Issuu on Google+

Ojos Cristalinos. .

~Un año más tarde ~ . María seguía colgada de su brazo, y no es que le molestase. En los últimos meses se podría decir que eran más que solo amigos, mucho más. Nadie le decía nada, ni el propio Edward, no es que fuese malo lo que hacía, después de todo… ya había pasado suficiente desde la muerte de Alice. Alice… tan solo recordarla le hacía doler el pecho, desgarrando más y más la fisura antes abierta en su corazón. Continuó avanzando, lento e inseguro, por los interminables confines de aquel salón que se le hacía prácticamente desconocido. Te estás mintiendo a ti mismo… Le recordaba su consciencia a medida que se acercaba. Carlisle y Esme le esperaban sonrientes. El joven matrimonio, si bien no era familiar directo de Edward y Alice, les había conocido en su adolescencia, y se habían convertido en lo más cercano a una figura paternal. Suspiró cansado, el dolor continuaba ahí, más presente que nunca. De pronto ya no le parecía tan buena idea haber venido en compañía de María…, pero la necesitaba, anhelaba ese calor interno que la morena le trasmitía. "Bienvenido, te extrañábamos" le saludó Edward, antes de abrazarlo; como hermano, como amigo y a la vez, como compañeros de dolor. Alzó la vista y se encontró con la sonrisa nostálgica de quien alguna vez pensó sería su cuñado… En ese universo paralelo que finalmente nunca de dio. Si tan solo… Se limitó a responder el abrazo, y no dar rienda suelta a sus cavilaciones, ya había pasado mucho tiempo desde que su propio remordimiento le carcomía las entrañas por no haber salvado a su pequeña, a su niña, porque siempre fue eso… jamás su mujer. Alice nunca se entregó por completo, pero él no necesitaba de eso para amarla con locura, nunca lo necesitó, en cierto modo, él ya la sabía suya desde el momento en que la chica le desnudó su alma: sus temores, dudas e inseguridades, la pureza que albergaba en su espíritu. Suspiró, y su brazo izquierdo se ciñó de modo autómata a la cintura de María, tan suave… tan cálida, hoy la necesitaba más que nunca. Edward lo miró con evidente tristeza, mas no dijo nada. No sería él quien le recordase a Jasper lo reciente que estaba la muerte de quien poco y nada le faltó para llamar esposa. Bella observó a Edward regresar cabizbajo, no se lo pensó dos veces y recibió a su novio con los brazos abiertos. Como era de esperarse, él no tardó en esconder su rostro en el cuello de ésta.


Sabía que sería duro, pero jamás pensó que tanto, después de la muerte de Alice cada uno de los amigos tomó rumbos distintos, no es que dejasen la ciudad o algo por el estilo, simplemente dejaron de frecuentarse. Jasper, sin embargo; fue el único que partió prácticamente huyendo ¿del dolor, de su recuerdo?, jamás lo sabrían, pero era innegable un hecho, habían comenzando a desconfiar unos de otros. "¿Cómo lo está llevando?" musitó en tono interrogante, contra sus suaves y revueltos cabellos cobrizos, entretanto los acariciaba con ternura. Edward se encontraba un tanto inclinado, para poder hurgar en la calidez que le propinaba la piel de su mujer, justo en la hendidura de su cuello. Quería responderle que lo llevaba demasiado bien para su gusto. Que parecía haber superado por completo a su hermana, y su trágica muerte, en cambio se limitó a articular un rotundo: "Supongo que bien, no sabría decirte… No leo mentes" la piel se Bella se erizó ante el tibio aliento de él. Podrían pasar cien años, y ella seguiría siendo la vulnerable jovencita que se entregó a él, con apenas trece años… Increíble. Rosalie observó la tierna escena y se limitó a desviar la vista. Aún dolía verse rodeada de tanto dulzor. Ella y Emmett habían terminado hacía ya seis meses, por eso no le sorprendió que este último destacase por su ausencia. Tal vez tiene miedo, pensó con sarcasmo, intentando por medio de sus pensamientos convencerse de que ese era el motivo de que no se presentase. Porque, lo quisiese o no, todavía le amaba… Incluso, por mucho que le causase vergüenza admitirlo; ella ingenuamente había comenzado a albergar las esperanzas de que él le pidiese formalizar la relación. No quiso recordar su dolor propio, era suficiente con observar el calvario que llevaba impreso su hermano en el semblante. Su pérdida no se comparaba un ápice a la que había sufrido Jasper. Era extraño, ella le veía observar al grupo y si bien estaban una vez más todos reunidos, después de un año, no pasaba desapercibido para ella que Jasper se sentía ajeno a todo su entorno. Al perder a Alice, él perdió su ser, no bastaba con llorar, él verdaderamente se sentía muerto sin ella. Rosalie no tenía duda alguna de ello, lo había visto sufrir durante meses, y nadie podría saber mejor que ella los motivos de su partida. Todo le recordaba a ella, todo. El cielo oscurecido, o en amanecer, los días lluviosos y nubosos ¡El propio aire de Forks, cargado de humedad!… Todo. Desvió la vista hacia el cuadro que se encontraba sobre el piano. Hermosa sería decir poco. Secretamente siempre la había envidiado: su ternura, su alegría, la pureza que reflejaban sus ojos. No podría haber deseado mejor chica para su hermanito menor. El grupo finalmente se reunió en el centro del salón. Edward había recobrado la compostura, pero aún así se negaba a soltar la mano de Bella, a la hija de ambos no le pasó desapercibido este gesto, pero se limitó a ignorarlo, se sentía demasiado cómoda sentada junto a Jake. Eran los únicos que habían rehusado a utilizar las sillas o sofás, la alfombra era lo suficientemente cálida para otorgarles la comodidad necesaria, está bien, puede que tal vez para Jacob no, pero resultaba ser que para su pequeña protegida lo era… Y él llevaba demasiado tiempo si saber de ella. Las horas pasaron en incómoda tensión, risas y recuerdos del pasado iban y venían. Anécdotas de Juventud que compartían en conjunto, inclusive Ness, que ni siquiera había nacido en ese entonces se reía sin esfuerzos. Sus padres, obviamente la habían mantenido informada sobre cada situación vergonzosa que sufrieron por parte de sus amigos.


Poco a poco las horas fueron pasando, hasta que finalmente cayó el atardecer, Jasper fue enfático en respetar el reloj, no es como si tuviese demasiados deseos de alargar su estancia en ese nido de memorias. "Prométeme que volverás, o que al menos te mantendrás en contacto" le despidió Carlisle en la puerta. El rubio se limitó a asentir, y aumentar la presión en la cintura de su voluptuosa acompañante. Esta noche le haría el amor de modo brutal, eso era lo único en lo que no albergaba dudas… Todo lo demás, era incierto.


Ojos Cristalinos cap 3