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del siglo XVIII y principios del XIX en Europa y a fines del XIX y principios del XX en Argentina se dio otro paso crucial en la historia del parto y las parteras: la institucionalización de los nacimientos. La medicina, ciencia exclusivamente en manos de varones en sus primeros tiempos, y la incipiente especialización de la obstetricia, habían desplazado a las parteras y comadronas como fuente de saber y experiencia en la atención de embarazos y partos en Europa y fue preciso comenzar, a veces desde cero, conociendo el cuerpo y los procesos de la reproducción femenina. Para ello nada mejor, en términos de los valores epocales, que las mujeres pobres y madres solteras para practicar y aprender. En 1799, fundamentando la creación de casas de parto en base a la existente en Copenhague, el francés Demangeon declaró “Parece que nada podría estar mejor imaginado, porque es la clase de mujeres cuyos sentimientos de pudor se consideraban los menos delicados”… “no estando en condiciones de ejercer la beneficencia contribuyen por lo menos a formar buenos médicos”. Lamentablemente hoy en día los hospitales escuela siguen existiendo y es la población más vulnerable la que es atendida por practicantes o residentes que utiliza sus cuerpos como objeto de aprendizaje. Aquí, la imposición de parir en las instituciones tuvo lugar hace poco más de un siglo. La profesionalización de las parte-

ras las desplazó de la autonomía de la atención en los hogares al trabajo bajo la tutela de médicos, el parto como escenario de la familia pasó a ser entonces un hecho salud pública en el marco de la institución hospitalaria. A pesar de la historia construida por el sentido común nos haya convencido de que este proceso tuvo como fundamento la preocupación médica por disminuir la mortalidad perinatal los datos históricos barren con este ideal. Los primeros años que siguieron a la institucionalización del parto no sólo no anularon o disminuyeron la mortalidad sino que la incrementaron, y esto fue tema de debate en las revistas de obstetricia de la época. El desplazamiento-subordinación de las parteras vigilaba a la par sus prácticas, ya que éstas no sólo se ocupaban de atender partos sino también de practicar los abortos, método con el que las argentinas regularon principalmente su natalidad hasta mediados del siglo XX y en ese momento la denatalidad de la población criolla era una cuestión de Estado ante la amenaza del aluvión inmigratorio. Institucionalizar el parto más que una decisión médica o científica fue entonces deliberadamente política, dado que el cuerpo de la mujer debía pasar a tutela del Estado, ya no de la iglesia como en el medioevo, pero con el mismo fin controlar la sexualidad y la reproducción, vigilar el cuerpo y las decisiones de las mujeres.

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Una revista hecha por un grupo de amigos. Cada uno aportó lo que quiso. Cada nota es diferente a las demás. Arte, música, fotos, cuentos, il...

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