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Autisha y el mundo perdido de Sheque Pรกg. 24

Santo Domingo Convento de Santos Criptas y Campanas Pag. 13


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Fotohólica Nº 02

Contenido

Septiembre 2013

Editor: Carlos García Granthon Colaboradores: David Pino Luis Gutarra Renzo Navarro Pozo Contacto: Limafreelance@hotmail.com

Editorial La diferencia entre el fotógrafo profesional y el aficionado

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Fotografiando como un profesional Capitulo 1I .– Composición

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Portafolios Santo Domingo, convento de santos criptas y campanas

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Amancay

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Las Mayoralas

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Crónicas El mundo perdido de Sheque

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X-fotos El cóndor de piedra campana

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Cámaras que registraron la historia Nikon F + F250 Motor Drive

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Portada: Pileta del Convento del Santísimo Rosario de la Orden Dominicana de Predicadores (Santo Domingo) 2012 – Lima. Foto: Carlos García Granthon 3


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Envío de colaboraciones: Se reciben y publican colaboraciones de imágenes y textos, llámese portafolios, reportajes, entrevistas, crónicas y cuanto material esté relacionado de una u otra forma con la fotografía en todos sus géneros. Toda colaboración debe ser enviada a: limafreelance@hotmail.com antes del día 18 de cada mes. Sólo se aceptan fotos y textos originales del autor y las imágenes no deberán estar excesivamente retocadas. Más información al email de la referencia. 4


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Editorial

La diferencia entre el fotógrafo profesional y el aficionado Una interrogante que surge siempre en torno a los fotógrafos, es justamente cuál es la línea que marca la frontera entre el profesional y el aficionado. Descartando el argumento absurdo de que la diferencia la hace la cámara que porta – y de cámaras hablaremos en el próximo número – la definición oficial del fotógrafo profesional, aceptada mundialmente y válida para todo fin práctico, llámese currículo, contratos, concursos y demás actividades; es que la fotografía sea su modus vivendi y que al menos el 51 % de sus ingresos económicos provengan de esta actividad. Sin embargo, y en mi opinión, ser fotógrafo de profesión, no implica necesariamente ser un profesional de la fotografía, que es cosa muy distinta. El actuar con profesionalismo implica, más allá de todo aspecto remunerativo, el dominio de una conducta y una metodología de trabajo desarrollada, segura y efectiva. El profesional en fotografía es como un cazador con un rifle de precisión, sabe lo que busca, persigue a su objetivo, espera el instante apropiado y le basta un solo disparo para capturar a su presa. El aficionado, en cambio, es como el cazador de fin de semana, que dispara con escopeta cientos de perdigones a la bandada de aves, con la esperanza de que, por cuestiones más atribuibles al azar que de la pericia, alguna buena presa caiga fulminada a sus pies. CGG 5


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Fotografiando como un profesional (II) Por Carlos García Granthon

Composición Componer una foto, implica darle un aspecto agradable a la vista, artístico si se prefiere, es en realidad la aplicación de ciertas reglas de estética, armonía y geometría básica en la imagen que queremos registrar y para ello debemos tener en cuenta lo siguiente:

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Orden

Geometría

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es el orden, registrar una imagen implica contar una historia, esa historia tiene que estar bien narrada, al igual que cuando construimos una oración, hay un “sujeto”, un “verbo” y un “predicado”.

La ubicación de los objetos es también muy importante para contar la historia, en lo posible se debe evitar colocar al “sujeto” en la parte central de la foto, esto nos daría una imagen fría, inanimada e inexpresiva, más propia de un documento de identidad que de un registro documental, sin espacio ni perspectiva para contar la historia. Es mejor colocar al sujeto en los “tercios” del cuadro, dejando espacio (aire) para el “verbo” en el lado opuesto, como una acción a futuro.

Como decía; el “sujeto” es el actor principal de la foto, sea persona o cosa, y éste deberá ocupar el lugar preponderante y resaltante en la foto y no debe ser opacado por ningún otro objeto. Antes de tomar la foto es muy importante definir bien cuál es el “sujeto”. En algunos casos el “sujeto” puede ser también un concepto abstracto, como una sensación, y sin presencia física en la foto, en ese caso los demás elementos incluidos y sin preponderancia específica deberán hacer referencia a ese concepto, ya sea por alusión directa o por omisión. El “verbo” es la acción explícita o implícita, activa o pasiva, que realiza o va a realizar el sujeto. Hay que dejar un espacio (aire) para esa acción, para que luego cualquier espectador pueda imaginársela inconscientemente en ese espacio virtual. El “predicado” lo constituyen todos los demás elementos que incluimos en la foto para terminar de contar la historia, no deben ser muchos ni demasiado llamativos para no confundir. En lo posible debe omitirse del encuadre todo objeto ajeno a la historia. También, como en toda “oración” se pueden presentar “faltas de ortografía” que deslucen la frase; y son los elementos disonantes que se incluyen involuntariamente en la toma, distorsionan la composición y distraen la atención del observador. Es pues muy importante cuidar lo que incluimos en cada toma pero más importante aun; lo que excluimos.

La foto también debe ser geométricamente “armónica”, para ello deben de utilizarse los elementos geométricos naturales del rectángulo que conforma el cuadro (diagonales, centros y tercios) para hacerlos coincidir con las líneas de acción y perspectiva de los elementos de la foto.

Efectividad Además de todo lo anterior, la foto debe de llamar la atención, debe de hacer voltear la mirada, ser el centro de atracción, ser única, dramática, teatral. Para esto, el fotógrafo deberá ser capaz de mostrar en forma diferente un hecho común. Para una portada no basta que la foto sea buena, también tiene que “vender la revista”, tiene que ser efectiva. La gente está acostumbrada a ver las cosas desde un punto de observación común; la altura de sus ojos, toda imagen tomada a esa misma altura y desde esa misma perspectiva difícilmente llamará la atención. El fotógrafo debe buscar otros puntos de enfoque no convencionales, desde el suelo (contrapicado) o desde arriba (picado) y además utilizar en lo posible lentes gran angulares que distorsionan en algo la perspectiva y le añaden dramatismo a la escena. (Continuará en el próximo número)

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Septiembre 2013 Foto: Alex Gardner Publicado en: “Rays of Sunlight from South America” Philp&Solomons Editors, Washington DC 1865

La fotografía, ventana del tiempo

Calle de Mantas Lima, 1865 por David Pino

Las calles del centro de Lima tienen un encanto especial que surge de su historia, de alguna curiosidad, de un suceso ocurrido o sencillamente porque si, por ser parte de esta antigua ciudad rica en detalles forjados por sus vecinos, ilustres algunos y plebeyos otros. Una de esas vías del centro es la calle Mantas, primera cuadra del jirón Callao que nace en un ángulo de la Plaza de Armas de Lima y va directa por sus ocho calles hasta una de las plazuelas más antiguas de la ciudad: la plazuela de Monserrate. En esta calle por estar cerca del lugar donde se fundó la ciudad pronto se empezaron a edificar casonas donde como curiosidad vivieron los primeros alcaldes de Lima, siendo el más celebre de todos ellos don Nicolás de Ribera el Viejo, primer alcalde, que tuvo su solar en la esquina de esta calle con la de Mercaderes (cuarta cuadra del Jirón de la Unión) y que después se mudaría a la calle Veracruz dónde hasta hoy existe la portada de su gran casa. Otros vecinos de esta calle que también fueron alcaldes de Lima son don Martín Pizarro, pariente del fundador de la ciudad que tenía su solar en la esquina de Mantas con Plumereros (cuadra 3 de Jr. Camaná), y frente a ésta la casa de don Juan de Barrios (esquina con Pozuelo de Santo Domingo, cuadra 2 de Jr. Camaná), alcalde de Lima en 1541. Se empezó a llamar Mantas a esta calle por haber existido en ella abundantes establecimientos de venta de mantas o las también llamadas “ropa de la tierra” como se decía a las prendas de vestir hechas en el país y que era usada por los naturales. Estas mantas podían ser usadas como colchas de lana para cubrir las camas, o adornadas con cintas de oro y plata y franjas de tisú usadas por las mujeres sobre los hombros prendiéndolas hacia el pecho con un punzón o alfiler. Con el paso del tiempo muchos de los grandes solares de los primeros años de la ciudad fueron divididos en lotes y para la época de nuestra foto (año 1865) eran varios los vecinos que vivían en esta calle, además de existir también diversos establecimientos comerciales. Fue en esta calle donde se abrió en 1862 la agencia del primer banco que existió en Lima: el Banco de la Providencia que posteriormente se mudó a la calle Mercaderes donde hasta hoy puede apreciarse el balcón de este antiguo establecimiento y en los ángulos de éste el escudo de 9


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esta primera institución comercial. No quiso ser menos el Banco Italiano (hoy Banco de Crédito del Perú) que también abrió su primera agencia en esta calle, luego de haber sido fundado a unos metros de allí, en los altos del Hotel Morín de la Plaza de Armas, donde hoy se encuentra el Club de la Unión. Posteriormente el Banco Popular también tendría sus oficinas en esta calle. Vemos así el carácter financiero de esta calle donde se ubicaron los primeros bancos de la ciudad. En nuestra foto sin duda lo que más llama la atención es el gran mirador que se aprecia a la izquierda y que muy probablemente se elevaría hasta el equivalente de un edificio de cinco pisos de hoy. Ese mirador era de la casona de un comerciante y armador naviero español, don Miguel de Castañeda y Amuzquibar quien tenía varios negocios con la corona española. Fue el constructor con su yerno del primer depósito de pólvora durante el mandato del virrey Pezuela. También tenía en esta calle un depósito de granos y panadería. Asimismo sus barcos prestaron servicios para el virrey en expediciones militares por la extensa costa del Pacifico, dominio español por aquellos años. De una de sus embarcaciones llamada “San Pablo” extrajo un gran mascarón de proa con la figura de un gran león que hizo colocar en la fachada de su residencia. Luego, tras un incendio a fines del siglo XIX este gran mascarón fue reubicado en el patio principal de esta casona hasta la demolición de la misma. Pude encontrar este gran e impresionante mascarón en el depósito de un museo limeño, ojala pronto pueda ser restaurado y exhibido. Ya que hablamos de miradores en la ciudad, hay que decir que hubieron hasta pasada la mitad del siglo XIX cerca de 37, de los cuales sólo quedan en pie actualmente tres: el mirador de la casona del Conde de Montesclaros ubicado en el Rímac, en la plazuela del Baratillo; el mirador de Ingunza al lado de la Plaza de Toros de Acho; y el mirador de la casa de Martín de Osambela en el Jirón Conde de Superunda, que no es el original, pues éste se cayó en el terremoto de 1940 y el actual es una reconstrucción del año 1960 con materiales modernos. Pudo haber sido esta torre mirador de la casa Castañeda quizá el más alto de todos los existentes coronando las elegantes residencias y que se decía servían para que el propietario pudiera avistar hasta el Callao la llegada de sus navíos o mercadería importada de Europa. 10

Unos años después de esta foto se haría el tendido en esta calle de unos rieles para el funcionamiento de un pintoresco tranvía jalado por caballos y del modelo Imperial, ósea de dos pisos, que recorría todas las calles del jirón Callao hasta la plazuela de Monserrate. Un anónimo pasajero de la época describiría este viaje sorprendiéndose de que las casas a medida que se iban alejando del centro de la ciudad se iban haciendo menos ostentosas y más bien pequeñas y de un solo piso. Ese sería el panorama hacia atrás en el centro de esta imagen. En 1860, cinco años antes de ser tomada esta fotografía, esta calle fue la primera en Lima en tener un moderno empedrado que cubría en su totalidad la acequia, por este motivo se le cambió de nombre por el de “Progreso”. Sin embargo, prevaleció el antiguo nombre hasta que unos años después, en la nueva nomenclatura de calles toda esta vía en sus ocho cuadras se empezó a llamar Jirón Callao, tal como la conocemos en la actualidad. Con el avance de los años y el “progreso” de la ciudad –ironía que el nombre de esta calle haya sido por algún tiempo ese-, el aspecto de esta cuadra tal como la vemos en la imagen cambió radicalmente. En la actualidad ya no existen casi todos los balcones que como vías en el aire la adornaban por ambos lados. Sólo queda un gran balcón hacia la esquina de esta calle con jirón Camaná y donde hoy funciona un bar en la parte alta y un chifa en toda la esquina. El Club de la Unión tiene oficinas y su cochera hasta casi la mitad de la calle, en el lado derecho de esta foto. Y a diferencia de esa solitaria calesa estacionada, el tránsito hoy es en sentido contrario y casi siempre la calle está llena de taxistas o buses turísticos donde avispados jaladores ofrecen a los paseantes citadinos por cinco soles ida y vuelta ir al Cerro San Cristóbal o quizá más lejos, a Miraflores y Barranco. Lima cambia, pero ya vemos que una calle aparentemente insignificante, con toda la carga de stress que pueda tener para las personas agobiadas por los gritos y el sonido del claxon de los autos, puede ser una vía histórica y llena de curiosidades, como casi todas en nuestra ciudad. David Pino limalaunica@live.com


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Portafolios

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Foto: Carlos García Granthon 12


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Santo Domingo Convento de Santos, Criptas y Campanas

por Carlos GarcĂ­a Granthon 13


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Foto: Carlos García Granthon

Si tres santos bajo un mismo techo, no son pocos; más de 20,000 volúmenes de conocimiento, historia y cultura, muchos de ellos incunables, en una misma biblioteca, no son tesoro menos valioso.

Como tampoco lo es su arquitectura de la que resalta la imponente torre que sostiene el coro de centenarias campanas que, con bronca voz de bronce, le hacen saber a Lima su presencia y llaman a la ciudad a escuchar las historias que el convento tiene para contar.

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Foto: Carlos GarcĂ­a Granthon

Sobre muros que se remontan a mediados del siglo XVI, azulejos que datan de 1604 enchapan su verdadero nombre; Convento del SantĂ­simo Rosario de la Orden Dominicana de Predicadores.

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Foto: Carlos GarcĂ­a Granthon 17


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Foto: Carlos García Granthon

Fue hogar, y es sepulcro, de Martín de Porres, albergó a Juan Masías y guarda sus reliquias, además de dar cobijo en su cripta, a los restos mortales de Rosa de Lima, tres santos de primer orden en la no menos importante religiosidad limeña. .

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Foto: Carlos GarcĂ­a Granthon 19


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Foto: Luis Gutarra

Flor de Amancay Pachacamac, Perú

por Luis Gutarra Cuando el desierto reverdece en invierno, el Amancay, la flor de Lima, es la primera en enjoyar los cerros y quebradas, pero sólo por un par de semanas entre fines de junio e inicios de julio. Su hábitat está amenazado por la expansión urbana, haciendo del Amancay una especie en peligro. 20


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Flor de Amancay La clave para la supervivencia de la flor de Amancae (Ismeneeamancae) es la temperatura y la humedad, que sólo la ofrece una estación fría y nublada y que se da en las lomas costeras del Perú. Los Amancays están condenados a desaparecer en esos lugares.

Foto: Luis Gutarra

Santuario del Amancay-Pachacamac Este Santuario es una iniciativa de responsabilidad medioambiental de la compañía Cementos Lima, pues este ecosistema donde vive el Amancay y otras especies vegetales y animales está dentro de sus predios de concesión minera. Por ahora la zona está protegida por la misma empresa, pero no está registrada dentro de las áreas naturales protegidas. 21


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Las Mayoralas Marcahuasi, Perú por

Renzo Navarro Pozo

La meseta de Marcahuasi se encuentra ubicada en la provincia de Huarochirí a 4000 m.s.n.m y a tan solo 5 horas de Lima. Sus 4 Km2 de superficie ofrece espectaculares paisajes compuestos por gigantescas rocas de caprichosas formas cuyos orígenes se remontan a tiempos prehistóricos de erupciones volcánicas en la región. Mas allá de las explicaciones científicas y fantásticas que rodean a este enigmático lugar, todos los que alguna vez lo hemos visitado podemos estar de acuerdo en la impresionante belleza y la enorme tranquilidad que se respira a pesar de estar tan cerca de nuestra siempre caótica ciudad.

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Foto: Renzo Navarro Pozo 23


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Cr贸nicas

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El Mundo Perdido de Sheque por Carlos García Granthon 26

Septiembre 07 de 2013 Aarón Heredia, ciclista, fotógrafo y compañero de algunas notables aventuras, había estado investigando en la red los misterios en las profundidades del cañón de Autisha y la cascada perdida de Sheque; la idea olía a buena aventura vivencial y maltrato físico… si, promete! Es así como veníamos masticando la idea de ir a explorar la zona desde el mes de mayo, y cuando ya la teníamos lista; Aldo, el tercer


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Foto: Carlos García Granthon

expedicionario, rompió clavícula practicando longboard en Huancayo, así que ante la antigüedad del modelo esquelético fracturado y la falta de refacciones en plaza, la postergamos para junio, pero para entonces ni la clavícula estaba bien reparada, ni las condiciones estaban dadas. En julio, Aarón, aún en busca de riesgos extremos, se casó, y como si eso fuera poco, inmediatamente después, y para asegurar nuevamente la postergación; luego de contraer nupcias; contrajo apendicitis....

En agosto!, decíamos, en agosto sí la hacemos!... pero en agosto ya sólo quedábamos dos interesados en ir a rompernos la crisma a 70 Kms de Lima y se complicaron otra vez las cosas… el 1° de septiembre, también tuvimos que cancelar la expedición por temas de trabajo, que a veces interfieren con el buen ocio, y los no tan buenos planes de estado mayor de Cyclowebing (después les explico qué es Cyclowebing… o mejor busquen la página en FB) hasta que… 27


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Viernes 06 de septiembre por la tarde; unos inesperados e-mails de último minuto parecen confirmar que por fin las condiciones están dadas y, además, las respectivas visas conyugales han sido revalidadas con amparo en la ley de simplificación administrativa; hora de desenterrar las mochilas, cuerdas, mosquetones y demás parafernalia de aventura que esperan luz verde desde hace cuatro meses. Nos dan las 6:30 a.m. del 07 de septiembre en el ovalo Santa Anita, esperando colectivo a Chosica, con equipo de trekking, escalada, fotografía y campamento completo; si, esta vez tuvimos que dejar de lado los entrañables monoplazas, previstos en el plan original, pues no estábamos seguros de disponer de la solvencia física necesaria para realizar toda la ruta a pedal, ida y vuelta, más la exploración y escalada del cañón, en el escaso tiempo disponible. En Chosica antes de las 8:00 a.m. y a bordo de un bus a Huanza, todo va bien, demasiado bien…Son las 10:30 a.m. cuando nos apeamos en el puente Autisha… Pero están seguros que se van a bajar aquí? Si, detén el bus nomas, no te preocupes y cóbrate el pasaje. Hay obras en la carretera y ni bien nos apeamos, un chofer de camión, que transporta el desmonte de las obras, sin saber a dónde nos dirigimos, nos ofrece llevarnos hasta el río Santa Eulalia que discurre algunos cientos de metros por debajo: Pero es que nosotros vamos a… Pero yo los puedo jalar hasta el río Sí, pero no vamos al río, vamos a… Pero yo voy al río en el camión… Lo dejamos atrás, hablando solo de ir al río, mientras nos dirigimos al puente Aarón descubre, en ese momento y para comenzar bien el día, que ha olvidado casi toda su ración de agua en el bus…Tamare!. Por eso es que siempre insisto en salir en número mínimo de tres personas; no sólo porque, como suelo afirmar, se requiere un mínimo de dos para traer de vuelta a casa el cadáver del tercero, sino que si alguien pierde su ración de agua o comida; ya saben el dicho: “Donde comen dos, comen tres” pero donde bebe uno, no necesariamente beben dos, 28

y menos si es una incursión planeada para 36 horas. Con agua sólo para uno… estamos jodidos! Aquí en el puente, desde donde echamos una mirada hacia abajo, a las profundidades de la estrecha grieta de más de 200 metros de caída libre, que esconde en su interior una gran represa abandonada y la cascada de Sheque, nos contacta alguien que, con la dialéctica de un buen buhonero de plaza pública, nos entrega su tarjeta y dice ser organizador de excursiones de trekking, escalada en roca, puenting, rapel, parapente, quince años, despedidas de soltero y mil maravillosas aventuras más. Le preguntamos por el camino de acceso al cañón de Autisha y nos indica un “atajo”: Si, por ahí también se baja, es más rápido, por ahí vamos y venimos nosotros SIEMPRE, es donde está ese cerrito y de ahí por el sendero en zig-zag que se ve desde aquí hasta allá abaaaaajo… Que el acceso al camino no estuviera exactamente frente al cerrito que nos dijo, sino al otro lado, en una escalinata de concreto al inicio del puente, ya era para sospechar de sus indicaciones. Efectivamente se nos hacía evidente el gran ahorro de camino en bajar por aquí, unos cien metros nada más hasta la boca del cañón, en vez de más de un kilómetro por el camino, usual y popular, que sube por el valle hasta un caserío y vuelve por el costado del río… ¡Ajo! ¿Dónde está el camionero que dijo que iba al río?... quién le dijo que se fuera? Retomando el relato; había pasado mucha agua bajo el puente desde la última vez que alguien usó este atajo; atajo al que le faltaban unos tramos, estaba cortado por deslizamientos de piedras aún activos y colmatado con plantas de espinas. Un par de veces la vimos color cactus, y a medio camino hubo que organizar una sub-expedición de rescate para la carpa de Aarón que bajó por iniciativa propia hasta una lugar inaccesible que tuvimos que volver accesible a fuerza de maldiciones. Casi abajo y cuando ya teníamos el camino principal a tiro de piedra, se me ocurrió vaticinar que sólo faltaba que los últimos metros del bendito atajo no existieran y tuviéramos que volver todo lo andado, cuesta arriba y… estaba escrito! Efectivamente faltaban los últimos 5 metros de atajo y tuvimos que sal-


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Foto: Carlos García Granthon

varlos por la vía rápida... con un pie en el aire, las nueces de corbata, el trasero en un cactus y mis lentes de medida rotos! El camino de acceso al cañón es digno de admirar, es como ingresar al corazón de los Apus por una operación a tajo abierto en su pecho. Una escalinata de media caña cortada en roca viva a mitad del abismo, adornado con toscas armellas de hierro, de tramo en tramo, que alguna vez sirvieron para portar un cable de seguridad, nos introduce al cañón de Autisha. Sólo se pasa de a uno en fondo y golpeando el casco con las irregularidades del techo, mientras la atestada mochila, con cada golpe a las salientes rocosas en la pared, te empuja hacia el abismo.

fe, es un salto al vacío. Aunque hay una cuerda de ayuda en el lugar, su apariencia hace pensar que ya venció la garantía, no tiene Soat y mucho menos pasó la revisión técnica. Las prácticas con cuerdas que vinimos realizando en los intermedios de las últimas salidas ciclísticas, dan sus resultados y, con drizas y equipo propio y garantizado salvamos el obstáculo, la vida, los equipos y la última y única botellita de agua de Aarón. Hacemos algunas fotos, con la dificultad que la maniobra implica, colgado de una cuerda a decenas de metros de altura. Provocaría subir alguna a la red para ir reportando el avance de la expedición, pero mi celular no tiene cobertura aquí, el de Aarón sí, pero no tiene saldo… aún me pregunto para que lo trajo?

Ya dentro del cañón y con la imponente presa abandonada a la vista, el camino se interrumpe bruscamente y sólo hay un orificio en el suelo que conecta con el siguiente nivel de sendero, unos 4 metros más abajo, donde sólo media escalera ofrece recibirte, si tienes la suerte de acertarle en el salto; es un salto de

La infraestructura de la presa abandonada es espectacular, impresionante, y la falta de barandas (por robo sistemático y bono de chatarreo) hacen aún más emocionante recorrer sus estrechas escaleras, puentes y pasarelas al borde del abismo. En la plataforma superior, con sus 20 metros de ancho, en medio de 29


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Foto: Carlos García Granthon 30


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dos paredes de roca de más de 100 metros de altura, hay espacio para acampar, pero no es seguro, pues con las obras en la carretera, caen eventualmente rocas desde lo alto sin lugar seguro para guarecerse. Ni modo, tendremos que bajar por el ducto del ascensor con equipo completo para buscar un mejor lugar en el fondo del cañón. El ducto del ascensor es un pozo ciego circular de unos 2.5 metros de diámetro, tan negro y obscuro como la envidia de algunos, con un andamiaje de escaleras metálicas de mantenimiento en un costado, son seis tramos de cuatro metros cada uno hasta el final del ducto, pero hay un problema; la plataforma que une tramo y tramo de escalera, no es más ancha que el imprudente pie para el que fue diseñada y sólo permite el paso entre los escalones metálicos y la pared del pozo, a quien tenga perfil austero y pie de Geisha; imposible pasar con las mochilas por esa rendija, así que para hacer el transbordo, de una escalera de gato a la otra, tenemos que hacer equilibrio en un riel de acero de sólo dos pulgadas de ancho, descolgándonos hacia el vacío del pozo del ascensor, en la más completa obscuridad… de pelos!, de hecho cuando iba a medio descenso, dos tramos por debajo de Aarón vi pasar raudamente y en caída libre, a dos centímetros frente a la luz de mi linterna de casco, un guante y alguna otra pieza de su equipo (menos mal no fue su trípode, o me hubiera roto el cráneo). Ya en el fondo del pozo, encontramos tres rutas posibles a seguir, la primera en mencionar, y última en constatar, son tres tramos más de escalera que bajan

más profundo aún en las entrañas de la presa, pero luego de bajar el primer tramo me doy cuenta que los niveles inferiores están completamente inundados; imposible proseguir. Hacia el sur y adentrándose en la roca madre de la montaña un amplio túnel en ascenso con escalera y rieles para transporte de maquinaria, la galería asciende en curva, los murciélagos revolotean en nuestras cabezas, y nos llevan a un pasadizo largo, nivelado y recto, para luego descender nuevamente unos tres metros, por una escalinata tallada en la roca, a una recámara donde las botas se hunden hasta los tobillos en el excremento de murciélago macerado por las filtraciones de agua de la montaña. Adelante una amplia sala de válvulas, con gigantescos usos y ejes sinfines, los restos de un tablero de control y… un derrumbe masivo bloquea toda expectativa de seguir adelante. Sin luz suficiente para utilizar el enfoque automático y con mis lentes de medida rotos, sólo logro una serie de fotos totalmente desenfocadas del lugar, lástima. El tercer camino es un estrecho túnel de sólo unos 12 metros de largo, por el que corre en ese momento una fuerte corriente de aire a la que no le dimos importancia en ese momento y que nos saca a la mitad inferior de la cara interior de la presa, frente a la zona más profunda del cañón. La salida del túnel desemboca a un improvisado puente de rieles inclinados, sin piso ni baranda, que cruza el vacío, a unos 20 metros de altura sobre el fondo, hasta una saliente rocosa que conduce a la base de la grieta y a la cascada de Sheque. Otra vez es necesario el trabajo de cuerdas y silla suiza, y si bien los travesaños del puente ayudan, están bastante distanciados y algún iluminado los ha instalado por deba31


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jo, en vez de por encima, y con un solitario y oxidado perno. El cañón aquí semeja la gran nave principal de una catedral, con unos 30 metros de ancho en la base, 200 de largo y otros 200 de altura, con bóveda de arco casi gótico. Sólo hay una grieta longitudinal en lo alto, de unos 5 metros de ancho, por la que se filtra la luz a esta gigantesca caverna. A un lado, en la segunda mitad de la nave, una gran cueva a media altura por la que brota la cascada de Sheque con voz de trueno, que retumba en esta catedral geológica, para caer a una pequeña laguna que discurre por el extremo de la grieta del cañón, a la luz del valle abierto del río Santa Eulalia. La sensación de intrascendencia humana es indescriptible aquí. Es evidente que aquí también suelen caer rocas de lo alto y tampoco es buena idea acampar. Trípodes y cámara afuera para buscar la foto que capte la sensación de inmensidad del lugar y la insignificancia humana ante la obra de la naturaleza. Son casi las 16:00 horas, y es tiempo de volver a la superficie, con algunos víveres consumidos, el agua muy racionada y, otra vez, con todo el equipo a cuestas, incluyendo la ya famosa, última y única botella de agua de Aarón. Definitivamente la idea de acampar queda descartada. El ascenso es rápido, algunas fotos más en los puntos emocionantes, y de ascenso técnico, y estaremos nuevamente fuera del cañón. Esta vez tomamos por el camino largo que atraviesa un caserío, donde tuvimos que domar a tres lindos perritos dientes de sable que exigían algún desusado cariño por todo derecho a pase.

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Casi dos kilómetros de caminata y estamos nuevamente en el puente Autisha, hora de buscar transporte y distribuir el poco saldo de rehidratantes, incluida la… - Carlos; has visto mi última botella de agua? - No Aarón, no la he visto - Are!, ajo! erda!, ya la perdí también! Fue justo cuando empezó a caer la noche y la lluvia, que los dos últimos buses de itinerario pasaron sin detenerse unos trescientos metros por delante de nosotros. Nos sentamos a comer con la carretera como mesa y la obscuridad como mantel, una lata de atún que cayó al suelo, algunas galletas y un par de alfajores para celebrar con solemnidad la ingesta de la última gota de líquido en el stock. Unos ruidos de pisadas, como si varias personas caminaran alrededor y acercándose entre los matorrales, nos pusieron más alerta y reanudamos nuestra caminata, 10 kilómetros valle abajo hasta Huinco, siempre con todo el equipo a cuestas y las linternas de luz roja en la frente. Algunos vehículos pasaron, nadie se detuvo. En Huinco, pasadas las 21:00 horas y cuando nos disponíamos a disfrutar de los dos últimos platos de arroz con pollo en toda la comarca… llega un bus trasnochado que ofrece llevarnos hasta Santa Eulalia, con opción de transbordo de mototaxi hasta Chosica. Para cerrar con broche de oro diré que la custer que abordamos en Chosica, se incendió en Santa Clara y el taxi que abordamos allí, empezó a tener desperfectos en la dirección casi llegando a mi casa, pero… ese ya era problema de Aarón. Siendo más de la media noche, yo me fui a dormir!


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Foto: Carlos GarcĂ­a Granthon 33


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Septiembre 2013 Foto: Carlos García Granthon

X-fotos

El Cóndor de Piedra Campana En Chontay, pueblo del valle medio del río Lurín antes tierra de petroglifos de los que algunos han quedado secuestrados dentro de un desarrollo urbano privado, de acceso restringido, y otros sucumbieron a la dinamita que ensancha las vías y estrecha el criterio; aún quedan algunos más de libre acceso, sólo es cuestión de encontrarlos o mejor dicho; de encontrar a quien los encuentre.

Examinándola bien se ve un gran cóndor de un metro de largo que cobija bajo sus alas un sinnúmero de criaturas zoomorfas. Hay otras figuras más en los bordes de esta gran piedra cóncava que curiosamente marca un descanso en el camino inka (qapaq ñan) que recorre el valle y va desde el templo de Pachacamac en la costa hasta las alturas de la Cordillera de los Andes.

En un antiguo deslizamiento de huaico, en la margen derecha, más allá del antiguo cementerio; una gran mole de forma cóncava semi inclinada hacia el río; parece un gran y tosco altar en lo alto de los restos de una serie de andenes y explanadas superpuestas donde, quien se pare frente a él y de espaldas al río, podría relatarle a los Apus que tiene en frente las historias escritas con jeroglíficos en esta gran página de piedra. Jeroglíficos dominados por un…por un…un… un pájaro con ombligo?, bueno, eso parecía a simple vista.

Regresando al petroglifo; la roca demás tiene otra particularidad, si se le golpea con un objeto sólido emite un sonido que rivaliza con cualquier campana de buen temple; de ahí su nombre; el Cóndor de Piedra Campana.

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Septiembre 2013

Cámaras que Registraron la Historia

Nikon F + F250 Motordrive Nikon F; introducida al mercado en 1959, la primera de la serie SLR que haría famosa a la marca en el nivel profesional, no sólo por su calidad y prestaciones, sino también por la gran gama de accesorios disponibles, entre los que destacan el motor para disparo automático en secuencia, y un cargador de película de hasta 250 tomas que, sumado a la, por entonces novedosa, unidad de control remoto por radio, permitirían una de las mas exclusivas tomas de la historia: Era 1964, el papa Pablo VI visita Tierra Santa, todos los medios pugnan por una foto exclusiva, el Paris – Match ha rentado un avión Caravelle y lo ha convertido literalmente en una sala de edición volante y ha desplegado a más de 60 reporteros en el área, pero aún así, en lo que va del itinerario, todavía no consigue “La Foto”, la exclusiva.

En el itinerario papal se contempla una visita de oración del pontífice, a solas, en la estrecha capilla del Santo Sepulcro en Jerusalem. Un día antes; René Sicard y Daniel Camus, se las agenciaron para sujetar a la pared en el interior de la capilla, con esparadrapos y oculta entre los arreglos de flores, una nueva cámara que había llegado a la revista; la Nikon F con motor, cargador de 250 tomas y control remoto. La colocaron con un lente gran angular por sobre la altura de la cabeza, donde suponían que el Papa se arrodillaría a orar; al día siguiente, en medio de una fuerte seguridad de guardias jordanos, el pontífice entra sólo a la capilla; Sicard, mezclado entre la multitud, le hace una seña a Camus que acciona el disparador remoto… Al día siguiente entran a retirar la cámara, la que encuentran pendiendo de un solo esparadrapo pues se habían despegado con el calor de los sirios encendidos. Al revelar el rollo se dan con la sorpresa que el papa Paulo VI no se arrodilló a orar; se tendió en el suelo para abrazar la piedra del sepulcro. La foto salió publicada a doble pagina en Paris—Match. CGG 37


Fotohólica Nª 02

Fotohólica Nº 02 Septiembre 2013 Lima, Perú Todos los derechos reservados Contacto: Limafreelance@hotmail.com

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Fotohólica Nº 02