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David Freire Carretero 100041149 LA REVOLUCION HÚNGARA DE 1956 Introducción La revolución húngara de 19564 fue un movimiento revolucionario espontáneo nacional contra el gobierno de la República Popular de Hungría y sus políticas impuestas por la URSS, que duró desde el 23 de octubre hasta el 10 de noviembre de 1956.Desde el discurso secreto de crítica a los excesos de Stalin realizado por su sucesor al frente de la URSS Nikita Kruschev en el XX Congreso del PCUS, el pueblo húngaro había solicitado continuadamente la libertad necesaria para elegir su propia vía al socialismo. Así, surgieron por toda Hungría movimientos que pedían que se pusiera coto a las actividades de la policía secreta. 5 La revolución propiamente dicha comenzó como una protesta estudiantil que atrajo a miles de personas a una marcha por el centro de Budapest hacia el edificio del Parlamento húngaro. Una delegación estudiantil fue detenida cuando entraba al edificio de la radio estatal con la intención de transmitir las demandas de los revolucionarios. Cuando los manifestantes exigieron su liberación, la policía política húngara (Államvédelmi Hatóság o ÁVH) abrió fuego desde los tejados de los edificios circundantes.6 Algunos soldados soviéticos dispararon a la ÁVH, creyendo por equivocación que estaban siendo objeto de un ataque. 7 Algunos manifestantes contestaron los disparos ayudados por las armas tomadas de la ÁVH o brindadas por los soldados húngaros que se unieron al levantamiento. 7 8 La noticia se difundió rápidamente y llevó al estallido de desórdenes y violencia en la capital. La revolución se expandió por toda Hungría y el gobierno de András Hegedüs fue derrocado. Miles de civiles se organizaron en milicias para combatir a la Policía Estatal de Seguridad (ÁVH) y a las tropas soviéticas. Comunistas pro-soviéticos y miembros de la ÁVH fueron ejecutados o encarcelados, y antiguos prisioneros políticos fueron liberados y armados. Consejos improvisados arrebataron el control municipal al partido comunista húngaro, exigiendo cambios políticos. A la cabeza del nuevo gobierno, Imre Nagy disolvió formalmente la ÁVH y declaró su intención de retirarse del Pacto de Varsovia y convocar elecciones libres. Al terminar los combates a fines de octubre, volvió una sensación de normalidad. Para noviembre de 1956, Moscú ya tenía Nagy no podía ni quería controlar la nueva e independiente actividad política. A diferencia de lo sucedido con las Protestas de Poznań, la Revolución húngara cuestionaba el estilo de gobierno estalinista y, por tanto, amenazaba la naturaleza misma del régimen pro-soviético de partido único.5 Así, tras haber anunciado su voluntad de negociar la retirada de las fuerzas soviéticas, el Politburó cambió de idea y se movilizó para aplastar por su cuenta la revolución. Aprovechando que Occidente se encontraba dividido a causa de la crisis de Suez, el Ejército Rojo movilizó 31.550 soldados y 1.130 tanques1 y el 4 de noviembre de 1956 atacó Budapest. La resistencia organizada finalizó el 10 de noviembre, la revuelta fue aplastada y comenzaron los arrestos en masa, lo que provocó que unos 20.000 húngaros huyeran en calidad de refugiados.5 El balance final fue de 722 muertos y 1.251 heridos del bando soviético; 2 y una cifra estimada de 2.500 muertos y 13.000 heridos por parte de los húngaros sublevados, 3 aunque luego serían ejecutadas unas 2.000 personas más.5 Para enero de 1957, el nuevo gobierno instalado por los soviéticos y liderado por János Kádár había suprimido toda oposición pública. El mundo Occidental, la crisis de Suez y la Onu Desde los mismos comienzos, la opinión pública occidental recibió con gran simpatía la noticia de los acontecimientos de Polonia, y mucho más, los de Hungría, ocurridos en octubre de 1956. Con excepción de los países del bloque soviético, en Europa, en el continente norteamericano


en muchos otros estados del mundo tuvieron lugar manifestaciones de simpatía y demonstraciones en apoyo de la sublevación húngara. La prensa, las emisoras de radio, los noticiarios y las emisoras de televisión por primera vez transmitieron reportajes directos, cubriendo una sublevación armada acontecida en uno de los países del imperio soviético, sobre la base de los informes de los corresponsales y equipos de rodaje occidentales que trabajaban en Budapest. De esta manera, la opinión pública occidental pudo observar con admiración y preocupación la lucha de los sublevados, que combatían con armas de mano y cócteles Molotov contra el ejército soviético en múltiple mayoría de fuerzas. Cabe destacar el hecho de que, hasta el viraje del 28 de octubre, la opinión pública occidental por lo general se había formado una imagen negativa acerca de la actividad del gobierno de Imre Nagy. Tras el compromiso entre el gobierno y los sublevados, y una vez que la parte soviética aparentemente se dio por enterada del mismo, en el Occidente comenzó a predominar el ambiente de la esperanza general. En ese momento, muchos consideraron imaginable lo hasta entonces inconcebible: que un país satélite se libere a sí mismo sin ayuda externa. Los gobiernos de los estados occidentales -al contrario de sus respectivas opiniones públicastuvieron presente el extremadamente estrecho campo de acción político permitido por el statu quo que constituía la base de la relación Este-Oeste, y desde el principio reaccionaban con suma cautela a los acontecimientos de Hungría. El motivo de este comportamiento era, antes que nada, la suposición de que en la situación política mundial de aquel momento, cualquier intervención militar occidental hubiera encerrado el peligro de un conflicto armado con la Unión Soviética: de la guerra mundial a ser librada con armas termonucleares. La dirección norteamericana ni ante esta situación crítica renunció a la doble meta de su política: por un lado se esforzaba por no arriesgar sobrecargar sus relaciones con Moscú debido a la retórica que condenaba la intervención soviética, por otro lado trató de convencer a la opinión pública de que, para América no era indiferente la lucha de una nación de Europa del Este por su libertad. Como consecuencia del carácter contradictorio de esta política, la administración de Eisenhower incluso llegó a tomar medidas improvisadas, la más vistosa de las cuales fue la de remitir la "cuestión húngara" ante el Consejo de Seguridad de la ONU el 28 de octubre. No obstante, las decisiones verdaderas no fueron tomadas en los debates de las sesiones del Consejo de Seguridad, arregladas de forma tal que satisfagan a la opinión pública internacional, sino en los debates secretos de coordinación de los delegados norteamericanos, ingleses y franceses, llevados a cabo entre bastidores. Al mismo tiempo, eran un obstáculo del "acuerdo", las relaciones deterioradas entre las grandes potencias occidentales por causa de la crisis de Suez, que a fines de octubre desembocó en un conflicto armado. A partir de ese momento, Gran Bretaña, Francia y EE.UU. por igual trató de aprovechar la causa húngara para su propio interés. A pesar de todo ello, la madrugada del 4 de noviembre la diplomacia norteamericana arrancó a toda velocidad, y lo mismo en la ONU que en todos los demás foros, criticó fuertemente la intervención soviética en Hungría. El presidente Eisenhower protestó contra la medida soviética en un mensaje personal enviado al primer ministro Nikolai Bulganhin. La crisis de Hungría obligó a la dirección estadounidense a manifestarse abiertamente, lo cual tuvo importancia histórica. El presidente Eisenhower encargó al ministro de relaciones exteriores Dulles a introducir en su discurso, a ser pronunciado en el marco de la campaña electoral presidencial el 27 de octubre, un mensaje destinado a la Unión Soviética, de que si las naciones europeas orientales recobrasen su libertad, eso no pondría en peligro los intereses de seguridad de la Unión Soviética, porque Estados Unidos no considera aquellos países como aliados militares en potencia. Dicha declaración fue comunicada inmediatamente a los soviéticos por la vía diplomática. Antes de ello, todas las tomas de posición públicas de la administración de Eisenhower, relacionadas con Europa del Este, sugerían que si algún día dichos países se independizaran, ese evento traería consigo su adhesión al mundo occidental, o sea, también a la OTAN. Washington manifestó que Estados Unidos no consideraba estos


estados como sus aliados militares en potencia, y de esta manera, prácticamente renunció a su posición anterior. La coexistencia Pacífica La muerte de Stalin el 5 de marzo de 1953 abrió una nueva fase en la historia de las relaciones internacionales. Tras un complejo proceso sucesorio, Kruschev consiguió asentarse en el poder del Kremlin, muy especialmente tras eliminar a Beria, jefe del aparato represivo stalinista, en junio de 1953. El nuevo líder soviético lanza una nueva política exterior que va a denominar coexistencia pacífica. Este nuevo concepto significaba básicamente que la URSS no solo negaba el recurso a las armas para extender la revolución comunista por el mundo, sino que rechazaba la idea de que la guerra con el capitalismo era inevitable. El bloque comunista, que en ese momento ya se veía lo suficientemente fuerte para disuadir al adversario de un posible ataque, concentraría en el futuro todas sus fuerzas en la competición pacífica con el Oeste. La realidad de la política soviética no fue, sin embargo, tan pacífica. Como veremos, Moscú no dudó en tomar medidas, en algún caso arriesgadas, que pusieron en grave peligro la paz mundial. La visión de Washington no se vio muy influenciada por la nueva política del Kremlin. En EE.UU. primaba una situación de inseguridad propiciada por el acceso de la URSS al arma atómica y sus ensayos con misiles intercontinentales. El lanzamiento del Sputnik en 1957, el primer satélite al espacio por parte de los soviéticos vino a reforzar ese sentimiento. El candidato norteamericano Eisenhower había criticado duramente la política de "contención" de Truman y Foster Dulles, el que luego sería su Secretario de Estado, había propuesto durante la campaña electoral de 1952 el roll back, el hacer retroceder a los Soviéticos a sus posiciones de partida.Tras el triunfo republicano, la nueva administración afirmó lo que se vino a denominar la doctrina de las "represalias masivas". Washington amenazaba a la URSS con el uso masivo del arma nuclear en el caso de que adoptara una política exterior muy agresiva. Afortunadamente, como los hechos vinieron pronto a confirmar, la política exterior norteamericana fue mucho más moderada. Algunos historiadores hablan de una política de "contención" reforzada para subrayar la continuidad que hubo ente la diplomacia de Truman y la de Eisenhower. En definitiva, se iniciaba un nuevo período en el que las palabras una vez más no correspondían exactamente con los hechos. Ni la política exterior soviética fue tan pacífica, ni la norteamericana fue tan belicosa. Más allá de las formulaciones de la política exterior de las grandes potencias, la muerte de Stalin abrió un período en el que aparecieron signos de distensión entre Moscú y Washington: la firma del Armisticio en Panmunjong en 1953, que ponía fin a la guerra de Corea, los acuerdos de Ginebra que ponían fin a la guerra de Indochina en 1954, la reconciliación entre la URSS y Yugoslavia que culminó con la visita de Kruschev a Tito en 1955 o la firma del Tratado de Paz con Austria en 1955, que significó la evacuación de las tropas de ocupación y su neutralización. Estos signos de distensión no impidieron que las superpotencias afirmaran, de forma brutal si era necesario, su hegemonía en sus respectivas áreas de influencia. La brutal represión de las protestas obreras en Berlín y Alemania oriental en 1953 por parte del ejército soviético de ocupación o las intervenciones de la CIA para derrocar por la fuerza los gobiernos progresistas de Mossadegh en Irán en 1953 o Arbenz en Guatemala en 1954, muestran bien a las claras la complejidad de la nueva fase de las relaciones internacionales. No debemos de olvidar tampoco que en 1954 la República Federal de Alemania se rearmaba en ingresaba en la OTAN y que, como contestación, la URSS y las "democracias populares" fundaban en 1955 el Pacto de Varsovia. Fuentes: Wikipedia , “ la tragedia de Budapest 56” ( editorial Tartessos), “ Los 50 años de la Guerra: Conflicto y Estrategia de la Guerra Fria” ( Friedman Norman) .



La revolucion Hungara 1956