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Todo sobre Cuito Cuanavale La “Ayacucho” de África Sergio Rodriguez Gelfenstein - Barómetro Internacional

Durante esta semana se conmemoran un cuarto de siglo del fin de la Batalla de Cuito Cuanavale desarrollada entre diciembre de 1987 y marzo de 1988 en el sudeste de Angola. Para los que no están familiarizados con el nombre, el lugar o el hecho histórico, vale decir que la misma fue la batalla conclusiva contra las fuerzas sudafricanas que habían invadido Angola y significó en lo inmediato la liberación total del territorio angolano, en el mediano plazo condujo a la independencia de Namibia y su constitución en Estado independiente, pero sobre todo Cuito Cuanavale es considerada la “Batalla de Ayacucho” africana, aquella que llevó al fin del apartheid en Sudáfrica y del régimen de separación y marginación racial en todo el continente africano, lo que a su vez permitió entronizar una nueva manera de relacionarse internamente en el continente y de éste con el mundo. Vale recordar el contexto internacional de la época para insertar en su lógica dimensión la hazaña lograda por los combatientes angolanos y namibios que contaron con la invaluable ayuda de Cuba, su pueblo y sus Fuerzas Armadas. El año 1988 fue el último de Ronald Reagan como presidente de Estados Unidos, su sucesor, George Bush (padre), elegido para el cargo el 8 de noviembre de ese año iba a dar continuidad a la política ultra conservadora que Reagan había desarrollado haciendo mancuerna con la primera ministra británica Margaret Thatcher cuyo objetivo estratégico (logrado unos años después) fue la desaparición de la Unión Soviética y el campo socialista. La contraparte polar estaba en sus últimos estertores, la férrea estructura de poder soviético “hacía aguas” y se desvanecía paulatinamente. A finales de 1988, las tropas soviéticas habían sido derrotadas en Afganistán y preparaban su retirada de ese país, lo cual se concretaría a partir del año siguiente. Mijaíl Gorbachov que había asumido el poder en la Unión Soviética como presidente del Soviet Supremo comenzó a implementar una serie de medidas de apertura para los cuales el país no estaba preparado, lo que creó condiciones para su debilitamiento y posterior desaparición. En ese contexto, varios hechos señalaban el derrotero de los próximos años, un acuerdo de paz para finalizar la guerra entre Irán e Irak fue firmado en julio de ese año y en agosto se dio por concluida esa conflagración bélica, mientras que durante ese mismo mes la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en momentos en que fenecía la intervención militar soviética en Afganistán, reunió a guerrilleros fundamentalistas de diverso origen que habían combatido en ese país y creó la Organización Al Qaeda para consumar la derrota militar soviética en el país musulmán del Asia Central. De manera tal que la Batalla de Cuito Cuanavale se desarrolla en un contexto internacional de debilitamiento del mundo bipolar y de merma del papel y poderío de la Unión Soviética que había sido el principal soporte de abastecimiento de armamento, municiones y equipos al gobierno de


Angola, país que había declarado su independencia de la metrópoli colonial portuguesa en noviembre de 1975. Desde la independencia, Angola había sufrido una larga guerra civil que fue apoyada por el régimen racista de Sudáfrica, incluso con la participación directa de sus tropas que ocupaban Namibia. La economía del país se encontraba devastada por la paralización de la producción en las regiones norte y sur del país. Al retirarse los europeos en 1975, dejaron abandonado e inservible el aparato productivo angolano. En ese contexto, el gobierno del Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA) liderado por Agostinho Neto, se dio a la tarea de recuperar la economía a partir de la creación de un fuerte sector estatal. La banca y las actividades estratégicas fueron nacionalizadas. En 1981, Sudáfrica, utilizando como argumento que Angola servía de refugio a las fuerzas guerrilleras namibias de la Organización Popular del Sudoeste de África (SWAPO), lanzaron el operativo “Smokeshell” y ocuparon en Angola un territorio de 200 km. de profundidad desde la frontera. Su objetivo era la creación de una “zona liberada” en la que se erigiera otro gobierno angolano que al tener reconocimiento internacional pudiera dividir el país para crear un estado títere sostenido por Sudáfrica, tal como ocurría en Namibia. Durante años, los intentos angolanos por desalojar a las tropas sudafricanas fueron insuficientes y a finales de 1987, la seguridad de Angola fue amenazada seriamente ante el incremento de la intervención militar sudafricana. Las principales agrupaciones de las fuerzas armadas angolanas corrían el riesgo de ser cercadas y aniquiladas. La propia existencia e independencia del país se puso en juego. A pesar que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas exigió que las fuerzas armadas sudafricanas se retiraran incondicionalmente de Angola, la administración Reagan se aseguró de que esta exigencia fuera una Resolución sin mayor trascendencia. Según cita el analista italiano Piero Gleijeses en el portal Cubadebate “El secretario de estado adjunto para África de Estados Unidos, Chester Crocker, le dijo al embajador de Sudáfrica en Estados Unidos: ´la resolución no reclama sanciones y no plantea ninguna asistencia para Angola. Esto no es por casualidad sino el resultado de nuestros esfuerzos para mantener la resolución dentro de determinados límites`”. Ante esa situación, el gobierno angolano solicitó apoyo a Cuba, que a partir del 15 de noviembre de 1987 comenzó lo que se denominó “una compleja operación de refuerzo del contingente internacionalista cubano en Angola y en particular de rechazo a los invasores sudafricanos y sus servidores internos, en lo que habría de convertirse en la victoriosa operación de Cuito Cuanavale”. Decenas de miles de los mejores soldados y oficiales de las fuerzas armadas cubanas apertrechados y dotados de todo el armamento necesario acudieron al sur de Angola a hacer práctica la máxima de Fidel cuando dijera “Ser internacionalistas es saldar nuestra propia deuda con la humanidad” En la batalla comenzada en diciembre de 1987 y desarrollada hasta el 23 de marzo del año siguiente en un frente de más de 400 km. de extensión y en la que participaron decenas de miles de combatientes, más de 500 tanques, cientos de cañones, alrededor de 1.000 armas antiaéreas y decenas de aviones se selló la derrota sudafricana.


Pero, el fin de la batalla no garantizaba la independencia de Namibia ni mucho menos el fin del apartheid, por lo que la amenaza quedaría latente. Sudáfrica trataría de conseguir en la mesa de negociaciones lo que no pudo obtener en el terreno de los combates. Una vez asegurado el flanco sudeste, las tropas angolanas y cubanas avanzaron impetuosas en el sudoeste y el sur hacia la frontera con Namibia. Estados Unidos intentó excluir a Cuba de las negociaciones, pero finalmente se vio obligado a admitir su presencia junto a la delegación de Angola. En ese contexto las conversaciones tuvieron un carácter cuatripartito: Angola y Cuba de un lado y Sudáfrica con su mentor imperial del otro. Las negociaciones se iniciaron en Londres en mayo y concluyeron en New York el 22 de diciembre de 1988. Los acuerdos diplomáticos fueron expresión de lo que se había ganado en el combate. Se acordó la inmediata retirada de las tropas sudafricanas de Angola (aún quedaban algunas fuerzas diseminadas en el extenso territorio del sur del país), reconocimiento de las fronteras estatales, la soberanía e integridad territorial de la República Popular de Angola y, compromiso de aplicar la resolución 435/78 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que consagraba la independencia de Namibia. Este fue uno de los dos puntos más resistidos por la delegación sudafricana que se negaba a perder el rico territorio del sudoeste de África en el que se mantenía como potencia ocupante. Así mismo, se estableció que debía haber condiciones de seguridad necesarias para el retiro gradual y completo del contingente militar cubano a partir de un acuerdo bilateral entre Angola y Cuba en el que Sudáfrica ni Estados Unidos tendrían injerencia. Este fue el otro punto resistido por Sudáfrica y Estados Unidos que reclamaban la salida inmediata de Cuba. Aunque Estados Unidos y Sudáfrica hicieron ingentes esfuerzos para minimizar la importancia estratégica de la victoria de Cuito Cuanavale, la vida se ha encargado de demostrar con creces que la historia de África tiene un punto de inflexión en la batalla desarrollada en este lejano poblado del sudeste de la República Popular de Angola. Si alguien tiene dudas, de la importancia de esta batalla, basten las palabras del Padre de África, Nelson Mandela quien dijera “Cuito Cuanavale fue el viraje para la lucha de liberación de mi continente y de mi pueblo del flagelo del apartheid”. sergioro07@hotmail.com

Mandela y la falsificación de la historia Ángel Guerra Cabrera - La Jornada La hipocresía de Estados Unidos y sus aliados se ha podido corroborar en toda su magnitud al proclamar la Asamblea General de la ONU al 18 de julio como Día Internacional de Nelson Mandela, fecha del natalicio del legendario dirigente surafricano. Lo ejemplificaba espléndidamente el insustituible corresponsal de La Jornada en Estados Unidos, David Brooks, al contrastar los encendidos elogios de ocasión a Mandela de la secretaria de Estado Hillary Clinton con el testimonio de un veterano de la lucha contra el apartheid en ese país quien recordaba que el prestigioso líder y su organización, el Congreso Nacional Africano(CNA), fueron mantenidos en la


lista oficial de terroristas por el gobierno estadunidense nada menos que durante toda la presidencia de William Clinton, años después de que Mandela fuera electo presidente de Sudáfrica(1994). Pretenden que olvidemos el apoyo económico, político y militar a los racistas blancos de Washington y sus aliados de la OTAN y, por supuesto, de Israel, que dotó a Pretoria del arma nuclear por encargo de la Casa Blanca. Mandela, por cierto, no fue el pacifista descafeinado inventado por la mafia mediática sino, desde su juventud, un recio combatiente por la liberación de su pueblo que cuando vio ahogados en sangre por el régimen de minoría blanca sus intentos de luchar por medios pacíficos no vaciló en encabezar y organizar el Umkhonto we Size (La lanza de la Nación, en lengua Xosa), brazo militar del CNA, que realizó riesgosas y audaces acciones armadas hasta que el apartheid entró en fase agónica. Tampoco su excarcelación obedeció a ningún milagro ni el fin del odioso régimen se consiguió simplemente mediante un diálogo y unas elecciones, como afirma hoy la fábula mediática. El diálogo y las elecciones fueron la conclusión de un prolongado ciclo de lucha del pueblo negro y de algunos blancos revolucionarios o progresistas de Sudáfrica -entre ellos líderes veteranos del CNA como Joe Slovo, presidente del Partido Comunista de Sudáfrica- cuya última etapa va de los años 20 a los 90 del siglo XX, reprimida sin piedad por los racistas blancos. La lucha contra el apartheid experimentó un gran impulso y levantó una enorme solidaridad internacional a tenor de la descolonización de África y, por último de la liberación de las colonias portuguesas y el ascenso de la SWAPO (por su sigla en inglés), movimiento de liberación de la entonces colonia sudafricana de Namibia En este panorama se inserta otro dato fundamental que omite o falsea la historia oficial: las acciones internacionalistas de la revolución Cubana en África. Estas se extienden de tal manera en tiempo y espacio que sólo refiero sintéticamente lo relacionado con este artículo. A solicitud del gobierno de Agostinho Neto, del Movimiento Popular para la Liberación de Angola, La Habana envió en 1975 un contingente de tropas que destrozó el plan de Estados Unidos, la Sudáfrica racista y el Zaire de Mobutu para tronchar la flamante independencia y saquear en grande a ese país. Una vez derrotada la invasión de Sudáfrica, de los mercenarios europeos y las facciones angolanas a su servicio, quedaron en Angola suficientes fuerzas cubanas para preservar su soberanía. Sin embargo, en 1988, después de constante incursiones sudafricanas a territorio angolano y una grave amenaza militar de los racistas, nuevamente a pedido de Luanda cruzó el Atlántico una fuerte agrupación de fuerzas cubanas, con aviación de combate, tanques y artillería pesada, que en la batalla de Cuito Cuanavale, librada muy al sur del territorio angolano, infligieron una derrota aplastante a los racistas, los forzaron a retirarse a sus bases y avanzaron hacia Namibia. Como escribió el subsecretario de Estado Chester Crocker a su jefe George Shultz: "el avance cubano en el suroeste de Angola ha creado una dinámica militar impredecible”. Lo impredecible era que la acción de las fuerzas cubanas en cooperación con las angolanas y namibias había obligado a Estados Unidos y a los racistas surafricanos a sentarse en la mesa de negociaciones y a aceptar la independencia de Namibia. El fin del apartheid se habría prolongado quién sabe hasta cuándo sin la derrota del ejército de Pretoria en Cuito Cuanavale y la amenaza de insurrección del pueblo negro de Sudáfrica inspirado por esta. Nelson Mandela lo dijo así: Cuito Canavale marca el viraje en la lucha para librar al continente y a nuestro país del flagelo del apartheid. aguerra_123@yahoo.com.mx http://www.jornada.unam.mx/2010/07/22/index.php? section=opinion&article=026a1mun


Cuba-África: Un compromiso histórico Patricia Grogg - IPS

La ayuda sanitaria, que comenzó en 1963 con el envío de brigadas médicas a Argelia, se extiende hoy a más de 20 naciones, de las cuales 16 están incluidas en el Programa Integral de Salud, que abarca también a siete países latinoamericanos y dos asiáticos. ”La cooperación en ese campo sigue siendo la más importante. Al concluir 2003, teníamos en Africa 2.574 colaboradores, en su mayoría de la salud”, dijo a IPS Milagros Franco Suárez, directora para ese continente del Ministerio para la Inversión Extranjera y la Colaboración Económica. El impacto de esa ayuda es notorio. De acuerdo con datos oficiales, la mortalidad infantil en zonas donde labora personal médico cubano se redujo de 59 a 7,8 por mil nacidos vivos en Ghana, de 48 a 10,6 en Eritrea y de 131 a 35,5 en Guinea Ecuatorial. En el campo de la salud, el respaldo incluye la formación de técnicos en aquellos lugares donde el personal cubano presta servicio o mediante la formación de profesionales en instituciones cubanas. La Habana también contribuyó a formar Facultades de Medicina en Gambia y Guinea Ecuatorial, y apoya con profesores de esa rama a varios países, entre ellos Etiopía, Uganda y Sudáfrica. Cuba mantiene relaciones diplomáticas con 53 países africanos y de cooperación con 51. Aunque el peso mayor está en salud y educación, la asistencia también abarca deportes, construcción, agricultura y planificación física, entre otras áreas. ”Es una colaboración basada en primer lugar en el desarrollo alcanzado en la formación de sus recursos humanos y nuestro compromiso con esa región, con la cual tenemos lazos históricos y de sangre”, señaló Franco. Informes oficiales indican que alrededor de 6,3 por ciento de la población cubana de 11,2 millones es graduada universitaria. Cuba cuenta con 64 centros de enseñanza superior, que suman una matrícula de unos 200.000 estudiantes. Líderes políticos de Africa valoran especialmente la ayuda de los médicos cubanos en el combate contra pandemias como la tuberculosis y el sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida, ya sea desde sus consultorios, instalados a veces en regiones muy aisladas, o mediante programas específicos. En el marco de un convenio firmado con Botswana en 2002, personal cubano trabaja en varios hospitales y centros especializados en los tratamientos contra el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) causante del sida. Se calcula que unos 29 millones de personas viven con el VIH en Africa subsahariana. Cuba ayudó a varios países de esa región en sus combates por la independencia, pero


la lucha no ha terminado, sólo que ahora se trata de otra guerra, comentó a medios periodísticos de La Habana un dirigente gubernamental botswano. Botswana, con una población de 1,8 millones, exhibe la mayor proporción de infectados por el VIH en todo el orbe, con 36 por ciento de los comprendidos entre 15 y 49 años de edad. ”Toda esta colaboración se lleva a cabo sobre la base del respeto, con la idea de resolver problemas concretos y sin quitarle el puesto a profesionales de esos países”, aseguró Liber Puente, especialista de la cancillería cubana para las relaciones con Africa subsahariana. Puente añadió que muchos jóvenes que estudiaron con becas del gobierno cubano hoy son profesionales que trabajan por el desarrollo de sus países o bien ocupan cargos de responsabilidad política o gubernamental. Claude Grace Uushona, embajadora de Namibia en La Habana, es uno de esos casos. Llegó por primera vez a Cuba con 16 años, herida y con el horror pintado aún en el rostro por la matanza de la que había sido testigo en Cassinga, al sur de Angola. ”Era un campamento para niños y mujeres refugiados situado a 250 kilómetros de la frontera con Namibia. Ahí, el 4 de mayo de 1978, fuerzas sudafricanas nos bombardearon con helicópteros y aviones militares”, relató a IPS. Los sobrevivientes, muchos de los cuales eran niños de 10 a 12 años, fueron invitados por el presidente Castro a viajar a Cuba para estudiar en una escuela de la isla de la Juventud, al sur del país. ”Vinimos como 600. Allí hice la secundaria y el preuniversitario. Luego estudié en la Universidad de Gambia y fui la primera mujer gobernadora en Namibia. Ahora me siento muy feliz de estar de nuevo en mi segundo país durante los tiempos más difíciles”, añadió la diplomática. Cuba y Namibia establecieron relaciones diplomáticas el 21 de marzo de 1990, el mismo día en que se proclamó la independencia del país africano. Desde entonces acordaron varios programas de colaboración en las áreas de salud, educación y deportes, entre otras. Actualmente, Namibia es la mayor receptora de inversiones de empresas cubanas en Africa, con una firma mixta para la confección de guayaberas, otras dos en el sector pesquero y una cuarta para la fabricación de medicamentos genéricos. A juicio de Uushona, esas compañías son muy importantes para el desarrollo de Namibia. La embajadora recordó que la victoria de tropas cubanas y angolanas junto con guerrilleros de la Organización Popular del Sudoeste Africano (Swapo, por sus siglas en inglés) contra el ejército racista sudafricano en la batalla de Cuito Cuanavale, en abril de 1988, en la parte meridional de Angola, resultó decisiva para la liberación de Namibia.


Pretoria, tras ser derrotada en su última gran ofensiva en territorio angolano, debió aceptar los acuerdos tripartitos con Angola y Cuba que determinaron la salida del ejército sudafricano de Namibia, y en noviembre de 1989 Namibia realizó elecciones su primera Asamblea Constituyente. Desde entonces, la Swapo es el partido gobernante en Namibia. Los acuerdos tripartitos significaron también el retiro paulatino de los contingentes militares cubanos presentes en Angola, y el comienzo de la abolición definitiva del régimen racista del apartheid sudafricano. Se calcula que de 1975 a 1989 pasaron por Angola unos 300.000 cubanos, de los que murieron 2.016.

Batalla de Cuito Cuanavale

Considerada una de las batallas más trascendentes en la historia después de los combates de la II Guerra Mundial, angolanos y cubanos derrotaron en toda la extensión a los invasores sudafricanos y reafirmaron la soberanía de esta nación africana. Un pequeño pueblo con vocación internacionalista, frente a una potencia militar que empleó poderosas fuerzas, aviación moderna, artillería y blindados de última generación, pero no pudo tomar la localidad, convertida entonces en símbolo de resistencia y valor.

El escenario Cuito Cuanavale se ubica en un rincón de Angola, en dirección sureste, a más de 1000 kilómetros de Luanda.

Este poblado se asienta en la confluencia del Río Cuito y Río Cuanavale de los que toma su nombre. Unas 50 casas de mampostería diseminadas a lo largo de la carretera se integran al paisaje; en el extremo este se halla el aeródromo. Cuito Cuanavale está rodeado de aldeas matizadas por sus típicas construcciones de barro y guano. En eso misma dirección el terreno irregular adopta la forma de un valle circundado de pequeñas colinas desde donde se domina el poblado. Su vegetación es semidesértica y está formado por arbustos espinosos y árboles de mediana altura que, según se alejan al este, van aumentando de tamaño hasta formar aislados zonas boscosas. A finales de 1987 Cuito Cuanavale era uno de los poblados más tristes del mundo. No se escuchaba el canto de los niños; la alegría fue apagada. Los habitantes del lugar se marcharon. El caserío desierto solo ofrecía agujeros de todos los tamaños en las construcciones de barro y guano.

Prólogo a las acciones Durante la segunda quincena del mes de octubre de 1987, en la dirección Menongue – Cuito Cuanavale, se observaba un incremento en la actividad de la aviación sudafricana, la


cual había realizado ataques contra las unidades de la FAPLA y contra localidades de la provincia de Cuando Cubango. Es esos días la operación Saludando Octubre, efectuada por la FAPLA contra la principal agrupación de la UNITA, estaba llegando a su fin, debido al agotamiento de las tropas de la FAPLA, causado por los ritmos de ofensiva mantenidos durante el desplazamiento de las unidades desde Cuito Cuanavale hasta el naciente del río Lomba. En estas difíciles condiciones, las FAPLA tenían que hacer frente a la ofensiva lanzada por las tropas sudafricanas, unidades de las Fuerzas del Territorio Namibia y fuerzas regulares y semirregulares de la UNITA en las márgenes del Río Lomba. Hasta ese momento, el enemigo no había aceptado el combate frontal y se replegaba continuamente ante el avance de las fuerzas FAPLA, apenas sin ofrecer resistencia táctica con la que logró el agotamiento de los combatientes de las FAPLA y el alejamiento de su retaguardia, lo que permitió oficialmente inicial la contraofensiva. La actuación de las tropas sudafricanas en la referida región no era causal, respondía a un bien concebido plan del alto mando de Pretoria, el cual tenía previamente preparadas y ubicadas a sus tropas élites para asestar el golpe de gracia a las FAPLA cuando estas llegaran al lugar preciso y en el momento oportuno en el que el desgaste físico – moral facilitara su aniquilamiento y, una vez logrado esto, exigir entonces el cese de la ayuda a la SWAPO, la reconciliación con la UNITA y la retirada de las tropas cubanas de Angola. Para lograr sus objetivos, los sudafricanos comenzaron a asestar golpes con su aviación, ataques y golpes de mano contra las tropas de las FAPLA, las cuales no fueron aniquiladas gracias a un conjunto de medidas tomadas que posibilitaron la reagrupación de las unidades y el repliegue hacia las nacientes de los ríos Cuzizi y Vimpulo y el posterior paso a la defensa en las proximidades de Cuito Cuanavale (fundamentalmente al este), así como el apoyo y asesoramiento de las tropas cubanas. Desde su llegada a la región de Cuito Cuanavale, las tropas de la FAPLA se vieron sometidas al feroz hostigamiento del enemigo sudafricano, principalmente su artillería de largo alcance de 155 mm de los tipos G – 5 y G- 6 y los lanzacohetes múltiples Valkiria, así como a los frecuentes golpes de su aviación. Por su parte, la UNITA había continuado concentrando sus esfuerzos principales en el hostigamiento a las unidades de las FAPLA dislocadas en la región de Cuito Cuanavale, sobre todo a las ubicadas al este del río Cuito, amenazaban seriamente en tomar el poblado y asestar una derrota total a las FAPLA, en cooperación con las tropas sudafricanas. A su vez, para impedir el abastecimiento de las FAPLA, la UNITA incremento las acciones de embocadas y minados en el itinerario Menongue – Cuito Cuanavale. Para las FAPLA, la situación exigía no solo la realización de grandes esfuerzos materiales y morales que pusieran en tensión todo el potencial económico, militar y político del país, sino firmeza y habilidad en el mando para salvar la agrupación de fuerzas y medios y evitar que el enemigo ocupara Cuito Cuanavale, hecho que en terreno militar hubiera presentado una destrucción para las fuerzas asediadas y una derrota cuya recuperación política pondría en desventaja a la revolución angolana y al MPLA – Partido del Trabajo, frente a su más poderoso enemigo, la UNITA.

El grupo operativo cubano llega a Cuito Cuanavale Ante la difícil situación que se hallaban las tropas de las FAPLA y al solicitud de apoyo hecha por el gobierno angolano, el alto mando de las FAR decidió enviar a Cuito Cuanavale un grupo operativo del Estado Mayor de la Misión Militar, el cual se encargaría de


colaborar con las FAPLA en la organización de la defensa. A tales efectos se propuso los objetivos siguientes: 1. Mantener a toda costa la defensa de Cuito Cuanavale y garantizar que el poblado no fuera ocupado por el enemigo. 2. Analizar la situación y el aseguramiento combativo de las tropas de la FAPLA y, en coordinación con su mando, estudiar y adoptar las medidas necesarias para asegurar la estabilidad de la defensa. 3. Mantener informada a la Jefatura de la Misión Militar Cubana sobre la situación de la región. 4. Valorar integralmente la situación y proponer al mando qué medidas tomar de inmediato.

El 5 de diciembre llega el grupo operativo a Cuito Cuanavale; de inmediato se priorizó la organización del mando y la preparación de la artillería para realizar el fuego contra las baterías enemigas que hostigaban la región y junto con las FAPLA, organizar y fortalecer la defensa. En los días posteriores, se reforzó el grupo operativo con otros oficiales, y se completó el personal de seguridad hasta llegar a una compañía de tropas especiales.

Las acciones combativas A principios de diciembre de 1987, el alto mando de las fuerzas armadas sudafricanas había creado una fuerte agrupación de fuerzas y medios que, según su apreciación, le permitirían obtener la victoria en Cuito Cuanavale. Esta agrupación de fuerzas élites estaba compuesta por infantería, tanques, infantería mecanizada, artillería de largo alcance, armamento de alta precisión y artillería antiaérea, apoyada por la aviación de combate. El enemigo con su aviación y el fuego de la artillería hostigaba las posiciones de la FAPLA, empleando un promedio diario de 100 – 120 proyectiles de artillería de diferentes calibres. Simultáneamente realizaba ataques terrestres limitados a las posiciones FAPLA. Llegaron hasta las inmediaciones de su borde delantero. Concentraba especial atención en la destrucción del puente existente sobre el río Cuito, empleaban para ellos cohetes alados y aviones sin pilotos, con el objetivo de dividir la agrupación defensiva, aislar las fuerzas que se defendían al este del río y aniquilarlas. El mando angolano – cubano, al apreciar la situación, comprendió que los sudafricanos pretendían ir debilitando gradualmente las fuerzas FAPLA, desmoralizarlas, habituarlas a los ataques limitados y con posterioridad aniquilarlas mediante un ataque generalizado. Por esto, se adoptaron medidas que garantizaran la vitalidad de la defensa, entre las que se destacaban la creación de un sistema único de exploración, la respuesta adecuada a los hostigamientos aéreos y artilleros, con el fin de impedirles que machacaran impunemente a las fuerzas que se defendían. Los combates: un bautismo de fuego. 13 de enero En horas de la madrugada, las tropas sudafricanas dan inicio a un ataque contra las posiciones de la FAPLA de la 21 y 59 brigadas, caracterizado por fuertes y contundentes asaltos de fuego de artillería de los tipos G – 5 y G- 6 y Valkiria, golpes de aviación y el sucesivo ataque de la infantería y los tanques. Tras un intenso combate, que dura alrededor de tres horas, aprovechando un intervalo entre las brigadas FAPLA, las fuerzas enemigas logran salir a la profundidad de estas.


Las tropas de la 21 Brigada, luego de una tenaz resistencia, se repliegan a posiciones más ventajosas en la profundidad de la defensa y el enemigo ocupa momentáneamente las posiciones abandonas. Trascurridas varias horas, la 21 Brigada recupera estas posiciones. 14 de enero Durante todo el día, el enemigo continúa los asaltos de fuego mediante de artillería de largo alcance, artillería reactiva y morteros. Alrededor de las 10:00 hrs. se detectan cuatro columnas de blindados compuestas por unos 30 tanques y 60 transportadores, en orden precombatito en dirección nordeste, a unos 24 Km. de Cuito Cuanavale. Dos horas más tarde, el enemigo ataca nuevamente por intervalos entre la 21 y la 59 Brigadas, apoyado por el fuego de su artillería. A pesar de la tenaz resistencia de las fuerzas que se defienden, el atacante logra penetrar en las posiciones de la FAPLA y maniobrar hacia el flanco y la retaguardia de la 59 Brigada, la cual, después de combatir dos horas en condiciones de semicerco contra fuerzas superiores, se reagrupa, lleva a cabo un contraataque y logra penetrar en las líneas enemigas. Se desarrolla entonces un combate de tanques. En esta acción, los tanguistas y la infantería de acompañamiento dieron grandes pruebas de valor y decisión de vencer, al frustrar los planes de fuerzas muy superiores que tenían en su composición más de 100 carros blindados. Al atardecer, el enemigo cesa el ataque y comienza retirarse. Ante la gravedad de la situación y con el objetivo de fortalecer la defensa en la dirección de Cuito Cuanavale, el alto mando de las FAR decidió enviar un grupo táctico, que llegó a la zona de operaciones el 17 de enero. De inmediato, ocupó las posiciones asignadas y comenzó a ejecutar tareas organizativas y de preparación de las acciones combativas, especialmente los trabajos ingenieros de las áreas de defensa, la exploración aérea y la defensa antiaérea. Por otro lado, el enemigo sudafricano continuaba hostigando con su artillería de largo alcance a las tropas FAPLA y a partir del día 27, la aviación incrementaba los bombardeos en el frente de la 21 Brigada y asestaba golpes los días 29 de enero, y 3, 4, 6 y 9 de febrero. El mando angolano – cubano, ante la situación creada, decidía retirar la agrupación de las tropas FAPLA hacia nuevas posiciones y adoptó medidas tendentes a fortalecer la estabilidad de la defensa. 19 y 20 de febrero Durante el día 19, la artillería de largo alcance del enemigo hostiga la región de la 25 Brigada al este del río Cuito, y al amanecer del 2 inicia el hostigamiento contra la referida Brigada. A las 11:45 hrs. se detecta un movimiento del enemigo a unos 17 – 20 Km. al este, por lo que se decide realizar la exploración aérea en esta zona. A las 12.20 hrs., el enemigo al aparecer UNITA con una composición no determinada, ataca por el flanco derecho de la 59 Brigada; medida hora más tarde, cuatro aviones enemigos bombardean áreas situadas a 13 Km. al nordeste de Cuito Cuanavale; una hora después otros tres aviones atacan las posiciones del grupo táctico cubano en Longa. Al caer la tarde, el batallón del flanco derecho de la 59 Brigada se repliega ante la presión que ejerce el enemigo en su frente. El mando angolano-cubano ordena resistir a toda costa y maniobrar con las fuerzas y los medios.


Para la 01:00 h del 20, el enemigo cesa el ataque, los destacamentos del grupo táctico cubano salen a las líneas de fuego planificadas en la margen oeste del río Cuito, y amenazan fuertemente a la agrupación enemiga. A las 16:50, el enemigo reinicia el ataque a las posiciones de la 25 Brigada y sus aviones asestan golpes sobre la región de defensa de fuerzas enemigas, lanzando golpes contra ellas. Por su parte, la aviación cubana intensifica los vuelos de exploración en la región y, en varias ocasiones, al detectar columnas de fuerzas enemiga, lanzan golpes contra ellas. El 21 de febrero nuestros aguerridos pilotos descubren y atacan una agrupación de tropas enemigas compuestas por tanques Centurión, carros blindados AML – 60 y camiones blindados de tipo Casspir, y le causa fuertes bajas. El duelo de artillería se mantiene durante los días 21 y 25 de febrero; así mismo la aviación enemiga bombardea nuestras posiciones entre el 23 y 24. 25 de febrero La 25 y 29 Brigada con el esfuerzo recibido de oficiales zapadores cubanos, inician la instalación de campos de minas en el borde delantero en la línea Capamba – Cabarata. Bajo un inmenso fuego enemigo las tropas angolanas, dirigidas por los cubanos logran incrementar notoriamente los trabajos ingenieros. El día 24 se produce un fuerte hostigamiento artillero con cañones G – 5 enemigos y la aviación sudafricana bombardea las posiciones de las FAPLA. Ese mismo día en horas de la noche, se ordena el repliegue de la 59 Brigada hacia el oeste del Río Cuito, mientras que la 25 debía hacer lo mismo y ocupar nuevas posiciones, mas cercanas al puente, así dejar formada una cabeza de puente en el sector este de la defensa de Cuito Cuanavale. En la madrugada del 25 el enemigo comienza a iluminar con bengalas las posiciones abandonadas horas antes por la 25 y la 59 Brigadas; dos horas después, inicia el ataque contra esas posiciones, pero en su avance cae en los campos minados y bajo el fuego de la artillería de las FAPLA se ve obligado a avanzar desorganizadamente con lo que se evidencia su gran desconcierto. Durante la tarde y hasta horas avanzadas de la noche de ese día se continúan percibiendo las explosiones provocadas por los blindados enemigos al accionar las minas. Ese día 25 el principal factor que contribuyó a esta victoria de las FAPLA, asesoradas por el personal cubano, fue la sorpresa, lograda cuando la 25 y la 59 Brigadas abandonan secretamente sus posiciones y refuerzan los campos de minas con trampas y sectores minados de forma irregular. 1ro de marzo A pesar del fuerte golpe recibido, los sudafricanos no cejan en su empeño de ocupar Cuito Cuanavale; poco después del mediodía del 1ro de marzo, lanzan de nuevo un ataque sobre las posiciones de la 25 Brigada, pero por segunda ocasión caen en los campos de minas y bajo el fuego de la artillería de las FAPLA, y experimentan grandes bajas en personal y técnica blindada. Una hora más tarde, se ven obligados a retirarse nuevamente sin haber podido llegar al borde delantero de la defensa de la 25 Brigada.En este combate, las FAPLA hicieron gala de una elevada moral combativa y de una adecuada preparación para rechazar el ataque,


consecuencia lógica de la victoria en los combates anteriores y del perfeccionamiento de su maestría combativa. 23 de marzo Durante los días 20 y 21 de marzo, la aviación sudafricana volvía a lanzar su mortífera carga sobre las posiciones de la 25 Brigada, fundamentalmente contra su borde delantero. Estas acciones serían el preludio a las iniciadas el memorable 23 de marzo. Ese día, muy temprano, el enemigo lleva a cabo intensos asaltos de fuego contra la posición de la 25 Brigada, tras lo cual ataca en dirección al flanco derecho de la defensa pero ante el certero fuego de la artillería de las FAPLA se ve precisado a desviar la dirección de ataque hacia el flanco izquierdo; esta maniobra también le falla, sus tanques caen en los campos de minas y tiene sus primeras bajas. Esto, unido a los efectos del fuego de la artillería de tiro directo, incrementa sus pérdidas en personal. En el flanco izquierdo de la 25 Brigada, las tropas del enemigo sufren también grandes pérdidas: varios tanques y carros blindados, entre ellos tres Olifant. Al oeste del río fuerzas de la UNITA atacan al 3 Batallón de la 13 Brigada en la región de Cutucio, y a un batallón de la 36 Brigada al norte de Cuito Cuanavale, en ambos casos, las FAPLA no solo los rechazan, sino que les ocasionan sensibles pérdidas. A las 16:00 hrs. cesaba el combate, si bien el hostigamiento continuaba hasta las 22:00 hrs. Para que se tenga una idea de la magnitud del combate, baste decir que el enemigo arrojó 700 proyectiles de cañón G - 5, 36 cohetes Valkirie y 66 granadas de mortero. Por su parte la artillería cubana y angolana lanzaron 627 proyectiles de obús 122 mm, 677 cohetes de BM-21 y 499 proyectiles de cañón 130 mm. Una vez más en este combate nuestros pilotos hicieron gala de su maestría combativa y su heroísmo al asestar efectivos golpes contra el segundo escalón y las reservas del enemigo, al que ocasionó grandes pérdidas. La Batalla de Cuito Cuanavale, no concluyó con este combate, sino fue extinguiéndose gradualmente, y con los fuertes golpes asestados a las fuerzas sudafricanas en la dirección Tchipa-Calueque, se crearían las condiciones para imponerles la voluntad de las tropas a los sudafricanos y obligarlos a retirar la agrupación de fuerzas del territorio de la República Popular de Angola. El heroísmo desplegado los compatriotas, angolanos y namibios queda sintetizado en una frase escrita por uno de los invasores en los restos de un edificio en ruinas en el escenario de la batalla: "Los MIG 23 nos partieron el corazón".

Reflexiones finales En Cuito Cuanavale la Revolución Cubana se jugó todo, se jugó su propia existencia, se arriesgó a una batalla en gran escala contra una de las potencias más fuertes de las ubicadas en la zona del Tercer Mundo, contra una de las potencias más ricas, con un importante desarrollo industrial y tecnológico, armada hasta los dientes, a esa distancia de nuestro pequeño país y con nuestros recursos, con nuestras armas. Se corrió el riesgo de debilitar nuestras defensas, y debilitamos nuestras defensas, utilizamos nuestros barcos, única y exclusivamente nuestros barcos y nuestros medios para cambiar esa correlación de fuerzas que hiciera posible el éxito de los combates; porque a tanta distancia no se sabe si se libró alguna vez alguna guerra entre un país tan pequeño y una potencia como la que poseían los racistas sudafricanos. Cuito Cuanavale es el lugar que se hizo histórico, pero las operaciones se extendieron a lo largo de toda una línea de cientos de kilómetros y se derivó de ellas un movimiento hacia el suroeste de


Angola de gran importancia estratégica. Todo eso se simboliza con el nombre de Cuito Cuanavale, que fue donde empezó la crisis; pero alrededor de 40 000 soldados cubanos y angolanos con más de 500 tanques, cientos de cañones y alrededor de 1 000 armas antiaéreas, en su inmensa mayoría armas antiaéreas nuestras que sacaron de allí avanzaron en dirección a Namibia, apoyados por nuestra aviación y un aeropuerto de avanzada construido en cuestión de semanas. En Cuito Cuanvale se hubieran podido tener grandes batallas, pero era mejor, ante la nueva situación, resolver en la mesa de negociaciones el problema del respeto a la integridad de Angola y la independencia de Namibia. Aquellos acontecimientos habrían de influir profundamente en la propia vida de África del Sur, y era una de las razones, una de las motivaciones, uno de los grandes estímulos que impulsaban; porque al resolver el problema en Angola, las fuerzas que luchaban contra el apartheid recibirían también los beneficios de nuestras luchas. En Cuito Cuanavale se reafirmó una vez más la hermandad combativa de las Fuerzas Armadas de Cuba y Angola, la solidaridad revolucionaria de ambos pueblos y sus respectivos partidos. Allí, la voluntad de lucha del pueblo angolano por su libertad, independencia y soberanía nacional, tuvo como dignos exponentes a los combatientes de las FAPLA, quienes se distinguieron por su heroísmo, sacrificio y capacidad de resistencia. Brilló con luz propia la elevada capacidad, moral combativa y maestría militar de los jefes, oficiales y soldados de las tropas angolano-cubanas y quedó demostrada sin lugar a dudas la superioridad aérea, antiaérea y terrestre de sus fuerzas. Tuvo una singular importancia la vitalidad de la defensa, lograda con la creación de un bien coordinado sistema de fortificaciones y obstáculos ingenieros explosivos y no explosivos y con el perfeccionamiento del mando conjunto de las tropas angolano - cubanas.

Fuentes BAYO, ARMANDO (1961). África continente que despierta: La Habana: Capitolio Nacional. Historia de Angola. (1979) Ciudad de La Habana: Ed: Ciencias Sociales. La guerra de Angola (1989). La Habana: Editorial política. ORAMAS, OSCAR. (1978) Angola, ha nacido una nueva generación. Ciudad de la Habana: Ed: Ciencias Sociales. Obtenido de "http://www.ecured.cu/index.php/Batalla_de_Cuito_Cuanavale" Categorías: Historia de África | Historia de Angola | Operación Carlota | Batallas y combates en África

Operación Carlota: El monstruo ante nuestros ojos Escrito por Orlando Guevara Núñez Noticias - Opinion

Santiago de Cuba, mayo 27.-La primera vez que leí algo sobre el colonialismo, fue cuando en septiembre de 1960 Fidel habló ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y se refirió a la Organización de Estados Americanos (OEA) como un Ministerio de Colonias yanqui. El propio Fidel atribuyó ese calificativo al Ministro de Relaciones en esa época: Raúl Roa García. Y esa década marcó, precisamente, una época muy importante en el desmoronamiento del sistema colonial.


Muchos pueblos, sin embargo, siguieron enyugados a este bárbaro sistema, donde la dignidad humana de millones de personas es sometida a la más criminal degradación. Ya en 1975, había estudiado muchas cosas sobre el colonialismo. Podía definir teóricamente su esencia, sus causas y lo que éste significaba. Pero confieso que en ningún libro aprendí tanto como en el hermano pueblo de Angola, desde los primeros meses de 1976. Yo sabía de la discriminación racial. Pero no había presenciado nunca que un blanco tuviera derecho de abofetear a un negro, de vejarlo, de herirlo, y que el negro estuviera obligado de dirigirse a él con reverencia y un sumiso ¡bien, se ñor!; sabía de los crímenes, pero no imaginaba que un colonialista tuviera derecho a pasar por una carretera y atropellar intencionalmente con su carro a los negros que marchaban por las orillas y dispararles con armas de fuego y herirlos y matarlos como si fueran animales salvajes, sin que existieran leyes protectoras de las víctimas y castigadoras de los asesinos. Sabía que la educación no estaba al alcance de los pobres, pero no podía imaginar que existiesen casos donde al negro se le prohibiera pasar de la “cuarta clase” (cuarto grado) y llegar a la sexta clase era un delito que debía pagar con la muerte. Para mi no era un secreto que existía la discriminación en el trabajo, pero no concebía que esa práctica inhumana llegara hasta el grado de no permitirle a un negro alcanzar la categoría de operario en una fábrica, que se le negara el acceso a otro departamento ajeno al suyo y que si se rompía un equipo, tuviera que salir de inmediato, para no ver lo que se rompió ni cómo se arreglaba. Conocía de la discriminación más brutal contra la mujer, de su explotación y objeto de abusos. Pero mis cálculos quedaron pequeños ante la presencia de las mujeres trabajando a pleno sol en los campos, con el hijo amarrado a sus espaldas, roturando con azadas la tierra, mientras un hombre se encargaba, desde la sombra, de “pastorearlas” y vivía a costa de cuatro o cinco de ellas, que eran suyas porque las había comprado por tres cóndores (monedas) o cambiado por dos o tres vacas per cápita. Sabía también que el colonialismo significaba abandono y miseria que se multiplicaba entre los pobladores del campo; pero nunca había visto – ni siquiera en la Cuba prerrevolucionaria- a miles de seres humanos viviendo como bestias, sin haber conocido nunca a un médico, un maestro, sin contacto con la civilización, alimentándose sólo de animales salvajes, de frutas silvestres o de insectos. Hombres, mujeres y ni ños vestidos con taparrabos y diezmados por las enfermedades. Peque ñas aldeas donde la cama era el suelo, polvoriento o fangoso, según la época, y también comunidades donde ni siquiera tenían un idioma o su dialecto no era entendido por la otra tribu que radicaba a escasos kilómetros. El único indicio de civilización que podía verse en alguno de esos lugares, al alcance de esos desventurados, eran portentosos templos, cuya majestuosidad se me antojaba irónica frente a la miseria reinante y cuya promesa de vida en “el más allá” parecía una comedia dantesca frente a las infrahumanas condiciones de vida en el “más acá”. Muchachas muy jóvenes que en los primeros meses, sin conocer aún la razón de la presencia cubana en su país, llegaban hasta nosotros para ofrecernos su cuerpo a cambio de “sobras y latas de comida”, de fósforos, de jabón, de gasolina y otros productos que suplieran el dinero que sí supieron pronto que no teníamos. Una población cuya expectativa de vida eran apenas ¡treinta a ños! ; ancianos de cuarenta a ños de edad; ni ños diezmados por el hambre y las enfermedades, cuyos ojos suplicantes nos hacían prescindir muchas veces de nuestros escasos alimentos para mitigar en algo su desdicha. Y junto a aquella miseria, la cara contrastante del colonialismo. Sus confortables viviendas, sus autos de lujo, las vidrieras colmadas de artículos suntuosos, los grandes establecimientos, los centros de recreación – y de prostitución- las modernas avenidas que por muy anchas que fuesen no alcanzaban para encerrar en sí la opulencia de los ricos y ni las desventuras de los pobres. En la heroica tierra de Neto, aprendí también, con mucha más nitidez, el verdadero valor y necesidad del internacionalismo proletario. Si se necesitara buscar un nombre para definir lo que significó, desde el punto de vista personal, vivir durante aquellos tiempos la experiencia de chocar directamente, no a través de los libros, con el retrógrado sistema colonialista, no vacilaría en hacerlo con sólo cinco palabras que definen su esencia: ¡El monstruo ante nuestros ojos! Han pasado ya muchos a ños desde el término de la misión internacionalista cubana en Angola. Un total de 2 016 hermanos nuestros, cayeron en ese país; pero no fue en vano, porque la tierra de Neto preservó su


independencia, Namibia logró la suya y el apartheid sufrió un descalabro del cual no pudo nunca recuperarse. Así, con sangre cubana, está firmado uno de los capítulos más relevantes de la independencia africana, con la participación de unos 400 000 combatientes y colaboradores que protagonizaron la Operación Carlota, en homenaje a la esclava angolana con ese nombre, que en Cuba ofrendó su vida en rebeldía contra los odiosos grilletes de la esclavitud.

Nace la Operación Carlota Se acude al llamado de un pueblo que combate por ser libre. El comandante Guevara: antecedente para no olvidar. Por voluntad propia cada internacionalista partirá a dar la pelea. Prueba de altos quilates para la capacidad combativa y movilizativa de las Fuerzas Armadas cubanas MARÍA JULIA MAYORAL

ma.julia@granma.cip.cu La victoria del pueblo angolano en su lucha de liberación nacional corría grave peligro. Aunque los acuerdos de Alvor (1) suscritos el 15 de enero de 1975, establecían al 11 de noviembre de ese año como la fecha oficial para la proclamación de la independencia, el proceso de descolonización pretendía ser abortado desde su origen. Se fue plasmando una criminal conjura encabezada por Estados Unidos. DESDE EL PRIMER MOMENTO LA POBLACIÓN Y LAS FUERZAS ARMADAS ANGOLANAS MOSTRARON SU ADMIRACIÓN POR LOS CUBANOS.

Sectores de poder en la metrópoli portuguesa empeñados en no perder su más rica posesión colonial en el continente negro, el régimen zairense de Mobutu, Sudáfrica, otros gobiernos de África y algunas potencias occidentales, tejían la componenda que dirigía Henry Kissinger desde la Cancillería de Washington y que la CIA ponía en práctica. Fruto de Alvor, el gobierno provisional cuatripartito que debía operar durante la transición, nunca llegó a funcionar. El Ejército de la metrópoli en Angola, en vez de velar por la estabilidad, cual era su deber, dejaba que los grupos fantoches internos (2), y las potencias extranjeras arremetieran contra el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA), la única fuerza legítima, combatiente por la verdadera independencia, la unidad y la prosperidad de su pueblo. ALTRUISMO SIN PAR EL DE LOS INTERNACIONALISTAS CUBANOS DURANTE LOS CASI 16 AÑOS DE MISIÓN EN ANGOLA.

Así el MPLA, en la figura de su líder Agosthino Neto, se ve en la necesidad de solicitar nuevamente la ayuda solidaria de Cuba. HITOS INICIALES

El apoyo de nuestro país a los movimientos revolucionarios de África negra, que vivían momentos de creciente auge, había comenzado desde 1965, cuando el Che Guevara avizoró "la necesidad de brindar su aporte solidario e impedir la recolonización de Zaire y contribuir a la lucha armada de los pueblos de las colonias portuguesas, como punto de partida para el gran y definitivo combate: la liberación del pueblo sudafricano del yugo ignominioso del apartheid y la independencia de Namibia ocupada también por los racistas blancos de Pretoria" (3). Dentro de África las luchas por la emancipación tomaban vigor en los países recién independizados y sobre todo en aquellos sometidos aún al dominio colonial. El Comandante Guevara lo supo apreciar en un extenso recorrido por numerosas naciones de ese continente. Su idea inicial fue apoyar ese apogeo revolucionario en Zaire, donde los rebeldes, pese al asesinato de su líder Patricio Lumumba por orden de los antiguos colonialistas belgas, continuaban


la resistencia armada para derrocar al gobierno neocolonial de Tshombe-Mobutu y los mercenarios blancos reclutados y pagados por Estados Unidos. A inicios de 1965, el Che también sostuvo en el Congo Brazzaville entrevistas con la dirección del MPLA. "De este encuentro histórico surgiría otro compromiso, a solicitud de los patriotas angolanos: la ayuda al movimiento guerrillero contra el colonialismo portugués" (4). Ambas contribuciones solidarias fueron aprobadas por el Partido Comunista de Cuba. De ese modo llegó el Che a tierras africanas en compañía de más de un centenar de internacionalistas. Constituían la llamada Columna Uno, dispuesta a entrenar y pelear junto a los lumumbistas. Durante los meses de permanencia en Zaire, libraron más de cincuenta acciones combativas en condiciones de extrema adversidad sin ser vencidos por el enemigo; pero la ausencia de un movimiento patriótico vertebrado con el cual colaborar los llevó a interrumpir la misión. Entrenada con similar rigor, una segunda columna marchó al Congo Brazzaville. Esta columna que adoptó "el nombre de Batallón Patricio Lumumba tenía múltiples misiones. Era, en primer lugar, reserva de la columna del Ché, a cuya fuerza se uniría en caso necesario y en el momento oportuno. "Tenía además la tarea de prestar ayuda al gobierno progresista del Congo, amenazado de agresión por el régimen de Leopoldville (hoy Kinshasa)... No menos importante era la misión de participar con un grupo de asesores combatientes en el Segundo Frente guerrillero del MPLA en Cabinda y entrenar columnas de combatientes angolanos, equiparlos y ayudarlos a emprender la ruta hacia el interior de Angola, hacia el Primer Frente al norte de Luanda. De esta múltiple misión eran responsables los compañeros Risquet y Kindelán". Un grupo de seis oficiales y soldados del Batallón entrenó a los guerrileros angolanos en la provincia de Cabinda y combatió junto a ellos. Mientras, otros miembros del Batallón, ubicados en sus campamentos en el Congo Brazzaville, organizaron, prepararon y armaron tres columnas del MPLA: la Camilo Cienfuegos (entre abril y julio de 1966), el escuadrón Kamy (agosto—diciembre de 1966) y la Ferraz Bomboko (1967). El entonces capitán Rafael Moracén, quien había sido un hombre clave en las acciones militares en Cabinda, estaba también al mando de los instructores que entrenaron las tres columnas. Esta colaboración directa se brindó durante los años 1965—67, mientras la dirección del MPLA y el Batallón Lumumba permanecieron en el Congo Brazzaville. A partir de entonces y hasta 1974 la solidaridad cubana con los revolucionarios angolanos se manifestó en el respaldo a su lucha patriótica en importantes escenarios internacionales como las Naciones Unidas y el Movimiento de Países No Alineados, así como en el entrenamiento de hombres y la concesión de bolsa de estudios universitarios, en nuestro país. CONTINUIDAD Y NUEVA ETAPA

En la nueva etapa de lucha que se inicia en 1975, cuando los Acuerdos de Alvor son descaradamente violados por el FNLA y la UNITA, dirigidos, financiados, entrenados y armados por la CIA, Sudáfrica y Zaire, el MPLA solicita con urgencia la colaboración militar de Cuba. El primer comandante Díaz Argüelles, entonces jefe de la Décima Dirección del MINFAR, es quien asume la tarea. Luego de su primer contacto con el MPLA en Luanda entre el 3 y el 8 de agosto de 1975, el 21 de ese propio mes está de regreso en Angola para radicarse en Luanda al frente de la Misión Militar cubana, como respuesta de nuestro país a las peticiones de los revolucionarios angolanos. El MPLA había planteado a través de Díaz Argüelles la necesidad de aproximadamente 100 instructores para contribuir a la preparación de unidades de las FAPLA (Fuerzas Armadas Populares de Liberación de Angola). El plan sugerido por Cuba contemplaba organizar, preparar y armar unas 50 unidades de las FAPLA (batallones de infantería y baterías de artillería), en cuatro escuelas militares que se crearían: los Centros de Instrucción Revolucionaria (CIR) de Dalatando, al este de Luanda; Cabinda, en el norte del país; Saurimo, en la región nordeste, y el ubicado en el sur de Benguela. En informe al primer viceministro de las FAR (Abelardo Colomé Ibarra), Díaz Argüelles relató en agosto de 1975: "El camarada Neto aceptó muy emocionado la proposición nuestra. Estaba conmovido. Me pidió que le dijera a Fidel que aceptaba todo" (5).


Nuestro país había decidido ofrecer al MPLA casi cinco veces más instructores que los pedidos . "Si ibamos a mandar a nuestros hombres teníamos que enviar los suficientes para cumplir la misión y defenderse, porque un grupo demasiado pequeño habría sido arrasado", testimonió Jorge Risquet (6). Tres buques se encargan de transportar a la mayoría de los instructores y sus jefes; los otros hacen el viaje por avión. Suman 480 hombres, y junto a ellos arriban a suelo angolano, entre el 5 y el 11 de octubre de 1975, 12 000 fusiles checos R—52, piezas de mortero, antiaéreas y cañones antitanques, así como uniformes, alimentos y demás avituallamiento, para dotar en los CIR a las unidades de las FAPLA. Ubicadas en lugares clave desde el punto de vista geográfico, las cuatro escuelas entraron en funcionamiento a mediados de octubre de 1975 con oficiales cubanos al frente; los comandantes Romárico Sotomayor García y Eustaquio Nodarse Bonet, el primer comandante Ulises Estrada Reyes, y el cuarto centro, con más instructores y reforzado en armas, dado el aislamiento de Cabinda con respecto al resto del territorio de Angola, estaba bajo la conducción del comandante Ramón Espinosa Martín. CRECEN LOS PELIGROS

A la llegada de los instructores cubanos, el panorama político—militar en Angola se hacía cada vez más complejo. Existía el gobernador portugués con un Ejército que, regresando a la metrópoli, era cada vez menor. Dicha tropa no cuidaba las fronteras, cual era su deber, unidades zairenses penetraban por el Norte y avanzaban en silencio sin que la autoridad portuguesa impidiera la violación. Aunque el MPLA mantenía bajo su control 11 de las 16 provincias gracias a las acciones de las FAPLA, desde el mes de agosto instructores sudafricanos entrenaban a efectivos del FNLA y la UNITA, dentro del propio territorio angolano. La injerencia de Sudáfrica también venía en aumento. "Primero, enviaron un destacamento a Calueque y a Ruacaná —15 kilómetros en el interior de Angola— con el pretexto de cuidar las instalaciones del complejo hidroeléctrico del río Cunene que proporcionaba energía a Namibia". Esto suscitó una débil protesta diplomática del gobierno portugués, pero nada más... Por último el 14 de octubre penetró la Columna Zulú, sin que el gobernador moviera un dedo. La guarnición portuguesa en Moçamedes (una compañía de paracaidistas y una nave marítima) abandonó la posición, conminada por los invasores sudafricanos. Luanda es cada vez más amenazada tanto por el Norte como por el Sur. Queda bien clara la confabulación de las potencias imperialistas para impedir la independencia. En esa agresión, "Estados Unidos marchaba delante, flanqueado por Zaire y Sudáfrica. Inglaterra y Francia formaron en la retaguardia. Esta era la coalición que se creaba en el verano de 1975 detrás de la UNITA y el FNLA" (7). Entre los días 2 y 3 de noviembre, en Catengue, instructores militares cubanos y sus alumnos angolanos del CIR ubicado en el sur de Benguela, intentan detener el avance de la columna blindada sudafricana, la cual desde el 14 de octubre avanzaba desde Namibia hacia el Norte angolano en dirección a Luanda. Es esa la primera resistencia organizada que encuentran los invasores, quienes a pesar de sufrir sensibles bajas pueden franquear la posición y continúan avanzando hacia el Norte debido a su superioridad en hombres y medios. Sangre cubana y angolana se derramaban juntas por primera vez. OPERACIÓN CARLOTA

Para los cubanos, formados en una profunda vocación internacionalista, había un solo camino: no dejar solo al pueblo angolano en esa hora crucial. Con Fidel y Raúl al frente, la Dirección del país tomó la decisión de enviar las primeras tropas regulares de nuestro país a combatir en Angola para enfrentar a los agresores sudafricanos. El día 5 el Comandante en Jefe se reunió con los primeros voluntarios. Les habló "sobre todo de la invasión sudafricana. Dijo que algunos de los instructores cubanos habían muerto, que la situación era difícil, que debíamos detener a los sudafricanos antes de que llegaran a Luanda y que muchos de nosotros no regresaríamos. Dijo que le era muy duro decir eso y no acompañarnos", relató el oficial René Hernández Gattorno, uno de los dispuestos a participar en la misión internacionalista (8). Cualquiera de los hombres seleccionados podía decir que no; la decisión personal, con absoluta libertad, determinaba quien partía o no hacia el campo de batalla. Empezaba así la Operación


Carlota, que duraría 15 años y medio, hasta el 25 de mayo de 1991, cuando los últimos 500 internacionalistas cubanos en África regresaron a la Patria, tras demostrar con creces el espíritu solidario de nuestro pueblo, y la capacidad de un pequeño país para movilizar numerosos medios y fuerzas militares. Con el objetivo de tomar Luanda, los atacantes del Norte habían intentado en dos oportunidades romper la defensa de las FAPLA en Quifangondo, situado a 22 kilómetros de la capital. En ambas ocasiones (23 de octubre y 6 de noviembre) los agresores habían sido rechazados por combatientes de las FAPLA y unos 40 instructores cubanos y sus alumnos angolanos del CIR de Dalatando. Para el tercer y último asalto, el 10 de noviembre, los agresores preparan una agrupación poderosa y heterogénea: a las huestes regulares del FNLA y los mercenarios portugueses se sumaron al menos dos batallones de infantería y varios blindados del ejército regular de Zaire, un general y 25 oficiales del régimen del apartheid bien equipados con cañones pesados, traídos por avión desde Sudáfrica y varios oficiales paramilitares de la CIA. También disponían de un avión de los racistas para explorar las posiciones de las FAPLA. Los defensores de Quifangondo también se reforzaron. A los participantes de los anteriores combates antes mencionados, se sumaron 200 soldados de infantería katangueses y dos baterías de artillería de Cuba: una de morteros 120 mm y una batería de cohetes reactivos BM21 llegados al puerto de Luanda el mismo día 7. El armamento soviético en el barco La Plata procedente de Punta Negra y los artilleros por avión en vuelo Habana—Brazzaville—Luanda. La primera compañía del Batallón de Tropas Especiales arribó a Luanda el 9 de noviembre. Al día siguiente ya estaba dislocada en Cacuaco, como reserva de las fuerzas angolano—cubanas desplegadas en Quifangondo. Bien temprano en la mañana del 10 de noviembre comienza el combate. Los atacantes reciben una aplastante derrota. Los medios blindados de los agresores son puestos fuera de combate y su infantería, bajo el fuego de los BM21, sufre numerosas bajas. Esto les provoca un verdadero pánico y determinó su comportamiento en los meses posteriores, caracterizado por la retirada, la destrucción de puentes para dificultar la persecución y el saqueo de viviendas con el fin de llevarse valiosos artículos hacia Zaire. Luanda estaba salvada. Pasado un minuto de las 12 de la noche del día 10, el presidente Neto proclamó en un mitin multitudinario, el nacimiento de la República Popular de Angola. Acto seguido, ese mismo día 11, bajo las órdenes de Díaz Argüelles la unidad de Tropas Especiales marcha rumbo al Sur para establecer una línea de resistencia a los invasores. Días antes, el 8 de noviembre, había comenzado la batalla de Cabinda que se prolonga hasta el día 12. El enemigo agrupa un regimiento reforzado del ejército regular de Zaire, más hasta tres batallones del llamado Frente de Liberación del Enclave de Cabinda (FLEC), otra organización fantoche y una compañía de mercenarios blancos. Poseían blindados AML—90, una batería de morteros, obuses y numerosas baterías de artillería de diverso tipo. Pese a la superioridad del número de hombres y armas de los invasores que ataca el enclave desde tres direcciones, después de cruentos combates durante cuatro días, un crecido número de atacantes es aniquilado y dispersado el grueso de ellos, y el resto se retiró desmoralizado a Zaire, sin dejar de cometer atrocidades contra la población civil indefensa. A mediados de noviembre (13 y 14), la columna sudafricana es detenida en las márgenes del río Queve. Unidades de las FAPLA, instructores cubanos y sus alumnos del CIR de Benguela, junto a las primeras compañías del batallón de Tropas Especiales son los protagonistas de la hazaña. Vuelan los puentes sobre el Queve y establecen la línea defensiva Porto Amboim—Gabela— Quibala, la cual jamás fue superada por el enemigo. Bajo la dirección del oficial René Hernández Gattorno, jefe de una de las compañías del Batallón de Tropas Especiales, tendrá lugar días más tarde otro hecho que marcó pautas: el combate de Ebo del 23 de noviembre, al sur de la mencionada línea defensiva. La acción culminó con una sangrienta derrota para los sudafricanos, quienes al perder entre 80 y 90 hombres y numerosos


equipos blindados, quedaron tan desmoralizados que detuvieron su ofensiva durante varias jornadas. El apoyo desde Cuba seguía en ascenso. El 13 de noviembre había llegado a Angola el comandante Leopoldo Cintra Frías, para ponerse al frente de un regimiento de artillería que desembarcaría en Angola entre el 27 de ese mes y el 1ro. de diciembre. Tras la incorporación de esas nuevas unidades la situación empezará a cambiar a favor de las fuerzas revolucionarias. A finales de noviembre está también junto al MPLA el comandante Abelardo Colomé Ibarra para hacerse cargo de la Misión Militar Cubana. Él, Cintra Frías y Díaz Argüelles conformarán la jefatura cubana de la guerra contra Sudáfrica, sus aliados y fantoches. Siguiendo nuestras tradiciones de lucha, estarán en los lugares de mayor peligro, al frente de los hombres; no es casual entonces que el 10 de diciembre de 1975, el comandante Díaz Argüelles perdiera la vida al ser alcanzado por una mina antitanque mientras exploraba un camino en el Frente Sur. Desde las primeras semanas de noviembre, las tropas invasoras que avanzaban desde el Norte habían sido derrotadas en Quifangondo. Luego sucedería algo similar en el Sur, tras las acciones en las cercanías del rio Queve y el combate de Ebo. A partir de ahí avanzará la ofensiva contra las tropas sudafricanas. Para fines de marzo de 1976 las últimas unidades invasoras abandonan el suelo angolano. En ese lapso de aproximadamente cinco meses, arriban de manera incesante a Angola miles de internacionalistas cubanos, fuertemente armados, hasta alcanzar la cifra de 36 000 efectivos. El 27 de marzo de 1976 el último destacamento de los racistas sudafricanos cruzó el río Cunene y se internó en la Namibia ocupada por el apartheid. Desde el Océano Atlántico hasta la frontera con Namibia, y de Cabinda a Cunene, la República Popular de Angola estaba libre de los invasores y sus fantoches. Todo parecía indicar que la guerra había llegado a su fin, y que después de un determinado plazo para que las FAPLA pudieran asumir la defensa del inmenso territorio, ya no haría falta mantener la ayuda altruista de los internacionalistas cubanos. 1 Acuerdos de Alvor: negociaciones sostenidas durante seis días, en enero de 1975, entre el Gobierno de Portugal, en calidad de metrópoli, el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA), el único que verdaderamente luchaba por la independencia y un futuro mejor para su pueblo, y las organizaciones fantoches del Frente Nacional de Liberación de Angola (FNLA) y Unión Nacional para la Integración Total de Angola (UNITA), con el fin de organizar el proceso de descolonización de esa nación africana. Dichos acuerdos tomaron el nombre del balneario turístico donde se realizaron las conversaciones. Establecieron la constitución de un gobierno transitorio integrado por representantes de las cuatro partes, para el 31 de enero de 1975; así como la convocatoria a una Asamblea Constituyente el 30 de abril y la posterior celebración de comicios para elegir los poderes Ejecutivo y Legislativo. También fijaron al 11 de noviembre de 1975 como la fecha para proclamar la independencia de Angola. 2 El FNLA tenía muy antiguos vínculos con la CIA. Su jefe Holden Roberto fue reclutado por la Agencia desde la primera mitad de la década de 1960. La UNITA se vinculó a los colonialistas portugueses años antes de la independencia. En 1975, después de la caída del régimen fascista en Portugal, estrechó sus relaciones con el régimen del Apartheid en Sudáfrica. Ambas organizaciones fantoches defendían intereses tribales. Recibieron, indistintamente, dinero, armamento y entrenamiento por parte de la CIA y Sudáfrica. Durante la guerra, el gobierno de EE.UU. colocará a una de sus principales figuras, el canciller Henry Kissinger, a dirigir personalmente las acciones de la CIA en apoyo al FNLA y a la UNITA. La Casa Blanca pretendía con la derrota del MPLA resarcirse, en alguna medida, de la bochornosa derrota que había sufrido en Vietnam. 3 Castro Ruz, Raúl. "Discurso en ocasión del Vigésimo Aniversario de la creación de las Columnas Uno y Dos, celebrado el 7 de noviembre de 1985", en Jorge Risquet, El Segundo Frente del Che en el Congo. Casa Editora Abril. La Habana, 2000, p. 12. 4Ibid., p.11. 5 Gleijeses, Piero. Misiones en conflicto. La Habana, Washington y África. 1959-1976. Editorial Ciencias Sociales. La Habana, 2002, p. 297. (1ra edición) 6 Ibid. 2da edición, 2004, pp.403-404.


7 Ibid. 1ra edici贸n, 2002, p. 338. 8 Ibid. 1ra edici贸n, 2002, pp. 354-355.

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