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Lectura Nº 5

LA LITERATURA VENEZOLANA Y LA CULTURA

U na

de las maneras de f omentar el há bito le ctor en la po bla ció n venezolana es mot ivar al pueblo a leer y valo rar la v arie dad d e intele ctuales que engalanan las páginas de la literatura venezo lana y, paralelamente, garant izar el acceso a las dive rsas fuentes de le ctura como una contribución a nuestra cu ltura. La lite ratura es e l conjunto de los sentimientos, deseos, pensamientos, gustos y sentires del hombre. Es la expresión escr ita y la leída (por lo s otro s) de una so cieda d, de un grupo. Sin le ctor no hay escritor y éstos toman un protagonismo particular en los actos de la lectu ra y la escritura: hablar y escuchar, narrar y soñar. El habla ha ce la cultura, porque adquir imos una visión más amplia del m undo; cuando intercambiamos entre nosotros y con los otros, a partir de la pala bra y de ese inter cambio ela boramos conceptos de lo que nos rodea y construimos una gama de tejidos significantes. La lite ratura se hace todo el tiempo: cuando creamos giros de la lengua, expresiones más acordes con lo que necesitamos expresar, cuando narramos una ané cdota o recor damos un sentimiento; la lite ratu ra es arraigo, permite que nos conozcamos, evita e l aislamiento, y de e sta manera deja que seamos en el otro, recono cié ndo lo. Un lecto r competente es aquel que co mprende lo que lee; sabe identificar, re cono cer y recordar lo que lee; interpreta lo que se d ice y lo que se quiere de cir en el texto; valora ta nto la forma como el conten ido d e lo que está leyendo; es capaz de o rganiz ar y reorganizar lo le ído en forma de resúmenes, esquemas, mapas conceptuales u otros formatos. Cuando


relacionamos la capa cida d le ctora y la literatura como instrumento para ampliar nuestro conocimiento ace rca de n uestro país encontramos que: Venezu ela, pese a la opin ión superficia l y fácil, t iene una larga y continua tr adición de crít ica literar ia. Ha bría que v olve r un poco sobre los aportes de Andrés Bello, de Amenodoro Urdaneta (su estudio sobre el Quijote), de José Luis Ramos (pensamos en su trab ajo sobre e l verso endecasíla bo), de l mismo Felipe Tejer a con todo y sus criter ios de edif ica ción mora l (y la polémica respuesta de Pérez Bonalde), de Luis López Méndez (su estudio sobre la novela de Gil Fort oul o las poesías de Rafael Núñez, por ejemplo), de l propio C ecilio A costa (cuyo va lioso tr abajo sobre la Influen cia de l elemento his tórico -po lít ico en la lite ratura dramática y en la nove la habr ía que co nfrontar con estudios de similar temática en Andrés Be llo y Vendel -Heyl, por ejemplo), de Gonzalo Pi cón Febres y, en fin, de tantos otros que ilustran el panorama fundacional de la crít ica venezo lana en el siglo pasado. Si a ello se agregan los aportes posteriores, podría verse un rico panor ama, de variada jerarquía, cla ro está, pero que establece una fi liación histórica de lo que actua lmente se hace, y muestra cómo la intele ctualid ad naciona l va ela borand o una permanente respuesta -articu lada a las condiciones y a las id eas y valores de cada momento - a la necesidad de dar coherencia y sentido a la producción lit erar ia del país y del mundo. El modo en que estos y ot ros inte lectuales ejercieron la ta rea crít ica debe ser comprend ido vin culándo los a la s condiciones y necesidades de su momento. Y tan absurdo sería juzgarlos por no corresponder a las exigencias de hoy como pretender hacer ahora el mismo tipo de crítica que ellos ejercier on. En nuestros días, otras son las necesidades y otras las exigencias. El crít ico contemporáneo de be responder a su época y en ella y desde ella estudiar y comprender la litera t ura, la de hoy y la de antes. En Venezuela, y en América Latina en general, el estudio de nuestra fisonomía cultu ral t iene cara cter es urgentes de responsabilid ad intele ctual, y será el crít ico de h oy el que mejor cumpla la ta rea de apropia ción integradora e ident if ica dora de nuestros valores. En otro aspecto del tema, encontramos que el lenguaje tiene que ver con los v alo res culturales, las tradiciones, las costumbres de una comunidad y entonces o bservamos


grupos de palabras de uso formal e info rmal, r ela cionados con un mismo significado, entre ellos se encuentran los refranes, sentencias que son creaciones de un pueblo o comunidad para manifestar las vivencias, experiencias, el modo de sentir, de ente nder las cosas, ello const ituye una de las manife staciones más representativas de nuestra tradición ora l.

Así vemos que aparecen crea ciones lle nas de ingenio, agudeza y capacidad de síntesis que a continuación puedes observar: ¡Al que lo picó culebra bejuco le para el pelo! ¡Tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe! ¡Zamuro no come alpiste ni gago come cacao! ¡Donde ronca tigre no hay burro con reumatismo! ¡De donde menos se piensa salta la liebre! ¡Saliendo el payaso y soltando la risa! ¡A caballo regalado no se le mira el co lmi llo! ¡El que no pila no come arepa! También es importante destaca r las manifestaciones de los pueblos indígenas, que se les ha denominado “Literatura oral ind ígena” refer idos a escritos anónimos transmitidos ora lment e; esta expresión le da justo valor al “arte de la p ala bra” y es que gracias a un grupo de investigadores de nuestro país tenemos la oportunidad de conoce r la inmensa riqueza lite raria como un valioso aporte al patrim onio naciona l. Gracias al manejo de la lectoescr itur a, tú puedes leer lo que escribier on lo s hombres del pasado, comu nicarte con ellos y conocer lo que pensaban, hacían y sentían los niños de otras épocas. Puedes también leer cuentos y novelas contemporáneas, literatura indígena, diarios, revistas y lo que es más importante, escribir tus pro pias historias rea les o imaginadas y dejarlas impresas para siempre, para que otros las lean hoy, mañana o en miles de años más.

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