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UN MUDO DE SOLUCIONES FINANCIERAS A SU ALCANCE


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LA TRAGEDIA

GRIE GA

UNA RETROSPECTIVA DE LA CRISIS QUE HIZO TEMBLAR LAS BASES DE LA UTÓPICA UNIÓN EUROPEA


H

oy no podré regresar a recoger a Anna porque simplemente no puedo mantenerla. Por favor, cuiden de ella. Lo siento”. Esta es la desgarradora nota manuscrita que una madre griega dejó entre los enseres de su hija, y que una profesora de una escuela primaria de Atenas encontró. Tal y como afirmaba el mensaje, nadie pasó a recoger a la pequeña Anna. El abandono infantil es la nueva tragedia que vive una Grecia sumida en el caos económico y en la que, según los datos de la Comisión Europea, 2,2 millones de personas viven bajo el umbral de la pobreza. Durante la legislatura del gobierno conservador del Primer Ministro Kostas Karamanlis (2004 - 2009), se estuvieron realizando falsificaciones de los datos mvacroeconómicos de

la contabilidad del estado. Tras una serie de protestas generalizadas por todo el país, el gobierno tuvo que llamar a elecciones anticipadas para Octubre del 2009, quedando como ganador Gyorgos Papandreu, quien obtuvo además mayoría absoluta de escaños parlamentarios. Su gobierno sacó a la luz que el anterior partido estuvo falseando las cifras. El partido conservador aseguraba que el déficit griego estaba alrededor de un 3,7%. Posteriormente el gobierno de Papandreu demostró que el déficit real era de un 12,7%, una cifra realmente alarmante. Dicha manipulación de datos macroeconómicos conseguida mediante el uso de derivados complejos, como la de emitir la deuda en otras divisas diferentes al euro (como el yen) y gracias a que los países pertenecientes al euro no tienen la obligación de reportar a Bruselas dichos derivados, nunca nadie pudo saber las cifras reales. Una vez publicadas las cifras reales del país heleno, los mercados internacionales se les abalanzaron encima. Las agencias calificadoras de riesgo, no dudaron en devaluar la calificación crediticia que poseía Grecia hasta la posición de “bono basura”. Una vez realizadas las devaluaciones, los inversionistas comenzaron a exigir mucha más rentabilidad por dichos bonos, lo cual hizo que Grecia tuviera que endeudarse aún más para hacerle frente a sus compromisos financieros.


La crisis financiera global afectó a Grecia en mayor medida que al resto de países, con graves consecuencias para la población. Pero el elevado endeudamiento de Atenas combinado con su escasa credibilidad han puesto en riesgo al resto de los países miembros del euro, y su debilidad ha sido aprovechada por los agentes especuladores que atacan la divisa común y extienden el sentimiento de temor e incertidumbre al resto de las economías del mundo.

“Este es un país con gente muy rica, que tiene barcos, chalets, pero no paga impuestos” Explica el economista griego Yanis Stournaras. Europa hizo un esfuerzo inmenso para que Grecia cumpliera sus compromisos y cumpliera con sus acreedores a cambio de reformas y contribuciones directas que afectarían a sus ciudadanos, por medio de impuestos, recortes en el gasto social, que implican el final del estado bienestar y un cambio radical en sus vidas, austeridad al límite. Los propios griegos están divididos sobre las razones de la crisis económica que los ahoga actualmente. Por un lado, los empleados del sector privado dicen que la inflada burocracia estatal ha asfixiado al país. En tanto, los trabajadores públicos aseguran que los principales problemas los ha provocado la evasión de impuestos y la corrupción política. Según expertos, la economía informal representa el 30% de la actividad total en Grecia. Se calcula que las arcas del Estado dejan de recibir cada año 20.000 millones de euros (más del 8% del PIB) en evasiones fiscales. No deja de ser irónico que dichas cifras serían más que suficientes para contener el déficit fiscal en dos años. Algunos sociólogos creen que esta tradición se remonta al pasado otomano, donde no pagar tributos era una forma de resistencia al ocupante extranjero. La situación social es alarmante. El golpe fue rápido y letal; aún la mayoría de los griegos no ha podido asimilar lo que les toca vivir. En Atenas se observa con más frecuencia la presencia de gente durmiendo en las calles. Cientos de personas que hasta ayer gozaban de una buena vida, hoy hacen fila por un plato de comida. Algunas personas pierden su casa, su trabajo. Jubilados que han trabajado toda su vida reciben sueldos bajos (según el estándar europeo) que no llegan a los €400. Con la reducción de sueldos tanto en el sector público como en el privado no sólo se hace imposible acceder al mismo nivel de vida que se tenía antes del 2010, sino que tampoco puede llegarse a cubrir las necesidades más básicas al aumentar al mismo tiempo los precios de los alimentos.


Un grave problema en cada manifestación es la brutalidad con que la Policía reprime. Pareciera que sus integrantes no han logrado comprender aún que ellos también son empleados públicos y el día de mañana pueden estar padeciendo lo mismo que padecen aquellos a quienes golpean sin discriminar sexo o edad. Las órdenes de sus superiores parecen ser claras cuando uno observa una manifestación: coartar el derecho de expresión que da la libertad de vivir en Democracia.

En un horizonte más amplio, Grecia se está convirtiendo en un experimento para la nueva fase de la corrección de curso que las economías más fuertes se proponen realizar en la estela de la crisis financiera sin precedentes. Las medidas fiscales e impositivas de “estabilidad” vienen a continuar un conjunto de dogmas económicos mesiánicas, la rampante privatización de los servicios públicos a través de la reducción radical del sector estatal, así como la creciente dependencia de los mercados exteriores en el servicio de la deuda, equivale a una pérdida de soberanía tal, que admite comparación con la de un estado sometido a ocupación extranjera, y trae consigo una amplia reestructuración de los activos nacionales a favor del capital privado foráneo.

Si quiebra Grecia, ¿quién paga los platos rotos?

¿En qué nivel está la solvencia financiera de Grecia?

La banca europea dispone del 81% de la deuda pública griega, principalmente son las entidades francesas y alemanas las que tienen una mayor exposición. Concretamente, la de la banca francesa es la mayor, con 46.000 millones de euros. Del total, 10.610 millones de euros corresponden a deuda pública. El resto se reparte entre deuda bancaria y privada. Le sigue la alemana con 28.314 millones de euros, de los que 24.095 corresponden a deuda pública. También el Banco Central Europeo, que ha venido aceptando en el último año deuda griega como garantía o aval para prestar dinero, está expuesto a un eventual impago por parte de Atenas.

Standard & Poor’s ha rebajado la nota de solvencia de Grecia hasta CCC, dejándola ligeramente por encima de la calificación de impago efectivo (selective default). Según la agencia de calificación de riesgos, el recorte se debe a la cada vez más alta probabilidad de que el Estado griego no cumpla con sus compromisos de pago en tiempo y forma. La calificación de Grecia pasa a ser la peor de todos los países del mundo examinados por Standard & Poor’s. La deuda griega tiene peor calificación que la de países como Zambia, Líbano, Camerún, Ghana, Pakistán, Granada, Ecuador o Jamaica, algunos de los países que tienen una calificación de su deuda más baja entre aquellos considerados “bonos basura”.


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