diferentes emociones que se supone no debo manifestar por un desconocido; sin embargo verlo en un ring de boxeo, sin camisa y con una actitud altanera, desafiante y engreída, es algo completamente distinto. Él es la mezcla intensa de lo que debo evitar para cumplir mis metas. Y aunque sé que debo mantenerlo lo más lejos que pueda, correr y huir de él cuánto antes, sus ojos verdes, su sonrisa maravillosa y la perfección física que posee, me atraen y me cautivan con cada mirada que le dedico. Ambos flexionan sus brazos a los lados, y cierran sus manos en puños. Gioele comienza a saltar mientras observa con detenimiento a su oponente, quien no deja su actitud petulante en ningún momento. El chico de ojos verdes proporciona el primer golpe, y al instante ambos hombres entran en una calurosa pelea que me deja sin aliento. Ambos gruñen, golpean, gimen y en ocasiones se ríen, mofándose del otro como dos hermanos que están jugando algo de lo más divertido; yo estoy aterrorizada y temblorosa, pero igualmente no aparto la vista, pues toda mi atención se centra principalmente en solo una persona. Es como si los demás no existieran. ¡Carajo, tienes que largarte de aquí!


Pero no puedo, mis piernas no me lo permiten, mis ojos no se mueven de su agraciado rostro. En este momento me pregunto si alguna vez estuve enamorada de Eric Sanders, dudo en todos los sentimientos acumulados en mi pecho, los cuales ya son inexistentes. El dolor permanece, pero, ¿cómo sabes con certeza si estuviste enamorada de verdad alguna vez? Entonces él me mira, cuando la pelea ha terminado y se declara ganador. Sus ojos verdes se funden en los míos y descubro que, aunque este chico apuesto quizás no se fije jamás en mí, yo lo encuentro atrayente y atractivo como la mayoría de las chicas presentes en este lugar que gritan por él enloquecidas, y siento que es una atracción potente que puede arruinar mis planes, e igualmente a una parte de mí le da igual, cuando en realidad, con Eric jamás pensaba de esa manera. Sin duda alguna, aunque Eric haya roto mi corazón alguna vez, y aunque yo no quiera sufrir una desilusión nuevamente, no puedo evitar sentirme atraída instantáneamente por una persona, la misma que me trae respuestas con sólo mirarme a los ojos. Ya no quiero a Eric. Porque ya no tengo ojos que sólo para él, aquello quedó en el pasado, muerto y enterrado. Este es el presente, el que revela, el que nos enseña, el que nos trae sorpresas, y la sorpresa de este día fue esta, conocer a un chico que nunca podré tener, porque soy lo suficientemente complicada como para mantenerlo cerca.


Pensar en lo que podría ocurrirme si alguien se entera de que he escapado del instituto, me hace reaccionar; apartando mi atención de Gioele y compañía; mi mirada divaga hacia otro de los extremos de Lombardi GYM, donde un grupo de adolescentes se divierten y ríen entre ellos, recordándome mis días felices donde era una chica con amigos. Cuando intento alejarme de la multitud para esperar a Gioele en un lugar más apartado y tranquilo, una mano súbitamente toma la mía, impidiendo que me aleje del ring. Descubro que se trata de Gioele, quien permanece a mi lado con una mueca de fastidio en su agraciado rostro, y aunque no está exageradamente herido, parte de su mejilla se encuentra dolorosamente hinchada y roja. Aparto la mirada de aquello pues ha causado que me estremezca. Una voz suavemente musical, amable y varonil se hace escuchar a mi espalda, ocasionando que me sobresalte al percibir su tórrido aliento cerca de mi oído. —Veo que satisfactoriamente has terminado de acosarme, ¿quieres tu monedero o prefieres seguirme hasta mi casa? —inquiere observándome, su cabeza inclinada a un lado—. Pudiste haberla pedido, admito que me resultas interesante. —Ríe y se dirige a Gioele—. ¿Puedes creerlo, primo? Llego a este país después de tanto tiempo, consigo un monedero con unos cuantos billetes verdes, cartas de amor, y luego la preciosa dueña me persigue, ¡en la madre! ¡Soy un jodido afortunado! Sus palabras suenan lejanas, y aunque siento su mirada en mí, mis ojos divagan por todo su corpulento aspecto. Cerca de su tórax se puede admirar un misterioso tatuaje que consta de una rosa negra, y debajo, en la parte del tallo de la misma, se hallan numerosas espinas que están ensangrentadas, según puedo ver, mientras escudriño su cuerpo sin ningún tipo de cautela. Me sonrojo al descubrir que no sólo el tatuaje me ha desconcertado, sino también él dueño… él es tan hermoso que duele. Gioele se ríe de mi expresión avergonzada cuando ambos me pillan observando el aspecto de su primo. Luego, analizo arduamente lo que el chico excepcionalmente hermoso acaba de decir y me intranquilizo. —Tú… ¿Leíste mis cartas? —chillo, mi rostro enrojeciendo por la vergüenza.


—Sí, y deberías decirle al idiota que las escribió que mejore su ortografía y redacción, ¡porque esa carta es una mierda! —exclama negando con la cabeza, mientras comienza a registrar en uno de sus bolsillos hasta que extrae un pequeño papel, cuya firma reza: “E.S”. Yo, consternada, contengo el aliento cuando Gioele y su primo dan comienzo a una lectura en voz alta de la carta de “amor” mientras se burlan abiertamente de mí y de alguien que ni siquiera conocen. —¡Juro por Dios que voy a vomitar! —gruñe Gioele, quien rápidamente se marcha corriendo, simulando que va al baño cuando en realidad va a encontrarse con dos chicas morenas que han estado sonriendo sólo para él desde que bajó del ring con su actitud extrovertida y encantadora. Todo ocurre extremadamente rápido a partir de ese momento. Lombardi GYM es un absoluto desastre, lo único que deduzco es que he llegado a una fiesta sin ser invitada, puesto que cerca de nosotros distintos chicos han empezado a bailar al ritmo de una canción de Usher; cuando estoy desconcertada porque no sé qué demonios celebran, recuerdo que el chico de ojos verdes ha llegado de otro país, y supongo que ésta es su fiesta de bienvenida. La gente baila, hay peleas en el ring con sus respectivas apuestas y, al otro lado de mi ubicación, algunas personas juegan futbol y al mismo tiempo que me percato de esto, escucho un grito lejano: —¡Oye! —exclama alguien, y yo no sé a quién pertenece la voz, pero igualmente no volteo a averiguarlo—. ¡Cuidado con la pelot…! Un fuerte golpe se impacta en mi cien y veo el mundo desmoronarse. Lo único que mis ojos pueden ver es un borroso rostro, por eso pestañeo, tratando así de enfocar mi vista. Sólo soy consciente de un «mierda» que alguien masculla mientras yo tomo mi cabeza con mis manos pues un pitido malditamente molesto ha aparecido en mis oídos. No reconozco las voces o la voz que me habla. Estoy mareada, desorientada, confusa. —¿Te encuentras bien? —pregunta una masculina voz a mi lado, a la vez que suelta un gruñido. Es él. —S-solo… —comienzo a balbucear, ¡maldita sea!, no soy buena hablando, nunca lo he sido en realidad, y no ayuda tampoco la cercanía de este chico apuesto que al parecer logra controlar mis emociones—. Creo que ya es hora de marcharme. —¿Cómo te irás? —Saliendo por la puerta. Ríe y el sonido retumba en mi cabeza.


—Oye, eres realmente brusca. —Coloca su mano en su pecho, fingiendo estar ofendido, su sonrisa burlona aún en sus labios—. Supongo que las apariencias engañan. Me aparto de él inmediatamente. Un dolor se instala en mi pecho al oír aquella frase con el sonido de su voz. Recuerdos humillantes aparecen en mi cabeza, causando que me sienta mareada por el dolor del impacto de la pelota de futbol contra mi cien, y el peso de aquellas palabras que rompieron mi corazón en un verano soleado en Sao Conrado, Brasil. Entonces una parte de mí se estremece. Mientras proceso lo que este chico frente a mí ha dicho: «Supongo que las apariencias engañan», su voz toma un tono más acusatorio y se trasforma en uno más fuerte en mi mente, convirtiéndose en otra voz, la misma que había escuchado desde mi infancia: «No eres lo que yo creí, ¡no lo eres! con tu actitud de niña buena me has engañado, ¡todo fue una actuación barata de tu parte!». Percibo mi corazón se arrugarse y mi garganta se cerrarse. Y me siento estúpida, pues ahora que ya sé que no quiero a Eric como a un novio, el amor de amigos persiste instalado en mi pecho, sin dignarse en marcharse, sin molestarse en desaparecer. Unos fuertes y reconfortantes brazos rodean mi cintura, y en consecuencia, un estremecimiento inunda mi cuerpo cuando estoy segura de quién me está tocando, cuando reparo en la manera preocupada en la que sus ojos buscan los míos. Sé que él está hablando, que intenta saber si me encuentro bien, pero no logro escucharlo, sólo soy capaz de deleitarme con el lento y suave movimiento de sus labios hinchados y apetecibles. ¡Detente, Ciara! Me obligo a enfocar mi atención en lo que dice: —Ciara... ¿estás bien? —me pregunta él, atropelladamente—, ¿estás mareada? ¿Busco a un médico? Niego con la cabeza; no obstante, no sé muy bien a cuál de las preguntas estoy respondiendo… tal vez a todas. Lo único que sé es que él se ha percatado de mi repentina tristeza, lo veo en sus ojos, veo que lo ha notado, veo que se está preguntando internamente qué es lo que ha dicho para que yo adapte una expresión mortificada y nostálgica. Cuando estoy preparada para hablar, una voz que conozco muy bien se hace escuchar en medio del bullicio de la multitud:


—¿Me puedes explicar qué mierda haces tú aquí? —pregunta mi hermano mayor, Andrey; sus ojos azules como un zafiro destilan preocupación acompañado de la rabia—. ¡Demonios! ¿Te has vuelto loca? ¡Estás lejos de casa, estás donde puede ocurrirte algo peligroso! ¡Muy peligroso! —Mi hermano me coge del brazo y me aleja del chico de ojos jade. El paso de Andrey es terriblemente apresurado y a pesar de mi lentitud él no se detiene ni un instante—. ¡He estado preocupado por ti durante todo este tiempo! Mientras salimos de Lombardi GYM, pregunto: —¿Cómo me encontraste? —hablo, sin aliento. —¡Trenton! —chilla una chica de cabello rojizo, y yo no puedo evitar pensar: «Oh, el dueño de tan bello rostro se llama Trenton, interesante». Ella sigue chillando cuando descubre que Trenton me está persiguiendo conforme nos mira a mi hermano y a mí, con el ceño fruncido. —¡Oye! ¿Qué haces? —pregunta Trenton acercándose conforme deja a un lado a la pequeña adolescente de ojos grises—. ¿Por qué te la llevas así? —Frunce el ceño a Andrey, cuando se encuentra frente a nosotros. —¿Quién eres? —le pregunta Andrey con su ceño fruncido. —¿Quién eres tú? —inquiere Trenton de vuelta, con su actitud desafiante. Al ambiente se convierte en tensión pura y palpable. Detrás de Trenton aparece Gioele, el cual noto muy incómodo por la situación; acto seguido, Andrey cuidadosamente me coloca detrás de él de una forma protectora y, unos segundos después en los que nos sucumbimos en un profundo silencio, el motor del auto cercano a nosotros gruñe impacientemente, y yo ignorando el espectáculo que está por presentarse frente a mis ojos, le pregunto a Andrey: —¿Quién está dentro del auto? —Suzanne. Intento no gruñir. Suzanne Sanders es la hermana gemela de Eric y anteriormente ambas habíamos sido amigas, aunque ella la mayoría de las veces terminaba ignorándome; no obstante, desde mi ruptura con su hermano, ella me odia completamente, sin una razón aparente, porque después de todo, la única que salió sufriendo soy yo y no su egoísta y mezquino hermano.


No sé exactamente cuál es mi expresión al recibir semejante respuesta, pues Andrey me mira dubitativo por unos minutos, luego se encoge de hombros para después escudriñar con la mirada a Trenton y Gioele que permanecen frente a nosotros. —¿Los conoces? —Su voz es baja, para que el resto no escuche—. Aunque no entiendo cómo sería eso posible. ¿Cómo demonios has llegado aquí? Gracias al cielo que papá ha colocado el rastreador GPS en tu collar. —Señala mi collar con un dije en forma de estrella. Debí haberlo supuesto. Sólo me encojo de hombros en respuesta, conforme de soslayo veo la mandíbula tensa de Trenton, quien al parecer no ha escuchado la plática con mi hermano. —¿Es tu novio? —me pregunta Trenton con el ceño fruncido. Algo en la forma en que elabora aquella pregunta me confunde. —Él es mi hermano Andrey —respondo en voz baja y monótona—. Ha venido a buscarme. Trenton nos mira a los dos, comparándonos el uno con el otro, tratando así de encontrar algún parecido físico, aunque por supuesto no encontrará nada, pues mi hermano y yo no nos asemejamos en lo absoluto. Andrey es alto, sus ojos son de un hermoso tono azul zafiro, su piel es más clara que la mía, casi traslúcida, su cabello es negro como el azabache, además de medir casi un metro ochenta y dos de estatura, con un cuerpo fornido pero esbelto. Y yo, soy todo lo contrario, mido aproximadamente un metro sesenta, mis ojos son completamente negros, mi cabello es achocolatado con algunos mechones dorados, soy delgada, quizás demasiado para mi gusto, y no soy tan bonita, aunque muchos me aseguren lo contrario; sin embargo, si alguien compara el carácter de Andrey y el mío, sin duda alguna encontraría unas cuantas similitudes, aunque difícilmente sean muchas. —Como sea, ¿por qué les explicas? —Andrey está completamente enfurecido y celoso—. ¿Si querías largarte del instituto por qué no me avisaste? ¡Me has matado del susto! ¡Tenemos que hablar y lo sabes muy bien, sólo debes confiar en mí y explicarme qué te ha ocurrido para irte de esa forma en el almuerzo! ¡Porque yo sé que hay algo más que no me has dicho! En mi mente se reproduce nuevamente aquella escena a la hora del almuerzo, sin duda todo es confuso para mi hermano pues al momento en el que comencé a buscarlo con la mirada en la multitud de estudiantes, sentí varios ojos fijos en mí y cuando descubrí la razón, me sentí idiota y perdida. Stella Miller siempre ha sido el motivo de mis humillaciones públicas, pero estar allí besuqueándose con mi ex y que todos se burlaran de mí conforme murmuraban: «Tú te lo has buscado, zorra» sin que mi hermano escuchara aquel insulto absurdo mientras presenciaba la escena con confusión, me desarmó, y corrí al


mismo tiempo que escuché a mi hermano gritarle a Eric: « ¡¿Qué es lo que pasa contigo?!» para luego correr en mi busca cuando ya era demasiado tarde. Sin embargo lo que ha dicho Andrey es cierto, por eso comienzo a sentirme mal por él, pero, ¿qué otra cosa podría haber hecho? Eric estaba ahí, con él, yo no pude llegar simplemente a su mesa y decirle: «Oye hermano, me largo porque Eric está aquí y lo detesto porque me engañó con una zorra, ¡y todos me tratan como la traidora! ¿Sabes? Así que nos vemos en casa». No, no, no. ¡Por supuesto que no! Todo lo que ha ocurrido con Eric, también mejor amigo de mi hermano, ha quedado en el pasado, por eso decidí desde el principio no dar a conocer los motivos de nuestra ruptura, pues sé que la mejor forma de olvidarlo es no hablar de aquello todo el tiempo. Sin duda mi hermano sabe que ha ocurrido algo, él se ha percatado de que la amistad entre Eric y yo es nula, aunque hoy fue la primera vez que lo vi después del fatídico verano. —Lo siento, en serio. —¿Tú, pequeña sinvergüenza, te has pirado del instituto? —exclama consternado Gioele—. ¿Es que te has convertido en la nueva Miley Cyrus? ¿Ahora las chicas buenas se transforman en malas? ¡Esto es tan caliente! Trenton y Andrey lo fulminan con la mirada. —Ciara, entra al maldito coche ahora mismo —anuncia Andrey, ya que Suzanne no ha dejado de tocar la bocina de su ostentoso automóvil—. Si quieres despídete de tus amigos, te espero dentro, ¡pero no tardes! Pongo los ojos en blanco y asiento con la cabeza. Andrey entra al auto con su mirada penetrante fija en la mía, como si estuviera tratando de advertirme algo. —Bueno, creo que esto es una despedida —dice Trenton acercándose lentamente a mí. Yo asiento tímidamente, y no puedo dejar de preguntarme si será cierto lo que dice. ¿Es una despedida? ¿No lo es? Lo cierto es que continúa sin camisa, como si no le importara que muchas chicas cercanas estuviesen locas por él y sus ardientes bíceps y pectorales. Él continúa hablando: —¿Te incomoda? —Mira sus músculos con la misma sonrisa engreída pero hermosa. Yo me remuevo incómoda y él se ríe—. Porque lo cierto es que a ellas no. —Señala a las chicas que no lo quitan la mirada de encima. Sacudo la cabeza por su actitud, aunque una tímida sonrisa aparece en mis labios, por lo cual él vuelve a reírse.


—Bueno, supongo que no eres chica de muchas palabras —menciona sin retirar su mirada de mis ojos, jamás había estado tan hipnotizada como lo estoy ahora, por Dios, él debe tener algún tipo de poder sobre las chicas, porque es ardiente, atractivo y sus ojos son como el cielo, el paraíso, el edén, la gloria. Tras un diminuto de silencio, Trenton dice—: eres un enigma, Ciara Aldridge. Un enigma que anhelo resolver. Quiero manifestarle que pienso lo mismo sobre él; sin embargo, no es correcto. Poseo una potente corazonada, la cual me dice a gritos, en lamentos bajos, en siseos, que conocerlo aún más, saber lo que piensa, saber lo que le gusta…, causaría una fuerte colisión en mi pecho, un torrente de emociones indebidas ya se están manifestando desde que lo vislumbré por primera vez, conocer su interior sería un pecado, un error, un ataque terminal para mi indigente corazón que no tiene la culpa de la existencia de una persona como Trenton, destinado a cautivar a quien se atraviese en su camino. —No lo creo —respondo a su comentario, sabiendo que es verdad, yo no soy un enigma, ni soy interesante, sólo soy la chica más común y corriente que existe en este lugar; pero, él no lo ve, no lo sabe, al menos no aún. Gioele se une a nosotros y pasa un brazo por encima del hombro de su primo de forma juguetona. —Si quieres fiesta, cerveza y una juventud alocada, no dudes en buscarme, porque no me vayas a negar que te ha encantado este lugar, aunque no tanto como los jodidos músculos de mi primo, por su puesto. —Gioele me guiña un ojo, mientras yo río y me ruborizo. Me encamino al auto antes de despedirme, pues la muy insoportable de Suzanne no ha dejado de tocar la bocina. Miro a Trenton y a Gioele despidiéndome con un gesto, y al mismo tiempo no puedo evitar sentir añoranza y una tristeza absurda cuando me subo finalmente. Mientras la rubia coloca el auto en marcha, ambos chicos me sonríen, especialmente Gioele que tiene una sonrisa extremadamente grande. Miro fijamente a Trenton y un sentimiento, actualmente desconocido, se instala en mi pecho cuando descubro que su imagen ha quedado tatuada en mi memoria, sobre todo, la manera en que Trenton me ha mirado por última vez: sus hermosos ojos resplandecientes con una luz hermosa que no he visto en nadie más. Me pregunto si los volveré a ver. Supongo que no, ya que es completamente imposible; mi madre va a castigarme por mi escapada, además, ella jamás me permitiría que frecuentara un lugar humilde como éste, aunque el lugar que conocí hoy es extraordinario y las personas dentro también lo son, aunque he sentido cosas inexplicables por un chico, mi


madre Miriam de Aldridge y mi padre Albert Aldridge, ni en un millón de años, permitirían que yo me acerque a jóvenes como Gioele o... como Trenton… La imagen de Trenton reaparece en mi mente al instante en el que pienso en su nombre. ¡Oh no, Ciara! ¡Por supuesto que no lo vas a volver a ver! No puedo frecuentarlos, porque tarde o temprano me harán daño, eso es lo que hacen los chicos, los amigos, y yo me encariño con las personas muy fácilmente, y todo el tiempo, la única que se ve lastimada y herida, soy yo. Soy una perdedora después de todo. Percibo la tensión que hay entre Suzanne y yo desde el momento en que me mira, sus ojos miel son tan acusatorios que me confunden. Ella es más hermosa de lo que recordaba, con su cabello rubio cayendo en rulos por su espalda, su cuerpo perfecto y esbelto digno de una supermodelo de la revista Vogue, y un rostro inmaculado, liso, sin ningún tipo de imperfección. Es una belleza desbastadora de autoestimas. —Genial, ahora que ya rescatamos a tu adorada hermana, ¿podemos, por favor ir a nuestra cita? ¡Ah no, no podemos ir porque nos la perdimos! —exclama Suzanne desde el asiento del conductor con su atención puesta en el camino, pero su mirada desdeñosa claramente dirigida a mí—. Bueno, supongo que debo ir a casa a prepararme ya que tú madre nos ha invitado a cenar porque no nos hemos visto desde… ¿desde cuándo Ciara? —me pregunta ella, recalcando mi nombre con cierta repugnancia. Trago saliva. —Desde que regresamos de Río —responde Andrey por mí, por la manera en que contestó, sé que ha reparado en el tono irónico que ha utilizado la rubia conmigo. —¿Una cena? Yo me siento un poco… enferma —digo, la verdad es que aquella idea me enferma y mucho. Frunzo el ceño, mi mirada fija en la ventana, sin prestar atención a algo en particular. ¿Cómo voy a cenar en la misma mesa que Eric y su hermana? ¡Sería un manojo de incomodidad!


«Tienes que hacerlo, Ciara —me dicta mi consciencia—. Debes aprender a estar cerca de él sin que esto te dañe, no puedes huir. Si no le importas ni un poco a él, deberías intentar que aquello sea recíproco. ¡Él es un idiota, y tú debes ser valiente!» —¿Qué te sientes mal? —interroga Suzanne sarcásticamente—. ¿Por eso te escapaste de clases y te fuiste con dos delincuentes? ¡De ninguna manera! —Vamos, Suzanne, te estás pasando —le reprende Andrey, ceñudo—. No creo que sean delincuentes a pesar del lugar en donde habitan. Y ella no se escapó, detén esto, no la trates como si fuera una zorra, porque no lo es, ¡y no voy a permitir que continúes con esta actitud absurda y estúpida! Yo no digo nada, quizás ese ha sido mi error todo este tiempo, no decir nada. —¡Es qué mírala, Andrey! —exclama, deteniendo el auto abruptamente—. ¡Tu madre debería enviarla a un internado o algo así! ¡Es un desastre! —¡No lo es! Y creo que eso no es asunto tuyo —contesta Andrey, mordaz. Viendo las miradas fulminantes que me ofrece Suzanne por el retrovisor sé que ella está en mi contra y no me extraña. Yo sé que ella está tratando que Andrey me dé la espalda en esto, no me sorprendería si ella se atreve a decirle un sartal de mentiras con tal de lograrlo. —¿No es asunto mío? —Repite Suzanne—. Eric es mi hermano, y todo lo que él haga es asunto mío. —¿Y qué? ¿Qué tiene que ver Eric con esto? —Andrey se quita el cinturón de seguridad y coge sus cosas, abre su puerta y luego la mía—. Vamos Ciara, llamaré a Flavius para que venga por nosotros —dice con expresión seria y ceñuda mientras yo me bajo obedientemente, sintiéndome muchísimo más ligera. Suzanne no dice nada, y al tiempo que cierro la puerta de su auto ella arranca el motor con fiereza y se marcha. —Tú y yo debemos hablar, y pronto —advierte Andrey y sé que estoy en problemas. Flavius, el chofer, nos recoge al cabo de unos diez minutos. El camino a casa es incómodo pues hay un rotundo silencio donde la tensión es casi palpable y las miradas furtivas que Andrey me dedica no son muy cómodas para mí. En cuanto estamos en casa, nos percatamos de la ausencia de nuestros padres, por lo cual yo subo a mi habitación, lanzándome en mi cama y soltando un largo suspiro por todo lo que ha ocurrido en mi día, que para mi sorpresa, no ha sido tan malo, al menos no cuando conocí Trenton.


Trenton… Su nombre causa un revoloteo en mi estómago.

*** Entre sueños Ed Sheeran me canta suavemente y su voz es el susurro de un ángel que ha caído del cielo solamente para endulzar mi vida. Desgraciadamente despierto y ya no lo escucho más, pero siempre se tiene un reproductor de música para seguir deleitándose con una voz tan dulce y suave voz como la de él. So kiss me like you wanna be loved2… Un carraspeo se hace escuchar y yo salto del susto al reparar en la presencia de mi madre en mi habitación. ¿Ha estado aquí desde hace cuánto tiempo? Su comportamiento en ocasiones es tan escalofriante… —Ya era hora de que la señorita se dignara a despertar —dice mi madre con sus ojos de un azul gélido fijos en los míos—. Tienes media hora exactamente para estar lista, ni un minuto más, la puntualidad es relevante. ¿Lista para qué? Oh. La cena. —Yo eh… yo… —balbuceo, buscando una excusa. —Tú nada —me reprende, echando su cabello negro hacia atrás—. Y luego de la cena tú y yo hablaremos muy seriamente. Sale de mi habitación sin añadir nada más. Cierra de un portazo la puerta, y yo me quedo estupefacta pues también tengo una conversación pendiente con Andrey, ¿y qué les voy a decir? ¿La verdad? ¿No diré nada? ¿Escapo y no me presento a la cena? ¿Me rindo y enfrento a Eric? Tengo que ser valiente, ¿no? ¡Sí!

2

Así que bésame como si quisieras ser amada.


Me voy a rendir, eso es lo que hace falta. No importa lo que Eric piense de mí, me presentaré en esa cena, no me importa, no importa cómo me trate, ni que diga, ni siquiera me importa si lloro o me río esta noche, ¡ya! ¡Se acabó! Que pase lo que tenga que pasar. Fin. Camino al baño, dispuesta a darme una ducha, luego decido buscar la ropa que voy a colocarme esta noche. Mi closet es sencillo, lo más predominante en él son vestidos de colores pálidos, como rosa, azul cielo, verde mar, blanco, gris e incluso amarillo. No es de sorprender que odie con todas mis fuerzas el color amarillo, pues el color ni siquiera combina conmigo, soy de las que prefiere el violeta o el azul... o el verde jade…, detengo mis pensamientos ya que Trenton vuelve a aparecer en mi mente y opto por sacudir la cabeza y olvidarlo. Escojo un vestido azul cielo y unas sandalias sencillas. En un momento dado, cuando ya me he bañado y estoy arreglando mi cabello ya secado en una coleta, alguien toca la puerta de mi baño. —Ciara, ¿estás… estás aquí? Me congelo, cerrando los ojos por un momento, mientras la incredulidad se ha adueñado de mi sistema. ¿Qué es lo que quiere? ¿Decirme zorra sin ninguna razón? ¿Pedir disculpas? ¿Ser mi amigo de nuevo? No lo creo. —Eric —musito sin aliento y con reconocimiento.


¿Puede existir una persona tan descarada en el mundo? Es inverosímil cómo el universo está repleto de personas crueles, calculadoras y egoístas que no piensan en el daño que pueden ocasionar a otros con sus acciones, y luego tengan la desfachatez de mirarte a los ojos como si no fuera ocurrido nada. ¿Te has enfrentado a una situación semejante a la mía? ¿Tu mejor amigo te ha conquistado, logra que se conviertan ambos en algo más y, después de unos meses, te echa como basura de su vida? ¿Y luego entra a tu habitación como si fuera una visita muy agradable? ¡Definitivamente Eric Sanders es un imbécil descarado! Cuando abro la puerta lo único que veo es su espalda. Eric está observando un cuadro que está colgado cerca de mi cama. Su atención está plenamente centrada en la perfecta y delgada figura de una bailarina con un tutú blanquecino. Eric no ha se ha percatado de mi escrutinio, pues abrí la puerta sigilosamente; sin embargo, si él pudiera escuchar los latidos de mi corazón en este momento, se enteraría de mi cercanía, porque estoy demasiado nerviosa y éste late vertiginosamente. Me encuentro irritada, con innumerables interrogantes que espero sean respondidas por él, entonces carraspeo intencionalmente para que me explique de inmediato qué demonios está haciendo aquí y por qué ha entrado sin mi maldito permiso. ¿Cómo se atreve? ¿Es que ha olvidado que me odia? Sus ojos miel, están fijos en los míos; ciertamente son muy lindos, él tiene una mirada amable e incluso noble, y ahora mismo, extrañamente, me hayo comparándola con la mirada salvaje, hermosa y resplandeciente de Trenton. Realmente sus ojos miel no me producen lo mismo que los verdes de aquel chico alto, atractivo y espontáneo. Frunzo el ceño cuando no veo absolutamente nada extraño en la mirada de Eric. Él sólo está aquí, mirándome a los ojos sin mostrar un sentimiento de odio reflejado en su mirada, y a pesar de que su agraciado rostro está sombrío, y sus labios presionados en una línea dura, no aparenta estar molesto conmigo… no me desprecia, ¿de verdad estará arrepentido?


En mi mente se reproduce el eco de sus palabras en Sao Conrado; pero dejo todo esto a un lado, es humillante y doloroso recordarlas. Lo miro cohibida. —Q-qué… ¿Qué haces aquí? —pregunto tartamudeando al principio, carraspeo nuevamente—. ¿Quién te ha permitido entrar? Eric suspira profundamente antes de comenzar a hablar: —Mis padres y los tuyos se encuentran en el despacho. —Se encoge de hombros—, y nuestros hermanos paseando por el jardín… así que... —Ajá. —Intento no estar nerviosa y me remuevo incómoda en mi propia habitación—. ¿Y? —Jadeo. Odio esto. Odio toda mi mierda. Odio no poder sonar intimidante, ¡y es que hasta doy risa! La diferencia es que Eric no se ríe, esta vez no se burla de mí. —¿Quería verte? —No suena muy convencido con su respuesta. ¡Maldita sea, sal de aquí! El silencio que se instala entre nosotros me indica que efectivamente Eric no sabe qué rayos está haciendo en mi habitación. Se ve incómodo e incluso busca mi mirada con la suya; sin embargo, yo no quiero mirarlo. Ya no. Tal vez sea mejor dar por terminado este incómodo encuentro. Con él aquí, frente a mí y a solas, me siento hostigada, irritada, cansada. Y joder, todo empeora cuando él pronuncia: —Ciara tú... ¿Me extrañas? Mi corazón se paraliza, y creo que mi boca se abre simultáneamente al escuchar aquellas palabras tan estúpidas saliendo de sus finos labios. Su voz suena como la de un niño que se lamenta, con un tono triste, vacío, mostrando añoranza contenida. Y todo se transforma en algo tan confuso... ¿Qué si lo extraño? ¿Por qué rayos me pregunta eso? ¿Qué está intentando hacer? Todas estas preguntas se arremolinan en mi mente y sinceramente no sé cómo es posible que con sólo una pregunta como esa cause una furia tan monumental que siento mis extrañas a punto de explotar.


El problema es que sí, en realidad lo extraño, lo echo de menos, fue mi amigo y alguien muy importante para mí, pero me rompió el corazón y yo no puedo olvidarme tan fácilmente de aquello. Mis manos sudan, y yo sé que soy incapaz de responderle porque quiero mantener intacto el poco orgullo que todavía me queda. Eric me sigue mirando con fijeza, esperando una respuesta de mi parte, pero no, no la encontrará porque yo no voy a dársela. —¿Piensas responderme? —exige, impacientemente. Yo, incapaz de pronunciar palabra alguna, niego severamente con la cabeza, preguntándome una y otra vez si la actitud de Eric se debe a su antinatural arrogancia o simplemente lo ha preguntado por que... yo le importo. Niego con la cabeza una segunda vez, pero esta vez respondiéndome a mí misma aquel estúpido pensamiento. —Bien, supongo que contigo ya no se puede hablar. —Eric estudia mi aspecto por unos segundos, que parecen los más largos e incómodos de mi vida, esperando que yo reaccione de mi estado catatónico; mas, no lo hago. Él duda y luego asiente—. Entonces… nos vemos abajo. Se marcha y me atrevo a exhalar. Estoy en una guerra interna, donde mi cerebro aún procesa lo que acaba de acontecer. No obstante, mi corazón está tan paralizado que comienzo a asustarme, Eric fue mi mejor amigo de toda la vida, y quizás mi primer amor también, ¿me cree capaz de ser tan perra para olvidar todo aquello? Aunque él me haya tratado como mierda, los recuerdos de nosotros juntos, felices, siendo amigos, siguen conmigo. Demonios, por supuesto que lo extraño; no obstante, me acostumbraré a su ausencia tarde o temprano, porque no puedo perdonarlo, aunque quizás mi perdón él no lo necesite en lo absoluto. En la cena, todo es tan fastidioso que la comida no me parece apetitosa pues todo lo que miro a mi alrededor me causa arcadas: mi madre hablando sobre el futuro de sus hijos, como si ya lo fuera planeado sin nuestro consentimiento; mi padre observando a mi madre con el ceño fruncido a causa de sus palabras, Andrey aún enojado con Suzanne mientras ésta le dedica miradas desdeñosas y, por supuesto, Eric que no ha dejado de quitarme la mirada de encima desde que baje a cenar, y los padres de éste están tan maravillados con esto que no dejan de sonreír como un par de tiburones hambrientos. Ralph Sanders es socio de mi padre desde hace muchísimo tiempo, por ende mi hermano y yo prácticamente nos hemos criado con sus dos hijos, aunque Suzanne estudió en Italia desde que tenía doce años y regresó hace poco. Eric, al contrario, ha pasado toda


su infancia con nosotros, además de que los gemelos son de la edad de mi hermano, o sea, mayores que yo por un año, igualmente todos estudiamos el mismo año en el instituto. Ella Sanders me mira significativamente, estudiando mi aspecto como si yo fuese un artefacto que está a punto de comprar. —Ciara ha crecido bastante y miren lo hermosa y esbelta que está —comenta Ella Sanders dirigiéndome una gran sonrisa, luego se vuelve a mi madre y susurra—: ¿no tiene novio? Estoy segura de que sí. —Ella ríe de forma coqueta ante la mirada repulsiva que su marido Ralph Sanders le dedica por un instante. Yo soy la única que ha notado esto. Estoy ruborizada por el comentario mientras Andrey y Eric casi se atragantan con sus bebidas. —De ninguna manera. —Se ríe mi madre al decir, desechando la idea batiendo su mano con desdén—. Ella está muy joven y centrada en sus estudios. Pero, querida, posiblemente seamos consuegras algún día. Pongo los ojos en blanco mientras Suzanne me fulmina con la mirada y Eric tose y se disculpa tímidamente. Si nuestros padres supieran... Todavía estoy agradeciéndome a mí misma por no haber cometido un error al decirles a nuestros padres que nosotros... Eric y yo... en realidad... éramos "algo" como las revistas de chismes aseguraban hace unos meses. —Querida —le reprocha mi padre, callándola discretamente—. Ciara es muy joven, aún. Mi sonrojo crece notablemente, siento todas las miradas fijas en mí y me percato de la risita burlona que uno de los hermanos Sanders me ha dedicado. Sí, se trata de Eric, quien se ríe y en sus ojos veo lo que está tratando de mencionarme: « ¿con que muy joven aún? Ja, por favor». Me disculpo con todos los presentes ante la mirada de reproche de mi madre. Me levanto de la mesa sintiéndome observada por todos; sin embargo, no me importa en lo más mínimo, sólo necesito respirar, y alejarme de aquel pequeño idiota, necesito que sienta mi desprecio. —Creo que de mí no podrás escaparte —murmura mi hermano acercándose a mí, regalándome una sonrisa—. Pensé que te ibas a la cama. —Sabes que Suzanne no me soporta, tenía que irme —«porque su hermano es incluso peor», completo en mi mente.


—Lo sé perfectamente, Ciara. —Andrey suspira y me pasa un brazo por los hombros—. Pero también sé que tú no soportas a Eric, ¿qué es lo que ocurre? Y… ¿por qué te has pirado del instituto? Todavía mamá no se entera; mas es obvio que tu suerte no durará demasiado. Me reprendo mentalmente por retirarme de la cena ya que al dejar a mi madre con los hermanos Sanders, me arriesgo a que ellos abran su boca en algún momento. —No pasa nada, Andrey —le digo con desgana. —A mí no me engañas más —dice severamente—. Desde el final del verano todos han cambiado. Suzanne, Eric y tú parecen enemigos mortales y realmente comienzo a preocuparme. Suzanne no deja de lanzarte mierda y tú pareces huir de Eric, así que dime... ¿es que él te ha hecho daño? Pensé que habían cortado por lo sano. Me sorprendo cuando respondo duramente: —Sí, sí me ha hecho mucho daño. —Frunzo el ceño. Mi hermano no sabe cómo reaccionar con lo que he dicho, lo sé porque me mira estupefacto y no pronuncia palabra en varios minutos, luego se vuelve a la casa a paso apresurado, lo último que su rostro me indica es que Eric está en graves problemas. ¡Oh, mierda! Corro detrás de mi hermano y él me lleva hasta la sala, donde se encuentran sólo nuestros padres y los de los gemelos. Andrey se dirige respetuosamente a ambos señores preguntando por Eric y estos les responden que se hallan en el jardín, por lo cual Andrey asiente y agradece para después dirigirse a la ubicación de los gemelos, sin molestarse en mirarme cuando pasa junto a mí, y yo temo que por esto, también se enoje conmigo. ¡Qué tonterías dices Ciara! —exclama mi consciencia—. ¡Si tú no has hecho nada! Eric y su rubia hermana se encuentran sentados cerca de la fuente de nuestro jardín. Mi hermano se acerca hasta ellos y la chica lo recibe con una gran sonrisa. Yo, por mi parte, me quedo a una distancia considerable para no ser vista. Andrey bufa y fija su vista en Eric. —¿Qué es lo que ha pasado entre mi hermana y tú? —le pregunta sin tapujos. Me quedo clavada en mi sitio, abrumada por la pregunta de mi hermano y la reacción incrédula de Eric. —No querrás decir… —comienza Eric calculadoramente—, ¿qué es lo que tu pequeña y adorable hermana me ha hecho a mí? —Su voz es dolor y desprecio a la vez.


Yo me escondo un poco más temiendo que consigan descubrir mi escondrijo. Suelto un suspiro sabiendo que no lo entiendo, sencillamente no logro comprender la actitud de Eric, ¿yo le he hecho algo? ¡Pero qué absurdez! Estoy tan contrariada que mi mente es un revoltijo de ideas. —¿De qué diablos estás hablando? —interroga Andrey con incredulidad—. Mi hermana me acaba de espetar que la has dañado. —Eric alza una ceja y mi hermano continúa—. Así que dime, ¿qué le hecho? Estoy aquí. Sé un hombre y dímelo en la cara de una jodida vez. Reprimo las ganas de salir corriendo, simplemente porque quiero saber qué es lo que Eric va a responder. El muchacho sólo se limita en reírse de una forma irónica, aunque en sus ojos se puede ver cierta angustia y yo me pregunto, ¿qué es lo que Eric oculta? Pero él jamás responde. —¡Tu hermana, mi querido Andrey —exclama Suzanne totalmente enfurecida—, es una traidora y además una hipócrita! ¡Una mojigata! Mierda. Andrey se queda en silencio, y yo difícilmente puedo respirar. No logro ver el rostro de mi hermano, e igualmente sé lo enfurecido que está. —¡Te dije que no voy a permitir que te sigas expresando así de mi hermana! —le recrimina Andrey, defendiéndome. —¿Qué? —le pregunta Eric sin dejar atrás su actitud sarcástica—, ¿acaso crees que está mintiendo? Si tan sólo supieras su verdadera personalidad, lo entenderías, amigo mío, créeme que lo harías y de ser así, no estarías aquí enfrentando a la persona equivocada. Me lleno de ira y sollozo corriendo hasta el interior de mi casa y después a mi habitación, no puedo soportar ver cómo esos dos pondrán a mi hermano en mi contra con algo tan absurdo. De momento, cuando estoy en mi habitación, afuera, los gritos y el alboroto me asustan mientras un par de lágrimas tontas se me escapan de la comisura de mis ojos mientras cavilo en que quizás mi hermano me abandone, tal vez crea aquel sartal de mentiras sin preguntarme primero. Cierro los ojos e intento dormir, pero los gritos de mi madre y de mi hermano cerca de mi habitación me devuelven a la realidad. —¡¿Acaso estás loco?! —le grita Miriam con voz dura y enfurecida, se oye un portazo y luego nuevamente la voz de mi mamá—: ¡Eric Sanders es el hijo del socio de tu padre!


¡Cómo te atreves a golpearlo y gritarle a su hermana en mi propia casa! ¡Estás loco! ¡Andrey! ¡Abre la maldita puerta ahora mismo! —Los gritos de mi madre ocasionan que yo me levante de un salto de mi cama. ¿Mi hermano ha golpeado a Eric? ¿Le ha gritado a Suzanne? En todos estos años, el chico más caballeroso y respetable que he conocido en mi vida es mi hermano, e imaginarlo golpear a su mejor amigo y además gritarle a la chica que le gusta es una blasfemia. —¡Tú no te metas, mamá! ¡Ni siquiera sabes de qué se trata este maldito asunto, así que no te inmiscuyas en esto! —grita Andrey de vuelta. —¡¿Qué no me entrometa?! —pregunta ella de forma incrédula—. ¡Yo soy tu madre y tengo todo el derecho de hacerlo! ¡Ahora mismo bajas a disculparte! Miriam es una mujer difícil. Yo lo sé, y todos lo sabemos, pero esto sobrepasa los límites. —Si tanto apoyas a esos dos, ve a consolarlos, a mí no me pidas que me disculpe porque no lo haré, ¡voy a arrancarle las pelotas a aquel imbécil en cualquier momento! ¡Así que me vale un rábano de quién sea socio el padre de ese maldito! —Me congelo ante sus palabras y Andrey después de aquello comienza a tocar mi puerta. Cierro los ojos una vez más y posteriormente limpio mis lágrimas. Me dirijo a la puerta y la abro para que mi hermano mayor entre. Él me mira con tristeza y me abraza rápidamente, y yo desconcertada por su gesto, caigo en cuenta de que cree en mí y lo abrazo tan efusivamente como puedo. —¿Qué es lo que él te ha hecho? —me pregunta una vez más, llevándome a la cama y sentándose a mi lado. Muerdo mi labio inferior; estoy muy indecisa. —Vamos, confía en mí —me insta. Entones yo tomo aire profundamente y comienzo a contarle.

*** Brasil es el paraíso. Estoy cerca de la gran piscina de uno de los hoteles de papá, sentada en una reposera con un coctel muy ligero en mano. Con los ojos cerrados permito que el sol trabaje un


poco en mi pálida piel mientras escucho por medio de mi iPod "Give me love" de Ed Sheeran. —Ciara, ¿estás despierta? —me pregunta Suzanne tocando mi brazo ligeramente. Abro los ojos y le sonrío antes de responder: —Ya ves que sí lo estoy. ¿No estabas con Andrey? Suzanne suspira y me dedica otra de sus sonrisas. —Se fue con mi hermano a jugar voleibol con otros chicos, me preguntó si querías venir y le dije que te buscaría —me explicó rápidamente—. ¿Vamos? —¡Claro! —Oh genial. Pero espera, debo ir a cambiarme, si deseas puedes adelantarte y nos encontramos allá, ¿vale? —Asiento y la veo alejarse. Camino a la plata tras colocarme encima de mi ropa de baño un vestido, blanco con azul turquesa, que es moderadamente corto. Comienzo a buscar a los chicos pero no los encuentro por ningún lado así que espero pacientemente. Tal vez el partido de voleibol comienza en unos minutos más tarde, y pensando aquello me siento en la orilla del mar mientras observo las olas, cautivada por el suave vaivén de éstas. Alguien se acerca a mí y me cubre los ojos con sus manos de forma juguetona, yo toco sus manos pensando en que se trata de Eric, sin embargo no es así y me aparto pues las sentí desconocidas para mí. Comienzo a asustarme. —¿Quién eres? —preguntó apartándome. El chico se coloca frente a mí y sonríe tímidamente. —Lo siento —se disculpa él sonrojado, hablando en un atropellado español que logro entender a la perfección—. Creo que te he confundido. Te vi de espaldas, y me pareció que eras otra chica, tienes la ropa igual y… —¡No te preocupes! —exclamo riendo nerviosamente. —De todas formas, ¿qué haces aquí tan sola? —pregunta él de forma educada, mientras observa que me encuentro alejada de las demás personas que pasean y se divierten en un día de sol.


Yo le dedico una gran sonrisa, evitando ser tan tímida y siguiéndole la plática, aunque se trate de un desconocido. —Estoy esperando a unos amigos —contesto mirando hacia los lados—, el partido de voleibol según me avisaron comenzaba… —¡Oh! —exclama el desconocido—. Creo que te has perdido, el partido es por allá y ya ha comenzado —señala sin dejar atrás su amabilidad conforme sonríe. Yo le agradezco al chico por su información y me dirijo adónde él me ha indicado. Me encuentro con Andrey jugando como lo supuse; sin embargo, Eric no está por ninguna parte y su hermana tampoco. Yo me acerco al pequeño público y comienzo a observar seriamente el partido, sin dejar mi preocupación a un lado por el paradero de los gemelos. Al otro lado de la playa hay una alborotada fiesta que llama mi atención, se hallan varios jóvenes bailando samba descontroladamente. Distraída por aquello, sonrío al ver cómo los chicos bailan de aquí para allá como unos desquiciados. Entonces lo veo a él. La chica lo toma por el cuello y lo acerca hasta su rostro, ella con un pequeñísimo bikini color rojo sangre y aunque sus senos están al aire, sinceramente noto que eso a ella no le importa en lo absoluto. Y por supuesto a él, a Eric, tampoco. Nunca hubiera imaginado a Eric Sanders, hijo de uno de los hombres más poderosos de Detroit, reconocido en la ciudad como un hijo modelo y respetado por varios, se encontrase en esta situación. La mujer, creo que mucho más mayor que él, casi que enrolla sus piernas a su alrededor y él gustosamente la toca y baila con ella como si yo no estuviese presente en la misma playa que él. Están casi follando ahí mismo. Todo es desconcertante para mí, sólo unas horas antes él y yo habíamos almorzado juntos y también nos habíamos prometido que les diríamos a nuestros padres que estábamos enamorados. Pero él todo eso lo está mandando a la basura. Quizás mi amigo no me quería como lo aseguraba, y yo podría perdonarle aquello, pero lo que pasa a continuación, me destroza aún más. Eric repara en mi escrutinio y sonríe con desprecio en mi dirección. Luego, se acerca más a la mujer y la besa, la besa mientras me mira a mí de forma maliciosa, hiriendo y humillando mis descontrolados sentimientos, hiriéndome completamente. Dejándome sin nada.


Mis lágrimas caen por mis mejillas pero no aparto la vista de aquella escena, me doy cuenta de tres cosas en ese momento: La primera, que no hay ni un atisbo de culpabilidad en su mirada. La segunda, que está hiriéndome y lo disfruta al máximo. Y la tercera, que yo, Ciara Aldridge, soy lo suficientemente estúpida como para permitírselo. Corro alejándome de allí, pero no me acerco a la fiesta, cuando estoy lo considerablemente lejos del bullicio susurro: —Quién diría que las traiciones dolieran tanto. —Eso es lo que te digo, cariño —escucho que alguien habla a mi espalda. Lo miro y Eric sonríe ampliamente, aunque sus ojos están un poco adormecidos, a causa del alcohol—. Quién lo diría… Mis lágrimas siguen y siguen cayendo, pero él no tiene pudor, ni una pisca de pudor. Eric no siente nada por mí. —¿Por qué lo hiciste? —le pregunto dolorosamente. —Porque… —Ríe un poco, burlándose de mí, entonces grita para que todos escuchen—: No eres lo que yo creí, ¡no lo eres! con tu actitud de niña buena me has engañado, ¡todo fue una actuación barata de tu parte! Lo miro desconcertada, pero no soy capaz de decir algo. —Eres una… ¡no te soporto! Siempre con tu cara engañosamente hermosa, pero a veces eres tan… histérica. ¡El ballet es lo único que te importa! Y eres un monstruo en realidad —me critica sin importarle nada—, siempre tan callada, tan insípida, insulsa ¡aléjate de mí! —Camina lejos de mí cayéndose en el proceso, a causa de su ebriedad. Pero yo sé que aunque está ebrio, eso es lo que en realidad siente. Corro por la orilla de la playa hasta alejarme de allí y refugiarme en las cobijas de mi propio dolor, corriendo en círculos en una experiencia tan desgarradora, que mi alma duele, donde he perdido a alguien tan importante, donde ese alguien me ha perdido a mí. Y yo sólo quiero encontrar el lugar adecuado, en donde nadie me reprocharía mi forma de ser.


Mi mejor amigo no haría esto; pero lo hizo y lo que más me duele es el saber que quizás siempre pensó aquello de mí, y yo me dejé guiar por su hipócrita actuación. Jamás se lo perdonaré. Jamás permitiré que esto ocurra de nuevo.

*** Yo fui tan dependiente de mi amistad con Eric, que al recordar el cierre de nuestra relación amorosa fallida me arrepiento de haberlo aceptado como algo más; no obstante, quien me hizo daño fue él y yo de lo único que debo arrepentirme es de haberlo permitido. Andrey se queda callado unos minutos, pero luego grita: —¡Ese maldito infeliz! Yo sólo frunzo el ceño y sigo sollozando sin control alguno. —¿Por qué no me lo habías dicho antes? —me pregunta, acaricia mi largo cabello achocolatado.

abrazándome mientras

Y me derrumbo, llorando la traición de un chico, desahogando todo mi sentir por medio de lágrimas que alguna vez reprimí sólo a causa de mi orgullo. *** —¿Qué mierda te ha pasado en ese dedo? —pregunta Trenton cuando me lo he encontrado en el hospital, una semana después de haberlo visto por última vez. Él se ve tan guapo y atractivo que tardo unos largos minutos en responder. Viste unos vaqueros desgastados de cintura baja, y su camiseta negra es tan estrecha que su musculatura me deja sin aliento; su cabello despeinado y sus ojos brillando con preocupación mientras observa mi dedo fracturado con el ceño fruncido. Él no sonríe hoy, y siento un vacío, extrañando aquella hermosa sonrisa mientras me pregunto cómo es posible que me lo haya encontrado después de pensar que no lo volvería a ver nunca más. Y antes de que pueda abrir la boca para contestar, él dice en tono burlón: —¡Joder, no lo digas! En mi mente aparecen tantas posibilidades ahora mismo las cuales explican por qué te has fracturado el dedo corazón. —Suelta una carcajada tan larga que es contagiosa—. Y créeme que todas son desagradables, ¿qué has estado haciendo todos estos días, Ciara? ¡Él es un pervertido!


Me sonrojo tan violentamente que mi rostro arde, y lo único que él hace es reírse tanto que al final yo también cedo y sonrío, aún apenada y tímida. —Me tropecé y pues… la verdad es que no soy tan torpe pero… he estado enferma. — Sorbo mi nariz para que se percate de mi resfriado—. Y me he mareado y da la casualidad que cuando caí quien salió fracturado ha sido este dedo… —digo al tiempo que él sonríe y yo me derrito, realmente me derrito, es tan insoportablemente hermoso que quiero tocarlo y ver cuán real es—. Y tú… ¿qué estás haciendo aquí? Estudio su aspecto, buscando alguna herida que explique por qué está aquí. —Sólo diligencias —explica escogiéndose de hombros, para después señalar con la barbilla a algo detrás de mí—, oye, creo que esta señora es tu madre y me atrevo a decirte que me está fulminando literalmente con su mirada, y la verdad es que no quiero morirme pronto, así que me marcho y antes de irme, cariño, debes saber lo hermosa que te ves a pesar del resfriado. Yo podría ser un gran enfermero, ¿sabes? —guiña su ojo con picardía. ¡Demonios! —B-bueno… —¿Qué demonios puedo decirle? Él me pone tan nerviosa y cuando abre la boca siento que explotaré de vergüenza en cualquier instante. Trenton derrocha sensualidad y espontaneidad a la vez, es una mezcla tan explosiva que no sé cómo actuar o qué decir. Sonríe con picardía mientras espera que hable; sin embargo, al saber que mi madre está tan cerca, necesito actuar rápido y despedirme aún cuando me siento en las nubes al escuchar sus insinuaciones calientes y atrevidas. ¡Él es la tentación personificada! Y aunque sé que aquellos piropos se los podría decir a millones de chicas al día, no puedo evitar entusiasmarme tanto que vuelvo a sonrojarme. —Tengo que irme y… me alegró verte —termino diciendo en un tono de voz muy bajo, me encamino hasta mi madre, quien con el ceño fruncido me espera. Antes de alejarme completamente de él, Trenton dice sinceramente: —A mí también me alegró, y mucho en realidad, tanto que podría estar brincando ahora mismo. Créeme. —Sonríe ampliamente, asintiendo con la cabeza en modo de despedida, para después encaminarse por un pasillo estrecho del hospital. Y yo lo observo mientras se pierde de mi vista, soltando un suspiro por alguien que comienza a robarme la respiración.


No he dejado de pensar en un par de ojos verdes. No olvido la forma en que éstos brillan, con una complicidad que me deja sin aliento. Cada vez que cierro mis ojos veo su rostro, su sonrisa impecable y deslumbrante, y pienso en que debo sacarlo de mi mente, pero no puedo, no sé cómo hacerlo, supongo que un chico tan atractivo como él, no es tan fácil de olvidar. En el instituto, el único tema de conversación ha sido la pelea de Andrey y Eric, y a pesar que ya han pasado casi tres semanas del incidente entre ambos chicos, nuestros compañeros no han abandonado el cotilleo sobre el tema; con todo esto, yo he llegado a acostumbrarme al que me observen con interés, como si estuviesen buscando la verdad en alguna parte de mi mente. Saliendo finalmente de mi clase de biología, me dirijo hacia los banquillos que se hallan en el patio del instituto. Tomo uno de mis libros —el de matemáticas— y comienzo a hojearlo ausentemente, intentando concentrarme con todas mis fuerzas; sin embargo, mi mente no colabora. Andrey está castigado a causa de todo lo acontecido en la noche de la cena. Mamá no aceptó explicaciones y mi padre las exigió; sin embargo yo fui la que se negó a ambas, porque no quería repetir la misma historia, era lo suficientemente doloroso para deprimirme aún más. «Eres una… ¡no te soporto! Siempre con tu cara engañosamente hermosa, pero a veces eres tan… histérica. ¡El ballet es lo único que te importa! Y eres un monstruo en realidad —me critica sin importarle nada—, siempre tan callada, tan insípida, insulsa ¡aléjate de mí!» Gruño y aprieto mis labios. ¿Cómo es una persona capaz de causarte tanto odio hacia ti misma? Suspiro y trago mis lágrimas, está mal sentirse así, está mal no ser aceptada y está mal que eso te importe. Porque a veces, simplemente, lo mejor es estar sola, pues tu sombra no te lastimará, tu sombra no va a humillarte, quizás la única que piense aquello soy yo, y probablemente no tenga razón, pero es lo que opino.


Las carcajadas de alguien me devuelven al presente y niego con la cabeza para apartar todo pensamiento deprimente de mi cerebro. Sólo faltan dos horas para largarme de la escuela y dirigirme a mis clases de ballet. Nunca me he sentido más ansiosa en mi vida. —¿Por qué tan solitaria? —pregunta una voz a mi lado, y no es necesario que lo mire porque sé de quién se trata. —¿Qué es lo que quieres? —le interrogo de vuelta, apenas mi voz audible—. Didijiste... que me alejara de ti, y tú eres quien me busca. En realidad, aquello lo quería decir desde hace tiempo. Él me observa, Eric está inmaculadamente hermoso —aunque aún su ceja está partida y su labio lastimado— su cabello rubio largo y despeinado, y sus ojos miel no transmiten nada. Yo no me dejo quebrantar por su belleza, pues en realidad esa parte de él no es la que me debilita, lo que me debilita es su increíble manera de manipularme, como aquel día cuando preguntó si yo lo extrañaba, utilizando ese tono de voz, mis sentimientos se mezclaron más que nunca, y tengo que evitar que esto se repita nuevamente. —Pensé que querías mi compañía —dice con una agradable sonrisa, mostrando todos sus dientes. Yo no me lo puedo creer, sé que no está siendo sincero, sé lo mucho que le gusta burlarse de mí. Mierda ¿por qué no puede dejarme en paz? Me levanto inmediatamente del banco, sacudo la tierra inexistente de mi trasero, y siento la mirada de Eric fija en cada uno de mis movimientos; no me detengo a mirarlo, sólo necesito distancia, una considerable, en donde su ironía no me alcance más, estoy cansada de su mierda, apesta. Tomo mis libros y mi bolso, todavía eludiendo sus ojos cuando intento alejarme de él sin contestarle en lo absoluto. —Ah. ¿Te vas? —Escucho que dice a mi espalda. Mis manos tiemblan y sudan, pero yo no detengo mi paso, me dirijo a mi próxima clase, entrando antes que todos. Aunque haya sido capaz de alejarme de él, estaba enterada que Eric y yo compartimos varias clases.

*** En todas mis clases me mantengo distraída con la música de mi iPod para lograr amortiguar las conversaciones cercanas, y la verdad es que aquella es una muy efectiva forma de ausentarte del entorno; yo, difícilmente me siento cómoda en este instituto, sobre todo en este último año. Sencillamente soy un desastre, tímida, torpe e insegura, algo que,


desde luego, es muy extraño encontrarlo en una chica que ha estado acostumbrada a tenerlo todo. Pero a veces yo percibo que no tengo nada. El profesor de química entra al salón de clases luciendo ceñudo y preocupado, sé con certeza que ha comenzado a hablar mientras Eric entra de último; sin embargo yo no estoy escuchando, al menos no hasta que haya comenzado la clase. Cuando pienso que Eric va a sentarse en el lugar vacío que está a mi lado, se sienta en el que se encuentra delante. Suspiro completamente aliviada y me centro en el material que el profesor nos entrega, disminuyendo el volumen de la canción de Avril Lavigne posteriormente. Una señorita interrumpe la clase. —Buenos días. Perdone usted mi atrevimiento profesor Mason, ¿podría la señorita Aldridge acompañarme a la oficina de dirección? —Todas las miradas se posan en mí, claramente incrédulos. Miro de reojo a Eric, quien frunce el ceño; algunos de mis otros compañeros me miran con sorna. —Por supuesto —contesta el señor Mason que me indica con una mirada que acompañe a la señorita. No puedo evitar mirar a ambos con expresión anonadada, pues la verdad es que yo no había hecho nada malo, ni siquiera a mamá pareció importarle el que yo me haya fugado del instituto hace unas semanas atrás; sin embargo, el castigo esperaba por mí, ella hablaría conmigo cuando estuviese lo suficientemente serena para no gritarme, ya que sigue enojada con Andrey y conmigo por la discusión de éste con Eric. Pero pensé que el instituto no iba a castigarme o algo así. La señorita me dedica una sonrisa tranquilizadora. —Vamos querida, no hagamos aguardar a tan guapo muchacho, deja tus cosas, sólo quiere hablar contigo —me dice. ¿Siquiera están permitidas las visitas en este lugar? Todos murmuran ahora, con los ojos muy abiertos y Eric que me mira fijamente en el mismo momento en el cual susurra: —Oh por supuesto, debí suponerlo. Me levanto de mi lugar y sigo a la mujer joven, saliendo de la clase. En silencio, nos dirigimos a la dirección, donde me espera ese chico guapo que quiere hablar conmigo.


¿Quién es? ¿Y qué quiere hablar conmigo? ¿Lo conozco? El camino por los pasillos solitarios hacia la dirección de la escuela se me hace extremadamente largo. La señorita que se encuentra caminando a mi lado —y de la cual no sé su nombre—, me sonríe socarronamente, como si fuera mi cómplice, cosa que no entiendo de ninguna manera. De cualquier forma, me es imposible comprender por qué ese chico está aquí en la escuela buscándome, y además cómo es que le han permitido entrar aquí y sacarme a mí de clase así sin más. Atravesamos un par de pasillos más, luego cruzamos a la derecha donde subimos una escalera que nos deja inmediatamente al frente de las oficinas de dirección administrativa del colegio. Me giro hacia la mujer que me ha acompañado y con una expresión neutra le pregunto: —¿Cómo se llama? Ella me dedica una enorme sonrisa. —Me llamo Amanda —contesta amablemente. Yo le sonrío aunque esa no era la respuesta que esperaba, en realidad, preguntaba el nombre del muchacho. —Bien, aquí es donde te explico el asunto: nadie sabe sobre la visita de éste muchacho —explica rápidamente y en voz baja Amanda—, sólo se trata de un favor que estoy haciendo, la directora no se encuentra. Así que, por favor, trata este asunto con discreción. Para los demás, él es tu primo, ¿sí? —me pidió. Yo sólo tengo ganas de echarme a reír por lo que ha dicho. ¡¿Que trate este asunto con discreción?! Si ella es la que ha dicho delante de toda la clase del señor Mason que un chico me espera, ¡por el amor de Dios! Yo no le digo nada, me limitó en asentir tímidamente con la cabeza y, seguidamente, ella comienza a murmurar lo tierna que le parezco, causando así un repentino sonrojo en mis mejillas. Finalmente me permite entrar a la oficina de la directora, inmediatamente mi mirada se topa con una espalda ancha y fuerte, y unos bíceps sobresalientes. Jadeo ante la vista imponente de este chico y siento mis piernas comenzar a temblar mientras mis ojos viajan por su musculatura, deteniéndose en su cuello y en su cabello enmarañado y alborotado. Lleva puesto unos vaqueros azules desgastados, junto con una camisa holgada color blanco, y unas converse. Mierda, ¿por qué existe tanta belleza junta? Él ni siquiera está intentándolo, pero oh por Dios, es más guapo de lo que recordaba. —Me alegro mucho de verte, Ciara Aldridge —habla él, dándose la vuelta e instantáneamente sus ojos encontrándose con los míos.


Estrechamos nuestras manos en forma de saludo y yo automáticamente me niego a que contacto me afecte tanto; mas no sirve de nada, una desconocida electricidad aparece en mí al sentir su mano contra la mía. Amanda nos observa atentamente, sus ojos brillando y sus manos juntas; su expresión es como si estuviera presenciando el tan esperado encuentro de dos amantes que están destinados a estar juntos. Yo, al imaginar la escena, y con Trenton, arrugo la nariz al mismo tiempo que siento mis mejillas sonrojarse, pues todavía no sabía si me gusta o no la idea. ¡Estoy enloqueciendo! —Trenton me ha dicho que quería darte una sorpresa —me explica Amanda maravillada—. ¡Pero qué romántico! ¡Qué amor más hermoso! ¡Oh, señorita Aldridge, tiene usted tanta suerte, es un muchacho tan encantador! —exclama totalmente cautivada por mi acompañante que aún no se ha atrevido a soltarme la mano. Amanda y Trenton se sonríen como si fuesen amigos de toda la vida; acto seguido, me suelto del agarre de éste en un descuido de su parte. —Si quiere, quédeselo —murmuro enfurruñada, al parecer nadie logra escucharme. —Muchas gracias Amanda, en nombre de Ciara también se lo agradezco, es una muchacha que no acostumbra hablar mucho. Ya sabes, siempre en una relación hay un tímido y un atrevido que lo corrompe. —Me guiña un ojo mientras dice con tal dulzura, que la señora frente a él se derrite aquí mismo. —No te preocupes, tesoro. No pude resistir ayudarte, eres un buen muchacho. Además… ¡Qué ternura, es que son tan lindos! ¡Mejor los dejo solos! —Y tras guiñarme un ojo juguetonamente, se va. Vaya… Sabía, desde que lo conocí, que Trent sería capaz de conquistar a cualquier chica sin proponérselo, pero esto… es tan inesperado que me deja sin aliento. ¡Él ha sido encantador con esta señora sólo para conseguir lo quiere! Espera, ¿le he dicho Trent? ¿Desde cuándo tanta confianza? ¡Esto es tan absurdo! —Lo siento. —Se disculpa él, sus ojos verdes con un resplandor particular—. Quería hablar contigo, y tuve que mentirle un poco a la secretaria… Resoplé y negué con la cabeza indignada. Estoy segurísima que le ha dicho a Amanda que él y yo somos novios ¡¿pero quién se cree?! Ahora cada vez que vea a la pobre secretaria me invadirá con preguntas de todo tipo,


y lo peor de todo, es que deberé seguirle la corriente. Todo es tan complicado, estoy tan molesta con él por causar un impacto indeseado en mí. Demonios, el tipo es hermoso, pero hay algo más… ¡por eso necesito distancia! Doy unos pasos hacia atrás, como si eso sirviera de algo. —Bien, quería entregarte esto —dice tendiéndome una pequeña pulsera que tiene como colgante el rostro de un Hello Kitty. Dirás que es infantil, pues sí en realidad lo es, por eso me sonrojo violentamente al notar la expresión burlona de Trenton. Me quedo sorprendida, pues no me había percatado, hasta ahora, que lo había perdido. Tomo la pulsera con una de mis manos mientras Trenton continúa hablando: —La perdiste, cuando tu hermano te llevó a rastras fuera del GYM. ¿La perdí y no me percaté de aquello? ¡Soy tan despistada! —¿Por qué no me la entregaste en el hospital cuando nos encontramos? —inquiero insegura. Él me dedica una gran sonrisa que causa un vuelco a mi corazón, cuyos latidos se han incrementado exageradamente. —Porque necesitaba una excusa para verte. Infiernos. No sé si alguna vez alguien ha experimentado lo que yo he comenzado a sentir en este momento, todo en mi cuerpo tiembla, mi corazón late acelerado y la corriente existente entre nosotros aumenta. Yo me sonrojo tan condenadamente que él suelta una risa entre dientes al notarlo, causando que yo eludiera su mirada penetrante y verde, preguntándome si esto es un juego para él, porque para mí no es divertido. Un silencio sepulcral se presenta entre los dos, pero Trenton no se queda callado. Yo he descubierto lo atrevido y hablador que es, y en mi mente se me ocurren las posibilidades de cubrir su boca con un calcetín y salir corriendo para no seguir escuchando; sin embargo, muy en el fondo sé que le escucharía todo el tiempo, porque es interesante. Comienzo a tener miedo de esto, de lo que siento, de él, de lo que podría sentir algún día. —¿Te puedo preguntar algo? —Sonríe él, y aunque no estoy muy segura de querer hacerlo, asiento en respuesta—. Después de que la pelota golpeó tu cabeza… yo… ¿dije algo que te incomodó? —Suelta un suspiro al preguntar. ¿Por qué le importa? Yo de ninguna manera pienso responder a esa pregunta.


Yo evado nuevamente su mirada, es difícil mantenerse concentrada con esos maravillosos ojos penetrando los míos. Tardan unos segundos en los que ninguno de los dos habla. —¿Ciara? Aunque parezca extraño sé que algo te afectó —reconoce en voz baja, ahora su rostro solemne. Yo ni pretendo decir nada, por lo cual él sacude la cabeza, estaba confundido—. Estabas a punto de llorar, ¿dije algo que te molestó? —pregunta y parece realmente preocupado. ¿Por qué le importa?, me vuelvo a preguntar, a sabiendas que quizás jamás conozca la respuesta. Él ni siquiera me conoce, aunque igualmente está aquí, frente a mí, preguntándomelo. Mi corazón está latiendo frenéticamente por los nervios, pienso por un momento en lo que responderé. —Me… he acordado de algo… desagradable —le contesté en voz baja—. Lo siento por actuar de aquella forma. Él me sigue observando atentamente por unos segundos que parecen horas. Yo miro mis manos entrelazadas, mostrando impaciencia, pues una parte de mí quiere que él se vaya, y la otra, quizás la más potente, desea, anhela, que se quede. —¿Sabes? Eres la primera chica a la que no sé cómo tratar, no logro comprenderte. Eres un enigma —confiesa, riéndose un poco mientras sacude la cabeza y pasa sus dedos a través de su cabello castaño. Se encoge de hombros—. Bueno, supongo que ya debo irme, si quieres algún día… puedes ir al GYM. Si no tienes nada que hacer o… o algo. Se ve dubitativo, pero yo le sonrío ligeramente y asiento con la cabeza. ¡Claro que me gustaría ir! Me causa gracia y pena a la vez, que Trenton esté aquí frente a mí, prácticamente presentando un monólogo, imagino lo incómodo que debe sentirse. —Bien, si quieres me das tu número de teléfono y… Dudo un instante, ¿le doy mi número para qué? aunque pensándolo bien, sería conveniente, pues no recuerdo como llegar a Lombardi GYM, ya que ni siquiera sé como arribé hasta allá porque lo estaba persiguiendo, ¡qué vergüenza! Le doy mi número del móvil a Trenton y él lo guarda en el suyo, deja una llamada perdida en mi móvil, ya que se encuentra en mi bolso, en el laboratorio de química.


Trenton me mira con una ceja alzada y luego hace una mueca. Es evidente que hay algo mal, él me mira con preocupación plasmada en sus ojos, además de cierta decepción, una que no logro comprender. —¿Qué ocurre? —le pregunto sobresaltada. —Creo que ha respondido un chico. —Rasca la parte trasera de su cuello, mostrándose apenado—. Lo siento, no sabía que… Niego con la cabeza. —N-no… importa, ha de ser mi… compañero de puesto —miento, la verdad estoy más preocupada que él. ¡¿Quién demonios se ha atrevido a responder mi celular?! —¡Genial! —exclama sonriendo de nuevo. ¿Qué ese chico no se cansa de sonreír y usar su belleza en mi contra? ¿Genial? ¿Le parece genial que alguien haya contestado mi móvil sin permiso? Él es tan extraño… Además… ¿Qué hace aquí a esta hora? ¿No va al instituto? Me mira fijamente y sigue sonriendo, no sé si es porque está feliz, o porque se burla de mí. Jugueteo con la pulsera que me ha traído intentando saber qué decirle, pero no llega nada, mi mente como siempre, está en blanco. Trenton camina hasta la puerta, con un andar tan masculino y sexy, pienso en que es mucho mayor que yo, pero no puedo calcular su edad. ¿Veinte? ¿Diecinueve? No lo sé… sólo sé que me abruma su presencia, como si cada vez que estuviese cerca un torrente de sentimientos extraños me invadiera. Y cuando sé que se marcha, mi corazón cae. —Ciara Aldridge, definitivamente las revistas no dan crédito a tu belleza, eres mucho más bonita, aunque un poco tímida, pero yo estoy aquí para corromperte un poco, ¿eh? — Me sonríe, me guiña un ojo y se retira de la oficina, y luego yo me percato de que he dejado de respirar. Miro por donde ha salido y me quedo petrificada por unos largos minutos, ¿de verdad me ha guiñado un ojo un chico como ese? ¿Me ha dicho hermosa? ¡Por supuesto, si es un coqueto de nacimiento! Sacudo la cabeza, negándome a entusiasmarme con algo que jamás va a suceder, además de que no me conviene. ¡Él sólo está acostumbrado a coquetear!


Regreso al laboratorio de química luego de despedirme de Amanda, prometiendo que no le contaría a nadie el pequeño “favorcito” que le ha hecho a mi “novio” para que me dé su “sorpresa”. Me detengo en la puerta de la clase del señor Mason, quien me da su permiso para entrar. Todos me observan buscando algún signo de preocupación en mi rostro; no obstante, no encuentran nada, estoy inexpresiva como siempre, quizás un poco sonrojada aún pero nada más. —Supongo que ya han descubierto que ayer te escapaste de aquí —me dice Eric en voz baja, desde el asiento delantero, sin voltearse a mirarme siquiera. Me tenso automáticamente, pero decido no responderle, al menos no por ahora. —Deberías apodarte “la mudita” ¿sabes? —inquiere con ironía, puedo asegurar que está sonriendo, por el tono de voz que ha utilizado. Él sabe perfectamente el daño que me causan sus palabras. Vuelvo a ignorarlo, Eric resopla enfurruñado y vuelve la atención a la clase. Estoy completamente segura de que fue él quien respondió la llamada de Trenton, no puedo creer lo cínico que es Eric, ¡es un estúpido! Al sonar el timbre de salida, tomo mis cosas estrepitosamente, y sorprendiéndome a mí misma, mi hombro golpea el de Eric al pasar, mostrando claramente mi enfado con él. Camino tan rápido a la salida, donde seguramente ya Flavius y quizás mi hermano se encuentren. Un momento después, siento los pasos de alguien detrás de mí, lo que causa que mi irritación aumente. ¡Maldita sea! —¡Espera! —exclama. —¡¿Qué es lo que quieres?! —le pregunto a Eric, dándole la cara y alzando la voz, sorprendiéndome a mí misma. —Vaya, creo que estás sacando las garras. —Se ríe. —¡No te atrevas a revisar mis cosas como una maldita marica! —exclamo enfadada, todos los chicos que salen del instituto me observan estupefactos por mis gritos, pero yo no me detengo—. ¡No tienes derecho a responder mi móvil! ¡Estás comportándote como un maldito acosador! ¡Mierda! ¡Déjame en paz! —grito y mi voz se quiebra en la última frase, salgo corriendo de allí echa una furia, con las lágrimas amenazando salir por mis ojos oscuros. Ni siquiera me detengo a esperar su reacción.


Flavius no ha llegado, pero Andrey está allí y se percata del estado en el que me encuentro, aprovechando que el maniático de Eric no me ha seguido, le miento a mi hermano diciéndole que me he sentido un poco mal al principio de las clases pues si le digo lo que hizo Eric con mi móvil, es capaz de golpearlo en la escuela, y eso equivaldría a la expulsión, cosa que no puedo permitir. Diez minutos después, Flavius ha llegado y nos lleva a casa, todo el camino ha sido silencioso. Cuando llegamos a casa, Andrey me observa unos minutos y me pregunta en voz baja: —¿Vas a ir a tus clases de Ballet? —Por supuesto, sabes que nunca falto —le respondo fingiendo una sonrisa—. ¿Por qué? —¿Qué harás después? —me pregunta nuevamente, mostrándose ligeramente animado—. Quizás podamos ir a algún lugar, juntos. Ahora que sé por lo que pasaste yo… Corro a sus brazos y aprieto a mi hermano en un abrazo cálido. —¡Por supuesto que sí, Andrey! —exclamo entusiasmada—. Tengo el lugar perfecto al que me puedes acompañar. —¿Ah, sí? A ver, infórmame. Y me atrevo a contarle todo lo que vi ayer en aquel barrio tan particular, relatándole lo asustada que estaba al principio y lo bien que me trataron Gioele y su primo Trenton, aunque tuve que eliminar del relato la visita que me ha dado hoy Trenton, si le contara eso los celos de mi hermano despertarían y no intentaría jamás ser amable con el pobre chico. Andrey se muestra relativamente interesado en Lombardi GYM y me cuenta la gran curiosidad que tiene hacia aquel sitio. —Quizás podrías practicar boxeo —le sugiero riendo. Andrey acaricia sus nudillos con una sonrisa malévola. —No es mala idea, para esfumar a tus pretendientes. —Juega con mi cabello causándome cosquillas. ¡Como si fuera tan guapa! Una hora más tarde, me encuentro fuera con el chofer a punto de irme a clases de ballet, mi madre al mismo tiempo llega en su auto y me indica con la mano que espere. Cuando ella baja de su auto se acerca al nuestro y me habla a través de la ventanilla:


—En la noche tenemos que hablar tú y yo. —A pesar de ser mi madre, sé que su voz transmite veneno—. Ahora que estoy totalmente desocupada. Me estremezco, ella se aleja sin darme un beso o muestra de cariño. Ella siempre ha sido así. —Vamos, Flavius —le digo al chico que nota mi desconsuelo, aunque no dice nada. Las clases de ballet son lo único que me alejan de tantos pensamientos malos y tristes, pero ahora no puedo sacarme varias cosas de la cabeza, como por ejemplo la inesperada visita de Trenton y mi reacción con Eric a la salida de clases. Estoy muy sorprendida de cómo le he gritado a éste último, sé que lo merecía; pero, no estoy segura de estar orgullosa por mi actitud. La verdad es que cada vez Eric me enfada más y más, he sufrido lo suficiente como para seguir influenciada por sus actos. Recuerdo perfectamente como era antes: el chico amable y cariñoso que siempre estuvo pendiente de mí, el que me defendía de los demás desde primaria. Mi mejor amigo. Esos son recuerdos que jamás se olvidan, pero se pueden ahuyentar con el paso del tiempo. Gracias al cielo Rebecca se dedica solamente a mí a estas horas de la tarde, cuando llego, me atrevo a saludarla entusiasmada y comienzo con el calentamiento. Rebecca Fitzgerald no es agradable, pero es extremadamente buena en lo hace. Aproximadamente, hace diez años que se retiró de los escenarios, pero es una de las bailarinas más recordadas de todo Londres, aunque ahora se encuentre aquí en Detroit, enseñándome precisamente a mí. —Lo que ensayamos el viernes —me indica sin más. El viernes fue uno de los días en los que Rebecca se atrevió a hablar conmigo insistiendo en que tratara de dejar el alma en el escenario, me había mostrado vídeos de ella bailando cuando joven, y quedé completamente sorprendida pues su actuación me había causado un nudo en la garganta y se me habían escapado un par de lágrimas. Falta poco para mi siguiente recital en el Teatro Central de Detroit, donde yo haría mi primera actuación protagónica donde interpretaría "El lago de los cisnes". Comienzo a bailar al ritmo de la melodía, fallando las dos primeras veces. Rebecca me reprende y me dice que me concentre en lo que hago y en lo que siento en este momento; sin embargo, no lo logro, mi mente está en otro sitio y cuando cierro los ojos aparecen en mi mente un par de ojos verdes y toda mi concentración se esfuma, como si nunca hubiera estado allí.


—¡Alza más la barbilla, Ciara! —exclama Rebecca por segunda vez. Lo hago y suspiro, ella nota mi presión—. Vamos, siente la música, tú siempre lo has hecho muy bien, relájate —me anima comprensiva. Entonces comienzo de nuevo y me dejo llevar, elaborando cada paso con precisión y aunque no dejo de pensar en aquellos orbes verdes, me transporto hacia otro mundo, en donde divagan mis más profundos sentimientos. Nunca me había preguntado qué es lo que más me duele en el alma; no obstante, ahora, cuando interpreto esta danza, desnudando mi alma por completo, lo sé. Sé cuál es el dolor más grande que he guardado en lo más profundo de mí ser, y que he tratado de no demostrar, sé que ha causado que este miedo se manifieste fuera de mí: el rechazo de las personas. Y el rechazo hacia mí misma, y por esto, en este instante me pongo a pensar en todos los años que hemos pasado Andrey y yo sin el caluroso cariño de nuestra madre. Si ella volviera... todo sería mejor. Mucho mejor. Todo sería perfecto. Cuando la pieza termina, me percato de mi llanto, y sé que lo he logrado. —Extraordinario —dice Rebecca con sus ojos llorosos, y luego corre hasta mí y me abraza con fuerza, como si, de alguna forma, compartiéramos el mismo dolor—. Me has recordado a Maya, mi hermosa hija —susurra sin poder controlar sus lágrimas. —Imagino lo orgullosa que has de estar de ella —balbuceo, tratando de tranquilizarme, ella sonríe tristemente. —Siempre lo estaré, a pesar de que esté en el cielo, bailando, en estos momentos. Se me forma un nudo en la garganta automáticamente y reprimo las ganas de llorar. Los ojos color miel de Rebecca muestran una tristeza tan parecida a la mía que la compadezco. Rebecca perdió a su hija, y yo estoy perdiendo a mi madre. ¿Algún día mi hermosa y cariñosa madre se atreverá a regresar junto a nosotros? Ella no es la misma desde hace muchísimo tiempo. Cuando un acontecimiento desagradable invadió nuestra vida de una forma trágica y dolorosa, todo se volvió diferente para nosotros, y en este momento no dejo de preguntarme qué pasaría si yo tuviese a mi madre de vuelta, para así desahogarme, contarle mis problemas de adolescente, compartir mis sueños con ella, y que se atreva a apoyarlos, como lo había hecho cuando era una niña; sin embargo, la madre que tengo ahora quiere arrebatarme una de las pocas cosas que me hace sentir plena y segura: el ballet y Julliard. Mamá no apoya aquello, ella siempre lo repite una y otra vez a sus amigas, en entrevistas, a mi padre y a Andrey quienes son los que más me comprenden. Ella no lo entiende, simplemente ignora el hecho de que, en los


últimos doce años, el ballet forma parte de mí, quizás es mi vida entera, quizás lo será siempre, y yo no puedo cambiarlo, sabiendo que la Miriam de antes, la tierna y compresiva Miriam que se ha marchado, me impulsó a ser una persona soñadora y confiada a conseguir lo que más anhela en su vida. «Si mi madre volviera a ser la de antes…», una frase que Andrey y yo repetíamos cuando éramos pequeños y no entendíamos nada. Ahora, estando mayores, lo sabemos, ella no va a regresar, el dolor la ha convertido en una persona fría y ausente la mayoría del tiempo. Ella perdió a una hija antes de darla a luz, y nosotros perdimos el doble: a una hermana, y a nuestra madre. ¿Es que ella no piensa en eso? Sacudo la cabeza alejando todo, necesito mantenerme serena, si ella no va a apoyarme, tengo que mantenerme firme a cumplir mis sueños, en contra de su voluntad. Cuando estoy saliendo del edificio de la Academia de la famosa bailarina Rebecca Fitzgerald, mi móvil suena, sacándome finalmente de mis pensamientos, y aunque mi mente no había decidido pensar en un hermoso chico de ojos verdes mientras me encontraba ocupada anteriormente, mis pensamientos y emociones se disparan en cuanto leo los mensajes que han enviado a mi WhatsApp: Trenton: You are the start of something new, And I'll throw it all away Watched you fall into my arms again…3 Y cuando pienso que mi corazón no es capaz de latir más rápido, leo el segundo mensaje, que comienza con un emoticono sonriente. Trenton: veámonos de nuevo, ¿sí? Al parecer, tengo que buscar más excusas para verte, pero como no las encuentro ahora mismo, Prefiero ser sincero, Ciara, por favor, ¿podemos vernos una vez más?

3

Tú eres el comienzo de algo nuevo.

Y tiro todo lejos Viéndote caer en mis brazos otra vez...


Joder. Trenton quiere verme, a mí. ¿Qué demonios? Trenton, el chico más guapo que he conocido en mi vida, y el que no ha salido de mi mente desde que lo conocí, me ha enviado la letra de una canción, ¡y de Ed Sheeran! ¡Amo a Ed Sheeran! No me lo puedo creer, ni siquiera puedo asimilarlo, es decir, ¿esa canción habla de mí? ¿Hay un mensaje oculto? Mierda, quiere que caiga en sus brazos, oh por Dios. ¿En serio le gusto? ¿En serio quiere verme? ¿Yo quiero verlo? « ¡Dile que sí, estúpida!», me grita mi consciencia; y aunque mi cerebro se niega fervientemente a la idea, por primera vez en mucho tiempo no lo pienso dos veces y tecleo una respuesta, asegurándole que sí, que podemos vernos, ahora mismo. Y con el corazón hinchado de ilusiones que quizás se desvanezcan en algún momento, sonrío a mi móvil al recibir la respuesta de él, un emoticono sonriente, junto con la dirección donde nos veremos. Oh por Dios, voy a verme con Trenton, suspiro ante la idea, cuando Andrey estaciona frente de mi academia, subo, y la enorme sonrisa en mi rostro no desaparece. Aunque de todas formas voy a ir al GYM con mi hermano, lo decidimos desde hace unas horas, mi emoción aumenta ¡es Trenton me ha pedido que nos veamos! Estoy actuando como una estúpida. Dios mío, en realidad le gusto a ese chico. Le gusto.


—Tu estado de ánimo ha estado muy voluble el día de hoy —dice mi hermano en cuanto estoy dentro de su flamante Mustang deportivo azul. Por un momento pienso que está bromeando, pero cuando sus ojos se encuentran con los míos, sé que me pide una explicación. Bueno, no es como si pudiera decirle todo el revoltijo de emociones que se encuentran dentro de mí. Ni yo misma puedo creerlo, cuando salí de clases estaba tan enojada con Eric, y ahora que subo al auto de mi hermano, después de salir de mis ensayos con Rebecca Fitzgerald, me hallo tan condenadamente entusiasmada, que irradio energía. Oh por Dios, Trenton en realidad quiere verme, pienso, incrédulamente. Me encojo de hombros ante la mirada inquisitiva de mi hermano mayor, quien es tan perceptivo, que en ocasiones resulta escalofriante, es como si leyera las mentes —en especial la mía— aunque aquello resulte improbable. —El ballet siempre mejora mi estado de ánimo —respondo, tratando de parecer indiferente. Andrey me observa ensimismado por unos segundos, los cuales comienzan a incomodarme; sin embargo, rehuyo de su mirada y le indico por tercera vez la dirección que Trenton y yo hemos acordado para encontrarnos. Mientras Andrey conduce, perdido en sus pensamientos y con el ceño fruncido, yo me atrevo a preguntarle: —¿Estás enamorado de Suzanne? Andrey emite un resoplido al escuchar mi pregunta inesperada, y aunque probablemente no necesite una respuesta, porque mi subconsciente me afirma que es afirmativa, espero pacientemente a que él conteste. —¿Tú qué crees? —Gira en una esquina y detiene el auto—. Ya estamos aquí, no veo a nadie… ¡Oh! ¿Ese que está allá no es quien te observaba las piernas el día que te piraste del instituto? No nos ha visto, ¿nos vamos mejor? Es asqueroso ver a los demás chicos mirándote como si fueses un platillo de comida exótica o algo así. —Hace una mueca. —No seas idiota. ¡Y no cambies el tema! Y sí, creo que estás enamorado de la rubia — le respondo ceñuda, removiéndome incómodamente en mi asiento al saber que Trenton está


cerca de nosotros—. Aunque mereces más, ella es… es… —Ni siquiera me atrevo a continuar hablando. Andrey inspira, y yo sé que no me va a decir nada más. —Dejemos este tema, ¿vale? —Baja del auto y mira sardónicamente a Trenton, quien aún no nos ha vislumbrado. Andrey pone los ojos en blanco—. ¡Oye tú! Deberíamos irnos ya, aquí está mi hermana, ¡vamos, sube! Ambos suben al auto después de un momento, yo me quedó paralizada ante la cercanía de Trenton y yo. Estoy en medio de mi hermano y él y puedo percibir su aroma desde mi ubicación, ¡oh Dios mío! Yo no soy capaz de mirarlo a los ojos, sólo siento cómo él se atreve a apretar mi mano con suma delicadeza. Es un apretón fugaz, que causa emociones exageradamente tenaces y deleitosas. Lo miro tímidamente y él me obsequia una de esas resplandecientes sonrisas que causan un vuelco en mi pecho. Posteriormente, él se dirige a Andrey y le cuenta lo maravilloso que es su auto, y que tiene malas, realmente malas, noticias. Yo, vagamente escucho lo que ambos platican, Andrey tiene el ceño fruncido y en ocasiones mira mis manos temblorosas; Trenton, por otra parte, está radiante, fresco y hablador como siempre. Siento una especie de resentimiento pues él verdaderamente no se ve tan afectado como yo cuando estamos juntos. —No puedes llevar esta belleza al barrio, te robarían, conozco las mañas de los chicos —dice Trenton a Andrey, cuya mirada es dubitativa—. Puedes dejarlo en el taller de mi tío. —¿Es seguro? —pregunta Andrey, sus labios se fruncen mientras piensa—. Porque no quiero arriesgar a Ciara, y este auto llamará la atención. —Probablemente llamarías la atención, así que… —Trenton se encoge de hombros—, quizás no debas llevarlo. Vaya… Simplemente no me lo puedo creer. A medida que pasan los segundos y ambos hablan y hablan, me percato de que ambos dialogan con tanta familiaridad que me siento como una entrometida. Después de discutir entre ellos, Andrey decide llevar el auto ostentoso a nuestra casa, asegurando que ha sido un idiota al pensar en que podría llevarme a Lombardi GYM con su deportivo. Para mi sorpresa, Andrey se atreve a contarle a Trenton que ambos estamos saliendo a escondidas de nuestros padres, y que a hurtadillas él guardará el auto en nuestra casa, para después irnos en un taxi. —¿No están muy mayorcitos como para estar escapándose de casa? Por el amor de Dios, apenas son las cinco de la tarde, ¿es que no los dejan hacer nada? ¿Qué se supone que


hacen los jóvenes ricos como ustedes? —Trenton se está burlando de nosotros, su tono irónico me lo dice, y cuando pienso que Andrey va a reprenderlo con un puñetazo en su mandíbula, él sólo ríe entre dientes y responde: —Ya sabes, lo normal, ir a cocteles aburridos donde te persiguen un montón de niñitas malcriadas. Espantar a los babosos de las faldas de tu hermana, y amenazarlos con arrancar sus bolas si no la dejan en paz. —Andrey suspira dramáticamente y niega con la cabeza mientras continúa conduciendo. —Uh… entonces tengo competencia —murmura Trenton distraídamente, y la verdad es que yo no sé a qué se refiere; sin embargo al ver cómo Andrey aprieta su mandíbula imagino por dónde va su comentario y me sonrojo. Oh mierda… él me quiere en sus brazos, ¡la canción dice aquello! Santo Dios, este chico va a causarme un desmayo. Cuando estamos frente a nuestra casa, Trenton emite un sonido de sorpresa al observar todo ante sus ojos; no obstante, noto que la sorpresa en él no tarda mucho, pues sus ojos luego se encuentran con los míos y ambos nos observamos el uno al otro por un precioso momento, que parece ser eterno. En sus labios se dibuja una sonrisa, y ambos somos alejados de nuestro mundo, cuando Andrey carraspeó. —¡Ya basta! Mierda, esto es incómodo, la estás mirando como un idiota, ¡y ella es mi hermanita! —resopla Andrey, quien con un ademán, nos indica a Trenton y a mí que nos bajemos de su deportivo—. Aguarden aquí y tú no atormentes a mi hermana con tus discursos, ella no habla mucho a veces. Wow… al parecer mi hermano ya está conociendo muy bien a Trent. —¿A veces? ¡Nunca habla! —exclama Trenton en respuesta, conforme Andrey se va alejando en el auto. Trenton se vuelve a mí, me observa con curiosidad—. Es extraño que seas tan callada, teniendo en cuenta que tu familia es... ¿famosa? No es que yo sepa mucho de los comportamientos que adquieren las personas “importantes”, pero en mi país sé a ciencia cierta que ustedes, es decir, las personas como ustedes, son criadas para saberse desenvolver plácidamente en ámbitos políticos, económicos y primordialmente sociales... Infiernos. ¿Puede hablar una persona tanto como él? «Eso, mi querida Ciara, se llama labia, elocuencia. Los hombres lo utilizan a menudo para meterse en los pantalones de las chicas, y ellas caen rendidas, ¿captas? ¿O te lo explico con dibujitos?», me reprende mi subconsciente. Trenton sigue hablando, y hablando y hablando. Un monólogo improvisado que me deja anonadada. Habla sobre las costumbres de su país y la gran sociedad de éste, y aunque


en ocasiones se ve tan apasionado cuando habla que sus palabras son rápidas y no entiendo cómo no se ha quedado sin aliento, yo escucho atentamente todas y cada una de sus palabras, como si me estuviese revelando algún secreto valioso. Oh mierda, este tipo me tiene… hechizada. —En Italia todo es así —continúa él, sacándome de mi ensoñación—, y dado el comportamiento de tu hermano, supongo que aquí la tímida eres tú —finaliza Trenton con una gran sonrisa. ¡Por Dios! ¿Es que no cogió aire en todo el tiempo que estuvo hablando? —Tú… um, así que tú… ¿eres italiano? —balbuceo y mi mente me reprende con un « ¡Por supuesto, estúpida!» que evidentemente me hace sentir más estúpida. Trenton asiente con la cabeza, sonriéndome con dulzura. —Así es. Nací en Milán y viví allí toda mi infancia y adolescencia hasta hace unos días que vine a este país, ¿recuerdas el día en que comenzaste a perseguirme? —dice, echándose a reír—, apenas tenía una hora aquí, y cuando te vi pensé que me habían enviado a un ángel guardián o algo así —explicó solemnemente, sin dejar de mirarme a los ojos. ¡Oh, por Dios, definitivamente le gusto! «O quizás es un coqueto», completa mi subconsciente, quien claramente no se ha dejado influenciar por la magnífica personalidad y belleza de este italiano frente a mí. Nunca había conocido a una persona como él, se le ve tan entusiasmado por todo, y el brillo de sus ojos reafirma la fascinación de Trenton al hablar de su país y de sus costumbres, incluso me atrevo a asegurar que nunca vería a este chico con la cabeza gacha y entristecido. No hace falta comparar mi personalidad con la de él, ya que somos tan notablemente distintos que es como conocer a la persona que jamás lograrás ser, así te lo propongas. Miro a Trenton, un poco afligida por la marcha que han tomado mis absurdos pensamientos, y todo lo que consigo de parte de él es un guiño que efectúa un hormigueo en mi estómago. Mi hermano se acerca finalmente hasta nosotros y suspira, agitando sus llaves, causando que el sonido de éstas nos saque abruptamente del hechizo que nos envolvía a Trenton y a mí. —Gracias al cielo que no hay nadie en casa, naturalmente, todos trabajan, así que en marcha —dice y me mira con una ceja alzada—. Estás rara desde que subiste al coche, ¿todo va bien? Tú y tus cambios de humor… —Se encoge de hombros—. ¿Cómo te fue con Rebecca?


¡Rebecca! Andrey es tan confianzudo con las personas… —Sí, estoy bien —respondo cohibida, siento la cercanía de Trenton, la misma que me enerva—. Una clase emotiva, en realidad. Ya sabes “Dejar el alma en el escenario” y todo eso. Una exclamación por parte de nuestro acompañante italiano me sobresalta. —¡Dejar el alma en el escenario! ¿Eres cantante de ópera? —pregunta, sus ojos verdes muy abiertos. Tiene que estar burlándose de mí. Andrey suelta una risotada, echando su cabeza hacia atrás mientras se soba el estómago. Vaya… al parecer a él le resulta divertido. Frunzo el ceño sin mirar a ninguno de los dos, y trato de ignorarlos, ¡pero la risa estridente de Andrey resuena en mis oídos! —En realidad soy bailarina de ballet —murmuro sonrojada. —¡Evidentemente! —exclama mi hermano entre risas—. Ciara no canta, y cuando lo hace grita como un gato cuando le pisan el rabo, ¡imagínate cantando ópera! Wow… estos dos se han caído de maravilla y han conseguido una diversión en común: burlarse de mí. ¡Oh, genial! Ambos se echan a reír, obviamente mofándose de mis deficientes cuerdas vocales y me sonrojo al pensar que mi adorable hermano sí que ha escuchado mis conciertos secretos en la ducha. Los miro indignada; sin embargo, una sonrisita tonta surge de mis labios al verlos reírse a carcajadas como si no hubiera un mañana. Definitivamente, en mi perspectiva, Trenton es capaz de animar la vida de cualquier persona, esté triste o no, simplemente este chico posee un don extraordinariamente interesante: siempre está contagiosamente feliz. Imagino que su infancia ha sido de la más genial, con dos padres que siempre son atentos con él y con sus hermanos —si los tiene, claro—, una mamá que siempre está en casa, quizás un hermano mayor que de vez en cuando le molesta, pero siempre lo obsequia con consejos y le ayuda con sus deberes. Mi mente se transporta a un lugar de Milán en una casa sencilla, en un sillón pequeño frente a la chimenea, dos niños juegan mientras su madre prepara la cena, luego el esposo de la noble mujer entra por la pequeña puerta de la casa y saluda a su esposa y posteriormente a sus hijos. Aquella es mi visión de la familia perfecta, y hay ciertas señales que me dictan que Trenton pertenece a una parecida, por su increíble forma de ser. Es una lástima que yo no tuviese aquella suerte, ni mucho menos Andrey, aunque las cosas nos van mejor con papá, que es todo cariños y apapachos; sin embargo él trabaja mucho, y normalmente debe viajar casi todo el tiempo.


El taxi que Andrey llamó nos espera. Los vigilantes de nuestra casa observan despectivamente a Trenton y a nosotros con una interrogante grabada en la frente; mas, Andrey se encarga de ellos y les indica que por ningún motivo deben decir que nos han visto con un desconocido. Ellos naturalmente asienten con la cabeza y nosotros subimos al taxi que nos lleva s nuestro destino, probablemente sea uno de los lugares más peligrosos de Detroit, y aunque eso por ningún motivo nos importa, de cualquier modo yo no puedo eludir mis nervios al sopesar en la idea de que alguien descubra quiénes somos y de dónde venimos. —Suelta tu pelo Ciara, pareces una anciana con ese moño —brama Andrey que se encuentra en medio de Trenton y yo en el asiento trasero del auto. —Es un moño de bailarina —explico bruscamente, pero en voz baja—, se supone que debo tenerlo. Andrey parpadea, sorprendido. —¡Pero ahora no estás bailando, por el amor de Dios! A ver acércate —ordena él, luego comienza a deshacer el moño con sus largos y ágiles dedos de manera que mis cabellos completamente lisos caen por mis hombros y mi espalda cuando él los suelta—. Así está mejor, y quita esa cara que vas a divertirte, tienes olvidar a la marica de Eric. Por cierto, me he enterado que le gritaste en la salida de clases el día de hoy. Me satisface saberlo, ¡bien hecho, hermanita! —Me abraza, ante la mirada atenta y curiosa de Trenton y el chofer. Maravilloso, gracias por recordármelo, Andrey. —Una dama no grita delante de varias personas —repito lo que dice siempre mi madre—. Yo realmente… realmente no me siento orgullosa de esto, aunque se me ha quitado un peso de encima. —Mi voz es baja, no quiero que ni el taxista ni el italiano ardiente me escuchen. Andrey se percata de mi incomodidad y entra en una interesante conversación con Trenton sobre autos. Sonrío mientras los escucho. Los chicos ciertamente se convierten en niños cuando a autos se refiere. En un momento dado, hemos llegado finalmente al barrio modesto donde se encuentra Lombardi GYM. Al bajarnos del auto, Trenton y Andrey pagan al taxista, y yo mientras los espero me atrevo a vislumbrar el lugar, percatándome que todo se ve igual, como cuando estuve aquí por primera vez.


Andrey se acerca a mí y yo me adueño de su brazo; mientras Trenton nos lleva hacia adentro, ubicado delante de nosotros, reparo en los murmullos de las personas que nos observan ceñudas. —Mira como camina, y ese chico que anda con ella, ¿será su novio? Está muy guapo... oh que envidia... ¿pero qué hacen aquí? mira como visten, ellos no son de aquí... ¡y mira lo asustada que está! —Estos son algunos de los comentarios que mis oídos captan, e intento con todas mis fuerzas ignorarlos. Trenton abre la puerta del sitio y nos permite entrar. —Wow, ¿cómo es que hay un lugar así aquí? No me malinterpretes, es sólo que... parece un gimnasio extenso, ordenado y ¿ostentoso? —Mi hermano observa todo con absoluta sorpresa, es obvio que en su primera visita no había prestado mucha atención—. Mira esto Ciara, un salón de baile, un ring de boxeo, instrumentos para ejercitarse, ¿qué más hay aquí, Trenton? Es algo tan multifuncional —completa maravillado. —En la parte trasera hay una extensa cancha de fútbol—responde Trenton, quien está dirigiéndole miradas desdeñosas a unos chicos que me están sonriendo socarronamente. ¿Qué demonios? —Vaya... ¿quién es el dueño de este lugar? —Vuelve a preguntar Andrey, anonadado. —Mi hermano. —Es la primera vez que Trenton está tan serio e incómodo delante de mí. Su semblante cambia notablemente al nombrar a su hermano—. Construido hace tres o cuatro años más o menos. No lo sé con seguridad, antes no sabía de este sitio. ¿El hermano de Trenton vive también aquí? ¿Es rico? «Por supuesto, estúpida». —Debió gastar mucho —observa Andrey distraídamente—, ¿quién maneja las ganancias? —Mi primo —le responde Trenton con el mismo tono distraído. Desvío la mirada del rostro cohibido de Trenton y me concentro en el ambiente en el que me encuentro, son aproximadamente las cinco de la tarde, debido a eso, supongo que el lugar se encuentra un tanto solitario. A pesar de eso, hay tres chicas de unos quince años tratando de montar una rutina de baile, por lo cual yo las observo un poco divertida, pero no hago otra cosa que mirarlas, mientras tanto Andrey y Trenton se concentran solamente en el entrenamiento de boxeo que se presenta a unos pocos metros de distancia.


Entonces me permito libremente fantasear con la idea de montar una coreografía para estas chicas. No sería la primera vez que creara una, pues he elaborado varias aunque para mí misma, rutinas que, nadie ha visto ni verá. Detengo mis pensamientos y mi atención vuelve a los chicos, me acerco a ellos tímidamente. —No creo que sea prudente que te pongas así ahora, Trent —le dice un hombre extremadamente musculoso que se encuentra en el ring completamente sudado—. Yo no voy a pelear contigo. Andrey alza una ceja, mostrando su ironía, mas no dice nada. Trenton, a su lado bufa audiblemente y puedo notarlo colérico. Demonios, él me confunde demasiado, no entiendo por qué está enojado, si hasta hace unos segundos sonreía de oreja a oreja. ¿Cuál es su problema? —Lo que pasa es que tienes miedo —intenta retarlo Trenton con una sonrisa triunfal, su acento italiano más destacado a causa del enfado. —Has peleado lo suficiente desde que llegaste, sé que puedo acabar contigo en un abrir y cerrar de ojos, pero, realmente, quiero que salgas de mi camino, ahora —murmura el hombre de vuelta, la verdad es que parece encontrarse aburrido. Trenton sacude la cabeza, se quita su camiseta bruscamente y observa expectante a los hombres del ring. Yo sé que los está retando con la mirada y demonios, jamás imaginé que Trenton fuese tan intimidante, pues puedo ver los rostros preocupados de los chicos, realmente algo anda mal aquí. ¿Qué es lo que ocurre con Trent? —¿Qué ocurre aquí? —habla una voz femenina parecida al de una niña. Todos volteamos, percatándonos de la presencia de una pequeña chica de cabello rojizo y muy corto, cuya ceja se halla alzada y sus brazos cruzados. —Tu querido primo está armando uno de sus berrinches —comunica el hombre musculoso. Sé con certeza que la conversación apenas está comenzando, pero mierda, yo no puedo concentrarme en nada con semejante vista. Oh Dios mío, Trenton está sin camiseta nuevamente. Trenton evade enfadado la mirada de todos, mientras escucha lo que los dicen. Su camiseta permanece en sus manos, y él la aprieta con fuerza. Suelta un resoplido y pasa sus dedos por su alborotado y terso cabello, el cual intenta aplacar sin éxito. La verdad es que mis fuerzas son algo diminutas, pues intento no observar su gran abdomen, e igualmente no lo puedo eludir. Admirándolo, casi se me salen los ojos de mis órbitas al ver aquel cuerpo


tan fabuloso, y cuando mi ojos vislumbran semejante belleza hipnotizadora, de un momento a otro, cuando alzo la vista, me percato de que los ojos verdes de Trenton están fijos en mí. Infiernos, él me ha visto, oh no. Mierda. Doy un respingo y retiro los ojos de él inmediatamente. ¡Maldita sea, me ha visto! A parte de ser una acosadora para él, también soy una fisgona, ¡qué vergüenza! Pero supongo que es su culpa, ¿es siquiera legal mostrar semejante físico? Pues aquello debería estar prohibido. Me sonrojo furiosamente ante el pensamiento. Al lado de Trenton se sitúa la pequeña chica de cabello rojizo, quien suavemente le susurra algo al oído y le sonríe casi angelicalmente. ¿Quién demonios es esta pelirroja? —Bien, entonces la pelea no será hoy —dice Trenton resoplando y se vuelve a poner encima la camiseta blanca. Suspiro aliviada y doy gracias que nadie lo note. Y aunque la tensión anteriormente era tan fuerte, desapareció momentáneamente ante la calma de Trenton, quien por cierto, no ha dejado de sonreírme burlonamente. ¡Pequeño bastardo! Andrey, quien no tiene ni una pizca de timidez, le pregunta a Trenton quien es la “agradable” muchacha que se sitúa a su lado. Quiero rodar los ojos en su dirección, pero obviamente mis principios no me lo permiten. —Ella es April, hermanastra de mi primo Gioele —Lo último va dirigido a mí y me sonríe ladinamente—. Le encanta el baile como a ti, Ciara. Bah, como si me importara. April alza una ceja y me mira de arriba abajo, como si yo fuese un pequeño artefacto curioso que necesita estudiar con precisión. La chica es diminuta pero muy bonita, sus ojos son de color gris y sus cejas acentúan su mirada felina. De acuerdo, físicamente es muy linda, pero su actitud conmigo muestra que no soy de su agrado, así que dejo de observarla y miro hacia otro lugar. Trenton nos presenta a su acompañante y nos invita a bailar juntas en la pequeña pista donde están las demás chicas; pero yo me niego rotundamente y me alejo de los tres que se atreven a platicar animadamente mientras yo camino por los alrededores admirando más a fondo el lugar.


Definitivamente soy una antisocial. Y es que a veces siento que en ningún sitio voy a sentirme a gusto. “No debes dejar que te lastimen, por eso debes alejarte de lo que te hace daño” me había dicho a mí misma aquella tarde en Brasil cuando me encontraba desolada por la traición de Eric Adrián Sanders. Pero, ¿qué es lo que realmente me hace daño? Quizás doy mi confianza tan fácilmente y ese se ha convertido en mi peor error, o tal vez la verdadera amistad no existe. El amor es un tema completamente distinto para mí, yo lo veo como algo lejano y pasajero en estos momentos. Siendo adolescentes es imposible amar de verdad, ¿cierto? Porque ni siquiera somos capaces de amarnos a nosotros mismos, al menos aquello es lo que me ocurre a mí, lo que me lleva a pensar de nuevo en mis problemas, y es que realmente yo no puedo confiar en nadie. Quizás tenga miedo a todo. —Así que te gusta la danza —dice alguien a mi espalda, su voz es despectiva. Asiento con la cabeza respondiendo, sólo con eso, su pregunta. Andrey, Trenton y la pequeña April esperan que añada algún comentario, algo que definitivamente no hago. Andrey decide hablar por mí, como la mayoría del tiempo. —Ballet, le encanta y baila como los ángeles, aunque también se interesa en otros géneros —señala enorgullecido—. ¡Baila sensacional! Ciertamente sé que llegará muy lejos con tanto talento. —Me guiña un ojo. —No lo pongo en duda —dice Trenton, mostrando su maravillosa sonrisa—. Tal vez algún día te animes a bailar aquí, las chicas estarán encantadas, tengo entendido que bailas desde los cinco. —Sonríe. Al parecer sabes todo sobre mí —comento mentalmente, observándolo dubitativa, April intenta suprimir su sonrisa. Creo que te odio. —No creo que lo haga, es demasiado tímida, primito —le dice a Trenton dulcemente, tras guiñarle el ojo. ¿Le estaba coqueteando? Oh, por supuesto, ¿cómo no lo noté antes? April se dirige al salón de baile, e inicia a bailar con el resto de las chicas una canción de Rihanna que no reconozco, y la verdad es que sus pasos son buenos, aunque tengo que admitir que sus movimientos son exageradamente atrevidos y casi vulgares.


Y mayormente así va transcurriendo el resto de la tarde. Andrey y Trenton se limitan a platicar entre ellos sobre las peleas de boxeo que los chicos están ejecutando, mientras que yo por mi parte observo ensimismada a las chicas de danza, haciendo notas y críticas mentales. Me he sentado cerca de las maquinas de entrenamiento que están solitarias, mis auriculares como siempre en mis oídos, conforme va sonando en mi Ipod “This” de Ed Sheeran, la cual secretamente he estado reproduciendo desde que Trenton me envió parte de la letra por WhatsApp. Patético, lo sé, pero, ¿qué puedo hacer? Esa canción me encanta y me recuerda que Trenton me pidió que volviera, y no estaba imaginándome aquello, aunque ahora, ni siquiera se haya dignado a dirigirme la palabra. —Hola, pequeña Ciara, ¿qué estás escuchando por allí? Infiernos, esto no puede estar pasando. Me arrebato los auriculares, pero él logra tomarlos antes de que ponga la música en pausa. En un abrir y cerrar de ojos, él tiene mis auriculares en sus oídos, escuchando la bendita canción que hace un par de horas me ha enviado por mensaje. ¡Mierda! ¡Estoy destinada a pasar vergüenza con él! Trenton sonríe tan ampliamente mientras me mira que yo comienzo lentamente, muy lentamente a derretirme ante él. —Yo... yo... —No sé qué decirle, así que finalmente me quedo en silencio. Él ríe y sacude la cabeza en mi dirección. Mientras sus ojos siguen mirándome, cuidadosamente coloca cada uno de mis auriculares en mis oídos y sonríe, toma el iPod de mis manos y de reojo puedo ver que Andrey ya se está preparando para irnos. Emito un jadeo ante la cercanía de ambos, y porque su rostro y sus ojos atrayentes me llaman, y también sus labios… ¡Oh no! Él tiene que alejarse, ahora. Ante mi nerviosismo, el chico ríe nuevamente y pulsa “Play” en mi Ipod, al mismo tiempo que comienza a retirarse de mi lado, me guiña un ojo, y luego su mirada me dice algo que no puedo comprender. La canción comienza a sonar y él se aleja al mismo tiempo que escucho a April murmurar: —¡Allí estás de nuevo dedicando canciones! —Y aunque Trenton gruñe en desacuerdo, yo sé que aquella es la verdad. Demi Lovato comienza a cantar “Give your heart a break” en mis oídos mientras mi corazón se paraliza ante sus palabras, sé lo que quiere decirme, sé por qué quiere decirlo, y aunque estoy radiante y feliz porque él, este hermoso y maravilloso chico, haya colocado esta canción para mí, una parte de mi corazón me grita desesperadamente que corra lejos de


él, que el peligro está cerca, que no debo permitir que llegue demasiado lejos aunque él evidentemente está pidiéndome confianza con esta canción. Claro, si es que esto es en serio para él. Haven't I passed the test? When will you realize, baby, I'm not like the rest?4 Oh por Dios, de verdad yo no puedo permitir que me guste. —¿Cuándo vendrán de nuevo? —pregunta Trenton cuando comenzamos a despedirnos—. Espero que no se lleven una mala impresión de mí, lo digo por mi arrebato. Hace unos días me torcí el tobillo escalando y no me han dejado hacer nada esos malditos de aquí. ¿Escalando? ¿Se torció un tobillo? —Quizás me atreva a venir alguna vez —dice Andrey en un tono distraído—. Y si el ring está desocupado tú y yo nos daremos unos cuantos golpes en ese entonces. —¿Y tú, Ciara? —inquiere Trenton ahora mirándome fijamente. —No, definitivamente yo no quiero darme golpes con nadie —respondo escuetamente. Ellos se echan a reír. Me quedo perdida en mis pensamientos. ¿Volveré a venir? Andrey vendrá por el boxeo, algo que todavía estoy asimilando. Aquí cada quien hace algo, ¿y yo que haré? No bailaré aquí, y el baile es lo único que me atrae de este lugar, así que tendré que conformarme con al salón de baile de mi casa, donde nadie pueda verme. Entonces comprendo todo inmediatamente. La certeza de este pensamiento me estremece, en realidad lo que me atrajo de este lugar no es ni siquiera el baile. Mi corazón palpita tan rápido ante la revelación, y la respuesta positiva a la pregunta de Trenton está en la punta de mi lengua, quiero volver y verlo a él y observar sus ojos verdes que me dan esperanzas y emociones incontrolables e inexplicables. Pero eso está mal, yo debo alejarme de él. Él no puede gustarme, es un coqueto que está acostumbrado a seducir chicas. —No creo que sea posible —digo seriamente, con voz monótona—. Tengo una presentación cercana, tengo que trabajar en mis ensayos, mi instructora quiere que

4

¿No he pasado la prueba? ¿Cuándo vas a darte cuenta, cariño, yo no soy

como el resto?


perfeccione mi destreza. Lo siento. —Frunzo el ceño, sé que Trenton me admira abstraído y contrariado. Quizás él jamás lo entienda, quizás no lo vuelva a ver nuevamente y el pensamiento me deprime, pero no me arrepiento de mi respuesta descortés y brusca. Mis sueños y expectativas deben estar a salvo, el que me guste un chico en el cual no puedo confiar, arruinaría mis planes. Juilliard es mi vida ahora, tal como lo dijo Eric, la universidad es lo que más me importa en estos momentos, y por supuesto mi bienestar, por eso mi corazón debe permanecer en el pedestal que he creado, donde nadie pueda alcanzarlo, donde nadie pueda romperlo una vez más. Él no puede gustarme, ni mucho menos, enamorarme, ¡de ninguna manera!


Cuando llegué a casa, el día de ayer, después de un largo discurso de parte de mi madre, se anunció mi castigo: no salir de casa, al menos por unas semanas. Bah, igual no tengo a donde ir. Así sea viernes en la noche. Acostada en mi cama observo los alrededores de mi gigantesca habitación, y pienso en el día de ayer y todos los acontecimientos. Vaya… al parecer fue un día excepcional, manifesté la ira, felicidad y decepción, mi estado de humor se ha convertido en uno voluble, como mi hermano asegura. No se me ha salido de la cabeza el semblante de Trenton cuando le respondí de aquella forma la última vez que lo vi. La sonrisa que estaba dibujada en sus labios se borró automáticamente y la decepción invadió su rostro. Oh, por supuesto, soy la primera en rechazar al señor seductor. Corro hasta el salón de música de la mansión en un arrebato, no sin antes coger mi iPod. Estoy decidida a olvidar todo lo acontecido, no necesito pensamientos deprimentes en mi cerebro, sólo la concentración que el baile me ofrece, ya es lo único que ayuda a calmar mis nervios. En un momento dado, comienza a sonar “Turning Page” en el salón de baile que tengo en casa. Comienzo a bailar con un ritmo lento y tranquilo, dejando llevar mis pasos por el piano y el violín. Entonces mis pensamientos sobre Trenton se disipan. —Nunca pensé que verte bailar me causara tantos recuerdos —dice mi madre, quien se halla recargada en el umbral de la puerta. Ella mira a su alrededor, desde el piano de cola hasta la guitarra eléctrica de mi hermano, posteriormente, descansa su mirada azul en mí, escudriñando mi vestimenta, la cual consiste en unas zapatillas de bailarina blancas y desgastadas, una camisa holgada de algodón azul cielo, y por último un pantalón babucha oscuro. Ella alza una ceja de forma despectiva y niega con la cabeza reprobatoriamente. —¿Qué quieres decir con eso? —inquiero, incómoda. —Que bailas sensacional —responde con un encogimiento de hombros—. Pero creí haberte dicho que te quedaras en tu habitación por el resto del día. —Abro la boca para


responderle, mas ella no me lo concede—. Y, ¿dónde está tu hermano? En su habitación no está, y su instructor me ha llamado para decirme que no ha asistido a sus clases de esgrima. Quise poner los ojos en blanco, pero no lo hago. —No lo sé. Mamá suspira dramáticamente. Yo me siento en el suelo y jugueteo con el reproductor de música, fingiendo buscar alguna otra canción. Mi madre permanece ante mí, observando mis inquietantes movimientos con la mirada. Ella habla conmigo sólo cuando va a llamarme la atención por algo que hice, o solamente para notificarme que… —Deberías cambiarte ese… peculiar atuendo. Tenemos una reunión en el despacho de tu padre en diez minutos —rezonga. Estoy petrificada, ¿una reunión para qué? Me levanto de un salto del suelo y la miro interrogante, ella sólo me sonríe y comienza a andar hasta la sala. Oh, genial, ella está jugando conmigo. —¿Reunión? —le pregunto siguiéndola—. ¿Qué clase de reunión? ¿Quiénes estarán? Ella me sonríe, encogiéndose también de hombros, y yo sé que no va a contestarme, al menos no por ahora. Mamá se marcha al despacho, su andar elegante e impecable siempre presente. Bien, reunión, allí vamos. Cuando ya me he cambiado para la reunión, me dirijo lánguidamente al despacho de mi padre, donde ya se pueden escuchar algunas voces. Llevo mis nudillos a la puerta para tocarla pero algo que mi madre dice me detiene: —Entonces estás diciendo que mi hija estuvo involucrada con tu hermano —dice incrédulamente. Abro los ojos como platos y trato de agudizar más mi oído para escuchar la respuesta. —Y ella lo engañó. Por eso mi hermano no quiere absolutamente nada con ella — rectifica Suzanne con voz solemne. Se produce un silencio; sin embargo mi madre no tarda en replicar: —¿Lo engañó? —inquiere dubitativa, es obvio que no cree nada de lo que la rubia está diciendo—. ¿Estás segura? Maldita mentirosa —rezongo mentalmente.


—Por supuesto, nosotros la vimos. —Ella suspira dramáticamente. ¡Qué patética!—. Realmente no lo sé, señora Aldridge… me parece increíble que usted nos haya llamado a mi hermano y a mí. Sus hijos… —¡Oh sí! Sólo quiero saber por qué el alboroto del día de la cena. No me lo tomes a mal, querida; pero, Andrey es totalmente responsable y respetuoso, jamás lo había visto así, por eso quise que me lo explicaran ustedes dos, ya que mis hijos no quieren mencionar nada sobre ello, y es meramente importante que nosotros los mayores tomemos cartas en el asunto —le responde autoritariamente mi madre. Gruño. —En realidad, mi hermano y yo estamos un tanto anonadados, señora Aldridge — contesta Suzanne, sonando preocupada—, él bramó tantas absurdeces, las cuales probablemente ha dicho Ciara en su beneficio. Estoy muy apenada por todo esto, y realmente me gustaba lo feliz que mi hermano estaba con ella, pero tuvieron que romper, algo así es difícil de perdonar. Infiernos, ella no puede ser capaz de decir esto. Me quedo paralizada, ¿por qué está diciendo aquel sartal de mentiras a mi madre? ¿Por qué insisten tanto en molestar? ¡Joder! —Es una lástima, veía un gran futuro entre él y mi hija —contesta Miriam pensativamente. Me quedo un poco desorientada por lo que ha dicho mi madre, así que sólo me limito en tocar la puerta y con un suave “adelante” que ella pronuncia, entro al despacho donde las dos presentes me observan, una con interés, y otra con desdén. —Andrey no está en casa —dice mamá en cuanto yo me he sentado al lado de Suzanne—. Quería hablar con los cuatro. Pero tú, querida Suzanne, puedes encargarte de informarle a tu hermano, mientras Ciara hará lo mismo con Andrey —indica seriamente. Ambas asentimos sumisamente con la cabeza. —Sabemos que la prensa está por encima de nuestras cabezas, chismorreando sobre nuestras vidas a su antojo. En estos momentos se ha hablado demasiado sobre problemas entre ambas familias y eso es un gran conflicto para todos. Dejando en claro esto, trataremos de solucionar todo por los negocios entre sus padres. —Ella me mira fijamente a mí, claramente advirtiéndome que debo estar de acuerdo; luego, juguetea con sus anillos y suspira—. Sabemos también que ustedes en un futuro se encargaran de dichos negocios, por eso es nuestro deber mejorar sus relaciones. Esto no puede seguir así, por eso les pido


la mayor colaboración y confío en sus sanos juicios y que me prometan que tratarán de reparar sus diferencias, como personas adultas. Ah genial, soy adulta cuando te conviene, genial, gracias Miriam. Nos mira a ambas esperando alguna respuesta afirmativa. Es Suzanne la que se atreve a hablar: —Por mi parte, haré todo lo posible y trataré de convencer a Eric. —Echa su melena rubia hacia atrás, mientras me mira de reojo—. Y espero que sus hijos hagan lo mismo. Alzo una ceja incrédulamente. Ni lo sueñes. Y es que la charla de mamá no me ha convencido, pues ni yo me haré cargo de los negocios de la familia, ni tampoco quiero frecuentar de nuevo a los Sanders; no obstante, para mamá no es necesario que yo responda, porque mi criterio para ella es nulo. Ella sonríe ampliamente, mostrando su imponente belleza, y se encarga de formular la respuesta por mí: —Evidentemente, mis hijos harán lo mismo.

*** Muchos aseguran que si sueñas con alguien esa persona pensaba en ti antes de dormir. Si eso es verdad, entonces Trenton ha estado pensando en mí cuando apenas coloca su cabeza en su almohada. Y, oh Dios, no puedo evitar entusiasmarme, luego recuerdo lo que dijo April e intento relajarme. Es evidente que el chico no está específicamente interesado en mí, sino en todas. «Y le dedica canciones de amor a cualquiera», completa mi consciencia entrometida. Mientras estoy platicando con mi padre, pienso en todo lo que mi hermano y yo hablamos hace apenas unos minutos. Andrey se ha enterado de la conversación con Suzanne y nuestra madre; sin embargo, se mostró muy cansado del tema cuando le conté todo y alegó que no le importaba ni una mierda las relaciones sociales de la familia, aunque hoy, en la celebración del aniversario de nuestros padres, debemos cuidarnos, aparentando que adoramos a los Sanders. Odio enormemente las fiestas y más cuando en ellas hay que aparentar una felicidad inexistente, lo único que me ha permitido estar de ánimos es el poder compartir con mi padre que en estos últimos días ha estado muy ausente.


—Todavía no puedo creer que tú, mi pequeño cisne, ya hayas besado a un apestoso chico —dice papá receloso. Yo me sonrojo ante su actitud celosa—. No sé qué rayos le pasa tu madre, para mí, ese muchacho es muy poco para ti, mi princesa. —Mi mamá sólo está cegada, ya se le pasará —digo, y espero que así sea, pero no estoy muy segura de eso. Ambos sabemos que cuando mamá decide algo es muy difícil que se le salga de la mente lo que se ha planteado. —Espero que ese muchacho no te haya hecho daño —murmura papá un poco preocupado—. Siempre los primeros amores son los más difíciles, y a mi parecer, eso es lo que los hace inolvidables. —Supongo que sí papá, pero no te aseguro que Eric haya sido mi primer amor, él era mi mejor amigo antes, y realmente… estoy confundida —contesto sonrojada—, y esto es algo incomodo, es decir, hablar contigo sobre chicos, ¿quieres que te cuente cómo fue mi primer beso? —Sonrío angelicalmente. Mi papá hace una mueca. —Mejor cuéntame sobre los puñetazos que le dio Andrey ¡Eso sí que es emocionante! Yo me echo a reír aunque la versión de mi papá celoso no es nueva para mí, me sonroja y me resulta demasiado graciosa y tierna. Pronto mi madre se encarga de alejarme de la diversión, indicándome que los estilistas ya están a mi disposición. Mamá está radiante, orgullosa por la grandiosa fiesta que ella misma ha organizado para esta noche. Yo rezongo pues nunca me ha gustado maquillarme, ni siquiera que otras manos agarren mi cabello; mas, tengo que aceptar todo a regañadientes. El estilista se encarga de maquillar mi rostro con tonos beige y blancos. Mi cabello lo recoge ágilmente y de éste caen suaves rulos a los lados de mi rostro. Al finalizar, yo no me reconozco y la verdad me desagrada la imagen que veo en mi reflejo porque sé que esa no soy yo. —Este vestido es la perfección —murmura una de las chicas que ayudan al estilista francés que de hecho es muy gay. Mi vestido es largo hasta más debajo de mis rodillas, es de color dorado y cae libremente debajo del busto. Mis hombros están descubiertos y eso me incomoda, pero no debo replicar, pues siempre tengo que permitir que me vistan como una estúpida muñeca. Oh Dios mío, en realidad este vestido es horrible.


—¿Qué es lo que estás haciendo? —pregunta mi hermano, causándome un sobresalto al escucharlo pues no me enteré de cuándo entró a mi habitación—. No deberías estar vestida así, pareces una anciana y ese vestido es horrible. —Hace una mueca. —No —niego con la cabeza solemnemente, luego imito a la chica de voz chillona—: este vestido es la perfección. —Este vestido es una mierda. Quítate eso de inmediato, no sé qué es lo que mamá tiene en la cabeza —murmura enojado. Él está impecablemente guapo, con un traje de gala de color gris que combina con sus hermosos ojos. Observo mi atuendo, reprimiendo un gruñido, ¡estoy tan patética! Andrey sacude la cabeza y aleja sus ojos de mi vestimenta. Yo frunzo el ceño, y estoy desanimada pues si por mí fuera, no saldría de esta habitación en toda la noche. —¿Por qué no has ido de nuevo al gimnasio del hermano de Trenton? —pregunta Andrey cuando me encuentro rebuscando en el armario—. La verdad yo me la he pasado de maravilla. Aunque tu amiguito no deja de hablar de ti, y realmente eso es incómodo, pero es un buen chico. —Inclina su cabeza hacia un lado—. No pienses que te estoy dando el permiso para salir con él, sólo digo que es un buen tipo. Y mujeriego —completo en mi mente. —La verdad es que estoy castigada —le digo mientras observo un vestido blanco que comparo con el que llevo puesto. —¡Pero además has estado demasiado rara! Pareces deprimida —exclama mi hermano escudriñándome con la mirada—. ¿Te ha hecho algo el imbécil aquel? —Alza una de sus cejas, es obvio que se está refiriendo a Eric. Niego con la cabeza. —Si me permites, me gustaría cambiarme —le sonrío disculpándome. Mi hermano asiente con la cabeza y se retira, permitiéndome así que me vista con el corto vestido de color blanco. Cuando bajo las escaleras, los invitados ya están comenzando a llegar, reparo en la decoración de la casa, que sin duda se ve perfecta. Siempre me ha encantado la mansión porque mantiene ese aire elegante y antiguo de siempre. Con sus ventanales de cristal, sus paredes de un color crema y la enorme lámpara clásica que cuelga del techo que nos cobija a todos con su luz.


Finjo una sonrisa cuando los señores Stewart se acercan a saludarme. —¡Oh! ¡Aquí está la pequeña Ciara! —exclama mi madre cuando me ve, puedo ver el desconcierto al ver mi vestido, mas lo aprueba. Ella me lleva de la mano hacia donde se encuentran los señores Fournier que son íntimos “amigos” de la familia. Esta noche será demasiado larga para mí, e incluso para Andrey que en estos momentos lo veo conversando con la “adorable” Suzanne y no parece plenamente feliz, pues sus labios están presionados en una dura línea mostrando su incomodidad. En cuanto decido dirigirme hasta ellos una mano se apodera de la mía. —Así que aquí estás —murmura el rubio en voz baja—. Aquí no me puedes gritar y estoy seguro que estás enterada que debemos aparentar ser amigos, por eso estoy aquí. Y más te vale que te comportes, porque ya no tengo paciencia, ni mucho menos contigo. — Sus ojos destilan desprecio. Idiota, eres un idiota y aún así extraño que seas mi amigo. —Pues… te fueras ahorrado el disgusto —siseo bruscamente. Verdaderamente, este juego me desagrada. —¿Desde cuándo hablas en ese tono? —pregunta incrédulo—. ¡Ah! Se me olvidaba que me tenías completamente engañado. —Remarca esta última palabra. Me encojo de hombros, no necesito lidiar con esto nuevamente, ¡está siendo absurdo! Lo mejor es ignorarlo. —Sólo finge que me saludas… —«No quiero tener nada que ver contigo», completo en mi mente. Eric me dedica una mirada desdeñosa y se despide de mí en italiano, lo que provoca que mi corazón de un vuelco al recordar a Trenton, el hermoso, enigmático y seductor Trenton. ¿Se habrá despedido Eric en italiano sólo para mofarse? ¿O fue sólo una casualidad? Da igual, de todas formas es un idiota. Mi madre me observa aprobatoriamente y luego presta atención a sus acompañantes. Los acordes de “Chasing pavements” de Adele comienzan a hacerse escuchar, y una chica se prepara para comenzar a cantar, mientras algunos de los invitados se acomodan a la pista de baile para mecerse al ritmo de la lenta melodía. Abro los ojos como dos cuencas cuando Andrey y Suzanne se van a la pista de baile y comienzan a balancearse claramente incómodos. Infiernos, esto sí que es el colmo, Miriam ha montado prácticamente una obra de teatro donde nosotros debemos fingir una gran amistad… o algo más. ¡Yo no quiero bailar con Eric! ¡Ni en sueños!


No puedo permitir que me toque, que coloque sus asquerosas manos sobre mí, como lo hizo con esa mujerzuela en Brasil, ¡ni loca bailaría con él! Entonces veo cómo Eric se aproxima hasta mí y me doy la vuelta y finjo estar entretenida en otra cosa, aunque me encuentro sola en aquel rincón de la casa. Oh Dios mío, no puedo bailar con él, ¡no! —I've made up my mind, don't need to think it over. If I'm wrong I am right, don't need to look no further. This ain't lust I know this is love 5 —canturrea la canción una voz realmente bonita cerca de mi oído, y me estremezco y siento mi ser derretirse, literalmente derretirse. Oh Dios mío, otra vez con las canciones, y el realmente tiene una voz hermosa— . Puedo salvarte de este imbécil, Ciara, sólo tienes que pedirlo. —Trenton me toma de la mano y me lleva a la pista de baile sin ninguna intención de esperar por mi respuesta. «Bien, dijiste que te alejarías de él y aquí estás, Ciara, ¡bien hecho vaquera!», exclama mi subconsciente. Yo no me lo puedo creer, todavía estoy perpleja ante su imponente imagen. Está elegantemente vestido, con un traje oscuro que acentúa sus ojos jade, impactantes y atrayentes. Por Dios, Trenton está llamando malditamente la atención, todas las chicas a mi alrededor están babeando por él, incluyéndome, porque verdaderamente su hermosura exótica me ha quitado el aliento, además de que sus manos están rodeándome y yo tengo las mías alrededor de su cuello. Nos estamos meciendo al ritmo de la música. Oh, realmente baila genial, ¡él es también multifuncional! Mientras bailamos, observo cómo Eric me fulmina con la mirada y se aleja dando zumbos con sus pies. Vete al carajo, bastardo. Si Trenton vuelve a cantar, voy a desmayarme. —Should I give up or should I just keep chasing pavements Even if it leads nowhere?6 —Sonríe él, su mirada salvaje y pícara. Santo Dios, debería correr de aquí antes de caer en sus brazos, aunque… ya estoy en sus brazos y él lo disfruta completamente. —¿Cómo es que estás aquí? —le pregunto sin timidez alguna, sólo deseando que su hermosa y melodiosa voz deje de cantar, antes de que no pueda evitar cometer una locura.

5

Lo tengo decidido, no necesito pensarlo más. Si me equivoco estará bien, no

necesito mirar más lejos. Esto no es lujuria, lo sé, es amor. 6

¿Debería rendirme o simplemente seguir mi camino aunque no me lleve a ninguna

parte?


Por mi reacción, Trenton alza una de sus cejas castañas y me sonríe. Bien, no estás cantando ahora pero estás sonriendo y eso vendría siendo lo mismo para mí, ¡deja de ser tan maravilloso!, exclamo internamente, y luego él se acerca nuevamente a mi oído y mi cabeza está cerca de su hombro. Cielos, su aroma es embriagador. —Vine a cantarte la canción, pero no se lo digas a nadie. Me río por su atrevimiento. —Está bien, está bien. Tu hermano me trajo —dice tranquilamente, aunque no puedo ver su rostro sé que está sonriendo (como siempre) Y Andrey me guiña un ojo en cuanto lo veo, bailando a unos cuantos metros de distancia—. Pero he aprovechado la gran oportunidad para cantarte, ¿te ha gustado? ¿O quieres que continúe? —Pongo los ojos en blanco—. Ciara, eres tan indiferente conmigo que hieres mi ego, ¿es que no te gustan los halagos? ¿O soy yo? Las dos cosas. —Realmente es muy incómodo hablar de esto ahora, y mi madre y los Fournier nos están observando —le contesto —¿Fournier? —pregunta confundido—. ¿Qué es Fournier? Diablos, sabía que estaba fallando en el inglés, ¿hablas italiano? ¿No te importaría hablar conmigo en italiano? ¡Espera! ¿Por qué pones esa cara? ¡Ese curso de inglés valió mier…! —¡No! Estás hablando bien —le interrumpo sin poder evitar reír. —Ya lo sabía, sólo quería escuchar tu risa, es realmente una melodía muy hermosa — dice, y yo agradezco que no nos estemos mirando en este momento, ¡porque me derretiría!—, tú eres muy hermosa. Toso, y cierro los ojos, rogando porque mi sonrojo desaparezca. —Así que… ¿Andrey te trajo? —pregunto desviando el tema, causando que él suelte una risa entre dientes. Él se separa un poco de mí para ver mi rostro y sonríe, y es una sonrisa hermosamente burlona, pues ha notado mi sonrojo. ¡Idiota, bastardo! —Sip. Para apartarte de ese rubio teñido —señala con la barbilla hacia Eric quien nos fulminaba con la mirada a ambos. Trenton lo mira despectivo también—. Y yo acepté, no es como si me importara, realmente aprovecho de mi tiempo libre ayudando a los demás, soy un alma caritativa, ¿sabes?


Asiento con la cabeza y sonrío, aunque mis sentidos estaban puestos en la canción que se hace escuchar en el gran salón de mi casa. Should I give up or should I just keep chasing pavements Even if it leads nowhere? Suspiro y niego con la cabeza, disipando esos pensamientos, ¡por Dios!, él sólo estaba en su rol seductor, nada más. En cuanto ese pensamiento cruza mi mente, la canción finaliza y los dos nos dirigimos hacia mi hermano. En un momento dado, un fotógrafo nos intercepta y un tanto sonrojado, nos pide una foto de ambos. Mis ojos se abren como platos cuando Trent coloca ambas manos alrededor de mi cintura y posa para la foto, y demonios, Trenton Lombardi realmente parece un modelo de Armani, alto, rostro perfecto y varonil, ojos llameantes, mandíbula cuadrada, hombros anchos, cuerpo de infarto y además de eso, siempre con su pose seductora. El flash es el que me indica que reaccione de mi estupor. —Es un honor para mí posar con usted, señorita Aldridge. Seré famoso con sólo una foto contigo, ¿eh? —Me guiña un ojo juguetonamente y es donde pienso que este chico tiene una actitud infantil incomparable—. Todos los ojos siempre están puestos en ti, incluso hoy, ¿y sabes? Es comprensible, te ves realmente… —Me observa con un brillo indescifrable en sus ojos—, te ves muy bien, ese vestido es… —Sacude la cabeza. Oh Dios mío, él estaba mirando mis piernas. «¡Dijiste que te alejarías de él! ¡Y permites que te toque, reacciona, Ciara, él puede enamorarte y luego hacerte daño!», me advierte a gritos mi consciencia. —Er… si me soltaras sería… um… sería genial —balbuceo con mis mejillas ardiendo. Trenton se separa de mí luego de hacer una mueca, supongo que también se ha sorprendido a sí mismo. —Lo siento —Se disculpa incómodo—. Me he dejado llevar, es costumbre. Suelo ser muy atrevido, digo, por si no lo has notado. Oh no, Trenton, por supuesto que no lo había notado, ¿en serio eres atrevido? —Supongo que te dejas guiar por tus impulsos —digo, mis palabras salen de mi boca sin pensarlas siquiera. —A veces es mejor hacerlo, bueno, en algunas cosas, ¿no? es decir… tus impulsos se deben a algo, quizás a tus sentimientos y… —Él se queda callado, como si hubiera reparado en lo que estaba diciendo. Me mira de una forma extraña y niega con la cabeza,


como si estuviera contestándose a sí mismo alguna pregunta—. No me prestes atención, Ciara. No sé lo que digo. En una fracción de segundo me encuentro analizando lo que ha dicho. Y quizás tenga razón, a veces dejarse llevar por los impulsos o por los sentimientos es bueno, dependiendo de la situación, obviamente. ¿Debería guiarme por mis impulsos con él? ¿Seguir mis sentimientos? ¿O ignorarlos? Si continúo cautivada por él, sabiendo aún que seguir ese curso no nos llevaría a ningún lado, ¿saldría herida? Por eso hay dos opciones en esto: seguir o rendirse y dar marcha atrás. Como dice la canción que él me ha cantado. Supongo que en las dos opciones se sufrirá —me advierto a mí misma y me sorprende el lugar donde han llegado mis pensamientos. Y es ahí donde me vuelvo a preguntar cómo es posible que una persona con sólo una palabra sea capaz de armar un tornado en tu mente con tus propios pensamientos. De momento, me entero de algo más importante: que debo luchar contra algo que es más fuerte que yo: mi atracción por Trenton. No necesito que él me guste. No puedo, esta atracción no puede avanzar, ya lo decidí, él no es para mí. Ambos, ensimismados, nos encaminamos a una de las mesas que rodean la pista de baile, donde seguramente tendremos que compartir con los hermanos Sanders. De momento estamos solos y eso me relaja un poco, aunque en el ambiente se ha presentado una nube de incomodidad repentinamente. —¿Pero por qué tan callados? —inquiere Andrey que se las ha arreglado para llegar sin la rubia repugnante de Suzanne. Trenton y yo nos miramos fugazmente, como si uno hubiera leído el pensamiento del otro y estamos intimidamos por ello. Desvío la mirada, notablemente contrariada. Andrey alza una ceja que nos la dedica a Trenton y a mí, pero éste se encarga de hablar y disimular la situación profundizándose en una plática con mi hermano. Vaya… al parecer no soy la única confundida aquí. Trato de no pensar más en aquellas cosas tan extrañas que se me han estado cruzando por la cabeza últimamente y considero la posibilidad de que mi madre comience a echar chispas por la foto que me han tomado con un completo desconocido para ella; aunque, estoy segura que si me retan a elegir con quién quisiera que me tomaran una foto, entre Eric y Trenton, elegiría a Trenton. El hermoso, atrevido e interesante Trenton.


—Tienes que mantenerte alejada de Eric —dice Andrey sacándome de mis pensamientos—. Suzanne ha estado con lo mismo en toda la velada, está diciendo un montón de men… —No quiero saber qué es lo que está diciendo aquella bruja —le digo con voz lastimera, mientras frunzo el ceño pronunciadamente—. Ya te dije, Andrey. No necesito escuchar esas cosas otra vez. —Lo siento —se disculpa un poco preocupado—. Por eso traje a mi amigo aquí presente. ¡Amigo! Ahora son amigos, ¿eh? Genial. —No soy una niña para que me cuiden —menciono irritada; sin embargo luego me arrepiento—. No te lo tomes a mal, Trenton, agradezco tu compañía, pero mi hermano aquí presente me trata como una cría. —Eres una cría —interrumpe Andrey enfurruñado. Trenton guarda silencio y trata de esquivar mi mirada, no logro comprenderlo. ¿Qué es lo que le pasa? Por Dios, sus cambios de humor me abruman totalmente. Diviso a lo lejos a mis padres bailando sonrientes, mi padre me guiña un ojo y señala con la barbilla a Trenton y yo sé que con ese gesto me está preguntando: «¿Y ese quién es?», yo me encojo de hombros en respuesta y le dedico una sonrisa sutil, la cual el corresponde de inmediato. Él sigue bailando con mamá, la que ahora me está mirando, y al contrario de mi padre, ella está inexpresiva, pero cuando mira a su marido sonríe y puedo ver la felicidad plasmada en sus ojos. Ella lo ama. Trenton se desenvuelve muy bien en la fiesta, aunque no se levanta de la mesa ni un momento, al igual que yo. Andrey ha estado de aquí para allá, hablando con los amigos de mi padre y madre y con los Sanders, tratando así de transmitir a los demás que ambas familias comparten una estrecha relación. Antes de que pueda darme cuenta, un joven se acerca hasta nosotros. —Perdone mi atrevimiento, ¿me daría el maravilloso honor de compartir esta pieza conmigo? —pregunta el joven con un acento británico. Él tiene el cabello rojizo y ojos amables y grises. Miro a Trenton, pero él se encuentra ensimismado en su teléfono móvil, ignorándome descaradamente. Vuelvo a mirar al chico y no sé qué hacer, así que sólo asiento con la cabeza. El muchacho me lleva hasta la pista de baile y nos encontramos cerca de mis padres, los que se balancean y sonríen como dos adolescentes enamorados.


La canción es lenta, sólo el sonido del piano y el violín, pero no la reconozco. Trato de mantener las distancias entre el chico y yo mientras comenzamos a bailar. Busco con la mirada a alguien conocido, pero sé que sólo quiero mirar a Trenton, solamente a él; sin embargo, él continúa en su rol indiferente y sin mirarme, sólo se limita a beber de su copa y suspirar, aparentemente aburrido. ¿Cuál es tu problema, italiano estúpido? El ritmo termina en un minuto y el chico me agradece mi compañía y se ofrece a acompañarme a mi mesa, lo que no ocurre en ningún momento pues una mano se apodera de la mía, y antes de que pueda clavar mi vista en quien me está tomando bruscamente, él habla: —Tal vez ella también me permita este baile antes del brindis, ¿eh? Maldición. El chico pelirrojo se despide amablemente de mí y me deja con Eric Sanders quien pone sus manos en mi cuerpo y me estremezco, incómoda por la cercanía, la cual pensaba eludir por el resto de la noche. —Has estado muy solicitada. —Se atreve a decir, yo no le respondo. Y así transcurren los casi tres minutos más molestos de mi vida, bailando con alguien que no es quien solía ser. Afortunadamente, de los labios de Eric no salen estupideces como en otras ocasiones, supongo que se está ajustando a los “consejos” de mi madre, los cuales sólo se tratan de fingir, fingir y seguir fingiendo algo que ya no existe. Cuando la melodía termina finalmente, intento alejarme de él y cuando menos me lo espero, su mano se vuelve a apoderar de la mía. —No debería decirte eso; pero igualmente lo voy a hacer —suspira, hay algo ilegible en sus ojos. Él se inclina hacia mi mano, con la intención de besarla—. Si no estás conmigo, no serás feliz con nadie. Y después de besar mi mano, se va. El salón rompe en aplausos y mi madre anuncia el esperado brindis. Me llama a mí y a mi hermano con voz cantarina y ambos nos acercamos, puedo ver a Trenton en la mesa, con su mirada penetrante puesta en el “espectáculo”. Él está muy serio, sombrío, muchísimo para mi sorpresa. Entonces cuando todos chocamos nuestras copas unas con otras, aparentemente felices. Él se levanta de su lugar, acomoda su corbata y suspira. Deja algo en la mesa y me mira, sus ojos profundos no me transmiten nada, posteriormente le dice algo a Andrey en la


distancia, cuando pongo los ojos en Andrey él está asintiendo, frunzo el ceño sin poder comprender, ¿acaso se va? ¿Le ha pasado algo? Miro a mi hermano en busca de una respuesta, pero él no me devuelve la mirada y, cuando vuelvo a observar el lugar donde estaba anteriormente Trenton, me percato de que no hay nadie. Se ha ido. Decepción, pura y deprimente, se apodera de mi pecho, y me siento ansiosa, y preocupada, ¿se ha enojado conmigo? «No debería importarte, Ciara», me reprende mi subconsciente nuevamente. ¿Qué hay en la nota que Trent ha dejado en la mesa? —¡Ciara, querida, acércate para la foto familiar! —La voz lejana de mamá me saca abruptamente de mis pensamientos. La estúpida sesión de fotos que mamá ha organizado en la fiesta de mierda termina luego de unos minutos, así que prácticamente corro apresurada hasta la mesa que compartí con Trenton y busco velozmente la nota que vi en sus manos, y me sorprendo al no encontrar absolutamente nada. ¿Imaginé la nota? ¿O deliberadamente se la ha llevado? Frunzo el ceño y busco con la mirada a Trenton entre la multitud, pero sólo me encuentro con algo más impactante: Ralph Sanders observa con una mirada extraña a mi padre, mientras platica por teléfono. Yo me quedo sin palabras, el señor Sanders ha sido tan amable con papá, ¿por qué está observándolo amenazante y con un odio irracional en su mirada? Realmente no lo comprendo, y lo peor de todo es que, cuando Sanders se percata de mi escrutinio, aparece una sonrisa sardónica en sus labios y luego alza su copa hacia mi dirección. «A tu salud, querida», se que dice en la distancia, y yo tiemblo, por alguna razón siento que aquella fue una amenaza. ¿Qué oculta el señor Sanders?


Al levantarme el domingo por la mañana a desayunar, mi madre me muestra el periódico, apenas me siento en la mesa frente a ella. Evito poner los ojos en blanco en su dirección, no estoy de humor para sus discursos, la fiesta de anoche fue extremadamente agotadora, sin contar que no he dejado de pensar en Trenton y en el señor Sanders. Estoy tan preocupada, que he dormido sólo unas cuatro horas. Tomo el periódico en mis manos y emito un jadeo al leer el título más relevante. Oh, no. ¡LA NUEVA PAREJA DE LA JOVEN ALDRIGDE! Esa noticia, parece sin duda la más resaltante e interesante de la fiesta, pues en la portada se muestra, debajo de aquel título, una enorme imagen donde Trent y yo sonreímos a la cámara, él con una sonrisa picara, con sus brazos al rededor de mí, y yo con una sonrisa tímida. ¡Demonios!, exclamo en mis adentros al ver los ceños fruncidos de todos, aunque cuando me fijo bien en mi hermano, noto que está intentando no soltar una carcajada. Mamá por su parte, tiene la cara roja por el enfado y mi padre me mira con curiosidad. Yo sólo me limito a llenarme la boca de comida, para no tener que responder sus preguntas mientras pienso en una excusa. —Ahora sí, Ciara. Espero seas lo suficientemente inteligente como para explicarme quién es —dice clavando su mirada en la mía—, y de dónde es este muchacho. Yo elaboré la lista de invitados, no puedes engañarme. ¡Todavía no puedo creer que su presencia haya creado tanta polémica! Por Dios, solo tienes diecisiete años y ya todo mundo está hablando de ti. —Suspira exageradamente, algo muy típico de ella—. Me imagino cómo ha de sentirse el joven Eric. Oh sí, pobrecito. —Mamá —digo, mi voz dura y firme—, no creo que Eric deba afectarse por algo que no es verdad. Pero si fuera cierto esto. —Señalo el periódico del día de hoy que descansa en la gran mesa del comedor—. A él igualmente no debería importarle. Mamá frunce el entrecejo, pero no dice nada, al menos sobre eso. —¿Y ese muchacho? —insiste dubitativa—. No le reconocí, y no logro hacerlo aún.


Evado su mirada, pues no quiero que logre divisar mi temor. No sé qué es lo que Andrey tenía en la cabeza al traerse a Trenton a la fiesta, como si ya no tuviésemos tantos problemas con los gemelos Sanders que, de algún modo, ya estarán averiguando todo sobre mi presunto novio. ¡Novio! El calificativo efectúa un escalofrío repentino en mí. —Andrey fue quien lo trajo —digo sin pensar muy bien cuáles consecuencias trae el decir aquello. Pero ya todo está hecho, lo dije y es la verdad. Mamá vuelve a suspirar y parece resignada —al menos esta vez no me ha culpado de nada—, así que me siento un poco relajada mientras termino de beber mi jugo de manzana. —Tendré que hablar con tu hermano —dice tranquilamente, está claro que confía más en mi hermano mayor—. Y por favor hija, no más espectáculos en la escuela, sé que te lo he dicho, pero no pierdo nada repitiéndolo. Tenemos que apaciguar esto, si el señor Sanders logra ganar las elecciones de la alcaldía tendremos a la presa aún más sobre nosotros, ¿entiendes? Y más sobre ustedes los jóvenes que han compartido una bonita infancia. Y al parecer en algún tiempo, no fue sólo amistad lo que hubo; eso trae rumores, hija. En esto último sí que le encuentro toda la razón. Y también me hace pensar que, posiblemente el mayor error que he cometido en mi vida, se trata precisamente de esto, de haberme involucrado sentimentalmente con Eric Sanders. *** Andrey finalmente consiguió irse en su flamante deportivo azul al instituto, por eso se ha ido antes que yo, lo que da a entender que yo sí tengo que marcharme con Flavius Bernard como la pequeña riquilla que soy. El camino a la escuela se me hace un tanto eterno, recordando que la noche anterior papá se había ido a los Ángeles por cuestiones de negocios, cabe resaltar que su vuelta sería dentro de tres largas semanas, en las cuales le extrañaría extremadamente. —Intenta ser discreta con tus cosas, mi pequeña cisne —había dicho esa noche mi papá, cuando besaba mi frente dulcemente—. Llegaré a tiempo para tu cumpleaños, preciosa —le prometió a mamá. Luego se dirigió hasta mi hermano y le ordenó que cuidara muy bien de las mujeres de la casa, posteriormente besó a mamá en la mejilla (odia besarla en los labios delante de mí, pues piensa que aquel gesto me daría curiosidad y buscaría algún novio) y se fue, no sin antes asegurar que se cuidaría y que llevaba sus pastillas para la hipertensión. —¡Señorita, ya hemos llegado! —exclama Flavius Bernard causando que me sobresalte en mi asiento, le dirijo una mirada asesina, y al ver que se ha asustado le sonrío, ¡a eso se le llama ser vengativa, señores!


Él me abre la puerta del automóvil y me bajo, todos los estudiantes, que esperan a que suene el timbre para entrar, me observan simultáneamente. Ésta es la primera vez que tantas personas se fijan en mí a la vez y me siento incómoda, recuerdo las palabras de Trenton «Seré famoso con sólo una foto contigo, ¿eh?» bien pues, no es el único, porque ahora yo me encuentro en pleno escrutinio, añadiendo también que Suzanne me fulmina con la mirada sin siquiera tratar de disimular aquello. ¿Cuál es su problema? Los murmullos vuelven a hacerse presentes cuando Flavius se ha ido. Genial. —Quien sabe cómo se llama… tal vez es un primo lejano… —¡Lo contrató para hacerse pasa por su novio! —¿Has visto lo desbastado que está Eric? —Ciara es realmente cruel, abandonar al tipo más bueno de la escuela, aunque el otro no está mal… Suspiro al escuchar los comentarios descarados de algunas chicas y cuando el timbre comienza a sonar, oí: —¡No sean estúpidas chicas! Cualquiera de nosotras dejaría a un Eric para liarse con ese desconocido, ¡sólo mírenlo! Está de un bueno… Por Dios, hasta han recortado la foto de Trent y mía sólo para cuchichear. ¡Pero qué atrevidas! Aunque tienen razón... Acelero el paso para que no se percaten de que las escuché; camino directamente hasta la primera clase, sintiendo como el calor en mis mejillas aumentan, y no sé si es de rabia, o de vergüenza. «Estás celosa», me hace ver mi consciencia al instante.

*** —Un cromosoma es la estructura que resulta del empaquetamiento del ADN y las proteínas… —El celular vibra en mi bolso y me sobresalto, causando que deje de prestar atención a la clase y observe quién me ha escrito al móvil. Inmediatamente, cuando comienzo a leer, no puedo creerlo.


Trenton: Creo que te debo una disculpa. Realmente me siento como un imbécil, señorita Aldridge. Me es imposible no dejar de pensar en ti, y sé que le debo una disculpa. Suspiro sonoramente y miro a mis alrededores antes de atreverme a responder. Infiernos, no ha dejado de pensar en mí. Oh pues estamos en la misma situación, Trent. La verdad es que la clase me estaba resultando sumamente aburrida, pues no era nada práctico, sólo teórico y a veces tanta teoría me resulta absurda… «¡ya deja de buscar excusas, quieres leer el mensaje porque es Trenton!», exclama mi subconsciente, pongo los ojos en blanco y sólo lo ignoro. Yo: ¿Disculparte? ¿Por qué deberías hacerlo? Espero haber logrado aparentar mi rol de chica despreocupada, pues no soy quién para exigirle el por qué se ha ido de la fiesta sin despedirse. Él no me debe explicaciones, y está claro que aquel ambiente lo incomodó, no es de su tipo estar rodeado de personas orgullosas y llenas de aprensión. Trenton: ¿Por irme sin despedirme y mostrarte mi versión de chico amargado y gruñón? Sí, creo que debería disculparme, porque no me siento muy orgulloso de eso. Así que disculpa, ¿sí? Pongo los ojos en blanco, y tardo unos cinco minutos en responder pues mientras escucho al profesor hablar sobre “cariotipos” me percato de que varias personas están al pendiente de cada uno de mis movimientos. Yo: No te preocupes por eso, cualquiera en una fiesta como esa se pondría de mal humor. Es cierto, yo he pasado por eso infinidad de veces, pero aquella fiesta fue muy distinta para mí, sólo porque estaba él. Dios mío, Trenton me está hechizando completamente, aunque quizás para él fue todo lo contrario, imagino que está acostumbrado a embriagarse en las fiestas y bailar con varias chicas guapas. El pensamiento me asquea y espero la respuesta que tarda unos minutos más en llegar. La ansiedad crece mientras aguardo, realmente este tipo me tiene mal. «Y dijiste que te alejarías», habla mi subconsciente, advirtiéndome. Trenton: ¿Mal humor? ¡La comida estaba deliciosa! Tenía una acompañante realmente maravillosa, ¡claro que no estaba de mal humor! bien, quizás sólo un poco, pero sólo en último momento. ¿Sí me disculpas?


—¿Pero por qué tanto afán en que le disculpe? —me pregunto en voz alta y reparo en que toda la clase me está mirando con el ceño fruncido. Ah, nada mejor que llamar la atención. —Señorita Aldridge, no la he escuchado perfectamente, ¿podría usted repetir lo que ha dicho? —me pregunta el profesor Anderson después de un momento, su tono intimidante me hace sentir más pequeña de lo normal. Niego tímidamente con la cabeza y me ruborizo. —Qué idiota —murmura Eric, quién siempre está delante de mí. ¡Idiota tu madre! —exclamo en mi mente, mientras lo fulmino con la mirada. Yo: Sí, por supuesto, lamento de verdad que te hayas ido. Ahora te dejo que estoy en clase. Le respondo una última vez, pues ya es suficiente, si el profesor me pilla me confiscaría el móvil y eso sería lo peor, pues mamá daría el grito al cielo, diciendo que esto ya es el colmo. Unos minutos después, me arrepiento de ser tan cortante con él por medio de los textos. Trenton: Take me so far away from this place Where my heart can breathe Somewhere I can believe again…7 Otra canción. Me paralizo al leer aquello. Reconozco la letra de la canción al instante, “Reason for love” de David Hodges. Siento estremecerme de pies a cabeza y los ojos se me llenan de lágrimas sin previo aviso; aquella frase, sin duda, es lo que siempre he sentido en mi pecho, lo que no he dicho en voz alta, por eso me encanta tanto aquella canción, pero nadie lo sabe, y casualmente, a Trenton también parece gustarle. Muerdo mi labio inferior mientras tecleo una respuesta y me pregunto mentalmente por qué razón él me ha enviado eso tan de repente. Sólo se me ocurre preguntarle:

7

Llévame lejos de este lugar.

Donde mi corazón pueda respirar, un lugar donde pueda volver a creer…


"Eres tan estúpida, Ciara, el tipo sólo quiere manipularte", mi subconsciente negativo siempre al ataque. Yo: ¿Estás bien? Entonces la respuesta tarda una eternidad en llegar, y yo siento una gran urgencia de salir corriendo en su busca para saber si algo le ha ocurrido. Leo el mensaje varias veces, tratando de descifrar algo; sin embargo, no encuentro absolutamente nada. La respuesta no llega. Quizás sólo quiso compartir otra canción y ya. Cuando me encamino hasta la cafetería con mi almuerzo me siento en una solitaria mesa donde trato de repasar la corta plática entre Trenton y yo, y es que este chico puede revolver mis pensamientos en un dos por tres y aquello es exasperante. ¡Demonios! Me entretengo sacando mi laptop mientras bebo de mi malteada de fresa y comienzo a teclear sin parar mi informe de literatura sobre “Ana Karenina” pero la verdad es que no logro concentrarme en mi trabajo. ¿Estará bien Trenton? Sencillamente, cuando escucho aquella canción ansío encontrar a alguien que me saque del desastre que es mi vida, que me ayude a no fingir ser quien no soy, alguien que me ayude a enfrentar a mi madre y decirle qué es lo que quiero en la vida, es decir, alguien que me salve de mi cobardía. Pero ese alguien quizás no llegue jamás, pues ni siquiera mi padre, ni mucho menos Andrey me dan aquellas fuerzas, entonces pienso que debo hacerlo yo sola, y por consiguiente, sé que no servirá de nada, estoy condenada a no ser salvada ni por mí misma. Trenton. Quizás Trenton... Sacudo la cabeza, estos pensamientos no me van a llevarme a ningún sitio. —Oye tú, ¿puedo sentarme aquí? —habla alguien que no conozco. Alzo la vista y me mira una chica de piel morena y ojos marrones. Su cabello es rizado y lo lleva recogido en una coleta. Yo asiento con la cabeza y le doy un sorbo a mi malteada, luego guardo mi laptop y me encargo de almorzar, mientras veo como ella se acomoda al frente de mí y también come en silencio. Ella no parecer ser muy habladora, sólo se dedica a comer. Ella al instante me parece un poco intimidante. En realidad, es la primera vez que la veo, y hasta llego a pensar que es nueva, pero me sorprende cuando un chico alto y muy atractivo de ojos azules se acerca hasta ella.


—Te he estado buscando por todas partes —murmura él, tímidamente. De reojo observo que está también inquieto por mi presencia. —Bien pues, siéntate aquí —le dice escuetamente. El chico asiente y los dos comienzan a comer y hablar sin reparar mucho en mi presencia—. ¿No te han molestado el día de hoy? —pregunta el chico cohibido, parece muy tímido e incluso inseguro de sí mismo; me recuerda a alguien, pero no recuerdo a quién. Ah, sí, a mí. —No, me he sentado con esta chica al que todo el mundo observa —dice ella con una de sus cejas alzadas—. Hasta los profesores lo hacen, así que ninguna de las rubias va a arruinarme el uniforme el día de hoy. Ella habla con voz tan alta, que pienso que desea que todos la escuchen. Miro a mis alrededores y ahora sé que es verdad, que ella tiene razón. Todo mundo mira nuestra mesa, o quienes están sentados en ellas, incluyendo profesores, y hasta los más populares. Vislumbro dónde está mi hermano sentado al lado de Suzanne, otro grupo de rubias, dos chicos más del equipo de rugby, y Eric. Vuelvo la vista sobresaltada, pues éste último me ha pillado observando y me dirigió una mirada de qué-coño-miras. —Tú… —murmuro ininteligible—. ¿Q-qué es… lo… lo… que has dicho? —pregunto, aunque en realidad no sé por qué rayos pregunté eso, si ya le he entendido. —Lo que oíste y estoy segura que te has dado cuenta —responde la chica encogiéndose de hombros—. Podría asegurar que todos te odian por romper el corazón del buenazo de la escuela. ¡Pero si el que me ha roto el corazón ha sido él! Qué desfachatez. Me encojo de hombros, indicando que no responderé a su comentario claramente malintencionado. —¿Ella es la chica del periódico? —interroga el muchacho de cabello rizado y ojos claros que está a mi lado. —Luke, ¿acaso eres ciego? Sí, por supuesto que es ella, la de las revistas, periódicos, noticias de farándula, etcétera. —Ella me sonríe de una forma extraña—. Gracias al cielo no estoy en tu pellejo, chica. Gimo inaudiblemente.


Infiernos, la amiga de Luke es extremadamente sincera.

*** Todo ha ocurrido demasiado rápido. De repente, después de aquel encuentro en la hora del almuerzo con Luke y su amiga. Estoy en el ensayo, y luego una sombra me saca de mi concentración causando así que le siga para averiguar de dónde ha venido. Ahora, estoy detrás de ella y me lleva hasta un acantilado, no sé dónde demonios estoy, y me percato que de entre las sombras hay una figura, de un chico y me estremezco. Él mira fijamente a la profundidad y yo sé extrañamente lo que está pasando por su cabeza. Él va a saltar. Tardo casi una eternidad en descubrir que todo ha sido un sueño. Suspiro y limpio el sudor de mi frente que ha causado que se me adhieran en el rostro algunos de los mechones de mi cabello. Observo a mis proximidades y siento una punzada en mi pecho. Han pasado dos largas semanas en las que no he sabido nada de Trenton y siento que voy a enloquecer, al menos, mi hermano me ha dicho que lo ha visto y está bien, aunque la semana pasada, estaba con una de sus piernas lastimadas. Pienso que, probablemente, mis pesadillas absurdas se deban a mis propios problemas pero, ¿soñar que Trenton trata de suicidarse?, es una locura. Ni yo he pensado siquiera en esa posibilidad, que es prácticamente inexistente para mí. Además, estoy completamente segura de que Trenton no sería capaz de hacer algo así, por lo que me veo obligada a negar con la cabeza para alejar cualquier pensamiento referente a un suicidio que jamás va a ocurrir. Me levanto de mi cama percatándome que son más de las seis de la tarde, me he quedado dormida después de haber llegado de mis rutinas de ballet. Me dirijo al baño donde cepillo mis dientes después de haber tomado una larga ducha. Salgo del baño con mi albornoz puesto y me encuentro con un Andrey totalmente relajado en mi cama con sus manos detrás de su cabeza cambiando desesperadamente los canales de la televisión que se encuentra justo a mi lado. —Prepárate hermanita, porque esta noche bailarás en el mismísimo cielo —dice, con un toque generalmente dramático, muy digno de él. Yo pongo los ojos en blanco ante su absurda frase, aparentemente sacada de algún programa de TV—. Bien, bien. —Pone las manos en alto, mientras se levanta, mi mirada expectante—. Hoy tendrás el privilegio de irte de juerga conmigo y algunos amigos, ¡así que vamos, andando! Lo miro por unos minutos, anonadada, incapaz de procesar lo que me ha dicho. Es la primera vez que mi hermano quiere llevarme de fiesta, pues antes consideraba que esos lugares a los que frecuentaba no eran dignos de una dama, y yo feliz de no ser presionada para ir a un lugar de… esos, me quedaba en casa los viernes en la noche viendo películas o leyendo alguno que otro libro.


—¡Ciara, despierta y anda muévete! —Me da un “empujoncito” hacia mi armario para que me encargue de mi vestuario—. Si quieres ir vestida así, dilo. Pero de esta no te salvas. —¡Cálmate hermano! —exclamo indignada, rodando los ojos en el proceso—. ¡Ni siquiera me has preguntado si acepto o no! Además, ¿qué piensas de mamá? Ella jamás va a permitir que… —Mamá no está. No seas absurda y aburrida, ¡anda, niña! —Me lleva del codo hacia mi armario donde me encierra sin decir más. ¡Mierda, pero qué carácter! Andrey a veces es tan mandón que… se parece a mamá en ciertas cosas. Vislumbro mis elegantes y pretenciosos vestidos, que por supuesto no voy a ponerme ya que muchos de ellos son para chicas más mayores que yo, así que desisto de ellos. Es completamente absurdo que Andrey me lleve a escondidas a una fiesta, cuando todos tienen los ojos puestos en la familia. ¿Y si está Eric por allí? La tarea de ignorarlo se me está dando demasiado fácil, eso está más que regalado, sin contar el hecho que la última vez que hablamos prácticamente me amenazó con la típica frase —qué ocasionalmente he escuchado en telenovelas o leído en libros románticos—: “Si no eres feliz conmigo no lo serás con nadie” patético. Después de colocarme la ropa interior, tomo de un perchero unos pantalones ajustados de color negro, más una blusa de color rojo y manga larga que deja al descubierto mis hombros. Me los coloco rápidamente y me percato de que no me veo tan mal, aunque el color es excesivamente llamativo, mas las exclamaciones de mi hermano no me permiten que busque algo mejor. Voy al estante donde están mis zapatos —que está intacto y casi todo el calzado es nuevo, pues uso solamente un par de zapatillas y los zapatos de la escuela, ya que no salgo mucho—, tomo un par de botines de color negro y me los coloco, observo el tacón con recelo. Me vuelvo a observar en el espejo antes de caminar hasta mi tocador y secarme el cabello lo más rápido que puedo, primero hago el intento de recogerlo en una coleta, pero está tan lacio que la coleta se desliza sobre él y finalmente mis cabellos caen sobre mis hombros. Esto es realmente exasperante. Finalmente dejo mi cabello suelto, y me coloco un poco de brillo labial y rímel en mis pestañas. Lista. Estoy presentable. Cuando salgo de la habitación con mi pequeño bolso, Andrey está en los pasillos hablando con quien sabe quién en el móvil. Cuando me ve silba por lo bajo, murmura algo cerca del celular, se despide, y luego cuelga.


—Eres la primera chica que conozco, que tarda menos de diez minutos en vestirse, y se ve más hermosa que las que tardan más de una hora, ¡larguémonos de aquí, hermanita! — dice, me toma de la mano y me lleva a rastras escaleras abajo.

*** The Space es la locura hecha realidad. El cartel con el nombre del pub está en colores azul neón, los que parpadean continuamente y causan que mi vista se canse un poco. En la entrada hay un par chicos recargados en la pared con botellas de cerveza a un lado mientras fuman un puro cada uno. Andrey me ha traído a un lugar que no es precisamente de categoría, pero se ve interesante. Hay dos hombres grandulones en la entrada, los que sólo se encargan de tomar el dinero que Andrey les da. Me sorprende el hecho de que ninguno de los dos nos piden nuestra identificación, y me estremezco al pensar en qué clases de personas se encuentren dentro y miro a Andrey con los ojos desorbitados, a lo cual él sólo se limita en dedicarme una sonrisa divertida. Entramos al lugar, que se encuentra un tanto oscurecido por la luz azul que nos ilumina, la misma que curiosamente parpadea al ritmo de la música que se hace escuchar, a pesar de todo, la penumbrosa luz basta para distinguir los rostros de los chicos que ya están en la pista de baile. En la barra, una chica de cabello rojo y rizado con dos piercing en su labio inferior saluda a Andrey con un asentimiento de cabeza mientras nos detenemos delante de ella. Andrey cruza algunas palabras con ella, antes de que la misma repare en mi escuálida presencia. —Y esta… ¿es tu novia? —pregunta, descarada. —Es mi hermanita —responde indiferente, luego me mira y me guiña un ojo—. Ella es Barbie. Barbie llévanos unos Martini a la mesa de siempre —le dice. ¡De siempre! Mi hermano me lleva del brazo hasta una de las mesas más alejadas de la pista de baile, que está recostada en la pared y consta de un mueble en forma de L que rodea la mesa circular de color negro y bronce, la que encima, tiene un mantel de color plateado que es llamativo en contraste con los muebles también negros. La mesa está completamente sola y me pregunto dónde se encontrarán los amigos de Andrey. Estoy segura que no ha venido solo conmigo, y al pensar aquello llega el miedo de que Eric pudiera estar aquí, pero probablemente no sea así, pues Eric es más que egocéntrico cuando se trata de discotecas a las que visitar.


Barbie llega con nuestras bebidas cuando nos hemos sentado. Doy un sorbo a mi suave Martini y miro a mis cercanías: numerosos jóvenes bailan alguna canción pop, mientras que otros a una esquina del salón del pub juegan al billar despreocupadamente. Miro a mi hermano, de forma interrogante, abro la boca para preguntarle algo, pero mi vista captura un par de ojos verde jade que de cierta manera me dejan sin palabras. Oh Dios mío, aquí está él, frente a mí. Está vestido completamente de negro. Su camiseta estrecha y su chaqueta de cuero le da un aspecto salvajemente atrayente y sexy, sus jeans de mezclilla deliciosamente cuelgan de sus caderas, causando un involuntario sonrojo en mis mejillas. Él es hermoso, sin duda, y me está mirando fijamente. Trenton, April y Gioele se acercan a nuestra mesa. —Así que… ¿ellos son tus nuevos amigos? —pregunto un poco sorprendida a Andrey—. Parecen impactados al verme —reconozco frunciendo el ceño, cuando April repara en mi presencia y me mira, sus cejas juntas. Perra. Pero Andrey está demasiado concentrado en saludar a cada uno de ellos, agradeciéndoles que hayan venido y explicando mí presencia. Gioele se acerca a mí y me saluda con un ruidoso beso en la mejilla y un caluroso abrazo, al contrario de los otros dos, él si sabe cómo actuar. Los chicos se sientan a acompañarnos, luego de algunas miradas furtivas, April se sienta entre Andrey y Trenton y a mi lado se acomoda Gioele que pasa despreocupadamente su brazo por mis hombros atrayéndome hacia sí. Trenton está ignorándome. —¡Barbie! —exclama Andrey hacia la chica que está a unos pasos de nosotros—. Trae unos tragos, ¡mis amigos han llegado! —Bien, Cici. Me alegra verte aquí, es muy agradable —dice Gioele con sinceridad. Yo no le había visto desde aquel día cuando me escabullí de la escuela—. Estás más guapa. Mueve sus cejas sugestivamente. Yo me sonrojo, y él se burla de aquello. Barbie aparece con las bebidas para los recién llegados. —Mi hermana ha estado aterrada —exagera Andrey, ahora un tanto serio—, por las cosas que han aparecido en los perio… —¡Deberíamos ir a bailar! —exclama Trenton, interrumpiendo a mi hermano que ya estaba a punto de admitir nuestra procedencia frente a los demás. Andrey mira a Trenton


como si estuviera loco y después hace una mueca, obviamente recordando que iba a decir algo que se supone nadie debe saber aquí. Estamos en un pub, donde la gente no ha reparado en nuestra presencia porque están muy distraídos en beber y pasarla bien como para darse cuenta que dos chicos hijos de millonarios imponentes están ligados con ellos esta noche. Miro a mi hermano con un “Cierra la boca” en la punta de la lengua. April es la primera que se levanta al oír la exclamación de Trent. Ella se abalanza sobre él y se lo lleva a la pista de baile donde comienzan a moverse el uno contra el otro. Asqueroso. «Oh Dios mío, Ciara, estás celosa, pero sí, esa chica baila muy asqueroso», me hace ver mi subconsciente, asqueado. —Tu hermana baila muy bien —murmura Andrey, mientras observa a la chica distraídamente. Oh Dios, mío, está viendo su trasero. ¡Andrey! Es de hacer notar que yo sé que aquella chica podría tener a quien quisiera. La forma en que Andrey la observaba, la forma en que Trenton también la mira, me causa envidia, un poco, quizás. «Y celos», añade aquella voz molesta en mi cabeza. —Es mi hermanastra —explica Gioele de forma seria—. No me agrada mucho traerla a estos lugares. Imagino que es meramente celoso, tanto o más que Andrey, que en estos momentos, si me levanto de aquí y me largo, él no lo notaría. Dentro de mi ser comienza a crecer un odio irracional hacia April, aquella pelirroja bonita. Frunzo el ceño, jamás he sido envidiosa. —¡Andrey! —le regaño sin razón alguna, él sale de su ensimismamiento al escucharme—. ¿Qué estás mirando? Él se sonroja. —Eh, nada… Gioele se ríe escandalosamente.


—¿Nada? ¡Te estabas cenando a April con la mirada! —comenta burlonamente, sin quitar su brazo de mí—. Podría haberme llevado a tu hermana y no te habrías dado cuenta. —Me guiña un ojo. —Oye, no te pases —refunfuña Andrey dirigiéndole una mirada solemne—. Ella no es para ti, ¿entendido? ¡Además que podrías sacarle ocho años! —¡No te pases tú! —clama Gioele de vuelta, con más humor que Andrey—, ¡sólo tengo veinticuatro! Los miro a ambos con una sonrisita en los labios. La escena me resulta muy divertida y adorable a la vez, pues Gioele está jugando con los celos de hermano de Andrey a su gusto, divirtiéndose de sus muecas, se ve como un cachorrito enfurruñado, una monada. —¡Y ella —me señala con el dedo—, tiene diecisiete! —La edad no importa, cuando dos corazones está unidos por el… —empieza a decir Gioele, con rostro solemne y sus ojos cerrados, mientras coloca una mano sobre su frente, dramático. Pero la seriedad no tarda nada, cuando comienza a reírse, luego me mira a mí y alza una ceja—. Creo que tienes algo así como un guardaespaldas personal, o peor aún, este tipo va a hacer que te quedes solterona, alimentando gatos y viendo películas donde las protagonistas sí que se casan con los hombres más perfectos que nunca tuviste, y llorarás hecha un ovillo en la cama. Llorarás hasta quedarte dormida, y soñarás con gatos bailando el “Gangnam style”. Patético. Me echo a reír con la cabeza hacia atrás, ¡Gioele está loco!, de inmediato me agrada este chico, y con él las cosas son fáciles, sabe exactamente cómo manejar mi timidez: haciéndome reír. Los tres reímos por un rato más y Gioele sigue bromeando sobre mi asqueroso futuro en el amor por culpa de mi hermano, el cual le dice a Gioele lo que le ha hecho a mi último “pretendiente” con sus propias manos. —¡Le di en los testículos! —exclama enorgullecido—. Claro, primeramente acabó con su ojo morado y no dejaba de decir ridiculeces, entonces me harté y le di con mi pie, ya sabes, le dolió como el demonio. —Se encogió de hombros—. Ciara lo hubiera hecho, pero ella es muy buena. —¡En los testículos! —repite Gioele dándole un trago a su Whisky—. ¡Tú amigo, no tienes alma! Lo siento Cici, pero tu hermano me ha convencido. ¡No te tiraré los tejos8, así me ruegues, no lo haré!

8

Cuando una persona hace o dice algo para intentar ligar con otra.


Se aleja de mí como si yo tuviera algún tipo de enfermedad contagiosa mientras yo sigo riéndome como jamás lo había hecho en la semana. En un acto reflejo observo a Trenton y a April quienes todavía están bailando y me fijo que la mirada de Trenton, estaba posada en mí desde hace no sé cuánto tiempo. Su seriedad me desconcierta, habíamos hablado por última vez en la fiesta, cuando me fui a bailar con el chico pelirrojo y, posteriormente con Eric. Luego me pidió disculpas por WhatsApp por haberse ido, y abruptamente me había dejado de responder y no había sabido nada de él hasta hoy. Cuando él ve que me he percatado de su mirada, huye de la mía y yo miro a mi hermano y a Gioele que se burlan descaradamente de una chica que se tambalea de un lado para el otro, borracha. —Espero que a April no se le ocurra actuar como ésta —dice Gioele señalando a la muchacha ebria que se abre paso en la pista y comienza a bailar como una loca. —No creo que lo haga… se ve muy ¿responsable? —Trata de defenderla Andrey. —¡Ja! ¿Responsable? —Gioele bufa y me dedica una mirada—. Ella es más loca, si se le puede decir así. No me extraña que lo haga hoy, por eso no me agrada traerla a estos sitios, me hace pasar el ridículo… —Él suspira. Miro a la chica y la verdad es que no soy capaz de imaginarla así, aparentemente es de las chicas que llaman la atención con solo presentarse, no le haría falta emborracharse para hacerse notar. Me encuentro con la mirada de Trenton nuevamente, y esta vez quien se retira soy yo. —Ciara al contrario, es más responsable —menciona Gioele sonriente. —Pensé que no le tirarías los tejos —interrumpe Trenton acercándose a nosotros, detrás de él se acerca también April, quien suspira y se deja caer al lado de Andrey mientras da un trago al resto de su bebida. ¿Escuchó nuestra conversación desde tan lejos? Por supuesto que no, algo me dice que no es la primera vez que Gioele dice que no me tirará los tejos. April y Trenton están sudados y frenéticos, al igual que las personas que aún siguen en el medio de la pista, balanceándose ahora con un ritmo más lento. Gioele alega que no me está coqueteando mientras que Trent vuelve a sentarse al lado de April quien apoya su cabeza en el hombro de él y me dedica una mirada asesina, ¿pero qué le pasa a esa chica? Suspiro disimuladamente y observo hacia otro sitio y me doy cuenta que todos los ojos de mis acompañantes ahora están fijos en mí. —Cici, el chico te está pidiendo bailar —susurra Gioele de forma cómplice.


Es ahí cuando reparo en el chico de cabello castaño y rizado, ojos azules que combinan con su camisa de lino azul cielo, los primeros botones están sueltos y se ve su pálida piel debajo de su camisa que está acompañada con un jean negro. Luke. ¿Pero quién diría que aquel chico tímido iba a verse así sin aquel horrible uniforme? —Hola, Ciara —dice amable, sonriendo tímidamente—, ¿entonces, sí? Yo sólo soy capaz de asentir con la cabeza; todavía sorprendida me levanto de mi asiento y me voy con Luke hacia la pista de baile un poco avergonzada. —¿Qué estás haciendo aquí? —preguntamos ambos, a la vez. Nos reímos y comenzamos a bailar esperando la respuesta del otro. —Mi papá es el dueño —responde él, nervioso—. Se supone que es un secreto. ¡Vaya! Por todo este tiempo pensaba que Luke era hijo de un empresario o algo así. En la escuela es evidente que todos deben tener dinero para entrar, el pago mensual es demasiado elevado, además del dinero del uniforme, las actividades culturales, los paseos al final del curso, las fiestas…, ser dueño de un bar tiene sus ganancias, pero es un gran privilegio para Luke —aunque también un golpe de mala suerte— estudiar en la misma escuela que aquellos niños mimados. Allí entiendo por qué ha sido molestado por casi todos en la escuela: por su posición social. —¿Y tú qué haces aquí? —pregunta sacándome de mis pensamientos. —M-mi… hermano… me ha traído —explico y guardo silencio por unos instantes. Luke y yo bailamos dos canciones más que son realmente cómodas para mí, aunque puedo ver de reojo que todos los de mi mesa me observan atentamente, como si esperaran que él me besara o algo así. Sonrío, creo que Luke es el chico más tímido que he conocido, jamás haría eso, y jamás yo le atraería. —¿Qué tal te parece el lugar? —preguntó sonriendo—. Digo, sé que no es un lugar al que estés acostumbrada, pero… —Es genial —le interrumpo asintiendo con la cabeza—. Además, es un lugar donde nadie me mira con cara de “odio-que-hayas-lastimado-a-Eric” —Hago las comillas con mis dedos, creo que el alcohol me está causando que hable de más. —Lo sé, a mí me miran con cara de “no-me-jodas-que-eres-becado” —Ríe, pero se le ve afectado—. Son demasiado molestos. Yo asiento con la cabeza.


—A veces pienso que no pertenezco a ese lugar… —murmuro de forma distante, pensativa. Luke asiente con la cabeza, en total acuerdo conmigo—. Tú no perteneces a ese lugar, ¿por qué estás allí? —Cuando te ofrecen una beca estarías loco si no la aceptas, es la mejor escuela de la ciudad. Cualquier universidad me aceptaría —explica firmemente—. Mi futuro está por encima de esos idiotas. Eso es cierto, él tiene razón. Jamás lo habría visto de esa forma. Es la primera vez que entablo una conversación con Luke, y me pareció de lo más agradable. Cuando estoy a punto de agradecerle por el baile, alguien atrapa mi codo, y no es necesario que le mire para saber de quién se trata. Trenton se disculpa en voz baja con Luke, quien sólo se encoge de hombros al alejarse, y yo, temblorosa, me atrevo a enfrentarme a Trenton Lombardi y sus bruscos cambios de humor. —¿Qué quieres? —le pregunto, sin saber por qué, pero me siento realmente enfadada con él, y cuando estamos uno frente al otro, él tiene el ceño pronunciadamente fruncido, su mandíbula tensa mientras aprieta sus dientes con fuerza. Oh, no, él también está enojado. “A message” de Coldplay comienza a sonar en la pista de baile. Oh, pero qué apropiado, y Trenton aprovecha el momento para cogerme bruscamente por la cintura, y acercarme a su cuerpo musculoso y duro. Dios mío, estamos bailando por segunda vez. Nos miramos el uno al otro por un tiempo indescifrable. Mi subconsciente regañón y negativo desaparece, todo a nuestro alrededor se esfuma en ese momento. Me pierdo, quizás él también se pierde, y nos sostenemos el uno al otro mientras la voz de Chris Martin resuena en todo el lugar. ...Your heavy heart is made of stone And it's so hard to see you clearly You don't have to be on your own You don't have to be on your own...9 —Sólo quiero bailar contigo, Ciara. Ahora, quiero que escuches la canción —dice cerca de mi oído. Yo puedo sentir su aroma embriagador, y de repente me estoy dejando llevar 9

Tu corazón triste está hecho de piedra

Y es tan difícil verte, claramente Tú no tienes que sentirte sola Tú no tienes que sentirte sola…


por la canción, por él, por todo, y un nudo se forma en mi garganta, siento que estallaré en llanto en cualquier instante. Oh, Trenton, ¿qué me estás haciendo? ...And I'm on fire for you, clearly You don't have to be alone You don't have to be on your own...10 —Pero estabas tan molesto... —Mi voz se apaga, por Dios, de verdad tengo ganas de llorar. La canción, el ambiente, él... ¿qué me está pasando? Siento un enorme sentimiento de vulnerabilidad apoderándose de mi ser en un santiamén. Trenton me mira a los ojos, y veo en ellos un rastro de confusión, que desaparece inmediatamente. —No estoy molesto, tú sólo me confundes. —Frunce el ceño—. Sólo escucha la canción. Si yo lo confundo, él me desubica, en ocasiones sus acciones son tan desconcertantes que me dejan anonadada. Por Dios, él me ha ignorado toda la noche, y cuando finalmente me atrevo a divertirme, me busca, ¿no es eso extraño? De cualquier forma, Trenton es un chico claramente desconcertante, desde su belleza hasta su comportamiento. Extraño su sonrisa burlona y sus bromas infantiles, ésta versión de chico serio e intenso causa un sentimiento desconocido en mi interior. «Por Dios, si sólo lo has visto un par de veces, y no han tenido una conversación decente, ¡actúas como si le conocieras de toda la vida!», mi subconsciente está de vuelta. —¿Qué significan las canciones? —pregunto en voz baja, y lo siento tensarse. Infiernos, soy tan estúpida, es obvio que trata de decirme algo, y ahora se lo he preguntado y se ha enojado. La verdad es que me gustaría un poco de sinceridad directa de parte de él, ¿si intenta decirme algo, por qué no simplemente me lo dice y ya? «Sabe que lo vas a rechazar, Ciara, no seas idiota». ¿Realmente él lo sabe? Aquella canción... es tan perfecta, es como si él supiera lo que hay en mi interior. Un corazón triste que no quiere encariñarse con alguien de nuevo... ¿Está diciéndome que le dé una oportunidad? Pero si sabe que lo voy a rechazar... ¿entonces por qué insiste tanto con las canciones? Me siento inmensamente confundida, él 10

Y estoy en el fuego por ti, claramente

Tú no tienes que estar sola Tú no tienes que estar sola…


es tan cerrado a veces... y en otras ocasiones tan expresivo... ¿por qué no puedo saber lo que verdaderamente piensa? Ambos nos confundimos el uno al otro, existe una atracción, una que quizás se convierta en algo que no tiene futuro, pero aún así estamos aquí, tratando de entendernos, y sin éxito. —¿Es que no lo has entendido? —Frunce el ceño y sacude la cabeza. La canción está llegando a su final, y mis ganas de echarme a llorar no se han ido, y sigo preguntándome qué es lo que ocurre conmigo—. Realmente no lo entiendes, Ciara, y eso es tan frustrante, y yo soy tan malo para estas cosas. —Sacude la cabeza una vez más, estoy segura de que una lucha interna se encuentra dentro de él. Creo que debo irme. «Vete, aléjate, él está más confundido que tú, quizás no sabe lo que está haciendo, no necesitas esto, Ciara, puedes dejar que aclare sus sentimientos, y tú los tuyos», murmura sabiamente mi consciencia. —Creo que intentas decirme algo, pero te encuentras tan agobiado que no encuentras las palabras perfectas para expresarte, escoges las canciones como un medio, ¿es eso, no? —Él me mira intensamente—. No necesitas esto... soy una persona complicada, y tú alguien muy diferente, yo no... —No estoy agobiado, Ciara, por Dios, sólo no soy bueno en estas cosas... —El silencio se adueña de la pista de baile, y luego comienza a resonar entre nosotros una canción electrónica que hace gritar a todos por la excitación—. Nunca había sentido algo así... «Yo tampoco», quiero decirle, sin embargo no lo hago. —Tengo que irme —menciono firmemente, y un revoltijo de emociones están floreciendo en mi interior cuando veo una pizca de decepción en sus ojos—. Gracias por el baile. Me alejo rápidamente de él, con la esperanza de encontrar a mi hermano en nuestra mesa y pedirme que me lleve a casa; sin embargo, él no está allí, y cuando volteo hacia la pista de baile, noto que se encuentra bailando con una chica desconocida. Trenton no se ve por ninguna parte, ha desaparecido. Camino hasta Gioele y April que se encuentran charlando a gritos en la mesa que compartimos; ellos no han reparado en mi presencia. —Esto sólo se trata de un estúpido capricho —le dice Gioele a su hermanastra, tan serio que me comienzo a preocupar de que algo ande mal—. Trenton ya tiene demasiados problemas y tú eres demasiado inmadura. No deberías decir…


¿Trenton? Me congelo. —Gioele. Estoy enamorada de él —le dice lentamente, para que entienda—. Y sé que es un problema más; sin embargo, no me importa. Gioele me ve y suspira, se vuelve hasta April tratando de disimular que me ha visto; no obstante, es demasiado tarde, April se da la vuelta y me nota detrás de ella, se levanta de un salto y me toma del codo, llevándome hacia el baño de chicas, casi a rastras. Se asegura de que no haya nadie y cierra la puerta y me observa fijamente. —Bien, supongo que lo has escuchado. —Suspira y se lleva la mano hacia su cabello rojizo, aplacando un mechón. —Sí —respondo con voz plana. —Quiero que me prometas algo —dice, tratando con todas sus fuerzas ser amable conmigo. Lo sé porque desde que la vi por primera vez no fui de su agrado. Yo espero que hable—, no le digas nada a Trenton. Yo niego con la cabeza, enérgicamente. Por supuesto que no le voy a decir nada, por Dios, ni siquiera sé si quiera hablarme de nuevo. —N-no… esto no es mi problema, yo no tengo por qué decirle. Ella suspira como diciéndose a sí misma “Todo está bien, entonces” me observa de arriba abajo, intimidantemente. —Prométeme, por favor, que esto va a quedar entre nosotras —Me pide tomando mis manos entre las suyas—. Prométeme que no serás un impedimento para mis planes: enamorarlo y hacerlo feliz. Un pinchazo de dolor se apresura a aparecer en mi pecho. Sus palabras resuenan en mi cerebro mientras las analizo. April lo quiere, lo va a hacer feliz, seguramente él caiga en sus redes sin darse cuenta, y es que ella es tan hermosa y decidida. Ellos van a ser felices, frunzo el ceño al pensar aquello. Me giro, de modo que April no pueda ver mi rostro impregnado por un dolor absurdo que está destrozando mi interior en tan poco tiempo. Joder, ¿qué está pasando conmigo? Me siento diferente, confundida, cohibida, triste. Ciertamente tengo que hacerlo, no puedo seguir con esto, tengo que alejarme de Trenton, y ésta vez tiene que ser en serio, una promesa verdadera.


—Lo prometo. —Y cuando mis labios liberan esas dos palabras, aprieto mis ojos con fuerza, mientras una lágrima gruesa y caliente se escapa de la comisura de mi ojo izquierdo. Las palabras de la canción que Trent y yo bailamos se reproducen en mi mente, cuando escucho a April salir del baño. And I'm not gonna stand and wait Not gonna leave it until it's much too late, oh On a platform, I'm gonna stand and then say That I'm nothing on my own And I love you, please come home…11 Quizás después de todo Trenton no es un mujeriego, quizás está siendo sincero. “Te amo, por favor, vuelve a casa” aquella frase me resulta tan triste que las lágrimas no desaparecen. Sea lo que sea que Trenton esté haciendo conmigo, no me gusta, porque sé que quizás, mi casa, mi hogar, sea él, y no quiero, verdaderamente no quiero pensar siquiera en esto. En él y yo, somos tan distintos, que sé que sufriremos, que nos lastimaremos. Temo por él, por mí, por mis sueños, estoy en una encrucijada, mis miedos y mis inseguridades desgarran cualquier sentimiento cálido que pueda manifestar por alguien, y quizás él no merece esto.

11

Y no me quedaré aquí a esperar

No me iré hasta que sea demasiado tarde En un escenario estaré y diré Que no soy nada solo Y te amo, por favor vuelve a casa…


Estoy en casa, después de llegar de The Space no he logrado dormir nada. Me siento incómoda en mi cama, las sábanas se adhieren a mi cuerpo de una forma extraña y resoplo, siento mucho calor y percibo algo extraño en mí. No he dejado de pensar en Trenton, April y el señor Sanders. «Tal vez te estás volviendo loca», me dice mi consciencia, yo decido ignorarla lo mejor que puedo. Me apresuro a buscar mi iPod, no sin antes darme cuenta de que son las cuatro treinta de la madrugada. Por Dios, no he dormido ni dos horas pues tuve una pesadilla que me resultó desagradable y desperté jadeando, en ella Trent era feliz con April, y luego aparecía el señor Sanders, burlándose de mis lágrimas con una risa siniestra. Esto último sí que era aterrador. Luego de tener mi iPod en mis manos, reproduzco “This” de Ed Sheeran e inmediatamente recuerdos de Trenton llegan a mi mente. Su rostro, su sonrisa, su manera de ver las cosas, Dios, él es tan hermoso. ¿Me gusta? ¿No me gusta? Me siento meramente egoísta y es que desde que Trenton llegó a mi vida, algo en mí cambió completamente. Me siento frustrada, he llegado a ser tan indecisa, prometo alejarme de él y no lo cumplo, no he sido capaz de descifrar lo que siento por él, sólo sé que entre nosotros hay una atracción incontrolable, pero somos tan diferentes que un futuro con él es improbable. Decido dejar aquellos pensamientos a un lado y me levanto ruidosamente de mi cama, todavía con el iPod en mis manos, camino fuera de mi habitación, planeando buscar un vaso de agua; mas mis planes se ven interrumpidos cuando paso frente al despacho de mi padre, ya que veo que la luz de éste está encendida, así que decido investigar quién está allí y qué está haciendo, pues mamá jamás duerme hasta tan tarde. —¿Qué estás haciendo aquí? —le pregunto a Andrey cuando lo veo rebuscando algo en los cajones del escritorio de papá—. Pensé que ibas a dormir, tú...


—Dios, Ciara, me asustaste, joder —murmura, más pálido de lo habitual—, cierra la puerta, que voy a apagar la luz. —¿Por qué? —Porque mamá no puede vernos aquí, vamos Ciara, ¡cierra la maldita puerta! —urge, lo noto demasiado estresado para mi gusto. Hago lo que me pide, sin dejar de observarlo con extrañeza. ¿Quién eres y que has hecho con mi hermano? —¿Por qué mamá no puede vernos aquí? —Quito mis auriculares de mis oídos y coloco la música en pausa cuando me percato de que él sigue rebuscando cosas en los cajones, su laptop está encendida—. ¿Qué estás buscando, Andrey? Me estás preocupando. Él se dirige hasta mí, su rostro permanece en la penumbra, pero puedo ver lo cansado que está, ¿cómo es que estaba tan feliz en una fiesta y ahora luce tan preocupado? ¿Qué ha pasado? —Papá me ha pedido que revise algunos reportes, y tengo sospechas de algo realmente malo. Así que mamá no puede saberlo, ella no va a creerme, por eso no puedo decirle nada hasta que llegue papá. Él habla tan rápido que no comprendo nada de lo que dice, sólo puedo mirarlo con los ojos desorbitados, me siento preocupada, Andrey jamás está tan tenso, él suele ser una persona relajada. —¿Estás siquiera escuchándome? —me pregunta con el ceño fruncido y luego resopla. —Lo siento, yo… —¡Estás en otro planeta! —exclama gesticulando, sus ojos están oscurecidos y vidriosos prueba del cansancio. Oh Dios, él realmente no ha dormido nada—. Estás muy extraña, últimamente te he notado diferente, no me hablas de tus cosas, siempre estás distraída y vives encerrada en tu habitación la mayoría del tiempo, ¿Es que Eric te ha hecho daño de nuevo? —pregunta apresuradamente. Siempre preguntando lo mismo. —Ambos no nos dirigimos la palabra —contesto, desconcertada, mientras jugueteo con el dobladillo de mi camiseta del pijama—. No ha pasado nada nuevo. Ahora dime, ¿qué decías? Andrey me mira no muy convencido de lo que he dicho, pero decide dejarlo pasar.


—Papá vuelve esta semana —dice rascándose el cuello, parece confundido—, y la verdad es que no sé cómo decirle. Pero hay algo en el señor Sanders que no me gusta, he estado revisando... —Se queda callado y sacude la cabeza, negándose a continuar. Oh Dios, él también lo ha notado. —¿No te agrada? Pues a mí tampoco… es decir… yo… —El semblante de mi hermano es solemne—. Escucha Andrey, confío en sus instintos. Ya sabes, has nacido para esto, manejar las empresas... Habla con papá, él confía en ti. Cuéntale qué es lo que piensas. Estoy segura que él va a considerar tu opinión. ¿Debo decirle lo que vi en la fiesta? ¿O quizás aquello sólo me lo había imaginado? —No lo creo, esto es algo muy delicado. —Se pasa sus dedos por el cabello, desordenándolo un poco—. ¡Necesito pruebas! Tengo que buscar más. —¿Pruebas? —Lo miro perpleja, miles de posibilidades inundan mi mente, quizás el señor Sanders no es un hombre noble después de todo—. ¿De qué pruebas, exactamente, estás hablando? —interrogo alzando mis cejas, impresionada, manteniendo mi tono de voz muy bajo. —No me hagas caso, al menos por ahora —Andrey dice, acercándose nuevamente a los cajones, pero decide no rebuscar nada, en vez de eso, teclea algo en su portátil y comienza a leer, su ceño permanece fruncido. Oh no, definitivamente algo anda mal aquí. Me gustaría ayudarlo en algo, pero la verdad es que yo no sé nada de éstas cosas. Mi hermano al contrario, ha estado aprendiendo de papá desde hace un par de años, y sospecho que, aparte de Arquitectura, también estudiará Administración de Empresas o algo así. —¿Crees que lo que sea que ocurre con el señor Sanders va a resolverse? —le pregunto en voz baja, mientras me acerco a él—, hace unos días... en la fiesta del aniversario... él señor Sanders me miró de una forma muy extraña. De pronto, Andrey está mirándome y sé que está extremadamente cabreado, ha dejado la laptop a un lado, se ha levantado de su asiento y sus puños están apretados con fuerza. Oh no... —¿Cómo te ha mirado? —gruñe. —No sé cómo explicarlo —balbuceo, comienzo a pensar que fue una mala idea contarle sobre esto—, estaba hablando por teléfono, mientras ustedes brindaban y él realmente


observaba con odio a papá, luego se percató de mi mirada y sonrió, pero fue una sonrisa... siniestra. ¿Crees que hay algo que no sabemos? Andrey está caminando de un momento a otro por todo el lugar, pasando sus manos por su cabello, y me pregunto si hay algo aquí que yo no sé o él está exagerando; no obstante, algo me dice que lo más seguro es que Andrey sepa más que yo. Así que no lo presiono, sólo espero que me lo cuente y ya, lo conozco demasiado bien, en estos momentos su cerebro está maquinando, buscando, analizando para después llegar a una conclusión y hablarme. Permanezco sentada, hasta que él opta por sentarse nuevamente. —Mantente alejada lo más posible de ese señor —advierte él, está hablando en serio—, y si esto se vuelve a repetir, me lo dirás, ¿de acuerdo? Asiento con la cabeza. —¿Me dirás de qué va esto o no? —Con todo, me estoy comenzando a irritar. —No me creerás si te lo digo, pero tengo que hacerlo por tu propio bien, así que escucha, ¿vale? —Asiento con la cabeza—. ¿Recuerdas a la hija de Nanda? Nanda es el ama de llaves de nuestra casa, ella ha sido como una segunda madre para nosotros. La conocemos desde siempre, por lo que he sabido, Nanda era muy amiga de mamá desde que eran pequeñas, aunque con ésta nueva versión de Miriam Aldridge todo quedó en el pasado. —Si —respondo un tanto preocupada—, la que se fue hace tres meses con su padre, ¿no? Asiente. —Hace tres meses, exactamente en la fiesta de tu cumpleaños, decidí pasear por el jardín con Suzanne. —Hace una mueca, como si el recuerdo todavía le doliera—. Ambos descubrimos a su padre toqueteando a la hija de Nanda en contra de su voluntad. Me quedo boquiabierta, esto sí que no me lo esperaba. —¿Estaba abusando de ella? —pregunto en un susurro, con la voz entrecortada. —No, pero estoy seguro que eso quería hacer, pero nosotros llegamos y le dije que la dejara en paz —contesta, encogiéndose de hombros nuevamente, está claro que no quiere preocuparme con este asunto, pero ya es demasiado tarde—, interrogué a Sophia esa noche, me dijo que Sanders le estaba ofreciendo pagar sus estudios en Italia, le dijo que él era dueño de un internado de allá, algo que no es cierto, así que supongo que quería engañarla,


por alguna razón la quería allí, ¿no? Pero no lo sé, lo único que tengo presente es que es un jodido pervertido, así que cuando papá regrese, sabrá de esto y de las miradas que te está dedicando, si es posible te sacaremos de Detroit. ¿Qué? ¡No! Me quedo anonadada e intento procesar todo lo que me ha dicho, pero es inútil, no puedo creerlo, esto debe ser una broma, no puede ser cierto.

*** —¡Hola! —exclama alguien detrás de mí—. Eh… pareces apresurada. Es la voz de la amiga de Luke, la que aún desconozco su nombre. Ella me sonríe y engancha su brazo con el mío, como si fuéramos las mejores amigas desde hace años. Frunzo el ceño e intento no apartarme. Ella continúa hablando. —¿Has estudiado para el examen de hoy? —pregunta mientras atravesamos el umbral de la puerta del aula de clases. La mitad de la clase ya está dentro, y el profesor brilla por su ausencia—. ¡Oh! Sentémonos allí —sugiere la chica, sus ojos resplandecientes. Hasta ahora no me había percatado que compartíamos una clase. Y en la misma está Suzanne, ella me mira de reojo hasta que me siento al lado de la amiga de Luke en la fila cercana a las ventanas con vista al jardín. —Sí. Sí estudié —contesto cortante. Mientras que el profesor nos permite comenzar con el examen me percato del por qué la pequeña amiga de Luke está aquí conmigo, compartiendo el mesón de dos puestos. Ella no estudió y de reojo está observando las respuestas de mi examen. Pero también, aparte de eso, todos me están observando de una forma distinta. Nunca me habían notado, a pesar de que todos los que estudiamos en el St. Marteen School somos de alguna forma sobresalientes por nuestros padres. Aún así la secundaria es como las otras: unos más populares que otros. Y yo no soy precisamente la más llamativa de esta escuela, pero ahora…, ahora es diferente. Por un momento mi mente se separa del examen y del hecho de que la chica que está a mi lado se está copiando de mí. Observo sus caras, las de todos, y me percato de lo horrible que es mi situación: estoy en boca de todos. Y no precisamente por ser bonita, talentosa o incluso habladora. Se trata de una forma simple, aunque jamás nos habíamos mostrado en público, saben que entre Eric y yo hubo algo, y que solamente yo lo había arruinado. Yo le he “roto” el corazón al chico, y las


chicas me odian por ello, y por las noticias que afirman mi relación con Trent. Otro chico guapo y misterioso. Por eso esta chica está aquí. Quiere aprovechar mi abrupta popularidad. Cuando termino mi examen lo entrego y apresuradamente salgo de la clase sin molestarme en esperar a aquella chica que estaba situada a mi lado. Observo el suelo. Jamás he considerado tanto la ida de pedir un cambio de escuela. Aunque me viene mejor un cambio de vida. A veces las cosas son tan difíciles ¡y sólo tengo diecisiete años! me siento mal conmigo misma todo el tiempo, sufro por cosas que ya no deberían importarme. Para todos soy una malvada que rompe corazones, sin saber que a mí me han roto el mío. Y entonces vivo con el miedo que eso se repita, pues crecí en un ambiente donde la inseguridad forma parte de mí desde el principio. Esa es la realidad, y me pesa constantemente, como en este momento. Tardo varios minutos que parecen los más largos de mi vida en el pasillo justo fuera de la clase de historia. El sonido del timbre de salida me saca de mi ensimismamiento y comienzo a caminar hacia el jardín, no quiero ver a aquella chica —su nombre es Donny, lo acabo de recordar—, y ella me recapitula lo interesadas que pueden ser muchas chicas. No me extraña que se haya acercado a mí sólo para conseguir algo a cambio. Tomo su comportamiento también como una obra de caridad, pues el número de amigas que tengo es nulo. Con Luke las cosas se tornan un poco distintas. Hablando del rey de Roma… —¡Oye Luke! —exclamo en cuanto lo veo saliendo de los laboratorios de química. El gira en mi dirección y me observa un tanto sonrojado. Cuando se acerca hasta mí me saluda con un asentimiento de cabeza. —Te… te fuiste temprano el viernes ¿eh? —me dice, en voz baja pues muchos nos están mirando—. Te… te busqué por todas partes y no estabas. Asiento con la cabeza. —N-nos fuimos temprano y… um… ya sabes, mi hermano es realmente… —Cuidadoso —me interrumpe Luke—. Lo sé, yo también lo sería. —¡Hola, hola! —exclama la voz de Donny cerca de nosotros, en un abrir y cerrar de ojos está cerca de Luke a quien saluda con un sonoro beso en la mejilla. Luke se sonroja.


¡Un chico sonrojado! Es como conocerme en versión masculina —exceptuando el hecho de que no baila ballet—. Donny me mira interrogante, su ceja alzada. Comienzo a intimidarme y prefiero huir de su comportamiento interesado. Todavía muchos que caminan cerca de nosotros nos miran atentos, y sé que es por mí, aunque esto no es nuevo, desde la noche de la fiesta de mis padres esto ha comenzado, mas yo no me había dado cuenta, hasta ahora. —Eh… bueno… yo… yo me voy a mi próxima clase —digo y doy media vuelta; pero alguien me impide que me aleje. Donny. —¿Cuál es tu próxima clase? —pregunta, su sonrisa es gigante. Murmuro algo que no es entendible, resoplo y lo intento otra vez. —Matemáticas y um… —¡Oh qué lástima! —me interrumpe Donny exclamando exageradamente—. Nosotros entramos a biología, espero que nos veamos en el almuerzo. Y antes que yo pueda responderles, Donny se lleva a un Luke algo sonrojado a sus clases de biología, y yo arrastrando los pies camino hacia la clase de matemáticas que ya está por comenzar. Suzanne chocando conmigo “accidentalmente” me dedica una mirada petulante y camina hacia su casillero donde le espera un chico grandulón que le sonríe casi hipnotizado. Suzanne ya ha superado a mi hermano, aunque nadie sabe qué fue lo que hubo entre ellos hace semanas atrás… Me encojo de hombros y sigo con mi camino. —Hola Ciara —saluda una chica que es la primera vez que veo en mi vida. Le dedico una sonrisa forzada y al fin entro a la clase, en la que casi ya está todo el mundo, incluido el profesor. Todos me observan. Mi celular vibra. El profesor comienza la clase. Muchos mencionan mi nombre; yo quiero salir corriendo.


Cuando me siento en mi habitual lugar, leo disimuladamente el mensaje que me ha llegado. Casi quiero gritar por tanta presión acumulada. Al parecer este será un día demasiado largo. Trenton: Hola Ciara. Sé que tenemos mucho tiempo sin hablar, espero que estés de maravilla, quiero saber si podrías acompañar a tu hermano hoy, necesito enseñarte algo, nena. ¡Nena! No le respondo, de todas maneras estoy en clase.

*** Trenton: ¿Podemos hablar? Si quieres paso Sólo dime la hora. De verdad quiero hablar contigo.

por

ti

en

cuanto

salgas.

No le respondo. Es el cuarto mensaje que he recibido en toda la mañana, y no he querido responderle, aunque me pese, aunque me duela, es lo mejor. —¿Qué tanto ocultas, Ciara? —pregunta Donny. Miro una última vez mi móvil y lo apago. Trenton va a tener que esperar, y yo en realidad no puedo verlo hoy, es imposible y no voy a dignarme a aparecer en su barrio de nuevo, sería un riesgo gigante, si alguien me descubre. «Y además no quieres encontrarte con April», me dice mi subconsciente. —Se ha descargado —explico observando mi almuerzo, del cual no he comido nada. Luke me observa de reojo, sabe lo incómoda que me siento con Donny alrededor. Ella es tan indiscreta y lo que descubrí hoy me ha puesto de mal humor. No puedo entender aún por qué los chicos encuentran impresionante mi vida sentimental —que es inexistente—. Muchos piensan que ando con un chico desconocido —Trenton—, y que he lastimado recientemente el corazón de Eric —quien es un descarado—, y además de eso, todos consideran que ambos chicos están colados por mí, y aquello lo encuentran tan interesante que el resto de los chicos me observa de una manera diferente. Antes no me notaban. Pero claro, debo excluir a Luke. —¡Seguramente es tu novio misterioso! —exclama Donny; sin embargo Luke le dirige una indiscreta mirada de “cierra-la-boca-ahora-mismo”


—Hay demasiado frío acá, ¿verdad? —Trata Luke de cambiar el tema. No presto atención lo que dicen los dos chicos. Observo mi celular encima de la mesa, el cual ahora está apagado. Esa fue la única forma que encontré para escapar, y cumplir mi promesa. —Las elecciones están más que ganadas —comenta Donny, y me sorprende que hable de aquel tema, pues no me la imaginada tan preocupada por la política, más bien diría que se preocupa por los chismes o rumores. De cualquier forma, el tema que ha abordado me tensa. —¿Y eso cómo lo sabes? Es obvio que alguien va a ganar —dice Luke no muy seguro de sí mismo. Donny mastica cuidadosamente su hamburguesa y luego de tragar, habla: —Por el señor Sanders, tu ex suegro querida Ciara —responde y parece maravillada por el tema—. Es obvio que él ganará, eso todos lo saben. Me encojo de hombros. Creo que voy a vomitar. —Eso no lo sabemos todavía —digo en voz baja, recordando las conversaciones de mamá y papá—. Todavía están preocupados por las elecciones, y si ya fuera ganado, estuvieran… más tranquilos, ¿no? —Además, no le veo el sentido de que hayan elecciones si saben quién va a ganar— completa Luke igual de confundido que yo. —Si lo pones de esa forma sí —responde Donny, y se acerca a nosotros, como si nos fuera a revelar el secreto de la eternidad—, pero estoy más que segura que si el señor Sanders gana, será por fraude. Y todos sabemos que lo va a hacer, hará trampa. Me quedo estupefacta. —¿Trampa? —pregunto tosiendo nerviosamente. Donny se dedica solamente a mordisquear su hamburguesa, como si lo que acabara de decir fuese lo más insignificante del mundo. ¿Trampa? ¿Es eso verdad? ¿Y cómo ella lo sabe? —Sólo… sólo está repitiendo lo que dicen en las… las revistas de chismes —me dice Luke atareadamente—. Ella está confundida. —Sí claro —contesta Donny asintiendo con la cabeza—, sólo estoy repitiendo lo que dicen. ¿Por qué lo dicen? No lo sé; más si lo mencionan tanto ¡es por algo! No creo que inventen tal cosa.


Parpadeo sin poder creerlo. —Claro que pueden haberlo inventado. La política es así —menciona Luke, su ceño fruncido. Me dirige una mirada nerviosa y continúa—: lo que yo pienso es que esos chismes no tienen pruebas y uh… no deberías decir eso delante de Ciara… ella es… es decir, ella creció con Ralph Sanders alrededor. Creí alrededor de él, pero ni siquiera sé si lo conozco realmente, por alguna razón odia a mi padre y además es un pervertido —comento mentalmente, porque ahora no sé qué creer, desde un determinado tiempo, veo al señor Sanders como un hombre que hace cualquier cosa para conseguir lo que quiere, y eso me aterra.

*** —No deberías estar sola en este lugar, dado que los chicos no dejan de mirarte, cualquiera de ellos puede intentar algo contigo —comenta Eric Sanders, cuando me encuentro cerca de un árbol, recostada en su tronco, con los auriculares en mis oídos, pensando de nuevo en Trent. Él ha intentado comunicarse conmigo por todos los medios. Me siento tan culpable... —Creo que deberías aprender a mantenerte al margen —murmuro en respuesta—, no estoy de humor, no necesito esto ahora. Si tú ya no eres mi amigo y me odias, ¿podrías, por favor, dejarme en paz? Tengo muchas cosas en las cuales pensar ahora. Y teniéndote cerca me acuerdo de tu padre y tengo miedo de él y de ti —completo en mi mente. Él se sienta a mi lado, y por un momento saboreo el momento, pensando en que nada ha cambiado y que estoy con mi amigo, charlando como antes lo hacíamos, luego recuerdo que ya nada es igual, y me siento aún más incómoda. —Estás muy a la defensiva, Ciara y tienes un aspecto... preocupante, ¿estás bien? — Alza una de sus cejas, él está tan tenso como yo, no entiendo por qué me busca todo el tiempo, cuando me dijo que me mantuviera alejada de él. —Como si te importara —murmuro malhumorada y decido que es tiempo de marcharme—, tenemos que ignorarnos el uno al otro, es mucho mejor que estar peleando todo el tiempo, ¿no crees? ¿O quieres hacer las paces? —pregunto esto último de forma sarcástica. Él se echa a reír. —¡Eres muy graciosa! Me gustaría decirte tantas cosas, Ciara, pero no puedo, tengo que respetarte porque eres una chica, pero realmente sigo decepcionado de ti, eres igual que las


demás, aunque intentes hacernos ver lo contrario. —Pone los ojos en blanco—. Bien, me marcho. Alzo una de mis cejas, al mismo tiempo mi móvil comienza a sonar por enésima vez, y sé que se trata de Trent. —No sé quién te ha dado el derecho de pensar —digo, mi corazón latiendo fuerte al saber que Trent está buscándome y yo lo estoy ignorándolo pero él no se da por vencido—, que yo soy igual a las demás. Eric me observa seriamente por unos segundos, tratando de buscar algo en mi rostro, luego de forma inesperada su sonrisa reaparece, aunque el dolor que está en sus ojos es notable. ¿Dolor? —Tú me lo has dado —expone encogiéndose de hombros; y luego sus manos siguen alrededor de mi cintura—, por todo lo que me has hecho. Me quedo sin aliento. Suéltame. —De… ¿De qué hablas? —pregunto y cuando él abre la boca para responder, su hermana nos interrumpe. —¡Tenemos que marcharnos, ya! Y en un abrir y cerrar de ojos, Suzanne tomada de la mano de un chico llamado Dylan aparecen ante nosotros. Andrey también ha venido a buscarme y observa las manos de Eric con el ceño fruncido. Me percato de que Eric me está tocando y me alejo abruptamente de él, sintiendo sus manos extrañas en mi cuerpo, y por alguna razón me siento culpable, es como si estuviese traicionando a Trent... «Por Dios, ¡no seas estúpida!», exclama mi consciencia, realmente enfurecida. Andrey me toma del codo, alejándome de los gemelos, y luego susurra: —En el estacionamiento. Te espero. Yo sólo asiento con la cabeza, preocupada de lo que pueda ocurrir en mi ausencia. Eric no debió acercarse, estoy reprimiendo las ganas de gritarle, y él no coopera. Con ese pensamiento camino hacia el estacionamiento, me abrazo a mí misma a causa del frío que ya se presenta en la ciudad, veo que el estacionamiento está plenamente vacío, y en


silencio, los dueños de los autos no han salido de clases, miro mi reloj de muñequera y me percato que salimos veinte minutos antes, probablemente Andrey esté en… Alguien me hala del brazo y me atrapa entre dos camionetas negras. Su cuerpo pegado al mío. —¿Por qué tengo la impresión que estás huyendo de mí? Salto al escuchar su voz, no puedo creer que esté aquí, frente a mí, él ciertamente no me permite alejarme. Sus ojos jade consumen los míos en una penetrante mirada que traspasa todo mi ser y se convierte en una llama que viaja por todo mi cuerpo y se queda allí, como si ahora formara parte de mí. Yo estoy atrapada, sus dos brazos apoyados en la camioneta y yo entre ambos, y bajo su mirada me retuerzo. Y también me estremezco un poco aún sin poder creerlo. Su cercanía electrizante me incomoda. —Tú… —balbuceo sin sentido alguno. Y lo que ahora podría haber sido gracioso para él, no lo es. Su ceño está fruncido y su rostro sombrío. —¿Hice algo mal? —me pregunta bruscamente sin apartar sus ojos de los míos—. Dime porque no tengo idea. Suspira pesadamente y espera mi respuesta; pero yo estoy sin habla y asumo que será así por un buen tiempo. —Yo… n-no… no sé. —Suspiro y me pregunto a mí misma el paradero de mi hermano—. ¿Qué… estás… haciendo aquí? Trenton se ve enteramente enojado. —Es tu culpa —dice, su voz fría—. ¡Demonios, te envié más de cinco mensajes! Y tú… nada. Estaba preocupado, es decir, lo estoy. Abro los ojos como platos, es absurdo. —Pero… —Es tu culpa —menciona y no se ha apartado de mí. Mis ojos comienzan a divagar por su rostro y noto sus labios un tanto enrojecidos, provocadores; ellos están entreabiertos y… —Espera, mi… ¿mi culpa? —Trenton resopla al escuchar mi pregunta y sé acerca todavía más a mí. Su aliento en mi rostro. Y con una voz baja, casi en un susurro, sus labios sueltan:


—Yo, de verdad no sé por qué mi importa tanto el que me ignores. Sospecho el porqué, y eso me enloquece más, Ciara, tú me enloqueces. ¡Oh mi Dios! Algo extraño se despierta en mí, algo raro, diferente, desconocido. Sus palabras hacen eco y aquello se deposita en mi corazón, donde hace alguna especie de erupción, y zumba y sigue zumbando, junto con los latidos de mi corazón que son extremadamente acelerados. Sus ojos se oscurecen y miro luego sus labios, ellos se están acercando más y más… —N-no… no debería… importarte —murmuro enervada, sin apartar mi rostro. —¿Por qué entonces me importa? —inquiere con el mismo tono de voz que yo utilicé. —Porque te agrado —contesto aunque suena como una pregunta—. Yo debería… —No termino la frase—. Lo… lo lamento. Yo… he estado muy… muy distraída y… no fue mi intención… —Entonces… —susurra acercándose más. Yo trago saliva porque no sé qué rayos voy a hacer. Sé que él va a… besarme. Y aunque sus ojos aún me miran, veo confusión en ellos y siento que esto que puede ocurrir no está bien. Y yo prometí… que no interferiría… —Trenton… —Le miro y veo sorpresa en él—. Aléjate… aléjate de mí —Susurro y tengo ganas de llorar. Aparto mi mirada y observo el suelo aunque él aún no aparta sus manos de mis lados—. Por favor… Entonces él lo hace. Pero no se marcha, ahora una distancia considerable nos separa; sin embargo sigue aquí y está mirándome, algo que yo no me he dignado hacer. Por eso levanto la vista y sin poder evitarlo suelto un resoplido, Trenton me regala una media sonrisa, no obstante, parece forzada. —Lo siento, lo siento mucho, Ciara, no te enojes conmigo, soy un idiota —dice halando de sus cabellos. Ahora reparo en su vestimenta, unos jeans azul cielo, rotos en la parte de las rodillas, acompañados de una camiseta blanca, y encima de ésta lleva una chaqueta de cuero negra. Parpadeo rápidamente ante él, es tan hermoso y vino aquí sólo para verme y sin embargo yo... lo ignoro. El viento azota nuestros cabellos y tiemblo. —No te preocupes.


—Espero que te atrevas a acompañarme algún día a un lugar. Tengo algo que mostrarte. —Suspira profundamente—. De verdad me importas y no quiero… apartarte. —Frunce el ceño. Yo asiento con la cabeza, aunque en realidad no estoy muy segura de qué decirle, me siento confundida, desubicada, mis sentimientos por él se manifiestan con más intensidad, ésta atracción no me permite pensar con claridad. Simplemente, cuando él está cerca, olvido todo, hasta mi nombre. —Entiendo. —Sólo digo, con voz queda y vuelvo a temblar. Trenton me observa, comenzando a quitarse su chaqueta y cuando lo hace se acerca un poco a mí y duda un momento antes de colocarme la chaqueta encima de mis hombros, la misma que está inundada de su delicioso aroma. —La necesitas. «Te necesita a ti», grita mi subconsciente, siempre malhumorado. Se despide de mí con un saludo militar que me hace sonreír y se marcha cuando el timbre de salida suena y los primeros estudiantes pisan el área del estacionamiento en busca de sus autos. Pero yo estoy en otro lugar. Y aunque me niegue aceptarlo una parte mínima de mí se ha ido con el dueño de la chaqueta que me hace entrar en calor. Andrey está a mi lado, impidiéndome que siga pensando en lo que acaba de ocurrir. Estoy sonrojada, y temblorosa aún. —¿Te encuentras bien? —pregunta mi hermano que se sitúa a mi lado. Asiento con la cabeza y le sigo al auto que se encuentra a dos espacios de nuestra ubicación. Todo lo que tengo en la cabeza, es la escena que acabo de vivir, todavía no puedo creer cómo demonios fui capaz de resistirme, pero al verlo tan confundido, tan inseguro, supe que él no estaba muy seguro de si quería besarme. «O tal vez estaba preocupado de que lo rechazaras». —Eso que acaba de pasar no puede repetirse —murmuro para mí misma y es cierto. No puedo permitir eso, y sé que ya es lo suficientemente complicado como para ignorar a Trenton, si voy a actuar como si nada hubiera pasado eso le indicará que lo que estaba a punto de hacer es un error, y no se va a repetir, claro que no. Andrey considera lo que yo he dicho por un momento y luego asiente con la cabeza. —No. Yo no lo voy a permitir, Eric no tiene por qué acercarse a ti nuevamente. — Enciende el motor del auto y suspira—. Voy a hablar con mamá. Esto no puede repetirse,


se supone que no debe molestarte y está haciendo todo lo contrario, escuché lo que te dijo, es un imbécil. —Yo asiento con la cabeza, como si efectivamente estuviésemos hablando de lo sucedido con Eric, aunque aquello ya se me había olvidado del todo. Por otro lado, quisiera interrogar a mi hermano sobre su charla con Eric; sin embargo, cambio de opinión momentáneamente. —¿Suzanne está con ese chico…? —pregunto tratando de desviar el tema. Andrey frunce el ceño todavía a más y por otro lado frunce sus labios. —Quizás. Dylan y ella son tal para cual —asegura, y puedo notar que eso le duele, y si bien quiere disimularlo, conmigo no lo ha logrado—, esto es una porquería. —¿Porquería? Andrey asiente con la cabeza. —Suzanne es una buena chica, y me duele decir esto, pero… —Toma aire por unos segundos—. Tus problemas con Eric nos han afectado y yo… ella me gusta… pero tú… —¡Detente Andrey! —exclamo alzando la voz y no dudo en hacerlo porque es necesario. Suspiro un par de veces y lo miro fijamente, tengo tantas cosas que decirle, y no quiero ser egoísta. De hecho estaba segura antes de él habérmelo dicho: él está todavía colado por la rubia—. Eso que ha pasado es entre Eric y yo. Y tú me apoyaste y te entiendo, yo haría lo mismo. Pero… pero si tú quieres estar con Suzanne no dudes en buscarla. No es justo que por nosotros tú y ella se vean forzados en dejar lo que ya tenían. Me tiene sin cuidado eso, así su hermano me odie y posiblemente yo lo odie a él. Yo sólo quiero que mi hermano sea feliz. Andrey asiente con la cabeza; sin embargo su expresión no se renueva. —Tienes razón, sí. —Asiente con la cabeza en total acuerdo conmigo—. Mas, yo no puedo estar con alguien que hace todo lo posible por insultar a mi hermanita todo el tiempo. Eso resulta pedante para mí, considerando que la única que ha sufrido en todo esto eres tú. Además, el tema de Ralph Sanders… es demasiado, ¿cómo puedo estar con Suzanne cuando pienso que en cualquier momento ese canalla saltará sobre ti? Me quedo en silencio, la mención de Ralph Sanders causa un horrible estremecimiento, aquel señor desde que me dedicó aquella mirada y sonrisa tan siniestra, ha causado un horrible terror en mí que no desaparece. Decido evadir lo último que ha dicho Andrey. —No importa lo que ellos digan de mí o lo mucho que sufrí, quizás para sonreír tienes que llorar primero, si he llorado mucho, probablemente mi tiempo de risas y gozo está en algún lugar del futuro.


Andrey asiente con la cabeza otra vez y sonríe abiertamente, me entusiasma que el Andrey sonriente esté de regreso. —Y quizás en ese “algún lugar del futuro” te espera alguien… —Mueve sus cejas sugestivamente y me hace reír por su tonta imitación de Gioele. —Cuidado. Eso todavía no está en mis planes —le digo con un guiño. Andrey por unos momentos me mira y cuando vuelve su vista hacia el camino sonríe ampliamente. —Eso espero. Pero lo que no sabe es que yo estoy pensando en Trent, y en que casi me besaba, y yo iba a caer, mis fuerzas contra él se están desvaneciendo conforme pasa el tiempo, ni siquiera una promesa puede detenerme, estoy cayendo, cayendo y cayendo, y él se está aprovechando de eso, para acercarse.


En cuanto estoy fuera del edificio de la Academia de Rebecca Fitzgerald, me encuentro con el Mustang azul de mi hermano Andrey. Él está sonriendo y me permito saborear el momento pues en estos dos últimos días, desgraciadamente, su estado de ánimo no ha sido muy cómodo para mí. Ha estado irritado la mayoría del tiempo y meditabundo, mientras espera la llegada de papá. Y yo, realmente no me quedo atrás, en mis tiempos libres me he dedicado solamente al baile, o a permanecer encerrada en mi habitación, con mi iPod muy cerca, escuchando todas las canciones que me recuerdan a Trent. —Quítate el moño —murmura Andrey colocando el auto en marcha en cuanto subo—. Odio tu cabello recogido. —¿Por qué? —Alzo una ceja. Andrey me dedica una sonrisa ladina. —Iremos a ver a tu querido Trent —dice, yo lo miro desentendida—. ¿Qué? No me mires así. No soy idiota, esa chaqueta que llevabas esta mañana es de él, lo que quiere decir que lo viste antes de que fuéramos a casa, ¿me equivoco? Me sonrojo. —Sólo estaba tratando de ser amable —le hago entender—. Cualquier chico lo haría. —Si claro, pero ir a la escuela de una chica no. Eso lo hace un tipo que… —Se interrumpe él mismo mientras cruza a la izquierda. Sacude la cabeza. —¿Llevarás el auto? —pregunto tratando de desviar el tema—. Eso es peligroso. Andrey no me contesta hasta que lleva el auto a casa, y cuando estamos bajando llama un taxi mientras me lleva a rastras al portón donde los vigilantes se encuentran mirándonos extrañados. Cabe resaltar el incómodo silencio que me hizo pasar en todo el camino hasta llegar aquí. —Nos vamos en taxi —murmura cuando éste ya está, literalmente, en nuestras narices. Bufo ya enfadada por los celos de mi hermano. —No me digas.


En cuanto subimos a la parte trasera del auto, mi hermano me observa de una forma extraña y yo sé por dónde se están yendo sus pensamientos: el señor Sanders, futuro alcalde de la ciudad, y un pervertido que intentó abusar sexualmente a la hija de nuestra ama de llaves. Me estremezco, últimamente la mención del nombre de ese señor, me causa arcadas. —Ciara, ¿qué pasa si tienes que irte de la ciudad? —inquiere él, seriamente. Es obvio que él se está planteando esa posibilidad—, Ciara, no puedo creer que no nos hayas dicho nada de lo que viste. —Para mí no tenía sentido, Andrey, pero ahora que sé lo que ha ocurrido con Sophia, me siento completamente desconcertada, pero no creo que deban preocuparse por mí, ese señor estaba observando a papá de una forma muy rara, con odio o rencor o algo así. — Hago una mueca, la sola idea de que alguien quiera hacerle daño a mi padre me entristece—. Si hay algo que hacer aquí, es investigarlo. Andrey asiente con la cabeza, está de acuerdo conmigo en esto. —De acuerdo, pero papá sabrá todo, incluido lo de Sophia, no sé por qué fui tan estúpido, tenía que haberle dicho a todos sobre eso —rezonga, mientras teclea algo distraídamente en su Iphone. —¿Y por qué no dijiste nada? —Arrugo la frente, sé que mi hermano no ocultaría semejante calamidad sin alguna razón. —Er… bueno, es que Suzanne me lo pidió —responde sin mirarme a los ojos—. Ella dijo que estaba borracho y que fue un desliz, pero yo no lo vi así. Aún así Suzanne me lo rogó y no pude negarme. Me quedo boquiabierta, y no contesto, todavía el tema me resulta tan increíble que no sé cómo manejarlo. El taxi nos deja frente a Lombardi GYM. Lo primero que noto al bajarme es el rostro entusiasmado de Trenton, quien trata de ocultar la sorpresa. Rayos, comienzo a pensar que fue una mala idea venir aquí y me sonrojo al recordar lo que ocurrió o estaba a punto de ocurrir cuando salí de clases. Trenton está sonriente ahora, y puedo asegurar que un poco nervioso; sin embargo, como siempre, sabe como desenvolverse y no tiene ningún problema en buscar conmigo una conversación. —Vaya, qué sorpresa verte aquí, Ciara. Andrey le dedica una extraña mirada y se dirige hasta el grupo de chicos del ring. Trenton y yo nos quedamos solos, y puedo sentir su vehemente mirada fija en mí, aunque no es necesario que lo observe. Él tiene sus manos en sus bolsillos, luciendo casual y


atractivo, como sólo él sabe hacerlo. Yo, tímida y sonrojada, sé con certeza que se encuentra escogiendo las palabras adecuadas para iniciar una conversación cómoda conmigo. ¿Podrá April molestarse por el mero hecho de encontrarme esta tarde aquí? ¿Mi visita está rompiendo esa promesa que me ha perseguido en días? ¿Trenton será el culpable que esa promesa no sea cumplida jamás? «Definitivamente ya estás rompiendo la estúpida promesa, mujer», me recrimina mi subconsciente, desdeñoso. Bien, eso es verdad. Por eso tengo que controlarme, nada irá mal. Andrey está a unos metros de distancia y confío en que Trenton sea prudente, además existe la posibilidad que Gioele se acerque en cualquier momento y nos acompañe, tal vez eso ayudaría a… —Es genial que estés aquí, estábamos planeando jugar al fútbol y necesitamos otro jugador, así que... ¿nos harías el honor? —dice Trenton ondeando su mano hacia la puerta trasera del GYM, la misma que da a la cancha de fútbol. —Estás bromeando. —Río por su atrevimiento. Él me regala una de esas sonrisitas burlonas suyas, sus ojos destellantes, llenos posiblemente de alegría o probablemente algo más, no lo sé. —Absolutamente —dice, todavía riéndose—. Pensé que ya no volverías más, Ciara, pensé que te había asustado y borrarías mi número o peor aún: me demandarías por abuso de menores —Me guiña un ojo de forma exagerada—. Pero aún así estás aquí, no corriste lejos y... —¡Oye! —Le interrumpo, ciertamente aquel tema es difícil de abordar en estos momentos. Dejo mi timidez a un lado—. ¡No soy una menor, tengo diecisiete! Genial, estoy cayendo nuevamente ante él. —Menor que yo sí —responde tranquilamente, y sin darme cuenta estoy siguiéndolo hasta la solitaria cancha de fútbol que se encuentra, imponente y grandiosa, en la parte trasera del GYM. El viento ondea nuestros cabellos, al tiempo que nos encontramos finalmente al aire libre. En un descuido, Trenton está halándome de la mano, y me lleva hasta el centro de la cancha. El pasto verde y fresco, bajo mis tenis, se siente cómodo, y por un instante pienso que quiero quedarme en este lugar por un tiempo indeterminado. La fuerte y callosa mano de Trenton sostiene la mía, y vagamente soy consciente de que éste está cojeando, al parecer no anda bien de su pierna derecha. Frunzo el ceño.


—Oh. Pero… no debes tener menos de cuarenta —bromeo de nuevo, causando que él se eche a reír y sacuda la cabeza—. ¿Perdón? ¿Acaso he dicho algo que sea gracioso? — inquiero, fingiendo estar indignada, mientras su risa me resulta lo más hermoso que he escuchado en mi vida, y de repente, me siento ligera y feliz, como si todas mis preocupaciones se hubiesen marchado sólo con el sonido de su risa. Quisiera quedarme aquí, y olvidar todo. —Oh sí, y realmente me gustas despreocupada —comenta sentándose en el suelo, al tiempo que aparece un repentino sonrojo en mis mejillas—. Sólo tengo diecinueve años, Ciara, no tienes que intimidarte por mi edad. —Se encoge de hombros. Me siento frente a él, mis piernas cruzadas y mis palmas sudorosas sobre mis rodillas. Me sorprende que de momento no me esté importando nada, ni siquiera April, o el miedo que tengo de enamorarme de este chico extraordinario. — No me intimida tu edad. Es sólo que... en el ring... eres realmente feroz. —«Y sexy» quisiera decirle—. Hoy no pelearás... es decir, ¿en el ring, pelearás? —interrogo, inquieta de que posiblemente lo vea sin camisa una vez más. Él está sonriendo, nuevamente. —¿Me estás retando? Porque déjame decirte que no peleo con chicas, pero, ¿quieres que te enseñe algunos movimientos? Podrías defenderte de cualquier idiota —Se encoge de hombros—. Tengo mucho tiempo libre, no sería un problema enseñarte, soy instructor de box aquí. Wow… —Oh. —Sólo soy capaz de mencionar, efecto de la sorpresa. ¿Se está ofreciendo para enseñarme a pelear? ¿O es una broma? Decido dejar aquello a un lado—. Tú... ¿No estudias? «Estás mal, Ciara, quieres saber todo de él, no estás preocupada cuando estás junto a él… estás cayendo, y en el fondo, eso es lo que quieres», me riñe aquella voz interior mía. —Bueno… no… —Sus ojos hermosamente verdes se pierden, observando hacia la nada, puedo notar un brillo de nostalgia en ellos y mi interés aumenta—. Estaba en una universidad en Italia pero la tuve que dejar… —Oh. Lo siento. —Da igual, probablemente fue lo mejor —dice en voz baja, sin mirarme aún.


Observo mis dedos sudorosos, pensando en cuál carrera posiblemente Trenton había estado estudiando y por qué tuvo que dejarla, de verdad deseo preguntarle, pero no quiero que piense que estoy interesada en él… «Y lo estás, estás interesada en él, admítelo». Dios... no puedo creer que esté platicando con él, cuando hace un par de horas casi me besaba... ¿qué hubiera ocurrido si no lograba resistirme a él? —¿En qué piensas? —interroga él, su voz como el terciopelo, sacándome de mis pensamientos. Yo intento no mirarlo a los ojos, aunque rehuir de aquella hermosa mirada es tan complicado… —Tú… eres muy curioso, ¿sabes? —contesto sonriendo, aunque en realidad me gustaría se sincera y confesarle: «Estaba pensando en lo que ocurriría si me hubieras besado», sin embargo he logrado contenerme—. ¿Por qué has dejado Italia? —Cosas… difíciles… de explicar —admite, con un atisbo de tristeza. —Bien… entiendo. —Asiento con la cabeza, aún sabiendo que no es cierto, no lo entiendo, y mi curiosidad está aumentando. Realmente, ahora que he sido capaz de tener una plática con Trenton, puedo asegurar que no está acostumbrado a hablar de su vida, ni de sus sentimientos. Eres tan misterioso... Nos observamos el uno al otro, yo tratando de descifrar el misterio de su vida, y él averiguando lo que estoy pensando. Limpio mis manos sudorosas en mis jeans, mientras distintas preguntas aparecer atropelladamente en mi mente, ¿cosas difíciles de explicar? ¿Es un prófugo? Infiernos, no. «¿Estás loca? Trenton no tiene rostro de delincuente, parece un modelo internacional o un príncipe o incluso un actor de cine… ¡Quizás viajó para esconderse de sus fans!», me grita mi enloquecida conciencia. Yo niego con la cabeza alejando todo pensamiento loco de mi mente, y noto la mirada atenta de Trenton, quien se encuentra radiante y notablemente divertido de mi embelesamiento. —¿Por qué niegas con la cabeza? —Trenton ríe.


—Pues porque… un mosquito está… molestando —miento. ¡Por Dios, soy tan idiota! Al parecer él está al pendiente de cada uno de mis movimientos. «Porque le gustas, ¿es que todavía lo dudas? Ya estás segura que no es un mujeriego, que no es un delincuente y que es sincero, ¿entonces porque todavía lo dudas?», dice mi otro yo, y sacudiendo la cabeza me comienzo a preguntar lo mismo. Oh Dios mío, estoy tan confundida. —¿En serio? Qué raro porque aquí no hay mosquitos —dice, su sonrisa de niño grande temblando en sus labios apetecibles y medianamente rojizos—. Me he dado cuenta de algo, Ciara, al fin estoy descubriendo tu enigma. —¡¿Qué?! —interrogo asustada ante el pensamiento de que él sepa lo atraída que me siento por él, y que escucho cada una de las canciones que me ha dedicado antes de quedarme dormida. —No grites, Ciara. —Me reprende, jovial—. Cuanto estás en tu rol de chica curiosa, dejas a un lado tu timidez, eso es divertido de ver, aunque habitualmente no me gusta hablar mucho de mí, pero créeme, si hablar de mi te hace sentirte más cómoda, hablaré todo lo que quieras. Oh, infiernos, él realmente es dulce. Trenton continúa hablando, y en un momento dado, sus ojos brillantes han abandonado los míos mientras nuevamente observan la nada. Su expresión se transforma en una solemne y yo trago ruidosamente, consciente de lo que viene a continuación: —Pensé que no te agradaba, pensé que realmente me veías como un bastardo. Y la primera vez que te vi, pensé que... eras un ángel, un hermoso ángel que ha sido traído a mi vida para darme un poco de luz. Y luego, antes que tu hermano te llevara, pensé que llorarías en cualquier momento, sé que dije algo malo, y desde ese momento no he dejado de pensar en ti y en lo diferente que eres, Ciara, dime, ¿qué hice mal? Y eso es lo que me he estado preguntando infinidad de veces desde que te conocí. ¿Qué hice mal? Niego con la cabeza enérgicamente. —No has hecho nada mal. —Mi voz es apenas un susurro, aún sin poder creer que él haya dicho todo esto, a mí, una chica insignificante. Has sido increíble —completo en mi mente. —Entonces aquel día… ¿te fuiste llorando? —pregunta, es obvio que quiere saber la razón, ¿seré capaz de decírselo? No me gusta abordar el tema, aquello ya es pasado. Yo asiento con la cabeza, sonrojándome.


—Sí. —¿Por qué? —Vuelve a preguntar, sus ojos abiertos con precaución. —Cosas… difíciles de explicar —contesto de la misma forma que él hizo, lo que causa que vuelva a sonreír y comprenda que no le diré absolutamente nada, tal como él lo prefiere. —Cualquier cosa que haya dicho… no fue mi intención. —Trenton se encoge de hombros mostrándose casual—. Tiendes a huir, ¿no es así? Lo has hecho un par de veces, te me has escapado. Me sonrojo, él tiene razón, he estado huyendo de él, y definitivamente el ya está describiendo el porqué. Demonios, sí —le respondo mentalmente—. Desde que te conocí me atraes y al mismo tiempo quiero alejarme, no sabes cuán desconcertada me haces sentir a veces. —Sólo cuando las cosas se descontrolan —digo en voz baja; dudosa, carraspeo—, ¿y qué hay de ti? ¿Tiendes a aparecer? Trenton se vuelve a encoger de hombros, no va a responderme esa pregunta, lo veo en sus ojos. «Por Dios, Ciara, eres tan estúpida. Ha aparecido dos veces en el instituto y en la fiesta sólo por ti, ¡quería verte, por todos los cielos!». —Trent… ¿por qué te fuiste de la fiesta? —interrogo tratando de ver algún signo en su rostro. Al escuchar mi pregunta Trenton resopla un par de veces y sonríe nervioso, como si dentro de él guardara una oscura respuesta—. Tú… pensé que estabas cómodo… no sé por qué te enojaste. Recuerdo cómo había sucedido todo, de un momento a otro Trenton estaba tan serio que no logré reconocerlo, y aunque parezca imposible se hallaba tan callado como nunca antes, y cuando menos me lo esperé, alguien me invitó a bailar, y seguidamente Eric también lo había hecho, y en un abrir y cerrar de ojos Trenton estaba de pie, y posteriormente se había retirado, recuerdo que pensé haber visto que él dejaba algo en la mesa; sin embargo cuando llegué hasta ella no había nada. —De hecho, estaba muy cómodo. —Sonríe ampliamente—. Pero me sentí un poco mal, y... —Le echa un vistazo a su pierna derecha y suspira. —¿Estás bien? —le interrumpo


—De maravilla. —Trenton se acuesta sobre el pasto, sus brazos cruzados debajo de su cabeza, sirviendo como almohada; él cierra los ojos y yo trago saliva ante la vista—. Escucha… tengo que pedirte disculpas de nuevo por lo de… sé que no tengo una excusa… ¿recuerdas lo que hablamos de los impulsos? Yo a veces suelo actuar por ellos… y no quise incomodarte… lo siento, ¿vale? Yo nunca me disculpo pero ahora es… necesario. Lo siento muchísimo, no quise asustarte. —Detente… —intento que guarde silencio, pero él continúa, todavía sin abrir los ojos. —No. Permite que hable. Eres muy difícil de tratar… y yo no quiero hacer nada mal contigo… tú eres… —Trenton, detente —repito, mi voz queda. —…eres lo opuesto a lo que yo soy, y siento que debo mantenerte cerca, y si tú no quieres… algo más, lo entiendo —culmina, esta vez abriendo sus ojos y mirando a los míos—. Entonces… ¿amigos? Amigos. ¿Podría ser amiga de Trenton después de todo? Nos conocemos desde semanas, las mismas que han sido inconfundiblemente diferentes, ha cambiado gran parte de mí desde el primer día en que él apareció en mi vida… o yo aparecí en la de él. Cuando él está cerca de mí, olvido la mayoría de mis problemas, y de alguna forma, Trenton me hace sentir segura, cómoda, ligera… ¿podría él sentir lo mismo? Algo me dice que la respuesta a esta interrogante es visiblemente positiva; no obstante, mi formidable inseguridad, me grita que él sólo quiere jugar conmigo. Asiento con la cabeza, estoy convencida de que es lo mejor, sellar un pacto silencioso que dé por finalizados aquellos sentimientos desconocidos que arremolinan en mí cuando lo veo o está cerca. Si aprendo a ser su amiga, todo esto se habrá ido. —Amigos. Entonces la sonrisa de Trenton se ensancha y se levanta de un salto del suelo, sacude sus jeans con sus manos y me tiende una de ellas para ayudarme a levantar; yo acepto su mano y me sacudo mis ropas también aunque estoy un poco desorientada para entender qué hará ahora. Lo único que me relaja es su sonrisa, él siempre sonríe y aún así no deja de sorprenderme cuando sus dientes blanquecinos y resplandecientes están visibles por medio de aquella sonrisa infantil suya. Trenton es una especie de caja de sorpresas, un gran misterio para muchos, para todos, incluso para mí.


Y de pronto, mi mirada está fija en alguien detrás de Trenton, una chica que, sin duda alguna, me ha de estar odiando con todas sus fuerzas, con la intensidad de sus celos. Es April. Su cabello rojo es tan llamativo como sus ojos grises, los que brillan de una forma totalmente diferente, mira a Trenton primero, luego a mí, y así lo hace repetidas veces, como si no lo estuviese creyendo. Sus brazos están cruzados, y sus ojos sin apartarse de nosotros. Siento que me estremezco, estoy abrumada. —Oye. —Trenton coloca sus manos en mis hombros al notar mi aflicción—. ¿Qué va mal? —No es nada. Creo que debo irme —susurro en respuesta. Trenton resopla y sé que está frustrado por mi extraño comportamiento, en efecto, hasta podría decir que está considerando que mis cambios de humor se deben a la bipolaridad; mas él no sabe, no tiene ni idea de lo mal que me siento al lastimar los sentimientos de April. Lo más significativo de todo esto, es que aquella promesa que le hice a la chica pelirroja realmente lastimó mis sentimientos desde el principio, además, mi subconsciente me grita que esa noche en The Space, me comporté como la más estúpida al caer en la vil trampa de April. —No te vayas, no aún, tengo que mostrarte algo, ¿recuerdas? —murmura Trenton tratando de convencerme. Yo ya me he deshecho de su agarre, y él intenta no acercarse demasiado—. Sólo unos minutos más, per favore.12 ¡Santo Dios, él realmente es más caliente hablando en italiano! Es adorable, tanto que mis mejillas se enrojecen ante el pensamiento; resulta claro, que no soy la única que piensa lo mismo, pues soy consciente del suspiro que suelta April al escucharlo. —De acuerdo. Trenton reprime una sonrisa y asiente con la cabeza, mientras ondea su mano, señalándome hacia una escalera que se encuentra cerca de la puerta de la entrada que vincula la cancha de fútbol con el interior del establecimiento perteneciente a su hermano. Por consiguiente, cuando pasamos delante de April él la saluda con una entusiasta palmadita en su hombro.

12

Por favor en italiano.


—Lo siento. —Es lo único que susurro cuando paso junto a ella, por extraño que se vea, April asiente con la cabeza como si me entendiera y me dirige una mirada de advertencia. Oh, bueno, ella sigue siendo una perra. Recuerda tu promesa. —Eso es lo que leo en sus ojos que se encuentran fijos en los míos hasta que me atrevo a evadir su mirada. Subimos los escalones lentamente, considerando que Trenton está lastimado en su pierna derecha. Él no ha soltado mi mano, y en de ninguna manera yo me he atrevido a alejarlo. Ahora, que nos hallamos finalmente en la azotea, él se detiene a mi lado, para posteriormente encaminarme hacia más adelante, llegando a la verja que se encuentra al borde de la azotea, donde puede observarse cómodamente desde las alturas, el paisaje que se manifiesta ante nuestros ojos. En este lugar, ambos somos capaces de contemplar las luces deslumbrantes de toda la ciudad y me percato de lo alto en lo que estamos, en la cima, en el cielo… en lo hermoso. El cielo de un azul profundo y misterioso acompañado de algunas estrellas refulgentes y distantes; de igual manera, puedo advertir que una capa de niebla se interpone entre nosotros, anunciando que la tarde ha finalizado y dando paso a una noche fría y hermosa. El viento sopla con la más mínima ferocidad, y aún así el frío es persistente, mas no me importa. Resaltando el hecho de la existencia de numerosos edificios, casas, autos en la distancia, lo que más llama mi atención son las luces centellantes y formidables. Desde este lugar podemos vislumbrar el más hermoso anochecer de Detroit y aunque se puede percibir que son aproximadamente las siete de la noche, y la luna en estos momentos apenas y se muestra, las luces de la gran ciudad son capaces de irradiar los techos de cada casa, de cada árbol, de cada edificio. Por sobre todo, distingo un centro comercial a lo lejos y es éste el que llama mi atención desde la posición en la que me encuentro, y sé que a cualquiera le ocurriría lo mismo que a mí; éste tiene un aspecto como los establecimientos o clubes de Las Vegas, tan despampanante y llamativo que es difícil no notar la frase que parpadea con fuerza en colores rojo y dorado “Don't stop believin13” siento un cosquilleo de alegría en el estómago, aunque no es un paisaje natural, me parece una de las cosas más maravillosas que he visto, sobre todo, por la existencia de aquella frase. La misma que, indudablemente, es el título de una canción de Journey. —Cuando me siento un poco… ya sabes… desanimado. Subo aquí y miro fijamente esa frase, la miro hasta que mi mente es capaz de absorberla y de alguna manera me

13

“No dejes de creer”


repongo… sé que no es la gran cosa, pero… —Trenton despeina su cabello mientras intenta explicarse. Él está nervioso. —Esto es hermoso —digo, impidiendo que continúe. Lo miro a él y sonrío, y río, no sé si es por la emoción, o por la fuerza que me da leer aquello. Silenciosamente le agradezco por esto, ya que es un detalle que me ha alentado a seguir y encontrar lo que quiero. Entiendo de una vez por todas que no puedes alejar a las personas como Trenton, pues son personas inolvidables, personas con una luz propia que encuentran, sin planearlo, la manera de hallar tu propia luz interior en medio de la oscuridad. Comprendo que este chico junto a mí, que también observa ensimismado aquella frase incrustada en aquel centro comercial, brilla parpadeante como las letras de la frase; sin embargo él no lo sabe, pero yo sí y temo que algún día esa luz se apague, tal vez como un día se apagó la mía. De igual manera, sé que Trenton no es el único chico con esa luz especial, Andrey y Gioele son parecidos y tengo suerte de haberme encontrado con dos de ellos, y que el otro forme parte de mí, de mi sangre, que sea mi hermano. Yo sinceramente no soy capaz de alejarnos, ni a Trenton, porque él ya ha conseguido formar parte de mí, con mucha potencia. —¿Trenton? Él me mira, su sonrisa tiembla en sus labios, y por un momento siento unas incontrolables ganas de besarlo ante este lugar, pero no puedo, soy demasiado cobarde para rendirme a lo que sea que él está creando en mi pecho. —¿Si? —Está muy cerca de mí, y se me ocurre que debo agradecerle; así, sin dudarlo ni un segundo más, corro a sus brazos y lo abrazo tan fuerte como puedo, feliz de sentir su aroma impregnando en mis pulmones—. Oye, ¿estás bien? —Él, con manos temblorosas, se atreve a acariciar mi cabello. —Sí, gracias, Trent —murmuro en su pecho.

*** Mientras estamos de regreso a casa, y el taxi nos deja justo al frente de ésta, no dejo de pensar en Trent. Trenton es realmente impresionante, ahora puedo asegurar que no es un mujeriego y de cierta manera hoy he aprendido un poco más de él y estoy relajada de que hayamos dejado todo en claro. Ciertamente, es un alivio para mí el saber que no intentará nada conmigo. «No te mientas, Ciara, estás decepcionada. ¿Le temes a April? ¿O simplemente no quieres enamorarte?», inquiere mi subconsciente.


Por supuesto, no quiero enamorarme de este chico, es obvio que no funcionaría, sobre todo si mis padres y Andrey deciden sacarme de Detroit por culpa del pervertido del señor Sanders que, casualmente... Oh, Dios, no. Veo algo que me deja sin aliento. Y mi mundo se cae a pedazos mientras nos acercamos a nuestra casa. No entiendo qué es lo que pasa, pero una parte de mí me susurra de qué va todo esto. Siento inmediatamente que mi corazón se paraliza al mismo tiempo que mi hermano a mi lado se tensa. En un momento dado, nosotros nos acercamos muy lentamente a nuestra casa, mas, al notar qué mi padre ha llegado y que nuestra casa está rodeada de policías, corremos a encontrarnos con ellos. Por consiguiente, mis ojos se encuentran con los de mi madre y sé que lo que Andrey temía está ocurriendo ahora. Estoy asustada, veo lágrimas en sus ojos, por ello mi hermano corre hacia ella y la abraza; yo, al cambio, no puedo moverme, soy una estatua a la que le han arruinado su vida, sólo soy consciente de que Andrey grita algo a uno de los policías, luego me doy cuenta que dos personas están tomándome de los brazos cuando intente correr hacia mi padre. Eventualmente, estoy llorando y apenas puedo respirar. Los ojos negros de papá están entristecidos, está esposado, los agentes se lo están llevando, ¿por qué? Oh no... Lloro e intento zafarme, pero ahora no son los policías quienes me toman, es Andrey quien intenta calmarme. Yo sigo sin poder respirar pues soy presa del pánico. Sé que se han llevado a mi padre, lo han arrebatado de mi lado, como si fuese un delincuente. Con todo esto, no me lo puedo creer y me niego que sea verdad, no, esto debe ser una pesadilla horrible, creada por mi subconsciencia. Por eso grito para despertar; sin embargo, sólo consigo que Andrey me zarandee con fuerza y cuando soy consciente de todo es real, mi madre me está abrazando, y yo me calmo, aunque mi mundo se esté desmoronando.


Él está aquí. No lo entiendo, todo es demasiado confuso. Papá fue arrestado por fraude, y un montón de delitos que no logro comprender. Por Dios, todo esto es tan repentino que no me lo puedo creer, ni siquiera mi madre logra asimilarlo y Andrey no ha hablado desde que se llevaron a papá. Fue hace dos horas, y desde entonces mi madre ha estado encerrada en el estudio, mientras tanto, mi hermano no me ha dirigido la palabra, sus labios están presionados en una dura línea y su ceño fruncido. Quiero hablar con alguien, pero no sé con quién; quiero llorar, pero ya he hecho lo suficiente. Necesito pensar, necesito que esto sólo se trate de una desagradable pesadilla; sin embargo, no lo es, y tengo que ser fuerte, enfrentar esto y ayudar a demostrar que mi padre no es culpable de nada, que todo esto se trata de un atropello. Mamá sale del estudio, Ralph Sanders y su hijo tras ella, cada uno con sus ceños exageradamente fruncidos. Mi madre, por otra parte, está enfurecida, jamás la he visto así, sus mejillas se encuentran enrojecidas y la tensión en ella es más que palpable, su mandíbula tensa. Ralph Sanders está inexpresivo, pero cuando advierte en mi presencia, algo extraño aparece en sus ojos marrones. Yo tiemblo involuntariamente y me acurruco aún más en el sillón, extrañamente sintiéndome más pequeña de lo habitual mediante su amenazante escrutinio. Andrey, en un abrir y cerrar de ojos, se halla a mi lado y sé que me está protegiendo. Ralph inclina su cabeza a un lado, sus despreciables labios tiemblan cuando reprime una desagradable sonrisa que no viene al caso. Dios mío, estoy segura que este hombre no es quien aparentaba ser, claramente está disfrutando de esto. Detrás de Ralph, Eric carraspea, totalmente irritado por el silencio. Brevemente, sus ojos se encuentran con los míos y sé que a pesar de todo, él no está feliz por la desgracia de mi familia.


—Lo siento, créeme que lo siento, Miriam, pero si yo hubiera sabido que Albert... — intenta explicar Ralph Sanders, pero a mí no puede engañarme, tengo la certeza de que es un bastardo, y algo me dice que mamá también se halla considerando lo mismo. Mamá alza una de sus manos, interrumpiéndolo. —Esto es una blasfemia, y no, no necesito que repitas aquel sartal de mentiras, tú no lo puedes ver, pero yo sí. Yo conozco a mi marido —dice férreamente, su rostro más pálido de lo normal—, yo sé que esto va a solucionarse porque es un error. Y si usted, señor Sanders, no quiere comprenderlo, puede irse y no volver jamás. Me parece una falta de respeto que haya venido a esta casa, la casa de quien consideró su amigo por más de veinte años, sólo para admitir que usted cree en dichas pruebas que claramente son falsas. —El señor Sanders intenta replicar, pero mamá no se lo permite—. Puede hacer lo que quiera, pero usted no va a venir a mi casa a acusar a mi marido por algo que no es verdad. Así que, si no es mucho pedir, puede marcharse de mi casa, y nos vemos en la corte. Oh Dios mío. Me tenso, y Andrey lo nota, por eso se acerca a mí y toma mi mano entre las suyas. Estoy temblando, pero quiero mantenerme serena. Noto a Eric entrecerrar los ojos a mi madre y sé que está considerando todo lo que ella acaba de decir. Obviamente él está del lado de su padre. —Por supuesto, por supuesto. —Ralph alza sus manos en señal de paz, puedo ver que está sombrío mientras intenta buscar una respuesta a mi madre—. Esto va a solucionarse, y cuando esto ocurra, estaré aquí pidiendo mis disculpas, señora. Ahora, con mi permiso — dice y siento su mirada puesta en mí. Andrey aprieta sus manos en puños pero opta por no decir o hacer nada. Eric y su padre se marchan, y para nosotros es un gran alivio. Mamá resopla y se deja caer en el sillón mientras murmura con voz queda: —Albert estará de vuelta dentro de poco, todo volverá a la normalidad. Para todo hay una solución, y ésta no es una excepción, aún cuando sabemos que alguien está incriminando a nuestro Albert. Ella se marcha al despacho nuevamente, con su teléfono en mano y sé que ella ciertamente esta noche no va a dormir. —Ciara. —Andrey finalmente ha decidido hablar—. Tienes que prometerme que serás fuerte. La manera en que reaccionaste cuando se llevaron a papá, la forma en que gritaste, eso no puede pasar de nuevo, Ciara. Tienes que aprender a ser fuerte a pesar de las situaciones, pues no conseguirás nada gritando o pataleando. Papá no necesita esto, necesita


a sus hijos fuertes, ¿escuchaste lo que mamá ha dicho? Tenemos que demostrar que él no ha hecho nada. —Pero... ¿de qué lo están acusando realmente? —Frunzo el ceño, mi voz ininteligible, aunque de alguna manera Andrey logra entenderme correctamente. —Ellos llegaron aquí asegurando que papá ha estado falsificando firmas de Sanders desde hace años, y ha invertido clandestinamente de las ganancias de éste en clubes que... son ilegales —explica Andrey, puedo asegurar que está reprimiendo las ganas de golpear a alguien—, de esto exactamente iba a hablar con papá, noté una irregularidad en Aldridge & Sanders Worldwide; sin embargo, esto ya no sirve de nada. Esto es una locura. Aldridge & Sanders Worldwide ha sido el negocio que nos ha unido con los Sanders. Papá es dueño del cincuenta y cinco por ciento de las acciones y Ralph Sanders del resto. Y debo admitir que, para todos, es prácticamente imposible que papá quiera robar a Ralph, por Dios, mi padre posee tantas propiedades, acciones en una constructora y además en una empresa automotora. ¿Para qué querría tomar el dinero de Sanders para abrir clubes ilegales? Aún sabiendo que papá no es culpable, para cualquier persona esto no tiene ningún sentido. —Esto no tiene sentido, Andrey, no lo entiendo. —Para ellos sí que lo tiene, Ciara, ellos dicen que papá quería perjudicar al futuro alcalde, esto es malo, Ciara, ellos tiene testigos, pruebas, firmas, documentos. —Hace una mueca, él está comenzando a desesperarse. —Andrey, nosotros podemos buscar testigos, pruebas, documentos, ¿vale? Tú puedes resolver esto, déjame ayudarte —le digo, sintiendo cómo mis ojos se llenan de lágrimas—, no quiero irme de la ciudad, no ahora, mamá también nos necesita. Él asiente con la cabeza. —Tengo que hablar de esto con mamá y con el abogado primero, papá no puede seguir en la cárcel, quédate aquí, ¿vale? Regresaré en unos minutos. —Y tras decir aquello se marcha, caminando decidido al despacho donde permanece mi madre haciendo sus llamadas. Sin saber muy bien lo que estoy haciendo, tomo mi móvil entre mis temblorosas manos y rebusco entre mis contactos hasta dar con el número que necesito en estos instantes. Lo llamo, y después de tres tonos, una voz ronca y masculina contesta: —¿Diga? —Mi corazón da un vuelco. —Trenton —respiro, escuchar su voz por alguna razón ha traído nuevamente el llanto a mí, así que intento tragarme mis propias lágrimas.


—¿Ciara? ¿Qué es? ¿Qué va mal? ¿Estás bien? —Comienza a lanzarme preguntas que provocan un sentimiento cálido en mi interior—. ¿Has llegado bien a casa? —Se lo han llevado, Trent, se lo han llevado —sollozo, presiento que necesito desahogarme con él, necesito sus fuerzas ahora, quisiera estar en sus brazos nuevamente—. No sé qué hacer, se lo han llevado. Escucho algo romperse al otro lado de la línea, y cuando pienso que él va a colgarme, habla: —¿A quién? Ciara, demonios, dime que estás bien —exige, sus palabras atropellándose entre sí. No, Trenton, no estoy bien, te necesito —quiero decirle, mas no soy capaz; mi corazón está decidido a no pronunciar jamás esas palabras para él. —Mi papá.... se... se lo han llevado —exhalo, y luego inhalo lentamente, tratando así de calmarme a mí misma. No sé por qué necesitaba escuchar su voz, pero presiento que ahora estoy más ligera, a pesar del llanto. —¿Quieres que vaya a verte? Porque puedo hacerlo, sólo dime, y cálmate, princesa, por favor no llores, todo estará bien, ¿vale? —Suelta un suspiro—. Estaré es tu casa en veinte minutos. —¡No! Trent es peligroso... y tu pierna... —Sacudo la cabeza, aún sabiendo que no puede observarme—. Habla conmigo, sólo necesito escucharte, ¿sí? Dios, es tan increíble la manera en que me siento ahora, dividida entre tristeza y alegría al escucharlo. Por otro lado, es evidente que todavía pienso en lo que está sucediendo en mi casa, y en que necesito calmarme, necesito que él logre calmarme. —Puedo cantarte si quieres, vamos, ve a la cama —expresa, sé que está preocupado por mí, así que hago lo que me pide, sabiendo que el horrible nudo en mi garganta no desaparecerá hasta que mi padre esté de regreso. —Estoy en cama —digo cuando ya me entrado en mi habitación, ni siquiera me he cambiado de ropa, pero sí fue capaz de tomar la chaqueta que Trenton me prestó y acurrucarme contra ella. Es como si él estuviese aquí a mi lado, abrazándome. Y Trenton lo hace, me canta suavemente mientras yo pongo los auriculares en mi móvil. Su voz armoniosa y dulce voz susurra "A message" de Coldplay, y yo lloro de tristeza y de felicidad. Mi padre se ha ido, pero Trenton está cerca y él me ofrece esperanzas. Y rayos, siento que algo dentro de mí se está manifestando con más fuerza.


Trenton me gusta, me gusta demasiado, es el único chico que me ha gustado con tanta intensidad. Aún en los peores momentos de mi vida, su voz, esa hermosa canción, me hace sentirme a salvo, a pesar de que el peligro se encuentra tan cerca.

*** —No puedo creer que no hayas hecho los deberes. Una voz profunda me despierta y de un salto me levanto desorientada, mirando de un lado a otro con la respiración agitada. Delante de mi cama se encuentra mi hermano, recién bañado y vestido con el nuevo uniforme de la escuela: unos pantalones de gabardina oscuros al igual que la chaqueta con su respectivo escudo, una corbata color vino y una camisa blanca perfectamente alisada. Parpadeo un par de veces, realmente mi hermano luce de maravilla. —¿Eres un ángel? —murmuro somnolienta—. Creo que estoy soñando. Mi hermano suelta una carcajada. —No seas absurda y apúrate. Tienes exactamente media hora para alistarte y creo que te saltarás el desayuno. —Suspira profundamente—. Ya te conseguiré algo en la escuela, ¡demonios, Ciara, levántate! —Pero… —¡Te quedan veintiséis minutos! —me interrumpe mientras observa su reloj, causando que yo dé un salto. Arrastro los pies hasta la ducha y en dos minutos ya estoy en frente del lavabo cepillándome los dientes, el caso es que no me siento capaz de lidiar con otro día de escuela, siento haber dormido menos de lo debido y además no cené anoche, ¡muero de hambre! Y pensar que también me saltaré el desayuno… Cuando salgo de mi cuarto de baño me espera el nuevo uniforme que resulta ser un poco más atractivo para mí. Consiste en una falta oscura a cuadros blancos, una camisa blanca, chaqueta oscura con el escudo de la escuela y la corbata vino que no debe faltar. Suspiro y sin perder más tiempo me pongo encima aquel uniforme que no me sienta tan mal, acompañado de unos zapatos cerrados negros de tacón bajo, cuando seco mi cabello me encuentro más que lista y tomando mi bolso de mensajero y una conocida chaqueta negra, salgo a zancadas de mi habitación. Todavía no logro creer que no haya hecho los deberes, anoche, cuando llegué de mis largas rutinas de baile con la señorita Fitzgerald caí inconsciente en la cama debido a tanto cansancio acumulado. El estrés de mis ensayos, el asunto de papá y las investigaciones que Andrey y yo hemos estado haciendo, están pasando factura.


Todavía no puedo creer que en sólo siete días me presente en uno de los Teatros más conocidos de Michigan, junto con la señorita Fitzgerald y otras chicas que bailarían conmigo; mientras espero tan ansiada fecha, soy un manojo de nervios. Aunque lo cierto es que me duele que papá no vaya a estar presente, de hecho, estuve a punto de renunciar a la presentación, pero él no me lo permitió. Creo que ese evento definirá mi futuro como una estudiante universitaria de danza. Mientras camino con Andrey a su auto —Flavius Bernard ahora es el chofer de mamá— pienso en lo que ha pasado en las últimas semanas. El tiempo ha pasado extremadamente rápido, estamos tan sólo a dos semanas de Acción de Gracias y yo me encuentro un tanto… ¿cambiada? Desde aquella noche que Trenton y yo comenzamos a utilizar nuestra etiqueta de “Amigos” no ha pasado nada interesante. Andrey y yo hemos estado trabajando por nuestra cuenta, buscando algún documento que ayude a nuestro padre. Taylor, el abogado de la familia, logró que nuestro padre obtuviese un arresto domiciliario y, afortunadamente, éste problema no se ha hecho público, sin embargo, tarde o temprano los demás van a enterarse. Andrey también fue capaz de tener una charla muy seria con el señor Taylor, el cual escuchó cada una de las opiniones y sospechas de mi hermano, asegurando que juntos encontrarían una solución; sin embargo, para Taylor las cosas se han vuelto muy complicadas, y Andrey y yo hemos decidido comenzar a seguir a el señor Sanders, aunque no hemos encontrado mucho. Yo sé que papá detesta eso, no poder hacer nada, y estar encerrado, imponente en este asunto lo ha de estar desesperando; mamá y mi hermano, sin duda se encuentran mucho más cómodos sabiendo que papá no está lejos de nosotros, aunque los problemas persistan, la cercanía de Albert Aldridge, nos calma a todos inmensamente. —Necesito vacaciones ahora, ya, ahora mismo —murmura mi hermano sacándome de mis cavilaciones, yo le miro con una ceja alzada—. ¿Qué? —No estás en posición de quejarte, cuando fuiste tú quien madrugó —explico, el frunce el ceño y niega con la cabeza—. No lo niegues, estabas fresco como una lechuga cuando me levantaste. Andrey sofoca una sonrisa mientras estaciona el auto en el colegio, me percato que todo el camino de casa hasta aquí me la pasé pensando, ¡vaya! —Cada vez hablas más como… —¡Y otra vez con lo mismo! —interrumpo haciendo una mueca—. Sólo por si lo dudas, actúo como siempre. Andrey se baja de auto, cerrando la puerta luego. Yo hago lo mismo, acomodando mi uniforme en el proceso, tomo mi bolso.


Cuando estamos a la vista de todos vuelvo a suspirar porque consigo ser el centro de atención, y no sé si es por el nuevo uniforme que me sienta de maravilla, por mi hermano Andrey, o por la “popularidad” que he conseguido a lo largo de los meses. Es algo que todavía no creo, o sea, ¿quién consigue ser popular por formar un trío amoroso que además es ficticio? Sé que todos no han dejado de preguntarse qué ha ocurrido estos meses, pues no se ha sabido absolutamente nada de aquel chico misterioso —Trenton— y mucho menos de Eric, que finalmente ha cedido a mantenerse alejado, quizás por respeto pues su padre ha demandado al mío. —Trágame tierra —murmuro entre dientes. Mi hermano ríe. —Hay vienen tus amigos —dice riendo al ver a Donny que salta cuando me ve y se acerca; detrás de ella le sigue Luke, quien se ve un tanto más alto y su cabello está más alborotado que de costumbre; pero luce bien, y es que el uniforme le sienta a cualquiera, la verdad es que es fantástico—. Mejor me iré antes de… —¡Oh Andrey, qué agradable verte, el destino nos une otra vez! —escucho el chillido de Donny, mientras corre a saludar a mi hermano. Realmente, ella ha estado demasiado interesada en mi hermano las últimas semanas. Andrey está sonrojado ahora, y yo sofoco una risa mientras Luke me saluda con un corto abrazo. —Hola Donny… bueno, um, en realidad estudio aquí —responde Andrey causando que Luke y yo riamos al unísono. Donny parece estar incómoda. —Sólo intentaba ser romántica. Mi hermano frunce el ceño y se despide con un movimiento de mano y camina hacia donde se encuentran sus amigos, no sin antes recordarme que esta noche tenemos trabajo por hacer. Luke me sonríe e intenta ignorar el puchero que está apareciendo en estos momentos en los labios de Donny, quien está teniendo uno de esos berrinches mañaneros. A pesar de no compartir mucho con ella la estoy conociendo como una niña indiscreta y terriblemente sincera, ella puede decir la más cruda verdad sin titubear, es algo extraña y caprichosa, pero no es mala. Luke por otro lado es todo lo contrario, con él sí que he compartido más que con Donny, es más tímido y de lo más discreto, es como mi versión masculina aunque suene tonto.


—¿Has tenido un buen fin de semana? —pregunta, con su habitual voz baja. —Sí, de lo más entretenida, en los ensayos —le contesto en el mismo tono, recordando los reproches de papá, Andrey y yo mientras el primero nos reñía por querer espiar a Sanders. Escucho de lejos cómo Donny comienza a relatar cómo le pedirá a mi hermano que salgan el viernes por la noche. Ella ni siquiera se da cuenta que ni Luke ni yo le estamos prestando atención. Mi amigo vuelve a sonreír. —Eso suena agotador. —Lo es.

*** Trenton: ¿Estás teniendo una buena mañana? Porque yo no, estoy jodidamente molesto. ¡Maldita sea! Reprimo una carcajada, y siento las miradas de Donny y de Luke fijas en mí, mientras leo el mensaje de Trenton. No lo he visto en días y siento que lo hecho de menos, aún sabiendo que ambos hemos estado muy ocupados para frecuentarnos. Trenton Lombardi es el único que sabe lo ocurrido con papá. Él ha sido quien más nos ha apoyado a mi hermano y a mí; indudablemente sé que no sería lo mismo sin él, ya que Trenton fue el único que logró convercerme para que me recompusiera, y luchara por demostrar que mi papá es inocente. Pasar las tardes en el GYM se volvió un habito para mí, aunque los primeros días asistía un día a la semana a regañadientes pues había caído en depresión por lo sucedido con mi padre; no obstante, cuando Taylor y mamá lograron traerlo a casa, los días en el GYM fueron aumentando hasta que sin pensarlo dos veces, estaba allí todas las tardes platicando mayormente con Gioele y con Trenton. También los planes de sábado en la noche se volvieron una costumbre, mi hermano y yo asistíamos al pub del padre de Luke a veces acompañados de un puñado de gente, y otras veces sólo nosotros dos, todo porque papá nos aconsejó que debíamos distraernos. Yo: ¿Estás recriminando el hecho de que tenga una buena mañana? ¿O me escribes sólo para maldecir? ¿Por qué no lo hiciste en italiano? La respuesta llega inmediatamente.


Trenton: ¿Quieres estudiar mi lengua? Deberías practicar con mi lengua más seguido. Casi me caigo para atrás al leer eso. Yo: Por Dios, déjalo ya. Eres increíble. Seguido de eso, Trenton me envió un emoticono dandole un beso a otro. Suspiro, no hay nada que me haga olvidar el casi beso entre nosotros; sin embargo eso no se ha repetido de nuevo, y afortunadamente Trenton entendió que estaba más confundido que interesado en mí. Por ello las cosas han surgido normales, él se ha comportado de forma natural, al igual que yo. Y sin duda, ha sido un genial amigo. Pero Gioele, Gioele es extremadamente distinto. Él no actúa de una forma natural, sencillamente porque no lo es, no puede estar quieto, ni serio, ni jurarme amor eterno delante de mi hermano para que a éste le ataquen los celos. Esos dos chicos italianos son tan... peculiares. —Señorita Aldridge, ¿podría usted prestar atención? —me recrimina el profesor de física alzando una de sus pobladas y canosas cejas, su calva brillante como una bola de bowling—. El móvil apagado. Frunzo el ceño ante las miradas de mis compañeros mientras presiono el botón rojo de mi celular y mi mente se pierde entre fórmulas, números y letras que menciona el profesor mientras explica. —Esto es una mierda —murmura alguien detrás de mí, enfurruñado. Pero no presto tanta atención a su persona, estoy más entretenida en la clase y en los pensamientos que divagan en mi mente, que mayormente son recuerdos que se arremolinan en mí. Todavía no puedo creer lo que ha estado pasando en mi vida, gané amigos y puede que también enemigos; sin embargo es notable cómo he estado actuando últimamente, ningún amigo va a lastimarme jamás, de eso estoy segura. Al cambio en el amor… Nunca me he dejado de preguntar qué ha pasado con los sentimientos que se acumulaban —o se acumulan— en mí por Eric, aquel chico glorioso que formó una gran parte de mi infancia y adolescencia, ese que con tan sólo sonreír, me deslumbraba. Ni siquiera tengo en claro qué sucedió con él en el pasado, y no es que haya tenido una pérdida de memoria o algo, simplemente las cosas son complicadas para mí, después de lo que ha pasado no sé si le echo de menos.


Y después de que nuestras familias se convirtiesen en rivales, o enemigos, como quieras llamarlo, ninguno de los gemelos nos ha dirigido la palabra. De hecho, el señor Sanders no ha regresado a casa después de que mamá lo echó de allí, como el perro asqueroso que es. Andrey ha hablado con mamá y con papá —sé que eso lo debí haber hecho yo— sobre lo ocurrido con el señor Sanders, desde Sophia hasta las miradas furtivas y asquerosas que éste me dedicaba sin darme cuenta. Ellos al principio quisieron enviarme a Paris, a un internado; mas, luego de sopesarlo por unos días, llegaron a la conclusión que es más seguro el tenerme aquí cerca. El timbre de salida me despertó de mi ensimismamiento. Justo cuando salgo de la clase, Andrey pasa uno de sus brazos por sobre mis hombros —El caso es esto, solicito… exijo que hagas que la amiguita tuya me deje en paz de una muy maldita vez, ¿puedes? Me encojo de hombros. —No… es posible —respondo, dando un resoplido—. Ella es implacable. Andrey me mira de soslayo y sus labios están presionados en una línea recta. —No estás ayudando —me dice colocándose delante de mí, impidiendo que yo siga caminando—. Ella no… me gusta. Es como a una… sanguijuela. Alzo una de mis cejas, sin embargo unos minutos después comienzo a reír discretamente por la comparación tan acertada que ha utilizado mi hermano. —Mira, te lo dejaré así de fácil —le digo y tomo aire para seguir con mi consejo—, tienes que ser sincero con ella, si no te gusta, díselo. —Para ti es muy fácil —murmura. Suspirando profundamente le doy una palmadita en el hombro. —Deberías saber que eso es lo correcto. —Cuando te ocurra dime qué pensarás. —Mi hermano me dedica una radiante sonrisa—. Creo que no falta mucho. ¿Qué? —¿Eh? —Déjalo. —Sacude su mano en forma de despedida y se retira a su siguiente clase.


¡Santo cielo, no entiendo nada! «Claro que lo entiendes, no te hagas». Las horas siguientes son extremadamente aburridas hasta que llega el almuerzo y se arma el desorden mientras todos salimos a comer. Después de adueñarme de mi bandeja de ensalada y arroz maldigo mi dieta estricta. La ansiedad se adueña de mí y el hambre ataca potente, ¡infiernos, necesito grasa! Y es por eso que pido una riquísima hamburguesa después de meditarlo unos minutos. Ser bailarina tiene sus sacrificios, pero por un día que coma esto, no pasará nada. —Uh, mira que tenemos aquí, una chica a punto de romper a su dieta… —murmura Luke en cuanto me siento a su lado. Donny iba a decir algo, pero su boca quedó abierta, casi su mandíbula está en el suelo mientras observa a algo o alguien a lo lejos. —Oh mierda santa. —Es lo único que menciona. Me estremezco sin saber por qué. —¡Uh! El novio de alguien está aquí —dice una chica que pasa por nuestra habitual mesa. Ella suelta una risotada y a ésta se le suman sus amigas. Me encojo en mi asiento. —¡Oh mierda Ciara! —Vuelve a exclamar Donny en un grito—. ¡Tienes que mirar! La observo a ella por unos minutos, sus ojos desmesuradamente abiertos, a su lado Luke con el ceño fruncido, y algunos que están al rededor murmuran cosas después de mirarme. Entonces finalmente me arriesgo a darme vuelta en mi asiento y observar a través de los grandes ventanales del comedor de la escuela y el chico que encuentro me sonríe, sus ojos relucientes fijos en los míos. Estoy helada, y sigo mirándolo como si no creyera que realmente está aquí, y él me sigue mirando y en verdad no sé por qué. Trago saliva dos veces seguidas, su sonrisa no desaparece. Trenton lleva encima un jersey negro, unos pantalones de mezclilla y encima de su alborotado cabello tiene una gorra de béisbol, la cual está hacia atrás. Al lado de él permanece Gioele, con sus manos en los bolsillos y puedo ver que la delgada tela de su camisa blanca —casi transparente— no oculta ni un poco sus músculos perfectamente trabajados. Desde esta distancia puedo ver también el gran parecido que guardan ambos chicos sin siquiera ser hermanos, y a pesar que uno es mayor que el otro.


Con ambos platica mi hermano Andrey; sin embargo el único que repara en mi fija mirada es Trent. —Es como ver el paraíso y su belleza —jadea Donny embelesada. Luke resopla. —Estás mojando la mesa. —¿Qué? ¿De qué? —le pregunta Donny a Luke sobresaltada, mientras mira a todas partes de la mesa. Luke suspira, y sé que está pensando que Donny es medio tarada. —De baba. Suelto una risita que amortiguo con mi mano. Donny ni siquiera entiende lo que Luke ha dicho y lo deja pasar, mientras observo de reojo a los tres chicos —mi hermano, Gioele y Trent— platicando. Mordisqueo mi hamburguesa y como gran parte de mi ensalada en un tiempo record. —Mierda… tu novio está como para… —intenta decir Donny, pero de un codazo, Luke la interrumpe. —No. Es. Mi. Novio. —digo lentamente y con voz firme—. Son sólo chismes. —¿Entonces qué hace aquí? —vuelve a preguntar la chica mientras alza una ceja en mi dirección. —Ese no es asunto tuyo —le dice Luke en respuesta, impidiendo que yo le responda. Observo la seriedad del chico, sé que tiene razón, no es asunto de Donny, pero igualmente le contesto: —No lo sé. En un movimiento rápido estoy de pie, con mi bolso en mano me despido con un gesto con la mano de los dos y salgo fuera, donde Andrey, Trent y Gioele están conversando. De soslayo noto cómo un par de ojos de color miel me siguen hasta la salida del comedor, y en consecuencia me estremezco. La mirada de Eric me ha perseguido por mucho tiempo. Me limito a suspirar, y disimular que me he percatado de su mirada. Entonces camino directamente hasta los tres guapos chicos que sonríen al verme. ¿Cómo consigue Trenton entrar a su gusto a la escuela? Es la segunda vez que viene, y la primera de Gioele, y no parecen preocupados para nada de que los descubran aquí.


—¡Cici! —Salta Gioele y me levanta en sus fuertes y grandes brazos. Yo chillo y él no me baja, me carga como si él fuese mi madre y yo su bebé recién nacido—. Cuánto has crecido —dice fingiendo melancolía. Yo río entre dientes. —Demente. —Estos imbéciles están más que dementes —menciona Andrey lentamente, y mientras lo hace, Trenton me guiña uno de sus ojos en forma de saludo, yo le sonrío—. Hay una partido y… —¿Una partido? —inquiero boquiabierta, aún en los brazos de mi madre… digo, de Gioele. —Sí. Ahora mismo, y el idiota de Steve está en la estación de policía —explica Trenton con un encogimiento de hombros—. El muy imbécil se ha metido en ese lío y nosotros no vamos a sacarlo sólo para que juegue, así que vinimos por tu hermano. Apostamos y necesitamos ganar. Mierda. —¿Andrey? —le digo una pregunta silenciosa. —Sí iré. ¡Estoy cansado del maldito esgrima! —exclama como si fuese lo más obvio del mundo. Yo abro mis ojos impresionada—. No te alteres, sólo nos queda una clase, además, cuando salgamos del partido podemos ir… A espiar a Sanders. —¡Y la clase de literatura! —le interrumpo bajando de los brazos de Gioele, mientras me acomodo mi uniforme me percato de que Gioele y Trenton se encuentran ensimismados en mis piernas, yo me sonrojo—. ¡Todos van a preguntar por ti! ¡Y mamá va a matarte! ¡Y también a mí! —chillo. —Entonces ven con nosotros —señala Trenton frunciendo los labios—, y caso cerrado. Yo frunzo el ceño. —Estás bromeando. Andrey y Gioele se carcajean por lo bajo. —Por supuesto que no, vamos. —Trenton me hala del brazo hasta el estacionamiento de la escuela en donde se encuentra una moto… ¿una motocicleta? ¡Una moto! ¡Está loco!


—Es-están todos ustedes locos… si creen que yo me voy a montar en eso. —Apunto la motocicleta con mi dedo índice como si fuese un malhechor. —No seas ridícula, es sólo una estúpida moto, ¿qué tiene de malo? —Trenton alza una de sus oscuras cejas mostrándome su desconcierto; yo frunzo el ceño y él suspira—. No va a pasar nada. —No me subiré a esa cosa, ni loca —refunfuño cabizbaja. —Entonces estás afirmando —dice Gioele sonriendo socarronamente—, que sí te fugarás con nosotros. Esto es un desastre, es decir, ¿para qué tengo que ir? Yo no sé nada de fútbol, no tengo ninguna intención de faltar a la última clase; sin embargo tengo miedo de asistir sin mi hermano, aunque no lo demuestro, lo necesito junto a mí porque siento que en cualquier momento Sanders vendrá por mí e intentará hacer lo mismo que quería hacerle a Sophia. Entonces hay dos opciones: convencer a Andrey para que no vaya a jugar y que los chicos pierdan lo que sea que pierdan porque falta uno de su equipo, o irme con los tres. —Us-ustedes… son… malos… —susurro en un jadeo, observo la moto con una fulminante mirada—. Y-yo… me iré con mi hermano en su auto. Los tres chicos se miran entre sí, pero Trenton es el que niega con la cabeza. —De ninguna manera, esta principessa 14 se va conmigo. —Sus ojos no dejan de observarme con diversión y yo le dedico una mordaz mirada que define mi total desacuerdo. Odio las motos con todo mi ser, y aunque no me he subido jamás a una, sé que la adrenalina es la que se adueña de ti cuando corres a altas velocidades, y la adrenalina es algo que no va conmigo. Niego con la cabeza lentamente. —He dicho que no. Los tres se miran una vez más entre sí; pero el único que veo suspirar es Trenton, y luego lo que hace me deja prácticamente sin respiración en mi sistema. —¡A la mierda! —exclama antes de cogerme de los brazos y echarme encima de sus hombros como si yo fuera un costal de patatas. ¡Pero qué rayos! Gruño sin aliento mientras me lleva a la despreciable moto soltando seguidamente una carcajada—. Niña riquilla y malcriada, muy típico. 14

Princesa.


Jadeo cuando me coloca en la moto y busca a tientas el casco y me lo coloca encima mientras echa a un lado mi cabello. —Puedo hacer eso yo misma —refunfuño; sin embargo mi rabia le causa gracia. —No puedo desechar esta oportunidad —dice, sus ojos verdes fijos en los míos—, de tener mis manos sobre ti. Abro los ojos como dos cuencas y sé que casi se me salen de sus órbitas, lo que causa otra estruendosa carcajada de su parte, me percato que mi hermano y Gioele ya se han marchado y sólo estamos Trent y yo en el estacionamiento. Aún riéndose, Trenton se sube a horcajadas por sobre la motocicleta y yo me acomodo, aferrándome fieramente a mi bolso y noto que mi querido Italiano no se ha dignado a encender el motor de la motoci-tortura. —¿Qué esperas? —le pregunto tensa. —¿Qué tienes? Tu humor me causa arcadas. —Se burla de mí—. Estoy esperando, principessa, que te sujetes. Y eso es lo que hago, porque en un abrir y cerrar de ojos la moto está encendida y el abruptamente arranca, obligándome así a que rodee su cintura con mis temblorosas manos, y precisamente cuando me doy cuenta de lo que estoy haciendo susurro un «Oh santo ángel» que causa que tiemble al sentir el más duro abdomen que puede tener un chico. Santo infierno, sus notables atributos físicos con los que nuestro Santo Creador lo ha bendecido no dejan de sorprenderme. Trenton es increíble, y logra confundirme tanto a veces que me siento exasperada. He llegado a la conclusión de que me gusta, y mucho, desde aquella noche en la cual me cantó por teléfono, pero no estoy muy segura de mis sentimientos hacia él, sólo que, indudablemente, lo mejor es que seamos amigos. «Por, Dios, Ciara, estás enamorada del tipo desde que lo conociste, eres tan idiota, y te engañas a ti misma ¡Ciara ubícate!». —Estas temblando —grita Trenton, quien maneja a toda velocidad, como si no le importase que hubiese un mañana. —¡Pues claro! —exclamo, mi voz sonando chillona y me maldigo por eso—. ¡Estás a punto de matarme! —Sabes que te quiero. —Eso es lo que escucho en respuesta a mi sarcástico comentario.


Yo estoy sin aliento y con mis brazos a su alrededor. El viendo soplando con fuerza contra mi rostro, el que oculto gracias al imponente cuerpo de Trent. Él es capaz de llegar a una de las velocidades más altas, mientras esquiva autos, roba luces rojas y grita de emoción. Me percato que me acurruco más a su lado, y todo en mi cuerpo explota, por su cercanía y la emoción. Siento que la sangre que corre por mis venas está más que hirviendo, y cuando abro los ojos todo lo que veo es un borrón, que se debe a la velocidad, yo aprieto más mi agarre en torno a Trent y suspiro y luego reprimo soltar una risotada. Mi amigo el italiano me da un apretón en la rodilla y yo vuelvo a sonreír, ahora colocando mi cabeza sobre su hombro, y me percato que es la segunda vez que estamos tan cerca del otro. ¡Y oh Dios mío! ¡Esto es increíble! Las motocicletas no son tan malas, aunque no le quito lo peligrosas, pero ¡me ha encantado este paseo! Y no sé si es por la compañía o… niego con la cabeza al pensarlo y noto que Trent ya ha bajado la velocidad y estamos a unas cuadras de llegar a la sencilla cancha de fútbol. —¿Disfrutando el paseíto? —pregunta en tono burlón, yo todavía no lo he soltado, y él no ha hecho el intento de apagar el motor y bajarse, a pesar de que ya no estamos en marcha. —S-si… manejas como un loco —murmuro bajándome al fin, el casco todavía en mi cabeza. —Pero te gustó —dice apagando el motor, su cabeza ladeada—. Pude sentir lo emocionada que estabas. Desde hace tiempo no me sorprende el ligero coqueteo que se hace notar en cada una de sus palabras, simplemente es algo que a lo que ya me acostumbré, al igual que sus cambios de humor, el puede ser un Hulk en todo su esplendor; pero de un momento a otro se transforma en Romeo Montesco sin ningún tipo de esfuerzo. —Nunca me había subido a una moto antes —murmuro sonrojada, la sonrisa de él se agranda—. Siempre les he temido, mamá siempre dice… Trenton pone los ojos en blanco. —Vale, vale. Larguémonos de aquí antes de que digas algo como eso de nuevo. —Me hala del brazo en dirección al umbral que da paso a la cancha—. Mamá dice esto… mamá dice lo otro. —Comienza a imitar mi voz en un chillido agudo causando que suelte una carcajada y él se una luego—. Ponte la chaqueta, la necesitas —indica señalando con la


barbilla la chaqueta suya (que ahora al parecer es mía) que está entre mis brazos. Trenton me arrebata de las manos mi bolso permitiendo así que me coloque la chaqueta que por obviedad me queda demasiado grande; pero eso ya es una costumbre, la primera vez que me dio su chaqueta fue cuando intentó besarme, y con ella dormí cuando él me cantó por teléfono; días después se la devolví, pero él me la da de vuelta cuando la necesito. Él es un caballero. Y me gusta. Pero sólo hace esto porque es un caballero. O tal vez le importas demasiado —murmura mi subconsciente; sin embargo lo ignoro sin molestarme siquiera a considerarlo. La cancha está abarrotada de gente para ser sólo un juego callejero, al verlos me pregunto qué rayos están apostando. Sigo a Trenton a donde están Andrey, Gioele y el resto del equipo. Cabe recalcar que todos me observan de pies a cabeza con sus cejas alzadas, y de forma despectiva, claro, el uniforme. Andrey se ha quitado el abrigo y arremanga su pulcra camisa hasta los codos. En cuanto me ve me indica con el dedo que me acerque. —Te quedas aquí y no te vayas a mover. Si las cosas se ponen feas toma las llaves. — Pone las llaves del auto en mis manos mientras yo abro la boca por la conmoción. —Pero yo no puedo manejar… mamá no… —intento replicar. —Y dale con lo mismo. — Trenton se burla. —De acuerdo. —Es lo único que murmuro cuando guardo las llaves en el bolsillo de la chaqueta de Trent—. ¿Qué quieres decir con “si las cosas se ponen feas”? Mi hermano se encoge de hombros y veo a Trenton y a su primo encaminarse a los del otro equipo. —Una pelea. —Cuidado —le advierto viéndolo alejarse. Frunzo el ceño sentándome en las gradas. ¡Me he saltado la última clase! Y no sólo eso, todos saben con quién estoy: “mi presunto novio”. Temo que esto llegue a oídos de mi madre, quien claramente no está de humor para sobrellevar los problemas disciplinarios de sus hijos. Ralph Sanders fue nombrado alcalde de Detroit el día de ayer, y hoy, es decir, ésta noche, celebrará una fiesta en su casa, a la misma que Andrey y yo hemos sido invitados. Mamá no lo sabe, pero Andrey, Taylor y yo planeamos ir, y aunque parezca una locura, tenemos la certeza de que aquel señor oculta algo, ya que Suzanne le mencionó una vez a


mi hermano que su padre posee una habitación, en la cual, extrañamente, está terminantemente prohibido entrar. El partido comienza y tiemblo de frío, por ello meto ambas manos en los bolsillos de la chaqueta de mi amigo el italiano. Mis dedos encuentran algo y lo saco sólo por curiosidad, es una servilleta, no obstante aparentemente está limpia, por eso la desdoblo e intento alisarla con mis manos. Hay algo escrito en ella: Mi esperanza era haberte sorprendido esta noche Con mi presencia. Pero me he dado cuenta que no es necesario, Cuando los sentidos de alguien están puestos en ti, Y tú le correspondes. Estoy tan enojado, Ciara, porque quiero ser él. —Oh Dios mío —musito con la voz entrecortada. Es la letra de Trenton. Lo sé, además que la chaqueta es de él, puedo reconocer su letra por las tantas ocasiones en las que me ha ayudado con biología. Oh Dios. Esa nota es de la noche de la fiesta de mis padres cuando llegó por sorpresa y bailamos juntos antes de que él susurrara al oído de una forma casi seductora: «I've made up my mind, don't need to think it over. If I'm wrong I am right, don't need to look no further. This ain't lust I know this is love 15» Infiernos no, Trenton estaba… o está… enamorado de mí.

15

Lo tengo decidido, no necesito pensarlo más. Si me equivoco estará bien, no

necesito mirar más lejos. Esto no es lujuria, lo sé, es amor.


Conforme ha pasado el tiempo, me he convencido de las verdaderas amistades que he ganado hasta el día de hoy. Me he atrevido a mostrar más confianza a la hora de hablar, y además he ganado motivaciones que me impulsan a seguir, a pesar de las circunstancias. He pasado tanto tiempo con Trenton, y pensaba que su interés en mí, ya se había marchitado; sin embargo lo que trata de confesar esa nota es una total sorpresa para mí, y no puedo sacármela de la cabeza. ¿Él estaba celoso el día de la fiesta del aniversario de mis padres que se celebró en casa? ¿Es eso posible siquiera? Todo mis sentidos estaban puestos en alguien y ese alguien me correspondía, ¿pero quién? Suspiro, la respuesta en lo profundo de mi ser. Eric, él está hablando de Eric, ¡pero si yo no siento nada por Eric! Aunque lo quiero, por supuesto que lo sigo queriendo, él fue mi amigo desde siempre, pero me lastimó. Quizás Trenton no sabe esta parte de la historia. El partido de fútbol comienza, Trenton es el arquero. En un tiempo dado, un recuerdo pasa por mi mente, cuando una vez salió a relucir el nombre de Eric en una de nuestras conversaciones, aunque en ésta estaban incluidos Gioele y mi hermano. Nosotros nos encontrábamos en el pub de siempre cuando Andrey me había interceptado con preguntas delante de los italianos, él ya estaba un poco pasado de tragos. —¿El idiota ese siguió con su mierda? —inquirió y yo abrí muchísimo los ojos por la mala palabra que había utilizado, él río por mi reacción—. Claro que no, después de amenazarlo y que mamá le dijera que te enviaría a un internado. —¿Qué? —preguntamos Gioele, Trenton y yo a la vez, preocupados, aunque el penúltimo se veía más que torturado. ¿Mamá había estado hablando con Eric últimamente? Vaya... —Así es. Mamá dijo algo como… —Mi hermano tomó aire y adhirió un semblante sombrío antes de decir—: “si no dejas de comportarte así y en público creo que no estarás muy contento al saber que pudiese considerar la posibilidad de enviar a Ciara Miles a un internado en Francia”. Los tres me miraron con los ojos muy abiertos.


—¿Ciara Miles? —preguntó Gioele, como si le fuera prestado atención solamente a mi segundo nombre—. Pensé que ese era un nombre de chico. —Se burló. Al cambio de él, Trenton y mi hermano parecían estar amargados. Yo temblé. —¿Quieres decir que mamá lo amenazó? —Andrey asintió a mi pregunta—. ¿Y a él que le importa que yo esté en Francia si ese fuera el caso? Trenton se levantó abruptamente de su asiento frente a mí y dijo bruscamente: —Porque al idiota le importas. —Su ceño fruncido—. ¿Es el que te besó la mano en la fiesta? Asentí. Mi hermano, con los efectos del alcohol asintió enérgicamente con la cabeza. —Es su ex y el idiota la engañó con una barata de Brasil. Yo le envié una asesina mirada para que se callara. —Entonces es un puto egoísta —me dijo Gioele tendiéndome una de sus manos, mientras sonreía de oreja a oreja—. Y que se vaya a la porra, tú bailarás conmigo. — Entonces me haló a la pista de baile y lo último que escuché fue cómo Trenton comenzó a preguntarle a mi hermano sobre “el asunto” mientras apretaba sus puños. Esa noche pensé que él estaba celoso porque era mi amigo. “Eres tan estúpida, Ciara, él está enamorado de ti desde que te conoció, pero tu terquedad no te hizo ver que todo lo que él siente por ti es real, así que decidiste permanecer a su lado, sólo como una amiga, y mientras tanto, el chico poco a poco se fue enamorando más de ti, y tú de él, ¿cómo no puedes darte cuenta de lo que ocurre a tu alrededor?, eres tan ilusa”, murmura mi enfurruñada consciencia, y por primera vez en mi vida, acepto que tiene razón. Miro a todos los chicos jugar, específicamente a Trenton, quien en varias oportunidades me dedica una mirada para comprobar que yo sigo aquí, algo que literalmente me enmudece, quizás yo he sido tan ciega… o el ciego ha sido él. ¿Por qué yo? ¿Por qué no April? Una parte de mí está confundida... y la otra feliz, tan feliz que comienzo a sentirme abrumada. ¿Yo le correspondo a Trenton? No lo sé.


¿Y si sólo estaba confundido en ese tiempo? Quizás, y debo estar segura de si ser la respuesta positiva, me daría igual o me importaría. Hay muchas sospechas sobre los sentimientos de Trent hacia mí, y ninguno de los míos hacia él. Yo lo quiero, pero no puedo descifrar de qué forma, o con cuánta intensidad... “Por Dios, Ciara, pensé que ya estabas segura, ¡tú estás enamorada de él! Joder”, sacudo la cabeza, mi subconsciente no logra ayudarme en estos momentos. Pero nunca he sido buena en descifrar mis propias emociones, siempre ha sido así, después de lo sucedido con Eric es como si un candado estuviera en mi corazón, y nadie tuviese acceso a él, ni siquiera para averiguar lo que siento. Abruptamente hay un gol a favor del equipo contrario y oigo a Trenton maldecir. Lo observo ensimismada, notando todo lo que ha cambiado, y aún así ha logrado ser el mismo: el chico de diecinueve años, tan hablador que podría marear a cualquiera, bromista y a veces bipolar, que se refugia en el fútbol, o en el box con su vida y maneja motocicletas como un desquiciado e incluso admirador del arte. Ese es el chico que conocí, y que nunca ha dejado de hacerme sonreír, y sus ojos verde jade expresan tanta vida, de la misma forma que su sonrisa. Quizás el merezca a alguien más, una chica que sí quiera amar, y que no esté destrozada y humillada por dentro. Vuelvo a observar la nota frunciendo el ceño en el proceso. Él quizás deba saber que la leí. Algo pasa por mi cabeza de inmediato: ¿y si él la colocó allí adrede? ¡Oh Dios mío! Eso es cierto, es muy posible. El asunto no sale de mi cabeza, ni siquiera cuando los chicos anotan unos cuantos goles y Trenton hace lo posible para que no invadan el territorio de su arquería. Está sudando y mis mejillas se enrojecen automáticamente mientras admiro su físico hermoso y musculoso. Infiernos, la franelilla grisácea se adhiere tanto a sus músculos que todas las chicas presentes lo observan en todo su esplendor. Hay muchos jugadores guapos, observo a mi hermano y noto sus ojos zafiro, aún más oscurecidos, cuando se adueña del balón en una fracción de segundo y pateándolo a una distancia considerable anota otro tanto, el cual celebra señalándome a mí y a April que está al otro extremo de las gradas. Ellos dos se han vuelto muy, pero muy amigos aún sabiendo que la sombra de su exnovia o sea Suzanne, le persigue todavía por todos lados.


A él no es el único a quien le persiguen las sombras del pasado y con ellos los recuerdos buenos y malos. Es tan difícil alejarlos. Yo entendía a mi hermano, ambos crecimos teniendo alrededor a los gemelos Sanders, y ahora saber que una brecha nos separa de ellos es como empezar de nuevo, como si pretendiéramos fingir que nunca los conocimos. Tal vez el peor error de nosotros fue convertir nuestra amistad con ellos en algo más, en sentimientos que subieron y bajaron en un chasquido de dedos. Observo de nuevo a Trent y sus ojos más oscuros de lo habitual se encuentran con los míos e inmediatamente dejo de respirar por la intensidad de su mirada. Y lo sé, lo siento, sé que hay algo entre nosotros, una atracción, una conexión que no ha desaparecido y la misma que he intentado ignorar por las últimas semanas. Sé que me gusta, quizás hay algo más, sé que él ha estado sembrando algo en mi pecho y yo he tratado de luchar contra eso, pero las circunstancias, mis inseguridades, no me permiten pensar en eso, al menos por ahora. Ambos somos tan diferentes... ¿y si él me lastima? ¿Y si yo lo lastimo a él? Yo no quiero romper el corazón de nadie, por eso rehuyó de sentimientos que no se pueden controlar. Como escuché decir a mi padre una vez: “El que sufre, a veces encuentra la forma de vengarse inconscientemente” y sabiendo lo dañada que estoy aún y desconfiada en cuanto a amor de pareja se refiere, quitarle el hermoso resplandor que poseen los ojos de Trenton Lombardi, me aterra, tanto como le temo a la muerte. Es un sentimiento horrible. Nunca he analizado el amor como tal, pero aunque todos lo nieguen el amor más perfecto también sufre. Cuando das tu corazón, eliges a esa persona para darle amor y para que esa persona te lo dé a ti, y de alguna manera estás firmando una sentencia en la que destaca que esa persona pueda darte también dolor, de la misma manera que tú se lo proporcionarás aunque sea por una tontería. Amar es sufrir. Ninguna relación es perfecta, aunque los enamorados estén juntos para siempre y superen las barreras para eso deben arriesgarse. Amar es arriesgarse. Y yo no quiero arriesgarme, no aún, necesito estar concentrada en los problemas de mi familia, y mis expectativas con Julliard. ¿Qué voy a hacer? Si me aceptan, el próximo año me iré... y no volveré a ver a Trenton jamás... ¡Es que es tan absurdo! El puede tener a cualquiera, estoy segura que esto es un tonto error, él había estado confundido, y de alguna manera la nota llegó a la chaqueta.


Sí. Eso debe ser. Los chicos han ganado el partido y por consiguiente la dichosa apuesta, pues en cuando en realidad estoy poniendo atención al partido, todos están celebrando, todos menos Trent. Él está recargado en uno de los extremos de la arquería bebiendo plácidamente de un envase de agua. Algunos le felicitan de lejos, sin embargo no hacen el esfuerzo de meterlo en el desastre viviente que forman los jugadores restantes. Observo cómo Trent comienza a caminar hacia las gradas, no obstante algo lo detiene, y a partir de allí todo ocurre demasiado rápido, incluso para mí que estoy tan cerca. Y ese algo que lo detiene es un grito profundo y claro: —¡Qué suerte amigo! Las riquilla está buena, la pequeña zorrita Aldridge, ¿eh? Con un polvo está lista y te aseguro que querrá más. Avísame si hay que hacer cola para tener… — El chico del equipo contrario no logra terminar de hablar, pues un puño se estrella en su mandíbula tan duramente que puedo escuchar un crujido. Mierda. ¡Santo Dios, una pelea! Mis ojos se abren desmesuradamente cuando el verdadero desastre comienza en vivo y en directo. Trenton mira fijamente el muchacho de unos dieciocho años que yace en el suelo, quien toma su mandíbula con ambas manos, mientras fulmina a Trent con la mirada. Los demás chicos también se unieron a la defensa del chico que me llamo en pocas palabras puta, por lo cual Gioele y mi hermano también se han enojado como nunca antes. Yo no sé qué hacer. —En tu vida… —Trenton gruñe tan audiblemente que me estremezco de pies a cabeza, señala al chico con un dedo, su mirada amenazante—. En tu vida vuelvas a llamarla así. Te juro, hijo de perra, que si vuelves a llamarla así, te dejo sin una de tus extremidades. Trenton respira más rápido de lo normal a causa de la rabia. El chico se levanta y se atreve a retar a Trent, a pesar que es más bajo y menos corpulento que él. —¿Por qué? si las zorras se comparten —dice el chico, y yo siento cómo mi rabia fluye. Trenton definitivamente cae en sus provocaciones, le da un derechazo al chico al instante, pero este no se tarda en darle en el estómago. Trenton se tambalea hacia atrás, pero logra tomar al chico por el cuello con una de sus manos y le da numerosos golpes en el estómago y rostro, una y otra vez, como si se tratase de una bolsa de arena.


Observo todo. Todos están dándose golpes, algo que el equipo contrario quería desde el principio. Mi hermano lo sabía, por ello me había advertido y me ha dado las llaves de su auto, la cosa es que ahora no sé qué hacer, no puedo irme y dejarlos. Entonces miro a Trenton nuevamente, el chico que tiene por el cuello ahora va perdiendo, y con un nuevo golpe en la cara cae al suelo, y siento que Trenton no tiene suficiente, pues hace el intento de tomarle de nuevo, y sin darme cuenta estoy a unos pasos de él, y con los ojos abiertos grito: —¡Detente Trenton, ya es suficiente! —Pero él no me está observando a los ojos, sino al pequeño papel que tengo en mis temblorosas manos. —Lo leíste —murmura para sí mismo, su voz quebrándose al final. Puños, gruñidos van y vienen, los del otro equipo comienzan a irse; pero yo sólo lo miro a él y de pronto, me sobresalto. El chico que yace en el suelo está de vuelta, y desde el piso le da una dura patada a Trent, en una de sus piernas, en su rodilla derecha, el crujido de sus huesos es audible. Trenton cae al suelo al instante, y cuando el chico hace el intento de lanzarse sobre él, mi hermano acude hacia nosotros y a este le sigue un Gioele completamente preocupado. Yo estoy helada. —Es un maldito cobarde —gruñe Gioele al tiempo que ayuda a su primo, el cual gruñe y maldice del dolor de su pierna, en ese momento reparo en algo: el chico pateo su pierna, la que una vez estuvo lesionada. Brinco hacia Trenton con mis ojos llenos de lágrimas. Todo es por mi culpa. Todos los contrincantes se han ido ahora, y los que quedamos observamos a Trenton con el ceño fruncido. —¡Ciara te dije que te fueras en el auto si había pelea! —grita Andrey ensimismado, uno de sus ojos está morado y su ceja partida—. Esto pudo haberte pasado a ti. —Él señalo a Trent. —Lo siento… —Trato de decirle a Trenton, en sollozos. —Hay que llevarlo a un hospital —grita alguien a lo lejos. Entonces entre Gioele y otro chico ayudan a levantarlo y se lo llevan rápidamente a uno de los autos. Me quedo de rodillas en donde había estado Trenton. Todo ha sido por mi culpa.


—Ciara vete a casa —dice Andrey tomándome por los hombros, reparo en su presencia—. Vete. —Pero yo quiero ir… —Vete a casa —repite, y sin esperar respuesta me tira del brazo, sacándome de allí mientras murmura palabras inteligibles. Desactiva la alarma del auto, abre la puerta y me sube al asiento del conductor—. Yo iré al hospital, te llamaré. Sollozo. —Pero Trenton… no…, yo quiero… ir con él… —Estás muy asustada. Vete a casa. —Me besa en la coronilla y cierra la puerta, luego se sube en la furgoneta donde llevan a Trenton, sus gruñidos de dolor se escuchan desde aquí. El auto arranca y se van. Pongo las manos en el volante, y luego la cabeza. Inhalo y exhalo, el aire no es suficiente, observo la cancha y veo que sólo una persona queda allí en las gradas. Es una chica, es sin duda April. No pienso ir allí y escuchar cómo me culpa, porque sé que va a tener toda la razón. Enciendo el motor del auto y sin pensarlo dos veces arranco dirigiéndome a casa, donde seguramente la culpa continúe asechándome. Dios, es que lo arruiné todo, y el maldito chico fue un cobarde, seguramente sabe que él ha tenido una lesión en esa pierna, ¡es un desgraciado! Pero esto no hubiera pasado si yo no fuera dejado que Trenton se distrajera conmigo. En cuanto he llegado a casa, y luego de haber estacionado el auto de mi hermano en su lugar habitual, me dirijo a pasos temblorosos hacia la puerta trasera, la de la cocina. Encuentro a Nanda muy ensimismada mientras prepara la comida, y por extraño que sea para mí, mi madre está sentada en uno de los banquillos del mostrador frente a su portátil. Ella nunca trabaja fuera del despacho de papá. Qué suerte la mía. En cuanto cierro la puerta detrás de mí, ambas mujeres reparan en mi presencia, y al hacerlo me doy cuenta de su semblante boquiabierto. —Estás pálida —dice mi madre estudiándome con la mirada. Nanda deja al lado lo que sea que está haciendo en la cocina y corre hacia mí.


—Oh niña, ¿se encuentra bien? ¿Quiere un té? ¿Agua? —Hay urgencia en su voz. Yo niego con la cabeza. —Estoy bien —respondo en voz baja, aunque el temblor ya ha pasado, por lo menos en mi voz. —¿Has estado llorando? —Ahora pregunta mi mamá desconcertada—. ¿Sanders...? Niego con la cabeza otra vez, consiguiendo que ella alce una de sus cejas. Nanda todavía me está observando preocupada. —Un vaso de agua estaría bien —le contesto para que se tranquilice, aunque yo me encuentro peor que ella. Había decidido entrar por la puerta trasera para evitar un encuentro con mi madre. Aunque ahora ambas no compartimos mucho, ella me conoce como a la palma de su mano y sabe que algo mal ha estado ocurriendo. Yo tomo el vaso de agua helada que la señora Nanda me ofrece y le doy un corto sorbo, y percibo que mi garganta estaba seca y que el horrible nudo que está en ella no ha desaparecido. Dejo el vaso en el mostrador y planteo irme a mi habitación. —¿Dónde está tu hermano Andrey? —pregunta la voz de mi madre, mostrando frialdad y a la vez advertencia—. Han llamado de la escuela. Lo que faltaba. —Está en el hospital —le digo con la verdad, y mi voz se rompe un poco—, con un amigo suyo. Miriam vuelve a alzar su ceja. —Deduzco que sabes muy bien por qué han llamado de la escuela. Y creo que eres muy inteligente como para comprender que sus actos tienen sus consecuencias. —Ella toma una larga bocanada de aire, y me mira, sus ojos azules destilando frialdad—. Estás castigada, y la próxima vez que esto se repita el castigo será quitarte algo que más te duele. Mi mundo se detiene con esa frase. Claro que sé a qué se refiere. Ella me va a quitar el baile. Mi madre se levanta y coge su portátil y sin decir más se marcha de la cocina. Mis piernas comienzan a tambalearse aún más por lo que ha insinuado y por lo que acaba de ocurrir apenas hace unos minutos en la cancha de fútbol.


En estos momentos lo que más necesito es a mi madre de vuelta. —¿Está bien, niña? —pregunta Nanda una vez más. Yo asiento con la cabeza, aunque por la comisura de mis ojos se me escapan un par de lágrimas. —Uno de esos días malos —sonrío tristemente. Le agradezco con la mirada, le aprieto la mano y me dirijo a mi habitación, aunque prácticamente voy arrastrando mis pies. No creo que hoy quiera bailar, pero con los días que faltan para el recital esto es más que una responsabilidad para mí, y sabiendo que mamá no permitirá de ninguna manera pagar mi carrera como bailarina, tengo que esforzarme en conseguir una beca, pero claro, papá sin duda me está apoyando con esto, así que no debo preocuparme, ¿cierto? Estoy destinada a bailar, y si tengo que hacer todo lo que mi madre dice sólo por conservarlo, lo haré. Entro como un rayo al baño y observo mi reflejo, mis ojos eyectados en sangre, y aún no he podido controlar las lágrimas, dos preguntas nublando mi mente: ¿Está Trenton bien? ¿Qué será de mí sin el baile? —¡Maldita sea! —exclamo, de la tristeza pasando a la ira. —¿Ciara? —Papá entra al cuarto de baño, su ceño pronunciadamente fruncido mientras me estudia con la mirada—. ¿Qué es lo que ocurre, cariño? —Comienza a acercarse sigilosamente hacia mí, como si tuviese miedo que yo me quebrase en cualquier momento—. Habla conmigo, preciosa, ¿qué va mal? ¿Has estado llorando por culpa mía? Porque te he dicho que todo esto va a solucionarse... no... Me abalanzo hacia él en un fuerte abrazo, sin ser capaz de contenerme más, doy paso a las lágrimas mientras hablo con mi padre sobre lo que ha acontecido con Trenton y lo confundida que me siento.

*** “What if?” cantada por Coldplay, suena a todo volumen en el salón de ballet, todas las demás chicas se han ido, el ensayo ha terminado, pero la única que se ha atrevido a quedarse he sido yo. He puesto mi lista de reproducción y mis pies en puntillas se mueven por el suelo sin ninguna interrupción, canción por canción intento mantenerme con la cabeza puesta en el baile, pero mis sentimientos me traicionan, mis preocupaciones también, la culpa y el miedo, por eso algunas lágrimas se deslizan por mi rostro cuando


hago el “abaresque” 16 y luego me deslizo con “jeté” 17 , mis pasos guiados por mis emociones. En cuanto la canción acaba, unos aplausos se hacen sonar. —Señorita Fitzgerald —digo entre jadeos, me encamino hacia el reproductor y apago la música—. Ya estaba yéndome. —Trato de disculparme. —Oh, puedes quedarte hasta la hora que quieras —me dice, batiendo una de sus manos, restándole importancia al asunto—. ¿Por qué has estado llorando, pequeña? —me pregunta después de una pausa, su voz tornándose demasiado maternal. —Muchas cosas… las cosas se tornan difíciles a veces —murmuro dándole un largo sorbo a mi botella de agua. Rebecca sonríe un poco y se cruza de brazos desde el umbral de la puerta. —Nadie dijo que las cosas eran fáciles. —Lo sé —suspiro al decir—, es verdad. —No esperes sentada a que pase la tormenta, aprende a bailar debajo de ella —aconseja sabiamente, mostrándome una cariñosa sonrisa—. Mi experiencia. Asiento con la cabeza. —Bailar bajo las tempestades —murmuro entendiendo lo que dice. Ella se acerca y me da un corto abrazo, y yo ruego por tener a una madre como ella. Cuando salgo de la academia, noto que Flavius me espera fuera en la camioneta y dentro de ella está Andrey. Salto por la impresión, y me subo rápidamente al automóvil, en estos instantes no he llegado a saber nada acerca de Trenton. Andrey jamás me llamó.

16

Posición sobre una pierna mientras la otra, que se encuentra elevada, se

estira por detrás. 17

En el ballet, significa saltar o brincar.


—¿Cómo está…? —mi pregunta queda inconclusa por el ceño fruncido de mi hermano, ni siquiera me mira, es seguro que está enojado conmigo. Yo comienzo a sentirme incómoda mientras espero su respuesta. —Está bien. Pero la verdad es que eso no me parece así, quiero decir, por su semblante. En mi mente aparecen los gemidos de dolor de Trenton y la imagen de aquel cobarde proporcionándole una patada en su pierna herida, todo por culpa mía. ¡Qué bien lo has hecho Ciara! —Quiero verlo —digo instintivamente, entrando en un arrebato y a la vez una necesidad, tengo muchas cosas que hablar con él que no pueden esperar—. ¿En qué hospital está? Dile a Bernard que nos lleve… —No vamos a ir, Ciara —contesta mi hermano con voz monótona. Frunzo el ceño, preocupada y la vez desconcertada, tanto que algunas posibilidades cruzan mi mente: Andrey está mintiendo y él no está bien, o quizás Trenton no quiere verme ni en pintura, o tal vez nadie me quiere allá. —¿Por qué? —Urgencia es lo que delata mi voz. —Porque no. Estamos castigados —me dice, todavía mirando al frente, su mirada perdida en la nada. ¿Qué rayos le está pasando a mi hermano? Un nudo aparece en mi estómago. —Todo esto es mi culpa, si yo no fuera… —intento decir, cuando Andrey me mira, yo observo de inmediato su ceja lastimada, le han colocado puntos, y su mejilla está hinchada y roja todavía—. Oh Dios, estás lastimado. Andrey asiente. —Mamá quiere saber donde fuimos y yo no sé qué… —Suspira tratando de no desesperarse—. Piensa que estamos en una pandilla o algo así. Yo frunzo el ceño. —¿Y si le decimos la verdad…? Papá lo sabe pero... Mi hermano mira hacia el frente, muy pensativo. El chofer gira a la izquierda, donde el jardín de nuestra casa comienza a visualizarse.


—Sí. Eso hice. Siento una punzada en el corazón cuando lo escucho. —¿Y el castigo es…? —murmuro un tanto molesta. Tengo tantas preguntas que hacerle, pero mis palabras quedan atoradas en lo más profundo de mí, ¿si a mí puede manipularme con el baile? ¿Con qué habrá amenazado a Andrey? Tiemblo. —Sólo es un castigo tonto —dice tranquilizador—, no salir, y… no volver a ese lugar aunque todos sabemos que eso no es posible, por lo menos no debemos escaparnos de clase otra vez. Si esto se repite… quién sabe qué pasará con nosotros. Me estremezco. —Entiendo. —Carraspeo intrigada—. Y él… ¿está bien? —No quiere ver a nadie. Dice que lo humillaron, pero ya se le pasará —dice encogiéndose de hombros, aunque puedo ver que está dudando, conozco demasiado a Andrey; sin embargo, no le pregunto más. Estoy comenzando a inclinarme a la posibilidad de que efectivamente Trenton Lombardi no quiere saber nada más de mí. Solamente al sospecharlo me estremezco de temor, ¿y ahora qué? Ni siquiera sé qué le diría si lo viese, ni siquiera sé lo que él siente, ni siquiera sé si es mejor dejar las cosas así como están, o correr y pedirle disculpas por ser tan idiota. —Me odia —murmuro, conteniendo las lágrimas. —¡No seas estúpida! —exclama rápidamente, y esta vez me toma por los hombros—. ¿Cómo va a odiarte? ¿Quién se atrevería siquiera a cometer ese pecado? Lo que dices es absurdo, nadie odiaría a una persona como tú, y mucho menos él. Trago saliva. —¿Tú crees que él…? —Soy incapaz de terminar la pregunta, y agradezco al cielo que mi hermano y yo seamos tan unidos y logre entenderme la mayoría del tiempo. —Creo que ya tendrás la oportunidad de hablar con él —me contesta, otra vez adoptando un semblante preocupado—. Lo que importa es lo que tú sientes. Nos quedamos en silencio por unos cortos segundos, en los cuales aprovechamos para perdernos en nuestros pensamientos. Conforme Flavius va estacionando el auto frente a la casa de la mansión, Andrey me dedica una mirada indescifrable, y cuando Flavius se baja del asiento del conductor para abrir mi puerta, Andrey en voz baja, susurra:


—Taylor estará aquí en una hora, exactamente a las siete treinta. Mamá sabe que iremos a la pequeña fiesta de los Sanders; sin embargo, ella piensa que lo hacemos para mantener las apariencias de que ambas familias guardan una relación estrecha. —Hace una pausa, él realmente está hablando tan rápido como puede—. Tú sólo tienes que estar cerca de mí, no intentes acercarte a Sanders en ningún momento y todo estará bien, iremos con dos guardaespaldas y Taylor, todo irá bien Ciara, posiblemente sea yo quien busque aquella habitación misteriosa, pero tú debes prometerme que no te alejarás de mí o de Taylor. Bajo del coche, mientras asiento en respuesta a mi hermano. Papá no sabe absolutamente nada de esto, así que debo prepararme rápidamente, no podemos permitir que descubra que iremos a aquella fiesta, al menos no por ahora, si nos arriesgamos a eso, él impedirá que salgamos. Mamá es fácil de manipular ante este asunto, Andrey sólo tuvo que mencionarle que los periodistas estaban comenzando a pensar que algo anda mal entre ambas familias, y que por ello ve conveniente que por lo menos nosotros dos fuésemos a la fiesta, pero por supuesto, con la seguridad adecuada por si se presenta alguna dificultad. Mamá estuvo de acuerdo, pero dijo que no podemos mencionar nada a papá, a sabiendas de que, a más tardar mañana, se enterará por medio de los mismos periodistas de lo ocurrido. Suspiro, es evidente que mi día ha sido agotador y largo, y aunque quisiera acurrucarme en mi casa, mientras trato de definir qué siento por Trenton, no podré hacerlo, porque papá me necesita, y yo quiero ayudar.

*** Al salir del auto, inmediatamente varios flash de cámaras se activan, y aunque me encuentro acostumbrada a esto, no puedo evitar entrecerrar mis ojos mientras comienzo a caminar del brazo de mi apuesto hermano Andrey, quien está pulcramente vestido con un traje de gala negro, camisa blanca y corbata azul zafiro. Él me dedica una sonrisa tensa y yo observo a mi izquierda para encontrarme con la mirada de Scott Taylor, quien es el abogado de la familia. Él es alto y delgado, aparentemente de unos treinta y cinco o treinta y seis años, sus ojos son verdes como el olivo y su piel es morena; su cabello es corto y marrón, y puedo decir que está sumamente nervioso. Acompañada por los dos, entro a la elegante y sublime mansión Sanders mientras mi corazón late con fuerza. Los fotógrafos nos interceptan en la entrada que da al salón de bailes, observando a mis acompañantes con el ceño fruncido, quizás preguntándose dónde se hallan mis padres. Elegantemente vestida con un largo y sencillo vestido verde mar que deja mis hombros al descubierto, y mi cabello atado en un moño elegante y juvenil, penetro en la fiesta, sin soltarme del brazo de Andrey. Me siento fuera de lugar, con mis joyas brillantes y este vestido largo y cómodo. Mis zapatos de plataforma efectúan un molesto sonido a cada paso que doy por sobre el suelo de baldosa.


Y estamos dentro. —Señor Sanders —dice Andrey en forma de saludo, y aunque todos estamos tensos por encontrarnos aquí, mi hermano es grácil y amable cuando estrecha su mano con el hombre mayor que está acompañado de su esposa Ella Sanders. La enorme mansión está impecable, aunque exageradamente suntuosa. El salón de bailes es gigantesco e innumerables personas caminan de aquí para allá, observando los cuadros y la decoración del sitio que predomina en colores dorado y blanco. Una orquesta toca algún tipo de canción antigua que no reconozco, la servidumbre impecablemente vestida de negro y blanco, y debo decir que en su mayoría se trata de muchachas jóvenes y hermosas. Vislumbro disimuladamente las escaleras que se sitúan a mi derecha, y reprimo las ganas de correr hasta arriba y revisar todas las habitaciones con la esperanza de encontrar algo que ayude a papá. Ralph Sanders y su mujer nos observan dubitativos, quizás sorprendidos de que nos hayamos presentado. Con todo esto mencionado, es importante decir también que Ralph Sanders está disfrutando de la vista, pues puedo notar sus ojos despreciables y fríos fijos en cada parte de mí, y aprieto más mi agarre en el brazo de mi hermano. —Es un enorme placer tenerlos aquí —dice casualmente Ralph, dedicándome una mirada extraña al decir “placer” y yo intento no vomitar en su rostro arrugado—. ¿Puedo preguntar quién es el caballero? —Le echa un vistazo a Taylor, quien asiente con la cabeza, mostrando una sonrisa amable y despreocupada. —Scott Taylor, socio y amigo de la familia —dice Andrey en respuesta. Es notable que sepa muy bien lo que va a decir. Sanders y Taylor estrechan sus manos y puedo observar cómo Ralph entrecierra sus ojos hacia Taylor, estudiándolo con detenimiento; sin embargo, él no sabe, no tiene ni idea, que en realidad Scott Taylor es el abogado de papá y que nosotros estamos en su casa sólo para entrar a hurtadillas a su habitación secreta. —Un gusto en conocerlo, señor Taylor. —Sonríe Ella Sanders en nuestra dirección—. Esperamos disfruten de la velada, estamos… Pero ella no tiene la oportunidad de continuar, pues dos hombres altos y elegantes se acercan a los señores Sanders e interrumpen nuestra plática mientras se disculpan. Andrey, Scott y yo nos mezclamos entre la multitud, esperando que nuestra visita en la casa de los Sanders no sea sospechosa para ninguno de los integrantes de dicha familia.


—En el brindis —anuncia Scott a Andrey, mostrando que su intuición le dice que Sanders tiene muchas cosas que ocultar. Internamente doy gracias a Dios, que el abogado de mi padre, sea uno de esos abogados que buscan la verdad por sobre todas las cosas. *** Sanders está dando su patético discurso cuando Taylor, Andrey y yo decidimos que ya es hora. Sin embargo, para mi sorpresa, me veo arrastrada por ambos hacia el segundo piso, seguramente pensando que es imposible que alguien descubra dónde nos encontramos. Vertiginosamente, estamos atravesando los pasillos que dan a las habitaciones del ala este de la mansión. —¿Suzanne te dijo dónde está dicha habitación? —le pregunto a Andrey cuando noto que se encuentra totalmente concentrado en la búsqueda. Él asiente con la cabeza. —Sé cuál es. —¿Y cómo rayos vamos a abrirla? —inquiere Scott, claramente excitado por lo que estamos a punto de hacer. —Bueno, eh… digamos que… he tengo amigos que me han mostrado un par de trucos, no es tan complicado —murmura Andrey en respuesta. Puedo ver la expresión de desconcierto en Scott Taylor justo ahora, y por consiguiente, no puedo evitar sonreír por ello. Andrey saca de uno de los bolsillos de su abrigo un minúsculo dispositivo plateado parecido a un USB. Entonces, para sorpresa de Scott y mía, Andrey se detiene frente la puerta que queda al final el pasillo, la abre tranquilamente, y caminamos a través de un estrecho pasillo adornado por cuadros antiguos y diferentes adornos realmente escalofriantes. Ambos hombres estudian sus cercanías con asombro, y después de un momento, Andrey finalmente nos detiene frente a una enorme puerta de hierro, que contiene a un lado distintos aparatos, supongo, de seguridad. Andrey se lanza prácticamente hacia ellos, y utiliza su dispositivo USB, conectándolo a un pequeño y extraño aparato oscuro, que emite una serie de pitidos cuando, mi astuto hermano, comienza a manejarlo. Por Dios, mi hermano al parecer tiene amigos extraños que podrían robar al alcalde solamente utilizando un dispositivo de esos; me quedo helada conforme observo a Andrey trabajar, y al parecer, él realmente sabe lo que está haciendo. —Esto… —dice Andrey, señalando el dispositivo USB—, este nene, se ha encargado de anular el sistema de reconocimiento de huellas, y ha detectado la contraseña de nuestro


querido amigo, el señor Sanders —explica; emocionado y radiante, toma el pomo de la puerta, y sorprendentemente, ésta se abre suavemente. —Si nos descubren, estamos jodidos —comenta Scott, quien se atreve a entrar a la habitación de Sanders. Me sorprende que este señor no se indigne al saber que estamos cometiendo una serie de delitos, ¡qué suerte tenemos Andrey y yo! Finalmente estamos dentro y cuando mi hermano enciende la luz del lugar, mis ojos se abren como platos al comprobar lo que se sitúa frente a nosotros. Por segunda vez en el día, mi mundo se detiene y mi corazón deja de latir, siento nauseas, siento ganas de salir corriendo lejos de aquel hombre despreciable. Ralph Sanders está loco, tiene algún tipo de problema, lo sé, porque lo estoy viendo, porque Ralph Sanders tiene una habitación llena, completamente llena de fotografías de chicas morenas, con ojos oscuros, y delgadas. Fotos de chicas hermosas cuelgan en las paredes, y algunas de éstas están tachadas con una X de color rojo; no obstante, lo que más me impresiona, lo que me paraliza, son las fotos más grandes y numerosas que se encuentran justo al frente de mí, sobre un escritorio desordenado: son fotos mías, en algunas bailando, en otras sonriendo, en otras estoy totalmente seria, pero sin duda alguna, la mayoría de las fotos que están en este lugar, son mías, y las demás fotos de muchachas que se encuentran tachadas, son parecidas a mí, idénticas a mí. Oh santo Dios, Ralph Sanders está loco, completamente loco. Está obsesionado conmigo.


Taylor y Andrey se miran el uno al otro, posteriormente, mi hermano mayor masculla una maldición mientras sopesa todo lo que hay a nuestro alrededor. Yo, helada e incrédula, me abrazo a mí misma, reprimiendo las ganas de huir lejos de esta pesadilla. Evidentemente, hemos encontrado parte de lo que buscábamos: el secreto de Ralph Sanders. Aparentemente, el señor alcalde tiene una "leve" obsesión con chicas jóvenes y morenas que, obviamente, son parecidas a mí. —Esto no puede estar pasando —murmuro al notar el desconcierto de Taylor en cuanto me observa—. ¿Por qué yo? Él jamás... el jamás ha demostrado que... —Sacudo la cabeza, negándome a continuar. Andrey suelta un bufido; desconcertado, me observa primero a mí y posteriormente a Taylor, cuyo rostro se encuentra más pálido de lo habitual. Yo saco mi móvil en un movimiento rápido y comienzo a fotografiar cada uno de los rincones de la habitación, desde las fotografías de las muchachas, hasta los documentos dispersos en el escritorio. —¿Qué vamos a hacer con todo esto? Claramente Ciara está en peligro. Este no es un comportamiento normal. —Andrey sacude la cabeza, con incredulidad. —Sólo una prueba joven Andrey, sólo eso y conseguiremos que abran una investigación. Pero obviamente de esta visita nadie puede enterarse, sólo sabemos que el tipo está loco y que seguramente es un sádico. —Taylor hace una pausa, estudiando con la mirada a sus alrededores—. Sin embargo, debo admitir que hay algo más, hay un trasfondo en todo esto. Miren, esta es una fotografía de la señora Aldridge cuando era joven, son las fotos más grandes que hay, al igual que las de Ciara, pero, al parecer el señor las prefiere ahora jóvenes y morenas, sólo porque son parecidas a Ciara. ¿Qué hace con ellas cuando las encuentra? Es más que obvio que las busca, pues algunas fotografías están tachadas en rojo. —Necesitamos hacerle una trampa —me atrevo a opinar—. Él puede hablar... si yo... si hago que él confiese todo... Andrey se enoja al instante.


—¡No! ¿Acaso te has vuelto loca? ¿Qué es lo que pretendes hacer, Ciara? ¿Arriesgarte a estar en peligro, cerca de ese cochino pervertido, sólo para hacerlo hablar? —Sacude la cabeza, está colérico—. ¿Y luego qué? ¿Quién te asegura que saldrás a salvo de eso? De ninguna manera, tú no vas a hacer nada de eso. —Cálmense chicos, no entren en pánico, encontraremos una manera de solucionar esto sin que nadie corra peligro, ¿de acuerdo? Ahora, fotografíen lo que necesiten y larguémonos de aquí, estamos corriendo peligro si no lo han notado. —Taylor alza una de sus cejas al decir y luego se va a fotografiar todo lo que encuentra. Abruptamente Andrey saca de sus bolsillos un pequeño pendrive y comienza a copiar todos los archivos de la laptop del señor Sanders, al tiempo que Taylor anuncia que es hora de irnos. Sin detenerme a pensar lo que estoy haciendo, tomo una fotografía de una extraña lista que se encuentra por sobre el escritorio, y aunque al principio no entiendo de que se trata, cuando estamos saliendo del lugar reparo en que se trata de una lista de chicas pertenecientes al Detroit. Afortunadamente, Taylor, Andrey y yo salimos de la mansión Sanders sin que nadie advierta en nuestra huida. La fiesta del señor Sanders distrajo a todo mundo y nadie se percató de nuestra ausencia en ningún momento. Algo que es muy distinto en nuestra casa, pues al llegar nos encontramos con papá sumamente cabreado hasta pienso que este va a darme una bofetada por atreverme a acercarme al pervertido de Sanders. No puedo imaginarme que harían papá y mamá si se enteran que hemos estado espiando a Sanders las últimas semanas y que también nos escabullimos en su habitación secreta donde descubrimos que es un sádico pervertido que se aprovecha de niñas jóvenes parecidas a mí. Andrey y yo nos vamos a nuestra habitación y comenzamos a estudiar todas las fotos que tomamos. Mientras lo hacemos, descubrimos que las chicas de la lista de Sanders, las tachadas en rojo han desaparecido inesperadamente y algunas en cambio han aparecido muertas después de un tiempo. Las noticias en google me asquean, sin embargo, Andrey y yo seguimos con nuestra búsqueda. Es claramente visible que detrás de la máscara del señor Sanders se oculta algo muy oscuro, algo que tiene que ver conmigo, con mamá y con papá. —¿Qué vamos a hacer con todo esto? ¿Servirá para ayudar a papá? —pregunto, desesperada por encontrar una respuesta a todo. Una vez Trenton me dijo que a veces somos tan ciegos a causa de la desesperación que no somos capaces de ver la respuesta que se encuentra justo en nuestras narices. Así que intento calmarme y estudiar cada fotografía con precisión, pensando en lo que haría Trenton si estuviese en mi lugar. Conociéndolo, se encontraría en este momento estudiando cada fotografía, con su ceño fruncido, para luego dar su veredicto final.


—Todo servirá para ayudar a papá, Ciara. Es obvio que hay algo detrás de esto. ¿Todo esto se trata de una venganza? ¿O quiere quedarse con el resto de las acciones de los hoteles? ¿Odia a papá y por qué? ¿Quiere sacarlo de en medio por mamá y por ti? No lo sé, pero la respuesta está aquí —contesta Andrey, con voz distante y ronca. Yo intento entenderlo, pero estoy confundida—. Ellos se conocen desde la universidad, lo que quiere decir que hay algo que no sabemos... quizás ocurrió algo y él quiere perjudicar a papá... quizás por mamá... no lo sé, Ciara. —¿Qué hay en sus archivos? —me atrevo a preguntar después de un prolongado silencio. Dios, estoy tan cansada... este día ha sido tan extraño... y Trenton... oh Trent.... —No lo sé. Todas sus carpetas están bloqueadas. —Se encoge de hombros—. No podemos hacer mucho, necesitamos un hacker, pero estamos castigados, así que nos limitaremos a seguir a Sanders o contratar un detective... al menos por un par de semanas. —¿No podemos llevar el pendrive a las autoridades? —inquiero, la verdad es que el que las carpetas estén bloqueadas me da esperanzas, sin duda esa es una buena señal. —No podemos arriesgarnos, Ciara, debemos saber de qué se trata todo eso primero. ¿Entiendes? Debemos esperar unas semanas, y luego ir al GYM, conozco a un par de personas que son buenas en estas cosas. —Él está relajado, pero cuando observamos las noticias de google sobre las chicas muertas que quizás sean víctimas de Sanders, se tensa nuevamente. —¿Por qué podemos ir perseguir a Sanders y no al GYM? —pregunto desconcertada—. Yo necesito ver a Trenton, posiblemente mañana, no creo que mamá se percate de eso. Además, podemos averiguar lo que hay en el pendrive... Andrey niega con la cabeza. —No vamos a ir, Ciara. Pestañeo, no puedo creer que él haya dicho eso. —¿Qué? ¿Por qué? —chillo. —Porque mamá nos lo prohibió, y porque Trenton no está allí. Necesitamos ser cuidadosos con mamá, no podemos arriesgarnos. Me siento nauseabunda. Algo anda mal aquí. ¿Dónde está Trenton? ¿Por qué Andrey se ha puesto evasivo de repente? No lo comprendo. —¿Dónde está Trenton, Andrey? —susurro, preocupada de que él esté de vuelta a su país.


—En el hospital, Ciara, casi parten su pierna, es obvio que no está bien —contesta mientras teclea algo en mi portátil. Definitivamente algo anda mal. —¿No podemos ir al hospital? —Andrey niega con la cabeza—. ¿Por qué no? Toma una respiración profunda y sé que está exasperado por mis preguntas. —Porque no quiere ver a nadie, dice que quiere estar solo —contesta, su mandíbula tensa—. Duerme Ciara, mañana hablaremos de esto. —Y mientras se apaga mi ordenador, Andrey sale de mi habitación dedicándome por último una lánguida sonrisa. Trenton no quiere verme. Oh por Dios.

*** Nueve días han pasado desde la última vez que vi a Trenton y todavía no he sabido nada de él, ni mucho menos de los demás. Mis primeros días, como castigada, fueron un total asco, aunque pude centrarme en mis ensayos y en la presentación que ha sido todo un éxito. Pero no hay señales de alguien interesado en mí de Julliard. Estoy comenzando a desesperarme, aunque falta mucho para que yo entre a la universidad, la definición de mi futuro me tiene temerosa. Andrey está demasiado cambiado, se ha centrado muchísimo en los deberes y se ha enfrascado en buscar información sobre Sanders, algo que causa que mamá y papá estén impresionados y mamá me mire con cara de “Deberías comportarte como tu hermano y dejar de bailar como una loca” estoy segura que adora mis pasos, pero no quiere que me dedique profundamente a eso por el resto de mi vida. Y además, aunque no sé cómo manejar esto, echo muchísimo de menos a Trenton, y quiero decirle cuánto lo siento por haber causado que le lastimaran, pero él seguramente me odia en estos mismos momentos. Por eso no he dejado de repetirme inconscientemente en mi mente la frase: “Si yo no le hubiera dicho que parara él no hubiera sido lastimado por ese cobarde” de ser así, la pelea se hubiera efectuado, pero él estaría bien, con su pierna perfectamente sana. Él ha pasado el ridículo de su vida por mi maldita culpa. Pongo mi rostro entre mis manos. Necesito hablar con él.


«¿Y qué vas a decir, eh? Si ni siquiera estás segura de lo que sientes, o no… mejor dicho, no quieres aceptar lo que sientes por él», mi subconsciente está de regreso. Por eso apenas salgo de la academia de baile cojo mi teléfono celular y llamo un taxi que me lleve de inmediato a la casa de Trent. Aprovechando que salí una hora antes de lo normal. Cuando el taxi llega finalmente, me subo y le indico al conductor la dirección exacta. Sólo me falta esperar que Trenton sea capaz de recibirme. Desde hace cierto tiempo, mi hermano y yo habíamos tenido la oportunidad de visitar la casa donde viven Trenton y Gioele, junto con April también. Me parece sumamente extraño que April estando encima de Trenton las veinticuatro horas del día aproximadamente, no hubiera conseguido lo que quiere desde hace ya algún tiempo. Cuando me bajo del taxi después de haber pagado, inhalo y exhalo varias veces tratando así de recoger fuerza y valentía. Camino unas dos cuadras de la estrecha calle y me detengo en una pequeña y sencilla casa, el taller que está al lado se encuentra abierto. Escojo rápidamente pasar por el taller y preguntar si está Trenton o si quiere verme. Los pies del señor Cole —el padre de Gioele y padrastro de April— son lo único visible pues se encuentra debajo de un viejo auto revisando quién sabe qué, sus características botas industriales son las que me ayudan a reconocerlo. Yo carraspeo para que se entere de mi presencia. Está claro que se encuentra solo en el taller; pero estoy segura que Trenton está en su casa, pues Gioele me lo ha dicho un par de veces mientras nos enviábamos textos durante la mañana. —Eh, hola Ciara —me saluda el señor, cuando ya se encuentra de pie y limpiando sus manos engrasadas, con un pañuelo—. Qué sorpresa verte aquí. Gioele no anda por aquí así que debo imaginar que buscas a… Yo me sonrojo un poco. —Uh… la verdad es que si… Intento restarle importancia encogiéndome de hombros, sin embargo aquello no retira la sonrisita burlona del rostro del señor, quien me indica con la mano que me acerque con su característica actitud amable. Yo le sonrío y le sigo por el pasillo que da hasta la pequeña y sencilla cocina de la casa. —Debe andar por aquí. Siéntate muchacha, voy a buscarlo. —El señor saca una silla de la mesa y me indica que me siente en ella, yo acepto su petición gustosa y le sonrío agradeciéndole. Una vez el señor Cole se retira en busca de su sobrino, yo hago el intento de sacar mi móvil de mi bolso de mensajero para entretenerme con él, no obstante aquello no es


necesario en cuanto en un abrir y cerrar de ojos Trenton entra por el umbral de la puerta con una enorme interrogante en su rostro. Y en muletas. Diablos. Su pierna derecha no luce tan bien como pensaba, suspiro y me estremezco a la vez que recuerdo cómo aquel cobarde golpeó su rodilla sin pudor alguno, mientras los quejidos de Trent se hacían presentes; ahora es que me doy cuenta que esa tarde no solamente sufrió Trenton, también lo sufrí yo y cada vez que vea esa pierna lastimada y Trenton caminando o tratando de caminar en muletas ese dolor se hará presente, yo simplemente lo sé. —¿Qué haces aquí? —Su voz ronca me saca de mis pensamientos; a juzgar por su tono de voz lo sé, él me odia. Me odia. —Yo… vengo…, quería… —balbuceo y mi voz está en un hilo—, quiero saber cómo te encuentras, ¿vale? Me sentí muy mal por… Trenton se aproxima hasta la silla que está en frente de mí e intenta sentarse, por lo que yo automáticamente me levanto de mi asiento para ayudarle; sin embargo apenas tomo su brazo él se zafa abruptamente de mí como si me despreciase, lo que causa que mi ceño se frunza en menos de un segundo, y en consecuencia retrocedo dos pasos y observo cómo él finalmente se sienta y apoya su pierna en la otra silla que está a su derecha. Regreso a mi asiento. —No soy un inútil, ¿ves que pude hacerlo yo solo? ¿Lo ves? —pregunta adusto, como si odiara a todo el mundo en este preciso momento. Me estremezco en cuanto sus ojos jades más oscuros de lo normal me observan de manera arisca. —Yo no quise que… —Trato de hacerle ver. Trenton me interrumpe poniendo un dedo en alto. —Ya lo sé, y por lo que recuerdo sabes que me encuentro… bien. —Trenton me dice, mostrándome alguien muy diferente a lo que él ha sido antes—. No tienes que sentir lástima o algo así. Abro los ojos como platos, Trenton jamás se había comportado de esa forma tan imbécil, ¡sí! Está siendo un total imbécil, y me estoy conteniendo en este preciso momento para no gritarle sus verdades, sin embargo una parte de mí intenta con todas sus fuerzas comprenderlo.


Ignorando todo lo que ha dicho, pregunto: —¿Cuándo te deshaces de esas… cosas? —Señalo su pierna con mi barbilla. Trenton suspira. —En un par de semanas, supongo. Ahora es donde aparece el dolor de nuevo, aparte de la culpa odio extremamente el verle de esa forma, tan amargado con todo y con todos. Aquello que le hizo ese chico fue un acto de cobardía, pero lo que yo hice, fue algo parecido a una traición. Y allí es donde se reproduce la misma frase que desde hace dos semanas ha estado apareciendo en mi mente: “Si yo no le hubiera dicho que pare, nada hubiera pasado” Mierda, es verdad, en serio que metí la pata hasta el fondo, tanto que por eso he ganado el odio de este chico, el odio de mi amigo el italiano. —Lo siento Trent —digo después de un largo silencio entre nosotros. Mis ojos mirando los suyos fijamente, nunca me he disculpado con nadie en mi vida, y no se trata de una cuestión de orgullo, ni tampoco es porque me haya equivocado, sino que en mi vida me ha importado tanto que me disculpen—, lo siento… lo siento tanto. Trenton ahora me mira con sus ojos desorbitados, como si no pudiese creer lo que está oyendo en este momento. —¿Qué demonios estás diciendo? —pregunta tratando de ocultar la hostilidad en su voz, pero sin lograrlo—. ¿Te disculpas? ¿Es en serio? ¿Te disculpas? ¿Por qué? Si el que debería estar disculpándose aquí soy yo… Oh Dios ahora sí que no estoy entendiendo nada. ¿Por qué va a él disculparse? Contengo la respiración cuando oigo sus palabras, y mi mente empieza a trabajar para encontrar una explicación realmente lógica sobre la locura que acaba de decir Trent. Miro su rostro y mi mirada se queda fija en el lunar que tiene en su mejilla, y luego sigo buscando en su rostro algún signo que me diga qué rayos está diciendo, pero no hay nada aparte de un humor del demonio en su semblante. —¿Qué? —logro vociferar intrigada—. ¿Disculparte por qué? El ceño de Trenton se arruga inmediatamente. —Es exactamente lo que yo quiero saber, ¿por qué mierda te disculpas tú?


Me tiento en lanzarle una respuesta totalmente sarcástica; sin embargo al saber cómo se encuentra su humor ahora, me contengo inmediatamente para no empeorar las cosas. Nunca he visto a Trenton tan enojado como ahora. Entonces decido liberar por fin esa frase que me ha atormentado por todos estos días. Cierro los ojos y susurro: —Fui yo quien dije que pararas. Fui yo quien me planté en medio de la pelea y te distraje, fui yo quien causó que ese… te golpeara de esa forma. Te distraje. —Abro los ojos encontrándome con Trenton y su mandíbula tensa—. Por eso lo siento, yo pensé que era suficiente que le pegaras. Jamás he presenciado una pelea tan fuerte, estaba tan asustada… Mi voz se quiebra pero me recompongo porque no vine aquí a chillar como una estúpida, camino hasta Trenton, tratando de calmar su rabia un poco, coloco una de mis manos en su hombro. Él intenta levantarse, y yo logro detenerlo. —Tú no eres culpable de nada. —Es lo que dice, y esta vez su voz no está cargada de rabia, sino de alivio, un alivio para mí que es muy irracional—. Y sí tienes razón, me distraes, sin embargo eso no es nuevo. Así que no te disculpes por algo que no tiene sentido para mí. Me agacho y ahora mis manos se apoyan cuidadosamente en sus rodillas, Trenton no despega sus ojos verdes de los míos, y yo por más que intento no logro retirarlos. —Me alegra saber que estás bien —le respondo tratando de sonreír ante su mirada fija. Él todavía sigue muy serio. Y entonces lo dice: —No estoy del todo bien, Ciara —pronuncia lentamente, acentuándose en mi nombre, su rostro baja un poco, hasta el mío, aunque no intenta acercarse más, y una parte de mí sabe lo que está a punto de mencionar—. Lo que leíste en la nota… yo… no sé cómo ha llegado allí. No quería que la leyeras, pero últimamente pasa todo lo contrario a lo que quiero. Frunzo el ceño y al mismo tiempo mi corazón se paraliza. —Trent, ¿estás preocupado por la nota? ¿Por eso precisamente te distrajiste? — inquiero, aunque ya sé la respuesta. Yo lo había notado ese día, cómo su ceño se frunció cuando me vio con ella. —Tú no lo entiendes. —Suspira y luego se queda pensativo por un tiempo—. Escucha, esa nota fue un error, ¿vale? Fue la noche de la fiesta, la escribí y me arrepentí y no la dejé, por eso la escondí. Esto no es un juego Ciara, sé que soy terriblemente bromista algunas


veces, sin embargo ahora no, esto es en serio, escribí esa nota en serio, y cuando te vi con esa nota, cuando vi tu semblante, lo supe. Te he perdido, y ya no quieres nada de mí, pensé que te enojarías tanto que ibas a llegar a odiarme, el pánico me atacó, ¿cómo no distraerme con eso? Por todos estos meses he intentado decírtelo, por eso todos estos meses he jugado bromas, te he coqueteado, he intentado que veas mis sentimientos y no lo has hecho, entonces finalmente me rindo, y me planteo ser tu amigo, me convenzo que es mejor estar junto a ti como un amigo, me convenzo que el esfuerzo vale la pena. Pero cuando veo esa nota en tus manos, me entero que todo el esfuerzo en mantenerte cerca no valió para nada, y ahora cuando te veo aquí… —Trenton toma aire, sus ojos terriblemente tristes—, pienso que todo esto se trata por lástima, estás aquí porque… ni siquiera puedo decirlo en voz alta, pero lo diré: estás aquí porque sientes culpa, yo no soy el motivo principal de esta visita, y joder, eso es mucho peor, ¿ahora lo entiendes? Demonios, lo entiendo. Pero mi mente no lo procesa todavía. Aparto la mirada de Trenton, mirando hacia el piso, aunque no retiro mis manos de sus rodillas. Siento su mirada en mí, quizás esperando una respuesta de mi parte; si supiera las ganas que tengo de responderle algo alentador, pero mi mente es un desastre, un terrible desastre, ni siquiera estoy preparada para esto. Cuando vine aquí tuve la esperanza de que ese tema no llegara, porque simplemente él había estado confundido conmigo en el pasado. Pero con esas palabras, palabras que escuché con atención y con mis ojos clavados en los de él, supe que está siendo completamente sincero, que está diciendo lo que siente, y además siempre se ha comportado de una manera… especial conmigo, ahora, que yo no lo haya notado demuestra que he estado malditamente ciega, tan ciega que con sus palabras la venda que tenía en mis ojos desaparece. Ahora todo tiene sentido. La risa de Trenton raramente triste, me extrae de mi razonamiento. —Es algo tonto tener miedo de perder algo que no tienes, ¿no? —dice sin ningún rastro de humor en sus ojos, cuando vuelvo a mirarlo. —Trent yo… Él pone una mano en alto, señal de que guarde silencio. —Lo sé Ciara. —Su rostro apacible, aunque puedo notar la tensión que hay entre nosotros, yo nunca imaginé que llegáramos a esta conversación nuevamente—. Cuando te conocí todo se complicó tanto en mi vida. Vine a este país con otros planes, y luego llegas tú y los arruinas, no me malentiendas, los arruinaste de la manera buena. Fue muy difícil para mí aceptar que tú me…


—Trenton, ya. Por favor —le interrumpo, mi voz tan aguda que me sorprendo. Él guarda silencio entonces y me observa fijamente, como si estudiara sus posibilidades. Yo intento levantarme pero él me toma del brazo y en un abrir y cerrar de ojos su rostro está nuevamente a centímetros del mío, lo que causa que el nerviosismo en mi sistema aumente notablemente. Mi mente me grita ese ya tan conocido “Alerta” para que me aleje, porque estoy en una zona peligrosa, mas mi cuerpo no reacciona y se queda clavado en la posición que está, entonces las manos de Trent acunan mi rostro lo que causa inmediatamente que los latidos de mi corazón se descontrolen tanto que siento que me dará un infarto en cualquier momento. Ni mis ojos, ni los de él retiran la conexión entre ellos. —Trent… no… —susurro en milagrosamente—. No puedo, Trent…

pánico, tratando que mi

cuerpo reaccione

No puedo, pero siento que quiero. —Amore… 18 déjame intentarlo —susurra de vuelta, sus ojos están centellantes, su susurro causa que yo me derrita literalmente en su acento italiano, aunque aquello no impide que el miedo me abandone. ¿Qué estoy haciendo? ¿De verdad quiero impedirlo? ¿O quiero que lo haga? Sí quiero que lo haga, quiero que me bese, pero lo único que sé en este momento es que el miedo que aún sigue en mí no va a desaparecer por ahora, o quizás jamás. Y es que en este preciso instante no logro entender de qué tengo miedo, ¿de sentir? ¿De ser lastimada? ¿Trenton sería capaz de lastimarme? ¿Yo tendría alguna razón para sufrir por él? «Tienes miedo de ti misma», me susurra muy lentamente mi consciencia. Entonces me alejo de Trenton. —No puedo —digo con toda la determinación posible. Me levanto abruptamente y lo miro desde lo alto en lo que estoy, por supuesto, Trent sigue sentado y en su rostro se registra toda la confusión e impotencia que le proporcionan mis palabras. Resopla y es un sonido desdeñoso pero a la vez triste y vacío, yo sé que ya he comenzado a romper una parte de su corazón con esto, el segundo rechazo.

18

Amor.


—¿Por qué? —me pregunta temeroso, sus ojos buscando los míos—. ¿Qué es Ciara? Justo cuando pienso que sientes lo mismo, ¡tú actitud cambia! ¡Nunca puedo saber qué es lo que quieres! ¡No sé cómo tratarte! —brama, recalcando cada una de sus palabras en mi cara, golpea su puño contra la mesa, como si ésta tuviese la culpa de todo—. ¡Esto es una mierda! ¡Te quiero con toda la locura posible, y no puedo hacer nada contra eso! Me quedo helada, sus palabras taladrando en mi cerebro y haciendo una especie de eco, que causa que me estremezca y se me forme un nudo en la garganta. Lo veo en su rostro, él está frustrado, porque yo le he ignorado de todas las formas posibles, pero ¿por qué? Yo también te quiero… «¿Por qué eres tan estúpida, Ciara?» La voz de Trenton me sobresalta. —No quieres enamorarte, ¿es eso? —dice, su voz fría y distante, supe que él está seguro de eso pues es una afirmación. —No es eso —respondo con un hilo de voz nuevamente, al final de unos segundos. El rostro de él sigue enojado y… ¿atormentado?—. No quiero sufrir. —Conmigo no vas a sufrir, Ciara. ¡Por Dios! —exclama desesperado, tratando de levantarse y acercase a mí. Yo pongo mi mano en alto, indicándole que se quede donde está. —Ya he sufrido lo suficiente —declaro mostrando serenidad—. No sólo por Eric… sino también por mi madre, y la vida que llevo… y tengo muchas metas en este momento, metas que me impiden acercarme a sentimientos como ese… yo sólo quiero… por un tiempo… —No tienes idea de lo que dices —Es lo único que responde. El silencio se hace presente. Yo finalmente recojo mi bolso y me lo coloco encima de mi hombro, lista para irme, antes de echarme a llorar delante de él, quien ya tiene demasiados problemas con todo lo que yo le he causado. Mi visita fue un error. —¿Te vas? —Su rostro sombrío. Lo miro por unos instantes, esto es lo correcto Ciara, lo es, él es muy peligroso para ti. Y tú lo eres para él. Asiento con la cabeza en respuesta y tomo aire profundamente, como si no fuera respirado por horas.


—Es demasiado tarde, me iré a casa. —Me acerco a él y lo abrazo y sin controlar aquel gesto deposito un beso en su mejilla, en el lugar donde está su lunar, siento cómo él suspira y trata de girar su rostro, cuando sé lo que pretende hacer me alejo rápidamente de él—. Espero esto no cambie las cosas. —Claro que no —murmura casi con pesar. Y así camino de nuevo hasta en taller donde se encuentra el señor Cole y un hombre alto y musculoso con una chaqueta de cuero café oscuro. No reparo mucho en detalles, la verdad es que lo que más necesito ahora es ir a casa, porque mis pensamientos son un desastre, y estoy comenzando a pensar que el verdadero desastre soy yo. Trenton es un buen tipo, un chico alegre, soñador, un caballero, guapo, con metas, no es egoísta, ¡y me quiere! ¿Por qué lo estoy rechazando? ¿De verdad soy tan fría como mi madre que no soy capaz de sentir algo por alguien? ¿Por qué todo es tan complicado? ¡Oh Dios! No, no puedo enamorarme de él, ni de nadie. Tengo los ojos puestos en Julliard desde que tengo memoria, y si me enamoro de alguien no voy a salir de Detroit ni de las faldas de mamá jamás. El problema es que también no sé cómo definir mis sentimientos, estoy tan confundida y abrumada por las emociones que siento cuando Trent está cerca, jamás sentido algo igual, y eso, mezclado con mis inseguridades, es abrumador para mí, una chica que tiene problemas tan extensos y sueños tan grandes que no sabe qué camino escoger. Clavo la mirada en el señor Cole Venturi mientras le dedico una sonrisa de disculpa por interrumpir su plática con el hombre que se encuentra a unos pies de mí. —Lo siento, ya me iba —le digo tímidamente. El señor Cole pasa a estar solemne a corresponder mi sonrisa en tiempo record, el hombre de chaqueta café se gira y me mira de pies a cabeza, con una de sus cejas alzadas y lo juro por Dios que casi me estoy cayendo hacia atrás en este momento. Mi impacto no se trata de que sea un tipo guapo, es decir lo es, pero es su tremendo parecido con Trenton es el que me conmociona, ¿qué demonios? Son como dos gotas de agua, dejando a un lado que este tipo tiene una cicatriz en la ceja izquierda y algunos tatuajes en el cuello, además sus ojos son de un marrón oscuro, casi negros al igual que su cabello, el que lo lleva casi que rapado. Sí, seguramente este es familiar de Trent y de Gioele, se parece muchísimo a estos dos. Me recompongo de mi impacto y le hago un gesto con la mano en señal de despedida al tío de Trent. —Cuídate pequeña Ciara —dice el señor cuando cruzo el portón del taller.


Una voz gruesa me sobresalta. —Si quieres puedo llevarte —sugiere el tipo seriamente, su acento italiano es apenas notable. Ni siquiera muestra amabilidad al hablar, yo diría que lo que dice sólo se trata de demostrar educación al señor Venturi. —Ni siquiera lo consideres, Theo —contesta la voz de Trent, mientras se acerca en muletas al taller, con su ceño adusto y puedo ver la tensión en su frente y cuello. —No es necesario, yo me iré. —Salgo prácticamente huyendo de allí, pues estoy tratando de evitar un contacto visual con mi amigo o “presunto” ex amigo. Lo último que escucho es la respuesta de Theo: —¿Esa es la manera de recibir a tu hermano después de cuatro años sin vernos? —A juzgar por el tono de su voz, lo menos que aparenta es tristeza o nostalgia. Yo apuesto a que tras sus palabras hay cierto desdén y burla unidos en tan sólo una frase. Entonces, ese es el hermano de Trent. Camino rápidamente mientras busco en mi bolso mi teléfono celular y con la misma velocidad pido un taxi luego de darle la dirección donde me encuentro. Mientras espero, todo lo que ha ocurrido se me viene a la cabeza, los pensamientos y recuerdos vuelan en mi cerebro, algo que me desespera pues el nudo en mi garganta aparece inmediatamente al pensar sobre lo mal que debe sentirse Trenton en este momento y por mi culpa. Es un sentimiento horrible. No saber qué es lo que me pasa es más que horrible.

*** Al parecer el salón de la casa no está vacío esta noche, pues me sobresalto al percatarme de la presencia de algunos invitados en cuanto el taxi me deja en la entrada de la casa y noto los autos y algunos escoltas en la puerta de ésta. Lo que me faltaba, las amigas de mamá no pudieron escoger un día más apropiado que este para hacer sus estúpidas visitas. Me convenzo a mí misma que puedo manejar esto, sólo tengo que entrar, saludar y decir que necesito descansar por haber tenido una larga tarde en el estudio de danza. Y la verdad es que sí, me encuentro demasiado cansada como para lidiar con esas señoras. Cada vez que estoy cerca de las amigas de mamá me convenzo de que prefiero la compañía de otros chicos, definitivamente no me siento cómoda con ellos. La primera que me ve entrar es mamá, la que me sonríe aunque me observa preocupada cuando se fija en mi rostro, algo que también hace mi padre en cuanto me ve. Papá se


levanta de su asiento el cual está situado al lado de mamá en el gran mueble blanco del salón, frente a ellos están, para mi sorpresa, Suzanne y Eric Sanders; papá me mira fijamente y frunce el ceño, yo les devuelvo el gesto. —Hija, ¿estás bien? —pregunta al instante, mirándome de pies a cabeza, comprobando que me encuentro físicamente bien. Lástima que no pueda ver a través de mí, mis emociones están destrozadas—. Estás pálida hija, ven siéntate y toma un vaso de agua. — Me hala hasta el sillón donde estaba anteriormente sentado con mamá y me coloca un mis manos un vaso de agua fría y con hielo. Yo me tomo el vaso de forma rápida percatándome de que mi garganta estaba completamente seca y que el resto de los presentes están mirándome cohibidos. —¿Dónde está Andrey? —pregunta una voz ronca, y cuando nadie responde y reparo en los ceños fruncidos de todos, me fijo en que la voz ronca me pertenece a mí. —¿Has estado llorando? —Esta vez quien pregunta es Eric sin dejar de mirarme y mostrarme su ceño fruncido. Niego con la cabeza lentamente, parece que carezco de fuerzas hasta para eso—. Sé que sí, ¿por qué has estado llorando? ¿De todas formas a él que le importa? —pregunto en mi mente y sé que no hay ninguna respuesta, porque él es totalmente impredecible para mí. Niego con la cabeza en respuesta, decidida a no hablar nuevamente y atraer la lástima de Eric la cual no necesito ni de broma. Quisiera fulminarle con la mirada en este mismo momento, por ser el culpable directo de mis problemas y los de Trenton, claro, Eric fue el creador del miedo que se deposita en mí, el mismo miedo que esta lastimando a Trent. Si tuviera fuerzas ahora, le dirigiría una mirada asesina a Eric, o le daría un bofetón que gire su mejilla al otro lado a una velocidad sobrehumana, y también, por supuesto, le gritaría en su cara las cosas horribles que presuntamente hace su padre. En lugar de eso me levanto luego de beber el vaso de agua entero, beso la mejilla a mi padre después de susurrarle que no se preocupe, y despidiéndome con un gesto con la mano dirigido hacia los demás arrastro los pies hacia mi habitación. Lo último que escucho cuando estoy subiendo las escaleras como un muerto viviente, es a la voz de mi madre: —Oh, mi pequeña está tan nerviosa últimamente. Estoy segura que ha estado preocupada por Stanford y sus sueños de entrar a la facultad de administración o ingeniería civil, al igual que Andrey. —Su voz destila tanto orgullo que empiezo a creérselo, hasta que reparo que habla de una hija que no soy yo, habla de la hija que ella quiere que sea, por lo menos en lo que se refiere a Andrey, quizás si tenga razón.


¿De todas formas, por qué ellos están hablando tan tranquilamente con Suzanne y con Eric como si no hubiera pasado nada con el padre de éstos? «No seas tan infantil, ellos no tienen la culpa de nada», murmura mi consciencia, y pues la verdad es que tiene razón. Empiezo a sollozar de nuevo a pensar en que esto es una mierda, una total y reverenda mierda. Jamás había hablado o pensado siquiera de esta forma, pero es que estoy harta, harta de ser lo que mamá quiere que sea, de que papá no me ayude —quizás lo hace porque no he hablado sobre esto con él por miedo—, de esconderme de las personas, de que hablen a mis espaldas en el colegio, y también de todas las personas egoístas que hay en este mundo y lo que más me atormenta es que yo me convierta en una de ellas porque de algo estoy completamente segura: a pesar de que quizás yo jamás logre saber realmente qué siento por Trenton, no quiero que él se aleje de mí y deje de ser mi amigo. Y acepto que lo que aspiro es reverendamente egoísta, porque lo necesito para poder contra todos y todo lo que se interponga en mi camino a Julliard, porque aunque él no lo sepa, lo veo como el tipo más fuerte que conozco, y quizás esté pasando por momentos tan difíciles que quiera morirse, sin embargo él siempre sonríe, y quiero aprender cómo lo hace, quiero saber y hacerlo, así llevan ladrillos encima de mí cada día, quiero sonreír y no dejarme vencer, como lo hace Trent. Y entre otras razones, es que sus ojos llenos del brillo de la vida me emocionan, tanto como ver la salida del sol en el horizonte. Me gustas, realmente me gustas Trent, y te quiero, ¿pero eso es suficiente para dejar todos mis miedos a un lado? ¿Es suficiente para ti? Tú mereces más, Trent, mi más profundo miedo no es que tú me lastimes, mi miedo es que tú resultes lastimado y que mis sentimientos no sean los que mereces. Ese realmente es mi más grande miedo, al fin lo he descubierto.


—Son aproximadamente las ocho treinta, ya debería estar aquí —masculla Andrey, tomando con fuerza el volante de su BMW negro. Andrey y Taylor contrataron a un detective privado, el cual estuvo detrás de Ralph Sanders por unas dos semanas. Fuimos informados sobre sus inesperadas visitas a un barrio abandonado al oeste de la ciudad, donde siempre se detiene frente a un almacén viejo y desaliñado del que es dueño, al parecer, según nos informó el detective, Sanders siempre está en este lugar exactamente a las ocho treinta, se reúne con varios hombres vestidos de negros, y entran al almacén, donde permanecen dentro por dos o tres horas. —Sólo hay que ser pacientes, no creo que hoy… —Pero antes de que yo pueda continuar hablando, un lujoso auto se estaciona frente al almacén. El chofer de Sanders sale del asiento del conductor para abrir la puerta de su jefe. Del almacén aparecen tres hombres impecablemente vestidos de negro y detrás de éstos, un hombre joven alto, elegantemente vestido y porte imponente se posiciona frente a Sanders cuya sonrisa petulante me asquea. Ralph Sanders platica cómodamente con el hombre vestido de negro que está de espaldas a nosotros. Conforme observo a los otros dos hombres que tan sólo están a unos pies de distancia, el señor Sanders comienza a gesticular, hasta que finalmente todos los hombres presentes deciden que es hora de entrar al almacén. Entonces, soy capaz de ver el rostro del hombre alto que conversa con Ralph Sanders. Su rostro completamente inexpresivo, sus facciones europeas y un andar elegante. Palidezco mientras sigo observando. Oh dios mío, no puedo creerlo, Theo viste también impecable y sé que sus zapatos son Armani, al igual que sé que toda su ropa es de marca y me pregunto cómo rayos puede vestir así, mientras su familia se encuentra en situaciones distintas. Theo Lombardi, con tres grandulones escoltas, es algo que no puedo creer. Mi hermano y yo compartimos una mirada incrédula, está claro que él lo ha reconocido a pesar de ser la primera vez que lo ve. No puedo creerlo, esto es una sorpresa para mí; mientras todos entran al almacén, Andrey y yo seguimos observando hacia el frente, tratando así de procesar todo lo que acabamos de ver. ¿Qué clase de vida lleva el hermano de Trent? ¿Cómo es que trata con personas como Ralph Sanders?


Pensé que la familia de Trent, y también porque él mismo me lo ha dicho, no pueden gastar sus recursos en lujos. Es evidente que mi mundo y el de Trenton es tan distinto; sin embargo, al parecer, su hermano se dedica a otras cosas, cosas malas al estar acompañado de alguien como Sanders, además, desde que le vi, algo me dice que cosas realmente desagradables le persiguen, lo vi en sus ojos fríos y desafiantes, Theo es todo lo contrario a su hermano, él es el malo, estoy segura. —Es el hermano de Trent —musito con incredulidad. ¿Qué clase de relación guarda el hermano de Trent con Sanders? Dios mío, cada vez son más las dudas.

*** —Parece que no somos los únicos a los que Sanders ha querido joder —dice Andrey, cuando nos encontramos en el despacho de papá acompañados por el abogado Taylor, mi madre y mi padre, cuyos ojos están entristecidos y decepcionados de quien calificó como su buen amigo por los últimos veinte años. Taylor se levanta de su sitio, acomoda tranquilamente su corbata, y posteriormente inicia a sacar un montón de documentos de su portafolio. —La familia Fournier, cuyo negocio estaba a punto de caer en quiebra, ha demandado al señor Sanders por múltiples faltas, es decir, ellos principalmente son una de las familias más influyentes en cuanto a clubes o discotecas de la ciudad se refiere, Sanders invirtió en éste negocio hace ya mucho tiempo, pero poco a poco el mismo fue cayendo, Sanders adquirió más acciones, hasta convertirse en el portador del cuarenta por ciento de las acciones. —Hace una pausa, todos escuchamos atentamente lo que Taylor está explicando—. Sin embargo, el señor ha cometido ciertos errores que no fueron pasados desapercibidos, tiene una cuenta secreta a nombre de su hijo, en el cual ha estado depositando muchas cantidades de dinero. —Taylor nos muestra un documento, supongo que este es una prueba de lo que está diciendo—. También mi colega Sánchez, tiene en sus manos distintas pruebas que rectifican que Ralph Sanders fue el causante de la caída de los negocios de los Fournier, por lo cual se ha abierto una investigación al señor Sanders. — Finaliza sonriendo, es grato para mí saber lo animado que se encuentra Taylor con esta noticia. Mamá está enojada, puedo verlo en su mirada, seguramente es la decepción y la impotencia que está sintiendo en este momento, al igual que papá; no obstante, Andrey se encuentra radiante, sé que para él es gratificante lo que está a punto de decir, por supuesto, nosotros debemos mentir, pero a mi parecer, la mentira es astuta.


—Nos llegó también esto por correo. —Andrey coloca por sobre la mesa un pequeño pendrive plateado. Frunce el ceño hacia Taylor, quien está sorprendido de que Andrey esté mintiendo—. Lo he revisado, tengo amigos hackers, lograron desbloquear cada una de las carpetas, es totalmente raro todo lo que contiene, pero supongo que es mejor que ustedes mismos lo examinen. Andrey me observa de reojo, y sé que ésta es mi señal. —Y también nos enviaron esto, lo encontré hoy en la mañana y quise mostrarlo cuando el señor Taylor estuviera —digo, y aunque mis manos se encuentran temblorosas, coloco el sobre manila junto al pendrive de mi hermano. El pendrive contiene todos los archivos de Ralph Sanders que se encuentran en su ordenador. Después de que Andrey y yo viésemos a Sanders con Theodore, decidimos que lo mejor era desbloquear de una buena vez los archivos del señor Sanders. No encontramos mucho referente a papá, pero sí había documentos que le incriminan de acoso sexual, abuso de menores, entre otros delitos que Taylor se encargó de explicarlos. Cabe recalcar que, una de las mayores víctimas de acoso, soy yo, pues en cada uno de sus archivos, hay fotografías mías, lugares que frecuento, con la hora y fecha exacta, es como si alguien monitorizara mi vida, algo que me asquea y me asusta demasiado a la vez. Las fotos son las que tomamos de la habitación del señor Sanders, no sabemos si en la casa hay algún vídeo de seguridad que nos incrimine, pero esperamos que no sea así, sino tenemos que arriesgarnos a volver a esa casa y borrarlo, no podemos permitirnos el lujo de que nos descubran. Nosotros simulamos que todas estas fotografías y pruebas nos las han mandado alguien que quiere ayudarnos. Papá y mamá nos creen, porque piensan que somos incapaces de escabullirnos en una casa ajena, burlar la seguridad de la misma, y salir ilesos. En cuanto papá y mamá ven todo lo que guarda la laptop del señor Sanders, me miran con horror. —¡Por el amor de Dios! —exclama mamá, claramente traumatizada—. ¿Cómo no pudimos darnos cuenta de eso? Ciara, debemos enviarte lejos ahora mismo, Andrey, tu te irás con ella, aunque sea hasta que las cosas se calmen, se llevarán sus escoltas, no puedo permitir que... Y ella se echa a llorar abruptamente, ante las miradas desconcertadas de todos nosotros. —¿Qué vamos a hacer? —inquiere papá pacíficamente; mas, noto sus manos temblar y sé que está alterado. Taylor observa hacia la nada por un largo momento, antes de aspirar profundamente y decir:


—Probablemente alejar a sus hijos de todo esto, si es posible, demandar a Sanders por acoso de menores, tenemos las suficientes pruebas para una orden de cateo, esto es todo lo que podemos hacer, al menos por ahora. —Aprieta el puente de su nariz y suspira—. Pero no es solo esto, si bien pueden observar en la carpeta llamada “inventario” claramente se puede ver que Sanders trabaja con la Trata de Blancas y Red de Prostitución. Por alguna razón este señor ha estado despistado los últimos meses, ha cometido errores y las autoridades ya tienen un ojo sobre él. Necesito trabajar más, usted, señor Aldridge puede estarse tranquilo pues confío en que su situación pronto estará solucionada, si Sanders es investigado y son encontradas las pruebas suficientes que le incriminan, usted no tendrá ningún problema, y su libertad será devuelta lo más pronto posible. Todos nos quedamos estupefactos ante sus palabras. Joder, esta es mucha información para nosotros, está claro que Taylor ya tiene todo bajo control y que Andrey y yo ya ayudamos lo suficiente, pero aún así, siento curiosidad y quisiera entender todo lo que el abogado nos ha explicado. Sin embargo, me quedo callada pues sé que los más sorprendidos son papá y mamá. Andrey me aprieta la mano con fuerza, abrumado por las revelaciones de esta tarde. Sabemos que debemos irnos pronto, que probablemente las vacaciones navideñas no las pasaremos con papá y mamá; no obstante, de alguna manera me encuentro agradecida de tener a Andrey, él ha sido un gran apoyo en todo esto: en la situación con papá, mis sentimientos por Trenton, mis preocupaciones por Julliard, y mi enemistad con Eric Sanders.

*** Durante navidad, y parte de los primeros días de año nuevo, me vi solamente distraída en el baile, tanto que mi única meta diaria fue bailar hasta que me doliesen los pies y así caer rendida en la cama hasta el día siguiente y, debido al cansancio, fue obvio que no tuve ni la más mínima oportunidad de soñar nada. Además aquello me ha servido de excusa para no estar envuelta en paseos estúpidos con el resto de mis acompañantes de viaje. Mamá y papá no tuvieron ningún inconveniente en aceptar que Andrey y yo viajáramos a París la gran parte del invierno y con la compañía de los gemelos Sanders y los hijos de los Stewart. Gracias al cielo hoy es el último día que tendré que soportarlos porque estamos a punto de volar a Detroit en el avión privado de papá y me encuentro abordándolo en este mismo momento. No sé cuánto tiempo tardemos en llegar a casa, pero lo único que tengo en mente es visitar a otra persona, sabiendo que eso es completamente imposible, la verdad es que ya no tengo dudas, echo de menos a Trent, tanto que duele. Y lo quiero.


En cuanto estoy a bordo me quito mis guantes de lana y me siento cerca de mi hermano. El avión es pequeño, tortuosamente pequeño que en cuestión de segundos los gemelos ya están cerca de nosotros como dos sanguijuelas. Es tan complicado para mí esta situación, aunque me alivia que Suzanne haya dejado atrás sus insultos hacia mí, aunque su mirada acusadora sigue intacta aquello no evita que mi hermano Andrey comience a tratarla de nuevo sin soltar un montón de atrocidades en mi defensa. No miento si digo que mi hermano ha cambiado, las veces que he estado observándolo lo he notado demasiado distraído y tan preocupado que me siento igual de cohibida que él, pero las veces que le he preguntado no ha soltado nada aparte de decir que está como siempre o de “maravilla” algo que no es creíble, y mucho menos para mí. La verdad es que a veces siento que está ocultándome cosas, y por más que intento indagar sobre ellas más tenso se pone, cosa que me desconcierta, y mucho. ¿Qué podría estarme ocultando mi propio hermano? ¿Debería preocuparme? Jadeo. —… por eso he pensado en organizar el baile de graduación desde ahora. —Es lo único que escucho decir a Suzanne cuando termino el largo recorrido de mis pensamientos. Andrey perece estar más distraído que yo mientras observa fijamente sus pies. Nos encontramos sentados entre una pequeña mesa, donde se sitúan cuatro tazas de chocolate caliente que, dedujo, nos ha servido la aeromoza mientras yo estaba perdida en mi mente. Junto a mí evidentemente está mi hermano, frente a él está Suzanne y frente a mí su hermano Eric que ha estado muy silencioso en todo el viaje, casi como yo misma. —Me parece muy buena idea —responde Andrey desubicado—. Aunque esas fiestas no me van… y debido a la situación... La expresión de Suzanne cambia a una de preocupación; Eric, hace una mueca y yo me pregunto si ellos sabrán las cosas horribles que hace su padre. —A mí tampoco —murmuro para mí misma, pero todos logran escucharme. Suzanne es la única que nos mira boquiabierta. —¿Por qué? Es nuestra graduación, creo que deberían disfrutarla, ¡saben que en tan sólo meses nos veremos una vez al año o menos quizás! —Luego se endereza en su asiento, tomando un semblante solemne—. Han ocurrido muchas cosas entre nosotros, lo sé. Pero hemos crecido juntos, y las cosas van a cambiar en tan sólo unos meses.


Evito resoplar o reírme, ella es muy ingenua o está queriendo serlo. ¡Las cosas entre nosotros cambiaron desde hace mucho! —Por favor Susie, todos aquí sabemos que somos un desastre. —Se atreve a responder su hermano, alborotando su cabello rubio con sus dedos—. Sólo sé sincera, ¿vale? Algo como: aprovechemos el tiempo que nos queda y tratemos de recuperar los meses que fuimos enemigos. Suzanne le fulmina con la mirada y se vuelve hacia nosotros con una sonrisa esperanzada. —¿Qué dicen? A lo que sea que haya dicho Eric… ¿sí o no? Andrey y yo nos observamos por unos instantes, sin embargo algo me dice que mi hermano ni siquiera está considerándolo, el asunto está en mis manos, si yo acepto él acepta, y así sucesivamente. Y a mí sinceramente aquello me da igual, estar cerca de ellos ya no me afecta como antes, quizás porque tengo otras cosas por las cuales preocuparme, cosas que son más grandes y más fuertes que yo misma. —Hablan como si fuésemos a morir, joder —respondo sorprendiendo a todos por mi comentario. Eric me mira por unos momentos como si no fuese yo quien estuviese aquí, y me doy cuenta que no dudé en ser… ¿grosera? Luego me percato en la “palabrota” que utilicé hace unos segundos, aunque no me arrepiento. Lo que pasa es que ellos son tan refinados que es como si fuese anunciado que voy a matar a alguien. Sonrío, si Trenton estuviese aquí, estaría muriéndose de risa. Trenton... ¿qué estará haciendo en este momento? —Bueno, yo sólo decía… —murmura Suzanne como si la fuese regañado su madre, intento soltar una risita en su cara. Ella ladea su cabeza—. Vamos Ciara, debes venir al baile, la pasaremos bien los tres juntos, ustedes se van a Stanford, yo me voy a FIDM 19, y mi hermano… mi hermano no sé dónde rayos se va a ir… ¿Los tres juntos la pasaremos bien? ¿Es que Eric no va a ir? Alzo una de mis cejas cuando analizo lo que ha dicho Suzanne. 19

Siglas de Fashion Institute of Design and Merchandising. Universidad de moda ubicada en Orange Cuonty, New York.


¿Eric no se va a Stanford como mi hermano? ¿O quizás Dartmouth? —¿No sabes? —Automáticamente pregunto, sin siquiera detenerme en considerarlo. Todos en la mesa esperamos la respuesta de Eric. —No estoy seguro —responde solamente, y se queda callado. —¿Ciara? —Vuelve a preguntar Suzanne sin preocuparse por su hermano que al parecer se encuentra en una lucha interna con su propia mente—. Por favor di que sí, todo será como antes. —¿Antes? ¿Como cuando me gritabas que era una zorra? —inquiero dejándome llevar por mis impulsos nuevamente, y no puedo evitar recordar a Trent por mi arrebato—. ¿Antes? ¿Cuándo Eric me rompió el corazón? ¿Antes? ¿Como cuando mi mejor amigo me traicionó? —La ira fluye en mí y creo que estoy explotando, con sólo recordar el rostro de Trenton, mi rencor hacia estos dos chicos crece, y me pregunto qué rayos estoy haciendo aquí, como si no fuese ocurrido nada de lo acontecido—. Me gustaría que todo fuese como antes, claro, antes de que tuve la estúpida idea de darle una oportunidad a un estúpido chico, sin saber que en un futuro me esperaría un estúpido chico italiano que cometería la reverenda idiotez de enamorarse de mí sin ser correspondido como se lo merece, sólo porque, da la casualidad, que un estúpido rubio causó que me quedara en ese agujero donde no permito que nadie entre, ¿quieres que todo sea como antes? Pues yo también, pero eso no se puede, tengo que resignarme a perder la amistad de un chico que fue lo suficientemente ciego como para elegirme a mí de entre las demás… Al terminar, todo mi discurso ya es un completo griterío, y a pesar que respiro con dificultad a causa de la rabia, me siento a la vez tan serena. Aunque eso no es notable. Me levanto de allí y dando zancadas me alejo de los tres con la rabia floreciendo todavía más en mi interior. No sin antes escuchar la réplica absurda y confusa de Eric. —No eres la única que vive aquello. Pero esta rabia ya no es en contra de ellos, yo lo sé, lo siento en lo más profundo de mi ser, eso es lo único que logro descifrar de mis sentimientos: la rabia que manifiesto hacia mí misma por no confiar en mí, y en las estúpidas vueltas que da el futuro; lástima que Trenton no pudo ayudarme a conseguir esa seguridad que tanto estoy necesitando, esa que ya perdí hace mucho tiempo cuando se trata del amor. Camino hasta conseguir el diminuto baño, cuando entro y hago el intento de cerrarla, una mano me lo impide. —¿Estás bien? —pregunta Eric al otro lado de la puerta, haciendo el intento de empujarla para poder verme, yo hago lo mismo de vuelta, pero para no verle.


—¿Desde cuándo te preocupa? —le respondo, destilando veneno sin planearlo. Escucho el suspiro que emite al escucharme. —¿Por qué tanto odio? Me permito considerarlo un par de veces antes de responderle, ¿odio? ¿De verdad está siquiera preguntándolo? ¿Rencor y odio significan lo mismo? Porque sé que lo que estoy sintiendo es rencor y una rabia combinados en algo que jamás había aparecido en mí: impulso. —Vale, te lo diré así de simple: por favor, déjame sola —le sugiero con el mismo tono de voz y además a la defensiva, y es que de parte de este chico hay que esperarse cualquier cosa—. Necesito estar jodidamente sola. —La verdad es que por más que te observo y escucho, no te reconozco —dice él, y finalmente se atreve a entrar al diminuto baño, sin importarle mi incomodidad—. ¿Qué te ha pasado? —Nada. —Me encojo de hombros, tratando de no darle importancia al asunto, aunque sé que mi rostro todavía destila enojo—. La gente cambia, ¿sabes? Incluso los estúpidos. —Y los traidores —completa con su ceja alzada y observo sus ojos mostrando preocupación quién sabe por qué—, como tú. Me río amargamente. —Y otra vez con lo mismo. Déjalo, aquí no hay nadie aparte de nosotros, ¿por qué sigues con tu absurdo juego de mostrarme como la zorra rompe corazones? —Porque tú rompiste el mío. —Ahora es su turno de encogerse de hombros—. Y no podía quedarme con los brazos cruzados mientras podrías hacerle eso a alguien más. La sonrisita burlona que aguarda mi rostro desaparece al escucharlo y sin saber cómo lo hice, la palma de mi mano se estrella en su mejilla, soltándole el bofetón de mis sueños, el que causa que su mejilla se enrojezca de inmediato. Cuando retiro mi mano y lo miro desafiante, él posa una de sus manos en la zona donde lo he golpeado y me doy cuenta que él también está enojándose tanto como lo estoy yo. Ni siquiera lo dejo que hable, porque cada que habla suelta alguna barbaridad que causa que yo quiera matarlo con mis propias manos. —Déjame dejarte algo claro: la próxima vez que intentes insultarme quien te golpeará será mi rodilla y no precisamente en la mejilla. —Bajo la mirada hacia su entrepierna indicándole una amenaza silenciosa—. Y te aseguro que va a doler y mucho.


Cuando camino para salir del baño él me toma del codo en un rápido movimiento. —¿El italiano entonces no es tu novio? —inquiere en un tono áspero, y me doy cuenta que me está lastimando por su agarre, por ello me zafo de él abruptamente. —Eso no es tu problema, y si me disculpas… Dejo las palabras inconclusas porque ya estoy alejándome, apenas cuando me acerco a la mesa donde anteriormente compartíamos, nos indican que nos acomodemos en nuestros asientos y nos coloquemos nuestros cinturones porque el avión va a despegar en diez minutos, cabe destacar el inmenso alivio que siento al saber que dentro de algunas horas, por fin volveré a casa. Todos los Sanders son un problema, al menos para mí, empezando por el padre y terminando por el hijo.

*** Esa semana visito inmediatamente a la señorita Fitzgerald a su academia, para notificarle la gran suerte que tengo al recibir el apoyo de mi padre en el sueño de Julliard, y además a bailar pues entre tanta presión por el viaje no lo había hecho debidamente, ya que siempre andaban interrumpiéndome o nunca estaba sola. Esa misma tarde recibo el primer mensaje que Trenton me envía en ese año, y aunque no es lo suficientemente largo como debería, es importante para mí, ya que ese texto podría significarse que todo lo ocurrido o no ocurrido entre nosotros ha quedado atrás. Trenton: Roma Caffetteria en una hora. Estaría loca si le dijese que no. Pero igualmente no puedo evitar entristecerme, está claro que las cosas han cambiado entre nosotros. Yo: Te veo allí. Le respondo sabiendo que no me va a contestar luego de eso; sin embargo Trent tiene la gran habilidad de sorprenderme cuando se lo propone. Trenton: Espero sigas colada de los chicos sin muletas. Sonrío de oreja a oreja mientras camino a la camioneta negra que ya me está esperando fuera de la academia. Saludo a Flavius que sale rápidamente del auto con una expresión totalmente solemne y me abre la puerta trasera para que yo entre. Entonces me percato que mamá está dentro del auto, con su mirada fija en la mía, esperando que yo suba.


La sonrisa que estaba en mis labios desde que recibí aquel mensaje desaparece automáticamente. Cuando estoy sentada a unos centímetros de ella, es cuando se atreve a hablar: —Ciara, espero tengamos tiempo para hablar… es que estoy preocupada por ti —dice, sus palabras sonando lastimeras. Me estremezco al escuchar sus palabras y por el tono que ha utilizado. Por un momento me preocupa qué es lo que ahora va a decirme mi madre, pues siempre que quiere hablar conmigo lo único que recibo de su lado son malas noticias. Pero por otra parte me alegra saber que está preocupada por mí y me esperanza pensar que la madre que perdí hace tiempo, posiblemente esté regresando. —¿Sucede algo? —Intento que mi voz se muestre tranquila y normal. Comienzo a pensar que Sanders planea secuestrarme en cualquier momento. —Sí. Estoy preocupada por tu futuro —dice, me percato que Flavius no ha subido al auto y que ha desaparecido de nuestra vista—. ¿Qué vas a hacer? Me gustaría que fueses capaz de decidirlo tú, pero no lo es… —Sí soy capaz —contesto tan segura de mí misma que veo a mamá sorprenderse—, otra cosa es que mi madre no me lo permita. Ella no se inmuta de mi acusación. —Porque te estás yendo por el camino equivocado —replica ella a la defensiva—. Debes pensar, quieres ser bailarina, bien. Pero espero tengas presente que esa vida no va a llevarte al lado que estás acostumbrada. Tendrás que vivir diferente, esperar trabajar y quizás viajar por varios países, donde no podrás establecerte en ninguno. Ni hablar de la falta de trabajo, puede que te lleve a enseñar a otras chicas en donde no le darán importancia a lo que haces. Y de ser lo contrario, y te conviertes en una bailarina conocida, tu vida amorosa será un desastre, si llegas a casarte estarás ausente en tu hogar todo el tiempo, y tus hijos te verán como una completa extraña. —¿Como Andrey y yo te vemos a ti, mamá? —le pregunto incrédulamente, ignorando la opresión en mi pecho por el fracaso que ha predicho de mi vida como bailarina profesional. —Puede ser, incluso será peor. Tú no estarás nunca —dice en respuesta, sin siquiera demostrar enojo o irritación—. Por eso piensa en las consecuencias, en todo lo que vas a perder o en lo que quizás nunca tendrás. Sé que tu eres una persona estable, y por eso es mi deber decirte que la vida que quieres llevar no te va a brindar esa estabilidad que tanto necesitas.


Parece que estuviese impidiendo que yo me convirtiese en una prostituta o algo incluso peor. No sé qué rayos tiene mamá en la cabeza, ¿a ella que le importa eso de todas formas? Después de cierto tiempo ella ha cambiado drásticamente y nos quiere manejar como si fuésemos dos títeres y ella el titiritero; donde nosotros debemos hacer lo que ella cree conveniente sin replicar o siquiera oponernos. Mamá siempre ha sido muy controladora, incluso con papá, sin embargo antes sabía cómo manejar aquello y aceptar nuestras opiniones sin enojarse. Por eso a veces echo de menos a la mujer que era antes, y me molesta como está tratando de ser ahora. —Creo que soy consciente de varias cosas. Y si tengo que arriesgarme, lo voy a hacer —respondo en voz baja y sin dudarlo—, es mi futuro y sé que te preocupa, pero no más que a mí. Mamá suspira al escuchar mi respuesta y se queda callada por varios minutos, los cuales utilizo para pensar en lo que acabo de decir, ¿arriesgarme? Yo nunca me he arriesgado a nada, y en los últimos meses he replicado en varias ocasiones que no estoy dispuesta a arriesgarme por amor, ¿no es acaso lo mismo? ¿Si puedo arriesgarme en el mundo de la danza, por qué no con Trenton? La respuesta viene a mí al instante en que formulé la pregunta. «Porque Trenton tiene sentimientos por ti, y también te vas a arriesgar a lastimarlo. Él merece algo mejor». —¡Eres tan testaruda en cuanto a esto! —exclama mamá, sacándome de mis pensamientos—. Pero entonces voy a dejar que te desilusiones tú misma, de todas formas no creo que tengas alguna oportunidad en ese mundo. Vaya, qué apoyo el de mi madre. —Ya he enviado mi currículum, sólo tengo que conseguir una entrevista —le digo mostrando seguridad ante aquel tema, yo sé que voy a conseguirlo, tanto esfuerzo de mi parte es sinónimo de éxito—. Más de diez años en ballet no serán omitidos, mamá. Y piénsalo, desde hace muchos años estoy en este mundo, sólo que tú no te has dado cuenta. Y antes que mamá siga con su charla, abro la ventanilla del auto y le indico con una señal a Flavius, que ya ha aparecido ante mi vista, para que se suba al auto y comience a manejar a casa, tengo muchas cosas que hacer esta tarde, aunque siento que hay algo más importante, sin embargo no logro recordar de qué se trata. El camino a casa resulta ser el más silencioso de todos. Aunque en mi mente se forma un griterío cuando cierro los ojos y pienso en las palabras de mi madre, las cuales aunque trato de no tenerlas en cuenta, retumban en mi mente, una y


otra vez, como si se tratase de un eco agudo. Ella no me apoya, y puede que verdaderamente esté preocupada de que mis sueños sean un total fracaso, sin embargo, ella debería pensar en que ninguna vida es perfecta, y si las cosas no salen como yo las espero, aunque resulte horriblemente malo para mí, yo tengo que seguir con mi vida, y enfocarme en otras cosas. Ella debería pensar así, yo lo sé, papá lo sabe, y mi hermano también. Pero ella tiene a sus hijos en un alto pedestal, destinados a una vida perfecta, donde el sufrimiento no exista, sin saber que nuestras vidas son lo suficientemente difíciles, como para llorar por ello.

*** Lo primero que observo cuando salgo de la ducha es la hora: 5:35. ¡Oh diablos! Hace media hora y cinco minutos que debí estar en la cafetería para encontrarme con Trent. Pero la charla de mamá me mantuvo ocupada y retrasada y ahora voy media hora tarde. Mientras me coloco los pantalones a toda velocidad, observo mi móvil y me percato que tiene más de cinco llamadas perdidas y dos mensajes: uno de texto y otro de voz. Incluso si no hubiera visto de quien se trata, lo adivinaría. Trenton: Ya estoy aquí y no te veo por ningún lado. Rayos. Me coloco la primera blusa que encuentro, igualmente con el calzado, seguido de un abrigo que me llega hasta las rodillas; es ahí donde tecleo un rápido mensaje a Trenton que explique mi tardanza, sólo espero que no se moleste. Es de hacer notar mi estúpida suerte con este chico. Yo: Trent, lo siento mucho. Tuve un largo día y me retrasé. Ya estoy saliendo de casa. Espero diez minutos mientras recojo mi cabellera en una coleta alta, pero él no me responde. Por eso decido escuchar su mensaje de voz el cual llegó hace ya diez minutos. —Vale, ya recibí tu mensaje subliminal dejándome plantado. Si no quieres esto, ya no lo haré más. No pienso actuar como un completo idiota una vez más, ¿eso es lo que quieres? Pues ya lo tienes. Lo arruiné. —Eso es lo que grita mi mente apenas escucho su mensaje de voz, su voz ronca, enojada, llena de frustración. Le he hecho daño una vez más, tanto que ahora sí estoy segura que aquella amistad que hubo se acabó, y es obvio que así sería tarde o temprano.


Mi mente se niega a aceptarlo, mi lado egoísta, el lado donde no se puede comprender qué es lo que Trenton quiere de mí, el lado que no entiende si lo que siento por él es suficiente. ¿Y si le hago daño? ¿Qué pasará cuando tenga que irme a Nueva York? Tendré que dejarlo, no quiero lastimarlo, no puedo permitírmelo. Lo llamo al móvil repetidas veces y sé que no va a responder; pero no me importa, todavía guardo la esperanza de que responda, y sin pensarlo dos veces estoy manejando uno de los autos de papá hacia la cafetería, considerando que quizás Trenton esté allí aún, cosa que compruebo cuando examino el lugar con mi mirada, y me percato que se ha ido, enfurecido y dolido por culpa mía. —¿Puedo ayudarle en algo, señorita? —pregunta el señor de la barra, mirándome directamente a los ojos. Aquí es donde reparo en que me he quedado por lo menos diez minutos mirando fijamente cada una de las mesas. Niego con la cabeza y salgo del lugar sin decir nada. Trenton debe responderme. Esto no lo hice porque quisiera, fue un accidente, y yo no quise hacerle daño dejándolo plantado, cuando verlo era lo que más quería, lo que más quiero. Una vez desactivada la alarma del auto me subo en el asiento del conductor con el ceño fruncido, cierro la puerta y apoyo mi cabeza en el volante, luego en un movimiento rápido saco del bolsillo de mi abrigo mi celular, dándome cuenta que no hay ni una sola llamada de Trent. Por supuesto, ¿cómo va a devolverme mis llamadas, cuando piensa que me he burlado de él? Rayos, todo con él es demasiado complicado. —Hola. —Doy un respingo cuando escucho su voz al otro lado de la línea, procesando que esta vez sí que me respondió. —¿Trenton? —le llamo preocupada—. ¿Me perdonas? —No pasa nada —responde solamente, causando que yo me preocupe aún más. —¿En serio? —inquiero, con la cabeza apoyada de nuevo en el volante del auto—. Mamá me interceptó con unas de sus charlas… lo siento en serio, causó que me retrasara… podemos dejarlo para otro día, ¿no? El silencio al otro lado de la línea me da la respuesta. —Será mejor que hablemos después, ¿sí? —dice en voz baja, como si estuviese conteniendo la respiración—. Buenas noches. Ni siquiera soy capaz de despedirme, él cuelga.

***


Trenton y yo no hablamos después. Cuando llego a casa después de mis clases de ballet, mi padre y mi hermano me observan con sus cejas alzadas, los dos tienen una sonrisita burlona en sus labios que me enervan. —¿Qué pasa? —les pregunto a ambos observando sus rostros consecutivamente. Las sonrisas se ensanchan y se miran entre ellos nuevamente, como si estuviesen guardando un secreto—. Oigan, en serio, me están comenzando a asustar. Andrey es quien resopla, y papá es quien me entrega dos sobres blancos en mis manos. Infiernos. Stanford y Julliard. —¿Por qué hay correspondencia de Stanford? —pregunto con los ojos desorbitados. Mi hermano sonríe un poco, y papá se vuelve serio de repente—. ¿Es tuya, Andrey? Él niega con la cabeza. —Tu madre se encargó de ello, por ti —me dice papá, mientras me siento frente a ellos en la sala de estar de la casa—. No la culpes, es un poco controladora. ¿Un poco? Bah. —¿También tienes correspondencia de Stanford, Andrey? —le pregunto, a lo que éste asiente con la cabeza con un brillo resplandeciente en sus ojos color zafiro. —Estoy dentro —me dice y veo un orgullo plasmado en sus ojos, el mismo brillo que ahora se ve en la sonrisa de papá. Es mi momento de abrir esas dos cartas, las que muestran dos caminos distintos. Contengo la respiración mientras abro primero la de Stanford. Mi padre y mi hermano me contemplan mientras esperan cuál es el veredicto. No puedo evitar estar estupefacta. —Estoy dentro —murmuro y no sé si llorar o salir corriendo. Ninguno de los dos parece preocuparle cuál sea la notificación de Stanford. Yo dejo aquella carta desdoblada a un lado y tomo la de Julliard con manos temblorosas y sudorosas. Esto es lo que he estado esperando desde hace unas semanas, quizás un mes, cuando envié mi currículum. Dios, esto es lo que he estado esperando desde hace tanto tiempo, mi sueño depende de la noticia que se plasma en esta otra carta.


Vuelvo a contener la respiración mientras leo. —Oh Dios —susurro conteniendo ahora las lágrimas. —¡¿Qué?! —exclaman los dos al mismo tiempo. —Encontré la audición —digo con lágrimas en los ojos, y sonriendo de oreja a oreja. Aunque por dentro no me lo puedo creer—. La conseguí, ¡la conseguí! —La emoción es palpable y el grupo de emociones que gritaban por salir de mí mientras esperaba esta noticia, por fin se manifiestan, por medio de las lágrimas, las mismas que son de alegría. Papá y Andrey no dejan de felicitarme y hablar de los logros que he conseguido y conseguiré de aquí en adelante, y sé que están emocionados al igual que yo; sin embargo dentro de mí también están los nervios más alborotados que nunca, yo no puedo fallar, mi presentación ante los profesores y directivos de Julliard debe ser impecable. Y todo lo que me dijo mamá el día de ayer aparece en mi mente, formando muchas dudas. ¿Y si ella tiene razón? ¿Y si mi vida se torna un fracaso? Yo no podré soportarlo. Andrey trae tazas chocolate humeante mientras alardeamos sobre nuestro camino a la universidad. Pensar en lo poco que nos queda antes de que todo cambie me causa una aprehensión en el pecho que no desaparece por nada. Las cosas van a salirse de control, por así decirlo, dejaré de ver a las personas que son importantes en mi vida y conoceré nuevas, sólo espero que todo esto valga la pena, sólo espero que mamá no tenga razón. Sin embargo, a pesar de tanta felicidad, no dejo de pensar en Trenton. ¿Qué haré cuando ya no pueda ver su hermoso rostro nuevamente? Sé que ahora está enojado conmigo, y estoy reprimiendo las ganas de correr y decirle que siento algo por él pero no sé si eso sea suficiente para él. Demonios, estoy tan confundida... —Cualquier decisión que tomes, sé que nos harás muy orgullosos —dice papá, irrumpiendo en mis pensamientos y causando que una enorme sonrisa invada mi rostro. Yo me acerco a ambos, a mi papá y a mi hermano, y los abrazo a ambos con fuerza. —Los quiero tanto, tanto —digo sin dejar de sonreír, porque es imposible no hacerlo.

*** Sanders está allí, con su horrible y sádica sonrisa en sus labios, y por alguna razón yo me encuentro corriendo en medio de una fría y desolada oscuridad, las calles contienen una densa neblina y yo corro descalza. Sanders me persigue con una cámara en su mano mientras grita palabras obscenas que me ponen la piel de gallina. Pronto me encuentro a


Trenton al final de la calle, y sé que él va a ayudarme; mas, cuando estoy a punto de tomar su mano, Sanders lo quita de mi lado tan abruptamente que me sobresalto. Y pronto estoy sola frente a él, muy, muy cerca, y Sanders sonríe, mostrando todos sus dientes, y acaricia mi rostro y yo cierro los ojos y grito. —¡Ciara despierta! —exclama papá, zarandeándome para que yo reaccione. Cuando abro los ojos reparo en la presencia de mamá y mi hermano, quienes me miran desconcertados y ensimismados. Parpadeo varias veces, y sé que todo ha sido una pesadilla. Mis ropas están mojadas a causa del sudor y tengo lágrimas en los ojos. —¿Estás bien? —pregunta Andrey—. Estabas gritando, mencionabas a Trenton... y a Sanders. Emito un jadeo. —¿Tal vez necesitas un psicólogo o ayuda? —inquiere mamá, su voz baja y asustada. Saboreo el momento, mi mamá preocupada por mí no es algo que se ve todos los días... Sacudo la cabeza, respondiendo a su pregunta, sé que no puedo hablar en este momento. Limpio mis lágrimas y suelto un largo suspiro para tranquilizarme, quisiera llamar a Trenton, pero me abstengo de ello, es obvio que él no quiere saber nada de mí. —¿Quieres hablar de tu pesadilla? —inquiere Andrey, por lo cual yo vuelvo a negar con la cabeza. ¿Qué voy a decirles? ¿Qué por más que aparente que estoy bien, por dentro estoy aterrorizada por Sanders, quien, aún está por la calle seguramente espiándome? Sanders está siendo investigado todavía, y por más que quiera pensar que pronto encontrarán la manera de encerrarlo, mis miedos me traicionan, y sé que quizás tarde o temprano, Sanders buscará la forma de hacerme daño.


Todavía el invierno se encuentra sobre nosotros y aprieto más mi largo abrigo a mi alrededor mientras meto mis manos enguantadas en los bolsillos. Lo primero que observo al salir de clases es la sonrisa de Trenton, y prácticamente doy un respingo cuando me percato de su presencia. Hace tanto que no lo veía, incluso llegué a pensar que jamás volvería a sonreír en mi dirección, por ello ahora me encuentro aliviada, y sin importar cuán resbaladizo esté el suelo, corro a su encuentro y le abrazo con fuerza sin siquiera detenerme a pensar qué es lo que estoy haciendo. Yo río y él hace lo mismo, y es cuando noto que es como si sólo existiésemos sólo nosotros dos. Cuando nos separamos, ambos estamos sonriendo. Trenton acomoda mi gorro con cuidado y suspira. —Pensé que no te vería otra vez —dice sonriendo de oreja a oreja, mostrando su perfecta dentadura—, creo que has abandonado mi chaqueta. Me observa descaradamente de pies a cabeza y se detiene en mi rostro por un largo momento, y quizá llevada por la emoción, yo hago lo mismo, observando su abrigo que va acompañado por un par de guantes de cuero. Me detengo a mirar su pierna que se encuentra ahora en perfectas condiciones, o aparentemente así lo veo. —¿Cómo está tu pierna? —pregunto con preocupación. Él se encoge de hombros en respuesta y sonríe. —Luchando contra el frío —responde con un guiño, posteriormente, se acerca y me toma de la mano—. Espero tengas la tarde libre, porque tengo planes. La palabra planes en su voz me suena a gloria. Doy gracias al cielo silenciosamente por tener la tarde libre. Trenton me conduce hasta una vieja chevy que se encuentra al otro lado de la calle. Abre la puerta para mí y yo subo, nuestras manos siguen unidas hasta que cierra la puerta y segundos después se encuentra a mi lado, cerrando su puerta y encendiendo el motor de la camioneta. —¿Adónde vamos? —inquiero, aún sabiendo que no va a responderme. —Ya lo verás. —Es lo que dice, causando que una sonrisa tonta se dibuje en mis labios con tan sólo esa respuesta.


Algo ha cambiado en mí, y es algo desconocido. El miedo que he sentido todo este tiempo cuando se trata de fracasar sigue muy dentro de mí; pero con Trenton las cosas son más fáciles, con él mis miedos se disminuyen o salen de mi cabeza cuando lo miro a los ojos, es algo que resulta sumamente extraño, y es como sin siquiera planearlo, Trenton me diese fuerzas para seguir, es como si una parte de mí dependiese de él, como si sus propias fuerzas fuesen las mías. Desde la primera vez que le vi fui testigo del destello que desprende su ser, como si su alma fuese la más especial de todas y yo no puedo dejar de admirar aquello. Algo parecido a un cosquilleo se deposita en mi estómago y me hace reaccionar, lo que causa que repare en el lugar donde nos encontramos no sé cuánto tiempo después. Me quedo completamente perpleja mientras admiro a mi alrededor y estoy segura que ahora mismo mis ojos están brillando de la emoción. —Eres demasiado hermosa, Ciara —dice Trenton, por consiguiente que yo lo mire por un instante y me percato de su penetrante mirada en la mía, y es como si me traspasara. Creo que Trenton está tomando el control ahora. Yo he perdido el control de mis propias palabras, pues sin intentar morderme la lengua, ellas fluyen descaradamente. —Tú lo eres más. —Me sorprendo del segundo ligero cosquilleo dentro de mí cuando Trenton muestra su sonrisa y yo percibo cómo dentro de mí decido ser capaz de hacer cualquier cosa por verle sonreír todo el tiempo. ¡Oh Dios mío, estoy comenzando a perder la razón! Trenton es quien baja primero del auto y lo rodea para luego abrir mi puerta además de ayudarme a bajar con mucho cuidado. Observo el paisaje en todo su esplendor y se me escapa una risita, aunque el frío aquí es pronunciado, no me importa, esto no se ve todos los días, además del apreciable silencio y la grata compañía. Nos encontramos en la zona silenciosa de la ciudad, y es la primera vez que visito un lugar como éste. Observo a mi alrededor y todo lo que veo es soledad, olvido. Puedo asegurar que este es uno de los lugares más abandonados, pero no me importa porque parece sumamente impresionante y atrayente. Trenton me lleva de la mano hasta que me percato que nos estamos acercando a un edificio extrañamente solitario y extremadamente alto, miro la estructura boquiabierta, al parecer hubo algún incendio, ya que las paredes de éste se ven manchadas de negro y gris cuando originariamente eran blancas, o eso es lo que dedujo. —¿Esto es siquiera legal? —le pregunto mientras entramos, y me parece que es tenebroso y frío; tiemblo y me acerco inconscientemente al cuerpo cálido de mi apuesto


acompañante—. Tú tienes muchas formas de meterte en problemas y arrastrarme a ellos — susurro, como si temiera que alguien me escuchase en este lugar. Trenton suelta una carcajada que resuena entre las paredes del edificio, nuestros pasos también son más ruidosos de lo normal mientras él me conduce hasta unas escaleras que se encuentran a la izquierda, al lado de un ascensor que supongo está más muerto que vivo. —Hay un ascensor en el segundo piso —notifica Trenton a lo que yo asiento con la cabeza. Trenton que ha decidido encaminarme de la mano, me hala para que subamos las escaleras apresuradamente y cuando comienzo a correr, capto que Trent todavía no está en condiciones de seguirme el paso, pues todavía cojea un poco. —¿Te duele? —le pregunto alarmada y me detengo frente a él observando su pierna con el ceño fruncido—. Si pudiera, te llevara en brazos —suelto sin dejar de mirar su pierna, lo que escucho después es la risotada que suelta Trent por el disparate que he dicho. —Estás chiflada —menciona entre risas, y así comenzamos de nuevo a subir las escaleras y en ocasiones nos quedamos descansando en los escalones, hasta que finalmente llegamos al tan esperado ascensor. A pesar de la lentitud del ascensor, la espera no es aburrida, pues Trent sabe como divertirme y entretenerme, y creo que causo el mismo efecto en él, pues en lo que tardamos en subir hasta lo más alto, las risas y comentarios tontos nunca faltan. En la terraza del edificio me quedo sin palabras al darme cuenta que no estamos solos como lo imaginaba, a unos pies de distancia, dos chicas y tres chicos están discutiendo sobre algo, aunque el fuerte viento que nos golpea no permite que se escuche lo que dicen, sólo logro ver en el suelo un grupo de arneses negros, y uno de los chicos conecta uno a un cable grueso y de acero y el mismo está sujetado de uno de los grandes postes del edificio, abro los ojos como platos cuando compruebo qué es lo que pretenden hacer. Miro de reojo a Trent, quien todavía me sostiene de la mano, él sonríe a los chicos y me arrastra hasta ellos. —¡Oye Trent! —exclama uno de ellos, quien es el mismo que conectó el arnés con el cable—. Genial que llegaste, no tenemos la jodida tarde sólo para ti. Ya hay cinco abajo, faltamos nosotros, y ustedes. Santo Dios. Cinco chicos ya se han deslizado desde esta altura través de un cable y solamente sujetos a un arnés de dudosa categoría.


Me estremezco y observo al chico con pánico mientras lo preparan para caer. Aprietan fuertemente las distintas correas del arnés, una por encima de sus hombros, otra por la parte inferior de su espalda, y la otra alrededor de sus muslos; cuando él se encuentra listo, suspira un par de veces, la adrenalina invadiéndole, da dos pasitos adelante, llegando al borde del edificio, se queda un instante allí, y luego los dos chicos detrás de él lo empujan y él cae, soltando un grito de satisfacción. Yo esto helada, temblando, y no precisamente por el frío. Trent aprieta mi mano. — Esto es genial, no puedes imaginarte lo que se siente. —¿Ya lo has hecho? —le pregunto incrédula, aunque por dentro me respondo a mi propia pregunta con un “Claro que sí, ya lo ha hecho” lo conozco demasiado, si es un amante de la escalada, ¿cómo no serlo de esto también? Es obvio que sí lo ha hecho. Él asiente enérgicamente con la cabeza. Trenton insiste tanto en que lo intente hasta el cansancio, pues consigue un “No” rotundo de mi parte, estas cosas no son para mí, si llego a lastimarme significaría perder la audición de Julliard y no puedo permitirme aquello, y yo, aunque trato también de convencerlo de que no haga semejante locura no logro convencerlo, él es tan testarudo como yo. —¿Desde cuándo haces esto? —le pregunto después de un silencio entre nosotros, mientras observábamos a una de las chicas lanzarse. —Desde que descubrí que la vida se trata de riesgos, y que además de eso es muy corta —responde en voz baja y, finalmente, es su turno. Él se acerca hasta el chico y yo lo sigo, mientras se va colocando el arnés y le ayudan a apretar las correas, él continúa hablando: —No hace mucho tiempo, un año o menos quizá.-Suspiro al verlo a punto de cometer semejante locura, y siento que la persona que está a punto de saltar hacia el vacío, soy yo misma, en vez de él. —La vida no es corta —le digo en respuesta, con el ceño fruncido y el corazón latiendo frenéticamente, y siento que comenzará a salirse de mi pecho en cualquier momento. —Para algunos sí, además, ¿no te gustaría sentir todas y cada una de las sensaciones que puedas en tu juventud? El amor, la amistad, el peligro, el odio, la adrenalina, la paz, el rencor, el perdón, todas son muy distintas, pero te hacen ser humano y no debes temer de ellas, ¿no te gustaría experimentar esto? —pregunta, dando dos pasos hacia adelante, llegando al borde del precipicio. Trenton está sonriendo ahora, como nunca antes, aunque esté loco y frenético.


—Sí, pero ahora no puedo —digo sonrojándome, lo que estoy a punto de decirle es una sorpresa para él. —¿No puedes? —pregunta confundido, los chicos detrás de él ya están listos para empujarlo. —No, cuando tengo la audición en Julliard encima, esto es arriesgarse a lastimarme uno de mis tan poderosos pies —contesto con una gran sonrisa en los labios, y Trenton está a punto de saltar ahora, pero moviendo su dedo índice para que me acerque, lo hago y él deposita un gran sonoro beso en mi mejilla, y en mi otra mejilla, y en mi frente, y en mi cuello causando que yo suelte una risita por su forma de felicitarme. —¡Esto es genial! —exclama y cuando me alejo un poco de él en un abrir y cerrar de ojos está cayendo, y cayendo, y cayendo… y lo que escucho es el eco de mi nombre, junto con un grito de excitación de su parte. Posiblemente —bueno, en realidad es más que obvio—, hay algo allá abajo que los atrapa mientras se deslizan por el cable… pero igual siento un nudo en el estómago a causa del pánico. Conocer una de las pasiones secretas de Trent me entusiasma, aunque sea tan riesgoso y peculiar. Es evidente que él vive de los riesgos, y aquello forma parte de él, lo que me impulsa a preguntarme por qué yo no puedo arriesgarme en cosas más pequeñas y menos mortíferas, como amarlo, por ejemplo. Cuando Trenton sube de nuevo, sólo queda una de las chicas y él le ayuda a saltar y finalmente nos quedamos solos con el viento frío de la ciudad. Él se acerca a mí y tiende una manta en el suelo, a unos centímetros del borde de la azotea, donde se ve todo la ciudad en su esplendor. La manta es demasiado grande, Trenton me indica que me acerque y me siento sobre ella, y él, ya sin arnés, se tumba al lado de mí y nos envuelve a ambos en la cálida tela. —¿Qué tal ha sido? —le pregunto acurrucándome en la manta, pues el frío arriba es más fuerte, a causa del viento. —Sorprendente —contesta en voz baja, y sé que me está observando, puedo sentir su mirada en mí, aunque yo admiro el cielo y los edificios en la distancia—. Ciara, realmente te he echado de menos, tanto que mis instintos me gritaban que te buscara hasta por debajo de las piedras, tanto que no sé cómo pude contenerme y no hacerlo, tanto que ahora que estás aquí no quiero que te vayas. Ahora yo lo estoy mirando, y no puedo creer que exista una mirada tan hermosa como la de él.


—Yo tampoco quiero que te vayas —respondo sin detenerme a pensarlo antes de decirlo. Esto causa que él sonría tiernamente, y me apriete una de mis manos bajo la manta. —¿Seguiremos siendo amigos? —le pregunto, volviendo a decir algo sin pensarlo; últimamente mis impulsos han estado descontrolados—. Es egoísta, lo sé… —Estás siendo egoísta, exacto —responde, la sonrisa abandonando su rostro. Él se encuentra muy serio y con su mandíbula tan tensa que comienzo a preocuparme que se haya enojado—. Ciara, yo no puedo seguir siendo tu amigo, un amigo no siente lo que yo siento por ti. Miro mi regazo fijamente, como si éste tuviese la respuesta adecuada para Trent. —Yo… no sé… Trenton me interrumpe antes que vuelva a equivocarme con mis palabras. —Yo no me he rendido contigo, Ciara. Esto es una lucha, ¿de acuerdo? No pienso dejarte ir, y así me tome mucho tiempo conseguirte, sé que lo voy a lograr, tú me vas a amar. —Entonces… estás muy seguro, ¿eh? —Alzo una de mis cejas, y dentro de mí estoy temblando, realmente temblando. —Lo estoy. —Me sonríe nuevamente—. Lo veo en tu mirada, estoy cerca de conseguirte. Me sonrojo y retiro la mirada, ¡oh Dios! ¿Y si tiene razón? ¿Y si soy lo suficientemente débil como para caer? Nos quedamos en silencio por unos minutos, solamente observando el cielo, nuestros cabello revueltos a causa del viento helado del invierno, pero no me importa, estar en este lugar es tan relajante, aunque no sea tan hermoso, es perfecto, y transmite una paz inmensa. Ya no hay miedos, al menos por ahora, sólo siento serenidad, una que no he encontrado en días. —¿Trenton? —Dudo si decirle o no, pero elijo rápidamente qué es lo correcto—. Hace unos días vi a tu… hermano —susurro en voz baja, mientras sigo observando al cielo. —¿Qué? ¿Lo has visto? —Lo que muestra ahora es asombro y detrás de ello también cohibición. —Sí… estaba distinto… uh, no sé si debería decirte. —Él me indica con la mano que continúe, por lo que suspiro—. Estaba hablando con el socio de papá, y él… estaba con…


¿escoltas quizás? Estaban en un almacén muy alejado, no escuchamos de qué hablaban, pero el señor Sanders estaba con él —frunzo el ceño al mencionar aquello. —¿Estaba hablando con el… alcalde? —pregunta una vez más, incrédulo—. Theodore está en problemas, Ciara. En serio, mantente alejada de ese señor Sanders, si está con Theo es que los problemas están cerca, aunque creo que ya sabes que ese alcalde es un bastardo. Ah, Trenton... si tan sólo supieras... —¿Por qué? —Lo miro expectante, necesito que él me lo explique; sin embargo, no lo hace. —Yo sé lo que te digo. —Es lo único que dice sobre ese tema, luego su sonrisa reaparece, más radiante que nunca—. Ahora, si me disculpas, cogeré a mi almohada humana —dicho esto se acomoda entre la manta y recuesta su cabeza encima de mis piernas—. Uh… está blandita. Suelto una risita nerviosa. —Estás loco. —Lo sé, loco por mi almohada humana. —Me guiña un ojo para completar su rol seductor, el cual, cabe destacar (y sé que es muy notable), le sienta de maravilla. Yo respondo a su guiño de una forma exagerada, causando que él suelte una risotada.

*** The Space está abarrotado de gente, y aunque tan sólo son las ocho de la noche y recién fue abierto hace una hora, la gente sigue llegando. Por encima del hombro observo a todas las camareras ocupadas con los clientes, algunos ya borrachos y melosos. Nos situamos en la mesa de siempre y es la chica del piercing llamada Barbie las que nos recibe. —¡Oh, Andrey! —exclama agitada, envolviendo sus brazos en el cuello de mi hermano—. Tenías este lugar abandonado, ¿eh? Estás sexy… —Le da un codazo juguetón y se acerca ahora a mí—. Y tu hermana… también. Andrey menea sus cejas con picardía. —Gracias Barbie, tú también estás muy sexy —halaga mi hermano sin querer pasarse de la raya.


Ambos nos sentamos uno frente a otro y no transcurren ni dos segundos cuando dos manos se posan en mis hombros y yo adivine de quién se trata. Mi hermano sonríe a la vez que Barbie nos trae un par de tragos. —¿Y cómo está la Cici más hermosa del planeta? —pregunta Gioele proporcionándome un sonoro beso en la mejilla—. Con este frío y tú estás que ardes. Cuando se sienta a mi lado le dedico una mirada burlona por el piropo nuevo que ha sacado esta noche, definitivamente, Gioele es un hombre creativo con ese tipo de cosas. —¿Ese es nuevo? —inquiero burlonamente. Barbie todavía cerca de nosotros, asiente en dirección a Gioele. —Es tan nuevo que lo ha repetido toda la semana a cuanta chica aparezca. —Le guiña un ojo y se aleja de nosotros moviendo sus caderas de un lado a otro. Miro a Gioele, quien se encoge de hombros. —Le gusto. La noche comienza a transcurrir rápidamente, aunque yo me esfuerzo para no parecer impaciente, pues Trenton y yo habíamos quedado en encontrarnos esta noche, a pesar de haber compartido algunas horas en la azotea del edificio abandonado. Jugueteo con mi cabello, mientras apoyo mi barbilla en mi mano, mis pensamientos vuelan, a pesar del volumen alto de la música. Algo que no se me ha salido de la cabeza es el asunto del hermano de Trenton. Él me advirtió esta tarde que su hermano está metido en problemas hasta las narices, lo que rectifica todas las sospechas que tenemos con él y con Sanders. Por eso me pregunto por enésima vez qué misterio ocultan Ralph y Theo y está claro que la respuesta viene de este punto, si al menos yo tuviese idea a qué se dedica el hermano de Trenton y qué clase de vida lleva, tal vez podría averiguar qué… —Muy concentrada, ¿no? —De pie frente a mí se encuentran Eric Sanders y su hermana Suzanne, ante su visión doy un respingo de sorpresa y miro hacia los lados, percatándome que ni Gioele ni mi hermano me acompañan, estoy sentada sola en nuestra habitual mesa. —Eh… p-pues… sí, s-supongo… —murmuro nerviosa, pues si ellos están aquí significa que nos van a delatar a Andrey y a mí. Mamá y papá jamás aceptarían que nosotros visitemos estos lugares, lo que me lleva a pensar que a Eric y a su hermana les sucede exactamente lo mismo—. ¿Qué hacen aquí? —inquiero consiguiendo la fuerza y determinación en mi voz. Oh, Dios mío, ¿y si Ralph está cerca?


Ambos hermanos se encogen de hombros, causando que la similitud física entre ellos aumente, a pesar de ser chico y chica. —Pasando el rato —contesta Suzanne tranquilamente—. Nos ha llegado el rumor que te la pasas aquí con tu novio… —No es mi novio —intento replicar, pero Suzanne no deja de hablar. —… así que hemos decidido dar una vuelta por aquí —termina de hablar, una de sus cejas alzadas, como si esperase que yo le brinde una explicación, ¡já! ¿Qué se cree? Y eso de que vienen sólo porque mi hermano y yo nos hemos acostumbrado a venir no termina de convencerme, lo que yo creo es que han venido a divertirse, y tienen miedo de admitirlo frente a mí. —Aunque no vemos a tu novio por ninguna parte —explica Eric quien había permanecido en silencio, hasta ahora. Sus ojos miel tan apacibles como siempre me observan y yo rehuyo de ellos al instante, no me siento cómoda al lidiar con los recuerdos que me invaden a mirar esos orbes suyos, que una vez admiré hasta con cierto cariño. Ciertamente él también está esperando que yo me explique sobre la ausencia de mi “novio”. Yo ladeo mi cabeza y sonrío. —Ya que insisten es que es mi novio, ¡bien, pues entonces es mi novio! —exclamo, sorprendiéndome a mí misma por mi respuesta, está claro que no me importa lo que piensen estos dos, aunque de un momento a otro la mirada de Eric se vuelve un tanto acusadora y siento que un par de cuchillos me traspasan. Él abre la boca para decir algo, pero alguien le interrumpe. —¡Mamma mía 20 ! ¡Soy un maldito afortunado! —exclama Trenton quien en un movimiento rápido se encuentra sentado a mi lado y pasa un brazo por encima del espaldar el mueble que compartimos. Me guiña un ojo juguetonamente. Yo le sonrío. —Te has retrasado un poco —le reprendo haciendo una mueca, y tratando de ignorar a los dos chicos frente a mí que me observan como un bicho raro. La verdad es que me gustaría tomar en serio lo que había dicho hace unos días Suzanne: ser amigos como antes; sin embargo para lograrlo todos debemos poner de nuestra parte, y eso es algo que ellos no están haciendo, al inmiscuirse en mi vida. Además, siguen siendo hijos de aquel psicópata...

20

¡Madre mía!


—No pensé que me extrañarías, debido a que pasamos toda la tarde juntos —dice Trenton, remarcando exageradamente que estuvimos juntos parte de la tarde. Me percato de las perforadoras miradas que se intercambian Eric y Trenton a la vez e intento que todas mis fuerzas ignorarlas. Suzanne se entera de la situación. —Eh, Ciara, ¿no nos presentarás a tu… novio? —pregunta, y sé que no lo hace con mala intención, al contrario, está buscando aligerar el ambiente aunque sea un poco. Los presento con voz tensa y en cuento se estrechan sus manos el momento de tensión termina ya que deciden dar una vuelta por el lugar. Lo que sirve de excusa para que yo trate de advertir a mi hermano de quienes se encuentran aquí. —Sabía que esos dos no eran tan perfectos como mamá pretendía hacernos ver. —Es lo único que dice en respuesta. En el pub se encuentran todos los amigos de Trent, entre los más destacables, por supuesto, su primo Gioele y su hermanastra April —que no deja de dedicarme miradas furtivas y asesinas en todo momento—, también anda por aquí cerca Luke, quien esta noche está ayudando en la barra, mi hermano quien intercambia risitas pícaras con una April atrevida. Sé que actuar de esta forma con Trent está causando que yo rompa mi promesa, la que dicté en este mismo pub hace ya mucho tiempo. Sin embargo sé que esto se ha salido de mis manos, que por más que intente alejar a Trenton de mi vida, yo lo volveré a buscar y lo traeré de vuelta. Es así de extraño y desconocido para mí, que ni siquiera una promesa que se suponía jamás debía romper, no puede contra esto, con lo que está sembrando Trenton dentro de mí, algo que no sé que es, quizás sea confianza. Trenton al lado de mí da un sorbo a su cerveza y sonríe tristemente. —¿Estás acostumbrada a estar sola, verdad? —pregunta tratando de sonar casual, pero la extraña pregunta no logra causar ese efecto. Lo miro con expresión seria, esperando que me explique a qué se debe su extraña pregunta, él no lo hace. Se queda en silencio, esperando mi respuesta pacientemente. Decido ser sincera. —Sí. ¿Por qué? Trenton se encoge de hombros. —No lo sé. —Frunce el ceño causando verse más mayor y maduro—. Porque yo no lo estoy… es decir, no estoy acostumbrado… y tengo cierto pánico. —Su sonrisa ladina no me convence que se encuentre del todo bien.


—¿Pánico? —pregunto asombrada—. ¿El chico que se lanza de altos edificios? ¿El mismo que escala altísimas montañas? ¿El que se mete en una pelea con una de sus piernas lastimadas? ¿Estás hablando en serio? —Le aprieto la mano por sobre la mesa, ganándome otra sonrisa ladina de su parte. —Hay dos cosas a las que temo —explica lentamente, apretando mi mano de vuelta—. A la soledad… lo más triste es tener una vida solitaria, yo no quiero eso para mí. —Eso no va a pasar —le digo riendo—. Las personas como tú jamás están solas. —¿Y qué? —Niega rotundamente con la cabeza y gira su mirada a la mía—. Y las personas como tú tampoco, pero en la vida nada es lo que debería. Tú mereces más de lo que tienes, incluso todo. Frunzo el ceño ante sus palabras. —¿Y qué es lo otro a lo que le temes? —pregunto una vez más, tratando de desviar el tema. —A la muerte. Trago saliva. El ambiente cambia drásticamente cuando suena “Locked out of heaven” de Bruno Mars. ¡Maldita sea, amo esa canción! Mi hermano entusiasmado por la música y por los tragos me grita desde la pista que me levante, lo que no hace falta pues en un rápido movimiento, Trent está de pie y me hala hacia donde se encuentran los demás bailando como unos psicópatas descontrolados. En realidad, por un momento en mi vida me da igual lo que digan los demás de mí, ni siquiera me importa si me consideran psicópata descontrolada por bailar con todos estos chicos, pues sé que ellos son remotamente felices, y si su felicidad es contagiosa de esta forma, gustosamente me comporto igual o peor que ellos. Todo alrededor es risas y grititos de emoción, además de algunos que se dignan a corear la canción a todo pulmón, causando que yo suelte una risotada de pura felicidad y mire al chico que se encuentra frente a mí con sus característicos ojos brillantes. Él me sonríe y presiona su mano sobre mi cadera, y aunque yo no puedo salir de aquella burbuja, noto en la distancia cómo un par de ojos color miel se centran exclusivamente en mí. A cierta distancia, se encuentra April meneando sus caderas entre Luke y mi hermano, ella me fulmina con la mirada, observa a Trenton nostálgicamente y sigue bailando, hasta que finalmente se acerca más a mi hermano, tome el cuello de su camisa con ambas manos, y estampa su boca con la de él en un feroz beso, el que observo boquiabierta. Suzanne grita algo, pues también se ha percatado de aquello. La rubia se acerca hasta ellos, hecha una furia y lo veo demasiado obvio, ella todavía siente algo por mi hermano, y por lo que veo, él ha cometido el peor error de su vida al corresponder el beso que le ha dado la pelirroja.


De momento, estoy paralizada, con Trenton a mi lado, quien también ha dejado de bailar para observar la escena con el ceño fruncido; sin embargo, cuando aparece Eric a la vista, el italiano posiciona una de sus manos en mis caderas, atrayéndome hacia sí, y yo no sé precisamente cómo interpretar aquello. Por encima de la música, la voz de Suzanne se hace escuchar: —¡De esto se trata todo! —exclama, con voz queda, los únicos que prestamos atención a lo que dice somos Trent, mi hermano, April, Eric y yo—. ¡Toda la charla sobre que necesitabas tiempo! ¡Sólo mentiras! ¡Eres un mentiroso! April le muestra una sonrisita burlona a Suzanne. —¿Ya terminaste tu discursito? —pregunta, irónica. Y por primera vez me atacan las ganas de ahorcarla por su actitud—. Has interrumpido un gran beso. Eric toma a su hermana del codo cuando ésta gruñe en respuesta al comentario de April. Él, me dirige una rápida mirada que no sé cómo interpretar y se lleva a su hermana que está a punto de las lágrimas. Aquello me toma totalmente desprevenida, y ahora al ver a mi hermano desecho, o a punto de desmoronarse, lo que más ansío es juntarlo con su chica, si él quiere a Suzanne, y ella al parecer le corresponde, ¿por qué las cosas se le dan tan difíciles a ambos? ¿Por qué personas como April se empeñan en separarlos? Frunzo el ceño, mi hermano me preocupa. —¡Creo que no necesito más tiempo! —exclama Andrey tratando de alcanzar a Suzanne que sale corriendo como un rayo, con su hermano siguiéndole—. ¡Creo que todavía te quiero! Nada de lo que diga es necesario, ella no le ha escuchado. Corro hasta llegar a él y abrazarlo para que se tranquilice, aunque sé que eso no servirá de nada. —Las cosas se van a arreglar, Andrey. —Trato de hacerle ver. Tomo su rostro en mis manos e intento fundirle ánimos a través de mi sonrisa. —Creo que iré a hablar con ella —me dice decidido. En cuanto miramos hacia la salida del pub, nos percatamos que un montón de personas están corriendo hacia la salida, ¿y ahora qué es lo que pasa? Por primera vez en mi vida, le dedico una mirada amenazante a April y corro hasta la salida tomándome del brazo de mi hermano, percibo que todos los que se encontraban cerca de nosotros nos siguen. Después de atravesar el cúmulo de personas a tropezones y codazos lo veo.


Tres tipos vestidos completamente de negro, a los cuales los lidera Theo y otros dos hombres mรกs, se enfrentan a Eric sin pudor alguno. Suzanne completamente horrorizada grita en defensa de su hermano. Yo estoy paralizada.


Eric está en el suelo, sangre sale de su ceja izquierda, mientras que uno de los tipos —el de piel oscura y cabello rizado amarrado en trenzas hacia atrás— le proporciona un par de patadas en su costado, a lo cual Eric gime en respuesta y se queja en voz alta. Abro los ojos de par en par y siento que estoy jadeando, no sé cómo me las arreglo para correr rápidamente hacia él y tomar su rostro entre mis manos para cerciorarme que se encuentra bien, sus ojos color miel se encuentran atontados, Suzanne a cierta distancia solloza, y yo con todas mis fuerzas, trato de no hacer lo mismo y mostrarme férrea. —Está bien, Harry, deja al chico —menciona un alto hombre, aparentemente joven, su cabello lacio peinado hacia atrás destaca sus hebras doradas relucientes. Su sonrisa es petulante y a la vez angelical, aunque a ninguno de los presentes nos logra engañar. Harry obedece sin pestañear y se posiciona detrás de los tres hombres que observaban el “espectáculo” plácidamente. Eric gime cuando apoyo su cabeza encima de mis piernas; sus ojos se encuentran cerrados y yo siento pena por él, pues estoy segura que jamás en su vida había recibido una paliza como ésta. Suzanne gatea hasta nosotros y observa entumecida a su hermano, se le escapa otro audible sollozo. —Eric, hermanito, ¿estás bien? —pregunta ella con un hilo de voz y sin recibir una respuesta. Alejo las fuertes ganas de gritarle a ese montón de hombres que se larguen y busquen algo mejor que hacer que intimidar a un chico. Deberían sentir vergüenza, sobre todo Theodore Lombardi que no aparenta el mismo asco que veo en el rostro de su hermano Trenton al ser testigo de la escena. Y es que son tan parecidos, físicamente, pues sus personalidades son francamente distintas. Theodore está recostado cómodamente en una lujosa camioneta. Observo a sus acompañantes y sé que son los mismos que Andrey y yo vimos fuera del almacén, aunque ahora está acompañado de dos hombres más, que aparentemente resultan ejercer la voz de mando entre el grupo. El rubio, que no me ha quitado la mirada de encima, tiene los ojos como dos posos azules, parecidos al gélido hielo; y otro hombre un tanto más mayor, de cabellos negros y mirada penetrante de un gris escalofriante.


Miro en busca de ayuda, pero todos los presentes observan con cierto temor la escena. Entonces observo a Suzanne, en busca de alguna respuesta, ella me explica en susurros, a sabiendas que los demás igualmente la están escuchando: —Salí corriendo y Eric me siguió. Cuando llegué hasta acá, ellos ya estaban esperándome, dos de ellos me tomaron por los brazos y pretendieron llevarme. Eric estuvo aquí y trató de defenderme. —Gime con la vista fija en su hermano—. Tengo mucho miedo, Ciara. Quiero decirle que yo también, y aunque parezca una tontería, me lo guardo, pues no quiero admitir mi temor delante de estos desgraciados. ¿Querían llevarse a Suzanne? ¿Tendrá algo que ver Sanders con esto? Los tres hombres nos observan atentamente, entre ellos Theodore, que también se encuentra vigilando los movimientos de Trenton, quien a la velocidad de un rayo acorta la distancia que nos separa y se posesiona delante de mí, ejerciendo un muro con su propio cuerpo entre ellos y yo. Siguiendo su movimiento, se acercan mi hermano, Gioele y Luke, aunque estos últimos no miran con tanto rencor a Theo como lo hace Trent. Suzanne comienza a examinar a Eric de pies a cabeza y cuando le observo, me percato que éste ya había abierto los ojos hace tiempo y me está observando. —¿Estás bien? —Repite la pregunta Suzanne. Con un poco de esfuerzo, Eric asiente con la cabeza. —Creo que ya no será una, sino dos, hermano —dice el hombre de cabello cobrizo al de cabello negro—. Quiero a la bailarina, Bruno. Bruno, el de cabello oscuro, sacude la cabeza severamente. —De ninguna manera, no es posible. —Me dirige una mirada penetrante, su expresión es indiferente—. ¿Qué haremos con toda esta gente? —Lo que sea, pero te lo he dicho, hermano, quiero a esta pequeña. —Me señala, una sonrisa pícara cruzando su rostro—. De todas formas iba a llegar en cualquier momento a nuestras manos. Me quedo petrificada, su voz me inspira un profundo escalofrío. —Oh Ciara —musita Suzanne seguido de un sollozo. —¿Quiénes son? —pregunto en voz baja, el único que escucha mi pregunta es Luke, percibo que se estremece.


—Personas que están acostumbradas a conseguir lo que quieren, personas que amenazan, matan, roban, estafan. Y tú no puedes hacer nada en contra de eso. —Trago la bilis que se ha depositado en mi garganta mientras Luke continúa—: Mafiosos. Oh mierda. —Entonces serán dos, Cipriano —murmura Bruno en respuesta. Aprieto a Suzanne, tan fuerte que sé que quedará la marca de mis dedos alrededor de su muñeca; sin embargo ella no protesta, me aprieta de regreso con la misma intensidad, igual o más asustada que yo. —Harry, hombre, ya sabes que hacer, sólo no te fíes de mi hermano, nos criamos juntos y sabe dar pelea —dice Theodore, causando que mi boca se abra por la impresión que me dan sus palabras filosas. ¿Cómo es capaz de ser tan… canalla? ¿Cómo se atreve a retar a su hermano de esta forma? Trenton no parece sorprendido, ni mucho menos Gioele. Los dos gruñen en respuesta al punzante comentario de Theo y aprietan sus puños casi al mismo tiempo. Mi cabeza es un enorme lío que ni siquiera me veo venir a Harry, aproximarse hasta Trenton y Gioele al mismo tiempo, pues son los más altos del grupo. Siento que me aprietan la mano mientras observo y sé que se trata de Eric, pero yo no puedo quitar la mirada de Trent mientras lucha. Tengo miedo que lo lastimen, que hagan aquel acto cobarde otra vez, lastimando la pierna, aunque supongo que ahora que ha pasado tiempo desde ese acontecimiento ya no hay motivos para que le lastimen nuevamente. Cipriano chasquea los dedos a otro de sus hombres, el cual, obedientemente se aproxima hasta mi hermano y Luke. Está claro que estos hombres han estado duramente entrenados y no les importa pelear uno contra dos, por eso muy dentro de mí temo que saquen un arma, ya sea una pistola o un cuchillo, y salga otra persona lastimada, aparte de Eric. —No creo que sea necesario que luchen tanto —dice Cipriano, que al parecer es el más frío y fulminante de los tres—. Una de ustedes ya está más que negociada, por las estúpidas deudas y decisiones de su padre. Trago saliva nuevamente, Suzanne me mira automáticamente y el temor en ella se multiplica al escuchar lo que ha dicho Cipriano. La risa perversa de Bruno me causa arcadas. —¿Quién? —pregunto, aunque ya sé la respuesta—. ¿Quién es? —Repito, sorprendiéndome a mí misma por la fuerza que transmite mi voz.


—No te preocupes cariño —me responde Cipriano, como si estuviese tranquilizando a una niña de cinco años—. Próximamente las dos estarán en las mismas condiciones. Es una amenaza, y estoy segura que quien está negociada no soy precisamente yo. Así que dedujo que Ralph Sanders también está liado con estas personas, ¡pero qué desgraciado! Mientras se metió en todos estos problemas no pensó en su familia, ahora sus hijos están pagando o pagarán las consecuencias de sus actos. No debería sorprenderme, la verdad es obvio que el alcalde Sanders tiene negocios con estas personas, ¿se tratará de la red de prostitución que mencionó Taylor? Eric murmura algo en voz baja, lo observo a él con preocupación. —¿Es tu novio? —La voz de Cipriano vuelve a hacerse escuchar. Él observa a Eric, y luego a mí, con una sonrisita burlona—. Al menos, por ahora, lo es ¿no? Theo se ríe descaradamente. —Esta se enrolla con mi hermano —contesta mientras le dirige una “miradita” a Trenton, quien fue empujado al suelo por Harry en un descuido de Trent; Gioele se aproxima hasta el fortachón de Harry, quien es casi de su tamaño, y le proporciona un derechazo en el estómago causando que este se tambalee. Trenton ágilmente se levanta y le patea en la nariz completando el golpe de Gioele. Finalmente, Harry cae al suelo y aquello divierte aún más a Theo, Cipriano y Bruno que se ríen entre dientes. Trenton encara a Cipriano, como si no tuviese ningún amor por su vida. —Ella no es un maldito juguete, ¿entiendes? —gruñe, su mandíbula tensa—. Si quieres un maldito juego con una mujer, búscala en otro lado porque aquí lo que vas a encontrar es esto. —Trenton le muestra uno de sus puños, el cual se encuentra lleno de sangre. Cipriano alza una de sus cejas mostrando su incredulidad—. Ninguna de las dos está sola. Me quedo en silencio, mirando a mi alrededor, Cipriano al parecer no le importa tanto las amenazas que Trenton le dé, a Theodore tampoco le preocupa que su hermano posiblemente se meta en problemas con sus hipotéticos jefes. Luke es brutalmente golpeado por uno de los matones, Andrey lo aleja de Luke con un rodillazo en el estómago, y en el momento que el hombre alto se prepara para responderle el golpe, Bruno le chasquea los dedos, lo que se trata de una señal para que se detenga, o sencillamente eso es lo que dedujo al ver la reacción del hombre que a paso rápido se posesiona detrás de sus jefes. —Tráiganme a la bailarina. —Es lo que ordena Cipriano a sus hombres. Todos los presentes se tensan, pero no más que mi hermano y Trenton y como si lo adivinaran, dos escoltas los toman cada uno de un brazo, en este momento me doy cuenta de la furgoneta que se encuentra justo detrás de la camioneta donde salen cuatro hombres más, dos de ellos


se aproximan sigilosamente hasta mí y me quitan del lado de Suzanne y de Eric en un rápido movimiento. Pataleo, gruño, pero no lloro, porque maldita sea, yo no voy a llorar delante de estos bastardos. Me colocan justo al frente de los tres y evito que un sollozo se manifieste. En este instante sé que es el fin, este hombre me llevará y me hará quien sabe qué cosas, y yo estaré obligada a hacer lo que él diga. —¡No te atreves a tocarla, Agnelli! —exclama Trenton nombrando a Cipriano por su apellido, pues lo está observando solamente a él, con una mirada de advertencia y odio, sus ojos verdes más oscurecidos que siempre, su luz ha desaparecido. Miro a Andrey, y veo el miedo en él, y él ve mi miedo también, intenta zafarse al igual que Trenton, pero por lo que veo se nos van las fuerzas, al poco tiempo yo he dejado de luchar, cuando siento el agarre endurecerse de estos dos desgraciados en torno a mis brazos. Cipriano aproxima su dedo hacia mi escote, pero no me toca, al menos no ahí. Su dedo índice pasea por mi cuello y mi estómago se revuelve de miedo. Bruno a su lado me sonríe y luego desvía la mirada hasta Suzanne, y yo súbitamente me pregunto: ¿pero qué es lo que pretenden hacer? ¿Tomarnos a ambas? ¿En qué mundo viven? ¿Todas las mujeres que toman ceden? ¿Ellos están acostumbrados a esto? Miro directamente a los ojos gélidos del mafioso Cipriano Agnelli, y él me devuelve la mirada. —Creo que me he encaprichado nuevamente —dice, con una sonrisa—. Ahora veo porque el viejo Sanders está obsesionado contigo. Trenton gruñe audiblemente, y a este le sigue Andrey quien en un ataque de ira se zafa no sé cómo de los dos grandulones y me agarra de la cintura y me coloca detrás de él. A este se le suma Gioele pero Trenton, quien se deja llevar por los instintos, se zafa y toma a Cipriano por el cuello, a pesar de ello, la sonrisita del Agnelli no desaparece. No hasta que Trenton le golpea en la mejilla. —¡No te atrevas a tocarla otra vez! —exclama Trenton enloquecido—. ¡Una basura como tú no merece siquiera una pizca de su atención! ¡Y además ella es mía! Mis emociones son un desorden cuando proceso lo que acaba de decir Trent. «Suya» la palabra no me desagrada, no en los labios de él, a pesar de la situación, un hormigueo se deposita en mi pecho, es una sensación extraña y a la vez familiar. Cipriano ahora está descontrolado, también. Pasa su mano por su mejilla y posteriormente se quita su abrigo de marca, lo lanza al suelo y se prepara para pelear.


—De esto te vas a arrepentir —señala, y se funden en golpes, golpes que dejo de ver por el enorme miedo de la escena, lo único que quisiese ahora sería despertar y darme cuenta que sólo se trata de una pesadilla. —¿Estás bien? —me pregunta Andrey, tomando mi rostro entre sus manos, al observar su cara me percato de las marcas de los golpes, y sé que realmente nos hemos metido en problemas con nuestros padres, ahora no podemos mentir, debemos explicar claramente lo que ha sucedido—. Todo va a estar bien, Ciara. Lo siento, no debimos venir. Miro a Suzanne quien está de pie junto a su hermano, los dos aterrorizados y desorientados. —Intenta tranquilizarla —le digo a mi hermano, señalando a Suzanne—, lo necesita. Mi hermano asiente con la cabeza y se dirige a la rubia. Ahora, sin muchas ganas de ver lo que ha pasado, miro a Trenton con horror cuando ataca como una máquina destructora a Cipriano, a quien rápidamente defienden sus escoltas quitándole a Trenton de encima. Trenton ha sido transformado en alguien totalmente distinto, aunque le quitan de encima al otro italiano, sigue proporcionando golpes a todo el que se le pone en frente. La voz de Theodore me saca de mis pensamientos. —Ustedes dos tendrán que acompañarnos —dice, señalándonos a Suzanne y a mí, lo que aumenta aún más la ira de Trenton quien se atreve a correr hasta su hermano como una bestia enloquecida. Theo se echa a reír. —¡No vamos a ir a ninguna parte! —grito en respuesta, mis puños a cada lado de mí apretados con rabia—. ¡¿Es que nadie puede llamar a la policía?! —Yo lo hice —responde Suzanne, con miedo—. Ya vienen, están cerca. Asiento con la cabeza, y la verdad es que no sé cómo no me he derrumbado con semejante escena. Yo no sé cuánto tiempo ha pasado, mientras que los dos hermanos se dan mutuamente golpes, como si se odiaran desde que estaban pequeños, el sonido de la policía se hizo presente, al mismo tiempo que la lluvia repentina; y lo que comienza a hacer cada uno de los mafiosos me deja sin aliento. Theo se encarga de tomar por el cuello a Trent mientras otros tres se suman y lo estabilizan apretando con fuerza sus brazos y piernas. Mientras que Cipriano Agnelli masculla:


—De esto te vas a arrepentir, bastardo, y créeme que estás muerto, te quieren muerto, ¿qué tal eso? Esta no es una advertencia, es un hecho, estás muerto. Mi corazón se paraliza. Ellos se llevan a Trenton en la furgoneta. Todos nos quedamos paralizados, cuando Bruno nos muestra su arma, en una amenaza silenciosa. —No es nada personal, sólo es parte de un trato, ¿de acuerdo? Pronto nos veremos, señoritas —se explica y cuando termina, se cierra la ventanilla de la camioneta y se ponen en marcha. La furgoneta también comienza a andar y el miedo es quien me controla ahora. —¡Trenton! —grito, y ya las lágrimas están saliendo, ya no puedo reprimirlas más. Siento que alguien atrapa mi mano, pero yo me zafo y comienzo a correr después de haberme desecho de mis dudas y aferrarme al miedo que me invade cada segundo. Sólo sé que ahora me encuentro corriendo detrás de esa furgoneta, donde posiblemente se encuentre mi vida entera. Mis sentimientos comienzan a manifestarse en el que ha sido el peor momento de mi vida hasta ahora. Mis pies siguen marchando fieramente, acompañado de mis gritos, mis sollozos y mis plegarias. Estoy segura que después de esta noche todo va a cambiar, ¿qué le van a hacer a Trenton? ¡Oh no, Dios no!, grito mentalmente conforme sigo andando con todas mis fuerzas mientras repito su nombre en gritos y lamentos, el frío no es un impedimento para mí, aunque siento que mis pies van a desfallecer en cualquier momento, me resisto aún pensando que mis rodillas van a doblarse y caeré al suelo y todo lo que veré de Trenton será nada. Lo voy a perder si caigo, si tropiezo, o si simplemente dejo de correr detrás del auto, y yo no quiero perderlo, no a él. Desde que conozco a Trenton he sentido miedo de perderlo, y siempre que ese miedo me invadía pensaba que necesitaba sus fuerzas para continuar. Pero ahora, lo veo de una forma totalmente diferente: lo necesito a él, de sus ojos, de su sonrisa, de su cuerpo, de su alma. Lo necesito cerca de mí, y no es por algo meramente egoísta, lo necesito porque le quiero, le adoro y lo que siento no es suficientemente lógico para explicarlo con palabras. Por eso estaba tan confundida, porque simplemente lo que siento por él no tiene nombre, sólo son un montón de sentimientos intensos dirigidos a él, que podrían definirse como amor, o quizás algo más fuerte. Cuando mis piernas comienzan a flaquear, caigo. Pero al mismo tiempo —y agradezco que eso suceda— la furgoneta se detiene, abren las puertas trasera y lanzan a Trenton para luego acelerar nuevamente y perderse en un cruce.


Dios mío, lo han liberado, pero, ¿por qué? Abro los ojos como platos al verlo, y cogiendo fuerzas de donde no las tengo, me levanto y corro unos pocos pasos hasta llegar a él y encontrarlo un tanto herido, su ceja sangrando y su cara mallugada. Sollozo, sus ojos verdes está mirándome totalmente impresionados, y yo silenciosamente agradezco al cielo que no haya pasado algo peor que esto. —Tú… corriste más de tres cuadras —musita incrédulo, mientras aún acostado en plena calle solitaria, se apoya de sus codos. Su mirada en ningún momento se aparta de la mía. Sollozo otra vez. Por él estoy segura que correría por el mundo entero; el apestoso nudo en mi garganta no deja que me explique, en lugar de decirle lo que siento, respondo un torpe: —Sí. —Y estás empapada —dice otra vez, y ahora que lo noto, la ira descontrolada se ha marchado de su ser. Es realmente increíble cómo Trenton entra tan fácilmente en ese estado de ira, y a los diez minutos, está como si nada hubiera ocurrido jamás. Una de las esquinas de sus labios está alzada. —Tú igual —le respondo, procurando alejar las lágrimas, pero fallando. —No llores, princesa —dice con una voz muy baja, una de sus palmas contra mi mejilla, su pulgar atrapa una lágrima que acaba de salir de la comisura de mis ojos—. Las princesas no lloran. Le regalo una sonrisa nostálgica, en realidad es imposible no llorar con todo lo que ha pasado en todo el día. Un hormigueo extraño se desplaza desde mis mejillas hasta mi estómago a causa de su delicado toque. —No estoy llorando —digo, con una risita histérica brotando de mí—. Es la lluvia. Y tú estás herido. Trenton me regala una gran sonrisa, mas no llega a sus ojos aunque en verdad lo intente. Se levanta emitiendo algunos quejidos de dolor, aún sentado se acerca a mí y coloca sus manos encima de mis hombros, tratando de darme fuerzas, tratando de que yo le mire a los ojos una vez más. Lo hago.


—Si algo me hubiera pasado, créeme que no me arrepentiría de nada —dice, su voz tersa y sedosa me comienza a inspirar paz—, te estaba defendiendo y lo haría cada minuto de mi vid… No le permito que termine, lo interrumpo, dejándome guiar por mis impulsos descontrolados, y no sé si me aprovecho de su fragilidad en este momento. Tomo su rostro entre sus manos, y no sé si lo estoy haciendo bien, sólo acerco mi rostro al de él y presiono mis labios en los suyos en un movimiento rápido aunque el contacto es terso y dulce. Trenton abre sus ojos de par en par al principio, mientras que yo muevo mis manos alrededor de su cuello y masajeo su cabello; mis ojos fundidos en los de él, observando cómo se oscurecen de una manera deliciosa. Sus labios están entreabiertos cuando toma su turno para continuar lo que yo he comenzado, mis ojos se cierran automáticamente, dejando mi cuerpo llevar por las múltiples sensaciones que me invaden cuando es él quien acerca su boca a la mía por segunda vez; un roce, sólo un roce y yo estoy en un lugar completamente distinto, un lugar donde hay paz, donde todo es mejor, donde no hay miedos, donde esos labios de él me rozan una y otra vez y el paraíso se muestra ante mis ojos. Trenton no deja de besarme, sus manos ahora en mis mejillas, ahuecándolas, mientras sus labios acarician uniformemente los míos una y otra vez, hasta que de un momento a otro su lengua arrulla mi labio inferior y envía una sacudida que se deposita en el centro de mi corazón. Es la primera vez en mi vida que algo así me invade. Finalmente sé que sí existe para mí un lugar donde puedo respirar, donde puedo creer de nuevo, y ese lugar es el corazón de Trent, y sé que yo puedo brindarle lo mismo a él. Lo dulce de su beso llega hasta al final, incluso más allá del juego travieso y agradable de nuestras lenguas. Trenton me besa y hace que todo se me olvide en un chasquido, causa que todo alrededor desaparezca. Trenton suspira cerca de mi rostro y me mira como si no pudiese creérselo. Abre la boca para decir algo, pero yo tomo la palabra. —Nunca había tenido tanto miedo de perder a alguien —musito, apoyando mi frente en la suya—. No puedo dejarte ir. Trent, te he anhelado por todo este tiempo. Trenton me mira de una manera inexplicable para mí y muestra esa sonrisa que hace brillar a todo lo que se encuentre cerca. Se acerca más, roza mi mejilla con sus dedos, con un cuidado que pareciera como si mi rostro se fuera a romper en cualquier instante. Sus ojos jade ni siquiera parpadean conforme me observa, y su sola mirada es capaz de derretir mi ser entero, y el fuego dentro de mí se alborota por segunda vez mientras estoy ante esa mirada. El fuego se propaga, siento mis mejillas arder.


—No sabes cuánto he necesitado escuchar eso. Y me abraza para luego fundirnos en nuestro tercer beso, lo que me hace preguntarme si esto está pasado de verdad o es un hermoso sueño del que despertaré más temprano que tarde. ¿Trenton es real? ¿Lo que estoy sintiendo por él lo es? ¿En realidad merezco a alguien como él? Una hermosa película aparece ante mi mente mientras siento sus tersos labios moviéndose sobre los míos de una manera única e incomparable, una película donde primeramente aparezco yo entrando a un mundo desconocido cuando huyo de mi pasado y sin saberlo me encuentro con mi futuro, el que porta ojos jade intensos y pícaros y sostiene mi monedero en sus manos mientras me mira con una sonrisa juguetona, esa fue la primera vez que le vi, esa fue la vez en que mi mundo se detuvo ante él y la luz de sus ojos, a sabiendas de que se convertiría en la persona que repararía mis inseguridades, la persona que conseguiría liberar a la Ciara de antes. Cuando nos separamos, siento que la película ante mis ojos aún se está reproduciendo, y que falta muchísimo para el final. —Vamos Ciara, estás temblando, hay mucho frío aquí fuera —musita él, entre besos. Me percato que él también está temblando. —¿Estás bien? —le pregunto con un deje de preocupación. Trent me sonríe causando que mi mundo se ilumine. Ladea su cabeza, su rostro mostrando picardía. —Como nunca antes lo había estado —responde apretándome la mano, entrelazando sus dedos con los míos. Y mientras observo nuestras manos juntas, sé que voy a luchar por mantener a Trent cerca, haría lo que sea, cualquier cosa, para mantenerlo conmigo. Aquello lo he sabido por mucho tiempo, pero a veces es necesario alguna situación donde finalmente abres los ojos y te das cuenta que lo que siempre estuviste buscando por tanto tiempo, siempre lo tuviste cerca, a tu alcance. Por mucho tiempo busqué la seguridad que necesitaba y la fuerza para alejar mis miedos de entregarme a alguien, de arriesgarme enteramente por conseguir lo que quiero, por cumplir mis sueños, esa seguridad y esa fuerza sólo me la puede dar una persona, ese hombre que cree en mí y hace que yo también lo haga, esa persona que está dispuesta a esperarme si es necesario, todo lo que estuve esperando y buscando fue a él, a Trenton Lombardi. Un auto ilumina nuestros rostros causando así que nos levantemos al mismo tiempo al darnos cuenta que se trata de la chevy de Trent y dentro se encuentran dos personas, las cuales no tardo en reconocer como Gioele y su hermanastra April, quien al ver nuestras manos unidas —la de Trent y la mía, claro está— alza una de sus cejas y me observa de una manera recelosa, la cual recalca obviamente la palabra “traidora” por todas partes. Estoy muy enojada con ella para no responder su mirada de la misma forma, ella, sin tener


sentimientos por mi hermano, se metió entre él y Suzanne, la que claramente sí está enamorada de él, y aunque me cueste aceptarlo, yo no tengo por qué interferir entre ellos y April mucho menos, sin embargo ella lo echó a perder, y es más que obvio que yo no me voy a quedar con los brazos cruzados. —Tú y yo tenemos una conversación pendiente —digo entre dientes, los tres presentes me miran impresionados por mi clara amenaza destacada en las palabras que acabo de pronunciar. Gioele trata de aligerar el ambiente. —Vaya, un rato que estás rodeada con mafiosos y ya te crees —dice sonriendo, pero en sus ojos se muestra la obvia preocupación que está sintiendo en este momento. Saca de su chaqueta un pañuelo blanco y me lo entrega, pero no tarda nada en mis manos, ya que Trent me lo arrebata de las manos y comienza a limpiar mi rostro él mismo. April está atenta a cada uno de sus movimientos, evito con todas mis fuerzas no soltarle algún comentario irónico. —Sí que pasamos un buen susto esta noche —comenta April, y percibo que en realidad quería decir otra cosa—. Yo no sabía que tu herm…, que Theo ya no estaba tras las rejas. Veo de reojo que Gioele frunce el ceño al mismo tiempo que Trent. —No duró nada allí dentro. Más tardamos nosotros en viajar de Italia hasta aquí, a la noche siguiente sus jefes lo sacaron, mamá regresó feliz de la vida a Milán por eso — refunfuña Trenton, recalcando algunas palabras con rabia. Apenas y puedo creer que su mamá acepte la vida que su hijo lleva, y me extraña que Trenton sea quien es, con una familia como la suya, al principio pensé que él estuvo rodeado de toda su familia y en un ambiente adorable, pero veo que me equivoqué. —¿Por qué no nos dijiste nada? —inquiere Gioele todavía abstraído—. Esto es un desastre, esos tipos estarán encima de nosotros desde ahora. Trent sacude la cabeza, está exasperado. —Theodore estuvo en tu casa hace algún tiempo, el tío Cole y yo decidimos que era mejor no decir nada, pero dada las circunstancias… Frunzo el ceño ante lo que están diciendo, es verdad, dudo que esas personas —si es que se le puede calificar como tal— no se vayan a quedar con los brazos cruzados, más aún cuando están involucrados con Sanders. El miedo se deposita en mí, una vez más; pero por razones completamente distintas, ¿qué voy a hacer? Los Agnelli han dicho tantas cosas, y no tengo la menor idea de cómo


analizar esto. ¿Por qué querían deshacerse de Trent? ¿Por qué dijeron que no era nada personal sino parte de un trato? ¿Es que Sanders los ha enviado? ¿Por qué? «Por que por alguna razón, el tipo está obsesionado contigo», musita mi subconsciente. —¿Estás bien? —me pregunta Trenton, sacándome súbitamente de mis pensamientos. —¿Me preguntas que si estoy bien cuando estás herido? —Sacudo la cabeza, incrédula por su actitud—. Necesitamos llevarte al hospital. Trenton hace un puchero de lo más adorable, que causa que yo suelte una risita tímida. —Necesito que me beses —declara él, sosteniendo mi mirada con una gran intensidad que me quita el aliento—. Sólo necesito eso. Me acerca a sus labios, fundiéndonos ambos en un suave y a la vez intenso beso que demuestra lo real de las circunstancias. Sus manos acarician mi mejilla y mi cuello conforme su lengua acaricia suavemente mi labio inferior, y siento cómo comienzan a derretirse mis huesos y mi piel… todo por sus besos, jamás he experimentado algo como esto. —¿Quieres ir a casa? —pregunta él, cuando ya estamos separados. Frunzo el ceño, ¿por qué no se preocupa también por él mismo? ¿Es que no le teme al peligro? —Vamos a sanar esas heridas, pero… —Miro hacia April, quien me fulmina allí mismo con la mirada—. Necesito hablar con April primero. Trent me observa desconcertado; sin embargo no dice nada y asiente con la cabeza, posteriormente, toma mi mano y besa mis nudillos con tal dulzura que mi corazón se hincha de felicidad. Me alejo de él y ante la mirada sorprendida de April, suspiro, intentando coger fuerzas y calma. —No te metas más con mi hermano —mascullo mientras ella me observa con una ceja alzada, a sabiendas de que esto no se trata de una discusión entre las dos y que yo tengo la palabra, ella debe escucharme—. Él no es un juguete y tú deberías aprender a madurar, ¿qué edad tienes? ¿Diez años? ¡Por Dios, ni siquiera sabes lo que quieres! ¡Madura! —¿Y eso a ti qué te importa? —Se atreve a preguntar, mostrando ante mí su actitud altanera.


—La verdad es que no importa, ¿y sabes? Eres una perra —escupo cada una de mis palabras, y sé que estoy gritando, que todos me están mirando incrédulamente. ¡Y es que estoy desahogándome de todo lo que he estado viviendo últimamente! Por un momento quiero gritarle a Sanders de esta misma manera, sería extraordinario. —¡Eso no es tu maldito problema! —grita ella, caminando hacia adelante, y yo sonrío un poco. —Claro que no es mi problema, te he dicho que no me importa lo que hagas, sólo voy a decirte una cosa: aléjate de mi hermano, deja de comportate como una perra con Suzanne y conmigo, y sobre todo, ¡deja a Trenton en paz! —exclamo, doy dos pasos hacia adelante y veo un poco de miedo en sus ojos, posiblemente porque en estos momentos estoy sonriendo como una loca. —Tú no deberías… —Intenta decir ella, yo coloco una mano en alto, interrumpiéndola. —Eres una cría. Estás acostumbrada a conseguir lo que quieres, no tienes ni siquiera una pizca de decencia y no sabes lo que es la vida. Eres una inmadura, crees que puedes jugar con los demás porque tienes una cara bonita. —Tomo una respiración profunda y me acerco más a ella—. Piensas que puedes pisotear a las personas, y quieres arruinar la relación de mi hermano y Suzanne porque estás celosa de que los demás sean felices y estén enamorados. Y quizás nadie te haya dicho esto, pero aquí estoy yo, la chica callada y tímida que tanto criticas, ¿qué ironía, eh? Desde que te conocí supe que eres una perra, y espero, en realidad espero con todas mis fuerzas que dejes esta actitud, pues no te va a llevar a ninguna parte —finalizo, la miro fijamente, y ella está tan callada y presiento que va a comenzar a llorar, por eso me doy media vuelta y me acerco a Trent nuevamente, decidida a curar sus heridas o convencerlo de que tiene que ir al hospital. —Wow… —Es lo único que murmura Trenton en cuanto estoy frente a él—. ¿Sabes? Estoy pensando seriamente en hacerte enojar en este momento sólo para verte nuevamente así, te ves fuerte, Ciara, tan fuerte y ardiente que quiero comerte a besos en este momento. Me encojo de hombros, una sonrisa bailando en mis labios. —Pues hazlo, no pondré resistencia. —Y él se ríe, al tiempo que acerca una vez más sus labios a los míos y ante sus silbidos de nuestros amigos y las carcajadas, Trent y yo volvemos a fundirnos en un apasionado y abrazador beso.


El padre de Luke cerró el negocio apenas el desastre había comenzado. Ahora, todos nos encontramos sentados en una de las más grandes mesas. Afortunadamente, Barbie consiguió un botiquín de primeros auxilios, así que ya los chicos que resultaron heridos están con sus heridas vendadas y desinfectadas, o al menos Barbie y yo hicimos lo que pudimos ya que ninguno de ellos quiso ir al hospital. A pesar de lo que ha ocurrido, Trent ha estado muy serio desde que volvimos, y sospecho que su ensimismamiento se debe a su hermano, lo que me hace comprender que él no se encuentra en buenas condiciones para hablar sobre lo que hace su hermano con los mafiosos apellidados Agnelli. Aún así, Taylor nos ha explicado sobre la Red de Prostitución y me parece lógico pensar en que los Agnelli también están enredados en esto, o quizás ellos son los jefes de dicho “negocio”. —Ciara. —Escucho que alguien pronuncia mi nombre, para luego percatarme que todos están observándome: Suzanne, Eric, Andrey, Gioele, Luke, Barbie, Trenton y hasta April. Me pregunto de qué me he perdido y ante mi mirada desconcertada, Gioele vuelve a hablar—: Ciara, ¿por qué uno de los Agnelli dijo que Sanders está obsesionado contigo? Noto las reacciones de Eric y Suzanne, están tan sorprendidos como el resto de los presentes. Yo, por mi parte, no sé exactamente qué decir, estoy en una lucha interna y me encuentro intimidada. Observo a Andrey, quien asiente con la cabeza, dándome su permiso para relatar la historia; más, realmente yo no soy capaz de hacerlo, por consiguiente sacudo la cabeza, diciéndole silenciosamente que no puedo hablar de esto. Trenton aprieta mi mano, vuelvo la cabeza hacia él, encontrándome con su mirada sé que él quiere respuestas, pero yo no puedo dárselas pues un nudo se halla en lo más profundo de mi garganta. Andrey finalmente opta por contar todo; sin embargo, algunos detalles no los explica, no sólo por la presencia de Suzanne y Eric, sino también porque el resto de la información que tenemos es sumamente privada. Trenton está tenso a mi lado, y es el momento de que yo apriete su mano, aunque él a su vez, aprieta los dientes tan fuerte que temo que los rompa él mismo por la fuerza que está utilizando. Mi hermano explica que nuestra familia posee algunos problemas con los Sanders, y que el alcalde, está siendo investigado desde hace un par de semanas por estafa; también, para la sorpresa de todos, incluidos los hijos de dicho alcalde, se impresionan al escuchar la potente obsesión que Sanders tiene con las


chicas parecidas a mí, además de que en las ocasiones que se ha encontrado conmigo, me mira de una forma siniestra, cuya acción no habíamos notado hasta ahora. Andrey relata que tenemos sospechas de una venganza, y cuando observo a Suzanne y la veo tensarse en su asiento, sé que ella tiene más información que de alguna manera explica el por qué de tantas cosas. Decido preguntarle en cuanto estemos solas, pero sé que es muy difícil que ella conteste mis preguntas con la mayor sinceridad. Quizás si Andrey le pregunta... —¿Cómo es posible que ese maldito siga en la calle cuando aseguran que está obsesionado con Ciara? —pregunta Trenton, totalmente enfurecido, mientras cierra sus manos en puños y chasquea la lengua—. ¿Cuándo pensabas decirme esto? —Me fulmina con la mirada. Oh... él realmente está enojado. No le respondo, no sé exactamente cómo explicarle todo. Por eso me quedo en silencio mientras Andrey y los demás siguen platicando, y aunque Eric y Suzanne están demasiado sorprendidos con cada cosa que mi hermano dice, se quedan en absoluto silencio, quizás porque saben la clase de padre que tienen. Yo, por mi parte, estoy más que todo pensativa, y mareada, todavía no puedo creer todo lo que pasó esta noche, sin contar el hecho de que los policías aún se encuentran cerca, y que quizás dentro de poco seremos interrogados, por ello no puedo evitar imaginarme la expresión de mis padres cuando se enteren de esto. Trenton me abraza con fuerza, y luego me percato de que estoy temblando y que él me observa con el ceño fruncido, mostrando preocupación. Me alivia saber que ya no está tan enojado como antes. —¿Puedo quedarme contigo? —le pregunto en voz baja, importándome poco lo que digan los demás. Lo único que sé es que esta noche sólo lo necesito a él, mis pesadillas sobre Sanders me han atormentado por mucho tiempo. Trent es el único que aliviaría mis miedos, siempre lo ha hecho, él trae la luz. —Puedes quedarte el tiempo que quieras —responde él, acariciando mi mejilla suavemente.

*** El señor Cole y su esposa me recibieron con los brazos abiertos, eran tan amables que me hicieron sentir como en casa desde que llegué. Aunque April no está muy contenta en este momento, se las ha arreglado para ignorarme, ella sólo entró a su habitación y no ha salido nuevamente, sospecho que se ha quedado dormida, y me siento entusiasmada sabiendo que no la veré por el resto de la noche.


Andrey no estuvo muy contento con que yo me quedara con Trent; sin embargo, fue capaz de aceptarlo. Él va a encargarse de decirles a nuestros padres que yo me he quedado en casa de una amiga utilizando la excusa de que me sentía muy confundida y cansada. Eric y su hermana se fueron con él, pues Andrey propuso que se quedaran por unos días en nuestra casa a causa de las circunstancias. Trenton y yo nos hemos quedado en la sala, él ensimismado en sus pensamientos mientras observa la serie “White Collar” sin siquiera prestar mucha atención a lo que los personajes están diciendo. Por consiguiente, yo sólo soy capaz de contemplarlo placenteramente, y aunque su rostro está un poco golpeado, puedo decir que aún así sigue siendo completamente hermoso; no puedo creer que sea mío, y que esos codiciosos labios hayan tocado los míos en una caricia tan sutil y conmovedora. ¿Lo merezco? —No puedo creer que no me hayas dicho nada, Ciara —murmura, aún sin mirarme, sus ojos están fijos en la televisión. —No quería preocuparte, Trent, pero sé que iba a decírtelo en cualquier momento — respondo en voz baja, sintiéndome tímida por su cercanía—. Te lo iba a decir, de verdad, ¿no me crees? Sacude la cabeza sin mirarme aún, y cuando siento un nudo en la garganta por saber que él todavía está enfadado conmigo por no haberle contado nada sobre Sanders y su obsesión por mí, abruptamente Trent se acerca, presionando su cuerpo sobre el mío, de modo que yo estoy debajo de él. Me ruborizo inmediatamente. —Si algo te llegara a ocurrir… si ese imbécil se atreve a hacerte daño… —Sus ojos resplandecen en la penumbrosa y pequeña sala de la casa de los Venturi. Me siento entumecida, pero a la vez mi corazón se encuentra frenético bajo la mirada abrazadora de Trent—. Me muero, Ciara. Por eso quiero protegerte, porque me preocupo por ti, porque eres lo más valioso que tengo ahora. Lo ha dicho, ha mencionado algo que ya sabía pues sus ojos en cuanto me miran, gritan cada uno de los sentimientos que tiene por mí; yo ya lo sabía y no quería aceptarlo porque estaba ciega y mis inseguridades podían más que yo, eran más fuertes que el amor que siento por Trent. Pero ya no más, este es el ahora, el presente, y sé que en sus ojos hay sinceridad cuando me dice que me quiere. Y yo lo estoy mirando con la misma intensidad, y mis manos acarician sus mejillas con sumo cuidado. Es tan increíble la electricidad que invade mi pequeño cuerpo al sentir su proximidad, como si ambos estuviésemos envueltos en una esfera magnética, y que la atracción de nuestros cuerpos es tan fuerte que lo único en lo que podemos pensar es en estar juntos y tocarnos.


Sus labios se presionan en los míos, y mientras me besa, algo extraño sucede: comienzo a rememorar todos los momentos que Trent y yo hemos compartido desde la primera vez que nos vimos. Su sonrisa burlona cuando se percató de que yo lo perseguía, su sensualidad cuando peleaba con Gioele en el ring, sus ojos preocupados cuando me preguntó si Andrey era mi novio. También recuerdo cuando nos vimos en el hospital y mis ojos no podían apartarse de los suyos en ningún momento. Todo pasa por mi mente, incluso cuando apareció en el instituto y me dijo que sólo buscaba excusas para verme. Las canciones que ha compartido conmigo, la primera vez que bailamos “A message” de Coldplay, cuando casi me besaba fuera del instituto y, el recuerdo más hermoso que llevo atesorado en mi alma: la noche en que Trent me cantó cuando mi mundo se desmoronaba en miles de pedazos y pensaba que perdería a mi padre para siempre. Trent siempre ha estado para mí, siempre, desde que le conocí, y pronto sé que le correspondo con tanta intensidad, que sé que lo que ha nacido en nuestros corazones no desaparecerá con tanta facilidad. —Voy a estar bien, Trent —susurro, cuando nos separamos por falta de oxigeno; sin embargo, seguimos estando cerca del otro—. Nada va a ir mal, ¿de acuerdo? Asiente con la cabeza, pero en sus ojos se muestra la duda y el miedo, por eso, me alejo un poco de él y ante la mirada de desconcierto que me dedica, rebusco en mi bolso, en busca de mi iPod, pensando que lo que tengo en mente nos aliviará a ambos, y permaneceremos encerrados en nuestro pequeño mundo, olvidando los miedos y las inseguridades. Comienzo a rebuscar en mi iPod, y cuando he encontrado la canción adecuada, coloco con delicadeza mis auriculares en las orejas de Trenton, cuyos ojos me observan con una mezcla de diversión y amor. Cuando se comienza a reproducir “Everything Has Changed” de Taylor Swift y Ed Sheeran, su rostro se ilumina cuando una enorme y maravillosa sonrisa tira de sus labios. Juro por Dios que mi corazón se ha paralizado ante semejante belleza, y antes de que alcance admirarlo completamente, él me hala fuertemente hacia sí, y entierra su rostro en mi cuello, inhalando el aroma de mi cabello. Posteriormente, suelta una carcajada de pura felicidad, me estrecha con fuerza entre sus brazos, y cuando pienso que va a quedarse así por un tiempo, toma mi rostro entre sus grandes manos y me besa, fuerte y duro, hasta cortarme la respiración. Santo Dios, él realmente besa... excelente. Su aliento es glorioso y su lengua... ¡Infiernos! —Tú realmente sabes cómo animar a un chico, Ciara —murmura entre besos.

***


Por la tarde cuando estuve en casa después de pasar parte de la mañana con Trenton, mi celular suena y me saca de mi ensimismamiento, anunciando que tengo una llamada entrante de un número privado. Me siento angustiada cuando compruebo la pantalla de mi móvil y me encuentro debatiéndome en si responder o no, finalmente, con manos temblorosas, presiono el botón verde y con un ligero susurro digo: —¿Hola? Escucho su respiración y sé de quién se trata. Me siento asqueada al escuchar sus frenéticas inhalaciones y exhalaciones. ¡Dios, el tipo está completamente enfermo! —Ciara. —Es lo único que dice, y es suficiente para formar un nudo en mi garganta y en mi estómago—. Pequeña y adorable Ciara. ¿Sabes lo que estuvo a punto de ocurrir ayer, verdad? Siento las lágrimas picar en mis ojos, y quiero finalizar la llamada; mas no lo hago, no puedo moverme. —¡Habla pequeña zorra! —grita, causando que yo de un respingo—. ¿Sabes que ese italiano que tienes por novio estuvo a punto de morir? No voy a descansar hasta verte alejada de él, suficiente fue verte con mi hijo, no voy a soportar algo así de nuevo. ¿Qué? «Cuelga el maldito teléfono, Ciara, ¡sólo quiere manipularte!», exclama mi subconsciente. —¿Qué quieres decir con eso? —susurro, ahogándome en un sollozo. —Eres igual de ciega que tu madre, pequeña Ciara —responde, con un toque de humor fuera de contexto—, eres tan parecida a tu madre, Ciara, ¿cuándo será el día en el que te tenga finalmente? —Estoy llorando, y pienso en contestarle, pero él no me lo permite—. ¡Oh! Será hoy, por supuesto, ¿recuerdas a los mafiosos? Ellos están buscando a tu maldito amante, pequeña Ciara, y si tú no vienes ahora mismo, voy a enviarlos por el italiano y también… ¡terminaré hundiendo a tu maldito padre! Sabes que puedo hacerlo, Ciara, así caiga yo también, no descansaré hasta verlo hundido por robarme lo que tenía que ser mío. —¿Qué quieres decir? —pregunto una vez más. —Ven aquí y lo sabrás, pequeña Ciara, ¡estoy esperando verte, maldita sea! —dice, y sus respiraciones se vuelven tan frenéticas, como si estuviese respirando después de un largo tiempo sin hacerlo—. Mi casa. Ahora. Ven. Mierda, este tipo está loco, malditamente loco.


Analizo mis opciones, y también la corta conversación entre ese lunático y yo. Llego a la conclusión de que ha perdido la cordura y que ya no utiliza la cabeza para pensar cómo actuar. Taylor nos dijo que ha tenido tantos errores últimamente que puede que se esté hundiendo él mismo; sin embargo, de una cosa si estoy segura: él va a buscar a Trenton y, posiblemente, terminen lo que no hicieron ayer. Quiero vomitar, pero me abstengo de eso, pues Andrey me dijo una vez que llorar o desesperarse no me llevaría a nada, por eso decido ser fuerte. Sanders quiere verme ahora mismo en su casa, y aparentemente ha perdido la cabeza, si tan sólo aprovechara el momento… Exacto. «¡Estás malditamente loca! Por Dios, ¡él podría hacerte daño! No puedes ir sola, no puedes, ¡no puedes!», exclama mi subconsciente, en alerta. Oh, Dios, no puedo creer que vaya a hacer esto. —Ese es el pensamiento que llevo en mi mente, cuando tomo las llaves de uno de los autos de mi padre, rebusco en el estudio del mismo hasta que encuentro el objeto que tanto necesito, compruebo si llevo mi móvil en mi bolso, y cuando sé que llevo todo lo que necesito, me marcho de mi casa sin mirar atrás, mientras recuerdo la breve conversación que papá y yo tuvimos hace un par de horas: —No puedes volver a salir, no hasta que todo esto se solucione, Ciara, tampoco puedes poner a tus amigos en peligro —repone papá por enésima vez, mientras se sienta enfrente de mí, colocando sus tobillos cruzados encima de la mesa de caoba de mi madre—. Piensa en tus amigos, en los heridos, en tu hermano, en Eric. —Ellos querían llevarse a Suzanne también, papá —contesto, mirando fijamente el brazalete que tiene papá en uno de sus tobillos, el mismo que contiene un dispositivo GPS, el cual parpadea con una luz verde, indicando su funcionamiento—, Eric sólo trató de defenderla. —¿Y qué pasa si te llevaban a ti también? —Vuelve a preguntar él. —Iban a hacerlo, papá, pero los chicos estaban allí y no lo permitieron… pero querían llevarse a… —Sacudo la cabeza, alejando el recuerdo de mi mente—. Lo que importa es que no me llevaron. —Y si lo fueran hecho, yo estaría como un loco ahora mismo —dice, sus ojos negros brillando de preocupación. Él luego señala su brazalete—, pero ni siquiera esto me impediría ir a buscarte, hija. Asiento con la cabeza, y corro a los brazos de mi padre, pensando en que debo alejarme totalmente del peligro, para no herirlo o hacerle cometer una locura.


Pero ahora es diferente, lo que tengo en mente resolverá todos nuestros problemas, estoy segura, por eso manejo directamente hacia la casa de Ralph Sanders, observando fijamente los objetos que he recabado, los mismos que me ayudarán a mantenerme con vida, y ejecutar el improvisto plan que he formulado en mi mente. Ser valiente consta de correr riesgos.

*** En cuanto me encuentro frente a la enorme y suntuosa mansión Sanders, estoy convencida que mi corazón está a punto de sufrir un ataque y que se saldrá de mi pecho, pues sus latidos son tan frenéticos que resuenan en mis oídos en un fuerte y molesto pitido. Mierda, realmente estoy haciendo esto, y lo peor de todo es que no me arrepiento de nada, sólo sigo caminando hacia adelante, luego de haberme bajado del BMW gris de papá. Siento un escalofrío que se expande por mis brazos y mi estómago y vuelvo a sentir nauseas. Sé que Ralph Sanders me observa desde el interior de su casa, y que está pavoneándose por haber logrado lo que se propuso. No me detengo a pensar en ningún momento si el resto de los Sanders está en casa porque sé que no es así; los gemelos se están quedando en mi casa, y la señora Sanders obviamente no se encuentra en casa, por eso Sanders llamó, porque quiere que estemos solos. Maldito hijo de... Aprieto mi bolso de mensajero con fuerza y, después de tomar un par de respiraciones profundas para lograr estabilizar los latidos de mi corazón, toco suavemente el timbre de la casa; luego de unos segundos, la puerta se abre, revelando ante mí a un Ralph Sanders completamente desaliñado, con un rastro de barba naciente, y los ojos inyectados en sangre y con una expresión que sólo podría tener un loco demente. Metiendo mi mano disimuladamente en el bolsillo de mi bolso, presiono el botón de mi móvil que activa el grabador de vos. —Adelante, señorita Aldridge, espero no hayas cometido la idiotez de llamar a tu estúpido amante —gruñe él, al tiempo que me hace un ademán para que me atreva a entrar. Ralph hace lo impensable: aspira el aroma de mi cabello y suelta un gemido de puro placer—. Hueles delicioso. —Cierra la puerta suavemente. Espero que el aroma de la cárcel te guste más, Ralph. —Vine sola, sólo quiero saber qué es lo que quieres de mi familia —respondo, fingiendo desesperación. Quizás, la Ciara de antes no podía permitirse mentir, pero esta Ciara es diferente. Tengo que adherirme a este papel: fingir que soy débil, fingir ser la


víctima y luego actuar, eso tomará desprevenido a Sanders, quien se ve tan confiado que me dan ganas de echarme a reír, pero me abstengo. —Quiero muchas cosas de tu familia, realmente si te contara todo lo que pretendo hacerles nos quedaríamos aquí toda la vida —explica; dedicándome una sonrisa sardónica, comienza a caminar hasta el bar de su sala y saca una botella y dos vasos de vidrio. Mientras sirve un par de tragos, continúa hablando—: esto último es lo que más quiero, pequeña. —¿Por qué yo? —inquiero mientras él me tiende un vaso de whisky; lo recibo, mas tengo la intención de no darle ni siquiera un sorbo. —¿Has venido sólo a hacer preguntas como estas, pequeña? —Me observa de pies a cabeza, suelta un suspiro y posteriormente me señala uno de los sillones de su sala. ¡Por Dios! ¿Cómo es capaz de actuar de esa manera? ¡Es un cínico!—. Siéntate Ciara, tengo un trato que seguro te va a encantar. Suspiro, y hago lo que me pide, asegurándome que mi móvil logre captar la conversación que estamos teniendo. —¿Estás muy enterada de lo que está ocurriendo con tu padre? —Yo asiento con la cabeza—. Bien, quiero decirte una cosa, pequeña: tú padre está hundido, ¿sabes? Quizás haya cometido errores con los Fournier, pero con Albert no, pues mis planes estaban siendo ejecutados desde hace años, fue un plan delicadamente planteado, solamente necesité ayuda, y todo salió a la perfección. En este caso, es muy difícil que tu querido padre salga de los horribles problemas que tiene. Ciara, ¿qué serías capaz de hacer por sacar a tu padre de dichos problemas? Infiernos. «Fue una tontería venir». —¿Por qué nos odias tanto? —Mi voz tiembla. —A ti no te odio, querida Ciara, eres muy importante para mí, ¿es que no me crees? — Sus ojos taladran los míos con una mirada mordaz. Sus cabellos plateados y rubios están despeinados, como él estuviese enredándolos en sus dedos a causa de la desesperación. Rectifico mi teoría cuando lo veo pasar sus dedos por sus cabellos—. Tu padre. Tu padre es el único culpable aquí. Entonces… ¿qué estarías dispuesta a hacer? —No entiendo de lo que estás hablando —murmuro, la bilis en mi garganta apareciendo repentinamente. —Quiero que vengas conmigo, ¿es que no soy obvio? Tendrías todo lo que quieres tener, sólo debes ser mía, pequeña Ciara. —Clavo mis uñas en las palmas de mis manos


hasta que duelen, el terror inunda mi organismo cuando observo sus ojos inyectados en sangre y vidriosos que me admiran con una emoción que no reconozco, él relame sus labios—. ¿Lo harás? ¿Lo harás? ¿Lo harás? Ah, mierda, él realmente está loco. —¿Por qué me quieres a mí? —Vuelvo a preguntar, moviéndome un poco lejos de Sanders—. ¿Por qué odias a mi padre? —Es una larga historia —murmura, frunciendo el ceño, y yo comienzo a sentir como si estuviese platicando con un niño loco, esquizofrénico. Opto por tratarlo como tal. —Puedes contarme todo, Ralph —contesto, queriendo sonar tranquila y amable—. Si quieres que… si quieres que vaya contigo… debo saber cosas de ti. —Me gusta el Jazz, el color verde, y a veces Ella es asquerosa en la cama, por eso me gustan las jóvenes. Siento nauseas al ver la carne, odio el pescado. Nunca quise tener hijos, pero tuve que hacerlos igualmente. —Sacude la cabeza, él habla como un demente, apresurado y frenético—. ¿Qué más quieres saber? —¿Por qué quieres hundir a mi padre? —Alejo la tensión que hay en mí, quiero que esto acabe de una maldita vez, no soporto estar cerca de este hombre—. ¿Es por mí? —Por tu madre. —Da un sorbo a su bebida—. Cuando estaba en la universidad, realmente me sentí tan atraído hacia una mujer de ojos azules, que me enloquecí por ella. Estuve tantos meses queriéndola, observándola de lejos, anhelándola, nunca podía dejar de pensar en ella, coleccioné todas sus fotos y la veía todo el tiempo, pero, ¿sabes lo que hizo ella? Se comprometió con mi mejor amigo, ¡y ella era mía! Pero no le importó, ellos se comprometieron malditamente rápido, y yo me quedé solo, siendo ella mi vida entera. Pero ahora no importa, ¿sabes por qué? porque ella te tuvo a ti, ahora tú eres mía. ¿Pero qué demonios? —Yo… yo… yo no… —¡Lo eres! ¡Eres mía! Tu madre me lo debe, ella se fue con él, ahora sólo me quedas tú, pero no importa, eres mejor que ella, y tú si me entiendes, ¿recuerdas cuando entraste a mi oficina el otro día? Estabas tan caliente… —Murmura, dedicándome una mirada ardiente. ¿Acaso tiene alucinaciones conmigo? Santo Dios. —¿Entonces armaste una trampa a mi padre para vengarte de él? —le pregunto, ocultando mi indignación.


—Sí, pero estoy dispuesto a dejar eso atrás si haces lo que te digo, ¿vale? —Lo noto esperanzado—. No me importa lo que acordé con Lombardi, sólo necesito hacer este trato contigo. —Sonríe sardónicamente. ¡Mierda! —¿Qué has dicho? —Estoy estupefacta. —Lombardi… —¿Lombardi? —Me levanto de un salto del sillón, Sanders me observa divertido—. ¿Lombardi qué? Ralph Sanders se carcajea entre dientes, mientras continúa mirándome con diversión plasmada en sus ojos, aunque su sonrisa es malvada. Evidente es que se burla abiertamente de mí, por supuesto él sabe que me estoy temiendo lo peor. ¿Lombardi? ¿Algún familiar de Trent? Porque sé que este no tiene nada que ver con Sanders, de ningún amanera. —Lombardi, Trenton Lombardi, por supuesto —contesta, frunciendo el ceño. Él se levanta y se acerca a mí, su rostro ahora es inexpresivo y me dan nauseas el que esté tan cerca—. Te estuvo engañando todo este tiempo, Ciara, pero yo estoy aquí y cuidaré de ti, ¿de acuerdo? Y la adrenalina se activa en mi cuerpo cuando veo lo que Sanders intenta hacer, él sostiene una jeringa, y su sonrisa se ensancha cuando reparo en ello.


Debí suponer que algo así iba a ocurrir. Estaba subestimando profundamente al loco de Sanders; sin embargo, él ahora está haciendo lo mismo conmigo, pensando que vendría indefensa. ¿Quiere asesinarme? No, por supuesto que no, drogarme sí... ¿Qué pretende hacer drogándome? Sé la respuesta, puede hacer muchas cosas, el hombre está demente, pero yo no pretendo acobardarme con eso. —No te creo —murmuro cautelosamente—. ¿Estás hablando de Theodore Lombardi? Sé que hablas de él, pues estás involucrado con él y con los Agnelli. Sólo quieres hacerme dudar de Trenton. —Él sigue avanzando unos pasos hacia mí, su sonrisa sardónica no desaparece—. ¿Por qué quieres drogarme? —Quiero que te relajes, estás muy tensa, pequeña Ciara —responde, fingiendo inocencia—. ¿De verdad creíste que vendrías a mi casa y luego te dejaría ir así sin más? Eso es improbable, te quedarás aquí, es lo mejor que puedes hacer por tu padre, ¿estás de acuerdo? —¿Quieres que me quede contigo? Él suspira mostrando su frustración. —¡Diablos, sí! ¿En qué idiomas quieres que te lo diga? —Y luego comienza a decirlo en diferentes idiomas, gritando como un desquiciado, y mi miedo aumenta conforme voy observando cómo va acercándose a mí, sigilosamente. —¿Señor Sanders? —Doy dos pasitos hacia atrás, hasta que tengo mi espalda presionada contra la pared. Él está radiante, disfrutando que por fin me ha acorralado. —Dime, Ralph —gruñe, tenso. —Ralph. —Carraspeo, alejando el nudo de mi garganta—. ¿Los Agnelli le ayudaron a incriminar injustamente a mi padre? —¿Para qué quieres saberlo? —Frunce el ceño. Porque quiero que lo admitas y pueda guardar la grabación de tu voz admitiendo todos tus delitos, bastardo.


No puedo decirle aquello, así que intento mostrarme tranquila y herida por la pregunta que me ha hecho. Este tipo está loco, así que sólo debo utilizar su locura a mi favor, debo mostrarme frágil. —Porque es importante para mí —le digo con lágrimas en los ojos. Fijo mis ojos en los de él y atrapo su mirada, y cuando él se percata de mis lágrimas, sacude la cabeza, como si no pudiera creer lo que está viendo. —Theodore y yo hicimos un trato —responde él, aún con el ceño fruncido—, si él me ayudaba a falsificar las pruebas en contra de tu padre, le daría un porcentaje de las acciones de Aldridge & Sanders Worldwide. Asiento con la cabeza, sin saber muy bien qué decir a continuación. Simplemente continúo impactada, porque sé que Sanders ahora está diciéndome la verdad: Theo Lombardi estuvo ayudándolo todo este tiempo. Debí suponerlo, después de todo mi hermano y yo los habíamos visto juntos y ayer en la noche finalmente conocí lo cruel y despiadado que puede llegar a ser el hermano de Trenton. ¿Sabe Trent de esto? No, por supuesto que no, de lo contrario me hubiera dicho, aunque… Theo es su familia, ¿podría estar junto al hermano de la persona que le ha hecho daño directamente a mi familia? No lo sé… «¡Esto no es culpa de Trenton! ¿Es que te has vuelto loca? Trenton vive apartado de su hermano desde hace mucho, lo sabes, él te lo ha dicho», murmura mi malhumorada consciencia, pero debo admitir que tiene la razón absoluta. Trenton no es Theo, él no tiene la culpa de los errores que su hermano cometa, independientemente de todo esto, quiero a Trent, y nada ni nadie puede cambiarlo. Con esos pensamientos rondando mi mente, y con mi bolso de mensajero presionado fuertemente contra mi pecho, comienzo a rebuscar en mi bolso; sin embargo, al tiempo que tomo la pistola de electrochoque que robe de casa, Sanders tiene una de sus manos en mi cuello, conforme con la otra sostiene aún la jeringa. Estoy paralizada. Oh Dios mío, él va a lograrlo, va a drogarme y yo estaré a su merced. Pienso en Trenton y en lo mucho que me odiará cuando se entere de todo esto. Él dijo que moriría si a Sanders logra lastimarme. Oh mierda, realmente Sanders va a lograrlo. ¡No! ¡No va a lograrlo, maldita sea! Yo no voy a permitirlo, por mí, por Trent, por mi hermano, por mis padres… ¡No puedo permitir que Sanders gane!


—Cuando despiertes, estarás en un lugar mejor —dice él, sus ojos reflejando locura—. Vamos... relaja... No le permito continuar. Y a partir de allí todo ocurre demasiado rápido. En ese instante, tan sólo en ese momento en el que Sanders inserta la aguja bajo mi piel y al mismo tiempo yo presiono la pistola y libero una descarga de electricidad, descubro que jamás en mi vida había sido tan valiente y tan estúpida a la vez. Al momento que Sanders grita de dolor y me da una fuerte bofetada y yo comienzo a sentirme mareada pero aún así soy capaz de guardar y enviar a papá la grabación de voz sin que Sanders se percate de ello, sé que quizás con estas pruebas Sanders esté hundido, pero, ¿qué si yo muero y nadie logra encontrar las pruebas que ahora tengo en mi poder? Simplemente no lo sé y este es el punto, esto es lo que he aprendido: sacrificarme y arriesgarme por los seres que amo, y aunque muchos piensen que lo que he hecho es estúpido, yo no me arrepiento, no lo hago en lo absoluto. Sanders está furioso, y grita algo que no logro entender. Utilizo la pistola de electrochoque nuevamente, él se tambalea pero no cae inconsciente; yo débilmente comienzo a correr hacia la salida, pero él me intercepta cuando he llegado a la puerta. Me pongo el bolso encima, parpadeo un par de veces, afectada por las drogas que me ha inyectado el desquiciado y agradezco que no me haya inyectado el resto de la gran porción que tenía para mí. Ralph Sanders vuelve a hablar y gruñe, yo cada vez me siento más débil. Él observa por las ventanas y maldice. Yo aprovecho su ensimismamiento para correr a la puerta; sin embargo, cuando tomo el pomo, mi vista se nubla y mis rodillas se tambalean. Me aferro a la pistola, conforme veo a Sanders correr hacia mí, me estoy desmayando... mis pensamientos son cada vez más absurdos, pues lo único que tengo en mente son un par de ojos verdes que me quitan la respiración. Me siento desfallecer, aprieto el gatillo del arma y apunto a Sanders sin saber muy bien en qué lugar lo estoy haciendo, sólo soy consciente de su figura frente a mí. Llega un recuerdo de cuando era una niña muy pequeña y sé que la mirada condescendiente de Ralph Sanders siempre ha estado allí. Él siempre ha sido asqueroso y ante este pensamiento libero otra descarga de electricidad de mi pistola. Lo penúltimo que veo es que él ha caído, al mismo tiempo que yo. Y lo último que veo son un par de ojos verdes, observándome con preocupación. Y todo se vuelve oscuro.

*** Es curioso que una persona como yo haya sido capaz de hacer tanto. La mayoría del tiempo las personas se han atrevido a subestimarme, y en ocasiones gritan que soy débil. Ahora no me siento así, es decir, estoy asustada, pero esto no es una señal de debilidad.


Somos humanos, todos tenemos miedos y enfrentarlos nos convierte en personas valientes, aún sabiendo que, a pesar de haberlos enfrentado, quizás jamás los superarás. Me siento renovada, madura, realizada; me he comprobado a mí misma que los errores nos convierten en lo que somos en el presente. Yo he arriesgado tanto por mi familia el día de hoy, y aunque quizás ahora esté muerta y todos griten que fue un error el haber venido, seguiré pensando igual que ahora. No sé cuánto tiempo ha transcurrido. No sé si papá hizo lo que creía que haría al darse cuenta de mi ausencia y la grabación de la conversación de Sanders y mía. Lo único que sé ahora, tiempo después, cuando vuelvo a abrir los ojos, es que estoy en una habitación extremadamente luminosa y resplandeciente que me deslumbra y debo parpadear varias veces para acostumbrar mis ojos a la luz del lugar. Un fuerte dolor se instala en mi cerebro cuando mi mente comienza a hacerse innumerables preguntas sobre lo acontecido: ¿Dónde estoy? ¿Donde está Sanders? ¿Papá logró llegar a casa y la policía pudo perseguirlo hasta dar con Sanders y conmigo? ¿La grabación servirá de algo? Cierro los ojos con fuerza, rogando que el dolor desaparezca. Alguien toca mi mano y doy un respingo por el susto; mas, cuando un cosquilleo se instala en mi cuerpo por el roce de nuestras manos, sé de quién se trata y salto hasta que estoy acurrucada en su pecho, abrazándolo con fuerza mientras las lágrimas comienzan a desbordarse por mis mejillas. Oh Dios, él está bien. Trent está bien... él está bien… él está bien… —repito en mi mente, agradeciendo silenciosamente porque él está a salvo y junto a mí, aún sabiendo que en unos minutos, la furia de Trent se hará presente. Sollozo, y siento cómo sus manos grandes y ágiles juguetean con las hebras de mi cabello, causando que mi cuerpo comience a relajarse lentamente ante sus caricias. —No voy a perdonarte esto nunca, Ciara —susurra suavemente, pero percibo la tensión en sus palabras. Lo sabía, él está enojado porque yo le prometí que nada iría mal, y lo traicioné, y quizás todo lo que hice no sirvió de nada, eso probablemente es lo que más le molesta—. Estaba muriendo, Ciara, estuve a punto de perder una parte de mí mismo. —Lo siento. —No, Ciara, esto no se trata de sentirlo o no —responde, apartándose un poco para que nos podamos ver a los ojos. Observo su vestimenta: unos vaqueros desgastados, una camisa gris holgada, y una gorra de béisbol blanca de los Tigres de Detroit. Sus ojos me atrapan y veo el dolor y la decepción en ellos y me siento desdichada—. ¿Es que no pensaste en mí? ¿O en tu familia? No puedo creerlo, estuviste frente al peligro, ¿es que no me quieres? ¿Es eso? ¿No te importo en lo absoluto como para mantenerte a salvo? No… no… no…


Mi garganta se cierra, y mis emociones se congelan ante la rudeza de sus palabras. Se ha separado de mi cama, está solamente parado allí, frente a mí, en una distancia considerable; y yo me desborono al ver su expresión dolida y frustrada. ¿Por qué dice eso? ¿Es que se ha vuelto loco? ¿O soy yo la que no sabe cómo demostrar que le quiero? —¡No digas eso, Trent! —¿Qué quieres que te diga? ¡Ese maldito iba a violarte y quizás matarte y a ti no te importó irte con él cuando me dijiste que todo estaría malditamente bien! —Trent… —Déjalo, sólo agradezco que estés a salvo, agradezco que hayas sido astuta, pero me duele que no me hayas tomado en cuenta, yo podría haberte ayudado, siempre me has tenido, Ciara —murmura, aún dolido—. Quizás yo no te tenga a ti, pero… Por Dios, él de verdad piensa que no lo quiero. —¡Me tienes! Sé que soy tan tímida a veces y además insegura y en algunos momentos puedo pensar que todos me odian. Un día puedo estar segura de tu amor, y al otro pensar que todo es una fantasía. Tú eres todo lo contrario, y aún así te has adueñado de mi amor, arrebatándolo de mi alma con sólo mirarme a los ojos, y luego lo descubro: quiero estar a tu lado. —Sus ojos llamean de pura emoción—. Quiero desesperadamente estar contigo, y cuando me pregunto por cuánto tiempo quiero estarlo, la respuesta viene inmediatamente a mí: el tiempo que tú decidas. —Ciara… —Siempre me has tenido, no puedes dudarlo, siempre me tendrás, Trent, perdona todo esto, él dijo que… —Sacudo la cabeza, mientras que de mis ojos siguen derramándose gruesas y silenciosas lágrimas—. Él dijo que te mataría si no iba. Él me dijo que terminaría de hacer lo de ayer, enviaría a los Agnelli…, yo no pude permitirlo, lo siento… lo siento… —Al fijar mis ojos en los suyos, me percato de que Trent tiene sus cejas muy alzadas y sus ojos desorbitados, impresionado por lo que ha dicho. —¿Tú hiciste todo esto por mi culpa? —pregunta en un bisbiseo. Infiernos, Trenton puede llegar a ser tan exasperante a veces. —¡No! —exclamo, intentando levantarme de la cama; sin embargo Trenton lo impide—. No lo hice por tu culpa, lo hice por ti, porque me preocupo por ti, y si a ti te hacen daño, yo muero. Él sacude la cabeza, pero sé que no va a atreverse a decir nada más. Se aproxima nuevamente hasta mí, y me abraza con fuerza, y en un abrir y cerrar de ojos, cuando pienso


que hablara de nuevo, estampa sus labios contra los míos y me está besando, quitándome la respiración y el aliento con sólo aquellas caricias tan excitantes. Luego de separarnos, pasan algunos minutos hasta que me atrevo a hablar: —¿Papá está bien? Trenton me observa, su ceño pronunciadamente fruncido me indica que papá también está enfurecido conmigo. Me siento preocupada pues él no está aquí, ni mi madre, ni mucho menos mi hermano, luego recuerdo que probablemente están lidiando con Sanders. Me pregunto también qué pensaran los demás de mí, si estaré castigada o si mamá será capaz de quitarme Julliard. Recuerdo las veces que me ha amenazado y comienzo a sentirme asustada por las posibilidades de que esto pase, ¿mi madre se preocupó por mí? Quizás sí. —¿La grabación sirvió de algo? —le pregunto, después de un extenso silencio entre nosotros—. ¿Me puedo ir ya? Quiero ir a casa. ¿Dónde está... er... Sanders? —Un escalofrío se apodera de mi cuerpo al pronunciarlo. —¿Qué te hizo él después de que guardaras y enviaras la grabación? —inquiere él, con sus puños apretados pero sin quitar sus brazos de mi alrededor. Trenton lentamente se sienta en mi cama y yo me acurruco en su pecho, inhalando su aroma y escuchando los latidos de su corazón que son exageradamente rápidos—. ¿Pasó algo, Ciara? —¿La grabación sirvió? —Vuelvo a interrogar, y eso causa que el temperamento de Tren explote. —¿Estás evadiendo mi pregunta? —Se remueve inquieto en su lugar, chasquea la lengua y aunque no lo estoy viendo, sé que sus hermosos ojos se hallan más oscuros de lo habitual—. Dime qué pasó. —Esto es una orden. Le cuento todo lo que ocurrió en la mansión Sanders y él me cuenta que mi padre se había percatado de mi ausencia antes de que yo le enviase la grabación. Papá estuvo preocupado por mí y fue a mi habitación a buscarme; sin embargo, se percató de que no me encontraba allí, posteriormente llamó a los vigilantes del portón de la casa y estos anunciaron que yo había salido en el BMW sin pedir escoltas y sin decir absolutamente nada. Trenton me cuenta que papá enloqueció y llamó a Andrey, quien se atrevió a pensar que yo sólo había decidido salir a encontrarme con Trent, pero cuando éste les dijo que no estábamos juntos, todos se desesperaron y llegaron a la conclusión de que yo había ido a la casa de Sanders al darse cuenta de el arma que robé del estudio de mi padre. Como lo pensé, papá corrió a buscarme, y a éste le siguieron Andrey y Trent y, por supuesto, la policía. Cuando noto que Trenton se ha quedado ensimismado, sé que algo no anda bien.


—¿Y qué ocurrió después? —Quiero mirarlo a los ojos, pero me es imposible hacerlo en esta posición. —Theodore nos interceptó en el camino —contesta, fríamente. —¡¿Qué?! —Intento levantarme; sin embargo, Trent vuelve a impedírmelo. —Así es —contesta después de soltar un largo suspiro—. Theodore nos interceptó pues Sanders lo llamó y dijo que cambió los planes, según Theodore, Sanders perdió la cabeza y el trato que tenían fue mandado al demonio; mi hermano y yo hablamos mientras íbamos en tu busca y él… Oh no, esto debe ser malo. —¿Él qué? No responde inmediatamente. Nos quedamos en silencio por unos segundos larguísimos, los mismos que utilizo para sopesar lo que Trent ha dicho sobre su hermano. ¿Theo los interceptó? ¿Entonces él sólo subió al auto y los acompañó a buscarme? ¿Estamos hablando del mismo Theo? Porque el Theo que yo conocí anoche era un hombre despiadado, él no podría… —Theo se entregó a la policía. Oh santo Dios. —¿Qué? ¿Por qué? —Me levanto abruptamente para enfrentarme a su mirada, veo a Trent preocupado por su hermano, la verdad es que él no me ha hablado mucho de él, ni siquiera me ha contado el por qué él y su hermano no se la llevan bien—. ¿Estás seguro? Trent asiente con la cabeza. —Estuvimos hablando y… —Se encoje de hombros—. Decidió dejar esa vida. Espera, ¿qué? No logro comprenderlo, porque realmente todo me resulta demasiado absurdo e inverosímil. ¿De un día para otro decidió dejar esa vida? Siento que hay algo que Trent no me está diciendo; no obstante, tampoco quiero presionarlo para que me lo cuente, quizás todavía está molesto y no quiere entrar en detalles conmigo, al menos no por ahora. —Ciara, probablemente Sanders ya no es una amenaza para nosotros; sin embargo, quedan los Agnelli, y ellos no se rendirán hasta conseguir lo que sea que quieren — advierte, posicionando sus manos en mis hombros—. Por los momentos, ellos van a alejarse de todos por lo ocurrido con Sanders, y Andrey me ha dicho que te saque de aquí, y como tu audición en Julliard es…


—¡Me encantaría que me acompañaras! —Salto a sus brazos, emocionada con la sola idea de tenerlo cerca en aquel momento tan importante de mi vida. Trent toma mi rostro entre sus manos y me besa fuerte y duro en los labios y luego sonríe ladinamente; mas, su sonrisa no llega ni siquiera a sus ojos, y yo mentalmente me pregunto si está todavía enojado conmigo o si su tristeza se debe a algo más. —Morí mil veces hoy, Ciara. —Vuelve a decir, mostrándose vulnerable por cierto tiempo—. No vuelvas a hacer esto, ¿está bien? —Yo asiento con la cabeza—. Ahora prepárate, pues tus padres también tienen muchas cosas que decirte. —Él sonríe ampliamente, con esa sonrisa burlona suya, la misma que causa que mi corazón se salte un latido. Ah, me olvidé de mis padres, genial, estoy en problemas.


Andrey fue quien convenció a todo el mundo de que lo mejor para mí era viajar con Trent. Mi hermano, decidido a convencer a mis padres, consiguió los billetes de avión para Trent y para mí antes de que mis padres siquiera tuviesen la oportunidad de sopesar la idea de permitirle a su hija salir de viaje con su... ¿amigo? ¿Novio? Dos días han pasado desde lo ocurrido. Sanders está en prisión y todo este desastre se ha hecho público. Papá salió fácilmente de sus problemas pues Theodore Lombardi confesó todos sus delitos sin pestañear; no obstante, las cosas se han tornado complicadas con los Agnelli, los cuales han sido investigados por años, y es prácticamente imposible que ellos caigan, tal y como lo hizo Ralph Sanders. No he hablado con los gemelos en días, y aunque mi amistad con ellos últimamente ha sido inexistente, no dejo de pensar y preocuparme por ellos. —¿En qué piensas? —pregunta Trent sacándome de mis pensamientos, mientras conduce un mustang clásico que terminamos alquilando para llegar al conservatorio de artes Julliard. —Agnelli —respondo solamente, ese apellido se ha convertido en el titulo de mis preocupaciones. —Esto se va a arreglar, amore, lo prometo —dice él, y aprieta mi mano que está apoyada en una de sus rodillas—. Si tu padre se va a encargar de eso, todo se va a arreglar. —¿Cómo lo sabes? —pregunto, él sólo me sonríe—, es decir, ni siquiera sabes cómo es papá, sólo lo has visto aquel día… —Para criar a una princippesa como tú, sé que es un buen hombre —menciona, su sonrisa pícara no desaparece conforme observa el camino—. ¿No estás nerviosa? Por supuesto que estoy nerviosa, siento que me va a dar un infarto aquí mismo. Por tantas razones, trato de no demostrar miedo, es decir, he bailado por tantos años delante de millones de personas, y estoy segura que los directivos de la universidad saben de mí; sin embargo el miedo de cometer el más mínimo error persiste, si fallo, todos mis sueños se romperán en miles de pedazos, y esos sueños forman parte de mí, si no entro a Julliard, una parte de mí va a morir.


Yo no quiero ir a Stanford, si fallo, le daré la razón a mi madre y es algo que tampoco quiero. —N-no… no lo… sé —bisbiseo mirando mi regazo fijamente. Sé sin siquiera mirarlo, que está sonriendo, es tan extraño que sepa cómo va a actuar conociéndolo en tan poco tiempo. —Así que la Ciara tartamuda ha regresado, ¿eh? —bromea tratando de tranquilizarme, porque él sabe que me encuentro mucho más que nerviosa y no dejo de mover mi pie derecho, lo cual es una señal de estar totalmente inquieta. Momentáneamente frena y el auto está estacionado en un lugar prohibido cuando levanto la vista. Lo miro a él y veo paz en sus ojos, tomo aire profundamente; sin embargo eso no logra tranquilizarme por más que lo intento. Trenton toma la palabra. —Estoy aquí contigo, Ciara —dice solemne, sus ojos penetran los míos en una abrazadora mirada—. Y tú eres espectacular, lo sé, todo el mundo lo sabe y tú deberías saberlo. Eres asombrosa, la más asombrosa de todas y nadie va a cambiar eso. No puedo evitar sonreír porque sus halagos me sonrojan. —Pero no me has visto bailar —contesto como una niña pequeña, la cual ha descubierto que la han estado engañando. Trenton sonríe por el tono que he utilizado. —Hoy voy a verte. Y para saber que eres asombrosa no hace falta verte, ¡todo el mundo lo dice! ¡Todo el mundo predica tu brillante futuro! —exclama ahuecando mis mejillas, hablando como si en estos momentos se estuviese imaginando cómo llegaré a ser en años. Sus ojos relucen más de lo normal, como si fuesen sus propios sueños. Eso me encanta. —Todos, menos mamá —digo, y es que la falta de su apoyo me afecta más de lo que reconozco. Trenton no se ve afectado por mi comentario. Su sonrisa sigue intacta, como si supiera que yo lo haré bien. Me mira con ternura y acaricia mis mejillas, posteriormente deposita un beso en mi nariz. El hormigueo en mi piel se hace presente. —Te amo, Ciara. Y creo en ti, créeme que lo hago. —Sus palabras causan una extraña sensación en mi corazón que resulta placentera—. Pero no importa lo que los demás piensen de ti, siempre debes confiar en ti misma.


Asiento con la cabeza, a sabiendas de que tiene razón, pero mis estúpidos miedos y los nervios no ceden por más que intenta aplacarlos, ellos siguen allí, revoloteando en mi ser, ¿y si me caigo? ¿Y si mis nervios son tan fuertes que olvido la coreografía que he estado practicando desde que recibí la notificación de Julliard? No, no, no. Esta es tu oportunidad, Ciara, todo va a salir genial, naciste para esto. Suspiro, sí, nací para esto y esto es lo que quiero. —Lo sé, sólo mis nervios no ceden… —contesto obligándome a mirarlo. Él sonríe pícaramente. —¿Confías en mí? —Yo asiento con la cabeza enérgicamente—. Entonces baila para mí, sólo para mí, no al jurado. Sólo a mí. Creo que eso es música para mis oídos.

*** Esto resultó ser un desastre. —¿Nunca has sentido esa necesidad de hacer algo por segunda vez porque sabes que lo pudiste haber hecho mejor la primera vez? —le pregunto a Trenton cuando estamos saliendo del auditorio, después de mi desastrosa audición. Él suspira, y detiene el paso. —No puedo creer que digas eso. —Se coloca frente a mí, está muy serio ahora—. Estuviste perfecta, ¿qué quieres que te diga para convencerte? Tan sólo con esa frase siento de todo a la vez dentro de mí. ¿Me diría cualquier cosa para convencerme? Yo no sé qué decirle, sólo quiero sentir sus labios contra los míos y que aquella sensación cause que me olvide de todo por un momento, tal y como sucede cada vez que me besa. Jamás me hubiese imaginado que estaría saliendo del auditorio de Julliard con Trent a mi lado. Y apenas cuando me dijo que me acompañaría, supe que este chico me apoyaba en lo que fuese. Por eso le digo: —Dime que me quieres. Aquello hace que una sonrisa surja en sus labios y se acerque pícaramente hacia mí, presionando su mano en mi cintura para acercarme hacia sí, mientras que con su otra mano acaricia mi mejilla, me mira a los ojos, y sé que está a punto de decirlo, pero me doy cuenta que yo jamás se lo he dicho directamente, por eso escojo hacerlo yo también. Lo miro


fijamente, seria, nerviosa, soy de las personas que escogen el momento adecuado para decir aquellas dos palabras cuanto en realidad lo siento, y no por obligación o para ser amables. Tengo que mantener siempre en mi mente que haré todo lo que esté en mis manos para mantener a Trenton cerca de mí. Aunque no me puedo prometer a mí misma que no le haré daño, cuando amamos sufrimos, porque nuestra felicidad ya no depende del todo de nosotros. Ahora hay otra persona en mi vida que puede hacerme daño o hacerme feliz, y yo espero que ambos nos vayamos por la segunda opción. Trenton sigue acariciando mi mejilla. —Te… Yo le interrumpo. —Te amo, Trent. Y, ¡diablos! Es imposible no enamorarse más de él cuando eres testigo de una sonrisa como la que estoy viendo en este momento. Es como si mostrase su alma delante de mí a través de ella, y a través de sus ojos. Amo esta sonrisa, es mi favorita, y lo amo a él, no hay dudas. Trenton ríe y el sonido es música para mis oídos y me percato que siempre lo ha sido, todo este tiempo junto a él, estuve sintiendo algo dentro de mí, algo que no sabía cómo descifrar porque es una sensación incontrolable, es como si un grupo de fans de Trent estuviesen —lo sé, es algo loco— dentro de mí y enloquecieran y revolotearan de aquí para allá sólo con escuchar su voz, con percibir su perfume, con escuchar su risa, con sentir su toque; esto es precisamente lo que estoy manifestando ahora, sólo con verle sonreír despampanante; sin embargo estas sensaciones extraordinarias se multiplican por varias cifras cuando me acerca a su cuerpo de una manera brusca y suave a la vez, y me encanta cómo comienza a besarme apasionadamente fuera de Julliard. Jamás me había planteado una experiencia como esta, pero sin duda es una de mis favoritas. Su mano acercándome más a su cuerpo mientras me presiona por la parte baja de mi espalda, y yo inconscientemente acerco más su cabeza a la mía enrollando mis brazos por su cuello conforme él acaricia el mío. Su lengua es una explosiva mezcla de ternura, pasión y deleite mientras juguetea pícaramente con la mía y mi cuerpo se convierte en fuego, fuego que se expande entre los dos en tan poco tiempo que la única palabra que tengo grabada en mi mente es “más”. Oh Dios, si por decirle que le amo gano un beso como este no me cansaría de decirle cuánto lo amo. Cuando nos separamos, mis piernas ya quieren desfallecer.


—Ti amo21, Ciara —dice él con cierta satisfacción. Todavía enloquecida por las fans de Trent trastornadas dentro de mí, digo lo primero que se me viene a la mente y luego me sonrojo. —¿Qué hay entre nosotros? Alza una de sus cejas y sé que quiere reírse, pero no lo hace. —¿Amor? ¿Pasión? —Adapta un tono más seductor en la última opción—: ¿Deseo? Si sigue utilizando ese tono conmigo voy a enloquecer, bueno, más. —Sabes a lo que me refiero. Pero sin duda las tres —le respondo todavía con mis mejillas y mi cuello sonrosados por sus mañas calientes y seductoras. Nosotros no nos hemos soltado, permanecemos cerca, cuerpo contra cuerpo y la verdad es que no me importa. Las personas que pasan junto a nosotros nos observan con sus cejas alzadas, seguramente por el espectáculo de besos que acabamos de dar hace un par de minutos. Oh, por favor, como si ellos no se fuesen enamorado alguna vez. Trenton finge que se lo está pensando, yo le lanzo una mirada incrédula y él ríe. —Esa está fácil. La situación es esta: yo te amo y tú me amas. —Besa mi frente encorvándose un poco hasta llegar a mi estatura—. Tú eres mía y yo soy tuyo. Y dado lo enloquecido que me tienes desde que te conocí, he querido que seas mi novia por mucho tiempo. Entonces, si sumamos esto, el resultado esperado es más que evidente: Tú eres mi novia... —No es que necesite una etiqueta. —Gesticulo señalándonos a ambos—. Pero me gusta como suena, eh, brilliant.22 —Le guiño un ojo, juguetona. Trenton ríe, y yo también lo hago. —Larguémonos de aquí, hermosa chica. —Me lleva de la mano al auto, y cuando pienso que lo encenderá para marcharnos, impide que me coloque el cinturon atrapándome con sus grandes manos y acercándome a él—. Pensé que podríamos seguir besuqueandonos. Le miro con cara de pocos amigos al principio, lo que causa que él frunza el ceño, luego yo río y le guiño el ojo de nuevo. 21

Te amo.

22

Genial.


—Creo que caíste. —¡Ja! Chistosa, ven aquí. Entonces el beso es mucho más intenso que el anterior, pero evito desmayarme; los besos de Trenton causan una merea de sensaciones, y la palabra “más” se multiplica mientras le acaricio su dorso, dentro de aquel auto alquilado. ¿Qué vine hacer a Nueva York? Ah, sí, besuquearme con Trent. Soy una condenada afortunada.

*** Para ser la primera vez que visita Nueva York, Trenton se ve demasiado relajado y no se deja sorprender de los lugares de la ciudad, y es que sin duda al haber vivido desde su nacimiento en Milán no debería sorprenderse por nada, Italia es un país más interesante. Mientras comemos en McDonald’s —es una de las pocas veces que lo hago— observo por la ventana cómo la nieve cae levemente en pequeños y livianos copos. —Es algo loco estar aquí sentado contigo —comenta Trent, mientras mastica desganadamente su hamburguesa de pollo. Él me sonríe cariñosamente—. Creo que estás cerca de lograrlo, estoy seguro. Yo le sonrío también, sin embargo necesito dejar el tema a un lado mientras espero los resultados de mi audición. Cada vez que pienso en Julliard dentro de mí me digo que pude haber dado más en mi presentación, pude haberlo hecho mejor, pude haberme destacado. —¿Y tú, Trent? —cuestiono alzando una de mis cejas. Él aclara su garganta y deja su hamburguesa a un lado cuando toma de su refresco de cola—. ¿Qué exactamente quieres lograr tú? Eres un chico de diecinueve años, ama la adrenalina (eso ya lo tengo claro) adoras los coches, el fútbol… —Y a ti —me interrumpe, guiñándome un ojo. Yo río por lo bajo. —¡Eso lo tengo claro también! —exclamo causando que algunas personas se giren para mirarme por mi arrebato de alzar la voz—. A ver, italiano, dime… —¿Italiano? —pregunta interrumpiéndome nuevamente—. Digo, lo sé soy de mi bella Italia, pero ¡vamos, soy tu novio ahora! ¿No podrías apodarme con algo cariñoso? Como… no sé… ¿terroncito de azúcar? —Alza una de sus cejas, esperando opciones.


Casi me atraganto con mi refresco, casi. Pero logro reírme después de tragar y no causar un accidente. Trenton me mira divertido, yo sé que mis mejillas están rojas de tanto carcajearme. —¡Por Dios! ¿Me dejarás hablar o no? —inquiero tratando de ponerme seria, pero es imposible hacerlo con un chico como él en frente—. ¿Por qué dejaste la universidad, Trent? Hace tiempo Trenton me había comentado que tuvo que dejar la universidad —el motivo no lo ha especificado—, pero yo no creo que el pretexto de haber dejado los estudios se deba a la falta de motivación, lo conozco, él es un chico inteligente, lo demuestra cada vez que abre la boca, le gusta aprender, lo sé, pero entonces, ¿por qué dejaría la universidad cuando apenas la había comenzado? No lo comprendo. —Estuve estudiando periodismo, me gustaba, al principio, pero no es lo mío. —Se encoge de hombros sin mostrarle mucho interés a la cuestión—. No pienso estudiar algo que no me llena, creo que tú más que nadie puede entenderme. Por eso decidí dejar la universidad. Fin. Su respuesta cortante me sobresalta. Por más que él quiera evadir el tema, no va a lograr despistarme, yo sé que hay algo más, algo que le atormenta o le preocupa sobre ello. Sin embargo no puedo comprenderlo, ¿si no es el periodismo qué es lo que le llena? ¿Tendrá algún sueño el cual quiere cumplir? Todos los tenemos, no creo que él sea la excepción. —¿Algo que te guste más que el periodismo? —Estudio su rostro mientras espero alguna respuesta—. ¿Deportista? ¿Actor? ¿Guionista? ¿Animador de televisión? —Alzo una de mis cejas y opto por sonar juguetona para ver si logra soltar su secreto—. ¿Stripper? Trenton se ríe entre dientes. —Creo que ese último es tu sueño, nena —Me guiña, juguetón—. Pero no, ninguno de esos. Aprecio el arte, con mi vida, podría decirse. —Oh, Wow. ¡Vaya! ¿El arte? ¿Cómo cuál? —inquiero acomodándome en mi asiento, pues la conversación se ha vuelto extremadamente interesante, jamás pensé que tuviésemos tanto en común (mentira, sí lo sé desde que le conocí, aunque nuestras personalidades se tornan diferentes la mayoría del tiempo, pero polos opuestas se atraen, ¿no?) Le sonrío a Trenton ampliamente—. Te adoro, en serio, eres increíble, me sorprendes, ¡el arte! ¡Quién lo habría imaginado! Y es verdad, sin duda él sabe cómo sorprenderme, siempre lo he sabido, él es una cajita de misterios que poco a poco voy descubriendo, y eso me encanta.


—Me gusta dibujar, pensé en asistir a una escuela de artes, pero cuando lo estuve planeando, ocurrió lo de Theo y… —Su ceño se frunce, y luego adopta su habitual habladuría—. De acuerdo, fue un día normal yo estaba como: ¿qué es lo que estoy haciendo en esta universidad? Ya había aprobado en primer y segundo semestre, y créeme, me fue de maravilla, pero ese día me desperté… ¿de mal humor quizás? ¿O quizás tuve algún tipo de revelación? —Ríe sin humor y toma un sorbo de su refresco, yo escucho atenta su historia—. Entonces en la segunda clase, estaba furioso y me salí a mitad de ella, y me senté en el campus y lo único que logró controlarme fue sumergirme en mi dibujo, entonces no me di cuenta que ya había llegado la hora del almuerzo. “Fue allí cuando llegó un anciano profesor que no había visto hasta ese día y me dijo: ¿Estuviste gran parte de la mañana haciendo esto? Y yo le respondí: Sí. Entonces él sonrío y me dio unas palmaditas en mi hombro y me preguntó: ¿Y cómo te sientes? Yo suspiré y tuve la respuesta sin pensarlo: Lleno. Y él se marchó. Entonces yo observé lo que estaba dibujando y me marché también, yo sabía que me gustaba dibujar, pero nunca lo había visto como mi futuro hasta ese día. Esa fue la última vez que asistí a esa universidad, corrí —literalmente— a casa y me senté frente a mi viejo ordenador y comencé a investigar sobre universidades de artes, estaba muy entusiasmado, pero ese mismo día recibí dos malas noticias. Cuando sonó el teléfono de casa, luego de mamá contestar enloqueció y dijo: «nos largamos de aquí». Yo le pregunté por qué y sólo frunció sus labios y se echó a llorar mencionando el nombre de Theodore. Yo no pude decirle nada, gastó todos los ahorros en dos boletos para venir acá y así fue como llegó aquí, cuando Theo salió de prisión, ella regresó a Milán y yo me quedé aquí, de todas maneras no le hacía tanta falta y nunca me preguntó por qué no regresé con ella. Entonces en Milán quedó ese sueño de un día”. Trenton suspira profundamente, conforme yo le miro fijamente, sintiéndome un poco desanimada, ¿por qué su mamá no se preocupó más por su hijo bueno? Infiernos, la vida es tan injusta. —¿Cuál fue la segunda mala noticia? —pregunto preocupada. Trenton pasa la mano por sobre la mesa para apretarme la mía y brindarme una sonrisa reconfortante. —Espero pronto, poder decírtelo. Uh, qué enigmático. Asiento con la cabeza, y me muerdo la lengua para no preguntar, si él no quiere contarme aquella mala noticia en este momento, alguna razón tendrá, yo confío en él, estoy aprendiendo a ser paciente y confiada.


—Trent, ¿qué pasó en la furgoneta cuando esos tipos te llevaron? —inquiero, y la sonrisa que estaba en sus labios desaparece instantáneamente. Aprieta su mandíbula con fuerza, yo continúo hablando—: Agnelli dijo tantas cosas… Asiente con la cabeza, y veo que no está muy cómodo con el tema. —Eso no tiene importancia —contesta mostrando cansancio, me aprieta la mano una última vez para luego soltarla, haciéndome sentir un poco vacía—. Escucharon a la policía acercarse, igualmente no dudaron en ofrecerme que me uniera a ellos. Antes, mi hermano y yo éramos inseparables, nos metíamos en peleas casi todo el tiempo. Cuando papá estaba vivo nos entrenaba en el box aunque mamá lo detestaba, aquello era más como una defensa personal, pero como te habrás dado cuenta, soy muy temperamental y utilizaba mi fuerza para mostrarme como el bravucón —explica, mientras yo me estremezco—, los Agnelli siempre rondaban por el barrio buscando chicos o chicas, y se toparon con nosotros, yo ni de broma me acerqué a ellos; sin embargo Theo es más pretencioso y ambicioso y quería salir del “apestoso barrio” cuanto antes, entonces comenzó desde abajo con aquellos delincuentes, golpeando enemigos, amenazándolos, hasta que ganó la suficiente confianza de los Agnelli para encargarse de los “negocios” de este país, mientras ellos mandan en toda Italia. Aunque allá sólo son comerciantes respetados, ya que no han conseguido pruebas que los incriminen. Vaya, estoy comenzando a procesar lo que me ha dicho. Todo parece ser una película de mafia, aunque yo ya tengo más que claro desde hace mucho que en toda Italia la mafia se encuentra más que extendida, no sabía que mi novio estuviese tan cerca de ella, ¡por Dios! Mi cuñado es un maldito mafioso y se atrevió a dejar a su madre y a su hermano mientras él se va por esa vida de pacotilla. —Yo… no comprendo, los Agnelli… ¿por qué ellos dijeron «una de ustedes está más que negociada»? A mí me pareció demasiado extraño, además… —Suspiro y pretendo seguir hablando, mas él me interrumpe poniendo una mano en alto. —Detente, Ciara. Tu mente debe estar centrada en otras cosas —dice, seriamente—. Tus padres se están encargando de eso. Prométeme que a partir de ahora andarás con esos apestosos escoltas a donde vayas. Esto en realidad es demasiado serio, por eso asiento con la cabeza, su tono de voz resulta tan exigente, y además yo se que tiene razón, sin embargo tampoco quiero que él esté involucrado en esos asuntos, mas sé que es imposible, ha estado involucrado desde hace tanto tiempo, desde que su hermano decidió irse por el camino equivocado. Y aunque no lo haya hecho con esa intención, también se llevó con él parte de Trent, porque estoy segura que él echa de menos a su hermano, y le duele que haya sido traicionado por quien anteriormente había sido su más cercano cómplice.


Todavía no me puedo creer que Theodore se haya entregado y esté cooperando con la policía. —Te lo prometo. Y en mis adentros, espero no romper tampoco esta promesa.

*** De nuevo en Detroit, Michigan, cuando estoy saliendo de mi clase de arte —la cual hace que me recuerde de Trent aún más—, alguien me toma del codo en un descuido y me sobresalto al pensar que alguno de esos desgraciados ha irrumpido en la escuela para cumplir sus amenazas al pie de la letra, aunque la mano que me está arrastrando hasta no sé dónde la conozco muy bien, aún cuando tengo los ojos cerrados a causa del pánico. Cuando estoy convencida que no estoy en peligro abro los ojos y veo que Eric me está llevando a “no sé dónde”. Yo no lo había visto desde aquella noche en The Space. Se le ve molesto, quizás preocupado o cabizbajo. —¿Qué pasa? —le pregunto mientras él sigue llevándome hasta el patio trasero del colegio. El viento es demasiado fuerte y agradezco no haberme deshecho de mi abrigo. —Quiero hablar contigo. —Únicamente contesta. Diablos, ¿qué habrá ocurrido ahora para que se comporte así? Desde un tiempo determinado, me ha buscado demasiado, cuando fue él quien me gritó que me alejara de él en el pasado. Su comportamiento es demasiado contradictorio, pero debido a los últimos acontecimientos, no me sorprendo tanto. Cuando ya no hay personas cerca, me siento en una de las bancas, que desafortunadamente está un tanto fría para mi gusto. Eric se sienta a mi lado, aunque se guarda una distancia entre nosotros, entonces espero a que él comience a decir lo que sea que tiene que decir. —Nunca hemos hablado a solas después de… —Se interrumpe él mismo, observando sus tobillos cruzados uno encima del otro mientras analiza lo que ha dicho o lo que va a decir. —Sí hemos hablado a solas —contradigo pero sin sonar petulante, mi voz es monótona—, solamente que no hemos podido entablar una conversación decente, donde ninguno salga herido o insultado. —Bien, entonces voy a tratar que nadie salga herido o insultado —replica tranquilamente, y sé que está siendo sincero, por lo cual me tenso simultáneamente por su acercamiento.


¿Qué es lo que me puede decir Eric que resulta completamente desconocido para mí? Lo único que tenemos en común es sobre los mafiosos detestables y su padre, pero nosotros estamos enterados de lo mismo; mis padres son muy vagos en cuanto a este tema sobre Sanders. —Está bien, ¿qué es lo que quieres hablar conmigo? —inquiero, y temo escuchar la respuesta. —He notado lo cambiada que estás, Ciara —reconoce, su voz se vuelve distante de un momento a otro y además suspira, como si comenzara a volver al pasado, nostálgico—, y me he dado cuenta que los dos erramos. Oh Dios. Santo Dios. ¿Va a hablar sobre nosotros? ¿Va a comenzar a explicar algo sobre un nosotros que ya es pasado? —Sí, he cambiado lo suficiente —contesto con voz queda, y no entro en detalles, quiero salir de esta conversación extraña lo antes posible antes de que suelte otra atrocidad que me haga caerme para atrás o cumplir la amenaza de golpearle con mi rodilla en su entrepierna. —¿No me preguntas por qué tu cambio me ha llevado a pensar aquello? —pregunta él con una sonrisa ladina, me mira por un segundo, luego niega con la cabeza sólo para sí mismo. —Sí. —Porque las personas cambian cuando están dolidas —dice, todavía sin mirarme—. Creo que me he pasado de la raya, después de la bofetada yo… reaccioné. Me río amargamente. —¡Oh vaya! ¡Haberlo sabido antes! —exclamo a lo que él se ríe conmigo, aunque los dos parecemos un tanto incómodos. De momento, Eric está serio. —Lo siento Ciara, lo siento muchísimo, sé que yo también te hice daño —menciona lentamente, yo de verdad trato de no soltar un comentario malintencionado, y espero que él siga hablando—. Las cosas no salieron como lo esperamos, es decir, antes que todo cambiara… y de verdad espero que podamos arreglarlo. —Le miro sorprendida al escuchar aquello, él se encoje de hombros bajo mi mirada—. Cada día más me convenzo de que tal


vez fue un error no hablarlo antes de actuar como si nos odiáramos. Yo por mi parte no pude controlar mis pensamientos, y todavía intento hacerlo aunque me resulta difícil, pero aquí estoy, liberando mis pensamientos y quizás mis emociones ante ti. Lo siento tanto. —Yo también lo siento —digo, porque soy consciente de todo lo que le he dicho, aunque sin duda él se lo ha buscado por hacerme… um, eso que hizo. —Ciara, ¿crees que podríamos arreglarlo? —interroga él, mostrándose ansioso, y acercándose un poco a mí, me quedo petrificada—. No importa lo que pasó antes, espero que a ti tampoco. Yo sólo quiero… recuperarte. Infiernos. ¿Recuperarme como amiga o como novia? ¿De verdad es capaz de decir eso con tanta tranquilidad? Lo miro enojada, sin duda esto ha dolido como si me hubiera dado una patada en el estómago. —¿Acaso estás loco? —Muestro mi incredulidad, él frunce el ceño. —Todavía te amo, Ciara —dice, y por un momento escojo creerle, pero su traición vuelve a mí y simultáneamente, aparece el rostro de Trent en mi mente, ahora él es el dueño de mis pensamientos, de eso no hay duda. Sin embargo, sé que todavía amo a Eric Adrian Sanders, y quizás eso jamás cambie. No me malinterpretes, este amor que siempre he sentido por él se trata de un sentimiento fraternal. No hay un recuerdo en mi infancia donde él no esté y eso lo hace especial para mí. Pero yo no olvido, un amigo no haría lo que él hizo, un amigo intentaría ser sincero, confesar que una relación amorosa va más allá de nuestros límites, si él me lo hubiera dicho, yo hubiera entendido, y continuaríamos siendo mejores amigos, dejando atrás una relación amorosa fallida. —No, no lo haces. Sólo estás encaprichado, como lo estuviste con la… la chica de Brasil. Él abre la boca para replicar en su defensa; sin embargo, un Andrey completamente serio aparece ante mi vista y nos observa a ambos con el entrecejo adusto, por un momento siento que está enojado por algo, pero luego me doy cuenta de la cercanía entre Eric y yo y me alejo instantáneamente. Cuando mis ojos se topan con los de mi hermano, veo confusión en ellos. ¿Habrá ocurrido algo? Luego observo a Eric, quien sostiene mi mirada y veo tristeza en él.


—Yo no me acosté con ella, te lo juro —dice él sin importarle que mi hermano esté cerca de nosotros—. Lo hice porque te vi… Andrey pone una mano en alto y está en medio de nosotros. No parece molesto, pero yo sí que lo estoy, con mis dientes y puños apretados con fuerza, esperando que Eric siga con su disparate. ¿Me vio haciendo qué? ¿Broncearme en la arena mientras suspiraba embelesada por él? ¡Por Dios! —Ya basta, nosotros tenemos un asunto pendiente, así que vamos a almorzar. — Andrey me hala del brazo y percibo como Eric, completamente angustiado nos sigue hasta el comedor del colegio. Muchas miradas se fijan en nosotros mientras nos acercamos a una mesa donde Suzanne, ensimismada en sus pensamientos, nos espera. Mis compañeros no dejan de observarme con cierta curiosidad cuando me siento en el almuerzo con mi hermano, y los gemelos Sanders, Suzanne que todavía se encuentra — obviamente— conmocionada por lo que ocurrió hace unos días, ni siquiera me mira cuando me siento frente a ella; Eric a su lado, sigue pensativo. Andrey nos estudia a todos con la mirada, cada uno concentrándose en su almuerzo. Afortunadamente, mi hermano se encargó de traerme mi bandeja con una ligera ensalada, y Suzanne al parecer hizo lo mismo por su hermano. Cuando regresé de Nueva York con Trent, papá y mi hermano me interceptaron con preguntas sobre cómo me había ido en la audición de la universidad, yo traté de ser lo más sincera posible y les dije que pude haber dado más, pero es que me encontraba tan preocupada por los últimos acontecimientos que me distraje, lo que espero con todas mis fuerzas es tener una segunda oportunidad, quizás los directivos al encontrarse con tanto talento hagan una segunda audición donde se muestren los mejores, y de ser así, yo debo lucirme y mantenerme al margen de los problemas en los que actualmente nos encontramos. Mi hermano, Eric, y todos lo que resultaron golpeados todavía tienen unos cuantos moratones en el rostro y eso es lo que ha despertado la curiosidad de muchos, aunque en la prensa se asegura que trataron de secuestrarnos a todos, antes de que se descubrieran los actos ilícitos del señor ex alcalde. Mi hermano es quien se aclara la garganta para comenzar:


—Está claro que debemos hablar muchas cosas aquí, y la principal es que, Suzanne tiene algo que decir, especialmente a ustedes dos. —Mi hermano nos mira fijamente a Eric y a mí, y me percato que Andrey está realmente tenso y parece fastidiado. Suzanne a su lado, está un tanto nerviosa. Oh Dios. Comienzo a enervarme. —Desde hace tiempo, desde el viaje a Alaska, quise decirles, pero no pude. Por lo tanto quise intentar que los cuatro fuéramos inseparables como antes, pero desafortunadamente no funcionó. —Nos mira a todos y frunce el ceño luego; siento como un nudo se ubica en mi estómago por el miedo de saber lo que sea que la rubia va a contarnos —. Ciara, lo siento mucho. Hice algo estúpido, pensé que no amabas en realidad a mi hermano, y que él tampoco te amaba a ti. —Ella me mira a mí y luego dirige su mirada a su hermano—. Eric, lo único que puedo decirte, y sé que no es una excusa, pues hice algo terrible, es que quería protegerte de ti mismo, pero después de todo lo que ha ocurrido me he dado cuenta que yo no tuve que meterme entre ustedes, que todos en realidad sufrimos, y yo no puedo proteger a mi hermano todo el tiempo, él debe pensar y decidir por sí mismo. —Hace una pausa, recoge fuerzas y habla fluidamente, aunque su voz tiembla en cada silaba—. Todo fue una trampa, yo engañé a Ciara para que fuese a la playa, el chico que llegó después en realidad no tenía ninguna relación con ella, aunque él le tapó los ojos con sus manos, él fingió que se había confundido de persona, mientras el chico estaba contigo allí, Ciara, yo llevé a mi hermano “casualmente” y te vimos con el muchacho y cuando le sonreíste, le hice creer que tú estabas teniendo una aventura con él. Eric se fue de allí completamente enloquecido, y actuó como un loco, se emborrachó y, aunque nunca pensé que sería tan vengativo, quiso hacer lo mismo. Allí fue cuando tú le viste con otra chica, él quiso hacerte lo que supuestamente tú le habías hecho a él. Sin embargo todo fue una fachada. Eric, Ciara jamás te engañó, todo fue una artimaña. Lo siento. De lo único que soy consciente es cómo Eric echa su silla para atrás, recoge su bandeja de comida, como si todo aquello lo estuviese haciendo un robot, y se retira de la mesa sin decir absolutamente nada. Y yo, yo estoy en blanco. Estupefacta.


Jamás me había sentido tan desubicada en mi vida, jamás me pude imaginar la existencia de un plan descabellado por parte de Suzanne para “proteger” a su hermano de mí, cuando en realidad nos hizo sentir como dos adolescentes miserables y traicionados. Pero yo me sigo sintiendo traicionada y sé que a Eric le ocurre igual, estoy convencida que le cuesta asimilarlo, y a mí también. Por extraño que parezca, me siento un tanto liviana, pero no menos confundida. La confesión de Suzanne taladra en mi mente cada segundo, recordándome que lo que hubo una vez entre Eric Sanders y yo sí fue real, y que jamás quiso hacerme daño, aunque no confió en mí no me siento dolida con él por creer que yo le había sido infiel, pero vamos, ¿quién no lo creería cuando ves a la persona que quieres en un lugar apartado con otra persona que le había cubierto los ojos y se sonríen?, soy muy insegura, y lo admito, si yo fuese estado en su lugar hubiera creído lo que él creyó, aunque definitivamente no iba a querer vengarme como él lo hizo. Pero todos manifestamos el dolor de diferentes formas, yo lo manifesté volviéndome más introvertida e insegura y él, vengándose de mí. Y ahora resulta que los dos nos hicimos daño mutuamente sin razón aparente, esto es una mierda. Apenas salimos de clases, me encontré a Trenton esperándome en la salida y le conté todo. —Todas las personas hacemos cosas estúpidas —me dice Trent una vez más, recargado en la chevy color azul. Él intenta sonreírme, pero veo preocupación en sus ojos—. Quizás tú no harías algo así. Pero todos tenemos una parte malvada en nuestra mente, ¿sabes? Yo por protegerte sería capaz de cualquier cosa, Ciara, estás advertida. —¿Me engañarías? —pregunto haciendo un mohín—. Porque eso es una traición, no puedes privar a otra persona del dolor. Además, yo no pretendía hacerle daño a Eric, quizás ella no me conozca del todo bien. Trenton suspira profundamente, me estudia con la mirada y suelta la preocupación que ha tenido desde que le conté lo que sucedió en el almuerzo el día de hoy. —¿Y si ella no hubiera hecho nada, Ciara? ¿Y si cuando te conocí tú estuvieses en una relación con él? ¿Lo dejarías por mí? ¿O te quedarías con él? —Frunce el ceño.


Me parece una tontería preguntar algo así, pero después de analizarlo, veo que yo también preguntaría lo mismo en su lugar, ¿Qué haría yo? ¿Qué haría Eric? ¿Qué haría Trent? ¿Lo llegaría a conocer siquiera de ser esa la realidad? La respuesta viene a mí inmediatamente. —Cuando te conocí estuve huyendo de él, quizás no te habría conocido siquiera — contesto lentamente, y sintiendo un horrible temor al imaginar un presente sin Trenton Lombardi, probablemente le tendría que agradecer a Suzanne, pero eso sería egoísta, dado los sentimientos de Eric, él está dolido, más que yo. Oh Dios, perdí a mi mejor amigo por una mentira. —Quizás, pero nadie asegura que no nos encontraríamos algún día —replica él sonriendo, me atrae hacia sí tomándome por las caderas—. Tú eres mía —susurra cerca de mi oído, su aliento se convierte en una suave caricia sobre mi piel—, y yo soy tuyo, ¿recuerdas? Asiento con la cabeza con mis pensamientos revueltos, pero entiendo lo que él quiere decir, si ambos nos pertenecemos, si debemos estar juntos, igual nos íbamos a encontrar, ya sea aquí o en China, yo lo encontraría a él, o él me encontraría a mí. —Lo recuerdo —le contesto, pasando mis brazos a su cuello y abrazándolo con fuerza. No importa cuál sea la realidad ahora, él está aquí y todo es completamente diferente para mí, todo, hasta la forma de respirar.

*** Al día siguiente, Andrey me comenta que Suzanne tiene más noticias que darnos, evito enormemente soltar algún comentario sarcástico mientras ambos nos volvemos a sentar con los gemelos que se observan entre ellos como si fuesen dos extraños. No dudo que Eric se sienta más que traicionado por su propia hermana. —Bien, ¿qué otra cosa me has ocultado? —pregunta Eric sin preocuparse de que Andrey y yo nos encontremos presentes. Suzanne frunce el ceño y él bufa en respuesta—, ¿has arruinado alguna otra cosa de mi vida? Sin detenerme a pesar, yo abro la boca: —No creo que deberías decirle… eso —menciono, y luego me doy cuenta que todos me están mirando—, es obvio que ella… se equivocó…, pero… pero creo que pensó que te estaba protegiendo.


—¡Mierda! —exclama Eric interrumpiendo mi discurso en defensa de Suzanne (aún no entiendo por qué lo hice) me frunce el ceño a mí y fulmina con la mirada a su hermana—. Ella no quiso protegerme, sólo quería que yo hiciera lo que dice, ¡te pareces tanto a papá! Tus acciones son completamente egoístas, siempre hay algo detrás, pero claro, cuando viste que Andrey se puso del lado de su hermana te arrepentiste, ¡ahora quieres mejorarlo todo! Suzanne estaba a punto de las lágrimas, pero esto definitivamente ella se lo buscó. Eric continúa destilando su rabia: —Y tú, Ciara, pensé que me apoyarías en esto, ¿no te dolió lo que hizo? ¡Nos engañó! ¡Por eso cada que hablábamos ella corría a interrumpirnos! —En este momento, todos los estudiantes que almuerzan en la cafetería están observando la escena con sus oídos bien agudizados para enterarse del chisme, vi a Donny murmurarle algo a Luke y éste la fulmina con la mirada—. Ella se metió entre los dos, y nos separó, ahora tú estás con ese… italiano. ¡Y yo estoy golpeándome mentalmente por ser tan imbécil! Yo no sé exactamente qué responder a eso, porque en parte tiene razón. Sin embargo me encuentro demasiado confundida ahora para procesarlo, aunque un pensamiento invade mi cabeza, y no puedo evitarlo dejarlo salir: —Entiendo perfectamente tu enojo, Eric. Créeme que yo también siento rabia, tristeza de todo…, pero quizás nosotros estuvimos fallando —murmuro no muy segura de lo que estoy diciendo. La relación fue real y bonita, ¿pero madura? No lo sé, ahora que intento recordarlo veo ese pasado como una película que he visto hace años y no la recuerdo con claridad. Quizás nosotros también fallamos, ambos nos dedicamos a odiarnos y no hablamos del tema en todo lo que quedó del viaje, yo lo evité, él me evitó y actuamos como si el otro no estuviese allí, ¿si fuéramos hablado habrían cambiado las cosas? Por supuesto, hubiéramos descubierto la mentira a tiempo y nada malo habría ocurrido después. Mas, no hablamos, y ese fue el peor error que cometimos, ambos, todo no fue culpa de Suzanne solamente. Yo continúo hablando: —Nosotros también somos culpables, yo te ignoré, tú me ignoraste, si fuéramos hablado sobre ello, las cosas serían distintas. Quizás los dos tuvimos que haber cedido sin saber lo que tramó tu hermana. —Le miro fijamente, lo que estoy a punto de decir es la absoluta verdad—. Sin embargo, no hicimos nada, si el amor fuera sido más fuerte, quizás ni siquiera esa trampa hubiera podido contra él, pero esa mentira lo quebró y nosotros no recogimos los pedazos. Andrey no dice nada, Suzanne menos.


Y Eric tampoco dice nada, se queda allí, de pie, con sus ojos fijos en mí, por mi parte observo mis zapatos, como si ellos me ayudaran a enfrentar la situación y me salvaran del incómodo silencio en el que me encuentro. —Lo siento, lo siento mucho —menciona Suzanne entre sollozos—, me equivoqué, y lo siento mucho. Antes que pueda abrir la boca para tranquilizarla, Eric me roba la palabra: —Yo también me equivoqué. —Me mira con un atisbo de dolor en su mirada, y se sienta nuevamente en su sitio y esa es la señal que nos indica que el tema ha quedado atrás, al menos por ahora. Andrey está muy serio y yo mientras lo observo me percato de la nostalgia con la que observa a Suzanne, ella intenta calmarse a sí misma mirando su regazo y tomando respiraciones profundas, y al lado de mi hermano está Eric, aquel chico que pensé que me había traicionado y burlado de mí sin razón alguna, estuve tanto tiempo recriminándolo y ahogándome en mi miedo, que nunca me había dado cuenta que él también estaba sufriendo tanto como yo. Andrey suspira y carraspea mientras se endereza en su asiento. —Bien, dado que Suzanne no se siente bien yo les diré lo que ha estado ocurriendo. — Andrey nos mira a cada uno, como si estuviera a punto de soltar una bomba—. Después de que ella cumpla los dieciocho años, su padre pretende casarla con Bruno Agnelli, quien es un “comerciante” italiano, pero también un delincuente, como ustedes ya lo saben. Su papá se lo dijo hace un par de días, y no hay ninguna elección —culmina él, y soy consciente del dolor plasmado en sus ojos zafiro brillante. Esto es mucho más peligroso de lo que imaginamos. Ahora Suzanne debe enfrentarse a cosas terribles por culpa de su loco padre. Todo esto es tan complicado… Miro a Suzanne con pena, ninguna persona merece tal cosa; en su rostro hay pánico, en sus ojos color miel, idénticos a los de su hermano hay decepción también, sé que ella ha estado muy entusiasmada con ir a aquella universidad de diseño indumentario, pero ahora quizás esos sueños se desvanezcan, y yo le comprendo, de ser así en mi caso, me desbastaría. Eric a su lado, está rojo como un tomate y sé que se encuentra furioso. —¡¿Pero cómo ese señor es capaz de tanto?! —brama con voz ronca. Él se levanta de la mesa y patea con todas sus fuerzas la silla donde estaba sentado, además de soltar un par de maldiciones y gruñidos, los cuales han sido escuchados por todos los que se encuentran a


nuestro alrededor. Él se marcha de la cafetería dando zancadas, enojado como jamás lo habíamos visto. Suzanne nuevamente está a punto de llorar. Y no me considero una persona estúpida por alcanzar su mano y apretándola con fuerza, ofreciéndole así mi apoyo. Aunque no lo diga con palabras ella lo sabe, este problema es mucho más grande que nosotros, y yo fuese una perra si le diese la espalda, pero ella ahora lo sabe, no seré yo quien se niegue a apoyarla. Andrey nos mira a ambas y suelta un bufido de frustración, alcanza la otra mano de Suzanne y la mía y dice con seguridad: —Todo irá bien. Ninguno de nosotros vamos a permitir que lo del viernes se repita. Nadie las va a tocar, yo las protegeré con mi vida, lo prometo. Suzanne asiente enérgicamente con la cabeza mientras suelta un par de lágrimas que limpia inmediatamente. Yo frunzo el ceño preguntándome desde cuándo nos encontramos en esta situación sin saberlo. Ahora nuestra vida está cambiando, la seguridad ha sido multiplicada, cinco escoltas están resguardándonos a toda hora, Suzanne está llena de miedo, su hermano de rabia, y mi hermano y yo tememos por nuestros amigos, por toda nuestra familia. Por Dios, a pesar de que Sanders está en prisión, esta pesadilla no acaba. Después de todo, ninguno de nosotros tiene esa vida perfecta que todos aseguran que poseemos. En las clases restantes me muestro extremadamente distraída, y hasta Donny se acerca a mí a recriminarme por no sentarme con ella y con Luke en el almuerzo, aunque yo sé que está tratando de averiguar qué es lo que ha estado ocurriendo con mi familia y los Sanders. Eric estuvo muy alejado de nosotros el resto de las clases, igualmente, ni su hermana, ni Andrey ni yo lo buscamos para hablar, si él está enojado, deberá deshacerse de su rabia antes de que platiquemos, aunque definitivamente, si ha de hablar algo con alguien, prefiero que no sea conmigo. Trenton se ha acostumbrado a esperarme a la hora de la salida, por eso no me sorprende encontrarlo fuera en cuanto salgo, si bien se encuentran los escoltas y Flavius a unos metros de distancia no me importa, yo corro hacia él con cuidado de no caerme por los restos de la nieve que se sitúan en el suelo; y cuando ya estoy cerca de él, me recibe con los brazos abiertos y me besa en la coronilla. Y antes de que pueda decirle algo, o saludarlo, él me echa a un lado para colocarme detrás de él, de forma protectora. Al principio, estoy sobresaltada, pese a que nos podemos estar enfrentando de nuevo a los Agnelli; sin embargo, reparo en que Trenton está


observando de forma desafiante a Eric, que al parecer, nos mira a lo lejos con cierta añoranza. Me aferro al brazo musculoso de Trent. —¿Qué pasa, Trent? —pregunto, tratando de alejar el temblor de mi voz. Él no me responde, ni siquiera me mira. ¿Pero qué le pasa? Yo no pude ser capaz de contarle a Trenton sobre la declaración de amor de Eric, por eso ruego en mis adentros que no se dé cuenta de nada. —¿Podemos irnos ya? —cuestiono, inquieta. Trenton asiente con la cabeza y hace el intento de abrir la puerta de su auto, los escoltas nos miran fijamente a ambos, pero yo no pretendo irme a casa, cuando mi novio —aún me sonrojo al nombrarlo así— no ha compartido mucho conmigo los últimos días. Alguien carraspea detrás de nosotros. Infiernos. —¿No crees que es un poco peligroso llevártela en momentos como este? —Su voz no destila repugnancia, como la mayoría de las veces, pero puedo sentir un deje de tensión. Y puede que también siga enojado y no se haya deshecho de su rabia. —Creo que ya te ha quedado demasiado claro que nadie le va a hacer daño estando yo presente —responde Trenton con voz ronca y tensa, aunque puedo notar que está privándose de mostrarle su mal genio. Me encuentro un poco incómoda por la escena. —Estaré bien, Eric. En serio —menciono dedicándole una mirada rápida, lo que causa que él nos frunza el ceño a ambos—. Ve a casa, tu hermana te necesita. Bufa, y es un bufido de frustración, como si odiase que le llevaran la contraria. Y no es que Trenton esté muy sereno, ¡es que el ambiente está demasiado tenso! Los dos se miran, como un par de rinocerontes listos para atacarse el uno al otro. —Obviamente ella estará bien —agrega Trent y se percibe su tono burlón. Por mi mente pasa lo que ocurrirá si suelta uno de esos comentarios suyos—, yo sí sé cómo defender a una dama. Oh mierda.


¿Por qué tiene que ser tan problemático? —Me pregunto rodando los ojos un poco molesta por su comportamiento—. ¿Por qué tiene que burlarse de esa forma de la gente? A veces, sus comentarios malintencionados me causan gracia, él suele ser demasiado gracioso, sin embargo, esto cruza notablemente los límites, es como si le culpara de todo lo ocurrido, según Trent, él no defendió a Suzanne como es debido, ¡pero vamos! Eran varios tipos contra él, y Eric no es un chico que esté acostumbrado a esa clase de escenas, y a pesar de eso, le encontramos en el suelo, sangrando y un poco desubicado por defender a su hermana sin importarle el número de contrincantes que tenía. Mas Eric no lo ve así, y Trent lo sabe, por eso soltar una barbaridad como esa, para deshabilitar aún más su confianza. —Oh vamos, no digas eso —le reprendo a Trent, esperando con todas mis fuerzas que cierre la boca de una buena vez. Eric le da un empujón a Trent y este le da otro de regreso. ¡Santo Dios! —Bien sabes que eso no es verdad —masculla Eric sin dejar de sostenerle la mirada a Trenton. Los miro a ambos petrificada y luego reparo en que algunas personas que se han detenido a observar el enfrentamiento. Yo no sé qué hacer, mi hermano no está en ningún lado y los escoltas ven la escena como si fuese una tonta pelea de críos. Pero no es así, Trenton es “un poco” agresivo en cuanto le retan, lo conozco, por eso lo sé, y no es que Eric sea del todo pasivo. En definitiva, alguno saldrá con un golpe, si no es que los dos se dan mutuamente. —Y bien sabes que todo tu enojo no es del todo por lo que he dicho —brama Trenton, en su rostro tenso aparece esa sonrisita burlona suya—. Sé lo que te pasa por la cabeza cuando la ves, y yo no tengo la culpa de que seas lo suficientemente idiota para perderla. Ella ahora es mía y tú deberías estar a unos metros de distancia, ¿o es que quieres que te vuelvan a romper la cara? —¿Lo estás amenazando? —pregunto incrédula. Trenton ni siquiera me mira, cosa que Eric sí hace, él sonríe con suficiencia, dejando a un lado la amenaza que acaba de escuchar. —¿Estás asustado? —Eric lo encara, y se acerca más a él. Jamás lo había visto comportarse de esa manera, bueno sí… pero esta vez es distinto—. ¿Temes que ella me elija a mí en vez de a ti? Trenton no responde con palabras, pero sí con un puñetazo.


Maldita sea. Yo trato de colarme entre ellos, pero mi cuerpo es muy escuálido para hacerlo, ellos son muchísimo más altos en comparación conmigo, además son más fuertes, ¿por qué nadie hace nada? Me pregunto mentalmente mientras chillo como una cría asustada. —¡¿Pero qué te pasa, Trent?! —le pregunto con los ojos bien abiertos, ¿por qué le pega? ¿Por qué Eric lo reta? —. ¡Mierda! —exclamo al tiempo que Eric le devuelve el puñetazo a Trent con la misma intensidad que éste había utilizado. Chillo nuevamente, pero esta vez mis maldiciones van dirigidas a los incompetentes escoltas que al escucharme acuden a nosotros y cada uno toma a Eric y a Trenton por los brazos para que se detengan. Los miro a ambos frustrada, pero luego pienso que es mejor mandar todo al demonio e irme a casa. —Yo no tengo porqué elegir a nadie —digo entre dientes, dirigiéndome únicamente a Eric, quien todavía está gruñendo en dirección a Trent. Luego miro a este último con enojo y cuando él se percata de aquello frunce el ceño—. Tú no deberías amenazar a la gente de esa forma. —Niego con la cabeza, ya molesta por todo, por lo que ha pasado, por lo que pasa y por lo que pasará, ¿es que pretenden que yo sea un juguete de ambos por lo que tienen que debatirse? ¿Es eso? Porque yo no planeo jugar este absurdo juego, las cosas están demasiado complicadas para soportarlo—. Me largo. Eso es lo único que digo, si se golpean o se insultan no me importa, mi familia me necesita, y ellos deberían pensar en eso, ellos deberían pensar en otras cosas.

*** Trenton: No puedes ignorarme toda tu vida. Debemos hablar. Yo: ¿O qué? ¿Me amenazarás si no accedo? Trenton: Olvida eso. Habla conmigo, contesta mis llamadas. Yo: No voy a hablar con un cavernícola. Trenton: Está bien. Entonces estaré en tu casa en diez minutos. Yo: ¿Me estás amenazando? No obtuve respuesta. ¡Mierda! ¿En serio va a venir?


Trenton y yo solo estamos empezando, y debo admitir el temor de la posible reacción de mamá, ella no sabe que él es mi novio, ni siquiera papá. Mamá sabe de dónde viene Trent, pero sé que le juzgará cuando se entere que es hermano de un mafioso, aunque no queramos, las personas nos juzgan por nuestra familia. No hablo con Trent desde ayer, y he hecho lo mismo con Eric, es decir, ¿por qué tienen que ser tan idiotas? ¿Por qué restarse de esa manera? Aunque en cierta forma Eric tuvo razón en algo: ¿De qué rayos le teme Trent? ¿Desconfía de mí? Desde que le conté lo ocurrido con la mentira de Suzanne ha estado muy extraño, más tenso, más a la defensiva y eso me aterra, ¿qué estará pasando por su cabeza en este momento? Mataría por leer su mente, la verdad. Mientras camino al comedor para cenar, me percato que sólo se encuentra sentado cenando un poco desanimado mi hermano Andrey. En los últimos días, papá y mamá han estado demasiado ausentes, debido a las circunstancias. Mamá estuvo a punto de decidir invitar a quedarse unos días a los gemelos Sanders, y yo al escuchar su sugerencia estuve a punto de escupirle mi desayuno en la cara, preocupada de qué pensaría Trent —aunque no tiene razones para imaginarse esas cosas— si se enterara que Eric está viviendo bajo el mismo techo que yo. Su reacción sería plenamente compresible, ¿el ex de tu chica durmiendo bajo el mismo techo que ella? Es el colmo, no sé cómo actuaría yo al estar en su lugar, y a todas estas… ¿Cuántas chicas han sido novias de Trent? «No seas imbécil, Ciara. ¿Cómo puedes pensar en semejantes cosas cuando tu familia está en crisis?», me recrimina mi consciencia, haciendo que me enfoque. —No creo que halles un tesoro allí —le digo a mi hermano, pues se encuentra rebuscando y jugueteando por medio del tenedor con la comida mientras suspira pensativo y resopla en ocasiones. Él alza la vista y veo lo abatido que se halla. Sé lo callado que ha estado los últimos días y sé exactamente que en momentos como éste está temiendo por Suzanne. Y aunque me duele admitirlo en frente de él yo también estoy horrorizada por Suzanne, ¿tu propio padre casándote con un mafioso? Es eso lo más terrible que he escuchado en mi vida. Los mafiosos están libres y quieres a Suzanne de entre todas las chicas hermosas de la ciudad. —Esto es una mierda —refunfuña mientras tira el tenedor en su ensalada. Bufa, maldice en voz alta y mira la mesa fijamente, su actitud me rompe el corazón y odio todo lo que está pasando; sin duda esto le afecta y tengo miedo que le destroce—. ¿Sabes, Ciara? A veces desearía que nuestra vida sea tan sencilla, donde ni mafiosos, ni políticos miserables y locos nos rodeen. Si yo pudiera cambiarlo todo, lo haría, si yo pudiera simplemente cambiarlo… o huir…


Me siento al lado de él y coloco mi mano encima de la suya, escucho su respiración entrecortada y lo miro esperando que él haga lo mismo. Andrey no es precisamente un chico frágil, su carácter suele ser fuerte y reacio, pero cuando la situación está fuera de su alcance, se ve fuera de control, tal como ahora. —Todo va a arreglarse, Andrey —le digo una vez él está mirándome—. Igual las cosas entre tú y Suzanne se van a arreglar. Ella no es mala… sólo es… —Complicada —me interrumpe él sonriendo de medio lado, sin embargo su sonrisa así como llega, se marcha—. Pero, ¿y si no se arregla? ¿Y si empeora? ¿Y si ella se… casa? Niego con la cabeza, a sabiendas de que las respuestas a esas preguntas son del todo desconocidas para mí, mas no tengo fuerzas para admitirlo en su cara, y tampoco tengo fuerzas para darle esperanzas, es algo difícil, y yo no soy la indicada para alentarlo. —No lo sé, Andrey. Sólo nos queda hacer lo que esté a nuestro alcance. —Mi voz es un suave susurro, pero él logra escucharme y asiente con la cabeza en respuesta. Se levanta de la mesa, me dedica una ladina sonrisa y se marcha a su habitación a la vez que suena el timbre de la casa. Trenton está aquí. Sólo que cuando corro a abrir la puerta de la entrada quien me espera es Suzanne Sanders, quien me regala una media sonrisa, y sé que está un tanto nerviosa. Ella sostiene en sus manos un pequeño sobre manila, con el que juega nerviosamente mientras yo la observo un poco extrañada por su visita, aunque luego se me pasa por la cabeza que puede estar esperando que le llame a mi hermano para verlo. —Hola Suzanne, ¿has venido sola? —pregunto sin poder evitarlo, pues en unos minutos, o quizás segundos, Trent se aparecerá por esta puerta y encontrarse a Eric por aquí no será muy cómodo para ninguno. Yo la hago pasar y nos sentamos en la sala una en frente de la otra, aunque no me haya respondido mi pregunta sé que ha venido solamente con sus escoltas. Hace unos días, ella me contó que su padre —antes de ir a prisión— se molestó con ella por el trato que recibió Bruno Agnelli de su parte, y que también, reprendió a Eric por oponerse a que se llevase a su hermana. Sin dudarlo ahora puedo maldecir a Ralph Sanders cuando se me dé la gana, pues está aprobado que es un desgraciado, ni siquiera sé que pensar de su esposa, quien claramente no hace nada para defender a sus hijos. —Quería hablar con Andrey —comenta Suzanne un poco nerviosa—, pero no sé si quiera verme. Aunque le traje esto, y sé que él puede revisarlos y saber qué hacer, ya sabes… él es un genio. —Me muestra el sobre, el cual contiene algunos documentos, ella los revisa uno a uno, muy concentrada en ellos—. Los robé hace mucho tiempo, cuando


todos dormían, en realidad son los originales, aunque tuve que suplantarlos por unas copias para no levantar sospechas, había tratado hacerle creer a papá que estoy de acuerdo con… lo que quiere que haga. Pero, luego de revisar todo esto, pienso que es muy importante que ustedes los vean, y posteriormente enviarlos a la policía. —Suspira y me tiende el sobre para que yo lo tome. —Suzanne, creo que es mejor que se los des tú misma —aconsejo señalando la escalera con la cabeza—. No creo que le molestes, él sabrá que hacer. —Le guiño un ojo juguetonamente, ella suelta una risita y se encamina a la escalera, pero en un instante para en seco, se devuelve y me abraza con fuerza, y no sé por qué siento un nudo en el estómago. —Lo siento, siento todo esto, siento lo que quiso hacerte papá… yo tengo muchas cosas que decirte, pero no ahora. No puedo —dice por enésima vez, para después, finalmente subir las escaleras hasta la habitación de mi hermano. Yo suspiro, me dejo caer en el mueble preguntándome qué habrá de importante en esos documentos que Suzanne protege tanto. ¿Qué cosas quiere explicarme? Cuando menos me lo espero el timbre vuelve a sonar y ahora sí me encuentro segura que se trata de Trent, antes de abrir me recuerdo a mí misma que estoy terriblemente enojada con él por actuar como un tonto. Lo primero que veo al abrir la puerta es una pequeña caja que oculta su rostro, yo observo su chaqueta de mezclilla fijamente, el retira la caja para que pueda ver su rostro; hay un atisbo de sonrisa en sus labios, y eso es suficiente para que se me olvide el por qué de mi enojo y me lance a sus brazos y besarlo con vehemencia incontenible. Su mano libre rápidamente viaja a mi espalda y me acaricia de abajo hacia arriba mientras yo pego mi cuerpo al de él, dejándome llevar por mis impulsos y los suyos, Trenton me empuja hasta dentro de la casa, cerrando detrás de él la puerta. En menos de un segundo él ya me está recostando en el sillón donde anteriormente me encontraba sentada mientras lo esperaba. Sus manos vuelan por todo mi cuerpo al tiempo que se sitúa encima de mí sin llegar a apoyar del todo su cuerpo. Sus labios no abandonan los míos en ningún momento, mientras acaricia con una de sus grandes manos mi muslo y yo trazo líneas con mis dedos por su cuello y espalda, y por pura excitación retiro la chaqueta de su cuerpo y posteriormente su camiseta negra. Él y yo jamás habíamos llegado tan lejos, pero supongo que siempre hay una primera vez. Observo entumecida y con la respiración agitada sus anchos hombros desnudos y sus proporcionados bíceps, es la primera vez que nace en mí el deseo carnal por un chico, y no es solo por su cuerpo bien estructurado, es todo, absolutamente todo de él. Sin siquiera


besarme en este momento siento cómo un grupo de mariposas revolotea por todo mi cuerpo, en especial más debajo de mi vientre, y cuando me deleito con el color de sus orbes ahora oscurecidos me sobresalto al pensar que sin él las cosas que he planeado para mi futuro no serían lo mismo de él no encontrarse a mi lado. Me besa, y olvido todo, mi nombre, mi apellido, mi estado financiero, olvido qué es lo que hago o lo que quiero hacer; sigo olvidando todo, mi edad, mi número y hasta mi pasado, pero a él no, a él no le olvido, al contrario, mientras sus labios acarician los míos conforme su lengua se introduce en mi boca y juega con la mía, su nombre se va tatuando aún más en mi ser, y yo sé que podré olvidar todo, perder la memoria para siempre, pero jamás lo olvidaré a él, porque ya forma parte de mí, sin ningún esfuerzo, sin planteárselo, está dentro de mi corazón. En medio de besos y roces conmovedores entre ambos, él suspira y se aleja un poco de mí, visiblemente luchando contra sus impulsos; lo admiro, y él me devuelve la mirada mientras sus manos abandonan mi cuerpo y yo siento un gran vacío. —Esto está mal —murmura, pero sus ojos dicen lo contrario, mientras recorren mi cuerpo de arriba a abajo. —¿Lo dice el chico malo? —pregunto mofándome de él. Trenton alza sus cejas, mostrando sorpresa por el comentario, aunque en sus labios no tarda en aparecer su típica sonrisa deslumbrante en todos los aspectos. Coge su camiseta y su chaqueta y se las coloca una a una, siento la nostalgia al no poder observar sus pectorales cómodamente. —No pensé que me calificaras como “el chico malo” —manifiesta una vez vestido (para mi desgracia). Posteriormente, se sienta a mi lado, al parecer ha recuperado su aliento, aunque por mi parte me encuentro como un pez fuera del mar, tratando de coger aire. Trenton pasa uno de sus brazos por el respaldo del sillón, me mira expectante. —Después que declaraste ser el “Bravucón” en cierto tiempo pues… tú me dirás… — replico jugueteando con el dobladillo de mi blusa—. Creo que guardas dos personalidades, el bueno y el malo, ¿con quién estoy hablando ahora? Esperaba herirlo un poco al decir esas palabras pero al escucharme su sonrisa no se despeja de sus labios. —Estás hablando con el enamorado —contesta tocando las puntas de mi cabello, suspira un poco, sin dejar de juguetear con las hebras castaño chocolate—, con el arrepentido.


Cuando estoy a punto de mofarme de su respuesta recuerdo que ambos tenemos una discusión pendiente. Mis labios están apretados en una dura línea después de haberle escuchado. Aunque una parte de mí se halla completamente satisfecha al saber de su arrepentimiento. —Me alegra saber que estás arrepentido —comento recalcando la última palabra con cierto desdén. Desde el día de ayer, he estado repasando en mi mente el guión que tendríamos él y yo, sin embargo ahora mi lengua está entumecida, tanto así que las palabras que tanto he querido decirle dudan en salir de mi boca—, yo… er… um… Infiernos. Él no dice nada mientras yo balbuceo como una estúpida retrasada, claramente está siendo paciente, pero es su sonrisita la que me enerva en gran cantidad. Por eso retiro la mirada de su rostro, por fin mi lengua cediendo: —¿Por qué actuaste de esa manera? —inquiero con el ceño fruncido—. Es decir… tú… estabas, ¿inseguro? ¿Temeroso? No lo sé… estabas tan enojado… Trent, a veces actúas como si nada te importara… Trenton me interrumpe bruscamente. —Tú me importas. Asiento con la cabeza. —Lo sé. Pero… —Dudo en decir, pero tengo que ser lo más sincera posible—. Tus impulsos no pueden controlarte todo el tiempo, tú eres como… una máquina… no lo sé… no te importa salir lastimado o lastimar… ¿por qué siempre tratas de estar a la defensiva? ¿Por qué a veces no piensas en las consecuencias? Escucho su resoplido. —¿Me lo preguntas tú, Ciara? Recuerda quién eras. Recuerda los miedos que tenías, yo guardo los míos. Lo miro a los ojos, buscando algo que me diga lo que está oculto detrás de sus palabras; sin embargo su rostro está tan apacible, como si estuviésemos hablando de un tema demasiado normal. Me doy cuenta que ha evadido mi segunda pregunta, por ello la repito: —¿Por qué a veces no tomas en cuenta las consecuencias de tus actos? Resopla una vez más, y es un sonido áspero, como un viento distante que sopla en los lugares más solitarios.


—No tengo una respuesta para eso. Sólo sé que vivo corriendo. —Vuelve a suspirar, se acerca a mí y me toma de la mano—. Lo siento, ¿vale? Si tengo miedo a algo es que me dejes. Pero confío en ti y eso es lo que importa. Asiento con la cabeza, sí, eso es importante. Al poco tiempo, Trenton busca a tientas la caja que ha colocado cuidadosamente en la mesita de té de mi madre. Me tiende la caja marrón con un lazo rojo, es la primera vez que recibo un regalo suyo y me siento nerviosa, ¿qué podrá ser? Suspiro antes de tirar la cinta, retirar la tapa y ver el contenido. Lo primero que pienso es: ¡Wow! Y luego: Oh Santo Dios. Y después: Aw, es tan hermosa. Se trata de una diminuta caja de música de color cobre, que al abrirla, aparece una pequeñísima bailarina vestida con un tutú color blanco, al mismo tiempo que emite una larga melodía que causa que se me llenen los ojos de lágrimas con tan solo escucharla. ¡Oh es tan hermosa! No puedo dejar de observar cómo la pequeña bailarina gira de un lado a otro al ritmo de la melodía que me recuerda a una canción que he escuchado repetidas veces, llamada “Everybody hurts”, me estremezco un poco y suelto una risita, aunque mis ojos están a punto de las lágrimas por la emoción de recibir algo tan hermoso y especial. Le sonrío a Trent, y le abrazo, aún con la canción haciéndose sonar entre nosotros. Él me besa en la mejilla, luego en el cuello, haciéndome cosquillas. —Te amo —susurro un poco abrumada por tantas emociones juntas: El miedo de todo lo que está pasando, la felicidad de tenerlo a él conmigo, y la nostalgia al saber que él teme por perderme, sin saber que yo tengo el mismo miedo que él. Sin embargo sé que aquello es un sentimiento normal, cuando se ama, también se teme.


Si me preguntan si estoy satisfecha con la vida que tengo respondería que sí. Teniendo a Trent a mi lado todo se ha transformado en algo bonito y perfecto, a pesar de sus defectos, a pesar de los míos, ambos nos aceptamos tal cual. Por eso me siento tan feliz cuando estoy con él, porque puedo ser yo misma, sin miedo a que él me rechace, o reprenda mi timidez que también he aprendido a aceptar, con el paso del tiempo. Sin embargo, hay cosas que no me dejan andar hacia adelante: el miedo a fracasar en Julliard, Sanders, y los Agnelli. Me recuesto en el pecho de Trent, mientras éste acaricia mis cabellos una y otra vez. Es una caricia distraída, como si él estuviese aún más perdido en sus pensamientos que yo; no obstante, evito preguntarle qué es lo que está pensando, porque lo más probable es que analice lo mismo que yo. Después de recibir aquel bonito detalle por parte de Trent, me acurruqué junto a él en silencio, agradeciéndole silenciosamente por su confortante presencia. Él cariñosamente acariciaba mis manos o mi cabello, y así nos fundimos en un cómodo silencio, por algunos minutos, hasta que los pasos de alguien bajando las escaleras nos sobresaltan. —¡Oh aquí están! —exclama mi hermano bajando en compañía de Suzanne, quien está tomada del brazo de mi hermano, pero en su rostro se ve una mueca de incredulidad, que va dirigida a la nada. Andrey en cambio, está un poco entusiasmado—. Papá ya está viniendo. —Alza el sobre ya destapado—. Tenemos las pruebas que faltaban. Hay cosas de los Agnelli que… Listo, Sanders finalmente está hundido. Quizás con esto, también podamos detener a los Agnelli. Miro a Suzanne un poco sorprendida, ella misma ha traído las pruebas en contra de su propio padre, jamás imaginé tal cosa, ni mucho menos, jamás me he imaginado hacer algo igual, si mi padre…, no, definitivamente no sería capaz de hacer algo como lo que ella está haciendo, que evidentemente, es lo correcto. Ella tuvo que escoger entre vivir la vida que su padre quiere que viva, o arriesgarse y enfrentarse a él. Ella decidió arriesgarse y enfrentarse. Y yo debo hacer lo mismo en cuanto a Julliard y Trenton se refiere, mamá no acepta a ninguno.


Pero yo sí. Papá y mamá no han conocido a Trent oficialmente, aunque en ocasiones hemos aparecido en la prensa cogidos de la mano o dándonos besos cuando me recoge de la escuela. Mas para la prensa, aquello no es una noticia nueva, pues desde la fiesta del aniversario de mis padres, para los demás Trent es mi novio oficial desde aquello, y hasta lo habían apodado como: “El chico misterioso”. Sólo que ahora todos están enterados de dónde proviene Trenton Lombardi: “Un joven italiano que no tiene donde caerse muerto”. Muchas veces he visto a Trent observar las noticias, y cuando pienso que va a enojarse tanto a causa de los prejuicios que utilizan en su contra, él comienza a hacer bromas sobre lo que dicen y no parece avergonzarse, una vez me dijo: “Tengo suerte que todos sepan que eres mía” y siguió viendo el periódico, como si no le afectara en lo más mínimo. Pero hoy por fin conocerá a mis padres frente a frente, y me parte el corazón cuando él, al escuchar decir a Andrey que papá está por venir, hace el intento de levantarse y sé que está pensando que debe marcharse. —Quédate —le digo sosteniendo su brazo con fuerza. Antes que Trenton replique, Andrey rápidamente nos interrumpe. —Creo que deberías quedarte, esto también te importa. —Observa atentamente a Suzanne, y me doy cuenta que está esperando que ella acabe su frase. —Sí, es cierto… además, hay cosas de Theodore que deberías saber. —Quédate —repito a Trent, quien me dedica una mirada inquisitiva pero no dice nada, pues Suzanne vuelve a tomar la palabra: —Esto es muy peligroso, ¿y qué pasa si esos papeles llegan a las manos de los policías? La organización de los Agnelli es demasiado grande, si llegasen a saber que yo… —Tranquila —susurra Andrey infundiéndole ánimos a la chica rubia que ha perdido la serenidad en cuanto a este tema se refiere—. Mi padre no va a hacer nada que los ponga en peligro a tu hermano y a ti, sólo los va a ayudar. Suzanne no está muy convencida con lo que mi hermano está diciendo. —Los Agnelli son fuertes, y ellos me quieren, yo… —Haremos lo que sea necesario para que ellos te dejen en paz —responde mi hermano, muy seguro de lo que está diciendo. Trenton aprieta mi mano con fuerza; yo no puedo creer lo que acabo de escuchar.


¿Hacer lo que sea necesario para que la dejen en paz? Sé que hay un trasfondo en sus palabras, sé que no se está refiriendo a hacer todo lo posible para que los Agnelli entren a prisión, donde merecen estar; no logro comprenderlo… si hay pruebas de negocios sucios, en los que están implicados los mafiosos y Sanders, no deberían dejarlos sin más, ¿pretenden seguir viviendo con esos desgraciados en la calle, amenazando a quien se le atraviese? Eso no es vivir en paz, estaríamos asustados, aterrorizados. ¿Tanto miedo le tiene que no son capaces de desafiarlos? Sin embargo no digo nada, me guardo mi opinión para otro momento. En cuanto llega mi papá me percato que viene del brazo de mi madre. Ambos se ven terriblemente cansados. Siento cómo Trent me aprieta la mano una vez más, cuando mis padres están a la vista, mamá sonríe débilmente al percatarse de la presencia de Suzanne en nuestra casa, de momento, su sonrisa se transforma en satisfacción, y de satisfacción a incredulidad cuando repara en mi acompañante que sostiene mi mano con fuerza. Ella todavía no sabe que él es mi novio. Papá en cambio sonríe a todos, y es como si tuviésemos la luz y la oscuridad a la vez en casa. Mientras que papá saluda a todos por igual y con amabilidad, mamá nos mira con cierto desdén a todos, como si le repugnara que nadie echara a “El joven italiano que no tiene donde caerse muerto” de su casa. Le dirijo una mirada severa por adivinar sus pensamientos. La conozco, tanto como ella a mí. —¿Cómo se encuentra tu hermano, querida? —pregunta, dirigiéndose a Suzanne, y sé que su pregunta, traducida a su idioma desdeñoso quiere decir: “Prefiero un millón de veces a Eric Sanders que a este muchacho”. Es tan injusta, ¿es capaz de despreciar a Trent por no ser rico y a Eric lo adora a pesar del padre que tiene? Ella es tan absurda. Frunzo el ceño, observo a Trent que se nota un tanto incómodo pero no deja que le afecte la situación. —En casa, está muy distraído por la… universidad —contesta Suzanne también un poco afligida. —Oh. Nos sentamos, aunque el ambiente es intimidante e incomodo. Agradezco la enormidad de la sala, pues no es necesario que nos apretujemos unos contra otros y hacer la reunión más embarazosa de lo que ya está. Yo me siento en el mismo sitio que estuve con Trent


mientras nos besuqueábamos; entretanto, Suzanne y mi hermano se sientan a un lado de nosotros, mamá y papá al frente. Papá le dedica una mirada a mamá como exclamándole una advertencia silenciosa, pues su mandíbula se encuentra demasiado tensa, como nunca antes. —Es muy satisfactorio que se encuentre pensativo en cuanto a la universidad —dice mamá, retomando la plática—, la universidad es muy importante, ¿si no qué será de su futuro? —Mamá mira a Trenton automáticamente, su comentario punzante dirigido solamente a él. En poco tiempo ya decido que lo mejor hubiera sido que se marchara, y evitar comentarios malintencionados hacia su persona—. ¿Vas a la universidad, muchacho? Yo sé la respuesta. Todos la sabemos, y yo no me avergüenzo de ninguna manera; sin embargo sé cuál será lo que contestará mamá antes de que Trenton abra la boca, ella querrá destrozarlo. —No, la dejé hace unos meses —contesta Trent tranquilamente, y es el único con su actitud fresca y serena delante de mi madre. Miriam observa a papá como diciéndole «Te lo dije», pero este no cambia su expresión amable para con Trent; yo diría que le preocupan otros asuntos y que la vida de mi novio le tiene sin cuidado. A veces desearía que mamá no fuese tan necia, ni tan obsesionada con vidas perfectas; tengo el presentimiento que de niña leía muchos cuentos de hadas, donde las princesas se casaban con príncipes de cuna de oro y vivían felices por siempre. —Oh, ¿la dejaste? ¿Pero por qué? —Mamá coloca su mano en su pecho, como si estuviese consternada por la respuesta, estoy segura que ya ella estaba enterada de eso. Por supuesto, ella lo sabe hace mucho tiempo. Frunzo el ceño. —Mamá, eso es lo de menos, además, no vinimos a hablar sobre su vida —respondo tratando de que cierre la boca. Ella ondea su mano de forma desdeñosa. —Sólo quiero conocer al chico. Trenton igualmente se atreve a responder sin avergonzarse de nada, y me alegra que no le afecte —o al menos eso es lo que demuestra— la actitud de mamá. —Problemas. Viajé después de comenzar el tercer semestre de Periodismo… Mamá le interrumpe con una mueca de horror en su rostro blanquecino y sonrosado. —¿Periodismo? Oh… es una carrera universitaria muy… polémica…


—… pero no me gustaba. —Termina de decir Trenton, sonriéndonos a todos, y santo Dios, creo que me voy a derretir delante de mi familia, ¡pero es que esa sonrisa es maravillosa! Siento las mariposas, fanáticas ya de Trenton revolotear ante su sonrisa sorprendente, aunque la charla sea tan incómoda. Suzanne también sonríe. —Sería un desastre estudiar algo que no te gusta —dice apoyando notablemente a Trenton. Mi padre, Andrey y yo asentimos con la cabeza. Trenton en cambio me guiña un ojo. —¿Y qué es lo que te gusta hacer? —le pregunta mamá a Trenton, causando que yo me enerve al pensar que parece una de esas entrevistas de los padres hacia el novio de su hija y con la típica pregunta: «¿Qué intensiones tiene usted con mi hija?». Me sonrojo furiosamente ante la idea y Andrey se burla discretamente, lo noto de reojo—. Ciara fue aceptada en Stanford. Frunzo el ceño. —Creí que querías Julliard —me dice él, fingiendo confusión, pero él sabe perfectamente que mamá no acepta aquello—. Me gusta el arte, como a Ciara, pero prefiero pintar, dibujar… —¡Eso es grandioso! —exclama mi padre, quien es amante del arte. Mamá no parece muy contenta. —Es aceptable, pero hay más… —Ella no termina de decir lo que sea que quería mencionar. Nadie le pregunta, nadie quiere saber cuál es el contraataque, aunque definitivamente me preocupa qué vayan a pensar cuando se enteren de la vida que lleva el hermano de Trenton. En cuanto comienzan a hablar sobre aquel asunto, vuelvo a apretar el brazo de Trenton, ¿querrán dejar aquellos mafiosos en libertad por miedo? ¿Qué va a pasar con Sanders? Mamá es alérgica a los escándalos, pero sé que aparte de esto, ella tiene muchísimo miedo. —Te has arriesgado mucho al traer esto. —Es lo que dice mi padre cuando hojea los documentos—. Esto no me lo puedo creer —murmura y está desolado y decepcionado. Mientras platicamos, ordenamos todo los hechos que hemos descubierto hasta ahora, y también lo que el propio Sanders ha admitido, aparte de las declaraciones de Theodore. Todos ahora sabemos cuáles han sido los planes de Sanders desde el principio, y cómo llegó a involucrarse con los Agnelli. Papá nos explica a todos lo siguiente:


Ralph Sanders fue compañero de papá en la universidad. Desde el principio estuvo obsesionado con mamá, que en un tiempo dado se convirtió en prometida de mi padre; pero al saber que éstos dos se habían casado, decidió vengarse de ambos, su obsesión era tan grande que no pensaba más que en su venganza. Por años se comportó como amigo de la familia, manteniendo una actitud serena y tranquila, cuando en realidad escondía su verdadera personalidad: abusivo, obsesivo y agresivo. Ralph, en un determinado tiempo, se vio hundido por una mal inversión, entonces cuando sabía que se quedaría sin nada, creó una alianza con los Agnelli, quienes eliminaron sus deudas por medio de un préstamo; así pues, Sanders se unió a la Trata de Blancas que ejercen los Agnelli, consiguiendo clandestinamente a chicas hermosas menores de edad para enviarlas a Italia o a diferentes casinos y clubes de los Estados Unidos. Theodore Lombardi, quien en ese momento ya era uno de los hombres de confianza de sus jefes, llegó a Detroit cuando la alianza se iniciaba. Él era el intermedio entre los Agnelli y Sanders. Sanders, aún con sus planes de venganza, invirtió una grandísima cantidad de dinero en clubes ilegales en la ciudad para culpar a mi padre de diferentes delitos graves. Por consiguiente, en todo esto, Theodore fue capaz de asistirlo, falsificando pruebas en contra de papá, de manera que Sanders se hizo pasar por el perjudicado, culpando a papá de estafa para meterlo en la cárcel y quedarse con el resto de las acciones, asegurando que mi padre lo había robado por muchos años. Theodore contribuyó con esto a cambio de ser socio en las empresas hoteleras; sin embargo, todo esto no se quedó allí, pues sus hijos comenzaron a descubrir su comportamiento extraño y al poco tiempo, se descubrió que Sanders tenía una nueva víctima: yo. Suzanne fue testigo de todo, de sus ataques de locura y su actitud esquizofrénica debido a su obsesión conmigo sólo porque le recordaba a mi madre cuando era joven; asegurando que mamá le había hecho mucho daño, gritaba a todo pulmón que yo le pertenecía, pues mi madre le debía eso. Ella Sanders se marchó enojada por aquello, y nadie ha sabido de ella después de semanas. Suzanne era la única que sabía sobre la obsesión de Sanders; sin embargo, no era capaz de decir nada a causa del miedo, hasta que éste le comentó tranquilamente que debe casarse con Bruno Agnelli cuanto antes, al parecer, Sanders y Agnelli tuvieron algunos problemas financieros y habían decidido arreglarlos negociando a la hija de Sanders, quien no se mostró triste o desbastado al ofrecer a su hija, al contrario, se le veía radiante, según nos explica Suzanne. —Lo que yo pienso… —comienza a decir Trenton, atrayendo la atención de todos, su semblante tan serio—, es que Bruno Agnelli armó todo esto, hizo caer a Sanders en una trampa, lo sonsacó… sólo para quedarse con la hija, es lo que acostumbran hacer. Las trampas con muy típicas en ellos, esto fue perfectamente planeado sólo para que el señor ex Alcalde cediera a entregar a su hija. Andrey asiente con la cabeza; sin embargo los demás están demasiado sorprendidos para reaccionar y decir algo. Yo estoy helada, pero la verdad es que la teoría de Trenton tiene demasiado sentido.


—Entonces… lo que tú dices es que… —Suzanne no se atreve a terminar su frase. —Puede que sea así, sin embargo no lo sabemos, es sólo una sospecha —contesta Trent seriamente. —Sabes mucho de esas personas —analiza mamá, su mirada perdida en cualquier otra cosa—. ¿Tu hermano está metido en esos… asuntos desde cuándo? Trenton nuevamente no se ve afectado por las insinuaciones de mi madre. —Tres o cuatro años, señora —responde descuidadamente, mientras comienza a juguetear con mis dedos—. Se fue de casa a mi edad, o quizás más joven y eligió esa vida —explica, sin verse incómodo por hablar de su vida privada. —Y tú te quedaste —completa mi padre asintiendo con la cabeza, como si estuviese aprobando las acciones de Trent. Él asiente con la cabeza en respuesta, me mira y me sonríe y yo le devuelvo la sonrisa, aunque de reojo puedo ver que mamá no está de acuerdo, tal como lo imaginé desde el principio. Difícilmente ella acepta alguna decisión que yo tome por mí misma, es como si no confiara en mí, y en todo caso, ¿qué uno no tiene derecho de equivocarse?, sin embargo yo estoy completamente segura de que no me estoy equivocando con Trent. Cuando cambian a la conversación nuevamente me siento demasiado incómoda como para seguir escuchando, pues la mirada penetrante de mi madre sobre la mano de Trent que acaricia mis dedos cariñosamente, la mención del nombre de Sanders combinado con “mafiosos” “estafa” “policía” e “intento de secuestro” me estremece y me hace recordar mi encuentro con Ralph Sanders hace unos días, o semanas, ya no recuerdo hace cuánto tiempo fue, pero las escenas de aquel día siguen grabadas permanentemente en mi cerebro. Por eso desconecto mi mente de la conversación y me concentro en las noticias que no he recibido de Julliard, me angustia pensar que después de todo no me llamarán, ni siquiera para una segunda audición, ni siquiera para decirme que me rechazan, ¿y si me rechazan que haré? Mi consciencia me responde rápidamente con un: «Estúpida, hay muchas escuelas de danza a las que puedes asistir o simplemente intenta entrar a Julliard sea como sea». ¡Y eso es la verdad! no puedo rendirme, si me rechazan fácilmente puedo aplicar para el próximo semestre, hasta que me acepten, porque la idea de otra universidad que no sea esa no me incomoda, pero no me agrada del todo. Entrar a Julliard es mi meta más cercana, no puedo fallarme a mí misma. Pienso en cómo actué en la audición, mi subconsciente me grita que pude hacerlo mejor, pero yo misma me aseguro que lo hice de maravilla, ¿por qué me rechazarían entonces? He estado en este mundo por años, mi padre está decidido a pagar mis estudios y mis calificaciones son sobresalientes, no hay ninguna razón para estar fuera, aunque mi


subconsciente negativo me grite lo contrario. Estoy segura que este tipo de ansiedad se debe a tantos acontecimientos, sin duda la notificación de Julliard me tranquilizaría, y también que aquellos delincuentes estén a kilómetros de distancia, lejos de todos, sin amenazas, sin abusos, que todo acabe, que nos dejen en paz. Creo que esas dos opciones me tranquilizarían, aunque una más que otra. Intento relajarme, y noto lo agotada que me encuentro, mas estoy segura de que un beso del chico a mi lado me tranquilizaría enormemente. Después de unos minutos, observo a Trent, y me deleito con su belleza mientras éste platica con mi padre y con Andrey a su vez; sus labios se mueven deliciosamente conforme su lengua acaricia cada una de sus palabras, su voz tersa pero masculina, sensual, precisa…, pienso en la primera vez que escuché su voz, y sonrío ante el recuerdo. ¿Cuál fue la segunda noticia que recibió Trent cuando decidió dejar la universidad de periodismo? —me pregunto una y otra y otra vez sin encontrar respuesta, la primera y única vez que se lo pregunté me contestó con un «Espero pronto poder decírtelo» y con esa respuesta me conformé, aunque por dentro estoy muriendo de la curiosidad y de la preocupación al mismo tiempo. Por más que intento buscar alguna teoría, no la consigo. La voz de mi madre me saca de mis pensamientos: —¿Qué ocurriría si esos malhechores siguen en libertad? —pregunta consternada y con un deje de preocupación, nos mira a todos cohibida y temblorosa—. Todos obtuvieron amenazas de su parte, si están libres, todos estamos en peligro. —Y si no hacemos nada, también lo estamos —completa mi padre con el ceño fruncido. —Cualquiera puede salir herido —me atrevo a decir, me levanto y los miro a todos esperando que apoyen mi punto de vista—. Hay que llevar esos documentos ahora mismo, antes que pase algo peor. Están buscando pruebas en contra de ellos desde hace años, entonces, ¿qué estamos esperando cuando sabemos que los documentos que tenemos aquí pueden hacer que finalmente paguen lo que han hecho? Nadie dice nada, temerosos de que los Agnelli huyan o el resto de sus secuaces quieran venganza. Cuando pienso que nadie va a hablar, es mamá quien hace la sugerencia: —¿Y si pagamos para que dejen a Suzanne en paz? —Ella está asustada, puedo verlo en sus ojos azules. Pero estoy segura que de no estarlo, igualmente diría lo que acaba de mencionar. Me estremezco de tan sólo imaginarlo.


—¡Por Dios, mamá! ¡Estás loca! —exclamo horrorizada—. ¡Esa no es una solución lógica! —Pero puede servir para que nos dejen en paz —murmura Suzanne un poco dudosa. —Exactamente, con dinero, ellos se irán de aquí —conviene mamá. Hago una mueca. —Estás loca. —Ella tiene razón, Ciara —murmura Suzanne, encogiéndose de hombros. Su respuesta me sobresalta, y los rostros pensativos de todos me hieren y me enojan al mismo tiempo. Aquello es un disparate, y yo no puedo aceptarlo, no importa si por todas partes alguien vaya a salir lastimado, yo lo sé, lo correcto es avisar a la policía, porque darles dinero a los Agnelli, es el más grande de los errores que pueden cometer. Por eso tomo los documentos de la mesa que está frente a nosotros, cojo una de las llaves de los autos de papá y salgo corriendo con las manos temblorosas, dispuesta a poner fin a el disparate que estaban a punto de hacer. Escucho voces y gritos, los cuales no tomo en cuenta, tengo esos papeles en mis manos, y lo único que me importa es hacer lo correcto, sin importar las consecuencias. No basta que Sanders ya no esté en nuestro camino, los Agnelli también tienen que pagar.

*** Entrar a la habitación de Trent me ha puesto demasiado nerviosa como para admitirlo, mi subconsciente me reprende diciéndome que yo no debería estar aquí, pero mi otro yo me susurra que no tengo nada que temer, pues no pasará nada del otro mundo. Sin embargo, en realidad yo temo de mí misma, y también de mis descontroladas mariposas que enloquecen cuando Trent me toca o simplemente me mira con esa mirada suya, la mirada hambrienta… hambrienta y… sensual… —¿Estás bien? —me pregunta, y esa sonrisa burlona suya está allí en sus hermosos labios. Suspiro y trato de articular un «Sí» que no sale de mi boca, simplemente mis cuerdas vocales se han ido de paseo—. ¿Estás nerviosa? ¿Debería estarlo yo? —Su ceja alzada. Niego con la cabeza, y trato de controlarme. —No, no es sólo que… Trent me interrumpe.


—No deberías preocuparte, las cosas ya están comenzando a andar bien, ¿no? Aunque tus escoltas estén aquí afuera, y aunque tu madre me odie. —No te odia —bufo. —Sólo odia cuando estoy cerca. —Se burla; aunque yo le fulmino con la mirada él sigue riendo. Él me toma de la mano y me lleva hasta la cama después de encender la pequeña televisión, yo me acurruco a su lado, presionando mi cuerpo contra el suyo, aunque no con segundas intensiones. —Pero yo te amo así que no importa —le contesto tranquilamente, luego se me ocurre algo y lo miro—. ¿Cuándo me dirás la segunda noticia? Él resopla y yo sé que es un «No lo sé». Sinceramente después de que manejé hacia la policía, donde todos me siguieron en otro auto y papá estuvo obligado a llamar a Taylor para que se enterase de todo esto; yo me he sentido muy cohibida en casa, pues Suzanne y Eric se han alojado allá por sugerencia de mi mamá. La señora Sanders está en París y la verdad es que es una mala madre, y ahora, cuando todo ha sido descubierto, la prensa está enloquecida, pues lo que se ha comprobado son los múltiples robos que Ralph le ha hecho a mi padre. Todas esas noticias afectan a los gemelos, y yo en mis adentros me siento un poco culpable y dolida por lo que deben estar pasando, claramente mi arrebato armó un escándalo más grande del que ya existía. Papá ha estado un tanto estresado y ha tenido que volver al médico dos veces, es algo que también me ha preocupado, pero nadie me culpa, nadie a parte de mí misma. Y tampoco, no puedo evitar tener miedo, pues, notoriamente, las que estamos más implicadas en estos últimos sucesos somos Suzanne y yo, una por buscar las pruebas, y otra por entregarlas. Los Agnelli podrían querer matarnos en cualquier momento. Aquello no es lo único que me atormenta. —¿Trent? —¿Uh? —¿Crees que fracasaré en Julliard? —pregunto temerosa, mi voz temblando un poco y él piensa que es a causa del frío, pues me abraza aún más fuerte y coloca una cobija sobre nosotros—. Ni siquiera he recibido una llamada.


—Falta mucho para la graduación, ellos se están tomando su tiempo, ¿vale? Todo irá bien —responde frotando su mano contra mi espalda—. Tranquila, Cici. Yo río, recordando vagamente cómo me apodó Gioele desde la primera vez que hablamos. —Te amo. —Mi voz es perezosa, escucho que él susurra un «Yo más» y me acurruco como un gato a su lado, viendo como Trent cambia de canal distraídamente hasta que se detiene en uno… Me sobresalto simultáneamente. Oh no. Cuando pienso que todo ha acabado, que al transcurrir cuatro días de que entregué todas las pruebas a las autoridades para que éstas se hagan cargo, me siento extremamente culpable al ver la televisión. Ralph Sanders se ha escapado. Y no es sólo eso. —Oh mierda —murmura Trent con la mirada fija en el aparato, cuando capta mi sobresalto intenta cambiar el canal, pero yo ya he escuchado lo suficiente—. Maldición. Oh Dios, Oh Dios… Pongo mi rostro entre sus manos, mi consciencia burlándose de mí. ¿No es lo que querías? —susurra la muy desgraciada. Trenton se aproxima hasta mi ubicación y coloca sus manos en mis hombros, tratando de darme fuerzas y susurrándome que le mire a los ojos, pero yo no quiero hacerlo, él me va a odiar cuando los vea, ojos negros, oscuros, culpables… —…se sospecha que el señor Ralph Sanders, ex alcalde de la ciudad de Detroit, y su hija han sido secuestrados. En un momento de la mañana, se ha dado la noticia oficial de que el señor Ralph Auguste Sanders Dupont, ha logrado fugarse; sin embargo, las autoridades aseguran que el auto que hurtó para lograrlo ha sido encontrado abandonado y se presume que el susodicho ha sido violentamente sacado del automóvil en contra de su voluntad. La familia del ex alcalde, asegura que no han sabido nada de Suzanne Sanders, por lo cual, es muy probable que lamentablemente, también haya sido secuestrada por el poderoso Clan Agnelli, jefes en el Trata de Blancas en toda Europa —afirma un hombre joven, mientras se encuentra frente a mi propia casa, que está atestada de personas, autos, periodistas. Me congelo, no sé qué hacer, no sé si salir corriendo en busca de Suzanne,


aunque eso suene estúpido, o simplemente quedarme aquí y esperar que me busquen a mí, estoy segura que yo seré la próxima. Y todo por mi culpa. —¡Esto es injusto! —chillo entre lágrimas, sin dejar que Trenton observe mi rostro crispado por la culpa. Ellos debieron darle el dinero a los italianos… yo tuve que pensar en las consecuencias… yo debí pensar en lo que pasaría. Ahora ella… su padre… Todos sufren por mi culpa. —Ciara —susurra Trenton zarandeándome con cuidado, posteriormente, retira una a una mis manos y las besa con suavidad, mientras yo aprieto mis ojos con fuerza, siento el roce de sus labios en mi frente, para luego tomarme en su abrazo y acunándome para lograr tranquilizarme—. Tú no tienes la culpa de nada. De nada. Sollozo, porque sé que es mentira. —Es mi culpa —gimoteo, pensando en lo que le puede estar ocurriendo a ella, a Suzanne. Trent me toma de la mano unos minutos después. —Creo que deberías ir a tu casa —sugiere él, sus ojos observándome atentamente. —No quiero ir sola —musito con coz queda, mis emociones alborotadas, al igual que mis nervios—. No quiero llegar y ver sus rostros aterrorizados… mi hermano… Eric… oh Dios. Trent niega con la cabeza, sé que le he dejado sin palabras, la situación lo deja sin palabras; sin embargo no está pasmado como yo. Se levanta de la cama, apagando el televisor en el proceso, coge una chaqueta de su armario, se la coloca y me observa, sus ojos penetrando los míos. —No vas a estar sola. Yo voy a ir contigo. —Su voz transmite seguridad con cada una de las palabras que menciona—. Nunca vas a estar sola. Entonces toma mi abrigo, se acerca a mí, me toma de la mano y me levanta, colocándome el abrigo color vino primero y después la bufanda gris, y aunque no sea el momento para esas cosas, mi corazón late con fuerza por la manera tan tierna en la que me toca. Jamás había sido tratada con tal delicadeza y ternura, él es sumamente adorable. Por eso cuando está acomodando mi bufanda lo beso suavemente, permitiendo que por un


momento se me olvide todo lo que está ocurriendo, y por un instante su caricia me infunde valor y calma. —Gracias. —Es lo que respondo, y él me lleva hasta el garaje de su pequeña casa, casi corriendo. Yo me dejo llevar por él hasta la camioneta azul hasta que ambos subimos y él enciende el motor, yo vuelvo a murmurar—: gracias. Él inclina su cabeza a un lado, pero luego me regala una pequeña sonrisa. —Pensé que sabías que haría cualquier cosa por ti, princesa. Suspiro, mi cuerpo invadido por las mariposas revoltosas, suspiro porque lo amo y él me da fuerzas. Y no es un amor repentino, es un amor puro, suave como la seda, un amor que se filtró dentro de mi corazón lentamente, con calma, con serenidad; impulsado por la atracción entre dos personas totalmente diferentes y a la vez iguales. Y el resto de la tarde lloro, y luego enfrento a todos, a Eric, a mis padres, a mi hermano, a la prensa, a mis amigos, a todos. Jamás me imaginé esto, jamás me imaginé enfrentar tantas cosas. Trenton me transmite fuerza mientras caminamos entre periodistas enloquecidos, además de fotógrafos y toda clase de persona que quieren saber lo que pienso de lo que sucede, pero gracias a Trent y su protección paso ilesa hasta a casa donde todos me esperan sentados, preocupados, cabizbajos. —¿Cómo ocurrió? —pregunto al instante que pongo un pie dentro de casa. Eric, sentado al pie de la escalera se toma su cabeza entre sus manos. —Él no está secuestrado —responde mamá, ocultando sus ojos—. La prensa inventa cada cosa… —Suspira profundamente, se acerca a mí, coloca sus manos en mis hombros, como si temiera que me cayese en cualquier momento—. Murió, ellos… La voz de mamá se apaga cuando detrás de ella aparece ante mi vista el rostro bañado en lágrimas de Suzanne, ella se acerca a mí corriendo, y sé que me proporcionará un bofetón en la cara, el cual merezco, pero cuando estoy a unos centímetros de distancia de ella, ella se lanza a mis brazos y llora, llora como nunca antes había llorado, y me abraza con fuerza, como si me necesitara. Ella no me culpa. Estoy aliviada, ¿cómo es que está aquí?, me pregunto mentalmente, sin obtener una respuesta, ¿la presa inventó que se la habían llevado? ¿O sí lo habían hecho? Como si mamá leyera mi mente, ella me responde:


—Ella estuvo allí, afortunadamente logró escaparse… —Su voz vuelve a apagarse al escuchar el llanto de Eric, mi corazón se encoje, aunque el señor Sanders no fue la mejor persona, era su padre y a ellos debe dolerle muchísimo la pérdida—. De no ser por eso, no sabemos qué habría ocurrido. Ella logró escapar del enfrentamiento. —¿Enfrentamiento? Mis padres asienten con la cabeza; Suzanne todavía no se ha atrevido a alejarse de mí. —Sí. Al parecer, otro clan, uno ruso, tenían problemas con los italianos y… —Papá es interrumpido por Trent: —Están muertos. Mierda, ¿de verdad eso ha ocurrido? Observo a Trent, el cual me dedica una sonrisa triste. Dios, ¿entonces su hermano también ha muerto? Lo veo en los ojos de todos, sé la respuesta con certeza, el hermano de Trenton también ha muerto y por alguna razón Trent evade mis ojos, aunque se acerca un poco a mí, como si tuviese miedo de ser un intruso entre nosotros. Mi hermano toma a la destrozada Suzanne y se la lleva al jardín. Todo ha terminado —murmura mi consciencia—. Pero su hermano ha muerto. Aunque el dolor es incontrolable, aunque la traición de aquel hombre que casi era mi tío, un familiar que formó parte de mi infancia, aunque habían mafiosos que querían quitarnos muchas cosas, aunque el hermano de Trent se había arrepentido, por alguna razón, de todo lo que había hecho en el pasado, todo ha terminado, ellos están muertos. —¿Estás bien? —pregunto a Trent, quien me mira a los ojos después de recibir la noticia, y veo las lágrimas en sus ojos, cuando niega con la cabeza. Trenton me abraza por detrás, me besa en la sien y suspira. —¿Ahora qué? —le pregunto con la voz entrecortada, no quiero decirle que siento que su hermano esté muerto, porque sé que se echará a llorar y no quiero eso. Él vuelve a suspirar, tardando tanto tiempo en responder que comienzo a tener miedo de su respuesta, vuelve a besarme, su compañía me conforta y espero que el sentimiento sea mutuo. —Tratar de luchar contra la segunda mala noticia. Algún día me lo explicará, y cuando lo haga, yo sabré por lo que tengo que luchar ahora. Lo cierto es que la tormenta apenas comienza.


Sus ojos resplandecientes como el jade no se apartan de los míos mientras mis pies se mueven al ritmo de la música con el resto de las chicas, a todo volumen suena “I knew you were trouble” de Taylor Swift. Me giro hacia la izquierda en un paso rápido, mis pies se deslizan conforme la canción se va reproduciendo, muevo mis caderas, dejándome llevar por la coreografía que he intentado armar toda la mañana, y al final, la rutina sale perfecta. La canción termina, todos aplauden y yo estoy sin aliento. Desde hace meses he asisto a la “Academia de danza Urbana Bradbury” con el apoyo constante de papá, mi hermano, Trent y el resto de mis amigos. La verdad es que las cosas han cambiado demasiado, mi conocimiento sobre la danza es más amplio, y mi destreza es notable, una de mis metas está finalmente cumplida, la cual se trataba de aprender todo lo que pueda sobre otros géneros —aparte del ballet— antes de comenzar la universidad. En tan sólo tres meses, la coreógrafa de la academia me ha dado la oportunidad de dirigir una rutina sin ayuda de nadie, y al ver el resultado, y observar su reacción me siento orgullosa de mí misma. Ella está tan satisfecha como yo. Sinceramente, a pesar de tener unos meses muy duros, entre la academia de ballet y la academia Bradbury, me he sentido más liviana y menos preocupada y cohibida. Aunque hay cosas que han cambiado notablemente. Es mayo, el verano se acerca al igual que la graduación y el baile de fin de curso. Esta vez la reina no podrá ser Suzanne pues lo fue el año pasado, ahora ella quiere apoyarme a mí y yo replico constantemente en que no me agradan esas cosas. Lo cierto es que ella se está comportando como algo más, ya no hay rencores…, no hay nada, sólo amistad. Me pregunto constantemente cómo se estará sintiendo desde lo ocurrido hace ya cuatro meses, lo cierto es que para los gemelos las cosas se han tornado remotamente difíciles, al tener que soportar las habladurías de la prensa, y los alumnos de la escuela St. Marteen no han dejado de señalarlos y murmurar a sus espaldas, más cuando la viuda de Sanders ha regresado con sus hijos totalmente arrepentida —aunque esto último ha sido un alivio para ellos—, mi familia y yo hemos tratado de darles el apoyo suficiente para seguir, aunque definitivamente intento mantener un espacio prudente entre Eric y yo. Y luego está Trenton Lombardi.


A pesar de la muerte de su hermano, Trent no lo ha mencionado en todo este tiempo. En ocasiones está cabizbajo y pensativo por los acontecimientos, ya que su hermano finalmente se había arrepentido y decidido dejar aquella vida y enmendar sus errores; sin embargo, para Theodore fue demasiado tarde, el clan ruso enemigo acabó con todos los Agnelli y sus cómplices, y los rusos habían decidido también acabar con Theodore, a pesar de que éste ya se encontraba en prisión. Trent me mira de arriba abajo. —¡Wow! —Es lo que dice, tomándome de la cintura y acercándome a su cuerpo sin importar el sudor impregnado en mi piel sonrosada. Él aspira mi aroma descaradamente y sonríe pícaro—. Estás caliente… —Su mirada perversa me delata en qué sentido está mencionando aquello. Aunque él y yo no hemos… tenido intimidad, sus piropos pícaros nunca faltan. A pesar de que las últimas semanas ha estado un poco decaído, al parecer —según me contó— se ha lastimado nuevamente su pierna derecha, por lo cual ha sentido molestias y dolor en esa parte. Frunzo el ceño al ver que, cuando se separa de mí para besarme en los labios de forma de saludo, efectivamente está cojeando de nuevo. —¿Estás bien? —le pregunto sin dejar de mirar su pierna—. Creo que no era necesario que vinieras por mí, podría llamar a Andrey… o a papá. Él niega con la cabeza por mi segundo comentario. —Estoy de maravilla cuando estoy contigo. Río aunque por dentro sigo un poco preocupada. —¡Pero qué romántico! —exclama una voz detrás de nosotros, ella ríe sarcásticamente y me dedica un guiño—. ¡No sé, pero siempre que está cierto italiano por aquí la temperatura sube! —Shaila se posiciona cerca de Trenton, mientras se abanica con una de sus manos, lo observa de pies a cabeza, como si él estuviese desnudo o algo… —¡Shaila! —reprendo al observar la risita divertida de Trent—. ¡No hagas que se sonroje! Shaila se ríe escandalosamente, colocándose su bolso por encima de sus hombros — cabe destacar que por uno de sus bolsillos sobresale una cajita de cigarrillos recién abierta— y Trenton me observa atentamente a mí, como si le divirtiera mi reacción. —¡Pero si la que se ha sonrojado has sido tú, cielo! —Se burla Trenton utilizando su acento Italiano pronunciadamente.


Desde que llegué a Bradbury, he conocido a tantas personas que quieren aplicar a Julliard o a otras universidades de danza o teatro, y gracias a eso he logrado sentirme tan cómoda en este lugar, son personas con iguales inspiraciones y metas, con los mismos propósitos y expectativas, es como si estuviese en casa. Jamás me había sentido así con mis compañeras de mis clases de ballet, quizás sea porque no son tan sencillas y humildes como mis compañeros de la Academia Bradbury. Shaila es rubia con mechones rosa, de ojos marrón oscuro, alta y delgada, más delgada que yo a causa del tabaco, pues es fiestera además de ser una de las personas más rudas, guerreras y sarcásticas que conozco; no es mi amiga, pero tampoco mi enemiga, y aunque en algunas ocasiones actúe como si me odiara, no me dejo influenciar por su comportamiento, la verdad es que aquello ha dejado de importarme desde hace tiempo. Aunque no puedo dejar de sentirme recelosa cuando observa a Trent como si se lo estuviese saboreando con la mirada. Pero vamos, ¡Shaila observa de esa manera hasta a las mujeres! En cuanto Trent y yo nos encaminamos hasta su… ¿motocicleta? Me sobresalto al observarla delate de nosotros, la miro con incredulidad y me suelto de su agarre simultáneamente. En este momento más me preocupa el asunto de su pierna. ¿Cómo pretende montarla con su pierna de nuevo herida? —¿Estás loco? —le pregunto encarándolo—. ¿Cómo pretendes subirte en eso con tu pierna así? Sólo espero que no responda con un «No importa. Pronto estaré de maravilla» ¿Eso es siquiera normal? —No me pasará nada, amore. No te preocupes, pronto estaré de… —…maravilla —completo con el ceño adusto. Comienzo a sentirme completamente furiosa por su falta de consideración con él mismo. Así que cuando él intenta subirse en la moto, yo le quito las llaves y lo miro directamente a los ojos, para que sepa que no tendrá opción. —Esta vez la que va a llevarte soy yo. Él se ríe y es un sonido musical pero un tanto débil. Frunzo el ceño por aquello, aunque igualmente el sonido de su risa me resulta todavía el más hermoso, es un sonido que recorre mi piel y se deposita en mi corazón, como cada uno de los gestos de Trenton, como cada una de sus palabras y caricias.


—¿Crees que no puedo manejar esa maldita moto? —Su voz no es brusca, su sonrisa todavía está extendida en sus labios; lo dice en broma, pero también en serio. —Te diré lo que tienes que hacer. —Con mi dedo índice le doy golpecitos en el pecho conforme hablo—. Debes cuidarte, sólo hace cinco o seis meses (no lo recuerdo) estuviste malo de la pierna, se supone que no puedes escalar hasta que estés bien, ni lazarte de edificios altos, ni manejar motos, nada de esas cosas. Nada. Por ahora. Sacude la cabeza. —¿Entonces qué quieres que haga? —Sus ojos me miran fijamente, como si temiera mi respuesta. —Ir al médico. —Me encojo de hombros. ¿Es tan difícil hacerlo? ¿O está tan ocupado en otras cosas que no ha pensado en ello? Él no replica a mi último comentario, se queda en silencio y pensativo causando que yo misma me pierda en mis propios pensamientos y de pronto… recuerdo algo. —Gioele me dijo que estuviste en una carrera de autos —aventuro, sabiendo que de ahí viene el problema—. Y que el auto que utilizaste sufrió daños… —Es verdad. —Asiente con la cabeza. Ya sabía que eso es cierto. Sin embargo mi mente se niega a aceptarlo pues la última vez que hablé con el papá de Gioele, éste me comentó que Trenton tenía prohibido todas aquellas locuras peligrosas por el bien de su pierna. Yo había ocultado el hecho que hace unos meses lo vi lazarse de un edificio, aunque cuando hizo aquello su pierna estaba de maravilla, además —aunque suene tonto decirlo— era más seguro la actividad del edificio que manejar un auto a toda velocidad, o escalar o lo que sea que haga Trent para sentirse vivo. Con su respuesta, mi enojo hacia Trent aumenta. ¿Pero cómo se atreve? —Entonces tuviste un accidente con ese auto y te lastimaste de nuevo la pierna —digo rápidamente, y él abre mucho los ojos al darse cuenta de mi tono de reproche. Si se siente indignado es su problema, maldición, el sabe que aquello es una locura. —Algo así —murmura—. Necesitaba dinero.


—¿Oh? ¿Dinero? —Niego con la cabeza incrédula, ¿dinero? ¿Es que acaso ahora Trent es un ser ambicioso? —. ¿Pero qué es lo que te pasa? Suspira otra vez, eso es lo que hace cuando los dos opinamos algo distinto sobre algo. —¿Qué me pasa de qué? —Trenton deja a un lado la calma y se tensa. Una clara señal de que no quiere explicarme nada, o que me está ocultando algo. —Actúas como si… —Suspiro, no sé si pueda decirlo—. Como si… Rayos, esto se está poniendo demasiado difícil ahora. Nos encontramos en la calle, fuera de la Academia, mis compañeros todavía saliendo de clases y deteniéndose un poco para escuchar mejor, como si mi vida fuese más interesante que las demás. Niego con la cabeza y resoplo, ¿por qué estamos teniendo esta discusión en la calle? No lo sé, me cruzo de brazos, tampoco pretendo detenerla. —¿Cómo si qué? —Vuelve a preguntar y esta vez se ve completamente preocupado. —Como si no te importara… tu vida —murmuro, la respuesta llegando a mí antes de procesarla y analizarla. Él se queda callado, al igual que yo. Ambos sin palabras, pues la conversación se ha tornado un poco extraña, pero segundos después de saber lo que he dicho me convenzo de que probablemente mi cometario es más que acertado. Trenton me mira a los ojos una vez más. —¿Podemos irnos ya? Sí, ya sabía que no iba a responder nada a mi cometario. Él es un experto en cortar la conversación cuando se torna incómoda para él. —¿Qué has pensado de lo que te entregué? —le pregunto mientras enciendo el motor de su motocicleta, él me había enseñado a manejar desde hace un par de meses, y ahora agradezco enormemente ese gesto suyo—. De los folletos… Trenton suspira profundamente. —Todavía estoy haciendo planes. Yo soy quien suspira ahora y me atrevo a comentar: —Espero tus planes me incluyan. Me besa en el cuello, causando que enloquezca por aquel pequeño roce tan delicioso y cálido. Su cuerpo detrás del mío, apretándome hacia sí, me hace sentir igual que la primera


vez que estuve tan cerca de él, el calor y la atracción entre ambos aumenta cada día, y hoy es una prueba de ello. Sus manos me presionan y sus labios juegan con el lóbulo de mi oreja, yo cierro los ojos con fuerza, sintiendo como el cosquilleo familiar que él mismo me causa reaparece; siento mis mejillas y mi cuello arder, a causa de un sonrojo, yo muerdo mi labio inferior y sonrío y sé que es una sonrisa amplia, gigante. ¿Cómo es posible que hace apenas unos minutos estábamos discutiendo y ahora me está besando de esa forma por mi cuello y oreja? No lo sé, y no me importa tampoco. Yo me giro, su sonrisa traviesa es visible ahora, al igual que sus ojos jade, delirantes y atrayentes, como dos gemas hipnóticas, y una vez más yo me derrito literalmente antes su mirada. —Bésame —murmura él, sin importar que nos encontremos en la calle, y un montón de personas nos observen como si estuviésemos locos, y bueno, um, lo estamos—. Bésame y hazme olvidar. No comprendo a qué se refiere, sin embargo tampoco se lo pregunto, porque estoy completamente hipnotizada. Por eso me aproximo hasta sus labios, finos pero apetecibles, tersos pero poderosos y los beso con toda la ternura posible, los beso una y otra y otra vez, porque ansío saborearlo siempre, porque jamás me cansaré de hacerlo. Trenton me besa de regreso y yo me entrego a el roce de nuestras lenguas y nuestros labios olvidando hasta nuestra ubicación, como siempre ocurre cuando nos besamos. Esa unión es una sensación tan familiar, pero siempre que me besa siento la alegría de un primer beso. Sus manos en mis mejillas, mientras me da un pequeño y último beso antes de separarnos. —Te amo más que ayer, pero menos que mañana. —Es lo que musita, sus labios acarician los míos mientras habla y yo sonrío dejando de contener la respiración. —Yo igual, amore. Su musical risa se hace escuchar.

*** Cuando llego a casa después de haber pasado el resto de la tarde del domingo con Trent me encuentro a Suzanne, mi hermano y Eric sentados en la sala. En la cocina y despacho se escuchan voces, por lo que imagino que mis padres han invitado a los gemelos a cenar. En cuanto me acerco a ellos Andrey señala un fajo de cartas. —¿Alguna de…? —Dejo la frase inconclusa. Él niega con la cabeza.


Con el ceño fruncido me siento al lado de ellos, mis nervios arremolinándose aún más dentro de mi ser, ¿por qué nadie me avisa nada? En la correspondencia de la casa no hay nada, y en mi correo electrónico tampoco. —Deberías esperar un poco más o… —Intenta hacerme ver Suzanne, pero yo estoy demasiado preocupada en este momento como para escucharle. —Me han rechazado —mascullo—. Eso es, me han rechazado. Andrey suelta un bufido y coloca una de sus manos por sobre los hombros de Suzanne, atrayéndola hacia sí, aunque la incomodidad entre ellos a veces es notable. Aún no me han explicado —y yo tampoco he preguntado— qué tipo de relación hay entre ellos, aunque lo seguro es que no haya nada más que amistad, pues después del verano las cosas cambiarán para todos nosotros, cada uno va a seguir un camino distinto, Andrey se va a California y Suzanne a Nueva York, y aquello no deja de preocuparme, porque a Trent y a mí nos puede pasar lo mismo, claro, si no me rechazan en Julliard. —No te rechazaron —replica Eric muy seguro de lo que está diciendo. Aún no comprendo cómo puede estar tan relajado cuando se rumora que él no tiene ni idea de lo que va a hacer después de graduarse, además, nunca comenta nada sobre él, podría asegurar que se ha mantenido aislado de todo, sin contar con los diferentes viajes que ha realizado a quién sabe dónde—. Se pudieron haber retrasado, pero escucha… creo que deberías aplicar para varias universidades, hay muchas que estarían maravilladas contigo. Sacudo la cabeza otra vez, pero cuando abro la boca para responder, quien lo hace es mi hermano. —Eso mismo le expliqué yo —dice, y me dirige una mirada fulminante—, pero ella está empeñada en Julliard… —¡Si me rechazan, aplicaré el próximo semestre y si tengo que intentarlo cien veces lo haré, pero yo entraré a esa universidad! —exclamo a todos, causando que me observen sorprendidos. Ellos no lo comprenden, y yo tampoco logro entenderme a mí misma. Uno de mis anhelos es formar parte de tan prestigiosa universidad, ¿pero y si no se puede? No puedo quedarme esperando a que me acepten, no puedo ignorar las demás facultades, no puedo pretender que no existen, si Julliard me rechaza, tengo que aprender a seguir adelante, ¿pero cómo? Si todo este tiempo me he estado preparando para sólo una, ni siquiera pasó por mi mente el que me rechazaran, ¿y si lo hacen? —Busca otras prioridades —contesta Eric, como si estuviese leyendo mis pensamientos. Le dedico una mirada penetrante, aunque él esté de lo más relajado yo no, a mí sí me importa mi futuro—. No me mires así, sólo estoy opinando.


Mi mirada mordaz indica que lo que viene a continuación no es un comentario muy agradable. —Deberías guardarte tus consejos —menciono con mis puños apretados, muy segura de que tengo la razón—, estoy segura que no sabes qué harás con tu vida, así que no opines en la mía que suficiente tengo con mamá. —Lo fulmino con la mirada, y por un segundo siento en mi pecho aquel sentimiento de culpa al ver cómo Eric Sanders frunce el ceño ante mi comentario. Odio soltar blasfemias y luego arrepentirme, ¿se supone que es así mi carácter? Cuando intento defenderme, hiero más de la cuenta y luego siento la culpabilidad apoderándose de mí. —L-lo s-siento… —murmuro, estoy segura que me encuentro roja como un tomate. Está claro que la tensión entre Eric y yo sigue latente, no puedo olvidar las palabras que me dijo aquel día que Suzanne confesó al fin la verdad, cuando me dijo que me quería y que ansiaba reparar todo lo que habíamos echado a perder. ¿Esos sentimientos habrán cambiado? No lo sé, por ello mantengo la distancia, aunque ahora me he equivocado tratándolo de esa manera. —De hecho, quería hablar sobre algunas cosas primero con mi madre —expone, y no parece alterado, ni mucho menos resentido por mi estúpido comentario. Sonríe débilmente, pues su preocupación eclipsó el intento de una sonrisa alegre—. Pero supongo que ahora primero se los notificaré a ustedes. —Suspira. ¿Y ahora qué? —me pregunto mentalmente, sentándome de nuevo en el sillón, con la cola entre las piernas. Por un momento me preocupa lo que él tenga que decir a su madre, es verdad que durante el último mes Eric ha estado demasiado extraño, mucho más alejado de todo, encerrado en su cuarto, en la biblioteca de la escuela o en la de su casa. Su hermana trató de preguntarnos a Andrey y a mí un par de veces si sabíamos que le ocurría en ese entonces; sin embargo ninguno tuvo una respuesta positiva. ¿Será eso lo que nos va a revelar? —Vaya… entonces, ¿qué es lo que tienes que notificar? —inquiere Suzanne, temblorosa. —Me voy a California a la Escuela de Medicina de Stanford —comunica él, y ahora sí que aparece aquella sonrisa suya que indica la felicidad y la satisfacción que emana en él.


Escuela de medicina… vaya… Jamás me lo imaginé. Su papá nunca estaría de acuerdo, estoy segura. Y por eso Eric jamás mencionaba nada acerca de la Universidad… —Oh —musita Suzanne, la que se encuentra más estupefacta que yo misma, pero al segundo de su reacción, salta a los brazos de su hermano felicitándolo. —Hombre, eso es genial —concede Andrey, palmeándole el hombro a su amigo. Sí, la verdad es que aquella noticia es genial, aunque mi parte egoísta se revuelque en el suelo al escucharla. Me pregunto en este momento qué le llevó a Eric ocultar aquello hasta ahora, aparte de estar intimidado por su padre y hasta por su madre. Al pensar aquello, me imagino el rostro de mamá al recibir la noticia, ella estaba segura que Eric iba a tener mejores elecciones —según ella— que yo. Sin embargo a mí me alegra enormemente el saber cuál será el destino de Eric Sanders, un médico, lo imagino ya desde ahora, un medico reconocido, un héroe del país, salvando vidas porque ha nacido para aquello. Sí, esto es genial. —Me alegro mucho por ti, de verdad —le digo sinceramente, aunque mi voz suena un poco temblorosa, por la sorpresa y por un poquitín de envidia que se filtra escurridizamente dentro de mí, y es que no puedo evitarlo, yo también quiero estar cerca de mi sueño. Eric me mira por unos largos segundos, como si estuviese tratando de analizar mi semblante. —Gracias. Asiento con la cabeza. Es tan estúpido sentirme de esta forma, como si todas las personas se hubieran puesto de acuerdo en restregarme en la cara el brillante futuro que les espera, y el mío… un futuro desconocido, incluso para mí. —Creo que me iré a mi habitación —murmuro después de un momento, todos se encuentran hablando animadamente sobre cosas de las cuales ahora no estoy muy segura—. Estoy cansada. Siento la mirada de todos fijas en mí, mientras me dirijo a la escalera que me conduce a mi solitaria habitación. Trato de parecer animada, pero siento que mis energías para fingir se han acabado desde hace muchísimo tiempo. —Ciara…


Es Eric, aunque luego escucho un siseo bajo, lo que provoca que éste guarde silencio por completo. En cuanto llego a mi habitación, después de esa corta plática, reúno el valor para admitirlo: —Creo que he fracasado —bisbiseo, peleando en contra de las lágrimas. Me derrumbo en mi cama con una de mis almohadas encima de mi rostro, cubriéndolo con fuerza, ¡Demonios! No sé porqué la noticia de Eric me enfadó y me afectó tanto, es decir, pensaba que él estaba más perdido que yo, pero ahora con su confesión me siento como la chica sin futuro del grupo. ¡Maldición! Tal vez si debería aplicar a otras universidades, ¿pero cuáles? Julliard es mi sueño, y aunque no reciba ninguna respuesta siento que mi sueño se está cayendo en miles de pedazos. ¿Qué voy a hacer si no me aceptan? ¿Qué voy a hacer si sí me aceptan? Mamá tendría la respuesta de siempre, ella desde que se enteró de mis planes ha estado negándose a aceptarlos, ella prefiere que su hija tenga una vida muchísimo más pacífica y estable. Y también, que posea un compañero fino y delicado, uno que no sea Trenton, mi novio desde hace meses y al que ella no se ha atrevido a aceptar tampoco. Puedo escuchar sus propias protestas: «Ni siquiera tiene un futuro». «Ni siquiera puede invitarte a cenar a un lugar decente y pulcro». «Es un mujeriego». «Podrías tener a alguien mejor». «Debería asistir a la Universidad». «No creo que sea un muchacho de fiar».

*** Un día, cuando decidimos pasar la tarde en casa, a la hora de la merienda, nos sentamos en la cocina mientras platicábamos con Nanda, quien adoraba a Trent desde que lo vio por primera vez, ella estaba muy interesada en su vida en Italia, por ello le preguntaba sobre la comida y las costumbres, estaba encantada. Yo también disfrutaba de la compañía mientras nos deleitábamos con el té que había preparado Trenton y las galletas que nos había dado Nanda, hasta que llegó mamá a la cocina y observó la escena con el ceño profundamente fruncido.


Ella carraspeó y después le pidió a Nanda que le sirviera un poco de té. —Tus amigos están invitados a cenar —dijo ella, como si ambas estuviésemos planeándolo. Yo asentí con la cabeza, aunque un poco desconcertada. —¿Has invitado a Luke y a Donny? —le pregunté, porque a veces ellos habían venido a estudiar, se habían convertido en mis amigos habituales en la escuela, además estaban comenzando a formar parte de nuestras veladas (clandestinas) en The Space, junto con mi hermano, Gioele y Barbie y, evidentemente, también Trent. April se había separado del grupo desde nuestra discusión. —Me refiero a Susie y… Eric. —Supe en cuanto lo dijo que se trataba de una indirecta hacia Trenton, ella estaba enterada de los celos que aparecían en él cuando ese nombre se colaba entre nosotros. Ella estaba claramente provocándolo. Miré atentamente a Trenton, quien no tardó en apretar su mandíbula y mostrarse incómodo ante la escena. También observé a mamá esperando que se retirara de una buena vez, pues ya tenía en sus manos el té que había pedido; no obstante, ella se quedó plantada allí, y sus comentarios fulminantes estaban comenzando apenas. —Él acostumbra venir casi todas las noches, siempre ha sido así, ¿sabes? Estaba mucho más cómoda con sus habituales visitas para ver a mi hija. —Ella también estaba tensa, todo el ambiente era tenso y Nanda se había escurrido fuera de la cocina. La ira estaba floreciendo dentro de mí, creciendo con cada comentario de mamá. —Mamá… Ella ni siquiera volteó a verme. —Ahora no dejo de preguntarme cada vez que ella sale de casa si algún italiano delincuente intentará llevársela de nuevo. Suspiré, mientras observaba preocupada de cuánto daño proporcionaba estos comentarios a Trent. —Eso no fue culpa de nadie —mascullé—, y no creo que sea correcto que trates a mi invitado así. Ella negó con la cabeza.


—Vas a salir lastimada de todo esto —dijo severamente, y parte de mi subconsciente sabía que era verdad, que quizás salga lastimada, pero ese riesgo lo decidí tomar yo, no ella—, y mi deber es evitarlo. —Tu deber es apoyarme —repliqué. Negó con la cabeza, ella nunca asentía cuando yo le decía algo. ¿Cuál es su problema conmigo? Trenton a mi lado, se empeñó en ojear fijamente la mesa, tratando de no soltar uno de sus fantásticos comentarios irónicos, pero debo admitir que este chico no es grosero, jamás le ha alzado la voz a una persona mayor, a pesar de ser un “bravucón” con los chicos de su edad. Mamá suspiró. —En cosas sanas, hija. Pero esto no es sano, este muchacho no te conoce y tú tampoco a él, no estás enamorada. Siempre he sentido que ella me trata como una estúpida, pero aquella vez estuve segura por primera vez en aquello. Siempre he odiado cuando una persona intenta darme a entender que sabe lo que sucede dentro de mí más que yo, ella aseguraba que yo no estoy enamorada de él, cosa que nunca he puesto en duda, jamás. ¿Y si así fuera a ella que le importa? ¿Por qué siempre quiere tener el control de todo y de todos? Aquella tarde me enojé demasiado con ella, incluso si le fuese gritado o incluso soltado unas cuantas verdades, me hubiera ganado una bofetada de su parte, pero yo nunca he sido así, por ello traté de manejarme y contestarle con la mayor calma posible. —Lo que no es sano es que tú no me dejes vivir. Tomé a Trent de la mano y lo arrastré fuera, sintiendo lo tenso que se encontraba incluso fuera de la cocina. A mamá sólo le faltaba prohibirme que no lo viese nunca más, pero ella sabe que papá jamás se lo perdonaría.

*** Mi móvil suena, sacándome súbitamente de mis pensamientos. —¿Ciara?


Su voz me reconforta, es como si después de estar en medio del desierto, alguien me diese un vaso de agua fría. Sé que la comparación es completamente absurda, mas en estos momentos mi mente está hecha un caos, llena de preocupaciones y luchas internas. ¿Qué haré si entonces sí soy aceptada a Julliard? —me pregunto una vez más. Tengo que marcharme de la ciudad, abandonar Detroit y viajar a Nueva York sin mirar atrás. ¿Qué pasará con Trenton? ¿Tendremos una especie de relación a distancia? No, jamás. Es algo totalmente estúpido para mí, el se enamorará de otra chica, mucho más hermosa y alegre que yo y entonces las cosas se tornaran turbulentas para mi débil corazón, ¿pero entonces qué es lo que quiero? ¿Arrastrarlo conmigo a Nueva York sin siquiera preguntarle a él qué es lo que en realidad quiere? No, tampoco puedo hacerlo. —¿Ciara? —repite su voz causando un terrible miedo dentro de mí. Yo no quiero perderlo, no después de tantas cosas que hemos vivido desde que le conocí, no después de dejar tantas cosas atrás para aceptar estar enamorada de un chico como él. Yo no quiero perderlo. No ahora, ni nunca. —¿Estás bien? —Su voz se hace escuchar por tercera vez y me recrimino el hecho de no haberme respondido de inmediato. —Estoy bien. Te echo de menos. —Lo primero es una mentira a medias, lo segundo es cierto—. Y he estado un poco distraída. —Yo diría que mucho —dice, lo escucho riendo al otro lado de la línea e imagino su hermosa sonrisa. Intento cambiar de tema. —¿Cómo está tu pierna? —Prefiero hablar de ti. ¿Estás preocupada por la universidad? —inquiere con un tono de voz extremadamente meloso—. Porque ya te he dicho que puedes buscar otras alternativas. No es el único que me lo ha dicho, y mis negativas hacia esa opción también dirigidas a él.


—En dos semanas me gradúo y no sé qué rayos voy a hacer luego. —Me lamento con voz queda, sintiendo cómo mis preocupaciones se comienza a manifestar—. Además, ¿qué pasará con nosotros? ¿Qué pasará con nuestro futuro? Escucho cómo él suspira pesadamente, y dedujo que estaba evitando que yo le preguntase eso. Él no responde, de hecho se queda en silencio completamente; por un momento pienso que se ha caído la llamada, pero su respiración es audible, por eso recojo fuerzas. —¿Por qué no dices nada? —Estoy seguro que entrarás a Julliard y viajarás a Nueva York —responde con demasiada seguridad, una seguridad que yo carezco. Aunque su respuesta alcanza animarme por un instante, la desilusión la reemplaza nuevamente. —¿Y tú que vas a hacer mientras yo estoy tan lejos? —Suspiro al preguntar—. Podrías entrar a alguna universidad y… —Voy a echarte de menos, además de luchar contra cosas que son más fuertes que yo mismo. Una punzada de deposita en mi estómago, y miles de miedos invaden mi mente. ¿Está Trenton en problemas? ¿Qué es lo que ocurre? ¿Cuándo podrá contarme aquello que desde hace tiempo me ha estado guardando? Siempre le ha rodeado aquel enigma que nunca he podido descifrar y con frases como esas mis preguntas se multiplican, al igual que mis miedos. —¿Qué intentas decir con eso? —Que todo irá bien —responde y su voz vuelve a adaptar aquel ánimo característico de él—. Aunque te echaré de menos, estaré feliz de que estés obteniendo lo que quieres. — Suspira, su voz tan alegre que comienza a contagiarme—. Y si las cosas salen como lo espero… estaré contigo, hasta que te aburras de mí. —Pero yo no voy a aburrirme nunca de ti —replico, con un atisbo de sonrisa en mis labios. Reparo en el tono de su voz y sé que también está sonriendo. —Entonces estaré contigo siempre —dice juguetón, y con un toque de sinceridad y ternura. Yo río. —Trato hecho.


Y esa conversación se convirtió en la última que tuvimos en cuatro días. Al día siguiente, después de nuestra conversación, yo había ido a la escuela, y lo había esperado a la hora de la salida, pues él acostumbra recogerme todos los días para pasar la tarde juntos antes de irme a la Academia de Ballet. Pero ese día no lo vi. Yo: ¿Por qué no te veo por ninguna parte? No hubo respuesta. Yo: ¿Estás bien? Nada. Yo: Te estoy llamando y no respondes, me estás asustando. Durante los últimos cuatro días, a partir del lunes en la tarde, he llenado su mensaje de voz y he ido a su casa, esperando que estuviese allí; no obstante, para mi sorpresa y desagrado, nunca hay nadie: ni su tío, ni la esposa de éste, ni April, ni Gioele y mucho menos él. Es como si la tierra se los hubiera tragado a todos. Cómo si él se fuera marchado, y llevado consigo mi corazón. Hoy finalmente es el último día de clases, los estudiantes del St. Marteen canturrean y corren por los pasillos como niños pequeños, sobre todo los que pertenecen al último año, cuando me dirijo a la cafetería, Donny acompañada de Suzanne —lo sé, en cuanto las vi, la escena me produjo escalofríos— me interceptan. —¿Por qué tienes esa cara? —pregunta Donny, está claro que quiere saber el nuevo “chisme” sobre mí, aunque también se nota un deje de preocupación en su voz. —Sí. Trenton ha de tener alguna emergencia, no te desanimes —me consuela Suzanne, mientras comenzamos a caminar a una mesa apartada de los chicos.


Oh, oh, oh. Cuando reparo en que estas dos me llevan a una mesa apartada de todos, me percato de lo que pretenden hacer. Un interrogatorio. Me siento frente a ellas, y la escena se me hace parecida a las de CSI Miami, donde Horacio Caine y Calleigh Duquesne 23 se sientan delante del sospechoso y comienzan a hacer sus intrépidas preguntas. —¿Cómo te encuentras? —pregunta la rubia, su voz tan dulce que me empalaga. Rebusco algo en mi bolso, para así tener una excusa para eludir sus miradas, estoy segura que si mamá se enterase de la ausencia de Trent, comenzaría a gritar como loca y a recriminarme por no haber escuchado sus argumentos. —Lo echo de menos —murmuro, respondiendo la pregunta de Suzanne. Yo no pienso en mentirles, me he convertido en una persona que expresa lo que siente sin temor a que me juzguen. Y este momento es una prueba de ello. Andrey me observa desde su mesa, su ceño fruncido y su mirada un poco preocupada. Recuerdo las veces que ha estado demasiado extraño para mi gusto, que me pregunto si él sabe algo que yo no, si sus cambios repentinos de actitud se deben al secreto de Trent, lo que me lleva a pensar… ¿y si Trent no está por ningún lado porque alguna cosa relacionada con su secreto ha empeorado? ¿Es tan peligroso ese secreto? Sus palabras se reproducen en mi mente: —¿Cuál fue la segunda mala noticia? —le había preguntado yo. Y él respondió: —Espero pronto poder decírtelo. Y también recuerdo: «Voy a echarte de menos, además de luchar contra cosas que son más fuertes que yo mismo.» 23

Serie de televisión estadounidense sobre el trabajo del Laboratorio de

Criminalística de la Policía de Miami Dade, ambos personajes de dicha serie.


¿Cosas más fuertes que él mismo? Oh Dios. —No llores Ciara, por favor. Estoy segura que todo está bien. —Donny se encuentra cerca de mí, aunque yo reparo en su cercanía en último momento. Suzanne me mira con sus ojos miel entristecidos, y sé que no sabe exactamente que decirme. Todos nos preguntamos lo mismo: ¿Qué ha ocurrido con Trenton Lombardi? Mientras Donny y Suzanne comienzan a hablar sobre otras cosas para distraerme, yo asiento conforme escucho a medias lo que dicen y mis pensamientos vuelan hacia otra parte donde Trenton se encuentra. En mi imaginación, está investigando sobre las universidades de arte a las que aspira entrar, y no me ha respondido mis llamadas porque se ha quedado sin batería y sin dinero. Además, en mi imaginación, su familia seguramente ha tenido alguna emergencia y por eso no se encuentra ninguno en casa. En realidad, quiero con todas mis fuerzas creer eso, no obstante mi mente sensata me indica que algo anda mal, muy pero muy mal. Jugueteo con mi pulsera mientras mis pensamientos le dan vueltas al asunto, ni siquiera miro el almuerzo y cuando suena el timbre que indica que la hora ha terminado, me levanto, más llevada por mi cuerpo que por mi mente, para entrar a la clase de matemática. Suzanne dice algo, al igual que Donny, pero yo no las escucho, e instintivamente, llevándome por una idea que ha cruzado mi mente, me dirijo a donde se encuentra mi hermano acompañado de Eric y otros chicos. —Creí haber escuchado que después del almuerzo no hay más clases —escuché decir a alguien. Me apresuro a interceptar a mi hermano. —¿Tú sabes algo de… él? —le pregunto en voz baja, aunque estoy segura que muchos igualmente han logrado escucharme. Andrey no responde hasta después de unos segundos que parecieron horas. —No tengo idea, Ciara. No creo que ande algo mal, sólo… espera —bisbisea él en respuesta. Sus ojos observándome con detenimiento, tratando de convencerme. ¿Pero cómo puedo esperar?


No le digo nada, no replico ni suelto ninguna respuesta altanera. Sólo me limito en asentir con la cabeza y alejarme de él, o mejor dicho, hacer el intento de alejarme de él, pues tropiezo torpemente con una chica. Le digo que lo siento y me alejo de ellos rápidamente. ¿Se supone que debo esperar? «No puedes hacer más nada, Ciara. No sabes dónde está, no sabes qué está haciendo, se supone que debes esperar, de no ser así, ¿te pondrías a correr de aquí para allá en su busca, como una loca?», me grita mi subconsciente. —Ciara —me llama la voz de mi hermano, causando que me sobresalte al instante. Cuando me giro trae algo entre sus manos. Un pequeño sobre blanco. Él continúa hablando. —Flavius ha traído esto, papá le ha indicado que te lo entregue. —Mi pulso se paraliza por unos largos instantes—. Es de Julliard. Miro el sobre fijamente, aún entre las manos de mi hermano, ¿qué podrá decir? Sacudo la cabeza, como si aquello fuera a lograr que mis miedos se alejen de mí. ¿Debería leer aquella carta aquí?, me pregunto mentalmente, ¿o quizás en casa? Mi hermano me tiende la carta una vez más para que la tome, yo la acepto, mis manos temblorosas mientras la toman, pero dudo en verla. —¿Entonces ya nos iremos a casa? —pregunto, mi voz en un hilo. Mi hermano asiente con la cabeza. —Sí, nos esperan afuera. Me percato que ya la cafetería se encuentra casi vacía, a excepción de nosotros dos que estamos solos. Me acerco a una de las mesas más próxima, y me siento allí, donde leeré el veredicto de mi futuro. —Adelántate tú —susurro a Andrey, con la vista fija en lo que sostengo en mis manos—. Ya te alcanzo. Él no dice nada, sólo escucho sus pasos mientras se aleja y cierra la puerta tras de sí. Aspiro profundamente, como si no lo hubiera hecho en días; había esperado tanto para este momento, y ahora no sé cómo actuar ni qué hacer. Mis miedos se revuelven en mi interior, causándome escalofríos y temblores. Finalmente, con mis dedos aún temblando,


quito el sello de la carta y después de sacar el fino papel pulcro y blanco, lo desdoblo y comienzo a leer. He sido rechazada.

*** Cuando estaba pequeña, siempre prefería disfrazarme de hada, o de bailarina. Tenía cinco años entonces, cuando una de las empleadas, a escondidas de mis padres, se escabullía en el salón de juegos y colocaba una lenta y bonita canción, yo iba a entrar e interrumpirla para preguntarle qué hacía y si yo podía jugar también; sin embargo algo me detuvo, algo que me dejó hechizada. La muchacha se puso en puntillas y se deslizaba como si estuviese bailando sobre las nubes, al principio pensé que en realidad existían las hadas, y que ella era una de ellas, pues su cabello era demasiado brillante, como el oro, y realmente era muy bonita, mientras la observaba, quise ser como ella. Luego descubrí que la muchacha no era un hada, sino que estaba bailando como una. Ella hizo tantos saltos, y por más que intenté memorizarlos no pude, quise llorar en ese momento por no haber aprendido nada de la hora que pasé observándola, en cuanto ella terminó de bailar sobre las nubes apagó la música, y se marchó sin percatarse de mi presencia. Esa misma tarde yo entré al salón, con pasos torpes quise imitarla, pero definitivamente no logré hacerlo igual que ella, cuando estuve a punto de las lágrimas, vi que alguien me cogía entre sus brazos y me daba un beso en la coronilla. Sus ojos azules me dijeron de quién se trataba. —Qué hermosa, mi bebé —dijo mamá, con su típica voz dulce. Yo fruncí el ceño, recuerdo que en aquellos tiempos, tenía a mi verdadera madre junto a mí. —¿Qué le pasa a mi princesa? —Volvió a preguntar una vez más—. Estabas bailando y estabas hermosa. —Pero… yo quiero bailar como las hadas… —murmuré en respuesta, mi voz aniñada, Mi mami me volvió a besar en la mejilla, y yo sonreí. —Lo harás bebé, te lo prometo. —¿Y mi hermanita también lo hará? —inquirí una vez más, esperanzada. En ese instante mi mamá cambió su semblante, y yo pude escuchar sus sollozos mientras me abrazaba con fuerza. Yo pensaba que estaba llorando de felicidad, pero la verdad es que ella estaba destrozada. Sin embargo ella cumplió su promesa, a partir de ahí estuve en las manos de la señorita Fitzgerald, y mi sueño de bailar como aquella muchacha se cumplió,


pues desde que la vi quise ser como ella, y aunque al principio aquello se trataba de un sueño infantil, creció y se convirtió en algo más. En algo más fuerte que yo misma.

*** Me quedo observando cómo finalizan mis sueños con la respuesta que se plasma en el papel. Entonces me percato que me encuentro llorando, y es como si mi yo de cinco años y mi yo actual se juntaran y lloraran juntas por no poder cumplir lo que siempre me prometía una y otra vez. ¿Habrá otra universidad que quiera aceptarme? ¿O simplemente soy un fracaso? Apoyo mi frente en mis manos mientras pienso, ¿qué voy a hacer? Ni siquiera me dieron la oportunidad de hacer una segunda audición, o colocarme en una lista de espera… entonces pienso en mamá, y se me pasa por la cabeza que ella pudo haber sido la responsable de esto. Me levanto torpemente de la mesa y camino hasta la salida, no soy consciente de lo que pasa alrededor, aunque soy capaz de escuchar algunos murmullos. La carta de Julliard sigue en mis manos, al igual que mis lágrimas siguen rodando por mis mejillas, a causa del fracaso y del rencor hacia mi madre. ¿De verdad esa señora es capaz de hacer algo así? En cuanto llego a la salida, mi hermano, Suzanne y Eric me esperan y cuando se dan cuenta de mi estado actual acuden a mí, como si fuesen a solucionar mis problemas con su presencia. Estás siendo muy dura, Ciara. —Vuelve a opinar mi subconsciente—. Esto no es culpa de nadie. Pero de mi madre sí. —¿Qué es lo que te pasa? —pregunta Suzanne, quien no ha divisado lo que sostengo en una de mis manos. Observo mi alrededor, sin evitar soltar un sollozo. Eric se posiciona a mi lado e intenta agarrarme la mano, pero yo rápidamente lo impido—. ¿Trenton está bien? Trenton. Oh, Trenton, cuánto te necesito. —Es mamá. Ella hizo esto —mascullo, lazando la carta en el suelo, me percato que todos me observan—. ¡Maldición! ¡¿Es que ella no quiere que yo sea feliz?! ¿Por qué me odia tanto? —grito.


Mi hermano niega con la cabeza. —Ella no te odia —dice en voz baja, negando con la cabeza constantemente. —¿Entonces por qué hizo esto? —bramo, señalando la carta que yace en el suelo. Mi voz es aguda, mi respiración frenética y mis ojos sueltan lágrimas sin parar—. Me han rechazado —lamento, ahora en voz baja. Andrey vuelve a negar con la cabeza, y coloca sus manos encima de mi hombro. —Ciara, enfócate. Mamá no hizo nada —dice, su voz calmada, aunque no me infunde ni la más mínima—. Tienes que calmarte. —La defiendes —replico dolida, ahora no estoy gritando; sin embargo la dureza de mi voz es notable—. Ella lo hizo, hizo que me rechazaran. Suzanne da unos pasos hasta nosotros. —Debes preguntar primero… —No es necesario —sollozo. Eric a mi lado, carraspea antes de hablar: —Creo que deberías preguntar, y debes también calmarte. Es verdad que tu mamá no te apoya, y si es así, ¿por qué no buscar otras alternativas? Niego con la cabeza repetidas veces. ¿Es que ellos no lo comprenden? Si mamá hizo lo que creo que fue capaz de hacer, jamás se lo perdonaría, esta es la peor traición que se le puede hacer a una hija. Suspiro, sollozo, gruño por el enojo. Tomo mi cabeza entre mis manos y niego con la cabeza otra vez. A mi lado, Andrey intenta calmarme y me toma del brazo, pero me zafo de él rápidamente, le digo que me deje en paz, mis lágrimas siguen saliendo por las comisuras de mis ojos, y yo tampoco puedo controlar la rabia que me está poseyendo y la desilusión. ¿Y si mamá no hizo nada y soy yo la que falló? «Eres tan orgullosa que no aceptas que te hayan rechazado. Después de todo, no eres tan buena como pensabas», vocea alguien dentro de mi cabeza. Entonces alguien me da un tirón de brazo, y luego unos labios se posan en los míos, y aquello es suficiente para hacerme reaccionar. Eric me acaba de besar. Abro mucho los ojos por el asombro, él se aleja de mí, marchándose no sé adónde. Miro a los demás, mi hermano está negando con la cabeza, y Suzanne está tomada de su brazo, aferrándolo con fuerza.


—¿Ya se te pasó tu arrebato? —interroga Andrey con el ceño fruncido—. Mamá no fue, Ciara. Y si ella sí hizo lo que dijiste seré el primero en recriminárselo. Asiento con la cabeza, desganada. Todavía aquellas palabras en mi mente: Eres tan orgullosa que no aceptas que te hayan rechazado. Después de todo, no eres tan buena como pensabas… Mi mirada se pierde en los autos que se encuentran al frente de la escuela. Aunque igualmente no reparo en detalles, sólo estoy evadiendo la mirada de mi hermano y Suzanne, pensando en tantas cosas pasan por mi cabeza al mismo tiempo. Pensando en cómo he actuado y cómo ha actuado mi madre, y también, aunque cueste trabajo admitirlo, pienso en que quizás esa voz interna mía tiene razón. Soy tan orgullosa que no puedo admitir mi fracaso y culpo a los demás para cubrir mis errores. Una silueta aparece ante mi vista, la cual me hace retroceder unos pasos a causa del impacto. De una camioneta Chevrolet azul se baja un señor de unos cuarenta o cuarenta y cinco años, éste rodea el auto y ayuda a bajar a otra persona, una se trata de Gioele, y la otra de… Trenton. Sin pensármelo dos veces corro y cruzo la calle hasta encontrarlo a unos pies de distancia. Gioele y su padre, después de saludarme con la mano se alejan un poco y nos dejan a solas, y yo hago el intento de acercarme a Trenton, quien está apoyado en la camioneta, cuidadosamente quieto y con las manos en los bolcillos de sus jeans. Su pelo está despeinado, logro verlo a pesar de la gorra de béisbol que tiene puesta. Su camisa blanca, holgada me permite ver sus bíceps, y su pecho, sin embargo, por primera vez en tanto tiempo, no quiero observar su cuerpo detenidamente y maravillarme de su aspecto. Lo que quiero ahora es observar su mirada verde jade, la misma que no me está permitiendo ver. Sus ojos están ocultos de los míos, su mirada está fija en sus zapatos, como si fuese venido a hablar con ellos y no conmigo. Su actitud me comprueba que anda algo mal. Miro una vez más a Gioele y al señor Cole en la distancia, ellos se encuentran hablando entre ellos y de vez en cuanto nos observan a Trenton y a mí, vigilantes. —¿Qué es lo que pasa? —le pregunto, mi voz tiembla—. ¿Te encuentras bien? ¿Todo está bien? —Él alza la vista, su rostro ahora es el centro de mi atención. Algo se remueve dentro de mí. Sus ojos, siempre resplandecientes y llenos de vida, ahora se encuentran oscuros, sin luz, sin nada. Por más que intento adivinar qué es lo que reflejan no logro hacerlo, sus ojos


no son los mismos, como si algo dentro de él se haya roto, o le hubieran arrebatado esa luz que tanto amaba. —Ciara, tengo que decirte algo. —Sé que jamás voy a olvidar el tono de su voz al hablarme, era algo distinto, un sonido ronco, sin ninguna dulzura de por medio—. Necesitamos un tiempo. Ni siquiera tengo tiempo de imaginarme qué era lo que iba a decirme. Lo ha soltado, así sin más, como si yo fuese un ser de piedra, que no siente, que no sufre, ¿un tiempo? ¿Es así como me dice que ya no quiere tenerme cerca? Y además, ¿por qué su aspecto es tan distinto? Él me está dejando, tal y como lo hizo mi mejor amigo en el pasado. No de nuevo —digo mentalmente, sintiendo cómo el miedo penetra en mi pequeño cuerpo; mis ojos poco a poco inundándose en lágrimas, lágrimas de miedo, de dolor. No quiero escuchar lo que sé que él dirá, ya he visto suficiente, e incluso, ya lo he vivido una vez. Cierro mis con fuerza, tratando así de tomar fuerzas y sostener la fría mirada del chico que tengo en frente; mi corazón con cada latido, se parte en miles de pedazos. Es como si el dolor que antes he sentido se multiplicara por mil. Aún sabiendo lo que él me está queriendo decir me atrevo a mirarlo nuevamente. —¿Qué? —inquiero estúpidamente, porque de verdad no puedo creerlo. Oh, es así como se siente cuando una persona te rompe el corazón por segunda vez. —Hay problemas que… necesito resolver. Necesito estar solo yo… necesito tiempo… necesito que tú estés… —intenta explicarme; no obstante, yo le interrumpo poniendo una mano en alto y apresurándome a hablar. —¿Alejada de ti? —Alzo una de mis cejas, mis sentimientos destruyéndose uno a uno. ¿Es esto a lo que él quería llegar? ¿Es que acaso no recuerda todo lo que hemos vivido y nos falta por vivir juntos? ¿No recuerda cómo le besaba y le entregaba todo mi amor? ¿O es que aquello no fue suficiente? Él no dice nada, no hasta que pasan varios minutos después. —Debemos separarnos. El sonido de mi corazón quebrarse es casi audible. —¿Por qué? —Mi voz tiembla, y un par de lágrimas se me escapan de mis ojos.


Él frunce el ceño, desvía su mirada y, seguidamente, suspira con pesadez; ahí está él, el joven que amaba, el chico que amo, ¿quién dijo que las historias de amor tienen un final feliz?, inmediatamente la respuesta viene a mí: una persona afortunada. Esta vez no se digna a responder, lo que me lleva a responderme a mí misma. Ya no me quiere lo suficiente. Sacudo la cabeza, aunque no tengo fuerzas para hacerlo al principio. —No lo digas. —Yo soy quien hablo en medio del silencio—. No lo digas, lo comprendo. Sólo… sólo no me dañes más, puedo soportar miles de golpes que la vida me dé, pero esto, junto con…, es el fin, puedo luchar contra cualquier cosa, pero ya es suficiente, te has llevado todo lo que quedaba de mí —susurro sin mirarlo a los ojos, tragándome el dolor y, sin importar su presencia, martirizándome a mí misma con los recuerdos… lo único que me queda, lo único que me heriría cuando él ya no estuviese. ¿Cómo es que hace menos de una semana dijo que estaría conmigo siempre? Por supuesto, me mintió y yo como una estúpida le creí. —No pensé que mintieras tan bien —completo después de unos minutos, por supuesto que quise decirlo, jamás he estado tan segura de algo. Y antes de que pueda percibirlo, Trenton está cerca de mí, toma mi rostro entre sus grandes y frías manos y me besa, duro, con vehemencia, y cuando mis lágrimas se mezclan con las de él, se aparta, y no me mira a los ojos. Trenton no dice nada, mira por encima de su hombro a su tío y a su primo y estos se acercan hasta él y se suben nuevamente en la camioneta. Mientras se sube, y me mira una última vez, supe que jamás olvidaré el tono frío y distante que revela su mirada penetrante cuando simplemente, y con una inquebrantable determinación se aleja de mí como si yo nunca hubiese significado nada para él. El cúmulo de aflicción presente en mi corazón, ahora frío y vació por la ausencia de la persona que amaba y amo con todo mi ser, me causa angustia y miedo. Todo aquello, acompañado por el odio que siento por mí misma por haberme permitido confiar en el amor por segunda vez, me asquea, es como si un dardo envenenado apuñalase mi corazón y lo hiciese añicos. ¡Los sueños no sirven de nada ahora! Inconcebible es saber cómo las personas llegan a tu vida, causando un cambio notable en ella, haciéndote pensar que se quedarán por siempre; y sin embargo, cuando más lo necesitas, se marchan de tu lado. ¡El amor nunca fue tan fuerte como él lo había gritado una y mil veces!


Al contrario, era flácido, desleal y ficticio. Un amor que, a pesar de las dificultades, se acaba de marchar de mi lado, dejándome desorientada, por la partida de éste y la noticia de Julliard. Y todo sueño hermoso y maravilloso se ha convertido en algo desolado y roto. Nada podrá ser igual que antes… Miro al vacío. Ha sido un error amarlo, adorarlo y entregarle todo; las promesas se están marchando, desaparecen, se consumen en fuego, un fuego que quema mi herida alma. Mi corazón antes había salido de un pozo, de un oscuro y profundo pozo, solo para después, volver a caer en él, desde un lugar más alto, hasta lo más profundo, ¿acaso existía alguien más masoquista que yo?, ¿el amor es así? No, el amor no tiene la culpa. La culpa la tengo yo. —Ciara. ¿Te encuentras bien? —pregunta mi hermano, corriendo hacia mí, y me doy cuenta que mis mejillas se encuentran húmedas, por lo cual me las limpio rápidamente y asiento con la cabeza en respuesta. —Trenton se ha ido al carajo —le respondo fingiendo firmeza. —¿Te ha dicho…? —Su voz se apaga, mi hermano se acerca más a mí y analiza mi rostro, su cabeza ladeada, como si no estuviese entendiendo absolutamente nada. —A partir de ahora no quiero saber nada más de él. —Es lo único que le digo, me trago el nudo que persiste en mi garganta, me doy media vuelta, tomo una respiración profunda, mantén la calma, mantén la calma. Esta vez no vas a huir como lo hiciste de Eric, esta vez va a ser diferente, ¿si lo superaste una vez, por qué no dos? Sí, es cierto. Mi hermano guarda silencio. Mientras subimos al auto que maneja Flavius, mis sentimientos y mis emociones se juntan y amenazan con salir por medio de lágrimas a través de mis ojos. Sin embargo, de una manera incompresible, me las arreglo para guardar mis emociones y manifestarlas cuando me encuentre sola en mi habitación sin nadie que pueda verme. Gioele: Lo siento. Su mensaje me sobresalta, y puedo notar cómo mi hermano se percata de mi reacción, por ello intento disimular e intentar parecer tranquila mientras tecleo una apresurada respuesta.


Yo: No te disculpes, tú no tienes la culpa de nada. Gioele: Pero debí quedarme contigo. Yo: No es como si importara, estoy bien créeme. Ahora tengo que pelear contra algo que es más fuerte que yo misma. Utilizar esa última frase me causa una punzada en el pecho; mas, aquello es tan cierto ahora. Tengo que luchar contra el fracaso, y el desamor, asimilar que mi madre me ha traicionado y plantear qué demonios voy a hacer ahora. Hay tantas cosas que deseo cambiar de mi vida, tantas cosas que deseo borrar de mi historial, pasar página. No llorar. No ser la chica frágil. No ser la chica estúpida. En este momento sé que, aunque Trenton y yo hubiésemos estado unos cuatro meses como novios, se había apoderado de mí completamente desde que le conocí, hace casi ya un año. Reí tanto con él y le conté todos mis miedos, y él los utilizó en mi contra, o sea, Trenton también me ha traicionado apartándome de su lado y mintiéndome acerca de sus sentimientos. O quizás sus sentimientos hacia mí desaparecieron, se los llevó el viento de un momento a otro. Sus ojos brillantes ya no formarán parte de mis pensamientos.


Giro mi cabeza en dirección a mi padre, él me dedica una sonrisa ladina, aunque ésta no llega a sus ojos. Mi madre a su lado, frunce el ceño cuando mi mirada se encuentra con la suya, y sé que se está preguntando por qué la dureza de mi mirada, y por qué el ambiente se encuentra tan tenso. Intento no mostrar mi disgusto con papá, quien seguramente no sabe absolutamente nada de lo que su esposa ha hecho, y por un momento dudo en decírselo a él. Por más de dos semanas he estado de esta manera, ignorando a mamá lo más que puedo, y evadiendo las preguntas de papá. Y esperando que llegue mi cumpleaños, el cual es el primero del mes de junio. Me encamino hasta la cocina para tomar algo de beber y aprovechar de llevarme también una rebanada de pizza a mi cuarto, sin embargo, antes que pueda dar un paso a la cocina, mi padre me detiene. —¿Qué es lo que te ocurre? —pregunta, y por primera vez en mucho tiempo, su voz es férrea, y sé que esta vez no voy a poder evitarlo por más tiempo. Resoplo y le dedico una mirada altanera a mi propia madre. —Pregúntaselo a mamá. Es entonces cuando mi padre mira a mi madre inquisitivamente, y estoy segura que de esto no va a salir nada bueno, pero, ¿yo que puedo hacer? Está claro que ella misma se lo buscó, claro que todavía no me lo ha comprobado, mas eso no es necesario. Aquel día, cuando todo acabó entre Trenton y yo, mi hermano intentó hablar repetidas veces conmigo sobre él, pero yo se lo prohibí una y mil veces hasta que se dio por vencido. El mismo día, en cuanto llegamos a casa, subí a mi habitación y me deshice de todo el dolor acumulado en mi pecho por tres decepciones —la de Julliard, la de mamá, y la de Trent— que prácticamente desgarraron mi corazón. No obstante, aunque al principio pensé que era mejor enfrentar a mi madre, luego caí en cuenta que lo mejor era ignorarla y que ella se torturara a sí misma cuando yo esté muy lejos de ella. Sí, quiero irme de casa.


Aunque de verdad no quisiera hacerlo por papá y Andrey, sin embargo estos dos pronto se irán, lo sé. —¿Qué sucede, Miriam? —Vuelve a preguntar papá, su voz transmite temor y dureza a la vez. —Albert… Sonrío un poco, aunque sé que aquello es más parecido a una mueca. —Me rechazaron en Julliard —digo, y papá asiente con la cabeza, está claro que ya lo sabe desde hace tiempo, aunque la otra parte de la noticia no. Y Andrey por más que se lo he dicho, que mamá tuvo que ver con esto, no me cree, quizás ocurra lo mismo con papá—. Es decir, alguien hizo que me rechazaran. El miedo invade el rostro de mamá, y es entonces cuando lo sé. Ella lo hizo. Y una parte de mí tenía la esperanza de que aquello no fuese así. —¿Cómo lo supiste? —inquiere esta vez mamá, y aquello causa que mi padre se sobresalte. Yo vuelvo a suspirar, rogando con todas mis fuerzas al cielo no demostrar lo dolida que estoy. —Porque te conozco. —Me encojo de hombros y sin más me dirijo a la cocina, donde tomo una botella de agua, y una rebanada de pizza para después hacer el intento de volver a la habitación; en la sala de la casa, papá traspasa con la mirada a mamá, claramente esperando una explicación de ella. No espero la explicación, pues para mí todo está dicho. Yo no le importo en lo más mínimo a ella. En cuanto subo a mi habitación y me acomodo en mi cama con el mando del televisor en mi mano, escucho unos pasos que se detienen en la puerta de mi habitación, por ello me quedo quieta por unos segundos, esperando que quien sea que esté afuera toque la puerta o la abra. Andrey asoma su cabeza por la puerta al cabo de unos segundos, lleva su ceño fruncido y me mira con preocupación. —Entonces…. tenías razón —dice, y el dolor en su voz es notable. Quise decirle un «Te lo dije», pero la verdad es que no tengo ganas de absolutamente nada, sólo de tumbarme en mi cama y pretender que no me importe un carajo lo que ocurra en esta casa.


—Tenía la esperanza que no fuera así —murmuro al tiempo que mi hermano mayor se acomoda al otro lado de la cama—. Pero a veces las cosas no son como queremos. Ahí, de nuevo. Aquella punzada en mi pecho al repetir una frase que Trenton Lombardi musita la mayoría del tiempo. Oh, sí, es el recuerdo constante de su ausencia, aunque no lo quiera, él va a estar siempre presente, ¡y yo sin poder hacer nada! Frunzo el ceño, ¿es que siempre va a ser así? ¿Siempre voy a estarlo recordando a cada momento? «Sí lo superaste una vez, ¿por qué no dos?», me repite mi consciencia. —Mamá ha cambiado mucho —murmura de regreso mi hermano, observando su regazo fijamente—. No es que no lo haya notado antes, pero… Asiento con la cabeza. —Después de perder al bebé… —musito, a pesar que tenía cinco o seis años cuando sucedió aquello lo recuerdo muy bien, ella entró en depresión después de eso—. No es la misma. Mi hermano se encoge de hombros. —No es una excusa, ella no debió lastimarte de esa forma. —Me mira a los ojos, los cuales están inundados en tristeza y decepción, y no me extraña que a él también le afecten los actos de mamá—. Ciara, ¿quieres irte conmigo a California? —pregunta después de un prolongado silencio, su voz esperanzada. ¿Irme a California? Jamás tuve la oportunidad de pensarlo antes de que mi hermano me lo preguntara; sin embargo, es otra la interrogante que aparece en mi mente: ¿Debería huir de nuevo? No, claro que no. —Andrey no… tengo que… —balbuceo antes de encontrar sentido a mi explicación—. Creo que en dos semanas comenzaré… a… es que, creo que me iré a vivir sola. Los ojos de mi hermano se estrechan al instante. —¿Sola? —Bueno no… Shaila tiene un piso y… me ofreció mudarme con ella… sólo tengo que… comenzar a trabajar. —Me encojo de hombros con naturalidad. Andrey niega con la cabeza, su desacuerdo es más que evidente, lo sé cuando me mira de esa manera, como si insinuara que yo estoy demasiado loca para comprenderlo.


—¿Shaila? ¿Trabajar? —inquiere irónico; se levanta de la cama apresuradamente, su ceño adusto y por un instante pienso que está preocupado por mí—. ¿Prefieres mudarte con una desconocida que conmigo? ¡Ciara, estás loca! ¡Incluso podrías irte a Nueva York con Suzanne! Niego con la cabeza. —No quiero irme de aquí —explico sin mirarlo. Andrey bufa. —¿Te vas a ir a trabajar? ¿Y la universidad? Quisiera dedicarle una risa sarcástica o algo así, pero es que el sonido de su voz preocupada me rompió aún más el corazón, y su pregunta es una que yo también me he hecho innumerables veces, ¿qué voy a hacer? ¿Ir a la universidad? ¿Pero cuál? Por otro lado el trabajo no es tanto como una necesidad, lo que en realidad ocurre es que el trabajo me encanta, en la Academia Bradbury me están ofreciendo una jugosa oportunidad de enseñar a unas pequeñas niñas, y aquello es algo que me viene como anillo al dedo. —No lo sé, Andrey —digo, y es la verdad. —Por lo menos trata de no mudarte al piso de Shaila, esa… muchacha no me gusta, ¿por qué no te mudas a tu propio departamento? —Me hace ver—. Tendrías tu propio espacio, no molestarías a nadie, y no estarías en peligro. Aprovecha el dinero que tendrás después de cumplir los dieciocho, te aseguro que nadie en su sano juicio, se mudaría con Shaila. ¿Qué importa? Ella no es una asesina en serie o algo así. —No quiero estar sola —replico. —Entonces vente conmigo a California —insiste Andrey, volviendo a sentarse en la cama, evito el contacto visual, no quiero que perciba lo frágil que he llegado a sentirme. —Allí estará Eric. Aspira profundamente. —Entonces ve con Suzanne. Niego con la cabeza, sé que esta discusión no llegará hasta su fin hasta que uno de los dos ceda, y estoy segura que no seré yo.


Momentáneamente, mi hermano suspira profundamente y por un instante, sé lo que está pasando por su mente, y es como si un martillo golpease mi corazón con tanta rigidez que incluso llega a destruirlo totalmente. —Trenton… él tuvo que haberte… —… no necesito hablar más de él —digo severamente. ¿Por qué insiste tanto? Desde aquel día que Trenton me dejó —porque así lo hizo— he tratado con todas mis fuerzas no hablar de él, aunque en mi mente sea su nombre el que gire y gire una y otra vez, y no me deje olvidarlo, pues los recuerdos son ahora tan dolorosos y tan vacíos que a veces me pregunto cómo estaría ahora de no haberlo conocido o no haberle dado una oportunidad. A todo esto, ¿por qué después de insistir tanto deja a un lado lo nuestro? Sin embargo no quiero conseguir la respuesta. Todo en este mundo se acaba, incluso el amor.

*** Apenas ayer fue mi cumpleaños, y ya he tomado la iniciativa de largarme. Aprovechando que mi padre se ha ido de viaje, y al parecer ha pasado por su cabeza la idea de divorciarse de mi madre; sin embargo todos sabemos lo mucho que la ama. Andrey también se ha marchado a California con Eric para terminar los preparativos para mudarse a su departamento. Por el resto de esta semana, la familia Aldridge ha cambiado drásticamente; mientras yo vivo cada día metida en mi habitación después de la graduación, mi hermano pasa la mayoría del tiempo en casa de Suzanne —de los que no se sabe nada acerca de su relación— y papá trabajando. Los tres estamos haciendo el intento de no recriminarle en voz alta lo que ha hecho, lo que me hizo a mí, porque la conocemos y sabemos que la peor manera de lastimarla es estar en silencio. Recuerdo entonces cómo mi hermano se ha comportado con mamá desde hace algún tiempo. El día que ella organizó una cena en nuestro honor por la graduación, todos estábamos tan incómodos que se produjo un silencio sepulcral. Sin embargo, fue Andrey quien se atrevió a romperlo, y nos sorprendió a todos con un comentario mordaz.


—¿La cena se debe a que nos graduamos? ¿O a que por fin has logrado que Ciara abandone su sueño? —Su voz fue tan fría, que por un momento pensé que el comentario iba dirigido a mí. Y al mismo tiempo, un recuerdo fugaz pasó por mi mente: unas letras centelleantes con la frase “Don't stop believing” y un rostro hermosamente sonriente, y ojos brillantes, como un par de jades; el recuerdo se depositó en mi alma, y fue como si alguien hubiese dejado una granada en mi pecho. Evito las ganas de echarme a llorar. Mi madre no dijo nada, y mi padre se levantó de la mesa antes de disculparse con una excusa que había olvidado que tenía unos documentos que enviar, y se fue al despacho, su ceño exageradamente fruncido. Está claro que Miriam Aldridge no me ha herido sólo a mí Cuando percibo un movimiento en mi habitación, dirijo mi mirada hasta la puerta, donde mamá me está mirando, sus brazos cruzados. Miriam de Aldridge sostiene mi mirada firmemente. Sus ojos azules, hermosamente perfectos, pero a la vez tan tristes y arrepentidos me estremecen. Sin embargo me encuentro firme y decidida, con la espalda erguida y mi mentón alzado, mostrando por primera vez en mi corta vida que esta vez yo decido, que esta vez mi voluntad se cumplirá. Aunque no mentiría diciendo que esto no me duele, pero a lo largo de mi corta vida he deducido que no sirve de nada mostrar tus verdaderos sentimientos, si te muestras afectado, las personas te querrán manipular, y Miriam es una experta en eso y yo no gran estúpida en caer siempre y cuando a ella le convenga. —¿Qué he hecho para que me odies tanto? —pregunta, en medio del silencio, y yo me encuentro sin una respuesta por primera vez en toda la plática. Ella tiene la capacidad de dejarme sin palabras, aunque hoy yo he decidido seguir su mismo patrón. —¿Qué me has hecho para odiarme tanto? —repito en tono sarcástico, mientras miro mi armario fijamente, jugueteando con el dobladillo de mi camiseta—, ¿y no has pensado en mí? ¿Qué te he hecho yo para que me quieras hacer esto? —Hija… —Ella intenta acercarse a mí, pero yo la detengo con mi mano. —Sólo necesitamos tiempo para las dos… —Balbuceo, mirando ahora el suelo—, ahora que las dos… estamos… solas… Me atrevo a mirarla porque sé que ella también está sufriendo tanto o más que yo. Sus ojos muestran un dolor tan intenso que me entran ganas de abrazarla; pero no estoy lista para ello, y quizás nunca lo esté, pero no lo digo.


Quizás papá se divorcie de ella, y a mí Trenton me ha abandonado. Nuestro dolor es casi el mismo, sólo que ella no lo sabe. —Andrey también necesita tiempo, ¿lo sabes? —Ella no me responde, solloza y limpia sus lágrimas, mientras yo me dirijo al armario he intento sacar algunas cosas indispensables para mi persona—, ¿lo sabes, no? —¿A dónde irás? —Evade mi pregunta—. ¿De qué vivirás? —Eso no importa ahora. Claro que no importa, sólo quiero alejarme de lo que me hace daño, aunque el dolor que siento siempre me estará persiguiendo por el resto de mis días, pero eso tampoco lo digo. El gigantesco abismo entre la chica débil y la chica de hoy, crece cada vez más, y eso me conviene. ¡Claro que me conviene! —¿Trenton Lombardi? —pregunta con una mueca—. ¿Estarás con ese… muchacho? —Ella está aún asqueada por él, por supuesto que lo odia, lo detesta. Yo también lo hago, por ello con solo escuchar su nombre mis extrañas se retuercen y de una forma poco agradable. —¡Tú lo sabes! —la señalo con un dedo, la ira apoderándose nuevamente de mí—. ¡Tú sabes lo que ha ocurrido! Eres… no tengo la capacidad de decírtelo, porque eres mi madre. Pero estoy completamente segura que lo sabes, sabes lo que hizo, ¡intentas manipularme! Mi voz poco a poco se va alzando, y las lágrimas amenazan con salir de mis ojos, por eso, los aprieto con fuerza, y luego la miro, esperando alguna reacción contradictoria, algún hallazgo que me indique que no tengo razón; pero yo no encuentro nada, su rostro está inexpresivo, como si yo no hubiera dicho nada. —Lo bueno de todo esto —comienza, examinando la habitación, sus rostro cansado, se nota que no había dormido y el vestido oscuro está arrugado y su cabello enmarañado—, es que sé que ahora tú no estás con ese. Eso es un notable alivio para mí, un peso se me ha quitado de encima la verdad. Sólo quiero lo mejor para mi hija, sólo quiero que Andrey y tú tengan la mejor vida. Son mis únicos hijos después de todo. Intento no oírla, porque ya me sé esta charla de memoria. Si ella supiera el daño que nos ha causado a mi hermano y a mí… pero está ciega, y sorda, absorta a todo.


—Lo mejor para nosotros es vivir nuestra vida, equivocarnos, tropezarnos, caer, levantarnos, pecar, mentir, aprender, ¡Vivir con prejuicios no es vida! —exclamo negando con la cabeza, enojada. Termino de empacar la poca ropa que me cabe en la maleta violeta y me dirijo a la puerta. —¿Alguna vez confiarás en mí y me contarás qué ha pasado estos últimos meses contigo? —interroga mi madre con la guardia baja. Sonrío porque aquella pregunta es estúpida. —Quizás lo haga. Tomo la manilla de la puerta, y suspiro, porque sé que aunque no cuente todo lo que ha pasado, desde hace casi un año, en voz alta, lo recordaré. Pensaré en mi padre, en Eric, en Suzanne, en Gioele y hasta en April y los Agnelli, en Theo Lombardi…, aquella noche en The Space… y en lo que ocurrió aquella noche en la que le confié mi corazón a la persona equivocada. Recordaré cada una de los momentos que viví con Andrey antes de su partida. Lloraré todas las lágrimas que ya he llorado. Porque simplemente el pasado no se puede borrar, no puedes arrancar las hojas tristes del libro de tu historia y olvidarlas en una caja al fondo de tu armario y pretender que no están allí. Si aquello fuese posible, yo pudiera ser feliz algún día… Y sobre todo, pensaré en Trenton y en cómo mis ilusiones se desvanecieron en el mar y mis sueños se rompieron en miles de pedazos y aún así siguen dentro de mí, esperando ser reparados…


La motocicleta de Shaila es una porquería. Le doy una patada a la moto, finalmente rindiéndome y decidiendo que esta vez tendré que irme en el bus. Han pasado cuatro largos meses desde que me fui de casa sin decírselo a papá, el cual no ha dejado de llamarme y ofrecerme un departamento para mí sola en Nueva York, la verdad, antes de mudarme con Shaila, pensé que sería un completo desastre, pues éramos completamente distintas una de la otra, sin embargo, durante este tiempo, ella ha sido de gran ayuda, y de alguna forma yo me he convertido en una persona completamente diferente. Y eso me gusta. —¿Qué hay, Ciara? ¿Extrañando las limusinas y vestidos de seda? —me saluda el chico de la carnicería que queda cerca de la parada del bus. Si mamá estuviese aquí me preguntaría en qué pocilga me he metido, ¿pero qué puedo hacer? En la casa irradiaba veneno por todos los rincones, al menos aquí, aparte de alcohol, drogas y delincuentes, no hay madres malvadas que quieren dañar tu futuro. Me encojo de hombros y saludo a Robert con un asentimiento de cabeza. —Se hace lo que se puede. Si mi yo pasado viera lo que estoy haciendo en el presente, caería de bruces en cualquier momento. Siempre estuve llena de ilusiones y expectativas claramente elevadas: ser una universitaria de dieciocho años, estudiante de Julliard, protagonista de casi todos los recitales de la universidad, compañera de habitación de una linda y amable chica estudiante de música o de danza como yo, salir todos los sábados al cine o al teatro, tener muchas amigas que tengan las mismas aspiraciones que yo, y compartir mi alegría con mis padres, mi hermano e incluso con los gemelos. Pero las cosas se me salieron de control y ya no puedo dar vuelta atrás. Por lo menos, Shaila ha logrado convencerme de aplicar a Julliard nuevamente e incluso a otras universidades, aunque ella no sigue su mismo consejo pues se ha conformado con llevar la vida que tiene por siempre: andar de fiesta todos los viernes por la noche, no llegar a casa


ni sábado ni domingo, y llegar el lunes antes del amanecer con una enorme resaca, el pelo enmarañado y el maquillaje corrido por su cara. Al principio pensé que Shaila era una prostituta, pero luego lo comprobé cuando me percaté que ninguno de los chicos que traía o trae al piso cuando yo no me encuentro no le pagan ni un centavo después de hacer… ejem, eso. Cabe destacar que, algunos de los chicos que le frecuentan o los que he conocido a lo largo de estos cuatro meses yendo a fiestas con ella o eventos incluso peores, han querido meterse en mis pantalones más de una vez. La verdad es que jamás me imaginé viviendo con una chica que es conocida como la más perra de la ciudad. Sin embargo, toda esta vida alocada que lleva Shaila —aquella rubia de mechones rosa y extremadamente delgada—, causa que yo me despeje de tantos recuerdos y olvide mis miedos y mis tormentos por una vez en la vida. Aunque definitivamente echo de menos a papá, a mi hermano y a… mi madre. Se me forma un nudo en el estómago al recordar la más fría de las traiciones que he recibido a lo largo de mi vida. Aún esperando el bus, me sobresalto al darme cuenta que mi móvil ha estado sonando desde hace algunos segundos; en cuanto me percato de quién está llamando una enorme sonrisa se hace presente en mi rostro. —¡Hola! —¡Andrey! ¿Cómo estás? ¿Qué tal la vida de universitario? ¿Recibiste mi paquete? — chillo al escuchar la voz de mi hermano—. No pude sacar más libros de casa, mamá llegaría en cualquier momento, lo siento… —Cálmate. Los libros están bien. Igual que yo, ¿vendrás en fin de semana? —Su voz suena esperanzada, lo que logra sentirme un poco culpable. Irme a California por el fin de semana me aterra. No sólo por la idea de encontrarme a Eric Sanders nuevamente —quien, la última vez que habló conmigo me besó para “calmarme” por lo alterada que estaba por el rechazo de Julliard—; sino también porque hay algo dentro de mí, y no sé exactamente qué parte, me susurra, una y otra vez, que no me marche de la ciudad, al menos por ahora. «Lo que sucede es que te estás volviendo loca».


Uh, sí genial. Con una compañera de piso como Shaila, cualquiera estaría loca desde hace muchísimo tiempo. Intento calmarme, antes de escoger las palabras adecuadas para responderle a mi hermano. —Uh… no lo sé Andrey, tengo muchas cosas que hacer y… Mi hermano se apresura a interrumpirme. —¿Cosas como cuáles? ¿Drogarte con Shaila en el suelo? ¿Emborracharse con un par de desconocidos en un bar punk? ¿Tatuarte tu otro brazo? Su voz es ruda. Él todavía sigue enojado por el diminuto tatuaje, en forma de una zapatilla que me he hecho en mi muñeca derecha. Él todavía sigue molesto por el hecho de que su hermana convive día a día con una loca. —Yo no me drogo, Andrey —replico, tratando de sonar tranquila. Observo si viene el bus, y me percato que se está tardando demasiado—. Y tampoco me emborracho, no todo el tiempo. Andrey gruñe. —¡No todo el tiempo! —repite, como si fuese dicho una de las más grandes blasfemias. —Genial, enójate. —Suelto con reproche—. Así iré a tu departamento a rogarte de rodillas que me perdones por tatuarme una zapatilla en mi muñeca. —Resoplo al mismo tiempo que él, lo cual me causa gracia y suelto una carcajada—. ¿Te parece bien si paso Acción de Gracias contigo? Mi hermano gime. —Ciara. Yo iré a Detroit. Escucha, papá no tiene la culpa de esto, no podemos dejarlo solo —dice, y sé que está siendo completamente razonable. —De acuerdo, entonces estaré en tu departamento, en dos semanas —murmuro en respuesta, aunque por dentro no quisiera marcharme de aquí por algún extraño motivo—. Me llevaré a Shaila —bromeo sabiendo que eso le sacará de sus casillas. —¡Ni en un millón de años! —exclama indignado—. Entonces en dos semanas, ¿vale? No me hagas arrastrarte hasta acá. Te vendría bien un poco de sol, playa y arena. Río, en realidad la idea no suena tan mal, aunque ese no-sé-qué no me deja deducir si debería quedarme más días de lo planeado.


—La idea me está comenzando a convencer, hermano —reconozco, alegre de poder volver a ver a mi hermano después de hace algunos meses que viajó a California para comenzar sus estudios en Stanford. Secretamente me siento orgullosa de él, aunque la mayoría del tiempo le grito lo aburrido y nerd que es, y él habitualmente me responde con un: “¿En qué monstruo te has convertido?" Y ambos reímos. En cuanto me despido de mi hermano, al tiempo que el bus se detiene ante mí, me subo y me apresuro a colocarme los auriculares de mi móvil y perderme, por los veinte minutos que tardo en llegar a la Academia, escuchando la hermosa y perfecta voz de mi amado Chris Martin. Mientras observo por la ventana, mi miente vuela unos meses atrás, cuando Shaila enloqueció a causa de la ebriedad.

*** Me encontraba lavando los platos del desayuno para después salir a Bradbury a bailar un rato antes de que la clase que impartía comenzara. Shaila aún no había llegado a casa desde el viernes, y eso fue suficiente para que yo pusiera todas las cosas en orden, pues ella prácticamente dormía en un cochinero, sólo faltaba el olor a moho. De momento, comencé a escuchar el ruido de unas llaves, y luego una tambaleante Shaila entró por la puerta luciendo completamente horrible y aturdida. —¿Estás bien? —pregunté, aunque su aspecto me lo dice todo. —Los hombres son una mierda —murmuró entre dientes y después se desplomó en el sillón—. ¡La única que tuvo suerte con uno fuiste tú y lo dejaste, idiota! Ella todavía seguía ebria, yo lo sabía, pero igual no pude evitar replicar: —De hecho, tuve muy mala suerte. —¡No jodas! No es cierto, ese tío estaba coladito por ti. —No entendí cómo una persona pueda hablar tan duro cuando, aparentemente, le duele la cabeza. La ira comenzó a apoderarse de mí, como cada vez que alguien habla de él. —Cierra la boca, tú no sabes absolutamente nada —mascullé malhumorada. Shaila se levantó del sillón, tambaleándose un poco, pero pude ver la ira mostrándose en sus ojos, ella me miró por unos segundos, y aunque estaba muy desubicada, la determinación que poseía era más que evidente.


—Claro que lo sé, me lo contaste tú misma —expuso ella, yo la miré un poco temerosa de lo que sea que fuese a decirme, aunque también estaba más enojada que ella—. Pero tú eres idiota, ¿lo escuchaste? Nunca averiguaste qué era lo que él tenía que hacer, lo que siempre te decía. Tenía que luchar contra algo, ¿pero qué? jamás te lo dijo, ¿y si fue por eso que se marchó? Tú le diste la espalda, y él lo aceptó porque era eso lo que él quería. Fruncí el ceño al escuchar los gritos de Shaila. ¿Podría tener razón? Bah. Estaba más ebria de lo que pensaba.

*** Alejo todo pensamiento incómodo de mi mente, tratando así que mi atención sólo esté fija en la voz de Chris, aunque aquello parece imposible, pues al dejar que aquel recuerdo de lo que me dijo Shaila aquel día, no puedo evitar analizar sus palabras. Finalmente, antes que cosas raras comiencen a pasar por mi mente, desecho todo pensamiento que tenga que ver con aquella charla, no vale la pena. Una vez estando fuera del bus, camino directamente hasta el Starbucks de la esquina; en realidad, es una costumbre para mí que antes de entrar a Bradbury, me tome un café espumoso y rico. Entrando, me sobresalto con el sonido de mi móvil nuevamente, por lo cual, mientras rebusco en mi bolso de mensajero choco contra un cuerpo duro, y al segundo, una carcajada estridente se hace escuchar. —¡Mamma mia! —exclama divertido al verme, sus ojos marrones alegres, pero luego confusos—. ¡No me lo puedo creer! ¿Pero qué haces por aquí? —Ahora me observa con sus ojos abiertos como dos platos. Gioele Venturi me mira de pies a cabeza, su habitual sonrisa extendiéndose a lo largo de sus labios mientras espera mi respuesta. Infiernos. —¿Gioele? —bisbiseo como idiota, es obvio que es él, aunque realmente no puedo creer que me lo haya encontrado aquí. —¡Oh Cici! —exclama él lanzándome a sus brazos en un apretado y caluroso abrazo—. ¡Sigues tan desubicada como siempre! Bien, gracias por el cumplido.


—Y tú tan sincero como siempre —mascullo, aunque en mis adentros me estoy muriendo por darle un par de besos sonoros y decirle cuánto lo he echado de menos. Gioele se convirtió en uno de mis mejores amigos, y a pesar de ser muchísimo más mayor que yo —supongo que ya está llegando a los veinticinco—, tiene un espíritu que le hace ver como un adolescente; sin embargo, siempre me ha brindado excelentes consejos, muy sabios en realidad. Lo echaba tanto de menos, teníamos meses sin vernos, es decir, desde aquella vez que su primo se fue. Es de resaltar que, luego de ciertos acontecimientos, tuve que evitarlo porque su presencia me traía recuerdos. Bien, en realidad esto último no ha cambiado. —Ciara, ¿Cómo es que no estás en Nueva York? —pregunta halándome hacia una mesa desocupada, al decir el nombre de la ciudad, su acento italiano me causa gracia, él enseguida se percata de ello—. ¡Eh, no tengo la culpa de ser extranjero, mujer! Reprimo una carcajada. —De hecho, eres un extranjero muy adorable. —Guiño y luego intento obtener una actitud despreocupada ante mi siguiente revelación—. Y verás, fui rechazada por Julliard, lo siento por no contarte. Gioele me evalúa, su ceño se frunce. —Por supuesto que no me contaste, ya que, me evitabas —farfulla en respuesta, sin dejar de mirarme—. Estás más delgada, Cici. ¿Qué ha sido de tu vida? Quisiera poder mentirle, pero es Gioele Venturi. ¿Cómo podría mentirle a este chico? —Un desastre. —Me encojo de hombros. Él me dedica una ladina sonrisa. —Creo que deberías tratar de ordenarla, ¿no crees? Resoplo, aunque sé que tiene razón. Tal vez he hecho las más desagradables elecciones de mi vida. Pero es que estoy perdida, tan perdida que ni yo misma puedo encontrarme. —Creo que necesito tiempo —explico, mi sonrisa inexistente comienza a delatar lo angustiada que he llegado a sentirme—. Muchas decepciones últimamente… si sabes a lo que me refiero. Entonces ocurre algo sumamente extraño.


Gioele se levanta de su lugar, su rostro está crispado de dolor en este momento; él coloca sus manos en mis hombros, me observa por un largo instante, y en cuanto estoy segura que Gioele se pondrá a llorar en pleno Starbucks, envuelve sus brazos alrededor de mi cuerpo y me abraza, hundiendo su rostro en mi cabello, como si él estuviese pasando por momentos más terribles que los míos. —La vida es injusta, Ciara —murmura en mi cabello, su voz es un susurro triste. Yo no puedo evitar preguntar: —¿Qué es lo que sucede? Él se separa un poco de mí, y su rostro me da mucho en que pensar; sin embargo su semblante me revela que no me va a contar nada, que lo que está ocurriéndole es tan intimo que ni siquiera yo puedo saberlo. —Te tengo una buena noticia. —Ahora su sonrisa aniñada vuelve a aparecer y mis ánimos suben automáticamente—. Te caerás para atrás, lo sé. Alzo mis cejas a causa de la impresión. Entonces, mi nuevo mejor amigo comienza a reírse con picardía, y cuando creo que me va a decir alguna broma o alguno de sus piropos extraños, suelta: —Me casé con Barbie. Ni siquiera, a pesar de quedarme como una estúpida con la boca abierta por uno o dos minutos, puedo procesarlo, ¿Gioele casado? ¿Con Barbie? ¿Cómo es eso posible? ¡Esto es increíble! Apostaba que Gioele jamás iba a sentar cabeza, pero claro, la vida da muchas vueltas. —¡Oh por Dios! —clamo, aún boquiabierta. Gioele comienza a contarme cómo ocurrió todo, desde el coqueteo con Barbie, hasta caer totalmente rendido a sus pies, y hasta llegó al punto de proponerle que se casaran cuando tenían apenas dos semanas de novios. Ahora Gioele y Barbie son marido y mujer y ambos viven en el departamento alquilado de la chica, donde ahora es su nido de amor. Yo no puedo evitar la impresión al escuchar la historia que Gioele me está contando, el romance involucrado me resulta increíble y hermoso y sin siquiera planearlo, una pequeña punzada de celos se ubica en mi corazón… una punzada de celos y de envidia. Al momento que Gioele comienza a contarme acerca de April y su padre, llega el tema de su… primo. —Ciara, Trenton en serio que te quiere. —Sus ojos marrones buscan los míos y sé que desea observar mi reacción al escuchar el nombre de su primo.


Pero lo que no sabe es que desde hace algún tiempo, he aprendido a fingir muy bien. —Eso ya es pasado, Gioele —replico sonando demasiado tranquila para mi suerte—. Las cosas cambian, las personas también, incluso los estúpidos —agrego, utilizando para mi beneficio lo mismo que le dije a Eric alguna vez. Si lo superaste una vez, ¿por qué no dos? Y después de mencionar aquello, Gioele desiste de su intento de convencerme del amor de Trenton Lombardi, un amor inexistente, por supuesto. Sin embargo, en mí ha logrado algo, quizás sea curiosidad, quizás sea algo más. En aparece una duda: ¿Trenton está luchando contra qué?

*** —Ciara, pensé que ya te habías olvidado de tu padre. —Papá me sonríe como nunca antes y abre la puerta aún más para que yo entre a la que una vez fue mi casa. Al encontrarme con la mirada de mi madre, frunzo el ceño. —Es un placer volver a verte —dice ella, y la sinceridad emana en sus palabras. En cuanto escucho unos estridentes pasos brinco de felicidad y en menos de dos segundos ya me encuentro en los brazos de mi hermano. ¡Pero qué guapo está! Lo había echado tanto de menos desde que viajó hasta acá para Acción de Gracias, ahora en diciembre nuevamente, lo tengo cerca de mí. Nunca pensé que sería tan difícil para mí estar lejos de mi hermano. Papá y mamá nos observan sonrientes; mas el dolor de mi madre es tan notable que nos sobresalta a mi hermano y a mí. Lo cierto es que, desde que me fui de casa hace ya seis meses, ella ha estado tan cambiada que definitivamente no me lo creo. Aunque esto último es agradable, para todos nosotros, incluso para ella, pero yo todavía necesito tiempo, tiempo para olvidar o sanar lo que ella me hizo. Papá y mamá, después de tantos meses en dudas y discusiones —según me contó papá en una de las llamadas—, después de todo decidieron no separarse. Lo que me parece obvio es que seguramente papá le exigió reivindicarse con sus hijos, y ella ahora se ha convencido de lo equivocada que estaba conmigo. O al menos, eso es lo que quiero creer. —¡Estás tan hermosa! —exclama mi hermano al verme de arriba abajo, una sonrisa pícara cruza su rostro por un momento—. Sería una lástima que… alguien arruinara tu cabello.


Yo río cuando comienza a desordenarme mi cabello sin importarle mucho cuánto he tardado en hacerme aquellos rulos en todo el cabello achocolatado. —Me encanta verlos en casa —expresa mamá, su voz parece abrumada por un momento. Nadie tiene tiempo de responder, pues dos figuras aparecen ante mi vista y prácticamente salto ante Suzanne y corro a abrazarla. Y por más incómodo que sea, hago lo mismo con su hermano, ¿qué puedo hacer? Somos amigos de la infancia, sería imposible no alegrarme de verlo. No es la primera vez que en la cena navideña nos acompañan los gemelos —los mismos que sin duda parecen más nostálgicos de lo normal por la pérdida de su padre—, la presencia de estos causa que el ambiente no sea tan tenso. Papá ocasionalmente le pregunta a los gemelos cómo les está yendo en la universidad y cómo se las han arreglado con su nueva independencia. Andrey por su parte, nos deleita con sus divertidas historias con sus nuevos amigos que también son amantes de fútbol y el billar, igual que él. Mi hermano evita por todas partes mencionar a chicas, aunque todos en la mesa sabemos que tiene más de una admiradora; sin embargo, y es más que evidente, mi hermano mayor sigue coladito por Suzanne Sanders, su único amor. Y a ella también le ocurre lo mismo. No me sorprendería que alguno de los dos decidiera efectuar una transferencia de la universidad para estar cerca del otro. Eric también se encuentra muy a gusto con sus estudios; mientras nos da a entender lo maravillado que se encuentra de cursar la carrera que definitivamente más le gusta, sus ojos se fijan en mí con un poco de tristeza, hasta llega a mencionar los distintos programas que ofrecen algunas universidades de California, con la esperanza de que yo desee asistir a alguna de ellas. Sólo que no hay ningún programa de Danza en ninguna. Andrey se encarga de colocarme una pequeña pulsera de oro en cuanto decido que ya es hora de marcharme, lo que causa que yo abra tanto los ojos por la sorpresa y me lance en sus brazos nuevamente, y le susurre lo contenta que estoy de tenerlo cerca nuevamente. Papá me entrega un pequeño sobre blanco en cuanto me separo de mi hermano. —Ábrelo cuando estés en casa —dice, y su sonrisa es orgullosa. Estoy a punto de preguntar de qué se trata todos aquellos regalos. Ellos se explican con la excusa de que es navidad, y me merezco muchas cosas. Mi papá y mi mamá comparten miradas cómplices y yo me pregunto qué es lo que me están ocultando.


—Sí, sin duda mereces mucho, mucho más —concede mi madre al comentario de mi padre. Cuando me encuentro en el departamento que comparto con Shaila —la que no se encuentra, pues viajó a Kansas la semana pasada— me impresiono de la cantidad de frío que hay en el departamento, extrañando la comodidad de la calefacción me acurruco en uno de los muebles y me entretengo con Jane Eyre y en cuanto me encuentro con una frase, mi corazón se detiene momentáneamente. “Sabía que yo lo amaba profundamente, y que buscar mi ayuda era halagar mis vivos deseos de ser toda para él.” Trenton jamás buscó mi ayuda, ni siquiera cuando estaba en la lucha de algo que nunca supe. Luego, recordando las más sublimes citas de este libro que he leído demasiadas veces para el gusto de mi hermano, quien critica mi falta de diversidad en cuanto a escoger libros, una cita se viene a mi mente, y es como si yo misma la fuese dicho: “¡Dios quiera, gentil lector, que nunca sientas lo que sentí entonces! ¡Que tus ojos nunca viertan lágrimas tan vehementes, dolorosas, torturantes como las que brotaron de los míos!” Oh, por supuesto que lo siento. Y cuando desisto de seguir leyendo, me sumerjo en la tristeza que brota de mi alma, ante los recuerdos tortuosos y lejanos que giran en torno a Trenton Lombardi, quien jamás se ha marchado de mis pensamientos, incluso a pesar del tiempo, incluso cuando yo demuestro todo lo contrario. Mis lágrimas vehementes, dolorosas, punzantes y gruesas, brotan de mis ojos en medio de un llanto silencioso.

*** Genial, me he quedado dormida en el espectacular y cómodo sillón. Es el primer pensamiento que pasa por mi mente cuando despierto, por el sonido de mi móvil. —¿Hola? Una respiración frenética se escucha al otro lado de la línea. —¿No has visto lo que contiene el sobre verdad? —Andrey parece ansioso.


—No. Se escucha un chillido al otro lado de la línea y sé que el teléfono está en altavoz. —¡¿Y qué esperas?! —exclama, esta vez se trata de Suzanne. —Vale, cálmate rubia —gruño, y con mi teléfono apoyado entre mi hombro y mi mejilla, me dirijo hasta mi bolso y comienzo a hurgar en él hasta que doy con el dichoso sobre, el cual es un regalo de mis padres. Lo abro despreocupadamente, dentro de él hay dos sobres más pequeños. Abro primero uno, sin dejar de escuchar los murmullos que intercambian mi hermano y la rubia. —¿Crees que haga que Miriam cambie el regalo? —le pregunta ella a él—. Porque me vendría bien una compañera de habitación. Andrey en seguida responde: —Creo que su decisión nos va a sorprender a ambos. Abro excesivamente los ojos al percatarme de qué se trata el primer documento. Y luego el segundo me sobresalta, por ello les pregunto a Andrey y a Suzanne inmediatamente: —¿Trenton y yo hemos sido aceptados en la Academia de Artes Scofield? —Es totalmente increíble que nuestros nombres estén allí, cuando ninguno de los dos ha planeado entrar a aquella universidad situada en New Haven. O al menos eso es lo que deduzco de Trenton Lombardi. ¿Es una clase de broma? La voz de Andrey me saca de mis pensamientos. —Lo sé, ni yo mismo puedo creerlo. Apenas papá me lo acaba de contar, mamá decidió hacer esto por ti, aunque esa universidad no es Julliard… ¡Por supuesto que no es Julliard! Pero ambos sabemos lo que significa ser aceptado en Scofield, vamos, seamos sinceros, es una de las universidades con programas de artes más amplios en el país, es igual de reconocida que Julliard, aunque esta última es más famosa si hablamos de Danza. ¡Pero, infiernos!


¿Mi madre fue capaz de buscarme una universidad, y además de eso también buscarle una a Trenton, del cual, ni siquiera sé su paradero? Trenton y yo en la misma universidad. Oh Dios. ¿Mamá de verdad piensa pagarle los estudios a Trenton? —¡Pero Andrey! —exclamo totalmente desubicada—. ¿Acaso mamá está demente? ¿Cómo le va a buscar una universidad a Trenton sin su consentimiento? ¿Qué no sabe lo que pasó en realidad entre él y yo? ¿Y qué con eso de que es mejor que él esté alejado de mí? —Aunque pueda quedarme sin aliento de tantas preguntas que suelto no me importa. Al otro lado de la línea, las carcajadas de Suzanne y Andrey se hacen escuchar. —Pues tu mamá se ha vuelvo loca, lo sé —dice Suzanne juguetonamente—. Sin embargo, no vayas a negar el hecho de que esta noticia te ha entusiasmado. Incluso, podrías buscar a Trenton y avisarle, digo… no es que se vayan a reconciliar, pero el merece cumplir sus sueños… El consejo de Suzanne me deja demasiado pensativa. ¿Debería buscar a Trent? ¿Seré capaz de soportar volver a verlo? ¿Él aceptará esta ayuda de mi madre? —Mamá ha estado muy pensativa, Ciara —reconoce mi hermano, después de un prolongado silencio—. Creo que quiere devolverte lo que te ha quitado, de hecho, ella ha dicho que si deseas Julliard, te dará Julliard. Y que con buscarle aquella oportunidad a Trent, es una manera de aceptarlo. Ella no sabe nada de lo que ha ocurrido; sin embargo, me parece que su actitud es la correcta. Todos merecemos segundas oportunidades, no lo olvides. Sí, es cierto. De lo que no estoy segura es si yo soy capaz de brindar segundas oportunidades. Mi yo sensible me dije que sí, sí puedo con esto.


Querido Trent: ¿Cómo has estado? Yo he permanecido reflexiva últimamente. Te preguntarás ¿en qué se relacionan mis últimas reflexiones y tú? Por eso te doy la respuesta: verás, hace apenas una hora que he recibido una agradable (e increíble noticia, cabe destacar) que nos concierne a ambos, y desde hace exactamente una hora he intentado procesarla, y en medio de mis pensamientos opté por tomar esta hoja de papel y una pluma y escribirte cómo me siento en este momento. Te enviaría un correo, sí, créeme que lo haría, Trent. Pero no puedo, y no es sólo porque Shaila (mi compañera de piso) no haya pagado el internet, sino que tampoco sé si leerás el correo algún día. Por eso espero que esta carta se te haga llegar de inmediato, y no creas que soy una estúpida, pues eras la única persona que no había llegado a creerlo. Trent, no te escribo para cuestionarte, de hecho, estoy segura que te preguntarás si lo que vivimos alguna vez, quedó en el pasado, y mi respuesta es sí, todo es pasado, y yo estoy bien. Ahora, sin darle más vueltas a la cuestión, esta mañana leí algo que me dejó atónita. Y te agradecería que te pusieras en contacto conmigo, créeme Trent, si lo haces, sólo encontrarás en mí a una Ciara distinta, una que no te recriminará lo que ha pasado hace ya seis meses. Sin embargo, si no quieres oírme lo entenderé, y de igual manera puedes ponerte en contacto con Andrey, quien también está enterado de la noticia que he recibido hace una hora antes de plantearme escribirte. Si quieres realizar tus sueños, esta noticia que te tengo te ayudará… No te la diré por aquí, pues es tan increíble que estoy segura concluirás que es una estúpida broma de mi parte. Saludos, Ciara A. Después de finalizar la llamada con mi hermano y Suzanne, esto fue lo que hice, y no puedo negarme a mí misma que muchas mentiras se reflejan en esta carta. Claro que lo recrimino, sólo que lo hago en silencio, donde nadie puede oírme, donde nadie puede defenderlo.


Y también es una estúpida mentira el que me encuentre bien. Inhalo profunda y lentamente mientras doblo la hoja y la introduzco cuidadosamente en un sobre blanco, el cual no tardo cerrar y sellar. ¿Dónde podrá estar metido Trenton? No quiero verlo, la verdad que no, pero tampoco puedo ser tan egoísta como para negarle esta oportunidad; sin duda, tendré que inventarle una excusa, es obvio que él no va a aceptar que mis padres le paguen los estudios, aunque… ¿si él les paga con trabajo? Quizás esa sea una opción, o siempre puede haber una mentira… ¿y si le digo que le han ofrecido una beca? Por una parte, no sería una completa mentira, pero quien sabe. «Oh vamos Ciara, sólo cumple con que lo sepa, el resto es su problema, si lo acepta bien por él, si no lo acepta, él se lo pierde». En cuanto me he sobrepuesto de los últimos acontecimientos, corro hasta el minúsculo baño a tomarme una ducha, la que espero también me ayude a despejarme del sueño y de mis pensamientos ilógicos que siguen y siguen girando en torno a Trenton. ¿A quién debería darle la carta para que se la entregue? ¿Debería dejarla en su casa? Oh, sí eso es lo que haré. Pero supongo que antes debo hacer primero una visita.

*** Aunque haya vivido en esta casa desde que tengo memoria, odio con todas mis fuerzas llegar a la hora del almuerzo y sin ser invitada. Por eso, no puedo evitar sentirme avergonzada al entrar al comedor, siguiendo a una Nanda muy entusiasmada, donde se encuentra el resto de mi familia y amigos. Mamá es la primera que repara en mi presencia. —¡Oh! Hija, has venido, ven cariño siéntate. Para mi sorpresa, mamá está espléndida y contenta con mi presencia, ella le hace señas a Nanda para que coloque un plato para mí al lado de Eric. A todos los presentes les dedico un saludo tímido agitando mis dedos y sonrojándome en el proceso, y aunque no puedo evitar parecer una cría, me acerco a mi padre y le beso en la mejilla, por lo cual mi mamá frunce el ceño.


Le dedico una mirada que dice claramente: «Te dije que necesito tiempo», y ella al cambio me ofrece una liviana sonrisa, al mismo tiempo que me siento al lado de Eric un tanto incómoda por cierto. Nanda en seguida coloca delante de mí una ligera ensalada. —He leído lo que contenía el sobre… —balbuceo al principio, luego me reprendo a mí misma por lo estúpido que ha sonado aquello. Obviamente eso ellos ya lo sabían—. Todavía estoy tratando de procesarlo. Siento la mirada de todos fijas en mí. —¿Quiere decir que no gritarás y patalearás sólo para conseguir Julliard una vez más? —Se atreve a preguntar mi hermano, aunque él sabe perfectamente que yo no soy capaz de eso. Al contrario, cuando recibo un regalo, lo aprecio demasiado. Los demás comen en silencio; sin embargo, es mi madre quien lo rompe. —¿Entonces lo aceptas? —Se le ve esperanzada—. ¿Y Trenton? Andrey y Eric comienzan a toser casi al mismo tiempo. —¿Cómo que Trenton? —pregunta Eric, claramente alarmando y desubicado. Mi mamá asiente con la cabeza, y mi padre le aprieta la mano ante nuestra vista. —Trenton también ha tenido una oportunidad, no creo que la desperdicie —expresa, muy segura de sí misma. Después me mira fijamente, un atisbo de sonrisa en sus labios—. ¿Ya se lo contaste? ¿Cómo se lo voy a contar si ni siquiera lo he visto en meses? ¿Es que mamá cree que nos reconciliamos o qué? —De hecho, esperaba tener una oportunidad para poder hablar contigo —mascullo, pues el algo ha aparecido en mi corazón, como todas las veces que ocurre cuando alguien nombra aquel nombre. Dios, ¿será posible que alguna vez lo pueda superar? Por ahora, tendré que conformarme con mentir. En cuanto hemos terminado de almorzar, mi padre se centra en una conversación con mi hermano, Suzanne y Eric por supuesto, mientras que mamá y yo nos excusamos y caminamos hasta el despacho de papá, ella en lugar de sentarse al otro lado del escritorio, me indica que me acomode en el mismo mueble que ella, el cual es de un color vino, terso y cómodo.


—No he visto a Trenton en meses, y lo sabes —murmuro una vez sentadas una al lado de la otra. Mi mirada fija en el piso, la de ella fija en mí—. Él sólo un día se marchó y… Jamás me hubiera imaginado estar en esta situación a punto de expresarle a mi madre, Miriam de Aldridge, cómo la persona que amé o amo ya no está más en mi vida. Todavía me resulta increíble que esta sea la realidad. —Por un momento pensé que era el chico más sincero que he conocido —admite mamá, todavía mirándome—. Y lo sigo creyendo. ¿Qué fue lo que ocurrió? Yo evado su pregunta. —¿De verdad crees eso? Ella asiente con la cabeza, y por un momento creo en el sexto sentido de mi madre, una persona que con sólo una mirada fija, descubre las segundas intenciones de una persona, algo extraño, pero cierto. Yo continúo hablando: —Él se marchó, me dijo que necesitaba tiempo. Y fue como si la tierra se lo hubiese tragado. —Frunzo el ceño ante la idea, ¿es que dónde puede encontrarse Trent? Aunque de ninguna manera he vuelto al GYM, ni a The Space, ni mucho menos a su casa, así que eso es lo que haría el resto de la tarde, sin duda tendría que hacerlo, aunque primero preferiría entregarle mi carta a Gioele, pues temo mi reacción al encontrarme con Trenton Lombardi después de tanto tiempo, después de odiarme a mí misma por amarlo a él. —¿Tienes algún plan? ¿Quieres esto para él? —pregunta una vez más, y sé que se está refiriendo a la oportunidad a Trent de entrar a una universidad de Arte. Eso es lo que no sé. De él aceptar… ¿seré capaz de verlo todo el tiempo? Estar en una universidad, la misma que él, es asegurar nuestros encuentros, ¿podré olvidarlo aún viéndolo todo el tiempo? ¡Oh Demonios! Ni siquiera sé lo que estoy haciendo. —No, no tengo ningún plan. ¿Por qué estás haciendo esto por él? —Esta vez pregunto yo—. ¿Y cómo lo hiciste? Ella se encoge de hombros, y me dedica una maternal sonrisa. Oh, mami, cuánto te he echado de menos. —No fue tan difícil, los directivos se quedaron pasmados ante los vídeos que les envié, y en cuanto a Trenton… sólo fue algo imprevisto, una coincidencia fue el haber encontrado un cuadro hecho por él en tu habitación. Mi corazón se paraliza ante aquella mención.


El cuadro. Intento deshacerme del recuerdo. Me lo había dado después de lo ocurrido con el señor Sanders y su muerte, aquél cuadro con infinidad de emociones plasmados allí, muchos dirían que era un trabajo sin sentido, pero yo logré admirarlo, era una mezcla de miedo y felicidad en una grandiosa pintura. El recuerdo se marcha en cuanto sacudo mi cabeza. —Oh Dios, mamá, todavía no sé nada de él. Pero intentaré que acepte esa oportunidad, estoy segura que no va a rechazarla. A pesar de no haberme querido lo suficiente como para quedarse a mi lado, le conozco y sé que él no es una persona desagradecida. Pero, ¿y si no acepta por el hecho de que yo estudiaré danza en la misma universidad que él? —No te preocupes querida, las cosas van a arreglarse. —Me dio una palmadita en la mano, con el obvio miedo del rechazo; no obstante, para su sorpresa, yo le agradezco el gesto con una sonrisa tímida, y ella se acerca un poco a mí y me abraza, con miedo destilando por todas partes, el que calmo abrazándola de vuelta—. Gracias, Ciara. Un deje de preocupación se filtra en mi sistema. —¿Por qué? —Por abrirme los ojos —reconoce y su voz se quiebra al final—. Lo siento muchísimo. Bienvenida de regreso, mami. En cuanto estuve fuera de la casa de mis padres, salí decidida a visitar al apartamento de Barbie, donde actualmente vive con Gioele, su divertido y apuesto marido. Sin embargo, antes de hacer cualquier cosa, tuve que llamar al móvil de Gioele, por si no se encuentra a casa. —¿Ciara? —Eh, Hola, Gioele, necesito hablar contigo. —Aunque no puedo evitarlo mi voz suena peligrosamente nerviosa, cosa que al instante nota Gioele. —¿Ha ocurrido algo? Habla rápido Cici, hay mucho trabajo en el taller —indica, se le nota cansado. Escucho un suspiro de su parte y, segundos después, reparo en lo que ha dicho. ¿Mucho trabajo en el taller? Tenía entendido que el único ayudante del taller de su padre era Trenton. ¿Es que acaso Trenton ya no trabaja allí?


—¿Taller? —Sí, Ciara, taller —responde mordazmente, ¿es que me está ocultando algo?—. ¿Qué demonios ocurre? Tomo una respiración profunda, pues mis nervios se multiplican al pensar dónde se encontrará Trenton. Pero es algo que no me importa, ¿verdad? yo sólo necesito entregarle la carta a Gioele, esa es mi única misión, al menos por ahora. —Necesito entregarte algo —murmuro en respuesta. Gioele bufa. —¿Qué demonios vas a entregarme? Mierda, por un momento pensé que te iban a secuestrar o algo. Suelto una risita nerviosa. —Necesito darte algo para que se lo des a… tu primo. —Suspiro después de decirlo. Un silencio sepulcral se presenta entre ambos. Ahora lo único que soy capaz de escuchar son los múltiples sonidos de los autos que avanzan por la calle, mientras yo camino lentamente sin dirección alguna, esperando solamente la respuesta de Gioele para correr a su casa y entregarle mi carta. —De acuerdo, déjala en el buzón, no estoy en casa ahora —responde, pero su voz es tan distante que me estremezco. —Prométeme que si tienes una respuesta me la dirás —ruego. Él murmura un desganado «Te lo prometo» antes de colgar, a lo que yo finalmente me encargo de colocar la dirección de la carta y dejarla en el buzón más cercano, esperando impacientemente que Trenton reciba la noticia pronto, y que pueda decidir qué hará. Y también, aunque sea un poco tonto, estoy esperanzada de que él prefiera hablar con mi hermano que conmigo.

*** Hola de nuevo, Trenton. Estuve esperando noticias tuyas desde hace aproximadamente tres semanas. Nunca pensé que llegaría a tanto contigo, desde la última vez que nos vimos me prometí a mí misma no buscarte; sin embargo, esto es demasiado importante, algo que sobrepasa el orgullo o mi alto ego. Por eso, estoy intentando por todo los medios que lo sepas, y si no sé


respuestas tuyas después de estar carta, no me quedará más remedio que plasmar la noticia por una tercera y última carta. Trenton, no te pido que te comuniques conmigo, hazlo con mi hermano si así lo decides, sólo necesito que lo sepas, que sepas que una gran oportunidad se te ha ofrecido, una que no desperdiciarás al saberla, yo lo sé. Hace tres semanas que decidí escribirte, no obstante no obtuve alguna respuesta o señal que me indique si estás interesado. Presiento que no quieres verme, y aunque esto sea demasiado duro decírtelo, yo tampoco quiero verte a ti, no te lo tomes a mal, ¿vale? Esta carta no se trata de ambos, sólo de ti y de tu futuro. Estoy un tanto preocupada, en unos meses me marcho finalmente de la ciudad, y tú quedarás libre de mí para siempre. No es un reproche, Trent, porque también me desharé de ti. Sólo espero que pronto te enteres de lo que ha ocurrido. Saludos, Ciara A. PD: Por favor, comunícate con Andrey. —¿Pero qué es lo que estás haciendo aquí arriba, loca? —inquiere Shaila al encontrarme en la azotea del edificio donde vivimos ambas. Cuando ella se percata de lo que descansa encima de mi regazo me observa curiosa—. ¿Estás escribiendo una carta? — Ella salta—. ¿A Trenton? Niego con la cabeza, de ninguna manera Shaila se va a enterar de esto. Ella murmura un «Oh», desilusionada, pero luego se recompone. —¿Quieres ir a un reventón esta noche? —Sus ojos brillan con perversión—. Te prometo una noche de pasión, sólo tienes escoger uno o dos chicos, no más de tres por favor. Santo Dios. —Con uno está bien, Shai —digo fingiendo interés, aunque la verdad el pensamiento de otro chico besando mis labios me resulte completamente asqueroso. Aunque, si hablamos de una aventura… no puedo hacerlo tampoco. —¡Oh! —exclama alzando sus brazos al cielo—. ¡Al fin hablamos el mismo idioma, carajo! Me carcajeo por lo bajo mientras doblo la carta cuidadosamente, para luego depositarla en un sobre. Coloco la dirección de la casa del señor Cole, donde vive o vivía Trenton, esta vez esperanzada porque su tío se la entregue cuanto antes. Al principio había pensado en


enviársela a Gioele, pero no quiero que piense que yo estoy tratando de… buscar a su primo para otras… ejem, cosas. Después de platicar un rato más con Shaila, decido que es tiempo de irme a la ducha, para después enviar la carta a la casa donde, según yo, sigue viviendo Trenton. Fuera más fácil si me atreviese a preguntarle a Gioele si él sigue viviendo allí, no obstante mi orgullo comienza a sobrepasar los límites, aunque tengo razones. *** Trent, es este momento estoy en casa de tu primo Gioele. Como te lo dije en la carta anterior, esta será la última. Mientras Barbie se encuentra en la cocina preparándome un té, yo decidí escribirte ahora. Cada vez que te escribo, Trent, siento repulsión hacia mí misma. Pero sé que sería una egoísta si no insistiera a que te enteres de lo que tengo que decirte. Trent, mi madre vio aquella pintura que me regalaste hace tanto tiempo, y aunque todos sabemos que no debió ser tan entrometida, lo mostró a los directivos de una genial universidad, la cual está encantaba con abrirte las puertas. ¡Esto es genial! Como ya dije, si tienes algo que decir o preguntar, comunícate con Andrey. Mi misión aquí está cumplida. Ciara A. —¿Estás bien? —pregunta Barbie cuando se presenta ante mí con dos tazas de té, al mismo tiempo que yo doblo con sumo cuidado la hoja de papel que he escrito. —Estoy bien. —Miento. Barbie se sienta delante de mí una vez que me ofreció una de las tazas. Ella me sonríe, aunque también puedo distinguir un poco de curiosidad. Estoy esperando por Gioele, pues desde hace días no hemos platicado, y quiero también entregarle esta última carta y explicarle minuciosamente la situación, además también para despedirme, pues creo que en unos días me iré a New Haven, a comenzar a buscar un departamento para establecerme. Le cuento de mis planes a Barbie, hasta que llega Gioele y con el ceño fruncido nos observa a ambas. —Pensé que sería bueno despedirme —explico, incómoda por su reacción.


—¿Despedirte? —murmura todavía plantado en la entrada de su departamento. Asiento con la cabeza. —Dentro de unos días me marcho. Y traje la última carta. Él me observa por un largo momento tan pensativo como nunca antes lo había visto. Luego asiente con la cabeza y finalmente se decide a entrar y besar a su esposa en la mejilla, y luego a mí en la frente. —Así que la última carta —murmura al tiempo que se sienta al lado de Barbie—. Ahora sí me vas a explicar qué es lo que dice la carta, ¿no? Asiento una vez más con la cabeza. —Pues eso es lo que haré. —Tomo una respiración profunda—. Trenton ha sido aceptado en la misma universidad que yo, para estudiar arte… y la verdad es que, a pesar de lo que ocurrió entre nosotros, siento que no puede perder esta oportunidad, hay posibilidades que le ofrezcan una beca… eso es increíble. Sólo quiero que lo sepa. —¡Es increíble! —Está de acuerdo Barbie—. Y tú eres extremadamente buena, Ciara. Después de lo que te ha hecho Trent… Gioele carraspea, obviamente incómodo. Yo en cambio me retuerzo en mi asiento. —No es para tanto, sólo merece saberlo —explico con un encogimiento de hombros. —¿Merece? —replica Barbie mostrando ironía, claro está que su apoyo ante la situación va dirigido a mí. Gioele en cambio, quién sabe… —Oh vamos, chicas. Él sólo pidió tiempo… —Intenta replicar Gioele; sin embargo su esposa logra interrumpirlo. —No vas a empezar de nuevo —dice, negando con la cabeza—. No cuando no puedes ofrecer una explicación clara y completa, bebé. Uh, eso dolió. Inmediatamente Gioele decide guardar silencio. —Oh, no sabía que ya te tienen en cintura —bromeo a Gioele quien después de estar tan serio, me saca la lengua ridículamente ante mi comentario. Barbie inmediatamente decide cambiar de conversación y comienza a preguntarme cuáles son o serán mis planes en cuanto llegue a New Haven. Esto me hace pensar en cómo


será mi vida en una ciudad distinta a la que estoy acostumbrada. De hecho, ahora que lo pienso, me parece extraño que mamá no fuese hecho lo posible para que yo entrara a una universidad europea, la respuesta inmediatamente viene a mí: ella no quiere que esté muy lejos. Mientras que Barbie platica entretenidamente conmigo, Gioele se disculpa un momento alardeando sobre alguna llamada que tiene pendiente, en cuanto éste se ausenta, Barbie se acerca a mí. —¿Algún chico por ahí, cariño? —pregunta confidencialmente. Yo prácticamente me sobresalto, en realidad no he llegado a pensar en eso todavía, no he pensado en reemplazar la relación que tuve con Trent, una que fue tan real pero a la vez tan falsa. Al instante que ella realiza la pregunta, Gioele está de nuevo con nosotras y la prueba que demuestra que sí escuchó es su ceño extremadamente fruncido. —N-No… la verdad es que… no… —bisbiseo nerviosa. Barbie frunce el ceño al escucharme. —¿Por qué? Eres tan guapa y además sexy —alega ella alentadoramente—. Eres muy joven, espero llegue el indicado muy pronto.

sonriéndome

El indicado… Ay. Vaya, otra vez este dolorcito en mi pecho. Barbie busca en Gioele algún signo de apoyo, pero su rostro inexpresivo ante el tema nos desubica a ambas, por lo cual Barbie se apresura a hablar del pub donde trabaja y a rogarme que vaya un día de estos con Shaila. En cuanto tuve que despedirme, salgo del departamento dispuesta a subirme a un taxi e ir al departamento y quedarme el resto del día hecha un ovillo en mi cama, pues el bajo clima no es el suficientemente bueno como para estar fuera por mucho tiempo.

*** Te siento. No existe un momento en el que logre eludirlo. Y cuando cierro los ojos lo primero que aparece es tu imagen sonriente, con un brillo de picardía, ese que tanto amo, reflejado en tu precioso rostro parecido al de un ángel caído del cielo. Te siento junto a mí aunque ya no lo estás, y esa fantasía se ha convertido en mi único refugio, mientras ruego


tus besos abrazadores y susurro que te quedes, aún sabiendo que te has ido. Y, lo siento, percibo también el pánico, el terror, pensando en ti, reflexionando lo que vivimos y me percato de lo perfecto que fue todo, desde que te vi mi corazón débil rogo en silencio que me amaras, mi corazón miserable lloró para que te quedaras. Y tú lo hiciste, para después irte, y el pánico y el terror fueron más grandes, y se construyó un enorme abismo dentro de mí, en el cual caí... caí y caí... y la oscuridad me tragó, y sigo sucumbiendo mientras persisto en medio de tu ausencia. C. A Esta es la única carta que no le envío a Trenton. Suspiro profundamente una vez estoy lo suficientemente despierta como para procesar que han pasado tres días después de enviar la última carta y no ha pasado nada. Oh, vamos, el Trenton que yo conozco aparecería sin más al saber aquella noticia. Estuve acosando a Andrey las veinticuatro horas del día sólo para preguntarle una y otra vez si Trenton lo ha llamado, a lo cual él me ha respondido también una y otra vez con una negativa. Mi mente es un caos, al principio imaginé que después de cumplir mi parte del plan todo volvería a ser como antes —es decir, los últimos meses—; sin embargo, nada de eso ha ocurrido, mi mente divaga una y otra vez sobre Trenton, sobre nuestra separación y sobre su desaparición de mi vida. También he pensado en el comportamiento extraño de Gioele y hasta el de mi hermano. Shaila se levanta animadamente esta mañana y me invita un café, por ello las dos nos dirigimos al Starbucks más cercano, aunque por mi parte, mis pensamientos están en otro sitio, mientras me bañé, me vestí y salí con una habladora Shaila a la calle. —Ciara, ¿qué es lo que pasa? —Ella me pregunta una vez estamos sentadas en uno de los cubículos del Starbucks, mi café humeante me espera mientras mi mirada se centra exclusivamente en la calle. De ninguna manera puedo explicarle lo que me pasa, porque ni siquiera yo he llegado a deducirlo completamente. Shaila no espera por mucho tiempo mi respuesta: —¿Es por Trenton Lombardi, cierto? —inquiere, y como pocas veces se le ve absolutamente seria y preocupada—. ¿Lo has vuelto a ver? —Sacudo la cabeza—. Oh, entonces eso quiere decir que si no lo has visto y estás así… es porque quieres verlo. Frunzo el ceño, ¿quiero verlo? ¡Maldito infierno! ¡No lo sé!


—No lo sé, Shaila —contesto y odio el tono que he utilizado, como si lamentara el hecho de no haberlo visto, sin contar que mañana me iré de la ciudad. ¿Es por eso que me encuentro de esta forma? ¿Es que de verdad mi corazón estúpido guarda una esperanza? ¿O es que mis lastimados sentimientos quieres despedirse finalmente de su destructor? Oh, santo Dios. —Oye, ¿ese no es tu hermano? —inquiere ella mirando a través del ventanal junto a nosotras. Yo observo y busco con la mirada frenéticamente por mi hermano y sí, efectivamente es él, y al ser consciente de aquello me sobresalto. ¿Qué hace Andrey aquí? Si se supone que se ha marchado ayer a California. No puedo creer que me haya mentido, ¿por qué me mintió? ¿Es que acaso oculta algo? ¿Es eso? Mi subconsciente asiente con la cabeza animadamente en respuesta a todas mis preguntas. Recuerdo muy bien lo que Andrey ayer dijo, se despidió, alegó que se iría muy temprano en la mañana, y que esperaba que pronto enviase fotos de mi futuro departamento en New Haven. Shaila también me mira extrañada y yo le devuelvo la misma mirada, ella está pensando lo mismo que yo, es algo extraño pues no es la primera vez que nos pasa, más esta vez es algo profundamente distinto, la respuesta está ahí, es obvia, Andrey me mintió y está en la ciudad por alguna razón que no quiere que yo sepa. Por eso, cuando mi hermano se aleja finalmente de su auto aparcado a un lado de la acera, yo me levanto rápidamente y observo a Shaila, esperando que no se tome a mal mi marcha. —Tengo que averiguar qué es lo que ocurre aquí —explico, y sin tiempo de ver la respuesta de ella, corro hacia la salida y, sigilosamente, comienzo a seguir a mi hermano. Y por alguna desconocida razón para mí, mi hermano se detiene en el hospital, donde entra a través de las puertas sin mirar atrás y en consecuencia, algo revolotea en mi estómago. Y algo me pregunta en un grito, muy dentro de mí, si estoy segura que quiero seguir adelante y saber qué es lo que ocurre, o permanecer en este laberinto mental en el cual estoy atrapada por tantas dudas arremolinadas en mi cerebro. Acomodo mi bufanda gris al mismo tiempo que me decido entrar al hospital, manteniendo una distancia prudente para no ser vista por Andrey, al menos no por ahora. Con mis nervios a punto de colapsar, observo cuidadosamente cuando mi hermano se dirige directamente al ascensor del hospital, por un momento pienso que algo ha ocurrido con mamá o con papá, y el pensamiento me estremece; sin embargo, luego sé que aquello es sumamente imposible, pues yo sería la primera en enterarme, de ocurrir algo desagradable con mis padres.


Mi hermano, luego de platicar con una enfermera que sale del ascensor al mismo tiempo que él lo sube, pulsa uno de los botones —el cual evidentemente no logro ver— y se pierde ante mi vista. Sin embargo, yo me apresuro a seguir a la enfermera joven y hacerla hablar. —Eh… hola —murmuro mientras aparezco ante su vista. Ella me mira sospechosamente, y yo hago lo mismo con ella, pero después finjo mi mejor cara de preocupación para hacerla caer. —Hola. ¿En qué puedo ayudarte? —inquiere, dándose cuenta de mi ceño fruncido. Agradezco internamente por haber preguntado aquello, y jugueteo con el dobladillo de mi blusa blanca antes de preguntar: —¿A qué piso subió mi el chico de ojos azules? —La miro fijamente, mientras pienso en una excusa muchísimo más potente—. Mi amiga está loca por él, y necesito con urgencia hablar con él, si me dijeras a qué piso subió… Observo el rostro inexpresivo de la enfermera, que poco a poco se va sonrojando levemente y luego me muestra una grandiosa sonrisa. —Oh, tercer piso, querida —expresa ella, sus ojos brillando cautivados—, en ese piso hay tantos chicos guapos… Eso es lo último que escucho de ella pues comienza a alejarse, y yo hago lo mismo abordando el ascensor y pulsando desesperadamente el número tres. Después de un minuto o dos, ya finalmente en el tercer piso del hospital, observo a lo lejos a mi hermano platicar con una señora ya mayor, y posterior a eso, ambos entran a la habitación que está frente a ellos. Taconeos de personas visitando, algunos sollozos, otras enfermeras de aquí para allá, me indica que lo que sea que haya en esa habitación a la que ha entrado mi hermano, no me va a gustar para nada. Poco después de pensarlo, mis miedos comienzan a manifestarse y mi corazón late con fuerza, mientras con pasos lentos y temblorosos me voy acercando a la habitación que permanece con la puerta cerrada. Con cuidado, miro a un lado a otro rogando porque nadie me pille, y colocándome en puntillas, observo por la pequeña abertura que se encuentra en la puerta quién está internado en la habitación. Al verlo, y no creerlo todavía y después al cerciorarme que lo que estoy mirando en estos momentos es verdad, y que no se trata de una maldita pesadilla, mi mundo se cae en miles de pedazos, quebrándose completamente ante la escena. Trenton Lombardi está aquí, y no precisamente de visitante, él está internado.


Sus ojos no me observan, porque sé que no ha reparado en mi presencia, pero yo sí lo veo a él, y mi corazón se encoge considerablemente y sufre, sufre lo que jamás pensé que sufriría. Trenton está recostado en su cama, su pierna alzada un poco, sus ojos fijos al frente, mientras April, y Andrey junto con la señora con la que estaba platicando hace rato, le observan atentamente y le susurran cosas. Trenton asiente desganadamente, y puedo ver las medias lunas que se sitúan debajo de sus ojos; también se encuentra un poco delgado, aunque se pueden seguir observando a distancia sus bien formados músculos; sin embargo, es su rostro el que delata un terrible dolor, que comienza a carcomerme por dentro a mí al ser testigo de ello. Aunque no soy capaz de perderme en su mirada en estos momentos, esa luz que alguna vez estuvo allí, ya no está, y fue reemplazada por una oscuridad inimaginable. Su cabello ya no está largo como antes, se encuentra un poco más corto, aunque no puedo verlo completamente por el gorro de lana gris que lleva puesto. ¿Pero… qué… es lo que le ocurrió? Su desgana me retuerce el corazón, y siento las lágrimas acumularse en mis ojos, por ello dejo de observar y me apoyo en la puerta pues mis piernas comienzan a fallar por tantas emociones juntas. Y todavía no entiendo por qué April se encuentra allí, y mucho menos no comprendo el por qué mi hermano sabe de esto y yo no. ¿Sufrió algún accidente? ¿Cómo Andrey pudo ocultarme semejante cosa? Le echo un último vistazo a Trenton antes de marcharme para planear lo que voy a hacer a partir de ahora. Además, de procesar el gran cambio en el chico que una vez amé — o amo, en realidad lo amo tanto que esto comienza a matarme por dentro—. El semblante de Trenton me ha desubicado en gran cantidad, es otra persona, tan distinto que mi corazón se rompe una vez más en dos al pensar lo que le pudo haber ocurrido. En mi mente sólo rondan miedos que tienen que ver con su salud, ni siquiera pienso en el pasado, en las cosas malas, aquellas que se han marchado apenas lo vi en esa cama sin algún brillo de vida plasmado en su rostro pálido. Ni siquiera en estos momentos me importan las razones por las cuales me alejó de él, sólo existe el miedo de su rechazo al aparecerme una vez más en


su vida. Estoy destrozada, es un sentimiento tan fuerte que causa que mis piernas y manos se tambaleen descoordinadas, mi cabeza explotará en cualquier momento y mis nervios van a colapsar, mientras intento caminar apoyándome en la pared para no caerme a causa de la conmoción. Yo puedo engañar a muchas personas, puedo asegurar que ahora soy mucho más fuerte que antes, que la vida me ha demostrado que me esperan cosas mejores y que estoy genial; no obstante, a mí no puedo engañarme de la misma forma, Trenton es mi vida y mucho más, y aunque haya hecho cosas que me lastimaron enormemente, eso no va a cambiar en nada. Yo le amo, y es un sentimiento puro y real, y quizás no correspondido, pero esto no importa ahora, verlo en esa cama, con ese rostro suyo, hermoso, espléndido pero triste, me ha demostrado que aunque quiera apartarlo así como él me apartó a mí de su corazón, para mí es plenamente inviable. Ni siquiera sé si lo correcto sea entrar. Sólo huyo, como siempre acostumbro hacerlo.

*** Desde el día de ayer, que descubrí el paradero de Trenton, han cambiado muchas cosas en mí. Aplacé mi entrada a la universidad sin explicar mucho el por qué a mis padres, pues a nadie le he contado lo de Trenton, ya que lo he mantenido en secreto, igual que mi hermano, el cual después de llamarlo luego de unas horas de haberlo visto en el hospital, jamás me mencionó que estuvo aquí, y alegó estar muy ocupado en California desde su llegada. No he podido averiguar sobre lo que padece Trenton, y tampoco he sido capaz de darle la cara, sólo lo veo cuando está distraído o dormido y sólo de lejos; sin embargo hoy las cosas van a cambiar, lo sé. Aunque sólo pueda verlo de lejos mi alivio es notable, mas quedan ciertos miedos, y en mi mente me reprendo mi actitud tan infantil; sin embargo no desisto de la idea de verlo. ¿Algo va mal conmigo que siempre tiendo a huir o esconderme? ¿Cuál será su reacción al verme? Sin planeármelo, después que la señora que normalmente está con Trent todo el día — supongo que es su madre— abandona la habitación, me detengo en la puerta y observo con cuidado si Trenton se encuentra despierto, afortunadamente, por las horas en las que me encuentro aquí, todavía está durmiendo, el conocimiento de aquello es suficiente para que yo me escabulla en su habitación sigilosamente y, después de tantos meses, lo vea de cerca una vez más.


Mis impulsos me llevan hasta él, y en un abrir y cerrar de ojos, una de mis manos está a sólo unos centímetros de su rostro, pero a tiempo la detengo sin llegar a tocarlo pues aquello puede ayudar a despertarlo y yo antes necesito saber qué es lo que él tiene y la razón por la cual se encuentra aquí. Sin embargo, antes que pueda llegar a coger su ficha, unos pasos se hacen sonar y yo después de dar un brinco de asombro, corro hacia el baño y me escondo lo mejor que puedo. —El tratamiento lo tiene muy cansado, sólo debes estar al pendiente si necesita algo o comienza a dolerle —dice una voz femenina, la cual reconozco como la de la madre de Trenton. Los pasos se hacen cada vez más ruidosos hasta que oigo el sonido de una puerta cerrarse. —No te preocupes, estaré al pendiente —contesta otra voz. Se trata de Gioele. Mi corazón se vuelve a detener una vez más en la semana. Todos sabían desde hace tiempo que él se encuentra aquí, aunque no sé desde hace cuánto, pero algo me dice que no es desde hace poco. Frunzo el ceño, apoyando aún más en la puerta del baño, rogando porque digan algo más que me haga descubrir el gran misterio que se esconde en torno a Trenton. Sin embargo no hay nada, la señora al poco tiempo se marcha después de dar unas indicaciones adicionales a Gioele, las cuales no me revelan nada, y luego, él se queda ahí, lo sé. Suspiro y trato que no sea ruidoso; miro el suelo, mientras pienso en lo que haré ahora que Gioele está aquí y no hay ninguna forma de salir; no obstante, no llego a pensar mucho, pues la voz de Gioele me saca de mis pensamientos: —Pensé que estabas muy cansado —dice él, y puedo percibir su sonrisa perezosa en su voz—. Y diablos, Trent. Todas las enfermeras están enloquecidas. Una risa débil se hace escuchar, y mi corazón ya lastimado sufre otra punzada. —Eso es lo de menos, idiota —responde, y escuchar su voz luego de tanto tiempo hace que las mariposas dormidas en mi estómago se despierten más alocadas que nunca—. Quiero largarme inmediatamente de aquí, cada vez estoy más seguro que todo esto no servirá de nada. Lo sé, lo siento. Oh mi Dios. ¿Qué no servirá de nada?


El tono de su voz causa que algo dentro de mí despierte, mi lado protector quiero decir, deseo poder salir de este baño estúpido, en donde me encuentro escondida, y acercarme corriendo a él y abrazarlo con fuerza, hundir mi cabeza en su pecho y aspirar su aroma, besarlo en la frente, en sus manos, en sus labios, mientras le aseguro que todo estará bien. Pero no puedo, él va a rechazarme en cuanto me vea, eso es lo que hizo, eso es lo que hará, me alejará de él. —No hables así, hombre —contesta Gioele, después de un tiempo estando en silencio—. ¿Qué pasó con eso de que te recuperarías y luego la buscarías? ¿Qué pasó con reponerte y recuperar tu vida? Silencio. ¿Buscar a quien? ¿Recuperarse de qué? Vuelvo a fruncir el ceño por la confusión acumulada en mi sistema. Espero que alguno de los dos hable y me saque de mis dudas y temores en este mismo momento. Por un santiamén, se adueña de mí algún tipo de esperanza, pero la realidad es otra, y a esa realidad es a la que me adhiero. —Me odia, entiéndelo. Ella. Me. Odia —Suspira, logro escucharlo a pesar de los pitidos de los distintos aparatos médicos a su lado—. Me olvidó. Sus cartas son tan explícitas en ese sentido. Gimo audiblemente para después cubrir mi boca con una de mis manos, me congelo allí mismo, con el pavor de haber sido escuchada por alguno de los dos, sin embargo, ellos siguen platicando entre ellos. —Si no hubieras hecho lo que hiciste… —Intenta replicar Gioele, aunque luego se queda en silencio. Trenton y Gioele están hablando de mí. Y al saberlo me causa distintas cosas que no sé cómo explicar, lo primordial ahora dentro de mi cerebro son las preguntas: ¿Por qué se preocupa por eso? ¿Por qué le pesa el que yo le olvide? ¿Por qué tengo tanto miedo de saber las respuestas en mis preguntas? Mi subconsciente me grita una posibilidad en este momento, pero yo no quiero aceptarla, porque es aún más dolorosa que la certeza de que Trenton no me ama en lo absoluto. —Bueno hombre, no te pongas así, yo sólo quiero ser sincero. —Escucho decir a Gioele, y en mi mente aparece el rostro cansado de Trenton, su ceño fruncido y sus ojos sin brillo nostálgicos. Escucho a alguien suspirar, pero no distingo a quien le pertenece el suspiro.


—Lo hice para protegerla —dice, o eso es lo que creo haber escuchado, pero no estoy segura. Mientras ambos se ponen a hablar sobre el taller y otras cosas que definitivamente no me importan, mis pensamientos se centran en algo distinto: en lo que le dije en la carta, en la noticia de la universidad, está claro el por qué de no haberme respondido ninguna de ellas, ni siquiera para rechazar la oportunidad de hacer realidad su sueño, quizás muy dentro de él quiere hacerlo, quiere aceptar este regalo, mas sus condiciones actuales no se lo permiten, y me duele en el alma pensar que esto último no cambiará, tal y como él lo ha dicho hace apenas unos minutos, nada de lo que hagan en el hospital por él le ayudará, y eso me lleva a preguntarme nuevamente: ¿Qué es lo que tiene? ¿Por qué está aquí? ¿Debería enfrentarlo? Gioele, según explica antes de marcharse, se va a la cafetería, después de que alguien entrara, una voz femenina se dirige hacia Trent alegando sobre el almuerzo, luego de unos minutos escucho la puerta cerrarse y sé que él está almorzando. Me quedo en el baño por mucho tiempo, aún indecisa de qué hacer. Pierdo la cuenta en cuánto tiempo escucho abrir y cerrar la puerta en el baño, pasan horas y horas en las cuales encuentro la certeza que Trenton finalmente se ha quedado dormido, es así como encuentro las fuerzas necesarias para salir y enfrentarlo, aunque él no pueda verme. Como lo supuse, Trenton Lombardi está hermosamente dormido, sus labios están entreabiertos mientras suspira entre sueños, sus largas y espesas pestañas cobijan sus hermosos ojos ahora cerrados, y yo me deleito de su belleza, aunque lo he visto en mejores condiciones. Sobre su pecho se encuentra un grueso cuaderno de dibujo, ese que ha sostenido a lo largo del tiempo que estuvimos juntos, jamás curioseé dentro de él, pero las enormes ganas que tengo de saber qué ha pasado en todo el tiempo que estuvimos separados crecen cada vez más y éstas son suficientes para tomar con cuidado el cuaderno y ojearlo mientras le dedico miradas atentas a Trenton con miedo a que se despierte. El primer dibujo detiene mi corazón. Son dos orbes perfectamente dibujados, con sumo cuidado, acompañados por un par de delineadas cejas, oscuras y se ven perfectamente cepilladas en la ilustración. El par de ojos dibujados, negros, misteriosos pero hermosos y tan tiernos a la vez me hacen pensar que tal vez exageró un poco y aplicó una belleza inexistente en el trabajo, luego frunzo mi entrecejo al considerar que dibujó los ojos de otra persona, mas luego de estudiar el dibujo, y las largas pestañas de los ojos, a un lado, en letra pequeña puedo leer: “Así es como me mira en este momento”. Sin fuerzas y paso a la hoja siguiente, el dibujo es una copia de mí,


y aunque es una figura lejana lo sé, y reconozco la escena: una chica de estatura media en un escenario a unos metros de distancia, está en puntillas, aplicando uno de los pasos más reconocidos en el ballet, su cabello marrón recogido en un moño alto, sus ojos cerrados y el resto de su rostro sereno, sus labios en una fina línea, delante de ella, puedo distinguir tres figuras, como un jurado que la están evaluando, y sin ver más lo sé: Trenton me ha dibujado mientras yo bailaba en mi audición para Julliard. Al lado de mi figura puedo distinguir su letra cursiva: “Ella en realidad es increíble”. Siento cómo una lágrima se escapa de uno de mis ojos y rápidamente la aparto con el dorso de mi dedo para no mojar el cuaderno de Trent con ella. Emito un jadeo cuando paso a la siguiente hoja y veo el dibujo fijamente, mis piernas tiemblan. Una muchacha con el cabello largo y una sonrisa extremadamente grande en el rostro y sus ojos fijos en una caja de música que sostiene en sus manos, en el dibujo, se puede observar el brillo de sus ojos oscuros, como si las emociones en su ser fueran demasiadas. Yo más que nadie lo sé, porque esa muchacha soy yo, y aunque intento evitarlo, lloro, en silencio, con miedo de despertarlo. “La amo tanto que soy capaz de cualquier cosa por verla sonreír”. Es lo que puedo leer a un lado del dibujo. Oh Trenton… Entonces así paso el resto de la noche, observando los hermosos dibujos que hay en su cuaderno, el cual contiene casi todos nuestros momentos juntos, cuando me vio por primera vez, cuando fue a mi escuela a entregarme mi pulsera, cuando platicamos en el GYM, también la vez que subimos a la azotea y me enseñó las luces de la ciudad, así como también la tarde que me llevó en su motocicleta al partido de fútbol que terminó en una pelea, dibujó también mi rostro en aquel edificio abandonado de donde él se lanzó, la primera vez que nos besamos, mi rostro con diferentes gestos, algunos graciosos, algunos horribles, todo, absolutamente todo está en ese cuaderno, como si todos los momentos los tuviera guardados en su mente, con cada preciado detalle. No sé exactamente qué hora es cuando decido dejar su habitación, no dormí nada, lo sé, son aproximadamente las cuatro de la mañana cuando dejo el hospital, llamo un taxi y mientras lo espero, mis pensamientos viajan al pasado, cuando Trenton me regaló aquel cuadro pintado por él.

*** —«Mira las estrellas. Mira como brillan por ti» —Recitó él, mencionando la letra de la canción de Coldplay “Yellow”. Yo suspiré por el detalle, y acaté lo que él me ha dicho, observé el cielo, adornado esa noche por unas brillantes estrellas. Trenton a mi lado


sonriente, con ese brillo fenomenal en su mirada, como si en ellos también hubieran estrellas. Volví a suspirar, por su presencia, porque él se encontraba frente a mí, en la azotea de siempre—. Todavía te hago sonrojar. Le sonreí un poco tímida. —Creo que eso no va a cambiar. El rió con ganas y se acercó más a mí, colocó sus manos en mi rostro y lo acercó a su pecho, un gesto protector y a la vez tan dulce, lo que causó que yo aspirara su aroma dulce y masculino. Pasé mis brazos a su pecho y él levantó mi rostro para que le mirase a los ojos. —¿Sabes que haría cualquier cosa para cambiar tu estado de ánimo actual, verdad? — inquirió, a lo que yo acepté enérgicamente. Por supuesto que lo sabía; sin embargo, creía que eso sería imposible, por los acontecimientos recientes en ese entonces: los periodistas no nos dejaban en paz, el señor Sanders había muerto hacía un día y todo era demasiado para mí, jamás he soportado la presión, lo injusto era que Trent también sufría por su hermano, pero él dejaba su sufrimiento a un lado, sólo para aplacar el mío—. Entonces es mi deber hacer cualquier cosa, y esta vez he hecho una muy simple, creo que eres una chica hermosa y que has recibido montones de regalos por tus pretendientes, regalos incluso más caros: sortijas, anillos, collares… —Pero son cosas materiales —le repetí por enésima vez, siempre insistía con esto. Él asintió con la cabeza mientras reía. —Por eso hice algo yo mismo, y quiero que sea tuyo. Trenton depositó un beso en mi frente, y por un momento cerré los ojos y me dejé llevar por su aroma, y lo acerqué más a mi cuerpo, esperando sus labios en los míos; sin embargo ellos nunca llegaron, no en esa parte de mi cuerpo, Trenton besó mi cuello con dulzura y luego me dejó ir, al tiempo que recogía algo del suelo, lo que no había visto hasta ese momento. Quitó el papel que lo cubría y puso el cuadro frente a mis ojos. —Quizás no lo entiendas… a veces el arte se expresa de una manera extraña. — Trenton evaluó mi rostro y por sus ojos apareció la decepción—. Quizás no te guste… Le interrumpí: —Me encanta. El cuadro expresaba dos sentimientos distintos, lo sabía: miedo y felicidad. Algo extraño, pero definitivamente hermoso.


*** —Creo ahora entiendo lo que quiere decir la pintura —Me digo a mí misma, frente al espejo del baño del departamento. Apenas desperté cinco horas después de haber llegado, me encerré en el baño para tomar una ducha y pensar minuciosamente en todo lo que está ocurriendo. Lo cierto es que en unos minutos estaré en el hospital nuevamente. Hoy estoy decidida a averiguar todo lo que está pasando con Trenton, y el por qué de su estadía en un hospital; necesito desesperadamente las respuestas a todos los “por qué” que tengo en mi mente. Afortunadamente, cuando llego a la habitación de Trenton, todavía se encuentra dormido, y aprovecho el instante para acceder a sus fichas médicas que se encuentran al pie de la cama; sin embargo no puedo evitar el impulso de observarlo por unos largos minutos y hacer el intento de tocarle una de sus manos, aunque poco después mis dedos no dudan en rozar sus labios con sumo cuidado y me percato de la suavidad —aunque estén un poco resecos— de éstos y las ganas que tengo de besarlo, pero me contengo. Niego con la cabeza, porque los pensamientos que invaden mi mente son completamente absurdos y el hormigueo en mi estómago no me deja calmar la ansiedad que siento en este momento. Mis manos temblorosas, ahora a causa del miedo cuando toman las fichas de Trenton con cuidado. Inhalo y exhalo pesadamente un par de veces para coger compostura y, finalmente, abro una de las fichas y comienzo a leer atentamente lo que dicen cada una de ellas. Para mi sorpresa, Trenton está internado en el hospital desde hace meses, poco después de que él y yo hayamos… terminado, saberlo ahora me contrae el corazón y las sospechas aumentan inmediatamente. Aunque todo pensamiento abandona mi mente cuando, después de estudiar con detenimiento los documentos de Trenton, reparo en diagnostico y el tratamiento. Osteosarcoma. Quimioterapias. Operación. Oh Dios mío. Suelto las fichas como si fuesen un objeto de mierda que ha llegado desde el mismísimo infierno. Mi corazón comienza a golpear con fuerza en mi pecho, mientras yo dirijo mi mirada a un Trenton completamente dormido y pálido. Jadeo y luego gimo y


posteriormente sollozo, él tiene… cáncer… no… eso es… injusto… Oh Dios…, Trenton… él no puede… Me derrumbo en el suelo, mis piernas perdiendo las pocas fuerzas que poseían, caigo de rodillas en inmediatamente tapo mi rostro con mis manos, tantas cosas pasan por mi mente ahora, que no se en cuál de ellas enfocarme, sólo una frase en mi mente: Oh Dios Trenton no…, Y luego todo lo que puedo pensar en todas las veces que él me daba a entender que había algo mal, que su pierna no estaba bien, que estaba enfermo ya cuando lo conocí, que él estaba luchando contra el cáncer, y que era más fuerte que él mismo…, él me lo dijo tantas veces… tantas veces… tantas, pero yo no lo escuché, no completamente; jamás pasó por mi cabeza algo tan horrible como esto… Oh Dios Trenton, mi Trenton, no puedes dejarme de nuevo. Lloro, no sólo porque ahora sé finalmente lo que está ocurriendo, sino también porque él no me lo dijo, mis sospechas se convierten ahora en una fuerte realidad: él se fue, él me pidió un tiempo para alejarme de esto, para evitar que yo sufra junto a él. Me privó del dolor, sabiendo que él sufriría el doble por hacer aquello. —Todas las personas hacemos cosas estúpidas. —Había dicho Trenton una vez—. Quizás tú no harías algo así. Pero todos tenemos una parte malvada en nuestra mente, ¿sabes? Yo por protegerte sería capaz de cualquier cosa, Ciara, estás advertida. Y lo hizo. Sólo que no me protegió de ninguna manera. Sin embargo él pensó que sí lo hacía, lo sigue pensando, por eso se priva de mi compañía, por eso jamás me contó su enfermedad, aún sabiendo que yo le apoyaría. Porque estoy segura que él sabe eso. La pregunta es: ¿Si yo fuera él, hubiera hecho lo mismo? No tengo ninguna respuesta. Sinceramente no la tengo ahora, sólo tengo la seguridad que este chico que está aquí sentado me necesita, me necesita con todas sus fuerzas, yo lo sé, él me ama, siempre me amó, siempre estuvo para mí, y siempre me dio fuerzas para superar cosas más pequeñas comparadas con ésta, que sólo con su mirada iluminó la mía. Sin embargo, ahora me toca hacer todo lo que él hizo en el pasado, por él, por su salud, por su felicidad, por nuestra felicidad. Lo observo, ahora levantada, pero sin parar de llorar, y por un momento lo veo abrir los ojos, y se fijan en los míos por sólo unos segundos, que son lo suficientemente maravillosos como para revivir una parte de mi corazón. Pero luego vuelve a dormirse, y yo aprovecho el momento para besarle en la frente y salir de la habitación antes de que alguien llegue pues todavía no he decidido que alguno de sus visitantes me vea, al menos no por ahora. Al salir del hospital inmediatamente me encuentro frente a mí al rostro de Shaila envuelto desde la altura de su nariz para abajo en una bufanda negra.


—¿Pero qué estás haciendo aquí? —me pregunta ella, buscando alguna herida en cualquier parte de mi cuerpo, posteriormente, frunce el ceño—. ¿Estás embarazada? Oh, bueno esto no me lo esperaba. —¡Por supuesto que no! —exclamo en respuesta—. ¡Ni siquiera tengo vida sexual! — Luego de casi llegar a los gritos, trato de tranquilizarme—. Trenton está aquí… y… tiene… er… tiene… Mis ojos comienzan a humedecerse, y ella se percata de aquello. —¿Qué tiene? —Entrecierra los ojos al preguntar. Y admitirlo en voz alta me destroza. —Cáncer. —Y entonces comienzo a llorar, pero esta vez tengo alguien que me consuele. Puedo superar muchas cosas, puedo fingir cuantas veces lo desee y hacerle creer a las personas que no afecta nada, puedo luchar contra mis defectos, mis inseguridades, pero no contra esto, no contra el amor que siento por Trenton, y contra el miedo de perderlo sabiendo que él también me ama. Y lloro, lloro… y Shaila está aquí, ella llora conmigo.


Trenton me sonríe ampliamente mientras avanza lentamente hacia mí, sus ojos brillantes de regreso me cautivan en cuanto los veo, quiero hablarle, decirle cuánto lo necesito y cuánto lo he echado de menos en todo este tiempo. Le sonrío en cuanto él está cerca de mí y alzo mi dedo índice para tocar su hermoso rostro, pero ni siquiera logro el contacto con su piel, pues él desaparece momentáneamente. Sólo soy capaz de escucharle susurrar: —Te necesito ahora. Me sobresalto y despierto del sueño con el corazón a punto de salirse de mi pecho. —¡Joder, me vas a matar de un susto! —exclama Shaila al otro lado de la habitación, igual de asustada que yo—. Diablos Ciara, tus gritos son escalofriantes. Frunzo el ceño; en mi sueño él se había marchado… —Lo siento —digo sinceramente, mientras comienzo a levantarme de la cama para tomar una ducha caliente—. Tengo los nervios descontrolados. Shaila asiente con la cabeza, para después estudiarme con la mirada. Veo curiosidad en sus ojos. —¿Te vas ahora? —inquiere con sus ojos entrecerrados. Asiento con la cabeza. —Después de desayunar. Ella de un salto se levanta de la cama, luego de desperezarse, suspira y luego sonríe. —Entonces me pondré a hacer el desayuno, para irnos —dice y sale de la habitación antes que yo. Me congelo después de comprender el sentido de sus palabras. —¿Irás conmigo? —Le pregunto desde la habitación, puedo oír cómo ella rebusca en el refrigerador. Ella ríe audiblemente.


—¿Crees que te dejaré ir sola? ¡De ninguna manera! Necesitas a alguien que te apoye en esto. Siento un nudo en la garganta al escucharla decir eso, y una pizca de culpa se hunde en mí, jamás pensé que Shaila fuera mi amiga, y sin embargo aquí está ella, comportándose como tal. Silenciosamente se lo agradezco, la verdad es que sí, necesito apoyo, y alguien que pueda comprenderme perfectamente y me escuche si Trenton me rechaza, porque hoy estoy decidida a mostrarme ante él, y pedirle que me permita acompañarle en momentos como éste. Momentos en los que se necesita el mayor apoyo y amor que puedan darte para seguir adelante, hacia el futuro. Después de desayunar con Shaila soy capaz de llamar a mi hermano; él contesta después del segundo tono. —Hola hermana, ¿a qué debo el honor? ¿Cómo va tu departamento? —inquiere él, su voz no parece del todo animada, y me pregunto internamente donde se encuentra. Suspiro. —Aplacé mi ingreso a la universidad —le contesto desganada—. Escucha Andrey, lo sé todo, ¿vale? Y no sé por qué me lo ocultaste, no sé por qué todo el mundo me lo ocultó, pero yo necesito estar cerca de Trenton en estos momentos. Andrey se queda en silencio por un largo rato. —No pude hacer nada, Ciara —explica luego de soltar un suspiro—. Él me hizo prometer no decirte. Mi preocupación crece cada vez más. —¿Desde cuándo lo sabes? Él vuelve a suspirar. —Desde la pelea, en la cual fue internado al hospital por primera vez. Eso fue hace ya tanto tiempo… —Es cáncer Andrey… ¿cómo se supone que va a recuperarse cuando no se lo contó a nadie? —pregunto soltando un sollozo—. ¿Estaba siquiera siguiendo algún tratamiento? Mi hermano carraspea, y temo la respuesta, yo ahora estoy sin aliento. —Escucha, hermana. Él va a estar bien, es fuerte y se le detectó el cáncer a tiempo. Eso es bueno, muy bueno. —Hace una pausa—. Y él va a estar genial, siempre ha querido eso, se alejó de ti, te pidió tiempo, porque los tratamientos de su enfermedad iban a lastimarte,


sólo quería que tú cumplieras tu sueño mientras él se curaba, pero las cosas se complicaron para ambos. Pero Ciara, tú puedes volverle las esperanzas, este chico las ha perdido y maldita sea, eso nos destroza a todos. Yo ya estoy llorando. Oh Trenton, ¿Por qué hiciste eso? ¿Por qué decidiste por mí? Yo abría elegido cuidarte, te habría amado con la misma intensidad, siempre. Evito con todas mis fuerzas las ganas de echarme a llorar aún más. —¿Crees que quiera verme? —le pregunto, temerosa. Él ríe tristemente. —Creo que se molestará un poco, pero probablemente desee verte como un loco. —Su comentario me alivia, pero no lo suficiente—. Debes convencerlo, necesita un empujón hacia ti, tú sabes. Es verdad, probablemente al principio la idea de tenerme cerca le cause miedo y se sienta un poco decepcionado de que su plan haya fracasado, pero no podrá hacer nada más, yo no me alejaré de él, no de nuevo. Él ha vuelto a mi vida, y no lo dejaré marcharse tan fácilmente. Poco tiempo después, me despido de mi hermano cuando Shaila anuncia que está lista para irnos; las dos al salir del edificio, nos acomodamos en su pequeño auto, yo en el asiento de pasajero, y ella en el del conductor. Me sonríe ampliamente y sé que me está brindando ánimos. —Bien, pues en marcha —dice y luego enciende el motor del auto, haciéndolo rugir para después ponerlo en marcha. No tardamos mucho en llegar al hospital pues Shaila se encarga de evitar el tráfico a toda costa. Después de aparcar el auto, antes de apagarlo me mira dubitativa, con una pregunta silenciosa impregnada en sus ojos. Yo asiento con la cabeza respondiéndole la mirada, sí, quiero que entre conmigo. Salimos del auto y nos ponemos en marcha. —Sabes, él podría recibir mejor trato en un hospital más… —Ella se calla antes de terminar la frase. Yo asiento con la cabeza en total acuerdo con lo que intenta explicar.


—Lo sé, pero estoy segura que no aceptará un traslado —mascullo, un poco molesta por la actitud de Trenton, porque estoy segura que no aceptará, él es demasiado testarudo, lo conozco perfectamente. Ella me dedica una sonrisa antes de contestar: —Entonces, cuando logres que esté en tus garras nuevamente, intenta persuadirlo — opina, y seguidamente me guiña un ojo de forma pícara—, eso funcionará. Siempre funciona. Yo me río en voz baja. —No sé por qué haces que tus comentarios suenen tan malvados. —Le dedico una sonrisa triste, al tiempo que entramos al ascensor—. No puedo creer que tenga miedo que Trenton me rechace, él siempre estuvo alrededor de mí, como si yo fuese su mundo. Ahora soy yo quien debe convencerlo de que esté conmigo. Shaila me mira con curiosidad, seguramente preguntándose qué ocurrió entre Trenton y yo antes de conocerla a ella. —No te preocupes, estaré esperándote aquí —dice cuando salimos del ascensor—, esto es muy íntimo, necesitan estar solos, yo estaré aquí por si algo no funciona. Aunque… estoy segura que ustedes… ya sabes, volverán. —Me guiña un ojo de nuevo. Yo asiento rápidamente con la cabeza. —Gracias. —No es nada, Ciara. —Señala la puerta de la habitación de Trenton—. Ahora ve por tu hombre. Tomo una larga y profunda respiración antes de entrar, aunque antes de hacerlo, asomo mi cabeza para cerciorarme que se encuentre solo y al darme cuenta de que su cama se halla completamente vacía, mi corazón se paraliza. —¡Oh Dios mío! —exclamo, el miedo apoderándose de mí inmediatamente. ¿Pero dónde está? Muy dentro de mí me temo lo peor; mas cuando la puerta del cuarto de baño se abre lentamente y aparece ante mi vista un par de muletas y seguidamente la silueta de un chico alto, mi corazón comienza a latir de nuevo, pero a una velocidad extremadamente rápida. Suspiro aliviada, para después enfrentarme en su mirada. Efectivamente él está más asombrado que yo, afortunadamente se encuentra solo. Él me estudia con la mirada en muy


poco tiempo, observa mi rostro lleno de pánico, luego su cama vacía y mis rodillas temblorosas y dice, en voz baja y tersa: —«Hola. ¿Es a mí a quien estás buscando? —Suspira, sin dejar de mirarme con sus ojos abrazadores, su rostro serio—. Lo puedo ver en tus ojos, puedo verlo en tu sonrisa: Tú eres todo lo que siempre quise.» —recita la letra de otra canción llamada “Hello” me congelo ahí en el mismo lugar, con mi corazón golpeando mi pecho, con mis lágrimas amenazando con derramarse, con mis emociones enloquecidas, y las mariposas en mi estómago revoloteando de aquí para allá por ser testigos de la hermosa mirada de Trent, por escuchar su voz, por tenerlo cerca. —Trenton… Él emite un suspiro y se impulsa con sus muletas con cuidado hasta su cama, posteriormente se sienta en su cama con suma lentitud, mientras yo miro cada uno de sus movimientos con atención. Observo su cuerpo y su rostro, el gorro gris cubriendo casi toda su cabeza, se le ve mal, hasta está llegando a perder el cabello de sus cejas. —No puedo creer que estés aquí —contesta una vez sentado en su cama. Su rostro está gacho, su ceño fruncido, lo veo derrotado, como si hubiera perdido una partida—. Esto no es bueno para ti. Yo no soy bueno para ti. Dos lágrimas se escapan de mis ojos al escucharlo, sus palabras son aún más dolorosas ahora, sobre todo por el tono que ha utilizado en ellas, como si tratase de convencerse a sí mismo de lo que está diciendo. —Trenton… no… Coloca una mano en alto. —Tienes que irte. Ahora. —Jadeo audiblemente—. Creí que las cosas estaban claras entre nosotros, Ciara. —Su voz destila petulancia—. No quiero que estés cerca. Dios, ¿por qué tiene que ser tan duro? Yo debo ser más fuerte; pero no me lo está poniendo fácil. Trato de recobrar fuerzas, porque ahora él es quien las necesita, y yo debo dárselas. Me vuelto hasta la puerta para colocar el seguro para que nadie nos moleste. Me acerco hasta a él, noto la repentina tensión entre nuestros cuerpos. Ambos tenemos miedo, quizás él más que yo. Por eso hago todo lo posible para alejar mis nervios y el temblor en mis rodillas, me agacho para que él pueda mirarme a los ojos, y yo a los de él. En cuanto nuestras miradas se encuentran, mis ojos se llenan aún más de lágrimas, porque un atisbo del brillo de sus ojos ha vuelto, a pesar de contener lágrimas que no han sido derramadas, resplandecen, sólo un poco, pero lo suficiente para alejar la oscuridad de ellos.


—No me voy a ir a ningún lado —aseguro, mi voz quebradiza a causa del llanto. Trenton me mira fijamente, sus labios tensos en una línea recta, sus ojos abiertos y muy redondos—. Yo te necesito, y sé que tú sientes lo mismo. —No puedo… Le interrumpo. —Tú no puedes decidir por mí. Tu siempre has estado cuando te he necesitado, ¿por qué yo no puedo hacer lo mismo? Trenton niega con la cabeza, apretando el puente de su nariz con exasperación. —Porque esto se sale de nuestras manos —explica gesticulando, para después volver a mirarme fijamente—. No puedo arrastrarte a ti… y a los demás… Lloro aún más. —¿Qué puedo hacer para alejar tus miedos? —inquiero repentinamente. Él me mira de una forma significativa, su ceño se frunce y saltan de sus ojos un par de lágrimas, las cuales retiro instintivamente con mis dedos, el contacto con su piel me produce lo mismo de siempre—. Dímelo, Trent. Haré cualquier cosa, lo que sea, sólo dímelo. Distintas emociones veo en su rostro, sé lo piensa por unos largos minutos, para después adaptar una expresión melancólica y cautelosa en su mirada. —Bésame. Bésame y hazme olvidar. Y yo al segundo hago lo que él me dice. Estampo mis labios contra los suyos en un beso abrazador. Sus manos automáticamente se posan en mis mejillas, acunando mi rostro, como si tuviese miedo que yo decida alejarme en cualquier momento. Mis manos se posicionan en su pecho, y luego a la parte trasera de su cuello, mientras sus labios se adaptan a los míos a la perfección y ambas lenguas inician una guerra entre ellas. Muerde mi labio inferior para después acariciarlo con su lengua, y su acción envía estremecimientos placenteros a todo mi cuerpo. No pensé en cuánto necesitaba esto, y ahora que lo tengo me pregunto cómo pude soportar la distancia entre nosotros. Sus besos me llevan a otro planeta, a otro universo, a medida que va acariciándome por todas partes, mis mejillas, mi cuello, mi espalda, hasta que se detiene en mis pechos. Suspiro por su tacto, y el emite un jadeo en respuesta. Ambas respiraciones erráticas, llevados por el amor y algo más. Pasión, la pasión de un reencuentro. Mi cabeza está hecha un lío, mis pensamientos desordenados, con ideas vagas rondando por mi cerebro, pensamientos sobre él, los cuales no consigo ordenar, porque sus manos están sobre mí, porque sus besos me están enloqueciendo, porque me encuentro sintiendo cosas relativamente nuevas, porque necesito todo de él, y me da miedo admitirlo, dado el lugar donde nos encontramos.


Jadeo entre besos. —¿Trenton? Él me mira fijamente, me doy cuenta que ambos estamos llorando de felicidad mientras nos fundimos en besos y caricias. —Sé mía, ahora, en este momento. —Sus manos no abandonan mi rostro—. Te necesito, si voy a dejar esta vida… tengo que… Oh Trenton. Dios mío, ¿cómo puedo explicar lo que siento al escucharlo hablar así? Simplemente no tengo palabras. —No hables así… —gimoteo entre lágrimas. Él me regala una breve sonrisa, para después volverme a besar, con entusiasmo y ferocidad. —Por favor… Le devuelvo los besos con la misma intensidad, permitiendo que él se acomode cuidadosamente en su cama de hospital. Para cualquier chica esta sería una primera vez ordinaria y simple, sin embargo para mí es todo lo contrario. Mientras me siento a horcajadas sobre él y no cesamos de besarnos, pienso en todo lo que se siente en el ambiente: amor, miedo, nostalgia, desesperación. Sus caricias sobre mi cuerpo son tan lentas y cariñosas que me dejo llevar por ellas, por sus besos, por su amor. Jamás tendría que haber dudado de él, no debí haber permitido que se alejase de mí. Pero ahora ambos estamos aquí. Él me besa, yo lo beso, él se deshace de mis ropas, y yo de las de él con sumo cuidado y lentitud, no sólo por su salud, sino porque ambos deseamos que este momento se viva con calma, con serenidad, como lo es nuestro amor. Observo su pecho. Hermoso. Aunque se le ve un poco más delgado. Conforme Trenton besa mis hombros y mi cuello estudio sus tatuajes, notando el significado, una rosa negra, un corazón sangrando por las espinas. Su corazón está lastimado, a causa del miedo, un miedo que yo debo reparar, como el reparó los míos. —Te amo, Trent. Él me observa fijamente luego de abandonar mi cuello, nuestros cuerpos juntos, sin ninguna tela que impida el contacto. Yo alzo mis caderas un poco, mientras él se acomoda entre mis piernas. Yo todavía encima de él. Trenton sonríe, aquella sonrisa maravillosa que derrite mi corazón reaparece después de tanto tiempo.


—Te amo, Ciara, te has convertido en mi universo. —Y somos uno solo, al principio es doloroso, pero a la vez tan especial, aunque emito un pequeño grito que ahogo con un beso de sus labios. Él se queda quieto por unos instantes, y me observa, preocupado—. ¿Te hago daño? Quiero decirle que no, pero no me da tiempo, pues ambos comenzamos a movernos uno contra otro lentamente. Haciendo el amor sin prisas, convirtiendo lo nuestro en algo más grande, en algo más sólido. Nos besamos, conforme somos piel con piel, pienso en lo que nos espera juntos, en lo que debemos luchar para lograrlo, en el tiempo que perdimos separados. Sin embargo esos pensamientos abandonan mi mente de forma rápida, porque todos los sentimientos arremolinados en mi mente son abundantes, porque las emociones, las sensaciones que estoy experimentando mientras él se mueve dentro de mí son increíblemente hermosas, desquiciantes. Mi corazón se ensancha de felicidad, en cuanto ambos llegamos la cima, después de tantas caricias, de tantos jadeos, fui suya por primera vez. Con respiraciones entrecortadas, me derrumbo sobre su pecho. —Oh Dios… Él acaricia mis cabellos con sumo cuidado. Pero luego se detiene. —Ciara tú… —Su voz tiembla—. Nosotros no… no… nos hemos… Río a pesar de estar exhausta. —No te preocupes, estoy en control —le susurro en respuesta, después de besar su pecho. Él no me pregunta más sobre eso, y me tranquilizo, pues es un hecho que he estado en control de natalidad desde que comenzamos a salir me avergüenza, pues sabía que en cualquier momento mi primera vez sería con él, lo sentía, y así fue. —¿Ciara? —Su voz somnolienta me saca de mis pensamientos. Levanto mi cabeza de su pecho para mirarlo. —¿Qué? Sus ojos brillan, su sonrisa tierna está de regreso, y yo me derrito ante su belleza. —Te amo, te amo tanto… tanto… tanto… Río y lo beso con ternura. —Yo también te amo —le respondo sin titubear. Después de unos minutos acurrucados juntos, decidimos vestirnos. La primera en hacerlo soy yo, ante su mirada divertida y pícara. Luego me atrevo a ayudarlo, después de


todo —según él— fui yo quien vino con las intenciones de seducirlo. Me carcajeo por su comentario, para después sonrojarme furiosamente. Una parte del Trenton de antes ha vuelto, y aunque le cueste demasiado, estoy segura que el resto de él volverá. Su risa produce lo mismo de siempre en mí, sus bromas son igual de absurdas, y su despreocupación fingida sigue reluciendo a toda costa, al igual que su sonrisa burlona, que aparece en cuanto hace avergonzarme, yo sé que le encanta hacerlo. Yo me acurruco a su lado nuevamente por petición de él, y cuando estoy platicándole sobre Shaila y sus amigos lo observo para percatarme que se ha quedado dormido. Su respiración acompasada y sus mejillas ligeramente sonrojadas por lo que hicimos hace aproximadamente veinte minutos me cautivan. Lo miro y sé cuánto lo amo, lo miro y me doy cuenta que es mi otra mitad, que es parte de mí, que me pertenece, así como yo a él. Beso su frente para levantarme de la cama lentamente, sé que él necesita estar cómodo. Me preparo para ir a la cafetería y platicar con Shaila mientras Trenton descansa, pues estoy segura que cuando vuelva a su habitación de, él no estará solo, y yo deberé enfrentar a su familia y expresar que él ha aceptado su compañía, sólo espero regresar antes que él despierte. —Ciara, debo juzgar por tu cara que él te ha aceptado con los brazos abiertos —expresa ella apenas me ve salir de la habitación, se encuentra recostada en la pared, puedo ver en su rostro el aburrimiento. Le sonrío ampliamente. —Siento haberte hecho esperar tanto —me disculpo mientras comenzamos a caminar— . Trenton está dormido ahora, podemos ir a la cafetería mientras llega la hora de visita. Shaila asiente con la cabeza, y me dirige una mirada divertida. —Creo que lo has agotado, chica. Me sonrojo violentamente, lo que causa que ella suelte una escandalosa carcajada. —Ya basta. Iremos por un café, aprovechando que estás sobria. —La halo del brazo hasta uno de los ascensores, ella murmura un «De acuerdo» y me sigue en silencio. En la cafetería, le platico algunas cosas sobre Trent —quitando la intimidad, claro está—, aunque ella insiste en que hubo algo más, no puedo negarlo, la chica sabe sobre estas cosas, pero tampoco admito nada. Shaila me pregunta sobre la salud de Trent, aunque no tengo mucha información sobre ello, espero tenerla esta tarde, pues hablaré con Gioele, y con la madre de Trent también. Noto a Shaila un tanto pensativa después de hablar sobre eso, sin embargo ella no dice absolutamente nada de lo que le sucede, supongo que no quiere añadir más preocupaciones a mi lista, aunque a mí me tiene sin cuidado eso, por eso


le pregunto qué le sucede, lo que ella responde con un: «Nada» que no le creo, es como si me mintiese cuando tengo la verdad en frente de mí. La conozco lo suficiente para saber que algo no anda bien. —Es que estoy cansada. —Es lo que dice, al tiempo que nos levantamos de nuestra mesa unas horas después. Caminamos en silencio de vuelta a la habitación de Trenton, ella pensativa y yo ansiosa por saber cómo procede el tratamiento de Trenton y cuál es el diagnóstico; sin embargo, no llego a pensar mucho en eso, cuando reparo en el revuelo que se halla en su habitación, enfermeras entran y salen, y unos gritos ahogados se hacen escuchar. —¡Pero ella estuvo aquí! —exclama Trenton, su voz desesperada y frustrada—. ¡No! ¡No puede ser un sueño! ¡Yo la vi! ¡La vi! —Puedo percibir el miedo detrás de sus gritos, lo sé, él no se encuentra muy seguro de sus propias palabras, está dudando el que yo haya estado allí, en su habitación, con él. —Hijo, por favor, cálmate —responde la voz de su madre, también desesperada. Trenton emite un gruñido. —¡No! ¡Ella estuvo aquí, lo sé! —Vuelve a exclamar, y en este momento cruzo el umbral de la puerta para encontrarme inmediatamente con su mirada. Lo observo entumecida, y él hace el intento de levantarse de su cama, pero dos enfermeras lo toman una de cada lado, aunque sé que son demasiado delgadas como para poder contra él—. Ciara —musita, ahora relajado, pero sin dejar de mirarme. Él tiene miedo de que yo no esté aquí en realidad, y aquello me abruma profundamente. —¿Ella es…? —dice la madre de Trenton, sus ojos verdes abiertos como platos. Yo asiento con la cabeza y me apresuro a acercarme a Trenton, quien sigue cada uno de mis movimientos. Lo miro a los ojos, hago el intento de mostrarle una sonrisa, pero la verdad es que el miedo en su rostro controla mis emociones ahora. Suspiro, antes de prometerle: —Estoy aquí, jamás me iré, ¿de acuerdo? —Él asiente con la cabeza, todavía está temeroso, su rostro me recuerda al de un niño asustado y confuso—. Jamás me iré. Le doy un casto beso en sus labios, y él me abraza, convenciéndose a sí mismo que todo es real, que yo estoy con él, que yo no me iré, y que lo amo mucho más de lo que se atreve a admitir.


Siempre me he preguntado cómo se sentirá el sufrir en soledad. Antes de conocer a Trenton Lombardi yo pensaba que me encontraba completamente sola, sin amigos, con un corazón roto, con padres distantes, y con un mundo distinto dentro de mi cabeza donde mostraba quien era en realidad. Antes de conocer a Trenton veía el mundo de una manera distinta y complicada, donde yo sufría y me sentía terriblemente sola, tan sola que ahogaba mis sentimientos y me escondía cuando alguien quería acercarse. Yo no estaba sola, me encontraba aislada del mundo pues tenía miedo a enfrentarme contra cosas peores, sin embargo, ahora poseo un punto de vista más amplio y sensato. Nunca debemos aislarnos ni huir de los problemas, ni mucho menos privar a las personas que queremos de situaciones difíciles. Todos los seres humanos debemos aprender a luchar, incluso las cosas se tornen mucho más sólidas que nosotros, incluso el muro que debemos atravesar sea más alto de lo que pensamos, debemos intentarlo, trepar, hasta alcanzar lo que queremos, y a pesar de tantas lágrimas, tantos sacrificios, el esfuerzo valdrá la pena. Y nunca estamos solos, yo nunca lo estuve, las situaciones no me lo demostraban, pero con el tiempo lo he sabido: nunca estuve sola, siempre tuve a mi hermano mayor, siempre estuvo mamá y papá, éstos me han protegido cada uno a su manera, siempre estuvieron los gemelos Sanders, y aunque hubieron diferencias, quedaron olvidadas, y al pasar el tiempo, gané amigos, conseguí el amor, Trenton llegó a mi vida para demostrarme eso y mucho más, para demostrarme que siempre debo darles una oportunidad a personas como él, Gioele, Luke, Donny y Shaila, todos mis amigos, los que nunca me han fallado. Han acontecido innumerables cosas a partir de la primera vez que Trenton y yo estuvimos juntos después de estar casi siete meses separados. Él teme y yo temo, sin embargo ambos guardamos nuestros temores y nos enfocamos en nuestras esperanzas, las que servirán mucho más. He venido a ver a Trenton todos los días y sólo me he ido a casa para dormir y regresar a la mañana siguiente. Ha transcurrido una semana, en la cual todos hemos visto a un Trenton completamente animado y sonriente, el chico de siempre, aunque una parte de él se ha ido, yo le amo intensamente. Conocí a la madre de Trent el primer día, ella estaba muy melancólica y traté de calmarla, ella se ha estado culpando constantemente por lo que ocurre, alegando que desde


siempre estuvo más al pendiente de su hijo mayor que del menor, cosa que no fue capaz de admitir delante de Trent, pero estoy segura que él lo sabe perfectamente. La mamá de Trent es completamente lo contrario a su hijo, teme por todo, es muy llorosa, y entra en desesperación demasiado rápido, por lo que el señor Cole, su hermano, la ha enviado a casa para descansar y se ha quedado aquí para hablar con los doctores sobre el avance del tratamiento de Trent y la próxima operación para extirpar el tumor. Gioele también se encuentra aquí, con una guitarra acústica en sus manos, con la idea de animarnos a todos. —¡Eh! ¡Deja eso muchacho del demonio! —exclama su padre por enésima vez, es obvio que a Gioele le encanta sacar de sus casillas a su padre—. ¡Te van a sacar de aquí, imbécil! Trenton y yo reímos, mientras Gioele comienza a tocar la guitarra imitando un ritmo español, luego toma una de las rosas que la madre de Trent trajo para su hijo e intenta ponérsela en los labios. —¡Estás haciendo el ridículo! —Se burla Trenton negando con la cabeza. Gioele le dedica una mirada divertida y después coloca la rosa en su sitio. —Estas estupideces le gustan a las chicas —dice cantando con la guitarra, aunque su voz está fuera de tono. Veo al señor Cole sobarse los oídos con el ceño fruncido, lo que hace que me ría abiertamente—. Apuesto a que Ciara cae rendida a mis pies ahora mismo. Trenton ríe. —Lo hará, sí. —Asiente con la cabeza—. Pero a causa de una conmoción por tu horrible voz de burro con dolor de estómago. Gioele termina de tocar y mira a Trenton con recelo. —Idiota, recuerdo que me pediste que te acompañara a dale una serenata a… ¿cómo es que se llamaba? ¿Selena? ¿Serena? ¿Sirena? ¿Ariel? Abro los ojos como platos e inmediatamente miro a Trenton esperando una explicación, aunque en mis adentros estoy evitando soltar una carcajada. —¿Con que serenata, eh? Trenton niega con la cabeza. —Es una tontería, aunque si quisiera deshacerme de alguien si le pediría el favor a Gioele. Estoy seguro que llevarlo a dar una serenata es como si dijeras “Muérete de un dolor de oídos” en pocas palabras.


Todos nos carcajeamos, hasta el propio Gioele, él jamás está enojado, ni siquiera cuando nos burlamos de él. Me gustan los Venturi, son una familia extremadamente alegre, a pesar de las dificultades. —Con que la terapia de la risa, ¿eh? —dice Barbie, entrando por la puerta con una bandeja de café humeante para todos—. Supongo que el objeto de burla es mi marido. — Alza una de sus cejas. Gioele amenaza con volver a cantar, pero su esposa logra callarlo dándole un beso en los labios. —Esto es tan asqueroso —dice Cole con una mueca de asco, mientras su hijo y su nuera se besuquean descaradamente. Trenton lo mira divertido. —Bueno, como estos se están besando… ¿Deberíamos hacer lo mismo, Ciara? —me pregunta con un guiño. El señor Cole pone cara de disgusto. —¡Asqueroso! ¡Asqueroso! —exclama, pero está riendo. Eludo las ganas de darle un beso en los labios a Trenton, ya que es un gesto que me incomoda hacer delante de su familia. Ahora estoy sonrojada, esa clase de bromas son tan vergonzosas, pero a Trenton se le dan tan bien, siempre tan burlón. Le aprieto la mano, aún sentada al lado de su cama, él sentado en la cama con su pierna enferma en alto. Todavía estoy dándole gracias a Dios porque el cáncer se detectó a tiempo y no ha tenido la oportunidad de expandirse. La operación próxima es decisiva, ésta determinará todo. La voz del tío de Trent irrumpe en mi ensimismamiento. —La verdad es que Ciara ha cambiado el ambiente por completo —asegura él, mirándome evidentemente con agradecimiento. Observo a Trenton, él me aprieta la mano mientras me mira, claramente dándole la razón a su tío. Lo veo tan feliz, como si más le hubiese afectado mi ausencia que su enfermedad, es algo que encoge mi corazón. Oh Trent, cuánto te amo, pero la enfermedad es más importante que yo… Le sonrío, pero sé que la sonrisa no llega a mis ojos, a mí me afecta su enfermedad, tanto como si la padeciera yo misma. Trenton abre la boca para decirme algo, sin embargo, no logra decirlo pues la voz de Gioele lo interrumpe. —Ciara… —dice observando hacia la puerta.


Es entonces cuando miro hacia la puerta también y abro los ojos como dos cuencas al ver a mis padres en todo su esplendor, con una pequeña sonrisa en sus labios. Lo primero que pienso es: ¿Qué demonios están haciendo aquí? Y es que, demonios, no me lo hubiera esperado, pero su acción es tan tierna y considerada que mis emociones son de gratitud hacia ellos. Mamá ha vuelto a ser la mujer tierna de antes, y mi padre el mismo de siempre. Es obvio que están aquí por mí, por su hija, para apoyarme, para apoyar a Trent, ya que están enterados de mi amor por él, y lo dura que es la situación. —Hola a todos, esperamos no interrumpir nada —dice mamá, su voz tan dulce y amable que todavía me cuesta acostumbrarme a su regreso. Puedo ver a Trenton intentando asimilarlo, pero sin éxito. El señor Cole se apresura a tranquilizarla. —¡Oh, señora! No se preocupe, son ustedes bienvenidos. Mis padres vuelven a sonreír, la belleza de ambos resplandece aún más. Trenton se atreve a presentar a sus familiares ante mis padres, y me alegro de ver que ninguno de mis padres lo observa con lastima o algo por el estilo, sin duda lo miran con algo más… quizás admiración, por su actitud ante la situación, a pesar de todo. Yo también los admiro. —En dos días será la operación. Afortunadamente la juventud de Trenton ayuda, siempre fue un chico muy sano, pero estas cosas pasan… —explica Cole a mis padres cuando entablaron una conversación sobre el tratamiento de Trent y su estado actual—. Él lo está llevando muy bien, es un chico muy fuerte. —Siempre lo supimos. —Está de acuerdo papá—. Aunque hay hospitales mucho más aptos… nosotros queremos ofrecer nuestra ayuda… —… un traslado. Sólo es una propuesta —explica mamá con miedo que malinterpreten sus intenciones—. No lo hacemos sólo por Ciara, ni tampoco porque le debemos mucho a Trenton. —Ella carraspea—. Es porque queremos hacerlo, el hospital fue un proyecto que hicimos hace mucho tiempo… y la verdad es que es uno de los mejores, es mucho más cómodo, más apto, y no les costará nada. Después de todo somos casi… familia. Siento de todo en este momento. Mamá ha dicho las palabras adecuadas para que yo ya me sienta en deuda con ella. Ambos quieren ayudar, quieren ayudar a Trent… porque lo consideran ya parte de la familia. Es algo tan… perfecto, ese detalle es uno de los más lindos que hemos recibido de ellos, aparte de la universidad.


También sé que mis padres se sienten en deuda con Trent, por cómo me defendió éste con su vida frente a los Agnelli, aquella noche de invierno, donde supe que le amaba con todo mi ser. Trenton no se ve muy convencido, como lo supuse no se siente muy cómodo con la idea. Sin embargo, los demás están encantados, pero la última palabra la tiene Trenton, o sea, ya es un hecho que no va a aceptar por nada del mundo el traslado. —No creo que sea… —Intenta replicar Trenton, a la vez que yo frunzo el ceño y miro mi regazo para escuchar cómo se niega. Pero él se queda en silencio, siento su mirada fija en mí, estudiando mi aspecto como si consiguiese la respuesta de un enigma en mí. Lo miro entonces, sus ojos indescifrables, por más que intento estudiar lo que dice su mirada no lo comprendo, pocas veces logro hacerlo, pocas veces logro comprenderlo. ¿Qué está pasando por tu cabeza ahora, Trenton? —¿Trenton? —Lo miro, esperando que me explique qué es lo que está pasando por su cabeza, dado que yo no puedo adivinarlo aunque quisiera—. ¿Qué dices? Él aprieta mi mano con fuerza una vez más, y sé que esa es una señal. Él va a aceptar, por mí. —Me parece bien, sí Ciara está de acuerdo. —Me mira y me sonríe, ¡Oh Dios! Su sonrisa, tan hermosa que opaca a los demás; él es el centro de mi atención, su sonrisa, tan perfecta, tan contagiosa, tan adorable. Él es tan hermoso. —Estoy de acuerdo —digo asintiendo con la cabeza, peleando con las ganas que tengo de comerme a besos a mi apuesto novio. Mis padres nos observan atentos, pero es mi madre quien se atreve a tomar la palabra: —Espero que también aceptes la… uh… universidad. —Se le ve tan incómoda hablando sobre ello, quizás con miedo que él rechace la oferta, sin embargo, todo lo que recibe de Trenton es una sonrisa amable, lo que la ayuda a continuar hablando—: Ciara estará muy contenta de tenerte allá. Mierda, sí, por supuesto. —Lo pensaré —dice él con su sonrisa en sus labios, aunque yo sé que no hay nada que pensar, probablemente haya condiciones, quizás quiera pagar con trabajo el dinero que costearan sus estudios, pero lo hará, yo lo sé, ambos estaremos juntos.


Le miro fijamente, y él hace lo mismo, como si ambos estuviésemos hablando sin emitir una palabra, como si realmente nuestros ojos serían capaces de comunicarse entre ellos, como si nuestras almas estuviesen conectadas, aunque en cierta manera, aquello es así, ambos estamos conectados, porque nos conocemos tan bien, para saber lo que nos estamos diciendo ahora mismo. Un carraspeo nos saca abruptamente de nuestro pequeño momento. —Probablemente deberíamos dejarlos solos —dice el señor Cole señalándonos, una mueca de disgusto y burla en su rostro, lo que me hace reír—, ya he aguantado suficiente de las escenas de besuqueo de estos dos. —Y señala a Barbie y a Gioele con una mueca de asco. Trenton ríe, y Gioele bufa en respuesta. —Lo que sea, yo he vivido aguantando toda mi vida esas escenas tuyas y de mamá — masculla Gioele, aunque tras de su fingida incomodidad se oculta una risa burlona, parecida a la de Trent. El señor Cole se sonroja mientras todos salen, dejándonos a Trent y a mí completamente solos, y él no deja escapar el momento y me hala a su cama, para que estemos más cerca. —Estaba esperando por esto —murmura besándome suavemente, oh Trent benditos sean tus labios—. Y por esto. —Muerde mi labio inferior, arrancándome un pequeño gemido involuntario—. Así me gusta —comenta sonriendo socarronamente. —¿Trent? —¿Uh? Me alejo un poco de él para poder mirarlo a los ojos, su gorro negro tapando toda su frente, hasta debajo de sus cejas, haciéndolo lucir como un chico ardientemente misterioso, lo que en algún sentido es en realidad. —¿Irás conmigo a la universidad? —le pregunto, esperando que mis pensamientos sobre ello sean ciertos. —Cuando todo esto termine, después de… todo esto…, si todo acaba… —Todo va a acabar bien —le reprendo—. Después de la operación. —Entonces no hay motivos para dudarlo, ¿no? Todo terminará pronto, pero nosotros seguiremos juntos —me asegura acariciando mi mejilla lentamente. —¿Entonces irás conmigo?


—Por ti haría cualquier cosa, lo sabes. Además, ¿estudiar arte y tenerte cerca? Soy un maldito afortunado —señala riéndose maliciosamente—. Apuesto a que tendré que alejar a cientos de lobos de tus faldas. —Por supuesto, lo mismo digo —digo y expongo mi ceño fruncido—. Tengo que mantenerme en calma en este hospital, por todas las enfermeras lobas que hay tras de ti. Trenton ríe mientras toma mi rostro entre sus manos una vez más. —Jamás te he visto celosa, Ciara Aldridge, y espero hacerlo, apuesto a que es un espectáculo relativamente ardiente. Jadeo, él se da cuenta y sé que le encanta mis reacciones ante su sensualidad. —Estás apostando mucho hoy, italiano. Él finge que se lo piensa por unos segundos. —Apuesto a que sí. Le doy un apretón en su abdomen deliciosamente duro y él emite un gruñido, para después atraerme hacia él y estampar sus labios contra los míos en un profundo, rico y sensual beso, donde nuestras lenguas se encuentran una vez más, acostumbradas ya una con la otra.

*** —Guau, cálmate vaquera, tu chico no huirá del hospital, al menos por ahora —exclama Shaila apareciendo ante mi vista. Se ve demasiada extraña ante mí que intento estudiarla con la mirada para buscar la diferencia, y luego reparo en su cabello completamente rubio, sin mechones rosa, y su rostro al natural, sin nada de maquillaje, y debo admitir que es muy guapa—. Oh bueno, me fueras dicho que te gustaban las chicas, hubiéramos arreglado eso hace tiempo. ¡Asqueroso! Mi mueca de asco hace que ella suelte una carcajada. —Deberías ver tu cara, soy muy graciosa lo sé —dice entrando a la habitación y sentándose en mi cama. Me atrapó mientras corría de aquí para allá, cambiándome rápidamente para ir al hospital con Trent. Le dedico otra de mis muecas. —La verdad es que eres asquerosa. —Ella ríe cuando me escucha.


Me coloco mis botas después de sentarme en la cama, Shaila está en un raro silencio y eso me extraña, por eso estudio con mi mirada su rostro para saber qué es lo que pasa, ella frunce el ceño y suelta algo parecido a un “Um… am… esto…” como si estuviese tratando de explicarme algo, me sobresalto al pensar que puede estar ocurriendo aquí. —¡Oh Demonios! —exclamo señalándola, me levanto de la cama y luego cubro mi boca con una de mis manos—. ¿Tienes herpes? La sonrisa que aparece en Shaila es tan grande que temo que su rostro se quiebre. Ella ríe escandalosamente, captando mi pequeña broma al instante, por lo cual me uno a sus risas después de un rato. —Eres realmente graciosa, Aldridge —dice abanicándose con una de sus manos—, pero no, mierda claro que no. Adhiero una expresión seria, porque en realidad estoy muy preocupada por lo que pueda estar ocurriéndole, posteriormente, capto en algo que no había visto al lado de su cama, ladeo la cabeza sin entender nada, ¿por qué demonios están sus maletas hechas? ¿Se va de viaje? Oh maldición. —¿Adónde vas? —Frunzo el ceño. Ella se enseria inmediatamente. —Ahí viene la parte difícil. Me asusto. ¿Es que se va porque ya me odia? No, no puede ser, hace unos minutos dijo que era graciosa, y la verdad es que Shaila es muy exigente en cuanto a chistes y todo eso, por eso estoy confundida, además, si estuviese molesta conmigo, quizás la que saliera de este edificio soy yo, obviamente ella vive aquí antes que yo. Así que… ¿se va con uno de esos chicos con los que se enrolla? —¿A qué exactamente te refieres con «Ahí viene la parte difícil»? —inquiero después de un repentino silencio—. ¿Podrías explicarme? Su ceño fruncido me asusta, y mucho. —Oh, la cosa es que… me iré por un tiempo, am… uh… pues esto… —balbucea, ¿balbucea? Jamás la había visto así, tiene que estar ocurriendo algo definitivamente malo y complicado para que ella se halle en ese estado—. Iré a un lugar que… me ayude. Le dedico una mirada de no-entiendo-qué-coño-dices. —¿Ayude? ¿Ayudar en qué? —Estoy completamente confundida.


—Voy a rehabilitación… llamé a mis padres y uh… pedí ayuda… —Se ve le profundamente incómoda al hablar de ello; yo espero que continúe, con mirada perpleja—. Las drogas… Oh infiernos. No sé qué decirle, ¿qué puedes decirle a una persona que es drogadicta y tú jamás te diste cuenta aunque viviste con ella por más de seis meses? Rayos, soy una estúpida. Me golpeo mentalmente, por mi falta de atención ante esta chica, quizás hubiese recibido ayuda desde hace tiempo, si yo me fuera dado cuenta, claro. —Ciara, mierda, no pongas esa cara de cachorro, puedes irme a visitar cuando gustes —dice con una sonrisa que no le llega a los ojos—. Debo admitir que Trenton tuvo mucho que ver con esto. Estoy perpleja otra vez. ¿Acaso Trent y ella estuvieron hablando? —¿En serio? Ella asiente con la cabeza. —Sí, es decir, lo vi, vi la situación y me pregunté: ¿Cómo es que yo desperdicio mi vida mientras otras personas luchan contra el cáncer? Me sentí como una perra, probablemente lo soy, pero mierda, esto es difícil, debí haberme dado cuenta antes. Le sonrío y me acerco hasta ella, definitivamente esto demuestra mucho de Shaila, ella es muy fuerte. —Lo bueno es que lo has aceptado a tiempo —le digo sinceramente, para después atreverme a abrazarla—. Te voy a echar de menos, pero estaré visitándote —le guiño un ojo cuando nos separamos. Ella ríe y asiente con la cabeza. —De acuerdo.

*** Despedirme de Shaila fue una de las cosas más difíciles que he hecho en mi vida; sin embargo, eso demostró lo increíble que pueden ser las personas para enfrentarse en situaciones como la de ella, sin duda ella se ha dado cuenta de su problema a tiempo, quizás al principio de su adicción, y eso me alegra, aunque disimuló su problema muy bien o tal vez yo soy lo suficientemente inocente para no darme cuenta.


Trenton me observa curioso mientras entro a su nueva habitación —pues se efectúo el traslado finalmente— al día siguiente. —Estás muy pensativa —dice él, sus ojos no dejan de verme en ningún momento—. Eres guapa. Me río. —¿Y qué tiene que ver eso con que estoy pensativa? —Alzo una de mis cejas. Él se encoge de hombros. —Sólo digo que eres muy guapa. Los dos nos besamos lentamente como nuestro saludo, pues no nos veíamos desde la noche. Y al parecer ya no podemos estar horas separados, es algo tan repugnante… y es que estar sin él hace que las horas en su ausencia se hagan tan eternas… A lo largo de los días previos a la operación de Trenton, nos la pasamos juntos a todo momento —como es obvio—, aunque ambos estamos más que meditabundos y cohibidos por lo que puede o no ocurrir con nosotros en tan sólo unos días. La mayoría del día estoy en la habitación de Trent, platicando con él, ayudándolo en cualquier cosa que necesite, a veces sólo lo observo dibujar, o escuchamos música de mi Ipod; a veces le gusta que me acurruque a su lado, y así lo hago, y aunque estemos en silencio, nuestras mentes están ruidosas, con tanto miedo de que nuestros planes no se hagan realidad jamás, desecho esas ideas de mi cabeza mientras trato de concentrarme en “Storm” de Lifehouse, la que Trenton se encarga de cantar en voz baja, sin dejar de apartar su mirada verde jade de la mía, automáticamente, al comprender el significado, un nudo se forma en mi garganta y la lágrimas no tardan en aparecer. “¿Cuánto tiempo he estado en esta tormenta? Tan abrumado por el océano sin forma Cada vez es más difícil mantenerme a flote Con estas olas chocando contra mi cabeza Si tan solo pudiera verte Todo estaría bien Si te pudiera ver Esta tormenta se convertiría en luz


Y caminaré sobre el agua Y tú me atraparás si caigo Y me perderé en tus ojos Sé que todo estará bien Sé que todo estará bien

Sé que no me trajiste aquí afuera para ahogarme ¿Entonces porque estoy diez pies abajo y de cabeza? Apenas sobrevivir se ha vuelto mi propósito Porque estoy tan acostumbrado a vivir bajo la superficie

Si tan solo pudiera verte Todo estaría bien Si te pudiera ver Esta tormenta se convertiría en luz Y yo caminaré sobre el agua Y tú me atraparás si caigo Y me perderé en tus ojos Sé que todo estará bien

Y yo caminaré sobre el agua Y tú me atraparás si yo caigo Y me perderé en tus ojos Y todo estará bien Ahora todo está bien…”


Trenton me abraza luego, mi corazón acongojado me impide decirle algo, ambos estamos tan asustados… ¿Todo estará bien? Me pregunto una y otra vez, y por eso me desespero, porque no sabemos si esta lucha terminará cuando se efectúe la operación, o tendremos que sufrir aún más, él por someterse en más tratamiento y yo por verlo desbastado, ¿acaso lo que se ha hecho ha valido la pena? Yo sólo ruego que él esté bien, que esta tormenta termine, que ambos sigamos juntos… Dios, lo amo tanto, ¿es posible que tengamos que sufrir tanto? Es tan injusto, tan doloroso, es un dolor grande que se encuentra en mí en este momento, acompañado del temor, y también de esperanzas. Trenton me abraza, y yo soy capaz de hacer lo mismo, coloco mi rostro en su cuello, aspirando su aroma, su esencia que me reconforta, que me llena completamente. —Todo estará bien. —Vuelvo a murmurar después de un largo silencio, soy yo la que debía decirlo y lo musité, porque él me necesita, necesita que le anime, necesita todo de mí, al igual que yo de él. —Lo sé, princesa —dice, colocando un mechón de mi cabello detrás de mi oreja—. Ahora que tú estás aquí, lo sé. Le beso en los labios batallando en contra de las lágrimas nuevamente.


El sonido del despertador me sobresalta. ¡Mierda! Abro los ojos al escuchar el despertador, y sé que lleva un enorme rato sonando y sonando y yo durmiendo y roncando. Me sobresalto, me levanto de la cama y resbalo. Genial, así comienza el inicio de mi fin de semana. Hoy viernes, siento cómo mis emociones se esperanzan por ese día. Oh, viernes, viernes, viernes. Siempre es mi día más esperado, desde que llegué a la universidad lo es, nunca imaginé que la universidad sería tan difícil, tan agotadora. Suspiro, levantándome del suelo y sobándome la rodilla, ¿cómo pude ser capaz de caerme? ¡Por Dios! ¡Soy una bailarina! ¡Es estúpido caerme! Al mirar el moratón que se encuentra en mi rodilla frunzo el ceño, perfecto, simplemente perfecto. Rezongo mientras me dirijo al baño, tengo clase a las ocho treinta y son las ocho quince. ¡Infiernos, gracias que es el último día! El frío es terrible, camino al baño dispuesta a tomar una ducha caliente extremadamente rápida, para después salir ya vestida, completamente abrigada, y con mis guantes de lana que no deben faltar. Cojo un gorro gris que me trae buenos recuerdos, aunque un tanto dolorosos y me lo coloco, para después tomar mi bolso y mis llaves y salir de mi departamento apresuradamente. Mi celular suena mientras subo a la camioneta chevrolet azul que ya me espera fuera del edificio. Contesto mientras pongo una mano en alto a mi novio, una muda señal que espere mientras hablo: —¿Andrey? Mi hermano suelta un bufido. —¿Quién si no? —inquiere él, se nota que anda de mal humor—. Escucha, ¿no estarías aquí a esta hora? Rayos. —Lo olvidé, An. Lo siento, las clases se extendieron hasta hoy —le digo ruborizada. Dios, ¿por qué últimamente se me olvida hasta mi apellido? Escucho a mi hermano resoplar y me apresuro a disculparme—: Lo siento, en serio, ¡diablos! No sé qué rayos tengo en la cabeza.


Andrey gruñe. —A tu estúpido novio, evidentemente —replica él, para su mala suerte mi teléfono está en altavoz y mi “Estúpido novio” está escuchando cada palabra de lo que dice—. Vamos Ciara, dale un respiro. —¡Oye! —exclama Trenton—. No es ella quien quiere casarse. Oh infiernos. Trenton puede llegar a ser la persona más descarada del mundo, ¿pero cómo se atreve? Le doy una mirada incrédula y él se ríe entre dientes mientras esperamos la respuesta de mi hermano, que seguramente será un insulto o algún otro comentario que cause que Trent se enoje y le diga cosas que yo no quiero que le diga a mi hermano, al menos no aún… Parece mentira, ciertamente lo parece, siempre que me levanto en las mañanas, lo primero que pienso es que la realidad me golpeará con fuerza algún día, que mi vida ahora cerca de la perfección se desplomará ante mis ojos y perderé finalmente lo que tengo más miedo de perder. Mas las cosas no son así, cada día es más feliz que el anterior, a pesar que a veces Trenton y yo somos golpeados por la rutina o por alguna pelea estúpida, lo cierto es que, nuestra relación, está llena de peleas estúpidas la mayoría del tiempo, ya que nuestras personalidades son tan opuestas que pocas veces estamos de acuerdo en algo. Y cuando estamos de acuerdo en algo… resulta ser una locura hecha por dos dementes enamorados que ni siquiera piensan qué rayos están haciendo. Sonrío ante el pensamiento. —¡Qué va, hermano! —exclama Andrey soltando una risotada—. ¡Eso no lo sabes, todas las chicas quieren casarse! Suzanne lo quiere, lo veo en sus ojos, he intentado jugar con ella, en varias citas, y cuando le doy un regalo, ella piensa que es un anillo de compromiso, para después llevarse la sorpresa que no lo es, ¡es muy divertido jugar con ella! Niego con la cabeza sin dejar de reír, al igual que Trenton. —Eres un imbécil —comenta Trent entre risas—, y cuando se lo propongas de verdad, te rechaza porque otro se te ha adelantado. Un silencio sepulcral se produce entre nosotros. —¡Maldición! —masculla mi hermano, y Trent y yo reímos. Yo lo sabía desde hace muchísimo tiempo que Andrey y Suzanne iban a llegar hasta esto. Pocos meses después que Trent y yo comenzamos la Universidad, Suzanne se


transfirió a una universidad de California para estar cerca de Andrey y luego recibimos la noticia que eran oficialmente novios, y de ahí lo han sido hasta ahora, sólo que mi hermano ya quiere dar el siguiente paso, comprometerse con ella para después casarse, una unión muy esperada, porque todos supimos que ellos están destinados a estar juntos por mucho tiempo, incluso por siempre. Suzanne se ha convertido en la cuñada perfecta, ha cambiado para bien y ama a mi hermano completamente. Mi relación con ella es muy cómoda, a pesar de lo sucedido hace años con su hermano, el cual, según he escuchado, está saliendo con una de sus compañeras de la facultad, algo que al saberlo me alegra. —Relájate cuñado, la chica está loca por ti y todo eso —le consuela Trenton con mucha seguridad en su voz, él me mira, el motor de su auto todavía encendido, acaricia mis nudillos con dulzura mientras sigue hablando con mi hermano por el móvil—, lo está esperando y cuando se lo propongas estallará en un sí. —¡Tengo que proponérselo esta noche! —dice mi hermano exaltado, está demasiado nervioso para mi gusto—. Ciara, ¿cuándo vendrás? Quiero hacerlo delante de la familia. Trenton está a punto de decir algo, mas yo le interrumpo: —No seas tonto, An. Pídele su mano en privado, algo más íntimo, y ya sabes, después que diga que sí… hacen sus cochinadas —instruyo con una gran sonrisa, aunque él no pueda verla. Mi hermano ríe. —Hablas como si tuvieses mucha experiencia en ello. Abro los ojos como platos, escucho a Trenton burlarse abiertamente de mí. Imbécil. —¡Qué va! —exclamo nerviosa—. Estaremos allá mañana —aseguro; sin embargo veo a Trenton negar con la cabeza. —De ninguna manera —replica él, mi hermano bufa—. El domingo estaremos allá. Escucho a Andrey refunfuñar, podría jurar que en este momento está tirando de sus cabellos en consecuencia de su frustración. —¡Pero si todos los están esperando, todos están aquí! —Vuelve a exclamar. —Vale, relájate Andrey. Haz lo que te digo, estoy segura que será mejor que un show familiar. En privado es mejor…


Trenton me mira socarronamente y sé en lo que está pensando, ruedo los ojos ante sus pensamientos pervertidos. —Lo que sea, lo haré, gracias hermanita —dice y percibo la ironía, estoy segura que me quiere allá; sin embargo la intimidad ante semejante compromiso es mucho mejor que hacerlo delante de toda la familia, es obvio que cuando ella le diga que sí querrán estar solos y celebrar. Lo cierto es que los nervios de mi hermano también me enervan a mí, es algo muy extraño—. Y deja de intimar tanto con Trenton, no quiero ser tío tan joven, es humillante, si lo haces es como si me echaras una maldición encima, soy el mayor, debo casarme primero. Suelto una risotada. —Por Dios, estamos en el siglo veintiuno, ya no se cree en esas cosas. Además eres un chico. —Lo que sea, hermanita, estás advertida. Lo que sea, lo que sea, lo que sea… ¿Qué no puede decir otra palabra cuando está enojado? Siempre ese es su eslogan cuando anda nervioso y molesto a la vez. —Te quiero hermanito —le digo riendo, antes de colgar. Trenton sigue observándome con esa mirada. —No dejes de intimar conmigo, te lo suplico —dice él con un falso puchero. Yo bufo mientras él se encarga de poner el auto en marcha. Nos hemos acostumbrado a que él me busque para ir a la universidad, pues su residencia no queda tan lejos de mi departamento. A todos nuestros amigos de la facultad les parece extremadamente raro que nosotros no vivamos juntos aún, a pesar de estar juntos la mayoría del tiempo. Trenton feliz se mudaría conmigo, pues su compañero de cuarto es un completo desastre; mas yo no se lo he permitido, al menos no por ahora, quiero que las cosas se den a su tiempo, y que ambos estemos centrados, y no tomar ninguna decisión prematura otra vez. —No voy a dejar de intimar contigo —replico muy seria, pues estoy perdida en mis pensamientos. Él sonríe sin dejar de quitar sus ojos del camino. —Entonces deja que me mude contigo. Yo gruño y luego sonrío por su tono de suplica. —Sigue soñando con eso.


Mientras él se detiene en un semáforo me dedica una mirada nostálgica. —Eres el ser más malvado que he conocido en la tierra —exagera. Alzo una de mis cejas. —Pensé que eso me hacía ver sexy. Él asiente con la cabeza. —Eres como mi pecado favorito. —Yo me río de lo que ha dicho—. ¿Qué? Es verdad, eres como una tentación. Ja. Allí quiero llegar, cariño. —Espero no sea una tentación tu amiga Amber. —Lo miro por un largo momento mientras él vuelve a poner el auto en marcha—. Sólo digo, no sé. —Me encojo de hombros. Trenton se queda en silencio. Lo conozco demasiado, puedo oír su cerebro maquinando para conseguir una respuesta mucho más astuta que mi comentario. Pero se queda callado, pocas veces se queda callado, lo que hace que mis celos aumenten hacia aquella morena amiga suya que comparte casi todas las clases con él. Estúpida. —Oí por ahí que es el cumple de Nixon es el próximo sábado —comenta cambiando Obviamente de tema—. Y tu amiga Cloe está… ¿involucrada? Con él, seguramente te invita, ¿vas a ir? Porque yo tenía planes, unos que quizás te gusten. Si lo que quiere es distraerme, lo está logrando, mas no termino de morder el anzuelo totalmente, aunque no puedo evitar aclararle una cosa. —Pensé que nos quedaríamos en Detroit por mucho más tiempo —comento intrigada, ¿planes? ¿Tiene planes? Como sea, no le voy a preguntar, a él le gusta jugar conmigo. —Así es, de ahí se conectan mis planes. —Alza sus cejas una y otra vez—. Te ves hermosa hoy, princesa. Los lobos estarán enloquecidos, tendré que estar alrededor de ti durante toda la mañana. En realidad, lo hace, habiendo o no lobos, él siempre está cerca, como un imán, y eso me encanta. A pesar de que han transcurrido ya cuatro años desde que lo conocí, lo que siento por él ha crecido bastante, tal y como lo imaginé cuando descubrí que lo amaba con todo mi ser. Trenton ha cambiado notablemente, sus impulsos se han disminuido, aunque sigue siento terriblemente celoso, y el amor por su vida, ha crecido también; antes actuaba como si nada le importaba, vivía una vida apresurado, pensando que tenía que hacer cosas extremas la mayoría del tiempo para sentirse vivo; sin embargo, él mismo descubrió que


para sentirse vivo no tenía que saltar de un edificio, o manejar a alta velocidad, sólo tenía que amar, amar profundamente y tener esperanzas, y sueños. De eso se trata estar vivo. Y también del dolor, el dolor es la plena señal de que seguimos vivos. Nosotros hemos vivido en medio de tanto dolor, desde que estuvimos juntos por primera vez aquella noche que le besé cuando los Agnelli casi se lo llevaban; una tormenta se desató sobre nosotros, pero por nuestros sentimientos se suponía que debíamos ser más fuertes y así lo fuimos. Tuvimos que superar tanto… él enfrentar a su propio hermano y el dolor de haberlo perdido, yo aceptar que le amaba, para después enterarme que los sentimientos de Eric hacia mí si fueron reales, que Suzanne nos había engañado, también superar el asecho de los Agnelli, la estafa del alcalde hacia mi familia, su obsesión… y luego… lo más difícil: superar la enfermedad de Trenton. En todos estos problemas él estuvo junto a mí dándome fuerzas, y yo temía, temí demasiado, que yo no fuera capaz de darle la suficiente fortaleza a Trent para vencer el cáncer. El osteosarcoma fue uno de los muros que él y yo debíamos escalar y traspasar para demostrar que nuestro amor era y es tan fuerte y sólido que podíamos desafiar el cáncer y quizás la muerte. Ahora, yo con veintiún años, y Trenton veintitrés, seguimos juntos, después de cuatro años de altos y bajos y una dolorosa separación que terminó en un reencuentro y se convirtió en el impulso de ambos de vencer lo que sea.

*** Después de la operación, las cosas se habían complicado al principio, los nuevos avances de la ciencia, y el doctor que mis padres habían traído desde el extranjero sólo para que ayudase a Trenton, nos había dado tantas esperanzas que yo ya me encontraba haciendo planes para mudarnos ambos a New Haven en tres o cuatro meses, dependiendo de la mejora de Trent; pero el hecho de mis ánimos demasiado altos y alborotados afectaron a Trent, quien apenas con una semana de haber sido sometido a una intervención quirúrgica ya se quería atrever a andar solo. Cuando quiso hacerlo, las cosas empeoraron, él estaba cansado de la situación. Yo me había ido a la cafetería por unos minutos en busca de un té helado, pues no necesitaba con todas mis fuerzas. Tuve la oportunidad de hablar con Shaila pues teníamos días sin habernos comunicado la una con la otra. Ella me llamó hacía unos minutos que salí de la habitación de Trenton; cuando regresé, ya había terminado de hablar con Shaila cuando encontré a Trent derramado en el suelo y de su cabeza brotaba sangre por todos lados.


Lo supe antes de preguntar, él se había querido levantar sin las muletas y sin ayuda. Él es demasiado terco y en ese entonces no quería aceptar que tenía que esperar unas semanas más para poder levantarse solo y andar como antes; sin embargo, después de haberle insistido demasiado en que se quedara quieto por una vez en su vida, lo había hecho, hasta ese momento… Yo corrí a su lado inmediatamente, sus ojos seguían abiertos y agradecí internamente por ello, pues es peligroso que una persona, después de haberse golpeado en la cabeza, se quede dormido o se desmaye. —¡Trent! —exclamé enloquecida mientras trataba de levantarlo, se había golpeado con la mesita que estaba al lado de su cama, que era indudablemente de hierro. Dios, debió dolerle demasiado. Él no respondió, sus ojos pestañeando repetidas veces. Me pregunté mentalmente si yo lo perdería en ese instante por su terquedad. Grité varias veces llamando por ayuda hasta que dos enfermeras llegaron y, al mismo tiempo, mi novio cerró los ojos mientras yo le gritaba y golpeaba en el pecho para que despertara. Ese fue uno de los momentos más difíciles y duros de mi vida. Y luego de una larga charla, cuando despertó, con su cabeza dolorida y algunas puntadas que tuvieron que hacer para sanar la herida, él me dio la razón, tenía que aprender a cuidarse y amar su vida, y no arriesgarse más. Afortunadamente en ese incidente su pierna salió ilesa. Supongo que después de todo es un tipo con suerte.

*** En cuando llegamos a la universidad, yo todavía me encuentro medio perdida en mis pensamientos, por eso Trenton chasquea los dedos después de haber abierto mi puerta para yo salir. —Estás muy distraída, nena —me dice con dulzura, tomando mi rostro entre sus manos. Yo todavía me encuentro dentro de su camioneta, la cual costeó con su sueldo trabajando como instructor de boxeo a un montón de adolescentes que están tratando de manejar su ira. Mentalmente comienzo a idear a un Trenton pequeño aprendiendo a boxear con su padre y su hermano mayor, la verdad es que debió ser adorable, tanto como ahora. —Es tu culpa —le digo guiñándole un ojo—. Señor dueño de mis pensamientos.


Él me mira como si se fuese ganado un millón de dólares, contento de mi comentario. Me ayuda a bajar de la camioneta y luego me apoya en la puerta ya cerrada, él delante de mí, su cuerpo contra el mío, sus ojos fijos en los míos, su mano presionando mi espalda baja y su otro brazo apoyado en el auto, acorralándome completamente, y no es como si lo necesitase pues yo estoy en esta posición encantada. Observo sus ojos hermosamente perfectos y cautivadores, su luz ha regresado después de haber sufrido tanto, su cabello está más hermoso que nunca, despeinado y castaño con mechones dorados que le dan un toque sensual y salvaje a la vez. Sin poder evitarlo coloco una de mis manos encima de su hombro, y después comienzo a trazar círculos en su cuello, luego en sus labios y luego me atrevo a dejar mi palma presionada contra su mejilla. Lo veo cerrar los ojos ante el tacto y yo sonrío feliz de saber lo que causo en él sólo con tocarlo. Él abre los ojos, de nuevo observándome, sonríe ampliamente y yo me derrito como acostumbro hacerlo cuando soy testigo de la maravillosa sonrisa de la que es dueño, la sonrisa matadora, como a veces suelo llamarla. Me atrae hacia su pecho, poco me importa que ya vaya a perder mi primera clase, y probablemente él también la suya, a ambos nos da igual, al menos en este instante somos él y yo y nadie más. Él se va acercando y yo estoy lista para recibirlo, para perderme en ese mundo que me espera, pues viajo a través de sus besos a un mundo distinto, cierro los ojos, mientras siento su aliento golpeando mi cara. Huele a menta, y a él. —Te ves realmente hermosa bajo mi poder —susurra tan bajo que pienso que he imaginado que lo ha dicho; sin embargo, él sigue murmurando cerca de mis labios, lo que ocasiona que sus labios rocen los míos mientras bisbisea—: quiero tenerte siempre así, Ciara. Eres lo que más amo ahora, no puedo dejar de decírtelo. Mi corazón se ensancha mientras él lo llena cuando sus labios finalmente comienzan a acariciar los míos lentamente y él me va atrayendo a su cuerpo para tenerme aún más cerca y yo enredo mis manos en su cabello, conforme lo abrazo y lo beso. —Y maldición, amore, te ves adorable con mi gorro —dice cuando se aparta un poco, luego me da un corto beso de nuevo—. Me gusta que lleves algo de mí. Quiero explicarle que siempre lo llevo en mi corazón, mas alguien carraspea tras nosotros causando que los dos nos apartemos un poco, aunque Trenton aún deja su brazo alrededor de mi cintura. Amber. Oh genial.


—Trent —Utiliza su sobrenombre, por Dios, odio que sea tan confianzuda—. El profesor de Procedimientos de dibujo avanzado24 me ha enviado a buscarte. —Ella dice, pero puedo ver lo distraída que se encuentra comiéndoselo a él con la mirada. Rayos, qué descarada. —Me quedaré con Ciara por un rato —explica él con una sonrisa ladina—. Creo que ya me perdí el principio de la clase, así que… Amber se apresura a llamar su atención, sacando de su bolso su cuaderno de bocetos. Pongo los ojos en blanco al saber lo que ella pretende hacer. —Necesito preguntarte algo… yo uh… —murmura, Trenton cae inmediatamente en la trampa. Él se aleja de mí y se sitúa al lado de Amber y observa el cuaderno fijamente, su ceño un poco fruncido debido a la concentración—. ¿Qué te parece? Trenton le sonríe. —Creo que eres muy talentosa —le dice tranquilamente. Yo frunzo el ceño conforme escucho la asquerosa plática entre ellos. —No tanto como tú —alaga ella, cierra el cuaderno, y me mira desafiante, ella sabe que me está haciendo cabrear completamente. Posteriormente, contempla a Trent desvergonzadamente y sonríe—. Oh, Trent, realmente estás en forma. Maldita sea. Me apresuro a alejarme de esos dos antes que arme un show digno de presenciar donde la protagonista obviamente será Amber y su estúpida nariz rota. Yo no soy exactamente una chica agresiva, aunque haya vivido seis meses con Shaila nunca aprendí eso de ella; sin embargo, Amber puede no correr con suerte el día de hoy, y ciertamente, creo que lo mejor es alejarme antes de rebajarme a su nivel, porque está claro que yo estoy muy por encima de ella. Mientras me voy dando largas zancadas hasta mi clase, apretando la correa de mi bolso con una exagerada fuerza, siento que alguien me toma de la cintura y me sube a su hombro como si yo fuese un costal de patatas. Sé de quién se trata sin verle el rostro, porque obviamente, ¿quién más se va a atrever a cargarme si no es Trent? Es cierto que ahora está mucho más cambiado y mayormente se halla relajado, pero su aspecto siempre intimida a los chicos que plantean acercarse a mí. Eso jamás va a cambiar.

24

Materia perteneciente al pensum del programa de Artes Plásticas.


—¡Bájame Trenton Lombardi! —bramo enfurecida. Oigo su armónica risa mientras me lleva a la profundidad del pequeño bosque que rodea el campus de Scofield. El viento sacude nuestros cabellos con potencia, aunque mi gorro evita que la mayoría de mi melena se despeine. Finalmente, Trenton me baja y apoya su frente contra la mía. —Eres sexy cuando estás celosa —se mofa él—, increíblemente sexy. Su cuerpo poco a poco me va presionando contra un roble que se encuentra a mi espalda. Sonríe sobradamente mientras yo estoy a su merced, sus manos situados en mi espalda, impidiéndome alejarme, aunque mi cuerpo no tiene pensado hacerlo, mi mente sí. —Entonces pretendes causar celos en mí. —Le doy golpecitos con mi dedo índice en su pecho—. Sólo para verme sexy, ¿no? —Frunzo el ceño. Él automáticamente niega con la cabeza. —Por supuesto que no, Ciara. —Acaricia mi espalda con sus manos—. Tú eres sexy y hermosa todo el tiempo, no sabes cuán caliente me tienes ahora mismo. Alzo una de mis cejas. —Claro, y por eso coqueteabas con Amber —le acuso. Probablemente mis reproches no causen nada en él, pues lo único que ahora hace es reírse de mi acusación, como si en lugar de eso, hubiera hecho un magnifico chiste. Siempre burlándote, idiota. —Yo no estaba coqueteando con nadie. Ciara, por Dios, ¿cuándo vas a entender que no necesito la atención de otra chica que no seas tú? —inquiere él, sus ojos íntegramente serios conforme me contemplan—, ¿cuándo vas a captar la clara señal de que soy tuyo y puedes hacer conmigo lo que desees? Estoy aquí ahora, no con ella, es aquí donde pertenezco, contigo, ¿lo entiendes? —Suspira—. Te amo, eres todo para mí, principessa. Nadie puede contra eso. —No sé cómo puedes lograr que tus palabras sean tan perfectas —le digo sonriéndole, causando que lo de Amber quede en el pasado—. Eres como que romántico. —¿Te parece? —interroga fingiendo estar sorprendido—. Porque no me había dado cuenta. Yo sólo le sonrío. —Ven aquí.


Y nos besamos profundamente, agradeciendo la intimidad que tenemos ambos ahora que no hay nadie alrededor. Nos besamos apasionadamente, el amor floreciendo en el bosque, y los recuerdos de cómo hemos llegado hasta aquí aparecen.

*** Hace un mes aproximadamente… —¡Estás loco! —le acusé entre risas, mientras él me hacía cosquillas por todas partes y yo intentaba huir. Nos hallábamos en mi pequeño departamento, él se estaba quedando conmigo desde el viernes hasta los lunes en la mañana, aquello se había vuelto una costumbre con el paso del tiempo—. ¡Ay, me pellizcaste! —chillé corriendo lejos de él. Trenton me persiguió por toda la estancia hasta que llegamos a la cocina y logró halarme de su camisa, la cual llevaba puesta y dejaba mucho a la imaginación. En cuanto estuve en sus brazos, me subió al mostrador cercano a la cocina y se acomodó entre mis piernas, de modo que las mías rodeaban su cintura. Ambos respirábamos con dificultad. —Creí oír que dijiste que te había dejado agotado —le dije pícaramente, observando su cuerpo que sólo se encontraba cubierto en sus partes intimas por unos bóxer. La excusa del ataque de cosquillas se debía a su camisa, la cual me coloqué para preparar panqueques de merienda, ya que ambos estábamos hambrientos. Él fingió haberse indignado por su camisa, aunque ambos sabemos que le gusta exhibirse ante mí la mayoría del tiempo. —Sólo quería evitar que te vistieras —murmuró empujando su pelvis hacia mí, lo cual me hizo gemir inmediatamente. Dios mío, ¿qué no tuvo suficiente? Apenas hacía quince minutos habíamos hecho el amor, y este hombre estaba allí, cerca de mí, pude sentir su excitación. —Trent… no hagas eso —musité cuando su lengua lamía mi cuello lentamente. Infiernos, infiernos, infiernos. Le deseaba tanto que ya estaba comenzando a dolerme. —¿Ciara? —¿Q-quéeeee? —Alargué mis palabras en un suspiro bajo. Él se detuvo entonces y me miró a los ojos, el jade me derritió todavía más, lo que veía en sus ojos era una combinación de deseo y ansiedad, e incluso una interrogante que inmediatamente descifré. Lo vi entonces, leí en su mirada abrazadora lo que estaba a punto de decir, y mis pensamientos giraban en torno a él como siempre, pero con más potencia en ese instante. Lo supe antes que preguntase, lo supe antes de si quiera pensarlo. —¿Nos casamos?


Yo asentí con la cabeza, hechizada por su hermosura y por lo que estábamos a punto de hacer en consecuencia al gran amor que nos tenemos. —Sí. E hicimos el amor nuevamente, como si ambos estuviésemos cerrando el pacto con ello. Y fue increíble, intenso, maravilloso, la pasión entre nosotros se ha extendido cada día más, a causa de la atracción entre nuestros cuerpos que nunca están saciados.

*** Trenton y yo nos apartamos por falta de aire. —Eres increíblemente buena besando —me dice acomodando mi gorro con delicadeza—. Y en la cama… Río porque estaba pensando exactamente lo mismo. Me alejo entonces de él, corriendo como una loca, y él me sigue, tal como lo ha hecho siempre. ¿Has leído alguna vez sobre el hilo rojo del destino? Yo creo en ello, la leyenda trata sobre dos personas predestinadas a conocerse, la cuales están unidas por un hilo rojo atado al dedo meñique, éste es invisible, y permanece atado a las dos almas gemelas, a pesar del tiempo, las circunstancias, o la distancia, el hilo jamás se rompe, lo que significa que la conexión entre aquellas dos almas gemelas es indestructible. Lo que Trenton y yo tenemos lo es, es una conexión persistente, un amor verdadero, uno que jamás se irá. Yo lo sé, él lo sabe, el mundo entero lo sabe. Le lanzo una bola de nieve a Trent, aunque ésta no tiene precisamente forma redonda. Él ríe y me lanza una de regreso causando que yo me resbale y me eche a reír en el suelo. Él se sienta al lado de mí, aunque el suelo está un tanto frío por el invierno nos quedamos aquí. Me acomoda encima de su regazo mientras nos damos un corto beso. Silenciosamente agradezco al cielo por habernos brindado una segunda oportunidad para estar juntos, a pesar de todo. Ahora somos uno, y él está sano, libre del cáncer finalmente, y yo viviré para hacer su vida la más feliz de todas. —Si se pudiera, me gustaría quedarme aquí contigo, por siempre —afirmo mirándolo a los ojos. Él me regala una de sus sonrisas más perfectas. —Yo me quedo, sólo si te quedas tú. En el lugar que sea. —Trenton no titubea ni un instante en decir aquello. Infiernos, Trenton es tan adorable.


Mis brazos están alrededor de su cuello ahora, por lo cual acaricio su cabello despeinado mientras lo admiro atentamente y él hace lo mismo conmigo. Yo estoy sentada a horcajadas sobre él conforme nos miramos. —¿Qué planes tienes para mañana? —interrogo momentáneamente. Trenton se ve confundido por eso sigo hablando—: le dijiste a Andrey que no podemos irnos mañana… Él se encoge de hombros, hay un atisbo de sonrisa en sus labios. —Nada concreto en realidad, sólo quería que se desesperara un poco. Su sonrisa burlona me dice que es cierto. —Eres malvado. Trenton me acerca más a él y su agarre se vuelve más fuerte mientras suspira y replica: —Evidentemente la malvada eres tú, ya que no quieres hacer público nuestro matrimonio, señora Lombardi —dice juguetonamente, a pesar de que varias veces me ha nombrado así, igualmente me sonrojo furiosamente—. ¿Qué tengo que hacer para convencerte? Trenton y yo nos casamos el mismo día que me lo propuso, después de ducharnos y vestirnos corrimos a una capilla y lo hicimos legal. Toda la cosa ha sido en secreto, al menos por ahora, pues supongo que no quiero herir los sentimientos de nuestras familias y amigos por no haberlos tenido en cuenta en esto. Aún lamento eso, pero es que ¡rayos! Sentimos en nuestros corazones que teníamos que casarnos, y lo hicimos. Finjo que me lo pienso. Trenton comienza a besarme en su fase de tipo seductor que tanto me gusta. Su lengua comienza a lamer el lóbulo de mi oreja y a besar mi cuello una y otra vez, sus manos viajan por mis mejillas, luego acarician tersamente mi cuello, para después bajar hasta mis costillas. Sus labios hacen lo suyo, lamiendo, succionando y besando mi piel expuesta y yo tiro gentilmente de su cabello, una clara señal para que continúee. — ¿Me estás manipulando? —le pregunto con voz queda por la intensidad de sus caricias. —Sólo quiero que todos sepan que eres mi esposa —contesta aúnn besando mi clavícula. Oh… por supuesto que con eso me está manipulando, lo está haciendo genial. Ya estoy comenzando a caer… como siempre, a su merced. Él es mi debilidad.


—Quiero hacerte el amor todas las noches —murmura en mi cuello, yo jadeo—. Y dormir contigo, y verte despertar, quiero ser yo quien te vea abrir tus ojos… quiero amarte más, más y más… —musita entre besos y mordidas. Luego me mira a los ojos, el jade deslumbrante paraliza mi corazón como si sus ojos se estuviesen fijando en los míos por primera vez—. Te amo tanto, Ciara. Il mio amore.25 Yo le murmuro un “Te amo” de vuelta y soy yo quien lo beso, él entiende mis caricias, nosotros diremos que nos hemos casado el domingo en la cena. Pero él finge que no lo sabe. Y sigue besándome, como si siguiera manipulándome, a mí me encanta este juego. Oh… uh… —¿Debería rendirme o seguir manipulándote? —Sus ojos están brillantes, felices, mientras me mira, juguetónn. Oh Trent, si esta es tu forma de manipularme, yo encantada. —Oh, no te rindas —menciono antes que sus labios se junten a los míos. A pesar del frío, yo estoy caliente, cielos, él es tan ardiente y lo amo. Después de tantas dificultades, después de tormentas y tempestades, lo amo, con la fuerza de un amor verdadero.

Fin.

25

Mi amor.


DEDICATORIA Este libro está dedicado a cada una de esas personas que no se han negado a soñar y a seguir luchando. A las personas que dicen no creer en el amor, pero aun así, lo sienten.

AGRADECIMIENTOS Primeramente, quiero agradecer a las personas que se han tomado el tiempo en darme una oportunidad leyendo la historia. Fue uno de mis primeros libros, por lo cual siempre existieron dudas, temor, y principalmente inseguridad. Estoy muy feliz por haber publicado con la Editorial Raining Words, que están haciendo un hermoso trabajo, ayudando a los jóvenes escritores. Jamás hubiese publicado este libro sin el apoyo incondicional de mi mejor amiga Melissa Rivery, quien siempre estuvo allí , en cada aventura, animándome a continuar escribiendo, espero que un día te animes a publicar tus historias, porque eres una escritora increíble. ¡Y gracias por haberte animado a leer aquel fanfiction de Alec Vulturi! Rebeca C. Black M, otra persona especial que ha estado al pendiente de los avances de esta historia. Fue una de las primeras personas que la leyó y debo darle las gracias por todos esas críticas constructivas que me dio, sin duda no hubiese sido lo mismo sin ellas. ¡Muchas gracias Rebe! Gracias a FF.NET y LunaNuevaMeyer, donde casi tres años atrás comencé con este sueño, escribir historias nació como un juego y se convirtió en mucho más para mí. A las lectoras que me apoyaron en mis inicios, les agradezco siempre sus comentarios, ya sean positivos o negativos. No soy una chica de muchas palabras, solamente… Gracias, ¡espero nos leamos pronto!


Sobre a la autora

Daymelis Ramos es una joven venezolana que nació el 4 de octubre de 1994. Es estudiante de Administración de empresas y espera también especializarse en Diseño Gráfico o Letras. Vive con sus padres y su hermano. Cuando no está estudiando, está diseñando fotos, leyendo o escribiendo. Sus escritoras favoritas son Jennifer L. Armentrout, Colleen Hoover y Stephenie Meyer. Adora la música de Taylor Swift, OneRepublic y Ed Sheeran. Comenzó a escribir alrededor del 2012, creando fanfictions de Twilight, descubriendo su pasión por la escritura. Su primera novela "Después de la Tormenta" nació en cuanto imaginó a un chico carismático llamado Trenton. La canción "Storm" De Lifehouse también influenció mucho en la idea de la novela. Actualmente está trabajando con su próxima serie de fantasía llamada "Fatum" Y un romance contemporáneo nombrado "Sin Miedo". http://sentimientoscristalizados.blogspot.com/


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Después de la tormenta por Daymelis R. Wing  

Después de la traición de su mejor amigo, Ciara Aldridge es la persona más insegura y temerosa del mundo. Aún triste y decepcionada, escapa...

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