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Jueves 05 de diciembre, 2013 El Bajón de la U. Darío Terán Pazmiño* Todos queremos educación de calidad, es obvio. Un informe lleno de gráficos estadísticos con más de 40 estándares que en principio deberían asegurar la calidad de la educación superior en el país fue presentado la semana pasada en la Asamblea Nacional, este informe elaborado por el CEAACES más allá de explicar la situación real de las universidades, las jerarquiza, situándolas en categorías según su desempeño en la aplicación de la llamada reforma universitaria, se mide por ejemplo los avances en infraestructura, contratación de profesores con PHD, publicaciones en revistas indexadas, investigación y gestión burocrática. El informe, se viste de números por lo que dice ser objetivo. Utiliza telarañas, histogramas y gráficos de barras para explicar las brechas entre las universidades de tipo A, B, C y D, brechas que según sus indicadores no representan la calidad académica, es más reconoce que ciertas universidades de la categoría B son las mejor puntuadas en términos académicos pero que no llegan a ser las mejores del ranking por deficiencias en el cumplimiento de los otros estándares. En el 2009 la Universidad Central, la Universidad de Cuenca y la Universidad Católica se ubicaron en categoría A, desde el miércoles pasado “bajaron a la B”, sin embargo las autoridades del gobierno han mencionado que “no es que estas universidades bajaron de categoría, sino que los estándares subieron y por lo tanto el promedio también subió” además de mencionar que para regresar a la categoría en la que estaban deberán acelerar la aplicación de la reforma. Las respuestas del gobierno son contradictorias ya que se supone que el CEAACES es el organismo encargado de evaluar y acreditar a las universidades asegurando la calidad de la educación superior, pero sin embargo lo que hace mediante este informe es jerarquizarlas y categorizarlas, acentuando las brechas y provocando (sin querer, espero) profesionales de primer, segundo, tercer y cuarto orden, según la carrera que estos deciden estudiar y la universidad a la que logran acceder; por lo tanto el problema no es la función original del CEAACES, sino el modelo de educación superior que se trata de imponer. Este modelo de educación superior asegurado en gran parte con la publicación de la LOES en 2010 apunta a la existencia de 4 universidades estatales de excelencia: Yachay, Ikiam, Artes y Educación, estas universidades estarán dedicadas a la investigación, producción y comercialización de conocimiento y serán las de más alta categoría en el sistema de acreditación nacional, ¡no puede ser de otra manera! ya que sus recursos y proyectos están garantizados, sus gerencias listas, tienen convenios firmados con otras universidades y empresas, y su infraestructura está asegurada con los más altos estándares urbanísticos y tecnológicos, aun no están en funcionamiento ni tienen estudiantes, pero están concebidas *Estudiante de Sociología en la Universidad Central del Ecuador


para ser el “centro” del sistema nacional de educación superior y son las que marcan desde ya el terreno para que las otras universidades públicas y privadas sean una suerte de espacios marginales en la producción de conocimiento. El nuevo modelo de educación superior que trata de imponerse desde el gobierno, conlleva un modelo de evaluación, en este caso es el que se usó para acreditar a las universidades, es funcional a las de excelencia (Yachay, Ikiam, Artes y Educación) pero resulta inadecuado para las demás, ya que no responde a las especificidades de la universidad nacional, ni a sus condiciones históricas, es más termina siendo discriminatorio. En este sentido la acreditación de las universidades nacionales no debería responder a estándares homogenizados, sino a las especificidades propias de la realidad, a la composición de las distintas carreras y especialidades, y a su diversidad. En la mayoría de países la acreditación es un proceso voluntario que siguen las universidades para, según sus capacidades y avances mejorar la calidad constantemente. La re-categorización de las universidades no es un hecho aislado, tiene profundas implicaciones políticas y sociales ya que relega a las universidades (especialmente a las públicas) a una posición marginal dentro del sistema nacional de educación superior y coloca a las denominadas “ciudades del conocimiento” en el centro de este sistema, en ellas la producción de tecnociencia se adviene como la respuesta “revolucionaria” al poder capitalista mundial, es entonces que la educación pública de calidad deja de ser un derecho y se transforma en un privilegio por cuanto es elitista, clasista y antipopular, además de excluyente con las otras ciencias. En las universidades públicas la calidad depende de procesos políticos, por lo tanto estas universidades son las más afectadas dentro del proceso de acreditación y jerarquización, afectación que se extiende a los usuarios de estas universidades (la mayor parte de los estudiantes universitarios). En este proceso de reforma las ciencias sociales y humanidades son importantes a medida que desde el poder buscan hacerlas sumisas, negarles la posibilidad de crítica y reflexión, controlar eficientemente sus discursos y silenciarlas en su objetivo fundamental: la transformación social. Bajo este modelo de evaluación, el Estado a través del CEAACES desvaloriza la forma de hacer ciencia propia de la región y el país que mezcla la teoría con la práctica en la creación y producción de conocimiento. La universidad que queremos, depende de nuestra capacidad de movilización por mantener los avances de la I y II Reforma Universitaria, por no creernos el cuento de que una III reforma universitaria está en marcha y por defender el concepto de la universidad pública siempre para el pueblo.

*Estudiante de Sociología en la Universidad Central del Ecuador

El bajón de la U.