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lejos de la fría rutina médica, intervencionista y despersonalizada. Se trata de dejar de ser “paciente” para convertirse en “protagonista”; re-descubrir este poder que -como todo poder femenino- ha sido silenciado, oprimido por el sistema patriarcal a través de siglos. Todo esto sería imposible sin el apoyo, conocimiento y asistencia de las parteras independientes, sobrevivientes de tantas hogueras, desplazamientos y subordinaciones. En 2012 y ante la amenaza de futura clandestinidad, estas parteras se organizaron para resistir una vez más en la historia, y contaron con el apoyo de las mujeres, familias y personas sensibles a la problemática. Una marcha nacional; una vigilia por el parto en casa; numerosas cartas entregadas en mano con el relato de cada nacimiento para sensibilizar a diputadas y diputados, entrevistas, notas, activismo en grupos virtuales y mucho cuerpo y corazón presentes en cada reunión de las comisiones de Salud Pública, Educación, Acción Social y Legislación General, otorgaron una visibilidad sin precedentes para el parto en casa, las parteras y su derecho a la autonomía. Horas, días, meses de trabajo constante y paciente lograron que el poder establecido diera lugar a la voz de quienes trabajaron defendiendo este derecho. El 13 de noviembre el proyecto de ley recibió dictamen favorable de las cuatro comisiones, pero no en su versión original, si no

con la inclusión de la asistencia de “parto y alumbramiento en domicilio particular” como una de las tareas en las que las y los profesionales de la Obstetricia están habilitados. Lo que parecía imposible de revertir se hizo realidad. Este logro fue un parto colectivo, movilizado por un sentimiento de comunidad y solidaridad recíproca entre parteras y familias. Decisiones privadas e íntimas irrumpieron dulcemente la arena política para hacer valer un derecho tan profundo y a la vez tan pasado por alto en la vorágine de la rutinización de la vida, como el de elegir cómo recibir a nuestros hijos e hijas al mundo. No podemos recordar cómo nacimos, pero es importante pensar cómo se nace hoy, porque cuando se legisla algo tan particular como las condiciones en que tiene que desarrollarse un parto, se están regulando aspectos culturales tan generales como la concepción de la salud, los roles de género y el sentido de la libertad. Acaso en esta historia patriarcal de persecuciones, desplazamientos y difamaciones a las parteras en particular y a las mujeres en general, nos hemos creído que la profesión más antigua es la de prostituta y no, la profesión más antigua del mundo es la de partera. Valeria Fornes

Peiper clab 5  

Una revista hecha por un grupo de amigos. Cada uno aportó lo que quiso. Cada nota es diferente a las demás. Arte, música, fotos, cuentos, il...

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