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TEXTO: DAVID MOREU FOTOGRAFÍA: QUICO GARCÍA quicogarcia.foto@recoletos.es JUKEBOX POR CORTESÍA DE: ROSA NEGRA c/ Montera, 25-27 28013 Madrid

45 OCTUBRE 2007

grupos que saltan al estrellato de la noche a la mañana gracias a Internet, recopilatorios, listas de mp3... Una vuelta a la moda de los años 50 y 60. Larga vida al ‘single’ ¿Quién escucha actualmente un disco de principio a fin? ¿Por qué están tan de moda los recopilatorios, las bandas sonoras o los discos de grandes éxitos? ¿Cómo puede un grupo saltar al estrellato de la noche a la mañana gracias a Internet? Si nos paramos a pensar, estas cuestiones nos dan ciertas pistas para entender el cambio que desde hace algunos años está viviendo la industria musical. De todos es sabido que cada vez se venden menos discos, pero el gran circo de la música no ha dejado de funcionar y la gente sigue rindiéndose incondicionalmente ante las canciones que no paran de sonar en la radio, que acompañan a las series de televisión o que han escuchado por casualidad en cualquier otro lugar. No es por arte de magia, se trata simplemente del poder de atracción de un viejo invento conocido popularmente como single, o lo que es lo mismo, aquella canción más o menos comercial y pegadiza que escuchamos a todas horas y que acaba convirtiéndose en la cara visible de un disco del que no conocemos, y tampoco nos importan demasiado, el resto de canciones. Con la llegada de los mp3 y de las descargas de música online ya no hay ninguna excusa para no escuchar la canción que queremos y cuando realmente queremos. En un giro caprichoso del destino, estamos presenciando un revival del fenómeno del single que, sorprendentemente, se ha vuelto a consolidar como la forma más popular de consumir música. Exactamente lo mis-

mo que ocurría en los años 50 y 60, cuando las canciones que se escuchaban en las radiofórmulas se comercializaban rápidamente para aprovechar su tirón a través de los populares y baratos discos de 45 rpm, con sus respectivos singles en la cara A y las curiosas caras B en el reverso. Unos discos que los adolescentes quemaban literalmente de tanto escucharlos en sus tocadiscos y que causaban furor en las tiendas de música. Los singles se popularizaron a mediados de la década de los 50, con la explosión del rock n’ roll y de la rebeldía juvenil. A pesar de la creencia popular, Elvis Presley no inventó el rock, este mérito seguramente se lo deberíamos atribuir a Chuck Berry, aún así, él fue el culpable de que la mayoría de jóvenes blancos de medio mundo se interesaran por primera vez en esta música de ritmo endiablado y raíces muy negras. En junio de 1956, Elvis apareció en un programa de la televisión americana e interpretó ante una audiencia de 40 millones de telespectadores la canción Hound Dog, acompañándola con un baile demasiado provocativo para la moral conservadora de los padres de clase media, pero que hizo verdaderos estragos entre las jovencitas de la época. La canción se grabó un mes más tarde en New York y se editó, curiosamente, como cara B del single Don’t Be Cruel. Pero la gente se moría de ganas de escuchar esa canción y así fue como Hound Dog se convirtió en un éxito inmediato, despachando 4 millo-

nes de copias y permaneciendo once semanas en el número uno de las listas de éxitos, únicamente desbancada por Love me tender, otro single del propio Elvis. La semilla del rock ya estaba sembrada y los jóvenes de todo el mundo se engancharon sin dudarlo a este nuevo estilo de música, sin ser realmente conscientes de la revolución que supondría. Los años 60 estaban a la vuelta de la esquina y con ellos llegaría una década utópica de descubrimiento, experimentación y efervescencia musical que simbolizaría perfectamente la edad de oro de los singles. Los Beatles tampoco inventaron el rock ni fueron los primeros en explotar su imagen de niños guapos, pero para muchos fueron el gran grupo de los años 60 y, por extensión, de toda la historia de la música. Su carrera meteórica se construyó en base a los singles de pop adictivo que se vendían como rosquillas y que no paraban de sonar en las radiofórmulas. Curiosamente, antes de que el tándem Lennon y McCartney se convirtiera en una máquina de hacer singles de éxito, Los Beatles versionaron en más de una ocasión temas de otros artistas. Éste es el caso del famoso single Please Mister Postman de 1963, que un par de años antes habían popularizado The Marvelettes, las primeras estrellas del sello Motown en Detroit, aunque los de Liverpool modificaron ligeramente la letra para hacer referencia a una chica y no a un chico como en la versión original.

la vida en un single


TEXTO: DAVID MOREU FOTOGRAFÍA: QUICO GARCÍA quicogarcia.foto@recoletos.es JUKEBOX POR CORTESÍA DE: ROSA NEGRA c/ Montera, 25-27 28013 Madrid

45 OCTUBRE 2007

grupos que saltan al estrellato de la noche a la mañana gracias a Internet, recopilatorios, listas de mp3... Una vuelta a la moda de los años 50 y 60. Larga vida al ‘single’ ¿Quién escucha actualmente un disco de principio a fin? ¿Por qué están tan de moda los recopilatorios, las bandas sonoras o los discos de grandes éxitos? ¿Cómo puede un grupo saltar al estrellato de la noche a la mañana gracias a Internet? Si nos paramos a pensar, estas cuestiones nos dan ciertas pistas para entender el cambio que desde hace algunos años está viviendo la industria musical. De todos es sabido que cada vez se venden menos discos, pero el gran circo de la música no ha dejado de funcionar y la gente sigue rindiéndose incondicionalmente ante las canciones que no paran de sonar en la radio, que acompañan a las series de televisión o que han escuchado por casualidad en cualquier otro lugar. No es por arte de magia, se trata simplemente del poder de atracción de un viejo invento conocido popularmente como single, o lo que es lo mismo, aquella canción más o menos comercial y pegadiza que escuchamos a todas horas y que acaba convirtiéndose en la cara visible de un disco del que no conocemos, y tampoco nos importan demasiado, el resto de canciones. Con la llegada de los mp3 y de las descargas de música online ya no hay ninguna excusa para no escuchar la canción que queremos y cuando realmente queremos. En un giro caprichoso del destino, estamos presenciando un revival del fenómeno del single que, sorprendentemente, se ha vuelto a consolidar como la forma más popular de consumir música. Exactamente lo mis-

mo que ocurría en los años 50 y 60, cuando las canciones que se escuchaban en las radiofórmulas se comercializaban rápidamente para aprovechar su tirón a través de los populares y baratos discos de 45 rpm, con sus respectivos singles en la cara A y las curiosas caras B en el reverso. Unos discos que los adolescentes quemaban literalmente de tanto escucharlos en sus tocadiscos y que causaban furor en las tiendas de música. Los singles se popularizaron a mediados de la década de los 50, con la explosión del rock n’ roll y de la rebeldía juvenil. A pesar de la creencia popular, Elvis Presley no inventó el rock, este mérito seguramente se lo deberíamos atribuir a Chuck Berry, aún así, él fue el culpable de que la mayoría de jóvenes blancos de medio mundo se interesaran por primera vez en esta música de ritmo endiablado y raíces muy negras. En junio de 1956, Elvis apareció en un programa de la televisión americana e interpretó ante una audiencia de 40 millones de telespectadores la canción Hound Dog, acompañándola con un baile demasiado provocativo para la moral conservadora de los padres de clase media, pero que hizo verdaderos estragos entre las jovencitas de la época. La canción se grabó un mes más tarde en New York y se editó, curiosamente, como cara B del single Don’t Be Cruel. Pero la gente se moría de ganas de escuchar esa canción y así fue como Hound Dog se convirtió en un éxito inmediato, despachando 4 millo-

nes de copias y permaneciendo once semanas en el número uno de las listas de éxitos, únicamente desbancada por Love me tender, otro single del propio Elvis. La semilla del rock ya estaba sembrada y los jóvenes de todo el mundo se engancharon sin dudarlo a este nuevo estilo de música, sin ser realmente conscientes de la revolución que supondría. Los años 60 estaban a la vuelta de la esquina y con ellos llegaría una década utópica de descubrimiento, experimentación y efervescencia musical que simbolizaría perfectamente la edad de oro de los singles. Los Beatles tampoco inventaron el rock ni fueron los primeros en explotar su imagen de niños guapos, pero para muchos fueron el gran grupo de los años 60 y, por extensión, de toda la historia de la música. Su carrera meteórica se construyó en base a los singles de pop adictivo que se vendían como rosquillas y que no paraban de sonar en las radiofórmulas. Curiosamente, antes de que el tándem Lennon y McCartney se convirtiera en una máquina de hacer singles de éxito, Los Beatles versionaron en más de una ocasión temas de otros artistas. Éste es el caso del famoso single Please Mister Postman de 1963, que un par de años antes habían popularizado The Marvelettes, las primeras estrellas del sello Motown en Detroit, aunque los de Liverpool modificaron ligeramente la letra para hacer referencia a una chica y no a un chico como en la versión original.

la vida en un single


música

MI VIDA EN UN SINGLE

Otis Redding Dock Of The Bay. 1967

Pink Floyd Wish You Were Here. 1975

Ramones Rock N’ Roll Radio. 1980

New Order Blue Monday. 1983

49

OCTUBRE 2007

OCTUBRE 2007

SMELLS LIKE A TEEN SPIRIT, el single gracias al cual el

Nevermind de Nirvana vendió millones de copias y desbancó al ‘Dangerous’ de Michael Jackson.

48

Otra figura intocable de la música que forjó su leyenda en los 60 fue Bob Dylan. Con su imagen fría de cantautor y armado únicamente con su guitarra, su armónica y su voz rota, se convirtió en el portavoz de una generación rebelde e inconformista que se oponía a la recién iniciada guerra de Vietnam. Aún así, en 1965 aparcó su característico estilo folk y se encerró en el estudio con una banda curtida en el blues sureño. De aquellas sesiones nació Like a Rolling Stone, una canción cruda, con predominio del Hammond, que rompía por completo con el esquema tradicional de los singles de música pop de la época por su larga duración (6:09) y que en su versión en vinilo ocupaba, por primera vez en la historia, las dos caras del disco, hecho que dificultaba enormemente la tarea de los pinchadiscos en las emisoras de radio. Contra todo pronóstico, la canción se convirtió en el mayor éxito de Dylan hasta la fecha. Mientras Los Beatles conquistaban el mundo y Bob Dylan sacudía con su guitarra eléctrica al público folkie en el Festival de Newport, otra revolución acontecía en la costa oeste de los Estados Unidos. En 1966, Los Beach Boys eran la banda más popular de América, sus singles se contaban por números uno y sus ventas en millones, pero después del traspiés comercial de su último álbum (el ahora reivindicado Pet Sounds), se vieron obligados por su discográfica a recuperar la magia perdida en el camino. Brian Wilson, genio loco donde los haya, prescindió de sus compañeros de grupo y se encerró en el estudio con los mejores músicos de sesión de California con la idea de grabar una pequeña sinfonía de bolsillo titulada Good Vibrations. Después de seis meses de trabajo, cuatro estudios, 90 horas de grabación y unas 15 versiones del tema, la canción estaba terminada y se convirtió en el single número uno del año. Visto en perspectiva, resulta innegable que esta canción se adelantó a su tiempo y se ha convertido por méritos propios en una de las mejores canciones pop de la historia. Evidentemente, este single tiene el honor de ser el más caro jamás producido. Y si en California la gente vivía el sueño del verano sin fin y se movía al ritmo de

Good Vibrations, en el profundo sur otro tipo de música pedía a gritos ser escuchada y bailada más allá de los barrios negros segregados. A finales de la década de los 60, Stax Records en Memphis era el epicentro de la música soul y Otis Redding era su gran estrella. En diciembre de 1967, después de varios singles de éxito moderado y de sacudir con su ritmo frenético al público blanco y hippie del Festival de Monterrey, el cantante se encerró en el estudio junto al legendario compositor y guitarrista Steve Cropper y grabaron en tan solo dos días una canción titulada (Sittin’ on) the Dock of the Bay, aunque dejaron el final incompleto y lo sustituyeron temporalmente por su inconfundible melodía silbada. Tres días después Otis Redding moría inesperadamente junto a cinco músicos de su banda en un accidente de avión de camino a Madison para un concierto. El single fue publicado de manera póstuma en enero de 1968 y se convirtió en el primer número uno en la carrera de Otis Redding, además de ganar dos Grammy. Curiosamente, la parte silbada al final de la canción se ha convertido en su elemento más reconocible.

ron algunos de los singles pop más recordados. En 1971 John Lennon dejó atrás el legado de Los Beatles y revalidó su estatus de estrella con la canción Imagine, que enseguida se convirtió en un himno generacional sin precedentes. Según palabras del propio Lennon, Imagine es una canción “antireligiosa, anti-nacionalista, anti-convencional y anti-capitalista, pero al ser tan azucarada la gente la acepta”. Un poco más melancólica es la historia de Wish you were here, el single de 1975 que dio título al quinto álbum de Pink Floyd. Posiblemente ésta sea la mejor canción sobre la alienación y la pérdida de un ser querido, y cobra un significado mágico en la persona de Syd Barret, el cantante y compositor que abandonó el grupo unos años antes a causa de su esquizofrenia. La leyenda cuenta que Syd Barret apareció inesperadamente por el estudio cuando sus antiguos compañeros estaban grabando este álbum y quedó fascinado con la música que allí escuchó. Lamentablemente, nunca más volvieron a verlo en vida. En los años 80 y 90 el single perdió la guerra contra los vídeos musicales y

El single ‘Like a Rolling Stone’, de Bob Dylan, duraba más de 6 minutos. Por primera vez, una canción ocupaba las 2 caras de un vinilo Los 60 terminaron en plena fiebre psicodélica y dieron paso a los convulsos años 70. Durante esta década, el single sobrevivió al nacimiento de los álbumes conceptuales y al rock progresivo, que por primera vez concebían los discos como una obra de arte total e indivisible y los dotaban de una estructura sólida, para ser escuchados de principio a fin. Curiosamente, a finales de esta década, cuando los discos de Led Zeppelin, David Bowie o AC/DC sonaban sin parar, los singles resurgieron con fuerza de sus cenizas y encontraron un gran aliado en la música disco, que los volvió a popularizar a base de pinchar incansablemente las mismas canciones en las pistas de baile. Aún así, en estos años de sobresaturación funk, de purpurina glam y de decibelios hard-rockeros, se graba-

sucumbió al reinado de la MTV. Cuando el heavy metal y el hip-hop reinaban en las listas de éxitos, la música pasó de escucharse en los tocadiscos a verse en la televisión y los vídeos musicales suplantaron al single como forma preferida por los jóvenes a la hora de consumir música. La evolución era lógica y a muy pocos sorprendió que el primer videoclip emitido en la MTV fuera Video Killed the Radio Star de The Buggles, un hit de chicle-pop que hacía una clara alusión a la muerte de la radio (y por ende, del single tradicional) frente a la nueva generación de vídeos musicales. Curiosamente, un año antes, en 1980, Los Ramones ya intuían que algo malo acechaba a la vuelta de la esquina y grabaron Rock n’ Roll Radio, que además de ser su single más ambicioso gracias a la pro-

ducción del legendario Phil Spector, se convirtió en una declaración de principios y en un alegato personal a favor de la música rock, que según ellos estaba muriendo lentamente y necesitaba un nuevo giro para sobrevivir. Para muchos este cambio tomó forma a mediados de los 80 en la ciudad de Manchester, cuando varios grupos de Factory Records empezaron a mezclar el rock con la electrónica y sembraron el gérmen de la futura moda rave. Joy Division lo había intentado, pero la prematura muerte de su cantante no impidió que el resto de la banda siguiera tocando bajo el nombre de New Order y que en 1983 grabaran Blue Monday, que se convirtió de la noche a la mañana en el single más vendido en el momento de su salida. Aún así, la leyenda y la película 24 hour party people cuentan que Factory Records perdió mucho dinero con este single por culpa de su elevado coste de producción y que nunca recibieron el reconocimiento del disco de oro por sus ventas millonarias, debido a que no formaban parte de la British Phonographic Industry Association. Para otros muchos, el verdadero cambio musical se produjo a principios de los 90, cuando el grunge volvió a poner de moda las guitarras y la distorsión olvidadas en el camino. Más allá del mito de Nirvana y de la leyenda de Kurt Cobain, es innegable que el éxito inesperado de Smells like a teen spirit en 1991 cogió a todo el mundo desprevenido y marcó el momento clave en el que la música alternativa hizo el salto definitivo hacia el gran público. No en vano, gracias al éxito descomunal de este single, el álbum Nevermind vendió millones de copias en todo el mundo y desbancó al álbum Dangerous de Michael Jackson del número uno en las listas de ventas. Una bonita metáfora para ilustrar el final de una época. Hoy en día ya no existen normas, todo vale para vender una canción y conseguir que un grupo alcance el estrellato sin tan siquiera tener un contrato discográfico. Puede parecer que los tiempos han cambiado, pero la historia siempre se repite y, salvando las distancias, si hace cuarenta años las carreras musicales se iniciaban con los singles, hoy se inician con los mp3 colgados en Myspace.

New Order grabó, en 1983, ‘Blue Monday’ que, de la noche a la mañana, se convirtió en el single más vendido en el momento de su salida Bob Dylan Like A Rolling Stone. 1965

Beach Boys Good Vibrations. 1966

The Beatles Please Mr. Postman. 1963

John Lennon Imagine. 1971


música

MI VIDA EN UN SINGLE

Otis Redding Dock Of The Bay. 1967

Pink Floyd Wish You Were Here. 1975

Ramones Rock N’ Roll Radio. 1980

New Order Blue Monday. 1983

49

OCTUBRE 2007

OCTUBRE 2007

SMELLS LIKE A TEEN SPIRIT, el single gracias al cual el

Nevermind de Nirvana vendió millones de copias y desbancó al ‘Dangerous’ de Michael Jackson.

48

Otra figura intocable de la música que forjó su leyenda en los 60 fue Bob Dylan. Con su imagen fría de cantautor y armado únicamente con su guitarra, su armónica y su voz rota, se convirtió en el portavoz de una generación rebelde e inconformista que se oponía a la recién iniciada guerra de Vietnam. Aún así, en 1965 aparcó su característico estilo folk y se encerró en el estudio con una banda curtida en el blues sureño. De aquellas sesiones nació Like a Rolling Stone, una canción cruda, con predominio del Hammond, que rompía por completo con el esquema tradicional de los singles de música pop de la época por su larga duración (6:09) y que en su versión en vinilo ocupaba, por primera vez en la historia, las dos caras del disco, hecho que dificultaba enormemente la tarea de los pinchadiscos en las emisoras de radio. Contra todo pronóstico, la canción se convirtió en el mayor éxito de Dylan hasta la fecha. Mientras Los Beatles conquistaban el mundo y Bob Dylan sacudía con su guitarra eléctrica al público folkie en el Festival de Newport, otra revolución acontecía en la costa oeste de los Estados Unidos. En 1966, Los Beach Boys eran la banda más popular de América, sus singles se contaban por números uno y sus ventas en millones, pero después del traspiés comercial de su último álbum (el ahora reivindicado Pet Sounds), se vieron obligados por su discográfica a recuperar la magia perdida en el camino. Brian Wilson, genio loco donde los haya, prescindió de sus compañeros de grupo y se encerró en el estudio con los mejores músicos de sesión de California con la idea de grabar una pequeña sinfonía de bolsillo titulada Good Vibrations. Después de seis meses de trabajo, cuatro estudios, 90 horas de grabación y unas 15 versiones del tema, la canción estaba terminada y se convirtió en el single número uno del año. Visto en perspectiva, resulta innegable que esta canción se adelantó a su tiempo y se ha convertido por méritos propios en una de las mejores canciones pop de la historia. Evidentemente, este single tiene el honor de ser el más caro jamás producido. Y si en California la gente vivía el sueño del verano sin fin y se movía al ritmo de

Good Vibrations, en el profundo sur otro tipo de música pedía a gritos ser escuchada y bailada más allá de los barrios negros segregados. A finales de la década de los 60, Stax Records en Memphis era el epicentro de la música soul y Otis Redding era su gran estrella. En diciembre de 1967, después de varios singles de éxito moderado y de sacudir con su ritmo frenético al público blanco y hippie del Festival de Monterrey, el cantante se encerró en el estudio junto al legendario compositor y guitarrista Steve Cropper y grabaron en tan solo dos días una canción titulada (Sittin’ on) the Dock of the Bay, aunque dejaron el final incompleto y lo sustituyeron temporalmente por su inconfundible melodía silbada. Tres días después Otis Redding moría inesperadamente junto a cinco músicos de su banda en un accidente de avión de camino a Madison para un concierto. El single fue publicado de manera póstuma en enero de 1968 y se convirtió en el primer número uno en la carrera de Otis Redding, además de ganar dos Grammy. Curiosamente, la parte silbada al final de la canción se ha convertido en su elemento más reconocible.

ron algunos de los singles pop más recordados. En 1971 John Lennon dejó atrás el legado de Los Beatles y revalidó su estatus de estrella con la canción Imagine, que enseguida se convirtió en un himno generacional sin precedentes. Según palabras del propio Lennon, Imagine es una canción “antireligiosa, anti-nacionalista, anti-convencional y anti-capitalista, pero al ser tan azucarada la gente la acepta”. Un poco más melancólica es la historia de Wish you were here, el single de 1975 que dio título al quinto álbum de Pink Floyd. Posiblemente ésta sea la mejor canción sobre la alienación y la pérdida de un ser querido, y cobra un significado mágico en la persona de Syd Barret, el cantante y compositor que abandonó el grupo unos años antes a causa de su esquizofrenia. La leyenda cuenta que Syd Barret apareció inesperadamente por el estudio cuando sus antiguos compañeros estaban grabando este álbum y quedó fascinado con la música que allí escuchó. Lamentablemente, nunca más volvieron a verlo en vida. En los años 80 y 90 el single perdió la guerra contra los vídeos musicales y

El single ‘Like a Rolling Stone’, de Bob Dylan, duraba más de 6 minutos. Por primera vez, una canción ocupaba las 2 caras de un vinilo Los 60 terminaron en plena fiebre psicodélica y dieron paso a los convulsos años 70. Durante esta década, el single sobrevivió al nacimiento de los álbumes conceptuales y al rock progresivo, que por primera vez concebían los discos como una obra de arte total e indivisible y los dotaban de una estructura sólida, para ser escuchados de principio a fin. Curiosamente, a finales de esta década, cuando los discos de Led Zeppelin, David Bowie o AC/DC sonaban sin parar, los singles resurgieron con fuerza de sus cenizas y encontraron un gran aliado en la música disco, que los volvió a popularizar a base de pinchar incansablemente las mismas canciones en las pistas de baile. Aún así, en estos años de sobresaturación funk, de purpurina glam y de decibelios hard-rockeros, se graba-

sucumbió al reinado de la MTV. Cuando el heavy metal y el hip-hop reinaban en las listas de éxitos, la música pasó de escucharse en los tocadiscos a verse en la televisión y los vídeos musicales suplantaron al single como forma preferida por los jóvenes a la hora de consumir música. La evolución era lógica y a muy pocos sorprendió que el primer videoclip emitido en la MTV fuera Video Killed the Radio Star de The Buggles, un hit de chicle-pop que hacía una clara alusión a la muerte de la radio (y por ende, del single tradicional) frente a la nueva generación de vídeos musicales. Curiosamente, un año antes, en 1980, Los Ramones ya intuían que algo malo acechaba a la vuelta de la esquina y grabaron Rock n’ Roll Radio, que además de ser su single más ambicioso gracias a la pro-

ducción del legendario Phil Spector, se convirtió en una declaración de principios y en un alegato personal a favor de la música rock, que según ellos estaba muriendo lentamente y necesitaba un nuevo giro para sobrevivir. Para muchos este cambio tomó forma a mediados de los 80 en la ciudad de Manchester, cuando varios grupos de Factory Records empezaron a mezclar el rock con la electrónica y sembraron el gérmen de la futura moda rave. Joy Division lo había intentado, pero la prematura muerte de su cantante no impidió que el resto de la banda siguiera tocando bajo el nombre de New Order y que en 1983 grabaran Blue Monday, que se convirtió de la noche a la mañana en el single más vendido en el momento de su salida. Aún así, la leyenda y la película 24 hour party people cuentan que Factory Records perdió mucho dinero con este single por culpa de su elevado coste de producción y que nunca recibieron el reconocimiento del disco de oro por sus ventas millonarias, debido a que no formaban parte de la British Phonographic Industry Association. Para otros muchos, el verdadero cambio musical se produjo a principios de los 90, cuando el grunge volvió a poner de moda las guitarras y la distorsión olvidadas en el camino. Más allá del mito de Nirvana y de la leyenda de Kurt Cobain, es innegable que el éxito inesperado de Smells like a teen spirit en 1991 cogió a todo el mundo desprevenido y marcó el momento clave en el que la música alternativa hizo el salto definitivo hacia el gran público. No en vano, gracias al éxito descomunal de este single, el álbum Nevermind vendió millones de copias en todo el mundo y desbancó al álbum Dangerous de Michael Jackson del número uno en las listas de ventas. Una bonita metáfora para ilustrar el final de una época. Hoy en día ya no existen normas, todo vale para vender una canción y conseguir que un grupo alcance el estrellato sin tan siquiera tener un contrato discográfico. Puede parecer que los tiempos han cambiado, pero la historia siempre se repite y, salvando las distancias, si hace cuarenta años las carreras musicales se iniciaban con los singles, hoy se inician con los mp3 colgados en Myspace.

New Order grabó, en 1983, ‘Blue Monday’ que, de la noche a la mañana, se convirtió en el single más vendido en el momento de su salida Bob Dylan Like A Rolling Stone. 1965

Beach Boys Good Vibrations. 1966

The Beatles Please Mr. Postman. 1963

John Lennon Imagine. 1971


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