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LA REVISTA DE LA NUEVA CULTURA JUNIO / 12 #69

EL MUNDO VISTO DESDE GOOGLE // CARAVAGGIO DEL SIGLO XXI // LA CERVEZA ARTESANA COGE FUERZA // MODA GALテ,TICA


UNA TRAVESÍA DIGITAL Aaron Hobson es un fotógrafo que ha recorrido el mundo con Google Street View y ha ido inmortalizado los lugares más hermosos que ha descubierto. Una historia romántica que demuestra que todavía queda espacio para la imaginación en el abismo digital. POR DAVID MOREU IMÁGENES CEDIDAS POR AARON HOBSON

¿Cuántas veces hemos soñado girar una bola del mundo y detenerla al azar con el dedo índice, buscando el destino de nuestro próximo viaje? Si la suerte estuviera de nuestro lado, puede que la parásemos en aquella playa paradisiaca que nos venden las revistas o en la ciudad de moda que recomiendan las guías más cool. Pero ¿qué sucedería si fuera un sitio perdido en medio de la nada? Seguramente, la mayoría cerraría los ojos y volvería a girar la bola, esperando un destino más tentador. No obstante, los que se animaran a viajar donde han señalado, descubrirían un lugar mágico en el que realidad y leyenda se mezclan para ofrecer una experiencia inolvidable. Ahora seamos objetivos. Puede que en el entorno digital, las bolas del mundo hayan sucumbido a las pantallas de ordenador, pero ciertas aventuras todavía pueden cambiarte la vida para siempre. Aunque en el momento de emprenderlas no seas consciente de su magnitud... Esto es lo que debe pensar Aaron Hobson, un fotógrafo rebelde y autodidacta que vive en un pequeño pueblo del Parque Nacional de Adirondack (en el estado de Nueva York, EE UU). No en vano, hace dos años recibió el encargo de dirigir un cortometraje en Los Ángeles y, ante la imposibilidad de desplazarse a la ciudad californiana para buscar las localizaciones, decidió explorar sus calles a través de Google Street View con el objetivo de encontrar los lugares más adecuados para el rodaje.

Izquierda: un callejón de Praga (República Checa), la grandeza de la Ruta 17 (Sudáfrica) y un pueblo de Prejmer (Rumanía) con unos chicos mirando el coche de Google. Aquí, una mansión abandonada en Crotona (Italia).

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Un tren de mercancías cruzando un puente en Bagé (Brasil). A la derecha, un amanecer surrealista en La Línea de la Concepción (España), el momento antes de una gran tormenta en Pawtella (Australia) y una casa típica de un suburbio de Detroit (Estados Unidos).

En un giro caprichoso del destino, ese proyecto cinematográfico nunca llegó a realizarse. Pero el fotógrafo quedó tan fascinado con las posibilidades que le ofrecía aquella herramienta virtual para viajar que decidió invertir su tiempo libre en recorrer el mundo, cruzando libremente fronteras y visitando países exóticos que, seguramente, nunca tendría la oportunidad de descubrir en persona. Fue entonces cuando empezó a capturar las imágenes que aparecían en la pantalla de su ordenador, como si se tratara de sus propios recuerdos, pero buscando siempre ese eco de soledad inconfundible que caracteriza el mundo que nos rodea. «Al comenzar este proyecto no tenía ningún objetivo, pero al cabo de un tiempo estas imágenes se mezclaron con mi serie de autorretratos», nos explica Aaron Hobson. «Cuando tuve editadas muchas capturas de paisajes, me di cuenta de que también podía exponerlas junto a las fotografías normales. Sin embargo, estas imágenes se convirtieron en un éxito y aparecieron en muchos medios de comunicación, incluso superando mis otros trabajos». El viaje es el destino Por las noches, en la intimidad de su casa, con una taza de café caliente en la mano y la música sonando en el viejo tocadiscos, nuestro protagonista emprendía largas travesías que, anteriormente, solo habían acometido los viajeros más intrépidos o los mochileros más sagaces. Este pasatiempo tan pintoresco estaba regido por ciertas normas inquebrantables: siempre debía empezar en lugares remotos y lejos de cualquier ciudad, ya fuera en España, Sudáfrica, Australia o Estados Unidos. Los territorios elegidos debían estar disponibles en alta resolución y él tendría que desplazarse «paso a paso» por sus calles y carreteras. Un ritual que en Google Street View significa obtener una panorámica de 360 grados del lugar cada 15 metros recorridos. Aaron Hobson visitó algunos de los rincones más inhóspitos del planeta y, a la hora de hacer sus instantáneas, solamente elegía paisajes desolados, que amenazaran con tormenta o que mostraran personajes anónimos perdidos en la inmensidad del horizonte. Aunque pueda parecer una visión un tanto pesimista de la sociedad moderna, aquellos

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viajes improvisados también le ofrecieron momentos curiosos propios de un turista normal. «Es bastante divertido reconocer a gente después de haber explorado un barrio durante varios días. A veces llegaba a una calle que ya había visitado y las caras de los niños que están jugando me resultaban familiares —afirma el fotógrafo con una sonrisa—. Fue una experiencia que me permitió sumergirme a fondo en cada lugar, así que puedo decir que he llegado a conocer muy bien todas esas zonas. ¡Creo que no necesitaría ningún mapa para visitarlas!». Esta colección de imágenes tan evocadoras se bautizó con el nombre de Cinemascapes y ya se ha convertido en un mito entre los aficionados a los viajes y los geeks informáticos. Los primeros alaban la capacidad del artista de encontrar la belleza en medio del caos predeterminado de Google; los segundos admiran la propuesta porque demuestra que aún se pueden crear cosas nuevas en un entorno digital muy fragmentado. Aunque, después del éxito en multitud de exposiciones y de haber aparecido en publicaciones internacionales, Aaron


Hobson ha tomado la decisión de salir otra vez de su casa, alejarse del ordenador y retomar su pasión por la fotografía analógica. «Me encanta viajar en el mundo real y he visitado algunos de los países de los que localicé imágenes por la Red, aunque no he estado en los mismos lugares que capturé —comenta nuestro protagonista—. Creo que sería una experiencia un tanto extraña estar allí en persona. No obstante, muchas veces me pregunto qué sucedería si retratara esos paisajes con mi propia cámara». Pese a la vorágine mediática que se ha generado alrededor de este proyecto, es evidente que hoy sigue habiendo grandes diferencias entre recorrer el mundo real y hacerlo en el universo trazado por Google. Puede que en Internet sea muy fácil cruzar las fronteras de casi todos los países sin pasaportes, ni visados, ni divisas, pero estos trámites todavía rigen la vida (y el destino) de cualquier viajero convencional. En el caso de Aaron Hobson existen otras limitaciones legales que convierten su hazaña fotográfica en algo todavía más romántico. «Me inquieta no saber cuánto tiempo tendrá qué pasar hasta que me permitan volver a cruzar la frontera de Canadá, puesto que tengo antecedentes penales y no me dejan entrar en el país —se sincera el artista—. Gracias a Google Street View sí he podido volver allí varias veces y con total libertad». Soñando en un paisaje digital Cuando este fotógrafo nacido en Pittsburgh (Pensilvania) decidió colgar las imágenes de estos viajes en su web, nunca imaginó que recibiría e-mails de decenas de personas que, inspiradas por su propuesta, se lanzaron a descubrir el mundo de una

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Arr Arriba, la intrascendencia de dos vacas en la inmensidad de un campo de Beaufort (Fr (Francia). Junto a estas lín líneas, un hombre solitario pas paseando por un paisaje de Mid Midsland (los Países Bajos). Galería completa en:

manera totalmente original. En este sentido, a Aaron Hobson le gusta recordar el mensaje de un hombre mayor italiano que le agradeció que hubiera logrado poner su pequeño pueblo en la portada del mayor periódico del país o la carta de una chica con movilidad reducida que, gracias a sus capturas de los paisajes, descubrió que podía visitar cualquier ciudad desde su ordenador. «Me gustaría aplaudir esta iniciativa de Google por su alcance y su ambición, porque nos demuestra lo fascinante que puede llegar a ser la tecnología —afirma el fotógrafo con voz seria—. A pesar de todo, no entiendo por qué todavía hay restricciones de privacidad en algunos países. Google toma imágenes en las calles y estas son un espacio público, así que no debería haber ninguna censura si aparece gente retratada». Cualquier historia con ansias de trascendencia debe tener un final majestuoso, por este motivo no es extraño que Aaron Hobson haya decidido bajar el telón de su aventura de improviso. Este proyecto fotográfico se cierra indefinidamente, pero nos deja la magia de todos los éxitos que ha cosechado por el camino. Desde luego ha superado con creces las expectativas de su creador y ha cambiado la manera de ver el mundo de miles de personas. «Creo que estoy llegando al final de este proyecto. Puede que dentro de unos años Google ya tenga más lugares alrededor del mundo en alta resolución e incluso que estos estén en Estados Unidos —comenta el artista en tono de despedida—. Ahora estoy trabajando de nuevo con una cámara real y creando una nueva serie de fotos que no tienen nada que ver con Internet». ■

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Cinemascapes