Issuu on Google+

4/

El Ex- Teatro Oriente


La Estructura.

El Ex Teatro Oriente estรก ubicado en la 5 Sur con la 13 Oriente. El edificio estรก abandonado desde el inicio del gobierno militar.


897m2


El Contexto.

El Barrio Oriente, donde la estructura del Ex-Teatro Oriente está emplazada. El barrio se encuentra, básicamente entre la línea férrea, la Panamericana, el Estero Piduco y la Avenida Dos Norte.


El Barrio es importante para el acceso a la ciudad. En él está emplazado el Terminal de Buses, y atraviesan la línea ferroviaria y la Ruta Cinco Sur. Sin embargo, el acceso al barrio se da por determinadas vías. Podemos dividir entonces en flujos de permanencia y flujos de paso.


Existen diferentes relaciones con los barrios aledaños, donde se relacionan flujos y atractores. El Barrio Oriente posee una ubicación privilegiada al ser próximo al centro. Sin embargo, es un barrio que lentamente va perdiendo vida, quizás por la expansión de la ciudad hacia el poniente.


El Tiempo.

El barrio en el pasado funcionaba con tres grandes atractores: El Mercado Oriente, la Plaza Arturo Prat, y el Teatro. Entre ellos se generaba vida de barrio, un circuito dominguero familiar.


PLAZA ARTURO PRAT

TEATRO ORIENTE MERCADO ORIENTE


Un pasado lleno de vida tuvo la trece oriente con cinco sur. Es la esquina del ex Teatro Oriente, un lugar donde el pueblo veía sus películas mejicanas y comía sopaipillas con picante. En el presente la esquina está muerta, no pasa nada más que micros fantasmas y antisociales escapando de los pacos. Y posee un futuro peor aún, donde no hay proyecto alguno donde se solucione esto, y más aún, devolverle la vida a la calle. Impaciencia resulta pasar por la trece oriente con cinco sur. El aire a añejo, a abandono es difícil de ignorar. Es el olvidado Teatro Oriente, donde hubo vida, donde se llenaba de gente donde alguna vez fue el centro de atracción de Talca, (hasta la región señalan algunos más osados). Pero ahora no. Poca gente pasa por ahí, por aquella vereda, y los pocos que pasan por ahí no tienen idea qué fue esa gran mole verduzca en verdadero estado de putrefacción. Y no exagero a decir que está casi en el olvido absoluto: señoras de cuarenta desconocían absolutamente dónde quedaba el antiguo teatro, incluso viviendo a cuadras de él. Don Manuel Valdés es de los que sí se acuerda. Recuerda al Teatro Oriente desde su botillería aledaña con mucha nostalgia. Fueron en los años sesentas sus mejores tiempos (los de él y los del teatro), recuerda esbozando una sonrisa y cerrando levemente los ojos ocultos bajo gruesos lentes. Su local está tapizado en afiches de bebidas, nuevos y antiguos. Pude ver a una joven (y fome) Bolocco promocionando Crush, o las antiguas botellitas de Cocacola que se suponía eran coleccionables. Un calendario de Capel del ochenta y seis con una modelo demasiado vestida comparada con las de ahora. Entre estos afiches y botellas

Don Manuel dio rienda suelta a sus recuerdos, viéndose únicamente interrumpido por su habitual clientela. Todos los fines de semana iba a pololear allá con su actual señora. Al decir esto sonrió, pero después se volvió taciturno: “Yo soy el más viejo de estos lugares” –me asegura-“Todos los demás han muerto, hasta los acomodadores del viejo teatro. Los conocía a todos, y se han muerto de a uno.” El teatro era famoso por sus películas mejicanas, plato favorito en ese entonces del pueblo. Las entradas se compraban dos días antes de la función, pues la demanda era mucha y las colas eran interminables, por lo que era el centro de atracción cultural de la gente del sector oriente talquino. La cinco sur se llenaba de gente, pues creaba un paseo dominguero, que lo componían el Teatro, más el en ese entonces pujante Mercado Oriente (ubicado en la cinco sur con quince oriente), y su cercanía con la placita Arturo Prat. Pero de estos tres el Teatro ya hace casi treinta años que ya no funciona. Don Juan, un habitante de los barrios cercanos, Ingeniero Eléctrico, recuerda que visitó el teatro sólo una vez: “Era chico, si. Me acuerdo que me llevó mi tía Hermosina con mis hermanos a ver una película. Fue la primera vez, me parece, que fui al cine, y me asustaba cuando el tren iba hacia el frente en la pantalla. Corría la cabeza pal’ lado. Pensaba que se me iba a venir encima.” dice entre silenciosas risas. “Pero mis hermanas mayores si que iban más. Iban con pololos a ver los ídolos del momento, los que cantaban canciones mejicanas. Las películas, también.” Pero no solo era eso. Había funciones para todas las edades. Don Manuel, el botillero, me confiesa: “Si, me escapaba de repente para allá. Iba al teatro a ver las revistas y las vedettes, de repente. Pero mi polola no sabía. O al boxeo, también se peleaba allá.” En las esquinas aledañas habían dos fuentes de soda –como le decían en ese entonces, enfatiza- y se vendía sopaipillas con picante. “Imagina como se llenaban esos


negocios. La gente que salía del teatro iba directo a comer a estos locales.” La cinco sur, agrega, antes cruzaba la línea del tren así que más importancia tenía la calle. De todos lados llegaba gente caminando, en bicicleta o en coche, al teatro. “Pero principalmente era gente del Barrio Oriente, de la antigua Villa Talca (ahora, Manso de Velasco) entre otras. Se crea un silencio. Mira hacia fuera, su cara denota profunda nostalgia. -¿Qué fue lo que terminó con el Teatro Oriente? -“La tele. De qué servía ir a un local a ver películas, si las mismas películas las podías ver acostado en tu pieza viendo tele.” En efecto, Fue la incursión de la televisión a la sociedad chilena lo que provoco la decadencia y el posterior fin del teatro. Lo mismo que pasa con el fútbol, según Don Manuel: “¿Quién se va a ir a matar de frío al estadio? ¿ah?”

además es madriguera de adolescentes molestosos”, denuncia el botillero. Frente a esto, es imperativo el darle un uso a ese terreno perdido. Don Manuel propone demoler todo eso y crear un gimnasio donde se juegue básquetbol o box. -¿Demolerlo? ¿No le daría pena eso? -“Sí. Me daría pena. Pero ese edificio está perdido. Está todo desarmado. Pienso que es mejor potenciar el deporte en el sector, que bien muerto está. Imagínate: se llenaría para las peleas de box. En la seis oriente, hay uno, pero es súper angosto, entran todos apretados. Acá no sería así. Además, para un supermercado, el lugar sería muy chico. Y para un almacén sería muy grande”. Don Juan propone demolerlo también, pero destinar el terreno a la cultura. “Un anfiteatro abierto a todo el público, al aire libre. Tal cual conozco uno en Concepción. Sería un buen uso y sería bien aprovechado”.

-¿Y conoce el Teatro Regional, el actual teatro talquino? -“Sí, pero por fuera no más. No he entrado y ni me interesa tampoco. A esta edad uno ya como que no está ni ahí.” Ahora el edificio abandonado es un nido de ratas. Es cosa de acercarse un poco a la entrada –totalmente enrejaday sentir el asqueroso olor a orina, escuchar los chirridos de roedores y ver las botellas de cerveza esparcidas por todo el piso derruido. -¿Qué pasa con ese sector en estos tiempos? -“Cauros mafiosos y pelusones se van ahí en las noches a ocultarse de los pacos. Se meten y nadie los saca de ahí adentro. Llegan, entran y ¿tu crees que los pacos se meten a buscarlos? ¡Nah! El lugar no sólo está perdido, sino que

Como sea, el Teatro Oriente fue el símbolo de los barrios, y permanece en el recuerdo de muchos talquinos. Y tiene su historia: Un pasado lleno de vida, donde el pueblo veía sus películas mejicanas y comía sopaipillas con picante; un presente muerto, donde no pasa nada más que micros fantasmas y flaites escapando de los pacos; y un futuro peor aún, donde no hay proyecto alguno donde se solucione esto, y más aún, devolverle la vida a la calle. La estructura no da más, y el lugar se ha transformado en un antro de jóvenes delincuentes. La calle está perdida, no hay vida y pareciera que nunca va a volver a haberla. Y eso hay que arreglar. No hay que hacer volver al Teatro Oriente como tal, sino recuperar ese espacio público que alguna vez llenó de vida a Talca. Y la gente quiere eso. Y propone, lo que es importante.



4/ TEATRO ORIENTE