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LIFE&STYLE Susan Kare

LIFE&STYLE Susan Kare

Susan Kare LIFE&STYLE

LAMAGIADE LOSICONOS

Susan Kare se ha convertido en una de las diseñadoras gráficas más populares del mundo gracias a sus iconos para Macintosh y a sus creaciones para diversas redes sociales. Una carrera apasionante a ritmo de ‘pixel art’ TEXTO DAVID MOREU FOTOGRAFÍA ANN RHONEY

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LAMAGIADE LOSICONOS

Susan Kare se ha convertido en una de las diseñadoras gráficas más populares del mundo gracias a sus iconos para Macintosh y a sus creaciones para diversas redes sociales. Una carrera apasionante a ritmo de ‘pixel art’ TEXTO DAVID MOREU FOTOGRAFÍA ANN RHONEY

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LIFE&STYLE Susan Kare

S

ilicon Valley fue el epicentro de la revolución tecnológica en la década de los ochenta. No en vano, los medios de comunicación estaban fascinados por los ordenadores personales y lanzaron al estrellato a una nueva generación de visionarios. Fue en aquel ambiente marcado por una creatividad desbordante donde Susan Kare se consagró como gurú del diseño gráfico y sorprendió a todo el mundo con sus famosos iconos en blanco y negro. Aunque nunca imaginó que definirían una época irrepetible y que se alzarían como un referente de la cultura popular. DAPPER ha hablado con esta artista para descubrir los secretos de su carrera y conocer el legado de Apple. Remontémonos a los inicios de esta aventura artística. ¿Cómo surgió su pasión por el diseño gráfico? Cuando era pequeña, ya me sentía atraída por el arte en todas sus formas y vertientes. Recuerdo que pasaba muchas horas pintado y haciendo manualidades, hasta que cumplí 14 años y empecé a trabajar en un museo de ciencias, en Filadelfia. Fue entonces cuando descubrí el fascinante mundo de la tipografía y del diseño gráfico. A partir de ese momento, intenté aprovechar cada oportunidad que surgía para crear pósteres, postales y todo tipo de carteles. Y, cuando me matriculé en la Universidad de Nueva York, encontré un trabajo a media jornada en una fundición de bronce, donde me encargaba de hacer moldes de cera para pequeñas esculturas, que luego se vendían como souvenirs en el Metropolitan Museum. A principios de la década de los ochenta, se trasladó a California y vivió de cerca la revolución de la informática. ¿Qué recuerda de su etapa en Silicon Valley? 156

Susan Kare LIFE&STYLE

STEVE JOBS DECÍA QUE VERÍAMOS ESOS DÍAS DE TRABAJO EN EL MACINTOSH COMO UNA ETAPA MUY IMPORTANTE DE NUESTRAS VIDAS

Mi primer empleo, al llegar a San Francisco, fue haciendo tareas de conservación en el Fine Arts Museums de la ciudad. Entonces retomé el contacto con un amigo del instituto que se llama Andy Hertzfeld y me ayudó a entrar en el equipo de desarrollo de software de Apple, con el objetivo de diseñar los iconos y las fuentes digitales. En aquellos días aún no era consciente de que viviésemos una revolución en el campo de la informática, porque estaba muy concentrada en mi trabajo y en los retos creativos que planteaba el Macintosh. Recuerdo que empecé a crear los iconos con papel y lápiz, pero en seguida me facilitaron una aplicación que permitía trabajar en un mapa de bits con una retícula en blanco y negro. Fue un gran avance que me permitió romper las limitaciones de aquel formato tan pequeño. Tuvo una relación profesional muy estrecha con Steve Jobs y todos le definen como una persona extremadamente perfeccionista. ¿Qué aprendió trabajando con él? Steve Jobs decía que, con el paso del tiempo, veríamos aquellos días de trabajo en el

Macintosh como una etapa muy importante de nuestras vidas. Aunque no ha sido hasta los últimos años que he escuchado a mucha gente decir que están cambiando el mundo con sus start-up –lo que vendría a ser una EBT–. Disfruté trabajando con Steve porque estaba muy interesado en el diseño y en su aplicación a distintos departamentos de la compañía. Sus sugerencias siempre eran astutas y, cuando alguna cosa le gustaba, conseguía contagiarte su entusiasmo. El diseño no es una ciencia exacta, por este motivo, creamos muchos iconos y los probamos en versiones preliminares del software. Steve y otros miembros del equipo tomaban las decisiones, aunque siempre recordaré su búsqueda incesante para mejorar cada aspecto del producto, incluso hasta el último minuto. Ahora intento que esa filosofía me sirva de guía en mi trabajo. A partir de sus experiencias, ¿cuál cree que es el secreto para que un icono tenga éxito y aguante el paso del tiempo? En los años ochenta, me apasionaba la idea de lanzar “un ordenador para el resto de la gente”, puesto que yo formaba parte de ese

grupo de usuarios novatos con muy poca experiencia delante de un ordenador. Mi objetivo era diseñar unos iconos fáciles de entender y de recordar, a pesar de la baja resolución de las pantallas. Nunca imaginé que muchas de esas creaciones todavía se utilizarían tres décadas después, como la mano que permite arrastrar elementos, el bote de pintura o el lazo. Una de las lecciones que aprendí es que el éxito y la longevidad de un icono no dependen tanto de que represente los objetos de manera realista, sino de la metáfora que encierra. Creo que los buenos iconos no necesitan ninguna explicación. ¿Qué destacaría sobre su método de trabajo y su evolución a lo largo de su carrera? Los ordenadores son una herramienta que facilita ciertos procesos y permite la repetición de tareas, pero no han cambiado el proceso creativo. Los diseñadores siempre intentamos conseguir soluciones gráficas a los problemas que nos plantean los clientes, hasta que llegamos a la imagen definitiva. Cuando estoy preparando un icono, intento conseguir toda la información posible sobre su futura aplicación y sólo entonces puedo buscar conceptos que tengan sentido, que sean simples y que resulten memorables.

chas oportunidades para innovar en el diseño, más allá del entorno digital. La aparición de las redes sociales es una extensión de los ordenadores y mi trabajo siempre ha consistido en ofrecer soluciones de comunicación mediante imágenes, sea cual sea su destino. El hecho de que mis iconos se utilicen en aplicaciones para móviles es, simplemente, otra vía para facilitar esta comunicación. Y, actualmente, ¿podría contarnos en qué proyectos está embarcada? Últimamente, he estado muy ocupada con el diseño de logotipos para diversas start-up, he colaborando con una agencia de publicidad de Nueva York para lanzar varios productos con mis iconos, he empezado a pintar murales y, además, me llaman para dar conferencias.

UN MUNDO DE PÍXELES Susan Kare creó los iconos de Macintosh en la década de los ochenta y hoy se ha convertido en un referente del diseño gráfico, con trabajos para Facebook y el MoMA. Curiosamente, su carrera empezó gracias a una gran afición por la tipografía artesanal, aunque ha logrado revolucionar el universo digital con sus creaciones en formato de pixel art.

Cuando no está trabajando, ¿a qué otras artes dedica su tiempo libre? Me encanta dibujar, hacer móviles con cosas que encuentro en la playa y coser bolsos usando telas mexicanas. También me encanta el surf, porque esperar en el agua a que lleguen las olas es un momento perfecto para pensar y alejarme de la tecnología. Llevo música muy variada en mi iPod, pero, cuando necesito concentrarme de verdad, me gusta que todo esté en silencio.

Recientemente, ha participado en la creación de una aplicación para iPhone. ¿Cree que la industria de los smartphones se ha convertido en el sector más atractivo para los diseñadores gráficos? Los móviles son una parte muy importante en el desarrollo de aplicaciones y me gusta mucho trabajar en soportes que tienen una pantalla reducida, porque los gráficos deben reconocerse a simple vista y eso es un reto. A pesar de todo, creo que aún existen mu157


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ilicon Valley fue el epicentro de la revolución tecnológica en la década de los ochenta. No en vano, los medios de comunicación estaban fascinados por los ordenadores personales y lanzaron al estrellato a una nueva generación de visionarios. Fue en aquel ambiente marcado por una creatividad desbordante donde Susan Kare se consagró como gurú del diseño gráfico y sorprendió a todo el mundo con sus famosos iconos en blanco y negro. Aunque nunca imaginó que definirían una época irrepetible y que se alzarían como un referente de la cultura popular. DAPPER ha hablado con esta artista para descubrir los secretos de su carrera y conocer el legado de Apple. Remontémonos a los inicios de esta aventura artística. ¿Cómo surgió su pasión por el diseño gráfico? Cuando era pequeña, ya me sentía atraída por el arte en todas sus formas y vertientes. Recuerdo que pasaba muchas horas pintado y haciendo manualidades, hasta que cumplí 14 años y empecé a trabajar en un museo de ciencias, en Filadelfia. Fue entonces cuando descubrí el fascinante mundo de la tipografía y del diseño gráfico. A partir de ese momento, intenté aprovechar cada oportunidad que surgía para crear pósteres, postales y todo tipo de carteles. Y, cuando me matriculé en la Universidad de Nueva York, encontré un trabajo a media jornada en una fundición de bronce, donde me encargaba de hacer moldes de cera para pequeñas esculturas, que luego se vendían como souvenirs en el Metropolitan Museum. A principios de la década de los ochenta, se trasladó a California y vivió de cerca la revolución de la informática. ¿Qué recuerda de su etapa en Silicon Valley? 156

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STEVE JOBS DECÍA QUE VERÍAMOS ESOS DÍAS DE TRABAJO EN EL MACINTOSH COMO UNA ETAPA MUY IMPORTANTE DE NUESTRAS VIDAS

Mi primer empleo, al llegar a San Francisco, fue haciendo tareas de conservación en el Fine Arts Museums de la ciudad. Entonces retomé el contacto con un amigo del instituto que se llama Andy Hertzfeld y me ayudó a entrar en el equipo de desarrollo de software de Apple, con el objetivo de diseñar los iconos y las fuentes digitales. En aquellos días aún no era consciente de que viviésemos una revolución en el campo de la informática, porque estaba muy concentrada en mi trabajo y en los retos creativos que planteaba el Macintosh. Recuerdo que empecé a crear los iconos con papel y lápiz, pero en seguida me facilitaron una aplicación que permitía trabajar en un mapa de bits con una retícula en blanco y negro. Fue un gran avance que me permitió romper las limitaciones de aquel formato tan pequeño. Tuvo una relación profesional muy estrecha con Steve Jobs y todos le definen como una persona extremadamente perfeccionista. ¿Qué aprendió trabajando con él? Steve Jobs decía que, con el paso del tiempo, veríamos aquellos días de trabajo en el

Macintosh como una etapa muy importante de nuestras vidas. Aunque no ha sido hasta los últimos años que he escuchado a mucha gente decir que están cambiando el mundo con sus start-up –lo que vendría a ser una EBT–. Disfruté trabajando con Steve porque estaba muy interesado en el diseño y en su aplicación a distintos departamentos de la compañía. Sus sugerencias siempre eran astutas y, cuando alguna cosa le gustaba, conseguía contagiarte su entusiasmo. El diseño no es una ciencia exacta, por este motivo, creamos muchos iconos y los probamos en versiones preliminares del software. Steve y otros miembros del equipo tomaban las decisiones, aunque siempre recordaré su búsqueda incesante para mejorar cada aspecto del producto, incluso hasta el último minuto. Ahora intento que esa filosofía me sirva de guía en mi trabajo. A partir de sus experiencias, ¿cuál cree que es el secreto para que un icono tenga éxito y aguante el paso del tiempo? En los años ochenta, me apasionaba la idea de lanzar “un ordenador para el resto de la gente”, puesto que yo formaba parte de ese

grupo de usuarios novatos con muy poca experiencia delante de un ordenador. Mi objetivo era diseñar unos iconos fáciles de entender y de recordar, a pesar de la baja resolución de las pantallas. Nunca imaginé que muchas de esas creaciones todavía se utilizarían tres décadas después, como la mano que permite arrastrar elementos, el bote de pintura o el lazo. Una de las lecciones que aprendí es que el éxito y la longevidad de un icono no dependen tanto de que represente los objetos de manera realista, sino de la metáfora que encierra. Creo que los buenos iconos no necesitan ninguna explicación. ¿Qué destacaría sobre su método de trabajo y su evolución a lo largo de su carrera? Los ordenadores son una herramienta que facilita ciertos procesos y permite la repetición de tareas, pero no han cambiado el proceso creativo. Los diseñadores siempre intentamos conseguir soluciones gráficas a los problemas que nos plantean los clientes, hasta que llegamos a la imagen definitiva. Cuando estoy preparando un icono, intento conseguir toda la información posible sobre su futura aplicación y sólo entonces puedo buscar conceptos que tengan sentido, que sean simples y que resulten memorables.

chas oportunidades para innovar en el diseño, más allá del entorno digital. La aparición de las redes sociales es una extensión de los ordenadores y mi trabajo siempre ha consistido en ofrecer soluciones de comunicación mediante imágenes, sea cual sea su destino. El hecho de que mis iconos se utilicen en aplicaciones para móviles es, simplemente, otra vía para facilitar esta comunicación. Y, actualmente, ¿podría contarnos en qué proyectos está embarcada? Últimamente, he estado muy ocupada con el diseño de logotipos para diversas start-up, he colaborando con una agencia de publicidad de Nueva York para lanzar varios productos con mis iconos, he empezado a pintar murales y, además, me llaman para dar conferencias.

UN MUNDO DE PÍXELES Susan Kare creó los iconos de Macintosh en la década de los ochenta y hoy se ha convertido en un referente del diseño gráfico, con trabajos para Facebook y el MoMA. Curiosamente, su carrera empezó gracias a una gran afición por la tipografía artesanal, aunque ha logrado revolucionar el universo digital con sus creaciones en formato de pixel art.

Cuando no está trabajando, ¿a qué otras artes dedica su tiempo libre? Me encanta dibujar, hacer móviles con cosas que encuentro en la playa y coser bolsos usando telas mexicanas. También me encanta el surf, porque esperar en el agua a que lleguen las olas es un momento perfecto para pensar y alejarme de la tecnología. Llevo música muy variada en mi iPod, pero, cuando necesito concentrarme de verdad, me gusta que todo esté en silencio.

Recientemente, ha participado en la creación de una aplicación para iPhone. ¿Cree que la industria de los smartphones se ha convertido en el sector más atractivo para los diseñadores gráficos? Los móviles son una parte muy importante en el desarrollo de aplicaciones y me gusta mucho trabajar en soportes que tienen una pantalla reducida, porque los gráficos deben reconocerse a simple vista y eso es un reto. A pesar de todo, creo que aún existen mu157


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