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Miércoles (ya es de noche y llueve) La soledad me ha perseguido hasta que pude dejarla entrar en mi cama sin sentir frío. Esa noche crecí de golpe muchos metros y por la mañana, me golpeé la cabeza contra el techo. Subí en cuatro pasos la escalera. Era un gigante. La soledad iba a la zaga y para mí, el mundo era siempre la misma cosa confundiéndose conmigo, charco o sombra. Dónde están los otros. Dónde comienzan los otros. Por qué los otros no son yo, por qué creo que yo soy los otros, también. La naturaleza mía y sus contradicciones. Mi yoísmo. Las sutiles torturas que me aplico. Pensar en mí y olvidarme de mí. Relegarme siempre. Las tareas de las nenas. Las mil pequeñas obligaciones. Todo lo que debiera ser y hacer. Todo lo que me enredo. Quiero viajar lejos y nunca volver. Quiero ser un otro yo y no recordarme. Si no tengo identidad, no soy yo misma. Ser otra otra: una renuncia posible. Cabalgar un conejito y rumiar como una vaca colorada que da leche en cantidad. No saber que voy camino al matadero. No saber de los otros. Una fiebre cuesta abajo y cuesta arriba, como la ruta que lleva a Valparaíso en los inviernos apagados por el hambre. Fantasmagórico el dolor cuando no se espera. Noche tras noche, sueños y fiebre, dolores acosando al cuerpo que se queja conmigo y yo, apenas puedo responderle a mi cuerpo, mis piernas, mi vientre buscando alivio de la fiebre. Devorada así todas las noches, las mañanas despierto con una intensidad ojerosa que renueva los bordes del dolor. Es dolor y sin embargo, es otro dolor. Así como el verde es el color que más tonos tiene, el dolor es el sentimiento que más matices logra. Calvino. Calvario. Carcaza tendida al sol: la osamenta fundadora de las ideas que prevalecen como signos en el desierto. Manojos de huesitos fundiéndose con el mundo para que en algún lugar, alguien escriba acerca del fosfato de calcio y el amor que sigue uniendo. Cerca de Antwerp, otoño 1986 Una neurosis que crece, ideas que me persiguen y me muerden, la nada y eso. Poca paciencia. No puedo parcharlo todo. Soy pájara extraña, útero estéril. No bordo para mis hijos, no voy a las reuniones de madres que se amontonan para hablar de las monerías últimas de sus niños. No me gustan las otras madres, esas criaturas terribles en su condescendencia para las otras como yo. Y así, todo: la neurosis crece, me salen alergias en toda la piel, siento que mi pie no toca basamento. Un día un puñal entre las cejas va a despertarme y yo, yo misma, me quedaré así, apuñalada en mí misma, incapaz de explicar nada, alivianada de mi propio peso y sin palabras que me drenen este tumor infecto encerrado en el pecho. ***********************

el cansancio todo lo devora cuánto lo he dicho siempre es cierto, la repetición no le resta brillo ni terribilidad frágil como un papel tengo miedo de romperme, de partirme en mil pedazos tengo más miedo de querer romperme, de buscar romperme en mil pedacitos la locura ¿se reconoce desde lejos o ataca sin aviso? ¿ muerde o traga a su presa? Antwerp en primavera, 1988 Guardo el musgo de una ternura Crecida a la sombra de los patíbulos Eco y luz que llega De estas pisadas salvajes La circunvalación de mí misma O no de mí, sí de lo que me habita Esta costumbre de abrir puertas Y dejar que corra el viento Es parte de mi herencia Dejen que las cosas lleguen a ustedes Digo a mis muertes Y hacemos bolillo con las palabras Porque son palabras cimentadas En el hueco del gesto Todo lo que me queda en pie.

Peiper clab 5  
Peiper clab 5  

Una revista hecha por un grupo de amigos. Cada uno aportó lo que quiso. Cada nota es diferente a las demás. Arte, música, fotos, cuentos, il...

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