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lugares familiares.

daniel puiggròs coll


lugares familiares.


reconozco este sitio. creo que ya he estado aquĂ­.

me acuerdo de los ĂĄrboles.

como un tĂşnel verde. delante de mi.

el bosque esta tan espeso, que no deja entrar la luz del sol.

no sabes si es de dia o de noche.


es como entrar en la oscuridad.

tenía miedo a la noche. tenía miedo a la oscuridad. en mi casa había un pasillo muy largo. estaba dividido en tres partes. primero, unos pocos metros hacia la izquierda. después camino recto a la derecha.

y al final,

otro giro a la izquierda.


ese giro para mi, era el del miedo. no saber lo que te encontrarías... sin poder preverlo. como si algo estubiera esperándote.

“De qué tienes miedo?” “Allí no hay nadie!”

-decían mis padres.

“Allí no hay nada!”

sombras habían. sombras que se movían.

“De qué tienes miedo?”

“Allí esta tu cuarto!” “Allí estas a salvo!”


mi cuarto.

allí me podía ocultar. me sentía seguro. resguardado.

pero ahora la nada estaba fuera.

cómo llamar a esa delgada línea, a esa frontera, que convierte lo conocido. en desconocido.

familiar.


me resulta familiar.

me acuerdo de un camino. estaba vallado en ambos lados. una línea divisoria, hojas secas y tierra, que nos separan de ese verde oscuro. como si eso contuviera una masa latente.

“No os apartéis del camino!” “No crucéis la valla!”

que mas dan unos metros mas adentro que fuera...

de qué hay que tener miedo?


de los animales del bosque. dicen.

puede. pero hay algo más.

sabías que si comes en la cena, mas de siete aceitunas negras, esa noche tienes pesadillas?

no quería ser el último del grupo. nadie lo quería ser.

el sendero es estrecho. no permite el paso de dos personas a la vez.


“shhhh!”

“has oído eso?”

“dicen que en las profundidades del bosque,”

“se halla un manicomio.”

“y si prestas atención,”

“oyes gritos.”


“jadeos.”

“susurros”.

porqué siempre contarán la misma historia?


es solo una fotografía. se quien la tomó. es un domingo cualquiera, un paseo antes de comer. un recuerdo familiar. creo que es en la Garrotxa, en Santa Pau. pero ese verde es más seco, más lánguido. mustio. no lo recuerdo igual. puede que este equivocado. no recuerdo bien donde fue tomada hace tiempo que guardé esta fotografía, sin motivo aparente. sin ninguna intención. pero, cogiendo las palabras de Barthes, había algo que me punzaba, que me llamaba. “ese azar que en ella me despunta”, eso que “surge de la escena como una flecha que viene a clavarse”. había algo mas que una simple escena. en ella se ve un niño (servidor) subido a una valla de madera delante de una masa verde, el bosque. esos son los elementos. en términos compositivos, podríamos decir, que los objetos son cerrados, que no nos provocan una expansión. composición central, retrato de un niño y fondo. un clásico. claro esta que el bosque es entendido como un fragmento dentro de la instantánea, como una parcelación visual de lo que es. pero se entiende que hay algo mas, un tipo de expansión. no hablamos de este tipo. Así pues, tenemos una fotografía con un espacio y un tiempo concreto. podríamos decir que cerrados. qué pasa con los detalles? que sucede con ese azar? el punctum. en esta instantánea ocurre. que es lo que hace vibrar la fotografía?que es lo que nos rompe ese espaciotiempo y nos lleva a otros lugares? que es lo que nos separa de lo estático y lo transforma en dinámico? aún no voy a decir mi elección, quiero ver el grado de objetividad que podemos establecer. dejemos unos minutos para que observen la imagen, un minuto con total atención será suficiente.


ya lo tienen?bien. de qué se trata?es la mirada?es la boca con grito entre cortado? es la pequeña mano derecha con los dedos tensionados? es la posición de desequilibrio? son los pies? la valla? el bosque? o el chándal-pijama de mickey mouse?puede que todo ese conjunto. o puede que simplemente nada. qué es lo que nos lleva a la vibración, a la narración escondida, a esa historia abierta? simplemente puede que sea la misma naturaleza de la fotografía. ese anhelo o deseo, y a la vez imposibilidad, del tiempo en la instantánea. esa sensación que despierta. Carlo Rim (Jean Marius Richard), en un texto sobre “la instantánea” (1930) lo expresa muy bien. Cuando él se pregunta sobre que habrá sido de los personajes de una fotografía tomada veinticinco años atrás, y frasea a modo de defensa ante esa perversión vouyerística: “ entendedme, para mi no pueden ser solo criaturas humanas como las demás. Hay una fotografía entre nosotros.” no voy a decir mi punctum, no creo que sea necesario para lo que viene a continuación. hallar la clave o estructura universal no es mi intención. solo quería destacar lo subjetivo que puede llegar a ser. lo que si me interesa son los mecanismos que expanden ese espacio-tiempo. Cuando uno mantiene un diálogo visual con la fotografía, el tiempo que dedica a observar ese detalle, ese fragmento, el punctum, es proporcional a la construcción de la nueva narración, del fuera de plano. que sucede pues, cuando la fotografía es forzada por el filtro videográfico? cuando encuadre y tiempo vienen dados por el propio medio? se puede desvelar una narración escondida? “Cuando la gente piensa que ha visto suficiente de algo, pero hay más, y no hay cambio de plano, entonces reaccionan de forma curiosa e intrigada.” esa intriga de la que Wim Wenders habla es la clave. Lo curioso, el misterio, lo escondido. el tiempo. esa espera, esa tensión, esa vibración, ese auto-engaño de sucesos en una imagen fija. que pasa pues si cogemos nuestra fotografía y ponemos una cámara de vídeo delante?que sucede?


enfocamos un detalle, por ejemplo un pequeño encuadre del fondo, del bosque. y que a tiempo real se proyecte. la devolvemos imagen. plano fijo, insistente. y solo observamos la imagen. allí hay algo nuevo. esa textura, esa vibración videográfica se convierte en pura narración. puede que esta afirmación sea precipitada, la podemos poner en entredicho. pero lo que si es innegable es la percepción del suceso, el acontecimiento. la cámara nos abre una puerta hacia la narración. una historia presente, pero escondida.

Con todo esto, qué pasa con nuestra imagen? hemos cogido una fotografía del álbum familiar, conocida. la hemos expuesta a una nueva mirada, la cámara. plano fijo y tiempo. un nuevo espacio. se nos revela una narración. construida. una vibración. historia, la mantenemos abierta. circuito cerrado.

y ahora vamos con otra cita, para ver como altera el montaje del texto.

Podemos ver la fotografía, su totalidad y a la vez historia enclaustrada, y su imagen (de)vuelta. el detalle ampliado. la nueva narración forzada. y decimos forzada, simplemente porque la cámara condiciona la mirada, pero a su vez también abre el plano. qué es todo esto?no es sino una manipulación?todo este dispositivo, no es mas que un artificio? pues que es sino lo siniestro?

“lo siniestro (Das Umheimliche) es aquello que, debiendo permanecer oculto, se ha revelado”.

“lo siniestro sugiere sin mostrar, revela sin dejar de esconder, muestra como real algo que se revelará ficción.” Eugenio Trias.

Friedrich Schelling. no es una mención gratuita. aquí nos aparece el nuevo elemento de juego. lo siniestro. “Umheimliche”. “Um-” como preposición de negación. “Heimliche”. Familiar. así siniestro, desde un punto de vista inicial se refiere a lo no familiar. pero ya sabemos como es el léxico germánico. qué mas esconde la palabra de origen? Heimliche significa lo propio de la casa, aquello no extraño, lo familiar, con ese aspecto dócil, íntimo, confidencial. pero si vamos estirando la cuerda, lo confidencial pasa a ser secreto, lo íntimo se vuelve oculto. misterioso. así pues, la misma palabra, su significado se vuelve en contra de su propio significado. eso si es siniestro.

la construcción del acontecimiento es lo que propone este proyecto. mostrar el dentro y el fuera de plano. mostrar una verdad y revelarla ficción. limitar. sugerir. cerrar y expandir.

esa función deconstructiva es con la que nos quedamos, esa dualidad que la palabra “familiar” entraña. -”me resulta familiar”_esa cosa que nos chirría, que la vemos y nos conecta, pero que a la vez “quiere” permanecer oculta. Eugenio Trías, que de eso sabe un rato, nos habla pues de esa áurea, de esa sensación de aquello familiar que ha llegado a resultar extraño e inhóspito. que cuando se revela se muestra con una máscara siniestra “pese a ser, o precisamente por ser, en realidad,” en profundidad, muy familiar.

imaginemos todo este proceso de transformación, pero sin la textura y la vibración. sin necesidad de la cámara de vídeo y el circuito cerrado. cogemos la imagen, fijamos el mismo punto de atención, mismo encuadre y le damos tiempo. utilizamos las técnicas de video en foto-montaje. no se trata de un trabajo de edición, tan solo unos pequeños “travellings” en la misma fotografía son suficientes. aquí vamos a provocar la vibración de otra forma. añadimos subtítulos, una historia encima de la narración. este juego de visualizar con el ojo y visualizar con la mente es el que nos provoca la tensión. alguna vez te has preguntado como editar subtítulos sin necesidad de imagen? cuando hay que cortar la imagen que cada uno crea y visualiza? como se empalman entre ellas? el ritmo correcto e imaginado. tenemos la fotografía, el circuito cerrado y el foto-montaje. todo entorno al mismo eje. la construcción del evento. formando parte de la misma instalación. así pues, conclusión ninguna. no se pretendía.



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