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“DE LOS CUARENTA PARA ARRIBA, IGUAL QUE PARA ABAJO… AL AGUA PATO” (PERSONAS MAYORES Y ACTIVIDADES ACUÁTICAS).

Sin pretender poner en duda el acierto generalizado de la sabiduría popular plasmada, entre diversas y variadas manifestaciones, en el refranero popular, encontramos uno que en nada hace justicia con lo que consideramos son los beneficios integrales que la buena utilización del medio acuático produce en el ser humano, limitando el uso de este medio a la infancia y la juventud. Dice pues el refrán referido: “ de los cuarenta para arriba, no te mojes la barriga”, instando a un grupo poblacional amplio a abandonar las prácticas relacionadas con el agua. Pero esos mayores de antaño a los que hace referencia, no encontraron coetáneos que como nuestra población de mayores actuales demandaran la actividad física como hecho relevante para sus momentos de ocio, siendo conscientes en muchos casos que ese movimiento estructurado del ejercicio físico mantiene y mejora la salud, valorando, en otros tantos, las ventajas que aporta el medio acuático en cuanto a movilidad, capacidad de adaptación, seguridad y posibilidades de relación. Afortunadamente podríamos añadir, lejos de pretender incrementar nuestro, ya de por sí, rico refranero: “de los cuarenta para arriba, igual que para abajo…al agua pato”. “Al agua” pero de manera planificada, con objetivos claros, contenidos adaptados y sin arriesgar la seguridad, entre otros factores. Por otra parte, sabemos que los programas de actividades físicas acuáticas para ancianos trabajan siempre poniendo en juego el cuerpo y el movimiento, a través de situaciones sociabilizantes, lúdico-recreativas y de toma de conciencia del propio cuerpo. Mantener y potenciar el máximo dinamismo corporal para que cada persona mayor pueda cuidar su salud y mantenerse más autónomo o autónoma en la realización de las actividades de la vida diaria serían sus finalidades más básicas. En resumen, el mantenimiento de una buena calidad de vida, ya que ancianidad no tiene por qué ser sinónimo de enfermedad, lo será en su caso de “dolencia de la edad”. Hay enfermos de todas las edades y por tanto, igual que hay adultos sanos y enfermos, también habrá viejos sanos y enfermos. Pero sin despreciar esos procesos crónicos que la mayoría de las personas mayores padecen: molestias articulares, dificultades circulatorias, etc. que acentúan su fragilidad, pero no los incapacitan para un ejercicio físico adaptado a sus necesidades y realidad. Así, en nuestros programas de trabajo tendremos en cuenta, además de unas líneas de actuación básicas, esas dolencias de la edad, así como el respeto a sus valores, expectativas y características individuales, como con cualquier otro segmento de población. LÍNEAS DE ACTUACIÓN (Devís y Peiró, 1.992). -

Considerar los riesgos que existen al realizar la actividad y convertirlos en criterio de selección de los ejercicios y actividades. Considerar como partes fundamentales del trabajo: 1. la mejora de la resistencia cardiovascular. 2. la mejora de la flexibilidad.


3. la mejora de la resistencia y de la fuerza muscular. 4. la mejora de la composición corporal. 5. limitar los parámetros de cantidad y calidad del ejercicio a los requerimientos de la edad y estado de salud. 6. el aprendizaje de técnicas y movimientos eficaces y seguros respecto a las características particulares de los alumnos. -

Crear un entorno de trabajo recreativo y no competitivo. Plantear actividades variadas posibilitando el papel participativo de los individuos. El profesor será un elemento facilitador y animador para la consecución de los objetivos.

EL TÉCNICO INSTRUCTOR. En nuestra intervención con las personas mayores tendremos siempre en cuenta aspectos como la autoestima y la imagen corporal por el papel predominante que juegan en cualquier situación ordinaria, máxime en aquéllas que impliquen dinamización corporal. Partimos de una realidad social que en su conjunto discrimina a la persona mayor por el simple hecho de serlo y por considerar la vejez como algo improductivo y deteriorado. Lo peor es que el anciano o anciana acepta este hecho como una verdad absoluta dificultando la adaptación a su propia vejez. La aceptación de las pérdidas personales y la proyección de sus intereses hacia objetos y personas nuevas facilitarán la recuperación de esa autoestima a la que aludíamos al principio de este apartado, sintiéndose capaz de realizar tareas nuevas, individuales y grupales ( de ahí la importancia de las actividades físicas cooperativas entre iguales en el medio acuático) y establecer nuevas relaciones. La personalidad del técnico adquiere con este grupo poblacional una especial importancia debido a las cuestiones tanto físicas como psico-sociales que debe dominar, sin olvidar quizás su faceta más importante: la de animador o animadora. Ayudar en la consecución de la autoestima perdida, hacedles ver que no enferman paulatinamente con el paso de los días sino que envejecen, generarles confianza, seguridad, autonomía y una imagen real y positiva de sí mismos, hecho este último “casi heroico” si pensamos en nuestra sociedad actual, estandarte de la imagen de cuerpo joven, bello y esbelto como única imagen corporal aceptada y potenciada. Todo ello acompañado de buenas cualidades comunicativas, voz bien modulada, grave (debido a su dificultad para percibir tonos de alta frecuencia), cuidada vocalización y mirando a la cara a nuestro interlocutor facilitará, entre otras cuestiones, la comprensión de las propuestas así como cualquier corrección en positivo que intentemos incluir. Nos encontramos generalmente con el obstáculo añadido de la mala acústica de las piscinas, el ruido del agua, alumnos y alumnas con tapones en los oídos, etc. Pautas básicas como éstas, incrementadas por otras como disponibilidad, adaptabilidad, empatía, vigilancia, dinamismo, coherencia, lucidez, paciencia y madurez personal irán dibujando nítidamente el perfil profesional de los/las


responsables que llevarán a la práctica los programas acuáticos para personas mayores. Programas que, en resumen, deben tener unas finalidades concretas y abarcables.

FINALIDADES DE LOS PROGRAMAS DE ACTIVIDADES ACUÁTICAS PARA PERSONAS MAYORES. (Soler y Jimeno, 2.004). -

Prevenir la enfermedad y promover, fomentando hábitos higiénicos, contrarrestando el sedentarismo y la pasividad.

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Contribuir a que el anciano mantenga el nivel de autonomía física y psicológica necesaria, propiciando el mantenimiento de las capacidades biológicas básicas, asegurando durante el máximo tiempo posible su autonomía e independencia.

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Mantener y/o readaptar las conductas psicomotoras, facilitando la capacidad de adaptación a nuevas situaciones personales o ambientales.

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Desarrollar sus capacidades comunicativas, aislamiento y potenciando la sociabilidad.

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Educar en la sociedad del ocio, ofreciendo a las personas mayores un programa de actividades físico-recreativas que les ayude a mantener una vida activa, llena de experiencias y sensaciones enriquecedoras.

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Ayudar a que cada uno mejore su equilibrio emocional. Esto comporta un trabajo colectivo, dinamizador y creativo que ayude al viejo a elaborar sus duelos (pérdida de amigos y familiares, jubilación, etc.) y a depositar sus ilusiones en nuevos objetivos.

previniendo

el

En breves palabras, desarrollar la capacidad de movimiento en el agua de las personas mayores para su seguridad, disfrute y ocupación de ocio, sin riesgo para la salud y en relación con otras personas, posibilitando experiencias enriquecedoras y activadoras de su vida. Finalizamos reflexionando junto a técnicos y demás profesionales de las actividades acuáticas recordando que el ser humano es siempre más importante que su método (sin dejar de ser éste de importancia vital) y la personalidad del educador más importante que su técnica (sin olvidar que ésta es necesaria para desarrollar un trabajo seguro y eficiente). Dentro de la piscina se encuentran personas, individualidades con necesidades sociales que portan la sabiduría, experiencia, frustraciones y otras cargas propias de haber vivido ya algunos años, nunca veremos números y clientes exentos de emociones, penas y alegrías.


BIBLIOGRAFÍA: -

SOLER VILLA, Á. y JIMENO CALVO, M. (2.004). Actividades acuáticas para personas mayores. GYMNOS. Madrid.

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DEVÍS DEVÍS, J. y PEIRÓ VELERT, C. (1.992). Nuevas perspectivas curriculares en Educación Física: la salud y los juegos modificados. INDE. Barcelona.

AUTOR: -

MIGUEL ÁNGEL VIDIGAL SILVA. Maestro especialista en educación física. Técnico superior FEDA en fitness acuático. Técnico superior FEDA en aeróbic y actividades dirigidas. Galardonado “profesor revelación – 2004” por FEDA-Sevilla y premio “Feda Sevilla 2007”. Ponente en congresos y convenciones especializados. Autor del libro “Jugar con el aeróbic. Manual de aeróbic infantil”.


DE LOS CUARENTA PARA ARRIBA