Issuu on Google+


De savias extra単as y humedales


Daniel Horacio Braga


SeĂąor de los Helechos, Profeta del Musgo, tallador de verdines en espera, escalador de hongos tiernos, cazador de sombras aguachentas. Jinete de oniscideas y lombrices, me pierdo en el camino de la hormiga. Una aguja de sol en la espesura es el dios del brote ansioso y una gota de rocĂ­o alcanza para ahogar mis inquietudes. (esto Ăşltimo no es cierto)


De savias extrañas y humedales

A Sabeli A Sabeli Ceballos Franco, poeta y amiga En la noche ocelada de inminencias la pupila lunar contempla tus misterios tus suaves escamas de hiedra recurrente los tenues suspiros de esmeraldas dormidas que insisten con su sueño de mármoles quebrados vencidos por la simiente terca y agitada que eleva su protesta tierna y aguachenta. Y el terrón desgarrado sin estruendo desprende caravanas victoriosas de insectos metálicos, nerviosos, que trepan por troncos húmedos, rugosos, hasta la frutal copa de soles escondidos. Y allí en un instante eterno el elemento quinto tu terrenal palabra los devuelve bendecidos gemas oscuras que brotarán de nuevo al combinar tu aliento con el suelo. Y el manicomio transitorio de sus efímeros sueños echa raíces fructifica migra de detrito a cielo.

7


Daniel Horacio Braga

Aguas místicas En tus manos huidizas retorno en juegos al niño allí disuelvo los duros cristales de las lágrimas y escurro los lodos corrosivos zambullo las guerras cotidianas que ahogan en tu vientre sus desdichas allí me nutro de espumas generosas que estallan su alegría en todo el cuerpo expulsando demonios y fantasmas en la ingravidez de tus abrazos ondulantes me dejo llevar al punto cero en donde reinicio los sentidos las emociones percudidas de tedio y agresiones y de allí como un dios novato y entusiasta emerjo bendecido con el alegre cansancio de haber sido unos instantes aleta transparente remolino bondadoso caudal que renueva los deseos canto de arenas silenciosas amante del musgo y de las piedras 8


De savias extra単as y humedales paz ondulante y espejada.

9


Daniel Horacio Braga

Corredor Por el corredor de las verdes azucenas camino hacia la catedral de los ligustros los juncos y las enredaderas donde las hojas disparan los destellos que hipnotizan el alma, la marean y el perfume y el color del follaje y las flores y el olor de la savia y el vapor y las miasmas de vivas podredumbres en seductoras ondas trepan por mi cuerpo. En el salvaje recinto de tenues resplandores donde el duende del rocío esparce sus perlas y un murmullo verde cuenta historias de asombro gozoso me recuesto en la vaporosa alfombra y siento la caricia del musgo y los helechos contemplo los adornos de líquenes y hongos las cortinas de hojas para el recojimiento y mis entrañas sienten el fluir de la vida en suaves vibraciones y veo las bacterias que en libre movimiento transforman las sustancias licuan los sedimentos escucho la corriente del alimento líquido por la carne leñosa subir y reventar en brotes de potente verdor y exhuberantes formas oigo el secreto trabajo de hormigas y termitas el hilar de la araña 10


De savias extraĂąas y humedales el suave respirar de los gorriones y lentamente un aliento poderoso penetra por mis poros me invade me revuelve y degusto y huelo y toco escucho veo ese todo eterno pacĂ­fico verdadero.

11


Daniel Horacio Braga

El Atlante En el lecho turbio, en lo profundo, provocando nubes de arenas y detritos, el coloso milenario arrastra su luctuoso continente. Cada paso suyo son centurias que sacuden con un estruendo sordo los oscuros basamentos. Sabe de dónde viene. Recuerda con su nostagia enverdecida la orilla colapsada, el monstruo espumoso de brutal zarpazo quebrando las columnas, tragándose a su estirpe. Grabadas en la roca atroz de su memoria están las bocas desmedidas, la angustia de los ojos, los edificios cayendo lentamente y el silencio derramado con la invasión del agua. Más atrás y más borrosos están el cielo azul y las planicies verdes, pero prefiere arrinconarlos 12


De savias extrañas y humedales en el hueco más oscuro del olvido. Harto ha llorado ya su cruel desprendimiento, vasto su llanto ha engordado las mareas, la sal de sus pesares saturó el estanque mortecino floreciendo corales transparentes. Pero ya el nácar amargo de los tiempos ha ido cubriendo con sus capas su antiguo sufrimiento. Sabe de dónde viene... mas no conoce su destino. Con los restos de su patria a cuestas como un saco de huesos, camina los fondos oceánicos. Su figura fantasmal, orlada de guirnaldas imprecisas, corta el silencio enmohecido con el ulular grave y continuo de su harapienta soledad, con el tectónico latir de sus pisadas. Sin detener su marcha detrás de lo ignorado algunas noches desvía sus pupilas hacia el nistagmo blanco

13


Daniel Horacio Braga que la luna proyecta en la inquieta superficie. A veces, como quien juega con esquivos pájaros, acaricia el vientre transeúnte de los barcos que ignoran su leyenda dejando la risa indiferente de sus estelas lánguidas. Otras revisa su piel barrosa y lúgubre observando las minúsculas carcomas que burilan extraños jeroglíficos, tatuajes que pregonan su paso por las simas. Alhajado de ácaros, moluscos y algas desgreñadas - tótem de la trashumancia sumergida desplaza el eco de su sombra como una letanía. Armado de silencio, de recuerdos mustios, de pertinaz deriva, ceñida la sirga a su cintura, remolca las redes con su heredad baldada en busca del posible cataclismo que lo recobre del gris autismo de su caminata.

14


De savias extraĂąas y humedales

Y en la verde turbiedad, en la brumosa iteraciĂłn de la distancia, se diluye su silueta tras las opacas aguas como un olvido huĂŠrfano, como un grito no nacido, como lluvia sepultada.

15


Daniel Horacio Braga

El Jardín de los Mostruos de Bomarzo "Lo que me había estremecido de dolor, de ansiedad, la poesía y la aberración, el amor y el crimen, lo grotesco y lo exquisito... ...Para siempre. Y en Bomarzo, en mi Bomarzo." Pier Francesco Orsini, duque de Bomarzo

Detrás del muro de bloques húmedos y umbríos, donde las madreselvas entretejen sus sueños de guirnaldas y las aguas escurren por las grietas sus anhelos de mares inquietantes, se yerguen las estatuas. En ese laberinto de palabras donde el alma extravía sin remedio su destino y donde para hallarte sólo necesitás abrir los ojos, te esperan los espectros barrocos y amigables que te conducirán por senderos de ambiguas certezas y certeras vaguedades. Encontrarás allí, tallados en la piedra inmemorial, al tortuoso monstruo del sueño recurrente 16


De savias extrañas y humedales cubierto por el musgo y el sarro de su abismo terminal, la niña de agua gorjeando su lamento de cenizas, las runas del orfebre minucioso que, con dedicación, imprime en el granito su nocturna sustancia de bambúes, al prócer con su dedo levantado dictando a las nubes sus sentencias de girones desquiciados, al carayá en su rama aullándole a su sombra. Descubrirás en cada recoveco las pétreas masas taladradas por mentes febriles, crédulas, desvergonzadas, que invocan al dragón atorado de claveles, al colibrí de oro, al colmillo hiriente y despiadado que desgarra la piel tensa de una idea, a la colosal tortuga de lágrima perpetua, al corto petroglifo de una oruga trepando el vientre gris de Jericó, soplando su mínima trompeta. Los líticos tocones se transforman en nanas o espinelas, en geométricas escalas,

17


Daniel Horacio Braga en coloridas convulsiones tropicales, en vórtice de desesperación, en cielo azul o arena... Espuma su brumosa superficie una alfombra de fértiles detritos, de líquenes grisáceos, de entintados mohos, que nutren las raíces de esas piedras ansiosas por mutar en rítmicas, sonoras, construcciones, que sueñan con cinceles royendo su promesa de prodigio; sin prisa (ni piedad) habrá palomas paridas de sus cantos, estallidos de diamantes o infectas secreciones y nacerán furiosos Polifemos que arrojen sus pedruzcos impotentes al barco del deseo. En cada mole inerte hay un presagio, un testimonio claro: sangre de las manos fantasmales que plasmaron (plasman) en la roca germinal su voluntad de trascendencia ahondando el laberinto y su misterio. ¡Bomarzo! ¡Mi Bomarzo!

18


De savias extrañas y humedales mi jardín de monstruos revulsivos ¡Bomarzo! ¡Mi Bomarzo! de la roca nutricia y gestadora Bomarzo... del sueño genésico y la alucinación preñada Bomarzo: jardín Ultraversal. Nota: Ultraversal es, en mi humilde opinión, el mejor sitio de poesía de habla castellana. Allí pasé muy gratos momentos y aprendí mucho, aunque no se note.

19


Daniel Horacio Braga

Elemental AGUA Caldo de natividades fluctuantes multiversos sangre y risa de la tierra AIRE Albúmina de las aves perchero de mis ojos soporte de los crepúsculos TIERRA Madre del pan primigenio cuna de mis despojos retorno, eterno retorno FUEGO Gatillo de génesis bestia de renovación hechicero de la noche LLUVIA Vertical procesión de dijes acerados lenta y espesa o frenético verdugo nodriza de la plata y del azul incógnito

20


De savias extrañas y humedales VIENTO Cincel de rocosidades demente modelador de nubes forzador de zalemas leñosas ROCA Puñetazo grotesco de la tierra rostro parco de abuelos en penumbras pretensión de inmutable permanencia destino de suelo LUZ Manto que des-cubre marea indetenible aniquilador de fantasmas trocador de conjeturas por crudeza INSECTOS Protoingenieros efímeros y eternos pinacoteca infinita en cortezas diminutas museo del camuflaje herederos del desastre PLANTAS Voraz urdimbre de silente paso o estoico esqueleto que perdura siempre refugio

21


Daniel Horacio Braga alacena BESTIAS Progreso del caos exacta dimensi贸n de lo complejo anhelo

22


De savias extrañas y humedales

Foresta El oleaje lento de la selva me empuja en un vals invisible de minutos verdes en suaves remolinos amorosos me envuelve terciopelo fresco lujurioso y en un instante carnívoro me sujeta y me engulle me lleva a su destino borboteante de bacterias ansiosas donde la vida es un mudo brote perezoso un grito desgarrante tras las hojas un certero zarpazo un alboroto de alas una furtiva carrera de insectos en minúscula estampida un religioso silencio collage apretujado de volátiles graznidos de cavernales ecos misteriosos de susurrantes hojas agitadas ensordece mis ojos trasladando a mis oídos la abigarrada textura de su rostro la bóveda de un verde tibio 23


Daniel Horacio Braga apaciguado es una sonrisa verde de dientes movedizos boca anhelante sexo abierto que espera en mi visita la descarga del amor elemental para maravillarme dejarme atónito de luces movimiento siseos huidizos sus largos tentáculos de anémona terrestre en giros contragiros pasean por mi cuerpo la generosa expresión de su presencia la vertiginosa masa en un flujo y reflujo secreto y permanente balancea su libido milenario y leñoso bajo el acolchado manto de hojas descompuestas y cáscaras de insectos las plantas entrelazan sus dedos subterráneos escarban el cuerpo hechido de la tierra con un deseo urgente inmóvil sigiloso no existe en este mundo de pasiones mudas y esmeraldas la angustia y el vacío la asfixia complicada

24


De savias extra単as y humedales no puedo hallar entre sus pliegues la complejidad del alma se ha transformado cristal en expectante ara単a en soledad compuesta en solidaridad callada se ha hecho corteza voz de jaguar agua.

25


Daniel Horacio Braga

Galeón Ayer, vestido de antiguas lluvias salí a humedecer la noche con esperanzas frescas sólo hallé el río de tus ojos que me llevó como a un galeón náufrago enredado en los líquenes y las algas tibias de tu pelo al horizonte solitario de la espera.

26


De savias extrañas y humedales

Llega la lluvia nuevamente Llega la lluvia nuevamente y no estás aquí para hacerla ingrávida perfumada y tranparente pero no son gotas de tristeza las que esta tarde me saludan son voces pequeñitas que me traen con algo de nostalgia el eco de tu risa.

27


Daniel Horacio Braga

¿Llegaron las ballenas? ...ya estaría zambulléndome, ya estaría braceando detrás de las moles melancólicas, ya estarían renaciendo mis branquias olvidadas... Ya, atado a sus ronquidos, al agudo rechinar de sus lamentos, al son profundo de sus líquidos cantares, llevaría mis propias melodías de lapas, de turbias correntadas, de matricial opacidad, de distancias azules y borrosas - mis salmos abisales -. Montado en esos lomos tensos y brillantes, con el oído pegado a su lisura escuchando el parche ancestral de sus latidos, cabalgaría la sal vertiginosa hacia el centro de mis propias emociones, la risa y el canto incontenibles harían que mis mares interiores desbordaran mis ojos con un ardor agradecido y en sinusoidales acrobacias iría de las nubes a las fosas, de las fosas a las nubes,

28


De savias extra単as y humedales salpicando espumas bendecidas, hacia un horizonte de aletas y chillidos.

29


Daniel Horacio Braga

Madre circular El mar extiende sus brazos acariciando las planicies onduladas de la arena cierra la espuma de sus párpados y sueña toda la inmaterialidad de sus anhelos tenues transparentes se eleva en columnas invisibles donde todo el celeste de la espera la concentra en vellones tiernos blancos viajeros del deseo difusos transatlánticos transportando todo el albor de la esperanza llega a las cumbres y en blanda colisión deposita todo el cargamento de futuro allí desgrana entre las piedras la alegría de sus lágrimas dulces y puras virginales cuentas de poesía que nutren y se nutren del silencio milenario de la roca adquiere el hueco retumbar de los guijarros aprende a cantar y a reír como los pájaros hermanos en su cíclica travesía 30


De savias extraĂąas y humedales

hendiendo suavemente las laderas dejando amables cicatrices transcurre los secretos de la tierra que abre paso al rumoroso avance de sus besos se bifurca en las llanuras se puebla de meandros y de esteros desciende se desdobla en arroyos y napas de misterio donde sigue aprendiendo el mineral acopio de la vida y llega por fin al salobre destino del comienzo acercĂĄndose con suavidad de madre y como madre ya sabia y transitiva besa su mejilla.

31


Daniel Horacio Braga

Menudencias Diminuto soy voy atravesando selvas de gramillas en pos de una gota de rocío donde saciar esta sed de simplezas. Trepo por tallos lisos suavemente verdes asomo mi asombro por encima de balanceados penachos y veo inquietos gorriones saltando su invisible cuerda. Hay una verdad que se vislumbra tímida, casi transparente, sencilla y contundente entre pequeños peñascos e insectos que hacen su vida como debe ser. ¿Qué haré cuando crezca? Cuando me yerga sobre este pequeño horizonte y alcance la dimensión compleja de esos seres absurdamente irracionales que predan lo obvio, decime: ¿qué haré?

32


De savias extrañas y humedales

Monarcas del delirio A Livia Díaz, poeta y amiga Del tigre rugoso y fusiforme al batiscafo hermético que bucea en las aguas de la espera soñando su milagro de destellos; de esa cápsula de internas combustiones donde nada parece suceder al estallido del múltiple prodigio que al bosque, cómplice callado, pone a arder sólo hay un tris, un pulso natural, un tañer de células inquietas, maestras del frágil ocultismo, prestidigitadoras del agua y de la selva. Bulle, entonces, siseando en la espesura, anaranjano ramas, alterando superficies, un nervado batir de inexpertas alas. Silente, el murmullo de tu grey es un suspiro de ángel que evoca el sueño tranquilo de los pájaros, el dormir de un niño en los brazos de su madre. Y asciende la colectiva llama con ese silencio alborotado a incendiar el firmamento

33


Daniel Horacio Braga con aleteos de un rojizo enamorado. Quiero migrar en monárquica bandada al azul infinito del deseo donde, con gregarios ademanes rojos, llagar de felicidad el cielo. Llevame en tu galope etéreo al mágico arcoiris de la risa, al recinto de las fosforescencias donde no entran el tumulto ni la prisa. Quiero esparcir las partículas de nácar de tu alada sutileza sobre la pátina oscura y pesarosa del dolor y la tristeza y renacer en sincopado vuelo entre las sedas de las fragantes flores ansiosas por la urgencia de tus besos libantes y multiplicadores. Transitar leyendas falsas que hablan de noches efímeras sin días, sin destino ni futuro, para, por fin, triunfar con la porfía - que el sol quema y que la lluvia moja con decisión mas sin alevosía de una pequeña perla en lomo de una hoja.

34


De savias extrañas y humedales

Mudas Sueños de piedras en laberintos solitarios bañadas por eternas lluvias, son madre de rumorosos cursos que escurren en los claros del bosque sombrío, ese que me apaña en constante celaje mudo de conflictos. Me aparto, abro sendas sin destino donde perderme a gusto, fundo guaridas entre zarzas amigas, ellas me conocen, rasgan suavemente mis diferentes pieles. Allí quedan, en los distintos huecos que habito, como anónimos testigos de mi paso anónimo. Si alguien alguna vez encuentra esos pellejos que tal vez conserven mis formas obsoletas, puede que se pregunte de qué animal extraño son, qué asceta mundano habitó su ausencia, y no hallará respuesta. Así paso, así lo quiero: ser un soplo vago que alguna vez dibujara en los rostros que amó pequeños jeroglíficos.

35


Daniel Horacio Braga

Niebla sobre el bosque En el vientre del bosque neblinoso estoy dormido y caminando abriéndome paso entre las zarzas sudando aguas agrestes fragante de maderas y dulces florescencias por el vientre del bosque voy desnudo y caminando vibrando una canción silvestre de insectos y gigantes milenarios empapado en una lluvia voraz interminable en la selva estoy absorto y caminando ardiendo el fuego contenido de las hojas diseminando esporas y semillas en la rugosa piel de los detritos calmos por sobre el intrincado techo más allá de la sedosa niebla brilla un sol ignorado por los hongos por las plantas rastreras y los escarabajos yo levanto mi brazo como un rosado tallo que se estira y se yergue como un ansioso árbol y el extremo de mi dedo de mi dedo más largo asoma tembloroso 36


De savias extrañas y humedales encandilado tímido mensajero de la aurora cuenta a mis pies el reciente milagro y aquí estoy despierto y caminando húmedo fresco verdecido vegetal y caminando.

37


Daniel Horacio Braga

Oceanidades Tal vez sea la lluvia constante que humecta mis sentidos macerando esclerosadas terminales, tal vez el improbable mar de rizadas sugerencias que tapiza con cristálicos musgos fragantes de recuerdos submarinos los aciagos barrancos de mi mente, o el llanero cauce sinuoso y esquivo, rumoroso y brillante de tu risa fluvial; lo cierto es que hoy te percibo acuática marina fluida lacustre pluvial. Y esa licuefacta entidad con que te mostrás me acerca a vos de una manera ambigua, quizá por la eterna sensación de pureza y de paz que inspira el elemento primordial, genésico y arcaico, en cuyo seno opalescente descansa aún la memoria del origen, 38


De savias extrañas y humedales y que remite inevitablemente al maternal refugio, al útero estanco y amortiguado, ingrávido y nutricio que nos ampara de externidades hostiles y de inseguridades ciertas. Y en un extraño cruzamiento tu voz como un haz cálido y vocativo cruza mi blanda superficie y se hunde en las ondulaciones sombrías de mi alma; como la mano que, distendida, desde el bote, tantea la ternura de mis aguas. Y tomo esa mano y te atraigo, te sumerjo en el estanque verdoso de mis ojos, te arrastro suavemente al universo silente de las algas, de las catedralicias madréporas, de los cardúmenes unívocos e inquietos, del misterio bivalvo en cuya entraña se gesta capa a capa nuestro particular milagro.

39


Daniel Horacio Braga

Satie En esta habitación donde trabajo sobre este escritorio sobre las aristas de este entorno árido y distante ha empezado a llover caen lentamente acompasadas oscilantes las tibias y dulces las introspectivas las pendulares y subyugantes gotas casi como una nieve cálida se van depositando sobre las carpetas sobre los lapiceros y las reglas sobre tijeras y sellos empapando empapándome con la emoción salobre de las lágrimas envolviéndome con el abrazo amigable de las sábanas y pienso: es una pena que no estés aquí mojándote conmigo.

40


De savias extrañas y humedales

Señor de los Helechos Señor de los Helechos, Profeta del Musgo, tallador de verdines en espera, escalador de hongos tiernos, cazador de sombras aguachentas. Jinete de oniscideas y lombrices, me pierdo en el camino de la hormiga. Una aguja de sol en la espesura es el dios del brote ansioso y una gota de rocío alcanza para ahogar mis inquietudes. (esto último no es cierto)

41


Daniel Horacio Braga

Simas Donde se cree que habita la ceguera, en donde suponemos que el tímpano espera inútilmente y que las arenas sólo fuliginosas redes entretejen, una mueca dentada y su neón pendiente espantarán tus sueños, ocho brazos luminosos besarán cada escéptico centímetro de esa piel desinformada y un espectral cerianto, como el cisne de una mágica polvera, impregnará tu rostro con partículas de asombro anochecido.

42


De savias extrañas y humedales

Simbiosis Tenderme en le pasto boca arriba y dejar que la lluvia me disuelva sentir que mi sangre se diluye y mis átomos en verde se sublevan mezclarme en el humus victorioso que las sabias bacterias me rezuman para poder fluir entre las ramas entre los musgos húmedos y fofos fundirme con la savia burbujeante y entrar por las raíces de los bosques ser un todo con las plantas generosas sentir la tormenta el sol el viento que las aves aniden en mis brazos que dibujen mi cuerpo las termitas perderme en la espesura interminable asomarme en las flores silenciosas escurrirme en torrentes de verdura hacia el centro mismo del planeta y en verde explosión nacer de nuevo derramándome por toda la corteza donde aún predomina lo sencillo la sublime armonía la pureza.

43


Daniel Horacio Braga

Sueño de Orquídea A Julieta Catalina Leys En la axila áspera y rugosa, en las alturas, en la penumbra herida, húmeda y arbórea, en la esfera traslúcida de su belleza esquiva, solitaria delira lazos iridiscentes, torbellinos diminutos de galaxias, nebulosas y cometas que sus permeables vasos con un descaro inocente, innato, transfieren a sus pétalos forzándonos al complejo ejercicio de admirar la sencillez, a la tarea ardua (y, por cierto, incomprensible) de transformar lo puro, lo natural y simple, en complicados procesos interpretativos, carne de sinapsis, destilado combustible de intelecto. Mas ella sueña, alucina - ajena a nuestras vanas pretensiones 44


De savias extrañas y humedales con cuentas transparentes recorriendo la tersura de sus brácteas, con colibríes de alabastro hurgando con ansia sus entrañas, con metálicos escarabajos y arañas de peluche grabando ínfimamente con trazos invisibles su piel lisérgica y turgente. Agazapada en lo alto de su sueño urde invernaderos utópicos, manos de cristal, mariposas de fuego, cerrojos de espuma. Sacude levemente sus formas barrocas, luminosas, haciendo caer su lágrima perpetua ocasionando concéntricas volutas en la bruma rastrera. Sueña, fosforece, perdura. No duda, no cuestiona, no plantea. Sólo es.

45


Daniel Horacio Braga

46


De savias extrañas y humedales

Acerca de... la ¿propiedad intelectual? de

Mi letra Ya te dí coraje, volá ahora y perdete en vericuetos ajenos, sólo reclamo para mí el momento de nacerte.

Daniel Horacio Braga

Todos los derechos reservados a la honestidad intelectual de cada uno. Hecho el depósito de confianza que no marca ninguna ley. Este texto está protegido por las leyes de la buena convivencia y la hombría de bien. Permitida la reproducción total o parcial de esta publicación por cualquier medio o procedimiento y con cualquier destino (por favor, mencionar el autor y la licencia). Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución 2.5 Argentina

47


Daniel Horacio Braga

Índice A Sabeli.............................................................................7 Aguas místicas...................................................................8 Corredor...........................................................................10 El Atlante.........................................................................12 El Jardín de los Mostruos de Bomarzo............................16 Elemental.........................................................................20 Foresta.............................................................................23 Galeón.............................................................................26 Llega la lluvia nuevamente..............................................27 ¿Llegaron las ballenas?....................................................28 Madre circular.................................................................30 Menudencias....................................................................32 Monarcas del delirio........................................................33 Mudas..............................................................................35 Niebla sobre el bosque....................................................36 Oceanidades.....................................................................38 Satie.................................................................................40 Señor de los Helechos.....................................................41 Simas...............................................................................42 Simbiosis.........................................................................43 Sueño de Orquídea..........................................................44 Acerca de... .....................................................................47 Mi letra ...........................................................................47

48


De savias extra単as y humedales

49


Daniel Horacio Braga

50


De savias extrañas y humedales